jueves, 31 de julio de 2025

Viernes de la Décimo Séptima Semana del Tiempo Ordinario

 

Lev 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37

La oración privada se asemeja a la paja esparcida por aquí y por allá en un campo. Si se enciende fuego, la llama tiene poco ardor, pero si se agrupa la paja esparcida, la llama se hace abundante y se levanta hacia el cielo: así es la oración pública.

San Juan María Vianney

El Levítico continua la temática de los capítulos finales del Éxodo y seguirá a todo lo largo, prolongándose, inclusive, a los primeros diez capítulos del Libro de los Números. Esa temática son reglas y regulaciones del culto y sus rituales.

 

En hebreo, este Libro se llama ויקרא [wayikrá] “Él llamó”; que deriva del verbo קָרָא. [qara] “llamar”, “dar voces”, “pregonar”, “clamar”, “leer”. Porque así, con esas palabras, comienza este Libro: “Él llamó a Moisés, desde la Tienda del Encuentro y le dijo”.

 

No podemos perder de vista el hecho de que este Libro está en el centro del Pentateuco, que esté colocado en el centro exacto: Hay dos Libros antes (Génesis y Éxodo), y dos después (Números y Deuteronomio). Decimos rápidamente la Ley y nos quedamos en el Decálogo -atención no hay que cortar pasando las tijeras demasiado cerca de los dedos-, habría que entender que la Ley Judía -como ellos la entienden- es toda la תּוֹרָה Torá –“enseñanza” podría ser la traducción-, al que nosotros llamamos -con una expresión derivada del griego- Pentateuco (“Cinco Estuches”); esa enseñanza está condensada en Leyes, más exactamente en “preceptos”, la palabra Torah significa con toda precisión, “los preceptos enseñados”. Los מִצְווֹת mitzvot -plural de Mitzvah- son los mandamientos específicos que derivan de esas “enseñanzas” de la Torah.  El Libro -que nosotros llamamos Levítico- trata de la Santidad: «Todas las observancias que se prescriben en él tiene como propósito fundar en la tierra, en medio del paganismo, el pueblo consagrado a la Alabanza y puesto al servicio del Dios Verdadero”. Santo es Dios, nosotros vagamos en un proceso de Santificación. Dios es Santo, esa es Su Sustancia, nosotros somos adoptados, puestos aparte para llegar a la Santidad.

 

En este Libro encontramos una legislación sacrificial, sobre i) cómo ofrecer las distintas clases de sacrificios; ii) indicaciones para la ordenación sacerdotal; iii) un reglamento de los rituales purificativos: sobre lo puro y lo impuro, sobre el matrimonio, iv) El corazón de este Libro, es La Ley de la Santidad: sobre Israel como Comunidad llamada a la Santidad, sobre la santidad sacerdotal, y la legislación sobre la vida litúrgica; nuestro brevísimo estudio, de tan solo dos lecciones, hoy y mañana, tomará las perícopas de esta cuarta sección; v) el Libro concluye con toda una serie de maldiciones y bendiciones relativas a las cosas consagradas a Dios.

 

El Levítico podría tomarse como un Manual para la tribu de Levi, recordemos, que esa es la tribu designada para el sacerdocio, en su encargo de celebrar los oficios cultuales del Templo.

 

En esta perícopa vamos a tratar el tema de las מוֹעֲדֵ֣י [moed] “fiesta”, “ocasión oportuna para rendir testimonio”, “hora señalada”, “tiempo dispuesto para celebrar”, “cita”, “lugar previsto para encontrarse”, “sinagoga”; y estas festividades están definidas comoמִקְרָאֵ֣י  קֹ֑דֶשׁ [miqra kodesh] “Asambleas Litúrgicas”. ¡Esta expresión מִקְרָאֵ֣יֹ֑ [miqra] tiene una profunda e intensa relación con la palabra Iglesia, que se refiere a una “convocación”! Es un llamado a “reunirse”. Connota una asamblea que se reúne para estudiar o leer un documento. Aquí está cifrada la significación básica de la palabra “celebración”, proveniente del latín, dónde significa “reunirse en gran número”, “asistir todos los pertenecientes”, “donde se reúnen todos los relacionados, todos los interesados”, “reunión litúrgica a la que no falla ninguno”.

 

Tres “convocatorias” les da el Señor: Las festividades del Señor allí demarcadas son פָּ֫סַח [Pesaj] Pascua; שבועות [Shavuot] “Semanas”, la que nosotros denominamos con la expresión griega Pentecostés; y סֻכּוֹת [sukkot] “las Tiendas”, “los tabernáculos”, “las cabañas”. Estos rituales incluyen oblaciones, holocaustos, ofrendas, sacrificios de comunión y libaciones.

 

Sobresale el Día de la Expiación, en hebreo Yom Kippur, purificación del santuario y del pueblo de sus pecados, día santo para el judaísmo, que se menciona ya en Levítico 16 -capitulo enteramente consagrado a la descripción de este Día de Perdón, donde Aarón es el designado para ofrecerlo; y Levítico 23, 26-32, señalado como una especie de celebración penitencial: Es el día más sagrado del calendario judío, dedicado a la reflexión, el arrepentimiento y la reconciliación con Dios. En este día, el sumo sacerdote realizaba rituales específicos en el קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים [Qodesh ha-Qodashim] “Sancta Sanctorum”, incluyendo la ofrenda de sacrificios, para expiar los pecados del pueblo de Israel y obtener el perdón divino. Dos machos cabríos se ofrendaban: uno -el chivo expiatorio, Azazel- enviado al desierto llevando sobre sí las culpas, que se le transferían imponiéndole las manos, y el otro, sacrificado, cuya sangre recogida, era llevaba al Lugar Santísimo y derramada sobre el Kapporet, la Tapa del Arca, la raíz es la palabra, "kafar", que significa cubrir, aplacar, o expiar, relacionada con el concepto כִּפּוּר [Kipur], “purificación”, “expiación”, de donde proviene Yom Kippur.

 

Una especificación que se repite para todas las fiestas es que en esas fechas “no se hará ningún trabajo servil”.  Serán fechas de “holganza” consagradas a Dios, que regirá como pivote de vida y llenará la totalidad de la existencia. Con duración de siete días que desembocan en un Octavo día, que marca una especie de “re-inicio”, de “resurrección”.

 

Este llamado a celebrar comunitariamente conlleva un propósito sinodal. El Papa León XIV ha dicho que la sinodalidad, “es una actitud que promueve la comunión y la participación dentro de la Iglesia, donde todos los bautizados caminan juntos, escuchando al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, para participar en la misión de la Iglesia. Es una forma de ser Iglesia que busca la unidad, la fraternidad y la apertura a todos, especialmente a los más vulnerables”.


Leyendo con atención descubrimos que estas asambleas litúrgicas que se proponen en el Levítico son verdaderos talleres de sinodalidad, “formas de ser Comunidad Litúrgica, que buscan la unidad, la fraternidad y la apertura a todos, especialmente a los más vulnerables”, retomando las palabras de Papa León para definir la sinodalidad. Así con la celebración, nos remontamos a las raíces veterotestamentarias de la sinodalidad.

 

Sal 81(80), 3-4. 5-6ab. 10-11ab

… a cada uno de nosotros el Señor nos eligió “para que fuéramos santos e irreprochables ante Él, por amor.”

Ef 1,4

Se quieren resaltar dos aspectos de la Misericordia Divina en este Salmo de la Alianza: Su Bondad y habernos dado su Ley, o sea, habernos comunicado la Sabiduría necesaria para alcanzar la Santidad. Él se alió a nosotros para favorecernos, para extender su Generosidad, Él se solaza en su Munificencia, Su Santidad es Magnificencia.

 

Este poema está compuesto de 16 versos. En los apartes que tomamos para proclamar hoy día, nos convoca para que hagamos resonar nuestros instrumentos musicales festivos, y así, se deje oír el regocijo magnifico de nuestra alegría.


Pone el reflector sobre el hecho de que estas “celebraciones” provienen de Dios, fue Él quien las instituyó. Las puso en el calendario litúrgico y las dio a conocer como elementos de su Ley.

 

Celebramos al Único Dios, y Él Dios-Celoso, pero Bondadoso, nos previene para no ir a incurrir en infidelidad, sino mantenernos lejos de los rituales idolátricos que le ofenden como si fueran un verdadero adulterio.

 

En resumidas cuentas, nuestras alabanzas y nuestras fiestas litúrgicas son sencillamente la manifestación de que la memoria de la Alianza está viva en nuestro corazón. Son como periódicas reiteraciones y renovaciones de los votos de esa conyugalidad del pueblo con su Dios.

 

Mt 13, 54-58

Ha sucedido con Jesús, el demonio involucra a sus enemigos. Y lo que parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo, se convierte en marea. Cuando Jesús predica en la Sinagoga, enseguida sus enemigos lo menosprecian diciendo: pero. ¡este es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca ha ido a la universidad! ¿Pero con qué autoridad habla? ¡No ha estudiado! La tentación ha involucrado a todos contra Jesús.

Papa Francisco

¿Qué pasa cuando nuestra ingratitud olvida al “Novio” y no se celebra el “Aniversario” de Matrimonio? El Novio termina por abandonar su Ternura, el lenguaje de enamorados se difumina, la relación sufre un doloroso devalúo de indiferencia y la Pasión entre ellos se interrumpe.

¿Qué pasa si un día el Novio entra y la Novia al mirarlo no lo identifica, lo confunde con “un vecino” común y corriente y sólo ve en Él a un artesano que tiene su taller en las inmediaciones de su propia casa?

 

¿Qué pasaría si un día, el profundo respeto y admiración por la Sabiduría del Novio, que tanto encantaba a la Novia, desaparece, y ese buen día, el nuevo objeto de atención son los rebuznos y los mugidos?

 

¿Qué pasaría sí -además, algún día- la Novia, empezara a avergonzarse de los parientes del Novio y ¿a verlos como gañanes, patanes y toscos? Y, empezara a considerarse de mejor familia.

 

Es muy lógico y probable que el Novio cesara de llevarle rosas, de portarse galante, de componerle sus versos.

 

¡Y, sí! Este riesgo es mayor cuando el Novio es el chico que toda la vida ha vivido y crecido en el barrio, y de quien conocemos sus compañeros de estudios, inclusive sabemos sus gustos alimenticios y musicales, y tenemos noticia de sus juegos y picardías.

 

Jesús llega a Nazaret (parece ser que la palabra deriva de una expresión aramea que significa “vara”, “vástago” (Cfr. Is 11,1), que según los investigadores era un pueblo minúsculo, que ningún historiador de la época registró. Y va a enseñar a la sinagoga (proviene de synagein, juntar) -que dicho sea de paso significa reunir, para las Fiestas Litúrgicas estipuladas en la Ley: congregar; -todo esto muy coherente con lo visto respecto de la Primera Lectura- donde se “congrega” la gente para la “celebración”; del latín celebrare “acudir en gran número”.

 

El tema ha sido, pues, que Dios no nos quiere solitarios, desperdigados, individuados. ¿Por qué se habla de individuos? Porque -precisamente- no estamos para ser divididos, arrancados del organismo, desmembrados: Estamos convocados para ser comunidad, Dios no nos quiere ver des-sustanciados, desmenuzados; Dios quiere que mantengamos nuestra unidad en lo que nos unifica -según el término aristotélico, la misma οὐσίαι [ousia] que se ha traducido como “esencia”. Nuestra “esencia” está tejida con las finas fibras de la sinodalidad, de esa fraternidad determinada por nuestra filiación al Creador.

 

Nos parece inaudito que Él haya empezado -según nosotros al revés- que primero nos haya dejado ver su contexto material-familiar-humano, y -ahora, en segundo término- nos deje ver su ser de “profeta”, es decir, su Dimensión Espiritual, Su Divinidad. Sigue pareciéndonos imposible que, en Uno, en un paisano, convivan Dios-y-hombre.


Que nuestra fe debilitada no le impida a Jesús manifestarse con los rasgos sinodales que hoy por hoy tiene su Rostro.

miércoles, 30 de julio de 2025

Jueves de la Décimo Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Ex 40, 16-21. 34-38

Bueno, hoy llegamos al final del Libro del Éxodo. Mañana pasaremos al Levítico, el Tercer Libro de la Biblia, el centro del Pentateuco (la Torah). Vamos a leer una perícopa tomada del último capítulo, con un fragmento que no se leerá, se trata de Ex 22-33.

 

¿Que se dice en el fragmento que no se lee?

      i.                La mesa para los panes de la proposición

     ii.                La disposición del candelabro de siete brazos מנורה [menorá]

    iii.                El altar de oro para quemar incienso, por fuera del Sancta Sanctorum, delante del velo

   iv.                La cortina que constituía la entrada del Santuario

     v.                La palangana para la purificación de manos y pies

   vi.                La otra cortina, que alrededor del Santuario constituía una especie de patio, en torno de Aquel,

  vii.                y la cortina de entrada a ese patio.

Es lo que se precisa allí, en los 12 versos que no se lee dentro de la perícopa de hoy.

 

Dijimos que, en los capítulos 25 – 31,11 YHWH le dio -a Moisés- todas las instrucciones cultuales y todos los detalles litúrgicos. Hoy se nos refiere cómo Moisés implemento al pie de la letra todas las instrucciones recibidas: los tablones, los travesaños, las columnas, la cubierta, todo conforme a lo mandado.

 

La Ley había sido pronunciado por YHWH, y su Palabra la establecía; su registro escrito, las tablas con el Decálogo, no son -stricto sensu - la Ley, sino Su Testimonio. En el Arca lo que se puso fue el עֵדוּת [edud] “Testimonio” Material, de que esa, y no otra, era La que Dios había pactado.  Puso los “varales” con sus cinco cortinas, como una especie de “aislante” -por así decir, entre el contenido y el הַכַּפֹּ֛רֶת [hak-Kappored] “Sede de la Misericordia” “Propiciatorio”, que iba encima (flanqueado por los ángeles que lo decoraban).

 

Viene la parte que no se lee, redundamos en esto porque testimonia que Moisés fue muy exacto en todos los detalles litúrgicos que Yahweh la había prescrito; donde Moisés pone la Mesa para los Panes, el velo, la מְנֹרָה [Menorah] “Lámpara de aceite de siete brazos”, el Altar de Oro, el Incienso Ardiente, la Ante-puerta, y ofreció el Holocausto, todo según se lo había señalado el Señor. Puso, frente a la Tienda del Encuentro, una fuente para “purificarse” lavándose, y, todo alrededor, se definió como Atrio, o sea la “zona de patios” que rodeaba la Tienda del Encuentro, donde el pueblo podía acceder para traer y presentar sus ofrendas sacrificiales.

 

Retoma la perícopa en el verso 34, para referirnos cómo, una vez satisfechas las indicaciones estipuladas, se hizo Presente y la כָּבוֹד [Kabbot] “Gloria” del Señor lo llenó íntegramente, de manera tal que Moisés no pudo entrar.

 

Así -concluye el Éxodo, precisando que el liderazgo mosáico no era más allá de una mediación humana-, señalando que Dios en Persona, los fue acompañando en todas las etapas de la travesía del Desierto; y cuando la Nube reposaba, ellos armaban su campamento; y, cuando la Nube se levantaba, de inmediato ellos recogían sus bártulos y reemprendían la marcha, liderados por YHWH.

 

Queremos retomar la enumeración de todos los conceptos teologales y su riqueza que configuran y precisan el significado trascendente de la Alianza y su consolidación litúrgica a lo largo del Libro del Éxodo:

1)    Sometidos al servilismo

2)    Liberación

3)    Errabundeo

4)    40 años de “Desierto”

5)    Sometidos a prueba

6)    Alianza

7)    Ley

8)    Melancolía por las ollas de Egipto

9)    Pecado de idolatría

10) Providencia

11) Nombre de Dios

12) Rostro de Dios

13) Presencia Gloriosa

14) Santuario y sacerdocio

15) Intercesión de Moisés

16) Pueblo elegido

17) Pascua

18) Sabbath

 

Todos estos aspectos y conceptos configuraron y definieron la identidad de Israel.


 A modo de epilogo -sobre la sucesión de estas meditaciones en torno al Libro del Éxodo- observar que la salida de Egipto, ocupa 31 versículos de los 1213 que forman todo el Libro, o sea, menos del 2,55 % del total. A veces, cuando hacemos un análisis de la liberación de un pueblo, decimos que la batalla tal, selló su libertad; pero, ¡no hay tal! en realidad, de verdad, hay que continuar el proceso y ese “sello” solamente marca el inicio de la construcción de la libertad. La libertad hay que irla conquistando milímetro a milímetro, siempre muy conscientes, siempre vigilantes, responsables que en cada acto, la estamos ejercitando y que siempre se corre el riesgo de -en el momento menos pensado- empezar a construir nuevas idolatrías o retomar las antiguas, fundiendo “becerros de oro”. El Libro del Éxodo termina y ellos seguirán vagando por el desierto; la Torah concluirá con la muerte de Moisés, sin ellos haber alcanzado la “Tierra prometida”, eso, en una buena lectura, nos descubre que alcanzar la “liberación” no es cualquier “galleta de vainilla”. Ser pueblo de Dios es vivir la consciencia de ser libres para poder vivir en la “libertad de los hijos de Dios” y no vivir lloriqueando melancólicos por las olladas de carne y cebollas que se comían mientras el látigo del régimen de servilismo les mordía las espaldas.  A manera de síntesis, queremos citar: «Todo y cualquier proceso de liberación no puede quedarse en el movimiento o depender de la voluntad o de la buena intención de un líder o de un grupo. Es necesarios crear bases firmes para consolidar lo ya conquistado y así poder dar nuevos pasos hacia adelante». (Euclides Martins Balancín; Ivo Storniolo) Mientras tanto seguiremos caminado en círculos por el desierto.

 

Sal 84(83), 3. 4. 5-6a y 8a. 11

¡Qué alegría cuando me dijeron:

"vamos a la Casa del Señor"!

Sal 122(121)

Este, muy a propósito, es un salmo de peregrinación. Se trata de un peregrinaje -como el que hizo el pueblo con Moisés, dirigidos por el propio YHWH. Pero, en este caso, no se va rumbo a la Tierra de Promisión- sino que el peregrinaje se dirige al Templo.

 

Cómo nos cuesta trabajo dirigirnos al Templo, la pereza -el Malo disfrazado de flojera- se adueña de nosotros y toda clase de obstáculos se ponen frente a nosotros. Cualquier otra actividad que se nos ocurra suena más atractiva que la Visita a nuestro Amadísimo. ¿Cómo es posible que nos cueste tanto trabajo ir donde El-que-tanto-nos-Ama y al que tanto decimos amar?


Debería ser motivo de jolgorio, deberíamos alegrarnos hasta el límite de lo que cabe en nuestro corazón. Para nada tendría que ser un “Mandamiento” de la Santa Madre Iglesia.

 

Miren lo que hay en el corazón del salmista y tratemos de explicar por qué no son similares nuestros sentimientos:

 

El alma-dice él- se consume de anhelo por llegar a los atrios. Ellos no podían entrar en la Tienda del Encuentro, tenían que quedarse en los atrios, sin embargo, el corazón y todo su cuerpo se estremecían de gozo.

 

Hasta los pajarillos quieren vivir en el Templo y hacer sus nidos en el alaro, también la golondrina tiene un impulso reverente y se complace en anidar allí: es una golondrina pía y devota.

 

Los sacerdotes, los levitas que viven allí, son supremamente dichosos, porque están cargándose de su Fuerza, llenándose de su Poder Divino, constantemente. Se gozan en su Presencia. Diamantizan sus rostros.

 

Y si se sacan cuentas, es preferible una vida corta en el Templo que una larga, pero alejados del Señor.

 

Unamos nuestra voz y proclamemos también: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del Universo! ¡Qué no diéramos por poder habitar en tu Santo Templo día y noche!

 

Mt 13, 47-53

Un hoy que se proyecta hacia la Gloria Escatológica

Toda palabra, todo gesto en mi vida, viene motivada por su amor y es para mostrarme el camino del amor. Ojalá pueda comenzar ahora a abrir un poco más los ojos, a buscar sólo aquello que es bueno para mí y para los demás. Que entienda que la opción es mía. Pero que también recuerde siempre que Dios es paciente y que puedo confiar en Él si todavía me cuesta dar el primer paso.

Papa Francisco

A veces nos encontramos con reiteraciones inexplicables: Tomemos por caso la parábola del tesoro y la de la perla finísima, ¿no se trata de lo mismo? ¿no están ambas encaminadas a decirnos que hay que saber reconocer lo valioso del Reino para trabajar por él?

 


En aquellas sociedades, se daba una división del trabajo mínima: normalmente o se era pastor, o labrador o pescador, algunos eran artesanos. Quizás en las temporadas de cosecha, algunos pescadores brindaban sus manos para ayudarla a recoger, pero no eran especialistas en asuntos de sembrar, cosechar, arar, desyerbar. Quizás Jesús dio dos versiones análogas, pero la una destinada a los labradores, y la otra más cercana a la realidad de los pescadores.

La parábola de la cizaña y la de la red que “recoge toda clase de peces”, tiene exactamente la misma sutil diferencia: ambas nos hablan de una tolerancia, de una cierta paciencia, de los tiempos y los ritmos propios de cada realidad, pero la del trigo y la cizaña está más enfocada a la lógica del labrador; mientras que la de la red, es una parábola que nos encamina hacia la espera paciente, pero mucho más clara para el pensamiento de los pescadores. En los dos casos, se subraya que Dios no arranca la cizaña, ni aplica alguna técnica de pesca que evite que peses pequeños o no útiles para prepararlos como alimento, no cayeran en la redada; siempre hay que esperar al “final”, por tres razones:

a)    La lucha contra el mal nos hace más fuertes y más astutos para el discernimiento del bien y el mal.

b)    Puede suceder, que la Paciencia Misericordiosa del Señor, de tiempo para que los malos cambien y se dediquen a los caminos del bien. Así que la espera puede convertirse en una oportunidad de Salvación.

c)    Cuando Dios da tiempo, nos regala la hermosa posibilidad de ponernos a su lado y trabajar con Él en la construcción del Reino, lo cual podría entenderse como una anticipación de la cosecha, pero también una demostración fehaciente de nuestro compromiso con la Alianza.

 

No es que Jesús diga que hay que empezar a construir el Reino sólo cuando la historia llegue a su fin. La tarea hay que asumirla ya, hoy mismo; sin embargo, tenemos que definir la dirección en la que apuntamos, y no porque -estemos llegando ya al fin de la historia- sino porque sólo sabiendo el “hacia dónde” podremos hacer coherente lo que hacemos con el “para dónde vamos”. «… la sinodalidad “indica la especifica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora” (CTI, n.6)» (Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión. Documento Final #31)


 Tengamos en cuenta que la proyección que hace Jesús toma por fundamento lo que pasará el “final de los tiempos”: El tema escatológico, está en el orden del día, como “lentes” indispensables para “visionar” los Misterios que aquí se Revelan y sobre los cuales basamos nuestro trabajo y nuestra vida; para así glorificar la Inmensa Gloria de Dios, por toda la Eternidad. 

martes, 29 de julio de 2025

Miércoles de la Décimo Séptima Semana del Tiempo Ordinario

 


Ex 34, 29-35

Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones. Y cuando se convierte al Señor, se arranca el velo. Porque el Señor es el espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad.

2Cor 3, 15ss

Según con quien nos relacionamos, así también reflejaremos sus luces o sus sombras. Lo que llevas en el corazón tiene una similitud con el sol: si te expones a él, un poco, te bronceas, si te expones con frecuencia, vas dorando tu piel, si abusas de la exposición te insolas. Si andas con gente viciosa, es posible que algo de la cizaña se te pegue. Si andas con gente perversa, aumentas, a niveles exponenciales, el riesgo de convertirte en uno de ellos. Si lees vidas de santos, los llegaras a admirar, al principio, sólo destacaras en tu mente sus virtudes, pero poco a poco te invadirá la envidia santa de querer parecerte, y así, aun cuando sea de manera muy paulatina, empezaras a practicar esas cualidades y tendrás de manera constante en tu pensamiento, la idea de lo bello que es ser así, un “agradador” de la Voluntad de Dios.

 

Moisés -de quien hemos leído en estos días, que pasaba prolongadas temporadas de retiro a solas con Él- ganó para su rostro, un brillo similar al del Señor. Un destello tan intenso que tenía que ser cubierto con un velo, cuando se relacionaba con los de la Comunidad, y, cuando regresaba ante la Presencia, se volvía a descubrir, permitiendo que ese esplendor lo impregnara más.

 

Así, resplandeciente, no se atrevían a acercarse a él, pero, los jefes de la Comunidad sí. Podemos inferir que la asamblea de los Ancianos podía entender que aquel brillo era Gracia, que él estaba imbuido del Amor que Dios le daba, que aquel Brillo no era para mal, que no iban a morir si lo miraban.

 

Por el contrario, hablamos de la oscuridad de alguien para referirnos a la maldad que muestra o esconde. Podemos inferir que de allí derivó la costumbre de llamar brillante a alguien que logra de manera excelsa, alcanzar la plenitud de su realización: Una mente brillante, un violinista brillante, un inventor brillante, un brillante escritor. Alguien, en fin, que refleja y transparenta el Favor de Dios. No es una conquista personal, no es para envanecerse. ¡Es para gloriar a Dios, que tanto bien nos concede!

 

Y ponerse velo es una muestra de sencillez, de recato, de modestia. No se brilla para herir los ojos del prójimo; más bien, casi para insinuarles que también está a su alcance arriesgarse a amar al que es Puro Amor. El Señor, al que se refiere 34,34 es el Espíritu Santo.

 

Josué -a quien mencionamos ayer por la primera vez- ejemplifica esto último: él se exponía con total continuidad al Destello Inenarrable, a la Shekhina, y mereció llegar a ser el sucesor del liderazgo del pueblo de Israel, y llevar a su gente -por fin- a la tierra prometida.

 

Siempre recordando que a nadie rechazamos y que la acogida es la fórmula generalizada, pero sin descuidarnos, sin bajar la guardia, permaneciendo vigilantes: ¡No nos dejes caer en la tentación!


¿Cómo será la situación con aquellos a quienes subtitulamos “oscuros”, “sombríos”, “tenebrosos”?

 

Sal 99(98), 5.6.7.9

Este es un Salmo del Reino. Nos llama a ensalzar el Rey de reyes, Señor de señores. El Salmo va avanzando hacía el Trono del Rey y cuanto más cerca está, más clara es la evidencia: Este Rey es Santo. Es Tres-Veces-Santo.

 

Ante todo, su Reinado de Suprema Santidad nos llama a postrarnos ante Él y sólo ante Él.


No es un rey que se hace el sordo. No es un Rey que -poderoso ejecutivo- está muy ocupado para oírnos, al contrario, siempre nos escucha; Él nos pide escuchar, precisamente porque es su don Excelso: escucharnos

 

Hoy la perícopa nos permite constatar su Presencia Fiel. Él se da a conocer en la Columna de Nube -que mejor que una nube que servía de constante parasol en el desierto, donde el sol es insoportable. Ser Nube durante el día, cuando el sol requema, y ser Columna de Fuego para derrotar la oscuridad y atemperar contra el intenso frio nocturno, es la Ternura del Rey-Paternal.

 

קָ֝ד֗וֹשׁ [ka dos guos] es la expresión hebrea para “santo” [kadosh]. El salmo concluye, que YHWH es Santo, Él es אֱלֹהֵֽינוּ [Eloheinu] “Dios”.

 

Mt 13, 44-46

No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mt 7, 21

 

Jesús no se anunciaba a Sí mismo, Jesús trajo una propuesta: lo que anunciaba Jesús era Su Reino. Este conjunto de parábolas que hemos venido considerando en el capítulo 13 del Evangelio según San Mateo, nos muestran diversas facetas, diversas caras de ese poliedro, para que nos hagamos a una idea. El Reino de Dios es algo tan grande que no es fácil aprehenderlo; pero Jesús -como lo hemos venido diciendo- apela a una herramienta extremadamente eficaz: las parábolas. Habrá que decirlo una vez más, las parábolas son claras para los corazones y las mentes sencillas. Por el contrario, son arrevesadas e inextricables para los soberbios y prepotentes.

 


Un detalle muy claro es que para buscar algo tenemos que tener el “entrenamiento” mínimo para discernirlo. No podemos buscar y mucho menos ayudar a construir, algo que no sabemos qué y cómo es. Por ejemplo, si no sabemos cómo es una perla, ¿podemos buscar una, podemos -llegada la buena suerte de encontrar una- justipreciarla, aquilatarla? Probablemente, diremos esta piedra es una bolita rara, tiene una esfericidad peculiar, y produce uno que otro destello al reflejar el sol, parece -un poco- las canicas que usan los niños en sus juegos. Es, también muy probable- que la desechemos como inútil, o a lo sumo, se la daremos a un niño, como juguete.

 

Que pasas si al cavar encontramos un horcón lleno de morrocotas, pero no sabemos que son morrocotas. Seguro que empezaremos a renegar, ¡cómo se le pudo ocurrir a alguien enterrar un cofre en medio del campo que casi nos daña la pala! Quizá desparramemos el contenido por ahí, sembrando -junto con lo desperdigado- un par de frases de enojo. Y, ni por la mente se nos atravesaría la idea de volverlo a enterrar -discretamente- e ir y venderlo todo y comprar aquel campo para que el tesoro nos llegara a pertenecer en legitimidad.

 

Quizás la vida nos regala -con regular frecuencia- oportunidades de ayudar a construir el Reino; es posible que, de vez en cuando caiga en nuestras manos un retazo de ese Reino, pero nuestra mirada neófita es incapaz de detectarlo. Solamente el “comerciante en perlas finas”, el especialista, tiene la capacidad de reconocer lo que se ha encontrado. ¡Imploremos al que es Pura Bondad que nos entrene y capacite para distinguir las perlas que nos ofrece!

 

No basta que Dios nos haya entregado su Ley, si no estamos entrenados para comprometernos en su cumplimento. De nada vale que gritemos a los cuatro vientos la Santidad de Dios si no sabemos aquilatar la bondad de sus Dones y Regalos y darnos a la tarea de atesorarlos: ¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lento su corazón para creer todo lo que los profetas dijeron! (Cfr. Lc 24,25bc)

 

Moisés -lo hemos visto en la Primera Lectura- bajaba de haber “charlado” con Dios, en encuentros de Cuarenta Días, y bajaba “radiante”, lo que requería que se velara el Rostro. Este velo, es un riquísimo signo polisémico, como lo son los signos bíblicos, que según la perspectiva en que se les mire, nos comunican un nuevo significado. El velo nos habla de un resplandor enceguecedor, pero también nos dice de un ocultamiento, de una revelación paulatina, de un “presentarse gradualmente”. Hasta alcanzar un escatológico “por fin”.

 

En Jn 20, 7 también Jesús, como Moisés había estado con el rostro cubierto, en este caso el velo se presenta con el nombre de σουδάριον [sudarion] “sudario”, pero en aquel momento, ya se lo había quitado definitivamente, y lo había dejado aparte, no caído sino meticulosamente doblado. Si el cuerpo hubiese sido robado, no estaría plegado sino por ahí, tumbado, arrastrado.

 

Sin embargo, “la ley era pasajera; la antigua alianza no iba a durar por siempre. Aferrarse a esta tradición es luchar por la conservación de algo que no tiene sentido frente a la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. El poder de la tradición es un poder que enceguece y provoca la muerte” ((José Bortolini). En 2Cor 3, 12-15 se nos explica como el Velo sigue ocultando el profundo mensaje Mosáico.

 

Y al leer las Escrituras sobre Moisés, el significado sigue en tinieblas, porque, su desciframiento, sólo se alcanza a través de Jesucristo, punto cimero de la Revelación y que revela la plenitud de lo que el Padre ha querido manifestarnos para nuestro bien y para hacernos posible participar en le edificación de su Reino.


Los ojos nos permanecen velados, hoy -en pleno siglo XXI- y los oídos ensordecidos por espesos y muy densos tacos de cera, más sordos que tapias. ¡Señor has diáfanos nuestros sentidos para que podemos gozar la bienaventuranza de tu Presencia desvelada que Permanece, Dios con nosotros!

lunes, 28 de julio de 2025

Martes de la Décimo Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gen 33, 7-11; 34, 5b-9. 28

Los capítulos 32-34 se refieren a la ruptura y a la reconciliación. Una vez quebrada la Alianza, Moisés se entregará a reconstruirla, e intercede al Señor por su Perdón. Estos tres capítulos conforman una unidad por su columna vertebral: “la Presencia de Dios”. La perícopa parece un puente entre el pecado y la renovación de la Alianza.

 

Dios le había mostrado a Moisés el modelo de “Templo” que Él quería; y, en los capítulos 25 – 31,11, le dio todas las instrucciones cultuales, todos los detalles litúrgicos del culto que le iría a tributar. La perícopa 31, 12-17 se refieren a la santidad del sábado como signo de la Elección de Israel por parte de Dios; este respeto se expresará con el reposo, leído en clave de señal perdurable de la Alianza, en el hecho de guardar el Sabbath se verá que Dios es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

 

Hoy se nos relata cómo estableció la que se denominó אֹ֣הֶל מֹועֵ֑ד [o-jel mawel] “La Tienda del Encuentro”, y a partir de Ella, cómo fue desarrollándose una intensa relación entre el pueblo elegido de Israel y Moisés como su líder y mediador entre ellos y La Divinidad. Será este tema de la tienda del encuentro y su consagración lo que nos llevará al capítulo final del Éxodo que tendrá como culmen que Dios con su Gloriosa Presencia llene el Recinto del Santuario.

 

Algo sobre la hipótesis documentaria

Este segmento se considera proveniente de la fuente Yahvista. Con uno que otro entreverado de la fuente Elohista de donde el “editor” recogió los datos pertinentes a la Renovación de la Alianza. La tradición sacerdotal sería la autora de las instrucciones para crear el tabernáculo, las vestimentas y objetos rituales, así como de la descripción de la creación de los mismos.

 

La perícopa que estamos estudiando en este día, nos dice que cuando alguien necesitaba consultar a Dios, iba a la Tienda del Encuentro. Y pasa a relatarnos, específicamente, como se plasmaba la intensidad de los Encuentros de Moisés -un Dialogo, como lo hemos mencionado, de Tú a tú- y esa relación lo llevaba a compartir con el Señor largas jornadas, descritas como estancias en su Presencia de cuarenta días, con sus noches respectivas, de rotundo ayuno, en los que no consumía ni pan ni agua. Ayuno total, rigurosísimo.

 

Se menciona a un personaje, יְהוֹשֻׁ֤עַ [Yehoshua] “Josué”, descendiente de Nun, que era ya el ayudante de Moisés y que permanecía constante en la Tienda del Encuentro. Su nombre está directamente emparentado con el de ישוע [Yeshua] Jesús que es la sincopa de [Yehoshua], significa: “Dios es Salvación”; [isho] en arameo.

 

Esta mención de Josué en el Éxodo 33 se da en el siguiente co-texto: “Dios hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo, y después Moisés regresaba al campamento. Pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, nunca se apartaba del interior de la tienda.” (Ex 33, 11) Esto parece –a todas luces- ser un fragmento proveniente de la fuente Sacerdotal (P del alemán Priester).


Luego, en la segunda parte de la perícopa, ya en el capítulo 34, hay un elemento que le da eje a este segmento: la fidelidad de Dios. Pero antes de entrar a considerar esta fidelidad el capítulo 34 se refiere a las nuevas Tablas de la Ley. Como se dijo, Moisés destruyó la primera versión de las Tablas de la Ley, que había recibido de Manos de Yahweh, talladas de su propio Puño y Letra. Las que llevará hoy Moisés ante las tribus, son -en cambio- una versión, consignada sobre piedras que Moisés fue comisionado de tallar, y dónde Dios tuvo a bien re-copiar la legislación. Sin embargo, en el verso 28 se nos informa que fue Moisés quien las escribió.

 

Sal 103(102), 6-7. 8-9. 10-11. 12-13

Salmo de Acción de Gracias. Donde a la vez se da gracias por tantos bienes donados y se implora perdón por tantos extravíos cometidos. En él es clave la idea -que pasa a ser idea medular del salmo- “No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas”. (Sal 103(102),10).

 

De sus 22 versos, tomamos 8 para organizar la perícopa a proclamar en este día, y a partir de ellos obtenemos 4 estrofas. Aquí un penitente que se siente perdonado, va hasta la “Tienda del Encuentro” a manifestar su acción de gracias. En este salmo la palabra predominante es la palabra “Hessed”, el amor específico de Dios, amor de ternuras. Lo que nos lleva a pensar que Dios siempre -y en eso no hay ninguna novedad Neotestamentaria- se ha dirigido a su pueblo en términos de amor y de ternezas. Sacudámonos la idea de un dios que es papá bravucón, y miremos -ya en el vetero testamento- su amor cobijando, pero muy especialmente, perdonando.


El Señor es la hipérbole de la Justicia, nos reveló los Caminos que conducen a Él y se los comunico a Moisés para que él nos los trasmitiera.

 

El Señor es tardo a la ira y en cambio, se compadece de nuestras flaquezas.  Así como en las mañanas el sol nos acaricia con su brillo, así es la Bondad de Dios, para con aquellos que lo aman.

 

Como un tierno padre, ve nuestras acciones -por mucho que sean las prohibidas- como torpezas y aparta, poniéndolas a leguas de distancia, la idea de que hayamos sido nosotros quienes las han cometido.

 

Mt 13, 36-43

Seguimos postergando la venida del Reino

“Antes opinaba que rezar era hablar; ahora había aprendido que rezar no es solamente callar, sino oír. Y ésta es la pura verdad; rezar no es oírse hablar a sí mismo, sino llegar a callarse y, permanecer callado, aguardar: hasta que el orante oiga a Dios”.

Francesc Torralba

Esta parábola está dirigida, ya no al “publico”, a los de fuera, sino a los cercanos. Se trata de una explicación, que se les da a los discípulos, en casa: Ellos quieren aclaración sobre la parábola, que más que parábola está interpretada como si se tratara de una alegoría porque cada elemento “equivale” a uno de la realidad a la que alude:

·         El propio Jesús es el “Sembrador”

·         El campo para la siembra, no es algún lote restringido, es el mundo entero.

·         La buena semilla son los “ciudadanos del Reino”.

·         La cizaña son los del partido del “Maligno”.

·         El sembrador clandestino de la cizaña es el Diablo

·         La cosecha, recolección y separación será el “final de los tiempos”

·         Los segadores serán los Ángeles.

·         La cizaña son los escándalos, y la iniquidad.

·         ¿Cuál será el destino de los “ciudadanos del Reino”? Serán ἐκλάμψουσιν [eklampsousin] “resplandecientes” -del verbo ἐκλάμπω [eklampo] “resplandecer”- como si ellos fueran el Sol del Reino.


Sin embargo, hay algunos, que, aun cuando se les explique con figuritas de plastilina, seguirán atónitos, sin nada entender. Pese a ser algo elemental, no querrán captarlo, sufren de bloqueo, están bloqueados para los temas de la fe. Con toda seguridad que seguirán obstinados exigiendo que salgamos de inmediato a repartir machete a diestra y siniestra, porque -según ellos- a la cizaña, hay que hacerle la guerra más violenta.


La religión que Jesús está tratando de acercar y aclarar, es la religión del Shemá: Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad – “Escucha Oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”: Se podría desagregar en tres puntos: i) la declaración principal del Shemá (Dt 6,4-9), ii) el párrafo de la obligación de amar a Dios (Dt 6,4-9), y iii) el párrafo de las tzit-zit, las cuerditas anudadas que el judío lleva en las cuatro puntas del Talit Gadol, como recordatorio de los preceptos que rigen su estilo de vida, consignados en (Nm 15,37-41). Shemá significa precisamente ¡Escucha! Pero para escuchar es preciso tener oídos. ¿Cómo podría escuchar quien no puede oír?

 

Bienaventurado quien tiene oídos, parece ser la conclusión de Jesús en la perícopa mateana de hoy. Todavía hay algo más… ¿Qué pasa si el oído funciona mal? ¿Si a pesar de tenerlos padecen un mal funcionamiento? ¿Si se da una desconexión entre el oído y los trasmisores nerviosos que conducen del oído al corazón-cerebro el Mensaje, la Buena Noticia? Ahí es donde el Maligno actúa. Donde divide, donde rompe la conexión entre la Palabra de Dios y la vida que el pueblo protagoniza. El problema está muy claramente desenmascarado, ya en el Éxodo: La Alianza se ha roto, El Señor es nuestro Dios, pero nosotros no somos su pueblo. ¡No nos declaramos suyos! ¡Nos empeñamos en ir a nuestro aire! (¡Que no es nuestro aire sino el vaho ardiente del Malo!)


 

¡Parece que para que llegue al Reino, primero tenemos que hacer cita con el otorrino! ¡A ver si nos sana el oído!