sábado, 28 de mayo de 2022

SIEMPRE EN EL TEMPLO BENDICIENDO A DIOS

 


Hech 1, 1-11; Sal 47(46), 2-3. 6-7. 8-9; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53

 

Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchísimas cosas por las que dar gracias continuamente.

San Bernardo de Claraval

 

Jesús glorioso y poderoso está en nosotros, está en nuestras manos para que podamos construir una sociedad más justa, está en nuestra mente para que podamos reflexionar sobre lo que es bueno y lo que es verdadero, está en nuestro corazón para que podamos elegir lo que lleva a la vida y al amor.

Carlo María Martini.


 

Dios en la Persona de su Hijo entra con victoria definitiva y queda entronizado por toda la Eternidad a la Derecha de Dios-Padre. A Él se entrega el Sitial que ha recibido desde Siempre y para Siempre, su entronización en el tiempo es sólo una simbología, o mejor aún, una metáfora para nuestro entendimiento, de lo que le pertenece por siempre, desde siempre y para Siempre. Desde esta clave podemos leer Efesios 1, 19c-23: "conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos, por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero. Bajo sus pies sometió todas la cosas y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia, que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo." El salmo que leemos en esta fecha nos deja ver la oportunidad que tenemos –litúrgicamente hablando- de reconocer y cantar la Victoria de Jesús a Quien Dios-Padre ha levantado de la muerte, entrando así –por Única Vez al Sancta-Sanctorum, (Kodesh haKodashim)- lo que se explica muy bien en la perícopa de Hebreos que constituye la Segunda Lectura de esta Liturgia: "Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo Cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro, y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el Sumo Sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena. Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio." (Hb 9, 24-26).  Esta Victoria es la que se aclama en el Salmo, que nos habla –tácitamente- de su Regreso, pero a la vez, nos confirma en la heredad que Él nos comunica, de estar -también por su Misericordia- invitados para que ascendamos –también nosotros- a su Gloria, que en la Carta a los Hebreos se llama Santuario. En esa misma perícopa se hace mención de su “Última Venida” que allí se llama δευτέρου “La segunda vez” (Hb 9, 28d). Es esta, pues, una fecha de jolgorio, de dicha, para cantar y hacer resonar la trompeta a Jesús-Victorioso, es día de Aclamación, “La Ascensión de Cristo es nuestra garantía que un día estaremos a su lado, en el Cielo, para alabar la Gloria de Dios Nuestro Padre.”

   
En su obra sobre Jesús de Nazaret, nuestro entrañable Papa Emérito, Benedicto XVI escribe: «… una interpretación tomada de las homilías de Adviento de San Bernardo de Claraval, en la cual se expresa una visión complementaria. En ella se lee: “Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia (adventus medius)… En la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad, en esta segunda en espíritu y poder; y, en la última, en Gloria y majestad. (In adventus Domini, serm. III, 4. V,1:PL 183, 45ª.5050C.D.). Para confirmar su tesis, Bernardo se remite a Juan 14, 23: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. Se habla explícitamente de una “venida” del Padre y del Hijo… En ella… el tiempo intermedio no está vacío: en él está precisamente el adventus medius, la llegada intermedia de la que habla Bernardo. Esta presencia anticipadora forma parte sin duda de la escatología cristiana, de la existencia cristiana… Las modalidades de esta “venida intermedia” son múltiples: el Señor viene en su Palabra; viene en los sacramentos, especialmente en la santa Eucaristía; entra en mi vida mediante palabras o acontecimientos. Pero hay también modalidades de dicha venida que hacen época. El impacto de dos grandes figuras –Francisco y Domingo- entre los siglos XII y XIII, ha sido un modo en que Cristo ha entrado de nuevo en la historia, haciendo valer de nuevo su palabra y su amor; un modo con el cual ha renovado la Iglesia y ha impulsado la historia hacia sí. Algo parecido podemos decir de las figuras de los santos del siglo XVI: Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola, Francisco Javier,… Su misterio, su figura, aparece nuevamente; y, sobre todo, se hace presente de un modo nuevo su fuerza, que transforma  a los hombres y plasma la historia.»[1]

 


Benedicto XVI ha sabido expresar está nueva forma de estar de Jesús con nosotros. Lo podríamos plantear así: Jesús ilustra y aclara sus enseñanzas en el corazón y la mente de sus discípulos. Establece como un período de “digestión” de su Mensaje. De eso se tratan esos cuarenta días desde su muerte hasta su Ascensión. Entonces, como el paso por la Universidad no es un matricularse para quedarse en ella toda la vida, se trata de tener una etapa formativa, que debe concluir en algún momento; y dicen los expertos que el período definido y establecido en aquella cultura como tiempo formativo era precisamente ese: cuarenta días. Pero ahora, no se trata como de un “dejar librados a su destino” a sus discípulos. Irse significa haber acabado su “iniciación” –por decirlo de alguna forma- pero Jesús no los abandona. Viene, ahora, otra forma de Presencia, no la directa del Jesús-Resucitado, sino otra forma de presencia, más espiritual, como su nombre así lo indica: El Espíritu Santo. Hemos dicho, el que nos enseña y nos repasa todo cuanto Jesús nos enseñó.

 

Si queremos continuar la analogía con la vida académica en la Universidad diríamos –tal vez- que acabados los cursos presenciales en la “aulas”, sobreviene un tiempo de “prácticas”, cuando se sigue aprendiendo, pero en el ejercicio de lo recibido en las aulas, y en cuanto más se aplica y se usa el conocimiento, mejor se entiende y -a fuer de experiencias- se deviene mejor “profesional”. ¿Significa que la presencia del “Alma Mater” en el ex-alumno ha terminado? ¡Quienes viven ese paso de la fase formativa a la fase profesional saben que no! Se recuerda con cariño la etapa universitaria, y, en la práctica, regresan a la memoria las explicaciones de los docentes, los ejemplos más clarificadores, se retoma, a veces, a los apuntes tomados en clase para aclarar alguna duda, para ver con mayor exactitud cómo se resuelve “aquello”. Algunos de esos recuerdos de la vida académica permanecen siempre vivos en la memoria. Hay “lecciones” vistas y aprendidas que se tornan “herramientas” cotidianas del profesional. ¡lo adquirido en al alma mater permanece!

 

Cuando Jesús vuelve al Padre no significa que toma un vuelo y se va a vivir en un país extranjero y rompe toda comunicación y se “separa” definitivamente. No, quizás podemos entender mejor si decimos que su amistad es de “chat” diario, de video-encuentro cotidiano; de esos amigos contra los que la distancia no puede nada, que al “partir” están más presentes que nunca; y, todos sabemos que Jesús es el epítome de la Amistad. «… la desaparición de Jesús a través de la nube no significa un movimiento hacía otro lugar cósmico, sino su asunción en el ser mismo de Dios…»[2] Pues ahí está, ha pasado al Padre, o sea, está siempre a nuestro lado de una forma nueva, nueva debe entenderse, como antes pero más pleno. Por eso Él mismo nos decía que nos convenía que Él se fuera para enviarnos el Espíritu Santo.

 

Entonces, ¿el Espíritu Santo es simplemente la espiritualización de Jesús? No, ¡esa sería teología equivocada! El Espíritu Santo es “Otra Persona” de la Santísima Trinidad, es la Personificación del Amor del Padre por el Hijo y viceversa, recíprocamente amados. ¿cómo decirlo? Aceptemos la figura literaria, digamos, AMANDOSE A BORBOTONES. Como será ese derroche de Amor que nos alcanza a todos y alcanza para todos. Porque el Amor -cosa curiosa- mientras más se parte y se comparte, más rinde y más alcanza, hasta que sea “todo en todos”.

 

… ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse. (Hech. 1, 11). Se habla en la Sagrada Escritura de un “subir”, de un “mirar para arriba” ¿cómo se puede entender esto? Entonces, ¿Jesús si subió? La palabra misma ascensión indica “para arriba”. Pero, como lo hemos comentado en diversas ocasiones, “arriba” como cuando decimos que una persona puesta en la jefatura está “arriba”, aun cuando está al mismo nivel y en el mismo piso. Vieja costumbre de poner las figuras de autoridad encima de tarimas, de “púlpitos”, etc. Vieja figura espacial que concebía a la Divinidad en lo “Alto”. La idea nos ha penetrado profundísimamente. Por ejemplo, los Asirios y los Babilonios hablaban del Altísimo, y, nosotros adoptamos el “giro idiomático” (que nunca ha significado “de elevada estatura”) y lo decimos sin ambages. En nuestro Amor por Dios, YHWH está en lo más Alto, y nada hay más alto que el lugar de amor que tenemos para nuestro Dios. No es un “alto” o un “arriba” espacial, eso es lo que hay que enfatizar. Y hoy en día, en la era de los viajes espaciales, lo entendemos supremamente bien; nadie trataría de acercarse a Dios con un viaje en cohete como pretendieron los constructores del Zigurat que se relata en Génesis como “torre de Babel”, ellos podían querer acercarse a Dios “subiendo” con una edificación, otros trataban ascendiendo a una montaña, (muy ingenuo sería el cosmonauta que esperara -en su viaje- encontrarse el Rostro del Señor).

 

Jesús ascendió al “lugar” que le permite estar siempre Presente; insistimos que no “ascendió” hacia lo alto, sino –retomemos una vez más la forma de decirlo de Benedicto XVI- «Puesto que Jesús está junto al Padre, no está lejos, sino cerca de nosotros»[3]

 


Hay otro aspecto que no nos podemos cansar de resaltar: Jesús en Persona, sigue a nuestro lado; de manera muy especial en su Presencia Eucarística, se hace Presente durante la celebración -en la Persona del Sacerdote- quien preside in Persona Christi, en el Altar, en la Palabra, en el Vino y el Pan, y en cada uno de los allí presentes, de los fieles con-celebrantes. Pero, Además, como leíamos arriba cuando recogíamos la cita de San Bernardo de Claraval, se hace presente a través de ciertas personas que Él nos envía y que son hitos de la Vida Eclesial, de la economía salvífica. Jesús no cesa de hacerse presente en puntos “álgidos” de la historia por medio de personas de carne y hueso, que no están allí para ser endiosadas (como pretendieron hacer en Listra con Pablo y Bernabé, llegando al extremo de quererles ofrecer sacrificios), no son múltiples Jesuses, son “personas históricas” que Dios designa para dinamizar la continuidad de su Iglesia, para re-direccionarla, para ratificar que está con nosotros hasta al final de los “tiempos”, para hacerla Santa a pesar de su fragilidad como institución de humanos entre humanos, tan humanos, tan frágiles.

 

No pueden cambiar la Iglesia a su arbitrio, no son enviados para -como niños caprichosos o mal criados- ponerla patas-arriba. Tampoco las dona Nuestro Señor, para que hagan una encuesta de opinión a ver qué es lo que la gente quiere que sea la Iglesia e implementarla dándole gusto a todos. En la economía salvífica, el Plan de Dios prima, es la Voluntad Divina lo que rige. No es una entidad demagógica para que se haga según las modas y las ideologías al uso. La Iglesia y el Proyecto de Salvación no son ni conservadoras ni revolucionarias; son ambas cosas, pero según la Partitura que ha escrito el Divino Compositor. Ninguno de nosotros quiere tocar en otra orquesta diferente a la que siempre ha querido tocar la Partitura Divina, aun cuando todos se vayan porque no les gusta su Melodía. La Iglesia “toca” para complacer al Señor y no para satisfacer los vaivenes de los gustos y caprichos de una u otra generación. En ese sentido la Iglesia cambiará lento o rápido y sólo en la dirección que Dios quiere. Eso disgusta a todo el que está imbuido de la cultura mediática de la “opinión” que considera que todo debe hacerse según los resultados de las encuestas: ¿cuál jabón se prefiere?, ¿qué marca de auto? ¿Cuáles son las zapatillas de moda? ¿Cuáles espaguetis son los más vendidos? Entonces, ¡a comer de esos espaguetis se dijo! Este es un tema comercial, es el “árbol” del mercado y la mercadotecnia; de la cultura consumista y la manipulación de los gustos, las opiniones y las ofertas-y-demandas. (Que decepción para muchos que esperan organizar mayorías al seno de la Iglesia y convertirla en una organización deliberativa, donde se ajuste según el “voto”).

 


Pero, empeñémonos en entender; hay Un Árbol, que era el Único Árbol del Jardín del que no debíamos comer: El árbol del Bien y del Mal. Sólo a Dios toca su cuidado, su manipulación, su poda, su abono. Es el árbol de los valores imperecederos, como su nombre lo señala, es el árbol del discernimiento de lo que es Bueno y de lo que es inhumano porque es anti-humano y anti-divino. «… ningún mal se puede cometer en nombre de Dios. Lo que va contra el hombre, va contra Dios»[4]. Los enemigos dirán que es el monopolio de los valores por parte de la Iglesia; nosotros decimos que es la Voluntad de Dios la única “autorizada” y la fe, ese don maravilloso y sobrenatural, la que nos permite aceptarlo sin forcejear, con agrado, con verdadero placer, con sincera obediencia porque al ser la Voluntad de Dios, es la Voluntad del Padre y ¿qué Padre le dará a su hijo una serpiente cuando su hijo le pide un pez, o una piedra cuando le pide un pan? (Cfr. Lc 11, 11) Puede que si –porque entre los humanos todo se puede esperar, el Malo hace parrandas y orgias en el corazón de algunos- pero de manos del Padre Eterno, ¡jamás!; de sus Misericordiosas Manos sólo recibiremos Bondad. Sea nuestra oración, usando categorías de la cultura consumista: ¡Señor, estamos felices de vivir sujetos al monopolio de tus Valores, los queremos, los aceptamos, y no otros!

 

«Jesús se va bendiciendo, y permanece en la bendición. Sus manos quedan extendidas sobre este mundo. Las manos de Cristo que bendicen son como un techo que nos protege… Por la fe sabemos que Jesús, bendiciendo, tiene sus manos extendidas sobre nosotros. Esta es la razón permanente de la alegría cristiana.»[5]



[1] Benedicto XVI JESÚS DE NAZARET 2da PARTE DESDE LA ENTRADA EN JERUSALÉN HASTA LA RESURRECCIÓN. Ed. Planeta. Ediciones Encuentro Madrid-España 2011. pp. 336-338.

[2] Ibid p. 332

[3] Ibid p. 329

[4] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE JUAN. Ed. San Pablo. Bogotá-Colombia 2008 p.433

[5] Benedicto XVI, Op. Cit. p.339

sábado, 21 de mayo de 2022

PROCESO DE UNIVERSALIZACIÓN DE NUESTRA FE


 

Hech 15, 1-2. 22-29; Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8; Ap 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29

 

En la nueva Jerusalén Cristo no es piedra angular como lo es en la Iglesia, sino que es la lámpara que ilumina toda la ciudad.

Pablo Richard

 

La liturgia de la Palabra para esta Domingo atraviesa de parte a parte toda la historia de la cristiandad, abarcando en su compás desde las Primeras comunidades de los hechos de los Apóstoles hasta le venida de la Nueva Jerusalén, la Ciudad-Esposa del Cordero-Reinante-Resucitado, pasando por le profecía de la venida del Paráclito, verdadero anuncio del Pentecostés, cuando Jesús en el Evangelio según San Juan anuncia –garantizándolo- la venida del Espíritu-que-vendrá-a-explicarnos-y-recordarnos el Mensaje de Jesús en su integralidad.


 

Cuando -el próximo Domingo- Jesús “Ascienda entre aclamaciones, al son de trompetas” será su irse, su ausentarse; y entonces, ahora sí, ¿Dios nos habrá abandonado? ¿cesará de acompañarnos? ¡Pues no! Lo que hace Dios es darse nuevamente en Otra de sus Divinas Personas: El Espíritu Santo. El Amor de Dios –que es, por ser verdadero Amor, un Amor-Fiel- un amor a prueba de decepciones, jamás se cansa de nosotros, jamás desiste de su Amor. ¡Su Amor es a prueba de tiempo!

 

La declaración esencial del fragmento evangélico joánico radica en los versos 25 y 26 que son la médula de esta perícopa: “Les he dicho esto mientras estoy con ustedes. El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho.” Notemos que en torno al verbo “decir/se los he dicho”, podemos contar cuantas veces reaparece este verbo en la perícopa (4 veces), y en torno a este verbo se teje todo el fragmento, porque el papel protagónico corresponde a “la Palabra”, y la acción correspondiente dimana de este verbo. La Palabra es la Enseñanza por antonomasia de nuestra fe. Y esa misma Palabra requiere recordación (anámnesis), el Espíritu Santo tomará a su cargo esa función. Sin embargo, la Palabra no se agota en la Palabra misma, la Palabra es portadora de su fuerza que es la Paz (v.27).

 


Todo esto está envuelto en la idea de Dios que permanece, Dios que no se va, que no abandona. Jesús anuncia su partida (v. 28), en el mismo verso 28 anuncia que su partida es simplemente preámbulo de su regreso y promete “volveré a visitarlos”. No podemos descuidar que la perícopa inicia con esta profecía-promesa: “Vendremos a él y habitaremos en él” (v. 23d). Nos damos de bruces con una idea central: “habitaremos en él”, estrictamente hablando no dice habitar en él, dice haremos nuestra μονή “morada”, pondremos nuestra “tienda” en él. Una vez más la idea base: Dios a nuestro lado, mejor todavía, Dios viviendo en nosotros, Dios inhabitandonos, Emmanuel, Dios con nosotros.

 

La permanencia de Dios-con-nosotros tiene como contraportada un compromiso de fidelidad por nuestra parte. La palabra permanecer no compromete sólo al Señor, nos compromete también para permanecer a su lado, fieles a su Mensaje.


 

Intentemos fragmentar la perícopa, descifrando sus unidades constitutivas menores:

1)    Amar a Jesús es cumplir su Mandamiento de Amor, ese es su Mensaje.

2)    Quien cumpla con el reconocimiento amoroso del Mesías, será -a su vez- amado por el Padre.

3)    Quien ama a Jesús es amado por el Padre y -en consecuencia-  es inhabitado, tanto por el Padre como por el Hijo (lo habitan, y -simultáneamente- Él mora en ellos: es habitante y habitado).

4)    Quien no es coherente con el Mandamiento del Amor haga lo que haga y diga lo que diga, no ama a Jesús.

5)    Jesús nunca habla por su cuenta: su obediencia consiste en decir solamente lo que el Padre le dicta. Jesús sólo es caja de resonancia para la Voz del Padre, es el “Gran Profeta”.

6)   Como recalcábamos más arriba, Jesús les entrega a sus discípulos este “avance” para que puedan creer. Nuestra fe se estructura sobre el principio de antelación, se nos avisa desde antes, se nos pre-dice.

7)    Enseñarnos y recordarnos, ayudarnos a digerir cuanto Jesús nos ha dicho corre a cuenta del “abogado-defensor”, el Paráclito.

8)    La sustancia de su enseñanza es “la Paz”, de la cual estamos llamados a ser portadores.

9)    La Paz que Él nos da, difiere de la paz que nos propone el mundo, de la tierra al cielo; la paz del mundo solamente es un silencio de las armas entre guerra y guerra.

10) Jesús se compromete a que su partida signifique una Presencia que regresa intensificada.

11) Por eso su Partida es causa de nuestra Alegría: ἐχάρητε deberán alegrarse”, de χαίρω, regocijarse.

12) Alegrarse porque Él va a re-incorporarse al que, Él-mismo, reconoce como “su Mayor” (ὅτι ὁ Πατὴρ μείζων μού ἐστιν.)

 

En el fragmento que tomamos del Apocalipsis como Segunda Lectura podemos detectar por lo menos dos unidades:

1)    Unos componentes de la ciudad (La Nueva Jerusalén): brillo, muralla, guardia de ángeles, 12 puertas, nombres de las 12 tribus; carencia de Templo.

2)    Presencia de Dios y del Cordero. Conexa con otra carencia: no hay sol ni luna.

 



Se nos manifiesta que en la Nueva Jerusalén no habrá templo. Mientras Jesús estuvo con nosotros, el Templo era Él. Al irse, vendrá el Paráclito y acampará en nosotros, nosotros seremos su tienda de campaña, para acompañarnos; y luego, en la Nueva Jerusalén, El Padre y el Cordero son el Templo y ellos brillan de manera tal que -ya son innecesarios el sol y la luna- sino que la Luz que todo lo iluminará será la Luz Gloriosa de Dios. Esa Gloria se convertirá en Luz de todos los pueblos y naciones.

 

Pero todos estos “seres” de Luz, las tiendas de campaña, la paz, todo requiere un piso. Si el piso es una montaña –por ejemplo, podemos ascender, si el piso es escarpado, podremos escalar, pero la condición consiste en tener un piso. En este caso, el piso sobre el que nos movemos es el Amor. Por eso el Evangelio inicia por ahí: Si alguien me ama…/ y continúa si alguien no me ama. Es el amor el que apuntala la relación entre los seres humanos y es el Amor el que sostiene la conexión entre Dios y los hombres. No podremos jamás competir en Amor con Dios, definitivamente Él –en cuestiones de Amor- es imbatible. Pero “amor con amor se paga” y Dios espera siempre nuestra respuesta. Como asumió la humanidad, Él conoce nuestras fronteras y nuestros alcances, ni pide ni espera más de lo que le podemos dar. Pero espera nuestro amor, espera que seamos capaces de guardar su Palabra. Como somos débiles hasta la fragilidad, nos dio el Espíritu Santo para que nos la enseñara y nos la repasara. Esa Palabra no es su caprichosa Palabra, es la Palabra que Jesús ha recibido del Padre. No nos pide nada que no podamos soportar, nada fuera de nuestro alcance.

 

Todo este tiempo Pascual, hemos tenido - como Primera Lectura- perícopas tomadas de los Hechos de los Apóstoles. Al Libro de los Hechos de los Apóstoles  se le ha llamado también “el Evangelio del Espíritu Santo”, y así es, no en vano Él es el protagonista de esta obra Lucana que es como el segundo tomo de su Evangelio. En ella se narran las primeras páginas de la historia del cristianismo. Sus inicios ya nos ponen en contacto con la venida del Espíritu Santo como lenguas de fuego sobre los apóstoles. Así estas lenguas de fuego son la forma embrionaria como la Luz Gloriosa de Jesucristo, el Cordero de Dios, llegará a ser la Luz de todos los pueblos. Parece que esta historia pesa sobre los hombros de San Pedro y San Pablo y otros discípulos como Esteban y Felipe, Bernabé, Judas Barsabas y Silas; pero no es así. Toda la obra nos muestra la Acción del Espíritu Santo “enseñándonos y recordándonos” todo cuanto nos enseñó Jesús. Hoy, nos narra cómo el Espíritu Santo se remonta superando el judaísmo para no imponer cargas insoportables a los paganos conversos; esta es la vía para que el Evangelio pueda llegar a ser un día, Luz de todos los pueblos y naciones.

 


Superar las limitantes de la circuncisión que se erigía como un factor discriminatorio respecto de los “gentiles”, aquella queda abolida porque “el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias”; ¿necesarias a qué fin? Al fin de ser verdaderos discípulos de Jesucristo. En una relación cifrada en el Amor.

 

Por eso, esta fue la vía para que el cristianismo no fuera exclusivo de una raza y de un pueblo, dado gratuitamente a todos los que lo quieran aceptar, está puesto sobre la Mesa, y -si aceptamos- podemos vivir enmarcados, definidos en el Amor-a-guardar: su Palabra.

 

sábado, 14 de mayo de 2022

ÉXTASIS: UNA EXPERIENCIA DE AMOR CELESTIAL

 


Hech 14, 21b-27; Sal 144, 8-9. 10-11. 12-13ab; Ap 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35

 

La materia prima y única del Paraíso es el amor.

 

En el lenguaje común el éxtasis refiere a un alucinógeno, pero también se dice de un tipo de ensoñación que conlleva un viaje a la irrealidad. Vamos a examinar un tipo de estasis muy particular, el “trance” espiritual que le trajo a San Juan el conocimiento apocalíptico respecto de la venida de la Ciudad Santa. Es urgente darle una expansión a nuestra mente para poder entender el mundo de la religiosidad. Lo que pasa es que hemos sido muy manipulados para robarnos las verdades de la fe que se nos han entregado. Urge entender que cuando Jesús nos legó su Espíritu lo que nos heredó fue la capacidad de acceder a las realidades superiores, a la trascendencia. En el capítulo 1º de Apocalipsis, exactamente en el verso 10, San Juan nos declara que esta Revelación (que es el significado de la palabra griega Ἀποκάλυψις “apocalipsis”) tuvo lugar cuando él cayó en éxtasis: ἐγενόμην ἐν Πνεύματι. (No dice exactamente éxtasis sino, “en el Espíritu”, o aún mejor, “bajo el poder del Espíritu”). Es lo que nos encontramos hoy en la Segunda Lectura. El Infinito Amor en la Nueva Jerusalén es extático, es capaz de ver más allá de lo evidente; limpia los ojos del corazón y -por fin- alcanza a ver las realidades celestiales, aun cuando -por ahora- no las penetra con nitidez, sino que las descubre como “en un mal espejo”. Juan dice que “vio”, εἶδον del verbo ὁράω, que se refiere a una percepción espiritual -no es la visión física común y corriente, sino algo trasmitido y desvelado por el Espíritu Santo- un Cielo Nuevo y una tierra nueva, engalanada como una esposa para contraer Alianza: La Novísima Alianza; porque los viejos cielo y tierra habrán desaparecido.


 

Con mucha frecuencia oímos hablar de los santos que caían en éxtasis.  Y entendemos esto como entrar en un estado de arrobamiento, de embeleso. Como una enajenación sensorial, donde algo atrae nuestra atención con “brillo” refulgente, encandelillante, hasta tal punto que aquello que normalmente ocuparía nuestro ánimo, pierde todo atractivo frente a este “nuevo objeto” de atención que nos sustrae plenariamente. Esta es la experiencia que se suele enfrentar en la relación con Dios. Si analizamos la palabra éxtasis su esencia se funda sobre un movimiento del ser que se desplaza de dentro de sí hacía afuera. Inclusive, podríamos hablar de un “descentramiento”, donde superando el egoísmo alcanzamos un tipo de comunicación con el Otro, y, el Otro por su grandiosidad nos desborda y con su resplandor nos “enamora”.

 

Quisiéramos referirnos a la experiencia de Santa Margarita María Alacoque: «Pidiendo a mi maestra que me enseñase a hacer oración, me dijo: ‘Ponte delante del Señor como una tela preparada para un pintor’. Fui a la oración y Jesús me hizo conocer que la tela preparada era mi alma, sobre la cual quería trazar todos los rasgos de su vida… que los imprimiría en mi alma después de haberla purificado de todas las manchas que le quedaban de apego a mí misma y a las creaturas… Me despojo de todo y después de haber dejado mi corazón vacío y desnudo, encendió en él un deseo ferviente de amar…».[1]

 


Ya hemos pisado dos veces la gran frontera: La primera cuando hablamos de “enamorar”, y ahora, al referirnos al “deseo ferviente de amor”. Pero ¡urge precisión! ¿Qué es esto de “amor”? Nos auxiliará, en grado sumo, apelar a una precisión de Søren Kierkegaard: «Sólo cuando el amor se vuelve un deber, y sólo entonces, queda el amor eterna y felizmente asegurado contra la desesperación»[2]. He aquí la clave para entender el mandamiento del amor. Nosotros hemos llegado, por el contrario, a una perspectiva disoluta del “amor”: “te amo porque me gustas y cuando me dejes de gustar (o, quizás antes) ya te habré dejado de amar; y si vamos entendiendo lo que se propone, nos lleva a reconocer que este amor “oportunista” es cualquier cosa, menos amor, o mejor dicho, es precisamente egoísmo puro. El verdadero amor entraña “compromiso” y no puede existir sin compromiso, el amor “se casa”. Y no es que pretendamos que los sentimientos sean invariantes, no, para nada. Somos plenamente conscientes que tanto en el amor -el que ama como el que es amado, y recíprocamente- van cambiando, y no a la misma velocidad, y ni siquiera en la misma dirección. Pero, a pesar del cambio, el amor es responsable, asume el “deber” de seguir amando, de crecer en el amor. ¡Se compromete y responde! «El amor no es deseo de posesión, sino donación a la persona amada. El amor no se da de forma fulminante, sino que madura poco a poco; es una lenta construcción; es un decidirse continuamente y siempre más por la otra persona; es la profundización constante de la autodeterminación de un yo hacía un tú. Es una elección constante que no pasa, sino que permanece para siempre, incluso aunque desaparezca la pasión o la espontanea simpatía inicial.»[3]

 

La enseñanza de Jesús sobre el Mandamiento del Amor, (un Mandamiento Nuevo) se da en el marco de la Última Cena, después del lavatorio de los pies (para pre-definir el amor como capacidad de servicio), antes de “dar” (otra donación de Jesús que todo lo da y se entrega sin tasar ni separar algo para Sí), está delimitado ¡entre la traición de Judas y la infidelidad de Pedro, con el preaviso que lo negará tres veces! ¡Este es el marco que rodea la entrega del Mandamiento del Amor! Qué quiere decir, que Jesús nos enseña que amemos hasta al que elije otro rumbo, al que deserta, al que contradice y opta por lo contrario, al que nos vende, hasta a aquel que tiene a Satanás en el corazón. Judas lleva en sí la Comunión (Jesús se la acababa de entregar, bajo las dos especies del pan y el vino, con el bocado que Él βάψας del verbo βάπτω “sumergir”), o sea que transporta en su “pecho” a Jesús y al Malo, pero en su ser “ya era de noche” (Cfr. Jn 13, 30) o sea que ya había optado, se había entregado al Malo. Pese a lo cual, Jesús no interrumpe su amor, ni lo proscribe, como tampoco proscribe a Pedro aun cuando lo niegue tres veces, y, más tarde, la única cuenta que le pedirá será si ha aprendido a amar con constancia, sin rendirse. Tres veces podría entenderse 1ª.  ¿Al fin amas?, 2ª ¿Te mantienes amando? 3ª ¿Persistirás en ese amor? O, dicho de otra manera: ¿Has aprendido la fidelidad perseverante del amor? Como lo dice San Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor” En su constancia, en su compromiso, en su responsabilidad.

 


Hay más: En los versos Jn 13, 34c-35 nos dice que sólo si verdaderamente nos amamos como Él nos ama, estaremos demostrando que somos sus discípulos. Santa Francisca Javier Cabrini dice. «No pudiendo por mi insuficiencia ser perfecta como yo quería… creceré en amor, amaré a Jesús siempre más, me disolveré en amor por Él. El amor es fuerte… Nunca diré no a Jesús, sino que buscaré ser generosa en todo y especialmente en las ocasiones difíciles y de contrariedad, reflexionando que el amor se conoce en las pruebas.»[4]

 

Todo esto apunta a que amemos sin límites, sin discriminaciones, sin excepción, en la Primera Lectura nos cuenta que las puertas de la fe se les habían franqueado a los paganos. Esta fe, regida por el Mandamiento Nuevo, se ira universalizando, devendrá “católica”. Y en la Segunda, se nos da cuenta que la multitud eran “seres humanos” y que ellos conformaban “su pueblo” (Cfr. Ap 21, 3). Esta es la Nueva Jerusalén (la Vieja Jerusalén había sido destruida, junto con todo “lo viejo”, porque todo lo que antes existía, entonces, dejará de existir y Él mismo hará nuevas todas las cosas). Será una Nueva Creación, el Mundo donde las criaturas se dedicaran a loar a Dios en Su Presencia. Para eso sirve el amor que Jesús nos mandó, para dar paso al Reino de Dios, la Jerusalén, el lugar donde Dios vive con los hombres. «La nueva Jerusalén es la nueva morada de Dios en la tierra (21,39). Dios ya no habita en el Cielo o en un santuario, sino en la nueva sociedad trascendente, creada por Dios en el mundo Nuevo… La Biblia comienza con una sociedad idolátrica y opresora que quiere llegar hasta el cielo, termina con una ciudad trascendente que desciende del cielo a la tierra.»[5]

 


Este grandioso Mandamiento, le da sentido a toda nuestra existencia y se ofrece como eje en el cual pivota toda nuestra existencia espiritual. Es el objetivo de nuestro ser, hacia allá apuntamos; y, Jesús nos lo entrega como su Herencia, esta es la parte nuclear de los extensos discursos de despedida de Jesús que ocupa los capítulos 13-17 en el Evangelio Según San Juan-, y donde se establece cómo Jesús es Camino, Verdad y Vida; y donde el norte, es el andar todo el Camino en el Amor.

 

 



[1] Galilea, Segundo. LA LUZ DEL CORAZÓN. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1995 p. 129.

[2] Citado por Buscaglia, Leo. EL AMOR. Ed. Diana Colombiana Bogotá-Colombia 1985 p. 142

[3] Guerra Héctor L.C. y Ledesma, Juan pablo L.C. ¡VENID Y VERÉIS! LA EXPERIENCIA DE UN AMOR QUE NO SE ACABA. Ed.Planeta. Barcelona-España 2009 pp. 80-81

[4] Galilea, Segundo. Loc. Cit.

[5] Richard, Pablo. APOCALIPSIS RECONSTRUCCIÓN DE LA ESPERANZA. Ed. Tierra Nueva. Quito –Ecuador 1999 p. 225.

sábado, 7 de mayo de 2022

EL PASTOR Y EL PADRE SON UNO

 

Hech 13, 14. 43-52; Sal 100(99), 2. 3. 5; Ap 7, 9. 14b-17; Jn 10, 27-30

 

 

Hazme caer en la cuenta de que te pertenezco a ti precisamente porque soy miembro de tu pueblo en la tierra. No soy un individuo aislado,… no me salvo solo.

Haz que me sienta responsable, sociable, amable, hermano de mis hermanos y hermanas y miembro vivo del género humano. No me permitas pensar ni por un momento que puedo vivir por mi cuenta, que no necesito a nadie, que las vidas de los demás no tienen nada que ver con la mía...

Carlos G. Vallés s.j.


 

  
En Comunión
Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. No faltará algún quisquilloso que se moleste 
porque se considere aludido como oveja, pero, este ser conlleva una alusión tan profunda de 
sentido fraternal y solidario que quizá sea irremplazable y resulte ser más bien un título 
(miembro de la grey) muy dignificante: En el Salmo 100(99) nos encontramos en hebreo la 
expresión תּוֹדָה cuando dice “Entrad por sus puertas con בְּתוֹדָ֗ה Acción de Gracias, por 
sus Atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su Nombre:”; al traducir al 
griego esa expresión quedó ευχαριστώ  Eucaristo. Bueno, para decirlo más brevemente, 
estamos hablando en hebreo de nuestra Eucaristía. Lo que hace el salmo es convidar a la cele-
bración Eucarística, explicada como ceremonia con tres elementos: canto de himnos, agradecimien-
to y bendición de su Santo Nombre, o sea, a la Totalidad de la Divinidad. Primer interrogante 
que surge: ¿a quién convida? Releamos el Salmo con atención buscando la respuesta. Allí está:
¡a toda la tierra! A todos los habitantes de la tierra, la invitación se hace con un sentido 
holístico, no se plantea ninguna exclusión, podríamos entender que nos encontramos con una 
convocatoria universal. “Al rebaño cósmico”.
 

¿Acaso, esa totalidad es una masa informe? ¡No, somos “el pueblo de Dios”, las “ovejas de su rebaño”! 
Él nos “hizo” y a la vez Él se reconoce nuestro Dueño. “Somos suyos”, Él nos pastorea,
lo cual ¡es mucho!, ¡implica que Él nos cuida, que Él nos salva de los peligros, que 
Él nos acompaña, que Él está en medio de nosotros! Jesús nos lo recordó, Él está en 
medio, como el que sirve. (Lc 22,27d).
 
El Pastor es el que ha consagrado su vida a este cuidado. Es un profesional del “a-
compañamiento”, la relación con su rebaño se podría explicar y entender –si la traducimos en 
términos de relaciones humanas- como una relación de Ternura Paternal -permítanme añadir aquí 
lo que dijera Papa Francisco en su primera Misa Crismal como Papa: “sed pastores con «olor a ove-
ja», que eso se note. Y, por simetría, la respuesta del rebaño, de cada una de las ovejas, es 
de dulzura filial hacia el pastor. El salmo habla de esta respuesta filial como una respuesta 
de “servicio alegre”, y nos explica con tres rasgos globalizantes cómo es el Amor Paternal del 
Pastor: 1) es Bueno, 2) es de Misericordia Eterna y 3) es de Fidelidad Eterna. 
Las ovejas son conscientes de su Buenaventura, de la razón de su alegría, del jolgo-
rio de ser posesión de su Buen Pastor. El vasallaje en esta Alianza conduce al regocijo, se 
celebra con Fiesta, con Banquete, con Vino: ¡Se sirve al Señor con Alegría!
 

Este Salmo es una glosa aclaratoria de la Alianza: "vosotros seréis mi pueblo, y yo 
seré vuestro Dios."(Ex 6, 7-9, Jr 30, 22); pertenece a la familia de los 16 salmos de la Ali-
anza. De lo cual concluimos que la Acción Eucarística es un Culto de renovación del Pacto de 
Dios con toda la humanidad y que podemos contar con el respeto Fiel de ese Pacto en el que YHWH nos 
garantiza su Pastoreo por Siempre, porque ¡Su Fidelidad dura por todas las edades! «Es verdad 
que Tú, Señor, me amas con amor personal, cuidas de mí y diriges mis pasos uno a uno; pero tam-
bién es verdad que Tu manera de obrar entre nosotros es a través del grupo que has formado, del 
pueblo que has escogido… Te gusta tratar con nosotros como un pastor con su rebaño. El pastor 
conoce a cada oveja y cuida personalmente de ella, con atención especial a la que lo necesita 
más  en cada momento; pero las lleva juntas, las apacienta juntas, las protege juntas en la uni-
dad de su rebaño. ¡Así haces tú con nosotros, Señor!
 
Haz que me sienta oveja de tu rebaño, Señor. Haz que me sienta responsable, sociable, 
amable, hermano de mis hermanos y hermanas y miembro vivo del género humano. No me permitas 
pensar ni por un momento que puedo vivir por mi cuenta, que no necesito a nadie, que las vidas 
de los demás no tienen nada que ver con la mía... No permitas que me aísle en orgullo inútil o 
engañosa autosuficiencia, que me vuelva solitario, que sea un extraño en mi propia tierra...
 

Haz que me sienta orgulloso de mis hermanos y hermanas, que aprecie sus cualidades y disfrute con su 
compañía. Haz que me encuentre a gusto en el rebaño, que acepte su ayuda y sienta la 
fuerza que el vivir juntos trae al grupo, y a mí en él. Haz que yo contribuya a la vida de los 
demás y permita a los demás contribuir a la mía.»[1] En la Eucaristía nos hallamos ante es-
te signo de Unidad al que Dios nos ha convidado en esta renovación de nuestra Alianza.
 
Estallido de alabanza
La Primera Lectura está tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, la Segunda 
del Apocalipsis, y, entonces, ¿no hay ninguna Lectura tomada del Antiguo Testamento? Sabemos 
que en el Tiempo Ordinario y en los otros tiempos del Año Litúrgico, por lo general, la Primera 
Lectura proviene de la Primera Alianza; lo que está pasando es que la Iglesia, -no lo olvidemos nunca- Esposa de Jesucristo, en su calidad de 
Madre y Maestra, ha elegido esta pedagogía para enfatizar que el Tiempo Pascual es el 
Tiempo de la Nueva Alianza por excelencia.
 
Conviene también aquí retomar lo que es un apocalipsis, porque a veces pensamos que 
se trata de la narración pormenorizada del “fin del mundo”, y no es eso. «La historia de los 
judíos era historia de fracaso, de torturas, muerte, pobreza, tristeza y desesperanza. 
Durante este tiempo se inventó la forma de expresión llamada “apocalipsis”… Hay muchos a-
pocalipsis dentro de la Biblia y aun afuera… el Apocalipsis de Juan es un documento cristiano. 
Esto quiere decir, que fue escrito por cristianos y para cristianos. La persona central de la 
obra es Cristo, Nuestro Señor. Habla del futuro de una manera muy general y por medio de figuras, Nos dice que hoy estamos sufriendo toda clase de fracasos 
ssufrimientos y persecuciones. Pero al fin, en el último día, Cristo vencerá completamente a las 
fuerzas del mal.»[2]
 
Nos encontramos situados en el capítulo 7, donde se nos muestra lo que pasa en el cielo, en dos facetas 
distintas, primero está la faceta litúrgica (que no se menciona en la perícopa de hoy) aquí se nos hablará 
y se nos señalará el aspecto profético, un cuadro “por venir”, al Discípulo se le reveló la escatología celes-
tial que lo primero que señala es al Pueblo Triunfante y frente a su número, reconoce su innumerabilidad, 
y –otra vez- alude a la universalidad indiscriminada de los convidados a las Bodas del Cordero. «una mu-
chedumbre universal que sobrepasa todo límite de nación, raza, pueblo y lengua. En el cielo se rompen 
los exclusivismos religiosos, raciales, nacionales, y culturales… las vestiduras blancas de los mártires 
no se mancharon con la idolatría del Imperio, y las palmas de sus manos son signos de su victoria.»[3]
 
Aquí nuevamente se hace presente el Buen Pastor, y de manera bien explicita se nos anuncia: “… el Cor-
dero que está en el centro, frente al trono, será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua 
viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos.
 
El Evangelio llevado a los no-judíos
El relato de Hechos de los Apóstoles de la Primera lectura nos refiere, en primer término, la influencia de 
Pablo y Bernabé, después de salir de la Sinagoga, pero también hilvana, a continuación, la actitud de los 
judíos el sábado siguiente, y como con blasfemias empezaron a refutarlos. Esto nos marca un punto de 
giro. Si los judíos rechazan el mensaje cristiano, entonces el nuevo auditorio será el de los no-judíos. De 
esta manera se inicia una nueva etapa del proyecto evangelizador, que tiene por marco referencial Antio-
quía de Pisidia. Este nuevo periodo se inicia, está marcado por la acogida que dan los no-judíos a la Pa-
labra del Señor, en toda la región, con una generosa conversión de aquellos cuyo corazón estaba en las 
previsiones de Dios. Los judíos, como se podría adivinar, no se quedaron de brazos cruzados, sino que 
desataron la persecución que tenía como blancos a Pablo y Bernabé, azuzándolos hasta erradicarlos de 
aquel territorio, teniendo que desplazarse a Iconio. Pero la semilla que quedó plantada llevaba en sí el 
germen de la alegría que mana de la fe. Esto marca una expansión de nuestro credo y una apertura que 
derrumba barreras y hace realidad que no haya barreras raciales, ni culturales, ni de ninguna índole por-
que la Buena Nueva es para todos. Es la historia de cómo se abrió la puerta de la fe a los paganos.
 
Buen Pastor
Apacentar deriva del latín pascere que significa alimentar, dar de comer, proteger. 
De esta misma etimología se deriva la palabra pastor. Cuando Dios llamó a Moisés para que se 
encargara de liberar a los hebreos de Egipto, él estaba apacentando las ovejas de su suegro Je-
tró, cuando le habló desde la zarza que ardía sin consumirse en el Horeb. Cuando el Resucitado 
dialoga con San Pedro, después de la pesca milagrosa, que reflexionamos el Domingo anterior, la 
misión que le encomienda como demostración de su amor es la de apacentar a sus corderos y a 
sus ovejas.
 
Las ovejas del redil de Jesús se pueden reconocer porque acatan con docilidad la Pa-
labra de Jesús. Cuál será su presea? La Vida Eterna. Ellos están bajo el patrocinio de Jesús 
que tiene poder suficiente para impedir que se pierdan. El poder del Buen Pastor viene directa-
mente de Dios-Padre; porque Dios-Padre y Dios–Hijo no son dos, sino Uno. El poder de Jesús es 
poder para Salvar. Y nadie podrá contra Él.



[1] Vallés, Carlos G. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS.

[2] Eichhorts, Franklin. en COMO ENTENDER EL MENSAJE DEL NUEVO TESTAMENTO. De Augusto Seubert y Equipo. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2002  pp. 135-136. 140

[3] Richard. Pablo. APOCALIPSIS. RECONSTRUCCIÓN DE LA ESPERANZA. Colección Biblia 65.Ed. Tierra Nueva Quito-Ecuador. 1999. p. 105