martes, 19 de mayo de 2026

Miércoles de la Séptima Semana de Pascua


                                

Hch 20, 28-38

… el pastor debe recordar la palabra de Jesús: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. Curiosamente, este es también un proverbio griego de origen persa.

Ivo Storniolo

Pablo, está dirigiéndoles un discurso a los presbíteros de Éfeso. Como dijimos ayer, hoy entramos en la segunda parte de ese discurso. Podemos desagregar esta segunda parte en tres secciones:

-Previsiones del futuro, después de su partida.

-Poner en las Manos del Señor la Comunidad que tendrá por faro el Evangelio.

-La mayor felicidad es la “entrega”.

 

A los ancianos se dirige San Pablo en su discurso de despedida, y les da una función “episcopal” y les recomienda que se cuiden, antes que todo, de sí mismos, y, en segundo lugar, de sus respectivos rebaños. Esas ovejas que ellos tienen la misión de cuidar, son las que Jesús adquirió, pagando el carísimo precio de su Propia Sangre.

 

Hay, además, una previsión, les anuncia lo que va a pasar tan pronto el Ascienda (a la Derecha del Padre), vendrán los λύκοι βαρεῖς “lobos feroces” (“chacales que con su violencia los dejaran inánimes”) a mezclarse entre ellos, serán despiadados con sus ovejitas. Todavía es mayor el riesgo, pues del grupo de los ἐπίσκοπος [epíscopos] “supervisores”, “capataces”, “obispos”; unos se voltearán, y despotricarán contra los “leales” (el Perverso siempre viene a atacar por dentro, infiltrando sus secuaces), para arrastrar tras de sí a los discípulos. En estos casos se suele preguntar, ¿les suena conocido? Y, se añade: “cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia”. Presiento que esta Palabra de Jesús (Cfr. Mt 26, 31) -puesta en los labios de San Pablo- se hace, Hoy por hoy, tan cierta como entonces. ¡Quizás más! También nosotros podemos reconocer que existen divisiones entre nosotros y que existe el riesgo de tergiversar las palabras del evangelio para adaptarlas a nuestros propios intereses. La advertencia paulina no es en vano.

 

San Pablo les hace caer en la cuenta que él ha perseverado, durante tres años, enseñándolos a discernir el peligro, a presentir las amenazas, a permanecer siempre muy “observadores” para detectar a las fieras voraces, siempre al acecho. Ahora, cuando él parte definitivamente, en la misma línea de la oración sacerdotal, los encomienda al Altísimo, y pide, a la Gracia radicada en la Palabra, que obre con todo su Poder para trasformar a estos presbíteros “guardianes” a la santidad, edificándolos como heredad del Hijo.

 

Luego, arguye que los presbíteros no tienen que buscar el lucro a costas del rebaño, que la caridad se ejerce con los estipendios ganados con el propio esfuerzo y el propio trabajo. Inmediatamente expresa, con una oración gramatical que no se puede descontextualizar, y que él empieza -a pronunciar- refiriéndose a sí mismo, “Hay más dicha en dar que en recibir”, expresión que encontramos -aproximadamente- en proverbios 11, 25 donde leemos: “el que es generoso prospera, el que da, también recibirá”. Ningún evangelista lo relata, pero, nada constituye óbice para que él (San Pablo) lo hubiera oído de uno de los discípulos del Señor Jesús, relatado de viva voz. En el contexto paulino, se enlaza firmemente con su consejo: “siempre les he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados”. Una forma de trabajar fue organizar la colecta para llevar socorro caritativo a la -paupérrima- comunidad hierosolimitana, auxilio pecuniario que, para mayor garantía, él quiso llevar y entregar personalmente, y no por interpuesta persona.


Acto seguido se postró de rodillas y se puso en oración, lo cual arrancó lágrimas a los asistentes que arrojándose a su cuello lo orlaban de besos. Así, con la intensa herida de separarse definitivamente, sin esperanza de volverse a encontrar, lo escoltaron a la nave.

 

Sal 68(67), 29-30. 33-35a. 35bc-36d

Pablo acaba de pedir a Dios y a Jesucristo que enriquezca a los “episcopos”, con su Gracia y la que proviene de la Palabra. El Salmo, da continuidad a esta súplica, dirigiéndose el Rey de reyes, a quienes el salmo responsorial pide cantar. Y ofrecerle tributos.

 

En la segunda estrofa, les pide, no limitarse a los cantos, sino reforzar con música de instrumentos, que sirvan de fondo a la Voz Divina, que nos ordena reconocer el Poder de Dios.

 

La tercera estrofa nos dice donde se visualiza Su Poder, “sobre las nubes”, desde donde envía sus rayos luminosos que reverberan sobre el Pueblo Escogido. ¡Por todo, Dios sea bendito!

 

Jn 17, 11b-19

Que los preserve de pensar y obrar como el mundo

Jesús pide que sus discípulos no acepten las aspiraciones y criterios del “mundo” ... Pide por ellos, para que sigan unidos por la fe que vence al “mundo”; que el fruto de esta unión nunca se acabe…Jesús pide al Padre que guarde a los discípulos del malo, del que es dueño de un poder que se caracteriza por la incredulidad, la mentira y el odio…

José Cárdenas Pallares  

El capítulo 17 podemos trabajarlo como tres perícopas

i)              1-5 El tema de la Glorificación. Con una estructura quiásmica que ayer obliteramos.

ii)             6-23 La Unidad que hunde sus raíces en la doble inhabitación: la del Padre que vive en el hijo y la de Jesús que habita en su Padre.

iii)           24-26 Los que Lo conocen y son templos del Padre y del Hijo.

Lo que se proclama hoy es apenas una subsección de la segunda perícopa.


En este capítulo 17, ya se dijo, tenemos la “Oración Sacerdotal” -que ayer subtitulamos “el Padre Nuestro Joánico”. Aquí se pasa revista a los conceptos fundamentales de este Evangelio. Pero no es un repaso, por repasar, por mejor aprender. Nos va mostrando cómo, con estas mismas piezas, intercambiándolas, se puede construir una escalinata al Cielo.

 

En el Evangelio dice δέδωκα [dedoka] “he dado” que es el perfecto de indicativo del verbo δίδωμι [didomi] “dar”: “… dar es el verbo con que el Padre repetidamente ha expresado su amor al Hijo:

a)    le ha dado su nombre

b)    sus Palabras

c)    su Gloria,

d)    su Poder

e)    su Misión

f)     e inclusive, sus Discípulos.

Jesús a su vez, lo da todo a sus discípulos; comparte con ellos estas muestras del amor recibido del Padre. Amar es darse”. (Augusto Seubert)

 

Mencionemos las piezas que se destacan en la perícopa de hoy:

a)    El Nombre Altísimo

b)    Unidad (como comunión).

c)    La tutela que Jesús ejerció mientras estuvo a nuestro lado físicamente.

d)    La Escritura, como Libro profético.

e)    Jesús regresa al origen del que se desgajó

f)     El mundo, como colectivo que rechaza.

g)    La alegría que da Jesús, su Inmensa Paz.

h)    La entrega de la Palabra al mundo.

i)      No se trata de que nos quite de la “Batalla”, sino que nos da la fortaleza necesaria para no “rajarnos”.

j)      Porque ¡el Maligno nos va llevando a dentellada limpia!

k)    El corazón del mundo, enjaulado por el Maligno, queda “sordo”, incapaz de oír la Verdad de la Palabra. Incita a ir por senderos tenebroso llevándonos a pensar y obrar siguiendo el modelo de la sociedad injusta. Ciñéndonos a sus dictámenes.

l)      La Santificación de Jesús es el Aceite Santo para nuestra Unción.

 

“En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir as exigencias radicales del evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo”. (Papa Francisco)

 

¡Oh Señor, Úngenos con tu Santo Espíritu! ¡Santifícanos en la Verdad!

lunes, 18 de mayo de 2026

Martes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 20, 17-27

Pablo se siente movido por el Espíritu… su misión es ser testigo del Evangelio y de él va a dar testimonio hasta el fin, siguiendo los pasos de Jesús. La entrega de sí mismo hasta la muerte va a mostrar que la esencia del Evangelio es el anuncio de la gracia de Dios

Ivo Storniolo

Pablo iba rumbo a Jerusalén, donde esperaba llegar para la fiesta judía de Pentecostés, que ellos llaman Shavuot, es decir, “semanas”, es una festividad que conmemora la entrega de la Torá (el Pentateuco) en el Monte Sinaí, a Moisés, valga decir, que actualiza la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel), se celebra exactamente siete semanas después del primer día de Pesaj, que conmemora el éxodo propiamente dicho. Este año la celebración inició el 1º y llegó hasta el 9 de abril; Shavuot, este año empezará el jueves 21 de mayo desde la puesta del sol; e ira hasta el anochecer del 23 de mayo y se celebra permaneciendo despierto toda la noche estudiando la Torá, y escuchando la lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga.

 

Parece ser que en Éfeso, a pesar de haber desarrollado una importante labor evangelizadora, y de haber dejado sentada una Iglesia numerosa, quedaron sectores resentidos, que veían en él, una especie de amenaza, contra el culto a Artemisa, que era la diosa pagana por excelencia de aquella ciudad (insistimos en el referente de que se tenía como una de las 7 maravillas del mundo antiguo, precisamente el Templo de Diana en Éfeso, Diana fue el nombre que los romanos dieron a Artemisa, la diosa griega) -que simbolizaba la fertilidad, razón por la cual era representada con muchas ubres- y, muy seguramente el gremio artesano que usufructuaba del comercio con estatuillas y reliquias de ese culto, lo veían con muy malos ojos, -en Hch 19, 21-41 Pablo predicaba contra los fabricantes de estatuillas idolatras; razón por la cual, estando en su ruta, evita llegarse hasta allí, pasando por Macedonia (Tesalónica y Filipo), pasando una gran parte de ese tiempo en Corinto, de Troas Pablo fue a Asos -en Cefalonia- y luego a Mileto -al sur de Éfeso, y es allí donde la perícopa de hoy encuentra su encuadre espacial.

 

Convoca pues a los presbíteros en Mileto (ciudad relativamente cercana, separada por unos 48 Km), y les dirige su discurso de despedida, es el Tercer discurso de San Pablo, -con el cual se pone término a la labor de San Pablo en Asía, incluible en el género de los mensajes de despedida- donde hace un repaso de su labor, señalando que su consciencia está limpia, en el sentido de haberles entregado todo cuanto el Señor le había encomendado trasmitirles. El marco de esta alocución, lo señala el propio apóstol, es la humildad, las lágrimas, y el recuerdo de las muchas conjuras que los judíos le opusieron.

 

Señala que su misión ha consistido en dirigirse indiscriminadamente a judíos y griegos, para llamarlos a la conversión hacia Jesucristo. Les muestra que -va camino de Jerusalén- encadenado por el Espíritu, que le va mostrando, conforme avanza, que lo que le aguarda no es para nada placentero, sino puros sufrimientos.

 

Compara su vida con una carrera atlética, cuya meta consiste en ser coherente con la herencia que el Señor Jesús quiso donarle: el Testimonio de la Gracia inquebrantable de la Buena Nueva. Concluye su discurso señalándoles que ya no volverán a verlo, habiéndoles exhibido enteramente el Plan de Dios, porque él no ὑπεστειλάμην [upesteilamen] del verbo ὑποστέλλω [upostello] no hizo “acomodos”, no “maquilló”, no se “deslizó sigiloso, arrastrándose entre los rincones”, no “rebajó el alcance, para poder meter gato por liebre”, sino que les entregó -por entero- el “Plan Inmutable de Dios”, el “Designio Eterno”. Así puede concluir: ¡Misión cumplida!

 

El Pastor le habla a su rebaño, con los acentos de quien sabe que no las volverá a ver, ni ellos a contemplar su rostro; ni a dirigirles palabra alguna. Los aspectos que toca son, en síntesis: el desprendimiento, la caridad y el permanecer vigilantes

a)    Su vida entre ellos ha sido de total trasparencia.

b)    Ha estado al servicio de Dios entre las lágrimas que ha derramado y las confabulaciones que los judíos han maquinado en contra suya.

c)    Ha convocado a la conversión tanto a judíos como a gentiles; como discípulo de Jesús ha mantenido coherencia de vida respecto a las Enseñanzas dadas por el Señor y así poder llegar a creer.

d)    Se ha hecho “preso del espíritu” acatando sus mociones, aún contra las recomendaciones de sus amigos.

e)    No sabe con certeza qué le sobrevendrá, pero lo que alcanza a distinguir son nubarrones de oscuros presagios.

f)     Sin embargo, estos presentimientos no lo arredran ´porque lo único que toma en cuenta es el fiel cumplimiento de su ministerio, acorde a lo recibido del Señor Jesús: el “plan de Dios”.


Mañana, continuaremos examinando la segunda parte de este discurso -su último testamento- de instrucción a los presbíteros y de despedida. 

 

Sal 68(67), 10-11. 20-21

Nadie se salva solo

Ese es mi gozo, Señor, y esa es mi protección: andar en compañía de tu Pueblo, luchar en sus batallas, llorar en sus derrotas y alegrarme en la victoria. Tu eres mi Dios porque yo pertenezco a tu Pueblo.

Carlos G. Vallés s.j.

Este salmo nos obliga a mirar y contestarnos ¿cómo nos hacemos Pueblo de Dios? La respuesta está en la sinodalidad, adhiriendo a la Comunidad y peregrinando junto con ella. Papa Francisco retomó esta idea, Nadie se salva solo, en su homilía pronunciada en el Atrio de la Basílica de San Pedro, el viernes, 27 de marzo de 2020, enmarcado en ese tiempo de pandemia, de incertidumbre y miedo, y mirando la soledad de la Plaza, con el corazón lleno de sinodalidad afirmó: «Cuánta gente, cada día, demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras. ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos.».

 

Se insiste con este salmo Real, que hemos venido proclamando desde el viernes pasado, y con el cual insistiremos hasta este jueves venidero. Hoy se han configurado dos estrofas con los cuatro versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).


Dios ofreció una tierra que “mana leche y miel”, aquí el Salmista alaba la deferencia de Dios que les dio tregua, con una lluvia abundante, dándoles refugio en una tierra dispuesta para albergar a los לֶעָנִ֣י [leani] deriva de עָנִי [ani] “pobres”, “humildes”. “afligidos”.

 

Y, en la segunda estrofa: nos exhorta a practicar con asiduidad la gratitud, teniendo siempre en mente que Dios nos alivia y nos ayuda a llevar nuestras cargas, en las duras, extiende su Mano salvadora y cuando la amenaza es “mortal”. Él nos preserva.

 

El responsorio sigue apelando a los reyes de la tierra para que se unan con sus cantos de alabanza a Dios. No olvidemos que todo el Salmo se canta en tono de Teruah, en clave de dicha y alegría agradecidas.

 

«No soy un viajero solitario, no soy peregrino aislado… La alegría del viajero unida a la satisfacción resiliente. Somos a un tiempo peregrinos y ciudadanos, estamos en camino y hemos llegado, reclamamos tanto el Sinaí como Sion por herencia. Contigo a nuestro lado, peregrinamos con alegría y llegamos con gloria». (Carlos Gonzáles Vallés s.j.)

 

Jn 17, 1-11a

Glorifica a tu Hijo = Exalta al Hijo, al rango Glorioso

Para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en Su Nombre.

Jn20,31


Hoy entramos al capítulo 17 del cual nos ocuparemos estos tres días, hasta el jueves, dándole espacio al capítulo 21, el de “la pesca milagrosa”, relato post-pascual que nos sintetiza la experiencia de la joven Iglesia en la triple declaración amorosa de Pedro al Señor, del cual veremos -entre viernes y sábado-, una perícopa de 11 versos repartidos entre las dos jornadas.

 

El capítulo 17 nos trae la que denominamos la oración sacerdotal, que, se podría decir que es el Padre Nuestro en el Evangelio joánico. Hoy tenemos una especie de preámbulo, este Padre Nuestro no va a empezar con una petición de que les enseñe el camino de la Oración. Va a plantear la llega da de la Hora. La Hora Hermosa, la Hora Anhelada, -habría que poner ahora signos de admiración, como mínimo, no es la hora en que Él va a instaurar la gloria de su Poderío, sino la Hora en la que se verá, muy a pesar y muy a contra hilo de las expectativas, el significado profundo de esta Gloria por vía dolorosa, llevando la Kénosis hasta el límite de invertir toda la escala valorativa tradicional. δόξασόν σου τὸν Υἱόν [doxason sou tou uion] “Glorifica a tu Hijo”, “Elévalo a su Máxima Dignidad”, “Condúcelo a la Cumbre de su Esplendor”, “Dale su rango en plenitud”. En el Padre Nuestro que solemos recitar va por delante la Glorificación de Dios, todo encuentra su sentido en la glorificación de YHWH, “que está en el Cielo”. Pero aquí la glorificación es transitiva, no se Glorifica directamente sino a través de la Glorificación de su Plenipotenciario: ¡Esa es la Gloria! Su Hijo, Su Amado del Alma, será glorificado y esa Gloria recaerá por entero en el Padre, que no sólo Glorifica, sino que le da -a los que somos los destinatarios de tanta Bondad- de Ese Amor-Tan-Grande. Todo lo que es de Dios nos permanece inalcanzable, pero en la Glorificación del Hijo se nos manifiesta y se hace nítido para nosotros toda Su trascendencia”: Jesús es Sacramento del Padre. A través Suyo toda la Grandeza Divina se nos trasparenta.

 

Esa Glorificación Descomunal e Inenarrable, no es para adornar su Trono, donde no caben adornos, sino es nuestro Beneficio. ¿Qué brillo se podría añadir al que Es en Sí la plenitud del Destello y de la Claridad, al que Es-Sumo Brillo? La Gloria pedida es la densidad total de la persona, la Gloria del Padre y la del Hijo, son Palabra de Divina-Majestad. Estamos para conocerlo a Él, que no deja de ser un conocer intelectual, pero que, además, es un conocimiento experiencial. No es que debamos abandonar nuestra capacidad mental de acercarnos, sino que también -añadido a lo poco que alcanzamos a conjeturar con nuestro “entender”-, hemos da experimentar -principalmente- nuestra consciencia permanente de “estar con Él” y marchar a Su lado. Su Claridad es Tal, que no tenemos que afanarnos por las “boletas” de primera fila”, su Brillo es tan excesivo que todo el Universo estará en Primera Fila.

 

No se queja de nosotros para nada. No reprocha nuestra pesadez de corazón, no saca a relucir que nuestra nuca es inflexible, rígida, tiesa, para rendir Tributo de Adoración, para nada lamenta que haya tenido que adornar su Pedagogía especialmente con Paciencia contrastada con nuestra lentitud, (la Paciencia Divina no es como la paciencia humana que la damos a regañadientes, como cuando decimos ¡qué paciencia!) La Paciencia Celestial es la generosidad amplia del que conoce nuestra fragilidad porque la ha sufrido en carne propia en la Cruz y en todo su caminar a nuestro lado, desde la Cuna de Belén; en cambio informa a su Padre, que “hemos guardado la Palabra”.

 

La vida Eterna no es algún concepto muy abstracto: Jesús, que es “trasparencia del Padre”, nos la ha dado a conocer, porque la Vida Eterna no es otra cosa que conocer al Padre en el Hijo.

 

Sabe que, en medio de nuestras confusiones y miedos, en nuestro corazón habita la certeza de lo que Jesús nos ha mostrado ampliamente:  que Jesús, “salió”, “procede de”, “se ha desprendido del” Padre. Que aun cuando nuestro pensamiento está abarrotado de torpeza y somnolencia alcanzamos a intuir que Él es “consustancial” con el Padre.

 

Jesús ruega, entonces- a su Padre por nosotros (en el otro Padre Nuestro se dice “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden), aquí Jesús le ruega al padre por nosotros porque nosotros somos sus Amados, los que el Padre le entregó al Hijo: se interesa por dejarnos blindados porque Él ya va a pasar al Padre, en cambio nosotros, nos quedamos en el mundo (aquí mundo significa el conjunto de las fuerzas oscuras que tenemos que enfrentar).


Hay un enfoque que nos da San Juan en el verso 11, que nos muestra que este es un mensaje post-pascual, que es un discurso del Resucitado que el Evangelista ha insertado aquí, es cuando dice. καὶ οὐκέτι εἰμὶ ἐν τῷ κόσμῳ [Kai ouketi eimi en to kosmo] “Yo ya no estoy en el mundo” (Jn 17, 11a).  Que significa -no que se haya ido- sino que Él ha vuelto a entrar en Su Gloria, que se despoja de su kénosis, porque ya asumió la totalidad de su ser-hombre, así que vuelve a entrar en la Plenitud de su Ser-Dios.

 

Al entrar, entra abrazándonos. Entra en la Gloria con todas nuestras fragilidades, llevándolas entre sus brazos desplegados. Presentándolas como salvo-conducto para que -a su debida “hora”- podemos nosotros, también, ingresar. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Lunes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 19, 1-8

Apolo se quedó en Corinto, Pablo avanzó hasta Éfeso. Encontró allá unos discípulos (en número de 12) a quienes preguntó, si habían recibido el Espíritu Santo. Y ellos, ni siquiera habían oído esta combinación de palabras. Πνεῦμα Ἅγιον [Pneuma Agión] ¿Espíritu Santo? ¡Ni nos lo han mencionado! Estas personas estaban detenidas en cierto punto de su desarrollo espiritual, si cabe hablar así…

 

Sólo conocían el bautismo de conversión al que convocaba San Juan el Bautista. Acto seguido, San Pablo les completa su Iniciación Cristiana, y les concede la imposición de manos. En estas acciones, podemos rastrear el Sacramento de la Confirmación, como reafirmación, después del bautismo. Es urgente entender que no se trata de una segunda dosis de Espíritu Santo, sino de una delegación y un envío, que es el significado de la Imposición de manos, lo que hace de este un Sacramento diferente del Bautismo; se entrega al Confirmando una misión muy específica: darse cuenta que la vida en la Iglesia es más que atesorar le fe en el corazón, es sentir la urgente necesidad de proclamar a otros la grandeza y la belleza de Creer en Jesucristo como Salvador. Es compartirles a los hermanos el don recibido. Este Sacramento bien merece llamarse de “la adultez cristiana”, -ya no se nos trata como niños dentro de la Iglesia-, ahora, además, se nos reclama una respuesta y un testimonio: ser discípulos y misioneros, este es el Envío, que es el significado de este impulso sacramental. ¿Qué pasó?, ¡tuvieron su propio Pentecostés! Hablaban en lenguas extranjeras, y profetizaban.

 

No hablaban en lenguas extranjeras por vanidad de sabedores de idiomas, o de inventores de jerigonzas. San Pablo -en 1 Cor 14, 2-19, prefiere que se hable de manera comprensible para instruir a la comunidad antes que hablar en lenguas incomprensibles.

 

El Espíritu les enseñaba a hablar en lenguas para poder llegar a los confines de la tierra y poder cumplir su tarea misional. Es fantástico cómo -tomemos este caso que es ejemplar- los misioneros llegaron a “América” y aprendieron las diversas lenguas y dialectos para ser efectivos portadores del Anuncio de la Buena Nueva. También contamos con un registro escrito de su tarea de aprendizaje porque es gracias a su labor que se han conservado las lenguas de los aborígenes, con diccionarios que apoyaban a la llegada de la siguiente promoción de misioneros.


Pablo, como repitiendo lo que se dijo del segundo viaje: Hablaba ἐπαρρησιάζετο [eparresiazeto] “con audacia”, “con parresia”, con “completa audacia”, “con toda libertad” del Reino de Dios, ¿en qué consistía la tarea de Pablo?: Dialogaba con ellos y trataba de persuadirlos. Aquí tenemos una fijación de principios. ¿Qué le corresponde al evangelizador? No obligar a nadie, nada de presiones psicológicas ni chantajes: sólo διαλεγόμενος [dialegomenos] dialogo y πείθων [peizón] “persuasión”, “confianza”.

 

Sal 68(67), 2-3. 4-5ac. 6-7ab

Este es un salmo del Reino. Hoy se han configurado tres estrofas con los cuatro versos y los dos medios versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).

 

Aquí tenemos un salmo un tanto indescifrable porque su poética es elevadísima. Primero nos revela -tomando como referencia, su despliegue de paternalismo con sus manifestaciones en el Sinaí. Aquí se nos descubre como padre de huérfanos, protector de las viudas, anfitrión de los desvalidos y liberador de los cautivos, es decir, se pone de patente su desvelo de predilección con los más desvalidos y los marginales de la sociedad.

 

Así como al principio los puso en el Edén, ahora los lleva a su tierra de promisión: Llevó su rebaño a la tierra que preparó para esos pobres.


La primera estrofa de hoy, anuncia que será nuestro defensor y que derretirá, como a cera, el fuego de su amor-Protector. Los enemigos son los que deben temblar.

 

En la segunda estrofa se señala que, por el contrario, nosotros nos llenamos de júbilo, gozamos ante su Presencia, cantamos tocamos. Se podría traducir esta estrofa como un llamado a “alabar al que cabalga a lomo de nubes”.

 

En la tercera estrofa vemos que Dios le prepara casa a los desvalidos, liberando a los desvalidos y enriqueciéndolos. En la parte c y d del verso 7 se nos dice que, en cambio, los rebeldes habitarán tierra estéril y serán abrasados.

 

La atmosfera es, para sus fieles, la de estar en una fiesta de ilimitado jolgorio donde se han alcanzado por fin, las dichas del esjatón: Los frutos maduros de A Resurrección.

 

Jn 16, 29-33

Me dejaran solo

No se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. Una cosa que nos ayudaría mucho sería preguntarnos si ¿creo o no creo? Si creo un poco y un poco no, ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

Papa Francisco

Ya lo hemos dicho, el Señor deja atrás el lenguaje analógico, que usaba para sugerirnos pautas intelectivas de lo que está detrás del “velo”. Es un conocimiento indirecto, nos enseña sobre las cosas espirituales remitiéndonos a elementos cotidianos, hablándonos de las cosas acostumbradas, normales, con las que siempre estamos en contacto. Ahora, cuando Él ya contempla cercana la “hora”, le es dado adivinar lo que sobrevendrá, y nos lo dice sin tapujos: con total nitidez.


Le decimos -como quien le lleva la idea a un niño en sus fantasías- que sabemos que Él lo sabe todo. Parece una suerte de oxímoron: Si uno conoce -digamos, por ejemplo- un libro entero, porque lo ha leído de cabo a rabo, uno puede decirle al interlocutor: “por los detalles que me has contado me doy cuenta que “lo sabes todo”, queriendo decir que como yo lo leí atentamente, sé que mi oyente también lo conoce por entero. Pero esa manera de hablar depende que yo lo haya leído a cabalidad; más si yo desconozco el “libro en cuestión” ¿cómo podré decirle que “sé que lo sabe todo”?

 

Jesús deja atrás su lenguaje de “comparaciones”. Empieza a desvelarnos la realidad que nos ofrece. Nosotros alcanzamos -también por fin- a vislumbrar su Sapiencia Infinita. La teología acuñó la expresión “Omnisciencia” para indicarnos como es el “Saber Divino”. Aun cuando no sabemos qué es lo que Él sabe, ya es una aproximación muy buena, saber que nada se le escapa, y que nada le tenemos que ocultar, pues todo se le descubre. Y, animados por la evidencia de esta “intuición” nos proponemos dar el gran salto a Sus Brazos, ¡queremos aceptarlo! Recibirlo como Rey Nuestro. Y, conscientes de nuestras limitaciones, y de la variabilidad de nuestros estados, quisiéramos “creer” siempre y “dudar” nunca.

 

Sin embargo, Dios sabe que vamos a tambalear. Él sabe que los fragores, las turbaciones, las inseguridades nos mostraran sus afilados colmillos y nosotros empezaremos a temblar como ovejas, que van al matadero. En medio de esos azoramientos, tribulaciones y ofuscaciones, nos dispersaremos, cogeremos cada cual por su lado y nos apartaremos del rebaño en vez de acudir al aprisco. Él presiente nuestro abandono, nuestras traiciones, nuestra tendencia facilista a la deserción. En cambio, Él no flaquea, porque se apoya en el Pilar inamovible del Padre.

 

Decirle que “Él lo sabe todo”, es sólo una zalema, como cuando uno le dice a alguien “usted es un genio”, porque -con legalidad- sólo un genio puede reconocer la genialidad. Se dice por cortesía, por galantería, por adulación. ¿Podrían acaso sospechar levemente lo que se aproximaba? O ¿era solo un manto tendido al paso del Mesías, conscientes que se arriesgaba sólo el manto, pero uno -se quedaba aparte, al lado del riesgo, evadiendo el compromiso, corriendo a esconderse, desertando de las filas, pagando escondederos a peso? σκορπισθῆτε ἕκαστος εἰς τὰ ἴδια [skorpisthete ekastos eis ta idia] Dispersándonos cada uno aparte”.

Todo esto nos lo dice y nos lo reitera, para que recibamos otro Don que Él nos otorga: ¡La Presencia de Animo! Es la solidez que da el Paráclito, la convicción de que Su Victoria se nos comunica, le da un esqueleto reforzado (un chaleco blindado y todos los útiles para construir el Reino) a la fe y nuestro pecho, queda recubierto por ese Escudo. Allí pueden empezar a pasar varias cosas:

-Una muy común y corriente, que nos acomodemos, con todas las medallas de Jesús en nuestro pecho, a dormir la siesta de Su Victoria.

-Que nos demos cuenta por qué se llama Nuevo Testamento: porque en Él Jesús nos ha heredado la Misión de implementar sus Valores, sus Sueños, su Justicia, su Amor.

-Aún hay una tercera opción: que con amargura y enfado nos dediquemos a renegar de todo y de todos, porque todo sigue igual o -como muchos dicen- cada día es peor.

sábado, 16 de mayo de 2026

EN MARCHA HACIA LA PLENITUD

 

Hch 1:1-11; Sal 46, 2-3.6-9. 8-9 (R.: 6); Ef 1:17-23; Mt 28:16-20

 

Podemos pues poner la Ascensión como un “momento” teológico de exaltación que sigue a la Resurrección, “momento” de comprobación de que Jesús no había muerto y se había quedado así; luego resucitó, pero tampoco se quedó así, simplemente resucitado, sino que “pasó” a la Gloria de Dios y fue exaltado y, como lo dice el Credo, “está sentado a la derecha de Dios Padre”.

 

Ahora, estamos abocados a una etapa de aprestamiento, miramos con ojos profundos e intensos tratando de avizorar la Luz al final del túnel. Esa mirada tiene que impregnarse de visión profética para que sea capaz de depurar lo mejor, y ese esfuerzo lo hacemos solidariamente, cooperativamente, nos convoca para que muchos asumamos el sacerdocio y seamos los parteros de un maravilloso porvenir. ¡Qué divina oportunidad se nos ha dado: ¡Dar a luz una Nueva Época! ¡Invitados a Ascender!


Hemos pasado la Cuarentena de la Resurrección. ¡Eso es lo que celebramos! ¿Es el momento de la separación? ¿Jesús se va? Ya nos acompañó unos días, ahora, ¿ha sonado la hora de marginarse de la realidad y de la historia? Pero de estos interrogantes surge inmediatamente otro más fuerte todavía: Entonces, ¿qué hay de aquello del Emmanuel, del Dios-con-nosotros? ¿Fue que hasta ahí nos duró su acompañamiento? El mismísimo Evangelio de este Domingo, en el que celebramos “La Ascensión del Señor”, nos da la respuesta. Al terminar, concluye diciendo: ¡“sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”!

Sólo si tenemos claro que Jesús permanece entre nosotros y recordamos que “Su fidelidad dura por siempre”, tiene sentido que en la Oración colecta de esta celebración pidamos estas dos cosas:

·         Exultar con santa alegría, y

·         Regocijarnos con piadosa acción de gracias.

 


La propia oración colecta nos explica el motivo de esa alegría y de ese regocijo, que tiene dos razones: i) Porque Cristo es nuestra victoria, y porque ii) no se ha ido, sino que se ha sentado en el trono de Majestad desde donde nos comparte, nos hace -al decir de San Pablo- coherederos de su gloria; esta segunda afirmación explica la primera, aclarando porque Él es “nuestra victoria”.

Si nos apoyamos en el Salmo, -se trata del Salmo 46- entendemos que la Ascensión es de enorme alegría que en este texto se expresa con “voces de júbilo y trompetas, y entonar el mejor de nuestros cantos”, porque no es un alejamiento, no es un ausentarse, es el Ascenso para sentarse en su Trono. Si, en efecto, no estamos hablando de separación, ni de abandono, mucho menos de alejamiento; estamos hablando de “Entronización”, entiéndase bien, ha “subido” a su Trono Santo, para reinar ¡sobre todas las naciones! ¡Exultemos radiantes, cantemos y saltemos de júbilo, El Señor asciende entre aclamaciones al son de trompetas!

 

Este Salmo se clasifica entre los Salmos del Reino: ¡YHWH reina! «Durante el destierro en Babilonia (entre los años 587 y 538) los judíos habían asistido a las fiestas en honor de Marduk, el dios nacional de Babilonia, y se habían quedado impresionados de la magnificencia de los festejos. Pero hay una diferencia esencial entre esta entronización de Marduk y la de YHWH: la realeza se le confería cada año al dios babilonio después de un combate ritual con el dragón Tiamat, combate del que salía vencedor; pero a YHWH no puede nadie conferirle la Realeza que posee desde el origen (Sal 93, 2).»[1]

 

Esta experiencia es clave en nuestra fe, es una experiencia que nos permite vivir la esperanza. Anclados en el aquí y el ahora ¡nunca indiferentes, ni indolentes; no estamos condenados a mirar hacia abajo, al contrario, esta Entronización que celebramos nos conmina a mirar hacia arriba, a levantar nuestros ojos con la fuerza de la fe y con la esperanza garantizada.

«Y aquí viene una pregunta: ¿este mirar hacia arriba no nos podría tal vez distraer de nuestro compromiso cotidiano, no hay quizás un poquito de reproche en las palabras de los ángeles a los Apóstoles: “Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando el cielo?”»[2]

 

«La escritura misma nos da la respuesta a este interrogante: “Este Jesús que les ha sido arrebatado al Cielo, vendrá, así como lo han visto irse al cielo”. Reflexionemos por un momento juntos sobre el significado de estas palabras. Se trata de ese Jesús que ha vivido entre nosotros, que recorrió los caminos de Palestina que todavía hoy podemos recorrer en peregrinación; ese Jesús que, hombre como nosotros, sufrió por las incomprensiones y gozó por la escucha de su palabra; ese hombre Jesús que fue muerto por sus enemigos que atentaron contra su vida y lo llevaron a la muerte; ese Jesús a quien Dios resucitó.

Jesús, aun siendo Hijo de Dios, vivió una experiencia de vida semejante a la nuestra, desde el nacimiento hasta la muerte. Por esto, nos dice la palabra de Dios: “Les ha sido arrebatado al cielo”. Es uno de nosotros, uno que se hizo como nosotros, uno que conoce nuestra experiencia. Con su presencia en el Cielo, pues, también nuestra experiencia, nuestra vida, nuestro deseo ha sido llevado junto a Dios….

 

…Jesús esta allá también como hombre, en esa luz, en esa realidad perfecta que es el Reino definitivo, la Jerusalén Celestial, la ciudad de Dios, el lugar de la paz y de la justicia perfecta, el lugar en donde todo es claro, libre.»[3]

 

Así pues, nuestra respuesta y nuestro trabajo por forjar un mundo mejor, más humano, que permita al ser humano su cabal realización, no nos exime de mirar hacia el futuro trans-mortal; más bien, mirar al horizonte y descubrir que tras el velo del misterio está el cumplimiento de la promesa y saber que El-que-promete -en este caso- es Fiel a su Palabra, nos alienta a vivir con mayor coherencia y nos señala, a la vez, el derrotero que debemos tomar para que ese mundo de justicia se pueda fraguar.

«Jesús está junto a Dios, en el Reino perfecto, definitivo, y al mismo tiempo está con nosotros, todos los días, está con su Iglesia; Jesús glorioso y poderoso está en nosotros y con nosotros, está en nuestras manos para que podamos construir una sociedad más justa, está en nuestra mente para que podamos reflexionar sobre lo que es bueno y lo que es verdadero, está en nuestro corazón para que podamos elegir lo que lleva a la vida y al amor.»[4] Y para que del enclaustramiento saquemos la Luz, como si hubiera sido un denso retiro espiritual. Que nuestro corazón –el corazón de la humanidad- resplandezca mejor que la joya más preciosa, y su destello sea el de Nueva Humanidad, porque Él, todo lo hace Nuevo (Ap. 21, 5).

 



[1] Mannati, Marina. ORAR CON LOS SALMOS. Ed. Verbo Divino Estella (Navarra)-España 1994. P. 38.

[2] Martini, Carlos María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1995. p. 184

[3] Ibid

[4] Ibidem, p. 183