jueves, 31 de agosto de 2023

Jueves de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario


 

1Tes 3, 7-13

Concluyendo el balance del proceso fundacional de la Comunidad Tesalonicense, San Pablo reconoce que, a pesar de todas las presiones en contra, como son las persecuciones, él y su equipo misionero, se sienten alentados al contemplar la firmeza de su fe y su estabilidad en la fidelidad.

 

Entonces, sobreviene una plegaria de Acción de Gracias, rogando por la sinodalidad fundada en la solidaridad y el amor fraterno.

 

Resistir es lo que se precisa, Pablo y sus compañeros saben que sólo mediante la Asistencia Divina podrán “afianzar sus corazones” y mantenerse firmes e ἀμέμπτους [amemptous] “irreprensibles” hasta la Parusía. Hemos destacado esta palabra porque es un valor cristológico que Pablo establece como puente hacia la conformidad con la Divina Voluntad. Esta categoría nos habla de “pureza”. De “estar puro de la contaminación del pecado”; que Dios no tenga nada que objetarnos.

 

Esta Carta -ya se ha dicho- encaja en la definición de Epístola Escatológica, y al pensar y plantear la cuestión de la Segunda Venida, se da preaviso de lo que será nuclear en la Segunda Parte, en especial en las dos últimas perícopas que estudiaremos el lunes y martes de la semana entrante. Tema pivote de la Carta.

 

Sal 90(89), 3-4. 12-13. 14 y 17

Este salmo de súplica parece montado con dos piezas poéticas de distinta procedencia: la primera pre-exilica, mira hacia Dios Magnificente contrastando la enormidad de Dios con la insignificancia de la criatura; en cambio, la segunda poesía es definitivamente post-exilica, y tiene una visión de Dios bien diversa, de proximidad y paternidad.

 

Un aspecto muy notable es el sentido de comunidad que reviste el interlocutor de Dios, nunca es un yo, -ni un egoísta, ni un solipsista-; siempre un “nosotros”; el que interpela es un pueblo, y el portavoz, el salmista, habla desde su sentido de pertenencia, con conciencia de ser un simple “vocero”.

 

Un detalle de relieve es que la ruega a Dios que nos dé la capacidad de saber medir el tiempo de estancia en la tierra, para saberlo aprovechar, para gastarlo en los más valioso, para que gocemos de חָכְמָֽה [jak-maj] “sensatez”. El uso sabio de cada instante de existencia.

 

Muy importante es el verso responsorial: Siendo un salmo de súplica, hay que prestar especial atención a qué es lo que se está pidiendo: sácianos de tu Misericordia y estaremos alegres. La Misericordia que pide, en hebreo, es la lealtad de parte de Dios a su Alianza; y la alegría es רָנַן [ranan] “dicha festiva". Dice que temprano en la mañana nos regale Su Fidelidad con el Pacto de la Alianza, para que, llegado el atardecer de la vida, podamos acogerlo con la dicha festiva de haber sido socorridos.

 

Mt 24, 42-51



Aquí empalma el Evangelio con la Primera Lectura, en cuanto se toca el tema de la Parusía: Dice Jesús, que uno tiene que estar γρηγορεῖτε [gregoreite] “en vela” o sea “alerta”, “vigilante”, como se dice ahora 24 X 7 porque esta Segunda Venida, no tiene fecha en nuestros calendarios humanos. Miren lo que pasa normalmente, por ejemplo, con los estudiantes, así sean universitarios, se les encarga una “tarea”, y por lo regular, se va postergando su desarrollo, de manera tal que, casi siempre terminamos cumpliéndola a última hora, o -todavía más grave- incumpliéndola.

 

Podríamos llamarla “la manía postergatoria”. Y si Él llaga y estamos desapercibidos ¿qué será de nosotros?

 

Que no seamos como ese amo de casa que ve en la pared un boquete propicio para los ladrones y resuelva inmediatamente… que lo arreglará el año entrante, porque mientras, es muy improbable que algo pase, … y le parece que el boquete ha estado ahí por años, y ¡nunca ha pasado nada!

 

O, aquel empleado que ha sido muy especialmente contratado para pagar salarios, bonificaciones y entregar los “paquetes alimentarios” a los subalternos, pero él dice, no creo que ahora en septiembre tengan hambre, o cuentas por pagar, en octubre menos, y noviembre es un mes muy tranquilo, casi no se gasta nada; decide -por su sola cuenta- que va a adelantar un programa de ahorro y dejará pagos para diciembre, o tal vez para más adelante, y él le ve dos ventajas: a) cuando reciban paga los empleados tendrán una buena suma una sobre otra, y b) se evitará llevar tantas planillas contables, porque se puede resumir todo por cuatrimestres… o más.

 

Viene aquí, en esta perícopa una bienaventuranza, en Mt 24, 46, para el criado fiel y prudente, es decir sensato -que en el buen sentido significa aplicar el sentido común, no hay que hacer un curso de lógica avanzada, por pura intuición podemos suponer que la dicha la tendremos si el Día que el Señor Vuelva, estamos cumpliendo a cabalidad nuestro encargo, nos entregará las “Llaves del Reino”, nos constituirá Mayordomos de la Casa Real del Rey de reyes y Señor de señores.

miércoles, 30 de agosto de 2023

Miércoles de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario


 

1Tes 2, 9-13

La estructura propuesta como clave exegética enumeraba como preámbulo una oración que es saludo y acción de gracia, y luego una primera parte que presenta un recuento de la formación de la comunidad, y cómo surgió; en esta parte, en la perícopa de hoy, -donde vamos- se da un relato de cómo se portó San Pablo mientras estuvo entre ellos - estimamos algo así como tres meses-. 

 

Primero que todo, dice que, no se “recostó” en nadie, que su sentido de misionero no consistía en volverse una carga para la comunidad. Cuáles son las tres características que -muy seguramente servían de derrotero a su labor y llevaba él en mente- nos da tres: ὁσίως “santamente”, δικαίως “con rectitud” ἀμέμπτως e “intachablemente”, “con irreprochabilidad”. Se nos está dando el “cómo”. Son factores importantísimos porque ya proponen un modelo y un estilo pastoral. Definen una metodología orientadora para el líder eclesial.

 

Según el propósito de su propio corazón, ¿qué era lo llamado a proponer en este kerigma? Animarlos y urgirlos a llevar una vida recta, digna de Dios. Aquí se nos señala el “qué”. (Quizás aquí todavía quedan pervivencias de una propuesta farisea “legalista”, como ajuste de la vida a la Ley. Pero no constituye una desviación, ni diluye para nada la esencia del contenido de nuestra fe: lo que pide es poner en primer término la voluntad de Dios, y eso es exacto).

 

Ahora, viene la expresión de gratitud hacia el Cielo, por la forma como fue acogido el Mensaje. No lo recibieron como ideas inventadas por él, o por ciertas personas, sino como Evangelio Divino. Y la gratitud expresada -dando gracias a Dios- es, además, porque no fue una recepción pasajera, de hoy oigo y al rato olvido; sino fue un atesoramiento en el corazón y una adopción “que permaneció operante” de estas Enseñanzas como reguladoras de la vida.

 

Sal 139(138), 7-8. 9-10. 11-12ab

Es un salmo del huésped de YHWH. Me hace pensar en los anacoretas, que se retiraban a trabar profunda e intensa amistad con Dios. Pienso también en las personas de vida consagrada, en particular en los religiosos de clausura, que buscan el deleite de estar permanentemente con el Señor. Son las personas que con más pleno rigor dan el salto a la Compañía-Preferencial con quien más aman. Personas en quienes predomina el hambre y sed de Dios. Enamorados hasta su médula del Amor-de-los-Amores. Ellos, quienes han maximizado en su existencia el relacionarse con el Señor y hacer, ya desde ahora, su vida en la tierra, como una antesala para ingresar al Sancta Sanctorum de la Plenitud.

 

Estas personas son la antítesis de quienes buscan mantenerlo a distancia, de aquellos que creen que la Divinidad está pendiente para robarles algún retazo de su mal entendida libertad. ¡Ay, si entendiéramos que nadie es tan libre como aquel quien vive bajo la Luz Esplendida de su Mirada-Amorosa!

 

Vano esfuerzo salirnos de su Amor. Él no nos abandona, silencioso y resignado a nuestra indiferencia, como el verdadero enamorado que no se desalienta ante el rechazo de la amada.

 

Podemos buscar refugio allí donde la Luz se marchita crepuscular, pero no por nuestra evasiva mengua lo más mínimo su Tierno Amor y Cuidado. Tiene los brazos abiertos porque ambos los tiene listos para socorrernos: Diestra y Siniestra para tendérnoslos Misericordiosos.

 

Pensamos -muy ingenuamente- que, si nos ocultamos en lo oscuro del pecado, huiremos de Él, no sabemos que sus Dulces Ojos son Resplandecientes, no necesita faroles adicionales, porque la Luz habita sus Muy-Amorosas-Pupilas, y, donde todo es sombra-triste-y-mancha; su Redención resplandece Victoriosa.

 

Sus Ojos de Amor lo primero que miran es nuestra יֵצֶר הַרַע‎ [yezer jará], la concupiscencia que nos tira hacia el fondo cfr. Gn 6, 5); pero Él conoce nuestra debilidad, la consecuencia del pecado como debilitamiento, como resquebrajadura,  Dios es Padre, Padre-Fiel y nos regala inteligencia y voluntad para tender al bien, a la verdad, a la solidaridad. , oh Señor, me sondeas y me conoces, no para burlarte de mi pequeñez y mi debilidad sino para regalarme poder de Victoria sobre el Mal; y fascinación por lo que es Verdaderamente Bello. ¡¡Oh Mistica-Fascinación, -Tú que eres como el Día-Más-Claro- conduceme a Ti 

 

Mt 23, 27-32



Los escribas y los fariseos, -tenemos que aclararlo insistentemente- no son los más malos, no son los perdidos, no son los enemigos. Son los más cercanos, ¿Cuántas veces no habremos incurrido en fariseísmo? ¿cuántas veces no habremos actuado como escribas? Como se suele decir “el Puerco es malo”, y nubla los ojos de los más sinceros buscadores. Al leer estas perícopas de esta semana, hay que tener cuidado, a pesar de todo, de que actuaron ignorándolo y despreciándolo, y no cayeron en la cuenta de Quien era Él; sin embargo, no nos encargó que los arrancáramos, sino que esperáramos a que Él enviara sus Ángeles con “técnicas” y “aparatos especiales” que no fueran a dañar -en el proceso de separación- también al trigo bueno.

 

Jesús hace resonar el Shofar para ver si al fin caen en la cuenta. Lo que les ha pasado es que le han puesto tanta atención a un aspecto de la fe, que han ahogado los aspectos esenciales. Pasa cuando uno, -de manera ególatra- se enamora de su propia verdad, pretendiendo que sea la “Verdadera”, ¡purrum! Ahí cae en este fariseísmo, cuando piensa que tiene a Dios agarrado a dos manos.

 

La hipocresía sobreviene cuando uno aparenta ser lo que no se es. Cuando una solo “actúa” exteriormente para dar la imagen, pero por dentro, hay otra cosa, el corazón y la mente trastean con otro contenido. Si leemos con detalle, junto a la hipocresía pone Jesús otro aspecto negativo del corazón de los escribas y fariseos, y es la crueldad. ¿En qué radica esa crueldad que está denunciando Jesús? En volverse fabricante de mártires.

 

Es una cosa especialmente delicada: convertirse en “asesino”, todo asesinato es pésimo, pero en ellos se dio la sima de este delito, se volvieron asesinos de profetas, dando paso a la existencia de una nueva raza formada por la descendencia de estos asesinos que llevaban en su corazón el germen del “asesinato de la Boca-de-Dios”, porque los verdaderos profetas no son otra cosa que los labios que nos comunican lo que Dios quiere decirnos. Matarlos a ellos nos convierte en la ralea de los crucificadores.

 

Cuando decimos que escribas y fariseos no estaban tan lejos, perseguimos hacer notar que no eran un club ajeno donde estaban afiliados los enemigos del cristianismo; ¡No! ¡Estaban adentro! ¡Eran miembros del pueblo elegido! ¡Frecuentaban el mismo Templo y ofrecían Sacrificios hombro a hombro con los creyentes! ¡Eran Caínes y Judas! ¡Se habían sentado a la misma Mesa y habían comido del mismo pan! Aún más, ¡habían mojado el Pan en la misma copa! El mismísimo Pablo cohonestó con los asesinos de San Esteban-.

 

Este Evangelio nos conduce a interrogar nuestra conciencia como si le estuviéramos preguntando a Jesús: Μήτι ἐγώ εἰμι, Ῥαββεί “acaso ¿soy yo, Maestro?” (Mt 26, 25).

martes, 29 de agosto de 2023

Martes de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario

 


1Tes 2, 1-8

Muy conscientes de que hoy actualizamos en la memoria de la Iglesia el Martirio de San Juan el Bautista, y que para esta celebración se han provisto Lecturas propias; sin embargo, y sólo por mantener el ritmo en la reflexión que venimos haciendo de la 1ª a los Tesalonicenses y del capítulo 23 de San Mateo, hemos optado por reflexionar las Lecturas correspondientes al Martes de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario.

 

Ahora, San Pablo inicia una especie de “recuento” del proceso que los llevó a la “conversión”: empieza hablando con gratitud de los amigos que hizo, de la fraternidad que se trabó entre ellos y de cómo se desarrolló su misión evangelizadora, pese a la persecución que nunca se apartaba.  Pablo ya tiene en su consciencia la claridad de que Dios quiso poner su confianza en ellos y enviarlos a predicar, y esto lo hacía, no para complacer a tal o cual, sino con el exclusivo propósito de obrar acorde a la Voluntad del Señor.

 

En la Carta, Pablo señala como dos linderos que van demarcando su trasegar, a derecha e izquierda, para no confundir la correcta dirección que debían llevar, a saber: ni λόγῳ κολακίας [logo kolakias] “palabras de adulación”, ni προφάσει πλεονεξίας [profasei pleonexias] “codicia disimulada”.

 

Y, dediquemos mucha atención a esta recomendación metodológica que nos hace el Primer Teólogo de la cristiandad: “nos comportamos con delicadeza entre ustedes, como una madre que cuida con cariño de sus hijos”. Es la primera época de este predicador, pero, él ya lleva diáfana claridad del cómo comportarse con los interlocutores para llevar el “Anuncia de la Buena Noticia”. Véase, además, que dice él que su sentido de donación no iba sólo hasta la entrega del mensaje, sino que se ensanchaba hasta la voluntad y decisión de dar hasta sus “propias personas” -y aquí nos enseña el Apóstol de los gentiles que- los procesos de evangelización van arropados con gestos de amor y que entre ellos y los fieles se construye, casi que, como certificado de garantía, una amistad sincera.

 

Sal 139(138), 1b-3. 4-6.

Salmo del Huésped de YHWH. Este tema de estar “Delante de Dios”, de vivir en su Presencia, debe ser muy bien comprendido, debe darnos luces de fe y acrecentar nuestra piedad y nuestras devociones; pero, como hemos venido insistiendo, nunca para convertirlo en una especie de concurso de “yo paso una hora más que tú en la Iglesia” o, “yo estoy haciendo 5 novenarios más que usted”.

 

Una hermosa categoría teológica es la de la Omnipresencia” Divina. Que se convirtió, no sabemos cómo, en la de pan-óptico. El panóptico era un estilo de cárcel, que permitía vigilar prácticamente de manera continua e infatigable al detenido. Nosotros -para gozar de una sana perspectiva diversa- queremos recordar la dulce grandeza de la presencia del ser amado, quisiéramos estar a toda hora con el ser amado, estar allí mirándonos a los ojos sin parpadear y con el gusto -sencillamente- de respirar el mismo aire. ¡Quien ha estado enamorado, verdaderamente enamorado, lo sabrá!

 

No queramos pensar en Dios como en un empleado de la oficina nacional de prisiones; no se trata de eso, se trata de una Presencia-de-Amor.

 

Cuan hermoso penar que a Dios no tenemos que ponerle cita, que Él sabe a toda hora dónde vamos a estar, porque nosotros -de muy buena gana- le hemos entregado nuestro detallado itinerario, segundo a segundo, para que Él pueda reunírsenos, y podamos gozar de su Amorosa Compañía. No podemos dejar de sentir una gotita de amorosa envidia con Adán, a quien Dios acompañaba y “bajaba” todas las tardes para pasearse por el Edén. ¡Qué tontuelo, haber desperdiciado tan Gloriosa Amistad!

 

A veces tenemos enormes dificultades para orar, y recurrimos -en nuestra dificultad para llevar adelante un dialogo, a conversaciones impresas para hablar con Él; conocemos personas que las coleccionan y se empeñan en tener una para cada santo y una para cada fecha del calendario litúrgico. Pero me acuerdo de un relato en el que uno de estos personajes, -un campesino- llegó a su parcela y en el momento de empezar sus rezos, noto que aquel día se había olvidado de llevar su devocionario, entonces le dijo a Dios, Señor, voy a repetir tres veces el alfabeto lentamente, y Tú, que todo lo sabes, ordena las letras para que sea la oración que te complace.

 

Si de verdad creo que Él sabe, antes de que me lleguen a los labios, la palabra que voy a pronunciar, podre, con honestidad, rezarle así a Dios.

 

Porque el Saber de Dios es aun otra Maravilla de su Amor. Su Saber no es para un concurso de preguntas y respuestas, Su Saber es Un Cofre Del Tesoro De Su Amor.

 

Mt 23, 23-26



Decimos que hay que corregir la perspectiva. Que nosotros somos casi tan virtuosos como los fariseos, y sin embargo también nosotros perdemos de vista lo esencial. Nosotros también pagamos el diezmo de la menta, el anís y del comino), pero queda fuera de nuestro campo visual la justicia, la misericordia y la fidelidad. Y bien claro dice Jesús, no es cumplir lo uno y dejar lo otro, ambas cosas son necesarias e importantes.

 

Nosotros que no queremos dejar que al hablar nos entre en la boca mosquitos, ubicamos estratégicamente el colador para poder hablar sin tener que “comer insectos”, pero, en cambio, hay cosas como los camellos que un colador no puede detener ni controlar. Pero, ¡primero lo primero!

 

Somos muy atentos en que las copas y los platos reluzcan, porque consideramos que es lo que ¡se ve! Pero, la cultura nos ha inculcado que mientras no se den cuenta que fuimos nosotros, no importa la deshonestidad, el desmán, ni el robo; así se construye una doble moral y ha sido por eso que la corrupción y el engaño han podido cabalgar a sus anchas.

 

Entonces, ¿qué es lo que hay que hacer? Fácil, la respuesta de Jesús es contundente y límpida. No sólo cuidar la exterioridad, hay que afanarse por la interioridad, porque es lo que primero notara nuestro Dios. Mientras sigamos barriendo toda la mugre, debajo del tapete, seguiremos construyendo mausoleos para los Santos y crucificando a Jesús en el Gólgota.

 

Habrá que decirlo nuevamente. Los escribas y los fariseos no eran los más malos, al revés, eran quizás los más buenos, los más esforzados, casi hasta el fanatismo, casi hasta el milenarismo, casi hasta el fundamentalismo; pero les faltaba saltar la barrera de la bondad, para alcanzar la cima de la perfección. Eran casi santos, pero les faltaban los 5 centavos esenciales para completar el peso.

 

¡Ay de los que se les pasa por alto la justicia, la misericordia y la fidelidad! Porque ellos no podrán ser huéspedes de YHWH.

lunes, 28 de agosto de 2023

Lunes de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario



1Tes 1.1-5. 8b-10

Desde hoy, y hasta el 5 de septiembre, exceptuando mañana, Martirio de Juan el Bautista y el Domingo 3; -siete días en total- nos consagraremos al estudio de la Primera Carta a los Tesalonicenses.

 

Esta es la Primera Carta que escribió San Pablo, o, por lo menos, la primera que se ha conservado: Dos acotaciones hay que hacer. La Primera lo que hace de ella el documento Bíblico del Nuevo Testamento más antiguo, estamos hablando del año 50 ó 51 de nuestra era. Especial atención de que sus destinatarios son una comunidad predominantemente greco-cristiana, no judeo-cristiana; y, la segunda, que hay una especie de autoría conjunta, podemos decir de alguna manera que son co.-autores Silvano y Timoteo. Inclusive, algunos investigadores opinan que también Lucas se les habría juntado. Cuando San Pablo pasó por aquella región -la primera vez, en el año 49- estuvo un breve tiempo, dejó configurada una comunidad creyente y -en un promedio de tres meses- sin embargo, se vieron acosados puesto que la predicación hablaba de un Señor -distinto del César- desatando la persecución y obligados a partir, dado que las autoridades comenzaban a alarmarse con esta prédica que anunciaba un Mesías, un Rey alternativo.

 

Podemos visualizar la carta con sus cinco capítulos como una obra musical con dos grandes movimientos, entre los cuales hay unas plegarias que abisagran los dos grandes movimientos. Hoy vamos a analizar la Oración introductoria que contiene un saludo y una acción de gracias. Curiosamente, en el vocativo no se nombran las Tres Personas Trinitarias, sólo el Padre y el Hijo. Pero el Espíritu Santo no está ausente, San Pablo lo menciona para señalar que la obra preferencial que se ha realizado con ellos – el Anuncio de “nuestro Evangelio” no se dio como un prodigio de los oradores hábiles que lo llevaron a cabo, sino que estuvo impulsado por la fuerza del Espíritu Santo (1Tes 1, 5cd)

 

Cosas muy lógicas debieron suceder: a) San Pablo, como estuvo apenas tan poco allí, dejó a los Tesalonicenses con solo los rudimentos catequéticos, no alcanzó a explicarles mejor; b) seguramente que Pablo, pasaría noches en vela meditando sobre el destino de esta comunidad , que eran como sus primeros “hijitos” en la fe, y desvelado por no haberlos dotado de bases más profundas.

 

Cuando Silas y Timoteo, alcanzaron a Pablo en Corintio le contaron seguramente lo que estaba pasando con los tesalonicenses, así que Pablo tomo su pluma (o dictó) el contenido de esta epístola.

 

Hay acción de Gracias porque no ha sido por accidente o por casualidad que ha llegado la proclamación del evangelio hasta ellos, sino que la llegada de la palabra y la acogida encontrada, son precisamente signos de la ἐκλογὴν [eklogen] “elección” de Dios que los tomo como dignos destinatarios del anuncio.

 

El instrumento primordial de este Anuncio fue la honestidad, la rectitud del comportamiento de los evangelizadores; Pablo señala tres rasgos fundamentales de la acogida del Anuncio y a cada uno lo matiza adjetivándolo:

a)    ἔργου τῆς πίστεως [ergon  tes pisteos] “el trabajo de vuestra fe” o sea “Fe activa”.

b)    κόπου τῆς ἀγάπης [kopon tes agapes], “Amor esforzado”; “el puñetazo noqueador de su amor”

c)    τῆς ὑπομονῆς τῆς ἐλπίδος [tes ypomones tes elpidos] “La firmeza de la esperanza”, “Perseverancia en la esperanza”.

 

¿Qué ha salido de ello? Dos cosas, la primera que abandonaron la idolatría; y, la segunda que se han consagrado a servir al “Señor”, mientras se mantiene fieles esperando el Día de su retorno” Ya aquí se anuncia lo que será medular en esta carta, que la constituye en una epístola escatológica: ¡la convicción de que el Hijo de Dios, Jesús volverá (en la que llamamos Su “Segunda Venida”)!

 

Sal 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b.

Un himno es una alabanza. Este salmo hímnico nos entrega seis verbos que integran la constelación hímnica, y así, se nos clarifica mejor qué es un himno: Cantar, alabar, celebrar (es decir reunirse a loar), alegrarse, danzar y tocar los instrumentos típicos del jolgorio. Aquí, se está cantando -detrás de un elemento metafórico, un carnaval de victoria- el regreso de los guerreros que vuelven vencedores, que traen sometidos y encadenados con grilletes a los pueblos rivales.

 

Para entender el Salmo, conviene tener en mente que es el penúltimo del salterio. Dios va llamando a sus “fieles” y les entrega sus condecoraciones, su fidelidad es premiada, y se experimenta el gozo escatológico: es la Victoria Final, ya no habrá más luchas, todos los enemigos fueron sometidos, Dios se hizo cargo, pero el distribuye a todos el “botín conquistado”, no quiere nada para Sí, todo es para su Amado Pueblo, muy particularmente para los que tanto tiempo sufrieron los rigores de la pobreza. Los pobres reciben la presea de la victoria, reservada a los “humildes”.

 

La perícopa se organiza en tres estrofas:

1)    A propósito de esta Victoria Final, se requiere la composición de un “Cantico Nuevo”; esta situación de Victoria definitiva requiere que se escriba un Salmo Diferente: Un salmo que haga que todos tomen consciencia de haber llegado a la Cúspide Histórica. La justica.

2)    Alabanza para Dios nuestro Señor, Él ha honrado su Santo Nombre entregando la Victoria a los sometidos de siempre. Ha invertido la situación.

3)    Los que no conocían ni por asomo la sonrisa de la Victoria, aquellos que siempre habían tenido el cuello sujeto por las cadenas, Dios los ha coronado, ha puesto en sus cabezas la Corona de laurel.

 

Cada estrofa, nos asombra, quedamos “de una pieza”, era lo profetizado, pero no lo podíamos imaginar. Tal es el Amor de Dios por su pueblo. ¡Leámoslo con cuidado! ¡Sí es exacto lo que se dice aquí?

 

Mt 23, 13-22



Qué pasa cuando leemos en esta perícopa “¡Ay de vosotros, maestros de la ley y fariseos!”, pensamos que pueden pasar varias cosas, quizás uno reflexione, no soy maestro de la ley ni fariseo, seguramente esos eran los “malvados” de la época, con razón Jesús les arrostra tan severo reproche, y -de alguna manera- nos consolamos pensando que no es con nosotros, y que ¡qué gente aquella!  Cuando dolor causaban al Señor. A veces, hasta prolongamos la búsqueda de “culpables” y -para actualizar el mensaje decimos, los habrá por ahí, la ralea de los que hacen fracasar este bonito proceso hacia la edificación del Reino. En el esfuerzo de ahondar en la comprensión, casi siempre llegamos a la frontera donde uno termina diciendo -a la manera de Judas- ¿seré yo Maestro? (Cfr. Mt 26, 25)

 

Veamos, ¿quiénes eran los fariseos y los maestros de la ley? Los que más frecuentaban el Templo, los que hacían el esfuerzo más notable por acercarse a Dios y cumplir “todas sus leyes”… Mmmu, ¿Qué tal? Puede que esto si este enteramente dirigido a nosotros. Lo que fallaba no era la buena fe, ¡fallaba el enfoque! Vamos a conjeturar que lo que Jesús se propone no es condenarnos, ni maldecirnos, ni descartarnos.

 

En Mt 5, 3–12 -prácticamente desde el principio del Evangelio- ya Jesús había entregado el buen enfoque. Nos había iluminado por dónde ir hacia el Reino. Lo curioso es que tengamos tan rotundamente impermeabilizados los sentidos que habiendo recibido “las llaves”, seguimos dando palos de ciego. Lo que se propone es repasarnos la lección, desde otra postulación, desde otra manera de enunciarlo. Ya lo había entregado como bienaventuranzas, ahora nos lo va a refrendar como malaventuranzas:

 

Podríamos sacar ahora el elenco de lo que no es conducente, porque quizá lo que Jesús quiso señalar era poner en evidencia los puntos de “desenfoque”, entonces enumerémoslos:

      i.        Cerramos el Reino de los Cielos a los hombres. Parece que nos paramos en la puerta y ni entramos ni dejamos entrar.

     ii.        Nos hacemos reclutadores y ponemos nuestro esmero en estar en el “equipo” de los “anunciadores”, de los “proclamadores”.…

    iii.        Afirmamos que “jurar por el Santuario, o por el Altar es fútil.

   iv.        Que el asunto está cumplido con abonar el diezmo

     v.        Nos quedamos en la limpieza externa de “la copa”.

   vi.        En la parte interna, si uno va a revisarse, encontramos iniquidad e hipocresía.

  vii.        Hacemos monumentos para los Santos y los Mártires, y aseguramos -con pies y manos- que, si hoy en día apareciera alguno, seriamos los primeros en unírnosle y defender su causa, la de Jesucristo.

 

Queremos insistir que el problema no está en no tener la “Luz”, sino en mejorar la manera de dirigir el “Reflector”. Pensamos que, ahora, lista en mano y con toda honestidad, tenemos que confrontarnos con el listado y ver cómo nos ayuda a detectar el desenfoque. 

sábado, 26 de agosto de 2023

QUÉ SIGNIFICA “LA LLAVE”

 


 Is 22,19-23; Sal 137,1-2a.2bc-3.6.8bc; Rm11,33-36; Mt 16,13-20.

 

¿y vosotros quién decís que soy yo?". No permite que se atrincheren tras las opiniones de otros, quiere que digan su propia opinión.

Raniero Cantalamessa OFM Capuch.

 

La Iglesia no es para salvarse. La Iglesia es para salvar. No es para salvarme yo, es para salvar al otro.

Gustavo Baena. s.j.

 

Así como la fe puede verse desde un doble ángulo, ya sea como una aceptación intelectual de los Misterios de Jesucristo –lo cual es sólo una parte de la fe-, o –además de eso- como un compromiso con el mundo para lograr su transformación, para hacer de él un mejor lugar para vivir; así también, el Evangelio puede verse como el recuento de la historia Salvífica de Jesús para ofrendar su Vida al Padre por nuestra Redención, o –sin descontar lo anterior- reconocer en el Evangelio un mensaje que se nos ha legado y que constituye la Misión de la Comunidad Creyente: La Enseñanza de Jesús, “Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos.” (Rm 11,36), un derrotero para poder cristificar nuestra vida y hacernos, –no dioses- sino, arropados en la humilde aceptación de nuestra fragilidad pero asistidos por la Gracia del Espíritu Santo que nos inhabita, lograr ser imágenes vivas del Hijo. Esa Misión nos “convoca” –y recordemos que la Iglesia es la Comunidad de los Convocados puesto que la etimología de esa palabra deriva del verbo griego “llamar”- al descentramiento de nosotros mismos, en favor del otro, del semejante, del prójimo, del necesitado, en un proceso de generosa renuncia del egoísmo en aras de darle a otros esa Herencia que nos dio el Divino Maestro.


 

En el Domingo XIX del Año, vimos a San Pedro procurando forzar a Jesús a darle una prueba que fuera el soporte de su fe, pero, sobrecogido y superado por sus propios temores, constató su endeblez y la necesidad de estar siempre “cogido” de la Mano de su Señor. En el Domingo XX vimos con estupor que –en muchos casos- pertenecer a la Comunidad de Fe, haber pertenecido a la Iglesia “toda la vida”, no garantiza que podamos adentrarnos en el Misterio de Jesús con mayor éxito que los foráneos, y eso nos lo mostró la cananea de fe tenaz y con humildad a toda prueba.  Ya en esa reflexión del Domingo XIX del ciclo A, nos proponíamos no juzgar con excesiva dureza a San Pedro, puesto que todos a nuestra manera y cada quien en su circunstancialidad personal, nos hemos hundido y hemos fracasado al tratar de “caminar sobre las aguas”, y más, cuando el viento de las crudas inclemencias nos ha hecho trastabillar. ¡Si! Hoy, al reflexionar el Evangelio del XXI Domingo volvemos a identificarnos con Simón-Pedro, al reconocer que Jesús nos entrega la “Llave” y nos encarga la responsabilidad “administrativa” que conlleva ser el “mayordomo”. Es así como el “compromiso” se da a San Pedro para que entendamos que se nos dio a cada uno de nosotros y comprendamos que la Iglesia no son sus jerarcas, sino que todos los bautizados somos la Iglesia. [Discerniendo bien lo que se entregó a Simón-Pedro y a sus sucesores con exclusividad, por su primado]. « ¿Qué significan «comunidad sacramental» y «sacramento original»? Significan que el pueblo de los bautizados, reunidos en una misma fe y en una misma obediencia alrededor de sus jefes, los sucesores de los Apóstoles, es hoy como ayer el signo sensible y el instrumento de que se sirve el Señor para transmitir a los hombres su Vida personal y divina, para extenderla cada vez más lejos, para interiorizarla cada vez más en las generaciones humanas.»[1]


 

No podemos desatender la manera –a veces cicatera y encarnizada- como nos exceptuamos de ser Iglesia para descargar sobre otros nuestra responsabilidad. «…no debemos mirar la Iglesia con ojos miopes, sino con los ojos de la fe; cada uno de nosotros debe mirarse a sí mismo, y a los demás, con los ojos de la fe, para ver en sí mismo  y en los demás la gloria de Cristo –que ya resplandece en nosotros- con gratitud y con alegría... debemos, pues, superar la lamentación, es decir, esa actitud que capta sólo la institución exterior de la Iglesia, con todas sus inconsistencias, sus incoherencias, sus pecados (los pecados de sus miembros que somos nosotros), y sus lentitudes… No debemos mirar con ojos miopes solamente los fenómenos negativos (que son muchos y todos los conocemos y hasta podríamos enumerarlos), no debemos mirar solamente los fenómenos negativos del mar en tempestad que rodea esta nave gloriosa y que a veces nos asusta (el avanzar del secularismo, la pérdida de prestigio de la iglesia en la sociedad, etc.)… no debemos, sin embargo, desprendernos del sufrimiento y del recto juicio sobre las cosas que no están bien en la Iglesia…nos damos cuenta, con dolor, de cuánto el aspecto visible de la Iglesia deja resplandecer sólo en parte esa gloria y, por tanto justamente, sufrimos y gemimos. Y debemos orar: “Señor, venga tu reino, ¡sea santificado tu Nombre!”… estamos llamados a empeñarnos para que, en nuestra vida personal y en nuestras actitudes, resplandezca algo del fulgor de la gloria de Jesús.»[2]

 


Tampoco la profecía de Isaías se refiera sólo a Sebná, mayordomo del palacio, personaje tristemente célebre en la historia del pueblo escogido por desviar fondos del “erario público” para construirse una suntuosa tumba. El norte del “servidor” (un mayordomo no es otra cosa que un servidor, como es el “mayor de la casa”, tendrá que ser el servidor más comprometido), de estar encargado del bienestar del pueblo ha pasado a estar comprometido con el cuidado y el culto de la propia personalidad que no son otra cosa que idolatría, auto-idolatría. Así que Dios llama a otro, A Eliaquim (cuyo nombre significa “Dios levanta”) que sirvió en el palacio de Ezequías y figura en la genealogía de Jesús (Lc 3, 30) y quien también, como San Pedro, fue convocado para llevar en su hombro “la llave”. También él es una alusión a cada uno de nosotros.

 


Viene allí la explicitación del significado de “la llave”, elucidación que sirve al doble caso de Eliaquim y de San Pedro: “lo que וּפָתַח֙ abra nadie סֹגֵ֔ר lo cerrara, lo que él וְסָגַ֖ר cierra nadie lo פֹּתֵֽחַ abrirá” (Is 22, 22), o, con mayor explicites, como lo dice Jesús: “lo que δήσῃς ates en la tierra, quedará δεδεμένον atado en el cielo, y lo que λύσῃς desates en la tierra, quedará λελυμένον desatado en el cielo” (Mt 16, 19). He aquí la trascendencia de la Misión. Las obras de aquí, resuenan con intensa repercusión en el Allá; no son dimensiones ajenas, excluyentes y disyuntas sino planos resonantes de la realidad-una que es la vida-empezada-aquí–continuada-Allá. Esta potestad ha sido entregada en la persona de San Pedro a la Iglesia. «Atar-desatar expresa entre los rabinos la totalidad del poder, bien sea el de prohibir y permitir (=establecer reglas), bien el de condenar y absolver (=excluir de la comunidad y admitir en ella). El poder de las llaves confiado a Pedro, pero también al conjunto de la comunidad (Mt 18,18) es por tanto un poder espiritual. Lo que constituye su peso es que Dios lo ratifica.»[3]


 

Así pasamos en el Evangelio de San Mateo a la Segunda Parte (Discurso Eclesial), capítulos 16 a 28, que se ocupa de la Comunidad, de su construcción, del cuidado especial de los discípulos para poderles encargar la obra continuadora. Desaparece de escena la gente y, permanecen –como co-protagónicos- los discípulos y los contradictores. San Pedro, toma la voz –a nombre nuestro- para declarar que Jesús es el hijo del Dios-vivo.

 

De esta manera y con esta declaración Jesús deja de ser un salvador en solitario, para comisionarnos portadores de la salvación, hijos de Dios porque somos hermanos de Jesús Cfr. Mt 12, 49-50. Es así que al ser Iglesia, al hacernos Comunidad de fe, nos remangamos y nos ponemos manos a la obra. Ser “hermanos de Jesús” no es un título bonito para estamparlo en la camiseta, es una Misión. No nos reducimos al aleluyatismo estéril, sino que, poniendo los pies fuera de la barca, empezamos a caminar con los ojos fijos en Su Rostro. Sólo así, confiados en la firmeza de Su Mano que nos coge antes de hundirnos, que nos salva, para que salvemos, que confía en nosotros y nos encarga sus Llaves, podremos reconocerlo Señor y Dios nuestro, podremos identificarlo como el Mesías.

 


«Aparentemente la fe consiste en suscribir unas verdades teóricas, especulativas e ideales. Pero hay un gran peligro de querer reducir la fe a una ciencia puramente nocional y muchos parecen no superar este estadio. Contra esta posición esterilizante se ha reaccionado afirmando de infinitos modos que la fe es un compromiso,… la fe será inserción en este mundo o huida de él, o las dos cosas a la vez… No existen, pues, dos clases de fe católica: una mística e interior y otra comprometida y conquistadora. Es la misma fe teologal que a la vez busca a Dios e irrumpe en el universo para mejorarlo en su mismo orden... El compromiso temporal pone a prueba la fe, pero también pone al descubierto su autenticidad y sinceridad. La Iglesia cree hasta el punto de querer que sus hijos trasformen las instituciones deficientes, reformen el mundo, lo dispongan y abran en lo posible, a su destino total... nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos, empleándola en el esfuerzo sin desfallecimiento, por un mundo mejor. Esta continua presencia en el mundo es una viva confesión de la Verdad de la Caridad: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis caridad unos para con otros (Jn 13, 35).»[4]

 


No vayamos a empezar el revés, declarándolo Mesías, Él nos ordenó no hacer esto. Lo que nosotros tenemos que saber hacer, son buenos nudos, que no se deshagan a la primera; pero, también tenemos que saber desatarlos, quizás esto más que aquello. Quizás en el pasado hemos dedicado mucho esfuerzo en el “curso de nudos”. Preguntémosle a Pedro (a Papa Francisco, a nuestros Obispos y a los demás Pastores), ¿cuáles estamos llamados a disolver?



[1] De Bovis, André. s.j.  LA IGLESIA, SACRAMENTO DE JESUCRISTO. http://www.mercaba.org/FICHAS/IGLESIA/

i_sacram_de_JC.htm

[2] Martini, Carlo María.  LA IGLESIA UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2005. pp. 14-16

[3] Le Poittevin P. Charpentier, Ettienne. EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO. Ed Vebo Divino. Estella

-Navarra 1999. p. 51

[4] De Bovis, André. s. j. FE Y COMPROMISO TEMPORAL. En SELECCIONES DE TEOLOGÍA Tomo II Facultad de Teología San Francisco de Borja. San Cugat de Vallés-Barcelona. 1963 pp.296-300

Sábado de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario



Rut 2, 1-3. 8-11; 4, 13-17

¿Cómo cuida Dios de sus amigos? En el Antiguo Testamento nos dio la Ley. En ella plasmó lineamientos muy claros que lo muestran como Pastor Cuidadoso y Tierno que guarda a sus ovejas, las abriga en el redil y permanece alerta contra toda amenaza que pueda cernirse sobre ellas.

 

En particular aquí -en la perícopa- se aplica

a)    La ley del Go-el

b)    No agotar el campo al recoger la cosecha

c)    El levirato como regulación protectora de las viudas.

 

El go-el גָּאַל [goal] “pariente protector”, “padrino”, “redentor”, (véase Rut 2, 20de), se trataba de la persona que -siendo un pariente cercano- estaba llamada a revirar en defensa, pagar la deuda, que se salía de sus posibilidades o amortizar el compromiso para evitar que la persona fuera reducida a la esclavitud, en ese sentido era “redentor” propiamente dicho.

 

En el Lv 19,9-10; 23.22; y en Dt 24,19 se estipulaba no recoger toda la cosecha hasta dejar ninguna espiga por ahí; al contrario, se recomendaba dejar algunos manojos -especialmente- pensando en los huérfanos y las viudas; al obrar así, los campesinos estaban recordando la Voluntad de Dios y proveyendo por su medio según la Divina Voluntad. Recoger el residuo de la cosecha era un derecho legitimado en la Torá, que amparaba a los pobres.

 

El levirato (levir, “cuñado”) -véase Dt 25,5-10- es literalmente el matrimonio con el cuñado, más concretamente con el hermano del marido. Con dicho término se denomina a la costumbre o ley que contempla el matrimonio entre una viuda, cuyo marido ha muerto sin tener descendencia, y un hermano de aquel hombre. El hermano toma como esposa a la viuda con la intención de engendrar hijos, el mayor de los cuales, al menos, será considerado descendiente del fallecido. (Dt 25, 5-10).

 

Articulando el cumplimiento de estas Leyes, Rut llegó a tener un hijo, fue fruto del Goelato que ejerció בֹּֽעַז [Boas] “Booz” que significa “fuerza”, “firmeza”. La gente lo veía como el “hijo de Noemí”. Lo llamaron עוֹבֵ֔ד [Obed], “adorador” es un nombre que significa “fiel”, “siervo, “servicial”. Booz y Rut fueron los padres de Obed, Obed fue padre de Jesé y, a su vez, Jesé fue el Padre de David. Rut la moabita, se insertó así en el linaje Davídico y llegó a ser su bisabuela.

 

Sal 128(127), 1bc-2. 3. 4-5

Este es un salmo Gradual, subir al Templo era un proceso “gradual”. Se sube como por “estaciones”, estos “pasos” se asocian y se homologan con una vía de crecimiento en la virtud, hay que cumplir una suerte de ritual de purificación y de liberación espiritual e irse desprendiendo de pesados fardos que obstruyen el crecimiento moral.

 

Sentimos, sin embargo, que este proceso ha perdido de vista uno de sus más piadosos factores; se ha reducido a una ascesis enteramente personal, y se ha desconocido algo que se veía muy claro en las procesiones, y, que era muy patente en la subida peregrinante al Templo de Jerusalén: La sinodalidad.

 

Una fe personalista, está excesivamente penetrada del talente individualista de nuestra “ideología hegemónica”. Hay diversos discursos justificatorios para defender este enfoque en el que caminamos juntos, pero cada uno va sólo, sumido en la indiferencia respecto de su prójimo. ¡Se diluye totalmente la sinodalidad!

 

Uno de esos “relatos” muy blandidos es el de que sólo cada uno conoce su propia situación, el o los pecados que más acosan su vida y amenazan su progreso espiritual, cosas que nadie puede saber y que caen enteramente en el territorio de su privacidad; en fin, que somos muchos, pero cada loco con su tema. No somos confesores, pero que me digan los sacerdotes si no hay una especia de connivencia y confluencia de pecados y procesos ascéticos en cada comunidad.

 

Creemos que hay un cuarteto de focos que pueden inspirar el trabajo de “elevación” y “purificación” en el contexto comunitario, construyendo koinonía: a) el momento litúrgico que vive la Comunidad; b) la salida de Egipto con todo lo que implica de “desierto”, de romper con las cebollas y las ollas de carne y el cambio, al reducir la dieta a la situación de tener que comer sólo maná y perdices; la subida a Jerusalén desde Babilonia, con el eje unificador de la “reconstrucción”; y, último -pero nunca menos importante- la consciencia de ir subiendo hacia la Nueva Jerusalén que viene a nosotros como Don y Victoria de Dios.

 

El salmo de hoy nos entrega un dulce ejemplo de temas comunales para recorrer sinodalmente la Subida gradual:

1)    El temor de Dios como actitud piadosa que -lejísimos del miedo- es gratitud y anhelo de acercarse y crecer en Amistad y Projimidad.

2)    Gratitud por la familia, sea cual sea el trance que atraviesen en bonanza y dicha, en padecimiento o escases, teñida por la enfermedad o el luto, en crisis o ya en franca disolución; la familia siempre será un permanente tesoro, incluso cuando se ha disuelto. En ella se ha aprendido a amar y en ella se han cultivado nuestros más tiernos capullos de sensibilidad y ternura.

3)    Que, desde la Nueva Jerusalén, como una promesa para un futuro no tan remoto, esté el brillo de Jaspe de una ciudad tan radiante y resplandeciente porque la Lámpara que la ilumina es la Luz de Cristo, y nuestros ojos por su Misericordia, llegaran a verla.

 

Mt 23, 1-12



En medio de la cultura del espectáculo, del reflector, de los “realities”, de los programas de concurso y las telerrealidades, así como la política ventrílocua y la manipulación mediática ¿cómo se puede desdeñar la preocupación por la imagen, por los gestos ampulosos, por los desplantes cínicos?, si todo esto está embalsamado precisamente por el culto a la personalidad. ¿Cómo evitar que estemos muy afanados por el qué dirán? ¿Qué se podría hacer para que la fe no se pierda entre todos estos vericuetos terminando por degradarse en puro show?

 

¡Con razón pulula tanta desconfianza! Muchos “predicadores” velan más por la imagen que por la solidez del mensaje, para muchos la fe debería lindar con el espectáculo circense o, por lo menos, apropiarse de los mejores recursos del espectáculo y de los grandes conciertos. Hay una flagrante sustitución de la fe por el estruendo y los reflectores, la fanfarria y el alboroto.

 

A estas alturas, los escribas y los fariseos han tenido que ceder sus puestos a las luminarias del entretenimiento y a los magnates del show. Quiere decir que la humildad quedó desplazada, ¡no, y mil veces no!

 

Lo que quiere decir es que, de la humildad no se hace tele-realidad. Las categorías de la fe no se emparentan con las prestidigitaciones lúdicas. Hay que hacer desaparecer la angustia que se cierne sobre muchos “preocupados” por el futuro de la Iglesia, y no desbocarse tratando de equipararse para alcanzar a sentarse en los “primeros puestos”.

 

Los mass-media tienen nuevas estrategias, pero nosotros, no estamos interesados en aprenderlas ni en competir con ellas. No vamos a caer en la trampa. El parámetro que nos ha fijado Jesús no tiene nada que ver con su superficialidad. Donde está le médula de la vida está el servicio, el amor, la ternura, la comprensión, la fraternidad; y si se procura continuar este elenco, se ve como la vida va taladrando la superficialidad y nos reclama cada vez un más hondo compromiso de sensibilidad humana: Humano-integral.

 

Ellos pueden alongar hasta el infinito las filacterias. Pueden alzar sus tarimas como Torre de Babel, pueden -porque su concepción farandulera de la fe los obliga- contratar the best amplified professional horn-speaker para lograr aturdir hasta el último rincón del Coliseo y retrasmitir -de modo que nadie se lo pierda- el postrer gemido del gladiador derrotado; pero ese no es nuestro problema, ni como personas, ni como comunidad de fe.

 

Recomendaciones prácticas, muy actuales: no se hagan llamar “maestros”, no llamemos a nadie “padre”, “ni jefe”, ni “patrón”, no subamos a nadie a la jerarquía de “director”. Muchas dinámicas empresariales dependen de estos títulos y jerarquías, tristemente en su dinámica ponen en juego la estabilidad laboral de los subalternos. Si no queda más remedio, usémoslas, conscientemente, recordando que Uno solo es Maestro y nosotros todos somos “hermanos”; que Padre es el del Cielo, y que el Único verdadero Director es Jesucristo. Lo que Jesús quería superar y a la vez cuestionaba eran los modelos patronales del clientelismo romano y las magisteriales de los rabinos que se daban en las escuelas rabínicas. ¿Qué es lo que a nosotros compete? La fraternidad, la solidaridad, el servicio entre hermanos, la vivencia y la práctica del respeto, el amor, de la comprensión y el perdón. Nosotros también hemos sido permeados por modelos no solo machistas, ultra-patriarcales y aristocráticos que estamos llamados a desechar.

 


No hagamos de la humildad otro concurso, ni de la santidad un reality. Y si alguien logra tocar la santidad mejor o más rápido que nosotros, alegrémonos porque descubrieron vías más ágiles y eficaces. Quizás, y no por competir, imitemos esos caminos que lleven más cerca de Dios 8sin pagar derechos de autor, que gratis se nos dan y gratis hemos de compartir), y -sin reatos de vergüenza- reconozcamos que su luminosidad nos hará bien, porque todo lo que Dios regala es carisma, traduzcámoslo: virtud que sirve a todos y no a uno.

 

Pero si lo que te anima es otra cosa, creo que la participación en el Juego del Calamar tiene inscripciones abiertas. Pero, eso es algo totalmente distinto a lo que Dios nos propone y a lo que al pueblo de Dios preocupa.