jueves, 30 de noviembre de 2023

SAN ANDRÉS



Rm 10, 9-18

La salvación depende de dos factores

a)    Aceptar que Jesús es mucho más que un hombre, es un hombre, pero además es El Señor.

b)    A Jesús lo mataron en la cruz, pero Dios no permitió que la muerte dijera la última palabra; Dios mismo pronuncio la Palabra Final y Decisiva: Resurrección.

 

Que uno atesore en su corazón la fe, sin dejarla salir, es como tener una oruga adentro, dormida. Esta -en esa fase- apenas “justificado”. Pero cuando se pronuncia y se exterioriza, se vuelve activa, comunicante, expande su efecto Resurreccional: se vuelve Salvación.

 

Nosotros hemos introducido aquí un punto y aparte. No lo hace así San Pablo en Romanos, sino que él, sin suspensión de la continuidad, pasa a anunciar que todo tipo de fronteras y diques de contención se revientan; ya no hay barreras discriminatorias, la que era la condición sine qua non para ser del pueblo de Dios, queda diluida, y pasa a convertirse en una generalización: No hay distinción entre judío y griego porque Uno mismo es el Señor de todos y Él es Generoso con todos los que pronuncian su Santísimo Nombre. La Salvación es una Fuente abundante que se diría inagotable.

 

¿Cuál es el problema de la “privatización” de la fe? Que la fe se queda allí, inmóvil, encarcelada en la jaula de la “individualidad”, reducida e impotente. La parábola con respecto a la metamorfosis de la mariposa se valida con mayor rigor, puesto que clausurada en la cárcel del ego, se queda infructuosa y anulada: nace con las alas atrofiadas, ¡no puede volar!

 

a)    Para creer es necesario que nos alcance la Revelación

b)    La Revelación se vehiculiza por medio de la proclamación

c)    Quien va a proclamar si no hay quien los envíe: del latín “inviare”, poner en camino.

d)    La proclamación siembra las semillas de la fe y -cuando germinan- entonces llegamos a creer

e)    Solo creyendo se puede producir la invocación (epíclesis).

 

El apóstol, en el contexto de la fe, tiene los pies más hermosos que quepa imaginar, porque son los pies del que va recorriendo todo el surco y poniendo en él las semillas.

 

Las parábolas del sembrador nos han enseñado que poner la semilla en tierra no lo es todo, que hay tierras ásperas, abrojosas, que a veces la semilla se la llevan los pájaros, y a veces las quema la intensa resolana.

 

¿Hay rincones donde la voz del apóstol no ha llegado? ¿Hay, todavía, territorios silvestres y agrestes, donde no ha resonado aún -así sea sólo entre las piedras- la voz de algún Enviado? La tarea está por completarse. No podemos desentendernos de aquellos sitios que -por la razón que sea- no conocen todavía a Jesús, no han oído pronunciar su Santo Nombre.

 

Pero allí donde se ha llegado, ¿han aceptado todos la Feliz Noticia? Hay ciegos, hay sordos, hay personas que no hablan este idioma, personas que sólo conocen la dureza o sólo aceptan la divinidad según una limitada y tradicional presentación.

 

Hay que trabajar y hacer realidad la consigna que propone el Salmo: A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Que nadie pueda decir: ¡No me lo han Presentado!

 

Sal 19(18), 2-3. 4-5

Hay que anunciarles a las piedras, a las paredes, a las arenas del desierto, a los arboles de los bosques y a las olas del mar, sería inútil y un autoengaño esperar que medios mecánicos se ocuparan.  Hay algo en la voz humana que es la única capaz de hacer esta labor.

 

A veces hemos creído que podemos juntar muchedumbres para agilizar la labor misionera, llenar estadios y llegar a la vastísima teleaudiencia, para lograr la eficiencia de la “producción en serie”, y adaptarla al anuncio evangélico. Decimos que hay que usar todos los medios habidos y por haber, y no lo vamos a contradecir. Pero de cierto que -en este campo, el “tú a tú” tiene una vigencia incomprensible y una eficacia que ningún otro medio ha probado.

 

Pero, en la segunda estrofa hay otra pauta que bien vale la pena pasar a considerar: dice que, sin pronunciar palabra, sin rasgar el silencio, el pregón cumple su cometido: ¿quiere esto decir que la evangelización -que según San Juan Pablo II debe buscar ser nueva en métodos, nueva en expresión y nueva en ardor, debe buscar los canales de la acción más y mejor que los discursivos… ¡Meditémoslo muy seriamente!

 

Pero el objetivo se propone claro y contundente: “A toda la tierra alcance su pregón”.

 

Mt 4, 18-22



Este Evangelio quiere hoy cuestionar los apegos, las rutinas, y proponernos la disponibilidad. Pero también contiene un elemento de definición relacional que dice de la cercanía personal, de ese “tú a tú” que se desplaza en el pentagrama del amor.

 

Llama por parejas, el significado del “par” nos dice mucho: ya desde el Génesis tenemos aquella pauta: “No conviene que el hombre esté solo”. Pero tampoco responde a la tarea específica, los densos equipos de muchos miembros, donde unos entraban a otros en la vía y se les convierten en rémoras. Entonces el andar se hace pesado, los equipos se vuelven grupos de debate y nichos de incomprensión

 

Prioriza aquí lo que más necesita: hombres expertos en la pesca. La pesca siempre requiere paciencia, espera, resistencia a la frustración, la comprensión que no todos creerán, que habrá días en que no se recoja nada, o sólo muy poco. No sufre de inmediatismo y no puede garantizar la abundancia. (También habrá jornadas consagradas sólo a repasar el copo).


 

Nosotros decimos que Jesús es trasparencia del Padre, pues los pescadores que lo siguieron, abandonando todo lo que usualmente hacían, irán poco a poco entendiendo que, en Él, les habla el Padre. Abandonan su Padre biológico para irse detrás del Padre Espiritual.

 

Siguiendo la reflexión que iniciamos en el salmo, Jesús no les enseña con la Palabra, sino con la vida.

 

Muchas veces se llama a Pedro por su nombre en arameo, Kefas, que significa “piedra”, “cabeza”, “el que va a la cabeza”, pero también “cabezota”, “cabeza dura”: Cuántos de nosotros hemos sido así en el ejercicio del apostolado? Y, ¡cuánta paciencia nos ha mostrado Jesús!   

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Miércoles de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


Dan 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28

Belchazar (Bel Char Assur) fue el último rey de babilonia. Después de él vendrá el imperio persa y hará su entrada en escena el famoso Ciro. (Valga aclarar que Nabucodonosor reinó entre el 604 y el 562 a. C y BelCharUssur reinó entre el 549 y el 539 con la toma de Babilonia por Ciro el Grande).

 

Encontramos a este rey, rodeado de toda la nobleza, en un gran y opíparo banquete donde el rey -ya bastante entrado en copas- manda traer los vasos sagrados que había hurtado del Templo de Jerusalén, consagrados a YHWH, para mancillarlos bebiendo y brindando en honor de las estatuillas de oro, plata, bronce, hierro, piedra y madera de sus ídolos. Historiadores como Heródoto y Jenofonte (en griego clásico se llamaba simplemente Jenofón), documentan el carácter orgiástico de estas celebraciones.

 

Allí fue cuando, en la semipenumbra, una mano empezó a escribir, sobre la pared, se apeló a los “sabios” (ya se dijo que se les decía así a los magos, nigromantes, y astrólogos que formaban el consejo asesor del gobernante -algo similar, y claro que la comparación no se debe leer a la ligera- como un irrespeto hacia los comités asesores de hoy en día-, que están integrados por “sabios”, pero de otras disciplinas bien diversas, como son la economía, la estadística y el derecho; pidiéndoles que interpretaran la situación en curso. Nadie lo hacía.

 

En aquel momento irrumpió la “reina” que le recordó a Belchazar, que, en los tiempos de Nabucodonosor, había un célebre judío oniromante, e hicieron venir a Daniel y quien le ofrecieron esta vida y la otra a cambio de dar su פְּשַׁר [peshar] interpretación de lo que sucedía con aquella escritura mural y descifrara su significado.

 

Daniel le dijo: “Quédate con todos tus מַתְּנָא [matena] “sobornos”, y dáselos a otro, Leeré lo que está escrito y lo pondré de manifiesto a su consideración”: Porque había profanado los vasos del Templo, ha sido enviada la mano que escribió: «Mene, Tekel, Peres» que quiere decir “medido, siclo. Mitad”; nos hemos acostumbrado a traducirlo como “contado, pesado y dividido”, pero es más exacto pensar que es una alusión a la progresiva decadencia de los imperios sucesivos: “babilonio, persa y medo”, es, otra alusión análoga a la de “oro, plata y bronce”.

 

El simbolismo que allí se anida lo decodifica con precisión Daniel: “Dios ha contado los días de tu reinado, les ha señalado un final. Ha pesado en la balanza tu “levedad” y apunta hacia la desintegración en pedazos de su imperio que será repartido entre los medos y los persas.

 

La profecía muralizada por la Mano hablaba de un supuesto poderío, reducido a polvo como escarmiento y correctivo por la profanación de lo que es Santo. Agachémonos, por un momento a mirar el reflejo de nuestra sociedad en el agua y veremos cómo pateamos y escupimos lo Sagrado, victimas insolentes de nuestra propia altivez.

 

Sal Dan 3, 62a. 63a. 64a. 65a. 66a. 67ª

Cuando un día, nuestra torpeza se alcance -por fin- a superar, cuando la voracidad cruenta que desparramamos con exuberancia entre todos los pueblos de la tierra, dimensione por fin su insignificancia e intrascendencia; entonces, no nos uniremos a gesticular como lo hacen los simios, su beneplácito en aplausos, sino que sabremos dar expresión a nuestra reverente y devota admiración a los Divino, con una coral -cuyos antecedentes estarán en los magníficos coros conventuales que loan al Señor con sus afinados canticos, buscando la paz, conviviendo en armonía, desarrollando la fraternidad, refinamientos melodiosos brotados del corazón y no pronunciados por la lengua torpe de los bajos y elementales impulsos.

 

Toda criatura cantará bendiciendo, y magnificando su perdurabilidad a través de todas las edades. Todo lo que corrompe la dignidad humana se vendrá estrepitosamente abajo, porque el ser humano no tiene por qué ser lobo para el hombre.

 

Lc 21, 12-19

No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.

Lc 12, 32

 



Muchas veces nos parece natural y muy lógico, pedir a Dios que “me conceda” las virtudes cristianas, ¡a mí, que estoy llamado a ser “santo”! Y, a los demás “que se los coma el lobo”.

Esto está emparentado con aquella cita bíblica (Lc 18, 10-13) que ve el asunto de la fe desde una perspectiva egocéntrica.

 

También, como en las películas del lejano oeste, llevan dos pistolotas, una a cada lado, para desenfundar con asombrosa presteza y disparar. ¡Ideología, ideología! Es su más contundente recurso contra cualquier cosa que se diga, si no cuadra con su “tradicional” cantinela. Un elemento esencial de la sinodalidad es poder entender la fe como comunidad, no como individualidad, como Iglesia; pero aceptando que hay interpretaciones tradicionalistas que la propia Iglesia está trabajando para re-colocar en una perspectiva más precisa.

 

Hacer un vivo esfuerzo por captar la Enseñanza de Dios, y en particular la de Jesús, desatándonos de perspectivas que nos impiden adentrarnos en el Mensaje. Y no se trata de acomodar la Escritura para hacerla decir lo que “yo quiero”. Tenemos que trabajar cooperativamente y, aplicadamente, libres de ataduras y, especialmente libres de cerrazón. Un verdadero estudio bíblico, y que Dios nos ampare del relativismo de querer forzar y acomodar nuestra interpretación. Para que la Iglesia sea Una, no necesita uniforme, no abandona la sinodalidad para refugiarse en el maltrato del otro, que -según ellos- no es más que un “idiota”, no se necesita -de ninguna manera que los prepotentes acaparen y monopolicen la Palabra bajo la tutela de su “bolillo”, y se atraviesen el brazalete de su consigna “así como lo digo yo, así es”; pero tampoco que nos conformemos con el “usted piense lo que quiera, pero yo aquí lo que entiendo es, lo que a mí me provoca”. Tenemos que recorrer el camino de la fraternidad y no desenfundar el arma para disparar con la una, balas de “Ideología, ideología”, y con la otra, los plomos de “idiota, imbécil”.

 

¿Quiere usted saber que es anti-cristiano? Imponerse maltratando y ridiculizando al “prójimo”. Ofender y caricaturizar es un juego sucio que en el marco del discipulado no podemos darnos el lujo de aplicar.

 

¿Cuál es el valor que Jesús nos propone en la perícopa de hoy? Lo encontramos en el verso Lc 21, 19: ὑπομονή [hypomoné] “perseverancia”, que para nosotros en español significa simplemente “constancia”, con una connotación de “conservadurismo”, de “disco rallado”. En griego -teniendo en cuenta su etimología, hypó, "debajo" y ménō, “soportar", su significado está directamente emparentado con lo que nos ha venida proponiendo la Primera Lectura (tomada del Libro de Daniel), de saber conservar nuestra fe, viviendo en un mundo que tiende en otra dirección. Conservar la fidelidad a la Alianza. Y quisiera destacar que muchos traductores ponen en vez de ὑπομονή “sufrir”.

 

Insertemos, entonces, una cita del Carlo María Martini: “Quién no sufre, al hacer el bien, tentaciones de repugnancia, de disgusto? ¿Quién no se siente a veces atado por la timidez, sobre todo en situaciones públicas difíciles? Con frecuencia el miedo nos impide hacer lo que sabemos muy bien es lo justo, o no nos permite hablar. Preferimos usar términos como “conformismo” y “respeto humano”, pero en realidad, se trata de miedo.

 

Nos dice la perícopa que mediante la ὑπομονή salvaremos nuestras vidas, la integridad de nuestro ser, de nuestra personalidad. Y esto es fundamental, viniendo de Jesús, que nos presenta unas opciones realistas: Que nos echaran mano, que nos entregaran a los tribunales eclesiásticos y civiles, que nos harán comparecer ante los poderosos de la tierra, pero no con la visión pesimista de ¡terrible, mejor dejemos así!; sino como la oportunidad incomparable de loar su Santísimo Nombre.

 

“No hay justicia sin esa capacidad de resistir el desgaste diario que se da en nuestro contexto, sobre todo en una sociedad muelle, débil, miedosa, en la cual la gente se asusta frente a la primera dificultad, en el estudio, en el trabajo, en la vida conyugal, en la vida comunitaria”. Así que esta perícopa, no se puede entender de otra manera que como el blindaje que nos entrega Él para resistir las pistolotas que atruenan y no cejan: Lo que nos dice es ¡no desistan! ¡no abandonen! ¡sigan firmes tras de Mí!

martes, 28 de noviembre de 2023

Martes de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario



Dan 2, 31-45

Ya dijimos que este Libro estaba escrito -no solamente en hebreo- sino que una parte importante está en arameo, esta sección aramea va dese 2,4b, hasta 7,28. Lo que significa que la perícopa de hoy está tomada de la sección aramea.

 

La perícopa que se proclama no abarca los antecedentes del suceso:

En los versos 1-12 se cuenta que Nabucodonosor tuvo un sueño, un sueño que lo abrumó, pero que, a pesar de eso, él no podía recordar. Entonces llamó a sus adivinos-asesores (לַֽחַרְטֻמִּ֜ים וְלָֽאַשָּׁפִ֗ים וְלַֽמְכַשְּׁפִים֙ son tres categorías que en aquella cultura eran tenidos por “sabios”: [chartom] “magos” [ashshaf] “nigromantes” [kashaf] “hechiceros”) y les dijo que tenían que revelarle su sueño, pero esto, claro, era imposible. Entonces, Nabucodonosor resolvió que estaba rodeado de una satrapía de embusteros, que de adivinos no tenían nada y los condenó a muerte (nótese esa intensa arbitrariedad del gobernante, lo que su arrebatado capricho le dicta, eso lo conduce).

 

La segunda parte de la historia se presenta en los versos 13-45. El jefe de la guardia real que se llamaba Arioc iba ya a ejecutar a todos los sabios babilónicos, cuando Daniel lo interpeló y preguntó porque se había dado un decreto tan severo, fue y pidió al rey un aplazamiento de la sentencia y se reunió con sus tres amigos y oraron a Dios para que les manifestara el sueño aquel y salvar su vida no pereciendo al lado de los sabios babilonios. Y así fue, aquella noche, en un sueño, recibió la revelación de todo lo que el rey exigía saber. Los versos 20-24 contienen un himno-oración de gratitud a Dios por haberle revelado el asunto que el rey pedía. Luego fue a buscar a Arioc, abogó por la vida de los sabios y se hizo conducir ante el rey para hacerlo reconocer que aquella exigencia por él planteada era un imposible para sabios y adivinos y sólo Dios la conocía y la podía manifestar, porque Él todo lo sabe. Aclara, -punto seguido- que no se puede entender el asunto como que Daniel tiene un poder especial y superior, sino que Dios le ha entregado este secreto para contener la ira caprichosa de Nabucodonosor, que contiene la profecía de lo que sucederá en el “final de los tiempos”.

 

Viene la descripción del sueño, que se trataba de una estatua con forma humana: de oro, por arriba, más abajo de plata, luego de bronce, piernas de hierro, y los pies de hierro y barro mezclados. Vino una “piedra” -no arrojada por mano humana- que golpeó los pies de la estatua, dando en tierra con toda ella, y reduciéndola a pedazos. La “piedra” creció, creció y se trasformó en una Montaña que ocupaba toda la tierra.

 

En el verso 36, inicia el desciframiento del sueño, que figuraba los sucesivos reinos, empezando por el de Nabucodonosor -la parte de oro- y luego los distintos imperios -quizás aludía a los medos, los persas y los griegos llegando hasta Antíoco Epífanes- que se sucederían, uno tras otro; todo esto preparaba el advenimiento de un Reino que no tendrá fin, y que sucederá como conclusión del proceso histórico. Esa es la piedra (Piedra Angular, que crecerá como un Calvario y que reinará emanando de la cruz), destruirá (con una destrucción no destructiva sino creativa, Redentora) los demás reinos y que perdurará por los siglos de los siglos.

 

(Viene la última parte, el epílogo triunfal de Daniel vv. 46-49) Nabucodonosor reconoció la grandeza del Dios de Daniel, lo colmó de honores, lo constituyó gobernador de Babilonia y lo puso a la cabeza de todos los magos, sabios y adivinos, Daniel le propuso entregar el encargo de la gobernación a sus tres amigos y él se quedó al servicio de la corte.

 

Sal Dan 3, 57a. 58a, 59a. 60a. 61a

Recordamos que este Salmo -que no lo es propiamente- contiene el himno de gratitud que entonan los cuatro amigos que se salvaron por la acción del Ángel que Dios les mandó para salvarlos del fuego del horno mortal al que los habían condenado por no adorar una estatua que el rey Nabucodonosor había puesto con este fin de exigir vasallaje expresado en adoración a sus deidades paganas.

 

Llama la atención todos los honores con los que rodeo Nabucodonosor a Daniel y sus amigos (en el capítulo segundo), y ahora, (en el capítulo tercero), como que al rey se le “olvida” y procede con total crueldad contra ellos. No es olvido, es lo normal en los “poderosos” que no se sienten obligados por sus promesas de otrora, sino que cambian y acomodan y no son coherentes con sus palabras de ayer, sino que su única coherencia es con su arrogancia, y con el anhelo de hacer relucir su autoridad mostrándose dueños de la vida de sus “vasallos”. (Nos trae a la conciencia a Herodes y Juan el bautista, con quien aquel no tuvo reparos en su admiración y supuesto respeto por Juan, y, sin embargo, prefirió ceder a sus compromisos momentáneos, poniendo por encima de la vida del Precursor, la vanidad de haber ofrecido medio reino por un bailecito con meneo de cadera, y con las intrigas de su concubina).

 

Dicho sea de paso, esta sed incontenible de demostrarse poderoso es lo que hace que con el correr del tiempo pierdan credibilidad y respeto y de oro, pasen a ser de plata, y venidos a menos sólo bronce o latón y terminen mostrando el cobre y el lodo que tiene bien entreverado.

 

En cambio, la Piedra Angular, el Reino Mesiánico, a Él ¡Gloria y Alabanza por los siglos! ¡Porque su Amor es eterno, y es eterna su Misericordia!

 

Lc 21, 5-11



Siempre que nos referimos a las realidades escatológicas se debe recordar que es como “espada de doble filo”. Un filo que termina cortando a los imprudentes que se abalanzan contra ella, no porque ella quiera cortarlos sino porque neciamente ellos se dejan caer sobre su afilada hoja. El otro filo, es -más bien- diríamos como un bisturí. No mata, no hiere, no lastima. ¡Sólo corta lo que está enfermo, lo que daña, lo que corroe! No conoce ninguna agresión, no pretende degollar a nadie, su intención es puramente sanadora.

 

Los anuncios de lo que ha de venir, al final de los tiempos, puede ser temible para los malvados, pero para los justos es un anuncio de enhorabuena. Por ejemplo, los justos, al oír de guerras y revoluciones, no tiene que sentir pánico; Cuando se mencionan terremotos, pestes, hambrunas, los impíos corren a esconderse, reniegan hasta por los codos, argumentan que esas son mentiras, invenciones. Tiemblan de terror, les entran los escalofríos por todos los poros y todo su ser se revuelca en su incapacidad de conversión.

 

¡El templo no es el que se salva! El templo puede que resplandezca y reluzca al final -no olvidemos que en la Nueva Jerusalén no habrá Templo (porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo)- todo el Reino será Templo, porque el corazón de todos allí será pura Alabanza, pura compenetración con la Gloria, sólo ensalzamiento.

 

Entonces ¿qué hay que hacer? Dedicarnos a abrillantar el corazón, tener viva y clara conciencia que cada uno de nosotros es Templo del Espíritu Santo. Y -así nos lo advierte el sabio popular- “no dejes para mañana…” empieza ahora mismo a frotar y pulir con diligencia.

 

Cuando el pensamiento está desfasado, está desviado, está desenfocado, cuando nuestra espiritualidad está torcida, nos afana el día y la hora. Nos inquieta saber el momento exacto para comprar un tiquete a Júpiter y salir corriendo de aquí. ¿Por qué y para qué preocuparse de algo que no podemos cambiar, de algo que tiene que ser en el momento correspondiente y frente a lo cual no tenemos ninguna competencia? ¡es evidente que sólo importa saber algo, cuando ese saber nos conduce a responder encaminadamente!; de otra manera, es como saber cuántos átomos forman un copo de algodón de azúcar… ¿para qué me servirá ese dato? De ahí solo podemos inferir que estoy preocupándome de algo que no redunda en nada.

 

Pero yo mismo, articulado con mi comunidad (sinodalmente, porque nadie se salva solo), si tenemos una labor espiritual trascendental: orar y hacer todo el bien que nos sea posible, en el Santo Nombre de Dios, para Glorificarlo, para Testimoniar su Grandeza, su Infinita Misericordia.

 

Es como Nabucodonosor, estaba tan desorientado en su vida que vivía y dependía de magos y adivinos, para saber que -en resumidas cuentas- su fasto y su brillo, con el correr del tiempo resultarían sepultados por una Montaña, la Montaña de la Verdadera Victoria, de la Gloria. 

lunes, 27 de noviembre de 2023

Lunes de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario



Dan 1, 1-6.8-20

Podemos partir -con bastante confianza- de la hipótesis con la que vienen trabajando las investigaciones recientes que se basan sobre la idea que este libro se escribió entre los años 167 al 164 a.C. y que está escrito básicamente en dos lenguas, hebreo y arameo. Sin embargo, hay apartes que fueron escritos en griego, y que significarían adiciones posteriores que tratamos como deuterocanónicas.

 

En cuanto al género, es cierto que una parte es bastante histórica: que sería la constituida por los capítulos 1-6. Y, una parte profética, de visiones y sueños que abarcaría los reinados de Baltasar, Darío y Ciro, son los capítulos 7-12. Por esta articulación entre lo histórico y lo profético, por su lenguaje y su estilo, tachonado de visiones y sueños, nos hace decir que, el Libro de Daniel queda mejor encuadrado en el marco de la apocalíptica que en el de la “profética”. Luego viene la adición en griego formada por los capítulos 13 y 14. Ha de decirse que, inserto en la parte histórica, está el capítulo 3, que también fue escrito en griego donde se cuenta lo sucedido a los jóvenes que fueron pasados al horno por no obedecer su obligada aceptación y culto a los ídolos y divinidades que los gentiles adoraban, que es lo mismo que decir, por la fidelidad a sus costumbres y creencias, fueron sentenciados a morir.

 

Nos da pie para decir que el Libro de Daniel tiene un mensaje de resistencia y fidelidad, a la vez que una fórmula de supervivencia para un pueblo que se vio condenado a la deportación y a vivir en contextos diferentes a los de su fe y su cultura. diciéndoles que se puede seguir y mantener la fidelidad a Dios sabiéndose adaptar, pero sabiendo que su deber es el de la fidelidad a la Alianza expresada en su cumplimiento de la Torah.

 

Cuando iniciamos la inmersión en el Libro de Daniel, la impresión que uno se lleva es que se trata de un Libro Histórico. Empieza contándonos sobre Nabucodonosor y cómo este rey babilonio robo el ajuar del Templo que luego se lo ofrendó a sus deidades juntándolo con otras expoliaciones en los depósitos de su templo pagano.

 

El relato nos muestra que, según el estilo de gobierno de este rey, comisionó a Aspenaz, el jefe de los Eunucos, para seleccionar -de entre los hierosolimitanos exiliados- los jóvenes, de sangre real más bellos en su apariencia física, inteligentes y cultos y los dedicó al estudio de su cultura, y en especial de su lengua; estos cursos se extendieron por tres años como una preparación para pasar al servicio directo del rey.

 

Se nos cuenta que entre estos privilegiados estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías. A quienes Aspenaz re-bautizó con nombres caldeos: Belsasar, Sidrac, Mesac y Abed-Nego. Este cambio de nombres nos dice de un esfuerzo por des-culturar a estos judíos y trasplantarlos a la gentilidad, lo que incluía, recibir su alimento, directamente de las cocinas reales comiendo lo mismo que el rey y bebiendo del mismo vino; el conjunto de estas acciones encadenadas los llevó a su nombramiento como ministros de Nabucodonosor. No sólo se podía sobrevivir, sino llegar a ocupar puestos de relieve, sabiendo cómo mantener su coherencia con su Ley.

 

Vemos que no fue sencillo que Aspenaz, así, de buenas a primeras, les aceptara respetar su dieta Kosher, pero lo aceptó, si demostraban que eso no los iba a menguar su salud , a enflaquecer y a mermar su complexión. Como ellos siguieron rozagantes, les admitió que su dieta fuera sólo de legumbres.

 

 

 

Sal Dan 3, 52a y c. 53a. 54a.  55a. 56a

El Salmo se toma del capítulo 3, que, como se dijo arriba, ese refiere a la tortura de los jóvenes que se negaron a adorar una estatua, que el rey había ordenado reverenciar al sonar una señal de trompetas, debían rendir adoración. Algunos caldeos fueron a delatarlos con el Rey, y los condenaron a ser pasados al fuego del horno, y el horno fue encendido siete veces más fuerte que lo usual, sin embargo, un ángel del Señor, se encargaba de soplar con un aliento refrescante que ahuyentaba el fuego y los envolvía en su protección. Hemos de narrar que las llamas se alzaban veinticuatro metros y medio por encima del horno y súbitamente se abalanzaron sobre la leña y la estopa y consumieron a los torturadores.

 

El salmo se ha organizado con fragmentos del cantico de los jóvenes que alababan a Dios por este prodigio de protección obrado a su favor, tomando sólo la parte a. La parte b, es siempre el estribillo de glorificación, que nosotros repetimos como verso responsorial: ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

 

Lc 21, 1-4



En el capítulo 22 de San Lucas se empieza el relato de la Pasión, muerte y resurrección que abarcaran hasta el capítulo 24. Esta semana nos concentraremos en el capítulo 21. El sábado pasado leímos la polémica con los saduceos sobre la Resurrección. Después, ya empieza un análisis sobre el Templo, su significado, sobre el culto y el sostenimiento del culto por parte de los fieles.  Igual que hoy entre nosotros, costear el culto es parte de nuestro ejercicio de fe, somos nosotros los llamados a financiar todo lo necesarios para el templo y para las celebraciones litúrgicas.

 

La primera observación, todavía contenida en el capítulo 20 es sobre la costumbre de los “letrados” de pasearse exhibiendo sus trajes y ubicándose en los lugares especiales, así como procurando sonsacar la mejor rebanada de las billeteras de las viudas y logrando que les donaran sus herencias y propiedades.

 

Hoy pasa a hacer ver que, hay quienes dan su óbolo con ostentación y arrogancia, por sus jugosos donativos, mientras otros, con gran penuria sólo pueden ofrendar las moneditas más pequeñas, (las de 50 pesos), y Jesús se concentra y admira, invitándonos a compartir su valoración, por los que aportan lo que tienen, porque no tienen más. En una sociedad donde viudez es lo mismo que decir pobreza, dar las dos últimas moneditas, se tenía que leer como un gesto de abandono total en manos de Dios.

 

No se puede dejar de anotar que, a) no se puede pedir que todos den sus últimas dos moneditas, porque Dios no quiere que pasemos necesidades, pero -en último término Él se hará cargo- y b) que tampoco es desdeñable cuando una persona de amplios recursos, sabe sacar de sus expensas para proveer a los más necesitados. Quizás lo muy negativo sea la manera rimbombante de dar, que tiene algunos ricos, que no dan por amor al prójimo y Gloria de Dios, sino para salir en las fotos y aparecer en el noticiario, en el curso de ejercer sus “obras de beneficencia”, y, que de ninguna manera se acuerdan del Otro, ni piensan en el otro.

 

Es importante coordinar esta enseñanza de hoy con aquel apunte explicativo que nos da San Pablo en 2Cor 8, 13:  “No se trata de que ustedes sufran necesidades para que otros vivan en la abundancia, sino de lograr la ἰσότητος [isotetos] “igualdad”, así se ha traducido, pero significa “semejanza”, “proporcionalidad”, o sea, que las diferencias no sean tan abismales. También puede traducirse “ajustado a la ley”, “según lo estipula el derecho”.

domingo, 26 de noviembre de 2023

QUÉ IMPLICA SU REALEZA



Ez 34, 11-12.15-17; Sal 22, 1b-3.5.6; 1Cor 15,20-26.28; Mt 25, 31-46

 

Tu propio crecimiento no puede tener lugar sin el crecimiento de los demás. Eres parte de un cuerpo. Cuando cambias, el cuerpo todo cambia. Es muy importante para ti seguir profundamente conectado con la gran comunidad a la cual perteneces.

Henri Nouwen

 

…nos interpela a dejar de lado toda diferencia y, ante el sufrimiento, volvernos cercanos a cualquiera. Entonces, ya no digo que tengo “prójimos” a quienes debo ayudar, sino que me siento llamado a volverme yo un prójimo de los otros.

Papa Francisco


 

El Rey no es un suntuoso gobernante con corona, sino un simple Pastor: Reconocer a Jesús como Rey, no consiste en salir a ver un desfile para apreciar lo bien vestido, la vida que se dan los reyes, su elegancia, el renombrado diseñador de la capa y el fino joyero que labró la corona. Y, aclamarlo a su paso, y aplaudir hasta reventar los capilares de las manos. Al Rey del Universo hay que acatarlo, escucharlo para obedecerle, y -ante todo- nosotros tan estudiosos de la sinodalidad, ¡seguirlo! El Cardenal Martini nos invitaba a adentrarnos en el Evangelio de este Domingo de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, «haciendo primero una oración al Señor: Te pedimos Señor, que comprendamos estas palabras, que no nos defendamos de ellas, que nos abramos a todo el cambio que exigen en nuestra vida. Te pedimos que las reconozcamos por experiencia; que no solamente las meditemos, sino que vivamos de estas palabras. Tú, Señor, que envías el Espíritu y que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.»[1] y, no encontramos un mejor pórtico para ingresar a esta celebración que concluye el Año de Gracia Litúrgico 2023, porque nos amenaza el riesgo de quedarnos en lo meramente meditativo sin que pasemos a dar carne y vida a toda la implicación sustantiva que nos comunica. Concluye sabiamente esta plegaria, invocando al Espíritu y pidiendo al Señor nos  lo envíe, ya que ese envío y la autoridad, que se requiere, nace del Rey y es Él y sólo Él quien puede ordenarlo. Será, por otra parte, el Espíritu, el Único que puede infundir esa apertura y docilidad necesaria para que podamos –no solamente oírlas- sino experimentarlas, sin rechazarlas con fría dureza de corazón, interponiéndole pretextos y sacando excusas por las muy importantes labores que nos esperan.


 

El Cardenal Martini ve en esta perícopa tomada del capítulo 25, versos 31-46 el fundamento. Y es que San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios, no veía toda la Revelación como una llanura, sino que en ella reconoce unos puntos cruciales que hay que saber jerarquizar, porque, en esas cumbres se halla el Principio y Fundamento. «”Principio”, en sentido lógico, significa la verdadera premisa de que parte una ciencia que propiamente no es deducible ni demostrable; de ella se derivan las otras verdades… es también “fundamental”, es decir, algo que se supone en toda construcción, que está en el fondo y que está implícita en el resto de la reflexión.»[2] Y, hoy, llegamos a uno de esos “Tabores”, donde detrás del rostro de Jesús se pueden descubrir las facciones de otros patriarcas y profetas; y, además, se reconoce la blancura nívea y resplandeciente de sus vestidos que se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, “tanto que ningún batanero en la tierra los puede hacer tan blancos”(Mc 9,3). Nuestro imaginario nos lleva a concebir el atuendo real como ropa de colores, pero esta blancura refulgente, se refiere aquí precisamente a la ropa de Nuestro Dios-Rey. Se hace entrega -para nosotros- de un sólido fundamento. La perícopa de este Domingo servirá de pivote a toda la escatología: «Nuestro destino eterno se juega en la capacidad de ver y amar al Señor en los últimos.»[3]

 


Volvamos con el Cardenal Martini: «En los ejercicios tenemos un hecho fundamental, primordial: fuimos creados por Dios, todo es para Él; nosotros somos para Él y tenemos que llegar a Él. Sigue una propuesta de vida, una elección: es decir, debemos hacernos indiferentes, hasta desear y buscar solamente lo que nos lleva a este fin…. ésta meditación se refiere a la actividad, a lo que hay que hacer… La página de Mateo,… se encuentra sólo en su Evangelio, no tiene comparación con los otros Sinópticos… Ciertamente es un pasaje importante de Mateo, pero también muy difícil y muy discutido. Es una página en la que Mateo acumula los títulos cristológicos: aquí se habla del Hijo del hombre, del Rey, del Pastor, del Señor, del Juez.»[4] «El texto es simple, gráfico y profundo. Jesús es presentado como el “Hijo del hombre”, uno de los títulos predilectos de Mateo. Es una imagen de Jesús glorificado, acompañado de ángeles, sentado en su trono de gloria, ejerciendo su función de juez… Es necesario recalcar que el acento no está colocado en la justicia basada en el principio de retribución (el bueno recibe cosas buenas y el malo cosas malas); sino en la misericordia, en la justicia solidaria, en el amor concretizado y vivido en los más pobres y necesitados. Es un juicio que no viene de afuera, sino de las actitudes internas más profundas. El hombre adquiere la plenitud no por los discursos…, ni por la realización de grandezas extraordinarias; sino por la praxis ordinaria donde el ser humano sea tratado como tal.»[5] Pero, los ejercicios ignacianos no nos piden hacernos indiferentes ante nuestros hermanos, sino –por el contrario- hacernos indiferentes a todo aquello que nos distraiga del otro que –como queremos afirmarlo- es precisamente la transparencia del Otro.

 


Decía el Padre Henri Nowen: “La compasión pide que vayamos donde duela, que ingresemos a los lugares del dolor, que compartamos quebranto, miedo, confusión y angustia. La compasión nos desafía a gritar con los que están en la miseria, a llorar con los que están solos, a llorar con los que lloran. La compasión requiere que seamos débiles con los débiles, vulnerables con los vulnerables e impotentes con los impotentes. Compasión significa inmersión total en la condición de ser humano”. Y el Padre Alberto Hurtado. “Hay que dar hasta que duela… No descanses mientras haya un dolor que mitigar… Yo sostengo que cada pobre, cada vago, cada mendigo es Cristo en persona que carga su cruz. Y como Cristo debemos amarlo y ampararlo. Debemos tratarlo como a un hermano, como a un ser humano, como somos nosotros” «No se necesitan títulos universitarios ni grandes riquezas o poderes. Se trata de tener un corazón solidario, abierto a compartir o a vivir nuestra dignidad de seres humanos, de hijos de Dios. Seremos juzgados no tanto por lo que creamos teórica, filosófica y teológicamente, sino por el amor, la compasión, la justicia solidaria. En saber colocar en el centro al ser humano.»[6]


 

¿Dónde hemos de ir a buscar “la condición del ser humano” que no se quede en una ideologización, en una abstracción?; ¿dónde hallaremos el modelo del hombre, su concreta tipificación? «…si Cristo es nuestro único modelo, cada hombre debe coincidir con Él y en distintas etapas del desarrollo de su historia ser un poco salvador y mesías. Como Cristo: Rey, Profeta y Sacerdote. Como un rey, tiene que tomar posesión de los bienes. Como profeta, debe descubrir la forma de utilizarlos. Y, como sacerdote, tiene que usarlos para una santificación. Es decir, para “santificar a los hombres en la unidad” y hacer de los bienes instrumentos de comunicación y de unidad. Teilhard diría “supercentrarlos” para que sean un medio de unificación y no de alienación»[7]


 

Por eso, leer la perícopa del Evangelio nos remite a poner primero el eje-vital de comprensión: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22, 37-39). Retomemos la idea de la jerarquización, del discernimiento: ¿Qué es lo primero y qué es lo segundo? ¿Qué es lo más importante?

 

¿Qué es entonces lo problemático y polémico de esta perícopa? Los que quieren desconectar y/o amputar uno de los dos mandamientos. Miremos de esos riesgos los que mencionaba Martini:

 

·         Uno de los abusos típicos… es el de querer derivar de esta página una especie de teología del ateísmo. Se dice: estos no han conocido a Dios, pero han hecho el bien; por tanto, no es necesario conocer a Dios, son suficientes las obras. Así se tiene una teología del ateísmo que me parece totalmente contraria al sentido de todo el Evangelio de Mateo.

·         … es una página de la que se podía abusar en el sentido de un total desprecio por el hombre, porque parecería decir: lo importante es hacer algo por Cristo, el hombre es solamente un medio para hacer algo por Cristo; por consiguiente, de esta página se podría sacar un docetismo a la inversa, es decir, lo que importa es la relación con Cristo, el prójimo es solamente un medio, una transparencia… nos saldríamos totalmente del camino, porque el Evangelio tiene un respeto fundamental por la persona humana, que no es sólo una “plataforma” para ir a Dios, sino que en sí mismo es un ser digno de ser servido y amado.

·         Si tomáramos esta página con un criterio de interpretación analítica moderna, se crearían muchas otras dificultades. Por ejemplo, una dificultad que desconcierta, sobre todo para una mentalidad acostumbrada al pensamiento paulino, es que aquí se habla sólo de obras. Parece que basta sólo hacer obras, mientras Pablo nos dice que lo que cuenta es la fe, las obras no valen nada, porque el hombre no es capaz de hacer obras buenas.

·         El trozo tampoco quiere ser un catálogo completo de todas las obras sujetas a juicio, como si fueran solamente las obras de misericordia corporales, dejando todas las otras páginas de Mateo que recomiendan la misericordia, el perdón, la oración en el silencio y en el escondimiento. Sería equivocado sacar de este trozo una especie de catálogo exclusivo de cosas por hacer para salvarse, que en fin de cuentas serían sólo los actos de misericordia corporal.[8]

 

Este trozo es fundamento y es principio porque da dos zancadas infinitas: De lo teológico llega a lo escatológico y de lo escatológico a lo ético: «La ética se basa en la escatología. El hombre es tal porque obra razonablemente, por un fin que se desea… El fin del hombre es llegar a ser como Dios. El error de Adán no es querer llegar a ser como Él (Gn 3, 5), sino el no saber quién es Él. Se llega a ser como Dios amando porque Él es amor… el juicio final, como todo el discurso escatológico, nos remite del futuro al presente.»[9] Las obras que muchas veces llamamos “buenas” no lo son en sí mismas porque se hicieron por la fama y la apariencia, o por cosechar votos, o por lograr una exención de impuestos. Las obras alcanzaran el estatus de buenas obras cuando se hagan por entera gratuidad, por acogida al hermano, porque en el otro me duele Dios. Estas obras son valiosas porque se hacen conforme al amor de Dios, a su mayor Gloria.

 


«Los poderes de este mundo han desvalorizado al ser humano. Se gastan millones en la carrera armamentista; se derrochan millones en investigaciones científicas y espaciales (que no es nada malo en sí): sin embargo, millones de niños y otros seres humanos se mueren de hambre o carecen de vestido. Los sistemas sociales, políticos y económicos son injustos: mientras unos pocos tienen casi todo, la mayoría necesita lo mínimo. Millones de seres humanos se ven sometidos y obligados a emigrar en busca de mejores niveles de vida. Situación que les acarrea persecución, marginación, desprecio y hasta muerte. Faltan muchos hospitales que puedan atender digna y humanamente a tantos enfermos; las instituciones religiosas, estatales y organizaciones no gubernamentales no alcanzan a ofrecer su generosidad frente a todos los niños desnutridos, de la calle, abandonados, discapacitados, ante tanto joven esclavo de la droga, del alcohol, de la violencia; ante tanto anciano marginado porque es viejo. No solamente falta el pan, también la oportunidad de saber, de capacitarse. No nos alcanzaría el papel para escribir cuanto falta para construir el reino.»[10]

 

«¡Cada uno de los otros es siempre el Otro! … porque el mismo Señor se hizo nuestro prójimo y está siempre con nosotros (28,20) bajo la señal del hijo del hombre (24, 30), la del crucificado que tiene el rostro de todos los pobres de la tierra. Él está siempre con nosotros, presente entre todos los crucificados, sacramento de salvación para el mundo. El amor que tenemos al otro es amor a Dios: me realizo como hijo si vivo como hermano.»[11] Entender, entonces la Realeza-Divina es como mirar las Formas Consagradas, en ellas está –ahora- Presente su Cuerpo, su alma, su Sangre y su Divinidad; en el Rey –escondido tras el rostro de uno de estos, ἐλάχιστος [elachistos] los más débiles (los mínimos)- está Presente el Rey, el Dios y Hombre Verdadero.



[1] Martini, Carlo María. EVANGELIO ECLESIAL DE SAN MATEO. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1996. p.24

[2] Martini, Carlo María. PONER ORDEN EN LA PROPIA VIDA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1999. pp. 21-22

[3] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MATEO. Ed. San Pablo Bogotá Colombia 2da re-imp. 2011 p. 558

[4] Martini, Carlo María. EVANGELIO ECLESIAL DE SAN MATEO. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1996. p.25-26

[5] Chigua, Milton Jordán. PINCELADAS BÍBLICAS DEL EVANGELIO. Ed. San Pablo. Bogotá – Colombia 2009. p 118.

[6] Ibid p. 119

[7] Paoli, Arturo. DIALOGO DE LA LIBERACIÓN. Ediciones Carlos Lohlé Bs.As.-Argentina 1970 p. 190

[8] Martini, Carlo María. EVANGELIO ECLESIAL DE SAN MATEO. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1996. p.27-29

[9] Fausti, Silvano. Op.Cit. p.556

[10] Chigua, Milton Jordán. Op. Cit. pp. 119-120

[11] Fausti, Silvano. Op.Cit. p.555-556