martes, 31 de diciembre de 2019

MADRE DE DIOS, MADRE DE LA PAZ Y MADRE NUESTRA



Num 6, 22-27; Sal 67(66) 2-3. 5. 6. 8. (R.: 2a); Ga 4, 4-7; Lc 2, 16-21

Sin María es difícil el camino hacía Jesús. Sin María la búsqueda de Dios en Jesús se vuelve dura, desencarnada, sin entrañas. María está en la vida de Jesús como está el manantial en el río o la raíz en el árbol.
Emilio L. Mazariegos


La Primera Lectura que la Liturgia nos propone para iniciar el Año Civil, es la bendición que Dios confió a Moisés para que se la enseñara a Aarón –a quien se tiene por fundador del Sacerdocio Hebreo, ya que pertenecía a la tribu de Leví. Al proclamar la bendición en este Día, nosotros, el Nuevo Israel, recibimos sus efectos para el Año Civil que hoy se inicia.

Vamos a intentar resumir las lecturas de hoy persiguiendo en ellas un denominador común bipartito: la ratificación de María, Virgen fecunda, como vía escogida por Dios para entregarnos el Tesoro de la Salvación y, a la vez, descubrir en ella nuestra Abogada: «… las lecturas de la liturgia de hoy. Los textos bíblicos, sobre todo el evangelio de san Lucas,…  nos proponen contemplar la paz interior de María, la Madre de Jesús. A ella, durante los días en los que “dio a luz a su hijo primogénito” (Lc 2,7), le sucedieron muchos acontecimientos imprevistos: no solo el nacimiento del Hijo, sino que antes un extenuante viaje desde Nazaret a Belén, el no encontrar sitio en la posada, la búsqueda de un refugio para la noche; y después el canto de los ángeles, la visita inesperada de los pastores. En todo esto, sin embargo, María no pierde la calma, no se inquieta, no se siente aturdida por los sucesos que la superan; simplemente considera en silencio cuanto sucede, lo custodia en su memoria y en su corazón, reflexionando sobre eso con calma y serenidad. Es esta la paz interior que nos gustaría tener en medio de los acontecimientos a veces turbulentos y confusos de la historia, acontecimientos cuyo sentido no captamos con frecuencia y nos desconciertan…. La primera lectura nos recuerda que la paz es un don de Dios y que está unida al esplendor del Rostro de Dios, …Para la sagrada Escritura, contemplar el Rostro de Dios es la máxima felicidad: «lo colmas de gozo delante de tu rostro», dice el salmista (Sal 21,7)…. en la segunda lectura, tomada de la Carta a los Gálatas (4,4-7), al hablar del Espíritu que grita en lo más profundo de nuestros corazones: «¡Abba Padre!». Es el grito que brota de la contemplación del rostro verdadero de Dios, de la revelación del misterio de su Nombre. Jesús afirma: «He manifestado tu nombre a los hombres» (Jn 17,6)…. como afirma san Pablo en el texto que hemos escuchado: «Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba Padre!”» (Ga 4,6)…. No hay nada que pueda quitar a los creyentes esta paz, ni siquiera las dificultades y sufrimientos de la vida. En efecto, los sufrimientos, las pruebas y las oscuridades no debilitan sino que fortalecen nuestra esperanza, una esperanza que no defrauda porque «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5).»[1]


Conviene recordar que la denominación que damos a la Virgen Santísima como Madre de Dios fue honra que la devoción popular le atribuyó, ya desde el Siglo III se la llamaba así.  El papirólogo de la Universidad de Oxford Edgar Lobel ubicó un papiro datado del 250 d.C., en las proximidades de Oxirrinco con una oración, donde por primera vez tenemos noticia de este apelativo dirigido a Santa María: Θεοτόκος. Lo que hizo el Concilio fue, simplemente darle status de “oficialidad”. Recordemos entonces que desde el Concilio de Éfeso –ciudad excelentemente mariana donde se habría morado la Santísima Virgen con San Juan-; en el siglo V, más exactamente en 431 de nuestra era, María Santísima recibió oficialmente en aquel Concilio el título de “Madre de Dios”. El pueblo se adueñó de la expresión que queda registrada, en el rito bizantino con las palabras: “A Ti, verdadera Madre de Dios, te exaltamos” y en el rito latino: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”.


Al hablar de este tema, no se pueden pasar por alto los nombres de Nestorio de Constantinopla y Cirilo de Alejandría. El debate sería entre dos denominaciones: Theotokos y Christotokos. Muchos quieren, al historiar el debate, ridiculizarlo, proponiéndolo como una simple cuestión de palabras, una polémica bizantina, adjetivo este que despectivamente se refiere a polemizar sobre una forma cuyo contenido no difiere, algo así como una sinonimia perfecta, y sin embargo, comprometerse en una feroz argumentación por la una o por la otra. Quien así procede trata de ocultar que a este debate subyace una “sustancia” de gran envergadura para nuestra fe, a saber, Jesús es sólo hombre, de pronto un gran profeta, pero sencillamente un hombre más, o –como afirmamos en nuestra fe- es Dios mismo, en una de las Tres Personas de la Trinidad Santa, que se encarnó y se hizo hombre, igual que todos nosotros, excepto en el pecado. Así, al decir Theotokos estamos afirmando que en Jesús se produce la unidad hipostática de Dios y hombre, María no es sólo la madre del ser humano, sino que, a la vez, es la Madre de Dios.


Nos hallamos ante la amenaza de una “herejía”, la posición de Nestorio niega la afirmación que conlleva la palabra griega Theotokos que significa “la que ha dado a luz a Dios”, ya que a Nestorio le repugnaba la idea de Dios formándose en el vientre de una mujer; mientras que Cirilo respaldaba la teoría unitaria y unificadora que veía en Jesús la presencia del hombre completo y de Dios completo. El Concilio de Trento culminó con el reconocimiento de María como Madre de Dios, vale la pena recordar la declaración de San Cirilo en las conclusiones del Concilio: "Te saludamos, Oh María, Madre de Dios, verdadero tesoro de todo el universo, antorcha que jamás se apagará, templo que nunca será destruido, sitio de refugio para todos los desamparados, por quien ha venido al mundo el que es Bendito por los siglos. Por ti la Trinidad ha recibido más gloria en la tierra; por ti la cruz nos ha salvado; por ti los cielos se estremecen de alegría y los demonios son puestos en fuga; el enemigo del alma es lanzado al abismo y nosotros débiles criaturas somos elevados al puesto de honor". El II Concilio Vaticano ha puesto señas de ratificación de estas verdades de nuestra fe en la Lumen Gentium.


Iniciamos el Año Civil con esta celebración de María Santísima bajo la denominación de Madre De Dios, y sin embargo, las Lecturas que se nos proponen para esta liturgia no aluden especialmente a Santa María, Madre de Dios, a quien nos referimos -resaltándola sencillamente- como Aquella que ἡ δὲ Μαρία πάντα συνετήρει τὰ ῥήματα ταῦτα συνβάλλουσα ἐν τῇ καρδίᾳ αὐτῆς. “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. Queremos detenernos en dos palabras: i) συνετήρει (del verbo  συντηρέω) traducida como “guardaba” pero que tiene dos connotaciones importantes al caso que nos ocupa, y muy interesantes: la de “atesorar”, porque implica no guardar cualquier cosa, como quien guarda un botón, un tornillo o una tuerca; sino, guardar un “tesoro”; y también, “guardar algo con mucho cuidado”, “preservarlo”, inclusive, “conservar en la mente”, es decir, “memorizarlo como dato de suprema valía”. ii) y la palabra  συντηρέω que hemos traducido “meditaba” que quedaría bien como “reflexionar”, “sopesar”, “ponderar”, en todo caso, originalmente la palabra se refería a algo relacionado con “calcularle el peso”. “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” Lc 2, 19. Este examen de dos palabras griegas y su significado, no es –de manera alguna- una pretensión erudita, simplemente creemos poder penetrar mejor el “mensaje” de la Sagrada Escritura al precisarlas.

Nos gustaría señalar una palabra que se destaca tanto en el Evangelio como en la Segunda Lectura, es la palabra corazón.  La hemos encontrado ya en Lc 2, 19 ἐν τῇ καρδίᾳ αὐτῆς “en su corazón”; En la carta a los Gálatas, de donde tomamos la Segunda Lectura de esta liturgia, se menciona que Ὅτι δέ ἐστε υἱοί, ἐξαπέστειλεν ὁ Θεὸς τὸ Πνεῦμα τοῦ Υἱοῦ αὐτοῦ εἰς τὰς καρδίας ἡμῶν, κρᾶζον Ἀββᾶ ὁ Πατήρ. “Puesto que ustedes son hijos, Dios ha enviado a sus corazones el espíritu de su Hijo que clama “¡Abba!”, es decir, Padre. (Ga 4, 6). En las dos perícopas, la de la Carta a los gálatas tanto como en el Evangelio Lucano está presente la palabra καρδίας es decir, corazón.


Vamos a decir que el corazón es “la glándula de la Paz”. En él se cocinan los elementos constitutivos de la Paz: la fraternidad y la solidaridad. En este primer día del año 2020 celebramos la Quincuagésima tercera Jornada Mundial de la Paz. Papa Francisco, nos ha dirigido su Mensaje para iluminar esta Jornada, y      queremos sintetizarlo, para motivar su lectura total, entresacando de él, algunos fragmentos fundamentales y, lo reiteramos, las hemos entresacado para incentivar la oportunidad de una lectura total, y no como pretexto para soslayar el resto del Mensaje, que es -en su totalidad- un documento coyuntural. Papa Francisco nos presenta el mansaje organizado en cinco partes, presentaremos las citas, referenciando a qué parte corresponden:

Del numeral 1:
- La paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad… la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables.
Y, con tono de denuncia- continúa:
-toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana.
-La guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.


Del numeral 2:
-La memoria es, aún más, el horizonte de la esperanza: muchas veces, en la oscuridad de guerras y conflictos, el recuerdo de un pequeño gesto de solidaridad recibido puede inspirar también opciones valientes e incluso heroicas, puede poner en marcha nuevas energías y reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades.
-no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes
-el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza.
- el trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad puede despertar en las personas la capacidad de compasión y solidaridad creativa.

Del numeral 3:
-Se trata de abandonar el deseo de dominar a los demás y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él.
-Aprender a vivir en el perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz.

-«La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión» citando al Papa Emérito, en su Caritas in Veritate.

Del numeral 4, remitiéndose a su propia Laudato si, nos dice:
-Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar» necesitamos una conversión ecológica.
-El reciente Sínodo sobre la Amazonia nos lleva a renovar la llamada a una relación pacífica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas.
-Además, necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra más al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creación, que refleja la belleza y la sabiduría de su Hacedor.
-Para el cristiano, esta [reconciliación] pide «dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea».

Finalmente, del numeral 5 entresacamos dos citas:
-La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos guía a ir más allá de los límites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del único Padre celestial.
-Día tras día, el Espíritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz.


Cuando la Iglesia, bajo el Manto Maternal de la Theotokos, nos propone celebrar la Jornada Mundial por la Paz en este Primer Día del Año Civil, parece decirnos, entre líneas, que la tarea de construir una cultura del encuentro, una cultura de Paz, es la tarea permanente, para todo el Año, de quienes se declaran comprometidos en la construcción del Reino de Dios.









[1] Benedicto XVI HOMILÍA DE LA SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. XLVI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ. Basílica Vaticana. 1º  de enero de 2013.

sábado, 28 de diciembre de 2019

ESCUELA DE AMOR



Eclo 3, 2-6. 12-14; Sal 127, 1-2. 3. 4-5; Col 3, 12-21; Lc 2, 41-52

… ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar.
Papa Francisco

… podemos afirmar que la decisión de Jesús de quedarse en el templo era fruto sobre todo de su íntima relación con el Padre, pero también de la educación recibida de María y de José.
Benedicto XVI


La Primera lectura nos da a conocer la profunda unidad que hay entre padres e hijos ante los ojos de Dios. Los frutos de los padres resuenan en los hijos, los hijos son eco de la rectitud en las  acciones de los padres. Uno no cosecha sólo para sí, se cosecha para las generaciones venideras acrecentando honra y riqueza.

El Salmo alude a la recompensa para quien se mantiene fiel al Señor. El galardón se muestra en la esposa y en sus hijos. Pero el galardón no se queda allí, va mucho más allá y alcanza para todo el pueblo de Dios.

Estos frutos son don de Dios; Dios los entrega a sus elegidos. Ser elegido engendra un compromiso. Vayamos a la Segunda Lectura donde aprendemos que El elegido debe ser: magnánimo, humilde, afable y paciente; debe soportar a los demás y ser capaz de perdonar siguiendo las enseñanzas y el ejemplo de Dios. Ahora bien, el compromiso por excelencia es el amor, quienes han sido elegidos viven el amor que liga los seres en la suprema unidad.


¡Aún hay más! Los que Dios ha elegido alcanzan la cima de la gratitud, ¿por qué rebozan en gratitud? ¿Quién tiene mayor motivo para agradecer que aquel que forma parte del Cuerpo Místico de Cristo y por lo mismo, la paz del Ungido reina en su corazón?

La elección destraba la puerta para ser capaces de vivir a plenitud la palabra de Dios. Para permanecer, ἐνοικέω habitar, morar en “lo del Padre”. Cuando Jesús se queda en el Templo, está allí para “oír” con claridad la enseñanza de Dios para de esa manera alcanzar la meta de decir y hacer todo en el Nombre del Señor su Padre Dios (Cfr. Col 3, 17). Cuando uno está enriquecido con la sabiduría que proviene de la palabra de Dios está, además, en condiciones de διδάσκον enseñar y νουθετέω aconsejar con πάσῃ σοφίᾳ· plena (entera) sabiduría como leemos en la Segunda Lectura, tomada de la Carta a los Colosenses.(Cfr. Col 3, 16). Lo cual tiene una consecuencia, tenemos razones muy sobradas para ser y estar agradecidos por esa elección, por esos dones, por esas comprensiones y entendimientos que hemos alcanzado. La expresión de esa gratitud revierte en ψαλμοῖς ὕμνοις ᾠδαῖς πνευματικαῖς “salmos, himnos y cánticos espirituales”. Al agradecer a Dios-Padre hagámoslo con conciencia de que nuestras gratitudes son llevadas ante el Altar de Dios en la bandeja que porta el Mismísimo Dios-Hijo.

Esta Segunda lectura no deja de lado el tema de esta liturgia. También nos trasmite las instrucciones acordes a nuestra naturaleza de fieles, o sea de los que hemos alcanzado la gracia de la fe por haber sido elegidos como herederos de esa Gracia: Recomendaciones como esposos, esposas y como padres e hijos. Recomendaciones que están escritas en tónica de amor, de respeto a la autoridad, en clave de obediencia y de moderación en la exigencia. En el marco de ser familia estas pautas nos dirigen y orientan todo nuestro ser de cónyuges y la relación paternal-filial.


Al mirar hacía el Evangelio que leemos en esta festividad de la Sagrada Familia, modelo para toda familia humana, el primer detalle que encontramos es, en la dialéctica continuidad-discontinuidad, que significa el salto del Antiguo al Nuevo Testamento apreciamos que la sagrada Familia conserva el respeto y cumplimiento de las “convenciones” cultuales establecidas: “solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua,… según la costumbre”.


La ruptura en la continuidad se da en el hecho de que “…el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran…”(Lc 2, 43c). Este quiebre del concatenamiento histórico dura sólo tres días (recordemos una vez más que tres días es “un tiempo de salvación” y, como nos comenta el Papa Emérito, citando a Rene Laurentin, son una callada alusión a los tres días que pasó Jesús entre su muerte y su Resurrección); pasados esos tres días en el Templo –sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas- Jesús retoma en el mismo punto donde había interrumpido: καὶ κατέβη μετ’ αὐτῶν καὶ ἦλθεν εἰς Ναζαρὲθ, καὶ ἦν ὑποτασσόμενος αὐτοῖς. “Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad” (Lc 2, 51a). Retoma la obediencia a sus “padres terrenales”, sólo momentáneamente interrumpida para mostrar su obediencia siempre coherente con Aquel a Quien nunca desacató.

En ese hogar, con María y José, «…el Señor aprendió a ser abrazado y besado, amamantado y amado, a tocar y hablar, a jugar, caminar y trabajar, a compartir los minutos, las horas, las noches y los días, las fiestas, las estaciones, los años, las expectativas, las fatigas y el amor del hombre. En el silencio, en el trabajo, en la obediencia a la palabra, en comunión con María, José y sus parientes, Dios aprendió del hombre todas las cosas del hombre. El misterio de Jesús en Nazaret es el gran misterio de la asunción total de nuestra vida de parte de Dios: nos ha desposado en todo, haciéndose una carne única con cada una de nuestras situaciones concretas. Nazaret es el misterio que redime la condición creatural de la insignificancia de su limitación.»[1]

Así, el hogar debe ser una escuela de fe, de amor, de perdón y comprensión. En ella todos son maestros y todos son aprendices. Aprendemos a sobrellevarnos, a respetar nuestras diferencias, nuestros ritmos. Aprendemos también a sintonizar con la palabra y con el silencio. Aprendemos la fe y la oración; a confiar en Dios y a abandonarnos en Él. En el seno de la familia aprendemos a acercarnos a la Palabra, a saborearla, a degustar su “Lectura Orante”. En fin, también en su seno aprendemos a vivir y sobrellevar las dificultades, el dolor y la tristeza; y lo que es más importante, aprendemos a apoyarnos, a ser consuelo mutuo y a superar lo que la vida nos impone como retos o tareas. Nunca podremos perder de vista que fue como familia que Jesús, María  y José soportaron el éxodo y el destierro en Egipto.

Aún hay una frase final que nos propone atesorar en el corazón todas cuantas experiencias vivamos en la familia, porque son la cosecha de la vida, que no se mide en pesos, sino “en crecimiento, en saber, en estatura y en favor de Dios y de los hombres”.


«Caminemos familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más. No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido.

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Amén.»[2]





[1] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE LUCAS. Ed. San Pablo. Bogotá- Colombia. 3ª ed. 2014 p. 74
[2] Papa Francisco. AMORIS LEATICIA. # 325.  Publicación de la Diócesis de Engativá 2016 pp. 261-262

martes, 24 de diciembre de 2019

NOS HA NACIDO EL REY-JUSTICIA



Is 9, 1-3.5-6; Sal 96(95); Ti 2, 11-14; Lc 2, 1- 14

La Navidad… Es el día en que Dios, que nos creó a su imagen y semejanza, quiso hacerse como nosotros en la persona del Hijo.

José Bortolini

Esta luz que brilla en las tinieblas no es un suceso fortuito, sino una fuerza personal y viva que nos saca de la confusión y del no-sentido, para darnos una orientación, una capacidad de caminar, de movernos, de ver por dónde vamos.

Carlo María Martini

Su Reinado se funda en la Justicia y el Derecho
El pueblo que andaba en la oscuridad בַּחֹ֔שֶׁךְ, que vivía צַלְמָ֔וֶת “bajo sombras de muerte” dice el verso 1 del capítulo 9 de Isaías, pasa –a un estado radicalmente distinto- pasa a una אֹ֣ור  גָּדֹ֑ול “Gran Luz”. Se trata de una verdadera Conversión. Ahora, bajo esta Gran Luz, se vive de otra manera, con alegría y muy grande gozo (Cfr. Is 9, 2a); esa alegría es  comparable a la que acompaña al campesino cuando recoge una cosecha generosa o cuando se tiene para repartir con prodigalidad. El Señor ha erradicado la esclavitud que tan grande opresión causaba, la tiranía, como en el día de Madián, es decir, el Día en que Dios se mostró favorable con su pueblo y le concedió una gran victoria, victoria que aplastó a los injustos, a los inmorales que corrompían a la gente del pueblo escogido. En el verso 4, que no se lee en la perícopa de esta fecha, se nos dice que las botas militares y sus trajes manchados de sangre desaparecerán quemados (Cfr.).


¿Cuál es esa “Gran Luz”? ¡Nos ha nacido un Niño! ¡Él es esa Gran Luz! Dios nos ha dado un hijo, con poder para gobernar. Recibirá varios títulos, que se nos revelan en el verso 5:
Admirable en sus planes (Consejero Maravilloso),
Dios invencible,
Padre Eterno
Príncipe de la Paz.

En el verso 6 dice que es descendiente de David, en cuyo trono se sentará; su poder se extenderá por doquier, y la paz que Él construirá será una paz perdurable; su reinado estará fundado sobre dos bases inamovibles, tendrá como fundamento la justicia y el derecho. ¿Quién lo garantiza? קִנְאַ֛ת  יְהוָ֥ה  צְבָאֹ֖ות  תַּעֲשֶׂה־  זֹּֽאת׃  ס  El celo del Señor Dios de los Ejércitos, Él es quien lo dice, Él es quien lo promete.

YHWH reina con Rectitud y Fidelidad
La idea de venida, de llegada es el eje de este ciclo de Navidad que se preludia con el tiempo de Adviento y tiene su cúspide en esta Noche que conmemora el nacimiento de Jesús, su venida Encarnada, su “Primera Venida” que es vaticinio y promesa de la Segunda Venida, la Parusía, cuando vendrá rodeado de Gloria y Majestad. El salmo de esta misa de Gallo (que no es necesariamente Misa de media noche), cuando celebramos el momento del Nacimiento, Sal 96(95), en el verso 13, se refiere precisamente a esto: nos habla del Señor que “viene”, mejor todavía, “que está viniendo”, “que está llegando”; la expresión en Hebreo es algo que ya empezó, sigue sucediendo y seguirá (la acción ya se inició cuando se habla, sigue funcionando mientras se habla y se continuará por un tiempo indefinido, que puede ser muy corto), la expresión en hebreo es בָ֗א que viene del verbo  בּוֹא (venir, llegar, entrar). Bueno, muy bien, “está llegando” el Niño Dios ¿y qué? Que viene a “gobernar la tierra, los pueblos del mundo con בְּצֶ֑דֶק rectitud y בֶּאֱמוּנָתֽוֹ׃ fidelidad! En este sentido, se conectan la Primera lectura con el Salmo. Ahora podemos colegir que el Rey que nace en esta fecha es un Gobernante cuyo modo de regir son justicia, rectitud y fidelidad.


Se trata de otro Salmo del Reino, es decir, nos anuncia que YHWH es quien reina. El salmo procede en tres fases muy definidas: Se invita al pueblo elegido a loar al Señor (versos 1-3); luego, a todos los pueblos (versos 7-10); y, finalmente, a todas las criaturas (versos 11-12). En los versos 4-6 se interpola una “teodicea”, o sea, una verdadera enumeración de los atributos de Dios: i) es grande, ii) digno de alabanza, iii) más terrible que todos los dioses, iv) los dioses de otros pueblos no son nada, v) en cambio YHWH es Dios Creador, vi) hizo los cielos, vii) hay gran esplendor en Su Presencia (nos brilla una Gran Luz, leímos en Isaías), viii) Hay poder y belleza en su Santuario.

Se nos convida a celebrar cantándole al Señor “una canción nueva”. «… este es el mandamiento imposible. ¿Cómo cantar un cántico nuevo cuando todos los cantos, en todas las lenguas, te han cantado una y otra vez, Señor? Se han agotado los temas, se han probado todas las rimas, se han ensayado todos los tonos.»[1] Pero se puede hacer un cántico nuevo cuando el motivo es nuevo, así sean las mismas palabras, ¡el motivo es el que es nuevo!; y es que el Señor cada día crea, el Señor ni duerme ni reposa, el Señor sigue haciendo todo nuevo, así que el mismo canto de ayer hoy es un canto nuevo porque alaba las nuevas creaciones del Señor. Aún hay más, hasta ayer muchos pechos eran incrédulos, hoy muchos amanecen creyentes y esa es creación, es gracia, bondad y poder de Dios. Muchos que se levantaron hoy mismo con el Señor Jesús muerto en el sepulcro de su corazón, en esta Noche han vista una Gran Luz, y ese resplandor les ha resucitado al Salvador en su pecho. «Los cielos y la tierra y los campos y los árboles son ahora nuevos, porque mi mirada es nueva. Se me unen para cantar todos juntos el nuevo cántico de alabanza…. Este es el cántico nuevo que llena mi vida y llena el mundo que me rodea, el único canto que es digno de Aquel cuya esencia es ser nuevo en cada instante con la riqueza irrepetible de su ser eterno.»[2]


«Se comprende bien que el pueblo sencillo de los creyentes haya oído cantar también a los pastores, y que hasta el día de hoy se una a sus melodías en la Noche Santa, expresando con el canto la gran alegría que desde entonces, hasta el día de hoy se una a sus melodías en la Noche Santa, expresando con el canto la gran alegría que desde entonces hasta el fin de los tiempos se nos ha dado a todos.»[3]

Camino, rumbo y estrategia
Las empresas definen su visión, valga decir, la meta hacía la cual caminan, para orientar sus acciones y poderla integrar a su desplazamiento hacia el “norte” propuesto. Nosotros apuntamos hacia la construcción del Reinado de Dios, para la meta, Dios se ha escogido un pueblo que debe ζηλωτὴν καλῶν ἔργων. “ser celoso en aplicarse a los trabajos honrosos”, -mejor todavía y mucho más claro- “dedicado a las obras buenas”. En efecto Jesús vino a este mundo trayendo la salvación a toda la humanidad, y se escogió un pueblo –que se puede honrar en llamarse suyo- cuyo propósito consiste en dedicarse a hacer el bien y toda obra buena, toda la que honre y celebre la bondad del Señor, que nos ha hecho a su imagen, trasparencia Suya.


Y en esto radica la Segunda Lectura, tomada de la Carta a Tito, en darnos una “visión” de nuestro ser de cristianos. Acorde con ella debe ir nuestra estrategia, nuestras acciones, nuestros pasos, cada uno, y su sumatoria, no pueden extraviar por un instante la dirección señalada y anhelada. Gloria sea dada al Señor en todas y cada una de nuestras acciones.

«Respuestas Infantiles que sorprenden»
«Al autor y orador Leo Buscaglia se le solicitó una vez que fuera parte del jurado en un concurso. El propósito del concurso era encontrar el niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años, cuyo vecino era un anciano, a quien recientemente le había fallecido su esposa. El niño al ver al hombre llorar, fue al patio de su casa, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó que le había dicho al vecino, el pequeño niño le contestó: “Nada, sólo le ayudé a llorar”.
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La maestra Debbie Moon’s, de primer grado, estaba discutiendo con su grupo el dibujo de una familia. Había un niño pintado y tenía el cabello de un color diferente al del resto de los miembros de la familia. Uno de ellos sugirió que el niño era adoptado y una niña compañera del grupo le dijo: “Yo sé todo de adopciones porque yo soy adoptada” ”¿Qué significa ser adoptad?” preguntó otro. “Significa -dijo la niña- que tú creces en el corazón de tu mamá, en lugar de crecer en su vientre”.
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Nueva York, en un frio día de diciembre: Un niño de 10 años estaba parado frente a una tienda de zapatos, estaba descalzo, apuntando a través de la ventana y temblando de frio. Una señora se le acercó y le dijo: “Mi pequeño amigo, ¿qué estas mirando con tanto interés en esa ventana?” “Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos” fue la respuesta. La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de calcetines para el niño. Preguntó si podría darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. Ella se llevó al pequeño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies y se los secó con la toalla.


Llegó el empleado con los calcetines. La señora le puso un par al niño y le compró un par de zapatos. Junto el resto de calcetines y se los dio al niño. Lo acarició en la cabeza y le dijo: ¡No hay duda, pequeño amigo, que te sientes más cómodo ahora!”… Mientras ella daba la vuelta para irse, el niño la alcanzó de la mano, mirándola con lágrimas en los ojos contestó con estas palabras: “¿Es usted la esposa de Dios?”.»[4]

Pastor entre pastorcillos
Podemos enumerar los personajes que intervienen en el Evangelio: El Divino Niño, la Santísima Virgen María, San José, los Ángeles, los pastores y nosotros mismos. Los pastores καὶ πάντες οἱ ἀκούσαντες ἐθαύμασαν περὶ τῶν λαληθέντων ὑπὸ τῶν ποιμένων πρὸς αὐτούς· “…contaron lo que se les había dicho de aquel niño, y cuantos los oían quedaban maravillados.”. Nosotros participamos como personajes del relato de este grandioso momento histórico como “aquellos que oían y quedaban maravillados”. Sin embargo, no podemos oír y maravillarnos a menos que haya “pastores” que cuenten; así que también participamos de la historia en nuestra función de “pastores” encargados de relatar, de generación en generación, δοξάζοντες καὶ αἰνοῦντες τὸν Θεὸν ἐπὶ πᾶσιν οἷς ἤκουσαν καὶ εἶδον καθὼς ἐλαλήθη πρὸς αὐτούς. “alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.” «Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones.»[5]

¿Qué es lo primero que dicen los pastores cuando los Ángeles se retiran? Διέλθωμεν δὴ ἕως Βηθλεὲμ “Vayamos hasta Belén” ¿Cómo podemos llegarnos a Belén? Hemos dicho que Belén es una alusión Eucarística, que Belén significa Casa de Pan, y el Pan es Jesús que se nos entrega en la Eucaristía para que lo comamos. ¡Por eso se acunó en un cajón de alimento, en un pesebre; para que desde el principio supiéramos que Él era alimento! “Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: -Tomen y coman, esto es mi cuerpo.” (Mt 26, 26). Por eso Belén es una alusión Eucarística. Todos podemos llegarnos a Belén simplemente acercándonos a comulgar. Comulgar es “comunión” con Jesús, Dios-Encarnado. Por supuesto, la Transubstanciación es Encarnación-segunda hecha posible por su nacimiento –Encarnación primera- en un Cuerpo humano.

Retomamos una idea que ya apuntábamos en nuestra interpretación del Salmo: «…para los cristianos estuvo claro desde el principio que el hablar de los Ángeles es un cantar, en el que se hace presente de modo palpable todo el esplendor de la gran alegría que ellos anuncian. Y así, desde aquel momento hasta ahora el canto de alabanza de los Ángeles jamás ha cesado. Continúa a través de los siglos siempre con nuevas formas y, en la celebración de la Natividad de Jesús, resuena siempre de modo nuevo.» [6] Entonemos, entonces, un cantico nuevo sumando nuestras voces a las voces celestiales.

Pero no sólo se trata de un asunto de ángeles, también están los pastores: «Los primeros testigos del gran acontecimiento son pastores que velan… Jesús nació fuera de la ciudad, en un ambiente en que por todas partes en sus alrededores había pastos a los que los pastores llevaban sus rebaños. Era normal por tanto que ellos al estar más cerca del acontecimiento, fueran los primeros llamados a la gruta… Ellos representan a los pobres de Israel, a los pobres en general: los predilectos del amor de Dios…, se puede pensar además en el relato de la elección de David para rey. Samuel es enviado a casa de Jesé, en Belén, para ungir como rey a uno de sus hijos, que el Señor le indicaría. Ninguno de los hijos que se presenta ante él es el elegido. Todavía falta el más joven, pero está pastoreando el rebaño, como explica Jesé al profeta. Samuel lo manda a traer de los pastos y, según las indicaciones de Dios, unge al joven David “en medio de sus hermanos” (cf. 1S 16, 1-13). David viene de pastorear ovejas, y es constituido pastor de Israel (cf. 2S 5,2).»[7]

Búsqueda del significado profundo
«Las navidades, creo, pueden celebrarse de dos maneras: o simplemente celebrándolas y entonces hasta resultan agradables; o atreviéndose a pensar y, entonces, no se sale de ellas sin grietas en las rodillas y desgarraduras en las yemas de los dedos… Y por eso la idea de que Dios se haga uno de nosotros, cuantas más vueltas le doy, más vertiginosa se me vuelve. Un día enloqueceré. En Navidad Dios se me hace más pequeño y, por tanto, más abrazable. Más sencillo y, por tanto, más comprensible. Más amigo y, por tanto, más acompañable. Dios me parece más Dios en Navidad precisamente porque se disfraza de menos Dios. Y como a mí el dolor también me va haciendo más pobre y necesitado, también resulta que se adapta mejor a mis heridas. En Navidad siento que yo era aquel herido de la parábola del Buen samaritano. Alguien pasa por mi lado, se baja del caballo de la divinidad y cura mis heridas con aceite. Y luego los dos, en el mismo caballo, cruzamos los caminos del mundo. Hasta la posada. Sobre ella hay una estrella encendida.»[8]

Este Buen Samaritano es el propio Dios-humanado, Rey de reyes, Señor de señores, Rey disfrazado de menos Dios, Rey-Dios-Encarnado, que gobierna con toda Majestad, majestad que se explica con las palabras justicia, rectitud, fidelidad. Rey que es Misericordia, que nos incorpora a su Reinado como súbditos de su caridad para con todos, «La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, me lo hicisteis a mí.” (Mt 25, 40). »[9]


«Esto debe hacernos pensar y remitirnos al cambio de valores que hay en la figura de Jesucristo, en su mensaje. Ya desde su nacimiento, él no pertenece a este ambiente que según el mundo es importante y poderoso. Y, sin embargo, precisamente este hombre irrelevante y sin poder se revela como el realmente Poderoso, como aquel de quien a fin de cuentas todo depende. Así pues, el ser cristiano implica salir del ámbito de lo que todos piensan y quieren, de los criterios dominantes, para entrar en la luz de la verdad sobre nuestro ser y, con esta luz, llegar a la vía justa.»[10]

«… aceptar el poder del Señor que quiere hacer, por mi mano, gestos de salvación, de amor, de misericordia, de verdad, de amistad. Significa aceptar el poder de mi llamada para ser como Jesús…, aceptar el compromiso de salvar a otros, de llevar la palabra de salvación, de pronunciar palabras no simplemente de consuelo exterior, sino palabras que tengan en sí la fuerza del Espíritu Santo, para ese tipo, género y modo de salvación que el Señor dispuso en mi vocación.»[11]

Para ti, herman@ que esto lees:
¡Feliz Navidad!


[1] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS Ed. Sal Terrae. Santander-España 1989. pp. 184-185
[2] Ibidem
[3] Benedicto XVI LA INFANCIA DE JESÚS. Ed. Planeta. Colombia 2012 p. 81
[4] Agudelo, Humberto Pbro. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU T. 2. Ed. Paulinas Bogotá Colombia 2005 3ª. imp. pp. 55-56
[5] Papa Francisco. EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM # 120.
[6] Benedicto XVI. Op. Cit. p. 80
[7] Ibid. p. 79-80
[8] Martín Descalzo, José Luis. BUENAS NOTICIAS. Ed. Planeta Barcelona – España 1998 pp. 93. 95
[9] Papa Francisco. EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM #179
[10] Benedicto XVI. Op. Cit. pp. 73-74
[11] Martini, Carlo María Card. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1995 p. 510