sábado, 30 de septiembre de 2023

Sábado de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario



SAN JERÓNIMO

Zac 2, 5-9. 14-15c

Este nombre, Zacarías זְכַרְיָה [Zeḥaryáh], tiene que ver con la [Zeḥar] “memoria”, la segunda parte del nombre, es la apócope de YHWH, יָה[Yah] “El Señor”, o sea “El Señor recuerda”; así pues, la tarea de este profeta es distribuir recordatorios como quien entrega volantes en una campaña de recordación. Las Lecturas de los años impares, prevén 3 perícopas de Zacarías: la de hoy, luego, la segunda es Zac 8, 1-8, y la tercera, Zac 8, 20-23. Sin embargo, el lunes (2 de octubre), vamos a celebrar “Los Santos Ángeles Custodios”, y -hay Lecturas propias- por lo tanto, no veremos la segunda perícopa de Zacarías.

 

Quisiéramos hacer resaltar que el Libro de este profeta tiene dos partes tan disimiles que, los estudiosos han preferido hablar de dos Zacarías: el proto-zacarías, capítulos 1-8, en prosa; y el deutero-zacarías, capítulos 9-14, en verso. Las Lecturas que se toman son -las tres- del protozacarías.

 

El protozacarías, se inicia con una introducción 1, 1-6, a partir de allí, puede mirarse desde una estructura quiásmica, se trata de un quiasmo onírico: la capa más exterior: 1, 8-17 empareja con 6, 1-8; la siguiente capa está formada por 1, 18-21 y su simétrica es 5, 5-11; la tercera capa, más interior está organizada por 2, 1-13 y 5, 1-4; finalmente el corazón de la “cebollita” está configurado por 3, 1-10 y 4, 1-14. Ahora bien, en 6, 1-15 hallamos una especie de condicionamiento: sólo si hay fidelidad del pueblo habrá desenlace feliz.  La conclusión -dada por el profeta- abarca los capítulos 7 y 8 donde el profeta comunica el requerimiento retomando la introducción y mostrando cómo la infidelidad condujo a la deportación, estableciendo que la fidelidad a la Alianza es el sine qua non, de la llegada del Reinado Mesiánico.

 

La perícopa de hoy se inicia con un personaje agrimensor, que está “midiendo”, se trataría -y así se le ha denominado- de un “geómetra”, pero como el propósito es la reconstrucción de Jerusalén, podemos hablar -mejor- de un “arquitecto”; en el relato no se habla propiamente de él, se le menciona por su instrumento característico: “la cuerda de medir”. Suele suceder que, a la construcción propiamente dicha, antecede una instancia de mediciones y prueba de suelos. Este “geómetra” va a establecer el largo y el ancho de Jerusalén.

 

Tomando como referencia el periodo histórico en el cual actuó el profeta, podemos decir que el proyecto arquitectónico en progreso es el de la re-construcción. Pero llega otro personaje, que da el salto al plano escatológico. No se va a reconstruir Jerusalén, se va a levantar una Nueva Ciudad: Una Jerusalén Abierta, será así, porque sus habitantes serán innumerables, y no cabrían en una “ciudad cerrada”.

 

Entonces, en vez de la muralla que había antes, ahora lo que protegerá sus contornos, será el propio Señor, Quien vendrá a habitar en Ella: Su Gloria será su Habitante-Divino. Esa incontable y populosa multitud que vendrá a poblar la Nueva Jerusalén, y que tendrán como Adalid y Bastión al Señor, Él nos llamará “Su Pueblo”.      

 

Sal Jer 31, 10. 11-12ab. 13

El capítulo 31 de Jeremías inicia diciendo: “El Señor afirma: ‘En ese tiempo yo seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo’”. Este capítulo está consagrado al retorno de los israelitas del exilio en Babilonia. No es propiamente un Salmo, pero, su valor y su versificación, además de su coherencia con el tema que venimos tratando, -que se inserta en la profecía de Jeremías- que había predicho, que le deportación duraría 70 años, lo convierten en el responsorial idóneo al contexto.

 

Gira -la perícopa- en torno a la Palabra. Dios se hace y se muestra Pastor, y nos pastorea por medio de Su Palabra. Una vez más, cabe afirmar que el “Pastor” es la imagen simbólica del “gobernante”, un gobernante cabal ha de tomar su paradigma de la figura cuidadosa y dedicada del Pastor. Prácticamente, la palabra “Pastor” nos da la definición -en esa cultura- de como ejerce el Ungido su Justicia y su liderazgo. Lo primero que nos exhorta es a “ESCUCHAR”.

 

Una vez lo hallamos oído con suma atención y hallamos atesorado su Mensaje, podremos proceder al siguiente paso. ¡Anunciarlo hasta las tierras más remotas! Esto tenemos que recalcarlo, no está el compromiso limitado a la Escucha, sino que se escucha para poder salir a cumplir a cabalidad la Misión. Una vez más, sentimos que se rescata el lineamiento dado en Aparecida: nos declaramos discípulos, pero el discipulado no se queda en aquella primera fase de la Escucha, sino que supone dar el segundo paso: el anuncio.

 

En la segunda estrofa, va a la página histórica del Jacob, a quien el Señor protegió y acompañó; ¿ahí acaba todo? ¡pues no! Va a la página del retorno de la tierra originaria y los ve regresar con la boca plena de aclamaciones. Todos viene supremamente alegres, viejos y jóvenes, y las muchachas, no menos, ellas engalanan el cortejo del regreso, trayendo la dicha y el jolgorio forrado en danzas.

 

No basta volver, hay que despertar el corazón de su letargo para que descubra que ahora Quien gobierna es el Propio Dios que se revistió, por todas las edades, de las cualidades del pastor, y dio la Vida por sus Ovejas.

 

Lc 9, 43b-45



El corazón del ser humano tiene una barrera infranqueable, es como una especie de muralla blindada que bloquea el acceso de Dios a nuestra vida: esa muralla está dispuesta en un sector neurálgico entre el oído, la mente y el corazón: es la incapacidad para la escucha.

 

Esto es lo que nos hace caer en la cuanta, hoy, Jesús. Antes de llegar a esta perícopa de hoy, ¿por dónde hemos pasado? Jesús envía a sus discípulos y los instruye con pautas de sencillez y modestia para poder asumir este envío. A continuación, da de comer a una muchedumbre, a lo que sigue el reconocimiento que hace Pedro de que Él es el Mesías. Continúa, un primer anuncio de su muerte; que es inmediatamente contrapesado con el episodio de la Transfiguración. Entonces, ahí si viene la perícopa de hoy, la que llamamos Segundo Anuncio de su Muerte.

 

Hay una recomendación esencial, que es el punto fuerte de hoy: Θέσθε ὑμεῖς εἰς τὰ ὦτα ὑμῶν τοὺς λόγους τούτους· “Métanse bien en los oídos estas Palabras”.

 

¿Recuerdan qué pasa luego? Los apóstoles se ponen a discutir “quien de ellos es el más importante”. ¡Eso es lo que siempre nos pasa! No entendemos ni pio, porque nuestra atención está volcada sobre nosotros mismos, todo lo que nos llega lo volvemos auto-referencial. Así, cuando Dios nos regala una propuesta, no puede llagarnos al alma, se queda en esa gruesa capa de cerumen que nos vuelve “sordos”.

viernes, 29 de septiembre de 2023

Santos Arcángeles

Viernes de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario



Dan 7, 9-10. 13-14

Jesús es “Puente”, es “Escala”, Él restableció la “comunicación” con lo Trascendente. Pero, las consecuencias de tal restablecimiento no podrán darse a plenitud hasta que sobrevenga la Victoria Final, serán “dones” que degustaremos en el “momento” escatológico, y se preguntarán ¿cómo lo sabemos? Bien sencillo, el Señor nos lo ha entregado en sus comunicados Apocalípticos.

 

Siempre conviene mirar a Daniel (nombre que significa “Dios juzga”), con algunas acotaciones al margen, empezando por que lo tenemos entre los “profetas mayores”, pese a que su Libro está mejor visto desde la óptica del género Apocalíptico. Daniel, hasta donde sabemos, vivió en la Babilonia palaciega, bajo cuatro dinastías: Nabucodonosor, Ciro, Darío, y Antíoco IV Epifanes. En tercer lugar, la hipótesis -bastante bien sustentada- de que este Libro se escribió en hebreo, arameo y griego durante el alzamiento de los Macabeos, para consolarnos, animarlos y esperanzarlos en la lucha.

 


Al hablar del género apocalíptico, se debe anotar que para algunos está emparentado con el género profético y para otros, se relaciona con los escritos sapienciales, con muy abierta intención didáctica. Adviértase que en los escritos apocalípticos se da especial realce y sirven de pivotes, las visiones, llenas de simbolismos, no siempre claros, sino -por demás- misteriosos. Parece ser que este rasgo mistérico apunta en el sentido de no poder hablar con toda claridad -en el marco de las persecuciones- aun cuando las simbologías eran -muy probablemente diáfanas- para los lectores de la época.

 

Nosotros, con relativa sencillez, penetramos la simbología de la perícopa de hoy: Pensamos que el Anciano, de nívea vestidura (blancura tan intensa como la Luz y el Fuego- es el Padre Celestial-. Luego, viene la Presencia de “Uno como Hijo de Hombre”, feliz expresión que nos ha legado Daniel, para referirse a la Segunda Persona de la Trinidad, el Dios-Humanado, viene a la proximidad del Padre.

 

Uno como Hijo de Hombre, porque no hay sino Uno, y que parece que hubiera sido engendrado por un humano, pero no lo es, puesto que fue Engendrado por el Espíritu Santo (nosotros ahora lo entendemos bien), recibe todo Honor, Toda Gloria, Todo Poder-Real y Gobierno sobre todos los pueblos, naciones y lenguas; no es de ninguna manera Divinidad Nacional, sino Dios-de-Todo-lo-Creado. No se trata de un Gobierno provisional, como todos los otros gobiernos, sino de un Reinado “Eterno, que no pasa, que no tendrá fin”. ¿Cómo es que lo entendemos tan claramente? Pues porque Dios nos lo ha revelado, por eso es apocalíptico, porque apocalipsis significa eso: Revelación.

 

Sal 138(137), 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8



Este es un salmo que ilumina la “distancia”. ¿Cuánta es la separación entre el Cielo y la Tierra? Tenemos que pararnos a pensar. Esta distancia no se puede cuantificar en kilómetros, ni en millas, ni en miriámetros, ni siquiera en años luz. Está hablando de otro tipo de “distancia”. No es una magnitud espacial, se trata de la separación entre “dignidades”, digámoslo así, a falta de otra palabra que no se nos ocurre, a veces, por no encontrar en el vocabulario un concepto, decimos “dimensión”, para referirnos de alguna manera a la “separación entre lo “material” y lo “espiritual. Por escases muchas veces hablamos de “distancia”.

 

De todas maneras, sí tenemos una intuición que esto no es un tema de tomar un vehículo y recorrer una “distancia” recorrible con cohete; como cuentan que el cosmonauta -que visitó el espacio sideral- se quejó, lamentando no haber visto a Dios en el espacio exterior. ¡Ah tontuelo! No sabía que los astrónomos ya habían explorado ese espacio con sus potentes telescopios y nada habían hallado. ¿Se engañaba él en su ingenuidad? O, ¿Pretendía hacer algún aporte publicitario al ateísmo? ¡Pobre, se pasó la vida levantando piedras a ver si debajo de alguna de ellas descubría un tratado de teología que iluminara su necedad!

 

Por ejemplo, cuando oramos, le hablamos con consciencia de que Él está a nuestro lado, pero en la “dimensión propia de lo espiritual”. Por tanto, permanece ausente a nuestros sentidos “terrenales”, pero no quiere decir que no nos pueda oír, “intuimos” que está, pero de “otra manera”.

 

Cuando el pecado estropeo la “línea de comunicación” reventando el “cable” -atención, es una analogía, no se trata de algún cable “físico”- caímos en una suerte de incomunicación, se hizo imposible para nosotros la percepción del “Interlocutor Divino”, fuimos nosotros los que perdimos la “gracia”, pero Él no nos abandonó.

 

Cuando Dios se humanó en su Hijo -Jesucristo- esa Encarnación restañó el cable averiado. Esto bíblicamente hablando se muestra en la Sagrada Escritura en el episodio de la Escala de Jacob (Gen 28, 11-19), que fue revelado al -nada virtuoso- Jacob, que “soñó” en una conexión, con la Otra Dimensión- y que para su lógica (que de todas maneras era una lógica demasiado avanzada en el marco de una cultura donde no había edificaciones de más de un piso, sino que siempre se habitaba a ras del suelo) se trataba de una סֻלָּם [sul-lāum] “escala”, de doble vía, que hacía posible el ascenso, tanto como el descenso, para seres “espirituales”: eran ángeles, los que subían y bajaban.

 

¿Todo por qué? La Misericordia del señor es Eterna; hoy por hoy, le seguimos implorando que no abandone la obra de sus manos. Este salmo es un himno que augura un “momento” en que los reinados de la prepotencia y la ambición desaparecen y todos, sujetos el Reinado Imperecedero, se sujetaran al rey de Reyes.

 

Jn 1, 47-51



Natanael es un nombre que significa “regalo de Dios” (un israelita de verdad en quien no hay engaño). Empecemos por ahí: Cada uno de nosotros tiene que adquirir consciencia de ser “un regalo de Dios para los demás. ¿Cómo era Natanael “regalo de Dios”?

 

Que clave tan poderosamente hermenéutica es esta para adentrarnos en esta “perícopa arcangélica”. Si pudiéramos descifrar cómo puede hacerse uno “regalo de Dios para los otros”, nos habríamos nutrido muy bien de esta visita al Evangelio. Otra pregunta: ¿Cuál es la clave que le permitió a Natanael -que venía incrédulo a verse con Jesús, pensando que nadie así, muy importante o especial, podía tener como cuna a Nazaret- pero al oír eso, dio un giro de 180 grados (conversión)?  Es cuando Jesús le dice: “Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera”.

 

Ahora bien, ¿cuál era la importancia y qué representaba que lo hubiera visto bajo la higuera? La higuera para el pueblo de Israel, es simbólica del Reino que traería el Mesías. Un Reino de plenitud, de bienestar, de salud, de abundancia, de realización plena, de concordia y fraternidad. El que se cobijaba debajo de la higuera, estaba clamando por la venida del Reino.

 

El Reino es una “Dimensión” de Paz. No requiere soldados, ni jueces, ni tribunales que la implanten y la mantengan. ¿Quién iba a querer romper ese estado de beatitud en el que todos se sumergen en Infinita Alegría y Bienestar? En una realidad donde nadie se adueña, ni se puede adueñar de nada, quien iba a disputar o a pleitear por algo. Ni siquiera en al aspecto teórico, porque allí, en el Reino, ya no hay teorías, ya no hay hipótesis, ya no hay que hacer suposiciones: La Verdad se tiene cara-a-Cara. ¡Palpable! ¡Contundente! Nótese el cambio de significado de estos dos términos en la “dimensión espiritual”, ¡es gigantesco! “palpable” es rotundo para el sentido del tacto, ¿cómo será la tactilidad en el plano espiritual? Y “contundente”, -que tiene que ver con un golpe, que puede causar mucho daño-, que sería como ¡dar de garrotazos a un fantasma!

 

Jesús sabía de la honesta espera de Natanael por la llegada del Reino, y Natanael, a su vez, comprendió que estaba hablando con el anhelado Mesías y lo identificó plenamente como Hijo de Dios y Rey de Israel.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Jueves de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


Ag 1, 1-8

El mensaje del profeta Ageo, en sus dos capítulos tiene un eje: no sigan dilatando la re-construcción del Templo. Y está estructurado con 5 oráculos. Según los datos proporcionados en el Libro del profeta, este primer oráculo es del 1º de agosto del 520 a.C.

 

Aun cuando muchos dicen que no es momento de reconstruir la casa del Señor -como hemos dicho se habían concentrado en levantar casonas para ellos, mientras el Señor seguía a la intemperie. En este primer oráculo les pregunta la profecía: ¿es momento de vivir en casas lujosas mientras el Templo es una ruina? Uno no se da cuenta la gigantesca dosis de egoísmo que significa dedicarse a la casa propia, cuando el Templo está pendiente.

 

En otras partes hemos destacado que el Señor no necesita del Templo, pero el pueblo sí. El Templo nos da noción de lo que somos cuando estamos unidos, cuando todos latimos al unísono, y cada latido del corazón comunitario es un tambor Sagrado que nos recuerda que todos vivimos con un mismo rumbo y enfocados en el Único Dios Dignísimo de nuestro Amor.

 

Nos hemos puesto a reflexionar ¿Por qué fueron tan encarnizados los Babilonios y las Romanos al destruir el templo y no dejar “piedra sobre piedra? Si eran paganos, ¿Qué les iba o les venía un Dios que ellos desconocían? Gran parte de esa saña brutal era la de vulnerar la integridad moral del pueblo de Dios. Era un puntapié en la zona más sensible. Levantar, ahora el Templo, era un acto de re-moralización.

 

Cabe aquí resaltar -nuevamente- el significado de Jerusalén, ciudad compacta, que no significa formada con firmes y sólidas edificaciones e imbatibles murallas, sino donde se fragua fraternidad, donde se ejercita la projimidad. El Templo nos da Unidad, Identidad, Solidez, Solidaridad. Nosotros siempre somos avaros en cuanto a reconocer el Templo como paradigma de Comunión; casi siempre remarcamos la Presencia de Dios y las plegarias que allí elevamos, pero rara vez pensamos que el Templo es un “compactante” de la Comunidad.

 

Al concluir la perícopa que se proclama hoy, el Señor dice que se complacerá en el Templo y se sentirá glorificado (Cfr. Ag 1, 8), pero no es por el edificio, sino porque el Templo es la radiografía que muestra la vitalidad de un pueblo que lo ama y que se aman entre sí. Recuerden que el mandamiento esencial -que sintetiza todos los demás- nos habla de Amor a Dios, ante todo, y luego de amor de projimidad.

 

Parece muy legítimo adornar la casa propia y hacer de ella una mansión.  Sin embargo, esta Primera Lectura de hoy, nos hace reconocer, qué es lo Primero. Hoy día, parece muy legítimo y lógico, y así se hace, cada uno va al Templo a recoger el agua bendita para su propia casa, y de la comunión fraterna, nadie se da por aludido.

 

Cuando asistamos a algún hermosísimo Templo, sepamos ver que, detrás de Él, hay una Comunidad que lo erigió y que sacó su fuerza y los recursos necesarios del poder de la fe que los coliga. Por eso, no se aperezan, y “suben al monte a traer la madera (Cfr. Ag 1, 8)

 

Sal 149, 1bc-2. 3-4. 5-6ay 9b

¡Qué dignidad tan alta es elevar nuestras oraciones agradecidas!

Este Salmo es un himno. Israel se refiere en él a la preferencia que Dios le ha demostrado a su pueblo. Dios ha entrado en la historia, ha trenzado su Tiempo con nuestro tiempo humano, ha permitido que contemplemos su Misericordia en el curso de los acontecimientos. Bienaventurados los que han sabido detectar la Acción de Dios que es Alcázar, Almena, Escudo y Muralla y ha fortalecido nuestros brazos para traernos la Victoria. Nos ha entregado la presea, a nosotros עָנָו [anav] los frágiles, los débiles, los pobres, los humildes, los mansos. Estas victorias que -muchos a veces desvalorizan- dicen que fueron episodios pasajeros, minúsculas victorias, hazañas de escaza duración; pero se engañan, esas -que a ellos les parece insignificantes- nos dan el material preciso para extrapolar y poder prever lo victoria escatológica.

 

Muchos se preguntan también: ¿por qué se ridiculizan esos episodios históricos tan reveladores, y se despilfarra de modo tan absurdo el material esperanzador que nos comunican? Nos atrevemos a aventurar la teoría de que este tipo de ceguera que afecta el “órgano” de la fe, proviene, y es consecuencia del pecado original, es “nuestro lado débil”. Una de nuestras fragilidades estriba en caer fácilmente en la desesperanza y no ver lo que “salta a la vista”. 

 

La palabra orar (verbo) y oración (sustantivo) tiene que ver y su etimología viene de “llevar a la boca”, ¿qué "se lleva a la boca” en la oración? El Santo Nombre de Dios. Si hay algo que nos dignifica, que nos eleva, que nos “da alas” es la oración, porque orar es ser “interlocutores con Dios”, dirigirle la palabra y -a su vez- que Él nos conteste. Orar es llenarnos la boca de alabanzas y agradecimientos por las Victorias que Él nos regala. ¡Que seamos capaces de reconocer que las murallas de Jerícó se abaten, no por nuestras manos, no por nuestro ejército, no las derrumba la fuerza de nuestros brazos, sino el Caminar de Dios con nosotros que nos da su Amistad y viaja y habita en nuestro corazón: Él es Dios-con-nosotros.

 

Que alabarlo pueble nuestros labios y nuestra loa brote como un manantial abundante es -para nosotros sus fieles- un verdadero honor.

 

Lc 9, 7-9.



Hay un público muy especializado que le gusta ver “rarezas”: Visitan y pagan un boleto -a veces suficientemente costoso- para ver la “mujer barbuda”, “el traga-espadas”, “el hombre elefante”, y muchas otras curiosidades de circo y de las barracas de atracciones. De alguna y de varias maneras, parece ser que el Tetrarca Herodes era de esta prosapia y que esperaba que Jesús fura una de sus atracciones.

 

Sin embargo, se le clava como un punzón en el ojo porque sus informantes lo reportan como algún profeta.:

1)    Juan el Bautista

2)    Elías

3)    O que había resucitado alguno de los Antiguos Profetas.

Herodes no quería “oírlo”, no quería aprender algo de Él, no quería ser enseñado o corregido, ni siquiera quería aumentar su cultura religiosa. Sencillamente buscaba una atracción, algo que le recreara la vista, algo que llenara su tedio infinito. Bueno, ¿qué más se podía esperar de un asesino de profetas?

 

Para lograr ver a Jesús habrá que irlo a ver en dos instancias sucesivas:

1)    Verlo morir en la cruz

2)    Tener un encuentro con Él una vez Resucitado.

 

En cualquier caso, no se le verá con los ojos físicos, sino con los ojos del alma, que están dispuestos a ver -no un espectáculo circense- sino a un Redentor que viene a Salvarnos. Los otros seguirán en vano su cacería de rarezas. 

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Miércoles de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario


 

Esd 9, 5-9

Nos cuenta Flavio Josefo que, para el Día de Yom Kippur, última fiesta anual del ciclo judío, Día de la Expiación, el más sagrado para ellos, día de arrepentimiento; se había marcado el sitio correspondiente al Arca de la Alianza, en el Sancta Sanctorum, pero que, como esta había desaparecido durante la invasión Babilónica, entonces el lugar se hallaba vacío, en su lugar se había puesto el Incensario. Otro cambio era que se habían suprimido las diez Menorah salomónicas, y reemplazado por una sola.

 

El Libro de Esdras tiene diez capítulos; y, hoy leemos la última perícopa -tomada del capítulo 9- que se estudia este año. La semana entrante haremos un asomo al Libro de Nehemías los días miércoles y jueves. Hoy Esdras nos cuenta que las autoridades le trajeron quejas que los judíos -incluidos sacerdotes y levitas- se habían casado con gentiles y habían dado paso a la idolatría; el tema de la pureza y -especialmente- el de la pureza racial, gana terreno en esta tradición.

 

Esdras se rasgó las vestiduras y se rapó la cabeza, sumido en honda depresión. Al comenzar la Lectura hoy, Esdras se sobrepone a su tristeza, y hace oración, presentándole la situación a Dios mismo, señalando la cadena de desvíos e עָווֹן [Avon] “iniquidades” en que habían incurrido, y rotulándolas como causales de la invasión, de la destrucción, del saqueo y de la deportación. El profeta Ezequiel designara la espada del Rey Babilonio, como la maza de castigo de Dios a su pueblo. Encuentra, sin embargo, como consolación el “respiro” que Dios les ha dado con la política de los gobernantes persas y sintetiza todo como ocasión de volver a Judá y -en particular – a Jerusalén para adelantar la reconstrucción del Templo.

 

Tendremos la oportunidad de estudiar -la semana próxima-, en Daniel y Nehemías el parentesco cerrado de estas plegarias con el enfoque a la tradición Deuteronomista de esta plegaria.

 

A este grupo de repatriados los designa como פְּלֵיטָה [peletah] “residuo”, “escapados”, “retazo”, “resto”. Dice: “Pero ahora, en un instante, el יְהוָ֣ה אֱלֹהֵ֗ינוּ [Yahwe eloheinu] “Señor Dios” nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un יָתֵד [yaded] “clavo”, “clavija”, “lugar”, “estaca” (algo donde ponerlo) en el Templo Santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud”. (Esd 9, 8)

 

Situaciones que guardan analogía se viven también en la actualidad y nos llevan a pensar y reconocer la protección y el auxilio de Dios, en medio de nuestra nunca descontinuada indiferencia y frialdad de fe, rayanas en la impiedad y el abandono moral.

 

Sal Tob 13, 1b-2. 3-4a. 4bcd. 5. 10

Tomado del Libro de Tobit, de la sección 13,1 – 14.1 que es una alabanza; no es un Salmo pero con precisión se inserta aquí dando gracias. El Ángel que los había acompañado -Rafael- antes de partir les recomienda y les muestra cuán prudente es agradecer los beneficios recibidos de Dios, ya que el Arcángel no los había acompañado por su capricho, sino porque así lo había dispuesto Dios. Desapareciendo, entonces, de su presencia.

 

Este himno no alaba las situaciones favorables de Tobit sino que inserta su experiencia personal en el fluir de la historia de Israel, agradeciendo Su Fidelidad en el Exilio y en la diáspora. El himno cuenta con 18 versos, algunos de ellos bien extensos. Para la perícopa se han tocado 5 y medio versos.

 

Bendice a Dios que habita la eternidad que hunde, pero salva rescatando. A quien nadie puede evadir.

 

En la dispersión, aprovechemos para llevar su Mensaje y cantar su Anuncio.

 

Cualquier “viviente” que encontremos a nuestro paso, reciba su anuncio y no quede exento de su proclamación: Glorifiquemos y difundamos que Él es Padre.

 

Si bien es cierto que nos corrige y no deja pasar inadvertidas nuestras desviaciones, también es muy cierto que no nos deja permanentemente desamparados y dispersos, sino que nos vuelve a juntar como el pastor lo hace al atardecer.

 

Y, concluye designando a Jerusalén como base y lugar central desde donde la alabanza para el señor YHWH brotará. Desde allí se repetirá nuestra glorificación porque YHWH vive eternamente, ha de ser también eterna nuestra Bendición.

 

Lc 9, 1-6

La Iglesia es en salida o no es Iglesia, y está "llamada a ser siempre la casa abierta del Padre". De modo que, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, "no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas.

Papa Francisco


 

En la misma medida en que la sociedad se complejiza, se mercantiliza y fabrica necesidades mezquinas e imaginarias, donde la simplicidad del proyecto del Reino se aleja cada vez más y se implementa una cerrazón que lleva a la exacerbación del individualismo, una cultura de la “puerta cerrada”, y una aguda discriminación entre los de “adentro” y los de “afuera”. La misión se vuelve tan difícil porque sólo estamos cómodos con los de “adentro”, a quienes podemos restregarle -a nuestras anchas- la diferencia y el ser díscolos de los de “afuera”. Y quedamos totalmente bloqueados al dialogo. ¡Si, el dialogo se vuelve imposible!

 

Esta -que nos narra hoy el Evangelio Lucano- es una nuevo ciclo para Jesús, que pasa a otra etapa de la vida pública y empieza, también un nuevo modo de relación con sus discípulos. Esta nueva fase será para ellos la del Envío, el discipulado será ahora, apostolado. Y para ejercer el apostolado les dará “autoridad y poder sobre todos los demonios y para curar enfermedades”; les hará entrega del Vademécum del Apóstol que contiene tres puntos. El primero de ellos con seis “no tomen”:

1)    Nada, usen el máximo de sencillez.

2)    Ni Bastón

3)    Ni Alforja

4)    Ni Pan

5)    Ni Plata

6)    Ni Túnica de repuesto

 

Los dos siguientes se refieren a:

a)    Como actuar cuando entren en una casa, conviertan a esa casa en

a.    Iglesia

b.    Vivienda

c.     Mesa del Pan

d.    Experiencia del Resucitado

e.    Lugar de oración

f.      Escenario de pentecostés

g.    Presencia del Padre

h.    Convergencia de los hermanos

i.      Punto de partida para despegar a una nueva Misión

 

b)    Y, cómo reaccionar cuando no los reciban, que equivaldrá al rechazo de Dios. La costumbre farisea al entrar en territorio “impuro” era sacudirse el polvo de las sandalias, para que no se le pegara a uno nada de esa impureza.

 

Se puede identificar en este conjunto un estilo de total libertad, sin estorbos, sin rémoras. Sin pesos que compliquen o impidan sin maletas que embolaten. Esa hospitalidad que es tradicional en esas regiones, se espera que cobije también a los Misioneros.

 

Podemos entender en este cuadro, los inicios de la Iglesia. Trabajando para que la Voluntad Divina se cumpla, no sólo en el Cielo. La Misión es de curación, de liberación, de desencadenamiento. No es distinto del llamado actual, el discipulado que se nos propone es el mismo que se hizo apostolado, sin duda tendremos que hacer ajustes y adaptaciones, pero siempre en atenta fidelidad al cuadro originante. Llamados a renunciar a lo superfluo, a ajustarnos a la sencillez, a la simplicidad.

 

La Misión es un recordatorio de que la Iglesia es Madre y Maestra, pero ante todo Madre que quiere acoger a sus polluelos, y por eso sale a buscarlos. La misión propone una reducción al minimalismo. Ser infieles a este espíritu será condena de la misión al fracaso. Concluye la perícopa haciéndonos un llamado a “una Iglesia en salida”: «Pido al Señor que refuerce en nosotros y en todos los cristianos, especialmente en los obispos y en los presbíteros, el deseo y la responsabilidad por la comunión, el diálogo y el encuentro con todos los hermanos, sin excepción, para manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser Madre feliz de muchos hijos» (Papa Francisco 23 de oct. de 2019).

martes, 26 de septiembre de 2023

Martes de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 



Esd 6, 7-8. 12b. 14-20

Aún ha de sumarse otro detalle, los “entusiastas” que venían de la Golá y que habían puesto en los primeros puestos de sus prioridades la reconstrucción del Templo, he aquí que -y es lo que suele suceder- bajaron el Templo a una prioridad mínima y, pusieron en el primer lugar del orden del día, la reconstrucción de sus propias casas.

 

Darío es un nombre que en persa es Darayamus y que significa “el que apoya para que se haga el bien”. El relato de hoy trae -un elemento que ya habíamos enunciado ayer- el traspaso del bastón de mando, de manos de Ciro a manos de Darío. Sin embargo, cabe destacar que había una voluntad de continuidad en lo gobernado. No estamos ante la situación del gobernante de turno que llega a desbaratar lo que el gobernante anterior hizo u ordenó. En cambio, Darío, y esto era un elemento definitorio de la “política” -como era vista por los persas-, estaban por el “continuismo”.

 

Así las cosas, Darío investiga cuidadosamente cuales habían sido los designios de sus antecesores y, se entrega a impulsar esas empresas y aspiraciones. Fue su decisión apoyar con los fondos del “erario público” recaudado en la región de Transeufratina -una satrapía conformada por los territorios al oeste del Éufrates y compuesta por Siria, Palestina, Chipre y Fenicia), la reconstrucción del Templo.

 

Como ya se dijo ayer, la re-dedicación del Templo se hizo con el sacrificio de incontables animales, cuadrúpedos, especialmente bovinos. Y hubo una muy especial organización litúrgica que atendía con detalle y precisión los turnos y su duración y orden ajustándolos a lo prescrito en la Torah.

 

Rituales de purificación se realizaron con muy piadosa intención, para celebrar su Primera Pascua post-exilica. Se encargaron pues los turnos sacerdotales y levíticos, y se asignó a los levitas el servicio de carnicería -conexo al de los sacrificios- que anteriormente era ejercido por laicos. Así, esta reforma post-exilica en el templo, conlleva un espíritu “clericalista”. La perícopa se cierra señalando la exclusividad ritual de sacerdotes y levitas en la ritualidad de los sacrificios.

 

Sal 122(121), 1bc-2. 3-4ab. 4cd-5

Es un salmo de peregrinación que se puede tomar como el último de la Peregrinación o el primero de los graduales; el salmista en el verso 1, nos da la clasificación como מַעֲלָה [ma-la-hau] “gradual”. Lo primero, al llegar y contemplar el Templo, es ver su esplendor y maravillarse ante Él. Una vez repuestos de la admiración, viene la bienvenida -por parte de los Levitas- y el saludo por parte de los peregrinos.

 

También era importante una catequesis “turística” y “litúrgica” sobre el lugar, que en este salmo es muy breve. En la conclusión del Salmo nos encontramos ya con el “momento de la paz”.

 

Nuestra traducción señala que Jerusalén es una ciudad bien “compacta”, desde niño entendíamos, una ciudad de edificaciones muy estables y sólidas; ahora, con alguna idea del hebreo, vengo a ver que la palabra חָבַר [chavar] significa “que crea lazos de fraternidad”, que “intensifica las relaciones interpersonales”, “que nos da un sentido de hermandad”, “que genera un poderoso sentimiento de unidad”. (Sabido esto, entiendo por qué se ha puesto este Salmo como antesala del Evangelio que se va a proclamar a continuación).

 

Se hace mención de las oficinas de administración de la Justicia, porque estaban los Doctores de la Ley, listos a dirimir “conflictos”, a resolver querellas, siempre remitiéndose a la Ley Divina, a los códigos Μωσαϊκόςmosaicos”. Y no son oficinas cualesquiera, son los Tronos de la Justicia, porque son los sitiales desde donde Dios imparte y nos hace llegar la Suya que es le Justicia más Justiciera.

 

Hay una pregunta esencial para entender la Sacralidad del Templo: ¿Para qué está destinado el Templo? Para “celebrar”, o sea para congregarse (la esencia de la palabra “celebración” no es el carácter festivo, sino el sentido de “asistencia en masa”). Si, sencillamente “congregarse”, no, no es solo acudir muy piadosos y salir “beatificados”, con una idea farisaica de “ya cumplí”, “he observado lo prescrito en la Ley”. Hay otro elemento de radical importancia en el Templo, es acrecentar la fraternidad, mirar los rostros de los que asisten y saber que hay un parentesco de “hermandad” con todas esas caras que se dieron cita para “celebrar” el “Santo Nombre de Dios”, porque todos los asistentes Lo han llamado “Padre”: Para que sea una Alianza con Dios, tiene que ser, también, una Alianza con mis “hermanos”.

 

Entonces, y sólo entonces, estarán puestas las bases verdaderas para que se despliegue la Paz: שְׁל֣וֹם [Shalom] es una paz que compendia amor, salud, bienestar, seguridad, concordia y fraternidad. Como fuente de la Paz más plena: el Templo; desde allí bendecimos a todos los “hermanos”.

 

Abandonemos toda tristeza, y dejemos que nuestro corazón se trasforme en un Ramo frondoso de Gratitud y Fraternidad.

 

Lc 8, 19-21

El que escucha la Palabra, pero no la pone en práctica, es como el que mira su cara en un espejo y, en cuanto se va, se le olvida cómo era.

Sant 1, 23s


 

Jesús no se limita a “predicar” con su discurso la importancia de poner el Candelero muy en alto, sino que Él vive así, no a la tapada, sino a ojos-vista, ¡Claro! Arriesgándose, poniéndose en evidencia, llamando la atención de los gobernantes, de las “autoridades” civiles y religiosas. Ahora, -pasa con muchísima frecuencia- ponen los ojos sobre el “revoltoso”, pero miran hacia su familia, porque allí pueden tocarle el “talón a Aquiles”, donde a Aquiles más le dolería. La familia puede ser la vía más directa al amedrentamiento. Pero Jesús ha querido mantener su fidelidad a lo que su Padre Celestial le ha requerido: Fundar un nuevo tipo de familia, basada sobre otro tipo de consanguinidad, la fidelidad al Padre del Cielo.

 

Jesús no se limita a proponer un discurso muy moral, ni a requerir deberes y obligaciones, cuantas más, aparentemente mejor. ¡No! Jesús, va a una praxis de su enseñanza, a una vivencia y un compromiso verdaderos conforme con el Anuncio; Él pone a actuar su Coherencia. Su familia: María y sus primos, están nerviosos porque Jesús está “pisando callos”, está incomodando, levantando ampolla y se está exponiendo al colocarse en la zona de mayor visibilidad. Sus “parientes” se sienten en la obligación de venir a “llamarle la atención”, no pueden entrar a llamarlo para hablar con Él, entonces, lo hacen llamar por terceros. Podemos imaginarnos como corrió la voz de oído en oído, desde la puerta hasta el punto donde se hallaba hablándoles.

 

Jesús, que estamos habituados a ver como una persona muy modosita, que no discutía nada, que no contrariaba a nadie, muy respetuoso de las “reglas”, viene a decir con su “modelo y su idea de familia”, que este tema de la raza y la sangre no tiene nada que ver para Dios, que el pueblo de Dios no eran los mejores, ni los superiores, sino los más necesitados y que de ahí salía su preferencia.

 

Se pone en la “línea de tiro” cuando afirma que no tiene que desvelarse tanto por “escuchar a Moisés”, sino que ahora tiene que “escuchar” la Palabra de Dios, y, luego, el salto gigantesco, -que encierra una crítica impertinente contra los letrados, los escribas y los fariseos: ¡Y cumplirla!

 

Un cambio total de fronteras: Despabílense los que se creen de Dios sólo porque nacieron en este pueblo, ¡Háganse de Dios! Vivan sus enseñanzas, practiquen la Voluntad de Dios. ¡Si! Verdaderamente un nuevo tipo de familia: La gente que atiende a Dios en todo lo que Él dice. ¡Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la ponen por obra! (Cfr. Lc 11, 28)

lunes, 25 de septiembre de 2023

Lunes de la Vigésimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario



Esd 1, 1-6

Los libros de Esdras y Nehemías (que eran un solo Libro, como también pasó con Crinicas I y II); pertenecen -en la Biblia Hebrea- a los “Escritos” (Ketubîm), junto con los Libros de Rut, Ester, y 1-2 Crónicas se pone junto con el segundo grupo de Libros históricos, que repiten con variaciones, la historia Deuteronomistas que va de Josué hasta Reyes. El autor tanto de las Crónicas, como de Esdras y Nehemías lo conocemos como el “Cronista”.

 

Después de un silencio de 50 años, el cronista retoma y continua -saltando este hiato histórico- la  Crónica. Arranca, usando como pista de despegue el Edicto de כּ֫וֹרֶשׁ  [Koresh] “Ciro” en el año 538 a.C. que autorizaba y patrocinaba el regreso a su Tierra de los exiliados y la reconstrucción del Templo. Es -cuando menos interesante, anotar que, Ciro es la españolización del nombre -en persa antiguo- de Kūruš, que en griego antiguo era Κῦρος [kiuros] -notemos el cognado con κύριος [Kyrios] “amo”, "señor”, “tutor". Cabe aquí señalar que, fue el instaurador de la dinastía aqueménida de Persia (559-530 a. C.) y el fundador del Imperio aqueménida, primer Imperio persa, luego de vencer a Astiages, último rey medo (550 a. C.); y que, la influencia aqueménida en el mundo antiguo se extendería finalmente hasta Atenas, donde los atenienses de clase alta adoptaron como propios aspectos de la cultura de la clase dirigente de la Persia aqueménida. También diremos aquí que Ciro es el único personaje no hebreo que -en la Biblia Judía- es llamado con el título de Mesías.

 

Ya en el 537 a.C. Sasabasar procuró restablecer el culto en Jerusalén, aun cuando se desconoce de dónde provinieron los fondos si fue que se abanderó de una colecta con contribuciones voluntarias. No sabemos, qué pasó con él… el tema del Templo tendrá que esperar al año 520, ya en la era del gobierno persa de Darío. Sabemos que los Samaritanos se opusieron a la reconstrucción del Templo en Jerusalén y que sus obras no verían conclusión hasta el año 515 a.C. estos hechos de dedicación del Templo reconstruido tuvieron por caja de resonancia a los profetas Ageo y Zacarías.

 

En el reinado de Artajerjes, se dio un decreto que respaldaba a Esdras y Nehemías - luchadores incansables por la restauración de Jerusalén-, y este decreto avalaba su propósito y su lucha contra los matrimonios que la Ley mosaica proscribía con paganas. Para tener una perspectiva más abarcadora invitamos a asomarnos a los profetas Ageo, Zacarías y Malaquías.

 

Todo lo que se relatará en esta perícopa que leemos hoy sucedió para cumplir una profecía de Jeremías que así lo preveía. La panorámica que nos permite contextualizar nuestra exploración al Libro de Esdras, queda más completa señalando que:

a)    La política de los persas en vez de luchar por destruir las religiones locales se esforzaba en respaldarlas y por este medio, comprometer a los encargados (sátrapas) a manejar una política de contención.

b)    Pudieron regresar a la tierra prometida y paulatinamente restablecer el culto en el Templo.

c)    Reconstruyeron las murallas de Jerusalén y tuvieron un gobierno de gente de su propia raza.

d)    Restablecieron la Ley Mosaica.

 

Fue así como el exilio fue un catalizador que dio a Luz el Judaísmo, que tiene como su padre real a Esdras con sus tres banderas principales:

1)    Ellos eran pueblo escogido

2)    La Ley a seguir era la Ley mosaica

3)    Y el Culto volvería a ser en el Templo.

Nada de esto puede obviar la fuerte oposición de los que seguían radicados allí, campesinos, gente rural muy empobrecida, pero que, acostumbrados a su diseminación por los campos, carecían de organización y de elementos estructurantes para llevar a cabo un aporte sonante o una oposición contra los que venían del גולה [Golá] “Exilio”, que ahora contaban con el apoyo del gobierno persa.

 

Sal 126(125), 1b-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Este es un salmo Gradual. En particular, de presentación de ofrendas, donde las bendiciones otorgadas se traslucen en la abundancia de la cosecha. El significado original de este Salmo canta la vuelta a Jerusalén, precisamente a raíz del Edicto de Ciro.

 

Algo tan deseado y tan anhelado, algo que se ha incluido en las profecías, algo como la expatriación por fin cancelada y que anuncia la posibilidad del regreso y de retomar el culto como elemento clave de la identidad de este pueblo, era precisamente como un sueño hecho realidad. Una resurrección.

 

Es, además, lo que la hace tan dulce: un regalo de Dios; ellos con su fuerza y sus recursos no la habrían alcanzado, es un signo claro de Dios que ha obrado y ha hecho el prodigio que les es tan favorable. Un sueño hecho realidad, como “bobitos”, se reían sin tener haber oído ningún chiste, y se les llenaban los labios de canticos, aquellos que sus mayores les habían enseñado, para que no olvidaran su procedencia ni al Dios que era su Dios.

 

Otros pueblos de la gentilidad también se daban cuenta del Portento Divinamente regalado, y descubrían que las bondades de aquel portento eran inmensas y sus frutos también alcanzaban a cobijarlos a ellos.

 

Como un rio que arrastra en avalancha, llevándolos -en rauda navegación-, como las aguas torrenciales del Neguev arrastraban todo a su paso dejando una estela de vida floreciente. Pero estos no van llevados por una inundación súbita que los perjudica, sino acaballados en las olas de un rio embravecido que los conducía a su Liberación.

 

Cuando los exiliaron fueron deprimidos, llenos de pesadumbre porque iban arrancados de su bien amada Tierra; ahora, cuando van de regreso, es todo lo contrario, lo que ayer eran lágrimas de plañidera muy entristecida hoy se ha trasmutado en cantico feliz de segadores que recogen la más abundante cosecha.

 

El Señor se complace y su deleite es, vernos felices, la dicha de Dios se alza como un bosque nacido y crecido de la noche a la mañana, con árboles que cargan frutos todos los meses, y florecen al amanecer tanto como al caer la tarde, con dos floraciones por día. ¡Verdaderamente que era, todo un sueño hecho realidad!

 

Lc 8, 16-18

Tengan la osadía de ser santos brillantes, en cuyos ojos y corazones reluzca el amor de Cristo, llevando así luz al mundo.

Papa Francisco

 



Jesús que es Luz, va incendiando a otros, los llena de su Propia Luz y les entrega un esplendor que no se puede esconder, tanto brillo es difícil menguarlo, ¿cómo podremos substraernos de que muchos queden expuestos a este brillo?

 

Jesús en la Trasfiguración se vuelve tan brillante que encandelilla, se quiere parpadear mil veces por segundo, se quiere caer rostro en tierra para no quemarse los ojos, para no perforarse la retina, es más fácil mirar el sol directamente que pretender fijar la vista sobre el Trasfigurado. Para tanto brillo hay una sola explicación, es el Brillo de Dios, y -aun cuando uno no lo quisiera- la ropa, de los que andan con Él, también se vuelve luminosa, hasta el punto que cualquier reflector -por potente que sea- a su lado es oscuridad.

 

Señor, que nos has puesto esta brillantez ilimitada en nuestro corazón y te gozas en convertirnos en Faros-Vivientes, sabemos que no nos envías para que vivamos ocultos en buhardillas, escondidos en cajas fuertes absolutamente opacas; lo que Tú quieres es que se derrote hasta la última sombra, que no sobreviva ni un ápice de tenebrosidad, mucho menos de tinieblas; lo que Él quiere es contener lo oscuro y destapar miles de millones de botellas de “Claridad” y que se sepa que Su Reino es un Reinado de Luz.

 

Muchos habían pensado que se trataba de chismes, que se destaparían y, que los más recónditos secretos de los miembros de la farándula se iban a descorchar; pero ahora, sabemos que Tú estás hablando de derrotar la mentira, de rasgar de una vez por todas las anteojeras de la falsedad, de derrotar tanta y tanta falsedad que el Malo ha desparramado por ahí: aquí de lo que se trata será de la derrota definitiva de tantas y tantas que se hicieron llamar filosofías, y que entonces se sabrá que sólo son sartales de falsedad porque el malo es el Padre de la Mentira.

 

¡A ver! ¡Despertemos! Jesús no vino a encender a sus discípulos para luego ponerlos debajo del cajón de medir los cereales, no vino para regodearse en los “raros”, en los “elegantes”, en los “distinguidos", en los “especiales”, en los que imitan a la farándula, en cultivar una moral decadente y que imponen sus puntos de vista porque tienen su club privado de fans que los aplauden y les alaban sus promiscuidades convencidos, que son la máxima autoridad; Jesús no fundo una religión reservada, sólo para los “iniciados”, para los “iluminati”, no se trata pues de dejarse seducir por la extravagancia, ni por la “originalidad”, esos que se desvían por esos vericuetos serán los desenmascarados a los que se  refiere el Evangelio de hoy.

 

No vayamos a incurrir en la envidia de querer llevarnos la Luz de Cristo a casa y querer “almacenarla” en la caja fuerte, dejémosla -por el contrario- extendida a la intemperie, que flamee, que todos los que pasen se la lleven, porque cuanto más la demos, más tendremos, verdaderamente, de ella.