sábado, 27 de marzo de 2021

SER COHERENTES

 



Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24; Fil 2, 6-11; Mc 14,1-15, 47.

 

 

 …podemos ofrecer tres cosas: el Evangelio, el crucifijo y el testimonio de nuestra fe, pobre, pero sincero. El Evangelio: ahí podemos encontrar a Jesús, escucharlo, conocerlo. El crucifijo: signo del amor de Jesús, que se entregó por nosotros. Y después una fe que se traduce en gestos simples de la caridad fraterna.

Papa Francisco

 

En el 2017 Papa Francisco inició su Homilía de esta fecha Litúrgica diciendo: «Esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del Evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén».

 

Hay una figura-concepto del Antiguo Testamento que se debe tener en cuenta para profundizar esta Solemnidad y, a la vez, vislumbrar qué clase de Mesías es el Señor Jesús. Esta figura es la de “Siervo Sufriente”. El Siervo Sufriente es patrimonio Isayano (del Deutero-Isaías, escrito por allá hacia el 560 aC. durante el cautiverio en Babilonia) en los capítulos 40-55, muy en particular en el capítulo 53. Hoy, nos interesa dado que la Primera Lectura es –precisamente- el Tercer Cantico del Siervo Sufriente. Todo en el Primer Testamento pre-anuncia a Jesús, y el Siervo Sufriente es claro vaticinio del Salvador.

 


En la Segunda Lectura, en Fil 2, 8 nos encontramos frente a una palabra clave: ὑπήκοος que se traduce “obediente”, y en ese mismo verso nos encontramos la explicación de cómo se mostró esa obediencia, fue humillándose que la implemento. Este ταπεινόω “tapeinoo” significa “abajarse”, o sea que cumplió obedientemente, abajándose, vaciándose, alcanzando un desprendimiento, un empobrecimiento, una carencia total. La obediencia se produce por una kénosis, por una supresión de las apetencias propias para asumir plenamente la Voluntad de Dios-Padre en la consumación de su Economía Salvífica. Lo que revela la Escritura es ese Plan Salvífico de Dios que encargó, precisamente, a Su Hijo. Ese Plan no se podía cumplir sino a través del Sacrificio de su Propio Hijo. Enmendar el entuerto que el pecado humano causó, no era posible por una vía diferente a la Entrega de la propia Divinidad. Se trataba de recomponer un Delicado y Preciso Equilibrio con el que Dios había ejecutado la Creación, pero esta había sido estropeada hasta tal punto que era necesario algo como “Crear-la de Nuevo”: La Obediencia de Jesús “lo hace todo Nuevo”. Así lo leemos en Apocalipsis 21, 5: “Mira, yo hago nuevas todas las cosas. Este “Hacer-Creador” es exclusivo de Dios, sólo Dios puede “Crear”. Sólo Jesús puede dar cumplimiento a este “re-Novar”. Para “hacer todas las cosas nuevas, Jesús se ve ob-ligado a transfigurarse en Siervo Doliente, a cumplir su consagración como Nazareo; es una transfiguración que se da en la “desfiguración”. Su obligación es con el género humano, donde el compromiso lo había contraído con Su Padre. Y ¿qué lo ob-ligaba? La Alianza que el Padre había pactado. Un hijo egoísta diría –seguramente- “esas son deudas de mi papá, yo no debo nada, si él les debe algo, que lo pague él”. Ese lenguaje es totalmente ajeno a Jesús, para Jesús las Alianzas del Padre son sus propias Alianzas, las “deudas” del Padre son sus “deudas”; Él suscribe el Pacto y lo honra. Aquí llegamos a uno de esos maravillosos puntos de difícil comprensión, donde uno se despoja de las sandalias, porque es terreno Sagrado: Creemos que Dios al crear asume un compromiso, es esa responsabilidad paternal que no descuida a su criatura. Luego, aun cuando nos movemos en el terreno del Misterio, preferimos pensar que, en el Corazón–Amoroso del Creador, Alianza y Creación se entretejen en unidad-y-simultaneidad.

 

Regresemos al episodio de la Entrada de Jesús en Jerusalén: Con frecuencia se nos hace incomprensible cómo fue posible tanto entusiasmo al recibir a Jesús para, después, con un cambio tan radical, pedir que lo mataran y haber preferido a Barrabás antes que exonerar a Jesús. ¿De dónde tal incoherencia? Quizás cuando Jesús entraba en Jerusalén visualizaban al líder-guerrero que restablecería el poder del Trono de David y los libraría del dominio romano, esto se puede deducir de Mc 11,10a: “Bendito el reino de nuestro padre David, que llega.” Además, si era la fiesta de Pascua, la fecha venía muy bien, se trataba de la fiesta de la “liberación”, cuando Dios obró prodigios a favor de la liberación del pueblo de Israel de la dominación egipcia. Parecía lícito esperar que Dios obrara nuevamente, dando a la piedra de la honda de David el poderío para librarlos del gigantón Goliat; o que, separara nuevamente las aguas del Jordán para que los Israelitas lo cruzaran a pie enjuto. Este pueblo escogido se había acostumbrado a ser el consentido de Dios y lo que esperaban –más que al Mesías- era una nueva maravilla; poder pasar de avasallados a avasalladores. Así es la mente infantil: Sin duda este pueblo escogido pensaba que “mi Papá le puede pegar a tu papá”.

 

Entre las maneras como Dios le hablaba a su pueblo, por boca de los profetas, estaban los “signos”. Si Dios era coherente con sus signos, el Mesías debería entrar a Jerusalén en una biga, triga o cuadriga, según era el uso de los carros de guerra romanos; o a lomo de caballo –como mínimo- según la usanza de los guerreros al entrar triunfantes. ¡Pero no! He aquí que el Señor llega en su deslumbrante cabalgadura: πῶλον ¡Un burro! Uno no podría negarse a entender la simbología. El Señor, según lo leemos en el Evangelio, no deja espacio a ninguna ambigüedad. Su cabalgadura es la más humilde, la menos guerrera; no anuncia ningún militar victorioso, no pronostica ninguna clase de héroe bélico, esto será siempre una tristeza depresiva para los belicosos.

 

Por el contrario, «Todas las experiencias de Dios del Antiguo Testamento iban encaminadas, como revelación progresiva, hacia la revelación de Dios que realizaría Jesús… Lo que hace Jesús es… que… Reúne toda la tradición en apretada síntesis y le da las últimas pinceladas, resultando una obra maravillosa, nunca antes vista en su plenitud.»[1]

 


Más tarde, verlo aprehendido, golpeado, humillado, abandonado de sus habituales, reducido a un guiñapo, todo proyectaba - según sus expectativas- la imagen de un anti-Mesías. Que entrara en un burrito, vaya y pase –al fin de cuentas, así aparecía en las profecías- pero verlo desvalido, abandonado, sin ni siquiera una “cuadrilla” de hombres que lo secundaran, eso ya era otra cosa. Eso los defraudó y la decepción la pagaron con moneda de abandono y traición. ¡Le dieron la espalda!

 

El entusiasmo inicial, especialmente porque se trataba de Galileos propensos a las soluciones guerreristas, inclinados a la conspiración y a los atentados “terroristas”, había puesto nerviosos a los herodianos, a los del Sanedrín, a los saduceos, que corrieron a alertar al procurador alarmándolo con la perspectiva de un alzamiento. ¿Pueden figurarse hasta qué limites debió acrecentarse su nerviosismo al ver que Jesús llegó directamente al templo a pasarle revista a todo? Basta recordar que ¡el corazón de este sistema estaba, precisamente, en el Templo! Y Jesús llegó directo al Templo, lo enjuicio con su mirada, revisó todo y salió con su “pandilla” de Doce.

 


Nadie logra descifrar lo que se proponía el jinete de este borreguil trono. Hablamos de trono porque así lo tomó la gente: Le habían puesto “sus capas encima” para dignificar el sitial, “le extendieron sus capas a lo largo del camino” para honrarlo, “Gritaban ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David!”. Seguramente a todos esos letrados y sumos sacerdotes se les pusieron los nervios de punta. Sus mentes debieron repasar enseguida- la lista de sicarios de la época. A Ese había que silenciarlo cuanto antes.


 

Pero la propuesta de Jesús apuntaba en otra dirección, su oferta era de gestos sencillos de fraternidad, de solidaridad, de “samaritanidad”. Este paso adelante en la madurez de nuestra fe estamos llamados a darlo los creyentes de hoy, «La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios», al decir de Papa Francisco[2]; bebamos nosotros las aguas de Vida de esta fuente y concentrémonos en «la coherencia de vida: entre lo que decimos y lo que vivimos, coherencia entre nuestra fe y nuestra vida, entre nuestras palabras y nuestras acciones» como nos pidió el Papa –en aquel momento, ya hizo 6 años- desde el balcón del palacio apostólico: “Nosotros no podemos continuar con una fe deformada, cargada de falsas expectativas. ¡Hay que corregir la visión! No sigamos esperando que Él nos dé. ¡Es hora de dar nosotros!” ¡Demos caridad coherente! Según la emergencia de hoy. «Evangelio, Crucifijo y testimonio. Que la Virgen nos ayude a llevar estas tres cosas».

 

 

 



[1] Caravias, José Luis. sj. DE ABRAHAM A JESÚS. Ed. Tierra Nueva Centro Bíblico “Verbo Divino”. Quito-Ecuador 2001 p. 167

[2] Papa Francisco. Ángelus del Domingo, 22 de marzo de 2015

sábado, 20 de marzo de 2021

ACTUAR COMO SEMILLAS PARA PODER ASCENDER

 

 


Jer 31, 31-34; Salmo 51(50), 3-4. 12-13. 14-15; Heb 5, 7-9; Jn 12, 20-33

                                                                        No actuaré con el ardor de mi ira, porque soy Dios y no hombre

Os 11, 8-9.

 

Recientemente reconocimos que esta parte de la Cuaresma –Domingos Tercero, Cuarto y Quinto- conlleva en su Liturgia, Lecturas que nos convidan a una dinámica de ascenso, que se urden y entretejen en una serie de expresiones que nos impelen al mismo propósito: ¡Subir, levantarse, resucitar! Pero, como empujarse a las Alturas, ¿cómo ascender? Jesús nos enseñará –aquí- que cuando Él sea ὑψωθῶ (ὑψόω) levantado, se encargará de “remolcarnos”, que con su poder Él nos ὑψόω (ἑλκύω) atraerá. Le respuesta que nos aporta hoy es paradójica: hay que caer en tierra –como la semilla- y morir allí, entonces, la planta brotará, va a crecer, y alcanzará el mismísimo Cielo. El fruto de la planta no está destinado a la planta misma, su crecimiento nutrirá a otros, su razón de ser es hacerse útil, ser benéfica para los demás. El sentido del grano de trigo, no es ser trigo, sino llegar a convertirse en pan.

En la Primera Lectura el Señor ofrece “una Alianza Nueva”, ya no se basa sobre su escritura en tablas de piedra; se apoyará en la implantación de la ley  “en lo más profundo de la mente” el Señor la va a grabar (escribir) “en el corazón” (Jer 31, 33). ¿Será que Dios va a implantar la Alianza derogando el libre albedrio de las personas? ¿Se trata –acaso- de una especia de “dictadura” de la ley? ¡De ninguna manera! Si tal fuera, no podríamos predicar más la “fidelidad” de Dios. ¡La fidelidad de Dios está manifiesta en su generosidad libérrima! Si miramos al Crucificado vemos dos elementos: La crueldad del ser humano, y de la otra parte, la imagen conmovedora de Dios-humanado que lo entrega todo por Amor, que se deja hacer, como “manso cordero”, se rinde como víctima, se deja sacrificar como oveja, como paloma, se deja sepultar como semilla.  

 


En el evangelio hay una confesión impresionante: “Ahora que tengo miedo” (la palabra ταράσσω significa descompuesto, conmocionado, perturbado, alterado); dice Jesús y nos sorprende- “y por eso ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora?’. ¡No!” Así pues, Jesús nos deja ver su rostro tan humano, azuzado por el temor pero Firme! (esa firmeza es otro sinónimo de Fidelidad). Es Jesucristo desfigurado, sangrante, un fleco de hombre ¡cuán atractivo! Nos dan ganas de seguirlo en su capacidad de martirio, en su tenacidad para vencer el dolor, en su valentía que lo salva de acobardarse. Por eso los amos nos adiestran en la cobardía… ¡No hay nada de masoquismo en esta expresión, nada de auto destructividad! No es que andemos buscando el dolor, la tortura, ni la muerte. La Primera Alianza, la del reinado de David, la del Trono Real cede el paso a la Nueva Alianza donde el Trono es la Cruz. Jesús, Rey de la Nueva Alianza, fue coronado (de espinas), también portó su “capa purpura” según leemos en el Evangelio de San Juan (19,2c) todo indica que era un pedazo de trapo para limpiar el que le pusieron sobre los hombros a guisa de capa real. Pilato lo presenta “Ecce Homo”: un guiñapo. ¿Cómo podría no conmover el corazón ver a este hombre envilecido con violencia? ¡Sólo un corazón de piedra puede permanecer indiferente! ¡Los ojos vueltos hacia el Rey Nazareno dejan grabados en el corazón la justicia, la bondad y la rectitud de los valores por los que entrega la vida y hasta la última gota de su Sangre, queda impresa en nuestra mente, como dice en el texto, en lo más hondo de nuestro fuero interno!

 


El Salmo nos ayuda a articular los elementos presentes: Recordemos que este salmo es producto del pecado de David que tomó a Betsabé, la esposa de Urías el hitita y mando a este al frente de combate condenándolo a muerte, para quedarse con ella. Este era un derecho del rey en esa cultura, es un pecado pero en ese contexto era –además- un privilegio real. Sin embargo, cuando el profeta Natán lo recrimina, se muestra sinceramente arrepentido y ofrece su penitencia con corazón contrito. Así compone David el Miserere pidiendo perdón por esta falta. Lo más conmovedor, lo impactante, es que el trasfondo del salmo es confianza en YHWH, Dios-que-perdona, Dios misericordioso y bondadoso de inmensa compasión, que lava los delitos y limpia de los pecados. No es un dios acusador; no es un dios que se aposenta en su rencor por nuestras faltas y culpas. Dios es un Dios de bondad, lento a la cólera y rico en piedad, bueno y cariñoso con todos. (cfr. Sal 144, 8b-9).

Nuestra reverencia se dirige a Jesús, Dios-humanado, el único capaz de alzarnos del barro de nuestra fragilidad, supliquemos a Jesucristo, con la conciencia que tuvo el Cardenal Carlo María Martini:


 

Henos, Señor,

delante de ti, de tu Palabra,

de tu cuerpo, de tu cruz.

Henos ante la novedad de tu don

con nuestra indignidad,

confiados en tu misericordia.

 


Viene a continuación nuestro compromiso: Dios Padre y Jesús (Dios-Hijo) nos dan ejemplo de generosidad, nos muestran un patrón de conducta cero-vengativa, el Corazón de Dios está inclinado al perdón, prefiere perdonar que castigar, dice no a la vendetta, supera el talión y acelera nuestros pasos hacia la reconciliación. Excusa nuestras faltas y se adelanta a inventar pretextos que aminoren la insolencia de nuestras debilidades. Con su propuesta nos lleva hacia esa disponibilidad a la entrega, invitándonos al desprendimiento porque “el que se ama a sí mismo, se pierde; en cambio, el que rechaza el “orden” impuesto en la sociedad-terrenal se asegura para la vida eterna” Jn 12, 25. Así que la propuesta para nosotros es asumir la generosidad del grano de trigo para poder llegar a dar mucho fruto. Jesús nos invita a “dejarnos levantar”, nos dice que le sigamos para estar donde Él está y nos da el mandamiento del servicio que es la sublime expresión del amor a los hermanos. Amar no es servir por servir, es servir en el Santo Nombre de Jesús, tratando con nuestras pobres fuerzas de seguir sus huellas, pero asumiendo que es Él quien nos atrae, que es por su Fuerza Misericordiosa que nos logramos remontar.

 

 

 

 

sábado, 13 de marzo de 2021

DOMINGO EN ROSA

 



2Cro 36, 14-16. 19-23; Sal 136, 1-2. 3. 4. 5. 6; Ef 2, 4-10; Jn 3, 14-21

 

…la boca se nos llenaba de risas,

la lengua de cantares.

 

Hasta los gentiles decían:

«El Señor ha estado grande con ellos».

El Señor ha estado grande con nosotros,

y estamos alegres.

Sal 125, 2-3

 

“Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. ¡Venite adoremus!”.

De la Liturgia del Oficio de la Pasión


Desde el Domingo pasado (3ro de Cuaresma) hemos empezado a contactar con una manera de comunicar que trae la Palabra: se nos está induciendo a compenetrarnos en una dinámica de ascenso, todo se hilvana en una serie de expresiones que nos concitan al mismo objetivo: Subir. ¡Subir, levantar, construir, resucitar, con-resucitar!

 Empecemos mirando el evangelio del Domingo anterior: “Destruyan este templo y en tres días lo levantaré”, dijo Jesús. En este Cuarto Domingo de Cuaresma, (el de lætare), hacemos un alto y abrimos un paréntesis en este proceso penitencial, ablandamos el rigor de nuestras disciplinas penitentes y, dejamos entrar un rayo de la Luz Salvífica que está ya más cercano a la Pascua: es el Domingo de la veintena (in vicecima), que está más cerca del día treinta del cuaresmario, (este año es el día 26º de la Cuaresma). En la Primera Lectura, será Ciro el que ha sido exigido en la tarea de construirle un Templo –al Señor- en Jerusalén de Judá. Si esto lo miramos desde la óptica que nos propone Jesús se trata –no de levantar un edificio- sino de hacer de nosotros mismos Templos vivos, valga decir, se trata de sacralizarnos; que la Luz del Victorioso que Resucitó, rebote en nosotros y resplandezca para el mundo: ¡Alégrate Jerusalén! (Ciudad de la Paz) Que se congreguen todos los que te aman (¿a la ciudad, o a la paz? Nosotros creemos que se refiere a los que aman la Paz). Que se regocijen con júbilo los que estuvieron tristes; que exulten y se sacien de su maternal consolación. Mamarán de sus pechos el alimento que reconforta, y se gozaran en su abundancia. (Cf. Is 66, 10-11).

 Tengamos muy presente que no es una tarea individualista, no consiste en que cada uno -en su rincón- se sacralice, la ruta se enuncia con un sentido de colectividad, no pone por delante el tema arquitectónico sino que fundamenta la construcción en el envío de un pueblo proponiéndoles, a todos los que acepten y se reconozcan integrantes de ese pueblo, que… ¡vuelvan! (es el mismo volver del hijo derrochador que se convierte de su vida licenciosa y regresa –contrito- a la “casa del Padre”).

El fragmento que leemos, del Segundo Libro de las Crónicas, nos cuenta como, ese pueblo-hijo pródigo, fue y malgastó la herencia llevando una vida de perdición: nos dice que “todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las aberraciones de los pueblos y profanando el Templo del Señor”.

 Hay una llave que destraba las puertas de la Salvación, ¡Hay que destrancar para poder entrar! este proceso se llama Redención. ¡El Hijo del hombre, tiene que ser enarbolado en el Árbol de la Vida! La Serpiente de bronce que Moisés enarboló sanaba del veneno de las picaduras de las víboras; ahí, precisamente, retomamos la idea de la “dinámica ascensional”, dice el Evangelio de San Juan, “tiene que ser elevado el Hijo del hombre” para que puedan sanar del veneno del Maligno.

 


¿Sobre quienes tendrá efecto este Antídoto? ¡Sobre quienes crean en Él! “El que crea en Él no será juzgado; El que no crea ya está juzgado”, no es un juicio ajeno, es uno mismo quien se juzga, es una opción, uno mismo opta. Recordemos ese saber fundante que nos confirió San Agustín: Dios nos creó sin necesidad de pedirnos permiso, para eso es Dios; pero no nos forzará a salvarnos, ahí está la “opción”.

Él nos sale al encuentro, Él “se hace el encontradizo”, Su Magnanimidad es Gracia, viene explicado en la Segunda Lectura, en Efesios, esa Magnanimidad es llamada “riqueza en Misericordia”, y –explícitamente- se nos dice “es Don de Dios, no viene de nosotros”. La recibimos –si queremos, si aceptamos, si creemos-. Está puesta allí, en la Mesa de la Gracia, La podemos aceptar o pasar de largo.

 ¿Por qué Domingo de lætare? Si venimos penitentes, ¿de dónde sacaremos alegría? Precisamente de allí, de la Fuente de la Salvación, de mirar al Enarbolado y aceptarlo como Antídoto de la muerte, y remedio para alcanzar la Vida Eterna; sacaremos gozo de nuestras lágrimas, (Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.) porque allí, en el Altar, en el Árbol-de-la-Salvación, pende, bastará tomarla, es gratis, de pan-coger, si la quieres, tómala. ¡Acéptala! ¡Acógela!


 

¿Sube Jesús sólo hasta la altura de un árbol? ¡No! El Árbol de la Salvación, hunde sus raíces en el Gólgota, pero eleva sus ramas hasta la Vida Eterna. “Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit.”

 Ya lo veremos resucitar, y ser elevado en Gloria hasta la Casa del Padre (pero no nos quedaremos mirando hacia lo alto, boquiabiertos, aunque –es bien cierto- que es hermoso contemplar su Victoria, si somos sus “galileos” tendremos que bajar del Tabor, y guardarnos la “dicha” en el corazón, y no contarle a nadie, hasta que el Hijo del hombre haya Resucitado, ¡todo tiene su momento!) No nos quedemos, pues, estancados en la Teofanía, en saber que ya ha alcanzado la Victoria, sí no nos movemos, ¡nos estancamos! Y el agua estancada se corrompe.

 Trencemos nuestras fuerzas vitales, acompañemos al Señor que va a sufrir a manos de ellos, de nosotros; esa compañía vale como aceptación, como opción a su favor, como Credo vital. Ese acompañarlo está sintonizado con nuestra santificación, caminemos con Él para alzarle el Templo de nuestro propio ser, así nos fundiremos con Jesucristo, por Jesucristo y en Jesucristo. Por eso hacemos un alto este Domingo (el Cuarto de Cuaresma), para anticipar que será elevado hasta el Cielo y si queremos podemos seguirlo.

 Hubo la caída del Primer Adán (dinámica hacía abajo) que pena y qué tristeza, pero ahora estamos enzarzados en el Ascenso (la dinámica ascensional, la ascética); seguidores del Segundo Adán, marchemos con regocijo hacia la Pascua. ¡Santifiquémonos! ¡Seamos Templo! Llevemos siempre en el alma el sabor de la Victoria y en el silencio del corazón musitemos “Oh feliz culpa, que mereció tan grande Redentor”. 

 

sábado, 6 de marzo de 2021

TEMPLOS VIVOS

 


Ex 20, 1-17; Sal 18, 8. 9. 10. 11; 1Cor 1, 22-25; Jn 2, 13-25

 

“No hagan de la casa de mi Padre un mercado”

Jn 2, 16

 

¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que recibieron de Dios y reside en ustedes? De modo que no les pertenece.

1Cor 6, 19

 

Nos hayamos frente a una actuación muy significativa. Se podría decir que vemos a Jesús transfigurado, pero transfigurado de la ira, preso de una Ira Santa: «Voltear Mesas y echar a los vendedores, era el gesto de un profeta que anunciaba el paso de un sistema viejo a una forma nueva. Jesús era el último de una larga línea de profetas que habían denunciado el culto vacío, de prácticas exteriores, nada más. Él insistía que ‘Dios  es Espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. (Jn 4, 20-24).»[1] Este gesto de purificación del templo alude a otra de las fiestas judías «la fiesta de la dedicación…Esta fiesta celebraba la purificación y la consagración del templo después de las profanaciones que sufrió en tiempos de Antíoco Epifanes»[2]

 

Así hemos asistido en estos tres domingos de Cuaresma a tres alusiones de fiestas judías. Primero nos hemos encontrado con Jesús tentado en el desierto «Revivir el desierto era revivir los beneficios de Dios a su pueblo, aquel Dios que había formado, protegido, alimentado y dado de beber en el desierto a los israelitas. El beneficio que más se celebraba, junto con el del maná, era el don del pozo en la roca que acompañó al pueblo a lo largo de todo su camino y que, en medio de la aridez y de la sequía, les distribuía el agua viva.»[3] El Malo pretende transfigurar a Jesús para sus sucias pretensiones, lo que en realidad quiere es desfigurarlo para vaciarlo de su fidelidad de ser imagen perfecta de Dios. En vano le tiende su zancadilla.

 


El pasado, el 2do de Cuaresma, como hemos comentado, se aludía a «la fiesta de las tiendas (o de los tabernáculos)… esta fiesta recordaba la estadía de los hebreos en el desierto viviendo bajo chozas, hechas de ramaje. …en el desierto los israelitas habían recibido el agua que les permitió vivir. En la fiesta de las tiendas venían a pedir el agua que fecundase sus cosechas… La Mishna (codificación judía del siglo II de nuestra era) indicaba que, durante esta fiesta, se iba a sacar agua a la fuente de Siloé, se subía en procesión al templo cantando con palmas;»[4]

 

Así, retomamos la cita hecha en el blog anterior, «…los grandes acontecimientos de la vida de Jesús guardan una relación intrínseca con el calendario de fiestas judías; son, por así decirlo acontecimientos litúrgicos en los que la liturgia, con su conmemoración y su esperanza, se hace realidad, se hace vida que a su vez lleva a la liturgia y que, desde ella, quisiera volver a convertirse en vida»[5] Este entronque de la vida de Jesús con las fiestas tradicionales parece ratificar que Jesús no representa una ruptura, una nueva religión, sino una continuidad potenciada, llevada a su perfección. (Cfr. Mt 5,17) Bastaría revisar algunas perícopas del Primer Testamento: Is 1, 11-17; Jr 7, 1-11; Am 5, 21-24 Mi 6; 6-8 para constatar que lo que propone Jesús sobre la justicia, el perdón, la misericordia como ofrendas verdaderamente agradables al Señor y no los holocaustos de animales, ni la ofrenda de frutos de la tierra, son los que Lo satisfacen verdaderamente.

 

De una manera muy contundente Dios recuerda que Él es el propietario de bosques, serranías y selvas y de todos los animales que allí habitan y que –llegado el caso que a Él le diera hambre- nada tendría que pedirnos porque Él mismo se auto-abastecería (Cfr. el Sal 50 (49) 8-14).


 

Queda contestada la pregunta obvia que brota al escuchar que a Él se le adora en espíritu y verdad: ¿Cómo es la adoración en espíritu y verdad? Es el ejercicio de la Caridad, la Misericordia, el Perdón, la fraternidad, la solidaridad y la justicia toda. Como leemos en Isaías otro tipo de sacrificios le repugnan porque esconden el atropello, la explotación y el dolor de los más débiles, entre los cuales se mencionan los niños, las viudas, los enfermos, los ancianos, los asalariados, entre otros. Son todos aquellos a los que se alude dentro del rubro de los Anawin. Pero todos - llegada las circunstancias- podemos ser Anawins y cuando ese momento o esa situación llega, cada uno es transparencia del Padre-Celestial, y…lo que hicieron con cada uno de estos “más humildes” conmigo lo hicieron o lo dejaron de hacer. (Mt 25, 40)

 

 Allí leemos “signo” (en griego) y lo traduciremos como prodigio: “No se les dará otro prodigio que el del profeta Jonás” (Mt 12, 38) dice Jesús, negándoles a los que le reclamaban un prodigio para demostrar que Él era verdaderamente el Mesías. En la perícopa que leemos hoy, tomada del Evangelio según San Juan, los judíos (no son todos los judíos; de hecho, Él mismo era judío y lo eran también sus discípulos, y el propio Jesús, declaró haber “sido enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel” (Mt 15, 24), es decir, al pueblo judío; esta es una manera de hablar de San Juan en su Evangelio) piden a Jesús sus cartas de presentación para justificar el derecho que le asistía para desalojar a los vendedores y a los cambistas del templo. Estamos ante otra alusión hecha al mismo “signo” [semeion] prueba: permanecer muerto durante tres días y luego levantarse de entre los muertos. Es a este prodigio al que se refiere Jesús al decir “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré” (Jn 2, 19) (subrayamos que la expresión que traducimos por “reconstruir” es otra vez el verbo ἐγερῶ, es decir “levantar” el mismo que hemos venido encontrando donde los evangelios aluden a la “resurrección”, además, se refiere al templo con la palabra ναὸν [ναός, οῦ, ὁ] , es decir, la parte del templo donde habita el propio Dios, sus Aposentos Personales, su Recamara, el Sancta Sanctorum). «El texto dice que los discípulos no captaron el significado de todo esto hasta después de la Resurrección (2, 22). Y en realidad muchos años después de la muerte de Jesús, los discípulos siguieron asistiendo al viejo templo (Hch 2, 46). Sólo a base de años de reflexión en la comunidad, llegaron a comprender que la Iglesia como cuerpo de Cristo debe ser el nuevo templo donde el Espíritu de Dios habita (1 Co 12, 12 ss). Que los cristianos mismos deben ser como piedras vivas en la construcción de ese templo espiritual destinado al culto perfecto»[6]

 

San Pablo trata el asunto «el centro de su enseñanza es el mensaje de que todos los sacrificios se llevan a cumplimiento en la cruz de Cristo; en Él se ha realizado lo que intentaban todos los sacrificios –la expiación- y, así, Jesús mismo se ha puesto en lugar del templo: el Nuevo Templo es Él. Baste una breve indicación. El texto más importante se encuentra en la Carta a los Romanos 3, 23 ss: “Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto dejando impunes con su tolerancia los pecados del pasado”. La palabra traducida aquí como “sacrificio de propiciación” en griego se dice “hilastērion” -“kapporet” en hebreo. Así se llamaba la cubierta del Arca de la Alianza. En el Día de la Expiación –Yom Hakkipurim (Cf Lv 16)- este lugar es rociado con la sangre del novillo inmolado como víctima de expiación, “cuya vida se ofrece a Dios en lugar de los hombres pecadores merecedores de la muerte” (Wilckens, II, 1, p. 235)… Si Pablo aplica la palabra hilastērion a Jesús, designándolo de la misma manera que la cubierta del Arca de la Alianza, y por tanto como el lugar de la presencia del Dios vivo, entonces toda la teología veterotestamentaria del culto (y con ella las teologías del culto de toda la historia de las religiones) queda “abolida” Jesús mismo es la presencia del Dios vivo. En Él, Dios y el hombre, Dios y el mundo, están en contacto…. En la entrega de sí mismo en la cruz, Jesús deposita,. Por decirlo así, todo el pecado del mundo en el amor de Dios, y en Él lo limpia… Para Pablo, el templo, con su culto, ha sido “demolido” en la crucifixión de Cristo; en su lugar está ahora el Arca de la Alianza viva de Cristo crucificado y resucitado.»[7]

 


Los discípulos se acordaron entonces que está escrito: “El celo de tu casa me consumirá”; estamos habituados a entenderlo como: “Estoy lleno de celo por tu casa”, hoy, al repasar la traducción observamos que el verbo κατεσθίω está en futuro, lo que nos lleva a traducirlo como “por este celo seré consumido”, subrayando que el verbo κατεσθίω significa “ser comido hasta que no quede nada”, ser devorado, agotado, exhaustiado palabra que fabricamos ahora, para tomar el sentido de la palabra latina exhaurire, “no dejar nada”, “quemarse enteramente”, “holocausto” que es el sustantivo correspondiente conformado por raíces griegas. Será consumido, ¡si!, ofrecido en holocausto, hasta su última Gota de Sangre, hasta que no quede nada de Él. Es el afán que tenían de borrarlo de la historia, y sabemos que el Padre le hizo Justicia y, al resucitarlo, lo hizo Señor de la historia.

 

Dice José Bortolini que «En esta expresión misteriosa está presente la denuncia de que el poder religioso será responsable de la destrucción del cuerpo de Jesús (muerte)»[8] Así nos encontramos frente a una disyuntiva: o la opción mercantilista donde todo se hace girar en torno a las ventas para maximizar las ganancias o la opción por el Reino, o sea, poner por encima de los negocios, la vida, el respeto al ser humano: por eso, Jesús llega a plantear otro templo porque el templo se ha convertido en un centro mercantil, Jesús nos propone su propio Cuerpo como sitio de culto, culto en Espíritu y verdad.

 

Tanto la primera lectura como el Salmo, nos remiten a la Ley de Dios, no tanto a los mandamientos, como a la esencia de la Ley de Dios, el Mandamiento del Amor. Nosotros hemos llegado a una sociedad donde toda ley es rechazada, todo orden se hace aparecer como impositivo, esclavizante y se ha construido una ideología-legal que rechaza toda ley; podríamos inclusive hablar de una cultura nomo-alérgica, no a-nómica, sino reacia a toda ley. Si observamos- resulta interesante que se inventen  se creen nuevos códigos que propugnan la defensa de los intereses del Malo. Además, habitamos en un contexto que todo lo tiñe con la consigna “hágase la ley y busquémosle el recodo para infringirla” Se trata pues de pintarrajearla con legalismos pero burlarnos de todo código y de toda ética. Algunos hablan en este tópico del “acomodamiento de la ley” lo que significa la reinterpretación –inclusive forzada- de cualquier norma para ponerla al servicio de la perdición es –para decirlo en una sola palabra: la perversión. Así las cosas, y mientras existan planos de complicidad subyacentes, “la ley será para los de ruana” es decir, que siempre estará de la parte de los poderosos y de espaldas a los humildes. Y esto es lo que va totalmente en contrahílo con la fe de Jesucristo. Las enseñanzas del Maestro de Nazaret giraban en torno a la Ley del Amor –insistimos- el amor al cual se refería Jesús es un amor ágape, es decir desinteresado, generoso, desprendido, caracterizado por la gratuidad, comprometido con el perdón hasta reducir a cero los rencores, además, un amor oblativo, o sea, capaz de llegar hasta el sacrificio: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” Jn 15,13 Este amor es capaz de renunciar a todo para lograr el bienestar del ser amado.

 

En la base del amor que predica Jesús, ese ideal que Él nos propone para ser sus discípulos, subyace una lógica radicalmente diversa del código comercial, la del mercado. Por eso entendemos que resulte tan dificultoso en un contexto donde toda nuestra vida se ha hecho girar en torno a nuestro éxito y ese éxito egoísta bebe sus jugos en las leyes del mercado, de la ganancia, de la explotación. Al evangelio del mercado no le importa un rábano por encima de quien tenga que pasar: a ese evangelio mercantilista suele disfrazársele como lógica de empresa. A nosotros mismo se nos invita con frecuencia a pensar nuestras acciones con “lógica de empresa” y todo, hasta los más caros valores cristianos se nos invita a dejarlos al margen, para respetar la consagrada por ellos “lógica de empresa”.

 

Por eso «Jesús hizo ese día gimnasia para un mes, demostrando que era fuerte y que tenía mano dura, cuando quería y era necesario. Y la horda de vendedores ambulantes sin permiso le gritaba, a su vez “¿Quién te dio bola en este entierro? ¿Te crees la Madre Teresa de Calcuta, que tratas de darnos lecciones de santidad? ¿A quién perjudicamos? ¿Acaso los fieles devotos no tienen que comprar el corderito para la Pascua? ¿O acaso estás contra las fiestas de precepto? ¡Hereje…! ¡Mira que tenemos amigos en la Municipalidad, y los impuestos están todos en regla! ¡Insensible! Bastante nos costó obtener la concesión para los puestitos, que ahora nos tiras abajo la estantería… Los mayoristas se van a aprovechar de nuestra desgracia y van a aumentar los precios, y no podremos renovar el stock… Podríamos conseguir unos corderitos congelados Swift, pero doña Rosa y las amas de casa los quieren fresquitos. Rajá loco, o la vas a pasar mal…!»[9] Que así nos cuenta este episodio Héctor Muñoz, con un lenguaje actualizado, poniendo al día el debate entre la lógica de Jesús y la lógica mercantilista.

 

Si logramos renunciar a la lógica de la mercancía y la ganancia, a la lógica del lucro con su rimbombante apodo de “éxito”, podremos dar sentido a esta ley transitiva: Si el Templo ya no es el edificio sino Jesús mismo, ¿Quiénes somos nosotros al Comulgar? ¿En qué nos convertimos al consumir el Cuerpo de Dios cuando Jesús viene y hace su morada en nosotros? Reconocemos, eso sí, que –como lo dice Bortolini, «la adhesión a Él es un proceso lento pero continuo; es un proceso que lleva a superar prejuicios y barreras en relación con la acción de Jesús. Él no es reformista. Exige un cambio profundo, con el fin de que la vida se manifieste.»[10]

 

No vayamos a caer en la trampa de negar la Presencia especial de Dios en la Iglesia, no vayamos a seguir el juego a quienes argumentan que podemos encontrar a Dios en todas partes; nosotros hemos argumentado aquí arriba que Dios está especialmente en cada hermano, especialmente en los más débiles y desprotegidos, pero no para negar que el espacio reservado a los templos católicos son la verdadera casa de Dios, porque han sido consagrados a esa finalidad especial, que Jesús se haga presente en las Formas Consagradas. «la iglesia es “la casa de Dios” y es “sagrada”…a través de la celebración  de la conmemoración del Señor. En la celebración eucarística, Él mismo viene y se hace presente de una manera que sólo es válida aquí, con su amor redentor, con la personificación de su destino redentor, permanece en medio de la asamblea reunida.»[11]

 

"Os hemos dado a conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: «Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco.» Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con Él en el monte santo." (2P 1, 16-18)

 


¿Cómo nos podemos transfigurar en piedras Vivas del Nuevo Templo? A este tema nos remite la Primera Lectura, donde se nos explicita que es por medio de la Alianza –entre Dios y el hombre- y su cumplimiento. Los principios operativos y funcionales de la Alianza son los Mandamientos, que permiten acceder a la Misericordia del Señor.

 

Me gustaría añadir una frase que encontré en el artículo semanal del Padre Hermann Rodríguez, sj.: "Pero ya no se trata de un templo de ladrillos que han convertido en mercado... sino del templo vivo de la persona humillada y maltratada por una sociedad de consumo que no se detiene ante ningún valor para alcanzar el lucro y la ganancia. Hoy también Jesús volvería a hacer un látigo para expulsar a todos los que hacen de su templo una cueva de bandidos."

 

 

 

 

 

 



 

 

 



[1] Seubert, Augusto COMO ENTENDER LOS MENSAJES DEL EVANGELIO DE JUAN Ed. San Pablo 2da ed.  1999 p.34

[2] Jaubert, Annie EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN Cuadernos Bíblicos Editorial Verbo Divino Estella Navarra. 2000 p.30

[3] Ibid

[4] Ibid

[5] Benedicto XVI JESÚS DE NAZARET. DESDE EL  BAUTISMO A LA TRANSFIGURACIÓN. Ed. Planeta 2007. pp.357-358    

[6] Seubert, Augusto Op. Cit p.35

[7] Benedicto XVI Op. Cit. pp 53-55.

[8] Bortolini, José CÓMO LEER EL EVANGELIO DE JUAN. EL CAMINO DE LA VIDA. Ed. San Pablo. Bogotá – Colombia 2002 p. 40

 

[9] Muñoz, Héctor CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo Bs As. Argentina 2004  p.114

 

[10] Bortolini, José. Loc. Cit.

[11] Guardini, Romano. PREPAREMOS LA EUCARISTÍA REFLEXIONES Ed. San Pablo 1ª Ed. 2009 Bogotá- Colombia p. 42