viernes, 30 de junio de 2023

Viernes de la Décimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario


 

Gn 17, 1-2. 10. 15-22

Es normal que el guía nos repita algunas instrucciones y prevenciones para el camino, sobre todo cuando el terreno es desconocido y algunos peligros especiales se avizoran en le ruta. Este guía muestra un desvelo “paternal”. No quiere que nos distraigamos o nos olvidemos. Y nos recomienda, -ampliando la alerta a través de los tiempos- tú y tu descendencia. ¡Ante tal Guía, valga una inmensa gratitud!

 

Bien que, hay riesgos y acechanzas que -aun cuando uno esté bien grandecito- vale la pena repasar. Y el requerimiento ¡no se conforma con mediocridades! Pide dos aspectos, estar conscientes de la Presencia y Compañía constantes del “Guía” y, -nada más ni nada menos- ser תָמִֽים [tamim] “perfectos”, “íntegros”. La mención al valor de la integridad ha decaído muchísimo, ahora somos perfectos, pero no íntegros, por debajo de cuerda o en breves y bien disimulados momentos, se introduce la nota falsa, el elemento no-metálico de la aleación.

 

Hay un lenguaje muy particular, que se incorpora frecuentemente en la liturgia, a veces nos referimos a él como un lenguaje sígnico, son elementos “recordatorios”, y muchas veces conllevan algún factor que nos hace presente el “compromiso”. Vistos desde otro ángulo, estos elementos “sígnicos” tiene su propio lirismo, digamos que tienen rasgos poéticos. Las argollas matrimoniales, y su circularidad que nos habla de permanencia; o, el aceite, con su valor de “institución real y sacerdotal”, pero con su añadidura evocativa de protección, fuerza y defensa.

 

Pues bien, Dios le dio a ese, su pueblo elegido, uno de esos signos que es la circuncisión. Su derramamiento de sangre alude a la consciencia de que la Alianza es un compromiso hasta la entrega de la propia vida, y acompañado de ese lirismo de enamorado que dice a su amada: “… y te entrego mi vida entera”. Los varones de la estirpe abrahamica recibieron este “compromiso”. A ver si lo olvidaban o estaba presente no sólo en sus genitales, sino, en lo que cuenta, en su corazón. La circuncisión, pues, tiene un valor sacramental -diríamos nosotros- puesto que nos habla de la “Presencia” de Dios en nuestra vida, Presencia siempre bañada de Romanticismo.

 

Se hace elipsis del fragmento en que Dios le cambia el nombre de אַבְרָם Abrán -que significa “padre exaltado”- a אַבְרָהָ֔ם Abrahám -que significa “padre de multitudes”, “padre de naciones enteras”, “padre de muchedumbres” (Gn 17, 3-8).

 

Saray -es un nombre que significa “dama de la nobleza”- tuvo un cambio de nombre, (ya sabemos que en esta cultura semita el nombre es resumen de todo un programa de vida), de ahora, en adelante se llamara Sara, que significa “Princesa”. Si bien hijo de dama noble es ya un aristócrata, hijo de princesa será Rey. Y así se lo promete Dios, en su descendencia se contarán “reyes de naciones”.

 

Se nota, por lo que comenta Abrán a continuación -y por la sonrisa que emitió, por lo bajo-que él ya estaba resignado a no tener hijos, y a dar por descendiente al hijo de su criada, Ismael. Pero Dios le contradice afirmando que será generoso también con Ismael, a quien pondrá por cabeza de todo un linaje, pero que la Alianza que concierta con Abrán, alude a יִצְחָק [Yitzchaq] “Isaac”, “él reirá”, (obsérvese la similitud con צָחַק [tsachaq] “rio”, son exactamente las mismas tres consonantes, solo falta el sonido [yi] previo), el hijo que tendrá con Sara pese a haberse reído disimuladamente.

 

Sal 128(127), 1bc-2. 3. 4-5.

Salmo Gradual. Se suben las “gradas” que conducen al Templo. Estos Salmos implican un aspecto dialogal, entre el Sacerdote que los “conduce” en este ascenso, y el pueblo que se regocija al sentirse cada vez más cerca de la “Presencia”. Comprende los salmos 120-134. En particular este salmo suele proclamarse en los contextos nupciales. Nos habla de familia, de comer juntos, de reunir a los amados en torno a la bendición de los alimentos. Indirectamente nos habla de “Iglesia doméstica”. También, indirectamente menciona el sentido Eucarístico propio de un Banquete, que fortalece la unión incrementando el cariño, el amor. Añade, pues- ese factor de “romanticismo”- del que participa la Alianza. Subir al Templo es un ejercicio de ratificación de la Alianza.

 

En la primera estrofa nos habla de alcanzar la bienaventuranza por medio del cumplimiento de la Alianza.

 

La segunda estrofa nos muestra el aspecto idílico de la familia en torno a la mesa.

 

La tercera estrofa se refiere a la Bendición Sacerdotal que se gana como indulgencia subiendo hasta el Templo.

 

Mt 8, 1-4



La semilla del pecado se aloja en la convicción de que la maldad está al mismo nivel de la bondad. Que se reparten la realidad 50-50%. En no comprender que la Palabra es Vida, y que la Vida que nos viene del Verbo es Victoriosa. El pecado viene de la duda, de la desconfianza, de querer robarle a Dios el poder para hacerlo dócil a nuestro capricho y arbitrariedad. Necesitamos ver en Jesús su Misericordia y no buscar como recluirlo en la cárcel de nuestros propios designios. Estar dispuestos a ponernos de rodillas y someterlo todo a lo que Él quiera: Si quiere-o-si no quiere. Poder orar con sinceridad “Hágase tu Voluntad”.

 

Vamos de la Palabra a los Milagros. Nosotros diríamos “de las palabras a los hechos”. En Jesús, la distancia de la Palabra-al hecho se aminora.

 

Jesús baja del monte, es una expresión diegética para significar que Jesús ha concluido su primer discurso. Vale la pena comentar que no viene a traerles las Tablas de la Ley, ni siquiera las Tablas de una Nueva Ley. Se le atraviesa un “leproso”, digamos el colmo de la impureza, que hace -a cualquiera que lo toque- inmediatamente impuro. Como tal es un “excomulgado”.

 

Este se arrodilla, no prolonga ningún discurso, pero reconoce en Él la Divinidad: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Es -prácticamente- una jaculatoria.  Al decirle “Señor”, reconoce su Realeza, no se arrodilla ante cualquiera, no le pide sanación como a cualquier viandante se le pediría una moneda. No lo ve bajar con las pesadas Tablas de Piedra sino con un Cántaro de Mansedumbre y Amor.

 

Jesús por su parte, se implica; los fariseos dirían, se complica al tocarlo. Y viene el salto del dicho-al-hecho: “Quiero, queda limpio”.

 

No vemos aquí que Jesús quiera cuestionar al Templo, ni al sacerdocio allí instituido ni a la ley mosaica. Al contrario, muestra acatamiento y le dice al recién sanado que cumpla al pie de la letra lo prescrito en la Torá.

Así queda restituido el leproso a la comunidad, ya no estará excluido, ya no será un marginal. Así que este milagro es un signo de resurrección. Un sacramento de Vida.

 

jueves, 29 de junio de 2023

Santos Pedro y Pablo



Hch 12, 1-11

Dos vicisitudes marcan esta perícopa, Herodes – no es Herodes llamado el Grande que murió en el año 4 a.C., sino Herodes Agripa I, el nieto de aquel- mata al Apóstol Santiago -haciéndolo acuchillar- y toma prisionero a San Pedro. Jerusalén seguirá siendo la sede de la Iglesia Madre, pero surgirá un nuevo centro de acciones que será Antioquía de Siria.  Se sella una primera parte de la historia de la Iglesia que muestra la conclusión de la Misión Petrina.

 

Parece ser que Herodes Agripa llegó a posesionarse en la Pascua del año 41, él no era verdaderamente judío, sino que tenía ascendencia idumea, y esta persecución contra los cristianos era un intento de granjearse su simpatía.

 

Pone en celda a San Pedro, vigilado por piquetes de 4 soldados, dos de ellos dentro de la celda, dos en el exterior.  Ya al otro día iban a presentarlo al pueblo judío. Viene el Ángel y le dice, “Date prisa”, “Ponte el cinturón y cálzate”, “abrígate con el Manto”. Se la cayeron las cadenas de las manos y caminó siguiendo al Ángel, quien lo escolto hasta el exterior, las puertas del palacio real se abrieron automáticamente; al llegar a la esquina, el Ángel desapareció.

 

Este relato nos deja ver que la protección de Dios no ha cesado y que el Señor sigue actuando.

 

Sal 34(33), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

A lo que acaba de suceder debe acompañarlo una intensa acción de Gracias, y también en nuestro corazón al recordarlo. Acompañemos con nuestra dicha a San Pedro que con esta salida de la prisión inicia su Éxodo, que no consiste en morir, sino en una liberación de las cadenas y en un caminar con los Ángeles ante la Presencia.

 

Él puede decir con total sinceridad que la Alabanza para Dios se ha vuelto constante en sus labios desde aquel momento. Y no es una alabanza que sólo se oye en el Cielo, sino que su eco llega a todos los piadosos, que son el linaje de los sencillos, la parentela de los humildes.

 

Pensemos en aquellos momentos mientras estaba preso: ¿qué diría? ¿qué pensaría? Muy seguramente le relataba a Jesús sus padecimientos, ofreciéndoselos como ratificación de su amistad y como propiciación por sus negaciones. Y el Señor, “lo libro de sus angustias”.

 

Y con tan magnifica experiencia angelical, de la Presencia Liberadora de Dios, da testimonio: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha, y lo salva de sus angustias.

 

Y nos hace ver que el Ángel no es que, estaba muy ocupado y no llegaba, sino que el Ángel estuvo todo el tiempo “acampando” a su lado, hasta el momento exacto que Dios marcó para liberarlo. Bienaventurado todo viviente que confía plenamente en el Señor.

 

2Tim 4, 6-8. 17-18



La vida del Misionero es una Maratón Olímpica: Esta es la comparación que propone San Pablo, y él señala que ha puesto todo su empeño en cada paso de la carrera, procurando correr dando siempre lo mejor de sí, a la Gloria del Señor. En esta competencia, se debe entender así, no será premiado un solo competidor, tampoco es el caso que haya sólo un podíum exclusivo para oro, plata y bronce; la muy merecida corona la recibirán todos los que hayan perseverado en la espera de su venida.

 

No se logrará si Dios no interviene proveyendo las fuerzas necesarias a esa constancia, a esa fidelidad. No solo hay que anunciar, sino que hay que anunciar con integralidad, no dejando por fuera elementos vitales para una buena comprensión de El-Dios-Revelado.

 

Sabe que va a ser sacrificado y no ruega para evadirlo, sólo implora la asistencia para no quebrarse, para experimentar ese “paso” con Fortaleza, sin deficiencias de última hora, preservado dentro de la Fidelidad que lleva al Cielo. Esto es, no para su orgullo, ni para colmar sus vanidades; sino para llevar al Reino toda la Honra, Gloria y Majestad propias del Señor.

 

Mt 16, 13-19

PRIMUS INTER PARES



El marco espacial de la perícopa es el extremo norte, muy lejos de Jerusalén, en territorio pagano. Pedro en su proceso formativo alcanza un estatus de solidez probada; su fe llega a ser de piedra. Sobre esa fortaleza Dios ha decidido edificar y poner el encargo de dilucidar lo que es Eclesial y lo que está por fuera. No se ignora que toda autoridad puede eclipsarse, puede desgastarse, puede corromperse, puede contaminarse. En vez de ser algo que edifica, puede ser algo que roe la verdad, que declina en libertad.

 

Se trata de una trasferencia de autoridad, Jesús le entrega a San Pedro, “las llaves del Reino de los Cielos”, lo designa su עַל־בֵּיתֹ֔ו [al-bayith] “Mayordomo”, se dice en hebreo; esta que es una categoría verdaderamente “teológica” y significa que está a cargo de “gerenciar” todos los asuntos de la Casa. La definición que da el texto Evangélico dice “lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo”.

 

Le asigna el cargo porque pasó el examen y contestó correctamente la pregunta “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. ¡Qué pilo San Pedro! No lo entendemos así. Entendemos que Dios-Padre lo escogió y la manera que tuvo esta comunicación del Padre al Hijo fue ser portador de la respuesta, no era algo que él sabía por su enorme agudeza teológica, fue algo que brotó de su espontaneo, señal con la que el Padre le indicó a Jesús cuál de sus Apóstoles sería el “titular del llavero”.

 

Es por esta razón que Jesús no le dice: Te pongo a cargo porque eres muy listo y con tu claridad has dilucidado con precisión mi identidad. En cambio, le dice “Dichoso tú, Simón Barjonas, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo. (Mt 16, 17bcde).

 

La Iglesia no está construida ¡y ya! Es la comunidad donde vive la fe, no es una colección de láminas ya completa que lo único que debe hacerse es guardarla en la caja fuerte (o aplicarle una densa inyección de líquido momificante, como quisieran algunos). Cada creyente, que es Iglesia -de una manera no solo literaria- sino Iglesia-viva, va desarrollando una maduración y una -vivencia-y-comprensión de su ser-Iglesia; el conjunto de esas individualidades constituye un sistema de capilares por donde circula la Sangre de la Iglesia-viva-y-actuante de cada momento histórico. La Iglesia es, como ser vivo, mucho más que la Biblioteca Vaticana y estriba en ese dinamismo, que es -por mucho- tan frágil como todas nuestras limitaciones y donde la sola Perfección y Completitud es el Señor.

miércoles, 28 de junio de 2023

Miércoles de la Décima Segunda Semana del Tiempo Ordinario



Gn 15, 1-12. 17-18

La situación que agobiaba a Abrán, era la de no tener descendencia y que sus bienes pasarían a manos de un criado -de nombre אֱלִיעֶזֶר [Eliezer] “Dios es mi ayuda”- oriundo de Damasco.

 

YHWH, le ofreció, personalmente, que su heredero sería un hijo propio legítimo y que su descendencia sería, tan numerosa como las estrellas del cielo; y Abrán confió, lo que se nos dice, tuvo profundas repercusiones en el Corazón Divino, esta capacidad de creer y aceptar la Palabra de Dios, es el adorno por excelencia que Dios le dio a Abrán. Pablo de Tarso lo llamará “nuestro padre en la fe” (cfr. Rm 4, 11-16), y así lo tienen los judíos, puesto que fue el primero en creer en YHWH.

 

Dios se le identifica como el mismo que sacó a su parentela de Ur, y que le ofreció tierra en aquel territorio donde había llegado. Abrán le preguntó a Dios, como podía apuntalar esta fe por medio de un signo, y Dios le dio por signo una Alianza: esta consistía en ofrecerle cinco animales: una novilla, una cabra, un carnero, una tórtola y un pichón. Abrán se los sacrificó, y los ofrendó, partiéndolos por la mitad, a excepción de las aves que no las cortó. Los buitres venían y Abrán los espantaba.  Pero, conforme cayó la tarde Abrán se adormeció y en la duermevela, vio el fuego que iba de arriba a abajo y viceversa sobre los cadáveres de los animales, como si el fuego fuera la Boca Divina devorando la ofrenda.

 

Así, con este Banquete quedó sellada la Alianza entre Dios y Abrán, con la que Dios le garantizaba -y no sólo a él, sino a las generaciones de su linaje, por mil generaciones- ser las destinatarias de su Bondad y su Preferencia.

 

Sal 105(104), 1-2. 3-4. 6-7. 8-9

Qué mejor para este co-texto que un Salmo de la Alianza.  La perdurabilidad de la Alianza se prolonga en nosotros y nosotros la mantenemos por nuestros mayores, nuestra ascendencia, si conservamos la gratitud por los favores prometidos y cumplidos y que -de mantener nuestra gratitud- el Señor perpetuará indefinidamente haciendo que se cumpla el ser זָכַ֣ר לְעֹולָ֣ם בְּרִיתֹ֑ו “una Alianza para siempre”.

 

Se toman los 9 primeros versos -menos el 5- y se organizan en pares, para proponer 4 estrofas en esta perícopa que se proclama hoy:

 

Primera estrofa. Dar Gracias al señor, invocar su Nombre, contarles a los pueblos sus hazañas y maravillas, cantarle acompañando los canticos con instrumentos musicales.

 

Segunda estrofa. Gloriarse de su Nombre Santo, alégrense quienes lo buscan, recurrir a Él y buscar continuamente su Rostro.

 

Tercera estrofa, les dice a los de la estirpe abrahamica que el Señor gobierna “toda la tierra”.

 

Cuarta estrofa. La Alianza no caduca. No era un contrato a término fijo. Dios que vive en la Eternidad, lo que Él dice, tiene resonancia per omnia secula seculorum.

 

Mt 7, 15-20



Dios, al instituir el profetismo estuvo dispuesto a correr el riesgo de muchos que acudirían con camuflaje a sembrar la confusión y a esparcir la falsedad. Es decir, que, al lado de los emisarios y portavoces del Señor, estarían los falsarios, los que te muestran un hueco inmundo y te garantizan que conduce al Señor y que es la puerta correcta, la que lleva a las “verdes praderas” donde el Señor te llevará a reposar. Jesús nos previene, porque por fuera se muestran como ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Y, nos da un criterio, sus frutos, puesto que sólo los profetas de verdad dan frutos dulces y jugosos: cosa que no podemos esperar de los cardos y las zarzas.

 

El problema estriba -hoy en día- en que los falsos profetas con sus campañas publicitarias, han logrado engañarnos más de una vez y como dice el adagio popular, nos han metido “gato por liebre”. Así que tenemos que incrementar nuestra cautela, revisar los frutos a la Luz del Espíritu Santo. En este tema tenemos que ser verdaderamente cautelosos, no podemos dedicarnos a repetir las falsas campañas publicitarias que crean falsas necesidades sólo por incrementar las ventas y sin parar en mientes para aplicar los criterios de consumo antes que la ética. En esta categoría caen muchos vendedores de imagen. Por la ranura de una falsedad puede colarse toda una “ideología”. Así que ¡Cuidado con los falsos profetas!

 

Cuidado también de vivir engañados y convertirnos en repetidores inocentes de mentiras. Que no te hagan pasar un fruto venenoso por un higo o te vendan una toxina que en el paquete dice “uvas”.

 

Una última prevención, glosando la que Jesús nos dio en aquel contexto histórico. Cuidado porque a veces en la bolsa de las uvas toxicas dice que son “toxicas”, pero lo dice con letra tan pequeña que no se puede leer ni con lupa, y cuando pasan la propaganda, la leen tan rápido, que no se entiende lo que dice. Los empacadores también son “falsos profetas”. (Huelga decir que no estamos hablando de higos y uvas, sino con un lenguaje parabólico).

martes, 27 de junio de 2023

Martes de la Décimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario



Gn 13, 2. 5-18

Muy posiblemente, los clanes se iban escindiendo por su crecimiento. Con pocos recursos, un grupo pequeño se las apañaba. Sin embargo, en la misma medida en la que la abundancia se daba, los límites de los unos se solapaban con los de otros grupos, como se muestra en esta situación del único clan de Abrám, y por otra parte el grupo de Lot y sus pastores. Resulta muy armoniosa la propuesta de separación para resolver los conflictos internos que se empezaban a presentar. Si tú quieres ir hacia allá, nosotros iremos hacia acullá o, viceversa. Lot eligió irse hacia el oriente y -en consecuencia- Abrán se fue hacía Canaán.

 

A medida que Lot avanzó fue llegando a Sodoma, donde según parece las prácticas en uso incluían el homosexualismo y este era el pecado más corriente, junto a una lujuria desmedida.

 

El Señor le dijo a Abrán que mirara en todas direcciones, a los cuatro puntos cardinales y todo lo que alcanzara a ver desde allí, toda esa sería su tierra, de él y de su descendencia. Además, le ofreció que serían una tribu de muy rápido crecimiento, de modo que se volvería imposible contar su linaje. Y lo impulsó a recorrer aquellas comarcas para hacerse a una idea de la vastedad de sus territorios.

 

Entonces, recogiendo sus bártulos se fue, con todas sus propiedades, al territorio de la encina de Mambré; allí construyó un Altar al Señor, en las tierras del Hebrón.

 

Sal 15(14), 2-3a. 3bc-4ab. 5

Este es un Salmo de Peregrinación. La peregrinación, recordémoslo bien, nos habla de sinodalidad. No consiste en salir de un cierto punto y llegar a otro. La peregrinación originalmente significaba el rigor de la trayectoria, el cansancio acumulado día tras día, significaba andar juntos, llevar un ritmo de conjunto, compartir lo que se tenía, velar los unos por los otros; era menos riesgoso si el grupo era grande, un grupo numeroso donde se protegían los unos a los otros, en particular de los asaltantes de caminos.

 

En la peregrinación se tiene la figura y el origen del “compañero”, el que compartía y comía del mismo pan, también algo de la camaradería, compartiendo el hospedaje, el lecho si lo había, la dura y fría piedra cuando no se hallaba alojamiento, y la intemperie cuando se llegaba y, ya toda la capacidad de hospedaje se encontraba copada.

 

Todavía hoy, la Iglesia propone peregrinaciones a los lugares santos, donde mucho del compañerismo y la camaradería se despliega y los lazos que nos unen a la comunidad se fortalecen. Déjennos decirlo nuevamente, una peregrinación significa sinodalidad en acción.

 

Al llegar a las puertas del Templo, los peregrinos preguntaban al Sacerdote: ¿qué nos pide Dios para entrar dignamente en su Sagrado Templo? Los peregrinos se hacían a la idea que venían a habitar en el Templo, y que no se iban a devolver a sus lugares de origen. Luego, se trataban de peregrinos -que así fuera figuradamente- procedían como potenciales huéspedes de YHWH. Hoy, en la perícopa, tenemos las siguientes condiciones:

a)    Proceder honradamente

b)    Tener intenciones leales.

c)    No proferir calumnias con sus labios.

d)    No hacerle mal al prójimo.

e)    No difamar al vecino.

f)     Considerar despreciable al impío.

g)    Honrar a los que temen al Señor.

h)    Prestar sin cobrar intereses, y si los cobra, no incurrir en usura.

i)      No aceptar sobornos menos los que conlleven daño al inocente.

 

De estos 9 preceptos, hay al menos uno ingrato al corazón cristiano: el de despreciar al impío; para nuestra perspectiva, nadie es despreciable. Cada cual que acuda con sus culpas al Altísimo, no somos nosotros sus jueces, que quizás nuestra impiedad sea aún peor.

 

Mt 7, 6.12-14



Los paganos eran puestos en el habla y en el corazón judío, al nivel de los perros y de los cerdos: verdaderamente al nivel de los despreciables. ¿Cómo podría pensarse en entregar en sus manos las cosas Santas?, ¿Cómo depositar en ellos las cosas de gran valía? Y, sin embargo, no se puede concebir que ellos sean marginados del aprecio Divino.

 

No es que les demos un puntapié y luego la espalda. Es que para ellos hay que preparar un “preámbulo” de adecuación, hay que darles una “catequesis”; tenemos que preparar un catecumenado específico para que puedan recibir con conciencia los bienes tan preciados de la fe. Es muy cierto que, si no se recorren esas fases preliminares, es bastante probable que ellos se voltean -llenos de resentimiento- y nos devuelvan sus escupitajos y sus pedradas.

 

Si queremos que ellos nos escuchen, seamos capaces de escucharlos pacientemente; si ellos nos piden razones y fundamentos, no escatimemos ternura y claridad en el esfuerzo de hacernos entendibles, recordando que sus categorías de “conocimiento”, no son las nuestras; -en vano intentaremos forzarlos a la aceptación-, quizás, al concluir un concienzudo proceso nos encontramos ante un bloqueo contumaz, ofrezcamos al Señor este rechazo, que no disminuye la Verdad del Mensaje, pero quizá cuestiona poderosamente los procedimientos empleados.

 

La anhelada victoria se alcanza -no con el acre rechazo- sino con la perseverancia en la búsqueda de mejores maneras de dar razón de nuestra fe. También cuando nos ha costado acercarnos al Señor, Él ha hecho gala de Ternura Paternal, hasta que el Paráclito -por fin- nos ha iluminado.

lunes, 26 de junio de 2023

Lunes de la Décimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario



Gn 12, 1-9

Hay toda una serie de pecados que distanciaban al hombre de Dios. El de Adán y Eva, el de Caín contra Abel, el sin fin de pecados que se atrajeron el castigo del Diluvio; y, para colmo de males, la pretensión de hacer una edificación que alcanzara el Cielo. Todo esto debería dar materia suficiente para que Dios resolviera una ruptura total con la humanidad. Pero lo que encontramos hoy, es que Dios viene a trabar amistad, de nuevo, con otro hombre, representativo de toda una comunidad.

 

Hacia el final del capítulo 11 del Libro del génesis, encontramos la parentela de Teraj, y sus tres hijos: Abrán, Najor y Harán. Harán tuvo un hijo, Lot, y murió, antes que su padre y sus hermanos. Teraj (el nombre Teraj posiblemente alude a cierta cabra montés de alta cornamenta) partió de Ur, de los caldeos, rumbo a Canaán, llegó a Harán y allí se implantó.

 

Estando allí, יְהוָה֙ [Yavé] “Dios” le habló a Abrán, pidiéndole que abandonara aquella tierra y fuera a donde Él le dijera. Su nombre será sinónimo de “bendición”, y esa bendición tendrá carácter “universal”. Lo sorprendente es el “acatamiento” por parte de Abrán, salió con su esposa Saray, con Lot, su sobrino, y con todas sus pertenencias, incluyendo sus esclavos; y llegó a la región de Siquém, con toda exactitud, hasta la encina -en este caso la palabra no se refiera a la especia, sino a ser un árbol de tronco grueso y bastante frondoso- de Moré.

 


Luego siguió hasta Betel, y cada vez más adentro del Neguev.   

 

Sal 33(32), 12-13. 18-19. 20 y 22

Salmo de Acción de Gracias. La Acción de Gracias es una enumeración de bendiciones. Este Salmo nos señala razones para la gratitud. Trata de darnos una enseñanza, por eso podemos comentar también, que no solo es de Acción de Gracias, sino además sapiencial.

 

Una bienaventuranza es que Dios nos haya tenido el favor especial de morarnos para cubrirnos con amor, eligiéndonos como pueblo Suyo.

 

Señala que nuestro temor piadoso, que no cobarde, nos ganó la prioridad de estar siempre bajo su Amorosa Pupila, con las ventajas concomitantes de no pasar hambre, y ser protegidos cuando cualquier riesgo nos amenace.

 

Así que depositamos en Él nuestra confianza, y le imploramos que, acorde con la confianza que le dedicamos, Él venga y nos asista, sea nuestro socorro y nuestra adarga.

 

Como se nota, los versos van en pares, el segundo parece repetir el primero, pero, si lo escuchamos con concentración, notamos que, en el segundo de cada estrofa, encontramos una intensificación. Lo primero que se enuncia es verdadero, lo segundo, lo es todavía más.

 

Mt 7,1-5



Todo juzgamiento tiene por trasfondo un enmarcamiento forense. Ahora bien, la fe nos lleva a ganar claridad sobre el hecho de ser hermanos respecto de todos los de nuestra misma especie. Es, cuanto menos extraño, que llevemos a nuestro propio hermano al tribunal. (No es imposible, más bien lo contrario, es frecuente; no obstante, es muy extraña esta conducta).

 

Cuando juzgamos cavamos un abismo respecto del enjuiciado, lo separamos con una barrera insalvable. Lo más irónico -porque es gracioso, pero simultáneamente doloroso- es que solemos juzgar en el otro, precisamente nuestro propio defecto, que suele verse magnificado el verlo en el hermano. Es una espada sin mango, en cambio, tiene doble punta, hiere al juzgado y, me hiere a mí mismo.

 

Juicio fue el acto envidioso de Adán y Eva, que quisieron ser como su Creador. No era que Dios hiciera algo mal, era que nosotros queríamos ser como Él. Los juicios ocultan y revelan nuestras envidias. Hay aun más. Muchos que alertan contra el juzgar, lo hacen porque practican un constante juzgamiento del otro, o sea, una envidia pertinaz.

 

En realidad, tendríamos que alcanzar el carisma de la “identificación” y procurar ver desde la perspectiva que ve el otro. ¡Quién sabe cuántas veces descubriríamos -asombrados- que “el otro” tiene frecuentemente más razón que uno mismo! Lo que suele suceder es que nos agarramos aferradamente a nuestros prejuicios, so capa de ser los más razonables, los más ilustrados y lógicos. Si por lo menos lográramos salir de Ur e ir a ver las cosas desde Harán, tal vez pasaríamos por Betel (que antes se llamaba “Luz”), y después de dormir -recostados en una piedra como almohada- alcanzaríamos a ver la Escala de Jacob, y por ella a los Mensajeros de Dios subiendo y bajando (Cfr. Gn 28, 10-22).

 

Tal vez “el otro” está en otro nivel de percepción, o de información, o en mejor perspectiva. Inclusive, el abismo se ahonda, cuando la rudeza de nuestros juicios nos agrede a nosotros mismos. A veces, dentro de un ánimo de superación, nos volvemos insoportable y salvajemente indolentes y exigentes con nosotros mismos, y, por el contrario, tendríamos que ser dulces y suaves en nuestro propio proceso. (Atención que nunca se ha dicho que cohonestemos con el pecado).

 

Ese rigor puede llegar a ser todavía más exasperado, si me juzgo con una “vara” (es decir, con una “medida”) a la que le he asignado el valor de “divina”, pero que sólo es una “fetichización” farisaica. Cuantas veces nuestros juicios se basan sobre ideas muy admiradas aun cuando estrechas de otrora.

 

Al pasar por estos derroteros siempre hemos creído urgente destacar el respeto al otro, y evitar que, con la excusa de estar corrigiendo, perpetramos la ofensa o la degradación. Aquí no hay pretexto que valga. Siempre ira por delante la debida consideración del “prójimo”: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehena de fuego”. (Mt 5, 22).

 

Perdón que no tenemos ningún ánimo de omnisciencia, pero nos parece muy conveniente destacar algunos de los sinónimos de Imbécil: idiota, tonto, estúpido, bobo, mentecato, inepto, asno, bruto, burro, lerdo, tardo, pánfilo retrasado, estúpido, majadero, cretino, necio, insensato, borrico. No pretendemos agotarlos, pero si destacar los más frecuentes en el habla, porque unos ofenden con el uno y otros apelan a uno diferente. Ya ha destacado la psicología el daño que infringen estos calificativos en la autoestima. Nosotros nos hemos propuesto enfatizar la agresión que significan en el contexto de la fraternidad humana.

domingo, 25 de junio de 2023

PROFETAS DE CONSOLACIÓN Y PROCLAMADORES

 


Jer 20,10-13; Sal 68,8-10.14.17.33-35; Rom 5,12-15; Mt 10,26-33

 

Yo creo que si tenemos la luz y el coraje necesarios para responder que Dios ha permitido las pruebas para formarnos como ministros de la consolación, para hacernos capaces de dar palabras de consuelo, entonces habremos descubierto de verdad el dinamismo del misterio de Dios.

Card. Carlo María Martini

 

Este Domingo XII del Tiempo Ordinario –vamos al Evangelio de San Mateo, ya que estamos en el Ciclo A- somos llamados y enviados a reconocer a Jesús como nuestro norte espiritual y a no negarlo. El Papa nos ha llamado a ser una Iglesia en Salida, que se sabe acompañada fielmente por su Señor, una Iglesia, de Puertas Abiertas, y no cerrada y trancada con la estaca de sus miedos, prevenciones y prejuicios. Cerrada en sus mañas metida en la Sacristía como en su “cuarto de pánico”. Sino una Iglesia que sale, que se expone a equivocarse, aun cuando tenga que pedir excusas y corregir y volver a empezar. Una Iglesia Misionera.

 


En esta Liturgia proclamaremos el Salmo 69(68) que está estructurado en tres partes: La Lamentación, La Oración y La Acción de Gracias. De esta manera retomamos el tema de la acción de gracias. Celebraremos, esta vez, la Fiesta del Discipulado, más aún, del Envío. Regodeémonos saboreándolo:

 

Dios mío, tu salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

 

Miradlo los humildes y alegraos,

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

No desprecia a sus cautivos.

 

Este Salmo pertenece al género de las súplicas, donde el Salmista es consciente de encontrarse sorteando un gran peligro, en este caso la situación es verdaderamente peliaguda: Se sufre persecución por Dios, por estar de la parte del Señor-Dios es que se ve amenazado, lo odia una multitud, porque a él “lo devora el celo del Templo” de Elohim (אֱלֹהִ֑ים); este es el mismo versículo que rememoran los discípulos cuando ven arder la ira en Jesús – al ver profanado el Templo de Jerusalén- por los mercaderes y cambistas en Jn 2, 17.

 


Tropezamos aquí, sin embargo, con el enorme contraste entre el Primer Testamento y el Segundo. En aquel, el salmista invoca la ira de Dios para que cobre venganza contra estos que son “más duros que los huesos” y que “lo atacan injustamente”; en la Segunda Alianza, no hay rencor por parte de Jesús, Jesús es el Sacramento del Padre cuyo Misericordioso Rostro es el de Dios-Perdonador. Dios no se defiende de sus perseguidores con la retaliación, Él sufre Paciente como nos lo muestra en su Hijo, que va como manso cordero al matadero.

 

Pasemos al Evangelio y examinemos su estructura: Estamos, en esta parte del capítulo 10, en el discurso apostólico, el discurso del “envío” donde Jesús los manda a predicar, los asocia a su misión, pero es Él mismo quien parte y se encarga. Se nos presenta una “cebollita” (quiasmo). ¿Cuál es el corazón de esa cebollita? Los versos 24-25 que se refieren a la “equivalencia” entre maestro y discípulos, ninguno está por encima, si al Maestro-Amo lo han perseguido, no distinta será la suerte de los Discípulos-Siervos; Amo y siervos serán en la misión co-corporeos. La meta de los discípulos consiste en correr la suerte y alcanzar la meta del maestro, seguirlo sin perderle pisada. Cuando esto suceda “¡todo estará cumplido!”. Es la meta de la cristificación, ser como Él, correr con su mismo destino, (en otra parte comentamos que no todos están llamados a ser mártires derramando su sangre, y que muchos son mártires incruentos en el sentido que lo pone Orígenes: "Todo el que da testimonio de la verdad, bien sea con palabras o bien con hechos o trabajando de alguna manera en favor de ella, puede llamarse con todo derecho: mártir".


 

Tratemos de retomar el tema de la “cebollita”. La capa más exterior está formada por arriba, por los versos 9,35-10,5, que son los versos donde llama y nombra a sus apóstoles, les da instrucciones y los envía; y por debajo, por el verso 11,1 donde, es Jesús quien al terminar este “comisionar” a los suyos, parte a “enseñar y anunciar el mensaje en los pueblos de aquella región”. (Nos envía y se va con nosotros).


 

Debajo de esta capa, viene la segunda capa, que tiene por arriba los versos 10, 5-15 donde se les instruye para ir a sembrar paz, advirtiéndoles que sólo algunos la recibirán; por abajo encontramos esa enigmática consigna en torno a la paz que sembramos: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada”. La misma que probaran San Pedro y San Pablo. Son los versos 10, 34-42. Todo el final del capítulo 10.

 

Pasemos, por último, a la tercera capa, la que envuelve el corazón. Es la que se refiere a nuestro tema de hoy: Las “persecuciones”. Por arriba está conformada esta capa por los versos 10, 16-23: Él nos envía “como ovejas entre lobos, en ese contexto, estamos llamados a ser (φρόνιμος) “cautos” (prudentes-inteligentes) como serpientes y (ἀκέραιοι) “íntegros” (sencillos, auténticos, puros) como palomas”; y, por abajo, está la perícopa que leemos hoy, los versículos 26-33 del capítulo 10: «El Anuncio y la práctica de la justicia ponen al descubierto todos los fraudes y los disfraces, mostrando la debilidad de aquellos que se consideran poderosos, al explotar y oprimir al pueblo. Cuando se revelen sus engaños, quedaran furiosos y pasaran  a la violencia.


 

¿Qué hacer? Confiar en el Padre. Dios tiene conocimiento de todo, inclusive de la muerte de las avecillas. Pero el discípulo vale más que una avecilla. No debemos tener miedo a los injustos, que sólo pueden acabar con nuestro cuerpo, pero no con nuestra conciencia y nuestras convicciones. El único temor lo debemos tener a Dios, porque de Él viene la vida, y sólo Él puede destruirla. También mataron el cuerpo de Jesús, pero Él está vivo hasta hoy, y hasta hoy continua actuando, de una manera multiplicada…»[1]

 

Nos es duro y difícil asimilar este status de víctimas y no digerimos el misterio que encierra; pero, es una ruta de dulzura, proceso que ablanda nuestro corazón, aprendizaje de la ternura y la suavidad. En ese camino reconocemos y captamos las claves de la consolación. Nos apacigua, y nos gana para llegar a ser cautos e íntegros. Podremos presentarnos ante Dios con sencillez y pureza. Así se dulcifica nuestro corazón para hacer de él tibio nido del Espíritu Santo.

 

En este proceso se pulen las aristas de las prepotencias, la confianza en las dictaduras, la falsa convicción que dimana de las hegemonías. Se reconoce la flacidez engañosa de la fuerza y la violencia. «Me da pena ver a personas sin fe o que han dejado dormir su fe y esperanza, y que en la pruebas buscan refugiarse en el alcohol, en la droga, en el sexo, en la evasión en tantas cosas que crean más prueba, me llevan a la perdida de la esperanza y que rebajan al ser humano a profundidades o situaciones de pecado que destruyen… En esta sociedad de hoy la gente sufre. Es la sociedad de que cada cual se las arregle, la sociedad de entretenerse, evadirse, enmascarar el dolor y pasarla bien.»[2].

 

«La vida sin prueba, sin sufrimiento es una utopía… Si tengo fe, si vivo mi vida en Cristo, en el Espíritu, experimentaré que la prueba tiene una respuesta. Esos momentos duros son espacios para la “compasión”, para la ternura y la dulzura de Dios… Aún en medio del sufrimiento el Espíritu Santo me consuela, me anima, me estimula, me motiva y me empuja hacia adelante. Dentro de mí hay una fuente de esperanza que me hace saber que lo imposible se hace posible. Esto llena mi alma de consuelo. Es el momento de experimentar que el sufrimiento vivido con la fuerza y dulzura del Espíritu, del Consolador, engendra dentro de mí una paz profunda, una paz que aún en el dolor no se pierde. Es como una armonía interior, como una calma y serenidad profundas que me llevan a no tener miedo a sufrir, sino a gozarme en la prueba… Desde mi fe puedo ser “consolador”, con el Espíritu Santo, de los que me rodean. Si tengo una vida interior, una vida en el Espíritu, mi palabra, mis gestos, mi cariño y mi cercanía irradiaran en el probado consuelo, paz, confianza y bienestar.»[3]

 


«Dios quiere hacer de nosotros instrumentos elegidos de consolación de su pueblo, de una ciudad desolada, nos quiere ministros de una nueva alianza mucho  más de cuanto lo deseamos nosotros; y para realizar su Voluntad no nos escatima oscuridad y sufrimientos, para que la Palabra pueda ser pura, incisiva, convincente»[4].

 

«El estribillo “no temáis” (cf. “no andéis preocupados”: 6, 25, 27, 28, 31. 34bis!). Significa ante todo que nosotros somos efectivamente presa del miedo. Este es el punto de partida que hay que reconocer. Pero no debe ser el punto de llegada. De lo contrario, se renuncia desde el comienzo a todo camino. El miedo lleva a hacer lo que se teme, sólo la confianza lleva a hacer lo que se desea.»[5]

 


Muchos creen que la fe se ha apagado. ¡Vamos siendo testigos de un reverdecer creyente en el mundo! Hay más personas orando, y entregadas a una contemplación de Dios, gente que se ha entregado en brazos de la Sagrada Escritura, que ha vuelto sobre la vida de los Santos y muchos sacan tiempo para retomar la Liturgia de las Horas. En fin, hay muchos que han podido revivir una experiencia de intimidad con Jesús y han posado su oído en el Pecho de Nuestro Salvador para escuchar los latidos del Sagrado Corazón. No pocos se han asido de la mano de Santa María, la Madre de Dios, para estar cerca de Dios, para ganar amistad con el Espíritu Santo. Otras modalidades de fe –quizás desconocidas, que permanecen ocultas y que el mundo se empeña en acallar - han florecido ¡quien lo creyera! Jesús aprovecha para repetir el llamado y hacer la invitación, a quienes van descubriendo que tienen verdadera sed de Vida.

 

¿Qué nos pide Jesús? ¿Cómo podemos pasar de este sembrar al cosechar? Queremos encontrar, en el Evangelio de este XII Domingo Ordinario, una respuesta: Todo cuanto Él nos ha susurrado al oído, todo lo que hemos escuchado directamente de su Amoroso Corazón, toda esta experiencia de intimidad que hemos disfrutado en los meses precedentes de este año litúrgico, en Adviento, en Navidad, en la primera fase del tiempo Ordinario, en cuaresma, en Pascua y ahora, adentrándonos en la segunda fase del tiempo Ordinario, llega el momento de proclamarlo desde las terrazas (cfr. Mt 10, 27d); y, allí mismo leemos: “No les tengáis miedo” (Mt. 10, 26) esta maravillosa experiencia que vivimos, no puede secarse estérilmente en los graneros, ¡salid y esparcid las semillas al viento, que el viento se encargará de llevarla por doquier y hacerla germinar generosamente!


 

Repasemos en Jeremías como les ira a los que se empeñan en ser piedras de tropiezo: “El señor es mi Fuerte Defensor, me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabaran avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará… Canten al Señor, alaben al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa” (Jr 20, 11cde.13). ¡Ea, pues, manos a la obra!



[1] Storniolo, Ivo. CÓMO LEER EL EVANGELIO DE MATEO. EL CAMINO DE LA JUSTICIA. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá- Colombia. 1999. pp. 94-95

[2] Mazariegos, Emilio L. ESTALLIDOS DE GOZO Y ALEGRÍA. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2003. p. 211

[3] Ibid. pp. 210-211

[4] Martini Crnal. Carlo María. VIVIR CON LA BIBLIA. MEDITAR CON LOS PROTAGONISTAS DE LA BIBLIA GUIADOS POR UN EXPERTO. Ed. Planeta. Santafé de Bogotá-Colombia 1999 p. 305

[5] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MATEO. Ed. San Pablo Bogotá Colombia. 2da re-imp.2011. p. 214