Zac
2, 14-17
Luego se puso a
explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de Él comenzando por
los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
Lc 24, 27
Este
es un profeta post-exilico. Ha recibido como mote el título de “profeta de las
visiones”. Los estudiosos nos señalan que no se trata de una sola persona, sino
de -a lo menos- dos escritores distintos; podría hablarse de un Proto y un
Deutero Zacarías; y no falta quienes llegan a considerar un Trito-Zacarías, que
se cree post-Alejandro Magno. El Proto-Zacarías
va del capítulo 1 al 8; y el Deutero Zacarías cobija los capítulos 9 al 14; los
capítulos 12-14 tiene un tono francamente apocalíptico. Las visiones esenciales
son siete y le pertenecen al protozacarías.
La
perícopa de hoy es una interpolación entre la tercera y la cuarta visiones: la
del geómetra y la de las vestiduras sacerdotales (ornamentos). El Señor anuncia
que vendrá a vivir en medio de Jerusalén. Y, se incluye el anuncio de una
multitud de todos los pueblos y naciones que vendrán a congregarse en torno al
Señor-que-habita-en-medio-de-ellos.
Se
anuncia que el Señor retomará su elección a favor de Jerusalén y Judá será la
heredad del Señor.
Y
se reclama silencio. Es el silencio que se levanta ante la Santidad, que no hay
palabras para contenerla y definirla. El Señor, que estaba en su Trono a la
Derecha, se pondrá de pie. Ante el Señor puesto en pie, todas las naciones
silenciaran su lengua y solo vibrará en el ambiente, la reverencia propia de lo
muy Sagrado.
La
cuarta visión se refiera a Josué, y más adelante, cerrando el ciclo de las
visiones, reaparece la figura de יְהוֹשֻׁ֣עַ [Yehoshua] “el Señor es Salvación. Encontramos textos paralelos en
Isaías, 52, 9 y 54, 1; lo mismo que en Sof 3, 14. E, inclusive en Miq 4, 1-2.
Se habla allí de las Salvación como un don universal, entendida como salvación
disponible a todos los pueblos.
En particular, en el capítulo 8 se tiene un anuncio Mesiánico
que enlaza diversos mensajes de Salvación:
Jerusalén es allí mencionada como la עִ֣יר־הָֽאֱמֶ֔ת “ciudad fiel”, “de la
verdad”, “integra”, por tal razón volverá a elegirla. Esta es una forma de
prosopopeya, en la que se atribuyen cualidades humanas a objetos inanimados,
como una ciudad. En la práctica, el autor le otorga a la ciudad la
personalidad, los sentimientos o las acciones de una persona. La integridad de Jerusalén
es imagen de María porque en ese “lugar” nace la Redención, así como de María
Santísima, tierra Santísima, nos ha venido el Salvador.
Tomada esta clave de interpretación, podemos releer la perícopa
de Zacarías, bajo la luz de esta “personificación”. Bien sabemos que no la
menciona como Miqueas si la profetiza bajo el título de "hija de
Sion" o "hija de Jerusalén". Pero nosotros -dirigidos por el
Santo Espíritu Divino- visualizamos en la loa a Jerusalén como lugar de protección,
como ciudad, de futuro glorioso y como enclave de reunión del pueblo santo de
Dios, la imagen de nuestra Madre que ha sido siempre protección, promesa de
Gloria venidera y bajo cuyo Manto Maternal el pueblo se ha congregado siempre:
Ella ha sido y es nuestra Ciudad fortificada.
Sal
Lc 1, 46b-47. 48-49. 50-51. 52-53. 54-55
CRISTO SIGUE SUFRIENDO EN CADA DOLOR HUMANO
El cantico atribuido a
María es un resumen de la Biblia: en él está todo… María da el nombre de
“Señor” a aquel que lo puede todo, a aquel que la toma para colocarla en la
gran historia.
Arturo Paoli
Este
no es un Salmo, pero sigue la estructura de los Salmos Eucarísticos, donde la
nota regente es la gratitud: se trata de una Acción de Gracias. Inclusive el
estribillo, lo que reitera es el Poderío de Dios manifestado (epifanía) en la
Obra que el Espíritu Santo realiza en María Santísima. A tanta Grandeza solo
cabe un adjetivo: Santo. Por eso nosotros nos referimos a Él como el
Tres-Veces-Santo, que significa -ni más ni menos que el superlativo de la
Santidad.
La
primera estrofa tiene dos verbos, dos acciones que le sirven de pivotes:
proclamar y alegrarse.
En
la segunda estrofa se parte de la humildad, se destaca que lo que ha guiado la
mirada de Dios es el descubrimiento de una veta de humildad sobre-humana. Esto
hará que todo el mundo, en todos los tiempos, se deshagan en alabanzas. Al ver
que Dios no se fina en lo grande, sino que le atrae y le encanta la sencillez,
en grado sumo.
En
la tercera estrofa, se resalta que Dios no acapara ni escasea con su
Misericordia, sino que la esparce y la hace llegar hasta los más recónditos y
remotos rincones. Su proeza más fascinante es cómo desperdiga a los arrogantes
y a los prepotentes.
En
la cuarta estrofa nos hallamos ente cuatro oximorones:
i.
A los poderosos, los derroca
ii.
A los sencillos los ensalza
iii.
A los hambrientos, los rodea de abundancia y prodigalidad
iv.
A los ricos, les vacía las manos
En
la quinta y última estrofa, No se ha olvidado de las promesas que hiciera a
nuestros padres, recordando inclusive la que le formuló a Abrahán y a toda su
descendencia, a Israel y a sus doce hijos, y a todas las generaciones que le s
sucedieron, por siempre.
El
Magnificat, como se
hace notar, es del Nuevo Testamento pro recoge toda la herencia de a fe que
Dios esparció por medio del judaísmo y ensancho por los seguidores de
Jesucristo, nuestro Dios y Salvador.
Magnificat es en latín, lo mismo que en griego Μεγαλύνει [megalynei] “Engrandecer”, “Alabar”,
“Magnificar”, “Cantar lo grande que es”, “Proclamar la Grandeza”.
Mt
12, 46-50
Cristo quiere que
seamos sus verdaderos hermanos o madres, pero distinguiéndonos principalmente
por nuestra docilidad al Padre. Todos deseamos tener el beneplácito del Señor,
que Él nos mira y nos diga que nos conoce porque cumplimos la Voluntad de Dios.
Papa Francisco
En
el Evangelio según San Juan, en el capítulo 1, versos 12 y siguientes tenemos
una afirmación preclara que asevera que quien acoge al Hijo, Verbo Encarnado,
adquiere la facultad de hacerse hijo en el Hijo, con una precisión de suma
importancia, este Hijo, no ha sido engendrado por la carne sino por el
Espíritu, porque es fruto de la Voluntad de Dios-Padre.
La perícopa mateana que consideramos hoy, aloja un desarrollo, interesantísimo para nosotros, y su interés surge de la teología que plantea: Nosotros no somos miembros del pueblo de Dios por vías raciales, ni por el ADN sanguíneo. Lo que nos lleva a ser de la parentela del Verbo es la Escucha y la acogida que en nuestra vida damos al Mensaje que Jesús nos ha traído, directamente de Dios -Padre.
No
sería, en todo caso suficiente, que pusiéramos unas enormes orejas de elefante
para acrecentar la nitidez de la escucha, si este mensaje, una vez llegado a
nuestro oído no baja al corazón y dinamiza nuestra vida. La escucha se revela
en la manera como la Palabra de Dios se hace vida en nuestra existencia y se
vuelve acción, coherencia de vida, sensibilidad para compadecernos, resolución
para comprometernos, fidelidad para seguirlo, y discipulado a toda prueba.
El
mensaje de hoy no puede ser más directo, más claro y si se quiere decir, más
contundente: Somos hermanos y hasta Madre de Jesús si cumplimos la Voluntad del
Padre-Celestial.
La
Voluntad del Padre es el discipulado de nuestra parte para que nuestra vida sea
verdaderamente cristocéntrica: El gran destino del hombre es llegar a ser Madre
del Señor dar cuerpo es hacerse uno mismo “siervo, ¿cómo? Intentando una acción
y un estilo de vida que -partiendo de nuestras limitaciones- intente asumir el
paradigma dado: Jesús humanado es ese Paradigma. “Tener los mismos sentimientos
de Cristo” como lo dice Fil 2, 5.
La
palabra que aparece allí es φρονεῖτε [froneite] que significa
“sentimientos”, pero más aún, “el pensamiento”, “la inteligencia” todo ello,
que tiene su sede en la zona que circunda el “corazón” según la concepción
semítica. Moldear nuestra vida interior según el paradigma del Hijo. He allí la
esencia de la Voluntad del Señor Eterno, en sus tres Divinas Personas.
«¿Dónde encontramos su Voluntad? En nuestro deber diario según nuestra condición de vida, en los mandamientos, en hacer el bien, en trasmitirlo a los demás, en vivir de cara a Dios». (Papa Francisco)





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