2Mac 6, 18-31
2Mac
“no es una continuación sino una narración paralela a 1Mac 1-7, presentada como
el resumen de una obra en 5 volúmenes escrita por Jasón de Cirene (2,19-32). El
autor no identifica ya la religión con el patriotismo y por eso su elogio está
dirigido a los mártires y no a los defensores armados” (Storniolo-Martins Balancin).
Es muy importante recordar que la palabra “martirio” tiene su origen en la
palabra griega que significa “testimonio”. Hoy abordamos la historia de Eleazar
(nombre que significa “Dios es mi ayuda”. “Son interesantes los relatos del
martirio del viejo Eleazar y los siete hermanos que prefirieron morir antes que
comer manjares prohibidos y arrodillarse delante de los ídolos o de la estatua del
gobernador sirio de Judea, el cruel Antíoco” (José Miguel Miranda).
Ya
hemos visto que Antíoco Epífanes les impuso el paganismo, como religión
obligatoria a los judíos. Profanó el Templo poniendo en el Altar una estatua de
Zeus, y los puso a quemar incienso en las puertas de sus casas rindiendo culto
a estos ídolos de su cultura. En el colmo del atropello, para reforzar la
apostasía de su fe, los obligaba a comer alimentos impuros, y la perícopa de
hoy, nos cuenta como le abrían la boca a la fuerza para que Eleazar -un
principal maestro de la Ley-comiera de aquellos alimentos, en particular, carne
de cerdo.
Escupió
aquellos alimentos y se mantuvo firma -a pesar de las amenazas de muerte que le
hacía por no dar su brazo a torcer en este asunto. Los amigos y judíos que
habían cohonestado con esta profanación, le decían que simulara -comiendo
comida Kosher- que estaba comiendo el bocado de cerdo que le exigían, pero Él
esgrimió varios puntos:
a) Ya era muy mayor,
así que de hacer aquello solo aumentaría un breve tiempo su vida.
b) Él quería que su
conciencia ante Dios -a Quien no se puede engañar- se mantuviera firme en la
fidelidad para presentarse campante ante el Señor.
c) Qué pésimo ejemplo
sería para su pueblo -y en especial para la juventud- que él pretendiera estar
cediendo por debilidad a la apostasía.
d) La edad que él
tenía no era momento para andarse con engaños.
Así
fue como él asumió su “testimonio”, coherente hasta el último minuto, muy a
pesar de la violencia con la que se cebaron sobre él: queriendo -ya que no
había cedido “por las buenas”- convencerlo con el atropello, el ultraje y la
flagelación.
La herencia de Eleazar, concluye diciendo la perícopa de hoy, fue de heroísmo y virtud y no sólo para la juventud sino para todo el pueblo de Dios.
Sal
3, 2-3. 4-5. 6-8a
Este
Salmo es un oráculo aplicable a todos los que han llegado como victimas al
Martirio. Ya hemos dicho que el nombre Eleazar significa “Dios es mi ayuda”,
pues los enemigos -en este caso personificados en el Imperio Griego de los Seleucidas-,
lo que querían era reducirlo por la fuerza y probar que no había nadie
ayudándolos.
En
la primera estrofa dice, precisamente, que ellos lo que gritan es que “Ya no los
protege Dios”, muchos se alzaron en su contra y como una jauría trataron de
hacerlo flaquear, pero el Señor los sostuvo con firmeza y decisión.
Hay
una cosa tienen, muy clara, los Mártires: Dios no abandona, es comparable a la
Muralla más sólida, es un Alcázar firme, y un Escudo invulnerable. Está en la
Altura del Monte Santo, pero ha establecido una resonancia que le permite oír
muy nítidamente las voces de los que clamamos a Él.
Puede
que una multitud conspire en contra nuestra, no nos acobardan, sabemos que Dios
se encarga de salvarnos. ¡Él nos sostiene!
Lc
19, 1-10
Tras el encuentro con Jesús, Zaqueo ya no es el de antes
Jesús se detuvo, no
pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, con paz, con ojos de
misericordia, como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón,
lo hizo libre, lo sano, le dio una nueva esperanza, una nueva vida como a Zaqueo,
a Bartimeo, a María de Magdala, a Pedro y también a cada uno de nosotros.
Papa Francisco
Al
entrar por el noreste en Jericó rumbo a Jerusalén, Jesús sanó un ciego, como
vimos ayer. Ahora, encuentra en su camino a uno de los Jefes de los Publicanos,
como lo comentamos anteriormente, los cobradores de impuestos conformaban una
jerarquía, estaban los que habían negociado con Roma el ejercicio del recaudo y
un combo de mandos medios y de cobradores en las pequeñas localidades, que
ponían su banco en la calle y se exponían al sol, al viento y al frio y
atendían personalmente y directamente el recaudo. Este Zaqueo era un jefe de
publicanos y “rico”.
La manera de relatar del Evangelio, no entra en sicologismos, no suele -muy rara vez lo hace en las páginas bíblicas- contarnos los diálogos interiores que cada personaje sostiene consigo mismo, y que es un mecanismo literario muy corriente en nuestros días, para dejarnos saber -a los lectores- las razones, los móviles, las motivaciones, a veces muy secretas del personaje. Aquí no sabemos qué movía a Zaqueo para querer ver a Jesús, a tal punto que no temía hacer el ridículo y treparse a un sicomoro.
Es
interesante que, según el pensamiento egipcio, el sicomoro era el árbol que
daba alimento a los “muertos”. Zaqueo -por su condición de “publicano” era un
zombi, estaba muerto en vida. Como si subirse al sicomoro revelara el hambre
que poseía aquel cuerpo: hambre de vida, y no de cualquier vida, hambre de vida
Eterna.
Que
Zaqueo estuviera allí, encaramado, era un signo que para Jesús no pasó
desapercibido. Lo llama y se hace el invitado a su casa, Al hambre, al apetito
de Zaqueo, Jesús la atiende y hace poner la mesa en la propia casa del
hambriento: esta es la acogida de Jesús, a Él no hay que ir, Él viene a
nosotros, con sólo hacer un gesto de anhelo, Él responde con plena acogida, con
total hospitalidad, y viene a “habitar con nosotros”, no le dice que va a visitarlo,
a pasar un rato con él, dice que se va a ἐν τῷ οἴκῳ σου δεῖ με μεῖναι [en to oiko sou dei me meinai] “quedar en tu casa”: δεῖ
[dei] “conviene”, “es lo preciso”, “es lo indicado”, “es lo mandado”. En este
caso el gesto de disponibilidad de Zaqueo fue subirse al árbol. Fue la manera
de Zaqueo de mostrar que tenía hambre de Dios, de Su Presencia en su vida.
¿Qué nos enseña Jesús? Nuevamente ratifica e insiste en no desdeñar a nadie, en no apartar a algunos como leprosos, como indignos, en no considerar co-religionarios sino a los judíos, a unos sí y a otros no -que pena- ¡definitivamente no! para Jesús nadie está definitivamente perdido, todos y en cualquier momento, pueden solicitar el ingreso a la Comunidad de los Salvados, porque a eso -precisamente- fue a lo que vino Jesús. ¡A Salvar y no a discriminar!
Encontrarnos
con Jesús no consiste en oír hablar de Él, ni en hablar acerca de Él. Es
permitir que nos trasforme, que nos cambie, que nos haga de los suyos. “… cada
uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su
mirada. Los invito que hoy en sus casas, o en la Iglesia, cuando estén
tranquilos, solos, hagan un momento de silencio para recordar con gratitud y
alegría aquellas circunstancias, aquel momento en que la mirada misericordiosa
de Dios se posó en nuestra vida”. (Papa Francisco)





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