martes, 18 de noviembre de 2025

Miércoles de la Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 


2Mac 7, 20-31

Así pues, cualquiera de ustedes que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.

Lc 14,33

La identidad cultural de un pueblo tendría que ser uno de los bienes más respetados e inalienables de un pueblo porque está en los cimientos mismos de su existencia. Cavando allí encontramos las raíces y el origen de su vitalidad y de la tradición que les ha permitido su pervivencia. La fe forma parte nuclear de este raudal cultural y no puede disociarse de él. La fe no flota en el vacío de la doctrina, sino que se entreteje con las costumbres, las recetas y las dietas, los alimentos que se toman y la manera de prepararlos. Tiene otros elementos como los rituales culticos y por eso, defendemos la libertad de culto, y todo esto n se puede mirar con el lente de supuestas supersticiones o rasgos de atraso e incultura. La comida kosher es toda aquella que las leyes judías aceptan, Los alimentos que cumplen los preceptos de la kashrut son considerados kosher. En el Pentateuco aparecen muchos pasajes donde se dice “de tal alimento no comerás” o “no cocinaras tal con tal”.

 

טרף [Teref] o también, טְרֵפָה  [trefá], “alimento impuro” “alimento no Kosher (apropiado)” puede incluir carne de cerdo, animales que no fueron sacrificados correctamente, mezclas prohibidas de lácteos y carne, o mariscos y pescado sin escamas y aletas; en este caso se trataba de forzarlos a comer carne de cerdo, precisamente. Siente hermanos fueron apresados, como parte de esta línea de persecución que pretendía hacerles creer a los judíos que los cultos politeístas no eran distintos de su fe, sino deidades que recibían aquí un nombre y allá otro. Esa era la perspectiva de Antíoco Epífanes, que quiso equiparar a Zeus con Yahweh y hacer pasar a aquel por Este.

 

El fragmento que leemos hoy está tomado del bloque de 2Mac 4,1-7,42 que denuncia la persecución en los tiempos de Antíoco. La perícopa que leemos hoy, tomada del capítulo 7, versos1-42, intitulado, martirio de siete hermanos y su madre”, la madre y sus siete hijos personifican aquí y son figura de todo el pueblo de Israel.  La madre y los siete jóvenes estaban dispuestos a dar su vida antes que dejar su dieta Kosher. Nuestra lectura se ocupa del martirio de estos jóvenes y su madre. Ellos dieron su vida antes que aceptar el consumo de alimentos teref. La persecución era despiadada y Antíoco mandó azotar a los jóvenes con látigos hechos con los tendones de animales para desbaratar su dieta que siempre era כַּשְׁרוּת. [kashrut] “apropiado" para ser consumido”.

 

La perícopa presenta el marco situacional y luego da un salto, se suprime la muerte de los seis mayores y pasamos directo a los versos 20-31, donde la madre en hebreo anima al menor a no dar su brazo a torcer, mientras el tirano trata de seducirlo ofreciéndole prebendas y riquezas, llegando a ofrecerle la amistad y un cargo prestante.

 

Empero, la madre le insistía, hablándole en hebreo, argumentándole que no lo había portado en sus entrañas por nueve meses, y predicándole el Enorme Poder de Dios que hizo todo de la nada y que sin duda premiaría su fidelidad. La madre estaba convencida que su fidelidad los llevaría a rencontrase en el Cielo en la Plenitud de la Vida, es decir, en la Gloriosa Presencia del Señor.

 

El chico proclamó su fidelidad a la Ley de Moisés y su desacato al “mandato del Rey”. Advirtiéndole que todo el mal que había llevado sobre el pueblo judío, no quedaría sin el rotundo castigo del Cielo. Con labios proféticos le predijo que “No escaparás de las manos de Dios”.

 

Uno no puede dejar de preguntarse en tal situación tan precaria ¿qué los sostenía? Y, en la perícopa leemos el basamento de esta resolución incontrovertible e irrecusable: “Su esperanza estaba puesta en el Señor”. Esta mujer vio morir sus siete hijos en el término de un solo día.


Uno de los aspectos centrales y que dan tamaña importancia a la perícopa es la convicción del “más allá”, de la resurrección a la vida eterna como esperanza sólida y confiable. Se trata pues de un martirio inspirador que ha animado a través de los tiempos a los incontables mártires de nuestra fe.

 

Sal 17(16)1bcde. 5-6. 8 y 15

El Reino de Dios se conquista por la fuerza y sólo los violentos lo arrebatan

Mt 11, 12

 

¿Pero, quien tiene autoridad para pretender adueñarse y hacerse al poder del Cielo? Solo Jesús puede arrebatar el Cielo con la violencia de su mano que es solo Justicia.

 

Este es un salmo de súplica. Se ha intentado clasificar las suplicas en personales y colectivas. Sin embargo, las súplicas que parecen hablar por boca de intereses personales son siempre suplicas donde la voz de uno es la voz de Israel, de todo el pueblo elegido. No pocas veces la clasificación ha apuntado en la dirección de discernir entre suplicante pecador y suplicante enfermo, pero dada la mentalidad semítica, las dos cosas se identifican en una.


Los salmos de súplica pueden desagregarse en tres momentos, precedidos por un omento de invocación:

a)    La petición que se hace en el presente caso

b)    La descripción del caso particular, las razones y porque el suplicante ha llegado al punto actual

c)    Argumentos para tener derecho a formular el pedido

Y se concluye con un himno de Alabanza, como si el favor ya se hubiera alcanzado.

 

En este salmo, el suplicante se considera un “justo” que ha sido afligido -sin motivos- con penurias inmerecidas y arbitrarias.

 

El torturador es el Maligno. ¿Qué hace el suplicante? Corre al Templo a buscar refugio. El templo es el Santuario inalienable donde el perseguido no podrá ser apresado.

 

Cuando pensamos en Jesús pronunciando este salmo y suplicando la protección de Dios recordamos el propósito constante que lo acompañó Él siempre quiso defender a su pueblo y resguardarlo como la gallina resguarda a sus polluelos. La ironía está en que hoy, es Jesús quien tiene que recurrir al Padre para implorar que lo proteja del pueblo que lo persigue.

 

Cuando decimos que Jesús se solidarizó con nuestras dolencias, se hace evidente que Él se puso en nuestros zapatos para saber cómo era el dolor y el padecimiento que la persecución atraía.

 

El estribillo es glorioso y victorioso, sabe que la muerte no es triunfadora, y, en cambio, sabe que, al despertar de los nudos de la muerte, contemplará el rostro victorioso del Padre.

 

 La estructura del salmo corresponde a la estructura de las tres estrofas que se han diseñado con los casi 5 versos que se tomaron:

 

a)    V.1bcde. Es la invocación

b)    Vv. 5-6: argumentos para convencer a Dios de darle su auxilio

c)    Vv. 8. 15 Súplica hímnica que reboza confianza.

 

 

 

Lc 19, 11-28

Porque yo sé que ustedes son un pueblo rebelde y testarudo; y si hoy, que todavía vivo entre ustedes, se han rebelado contra el Señor, ¿qué será después de mi muerte?

Dt 31, 27

Jesús nos cuenta otra parábola, en este caso, quiere plantear lo que pasa con su ya próxima llegada a Jerusalén. La gente que lo seguía, iba tras Él con la expectativa mesiánica: Esperaban el momento en que su poderío se manifestara, y diera comienzo a sus acciones como rey y caudillo con la expulsión de los romanos y sus tropas y todo su aparato de dominación, y empezará un ciclo de abundancia y derroche a la manera davídica y volvieran a ser un pueblo fuerte. Ellos esperaban que todo esto era para ya, y que estaba a la vuelta de la esquina, el evangelio usa la expresión παραχρῆμα [parachrema] “al momento”, “inmediatamente”, “instantáneamente”, “con solo estirar la mano”. Pero, Jesús lo que nos va a mostrar, es que Él ha llegado hasta allí con nosotros, y nos corresponderá a nosotros la edificación del Reino.


 Qué es un talento?

      i.        Una antigua unidad de peso para metales preciosos, El sistema de pesos hebreo provenía del sistema babilónico, era un sistema sexagesimal que tenía tres unidades: kikkar o talento, el maneh o mina, y el shekel o siclo. El talento era la mayor unidad del sistema y equivalía a 50 minas o 3000 siclos. Aproximadamente 34 Kg (Ex 37,24).

     ii.        Metafóricamente hablando la expresión en el co-texto bíblico alude a las habilidades y dones que Dios otorga a las personas para la instauración y el crecimiento del Reino. Ya la expresión laicizada pasó a significar cualesquiera habilidades, destrezas y aptitudes que una persona mostrara.

 

Regresando al sistema de pesos hebreo, procedente del babilonio, anotemos que la versión griega no habla de talentos, sino de μνᾶς [mnas] “minas”, que era la sesentava parte de un talento (dijimos antes que es un sistema sexagesimal). La parábola de los talentos señala lo que nos da Jesús para poder proceder a la edificación de su Reino, y a la vez señala que, puede suceder que esas “minas” se queden inútiles y estériles, precisamente como resultado de nuestra rebeldía y testarudez.

 

Para nosotros es supremamente importante señalar cierta analogía con Moisés, que tampoco los adentró en la “tierra prometida”, sino que los llevó hasta su frontera, y desde la distancia, les hizo contemplar la dimensión de la tarea que tenían por delante.

 

Reflexionemos un poco, si por el camino, todo fueron críticas contra Moisés; si él hubiera entrado en la Tierra de Promisión con ellos, la película de la irresponsabilidad habría continuado, y la actitud de dependencia no se superaría jamás. Sólo si asumimos las consecuencias de nuestros actos y responsablemente tomamos las riendas en nuestra “inversión” de las facultades recibidas, el resultado nos pertenecerá. Pienso con toda devoción, que a un niño no se le debe poner entre las manos un delicado artefacto que pueda desbaratar y reducirlo a la nada. El Señor nos pone el Reino ahí, para que lo asumamos. Y desde nuestra perspectiva es en esa línea que tenemos que decodificar la parábola de los talentos.

 

Un detalle de la mayor importancia es que, resulta muy evidente, que esa riqueza enorme que Dios deposita en nuestras manos, no nos pertenece; el Señor nos la deja encomendada, pero somos sólo sus administradores en el entretanto.

 

Muchos de nosotros hemos crecido y vivido nuestra fe como si fuéramos “alcancías”, “cajas de caudales”, o “cajas fuertes” y la única responsabilidad que nos cupiera fuera la de poder entregar el “talento” tal cual lo recibimos, envuelto en un elegante pañuelo.

 

Nótese que quien se cree “caja fuerte” es porque tiene una visión desenfocada de Dios. Lo visualiza como un tipo temible, desaforadamente exigente, un “atenido” que espera lucrarse del esfuerzo nuestro, alguien que espera un rendimiento fuera de nuestro alcance, que le tengamos -a Su Regreso, para la Parusía-  cien mil millones de talentos. Advirtamos que no es así: cinco o máximo diez talentos que le tengamos a su vuelta bastará para que ganemos la confianza de recibir encargos muy valiosos como el gobierno de ciudades. Con esfuerzo alcanzaremos la dignidad de “Gobernadores”. Pero el que nada hace fuera de una honradez muy cuestionable, ese no dignifica su existencia, como se dice, en este caso, en sentido espiritual “es un bueno para nada”. No se le puede poner al mando de nada, ¡imagínense! Uno de tales, responsabilizado de dirigir la fábrica del amor, la justicia y la paz, y, mientras el Señor se vaya -a recibir los Honores de su Divina Prosapia, el reconocimiento de ser el hijo de Dios, sentado en el trono a la Derecha del Padre-, la fábrica cerrada, apagada y los obreros vacantes.

 

El infierno, más que un lugar de llamas es un lugar de oscuridad, de ausencia, de vacío de Dios y de infinita distancia al Reino, donde no llega el brillo de la diligencia en hacer las cosas como el Padre que lo ha hecho todo perfecto. Uno se pone a pensar si al que se le encomendó una sola mina y no tuvo ningún avance a partir de ella, que se le quitó el encargo y se le dejó sin responsabilidad alguna, ese cayó, por su propia negligencia en la “Oscuridad total”. Porque en el evangelio se habla de los que van a las tinieblas eternas, que son los que allí se llaman “enemigos”. Los enemigos, son los que están en la “inactividad” absoluta, esa sí que es muerte, ellos no pertenecen a los “amigos de Jesús”, que son los que no desperdician un instante para progresar en el esplendor del Reino, y están a tiempo y a destiempo, poniendo ritmo a la edificación del “país de la dicha”. Que es armonía y fraternidad, verdadera koinonía, y no abarroto de mercancías.

 

No habla el Evangelio de gobernadores, sino de ἐπάνω [epano], “el que está a cargo”, “el que tiene la autoridad”, “el que está sobre”, “el que es posicionado encima de los demás”. Nos parece que “gobernador” o “administrador” retrata bien la idea de “ser el responsable de toda una comunidad”. No es un cargo político, es una responsabilidad pastoral, está arriba, en la loma, para cuidar y velar, proteger y nutrir al rebaño encomendado. No para trasquilarlas, traficar son su lana y bastonearlas.


«No se engañen ustedes: Nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. Así que no debemos cansarnos de hacer el bien, porque si no nos desanimamos a su debido tiempo cosecharemos. Por eso, siempre que podamos, hagamos bien a todos, y especialmente a nuestros hermanos en la fe». (Ga 6, 7.9)

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