2Mac
7, 20-31
Así pues, cualquiera de
ustedes que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.
Lc 14,33
La
identidad cultural de un pueblo tendría que ser uno de los bienes más
respetados e inalienables de un pueblo porque está en los cimientos mismos de
su existencia. Cavando allí encontramos las raíces y el origen de su vitalidad
y de la tradición que les ha permitido su pervivencia. La fe forma parte nuclear
de este raudal cultural y no puede disociarse de él. La fe no flota en el vacío
de la doctrina, sino que se entreteje con las costumbres, las recetas y las
dietas, los alimentos que se toman y la manera de prepararlos. Tiene otros
elementos como los rituales culticos y por eso, defendemos la libertad de
culto, y todo esto n se puede mirar con el lente de supuestas supersticiones o
rasgos de atraso e incultura. La comida kosher es toda aquella que las leyes
judías aceptan, Los alimentos que cumplen los preceptos de la kashrut son
considerados kosher. En el Pentateuco aparecen muchos pasajes donde se dice “de
tal alimento no comerás” o “no cocinaras tal con tal”.
טרף
[Teref] o también, טְרֵפָה [trefá],
“alimento impuro” “alimento no Kosher (apropiado)” puede incluir carne de
cerdo, animales que no fueron sacrificados correctamente, mezclas prohibidas de
lácteos y carne, o mariscos y pescado sin escamas y aletas; en este caso se
trataba de forzarlos a comer carne de cerdo, precisamente. Siente hermanos fueron
apresados, como parte de esta línea de persecución que pretendía hacerles creer
a los judíos que los cultos politeístas no eran distintos de su fe, sino
deidades que recibían aquí un nombre y allá otro. Esa era la perspectiva de
Antíoco Epífanes, que quiso equiparar a Zeus con Yahweh y hacer pasar a aquel
por Este.
El
fragmento que leemos hoy está tomado del bloque de 2Mac 4,1-7,42 que denuncia
la persecución en los tiempos de Antíoco. La perícopa que leemos hoy, tomada
del capítulo 7, versos1-42, intitulado, martirio de siete hermanos y su madre”,
la madre y sus siete hijos personifican aquí y son figura de todo el pueblo de
Israel. La madre y los siete jóvenes
estaban dispuestos a dar su vida antes que dejar su dieta Kosher. Nuestra
lectura se ocupa del martirio de estos jóvenes y su madre. Ellos dieron su vida
antes que aceptar el consumo de alimentos teref. La persecución era despiadada
y Antíoco mandó azotar a los jóvenes con látigos hechos con los tendones de
animales para desbaratar su dieta que siempre era כַּשְׁרוּת. [kashrut] “apropiado"
para ser consumido”.
La
perícopa presenta el marco situacional y luego da un salto, se suprime la muerte
de los seis mayores y pasamos directo a los versos 20-31, donde la madre en
hebreo anima al menor a no dar su brazo a torcer, mientras el tirano trata de
seducirlo ofreciéndole prebendas y riquezas, llegando a ofrecerle la amistad y
un cargo prestante.
Empero,
la madre le insistía, hablándole en hebreo, argumentándole que no lo había
portado en sus entrañas por nueve meses, y predicándole el Enorme Poder de Dios
que hizo todo de la nada y que sin duda premiaría su fidelidad. La madre estaba
convencida que su fidelidad los llevaría a rencontrase en el Cielo en la
Plenitud de la Vida, es decir, en la Gloriosa Presencia del Señor.
El
chico proclamó su fidelidad a la Ley de Moisés y su desacato al “mandato del
Rey”. Advirtiéndole que todo el mal que había llevado sobre el pueblo judío, no
quedaría sin el rotundo castigo del Cielo. Con labios proféticos le predijo que
“No escaparás de las manos de Dios”.
Uno
no puede dejar de preguntarse en tal situación tan precaria ¿qué los sostenía? Y,
en la perícopa leemos el basamento de esta resolución incontrovertible e irrecusable:
“Su esperanza estaba puesta en el Señor”. Esta mujer vio morir sus siete hijos
en el término de un solo día.
Uno de los aspectos centrales y que dan tamaña importancia a la perícopa es la convicción del “más allá”, de la resurrección a la vida eterna como esperanza sólida y confiable. Se trata pues de un martirio inspirador que ha animado a través de los tiempos a los incontables mártires de nuestra fe.
Sal
17(16)1bcde. 5-6. 8 y 15
El Reino de Dios se
conquista por la fuerza y sólo los violentos lo arrebatan
Mt 11, 12
¿Pero,
quien tiene autoridad para pretender adueñarse y hacerse al poder del Cielo?
Solo Jesús puede arrebatar el Cielo con la violencia de su mano que es solo
Justicia.
Este
es un salmo de súplica. Se ha intentado clasificar las suplicas en personales y
colectivas. Sin embargo, las súplicas que parecen hablar por boca de intereses
personales son siempre suplicas donde la voz de uno es la voz de Israel, de
todo el pueblo elegido. No pocas veces la clasificación ha apuntado en la
dirección de discernir entre suplicante pecador y suplicante enfermo, pero dada
la mentalidad semítica, las dos cosas se identifican en una.
Los salmos de súplica pueden desagregarse en tres momentos, precedidos por un omento de invocación:
a) La petición que se
hace en el presente caso
b) La descripción del
caso particular, las razones y porque el suplicante ha llegado al punto actual
c) Argumentos para
tener derecho a formular el pedido
Y
se concluye con un himno de Alabanza, como si el favor ya se hubiera alcanzado.
En
este salmo, el suplicante se considera un “justo” que ha sido afligido -sin
motivos- con penurias inmerecidas y arbitrarias.
El
torturador es el Maligno. ¿Qué hace el suplicante? Corre al Templo a buscar
refugio. El templo es el Santuario inalienable donde el perseguido no podrá ser
apresado.
Cuando
pensamos en Jesús pronunciando este salmo y suplicando la protección de Dios
recordamos el propósito constante que lo acompañó Él siempre quiso defender a
su pueblo y resguardarlo como la gallina resguarda a sus polluelos. La ironía
está en que hoy, es Jesús quien tiene que recurrir al Padre para implorar que
lo proteja del pueblo que lo persigue.
Cuando
decimos que Jesús se solidarizó con nuestras dolencias, se hace evidente que Él
se puso en nuestros zapatos para saber cómo era el dolor y el padecimiento que
la persecución atraía.
El
estribillo es glorioso y victorioso, sabe que la muerte no es triunfadora, y,
en cambio, sabe que, al despertar de los nudos de la muerte, contemplará el
rostro victorioso del Padre.
La estructura del salmo corresponde a la
estructura de las tres estrofas que se han diseñado con los casi 5 versos que
se tomaron:
a) V.1bcde. Es la
invocación
b) Vv. 5-6: argumentos
para convencer a Dios de darle su auxilio
c) Vv. 8. 15 Súplica
hímnica que reboza confianza.
Lc
19, 11-28
Porque yo sé que
ustedes son un pueblo rebelde y testarudo; y si hoy, que todavía vivo entre
ustedes, se han rebelado contra el Señor, ¿qué será después de mi muerte?
Dt 31, 27
Jesús
nos cuenta otra parábola, en este caso, quiere plantear lo que pasa con su ya
próxima llegada a Jerusalén. La gente que lo seguía, iba tras Él con la
expectativa mesiánica: Esperaban el momento en que su poderío se manifestara, y
diera comienzo a sus acciones como rey y caudillo con la expulsión de los
romanos y sus tropas y todo su aparato de dominación, y empezará un ciclo de
abundancia y derroche a la manera davídica y volvieran a ser un pueblo fuerte. Ellos
esperaban que todo esto era para ya, y que estaba a la vuelta de la esquina, el
evangelio usa la expresión παραχρῆμα [parachrema] “al momento”, “inmediatamente”,
“instantáneamente”, “con solo estirar la mano”. Pero, Jesús lo que nos va a mostrar, es que Él ha llegado
hasta allí con nosotros, y nos corresponderá a nosotros la edificación del
Reino.
Qué es un talento?
i.
Una antigua unidad de peso para metales preciosos, El
sistema de pesos hebreo provenía del sistema babilónico, era un sistema
sexagesimal que tenía tres unidades: kikkar o talento, el maneh o mina, y el
shekel o siclo. El talento era la mayor unidad del sistema y equivalía a 50
minas o 3000 siclos. Aproximadamente 34 Kg (Ex 37,24).
ii.
Metafóricamente hablando la expresión en el co-texto
bíblico alude a las habilidades y dones que Dios otorga a las personas para la
instauración y el crecimiento del
Reino. Ya la expresión laicizada pasó a significar cualesquiera habilidades, destrezas
y aptitudes que una persona
mostrara.
Regresando
al sistema de pesos hebreo, procedente del babilonio, anotemos que la versión
griega no habla de talentos, sino de μνᾶς [mnas] “minas”, que era la sesentava parte de un talento
(dijimos antes que es un sistema sexagesimal). La parábola de los talentos
señala lo que nos da Jesús para poder proceder a la edificación de su Reino, y
a la vez señala que, puede suceder que esas “minas” se queden inútiles y
estériles, precisamente como resultado de nuestra rebeldía y testarudez.
Para nosotros es supremamente importante
señalar cierta analogía con Moisés, que tampoco los adentró en la “tierra
prometida”, sino que los llevó hasta su frontera, y desde la distancia, les
hizo contemplar la dimensión de la tarea que tenían por delante.
Reflexionemos un poco, si por el camino, todo
fueron críticas contra Moisés; si él hubiera entrado en la Tierra de Promisión
con ellos, la película de la irresponsabilidad habría
continuado, y la actitud de dependencia no se superaría jamás. Sólo si asumimos
las consecuencias de nuestros actos y responsablemente tomamos las riendas en
nuestra “inversión” de las facultades recibidas, el resultado nos pertenecerá.
Pienso con toda devoción, que a un niño no se le debe poner entre las manos un
delicado artefacto que pueda desbaratar y reducirlo a la nada. El Señor nos
pone el Reino ahí, para que lo asumamos. Y desde nuestra perspectiva es en esa
línea que tenemos que decodificar la parábola de los talentos.
Un
detalle de la mayor importancia es que, resulta muy evidente, que esa riqueza
enorme que Dios deposita en nuestras manos, no nos pertenece; el Señor nos la
deja encomendada, pero somos sólo sus administradores en el entretanto.
Muchos de
nosotros hemos crecido y vivido nuestra fe como si fuéramos “alcancías”, “cajas
de caudales”, o “cajas fuertes” y la única responsabilidad que nos cupiera
fuera la de poder entregar el “talento” tal cual lo recibimos, envuelto en un
elegante pañuelo.
Nótese
que quien se cree “caja fuerte” es porque tiene una visión desenfocada de Dios.
Lo visualiza como un tipo temible, desaforadamente exigente, un “atenido” que
espera lucrarse del esfuerzo nuestro, alguien que espera un rendimiento fuera
de nuestro alcance, que le tengamos -a Su Regreso, para la Parusía- cien mil millones de talentos. Advirtamos que
no es así: cinco o máximo diez talentos que le tengamos a su vuelta bastará
para que ganemos la confianza de recibir encargos muy valiosos como el gobierno
de ciudades. Con esfuerzo alcanzaremos la dignidad de “Gobernadores”. Pero el
que nada hace fuera de una honradez muy cuestionable, ese no dignifica su
existencia, como se dice, en este caso, en sentido espiritual “es un bueno para
nada”. No se le puede poner al mando de nada, ¡imagínense! Uno de tales,
responsabilizado de dirigir la fábrica del amor, la justicia y la paz, y,
mientras el Señor se vaya -a recibir los Honores de su Divina Prosapia, el
reconocimiento de ser el hijo de Dios, sentado en el trono a la Derecha del
Padre-, la fábrica cerrada, apagada y los obreros vacantes.
El
infierno, más que un lugar de llamas es un lugar de oscuridad, de ausencia, de
vacío de Dios y de infinita distancia al Reino, donde no llega el brillo de la
diligencia en hacer las cosas como el Padre que lo ha hecho todo perfecto. Uno
se pone a pensar si al que se le encomendó una sola mina y no tuvo ningún
avance a partir de ella, que se le quitó el encargo y se le dejó sin
responsabilidad alguna, ese cayó, por su propia negligencia en la “Oscuridad
total”. Porque en el evangelio se habla de los que van a las tinieblas eternas,
que son los que allí se llaman “enemigos”. Los enemigos, son los que están en
la “inactividad” absoluta, esa sí que es muerte, ellos no pertenecen a los
“amigos de Jesús”, que son los que no desperdician un instante para progresar
en el esplendor del Reino, y están a tiempo y a destiempo, poniendo ritmo a la
edificación del “país de la dicha”. Que es armonía y fraternidad, verdadera
koinonía, y no abarroto de mercancías.
No habla
el Evangelio de gobernadores, sino de ἐπάνω [epano], “el que está a cargo”, “el que tiene la autoridad”,
“el que está sobre”, “el que es posicionado encima de los demás”. Nos parece
que “gobernador” o “administrador” retrata bien la idea de “ser el responsable
de toda una comunidad”. No es un cargo político, es una responsabilidad
pastoral, está arriba, en la loma, para cuidar y velar, proteger y nutrir al
rebaño encomendado. No para trasquilarlas, traficar son su lana y bastonearlas.
«No se engañen ustedes: Nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. Así que no debemos cansarnos de hacer el bien, porque si no nos desanimamos a su debido tiempo cosecharemos. Por eso, siempre que podamos, hagamos bien a todos, y especialmente a nuestros hermanos en la fe». (Ga 6, 7.9)





No hay comentarios:
Publicar un comentario