lunes, 3 de noviembre de 2025

Martes de la Trigésima Primera Semana del Tiempo Ordinario

Rm 12, 5-16a

Ya habíamos comentado que esta última sesión de Romanos (Caps. 12-16) está dedicada -ya no a presentar elementos doctrinales- sino a formular pautas prácticas de moral y al examen de algunas situaciones particulares: es -por tanto- una parénesis. De esta manera iniciamos las últimas cuatro lecciones sobre este Libro Paulino, que nos ocupará toda la Semana.

 

Se parte de un principio unificador paulino: «Somos muchos, pero unificados en un solo cuerpo» -el Cuerpo Místico- no piezas sueltas, sino órganos recíprocamente coordinados y armónicos como los miembros lo son, en un organismo, en un solo cuerpo.  La maravilla de los miembros es que cada uno tiene su “Don” propio: unos la profecía, otros el servicio, otros buenos para enseñar, algunos muy bien dotados para la exhortación, otros -geniales- en lo que respecta a la generosidad, mientras otros han recibido carismas excepcionales de liderazgo que los hace idóneos para ejercer la presidencia.

 

Después de subrayar la diversidad de dones y carismas, da una pauta magna general que debe guiarlos a todos y servirles de patrón: es el Amor. Ese amor no puede ser producto de un fingimiento, que en los aspectos afectivos es prácticamente imposible guardar coherencia en algo tan exigente. Tiene que ser algo brotado verdaderamente del corazón, y así lo dice San Pablo. “Ámense cordialmente”.

 

Ese amor fraternal que enlaza a toda la comunidad tiene una espiritualidad: vencer y reducir -con total empeño- el egoísmo, profesando una muy sincera valoración de los demás, reconociendo a cada uno como hijo de Dios y valorando en cada cual los dones con los que el Señor ha querido adornarlo. Para que este sentimiento fraternal sea efectivo, se requiere entender que nadie es perfecto, que todos necesitamos ser acogidos y perdonados, que el amor que nos une, no es el resultado de una espiritualidad aleluyática, que en la práctica siempre habrá roces, discrepancias, divergencias, “cada-unadas”, y que no se trata de “llevarnos la idea como locos”.

 

Incuestionablemente este bloque de Romanos que abarca 12,1 – 15,13, quiere indicarnos que Jesucristo es el eje que encamina todas las dimensiones de la vida. Orientando todos nuestros deberes abisagrados con la Ley del Amor al prójimo, según el ejemplo de nuestro Señor. Estos son, en este aparte, los deberes de la vida cristiana que seguiremos enfocando mañana. Lo que se ha dicho hasta el presente, baña y marina lo que se dirá en lo sucesivo; mostrando que la fe no es un fin en sí, sino un derrotero salvífico, que ilumina un estilo de vida.

 

Nótese que no se procura diluir la individual personalidad de cada uno, pero si se hace consciencia que no llevamos el agua que acarreamos a diferentes remansos, sino el Único integrado por el mismo Cuerpo Místico, y al tomarnos individualmente, nos encontramos como órganos del mismo Cuerpo de Cristo; existiendo cada quien con referencia a las otras “existencias” de cada uno de los hermanos.

 

Cada uno se entiende como un instrumento de la “orquesta sinfónica”, y todo instrumento identifica la partitura que le corresponde. Las notas que se la han confiado se supeditan a la dinámica de necesidad-servicio. No hay notas sueltas, ni disonancias arbitrarias. Todo el conjunto se ensambla atendiendo a “los demás” (pero, donde nadie está “demás”, o sea, nadie sale a sobrar).

 

Cada carisma (valga decir cada partitura personal) tendrá una exigencia interpretativa:

·         La profecía guiada por la regla de fe

·         El servicio según se haga indispensable

·         La enseñanza da luz donde se aloja la penumbra, no donde ya hay claridad.

·         Exhortando a lo que Dios ha llamado y nos pide

·         El que se asigna a la “distribución”, lo hará con ánimo generoso

·         El que se asigna a la “presidencia” obrando con solicitud que conjuga amabilidad, claridad y verdad

·         Al que porta la misericordia, la entregará con gusto, valga decir con sincera alegría de corazón, no como quien la entrega con la amargura de no podérsela quedar para sí.

 

Y viene una pauta que resume como se ejercen los dones recibidos: Sin fingimiento, detestando lo malo, y aferrándose con alma vida y sombrero a la bondad. Amándose con cordialidad y estimando a los otros como a sí mismos. Hay que mantener el fervor encendido, como el que vigila la fogata para que no baje la llama y se apague. Así:

 

·         La esperanza sostenga nuestra alegría

·         La firmeza nos permita remontar las tribulaciones

·         Practicando la oración incesantemente

·         En lo que podamos, suplamos a nuestros hermanos en la fe

·         Practiquemos la acogida en todos los planos de la “hospitalidad”

·         Si alguien nos persigue, bendigámoslo; nunca hay que maldecirlo

·         A los que gozan la dicha hagámosle la segunda voz

·         A los que acarrean desdichas, acompañémoslos aunando a ellos nuestras lágrimas.


No se consideren a sí mismos “sabios”, sirvamos sin pretensiones, el paradigma será el de las personas que viven como suya la humildad: ταπεινοῖς συναπαγόμενοι [tapeinois synapagomenoi] “júntense a los que sinceramente viven en dependencia de lo que Dios quiere”.

 

Sal 131(130), 1bcde. 2. 3

La Voluntad Divina que es siempre Bondad, Misericordia, Providencia; puede tener diversas acogidas:

·         Está la opción de los que la padecen renegando, deploran que esa sea su destino y que les haya tocado enfrentar esa realidad.

·         También están los que la sufren con resignación, si eso es lo que les ha tocado, que le pueden hacer. ¿Cómo evadirla?

·         Están los que la reciben con aceptación, atendiendo a que -quizás más adelante- cambie y se torne agradable.

·         Están los que -por muy adversa que sea- saben que el Señor sacará inimaginables maravillas y que detrás de lo que se ve a primera mano, se esconde lo más promisorio y lo que será idóneo para que cada quien pueda dar lo mejor de sí.


En este salmo Israel recibe sin reclamos, vivir la humildad y la realidad de pobreza, y refrenda su alianza con el Señor, entregándose totalmente a sus Manos Pastorales que cuidaran y velaran por ellos. En ensayemos a descubrir esta “entrega” en los dos versos y un quinto que se han extraído de los tres versos que conforman la totalidad del salmo:

 

­       El peregrino no pretende grandes cosas, posee una actitud humilde, ni su corazón padece de ambición, ni sus ojos miran con altanería.

­       Como si el fuera un bebé recién amamantado, se duerme y reposa su alma sin revolcarse con rebeldías caprichosas.

­       Le indica a todo el pueblo cual ha de ser la actitud adecuada frente al Señor: Confiar en Él, no por un momento, no por ahora, sino por siempre. ¡Confiar, siempre confiar!

La fórmula del responsorial, retoma las palabras del responsorio del pasado Domingo XXXI - ¿la recuerdan? - “Guarda mi alma en la paz, junto a ti Señor”. Es una formulación hermosa. Estando apegado a la Ternura de Dios, uno permanece en “Paz”.

 

Lc 14, 15-24

Luego me dice: «Escribe: Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.» Me dijo, además: «Estas son palabras verdaderas de Dios.»

Ap 19, 9

 

Todo el profundo significado de la Alianza está condensado en el signo del Banquete de Bodas. ¡estas son la Bodas del Cordero! En el marco de esa celebración, Dios y su pueblo renovaran una y otra vez las promesas conyugales. Lo más hermosos es que Dios no resta credibilidad a su novia. No se desengaña de ella, se diría -por el contrario- que cuanto más le falla, más confía en que regrese a sus brazos y haya madurado en la fidelidad.

 

Todos estos días hemos venido acompañando a Jesús en su celebración nupcial. En cada oportunidad Jesús da una Nueva enseñanza. Uno de los “compañeros” de Jesús -compañeros porque están sentados a la misma Mesa, compartiendo el mismo pan- extrapola con profunda clarividencia que -si en este simulacro, ha sido tan agradable compartir Mesa con Él- ¿Cómo será cuando se sienten a la Mesa del Final de los Tiempos, cuando se haya realizado la Plenitud del Reino?

 

Y Jesús lo lleva en un viaje de exploración hasta el Momento Escatológico, y le pinta con sus Palabras, la realidad virtual de Aquel Momento:

­       Será un Gran Banquete al que -muchísimos- han sido invitados.

­       Ya al llegar el momento de celebrar el Banquete -ahí está el detalle- habían sido invitados, pero ni sabían cuando era; ahora sí, el “criado” recibe la misión de notificar que “La hora es llegada”.

­       Es entonces cuando se produce el gran atafago productivo. La inventiva se agudiza y se dan muestras de la gran creatividad de la gente para pretextar su imposibilidad de asistir:

o   Uno había comprado un campo -negocio a ciegas- le urgía ir a ver ¿qué había comprado?

o   El otro había negociado cinco yuntas de bueyes… ¡Qué tal que fueran animales mañosos! Había que ponerlos a arar y mirar si eran “aradores dóciles”

o   Otro recién se había casado. ¿Cómo iba a irse al matrimonio de Otro, si lo lógico era que él se concentrara en el disfrute de su Luna de Miel?

 

­       En la fase número cuatro: El Señor se indigna. Da una nueva orden al criado. Aquellos invitados originalmente, mostraron su indignidad para haber sido honrados con un puesto de “comensales” en las Bodas del Cordero; le pidió al criado que invitara a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, y a los cojos (dicho sea de paso, parece la lista de los que han recibido los beneficios del Cordero de Dios, al visitarnos en la tierra). El criado va y los invita.

­       En la fase quinta, habiendo invitado a todos los anteriores, “todavía queda sitio”, este es el nuevo reporte del criado. Entonces, se hace una invitación indiscriminada a todos los que estaban por ahí, en los cruces camineros: le impone al criado una meta, llenar la casa, que no sobre puesto, que no quede ningún vacío, que se disfrute al máximo el Banquete.

 

¿Cuál es el desenlace de esta parábola? Ninguna de los invitados primigenios pudo degustar ni una sobra del Banquete. ¡Despilfarraron la invitación!

 

¿Dónde está lo malo? En dejar lo de Dios para después porque -en la ceguera de nuestra percepción- hay otras cosas mucho más importantes. ¿Qué significa Cristocéntrico? Pues, vale la pena repasarlo, porque es lo que decide todo, como nos lo muestra hoy la parábola del Banquete del Reino. ¿Quiénes serán los bienaventurados que comerán en el Reino de Dios?

 

Los que cumplan aquello de «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». (Lc 10, 27)


 «Haz eso y vivirás». Resumió Jesús. ¡Siempre feliz y satisfecho en la Mesa del Reino!

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