martes, 25 de noviembre de 2025

Miércoles de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


Dan 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28

Daniel un célebre descifrador de grafitis

Belchazar (Bel Char Assur) “que-Bel-proteja-al-rey” - "Bel" proviene del acadio bēlu, que significa "señor", "dueño" o "amo", cognado de Baal, su forma semítico noroccidental- fue el último rey de babilonia. Después de él vendrá el imperio persa y hará su entrada en escena el famoso Ciro “el gran señor” - el instaurador de la dinastía aqueménide de Persia (aprox. 559-530 a. C.). (Valga aclarar que Nabucodonosor reinó entre el 604 y el 562 a. C y BelCharUssur reinó entre el 549 y el 539 con la toma de Babilonia por Ciro el Grande).

 

Encontramos a este rey, rodeado de toda la nobleza, en un gran y opíparo banquete donde el rey -ya bastante entrado en copas- manda traer los vasos sagrados que había hurtado del Templo de Jerusalén, consagrados a YHWH, para mancillarlos bebiendo y brindando en honor de las estatuillas de oro, plata, bronce, hierro, piedra y madera de sus ídolos: Así este banquete era un acto de flagrante sacrilegio y de burla al Único Dios Verdadero. Historiadores como Heródoto y Jenofonte (en griego clásico se llamaba simplemente Jenofón), documentan el carácter orgiástico de estas celebraciones.

 

Allí fue cuando, en la semi-penumbra, una mano empezó a escribir, sobre la pared, se apeló a los “sabios” (ya se dijo que se les decía así a los magos, nigromantes, y astrólogos que formaban el consejo asesor del gobernante -algo similar, y claro que la comparación no se debe leer a la ligera- como un irrespeto hacia los comités asesores de hoy en día-, que están integrados por “sabios”, pero de otras disciplinas bien diversas, como son la economía, la estadística y el derecho; pidiéndoles que interpretaran la situación en curso. Nadie lo hacía.

 

Nos gusta recordar aquí que a Daniel le dieron un nombre babilónico estando en aquella corte, lo llamaron "Beltsasar", y significa "protege la vida del rey" o "príncipe de Bel". En aquel momento irrumpió la “reina” que le recordó a Belchazar, que, en los tiempos de Nabucodonosor, había un célebre judío oniromante, e hicieron venir a Daniel y quien le ofrecieron esta vida y la otra a cambio de dar su פְּשַׁר [peshar] interpretación de lo que sucedía con aquella escritura mural y descifrara su significado.

 

Daniel le dijo: “Quédate con todos tus מַתְּנָא [matena] “sobornos”, y dáselos a otro, Leeré lo que está escrito y lo pondré de manifiesto a su consideración”: Porque había profanado los vasos del Templo, ha sido enviada la mano que escribió: «Mene, Tekel, Peres» que quiere decir “medido, siclo. mitad”; nos hemos acostumbrado a traducirlo como “contado, pesado y dividido”, pero es más exacto pensar que es una alusión a la progresiva decadencia de los imperios sucesivos: “babilonio, persa y medo”, es, otra alusión análoga a la de “oro, plata y bronce”.

 

El simbolismo que allí se anida lo decodifica con precisión Daniel: “Dios ha contado los días de tu reinado, les ha señalado un final. Ha pesado en la balanza tu “levedad” y apunta hacia la desintegración en pedazos de lo repartido entre medos y persas.

 

La profecía muralizada por la Mano (una mano graffitera) hablaba de un supuesto poderío, reducido a polvo como escarmiento y correctivo por la profanación de lo que es Santo. Agachémonos, por un momento a mirar el reflejo de nuestra sociedad en el agua y veremos cómo pateamos y escupimos lo Sagrado, victimas insolentes de nuestra propia altivez.

 

Cuando algo se mide (mene) se puede hallar que no da la talla; si algo es sometido a la balanza, se puede encontrar que adolece de liviandad, no tiene suficiente peso, su concupiscencia es su “talón de Aquiles”; finalmente, tenemos la palabra Parsín que significa “dividir”, “fragmentar”, y tiene una asonancia casi homofónica con “persas” porque aquel reino -carente de valores de peso- vendría a ser repartido y dividido entre medos y persas. Eso no vino a suceder años después: aquella misma noche Belsasar cayó muerto y Darío tomó a Babilonia.

 

Aquí no estamos verdaderamente en presencia de una “levedad” -que se refiere a la fragilidad de todo lo que el tiempo derruye,  sino de una liviandad y alevosía, de la moral deshumanizada, rayana en el inhumanidad cruel -relacionada con cruor, que significa sangre que rezuma de una herida, y por extensión, se refiere a quien se complace en la sangre o el sufrimiento ajeno, directamente emparentada con la idolatría , porque toda idolatría no es otra cosa que el ejercicio redomado de la ausencia de los valores humanos alienados por el sopor que pone al hombre, y a todo lo suyo, en las sombras.


Los historiadores así lo registraron: consignando que los babilonios estaban entregados a alcoholizarse cuando Ciro llegó a Babilonia y se apoderó de ella. La Mano que escribe lo que hace es traer a la luz las coordenadas de la Justicia.

 

Sal Dan 3, 62a. 63a. 64a. 65a. 66a. 67ª

Cuando un día, nuestra torpeza se alcance -por fin- a superar, cuando la voracidad cruenta que desparramamos con exuberancia entre todos los pueblos de la tierra, dimensione por fin su insignificancia e intrascendencia; entonces, no nos uniremos a gesticular como lo hacen los simios, su beneplácito en aplausos, sino que sabremos dar expresión a nuestra reverente y devota admiración a los Divino, con una coral -cuyos antecedentes estarán en los magníficos coros conventuales que loan al Señor con sus afinados canticos, buscando la paz, conviviendo en armonía, desarrollando la fraternidad, refinamientos melodiosos brotados del corazón y no pronunciados por la lengua torpe de los bajos y elementales impulsos.

 

Toda criatura cantará bendiciendo, y magnificando su perdurabilidad a través de todas las edades. Todo lo que corrompe la dignidad humana se vendrá estrepitosamente abajo, porque el ser humano no tiene por qué ser lobo para el hombre. Aquí no hay diferencia entre animales “superiores”, e “inferiores” y las criaturas inanimadas. Todos los seres, todas las criaturas son convocadas a entonar un canto de alabanza.


 

Todos alaban; pero el contexto redaccional es el del pueblo judío en los tiempos de Antíoco Epífanes en el siglo segundo a antes de Cristo. Se da la atribución de su autoría a Azarías, uno de los tres jóvenes hebreos en Babilonia (junto con Daniel, Ananías y Misael); Azarías lo habría entonado mientras se encontraba en el horno a pleno fuego.

 

Lc 21, 12-19

No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.

Lc 12, 32

 

Muchas veces nos parece natural y muy lógico, pedir a Dios que “me conceda” las virtudes cristianas, ¡a mí, que estoy llamado a ser “santo”! Y, a los demás “que se los coma el lobo”.

Esto es lo que se denuncia en aquella cita bíblica (Lc 18, 10-13) que ve el asunto de la fe desde una perspectiva egocéntrica.


También, como en las películas del lejano oeste, llevan dos pistolotas, una a cada lado, para desenfundar con asombrosa presteza y disparar. ¡Ideología, ideología! Es su más contundente recurso contra cualquier cosa que se diga, si no cuadra con su “tradicional” cantinela. Un elemento esencial de la sinodalidad es poder entender la fe como comunidad, no como individualidad, como Iglesia; pero aceptando que hay interpretaciones tradicionalistas que la propia Iglesia está trabajando para re-colocar en una perspectiva más precisa.

 

Hacer un vivo esfuerzo por captar la Enseñanza de Dios, y en particular la de Jesús, desatándonos de perspectivas que nos impiden adentrarnos en el Mensaje. Y no se trata de acomodar la Escritura para hacerla decir lo que “yo quiero”. Tenemos que trabajar cooperativamente y, aplicadamente, libres de ataduras y, especialmente libres de cerrazón. Un verdadero estudio bíblico, y que Dios nos ampare del relativismo de querer forzar y acomodar nuestra interpretación. Para que la Iglesia sea Una, no necesita uniforme, no abandona la sinodalidad para refugiarse en el maltrato del otro, que -según ellos- no es más que un “idiota”, no se necesita -de ninguna manera que los prepotentes acaparen y monopolicen la Palabra bajo la tutela de su “bolillo”, y se atraviesen el brazalete de su consigna “así como lo digo yo, así es”; pero tampoco que nos conformemos con el “usted piense lo que quiera, pero yo aquí lo que entiendo es, lo que a mí me provoca”. Tenemos que recorrer el camino de la fraternidad y no desenfundar el arma para disparar con la una, balas de “Ideología, ideología”, y con la otra, los plomos de “idiota, imbécil”.


 «Para quien ha asumido el proyecto de Jesús es imprescindible tener la consciencia de que es un proyecto que contrasta con las sociedades que hemos construido los seres humanos, basadas en el poder de algunos y la exclusión de las mayorías.» (CICLA)

 

¿Quiere usted saber que es anti-cristiano? Imponerse maltratando y ridiculizando al “prójimo”. Ofender y caricaturizar es un juego sucio que en el marco del discipulado no podemos darnos el lujo de aplicar.

 

¿Cuál es el valor que Jesús nos propone en la perícopa de hoy? Lo encontramos en el verso Lc 21, 19: ὑπομονή [hypomoné] “perseverancia”, que para nosotros en español significa simplemente “constancia”, con una connotación de “conservadurismo”, de “disco rayado”. En griego -teniendo en cuenta su etimología, hypó, "debajo" y ménō, “soportar", su significado está directamente emparentado con lo que nos ha venida proponiendo la Primera Lectura (tomada del Libro de Daniel), de saber conservar nuestra fe, viviendo en un mundo que tiende en otra dirección. Conservar la fidelidad a la Alianza. Y quisiera destacar que muchos traductores traducen ὑπομονή por “sufrir”, “aguantar”.

 

Insertemos, entonces, una cita del Carlo María Martini: “Quién no sufre, al hacer el bien, tentaciones de repugnancia, de disgusto? ¿Quién no se siente a veces atado por la timidez, sobre todo en situaciones públicas difíciles? Con frecuencia el miedo nos impide hacer lo que sabemos muy bien es lo justo, o no nos permite hablar. Preferimos usar términos como “conformismo” y “respeto humano”, pero en realidad, se trata de miedo.

 

Nos dice la perícopa que mediante la ὑπομονή salvaremos nuestras vidas, la integridad de nuestro ser, de nuestra personalidad. Y esto es fundamental, viniendo de Jesús, que nos presenta unas opciones realistas: Dice que nos echaran mano, que nos entregaran a los tribunales eclesiásticos y civiles, que nos harán comparecer ante los poderosos de la tierra, pero no con la visión pesimista de ¡terrible, mejor dejemos así!; sino como la oportunidad incomparable de loar su Santísimo Nombre.

 

«También a nosotros los cristianos de hoy nos llega esa invitación, no referida a la persecución que muchos sufren en Asía, sino a los problemas que afrontamos en la cotidianidad, en las crisis, en las enfermedades terminales, en el desempleo, en las calamidades. Estos son los acontecimientos que prueban nuestra fe en el sinsentido de la vida, cuando creemos que Dios se ha ido.» (Papa Francisco)

 

“No hay justicia sin esa capacidad de resistir el desgaste diario que se da en nuestro contexto, sobre todo en una sociedad muelle, débil, miedosa, amedrentada, en la cual, la gente se asusta frente a la primera dificultad, en el estudio, en el trabajo, en la vida conyugal, en la vida comunitaria”. Así que esta perícopa, no se puede entender de otra manera que como el blindaje que nos entrega Él para resistir las pistolotas que atruenan y no cejan: Lo que nos propone es ¡no desistir! ¡no abandonar! ¡seguir firmes tras de Él! Es una glosa explicativa del ¡Sígueme! Que Él pronuncio allá en 9, 59, cuando recién había emprendido el viaje a Jerusalén.

Volvamos a las palabras de Papa Francisco: «Dar testimonio de la fe es no dudar nunca de la presencia y el poder de Dios. Es entender que Él actúa de un modo diferente al que pensamos y aun así seguir creyendo».

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