Archibasilica Sanctissimi Salvatoris
Ez
47, 1-2. 8-9. 12; Sal 46(45), 2-3. 5-6. 8-9; 1Co 3, 9c-11. 16-17; Jn 2, 13-22
Hoy
celebramos la Dedicación de la Archibasílica del Salvador y
de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista, que de manera simplificada nombramos como Basílica
de San Juan de Letrán. Es la Basílica del Papa. que fue consagrada un 9 de
noviembre del año 324, o del 318 según otras fuentes.
Me abandonaron a Mí, fuente
de Agua Viva, y se cavaron aljibes agrietados que no retiene el agua.
Jr 2, 13
Nosotros nacemos gracias a las fuentes bautismales que brotan de la Pila Bautismal, es un agua que nos sana, nos trae vida, nos hace vitales, fructíferos, fértiles. De pecadores saca santos, nos injerta en el Árbol de la Vida, a la tierra más árida la vuelve fecunda, generosa, paradisiaca. Traemos a ella, niños que vienen manchados por nuestras tradiciones pecaminosas y el señor nos devuelve seres resplandecientes de plenitud, Promesa de permanencia de la Vida para la eternidad.
El
agua de la Pila bautismal es la matriz donde se gesta la Vida de los creyentes
y ella es fecundada por la Luz de Cristo, cuando introducimos el Cirio -Luz de
Cristo- en sus Aguas para que nuestros hijos biológicos renazcan como hombres
nuevos, recreados en la fe de la Comunidad Eclesial.
Este
Manantial de Fecundidad anuncia la Presencia del Señor en medio de nosotros y
nos avisa que nosotros somos las piedras vivas que constituyen el Templo. Todo
lo que hay entes del Agua cada vez más profunda y cada vez más vital -en la
profecía- es saneado. Y -de acuerdo con la profecía- sus árboles frutales no se
secarán jamás y no pararan de frutecer, cargaran sus frutos en cada novilunio,
y -esto sólo se puede explicar- porque los riegan las aguas que viene del
Santuario.
Sal
46(45), 2-3. 5-6. 8-9
Este
salmo es un himno, pero un himno muy específico, cantar a Sion, la elección que
Dios mismo hizo de esta ubicación para ser el lugar del enclave de Jerusalén.
Se celebraba en la Fiesta de las “Enramadas”, de las “Cabañas”, de las
“Chozas”, en la fiesta de Sucot (cabañas construidas con madera y hojas de
palma). Se consagró uno de los días para celebrar la elección del Lugar Sagrado
donde se edificaría el Templo de Salomón consagrando la centralidad de esta
ciudad.
Para el Salmo responsorial -la perícopa de hoy- hemos separado 6 versos, de los 11 que lo conforman. Este salmo tiene su estribillo propio que contiene una declaración esencial: עִמָּ֑נוּ [In-manu] El Señor está con nosotros, está con sus huestes. Y por tres veces se repite esta aclamación. Es pues el salmo de “Dios con nosotros”.
Sin
embargo, nosotros como responsorio tenemos hoy: “El correr de las acequias
alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su Morada”. Muy acorde con la
festividad que celebramos de la Basílica Madre de San Juan de Letrán; y que empalma
excelentemente con la profecía de Ezequiel.
Traemos
de desgranar las tres estrofas para intensificar su comprensión:
1ª
estrofa. Estamos libres del temor, ni los terremotos ni los aludes nos
atemorizan porque el Señor Dios es nuestro refugio y -a la vez- nuestra fuerza.
2ª
estrofa. Dios consagra de Jerusalén el Templo, y cada Templo como su Morada en
todo el Orbe; las fuentes de aguas vivas son gorjeo y tintineo de campanitas
dichosas, son eco de voces angelicales pletóricas de dicha.
3ª
estrofa: Dios es nuestro Alcázar, el Dios de las Huestes Triunfales nuestro
continua acompañante y defensor, suban a Jerusalén a ver Sus Maravillas: ¡Pon
fin a la Guerra! ¡Te imploramos!
1Co
3, 9c-11. 16-17
Dios nos ha tomado como Santuarios Vivos, constituyéndonos
en Su Morada
En
el capítulo 3 de la Primera Carta a los Corintios, se designa a los hermanos de
la iglesia de Corinto:
v. 9a) συνεργός [sunergos] “compañeros de
trabajo”, “colaboradores”, “co-adjutores”, “Que ayudan a otro en ciertos asuntos”.
v. 9b) γεώργιον [georgion] “sembradío”, “cultivo”, “plantío”, “labrantío”.
v. 9c) que es donde empieza
el fragmento que leemos hoy, οἰκοδομή
[oikodome] “edificio”, “vivienda”, “edificio
habitacional”, “residencia conjunta”, “construcción apta para servir de hogar”,
por extensión puede representar “las advertencias y guías que se dan a los
cohabitantes para asegurar una convivencia armónica”. Ahí podríamos descubrir
un antecedente de “sinodalidad” en la edificación de la comunidad.
Para tener una perspectiva adecuada, todos los miembros de este edificio deben tener bien presente cuál es el θεμέλιον [themelión] “cimiento”, “base”, “piedra angular”, “fundamento”, “pedestal” sobre el que se ha levantado la construcción. ¡El cimiento es Jesucristo!
¿Quién puso ese cimiento, la
piedra esencial? Cupo a San Pablo ponerla, como fundador que fue de la
comunidad. San Pablo se designa aquí como ἀρχιτέκτων
[architektón] “el maestro albañil”, “maestro de obra”, la persona que es el
responsable de la ejecución de un proyecto de construcción, liderando a los obreros,
supervisando las tareas y asegurando que el trabajo se realice según i) los
planos, ii) el presupuesto y iii) los plazos establecidos.
Lo importante es que el
fundamento no puede cambiarse. Los que vengan a continuar el proceso de
construcción no pueden designar otra piedra como sustituto de Jesucristo. Esa
“piedra fundamental” configura el edificio integro. ¿Qué impide que se cambie
el fundamento? San Pablo lo dice taxativamente, son dos razones:
1)
Somos
Templo del Espíritu Santo
2)
El
Espíritu Santo personalmente, es el que habita en este οἰκοδομή Edificio.
Quien se atreva a κατακαήσεται [katakesatai] “destruir”
(prendiéndole fuego) el Templo donde habita el Santo Espíritu será destruido. La
palabra κατακαήσεται también puede designar “profanación” ¿Por qué? Porque el
Templo de Dios es ἅγιός [agios] “Sagrado”, “Santo”, “Propiedad de Dios Santísimo”, “que
le pertenece completamente al Gran Otro”.
«En un momento en que todavía
la Iglesia se ve agitada por divisiones y polémicas, que oportunas nos suenan
las palabras de Pablo. ¡Cuántas divisiones a lo largo de la historia sólo por defender
cuestiones de prestigio o sutilezas filosóficas y qué poco esfuerzo por vivir
el evangelio de la humildad de la apertura del Espíritu, de la libertad y del
amor!» (Santos Benetti)
Jn 2, 13-22
Ὁ ζῆλος τοῦ οἴκου σου καταφάγεταί με.
El celo de tu casa me
consume.
Los
lingüistas dicen que la palabra “celos” es una palabra onomatopéyica que imita
el sonido del agua al hervir. Cuando el agua hierve, se evapora hasta que se
agota completamente y queda nada. A Jesús lo consume completamente el amor al
Templo de Dios, que, como acabamos de estudiar, somos nosotros mismos. ¡Qué
somos Templos del Espíritu Santo!
Exactamente
después del “signo” efectuado en las Bodas de Caná, se anuncia la proximidad de
la Pascua. La Pascua tiene un gigantesco significado, celebra la “liberación de
la esclavitud”, “la salida de Egipto”, donde estaban condenados a cocinar los
adobes para sus construcciones. Hay dos polaridades en el culto: hay un culto
vacío, donde domina lo ritual y esa ritualidad reducida a exterioridad; hay
otro tipo de culto, donde lo esencial es la Presencia: En la ritualidad
externalista lo que predominan son las cosas: monedas, mesas, canastas, jaulas
de palomas, donde -y este es su rasgo característico- “el corazón está lejos
del Señor”; ¿Qué dice el Señor ante todo esto? Ἄρατε ταῦτα ἐντεῦθεν
[arate tauta enteuthen] “¡Saquen
esto de aquí!”.
Jesús
no les dice algo que no puedan entender, por lo general el “ritualismo” al
endurecer el corazón empieza su infección atacando el oído y la comprensión,
nos vuelve incapaces para la “escucha”, cuando no escuchamos, no podemos “amar
a Dios por encima de todas las cosas”; por eso es que el endurecimiento del
corazón inicia con la “sordera”. ¿Han visto?
Empiezan a leer la Palabra e, inmediatamente nos empieza una
“incomprensión aguda”, las palabras suenan por allá, como en otro planeta y a
nosotros nos llegan unos sonidos que parece lenguaje de “marcianos”. El Señor
dice: “Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré”.
Para
los oídos endurecidos esto no puede ser sino una gran tontería: “Cuarenta y
seis años ha costado construir este Templo, ¿y Tú lo vas a levantar en tres
días”. Qué quiere decir, que donde quiera que esté Jesús, está su Templo, y
donde está Jesús, donde se celebra la Eucaristía, está su Presencia. No es un
“signo”, está realmente Presente, lo cual se condensa en la fórmula “Su Cuerpo,
Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad”, Presente, vivo, Sanador. Por eso decimos
que el culto Eucarístico es ahora el Culto Perfecto, porque Él está allí,
Realmente-Presente. Un culto en Agua y en Espíritu.
Cuando
Jesús blande el látigo, sólo les está rememorando su experiencia de esclavitud,
porque hacer del Templo un mercado es recaer en la “idolatría”, el templo ha
dejado de ser la Santa Morada para convertirse en la Bolsa de Valores- el
epítome de la cultura mercantil, es honrar al dios Mammón (en arameo “deidad de
la avaricia”). La Pascua es de Dios, aquí, en el verso 13, se define como
“Pascua de los Judíos”. Es corromper la fe. Jesús, el Verdadero Templo, dará su
Carne y su Sangre para donarnos un Templo Purificado. Su sacrificio vuelve los
valores a su sitio correspondiente. Sacó del Templo las ideologías extrañas
para que volvamos a honrar los Valores que nos dignifican como hijos en el
Hijo.
Siempre
tenemos que estar alertas: las realidades buenas y santas se pervierten
convirtiéndolos en piezas de “poder”. A las mesas de cambio llegaban las
monedas “impuras”, tenían impresas en su cara, animales dioses y gobernantes
paganos. Al cambiarlas por las monedas acuñadas por el propio Templo, las
autoridades teocráticas allegaban a su bolsa las ganancias. El culto se ve
degradado en meretricio.
«La expulsión de los comerciantes nos enseña que la mansedumbre enseñada por Jesús no tiene nada en común con el miedo. Es la violencia del amor (“el celo de tu casa” Jn 2,17) el que conduce a Jesús a poner su vida en peligro: ese celo lo devorará».









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