LLAMADO A LA VIGILANCIA
Y A LA CONVERSIÓN
Is 2,1-5; Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5. 6-7. 8-9; Ro 13,11-14a; Mt 24,37-44.
Y nosotros, ahora,
estamos aquí,
delante de la puerta
del Adviento
que finalmente se abrió
y Tú Señor, nos
convidas a entrar.
Averardo Dini
Si en este día
comprendieras tú
lo que puede conducirte
a la paz!
Más por lo pronto, está
oculto a tus ojos.
Lc 19, 42 bcd
¡Hemos
llegado al Año Nuevo Litúrgico! El año Litúrgico es la celebración de la Vida
de Jesús y desde ese punto de vista, quizá -cabría esperar- que el Año
Litúrgico empezara con el nacimiento de Jesús. Sin embargo, la Iglesia no sería
Madre y Maestra si no tomara un lapso adecuado de preparación para esa Llegada.
Es por eso que el Año Nuevo litúrgico se inicia con el Adviento que es el
tiempo necesario de disposición para desplegar los brazos del corazón y llegar
a estar verdaderamente preparados para su llegada, ¡Ven Señor Jesús! Asumamos
pues esta paternidad que nos llega; este embarazo espiritual nos hace
participes de una maternidad-paternidad de Santa María y San José actualizada,
no asistamos como espectadores de la Natividad de hace 2025 años, sino que,
haya espacio en la morada de nuestra vida para que Él no tenga que nacer en el
frio de la intemperie y en la suciedad de un establo, sino en la ternura de
nuestro ser que lo ansía y lo espera hoy.
Constructores de paz, testigos de su
Amor
Nuevamente
se trata del Salmo 122(121), exactamente el mismo que nos ha ocupado el Domingo
anterior. El Domingo anterior, el último del año Litúrgico, del ciclo C, considerábamos
los versos 1-2; 4. 8-9. En este 1er Domingo de Adviento del año Litúrgico, del
ciclo A, leemos lo mismo añadiendo los versos 6-7.
Dijimos que era uno de los quince salmos graduales que hablan de las diversas etapas de la peregrinación; este salmo alude a diversas “peregrinaciones”, experiencias de sinodalidad, de andar juntos, un pueblo “errabundo” en diversos momentos de su historia: se destacan los cuarenta años que vagó por el desierto antes de poder entrar en la “Tierra Prometida”; también le correspondió esa triste página de la historia en que fue “llevado” en esclavitud a Babilonia donde permaneció sometido –según nuestras cuentas- desde el 607 hasta el 540, es decir 67 años, aun cuando más estrictamente va del 587 al 538 (período mucho más reducido, que sólo toma en cuenta el tiempo de deportación de la “aristocracia” judía en Babilonia). De este tiempo queremos destacar tres aspectos positivos:
i)
Comprendieron que habían sido infieles a la Alianza
ii)
Crecieron en su amor a Dios sabiendo que sólo Él los podía
salvar y devolverles la libertad y la Tierra Perdida, se podría hablar de la conversión
que los atrajo -de nuevo- a YHWH.
iii)
Empezó a esperarse un Mesías, liberador y restaurador.
Si
nos atenemos estrictamente a la expresión בִּ֝שְׁעָרַ֗יִךְ [bish
arayikh] “ya pisan nuestros pies tus portales”, entendemos que significa que ya
atravesaron las puertas, que ya están dentro de la ciudad, que están “puertas
adentro”.
Jerusalén
es, sobre todo, signo de convergencia: “A ti Jerusalén suben las tribus, las
tribus del Señor. Así como los Sabios de Oriente llegaron al sitio donde había
nacido el Salvador, así Jerusalén será el punto de encuentro de todos los
“fieles” del Señor. ¿A qué se reúnen? El verso 4b nos lo dice: “…para alabar el
nombre del Señor”. La palabra que se usa עֵדוּת, [eduth]
“testimonio”, implica algo así como “dar testimonio”.
Así es, se nos da una misión, no es solamente desplazamiento para llegar a la “Ciudad de la Paz”, el encargo que
tenemos es dar testimonio”, “ver para capacitarnos al anuncio”.
Ahora
entran en juego los dos versos que se añaden este Domingo -que no leímos el Domingo
pasado- Testimonio de Paz, dice allí: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos
que te aman, que haya paz dentro de tus murallas (y que reine la paz) que haya
prosperidad en cada casa”. Nuestra tarea consiste en mostrarnos como gente de
paz; “trabajadores por la paz”, nos llamará Jesús en las bienaventuranzas. Por el amor que tengo a mis hermanos voy a decir “La paz sea contigo”.
El Salmo nos hace iniciar el
Adviento con una tarea: trabajar por la paz.
No digamos que somos
muy pequeños o muy insignificantes para hacerle oír nuestra voz a Goliat, más bien,
digamos como dijo David: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina,
pero yo voy contra ti en el Nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los
Ejércitos de Israel a los que tú has desafiado” (1Sam 17, 45bc). Esta es la
única manera de decir sinceramente ¡Por el amor que tengo a mis hermanos voy a
decir “La paz sea contigo”! Toda otra palabra carece del “compromiso”
suficiente y necesario.
Aprender a desarmar la muerte y a construir la paz
Hay que aprender a
desbaratar fusiles y cañones y volverlos puentes y edificios y fábricas de paz.
Hay que acabar de una vez por todas con las fábricas de guerra y de muerte, de
bombas y napalm, de armas químicas y bacteriológicas, de ojivas nucleares. La tarea
de trabajar por la paz se inserta en el contexto de este Domingo de vigilancia
activa. Muchas veces hemos señalado que el Primer Domingo de Adviento tiene
como médula la vigilancia, pero no aquella que nos pintaban en el cine, el
vaquero del Oeste, sentado en el porche, con el taburete recostado y el rifle
como laptop, tampoco se habla de la vigilancia de la persona que se sienta en
la ventana a esperar que pase algo, o que alguien llegue. ¡No! Esta es una
vigilancia alerta, un estar en vigilia, un hacer preparativos para cuando
llegue el momento estar dispuestos y, más aún, disponibles.
En la Primera Lectura, nos invita que vayamos a la casa del Señor para que Él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas cfr. Is 2, 3c. Observemos el mandato de volvernos trabajadores por la paz cómo lo expresa el profeta: “De las espadas forjaran arados y de las lanzas podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestraran para la guerra” Is 2, 4bc.
Se nos exhorta a encargarnos de la trasformación, evidentemente que las espadas no se volverán arados por mirarlos fijamente, ni se volverán podaderas las lanzas con rezar veinte mil oraciones. Habrá que hacer todo lo necesario, no sólo esperar pacientemente sino manos a la acción, mangas remangadas, ¡sudando la camiseta!
En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco nos advierte en el numeral 218: «La paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tienen que ver con la distribución del ingreso, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética.»
Tenemos que descubrir
la manera de invertir no en armamentismo sino en salud, alimentación, educación,
oportunidades para la gente. Es cierto que es difícil distinguirlos entre tanto
engaño, calumnia y golpe sucio; pero recordemos que “por sus frutos los
reconoceremos…”
Pasos que componen la tarea
Preparado está el que sabe que no es “dueño” sino “siervo
fiel y prudente”.
Silvano Fausti
Cuantas veces y
cuantas personas van viendo el correr del tiempo como un simple proceso de
envejecimiento, otros lo ven como un acercamiento sistemático a la hora de la
muerte. San Pablo nos da una mejor óptica: cada minuto que pasa estamos más
cerca de la hora de nuestra Salvación. Esta es la primera clave
interpretativa que nos da esta perícopa de la Carta a los Romanos.
La segunda clave consiste en que nos entrega paso a paso la ruta para revestirnos de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué significa revestirse? Ponerse las mismas ropas para hacerse parecido. Una de las mejores maneras de imitar a alguien es vestirse del mismo modo. San Pablo nos da seis pasos esenciales para lograr esta mímesis:
1)
Desechemos las obras
de las tinieblas
1a)
Revistámonos con las armas de la luz
2)
Comportémonos
honestamente
3)
Nada de comilonas y
borracheras
4)
Nada de lujurias ni
desenfrenos, esto reclama una actitud crítica ante el acoso del mercado y la
cultura del despilfarro y el consumismo.
5)
Nada de pleitos ni
envidias
6)
Que el cuidado de su
cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.
Velar y estar preparados
Jesús nos manda “Velen pues, y estén preparados porque
no saben qué día va a venir su Señor”. Sabemos con toda seguridad que vendrá,
más ignoramos los detalles, sólo sabemos que estará revestido de Gloria y de
Poder… de resto… nada podemos afirmar. Pero que viene, ¡Viene!
Conviene recordar tres factores que tipifican esta espera:
·
Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).
·
El advenimiento de Cristo en gloria es inminente (cf Ap 22, 20). Este acontecimiento
escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1Ts 5, 2).
·
"Arrepentíos, pues, y convertíos para que
vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la
consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien
debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que
Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21).
Tan inusitada será su
Llegada que será como el diluvio, que nadie espera y a todos los tomó por
sorpresa, con la única excepción de Noé y su estirpe. Tan inesperada como el
ladrón, que si uno supiera cuando va a llegar, seguro que reforzaría la guardia
y tendría un ejército listo para capturarlo.
“llevada – dejada”
En los días finales
del año viejo litúrgico, estuvimos leyendo el capítulo 21 del Evangelio Lucano.
¿Cómo abrimos este año nuevo litúrgico? Llegándonos al magnifico bloque final
del Evangelio mateano (21,1-28,20), que podemos segmentar en dos nucléolos, a) el
primero de ellos, la actividad de Jesús en Jerusalén y b) Su Pasión, Muerte y
Resurrección. La perícopa que leemos hoy viene de la parte a), se toma del
fragmento (24,1-25,46) donde la sustancia es “el discurso de Jesús sobre el fin
de los tiempos”. Se trata pues del Sermón escatológico.
¿Qué quiere decir
esto? Que la llegada y cumplimiento de las promesas para el fin, no constituyen
un “de repente”, sino que se cocinan en el magma de la cotidianidad:
Rememoremos, el Reino no viene aparatosamente, no viene enmarcado con bombos y
platillos; se va gestando, y germina, como dice la parábola, como el ser humano
que esparce la semilla y sin saber cómo, crece por sí misma, y, de manera
misteriosa y espontánea brota.
Una bina clave en esta perícopa del Evangelio según San Mateo: Que dos anden juntos y aunque estén haciendo lo mismo no garantiza que correrán la misma suerte porque muchas veces depende de lo que hay dentro del corazón, de las intenciones que mueven a las personas, de que una determina acción se esté haciendo -o no- en el Santo Nombre de Dios, para testimoniar su Infinita Grandeza y Misericordia. Mientras uno correrá una suerte bendita, otro puede quedarse “viendo un chispero”.






















