miércoles, 28 de enero de 2026

Jueves de la Tercera Semana del Tiempo Ordinario


2S 7, 18-19. 24-29

Dios mismo, por medio de נָתַן [Natán] nombre que significa “Él ha dado” lo que parece estarle recordando a David que todo cuanto alcanza y conquista es regalo del Cielo y no resultado de sus estratagemas; le pone en claro a David que Él nunca ha pedido tener una vivienda fija. Y esto nos ha de llamar la atención. De partida, cabe la pregunta -antes que nada- si nosotros también tratamos de darle a Dios lo que Él no ha pedido. Pasemos revista a nuestros actos de devoción y luego recordemos si en algún episodio en la vida de Jesús, Él dijo: “Me gustaría que ustedes patatín-patatán”.

 

Al examinar en conjunto los Libros Primero y Segundo de Samuel, señalábamos que David quería tener una teocracia operante lo que demandaba una unidad político-militar-religiosa. Pensemos si la estrategia política de David apuntaba a las demandas de Dios o a una estrategia “publicitaria”, donde el gobernante quería mostrar su pujanza para revestir su dominación de espectacular solidez y estabilidad. Me hace recordar que muchos papás le regalan a su hijo el juguete que mucho anhelaron en su niñez, aun cuando el hijo no lo conozca y sea un juguete de la “vieja guardia” que ningún chico de hoy quisiera tener y que en ningún caso le ilusiona.

 

Cabe preguntarse si al que le gustaban los palacetes de cedro era a David, mientras Dios estaba contento en su condición peregrina de trashumancia. Tenemos aquí la palabra בָּ֫יִת [bayid] “casa”, que puede traducirse perfectamente también como “templo” o como “palacio”. Además, puede significar el “linaje”, la “estirpe”, la “familia”, la “descendencia”. Aquí se juega con esta doble significación: la de “la edificación donde se habita”, y la de “la descendencia”. David quiere darle a Dios una “vivienda” digna; el Señor no la acepta, pero le da un “linaje” que perdurará en el trono.

 

La profecía de Natán menciona que Dios quiso hacerse Señor del pueblo israelita y ha sido su Voluntad hacerle a David la promesa de perdurabilidad que vera siempre la estirpe davídica sentada en el trono, reinando sobre el pueblo elegido.

 

Brota de esta profecía el deseo de que Dios corone con el cumplimiento, este don que el Señor le hace, el de bendecir su prosapia “para siempre”, concediéndole estabilidad a su descendencia en la realeza de Israel.

 

Es para tomar en cuenta que esa Promesa de durabilidad apunta en la dirección de traer para su pueblo elegido un dechado de bendiciones, de lo que se trata es, de hacer realidad la Alianza poniendo en el trono a דָּוִד [dawid] “David”, cuyo nombre indica ya los bienes de los que tendría que ser portador: “Elegido”, este nombre proviene de la raíz hebraica dôwd “el que es elegido para ser amado”, así la etimología apunta al que “es querido por Dios”, “Su amado”.

 

Y nos encontramos -relacionado con el Nombre que YHWH le dio a Moisés como Nombre propio “Yo Soy”- cuando hoy, en el verso (7,18) David le pregunta a Dios אֲדֹנָ֤י [Adonay] “Mi Señor”, ¿quién soy yo? Ante la Plenitud de consciencia en Dios sobre su propio Ser, encontramos, en cambio, la incertidumbre del propio ser, que no sabe quién es ni con qué va a salir. Algo en él le recuerda que es hechura de barro.

 

También conviene anotar que el empeño que pone David en hacer que Dios le ratifique el compromiso de cumplimiento de la Promesa de mantener su linaje como reinado vigente, muestra -así sea- una “inconsciente sospecha sobre su propia fragilidad, sobre lo inadecuado de su elección para ser “el amado”. Los relatos bíblicos sucesivos dejaran traslucir la infidelidad de David para guardar su parte de la Alianza y mantenerse fiel a los Mandatos del Señor. Sabe que si está en sus propias manos él fallará y sólo la fidelidad de Dios a su Promesa, será garante para que su estirpe se mantenga bajo la titularidad de la Corona. Solo así la dinastía se sostendría en פָּנִים [panim] “Su Presencia”, “ante Su Rostro”.


David sospecha de sí mismo porque muy en el fondo se reconoce poco virtuoso. Muy a pesar de nuestra debilidad es precisamente cuando nuestra impotencia sale a relucir y “mostramos el cobre” cuando Dios, con su Maravillosa Misericordia, manifiesta su Grandeza.

 

Sal 132(131), 1b-2. 3-5. 11. 12. 13.14

David … no podía tolerar que el Arca del Señor, símbolo y sacramento de su Presencia, descansara bajo una tienda de campaña cuándo él, David, se albergaba ya en un palacio real en la Jerusalén conquistada.

Carlos G. Vallés s.j.

מַעֲלָה [mah-alah] “escalones”, “peldaños”, “subidas”, “gradas”. Por ese motivo a estos salmos los denominamos “graduales” refiriéndonos a que ocupan un lugar en la serie de etapas de la peregrinación al Templo. Después de la purificación en el baño de la humildad, se está listo para la celebración festiva en Sion. Los salmos graduales remiten a la construcción de los sentimientos de fraternidad, de solidaridad, de sinodalidad. Subir el templo es un proceso de instrucción y adiestramiento en el compañerismo, en la koinonía para “andar juntos”.

 

David quiso expresar su gratitud proponiéndole a Dios un Templo para el Arca de la Alianza, el Trono de la Real-Majestuosa-Presencia. El pueblo implora al Señor que se lo tenga en cuenta.


Al proponérselo al Señor, él mismo David no se imaginaba entrar en su propia casa y subir a su lecho de ricas y sedosas sábanas, mientras el Señor seguía a la intemperie, refugiado en una carpa, en Quiriat-jearim.

 

Ahora, gira su vista 180º, y se fina en el aspecto simétrico. Él le está ofreciendo al Señor una casa-templo; y el Señor le ha premiado la intención con una casa-linaje.

 

Aparece la condición que el Señor impone, la única para que el linaje se perpetúe en el Trono: que sus descendientes guarden los Mandatos del Señor y respeten los términos de la Alianza.

 

Ahora que el condicionante de la Promesa se ha expresado, el Señor está mejor dispuesto a aceptar quedarse a vivir en Jerusalén y acepta que Sion es un lugar que le complace para tenerlo como residencia.

 

Esto es lo que repetimos en el estribillo: Dios afirma estar dispuesto a entregarle a los consanguíneos de David, en herencia, el Trono que le dio a David como primogénito del linaje Real.

 

Mc 4, 21-25

La persona libre, madura, en primer lugar, es una persona que vive de convicciones. Hay en ella una coherencia en los valores y una interiorización de los mismos. Los valores están integrados y se es coherente con ellos.

Segundo Galilea

Tenemos aquí dos sentencias de Jesús:

1)    ¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No está para ponerla precisamente en el candelero?

2)    Con la medida con que midan se les medirá, más aún, con ñapa.


 

Tenemos dos palabras interesantes para una mejor comprensión de estos dos refranes que quedan incorporados a la perícopa: “Celemín” y “ñapa”.

 

Μόδιον [modion] “unidad usada principalmente para medir granos”, eso en español es un “celemín”; efectivamente, a nadie se le ocurre encender una vela y meterla debajo de un cajón -el celemín es como una especie de cajón- o debajo de la cama, para que algo alumbre, está en lo alto o se pone en lo alto, y, como dice el refrán en el candelero, desde donde resplandece y cumple su misión.

 

Προστεθήσεται [prostedesetai] “ñapa”; si uno mide bien, con justicia, la persona da las gracias y no solo le retribuye lo justo, sino que le añade algo más. En el argot popular decimos “ñapa”, la cantidad extra que se encima, como una especie de propina, de premio por la calidad de la obra.

 

Cuando se proclama la “Buena Nueva” no se hace con susurros, procurando que nadie oiga. Y de la misma manera, cuando se cumple la misión pastoral a cabalidad, Dios se lo retribuirá con largueza, con esa generosidad que es proverbial en el Señor. No le dará sólo lo justo, sino que le aumentará, le incrementará, una “"medida buena, apretada, remecida y rebosante" (cfr. Lc 6, 38). Lo retribuirá con “ñapa”.

 

Sin embargo, si la proclamación se hace con tacañería, sólo por un rato, con pereza y desgano, habiendo tanta mies a segar, el Señor le impondrá una “multa” por el trabajo tan mal hecho: Un ejercicio pastoral mediocre.

 

En la primera se habla de una unidad de medida; en la segunda el tema vuelve a ser la medición. Lo que está puesto aquí en juego, el eje de interés es la “medida”, la valoración, lo axiológico, podríamos hablar de los “valores del Reino”, la axiología de Jesús, el discernimiento entre lo que ayuda al Reino y lo que lo echa a perder… «se corre el riesgo de no entender nada de lo que Él dice y hace. La consecuencia puede ser desastrosa: pensar que las cosas no pueden ser cambiadas ni trasformadas, y caer en el círculo del que está ahí, sin salida. El desánimo y la desesperanza ciertamente cerrarían nuestra puerta, y el Evangelio dejaría de ser Buena Nueva, anuncio alegre, para convertirse en una tentación …» (Euclides Martin Balancin).


¿Quiénes están llamados a poner la vela en lo alto, en el candelero?  ¿A quiénes compete hacer uso de las buenas medidas y evitar a toda costa las medidas amañadas, recortadas, tramposas, injustas?

 

Sí, claro, ¡a nosotros!

martes, 27 de enero de 2026

Miércoles de la Tercera Semana del Tiempo Ordinario


2S 7, 4-17

Alguna vez comentamos que para los judíos estos Libros, después de la Torah (La Ley), son Libros Proféticos: En el Primer Libro de Samuel los profetas son el propio Samuel y un profeta sin nombre, que es nombrado así, sencillamente “profeta”, y también el profeta Gad que aparece en 1S 22, 5 y que volveremos a encontrar en 2S 24, 11-25, este es el profeta que asesora a David mientras permanece errante.

 

En este Segundo Libro aparece Natán - es hoy el encargado de encaminar a David y mostrarle lo que Dios le ordena- y tiene tres apariciones de profunda resonancia en la vida de David, que podríamos señalar como tres puntos de inflexión en su biografía, a saber:

1.    La de hoy, David será el eje fundamental del linaje mesiánico

2.    La denuncia del asesinato de Urías 2S 12, 1-25

3.    La sucesión de David, dando respaldo a Salomón y rechazando a su contendiente Adonías. Esto se relatará en el Primer Libro de Reyes.

En el Segundo Libro de las Crónicas veremos a este profeta estipulando pautas litúrgicas.

 

En el primer momento, cuando David expresa su intención de construirle un Templo al Señor, Natán no le ve ningún inconveniente a la propuesta, sin embargo, luego YHWH le dice a Natán que eso no es lo que le interesa, ni lo que le ilusiona, ni tampoco, lo que Él tiene pensado para David.

 

Dios acepta su “estado peregrinante” y se encuentra bien morando en una “tienda de campaña”, junto con su Pueblo, como Él lo había dispuesto y se lo había ordenado a Moisés; era Él el que les daba la señal para acampar, y también marcaba la hora de recoger y continuar la marcha. Él era el Adalid que lideraba la marcha.

 

El Señor -continuado la línea histórica de su pueblo elegido, pasa a la fase después de la conquista y pregunta si Él le pidió a alguno de sus Jueces que le construyera un Templo, casi como si le dijera a David: ¿De dónde has sacado esta idea?

 

Luego -como para complementar su gusto por la itinerancia- le señala que lo eligió a él como Rey porque él también andaba errante por los pastizales tras su rebaño; también aquí podemos intentar una paráfrasis y decir que Dios lo eligió porque había adelantado sus estudios para la “realeza” en la universidad del “pastoreo”, de pastizal en pastizal. (Pascua originalmente marcaba ese significado, “saltar” de un potrero a otro, conforme un pastal se agotaba y había que buscar otro).

 

También le indica que la condición sedentaria no garantiza mayor seguridad, y le recuerda que en su trashumancia Él lo ha protegido, lo ha defendido y lo ha librado de sus enemigos aprestigiándolo por doquier.

 

La perícopa tiene un núcleo, mirémoslo atentamente: “Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados” (2S 7, 10). Aquí descubrimos un Dios con corazón mesiánico, donde ya anida el propósito de disponer del Caudillo que vela, que cuida, que no tiene flojera de desacomodarse, que no busca un sillón con muy muelles cojines, que ejerce su “pastoreo”, que se incomoda permanentemente para brindar su protección. Ve a su pueblo fatigado de tanto trasegar y les busca un sitio de reposo. Lo que quiere es que estemos cómodos, Él no se cansa ni se fatiga, como lo dice en el Salmo 121(120): «No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel». Dios se visualiza y se epifaniza como שָׁמַר [Shamar] “Guardián”; y no es un guardián que anda buscando días de asueto y acampar por largas temporadas, en un palacete. ¡Es un Dios que pastorea perseverante y siempre nos defiende!

 

Pero YHWH no es un desagradecido. Aunque el propósito de David no viene de una petición que Él le haya formulado, le agradece la intención y le ofrece recompensársela con demasía, porque Dios, como solemos decir “no se deja ganar en generosidad”: “Yo suscitaré descendencia tuya después de ti, Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. …yo consolidaré el trono de su realeza para siempre”.


Dios nunca soslaya que en nuestra debilidad fallamos, y le promete que los errores que pudieran cometer los de su linaje, serán sancionados, pero que el Señor aminorará la rudeza del castigo y lo abreviará, sin retirarle la Benevolencia a la que su Promesa lo ataba.

 

Sal 89(88), 4-5. 27-28. 29-30

Este es un Salmo Real. Tiene 52 versículos. Para la perícopa de hoy, de esos 52 tomaremos 6 versos con los que organizar tres estrofas.

 

En la primera estrofa declara que lo que ha suscrito con Su Elegido es una Alianza, la alianza de fundar con él un linaje a perpetuidad.

 

Las invocaciones que hará serán llamándolo Padre, Roca de Salvación, él será su primogénito.



En la tercera estrofa menciona cuatro puntales de la Promesa-Alianza:

      i.        Mantenerle eternamente su favorabilidad

     ii.        La estabilidad de esa Alianza

    iii.        La continuidad de su linaje

   iv.        Su trono dura eternamente porque es un Reinado Celestial.

 

El versículo responsorial (verso 28) señala enfatizando esta última idea de la Primera Lectura: “Le mantendré eternamente mi favor”.

 

Mc 4, 1-20

Jesús se puso a enseñar. ¿Qué hace cuando se pone a enseñar? ¿Prepara su escritorio, conecta su video-bean verifica que el equipo amplifique su voz y el micrófono funcione de manera adecuada? ¡No!


Ya hemos visto en la Primera Lectura que Dios no es el dios de lo fácil, el que evita fatigas, el perezoso, el que ama la vida regalona y confortable, el dios del club y los cocktails; por el contrario, es un Dios que se desvive en su Ternura y su Providencia, un Dios que se esmera y que escucha atento las quejas que le dirigimos. Entonces, volvamos a la pregunta (que para nosotros es del mayor interés): ¿Qué hace Jesús cuando se pone a enseñar?

 

¡Sale! Y ¿cuál es la actitud que tiene en esa salida? La respuesta nos viene vestida de “parábola” “Salió el Sembrador a sembrar”. Se trata de un operario agrario en una dura tarea, dura y fundamental, ¡la siembra!

 

«El estilo evangélico es narrativo, concreto, trascendente y abierto al misterio; invita a ir más allá de la letra para comunicar al creyente con Jesús, personaje vivo que, mediante la fe del lector, se hace presente en su vid. No sustantiva lo misterios, recurre muy poco al verbo ser y prefiere los que implican acción: obrar, crecer, curar, sanar, salvar…» (Alfonso Llano s.j.). En la parábola (sub-género de la narrativa que tiene, nos parece, tres características: son relatos esquemáticos y breves; se refiere a la cotidianidad, a situaciones de la vida común, hechos ordinarios; la fórmula de inicio es alguna muy característica del subgénero, hoy la que usa dice, en nominativo, reza así: “Jesús se puso a enseñar…”; y. ultima característica que hemos observado es que, con mucha frecuencia, concluyen con una fórmula “implicativa”, como si preguntara ¿hasta qué punto, nosotros hoy en día, lo estamos haciendo, lo cumplimos? Nos llama a tomar cartas en el asunto, a posicionarnos.

 

Hay un detalle tan peculiar que vale la pena detenerse en él: Jesús ¿tiene una estrategia de sembrado? ¿Discrimina los terrenos para le siembra y prioriza los que prometen una mayor fertilidad? Todo lo contrario, parece que dispone de exceso de semilla, porque siembra aventando, hasta en los recovecos donde la promesa de fructificar es escaza, mínima, improbable. Los “distintos terrenos” no tienen que pasar su formulario de solicitud con un año de anticipación, Él los recibe a todos, por muy poco prometedores que parezcan.

 

Hasta aquí, (verso 9) va la parábola. Para algunos, al ser expresada como parábola, se hace más fácil de entender, mientras para otros, se vuelve materialmente imposible, una muralla inaccesible. Las parábolas -a unos les hace más fácil captar-, y a otros les cierra la puerta en le nariz. Para un campesino que se le diga que ha llegado la hora de sembrar, sabe perfectamente los pasos a dar, y el procedimiento específico de cada paso. Si se le dice a un joven universitario -por ejemplo- de raigambre citadina (excepto si estudia algo afín al agro), la idea que tendrá será la del cine y la televisión y no sabrá distinguir a qué profundidad se siembra, cuantos granos en cada hoyo, si se siembran granos o pepas, o si se siembran plántulas, o un vaso de jugo de esa planta…

 

Los primeros versos se refieren al Maestro-Sembrador y su tarea en la fase de sembrado. Pero, a partir del verso 10, ya no estaremos sumidos en una parábola sino en una alegoría, donde cada aspecto tiene un significado propio y cada clase de terreno explica cómo respondemos nosotros en tanto que discípulos/”clase-de-suelo”, dependiendo de nuestra fertilidad que se refiere a la apertura de nuestro corazón para aceptar el Mensaje-Semilla. Se pasó del foco del Sembrador, al foco de la clase de suelo, cada clase de suelo retrata una clase distinta de escucha, de acogida del Anuncio.


Lo cual nos lleva a una compresión nodal pero que pocas veces se detalla: cristiano no es el discípulo que recibe la semilla, sino el que frutece generosamente “el treinta por uno, el sesenta o el ciento”. 

lunes, 26 de enero de 2026

Martes de la Tercera Semana del Tiempo Ordinario


2S 6, 12b-15. 17-19

Podríamos desestructurar el Segundo Libro de Samuel en tres partes, (sin olvidar que el “personaje” David, es introducido en el Primer Libro de Samuel, en el episodio de su unción -por parte de Samuel- en casa paterna), y que el Primer Libro continúa hasta la muerte de Saúl:

Las tres partes de este “segundo” Libro serían:

1)    Ascenso apoteósico de David (caps. 1-10)

2)    Declive y desmoronamiento de David (caps. 11-20). (Pasaremos a esta etapa el viernes 30 de enero hasta el martes 3 de febrero).

3)    Comparación entre Saúl y David puestos en paralelo, dónde el eje nuclear es la Fidelidad de Dios, y el trasfondo, Su Promesa Irrevocable. (Caps. 21-24) A esta parte sólo daremos un asomo, tomado del Cap. 24 el miércoles 4 de febrero). Ahí terminara nuestro cursillo sobre este Libro 2 de Samuel.

 

Vimos cómo David hizo de Jerusalén la capital política de Israel y quiere también hacer de esta ciudad la capital sacerdotal y cultual para ejercer un gobierno teocrático.

 

David, después de derrotar -con la clara ayuda de Dios- a los filisteos que tan pronto supieron que había sido consagrado rey de Israel se lanzaron contra él. El Señor le indicó todo y cómo debería proceder para derrotarlos. Fue entonces que David procuró traerse el Arca de la Alianza, de Baale-Judá a 17 km. de Jerusalén, lo que no pudo hacer, porque cuando los bueyes que halaban la carreta tropezaron el Arca pareció venirse a tierra y Uzá -uno de los hijos de Abinadab- trató de sostenerla y al tocarla, sus sacrílegas manos le acarrearon la muerte: El Señor se había enojado contra Uzá por haber tocado el Arca. Esto sucedió en un lugar llamado Era de Nacón.

 

Entonces David llevó el Arca, no a Jerusalén como lo había planeado, sino a casa de Obed-Edóm. Este tipo de reacciones son las que convierten fácilmente la religiosidad en superstición.

 

El Señor -por boca del profeta Natán- le comunicó a David que Él estaba muy bien en su condición de transeúnte, habitando la Tienda del Encuentro, y no era Su Querer que lo hicieran habitar en una Casa de Cedro (por muy honorifica que sonara la propuesta). Esto no hay que pasarlo por alto al correr de la Lectura. Dios se ha “dado” a su pueblo Elegido como Dios-Trashumante, Su Voluntad no es la de ser sedentario. Encontramos en la Fidelidad Divina, un correlato con la fidelidad de Rut, quien le dijo a Noemí: “…a donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. (Rut 1, 16 bc)

 

Es entonces cuando el Señor le dice que será el revés, en vez de construirle él una casa, será El Señor quien le dé una Casa, entendida como un linaje, y que ese linaje sería Perpetuo. Y Natán le comunicó este Mensaje a David, al pie de la letra.

 

El Arca -que ellos veían como la Presencia Real de Dios, sentado sobre los Querubines de la Tapa- siendo a este respecto imagen precursora de lo que son nuestros Tabernáculos (esta palabra significa tienda de Campaña, morada móvil, que se podía desmontar y trasladar de un lugar a otro según la travesía por el desierto se desarrollaba, en el Éxodo, es un hecho que todos vivían en Tabernáculos, y es esto lo que rememora la celebración de la Fiesta Judía de סוכות [Sucot] “Las cabañas”, “los Tabernaculos” (en octubre, por una semana, no se duerme ni se estudia en la casa sino en cabañas improvisadas que les haga real la experiencia de la trashumancia por el desierto durante 40 años); litúrgicamente hablando el Tabernáculo está representado por el Palio; en el Sagrario de nuestras iglesias continua Presente el Señor, y ese es el motivo de la Adoración tributada a Su Real Presencia.


Un regalo, también denominado “presente” es algo que se queda allí, haciendo compañía permanente al festejado; es en ese sentido que podemos hablar de que “cada persona es un regalo de Dios para nosotros”, porque en cada “hermano” -inclusive los que nos sacan canas- Dios hace Presencia, toda persona es una presencia sacramental de Dios en  medio de nosotros, a través de ellos Dios se expresa, y ese es el motivo fraternal de nuestra fe y la causa del Mandamiento del Amor: eso es lo que hace viva la Eucaristía, y la manera como Dios ha instituido el lavatorio de pies como símbolo de la sinodalidad, como ruta de comunión fraterna.

 

Recuerdan lo mal que le cayó al Señor que los hijos de Saúl se adueñaran del botín y no dieran parte al pueblo; aquí David se ocupa de darle a todos una pieza de pan, un buen corte de la carne y tortas de uvas pasas. Después retornaron a sus casas.

 

Sal 24(23), 7. 8.9.10

Salmo del Reino. Es supremamente importante entender que el reinado de David es una figura, pero figura restringida, figura débil, bastante deleznable al lado del reino de Dios. Es un boceto que parece el dibujo de un niño que por primera vez coge el lápiz y traza sus garabatos. Hay muchísimo que está en estado incipiente y que apenas nos deja intuir lo que representa. Este reinado de David no sabe “dónde poner el Símbolo de su Presencia”.

 

¿Sabemos nosotros dónde poner a Dios? ¿En una lámina? ¿En una estatuilla? ¿En una gruta? ¿En un nicho? Dios reina desde nuestro propio corazón, desde nuestro empeño y firme voluntad de escucharlo, de hacer nuestros sus caritativos y misericordiosos sentimientos: “…esta será la Alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jr 31, 33).


La Ley de Dios ya no estará en un Rollo dentro de un Tabernáculo, ni en filacterias, sino en nuestra vida, en el día a día, en cada latido de nuestro corazón, y no repetida textualmente sino vivida, puesta en práctica.

 

Esta es la “conversión” que Dios aguarda, que por fin desechemos el corazón de piedra y vivifiquemos el corazón dulce tierno, que se conmueve, misericordioso (Cfr. Ez 11, 19).

 

Observemos la pregunta que propone el verso responsorial: ¿Quién es ese Rey de la Gloria? Hagámosle la hermenéutica: ¿Cuáles son los dinteles y cuáles las puertas eternales que se han de abrir? Las barreras que le ponemos en nuestro propio pecho. ¿Cómo es el Dios que va a penetrar en nuestro corazón con גִּבּוֹר [gibbor] “valiente”, “fuerte”, “poderoso”, la hermosura de Su Ley para hacer realidad su reino?

 

¡No es cualquier rey! Es el rey de la כָּבוֹד [kaboud] “Majestad”, “Grandeza”, “Gloria”. A Quien le abrimos nuestro corazón para que desde allí irradie la plenitud gloriosa de su Bondad, ¡es al Rey de la Gloria!

 

Mc 3, 31-35

… están en su casa y constituyen su Iglesia sólo aquellos que saben “estar con Él” y cumplir la “voluntad de Dios” siguiendo el mismo camino que Él ha recorrido. A ellos se les ha dado la vida.

Beck, Benedetti, Brambrillesca etal.

La perícopa 3, 20-35 podríamos intitularla “acusaciones contra Jesús”: inicia con el fragmento que leímos el sábado, antes de ayer (Mc 3, 20-22), luego continua con el fragmento que nos ocupó el viernes 23, (Mc 3, 23-30), esta es como una especie de inclusión; y, hoy retomamos donde dejamos el viernes pasado.


Inicia con una delegación de “parientes cercanos” que viene a buscarlo, traen una clara imagen de lo que lo había llegado a sus oídos, Jesús está obrando un conjunto de acciones la anterior es que, por estar atendiendo a tanta gente, no tienen tiempo, ni de comer; sólo una persona que no está en sus cabales obraría así. ¿Quién va a posponer su propia alimentación para atender los males de otros?

 

Ahí llegan, en su búsqueda, personalmente los más cercanos, la mamá y los hermanos.

 

Así como nos criamos en una familia consanguínea y llegado el tiempo nos desgajamos de ella para formar nuestra propia familia, así también, en el terreno de la fe, llegamos al momento de la madurez y de asumir esa madurez (se espera que esto coincida con el momento del Sacramento de la confirmación), y hayamos llegado, junto con ella, a mirar a los ojos la opción vocacional.

 

Jesús muestra este quiebre, (quiebre que entraña “conversión”) y da el paso de ser de su parentela a ser de, y para, los que “hacen la Voluntad del Padre Dios”. Así concluye esta secuencia de cuestionamientos que se le hacen a Jesús:

1)    De estar fuera de sí

2)    De estar endemoniado

3)    De obrar con el poder de Beelzebú (este es el que Jesús llama “el pecado imperdonable”).

4)    De procurar limitarlo con el pretexto de su pertenecía a una familia terrenal


La última frase pone delante de nosotros la misma opción, la misma responsabilidad de ver a quien le vamos a pertenecer. Esta opción se correlaciona intrínsecamente con el Shema. Tiene que ver con lo que vamos a poner de primeras, lo que no significa excluir a los otros, a los parientes, al prójimo, que están puestos también en su debida proporción y lugar en el Shema donde dice: “Y al prójimo como a ti mismo”.

 

«Los parientes consideran que tales actitudes de Jesús son una locura, pues pueden provocar una intervención drástica en cualquier momento. Los parientes quieren evitar que Jesús se salga de lo “normal”, … tampoco los parientes de Jesús aceptan que el 2vino nuevo necesita odres nuevos”». (Euclides M. Balancin)

 

Se pone de nuevo al orden del día la dualidad entre los “de adentro” y los “de afuera”. De alguna manera se dice que gran parte de la disyuntiva se resuelve “estando con Él”, dándole continuidad al discipulado. Compartiendo todo nuestro tiempo con el (dado que el tiempo es lo que Dios nos regala y nos pertenece, es lo que podemos dar), y en esa entrega, poner en el Altar, no objetos, no mercancías, sino nuestra propia existencia. 

domingo, 25 de enero de 2026

SANTOS TIMOTEO Y TITO


Tim1, 1-6

Las cartas a Timoteo y a Tito se las llama “Pastorales” porque estaban destinadas a guiar, cuidar y organizar las comunidades cristianas, tocando asuntos de liderazgo, de disciplina y de doctrina; dirigidas a quienes gobiernan la Iglesia de Dios como Pastores, proporcionando directrices para instituir líderes: obispos, sacerdotes y diáconos, mantener la doctrina correcta y combatir las herejías. Eusebio de Cesarea, conocido como pionero de la historiografía, fue autor de la Historia Eclesiástica, una obra fundamental que narra el desarrollo del cristianismo desde Cristo hasta el año 324 d.C., ya él destacaba la importancia organizativa e institucional de estas Cartas.

 

Dicha expresión se atribuye a Paul Anton que, hacia 1753, le dio cuño, recogiendo el análisis aportado por escritores y exegetas medievales que identificaron en ellas esas características, que hacen ver estas cartas como una especie de “manual de instrucciones para un pastor de iglesia local”. El Papa Benedicto XVI las describió como Pastorales en una audiencia general -28 de enero de 2009, refiriéndose a su contenido práctico para los "pastores de la Iglesia". Entre otras cosas que aporta el Papa allí, destaca: “La mayoría de los exegetas es hoy del parecer que estas cartas no habrían sido escritas por san Pablo mismo, sino que su origen estaría en la "escuela de san Pablo", y reflejaría su herencia para una nueva generación, tal vez integrando algún breve escrito o palabra del Apóstol mismo. Por ejemplo, algunas palabras de la segunda carta a Timoteo parecen tan auténticas que sólo podrían venir del corazón y de los labios del Apóstol”.

 

La Carta, como puede notarse inicia con el saludo Paulino, señalando que Cristo Jesús lo eligió como apóstol para llevar el anuncio de la “Promesa de Cristo”. Y señala como vínculo con Timoteo, el carácter filial que a él lo une como verdadero Padre, no en la sangre sino en la misión pastoralista.

 

San Pablo -o el hagiógrafo que escribe- señala su carácter de “siervo” en la misma línea que los antepasados suyos, continuando un linaje de pureza de intenciones en el Servicio al Señor. ese vínculo se apuntala en la continuidad de la oración que no ceja ni de día ni de noche. Nótese aquí que la savia que une a los “pastores”, no es la genética, sino la de la oración reciproca y constante.

 

Luego, trae a la presencia de su corazón la recordación de la abuela de Timoteo, Loide y a la madre, Eunice por cuyas venas transitó y se comunicó la herencia de la fe. En el raudal generoso de ese torrente se insertó la ordenación de Timoteo, llevada a cabo según el rito -que se ha conservado y mantenido- de la imposición de manos.

 

La imposición de manos significa la trasmisión de un poder que da autoridad y este poder comunica un triple carisma de fortaleza, amor y templanza.

 

Que Pablo hubiera probado el duro sabor de las cadenas y el amargo ambiente del presidio arrinconaría -muy probablemente- a Timoteo en la vergüenza de ver a su mentor cautivo. Por el contario, hay que saber entender y leer estas experiencias como participación en los συνκακοπάθησον [synkakopadeson] “padecimientos conjuntos”, “sufrimientos comunitarios”, “amistad en el dolor”, “solidaridad en las lágrimas” por causa del Evangelio para sobrellevar los cuales, el propio Dios dará las fuerzas precisas y nos sostendrá caminando fiel a nuestro lado; de hecho, somos nosotros los que lo escoltamos doloridos intentando soportar en nuestros propios hombros parte del peso infinito que él cargaba en su ascenso al Clavario.

Esta συνκακοπάθησον es una de las facetas de la sinodalidad, que es acompañar también cuando el pesar se ceba en nosotros. Unidos en el padecimiento aun cuando “la cosa se ponga fulera” -coloquialismo popularizado por Facundo Cabral, quien vivió su sueño de “cantar y contar la vida”- que significa cuando la situación se ponga difícil, fea, complicada o crítica, indicando un momento de crisis o adversidad.

 

Sal 96(95), 1-2a. 2b-3. 7-8. 10

La obediencia consiste en una síntesis entre la aceptación de la Voluntad de Dios y una total libertad cristiana. Es sumamente difícil. Es una obra del Espíritu Santo. Y a eso no se llega sin pasar por muchas crisis, inclusive por errores.

Segundo Galilea

Este es un salmo el Reino. Pero, que comprende esta entronización. Hay varias cosas que no están: No se le entregan el cetro, ni la corona, ni la capa, ni el trono. Se supone que el Trono es la tapa del Arca -en puro oro-, o sea el propiciatorio, flanqueado por los querubines. En cambio, hay unos elementos muy significativos: la procesión, era la corte del rey escoltándolo a su palacio, y, al cubículo real, donde se hallaba el Arca, con su Tapa, el כַּפֹּרֶת [kapporet] “Sancta Sanctorum”, “Trono Sagrado”.


YHWH es rey de Israel, es Rey de todas las naciones, es el Rey Universal. Pero el Rey tiene entre sus competencias el ejercicio de la Justicia: que significa Gobierno con plena rectitud, sin acepciones, sin prebendas, ajena a toda canonjía. ¡Es Juez Supremo! El Padre Nuestro contiene y da expresión detallada del Reino: “Venga a nosotros tu Reino”. ¿Y, esto qué significa? Que se cumpla con integridad su Voluntad, no un poquito, no en una región, no en algún tiempo futuro e incierto, después de muertos. Que se haga tan totalmente como se hace en el Cielo, por toda la tierra. Será un verdadero carnaval de Alegría, y nosotros estaremos encargados de la convocatoria. Este es el propósito del Salmo, presentarnos la realeza de Dios y presentárnosla en toda su catolicidad. Es rey de todo el Universo. El espíritu que anima la perícopa proclamada es este.

 

a)    Se convoca a toda la tierra a que canten el “Cantico Nuevo”.

b)    Se invita a “todos los pueblos”.

c)    A esta coral universal son llamadas “todas las naciones”.

d)    La “misión” consiste en comunicárselo a todos los pueblos

 

Hay otros temas satelitales, que -de alguna manera- lo que hacen es señalar los atributos de esta realeza:

i)      Para el Cantos de Alabanza Nuevos (podríamos implicar de eso que su novedad es requerida porque se trata de un Rey de Nuevo Tipo).

ii)     La proclamación de su “realeza” ha de ser cotidiana.

iii)   Se magnifica el Santísimo Nombre de Dios, el Nombre es la totalidad de la persona; en nuestro caso diríamos tanto a Dios como al Hombre que es Jesucristo.

iv)   Es Dios -digno de toda Alabanza- porque Él no solo creo, sino que lo organizó, lo sistematizó, lo estructuró en todos sus detalles.

v)    Su Victoria es total, lo que -ahora hemos llegado a comprender cabalmente- es Victoria sobre el mal y la muerte.

vi)   El rasgo central es la “Rectitud” de la Justicia Divina. El gobierno de este Rey-Dios no es un gobierno que nos quita, o que le quita a alguien, la Justicia Divina es la Generosidad Despampanante.

 

 Lc 10, 1-9

Es muy bella la anotación de Gregorio Magno, según la cual Jesús envía a los discípulos de dos en dos para que su primera predicación sea el amor reciproco. De hecho, el amor es la fuerza de los discípulos de ayer y de hoy.

Vincenzo Paglia

¿Por qué en unos manuscritos encontramos setenta y en otros setenta y dos? Parece que los judíos, en sus estudios, contaban setenta pueblos “gentiles”, que tendría que recibir el “Anuncio”; en cambio, según la cultura greco-romana, estos pueblos eran en número de setenta y dos. Es en la versión de los LXX donde encontramos setenta y dos Enviados.


 

El Señor ἀπέστειλεν [apesteilen] verbo en indicativo-activo de la tercera persona del singular, cuya forma en infinitivo es ἀποστέλλω [apostello] “comisionar”, “enviar”; inmediatamente, uno lo relaciona con “apóstol”, donde el prefijo ἀπο [apo] significa “tomado del conjunto”, “apartado del grupo”, “seleccionado de entre otros”. Esta idea está subrayada por otro verbo que aparece antes: ἀνέδειξεν [anedeixen] que significa “súbase a la tarima para que todos los vean y sepan de quien o de quienes estoy hablando”: Supongamos que había doscientos, de esos doscientos, les dijo a setenta / setenta y dos: a ustedes los separo del grupo para encargarles una “misión”: adelántense y, a las poblaciones donde planeo ir, lleguen ustedes primero y prevénganlos que ya llegó, que los voy a ir a visitar. Si esta acción no se anunciaba adecuadamente, pasaba totalmente desapercibida y nadie se enteraba.

 

Reflexionemos esta situación, si uno va a viajar, a visitar unos parientes, para evitar que ellos no estén cuando uno llegue, lo que uno hace es avisarles que va a ir para que estén dispuestos a recibirlo y no se ausenten, y al llegar, la casa esté vacía.  El Mesías era el anunciado, el profetizado, el vaticinado, pero si no se proclamaba su llegada, nadie se percataría que la profecía/promesa se había cumplido. Estos setenta / setenta y dos apóstoles tenían a su cargo esta embajada: «Vayan que yo los envío como ovejas entre lobos».

 

Nos encontramos aquí una idea bivalente:

i.              La misión es dura, no se trata de ir a comer bizcochitos, los destinatarios del “Mensaje” no son “peritas en dulce”, por el contrario, son rosas de tallos multi-espinescentes, erizados de saetas.

ii.             No pretende engañarlos, no los comisiona para el renombre, la alabanza, para las jugosas remuneraciones, para el elogio, para la entrada triunfal; ¡No! el envío será, a una misión, por demás ardua.

 

¿Cuál es la tarea encomendada? Exactamente, ¿cuál es el contenido del Anuncio?

a)    Lo primero que hay que hacer es ser portadores de Paz.

b)    Curar a los enfermos

c)    ¡Proclamar que el Reino ha llegado!

 

Tal vez la traducción más exacta sea “Ya está aquí”. “Ya está presente”.

 

Cuando uno prepara muy concienzudamente una maleta, lleva todo lo que pueda llegar a necesitar, dentro de las previsiones humanas, pero, la maleta va tan rellena que, no queda ni un modesto espacio para que quepa Dios.

 

Hay otro estilo de predisponerse para un viaje, y es el que nos propone Jesús, y consiste en dejar que “Dios provea”:

a)    Sin bolsa ni alforja

b)    Sin sandalias.

c)    Coman y beban de lo que tengan en la casa donde los reciban, por eso dice que comamos lo que nos pongan delante.

 

Los maniáticos del turismo dirán: ¡que irresponsabilidad! ¡Con tantos recursos que podrían ayudar y servir para mejorar la eficiencia! Jesús decía eso porque era otra época, se trataba de los inicios de la cristiandad. Con todo respeto, esto nos suena a pretextos.

 

Siempre se podrá argumentar a favor de los gadgets, pero, el punto no está en la sofisticación de la tecnología, sino en la esencia de la tarea propuesta al discípulo misionero. Repasemos una vez más los tres puntos esenciales, y luego miremos fríamente, si en verdad podemos poner algo en la maleta que facilite la misión a la que hemos sido convocados:

1)    Promotores de paz

2)    Encargados de llevar sanación

3)    Poner en evidencia que el Reino ya está aquí.

 

La clave puede estar allí: tengo el Catecismo de la Iglesia Católica, puedo y debo estudiarlo, pero, no tengo que memorizarlo todo, sino buscar seriamente qué hay allí que nos permita mostrar que el Reino ya está aquí.

 

El Evangelio nos llama a ser conscientes de los muy pocos que están comprometidos en la construcción del Reino, entonces, nos dice que imploremos al Cielo para que el Señor envíe operarios a la mies. E, inmediatamente nos hace notar que esos obreros, urgentemente necesarios, somos nosotros mismos: así que nos llena de ánimo y nos dice: ¡Pónganse en camino!

 

Aquí está la entrega de la misión a nuestras pobres manos, que serán poderosas si le pedimos al Señor que nos convierta en los Enviados por Él, con toda autoridad.


Donde no haya quienes recojan la mies, el Señor nos mandará, y no solos, sino ¡con un compañero que nos levante el ánimo!