sábado, 29 de noviembre de 2025

AVIVEMOS EL DESEO DE SALIR AL ENCUENTRO DEL QUE VIENE

 

LLAMADO A LA VIGILANCIA Y A LA CONVERSIÓN

 Is 2,1-5; Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5. 6-7. 8-9; Ro 13,11-14a; Mt 24,37-44.

 

Y nosotros, ahora, estamos aquí,

delante de la puerta del Adviento

que finalmente se abrió

y Tú Señor, nos convidas a entrar.

Averardo Dini

 

Si en este día comprendieras tú

lo que puede conducirte a la paz!

Más por lo pronto, está oculto a tus ojos.

Lc 19, 42 bcd

 

¡Hemos llegado al Año Nuevo Litúrgico! El año Litúrgico es la celebración de la Vida de Jesús y desde ese punto de vista, quizá -cabría esperar- que el Año Litúrgico empezara con el nacimiento de Jesús. Sin embargo, la Iglesia no sería Madre y Maestra si no tomara un lapso adecuado de preparación para esa Llegada. Es por eso que el Año Nuevo litúrgico se inicia con el Adviento que es el tiempo necesario de disposición para desplegar los brazos del corazón y llegar a estar verdaderamente preparados para su llegada, ¡Ven Señor Jesús! Asumamos pues esta paternidad que nos llega; este embarazo espiritual nos hace participes de una maternidad-paternidad de Santa María y San José actualizada, no asistamos como espectadores de la Natividad de hace 2025 años, sino que, haya espacio en la morada de nuestra vida para que Él no tenga que nacer en el frio de la intemperie y en la suciedad de un establo, sino en la ternura de nuestro ser que lo ansía y lo espera hoy.

 

Constructores de paz, testigos de su Amor

Nuevamente se trata del Salmo 122(121), exactamente el mismo que nos ha ocupado el Domingo anterior. El Domingo anterior, el último del año Litúrgico, del ciclo C, considerábamos los versos 1-2; 4. 8-9. En este 1er Domingo de Adviento del año Litúrgico, del ciclo A, leemos lo mismo añadiendo los versos 6-7.


Dijimos que era uno de los quince salmos graduales que hablan de las diversas etapas de la peregrinación; este salmo alude a diversas “peregrinaciones”, experiencias de sinodalidad, de andar juntos, un pueblo “errabundo” en diversos momentos de su historia: se destacan los cuarenta años que vagó por el desierto antes de poder entrar en la “Tierra Prometida”; también le correspondió esa triste página de la historia en que fue “llevado” en esclavitud a Babilonia donde permaneció sometido –según nuestras cuentas- desde el 607 hasta el 540, es decir 67 años, aun cuando más estrictamente va del 587 al 538 (período mucho más reducido, que sólo toma en cuenta el tiempo de deportación de la “aristocracia” judía en Babilonia). De este tiempo queremos destacar tres aspectos positivos:

i)              Comprendieron que habían sido infieles a la Alianza

ii)             Crecieron en su amor a Dios sabiendo que sólo Él los podía salvar y devolverles la libertad y la Tierra Perdida, se podría hablar de la conversión que los atrajo -de nuevo- a YHWH.

iii)           Empezó a esperarse un Mesías, liberador y restaurador.

 

Si nos atenemos estrictamente a la expresión בִּ֝שְׁעָרַ֗יִךְ [bish arayikh] “ya pisan nuestros pies tus portales”, entendemos que significa que ya atravesaron las puertas, que ya están dentro de la ciudad, que están “puertas adentro”.

 

Jerusalén es, sobre todo, signo de convergencia: “A ti Jerusalén suben las tribus, las tribus del Señor. Así como los Sabios de Oriente llegaron al sitio donde había nacido el Salvador, así Jerusalén será el punto de encuentro de todos los “fieles” del Señor. ¿A qué se reúnen? El verso 4b nos lo dice: “…para alabar el nombre del Señor”. La palabra que se usa  עֵדוּת, [eduth] “testimonio”, implica algo así como “dar testimonio”. Así es, se nos da una misión, no es solamente desplazamiento para llegar a la “Ciudad de la Paz”, el encargo que tenemos es dar testimonio”, “ver para capacitarnos al anuncio”.

 

Ahora entran en juego los dos versos que se añaden este Domingo -que no leímos el Domingo pasado- Testimonio de Paz, dice allí: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas (y que reine la paz) que haya prosperidad en cada casa”. Nuestra tarea consiste en mostrarnos como gente de paz; “trabajadores por la paz”, nos llamará Jesús en las bienaventuranzas. Por el amor que tengo a mis hermanos voy a decir “La paz sea contigo”. El Salmo nos hace iniciar el Adviento con una tarea: trabajar por la paz.

 

No digamos que somos muy pequeños o muy insignificantes para hacerle oír nuestra voz a Goliat, más bien, digamos como dijo David: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en el Nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los Ejércitos de Israel a los que tú has desafiado” (1Sam 17, 45bc). Esta es la única manera de decir sinceramente ¡Por el amor que tengo a mis hermanos voy a decir “La paz sea contigo”! Toda otra palabra carece del “compromiso” suficiente y necesario.

 

Aprender a desarmar la muerte y a construir la paz

Hay que aprender a desbaratar fusiles y cañones y volverlos puentes y edificios y fábricas de paz. Hay que acabar de una vez por todas con las fábricas de guerra y de muerte, de bombas y napalm, de armas químicas y bacteriológicas, de ojivas nucleares. La tarea de trabajar por la paz se inserta en el contexto de este Domingo de vigilancia activa. Muchas veces hemos señalado que el Primer Domingo de Adviento tiene como médula la vigilancia, pero no aquella que nos pintaban en el cine, el vaquero del Oeste, sentado en el porche, con el taburete recostado y el rifle como laptop, tampoco se habla de la vigilancia de la persona que se sienta en la ventana a esperar que pase algo, o que alguien llegue. ¡No! Esta es una vigilancia alerta, un estar en vigilia, un hacer preparativos para cuando llegue el momento estar dispuestos y, más aún, disponibles.


En la Primera Lectura, nos invita que vayamos a la casa del Señor para que Él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas cfr. Is 2, 3c. Observemos el mandato de volvernos trabajadores por la paz cómo lo expresa el profeta: “De las espadas forjaran arados y de las lanzas podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestraran para la guerra” Is 2, 4bc.


Se nos exhorta a encargarnos de la trasformación, evidentemente que las espadas no se volverán arados por mirarlos fijamente, ni se volverán podaderas las lanzas con rezar veinte mil oraciones. Habrá que hacer todo lo necesario, no sólo esperar pacientemente sino manos a la acción, mangas remangadas, ¡sudando la camiseta!


En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco nos advierte en el numeral 218: «La paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tienen que ver con la distribución del ingreso, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética.»

 

Tenemos que descubrir la manera de invertir no en armamentismo sino en salud, alimentación, educación, oportunidades para la gente. Es cierto que es difícil distinguirlos entre tanto engaño, calumnia y golpe sucio; pero recordemos que “por sus frutos los reconoceremos…”

 

Pasos que componen la tarea

Preparado está el que sabe que no es “dueño” sino “siervo fiel y prudente”.

Silvano Fausti

Cuantas veces y cuantas personas van viendo el correr del tiempo como un simple proceso de envejecimiento, otros lo ven como un acercamiento sistemático a la hora de la muerte. San Pablo nos da una mejor óptica: cada minuto que pasa estamos más cerca de la hora de nuestra Salvación. Esta es la primera clave interpretativa que nos da esta perícopa de la Carta a los Romanos.


La segunda clave consiste en que nos entrega paso a paso la ruta para revestirnos de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué significa revestirse? Ponerse las mismas ropas para hacerse parecido. Una de las mejores maneras de imitar a alguien es vestirse del mismo modo. San Pablo nos da seis pasos esenciales para lograr esta mímesis:

1)    Desechemos las obras de las tinieblas

1a) Revistámonos con las armas de la luz

2)    Comportémonos honestamente

3)    Nada de comilonas y borracheras

4)    Nada de lujurias ni desenfrenos, esto reclama una actitud crítica ante el acoso del mercado y la cultura del despilfarro y el consumismo.

5)    Nada de pleitos ni envidias

6)    Que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.

 

Velar y estar preparados

Jesús nos manda “Velen pues, y estén preparados porque no saben qué día va a venir su Señor”. Sabemos con toda seguridad que vendrá, más ignoramos los detalles, sólo sabemos que estará revestido de Gloria y de Poder… de resto… nada podemos afirmar. Pero que viene, ¡Viene!


 Conviene recordar tres factores que tipifican esta espera:

·         Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).

·         El advenimiento de Cristo en gloria es inminente (cf Ap 22, 20). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1Ts 5, 2).

·         "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21).

 

Tan inusitada será su Llegada que será como el diluvio, que nadie espera y a todos los tomó por sorpresa, con la única excepción de Noé y su estirpe. Tan inesperada como el ladrón, que si uno supiera cuando va a llegar, seguro que reforzaría la guardia y tendría un ejército listo para capturarlo.

 

llevada – dejada

En los días finales del año viejo litúrgico, estuvimos leyendo el capítulo 21 del Evangelio Lucano. ¿Cómo abrimos este año nuevo litúrgico? Llegándonos al magnifico bloque final del Evangelio mateano (21,1-28,20), que podemos segmentar en dos nucléolos, a) el primero de ellos, la actividad de Jesús en Jerusalén y b) Su Pasión, Muerte y Resurrección. La perícopa que leemos hoy viene de la parte a), se toma del fragmento (24,1-25,46) donde la sustancia es “el discurso de Jesús sobre el fin de los tiempos”. Se trata pues del Sermón escatológico.

 

¿Qué quiere decir esto? Que la llegada y cumplimiento de las promesas para el fin, no constituyen un “de repente”, sino que se cocinan en el magma de la cotidianidad: Rememoremos, el Reino no viene aparatosamente, no viene enmarcado con bombos y platillos; se va gestando, y germina, como dice la parábola, como el ser humano que esparce la semilla y sin saber cómo, crece por sí misma, y, de manera misteriosa y espontánea brota.


Una bina clave en esta perícopa del Evangelio según San Mateo: Que dos anden juntos y aunque estén haciendo lo mismo no garantiza que correrán la misma suerte porque muchas veces depende de lo que hay dentro del corazón, de las intenciones que mueven a las personas, de que una determina acción se esté haciendo -o no- en el Santo Nombre de Dios, para testimoniar su Infinita Grandeza y Misericordia. Mientras uno correrá una suerte bendita, otro puede quedarse “viendo un chispero”.

 

La tónica para este tiempo de Adviento es una actitud de alerta, de vigilancia activa: Así que velen y estén preparados Mt 24, 42a. Y recuerda, una de las mejores preparaciones para estar “despierto” y “vigilante” es el Sacramento de la Conversión, así que, ¡amig@ mí@, en la ruta sacramental, visita el confesionario! Todo -en términos espirituales: comprar pañales, ropita de bebé, una cuna: ¡un corazón limpio y que anhela la Parusía! Esa preparación se adquiere con una metanoia sincera y firme, con el firme propósito de cambiar y vivir haciendo la Voluntad de Dios.

viernes, 28 de noviembre de 2025

Sábado de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


 Dn 7, 15-27

זיכרון  [𝑧𝑖𝑘𝑎𝑟ó𝑛] “memoria”

Sin ir más lejos, imaginemos un ataque de amnesia: que se nos haya olvidado dónde vivimos, quienes son nuestros familiares, donde trabajamos, qué oficio o profesión es la nuestra, es una suposición ¡Dios nos ampare!  lo habríamos perdido todo, verdaderamente podríamos decir que, no sabemos ni quienes somos ni dónde estamos parados…

 

Aún más, supongamos que no podemos recordar ni siquiera, cuál es la religión que profesábamos. Se podría afirmar, en tal caso, que hemos perdido el basamento de nuestra personalidad, y no sabremos para dónde coger. ¡A eso es que apela el tirano opresor!, a borrarnos todos los referentes propios, a diluir nuestros usos y costumbres, a imponernos andar por calles diferentes, a traernos la música y las modas de otros países; hasta que, cuando hagas un alto, y te preguntes por el “ser” que eres, tengas que decir: Seguro que soy esto que he venido haciendo últimamente.

 

Si uno se pone a revisar las páginas de la historia, ve que innumerables invasores -con el pretexto etnocentrista de que ellos practican la “verdadera cultura”- llegan saqueando templos, hurtando cuantas joyas, oro, plata y bienes culturales encuentren, con el pillaje más descarado se llevan todo. Alguien asiduo a la práctica del “turismo” nos decía recientemente que, visitando los museos mundiales, se podía medir el tamaño del despojo y la rapacería de los “colonizadores”.

 

Eso hacían, exactamente, los imperios sucesivos del medio oriente, donde podemos rastrear los orígenes de esta modalidad de invasión. Profanaban Templos, hurtaban las reliquias más sagradas, demolían sus arquitecturas religiosas, descaradamente se burlaban de la fe de sus víctimas, usando los vasos sagrados para sus borracheras y orgías. ¿Podemos imaginar, tan siquiera, el dolor, la vergüenza y la desmoralización tan profunda de los que lloraban el sacrilegio de lo que para ellos es tan Santo?

 

Cómo olvidar que llegaron al límite de afirmar que nuestros aborígenes, ¡no tenían alma! 

 

La manera de sacralizar el tiempo para el pueblo judío, la santidad del sábado y la consigna de ser un día no-laboral, sino consagrado a la religiosidad era una gran barrera para la transculturación de este pueblo; lo que Antíoco trató de resolver ordenando un cambio del calendario donde se hacían desaparecer las Fiestas de Pesaj, Shavuot, Rosh Hashaná, Yom Kipur y Sucot, se prohibió la observancia del Shabat, revertían la circuncisión, y se suplanto en el Altar una estatua de Zeus.

 

La siguiente jugada fue la prohibición de la dieta Kosher, y la prohibición del estudio de la Torah. Se ve que fue sacando diente a diente y luego muela a muela, hasta que los dejó desdentados. Incapaces de masticar nada.

 

Es de vital importancia que esta transculturación se operaba no exclusivamente bajo el argumento de decretos, sino contando con la colaboración de judíos pro-helenistas: que consideraban el colmo de su “progresismo” la adopción de las modas y profanaciones de Antíoco. Estos tránsfugas también se encuentran página tras página en la historia de todos los pueblos.

 

Hoy -cuando cerramos este año litúrgico, nos parece un deber insistir, que la enseñanza que se nos da es la de aprender a resistir y a no dejarse llevar de esas “modas” ilusorias, que aparentan ser lo “vigente”, y son solo trucos para conculcarnos la “Memoria”. Sin memoria no hay identidad.


Al dar el salto al territorio Neotestamentario, Jesús concluirá, dándonos la vacuna contra el olvido:  τοῦτο ποιεῖτε εἰς τὴν ἐμὴν ἀνάμνησιν. [touto poieite eis ten emén anamnesin] “Haced esto en conmemoración mía” (1Cor 11, 24c).

 

Sal. Dan 3, 82a. 83a.84a. 85a. 86a. 87a.

Hay que ver cómo nos dividimos para dar gusto al tirano opresor, para demostrar que estamos en el colmo de la “avanzada”, que somos la verdadera “vanguardia”, que cuando nos pusieron en formación de batalla, “fuimos nosotros los que nos ofrecimos a ponernos en la línea de fuego”.

 

Hay que ver, también, como recogemos banderas ajenas, y las hacemos ondear, con gran entusiasmo, ignorando que son los pabellones del invasor. Y si vamos a fijarnos, quienes están poniendo la estatua de Zeus sobre el Altar de los sacrificios, vemos que allí están los que ayer mismo nos decían que son de los nuestros, de los fieles a YHWH.


Otro día, uno de los correligionarios nos informó -ante nuestra gran sorpresa- que todos los dioses son lo mismo, no sé si fue que le entendí mal, pero para él, todos los dioses son el mismo dios, sólo cambia el nombre.

 

Pasamos por un taller, y allí estaban bordando para el Altar, el rotulo “Abominación de la Desolación”, y estaban trabajando con gran regocijo.

 

Lo que se pide en este capítulo tercero del Libro de Daniel es que: Todos los hombres bendigan al Señor, Que todo Israel lo bendiga, todos los que se reclamen ser sus siervos han de alabarlo, las almas y los espíritus de los que son “justos”, lo alaben; tanto los que son santos, así como los que son humildes, están convocados para la alabanza.

 

No deshonren el pueblo de Dios.  Que Dios eligió este pueblo por ser monoteísta. Porque sólo a Dios seguimos y a Él sólo adoramos. Porque sabemos Quién es Él y quienes nosotros: Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas de su rebaño. ¡No lo olvides!

 

Lc 21, 34-36

Vamos a escribir los renglones finales de este Año Litúrgico 2025:


Hay otro tipo de lavado cerebral, parecido -pero en esencia diferente- parece que se enfoca en ponernos carga sobre carga hasta que estemos “sobrecargados”. En nuestras traducciones dice “embotados”, que es algo así como suprimirle a algo la punta para que no vaya a herir a alguien, anular su poder de penetración, como se hace con un florete que se le pone un botón en la punta para que no vaya a dañar el contrincante. Y es razonable, cuando queremos que alguien se despierte -es lo contrario y esté alerta la decimos “agúzate”, embotar es adormilar, embobar, distraer. En su origen embotar era empacar en un tarro, sellado -hoy día-, al vacío. ¡Nada le entra, nada le sale!

 

«De nosotros depende que muchas situaciones del futuro sean buenas o malas. Por eso el Señor nos recomienda vigilar y orar; estar activos, construyendo nuestras vidas». (Papa Francisco)

 

En griego aparece el verbo βαρέω [bareo] “sobrecargar”, cuando alguien está sobrecargado, está embotado, como cuando tenemos tantas responsabilidades y tantas cosas que atender que terminamos “sobrecargados”.

 

El Evangelio, en la perícopa, enumera varias formas de sobrecargarse: las juergas, las borracheras y las inquietudes de la vida.

 

Jesús muchas veces les llamó la atención a los fariseos porque ellos sobrecargaban a la gente con tantas leyes que terminaban embotados. Perdían la percepción de en qué consistía su fe. En vez de preocuparse por amar al prójimo como a sí mismos, se preocupaban por las filacterias, el pago del diezmo de la menta y la ruda, por lavarse -no sólo las manos- sino hasta los codos y más.

 

Entre nosotros también hay quienes borran en los Mandamientos, renglón de por medio, para hacer llevadero y manipulable el Decálogo.

 

No nos dejemos sobrecargar, antes, por el contrario, agucémonos, despabilémonos, desatolondrémonos.  Para que podemos escapar de todo esto que nos roba la fe. Abramos los párpados -de los ojos del corazón- de par en par, para poder ver y discernir su siempre-actuante-Misericordiosa-ternura.


«Vigilar y orar, para descubrir si estamos aprovechando al máximo el tiempo presente, ¡no vaya a ser que nos estemos preparando una sorpresa desagradable para el futuro!» (Papa Francisco)

jueves, 27 de noviembre de 2025

Viernes de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


Dan 7, 2-14

Insistamos en que una de las características de la apocalíptica son los simbolismos imaginarios, ricos en detalles espectaculares, plenos de grandeza y muy impactantes. Dijimos el primer día (el lunes) que estos pasajes de la segunda parte del Libro de Daniel, -que comprende los capítulos 7-12- están tan firmemente estructurados con esta clase de relatos que más que profetismo, encontramos aquí el género apocalíptico en acción.

 

Hoy y mañana vamos a tomar un ejemplo de las 4 visiones de este género, parecen registros históricos que hablan del pasado, pero son miradas con pupilas escatológicas y tienen un claro sentido consolador, como anuncio de la justicia que recibirá el pueblo oprimido de Israel: es un sueño que tuvo el propio Daniel, y que él mismo no entendía, lo soñó finalizando el primer año de Belchazar, inicia con un mar tormentoso totalmente agitado por los cuatro vientos del cielo (soplaban por todos lados, desde los cuatro puntos cardinales; y va -a continuación- a mostrarnos las bestias y luego a interpretarnos su significación.

 

Las bestias – recordemos que la palabra bestia procede del latín y significa “fiera de gran fuerza y ferocidad”- eran

a)    Un león con alas de águila

b)    Semejante a un oso, tiene tres costillas entre sus fauces, quizás ellas representan los golpes más fuertes que asestaron los Medos sobre Lidia, Babilonia y Egipto.

c)    Como un leopardo, con cuatro alas en su lomo, este es figura el imperio persa, y el ciclo de su dominio entre Ciro y su nieto Jerjes, que en la Biblia se llama Azuero (reinó 486- 465 a.C.).

d)    Viene ahora el imperio Griego Filipo de macedonia y su sucesor Alejandro Magno. Con dientes de hierro, con diez cuernos (los diez tiranos seleucidas), y un undécimo cuerno pequeño que tenía ojos humanos y de su boca salían obscenidades. Se ha conjeturado -nos parece que de manera acertada- que esta bestia final alude a Antíoco Epífanes IV.

 

Hay una continuidad simbólica entre bestia, cuerno dientes y garras -de una parte- y potencia, armamento, destrucción, tiranía por el otro. No podemos visualizar los cuernos en otro co-texto que en el destructivo; quizás el cuerno de la bestia muerta pudiera llegar a trasportar un significado “ornamental”, de otro modo está en la órbita semántica de demolición y muerte, simbólicamente emparenta con el ariete, Máquina militar que se empleaba antiguamente para batir puertas o murallas, el parentesco es de forma y función. Las potencias, los poderes terrenales apuntan hacia la desgracia y la ruina; la Potencia Celestial está llena de Vitalidad y de Salvación.

 

Luego traen un Trono, donde se entroniza un Anciano de ropas Blanquísimas. Da comienzo a la Asamblea Forense, se da apertura a los Libros.

 

Viene, entonces, Uno, como Hijo-de-Hombre a Quien el Anciano entrega “todo Poder, Honor y Reino, y le fueron sometidos todos los   pueblos, naciones y lenguas para que le sirvieran, con poder eterno -aquí viene un punto del mayor interés, comparados con todos los otros reinos y su provisionalidad- este Reino, no acabará.

 

Hay una yuxtaposición antinómica: de fieras/hombres parabolizada con otra: reino-bestial / Reino-Celestial.

 

Sal Dan 3, 75a. 76 a. 77 a. 78 a. 79 a. 80 a. 81 a.

El Templo fue profanado el 7 de diciembre de 167 a.C. tres años después se compuso este himno anti-helenístico, en el sentido de no identificar las grandezas de la Creación con la Divinidad. Hay siempre una loa a las criaturas, pero en ellas se descubre la Magnificencia del Creador. El helenismo se queda en la materialidad y la intrascendencia de los seres naturales; el judaísmo se eleva para ver que detrás de la criatura tiene que haber una Grandeza muchísimo mayor: Siempre quien Crea será Superior a la criatura y el artífice superior al artefacto.

 

El tirano helenista hizo de los leones y los osos su signo. Se revistió de lo que él mismo temía. La fe abrahamica -fe en la humanidad y en la excelsitud Divina-, porque para ellos en lo humano se resguarda la semejanza divina con la que fueron creados se reviste de figuras antropomórficas.

 

Pero esto no vuelve ciego ni sordo al hagiógrafo, que lee en lo asombroso inmediato lo Poderoso Trascendente, y alaba al Artífice en sus obras.

 

Gran parte del valor religioso de este himno estriba precisamente en que no se deja robar su fe, sino que, sobre el despojo y la destrucción reconoce que el Artífice construirá realidades superiores y hará resplandecer su Justicia.



 


Conclusivamente señalamos que, en la Primer Lectura, los animales son bestias -protagonistas de opresión y exterminio; aquí -por el contrario- todas las criaturas, los accidentes geográficos, los mares, los lagos, los ríos, y todos los animales que los habitan, peces, cuadrúpedos y aves, desde lo profundo de su ser, ensalzan al Señor.

 

Lc 21, 29-33

Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.

Lc 21, 27

La realidad, la naturaleza toda, tiene un lenguaje propio, una manera de preavisar y de sintomatizar lo que va a venir. Con algunos signos, nos han ayudado a descifrarlos los campesinos, los cultivadores. La ciencia y la medicina han gestado toda una semiótica para reconocer una enfermedad, una irregularidad en el funcionamiento, un debilitamiento y una malformación. Pero, no hemos cultivado con la misma atención y dedicación la lectura de las señales que el propio Jesús nos dio como preaviso de la maduración del Reino, también de todo esto hay una semiología escatológica, cuyos rasgos definitorios ya Jesús los prefiguró, y nos los dio a conocer.


«Con la venida de Dios en la historia estamos ya en los tiempos “últimos”, después de los cuales el paso final será la segunda venida y definitiva venida de Cristo. Naturalmente aquí se habla de la “calidad del tiempo, no de su “cantidad”» (Papa Francisco)


 

Por otro lado, nosotros somos los de esa generación dura de entendederas, que nos da un trabajo mortal y un aburrimiento inconmensurable, porque así nos han educado, tener la paciencia para determinar esos signos y para observarlos en su ocurrencia.

 

Todo lo que Jesús nos señaló, sucederá, sucedió o está sucediendo; nos advierte que nada de lo que Él previo dejará de cumplirse, entonces, cuando esto se da, su Palabra está llegando a la plenitud de su realización.

 

Sin embargo, sabemos -y eso es lo que nos ha mostrado la historia, que lo “esperado” no acaece a menos que los síntomas que los pre-avisan, al interpretarlos se los condimente con el aliño de la fe.

 

La señal que se lee sin fe, no produce nada. La señal pasa y se diluye, sin ninguna consecuencia. Podríamos aseverar que, los ojos que miran, deben estar entrenados para ver. Sólo cuando un bisturí cae en manos del cirujano idóneo, se puede convertir en algo más que una herramienta cortante, en un gadget sanador, en un artilugio que cura. Una promesa sólo puede ser descifrada por los ojos de los fieles.

 

Recuerdan cuando el Resucitado se le presenta a la Magdalena, ella no es capaz de verlo, aun teniéndolo ante sus propios ojos. Solo cuando Jesús le da el “código de desciframiento” al llamarla por su nombre, ella logra articular lo uno con lo otro.

 

Daremos otro ejemplo: uno puede mirar el árbol de la cruz y no ver más que dos palos cruzados. Pero, para los ojos entrenados, es un árbol que frutece con dulces frutas de vida, y entonces, ahí sí, puede ver -el que está mirando- que los palos desnudos están germinando para donar el fruto sabroso de la Resurrección.

 

Mostremos aun otro caso: Jesús le da la vista a un ciego, pero este no ve sino árboles, en un segundo toque, por fin él es capaz de ver, y distingue más que árboles, ve personas y las ve con nitidez. Y es que no bastan los ojos en la cara, es preciso activar también la conexión de la vista con el cerebro y con el corazón, que actuando en conjunto coordinado son los órganos de la fe. Pero especialmente, con este último, porque él es la glándula del amor. Esto es lo que ilustra la parábola de la higuera.

 

«Con Jesús ha venido la plenitud del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación. Y no habrá más una nueva revelación, pero si la manifestación plena de lo que Jesús ha ya revelado». (Papa Francisco)

 

Pero tenemos que rescatar el significado de la higuera para poder decodificar el mensaje. Esta tiene un doble significado:

a)    Significa la fidelidad a la Alianza.

b)    Y, también, el pacifismo.

 

Ambas cosas, no una de las dos, sino ambas:

No esperes el Reino si tú mismo no te empeñas en ayudarlo a construir. Para eso has de guardar la Alianza: Él será nuestro Dios y nosotros seremos su pueblo.

 

Pero está allí la otra exigencia: la metodología es el pacifismo.  Si caes en la idolatría bélica, ¡olvídate! El Reino no podrá suceder.

 

Muchas veces se piensa que la semiótica del Reino es algo muy complicado, sólo accesible a “magos”, a muy doctos profesionales de la teología, a científicos con microscopio electrónico; pero, lo que dice Jesús es diferentísimo: Él afirma que, si un hortelano ve a una higuera o a cualquier árbol que da “brotes”, enseguida capta que ya vienen los frutos; y dice Jesús también, que lo mismo será cuando veamos los síntomas de la cercanía del Reino. Repasemos el elenco de las señas de la proximidad del esjatón – del evento final del plan divino-:

a.    terremotos

b.    hambre

c.     epidemias

d.    cosas espantosas

e.    grandes señales en el cielo: en el sol, la luna y las estrellas

f.      Persecuciones que se cernirán sobre los discípulos

g.    Martirologio (oportunidad de dar testimonio)

h.    Y, los propios familiares cercanos serán los que los entreguen


¿De veras ansias la llegada del Mesías? Llena los dos requisitos: lealtad con la Alianza y pacifismo genuino y déjale todo lo demás a las Manos del Creador, Él crea todos los días y no cesa nunca de crear y re-crear.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Jueves de la Trigésimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


Dn 6, 12-28

Lo primero que se nos viene al pensamiento decir es que Daniel -el absoluto protagonista del fragmento- no representa a una persona. Estamos ante un caso prosopopéyico, donde un hombre representa a un pueblo entero. Esto es clave a la hora de adentrarse en la perícopa.

 

Miremos unas pautas decodificadoras que atraviesan la estructura de este texto:

      i.        La salvación,

     ii.        La lucha entre las fuerzas contrarias

    iii.        El triunfo sobre el mal y la muerte

   iv.        Su derrota, que es la Resurrección.

     v.        En conjunto, es un simbolismo de la Protección Divina

   vi.        La fidelidad, como respuesta del hombre a Dios, que capacita para resistir toda adversidad.

 

Obsérvese que “los hombres” (los antagonistas de Daniel) lo están acechando. Se juntan para buscarle el “quiebre” a Daniel, y en su acechanza lo encuentran en oración, elevada a su Dios. Como siempre sucede en estas situaciones, consultan todas las leyes en procura de algo que llevara a Daniel a la catástrofe para subirlo al cadalso y revisan todos los decretos, repasan minuciosos todos los códigos y por fin encuentran la cita condenatoria: Sacan a relucir un decreto de prohibición de hacer cualquier oración que no fuera dirigida al Rey. Y, por ahí se metieron.

 

Quepa destacar que en los anexos Deuterocanónicos -donde se nos presenta otra versión de esta situación-, no van con tanta amabilidad, sino que amenazan al rey de muerte si no les entrega a Daniel (Dan dc, 14, 29). Fue así como al Rey no le quedó de otra que entregarles a Daniel y ellos lo descolgaron con sogas a un foso. Le dijo el rey a Daniel: “Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!”. Trajeron una piedra y taparon la boca del foso, ¿nos recuerda algo? ¿Nos evoca alguna similitud neotestamentaria? Y el rey selló la salida para que no pudiera nadie venir a socorrerlo, (en el Nuevo Testamento pondrá guardias a vigilar el sepulcro, como le exigieron los sumos sacerdotes y los fariseos, a Pilato, que asegurara la tumba) (cfr. Mt 27, 62 – 28, 20).

 

En la versión deuterocanónica, Dios envía al foso al profeta Habacuc con una copiosa merienda para que Daniel no tuviera que guardar ayuno ni pasar hambre, mientras pernoctaba con su felina compañía, que eran nada menos que feroces leones.

 

Pero el rey llevaba en su corazón el remordimiento de consciencia y paso la noche en vela y a la mañana siguiente -muy a primera hora- fue corriendo, y le preguntó a Daniel si su Dios lo había salvado. Y tuvo por respuesta -la voz de Daniel- que le dijo que Dios había enviado a sus Ángeles para mantener cerradas las fauces de los leones.

 

Cabe inferir que el tal rey debió reconocer en su fuero interno que no estaba enfrentándose contra cualquier chanza, sino contra una Divinidad verdaderamente Portentosa y Justa, defensora fiel de sus adeptos. Hizo sacar a Daniel del foso y mando a traer a sus detractores y ordeno que los arrojaran junto con sus esposas y su progenie al mismo foso; y, los leones,

en un santiamén, los volvieron desayuno de sus tragaderos.

 


A raíz de esto el rey emite un nuevo decreto para que, en toda su área de gobierno, se respetara el Santo Nombre del Dios que honraba Daniel, en tal decreto se refiere a Dios como “Dios vivo, que permanece siempre, y cuyo imperio dura hasta el fin. Dios que salva y libra, hace prodigios y signos en el Cielo y en la tierra”. 

 

Sal Dn 3, 68a. 69a. 70a. 71a. 72a. 73a. 74a.

Este que estamos usando a manera de salmo, es otra adición deuterocanónica, se trata de un himno, que entonan los tres jóvenes -Sadrac, Mesac y Abed-negó- que fueron sometidos a la tortura del horno, y que como refinamiento de crueldad era alimentado con petróleo, brea, estopa y trapos para que el fuego alcanzara su mayor ferocidad. Siempre, a la hora de la tortura, el tirano segrega toda la hiel de su ser donde rebosa la maldad.

 

Ahora bien, El himno, tiene una estructura lírica, y cada estrofa es un dístico. Pero el Liturgo sólo toma el primer verso de cada dístico para organizar el texto que proclamamos hoy. De esa manera se alinean las bendiciones que el salmista eleva al Señor. Cobrando mayor intensidad el aroma hímnico de la perícopa.

 

Dentro del Libro Deutero-canónico el himno ocupa los versos 51-90 del capítulo 3; se convoca a toda criatura del universo a cantar las alabanzas del Kyrios (Señor).


Reconocemos tres adiciones

1ª vv. 24-45    → Oración penitente reconociéndose pueblo pecador

2ª vv. 46-50    → Breve narración

3ª vv. 51-90    → Canto de alabanza al Señor.

 

El poema de hoy proviene de los versos 68-74, solo la parte a de cada uno, insistimos. Se nota que el fragmento proviene del sector 51-90, por tanto, es redundante decir que se trata de una alabanza.

 

¿Cómo se habían ganado estos tres jóvenes el lujo de un horno tan “abrigado”? Negándose a adorar la estatua de oro que se había mandado a hacer Nabucodonosor. Se requiere tener los pantalones muy en su sitio para hablar abiertamente y sin ocultar su fe, cuando se está amenazado de muerte; para expresa nuestra relación personal con la verdad, a pesar del peligro que se corre. Tener la llamarada rozándoles la piel y afianzarse en la libertad de los hijos de Dios.

 

Prodigiosamente no son quemados por las llamas y sobreviven a la experiencia ilesos. El rey contempla en el horno a una cuarta figura (un ángel o espíritu divino) y espantado se acerca a la puerta del horno de fuego y les dice a los tres que salgan. Después de que los tres jóvenes salen del horno, Nabucodonosor decretó que cualquiera que dijere blasfemia contra el Dios de los judíos sea descuartizado y su casa convertida en muladar por cuanto no hay ningún dios que pueda salvar como Este.

 

Quisiéramos resaltar el paralelismo con la Primera Lectura que también cierra con el reconocimiento de la soberanía del Dios de Israel, puesta en labios del emperador babilónico (vv. 91-100).

 

El alma de toda la narración es la confianza como soporte de un pueblo perseguido, marginado y dolorido a causa de la firmeza en su Credo. La persecución y el padecimiento se agudizó, precisamente en la época de la resistencia macabea.

 

La Paz que Dios nos propone no es:

a)    Paz para nosotros y muerte y desangramiento en todos los demás lugares.

b)    No es la Paz de los camposantos, donde todo es silencio porque los muertos no pueden hablar.

c)    Tampoco es un armisticio, un cese al fuego por una temporada, mientras pasan las ferias y fiestas.

d)    Ni un eufemismo que le sirva de disfraz a los violentos.

 

Lc 21, 20-28

Hoy tenemos la oportunidad, al ir terminando el año, de rememorar cómo fue nuestro encuentro con Cristo, cómo fue ese primer amor cuando Él nos sedujo y nos llamó por nuestro nombre.

Papa Francisco

Para poder adentrarnos en la perícopa de hoy sin errar su comprensión es importante entender que no está hablando de lo que le sucedió o lo que habría de sucederle a la ciudad de Jerusalén, sino a lo que estamos viviendo nosotros: un ambiente de profanación y una responsabilidad de reivindicación, de retomar los valores cristianos, vivificarlos y dinamizarlos en y con nuestra existencia, para actualizar un estilo de vida cristiano con parresia.


  

En el verso Lc 21,20 se habla de la ἐρήμωσις [eremosis] “desolación”, “ruina”, “devastación”, “profanación”, “volver yermo”; lo que nos trae a la memoria la “abominación de la desolación”: ¿En qué consistió la ἐρήμωσις cometida por Antíoco IV Epífanes? En que hizo profanar el Templo de Jerusalén al colocar allí una estatua de Zeus en el altar de los holocaustos. Fue precisamente esto lo que gatillo la revuelta de los Macabeos.

 

Encontramos en el verso Lc 21,22 le palabra ἐκδικήσεως [ekdikeseos] “reivindicación”. Con el prefijo eks, hacia afuera; y el lexema dike “justicia”, “juez”, “reclamar un derecho”, “protestar un valor”, “proclamar un valor fundamental”, “exponer con parresia los estándares”: Lo que estaba escrito se volverá la realidad imperante. Lo que se había anunciado entrará en vigor. Y, así, lo que muchos daban por utópico, encontrará espacio en la materialidad. Este es un elemento esencial de la escatología, el cumplimiento, por fin, de lo que se había señalado en las promesas.

 

Esta perícopa que leemos hoy se ha denominado el Gran apocalipsis de Lucas”. En él encontramos los siguientes elementos:

      I.        Angustia por el estruendo de los elementos, guerra y revoluciones

    II.        La dispersión judía,

   III.        Enumeración de las señales, que anuncian la llegada del “fin”

a.    terremotos

b.    hambre

c.     epidemias

d.    cosas espantosas

e.    grandes señales en el cielo: en el sol, la luna y las estrellas

f.      Persecuciones que se cernirán sobre los discípulos

g.    Martirologio (oportunidad de dar testimonio)

h.    Los familiares cercanos serán los que los entreguen

  IV.        La manifestación triunfal de Cristo, acorde a la profecía de Daniel sobre el Hijo del hombre (cfr. Dn 7,13), que aparecerá en Parusía sobre una Nube, nimbado de Poder y Gloria.

 

“Su venida pasada determina nuestra fe; la futura, nuestra esperanza; la presente, nuestra caridad”. (Silvano Fausti) Todo lo cual no apunta al cierre de la historia sino al advenimiento de una Nueva Era, que trae consigo la llegada (adventus) definitivo del Reino, que ya está en medio de nosotros desde la Venida de Jesús, que “acampó entre nosotros” (Cfr. Jn 1, 14).


 

La idea no es disolvernos en un charco de nostalgia rememorando la fase del “enamoramiento”, y relamiéndonos el gustillo del “primer amor”, sino dar pasos para vivir la experiencia de la resurrección del amor, con mayor hondura y redoblada entrega: «También es la oportunidad para … Dejar nuestros miedos, pero también nuestras seguridades, dejar nuestras comodidades y también nuestras angustias, dejar de hacer nuestra voluntad para adherirnos a la suya». (Papa Francisco)