1S
8, 4-7. 10-22a
En la segunda mitad del
siglo XI surgieron en el seno de las tribus de Israel caudillos vitalicios que
tomaron el título de rey (melek).
Jorge Pixley
Los
capítulos 1-7 de este primer Libro de Samuel, se refieren propiamente a Samuel
y nos lo presentan -ya lo hemos dicho-, último juez y primero de una serie de
profetas que están relacionados con este paso de los Jueces a los Reyes. Y,
hemos señalado también que Samuel resulta ser -además de profeta- un Ungidor de
reyes.
El
primer designado fue Saúl. Sobre este primer rey trabajaremos los capítulos
8-31 (el resto de este Libro, hasta el final). Este asomo -estudio sobre Saúl,
nos ocupará -desde hoy- hasta el próximo viernes, en las siguientes 6 lecciones
de este cursillo.
¿En
qué consiste el pecado? En poner nuestra voluntad, nuestro gusto y nuestros
deseos por encima de la Voluntad Divina. Bien, no se ha de pensar que significa
que Dios nos quiere tener siempre agachados, bajo sus caprichos; todo lo
contrario, Dios quiere que nosotros florezcamos y alcancemos nuestra mayor
realización; sus Planes son, en realidad de verdad, un programa de “lo mejor
para mis criaturas”.
Hemos
crecido en una cultura de desconfianza hacia Dios, como sí Él quisiera
conculcarnos para Sí, nuestras opciones de “avance”, de “progreso”, de “realización”.
En su Adversus hæreses dice San
Ireneo que La gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del
hombre consiste en la visión de Dios” (Libro 4, 20,5-7); si entendemos esto
bien, podemos reconocer que a Dios no le interesa quitarnos nada, sino permitir
que nosotros lleguemos a la cumbre. Pero, si dejamos de lado esta premisa,
entonces podemos jugar a la teología del dios-envidioso, que no nos deja obrar
porque -de pronto- si nos realizamos, él perderá y descubrirá que sólo es un
pequeño-ridículo, y los grandes son los hombres. ¡En eso consiste el pecado!
El
pueblo hebreo pensó que -si los pueblos que los rodeaban tenían reyes- pues
sería una buena idea, tener un rey, al estilo y manera de esos otros pueblos
que ellos conocían. ¡Típica envidia! Lo deplorable de esta imitación era que
las culturas tan admiradas por los israelitas eran idolatras. Tenían rey,
precisamente porque ellos no querían recordar que YHWH es Dios-Rey. Aceptar un
rey derivaba en consecuencias desastrosas, emparentadas con estas idolatrías
que estamos denunciando.
Un
estilo de análisis histórico enfoca las cuestiones desde la óptica de las “causas”
separando las externas de las internas. Ayer mencionamos la debilidad bélica
para enfrentar a los filisteos, pero, no eran ellos los únicos que los
acosaban, también, y por el otro flanco, el marítimo; por el lado del desierto
también atacaban los moabitas, los madianitas, los edomitas, los amonitas. Por
el otro foco, el de las causas internas, nos encontramos la urgencia de tener
deidades agrarias, como eran los dioses cananeos; mientras Yahweh eran un Dios
Liberador, que libraba de la esclavitud, pero no se entendía con las lluvias,
el sol y los ciclos de siembra y cosecha, de lo cual les parecía que su Dios no
sabía nada. Fue precisamente esta manera de pensar lo que los inclinó hacía la
idolatría. La idolatría fisuró la unidad de las tribus confederadas.
Tomemos
por caso las creencias de los filisteos, que se apoderaron del Arca, ellos
tenían a Astarté y también formaban parte otros dioses como Baal y Dagón. ¿Qué
era lo malo del culto filisteo a Dagón? Dagón era -según su representación un
“sireno”, un ser mitad hombre, mitad pez; un demonio muy importante para los
filisteos. Siguiendo la costumbre de aquellas culturas, al ganar un combate,
ponían a sus pies los tesoros capturados, fue así como el Arca fue a parar a
los pies del ídolo de Dagón en Asdod.
Así
que los Israelitas se presentaron ante Samuel, para pedirle que les nombrara un
rey que los gobernara. Y aquí -lo más importante a nuestro modo de ver es que-
Samuel les mostró que erigirse un rey no era así como así, y que tendría
lamentables consecuencias, y que no pensaran – al comprobar su deplorable situación
que Dios los iba a librar: “pieza tocada, pieza movida”, quien se pasaba a
jugar en ese cuadrito, renegaba de YHWH y quebrantaba su fe.
Veamos
las consecuencias que les señaló Samuel que tendría esta “jugada” y a las
cuales se tendrían que atener si profanaban su Alianza de fidelidad monoteísta:
1) Se llevarán a sus
hijos para que se ocupen de su carroza corriendo al lado de ella y para militar
en su ejército.
2) Los dividirá en
pelotones mayores y menores, según su número.
3) Los pondrá a arar
sus terrenos y a recoger sus cosechas.
4) A fabricar armas y
pertrechos para sus carros de combate.
5) A las mujeres las
tomará para que sean perfumistas, cocineras y panaderas, y otros oficios que
por no caer en el “amarillismo”, Samuel no les mencionó.
6) Les quitará los
mejores terrenos para cultivar sus vides y sus olivos y dárselos a sus
favoritos, a los de su sequito.
7) Les cobrará
impuestos para pagarles a sus sirvientes.
8) Se llevará a los
jóvenes y a los más hábiles y diestros, inclusive a sus burros para destinarlos
a su propio beneficio.
9) Les cobrará
impuesto sobre sus cabezas de ganado.
10) Y los esclavizará.
Todo
lo contrario de lo que Dios les ha dado y ha querido para ellos. Dios los
quería libres y ellos aceptaban la horqueta que se les venía encima con esta
opción. Donde quedaba aquello de yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo
(Lv 26,12).
Figúrense lo que contestaron: ¡No importa! Samuel se lo consultó a YHWH, y Él en su Infinita Liberalidad, se los permitió: Le dijo a Samuel: שְׁמַ֣ע בְּקֹולָ֔ם וְהִמְלַכְתָּ֥ לָהֶ֖ם מֶ֑לֶךְ [shama becounlám wehimlakta] “¡Escucha su voz y nómbrales un rey!” Donde está contenida la expresión [malak] “encaramarse al trono”.
Sal
89(88), 16-17. 18-19
El
de hoy es un Salmo real. Este salmo tiene 52 versículos. La perícopa tiene solo
dos estrofas, cada una formada por un dístico (dos versículos en pareja),
cuatro versos en total. 4/52, sólo una treceava parte.
¿Qué
hace este salmo? Casi nada, les recuerda que YHWH es el Rey. Hacerse constituir
un rey era un puro acto de deslealtad. Dios era su Único rey. Él les había
prometido su Fidelidad. Ellos le pagaron con su moneda de idolatría y
depositaron su confianza en un hombre, común y corriente.
Y pese a todo, Dios que no conoce el rencor, sacará de este mal un bien, y creará -con esa materia prima- un linaje “perfecto” y les dará un Rey, de la talla de Dios: El Mesías.
Leyendo
el salmo entero encontramos que hay dos puntos nodales que tensan la línea
general de la composición: Amor y fidelidad.
En
la primera estrofa: Dichoso el pueblo que sabe aclamar a Dios. Dios es una Luz
que alumbra el camino de ese pueblo, iluminando su dicha. Hay un gozo cotidiano
para un pueblo así, es el gozo en el Santo Nombre. Hay, también, un motivo de
orgullo permanente, reconocer en Dios la Fuente de la Verdadera-Justicia.
En
la segunda estrofa: El Señor es honor y fuerza de este pueblo. Él realza las
fuerzas de su pueblo multiplicándolas a la n-ésima potencia. Él otorga su Favor
obrando este prodigio de fortalecimiento. YHWH es nuestro escudo. El Santo de
Israel es nuestro Único Rey.
El
versículo responsorial hace un voto de fidelidad: Cantar por siempre las
Misericordias de Dios.
Mc
2, 1-12
Quedarán purificados de
todas sus impurezas y de todas sus basuras los purificaré. Y les daré un
corazón nuevo… les daré un corazón de carne: Infundiré mi espíritu en ustedes y
haré que los conduzca según mis preceptos.
Ez 36, 25b-27b
Dejamos atrás el que se ha llamado “Ministerio de Jesús en Cafarnaúm” y pasamos a una sección del Evangelio marqueano que abarca hasta (Mc 3, 6) inclusive, son las “Controversias de Jesús con los Fariseos y los escribas”. Son 5 controversias, a fin de nombrarlas les daremos una especia de título a cada una:
1. Curación de un
paralitico
2. Vocación de Leví
3. Tema del ayuno
4. Comen espigas en
día sábado
5. Curación del hombre
de la mano tullida.
Nosotros
distinguimos muy estrictamente entre una sanación y una absolución porque para
nosotros son dos cosas absolutamente diferentes. Para mejor entender la
perícopa, no obstante, es conveniente retrotraernos a la interpretación que en
aquella época se tenía. Enfermedad y pecado estaban inextricablemente unidas,
ninguna enfermedad estaba exenta de pecado, el que estaba enfermo lo estaba en
razón de su pecado, o de las consecuencias heredadas de alguno que había sido cometido
por sus mayores.
Después
de ser perdonado, en muy breve, desaparecería la enfermedad que era la
sintomatología correspondiente al pecado que tras ellas se escondía. Lo que hace Jesús es acercar y hacer visible
la conexión entre pecado y enfermedad para que la sanación muestre que Dios
estaba actuando. El milagro era un tipo específico de Sacramentalidad que
evidenciaba la Acción de Dios. El milagro estaba en cambiar el corazón de los
presentes, de un corazón de piedra a un corazón de carne.
Pero algo sucede, porque no todos se sanaban, los fariseos y los escribas seguían paralíticos, sin poderse levantar. Apabullados por el mal. Lo dice expresamente el evangelista: “estaban allí sentados”.
Contrapuesto
a los fariseos, otros se afanan, cargan al paralitico, lo suben a la techumbre,
retiran las ramas del techo para abrir el boquete, lo descuelgan preciso
delante de Jesús, ¡hay mucha actividad!, mientras a los escribas -como a James
Bond, en las películas- no se le despeina un solo cabello. Para ellos no hay
milagro. Lo que se da para ellos es una βλασφημεῖ [blasfemei] “blasfemia”, la palabra
blasfemia significa estrictamente “negarse a creer”, “lentitud para creer”. Lo
que pasa es que con el correr del tiempo terminó significando “ofensa verbal
contra la Divinidad”.
¿Quiénes
son aquí los que se niegan a creer? ¡En este cuadro, quiénes son los lentos
para creer? Aquí, son los escribas los que invierten los valores (solo que sí
nosotros no conocemos el verdadero origen de la palabra, corremos el peligro de
entrar en el juego y, también nosotros incurrir en una inversión de valores.
Podemos
quedarnos sentados, inmóviles, como paralíticos, o abrir el corazón y poner
todo nuestro empeño en ayudar a descolgar al paralitico para que quede
expuesto, preciso allí donde está el Sanador-Salvador, ante Jesús. En el verso
undécimo Jesús vuelve a pronunciar el ἔγειρε [egeire] “resucita”.
Esta es la palabra que “levanta”, porque el hombre -lamentablemente- vive
paralizado por la “caída” y desde Adán seguimos siendo paralíticos. Ahí, dormidos,
-como momias, incapaces de despertar. ¡Inmovilizados por la incredulidad!





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