1S 18, 6-9; 19, 1-7
Hasta
qué punto los aplausos que otros reciben, y la poca aprobación que
experimentamos para nosotros mismos pueden llegar a alterarnos y empujarnos a
conductas que nosotros mismos no imaginábamos. La gente puede llegar a
entusiasmarse con nuestros logros, y eso es muy bueno, inclusive es una muestra
de gratitud, ese reconocimiento es un “merecido premio” y un estímulo para
persistir en la misma dirección. Pero, otros pueden caer en la envidia, y
deprimirse hasta el límite de llegar a conductas -inclusive- criminales. Saúl
decidió asesinar a David para castigarlo por “su valentía”. ¿Cuál fue el
detonante? ¡Los canticos de las mujeres y sus bailes!
Pero
la gota que derramó la copa fue “una copla”. El eslogan que cantaban las chicas
comparando las valentías de Saúl y las de David, ponían a este diez veces por
encima del rey. Al sopesar la situación, David había quedado en una posición
muy privilegiada: Sólo le faltaba ser declarado rey, y esto Saúl no lo podía
soportar, era perder el monopolio del poder, y, a él, el poder ya lo había
seducido y había caído en su idolatría, haciendo de él el centro de su
existencia.
¿Por
qué nos cuesta tanto refrenar la envidia y los celos? Podemos apuntalar una
respuesta con dos sólidas columnas
1) Nosotros que bien
nos conocemos a nosotros mismos, sabemos que estamos hechos de “mediocridades”
y no nos aceptamos a nosotros mismo, más bien nos repudiamos: si hay algo que
nos cueste es la auto-aceptación.
2) Somos seres
inseguros. Probablemente en el trasfondo de nuestra inseguridad está el pecado.
Saber que -aun cuando hemos sido prevenidos del mal que nos causa-, no somos
capaces de evitarlo y que sucumbimos ante la tentación. Desde Adán (desde el
ser-de-humanos) fallamos, caemos, y nos defraudamos. La inseguridad tiene un
slogan: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago el bien que desearía, sino más
bien el mal que detesto” (Rm 7, 15)
De
los celos y la envidia tenemos que ser conscientes. Un paso adelante es evitar
medirnos por lo que piensan los demás. El segundo paso está en reconocer nuestras
debilidades y fragilidades, nadie es invencible y la vida no es una carrera de
velocidad. Si alguien logra hacer las cosas mejor que nosotros mismos, si
alguien tiene más, o llega más lejos, eso no es el todo de nuestra propia
existencia. Y, el tercer paso consiste en valorar y reconocer nuestras
fortalezas, sabiendo que siempre habrá quien nos supere, pero que absolutamente
nadie podrá hacer lo que Dios nos creó para que lo cumpliéramos.
El
quid de la existencia no está en ser mejores que alguien sino en saber
glorificar al Señor, según Él lo merece. Haciendo cabalmente la tarea
encomendada, por sencilla que ella sea. Incluso si es mínima.
Hay
un postulado que no podemos olvidar: están los “roba-méritos”. Frente a ellos
tenemos que preguntarnos con total seriedad: ¿importa quién se lleva los
méritos? ¡Parece que no! ¡Lo que cuenta es que todo lo que hagamos sea hecho
con la calidad de la perfección que Dios nos propone como ideal! La perfección
en el idioma de la fe es lo que se llama santidad. La santidad no consiste en
ser ensalzados, sino en obrar coherentemente con la Voluntad de Dios. ¡La
Gloria sea dada a Dios!
Jonatán
estaba llamado a sufrir de celos y a desarrollar una envidia ilimitada, pero a
pesar de eso, nunca se interesó por rivalizar con aquel a quien lo ataban los
delicados lazos de la más tierna amistad. La profunda amistad que había entre
David y Jonatán, el hijo de Saúl, logró obtener del rey la promesa de no llevar
a cabo su propósito original. Así juró Saúl: “Por vida del Señor, no morirá”.
Sin embargo, Saúl había acopiado fama de faltar a su palabra.
Una
amistad bien llevada es una forma de glorificar el Señor. En el Nuevo Testamento
Jesús nos enseña el valor de la amistad y para señalar hasta qué punto alcanza
Su Amistad, nos llama “Amigos” y no nos llama “Sirvientes”.
Luego, Saúl le ofreció a David darle por esposa a su hija menor -Mikal- con la condición de matar 100 filisteos (ya antes le había ofrecido a la mayor, Merab, pero esta le fue dada a Adriel). En verdad, él esperaba que David muriera en cumplimiento de la misión, pero él la cumplió y regresó triunfante.
Sal
56(55), 2-3. 9-10ab. 10c-11. 12-13
Sí
uno se apoya en Dios, no hay nada que temer, Él siempre tiene una vía y Su
Manera de protegernos, de guiarnos, de guardarnos. El salmo quiere guiarnos a
la confianza, que aprendamos a poner nuestras vidas en las manos del Señor.
Este es un salmo Oracular. Parecen salmos de súplica, pero al salmo no se
centra en lo que se pide sino en la gratitud por la bondad de Dios que nos
elige y nos propone una misión. Hay una honda consciencia misional en esta
clase de salmo y un sentido de gratitud por parte del salmista que eleva ante
el Señor su acción de gracias.
El salmista entiende que Dios no quiere esconderse, que se expresa en su Creación y Crea todos los días y a cada instante. No permite que las trampas que tiende el enemigo me atrapen. Él deshace todos los embelecos que siembra el enemigo a mi paso. Él guarda cada paso, aun cuando ellos se empecinen en hostigar y atacar a toda hora.
Una
enseñanza que el salmista da es que podemos agradecer con antelación -si
confiamos- porque el Señor no desoirá nuestros ruegos. Agradecer por anticipado
es signo de sincera confianza, lo que no desmiente las acciones de gratitud a
las que nos comprometamos para seguir siendo agradecido una vez recibidos Sus
favores.
Mc
3, 7-12
No nos libera solos,
sino con la ayuda de los otros y todos juntos.
Beck, Brambillesca,
Benedetti etal.
Después
de concluir la sección de las “Controversias”, y para iniciar la nueva sección
-donde Jesús, según este Evangelio, nos revelará los Secretos del Reino
3,13-6.6-, San Marcos abre con un sumario. Como se nota, el sumario ocupa 6
versículos. Con esta nueva sección, Jesús culminará su Ministerio en Galilea.
Jesús ἀνεχώρησεν [anechoresen] “se retiró”, “se apartó”, “se fue”. Su retiro implica que es una forma de Éxodo, va a vivir en “el desierto”, y la muchedumbre lo sigue”, esta gente llega de todas partes, de todas las regiones de Judá y también de territorios paganos. Todos los que oían de sus obras, Iban en su búsqueda. todos lo quieren “tocar”. A los discípulos los llama para que preparen “una barca”, la Iglesia -me atrevería a decir que la “barca” es el lugar donde se reúne con los cercanos, con los que ya lo han aceptado, aun sin llegar al fondo de lo que implica esa aceptación-.
Los
poseídos por “espíritus inmundos” lo reconocen “Hijo de Dios”. Reaparece la
cuestión del secreto Mesiánico. Les prohíbe que lo “den a conocer”, “que
revelen su identidad de Mesías”. El verbo para la prohibición es φανερός [faneros] el verbo que da origen a la
palabra en español “epifanía”, “manifestación”. No les permite que manifiesten
su Mesianismo, porque eso sólo incrementaba la persecución por parte de los que
ayer vimos que habían complotado para matarlo: fariseos y herodianos que
andaban “buscándole el quiebre”.
La
palabra mesías es una palabra de muy espesa densidad. Muchas veces se nos
llenan los labios al pronunciarla como si fuera una dulce cucharada de miel de
maple, o de dulce de leche; a veces la decimos -como muchos en la Escritura-,
designando a un guerrero-libertador-del-imperio-romano, hay quienes lo
interpretan como un caudillo que nos favorece a nosotros en detrimento de los
otros pueblos, de las otras razas. En otros casos la decimos como nombre para
aquel que avanza triunfante camino del Trono, (y vamos ante el Trono a pedir, y
no a ofrecernos), descuidando que este Trono es una Cruz.
Estamos
listos para hablar del Mesías con tal que el Único Crucificado sea Él. Y
nosotros estuviéramos llamados a rodear la cruz con aplausos y urras.
Nosotros
estamos invitados a entrar en la barca, a aportar en su “desarrollo”, a
empeñarnos en su “construcción”.
Dijimos
que Jesús se “retira”, para concentrarse en su trabajo con nosotros, para
“manifestarse” a nosotros. Se retira para sembrar las semillas de la que será
su Comunidad. Hay una analogía con Moisés, trabaja arduamente y sin descanso,
para que seamos capaces de atravesar el desierto en fraternidad, para abonarnos
con el fertilizante de la sinodalidad.
No
ignora que cuando nos alcance su mandamiento, estaremos danzando idolatras en
torno al becerro de oro. No se le ha olvidado de cómo actuamos en Masá y en
Meribá. Está haciéndose un pueblo para Su Padre, a partir -no de magnates y
aristócratas, tampoco de serafines y querubines- hace su pueblo de Adanes, que
son de barro, pero portadores del hálito de Dios. Hace un pueblo de “pequeños”,
con “los que tienen la mínima importancia”.
Retirémonos con Él a las periferias existenciales.
El pasaje de hoy nos muestra que no hay que buscarlo entre los vencedores. Lo encontraremos en la periferia porque Él ha decidido “retirarse” allí, para venir a hacerse un pueblo en el Desierto: que no nos maten los celos y la envidia, en el Desierto aprenderemos a caminar juntos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario