martes, 6 de enero de 2026

Miércoles después de Epifanía

 


El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran Luz; habitaba tierras de sombras y una Luz les brilló

Is 9,2

1Jn 4, 11-18

¡Ama y haz lo que quieras!  Si tú callas, calla por amor; si tú hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Esté en ti la raíz del amor, ´porque de esa raíz no puede brotar sino el bien.

San Agustín

¿A quién se dirige el hagiógrafo? El vocativo nos lo indica: “Queridos hermanos”, bueno, no es una traducción tan exacta, en verdad dice Ἀγαπητοί [agapetoi] “Amados”. A ellos, a los miembros de la Comunidad les da un argumento que podemos desdoblarlo:

a1) Si Dios nos amó de esta manera (Cfr. Jn 3, 16)

a2) También nosotros debemos amarnos unos a otros.

 

Pasa al segundo punto de la perícopa: “A Dios nadie lo ha visto nunca”. Categóricamente, en esta afirmación se connota ¿cómo se ha establecido esta relación, esta comunicación? Ahora empezaremos a verlo y Él se hará perceptible para nosotros.

 

Tercer punto: “Si nos amamos unos a otros”

b1) Dios permanece en nosotros. Aquí aparece el verbo neural: μένει [menei]permanece”, “se queda”.

b2) El amor de Dios ha llegado en nosotros a su plenitud.

Aquí está claramente enunciado el argumento de que Jesús no se ha ido, sino que ¡se ha quedado! Pero por la manera como están encadenados los elementos del argumento, parece ser que hay una condición para llegar a la orilla de Su Permanencia, que “nos amemos unos a otros”.

 

Si nos amamos, está con nosotros; si no nos amamos lo sacamos, lo desplazamos, lo obligamos a irse a Egipto.

 

¿Cómo podemos llegar a “conocer” que permanecemos en Él, y Él en nosotros?

Muy sencillo, en que “nos ha dado de su Espíritu”. (Ya veremos en el Evangelio que al recibir el Espíritu se recibe “Poder”).

 

Cuando recibimos de “Su Espíritu”, nosotros sabemos dos cosas (sino, no sabemos nada):

c1) Vemos que podemos testificar que el Padre envió al Hijo para que actuara la Salvación para nosotros, los que estamos en el “mundo” (aun sin ser del mundo)

c1a) Dios permanece en él

c1b) Y él en Dios

La Salvación es la llegada del Año de Gracia o Año Jubilar.

 

Este argumento es de lo más difícil, ¿cómo puede algo que es el continente, ser a la vez el contenido?; y, para mayor inexplicabilidad, ¿cómo puede el contenido ser continente de su propio contenido? La única manera de entenderlo es que lo Uno se haga lo otro, y viceversa. Así contenido y continente podrán ser lo otro para lo Uno y lo uno para lo Otro.

 

Este difícil fenómeno (imposible en el campo de la física) y sólo posible en la dimensión de lo trascendente (aun cuando este trascendente se quede inmanente), depende de que nos sea dado por la Divinidad: ¡Es ella, y sólo Ella, la que puede infundirnos la Fe necesaria, para que seamos capaces de Creer!

 

Como no cabe en el marco de lo físico, lo llamamos “ilógico” e “imposible”. Esto es únicamente posible porque, ὅτι καθὼς ἐκεῖνός ἐστιν καὶ ἡμεῖς ἐσμεν ἐν τῷ κόσμῳ τούτῳ. “como Él es así, así también somos nosotros, en este mundo”. Hemos importado de la trascendencia, para acá, algo que -de otro modo- sólo puede ser allá. (Cfr. 1Jn 4,17)

 

Pero para que este amor pueda saltar esa barrera, necesita estar exento de cualquier traza de temor. El φόβος [fobos] “temor”; el temor es la “kryptonita verde” (se trata de una alusión a las historietas de Superman, un mineral ficticio - que emite una radiación venenosa para los kryptonianos, que los debilita y anula sus poderes, esta sustancia constituye su única debilidad y los hace vulnerables), del amor. La perícopa termina afirmando algo que aclara esto: “el que tiene temor no ha alcanzado la plenitud del amor”. Y sin la plenitud del Amor no podemos ser sinceramente sinodales y caminar con amor Fraterno. 

 

«¿Afirmas que amas a Cristo? Observa su mandamiento y ama a tu Hermano, ¿cómo puedes amar a Uno del cual desprecias su mandamiento?» (San Agustín)

 

El temor se convierte en una trampa, en una verdadera jaula para el amor, y el amor no puede prosperar a sus anchas, víctima de sus aprensiones, no puede entregarse por entero, tiene que estar pisando, quisquilloso y aprehensivo sobre sus dudas. ¡El temor impide poder dar el salto al vacío! Para caer en el colchón de aire amortiguador que se llama esperanza: Necesitamos llenarnos de Esperanza.



Demos la palabra a Benedicto XVI para arribar a una conclusión: «Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podre ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser solo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también mi relación con Dios. Será solo una relación correcta, pero sin amor.  Solo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama». (Deus Caritas Est, #18).

 

Sal 72(71), 1-2. 10-11. 12-13

Los salmos reales establecen paralelismo con las cortes reales, y se figuran la relación con la realeza de Dios en los términos de zalamerías, venias y postraciones, florilegios y cenas opíparas, cetros y coronas, todo lo que se da en una corte, con su trono y cortesanos, se da -en este paralelismo- en la relación con Dios; el hagiógrafo no tiene más remedio que calcar -como referente- los protocolos cortesanos. En estos salmos no se habla de un rey, se habla del Rey que es Dios. Y se nos pide proceder con cortesía”, valga decir, con los modales usuales en las “cortes”. (La palabra cortesía viene del francés antiguo corteisie y está directamente relacionada con la corte (del latín curtis) y los modales de la nobleza medieval, refiriéndose a las buenas maneras, el refinamiento y el trato afable que se esperaban de quienes vivían y servían en la corte, es decir, “refinamiento palaciego”).


Pero a este Rey se le pide que obre con una Justicia superior a la que pueda tener cualquier otro rey terrenal: se le pide que “defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos de los pobres y que aplaste al explotador. Esas son las expectativas para este reinado. En eso se cifran todas las esperanzas.

 

Se trabajan hoy tres estrofas, se trabajan 4 y medio versículos. Como ya lo hemos dicho, el salmo entero cuenta con 20 versos. El gran cambio respecto al planteamiento de ayer está en la segunda estrofa que hace pie en la primera, donde se le súplica que gobierne con justicia a su pueblo y que tenga rectitud para dirigir a los pobres. Esta súplica, parece estar denunciando tácitamente a los gobernantes que se aparten de la rectitud y se corrompen en detrimento de los humildes. Suele suceder, y no se ha olvidado esta pésima justicia que consiste en que la Ley sea para los de “ruana”, que significa que el rigor cae sobre el que no tiene billetes que lo protejan; el rico usará de su capital -ese será su blindaje-para desviar los dardos con que le paguen sus fechorías y comprar blindaje inexpugnable para sus crímenes. De allí proviene el refrán popular: “El que tiene plata marranea”.

 

Mc 6, 45-52

Si no queremos seguir yendo a pique

Los discípulos no logran ver la presencia de Dios en Jesús, porque no entienden que el comercio y la posesión deben ser sustituidos por el don y el compartir.

Euclides M Balancín

La multiplicación de los panes puede generar ambigüedad. Muchos quieren tener solo la faceta ritual de la Eucaristía. Comulgar muy juiciosos, muy espirituales, muy respetuosos del Cuerpo-Sangre-Alma-y-Divinidad; pero, el Mandamiento del Amor, es menos que una fantasmagoría. Si no se cumple el “amaos unos a otros” no hay Comunión, la Comunión se da cuando somos capaces de “Compasión” como lo hizo Jesús. (Por eso es tan importante el Samaritano que tuvo compasión del que había quedado ahí, tirado, medio muerto. Cfr. Lc 10, 25-37)


En la perícopa dice que Jesús los apremio, en griego dice ἠνάγκασεν [enagkasen] que es más que apremiarlos, es “exigirles”, después de la multiplicación de los panes, a embarcarse; se trata de romper con lo que podría desprenderse de ese milagro si no se da un gesto catalítico que despeje la respuesta “triunfalista”: tratar de hacerlo rey.

 

(Había un antiguo héroe de las historietas de cow-boys, The Lonely Rider, que hacía el bien, con balas de “plata”, y se apresuraba a desaparecer sin quedarse a recibir el agradecimiento. Desaparecía gracias a su cabalgadura que también se llamaba “plata”, sin dejar de lanzar su consigna -previa a su desaparición: “¡Hi-yo, Silver, away!”)

 

Esta reacción popular está directamente emparentada con las tentaciones, es una de las triquiñuelas diabólicas que el Patas intenta para desviar a Jesús. Que pretendiera hacerse al poder por esta vía “populista”, consistente en repartir camisetas, tamales, mercados.

 

Recordemos que lo que Jesús perseguía era mostrarnos la compasión como ruta del amor de Dios. Jesús quiere enseñarnos el valor del amor-ágape en las relaciones interpersonales para construir el Reino. La gente no quiere asumir la fraternidad, el amor de unos por otros, sino poner a un “poderoso” al frente de la historia. Ese poderoso, no es otra cosa que un ídolo, lo que Jesús más nos remarca todo el tiempo, no incurrir en idolatrías. Ya decía el Primer Testamento: Maldito el que se fía de los hombres (Cfr. Jr 17,5). ¡Más grave si esos hombres son repartidores de tamales!

 

¡Él, personalmente, despidió a la gente! ¡No quiere educarlos en la dependencia! Rompe con ellos el cordón umbilical que lo liga a ellos como fetiche alimentario. También en el Libro de los Hechos, encontramos esa clase de idolatría, para ellos Bernabé era el dios Zeus, y Pablo era el dios Hermes. (Cfr. Hch 14, 1-22).

 

Esta es una situación fragorosa para los discípulos, allí está el germen de la Iglesia, en la figura de la barca remecida por las olas amenazantes, que figuran las tribulaciones que conspiran. Hay cierta analogía con la Transfiguración, episodios que buscan levantarles la moral y dejarles entrever la “Victoria”. Que Dios camine sobre las aguas ya en el Primer Testamento se consignaba (Libro de Job y en el Sirácida).

 

Si Jesús camina sobre las aguas, les muestra que es de la familia de Dios, más aun, su Propio Hijo. Que todo cuanto hacía tenía la intención es animarlos esta expresado en el versículo 50 bc: Θαρσεῖτε, ἐγώ εἰμι, μὴ φοβεῖσθε. [Tharceite ego eimi me fobeisthe], “¡Estén llenos de valentía! ¡Soy yo!”, que se ha traducido “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”, y que por cierto nos parece muy bien traducida. Recordemos que la fórmula [Ego eimi] “Yo-Soy”, hace alusión al Nombre de Dios que YHWH le reveló a Moisés desde la Zarza que ardía sin consumirse. Este [ego eimi] es una verdadera terapia, Él quiere curarlos porque ellos lo identifican como un “fantasma” (Mc 6, 49). Los ojos están directamente conectados al corazón, si el corazón no es capaz de reconocer por su dureza, los ojos no pueden interpretar correctamente lo que sucede. Por eso el sabio popular enseña: “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. ¡Es una manera de resistirnos a la realidad! Seguro que el cardiólogo hablaría de cardioesclerosis.

 

Nuevamente lo que hace el Señor es tener compasión de los que reman con angustia y ya no pueden dar ni un solo golpe de remo más.  Para poder remar con todo vigor se precisa un trasplante de corazón, que no esté endurecido. Dios lo había prometido en Ez 36, 26s donde el nuevo corazón gozaría de plena elasticidad. A los remeros se les pide exigen buen estado físico en general, resistencia cardiovascular, fuerza muscular (en piernas, espalda y brazos) además de resistencia mental. Si queremos compartir la barca con el Señor, están estos requisitos, que debemos trabajar para calificar. Un “remero” mal preparado y con problemas cardiovasculares puede conseguir que la embarcación "se vaya a pique".

 


Si Él no se monta en nuestra barquichuela, sin duda que nuestra barca ira a dar al fondo. Tenemos que seguir remando, a buen ritmo, pero ¡no solos! Tenemos que dejar que el Señor se suba a nuestra barca, no para que sea Él quien reme, sino para que nuestro corazón coja ritmo y nuestro vigor se multiplique, animados por la presencia de Aquel que es Dios-con-nosotros.

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