Tim1, 1-6
Las
cartas a Timoteo y a Tito se las llama “Pastorales” porque estaban destinadas a
guiar, cuidar y organizar las comunidades cristianas, tocando asuntos de liderazgo, de disciplina y de
doctrina; dirigidas a quienes gobiernan la Iglesia de Dios como Pastores, proporcionando
directrices para instituir líderes: obispos, sacerdotes y diáconos, mantener la
doctrina correcta y combatir las herejías. Eusebio de Cesarea, conocido como pionero
de la historiografía, fue autor de la Historia Eclesiástica, una obra
fundamental que narra el desarrollo del cristianismo desde Cristo hasta el año
324 d.C., ya él destacaba la importancia organizativa e institucional de estas
Cartas.
Dicha
expresión se atribuye a Paul Anton que, hacia 1753, le dio cuño, recogiendo el
análisis aportado por escritores y exegetas medievales que identificaron en
ellas esas características, que hacen ver estas cartas como una especie de
“manual de instrucciones para un pastor de iglesia local”. El Papa Benedicto
XVI las describió como Pastorales en una audiencia general -28 de enero de 2009,
refiriéndose a su contenido práctico para los "pastores de la
Iglesia". Entre otras cosas que aporta el Papa allí, destaca: “La mayoría de los exegetas es hoy del
parecer que estas cartas no habrían sido escritas por san Pablo mismo, sino que
su origen estaría en la "escuela de san Pablo", y reflejaría su
herencia para una nueva generación, tal vez integrando algún breve escrito o
palabra del Apóstol mismo. Por ejemplo, algunas palabras de la segunda carta a
Timoteo parecen tan auténticas que sólo podrían venir del corazón y de los
labios del Apóstol”.
La Carta, como puede notarse inicia con el saludo
Paulino, señalando que Cristo Jesús lo eligió como apóstol para llevar el
anuncio de la “Promesa de Cristo”. Y señala como vínculo con Timoteo, el
carácter filial que a él lo une como verdadero Padre, no en la sangre sino en
la misión pastoralista.
San
Pablo -o el hagiógrafo que escribe- señala su carácter de “siervo” en la misma
línea que los antepasados suyos, continuando un linaje de pureza de intenciones
en el Servicio al Señor. ese vínculo se apuntala en la continuidad de la
oración que no ceja ni de día ni de noche. Nótese aquí que la savia que une a
los “pastores”, no es la genética, sino la de la oración reciproca y constante.
Luego,
trae a la presencia de su corazón la recordación de la abuela de Timoteo, Loide
y a la madre, Eunice por cuyas venas transitó y se comunicó la herencia de la
fe. En el raudal generoso de ese torrente se insertó la ordenación de Timoteo,
llevada a cabo según el rito -que se ha conservado y mantenido- de la
imposición de manos.
La
imposición de manos significa la trasmisión de un poder que da autoridad y este
poder comunica un triple carisma de fortaleza, amor y templanza.
Que
Pablo hubiera probado el duro sabor de las cadenas y el amargo ambiente del
presidio arrinconaría -muy probablemente- a Timoteo en la vergüenza de ver a su
mentor cautivo. Por el contario, hay que saber entender y leer estas
experiencias como participación en los συνκακοπάθησον
[synkakopadeson] “padecimientos conjuntos”, “sufrimientos comunitarios”, “amistad
en el dolor”, “solidaridad en las lágrimas” por causa del Evangelio para
sobrellevar los cuales, el propio Dios dará las fuerzas precisas y nos
sostendrá caminando fiel a nuestro lado; de hecho, somos nosotros los que lo
escoltamos doloridos intentando soportar en nuestros propios hombros parte del
peso infinito que él cargaba en su ascenso al Clavario.
Sal
96(95), 1-2a. 2b-3. 7-8. 10
La obediencia consiste
en una síntesis entre la aceptación de la Voluntad de Dios y una total libertad
cristiana. Es sumamente difícil. Es una obra del Espíritu Santo. Y a eso no se
llega sin pasar por muchas crisis, inclusive por errores.
Segundo Galilea
Este
es un salmo el Reino. Pero, que comprende esta entronización. Hay varias cosas
que no están: No se le entregan el cetro, ni la corona, ni la capa, ni el
trono. Se supone que el Trono es la tapa del Arca -en puro oro-, o sea el
propiciatorio, flanqueado por los querubines. En cambio, hay unos elementos muy
significativos: la procesión, era la corte del rey escoltándolo a su palacio,
y, al cubículo real, donde se hallaba el Arca, con su Tapa, el כַּפֹּרֶת
[kapporet] “Sancta Sanctorum”, “Trono Sagrado”.
YHWH es rey de Israel, es Rey de todas las naciones, es el Rey Universal. Pero el Rey tiene entre sus competencias el ejercicio de la Justicia: que significa Gobierno con plena rectitud, sin acepciones, sin prebendas, ajena a toda canonjía. ¡Es Juez Supremo! El Padre Nuestro contiene y da expresión detallada del Reino: “Venga a nosotros tu Reino”. ¿Y, esto qué significa? Que se cumpla con integridad su Voluntad, no un poquito, no en una región, no en algún tiempo futuro e incierto, después de muertos. Que se haga tan totalmente como se hace en el Cielo, por toda la tierra. Será un verdadero carnaval de Alegría, y nosotros estaremos encargados de la convocatoria. Este es el propósito del Salmo, presentarnos la realeza de Dios y presentárnosla en toda su catolicidad. Es rey de todo el Universo. El espíritu que anima la perícopa proclamada es este.
a) Se convoca a toda
la tierra a que canten el “Cantico Nuevo”.
b) Se invita a “todos
los pueblos”.
c) A esta coral
universal son llamadas “todas las naciones”.
d) La “misión”
consiste en comunicárselo a todos los pueblos
Hay
otros temas satelitales, que -de alguna manera- lo que hacen es señalar los
atributos de esta realeza:
i) Para el Cantos de
Alabanza Nuevos (podríamos implicar de eso que su novedad es requerida porque
se trata de un Rey de Nuevo Tipo).
ii) La proclamación de
su “realeza” ha de ser cotidiana.
iii) Se magnifica el
Santísimo Nombre de Dios, el Nombre es la totalidad de la persona; en nuestro
caso diríamos tanto a Dios como al Hombre que es Jesucristo.
iv) Es Dios -digno de
toda Alabanza- porque Él no solo creo, sino que lo organizó, lo sistematizó, lo
estructuró en todos sus detalles.
v) Su Victoria es
total, lo que -ahora hemos llegado a comprender cabalmente- es Victoria sobre
el mal y la muerte.
vi) El rasgo central es
la “Rectitud” de la Justicia Divina. El gobierno de este Rey-Dios no es un
gobierno que nos quita, o que le quita a alguien, la Justicia Divina es la
Generosidad Despampanante.
Lc 10, 1-9
Es muy bella la
anotación de Gregorio Magno, según la cual Jesús envía a los discípulos de dos
en dos para que su primera predicación sea el amor reciproco. De hecho, el amor
es la fuerza de los discípulos de ayer y de hoy.
Vincenzo Paglia
¿Por
qué en unos manuscritos encontramos setenta y en otros setenta y dos? Parece
que los judíos, en sus estudios, contaban setenta pueblos “gentiles”, que
tendría que recibir el “Anuncio”; en cambio, según la cultura greco-romana,
estos pueblos eran en número de setenta y dos. Es en la versión de los LXX
donde encontramos setenta y dos Enviados.
El
Señor ἀπέστειλεν [apesteilen] verbo en indicativo-activo
de la tercera persona del singular, cuya forma en infinitivo es ἀποστέλλω [apostello] “comisionar”, “enviar”; inmediatamente, uno lo
relaciona con “apóstol”, donde el prefijo ἀπο [apo] significa “tomado del conjunto”, “apartado del
grupo”, “seleccionado de entre otros”. Esta idea está subrayada por otro verbo
que aparece antes: ἀνέδειξεν [anedeixen] que significa “súbase a la tarima para que
todos los vean y sepan de quien o de quienes estoy hablando”: Supongamos que
había doscientos, de esos doscientos, les dijo a setenta / setenta y dos: a
ustedes los separo del grupo para encargarles una “misión”: adelántense y, a las
poblaciones donde planeo ir, lleguen ustedes primero y prevénganlos que ya
llegó, que los voy a ir a visitar. Si esta acción no se anunciaba
adecuadamente, pasaba totalmente desapercibida y nadie se enteraba.
Reflexionemos esta
situación, si uno va a viajar, a visitar unos parientes, para evitar que ellos
no estén cuando uno llegue, lo que uno hace es avisarles que va a ir para que
estén dispuestos a recibirlo y no se ausenten, y al llegar, la casa esté
vacía. El Mesías era el anunciado, el
profetizado, el vaticinado, pero si no se proclamaba su llegada, nadie se
percataría que la profecía/promesa se había cumplido. Estos setenta / setenta y
dos apóstoles tenían a su cargo esta embajada: «Vayan que yo los envío como
ovejas entre lobos».
Nos encontramos aquí una idea bivalente:
i.
La misión es dura, no se trata de ir a
comer bizcochitos, los destinatarios del “Mensaje” no son “peritas en dulce”,
por el contrario, son rosas de tallos multi-espinescentes, erizados de saetas.
ii.
No pretende engañarlos, no los comisiona
para el renombre, la alabanza, para las jugosas remuneraciones, para el elogio,
para la entrada triunfal; ¡No! el envío será, a una misión, por demás ardua.
¿Cuál
es la tarea encomendada? Exactamente, ¿cuál es el contenido del Anuncio?
a) Lo primero que hay
que hacer es ser portadores de Paz.
b) Curar a los
enfermos
c) ¡Proclamar que el
Reino ha llegado!
Tal
vez la traducción más exacta sea “Ya está aquí”. “Ya está presente”.
Cuando
uno prepara muy concienzudamente una maleta, lleva todo lo que pueda llegar a
necesitar, dentro de las previsiones humanas, pero, la maleta va tan rellena
que, no queda ni un modesto espacio para que quepa Dios.
Hay
otro estilo de predisponerse para un viaje, y es el que nos propone Jesús, y
consiste en dejar que “Dios provea”:
a) Sin bolsa ni
alforja
b) Sin sandalias.
c) Coman y beban de lo
que tengan en la casa donde los reciban, por eso dice que comamos lo que nos
pongan delante.
Los
maniáticos del turismo dirán: ¡que irresponsabilidad! ¡Con tantos recursos que
podrían ayudar y servir para mejorar la eficiencia! Jesús decía eso porque era
otra época, se trataba de los inicios de la cristiandad. Con todo respeto, esto
nos suena a pretextos.
Siempre
se podrá argumentar a favor de los gadgets, pero, el punto no está en la
sofisticación de la tecnología, sino en la esencia de la tarea propuesta al
discípulo misionero. Repasemos una vez más los tres puntos esenciales, y luego
miremos fríamente, si en verdad podemos poner algo en la maleta que facilite la
misión a la que hemos sido convocados:
1) Promotores de paz
2) Encargados de
llevar sanación
3) Poner en evidencia
que el Reino ya está aquí.
La
clave puede estar allí: tengo el Catecismo de la Iglesia Católica, puedo y debo
estudiarlo, pero, no tengo que memorizarlo todo, sino buscar seriamente qué hay
allí que nos permita mostrar que el Reino ya está aquí.
El
Evangelio nos llama a ser conscientes de los muy pocos que están comprometidos
en la construcción del Reino, entonces, nos dice que imploremos al Cielo para
que el Señor envíe operarios a la mies. E, inmediatamente nos hace notar que
esos obreros, urgentemente necesarios, somos nosotros mismos: así que nos llena
de ánimo y nos dice: ¡Pónganse en camino!
Aquí
está la entrega de la misión a nuestras pobres manos, que serán poderosas si le
pedimos al Señor que nos convierta en los Enviados por Él, con toda autoridad.
Donde no haya quienes recojan la mies, el Señor nos mandará, y no solos, sino ¡con un compañero que nos levante el ánimo!





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