domingo, 25 de enero de 2026

SANTOS TIMOTEO Y TITO


Tim1, 1-6

Las cartas a Timoteo y a Tito se las llama “Pastorales” porque estaban destinadas a guiar, cuidar y organizar las comunidades cristianas, tocando asuntos de liderazgo, de disciplina y de doctrina; dirigidas a quienes gobiernan la Iglesia de Dios como Pastores, proporcionando directrices para instituir líderes: obispos, sacerdotes y diáconos, mantener la doctrina correcta y combatir las herejías. Eusebio de Cesarea, conocido como pionero de la historiografía, fue autor de la Historia Eclesiástica, una obra fundamental que narra el desarrollo del cristianismo desde Cristo hasta el año 324 d.C., ya él destacaba la importancia organizativa e institucional de estas Cartas.

 

Dicha expresión se atribuye a Paul Anton que, hacia 1753, le dio cuño, recogiendo el análisis aportado por escritores y exegetas medievales que identificaron en ellas esas características, que hacen ver estas cartas como una especie de “manual de instrucciones para un pastor de iglesia local”. El Papa Benedicto XVI las describió como Pastorales en una audiencia general -28 de enero de 2009, refiriéndose a su contenido práctico para los "pastores de la Iglesia". Entre otras cosas que aporta el Papa allí, destaca: “La mayoría de los exegetas es hoy del parecer que estas cartas no habrían sido escritas por san Pablo mismo, sino que su origen estaría en la "escuela de san Pablo", y reflejaría su herencia para una nueva generación, tal vez integrando algún breve escrito o palabra del Apóstol mismo. Por ejemplo, algunas palabras de la segunda carta a Timoteo parecen tan auténticas que sólo podrían venir del corazón y de los labios del Apóstol”.

 

La Carta, como puede notarse inicia con el saludo Paulino, señalando que Cristo Jesús lo eligió como apóstol para llevar el anuncio de la “Promesa de Cristo”. Y señala como vínculo con Timoteo, el carácter filial que a él lo une como verdadero Padre, no en la sangre sino en la misión pastoralista.

 

San Pablo -o el hagiógrafo que escribe- señala su carácter de “siervo” en la misma línea que los antepasados suyos, continuando un linaje de pureza de intenciones en el Servicio al Señor. ese vínculo se apuntala en la continuidad de la oración que no ceja ni de día ni de noche. Nótese aquí que la savia que une a los “pastores”, no es la genética, sino la de la oración reciproca y constante.

 

Luego, trae a la presencia de su corazón la recordación de la abuela de Timoteo, Loide y a la madre, Eunice por cuyas venas transitó y se comunicó la herencia de la fe. En el raudal generoso de ese torrente se insertó la ordenación de Timoteo, llevada a cabo según el rito -que se ha conservado y mantenido- de la imposición de manos.

 

La imposición de manos significa la trasmisión de un poder que da autoridad y este poder comunica un triple carisma de fortaleza, amor y templanza.

 

Que Pablo hubiera probado el duro sabor de las cadenas y el amargo ambiente del presidio arrinconaría -muy probablemente- a Timoteo en la vergüenza de ver a su mentor cautivo. Por el contario, hay que saber entender y leer estas experiencias como participación en los συνκακοπάθησον [synkakopadeson] “padecimientos conjuntos”, “sufrimientos comunitarios”, “amistad en el dolor”, “solidaridad en las lágrimas” por causa del Evangelio para sobrellevar los cuales, el propio Dios dará las fuerzas precisas y nos sostendrá caminando fiel a nuestro lado; de hecho, somos nosotros los que lo escoltamos doloridos intentando soportar en nuestros propios hombros parte del peso infinito que él cargaba en su ascenso al Clavario.

Esta συνκακοπάθησον es una de las facetas de la sinodalidad, que es acompañar también cuando el pesar se ceba en nosotros. Unidos en el padecimiento aun cuando “la cosa se ponga fulera” -coloquialismo popularizado por Facundo Cabral, quien vivió su sueño de “cantar y contar la vida”- que significa cuando la situación se ponga difícil, fea, complicada o crítica, indicando un momento de crisis o adversidad.

 

Sal 96(95), 1-2a. 2b-3. 7-8. 10

La obediencia consiste en una síntesis entre la aceptación de la Voluntad de Dios y una total libertad cristiana. Es sumamente difícil. Es una obra del Espíritu Santo. Y a eso no se llega sin pasar por muchas crisis, inclusive por errores.

Segundo Galilea

Este es un salmo el Reino. Pero, que comprende esta entronización. Hay varias cosas que no están: No se le entregan el cetro, ni la corona, ni la capa, ni el trono. Se supone que el Trono es la tapa del Arca -en puro oro-, o sea el propiciatorio, flanqueado por los querubines. En cambio, hay unos elementos muy significativos: la procesión, era la corte del rey escoltándolo a su palacio, y, al cubículo real, donde se hallaba el Arca, con su Tapa, el כַּפֹּרֶת [kapporet] “Sancta Sanctorum”, “Trono Sagrado”.


YHWH es rey de Israel, es Rey de todas las naciones, es el Rey Universal. Pero el Rey tiene entre sus competencias el ejercicio de la Justicia: que significa Gobierno con plena rectitud, sin acepciones, sin prebendas, ajena a toda canonjía. ¡Es Juez Supremo! El Padre Nuestro contiene y da expresión detallada del Reino: “Venga a nosotros tu Reino”. ¿Y, esto qué significa? Que se cumpla con integridad su Voluntad, no un poquito, no en una región, no en algún tiempo futuro e incierto, después de muertos. Que se haga tan totalmente como se hace en el Cielo, por toda la tierra. Será un verdadero carnaval de Alegría, y nosotros estaremos encargados de la convocatoria. Este es el propósito del Salmo, presentarnos la realeza de Dios y presentárnosla en toda su catolicidad. Es rey de todo el Universo. El espíritu que anima la perícopa proclamada es este.

 

a)    Se convoca a toda la tierra a que canten el “Cantico Nuevo”.

b)    Se invita a “todos los pueblos”.

c)    A esta coral universal son llamadas “todas las naciones”.

d)    La “misión” consiste en comunicárselo a todos los pueblos

 

Hay otros temas satelitales, que -de alguna manera- lo que hacen es señalar los atributos de esta realeza:

i)      Para el Cantos de Alabanza Nuevos (podríamos implicar de eso que su novedad es requerida porque se trata de un Rey de Nuevo Tipo).

ii)     La proclamación de su “realeza” ha de ser cotidiana.

iii)   Se magnifica el Santísimo Nombre de Dios, el Nombre es la totalidad de la persona; en nuestro caso diríamos tanto a Dios como al Hombre que es Jesucristo.

iv)   Es Dios -digno de toda Alabanza- porque Él no solo creo, sino que lo organizó, lo sistematizó, lo estructuró en todos sus detalles.

v)    Su Victoria es total, lo que -ahora hemos llegado a comprender cabalmente- es Victoria sobre el mal y la muerte.

vi)   El rasgo central es la “Rectitud” de la Justicia Divina. El gobierno de este Rey-Dios no es un gobierno que nos quita, o que le quita a alguien, la Justicia Divina es la Generosidad Despampanante.

 

 Lc 10, 1-9

Es muy bella la anotación de Gregorio Magno, según la cual Jesús envía a los discípulos de dos en dos para que su primera predicación sea el amor reciproco. De hecho, el amor es la fuerza de los discípulos de ayer y de hoy.

Vincenzo Paglia

¿Por qué en unos manuscritos encontramos setenta y en otros setenta y dos? Parece que los judíos, en sus estudios, contaban setenta pueblos “gentiles”, que tendría que recibir el “Anuncio”; en cambio, según la cultura greco-romana, estos pueblos eran en número de setenta y dos. Es en la versión de los LXX donde encontramos setenta y dos Enviados.


 

El Señor ἀπέστειλεν [apesteilen] verbo en indicativo-activo de la tercera persona del singular, cuya forma en infinitivo es ἀποστέλλω [apostello] “comisionar”, “enviar”; inmediatamente, uno lo relaciona con “apóstol”, donde el prefijo ἀπο [apo] significa “tomado del conjunto”, “apartado del grupo”, “seleccionado de entre otros”. Esta idea está subrayada por otro verbo que aparece antes: ἀνέδειξεν [anedeixen] que significa “súbase a la tarima para que todos los vean y sepan de quien o de quienes estoy hablando”: Supongamos que había doscientos, de esos doscientos, les dijo a setenta / setenta y dos: a ustedes los separo del grupo para encargarles una “misión”: adelántense y, a las poblaciones donde planeo ir, lleguen ustedes primero y prevénganlos que ya llegó, que los voy a ir a visitar. Si esta acción no se anunciaba adecuadamente, pasaba totalmente desapercibida y nadie se enteraba.

 

Reflexionemos esta situación, si uno va a viajar, a visitar unos parientes, para evitar que ellos no estén cuando uno llegue, lo que uno hace es avisarles que va a ir para que estén dispuestos a recibirlo y no se ausenten, y al llegar, la casa esté vacía.  El Mesías era el anunciado, el profetizado, el vaticinado, pero si no se proclamaba su llegada, nadie se percataría que la profecía/promesa se había cumplido. Estos setenta / setenta y dos apóstoles tenían a su cargo esta embajada: «Vayan que yo los envío como ovejas entre lobos».

 

Nos encontramos aquí una idea bivalente:

i.              La misión es dura, no se trata de ir a comer bizcochitos, los destinatarios del “Mensaje” no son “peritas en dulce”, por el contrario, son rosas de tallos multi-espinescentes, erizados de saetas.

ii.             No pretende engañarlos, no los comisiona para el renombre, la alabanza, para las jugosas remuneraciones, para el elogio, para la entrada triunfal; ¡No! el envío será, a una misión, por demás ardua.

 

¿Cuál es la tarea encomendada? Exactamente, ¿cuál es el contenido del Anuncio?

a)    Lo primero que hay que hacer es ser portadores de Paz.

b)    Curar a los enfermos

c)    ¡Proclamar que el Reino ha llegado!

 

Tal vez la traducción más exacta sea “Ya está aquí”. “Ya está presente”.

 

Cuando uno prepara muy concienzudamente una maleta, lleva todo lo que pueda llegar a necesitar, dentro de las previsiones humanas, pero, la maleta va tan rellena que, no queda ni un modesto espacio para que quepa Dios.

 

Hay otro estilo de predisponerse para un viaje, y es el que nos propone Jesús, y consiste en dejar que “Dios provea”:

a)    Sin bolsa ni alforja

b)    Sin sandalias.

c)    Coman y beban de lo que tengan en la casa donde los reciban, por eso dice que comamos lo que nos pongan delante.

 

Los maniáticos del turismo dirán: ¡que irresponsabilidad! ¡Con tantos recursos que podrían ayudar y servir para mejorar la eficiencia! Jesús decía eso porque era otra época, se trataba de los inicios de la cristiandad. Con todo respeto, esto nos suena a pretextos.

 

Siempre se podrá argumentar a favor de los gadgets, pero, el punto no está en la sofisticación de la tecnología, sino en la esencia de la tarea propuesta al discípulo misionero. Repasemos una vez más los tres puntos esenciales, y luego miremos fríamente, si en verdad podemos poner algo en la maleta que facilite la misión a la que hemos sido convocados:

1)    Promotores de paz

2)    Encargados de llevar sanación

3)    Poner en evidencia que el Reino ya está aquí.

 

La clave puede estar allí: tengo el Catecismo de la Iglesia Católica, puedo y debo estudiarlo, pero, no tengo que memorizarlo todo, sino buscar seriamente qué hay allí que nos permita mostrar que el Reino ya está aquí.

 

El Evangelio nos llama a ser conscientes de los muy pocos que están comprometidos en la construcción del Reino, entonces, nos dice que imploremos al Cielo para que el Señor envíe operarios a la mies. E, inmediatamente nos hace notar que esos obreros, urgentemente necesarios, somos nosotros mismos: así que nos llena de ánimo y nos dice: ¡Pónganse en camino!

 

Aquí está la entrega de la misión a nuestras pobres manos, que serán poderosas si le pedimos al Señor que nos convierta en los Enviados por Él, con toda autoridad.


Donde no haya quienes recojan la mies, el Señor nos mandará, y no solos, sino ¡con un compañero que nos levante el ánimo! 

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