1S 1, 1-8
Con
esta Lectura del Libro de Samuel damos inicio al Tiempo Ordinario de este Año
Litúrgico.
Nos
disculpamos por ser muy reiterativos pero muchas veces se cree que si son dos
Libros quiere decir que, en un segundo momento, el mismo autor u otro,
resolvieron continuar el relato y remprendieron la labor de composición. Pero
-como hemos insistido- es por el volumen de los rollos que los hace
inmanejables, que se resolvió dividirlos en dos rollos, y por eso decimos que
se trata de 1S y 2S, el mismo Libro, partido por comodidad. En los “códices”
que nosotros habitualmente llamamos “libros”, que son páginas cocidas por uno
de sus lados -que forma el lomo- también, si el libro es muy extenso, se vuelva
difícil su manipulación, pero es sobre todo por el peso. Cuando el libro es muy
“gordo”, nos da pereza llevarlo y muchas veces desistimos de continuar la lectura
si hay que sacarlo de casa y aguantar todo el tiempo su peso. pero en el caso
de los rollos, para llegar a cierto punto, hay que desenrollar y desenrollar
mientras se va enrollando del otro lado, lo que resulta supremamente
dispendioso.
De
otra parte, Solemos entender la continuidad histórica hilando el Pentateuco,
Josué, Jueces, Samuel sin tomar en cuenta que esta continuidad apunta a
desembocar y -en cierta forma- a justificar que Israel hubiera confluido en una
monarquía. Se tiene que decir que los jueces, tuvieron dos debilidades:
1) Eran autoridades
zonales, a lo sumo, regionales y, esta característica no les daba para
financiar un ejército con caballería y armamento adecuados para hacer frente a
las diversas amenazas a las que el pueblo de Israel se veía sometido
2) Los jueces fueron
personas de muy pobre coherencia moral, dadas a sus debilidades y a sus
placeres vulgares lo que no hizo de ellos modelo y estímulo para su pueblo. Estos
líderes, lejos de representar la fidelidad del pueblo elegido para con Dios,
parecen apuntar a la urgencia de un nuevo sistema de gobierno, así como, sin
querer queriendo, señalaban hacia la necesidad de la monarquía.
Samuel
es pues un personaje de transición: dejando atrás la línea de los jueces, se
adentra en el linaje de los profetas. ¿Quiénes serán los profetas? Serán los
“asesores” de los reyes, ellos estarán a cargo de la fidelidad del linaje real
llamando la atención cuando puedan desviarse. Serán la voz de Dios, la
consciencia de los monarcas a quienes Dios orientará hablándoles muchas veces a
través del clamor del pueblo o vehiculizando lo necesario para que el
gobernante mantuviera su fidelidad. Esta definición del profetismo no agota la
definición del profeta, pero si permite delinear la aparición de esta importantísima
institución surgida en aquel momento histórico, para dar paso a la figura de
los reyes que tienen su razón de ser en obrar de acuerdo a Dios y no de acuerdo
a su desatino.
El
primero de ellos será el hijo de אֱלְקָנָה [elkanah] “Elcaná”, “Dios ha provisto”,
“Dios ha adquirido”; su papá era Yerojan, y su abuelo Elihú, por bisabuelo Toju
y por tatarabuelo Suf. Esta es la genealogía que se nos presenta aquí, el
comienzo del Libro de Samuel.
Elcaná
era polígamo: tenía su esposa fértil “Penninah” que significa “piedra preciosa”
y su esposa estéril Hannah” que a su vez significa “bendición divina”. Penninah
se burlaba de Hannah por su esterilidad; y, Hannah subía al templo de Siló a
orar para que Dios le borrara la deshonra de su infertilidad.
שִׁלֹה [Shiloh], significa "el
pacífico" o "al que pertenece", este nombre hace referencia al
Mesías, ciudad palestina, capital cultural y espiritual, en Efraín, centro
religioso crucial para Israel, durante el período de los Jueces, donde se
estableció el Tabernáculo (santuario) después de la conquista de Canaán,
convirtiéndose en un símbolo de la presencia de Dios y lugar de culto principal
-durante aproximadamente 400 años-, antes de Jerusalén. Los arqueólogos han
ubicado a Siló a unos 19 kilómetros de Nablus, entre Bethel y Siquém, se
conjetura que fue destruido por los filisteos.
En
el corazón de Elcaná, muy a pesar de su esterilidad, reinaba Hannah, lo que
quedaba demostrado por la distribución de las provisiones, ya que ella recibía “la
parte doble”. Y claro, la envidia no monta en burro, Penninah se la dedicaba a
Hannah, haciéndola blanco de sus burlas.
Y Elcaná procuraba animarla con ternuras y zalemas. Este es el marco relacional que nos entrega la perícopa y que servirá de estribo a la Primera Lectura de mañana.
Sal
116(115), 12-13. 14 y 17. 18-19
כוס־ישועות אשא ובשם יהוה
אקרא׃
Alzaré la
Copa de la Salvación, invocando Su Nombre
Nos hallamos
ante un Salmo de Acción de gracias.
La cena de
Pésaj (Séder) se compone de momentos clave:
·
La lectura de la Hagadda historia,
·
Las Cuatro Copas de vino que simbolizan las promesas de
redención,
·
La Keará (plato del Séder) con alimentos simbólicos: matzá,
hierbas amargas, jaroset, hueso, huevo),
·
La búsqueda del Afikomán (trozo oculto de matzá)
·
El Shulján Orej banquete festivo,
·
Hallel: cánticos y bendiciones (salmos 112-117).
El salmo denuncia la mentira humana: Faraón los había autorizado para salir de Egipto, pero prontamente se arrepiente y ordena al ejercito traerlos de vuelta: “Los hombres son unos mentirosos”.
En
el Seder de Pésaj, se beben cuatro copas de vino, cada copa ligada a una etapa
del ritual, desde el קִידּוּשׁ
[Kiddush] “oración de bendición y santificación” hasta el final del Hallel, en
momentos específicos, para conmemorar las cuatro promesas de liberación de Dios
a Israel de la esclavitud en Egipto, representando:
"Yo os
sacaré", Copa de la Santificación
"Yo os
salvaré", Copa del Juicio
"Yo os
redimiré" la Copa de la Redención, y
"Yo os tomaré
como mi pueblo", la Copa de la Consumación.
Pero
lo que busca el salmista a toda costa es un camino de gratitud. Dios redime y
el ser humano da las gracias. Su pregunta es concisa: ¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Dentro
de la Cena Eucarística, el gesto de Acción de Gracias es la Presentación de
toda la Sangre Derramada: llevando
sangre de sacrificios (de becerros y machos cabríos) para expiar sus propios
pecados y los del pueblo, aspergiéndola ante el כַּפֹּרֶת
[kapporet] “propiciatorio”, “asiento de honor”. No usaba baldes, sino vasos, y
representaba el antiguo pacto.
El sacerdote, que actúa en Pærsona Christi, levanta la Copa Sacrificial y se la presenta
al Padre Celestial. Cumple así la encomienda (Anámnesis) “Haced esto en memoria
de mí”.
Mc 1, 14-20
… el seguimiento es la
condición indispensable para el conocimiento de Jesús: se conoce a Cristo
solamente en la medida que se le sigue.
Beck, Benedetti,
Brambillesca, Clerici, Fausti
¿Cómo
sabe Jesús que se ha cumplido el tiempo? Él lo detecta y nos advierte: Πεπλήρωται ὁ καιρὸς [peplerotai kairos] “se ha cumplido el tiempo”, pero el
giro en griego es algo así como “la oportunidad es óptima”, o como dicen los
españoles “la ocasión la pintan calva”, “listo para ser cosechado”, “la hora de
segar”; podríamos entender que la señal que Dios da para que se sepa “lo
oportuno que es”, es que Juan haya sido παραδοθῆναι
[paradothenai] “entregado”, esta entrega con este verbo griego tiene un tinte
connotativo de “traición”. Esa “traición” es como un pellizco para que
reaccionemos.
La llegada de este tiempo implica aquí en esta perícopa dos cosas:
i.
Jesús se ve obligado a desplazarse a otra región; Él no se
duerme, sino que -de una- actúa.
ii.
Se marca el inicio de una nueva etapa “histórica” la del
Reino de Dios. El Reino de Dios no es un país, o un territorio, es la realidad
de la “soberanía” de YHWH. La soberanía de Dios se cumple en todo corazón donde
la armonía de las relaciones florece.
¿Qué
requisitos se deben cumplir para hacer efectiva esta “llegada”?
a. μετανοεῖτε [metanoiete] “Convertirse”, “pasar a
una mentalidad distinta”, “cambiar de enfoque”, “modificar la perspectiva”.
b. πιστεύετε ἐν τῷ εὐαγγελίῳ [pisteute en
to euangelio] “Creer en el Evangelio”, “Confiar en la Buena Noticia”. El
Evangelio es la plenitud de la Enseñanza de Jesucristo y nuestra completa
adhesión y compromiso con esa Enseñanza.
Es
una coyuntura afortunada, no hay que dejarla pasar, se debe renunciar a lo
habitual y pasarse a la justicia, a la caridad, a la compasión comprometida, al
amor-ágape sincero, y a un espacio de fraternidad, de paz, de libertad, de
solidaridad. Estos son los rasgos distintivos del Reino. Son los parámetros
para la incubadora de este proyecto.
Creer
en el Evangelio es precisamente eso, saber reaccionar de inmediato. No buscar
pretextos para el aplazamiento. Y Jesús nos muestra que eso es posible, que no
se requiere hacer unos cursos prolongados o estudiar alguna carrera con
materias muy intrincadas que solo unos genios las podrán entender. En la
perícopa se nos dan cuatro ejemplos:
i.
Simón y Andrés
ii.
Santiago y Juan
El
papá de Santiago y Juan se llama זְבַדְיָה [Zebedaya] “Zebedeo”, “donación de Yah”,
“regalo de Dios”. El nombre Juan significa “Dios es misericordioso”.
Se
trata de simples pescadores. Nos gusta recalcar que Dios no los llama a dejar
su oficio y dedicarse a algo nuevo y distinto: Jesús los convida para que sigan
siendo pescadores. Haciendo lo mismo que hacían: tener paciencia, aguardar la
oportunidad esperar que las redes se carguen de peces y, ahí sí, recogerlas.
Pero,
para que la pesca sea fructuosa es necesario que las redes estén puestas a
punto. Hoy día, si hablamos de redes, es fácil entender que se refiere a
las conexiones interpersonales: Santiago y Juan estaban en la barca (metáfora
de la Iglesia, de la comunidad creyente) καταρτίζοντας τὰ δίκτυα [katartizontas
ta diktua] “restaurando las redes”, “poniéndolas a punto”, “llevándolas a su
punto de rendimiento óptimo”. La expresión es una trasposición a esta otra
clase de “redes”, las que nos unen a los unos con los otros, optimizando la
sinodalidad, la capacidad de andar juntos para aprovechar el kairos.
Lo que nos adentra en el profundo valor escatológico del Yom Kippur: “El día de la Expiación y el arrepentimiento”.





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