miércoles, 26 de julio de 2023

Miércoles de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario



Ex 16, 1-5. 9-15

Seguimos avanzando en la lectura del Libro del Éxodo -que, en nuestra travesía por el Pentateuco- continuaremos leyendo hasta el 3 de agosto, cuando pasaremos al Levítico. Hoy nos toca el tema del Maná, recordemos que esta expresión en hebreo significa “¿Qué es esto?”.

 

De nuevo nos encontramos la actitud gruñona del pueblo: mucho nos cuesta valorar los bienes espirituales, en este caso el valor de la libertad; para el pueblo, su único motivo de nostalgia, lo único que los llevaba a tomar en cuenta, era la olla de carne y el pan con el que se hartaban en Egipto; para ellos, lo demás valía menos que un rábano. Preferían haber muerto con “la barriga llena” en el servilismo, que soportar los rigores del desierto. Y, para muchos, ¡tenían toda la razón!

 

Sin embargo, aquel “ayuno forzoso” era un proceso de depuración. Hemos oído -quizás- aquello que reza “todo lo que vale cuesta”: Pues, este ayuno los llevaba a aquilatar que, a pesar del rigor del hambre, recobrar la dignidad de hombres libres los alzaba y los enderezaba hacia la altura de “hijos de Dios”. A veces nos quedamos en la maravilla literaria del “maná” y no nos detenemos a contestar a la pregunta que entraña: ¿Qué es esto?

 

Era una capa de roció que al disiparse dejaba unas escamas, la escarcha nutricia con la que Dios los alimentaba, porque Él no los quería matar de hambre, los quería alimentar en el cuerpo, pero, además, enseñarles el sabor de ser “su pueblo amado”, un pueblo libre de tributar culto a Dios y no esclavizado por las idolatrías.

 

Los nutrió con “pan del cielo” y שְׂלָו [selav] “codornices”, si bien, este pan del cielo sólo es un pálido presagio del Verdadero Pan del Cielo que nos dará Jesús.

 

Sal 78(77), 18-19. 23-24. 25-26. 27-28

Es un Salmo de la Alianza. Aprovecha contar la historia del pueblo elegido, para mostrarnos la fidelidad de Dios respecto de su Alianza, muy a pesar de nuestra infidelidad. Esta historia habría que repasarla una y mil veces, para que todos nosotros, miembros del pueblo de Su Elección, que hemos redundado en flaquezas y desobediencias, tengamos en el escenario de nuestra conciencia que Él, Eternamente Misericordioso, ha tenido a bien, pactar Alianza con nosotros, atento a nuestra fidelidad y nuestro cumplimiento.

 

Este Salmo tiene 72 versos, se han entresacado ocho para la proclamación de hoy, y con ellos se han estructurado cuatro estrofas. Entra en la esfera de “la memoria”, lo que se ha de tener muy en cuenta, porque conforma nuestra identidad de fieles.

 

Cuando renegaban en el desierto, era porque veían que todo estaba perdido. ¿Cómo iba a alimentarlos Dios en el desierto, si como sabemos el desierto es sinónimo de esterilidad y penuria?  Lo que ellos veían con toda seguridad, era que allí, en medio de esa aridez, se cavarían sus fosas.

 

Hoy, en día, parece que tenemos mayor claridad y -aun cuando no siempre actuamos con coherencia respecto a esa claridad- por lo menos somos más dados a contestar: “Para Dios nada es imposible”: Así que Él abrió las “compuertas del Cielo”.

 

Y no les dio una cucharadita pequeña, ¡no!, les sirvió un banquete hasta satisfacerlos a plenitud.

 

Y no solamente les dio pan, también sirvió en el banquete -en pleno desierto- carne. Tantas codornices había, que eran tan incontables, como las arenas del mar.

 

Esta desmandada prodigalidad Divina tendría que servir de enseñanza y experiencia para fortalecer nuestra fe y sabernos abandonar en las Manos del Todopoderoso.  

 

Mt 13, 1-9.



Acoger la Palabra de Dios quiere decir acoger la Persona de Cristo, el mismo Cristo.

Papa Francisco

 

Estamos llegando al final de la primera parte del Evangelio según san Mateo. Esta Primera Parte concluirá cuando Pedro confiese en Jesús al Mesías. (Mt 16, 16). Esta sesión del capítulo 13 solemos llamarla el “discurso en parábolas”.  Unas parábolas se dirigen a la multitud: esta del sembrador, la de la cizaña, la de la red y la pesca; en cambio otras, son más específicamente dadas a los cercanos, a los que van en la barca eclesial, a los discípulos, como es el caso con la del tesoro y la perla. En los versos 3-9 tenemos la parábola del Sembrador. En los versos del 10-17, por qué motivo les hablaba en parábolas, en los versos 19-23 tenemos la explicación de la parábola del sembrador; los versos 24-30 comunican la parábola de la cizaña, en los versos del 31-33 las parábolas del grano de mostaza y la levadura; en el centro, en los versos 36-43 tenemos la explicación de la cizaña -una explicación escatológica-; los versos 44-46 las parábolas del tesoro y de la perla, los versos 47-50 nos traen la parábola de la red. En los versos 51-52, los discípulos son llamados a constituirse en una nueva clase de escribas, no los que se fundamentaban sobre la interpretación rabínica. Y llegamos así al “final de los tiempos” pretéritos (Mt 13, 49), cuando vendrán los ángeles a discernir la pesca, para arrojar los malos peces y recoger los buenos, se trata de la llegada de la nueva edad Evangélica.

 

Jesús está en la barca (que prefigura la Iglesia), y les habla desde ella (se trata del Nuevo Noé -el Único hombre honrado que ha encontrado en esta generación-, que va llenando el Arca para que se conserve la especie (Cfr. Gn 7, 1-3), de los que reciben el Amor de Dios y dan su reciprocidad; es un mensaje dirigido a los que están afuera, para convidarlos (a abordar el Arca). La labor eclesial es la “convocatoria”. No se hace ninguna discriminación sobre los tipos de suelo, siembra esparciendo, aventando la semilla por todos lados. Habrá unos que oigan, habrá otros que prestaran sus oídos sordos como tapias, para negarse a escuchar y recluirse en su rechazo y su desprecio de los tesoros, estos botaran las perlas y pasaran de largo ignorando esos tesoros.

 

La Palabra es semilla, la semilla deviene trigo, con el trigo se hace el Pan, el Pan es la sustancia material que se divinizará cuando se consagre la Hostia, la Hostia es el alimento en que Jesús se nos entrega: el pan-Eucaristico.

 

Recordemos que la Iglesia no reparte frutos, la Iglesia ofrece generosa la Semilla que su Señor le ha entregado. Habrá -sin duda- los que la acepten y vayan a su casa a consagrarse a esta agricultura. Otros dejarán la semilla en algún cajón, hasta que se pudra; estos están despreciando la Infinita Misericordia, quieren quedarse fuera del Arca porque no le creen a Dios que habrá Diluvio -aun cuando ya no de Lluvia- porque Él prometió no volver a este tipo de sanción, y colgó su Arco y sus líquidas Flechas.

martes, 25 de julio de 2023

Martes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

SANTIAGO EL MAYOR (Fiesta)



2Co 4, 7-15

¡Cójala suave! ¡No se estrese! Son recomendaciones que oímos con frecuencia y que suenan muy razonables: ¿Para qué nos vamos a complicar la vida? Y, sin embargo, esa vida muelle decepciona. Cuando rebozamos de comodidad y tranquilidad, pero, a la vez vemos circular la maldad -que campea a sus anchas- nos asalta la inquietud. Y comprendemos que no basta con no hacer el mal, sino que es preciso hacer todo el bien que esté a nuestro alcance.

 

Otra tenaza que nos ponen con frecuencia se refiere al testimonio: ¿Qué tengo yo que ver con ese Jesucristo? ¡Sí, soy cristiano! pero de ahí para allá, en el tema del “testimonio”, en el tema de hablar de Él, eso no es lo mío. Mucho hago que voy a la Eucaristía, pero de ese punto para allá, se lo dejo a los Sacerdotes, son ellos los que se comprometieron; en cambio yo, soy un simple parroquiano.

 

Pero nosotros hemos recibido, directamente, de las Manos de Jesús la Luz de su Gloria para irradiarla, para que otros puedan tener en sus ojos el Resplandor del Rostro de Jesús: La vida del fiel es compromiso, es responsabilidad.

 

En esta parte de la Carta Segunda a los Corintios, se nos propone tener consciencia de que somos portadores (Cristóforos) de la Luz de Cristo. Empezando por reconocer que llevamos ese Maravilloso Tesoro en nuestros débiles cuerpos, que no somos más que pobres “vasijas de barro”. Sin embargo, al lado del reconocimiento de nuestra debilidad se nos descubre una serie de fortalezas insospechadas:

a)    Por todas partes nos aprietan, pero no nos aplastan.

b)    Andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados.

c)    Somos perseguidos, pero no desamparados.

d)    Derribados, pero no aniquilados.

e)    Siempre portadores en nuestros cuerpos de la muerte de Jesús, para que también en nuestros cuerpos se manifieste la vida de Jesús

f)     Expuestos continuamente a morir por la causa de Jesús, y, de este modo, también tenemos la fortaleza y la bendición de Dios para que la Misericordia se trasparente a través de nuestra carne mortal.

Todo esto nos prodiga una férrea convicción: El Padre Todopoderoso que Resucitó a Jesús, se ocupará, Él mismo, de hacernos coparticipes de esa Inefable Gracia de llegar a la Resurrección y nos incorporará sinodalmente a Su Presencia.

 

Quienes son los agraciados que recibirán en herencia la Vida de Jesucristo. Los que escuchen (oigan + pongan en práctica) dándole Gracias y Glorificándolo.

 

Sal 67(66), 2-3. 5. 7-8

Este es un Salmo de Bendición: Nos habla del compromiso y la responsabilidad del anuncio del Evangelio. Este Salmo se inicia con una petición magnifica: “Que el Señor tenga piedad y nos bendiga”. Esto que se pide se pide para un propósito definido, no se pide para usufructuar el don en beneficio propio; se pide para que “conozca la tierra sus caminos y todos los pueblos su Salvación”, es decir, se pide un don para podernos comprometer a fondo en el Misión: Una Misión Evangelizadora.

 

En la segunda estrofa se define el kerigma básico: ¿A qué Dios proclamaremos? A un Dios que rige el mundo con Justicia y gobierna todas las naciones de la tierra con Rectitud .

En la tercera estrofa ve con mirada clarividente que todos los frutos son manifestación de la bendición de Dios; aún más, que el fruto principal y verdadero es esa bendición, que todos los demás dones frutecen en las ramas de este árbol de Bendición. Y, entonces ¿qué haremos? Clamar al Cielo para que Él -generosamente- nos colme de su Bendición.

 

El responsorio pone en nuestros labios el ruego para que el Anuncio llegue hasta el último rincón de la tierra y así, todos, absolutamente todos los habitantes del planeta, vuelvan su corazón hacia el Dios-Salvador nuestro. Es, entonces, un salmo eminentemente ecuménico, de bendición católica, que no reclama la Bendición para tal o tal grupo humano, sino para “todos los pueblos”.

 

Mt 20, 20-28



Jesús nos habla de su estilo. En Jesús se da un profundo cambio de estilo. Hay toda una tradición de despotismo en los que pretenden pastorearnos. Abundan en este gremio los altaneros, los petulantes, los caciques. ¿Cómo es el estilo de Jesús? Es el estilo del “servidor”. ¡Qué cambio tan rotundo! Si queremos llegar al primer puesto hay que estar dispuesto a esclavizarse.

 

Tenemos, sin embargo, una objeción -muy modesta- contra aquellos que pretenden exigir el servicio, la humildad y la devoción para su provecho. Tenemos también nuestro modesto cuestionamiento para los que pretenden “ser Jesús” y exigir para sí, todo honor, obediencia y reverencia. Esta decisión de hacerse “servidor”, es una opción que cada uno tiene que trabajar y procurar, y entregarla “de buena fe” como algo que se le entrega a Dios, y no como deber de hacer genuflexión ante humanos, por muy fieles que sean.

 

Mucha confusión se ha generado cuando se ha pretendido hacer del Evangelio una fuente de prestigio, reverencia y poder. Esto no sólo le ha ocurrido a la madre de los Zebedeos. Allí se vio un caso de mesianismo tergiversado: claro, si Él iba a ser el Mesías, pues, había que aprovechar, cuando se sentara en su muy real trono, que empezara los nombramientos ministeriales poniendo a sus hijos en los dos cargos principales (¿ministro de gobierno y ministro de asuntos económicos?). Ella se los “entregaba” de muy buena gana, pero eso sí, que los nombramientos no se hicieran esperar. Parece natural -y quizás lo es- que toda madre ansíe para sus hijos los puestos principales.

 

Nótese que los otros discípulos se enojaron, no por la torpe petición, sino porque esos puestos ya estaban reservados para ellos. Ellos pretendían tener ya -por los menos- media nalga sino a la derecha, por lo menos en la silla de la izquierda, no con tanta autoridad, pero bueno, el tercero en el reino, no estaba nada mal.

 

Tampoco podemos olvidar, eso sí, que un enfermo, un triste y abatido, un caído a la vera del camino, o un necesitado, es una “aparición” de Jesús ante nosotros, y, ahí sí, todo el honor, la caridad y el cuidado. Será la oportunidad de actuar con samaritanidad, y hacernos prójimos de Aquel.

 

Observemos que dice al final de la perícopa, en el verso 28, λύτρον ἀντὶ πολλῶν [litron anti pollon] en “rescate por muchos”.

lunes, 24 de julio de 2023

Lunes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario



Ex 14, 5-18

El sábado, cuando celebramos la Fiesta de Santa María Magdalena, tendríamos que haber leído la perícopa del capítulo 12 del Éxodo, los versos del 37 al 42. Donde se cuenta que salieron -de Ramsés hacia Sucot- aproximadamente seis cientos mil, a pie, sin tener en cuenta los niños. Érase una muchedumbre -en desorden- llevando gran cantidad de ganado, ovino y bovino. Salieron mal preparados, no llevaban provisiones, y el pan que llevaban lo convirtieron en tortas de pan ázimo. Llevaban ya cuatrocientos treinta años, en Egipto, y en la misma fecha en que los completaron, salieron de Egipto toda esa צָבָא [tsabá] “masa de personas”. Aquella noche el Señor estuvo velando por los suyos, por eso se instituyó entre el pueblo judío, guardar en vela aquella noche por todas las generaciones sucesivas.

 

En la perícopa de hoy, nos saltamos hasta el paso del Mar Rojo: Cuando le notificaron a Faraón que los israelitas habían huido, nuevamente se arrepintió, pues vinó a caer en la cuenta que ya no los tendría bajo su yugo de explotación. Faraón mando que le aprestaran su carro de combate, tomó seis cientos carros de combate de los mejores y más equipados y se lanzó a perseguirlos. Mientras el pueblo hebreo avanzaba pesadamente y al verse perseguidos y que ya les pisaban los talones, se dejaron desconsolar por el temor y empezaron a recriminar a Dios diciéndole a Moisés si era que en Egipto no habían tumbas que él los había sacado para venirlos a sepultar en el desierto. Por eso era que, estando en la servidumbre en Egipto le decían: No se preocupe por nosotros y déjenos conformarnos con nuestra condición.  ¡Triste y descorazonadora condición cuando se cae en la resignación y se pierde la dignidad de hombre libre! Cuando nos conformamos con los grilletes, perdemos la condición de hijos de Dios. Él sólo recibe con agrado el culto de los libres.

 

El Señor, por medio de su emisario, les trasmite un mensaje de aliento: ¡A esos egipcios que hoy les inspiran miedo, no los volveréis a ver!

 

El poder de Dios se ejerce por medio del Bastón de Moisés. Bastará que lo levante para que el agua les abra paso. La gloria de Dios Liberador se dará a conocer a ambos lados, y los egipcios también verán cernirse sobre ellos la Infinita Misericordia para con los que Él ama.

 

Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6

Los versos 1-18 del capítulo 15 del Éxodo, son un himno, un canto que entonaron los israelitas. En el verso 19 se nos presenta una síntesis de la motivación de este Cantico: “Cuando el caballo de Faraón y su carro y sus jinetes entraron por el mar, el Señor volcó sobre ellos las aguas del mar; en cambio, los israelitas atravesaron el mar a pie enjuto”.

 

El cantico concluye con un cierre muy significativo: «El Señor reina por siempre jamás». (Ex 15, 18). Esta perícopa que se proclama hoy, toma los 6 primeros versos para componer 3 estrofas:

 

Primera estrofa: Moisés canta reconociendo que no es su poder el que obra, que su victoria proviene de Dios, arrojando al mar los caballos del Faraón, se ha cubierto de Gloria, entonces, ¡a alabarlo se ha dicho!

 

En la segunda estrofa: con este desenlace descubre en Dios un Verdadero Guerrero, que ahogó en el mar a los más adiestrados capitanes (oficiales superiores) del ejercito faraónico y los llevó hasta el fondo, como si de piedras se trataran.

 

En la tercera estrofa se ensalza la Fuerza de la Mano Divina, reconociendo el Tremendo Poderío del Brazo de Dios, trayéndole a su pueblo la victoria que destruye al enemigo.

 

El verso responsorial es la introducción del Cantico que pronuncia Moisés: “Cantaré al Señor, gloriosa es su Victoria”.

 

Mt 12, 38-42



Podríamos arriesgar la interpretación de pensar que durante el Primer Testamento Dios obro prodigios y multiplicó sus portentos. Un paso más y nos aventuramos a afirmar que nosotros, los seres humanos, su pueblo elegido, sus hijitos-queridos, nos mal acostumbramos a tener todo Su Poderío a nuestra disposición. Él ve la necesidad de que maduremos, salta a la vista que nos estamos convirtiendo en niños caprichosos y mimados que, por eso mismo, no asumimos nuestras responsabilidades. Las pruebas que buscamos sólo son para fanfarronear ante nuestros amigos, y no para vivir en conformidad con ellas.

 

Ha llegado el momento que Él se plante en su lugar y con firmeza se niegue a seguirnos el juego. Ya no se nos dará más portentos, tendremos sólo in “signo” grandioso, el Hijo bajará al vientre del cetáceo (monstruo marino), como siempre, el mar en aquellas culturas -especialmente para los hebreos- era la vivienda de los poderes malignos. Por analogía es bajar al שאול Sheol. Jesús bajará a la muerte durante tres días con sus respectivas noches, ahí está nuestra “prueba”, la que tanto pedimos.

 

Pero esta incredulidad empecinada tendrá su precio para nosotros, porque hemos dudado peor que los Ninivitas, ellos cuando recibieron el anuncio, a pesar de su paganismo, se entregaron a una conducta francamente penitencial y realizaron actos de “conversión”; nosotros -por nuestra parte- seguimos estancados en el rechazo y la incredulidad.

 

Se nos cobrará un altísimo precio por la desconfianza y la duda, por no aceptar a Jesús, mucho mayor que Salomón que fue tenido por muy sabio, -el más sabio de todos los hombres- pero de nada le valió tanta “sabiduría” porque sucumbió a la idolatría, y se apartó de la senda a la que lo había llamado su Dios y Señor.

 

Carísimo será el precio si se toma por referencia la reina del sur, porque ella vino desde semejante distancia “buscando” la Sabiduría, y el que busca ser sabio se engrandece con su honesta búsqueda ante los ojos de Dios. Téngase en cuenta que los que han venido pidiendo pruebas y portentos, son los escribas y los fariseos, falsos buscadores de la Verdad, pero auto-engañados porque buscan donde no lo podrían encontrar, y se ponen unos lentes que les deforma la visión, tal que, aun teniéndolo frente a sus narices, no lo pueden ver: Esta es la falsa búsqueda, la que no quiere encontrar, sino hacer creer que “busca”, y exhibir sus falsos resultados para engatusar a los demás. Es la “sabiduría” de los que posan de “sabios” pero no les interesa “hallarlo”, sino esconderlo, desacreditarlo, desautorizarlo. Es la búsqueda deshonesta.

domingo, 23 de julio de 2023

PLEGARSE AL RITMO DE DIOS

 


Sb 12,13.16-19; Sal 86(85),5-6.9-10,15-16a; Rm 8,26-27; Mt 13,24-43

 

El mal no perjudica el bien, sino que colabora a su pleno triunfo: no es para la perdición sino para la salvación. Realmente todo coopera al bien… El mal no es originario, sino parasitario.

Silvano Fausti

 

A mí me encanta cuando el propietario dice a sus servidores que no tengan prisa y que dejen que la cizaña crezca con el trigo.

Helder Câmara

 

Este Domingo XVI del ciclo A, del Tiempo Ordinario, gira en torno a la justicia. Pero la idea de “justicia” hay que ponerla en contexto bíblico, porque no se trata de la justicia que llamamos “ley del embudo”, no es, tampoco, –como siempre insistimos- una justicia de carácter retaliativo, lejos de Dios toda expresión de rencor, que por definición de su Divinidad, le es ajena. En las Lecturas de este Domingo se entrecruzan hilos de Perdón, Misericordia, Espíritu y siembra de la buena y de la mala semilla. En la dialéctica del entretejido de esas hebras sale a resplandecer el concepto de Justicia. Analicemos como se traban estas fibras para entregarnos su “Revelación”; procuremos adentrarnos en el Misterio del Tiempo de Dios, “hágase tu Voluntad” tiene que ver con esa armonía entre lo que queremos hacer para la mayor Gloria de Dios y el momento de hacerlo; no basta preguntarle a Dios que quiere que hagamos, también tenemos que estar atentos a descubrir cuando quiere que lo hagamos y tratar de cumplirlo ni antes, ni después.

 

Del Libro de la Sabiduría

Para la Primera Lectura, la perícopa que leemos este Domingo, proviene de la tercera sección de este Libro, donde se habla de la Sabiduría Divina manifestada a través de los aconteceres históricos del pueblo escogido (capítulos 10-19), La primera parte se ocupa de distinguir cómo actúan los buenos y los malos, señalando que –al término- serán juzgados por Dios revestido de su “armadura” de justicia; la segunda parte, nos propone como proyecto de vida, la búsqueda de la sabiduría; y, finalmente la tercera, señala que la Sabiduría dejó el Cielo para venir a habitar en el cronos, en la dimensión que nos es propia, la de la temporalidad. Entremos en el contexto de esta perícopa, donde se nos dice que Dios “aborreció a los antiguos habitantes de Canaán” porque se dedicaban a la magia y practicaban rituales donde se comía órganos y hasta sangre humana y se sacrificaban niños. Pese a eso, Dios no los aniquiló de repente, sino poco a poco, para darles oportunidad para el arrepentimiento.



Aquí encontramos un tesoro de Revelación: la explicación del poder de Dios. Normalmente visualizamos el poder –desde nuestra óptica humana- como “fuerza”, como autoridad de dominación, como capacidad hegemónica para someter. En cambio, el poder omnímodo de Dios  “precisamente porque dispones de tan gran poder, juzgas con bondad y nos gobiernas con gran misericordia, porque puedes usar de tu poder en el momento que quieras.” (Sb 12, 18). «Precisamente porque puedes hacer cuanto quieres podrías atropellarnos, podrías pisotearnos, podrías torturarnos, podrías tratarnos cruelmente; pero no, precisamente porque puedes hacer lo que quieres, nos amas, porque tienes los recursos para ser misericordioso y esperar que los hombres vuelvan al buen camino.»[1] Así, teniendo “tan gran poder”, no tiene ninguna premura en ejercerlo, no lo desata de buenas a primeras, sino –por el contrario- nos da largas, como lo dice en el verso de Sb 12,10, “para darles oportunidad de arrepentirse”. Él no se arroga –porque no lo necesita, porque está por encima de las arrogancias, de las apariencias, de la prepotencia- demostrar ese poderío; sino que da prioridad a la bondad y al perdón. Así podemos, en consecuencia, reconocer la omnipotencia de Dios como justicia, bondad y perdón, lo cual es todo lo contrario de nuestra comprensión del poder que tiene prisa en aplastar, explotar, oprimir y subyugar.

 


¿Qué nos enseña Dios con esta, su manera de actuar? ¿Cómo debemos obrar nosotros –los que aspiramos a ser llamados justos- si así obra nuestro Padre Celestial? (recordemos que en el contexto judaico lo que ellos denominaban “justo”, es lo que nosotros llamamos santo). “El hombre justo debe ser bondadoso”. Ahí tenemos la respuesta, y esa respuesta nos lleva al eje que hemos propuesto: Justicia compasiva, no retaliativa; justicia misericordiosa, no vengativa. Pero no se queda ahí la enseñanza que recibimos, a esta enseñanza se añade la que el texto llama “una bella esperanza”: La oportunidad que tenemos de arrepentirnos de nuestros pecados. (Sb 12, 19c).

 

La plegaria de David

Los Salmos y los Profetas, en diversas oportunidades nos advierten que Dios es un Dios “lento a la cólera y rico en clemencia” que no ansía la perdición sino que es Generosísimo en perdón y su Misericordia está siempre ahí cerca del pecador arrepentido. Teniendo esto en mente, podemos comprender mejor lo que Dios espera de nosotros: No buscar que nadie se pierda sino abrir, nosotros también, nuestro corazón para que todos se salven.

 


En esta oportunidad, el salmo responsorial es “La plegaria de David” nos encontramos, allí, con la siguiente afirmación: “Dios entrañable y compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, … [abundante en fidelidad a la Alianza y verdadero]” (Sal 85, 15). Esos dos rasgos nos revelan dos precisiones del Perfil de nuestro Padre del Cielo, ya en los versos 5-6, con los que abrimos el Salmo responsorial de hoy, nos encontramos con dos revelaciones:

a) כִּֽי־אַתָּ֣ה אֲ֭דֹנָי טֹ֣וב וְסַלָּ֑ח וְרַב־חֶ֝֗סֶד לְכָל־קֹרְאֶֽיךָ׃ Tú Señor, eres bueno y perdonas

b) eres todo amor con los que te invocan (observemos que nuevamente se repite la expresión que alude a la fidelidad con lo pactado: חֶ֝֗סֶד. Esta Hessed (bondad amorosa), se nos dice, es amor, porque Dios es Amor).


 

Fidelidad significa, entonces, que ¡Dios mantiene su Alianza con el hombre! ¡No la quebrantará jamás!

 

La epístola

Seguimos en la Carta a los Romanos. Hoy tenemos una idea muy importante para entender nuestra existencia insertada en la trama histórica. En un continuo histórico de siglos y siglos, generaciones y generaciones, nosotros somos pequeños como hormiguitas, muchas veces nos visualizamos simplemente como un número: un número de turno en la fila de atención, un número de identificación, un número en la lista del aula, un número en la seguridad social que si no está debidamente codificado y con cuota al día, ni  siquiera recibirá atención y se le dejará morir sin asistencia.



 

¡Y en ese “inextricable” nos vemos insignificantes! Muchas personas dicen y verdaderamente se ven menores que “un cero a la izquierda”; asistimos a una desvalorización de la persona humana tan curiosa como peligrosa que se puede explicar como parte de un proceso de alienación que nos convierte en seres manipulables: Si realmente soy tan insignificante y lo que yo haga no vale nada y no implica nada ¿qué más da si hago “a” o si hago “b”? y si opto por vida o muerte ¿eso qué puede importar? Esa devaluación de la persona abre las puertas del individualismo más solitario, a la vez que al relativismo más recalcitrante; pero, lo que nos parece más grave todavía, desemboca en una inmoralidad desesperada: si todo es relativo ¡todo vale nada y el resto vale menos!

 


Si soy sólo yo y sólo yo valgo y sólo mi opinión tiene “valor” quedo reducido a nadie, porque los demás no me importan, porque los demás no valen, porque los demás no existen. ¡A mí qué me importa si al otro le duele o lo que le pasa, si sólo yo soy! Si me hablan yo no oigo, no atiendo, y tengo la impresión de que sólo lo que yo hablo, tiene importancia, y el otro piensa lo mismo, así vamos a parar a diálogos de sordos, donde todos hablan y nadie escucha. Quedamos reducidos a seres a-sociales, pero –aún peor- si no tomo en cuenta a los demás –automáticamente- mi asocialidad se convierte en anti-socialidad porque mis actos y mis decisiones dañan a otros pero yo me hago el que no se da cuenta, que el otro no existe o, por lo menos, que si existe a mi qué me importa (¿Soy yo acaso el guardia de mi hermano? (Gn 4, 9c)). Vayamos de regreso al Libro de la Sabiduría, donde casualmente el capítulo 12 inicia con la siguiente exclamación: “Porque en todos los seres está Tu Espíritu Inmortal”.

 


Ese Espíritu que nos inhabita,…Él no nos creó para que nos perdiéramos; y, en ese Proyecto Salvífico se incluyó Él mismo, comprometió lo que Él más ama. Como un padre o una madre no dudan en dar una parte de sí mismos, un órgano y hasta su propia vida, así Dios Padre decidió entregar a Su Propio Hijo Jesucristo Nuestro Señor para redimirnos. …“somos  insignificantes e intrascendentes” ¡Eso quiere el Malo que creamos para sumirnos en la impotencia, para que no hagamos nada o lo que es más destructivo, para que torzamos el camino y obremos en contra de “lo que debemos”! (Una de las patrañas del Malo ha consistido en inculcarnos una reacción alérgica contra todo lo que nos suene a “deber”, su slogan es “lo único que tengo es que morirme”, no es raro, porque él sabe que ya está muerto).


 

¿Cuánto valemos, cada uno de nosotros, para que Dios se la hubiera jugado toda por nosotros? El Espíritu que está en nosotros y por ser Espíritu de Dios si tiene la Sabiduría necesaria que brota de conocernos hasta la médula, Él sí sabe lo que pide y sabe pedir, podemos estar seguros que pide exactamente con un pedido “hecho a la medida”. En medio de nuestra obnubilación de pecadores no entendemos el idioma Celestial con el que habla el Espíritu, para nosotros son simplemente “gemidos inefables”. En eso consiste la inhabitación por el Espíritu: Precisamente valemos tanto porque Dios despliega toda su “Hessed” en favor nuestro. Cuando se dice que somos un pueblo escogido se debería añadir: Somos un pueblo que Dios se ha escogido para amarnos. ¡Y en verdad que nos ama!

 

¡Hay que dejar que la cizaña “conviva” con la semilla buena!

Seguimos en la línea del Reino de Dios. Hay una continuidad entre la parábola del Domingo anterior y las de hoy. Se trataba de un sembrar, de un sembrador y de un sembradío. Vimos con sorpresa el Domingo pasado cómo siembra Dios, no usa las altas tecnologías de maximización del beneficio. Él siembra aventando la semilla a diestra y siniestra sin preocuparse si habrá despilfarro de la semilla, sin entrar en cálculos previos de eficiencia en el sembrado. Él no aplica ningún tipo de discriminación, lo hemos visto sembrar entre cardos y abrojos, entre piedras y en terreno áspero. ¡Sorpresa! Muchas veces, esa semilla -la menos favorecida por el tipo de terreno en que cayó- ha cargado más de treinta, más de sesenta, más del cien por ciento.

 


Cuando alguien cultiva, no está exento de las envidias; no nos debe extrañar que algún vecino “malvado” quisiera venir a perjudicar los cultivos y viniera a sembrar cizaña entre la “semilla buena”. Claro que el enemigo no obra abiertamente, aprovecha la oscuridad y viene de noche “mientras los trabajadores duermen” (por eso en varias partes Jesús nos recomienda que velemos y estemos alertas, y en otra parte - nos reprochaba que no pudimos velar ni una hora con Él Mt 26, 40b). ¿Qué hacer con la cizaña?“¿Quieres que vayamos a arrancarla?” preguntan los discípulos. Siempre hemos intentado separar, segregar, discriminar, descartar, ir a arrancar precipitadamente lo que el enemigo intruso vino a plantar; pero Jesús nos corrige, ¡Dejen que crezcan juntas!

 

La justicia consiste en dar a cada uno según sus merecimientos. Pero nosotros somos débiles, y el Señor nos conoce mejor que nosotros mismos.  Para el Señor, que tan perfectamente nos conoce, no es ninguna sorpresa el que los débiles sean débiles, el que la arcilla sea arcilla. Él lo sabe estupendamente bien, porque nos ha creado, porque nos sigue a cada instante. Lo sabe. Sabe que en esta tierra de los hombres hay mucha más debilidad que malicia. Que, en la raíz, lo que hay sobre todo es debilidad. Y el Señor nos ve siempre por la raíz…[2]

 

La paciente espera frente a la cizaña que crece entreverada con el trigo proviene de la Paciencia Misericordiosa de Dios con los pecadores, a quienes da abundante plazo para corregirse, el plazo también es Gracia y nuestra paciencia es hija de su Misericordia; la parábola de Jesús explicita mucho mejor la Misericordia: “al arrancar la cizaña puede llegar a ocurrir que también arranquemos {ἐκριζόω}[3] el trigo” (Mt 13, 29).

 

¿Qué debemos hacer? ¡Vivir reconciliados! Permitir la coexistencia, no pasivamente, no dejando a la cizaña crecer a sus anchas, sino oponiéndole resistencia. Hay que velar y resistir: A esta perseverancia la podemos catalogar de resistencia activa. ¡Ojo! No podemos permitirnos una resistencia pasiva, no podemos abandonarnos al dolce far niente, el tema de la fe no es el tema de la modorra y la pereza ¡Hemos de ser diligentes!

 

La resistencia está conectada con los “ritmos de Dios”. Uno de nuestros aprendizajes está orientado a sincronizar nuestro reloj vital con el Reloj de Dios. Hay que ajustarse a la “cadencia” divina. Nada de desespero, nada de angustias, paciencia (no pasividad). Vienen entonces dos parábolas breves que ilustran este tema: Cuando se siembre la semilla de mostaza, aun cuando sea minúscula llegará a ser arbusto habitable para pájaros, no para uno sino para una pluralidad de ellos (Comunidad), puesto que el arbusto no será diminuto, sino de amplio ramaje. Pero de semilla a arbusto hay un tiempo, el tiempo de Dios, tiempo de paciencia, de espera vigilante. Otro tanto pasa con la levadura, se mezcla con el triple de harina, y -los panaderos lo saben- ¡no hay que meterle prisa sino concederle su tiempo!

 

Hay una razón muy profunda para esta benevolencia paciente, nadie puede presumir de santidad, ni siquiera los que después serán canonizados, la vida es una oportunidad maravillosa para vivirla en perfección, procurando enderezarnos a diario del barro; y, Tampoco nadie es perfecta e irreversiblemente malo que no merezca la coyuntura de abandonar ese pasado y hacerse a un proceso de metanoía. Ese es el trasfondo de Su Misericordiosa Paciencia.

 

«Jesús quisiera que fuéramos como Él. Esto significa dejar el puesto del conductor y dejar que el plan de Dios se desarrolle, desempeñando nuestra pequeña parte con iniciativa y energía, nunca asignándonos ni por un momento el papel del supervisor, que pertenece sólo a Dios. Es el Reino de Dios, no el nuestro; apenas sembramos y regamos, pero es Dios quien hace que las cosas crezcan (1Co 3, 6).»[4]

 

 



[1] Romero, Oscar Arnulfo HOMILIA XVI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (23 de julio de 1978)

http://www.servicioskoinonia.org

[2] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER Ed. Sal Terrae Santander–España. 2ª ed. 1985 p. 107

[3] Quisiéramos llamar la atención sobre el verbo griego ἐκ-ριζόω (sin raíz), arrancar por la raíz, quitarle la raíz; quitarle la raíz al trigo, en el contexto de la parábola, nosotros lo entendemos como privarlos de su fe; si arrancamos la cizaña, ¿qué creyente podría sostenerse en su fe? o ¿quién podría sentirse atraído por una religión así?, sería un “anti-testimonio.

[4] Casey, Michael. PLENAMENTE HUMANO PLENAMENTE DIVINO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2007 p. 113.

sábado, 22 de julio de 2023

SANTA MARÍA MAGDALENA

 


A veces - las gafas para ver a Jesús son las lágrimas

Papa Francisco

Cant 3, 1-4a

Así como para un hombre, es esencial la Presencia de su Amada, también para una mujer es fundamental que el hombre, al concluir su jornada laboral, fuera de casa, retorne a su hogar y la mujer cuente con la presencia de su amado.

 

La mujer que presenta el relato en el Cantar de los Cantares, cae en la angustia cuando -al caer la tarde- el Amado no llega al lecho nupcial. No podía quedarse en su tálamo vacío, así que va en su búsqueda, y se encuentra a los vigilantes que cumplen su ronda por las calles, hecho que la Amada aprovecha para inquirirles si lo han visto, si conocen su paradero.

 

Tan pronto pregunta a los guardias, lo encuentra. Ah! Qué dicha, qué descanso, ¡qué alegría!

 

Al Amor no se conforma con la ausencia. El Amor busca sin tregua, hasta que encuentra.

 

Sal 63(62), 2.3-4.5-6.8-9

Este es un Salmo del Huésped de YHWH. El salmista canta un ruego para alojarse en la recámara de Dios-Su-Señor. Este salmo habla de un anhelo de comunicación profunda, intensiva con Dios. Habla de un dialogo de profunda comprensión, donde los más finos sentimientos de Ternura, tienden un puente de acercamiento, de intercompenetración. El orante se funde con su Señor.

 

De sus once versos se han tomado siete para configurar la perícopa, y con ellos se han organizado 4 estrofas:

 

Igual que en el Cantar de los Cantares, empieza enunciando la “sed” que experimenta y la compara con la sed que tiene la tierra en tiempos de sequía.

 

Y, se remite a una experiencia que ha tenido en el Santuario de darse cuenta que, la Gracia que proviene de Dios es más valiosa que la vida misma.

 

Las cosas fritas en grasa, por ejemplo, en manteca, son deliciosas, por ejemplo, un “gordito” asado, es un recreo para el paladar. En la tercera estrofa se refiere al contacto y la cercanía con Dios, comparándola con la dicha y goce de un paladar que se satisface comiendo “chicharrón”. Tal vez parezca muy prosaica la comparación, pero es una comparación “gourmet” para aquella cultura.

 

En la cuarta estrofa explica cómo es esa compenetración: el intenso amor a Dios por parte del salmista, que se siente cobijado por la protección de la Propia Ala de Dios y sostenido por la Mano-Poderosa, la Mano-Derecha-de-Dios.

 

Jn 20, 1.11-18

La Iglesia agradece por todas las manifestaciones del "genio" femenino que aparecieron a lo largo de la historia, en medio de todos los pueblos y naciones, gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad: agradece por todos frutos de la santidad femenina.

Juan Pablo II

 

La resurrección, un “fenómeno” histórico, que, a falta de testigos o registros fílmicos, no podemos “historizar”- se constituye para los Discípulos en un proceso. Algo que se va produciendo en el corazón paulatinamente, y que sólo al cabo de su “digestión” -no en el estómago sino en el corazón- se asimila. Tal “asimilación” está muy lejos de ser una comprensión, es más bien una “experiencia” que alcanza nuestro ser, y se instala como “Columna Fundante” de nuestra existencia.


 

Para la Magdalena esta experiencia inicia cuando ella va a terminar de enterrar a su Amado Maestro, el Primer Domingo después de su muerte. Ni siquiera ha “clareado”, la oscuridad sigue teniendo su dominio. Hay dos ángeles, son dos testigos, porque lo que declaraba una mujer no tenía validez testimonial, a menos que hubiera, mínimo, dos testigos que la avalaran. Pero podemos asimilarlos a los Querubines de la tapa del Arca del Sancta Sanctorum.

 

Ella llora ante el no-hallazgo del Amado, cumpliendo la profecía del propio Jesús que en el Capítulo 16 de este mismo Evangelio, augura que lloraremos, pero nuestro llanto se trocará en dicha jubilosa y ya nadie podrá sustraérnosla (Cfr 16, 22b-23a).

 

Ella lo confunde con el “hortelano”, y no está distante de la Verdad, porque Él es el Dueño y Señor del Huerto Primigenio, del Jardín del Edén. Cuando lo llama Rabbuni, le está diciendo “Esposo” (una de las acepciones de esta palabra aramea), y también le está diciendo “Maestro Supremo y Jefe del Sanedrín” (que es la otra acepción, de las tres básicas que tiene Rabbuni).

 

En vez de afanarnos por atribuirle a Jesús amores a la manera humana de hombre-mujer -ahí estaríamos proyectando en Él nuestra propia imagen, y nuestras propias necesidades; y, lo más grave, bloqueando la comprensión del Amor de Dios que nos ama -ahí sí- como un ser humano ama a su Amada; entendamos que aquí se están dando las imágenes que nos retratan-a nosotros fieles suyos- como Iglesia-esposa que adora a Jesús-Esposo.

 

Al iniciar la perícopa, la Magdalena busca un muerto para ungirlo con mirra; el terminar, Ella se hace Apóstola que proclama que su Amado está Vivo. 

viernes, 21 de julio de 2023



Ex 11,10-12,14

Ya les había predicho Dios que permitiría que Faraón se pusiera terco y se negara a dejarlos partir: y era obvio, no iba a perder la mano de obra y los impuestos que les cobraba a los hebreos, así como así; a veces pensaba que podía evitar tanta protesta y tanto reclamo y quitarse de encima a Moisés y su Combo -Aarón y los ancianos del pueblo israelita- pero, tan pronto se acordaba de lo que se perdería, automáticamente, daba marcha atrás y plantaba su negativa.

 

¡Atención! Pongamos los cinco -o más, todos nuestros sentidos- en este proceder de Dios: atención porque Él no empieza preparativos bélicos, no adiestra a sus tropas en el uso del arco y otros armamentos, no los arenga, no se detiene en aspectos del entrenamiento de tropa y combate; Él establece una “Fiesta”, estipula los pasos de una liturgia, señala un ejercicio cultual, que logra solidificar a un pueblo que padece, con Su Dios Poderoso que los acompaña y los dirige. ¡No es Moisés! Es Dios quien va al frente, es Dios el que lleva a Moisés ante Faraón y lo hace sentir cumplidor del Mandato Celestial de hacer conforme Dios le ha dicho. Notemos que nada de esto es una iniciativa de Moisés -al contrario- si por él fuera, no haría nada de esto; Moisés contribuye con su “obediencia”, pero todo esto acaece conforme Dios lo quiere. Dios les adiestra el corazón.

 

El entrenamiento que Dios da a su pueblo es una liturgia. No los capacita fortaleciendo sus músculos o sus habilidades para la ofensiva; les infunde en el corazón, la liturgia, que es una “vitamina” para el corazón- Dios los entrena, los capacita con la “Liturgia de la Pascua” Dios les indica todos los detalles de la celebración Pascual: פֶּ֥סַח ה֖וּא לַיהוָֽה [Pesaj ju Yahweh] “es la Pascua del Señor”.

 

Y, se ha de leer muy atentamente -a detalle- porque este ritual inspira y está a la base de nuestra celebración Eucarística. Cada cosa, cada mínimo aspecto, conlleva un profundo significado de Alianza y de establecimiento y voluntad de cumplir, de parte y parte; en cada pormenor se alberga una Amorosísima particularidad de esta Amistad tan maravillosa que nos envuelve, que nos cobija, que nos dona Dios como respuesta a nuestros clamores.

 

Observen que mientras ellos están acatando el ritual que Dios les prescribe, quedando como protegidos por el escudo sacrificial, el Señor, afuera, está pasando con su Poder-que-extermina-la-maldad. Esto lo tendremos que celebrar siempre, de edad en edad, por todos los siglos, como dijo Jesús: “Haced esto en memoria mía” (Cfr. Lc 22, 19).

 

Sal 116(115), 12-13. 15-16. 17-18

FELIX CULPA

Salmo Eucarístico, es decir, de Acción de Gracias. Este Salmo tiene 16 versos, se toman 6 de ellos para la perícopa que se proclama hoy: Con esos seis versos se estructuran 3 estrofas.

 

La primera nos habla del brindis Eucarístico, la que llamábamos “la Elevación”: se nos presenta la Copa de la Salvación, y se pronuncia la Doxología -que corresponde al Presidente proclamarla- y a la cual nos unimos con el Gran Amén. La Doxología contiene el Nombre del Señor pronunciado en su Trinidad Santísima.

 

Segunda estrofa: Si a Dios le duele tan intensamente la muerte de uno de sus fieles, ¿cuánto habrá de dolerle la muerte de su Hijo? ¡Pero nada escatimó por nuestra salvación!

 

¿Oh Feliz culpa que mereció tal Redentor!

 

El voto que sella nuestra Alianza es el compromiso de “Hacer esto en su Memoria”, es decir, una Celebración Memorial. Pues cumplámoslo, como dice la tercera estrofa: “Cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo”. Recalquemos este carácter celebrativo de la Asamblea Eucarística, no es un rito privado, un gesto intimista, es “congregarnos”. A veces al poner la palabra celebrar, anteponemos un significado de alegría, de festejo, pero, el sentido primigenio de la palabra “celebrar” es el de reunirnos comunitariamente, sinodalmente: del latín celebrare visitar un lugar, un santuario, por ejemplo, en gran número; acudir en gran tropel.    

 

Mt 12, 1-8



El núcleo de esta perícopa es la expresión del profeta “Misericordia quiero y no sacrificio” (Os 6, 6). En este texto Jesús vuelve a señalarse como Templo, lugar cultual. Jesús es nuestra “Casa de Culto”, en Él celebramos, a Él acudimos.

 

Él no nos dice: “abajo la Ley”. No nos dice: “Abajo la Palabra”.  Lo que hace es mostrarnos que la Escritura hay que entenderla holísticamente, no a “retazos”. Que la verdad de su mensaje es textual, o sea que está entretejida, que no se puede desmenuzar en fragmentos, porque como bien sabemos, a punta de fragmentos se puede demostrar inclusive lo contrario de lo que dice el texto (del latín, textum: tejido).

 

Muchas veces sujetamos un fragmento de la Palabra para convertirlo en macana quiebra cráneos; e incurrimos en fundamentalismo sectario. Tampoco, vamos a caer en el otro extremo, que cada cual interprete lo que se le ocurra, y proponga como palabra Divina lo que sólo es producto de una lectura defectuosa o distorsionada, o de un sesgo mal intencionadamente tergiversado.

 

Quisiéramos redondear estas ideas sobre Jesús-Pascual que nos libra de la rigidez de una palabra esclavizante, y nos entrega una Verdad vitalizante, citando el Sermón 155,6 de San Agustín: «“Las lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos y así comenzaron a hablar en lenguas diversas según lo que el Espíritu Santo les inspiraba”. Escuchen esta lengua que habla y, comprended que es el Espíritu que escribe, no sobre piedra, sino sobre el corazón. Así pues, la Ley del Espíritu de Vida, que es Jesucristo, en el cual la Pascua ha sido celebrada con la plenitud de la verdad, nos ha librado de la ley, del pecado y de la muerte». Ya no será más un culto de derramamiento de la sangre de las pobres bestias del ganado ovino, ahora, se ha llevado a término el Sacrificio Magno del Cordero de Dios, Sacrificio definitivo y de una vez por todas, que nosotros rememoramos en cumplimiento de Su Precepto.