lunes, 1 de junio de 2026

Martes de la Novena Semana del Tiempo Ordinario

 

2Pe 3, 12-15a. 17-18

Cuando encontramos la expresión por los siglos de los siglos, uno cae en la cuenta que el proyecto de Dios, su Economía Salvífica, son “un Gran Proyecto”. Es que uno a veces limita el asunto a su familia, a su barrio, a su país, … pero cuando uno ya piensa en “el Mundo Entero”, y a eso le añade, que no es por los que los que habitan hoy, sino que se trata también de las personas que han vivido desde Adán hasta nuestros días y a eso añadimos el tema de las que “vendrán”, entendemos que esto no es un proyecto de “pasatiempo”, no es un cuadernillo de sudokus, para distraerse; sino que es un Proyecto, verdaderamente, a Escala Divina.

 

La perícopa de hoy toca el tema del “Día de Dios”, lo que muchos en lengua común llaman el “día final”, cuando los Cielos se derretirán en un incendio voraz y todos los elementos quedarán flambeados (y no con soplete de repostería). A muchos, que viven afiebrados con el ansia de llegar a la última página del libro, les afana que eso sea para ya, (hay gente que hace trampa, no lee todo el libro, sino que, se saltan y van directo a la última página, y como las páginas finales están selladas, en cuanto a la fecha y momento precisos, entonces salen con sus parlantes a ensordecernos con el anuncio de “lo que se imaginaron”, y cada vez que alguien arma una fogata, para ellos es el “incendio definitivo”), bueno, ¡hay que darles margen a los impacientes! Bendito y alabado sea Dios que no sufre de esas premuras.

 

Dice en la perícopa que nos ocupa que en aquellas comunidades el tema estaba a la orden del día, y la gente le daba vueltas a qué tanto faltaría y qué tanto quedaría aún del “foforro”. Lo “esperaban y lo apresuraban”.

 

Antes que nada, hace una corrección de enfoque: Nosotros no aguardamos la última página, sino que estamos trabajando en la preparación de la “secuela”. Y proclamamos su lanzamiento: “Unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia”.

 

Pues bien, esta precisión es definitiva para nosotros, los que nos declaramos discípulos de Jesucristo, porque, si bien no tenemos que descubrir el cómo será, si tenemos que decidir lo que haremos mientras tanto. Hacia allí apunta la Carta que estamos leyendo. A contestarnos como asumiremos la “tardanza”.

 

El Tema de cómo terminará la Novela corresponde al Autor, a nosotros nos toca leer con atención y saberla disfrutar, aprovechándola al máximo y tener en cuenta que esta dilación es feliz oportunidad para que lleguemos a la Salvación nosotros y “muchos”, porque esa relativa tardanza es “tiempo propicio” para que tantos y tantos redirijan su arco y disparen la flecha, con la Santa Intención de llegar al Cielo.

 

En la Carta el hagiógrafo resume ese entre-tanto en

a)    Procurar que cuando llegue la hora estemos en Paz con Dios

b)    Que es como la explicación de lo que significa estar en paz con Dios: estar siempre “intachables e irreprochables”, para que no nos coja de sorpresa el “control de calidad”.

c)    Que no nos Arrastre “el error” de la gente sin “principios”

d)    Que no se afloje nuestra “firmeza”

e)    Sino, por el contrario, sea cada vez más sólida y perfecta, creciendo en Gracia, en Conocimiento de Dios (aquí cabe remarcar que no se trata de acumular chismes de farándula en la mente. Sino de vivir, con nuestra comunidad, el proceso de construcción del Reino), como se aclara muy bien, en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, donde (no es importante saber que marca de Sandalias calzaba, o qué sastre de talla mundial confeccionaba su Túnica y su Manto), seguros que toda la información relevante ya está prodigada en la Sagrada Escritura.


 

Todo esto, ¿para qué? Para la Gloria de Jesucristo, nuestro Salvador, ahora y por toda la Eternidad.

 

Sal 90(89), 2. 3-4. 10. 14y16

Enséñanos a calcular nuestros años,

Para que adquiramos un corazón sensato.

Sal 90(89), 12

 

Como se puede comparar o relacionar la Vida de Dios, que es Eterna, con nuestra vida que es como una vela, alumbra un rato, y luego, ya no tiene más cera que prolongue la duración de su luz, una vela alumbra cuando más un tercio de una noche, nuestra vida durará setenta u ochenta años.

 

Entonces el Salmista toma consciencia de su fragilidad, y de la veleidad de su vida, llena -la más de su tiempo- de futilidades.

 

Le pide, entonces, que durante la juventud le socorra con su Misericordia, para que toda la vida adquiera sentido, y ese saber caminar hacia Dios, sea el motivo de poder evaluar nuestra existencia con alegría jubilosa.

 

Entonces, en la vida virtuosa de los que se dan a la jugosa labor del discipulado fiel, veremos la Gloriosa acción de Dios y podremos testimoniar del Señor, todas Sus Grandezas.

 

En la antífona, reflexionamos que la Bondad Divina, ha sido para todas las generaciones, amparo y fortaleza inexpugnable, ayer, hoy y siempre.

 

Mc 12, 13-17

Al Señor, tu Dios, respetarás. A Él sólo servirás, solo en su Nombre jurarás.

Dt 6, 13

 

Tráiganme un denario, que lo vea.

Mc 12, 15

Un denario era una antigua moneda romana de plata que equivalía aproximadamente al jornal de un día trabajando en el campo. Acuñada alrededor del año 211 a.C. Su nombre significa "que contiene diez", o sea que era un múltiplo de un as de bronce, venía -originariamente- a representar diez ases. Esta moneda sufrió una intensiva caída y devaluación.


Lo religiosos está en todo, también en la política, aun cuando queramos marginar el Señor. Él ser humano, gusta de hacer su pataleta, alegando haber matado a Dios, para poderse adueñar de lo que no le pertenece y sólo tiene bajo provisional administración. Como vemos, azuzar a Jesús era una tarea que sus enemigos se tomaban muy en serio. Hoy el encargo de tenderle la trampa es asignado a los partidarios de Herodes y a los -nunca ausentes- fariseos. Hay todo un concurso entre ellos, para ver quién puede cazar al Propio Dios.

 

Al introducir su pregunta, abundan en zalamerías, elogian su sinceridad y su verbo verdadero, no sometido a presiones humano-mundanas, sino, siempre libre para declarar la verdad. Y, luego, pensando que con adulaciones lo someten, le disparan la estocada, directo al corazón: Le proponen un dilema, que no tiene salida; contestara lo que contestara, toda respuesta sería una soga en su cuello.

 

¿Se deben pagar tributos, al César, sí o no? Entonces Jesús va a la verdad. Como hay una efigie del César gravada en los denarios, pide que le muestren uno y les dice, si aquí está su imagen, será que esto le pertenece, pues devuélvanselo (caustica ironía).

 

Pero, en toda la Creación, y los judíos lo sabían muy bien, están las manos de Dios, de la cual hablan y testifican sus criaturas. Es a Dios a Quien todo le pertenece, Él es el verdadero Dueño, y, en el relato del Génesis se dice que lo creado fue puesto bajo la administración del ser humano.

 


En otras palabras, les recordó lo que ellos, bien pronto en su niñez, habían aprendido: la Creación Entera es de Dios, luego a Él solo le “tributaras” Gloria; los impuestos son parte de una estrategia administrativa, pero eso no cambia que El Único Digno de Toda Alabanza y toda Gloria es YHWH. “A Él la Gloria ahora y hasta el día eterno. Amén” (2Pe 3, 18)

 

Lunes de la Novena Semana del Tiempo Ordinario


2Pe 1, 2-7

Quienes han recibido la fe, han recibido un “privilegio”, ese privilegio dignifica, da honra, “honor”, respeto. ¿Cómo ha sido posible tal cosa, que los destinatarios de la “carta” gocen del mismo nivel de “dignificación” que tienen el hagiógrafo y los suyos? Se plantea un punto muy significativo, y urticante para quienes quieren detentar el monopolio de la Revelación. Aquellos que se ponen por encima, los que se vuelven “perseguidores” para asegurarse que nadie pondrá en cuestión sus “embustes”: Se trata de la ralea de los maestro y profetas falsos, los líderes que han conculcado las riendas.

 

Ha sucedido así porque la δικαιοσύνη [dikaiosine] ¡“Justicia” Divina es así! pone ἰσότιμον [isotimon] “en pie de igualdad y dona la misma honra a todos” los miembros de la Comunidad. Todos los que creen, tienen la misma dignidad, así las cosas, el “remitente” de la carta, en este saludo, pide a Dios que los adorne con Gracia y Paz abundantes, para todos los que gozan de esta πίστιν [pistin] “fe”, que ha venido a habitar en la vida de todos los “convocados”, sin discriminar los que estaban en Roma, los de Jerusalén, y los de las Comunidades de Anatolia.

 

Dios -con esa Justica Suya- los ha proveído de todo cuanto había menester, dotándolos por medio de un ἐπίγνωσις “entrenamiento experiencial”, no algo que se obtiene leyendo, o asistiendo a clases o conferencias, sino lo que se adquiere al caminar y vivir “codo a codo”, “sinodalmente” con los “hermanos en la fe”.

 

Esta “dotación” sirve a dos finalidades bien definidas:

1.    Cumplir las promesas más valiosas y más esperadas.

2.    Estar vacunados contra la mundanidad que los asecha por todos lados. Esa mundanidad que los arrastra a vivir en “pecaminosidad” que corrompe y empuja hacia la perdición

 

Como se nos han dado esos dones, ¿podemos “acostarnos” a descasar y a gozar de ellos holgadamente? ¡Pues no! Hay que trabajar.

 

Tenemos que esmerarnos en ir recolectando una cosecha:

·         Primero habrá que recoger ἀρετήν [areten] “virtud”, “la rectitud moral” para revestir con ella, la fe recibida.

·         Luego a esa virtud habrá que anexarle el γνῶσις [gnosis] “entrenamiento sinodal”, “el conocimiento que viene de la práctica”, el que uno va adquiriendo con los hermanos que también se esfuerzan en construir comunidad.

·         Nadie puede alcanzar la gnosis si no tiene ἐγκράτειαν [enkratein] “auto-control”, “dominio propio”,

·         Aún hay que tener otros cuatro rasgos más, muy bien desarrollados, por medio de la entrega y la consagración, lo que llamamos la “aplicación”, a saber: la ὑπομονή [hupomone] “persistencia”, la “constancia” para no desistir

·         Y, εὐσέβεια [eusebeia] “la piedad”, que es la respuesta bondadosa a lo que Dios dice, propone, nos sugiere. Como quien dice, abandonar el timón al Espíritu Santo, para que sea Él quien tome el mando y gobierne nuestra dirección; para no sucumbir víctimas de los “interesados”, de los “manipuladores”. En esta piedad hay un elemento de discernimiento, para separar los engaños de lo que verdaderamente es la propuesta Celestial.

·         Φιλαδελφίαν [filadelfian] “sincera fraternidad”, “sentimiento de hermandad”, sentir que verdaderamente podemos llamar a Dios-Padre, y a todos sentirlos verdaderos hermanos en Jesucristo.

·         Y, para llegar al ápice, ἀγάπην [agapén], lo que Jesús nos mandó, el “amor desinteresado”, que no busca beneficios, sino que se alegra desprendidamente de todo lo bueno que le pasa a su “hermano”; es un amor tan puro, que sólo lo podemos definir como “Amor Divino”.

 

Sal 91(90), 1-2. 14-15ab. 15c-16

Abandonarse al abrigo del Altísimo

Se emprende una peregrinación, y Dios mismo nos da Salmos que orienten la espiritualidad de la “peregrinación”, no se trata de ir de aquí para allá, se trata de un desplazamiento espiritual, no de un movimiento espacial. Se peregrina como comunidad, entonces, ¡hay que llevar un corazón sinodal!

 

Cada instante de la peregrinación tiene que tener los ojos fijos en Dios, recordando sin tregua que nos movemos para darle una respuesta a Dios. Y con ese pensamiento constante, entender que los que van en “caravana” (sinodía) con nosotros, de alguna manera nos estarán comunicando ese conocimiento indispensable para acercarnos al Señor, para hacernos miembros de Su Pueblo, de su Cuerpo Místico.


Peregrinar al Templo, entraña, de por sí, una enorme confianza en el Señor. Es soltar la manija de las seguridades y “dejarse ir” en una caída azarosa, sin certeza del desenlace. Esa incertidumbre que se supera con la “confianza puesta en el Señor” es la esencia de la espiritualidad del “peregrino”. El turista va sobre seguro, el “peregrino” se arriesga.

 

Miremos que esa “disponibilidad” del peregrino apunta en la dirección del verdadero discipulado. De ella solo es capaz el que dirige su Amor-Agape hacia el Cielo. Es consultarle todo a Dios y dejar que Él sea quien señale. Que la opción la tome Él.

 

Significa, pues, que Dios sea nuestro Alcázar, que nos refugiemos en Él por entero; sabiendo que hay peligros letales en la ruta a seguir, serpientes, leones, alacranes, trampas, lluvia de flechas.

 

El salmo, sin embargo, nos presenta todas las garantías y todas las certezas que Dios nos entrega. Hay un grito de Dios como fuerza de fondo: Ánimo, no temas.

 

Sin falsos triunfalismos. Avanzando reclinados sobre esa Fortaleza, sabremos que la lucha será esforzada, pero que -a pesar de todo- ya tenemos la Victoria en nuestro bolsillo.

 

Mc 12, 1-12

Hay un sentido de fraternidad tan profundo en Jesús, que pese a la mala fama que nos hemos hecho a través de los siglos, Él lo vuelve a apostar todo, a favor nuestro. Todos le han dicho que sólo somos una prosapia de “viñadores asesinos”, estirpe de fratricidas, pero Él sigue creyendo en nosotros.


 ¿Con quién dialoga? ¡Precisamente con los Viñadores asesinos! Los Sumos Sacerdotes, los escribas y los ancianos: Los que tienen todo que perder y no están dispuestos a arriesgar nada. Se trata de su pueblo elegido, y los adversarios son los líderes políticos y religiosos. ¿Todo viñador es asesino? Si lleva en sus manos la dirigencia de los poderes ¡sí! Se trata de ese germen tan contagioso del “faraonismo” (que quiere deshonrar y aplastar la cara contra el excremento de los bueyes, les manda a matar sus hijos, y los someten a trabajos vejaminosos), a una casta sucede otra, siempre hay “aristócratas” que quieren reiniciar la serie de esclavos que hagan ladrillos a bajo costo y permitan levantar un rico imperio.

 

Los faraones tienen una debilidad innata, siempre ven en el “otro” un potencial “heredero” que tendrá todos los papeles en regla para reclamar la sucesión. Si no fuera un posible heredero, lo ignorarían; pero, como es el legítimo (tan es así que ellos mismos escribieron en la Cruz “Rey de los judíos”), lo van a asesinar.

 

¿Podemos pensar, siquiera, que el Dueño de la Viña, dejará el Magnicidio Impune?  La enseñanza de la parábola consiste en profetizar que Dios no se dará por Vencido, sino que buscará arrendatarios, a carta cabal, a quienes poner a cargo de la Viña.

 

Entonces, ¿si Jesús murió así, no era el Mesías? Todo lo contrario, es el Verdadero Libertador, por eso Su Padre lo Resucitó, para que la Historia siguiera su curso, con Él a la Cabeza, y que todos vieran que el Mesías es la Piedra Angular.


La gente del “pueblo elegido” son siempre los que contienen a los faraones (ellos sabían que la parábola había sido dicha para ponerlos en evidencia), sin embargo, les urge tenerlos engañados, y no quieren desenmascararse delante de ellos. Quieren seguir manteniendo la ilusión, y por eso, por el momento, no obraron abiertamente en contra del Salvador, pero empezaron a urdir por debajo de la mesa, y a ofertar recompensa, en monedas de plata, para el que quisiera jugar el rol de traidor. ¡Nunca escasean!