viernes, 1 de mayo de 2026

Sábado de la Cuarta Semana de Pascua


Hch 13, 44-52

Haré que seas Luz de las naciones,

para que lleves mi Salvación

hasta los confines de la tierra.

(Is 49, 6d-f)

En la cultura judía hay una categoría definitoria y definitiva, es la “primogenitura”. Ella codifica y establece un privilegio, un rango especial, es un carisma, Dios habla a la realidad a través del hecho de que le envíe como primer hijo a este ser, ese que nació primero, es príncipe, valga decir: “primero y cabeza”.

 

Una cosa indudable para este pueblo es que ellos -como comunidad- habían heredado en el corazón de Dios esta primogenitura, las promesas que habían anunciado todos los Patriarcas y los Profetas, estaban destinadas para ellos. Sin embargo, hay quienes rechazan esta primogenitura, hay quienes la trasfieren, también están los que comercian con ella, como el caso de Israel, que se la compró a Esaú, por el precio de un plato de lentejas. En tal caso, Esaú era el legítimo heredero, -aun cundo fuera el mayor solo por breves minutos, dado que eran mellizos-, y Jacob, un avispado, que se aprovechó del hambre de su hermano. (Recordemos que el nombre Esaú alude a que era muy velludo, lo que será pieza clave cuando Isaac -in extremis- vaya a transferir el Mando a su hijo primogénito y Jacob, se valga de un ardite, complotado junto con la mamá, para engañar a Isaac, el papá, cuya vista no le ayudaba ya, a discernir cuál era cual).

 

Ellos Bernabé y Pablo (“Hijo de profecía” y “pequeño”, que es lo que significan estos dos nombres), se sentían inclinados a ir ante todo a los judíos, inclusive, para ellos, este pueblo era el destinatario exclusivo del Mensaje divino. Pero, como ellos no aceptaron la invitación, rechazando el kerigma presentado, en estricta observancia de lo que Dios les dijo, cambiaron de destinatarios; empezaron a dirigirse a los “gentiles”. Ellos - Bernabé y Pablo- se sabían puestos por Dios como Κήρυξ [keryx] “heraldo”, “el funcionario que tenía la comisión de ir a avisar que el Rey llegaba”, “luz de los gentiles, para llevar la salvación hasta el confín de la tierra”.

 

¿Todos los gentiles que oyeron esto reaccionaron positivamente y se alegraron y se hicieron “cristianos”?  ¡No!, la propia perícopa nos informa que sólo “los que estaban destinados a la vida eterna”, alababan la Palabra de Dios y creyeron.

 

Este es un “nuevo punto de partida” que dio inicio a una oleada de conversión en aquella región. Los judíos, aquellos que rechazaban el llamado y se sentían amenazados por esta fe, buscaron aliados para desatar la persecución. ¿Quiénes se prestaron a entremezclar la cizaña con aquella predica tan buena? Las “señoras encopetadas” y “los principales de la ciudad”. Estos azuzadores lograron su cometido, hicieron desterrar a Pablo y Bernabé, quienes tuvieron que partir hacia Iconio (en anatolia Central) (Ver Hch 13, 51). ¿Cuál signo realizan estos dos “heraldos” a la hora de partir? “Se sacudieron el polvo de sus pies”, para librarse de la contaminación de uno de los males de que se vale el Malo, de la testarudez. Lo que demostraron estos judíos a los que Saulo y Bernabé tanto se esforzaron por trasmitir la Buena Noticia, fue su incapacidad para la conversión. A un contumaz, le queda cuesta arriba alcanzar su metanoia.


La obra había quedado cumplida, la semilla del kerigma había quedado plantada en Antioquía de Pisidia, en el centro-occidente de Turquía.  A este estado del asunto podemos tomarle el pulso en la última declaración de la perícopa de hoy. Exactamente, después de la partida de Saulo y Bernabé para Iconio, ¿cómo quedaron los antioquenos? El verso 52 nos dice que μαθηταὶ [matethai] “quienes habían logrado hacerse creyentes”, “los que habían asumido el discipulado”; “estaban llenos de χαρᾶς καὶ πνεύματος ἁγίου [charas kai pneumatos agion] “alegría y del Espíritu Santo”.

 

Sal 98(97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4.

Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga.

Carlos G Vallés. S.J.

Es otro salmo del Reino. El Reino ya está aquí, entre nosotros. Con la venida de Jesús, el Reino ha empezado a germinar. ¿Dónde está el busilis? En que:

a)    Hay que estar muy atentos para descubrirlo

b)    No se le ve con los ojos físicos, sino con los ojos de la fe.

 

Uno mira -por ejemplo- a Su Real Majestad, y ¿qué vemos? ¡A Jesús crucificado! ¡Un coagulo de sangre! Y -pobres los ojos- que no logran descubrir en Él, al Resucitado.

 

¿Será que Dios se goza en nuestra confusión? Si lo viéramos Glorioso, ¡seguramente nos iríamos a la cama a dormir tan tranquilos! Si de Jesús nos pusiéramos con jolgorio a contemplar su Victoria, Él nos estaría quitando la oportunidad de descubrir que nuestras pobres manos son las Manos de Cristo, que nuestra carne y nuestra sangre, tienen un propósito, la cristificación. ¡No la trasfiguración en estatuas de bulto! ¡No la inclusión en el canon! Sino, la tarea que Él mismo hacía, iba sembrando el bien sin cansarse por donde iba. Por todas partes con un corazón compasivo. -Lo que no exceptuaba que en su corazón ardiera en el celo por la Casa de su Padre-.

¿Cómo se canta, cómo se grita, cómo se vitorea, cómo se aclama? ¿Para qué nos ha revelado el Señor su Justicia? ¿Cómo un gesto de vanidad Divina? ¡No!

 

“No se enciende un candil para tenerlo escondido (o bajo un cacharro), sino que se pone en el candelabro para que los que entran vean la luz” (Lc 11, 37) ¡Para que creéis que el Señor nos ha encendido? ¿Para ponernos debajo de la cama? Toda la tarea se cumple cuando nosotros -con corazón compasivo- nos damos, manos a la obra, a la edificación del Reino, poniendo en el orden de comprensión, lo esencial, ¡hasta los confines de la tierra! No porque somos sus “pequeños” nos ha enviado limitándonos solo a rincones mínimos, a los escondrijos, sino -como dijera Papa Francisco- hasta las periferias existenciales: ¡Iglesia en salida!  

 

Jn 14, 7-14

Segunda parte de, Jesús en camino hacia el Padre

Todos somos pecadores, necesitados de ser purificados por el Señor. Pero basta dar un pequeño paso hacia Jesús para descubrir que Él nos espera siempre con los brazos abiertos, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación…

Papa Francisco

¡Atención que el Evangelio de San Juan nos va a hablar sobre cristificación! “el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores”. ¡! Nos va a descubrir que un proceso de fe no consiste en el planteamiento y requerimiento de un mar de peticiones personales, indudablemente muy nobles y urgentes; sino en pedirte que nos haga glorificadores de Su Padre. Hará -sin duda- todo lo que haga falta para que lleguemos a ser Glorificadores del Padre.


Regresemos al principio de la perícopa, porque según parece hay alguna condición para poder hacer las mismas y aún mayores obras… “Si me conocieran a mí…” ¡Ah! ¡Ya caigo! ¡tengo que conocerte a Ti! ¿te conozco o repito oraciones? ¿Te conozco o me he vuelto ritualista? ¿Me he vuelto como esos personajes del evangelio que tu tanto desdeñabas porque sólo alargaban los Tefilin? ¿Te conozco, te busco, leo tu Santa Palabra? ¿Me intereso por procurar entenderte? ¿Me esfuerzo por saber qué esperas de mí?

 

¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Lc 24, 32

De alguna poderosa manera siento que me estás hablando. Que me estás retando. Que me planteas un desafío. Siento que tu imagen de Crucificado me plantea un cara a cara… Me parece que estás cuestionando mis rutinas contigo. Siento que me cuestionas hondamente en lo concerniente a nuestra amistad. ¿Hago lo que me propones o, me dedico a beber gaseosa con roscón? ¿Soy de los que disimuladamente emulsiono saborizantes artificiales a tu Mensaje para melificarlo, para quitarle el perrenque?

 

“Lo que pidan en mi Nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14, 13s). ¿Cómo se canta, cómo se grita, cómo se vitorea, cómo se aclama? ¿Cómo se te glorifica? ¿Qué puedo hacer para que sea verdad mi discipulado? ¿Qué hay en estas pobres, débiles y muy frágiles manos que viabilicen que -inclusive- en los confines de la tierra, se contemple la Salvación de nuestro Dios? «Jesús … se va, pero nos da la posibilidad de pedir y obtener para el futuro, que Él haga a través de nosotros, lo que ha hecho cuando estaba entre nosotros: nos amará siempre, para que también nosotros podamos amarnos.» (Silvano Fausti)


Nosotros también somos “keryx”, estamos llamados, invitados a «Comunicar el amor misericordioso del Señor: ¡esta es nuestra misión! También a nosotros se nos da como don la «lengua» del Evangelio y el «fuego» del Espíritu Santo, para que mientras anunciamos a Jesús resucitado, vivo y presente entre nosotros, enardezcamos nuestro corazón y también el corazón de los pueblos acercándolos a Él, Camino, Verdad y Vida». (Papa Francisco)