sábado, 27 de enero de 2018

JESÚS ES LA PLENITUD DE LA PROFECÍA
Deut 18, 15-20; Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9; 1Cor 7, 32-35; Mc 1, 21-28



Si te tengo ya hablado todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra cosa que te pueda revelar o responder que sea más que eso, pon los ojos sólo en Él; porque en Él te lo tengo puesto todo y dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas.
San Juan de la cruz


Ya en el Deuteronomio
El Señor nos prometió un grande profeta
un Nuevo Moisés
                             que tendrá la Palabra de Dios en sus labios
que nos comunicará todo lo que Dios le inspire.
El Señor nos manda a Él escuchar
a Él acatar
                  y por nuestra escucha obediente Dios nos reconocerá
así como de nuestra escucha indócil Dios nos pedirá cuentas.

En el Salmo somos convocados a escuchar su Voz
a no tener un corazón díscolo,
                                               (como tuvieron los de Masa y Meribá
palabras que significan “poner a prueba” y “altercado” porque
cuando les falto agua en el Éxodo murmuraron contra Dios,
y dudaron de Su Poder para salvarlos),
no es eso lo que Él tiene derecho a esperar de quien dice amarlo
y creer en Él.

En la Segunda Lectura,
nos convida el Señor a obrar de una manera extraña
En contrahílo de lo que se espera de un casado
-nos lo pedía ya en la liturgia del Domingo anterior,
El Tercero Ordinario del ciclo B-
Y nos aclara hoy,
                        que cuando se está casado
por atender al cónyuge se descuida al Señor;
entonces se nos previene
                                         y se nos concita al celibato
de la vida consagrada
                                   para ocuparnos enteramente de las cosas del Señor
y que nuestro desvelo único sea “cómo dar satisfacción al Señor”            .
¡Esa es la mejor propuesta: Servir al Señor sin distracciones!
Tener el corazón indiviso: y –así- poderlo amar enteramente,
No tener que repartirnos entre dos “amos”.



¡Ahora el Evangelio!
Jesús empezó a enseñar, veamos qué enseñaba:
Un hombre es portador de un espíritu maligno,
Jesús le ordenó “Cállate y sal de Él”
Constatamos que esta es la enseñanza
                                                                El Evangelio lo dice:
Es una Nueva Manera de enseñar con autoridad,
no es una teoría que se propone,
Jesús no nos entrega una doctrina,
Es una práctica: expulsa lo maligno
                                                           con “una orden”
y la enseñanza estriba en dejarnos palpar
que se posee la autoridad,
que lo que se manda será acatado,
que lo perverso será expulsado,
que el Mal se verá reducido a la impotencia
                                                                       no tendrá más remedio que salir.
Valga la pena reiterar que esa es la enseñanza.

En el Evangelio de Marcos, el Evangelio de este Año
(que comparte con el de San Juan, por lo corto de Marcos)
Jesús prácticamente no hablará,
                                                    Su Voz será su obrar.
Nos enseñará con sus acciones

Y en su manera de proceder estará contenido su Mensaje.

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