sábado, 14 de julio de 2018

ENVIADOS CON PODER APACENTADO



Am 7, 12-15; Sal 85(84) 9-14; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13

El profeta en este caso representa la «…instancia suprema, que está por encima de todo: el profeta, porque es la palabra de Dios, que no puede estar subordinada a nadie y tiene que ser libre e independiente… El profeta de Dios no se sirve de la palabra, sino que se hace servidor de ella: ni dispone de Dios a su antojo, sino que se deja manejar de Él… Esta es la función del carisma profético: desenmascarar, desengañar, iluminar la verdad.

Luis Alonso Schökel y Guillermo Gutiérrez.

Hagamos pie, para iniciar esta reflexión,
en el Evangelio del Domingo anterior:
donde la última oración del Evangelio nos informaba
cómo encaraba Jesús su Misión cotidiana
“Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando” (Mc 6, 6b)

Encontramos para este Domingo XV del ciclo B
Palabras tan hermosas y poderosas,
Oraciones que nos explican quién es su Discípulo-Misionero:
“Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,
dándoles poder … Les ordenó lo que debían llevar y lo que no debían llevar,…
o sea, que les designó cuál era su Misión,
y ¿cómo reaccionaron? ¿qué hicieron?
“Fueron a predicar, invitando a la conversión.”


O sea que somos llamados,
No para quedarnos aferrados a la orla de su Manto,
sino para salir a convidar a los demás a convertirse,
que consiste en retirar los ojos de lo mundano
y dirigirlos atentamente a los realidades del Reino.
En este contexto toma particular relieve el verbo ἀποστέλλω [aposteló]
que es el verbo enviar –en griego-,
                                                       despachar a cumplir un encargo,
                                                             remitir un mensajero,
comisionar bajo responsabilidad.

No se puede ocultar lo que connota esta palabra:
Salir de los escondites,
retirar de las puertas las trancas que nuestros temores han instalado,
desacomodarse,
lanzarse al mundo (a veces contra el mundo),
proclamar valientemente,
profetizar (no olvidemos que implica no sólo anunciar,
también denunciar; no sólo construir,
                                                           también significa “demoler”;
porque la Misión no estriba en seleccionar lo que no molesta a nadie,
y callar aquello que les fastidia a muchos,
tenemos que entender que la fe que anunciamos
no es una religión complaciente
                                                   -la queremos atractiva-
pero no podemos separar la verdad para hacernos populares,
no podemos priorizar en la Misión, tocar sólo los temas “de moda”,
para que todos están a gusto, una religión “prêt-à-porter​”  
estrictamente sobre medidas, amputada de exigencias;
hemos sido llamados,
lejos de la comodidad de nuestro redil y nuestros sicómoros,
el Señor nos ha dicho: “Ve, profetiza a mi pueblo, el que ha visto a Dios,
el que ha luchado con mi Ángel toda la vida,
y toda la vida permaneció fiel en su lucha,
                                                                    fiel a la causa,  
el que ha visto la Escalera que lleva al Cielo”.


Pensemos en su conjunto la historia de Israel y veremos
que Jacob, no durmió entre algodones,
y su almohada no fue de espuma,
por lo contrario
                         -fue una dura roca-
Otro hubo –mucho Mayor que él-
                                                      que no tenía donde recostar la cabeza
sino que al dormirse en la cruz
                                                  su Cabeza colgaba.

Hemos de llevar el “bastón” (¡ojo!, no el “bolillo”, no la “macana”)
que prefigura la cruz, es signo abstracto de Aquella;
hemos de llevar sandalias, porque el camino será largo,
y no lo andaríamos después de tener los pies ampollados.


De lo demás, no hemos de preocuparnos,
                                                                   se nos dará por añadidura,
lo demás es lo que llamamos necesario,
“Pues si a la hierba del campo,
que hoy es y mañana se echa al horno,
     Dios así la viste,
¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
No andéis, pues, preocupados diciendo:
¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?,
     ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles;
pues ya sabe vuestro Padre-Celestial
 que tenéis necesidad de todo eso." (Mt 6, 30-32)

«Expulsar demonios…es desalienar a las personas,
es decir, librarlas de todas las ataduras que las hacen esclavas
y objeto de explotación.
En otras palabras,
todo lo que impide a las personas ser libres, y no las deja pensar,
sentir, andar, hablar, oír, actuar por sí mismas.»[1]
Vemos aquí, de manera palpable
el significado liberador de la Iglesia, de todos sus bautizados,
porque todos ellos son “Sacerdotes-Profetas-y-Reyes”,
o sea que éstas competencias
–permítannos cometer una redundancia por demás cacofónica- nos “competen”
a todos nosotros los que nos confesamos cristianos.
«Porque el Evangelio hace que salte por los aires el egoísmo.
Si uno, con la gracia del Señor, se decide a vivir el evangelio –es decir, el anti-egoísmo-, forzosamente encontrará dificultades.
Dificultades consigo mismo y con los demás,
y no sólo por parte de los gobiernos y de los poderosos,
sino también por parte de los eclesiásticos.
Y ni siquiera únicamente por parte de los hombres,
sino también por parte de las estructuras…»[2]

Los envía dotados de un sentido de desprendimiento,
con una mentalidad austera que los hace independientes de comodidades y lujos, adversarios de la mentalidad consumista,
“ligeros  de equipaje”,
con la felicidad y la paz espiritual que les permitirá gozar con las pobrezas
de quienes los reciban con amable cordialidad y les brinden hospedaje y acogida.
Ni ropas ni calzados especiales,
«Hasta el vestir debe ser simple… pues ropas diferentes
generalmente indican “status” social más que disponibilidad.»[3]
Dice que “no se pongan doble túnica”
«El no ponerse dos túnicas significa
no aparecer como los ricos que solían ponérselas»[4]

Permanecer en una casa
es que esa “casa” que los acogió,
se habría de convertir en un centro de “operaciones”,
un “hogar” que congregaría a la comunidad naciente,
«un lugar, donde a su partida,
la comunidad pueda seguir reuniéndose
y proseguir la realización de la Buena Nueva del Reino»[5]


Desconfiamos –y con mucha razón-
de todos aquellos que depositan toda su seguridad
en los medios y los recursos humanos.
Enriquecerá nuestro enfoque del tipo de Iglesia que necesitamos construir
leer la siguiente anécdota (que debemos al Padre¿? Lorenzo Milani):

«Pasó por aquí un fraile limosnero, con una motocicleta. Hasta ahora iba en bicicleta. “No hay que extrañarse –dice el frailecito dinámico- también San Francisco, si viviera hoy, viajaría así”
No es verdad.
San Francisco, si viviera en otro siglo haría lo que hizo en su siglo, es decir, habría determinado el nivel de “comodidad franciscana” al estudiar cuales son las mayores posibilidades de la renuncia del hombre de un siglo determinado (…)
(Por consiguiente) un San Francisco párroco no habría considerado “necesario” un objeto que el 89% de sus frailes no posee y del cual sus predecesores han prescindió durante siglos sin un daño excesivo.

Si responde que un motor puede llegar antes y a un mayor número de sitios; luego con un motor se hace mayor bien….Esta es una herejía. Ninguno puede dar más de lo que tiene. Si es un tonto, el motor hará llegar antes y a muchos lugares a un tonto; y si tiene poca gracia, el motor multiplicará un sacerdote con poca gracia. Si, en cambio, es un sacerdote santo, no tendrá la soberbia de creer que la propia multiplicación pueda ser útil al reino de Dios. Por consiguiente, buscará más bien reducirse.»[6]

Trascribo, ahora, las recomendaciones que un director espiritual
daba a una religiosa,
porque nos orientaran para reconocer nuestro norte
y, además,
      identificar nuestro propio ritmos 
      nuestra propia premura,
      para regular nuestro afán y medir nuestros descansos,
      ‘para saber cuándo pararnos y cuándo levantarnos:
«todos los días… le (diremos) a Cristo…
“Oh Cristo, mi Maestro, hablad y estoy pronta…
lo que Vos queráis, cuando queráis, de la manera que queráis,
donde queráis, hasta que queráis…”
 Eso es todo…
Lo importante es estar allí donde Dios nos quiere…
Que podamos decir “sí” a nuestro Cristo…
saber que Cristo no está en una ocupación más que en otra,
que no está en la oración más que en la acción.
Está allí donde nos ha colocado su divina voluntad:
allí lo encontramos y allí se da a nosotros.
Y no se da siempre en lo que nos agrada,
ni siempre en lo que nos parece más grande.»[7]

                         





[1] Balancin, Euclides M. Op. Cit. p. 89
[2] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Ed. Sal Terrae Santander-España 1985  pp. 90-91
[3] Ibid p. 88
[4] Mateos, Juan. Sj. COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN MARCOS Ed. Centro Bíblico “Verbo Divino” 5a ed. Quito-Ecuador 2000 p. 91
[5] Balancin, Euclides M. Loc. Cit.
[6] Beck, T. Benedetti, U. Brambillesca, G. Clerici. Fausti. S. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MARCOS. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 1ª re-imp. 2009 p. 201
[7] Peyriguè, Albert.DEJAD QUE CRISTO OS CONDUZCA. Ed. Nova Terra Barcelona- España 1965 pp.34-38

sábado, 7 de julio de 2018

LA DIFICULTAD DE LA FE



Ez 2, 2-5; Sal 123(122), 1-2a. 2bcd. 3-4 ; 2 Cor 12, 7-10; Mc 6, 1-6

Cuando un cristiano ayuda a alguien en su búsqueda de fe, este cristiano es Iglesia para quien busca… Toda experiencia de fe es una experiencia de Iglesia es el lugar de la fe, de su encuentro y de su crecimiento.
Segundo Galilea

El Domingo anterior, tenemos la fe como tema:
La grandeza de la fe,
                                ese hombre que cae a sus pies y le ruega,
        (se trata de un judío, jefe en la sinagoga)
                                esa mujer que está segura de curarse
                                con sólo poderle tocar el más mínimo borde de su ropa
        (ante todo, una “impura”, por su sangrado),
        ellos creen, creen “con toda”;
hoy, en cambio,            tenemos como tema la incredulidad –valga decir- todo lo contrario
¿quiénes descreen?
sus paisanos,
                      sus parientes,
                                          los de su casa:
¡una ironía!


La incredulidad bloquea el “poder”.
En el Domingo anterior Jesús sana a distancia,
en el caso de “la hemorroisa” sana por contacto
aun cuando Él ni le ha visto el rostro;
pero en la hija de Jairo, el poder se ejerce desde lejos,
lejos o no, Dios visible-humanado se “ve” en un sitio”,
más su Poder, “Poder-de-Dios” está en todas partes,
por doquiera,
                    Él es Omnipresente,
Emmanuel está físicamente, en su carne, “a la orilla del mar”,
pero Dios no está limitado a esa fisicidad,…

¡Cómo y cuánto nos cuesta creer!
Roguemos a Dios un corazón humilde,
y la consciencia de nuestra vulnerabilidad
                                                              para poder creer,
una espina en la carne si fuera necesario.


Cuando Él está a nuestro lado, apretamos los parpados para no verlo,
cuando oramos, lo hacemos entre dientes,
    mascullamos las palabras,
                                          pronunciamos enredado,

hablamos de carrera,
       procurando que no se nos entienda nada;
cuando Él nos habla,
todo parece indicar que la cercanía y la familiaridad nos enceguecen;
es un veto que lanzamos sobre los que tenemos cerca
porque nos parece extraño que tengan una misión especial,
                                         que Dios los haya elegido para un carisma particular,
… ¿le negamos a Dios el derecho a sorprendernos?...
… ¿acaso le negamos el permiso para escoger las vías que Él prefiera?...
… tal vez dudamos de su sabiduría,…

Todo lo tenemos previsto, hemos puesto cadenas y esposas al proyecto de Dios,
se tiene que cumplir por nuestros senderos,
Dios puede elegir el cómo y el cuándo                ,
pero sólo Dios, nadie más, ningún Jesús,
si Dios quiere designar a Alguien que por favor envíe su e-mail oportunamente,
debidamente registrado en notaria,
que se acerque a ventanilla con debida antelación
-en esta ventanilla no se da prelación a Nadie-
por lo menos diez años antes debe registrar Su proyecto en las Decanaturas Teológicas
de todas las Universidades que ofrezcan este título,
pero nosotros nos negaremos enfáticamente a reconocerlo
en “la dulce brisa”
sólo estamos dispuestos a aceptarlo
en el huracán, en la tormenta, en las aguas abiertas
para que pasemos a pie enjuto…
tampoco estamos dispuestos
                                               -tal vez deberíamos decir mejor-
“mucho menos” vamos a aceptarlo como un simple crucificado,
¿a quién se le podría ocurrir?


Algo así sólo le ocurriría a un vulgar mortal,
Un vulgar bandolero podría morir crucificado,
pero algo así, jamás le pasaría a Dios.

Bueno, hasta aceptaríamos,
que tiene una especial sabiduría, pero hasta ahí no más,
¿milagros? No los ha hecho en nuestro barrio,
en foto no nos sirve,
                               tal vez las retocaron con photo-shop
a los curas –no les creemos-
son embaucadores
que obre sus prodigios aquí, frente a nosotros,
que baje de la cruz,
que se lance de lo alto del Templo para ver cómo lo recogen los ángeles
antes de reventarse contra el mundo…

Nos piden mucho…
aquí sólo obró unas supuestas sanaciones,
curó a unos –creo que solamente tenían gripa-
esos no son verdaderos milagros,
eran simples resfriados…

Mejor dicho, ¡no molesten!
Estamos muy ocupados –en asuntos muy serios
verdaderamente importantes- para ocuparnos de esas boberías.



¡Pueblo rebelde!
Con razón Jesús se maravillaba de su incredulidad,
con razón la Iglesia le dedica este XVI Domingo Ordinario
a recordar –con esta perícopa de San Marcos-
su gigantesca-descomunal-falta-de-fe.      
.
           

sábado, 30 de junio de 2018

OASIS DE MISERICORDIA



Sab 15, 13-15; 2, 23-24; al 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b; 2Cor 8,7-9; 13-15; Mc 5, 21-43

Hay una leyenda en que se cuenta que un hombre cayó en un pozo. Pasó Buda y le dijo: “Si hubieras cumplido lo que yo enseño, no te habría sucedido eso”. Pasó Confucio, y le dijo. “Cuando salgas, vente conmigo y te enseñaré a no caer más en el pozo”. Pasó Jesús, vio a aquel hombre desesperado, y bajó al pozo para ayudarlo a salir.
Hugo Estrada sbd.

Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres,  excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión.
Papa Francisco
Misericordiae Vultus

La nota de mayor contraste está en la débil fe de los discípulos y la poderosísima de los dos personajes de la perícopa de San Marcos que nos ocupa en este Domingo XIII Ordinario (B): la fe de Jairo y la de la hemorroisa. La confianza de estos dos es para nosotros un verdadero paradigma a seguir o a alcanzar.

Pero ¡aún hay más! El Domingo anterior vimos que Jesús-el Hijo-de-Dios-viviente (aquí queremos poner “viviente” en negrillas), no sólo tiene autoridad sobre los elementos, no sólo nos regenera re-creándonos, sino que su poder domina la muerte y la somete, hoy oiremos al Señor mandar a la niña en arameo: Talita kum “Niña, a ti te digo, ¡levántate! A pesar de que ya estaba muerta como se nos informa en el versículo 35. Por consiguiente, para que sepamos que Jesús tiene autoridad sobre la vida y la muerte, la niña vuelve a la vida.


Detengámonos un momento en el corazón de Jairo. Seguramente cuando Jairo fue a buscar a Jesús ya llevaba el corazón oprimido por la angustia de ver a su hija gravemente afectada por la enfermedad; pero ahora, le anuncian que su hija ha muerto. ¿En qué consiste el amor de Dios? En la capacidad de sentir como propio el dolor del otro. «Jesús sentía compasión hacia los demás, porque sentía las penas en sí mismo. Conocía el desgarro de la separación, la muerte de un  ser querido, la pobreza, el peso de la vida… Y, al sentir esos dolores en sus entrañas, se acercaba y se identificaba con los que sufrían, Ya que él era “varón de dolores y sabedor de dolencias” (Is 53, 3)»[1] Así es Jesús, su corazón calca el dolor de Jairo y le duele como si se tratara de su propia hija. Lo que siente el corazón del hombre se reproduce y resuena en el Corazón de Dios. «… a Jesús en el Evangelio o se le encuentra sanando o dirigiéndose a algún enfermo… El P. Bernard Häring hace notar, alarmado, que este aspecto se ha descuidado mucho en nuestra teología y sobre todo en la proclamación del mensaje.»[2]



Jesús es un Dios que sale al encuentro. No nos cansamos de insistir que Él no está en su sede, ni en su palacio, ni en sus oficinas, ni en su sucursal, ni en sus dependencias Jesús es un Dios en éxodo, junto a su pueblo. El Domingo anterior, el Evangelio empezaba diciendo “Vamos a la otra orilla del lago”, es un programa de desacomodo permanente, además de un ponerse al alcance de la gente, ir a buscarlos, «No alejaba, no bloqueaba, no inhibía (Mt 9, 20ss). Daba confianza para acercarse en cualquier momento, hasta el punto que su actividad aparece más hecha de interrupciones y de imprevistos que de sus propios planes»[3] En el Evangelio de este Domingo, regresa, no fue al otro lado huyendo, escondiéndose o abandonando; ¡no!, fue, misionó estuvo donde los Gerasenos, y volvió para seguir misionando: “Cuando Jesús διαπεράσαντος regresó en la barca al otro lado del lago, ἦν παρὰ τὴν θάλασσαν se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente” (Mc 5, 21).

Como ama el padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.
Papa Francisco
Misericordiae Vultus

Y todo esto, ¿qué? ¿Una anécdota muy bonita, un cuentito sobre Jesús? O más bien, ¿una tarea? una misión?... Se trata de tender un puente actualizador, porque nuestra fe no es un ejercicio literario de narración de un pasado, sino la experiencia de Dios-con- nosotros y el testimonio de que Él-es-el-Dios-Viviente.


«Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. –Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.

Y está como un Padre amoroso –a cada uno nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando.

Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo haré más! –Quizá aquel mismo día volvamos a caer de nuevo… -Y nuestro Padre, con fingida  dureza en la voz, la cara seria, nos reprende… a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico, ¡qué esfuerzos hace para portase bien!


Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de qué Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos.»[4]

Ese amor-Divino tampoco es algo abstracto, por el contrario, el amor de Dios, por Su Gracia, ha cobrado la mayor materialidad posible, la total concretización, se ha encarnado y se ha hecho hombre, pero también se transfiguró en unos, cientos, miles que lo representan, para que nosotros podamos ejercitarnos y vivir crísticamente: «Dios amó tanto al mundo que le dio a su propio hijo. Siendo rico se volvió pobre por amor a ti y a mí. Se entregó a sí mismo en forma completa y total. Pero eso no fue suficiente. Dios quería dar algo más… darnos la oportunidad de darle algo a Él. Y es así como se transfiguró en los hambrientos y en los desnudos para que pudiésemos ser generosos con Él a través de ellos»[5] Y entonces irrumpe la recomendación del papa Francisco «Para ser evangelizador de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo… Así redescubrimos que Él nos quiere tomar como su instrumento para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado. Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia… deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo; codo a codo, con los demás… Jesús quiere que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura.»[6]






[1] González Vallés, Carlos sj. CRECÍA EN SABIDURÍA… 3ra ed. Editorial Sal Terrae. Santander-España, 1995. p. 57.
[2] Estrada, Hugo. sdb. PARA MÍ, ¿QUIÉN ES JESÚS? Ed. Salesiana Guatemala 1998 p. 101

[3] Galilea, Segundo. EL SEGUIMIENTO DE CRISTO   Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1999  p. 27
[4] Escrivá de Balaguer, Josemaría. CAMINO.  7ª ed. Ed. Procodes  Bogotá .- Colombia 2001 # 267  p. 76
[5] LAS ENSEÑANZAS DE LA MADRE TERESA 2da ed. Ed. Librolatino BB. AA. – Argentina 1999 p. 192
[6] Papa Francisco EVANGELII GAUDIUM Exhortación Apostólica 24 de nov. 2013. ## 268-270


sábado, 23 de junio de 2018

BAUTISMO, BAUTISTA, BAUTIZADOS



Is 49, 1-6; Sal 138, 1-3. 13-14; Hech 13, 22-26; Lc1, 57-66. 80

«Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...»
Lc 1, 76

Se ha señalado que sí Dios no nos hubiera indicado
la relación filial de Jesús con Él,
nosotros no habríamos podido
–por esfuerzo de nuestra inteligencia- saber que Jesús,
es su Enviado, su Hijo Santísimo.
¡Si nos cuesta tanto pese a la Revelación!

Así Dios, que desde la Caída de Adán y Eva previó la Redención,
y previó la figura de los profetas,
                                                    y todo el Primer Testamento
para educarnos en la espera y saber aguardar
y entender que esperábamos al Mesías.

En la hora justa,
                          seis meses antes de enviarnos a Su Hijo,
asistimos a este evento milagroso:
la prima de María,
                            una mujer vapuleada por la esterilidad
                                                                                        ya mayor,
y su esposo Zacarías –que como él mismo lo declaró- “ya soy viejo”;
recibe, este último,  el anuncio de la anhelada paternidad,
no lo pueden creer,
                               al punto que Zacarías es castigado con mudez por su duda.

El ángel, al hacer entrega del anuncio,
vaticina: «Tu esposa Isabel te dará un hijo
y le pondrás por nombre Juan.
Será para ti un gozo muy grande,
y muchos más se alegrarán con su nacimiento,
porque este hijo tuyo será un gran servidor del Señor.
No beberá vino ni licor,
y estará lleno del Espíritu Santo
ya desde el seno de su madre.
Por medio de él muchos hijos de Israel volverán al Señor, su Dios.
El mismo abrirá el camino al Señor
con el espíritu y el poder del profeta Elías,
reconciliará a padres e hijos
y llevará a los rebeldes a la sabiduría de los buenos.
De este modo preparará al Señor un pueblo bien dispuesto.»


En este último renglón que hemos citado
se explica la misión y el sentido-de-vida de San Juan el Bautista,
por medio de él, El-Señor se preparará un pueblo,
no cualquier pueblo sino uno bien dispuesto:
esa era la confianza que Dios depositó en el pueblo de Israel.

Hoy en día creemos que
    probablemente Juan creció
en Qumrám
                    con los esenios, en el desierto de Judea
en las grutas del Mar Muerto,
Juan significa fiel a YHWH.


Para mejor profundizar lo que quiere comunicarnos Juan el Bautista
y su significado para nosotros en la liturgia de hoy,
conviene que revisemos lo que quiere decir
      ser profeta
es el que recibe de Dios una boca como espada afilada
para que sea blandida por el propio Dios;
es el que ha sido hecho flecha bruñida
para viajar en el carcaj del Señor.
Es un siervo, no sirviente,
                                         sino instrumento,
y su designación es desde todos los tiempos,
Dios nos tenía previstos para tal.


Esta predestinación
está explicada en el Salmo 139(138):
El Señor nos sondea y nos conoce,
tiene previsto cuando uno se levanta y cuando uno se sienta,
distingue el sitio de descansar y los lugares por donde pasará,
y tiene en su mano el mapa que describe nuestras “trayectorias”.

No sólo fue portentoso el origen de Juan el Bautista,
todos tenemos un génesis portentoso,
                                                              a todos nos amasa el Señor –Dios de la Vida-
                                                              en las entrañas de nuestra madre,
                                                              e infunde el soplo vital en el fondo
                                                              del barro fino amasado.


En la misma ruta de Salvación
El Señor escogió a David –que habría de ser grato a su corazón-
Y de su linaje sacó Aquel-con-el-que-Dios-Salva,
delante Suyo envió un adalid
    cuya misión era
    “predicar un bautismo de conversión”
Este mensaje no es exclusivo,
                                                 es para todos los descendientes de Abrahán,
                                                 para todos los que temen a Dios,
no con miedo sino con Amor-Fiel.

Esta misión de mensajeros es para ángeles-humanos,
para profetas,
                      que somos todos los bautizados:
sacerdotes, profetas y reyes.