viernes, 7 de diciembre de 2012

PREPAREN AL SEÑOR UN CAMINO



MILITANCIA EN LA FE
Bar 5, 1-9; Sal 125, 1-6; Filip 1,4-6.8-11; Lc 3:1-6


Prácticamente es lógico que al aguardar al Mesías el pueblo judío esperara a un Rey –Militar poderoso. ¿Qué es una Parusía? En la cultura de aquella época, cuando se aguardaba la llegada del Emperador, o de algún militar de renombre, con su ejército, se preparaba su recibimiento con un acto cívico-militar, consistente en el desfile, con gran “bombo y platillo”, recepción con banquete y toda clase de honores y de pompa. Este acto de recepción era lo que se denominaba Parusía. El término se recogió y en la cultura religiosa vino a significar la Segunda Venida del Mesías. También para Él, con gran pompa y honores militares, “revestido de poder y de gloría”, habría derroche y agasajo, vino y pétalos de flores, corona de laurel y bandas “marciales”. Era la llegada del Dios Guerrero, triunfador, que restablecería el brillo que David tuvo en su momento, y seguramente más.



Dios, suprema expresión de Libertad, no se deja atrapar en nuestras categorías y prejuicios. Ese Guerrero-Poderosísimo, en vez de armadura, ¡llega envuelto y blindado de… ternura! En vez de temible soldado, en vez de ser un Goliat que hace temblar, trae todo el Poderío de su fragilidad: así como nos derretimos ante un indefenso bebé, así el Mesías nos “vence”, no con la fuerza sino con la debilidad. Subraya el Padre Alberto Múnera s.j.: «totalmente dependiente de su Papá y de su Mamá, de San José y la Virgen María».[1]

Exactamente como ahora se hace presente en un minúsculo trozo de Pan y unas cuantas gotas de Vino; así renunció a toda soberbia humana y optó por la mayor sencillez. Así despreció toda fuerza y toda muestra de poderío y recurrió al “poder” excelente del Amor. Un poder que no somete, un poder que no aliena, un poder que podríamos resumir,  brevemente, señalándolo como un “anti-poder”. Y, sin embargo, es Poder. Porque el Amor es –si se nos permite- Poder-Poderoso. Sólo que no es poder violento, no es poder coercitivo, aún cuando sonará tautológico, es poder Amoroso.



¿Cómo es un poder amoroso? El que no nos gana por la fuerza ni por la imposición, nos gana por la dulzura de la seducción. Apela a nuestra aceptación. Ya lo dijo Jeremías, פִּתִּיתַ֤נִי  יְהוָה֙  וָֽאֶפָּ֔ת “…me sedujiste y yo, me dejé seducir”(Jer20, 7a) (en esta palabra וָֽאֶפָּ֔ת hay un tinte de “engaño”, se seduce por medio de un engaño, hay algo “no esperado”, “no previsto”, algo inesperado, inédito; hay algo detrás, oculto; convenció pero sorprendió por ser algo inesperado). El pueblo judío esperaba una Gloria fácil porque Dios la traería encerrada en su Poderío; en cambio, vino Jesús que espera nuestra contribución al Proyecto del Reino. Y, ¿qué tenemos que aportar nosotros? Sigamos a Jeremías en la continuación del versículo 7, en el capítulo 20:  לִשְׂחֹוק֙  כָּל־  הַיֹּ֔ום  כֻּלֹּ֖ה  לֹעֵ֥ג  לִֽי׃ “a todas horas soy motivo de risa, todos se burlan de mí”. (Je 20, 7c). ¿Qué tiene que ver este volverse objeto de burla con nuestro aporte a la causa del Reino? Se podría compendiar la respuesta diciendo: “Ser capaces de hacer lo ridículo para que a través de lo ridículo el Señor obre lo milagroso”.



Al decir lo anterior pienso en dos anécdotas bíblicas: David bailando desnudo (2Sa 6, 1-22) y, Jesús entrando en Jerusalén, montado en un pollino (Mt 21, 1-5). Capacidad de hacer lo ridículo…, de abajarse, de dimensionar nuestras vanidades demasiado humanas frente a la Grandeza de Dios, Poder Misericordioso. «…una locura cotidiana en un mundo, que tal vez no comprende ni el cristianismo, ni los valores que el cristianismo requiere: el amor, la justicia, la paz, el último puesto… La huida del mundo es la huida de la mundanalidad, no de los seres humanos, con los cuales hay que ser plenamente solidarios.»[2]

No queremos extendernos innecesariamente pero es importante enfatizar que no se trata del “uno”, no se trata, del “mí”, tampoco del “yo”. Se trata del “nosotros”, de esa dimensión donde florece la “fraternidad”, allí donde es posible la conciencia de ser hijos del mismo Padre, donde el “otro” nos duele, nos interesa. Donde somos sensibles y donde el dolor de cada “semejante” nos duele en las entrañas como dolor propio. En fin, sentirnos co-corporeos en el Cuerpo místico de Cristo.

2

“Una voz grita:
Preparen al Señor un camino en el desierto,
tracen para nuestro Dios
una calzada recta en la región estéril.
Rellenen todas las cañadas,
allanen los ceros y las colinas,
conviertan la región quebrada y montañosa
en llanura completamente lisa.”
Is 40, 3-4


Esta estrofa, tomada del Profeta Isaías, es el pivote de las Lecturas de este Domingo II de Adviento del ciclo C.  Lo encontramos en la Primera Lectura tomada de Baruc y en el evangelio Lucano. Así que, si en el Domingo I la consigna era “permanecer vigilantes”, la consigna de este Domingo es la acción. Es el Domingo de la “militancia”. Ser militante es ser activo, obediente y disciplinado. Releamos al profeta y prestemos especial atención a la consigna. פַּנּ֖וּ  דֶּ֣רֶךְ  יְהוָ֑ה  “Preparen al Señor un camino”. Hay un verbo regente, es el que implica “militancia”, nos llama al actuar, no a mirar, no sólo a observar, sino además, a poner manos a la obra, es el verbo . פַּנּ֖וּ . El verbo  פָּנָה se puede traducir como “convertir”, volver”, “hacer pasar”, “preparar”. Esta última acepción es la que se ha tomado en el texto bíblico para traducir el sentido. Luego, hay una “militancia” que se asume en una acción trasformativa, “prepararle” el camino al Señor.



¿En qué consiste ese “preparar”? ¿Qué quiere decir el texto al invitarnos a “trazar una calzada recta”? ¿Cómo entender lo de rellenar las cañadas y lo de allanar los cerros y las colinas? ¿Tenemos acaso que convertirnos en ingenieros civiles y dedicarnos a corregir las caminos, las autopistas, las carreteras?



El texto de Baruc nos da una rica indicación, rica si la sabemos captar (porque la sabiduría popular ya lo dice: “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”). “Envuélvete en el manto de la justicia de Dios”. Lo entendemos así: Preparar el camino del Señor es “vestirse el manto de la justicia divina”, es ser un “justiciero” (no tiene nada que ver con tomarse la justicia por propia mano), sino “ser justo”, construir el reino con justicia.


Esta palabra justicia es muy peligrosa, cada cual querrá entenderla a su manera; para prevenir semejante atrocidad, recurramos a San Pablo. Leamos en la perícopa de Filipenses correspondiente a esta fecha el versículo 9 y luego, hilvanémoslo con el 11. ἵνα ἡ ἀγάπη ὑμῶν ἔτι μᾶλλον καὶ μᾶλλον περισσεύῃ “que el amor crezca en ustedes”. Entonces, entendamos bien,  “envolverse en el manto de la justicia” significa que el amor ἀγάπη (agape) crezca, día a día, haciéndose cada día mayor. Se dirá que esta conexión es reforzada, que San Pablo en Filipenses está hablando de otra cosa. ¡Pues no!. Veamos, y por eso es que proponemos el hilván con el verso 11a: πεπληρωμένοι καρπὸν δικαιοσύνης: “llenos de los frutos de la justicia”. La oración de San Pablo pidiendo que crezcamos en Amor de día en día es para que “carguemos frutos abundantes de δικαιοσύνης justicia”, y la palabra que se usa empalma con la característica de los “justos”, la santidad que Dios quiere, que Dios pide al ser humano que se quiera fiel a los designios del Señor, es esa “justicia”, es “rectitud”, “honestidad”, virtudes comprometidas con el “hermano”, que no es jamás indiferencia, en cambio, es siempre acogida, entrañas conmovidas; en fin, como lo dice San Pablo, de manera tan exacta, ἀγάπη Amor creciente.



Veamos ahora, sobre un mapa general, dónde hay cerros por allanar y cañadas por rellenar. Tomemos un ejemplo en el mapa de Colombia, con un diagnóstico de 1994, que sigue siendo igual de válido, 18 años después:

«Entonces aparecen “bajo el mismo cielo dos naciones, sobre la misma tierra dos pueblos: Una Colombia es así porque la otra es como es. La Colombia moderna, industrializada, la forma una minoría opulenta, viajada, bien vestida, hace dieta para no engordar, controla los nacimientos, pasa vacaciones en el exterior, habita casas suntuosas, trabaja en oficinas cuyo diseño y confort envidiaría un suizo, sus índices económicos florecen. Al lado mora la otra Colombia, arcaica, rústica, oscura. La forma la mayoría pobre, restringida en sus posibilidades, mal vestida, mal comida, flaca; denuncia el hambre su físico desgarbado, su cara mustia, el brillo angustiado de sus ojos inquietos, los altos índices de natalidad por medio de los cuales se defiende misteriosamente la especie de la extinción al reproducirse tumultuariamente, vive en ranchos, toma agua sucia, toda su apariencia denuncia violentamente los estragos que hace la miseria en sus organismos. Grupo marginado, presenta bajísimos índices sociales y vitales.  

Ese dramático telón de fondo ofrece lugar para quienes separan lo que Dios ha unido y declaran que los comportamientos económicos nada tienen que ver con la evangelización, con la fe, con la Iglesia, con el seguimiento de Jesús.
…………………………………………………………………………………
Jamás la evangelización auténtica podrá ser económicamente neutra. Mucho menos sierva de sistemas económicos de muerte que, hoy como ayer, quisieran justificarse en amañadas interpretaciones de la Buena Nueva de nuestra liberación en Cristo.»[3]


3

El Domingo pasado, Primero de Adviento, discerníamos tres venidas del Señor: Una, la primera, en Belén; la segunda: la Parusía, al “Fin de los tiempos”; y una cotidiana, en la que viene “mal vestido, mal comido, flaco; denuncia el hambre su físico desgarbado, su cara mustia, el brillo angustiado de sus ojos inquietos”; Adviento es todos los días, no sólo estas cuatro semanas, Jesús está viniendo siempre; viene a ver si lo acogemos, si lo recibimos, si hemos superado nuestra indiferencia, nuestra indolencia, nuestros egoísmos; a ver si estamos listos a recibirlo en Gloria. ¿Cuántas veces habrá pasado a nuestro lado y nosotros ni siquiera lo hemos volteado a mirar? ¿Cuántas veces habrá llamado a nuestra puerta?

Hay pues, muchos cerros a allanar y muchas cañadas que deben rellenarse para que el Camino del Señor sea parejo, para que Él marche por una Senda digna de Su Pie, con derroche de acogida y agasajo. Vinos de solera,  pétalos de flores, corona de laurel y –en vez de bandas guerreras- villancicos.

Entonces mostrará el Señor su Gloria,
y todos los hombres juntos la verán.
El Señor mismo lo ha dicho.
Is 40, 5


[1] Cfr. Homilía del 1er Domingo de Adviento, 2 de Diciembre de 2012
[2] Bianchi, Enzo. LAS PARADOJAS DE LA CRUZ. Ed. San Pablo. Bogotá-Colombia 2001. pp. 72-73
[3] Parra, Alberto. s.j. EVANGELIZAR A COLOMBIA DESDE SU NUEVA REALIDAD. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá, D. C. Colombia. 1994 pp. 40-41

miércoles, 5 de diciembre de 2012

χαῖρε, κεχαριτωμένη


Salve, Llena de Gracia

Gloriosas realidades se pregonan de ti,
María, porque de ti nació “el sol de justicia”,
Cristo, nuestro Dios.

Antífona de Comunión

1
«Dios el Padre escogió a María para que se convirtiera en Madre de su Hijo. Desde el momento en que ella fue concebida en el vientre de su madre Ana, María era libre de pecado. Esto era un don único del Señor, porque ella se convertiría en la Madre de su Hijo. Esto fue una demostración de su amor por ella, no por algo que ella hubiese hecho, sino por lo que le sucedería al plegarse a su Voluntad. Honramos a la Virgen María por el singular amor que Dios le tiene.
A través de la intercesión de María con Dios Padre, rogamos porque Cristo renazca nuevamente en nuestras vidas en este muy especial día de celebración.»[1]
2
«El carácter constructivo de la narración brilla todavía con mayor claridad al constatar que los elementos del diálogo entre el ángel Gabriel y María proceden, en su mayor parte, del antiguo Testamento. Existían ya como formas estereotipadas al uso:»[2]
«…la narración es una construcción artificial se nota cuando constatamos que los elementos del dialogo entre Gabriel y María están copiados del Antiguo Testamento. El saludo “alégrate” (v.28) esta sacado del profeta Sofonías (Cf. 3, 14). Le expresión “El Señor está contigo” es del libro de los Jueces (Cf. 6, 12), cuando un ángel se le aparece a Gedeón. “No temas” (v.30) es la frase que el ángel Gabriel le dice a Daniel al presentársele (cf. Dn 10, 12) “Nada hay imposible para Dios” (v.37) lo encontramos en Gn 18, 14 cuando un ángel le anuncia a Abraham que le nacerá un hijo… Lucas ha recopilado, así, frases importantes del Antiguo Testamento referidas todas a intervenciones de Dios en la historia, y con ellas ha tejido un relato sobre la más grande de las intervenciones divinas en la humanidad»[3]
«No puede menos de admitirse que el anuncio del nacimiento de Juan en Lucas 1, 5-20 y el anuncio del nacimiento de Jesús … obedecen rigurosamente a un esquema único:
1)    Aparición de un ser celeste
2)    Anuncio del nacimiento de un hijo
3)    Imposición del nombre
4)    Revelación de su futuro
…. Los exegetas hablan, por esta razón, de “esquemas de anunciación”»[4]
Cuándo Ariel Álvarez Valdés analiza el “esquema de anunciación” encuentre cinco elementos «bien definidos.
1)    La aparición del mensajero celeste
2)    La turbación o el miedo del personaje
3)    El mensaje, que el enviado trae de parte de Dios
4)    Una objeción, que el personaje pone, y que servirá para que se aclare mejor el mensaje.
5)    Un signo, que el ángel da al personaje para confirmarle que viene de Dios.»[5]
Mientras Lohfink señala el ensamble de dos estructuras que se yuxtaponen: Primero, el esquema de anunciación y luego un “esquema de vocación”.
«Resulta, por consiguiente, claro que el conjunto de la narración de Lc 1, 26-38 se compuso a base del Antiguo Testamento. El autor no se contentó con tomar del Antiguo Testamento unas fórmulas estereotipadas (ejemplo: “Nada hay imposible para Dios”); ajustó además su narración a un esquema ya existente en el Antiguo Testamento, o, mejor dicho, se atuvo a dos esquemas veterotestamentarios combinándolos.
1)    Aparición de un ser celeste                                      Esquema
2)    Anuncio del nacimiento de un niño                           de       
3)    Imposición del nombre                                             anunciación
4)    Revelación de su futuro
5)    Dudas del hombre                                                    Esquema
6)    Aclaración que disipa las dudas                               de vocación
7)    Signo fehaciente»[6]

Concluye Ariel Álvarez Valdés
«Todas recibimos, cada día, una invitación parecida a la que recibió María. Una invitación a realizar algo para que el plan de Dios se siga cumpliendo en nuestros hogares, en nuestra familia, en nuestra sociedad. Dios se introduce en la casa de cada uno, como el ángel en la de María, para pedirnos colaboración. En nuestro “si” están en juego muchas cosas. Y con nuestro “no” se frustran muchas otras… Pero falta mucho todavía para que se cumpla la obra de salvación de Dios. El mundo no está como Él lo quiere. Hay hambre, hay odio, hay injusticias, hay violencia. Sigue haciendo falta, aún, nuestro sí»[7]
3
«Señor Jesús
tu Madre, la Ss. Virgen María,
Madre nuestra,
nos mostró la forma de vivir nuestra fe,
como responderte
como ser discípulos tuyos
como vivir para serte agradables.
Tu madre Señor
nos dio el ejemplo de entrega
de sumisión, de disponibilidad
y generosidad.
Ella sin entender, supo decir sí
sin ver claro lo que le pedías, dijo sí
con todo lo que implicaba decir sí, dijo sí
aunque lo que tú le pedías
le cambiaba sus planes, dijo sí
aunque eso le podría traer problemas, dijo sí.
María es la mujer del sí incondicional
la mujer de la entrega total e incondicional
María es la mujer según el corazón de Dios.
por eso Señor danos también a nosotros
la gracia para siempre responder sí,
para decirte siempre Sí, sí como María,
para decirte como María:
“Hágase en mí según tu Palabra”.
Así sea.



María,
María del sí
María del hágase
María del aquí estoy
María tú que te diste toda
para que Dios actuara en ti
María tú que fuiste cubierta
por el poder del Espíritu Santo
María tú que sentiste crecer
al Hijo de Dios dentro de ti
María tú que creíste en Dios
María tú que supiste decir sí
María tú que dejaste tus planes y proyectos
para hacer los de Dios.
María tú, mujer, Virgen, Madre
María tú, Madre mía
María tú, madrecita santa
María tú, Virgencita santa
intercede por mí, pide por mí, ayúdame.
Ayúdanos a celebrar una santa Navidad
que cada uno sintamos
al niño Jesús nacer en nuestro corazón
Que nos sintamos más cerca de Dios
que sea una Navidad de Dios.
que tu Hijo nazca en cada corazón
en cada hogar.
Así sea. »[8]




[1] Buckley. Mnsr. Michael ORACIONES PARA EL CATÓLICO DE HOY Ed. Planeta Colombiana Bogotá-Colombia 2002. p. 111-112
[2] Lohfink, Gerhard. AHORA ENTIENDO LA BIBLIA. CRITICA DE LAS FORMAS Ed. Paulinas Madrid España. 4ª Edición. 1977 p. 165
[3] Álvarez Valdés, Ariel. ¿QUÉ SABEMOS DE LA BIBLIA (III) Ed. Centro carismático “Minuto de Dios” Bogotá – Colombia pp. 83-84
[4] Lohfink, Gerhard. Op. Cit p. 166
[5] Álvarez Valdés, Ariel. Op. Cit. pp. 85-86
[6] Lohfink, Gerhard. Op. Cit p.170
[7] Álvarez Valdés, Ariel. Op. Cit. p. 92
[8] Weisesee Hetter, Jesús Antonio. Pbro. EVANGELIOS DE LA INFANCIA MATEO – LUCAS LECTIO DIVINA. Febic – Lac. Federación Bíblica Católica. Bogotá D.C. – Colombia. pp. 54-55.

sábado, 1 de diciembre de 2012

PERMANECER VIGILANTES


Al iniciar el Año Nuevo Litúrgico, las lecturas de este Primer Domingo de Adviento, ciclo C, nos proponen una primera actitud en el contexto del sentido de preparación que anima el Adviento. ¿Cuál es el eje preparativo de esta primer paso del ADVIENTO? Estar dispuestos, estar “despiertos”, en el sentido ético-teológico de la palabra. Porque podemos prepararnos de muchas maneras.  ¿Será que esta preparación está relacionada con llevar la ropa a la lavandería, o comprar una muda nueva, o hacernos la manicura, o hacer las compras navideñas cuanto antes, tan pronto recibamos la “prima”? ¿Tendrá que ver con los preparativos de la Cena de Nochebuena, con los preparativos para rezar la novena, con vestir el Pesebre y el árbol Navideños, con la decoración de nuestros hogares? Otra manera de prepararnos consiste en disfrazarnos de Papá Noel o Mamá Noelia, para lo cual es preciso apresurarnos a alquilar los correspondientes disfraces. Aún otro estilo preparativo tiene que ver con la contratación del Pollo Relleno, o el Pavo, o la preparación de los Tamales, la Natilla y los Buñuelos y con la adquisición de las materias primas necesarias para su preparación, antes de que todo empiece a escasear en el mercado como resultado de la demanda exhaustiva de estos productos.

Todos estos elementos folclóricos, entreverados de elementos comerciales, de las Fiestas Navideñas, amenazan hacernos perder de vista lo esencial del Adviento y la Navidad. ¿Qué es lo esencial? Evidentemente, el nacimiento de Jesús, nuestro Dios, Hijo del padre Eterno que se humanó, conforme lo predicho por los profetas (El profeta Jeremías, lo vaticinó, conforme lo leemos en la Primera Lectura de hoy)) , y –como lo hemos repetido con gran frecuencia- se abajó, se anonadó, descendió de los Cielos y, tomando Carne del Seno de su Santísima Madre, la Siempre Virgen María, se hizo Hombre, exactamente como nosotros, en todo sentido, menos en el pecado. Puso su Tienda entre nosotros, equiparándose en todo, excepto en el pecado, puesto que Él, junto a su Santísima Madre, no conocieron el pecado. Así vino Dios-Hombre por primera vez; nació en Belén, en una pesebrera, porque no hubo lugar en la Casa para atender un parto en la “habitación” común.



Pero, Jesús habría pasado en aquel tiempo histórico, ¿vino –como un inspector o un supervisor- visitó, observó, comentó, criticó y se fue? ¿Qué clase de Dios Humanado ese ese? ¿Qué clase de Emmanuel -Dios con nosotros- sería Jesús? Pasó, nos visitó y luego pasó a la historia. ¡No! Jesús nos ha anunciado una segunda venida: La Parusía: Sería una Segunda Venida, triunfal, llena de poderío, ἐν ἁγιωσύνῃ ἔμπροσθεν τοῦ θεοῦ καὶ πατρὸς ἡμῶν ἐν τῇ παρουσίᾳ τοῦ κυρίου ἡμῶν Ἰησοῦ μετὰ πάντων τῶν ἁγίων αὐτοῦ .en compañía de todos sus santos (Cfr. 1Tes 3, 13c) de lo cual tenemos noticia en la Segunda Lectura, tomada de la Primera  Carta a los Tesalonicenses, donde  se nos habla de esa segunda venida.



Aún es más duradera y permanente la Presencia de Jesús entre nosotros: Él está siempre con nosotros. Se nos hace presente muchas veces a través de nuestro prójimo, a través de la persona menos imaginable. Allí, cuando no estamos pensando en Jesús, irrumpe Él, se acerca, camina a nuestro lado, o, espera algo, a veces una palabra que levante el ánimo, una voz de aliento o de consuelo, tal vez, una plegaria, un servicio, un gesto caritativo, fraternal, solidario. Jesús se hace presente en un Sacerdote, en un religioso, en un laico… su Misteriosa Compañía es constante. Siempre, siempre, camina a nuestro lado.

Sabemos, además, que se hace presente de forma plena en el Sacramento Eucarístico. Así que Jesús no es un Dios que vino, o un Dios que volverá. ¡Está aquí! Con sus vestiduras y su presencia más humilde, en el harapiento, en Alguien de apariencia normal o…en un mínimo bocado con apariencia de Pan.


«Adviento es el tiempo de preparación de la Navidad, que forma una unidad dinámica con la misma Navidad y la Epifanía, celebrando así la manifestación del Señor en nuestra historia. La fiesta de Navidad se celebra no tanto como un aniversario histórico entrañable, sino sobre todo como la presencia viva del misterio de este nacimiento en Belén: el Dios-con-nosotros, ahora resucitado y glorioso, sigue estando en medio de su pueblo y le comunica la gracia específica de su nacimiento.»[1]

2

Sabemos que el Adviento es esta época. Sabemos que las cuatro semanas previas a la Navidad reciben este nombre; pero, ¿de dónde proviene esta expresión? El Santo Padre explica lo que es el Adviento «…el significado de esta palabra, que puede traducirse como “presencia”, “llegada”, “venida”. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su ocultación para manifestarse con poder, o que es celebrada presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra “adviento” para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre “provincia” llamada tierra para visitarnos a todos; hace participar en la fiesta de su adviento a cuantos creen en Él, a cuantos creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podemos ver y tocar como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.».[2]

Un signo hermosísimo a una vez que litúrgicamente pedagógico es la Corona de Adviento. Sus cuatro velas de colores: verde, morada, blanca y roja nos van llevando de la mano y expresando el significado de cada Domingo de Adviento. La verde la esperanza; la morada, la penitencia, la conversión; la blanca, la alegría; y, finalmente, la roja, el amor de Dios por nosotros.

« Con la palabra adventus se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podemos ver y tocar como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras. »[3]

3



«Dios es un Dios de la vida, y lo que Él quiere es “que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Pero, esta vida que culmina en su plenitud en una situación de vida eterna, ya comienza aquí y ahora, en las situaciones históricas de la convivencia social… todos aquellos que profesan su fe en una vida eterna, son llamados y desafiados a obrar, para que su esperanza en la vida futura repercuta ya en el presente. Su lucha contra todos los mecanismos que causan muerte comprueba y manifiesta su fe en la vida eterna.. En nombre de su fe en la vida eterna hay que denunciar las estructuras injustas, los mecanismos de exclusión y los sistemas que generan muerte, en vez de vida. Y es en nombre de su fe en la vida eterna como hay que obrar , para que los grandes valores de la vida formulados en las revelaciones sobre el reino de Dios comiencen desde ya a ser realizados. Esta fe, así, no se convierte en alienación que desvía la atención de la vida y de la historia humana concreta…, se convierte en incentivo para comenzar ya, aquí en la tierra, con la realización de aquellos valores que Dios llevará a plenitud para nosotros en escala infinita en aquella manera de ser, que llamamos VIDA ETERNA.»[4] Este es el significado de “estar despierto”, de “permanecer vigilante”. No se trata de mantener simplemente los ojos abiertos, se trata de pasar a la acción, hay que ir adelantando, ir dando las puntadas que se pueden, empezar desde ya la práctica de la justicia, de la solidaridad. Hay que empezar desde ya a vivir en función de la paz, y no a vivir en función de la guerra so pretexto de que ella algún día nos traerá la paz, esto es sólo propaganda de los que usufructúan del “negocio” de la guerra. «Seremos capaces de volver a empezar cada día en el aprendizaje del amor fraterno, no por la realización afectiva que nos aporta, sino por el servicio de Jesús que vive en el hermano»[5] Estar despierto y vigilante es trabajar por la cultura de la vida, creyendo en ella. La cultura de la vida es capaz de ver en cada hermano el Rostro de Jesús, muchas veces, el Rostro del Siervo Sufriente.



«El teólogo de Munich Wolfhart Pannenberg ha acuñado un concepto técnico…: el “derecho proléptico” de Jesús. En un intento de “suavizar” o de hacer mas inteligible la expresión, Bruce Vawter la ha traducido como “retroactividad resurreccional”. ¡No se sabe cual es peor…! Pero la importancia del tema justifica el neologismo.  “Proléptico” proviene del griego “pro” (“de antemano”) y “lambano” (“coger” o “tomar”). Es decir, algo “tomado de antemano”, algo que va a venir después, que todavía no es realidad, pero respecto de lo cual, y en la seguridad y la confianza de que ha de venir, se pueden ya tomar medidas y adoptar actitudes.»[6] Así se debe vivir la fe, con tal seguridad, con tal convencimiento, que uno sea capaz desde este mismo instante de obrar contando con ello. La fe nos obliga a ser prolépticos con relación al Reinado de Dios, “ya es, pero todavía no” y, sin embargo, como contamos que será, debemos vivir con toda la coherencia como si ya se hubiera implantado a plenitud y ya se hubiera llevado a realidad.

4


Quiero andar, Señor, en este Adviento de gracia,
para ir corriendo a Tu encuentro
porque se y siento que en el mundo
no hay nadie fuera de ti
por quien valga la pena gastar mi vida, para poder comparecer un día
delante de ti con el corazón en fiesta.
Amén.[7]







[1] Dini, Averardo. EL EVANGELIO SE HACE ORACIÓN Tomo III- Ciclo C Ed.  Comunicaciones sin fronteras Bogotá Colombia. p. 12
[2] Benedicto XVI. Homilía de las Primeras Vísperas del I Domingo de Adviento. 30 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).
[3] Ibid.
[4] Blank, Renold. CREO EN LA VIDA ETERNA. Ed. San Pablo Bogotá Colombia 2010 p.52
[5] Galilea, segundo. EL SEGUIMIENTO DE CRISTO Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia. 1999 p. 18
[6] Vallés, Carlos G. s.j. CRECÍA EN SABIDURÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 2001 p. 106
[7] Dini, Averardo. Op. Cit. p. 13