martes, 19 de mayo de 2026

Miércoles de la Séptima Semana de Pascua


                                

Hch 20, 28-38

… el pastor debe recordar la palabra de Jesús: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. Curiosamente, este es también un proverbio griego de origen persa.

Ivo Storniolo

Pablo, está dirigiéndoles un discurso a los presbíteros de Éfeso. Como dijimos ayer, hoy entramos en la segunda parte de ese discurso. Podemos desagregar esta segunda parte en tres secciones:

-Previsiones del futuro, después de su partida.

-Poner en las Manos del Señor la Comunidad que tendrá por faro el Evangelio.

-La mayor felicidad es la “entrega”.

 

A los ancianos se dirige San Pablo en su discurso de despedida, y les da una función “episcopal” y les recomienda que se cuiden, antes que todo, de sí mismos, y, en segundo lugar, de sus respectivos rebaños. Esas ovejas que ellos tienen la misión de cuidar, son las que Jesús adquirió, pagando el carísimo precio de su Propia Sangre.

 

Hay, además, una previsión, les anuncia lo que va a pasar tan pronto el Ascienda (a la Derecha del Padre), vendrán los λύκοι βαρεῖς “lobos feroces” (“chacales que con su violencia los dejaran inánimes”) a mezclarse entre ellos, serán despiadados con sus ovejitas. Todavía es mayor el riesgo, pues del grupo de los ἐπίσκοπος [epíscopos] “supervisores”, “capataces”, “obispos”; unos se voltearán, y despotricarán contra los “leales” (el Perverso siempre viene a atacar por dentro, infiltrando sus secuaces), para arrastrar tras de sí a los discípulos. En estos casos se suele preguntar, ¿les suena conocido? Y, se añade: “cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia”. Presiento que esta Palabra de Jesús (Cfr. Mt 26, 31) -puesta en los labios de San Pablo- se hace, Hoy por hoy, tan cierta como entonces. ¡Quizás más! También nosotros podemos reconocer que existen divisiones entre nosotros y que existe el riesgo de tergiversar las palabras del evangelio para adaptarlas a nuestros propios intereses. La advertencia paulina no es en vano.

 

San Pablo les hace caer en la cuenta que él ha perseverado, durante tres años, enseñándolos a discernir el peligro, a presentir las amenazas, a permanecer siempre muy “observadores” para detectar a las fieras voraces, siempre al acecho. Ahora, cuando él parte definitivamente, en la misma línea de la oración sacerdotal, los encomienda al Altísimo, y pide, a la Gracia radicada en la Palabra, que obre con todo su Poder para trasformar a estos presbíteros “guardianes” a la santidad, edificándolos como heredad del Hijo.

 

Luego, arguye que los presbíteros no tienen que buscar el lucro a costas del rebaño, que la caridad se ejerce con los estipendios ganados con el propio esfuerzo y el propio trabajo. Inmediatamente expresa, con una oración gramatical que no se puede descontextualizar, y que él empieza -a pronunciar- refiriéndose a sí mismo, “Hay más dicha en dar que en recibir”, expresión que encontramos -aproximadamente- en proverbios 11, 25 donde leemos: “el que es generoso prospera, el que da, también recibirá”. Ningún evangelista lo relata, pero, nada constituye óbice para que él (San Pablo) lo hubiera oído de uno de los discípulos del Señor Jesús, relatado de viva voz. En el contexto paulino, se enlaza firmemente con su consejo: “siempre les he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados”. Una forma de trabajar fue organizar la colecta para llevar socorro caritativo a la -paupérrima- comunidad hierosolimitana, auxilio pecuniario que, para mayor garantía, él quiso llevar y entregar personalmente, y no por interpuesta persona.


Acto seguido se postró de rodillas y se puso en oración, lo cual arrancó lágrimas a los asistentes que arrojándose a su cuello lo orlaban de besos. Así, con la intensa herida de separarse definitivamente, sin esperanza de volverse a encontrar, lo escoltaron a la nave.

 

Sal 68(67), 29-30. 33-35a. 35bc-36d

Pablo acaba de pedir a Dios y a Jesucristo que enriquezca a los “episcopos”, con su Gracia y la que proviene de la Palabra. El Salmo, da continuidad a esta súplica, dirigiéndose el Rey de reyes, a quienes el salmo responsorial pide cantar. Y ofrecerle tributos.

 

En la segunda estrofa, les pide, no limitarse a los cantos, sino reforzar con música de instrumentos, que sirvan de fondo a la Voz Divina, que nos ordena reconocer el Poder de Dios.

 

La tercera estrofa nos dice donde se visualiza Su Poder, “sobre las nubes”, desde donde envía sus rayos luminosos que reverberan sobre el Pueblo Escogido. ¡Por todo, Dios sea bendito!

 

Jn 17, 11b-19

Que los preserve de pensar y obrar como el mundo

Jesús pide que sus discípulos no acepten las aspiraciones y criterios del “mundo” ... Pide por ellos, para que sigan unidos por la fe que vence al “mundo”; que el fruto de esta unión nunca se acabe…Jesús pide al Padre que guarde a los discípulos del malo, del que es dueño de un poder que se caracteriza por la incredulidad, la mentira y el odio…

José Cárdenas Pallares  

El capítulo 17 podemos trabajarlo como tres perícopas

i)              1-5 El tema de la Glorificación. Con una estructura quiásmica que ayer obliteramos.

ii)             6-23 La Unidad que hunde sus raíces en la doble inhabitación: la del Padre que vive en el hijo y la de Jesús que habita en su Padre.

iii)           24-26 Los que Lo conocen y son templos del Padre y del Hijo.

Lo que se proclama hoy es apenas una subsección de la segunda perícopa.


En este capítulo 17, ya se dijo, tenemos la “Oración Sacerdotal” -que ayer subtitulamos “el Padre Nuestro Joánico”. Aquí se pasa revista a los conceptos fundamentales de este Evangelio. Pero no es un repaso, por repasar, por mejor aprender. Nos va mostrando cómo, con estas mismas piezas, intercambiándolas, se puede construir una escalinata al Cielo.

 

En el Evangelio dice δέδωκα [dedoka] “he dado” que es el perfecto de indicativo del verbo δίδωμι [didomi] “dar”: “… dar es el verbo con que el Padre repetidamente ha expresado su amor al Hijo:

a)    le ha dado su nombre

b)    sus Palabras

c)    su Gloria,

d)    su Poder

e)    su Misión

f)     e inclusive, sus Discípulos.

Jesús a su vez, lo da todo a sus discípulos; comparte con ellos estas muestras del amor recibido del Padre. Amar es darse”. (Augusto Seubert)

 

Mencionemos las piezas que se destacan en la perícopa de hoy:

a)    El Nombre Altísimo

b)    Unidad (como comunión).

c)    La tutela que Jesús ejerció mientras estuvo a nuestro lado físicamente.

d)    La Escritura, como Libro profético.

e)    Jesús regresa al origen del que se desgajó

f)     El mundo, como colectivo que rechaza.

g)    La alegría que da Jesús, su Inmensa Paz.

h)    La entrega de la Palabra al mundo.

i)      No se trata de que nos quite de la “Batalla”, sino que nos da la fortaleza necesaria para no “rajarnos”.

j)      Porque ¡el Maligno nos va llevando a dentellada limpia!

k)    El corazón del mundo, enjaulado por el Maligno, queda “sordo”, incapaz de oír la Verdad de la Palabra. Incita a ir por senderos tenebroso llevándonos a pensar y obrar siguiendo el modelo de la sociedad injusta. Ciñéndonos a sus dictámenes.

l)      La Santificación de Jesús es el Aceite Santo para nuestra Unción.

 

“En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir as exigencias radicales del evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo”. (Papa Francisco)

 

¡Oh Señor, Úngenos con tu Santo Espíritu! ¡Santifícanos en la Verdad!

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