viernes, 3 de mayo de 2013

UNIVERSALIZAR LA FE



νῦν οὖν τί πειράζετε τὸν θεὸν ἐπιθεῖναι ζυγὸν ἐπὶ τὸν τράχηλον τῶν μαθητῶν ὃν οὔτε οἱ πατέρες ἡμῶν οὔτε ἡμεῖς ἰσχύσαμεν βαστάσαι;
“Pues ahora, ¿por qué tientan a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?
He 15, 10

Apertura universalista

«Son los hombres los que levantan muros y ponen cercas creando así divisiones y límites. Y todo aquel que llega a conocer a Dios termina por perder el “espíritu de clan”: el universo entero se convierte en su hogar y todos los seres llegan a constituir su familia.»[1] En el capítulo 11 de los Hechos de los Apóstoles, leemos que en Antioquía la Iglesia empezó a llamarse cristiana (cfr. He 11, 26); pero ahora estamos estudiando, al seguir leyendo los Hechos, cómo la Iglesia llego a hacerse católica, es decir, universal.

Quizás nos cuesta dimensionar hasta qué punto es difícil y durísimo abandonar la circuncisión. Para nosotros simplemente es una palabra, tal vez sabemos el significado, pero no estamos compenetrados del valor esencial que tenía para el judaísmo, para quienes representaba un acto de identidad cultural. Así como algunos clubes restringen la entrada a quienes no portan su carnet de afiliación –comparación ingenua- así la pertenencia al pueblo elegido de Dios se demostraría con este “carnet” grabado en la carne.

De otra parte, para los judíos, este rito se practicaba a la semana del nacimiento, pero si un  adulto gentil quería adherirse al judaísmo y hacerse prosélito, debía a ese edad, practicarse la circuncisión, con toda la incomodidad y los posibles riesgos profilácticos que en esas circunstancias históricas, debían presentarse. Aun cuando se diga que el prepucio no pasa de ser un pedazo de piel sin importancia alguna, para las “gentes” ajenas al judaísmo representaba una especie de “amputación”; tan es así  que en la perícopa que leemos en este VI Domingo de Pascua (He 15, 1-2. 22-29) se le denomina “carga” y del contexto se infiere que es “innecesaria” o “dispensable” (Cfr. He 15, 28).

Al examinar este episodio de la historia de la Iglesia en sus primeras comunidades reconocemos que no se operaba por el principio de “sola Escritura”; la dificultad se dirimió planteando la dificultad a las “autoridades” que en este caso eran los Apóstoles y los “presbíteros”, es decir los ancianos (reunidos para esta pregunta en el que llamamos el Concilio de Jerusalén; aun cuando esta sección de la perícopa no se lee, es precisamente He 15, 4-21), como hoy lo hacemos consultando a los Obispos. Vemos pues que este estilo de referencia a quienes la propia Iglesia ha colocado a la cabeza, no carece de raíces en la continuidad de la Comunidad de Fe instituida por nuestro Señor Jesucristo en cabeza de sus discípulos y sucesores.


Pero, y este tema no es de poca monta, la decisión no se emite en el exclusivo apoyo de esos “jerarcas”, hay una Persona que ratifica esa “autoridad” y es –nada más ni nadie menos- que Dios mismo en la Persona del Espíritu Santo. Para el incrédulo, esto no pasara de ser una frase para respaldar las decisiones en la Gracia de Dios; para nosotros, los fieles de la Iglesia, constituye un hecho permanente de nuestra historia de vida, cada decisión que hacemos, está puesta en oración, llevada a los pies del Señor, e iluminada por su Resplandor. No es que la “Palomita” baje y aletee o grazne indicando la respuesta, no se trata de eso. Se trata de orar, con profunda fe, y colocar el discurrir de nuestra vida y sus peripecias, en la Manos Providentes del Señor. Y no dudamos que el Señor “Sopla” su Espíritu e hincha el velamen de nuestras embarcaciones conduciéndolas siempre a puerto seguro. El Espíritu Santo nos conduce y nos responde por “signos” que requieren de nuestra apertura, de nuestra disponibilidad; apelan a nuestra respuesta, que en términos bíblicos suena así: Aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad, y que en labios de Santa María siempre Virgen sonó “He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Viene al caso decir –frente a quienes se escandalizan ante la palabra “esclava” que la esclavitud de este “Amo” no restringe ni un ápice nuestro albedrío. En otra parte destacamos que Dios no obliga a la Virgen Santísima a cumplir un “designio”, va donde su criatura, y por medio del Arcángel solicita la anuencia de María. Este detalle bien visto –usemos aquí una frase de cajón- vale más que mil palabras.

Siguiendo A Michel Gourges diremos que «este relato es uno de los más elaborados del libro de los Hechos. Se pueden distinguir en él tres partes.

·         El problema (15, 1-5)
·         Discusión y adopción de una solución (15, 6-21)
·         Trasmisión de la resolución a las comunidades (15, 22-35)»[2]

Que el Señor bendiga todos los pueblos y todas las criaturas

Los estudiosos del salterio nos han brindado 13 categorías distintas para clasificar los salmos, teniendo en cuenta, no tan sólo el género y la forma sino, también , la aplicación ritual que tenía dentro del culto. Una de esas categorías es la petición de bendición. Lo que nos parece llamativo es que de los 150 salmos, en esta categoría sólo caen dos salmos: el 66 y el 143.



Este Domingo VI de Pascua, nos ocupamos del Salmo 67(66). Cuyo sentido universalista (como decíamos arriba, catolizante) es indudable. Propone que todos los pueblos de la tierra sean bendecidos por el Señor; o sea, que el salmista también es consciente que la fe que se depositó en manos del pueblo judío se le entregó, no para acapararla sino para diseminar la semilla y atraer a otros para que se sumen y se pongan bajo la bendición protectora de Dios.

Al llamar a todos los pueblos incluye el llamado a todas las criaturas, como el Padre Teilhard de Chardin: «Una vez más, Señor, no en los bosques de la Aisne sino en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar, pero pasaré por encima de los símbolos hasta alcanzar la pura majestad de lo Real, y te ofreceré, yo mismo, tu sacerdote, sobre el altar de la tierra entera, el trabajo y las penas de los hombres”.
 
“El sol acaba de iluminar la franja extrema del oriente. Una vez más, bajo el manto agitado de su resplandor, la superficie de la tierra se estremece y reanuda su estremecedora labor. Pondré sobre mi patena, oh Dios mío, la esperada cosecha de este nuevo esfuerzo. Derramaré en mi cáliz la savia de todos los frutos que serán hoy triturados”.

“Mi cáliz y mi patena son las profundidades de un alma ampliamente abierta a todas las fuerzas que, en un instante, van a elevarse desde todos los puntos de la tierra y converger en el Espíritu... Ahí está la materia de mi ofrenda a Dios en esta Misa celebrada sobre el mundo”». Es una liturgia en la que intervienen en calidad de sacerdotes de la criaturidad las vinas y los granos de trigo, pero se les unen concelebrando desde el repollo hasta las alcachofas, están presentes las aceitunas, los higos, las manzanas, los exóticos frutos aportan su voz a la masa coral y, con sus cantos gregorianos y sus voces cultivadas en el bel canto, alaban y se postran para pedir –también ellos- ser benditos y ser admitidos en el unísono y en la unanimidad de los que alaban y dan gracias. Nadie en la naturaleza quiere exceptuarse, las bestias doblan sus patas delanteras y los peces, vienen todos a la superficie y con el rítmico abrir y cerrar de sus boquitas, se aúnan a los alabantes. Contemplemos las olas y cada gota del basto mar ensayar su ballet de milimétrica coreografía en una danza litúrgica para celebrar esta Eucaristía Universal.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges al mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Ha quedado dicho, Dios no es patrimonio exclusivo de ningún pueblo y ninguna cultura; ni podrá ser acaparado por ninguna raza ni por partido alguno. Es Dios de todos y de todo lo creado.

Revelación

Tanto el Salmo como la Segunda Lectura tomada del Apocalipsis se refieren a realidades que ya pero que todavía no. El salmo clama para que algo llegue. Apocalipsis (palabra que no podemos olvidar que significa Revelación) nos trasporta a la montaña para que podamos ver más allá, al otro lado del presente, al futuro; nos deja así entrever desde ya lo que “todavía no”. Parecido a la Transfiguración, el Espíritu Paráclito, nos da una muestra, un anticipo, una saboreadita para que sepamos desde ya, para apuntalar nuestra fe. El Espíritu Santo sabe cuánto lo necesitamos para sostenernos en medio de realidades defraudantes, desalentadoras, descorazonadoras. Entonces el Espíritu viene con su “vitamina” y nos deja constatar, lo que de otra manera nos está velado.



¿Qué hay detrás de la montaña?, es decir, ¿qué hay más allá del presente inmediato? ¡Son los ojos de la fe los que pueden ver! Jerusalén, la Ciudad Santa. Y ¿cómo es? Como un verdadero diamante fulgurante. Es la Iglesia en su papel líder. ¿Cómo podemos reconocer en esta Ciudad de la Paz (Ieroshalen significa la Ciudad de la Paz) a la  Iglesia? Sencillo, ¿sobre qué está fundada su “muralla”? observemos, sobre los nombres de los Doce “Apóstoles del Cordero”. Cabe alguna ambigüedad, quien no lo ve es porque no lo quiere ver.

¿Otro poquito de prueba? ¿Quiénes están sobre las Doce Puertas? Doce Ángeles, con Doce Nombre escritos. ¿Cuáles? Los de las Tribus de Israel. El Pueblo escogido recibió la herencia y le cupo la gloriosa responsabilidad de aportar los primeros Discípulos, los que habían de construir la “Muralla”, la Primeras Comunidades, responsables de la trasmisión al mundo entero.

Sin embargo, no se trata de un Templo, el Templo es exclusividad de la realidad previa, de la antigua Jerusalén. Pero, donde está el Cordero no se necesita Templo, El Cordero es el Templo y su Luz reemplaza todas las velas y todos los cirios del Universo; Él mismo es el Cirio Pascual Viviente, cuya Cera Arderá por toda la Eternidad. Brilla más que el Sol porque su resplandor es el del Justo.



«Al no haber Templo en la nueva Jerusalén… Desaparece… la separación entre santo y profano, entre sacerdote y laico, entre cristiano y no cristiano. Ahora toda la ciudad es santa, todos son sacerdotes, todos ven a Dios y llevan su nombre en la frente.»[3]

Recibiremos la ayuda del Paráclito

¿Por qué se nos revelan anticipadamente sucesos que sólo después acaecerán? Jesús nos lo explica en la perícopa del Evangelio de San Juan que leemos en este VI Domingo de Pascua. καὶ νῦν εἴρηκα ὑμῖν πρὶν γενέσθαι, ἵνα ὅταν γένηται πιστεύσητε. “Se lo he dicho ahora, antes de que suceda para que cuando suceda, crean”, es decir, la revelación de lo venidero se da para fortalecer nuestra fe. (Jn 14,29)

¿Y cómo pasamos a ser parte de esa muralla de la Nueva Jerusalén? También a este interrogante responde el Evangelio: ἐάν τις ἀγαπᾷ με τὸν λόγον μου τηρήσει, καὶ ὁ πατήρ μου ἀγαπήσει αὐτὸν καὶ πρὸς αὐτὸν ἐλευσόμεθα καὶ μονὴν παρ’ αὐτῷ ποιησόμεθα. “El que me ama cumplirá mi Palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada” aparecen dos palabras importantísimos en esta perícopa: Por una parte el verbo ἀγαπάω que ya varias veces hemos considerado, se trata del verbo amar, hemos comentado también que se trata de ese amor desinteresado que no busca reciprocidad, amor misericordioso, amor divino. De otra parte, μονή, ῆς, ἡ , sustantivo que hemos traducido morada, habitación, cuarto, alojamiento.



Nuevamente, así como en la Primera Lectura, el Espíritu Santo, el Paráclito que envía el Padre es el que guía, el que orienta; en la perícopa evangélica nos dice Jesús que ὁ δὲ παράκλητος τὸ πνεῦμα τὸ ἅγιον, ὃ πέμψει ὁ πατὴρ ἐν τῷ ὀνόματι μου ἐκεῖνος ὑμᾶς διδάξει πάντα καὶ ὑπομνήσει ὑμᾶς πάντα ἃ εἶπον ὑμῖν ἐγώ. “el Espíritu Santo nos διδάξει enseñará todas las cosas y ὑπομνήσει ὑμᾶς πάντα ἃ εἶπον ὑμῖν ἐγώ nos recordará todo cuanto yo les he dicho”.

Así vamos entrando en conciencia del Pentecostés que estaremos celebrando el próximo domingo 19 de Mayo. «Esta es la mayor explicación del Espíritu Santo en toda la Biblia. Él ayuda a la comunidad a descubrir en tiempos y lugares diferentes, el camino del proyecto de Dios, que es libertad y vida para todos.»[4]


[1] Storniolo, Ivo. CÓMO LEER LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES. EL CAMINO DEL EVANGELIO. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia. 1998. p. 144

[2] Gourges, Michel EL EVANGELIO A LOS PAGANOS Hch 13-28. Cuadernos Bíblicos #67. Ed. Verbo Divino Navarra- España 1991. pp. 29-30
[3] Richard, Pablo. APOCALIPSIS RECONSTRUCCIÓN DE LA ESPERANZA Colección Biblia 65 Ed. Tierra Nueva y Centro Bíblico “Verbo Divino” 3ª ed. 1999. Quito Ecuador p. 227
[4] Bortolini, José. CÓMO LEER EL EVANGELIO DE JUAN. EL CAMINO DE LA VIDA. Ed San Pablo Bogotá Colombia 2002. p. 156

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