domingo, 7 de diciembre de 2025

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


Gn 3, 9-15. 20

Hágase en mí, de corazón, la Voluntad de mi Señor.

Canción “Dijiste Sí” de la Anunciación

Luispo

 

La perícopa inicia con el “pecado”, en el sentido de que Dios dio una “norma”, la única de que tengamos noticia: De cierto árbol, al que Dios nombro “árbol del conocimiento del bien y del mal”, de ese árbol no podría comer porque -de hacerlo- compraría su propia muerte” (Cfr. Gn 2, 17)


Esa “norma” daba sentido a la existencia, definiendo algo que “nos está limitado”. Quebrantar la norma-única, como quien destapa una ampolleta de virus mortal, acarrea daño para toda la Creación, introduce un principio de “desbalance”, de “desequilibrio, una ruptura de la armonía primigenia. El pecado no está en otro aspecto que en el “daño” que estaba haciéndose -no sólo a él mismo-, sino a todos los demás de su linaje. El pecado consiste precisamente en “importar” perjuicio para el prójimo, dicho de otra manera, no tener reparo en dañar a los demás. Dios no le impuso la pena de muerte, él mismo se la acarreo por haber matado a los otros.

 

Tan es así que de inmediato empieza a tener “desarmonía” con su único prójimo: su propia esposa, de la que era consciente que era “su-prójima”, que era su hermana, por ser “hueso de sus huesos y carne de su carne”.

 

Por ser su “prójima” no tenía por qué ofrecerle a Adán, porque al ceder a la seducción del fruto que se mostraba atractivo y apetitoso, igual estaba faltando al principio de projimidad. Hay una especie de sexismo al entender que la mujer era la culpable, pero el relato no dice que Eva cogió a Adán y a la fuerza o cogiéndolo desprevenido le acuñó los bocados del fruto; ¡no es ese el caso! Hubo un acuerdo tácito para ceder, porque en la caída no se ve ni rastro de haber sido coaccionado ninguno de los dos, excepto por el engaño de la “serpiente”. Siglos de machismo han hecho la lectura sesgada y -así no lo digan- le han arrojado a Eva -en la cara- el baldado de la culpabilidad. (Así como en el relato de la pecadora hallada en adulterio, se le achaca la falta soslayando que ella no era “adultera” sólita, sino que había por ahí algún Adán -siempre pagando escondederos-, para no dar la cara y asumir su responsabilidad). Esta interpretación es muy farisaica porque es una hermenéutica cómplice, que oculta la responsabilidad del secuaz. Leamos con atención, sin sesgar la comprensión y descubriremos el revés de la moneda.

 

Por eso tampoco descubrimos el Valor de María Santísima, porque su grandeza se vuelve un añadido y no un mérito intrínseco: Lo que enamoró a Dios fue “descubrir” en ella la decisión de ser “disponible para actuar su parte en el Plan Salvífico”. María no tenía que decir que “Si”; ¡María quiso dar su asentimiento! Porque quería ser parte de la historia a la que habría de entrar el Mesías, soñaba desde muy Niña, ser paradigma del Pueblo de Dios, haciendo que su Voluntad se armonizara con la historia que Dios-Salvador iba a escribir, saltando de la Eternidad a la Historia. No pensamos que soñó ser su Madre, sino que estaba dispuesta a ser y hacer lo que conviniera a la causa Salvadora. A tal punto que Dios decoró su “disponibilidad” con la Maternidad.

 

La fe de María en YHWH la llevaba a querer responder a aquella afirmación Divina: Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo. ¡Sentir esa disponibilidad enamoró a Dios!

 

En María encontramos todo lo contrario de lo que encontramos en la pareja Adán-Eva, a ellos no les importó causarles a otros mal; a María la desvivía el sueño de aceptar todo el bien para sus prójimos. ¡No quería un hijo para sí, quería a Dios para el mundo!

Uno puede decir que María es tipo de la Iglesia porque ella soñaba -desde su Concepción- llevar la salvación a todos los rincones de la tierra. Decimos bien cuando cantamos, atribuyendo a María la frase ¡Que se cumplan en mi cada día los sueños de Dios!

 

Sal 98(97), 1.2-3ab. 3cd-4

De otra manera, podemos afirmar que, si alguien ha querido que Venga a nosotros su Reino, ha sido en la Fe-Amor de María, en su religiosidad judía, Ella la que, sin conocer el Padre nuestro como oración, ya llevaba en su ser -y como Germen en Su Vientre-, aquello de “Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo.

 

Mucho antes del recibir al Arcángel Gabriel, ya había sitio en Su Ser para que fuera el Sancta Sanctorum donde entronizar el Arca de la Nueva Alianza.

 

Puesto este pentagrama, estamos listos para trazar en él las notas del Salmo. Vamos ahora a desgranar las tres estrofas:

 


1ª estrofa: La Victoria no viene de la estrategia, ni de la fuerza descomunal de los guerreros, ni de la valentía de los soldados, ni de la velocidad de los corceles. ¡Ha sido la fuerza del Brazo Derecho de Dios lo que les ha conquistado y merecido un Cantico Nuevo, un Himno al Rey Liberador, y Salvador! Que pase su Cortejo Real mientras nosotros entonamos nuestros vítores.

 

2ª estrofa. Toda la vida de Jacob fue una larga y oscura noche sumido en sus “torcidos”, en su “embaucar” al propio papá para robar la primogenitura, con la complicidad de su madre. Pero lo que lo llevó a ser la “yema del linaje del pueblo escogido” fue la persistencia con la que, a pesar de sus defectos e inclinaciones, se agarró, se aferró a YHWH, pertinaz en arrancarle su teofanía. Dios no se olvida que se le manifestó, ya en la Escala de Jacob estaba en ello la Promesa de Dios reconociendo su perseverancia: “¡No te dejaré si no me bendices!” Fue a su manera la fidelidad del que con su empeño se hizo rebautizar Israel (Cfr. Gn 32, 26)

 

3ª estrofa: Poner en claro en nuestra mente y en nuestro corazón qué es lo que le cantamos, le vitoreamos y le alabamos a Dios. ¿Qué es lo que ha hecho el Señor tan digno de Alabanza? Ha hecho Maravillas, ¡todo lo ha hecho perfecto! La perfección de su Creación es una Victoria incomparable, no ha hecho una guerra que Él ganó, la Victoria Suya consiste en que si el hombre, el ser humano ha desviado en algo la armonía de la Creación, Dios la Re-Crea para restablecer el equilibrio originario. Porque Su Amor es eterno, porque es eterna Su Misericordia.

 

El estribillo de hoy marca el realce sobre un detalle que Magnifica la Grandeza de esa Victoria: llamándola פָּלָא [pala] “maravillas”, “cosas maravillosas”, “cuando lo maravilloso es difícil de distinguir de las otras cosas, porque el resplandor portentoso se derrama a lo que está próximo y produce una generalización del portento, cosa por cosa, persona por persona, a tal grado que uno podría traducir “todo lo ha hecho maravilloso”. Y, además: “Mira, que hago nuevas todas las cosas”. (Ap 21, 5b)

 

Ef 1, 3-4.11-12

Su misericordia con sus fieles se extiende de generación en generación.

Lc 1, 50

 

Vemos en la Llamada que Dios hace a María, como si eso se refiriera a Ella, y ya nosotros no tuviéramos nada que ver. Como si la Elección de la Virgen a su Papel de Virgen-Madre nos permitiera decir que nuestro papel en la historia es ninguno. Entonces viene a decirnos la carta a los Efesios que Dios nos eligió, también a nosotros a la Santidad en la perfección del Amor. Y queremos poner el reflector en este aspecto, no nos quiere santos cuidadosamente aislados en nichos individuales como en un Cielo-retablo, sino santos que “caminan juntos”, en la santidad de la fraternidad.

 

Bien cierto que Ella es tipo de la Iglesia, porque también todos nosotros, los “Convocados” hemos sido hechos coparticipes de la llamada, hemos sido “elegidos” en la Persona de Jesucristo, y para ello nos ha “pre-adornado” -por así decirlo- con toda clase de bienes espirituales y celestiales: ¡Nos ha convocado!

 

No es un llamado a ser “carteros” (cada vez menos se entiende que es un cartero, esta categoría designaba un oficio humano que, está pasando a la historia, que era el cuasi-ángel encargado del trasporte de los mensajes, de los anuncios, en forma epistolar), “pescadores”, “publicanos”; el llamado para nosotros ha sido a la “Filiación”. El llamado que nos hace nuestra fe es un llamado a ser hijos, y esto habrá que repetirlo una y mil veces, porque es “pieza maestra” del kerigma. Para ser hijos requerimos estar vivos, porque Dios es Dios de vivos.

 

Claro, entender que todos hemos sido llamados a la Filiación nos hace bendecir al Señor que desde antes de la Creación nos había designado -ya- a ser sus hijos. ¡Bendito y Alabado y Glorificado porque nos llamó a la Vida, nos creó para ser sus hijos en la Persona del Hijo!

 

Esta parte de la Carta a los efesios se puede desestructurar como un himno engranado con seis bendiciones de esas seis se entresacan dos para armar esta Segunda Lectura.

1)    De la Primer Bendición -lo esencial- la elección.

2)    Y de la quinta bendición: ser herederos en Jesucristo.


Bíblicamente las bendiciones significan una “dación” de vida: es la donación por excelencia, sin haber recibido la vida, no se puede recibir nada más, entonces se trata de la dación fundamental: ¡Vida para ser hijos!

 

Lc 1, 26-38

Intentamos acercarnos a Santa María y a la Anunciación, y nos encontramos que es como acercarse a la Zarza Ardiente, hay que guardar una distancia prudencial, hay que descalzarse las sandalias, hay que hacer conciencia que la Tierra que pisamos es territorio Sagrado.

 


Lo único que se nos ocurre es presentar algunos apuntes, unos comentarios muy sobrios con los que queremos desafiar al lector(a) para que a través de ellos practiquemos un ejercicio de contemplación admirada, y así podamos abrevar en el Manantial que es la perícopa de hoy. La misión, si usted, muy respetado lector(a) decide aceptarla, será acariciar la Ternura de esta Mujer (como dos veces la llamó Jesús en el Evangelio joánico).

 

Serán 7 notas, para que ensayemos una contemplación heptaédrica a partir de estos siete enfoques:

 

1)    A veces, cuando encontramos una persona agradable, simpática, atrayente, encantadora, podemos usar la expresión “agraciada” para referirnos a ella; sin embargo, en este caso, estamos ante algo más alto y especial que sobrepasa los límites de lo humano: en el verso 28 el Arcángel la identifica con el título κεχαριτωμένη [qejaritomene] no tenemos un equivalente que la traduzca, vamos a intentar explicar -aun sea sólo por encima- tiene una doble denotación a) Es agraciada pero no con algunas gracias, sino con todas las Gracias, y no gracias para agradar al ser humano, sino todas las que son agradables a Dios, las que Él Mismo otorga; y, b) no es un atributo pasajero o momentáneo, es un atributo perenne, lo era, lo es y lo será sin detrimento temporal, ese estado es el suyo propio por antonomasia. Le es dado para siempre, lo que le “comunica” el Arcángel es que ella es así, ella que en su sencillez no lo sabía.

2)    Concebir esta palabra tiene una denotación muy específica, significa “contener por completo”. En María -que lleva en sus Entrañas Purísimas al Señor se da la doble Presencia: en María está el hombre, y también está Dios totalmente.

3)    Jesús es el Cristo, en tan completo grado que solemos llamarlo Jesucristo. Está el Verdadero Rey, del linaje Davídico y como Ungido, hace realidad su reinado no de imposición sino de Ternura. En Él Dios se reviste de Misericordia para cumplir su anhelo de Salvarnos: Reinado Soteriológico.

4)    Cuando interroga ¡cómo, sin haber conocido varón, podrá llegar a la Maternidad, no pregunta tanto por Ella, pregunta por nosotros que no logramos superar el estupor ante esta rareza. Si el Ángel así lo anuncia será porque así es, Ella no requiere nada más.

5)    La cubrirá una sombra, y nos extraña porque “sombra”, por lo general connota “negatividad”, la negatividad d la oscuridad, de la tiniebla, pero no, no se trata de una oscuridad, lo que proyecta esta sombra es la frescura de la Nube. Traigamos a la memoria cómo la Presencia del Señor los acompañaba a cruzar el desierto en el Éxodo, y la “sombra” era un verdadero parasol. Sin esa protección no habrían sobrevivido la larga estadía en el desierto, en aquellas muy penosas situaciones durante 40 años.

6)    Es hermosísimo el nivel de entrega y disponibilidad que muestra Santa María cuando dice “He aquí la esclava del Señor”. Salta a la vista que Dios no la esclaviza, le envía al Arcángel, le pide su asentimiento, parece decirle “No procederé a nada que Tú no admitas”. Es por su puro propio impulso, porque es lo que Ella quiere, es una “Voluntaria” disponible, tan coordinada con el “proceso histórico” que Dios está orquestando, que no pone ninguna traba, ella tocará la nota que se le pida.

7)    Si traemos al recuerdo el “regreso del hijo prodigo”, lo más sorprendente es que el “Padre” sale a recibirlo, le sale al encuentro, en esto se muestra la generosidad del Padre, el criterio de la “verdadera paternidad” requiere serle Fiel a este título. Paternidad, entonces, es antes que todo acogida y protección responsable de la vida del “hijo”. A pesar de todas las contravenciones del hijo, y aunque se porte como se portó, al malgastar toda la herencia.

 

La perícopa concluye con la ausencia del Arcángel, que se va del lado de María, para pasar ahora uno a uno, a todos, porque todos somos elegidos, como ya lo proponía la Segunda Lectura. Cada quien con su propia Misión. Todos “convocados” para el proyecto que siempre propone salvación: “… a los que me diste, los guardé, y ninguno de ellos se perdió, …” (Jn 17, 12cd)


«Como decían los obispos latinoamericanos, los pobres «encuentran la ternura y el amor de Dios en el rostro de María. En ella ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio» El Pueblo simple y pobre no separa a la Madre gloriosa de la María de Nazaret, que encontramos en los Evangelios. Al contrario, reconoce la sencillez detrás de la gloria, y sabe que María no ha dejado de ser una de ellos. Es la que, como cualquier madre, llevó en el vientre a su hijo, le dio de mamar, lo crio con cariño con la ayuda de san José, y no le faltaron los sobresaltos y las dudas de la maternidad (cf. Lc 2,48-50). Es la que canta al Dios que «a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,53), que sufre con los novios que se quedan sin vino para su fiesta (cf. Jn 2,3), que sabe correr para dar una mano a su prima que la necesita (cf. Lc 1,39-40 ), que se deja lastimar, como atravesada por una espada, a causa de la historia de su pueblo, donde su hijo es «signo de contradicción» (Lc 2,34), que comprende lo que es ser migrante o exiliado (cf. Mt 2,13-15), que en su pobreza sólo puede ofrecer dos pichones de paloma (cf. Lc 2,24) y que sabe lo que es ser despreciada por ser de la familia del pobre carpintero (cf. Mc 6,3-4). Los pueblos sufrientes reconocen a María caminando codo a codo con ellos y por eso buscan a su Madre para implorar su ayuda»[1].



[1] Dicasterio para la Doctrina de la Fe MATER POPULI FIDELIS #78

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

OPTAR LA MISMA PERSPECTIVA DE JESÚS

 


Is 11, 1-10; Sal 72(71), 1-2. 7-8. 12-13. 17; Rom 15, 4-9; Mt 3, 1-12

 

"Si nos parecemos a Cristo, quienes nos vieron ya se quedaron pensando en El. Ya les predicamos con nuestro ejemplo, pues un hombre que está lleno de Dios, lo comunica a todos".

San Francisco de Asís

¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio!

1 Cor 9, 16c

 

 

El Rey es Dios

Noël Quesson en su análisis del Salmo 72(71) nos explica que «Este salmo, escrito después del exilio, en una época en que ya la dinastía de David no estaba en el trono, se refiere directamente al “rey-Mesías”, “al reino mesiánico” esperado como “universal” y “eterno”. Sólo Dios puede tener un reino eterno, “que dure tanto como el sol, hasta la consumación de los siglos”»[1].



El salmo es un “salmo real”, se alaba a Dios como un Rey durante su “entronización”; la realeza la confiere sentarse en el trono, la persona era -automáticamente- revestida de los atributos reales.  Primero, la etapa religiosa, en el Templo, donde intervenían un Sacerdote y un profeta: la unción el uno y, la entrega del rollo (el rollo pasó a ser tergiversado por el garrote sublimado en el cetro, disimulado bajo la apariencia de bastón de apoyo, pero garrote, al fin de cuentas) de las  funciones y “misión” del recién ungido; además, la segunda etapa, -en la “sala real”- donde se le hacía entrega del emblema bélico: la espada y donde el rey recitaba su “discurso de posesión” se le rendían honores y el ejército le presentaba armas, (el protocolo tampoco ha cambiado mucho, salta a la vista las analogías, con cualquier posesión de un gobernante actual, guardadas las proporciones y las diferencias).




En este salmo se define cómo debe ser el Rey, especialmente con tres palabras: paz, rectitud y justicia. En él se van enumerando los rasgos de su misión:

a) Defender a los humildes del pueblo

b) socorrer a los hijos del pobre

c) quebrantar al explotador

d) que durante su reinado florezca la justicia y también la paz

e) librar al pobre que clama

f) ser el protector del afligido que no tiene protector

g) apiadarse del pobre y del indigente y salvar la vida de los pobres

h) La sangre de los pobres será preciosa a sus ojos

i) Encargado de interceder por los pobres y bendecirlos

j) hará que abunde el trigo, y los frutos, y las flores.

 

Todos estos méritos del gobernante (el hijo del Rey) son en realidad méritos de su Padre Dios, porque ninguno de estos prodigios que se esperan del Rey pueden ser sino dones que Dios le entrega por ser su Hijo, el Mesías, el Esperado. Y es así ya que estamos hablando de Jesús, el verdadero Hijo de Dios, que viene a gobernar al pueblo con justicia, a los humildes con rectitud. El salmo concluye “Amén y Amén”.



 

Nuevamente, estamos llamados a cobrar conciencia que el bautismo que nos sumerge en las aguas de Cristo, nos entrega, a todos, la triple dignidad de Profetas-Sacerdotes-Reyes. Claro, insertados en el Cuerpo Místico de Cristo como verdaderas células de su Organismo «… soy hombre, soy miembro de la sociedad, soy célula en el cuerpo de la raza humana, y las vibraciones de mi pensar y de mi sentir recorren los nervios  que activan el cuerpo entero para que entienda y actúe y lleve la redención al mundo.» no somos menos responsables que Él en el proceso de construcción del Reino, «… que la realidad desnuda de la pobreza actual se levante en la conciencia de todo hombre y de toda organización para que los corazones de los hombres y los poderes de las naciones reconozcan su responsabilidad moral y se entreguen a una acción eficaz para llevar el pan a todas las bocas, refugio a todas las familias y dignidad y respeto a toda persona en el mundo de hoy…Que mis pensamientos y mis palabras y el fuego de mi mirada y el eco de mis pisadas despierte en otros el mismo celo y la misma urgencia para borrar la desigualdad e implantar la justicia.»[2]

 

Del amor sólo brota el bien

Empecemos contextualizando la perícopa: Veamos los dos versos anteriores, en el capítulo 10, 33-34 de Isaías: “Miren, el Señor todopoderoso derriba los árboles con fuerza terrible, los más altos caen cortados, los más elevados se viene al suelo. Con un hacha derriba lo más espeso del bosque, y los árboles más bellos del Líbano se derrumban”.

 



Nos encontramos con el tronco familiar de David, un מִגֵּ֣זַע “tocón” y, atención al significado de “tocón”: “parte del tronco que queda unida a la raíz cuando se corta un árbol por el pie, o también, muñón, parte de un miembro cortado”; y, en este caso se refiere a la línea de sucesión en el trono de David, recordemos que Jesé es el papá de David.

 

Así los versos 1-5 de la perícopa (primera parte que se ocupa de definir la misión del Mesías junto con su entronque Davídico) que nos ocupa del profeta Isaías, giran en torno a esta imagen del tronco cortado, amputado y la yemita que surge, es un “brote”, como un retoño, como un renuevo, como una esperanza de resurgimiento, de resurrección. Sobre esta “varita de hojas verdes” está el ר֣וּחַ viento del Espíritu y le otorga:

i)       Sabiduría, inteligencia, prudencia, fuerza, conocimiento y temor del Señor.

ii)      No se apoya en las apariencias, ni se apoya en rumores

iii)     Defiende los derechos de los דַּלִּ֔ים pobres del país לְעַנְוֵי־  אָ֑רֶץ .

iv)     Tiene Palabras –como una vara- para castigar al violento

v)      El malvado recibirá como azote el “soplo de su boca”.

 

Si el salmo nos habló de tres rasgos: paz, rectitud y justicia; la Primera Lectura lo resumirá en dos palabras: צֶ֫דֶק justicia y אֱמוּנָה fidelidad (verdad), coherencia entre lo ofrecido y lo realizado.


 

En la segunda parte, los versos 6-10 nos dicen cómo será la era inaugurada por el Mesías: La oposición entre animales salvajes y animales domésticos: en el primer grupo tenemos el lobo, el tigre, el león, la osa, la cobra y la víbora; en el segundo grupo el cordero, el cabrito, el becerro, la vaca y sus crías, el buey, el niño y la mano de ese niño. Tenemos (geopolíticamente hablando) un “topos”: “Mi monte Santo” donde la “utopía” deja de serlo y se cumple por fin que לֹֽא־  יָרֵ֥עוּ  וְלֹֽא־  יַשְׁחִ֖יתוּ “no habrá quien haga ningún daño”.

 

¿Cómo es posible que lo que era pura u-topia tenga un “topos”? Pues es porque el conocimiento de Dios lo llena todo; si se conoce a Dios, como ya lo dijo San Agustín, “Ama y haz lo que quieras”.

 

Si callas, callarás con amor,

si gritas, gritarás con amor,

si corriges, corregirás con amor,

si perdonas, perdonarás con amor.

 

Si está dentro de ti

la raíz del amor,

ninguna otra cosa sino el bien

podrá salir de tal raíz.


Dios es Amor, todo lo trasforma y conocerlo significa inundarlo todo en su Amor y, entonces nuestra conducta será inofensiva (también el receptor debe estar “saturado” de ese mismo Amor para que pueda recibirlo dentro de la misma amorosa dimensión). Y ¡Dios es amor!

 

Tener los mismos sentimientos de Jesús

En 2Tim 3,16-17 leemos “Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para guiar en el bien. La Escritura hace perfecto al hombre de Dios, preparándolo para toda obra buena.” La perícopa de Romanos, que conforma la Segunda Lectura, insiste en esta idea; además nos da otro “para”: “mantener firme la esperanza”. ¿Cómo se apuntala la esperanza la Escritura? “mediante la constancia y el consuelo que infunde.” En Romanos 15,5 se habla no de los mismos sentimientos, sino de una misma perspectiva αὐτὸ φρονεῖν [auto fronein], ver las cosas desde un mismo ángulo, enfocar las cosas desde el mismo punto de vista.


Pero se pensaría que la responsabilidad recae sobre “lo escrito” (La Escritura, la Palabra de Dios) ¡no es así! Para que se mantenga la esperanza gracias a la constancia y el consuelo que ellas infunden se precisa que nosotros tengamos “unos con otros los sentimientos del propio Cristo Jesús”, es decir, que veamos las cosas desde el enfoque que les da Jesús. Nos sentimos responsables de llamar la atención sobre lo que espera Dios de nosotros, en este texto se nos pide que, “seamos atentos unos con otros como Cristo los acogió para la gloria de Dios”. Se ha traducido “ser atentos”; la palabra que se usa es el verbo προσλαμβάνω [proslambano], que implica acogida, una actitud dinámica, abierta, hospitalaria, con fuerte interés personal, de brazos abiertos. Viene la pregunta: ¿somos así con nuestros hermanos en la fe? ¿Nos preocupamos intensamente y nos interesamos con fuerte interés personal por lo que les pasa a otros fieles de nuestra parroquia? ¿Cómo están? ¿Por qué no habrán venido a la Eucaristía de este Domingo? O, por el contrario, ¿es la indiferencia el lenguaje que nos desconecta? Nos desconocemos y ni siquiera sabemos nuestros nombres. Y ¿así construimos comunidad?

 

Hay otro tema en la perícopa: Que Jesús se puso al servicio de los judíos circuncisos, pero no paró allí, llego –por sutiles y especiales canales, entre los cuales está el propio San Pablo- hasta los incircuncisos, a los paganos. Es decir, que nuestra fe, la que tiene a Jesucristo como nuestro Señor, Dios y Salvador no es excluyente, para cierta raza o cierto pueblo, sino católica, inclusiva, acogedora, perdonadora, de “brazos abiertos”. Dicho sea de paso: esto es parte del espíritu navideño, puertas y brazos abiertos, hospitalidad y acogida, cero-discriminaciones, nada de barreras raciales, esta fiesta de la Natividad del Señor es una Fiesta que nos une a todos, y no tan sólo por diciembre, sino para el resto de nuestras vidas.

 

También somos precursores

El segundo Domingo de Adviento se ocupa de San Juan Bautista, el precursor, también nosotros, estamos llamados a ser precursores, para prepararle el camino al Señor, y enderezar los senderos sinuosos, nivelando, aplanando los turupes y rellenando las hondonadas. San Mateo nos muestra su manera de vestir y su dieta frugal. En esta época que –como ya lo hemos dicho- es una época de derroche y despilfarro donde se desborda el consumismo y campea el desperdicio, el atuendo de Juan el Bautista es simplemente una piel de camello atada con un cordón de cuero y su alimento: saltamontes y miel silvestre. «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.» [3]


Los fariseos y los saduceos son dos grupos de personas que en los evangelios siempre resultan fustigados. Quizás hoy día los fustigados podríamos ser precisamente nosotros que muchas veces pensamos que la sola pertenencia a la Iglesia Católica ya nos tiene las Puertas del Cielo franqueadas. Ellos se creían ya propietarios de la Salvación por el simple hecho de ser descendientes de Abraham, pero San Juan Bautista les dice que hay una exigencia más fuerte que simplemente los motivos de cuna, raza, religión, status, riqueza o educación: lo decisivo consiste en “mostrar con hechos su arrepentimiento”, pórtense de tal modo que se vea claramente [produzcan fruto] que se han vuelto al Señor [que ha habido metanoia]). El bautismo que proporcionaba Juan era un bautismo que llamaba al “arrepentimiento”: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”.


San Juan Bautista pertenece aun al Antiguo Testamento, su bautismo es con Agua, «El bautismo de Juan incluye la confesión: el reconocimiento de los pecados. El judaísmo de aquellos tiempos conocía confesiones genéricas y formales, pero también el reconocimiento personal de los pecados, en el que se debían enumerar las diversas acciones pecaminosas (Gnilka, p.68). Se trata realmente de superar la existencia pecaminosa llevada hasta entonces, de empezar una vida nueva, diferente. … Se trata de una purificación, de una liberación de la suciedad del pasado que pesa sobre la vida y la adultera, y de un nuevo comienzo, es decir, de muerte y resurrección, de reiniciar la vida desde el principio y de un modo nuevo. Se podría decir que se trata de un renacer. Todo esto se desarrollará expresamente sólo en la teología bautismal cristiana, pero está ya incoado en la inmersión en el Jordán y en el salir después de las aguas.»[4]; pero Jesús, quien da inicio a una Nueva Alianza, dice San Juan Bautista, “…es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias”. A continuación, afirma que el bautismo que dará Jesús es “en agua y Espíritu Santo”.

 

Aparece, entonces, el tema del Rey-Mesías, el de la Paz, fidelidad, verdad y justicia. «En el mundo en que vive Jesús, “justicia” es la respuesta del hombre a la Torá, la aceptación plena de la voluntad de Dios, la aceptación del “yugo del Reino de Dios”, según la formulación judía.»[5] Jesús es un brote o renuevo del tronco de Jesé, es Cumplimiento de la Escritura, quien hará de la u-topía un “topos”. Esto es enunciado por San Mateo con la figura del “bieldo” el instrumento de labranza que permite separar el trigo de la paja: para los primeros, unas moradas, que en la parábola son los “graneros de Dios”, para los otros el Castigo Eterno, que en la parábola es “un fuego que no se extingue.”


¡Juan el Bautista apunta con su dedo y nos señala inconfundiblemente Quien es el Mesías! «La misión del Bautista, del Precursor, no es solamente un anuncio hecho con palabras, sino testimonio encarnado en la vida: es imitación de Jesús y es preparación a su destino de sufrimiento. Y cada uno de nosotros, llamado según su vocación a preparar el camino al señor que viene, debe inspirarse, por tanto, en este testimonio con las palabras, con los hechos y con la vida. La vida empleada en la caridad, a partir de la Eucaristía que celebramos, nos hace verdaderamente precursores de Cristo y capaces, en cierto modo, de preparar su venida en el corazón de los hombres y en las diversas expresiones de la vida social: aun en las expresiones de más sufrimiento y dificultad.»[6] Esa es la función del precursor, va por delante avisando que ya llega y nos lo muestra, y nosotros también somos precursores que anunciamos la Segunda Venida, nuestro título por tal razón es el que señala Aparecida en su consigna: “DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida. O, para ponerlo en las palabras del Papa Francisco: «Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.»[7]

 



[1] Quesson, Noël. 50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. T.1. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá D.C. – Colombia 1996. pp. 147. 144

[2] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS. Ed. Sal terrae Santander-España 1989 pp. 135-136

[3] Santo Padre Francisco EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM #2

[4] Benedicto XVI JESÚS DE NAZARET I Parte. Ed. Planeta. Bogotá – Colombia 2007 pp. 35-36

[5] Ibid, p. 39

[6] Martini, Carlo María. Card. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia 1995. pp. 530-531

[7] Santo Padre Francisco Op. Cit. #114

viernes, 5 de diciembre de 2025

Sábado de la Primera Semana de Adviento


Is 30, 19-21. 23-26

Isaías nació en cuna noble, recibió una privilegiada educación, vivía en Jerusalén, y fue llamado para la excelencia profética; vivenciando en la debilidad, en la indefensión la Presencia del Todopoderoso, y no volteando la mirada en pos de distracciones.

 

Es muy importante tener en cuenta que estamos hoy ante una adición post-exilica. Estamos muy acostumbrados a decir que los capítulos 1 a 39 forman el proto-Isaías, y pasamos a construir sobre esa explanada. Sin embargo, en el proceso hagiográfico de coagular los rollos de este profeta, hubo una labor editorial intensiva. En ciertos puntos se encajaron inserciones que corresponden a otro período, por tanto, es sano ir con sigilo en nuestra lectura.

 

Estamos en la sección que corresponde a oráculos sobre Judá y Egipto. Lo que nos da este fragmento se refiere al llanto por fin consolado, Presencia no oculta, ni invisible, sino Presencia que se ve -es el maestro que les enseñará- les indicará el Camino, tendrá en la naturaleza condiciones favorables para el desarrollo de la agricultura, y también para la crianza y el levante de su ganado. No sufrirán por la escasez hídrica, porque habrá canales y riego adecuado y suficiente.

 

Empezando en 30,18 y siguiendo hasta 30,33 encontramos una perícopa que:

a)    Promete misericordia para el pueblo 30, 18-26

b)    Anuncia el castigo que caerá sobre Asiria.30, 27-33.

 

Los dos fragmentos que se leen hoy, han sido tomados de la parte a) que se despliega con tonalidades de esperanza.

 

Entonces, la fortaleza de los impíos se vendrá abajo.


En general, podríamos decir que el Proto-Isaías es pre-exilico, el Deutero-Isaías es Exilico y por eso su lenguaje y estilo profético contiene una nota dominante de consolación; el Trito-Isaías se dirige a los repatriados, es sustancialmente post-exilico. La perícopa de hoy anuncia una mejor época, cuando Dios se encargará de proveer y socorrer, y las cosechas serán generosas y la luna tan brillante como el sol y -a su vez el sol- 7 veces más poderoso que lo normal.

 

Será un día en el que todo se habrá resuelto porque la solución la acercará Dios con su Bondad, y será un fruto jugoso de pan-coger.

 

Sal 147(146), 1bc-2. 3-4. 5-6

Es un himno que señala y descubre la Presencia del Señor en todo, dirigiéndolo todo, salvando siempre. La vida en el campo era la fuente de aprovisionamiento en esta cultura, pero vivir en el campo significaba vivir a la intemperie y ser siempre víctima de todos los vividores, bandas de atracadores, ejércitos enemigos, tiranos buscando secuestrar el fruto del arduo trabajo; así que la única alternativa era buscar refugio en la ciudad donde las murallas algún amparo les concedía. Dios siempre salva, y lo hace interviniendo para fecundizar la cosecha, y para dirigir el corazón de los hombres, dentro de una moral-justicia. La carrilera de la justica había sido oportunamente dispuesta por el Señor en la Torah.

 

La Ley va abriendo caminos, va desbrozando una ruta provisoria a los que han vivido en el hambre y la inopia, construye la Paz a los que han vivido asolados por la guerra abriendo refugio seguro a los encurtidos por el acoso permanente de las desdichas, todos los que fueron azotados por la diáspora vuelven a la convocatoria.


Jerusalén no será más la patria del desconsuelo y el llanto; el Señor les ha traído por fin un tiempo de dicha estable.

 

Como el Samaritano compasivo, venda las heridas del que fue atracado y las lava con vino y aceite.

 

No intenten medir lo inconmensurable, será vano intento porque ninguna unidad de medida alcanza para cubrir la extensión de la Sabiduría; a los hambrientos los saciará y, en cambio, los ricos verán sus manos agotadas.

 

El refrán anuncia la dicha para los que se atienen al que es Pura Justicia.

 

Mt 9, 35 – 10, 1. 5ª. 6-8

La Bondad ilimitada de Dios tiene su Fuente en el corazón Compasivo de Dios. No queda desapercibida el abandono y el cansancio y la fatiga de las ovejas descuidadas porque sus pastores se han dedicado a abandonarlas y venden al lobo su desamparo. Se trafica con su orfandad.


Entonces Él, el Pastor-Hermoso, inicia la convocatoria congregando discípulos que le aporten al Proyecto Justiciero, dotándolos de dones, entrenamiento y autoridad suficientes. Hay cuatro tareas para los Enviados:

a)    curar a los enfermos,

b)    resucitar a los que ya cayeron en el desaliento, en la depresión, en el sin sentido,

c)     limpiar leprosos y

d)    arrojar demonios.

Estas cuatro misiones confiadas son las pautas de proclamación del Reino de los Cielos.

 

Los leprosos son los despreciados, desdeñados, expulsados del seno de la Comunidad, ignorados, rechazados, malmirados, excluidos. Los demonios a expulsar, son los profesionales que atan “pesadas cargas”, que ponen sobre los hombros de los demás, sólo para mantenerlos subyugados.

 

Observemos a Jesús indetenible, esforzado, que va y viene sin descanso, enseñándonos con su ejemplo que, ante la magnitud de la tarea, no se puede sacar tiempo para dilaciones.    Urge consagrarse al Anuncio del Reino e ir llevando infatigables la Buena Nueva. Cada minuto perdido retrasa la Buena Siembre y, en consecuencia, deja para más lejos la Cosecha: No podemos desentendernos de los que andan como “Ovejas que no tiene Pastor”. Tiene hambre, denles ustedes mismos de comer. ¿Saben lo que pasa si no se siega a tiempo? ¡Se pierde la cosecha!

 

¿Estaba Jesús hablándole a seminaristas? ¿Se dirigía talvez a un grupo de jovencitas en el atrio de un Convento? ¡No! Sino que recorría todas las ciudades y todas las aldeas, es decir, le hablaba al laicado. ¿Los llama acaso a hacerse sacerdotes o levitas? ¡No! Este mensaje que Jesús proclama va dirigido al “laicado”, como lo llamamos hoy día, y la tarea no es la vida consagrada, sino la consagración de toda la existencia, -desde cualquier oficio o profesión- para hacerse parte del cuidado de los desvalidos que no hallan guías, ni dirección y que caminan sin saberlo hacia el despeñadero.

 

«Sencillamente, hoy día tenemos necesidad de mirar a la Iglesia en su conjunto. La Iglesia no es solamente el papa y los obispos, ni tampoco el papa junto con los obispos y los sacerdotes, ni siquiera el papa con los obispos, los sacerdotes y los religiosos. También los laicos son la Iglesia y tienen en ella una misión que cumplir. Una misión que les es propia e irremplazable, no una misión sustitutoria y provisional por el hecho de que haya menos sacerdotes y a la espera de que vayan a surgir nuevas vocaciones. ¡Nada de eso!» (Dom Helder Câmara)

 

¿Quiere decir que podemos sobrevivir en la fe sin sacerdotes y religiosas y religiosos? ¡Claro que no! Ellos son agentes de pastoral imprescindibles, necesitamos urgentemente vocaciones a la Vida Ministerial; pero aquí de lo que se trata es de la “Proclamación del Reino”, y eso nos incluye a todos los bautizados, a todos los que cabemos perfectamente en la definición de “discípulos”: somos los Convocados a mostrar que el Reino está muy cerca. (Y aquí es necesaria otra precisión: La cercanía del Reino no tiene nada que ver con el “fin del mundo”, sino con el hecho de que Jesús esté viniendo a vivir en medio de nosotros). Porque ¡El Reino ya está en medio de nosotros! Desde que Jesús vino y puso su tienda de campaña, precisamente, en medio de nosotros.

 

Si miramos las vitrinas regiamente decoradas podremos descubrir la dicha que nos trae el Adviento; si miramos todas las categorías de los socialmente marginados descubriremos a Jesús crucificado, escondido por el mar de pinos decorados y alumbrados navideños, celebrando -no esta época- sino su Dolorosa Pasión; y, entonces, tendremos que tomarnos a pecho el “profetismo” que nos regaló nuestro bautismo.

 

«Actualmente, el Vaticano II nos ha ayudado a aceptar, a reconocer, y a comprender el papel y la misión de los laicos. Por eso, si dejamos realmente en manos de los laicos todo cuanto no sea específicamente sacerdotal, si se consigue que asuman su misión con confianza y con alegría, … la iglesia puede obtener grandes “cosechas”» (Dom Helder Câmara)


Los valores cristianos se entretejen y forman la urdimbre de la persona creyente en Jesús, persona que ha asumido su discipulado. Por compasión elevamos nuestras preses al Cielo buscando la respuesta de Dios a favor de nuestro hermano, cualquiera que sea el afán que lo apremia. (existe -claro está, también la opción de la oración por el propio bien; pero esta tendría que ser la excepción y no la regla).  Oramos para ser enviados y descubrir que podemos hacer con nuestras vidas que hagan que nuestro ser se cristifique y demos los mejores frutos con los talentos recibidos. Ante nuestros ojos, u oídos, han desfilado tres temas, todos a cuál más de trascendentales para nuestra fe:

1.    Ser compasivo

2.    La oración

3.    El envío

 

No se puede obviar el problema de las “vocaciones”, pero un paso importante es que el laicado se asuma en la responsabilidad que le compete. El Señor sigue conmovido comprobando que el gentío va maltrecho y derrengado, como ovejas que no tienen pastor. (Cfr. Mt 9, 36)