viernes, 7 de febrero de 2025

Sábado de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


Hb 13, 15-17. 20-21

Hoy cerraremos la lectura de la Carta a los Hebreos. (El lunes ya iniciaremos tomando del Génesis la Primera Lectura). Sigue adelante este Sermón, añadiendo otras propuestas prácticas para enfocar la vida del cristiano. La perícopa de hoy se constituye a partir de dos fragmentos del capítulo 13: el primer fragmento formado por 3 versos, del 15-17; y el segundo, dos versos 20-21. Examinemos los dos fragmentos -finales, en cuanto a nuestra lectura litúrgica- así sea muy someramente. El primer fragmento nos invita a la oración, especialmente a la de alabanza, ofrecida por medio del Pontífice Supremo, Jesucristo nuestro Señor; el hagiógrafo resalta la función de Puente que desempeña Jesús actuando como canal de enlace entre nuestros labios orantes y Dios. No se trata de seguir sacrificando animales, se trata de una Alabanza que tiña nuestros labios de manera permanente y con un trabajo indeclinable por sembrar el bien, la armonía, la fraternidad y la perfección de la consciencia. Se alcanza a insinuar algo que el sínodo de la sinodalidad nos dejó en sus conclusiones, la importancia de compartir con otras comunidades, de no cerrarse, de ampliar los linderos eliminando las fronteras. Tenemos que apoyarnos y darnos mutuo soporte: Amalgamando oración y adoración con fraternales amor y servicio. Respeto a la autoridad y una autoridad trasparente que esté dispuesta a rendir cuentas y a evaluar la eficacia de los pasos dados.

 

Se debe tener muy claro que la obediencia no tiene por finalidad lograr la sumisión, sino, saberla visualizar como un recurso de dicha y alegría evangélica; nunca como una experiencia cargosa. Tener que rendir cuentas no es humillante, es un saludable camino para acrecentar la confianza basada en la trasparencia.

 

En el segundo fragmento, se nos lleva a tomar conciencia de que ese Pontífice es el buen Pastor que, por la Voluntad del Θεὸς τῆς εἰρήνης “Dios de la paz” (esta paz en griego tiene un significado muy interesante, es recoger los pedacitos y volverlos a juntar, con tal pericia que -por decirlo metafóricamente- la “porcelana” vuelva a quedar en su integridad, sin mostrar los remiendos), recuperación de la integralidad; entiéndase que la falta de paz implica una fragmentación del ser, una ruptura en segmentos: no-paz es segmentación del ser. El Resucitado, por el fluir de su Sangre redentora nos recompone, nos restituye la unidad, nos “re-consolida”. ¿Qué elementos pueden llevarnos a ese estado de reunificación? La Carta a los Hebreos nos los señala:

 

·         La Fe en y la Confesión del Santísimo Nombre de Jesús.

·         Hacer el bien y practicar la ayuda mutua.

·         Someternos a nuestro “guías” que se desvelan con su responsabilidad.

·         Asumir nuestra obediencia con alegría.

·         Permitir con docilidad que Dios obre en nosotros haciéndolo todo en el Santo Nombre de nuestro Redentor.

 


Entre líneas lo que siempre asoma es el peligro de querer dar pie atrás y devolverse sobre sus propios pasos; lo que brota tan espontáneamente siempre que nos desmotivamos y nos hacemos presa fácil del desaliento y el desánimo, queriendo salir a escondernos en los vericuetos tradicionales y en los recovecos del indietrismo.

 

Sal 23(22), 1b-3a. 3b-4. 5. 6

Cada instante es transparente, porque no está manchado con la preocupación del siguiente. El Pastor vigila, y eso me basta. Felicidad en los prados de la gracia.

Carlos González Vallés s.j.

En continuidad con el tema de “El Buen Pastor-Resucitado porque así Dios lo ha querido para nuestro bien”, proclamamos el Salmo 23(22), al examinar este Salmo -que también es un salmo del Huésped de YHWH, es decir, de alguien que se aloja en su Templo (alojarse en el Templo es lo que hacía María de Betsaida, sentarse a los pies del Señor a escucharlo, no sólo con atención, sino con arrobamiento)- tenemos que repetir un par de elementos de la fe que, no son nada nuevo- y que todos conocemos a plenitud, pero que muchas veces se quedan retumbando en la mente y no bajan al corazón: a) Dios, como Pastor sabe perfectamente aquello de lo que tenemos menester, inclusive, Él lo sabe mejor que nosotros mismos, que a veces creemos requerir algo bien distinto de lo que verdaderamente precisamos; b) Dios siempre quiere para nosotros lo que más nos conviene; c) lo esencial es la disponibilidad que mostremos para vivir acordes a su Voluntad, d) Él procura también llevarnos a “verdes praderas”, alejándonos de lo que nos daña o nos desvía del “recto camino” que va a las “fuentes tranquilas”; y e) aun cuando caigamos, Él siempre está para apoyar nuestra mano y levantarnos.

 


Aprendamos a saborear este salmo porque es el sistema “óptico” perfecto que nos permite identificar -auxiliando nuestros débiles ojos- la acción constante de Dios en nuestras vidas.

«Cristo resucitado, ¡Él es nuestra Fiesta! … ¿Vivir la fiesta, sería óbice para combatir, para luchar por la justicia? Al contrario. La fiesta no es una simple euforia pasajera. Está animada por Cristo, en hombres y mujeres plenamente lúcidos sobre la situación del mundo y capaces de asumir los acontecimientos más graves…” (Noël Quesson)

 

Mc 6, 30-34

Retomemos los tres verbos de este sugestivo fotograma: ver, tener compasión, enseñar. Los podemos llamar “los verbos del pastor”. El primero y el segundo están siempre asociados a la actitud de Jesús: de hecho, su mirada no es la de un sociólogo o la de un “fotorreportero”, porque Él mira siempre con los “ojos del corazón”.

Papa Francisco

 

¡Nos, me arriesgamos a leer entre líneas! Los “apóstoles” (esta es la única vez que San Marcos usa esta expresión) regresan de su misión y llegan de nuevo a reunirse en torno a Jesús, como polluelos, y le hacen una “rendición de cuentas”, en ello creo descubrir la actitud filial de los “enviados”: “Nos portamos bien, cumplimos la tarea, lo hicimos como Tú nos has enseñado”. Y el papá, les propone una salida “vacacional”: “Vamos a descansar, se merecen una salida para “recargar la batería”, preparen sus maletas, para el crecimiento espiritual, nada mejor que un retiro”, y se los lleva a “verdes praderas”, donde puedan “reparar sus fuerzas”. Es el Buen Pastor en acción.


 

“Estos dos verbos, ver y tener compasión, configuran a Jesús como buen Pastor. Incluso su compasión, no es solamente un sentimiento humano, sino que es la conmoción del Mesías en quien se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de alimentar a la multitud con el pan de su Palabra, es decir enseñar la Palabra de Dios a la gente. Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús nos enseña. ¡Es hermoso esto!” (Papa Francisco)

 

Sin embargo, “la mies es mucha y los obreros pocos”, allí en el ἔρημον τόπον [eremon topon] “lugar desierto” (los retiros, los ejercicios espirituales solemos llamarlos “ir de desierto”), encuentran -todo lo contrario-, una multitud que requiere -dejar de lado el descanso- ponerse a enseñarles πολλά [pol-la] una pluralidad de temas. Primero lo primero, si esta multitud está hambrienta y sedienta de conocer a Dios, si viene a buscar su recuperación de la integralidad, habrá que atenderlos y dejar nuestro descanso… en puntos suspensivos: se desvela asumiendo su responsabilidad.

 

Jesús debió contrariarse mucho por aquel descalabro de sus planes, tal vez echaría un par de chispas, de pronto renegó para sus adentros… ¡Nada de eso! ¡Todo lo contrario! Lo que sintió fue σπλαγχνίζομαι [splagchnizomai], ¡se le conmovieron las entrañas! De otra parte, los discípulos que iban psicológicamente preparados para una vacación, de pronto se ven abocados a alimentar a 5 mil hombres con lo bien poco que tenían: cinco piezas de pan y dos pescados.


 

“Hoy sábado, día especial para acudir a la escuela de María, Ella nos puede ayudar a estar atentos a las necesidades de los que nos rodean, que María Santísima nos ayude a tener un corazón compasivo y colmado de la ternura de Dios.” (Papa Francisco)

jueves, 6 de febrero de 2025

Viernes de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


 

Hb 13, 1-8

Φιλαδελφία [filadelfía] “amor fraterno”

Jesucristo ha establecido una Alianza con nosotros, se ha hecho hombre y armonizando esa Encarnación con su Divinidad -compaginándolas por medio de su kénosis- así, siendo Dios-es-Hombre, bajo la doble naturaleza, ha ejercido su Sacerdocio consustancial, según el rito de Melquisedec, y nos ha educado con un mapa ético que guie nuestra vida en la tierra, que nos entrenemos, para entrar en la Casa Real del Padre. El hagiógrafo del Sermón a los Hebreos, nos recuerda aquí esos fundamentos de vida cristiana, su lista -de recomendaciones prácticas- es esta:

·         Ante todo, el amor fraterno.

·         También entre las primeras virtudes pone la hospitalidad. Al desplazado, al extranjero, al sin-techo hay que abrirle de par en par el corazón, y, sin darnos cuenta, estaremos obrando el bien y atendiendo a los ángeles.

·         Tener presentes en la memoria y el corazón a los presos y a los que sufren maltratos, no simplemente pensando en ellos o diciendo una oración, sino -particularmente- viviendo sus sufrimientos como si fueran propios, recibidos en nuestra propia carne

·         La sacralidad del matrimonio, que no se mancille el lecho conyugal: Impuros y adúlteros estarán incluidos en el Juicio De Dios

·         Repudio de la codicia, mejor, practicar cierto conformismo, sin caer de ninguna manera en la avaricia.

·         Recordar con gratitud a quienes se han ocupado de guiarnos en los caminos de la virtud y la conformidad con la Voluntad Divina emulando su ejemplo de fidelidad y constancia en la fe.

·         Atengámonos con resolución inquebrantable en la certeza de su Providencia y Auxilio.


 

Jesucristo no es una foto fija, no permanece impávido, no está inmóvil en una especie de hibernación; no es eso lo que significa. No pretendamos tener a Dios como una estatua de yeso, el dinamismo de Dios es permanente, no creo y se ausentó, su Misericordia siempre es actuante, no cesa de crear, no para de perdonar, se interesa por nosotros, se compadece: ¡Nunca te dejaré, ni te abandonaré!

 

¡Esto es lo que quiere decir que es el mismo ayer, hoy y siempre! ¡Fiel!

 

Sal 27(26), 1bcde. 3. 5. 8c-9abcd

Este Salmo 27(26), es un salmo que llamamos del Huésped, es decir, de alguien que se siente alojado por Dios, puesto bajo su tutela y techo, que habita “a la Sombra del Altísimo”, protegido porque Dios lo aloja en su Tienda, le permite acampar en su Santuario. Consta de dos partes; Cuando la situación pinta negra, ¡y negra bien oscura!: se enuncia la confianza en el Señor como Esperanza irrefutable; en la segunda parte -a partir del verso 7- (se reconoce por el cambio de persona, antes se estaba relatando cómo es Dios en su Fidelidad, y se venía hablando en tercera persona; al pasar a esta nueva parte, se empieza a hablar en segunda persona, pues se está dirigiendo un ruego y Dios es ahora el Interlocutor), se vuelve al Señor implorando su auxilio. Pero la perícopa que se lee, pertenece casi toda ella a la primera parte. La firme confianza en el Señor, aun cuando la situación parezca desesperada, se puede resumir con el primer verso de la perícopa: «El Señor es mi Luz y mi Salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la Defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?» Y le insiste con su ruego que no lo vaya a impugnar, que lo defienda, que no lo rechace; la cuarta estrofa (versos 8c-9abcd) es la única tomada de esa segunda parte del Salmo.

 


El salmista quiere una sola cosa: habitar en la Casa de Señor todos los días de su Vida; lo que significa estar siempre a su servicio, dedicarse a cumplir su Voluntad. Vivir bajo su Techo, en sus Moradas, significa estar en trato constante con Él, frecuentar su Presencia, Escuchar su Palabra, permanecer siempre en su Cercanía, para conocerLo como se conoce al Amigo que frecuentamos.


 

No es un conocimiento indirecto, sino una experiencia personal, no sabemos de Él por oídas, ni recabamos información sobre Él por terceras personas. Vivamos la experiencia de contar con su Protección aun cuando todo un ejército se nos abalance. Porque cuando hay un peligro, Él nos refugiará en su tienda del encuentro, me ofrecerá su Santuario en asilo: Él es mi Luz y mi Salvación.  Alumbra mi sendero para que no tropiece, pero, si a pesar de su Claridad me precipito en caída, Él me tenderá la mano para sujetarme.

 

Mc 6, 14-29

Al escuchar la cobardía de Herodes frente a la petición de la hija de Herodías, nos queda una sensación de amargura y hastío porque sabemos que, a pesar de tenerlo encerrado, Herodes no quería matar a Juan el Bautista.

Pero qué es lo que realmente nos molesta. ¿Por qué es común escuchar que lo que menos podemos tolerar en los demás es la hipocresía y la cobardía? Creo que es precisamente lo que nos atañe más directamente, pues todos alguna vez hemos sido cobardes e hipócritas.

Papa Francisco

Compararnos con los demás siempre entraña algo de cobardía y algo de hipocresía: Significa acomodarnos a los respetos humanos, allí está la cuna de esa expresión que pretexta el vejamen de nuestros hermanos y pone en primer término la búsqueda de la propia superioridad, “Ustedes no sabe quién soy yo”


 

Estamos en la sección de los Panes (6,6b – 8,30) El episodio que nos ocupa en el Evangelio es el de la muerte de Juan el Bautista (Mc 6, 14-29). Si vamos a San Marcos -buscando el co-texto- ¿qué encontramos inmediatamente antes? El fragmento donde Jesús envía a sus discípulos a misionar (Mc 6, 6b-13). Si miramos ¿qué sigue? Mañana leeremos que “los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” (Mc 6, 30-34). Hoy, no se nos narra lo que dijeron, o hicieron, o los prodigios que quizás obraron durante su misión. El relato de hoy lo que nos entrega es un baile -seguramente lujurioso- y el trofeo a que se hizo acreedora esa danza: ¡La bandeja con la cabeza ensangrentada! ¡Danza mortuoria! ¡Mazurca de la decapitación! Esto corona la extensión de la fama de Jesús.

 

“La característica de este pasaje es la alusión explicita a la resurrección del precursor y la motivación de su revivir en Jesús, es decir, “el poder de los milagros” que se manifiesta en Él… Herodes es el faraón de una lucha eterna, que va dirigida contra el Éxodo de los hijos de Dios hacia la libertad” (Beck, Benedetti, Brambillesca, etal)


 

Y es que la perícopa se inserta allí, donde el asunto a debatir es ¿quién es el mayor? Se trata de una vieja triquiñuela del Malo, que extiende su estrategia divisoria, poniéndonos en cotejo, enfrentándonos unos a otros, generando división.

 

Se referencia a Jesús como poniéndolo en competencia, pero, eso -ya hoy en día no nos vulnera- ellos lo enfrentaban con Elías, con Juan el Bautista y con otros profetas. Esta clase de cosas se hace para bajar el nivel, para menospreciar, cualquiera que sea el veredicto, alguien va a estar más arriba, y… alguien, en consecuencia, quedará más abajo.

 

Tendríamos que eliminar esta perspectiva, mirarnos entre nosotros como nos mira Dios, como nos mira un padre de familia, como estamos en el corazón de nuestra madre, por muchos hermanos que tengamos: nadie es mejor que nadie, cada uno tiene su talento, cada uno es un hijo de Dios, Juan era la Voz “que clama en el desierto” Jesús es el Mesías, la Palabra. No estamos para compararnos, aun cuando estemos muy habituados a las comparaciones, en una cultura del “Primer puesto”, la “Mención de honor”, la “medalla” y la “presea” o el “favoritismo del docente titular”. ¿Cuántas veces detrás del favoritismo sólo se busca tener a alguien subyugado para que “borre el tablero”?

 

La muerte de este justo y santo decapitado para que su cabeza sea el trofeo de una danzante, parece la premonición de aquel que marcha cuesta arriba del Calvario, llevando a los hombros su patíbulo, entre flagelos y escupitajos, vejaciones, hisopo empapado en vino agrio, clavos y lanzada. ¡El Rey de los Judíos que morirá en la cruz! Cordero llevado al matadero-redentor, al Altar del Sacrificio, Sacerdote Eterno según el rito de Melquisedec.

 

Señor, qué distintos son tus pensamientos de nuestros pensamientos, tu justicia de nuestra justicia. Enséñanos a salir de nuestro egoísmo y buscar siempre la verdad que nos conduce hasta Ti, aunque a veces eso implique el necesario camino de la cruz y de la abnegación.

 

«Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste» (Papa Francisco)

miércoles, 5 de febrero de 2025

Jueves de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


 

Hb 12, 18-19. 21-24

¿Cómo nos acercamos a la Ciudad Celestial?

El judaísmo fue adquiriendo un perfil relacional del ser humano con la Divinidad. Esas relaciones se fueron dibujando con un matiz de “miedo” que las coloreaba en todas sus facetas. Dios era un Personaje, que podía entrar en un absceso de ira, y con todo su Poder entrar a borrar de golpe y plumazo al hombre que se le cruzara. Estaba la idea de morir por solo tocar el Arca, o la de caer fulminada o fulminado si se veía a Dios. ¿A qué condujo esto? A querer tener, con Dios, sólo una relación de lejitos. Y cuanto más lejos -dada esa peligrosidad- mejor.

 

Se tomó como referente la conducta de los reyes y gobernantes de los distintos pueblos, pero también las divinidades de otras culturas, para llegar a este perfil. No se vaya a pensar que brotó de alguna revelación, pero los seres humanos, y en particular los hagiógrafos, queriendo comunicar la grandeza de Dios, incurrieron en ese imaginario. Luego, se pensó, que mantener la obediencia a las leyes, tenía como medio eficaz el uso de la violencia, y, como desenlace lógico, se llegó a configurar -como pieza central de la escatología- el Dies iræ, para designar el Juicio Final como un Juicio en el que Dios dejaba salir todo el rencor acumulado a lo largo de generaciones de pecado. Este elemento hizo indispensable que el Sermón a los Hebreos alojara una corrección y precisión, porque el Juicio Final -no es cualquier evento- es el punto donde teleológicamente Dios se deja conocer en su Plenitud. Como desenlace -ya que “Final”- es la cuenta definitiva, donde veremos la imagen de Dios Misericordioso.

 

¿Son acaso estas palabras pura vacuidad?

 

Primero, la perícopa nos da un breve elenco de lo que no es Dios:

·         No es un fuego tangible, encendido

·         No es un enjambre de nubes (cumulonimbos)-

·         No es una tormenta

·      No es el sonido de trompeta apocalíptica (Siete trompetas que anunciaran el inicio del juicio de Dios sobre la raza humana. Con ese sonido comenzará un período de gran tribulación, pesares peores de lo que jamás se ha visto en la historia de la humanidad) ¡Imagínense! Como dice el adagio popular, “con amigos así, para qué enemigos”.

·         No es un Dios de Palabras atronadoras que desatan un gran estruendo.

 

Para sellar este perfil, el mismísimo Moisés, Gran Amigo Personal de Dios confesó: “Estoy temblando de miedo”.

 

Si esto era exacto, con qué cara vamos a decir que ese es Dios, el que declaró: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre”. (Jn 15, 15)

 

Viene, a continuación, Hebreos, a decirnos lo que SI es:

·         Dios ζῶντος [zontos] viviente (en el sentido que nos infundió Vida Perdurable, que resulta de habernos insuflado su Soplo).

·        Para la Comunidad de los primeros hijos de Dios inscritos en el Cielo, Juez de todos.

·         Al espíritu de los hombres buenos que Dios ha hecho perfectos

·         Mediador de la Nueva Alianza

·       A la Sangre del Sumo y Eterno Sacerdote que nos ha purificado, sangre -que clama Perdón- muy superior a la sangre -que clamaba venganza- la de Abel.


 

Cuando miremos desde la eternidad -hacia atrás- en nuestras vidas, estaremos sorprendidos no por la crueldad de un Justiciero, sino por la Generosidad Extraordinaria de Su Misericordia. Mejor dicho, no estamos inmersos en la fe de un Dios Terrible, donde sólo nos cabe la incertidumbre de nuestro final, que puede ser el “fracaso” de Dios que nos Creó para que nos perdiéramos y ardiéramos en las llamas destructoras del “Infierno”.

 

¡El que llegué allí, será por la ilimitada terquedad de vivir dándole la espalda a Dios!

 

Sal 48(47), 2. 3-4. 9. 10-11

Con frecuencia hemos insistido que uno no puede visualizar las realidades espirituales desde nuestras limitaciones cognoscitivas. Dios ha puesto a nuestro alcance datos importantes y suficientes para figurarnos metafóricamente lo trascendente, con un pensamiento parabólico que toma como referencia el mundo que conocemos con nuestros sentidos y nuestra realidad. Para acercar los dos planos es indispensable además añadir una lógica, que no es la lógica “común y silvestre” sino una lógica “poética", por llamarla de alguna manera, que Dios nos da -con su Gracia- y que nosotros podemos agudizar valiéndonos de la fe y de la “búsqueda” sincera y amorosa de su Amor.

 


Tomemos por caso, el del Cielo, para nosotros desde nuestra perspectiva analógica se trata de una “Ciudad”, y aquella que la Revelación nos brinda como referente es Jerusalén. Jerusalén nos sirve de boceto, aún más de maqueta, pero sabiendo depurar aquello que es puramente “terrenal” para conservar la esencia del Don-Espiritual.

 

En una de sus parábolas Jesús nos habla de un hombre que encuentra un “tesoro”. Cómo hace este hombre para llegar a tal hallazgo. Con una labor arqueológica: “cavando”.

 

En la Escritura encontramos muchísimas alusiones a Jerusalén (como mínimo 850), y 142 en el Nuevo. ¿Es eso lo único que sabemos? ¡No! La historia, y la arqueología en particular, nos han reportado muchos datos. Hay mucha información “científica” que acude convergente con este estudio (aparte de una descomunal y excesivamente socorrida presunción hipotética, que no debe tomarse en cuenta). Pero, si todo eso aporta a la configuración del imaginario de la Nueva Jerusalén, la lógica poética, ¿dónde entra?

 

En las obras estéticas, por ejemplo, en la cinematografía, donde se acude a la búsqueda arqueológica de un tesoro, basados sobre un mapa, un jeroglífico o algún otro antecedente de pistas. Todo eso nos ayuda a redondear y a perfilar de qué se trata esta pesquisa que lleva hacia una realidad tan superior y tan espiritual, como es la Vivienda de Dios y de los salvados que lo acompañan como “Iglesia Triunfante”.

 

En nuestro ejemplo, podemos tomar como referente una villa miseria, un tugurio, un poblado de chabolas, cualquier población de pobres en los países periféricos y pretender definir a partir de sus “datos” lo que significa una ciudad.


 

Pero también podríamos pretender extractar una definición de “ciudad” mirando hacia Paris, Nueva York, Roma, Ámsterdam (eso sí, sin asomarnos a sus dolorosas periferias).

 

En el salmo de hoy asistimos a todo este proceso, como de-construido. ¿Qué sale a flote como síntesis de la Nueva Jerusalén? Tres cimas:

1.    La Misericordia de Dios habitando el Santa Sanctorum, donde Jesús presenta Eternamente su Sacrificio: Victima y Sacerdote

2.    El Nombre de Dios que es, por fin, Todo en Todos.

3.    A la Derecha de Dios, Su Hijo, que es sinónimo de Justicia (Ni revancha, ni rencor sino Justicia Pura).

 

En el verso responsorial sale a relucir que este es el tema de nuestra contemplación. Y lo contemplaremos por toda la Eternidad.

 

Mc 6, 7-13

ENVIADOS CON UN CORAZÓN HOSPITALARIO

La llamada de Cristo a la fe no es estática, es conocerlo cada vez más para trasmitirlo mejor. Ser cristiano no significa sólo vivir según los mandamientos de Cristo, significa además ser misionero para transmitir a todos los hombres su mensaje, que es un mensaje de paz. Sin embargo, esta proclamación del mensaje de Cristo debe respetar la libertad de los hombres de acogerlo o no.

Papa Francisco



Estamos en esa sesión que reconoce y llega a la Identidad de Jesús, Él es el Mesías. Recordemos que Jesús ha salido de Nazaret, está enseñando en el territorio circunvecino y ¡envía a sus discípulos! De dos en dos. Los envía (apóstoles):

a)    Con autoridad sobre los espíritus inmundos

b)    Sin alforjas, sin mochila, sin morral de campaña, sin ropa de repuesto, ni fiambre, ni lonchera. Tan sólo un bastón y su par de sandalias.

 

¿Cuál era el anuncio del que eran portadores? μετανοῶσιν [metanoosin] “conversión”, “volverse a Dios”, “arrepentirse de su pecado”, “cambio de mentalidad”, “después de estar presos de cierta concepción, reaccionar dándose cuenta que estaban enfocando equivocadamente el asunto”.

 

Ese era el “mensaje”, y lo que escoltaba y secundaba esa noticia eran, dos cosas.

1)    Expulsar demonios

2)    Curar enfermos por medio de la ἤλειφον [eleifon] Unción con aceite de Olivas. Esta acción aportaba una triple significación: i) Sanación ii) Alivio, descanso, reducción de un padecimiento y iii) alegría, el masaje de esta “unción” producía una impronta de dicha, de quitarse un peso de encima, de alegría.

 


Nuestra cultura entiende el envió como la elaboración de un plan estratégico, el diseño de una agenda de tareas y el encuentro con determinadas personalidades preponderantes del lugar, muchas de estas agendas se cierran con platos típicos de la región y pródigas libaciones de whisky. Se preparan los carteles, los gráficos explicativos, la pólvora y sus juegos pirotécnicos, se contrata el grupo folclórico y la sala del jolgorio.


 

El envío nuestro es totalmente distinto porque lo que anunciamos es la hospitalidad del corazón, no hay que llevar ninguna cachiporra oculta para convencer a los que no quieran acoger el Anuncio: «La Iglesia es madre de corazón abierto que sabe acoger, recibir, especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que está en mayor dificultad. La Iglesia, como la quería Jesús, es la casa de la hospitalidad. Y cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender este lenguaje de la hospitalidad, este lenguaje de recibir, de acoger. Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Para eso hay que tener las puertas abiertas, sobre todo las puertas del corazón. Hospitalidad con el hambriento, con el sediento, con el forastero, con el desnudo, con el enfermo, con el preso, con el leproso, con el paralítico. Hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido. Y, a veces, por culpa nuestra. Hospitalidad con el perseguido, con el desempleado. Hospitalidad con las culturas diferentes, ... Hospitalidad con el pecador, porque cada uno de nosotros también lo es». (Papa Francisco)

martes, 4 de febrero de 2025

Miércoles de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


Hb 12, 4-7. 11-15

Pasamos hoy de la sección cuarta de este Libro, donde se ha trabajado la fe y la fortaleza; y abrimos el acceso a la quinta parte, donde se va a plantear el significado de la vida cristiana. Precisamente la perícopa de hoy cumple esta función de gozne, hace pie en la fe y la perseverancia, para dar el paso a buscar los caminos llanos procurando para los que van con nosotros sinodalmente y para nosotros mismos, los menores riesgos de contaminación con las sanguijuelas del pecado.


 

Si -aunque sea por un instante- perdemos el norte, es preciso que el Señor nos corrija y que nosotros sepamos recibir la corrección. En continuidad con la parábola del deportista, del atleta que corre, requiere que el “Entrenador” lo vaya modelando, suprimiendo los movimientos parásitos que desvirtúan la eficacia de su correr y lo retrasan para alcanzar ese perfeccionamiento que es la corona de laureles que se da al atleta como trofeo por su esfuerzo. El corazón de esta perícopa palpita sobre el eje de la corrección.

 

Que a alguien le llamen la atención se puede entender como una intromisión en la propia autonomía. Pero también se debe entender que se nos llama la atención porque se nos ama. Si le persona nos es indiferente, nada le decimos, allá él; pero cuando alguien entra en nuestra esfera de simpatía o de cariño, ya no se le deja al garete, sino que se le llama a reflexionar y a revisar sus comportamientos. Dios nos interpela porque nos ama, porque no le somos indiferentes. Cuando alguien se lastima, por ejemplo, un tobillo, eso puede requerir de algún tipo de entablillamiento mientras la extremidad recupera su solidez, ya entonces, volverá a andar con paso firme, sin volverse a tronchar. No podrá caminar por un tiempo en terreno pedregoso o escabroso.


 

En la parábola deportiva, se pasó de comparar con una carrera y ahora la comparación es más bien con un pugilato. Para el box o para la lucha cuerpo a cuerpo, se requiere

a)    Fortalecer las manos débiles

b)    Robustecer las rodillas vacilantes

 

Pasando del plano de la parábola, al plano de la vida espiritual, ¿Qué quiere decir esto?

a)    Que hay que trabajar un estilo relacional interpersonal que permita un clima de paz

b)    Que hay que esmerarse por andar la senda de la santificación, porque sólo por ella llegaremos a las Praderas Celestiales a dónde Dios nos ha invitado

c)    Ha de procurarse que todos entren en Gracia de Dios

d)    E impedir, a toda costa, que las antiguas toxinas se reactiven en el organismo espiritual haciéndole daño a muchos.

 

Sal 103(102), 1bc-2. 13-14. 17-18a

Este es un salmo de Acción de Gracias. Cielo y tierra son convidados a vivir la gratitud, expresarla y cantarla. Todas las criaturas se entrelazan para erguirse en una coral unificada que descubre en Dios Padre, la Ternura de la que se nos hablaba en la Primera Lectura: “Dios los trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?”.

 

En ese sentido podríamos tomar como médula de este salmo el verso 13:

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles.

 

Si nosotros hubiéramos sido hechos con polvo de ángeles, se nos podría juzgar con rudeza y hosquedad, porque nuestra materia primigenia nos puntuaría con números lindantes al infinito, pero, nuestra realidad es justipreciada en el verso 14:

porque él sabe de qué estamos hechos,

se acuerda de que somos barro.

 

Este salmo tiene 22 versículos, envueltos en su totalidad en una atmosfera de amor y ternura. Se tomaron 5 versículos para lo que se proclama hoy. 

 


Se ha considerado que este salmo es la adaptación de una oración de un enfermo, y quiere reflejar la propia Jerusalén enferma, después de la calamidad del 598 a.C. con la campaña militar llevada a cabo por Nabucodonosor II, rey de Babilonia. (El salmo incluye una profecía de reconstrucción).

 

1ª estrofa. Se interpela a sí mismo para llamarse a bendecir a Dios con todas sus células y moléculas.

 

2ª estrofa: Dios sabe que somos de barro. No pretende de nosotros más de los que somos y podemos dar. En ese sentido Dios es realista, pero su realismo subyace a su Misericordia.

 

3ª estrofa: Toma el mismo versículo que será el responsorial: la Misericordia de Dios dura por siempre, Él no es voluble. Perdura de generación en generación.

 

Este salmo se ha intitulado: “Salmo de las Misericordias de Dios”: Gracias, oh Dios, por ser tan Bondadoso, y gracias también por perdonar nuestra ingratitud y tantas infidelidades.

 

Mc 6, 1-6

DISCIERNEN LAS COSAS DEL MUNDO, PERO NO LAS DE DIOS.

¿Cómo se puede hacer esto que la Iglesia llama conocer los signos de los tiempos? Los tiempos cambian. Es característico de la sabiduría cristiana conocer esos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos.

Papa Francisco

Aquí llegamos al final de la primera parte del Evangelio según San Marcos, donde asistimos a la actividad de Jesús en Galilea.


 

Jesús está enseñando en la Sinagoga, y todos los vecinos se preguntan ¿cuál es la fuente de tanta sabiduría? Y ¿de dónde dimana ese exceso de poder que nada le queda grande y todo se le somete?

 

Pero, por muy paradójico que suene, por ser un conocido, por haber tratado con la Mamá y porque había jugado con los otros niños del pueblo, no podían darle crédito. Y Jesús subraya que un profeta es aceptado en cualquier parte, menos en su propia tierra natal, y ¿quiénes son los más refractarios? ¡Sus parientes, los de su casa!

 

Este tema, es tema de fe, y se vuelve un obstáculo insalvable. Así que Jesús obró entre ellos, unos cuantos prodigios. Él mismo, no podía salir de su asombro: ¿por qué llegaba a tanto su incredulidad. El corazón, detrás de sus ojos, les decía: ¡No puede ser posible, no es más que otro igual a nosotros!

 

Eso sigue ocurriendo, hay muchos que están dispuestos a reconocer a Jesús, si se les dice que era un ET. Seremos -según esta anécdota- también nosotros los cristianos-católicos los que tengamos mayor dificultad para acogerlo en su Parusía. No nos quedemos ahí, criticando a los paisanos de Jesús, miremos ¿qué nos pasa a nosotros? y si ¿nosotros somos víctimas del mismo mal? Porque, si es así, tenemos que reaccionar pronto: si somos infieles tenemos que dar el paso a reconocerlo. Si nos cuesta ver en nuestros vecinos la Presencia de Dios, entonces, no estamos listos para andar sinodalmente.

 

«… yo soy libre debo emitir mi propio juicio y comprender que significa todo. Se trata de un trabajo que a menudo no hacemos: nos conformamos nos tranquilizamos con: me han dicho, he escuchado, la gente dice, he leído… Y así nos quedamos tranquilos. En cambio, deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es la verdad? ¿Cuál es el mensaje que el Señor quiere darme con ese signo de los tiempos? ... Somos libres para el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo. Pero nuestro trabajo es mirar lo que sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y qué acontece fuera de nosotros, y discernir los signos de los tiempos. Con silencio, reflexión y con la oración» (Papa Francisco)

 

Hay una pauta que nos da el mismo Papa Francisco en el #30 de la Evangelii Gaudium y que nos parece pertinente: «Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. Ella es el sujeto primario de la evangelización, ya que es la manifestación concreta de la única Iglesia en un lugar del mundo, y en ella “verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica”. Es la Iglesia encarnada en un espacio determinado, provista de todos los medios de salvación dados por Cristo, pero con un rostro local. Su alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales. Procura estar siempre allí donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado».

 


Jesús cambia, entonces, de tónica. Va por los pueblos de las inmediaciones, no dedicado a la sanación, sino a la enseñanza.