martes, 18 de diciembre de 2012

NATIVIDAD DE UNA NUEVA HUMANIDAD



Miq 5, 1-4; Sal 79, (2-19); Hb 10, 5-10; Lc 1, 39-45


Sólo por el servicio el hombre cambiará la tierra gastada y cansada en Nueva Humanidad.

Emilio L. Mazariegos
1

San Juan Bautista no sólo predicaba un bautismo de conversión (distinto de nuestro bautismo que es sacramento de iniciación y nos vincula a la Iglesia haciendo oficial nuestra filiación al Padre y anulando en nosotros las consecuencias del pecado original, sin embargo, no elimina nuestra inclinación al mal, una de las consecuencias de ese “pecado original”). Además, señalaba que quien se convertía verdaderamente con su bautismo, empezaba a dar unos frutos que evidenciaban tal conversión.

Gentes de distinta procedencia le preguntaban cuáles eran esos frutos, Καὶ ἐπηρώτων αὐτὸν οἱ ὄχλοι λἐγοντες· τί οὖν ποιήσωμεν; "La gente le preguntaba “Qué debemos hacer?”"(Lc 3, 10). Aquí queremos dirigir el reflector sobre la profunda conciencia de la gente. Ellos sabían claramente que sus frutos debían ser obras, que una conversión no es simplemente un acto abstracto simbolizado por una “inmersión” y ya, ¡estuvo el bautismo!,  que es lo que muchas veces nos sucede a nosotros: vamos a la Iglesia, recibimos el chorrito de agua (o se lo hacemos aplicar a nuestros hijos) y todo sigue igual. Con grande preocupación vemos la actitud poco o nada piadosa de personas que están ocupadas tomando fotografías, o con sus teléfonos celulares y sus mensajes de texto, que conversan mientras el sacerdote procura “develar” lo que es “develable” en el sacramento, mientras la feligresía  -padres y padrinos- conversan amenamente como en el mejor club; y, seguramente ignorando que la Mesa del Altar representa a Jesucristo que es Víctima, Sacerdote y Altar de su Sacrificio, encontramos a un papá que no tuvo inconveniente en parar a su niña sobre La Mesa Sagrada.



Aquella gente que se bautizaba con San Juan, entendían que había un compromiso de cambio, y así llegaban a su cuestionamiento: τί οὖν ποιήσωμεν “Qué debemos hacer?”. Ese fue nuestro tema del Tercer Domingo de Adviento, esa era la perícopa que leímos el Domingo Anterior. No está de más que repasemos la respuesta que les dio San Juan:

-       A los pudientes, a los solventes, a los acomodados, a los adinerados les dijo: “El que tenga dos capas dé una al que no tiene y quien tenga qué comer, haga lo mismo” Lc 3, 11
-       A los publicanos (es decir, a los cobradores de impuestos) “No cobren más de lo debido” Lc 3, 13c
-       A los soldados, representantes de la casta militar les respondió: No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan” Lc 3, 14c

Un predicador que oímos los parangonó con el Ministro de Finanzas, los Coroneles de los “falsos positivos” y la feligresía de la comunidad a la cual el predicador se dirigía, actualizando así el Mensaje para nosotros. Ahí dejamos la Semana Anterior, hoy retomamos con la Primera Lectura, del Profeta Miqueas, cuyo nombre traduce “Quién como YHWH”; él era un campesino, nacido en  Môresheth Gat (propiedad de Gat) como a 35 kms de Jerusalén, cerca de Kiryat Malaqhi y de Kiryat Gat; si leemos su libro en la Biblia, es decir, la trascripción de sus profecías, nos encontramos con la denuncia de los abusos de explotación por parte de las clases acomodadas aprovechándose de los pobres, de los labradores por medio de un sistema basado en la violencia. «… denuncia un mal peor que la propia guerra, la codicia y las injusticias sociales, en las cuales ve la causa principal de la ira de Dios (2,8)»[1]


Podemos dividir este Libro en cuatro secciones: la primera que se ocupa de los oráculos amenazadores, forman los capítulos del 1 al 3; en la segunda parte, de la cual se toma la perícopa que leemos este Cuarto Domingo de Adviento, la conforman los capítulos 4 y 5; la tercera parte, especie de juicio a Israel, forma los capítulos 6 y 7; y concluye con el capítulo 7 que muestra las perspectivas salvíficas.

En la perícopa de hoy «… existen también promesas y esperanzas. Entre ellas se destaca el anunció del surgimiento del Mesías en la pequeña ciudad de Belén (5, 1-3). El N.T. tomará ese oráculo y lo atribuirá al nacimiento de Cristo. (cf. Mt 1, 6).»[2]

2

διὰ τῆς προσφορᾶς τοῦ σώματος Ἰησοῦ Χριστοῦ ἐφάπαξ. “…por la ofrenda del Cuerpo de Jesucristo, de una vez por todas” (Heb 10, 10b) alcanzamos ἡγιασμένοι ἐσμεν “quedar santificados”. Eso lo hace Jesús “en cumplimiento de ἐν ᾧ θελήματι la voluntad de suprimir los antiguos sacrificios. Esa voluntad emana del “Querer” de Dios, de lo que Dios quiere. No quiere ni víctimas, ni ofrendas, ni holocaustos, ni sacrificios, así lo leemos en Θυσίαν καὶ προσφορὰν οὐκ ἠθέλησας,… ὁλοκαυτώματα καὶ Hb 10, 5b. 6a. En cambio, Dios le dio para ofrendar un “cuerpo” σῶμα δὲ κατηρτίσω μοι· (un cuerpo me preparaste). El verbo καταρτίζω señala algo que ha sido dispuesto con destino preciso, a propósito para tal cosa, que conviene exactamente y cumple todos los requisitos.



Ahora bien, según lo pone la Carta a los Hebreos, Cristo dice ofrendándose a Sí mismo: τότε εἶπον, Ἰδοὺ ἥκω “Entonces dije, aquí estoy” Hb 10, 7a y continúa diciendo, ἐν κεφαλίδι βιβλίου γέγραπται περὶ ἐμοῦ, τοῦ ποιῆσαι ο θεος το θελημα σου “como dice en el rollo hablando sobre mí, para hacer Tu Voluntad, Oh Dios.”.

Sólo resta un punto: ¿Qué tiene todo esto que ver con la Navidad? ¿Con el Cuarto Domingo de Adviento?


Que este decir de Jesús, esta opción de ser Víctima Sacrificial por nuestros pecados la toma Διὸ εἰσερχόμενος εἰς τὸν κόσμον Al entrar en el mundo.

3

El salmo 79 es un Salmo de súplica. En la estructura de la súplica va primero la Invocación al Protector, a quien llamamos por Nombre propio. ¿Cómo se llama Dios en este salmo? ¿Con qué Nombre se le invoca?

Dios viene a nosotros en Jesús, “Dios Salva”; nace Pastor entre pastorcitos, como sabemos, son los pastores de Belén los primeros en venir a visitarlo. Así que en este salmo lo invocamos con ese título: רֹ֘עֵ֤ה  יִשְׂרָאֵ֨ל Pastor de Israel.



En segundo lugar, siguiendo la estructura de la súplica, vienen las peticiones generales. En este caso son tres: manifiéstate, despierta tu Poder, ven a salvarnos.

Viene el tercer elemento de la estructura de una súplica: La presentación que dice quién es el que clama. En este salmo, es el pueblo elegido, Israel. Se autodenomina “la cepa plantada por tu Mano”, “ el renuevo que Tú mismo cultivaste”.



Luego, viene el siguiente elemento de la súplica: Se ofrece algo a cambio, para que se conceda lo pedido el suplicante hace un compromiso: “Dame tal cosa y me comprometo a tal otra”. En el presente salmo la “transacción” es: se pide que “Tu Diestra defienda al que Elegiste, al hombre que has fortalecido” y a cambio se ofrece: “Ya no nos alejaremos de Ti”. Se pide “Consérvanos la vida” a cambio se ofrece: “Alabaremos tu Poder”.

4



La radicalidad del seguimiento de Jesús está en hacer del amor, servicio.

Emilio L. Mazariegos

«El hacerse hermano del otro supone salir de “nuestro mundo” para entrar en “el mundo del otro”. Entrar en…sus necesidades…La fraternidad es tan exigente y difícil  porque no consiste sólo en prestar un servicio exterior, sino en un gesto de servicio que nos compromete, que nos arranca de nosotros mismos para hacernos solidarios con la pobreza del otro»[3]


«Decirle sí al Señor es ponerse en camino. Y esta vez el éxodo es a través de las montañas. El amor es capaz de superar montañas… allí pasará unos meses en experiencia de éxodo, de salida, de encuentro en servicio con Isabel. Su estancia en el Hebrón es como una bella liturgia anticipada de la Cena pascual de Jesús con los suyos.

María se ha quitado la capa, el manto –señal de señorío- y se ha puesto el delantal –señal de servidumbre-. La Madre de Dios hecha de nuevo esclava, servidora. El sí a la Palabra de Dios la lleva al sí al hombre. La Fuerza del espíritu en su corazón la lleva a abrir la vida como abanico en ayuda del necesitado. Jesús ira creciendo en su interior y ella ira manifestando las maravillas de ese amor»[4]

Se tiene que resaltar y observar detenidamente el ejemplo de María, y aquí en este ejemplo, en este detalle de su vida, está compendiada la razón que la lleva a ser María Santísima, María madre de Dios. Insistimos, María quien acaba de ser llamada a la maternidad de Dios-Encarnado podría haberse sentado en la butaca más muelle, y entregarse a un ejercicio auto-contemplativo.  ¿Cuál sería la reacción promedio de la persona que recibiera esta clase de privilegios de Manos de Dios? ¿Hasta dónde llegaría la vanidad de su orgullo henchido?

Hay otra reacción probable a raíz de años y años de un tipo de religiosidad, de piedad aprendida: podría haber salir corriendo hacía el Templo, elevando mil y mil plegarias. Oración tras oración sin tregua, eso podría sonar como una respuesta digna de un corazón agradecido.

¿Era el corazón de la Virgen Santa poco agradecido? No, no se trata de eso. En el Magnificat muestra su gratitud y sabemos que está consciente del privilegio incomparable que se le ha otorgado; oímos en su plegaria reverberar los ecos de esa gratitud. Se trata de algo mucho más profundo, más intenso, se trata de ponerlo todo en su dimensión correcta, en su justa proporción.

¿Qué hizo la Virgen María? ¡ μετὰ σπουδῆς Salió corriendo hacía Ain Karen! Ahí tenemos la respuesta de María, “manos a la obra”, no palabras, no oraciones, no contemplaciones, no auto-complacencias. Su gratitud se traduce de inmediato en acción inmediata, en servicio, servicio al más necesitado que ella conocía. No buscó la manera de movilizarse hasta África o la India. El más débil, el más necesitado era su “prima” Santa Isabel, mujer entrada en años y –pese a ello- en cinta. Era ella quien necesitaba apoyo, compañía, servicio. Con ella podía ser solidaria.

«María de Nazaret, ante el privilegio  de haber sido elegida para ser la madre de Dios encarnado, el Mesías,

-       No queda extasiada, fuera de sí por la alegría
-       No permanece pasiva, encerrada en su mundo de jovencita embarazada que necesita atención, cuidados, mimos.
-       No se lanza a publicar su privilegio y alegría

María sale de su mundo, de sí misma y viaja “a toda prisa a la montaña, a la provincia de Judea” (Lc 1, 39), lejos a  más de 120 Kms. de Nazaret para ayudar a Isabel. La colaboración de María le vendría muy bien: su pariente es ya entrada en años, estéril hasta ahora, primeriza pues, y en el sexto mes de su embarazo, tres circunstancias que hacen que estos últimos meses sean positivamente molestos y angustiosos para Isabel… Por eso ella va a ayudar, a servir (Lc 1, 36-40.56)» [5]

«Sólo por el servicio se levantará al pobre de la miseria. Sólo por el servicio las manos vacías se llenarán. Sólo por el servicio el hombre encontrará su lugar entre los hombres. Sólo por el servicio al hombre se llamará hijo de Dios. Sólo por el servicio a los más necesitados el hombre probará la verdad de su amor a Dios. Sólo por el servicio el corazón manifestará que está habitado por Dios-Amor. Sólo por el servicio el hombre sentirá la alegría de vivir. Sólo por el servicio el hombre sentirá que la vida vale la pena. Sólo por el servicio el hombre cambiará la tierra gastada y cansada en Nueva Humanidad.»[6]



El Padre Jesús Antonio Weisensee guiándonos en la Lectio Divina sobre esta perícopa del Evangelio de San Lucas, formula en la Meditatio10 preguntas, de las cuales queremos tomar las tres últimas:

«8. ¿Qué mensaje nos deja este pasaje conocido como la Visitación a Isabel? ¿A qué nos invita?
9. Hoy, ¿a qué nos compromete la actitud de servicio de María? ¿qué debiéramos hacer nosotros?
10. Hoy, ¿Quiénes son las Isabel a quienes debemos visitar para ayudar y servir? »[7]

María nos da la respuesta a estas y a muchas otras preguntas que nos permiten posicionar nuestra fe, que nos orienta hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos, dónde y cómo fructificar agradando al Señor. Ella que enamoró al Señor con su respuesta que no era una interjección, un simple “sí”; ella contestó con un verbo dijo γένοιτο “hágase” del verbo γίνομαι que autoriza, que da su aceptación. Con este examen de la palabra con la que contestó María al ángel, queremos destacar que María la silente, la que casi no habla en los evangelios es una “mujer de acción”. Quien ha vivido la paternidad-maternidad sabe que el cuidado de un bebé no es de palabras sino de acciones, de compromiso, de responsabilidad. Y más adelante, la formación de un niño, de un muchacho, es de responsabilidad, de presencia, de acompañamiento. «El único signo de ser y de estar “tocado por Dios” es descubrirse “hermano universal” –para emplear un término grato al Padre de Foucauld. Y esto significa estar en comunión con los hombres y con todos los seres. Al no darse esta comunión, el signo es asumir la lucha y afrontar la muerte para que esta comunión se dé.»[8]

«Aquellos tres meses fueron de un compartir profundo entre dos mujeres generacionalmente distintas, pero unidas por el amor y la esperanza de una nueva humanidad que despuntaba en el fruto de sus vientres; unidas en el proyecto del Padre. Tres meses de compartir sus vidas, desde las riquezas del Espíritu Santo, y de su esperanza compartida hacia el futuro.»[9]

«María vive ya el mandamiento nuevo de Jesús. Porque en su comunidad no es la “igualdad” la ley, sino “el servicio”. No es el estar con los mismos derechos al lado de los otros, sino el “ponerse por debajo”. Esto es el servicio. Ha comenzado en la historia la revolución nueva de Jesús. Ha comenzado la civilización del amor, de lo gratuito, de lo inútil, de lo dado con un corazón gozoso.»[10]


[1] Storniolo, Ivo y Martins Balancin, Euclides. CONOZCA LA BIBLIA Ed. San Pablo Bogotá Colombia. 5ª reimpresión 2002 p. 75
[2] Ibid.
[3] Galilea, Segundo. EL SEGUIMIENTO DE CRISTO Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia. 1999. pp. 40-41
[4] Mazariegos, Emilio L. EN ÉXODO CON MARÍA Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia. 1997 pp. 19-20
[5] Moracho, Félix. LA VIRGEN MARÍA ES MARÍA DE NAZARET. Ed. “Tierra Nueva” Quito – Ecuador p. 23
[6] Mazariegos, Emilio L. Op. Cit. pp. 22-23
[7] Weisensee, Jesús Antonio Pbro. EVANGELIOS DE LA INFANCIA MATEO – LUCAS LECTIO DIVINA Ed. Federación Bíblica Católica FEBIC-LAC Bogotá –Colombia 2000 p. 58
[8] Paoli, Arturo LA PERSPECTIVA POLÍTICA DE SAN LUCAS Ed. Siglo XXI editores. Bs As. Argentina 5ta ed. 1976 p. 15
[9] Jordán Chigua, Milton. PINCELADAS BÍBLICAS DEL EVANGELIO Ed. San Pablo Bogotá – Colombia 2009 p. 25
[10] Mazariegos, Emilio L. Op. Cit. p. 19

miércoles, 12 de diciembre de 2012

GÓZATE Y REGOCÍJATE EN LA ESPERANZA



Sof 3,14-18; Sal Is 12, 2-6; Filip 4, 4-7; Lc 3,10-18



El tiene el bieldo en las manos
para separar el trigo de la paja.

Lc 3, 17a

Nadie está excluido de la esperanza cristiana
porque está puesta en Dios que no falla nunca.

Carlo María Martini
1

Una y otra vez, hasta cansar a los lectores, confiados en el poder pedagógico de la repetición, enfatizaremos en la Grandeza Inconmensurable del Niño Dios:

«La navidad es… una fiesta universal del corazón humano, de la fe pura y sencilla. Esta fe nos asegura: no necesitamos tener miedo de Dios. Él es un niño. Su llanto cariñoso no ahuyenta a nadie. Sus brazos están fajados. No son amenazadores. Más que el Señor de los ejércitos y el omnipotente que todo crea o destruye, Dios es ternura y humanidad. Él no sólo quiso visitarnos. Él decidió vivir con nosotros. Tener piel, sentidos, sentimiento, corazón, alegría y nostalgia. Por eso la navidad es la fiesta de la reconciliación con uno de los deseos más profundos del ser humano: el de sentirse aceptado definitivamente, de no ser amenazado por nadie, de encontrar el corazón caluroso de Dios.»[1]



«Siente, sí vergüenza de ser hombre, pero después de sentir esa vergüenza, acuérdate de que Dios pudo enamorarse de mil otras cosas en el universo y fue a encapricharse con este pobre ser que nosotros somos, los únicos que pueden volverse contra Él y ofenderle. Y, sin embargo, ya ves: fue de los hombres de quien se enamoró. A lo mejor, no estamos aún tan podridos. Y hay sitio en nosotros para una nube blanca.»[2]

«Es bueno ser humanos, hombres y mujeres, y tratar cada día de construir nuestra propia humanidad. Por causa del niño que duerme en nosotros estamos convencidos de que la luz tiene más derecho que las tinieblas, luz que nos da todas las razones para continuar viviendo y luchando.»[3]

2

En el verso Lc 3, 15 se nos dice cómo estaba la gente Προσδοκῶντος δὲ τοῦ λαοῦ “Como el pueblo estaba en expectación…”; esa es la actitud que tenía la gente, es la misma que tenemos que tener nosotros en esta temporada, en este ciclo de Adviento. También en la Primera Lectura, tomada del profeta Sofonías leemos con expresiones en tiempo futuro: לֹא־  תִֽירְאִ֥י  רָ֖ע  עֹֽוד׃ “ya no temerás ningún mal”. En la segunda Lectura tomada de la Carta a los Filipenses se nos habla, en tiempo futuro, pero no en futuro remoto, sino en futuro inmediato: ὁ κύριος ἐγγύς. “El Señor está cerca”(Flp4, 5b). Todo alude a lo que ya viene, a nuestras esperanzas, a las promesas de Dios para con su pueblo.



El Cardenal Carlo María Martini nos formulaba una pregunta que tenemos que hacérnosla también nosotros y con mayor razón en esta temporada de Adviento: «¿Cuál es la esperanza que la comunidad cristiana está llamada a proclamar como monumento capaz de promover un nuevo modo de ser?»[4]



Él mismo nos había contestado en lo que se refiere a la finalidad de la esperanza, al decir que « …la esperanza cristiana tiene un término, un punto de referencia como objeto suyo propio: mirar hacía Jesucristo y su regreso»[5] «Ante todo, debemos recordar que la esperanza se refiere a algo que no se posee , que no se ve. La esperanza se refiere al futuro, se refiere a un término deseado y esperado. La esperanza cristiana se refiere, pues, al Reino de Dios en su plenitud… Esta esperanza es el término hacia el cual camina el hombre de fe, esta esperanza es Jesús en su totalidad de Cuerpo Místico realizado en plenitud.»[6]

«La fe-esperanza nos garantiza que, a pesar de todas las capas de ceniza que acumulemos sobre nuestro corazón, él siempre puede vibrar- El conserva una inocencia original. En él habita un niño que una vez fuimos y que nunca dejamos de ser.

Sucede que el tipo de vida al que históricamente nos sometemos, por lo menos en los últimos quinientos años – la famosa modernidad- nos lleva a correr de aquí para allá, a hacer todo aprisa, a romper todos los ritmos naturales, del día y de la noche, de cerca y de lejos, al punto de sentirnos frecuentemente envejecidos. El niño que somos, capaz de tomar su tiempo para la conversación de familia y de los amigos, capaz de combinar lo serio con lo jocoso, el trabajo con el ocio, la gratuidad con el deber, se retrae hacia el fondo del corazón. Y ahí es donde comienza a vivir de sueños…

…El niño en nosotros sueña con un mundo reconciliado, con una atmósfera de fiesta, en donde todas las personas sean amigas. Sueña con el profeta Isaías, desde hace casi tres mil años: el lobo habitará con el cordero, el león y el buey comerán juntos y el niño, sin recelos, jugará en la cueva de la serpiente. Actualizándolo, sueña con ciudades sin tugurios, con una convivencia sin violencia, con nuestras florestas respetadas, con los indígenas defendidos, con las mujeres liberadas, con los negros libres de las discriminaciones.

¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos soñar? Nos ahogaríamos en la brutalidad de los hechos cotidianos. Quedaríamos prisioneros en las mallas de nuestras propias construcciones, siempre limitadas. El sueño nos libera hacía delante y hacia arriba.»[7]

«La visión del término, dada por Dios, se convierte entonces en estímulo y modelo para trabajar en la construcción de un mundo humano que tenga, en cuanto posible, las características de este término hacia el que tiende el cristiano.

¿Cuáles son estas características?

Son las características que no raramente acogen y promueven incluso movimientos de nuestro tiempo más allá de una referencia confesional o religiosa: justicia, libertad, fraternidad, paz, derechos humanos, y, por tanto, lucha contra la marginación, el hambre, la desocupación y todas las realidades que desfiguran la imagen ideal de la ciudad de los hombres que se construye a imitación de su término perfecto que es el Reino de Dios.»[8]

3

Para comentar la perícopa de Sofonías que leeremos en este domingo Tercero de Adviento en el Ciclo C, queremos referirnos al comentario que hace Gianfranco Ravasi que nos llamó la atención sobre la palabra hebrea בְּקִרְבֵּ֔ךְ [beqereb] su significado y su traducción, que por otra parte nos había pasado totalmente desapercibida. «Poco anterior a Jeremías, Sofonías (=Yahvé protege) desempeña su misión en la época del piadoso rey reformador Josías (fines del siglo VII). Su predicación recogida en los 53 versos de su obrita va corriendo sobre dos registros temáticos fundamentales: el juicio implacable de Dios sobre todos los traidores de la fe yahvista (dignatarios de la vieja corte corrompida, seguidores de prácticas mágicas, mediadores de engaños y rapiñas) y la esperanza en un área de salvación destinada a todos los marginados, los anawin, es decir, los “pobres“ que han permanecido fieles al Señor, incluso en el  sufrimiento y la opresión…En este “día de la ira del Señor”… “hallan refugio” solamente los anawin (2, 3), sólo los que han sido fieles a la moral de la Alianza. A ellos se reserva el horizonte de luz que constituye el segundo componente del mensaje de Sofonías. Entre ellos no se hallan ni los jueces corruptos, “lobos vespertinos” siempre hambrientos, ni los políticos, “leones rugientes” ansiosos de presa, ni los “profetas orgullosos”, ni los sacerdotes perversos (3, 3-4). Entre ellos, en cambio, se encontraran los extranjeros justos, (2, 1; 3, 9-10), estará “un pueblo pobre y humilde” (3, 12) el “resto de Israel” (3, 13).»[9]

A continuación, después de trascribir la perícopa de la Primera lectura, Ravasi nos presenta –como lo decíamos al principio de este numeral, su comentario sobre la palabra que normalmente se traduce “en medio” u otras veces, “con”: «Es interesante observar que en hebreo “en medio de ti…” es bequereb que posee un matiz mucho más intenso: “en tus entrañas, en tu seno” (Lv 3, 3.8.9; 8, 21; 8,14). La ciudad santa vuelve a ser con los anawin la “hija de Sión” en cuyo seno se hace presente el Señor.»[10] Y esto es muy cierto, la palabra בְּקִרְבֵּ֔ךְ se deriva de  קֶ֫רֶב [qereb] sustantivo masculino que se puede traducir por “el seno”, “la parte interna”. Entonces, como lo indica Ravasi, la perícopa se tiene que traducir como “No temas Sión, no te acobardes; el Señor, tu Dios, se hace presente en tu seno”

Pasando a otro punto, miremos un momento la perícopa de la Segunda Lectura, démosle una mirada a la carta a los Filipenses para extraer una pauta iluminadora al leerla. Esta Carta ha sido llamada “la carta de la alegría”, San Pablo se refiere a los Filipenses llamándolos su gozo y su corona: Ὥστε, ἀδελφοί μου ἀγαπητοὶ καὶ ἐπιπόθητοι, χαρὰ καὶ στέφανος μου, οὕτως στήκετε ἐν κυρίῳ, ἀγαπητοί. “Así que, hermanos queridos y añorados, gozo y corona mía, manténgase fieles al Señor, queridos míos.”(Flp 4, 1) Entonces, ¿qué mejor lectura para el Domingo de Gaudete que una perícopa tomada de “la carta de la alegría”?






Consideramos que la clave de la evangelización está en la ternura y el afecto que se ponga en ella. La gente necesita de la ternura, del cariño, de la afectuosidad, de la acogida. A menos que nos mostremos amorosos ¿cómo van a creernos que nuestro mandamiento fundamental es el del Amor?

Reparando en los escritos de San Pablo, se echa de ver en todas sus Cartas las expresiones tan dulces y cariñosas. Siempre percibimos en el trasfondo de su redacción los tintes de un verdadero “papá”. En otras ocasiones, especialmente hacia el final de su vida, particularmente en las cartas desde el cautiverio, su voz resuena bonachona, conciliadora, como la de un abuelo. Su vocativo más corriente es “Hermanos”, los hermanos están en pie de igualdad (quizás con la excepción del hermano mayor que tenía la autoridad de la primogenitura en esta cultura). De otra parte, aún desde la cárcel, no suena margado, ni se deshace en reproches. Se dice con frecuencia que “un santo triste es un triste santo” –casi como “un Santo triste es un pobre diablo” y lo es, porque le hace mucho mal a nuestra fe. Esta es una de las principales lecciones que nos da San Pablo: Χαίρετε ἐν κυρίῳ πάντοτε· πάλιν ἐρῶ, χαίρετε. “Alégrense siempre en el Señor, se lo repito: ¡alégrense!”.Flp 4, 4.

4

¿De dónde podemos sacar tanta alegría en medio de tanta desdicha? ¿No es casi un pecado andar felices cuando se acumula en el mundo tanto dolor y tanta muerte?



Se atribuye al filósofo español Ortega y Gasset el siguiente aforismo: “Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre es la cosa más importante que se puede ser”[11]. Esta idea nos ha ocupado hoy, en los numerales 1 & 2. Aún quisiéramos añadir una glosa adicional que habla con excelencia de las razones para nuestra alegría, muy lejanas a la indiferencia con el sufrimiento de nuestros semejantes: «Dios no responde al por qué del sufrimiento. Él sufre junto. Dios no responde al por qué del dolor, Él se hizo hombre de los dolores. Dios no responde al por qué de la humillación. Él se humilla. Ya no estamos solos en nuestra inmensa soledad. Él está con nosotros. Ya no somos solitarios. Sino solidarios. Enmudece la argumentación de la razón. Habla a la narración del corazón. Se narra la historia de un Dios que se hizo niño, que no pregunta sino que obra, que no responde sino que vive una respuesta»[12]



«Haz, Señor, que yo ocupe
mi puesto en la historia
viviendo el heroísmo de tu mensaje
en la rutina de cada día,
teniendo por cierto que el mundo nuevo
nacerá de mis manos,
que seguramente no serán las únicas.
Amén.»[13]




[1] Boff, Leonardo. TEXTOS SELECTOS. Ed. Paulinas. Santafé de Bogotá. Colombia 1992. p.129
[2] Martín Descalzo, José Luis BUENAS NOTICIAS. Ed. Planeta Barcelona-España 1998 p. 98
[3] Boff, Leonardo Op. Cit. p.131
[4] Martini, Carlos María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá. Colombia. 1995. Meditación para el 18 de Diciembre p. 550
[5] Martini, Carlos María. LAS VIRTUDES DEL CRISTIANO QUE VIGILA. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia. 2003  p. 59
[6] Martini, Carlos María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá. Colombia. 1995. Meditación para el 18 de Diciembre pp. 550-551
[7] Boff, Leonardo Op. Cit. pp. 129-130
[8] Martini, Carlos María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá. Colombia. 1995. Meditación para el 18 de Diciembre p. 551
[9] Ravasi, Gianfranco. LOS PROFETAS.  Ed. San Pablo Santafé de Bogotá – Colombia. 1996 pp. 135-136
[10] Ibid
[11] Citado por Martín Descalzo, José Luis. Op. Cit. p. 90
[12] Boff, Leonardo Op. Cit. p. 165
[13] Dini, Averardo. EL EVANGELIO SE HACE ORACIÓN Tomo III- Ciclo C. Ed. Comunicaciones sin fronteras Bogotá Colombia. pp.15-16