sábado, 14 de abril de 2018

USTEDES SON TESTIGOS DE ESTO



Hech. 3, 13-15. 17-19; Sal 4, 2. 7. 9; 1Jn 2, 1-5; Lc 24, 35-48

Las manos y los pies marcados por los clavos, muestran la identidad del Resucitado con el Crucificado, la continuidad histórica entre la cruz y la resurrección.
Silvano Fausti

… una evangelización que toque los corazones, que deslumbre las mentes, que dé vigor a las voluntades arrugadas. Una nueva evangelización donde el ser mero “informador” ya no “vale”, sino ser “testificador”… con Teresita de Jesús diremos: “en el corazón de mi Madre la Iglesia yo seré el amor”.
Emilio L. Mazariegos


¡Tenía que cumplirse toda la Escritura!
¿Qué sentido tiene ese cumplimiento?
Las Lectura del Domingo Tercero de Pascua nos lo dicen:
En la Primera, San Pedro concluye:
“arrepiéntanse y conviértanse para que se borren sus pecados”.
En la Segunda, San Juan nos conmina: “No pequen”
y hace explicita la propuesta: “Guarden su Palabra”,
refiriéndose a los Mandamientos de Jesús,
esa es la Propuesta, en la fe de Jesucristo.
El Evangelio da el sentido con enorme claridad:
“En su Nombre se proclamará la conversión”.
¡Si, el gran sentido de seguir al Señor es la metanoia!


El discipulado real, al que nos llama la Escritura,
no se centra en asistir a la Asamblea de los creyentes,
tampoco en la celebración de ritos y liturgias sacramentales.
¡No! El discipulado consiste en convertirnos,
lo otro, nos refuerza, nos vitaliza, nos dinamiza
en vinculo de amor comunitario con los otros creyentes,
pero la sustancia prima es la transformación profunda
que lleva el corazón de piedra a transformarse en corazón de carne.
Aclaramos, no se trata de lo uno o lo otro,
Nuestra vida de fe abarca todo eso y más,
pero no se puede disimular el eje y ese es arrepentirse y no pecar más.

Hay muchos intentos de convertir la fe en aeróstato,
mantenerla flotando lejos del suelo,
en cierto sospechoso alejamiento,
de la misma ralea de la indiferencia;
convirtiéndola en asunto de fantasmas,
en puro espiritualismo:
ellos quieren volvernos “el credo” un asunto definitivamente inmaterial.

Con esa mirada,
todas las criaturas son depravadas,
sólo es puro, lo que es “puramente” espiritual.
Con ese credo, Jesús-Resucitado,
No comería, no se le podría tocar,
                                                       lo que sería más grave,
según esos,
                   a Quien vieron los discípulos,
                                                                   no era a Jesús,
sino a cualquier otra persona,
                                               en la que ellos creían  descubrir al Señor.



Los evangelios del Segundo y el Tercer Domingos de Pascua
lo que nos dicen es todo lo contrario:
Las llagas se pueden tocar,
                                               la mano se puede meter en la herida del costado,
“Miren mis manos y mis pies”, “¡tóquenme!”, “un espíritu no tiene carne
y huesos como ven que tengo yo.”

¿Cuál es el mensaje que promueve este Crucificado-Resucitado?


Jesús el Dios-que-vive, no está en otra dimensión,
Se ha quedado a caminar nuestras calles,
a vivir en nuestros hogares,
a visitar nuestras familias.

Papa Francisco -lo único que hace- es visitar los sitios que Él visita,
trata de cogerle el paso, no puede porque Jesús es muy joven
y camina muy rápido:
Hospitales, cárceles, comedores de pobres, colonias de refugiados,
Desplazados, indigentes, enfermos desesperados.
Allí va Jesús.
De vez en cuando visita nuestros Templos también
¡Y muchas veces querrá voltear las bancas!
Anudar cuerdas y repartir rejo a diestro y siniestro.
¿Cuántas veces habrá querido gritar de nuevo?:
“No hagáis un mercado de la casa de mi Padre,
No la convirtáis en “cueva de ladrones” …


Sigue entrando en el templo y ve –aquí o allá-
alguna viuda que sigue depositando en el cepillo su pobre monedilla,
la que a ella le hace falta para poder comer.

Sin duda, que abrazará niños, en tantos lugares, en sitios de masacre,
y allí donde se bombardea.

Talvez se arriesga a ir allí, para morir de nuevo víctima del fuego cruzado,
o de una esquirla de granada. (No es que se necesite un nuevo Sacrificio,
el Cordero ya fue inmolado, de una vez por todas).

¡Sí señor, si señorita!,
De carne y hueso, no es puro espíritu,
                                                              no necesita volver a subir a la cruz,
pero de tarde en vez
                                   otra vez muere,
                                                             de nuevo se desangra
su solidaridad con el ser humano perdura.

Lo que nos muestra todo esto
es que la Resurrección tiene alcances insospechados,
no es una medallita aséptica que funciona muy bien en vez de prendedor…
es un objeto -para muchos incomodo- donde se enredan los dedos,
                                                                                                             y tal vez sangran,
en vez de sangrar los del Divino Maestro.

Me preguntó, ¿cuantas veces me habrá preparado el desayuno
para ofrecerme después de mi jornada de pesca?
¿Cuántas veces habrá horneado el pan que me alimenta?


¡Permanece atento a nuestra Conversión!
Nos sigue aguardando, con su misericordiosa-paciencia,
allí, sentado a las puertas del sepulcro,
aunque lo sigamos confundiendo con el hortelano,
y sí que es, no sólo el hortelano, sino el Dueño del Jardín del Edén.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo
Y Gloria al Espíritu Santo.
Como era en el Principio, Ahora y Siempre por los Siglos de los Siglos. Amén.





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