sábado, 3 de noviembre de 2012

OS DOY UN MANDAMIENTO NUEVO



Ἐντολὴν καινὴν δίδωμι ὑμῖν
Jn 13, 34
Deut 6, 2-6; Sal 18(17), 1-3.46.50(2b-4.47.51); Heb 7, 23-28; Mc 12, 28-34



El madero vertical de la Cruz se denomina estipe, mientras el madero horizontal recibe el nombre de patíbulo.  A nivel de simbología, el estipe nos habla de la relación entre el hombre y Dios, y el patíbulo alude al amor entre nosotros los seres humanos, vistos bíblicamente, desde muy temprano como hermanos.  Ya en el momento en que Caín pregunta a Dios si él es el guardia de su hermano (Cfr. Gen 4, 9c), se formula la responsabilidad tan estricta de la que estamos investidos respecto de nuestros prójimos (aquí, al decir prójimo no queremos referirnos a una proximidad espacial, sino al hecho consanguíneo que hace de todo ser humano un “prójimo”). Todos formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, tema en el que hemos insistido lo suficiente, pero sobre el cual nos sentimos llamados a reiterar, siempre, una y otra vez. Esa fraternidad que nos enlaza y permite que sea real aquello que todos somos hermanos en Jesucristo Nuestro Señor.

Ese significado de la cruz hace que cobre tal dimensión infinita santiguarnos, porque estamos remitiéndonos al Mandamiento del Amor. La cruz, como signo de amor, se refiere al Amor de Dios por los hombres, a nuestra manera de corresponderle con nuestras muestras de amor, siempre  en crecimiento, siempre en vías de perfeccionarse. Y, como si fuera eso poco, nos habla también del Amor-Agape, que estamos llamados a empeñarnos en construir y fortalecer para construir el Reino, para decir con sinceridad lo de “Venga a nosotros tu Reino”. Que ese reinado sea, lo hará Dios –Único Ser con el Poder suficiente a semejante fin, pero condicionado a nuestros “gestos” de buena voluntad, de verdadera acogida a ese Rey.
Así como los Hebreos se habían llegado a acostumbrar a la esclavitud a la que vivían sometidos en Egi9pto, y llegaron a añorarla; así también nosotros nos hemos habituado a movernos en el anti-reino que el Malo ha planteado en su cuarto de hora; no podemos olvidar que Dios, en el Libro de la Revelación (Apocalipsis), dice que le ha concedido al Malo un período de dominio, hasta que Él lo someta finalmente, una vez vencido el plazo que le fue otorgado.

El patíbulo requiere del estipe, dado que el palo horizontal no puede flotar en el aire, es el estipe lo que lo sostiene. Así el amor que damos a nuestro prójimo está sostenido, o mejor, justificado en el Amor de Dios. Muchos no creyentes defienden la práctica de la filantropía, el amor al prójimo sin tener porque o para que referirlo a Dios. La filantropía está muy bien, no va hasta el fondo de las cosas, no alcanza a ver que detrás de toda vida está el Poder, la Vitalidad de Dios que la crea y la sostiene. Tampoco descubre que detrás de cada prójimo está su trascendencia, constituida por dos componentes fundamentales: es un ser mortal en la carne pero de vida inmortal en lo espiritual, su vida tuvo inicio en la concepción pero ya no tendrá fin; y, de otra parte, el segundo componente es Dios que toma la iniciativa, y le sale al paso, pero simétricamente, también el hombre busca a Dios, aun cuando muchas veces no tiene la buenaventura de encontrarlo. Estos dos factores de la “trascendencia” tienen muchas expresiones “existenciales” que pasan inadvertidas para quien sólo practica el “amor al hombre”.  Pero está muy bien, aun cuando al no-creyente no le interesa, declaramos que con toda seguridad, será bien vista a los Ojos de Dios.

Nosotros, los que comprendemos el “amor al prójimo en términos de Divinidad” reconocemos la “trascendencia” del prójimo, vemos la fraternidad con cada uno, descubrimos ese Algo de Dios que hay en él, y logramos amarlo con un amor perfeccionable y creciente, no sólo porque sea “hombre” sino porque al ser hombre o mujer, es un hijo de Dios.

No podemos pasar por alto, al hablar del Amor Divino y el amor humano que, cuando miramos el Crucifijo (la Cruz y el Hijo) podemos interrogarnos ¿por qué eligió Dios esa muerte?; habría podido elegir la guillotina, la horca, la hoguera, el paredón de fusilamiento, la silla eléctrica, o tantas y tantas formas de morir; pero, levantamos los ojos hacia el Crucificado y descubrimos, en la posición de sus Brazos, un tierno abrazo que se insinúa, son unos Brazos abiertos que con ternura invitan al abrazo, que con Amor Divino llaman: “Ven hermano, a mis brazos, porque te Amo”. Y, encontramos que esa es la respuesta a la elección que Dios ha hecho por este tipo de Altar: la Cruz. ¡Es así como la cruz se torna en signo del Amor de Dios por nosotros y del deber de amarnos unos a otros! (Cfr. Jn 13,34) ἀγαπᾶτε ἀλλήλους, καθὼς ἠγάπησα ὑμᾶς ἵνα καὶ ὑμεῖς ἀγαπᾶτε ἀλλήλους.
2
Nos encontramos en la liturgia de este Domingo trigésimo primero del tiempo ordinario del ciclo B, un salmo de Acción de Gracias, el Salmo 18, 17 de la liturgia, ¿cómo agradecerle a Dios tantas y tantas bondades de Su Parte?. Se insertaban esa clase de salmos en un contexto cultual bien definido y su estructuración emana del rito para el cual eran compuestos. En este caso el devoto que agradece es David, sin embargo los estudiosos datan este salmo de una época muy posterior, inclusive, la datación más precisa lo remonta  al post-exilio. De sus 51 versos sólo tomamos para la liturgia de hoy unos cuantos (cinco versos).

¿Por qué se ha elegido este salmo para hoy? Nos parece que se puede atribuir esta elección a una de las primeras frases que se leen en la misa de hoy: אֶרְחָמְךָ֖ יְהוָ֣ה חִזְקִֽי׃ “Te amo YHWH, Tú eres mi fuerza” Sal 18(17), 1(2b). Es un salmo que inicia expresando el Amor que el hombre le debe a Dios por su protección, por su socorro en horas de urgencia, por ser Padre proveedor. En este caso lo dice el salmista, por ser Dios protector y Dios liberador. Porque al momento de invocarlo el acude y –dice el salmista- que lo libró del enemigo.

En la estructura de estas “Acciones de Gracia”, al llegar al Altar se convoca al pueblo a sumarse al agradecimiento, luego se narra el ‘peligro que amenazaba y que dio pie a invocar el Santo Nombre de Dios, entonces viene la interjección que pide auxilio y en brevísimas palabras se dice que Dios contestó la súplica. Finalmente, otra vez en el altar de la Ofrenda, se llama a alabar, bendecir y dar gracias. En este caso dice el Salmo:


[47] .¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Ensalzado sea el Dios que me salva!
[48] .Oh Dios que me concedes el desquite y colocas los pueblos a mis pies,
[49] .que me libras de mis enemigos y me encumbras por encima de mis agresores, tú me salvas de la gente violenta.
[50] .Por eso te ensalzaré, Señor, y en medio de los pueblos cantaré tu Nombre,
 [51] .tú que a tu rey das victoria tras victoria, y sigues con tus favores a tu ungido, a David y a su descendencia para siempre.

3

Vamos a tomar superficialmente la idea que nos ofrece la Segunda Lectura, tomada de la Carta a los Hebreos: ¿Quién puede ser Sacerdote Eterno? Sentimos que esta es la idea capital. Para que alguien pueda ser sacerdote eterno tiene que ser perfectísimo, sin tacha alguna, así como la víctima tiene que ser un animalito sin defectos; el Sacerdocio Eterno requiere estrictamente esta clase de Sacerdote. Porque permanece eternamente puede salvar eternamente. No requiere –como lo comentábamos la semana anterior- de repetir el Sacrificio. Su sacrificio es perfecto, el efecto de su Sacrificio purifica “per omnia secula seculorum”, porque Él es, ni más ni menos, que el Hijo de Dios.

Dejamos a los corazones orantes y contemplativos, la tarea de saborear este salmo a lo largo de la semana.

4

Leamos el meollo de la Primera Lectura que proviene del Duteronomio:

שמע ישראל יהוה אלהינו יהוה ׀ אחד ׃
Escucha Israel: el Señor, nuestro Dios, el Único Dios
ואהבת את יהוה אלהיך בכל־לבבך ובכל־נפשך ובכל־מאדך׃
Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.
Deut 6, 4-5


Ya en blog anterior insistimos sobre el verbo Shemá que se traduce como “escucha” pero es más y todavía con mayor intensidad, es “aplicar toda la inteligencia” a lo que se oye, es procurar “penetrar hasta la esencia” de lo que se nos dice, es “discernir” lo que se nos habla, el mensaje que recibimos, pero además, este verbo en hebreo significa además poner por obra lo que se escucha, ser obediente al mandato, aceptar con fidelidad la Palabra recibida. Por eso, lo que se nos dice debe ser gravado en nuestra memoria.

YHWH אלהינו es nuestro Dios. O sea, YO SOY EL QUE SOY es nuestro Dios.

5

¿Por qué no tiene un rostro fijo y bien determinado nuestro Dios?¿Por qué no conservamos una fotografía de Jesús?. Creemos que simple y llanamente, ¡Dios nos ha privado de poder ver su Rostro para que podamos discernir en el Rostro de cualquier prójimo el Mismísimo Rostro de Dios!

Has Señor, que sepamos ver en cada hermano tu Luminoso Rostro y así nuestro corazón lo pueda tratar como si se tratara de Ti mismo, porque eso Señor es lo que te complace: que ואהבת לרעך כמוךamarás a tu prójimo como a ti mismo”, este segundo Mandamiento lo tomó Jesús de Levítico 19, 18.

Y, añade Jesús, μείζων τούτων ἄλλη ἐντολὴ οὐκ ἔστιν “no hay mandamiento mayor que estos”.

Como sabemos, han dado pie a la celebración del Año de la Fe dos acontecimientos fundamentales en la vida de la Iglesia: los cincuenta años del II Concilio Vaticano y los 20 años del Catecismo de la Iglesia Católica. Además, y también un tercer hito, es un hito de la Iglesia, estamos celebrando los 40 años de Perspectivas, Teología de la Liberación. de Gustavo Gutiérrez, quien, refiriéndose a la eclesiología decía allí –y viene muy a tono al referirnos al mandamiento del Amor: «la Iglesia debe ser el signo visible de la presencia del Señor en la aspiración por la liberación y en la lucha por una sociedad más humana y más justa. Sólo así la Iglesia hará creíble y eficaz el mensaje de amor de que es portadora»[i]

La Iglesia somos nosotros, todos los bautizados, comprometidos en la construcción del Reino o sea, comprometidos con estos dos Mandamientos, los supremos; solamente nuestra coherencia con esta tarea de construcción del Reino, de cumplimiento de los dos Mandamientos citados, llevará a que Jesús pronuncie sobre nosotros la sentencia: οὐ μακρὰν [εἶ] ἀπὸ τῆς βασιλείας τοῦ θεοῦ. “No estas lejos del Reino de Dios”.







[i] Gutiérrez Gustavo. TEOLOGÍADE LA LIBERACIÓN. PERSPECTIVAS. Ed Universitaria CEP. Lima Perú 1971 p. 324.

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