lunes, 2 de febrero de 2026

Martes de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31-19,3

¡Hijo mío, Absalón, hijo mío!

“En David se entremezclan el bastón y la honda, el arpa y la lanza, el cetro y las sandalias, el canto y el llanto, el triunfo y el desprecio, todo ello aceptado y asumido ante Dios”

José Luis Caravias sj.

 

La vida de David se suele dividir en tres etapas: su formación y entrenamiento, sus triunfos como rey y los problemas familiares y personales que enfrentó. Nos adentramos en esta tercera etapa:

 

¿Cómo se manifestó la violencia y la muerte como consecuencias de las faltas de David, recayendo sobre su propio linaje? David se vio abocado a la rebeldía de las tribus, la más importante encontró su expresión en Absalón que se hizo a la corona en Hebrón, la antigua capital, y quien alcanzó a reinar, por un momento, en Jerusalén.

 

«El descuido de la justicia provoca automáticamente el desenlace de la corrupción y del populismo, cuya finalidad es alcanzar el poder. La narración de 2S 15,1-12 muestra bien eso, al contar la actitud de Absalón uno de los hijos de David: él va a las calles, saluda y besa a las personas, promete tierras y capitales.

 

La verdad, lo que él tenía en mente no era el bienestar del pueblo, pero si dar un golpe de Estado para tomar el trono de David, antes que lo hicieran sus hermanos. Para eso contaba con la ingenuidad de mucha gente». (Euclides Martins Balancin)

 

Cuando iban a enfrentarlo se cuenta que David pretendía ir con ellos, pero sus capitanes le dijeron que sería gravísimo que él llegara a caer en el fragor del combate y el daño sería irreparable, peor que si caían sus capitanes. Los dejó ir y se quedó, pero antes de partir les recomendó que velaran por la vida del rebelde Absalón.

 

Ya sabemos que Absalón -quien iba cabalgando un mulo- se le enredó el cabello y en esta trabazón de cabello y ramaje encontró Absalón, agazapada, la asesina muerte.

 

Según la usanza de aquellos pueblos iba Absalón cabalgando a lomo de Mulo, como su cabellera era larga, al pasar por debajo de una encina, se quedó enredado, como lo dice explícitamente la Lectura, el mulo siguió de largo y Absalón -un muchacho guapísimo y de una cabellera especialmente abundante, según nos los informa la Biblia- quedó allí, colgado, expuesto y vulnerable. Se lo notificaron a Joab, y Joab, que era uno de los capitanes de David (el primero en entrar a Jebús -Jerusalén- cuando la iban a tomar, y el que se encargó de poner a Urías en el frente de combate para que muriera); pasándose por la faja la recomendación de David - lo traspasó con tres jabalinas- luego le enterraron lapidándolo. ¡Matado y rematado! Esto inaugura, en Israel, una tradición -usual en otros pueblos- del cainismo con el propósito de adueñarse, conservar o perpetuarse en el Trono. Leyendo de corrido la biografía de Joab, chorrea sangre, que entrapa las manos del lector bíblico. Estos “capitanes” son frecuentes en la historia y volotean, como moscas, alrededor del poderoso, son excrecencias del “poder”. Tristemente se adhiere el pecado al poder por estas ramas que atrapan por el cabello a sus víctimas.

 

¡Un cusita y Ahimaas (el hijo del Sacerdote Sadoc), salieron en volandas -como el atleta de Maratón- a llevar el mensaje a David!  Esperaban que David se alegrara, pero todo el tiempo aguarda por buenas noticias y cuando sabe la realidad del final de su hijo, despedazado por la luctuosa reseña se echa a llorar. Decía que preferiría haber muerto él, que no su hijo.

 

«El proyecto populista de Absalón no se logra concluir, porque David todavía conservaba un grupo fiel e inteligente que supo desarticular los proyectos de Absalón. Este fue muerto en batalla (2S 18, 9-18), y David logró recuperar su credibilidad, al menos en parte». (Euclides Martins Balancin)

 

En el capítulo 20, 1-22 (que no está en nuestro programa de estudios), hay otra rebelión importante: se trata de Sebá -hijo de Bicri-, de la línea benjaminita, su slogan rezaba así: “No tenemos nada que ver con David, ni repartimos herencia con el hijo de Jesé. ¡Cada uno a sus tiendas Israel! Allí encontramos nuevamente a Joab, la mano ejecutora de David. Sebá se había ocultado en la ciudad de Abel-bet-maaca. Una mujer que sabía el escondite negoció con Joab (general de David), y los habitantes de la ciudad decapitaron a Seba y arrojaron su cabeza por el muro para salvarse. Todo esto disimula muy mal la astucia de David que no para en mientes para mantenerse en la regencia. Sin embargo, la Escritura ni lo afirma ni lo niega, si bien abre una ancha zanja para que se cuele la sospecha: La ideología davídica, se enfoca en presentar a David como rey ideal y paradigma teocrático, idealizando su figura.


La imagen mesiánica del Rey David constituía un pilar teológico inquebrantable en la tradición bíblica. En 2S 21, 17 se la llama "lámpara de Israel", para significar que él es la guía, la luz y la esperanza vital de la nación.

 

Sal 86(85), 1b-2. 3-4. 5-6

…es la oración de una persona que se siente pecadora y sumamente necesitada de auxilio divino, pero que tiene la alegría de contar en su favor con el Dios clemente y misericordioso, rico en piedad y leal.

P Eliécer Sálesman

Este es un Salmo de súplica. Salmo del que se sabe pecador y busca el amparo del Misericordioso.

 

Pero también, como opinan muchos, es también un himno que alaba al Señor y clama glorificando la Fidelidad del Señor.

 

El que alaba es un Fiel, pero es también un desamparado, un marginal, un pobre infeliz. Quien es víctima de otros que se ocupan de oprimirlo. La solicitud que le eleva al Cielo es que lo saque de esa opresión, que lo libere. Si llega esta liberación, el corazón del fiel se alegrará. Por eso el ora. ¿Qué se entiende en este caso por “oración?: ¡Elevar el Alma!


La fidelidad del orante se manifiesta en reconocer a Dios en su Bondad, en su Clemencia, en su Escucha, en la atención que prodiga al suplicante, al oferente de la oración, al que presenta la plegaria orante.

 

En el versículo responsorial hay un antropomorfismo: se compara a Dios con un ser humano, que tiene que dirigir sus orejas hacia el foco originario de la voz que le habla -como si Dios tuviera problemas d oído-, para alcanzar a oír lo qué le dice el suplicante.

 

Mc 5, 21-43

Jesús abandona la región “pagana” de la Decápolis y regresa a territorio judío, quedándose en la zona aledaña al lago.

 


Esta perícopa está narrada como un sándwich -que técnicamente llamamos en literatura una “inclusión”- el pan, luego la lonja de carne y queso, para cerrar con la otra taja de pan:

 

1º (El pan) Llega Jairo, cabeza de la comunidad sinagogal, a rogarle que vaya a imponerle las manos a su hija para que alcanzara la salud. Así que Jesús se fue con Jairo, curiosamente este es un nombre de origen griego (significa “alegría”, “gozo”, “al que Dios ilumina”) este cargo de “jefatura sinagogal” no implicaba poder, era una especie de acolito mayor con funciones de “maestro de ceremonia” con ninguna responsabilidad administrativa.

 

2º (Las rebanadas de carne y queso) Hace su aparición la “hemorroisa” quien llevaba ya doce años con ese problema sin que los médicos le “dieran con el chiste” y había gastado en esos tratamientos toda su “fortuna”, consiguiendo, tan solo, empeorar. 

 

Se le acercó por detrás, para que nadie se diera cuenta y lo tocó -recordemos que aquello implicaba dejarlo “impuro”, tras de que corneada apaleada: no solo soportaba su enfermedad, sino que desde el punto de vista religioso permanecía impura. Y ella, con tan solo tocarlo, logró instantáneamente el prodigio.

 

Lo curioso es que el poder sanador que emana de Jesús no sale sin que Él lo note. Así que pregunta ¿quién obtuvo “a la chita callando” un milagro? Jesús deshace todas aquellas patrañas de “impureza”, la tranquiliza y le muestra la gratuidad del favor recibido: Ella no le ha robado nada, Él solo quería mostrar que no se apegaba a todas eso mitos de “impureza”, establecidos sólo para mantener apresado el poder y favor de Dios que no rechaza a quienes lo necesitan, sino que se les hace el Encontradizo, y llega allí donde lo están buscando, donde claman por Él.

 

3º.  (La tajada de pan de arriba) Ya es demasiado tarde, la hija de Jairo ha muerto, se demoraron mucho en llegar. Jesús le dice a Jairo que derrote el temor -ese temor que es dolor cuando la muerte grita su campeonato- y lo derrote con un poder dado por Dios al ser humano: le Fe.

 

Para Jesús, la muerte no es sino un sueño, un dormir que puede ser despertado con el despertador adecuado: El poder de Dios.

 

Una de las frecuentes reacciones del incrédulo es la burla. En estos últimos días encontrábamos que muchos querían neutralizarlo, impedir que actuara con su Ilimitado Poder, tratándolo de loco. Al loco y al que nos hace reír -el payaso- se le ignora, se le desautoriza, se le arrincona con el desprecio de la risa.

 

Sólo a sus discípulos más cercanos, los más formados, los más fiables que pueden testimoniar este “milagro”, Una Resurrección, los toma por compañía: Pedro, Santiago y Juan a quienes se sumaron los más directos interesados: su papá y su mamá, ellos cinco vieron y oyeron que le dijo en arameo: “Talitha qumi”. Y, de inmediato, despertó y se levantó. Era una jovencita de sólo 12 años.

 

Sólo hay que hacer dos cosas más, a saber:

a)    Guardar el secreto Mesiánico

b)    Darle de comer a la niña, porque no era un fantasma, ni una aparición, era un ser vivo que necesita comer. La inapetencia es signo de que la muerte va ganando, y lo contrario, también es cierto, si comía era porque no sólo estaba un poco viva, sino que, en realidad estaba ¡recontra-viva!


Marcos nos muestra que este relato en forma de inclusión tiene por columna vertebral la fe. Nos está enseñando que el poder humano que hace eficaz el poder Divino es la Fe. Lo primero que se roba la muerte es la Fe.

domingo, 1 de febrero de 2026

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 


Mal 3, 1-4

Anuncio de una Nueva Era

Profeta post-exilico que actuó -según se sabe- entre el 450 y el 430 a.C. Su ministerio se sitúa en Jerusalén, poco después de la reconstrucción del segundo Templo (516 a.C.) y probablemente durante el tiempo de las reformas de Esdras y Nehemías, estos fueron testigos presenciales del mensaje que Malaquías entregó a los hierosolimitanos. No acudamos a la imaginación para decir cómo era el cuadro co-textual de la acción de Malaquías. Si, apelamos a lo que la historia nos puede señalar de este periodo, podemos establecer que el pueblo había regresado del exilio en Babilonia, el Templo ya había sido reconstruido pero el entusiasmo inicial había decaído, resultando en un culto deslucido, de sacerdotes indiferentes. Malaquías denuncio el empecinamiento de los judíos que reincidieron en sus transgresiones: hipocresía, infidelidad, divorcio, adoración falsa, corrupción y orgullo  

 

El profeta Malaquías, nos habla del Ángel de la Alianza, con el nombre de מַלְאָכִ֔י [mal-a-ki] “su Mensajero” (recordemos que la palabra ángel proviene del latín tardío, y significa precisamente “mensajero”. ¿A qué viene? A purificar las tribus sacerdotales para que sean capacitados para ofrecer una “ofrenda digna”. La profecía anuncia lo que estamos celebrando hoy, de improviso ha entrado en el Templo Santo, “el Señor Omnipotente”. Este acrisolamiento es requisito para que se refresque la Alianza y vuelva a ser la relación Dios-ser humano, como lo fue en los “tiempos antiguos”, recién establecida la Alianza: Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo.

 

Para ubicarnos cronológicamente remitámonos al 515 a.C. pero no tampoco tan reciente para no haber conocido las prohibiciones de los matrimonios mixtos, valga decir el 445 a.C. que se dictó en los tiempos de Nehemías.

 

El Libro de Malaquías puede desestructurarse en seis fragmentos, a saber:

1.    Laxitud, apatía y flojera de los exiliados que volvieron.

2.    Rechazo y desprecio a Dios por parte de su pueblo.

3.    Rechazo del Dios con el divorcio y su multiplicación.

4.    Ante el reclamo del pueblo que se dice desasistido, Dios les ofrece enviar su Mensajero. Aquí está la fuente de la perícopa que nos ocupa hoy.

5.    ¿Qué pasó con el diezmo, por qué no lo pagan?

6.    Qué ironía, dice el pueblo, los que te servimos estamos asolados, los que se apegan al paganismo, son consentidos por la vida.

La obra tiene una coda donde Dios reclama el respeto a la Torah.

 

¿Quién es el Mensajero? El Nuevo Elías: San Juan Bautista; y a continuación, llegará el Mesías.

 

En el aspecto político, la comunidad está sometida a la regencia de un gobernador persa. Malaquías enseñaba con una especie de mayéutica razonando por medio del dialogo a las objeciones que le interponían sus escuchas, al estilo de “han oído que se les dijo…”; a lo cual los contradictores formulaban sus objeciones y dudas; y luego el profeta profundizaba, ilustraba o precisaba el verdadero sentido de la enseñanza Divina.

 

La perícopa de hoy va después de la condena del matrimonio con mujeres extranjeras y el divorcio respecto de sus esposas israelitas, y los rituales de purificación. Y, antecede al llamado para el pago puntual de los diezmos (3, 6-12).


El Señor anuncia por medio del profeta su desprecio contra

­       Los que practican la magia

­       Los que cometen adulterio

­       Los que juran en falso

­       Los que oprimen a los trabajadores, a las viudas y a los huérfanos

­       Los que tratan mal al extranjero

­       Los que le faltan al respeto al Señor.

 

El Señor en su misión es comparado con el “fundidor” y con la “legía del lavandero”. Como fundidor su encargo consiste en acrisolar el oro y la plata. Lo que implica la purificación. Y ¿a quienes acrisolará? a los levitas que como bien recordamos, fueron apartados de la labor productiva del agro para comisionarlos al culto, ayudando a los sacerdotes, transportaban el Tabernáculo y luego al cuidado del Templo, enseñaban la Ley y tenían también funciones musicales; se sostenían con los diezmos ofrecidos por el pueblo de Israel y las porciones de los sacrificios.

 

Sal 24(23), 7.8.9.10

Este es un salmo del Reino, y, el Rey va a entrar en su Majestuoso-Palacio, el Templo. El salmo que nos habla de la realeza de Dios, Él es el Rey de la Gloria, y como va a ser entronizado, va a entrar a su Templo y los guardias de las puertas del Templo interrogan a los peregrinos que quieren entronizarlo. Recuérdese que Dios es אל שדי Al Shadai, es Omnipotente, es “Él que basta”, “El que puede alimentar con la Leche de su Pecho” es “Señor de las Montañas”, siendo tan “Supremo” no puede entrar por una puerta baja, es necesario que la puerta sea altísima, por eso hay que “alzar los dinteles” para que el Rey de la Gloria pueda entrar en su Santo Templo. Aquel día de la Presentación del Señor, los dinteles tenían que alzarse hasta más alto que las estrellas: iba a entrar “El Rey de la Gloria” el mismísimo Niño Jesús, en brazos de María. Entraba Quien podía dignamente quedarse a morar allí, ¡El de manos inocentes y puro corazón! Este puro ¿hablará de “pureza”? o se refiere a que ¡es un Dios Misericordioso, que no tiene brazos, ni piernas, ni ningún otro miembro del cuerpo humano, sino que Todo-Él es sólo corazón! (Sólo “pecho” y del pecho mana la leche nutricia, y en el pecho está el corazón, signo tan abusado que representa el Amor.

 

«Dios más que aclamaciones rituales, más que recitación de credos”, más que gestos cultuales…; espera de nosotros, rectitud de vida. La conciencia moral es lo primero. Seremos juzgados sobre el amor. (Mateo 25, 31-46). “No llegarán a la montaña de Dios” aquellos que se contentan con decir: “Señor, Señor” (Mt 7,21), sino aquellos “que tengan el corazón puro y las manos inocentes”, que cumplen los deberes que les impone la condición de ser hombres dignos de tal nombre… Decir: “Venga tu Reino”, es comprometerse a hacer cualquier cosa para vivir según sus exigencias.»[1]


 «“¡Levantad los dinteles!” Se trata de un gesto de “homenaje” simbólico, que se pide a las puertas para relievar el esplendor de Aquel que las va a franquear.»[2]

 

Es verdad que es un Rey y que debe ser tratado con todo el honor que a Su realeza corresponde, pero a la vez, es un Dios-Maternal, que nos nutre con Leche que mana de su Pecho y que condensa la secreción de Su Corazón, entonces al protocolo adjuntaremos la ternura, porque no es un Dios distante, un rey al que miramos a través de un grueso y deformante cristal blindado, sino un Dios que nos sostiene en sus Brazos, a la altura de Su Corazón.

 

Lc 2, 22-40

Esta conjunción entre una novedad radical y una fidelidad igualmente radical… es el verdadero contenido teológico al que apunta el pasaje.

Benedicto XVI

 

La perícopa que se toma como Evangelio es el episodio que conocemos como “La Presentación del Niño Jesús en el Templo”. A este respecto, nos llamaba la atención Benedicto XVI: «… quiere decir: este niño… ha sido entregado personalmente a Dios, en el templo, asignado totalmente como propiedad suya. La palabra paristánai, traducida aquí como “presentar”, significa también “ofrecer”, referido a lo que ocurre con los sacrificios en el Templo. Suena aquí el elemento del sacrificio y el sacerdocio… Simeón, … después de las muestras de alegría por el niño, anuncia una especie de profecía de la cruz (cf. Lc 2,34c) … Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la Luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple precisamente en la oscuridad de la cruz».[3]


La palabra παραστῆσαι [parastesai] del verbo παρίστημι [paristemi] contiene el prefijo para que significa cerca” o “muy cerca de” e, hístēmi que proviene de *sta -raíz indoeuropea- que significa “estar en pie”. Observemos la tremenda proximidad entre presentación-presentar y el sustantivo “presente” que significa “regalo”, “obsequio”, “ofrenda”; llegando al núcleo de la afirmación de Benedicto XVI que nos propone la traducción “ofrecer”, “entregar”. Benedicto XVI comentaba que al llevar un niño al templo se reconocía, que -si era el primogénito- este quedaba reservado (consagrado) para Dios, pero se pagaba un “rescate” - «El precio del rescate era de cinco siclos y se podía pagar en todo el país a cualquier sacerdote.»[4]- para retirarlo de la pertenencia al Señor. Sin embargo, en este relato no hubo rescate, o sea que, el Niño quedó consagrado-reservado a Dios. La presentación –en cambio- nos habla de Alguien que se hace presente y se reconoce “presente” de Dios. ¿Cómo quitárselo a Dios si es Su Hijo? «Aquí, en el lugar del encuentro entre Dios y su pueblo, en vez del acto de recuperar al primogénito, se produce el ofrecimiento público de Jesús a Dios, su Padre.»[5]

 

«Es un momento sencillo pero rico de profecía: el encuentro entre dos jóvenes esposos llenos de alegría y de fe por las gracias del Señor; y dos ancianos también ellos llenos de alegría y de fe por la acción del Espíritu. ¿Quién hace que se encuentren? Jesús. Jesús hace que se encuentren: los jóvenes y los ancianos. Jesús es quien acerca a las generaciones. Es la fuente de ese amor que une a las familias y a las personas, venciendo toda desconfianza, todo aislamiento, toda distancia. Esto nos hace pensar también en los abuelos: ¡cuán importante es su presencia, la presencia de los abuelos! ¡Cuán precioso es su papel en las familias y en la sociedad! La buena relación entre los jóvenes y los ancianos es decisiva para el camino de la comunidad civil y eclesial.»[6]

 

«…es el Señor quien desea realmente que la humanidad entera llegue a formar una gran familia: la familia de Dios.»[7] Hay una definición de Iglesia, referida y comparada con lo que es familia, como organismo que nos gusta, cada vez que podemos, volverla a citar, repasarla: «la Iglesia como comunidad no es una organización, la Iglesia es un organismo vivo. Una organización busca intereses, una organización consiste en que, las personas se juntan para buscar entre todas, colaborándose, un interés. Y ese interés está muchas veces fuera de la asociación misma… Eso se llama una organización. En cambio, un organismo busca personas, busca fabricar las personas, en otras palabras, un organismo edifica personas. Lo que más se parece a la Iglesia es la familia. La familia es un espacio (padre, madre, hijos) en donde todos están interesados en la edificación de las personas, la educación de las personas, la transformación de las personas. O sea, una familia no es una empresa, es una fábrica de seres humanos.»[8]

 

Jesús, conforme lo hemos repasado recientemente, cuando la familia de Jesús va a retirarlo para que no se den cuenta que “está fuera de sí”, nos ha reconocido y vinculado como su nueva familia y quiere formarnos, quiere edificarnos en la fe, inculcarnos consciencia del amor de nuestro Padre Celestial y recordación de que Él, Jesús, nos tiene por hermanos y con nosotros se ha propuesto construir todo un proyecto de fraternidad; espera también, que nos hagamos coparticipes y entusiastas de la construcción de ese organismo vivo, aprendiendo y practicando la sinodalidad. Él se quedó en el Templo para vincularnos como órganos de su organismo, al que clericalmente definimos como Su Cuerpo Místico.


Hoy, cuando celebramos la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, fijamos nuestra atención en una cita en particular de la perícopa del Evangelio: «Por qué han visto mis ojos tu salvación… Luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2, 30.32); "Palabras que brotan del corazón de Simeón, cuando recibe en sus brazos al Salvador de la humanidad, traslucen un corazón que siente colmada la esperanza en Dios; y estas mismas palabras hoy resuenan en nuestros oídos y llegan a todos los corazones, en esta fiesta".

 

Estas Jornadas Mundiales fueron instituidas por el Papa San Juan Pablo II en 1997 para agradecer, renovar fuerzas y reafirmar que la vida consagrada sigue siendo un signo de esperanza para la Iglesia y la sociedad.


 



[1] Quesson, Noël. 50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. Ed. San Pablo 1996 Santafé de Bogotá, D.C.-Colombia pp. 52-53

[2] Ibid p. 50

[3] Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. LA INFANCIA DE JESÚS. Ed. Planeta. Bogotá-Colombia 2012. p. 89. 92

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Papa Francisco.  FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET. Ángelus, Plaza de San Pedro, Domingo 28 de diciembre de 2014.

[7] Câmara, Helder. ELEVANGELIO CON DOM HELDER. Ed. Sal terræ. Santander (España). 1985 p. 30

[8] Baena, Gustavo. LA VIDA SACRAMENTAL. Ed. Colegio Berchmans Cali-Colombia 1998 p. 16