viernes, 31 de octubre de 2025

TODOS LOS SANTOS


Ap 7, 2-4. 9-14

En la esfera de la fe, también hay amarillismo, sensacionalismo, terrorismo literario, -cosas estas que uno cree están circunscritas a la prensa y el cine. Sueñan y acarician su anhelo de recibir como regalo un lanzallamas, o en su defecto unos cuantos galones de Napalm. Personas hay fascinadas con la “lluvia de fuego”, se frotan las manos con energía -con evidente regocijo ante la perspectiva-  y se saborean la comisura de la boca, presagiando la catástrofe cósmica; ¿y, lo demás? -no podemos entender cómo, lo pasan desapercibido.

 

Hoy, en medio de todo el catastrofismo -vemos que Dios no procederá indiscriminadamente- Él hará separar muy cuidadosamente los santos de los opresores, los projimales (ya hemos hablado sobre la condición de “prójimo”: no se es porque vive al lado, sino porque uno -al ver su dolor o su necesidad- se acerca a ayudarlo, al acercarse, se hace “prójimo”; no se es prójimo por accidente, por casualidad, sino porque uno mueve los piecitos para allegarse allí donde el socorro se precisa),de los crueles, las cabras de las ovejas. No tocará nada que sea Santo y Puro: para ellos tiene reservada una realidad soteriológica. Soteriológica está relacionada con la Salvación.

 

¿Eran 144.000? ¡No! Leamos con cuidado y atención: “… una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, ´pueblo y lengua, … ”, ¿Por qué tenemos la manía de reducir las entradas y acaparar los boletos haciendo que sólo circulen los VIP? Más abajo leemos que “el Señor extenderá su Tienda sobre ellos” (Ap 7, 15), ahí está pintada la Benevolencia, la Acogida, la Protección, la Misericordia del Señor que hará su Templo ilimitado, para que quepan todos los Santos, no sólo los que han sido canonizados.

 

Así es, ¡serán Huéspedes del Señor, no sólo los que se hayan peinado con gel! Pero, ahí saltan muchos para elevar su voz de protesta: «tantos años como llevo sirviéndote, no te he desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para deleitarme con mis amigos. Pero llega este “hijo tuyo”, que se ha gastado la herencia con prostitutas, y le has hecho matar el ternero cebado».

 

¿Se acuerdan que al hijo que “estaba perdido” lo hace vestir, y ponerle sandalias y recibe de nuevo el anillo-filial? pues miren, cuán coherente es el Señor: a estos que acoge en el Templo de su Amor y su aprobación, les da vestiduras blancas y los hace -a cada uno- portador de la palma de la victoria. ¿Se imaginan tamaña alegría? Gritan por siempre -sin quedarse nunca roncos- «La Victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el Trono del Cordero». ¿Alguien necesitará que se le recuerde quién es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo?

 

¿Qué merece este Victorioso? ¡Veámoslo:

1.    La Alabanza

2.    La Gloria

3.    La sabiduría

4.    Acción de Gracias

5.    Honor

6.    Poder, y

7.    Fuerza.

 

En particular, recibirán los sitiales preferenciales aquellos que han lavado y obtenido la Blancura Suprema, enjuagando sus vestiduras en ¡La Sangre del Cordero!


A los que les pesa la consciencia, a los que han hecho flagrante mal, a los sanguinarios que no han vacilado en martirizar a estos Santos, a esos desalmados, que les tiemblen las vestiduras desde la capucha hasta el propio borde de la botamanga. Pero -como reza la sabiduría popular- ¡el que nada deba, que nada tema!

 

Sal 24(23), 1-2. 3-4ab. 5-6

Decir: “Venga tu Reino”, es comprometerse a hacer cualquier cosa para vivir según sus exigencias.

Noël Quesson

 

No basta que cantemos, ni que batamos palmas y muy piamente levantemos los brazos para luego postrarnos. Todo eso queda en nada si no nos esforzamos por vivir cristianamente: Por ejercer la caridad, por hacer las obras de misericordia, por portarnos como samaritanos conmovidos que socorremos al que está caído al borde del camino, mal herido. Su Trono serán nuestras acciones movidas por el amor a Jesucristo.

 

La Nueva Jerusalén es el Reino, ya consumado, llevado a Su Más Alto Grado de Perfección; se eso es que estamos hablando, por eso hoy tenemos un Salmo del Reino. Acompañamos el Cordero a posesionarse por toda la Eternidad de su Trono, en su Palacio. Ahora ya es Rey de Israel, y de todas las naciones y pueblos de la tierra, del Cosmos entero y de toda criatura. ¡A Él Honor y Gloria y Majestad! Para Él, todo el bien que quepa en nuestras pobres manos, todas las sonrisas que puedan animar el desalentado, al descorazonado.

 

Nuestro actuar inspirados en el paradigma del Hijo, son los que se constituyen en Trono, Manto Real, Cetro y Corona; si no fructificamos, no habrá Realeza para Él, nuestros actos desmentirán la fe que decimos proclamar.

 

La primera parte de este salmo habla de los requisitos para acceder al Templo dignamente: Contesta a la pregunta: ¡Quien puede subir al Monte del Señor? ¿ Quién puede permanecer en el Templo Santo? Y da los requisitos:

1.    Tener manos inocentes

2.    Tener el corazón puro

3.    No ser idolatra.

Esta tercera condición es, en realidad, una condición múltiple, porque hay un sinfín de idolatrías.

Aún hay otra condición que dice mucho e implica más:

4.    Ser miembro del grupo de los que דָּרַשׁ [darash] “buscan”, “seguir diligentemente”, “le consultan todo” al Señor. En el mismo verso se usa otro verbo, בָּקַשׁ [baqash] “lo buscan para rogarle”, “se esfuerzan en hallarlo”.

 

1Jn 3, 1-3

No perdamos de vista lo que dice San Pablo en la Carta a los Romanos: Nos hace co-herederos y nos comparte su Gloria, nos “conglorifica”. En el Salmo de hoy, nos asombramos ante su Misericordia extendida sin fronteras, y agradecemos su Amor que, nos baña a todos, que podemos bañarnos en la filiación que Jesús tiene a bien compartirnos.

 

También nos recuerda San Pablo que hemos de afianzarnos en la “Esperanza”, que cuando Él se manifieste, derramará la Benevolencia de su Sangre para asimilarnos a Él. Esa Esperanza es una especie de Agua bautismal-escatológica, que nos asimilará a Él: Todo el que tiene esperanza en Él se purifica a sí mismo, como Él es puro.

 

A tener en cuenta que Juan no usa esta palabra, sino muy rara vez, la única vez que la encontramos es aquí: ἐλπίδα [elpida] “expectativa con certeza”, “lo que se espera porque está garantizado”. Hay un testimonio que avala la “expectativa”, es el Testimonio que está dando aquí Juan, y eso nos permite mirar al futuro y prever lo que sucederá: recibiremos una “purificación”, es lo que San Pablo llama -desde sus categorías- “Justificación.

 


Su Reino no es de Imposición, sino de Conglorificación. Atendamos al significado de esta hermosa palabra que implica que Él nos revaloriza, alzándonos del fango, nos dejará ver cuán preciosos somos a sus Ojos. Por eso estamos llamados a gozar de la Alegría del Evangelio: Esa es la Buena Nueva. Jesucristo, cuyo “regreso” aguardamos, nos purifica, y nos lava nuestras manchadas vestiduras en la blancura de su Sangre.

 

Mt 5, 1-12ª

Para entender las bienaventuranzas hay que partir de la ἀπόδοσις [apódosis], es decir, de la “promesa” vinculada a cada una de ellas.

Raniero Cantalamessa

 

Nos parece imposible. ¿Cómo nos van a invitar a nosotros? ¿De dónde vamos a sacar para adquirir el smoking? (Porque en el Cine, esos banquetes son con smoking, pajarita al cuello y llegada en limousine).


 

Pero este Banquete Celestial, en la Nueva Jerusalén, ha cambiado la lógica de la tierra al Cielo. Esta Gloria aquí, es propiedad de los πτωχός [ptochos] “un pobre que está en la inopia”, no es un pobre que tiene bajos ingresos, sino uno que tiene que acuclillarse y reducirse a su mínima expresión para pedir, este pobre es tan miserable que, tiene que mendigar. ¡Ven como se ha revertido la Gloria? El dueño del Reino es un menesteroso, una persona encorvada en su opresión, gibado con el sobrepeso que ha soportado toda una vida, por su carencia. Decía San Agustín: «El verdadero pobre evangélico es el cliente de Dios que ha apostado todo por Dios, en la fe. En el judaísmo de la época el término “pobre” era prácticamente sinónimo de santo (hasid) y de devoto».

 

Hay otra categoría que, sin dilación alguna, ya gozan de las herencias prometidas, son aquellos que son calumniados, despreciados y perseguidos por ser fieles a la Causa de Dios.

 

La palabra μακάριος [makarios] que solemos traducir “bienaventurado”, significa “la persona que ha alcanzado la dicha de tener para sí, los beneficios que Dios concede, y que tiene a su favor la alegría que se desprende de tan magna bendición.

 

Las otras seis “bienaventuranzas” son promesas para reclamar en el futuro, son escatológicas, todavía no se pueden hacer efectivas (prótasis):

1.    Los que lloran

2.    Los sufridos,

3.    Los que tienen hambre y sed de justicia

4.    Los misericordiosos

5.    Los limpios de corazón

6.    Los que trabajan por la paz

 

Leyéndolas despacio es como si leyéramos los Evangelio y nos mostraran diversos cuadros de la vida de Jesús. Es una sinopsis apretada de Jesús que pasó haciendo el Bien. Pero Jesús es Sacramento del Padre, o sea que -a través de ellas-, nos muestra el perfil del Padre.

 

Y. si nosotros somos imagen del Creador, nos proponen nuestro verdadero perfil, o sea que son paradigmáticas para nuestra plenificación. Son la única manera de no incurrir en la inautenticidad. Por otra parte, podemos leer en ellas las pautas para la sinodalidad, para construir comunidad, y hacer de la fraternidad una oikodome -valga decir- como un cemento espiritual que consolida nuestras relaciones, los vínculos interpersonales. Dirigen nuestras miras para apuntarle a las razones escatológicas de la existencia, al destino final. En fin, nos dan el entramado de nuestra ortopraxis existencial. 

 

No son situaciones que debemos procurarnos, son oportunidades que Dios -que reparte sus Tesoros, según la amplitud de su Corazón- propone (apódosis):

1.    Serán consolados

2.    Heredarán la tierra

3.    Quedaran saciados

4.    Alcanzaran misericordia

5.    Verán a Dios.

6.    Se llamarán “hijos de Dios”.

 

No hay que salir con una pancarta a gritar. No hay que ponerse en alguna posición muy extraña y permanecer en absoluta quietud durante tres años. No hay que rociarse con un bidón de combustible y luego arder en llamas. No es un mantra para repetir 15 veces diarias. Y lo que es más importante, no se trata de leerlas mirando desde arriba hacia abajo para denunciar los “pobres diablos que somos”.

 

No son consignas de desprecio. Hay que leerlas, de abajo hacia arriba: ¡Mirando el Crucificado! No son imposibles para reducirnos a la impotencia. ¡Son Gracia! Y, como Gracia Pura se pueden aceptar. Son afirmaciones acerca de Jesucristo a la vez que una profecía sobre el “Hombre Nuevo”.

 

Cuando decimos Hombre Nuevo queremos decir un retículo cristológico, teológico, antropológico, soteriológico, eclesiológico, escatológico y moral (no moralista); Una superación de nuestra condición adámica.

 

Atención -permítasenos repetirlo-, hay que mirar de abajo hacia arriba (y no por encima del hombro): «Los valores se han trastocado. La serie sucesiva de dichas nuevas se pone en contrapunto de las míseras jerarquías terrestres. Dichosos son los mansos, los hambrientos, los sedientos de justicia, los misericordiosos. La novedad saca de quicio. Estas dichas queman como un tizón cuando se coge con las manos… Nunca fueron tan zarandeadas las clasificaciones oficiales, los rangos, por obra no de una insurrección, sino bajo el impulso de una alegría desconocida por los poderosos… Su novedad todavía no ha encontrado lugar en la tierra»[1]

 

Cuando se cumplan, entonces:

1.    Dios con nosotros extenderá su Tienda de Campaña para que al Encuentro entren todos.

2.    Desaparecerán hambre y sed.

3.    El sol no producirá cáncer de piel, sino dulce tibieza y abrigo.

4.    El Cordero, personalmente, nos apacentará

5.    Nos conducirá a remansos de aguas tranquilas.

6.    Con sus Tiernas Manos enjugará toda lágrima.

7.    Ya no habrá muerte, ni pena, ni llanto, ni dolor.


 

¡Vengan a ver, la Novia del Cordero! ¡El pueblo Santo de Dios!



[1] E de Luca – G. Marino. SOTTOSOPRA. Mondadori, Milan 2007 21s.

jueves, 30 de octubre de 2025

Viernes de la Trigésima Semana del Tiempo Ordinario


Rm 9, 1-5

«… San Pablo. Él demostró cómo el hombre estaba prisionero dentro de un doble sistema de opresión, por el análisis que hizo del sistema pagano y del sistema judío. Después demostró que Dios tiene su plan de Salvación por la fe en Jesucristo. En los capítulos 9, 10,11, San Pablo discutirá el asunto más profundamente en relación con los judíos… Invoca los grandes personajes de la historia de Israel: Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David. Cita a los profetas y a los salmos».

Carlos Mesters

Romanos puede de-construirse en tres sesiones:

1.    Saludo y Acción de Gracias

2.     Estructura doctrinal

a.    El tema de la Justificación

b.    El tema de la Salvación

3.    Alusión a unas situaciones concretas con un conjunto de pautas morales.

 

Llegando el capítulo 9 de la “carta”, nos adentramos en una unidad nueva donde Pablo profundiza el rol que, en este conjunto soteriológico, tiene Israel. En estos tres capítulos, del 9-11, pasará revista a las enormes figuras del judaísmo: Abraham, a quien ya ha mirado intensamente desde el capítulo 4, Isaac, Jacob (Israel), Moisés y David. Para ensamblar esta visión de conjunto, se remite a los salmos y a los profetas. Entramos en la sección donde se muestra la ruta propuesta al pueblo de Israel para su Salvación. (9,1 – 11,36); estaremos en esta sección hoy y el próximo lunes 3 de noviembre, el sábado tendremos Lecturas específicas, con motivo de la Solemnidad de Todos los Santos.

 

Inicia San Pablo afirmando que preferiría ser uno de los renegados del cristianismo y no tener que ver a sus hermanos de fe, alejados y rechazando a Jesús, reincidamos recordando que Pablo lleva en sus venas y en su corazón, las raíces de un fariseísmo recalcitrante, violento, dispuesto a imponer su fe y su opción “leguleya” a sangre y piedra,  y -descubrimos en su pasado- su connivencia como lapidador de creyentes cristianos, donde su complicidad en el asesinato de San Esteban, es el cuadro radiográfico para entender quién es Saulo.

 

Tal vez -y es legítimo pensar que- Pablo después de “convertirse” en el célebre episodio camino de Damasco, supusiera que un giro similar podía darse en los corazones de los demás fariseos, acompañando el llamado, con una clara explicación, es lo que parece estar haciendo al presentar la estructura doctrinal que contiene Romanos.

 

De este momento (año 34 aproximadamente), al año 57-58 en que se escribe Romanos, han trascurrido -los nada vanos que 24 años que median entre los dos puntos-, y que permitieron “desmontar” la ilusión de una conversión del fariseísmo, y, en cambio, la realidad que sobrevino fue un progresivo e intensificado proceso de “división”, que condujo a polarizar las diferencias y hacer ver a los cristianos como una secta herética del judaísmo.

 

En cambio, el fariseísmo se hizo hegemónico en el judaísmo -mientras que, por otra parte- las otras sectas judías fueron decreciendo y, hasta desapareciendo. Y, muchos helenistas fueron adhiriendo el cristianismo, y Pablo fue -paulatinamente- haciéndose a la idea que el cristianismo encontraba mejor recepción a nivel de los “gentiles”.

 

Este suceso, no puede desvincularse -de ninguna manera- del creciente helenismo que desde Alejandro Magno y en el periodo subsecuente, bajo el gobierno de los seleucidas, expandió la cultura griega, lo que llevo a que el sustrato de la dominación imperial Romana, tuviera raigambre helenista y que el griego fuera la “lingua franca” de este imperio. Sin ignorar, que el corazón de los padres del cristianismo -Pablo, en ellos comprendido- latía en hebreo.

 

Pablo presenta su argumento como un testimonio garantizado ante el Espíritu Santo. Al ser israelitas, no le cabe duda, que poseen la filiación adoptiva que contiene 5 elementos:

1)    La gloria

2)    Las Alianzas

3)    La Ley que se les ha dado

4)    El culto, toda la liturgia prescrita

5)    El circuito de todas las promesas manifestadas.

Podemos añadir todavía dos elementos para completar el septeto:

6)    Los patriarcas

7)    Y-como cúspide de los patriarcas, Jesucristo procedente de los Patriarcas.

Y da un rasgo magnifico y magnificador, que Cristo está por encima de todo.

 


¡Bendito sea Dios por siempre!

 

Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20

Este salmo es un himno Los himnos son alabanzas con una estructura tripartita: se invita a alabar, se alaba -propiamente lo que se quiere alabar y, se concluye. ¿En este caso que se quiere alabar? Lo que significa Jerusalén. “Ciudad de Paz” La paz, en este caso, se traduce en tres elementos: seguridad, brindada por sus murallas, pan en abundancia, y un segundo cinturón de protección y seguridad, contar con Dios como Aliado. Tiene 20 versos, de los que se han tomado 6, para conformar tres estrofas.

 

1ª estrofa: El Gran Aliado es quien ha hecho que los cerrojos de las puertas de la muralla tengan tanta resistencia que sean inavasallables. Los que viven protegidos por la muralla, no se regocijan por la muralla, sino por Dios que es su Salvaguarda.

 

2ª estrofa: esa seguridad es sinónimo de seguridad, de tranquilidad, de estar resguardados. Pero a Dios no le ha bastado con darles un cerco de seguridad contra las amenazas circundantes, ha hecho más, les ha dado los más deleitosos manjares, significados por la “flor de harina”, lo mejor de lo mejor, para deleitar el paladar.

 

3ª estrofa: ¿Ya ahí les dado mucho? Uno de los sinónimos de Dios es “Generosidad”, es “Abundancia”. Así que les da “la Cereza del Pastel”, una “legalidad” para vivir en armonía, en fraternidad, en sinodalidad, en koinonía.


La categoría de la sinodalidad, se ha tenido que insistir mucho en esta época del sínodo de la Sinodalidad, y lo primero que se tiene que remarcar es que no se trata de un rasgo nuevo para la Iglesia, ni una característica que a Papa Francisco se le ocurrió proponer, sino que esta es una manera, un estilo que Jesús inculcó a sus Primeros Seguidores, Apóstoles y Discípulos.

 

Lc 14, 1-6

El camino para ser fieles a la ley, sin descuidar la justicia, sin descuidar el amor, es el camino contrario: desde el amor a la integridad; desde al amor al discernimiento; desde al amor a la ley. Este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al de los doctores de la ley.

Papa Francisco

Homilía, Santa Marta.

 

Nos sentimos en la obligación de aclarar que lo que decimos no tiene nada que ver con el intento de reivindicar un supuesto “Jesús histórico”. Lo único que nos interesa es el Jesús de la fe. Pero, lo que no se puede uno dar el lujo de hacer es, una “lectura acomodada”, para que Jesús salga “bien peinado” en la foto; pensamos -con todo el respeto del mundo- que hay que mirar lo que de verdad dice la perícopa, y no intentar adulterarla de modo alguno. Es lo que honestamente pensamos que debe hacer un buen “discípulo-misionero”.

 

ὑδρωπικὸς [hydropicos] “hidropesía”, es la única vez que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento, evidentemente se refiere a alguien afectado por la retención de líquido, lo que conduje a una condición inflamatoria (recuérdese que Lucas era médico de profesión).


¿Por qué Jesús entró a casa de un fariseo? La referencia que nos da el Evangelio lucano dice que para comer el “pan” de cada día. O sea, lo que Dios tenía separado para que Él comiera en aquella jornada, el que Jesús llama en la Oración “el pan nuestro de cada día”, que no es sola y exclusivamente “pan”, sino el alimento cotidiano.

 

Parece que otra vez -aquel día- Jesús se había puesto, poco gel, al peinarse. Estando en casa ajena, donde un fariseo importante -no era cualquier fariseo, sino que era uno de “los principales”-, viene y lo confronta. Nosotros que siempre tratamos de “prohibir” la crítica del prójimo como una conducta francamente poco fraterna, nos encontramos a un Jesús “salido de los cánones estipulados” que, flagrantemente reta al fariseo, y no en cualquier tema, sino en un tema esencial al judaísmo: guardar el precepto del Sabbat.

 

¿Hasta allí llega el reto? ¡Pues no! ¡Va aún más lejos! Infringe el Sabbat y lo cura. ¡Desafiante! ¿no es cierto? Acto seguido, se refiere al hidrópico como si fuera un “animal de carga” y lo conecta como referencia a los burros y los bueyes (¿se trataba de algún trabajador -un esclavo, seguramente- que no se le daba tiempo ni de ver por lo esencial de su salud, porque tenía que estar allí -disponible- en su puesto de trabajo de Sabbat a Sabbat? Aun cuando el Sabbat fuera Día Sagrado de Descanso).


Aquí vendría muy bien aquello que nos decía San Agustín: “Ama y has lo que quieras” que para mejor interpretarlo podríamos transcribir como “todo lo que encierre un verdadero acto de amor, nunca podrá condenarse como violación de la Ley” ¿por qué esta paráfrasis? Porque algunos -ya en otra parte lo mencionamos- reinterpretan el dicho agustiniano como “yo digo que es amor y hago lo que se me da la gana, ¿quién me puede decir que eso no es amor?” Y -ojos abiertos, oídos despiertos- no se trata de tener un pretexto para traicionar la Voluntad Divina, sino -todo lo contrario, de hacer lo que “Dios manda” porque sólo lo que Dios manda es “Verdadero Amor”: ¡Jesús es estrictamente fiel al legalismo del amor!

miércoles, 29 de octubre de 2025

Jueves de la Trigésima Semana del Tiempo Ordinario

 

Rm 8, 31b-39

Cuál es la fuente de la libertad de los hijos de Dios

A este fragmento del capítulo Octavo de Romanos, se le clasifica como una Alabanza. Tiene dos ejes trasversales que se presentan el uno a continuación del otro, que se presentan como preguntas “retoricas”, valga decir, preguntas que no esperan respuesta, sino que se usan para enfatizar una idea, captar la atención o llevar a la reflexión a quien las lea:

               i.        Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros?

              ii.        ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

 

De la primera pregunta, trabajará el antecedente-condicionante; pero no negará que existan los que se pongan contra nosotros. La lógica paradojal de la primera pregunta nos llevaría a suponer que, si Dios se ha puesto de nuestra parte, no podría existir quien fuera a osar actuar contra nosotros. Sin embargo, el mismo contexto históricos nos muestra que muchos se pusieron a atacarlos y desataron la persecución, y lo que es más álgido, hasta Pedro y Pablo fueron victimados como consecuencia.

 

«El juicio del sistema enemigo está presente como agua que empapa una esponja. Contra él San Pablo lanza su grito de guerra… Reafirma con vigor que la salvación es obra del Espíritu y que este es el gran morador de nuestra vida. No tiene palabras para enaltecer el amor que Dios nos tiene, probado y comprobado con la entrega de su Hijo: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros” … » (Carlos Mesters)

 

El Apóstol de los Gentiles vuelve a preguntar: “¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Da una respuesta de tono semipenumbroso, porque quiere llegar al meollo, sin dilaciones. La respuesta, por ahora será: “Dios es el que justifica”. Entra en el marco de las preguntas retoricas porque si Dios en Persona nos justifica, ¿quién tiene autoridad para impugnar lo que Dios ha declarado Suyo y Santo?

 

La siguiente pregunta retórica es la más desconcertante, si Cristo Jesús se pasara al lado adverso, ¿qué lógica habría? Rayaría en la absurdidad. La pregunta es: ¿Quién condenará? Los que manejan la lógica demencial creen que la respuesta será el propio Cristo Jesús, el Hijo de Dios. Pero lo ilógico es que es Él mismo el que

1)    Murió

2)    Resucitó

3)    Está a la Derecha del Padre, y

4)    Es nuestro Intercesor.

 

De ahí salta directamente a la segunda pregunta eje: ¿Quién podría tener la capacidad para deshacer tanto Amor y separarnos de su Amor? ¿desarraigarnos de Él?

      i.        La tribulación

     ii.        La angustia

    iii.        La persecución

   iv.        El hambre

     v.        La desnudez

   vi.        El peligro

  vii.        La espada

 

este es su armamento, es todo un arsenal y ellos lo usan cruel y despiadadamente contra nosotros, sanguinarios, reiterativos, se ensañan, se hacen propaganda y procuran simular su eficiencia, pero cuanto más torturan y más nos desangran, más sólido y más estable es este Amor, y mayor la intercompenetración.

 

Este fenómeno lleva a San Pablo a una constatación sorprendente: “… en todo esto vencemos de sobra”.

 


«En el origen de esta maravillosa epopeya de la liberación espiritual se halla el amor fiel de Dios. Este es el nombre nuevo de la “justicia de Dios” tal como se ha revelado en Cristo Jesús. En este momento Pablo explicita su fe con estas expresiones: “Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados … ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”» (Rinaldo Fabris)

 

Sal 109(108), 21-22. 26-27. 30-31

El numeral 126 de la Dilexi te, cita el #207 de la Evangelii Gaudium, donde leemos lo siguiente: “Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos.

 

El Salmo que citamos hoy, se inserta en el sistema venoso de la Doctrina Social de la Iglesia, porque el salmista se declara explícitamente “humilde y pobre y con el corazón traspasado”.


 

Estamos hablando de alabar al Señor, y en este momento por qué, porque Él se pone a la derecha del pobre para salvar su vida de los que lo condenan. Insertamos aquí, la Lectura que Carlos González Vallés hizo de este Salmo:

 

«El hombre abandonado que no tiene donde acogerse, que sufre sin remedio por el capricho de los ricos y la opresión de los poderosos, que sabe en su consciencia que es víctima de la injusticia, pero no encuentra salida a la amargura de sus días y a la agonía de su vida: ¿qué puede hacer?

 

No tiene poder ninguno, no tiene dinero, no tiene influencia, no tiene medios para ejercer presión o forzar decisiones como lo hacen hombres de mundo para abrirse paso y conseguir lo que quieren. No tiene armas para luchar en un mundo en el que todos están armados hasta los dientes. Su única arma es la palabra… La palabra está cargada de poder. Hace lo que dice. Vuela y descarga…

 

También yo me encuentro impotente ante el reino de la injusticia en el mundo de hoy; y con el derecho que me da mi impotencia, me dispongo a usar fielmente el arma que Tú, Señor, pones en mis manos como miembro de tu pueblo y pobre entre los pobres.

 

Que los que matan a hierro, a hierro mueran; que todos los opresores, explotadores, estafadores, manipuladores, todos los que dan y reciben sobornos, niegan el salario justo y abusan del pobre, todos los injustos y violentos, sean subyugados para siempre; que todos los secuestradores, atracadores, raptores, terroristas, sean víctimas de su propio terror; que los dictadores de todo signo dejen de serlo, y los que traman el mal para los demás lo vean tramado contra sí mismos. Que estas palabas extiendan sus alas, vuelen derechas, den en el blanco, pongan fin a la injusticia y traigan la paz a los pobres que Tú amas, Señor.»

 

Lc 13, 31-35

El fragmento que leemos hoy, podemos descomponerlo en dos segmentos:

1)    Herodes quiere matar a Jesús (vv 31-33)

2)    Una lamentación sobre Jerusalén (vv. 34-35)


En el verso 32 encontramos una expresión que juzgamos neural y pivote de todo el fragmento, se trata de la palabra τελειοῦμαι [teleioumai] se traduce por “soy consumado”, lo cual se entiende como cumplir con todas las responsabilidades que fueron encargadas hasta llegar a la plenitud del propósito.

 

La secuencia puede retratase así:

1)    Los fariseos le comunican una amenaza de vida a Jesús

2)    Le piden que huya, que se retire de aquella zona

3)    Jesús le manda una respuesta a Herodes (zorro)

4)    Y Él acepta que, una vez cumplida su misión entregará su vida

 

Cumplir la misión aquí se expresa con el giro idiomático “tercer día”, con el significado de “culminación”.

 

Lo que Jesús hace aquí es desenmascarar la muerte que se disfraza de “derrota total”: Jesús desenmascara la muerte, ella no significa ninguna victoria, no tiene ningún poder real, Jesús muestra que su supuesta muerte no podrá truncar el cumplimiento total de su “tarea”.

 

Irse para otro lado, valga decir, desistir de la misión de llegar a Jerusalén, eso no puede ser. Sería como si Dios en su Perfección, desistiera de llevar a su clímax el propósito Salvador. Él, que es Perfecto, no puede desistir volviendo imperfecta su obra. Jesús persiste en su Libreto y no se aparta ni un solo instante, ni una silaba de la Palabra que se le ha encargado pronunciar.

 

Eso se denomina “fidelidad”. Ha procurado con todo Su Empeño, agrupar a los polluelos y cobijarlos bajo sus alas: la gallinita no ha fracasado, ha hecho todo lo posible; pero los polluelos no han querido. No han aceptado la protección ofrecida.

 

«Ayudar a nuestros jóvenes… educarlos en la misión, a salir a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. Así hizo Jesús con sus discípulos: no los mantuvo pegados a Él como la gallina con los pollitos; los envió. No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia en nuestra comunidad, en nuestra institución parroquial, en nuestra institución diocesana, cuando tantas personas están esperando el Evangelio… Por supuesto que van a ser calumniados. ¡No tengamos miedo! … Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia». (Papa Francisco)

 

Al principio teníamos la sangre que Pilatos había hecho mezclar con la sangre de los sacrificios. Ahora, de nuevo, El Galileo, va a mezclar su propia sangre con la de los sacrificios, sumando la suya a la sangre sacrificial.


Pero este no es el final-final. Bastará pronunciar el Santo y Seña y aparecerá de nuevo, ante nuestros ojos. Aprendamos las palabras claves para que estemos preparados para pronunciar la contraseña: “Bendito el que viene en Nombre del Señor”.