jueves, 18 de junio de 2026

Viernes de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario


2R 11, 1-4. 9-18. 20

Esta página del Antiguo Testamento tiene que tratarse con particular atención y de ser posible, leída con guantes porque es un relato que chorrea sangre.

 

Ocozías hijo del rey Ajab y de la reina Jezabel fue el octavo rey de Israel. Ocozías había salido con Joram para encontrarse con Jehú, pero al enterarse de lo que Jehú había hecho, huyó y se escondió en Samaria. Sin embargo, los hombres de Jehú lo atraparon y lo llevaron preso ante Jehú, Ocozías fue herido, huyó a Meguido y lo mataron (2 Reyes 9:27). Este antecedente le da marco co-textual a la perícopa que leemos hoy.

 

Aparece aquí Atalía a quien tenemos registrada como reina de Judá entre el 842 a. C.-835 a. C. es el séptimo reinado de Judá. Era hija de Acab, rey de Israel, pero no muy probablemente hija de Jezabel. Hay estudiosos que piensan que en realidad era hermana de Acab, y no su hija. Se encargó de eliminar toda la descendencia de Ocozías, pero la esposa del sacerdote Jehoiada -Joseba, que era hija de Joram, que llegará a ser el séptimo rey de Israel, de la línea davídica- escondió en sus habitaciones, en el Templo, -durante seis años- a Joás. Al cumplir siete años llamó a los guardias y a los quereteos y le organizó una escolta de protección, constante, levantando un cerco para guardarlo de cualquier atentado.

 

La perícopa concluye mostrándonos cómo Jehoiada sentó en el Trono, ungió y coronó a יהואש [Jehoásh] “Joás”, “Yahweh lo sostiene”. Para llegar a este punto y garantizar su reinado, Atalía había sido derrocada e inmediatamente asesinada en las cercanías del palacio, en la puerta de los caballos del palacio. Lo que hizo Atalía -que era de los baalistas redomados, se lee como un intento de acabar definitivamente con la Alianza extinguiendo la descendencia davídica.

 

¿Qué le preocupa al hagiógrafo? que el linaje de David se hubiera roto. Según se nos presentan las cosas, lo que ha hecho Atalía, y cómo protegieron el Sumo sacerdote y su esposa -a Joás- lo que hace es volver el tren a su carrilera. Los quereteos no son otra cosa que mercenarios, es decir, asesinos a sueldo, para tener dentro una mafia que cubriera el riesgo contra el designado, según Jehoiada y su esposa. Ha de notarse que, en este caso, la tradición de que fuera un profeta quien unge al sucesor, se interrumpe, y es transferida a un Sacerdote. Tómese, también en cuenta que Jehoiada fue el primero en tener el “título” de “Sumo Sacerdote”, reflexionemos en este “título”, se trata del “rey” de los sacerdotes, es quien los gobierna, y ciertamente ha capitalizado una preminencia muy alta, porque está cercano a Dios, es más, es el único que se le acerca, para entrar en su Presencia; aun cuando solo sea una vez al año.

 

En torno a esta figura, cabe además, interrogarse ¿por qué había armas en el templo? Los historiadores piensan que estas armas las había arrebatado David de manos de sus oponentes y el propio David las había ofrendado a Dios como acción de gracias.  Cuando se corona a Joás, asistimos a un golpe de estado, es por eso que Atalía rasga sus ropas y grita ¡Traición, traición!

 

El templo a Baal fue derribado, su altar desmontado y un tal Matán, sacerdote de Ba´al, fue ejecutado.

 

En 2 R 12, 1-3 leemos: Joás "hizo lo recto ante los ojos del Señor todos los días en que el sacerdote Jehoiada lo dirigió". Jehoiada gerenció esta maniobra para hacerse al trono, como un paliativo necesario para insertar vitalidad a una descendencia que requería urgentemente recibir el vigor político indispensable para sustentar la teocracia.


Mañana daremos un vistazo -como por la ventana- el segundo Libro de las Crónicas y veremos en qué paró el reinado de Joás.

 

Sal132(131), 11.12. 13-14. 17-18

Este salmo cabe bien en dos categorías: es gradual, pero es de la grada final de la peregrinación al Templo, cuando por fin hemos llegado a Jerusalén y nos hallamos frente a sus Puertas. Este Salmo si se compuso cuando todavía había Templo y en el Sancta Sanctorum todavía estaba el Arca con las Tablas y la muestra de Maná.

 

Es muy coherente con el tema que hemos tratado en la Primera Lectura, el tema del linaje davídico que debería sentarse en el Trono. Así lo declara la primera estrofa de la perícopa de hoy.

 

Pero este designio nos llamaba al compromiso lógico de la coherencia, recoger los frutos de la alianza implicaba ser coherentes con ella: Dios se ofrece a ser nuestro Dios, pero… nosotros debemos cumplir nuestra parte: “ser su Pueblo”.

 

Se han subido todas las gradas de la peregrinación, ahora, nos llegamos el núcleo cultual, a la sede litúrgica del pueblo de Dios: La Ciudad santa que él se eligió como Su Morada eternal. Es aquí donde Él quiere habitar.

 

Para David y su linaje tiene la Diadema digna de estar en las Sienes del Señor. Para Cristo (que significa Ungido) tiene la Lámpara que dirige nuestro caminar.


Para los enemigos de Dios está el uniforme que los distinguirá: El Traje de la Ignominia.

 

¿Qué repetiremos como versículo responsorial? Que está muy claro que Jerusalén es la Morada que el Señor ha elegido para Sí

 

Mt 6, 19-23

El ojo enfermo mira con envidia

«Y, ¿en qué tesoros piensa Jesús? Principalmente en tres y siempre vuelve sobre el mismo argumento.

-El primero: el oro, el dinero, las riquezas

-El segundo: la vanidad. El tesoro de tener prestigio, de hacerse ver.

-Finalmente, el tercero es el orgullo, el poder.

Estos tesoros no sirven». (Papa Francisco)


 

Uno puede abrir una cuenta en un banco u otro. Y, no pocas veces, recurrimos a un buen economista que nos asesore y nos muestre los pros y los contras de invertir, de ahorrar, y dónde.

 

Para la situación que examinamos hoy hemos elegido con suma inteligencia y profunda intuición que nuestro asesor sea Jesús, es a Él, a Quien consultamos donde poner nuestros títulos-valores y acertar en los depósitos que hagamos.

 

Las firmas son muy dispares: la primera nos insiste en hacer nuestra inversión aquí en la tierra, pero solapa cuidadosamente el “contra” más delicado, que aquí hay dos “destructores” inexorables de nuestras ganancias, a saber: la polilla y la carcoma, pero no paran allí los riesgos, su uno logra aislar con éxito las ganancias y escapa a estos dos “devastadores”, están los “topos” que cavan boquetes para robárselos.

 

La otra firma bancaria, que ofrece solidas garantías y previene los anteriormente mencionados “vándalos”, es en el Cielo.

 

Y nuestro maravilloso asesor nos explica el “por qué” de su consejo: Porque donde tengamos nuestros tesoros, allí estará nuestro corazón. Y eso es muy cierto, si volteamos a mirar nuestro corazón, nos damos cuenta que donde tenemos lo que nos interesa, allí apuntará siempre la brújula de nuestros sueños y aspiraciones.

 

Pero, uno se pregunta, ¿por qué hay gente que, teniendo a mano tan Tierno, amistoso y Dulce Asesor, preferimos consultar otros “confundidores profesionales”, que nos engañan y nos orientan en dirección a la quiebra y despilfarro de todo cuanto hay de valioso en nuestra existencia?

 

Y es que, si nuestro “ojo” se enferma, nuestra alma queda desahuciada, porque todos los datos nos llegan por los ojos: Es exactamente como cuando “el que divide” le mostro a Eva el “fruto” de su mentira, lo maquillo desconcertantemente seductor, se lo hizo ver hermoso y apetecible, y para lograrlo, sencillamente le “enfermó la vista”.


Moraleja: Tenemos que usar un colirio divino, que siempre nos mantenga sana la vista, que prevenga cualquier envidia -que es el nombre de la enfermedad visual más entorpecedora- y ese colirio se llama “Oración”, porque si sinceramente le pedimos la salud de nuestra vista al Señor, tendremos una visión superior a 20/20. No pidamos regalos al Cielo para ahorrarlos en la tierra, es por lo menos absurdo; pidamos bienes espirituales que se registren en las “libretas de ahorro celestiales”, ¡eso es lo coherente!

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