viernes, 2 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Job 42, 1-3. 5-6. 12-17

“… ese sufrimiento era bien real, pero no era un mal, era la escuela del amor, la puerta de la felicidad”

P. Dumoulin

Si uno pasa directo a los versos 12-17, no aprende nada y no ha entendido nada. Es como decirle a Dios, “Tu esfuerzo con este Libro es vano (vanidad de Vanidades) si por nosotros fuera, retíralo del canon”. Es indispensable que enfrentemos los versos del 7-11 para ver la realidad del Mensaje. De otro modo quedamos en las mismas y no vemos el profundo cuestionamiento que le hace Dios a nuestra teoría “retributiva” representada aquí por los tres amigos (+ Elihú), que, por otra parte, son los embajadores del fariseísmo recalcitrante.

 

«El tema central de Job no es el problema del mal ni del sufrimiento del hombre justo e inocente, y mucho menos el de la “paciencia de Job”. El autor de ese drama apasionante discute la propia concepción de la religión. Israel concebía la relación con Dios basada en la doctrina de la retribución: Dios devuelve el bien con el bien y el mal con el mal. Al justo Dios concede salud, prosperidad y felicidad; al injusto, Dios manda desgracias y sufrimientos. Además, esto lleva a una religión de comercio, donde el hombre piensa poder asegurar la propia vida y dictar normas para el mismo Dios. Contra esto, el autor muestra que la religión verdadera es misterio de gracia y gratuidad: el hombre se entrega libre y gratuitamente a Dios; Dios misterio insondable, se vuelve al hombre gratuitamente, a fin de establecer con él una relación de vida.» (Storniolo, Martins Balancin)

 

Cuando Job hace su examen de consciencia, “Para cada falta, Job pide la sentencia divina; si actué mal, ¡que se me devuelva! Ni por un momento pide la misericordia de Dios: Job es un perfecto ejemplo del “fariseísmo” que inutiliza el amor de Dios. ¡al creerse justo, no necesita de la misericordia (Pierre Dumoulin).

 

Esta noveleta tiene por función, dilucidar mucho del misterio de la cruz y la crucifixión que, si no se entiende bien, se termina por decodificar como el Mesías fracasado, o, por lo menos como el “Sacrificio Innecesario”. Y es que el verdadero conocimiento de Dios es experiencia, aun cuando la teoría es un ejercicio lógico-teológico, para penetrar en el duro cascote que recubre la realidad, y que sin este taladro se queda hermética.

 

Job era totalmente refractario para permitirle a Dios que hiciera uso de su libérrima libertad (como reza la muletilla: “valga la redundancia”); para él, Dios está obligado a respetar las reglas de juego como él las entiende. El concluir el relato, el sigue en las mismas, no ha entendido y no ha avanzado nada; sin embargo, ha experimentado el “sufrimiento”, y este padecimiento intensísimo lo ha permeado, ha sido como un ácido bañando su dureza. No necesita entender, pero Dios lo ha “saturado” de lágrimas, y ahora hay un nuevo significado y una nueva opción: Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”.

 

Precisamente en los versos 7-11, Dios desautoriza a los “doctores de la ley” que vinieron con su camuflaje de “amigos”, a empollar reproches con el atuendo de exaltaciones para Dios; y respalda a Job: «Al dar la razón a Job, Dios echa por tierra la espiritualidad oficial de entonces. La “sabiduría” de los cuatro compañeros de Job no sirve para consolar a nadie en su dolor. Ni menos para comprender o defender a Dios (42,7). Los que pretendían ser los defensores de Dios, resulta que son los condenados por Dios. Y necesitan la mediación de Job para que Dios no tenga en cuenta su necia “temeridad”. Estos capítulos finales nos hablan del encuentro de dos libertades. La libertad de Job se expresa en su queja y rebelión; la libertad de Dios se manifiesta en la gratuidad de su Amor que no se deja encerraren un sistema de premios y castigos… revelando que, en el fundamento del mundo, Él colocó la gratuidad de su amor, y que sólo así se comprende el sentido de su Justicia (J.L Caravias s.j,)».

 

«El milagro del Libro está precisamente en el hecho de que Job no da un paso para huir hacia un Dios mejor, sino que permanece en pleno campo de tiro, bajo el tiro de la cólera divina, y es allí donde, sin moverse, en el corazón de la noche, desde lo profundo del abismo, Job que Dios trata como enemigo, apela no a cualquier instancia superior, no al Dios de sus amigos, sino a este mismo Dios que lo oprime. Job se refugia junto a aquel a quien acusa; se confía al Dios que le ha desilusionado y desesperado. Job confiesa su esperanza y toma por defensor al Dios que lo llama a juicio, por libertador a aquel que lo aprisiona, por amigo a su enemigo mortal. (R de Pury)

 

En este Libro, delimitado por los alcances de la revelación en la primera Alianza, para mostrar que la Justicia Divina se cumple, pone el final feliz, aquí en esta vida: “se doblan las riquezas, … Las hijas son designadas con nombres que describen la belleza del alma de Job: “Paloma”, evoca la pureza y el gemido del alma en oración, “Casia” es el nombre de un perfume, el de la sabiduría que proviene de la fidelidad a la ley de Dios; “Cuerno de afeites” es también una imagen del alma, receptáculo de belleza ofrecida a Dios. Los ciento cuarenta años de vida que Dios acuerda a Job significan una nueva plenitud de vida, pero no la eternidad: la mitad de siete generaciones (Pierre Dumoulin).

 

Esta fe de Job, -recordemos ¿qué significa este nombre? “el que llora”, “el que resiste en la prueba”- (y en consecuencia el Mensaje del Libro entero), sólo se entiende dando el salto al Corazón de Jesús. Jesús es el Maestro de la Verdadera Sabiduría, que no vive a la espera de recibir retribuciones. «¿Cómo reacciona Jesús en esta lucha por la obediencia de la mente, cuya solución para muchos es huir, retirarse, abandonarlo todo? Reacciona manteniéndose fiel. Pide a los discípulos que se mantengan, que no huyan, que no cambien de situación, sino que hagan frente a la lucha. Luego, adelantándose un poco, se postra en tierra e implora que, si es posible, pase de Él aquella hora. Es muy bello que Jesús afronte directamente el mal, pero a partir de su propia debilidad: “que pase de Él esa hora”. Su lucha es con el Padre, y Él quiere a toda costa que triunfe la Voluntad del Padre. (C.M. Martini)».

 

«Todos sus pasos son contados y, en el colmo de la miseria, Él camina como vencedor, como un hijo de rey… El camino de la cruz y el de Job son el camino de la Perfección. Para ser “perfecto”, es decir, completamente realizado y entregado, el justo debe recorrerlo; con el fin de que, al no vivir más para sí mismo, se vuelva fuente de salvación para los demás. Aunque era Hijo, aprendió en su Pasión lo que es obedecer. Y ahora, llegado a su perfección, es fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hb 5, 8-9)» (P. Dumoulin).

 

«El libro es una crítica al mercantilismo que obliga a Dios. Dios no está obligado a obedecer a las concepciones teológicas que el hombre tiene de Él, por mejores que sean… Tampoco está obligado a satisfacer los deseos del hombre, aunque sean los de un justo… Dios es el misterio del amor y de la vida, que crea y camina con el hombre, ayudándole a conquistar la vida (Storniolo, Martins Balancin)».


Así hemos llegado al final de nuestra aproximación al Libro de Job y a los tres Libros Sapienciales que se leen en el ciclo par.

 

Sal 119(118), 66. 71. 91. 125. 130

El salmista se hace un interrogante, él como un joven, consciente de su inexperiencia y de sus limitaciones como persona, se pregunta cómo hacer para no errar el derrotero, para andar por las sendas honestas de la rectitud y la piedad, para ir siempre por el camino de los justos.

 

Encuentra un norte que lo orientará: la Voluntad de Dios: quiere hacer conforme a Él le complace, quiere dejarse guiar por la “Voluntad divina”, y se entrega dócil a Sus Manos.


 

Pero no se queda estático, indolente, perezoso, holgazán. No, todo lo contrario: se aplica, “se pone las pilas”, se remanga y se compromete: practica la meditación de sus preceptos, es decir, pone todo de su parte para captar esa Voluntad e identificarla. No se duerme esperando que le caiga del Cielo.

 

Le pide a YHWH que le dé la Inteligencia, pero no, pero él -a su vez- pone de su parte y Lee, más aún, estudia la Palabra, porque es a través de este medio como Dios le puede presentar y entregar lo que pide “la Comprensión”, “la agudeza” indispensable.

 

De los 176 versículos se toman 5, para componer la perícopa que se proclama hoy:

 

Qué es lo primero que pide aquí:

-La Bondad y la Prudencia de Dios

-Cae en la cuenta que el sufrimiento es una vía de “aprendizaje”

-Advierte que en los mandamientos que nos ha dado Dios hay Justicia de la Verdadera; y entonces, recibe el sufrimiento con sincera aceptación.

-Todo lo que persiste es porque se armoniza con la Ley de Dios: él se declara siervo de Dios y está dispuesto a acatar, poniéndose al servicio del Señor.

-La única manera de vencer la ignorancia es recibir la explicación que Dios nos da de sus Verdades; es la única explicación que verdaderamente “ilumina”.

 

En la antífona se reconoce que Dios es como la Linterna de nuestra Existencia; sólo su Luz hace brillar la Vida de los Siervos de YHWH.

 

Lc 10, 17-24

Los 72 fueron enviados, no se nos dice nada acerca de cuanto se demoraron en volver, cuanto duró la “misión”, no se recogen anécdotas de la salida, no hay una evaluación metódica y sistemática de la “salida”, no se catalogan las dificultades enfrentadas, no se hace el elenco de las ciudades y poblaciones visitadas.


¿Cuál es la manera de evaluar? Según lo que San Lucas nos presenta, la Misión se sopesa a partir del estado de ánimo que traen los “Enviados”. Volvieron “con alegría”. ¿Qué les daba alegría? Que hasta los demonios tenían que obedecerles. Estaban radiantes porque sentían vibrar en ellos el poder con el que Jesús los había dotado para afrontar el envío. Con este mismo Poder, hasta Satanás estaba destinado a la derrota. Y Jesús no les niega que les haya dado esas facultades. Pero, lo que les dice, no es que sea eso lo que les ha de llenar el corazón.

 

¿Qué es lo verdaderamente valioso? ¡Que sus nombres están inscritos en el Cielo! Nosotros sacamos de ahí que los aplausos aquí, en la tierra, son provisionales, en otro momento les darán la espalda, los rechazaran y hasta llegaran al colmo de perseguirlos, maltratarlos y hasta quitarles la vida. Lo que vale, es que la Corona que Jesús les da, nunca se marchitará. La corona que se les da es de hojas perennes, y -como todo lo que se escribe en el Cielo- no se Escriba para el momento, se escribe para la perdurabilidad. Los nombres de los que han aceptado el Envío están escritos en el Libro de la Vida, para toda la Eternidad.

 

Hay otras dos informaciones fulgurantes para los que han sido Enviados.

1)    Poder aceptar a Jesús como el “Enviado de Dios Padre” depende de que el Hijo nos lo manifieste: Hay muchos que anhelan recibir esta “Revelación”, pero Jesús no se las da.

2)    Y nadie puede llegar al Padre sino, precisamente por la Mediación del Hijo.

 

Hay un tercer elemento que Jesús les entrega:

3)    Dios señaló un momento histórico para revelarse, personas muy concretas recibieron en ese momento el Mensaje; otras generaciones tendrán que saberlo recibir por la mediación Eclesial, no lo recibirán directamente sino por interpuestas manos y bocas. Pese a lo cual, podemos -con todas las letras- dar Gracias porque el Señor nos dejó por la línea Apostólica el Cofre de la Herencia para que podemos recibirlo, ya no por vía directa, sino de las manos de sus Emisarios.

 

«No debemos gloriarnos como si fuéramos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el Único Protagonista. Nuestra alegría es solo esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio». (Papa Francisco)


No nos alegramos del Poder -que no es nuestro, sino de Jesús- y cantemos Alabanzas porque nos ha llamado, a heredar por el canal de su Alianza inquebrantable. Que no seamos como los amigos de Job que querían ponerle códigos reglamentarios a Dios para que se hiciera, no Su Santa Voluntad, sino nuestro caprichoso antojo y se manifestara a la hora y lugar que ellos consideraran oportuno.

jueves, 1 de octubre de 2026

ÁNGELES DE LA GUARDA

 


Ex 23, 20-23a

Sería interesante mirar la globalidad del Éxodo como una vivienda de 4 plantas, subdivididas en alcobas. Las estancias serían: a la entrada, una panorámica del marco situacional que enfrentaban los Israelitas en Egipto; la segunda instancia, la marcha por el desierto; la tercera, tiene como núcleo la Alianza, y la Cuarta, mira hacia como apareció la “Tienda del Encuentro” y su diseño. La perícopa que hoy nos va a ocupar, se refiere a la tercera estancia, por lo que convendría darle un vistazo más detallado a ese piso.

 

En ella se toca el asunto del viaje para llegar al Sinaí, empezando con

a) la propuesta que les hace Dios de sellar entre Él y su pueblo -en éxodo-, una Alianza, luego viene

b) la entrega de las Tablas, y luego, como se recordará el asunto

d) del Becerro de oro que se fabricaron porque Moisés tardaba en regresar.

 

La parte b, puede considerarse integrada por los capítulos 20-24, dónde no sólo se les hace entrega de La Tablas de la Ley sino que además se les dan otras leyes relacionadas con el Altar, la esclavitud, los crímenes, ciertos de ellos regulados con más detalle, seguramente por su frecuente acaecer, leyes sobre la propiedad, sobre las calumnias, los juicios promovidos con acusaciones falsas, el trato que se daría a los emigrantes y sobre algunos aspectos cultuales y la institución de las Festividades: la de los panes ázimos, la de la siega y la de la cosecha-las primicias. Para llegar a la promesa de protección y escolta angelical, que es la esencia y el motivo de que esta perícopa se haya escogido para la celebración -hoy- de los Santos Ángeles Custodios.

 

El Señor ofrece a Moisés y a través de él, a su pueblo, que tendrán un מַלְאָך [malak] “ángel” que irá por delante לִשְׁמָרְךָ֖ [shamar] “que hace guardia para proteger”, “que custodia”, de ahí que se les llame custodios, que es el significado de esta palabra; aportándoles protección, y les servirá de guía para llegar a la tierra prevista para ellos, para llevarlos a feliz destino.

 

Allí se nos señala cómo ha de ser nuestra relación con él: de respeto, de acatamiento, sin rebeldías, porque el ángel es Su Embajador ante nosotros, actúa en su Nombre Santo y es portador de sus designios amorosos para cada uno de nosotros.

 

Hará de nuestros enemigos, los enemigos suyos, si -los ciudadanos del pueblo de Dios- tenemos un adversario, Dios lo mirará como adversario suyo. Y, concluye la perícopa reiterando que, el ángel custodio פָּנִים [panim] “irá por delante”. El ángel custodio es pre-cursor para cada uno de nosotros.

 

Las palabras, como son seres vivos, tienen su vida propia, y durante su existencia van sufriendo cambios. Los más frecuentes son

a)    Su desaparición, hay palabras que caen en desuso y pasan a la historia, son los llamados arcaísmos, que solamente las encontramos al leer la literatura más clásica o en labios de adultos muy mayores.

b)    Están también los cultismos, que son palabras que son consideradas muy “chic”, en ciertos círculos, y ellos se encargan de mantenerlas en vitrina como parte de sus “lujos”

c)    Luego están las que pasan a formar parte de la jerga profesional de alguna disciplina o alguna rama del saber, como ocurre con muchos términos médicos, que permite en breves palabras decir con precisión algo que ese lenguaje técnico requiere decir con bastante frecuencia, estos son los tecnicismos. Hoy en día abundan en la informática, la robótica y no menos en la cibertrónica.

d)    Finalmente, hay palabras que, recorriendo laberintos, llegan a formar y desarrollar una habilidad de “camaleones” para alcanzar nuevas aplicaciones y, perdiendo su antiguo significado llegan a denotar otra cosa distinta. Tomemos como ejemplo la palabra “precursor”, que antiguamente significaba lo que su etimología estrictamente indica: “ir por delante”, sobre todo en terrenos agrestes, iban abriendo el camino. Poco a poco, esta palabra fue más o menos relegada al uso histórico, para aludir a un personaje que había iniciado cierto movimiento o cierta gesta. En la actualidad, su nuevo significado apunta a las “sustancias químicas que se desvían de su curso legal y se utilizan para la elaboración de distintos tipos de drogas”.

 

La estricta etimología de esta palabra es “el que corre delante de otro”. Ahora bien, el numeral 327 del Catecismo garantiza: “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición”. A esto debemos añadir un aserto de San Basilio de Cesarea, a quien reconocemos como Magno, (330-379) que afirma: “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida”.


A San Basilio Magno lo adornamos nombrándolo con el epíteto de “revelador de los misterios celestiales”.

 

Sal 91(90), 1-2. 3-4. 5-6. 10-11

Las festividades que se instauraron como obligatorias, a las que se refiere en el Éxodo, antes de llegar a prometer la escolta de un ángel; demarcaba unas peregrinaciones a Jerusalén, para llegar al Templo: se trata de peregrinaciones estrictamente cultuales. De estas peregrinaciones dimana el concepto de sinodalidad.

 

Este salmo de hoy, es un salmo de peregrinación. Se toman los versos que se refieren al asombro al llegar y contemplar la maravilla y la hermosura del templo, y la estrofa final, de una oración que ofrecen los peregrinos por los habitantes de la ciudad que los acoge: ellos oran por sus anfitriones.

 

Teniendo el Templo ante sus ojos, habiendo llegado por fin a Jerusalén, se sienten a la postre, libres de los azares y riesgos del camino, superada la preocupación, han dejado los asaltantes de caminos atrás, y ahora, se regodean, en alabanzas al Dios Poderoso que los trajo con bien.

 

Sus ojos se abren para entender que Dios ha sido Refugio y Alcázar. Él los ha guardado y los tenido a salvo de las trampas del camino, de las incertidumbres que les mencionaron otros viajeros como precauciones a tomar.

 

Los ángeles custodios tiene alas, así los creó Dios, y sus alas los han cubierto, haciéndolos invisibles para sus enemigos.


Los brazos de los ángeles son fuertes como músculos de toro, como brazos de gladiador, su sola presencia ya es “escudo y armadura”.

 

Los viajes, y para un pueblo en Éxodo, todo el tiempo es viaje, tienen peligros diurnos y peligros nocturnos: había maleantes que atacaban en la noche, pero también había asaltantes diurnos que -como francotiradores- se apostaban y los atacaban con sus mortales flechas. Además, había accidentes geográficos y fenómenos naturales que también eran amenaza. Pero el ángel los cuida de todo eso.

 

Una misión muy claramente definida había entregado Dios a los ángeles, ellos no tenían otra ocupación u otro objetivo, simple y sencillamente, estaban para guardarlos en su caminar.

 

El ángel no es una figura de evasión: ¡no hagamos nada que para eso está el ángel! O, “metámonos en la guarida del lobo que para eso está el Ángel de la guarda”. No es esta la lectura que se ha de hacer de este Don Celestial. Los ángeles no están para cubrir nuestra pereza, menos nuestra temeridad y encargarse de lo que nuestra insensatez descuida. Pero allí donde pongamos nuestro empeño, el ángel centuplicará nuestras fuerzas y nuestra astucia.

 

Mt 18, 1-5. 10

…más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al fondo del mar.

Mt 18, 6defg

 

Hay una premisa comprensiva para adentrarnos en la hermenéutica de esta Lectura del Evangelio mateano que tenemos para hoy. Una pregunta muy lógica es ¿quiénes de nosotros, tan virtuosos, tan bien puestos, tan modosos, merecemos integrar el gabinete de gobierno en el Reino? Si hemos caminado con Jesús, si un sinfín de veces lo invocamos ¡Señor, Señor! Si nuestro trato con Él se ha vuelto una relación de cercanía, de profunda confianza, casi que de intimidad. ¿No es muy justa la pregunta?


«Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años… La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien, él es libre de este deseo de gobernar su mundo» (Papa Francisco)

 

El detalle crucial es que el Reino ya se realizó en Jesús Crucificado-y-Resucitado. ¿Estará medianamente realizado en nosotros? ¡El Reino ya está aquí! ¡Jesús lo puso en el centro! ¡Se trataba de un jovenzuelo, muy niño, ya no mamaba del pecho de su mamá, pero, ni siquiera había llegado a la edad de ser circuncidado! eso lo sabemos por la palabra que se usa: «Él llamó a un παιδίον [paidion] “niño muy pequeño”, lo puso μέσῳ [meso] “en medio” “en el centro del corrillo”, “en el núcleo de la ronda” y dijo…».

 

Hay, como mínimo, dos valores esenciales de un niño de esta edad -claro que a veces los malcriamos hasta que logramos destruir en ellos sus rasgos más generosos y deseables- son rasgos tan nobles que -de verdad- los requeriríamos de querer sinceramente ingresar en el Reino.

 

El primero es su capacidad de sobreponerse a un disgusto, es imposible que su enojo dure más allá de -digamos- cinco minutos. Si tuviéramos este Don maravilloso del “perdón”, tendríamos el carnet de entrada al Reino.

 

La otra característica, que nos parece que podía ser lo que Jesús señalaba, era su dependencia: a esa edad, el niño es enteramente dependiente de sus “padres”, su vida pende y depende de sus progenitores y los cuidados que ellos les brinden. Si nosotros fuéramos capaces de visualizarnos así, dependiendo enteramente de Dios, habríamos alcanzado el Reino.

 

«Así como él (el niño pequeño) encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… esta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios». (Papa Francisco)

 

No se trata de la “docilidad” para que las supuestas “autoridades” humanas nos manoseen. El punto no radica en que algún hombre haga de nosotros marionetas fácilmente manipulables, se trata de aceptar que “dependemos” de Dios, se trata de ver que la línea de nuestra vida la traza el Señor, y por eso, ¡Él es el Señor!

 

Que no nos vengan con el discurso de que la autoridad divina la detenta A, B o C sujeto. que el “príncipe x” o el “tiranuelo y” han sido directamente designados por Dios como sus apoderados; eso es ¡ideología barata! La historia está repleta de esas figuras que se mimetizan de divinidad y tejen afanosamente su entramado de control y dictadura. ¡Hay que desenmascararlos!

 

Pero, por el contrario, hay que aprender a discernir y reconocer lo que viene de Dios, con los que él nos ha manifestado, especialmente sus hagiógrafos, y ¡a ellos sí! acatarlos. Por ejemplo, acatamos al Papa, a él como autoridad Petrina, también a los “padres de la Iglesia”, a sus “Doctores”, ¡si, y si!, de verdad que ellos nos trasmiten la Revelación. Pero, no abundemos mucho más allá; cuando empecemos a enumerarlos, vayamos con tiento. Atención y cuidado con los que pretenden “completar la revelación”, evitemos el afán esnob en materia religiosa y pretender estar al día con el más reciente “iluminado”.

 

Hay otra manera de despreciarlos: decirles cualquier cosa, imprecisiones, a veces hasta errores, revolver elementos que la Iglesia no promueve, guiarlos con nuestra escasez y nuestra penuria, refugiarnos en “frases de cajón”, difundir tergiversaciones, repetir simplezas y/o desinformaciones, inclusive, andar proclamando “verdades a medias”. Por favor, que no se recorte el Evangelio a la medida de nuestra insuficiencia.

 

¿Queréis derribar a esos encaretados? Mirad quien se aprovecha de cualquier débil, cualquiera que los maltrate, que los minimice, que los ignore, que los engañe, que les mienta, que los desampare, bajo cualquier pretexto -especialmente si se trata de su pretendida “autoridad”, o muy exigida sabiduría- esos no ven, ni saben, que los Ángeles Custodios de esos “pequeños” están constantemente atentos, mirando, simultáneamente, las caritas de esos “pequeñines” y a la vez mirando el Rostro del Señor.


Perdonar y saber depender ¡de Dios!, es la ruta para llegar a ser de los más grandes en el Reino.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Jueves de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Job 19, 21-27

Job no es figura singular, sino que expresa los momentos dramáticos de la experiencia humana.

Carlo María Martini

Dijimos que los debates (caps. 3-27) estaban distribuidos en tres ciclos. Ayer abordamos el primer ciclo, hoy vamos a adentrarnos en el segundo ciclo, donde la alternancia de las intervenciones va de la siguiente manera:

      i.        Abre Job (Cap12-14) recordándole a sus amigos que también él es “instruido”

     ii.        Interviene Elifaz (cap.15), enhebrando ideas que encontraremos referidas en los Salmos, Eclesiástico y Sabiduría.

    iii.        De nuevo toma la palabra Job (caps. 16-17), para reprocharles que ellos hablan refiriéndose a un dios abstracto, apelando a una geometría del razonamiento, mientras que este debate debe darse entre sufrientes que entienda cómo se vive esta experiencia.

   iv.        Le corresponde a Bildad (cap. 18), aquí Bildad se muestra más incisivo, más áspero, y retaca con su temática del dios-castigador.

     v.        Es el turno de réplica para Job, de aquí saldrá la perícopa de hoy. La insistencia de Job radica en que es Dios quien le ha conducido artificialmente a vivir en esta situación. Lo que no obsta para que visualice en Dios a su גָּאַל [go-el] “redentor”, “pariente que se compromete a rescatarlo”.

   vi.        En el cap. 20 hablara Sofar, de nuevo enuncia que el malvado es el que recibe el castigo, luego, Job es aquí el pecador, que merece el castigo

  vii.        Concluye Job este ciclo en el capítulo 21: aquí resplandece la diferencia entre el que sufre y el que sólo teoriza desde su imaginación que siempre será pobre porque la teoría siempre se ve sobrepasada por la realidad.

 

Ellos, en aquella época, no habían llegado a la luminosa revelación de la vida eterna, todo el juego se libraba en esta vida, sin más allá, y sin esperanza. Sin embargo, en esta intervención de Job, parece destellar ya una chispa de confianza en que habrá alguna instancia donde la Justicia resplandezca y el que ha sufrido no quede de manos cruzadas en la nada, en las profundidades del Jabel (el vacío, la nada).

 

“Bien se yo que mi Defensor vive y que Él hablará el último… Yo me pondré de pie dentro de mi piel y en mi propia carne veré a Dios. Mi corazón desfallece esperándolo” Aquí ya hay un asomo, una intuición brillante. Job, en este discurso, alcanza ya a percibir la “resurrección de la carne”, tal vez, sin plena consciencia, pero aunando justicia a confianza, alcanza a recoger una chispa de la Gloriosa Promesa, “yo los resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Se trata de una brillante intuición sobre la Vida Eterna.

 

Pongámoslo con las palabras de José Luis Caravias s.j.: «El mundo no es un caos, como él se había imaginado. Lo sería, si fuera verdad la teoría de la retribución personal terrenal que presentaban los amigos… Pero resulta que Dios tiene planes hermosos, y los realiza con plena libertad y gratuidad, aunque nosotros no nos demos cuenta. No todo está aún claro para Job, pero ya no se deja ahogar por el mundo religioso de las creencias de su tiempo. Ahora sabe intuir que existen “cosas extraordinarias superiores a mí”. Se refiera en primer lugar a la grandeza del proyecto de Dios. Job comienza a comprender el designio de gratuidad de Dios, que da pleno sentido a su voluntad de justicia en el gobierno del mundo. Las preguntas de Dios le han mostrado la libertad y el amor que encierra su proyecto. Dios es novedad permanente. En Él se esconden aspectos insospechados.  En las teorías de los amigos, todo estaba ya fijamente preestablecido, como aprisionado en una camisa de fuerza».

 

Aun vale la pena retomar otro enunciado de Caravias que nos presenta a continuación: «Rechazando la teoría de la retribución, Job no queda liberado de la necesidad de practicar la justicia; de lo que queda libre es de la tentación de querer encerrar a Dios en una concepción estrecha e incorrecta de la justicia».

 

Ahora, contextualicemos esta respuesta que, con chispas de escarcha, aporta Job, insertando una cita Kierkegaardiana: «He aquí cual era, en el fondo, la tesis que los amigos de Job le presentaban: que toda persona, en relación con Dios sufre siempre, puesto que es culpable. Esto realmente, ni siquiera es falso; el error es otro, es que con arrogancia pretendan decirle lo que ningún ser humano puede permitirse decirle a otro. A esto se agrega el hecho de que los amigos de Job carecían de todo criterio para comprender lo que significa sufrir delante de Dios siendo inocentes”.

 

Es falta de caridad acusar el otro de pecador, cuando todos somos pecadores, es fariseísmo de la misma laya que la del fariseo que se sentía justificado viendo al publicano orante, y daba gracias por no ser como él. Solo Jesús puede hablarnos desde su Inocencia Perfecta y darnos una respuesta, por eso fue necesaria Su Nueva Alianza.

 

Pero podemos fallar la perspectiva exegética si nos dedicamos a una caza de culpables e inocentes. Si reducimos este acercamiento a la Palabra de Dios a una búsqueda de buenos y malos. Muchas veces nuestra Lectio Divina se queda atrapada allí: 1) Lectura 2) Identificación del bueno y virtuoso 3) alegre aplauso por la virtud y bondad, 4) Olvido. Solemos denominar los pasos de la Lectio en latín: 1) Lectio, 2) Lepidium sativum boni et honesti, 3) Felix plausus virtutis et bonitatis, 4) Oblitus. ¡A esto se reducen muchas exegesis!


«Mientras que toda la Sagrada Escritura no cesa de cantar la Misericordia de Dios, mientras los Salmos hablan sin tregua de cuán eterno es su amor, ese tema se ausenta en el Libro de Job (Pierre Dumoulin).

 

Sal 27(26), 7-8ab. 8c-9abcd. 13-14

¿El país de la vida? ¿Cuál es el país de la vida? ¿Qué quiere decir el Salmista cuando dice “país de la vida”?

 

El salmista nos dice que oye en su corazón el siguiente llamado: “Busquen mi rostro”. Esta es una verdadera invitación a vivir una vida espiritual, a remontarnos más allá de lo evidente. A desplegar las alas y procurar una visión mística.

 

En otro punto del salmo nos encontramos la siguiente petición que le hace el Salmista a יְ֭הוָה YHWH: “eso buscaré: habitar en la Casa del Señor por los días de mi vida;…” (v.4) Se recibe de Dios una invitación para no quedarse en lo rastrero, en lo mundano, en lo terrenal; se le propone alzarse, desplegar alas de águila, y buscar la Presencia.


Todavía no se ha logrado concebir la vida humana como un paso (Pascua) al País de la Vida; pero ya se le promueve para que aprenda a tener sed de lo espiritual, ansia de lo trascendente. A procurar acercarse a Dios. El salmista sólo alcanza a imaginarse como proximidad más cercana, vivir en el Templo. Pero lo que intuye, lo que el Señor le dicta al oído es vivir una vida en éxtasis, de contemplación de su Rostro. Y, la ruta a seguir se le brinda: debe buscar.

 

No se trata de una búsqueda ciega y loca que no sabe lo que busca. Aquí la Bondad de Dios se expresa en toda la Plenitud de su Misericordia: lo que hay que buscar es El Rostro de Dios.

 

Esa búsqueda tiene que ser tesonera, tiene que ser una búsqueda perseverante, no es algo de hoy a mañana, quizás la vida entera se nos ha regalado, para hacer de ella una búsqueda constante. Y, no tenemos que afanarnos por los hallazgos, porque en la Búsqueda de Dios lo que vale es la búsqueda, no los hallazgos. Por eso, no basta subir a la barca de la búsqueda; Dios nos da un par de remos para que dirijamos la barca, para que orientemos nuestro empeño:

-       Remo izquierdo: ser valiente, tener ánimo

-       Remo derecho: esperar en el Señor

 

No esperes de los hombres, no dependas de los hallazgos ajenos, busca tú, y confía sólo en Dios, llegada la oportunidad, cuando sea “la hora”, Él te mostrará su Rostro.

 

Pero tampoco, te empecines en ir solo: eres miembro de una Comunidad creyente, no dependas de los hallazgos ajenos, pero busca con los tuyos, con los que también están en su búsqueda y que Dios ha puesto en torno a ti, para que se apoyen en la Búsqueda. Recuerda que el templo no es un edificio, sino una fraternidad de hermanos en Dios, que están allí para esforzarte en ser sinodales (recuerda que sínodo significa “caravana”; tenemos que aprender a caminar en “caravana”, así como el pueblo judío subía al Templo a rendir Culto).

 

Lc 10, 1-12

Jesús les envía de dos en dos para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco.

San Gregorio Magno

 

12 enviados porque 12 eran las tribus de Israel, e Israel era el conducto por el que Dios le hablaba a su Comunidad. Luego pasa a 72. ¿y esto que significa? Según los estudios de los sabios de la época 72 era el número de todos los pueblos que habitaban la tierra.


 ¡Ah! Esto está muy interesante. Quiere decir que Jesús envió equipos de trabajo –cada equipo con seis “apóstoles, para las Doce Tribus- es decir, a toda la población del planeta, sin discriminación alguna: ¡Su mensaje es para toda la tierra!

 

El único Evangelista que nos habla del envío de los 72 es San Lucas. Lucas era de la escuela paulina, acompañó a San Pablo en sus dos últimos viajes, (no en el Primero); San Pablo le habría trasmitido a Lucas esa visión universalista, de ahí salió la palabra católico, del adjetivo griego καθολικός, que traduce precisamente universal, lo podemos descomponer en κατά [kata] “sobre” y ὅλος [olos] “todos”. Con lo que se quería decir que no era sectaria, sino que era un anuncio que debía descender sobre todos.

 

Si desgranamos los componentes de la perícopa vemos que el foco está puesto en las “recomendaciones” que les da Jesús para realizar la misión. Al hacer la hermenéutica tenemos que tener cuidado porque claro que Jesús no les dijo nada sobre el uso de megáfonos, de computadores, de video-beans, de plegables, de volantes, de estampitas, de los mass-media, de las redes sociales. No podemos leer aquí lo que aquí no está. Y hay que aplicar criterio para discernir si los supone o los evita. O, queda abierto, para adecuar la vena neural de su enseñanza y actualizarla respetando su esencia.

 

Por otra parte, no podemos sufrir de la fiebre tecnológica, como hemos dicho en otra parte, si un monje algo tontuelo, usa moto, eso sólo garantizará que su tontería llegará más rápido a todas partes, pero no que la eficacia evangelizadora se agilizará.

 

La perícopa subraya las dificultades que encontraran, que el rechazo que los acompañará en muchas partes, señala con estricta claridad la poca trascendencia de lo material, les dice que es mejor ir ligeros de equipaje que sobrecargados, no copiemos a los montañistas que llevan sus muy dotados morrales, casi que insoportables para cargarlos.

 

Nuestra labor se asimila con la de los sembradores y los cosechadores, y, en ese caso tenemos que ver si construiremos graneros, y en el lenguaje de Iglesia, ¿qué es un granero? ¿Una Catedral? ¿Un comedor comunitario? ¿Un hospital? ¿Una universidad? ¿un convento?

 

Muy seguramente, un “granero” significa en tiempos distintos, distintas cosas.  Y, también en lugares distintos, aunque sea en el mismo siglo, puede ser algo diferentísimo.


Hay un eje invariable: ¡se debe anunciar la cercanía del Reino! Que el Reino ya está aquí, pero que el Rey de Reyes, requiere de campamentos y ese campamento es -en cada caso- nuestro propio corazón, donde darle acogida. ¡No para procurar mantenerlo apresado allí, sino para darlo a otros! porque el amor siempre es así, es paradojal: ¡cuanto más lo damos, más tenemos de Él! En vez de gastarse, se multiplica.

martes, 29 de septiembre de 2026

Miércoles de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario


Job 9, 1-12. 14-16

Los amigos de Job (el nombre Job significa que “soporta penalidades”) lo acompañan con un respetuoso silencio y no profieren palabra. Acabamos de ver que es el propio Job quien rompe el silencio y reniega de haber sido traído a la vida, él preferiría haber muerto el mismo día de su nacimiento, y reposar en un cementerio cerca de reyes y héroes fallecidos y sepultados bajo monumentos áureos.

 

Lo que logra esta protesta de Job es detonar una reflexión sobre el tema de la “retribución”, donde estos “teóricos” argumentan prolijamente que la Justicia de Dios no habría permitido que a un “justo” le sucedieran calamidades, que sólo se pueden explicar como producto de algún pecado, tal vez muy oculto, que Dios castiga con estas penalidades tan adversas. El castigo proviene de los “pecados” y el “premio” de la vida virtuosa, y esto es así, y no puede ser de otra manera. He aquí el enunciado general de la “retribución”, y sobre su basamento se funda todo el aparato moral del judaísmo hasta esa fecha.

 

Cuando decimos que este tipo de pensamiento había llegado a un callejón sin salida, pensamos que la crisis fue producto de encontrar en la vida muchos casos de personas muy coherentes que sin embargo eran azotadas por el infortunio; así como el súbito cambio en el curso de la vida de esas personas, otro tanto en la situación inversa de “impíos” que muy a pesar de su conocida deshonestidad gozaban de la sonrisa de la “buena fortuna”.

 

Se ha dicho que hay tres ciclos de “debates”, donde se da vuelta y se trata de encontrarle y hacerle confesar, el o los pecados que, llevaron a Job a estos padecimientos. Sin embargo, entre más hunden en el pecho y en la consciencia de Job su taladro-explorador, Job contesta demostrativamente que él es “inocente” de todas las acusaciones que se puedan inventar para fabricarle una causa y razón de ser a sus “castigos”.

 

La perícopa de hoy pertenece al primer ciclo donde primero interviene אֱלִיפָז Elifaz, este nombre significa “es de oro puro” (caps. 4 y 5), a quien le responde Job (caps 6-7), luego interviene Bildad de Shua “el Señor amó” (cap. 8) y la riposta viene en los caps. 9-10; luego intervendrá Zofar “el que se levanta temprano” (cap. 11). La perícopa de hoy está tomada de la primera parte de la respuesta de Job a Bildad que procura dejar establecido que, si Job es realmente inocente como dice, entonces sus desgracias hunden su raíz en el comportamiento de alguien en las generaciones pasadas o en su descendencia, padres, abuelos, bisabuelos...

 

Hasta este punto Job ha defendido a capa y espada su inocencia. Sin embargo, y ante la insistencia acusatoria de sus amigos, el abre una compuerta de duda y, reconoce que Dios siempre tiene la razón y que no hay manera de contradecirle porque Él siempre tendrá la razón; así que germina una petición de Job a Dios, para que sea directamente Él quien avale su “pureza”.

 

Job constata que toda la realidad y la naturaleza están sometidas al Poder Divino y ni las montañas se le pueden resistir, como tampoco las estrellas, constelaciones y galaxias. Y, su nivel de consciencia lo lleva a reconocer que Dios puede actuar invisiblemente para sus ojos y que puede tomarlo todo, puesto que todo le pertenece.

 

Pero el enfoque que la da Job a esta circunstancia es que Dios, por la fuerza de sus argumentos, puede apabullar sus alegatos de inocencia, no porque no sea inocente, sino porque no se es capaz de probarle al Juez lo que él no quiera admitir, y ante su inflexibilidad sólo se puede implorar compasión. Dijera lo que dijera, Dios no le haría caso.

 

Remata con una acusación dirigida a Dios: se enoja y no se desenfada. Si continuamos más lejos de la perícopa encontramos acusaciones como las siguientes: “Si en un desastre muere gente inocente, Dios se ríe de su desesperación” (v. 23) “Deja al mundo en manos de los malvados y a los jueces les venda los ojos”. (v.24).

 

Por esto hemos dicho que, para Job, Dios es Todopoderoso, pero no compasivo, el dios de Job es un dios inmisericorde. Un dios que puede hacer cuanto le plazca, cuando le plazca y contra el cual, la criatura no tiene voz ni voto. Se trata de una dictadura despótica.


Job ha incurrido, cuando menos, en la impaciencia.

 

Sal 88(87), 10bc-11. 12-13. 14-15

Tenemos hoy otras tres estrofas del mismo salmo de súplica de ayer. Se toman casi seis versos para componer esta perícopa.

 

Inicia enunciando que el Señor aplastó a רָ֑הַב [rahab] el “monstruo marino” de Egipto. Reconoce al Señor como Creador de todo cuanto existe.


Dios Creó tanto el norte como el Sur y, los montes Tabor y Hermón son un coro que alaba el Santo Nombre de Dios con júbilo. Desde el Tabor se contempla la panorámica de la llanura de Esdrelón (Jezreel); el Hermón era la frontera hasta donde llegaba la dominación de las tierras israelitas. El poder de su Diestra y su Siniestra son victoria y fuerza, respectivamente.

 

El Divino Trono reposa sólidamente apoyado en la Justicia y el Derecho. Salen a recibir el Poder Divino y a agasajan su llegada el Amor y la Fidelidad.


En síntesis, lo que dice todo el Salmo (bastante largo, con 53 versículos, que cierra el Libro III de los salmos), es que Dios es Todopoderoso, y se recalca la enormidad de su poderío ilimitado.

 

Lc 9, 57-62

Todo afecto antes o fuera de Él, es adulterio

 

Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente con todas sus fuerzas en los procesos constantes de renovación misionera y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorecen la trasmisión de la fe.

(DAp 365)

Jesús, llegada la hora, ha dispuesto todo su velamen para encaminarse a Jerusalén, a llevar su Misión a cabal término. Es entonces cuando se le propone como primer interrogante la temática del “discipulado”: ¿Cómo se le ha de seguir? Y la respuesta se encuadra en el marco de la pertenencia familiar y los vínculos que con ella se tienen, que parecen aferrarse como rémoras de freno al compromiso, al que somos vocacionados en la vida de fe. Parece ser que la familia contrapesa y compromete la fidelidad al discipulado y a la misión que le está concatenada.


El primer freno que contrarresta la firmeza de la adhesión tiene que ver con la garantía de un lecho cómodo y abrigado.

 

La segunda: En muchas oportunidades -y suena, a primera vista, supremamente legítimo- contestar primero por afanes fundamentales como el de dar cristiana sepultura a los parientes cercanos.

 

La tercera barrera son los apegos y las cargas de nostalgia que no nos dejan “arrancar” y nos dejan ahí, entrabados en el enraizamiento. Hay, en el discipulado, posicionamientos firmes de desacomodo, de descentramiento egoísta, de des-arrinconamiento que, levantamos como pretextos para no comprometernos. Somos como mariposas que se aferran a su condición de orugas y se niegan a salir. Sin embargo, nuestra plenitud supone que seamos capaces de re-inventarnos hasta superar el estado de “yo quisiera, pero…”. “La raíz común a todas las tentaciones es el apego al propio yo”.

 

Cuando uno empieza a arar y va mirando para atrás, no tarda en hacer tropezar la cuchilla contra una piedra y se malogra completamente la herramienta, lo que impide que se pueda avanzar y habrá que sustituir la cuchilla para poder proceder. Casi cualquier labor está condicionada a mirar hacia adelante y no quedarse con los ojos fijos en el retrovisor, pensamos, como ejemplo, en la labor de quien va al volante y la mar de riesgos que entraña el quedarse viendo para atrás.

 

Ya en el Primer Testamento teníamos, como indicación paradigmática, lo que le ocurrió a la esposa de Lot (Gn 19, 26), por voltearse a mirar hacia el pasado, hacia los apegos, hacía los afectos pretéritos. “…es necesario no mirar lo que está detrás, ni el propio yo, ni su historia, sino lo que está delante: Dios y su Palabra”.

 

La edificación del Reino requiere, muy particular y especialmente, esa capacidad proyectiva de mirar hacia el mañana, y aún más, hacia el pasado-mañana, con una perspectiva teleológica hacia el esjatón, porque el Reino no es como la construcción de un museo para mirar hacia las “raíces”; sino como un poderoso telescopio, o mejor todavía, como un cohete que nos deja propeler hacia la Nueva Jerusalén, y nos evita el lloriqueo melancólico por un Edén del cual ya fuimos expulsados.

 

“Más que tres exigencias que el Maestro señala a quienes quieran seguirlo, son los tres dones que Jesús entrega al discípulo, la libertad frente a las cosas, a las personas y al yo, para amarlo a Él con todo el corazón. Al igual que todo don, sólo es para el que lo desea”. (Silvano Fausti)


Nuestra naturaleza de homo-viator nos desafía y nos anima a concluir la travesía que empezó en un punto alfa -que se requiere tener el valor de dejar atrás- y propulsarnos hacia un punto omega, que ¡Bendito sea Dios! se nos ofrece como aeropuerto para aterrizar en el futuro. Nosotros somos Discípulos-Misioneros que avanzamos fundamentados en la Promesa y por eso repetimos siempre en la Eucaristía: ¡Ven, Señor Jesús!