viernes, 3 de julio de 2026

Sábado de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 9, 11-15

Amós ha hecho arder su pasión por la justicia y su condenación de una sociedad injusta… Pero la última palabra no es la maldición: el volumen de este profeta se cierra con un cuadro luminoso, obra quizá de un redactor final del libro.

Gianfranco Ravasi

 

Este es el capítulo final del Libro del Profeta Amós. Se trata de otra visión, la quinta que tiene este profeta, sin embargo, ya no pertenece al conjunto de las visiones de la tercera parte, sino que este capítulo conforma la cuarta parte del texto. Esto es así, porque no se va a referir a profecías a corto o a mediano plazo, sino que tiene una proyección y un tinte apocalíptico, en el sentido de anunciarnos acerca de la meta final del proceso del pueblo elegido. Con esta lección, llegaremos al final de nuestro estudio sobre este Libro.

 

Los versos 1-10 enfocan la visión no sobre hechos ni sobre simbolismos, sino que ve al Señor que está junto al Altar y le habla. Se previene a los que piensan que están a salvo, simple y sencillamente porque Dios los había elegido, pero no toman en cuenta que han vivido rechazando su Amistad. El Señor les dice que para Él no hay diferencia entre ellos y los etíopes (cusitas), los filisteos y los arameos. La sentencia contra ellos es que todos los pecadores -aun los que pertenezcan al pueblo escogido- morirán a filo de espada.

 

Mientras que los versos 11-15, que forman la perícopa de hoy, se han entendido como una suerte de “epílogo” que apunta hacia la restauración futura de Israel, llamado aquí, la סֻכַּ֥ת [sukka] “choza” de David. Esta promesa mira hacia la restauración de la dinastía davídica, que volverá a ser plantada en la tierra fértil (la Tierra de Promisión), rescatados del exilio.

 

En la columna vertebral de este Libro hay un concepto que debe mantenerse claro en la consciencia del fiel, se trata de שְׁאֵרִית [she-airith] “resto”, “residuo”, “reliquia”, “sobras”, (de la comida). Quiere decir que la reconstrucción se dará partiendo de unos cuantos pobres, representantes del pueblo elegido, mirados y queridos por Dios, preservados y rescatados de las garras y las fauces del león, tal como un pastor se las gana cuando está a punto de devorarla y rescata tan solo las patas, o la punta de la oreja (Cfr. Am 3, 12)

 

El profetismo posterior se encargará de configurar con mayor precisión este concepto y alcanzarle carta de identidad dentro del contexto teológico.


Otro punto que Amós deja muy claro a lo largo de su Libro es, cómo se trenza una amistad con Dios, y revela que no se llega a ella por la visita de los Santuarios (Betel, Guilgal, Beer-shéva), sino por el proceso interior del “fiel”, que gana consciencia de su membrecía en el “pueblo de Dios”. Ya aquí está presente la pauta -por ahora sólo bocetada pero que cada vez será más clara- de la fraternidad emanada de la relación con YHWH, que mira a los otros también como miembros de la misma parentela.

 

Sal 85(84), 9. 11-12. 13-14

Este salmo es un oráculo. sí en la Primera Lectura nos encontramos una “profecía del destierro”, el Salmo nos entrega un anuncio del “retorno”. Todo ensamblado sobre el gran eje del destino final para el pueblo elegido. No se trata de episodios sueltos, todo responde a una estructura con su propia teleología, el esjatón del Reino. Pero lo hermoso es cómo se le da unidad al Amor y la Verdad.

 

La verdad no es un enunciado, ni un conjunto de los mismos formando un sistema: la verdad es una manera de discurrir del tiempo que mantiene siempre la tónica de la bondad, de la caridad, de la solidaridad conformando un tipo muy especial de sinodalidad que permite construir una koinonía fraterna: la mejor imagen para entender este tipo tan armónico de sinodalidad responde a la imagen del dialogo y la concordia. ¡A esto nos remite la perícopa del Salmo!

 

Miremos la secuencia de sus componentes:

a)    La paz para los amigos de Dios.

b)    Un romance que desemboca en boda.

a.    Caminan hacia el Altar la Misericordia y la Fidelidad

b.    Pronuncian sus votos ente el “testigo”: Ya son marido y mujer, es decir, Justicia y Paz son los recién casados. Los de la tierra, que son la “Novia” aportan la Fidelidad. Y el Dios del Cielo, El Novio, traen su alianza de Justicia.

c.     ¿Qué vendrá después de tan anhelada Boda? El Señor pondrá la lluvia para fertilizar el suelo. La Tierra, fructificará. La Justicia desbrozará el camino, e ira por delante, abriéndoles paso.

 

Nada de esto desmiente el paso inicial. El paso inicial define la melodía de fondo que permanece enmarcando la totalidad de la sinfonía: Es el clima de Serena Paz que Dios pone como ambiente global de toda la economía salvífica.

 

Mt 9,14-17

¿Aceptamos que Él contradiga nuestros puntos de vista y no esté de acuerdo con nosotros? ¿Estamos dispuestos a escucharlo? ¿Estamos dispuestos a construir con Él el mundo de paz-amor-verdad-justicia… que nos “pide” hacer?

Noël Quesson

 


No se vayan a imaginar que la construcción del Reino consiste en coger un manto viejo y tachonarlo de remiendos para decir que es una moda nueva de vestir. Tampoco se trata de re-encauchar los odres viejos, con la ilusión (más bien, con el engaño) de que toda ira bien y que no hay que preocuparse por nada. ¿Por qué no se podía continuar con el judaísmo, tal cual y venir a poner en cuestionamiento cosas tan bien fundamentadas como la circuncisión, la pureza ritual y el ayuno? (Muchos -aun hoy- piensan que Jesús había debido dejar las momias quietas y no molestarlas, porque no hay nada peor que un faraón enojado porque le fastidian su sarcófago).

 

Si pintamos una pared de rojo y luego, muy sutilmente empezamos a desvanecer la rojez y pasamos paulatinamente a un rosado cada vez más suave, podrá darse el paso a la pintura blanca sin que nadie advierta que en realidad se dio un rotundo cambio de color. ¡No nos engañemos, hubo un cambio y el ayuno que hoy -los cristianos- practicamos tiene otro enfoque!

 

¿En qué estriba el cambio? En que el ayuno hablaba de muerte, en cambio la comida habla de la vida. No en vano reconocemos que el eje cultual de nuestra fe es la invitación a un Banquete: El Banquete de Bodas del Cordero.

 

Nosotros celebramos un Banquete porque celebramos que el Señor está siempre con nosotros, el Emmanuel, y que su Presencia Triunfal, siempre nos asiste. Sería ilógico que viviéramos vestidos de luto, sabiendo -como sabemos- que el Señor ha Resucitado. La muerte no pudo retenerlo en la tumba, y ahora, todos avanzamos hacia la Galilea, donde el Señor nos está aguardando (Cfr. Mt 28, 8-15).

 

No vayamos a salir con el cuentico que es la “primera noticia”. Con siglos de antelación el Señor nos había solicitado este cambio de “odres”: “Compartir el pan con el hambriento, acoger en nuestra casa al destechado, vestir al desnudo, romper las cadenas y quebrantar todo yugo, y no evadir al necesitado (Is 58, 6-7). Para que se cumpla que la Justicia nos abra paso y la Gloria de Dios camine resguardando nuestra espalda.


Para acceder a la Cena de Bodas del Cordero requerimos vestirnos con traje de Bodas y abandonar nuestros harapos viejos; de otra manera, seremos arrojados a las tinieblas exteriores (Cfr. Mt 22, 8-14).

jueves, 2 de julio de 2026

El Apóstol Santo Tomás

Ef 2, 19-22

Por Él también ustedes entran con ellos en la construcción, para ser morada de Dios.

Ef 2 22

Tenemos hoy, una alegoría arquitectónica. Se nos refiere la estructura de la Iglesia asimilándola a la de una edificación. Ante todo, tenemos la palabra “construcción” -de origen latino- que tiene el prefijo con que significa “en compañía”, “conjuntamente”, “entre todos”, “en colaboración”, “sinodalmente”; y el sufijo struere, que significa “el armazón”, “la edificación”, “fabrica”. En griego, la palabra que se usa en los evangelios es συνοικοδομέω [sunoikodomeo] “hacer una casa entre juntos”.

 

Para estudiar mejor este “sermón” a los Efesios podríamos repartirlo en dos partes: La primera parte iría hasta 3, 21 (suprimiendo 1, 1-2, que, según los más entendidos, se trata de una adición posterior); y la segunda, de 4, 1 hasta 6,24.

 

Después de afirmar que Cristo es el Centro de la totalidad (1, 20-23); inicia señalando como Jesús entra a recogerlo y compendiarlo todo (2,1-18) configurando un solo cuerpo. La perícopa de hoy, recopila todo esto a manera de conclusión, como se ha dicho, en una alegoría mampostera. Lo primero que concluye es que los paganos han sido integrados con plenitud de derechos, de manera que ya no pueden ser vistos como extraños, ni como foráneos, sino como conciudadanos, todos parientes de la familia de Dios. Vistos desde la óptica del albañil, son piezas y materiales legítimamente constitutivos de la construcción.

 

No están en el aire, ni puestos ahí, al lado, sin integrarse; sino que ellos también, constituyen y se entraban con la ἀκρογωνιαίου [acrogoniaiu] “Piedra Angular”, Piedra que articula y encaja las demás, de allí su importancia fundante. Ninguna parte de una edificación está simplemente allí, sino que todas se funden gracias a su Unidad Funcional, que a veces puede parecer -sencillamente ornamental- pero no por eso, menos vital al todo de la composición que en su interdependencia genera el concepto de Unidad Estructural.

 

¿Qué clase de edificio se forma? ¡Un Templo! Ese Templo, del que nos hacemos parte, está “reservado” a Dios, no puede ser, en otro horario, restaurante, y más tarde sala de cine o galería. Y, se pone -como desenlace- una idea de gradualidad: no nos convertimos en parte integral del Templo, de una vez, sino que nos “vamos integrando” paulatinamente, hasta que nos hacemos “residencia” idónea de Dios.

 

Cada uno con su fe, se convierte en material de la Edificación Cultual. Con toda razón Jesús se refirió a Sí mismo como Templo:  Derriben este santuario que yo en tres días lo re-construiré (Cfr. Jn 2, 19). Esta sentencia de Jesús proviene del episodio joánico que nos remite a la Pascua Judía que se avecinaba, y Jesús actúa para “purificar el Templo”.

 

Para mejor profesar que somos Templo -así no seamos más que una modesta piedra en un rincón de la Edificación-, y que estamos “integrando” la construcción eclesial, rememoremos la enseñanza de San Pablo en 1Cor 6, 19 ¿No saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo?

 

La pregunta es directa, y va al fondo del alma: ¿No conocemos nuestra definición humana como Santuarios? ¿No nos damos cuenta que somos criaturas destinadas a ser “moradas del Santo de los Santos?

En ambas citas -la de San Juan y la de 1ª de Corintios- la palabra en griego es ναός [naos] que se podría traducir como “Residencia Divina”, “Morada de Dios”, “Lugar Sagrado destinado a Dios”. Por eso en ambos casos hemos traducido “Santuario”

 

Sal 117(116), 1. 2

Si todos los que estábamos marginalizados por la exclusividad del pueblo elegido, ahora estamos “estructurados” junto con ellos, ¿qué más podemos hacer que rebozar de jolgorio ensalzarlo.



Y esta “incorporación” no es provisional, no se trata de ser formaletas mientras se seca la argamasa; ¡no!, somos verdaderos “compatriotas”, y esta es una Alianza imperecedera.

 

De estos dos puntos se desprende nuestro compromiso evangelizador.

 

Jn 20, 24-29

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

Atribuido a la Madre Teresa de Calcuta

 

Nos hallamos ante un Encuentro con el Resucitado. Si las cosas funcionaran como Santo Tomas lo entiende, nosotros no tendríamos ninguna oportunidad de acercarnos a Jesús y tener un “encuentro personal” con Él; nadie podría alcanzar la bienaventuranza que Jesús nos heredó para la posteridad: “felices los que crean sin haber visto”. Esta bienaventuranza nos habla de superar los condicionamientos de percepción directa para poderle apostar a la fe.


Uno puede imaginarse que después de verlo morir en la Cruz y saber que fue llevado a enterrar, debe ser bastante difícil y casi imposible de recuperarse: la fe debe quedar apabullada. Por eso Jesús mismo había previsto -retomando una profecía de Zacarías 13, 7- que ¡Ataca al pastor, y se dispersarán las ovejas!” y que Jesús pronuncia en el evangelio mateano diciéndola “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”

 

El nombre Tomás viene de la palabra aramea תום [tom] que significa “gemelo”; en griego Δίδυμος [dídimos]. Gemelo de todos nosotros, que llevamos nuestra vida en la incapacidad de depositar la fe y superar la increencia. Anda por allá desarticulado, marginado, desgarrado de la comunidad. Una de las maneras típicas de mostrar nuestra deserción: quedarse separado, no volverse a reunir con “esos”. En el lenguaje proxémico significa: “no pertenezco”, “me declaro desvinculado”.

 

Cuántas veces blandimos con arrogancia el argumento de la sensorialidad confiándonos tozudamente en la garantía de nuestros “cinco sentidos” como si ellos fueran realmente infalibles y como si con ellos pudiéramos abarcar realmente el universo entero. Siempre vamos por ahí muy “científicos” exigiendo la comprobación experimental, por vías de “repetición” -bajo las mismas condiciones- de aquello que estamos empecinados en rechazar. Y es que Tomás nos salió, tamaño empirista, que solo se fiaría de su vista y su tacto para aceptar la Resurrección.

 

Santo Tomás es precisamente nuestro gemelo: Es curioso y nos hace reflexionar, ya que ante las dudas de este “gemelo” el Señor podría haber acudido en cualquier momento, nos preguntamos ¿por qué hubo de esperar “ocho días”? (Esto alude al porqué de la importancia del “´Primer Día”, y por qué el Octavo Día devino ser el “Día del Señor”: El Amanecer de la Nueva Creación). Jesús estaba esperando a encontrarlos reunidos, en asamblea, y no a cada uno por su lado, y no a Tomás por allá por su cuenta.

 

Este es un verdadero milagro: Jesús no gasta tres días para reconstruirle el templo de su alma-corazón a Tomas, con este simple instante de confrontación, de Encuentro, de Presencia, el templo de su fe renació más sólido y más pujante que nunca. Tomás necesitaba ser sanado de su “empirismo” contumaz. Cuando Tomás dice “Señor mío y Dios mío, la Catedral de su fe está nuevamente enhiesta.

 

La vez anterior, cuando se presentó en medio de ellos, era el atardecer del “Primer Día” de la semana. Es decir, de alguna manera podemos argumentar que estaban reunidos y se instituye con esta visita del Resucitado, la celebración en Día Domingo, de la Cena del Señor. Y, se nos está indicando, la importancia de encontrarnos en Comunidad para revitalizar la fe: Así podemos acceder a lo que no pueden los sentidos, pero que la presencia de los hermanos creyentes, permite “intuir”. Recordemos que la palabra intuición nos habla de una capacidad de “visión interior”, aparentemente emparentada con la “introspección”, que es totalmente diferente, porque en ese caso la palabra alude a la capacidad de revisarse uno mismo y valorar las propias acciones o los pensamientos de uno mismo. En cambio, “ver adentro”, es darse cuenta de lo que no se puede ver en el exterior, pero se puede saber “indubitablemente” porque se proyecta en la pantalla epistémica de nuestro Yo-trascendente. Nuestra fe se teje en sinodal compañía.

 

Claro que quien rehúsa creer, se revuelca con la misma desesperación que el condenado a muerte defendiendo su vida. Aquí, en todo caso, el desesperado, lo que defiende es su cerrazón.


Mientras uno persista en el aislamiento, mientras uno encienda velas idólatras a la soledad y se crea que separado y recluso en su intimismo podrá atraerse la Misericordia; el Señor, por su parte mantendrá su mutismo, pero no dejará de contemplarnos Compadecido, ansioso y nostálgico de tenernos cerca de sus mimos y ternuras. Recordemos que Él no quiere que se pierda, ni uno sólo de los que el Padre le entregó (cfr. Jn 6, 39), sino reconducirnos a todos a sus Verdes Prados Celestiales.

  

miércoles, 1 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 7, 10-17

Condenar al profeta al destierro

Esa es la función del carisma profético: desenmascarar, desengañar, iluminar la verdad.

Luis Alonso Schökel/Gustavo Gutiérrez

 

Ayer hablábamos sobre la estructura del Libro del profeta Amós, y decíamos que podía dividirse, para su estudio en cuatro secciones, y mencionamos las dos primeras que contiene oráculos, respectivamente contra las “naciones, y contra el propio reino del norte. Nombramos esas dos, porque ahí íbamos. Hoy vamos a pasar a la tercera sección, la de las “visiones” que abarca del 7,9 – 9,10.

 

El antagonista de la perícopa es Jeroboam II desde el 783 a.C. hasta el 743 a. C. Vemos aquí al sacerdote de Betel, Amasias, en connivencia con el rey, se trata -y lo hemos visto en el Nuevo testamento- cómo se alían los que gobiernan desde el Templo con los que gobiernan desde palacio, para defender sus intereses, azuzando tanto los unos como los otros contra el “enemigo” común, el profeta.

 

Jeroboam había establecido dos santuarios: uno en Betel y el otro en Dan, puestos simétricamente en el reino del norte, como polaridades en los límites norte y sur de sus dominios. “Jeroboam, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén, aquí está tu Elohim Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto», y puso uno en Betel, y el otro en Dan”.

 

¿Cómo incomodaba Amós a Amasias (el noveno rey de Judá)? Pues que Amós se había radicado en Betel a ejercer su profetismo. Le estaba pisando la “manguera”.  El problema es, evidentemente, un tema jurisdiccional.  Pero el profeta está encargado de entregar un mensaje, no a los templos, ni al rey, tampoco al sacerdote. Este mensaje está destinado a la grey de Dios: “ustedes serán mi pueblo”. La Boca de Dios no puede coserse, su Derecho a pronunciarla respalda al profeta.

 

Dado que el rey toma partido a favor de su “empleado” el sacerdote, Dios le envía una sentencia a Jeroboam:

­       Su mujer sería deshonrada

­       Sus hijas morirían pasadas a espada

­       Sus tierras serían medidas a cuerda para hacer minifundios entregados a labradores

­       El propio rey, sería muerto por la espada en tierra de paganos.

­       Los israelitas serían llevados en cautividad lejos de su tierra.

 

Que es lo que hace Amasias, procura desterrar al profeta, enviándolo de vuelta a su casa. No sabemos si Amós se fue, pero lo que consta en la perícopa es que el sacerdote exilia al profeta.

 

Amos por su parte le dice que él no posa de profeta ni pretende venir en nombre de ningún gremio profético, lo que dice lo dice porque Dios se lo inculca, fue el propio Dios quien tomo a este pastor (es interesante que Dios siempre llama a sus “líderes y vicarios” -así lo hizo con Moisés, también con David- del sector pastoril, gente entrenada en el cuidado de una grey”, ciertamente la labor que se les va a encomendar está emparentada con la cuidadosa atención que se le da al “rebaño”) y picador de sicomoros y le enraizó en el corazón los mensajes proféticos. Y le revela su triste destino al rey. Para eso sirven los funcionarios, como el sacerdote, para llevarle a su “jefe” los recados de Dios.

 


Cuando los pastores se vuelven contra sus ovejas, el Señor pone al Profeta, para llamarlos al orden, a ver si reaccionan. Muchas veces la voz de los profetas se ha hecho responsable de la defensa del oprimido porque Dios -como un León- ruge en su defensa. El profeta solo es la caja de resonancia que amplifica y hace audible el Rugido.

 

Sal 19(18), 8. 9.10.11

El salmo de hoy es un himno. La nuestra es una religión capaz de recibir una Constitución que encarrile nuestras relaciones interpersonales para que podamos funcionar como comunidad. Nuestro credo no mira hacia el sol -al que sólo fetichistamente podemos nombrarlo fuente de vida- sino a un Dios que Crea y que organiza armonizando.

 

La ley, empieza diciendo la perícopa de hoy, es perfecta y en ella el alma encuentra su entera comodidad. Como una almohada comodísima, como el más muelle colchón. Esa misma Ley es “fiel”, porque la Ley Divina no está para acomodos o manipulaciones, y da sabiduría al que no sabe mucho, al que no ha hecho estudios de derecho, al que no se pretende “profeta” dueño de sabiduría pontifical.

 

Las leyes del Señor, se nos dice en la segunda estrofa, no son sesgadas ni trocables, no son acomodables al interés mezquino, su rectitud es incuestionable, cualquiera que las sigue encuentra dicha y buenaventura en ellas. Es tan diáfana como un clarísimo hilo de luz.


En el verso 10 hay una palabra un tanto enigmática a la vez que problemática, es יִרְאָה [yirá] que se puede traducir perfectamente como “temor”, pero a la que cabe también traducirla por “reverencia”, e inclusive por “piedad”. Ensayemos con esta última, el verso quedaría así: «La piedad presentada al Señor es pura y eternamente estable; los veredictos del Señor son “Verdad” y son “Justica” en plenitud”». ¡Qué es la piedad? La piedad es un cariño delicado por aquello que es Santo, es un amor que brota desde el mismo centro del corazón. ¿Qué sería lo tan amado aquí? Los Veredictos, la Legislación Divina.

 

La verdad que se anida en la Ley de Dios es -si la comparamos por su valía- más valiosa que el oro de mayor quilataje; pero si lo que comparamos es su dulzura, aventaja de lejos a la miel, de un panal rebosante que chorrea.

 

La antífona se recrea mirando los dos rasgos esenciales de los Mandamientos: Verdad y Justicia incuestionables.

 

Mt 9, 1-8

No el Don, sino el perdón

En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Rm 5, 6-8


 

“¡Ánimo, hijo! tus pecados te son perdonados” Más de uno cae en el desconcierto, ¿qué le pasa a Jesús? ¿No ve que el pobre está paralitico? ¡Pero si es evidente!

 

¡Sí, esta es la lógica que estamos habituados a usar! Ver y concluir. A nosotros nos parece por lo menos raro que Jesús les pregunte a muchos de sus pacientes: “¿Qué quieres que haga por ti?

 

Queremos darle a alguien lo que nos suponemos que quiere o que necesita… Porque nos parece muy “lógico”. Esa lógica nos parece de puro “sentido común”. Un ciego, necesita la vista; un muerto, ser resucitado; un endemoniado, un exorcismo, a uno con jaqueca, un acetaminofén, y así podríamos continuar.

 

Pero nos cabe preguntarnos: ¿Qué podría hacer un paralitico al que se le concediera la movilidad plena y su amplia autonomía, pero siguiera estando empecatado? ¿de qué le serviría?

 

Muchas veces pensamos que sanar de una deficiencia física, o superar un problema de salud, o salir de un vicio, ya es todo. Y creemos -a fe viva- que no hay nada más que pueda ser urgente. Es la lógica del inmediatismo. Sin entender que para alguien que está perdido, lo más urgente es un mapa y una brújula; y para el que está enviciado, un sentido de vida y un reconocimiento claro de su valía como persona, van primero y sin ellos no hay vida ni futuro.

 

O sea, que esa “lógica”, tan clara, tan fuerte y poderosa, tan sólidamente cimentada: está errada. Por ahí no se llega a parte alguna.

 

Cuando Jesús libera del pecado, está “redimiendo” al que estaba cautivo, al que el Maligno sostenía amarrado por sus cuatro extremidades, y con una cadena adicional a la cintura, para garantizar su condición de alienación. Se llama “alienación” porque significa que no es dueño de sí, que fue secuestrado por las seducciones del Patas, que para que re-encuentre sentido, alguien tiene que venir y pagar el rescate.

 

Pero todas estas cosas se nos escapan, nuestro “sentido común” no lo ve, nuestros apetitos y anhelos van por otro lado: el tener, el aparentar, el poderío…

 

A Jesús lo designamos “Salvador” porque Él va directo a negociar nuestra liberación, y no se detiene “dando” algo, ¡lo da todo! Paga el rescate con el precio de Su Preciosísima Sangre.


Esta frase la hemos oído cientos de veces y nos parece la promesa básica para promover algún producto, pero, si no reconocemos nuestra valía, no podemos captar que Alguien, el Mismísimo Dios- se haya sacrificado por nosotros. ¡No es un regalo cualquiera, es el súper-regalo!

martes, 30 de junio de 2026

Miércoles de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 5, 14-15. 21-24

עמוס  Amos, este nombre significa “el que lleva la carga”, o sea, “el que tenía toda la responsabilidad del anuncio y la denuncia” -es el primer profeta que deja sus anuncios por escrito. Era oriundo de Tecoa, una aldea cercana a Belén. Cultivó variedad de géneros proféticos: a) narraciones b) oráculos c) ayes d) doxologías e) visiones. Podríamos intentar dar un perfil de su personalidad precisando algunos rasgos que hemos encontrado leyendo su profética:

a)    Le gusta la vida sencilla

b)    Deplora el lujo que se presenta en las grandes ciudades

c)    Su personalidad reclama aires de independencia a través de la búsqueda de una libertad guiada por Dios

d)    Su manera de expresarse está llena de viveza y energía

e)    Lo embarga el arrobamiento contemplativo ante la Magnificencia del Señor.

 

Proviniendo del reino del sur, no obstante, va a profetizar en el reino del norte en tiempos de Jeroboam II, cuyo reinado se extendió del 787 al 747 a. C.; Amós profetizó durante un largo periodo, del 783 al 743 a.C.

 

Cabe anotar que «El reinado de Jeroboam II fue prospero económicamente para algunos sectores, pero funesto para los pobres». A continuación, seguiremos a Ivo Storniolo y Martins Balancin en la enumeración de los ejes de denuncia de este profeta:

 

i)      Los más poderosos se adueñaban de las tierras de los pobres.

ii)     Denuncia la vida corrompida que se daba en las ciudades, y esto lo hace en el Nombre de Dios.

iii)   Habla de un pequeño שְׁאֵרִ֥ית [sheerith] “resto”, lo cual abre un resquicio de esperanza.

iv)   Anunciaba que el Juicio de Dios llegaría tanto al pueblo escogido como a las naciones del paganismo

v)    Denunciaba con nombre y apellido la injusticia social

vi)   Los ricos acumulaban y acaparaban propiedades para vivir en palacios

vii)  Las mujeres azuzaban a sus maridos para intensificar la explotación

viii) Acudían a sus santuarios a pagar diezmos y ofrendas para acallar su consciencia

ix)   Los jueces daban fallos favorables al mejor postor

x)    Los comerciantes corrompidos ahogaban las oportunidades de compra y vente a precio justo.

 

La perícopa que se proclama hoy proviene del bloque 3,1 – 6,14 que presenta una serie de amonestaciones y amenazas que recaen sobre Israel.

 

Nos parece que el meollo de nuestra cita está en el מִשְׁפָּ֑ט [mispat] “derecho” y la צְדָקָה [tsedaqah] “justicia” que deben correr con la libertad con la que corren los ríos (el agua, el arroyo perenne).

 

Para eso hay que buscar el bien y no el mal. Amar el bien y odiar el mal. Luego declara que Él aborrece y rechaza las celebraciones que hacen ellos acompañándolas de sacrificios, así sea de toros muy engordados. Y deplora las “asambleas” a las que ellos concurren. Se choca con sus cánticos bullangueros y con el ruido fragoroso de sus instrumentos musicales. Eso no lo halaga.

Lo que anhela en nosotros es que “instauremos el derecho en el tribunal”.  Juicios rectos y honestos.

 

Sal 50(49), 7. 8-9. 10-11. 12-13. 16bc-17

Y lo peor, Señor, es que a veces pongo precisamente todo el cuidado en los ritos de la liturgia porque he sido negligente en la observancia de tus Preceptos. Me fijo en los detalles de tus ceremonias para compensar el haberme olvidado de mi hermano. Me afano en el culto porque he fallado en la caridad. Y me temo que no te hace mucha gracia esa clase de culto.

Carlos G. Vallés s.j.

Este es un salmo de la Alianza. La Biblia registra siete Alianzas entre Dios y la humanidad:

1.    Con Adán

2.    Con Noé a quien Dios prometió no volver a castigar con un diluvio; se sella con el arco iris.

3.    Con Abraham, en la que Dios le promete una tierra y una gran descendencia se sella con la circuncisión.

4.    La que pactó con Moisés en el Sinaí: Dios le entrega el Decálogo a Israel y les promete Su Protección

5.    Sellada con David: garantiza la perpetuidad de su linaje, el Mesías será de la Casa de David.

6.    La ley ya no estaría grabada en piedra sino en los corazones.

7.    La Nueva Alianza Pactada en Jesucristo: sellada mediante el sacrificio del Cordero Redentor.


La Alianza se refrendaba porque el pueblo es olvidadizo. Primero se estableció ratificarla cada siete años, pero dado que la amnesia de este pueblo era un mal tan extremadamente crónico, se optó por refrendarla anualmente en la fiesta de las Enramadas (Sucot). se centra principalmente en la ceremonia del התנך [Hakhel] “Reunión” con la lectura solemne de la Torá, un mandamiento bíblico que ordena congregar a todo el pueblo de Israel —hombres, mujeres, niños y extranjeros-, consistía en una ceremonia solemne donde el rey de Israel leía pasajes específicos de la Torá desde una plataforma en el Monte del Templo. El propósito principal era renovar el compromiso del pueblo con Dios y fortalecer la identidad y los valores de la nación, que aluden a la fe, el temor.

 

Si se desconecta el vaso comunicante que conecta el Amor a Dios con el Amor al prójimo, toda le presión se escapa, se fuga, y esa Alianza ya no moviliza nada, se vuelve vana.

 

«Lo reconozco, Señor; con frecuencia me he portado mal con mis hermanos; ¿y qué valor pueden tener mis sacrificios cuando he herido a mi hermano antes de llegarme a tu Altar? Gracias por decírmelo, Señor, gracias por abrirme los ojos y recordarme cual es el verdadero sacrificio que quieres de mí. Nada de toros o machos cabríos, de sangre o ritualismo, sino amor y servicio, rectitud y entrega, justicia y honradez. Servirte a Ti en mi hermano antes de adorarte en tu altar». (Carlos G. Vallés s.j.)

 

En la Oración Post-Comunión diremos: “… te pedimos señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos”.

 

Mt 8, 28-34

La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado.

Magnifica humanitas #237

En esta perícopa podemos distinguir tres momentos diversos:

1)    Jesús encuentra a su paso unos “endemoniados” (vv. 28-29)

2)    Los demonios ruegan ser liberados de esta condición y eligen volverse “cerdos” (vv. 30-32)

3)    Los criadores de cerdos -que ven afectados sus intereses- expulsan a Jesús de “su territorio” (vv. 33-34)

Los que están “endemoniados” tienen especial desprecio y rechazo contra las cosas de Dios. Contra Él, despliegan una ira ciega y una rabia demencial. Por eso le preguntan a Jesús -muy despectivamente- si ya va a empezar a ejercer su Reinado y se les acabó el cuarto de hora a los esbirros del perverso; de ser así, van a empezar a βασανίσαι [vasanizai] “padecer su tortura”. Para el poseído del Maligno, la Presencia del Santo-de-Dios es un Βασανισμός [vasanismos] “Tormento”, “tortura”, “confesión obtenida por medio de torturas”.

 

Uno se pregunta: ¿Por qué habitan entre tumbas? Evidentemente, el que se hace sirviente del Malo está “muerto”, es una especie de zombi esclavizado por la maldad. Esta situación no es para nada agradable, entendemos por eso que estos endemoniados prefieran vivir en los marranos antes que habitar cuerpos traídos de la muerte solo para tener que servirle a la maldad como instrumento.

 

“Es necesario abandonar una visión del hombre individualista y técnica, como si la realidad fuera solamente materia para modelar con base en intereses egoístas, tanto individuales como de grupo”.

Benedicto XVI

 

Examinemos ¿por qué los Gadarenos le rogaron que se fuera de aquella ciudad Decapolitana? Para entender esta reacción, les proponemos recordar dos incidentes que se relatan en el Libro de los hechos de los Apóstoles:  

 

El primer incidente esta en 16, 16-24 leemos que cuando Pablo y Silas iban a orar, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un "espíritu de adivinación" (espíritu pitón). Aunque ella gritaba que ellos eran siervos del Dios Altísimo, Pablo se sintió perturbado por su acoso constante y reprendió al espíritu en el nombre de Jesucristo, liberándola inmediatamente de su condición. La joven trabajaba para unos amos que se lucraban explotando sus habilidades adivinatorias. Al ver que su fuente de ingresos había desaparecido, los amos enfurecidos arrastraron a Pablo y a Silas ante los jueces. Fueron -por ese motivo acusados y los azotaron con varas y los encarcelaron.

 

El segundo está relatado en el cap. 19, 23-41 se nos informa lo que ocurrió en la ciudad de Éfeso, donde los artesanos, liderados por un platero, de nombre Demetrio, fabricaban pequeños templos y estatuillas de plata en honor a la diosa Diana -la Artemisa de los griegos- la predicación del apóstol Pablo, persuadía a la gente que los dioses hechos por manos humanas no eran verdaderos dioses, lo que provocó que el negocio de estos artesanos decayera, amenazando sus ingresos y el prestigio del templo de la diosa “y así será despreciada la grandeza de una diosa que es adorada en toda la provincia de Asia y en el mundo entero” (Hch 19, 27) En consecuencia, a Pablo le tocó abandonar a Éfeso y se fue a Macedonia

 

Lo que sucedió en Gadara, ubicada al sureste del Mar de Galilea, -que actualmente se llama Umm Qais- una de las diez ciudades que formaban la Decápolis, afectaba hondamente la billetera de estos ganaderos porcinos que tuvieron la -para nada insignificante perdida- de una piara entera. La palabra Gadara significa “fortificación”. La Decápolis era zona de la gentilidad y debemos recordar que Mateo les habla a judeo-cristianos que mantenían en mente la idea del cerdo como animal altamente “impuro”; mientras que, para los gentiles, era simplemente, otro animal comestible.

 

Vamos a detenernos en este concepto de “impureza” por un momento. Recordemos que, en el judaísmo, existen las reglas del Kashrut, fijadas en el Levítico que estipulan que para que un animal terrestre sea puro (kosher), debe cumplir dos condiciones obligatorias: tener la pezuña hendida y ser rumiante. El cerdo cumple la primera, pero incumple la segunda, ergo el cerdo no es kosher. Quitar estos impuros del camino era -desde la perspectiva judía- un acto de purificación.

 

En el verso 29, los endemoniados le preguntan a Jesús: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a nosotros y a ti?”. Lo que nos trae a la mente otra pregunta de este tipo que le hizo Jesús a María en la Bodas de Caná: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a mí y a ti?” En ambos casos la pregunta se refiere a ¿qué factor en común hay entre el uno y el otro que los conecte y haga que la situación ataña a las dos partes? (¿Nosotros probablemente diríamos “Y nosotros que tenemos que ver con eso?”. En el caso de las Bodas de Caná podríamos parafrasear la pregunta diciendo: “¿Qué parentesco tenemos con estos recién casados que suponga que haya de hacer algo especial por ellos?” En la pregunta de los endemoniados también podríamos entenderla como: “Si vienes a visitarnos será que tenemos algo en común. ¿Acaso somos amigos, y a eso debemos tu vista?”

 

Cuando los endemoniados dicen que Jesús ha venido antes de tiempo se podría entender que quieren decir:

-O bien que, si Jesús ha venido es porque ya llegó el Mesías.

-O bien que, si Jesús llega es porque ya llegó el fin de los tiempos, momento en el cual los Demonios serían definitivamente arrojados al Infierno.

En ambos casos a estos endemoniados les parece que su Presencia es “prematura”.


En cualquier caso, la dignidad humana, dignidad que Dios ha entregado a todos los seres humanos, es una dignidad inherente a su Magnifica Humanidad y para salvaguardarla es necesario liberarlos de la posesión demoniaca. «Cultivemos en cambio lo que el Papa Francisco ha definido como un “antropocentrismo situado”, que reconoce al ser humano como criatura inserta en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación. La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la técnica (en aquel momento era la técnica de la crianza de cerdos, hoy en día son los desafíos de la IA), en un camino de sabiduría, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de nuestra Casa común». (Magnifica humanitas #237)