viernes, 19 de junio de 2026

Sábado de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario

2Cr 24, 17-25

Entre tantos “ires y venires”, entre intrigas, golpes y derrocamientos, donde la impiedad campea y deja en segundo término (o en tercer término) la Centralidad debida a Dios y el cumplimiento del derrotero que se la había propuesto a este “pueblo convocado”, se deja notar que la ambición y el engarce desprevenido con propuestas idolátricas ajenas, era definitivo que se rescatara el eje salvífico de la historia y mirar hacia la meta mesiánica, para hallar sentido a toda la confusión imperante.

 

Aquí, el hagiógrafo, va a esforzar la vista, para distinguir en medio del desvío, que Dios sigue confiando en sus elegidos, y -sin abandonarlos- sostiene la Fuerza de sus Promesas. Descubriendo los gérmenes que acá y allá florecen sin desfallecer ante los desafectos.

 

Hay, en todo caso, una voz de denuncia, porque las toxinas diseminadas entorpecen, y no se trata de sembrar vidrios brillantes para ocultar, sino -desde bases sólidas y depuradas, entrever y apuntar al Mesías prometido. Esta página del 2º Libro de las Crónicas (recordemos que en la Vulgata se titulan Paralipómenos que significa, “Sobre lo que se ha omitido”), corresponde perfectamente al momento que estamos estudiando en la secuencia del 2º Libro de los Reyes, (y no está de más repetir que estos Libros, tanto Reyes como Crónicas, eran un solo Libro cada uno, pero por su extensión, fueron divididos en dos tomos, y así los hemos conocido). Quedamos en cómo había ascendido יְהוֹאָשׁ   Joás -de Judá-, 835 a. C. - 796 a. C. protegido y apadrinado por יְהוֹיָדָ֣ע [Jehoiada] “Yehoyada”, “El Señor conoce” -Sumo sacerdote- y su esposa Josaba, para preservarlo de Atalía.

 

Siempre que miramos hacia este Rey, decimos “su largo reinado”, duró, en números redondos, 40 años años encargado, pero cayó en adversidad con los sacerdotes sucesivos -en particular con Zacarías, hijo de Jehoiada-  quien tuvo que “tirarle las orejas” y advertirle que no tendría el apoyo Divino por haberse apartado de Él y haber quebrantado los Mandamientos.

 

¿Cómo se manifestaba ese alejamiento y la ruptura con la Ley de Dios? en que había caído en la idolatría, adorando megalitos e ídolos y -en cambio- descuidando el Templo.

 

¿Cuál fue la respuesta de Joás? Lo mandó lapidar. Las consecuencias no se dejaron esperar mucho: un año después los sirios invadieron Judá, Jerusalén, en particular, y se apoderó de todo el Tesoro real, enviándolo a Damasco.

 

A la muerte de Joiadá, Joás y otros líderes del reino empezaron a ignorar la religión y a prestar atención a otros cultos, por ejemplo, a Aserá - madre semítica de la fertilidad, a la que los babilonios llamaban Ishtar- y otras idolatrías; los profetas que advirtieron a Joás no fueron escuchados, y Zacarías, hijo de Joiada le advirtió igualmente; sin embargo, Joás ordenó que lo maltrataran y lo ejecutó. Joás recibe de esto una grave consecuencia: los arameos se dirigen a atacar Jerusalén y asesinan a todos los jefes, Joás debe entregarles un botín con todas las cosas preciosas que había conseguido, quedando sin las obras que había realizado para el templo, tras la invasión. Los arameos se fueron, pero lo dejaron gravemente enfermo. Tras la crisis algunos de sus oficiales decidieron conspirar, lo asesinaron hiriéndolo mientras estaba en cama, en Bet-Milo. Fue sepultado en Jerusalén, pero no en el cementerio real.

 

Le sucedió su hijo Amasías.


Ya que hemos tocado estos Libros de las Crónicas, aprovechamos para no pasar indiferentes su lectura, y evitar lanzarles bombas de humo para disminuir su importancia y su interés, abandonándolos a menos. Eso sí, recordando que la “historia” como se cultivaba en ese entonces, no tenía la cientificidad con la que hoy se escribe y se formaliza. Se trata de otro tipo de historiografía.

 

Se debe tomar en cuenta que la corte había inflado su número y que el margen que daba la bolsa real para sostenerse, palpitaba como una bomba de tiempo por debajo de la doble (que cuasi triple) institución Templo-Corte-ejercito. En el sustrato de estas Crónicas está el asunto de en qué banco poner los depósitos, si en el de la tierra o en el Banco Espiritual.

 

Sal 89(88), 4-5. 29-30. 31-32. 33-34

מַשְׂכִּיל [maskiyl] según el propio salmista, este salmo es un “instructivo”, un “poema didáctico”, salmo Real que nos habla del mesianismo davídico, y, evidentemente, de su linaje,. De eso trata la primera estrofa de la perícopa proclamada: Se ha establecido una Alianza. Con David, el “siervo”, el “elegido”. Con él se da inicio a un linaje “perpetuo”, un trono imperecedero.


Esta alianza es garantizada por Dios como “estable". Su descendencia está destinada a mantenerse reinante. Dios los favorecerá por siempre. Aun, a pesar del abandono por parte de los herederos, de su falta de lealtad, de la profanación de los Mandamientos, la Alianza se sostendrá, porque el Aliado no es un hombre voluble, ¡es Dios!

 

No significa que se le pasaran por alto sus desmanes, Dios les tomará cuenta porque para ellos se estableció le heredabilidad del Trono. Recibirán su merecido por la ley de consecuentabilidad-responsable. Pero Dios no viola su Palabra, su Palabra es Firme, encontrará por sobre los vericuetos humanos, la vía de la Fidelidad Divina.

 

Se ha establecido que su estructura es la de un Salmo de entronización. El Cetro real es para el Mesías, y eso es lo que enseña y profetiza.

 

Son 52 versos, el salmo responsorial, de hoy, apela a ocho de ellos, y organiza así, 4 estrofas. La antífona lo que dice es que la Alianza es estable: “Le mantendré eternamente mi favor”.

 

Mt 6, 24-34

No vivir con cada pie en una barca distinta

¡Qué hermoso es esto! ¡Dios no se olvida de nosotros! ¡De ninguno! Con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. ¡Qué hermoso pensamiento! Esta invitación a la confianza en Dios.

Papa Francisco

Consignar en el banco Terrenal devela una visión materialista, ocupada en el ejercicio de la ambición prolongada, en la tacañería y la acumulación. Consiste en tener y tener y tener. La idea obsesiva de poseer se expresa como acumulación de dinero, el enriquecimiento es la meta idolátrica. Puede suceder, y sucede, que se coloquen, aquí y allá, algunos ribetes de “espiritualidad”, y que -por ejemplo- anualmente asistamos a ejercicios espirituales; sin embargo, tal procedimiento solo traduce un “guardado de apariencias”.


La perícopa inicia declarando que no se puede navegar con un pie en una barca y el otro… en otra. Y establece, para quienes gustan de las piruetas, que la dualidad es insostenible: muy rápido va a traicionar a uno de los bandos y optará por este, claudicando del otro: Perentoriamente declara: ¡No pueden servir a Dios y al dinero!

 

Y es que el dinero conduce a una idolatría en favor de Mammon, 'dios de la avaricia', y no podemos olvidar que este es uno de los pecados capitales.

 

Es arduo, indudablemente, en una cultura prevalentemente aparentista, descuidar el gasto, la adquisición, el “poder adquisitivo” como un sólido indicativo del status. Los restaurantes que se frecuentan y los modistos que se ocupan de su porte. Y, sin embargo, Jesús apunta en el sentido de desprenderse de estos aperos, de todas esas arandelas, de tantos y tantos aparejos que nos obstruyen.

 

Nos muestra, invitándonos a dirigir nuestra atención a la sencillez y a la sensatez orlada de austeridad. Es necesario evitar el consumismo, es necesaria una vida como la muestra Jesús, que no se afana inútilmente por el mañana, alegando la necesidad del derroche y el consumo bajo el pretexto de agilizar la circulación. Los pajaritos son elegantes, hermosos, hallan su alimento, no se afanan en tareas que -más allá de un límite razonable- tienden a convertirse en esclavitudes modernas. No hay que confundir la diligencia con la sed febril de riqueza. Nos dice el Evangelio que todo esto son formas de paganismo, porque solapadamente rinden adoración a ídolos.

 

Una mirada espiritual es importante: ¡Claro que hay que agradecer por todo el bien que tenemos hoy! recibido de sus Bondadosas-y-Generosas Manos; pero, nuestro ruego -además de la gratitud por lo que se nos ha regalado- no puede tratar de borrar de un plumazo a todos los carenciados de la tierra, tomemos por caso, a los desplazados que se han quedado de la noche a la mañana sin un techo y sin pan ni futuro porque les cayó el horror de la guerra. No se trata de agradecer a medias los privilegios personales y familiares, pero tampoco se trata de volver la oración un amasijo de egoísmo que ignore a todos los hermanos que sufren. ¡Gracias Dios mío por la maravillosa generosidad que me dispensas y a los míos, y te rogamos que tu Munificencia cobije a todos los que pasan necesidades también!


Entonces ¿nada hay que merezca aplicación y entrega? ¡Si! el Reino de Dios y su Justicia, esos son los pivotes reales de la existencia. Es sobre ellos que se debe abisagrar la vida y darle esplendor y bienaventuranza. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!

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