2Cr 24,
17-25
Entre
tantos “ires y venires”, entre intrigas, golpes y derrocamientos, donde la
impiedad campea y deja en segundo término (o en tercer término) la Centralidad
debida a Dios y el cumplimiento del derrotero que se la había propuesto a este
“pueblo convocado”, se deja notar que la ambición y el engarce desprevenido con
propuestas idolátricas ajenas, era definitivo que se rescatara el eje salvífico
de la historia y mirar hacia la meta mesiánica, para hallar sentido a toda la
confusión imperante.
Aquí,
el hagiógrafo, va a esforzar la vista, para distinguir en medio del desvío, que
Dios sigue confiando en sus elegidos, y -sin abandonarlos- sostiene la Fuerza
de sus Promesas. Descubriendo los gérmenes que acá y allá florecen sin
desfallecer ante los desafectos.
Hay,
en todo caso, una voz de denuncia, porque las toxinas diseminadas entorpecen, y
no se trata de sembrar vidrios brillantes para ocultar, sino -desde bases
sólidas y depuradas, entrever y apuntar al Mesías prometido. Esta página del 2º
Libro de las Crónicas (recordemos que en la Vulgata se titulan Paralipómenos
que significa, “Sobre lo que se ha omitido”), corresponde perfectamente al
momento que estamos estudiando en la secuencia del 2º Libro de los Reyes, (y no
está de más repetir que estos Libros, tanto Reyes como Crónicas, eran un solo
Libro cada uno, pero por su extensión, fueron divididos en dos tomos, y así los
hemos conocido). Quedamos en cómo había ascendido יְהוֹאָשׁ Joás -de Judá-, 835 a. C. - 796 a. C. protegido
y apadrinado por יְהוֹיָדָ֣ע [Jehoiada]
“Yehoyada”, “El Señor conoce”
-Sumo sacerdote- y su esposa Josaba,
para preservarlo de Atalía.
Siempre
que miramos hacia este Rey, decimos “su largo reinado”, duró, en números
redondos, 40 años años encargado, pero cayó en adversidad con los sacerdotes
sucesivos -en particular con Zacarías, hijo de Jehoiada- quien tuvo que “tirarle las orejas” y
advertirle que no tendría el apoyo Divino por haberse apartado de Él y haber
quebrantado los Mandamientos.
¿Cómo
se manifestaba ese alejamiento y la ruptura con la Ley de Dios? en que había
caído en la idolatría, adorando megalitos e ídolos y -en cambio- descuidando el
Templo.
¿Cuál
fue la respuesta de Joás? Lo mandó lapidar. Las consecuencias no se dejaron
esperar mucho: un año después los sirios invadieron Judá, Jerusalén, en
particular, y se apoderó de todo el Tesoro real, enviándolo a Damasco.
A
la muerte de Joiadá, Joás y otros líderes del reino empezaron a ignorar la
religión y a prestar atención a otros cultos, por ejemplo, a Aserá - madre semítica de la fertilidad, a la
que los babilonios llamaban Ishtar- y otras idolatrías; los profetas que
advirtieron a Joás no fueron escuchados, y Zacarías, hijo de Joiada le advirtió
igualmente; sin embargo, Joás ordenó que lo maltrataran y lo ejecutó. Joás
recibe de esto una grave consecuencia: los arameos se dirigen a atacar
Jerusalén y asesinan a todos los jefes, Joás debe entregarles un botín con
todas las cosas preciosas que había conseguido, quedando sin las obras que
había realizado para el templo, tras la invasión. Los arameos se fueron, pero lo
dejaron gravemente enfermo. Tras la crisis algunos de sus oficiales decidieron
conspirar, lo asesinaron hiriéndolo mientras estaba en cama, en Bet-Milo. Fue
sepultado en Jerusalén, pero no en el cementerio real.
Le
sucedió su hijo Amasías.
Se
debe tomar en cuenta que la corte había inflado su número y que el margen que
daba la bolsa real para sostenerse, palpitaba como una bomba de tiempo por
debajo de la doble (que cuasi triple) institución Templo-Corte-ejercito. En el
sustrato de estas Crónicas está el asunto de en qué banco poner los depósitos,
si en el de la tierra o en el Banco Espiritual.
Sal 89(88),
4-5. 29-30. 31-32. 33-34
מַשְׂכִּיל [maskiyl] según el propio salmista, este salmo es un “instructivo”, un
“poema didáctico”, salmo Real que nos habla del mesianismo davídico, y, evidentemente,
de su linaje,. De eso trata la primera estrofa de la perícopa proclamada: Se ha
establecido una Alianza. Con David, el “siervo”, el “elegido”. Con él se da
inicio a un linaje “perpetuo”, un trono imperecedero.
No
significa que se le pasaran por alto sus desmanes, Dios les tomará cuenta
porque para ellos se estableció le heredabilidad del Trono. Recibirán su
merecido por la ley de consecuentabilidad-responsable. Pero Dios no viola su
Palabra, su Palabra es Firme, encontrará por sobre los vericuetos humanos, la
vía de la Fidelidad Divina.
Se
ha establecido que su estructura es la de un Salmo de entronización. El Cetro
real es para el Mesías, y eso es lo que enseña y profetiza.
Son
52 versos, el salmo responsorial, de hoy, apela a ocho de ellos, y organiza
así, 4 estrofas. La antífona lo que dice es que la Alianza es estable: “Le
mantendré eternamente mi favor”.
Mt 6, 24-34
No vivir
con cada pie en una barca distinta
¡Qué hermoso es esto!
¡Dios no se olvida de nosotros! ¡De ninguno! Con nombre y apellido. Nos ama y no
se olvida. ¡Qué hermoso pensamiento! Esta invitación a la confianza en Dios.
Papa Francisco
Consignar
en el banco Terrenal devela una visión materialista, ocupada en el ejercicio de
la ambición prolongada, en la tacañería y la acumulación. Consiste en tener y
tener y tener. La idea obsesiva de poseer se expresa como acumulación de
dinero, el enriquecimiento es la meta idolátrica. Puede suceder, y sucede, que
se coloquen, aquí y allá, algunos ribetes de “espiritualidad”, y que -por
ejemplo- anualmente asistamos a ejercicios espirituales; sin embargo, tal
procedimiento solo traduce un “guardado de apariencias”.
Y
es que el dinero conduce a una idolatría en favor de Mammon, 'dios de la
avaricia', y no podemos olvidar que este es uno de los pecados capitales.
Es
arduo, indudablemente, en una cultura prevalentemente aparentista, descuidar el
gasto, la adquisición, el “poder adquisitivo” como un sólido indicativo del
status. Los restaurantes que se frecuentan y los modistos que se ocupan de su
porte. Y, sin embargo, Jesús apunta en el sentido de desprenderse de estos
aperos, de todas esas arandelas, de tantos y tantos aparejos que nos obstruyen.
Nos
muestra, invitándonos a dirigir nuestra atención a la sencillez y a la sensatez
orlada de austeridad. Es necesario evitar el consumismo, es necesaria una vida
como la muestra Jesús, que no se afana inútilmente por el mañana, alegando la
necesidad del derroche y el consumo bajo el pretexto de agilizar la
circulación. Los pajaritos son elegantes, hermosos, hallan su alimento, no se
afanan en tareas que -más allá de un límite razonable- tienden a convertirse en
esclavitudes modernas. No hay que confundir la diligencia con la sed febril de
riqueza. Nos dice el Evangelio que todo esto son formas de paganismo, porque
solapadamente rinden adoración a ídolos.
Una
mirada espiritual es importante: ¡Claro que hay que agradecer por todo el bien
que tenemos hoy! recibido de sus Bondadosas-y-Generosas Manos; pero, nuestro
ruego -además de la gratitud por lo que se nos ha regalado- no puede tratar de
borrar de un plumazo a todos los carenciados de la tierra, tomemos por caso, a
los desplazados que se han quedado de la noche a la mañana sin un techo y sin pan
ni futuro porque les cayó el horror de la guerra. No se trata de agradecer a
medias los privilegios personales y familiares, pero tampoco se trata de volver
la oración un amasijo de egoísmo que ignore a todos los hermanos que sufren.
¡Gracias Dios mío por la maravillosa generosidad que me dispensas y a los míos,
y te rogamos que tu Munificencia cobije a todos los que pasan necesidades también!
Entonces ¿nada hay que merezca aplicación y entrega? ¡Si! el Reino de Dios y su Justicia, esos son los pivotes reales de la existencia. Es sobre ellos que se debe abisagrar la vida y darle esplendor y bienaventuranza. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!





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