lunes, 8 de junio de 2026

Martes de la Décima Semana del Tiempo Ordinario


 1R 17, 7-16

No se acabó la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra, tal como el Señor lo había dicho por medio de Elías.

1R 17, 16

El Primer “Libro” de los Reyes comienza relatando

-1. El final del reinado de David y la entronización de Salomón capítulos 1 al 2;

-2. Se relata el reinado de Salomón, lo que ocupa los capítulos del 3 al 11;

-3. Aquí viene la más lamentable consecuencia, la división del reino que ocupa el capítulo 12, los versos 1 al 33.

-En la parte 4. Se narra lo que pasa en los dos reinos, capítulos 13-16, hasta la aparición del profeta Elías.

-En la 5ª parte -capítulos 17-21-, se narra lo que aconteció al profeta אֵלִיָּ֨הוּ [Eliyahu] “Elías” nombre que traduce “Yahveh es Dios” -cuyo ministerio se sitúa entre 874 y 853 a.C., época marcada por el auge de la idolatría y el culto al dios cananeo Baal- en tiempos de Ajab o Acab Hijo de Omrí y rey de Israel, 918-897 a.C. según lo que se nos cuenta aquí, o -si nos atenemos a documentos asirios- del 875-854 a.C. y de אחזיהו [ʼĂḥazyāhū], Ὀχοζίας [Ocozías], sexto rey de Judá, hijo de Joram y de Atalía.

 

Es de esta quinta parte de donde se extracta la perícopa de hoy: Vamos a hacer un reconocimiento geográfico, para empezar, en la región histórica de Fenicia donde ubicamos entre Tiro y Sidón, en la costa Mediterránea a Sarepta -unos 15 kilómetros al sur de Sidón -también conocida como Zarefath- era una antigua ciudad puerto fenicia -o sea en territorio Palestino, según la geografía bíblica-; en la actualidad, sus ruinas arqueológicas se encuentran en el moderno pueblo pesquero de Sarafand, ubicado en el sur del Líbano. Esta palabra צָרְפַ֙תָה֙ [Tsarefad] “Sarepta” proviene de una raíz hebrea que significa «fundir», «afinar» o «refinar» aludiendo a los metales en un horno; conllevando una connotación de “dura prueba”, “prueba rigurosa”.

 

El tiempo histórico es el de una sequía. Dios le había ordenado a Elías irse a ocultar allí, en el arroyo Querib -que corre por una quebrada estrecha y profunda, magnifica condición para ocultarse allí-, al oriente del Jordán, donde tendría agua para beber y sería alimentado por unos cuervos a quienes Dios les había encomendado la misión de sustentar al profeta (Cfr. 1R17,2-7). A causa de la sequía el arroyo se secó. Fue entonces que Dios le indicó a Elías ir a vivir en Sidón, más exactamente en Sarepta. Dios cambió a los proveedores de Elías, ya no sería los cuervos, ahora sería una viuda.

 

Tan pronto hubo entrado en Sarepta vio a una viuda recogiendo leña, y le pidió agua. En un segundo momento la apremió por “un pedazo de pan”. Ante este pedido la viuda la explicó que no tenía pan hecho, y que tan solo le quedaba un puñado de harina y el aceite necesario para hacerse un pan para ella y su hijo.

 

Elías la reconfortó, le prometió que ni la harina ni el aceite -por la Palabra del Señor- les iba a faltar hasta que la lluvia volviera por la Orden Divina.

 

Podemos derivar de aquí dos enseñanzas

i)              La viuda consagró todos sus recursos -pese a lo menguados que eran- confiando en una promesa divina y dando cumplimiento a la misión encomendada.

ii)             Una vez más, Dios señala que su protección no está delimitada por fronteras humanas o por sectarismos religiosos, como el mismo Jesús lo explicará cuando en Lc 4, 25-27 en su discurso en la sinagoga de Nazaret recordó que Dios-Padre envió al profeta Elías a socorrerse de una mujer extranjera compartiendo el pan que era de su hijo y de ella, pero retribuyéndole a la vez su generosidad, cobijándolos con su cuidado Paternal.

 

Sal 4, 2-3. 4-4. 7-8

Recuerden, el Señor prefiere al que le es fiel

Este es un salmo del “huésped de YHWH”. Aparece en este cántico una palabra clave: la que designa el “Huésped de YHWH”, al que vive gozándose del resplandor que mana de la Sonrisa de Dios. El propio salmo designa con la palabra חָסִ֣יד [hasid] “fiel”, “piadoso”, “devoto”, “volcado hacia Dios”, “misericordioso”, “santo”, “modelo de beatitud”. Podríamos estirar el significado hasta hacerlo llegar a significar “amigo de Dios”, “el que habita en su Templo”, “huésped de YHWH”.

 

Ante todo, cuando un hasid invoca el Señor, Él lo escucha, lo saca del apretón. El hasid cuenta con el poder Milagroso de Dios, que hace que los cuervos se apuren a alimentarlo antes que dejarlo conocer los rigores del hambre. El corazón del hasid está lleno alegría verdadera. No de la falsa alegría del que bufonea porque tiene lleno el granero y con copiosas botellas en su cava.


De esta manera el Salmo nos lleva a distinguir entre la falsa alegría del que posee cosas materiales; de la verdadera, que consiste en conocer la Luz resplandeciente de la Sonrisa del Señor. Es por eso que el estribillo lo que ruega es que lo deje ver el brillo de su Rostro resplandeciente fulgurando como una tutela inextinguible sobre él.

 

Como ya se habrá notado ese gozo verdadero proviene de un estar siempre ante la Presencia, ante la Shekina, habitar en su Morada, ser aceptado para vivir en Su mismo Conjunto Residencial, en su “Asentamiento”. Es un tema de cercanía, de familiaridad, es como pertenecer a la parentela del Señor, y no por ADN, sino por el sincero amor que se le tiene. Aún diremos más, es un asunto de intimidad.

 

Uno podría pensar en tres clases de personajes Veterotestamentarios que serían plausiblemente alojados en el Templo: El Rey, los levitas, los profetas.  Los estudiosos se inclinan a pensar que, en este salmo, en particular, se trata de un levita.

 

Es del mayor interés que no dice “porque hice esto o aquello Dios me dio”, sino que se trata de la Magnificencia divina que tiene a bien, pese a sus flaquezas, mirarlo con “predilección” y otorgarle su Don. El Hasid, se presenta suplicante: “ten piedad de mí y escucha mi oración”. La fidelidad no es virtuosismo propio, sino Bondad obsequiosa del Señor.

 

Mt 5, 13-16

La luz de nuestra fe, donándose, no se apaga, sino que se refuerza. Sin embargo, puede disminuir si no la alimentamos con el amor y con las obras de caridad. Así la imagen de la luz se encuentra con la de la sal. La página evangélica, de hecho, nos dice que, como discípulos de Cristo, somos también «la sal de la tierra (v. 13)». La sal es un elemento que, mientras da sabor, preserva la comida de la alteración y de la corrupción —¡en la época de Jesús no había frigoríficos! —.

Papa Francisco

La perícopa anterior a la de hoy es Mt 5, 3-12, o sea, las Bienaventuranzas. Pero hay un antecedente globalizante (Mt 4, 23-25): y es el sumario que sirve de marco al Sermón del Monte (Mt 5,1-7,29)

Continuamos en la órbita del ¡Gustad y Ved! ¿Qué hemos de degustar? ¿Qué hemos de ver? La sal y la luz, respectivamente. Nosotros estamos llamados a llegar a esa condición. ¿Cómo podemos llegar a ser sal? ¿Cómo podemos ser luz? Pues, estamos invitados a adquirirlos en Jesús, Él es el Maestro del Buen Sabor y de la Iluminación. No sólo hemos de adquirir Sabor y Luz, sino que -además- hemos de aprender a conservarlos, y a brindarlos, en transitoriedad, que otros muchos puedan percatarse del significado del lenguaje de Jesús, y seguirlo.

 

Siempre se debe enfatizar y tener muy presente que no “adquirimos” la Sal y la Luz para “almacenarlos”, sino, para ofrecerlos, para compartirlos, para comunicarlos. ¡Ese Sabor y esa Claridad evidentemente nos llenan de gozo, nos inyectan la bienaventuranza, y el corazón vive en una paz sinigual! Pero su finalidad y su sentido no consiste en las luces de bengala que chisporroteen en nuestro corazón, sino en el compromiso de llevarla hasta los “confines de la tierra”, convirtiéndonos en “animadores de la fe”.

 

¡Qué se nos note! Con todo respeto de los que con muy buen y santo ánimo quieren que nuestra dicha transparente al Señor para de esa manera promover la Evangelización; expresamos nuestras reservas. Hemos tenido la ocasión de vivirlo en carne propia: el peligroso riesgo de este beatísimo propósito, que se va diluyendo, como los fuegos artificiales, y lo escaso que queda, se deshace en humo. No somos “figuras públicas”; nuestro único afán debe ser “agradar y alabar a Dios”, el crecimiento de la obra Soteriológica debemos dejarlo en Manos del Señor, sólo Él conoce “la hora”. Lógico que no podemos andar por ahí dando el mal ejemplo, o viviendo de espaldas al Evangelio; pero eso no debe obsesionarnos porque siempre estarán los que critican porque si, y también porque no. Pensemos, la luna -que como bien sabemos, no tiene luz propia- sin embargo, con su silencioso, su modesto, pero a la vez, persistente reflejo de la luz solar, nos da un testimonio imperecedero y rompe la oscuridad de las noches más profundas.

 

Nuestra manera más contundente de dar Testimonio -a través de toda la historia- ha sido “hacer el bien”. La Iglesia registra de manera incuestionable la memoria imperecedera y el testimonio de caridad tan contundente que las instituciones caritativas de la Iglesia y algunos santos, han dejado como huella y proclamación del Poder Divino y de la Gloria de Jesús, que pasó haciendo el bien, que padeció y sufrió, que inclusive lloró con amargura por la amada ciudad en Sion. Pero que poco afán tuvo en el qué dirán, o en participar en bailes y otras actividades carnavalescas, ni en aparecer en banquetes “de caridad”, ni en arrancar aplausos o sonrisas. Pensé un ratito, y no se me ocurrió ningún chiste que Jesús hubiera pronunciado… ¡A usted -amable lector- ¿se le ocurre alguno?

El objetivo no es dar pretextos a los de ceño fruncido, que ponen los ojos en blanco, se cruzan de brazos y marcan el ritmo - con el pie- impacientes; sino justipreciar lo que verdaderamente nos debe preocupar e interesar a la hora de querer ser Sal y Luz del mundo. Una vez más pronunciemos nuestra jaculatoria: Ilumínanos, ¡Señor! con el Dulcísimo Resplandor de Tu Santo Espíritu, sólo Tú puedes guiarnos a hacer lo que Tú quieres, ¡ni más ni menos!

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