sábado, 17 de octubre de 2026

QUIÉN REINA EN NUESTRO CORAZÓN

 

100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

Is 45, 1. 4-6; Sal 95, 1. 3. 4-5. 7-8. 9-10a.e.; 1Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21

 

La eternidad comienza aquí y ahora. Es aquí y ahora donde se construye.

Helder Câmara

 

La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.

Benedicto XVI

 

Estamos ante los últimos seis domingos de este año litúrgico: Domingos 29º-34º. Los domingos 29º y 30º continuamos la Lectura del capítulo 22 del Evangelio mateano que empezamos el Domingo pasado, leyendo la parábola del Banquete del Reino de los Cielos, explicado desde la perspectiva de un γάμους [gamous] “banquete”, de una “fiesta nupcial”. Hoy pasamos a ver una de las cuatro controversias que sostiene Jesús con los fariseos, los saduceos y los del partido de Herodes. Son cuatro controversias, pero la liturgia se ocupará solamente de dos de ellas:

-       29º Domingo: si se debía o no pagar impuestos al Imperio Romano

-       30º Domingo Cuál es el mayor de los Mandamientos

Precisamente la de hoy, es la controversia con los del partido de los herodianos que obran confabulados con los fariseos. Quieren “entrampar” a Jesús, la palabra griega que se usa se refiere a ponerle una trampa, como a un pajarito, para “agarrarlo.


¿Cuántas veces no tener genera libertad?: El Hijo del Dueño-de-todo no tiene ni siquiera un denario; para poder ilustrar su respuesta, y tiene que pedir uno prestado, para poder mostrar lo qué tienen impresas las monedas. En esta situación se evidencia cuál es la riqueza de Jesús que se manifiesta, precisamente, en su “no poseer ni siquiera la moneda que representaba la paga de un jornal de trabajo”, no posee ni siquiera “la moneda del tributo”. El Rey de Reyes, no tiene ni una moneda, siendo el Dueño Absoluto, precisamente por eso su Efigie no está grabada en el sucio metal de la moneda, para no ser “manoseado”, sólo puede estar impresa en el corazón del hombre, en el Sagrado Fuero de su Conciencia.


 

En el denario está impresa la efigie del Emperador. El Talmud establece la máxima legal "Dina De Maljuta Dina" es decir “la ley del reino es la ley”. Lo que Maimónides incluye en la Mishná Torah. De acuerdo con esto, el hecho de que una población utilice voluntariamente la moneda de un imperio para el comercio diario -la compra de comida, el pago de salarios, así como el registro de contratos- constituye una aceptación implícita de su soberanía. Al beneficiarse de la infraestructura económica, la seguridad comercial y el sistema monetario que el imperio respalda, los súbditos contraen la obligación moral y legal de pagar impuestos y respetar sus edictos civiles.


Estas ideas explican por qué el gesto más rotundo de rebelión en la Judea antigua no era solo un acto militar, sino que empezaba con una rebeldía numismática. Bar Koshba en su revuelta contra el Imperio Romano, llevó a los rebeldes judíos a procurar borrar deliberadamente los rostros de los romanos estampados en las monedas para acuñar encima sus propios símbolos -el Templo de Jerusalén- además de textos que propugnaban su soberanía.

 

¿La imagen de Dios dónde está estampada? Si podemos contestar a esta pregunta podremos juzgar sobre la legalidad del gobierno Divino dentro de cierto territorio. Pues esto es lo que Dios declara en Gn 1, 26: “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Allí donde haya seres humanos, hasta allí llega la Soberanía de Dios. Jesús es el non plus ultra icónico de Dios. Por eso podemos mirar hacía la Trinidad como nuestro Rey y Señor.


Este Domingo volvemos sobre la Realeza de nuestro Dios, YHWH es el Único Señor y fuera de Él no hay otro; Él obra por amor, ama a su Pueblo-escogido; Él obra –por caminos insospechados- en favor de ese pueblo, valiéndose hasta de los que no son conscientes de servir a su Altísima Majestad, Nuestro Dios y Señor. Hasta los que no lo conocen pueden ser vía para servir a sus designios. Es Rey, pero ¡Alerta! No es un rey humano, es un Rey-Divino, y, así podemos llegar a dar el gran salto, para entender que no es humano pero se ha humanado para humanizar su imagen, imprimiendo su Soberanía en el que fue creado a Imagen-y-Semejanza-Suya: Todo es de Dios, ¡entreguémonos totalmente a Quien es Nuestro Dueño y Señor!

 

Es que tener la “Moneda del Impuesto” es sinónimo de dependencia, de esclavitud, estar en condiciones de pagar tributo a un rey extranjero que nos avasalla, que nos enajena la libertad, tener esa “riqueza” es andar, entre el bolsillo, con las “fichas del juego ajeno”, del juego del enemigo: el juego de las monedas, siempre nos encadenará a la ambición de tener otras y ser esclavo de las efigies en ellas gravadas, sean escudos de armas, águilas imperiales o serpientes venenosas.

 

En cambio, Jesús vive en una libertad ejemplar que le permite vivir para ser constructor del Reino de su Padre, una libertad que le permite consagrarse; y sus propios contradictores lo reconocen, así sea para entramparlo: La riqueza de Jesús no estriba en el manejo de monedas sino en su Libertad Soberana. Esta libertad de Jesús lo expresan –en la perícopa del Evangelio que proclamamos hoy- los labios del adversario, es una libertad que:

 

Ø  Le permite ser siempre sincero

Ø  Enseñar de verdad el camino de Dios

Ø  No importarle el qué dirán

Ø  No vivir ni depender de respetos humanos

Ø  No estar esclavizado por las apariencias.

 

Los invitamos, ahora, a hablar de líneas horizontales, verticales y poliedros.

 

«Siempre se discute acerca de “horizontalismo” y “verticalismo”, “evangelización” o “humanización”. Estamos convencidos de que el Señor no establece separación, y menos aún oposición, entre ambas cosas. La historia de Dios y la historia de los hombres están entremezcladas y avanzan conjuntamente.»[1] Sólo moviéndonos en el espacio ilimitado de la libertad que nos enseña Jesús podemos ser obreros del Reino. Cuando seamos capaces de discernir a qué juego nos “consagramos”, en la dicotomía: Reinado de Dios o idolatría del César. La soberanía en la libertad del hombre lo vincula con el compromiso, ya lo dijimos arriba; pero, de los cinco rasgos de la libertad de Jesús hay uno que está de primero, hay uno que lo caracteriza, -que acarrea a los otros- es la libertad del hombre que se compromete con Dios: “Enseñar de verdad el camino de Dios”. Tan es el primero que define el sentido del hombre religioso: define su misión: lo primero para el creyente es la evangelización. Evangelizar es promover los valores del Reino.


Todos los “fieles” estamos llamados a la fidelidad con el Reino; anunciar la Verdad del Reino y el Camino de Dios que lleva a Él es nuestro compromiso, el sentido de la vida, de la espiritualidad, de la fe. La fidelidad con ese compromiso es la misión de construir –no en la soledad,” «Frente a una idea pelagiana de santidad, individualista y elitista, más ascética que mística, que pone el énfasis principal en el esfuerzo humano, Teresita       subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia»[2].  no en el aislamiento de “superman” -la figura mítica de las historietas-; nosotros estamos invitados a un “banquete” -como se precisó el Domingo anterior- donde nos sentamos hombro a hombro y codo a codo a construir el Reino en equipo –con todo lo dificultoso que puede ser trabajar en equipo; valorar las diferencias, lidiar con las oposiciones, con los mal entendidos, con la diversidad de “puntos de vista” y salir airosos y felices porque, por sobre todo eso, está la unidad (como Jesús y el Padre son Uno), porque sobre todas esas dificultades resplandece el Cuerpo Místico, Él saldrá triunfante (y esta es una Verdad de tipo escatológico) estamos hablando del fin de la historia, del kairós. «La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida». Reiteradas veces he invitado a desarrollar una cultura del encuentro, que vaya más allá de las dialécticas que enfrentan. Es un estilo de vida tendiente a conformar ese poliedro que tiene muchas facetas, muchísimos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices, ya que «el todo es superior a la parte». El poliedro representa una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente, aunque esto implique discusiones y prevenciones. Porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible. Esto implica incluir a las periferias. Quien está en ellas tiene otro punto de vista, ve aspectos de la realidad que no se reconocen desde los centros de poder donde se toman las decisiones más definitorias.»[3]

 

«A quienes pierden el tiempo en discutir acerca de “horizontalismo” y “verticalismo”, yo siempre les digo lo siguiente: “Ni la sola línea horizontal ni la sola línea vertical pueden formar una cruz”. Para tener una verdadera cruz, debemos mantener simultáneamente tanto la línea horizontal como la línea vertical. Y la línea horizontal son los brazos de Cristo, abiertos a todos los grandes problemas humanos.»[4]


Es, precisamente de eso de lo que nos habla la Segunda Lectura tomada de la Primera Carta a los Tesalonicenses: fe, amor y esperanza. Estas virtudes teologales están sustentadas en pilares que, si leemos con atención, son las que San Pablo evidencia: la fe en las obras que la manifiestan, el amor en los trabajos fatigosos que se emprenden; y, la ὑπομονῆς [hypomones] resistencia de la esperanza que tiene como fundamento a Jesucristo Nuestro Señor.

 

«Hoy día estoy serenamente convencido de que la Iglesia no debe comprometerse y solidarizarse más que con el pueblo… los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda,… no ven con buenos ojos que la Iglesia se encuentre con ese pueblo. Están dispuestos a cubrirla de honores y de privilegios a condición de que se quede en el templo, exclusivamente dedicada a dar alabanza a Dios mediante hermosas liturgias. A condición de que no se inmiscuya en los problemas de hoy: los problemas económicos, sociales y políticos… ¡son asuntos de la tierra, no del reino de los Cielos!... nosotros no podemos aceptar esa postura, ese papel de Iglesia–museo… Se trata de cumplir nuestro deber de hermanos para con los hermanos sometidos a la prueba, al sufrimiento y a la opresión.»[5]


Pero la verdadera alabanza trasciende el templo, la alabanza nos conduce a una Iglesia que está “en salida”, estamos comprometidos con una misión (que cuaja sobre los tres pilares teologales que nombró San Pablo): «Tenemos la responsabilidad de ser hermanos de nuestros hermanos, sin necesidad de preguntarnos si son católicos, cristianos o “creyentes”. Nos basta con saber que toda criatura humana es hermana nuestra, hija del mismo Padre.»[6] «… deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza»[7].


«Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente.

El ejemplo de Santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo.»[8]


Completa y esclarece el poliedro misional, porque nos referencia y nos sitúa al interior de la Madre Iglesia en su tarea Evangelizadora, y nos da un lugar propio, una cita de Santa Teresita del Niño Jesús que Papa Francisco inserta en su C´est la Confiance: «Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por San Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos... La caridad me dio la  clave de mi vocación. Comprendí que, si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que, si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre… Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares... En una palabra, ¡que el amor es eterno...! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación!


¡Mi vocación es el amor...! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré         todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!!»[9].

 

 

 

 

 



[1] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Ed. Sal Terrae Santander-España 1985 p. 163

[2] Santo Padre Francisco C’EST LA CONFIANCE Roma 15 de octubre de 2023

[3] Papa Francisco. FRATELLI TUTTI. 3 de octubre 2020. #215.

[4] Ibidem

[5] Ibid p. 164

[6] Ibidem

[7] LEÓN XIV 100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES. DOMUND 2026

[8] Papa Francisco. LAUDATO SI’. Ed. Paulinas Bogotá D.C. 2015 ## 229-230 pp. 189-190

[9] Manuscrito B 3vº p. 

viernes, 16 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario


Ef 1, 15-23

Pablo estuvo en Éfeso aproximadamente entre los años 52-56 d. C. La frase según la cual nadie podía vivir en Éfeso sin “llorar por su inmoralidad” se atribuye tradicionalmente al filósofo presocrático Heráclito (oriundo de esa ciudad, en el siglo VI o V a. C.). Los predicadores y comentaristas bíblicos posteriores utilizaron esta frase apócrifa, para exagerar y consolidar la imagen de Éfeso como una especie de "Sodoma" del mundo grecorromano. Pablo llegó a Éfeso, en una escala breve al final de su segundo viaje misionero y, de forma prolongada y principal durante su tercer viaje misionero. Permaneció allí cerca de tres años (predicando tres meses en la sinagoga y dos años en la escuela de Tirano: «… los viajes misioneros de Pablo, si se leen -como se debe hacer- en profundidad, se adquiere otra impresión: en ellos Pablo se presenta más bien como aquel que se ha dedicado en primerísimo lugar a la plantatio ecclesiarum, es decir, a la implantación de la Iglesia de Cristo en las varias ciudades y regiones paganas a las cuales llegaba como predicador». (Ghidelli Carlo)

 

La epístola a los Efesios fue redactada, aproximadamente, entre los años 60 y 62 d. C. Pablo estuvo preso durante estos dos años en Roma, en una forma de encarcelamiento similar a la que se llama “casa por cárcel”, creo que en el derecho romano se llamaba “custodia militis”; “arrendó” una vivienda y allá lo retuvieron, conviviendo con un soldado, al que estaba atado por una cadena, de tal manera, estaba bajo vigilancia noche y día. De ahí salieron las Cartas de la Cautividad: a los Efesios, a los Colosenses, a Filemón y a los Filipenses.

 

La perícopa de hoy podemos intitularla “Oración por los creyentes”. Después de los versos 13-14, que no se incluyen en la liturgia, y que nosotros citamos ayer; que son una bendición que cobija a la humanidad y la vincula en el Plan Creacional de Dios, haciendo que ellos tengan en sí, la imagen de Dios, su Semejanza. En esa bendición se contiene la gratitud, de tal manera que se aúna bendición con alabanza: Reconoce que somos corresponsables del Proyecto salvífico. El favor del Espíritu Santo que se comunica allí, no discrimina judíos de gentiles.

 

En la perícopa anterior Pablo saluda e incorpora a su saludo tres pilastras: fe, amor, esperanza. Ahora, agradece la fe que tienen los Efesios en Cristo Jesús, que beben su fortaleza del amor, que transforma toda la Comunidad para dar espacio y cabida a la manifestación Creadora de Dios; entonces pide sabiduría, luz, esperanza y “entendimiento” para entretejer la vida de la comunidad y la heredad que Dios deposita en sus manos y en sus vidas.  La corresponsabilidad estriba en un esfuerzo de “entendimiento”. Entonces, y solo entonces, al completarse nuestra liberación (vv.14-15), se cumple el Plan Divino con el que nos lleva a ser “pueblo de su posesión”.

 

Este entendimiento al que se refiere la Carta, depende del ambiente gnóstico en el que se movía Éfeso. Tiene que precisar a qué clase de “entendimiento” se refiere, porque los gnósticos practicaban un elemento de las religiones mistéricas, que era el del conocimiento hermético, solo revelado a los “iniciados”, algo similar al “secreto de los magos” que se tiene que mantener oculto, bajo pena de muerte. En cambio, en 1,8 ya quedó dicho que a nosotros nos revelo el μυστήριον [misterion] “Misterio”, algunas traducciones ponen “designio secreto”.


En el Salmo 8 se dice que Dios puso todo bajo los pies del ser humano; aquí San Pablo en el verso 22 ejerce una especie de glosa clarificadora, todo está puesto bajo los pies de Cristo Resucitado; gracias a este precioso Mérito, queda puesto bajo nuestros pies. Es ese dinamismo-dialéctico entre Cabeza y Cuerpo de la Iglesia es que se nos transparenta que la Creación entera se recapitulará bajo la cabeza que es Jesucristo, en favor de la Comunidad de todos sus Santos.

 

Sal 8, 2-3ab. 4-5. 6-7

La visión del Salmo, en cambio, nos lleva al Universo, obra de Dios, confiado al hombre no para que lo use a su gusto contra él mismo o contra los demás, o en perjuicio propio, sino para que haga de él, un canto de alabanza a Dios.

Carlo María Martini

El hombre está como sumido en el fondo. Mira al firmamento y se encuentra con la astronomía fabulosa. Esta percepción lo hace sentirse aún menor, como una cascarita de nuez en un océano de cuerpos celestes incontables.

 

Sorprendido, descubre, sin embargo, que Dios lo ha tomado en cuenta, lo ha envuelto en Su Amor y descubre una escalera al Cielo: Todo el Cosmos es una caricia y un poema de Dios que habla al hombre. Nosotros -como niños de pecho- proferimos una Alabanza: Alabamos que Dios-Padre haya puesto a Jesús que nos tiende su Misericordiosa Mano: ahí caemos en la cuenta que la Mano de Jesús está herida, y conserva las huellas de la Crucifixión, como Ramo de Flores que declara la Grandeza de su Amor.


La Resurrección no fue un simple levantarse de la tumba, no es una mera revivificación; es la Recepción de toda el Poder que le pertenece en Virtud de su Filiación. Dios-Padre le sostuvo con Sus Propias-Manos, todo el poderío, al que Él había renunciado, mientras en su Abajamiento (kénosis) se hacía en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. Pero una vez Asciende al Padre, El Padre le Retorna su Poder-Glorificado.

 

“Hay también una relectura Eucarística: ¿Quién es este Dios que visita a cada uno de nosotros, pobres hombres, que cuida de nosotros? Es Cristo Eucarístico, centro de la vida de la Iglesia”. (C.M. Martini)

 

“… Qué valor debe tener el hombre ante los ojos del Creador si ‘ha merecido tener tan noble y tan grande Redentor’, si Dios entregó a su hijo para que el hombre ‘no perezca, sino que tenga la vida eterna’. En realidad, esa profunda maravilla respecto del valor y de la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Noticia. Se llama Cristianismo”. (Juan Pablo II)

 

Lc 12, 8-12

Hemos venido entramados en el dechado de la insignificante importancia del ser humano. Una y otra vez decimos que el hombre es una vergüenza, que damos asco, que le fallamos a Dios, que estamos irrecuperablemente inclinados al pecado. Sólo hay un “pero”: ¡Dios nos ama! ¡Desde el principio tiene un Plan para nosotros! ¡Estamos tiernamente entretejidos con sus planes, sin violentar nuestro albedrio!


Hay un Ay que Jesús no pronuncia, pero está sobreentendido, para los que asumimos poner nuestra fe en Él: ¡Ay de mí que lo doy todo por ustedes!

 

Un ser humano es capaz de decirle a uno de su progenie: ¡Yo me he sacado el pan de la boca para dárselo a usted! Antiguamente ninguno habría contestado nada. Sin embargo, hoy día, no faltará el chic@ que diga: “¡Yo no le pedí que me trajera a la vida!”. Y le asiste un gran retazo de razón porque al tener un hijo adquirimos una enorme responsabilidad, sacarnos el pan de la boca para ellos; pero ellos, no tienen ninguna obligación; y, nosotros, ningún derecho a reprochárselo. Quizás si tienen ternura en su corazón tejan un manto de gratitud para nosotros, pero -en el fondo-nada los obliga.

 

La Justicia es una celda construida con barrotes. Cada uno de los barrotes de esa jaula se llama Ley. La Ley apunta a la condenación. ¿Hacia dónde mira Jesús? Su cabeza siempre pende hacia la izquierda, nunca hacia el reclamo. Siempre parece estarse culpando y estar pidiendo perdón por haberlo abandonado todo por nosotros.

 

La pregunta es central. Aún más, es Cristo-céntrica: ¿se mira a sí mismo?, ¿es una mirada ego-céntrica?, o ¿nos mira a nosotros, con ojos compasivos? La frase que pronuncia nos contesta a esta pregunta: ¡Perdónalos, no saben lo que hacen! (Cfr. Lc 23, 34).

 

Confía que sepamos construir el Reino. ¿y eso como se hace? ¿Con qué se come? Con nuestra participación en ese proceso constructivo. Tenemos que ser constructores de un mañana. Entrenarnos para construir futuro. Lo que venga dependerá de nosotros, de la opción que tomemos.

 

Jesús es el Señor de la Misericordia, y la mirada del Señor, como en las mejores películas de los “súper-héroes”, derrite los barrotes con sólo mirarlos, esa mirada no es un rayo láser, es la mirada del Perdón.

 

¿Todos estamos de acuerdo en que es urgente que cumplamos con la imitación de Cristo? De ser así, estamos comprometidos en el entrenamiento para tener una mirada que derrita barrotes y que se llame “perdón”.

 

El eje de nuestro compromiso está en Jesús, o bien, confesamos a Jesús, o bien lo negamos. Confesión-vs-negación.

 

Si vamos en la dirección de confesarlo -ya se ha dicho-  en ese sentido está la Cruz. Aquí se ve en la práctica que un “misterio” no es algo que no se puede saber, sino algo que sólo se puede saber porque Dios nos los “revela”. Y la revelación apunta en el sentido de la Cruz. Así lo declara San Pablo: “Pues yo, hermanos, cuando fui a ustedes para darles a conocer el proyecto misterioso de Dios, no llegué con oratoria ni grandes teorías. Con ustedes decidí no conocer más que a Jesús, el Mesías, y un Mesías crucificado”. (1Cor 2, 1s)

 

El que lo niega, ese va hacia el polo contrario: incurre en βλασφημήσαντι [blasfemisanti] “apostasía”, “blasfemia”, “profanación”, cuando se refiera a lo humano, significa “calumnia”, esta palabra indudablemente griega, significa “vituperar contra la reputación”. ¿A quién deshonra este vituperio? ¡Al espíritu Santo! Ir contra el Hijo de Dios es ir contra el Propio-Dios en su Tercera Persona. ¿Se puede atacar a alguien de esta Sacratísima Familia Trinitaria sin ofender a los Otras Dos Personas? Estamos en el terreno de la ofensa contra la Divina Majestad.

 

La apostasía se desprende de la negativa a reconocerse “pecador”, si uno no siente que está fallando, no puede empezar a buscar por el otro camino, por el contrario, más contumazmente se adentra por la senda del extravío. El que no se reconocer pecador no puede identificarse urgentemente necesitado del Perdón.

 

Recordemos que Jesús viene preparando a sus discípulos para que, cuando Él parta, ellos hayan recibido todas las lecciones indispensables para asumir la tarea que han heredado. En el verso siguiente (v. 11), el penúltimo de la perícopa, Jesús nos guía por el sendero prudente, una de las cosas que nos aconseja es no vivir hundidos en la pre-ocupación porque en ese combate se distraen y despilfarran las energías, luchando contra quimeras, y cuando llega la hora del verdadero combate, ya hemos desgastado toda nuestra vitalidad dándole palos a las sombras.

 

Cuántas personas se desvelan calculando los monstruos que lo acorralaran al día siguiente y se despiertan agotados y se levantan exánimes. Y, los engendros no aparecen por parte alguna.


Necesitamos -por el contrario- esperar a mañana, y, ahí sí, cuando estemos cara a cara con el Adversario, el Satán, será cuando el Espíritu Santo–Paráclito nos asistirá, nos dotará con todo el vigor para darle su derrota y sacar al Diablo con la cola entre las patas, y recoger la corona de olivos del Vencedor.  El que así obra, vivirá en carne propia la consciencia de que la victoria no proviene de su brazo sino de la Asistencia de la Gracia. No se felicitará a sí mismo, sino que sabrá poner la corona en las sienes de quien la merece, el Espíritu Santo que nos sostuvo, que nos iluminó.

jueves, 15 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario


Ef 1, 11-14

… este dinamismo que, supone un pasado que debe ser abandonado y un futuro diferente que debe ser asumido.

José Bortolini

En esta zona, se constituye la alabanza a Dios por su obra salvadora. Acompañada de un elogio a los creyentes, que estudiaremos mañana. Hoy nos movemos holgadamente en la parte hímnica: que llamamos “la gran bendición”.

 

Primero se dirige a los de la Comunidad Judía. Y Jesucristo se presenta en su dimensión icónica de Dios. Es Cristo quien les puede dar un sentido de plenitud, de realización y cumplimiento del proyecto que Él había trazado. La referencia que se hace no es a toda criatura, sino a los que han acogido el Llamado. Los que han sido llamados para testimoniar la llegada del Mesías. Muchos, sin embargo, se quedaron marginales, aguardando la “llegada” porque para ellos, Jesús no era su Cumplimiento. Son los que hoy siguen aguardándolo.

 

Luego, cuando dice, καὶ ὑμεῖς [kai hymeis] “también ustedes”, pasa a dirigirse a los “paganos”, a la “gentilidad”, refiriéndose a los que han escuchado la Palabra y han discernido en ella el “evangelio de su Salvación”. Este ingreso ha pasado por un signo de “iniciación” en el pueblo santo cual es el ἐσφραγίσθητε [esfragisthete] “sello” del Espíritu Santo, que es cumplimiento de lo ἐπαγγελίας [epangelias] “prometido”.

 

Nos encontramos frente al concepto de promesa: que es el anuncio o compromiso firme de Dios para otorgar bendiciones y cumplir su propósito a favor de la humanidad: A diferencia de los seres humanos, Dios no miente, ni cambia de opinión; lo que promete, lo cumple (Nm 23,19); En el Primer Testamento no hay un término específico que corresponda a prometer o a promesa. En hebreo se recurre para expresar esta idea a varias palabras: juramento, herencia, palabra. En el Nuevo, aparece el término griego ἐπαγγελίας significa “anuncio”, “mensaje” en el que Dios se compromete voluntariamente a dar algo bueno. La promesa es correlativa al amor de Dios y a la fe que quiere suscitar en el corazón del hombre.

 

La quinta bendición 1, 11-12, está, pues, dirigida a los que por su pertenencia al pueblo de la elección la “heredan”. La sexta bendición 1, 13-14 se dirige a los cristianos que no provenían del judaísmo.

 

La entrega del Espíritu apunta hacia la llegada al culmen señalando que se ha llegado a la etapa final. Representa la superación de la edad de esclavitud moral que se vivió en la era pre-cristiana. Lo que se comparte aquí, es la libertad que Jesucristo el Señor nos ha traído, a lo que corresponde nuestra puesta confiada en sus manos.

 

El Reino ha llegado, pero se nos han entregado solamente las claves y aguardamos la plenitud de su cumplimiento que vendrá junto con su llegada en Gloria. Este trabajo de culminación salvífica ya se ha gatillado con su Encarnación.

 

El Espíritu que nos sella es el garante del pleno cumplimiento que se está cocinando mientras afinamos nuestros laúdes para entonar sus δόξης [doxes] Glorias. (δόξης es el plural de δόξα [doxa] “gloria”, “majestad”, “honor”, “honra”).


El designio de Dios es la herencia eterna que él mismo nos ha reservado. No exclusivamente para los judíos sino también para los no judíos: «En una composición de estilo rítmico, inspirada en formulas tradicionales litúrgicas, el autor presenta el rol unificante de Cristo, el cual por medio de su autodonación en la muerte ha hecho de los pueblos divididos un solo hombre nuevo…» (Rinaldo Fabris)

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 12-13

Nada se puede entender bien sin un elemento de este salmo: El señor ama lo justo y lo recto; ¡su amor llena toda la tierra!

 

Este es un himno. La invitación que presenta este himno, está dirigida -curiosamente- a sí mismo, al propio salmista.

 

Los gestos que propone el salmo son de gratitud, expresada como alabanza.

 

Hay, además, en la segunda estrofa de hoy (versos 4-5) un encomio a la sinceridad y a la fidelidad de Dios. Precisando que Dios es justo y recto en todo y su Misericordia mantiene repleto el universo.


Felicidad אַשְׁרֵ֣י [esher] expresada como “bienaventuranza”, “dichoso” los que Dios ha designado como receptores de su Favor.  Su cuidado por la humanidad es un desvelo generalizado, sin discriminar. Su Mirada Celestial, cobija todo el Universo: El Señor mira desde el Cielo, רָאָה [ra aj] “cuida”, “los vive mirando” a todos los hijos de los hombres, a toda la estirpe adámica.

 

Esta bienaventuranza es la médula del verso responsorial: “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como נַחֲלָה [nachalah] “heredad”, “patrimonio”.

 

Lc 12, 1-7

Temer el juicio de Dios, no el de los hombres.

El discípulo está llamado a discernir el fermento que mueve su vida: ¿es el miedo a la muerte, que lleva a la hipocresía de la acumulación de bienes, o el temor de Dios, que lleva a la verdad y a la libertad de la misericordia?

Silvano Fausti

No nos cabe en la imaginación el valor descomunal que tenemos ante los ojos de Dios. Vemos la injusticia, con su aparente victoria, correteando a sus anchas por toda la llanura. Y, de sus víctimas solo nos dejan ver el cementerio.


La primera denuncia que hace Jesús en la Lectura del Evangelio lucano para hoy, es desenmascarando la “hipocresía” de los fariseos. La voz de Jesús en ese momento se dirige a sus discípulos.

 

La hipocresía aquí es mostrada como una capa de encubrimiento. La hipocresía se arroga la seguridad de esconder y ocultar la “verdad” para siempre «su preocupación es preservar lo que tienen dentro: su propio egoísmo; que nadie los moleste; la seguridad. Y cuando hay algo que los pone en dificultad, miran hacia otro lado». (Papa Francisco)

 

Jesús, por el contrario, nos advierte que ella será desenmascarada más temprano que tarde.

 

A renglón seguido Jesús afirma que no hay que vivir cobijados por el temor. Ellos -los hipócritas- insisten en que la vida es lo único que tenemos y nos amenazan con dejarnos en la inopia.

 

Pero, al que debemos tener es el Juez Eterno que puede pagar a los déspotas su merecido salario.

 

Y es entonces cuando tomando cinco criaturas mínimas, nos lleva a descubrir que por ellos se dan “dos céntimos”. En esta parábola mercantil “dos céntimos” deben ser un enorme tesoro celestial, un altísimo precio que el Divino-Mercader pagará por nosotros. Y nos ratifica: Nosotros somos supremamente más valiosos que muchísimos pajaritos juntos.

 

Quizás esta “parábola” sobre nuestro precio para Dios, debe abrir paso a considerar el desmedido crecimiento del “público” que busca y viene a oír al Maestro.

 

Después de considerar el creciente auditorio que escucha a Jesús, la parábola trae un elemento contaminante, una enzima que corrompe y deprava la masa. Es la levadura. La levadura -tan valorada para hacer crecer el pan, tiene aquí un efecto pervertidor, francamente perverso: La levadura inexorablemente llevara el pan a su descomposición, a mohosearse; rápidamente las ricas piezas de pan irán a la caneca, y se volverán incomibles, venenosas, tóxicas. Luego, antes de morder el pan, tengamos cuidado pues es posible que hasta anoche fueran apetitosas y hoy, ya hayan amanecido podridas.

 

Sin duda, Jesús tiene razón en advertirnos que, el purismo farisaico hará que nuestra fe se vuelva estéril y quede resumida en pura bazofia. Ha de saberse que más allá de las manchas verde-azulosas del pan nacido, la corrupción del pan se ve afectada por raíces pútridas, llamadas hifas, que son los ­ filamentos que se originan a partir de las esporas en hongos, pseudohongos y actinobacterias, portadoras de las micotoxinas.

 

No nos dejemos arrinconar por las amenazas. Aprendamos a resistir con las fuerzas descomunales de Dios providente: «Desde el principio hay una valoración enorme del hombre ante los ojos de Dios, el cual “todo era muy bueno” (Gn 1, 31; cf. Is 43,4). El temor de Dios se basa en este “amor excesivo” (Ef 2,4 Vg) que Dios tiene hacia nosotros, y es una vibración nuestra frente a su corazón: es principio de sabiduría porque nos da a conocer nuestra verdad y nos libera de todo miedo». (Silvano Fausti)


«… debemos ser cristianos, porque también hay cristianos hipócritas que no aceptan la levadura del Espíritu Santo. Precisamente por esta razón Jesús nos advierte: “Cuidado con la levadura de los fariseos”. No debe olvidarse que la levadura de los cristianos es el Espíritu Santo, que nos empuja, nos hace crecer, con todas las dificultades del viaje, incluso con todos los pecados, pero siempre con esperanza. Y el Espíritu Santo es precisamente el anticipo de esa esperanza, de esa alabanza, de ese gozo. Por esta razón, en el corazón de estas personas, que tienen el Espíritu Santo como levadura, están felices, incluso en sus problemas y dificultades». En cambio, los hipócritas han olvidado lo que significa estar alegre». (Papa Francisco)