sábado, 30 de mayo de 2026

ALCANZAR LA UNIDAD POR EL REINO

Ex 34,4b-6.8-9; Dan 3, 52-56a; 2Cor 13,11-13; Jn 3,16-18

 

Es la infinita connaturalidad de tres infinitos. Cada uno, considerado en Sí mismo, es Dios todo entero… Dios los Tres considerados en conjunto… No he comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me baña con su esplendor. No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la unidad me posee de nuevo.

Gregorio Nacianceno (CEC #256)

 

 


Dios, que vive en la Eternidad –sentado sobre querubines- trabó una amistad especial con Moisés, quien con esa proverbial hospitalidad semita, en todo similar a la de Abrahán, invitó al mismísimo Dios a “quedarse” con nosotros, a “venir” con nosotros, a “caminar con nosotros, es más, en medio de nosotros, que quedaría bien traducido “en nuestras entrañas”; a pasar de la in-temporalidad a la temporalidad; aquí empieza una historia de amor, de un Dios que se “abaja”, que abandona su trono de Gloriosa Santidad para hacerse Señor-de-la-historia, para caminar en el Cronos. Este “paso”, en realidad entraña un salto gigantesco -Moisés se da cuenta de ello-, significa pasar por encima de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad, de nuestra obstinación, explicada con las palabras de Moisés (con las que Dios pone en sus labios) “aunque somos un pueblo testarudo”, “pueblo de dura cerviz”, nos cuesta la obediencia, siempre queremos ir por donde nos plazca.

 

Pese a nuestra humanidad, maculada por la concupiscencia, Dios -no sólo accede- sino que בְּרִית֒ “pacta” con nosotros; no nos rechaza, nos acoge en su Alianza, se com-padece, se une a nuestra historia. Por eso Moisés reconoce a YHWH como Dios, lento a la ira y rico en clemencia.

Sobre este esquema –como un calco- re-encontramos el mismo pedido en los dos de Emaús. Los exegetas hablan de “estructuras” y señalan esas “estructuras” como esquemas fijos; nosotros –humildemente- preferimos entender en ello, la manifestación del modo de ser de este “pueblo”, y suponer en su base, las razones de la elección y preferencia para “aliarse” precisamente con nosotros. También los dos de Emaús le piden quedarse, y también con ellos celebra la “alianza”, en este caso Alianza-Eucarística.

 

Hoy, en nuestro contexto, en nuestro momento, sintiéndonos conturbados, repetimos el gesto mosaico, y nos postramos en tierra y lo adoramos, reformulando el pedido: “ven con nosotros”. Convencidos que Él es un Dios fiel, pese a nuestras infidelidades.

 

El poder que recibimos es el de re-unificar

“Hemos sido bautizados en un mismo      Espíritu para formar un solo cuerpo”

I Cor 12, 3-7. 12-13

 

San Pablo pronuncia como saludo a la Asamblea, esta evocación Trinitaria que repetimos en diversas ocasiones dentro de la Eucaristía (Ritos Iniciales, saludo #2): "La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la κοινωνία “comunión” del Espíritu Santo estén con todos vosotros" (2 Co 13, 13). San Pablo nos hace presente tres sustancias que aglutinan a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, a saber: la Gracia, el Amor y la Comunión. Estos son los Tres-Único-Divino del pegante-Santo; ¡nosotros no estamos pegados con babitas!

 

Estas tres sustancias son segregadas respectivamente (claro que estamos hablando metafóricamente) por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo respectivamente. No se trata de un constructo ideológico sino de una realidad concreta que nos enlaza, nos fraterniza, nos hace hijos del mismo Padre, hermanos todos en Cristo Jesús Nuestro Señor y Salvador y el Espíritu Santo Paráclito, que une al Hijo en el Amor con el Padre y al Padre en el Amor por su Hijo y a nosotros, su pueblo escogido nos diviniza por su Adopción (accede al pedido mosaico de hacernos su Heredad).

 

Las Personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las Personas entre sí, porque no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: "En los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres Personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia" (Concilio de Toledo XI, año 675: DS 528). En efecto, "en Dios todo es uno, excepto lo que comporta relaciones opuestas" (Concilio de Florencia, año 1442: DS 1330). "A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo" (Concilio de Florencia, año 1442: DS 1331).[CEC #255]

«La idea de la comunión como participación en la vida trinitaria está iluminada con particular intensidad en el evangelio de san Juan, donde la comunión de amor que une al Hijo con el Padre y con los hombres es, al mismo tiempo, el modelo y el manantial de la comunión fraterna, que debe unir a los discípulos entre sí:  "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado" (Jn 15, 12; cf. 13, 34). "Que sean uno como nosotros somos Uno" (Jn 17, 21. 22). Así pues, comunión de los hombres con el Dios Trinitario y comunión de los hombres entre sí… Por tanto, esta doble comunión, con Dios y entre nosotros, es inseparable. Donde se destruye la comunión con Dios, que es comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, se destruye también la raíz y el manantial de la comunión entre nosotros. Y donde no se vive la comunión entre nosotros, tampoco es viva y verdadera la comunión con el Dios Trinitario, como hemos escuchado.»[1]

 

Ahí llegamos de nuevo a la médula de nuestra fe. Estamos en una condición de fraternidad, de koinonía con todo el género humano que hace de nuestra tarea y de nuestro envío un requisito de entrega perfecta por la paz, por  la unidad de todos y con todo, incluidas las realidades del medio ambiente, todas las criaturas y especialmente con toda la raza humana.

 

Esta tarea esta por así decirlo “aterrizada” por San Pablo con cuatro propósitos:

1)    χαίρετε Vivir en la alegría

2)    καταρτίζεσθε Trabajar por la perfección

3)    παρακαλεῖσθε Animarse mutuamente, apoyarse, abogar unos por otros

4)    τὸ αὐτὸ φρονεῖτε, εἰρηνεύετε Vivir en paz y armonía (con un solo corazón y una sola alma, como viven las Tres Personas de la Santísima Trinidad)

 

Nada de abstracciones sino verdaderas concreciones. Claridad en los propósitos que deben animar la vida del cristiano: Gozo y entusiasmo, perfeccionamiento progresivo, apoyo mutuo y –finalmente- todo en un marco de armonía.

 

La Buena Nueva

Nuestra fe y nuestro Dios es un Dios que se manifiesta en el tiempo (cronos) su revelación pasa del tiempo kairótico (el tiempo de la gracia) a nuestro tiempo histórico; se encarna de la dimensión intemporal a la temporal. Las referencias y la manifestación de Dios han ocurrido en el tiempo, son datos históricos que tienen un marco temporal y espacial.


El enunciado de hoy parece arrancar en un pasado muy remoto, un momento de Decisión Divina, cuando Dios tuvo la Voluntad de crearnos para la salvación (muchas veces a pesar de nosotros mismos que andamos persiguiendo siempre sombras y fantasmagorías), y enhebra todo el tiempo desde el remotísimo pasado, pasando por los años y los años, pasando por el hoy y el ahora y dirigiéndose hacia el futuro que Él y sólo Él tiene previsto, escrito en el libro de su Infinita Bondad, sin quebrantar nuestra libertad, sino pasando a través de ella (como la Luz a través del cristal, como Jesús a través de María), pero respetando el querer de los hijos: Οὕτως γὰρ ἠγάπησεν Θεὸς τὸν κόσμον, ὥστε  τὸν Υἱὸν τὸν μονογενῆ ἔδωκεν, ἵνα πᾶς πιστεύων εἰς αὐτὸν μὴ ἀπόληται ἀλλἔχῃ ζωὴν αἰώνιον.

 

Nos encontramos con dos verbos en aoristo indicativo activo (algo que se hizo de una vez por todas, señala la perfectividad puesto que la acción es rotunda, sin pendientes, no le quedan faltantes o facetas por desarrollar, por eso es empleado en literatura como tiempo verbal para hacer avanzar la historia): ἠγάπησεν ἔδωκεν amó y entregó; ese pasado se remite a un pasado ante-histórico (pre-cronológico), antes de todos los tiempos, antes de que el mundo fuera creado, cuando Dios ya había decidido crearnos y no dejarnos perder sino darnos un Redentor y que ese Redentor fuera su propio Hijo. ¡Así de grande es su Amor, y así de grande ya era desde antes del Principio! ¡Su fidelidad es por Siempre! (A veces traducimos “dura por siempre”, pero este Siempre no está condicionado a la existencia del tiempo, ES previo a cualquier duración y se extiende más allá del que nosotros llamamos “fin”.


Si hay un requisito para poder gozar de este obsequio incomparable, inefable, es aceptarlo, reconocerlo, creer en Él. No es necesario explicarlo o entenderlo, no es cuestión de conocimiento intelectual sino de vivencia afectiva, amor entre personas humanas y Divinas. Amor incondicional, que se enamora locamente sin imposiciones, con gratuidad, aun cuando no se entienda, o el “entendimiento” sea incompleto… Dice Calixto Cataphygiotés:

 

«Tú abrasas mi espíritu con la herida del eros,

iluminándolo cada vez más,

y lo introduces en las maravillas

que lo haces contemplar,

maravillas inaccesibles, místicas,

que están por encima del cielo.

¡Oh unidad infinitamente celebrada,

Trinidad infinitamente venerada,

Abismo sin fondo de poder y sabiduría!

¿Cómo consigues hacer entrar

en tu Tiniebla Divina al espíritu

que se ha elevado tal como lo quiere la Ley,

llevándolo de gloria en gloria (2 Cor 3, 18)

y concediéndole con frecuencia habitar

dentro de la Tiniebla-más-que-luminosa?

Yo no sé, al contrario que Tú,

si Moisés entró en esa Tiniebla (Ex 20, 21)

si él fue la imagen de la misma

o si la Tiniebla fue su imagen.

Yo sólo sé una cosa:

Que esa Tiniebla es perceptible por el espíritu,

y que en ella son celebrados divinamente,

sobrenatural e inefablemente,

en lo secreto del alma,

los misterios de la unión y el amor espirituales.»[2]

 

«La "comunión" es realmente la Buena Nueva, el remedio que nos ha dado el Señor contra la soledad, que hoy amenaza a todos; es el don precioso que nos hace sentirnos acogidos y amados en Dios, en la unidad de su pueblo congregado en nombre de la Trinidad; es la luz que hace brillar a la Iglesia como estandarte enarbolado entre los pueblos: "Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como Él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros" (1Jn 1, 6-7). Así, a pesar de todas las fragilidades humanas que pertenecen a su fisonomía histórica, la Iglesia se manifiesta como una maravillosa creación de amor, hecha para que Cristo esté cerca de todos los hombres y mujeres que quieran de verdad encontrarse con él, hasta el final de los tiempos… El Señor no habla en pasado, sino que habla en presente, habla hoy con nosotros, nos da luz, nos muestra el camino de la vida, nos da comunión, y así nos prepara y nos abre a la paz.»[3]

Nuestra participación presente en la Trinidad Santa consiste en vivir la comunión viviendo en comunión dentro de la Iglesia. Dios no castiga nuestra “terquedad” sino que nos convoca nuevamente a restaurar la Unidad, llamándonos a vivir en la Comunión Eclesial, la fraternidad que nos conduce a ser familia de la Familia Trinitaria y a vivir esa comunión ejercitándonos en los cuatro propósitos señalados por San Pablo. La economía salvífica incluyó, además de un Redentor, Hijo Único del Padre, el Único Mediador, un puente para cruzar, que es la Iglesia, como factor procesual de la construcción del Reinoἵνα ὦσιν ἓν καθὼς ἡμεῖς ἕν· ἐγὼ ἐν αὐτοῖς καὶ σὺ ἐν ἐμοί, ἵνα ὦσιν τετελειωμένοι εἰς ἕν “Para que sean uno como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno;” (Jn 17, 22b-23a).

Hoy, cabe ratificar que la Iglesia no es un edificio, sino la Presencia de Dios que es Emmanuel, Dios-entrañable. No somos los que fuimos llamados, somos principalmente, los que están pendientes por ser invitados y a quienes nosotros tendremos que llevarles el “llamado”. ¡Apostemos por la Unidad!



[1] BENEDICTO XVI.  AUDIENCIA GENERAL  Miércoles 29 de marzo de 2006

[2] Cataphygiotés, Calixto. XI, 91-92, pp. 226-228. Citado por Javier Melloti Ribas, s.j. en LOS CAMINOS DEL CORAZÓN EL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL EN LA “FILOCALIA”. Ed.

[3] Benedicto XVI Loc. Cit. 

viernes, 29 de mayo de 2026

Sábado de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 

Jud 17, 20b-25

No permitir que el misterio cristiano se debilite

La carta de Judas -muy probablemente escrita hacia finales del siglo I- es extremadamente breve: consta de un solo capítulo con 25 versículos. De los cuales lo único que se leerá serán los 5 versos y medio de hoy. «… lo principal de su preocupación es bien claro: la necesidad de defender lo esencial de la fe con dientes y uñas y denunciar con valor las aberraciones de un misticismo inmoral» (Ivo Storniolo y Euclides Martins Balancin) El tema de esta carta es levantar una voz de alerta contra los “falsos predicadores” que están perjudicando tan gravemente a la comunidad.

 

Es inevitable que se presenten “falsos maestros”, los falsos maestros surgen del afán de acomodar las “Enseñanzas” de manera tal que, se ablande su exigencia para convertir las enseñanzas en un menjurje tan flexible que les permita “manipular la doctrina”. Pero no se vaya a pensar que este ablandamiento se produce siempre por la vía de hacer más llevadera la “ley” y darle cabida al pecado. En tantísimas situaciones, por el contario, la deformación se produce con un mensaje “recrudecido y encarnizado” que tiene dos consecuencias tan negativas como la de los que lo suavizan en extremo:

a)    Dividen a la comunidad entre los “puros”, los “ortodoxos” y del otro lado, los “laxos”, los heterodoxos. Esta ruta herética se tiñe con los ropajes de la “rigurosidad”.

b)    La ponen tan difícil que ahuyentan a la “gente”, que no logran soportar “cargas tan pesadas” que prefieren quedarse por fuera ante la dureza de las exigencias. Los fieles tienen que ser más que santos y mejores que los “ángeles”.

 

Otra corriente, de tinte demagógico, procura poner las cosas tan fáciles, que todo el mundo cabe y el pecado se diluye en una exigencia rala y débil, que no obliga a nada y da pábulo al “según lo quiera entender y como le acomode aplicar”: es el laxismo puro.

 

Uno podría, ingenuamente, creer que se trata de buscar el sano punto medio. Lo que conduce a un eclecticismo de “la línea media”. Lo cual, tampoco es así.

 

Todo eso provocaba la desunión en las comunidades, eran falsarios camuflados bajo una tintura de “espiritualidad”.

 

Nunca estaremos por fuera de la Voz de la Consciencia y no nos podremos emperezar en el lema “que lo piensen ellos por mí”. Siempre estaremos obligados a repensar nuestras conductas y a juzgar -eso sí, avalados por la Palabra de Dios- cuál es el Camino Evangélico, el que nos legó Jesús, el que nos ha comunicado Dios. Para nuestra fortuna, Jesús también nos legó la Iglesia, a la que le comunicó la responsabilidad del pastoreo de la grey. Esta trasmisión del Encargo está dictada en la triple pregunta a San Pedro sobre la profundidad de su Amor: y el dictum: “Pastorea mis ovejas”. (Cfr. Jn 21, 15- 17)

 

Sin embargo, a los que se desvíen, no se les puede abandonar, así como así, a su suerte: ¡Son nuestros hermanos y hay que procurar rescatarlos!

 

Judas no da un método único: Traza una línea de diferenciación, porque están los que:

a)    Mantienen cierta apertura y capacidad de discernimiento, a esos hay que mostrarles compasión, arrancándolos de sus garras.

b)    Por otra parte, están los que se empecinan y no admiten “dialogo”, a ellos hay que mostrarles la misma compasión, pero en este caso, reconociendo que de ellos no se puede rescatar, ni el sombrero, porque hasta el sombrero queda corrompido por su obstinación.

 

Parecería innecesario decir que una fórmula magistral es dejarse encaminar por las enseñanzas apostólicas. Prestando atenta voz a sus sabidurías. Claro está, bien digeridas y no adulteradas. Fácilmente, y la historia lo ha mostrado, se toman resúmenes improvisados donde ya la “desviación” ha sido acomodada estratégicamente, para maquillar el engaño y mantener el desvío campante y rampante. La recomendación es leer atentamente la Escritura y no atenernos a segundas voces; y, no tomar retazos sueltos desencajados de su co-texto. (Siempre distinguimos contexto -lo que está sucediendo en ese momento histórico-, y co-texto, lo que dice antes y después de lo que estamos leyendo y que enmarca y aclara ese “aparte”). Lo que nos subraya San judas es apoyarnos en la sólida fe que tenemos y en la oración asistida por el espíritu Santo.

 

¿En qué territorio nos moveremos? En la zona resguardada por el Amor Divino y atenidos a la Misericordia del Infinito Jesucristo que nos lleva de la mano hacia la Vida Eterna. Es precisamente Él quien puede “resguardarnos de tropiezos y presentarnos intachables y exultantes ante la Gloria Celestial”. Con profundo gozo, hay que presentar ante el Cielo, a los que se dejan auxiliar y están dispuestos a escuchar la corrección. Aquí se inserta -a manera de doxología- un hermoso reconocimiento de la Majestad de Jesucristo: “Dios Único, nuestro Salvador, a Él la Gloria y Majestad, el Poder y la Soberanía desde siempre, ahora y por los siglos de los siglos. Amén”.

Y con esta doxa, concluye la Carta.

 

Sal 63(62), 2. 3-4. 5-6

Este es un salmo del Huésped de Yahvé. Alojarse en Casa del Señor es comparado a un gran Banquete; a una Canción llena de alegría; a un Pajarillo en un “cerezo” que, en su dicha de hallar el árbol frutecido, no cesa de piar. Como una Esposa en brazos de su Esposo. Felicidad porque la conquista amorosa no fue fácil pero ahora la seducción es plenitud de sincero amor. Y, como cima de las comparaciones, con el Triunfo de Dios en la Historia: La economía Salvífica será un Presea consumada.

 

Hacia el final, en las dos últimas estrofas (vv. 9-11), ya no está ese lenguaje de tuteo, de cercana amistad, palabras dichas en la confianza del romance. Se pasa a dirigirse a los que envidian y se han dado a la tarea de malograr el romance de Dios-con-el-Pueblo Elegido.

 

Como se evidencia, la perícopa que se proclama proviene de la parte en que el Huésped de Yahvé se deleita en su estancia en las Moradas del Señor. 

 

Se siente bienaventurado y madruga para deleitarse. Él esta hambriento y sediento del Infinito Amor. Como la tierra cuando ha atravesado una larga temporada de sequía.


Al Mirar sostenidamente al Señor se ve su Gracia, su Fuerza, su Gloria. Todo ello holgadamente más valioso que la vida misma.

 

Esa consciencia de romance con la Divinidad lo conduce a una enorme gratitud que no desfallecerá nunca: Su vida toda estará dedicada a exaltar los manjares exquisitos que allí degusta y su boca -la misma que prueba los Manjares- se deshace en loas y alabanzas jubilosas.

 

La antífona afirma la Sed que tiene el alma del orante respecto de Dios. Como un caminante que camina en el Desierto necesita del agua, el orante requiere beber del Cántaro de la Vida Eterna.

 

Mc 11, 27-33

Entramos en la última etapa de la vida de Jesús, Jesús con sus discípulos han regresado a Jerusalén, podemos respirar la atmosfera de rechazo, y la creciente y venenosa hostilidad que se respira. Jesús se pasea por el Atrio del templo y los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, le preguntan de dónde proviene la “autoridad” con la que actúa.


Jesús ya está ampliamente familiarizado con estas emboscadas verbales y establece las normas de un pacto: Él contestará sí, y sólo sí, ellos primero responden a una sola pregunta: En resumidas cuentas, confiesen por qué mataron a Juan el Bautista: La manera de preguntarles se refiere a la teología de la práctica bautismal que desarrollaba Juan: ¿El bautismo de Juan era de YHWH, o era sólo una cuestión de carácter meramente “humano”?

 

De inmediato ellos caen en la cuenta que es un dilema sin salida:

Si dicen que era del cielo, sacarán la peor nota, ¡perderán fatalmente el año! Pero no podían decir que era puramente humano, pues todos veían en San Juan el Bautista, un Emisario Divino. ¿Qué podían hacer? Como buenos tramposos, desistir, le contestaron: “No lo sabemos”.

 

El asunto está en que reconocer su ignorancia desenmascaraba la falsa autoridad sobre la que ellos sustentaban su “magisterio”. Si no sabían algo tan sencillo, como sería todo el resto de su discurso. Que endebles bases tendría todo cuanto ellos afirmaban.

 

“¿Con que autoridad haces esto?” Siempre, a lo largo del Evangelio, está en juego la ἐξουσίᾳ [exousia] “autoridad”, “poder que se ha otorgado, que se ha recibido” del Padre para Jesús, porque sus “hechos” no dejaban lugar a duda que Él se apoyaba en Dios. Ellos que presumían de poseer el monopolio de la autoridad, terminan mostrando su ignorancia de las cosas teologales al reconocer “No lo sabemos” ¡Qué liderazgo espiritual tan menesteroso! En cambio, desde el puro principio de este Evangelio marqueano, la gente está sorprendida de la “autoridad” patente con la que Jesús enseñaba (Cfr Mc 1, 22).

 

Esta que se trae hoy a colación puede ser la denuncia de nuestra lamentable situación. También en nuestro ambiente hay muchos que viene a cuestionar la autoridad con la que obramos, ignorando que muy a pesar de nuestras flaquezas, lo que afirmamos del Señor, viene del Señor, y no dimana de nuestra propia autoridad, sino de la que ha conferido el Santo Espíritu de Dios para dar a conocer su mensaje Salvífico y comunicarnos la Redención que por pura gratuidad nos entregó Jesucristo en le cruz.

Él tampoco les responde nada, porque ellos habían quedado acorralados en una trampa del mismo talante de la que procuraban tenderle. Aquí hay además una consciencia de parte de la “gente”, que reconoce -plenamente convencida- que la Jurisdicción de Jesús ha sido directamente delegada por Dios. La Comunidad se pone de la parte de Jesús, y de Juan el Bautista, y ven en ellos a los representantes plenipotenciarios de la Divinidad. Poniendo en cambio entre paréntesis la tan cascabeleada “autoridad” de los gobernantes judíos, civiles y religiosos. Estos cascabeles no pasan de ser una insignificancia propagandística para engañar a la gente pavoneándose de poseer algo que en realidad no tienen.   

jueves, 28 de mayo de 2026

Viernes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1P 4, 7-13

En esta carne herida y amada, el Padre nos muestra la verdadera humanidad de una vida que se realiza en la apertura y en la comunión, hasta el punto de hacernos desear que su voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo.

Magnifica humanitas #231

La premisa inicial es “el cercano fin de todas las cosas”. Sabemos que, en las primeras comunidades creyentes, la Parusía era cosa para mañana, a más tardar, para pasado mañana. Así que, en esas condiciones, vivían con la mochila lista, atentos al sonido de la trompeta que anunciaba el regreso del Señor. Muchos de los acontecimientos que registraba la historia, les parecían las señales del fin: el incendio de Roma, el suicidio de Nerón, la erupción del Vesubio, por sólo mencionar los que nos afloran a la memoria así, de rapidez.

 

Muy poco a poco fueron descubriendo que tampoco era para tan pronto, y que las señales no eran indicativas del fin, sino de cambios “epocales”. Todos asistimos a estos cambios, que van introduciendo variaciones en el compás de la vida, y comprendemos que Dios Misericordioso dilata el fin para ampliar nuestro margen de conversión y acrecentar nuestras posibilidades de conquistar la salvación.

 

¿Invalida eso las pautas que nos propone la carta? ¡Consideramos que no! Inclusive, nos parece que ratifica la importancia de vivir en la σωφρονήσατε [sofronesate] “sensatez”, “en sano juicio”, “cabalidad” y la νήψατε [nepsate] “sobriedad”, “sin embriagarse”, “sin consumir vino”. Esta “sensatez” y “sobriedad” ¿para qué se pide? Para la oración, para que los encuentros de oración no fueran asamblea de borrachines. Recuerden que después de Pentecostés la gente los acusaba de estar embriagados y que hacían aquellas cosas como resultado de su estado alcoholizado. Muchas veces la gente nos acusa de cualquier cosa para devaluar las enseñanzas y el contenido de las predicas. Llegan a decir que “se la fumo verde”.

 

Los χάρισμα [charisma] “carisma”, “regalo”, “don”, “gracia” ¿qué se nos indica que hagamos con ellos? ¡Que los administremos bien! Se reciben para la δόξα [doxa] Nos enseña que la multiforme gracia de Dios está para ponerla al servicio de los demás. Los clasifica aquí en dos grupos: 1) Los carismas del “habla” y 2) el carisma de “prestar algún servicio”. Y pone una regla de oro: Todo eso se recibe para gloria de Dios.

 

Muchas veces ellos se desconcertaban que en medio de su fragilidad y de su escaza o nula escolaridad, acometieran con tanto ímpetu y con gigantesca vehemencia las tareas de la Evangelización. Muchas veces les parecía como un πυρώσει [pyrosei] “fuego” que los impulsaba y que ardía en el pecho como una fogata apasionada. La carta les dice que no se asombren por eso, que esa “energía” y “arrebato” podía desembocar en tentación de “arrogancia” o de “jactancia”. Y nos enseña, que, por el contrario, debe colmarnos de satisfacción y alegría. ¡Nunca de presunción ni de petulancia!


No pasemos por alto una virtud evangélica que aparece aquí, en el verso 9: φιλόξενοι [filoxenoi] “hospitalidad”. Detengámonos un momento a examinar la etimología de esta palabra: En español la palabra deriva del latín hospitalĭtas, que proviene de hospes (que significa 'huésped' o 'extranjero'); en griego se descompone en φίλος [amor] y ξένος [xénos] “extranjero”, “fuereño”, “foráneo”. Estrictamente el antónimo de xenófobo, ξένος, [xénos] "extranjero", "huésped", "extraño", y φόβος, [fobos] "miedo". Este mandamiento de xenofilia está consignado en Ex 22, 21: “No maltrates ni oprimas a los extranjeros en ninguna forma. Recuerda que tú también fuiste extranjero en la tierra de Egipto”.

 

Sal 96(95), 10. 11-12. 13

Venga a nosotros tu Reino

II Petición del Padre nuestro

Así como un rey es entronizado, el pueblo elegido conoció en Babilonia las ceremonias de entronización de su dios, Marduk. Visto este ejemplo -que tanto los maravilló- quisieron tener una ceremonia, también ellos, para entronizar a YHWH, con mayor o menor consciencia que, Dios no era reemplazable, que el permanecía en su Trono por toda la Eternidad y que no dependía para nada de estas ceremonias rimbombantes. Nadie lo iba a desbancar, nadie iba a cuestionar su Reinado Perfecto. Él iba a ser el Rey-y-Sacerdote-Eterno de Suprema Justicia por siempre jamás. Sólo que, les pareció que las entronizaciones de Marduk eran muy pintorescas, y no querían quedarse atrás.

 

A nosotros siempre tiende a admirarnos la bullaranga, el griterío, las rechiflas y las descargas de aplausos por parte de toda la gente, y el prístino grito del Shofar. El paso solemne de la procesión real, y el brillo de los “uniformes” y los “sables” al aire. Sin dejar de lado el ronco crujir del pavimento al paso de los tanques y las grúas que conducían los misiles. Todo este oropel desconcertaba a los ingenuos y les hacía correr escalofríos. Ah y no olvidemos la Garota de Ipanema que se contorneaba con toda la corte de passistas y musas directamente invitadas del carnaval de Rio para engalanar -con junto con las escuelas de samba- el paso del cortejo.


El Rey iba sentado en su palanquín y los soldados de su guardia personal, lo llevaban en andas portando la silla gestatoria que lo hacía visible desde la distancia. Indudablemente toda esta parafernalia era impostergable y no se podía desperdiciar todo el asombro y el descreste que producía en el vulgo.

 

«Yo quería ver a Cristo porque mi pecho estallaba en angustia. No me interesaba su corte celestial ni terrena. Me afirmé con las dos manos en una baranda y entré al palco. Caí de pie sobre la blanda alfombra. Junto al micrófono estaba Caifás, con cuello de armiño y hábitos blancos. Sostenía una Biblia con tapas de marfil y leía el evangelio, leía la palabra de Cristo, mientras Cristo… ¿Ahí está! ¡Ahí está! ¡¡Es Él!! -yacía atado con sogas a la enorme cruz de oro que presidia la manifestación triunfal-, y lloraba inconsolablemente. (Marcos Aguinis)

 

Mc11, 11-25

Dejamos atrás le sección del evangelio marqueano, en donde Él visita diversos lugares (6,6 – 10,52) y pasamos a la última sección que se refiere a su actividad en Jerusalén incluyendo su pasión y muerte. Podríamos subdividir el Evangelio de otra manera y tener una subsección (8,31 – 11, 11) donde Jesús anuncia su muerte; y, una subsección que empezaría en 11,12 hasta 13, 37 -a la que pertenecería la perícopa de hoy- donde se nos presenta y relata todo lo relativo a Jerusalén, pero se descarta (14,1 – 16,20) donde se nos contará lo relativo a la Pasión, muerte y resurrección.


 

En la perícopa 11,1-11, tendríamos el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén. Mientras en la perícopa de hoy tendríamos tres aspectos:

1)    La maldición de la higuera por no tener higos (11,12-14)

2)    La Purificación de templo (11, 15-19)

3)    El señalamiento de tener fe, una fe decidida. (11, 20-25)

 

Jesús llegó al ἱερόν [ieron] “Templo” la palabra que se usa significa “sagrado”; era ya tarde, solo alcanzó, aquel día a dar un vistazo, περιβλέπομαι [periblepomai] “echando una mirada alrededor”. Después de lo cual, salió -con los Doce- para Betania "casa de higos", pequeña aldea situada a unos 3 km de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de los Olivos.

 

¡Hablando de higos! Al día siguiente, encontró una higuera, puras hojas, no había ni un solo higo. -porque no era temporada de higos- y le dijo Jesús, “Nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Esto lo tendremos en cuenta de nuevo cuando lleguemos al versículo 20. Será lo que se llama técnicamente una inserción, y que nosotros lo llamamos “sándwich” porque es como una tajada de pan, donde queda faltando la otra tajada de pan, pero antes hay que poner el jamón y el queso, que en nuestro caso será, lo sucedido en el Templo:

 

Pasamos a los versos 15-19, en estos cinco versos se nos cuenta:

i)              Jesús entró en el Templo

ii)             Se puso a echar a los vendedores y a los compradores

iii)           Volcó las mesas de los cambistas. No se podían usar monedas romanas para los asuntos del Templo, entonces había que cambiarlas por monedas judías.

iv)           También revolcó las jaulas de los vendedores de palomas

v)            Nadie tenía porque andar trasteando cosas por el Templo, no se los permitía.

 

Al conjunto de estas cinco acciones Jesús les pone un título: “Ustedes han convertido la Casa de Oración del Padre en una cueva de bandidos”.

 

Claro que los sumos sacerdotes debían recomerse por dentro, y lo que los quemaba en su interior era el anhelo de ver cómo acabarían con Él, cuanto más pronto mejor.

 

Ahora sí, regresemos a nuestro “sándwich”, la segunda taja de pan, la tapa: Esto ya será al día siguiente, al volver a pasar frente a la higuera la encontraron marchita de raíz. Pedro identifica con claridad las dos tajas de pan: “La higuera que maldijiste, se ha secado”. Jesús va a sacar las conclusiones y a mostrarles la didáctica que contenía este episodio:

i)              Tengan fe

ii)             Si uno no da pie a la duda, la palabra con fe se cumplirá

iii)           Entonces, todo lo que se pida en oración ha de hacerse de cuenta que ya fue obtenido.

iv)           Pero con una condición, poner por delante el ἀφίετε [afiete] “perdón”, esta palabra griega significa “alejar”, “apartar”, “abandonar”, “separarse de algo”, “no volver a recordar”, “perderlo de vista”.

 

Solo si uno logra arrancarse del corazón y de la memoria rencorosa el recuerdo habrá perdonado y entonces, y solo entonces, logrará obtener lo mismo del Padre Celestial. Así Él también nos perdonara nuestras culpas.

 

«… la historia de la higuera que se secó de raíz: es un simbolismo profético que condena al tronco de una sociedad estéril, que no da fruto, porque en vez de alimentar una práctica de justicia y libertad, sustenta una religión que aliena y explota en nombre de Dios, y que, al mismo tiempo, exige una pureza discriminatoria que margina al pueblo». (Euclides M. Balancin)


«De la higuera debemos aprender que al igual que el pueblo hebreo, así también el nuevo pueblo del Señor puede ser repudiado si no produce los frutos del reino y puede recaer sobre él la maldición que manifiesta su esterilidad y lo destina al fuego.» (Beck. Benedetti. Brambillesca etal)