lunes, 21 de septiembre de 2026

Martes de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Pr 21, 1-6. 10-13

 

“Procura no inquietar tu alma ante el triste espectáculo de la injusticia humana. Sobre esta injusticia verás un día el triunfo definitivo de la justicia de Dios.”

Padre Pío

 

Hemos dicho que este Libro inicia con una breve introducción, de sólo siete versículos. Luego viene una sección de poemas “sapienciales que abarca desde 1,8 hasta 9, 18. Luego viene una segunda sección, de dichos de Salomón (10,1-22,16). De esta segunda sección se toma la perícopa de hoy, que pertenece casi al final de la sección, después de la cual se abrirá una tercera sección que recopila dichos de sabios.

 

En la perícopa de hoy, encontramos una organización consistente en dísticos, que pueden presentar tres clases de paralelismo: (sinónimo cuando la primera parte significa, por así decirlo, lo mismo; antitético, cuando la segunda parte dice lo contrario de la primera; y, como en el caso que vamos a citar, a continuación, donde el primero enuncia un estado de cosas y el segundo contrapone una especie de consecuencia o caracterización de esa situación (paralelismo sintético). Veamos -a manera de ejemplo- cómo inicia la perícopa:

 

La mente del rey, en manos del Señor,

sigue, como los ríos, el curso que el Señor quiere.

 

Nótese que no quiere decir que la mente del rey esté permanentemente dirigida por el Señor, la criatura no es un “títere” de Dios; hay casos, momentos o circunstancias en que, esa mente se desvía y se va -desviada- por sus caprichos, sus intereses, o sus egoísmos. El rey puede llegar a vivir de sus individualismos, pero -a la larga- Dios adaptará los resultados para que el desenlace sea lo que Él quiere (conforme a su Economía Salvífica): Se retoma la idea que, Dios escribe recto a pesar de los renglones torcidos.

 

La perícopa se sintoniza con aquella enseñanza que nos legaría Jeremías (7, 22-24): «Pero cuando yo saqué a sus antepasados de Egipto, nada les dije ni ordené acerca de holocaustos y sacrificios. Lo que si les ordené fue que me obedecieran pues así Yo sería su Dios y ellos serían mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les había ordenado, para que les fuera bien. Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. En vez de volverse a mí, me volvieron la espalda».

 

Se da la situación de que no sepamos juzgar correctamente nuestro proceder, y que tengamos por bueno, lo que a los ojos de Dios es malo; y, sólo Su Juicio es acertado y confiable. Es Él quien Juzga con rectitud, y es la práctica del derecho y de la rectitud lo que place a sus ojos.

 

El salmo nos encamina hacia la diligencia -en todo el Libro se denuncia la pereza como vía pecaminosa, como derrotero para ofender el Santo Nombre, aquí por el contrario se promueve la responsabilidad laboriosa- y no hacia el activismo.  Nos dice muy claramente que tenemos que afanarnos por nuestro prójimo puesto que aquel que es indiferente ante el dolor y las angustias de su “hermano” es el malvado, al que sólo le afana hacer el mal.

 

Notemos que el cínico recibe castigo, en cambio el que se equivoca por inexperiencia, ese no recibe castigo, sino la oportunidad de corregirse y de aprender, de ganar la “experticia” indispensable. Esto no sólo parece justo, sino que es el punto de despegue de la Justicia, no se puede esperar que la inexperiencia cause falta, la inexperiencia reclama aplicarse a ganarla, pero el que ya cuenta con los datos que la experiencia le ha aportado, ese sí que tendrá que asumir todo el peso de la responsabilidad.

La cúspide de esta perícopa se alcanza en el verso conclusivo: Se llega a la pieza maestra de la Justicia que es la compasión que emana del sentido de projimidad, de ser hermanos en la Paternidad Divina: La indolencia, la inclemencia, la indiferencia ante el clamor del pobre transformará el clamor propio en súplica no atendida: Dios no tendrá oído para aquel que no es compasivo.

 

Sal 119(118), 1. 27. 30.34.35.44

Ese salmo es una súplica. Súplica hilvanada con alabanzas. Aquí lo que se alaba es la Ley de Dios. El salmo en realidad inicia con una bienaventuranza: «Dichoso el que, con vida intachable, camina en la Ley del Señor.». El salmista lo que pide es aprender, entender y vivir en conformidad con la Ley que Dios nos ha dado. Así pues, podemos decir que es un salmo sapiencial.

 

Además, es un salmo alefático. Siempre que se recurre al expediente de estructurar un salmo siguiendo una a una las letras del alfabeto hebreo, se puede entender como que la “pieza” ha pasado por una suerte de “detector electrónico de imperfecciones”, y, después de examinar la “resistencia” y todos sus posibles ángulos de falla, no se encontró ninguna: La Ley es perfecta, es integral, es sabia. Son 22 estrofas, cada una de ellas es un octeto. La Ley, es pues, un regalo del Cielo, un Don Perfecto. Y el salmo, lo que hace es expedir el certificado de calidad óptima.


Suplica por entendimiento. Señalando que es cuestión de elección: uno puede elegir la ruta de los Mandamientos, o irse por otro lado. Si elige la segunda opción será un malaventurado. En cambio, quien sigue la ley vive en perenne gozo. ¿Cómo hacer la elección excelsa? Rogando al Cielo para obtener el “entendimiento” iluminado por el Señor para discernir sabiamente.

 

Y concluye suscribiendo el pacto con el que se compromete a vivir siempre bajo la Alianza, conforme a la Ley.

 

La antífona sabe que debe dejar las riendas y el timón en Manos del Señor, por eso suplica que sea Él quien lo guie, que sea Dios Quien tome su vida en Sus Manos para jamás descarrilarse de las Sendas demarcadas por YHWH en la Revelación.

 

Lc 8, 19-21

Nuestra fe está enmarcada en una entrega y un compromiso profundo con el Evangelio, proclamado por Nuestro Señor Jesucristo y anunciado por nuestra Santa Madre Iglesia en fidelidad y consonancia con la Revelación que Él nos regala. Muy por encima de los vínculos familiares, que no se desprecian, pero que ocupan un lugar anexo.


Jesús está en Cafarnaúm, relativamente cerca de Nazaret. Su Madre y sus hermanos han venido a buscarlo, pero no pueden acceder a su Presencia porque donde Él está enseñando, está atiborrado. Son muchísimos los que se han reunido para escucharlo. Seguramente, pasaron la voz, para hacerle llegar el mensaje a Jesús y que Él supiera que su parentela estaba a la puerta.

 

Pero Jesús, que ha ganado plena consciencia de su familiaridad con Dios Padre, se ve ante la necesidad de definir una Nueva Familia, (es como una glosa al episodio de Jesús que se había quedado en el Templo, la Madre le dice “¿Por qué nos has hecho esto?” y Jesús replica, “¿No sabían que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”, allí ya estaba -por lo menos en embrión- la idea de priorizar la Paternidad Divina sobre las familiaridades humanas):

La estructura de la Nueva Familia, la Iglesia, “la comunidad de los convocados”, está integrada por todos aquellos que cumplen dos condiciones

1)    Escuchan la Palabra de Dios

2)    La cumplen (la ponen por obra).

No se pide una de las dos, sino ambas. Una sola de las dos no nos hace “hijos del Padre”, y por tanto no podremos llamarlo “Padre nuestro”.


Así, se ha instituido una Nueva Familia, donde no bastan los lazos consanguíneos, ante todo está la fe; hay, pues, que sincronizar el corazón y la vida entera con la Palabra, entonces, y sólo entonces, somos de la misma familia que su Madre y sus hermanos.

 

Si nos remontamos al significado de la palabra parentesco encontramos su relación con la palabra latina parĕre, “hacer nacer”, “engendrar”, “producir”, “reproducir”. Lo que quiere Jesús es centrar nuestra existencia en la vida espiritual. A través de Quién llegamos a ser “trascendentes”, a tener “vida en el Espíritu”, o sea, ¿Quién nos engendra en el Espíritu? Él quiere que más que parentesco seamos hijos del mismo Padre. Quiere que, como criaturas espirituales, reconozcamos que hemos nacido, mucho más que de la carne, nuestra vida trascendente proviene del agua y del espíritu.

 

Para entrar a pertenecer a esta familia, la familia que emana de la fe, el requisito es el verbo ἀκούω [akuo], de este verbo se deriva en español “acústica”, es el verbo griego para “escuchar”. Escuchar es muchísimo más que oír. Oír es un fenómeno meramente físico, son ondas sonoras que, cuando son percibidas, el cerebro las capta como una ruptura del silencio. Pero escuchar es, además, dejar que ese sonido nos dinamice, nos mueva, nos impulse, inclusive, nos cambie. La escucha está relacionada con la acogida, y cuando lo que se acoge es la Palabra, entonces, la Comunicación de Dios ha incidido en nuestro ser y ha llevado a cabo su “Poder”: Lo que ha pasado es que el poder de Dios ha actuado en nosotros porque nosotros hemos dejado que la vibración de Su Palabra nos agite con fuerza Divina.

 

Ya en los registros veterotestamentarios nos hemos encontrado con su equivalente en hebreo שְׁמַע [shema]. Quizá la figura que mejor nos acerca a estos verbos es la del velamen de la embarcación que recoge y capta el empuje del viento, y, de esta forma, dinamizan el barco; así también, nuestra “acogida” nos mueve a la acción, y permitimos que la Palabra de Dios nos ποιέω mueva a la acción”. Entonces, y sólo entonces, entraos en la familia de Dios. No por factores genéticos, sino por hemos recogido en el corazón el eco de la Voz de Dios y la hemos “cumplido”.


Esta nueva manera de ser familia, nos reclama ser conscientes de las relaciones comunitarias que implican la filiación directa de Dios. En este contexto cobra su total realce la sinodalidad. La sinodalidad es un aspecto de la fe que no tiene nada que ver con la novedad, que no es una categoría reciente, que hace poco se puso en boga. Es, por el contrario, una de las más antiguas metas que nos concede el Amor de Dios Padre, saber que somos hermanos en Él y que la dimensión horizontal de la Cruz se refiera a la hermandad que tendría que aglutinarnos a todos los que somos hermanos en esa fe. La sinodalidad está a la base de la Iglesia, somos las piedras vivas que formamos sus Muros, si no hay sinodalidad -es decir cooperación y solidaridad de piedra a piedra- la construcción no será estable, sino endeble, cualquier viento de la historia la derribará.

domingo, 20 de septiembre de 2026

San Mateo


Ef 4, 1-7. 11-13

La Carta a los efesios vuelve a tomar y desarrolla algunos temas de la carta a los colosenses. En realidad, más que de una carta se trata de un pequeño tratado enviado a las Iglesias de Asia bajo el nombre autorizado de Pablo.

Rinaldo Fabris

Hoy, rompemos el ritmo de nuestras Lecturas, e introducimos un ensamble de Lecturas particulares, que se han señalado para le celebración de la Fiesta de San Mateo.

 

El punto de partida para la perícopa de hoy es el de un hombre que, desde la cárcel, y apelando a tal cautividad, pide a los destinatarios coherencia (se usa la palabra ἀξίως [axios] que significa “digno”) con el llamado que les han hecho, al ser convocados deben poner en alto el sentido de esa llamada, de esa convocatoria, y honrarla con su vida. Ciertamente sería absurdo que -por ejemplo- se convocara a un equipo de personas, tenidas por honestas, a trabajar en pro de la honestidad, y en la práctica de esta labor, se recurriera a tretas y artificios de deshonestidad. La ética nos concita a la coherencia entre los medios y los fines.

 

La convocatoria que se ha hecho, en este caso, es en pro de unos valores que -a lo largo de la perícopa- se van señalando. Podemos decir que el mensaje se ha estructurado cuidadosamente para que sea muy claro el sentido exhortativo de la carta. Pide, ante todo -y será muy importante porque lo pone de primeras, y lo que primero se dice, suele ser lo primordial- que sean ταπεινοφροσύνης [tapeinofrosines] es lo contrario de “autosuficiente”, “nada arrogante del propio yo”, “modesto”, “sencillo”, “sin ínfulas”, “discreto”, “sobrio”, esta condición nos facilita someternos al Señor, dejarnos en Su Manos, “deshacernos en confianza”, “abandonarnos en Él”.

 

Y, luego, segunda virtud de la lista: πραΰτητος [prautetos] es una “mansedumbre” muy especial -diferentísima de la estulticia-, esta “mansedumbre” dada por Dios -su peculiaridad es que la gentileza que exterioriza proviene de una enorme fuerza interna refrenada, emparentada con la legendaria serenidad de los grandes maestros espirituales-, podríamos decir que es una virtud teologal, (otra además de la fe la esperanza y la caridad), la indulgencia. Nosotros muchas veces hablamos de una mansedumbre que resulta de “agachar la cabeza”, en cambio, esta mansedumbre surge de otra parte, viene directamente de Dios al hombre, por eso la llamamos “mansedumbre teologal”.

 

Pasamos al tercer valor por el que clama la Carta a los Efesios: ser μακροθυμίας [makrotymias] es una virtud poco conocida entre nosotros, lo contrario de la explosividad, aquella virtud que nos enseña a “contar hasta diez”, es la “longanimidad”, aunque nadie parece recordar de que se trata, tiene un hondo parentesco con la imperturbabilidad, pero difiere porque tiene cero por ciento de “indiferencia”, no se parece a la “impavidez”; pero, es como un filtro que condensa la fuerza eruptiva y la potencia, al no dispararla incontenidamente, sino que la energiza, aplicándola sabia y prudentemente en el punto y momento estratégico. Antiguamente era una virtud muy reconocida, se trata de la “clemencia”, hoy en día, la palabra ha devenido obsoleta, y desconocemos de qué va la “clemencia”. Y es que, si desconocemos esta virtud, tenemos un escondite perfecto para ejercer el despotismo. Si desconocemos el significado de un valor, podemos hacernos los locos y volvernos ¡inclementes!

Así que esa es la tercera virtud que debe caracterizar a los que han recibido la convocatoria de seguir al Señor: Han de ser clementes. Entonces, expliquemos de qué va esta virtud para que podamos ejercerla. No se trata de dejar que la gente atropelle y pisotee la Justicia; se trata de lograr que la sanción sea correctiva, que tenga un cariz pedagógico, pero que no autorice que la falta quede impune. Se trata de ser capaz de moderar el castigo, -inclusive- de perdonarla o, de usa de la benevolencia a quien le urge el correctivo.

 

Entiéndase que no se trata de un “dejemos así”, ni mucho menos de “hacer de la vista gorda”. Se trata de entender que la sanción siempre debe cocinarse y adobarse con ánimo correctivo y pedagógico; y nunca, óigase bien, jamás, con vehemente sevicia.

 

Luego enumera varios valores fundamentales, muy útiles y aplicables a la sinodalidad:

 

a)    Sobrellévense mutuamente con amor

b)    Esfuércense en mantener la unidad del Espíritu -apoyados en- el vínculo de la paz.

c)   La vocación a la que hemos sido llamados es, como un solo cuerpo y una sola alma, revestidos con una única coraza, un chaleco reforzado que modela y contiene la esperanza unificadora.

d)  Todo esto se conjuga en una razón de ser de la sinodalidad que ha de frutecer en una meta teleológica: “un Señor, una Fe, un Bautismo, Un Dios, Padre de todos, que lo trasciende todo y lo penetra todo y lo invade todo”.

 

Aquí es urgente citar a Papa Francisco, porque esta es una de las citas favoritas para proponer una ideología cerrada y fanática: «No hay que tener miedo a la diversidad de carismas en la Iglesia. Por el contrario, hay que alegrarse de vivir esta diversidad. Ya en las primeras comunidades cristianas, diversidad y unidad estaban muy presentes y en una tensión que debe resolverse en un plano superior. Más aún. Para avanzar por el camino de la fe necesitamos también el diálogo ecuménico con los hermanos y hermanas de otras confesiones y comunidades cristianas".

 

Muchas personas han entendido esto como una suerte de kirigami, donde todas las figuritas obtenidas son exactamente iguales. No se trata de esto; seguramente por eso, a continuación, la carta habla de las diferencias y remarca que cada quien tiene los carismas propios, y las gracias que lo individualizan “según la medida del Don de Cristo”. Esa diversidad resultante, lejos de ser inconveniente, puede y debe estimularse, la diferencia siempre es vital, enriquecedora, deseable. La diversidad en la Comunidad es sintomática de Fuerza Vital, así ha hecho el Señor todas las cosas y todas las personas.

 

Sufrimos de un fortísimo prejuicio contra la diversidad, cuando, aquí la Carta a los Efesios la saluda: señalando que es útil para “el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio y para la edificación del Cuerpo de Cristo”. Dejemos que cada quien encuentre su carisma, y florezca con los talentos que el Señor le haya confiado, esa floración -sin duda- redundará en la Glorificación de la Trinidad Santísima. No desconfiemos de la diversidad cada quien sabe sembrar mejor en ciertos corazones.


La perícopa entiende muy bien que esto está demarcando el camino, y sólo al llegar, nos encontraremos con los ideales realizados del “hombre perfecto” a la medida del Hijo de Dios, Nuestro-Señor-Pleroma, en la Fe y en el Conocimiento: Por ahora, somos homo viator (“peregrinos”, como lo designo Gabriel Marcel), (sin predeterminaciones, con libertad plena para avanzar certeramente o desviarnos), peregrinos en proceso hacia la Patria Celestial.

 

Sal 19(18), 2-3. 4-5

Este salmo es de la familia de los himnos, o sea una Alabanza al Señor. Consta de dos partes, esta vez, y para esta perícopa tomaremos 4 versos de la primera parte, que data de antiquísimo, donde el salmista, al contemplar la naturaleza, alaba arrobado la Magnificencia Divina.

 

La Fe del Israelita está totalmente cimentada en la Ley. El judío oye en cada Ley la Voz de Dios que lo dirige. Así que su norte y su derrotero son la Torah. Para él, el cosmos entero es un mecanismo de relojería perfecto, y Dios nos muestra su armonía cósmica para hablarnos y simbolizarnos la perfección del Cuerpo Legal que nos regaló. Así que en la naturaleza el judío ve un paralelismo con el Lenguaje Divino: vamos pues a lenguajear: De sus 14 versos vamos a tomar sólo 4, y con esos 4 versos vamos a componer una breve alabanza a la Creación, con su lenguaje silencioso, que sin romper la quietud alaba y gloría a su Hacedor.


El astrónomo puede fascinarse y mirar día tras día por sus cada vez más perfeccionados recursos telescópicos y ¿qué verá? Los cuerpos celestes -sumidos en el silencio cósmico- proclamando que Dios es Descomunalmente Maravilloso, El astrónomo como el salmista no se atreverán a romper ese silencio que alaba y bendice, así que con su quedo palpitar, orará su Alabanza, enternecido y maravillado.

 

Este lenguaje lo llena todo, no con estruendo sino con reverencia, no con bullaranga, sino con un himno lacónico que calla ente la insuficiencia de la palabra humana.

 

Mt 9, 9-13

Cristo manifiesta una enorme comprensión, una enorme paciencia, frente a todos los pecadores y frente a todos los pecados… a excepción del fariseísmo. El fariseísmo consiste en considerarse mejor, más santo que los demás. Esto es algo que el Señor no acepta.

Helder Câmara

Suponemos que los publicanos eran un ejército de cajeros, colectando los impuestos por todo el imperio; eso no es lo que han encontrado los historiadores. Lo cierto -parece ser- que, algunos personajes muy adinerados, negociaban con los gobernantes y administradores del Imperio, y compraban a los Romanos, la titularidad del cobro de los impuestos y de la invención de otros cobros y otros rubros, dejados a la creatividad de estos adinerados. Muchas veces, esta línea de titularidad subarrendaba el cobro a terceros, que, en no pocas oportunidades, contrataban “empleados de “tercera línea” como cobradores efectivos. Ellos sí, se hacían a una banda de mercachifles que se veían condenados a ponerse al sol, en su “mostrador”, y darle la cara a los “contribuyentes” que eran los nativos de las naciones militarmente conquistadas y sometidas, ya que los ciudadanos no cotizaban. Toda esta caterva de “sanguijuelas” desangraban a los pueblos y se hacían odiosos, especialmente porque todo el enojo se descargaba contra la “cara” que veían llevarse lo que tantos sudores les costaba. Mateo era de los que daban la cara en esta tan desagradable y repugnante satrapía. Era un “colaboracionista”, un Quisling minúsculo, a su modo, un verdadero Vidkun Quisling de la época.


Como en todas estas burocracias, había una continuidad entre el pez más grande y el pez más chico, no quedando vacíos que no fueran llenados por peces de media monta, que elevaban onerosamente los cobros. Eso sí, los cuerpos militares del Imperio le debían respaldo a esta función que los enriquecía y fortalecía, y que brindaba su solidez y poderío a Roma, de donde sonsacaban su tajada, toda vez que les fuera posible. El Señor siempre pasa, y nos invita a dejar el deplorable rincón en el que nos hemos acomodado y que dejemos de cobrar impuestos para los romanos y nos hagamos sus “discípulos”. ¡Lo que nos ofrece es una verdadera oportunidad para la conversión!

 

El Señor no sigue ningún tipo de procesualidad con él, directamente viene y lo convida, a dejar eso y venirse con Él. A continuación, nos encontramos con Jesús sentado a la mesa en casa de Mateo, acompañado de otros cobradores de impuestos, gente tenida por pecadora, y sus discípulos.


Jesús no se atuvo a ningún estereotipo, miraba y veía personas, no prejuicios (Esta es una de las preciosas enseñanzas contenidas en esta Lectura: no ver a las personas con anteojos prejuiciosos, sino mirar a cada quien y tratar de ver lo que realmente es y lo que Dios puede llegar a hacer en él). Si queremos desempañar nuestra mirada, sobrepasemos los preconceptos que prematuramente hacemos. Esto está imbricado con el lema que Papa Francisco ha sostenido: “En la Iglesia ninguno sobra, ninguno está de más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos”. Dios mira con ternura nuestras cadaunadas y así descubre en Mateo que es más que un cobrador de impuestos, que en él duerme el potencial de un discípulo sincero y de un evangelista idóneo.

sábado, 19 de septiembre de 2026

CONTRABANDEANDO AL CIELO ENVIDIAS

 

Is 55, 6-9; Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18; Fil 1, 20c-24. 27a; Mt 20, 1-16

 

Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Dice Yavé.

Is 55, 8

 

…la salvación es el amor gratuito del Padre. No podemos arrebatarlo con astucia ni ganarlo con sudor. Es gracia.

Silvano Fausti

 

Leamos a Isaías con calma y paso a paso: Este momento es un tiempo privilegiado. No es cualquier tiempo sino una temporada que cuenta con la peculiaridad de la cercanía accesible de Dios. Quizá haya un “después”, o un “más tarde”, o, lo que sería más triste, un “demasiado tarde”; pero ahora –hay que aprovechar el momento- tenemos todavía a Dios –hablando metafóricamente, claro- al “alcance de nuestra mano”. Y ¿cómo podemos aprovechar esta “hora feliz”? Nos dice que, el que vive en una situación pésima, el “malvado” y el “malhecho” וְיָשֹׁ֤ב אֶל־יְהוָה֙ [we ya sob el-Yahweh] “Vuélvase a Yahweh”, “que regrese al Señor”; donde el verbo dominante es שׁוּב [shub] “devolverse”. A este fin, el profeta nos propone dos acciones: Buscar e invocar al Señor, ya que se nos hace el encontradizo y nos sale al paso.


¿Cómo podríamos caracterizar este tiempo que Dios nos regala tan lleno de oportunidades Redentoras? Podríamos resumir diciendo que es un tiempo de “Conversión”. Tenemos que cambiar, ¡tenemos que proponernos ese cambio! ¡Tenemos que devolvernos al Señor! El malvado tiene que abandonar su mal camino, y los planes que fabrica su corazón perverso; miren la esperanza tan dulce que nos anuncia al profeta, oráculo del Señor: el malhechor recibe una con-vida-ción, (una invitación que lleva hacia la vida; lo contrario de una con-muerte-ción, la palabra no existe pero la proponemos ad-hoc, para resaltar que Dios-Mismo, por labios de su Profeta nos “convida” para que el impío “se convierta al Señor, y Él tendrá piedad, se convierta a nuestro Dios, que es rico en perdón”. Pongamos un reflector potentísimo sobre esta Revelación “Dios es rico en perdón” (Is 55, 7b). Nuestra fe tiene que basarse sobre este enunciado teológico que nos comunica Isaías, no conocemos a Dios mientras no sabemos que Dios es Amor y que su Tanto-Amor se concretiza en que Dios-es-Perdón. Este rasgo teologal es lo que da continuidad al Evangelio de hoy con el del Domingo anterior: La parábola del Siervo inmisericorde con la que Jesús enseña a San Pedro que el perdón no tiene límites, sino que hay que perdonar “siempre”, se sigue en la Liturgia de este Domingo XXV, cuando Dios –en la parábola de San Mateo que ocupará el Evangelio- nos enseña que Él es Bueno, y por eso su lógica para “pagar” difiere rotundamente de la nuestra; como nos lo explica la Primera Lectura de este Domingo XXV: “Como dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes” (Is 55,9).


Este contraste entre la lógica Divina y la humana es perentorio tenerlo en cuenta. Nosotros somos víctimas de la concupiscencia que nos viene por el pecado original, algo así como unos lentes mal formulados. Uno ve, pero no ve bien, se engaña, la visión es borrosa, uno cree ver una jirafa, y resulta que es un águila. ¡Así de grave es el defecto de nuestra visión! Por eso, debemos dejarnos guiar, ser dóciles a la Voz de Dios que nos va corrigiendo y proponiendo los verdaderos objetivos y los métodos acertados. Y siempre, siempre, consultarle a Él, es la Gracia del Espíritu Santo la que nos puede guiar por los caminos de Vida. Dios siempre nos con-vida, el Malo siempre nos con-muerte. Pero, el Malo usa –además- otro armamento, nos inocula con la rebeldía de creer que sabemos más que Dios, y nos impulsa a decidir contra la Voz de la Consciencia: recordemos la ronca voz del Malvado diciendo: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es.” (Gn 3, 4b-5) Y este corrompido-corruptor se vale de todos sus sometidos, de todos sus lacayos para repetirnos a diestra y –particularmente- a siniestra, que “No es cierto que moriremos”. Tenemos que saber llevarle la contraria al Corruptor, para así estar abiertos a la Verdad-Revelada.


En el Evangelio de este Domingo, se tiene que entender de qué denario se trata, no estamos en clase de economía, no se está proponiendo cómo repartir salarios, «El único denario, que les viene dado a todos, es el reino de los cielos, que Jesús ha traído a la tierra; es la posibilidad de entrar a formar parte en la salvación mesiánica»[1]. «… la parábola… se refiere al Reino de Dios, o Reino de la justicia. En ese Reino ninguno es primero, ni último. Todos son iguales. No es que porque yo me convertí hace mucho tiempo merezco más que aquel que se ha convertido apenas ayer… Dios… no quiere la diferencia, se siente contento con la igualdad. Sí, los celos, la envidia es el arma de todos aquellos que viven en la competencia de la desigualdad.»[2] Para adentrarnos en el Evangelio de San Mateo, capítulo 20, versos del 1 al 16, donde leemos la Parábola de “los obreros de la undécima hora”, quisiéramos apoyarnos en Dom Helder Câmara que lo comentó así:


«Esta parábola no puede interpretarse como una lección de economía. En países como el mío, donde hay un enorme número de trabajadores en paro, es muy tentador para los que contratan dictar su propia ley poniendo a unos en contra de otros: “Si no aceptas lo que te doy, es tu problema: ¡tengo en la puerta decenas y centenares de tipos que lo están deseando!” Y no puede ser así. El conjunto de la enseñanza de Cristo muestra perfectamente que esta parábola no es una lección de economía, sino una lección de vida espiritual: ¡se puede ganar en un segundo lo que no se ha merecido durante años, ni siquiera durante toda una vida!

 

Esta escena me hace pensar en ese personaje al que llamamos “el buen ladrón”. Si se encontraba clavado en una cruz, al lado de Cristo, es porque durante su vida no había hecho precisamente cosas admirables. Su compañero de infortunio, al que llamamos “el mal ladrón”, no hacía más que desafiar a Jesús: “¡Tú que has hecho tantos milagros, sálvate a ti mismo y líbranos a nosotros!”.


Pero el otro tuvo la sinceridad y la humildad de decir: “Nosotros sí que merecemos estar aquí, pero Él no: ¡Él es diferente de nosotros, Él es bueno! ¡Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino!” Aquellas palabras fueron suficientes. El Señor no le dijo “Muchas gracias por tus buenos pensamientos! Dentro de unos años, cuando hayas expiado por tu vida, que no ha sido precisamente modélica, yo te recibiré…” No. Lo que le dijo fue: “Hoy mismo estarás conmigo”. ¡Hoy mismo!

Es fantástico. Un solo segundo de buena voluntad, de perfección, de gracia recibida y vivida puede valer por toda una vida…

 

Esto no es fácil de comprender para algunas personas que se han sacrificado por tratar de vivir toda su vida de un modo conveniente y  justo. Como sucedía en la parábola del hijo prodigo, el Señor nos invita, a quienes somos “fieles”, a comprender al pastor que celebra una fiesta por haber recuperado a la oveja perdida. ¡A compartir su alegría, en lugar de encerrarnos en nosotros mismos y dejarnos comer por la envidia!»[3]

 

¡Sería necesario añadir nada! Dom Helder Câmara raya en la claridad. Aquí también se trata de perdonar siempre, de no adelantarnos al juicio, de recordar que el Único facultado a juzgar es el Señor y que Él es –como nos lo recuerda el Salmo 145,8-9: “El Señor es clemente y Misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas”. El perdón se puede alcanzar inclusive por aquellos que llegan a la viña al caer la tarde.


La envidia está mencionada, en este Evangelio, como una enfermedad que ataca los ojos, ὀφθαλμός σου πονηρός [oftalmos sou poneros] “los ojos suyos son malos”, los ojos son los órganos que llegan a tener “mirada crítica” con la que podemos enjuiciar la “justicia divina” y darle instrucciones a Dios sobre cómo tiene que aplicar Su Justicia. Resulta, por lo menos, extraño, que alguien tenga la pretensión de enseñar al “Tres veces Santo”, al “Justo de los Justos” los cánones de la Justicia.  «… los estudiosos nos advierten que la frase puede ser traducida así: “Todos, aunque sean los primeros, serán últimos, y aunque sean los últimos, serán los primeros”.»[4] «¿será que también nosotros nos vamos a quedar enfadados y contrariados, sólo porque la justicia de Dios quiere libertad y vida para todos? ... ¿Estamos dispuestos a asumir el proyecto de justicia de Dios? ¿Estamos preparados para dejar el “proyecto de justicia” de la sociedad injusta, para aceptar el proyecto de la verdadera justicia, que traerá libertad y vida para todos? ¿O nos vamos a quedar decepcionados, resentidos y enojados para siempre?»[5]

 

 

 



[1] www.cantalamessa.org

[2] Storniolo, Ivo. CÓMO LEER EL EVANGELIO DE MATEO. EL CAMINO DE LA JUSTICIA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia. 1999. pp. 170-171.

[3] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Ed Sal Terrae. Santander-España. 1985 pp 151-152. 

[4] Storniolo, Ivo. Op. Cit. p. 169

[5] Ibid. p. 171

viernes, 18 de septiembre de 2026

Sábado de la Vigésima Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

1Cor 15, 35-37. 42-49

… nuestra naturaleza corruptible se revestirá de lo incorruptible, y nuestro cuerpo mortal se revestirá de inmortalidad.

1Cor 15, 53

Esta es nuestra última Lectura de la Primera a los Corintios. El capítulo 15 es el último de la carta, porque el capítulo 16 conforma la fórmula de despedida, en la que se tocan diversos puntos a manera de conclusión;

Se toca

-La colecta para Jerusalén

-El itinerario que tenía en mente para lo sucesivo

-la acogida a los evangelizadores que iban a venir

-Permanecer alertas, velando

-Los saludos remitidos por los miembros de las Iglesias de Asia, y junto a esto, la recomendación de tratarse con la fraternidad que entre cristianos debe reinar

-Y, cuando toda la carta fue posiblemente dictada a un amanuense, para validarla, San Pablo la firma de su puño y letra.

y se añaden saludos y detalles de cierre.

 

Lo primero que siempre se nos ocurre, es que será más de lo mismo. Pero Pablo entra a corregirnos para mejorar nuestro enfoque y ser capaces de descubrir lo que será esta “resurrección de los muertos”. ¡No es simplemente un cuerpo redivivo!

 

Pablo procura traducirlo con una metáfora, la de un “grano que se siembra”. Sin embargo, sabemos -y es lo que aprovecha San Pablo en su metáfora- que lo que se siembra -un grano- difiere grandemente de lo que brota: “la espiga”. Ciertamente lo que brota difiere enormemente de lo que se siembra. Lo que se siembra es corruptibilidad, a-gloriosa, débil, de naturaleza animal. Prácticamente, se opera una transustanciación porque lo que brota es incorruptible, glorioso, lleno de fortaleza, y lo que es aún más, maravilloso: ¡espiritual!

 

Para que entendamos -al menos un poco- este gran salto ontológico, San Pablo trae una nueva metáfora: Adán-vs-Cristo-Jesús. El primero era tan solo un ser ζῶσαν [zosan] “viviente” “con vida biológica”, mientras que el Segundo-Adán, es un ser ζωοποιοῦν [zoopoioun]vivificante”, “dador de vida”, “que hace vida”, “animado”, o sea “con alma”.

 

Y, añade una precisión rotunda, de tipo ontogenético: Mientras el Adán proviene de la tierra, una vida sacada del polvo de la tierra; el Segundo-Adán es espiritual, esto es, que Dios le ha infundido la vida, nos llega de la esfera “espiritual”.

 

Si, se trata de un cuerpo totalmente análogo, pero ahora es un cuerpo animado por el Poder espiritual, que es el Poder vivificante de Dios. Sin embargo, y ahí está la diferencia, ahora puede motivar los cuerpos biológicos para que se animen a caminar en pos de Dios-dador-de-Vida. La vida espiritual tiene e poder de avivar en otros la vitalidad espiritual, lograr que el prójimo alce la mirada de lo mundanos hacia lo trascendente.

 

Por ahora, nuestro semblante es parecido a los que tienen vida de la tierra, la vida de las plantas, de los animales y de los hombres, la vida pasajera; pero un día, seremos parecidos a Dios, llenos de vida vivificante, que da vida-en-plenitud. La plenitud de la vida es la vida-perdurable, porque Dios no nos creó para la aniquilación sino para tener la plenitud de la vida. Este salto se da, de la vida meramente psíquica, a la vida pneumática.

 

Pablo promete que la trasformación será para todos y que esa trasformación no se tomará más tiempo que un “abrir y cerrar de ojos”.

 

Esto será desarrollado con mayor extensión en los capítulos 5-7 de la Carta a los Romanos por medio de tres comparaciones

1)    La bautismal que nos lleva a morir para el pecado.

2)    Una comparación en contrapunto con la esclavitud de la que podemos ser liberados

3)    Otra comparación con la unión carnal del matrimonio y su disolución como vinculo, una vez muerto el cónyuge.

 

Tengamos muy en cuenta que “Cuando se siembra la semilla tiene que morir para que tome vida la planta (Cfr. 1Cor 15, 36b).

 

Estos interrogantes nos llevan al desvelo de un niño que saca el Atlas de geografía universal y empieza a recorrer las páginas procurando, con prematura preocupación, llegar a saber dónde comprará su casa cuando sea mayor y llegue a ese momento. Solo cuando llegue la hora, cobrará sentido buscarle una respuesta. Por ahora, bástenos esta palabra consoladora que San Pablo nos ha ofrecido. Es una pista muy valiosa para darle sentido a cada día de existencia en nuestro caminar por las sendas del Señor.


Entonces, ¿qué hay que hacer? “Sigan firmes y constante, trabajan más y más en la obra del Señor; porque ustedes saben que no es en vano el trabajo que hacen en unión con el Señor” 1Cor 15, 58.

 

Sal 56(55), 10, 11-12. 13-14

Este es un salmo oracular.

 

Según se nos informa en el verso 1, David había sido capturado por los filisteos en Gat (Suroeste de la tierra de Canaán, en la frontera con el territorio de Israel) - Gat no se menciona en todo el salmo. Este salmo tiene 14 versículos. Hoy se proclaman 5 de ellos. Este salmo ha sido intitulado: “Confío en Dios y alabo su palabra. Y, el verso del responsorio dice: “Caminaré en Presencia del Señor, en el país de la vida”, que es el último versículo de este salmo.

La primera estrofa pide a Dios que haga retroceder a los enemigos como demostración de que Él los acompaña.

 

En la segunda estrofa, se pregunta ¿qué ser humano podrá hacerles daño? si él pone toda su confianza en Dios y lo colma de alabanzas: Ese es su seguro contra todo riesgo.

 

En la tercera estrofa, que es donde concluye hoy la parte proclama del salmo, David se ha visto salvado por Dios y por eso se ve llamado a cumplir con las promesas que le había hecho a Dios cuando le pedía que lo librara. Dios lo salvó para que pudiera estar en Su Santa Presencia disfrutando los goces del Reino; el Reino aquí es llamado בְּ֝אֹ֗ור הַֽחַיִּֽים [beor jajai yim] “País de la Vida”, “la tierra de los vivientes” que es exactamente lo contrario del “Sheol”, lugar oscuro en el fondo de la tierra, (los hebreos veterotestamentarios visualizaban el mundo en tres niveles: el cielo arriba, la tierra en medio y el Sheol abajo, en el inframundo que es -según ellos- donde van a parar todos los humanos al morir, buenos y malos, justos o injustos).

 

En este caso, como no tenían una concepción de vida después de la muerte, el “país de la vida”, es la vida biológica en la tierra, no morir sino seguir viviendo.

 

Lc 8, 4-15

Aventar la semilla por doquier

¡Pobres de nosotros si el Señor, que es el sembrador, no arrojara la semilla más que en terrenos perfectamente preparados…! Afortunadamente, siembra con una enorme generosidad. Arroja el grano aquí y allá, en la espera y en la esperanza de que incluso sobre las piedras logren germinar algunas semillas… Adoro esta generosidad del Señor.

Helder Câmara

Cuando obramos rápido muchas veces erramos porque en medio de la velocidad no tenemos oportunidad de recapacitar y obramos irreflexivamente. En medio de la cultura de la premura, ni siquiera tenemos paz para degustar las comidas, es así, como nuestro marco situacional es el mismo que del “fast food”. Se esperan y se exigen resultados rápidos. No hay cabida para “pensar”, “el que piensa pierde”, es una curiosa modalidad de “eficientismo”.

Eso tiene su contracara: la excesiva dificultad para afrontar los “ritmos lentos”, y un rechazo glandular al fracaso, así se elimina de raíz la “tolerancia a la frustración” entendida como la capacidad de mantener la calma y seguir adelante cuando enfrentamos problemas o no conseguimos lo que queremos dentro de los plazos que nos fijamos. La exigencia, en esa cultura, apunta hacia el obrar intempestivo y la obtención del éxito como rasgo distintivo del “triunfador”.

 

También la fe tuvo su vertiente inmediatista con la espera de la llagada del Reino para mañana mismo. También en nuestra fe tomamos la posición de capataces que presionaban a Dios para que sea “para ya”. Queremos la parusía instantánea y el cumplimiento de todos nuestros anhelos para los próximos 15 minutos, en nuestro escritorio. O te apuras, Señor, o no te contratamos.

 

Sin darnos cuenta entramos en pugna frontal con los designios del Señor. No nos interesa para nada aguardar al cumplimiento de los términos que Dios marca, sino que -según nuestra lógica- si no es para ya, ¡no nos sirve!

 

Entonces, el sembrador sale -antes que a sembrar- a hacer un estudio de suelos; y, solo sembrará allí donde el 87% de la semilla sembrada, brote y cargue en un plazo máximo de 15 días. Una mayor tardanza conlleva una descalificación automática: en suelos menos eficientes, no se desperdiciará la semilla.

 

«… de todo un universo creado por el Padre, salvado por su Hijo (que es, además, amor) y habitado por el Espíritu del Padre y del Hijo, al final tan solo un pequeño número vaya a ser recibido en el gozo de Dios. Sería ridículo ¡y no es esa la visión que tiene la Iglesia! Si yo fuera el diablo, estaría riéndome y burlándome durante toda la eternidad: “Ahí tienes tu universo, creado por amor! ¡Ahí tienes tu Redención!” ¡No, de ninguna manera!» (Helder Câmara).

 

Jesús en su estilo de siembra no escatima la semilla, su siembra es aventando el grano, caiga donde caiga, ¡no fija términos! ¡no reduce los plazos!

 

Jesús no es de esos clientes que entra al restaurante con cronómetro en mano, y si “el mesero” no llega en medio minuto, se para y se va.

 

Es tan poco especifico en su forma de sembrar que, en el prefacio de esta perícopa, se nos muestra su estilo para sembrar: “Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas, anunciando la buena noticia del Reino de Dios” (Lc 8, 1). “Después de esto”, es decir, después del episodio que leímos ayer, donde una mujer de “mala vida” le lavó los pies. ¿Cuál es el estilo de Jesús para sembrar? Nunca dice, en aquel pueblo no van a salir discípulos, no vayamos allá. No, lo que hace es ir a muchos pueblo y aldeas” sin discriminar si allí lo oirían o lo rechazaran. Él va a todas partes, “al borde del camino”, al “terreno pedregoso”, donde “hay abrojos”, y también, donde la “tierra es buena”.

 

«Esparcir le semilla es un gesto de confianza y de esperanza; es necesario el trabajo del hombre, pero luego se entra en una espera impotente, sabiendo que muchos factores serán determinantes para el buen resultado de la recogida y que el riesgo de un fracaso está siempre presente» (Papa Francisco).

Ese gesto de catolicidad (profundo ecumenismo) en la siembra, donde nadie es dejado por fuera, muestra, la descomunal confianza de Dios en su criatura. Tantas veces fallamos, son muchas, pero este Papá Celestial, insiste, vuelve a confiar, mantiene su esperanza en nosotros. Sabe que nos cuesta mucho y que el Malo nos educa en vivir apurados, “a las carreras”. Pero Él sabe que llevamos su impronta en el alma y por eso nos espera, nos da una y otra vez la oportunidad de fructificar generosamente.