Hch 18, 9-18
Siempre
hemos de procurar buscar referencia co-textual. De donde viene el aparte que
estudiamos. Por ejemplo, en la cita que va de los versos 5 al 11. Se nos
refiere que la labor evangélica de San Pablo da un cierto giro, más o menos pronunciado,
de un antes -cuando lo hacía así, pasa a un ahora, cuando lo hará “asa”: «Cuando
Silas y Timoteo llegan a Macedonia, Pablo comienza a dedicarse por entero a la
evangelización. ¿Por qué ocurre esto? Parece que anteriormente, viéndose
forzado a trabajar toda la semana, sólo podía consagrarse a la predicación los
sábados, en la sinagoga. Con seguridad, Silas y Timoteo traían ahora ayuda
económica de las comunidades de Macedonia, por lo cual Pablo va a poder dedicarse,
por fin, a la tarea misionera». (Ivo Storniolo)
Para
darle continuidad a la misión de Pablo en Corinto, el Señor -por medio de una
visión- lo incita a persistir sin desalentarse y a permanecer allá, y la razón
que tiene Dios para tal persistencia, es que de allí va a brotar una comunidad
copiosa por el número de fieles que se le sumarían. Dice en los Hechos que se
quedó allí año y medio. Hay dos presunciones que se podrían hacer:
-Puede
que Pablo haya ido a otras poblaciones cercanas a Corinto, y esto lo imaginamos
partiendo del largo periodo que estuvo allí.
-Esta
visión que lo animaba a continuar en aquella ciudad -Corinto- es una de las
tres que se mencionan. Podemos pensar que esta era una de las maneras como el Espíritu
guiaba y conducía la Iglesia en aquellos tiempos.
Sólo
podemos afirmar esto sin llegar a afianzarlo taxativamente; nos quedamos -en
ese sentido- en el plano conjetural de la pura hipótesis. No es que afirmemos
que hay allí una mentira, pero puede que este sea el atuendo literario con el
que el hagiógrafo reviste las mociones que el Pneuma les inculcaba, que así
eran recibidas, en calidad de “visiones”.
Galión
Lucio Junio (c. 3 a.C. - 65 d.C.) -nombrado procónsul de Acaya (Acaya era la
provincia greca-sureña del Imperio donde se hallaba enclavada Corinto), cargo
que desempeñó desde el 51 hasta el 52 d.C.- fue el personaje que dio la ocasión
en la que trataron de encausar contra Pablo a los judíos lugareños, pero Galión
(al nombrar a Galión no podemos obviar referirnos a él como hermano de Seneca -al
renombrado estoico-, ambos originarios de Córdoba, Hispania a quien cupo la vergonzosa misión de ser el tutor
de Nerón; también lo había sido de Claudio); este Galión se negó a terciar en
un conflicto -muy poco claro para él- para Galión, el compromiso era un asunto
de palabras, de nombres y de leyes del judaísmo; y no de un delito serio o de
algún crimen punible para le ley romana. Para él era cuestión de judíos, y en
eso, él no se iba a involucrar.
El
que pagó el pato fue Sostenes, el jefe de la Sinagoga, que -muy seguramente-
fue mal visto por su ineficacia para liderar el juicio contra Pablo, y se lo
cobraron dándole una paliza, delante de los del Tribunal y en presencia del
propio Galión. Tal vez, y esto no está precisado aquí, esperaban que al ver a
un judío sobresaliente -se trataba como se ha dicho ya, del jefe de la
sinagoga- Galión daría un paso atrás y se ocuparía del asunto, antes que la
reacción de la turba se le saliera de las manos. Pero este permaneció impávido;
contra toda expectativa, no se preocupó para por ello. No se sabe -porque no se
consigna- si el episodio del ataque a piedra y palo fue de parte de los judíos o
si provenía de los romanos allí presentes. Tampoco está claro si Sostenes
simpatizaba con los cristianos y estaba entre los escuchas que atendían las
predicaciones de Pablo. Solo sabemos que en la Primera Carta a los Corintios se
menciona un Sostenes y se le nombra como “nuestro hermano”.
Las
cosas así, Pablo aún se quedó otro tiempo allí, y -junto con Áquila y Priscila-
se embarcaron, más adelante, rumbo a Siria. La perícopa concluye brindándonos
un detalle: por una cierta promesa -que tampoco se menciona cuál era- Pablo se
hizo rasurar el cabello durante su estancia en Cencreas. «… el voto de
nazireato, por el cual la persona se dejaba crecer el cabello hasta conseguir
la realización de una petición, para luego raparse… está estrechamente
relacionados con una antigua tradición hebrea de consagración religiosa, reglamentada
en la Biblia (Nm 6,1-21). El nazireato implicaba normas estrictas: no beber
vino ni productos de la uva, no cortarse el cabello y no acercarse a cadáveres.
La palabra viene del hebreo Nazir que significa "separado",
"apartado" o "consagrado a Dios".
Más adelante en el Libro de Hechos, Pablo repetirá la práctica de este ritual nazirita junto con otros cuatro judíos (Hch 21, 17-26).
Sal
47(46), 2-3. 4-5. 6-7
Este
salmo, también, es un Salmo del Reino. Conviene, aquí, entender, que, desde el
punto de vista del judaísmo, el Trono sobre el cual se sentaba YHWH, era el
Arca de la Alianza, que se guardaba en le recamara Real del Templo, denominada
el Sancta Sanctorum, versión en latín para el קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים [Kodesh haKodashim] “el Sitio más Sagrado del Templo”. Hasta allí se lo
conducía en Procesión -que partía de la Fuente de Sion, al fondo del Valle del
Cedrón- para entronizarlo, como se ha venido explicando. Al Kodesh haKodashim
sólo entraba el Sumo Sacerdote, una vez al año, en el Yom Kippur (Día de la
expiación), en aquel
Día, entraba y salía cuatro veces, que este año 2023 caerá nuestro 24 de
septiembre. Es un acto de זיכרון־ [zijron]
“memoria que actualiza” no es algo que se trae a la memoria -no es histórico
según nuestro concepto de algo pasado de lo que se tienen registros, sino algo
que se vive, como si lo sucedido, acaeciera -una vez más- frente a nuestros
ojos, si somos del mismo linaje, tenemos todo el derecho a vivirlo como nuestros
padres y todas las generaciones que son, no que fueron; no es una película que
se vuelve a proyectar, es la vida misma que místicamente retorna.
En
la primera estrofa de la perícopa de hoy, se llama a acompañar la
revivificación con batir de palmas, lo primero que se retrotrae, gracias al
zijron, es la dicha que lo acompañó entonces, y que hoy vuelve a poblar nuestra
vida.
Nosotros, en la segunda estrofa, no somos otras personas ajenas al linaje, sino la, misma heredad que el Señor se escogió para que fuera su pueblo, por tanto, todas las bendiciones que Isaac dio a su Primogénito -aun cuando fueron recibidas por un impostor- son válidas para nosotros y nos cobijan como los que Dios quiso desde los orígenes mismos de Israel -linaje de Jacob (que debió haber sido linaje de Esaú).
En
la Tercera estrofa, como la procesión viene del fondo del Cedrón, quiere decir
que el cortejo que finge ser portador del arca, viene subiendo, a medida que
suben, resuena la Teruah, son ovaciones, alaridos de jolgorio, aclamaciones de
alabanza, es un pueblo en solaz que -emocionado- estalla en júbilo, y tañen sus
instrumentos para mostrarle al Dios que camina-con-nosotros, la dicha de ser
sus Elegidos.
Jn
16, 20-23a
Y nosotros seremos trasformados
La
mujer cuando va a dar a luz se alarma, se preocupa, se asusta; ha oído que es
como si se le partiera el alma. Que sentirá como que es descuartizada. Luego,
la invade un λύπην [lupen] “temor”. “dolor”, “dolor emocional”, es la
incógnita de no saber -especialmente la primeriza- cómo lo soportará su cuerpo.
Claro, es una pesada aflicción, es temor al dolor, que se manifiesta como una
angustia.
Pero,
ya nacido el bebé, la madre, descubre asombrada, que ella es más fuerte de lo
que pensó, y que lo pudo resistir; su atención se vuelca por entero al nuevo
ser humano al que ella ha dado vida. ¡Con su parto! Entonces, toda la alarma,
se convierte en jolgorio, y se convierte en alegría.
¿Cómo
podrían estar tranquilos los discípulos ante la despedida? Jesús ha elegido
esta σύγκρισις [sygcrisis] “síncresis”,
“comparación” con el parto. Hay dolor, hay padecimiento a pesar que la
perspectiva es la de una nueva vida. Así
ha sido para los Discípulos, han vivido la deprimente experiencia de perder a
su “Líder”, de sentirse desprotegidos, ya sin su Pastor; pero a medida que
constataron la Maravilla de la Resurrección, entonces el corazón se notó
estrecho para poder contener tanta alegría.
Fue
lo que vino una vez Resucitó, pero cuando sólo era aviso de su Partida, todo
era incomprensible: ellos -como claramente lo expresaron los Dos que iban
camino de Emaús, “… pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel”.
(Lc 24, 21a), y, ahora, “valiente libertador”, ¡les anuncia que se va!
Todo
esto es mucho más que incomprensible. Jesús les profetizó que el día de su
Partida no le iban a preguntar nada; estarían apabullados por la falta de
entendimiento. No era asunto de inteligencia. Era humanamente imposible de
entender, y sus cuestionamientos quedaban bloqueados ante la apabullante
realidad de la “derrota” y el desmoronamiento de todas las ilusiones
“victoriosas”. En ese momento, como en el de la mujer cuando va a dar a luz,
todo era zozobra, incertidumbre, inquietud, y, ¡claro que las lágrimas se
asomaban -ante estas noticias-, al borde de los párpados.
En
esta comparación hay un punto prolífico: Cuando la madre espera al bebe
-inclusive hoy día- cuando la madre puede tener alguna idea de cómo será su
hijo por las ecografías, la sorpresa es despampanante y no puede creer que esa
persona tan frágil y pequeña ha brotado de su amor y el de su co-progenitor.
Así, todos los que veían a Jesús-Resucitado, no acertaban a reconocer en Él al
mismo que les había brindado su Amistad y con el que habían departido tantos
momentos. Jesús Resucitado era un “recién nacido”, como se dice técnicamente un
“neonato”.
Ya
ven que la síncresis tiene más de un punto de convergencia y no solo apunta a
los dos dispares estados de ánimo, antes y después del nacimiento; sino que,
además señala en dirección a la dificultad para identificarlo en la Persona del
Resucitado.
Tal
vez le encontraban un “aire”, pero no eran los rasgos exactos que tenían
previstos. Nosotros, también, muchas veces, al referirnos a la resurrección de
los muertos decimos que Dios nos proveerá de un cuerpo-glorioso (1Cor 15,
42-58) pero seguro que esperamos una conservación de los rasgos fisionómicos pretéritos,
cuando en realidad seremos “criaturas nuevas”.
También nosotros seremos reconocibles, en ciertas acciones, como Jesús “al partir el pan”.



















