Ez 24, 15-24
Hemos
hablado de “acciones simbólicas”, se trata de algunos actos, digamos, extraños,
ilógicos, podríamos decir, que son llamativos precisamente por su rareza,
alguien diría “están locos”, ¿por qué hacen estas cosas con ningún sentido? Por
ejemplo, poner al fuego una olla vacía a que se queme, lo que podrá pasar es
que la olla se arruine, pero ¡qué despropósito! ¡Definitivamente esta gente
está chiflada!
«…
entre los profetas de siglo VII es difícil encontrarlas, mientras son
frecuentes en Jeremías y Ezequiel, profetas de finales del siglo VII y
comienzos del VI… En la mayoría de los relatos sobre acciones simbólicas podemos
encontrar, según Fohrer, seis elementos:
1) La orden de
ejecutarla; viene siempre de Dios.
2) El relato, en más
de la mitad de los casos la ejecución de la acción simbólica no se cuenta, se da
por supuesta.
3) La interpretación,
se hace con palabras desvela el sentido de lo realizado e impiden falsas
interpretaciones.
4) Presencia de testigos
oculares
5) El compromiso de
Dios de cumplir lo simbolizado
6) Hay un nexo entre
la acción simbólica y los simbolizado.
No
siempre estos seis elementos están presentes.
Según
Van de Born, esas acciones simbólicas son vestigios de prácticas mágicas, pero,
a pesar de su parentesco con ellas, son completamente extra-mágicas. Está
ausente de ellas el ritual complicado, Dios no está obligado a cumplirla, pero
la lleva a cabo para respaldar la profecía; no pretende alterar el curso de la
historia, lo que persigue es manifestar el designio Divino. Lo que acentúa la
diferencia es que no pretende hacer la voluntad humana sino poner de presente
el poder de la Voluntad de Dios». (J.L. Sicre).
Por
allá, en los años cincuenta’ los artistas pusieron de moda, hacer esta clase de
“acciones paradójicas”. La gente los llamaba “happenings”, fue Allan Kapraw quien,
en 1959, los bautizo así: Los “happenings” se trataban de acciones con una
estructura abierta que daba pie a la improvisación de quienes participan que -a
veces, parte de la “apertura” de la acción, era el lugar donde se realizaba, que
podía ser en espacios de arte, una galería o un museo, o en algún espacio
público, como un parque, un jardín, un centro comercial. Me acuerdo de uno en
que un artista de cierto renombre, expuso un gran bloque de hielo y lo dejaba
-sencillamente- descongelar; a veces se incorporaban elementos de las artes
visuales, del teatro y la música: una caja de televisor sin su circuitería
interna, con una Venus de Milo dentro, que giraba en una plataforma rotativa.,
de alguna manera tenían su antecedente en aquellas “acciones simbólicas” del
profetismo. Los dadaístas y los surrealistas decían que se proponían hacer “pensar”
a la gente. Un paso más y hemos desembocado en el “arte conceptual”. Hablaban
de integrar el arte y la vida, la bisagra era el pensamiento crítico, poniendo
en evidencia lo que, pese a estar allí, no se veía.
מָשָׁל [mashal], se ha traducido por “proverbio”, “parábola”, “refrán”,
“enigma”, “ejemplo”, en este caso, son como “parábolas visuales”, donde se
rescata, esa intención del dadaísmo de “hacer pensar”.
En
el capítulo 24 de Ezequiel -donde se inserta la perícopa que hoy estudiamos-
nos encontramos con dos de estos “gestos simbólicos.
1. La olla vacía
puesta en el fogón (Ez 24, 1-14)
2. La muerte de la
esposa del propio profeta, el gesto simbólico estriba en que Dios le ordena no
guardarle luto, no llorarla, ni una sola lágrima. (Ez 24, 15-24). ¡Nuestra
perícopa de hoy!
Los
funerales en aquellas culturas estaban rodeados de lamentaciones, y plañideras,
y gestos rituales para dejar correr el dolor y expresar el duelo. Abstenerse de
ello, “daba mucho que pensar”, es por eso que la gente viene a preguntarle:
“¿Quieres explicarnos qué significa lo que estás haciendo? ¿Qué es lo que nos
quieres decir?”.
Abriendo
un paréntesis, encontramos una asociación con el modernismo tardío en El Extranjero,
de Albert Camus, donde el protagonista se ve asediado por la crítica social: La
sociedad juzga y condena a Meursault más por no llorar en el funeral de su
madre y no jugar al teatrero de las emociones. Aun cuando -en este caso- el
propósito es absolutamente divergente. ¡Cierra parentesis!
Para
Ezequiel, su esposa era “el encanto de sus ojos”. Para el pueblo de Judá, lo
era Jerusalén, la ciudad era “el encanto de sus ojos y la esperanza de su vida”
(Ez 24,20s). Y el Señor iba a permitir su profanación. Y ellos no tendrían
derecho a llorar, ni a vestirse de luto, porque ellos con su pecado habían
arrastrado la Amada Ciudad a su sacrilegio. Con su carencia de luto,
reproducirán la conducta del profeta; y cuando todo esto suceda, recordaran
-con corazón contrito- que YHWH es el Señor.
Es
una calamidad tan aberrante que no deja espacio a dolerse, y, peor aún, al
reconocer que uno mismo la ha causado.
Cuando llega esta desgracia, el profeta que había quedado mudo, recobrará
el habla y su misión profética adquirirá otro cariz diverso del que ha tenido
hasta esta fecha (Ez 24, 25-27).
Aquí, ya hemos sobrepasado la frontera de la perícopa de hoy, con el solo propósito de darle co-texto a la acción simbólica del profeta y a la misión del anuncio que Dios le entregó. ¿Cómo se indicará el momento preciso en que el profeta recobrará el habla? Será con la llegada de un “evadido” venido de la Jerusalén destrozada, que le dará la tristísima noticia del fallecimiento de la Ciudad-Esposa.
Sal
Dt 32, 26-28. 30. 35cd-36ab
Como
salmo, hoy tenemos un trozo de los capítulos finales del Deuteronomio. Los
capítulos 31-34 están dedicados a la despedida y muerte de Moisés. En
particular, el capítulo 32 -de donde se extracta esta perícopa-, es el Cántico
de Moisés, que él entona ante la קְהַ֣ל
[qahal] Asamblea Plenaria del Pueblo de Israel.
A
manera de prefacio queremos incluir una cita de 1Cor 10, 20:
“Sin embargo, cuando
los paganos ofrecen un sacrificio, el sacrificio va a los demonios y no a Dios.
Yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios”.
Tenemos
6 versículos con los que se han estructurado tres estrofas, que nos proponemos
mirar una por una.
1. El señor, arde en
celos ante la infidelidad de un pueblo que desechó al Dios poderoso que lo
creó. Por eso, ahora, Él rechaza a este pueblo.
2. Por pervertidos,
por desleales, ocultará Su Rostro y ya no gozaran de su Sonrisa.
3. Denuncia y les
arrostra su idolatría. Con todas las letras les hace ver que se dedicaron al
culto de dioses que no tiene nada de dioses, que son pura factura humana. Ellos
quisieron desatar su celo, pues ahora ellos probaran, en carne propia, lo que
es estar celosos, cuando Dios se aparte de ellos y sonría en dirección a otros
pueblos.
Y,
el versículo responsorial nos reprocha que hemos despreciado a nuestro Dueño y
Señor.
Mt
19, 16-22
…
el conquistador por cuidar su conquista se transforma en esclavo de lo que
conquistó…
Facundo
Cabral
San
Mateo es el único que nos habla de este interlocutor de Jesús que viene a
consultarlo diciéndonos que se trataba de un “joven”. Hemos insistido que Jesús
nos da -con acciones- unas pautas de sinodalidad en este tramo del Evangelio
mateano, en su camino de Galilea a Jerusalén, cuando previamente nos había dado
pautas con “Palabras”. Quizás aquí se habla de un joven porque la
juventud es la etapa de la vida más propicia para tomar estas decisiones de
discipulado. Eso no quita que siempre estemos viviendo el llamado y
profundizando los compromisos y que una y otra vez en nuestro corazón -siempre
joven- estemos ratificando e intensificando nuestro estilo de vida cristiano.
No podemos continuar sin decir que todo momento de la vida es propicio para
vivir y atender el llamado y que, como en la parábola de los “Jornaleros de la
Viña” alguno somos llamados en hora temprana y otros en la hora undécima” (Mt
20, 1-16).
En
general visualizamos esta perícopa como una escalera, cuyo extremo superior es
la Vida Eterna. En la pregunta del joven, hay un presupuesto que constituye el
primer escalón del ascenso: ¿Qué obras buenas debo hacer? Significa que, él ya
sabe que esto no es un asunto aleatorio, que no se trata de un azar
irresponsable, que se requiere compromiso, y que ese compromiso es compromiso
con la Bondad, con la Rectitud, con la Justicia.
«El
joven se queda triste cuando Jesús le pide que venda sus riquezas. De golpe, la
alegría y la esperanza en ese joven rico desaparecen, porque no quiere
renunciar a su riqueza». Lo que lo detiene es la distinción, la jerarquización
de lo que se tiene por bueno, este desconcierto siempre nos asiste, siempre
estamos dudando qué será lo principal entre todo el cúmulo de los “detalles”
que se suelen dar por buenos». (Papa Francisco)
No
hay que desorientarse, tenemos a mano un criterio esencial de discernimiento:
“Uno sólo es Bueno”. Aquí entendemos que no hay que tratar de agradar a nadie,
sino a Dios, porque Dios es Fuente y Culmen de la Bondad. No hay autoridad
humana tan sólida que pueda descifrar y servir de “Criterio Maestro”. Hay que
dirigir los ojos hacia Dios para hallar la respuesta.
No
hay que escoger los peldaños de otra manera sino referidos a Dios, y Él,
Magnánimo, nos habla y revela sus gustos, sus secretos, sus pautas. Al
responderle, Jesús pone el énfasis en los Mandamientos, y no en todos los
Mandamientos, su enumeración toma solamente algunos, los que llamamos de la
Segunda Tabla, los que se refieren al prójimo:
1. No matar
2. No cometer adulterio
3. No hurtar,
4. Honrar a padre y
madre
5. Amar al prójimo
como a sí mismo
Sentimos
que, lo que se nombra primero es lo que definitivamente, con mayor empeño ha de
evitarse. Pero luego va ascendiendo en el grado de “perfección”. El peldaño más
alto es el amor al prójimo, tomando como referente al amor a sí mismo. Sin
embargo, hay algo que está más alto, es el pináculo: ¡Venderlo todo para dárselo
a los pobres!
El
interpretarle esta enseñanza a sus “seguidores”, les ilustra la dificultad del
desprendimiento y establece una especia de proporcionalidad inversa: al que más
tiene, más difícil le es desprenderse, no se dice, pero nos parece legítimo
inferir que, “a quien menos tiene se le dificulta menos”. Por esto, que viene a
manera de cierre de la perícopa, a esta página no se la llama simplemente “perícopa
del joven”, sino “perícopa del joven rico”, ya que como era muy rico, se marchó,
sus propiedades la impedían semejante grado de desprendimiento. Tanto le dolía
desprenderse que le fue imposible la abnegación. También en esta situación,
este lo dejó y se fue porque esto que Él dice es muy difícil de aceptar (Cfr.
Jn 6, 60def).
Dejó
abandonada a la vera de su vida, su lealtad con los Mandamientos de la Ley,
porque este ideal de desprendimiento lo visualizó totalmente por fuera de su
alcance. “Maestro, tu exigencia es exagerada para mí”. No era libre, sino
esclavo de lo que creía poseer. Muchas veces, lo que creemos tener es, en
realidad, nuestra prisión.
«El apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto, corrupción política, corrupción de la educación…. Y ¿por qué? Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo. Hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre». (Papa Francisco)




















