miércoles, 27 de mayo de 2026

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 


Gn 22, 9-18

Juro por mí mismo, oráculo del Señor por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa”

Dios ha contraído una lealtad con sus criaturas, ha asumido frente a ellas el rol de Padre. Abrahán nos presenta un paralelismo, él tiene a su cargo desempeñar el rol de padre con Isaac. Pero, Abrahán como criatura, tiene otra fidelidad que podemos precipitarnos excesivamente a declarar mayor: una fidelidad hacia Dios, de cumplir todo, absolutamente todo lo que Él le pida o le mande, porque como padre-en-la-fe tiene que cumplir -con lujo de detalles- aquello de amar a Dios sobre todas las cosas, inclusive por encima de la vida y supervivencia de su propio hijo. Así que dios le pide que le dé lo que más ama: ¡la vida de su único hijo! ¿a ver? ¿Quién, en uso de sus facultades, tomará de la mano a su hijo y lo llevará al Monte Moria para ofrendarlo?

 

¿Qué hizo Abrahán? Pues ni corto ni perezoso, ¡cogió todo lo necesario para un sacrificio, y puso manos y pies a la obra! Camine a ver para el monte Moria. Nosotros nos imaginamos un jovencito, un niño… Los exegetas nos corrigen: si podía cargar la leña para el sacrificio tenía que ser ya un joven crecidito… Los estudiosos le han calculado alrededor de 30 años…

 

Bueno, ustedes ya saben lo que pasó. Dios, a última hora mando al ángel a detenerle la mano y le dio, a cambio, un carnero que estaba trabado por la cornamenta entre los matorrales. “Cambiemos de víctima; ofréndame mejor ese carnero”.

 

El filósofo danés, Søren Kierkegaard, nos enfrenta a una triple perspectiva:

- ¿Cuál sería la relación en lo sucesivo del padre y el hijo? ¿Podría, aquel jovenzuelo, alguna vez, dejar de ver en aquel hombre a su dispuesto asesino?

- ¿Cómo visualizaría Sara, la mamá, a su marido, el que había estado a punto de cegar la vida del hijo de sus entrañas?

- ¿Pudo alguna vez Abrahán perdonarse a sí mismo que no había vacilado por un instante ante la perspectiva de apuñalar al hijo que el mismo Dios le había regalado ya en sus años de vejez?

 

Si leemos la página con un mínimo de seriedad, no podemos acallar estos interrogantes sin pasar nosotros mismos por el doloroso rio de lava que seguramente vivieron los tres: Isaac, Sara y el propio Abrahán.

 

Y -tendríamos que añadir las espinas de otro corazón atribulado- ¿Qué tuvo Dios en su Mente cuando envió a Jesús al Calvario y lo obligó a apurar la copa, todo por redimirnos?

La perícopa concluye en el verso 19 -que no lo leemos-  nos informa que el papá, el hijo y los dos esclavos, se fueron después a באר שבע [Beer sheva] que se puede traducir como “el pozo del Juramento” o “el pozo de los siete”.

 

Sal 40(39), 6-7. 8-9. 10. 11

Estamos ante un Salmo de Acción de Gracias, domina el propósito de ser agradecido. Acompaña esa gratitud una especie de asombro. El Salmista no logra entender adecuadamente, cómo ha sido posible que Dios haya obrado con tanta Bondad. El Plan de Salvación implica toda una sucesión de Generosidades, que nadie, absolutamente nadie se habría comprometido. Salta como un resorte totalmente comprimido la palabra “Misericordioso”. Si tratáramos de enumerar los favores recibidos, son tantos y tan incontables, que ni nos acordamos, sólo podemos resumir diciendo ¡Cómo hemos salido favorecidos siempre y al final de cuentas?

 

Hay otra idea, y esta, está en el corazón de la perícopa proclamada, tanto es así que, se convirtió en el responsorio:  En la tercera estrofa, se nos lleva a reflexionar ¿qué pasa cuando la Ley que Dios ha puesto la consideramos ajena, algo impuesto desde el exterior?; y, ¿qué pasa cuando la Ley es tan propia que es como un hijo nuestro, o como uno de nuestros órganos, y todavía más, un órgano vital. Aquí la Ley habita nuestras propias entrañas: Por eso, es lo que le da sentido a nuestra vida. Es el norte de nuestro ser, cumplir con el “querer” de Dios no es hacer los que otro quiere, es ¡hacer lo que nos hace ser lo que somos!

Otra declaración es que Dios no quiere sacrificios ni ofrendas. Ah, Dios ha cambiado de opinión, ahora pide otra cosa distinta de la que pedía ayer. ¡Nada de eso! Revisando en los profetas, vemos que nunca ha querido que se le maten animalitos, Él lo ha aceptado, como al tierno infante se le acepta un matachín hecho con dos rayas; pero conforme el hijo crece, se le exige más, y con calidad. En la infancia de la humanidad nos tuvo paciencia y se recreaba con nuestros torpes dibujos. Ahora, espera que nuestro talento haya madurado: Que seamos capaces de hacer su Voluntad.

 

El Mesías, no vino a gobernar con cetro de hierro, ha venido a “comunicarnos” la Palabra de su Padre. Él mismo es la Palabra. Al abrir sus labios, cada epifanía ha sido para deslumbrarnos con su Misericordia Inefable.

 

 Mt 26, 36-42

¿Cuáles fueron los preparativos, -los momentos previos al interrumpido sacrificio de Isaac?

“A la madrugada del día siguiente, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

 


Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes". (Gn 22, 3-5).

 

Ahora comparemos los prolegómenos en el caso de Jesús:

 

“Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.» Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir λυπέω [lypeo] “tristeza”, “tan triste que al borde del llanto” y ἀδημονέω [ademoneo] “angustia”, “profunda depresión”. Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo?". (Mt 26, 36-40).

 

No tenemos noticia sobre cuáles serían los sentimientos de Isaac; aquí por el contrario sabemos que, a Jesús, en aquella hora previa, la tristeza lo estaba matando. Conviene entender la fuerza simbólica del nombre del lugar donde Jesús hizo consciencia de la “hora pavorosa” que se le venía encima. El lugar se llama Getsemaní; esta palabra viene del arameo, Gath-Šmânê, en hebreo se llama Gat Shemanim, se traduciría por “prensa del aceite”. Para liberar el aceite de la aceituna, se le somete a prensado, con enorme presión se destripa, y ella va dejando manar su oleo. Pues Jesús, allí, estaba sufriendo esa terrible presión. Es la Pasión. La pasión puede ser por el trago, por un deporte, por un vicio, podemos elegir entre diversas pasiones: Jesús nos eligió como motivo de su Pasión, se apasionó por nosotros: fue una Pasión que su Padre le inculcó, Él e la enseñó.

 

Lo que Jesús nunca negó fue su filiación. Esta Pasión es la del Hijo que no niega a su Padre. A este Hijo el Padre le ha encomendado el rebaño, y Él no cede, los defiende de leones, tigres, lobos y osos. Pero los discípulos no pueden vencer el sueño una y otra vez Jesús los despierta, se supone que ellos están allí para testimoniar frente “a los que creerán”, así como ellos mismos lo habían visto “transfigurarse”; ahora están llamados a ver como es victimizado hasta la “desfiguración”. Lo primero fue pintoresco, lo de ahora es insoportable.

 

Tenemos que darnos cuenta que Jesús no buscó este dolor. Tampoco nos podemos inventar que el Padre era algún tipo de sádico que buscó el dolor de su hijo para saborear en su paladar el degusto de la venganza, haciendo padecer al inocente. ¡No! ¡Dios-Padre no es ninguna clase de torturador!

 

Miremos nuestras propias manos y descubramos si hay en ellas gotas de sangre del Crucificado. Qué genes compartimos con Judas Iscariote.


Jesucristo es Sacerdote porque entró en el Sancta Sanctorum llevando su sangre -extraída a fuerza de prensa- para derramarla -como lo hemos repetido varias veces- sobre el כַּפֹּרֶת

[Kapporet] (se traduce literalmente "cubierta" o "tapa". Históricamente hablando, era la tapa de oro macizo, flanqueada por dos Querubines, también de oro macizo, que cubría el Arca de la Alianza en el antiguo Mishkán “Tabernáculo judío”).

martes, 26 de mayo de 2026

Miércoles de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 18-25

Convocados a vivir en santa hermandad

El oro y la plata son cosas perecederas, no hacen brotar la vida nueva, sino la Palabra de Dios, que tiene fuerza creadora: “Él habla y la cosa sucede”.

Sal 33, 9; Gn 1, 3

Aparece aquí la palabra ἐλυτρώθητε [elytrothete] “rescatados”, derivada de la palabra λυτρόω [lutroo] “rescatar”, “pagar completamente el monto exigido para liberar a una persona secuestrada, o, a un esclavo”, “devolverle algo a su legítimo dueño”. Aquí está el quid el asunto, en que Jesús, nuestro redentor, nos redimió, pago por ostros el rescate total, hemos sido adquiridos de nuevo (es curioso que קַיִן [Qayín] “Caín” significa eso precisamente “adquirido”, con el pecado somos des-adquiridos, entregados en empeño, comprados para la esclavitud, enajenados. Necesitamos que alguien pague el “rescate” para volver a pertenecernos en legitimidad ¿Quién sería nuestro legítimo “dueño”? La Libertad, nos debemos a la Libertad con la que Dios al crearnos nos dotó. Nosotros hemos sido redimidos (rescatados) de nuestros comportamientos sin fundamento, irrazonables, carentes de un propósito firme y claro. O sea, que hemos sido liberados del “pecado”.

 

Entrando en la órbita del perdón de los pecados, entramos en una verdadera hermandad, en la fraternidad y la sinodalidad, dando pasos afianzados en el Amor que Dios nos ha tenido, transparentado y patente en Su Hijo, que nos convoca en el amor de los unos por los otros, pavimentando la ruta de ser hermanos en Jesús. No seremos re-adquiridos pagando con monedas de oro o de plata. El precioso se pagará en sangre Divino-humana, con la sangre del Redentor.

 

Se piensa -y pudo ser así- que esta carta haya sido dirigida a judíos que se entendían y se visualizaban como anclados en la Ley, en la Torah. Pero la Ley es solo como un propietario provisional, puede escoltarnos hacia la “libertad” de los redimidos; o, puede mantenernos sujetos en una forma de sutil esclavitud. En vez de eso, hay una sangre liberadora que nos convoca a tomar el timón de nuestra nave y asumir las consecuencias de su dirección.

 

Se trata de una “regeneración”, hemos sido acrisolados, en el Fuego del Amor de Dios: Una llamarada de Espíritu Santo. Pasando por esta purificación, florecemos como Comunidad, en Cuerpo Místico. Ahí sí, quedan puestas las bases para que esa Comunión nos dé los planos para la edificación del Reino. No construimos a ciegas. Tenemos un sapientísimo diseño que guía las obras y nos señala dónde va cada ladrillo.

 

El Reino es la concreción de la Palabra, ya no será como la palabra humana -que es tan solo energía sonora que produce una modificación provisional del aire- será, por fin, Palabra Perdurable, Voz Creadora del Padre, que permanece por siempre. ¡Que hace todas las cosas nuevas!

 

Es preciso volver la mirada hacia el Redentor y descubrir con infinita gratitud que Él se entregó como Cordero sin tacha ni defecto y no escatimó nada de su Vida y su Ser en aras de donarnos vida en plenitud. Es hora de reconocer que ya no se precisarán más sacrificios, que no tendremos que estar día tras día degollando cabritos en los Altares del Señor, porque la Ofrenda Perfecta se ha inmolado, y se ha entregado en holocausto, holocausto significa “quemada íntegramente”, consumida en su totalidad. Así como repetimos siempre -porque es muy importante entender su donación total-, que el Señor se entregó enteramente sin reservarse nada para sí. Sus posesiones, su cuerpo, su sangre, su madre, su vida total.

 

En el crisol del Calvario, se ofrendó y Él nos devolvió nuestro ser totalmente libre en llamaradas de Espíritu Santo, ya no fuego para quemar la victima sino amor como fuego ardiendo en nuestro ser como fraternidad. Dios se ha Elegido la Hostia Perfecta: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

En el texto es muy claro que no se trata de una religión de palabra, sino de una Palabra que se hace vida. De lo que se trata es, de una Cristificación de la Existencia, traducida en hermandad. No se dice “hermano” o “hermana” a falta de otra palabra para llamarnos entre nosotros, sino con profunda consciencia de ser hijos todos del mismo Padre, hermanos en Jesucristo: “Ya que han purificado sus almas por la obediencia a la verdad hasta amarse unos a otros como hermanos, ámense de corazón unos a otros con una entrega total, pues han sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible, sino de algo ἀφθάρτου [afdartou] “incorruptible”, mediante la Palabra de Dios viva y permanente”. El kerigma tiene un corazón y si no palpita significa que el Mensaje Cristiano ha muerto y ya no tiene vida que comunicar a la humanidad.


 

Por eso dice el Salmo: «No dejarás a Tu Fiel conocer la corrupción» (Cfr. Salm 16(15), 10). Esta es la manera de decir que Dios no dejó a su Hijo muerto en poder de la descomposición, sino vivo para construir un mundo de fraternidad, su Reino.

 

Sal 147B, 12-13. 14-15. 19-20

Himno de alabanza para reconocer a Dios como el reconstructor de Jerusalén. En ese restablecimiento de la Ciudad que será ahora la Nueva Jerusalén, Dios coherente en sus cuidados, fundamenta esta Nueva Ciudad en dos soportes Divinos: Paz-y-Pan. Rodeada de un blindaje inexpugnable, Ella es sinónimo geográfico de Seguridad.

 

¿Qué traduce para Dios la palabra seguridad? La Alianza porque nuestra amistad, nuestras Nupcias con el Señor, materializan nuestra solidez permanente: El Esposo será siempre Nuestro Guardián y Nuestra Tibio Nido.

 

El Tibio Nido, nos informa el salmo, ha sido reforzado blindando, el Cerrojo de sus Puertas acerado y dando Amparo y Protección a todos sus hijos.


Envía su “Mensaje” y este Don nos llega sin tardanza alguna, las esperas se disuelven en inmediatez. No habrá más aplazamientos.

 

Pero hay un elemento que modula la Libertad y ese es la Ley. Si Dios hubiera entregado la Libertad sin modulador habrían incurrido en una irresponsabilidad paternal (los niños pueden hacerse daño con sus juguetes). Le dio todas las pautas a su pueblo elegido, porque había sido designado para la descomunal tarea de llevar el Anuncio a las demás naciones. Por eso lo privilegió. ¡No para establecer una hegemonía a plomo y misil!

 

Mc 10, 32-45

¿Rescatados para sentarnos en su Gloria?

¿Pueden bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Mc 10, 38d

 

Miramos hacia Jerusalén como promesa, cuando nos referimos a la Nueva Jerusalén la que se nos presenta en el Apocalipsis; pero en este caso estamos hablando, por el contrario, de la Jerusalén donde fue a morir Jesús, estamos mirando hacia una sentencia de muerte segura. ¡Y Jesús les advierte!


El contexto general nos presenta a Jesús como un “amigo comprometido”; Él no usó a su Pueblo Elegido, fue por delante poniendo en juego su propio pecho y su propio corazón. Como se diría popularmente, jugándose su propio “´pellejo”. Él -personalmente- fue a la vanguardia, y se entregó, Él, el Primero.

 

Muchas veces pensamos que “instrumentaliza” a alguien para que sea su “marioneta”, a veces decimos “los usó como instrumento”; pero ¡nunca es así! todo el que se une al Proyecto del Reino y participa, se une voluntariamente; por eso ha tomado tanto tiempo este proceso: No somos muy veloces, que digamos, para tomar la opción procedente. Sin embargo, Él resplandece con Su Paciencia.

 

Cuando mostramos el cobre y sacamos a relucir el miedo, lejos de ocultar o aminorar el riesgo, nos lo deja ver a la cara y que procuremos superarlo. Hoy nos muestra el tercer Anuncio de su Pasión.

 

Pero lo que más nos bloquea no es el miedo, es la ambición, el ansia de poder, el deseo de acomodarnos en el Trono, ocupar las curules y luchar por perpetuarnos en los sitiales de gobierno. ¿Qué le piden Santiago y Juan? “Sentarse con Él en la Gloria”, esa Gloria a la que se refieren es el Trono del Reino Davídico.

 

Dos componentes (que desgranaremos en tres aspectos) se declaran aquí:

a)    La Trinidad Santa se ha repartido según algún criterio -que no es de nuestra competencia- lo que cada Uno ha de hacer; y, asignar los sitiales Celestiales es Función Paternal. El Hijo no se va a poner a repartir lo que su Autoridad no le asigna.

b)    Y en este literal, hay algo que nos compete a fondo, a nosotros nos toca, tratarnos fraternalmente, no y nunca someter a nadie, lo que nos toca es ¡Servir!

c)    ¡El que quiera ser primero que se haga el último!

Es todo lo contrario de lo que imaginábamos: Luchamos y pataleamos por hacernos al Trono y lo que nos corresponde es el delantal del διάκονος [diakonos] “Servidor”, el que se pone las pilas y hace todo con tanta presteza que levanta una nube de polvo a su paso”. “El que ataca el polvo a fondo”. (El sirviente que se las ve con el polvo está al último en la “jerarquía”).

 

Llegamos al paradigma, aquí Jesús se pone como modelo para saber cómo se llega a ser el “Primero”: Subiéndose a la Cruz. Todo lo resume con exactitud en el último versículo de la perícopa de hoy: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en λύτρον [lytron] ‘rescate’ por muchos”. Por muchos, es la manera hebrea de decir “para beneficiarlos a todos”. La verdadera grandeza radica en el servicio. Jesús ve su muerte como otro acto de servicio en su vida: como entendemos muy bien, con su muerte sufragó el precio, y lo pagó -como bien sabemos- con su propia sangre, con la entrega de Él mismo en favor de nuestra liberación de la esclavitud del pecado.

 

Cuando hablamos de una “conversión”, descubrimos que los valores del Reino están en contravía de los valores mundanos.  Ni Santiago ni Juan habían remontado la lógica común, la de la codicia. Lo que pretenden es la superposición de los valores mundanos a la Voluntad del Cielo.

 

Habrá que llevar estas aspiraciones al bautismo (muerte por inmersión, es decir por ahogamiento) para llegar a ser los co-herederos del Hijo. A los otros discípulos, lo que les molesta no es que ellos estén pidiendo equivocadamente, sino que se les hallan colado en la fila de los que vienen a solicitar, poniéndose de primeras entre los peticionarios de los privilegios.

 

En nuestra sinodalidad, este dato se debe tener en cuenta, que también nosotros (los más cercanos en la Comunidad) podemos estar pidiendo mal y aspirando a las prerrogativas por las que Jesús no está “trabajando”.

 

Jesús deshecha los prestigios y las falsas aspiraciones, nos enseña que este tipo de objetivos de vida deben desecharse, y que seguirlo implica aprender a ponerse de ultimas en la fila. En realidad, el discipulado tiene que ver con la honra y el honor de hacerse servidor. Y no de engrosar las huestes de los que se agolpan para reñirse los puestos de opresores, de gerentes, de dueños, de monopolizadores: No apostarle al apego del poder y el mando, sino liberarse por medio de la entrega.

 

La perspectiva “mundana” es que todos me sirvan a mí, en cambio, el enfoque cristiano es hacerse servidor de todos los demás.


En que eje se mueve toda esta reflexión, en el eje de la verdadera autoridad. El discipulado es un poder constructivo que se recibe, no un aparato de constricción para oprimir y amoldar, sometiendo. Nadie tiene porque ser instrumentalizado, nadie tiene que servir de escabel para ascender. ¡Cada vez que aspiramos a las esferas gobernantes, Le pisamos Sus llagas las de sus Pies para -supuestamente- acercarnos a besarle el costado!

lunes, 25 de mayo de 2026

Martes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 10-16

Llamados a heredar del Mesías la Santidad

El profeta recibe un “Mensaje” que no tiene claridad cómo llegará a cumplirse, no puede adivinar los recónditos laberintos que recorrerá la historia y sólo intuye la luminosa claridad que reviste el “Mensaje”. Los profetas antiguos supieron de la venida del Mesías, de Él tenían unos retazos que lo prefiguraban como líder, como “Salvador”, y -tomando de lo que tenían más a mano- los datos de Moisés y de David sabían de Su Valor, de su liderazgo, de su Poder -recibido de lo Alto- en fin, que colmaría todas las expectativas. Tenían que “anunciar” una Esperanza Magnifica, que, de todas maneras, inclusive para ellos, guardaba ribetes mistéricos. En todo caso y muy en concreto, sería el Salvador de las almas.

 

El “Mensaje” tan contundente que ya -por ejemplo, Isaías- visualizaba en el Siervo Sufriente, dejaba entrever una “Pasión” que Antecedería a la Glorificación, valga decir, una Cruz que precedía la Resurrección.

 

Uno de sus rasgos prominentes era que ese “Vaticinado”, no llevaría a cabo sus Proezas para magnificar su “Nombre”, sino que su Nombre sería magnificado en provecho nuestro. Era claro pero desbordante de Misterio, ¿Por qué iba Dios a obrar tan Altos Beneficios poniendo su propio ser en nuestras “manos”? Tal vez, a imagen del egoísmo que tan esforzadamente hemos aprendido, no nos cabe en la mente que Dios mismo se jugara todo por nosotros.

 

¿Cómo podemos acercarnos a contemplar tan esplendorosa Zarza que Arde-sin-Quemarse? El propio Dios nos ha respondido. quitándonos las sandalias (valga decir purificándonos) y con reverente abandono, desprendiéndonos de las tradiciones que obnubilen nuestros sentidos impidiéndonos adentrarnos en la “Novedad” del Mensaje.

 

Esa purificación nos implica en ese proceso de perfeccionamiento que requiere la limpieza del alma, sin segundas intenciones, libres de intereses mezquinos, totalmente dados el ejercicio del Bien como Jesús, que se sacudió de todo y se desprendió hasta de sus últimas gotas de sangre y agua en favor de quienes Ama, porque el amor se define así, querer todo el bien para el amado. Y así se puede traducir, porque Jesús nos dio toda la gramática de su Mandamiento del Amor, y se abajó, y no se “aferró” a su Poder, sino que se abajó y se “anonadó”, arrancándose la piel, que no era la suya, sino la que se había tejido como Manto, con los hilos de nuestra pecaminosidad.

 

¿Cómo podía profeta alguno llegar el fondo de esta “tamaña densidad”? Y hubo uno que pudo, y fue Juan, el Precursor que, al verlo, descubrió que se trataba de “el Cordero de Dios”, que con su Sacrificio Vicario había venido a “a quitar el pecado del mundo”.

 

La perícopa nos pide una capacidad de cambio y de adaptación; no un empecinamiento con las maneras de ser y hacer y en particular con los anhelos usuales: “como hijos obedientes, no se amolden a las aspiraciones que tenían antes, en los días de su ignorancia”. ¿A qué ignorancia se refiere?  Al tiempo en el que no habíamos podido conocer el Rostro amoroso de Dios, ese semblante que salva graciosamente, esa Misericordia forrada de gratuidad. Nótese que nuestra relación con Él queda automáticamente precisada: “Como hijos obedientes”, porque él asumirá con integridad su rol de Padre.


Llamados por Dios a ser santos, pero no una santidad abstracta, sino definida y trasparentada en el ejercicio de una bondad   para nada egoísta, sino generosa, de ninguna manera “en beneficio propio”, sino buscando siempre el bien de los demás.

 

Sal 98(97), 1bcde. 2-3ab. 3c-4

Al agradecer (Eucaristía) todas las Maravillas obradas por el Señor a favor nuestro, requerimos ampliar nuestra camisa, y evidentemente ya no podemos seguir usando la que tuvimos de bebés.

 

No podemos figurarnos que ese “en favor de la Casa de Israel” consiste en un “cheque en blanco” para que podamos pisotear a nuestros semejantes y hacer del resto de la humanidad un cajón para alzar los pies y que ellos nos los sostengan mientras reposamos muellemente, algunos otros tendrán la misión de abanicarnos, mientras los demás nos tributen pleitesía, llenen nuestras copas y batan palmas para encomiarnos.

 

Bueno, y preguntaran algunos, si no es así: ¿cuál es, entonces, el “privilegio” que habremos de recibir en calidad de “pueblo escogido”? Y en el salmo se nos responde: dar a conocer su Salvación, difundir la Noticia, dar la Buena Noticia. “La justicia para todas las naciones”.


La corona de laureles, que ya ciñe nuestras sienes, es haber cumplido la tarea de lograr que en toda la tierra resuene Su Santo Nombre: proponerlo a toda la humanidad, para que todos, en glorioso coro y con Celestial armonía, aclamemos al Señor.

 

No se trata de una ovación multitudinaria, se trata de una vida que despliegue la fidelidad a sus Mandatos, una manera de vivir que signifique que hemos abierto nuestra existencia para vivir aquí, como se vive en el Cielo, la Voluntad Divina (como lo oramos en el Padre Nuestro).

 

No consiste en gritar y vitorear, en reflectores y parlantes y cámaras de humo y luces cambiantes y estroboscópicas; sino en aprender a vivir una vida, de tal manera que sea un “Cantico Nuevo”. Esa vida será el reconocimiento de que Su Reinado se ha llevado a término en nuestro corazón y hasta los confines de la tierra llegue “Todo Su Honor y Toda Su Gloria, y Toda Su Majestad”

 

 

Mc 10, 18-31

Está la imagen zen de la tasilla llena de té donde el maestro sigue sirviendo, a pesar de -ya estar llena- no puede contener más y lo que se sirva en ella, sólo se derramará. Siempre hay que soltar algo, para que podemos recibir algo más o algo nuevo. Para dar el siguiente paso, es necesario vaciarnos (kénosis) y así, darle cabida a “la nueva bebida” en la tasita de té.


Hay dos modos de recibir: de inmediato, algo que sustituya lo anterior; pero, la otra manera, es recibir en el futuro, en el esjatón: hay que cambiar algo en nuestro hoy que nos abra a lo nuevo que recibiremos en la “edad futura”, a la que solemos llamar “Vida Eterna”, y con esa fórmula pasamos a un “concepto” esencial de nuestra fe: la muerte no es el fin, tras la muerte viene, por fin, el desplegarse de las alas de la “mariposa”: ¡Ah dulce metamorfosis que nos sobrevendrá!

 

¿Entraña acaso, eso, el descuido de la realidad por la que transitamos aquí? ¿Visualizamos esta vida como el patio donde Dios manda a jugar a sus “niños”, mientras Él acaba de hacer algún “oficio muy serio” para que no lo distraigamos, para que no lo perturbemos? Nosotros lo vemos distinto, en otra parte lo hemos dicho: estamos en el “Campo de Entrenamiento”. El espacio donde “el deportista” ensaya, despliega y cultiva sus potenciales para alcanzar su mayor realización a la hora del “torneo”.

 

¿Cómo podemos ganar la Vida eterna? ¿Qué relación hay entre la vida provisional que vivimos aquí y la que viviremos en las Moradas del Señor? Pero, hoy se nos entrega una verdadera paradoja: ¿cómo es posible que los primeros se vuelvan últimos y los últimos se hagan primeros? ¿No es esa una injusticia supremamente injusta?

 

Si verdaderamente a los que llegan a trabajar a las 5:00 de la tarde les pagarán igual que a los que madrugaron, sinceramente ¡prefiero no ir a trabajar a ninguna hora, que de todas maneras me llegará el sobre con la paga a domicilio!

 

Claro que quienes lleguen muy temprano obtendrán la paga para suplir todos sus gastos personales y claro que Dios no se va a conformar con darles a los que llegaron tarde, sólo un mendrugo, (recordemos que ellos no salieron a trabajar tarde, no pudieron empezar antes porque se les había negado la oportunidad de tener trabajo en algún cultivo; porque no se les había “contratado”) (Cfr. Mt 20, 1-23).

 

Todos recibirán lo suficiente y lo necesario. Porque el Señor es Bueno y Generoso. Y aquellos que lo han abandonado todo para seguirLo, con el sólo hecho de haber estado con Él toda la Jornada ya han recibido el más anhelado jornal, una paga tan abundante, tan generosa, ¡una medida rebosante!: Aprender el Milagro de llevarles a otros el Verdadero Pan del Cielo, que no el que nos dio Moisés, sino el que nos da el Padre.

 

Queremos recibir un tazón de oro lleno de las monedas más valiosas, y no vemos que gozamos la Amistad con el Rey de Reyes, con el Señor de Señores. Aprendamos la lección de María (la hermana de Marta y de Lázaro) y embriaguémonos en las delicias de estar toda la jornada, sentados a sus pies, oyéndolo.

 

Los que llegan primero y no saben escuchar, aun cuando estén toda la jornada con Él, serán como los últimos, porque con los oídos sordos de su corazón, nada oyen; pero los que llegaron últimos, estarán tan compenetrados con sus enseñanzas por la intensidad de su escucha que aun habiendo sido “contratados” tarde, recibirán la moneda con “mayor poder adquisitivo”. Atesoremos su palabra y el dulce sonido de su Voz y de su Manera de Enseñar.


Solo valorando aquí, en los “campos de entrenamiento” el significado de la Amistad con Dios, podremos pasar al Banquete del Esjatón y reclinar en Su Pecho la cabeza, como lo hiciera el Discípulo Amado, precisamente porque al estar escuchándolo tendremos para nosotros la perla perfecta engastada en el alma.

domingo, 24 de mayo de 2026

BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA MADRE DE LA IGLESIA


Lo primero que hay que decir es que esta fiesta (memoria obligatoria) no tiene fecha fija, se celebra el lunes después de Pentecostés, o sea que, por su relación con la Pascua diremos que se celebra el día πεντηκοστός πρώτος [pentikostos protos] 51o “quincuagésimo primero”.

 

Gn 3, 9-15.20

¡El pecado se ha cometido! El ser humano tiene consciencia de su culpabilidad. Es consciente de haber desoído la advertencia. Dios, en su desvelo por el ser humano lo previno indicándole cual era la “kryptonita” que lo podría matar, y que, en diversas variantes, podría adulterar los enormes poderes con los que Dios lo creó.

Por haberse hecho pecador, cobra súbita consciencia de su estado de desnudez. Tener “vergüenza” de la desnudez constituye de por sí una anomalía excesivamente curiosa. ¿Qué puede tener de “malo” algo que Dios hizo perfecto? Fenómeno bien curioso, no ha habido ninguna trasformación especial en el ser, pero su corazón da a sus ojos otro “enfoque” que le hace reconocer en su propio ser algo “malo”. La maldad hace que queramos ocultarnos, sin saber qué ocultamos. Tal vez, en medio de nuestro afán de “tapar”, corremos a poner el “trapo del ocultamiento” allí donde no hay nada que ocultar. Ese descubrimiento lo conduce a quererse ocultar. Al percatarse de la Presencia de Dios, a Quien ya no ve como un Amigo que llega a compartir con él, a gozar de su amistad. Ahora, hay algo que interfiere esta cariñosa armonía entre Creador y criatura. Y siente que es necesario ocultar este “algo” de su-ser-humano, propio de su humanidad.

 

Otra fragilidad humana se nos descubre en este relato: se trata de un desplazamiento. El hombre achaca la culpa a la mujer; él, bien habría podido negarse a “comer del fruto prohibido, no vemos en el relato que Eva haya coaccionado de alguna manera a Adán a seguirla en el consumo del “pecaminoso pasa-bocas”, ella simplemente se la נָתַן [nazan] “dio”, “convidó”, ofreció”.

 

Esto da también inicio a una “fractura” en las relaciones interpersonales de la pareja; no sólo se ha afectado la relación Dios-ser humano, sino que esto, además, ¡ha traído un resquebrajamiento entre el hombre y la mujer! 

 

Se confeccionaron חֲגֹרֹֽת [jagorot] “taparrabos”, “especies de delantales que cubrían sus partes pudendas”.

 

La acción de la נָחָשׁ [nakjash] “serpiente” es presentada indudablemente como de נָשָׁא [nashó] “engaño”; algo parecido a lo que hacen los magos de feria que “prestidigitan” para conducir -aparentemente- hacia un “prodigio”. Obsérvese el parentesco fonético entre los dos vocablos, que tienen en común dos letras, el sonido [n] y el sonido [sh]. Dios mira hacia ella – la serpiente” como primera merecedora de sanción. La palabra serpiente deriva de un étimo latino “serpens” que significa “la que se arrastra”; arrastrarse la envilece, ella recibe esta condición como castigo “te arrastraras sobre el vientre”, y “comerás tierra” (3,14). Nos parece importante anotar que -en la cultura egipcio-faraónica- era la fuerza vital pero también la fuerza de destrucción; la representación gráfica que se ha conservado de Neheb-Kau nos la muestra con brazos, piernas y pene. Además, Neheb-Kau era larga y sinuosa y devoraba almas humanas. Neheb-Kau tenía un papel específico en el examen de la pureza y la impecabilidad de los fallecidos: el caro tema del juicio post-mortem.

 

La perícopa se salta 4 versos (16-19), y se va directo al nombre que Adán le da a la mujer: la llama חַוָּה [chavah] “vida”, porque ella fue madre de todos los חָֽי [kjay] “vivientes”, lo que tiene “vida”, lo que tiene “vitalidad”. Esta letra hebrea reúne tres factores habla-pensamiento-acción, que remiten a lo que hace el ser humano-existente, a lo que “puede”.

 

Su grafía alude al hombre-la mujer-y-el-hijo, su grafía tiene, pues, un valor trinitario. Esto vale la pena relacionarlos con el astuto argumento que le dio la serpiente a Eva: Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese árbol podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces serán como Dios (Gn 3,5). Si confundimos al Creador con la criatura, todo el resto del análisis estará viciado. Es muy importante que comprendamos que somos “a imagen y semejanza de Dios”, pero definitivamente no somos los creadores. Tenemos un “parentesco” a valorar y respetar. Pero, definitivamente la b no es la A.

 

Observemos que la mujer “erró la puntería” (eso es lo que significa la palabra “pecado”) porque se quedó en la superficialidad, no fue a fondo, se fascinó con la apariencia, lo que la convenció fue que, al mirar el fruto, “le pareció hermoso”; ahí estuvo el “pecado”, en quedarse en la superficialidad y no fijarse más a fondo. Quedó atrapada en la apariencia, esa es la cueva donde habita la “idolatría”.

 

¿De qué estaos hablando cuando decimos el “proto-evangelio”? Muy específicamente de Gn 3,15. וְאֵיבָ֣ה ׀ אָשִׁ֗ית בֵּֽינְךָ֙ וּבֵ֣ין הָֽאִשָּׁ֔ה וּבֵ֥ין זַרְעֲךָ֖ וּבֵ֣ין זַרְעָ֑הּ ה֚וּא יְשׁוּפְךָ֣ רֹ֔אשׁ וְאַתָּ֖ה תְּשׁוּפֶ֥נּוּ עָקֵֽב׃ ס


A nuestro juicio, la médula de este versículo está en la expresión: זָ֫רַע [zerah] “descendencia”, “generación”, “linaje”, “simiente”, “posteridad”, uno podría decir “el que le sigue en la “serie”, genéticamente hablando: anuncio del Mesías, donde Dios promete que la descendencia de la mujer vencerá a la serpiente. Si se anuncia al Mesías, se implica el anuncio de la גְּבִירָה [Gebirah] “la reina Madre”.

 

Sal 87(86), 1b-3. 4-5. 6-7.

Este es un Salmo de Sion. Este tipo de Salmos está relacionado con la fiesta de las Succot, festividad que se celebra a finales de septiembre e inicios de octubre, "Fiesta de las Cabañas" o "Fiesta de los Tabernáculos" que celebra la memoria de los cuarenta años que los judíos pasaron en el desierto, viviendo en cabañas; muy diferente de “la fiesta de las Semanas”, la que nosotros llamamos Pentecostés y el judaísmo llama “Shavuot” que se celebra el sexto día del mes de Sivan que cae en alguna fecha comprendida entre el 25 de mayo y el 14 de junio (este año 2026 para los judíos se celebró desde la madrugada del 21 hasta la puesta del sol del 23 de mayo).

 

Volvamos a la fiesta de Succot El mandamiento dice que deben vivir una semana del año en “chozas” (este año 2026 será entre el atardecer del viernes 15 de septiembre hasta el atardecer del viernes 2 de octubre) para que no se olviden como les tocó hacer durante su travesía por el desierto, y -sin embargo- Dios los fue cubriendo de protección, de detalles, durante su pasaje por tan árida e inhóspita zona. Se ha comentado que había una procesión para rememorar el traslado del Arca -que hiciera David- a Jerusalén. Pero, esta procesión -también lo hemos dicho no tenía escolta militar, como si la tenía la procesión de Entronización. No es tanto un asentamiento del rey, como una subida a la Jerusalén Celestial, por eso el valor de estos salmos es eminentemente escatológico. Si releemos en el Apocalipsis del capítulo 21 el verso 2, se dará una imagen más precisa del valor escatológico de este salmo: Nueva Jerusalén, descendiendo del Cielo ataviada con traje Nupcial, engalanada para su Esposo.


Para nosotros este Salmo vaticina todo el sentido de la Iglesia en la vida de la Comunidad creyente. Está directa y muy estrechamente conectado con la Maternidad de María en relación con todos los fieles, sus hijos -entregados por Jesús en la cruz- a sus maternales cuidados. Esa maternidad se trasmite sin discontinuidad a la Iglesia.

 

Jerusalén -casi como un absurdo- es presentada en este salmo como la cuna de los peores enemigos de Israel: Egipto, Babilonia, Tiro, Filistea, precisamente los que la atropellaron, la violentaron, la incendiaron, la saquearon y tanto daño le hicieron a Jerusalén- son los mencionados en este salmo para que algún día la reconozcan como su Madre, la ciudad construida en la ladera de Sion. Pero no será por férula que será aceptada, sino porque sus habitantes sabrán proclamarla de tal manera que esos -antiguos enemigos- reconocerán su cobijo maternal. Sabrán mostrar a la Mamá como prodigadora de cariños universales. La Lumen Gentium en el número 63 dice: “La Virgen Santísima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida con la Iglesia. Como ya enseñó San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. Pues en el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen, precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen, como de la madre. Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno”.

 

Se han tomado 6 versos y medio de sus 7 versos, para conformar la perícopa que se proclama en esta fecha; con ellos se han agrupado 3 estrofas.

 

Empieza enunciando la preferencia fundamental de Dios por esta Ciudad, por encima de todas las otras localidades que los judíos hayan levantado. Luego enumera las ciudades rivales, y dañinas que terminaran reconociéndola como la Ciudad que el Propio Dios se construyó. No habrá mayor orgullo para los hijos de Dios que mostrar su partida de nacimiento inscrita en los archivos de Su Despacho.

 

Jn 19, 25-34

Continuando la relación estipulada entre Jesús, María y la Iglesia, queremos aquí, darle un repaso al Concilio Vaticano II, que, en la Lumen Gentium, en el numeral 58 dice: «En la vida pública de Jesús aparece reveladoramente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Caná de Galilea, movida a misericordia, suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús Mesías (cf. Jn 2, 1-11). A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el Reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados (cf. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf. Lc 2, 29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. Jn 19, 25), sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jesús agonizante en la cruz como madre al discípulo con estas palabras: «Mujer, he ahí a tu hijo» (cf. Jn 19,26-27)».


El título de "Madre de la Iglesia" a la Santísima Virgen María fue una designación oficial del Papa San Pablo VI, efectuada el 21 de noviembre de 1964, durante la Tercera Sesión del Concilio Vaticano II.

 

Aquí es muy importante mirar las dos palabras que pronunció Jesús en la Cruz, en su penosa agonía: “Tengo sed” (Jn 19,28) y “Todo está cumplido” (Jn 19, 30). Cuando dice “Tengo sed, cabe anotar lo que dicen los eruditos -aplicados estudiosos, que encuentran que muy seguramente a Jesús se le dieron dos clases de vino: 1) una mezcla con hiel, que él rechazó. 2) Otro que contenía mirra.

 

Aquí lo que se menciona no es propiamente vinagre, sino ὄξος [oxos] “vino ordinario”, de pésima calidad, quizás las sobras de los odres, el “cuncho”, se les donaba a los soldados para sus juergas. ¡No se vaya a pensar en el delicado destilado que, por la fermentación de los alcoholes, se transforman en ácido acético!

 

La sed no se refiere a una sed de agua, sino al anhelo profundo de encontrar refugio en nuestro corazón. Τετέλεσται [tetelestai], ¿cómo traducirlo? Hay una “misión” que implica cumplir varios pasos, una secuencia de etapas, se van cumpliendo una a una; al final, todo lo que se esperaba, se ha hecho. ¡Eso es! Todo se ha hecho, ¡está cumplido! Lo que se alcanzó, puso las bases para que -con el impulso dado- se produzcan -hasta la satisfacción- las etapas pendientes.: Inclinando la cabeza παρέδωκεν τὸ πνεῦμα [paradoken to pneuma] “entregó el Espíritu”. Una cosa más de la que se despoja. ¡Este es el despojo definitivo! ¡Ya no le queda nada que entregar!

 

Junto a Jesús estaban las mujeres, las “marías”. Hay una entrega, Jesús suele ir entregándolo todo, -como quien se va quedando con nada, se trata de un “despojarse”- le entrega su madre el “discípulos amado”. Nada nos impide leer este punto con una translación: “A ti, amado amigo, te va a ser más necesaria que a mí, ahora”. Los amigos van a requerir una “Madre” ahora que se van a quedar huérfanos de Hermano. ¿Cómo reacciona el “discípulo amado”? Acaso le contradice, acaso trata de fabricarle un destino diferente a su Maestro -como lo hizo Pedro- nada de eso; llanamente la toma como herencia, como si se tratara de su propia madre. Y se la lleva consigo a casa, ¡como la cosa más natural! ¿Qué podía haber de raro que un joven se llevara a casa a una mujer que quedaba sola, sí él era su único pariente?

 

Juan llevo a María a su casa, y, después debió huir de Jerusalén a Éfeso, en la actual Turquía. El lugar exacto, conocido como la Casa de la Virgen María (Meryem Ana Evi), se encuentra en el monte Bulbul, a unos 7 kilómetros de las ruinas de la antigua ciudad de Éfeso y cerca del pueblo de Selçuk.

 

Según la tradición religiosa, cuando Tierra Santa cayó en manos de musulmanes a finales del siglo XIII, Dios ordenó a sus ángeles desarmar pieza por pieza la casa donde vivió la Virgen María para ponerla a salvo. Los relatos cuentan que, en el año 1294, los ángeles transportaron la casa por el aire y la colocaron en Loreto, donde hoy se erige la famosa basílica.

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«Las palabras de Jesús en la cruz son un mensaje para el creyente y revelan la teología del evangelista: la maternidad que ahora asume la Iglesia en la figura del discípulo amado; la referencia a la sed ahora nos remite de nuevo al agua; y, al hecho de que todo se ha cumplido son una prueba clara de la misión de Jesús con los hombres».

 

El relato joánico nos da otros tres detalles:

1)    Los judíos pidieron que les descolgaran el cuerpo.

2)    Que a Jesús -como lo había anunciado la profecía- no le sería quebrado ningún hueso.

3)    Al traspasarle el costado broto “sangre y agua” cómo lo vemos en la imagen del Señor de la Misericordia: Es lo que se deposita en el Cáliz:  Donde en la Eucaristía prima siempre la cantidad de Vino, y el agua que se añade, es apenas un par de gotas que nos representan a nosotros: esas gotas de agua son el resto del Cuerpo Místico, donde la mayor parte es toda la sangre que Él vertió como “sacrificio” para la “propiciación de nuestros pecados”.


La beatísima función maternal de María está en el dolor que taladraba sus entrañas al ver a Su Hijo padecer la muerte redentora: ella no estaba a los pies de la cruz como presencia impávida, sino como dolorosa maternidad cuyo corazón era traspasado por la espada que simbolizaba el profundo dolor y sufrimiento emocional que ella experimentó a lo largo de la vida y la pasión de su hijo, en conformidad con la profecía de Simeón (Cfr. Lc 2,25).