viernes, 24 de abril de 2026

SAN MARCOS

1Pe 5, 5b-14

Es posible que un presbítero (1P5, 1), de la comunidad cristiana de Roma, haya reunido las ideas correspondientes a la época para instruir y exhortar los cristianos y cristianas de Asia menor a permanecer firmes en la fe, a pesar de las dificultades y represiones.

Centro Bíblico Verbo

Leemos en la primera lectura de hoy, la parte final de la Primera Carta de San Pedro. Esta Carta tenía por destinatarios a los cristianos del Ponto, Galicia, Capadocia, Asia y Bitinia; provenían del paganismo y eran crudamente perseguidos por sus paisanos, a causa de su conversión.


Podemos desagregar la Carta en los siguientes componentes:

-Saludo

1. La Nueva Vida de los cristianos (1, 14 -2,10)

2. Deberes del cristiano (2,11 – 4,6)

3. El cristiano de cara al fin próximamente llegadero (4,7 -19)

4. Consejos particulares

A los dirigentes (5, 1-4)

A toda la comunidad (5,5 – 11)

-Despedida (5, 12-14)

 

O sea que nuestra perícopa de hoy está integrada por los consejos dirigidos a toda la comunidad y la despedida de la Carta.

 

Aparece en esta perícopa la palabra Νήψατε [nepsate]. Podría entenderse “sobrio”, es decir, el que no se emborracha, especialmente porque quiere mantener el “buen juicio”. Su uso en este contexto es muy interesante, porque remite al pecado, refiriéndose a él como un alucinógeno; o sea que lo que se está recomendando es permanecer libre de codicias y de narcisismos que alteren nuestro buen juicio, para dirigirnos equilibradamente por los Caminos que Jesús indica. Lo que no se puede lograr si dejamos engañar nuestros sentidos morales con la alucinación que nos invade a causa del egoísmo.

 

Siempre debemos estar muy atentos a no descuajar las perícopas de su contexto, esto es muy riesgoso porque puede conducir a que respaldemos una falsedad con una cita bíblica recortada. En nuestro pasaje de hoy, no se sabe a quién se dirige la recomendación de “tener sentimientos de humildad”, puede pensarse que es una camisa toda-talla. Si vamos al co-texto, encontramos que la recomendación se dirige a dos destinatarios muy precisos: a los Πρεσβυτέρους [presbiterous] ancianos (los líderes de estas comunidades cristianas) (1Pe 5, 1); y a los νεώτεροι [neoteroi] “jóvenes” (1Pe 5, 5a), “los que acababan de insertarse en la comunidad y aún no habían sido bautizados”, ni siquiera alcanzaban el carácter de neófitos. No es una política que obligaba a la comunidad en favor de sus dirigentes, la humildad debía practicarse en “horizontalidad”, y todos debían tenerse entre sí, como hermanos: al Único que se le debía humildad de parte de todos era a Dios (cfr. 1Pe 5, 6). A Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, el Poder y la Gloria por los siglos. A ese trato fraterno se refiere el término ἀδελφότητα [adelfoteta] al que remite -precisamente- 1Pe 2, 17, para convocarnos a un trato que hace de todos los miembros de la comunidad hermanos en Cristo Jesús, “como hombres libres, que no usan de la libertad para encubrir la maldad, sino más bien como servidores de Dios, honren a todos, amen a los hermanos, respeten a Dios, honren al rey. (1Pe 2, 16s).

 

Obsérvese que esta perícopa concluye llamándonos a ese trato cuando nos exhorta a ἀσπάσασθε ἀλλήλους ἐν φιλήματι ἀγάπης. “saludarnos -entre nosotros con el beso del amor fraterno” (1Pe 5, 14a), este beso no es cualquier beso, es el beso que se dan las personas que comparten un vínculo de consanguinidad y que además es una muestra de respeto.


Una recomendación, que pertenece al núcleo de esta perícopa, es la de permanecer “alertas del “enemigo, el diablo que, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar”. (1Pe 5, 8). A este león malvado que se agazapa para sorprendernos y clavarnos sus garras, tenemos que saber oponerle ἀντίστητε [antistete] “resistencia”, “tomar una posición definida”, y afianzarse en ella. Esta resistencia tiene dos rasgos:

i)              Es un posicionamiento que se afianza haciendo pie en la fe.

ii)             Se desprende de la comprensión de ser un ataque que los golpea a todos los fieles creyentes en todas partes donde la fe cristiana ha llegado.

En el verso 13 afirma que la comunidad de la Iglesia que está en Babilonia les remite -a través suyo- el saludo que sería el beso-agape fraternal, de los hermanos en la fe. En aquel tiempo, esta alusión a Babilonia, se usaba para referirse a la Iglesia de Roma. Lo que nos hace pensar que la Carta fue escrita en aquella ciudad.

 

Sal 89(88), 2-3. 6-7. 16-17

Tomamos de este salmo real, 6 versos, para conformar tres estrofas:

 

En la primera, se reconoce que la Misericordia de Dios es “un Edificio Eterno” que merece ser cantada y anunciada.

 

La segunda nos pregunta sí ¿habrá algo, aunque sea pálidamente, comparable a las maravillas y la fidelidad de Dios, en alguna esfera o plano de la realidad? El cielo proclama Sus Portentos, y los Ángeles se reúnen en sesión plenaria para reconocer Su Fidelidad.



En fin, la tercera estrofa, reconoce la bienaventuranza del pueblo que se pone bajo su Real Patronato, será dichoso porque lo iluminará el Rostro Majestuoso de Dios, y el motivo de su orgullo será el Nombre de YHWH.

 

Mc 16, 15-20

La sensación que se derivaba de el Evangelio terminado en el versículo 8, era excesivamente a filo, un corte súbito, al que le faltaba algo. Había noticias adicionales en el capítulo 28 de Mateo, en el capítulo 24 de San Lucas, y en al capítulo 20, de sanjuán en los versos 11-29, además de los que decía en propio Lucas, al principio de los hechos 1, 4-14. Lo que parece haber sucedido, todas las luces así lo indican, fue que la comunidad marqueana quiso completar el Evangelio de San Marcos y, con el mismo sentido del Evangelista, como que eran los discípulos de la propia escuela, añadieron un final, respetuoso del estilo y por la misma vena literaria, así llegamos a la conclusión -añadida- con que nos la vemos en la perícopa que hoy nos ocupa.

Muy acorde con el tiempo Pascual en el que se inserta la celebración de la memoria del Evangelista San Marcos, el Evangelio de hoy nos remite a la perícopa final, a sus seis últimos versos: El Resucitado -dirigiéndose a los Once- pronuncia el “envío”. Lo primero es enunciar la “universalidad de este Envío: “a toda la Creación”.

 

Luego, se da el lugar del “Sacramento Puerta”, el bautismo, que será lo primero después de haber creído. Podemos resistirnos a creer, lo que será motivo de “condenación”.

 

Los que sean capaces de aceptarlo, recibirán ciertos “signos”

a)    Expulsar demonios en el Santo Nombre de Jesús.

b)    Hablarán “lenguas nuevas”

c)    Podrán coger serpientes y manejarlas con sus manos y si beben veneno mortal, estarán exceptos de su efecto.

d)    Sanarán enfermos con la imposición de sus manos.

Reconocer el poder recibido es parte de esta fe aceptada. Se dan estos poderes, no para la espectacularidad, sino para obrar el bien, como nos enseñó el Divino Maestro.

 

Sucedió, inmediatamente, la Ascensión del Señor, para llegar a su Real Sitial en los Cielos.


Allí a renglón seguido se nos advierte que no se fue para desentenderse de la Misión Discipular, sino que continua συνεργοῦντος [sunerguontos] con “Su Asesoría Permanente”, “trabajando junto con ellos”, “obrando para trabajar estrechamente unidos” en la proclamación de la Buena Nueva, y permitía la realización de “señales” que βεβαιοῦντος [bebaiountos] “confirmaban”, “respaldaban”, “reforzaban”, -estrictamente significa- “caminar sobre terreno firme y sólido”- la veracidad de lo anunciado.

jueves, 23 de abril de 2026

Viernes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 9, 1-20

Se ha enfatizado que los Hechos pueden dividirse en dos partes muy definidas:

1-12 centradas en San Pedro.

13-28 girando en torno a San Pablo

Pero la perícopa de hoy, perteneciente a la primera parte; nos trae, sin embargo, un “avance”, que anticipa elementos de la segunda parte, o sea del segmento paulino; esto con el fin de articular los dos bloques dándoles un sentido de unidad.  Así, no se pueden desmembrar como si se tratara de dos Libros aparte y con entera independencia el uno del otro.

 

Iba Saulo -de quien ya habíamos hecho mención en el capítulo 8, dirigiéndole la mirada y descubriéndolo en aquel trance como el cuidador de los mantos de los asesinos por lapidación que participaron en la constitución de Esteban como protomártir-, muy campante, llegando a Damasco, llevando en su corazón un costal de veneno contra los del “Camino”, los cristianos como se les llamaba en aquel entonces, cuando lo interpeló una “Voz”: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” En griego Σαοὺλ, este nombre -que proviene del hebreo שאול [šā-’ūl ] - significa “el que fue pedido a Dios”. Además, no pasemos por alto que, este mismo Saúl, camino de Damasco, iba provisto de autorizaciones del Sumo sacerdote, para apresar y cargar con cadenas a hombres y mujeres que pertenecieran al “Camino”, con esta información se inicia la perícopa de hoy.

 

Sostiene un breve dialogo con “la Voz”, quien se identifica como Jesús -es decir, que Saúl tuvo un encuentro con Jesús- donde Jesús se identifica con todos sus discípulos víctimas de su persecución. Le manda levantarse y entrar en la ciudad, donde se le instruirá qué debe hacer en lo sucesivo. Al levantarse del derribamiento de la “Voz Poderosa”, cae en la cuenta que está ciego, y tienen que llevarlo de la mano (esta es una especie de metáfora: está ciego para la fe evangélica, y, es incapaz de adentrarse en ella si no lo llevan de la mano y lo conducen en la “iniciación cristiana”, llevándolo de la mano), donde prosiguió su ceguera por el espacio de tres días, uno no pasa de invidente en la fe a una fe capaz de discernir con claridad, de la noche la mañana, debe recorrer un proceso de catecumenado). ¡Tres días es -recordémoslo- un tiempo de salvación! Cabe destacar la ζηλωτής [zelotes] “fidelidad”, “el celo” de Saúl con su fe: pese a sus errores, su compromiso es leal y perseverante. Valores que -además de su capacitación “teológica”, luego veremos que recibida “a los pies de Gamaliel” (Hch 22, 3), serán útiles para el cumplimiento de su Misión Evangelizadora, y en su papel como apóstol de los gentiles.

 

Entra en juego un personaje nuevo: Ananías, חֲנַנְיָה [Hananiah] y significa "Yahveh ha tenido misericordia""Dios es benevolente", nombre que expresa con fidelidad su Misión haciendo pasar al “ciego” a la nueva condición de “vidente”. Él sabía la fama tan negativa, para los cristianos, que se había granjeado Saúl, pese a lo cual, Dios lo envía, y le da la dirección exacta de dónde encontrará a “ese hombre, instrumento elegido de Dios para llevar su Nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel” (Cfr. Hch, 9, 15bc)

 

Con puntual obediencia y acatamiento, Ananías cumple esta misión y lo llena de Espíritu Santo, bautizándolo. Se curó de su ceguera y recobro fuerza, pasó un tiempo (el periodo catecumenal) allí, en Damasco, y después, se dedicó al anuncio de Jesús como Hijo de Dios, en las Sinagogas. Este punto nos hace ver que el Evangelio libera nuestros ojos de todo impedimento para ver y para vivir con mayor plenitud.



Esta es la primera de las tres veces en que se relata en el Libro de Hechos la conversión de Saúl y su vocación: Se repetirá en 22, 3-21 y en 26, 9-18. En el segundo relato, se profundiza el tema de la vocación. En la tercera versión se suprime la intervención de Ananías y toda la conversión-vocación se cumple en el camino a Damasco y la misión es asignada directamente por el propio Jesús (nosotros interpretamos esto como la conquista gradual del reconocer que “llegar a ver en la fe” es, en el fondo, la obra de Dios y los conniventes -aquellos que entran a participar- solo vehiculizan los Designios Divinos).

 

Sal 117(116), 1.2

Muy a propósito con la temática de la conversión y misión de Saúl-Pablo, el responsorio dice: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio”.

 

Este Salmo de hoy, es un himno. Nuevamente encontramos -en su brevedad- la estructura paso a paso. Esta paridad se produce con un verbo y su eco. El eco parece profundizar a la vez que intensificar el primero.



El primer verbo -invitativo, en este caso- es הַֽלְל֣וּ [hal-lú] raíz de Aleluya, podríamos traducirlo por “load”. El segundo verbo, -el incrementativo- es שַׁ֝בְּח֗וּהוּ [bejujú] “alabadle”, “rendidle homenaje”, “festejad”.

 

En el segundo caso, חָ֫סֶד [chessed] “la lealtad de su Alianza Misericordiosa”, לְעוֹלָ֗ם [olam]dura por siempre” “es eterna”. Este verso lo que enfatiza es que Él ha concedido esta Alianza por que se compadece.

 

Se invita a que lo “loen” todas las naciones, es una Alianza católica, universalizada. En medio de la “diáspora”, Él nos recoge de todas partes, va como bondadoso-hermoso Pastor, a buscarnos a todos los rincones de la tierra. Desde allí, va brotando este clamor que lo alaba, que lo reconoce, que lo acepta, que clama a Él. ¡Él es nuestro dilecto amigo! Su Predilección pasa de su Hijo, a todos nosotros.

 

Un trabajo intensivo al que nos convoca este breve Salmo, es a proponernos aprender y cultivar la fidelidad al estilo Divino, y procurar serlo siempre y no por ratos. Que podemos corresponder al Amor Eterno de Dios con la constancia de nuestro Amor por Él.

 

Jn 6, 52-59

Adorar y caminar: un pueblo que adora es un pueblo que camina. Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo los he amado, ámense también unos a otros”. El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.

Papa Francisco

Hasta aquí, veníamos considerando el “pan” como nutrimento, y lo entendíamos como continuidad del Maná que alimentó a los Israelitas en su travesía por el desierto. Se ha operado con una referencia Mosaica.  Ahora, el discurso de Jesús nos introduce en una nueva dimensión: el pan es “su carne para la vida del mundo”.  Se pasa a la dimensión sacrificial, donde el Cuerpo se entrega como “Víctima” y esta Victima lo es en propiciación. Jesús asume la condición de “Cordero”.


En hebreo tenemos בָּשָׂר [basar] para carne y רוּחַ [ruaj] para “espíritu” y נֶפֶשׁ “aliento de vida”. Ahora, pasemos al griego: σάρξ [sarx] “carne” πνεῦμα [pneuma] “espíritu” y πνοὴ ζωῆς [pnoē zōēs] para “aliento de vida”. ¿Se puede establecer una equivalencia término a termino con cada par de la triada? Nuestra respuesta es ¡No!, hay un verdadero salto de garrocha del uno al otro, del hebreo al griego. Cabe sospechar que Jesús al pronunciar se refería a la idea semítica de la palabra “carne”, diversa de la helenística en sarx. Sarx en griego tiene una connotación teológica de fragilidad, naturaleza humana que -especialmente en San Pablo significa flaqueza e incapacidad para hacer el bien. En basar, en cambio, hay un enfoque “ontologista” como cuando decimos que el hombre es entre el 50 y el 70 % agua; donde basar y Nefesh vienen ambos de Dios.

 

Hay otro cambio importante, es el cambio de verbo. Hasta aquí el verbo era φάγω [fago] “comer” o, εσθιων [estion] “comer” o “devorar”; ahora cambia por el verbo τρώγω [trogo] “masticar” “moler con la dentadura”, “tragar” que viene de este verbo griego - τρώγω y su aoristo τραγεῖν [trageîn], que denota el acto de comer alimentos crudos o la forma en que comen los animales; este último instaura una “metáfora”, que al deshacer con ayuda de los dientes el alimento, puede pasar más fácilmente a nuestro interior, puede pasar (inclusive) al corazón, y poner allí su asiento, fundar en él su sede, aceptarlo, es decir poder creer en Él: Deglutir/Creer. Su “carne” no es comida o bebida simbólica, podemos incorporarla a nuestro ser, podemos transustanciarnos en Carne Inmortal, ¡podemos Cristificarnos!

 

Cuando en el verso 55 Jesús dice “Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”, Jesús recalca que hay que “comérselo” de verdad, verdad; y que, no vayamos a inventarnos alguna sofisticación para reducir la cuestión a una pura metáfora. Aquí es oportuna la frase que acuñó Ludwig Feuerbach, por allá en 1850, «somos lo que comemos», pero desde una perspectiva bien diversa.

 

Esta “incorporación” es “dialéctica”: “permanece en mí, y Yo en él”, el verbo clave es μένει [menei] “quedarse en”, “permanecer en”. No es una visita provisional, es hacer “residencia” para habitar en nosotros. Eso es hacer propiciación, reconocer nuestra culpabilidad para lograr la favorabilidad Divina y que Él venga a alojarse en nosotros, así como nosotros anhelamos vivir en Él. La favorabilidad sólo se alcanza cuando somos capaces de aceptar nuestro pecado -no ignoremos que Él nos conoce y que sabe quiénes somos, con todas nuestras “cada-unadas”- y volvernos hacia Él, buscando su mirada Compasiva y Misericordiosa. Se produce la “comunión” de vida que consiste en que Él permanece en nosotros y, nosotros-a la vez- permanecemos en Él: el uno no niega al otro, el otro no anula al uno: los dos permanecen en su identidad, pero el abrazo no podría ser más estrecho ni la intercompenetración más poderosa. Verdaderamente son uno, carne propia y huesos propios de Jesús, por la Gracia de ser la Iglesia, la Esposa del Señor.


En el verso 60b, ellos ya establecen su posición, que es una negativa a aceptar que Dios se haga alimento: “Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿Quién puede hacerle caso?” Y, en el verso 66, se señalará que, con ese pretexto, se disgregaron. Es decir, que no permanecieron y se separaron, dispersándose.

miércoles, 22 de abril de 2026

Jueves de la Tercera Semana de Pascua

 


Hch 8,26-40

Hemos venido siguiendo una estructura que se planteó, desde el principio, en Hch 1,8. La Misión se va “ampliando” de Jerusalén pasa a Judea y Samaría, y luego, se tendrá que esparcir al mundo entero. Al iniciar el capítulo 8, vimos ayer, como la persecución que se desató en Jerusalén tuvo como consecuencia esta apertura. Ahora, en los capítulos 8-12, vemos como se cumple esta difusión a Judea y Samaria.

 

Del capítulo 2 al capítulo 8, se viene presentando un ritmo en alternancia: algún evento se produce al seno de la comunidad, y entonces los apóstoles actúan, podríamos inclusive decir que, reaccionan en consonancia. El ritmo no se rompe ni se descontinua, sino que persiste, pero ahora los agentes activos -los que implementan la reacción- son los helenistas, primero Esteban, y luego Felipe, (es interesante que habían sido escogidos y dedicados a “servir las mesas”; pero los vemos aquí, verdaderamente entregados a proclamar la Buena Noticia a toda la humanidad). Importa mucho anotar que este grupo desarrollo una posición muy crítica respecto del Templo y de la Ley; ellos aparecerán como líderes evangelizadores allende las fronteras de Palestina. Estas acciones se desarrollarán, primero en algún lugar de Samaría, luego en Gaza y luego, -en un círculo concéntrico ampliado- en Azoto (Asdod, una de las cinco ciudades filisteas más importantes, controlada sucesivamente por israelitas, griegos, romanos, bizantinos, cruzados y árabes), y Cesarea, hasta dónde nos llevara la perícopa de hoy.

 

Decididamente el protagonista de hoy es Felipe, quien fue víctima de la segregación contra los helenistas y -muy seguramente por lo mismo, está mejor dispuesto a abrir la Misión a otros marginados. Venía un etíope, eunuco, ministro de Candaces (“kandake” eran las reinas madres en Nubia -reino africano de Kush), de quien podríamos decir que tiene los cuatro rasgos de marginación: extranjero, negro, esclavo y mutilado; por lo tanto, representante de todos los marginados. Él iba leyendo el cuarto cántico del Siervo Sufriente en Is 53, 7-8 que habría la comprensión a otro tipo de mesianismo. El etíope reconoce que depende de alguien que le ayude a interpretar, porque él sólo no puede penetrar el sentido de la Escritura.

 

Resulta muy oportuno destacar que, Felipe explica, propone, pero no fuerza. El Eunuco, pregunta si hay algún obstáculo para ser bautizado y juntos descienden de la carroza, y habiendo allí agua, se procede a conceder el Sacramento, con lo que entraba a formar parte del pueblo de Dios: Ya desde entonces era un sacramento de Iniciación cristiana. Inmediatamente, Felipe es llevado, y cuando menos pensó, estaba en Azoto, desde dónde continuó su campaña evangelizadora hasta llegar a Cesarea.


Es muy importante notar cómo nos presenta el hagiógrafo la misión. No es que ellos hicieran una comisión burocrática para determinar las acciones a tomar; tampoco consiste en que están por ahí, y de pronto se les prende el bombillito y listos, ahora vamos a hacer tal o tal cosa. No. Así no se dan las cosas: El relato nos dice que, una vez Felipe hubo bautizado al etíope, Πνεῦμα Κυρίου ἥρπασεν τὸν Φίλιππον [Pneuma Kyriou ergasen ton Filippon] “el Espíritu del Señor arrebató a Felipe”. Ellos vivían poderosamente la experiencia de dejar que Dios obrara en ellos y los condujera en los pasos que daban. Al Libro de los Hechos de los Apóstoles se le suele llamar el Evangelio del espíritu Santo, porque a todo lo largo de esta obra, Lucas logra trasmitirnos esa impresión: si uno lee de corrido, lo que se encuentra es eso, la Poderosa Voluntad Divina sopla el viento que hincha las velas y la barca de la Iglesia es arrebatada, “se apoderaba de Ella”, “la secuestraba para obligarla a ir en tal dirección, no ceñidos a planes humanos sino empujados por la Fuerza y el Poder de Dios. Lo que ellos sentían era que Dios llevaba las riendas con un poder que no consultaba las opiniones humanas.

 

Sal 66(65), 8-9. 16-17. 20

Es el mismo Salmo que proclamamos ayer, hoy tomamos otros versos distintos, como dijimos, este Salmo es un Salmo de Acción de Gracias. De los 20 versículos que integran este Salmo, hemos tomado 5, para organizar las tres estrofas de la perícopa.  El responsorio sigue siendo: “Aclama al Señor tierra entera”.

 

La primera estrofa se refiere a la Resurrección, habla de que YHWH “nos ha devuelto la vida”. Aquí notamos que el sujeto que da gracias es plural: “Nosotros”; hay un “además”: “No dejó que tropezaran nuestros pies”. Claramente el beneficio por el cual se da Gracias, recae sobre la comunidad, por eso el sujeto está en la primera del plural.

 


En la segunda estrofa, los interpelados, a los que se invita a venir son el pueblo, pero ya se hace el paso a un sujeto “Yo”, en primera del singular. Él hagiógrafo nos contará cómo responde Dios cuando se le invoca, y da pie para que lo ensalcemos con acción de gracias.

 

En la tercera estrofa, continuando en “primera persona”, el último verso del Salmo: “Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor”. Acción de Gracias, porque quien mejor Eucaristizó toda su vida fue Jesús, y Dios no le sustrajo su Amor, sino que se lo ratificó resucitándolo.

 

Jn 6, 44-51

Dios fiel: Dios-con-nosotros

Nos comemos su Sangre y su Cuerpo, pero esta antropofagia sería muda si a Su Cuerpo y Su Sangre no se añadiera su Palabra.  Jesús nos muestra la lógica de incorporación a Dios. Se logra a través de Jesús, pero nadie la alcanza si Dios no lo llama: es definitivo que el corazón experimente Su Sed, que se sienta movilizado por la atracción, esa atracción solamente el Padre la puede insuflar. Como consecuencia, el Propio Jesús, resucitará a todos los que el Padre le atraiga.


El tema del discipulado, llegar a ser “discípulos de Dios”, está abierto a todos, como ya los profetas lo habían comunicado, pero nosotros tenemos que “ponerle ganas”, hay que anhelar aprender lo que Dios enseña, y ese gusto por atesorar esta Enseñanza es lo que nos acerca a Jesús.

 

No es que unos si hayan visto al Padre, al Padre nadie lo ha visto, sólo Jesús que vino de Su Seno, que voluntariamente se desprendió de Su Presencia. Pero si tenemos hambre de Él y aceptamos el Alimento que Él nos brinda, eso es creer, y es eso mismo lo que nos franquea el acceso a su Esfera, a la Esfera de Su Reino.

 

No basta comernos la “fisicidad” del Pan, hay que agudizar la “espiritualidad” de esta “ingestión” para comernos su Esencia. Hay que comerle amorosamente. Mal hacemos en pensar que basta “comer” el “Pan bajado del Cielo”; y para demostrarnos que eso no basta, Jesús nos lo refuerza subrayando cómo aquellos que comieron el Maná se quedaron en las mismas, preguntándose solamente “¿Esto qué es?”, tenemos que “comerlo” y, a la vez, “sin saber lo que comían”. Si no, de todas maneras, vamos a morir, como los Israelitas del Éxodo.

 

Hay que “vivir” -si se quiere con éxtasis- la experiencia de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía. ¡Comerlo y ya, no sirve! No se puede pretender “mecanizar” la comunión repitiendo jaculatorias y oraciones aprendidas de memoria. Tenemos que hacer de la Comunión una experiencia personalizada y a la vez espiritualizada, a base de Amor. No se puede “rutinizar” como el que timbra tarjeta en su trabajo, reduciéndolo al acto de probar que “yo vine y comulgué”. Verdaderamente que hay que dinamizar la comunión con los motores del Amor, aprender a envolver de ternura y de aceptación su Voz, de su Guía, de su Fraternidad, de su Donación: Hablarle y oírle, ¡más de lo segundo que de lo primero!

 

Jesús, dos veces se revela como Dios en esta perícopa, dicho de otra manera, por dos veces nos encontramos aquí el ἐγώ εἰμι [ego eimi]: “Yo-Soy”

1)    Yo-Soy el Pan de la Vida (v. 6,48)

2)    Yo Soy el Pan Viviente que ha bajado del Cielo (v. 6,51).

 

Lo primero es que alimenta comunicándonos algo que de ninguna otra manera podemos recibir, ni encontrar. Lo segundo es asegurarnos que Él está Presente, que no está por allá en la “dimensión-desconocida”, sino que con Compromiso Fiel Él está acompañándonos, es “Dios-con-nosotros”.


Esto tiene un antecedente histórico contundente en el Éxodo, en el desierto el Señor los acompañaba día y noche: como columna de fuego o como nube protectora; Dios guió y protegió a los israelitas durante 40 años en el desierto mediante una columna de nube de día (para indicar el camino y dar sombra) y una columna de fuego de noche (para dar luz y abrigar) (Cfr. Ex 13, 21s).

martes, 21 de abril de 2026

Miércoles de la Tercera Semana de Pascua


Hch 8, 1b-8

La mayor parte de Hch 8 describe o menciona su actividad misionera, primero en una “ciudad de Samaria” 88,5-13) luego en el camino de Jerusalén a Gaza (8,26-39) y finalmente “en cada pueblo” desde Azoto a Cesarea (8,40)

Michel Gourgues

Una persecución violenta a los cristianos de Jerusalén se γίνομαι [ginomai] “empezó”, “llegó”, “se desató”, “tuvo lugar”, “emergió”. Parece ser que las víctimas principales de este acoso fueron los helenistas y, posiblemente también los prosélitos. Como resultado de lo cual, se dio una dispersión por Judea y Samaria. Esta diáspora, permitió que el Evangelio se expandiera, puesto que ellos iban a su paso- anunciando la Palabra.

 

Gentes piadosas se ocuparon de dar sepultura el protomártir Esteban. Se siente que el hagiógrafo -San Lucas- quiere mostrarnos lo importante que fue el sacrificio de Esteban para la difusión de la Palabra -trascendiendo los límites del judaísmo, desbordando el legalismo farisaico y las delimitaciones rígidas propugnadas por el Templo en su calidad de autoridad religiosa-; así, la sangre de Esteban fue abono evangélico y liberador de ataduras para cumplir con la catolicidad del envío, como leíamos ayer en el Evangelio Marqueano, “… al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”. Tal vez, ellos confiaban que los judíos poco a poco se fueran dando cuenta y entendiendo, pero la violencia de este martirio, les dio la señal patente de que sus corazones estaban testarudamente obscurecidos. Saulo, por su parte -ratificando lo que acabamos de decir- acrecentaba su saña contra ellos, y practicaba “allanamientos” para conducir a la prisión, sin discriminación de sexo, a todos cuantos podía.

 

Pasamos a detallar algo de la actividad de Felipe, quien se llegó a Samaria y allí se dio a la predicación, y hacía múltiples signos; en particular, la expulsión de espíritus inmundos y la sanación de paralíticos y lisiados.



La consecuencia de estos signos -la cura de posesos, paralíticos y lisiados- fue que la ciudad se llenara de alegría. Eta perícopa de hoy ya destranca la puerta para llegar a una consecuencia natural de la ampliación del circulo concéntrico a su segundo grado de amplitud: ya no solo a Jerusalén sino, una ampliación a Samaria, concretada en el pentecostés a los samaritanos.

 

Sal 66(65), 1b-3a. 4-5. 6-7a

Este Salmo es un verdadero himno de acción de gracias. Nos invita a guardar coherencia con la diáspora cristiana -que consideramos en la Primera Lectura- y no callar el anuncio, sino hacernos portadores de la Buena Noticia contando a todos lo que Dios ha hecho a nuestro favor (Cfr. v. 16).

 

En este salmo se presenta la temática del acrisolamiento. Cómo en el entrenamiento -a pesar de su rigor, o mejor todavía, gracias a él- se tiempla nuestro ánimo, y maduramos en la fe.

 

El salmo tiene 20 versículos, de los cuales la perícopa de hoy se ha organizado con 7 versos, tres de ellos truncados.

 


En la primera estrofa nos asombramos de la grandeza de la Creación y de todo cuanto Dios ha hecho y sigue haciendo.

 

En la segunda estrofa la invitación es para ejecutar actos de gratitud y adoración perfecta. Y nos convida a ir a “presenciar” la Acción Indetenible de Dios, siempre puesto de nuestra parte.

 

Estas estrofas se tomaron de la primera parte del Salmo que tiene como propósito reconocer los portentos obrados por YHWH para sacarnos de la esclavitud de Egipto y llevarnos en el proceso de acrisolamiento de 40 años. La tercera estrofa, pues, se refiere a la trasformación del mar en tierra firme para poder cruzar “a pie enjuto”.

 

Para que tomemos conciencia de la vital tarea de proclamación y testimonio el responsorio nos llama a decir: “Aclama al Señor tierra entera”.

 

Jn 6, 35-40

Quien hace del pan, de su ser o de cualquiera otra cosa, comprendida la ley y la alianza, su propio fetiche, es como quien se enamora del anillo de compromiso y no de quien se lo ha dado.

Silvano Fausti


En estos versos empieza a cuajar una re-interpretación -que no se queda en el plano intelectual, sino que, gracias a que Jesús es Dios, salta al plano ontológico- Moisés había trasmitido un “pan” puramente “material”, un “pan” útil a palear el hambre “fisiológica”, pero infecundo para saciar el “hambre” espiritual. Jesús -en cambio- nos va a nutrir con un “pan” que quien coma de Él, no volverá a tener hambre.

 

Estas declaraciones son muy prolíficas para la edificación de nuestra fe: Jesús es -Él mismo lo declara- “el pan de vida”. Sin embargo, tenemos la gran dificultad de que el pecado haya debilitado nuestros sentidos y se hayan hecho ineptos para ver “más allá”, para saltar de la simple fisicidad. Lo tenemos ahí, frente a nuestras propias narices, como lo hemos visto en estos días, en los relatos de Encuentro con el Resucitado, y no lo reconocemos. Sólo el Discípulo amado logra darse cuenta y gritará: ¡Es el Señor! Que frente a esta declaración lo reconozcamos, no implica una automática asimilación del hecho. Ahora, hay que “digerir” esa “percepción”, debe subir de los sentidos, al corazón. El discurso que se sucede -y que la Iglesia nos invita a “saborear” estos 4 días siguientes, contados desde hoy- tiene por objeto, desbloquear nuestra incapacidad y demoler las barreras. ¡Paladeémoslo!

 

Nótese que cuando uno encuentra la fuente de donde mana el agua y el pan de vida, no quiere decir que calme eternamente su sed; uno tiene que beber e irse saciando paulatinamente, pero uno ya sabe dónde queda la fuente, así que no tiene que afanarse por el siguiente sorbo y por el próximo bocado, bastará volver a la fuente. Y continuar el proceso de beber y comer. Ya no habrá que sufrir y desvelarse porque ya conocemos al “Dueño” del origen, más aún, hemos devenido amigos suyos y podemos con confianza nutrirnos de Él.

 

«Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre “nueva”». (Papa Francisco. Evangelii Gaudium #11)

 

También en la metáfora de la amistad hay un aspecto procesal a tomar en cuenta: la amistad no hace hecha y derecha, la amistad se va cultivando, al principio es solo un “reconocimiento”, pero más adelante, se saben el nombre, los gustos, las ideas, las referencias personales, así cada día y cada vez más, se va fortaleciendo el carácter de amigos y se va ingresando en el terreno de la confianza y en la solidez del vínculo: ser cada vez más Amigos Suyos. Muchas veces la amistad se ha definido como “hermanos elegidos”. El Señor nos sale al encuentro y nos llama -por nombre propio- para que entremos en el territorio de sus afectos, hasta hacernos hijos en el Hijo, es decir hasta que el Padre nos reconozca como “familiares” precisamente a través de la familiaridad con Su Hijo. Llegando a ser, verdaderamente miembros de la familia Celestial, por un vínculo de adopción.

 

La adopción no es decisión del hijo, es Voluntad del padre que se encariña a tal grado con los Amigos de su Hijo. Pro que ya desde antes, había puesto sus Dulces-Ojos, para recibirnos en la esfera de los que se hacen familia de Dios.

 

Ya en Mt 12, 46-50 se habían establecido los dos conceptos que generaban ese grado de familiaridad y nos llevan a emparentar con Dios a través de Jesús:

­       escuchar la palabra de Dios

­       y ponerla en práctica

No vale lo uno sin lo otro. Es la unidad de estos dos compromisos lo que acredita una real amistad, y -en consecuencia- la pertenencia a la familia con tan férrea adopción que se pasa a ser verdaderamente consanguíneos, a fuer de beber Su Sangre y comer Su Carne.


Aquí ya empieza a perfilarse la figura del Pastor, que -por eso la Iglesia pasará a estudiar Domingo, lunes y martes; El Hijo-Unigénito asumirá la tarea de “pastorear”, a todos sus hermanos menores, este pastoreo no consiste tanto en llevarnos de pasto en pasto, sino -muy particularmente- preservarnos de todas las acechanzas que se ciernen sobre nosotros. Dios-Padre nos ha puesto bajo el cuidado del Hijo-Pastor, y Él se ha comprometido a no fallarle con ninguno de los que le son “entregados”, es decir, confiados. Su promesa, es que Él no descuidará a ninguno de los que El Padre le asignó, sino que a todos les dará el Elixir de la Vida Eterna, que no es otro que su propia Carne-y-Sangre: ἀναστήσω αὐτὸ ἐν τῇ ἐσχάτῃ ἡμέρᾳ. [Anasteso auto, en te eschate hemera] (Cfr.) Comparte con nosotros la fuerza de la Resurrección que Él ganó, no para escatimarla, sino para llevarla a todo el rebaño sin egoísmos, sin restricciones, sin reparos y sin envidias, con absoluta amplitud y generosidad: “Él nos resucitará en el Último Día”.

lunes, 20 de abril de 2026

Martes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 7, 51-8, 1a.

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos

Tertuliano

 

A partir del capítulo 6 se nos introdujo a un “grupo”, de siete “diáconos” -aunque el hagiógrafo no los llama así- que son helenistas, en este caso judíos de habla griega. De esos 7 vamos a particularizar -porque así lo hace el autor de los hechos, a dos de ellos: En primer término, Esteban, a quien hemos empezado a observar en 6,8, hasta 8,60 cuando muere. Encontramos entonces un breve inciso (Hch 8, 1-3) donde se menciona un antagonista del cristianismo, Saulo. Allí encontramos el verso 2 -que actúa como puente con el segmento anterior, donde se menciona el “entierro” de Esteban. Se podría decir que aquí se cierra la primera parte, la del círculo más interno y más redicido de la evangelización, limitado a Jerusalén.

 

En Hch 8,4 se da inicio al segundo círculo -este segundo circulo irá hasta Hch 9,43- en toda esta sección segunda se amplía la predicación y se lleva el anuncio a Samaría. Esto lo lleva a cabo -como iniciador- otro “diacono”: Felipe. Aquí el antagonismo corre a cargo de un tal Simón a quien se ha caracterizado, para distinguirlo de otros Simones que aparecen en el Nuevo testamento, llamándolo “Simón el mago”. Admirado con el poder que el Espíritu Santo daba a los apóstoles, Simón quiso adquirir su fuerza “comprándola”. Por eso, querer ganar el acceso a las cosas Santas por vía de compra se la ha denominado simonía: que es la compra o venta deliberada de bienes espirituales —como sacramentos, cargos eclesiásticos, reliquias o bendiciones— a cambio de dinero, favores u otros beneficios temporales. Se considera un pecado grave y constituye un delito canónico.  

 

En esta perícopa de hoy, la contraseña para la entrada, es el absurdo de “resistir al Espíritu Santo”. Hay que entender que el Señor en cumplimiento de la promesa, nos da Su Santo Espíritu, sin embargo, uno mismo puede bloquear la entrada, e impedirle que Él obre en nosotros Su Auxilio Luminoso, es como el día que sale un sol esplendoroso, y sin embargo uno se pone unas gafas pesadamente oscuras y, como si fuera poco, se pasa toda la jornada en una habitación tapiada y sin ventanas.

 

Nos invita a pasar revista a nuestros antecedentes: ¿hubo algún profeta que pudiera salvarse de nuestros acosos y nuestras persecuciones? Nos cuesta trabajo inclinarnos porque tenemos la nuca duramente rígida, allí en vez de vertebras tenemos una barra de acero, la de nuestra propia altivez: y nuestro corazón no acepta ser circuncidado, allí tenemos que ver qué significa la circuncisión para entender este reproche que les dirige Esteban a los líderes (ancianos y escribas) y a todo el pueblo en general, que se dejaba arrastrar por ellos: la circuncisión es el sello en la carne de la Alianza, la Alianza se ratifica con un sacrificio, y por tanto -según la concepción judía, implica el derramamiento de sangre. Pero, este es un símbolo externo, físico, corporal, y lo importante es cómo debe reverberar en el corazón, como renuncia a todo el egoísmo y entrega definitiva en las Manos Divinas, dicho en otras palabras, Apertura al que es completamente diferente, porque Él-Es-El-Tres-Veces-Santo.

 

Entre paréntesis, nótese que -la Ley Mosaica- prescribe que el varoncito ha de ser circuncidado a los ocho días de su nacimiento, y no dice que esperemos que sea adulto para que pueda decidir su fe.

 

En esta perícopa el Mesías es caracterizado como el Justo, observemos que la declaratoria de Esteban equipara a los Evangelizadores con ángeles, y lo son, porque esta palabra lo que indica es “mensajero” ya que la palabra griega ἄγγελος [angelos] que subyace a nuestra palabra ángel, significa precisamente eso.

 

Se ha de advertir y no se nos puede pasar desapercibido, cómo reacciona el corazón y la personalidad total de quien rechaza la voz de Dios: “se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia”. ¿Qué es esto de recomerse en el corazón”? en el texto griego encontramos la expresión διεπρίοντο [dieprionto] del verbo διαπρίω [diaprio] que significa “ser despedazado, aserrando a la persona”, o sea que lo asumían como si se les estuviera haciendo un dolorosísimo daño en sus carnes. Era una experiencia de descuartizamiento. Se podría traducir como “se hacían los profundamente ofendidos”, es decir, hacen alardes de estarles tocando la esencia de su fe y, para revestir de mayor dramatismo su asunto y justificar la violencia de la que abusaban para sostener su asesino delito. Actitud que suelen asumir todos los fanáticos de la historia. Quizás, muy sencillo y entendible, podríamos traducir “Se enfurecieron”, “se encresparon de indignación”.

 

En situaciones tan difíciles, no puede el “testigo” refugiarse en componendas y dejar su testimonio en un color rosa que no sea ni blanco ni negro. Las cosas tal como son, porque hay que ponerse del lado de Dios y no dejarse acorralar por el arma usual de los perseguidores: infundir miedo. Así que, Esteban afirmó su pie en la Gloria de Dios y declaró lo que sus ojos -en esa hora de prueba- descubrían, dijo que le era perceptible la Escala de Jacob, y al Mismísimo Jesús subiendo y bajando por ella.

 

¿Cómo actúa el que no quiere oír? Se tapa los oídos y grita tratando de, con su estentóreo escándalo, poder ocultar la verdad, dando desenfreno a todo su terrorismo. Sin embargo, todo su armamento es poco para acallar la voz de Dios.

 

También, en medio de estos “fanáticos”, no se nos haga raro que muchos despistados sean tocados, y tocados hasta el punto de cambiar de bando rotundamente. Es el caso de Saulo, que fue movido interiormente hasta tal punto, que este episodio muy seguramente cabo la ranura para que -más tarde, camino de Damasco- tuviera su Encuentro con Jesús, quien le habría de preguntar por qué se obstinaba en rechazarlo con la ignominia de ser perseguidor, en vez de darse cuenta que la fe, no era lo que tan convencido venía declarando, sino que la Verdad, había sido Crucificada para mostrar que la muerte no tiene verdadero poder sobre Ella, y que se había levantado y empezado a llenar todos los rincones del planeta. Dando inicio a una Lluvia de lenguas de Fuego que sería la oferta generalizada de Una Zarza Ardiente para todos los que quisieran aceptarla. Esta es la donación del fuego que horneará el “pan”.


Saulo digirió este martirio y vivió una rotunda trasformación, dejo de ser Saulo “Dios escuchó” y llegó a hacerse Pablo, “pequeño”, “humilde”.

 

Tenemos que vivir muy alertas para que no seamos de los que resisten al Espíritu Santo. 

 

Sal 31(30), 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17y 21 ab

Este Salmo al conectarlo con la muerte de Jesús y su Última Palabra en la Cruz, nos da una idea de cómo Jesús revive todo el tiempo su experiencia de crucifixión en todos los perseguidos por su Causa a través de los siglos.

 

Nuevamente, con los labios de Esteban, “coronado”, “victorioso”, profiere sus palabras de agonía, y otra vez clamará al Cielo para que el Padre Celestial no les tome en cuenta este pecado.


No es fácil sostenerse firme en el testimonio. Somos seres frágiles que padecemos con el dolor, el dolor es el nido de nuestra debilidad. Para remontarlo necesitamos una valentía especial que viene de Dios, que el Señor nos infunde, sólo Él puede hacernos fuertes como roca, cambiando nuestra naturaleza enclenque en la dureza de la roca. Es Dios Quien hace de nuestra débil carne un baluarte.

 

Cuando, llegada la “hora” nos confiamos a las Divinas manos, lo que estamos haciendo es rescatando la joya que llevamos en “vasijas de barro” para reconocer qué es lo Verdaderamente valioso que poseemos y, que debemos resguardar. En cuanto a la “vasija”, Dios la sustituirá con un recipiente -no ya de barro- sino de Carne Eternal. Será la Carne Verdadera, la que Él nos dio desde el Principio de su Proyecto.

 

Una vez hemos reconocido que nos asiste la fuerza de la Verdad para dejarnos como Niños confiados en las Manos del Padre, y después de dar un vistazo panorámico a la situación de “lapidación” que se nos viene encima; pasamos a mostrar nuestra gratitud porque Dios -sin duda alguna- nos asiste y nos libra de todas las conjuras humanas en contra nuestra. Tiene para nuestro resguardo un asilo blindado, es su Personal Protección.

 

Siendo así, todo, absolutamente todo, lo dejamos a su Cuidado.

 

Jn 6, 30-35

YHWH = PAN DE VIDA

Tengamos presente: Cada vez que Jesús dice en griego Ἐγώ εἰμι ἄρτος τῆς ζωῆς· [Ego eimi o artos tes zoes] “Yo-Soy-el-Pan-de-Vida”, está nombrando a Dios en hebreo: יהוה [Yahweh] “YHWH”. Se establece una igualdad, si uno pronuncia el Santísimo Nombre de Dios, está aludiendo a Él como Pan de Vida.


Hay una confusión siempre agazapada intentando engañarnos. A veces se nos dice que son detalles insignificantes, que es lo mismo. Por ejemplo, hoy, la tentación consiste en creer que fue Moisés quien nos dio el pan del Cielo, eso que nosotros ni sabíamos qué era, y que nos preguntábamos desconcertados. מָ֣ן ה֔וּא “Man hu”. ¿Qué es esto?

 

Y, sin embargo, en el sentido estricto, ese [man hu] lo hizo llover el Padre Celestial, fue Él Quien nos lo dio. Y esta confusión es importante disiparla porque el Pan que baja del Cielo para darlo al mundo es un regalo Divino, es el Nutriente Celestial, capaz de nutrir el espíritu. Si no esclarecemos esta confusión, difícilmente podremos abandonar nuestra rotunda y constante preocupación por el pan terrenal, y seguiremos atados a la esclavitud estomacal. No quedará ni un segundo para elevarnos. Cuanta gente buena, muy buena, deja de lado todos los bienes espirituales porque lo que nos debe afanar es la “yuquita”.

 

La vida que le urge al mundo entero, es la de los nutrientes Celestiales, pero ellos-que-somos-también-nosotros, seguimos ahí, encadenados, alienados, (pero claro que la alienación es intensiva porque la publicidad ha construido esa férrea alucinación), lo cierto es que la consigna que se oye repetir es aquella de ¡no sude por el pan de la mesa y verá que del Cielo no cae nada!

 

Son esos bienes que se devalúan a cero y se invisibilizan como riqueza y aporte a la sociedad: La crianza de los niños, por ejemplo, o el cuidado del hogar, por sólo citar un par de ítems y no prolongar la enumeración.

 

La vida cristiana se convierte en una apuesta arriesgada que se atreve a ir contra todas estas ideologías y es capaz de “atenerse” a la Providencia. Y ¿por qué? Porque el que se la juega toda y se entrega a la misión que Jesús le encomienda recibirá por causes insospechados de los dones verdaderos que Jesús nos hará llegar.

 

El Pan de Vida es el Propio Jesús, que en la Liturgia se nos entrega de una doble manera -que hace de Su Entrega una Entrega Total- Él se entrega en la Eucaristía como Alimento y como Palabra, y en la Eucaristía tenemos una especie de “telescopio” no visual sino trashistórico, estamos, por ejemplo, hoy, en pleno siglo XXI y podemos entrar en el espacio del Calvario, en el siglo I. Y podemos incorporarnos al Cuerpo Místico, como Miembros, al comer del Cuerpo-Sangre-Alma-Divinidad de Jesucristo.

Podríamos, al Comulgar, pronunciar como jaculatoria: ¡Señor, danos siempre de este Pan!