lunes, 19 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario


Ef 2, 12-22

Este tramo del capítulo segundo en la Carta a los Efesios, recibe por títulos “Todos formamos un solo pueblo”. Empieza referenciando el pasado de la comunidad de Éfeso, formada por personas provenientes de la gentilidad, muestra como si fuera un “salto”, lo que introduce en la historia la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestro Señor, menciona -entonces- la circuncisión- como ruta de adhesión a la fe judaica, como ya se ha dicho, esta tiene un carácter sacrificial -con el derramamiento de sangre- ese sangrado da la tinta para sellar la Alianza, quedando bajo ella, comprometidos al cumplimiento de la extensa legalidad y juridicidad mosaica.  A partir del verso 14, entramos en un himno, que probablemente -y esto pasa y es origen de todos los himnos que incorpora San Pablo: habían sido compuestos para ser proclamados en la liturgia Eucarística, constituían el kerygma que daba piso a la doctrina cristiana, y enunciaba las verdades de fe que ellos aceptaban. Así se fue configurando una “doctrina”, es esta la que Pablo ha recibido y que él se considera “enviado” a llevar por doquier. En el preámbulo San Pablo denuncia que ellos, los judíos, vivían “desesperanzados” porque carecían de la Promesa.

 

Pablo, con este himno, va desgranando lo que Cristo aporta:

a)    Él mismo, es personificación de la Paz (Shalom)

b)    Hizo -de judíos y gentiles- un solo pueblo

c)    Derribó el muro que los separaba

d)    Anulando mandamientos y decretos que ellos pretendían con la circuncisión estampar en su carne

e)    Sacando un solo cuerpo, el del καινὸν ἄνθρωπον [kainon anthropon] Hombre Nuevo (en el Cuerpo Místico se acogen los conversos del paganismo sin discriminaciones), que era reconciliación de todos con Dios; y, tomándonos en calidad de hijos adoptivos.

f)     Para ello se hizo elevar en la Cruz para ofrecer el Nuevo Sacrificio, el de “perfecta y plena validez Reconciliadora”. Dándonos “libre acceso al Padre”.

Este proceso Redentor nos da título filial para declararlo “Padre nuestro”, quedando, así, derribado el muro que nos separaba. Esta separación se expresaba en la estructura arquitectónica del Templo que tenía un patio de los israelitas y un patio de la gentilidad separados por, la así denominada, “Puerta de Nicanor”, judío rico que había donado este portón, en el Segundo Templo.

Los versos 19-22 sacan las conclusiones que de esto se derivan:

      i.        Los paganos ya no son tenidos por extranjeros

     ii.        Comparten con el “pueblo santo” igualdad de derechos, se retoma el tema de la “ecualización”.

    iii.        Se ha formado un “edificio” fundamentado en los profetas y los apóstoles, que son encabezados por la ἀκρογωνιαίου [acrogoniaiou] “Piedra Angular”, la “piedra esquinera”: Jesucristo.

   iv.        El pueblo de Dios no es una obra hecha y finalizada de una vez por todas, sino un Proyecto siempre en avance, esto lo expresa Pablo diciendo que está αὔξει [auxei] “en crecimiento” hasta que llegue a ser un “Templo Santo en el Señor”.

     v.        Así, en este bloque de conclusiones, San Pablo consigna el planteamiento del Templo como un Templo Vivo, construido con Piedras Vivas, y que tiene por “arquitecto” al Espíritu Santo.

 

Sal 85(84), 9abc y 10. 11-12. 13-14

Este es un salmo oracular. En este oráculo, el contenido esencial, es la Paz. Paz, en este caso es la ausencia de confusión, no la cancelación de las dificultades, no la paz del campo santo; sino, la certeza y claridad luminosa que, si vamos por los Caminos del Señor, vamos Bien, a pesar de los ventarrones, y el mar picado, nuestro curso va iluminado por la Luz Divina.

 

¿Cómo alcanzar esa seguridad preclara? Escuchando con atención la Voz del Señor, Él la Declara, la Establece y la Enciende, en nosotros. Dejemos que la Claridad que Él nos da, nos sostenga y guie nuestros pasos.

 

Diariamente vemos cómo se siembra la confusión, se han puesto a pensar, ¿por qué hay gente que le gasta tanto tiempo y tanto esfuerzo a difundir la confusión? Damos como ejemplo que, si el Papa dice que un día cuando era estudiante, compró un dulce o una galleta en una tiendita de Chicago, sin lugar a dudas que al otro día alguien anunciará que se ha cumplido la Profecía de Juancho Polo Valencia, que, si un niño que luego llegaba a Papa había probado las galletas chicagüenses, significaba que el mundo ya se iba a acabar Y mucho cuidado, porque luego nos dan el argumento demostrativo. ¿No ven que el Apocalipsis comienza diciendo: “Esta es la Revelación”, entonces, nos dicen ellos, ¡ahí está la prueba!


Otro día, Papa León XIV cuenta que sus zapatos favoritos se los había comprado su Señora madre, doña Mildred Agnes Martínez, y no pasa una hora para que salgan todos a declarar. Papa León XIV es el último Papa, porque él está acabando con la Iglesia, un buen Papa tiene que preferir los zapatos que le compró el papá y no la mamá. Y sí alguien no cree que esto es cierto, vayan al capítulo 23 del Apocalipsis, verso 26, (porque estamos en el año 2026), y lean que allí dice la palabra παπούτσια [papoútsia] que en griego significa “zapatos”. (Para que nadie vaya a quedarse preocupado, el Apocalipsis sólo tiene 22 capítulos así que no hay que angustiarse e ir a mirar en la Biblia la caprichosa cita de los zapatos papales).

 

Recordaran ustedes que, Papa Francisco había propuesto que, llegado su fallecimiento, lo pusieran en un ataúd, como a cualquier cristiano y no en exhibición sobre unos cojines, como a muñeco de juguetería, que así se usaba antes. Y, muchos “doctos estudiosos” han señalado eso como el principio del fin. (Nos dirán que en el capítulo 24 del Apocalipsis dice “sin cojines no hay más papa” y esta papa es la exquisita “papita chorreada” delicioso plato tradicional de nuestra gastronomía cundi-boyacense, y esa sería la más triste pena para nuestro paladar. Doloroso oráculo para el final de los tiempos. ¿Qué va a ser de nosotros sin papita chorreada?).

 

A los fieles ingenuos se les recomendaba escribirle una carta al Papa y pedirle que pasará a mejor vida para que se cumpla la feliz profecía de que las Puertas del Cielo se vuelvan a abrir, porque quedaron herméticamente selladas el día en que él se negó a llevar zapatos rojos, como en toda la historia se había hecho; ahora hacen circular sus críticas porque León XIV le siguió la idea.

 

A los no tan ingenuos, sino roedores de la fe, de los “débiles en la fe”, les encarecemos que dejen de hacer daño usando su premisa de “divide y vencerás”, (que tiene un corolario: “confunde y demolerás rápidamente”). Pasan y pasan los años y sus escatológicos augurios no llegan a nada. Se ha desenmascarado la perversa intención que tienen, pero no se ha llegado a más. El fin llegará, no cuando a la ralea de pseudo-profétas se les ocurra, ¡Llegará! ¡No le quemen tanto vano acelerante! Por mucho que ustedes anuncien su cercanía, va a llegar, cuando sea llegada la hora. Y, tranquilos, ya sabemos que esa es su estrategia para ganar adeptos con los “confusos” que abundan y se dejan engatusar.

 

En vez de andar en tanto “profetismo” afiebrado, más bien oremos por la recuperación plena de su salud después de la reciente intervención quirúrgica.

 

Escuchemos cómo concluye este salmo oracular: “El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La Justicia marchará ante Él, y sus pasos señalaran el Camino”. No dudemos de Su Promesa. Y ¿cuál es su promesa actualizada hoy? ¡La paz!

 

Nos hemos encarnizado en pedir y generar muerte; y, en cambio, no le hemos insistido en lo que él nos ofrece y nos quiere dar: Contra todos los empecinados verdugos, el Señor nos ha ofrecido -aún más- nos ha garantizado la Paz. ¡Esa sí, pidámosela con la mayor vehemencia posible!

 

Lc 12, 35-38

Dios hace participes de su Gloria a los que velan

Esta claridad que nos ilumina el “camino” como una tea en alto para que podemos caminar sin dubitaciones el Camino de la Vida -porque somos Homo Viator- un proyecto en marcha, un Reino en construcción, que requiere el auxilio de la Lámpara en Alto, para caminar seguros; recibe en esta perícopa otro nombre, para presentárnosla desde otra perspectiva metafórica: “Ceñida la cintura”. Cuando uno está vestido, listo para salir a la calle, tiene el cinturón -que ciñe la cintura- bien puesto y abrochado con la hebilla. En otras culturas que no usaban cinturón, la cintura se ceñía con un cordón atado a la cintura, para garantizar que la ropa se mantendría en su lugar. En fin, cintura ceñida indica, completamente listos. ¡Listos para emprender el viaje!


 Para el viaje al país de la vida eterna ¿cómo debemos estar? Con la cintura bien ceñida, que no nos vaya a coger de sorpresa en “paños menores”.

 

Se nos pide que “velemos”; el verbo griego que se usa es γρηγορέω [gregoreo] “permanecer despierto”, que por extensión significa “estar alerta”, “permanecer vigilantes”.

En lugares sin alumbrado público, se requería -para salir en la noche- algún tipo de linterna que nos proporcionara condiciones para andar en lo oscuro. Una antorcha, por ejemplo, era bien útil. Pero, para encender una antorcha, no basta correr un segundo a oprimir un botón. Se debe tener la λύχνοι [lychnoi] “antorcha”, “luz portátil” encendida, lo que no se logra de inmediato, hay que sostenerla expuesta el fuego por un rato, hasta que este se afianza en el leño. Esta antorcha está figurada en la Pascua por el Cirio Pascual, y dentro del Sacramento del Bautismo (y también en el Sacramento de la Confirmación), por el cirio que llevamos para recoger la Luz de Cristo y llevarla con nosotros.

 

Para viajar, máximo si era de noche, así fuera un corto viaje, dentro de una misma población, había que disponerse para la salida cumpliendo los dos requisitos: la ropa puesta y asegurada y la antorcha -o como mínimo, la lámpara de mano- debidamente encendida, que no se fuera a apagar por el camino.

 

Para “salir” a enfrentar la realidad, en nuestra sociedad postmoderna, sí que debemos tomar las medidas precisas para salir. Como se hace con un hijo, se le prepara lo mejor posible para que enfrente la vida y los engaños que sin duda lo rodearan y lo presionaran para aprovecharse de él.

 

Así que todos debemos disponernos. Cuando salgamos a la ruta, bienaventurados si estamos bien pertrechados contra tanta tiniebla que se disemina por ahí.

 

La vida cristiana nos exige “vigilancia”, estar en “estado de alerta”. Establecer turnos de guardia, por velas: En la primera vela, uno hace la guardia. Al encender la segunda vela, antes que se acabe la primera, el segundo turno de guardia tomará su posta y así sucesivamente. Esperando a que el Señor llegue.


¿En qué consistirá el premio de la bienaventuranza? Al que esté vigilante lo hará sentar a la Mesa y Él personalmente lo atenderá. Puede que sea tarde y llegue en la tercera vela, no importa, asegurémonos que nos encontrará alertas y bien prevenidos. Es el concepto teológico de “Velar”, o sea, de aguardar vigilantes con la vela encendida.

domingo, 18 de octubre de 2026

Lunes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario

 


Ef 2, 1-10

Según nuestro mapa, la Carta a los Efesios se divide en dos grandes partes los tres primeros capítulos (1,3 – 3,21) donde se muestra la Obra Salvadora de Dios; y, el llamado a vivir una vida discipular de seguimiento a Jesucristo. Continuando dentro de esta Primera parte, entramos, ahora, en el capítulo 2, que nos habla de cómo Dios nos libró de la muerte por medio de Cristo, su Hijo.

 

Podríamos descomponer este capítulo 2, en tres secciones, caracterizadas por un sujeto distinto:

a)    “Vosotros”, es decir, los gentiles (2,1 – 2,5b. 8)

b)    “Nosotros”, con este nosotros se está refiriendo a los judíos (2, 3)

c)    Otro “nosotros” distinto, donde ya se ha dado una fusión y aparece una nueva humanidad que ya no discrimina entre judíos y gentiles (2, 4-5a. 6-7. 9-10)

 

Atravesando ese eje de los “sujetos”, está el otro eje, el eje temporal: a) marcado por verbos en pasado y por expresiones como “en otro tiempo; b) el presente y c) a los siglos venideros. Esta diacronía -pero a la vez “envolvencia” que cobija todo el arco de los “tiempos”- se debe tomar muy en cuenta en la exegesis de la perícopa.

 

Al retratar el estado en el que se hallaban sumidos los describe dominados, gobernados y conducidos por “el príncipe del imperio del aire”, según la concepción prevalente en aquel momento, todo lo maligno moraba en el aire (y en el mar), así que su príncipe era Satanás, el Diablo, el Maligno; lo que cumplían era la “voluntad de la carne y de los sentidos, los deseos físicos. Ese, como lo dice el texto, era el “modo de pensar del mundo”, eso era lo normal en aquel ambiente “pagano”.

 

Jesucristo marca la línea divisoria, y pone fin a un “pasado”, para abrir una luminosa ventana que da al Dios Vivo y Verdadero. Este obrar no fue sólo en beneficio de los gentiles, también favoreció a los judíos. La ley que habían recibido se había usado para anquilosar las alas de la libertad-amor, de modo que, en vez de volar, estaban atrapados por los barrotes en que ellos habían grabado las leyes.

 

Una visión poco saludable puede llevar a hacernos pensar que Dios llamaba a todos al “rincón de los castigos”. Pero esa es solo una manera de apreciar las cosas que pone a Dios como “demasiado semejante” a nosotros, (ve a Dios con limitaciones humanas y lo pinta enojado y con rejo en mano). Dios es el paradigma, y nosotros somos los que estamos en proceso de “llegar a ser” semejantes a Él, a eso no se llega por castigos, sino por re-educación. No vayamos a meter “gato por liebre” al decir que el castigo es la esencia de la re-educación; la re-educación tiene sus canales que no son punitivo-rencorosos.

 

Para prevenir esa imagen del Dios castigador, Efesios pone aquí un perfil de Dios, con los rasgos que la Carta juzga pertinentes, para tener una correcta visión del enfoque re-educativo que está implementando el Señor:

a)    Rico en misericordia

b)    Nos amó con gran amor

c)    Nos dio vida

d)    Nos da la Gracia Salvífica

e)    Nos resucitará para sentarnos en los tronos que nos tiene previstos

f)     Nos “reveló” la “sobreabundante riqueza de su Gracia

g)    Con todo eso en Mente, nos creó para que nos pudiéramos configurar al “Paradigma”, que es Jesucristo.

 

Como “válvula de paso” está la Muerte, Resurrección y Glorificación de Jesús-Cristo. Él pasó y dejó “perforado” el paso para que nosotros también pudiéramos acceder a nuestra vida y glorificación.

 

¿Con qué rotor podremos avanzar? Están los ἔργοις ἀγαθοῖς [ergois agathois] “obras actuadas con nobles intenciones”, esta nobleza de intenciones depende de que Dios las ha injertado en nuestro ser, no son resultado de nuestra agudeza, de nuestro esfuerzo, sino fruto de las semillas que Dios ha plantado en nuestro corazón. En nuestro ser, van fruteciendo por los cuidados del “Hortelano de la Vida Espiritual”, que es el Espíritu Santo. Esa es la atribución que el Espíritu Santo tiene, velar por nuestro huerto espiritual y prevenir para que el corrompido no venga -y nos tome adormilados o distraídos y se ponga a sembrar cizaña.


No se trata de una adquisición por mérito, se trata de apertura a la operatividad de la Gracia. Alcanzada por medio de la “apertura”, que es estar bien dispuestos, abiertos a la Gracia que nos auxilia y nos guía. ¿Qué parte nos toca en es “proceso”? Darle al Señor un “sí” análogo al que dio María para abandonarse a la Encarnación: γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου. “Hágase en mi como lo has dicho”, o más estrictamente, “según tu Palabra”.

 

Sal 100(99), 1b-2. 3.4.5

Hazme caer en la cuenta de que te pertenezco a Ti precisamente porque soy miembro de tu pueblo en la tierra.

Carlos González Vallés s.j.

Salmo de la Alianza. Una parte fundante de la Alianza es el desarrollo del “sentido de pertenencia”. Somos verdaderos miembros del Cuerpo Místico, todo el Plan salvífico nos lleva a ese “pertenecerle”. Aquí el salmista nos da voz para expresar este sentimiento que debe anegarnos a todos: “somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”. Hay un desposorio místico que nos entrega esa consciencia de pertenecerle, de ansiar fundirnos con Él, de querer sintonizar nuestra existencia con la Suya, disolviendo nuestros egoísmos en su “Santísima Voluntad”.

 

Hay -de otra parte- una manera indolente, desganada, apática de servirle al Señor, renegando, lamentándose, rechazando su Plan con “buenos e inteligentes” pretextos. En vez de demostrarle nuestra dicha, nuestro empeño, nuestro tesón, nuestras ganas de ir a su manera, en el mismo sentido de Su corriente. Lo rotundo está en sólo dos vetas, “o estás conmigo o estás contra mí”, “o recoges o desparramas”.

 

No somos títeres de Dios, no somos su “caja de juguetes”: ¡Somos sus amados! ¡Sus dulces ovejitas!


Cuando Él abre la puerta, no se trata de gimotear con dudas e incertidumbres. Acometamos nuestra entrada entonándole nuestros himnos. Cantemos su Victoria, Pronunciemos todos los loores litúrgicos. Con cantares eucarísticos.

 

Miremos los dos pilares que forman las jambas: en el uno dice ¡El Señor es Bueno, su Misericordia es Eterna! En el otro, ¡Su fidelidad dura por todas las edades!

 

¡Alertas! No dice ¡eres su Oveja! Dice ¡Ovejas de su Rebaño!

 

Oremos: “Haz que me sienta orgulloso de mis hermanos y hermanas, que aprecie sus cualidades y disfrute con su compañía. Haz que me encuentre a gusto en el rebaño, que acepte su ayuda y sienta la fuerza que el vivir juntos trae al grupo, y a mí en él”.

 

¡Danos señor, te suplicamos, un corazón sinodal, donde cada corazón lata conforme con el ritmo de Tu Grandiosa Sinfonía!

 

Lc 12, 13-21

“La avaricia es la raíz de todos los males” (1Tm 6, 9-10), escribe Pablo a Timoteo.

Vincenzo Paglia

Como es usual, para dirimir la cuestión de las herencias y sus particiones, se va al tribunal y se presenta la cuestión ante un Rabino, un experto en la Ley Mosaica. Cuál es al valor de un rabino, es un experto en dilucidar aspectos mundanos, su especialización mira a las cosas “mundanas”, puede ayudarnos cuando el tema es el de “atesorar” con propósitos egoístas, bienes mundanos, porque es experto en riquezas “temporales” no en tesoros Celestiales.


Lo chistoso, lo irónico es que nosotros queremos arrastrar a Jesús para meterlo en estas cosas. Recordemos aquí aquello de “donde está tu tesoro, está también tu corazón” Mt 6, 21-24. Si nuestro empeño existencial consiste en riqueza a los ojos de los hombres, entonces estaremos ciegos para atesorar según los Ojos de Dios. ¿Cómo se nos puede ocurrir apelar al Hijo de Dios para que Él se ocupe de afanes que no son compatibles con los Intereses de Su Padre?

 

Tenemos que ponernos la mano en el corazón y dilucidar si nuestro ojo está sano, o tenemos el ojo enfermo, el ojo codicioso, el ajo avariento. El ojo malo.

 

Por eso Jesús les pregunta por qué lo toman por μεριστής [meristes] “administrador de herencias”, por “experto particionista”. De dónde sacaron que una de las funciones del Mesías era hacer las veces de abogado repartidor de herencias.

 

A nosotros también nos compete este entendimiento. No nos tiene que preocupar otro tipo de teología empalagosa, nos tiene que hacer aterrizar en lo urgente, es urgente sanar el hambre y el dolor de los hermanos, es perentorio luchar contra la injusticia, no podemos ser indolentes, duros de corazón ante el mal que se siembra en la historia del mundo, que daña al que es mi hermano en Cristo Jesús; y, observemos que Jesús nos indica qué es lo que no importa, ni afana el ojo sano, al corazón de Jesús, aquí lo tenemos, no es algún argumento de alta filosofía, es al contrario, algo “elemental”, pleno de humanismo, que se duele de lo que les pasa a las otras ovejitas del rebaño.

 

Es fácil tomarle el pulso a la perversión: cuando resuenan como trasfondo las premisas:

a)    Mi cosecha

b)    Mi granero

c)    Mi trigo,

d)    Mis bienes

 

Miren el cardiograma del avaro: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Bótalo antes de darlo barato, quémalo antes de nutrir a los hambrientos esgalamidos, ocúltalo hasta que suban las condiciones bursátiles, acapáralo para que escasee, cuando la demanda lo dispare, será la hora de sacarlo al mercado.

 

¿Qué puede ser peor que una justicia regulada por el egoísmo? Hablamos de esa falsa justicia que no quiere ablandar el corazón, pero si quiere mejorar el blindaje de la caja fuerte y reforzar la rabia que cohonesta con el dolor y el sufrimiento. Que alimenta el odio y fortalece los rencores asesinos.


Si queremos ayudarle a recoger -y no a desparramar-, urge que tengamos el corazón compasivo. ¿Por dónde empezar? Por no intentar que Dios sea cómplice de los injustos, esa es la primera lección para andar los caminos del Amor a Dios, y al prójimo, así como el sano y equilibrado amor que debemos tener por nosotros mismos. ¡No lo invoquemos como celador de nuestra caja de caudales!

sábado, 17 de octubre de 2026

QUIÉN REINA EN NUESTRO CORAZÓN

 

100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

Is 45, 1. 4-6; Sal 95, 1. 3. 4-5. 7-8. 9-10a.e.; 1Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21

 

La eternidad comienza aquí y ahora. Es aquí y ahora donde se construye.

Helder Câmara

 

La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.

Benedicto XVI

 

Estamos ante los últimos seis domingos de este año litúrgico: Domingos 29º-34º. Los domingos 29º y 30º continuamos la Lectura del capítulo 22 del Evangelio mateano que empezamos el Domingo pasado, leyendo la parábola del Banquete del Reino de los Cielos, explicado desde la perspectiva de un γάμους [gamous] “banquete”, de una “fiesta nupcial”. Hoy pasamos a ver una de las cuatro controversias que sostiene Jesús con los fariseos, los saduceos y los del partido de Herodes. Son cuatro controversias, pero la liturgia se ocupará solamente de dos de ellas:

-       29º Domingo: si se debía o no pagar impuestos al Imperio Romano

-       30º Domingo Cuál es el mayor de los Mandamientos

Precisamente la de hoy, es la controversia con los del partido de los herodianos que obran confabulados con los fariseos. Quieren “entrampar” a Jesús, la palabra griega que se usa se refiere a ponerle una trampa, como a un pajarito, para “agarrarlo.


¿Cuántas veces no tener genera libertad?: El Hijo del Dueño-de-todo no tiene ni siquiera un denario; para poder ilustrar su respuesta, y tiene que pedir uno prestado, para poder mostrar lo qué tienen impresas las monedas. En esta situación se evidencia cuál es la riqueza de Jesús que se manifiesta, precisamente, en su “no poseer ni siquiera la moneda que representaba la paga de un jornal de trabajo”, no posee ni siquiera “la moneda del tributo”. El Rey de Reyes, no tiene ni una moneda, siendo el Dueño Absoluto, precisamente por eso su Efigie no está grabada en el sucio metal de la moneda, para no ser “manoseado”, sólo puede estar impresa en el corazón del hombre, en el Sagrado Fuero de su Conciencia.


 

En el denario está impresa la efigie del Emperador. El Talmud establece la máxima legal "Dina De Maljuta Dina" es decir “la ley del reino es la ley”. Lo que Maimónides incluye en la Mishná Torah. De acuerdo con esto, el hecho de que una población utilice voluntariamente la moneda de un imperio para el comercio diario -la compra de comida, el pago de salarios, así como el registro de contratos- constituye una aceptación implícita de su soberanía. Al beneficiarse de la infraestructura económica, la seguridad comercial y el sistema monetario que el imperio respalda, los súbditos contraen la obligación moral y legal de pagar impuestos y respetar sus edictos civiles.


Estas ideas explican por qué el gesto más rotundo de rebelión en la Judea antigua no era solo un acto militar, sino que empezaba con una rebeldía numismática. Bar Koshba en su revuelta contra el Imperio Romano, llevó a los rebeldes judíos a procurar borrar deliberadamente los rostros de los romanos estampados en las monedas para acuñar encima sus propios símbolos -el Templo de Jerusalén- además de textos que propugnaban su soberanía.

 

¿La imagen de Dios dónde está estampada? Si podemos contestar a esta pregunta podremos juzgar sobre la legalidad del gobierno Divino dentro de cierto territorio. Pues esto es lo que Dios declara en Gn 1, 26: “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Allí donde haya seres humanos, hasta allí llega la Soberanía de Dios. Jesús es el non plus ultra icónico de Dios. Por eso podemos mirar hacía la Trinidad como nuestro Rey y Señor.


Este Domingo volvemos sobre la Realeza de nuestro Dios, YHWH es el Único Señor y fuera de Él no hay otro; Él obra por amor, ama a su Pueblo-escogido; Él obra –por caminos insospechados- en favor de ese pueblo, valiéndose hasta de los que no son conscientes de servir a su Altísima Majestad, Nuestro Dios y Señor. Hasta los que no lo conocen pueden ser vía para servir a sus designios. Es Rey, pero ¡Alerta! No es un rey humano, es un Rey-Divino, y, así podemos llegar a dar el gran salto, para entender que no es humano pero se ha humanado para humanizar su imagen, imprimiendo su Soberanía en el que fue creado a Imagen-y-Semejanza-Suya: Todo es de Dios, ¡entreguémonos totalmente a Quien es Nuestro Dueño y Señor!

 

Es que tener la “Moneda del Impuesto” es sinónimo de dependencia, de esclavitud, estar en condiciones de pagar tributo a un rey extranjero que nos avasalla, que nos enajena la libertad, tener esa “riqueza” es andar, entre el bolsillo, con las “fichas del juego ajeno”, del juego del enemigo: el juego de las monedas, siempre nos encadenará a la ambición de tener otras y ser esclavo de las efigies en ellas gravadas, sean escudos de armas, águilas imperiales o serpientes venenosas.

 

En cambio, Jesús vive en una libertad ejemplar que le permite vivir para ser constructor del Reino de su Padre, una libertad que le permite consagrarse; y sus propios contradictores lo reconocen, así sea para entramparlo: La riqueza de Jesús no estriba en el manejo de monedas sino en su Libertad Soberana. Esta libertad de Jesús lo expresan –en la perícopa del Evangelio que proclamamos hoy- los labios del adversario, es una libertad que:

 

Ø  Le permite ser siempre sincero

Ø  Enseñar de verdad el camino de Dios

Ø  No importarle el qué dirán

Ø  No vivir ni depender de respetos humanos

Ø  No estar esclavizado por las apariencias.

 

Los invitamos, ahora, a hablar de líneas horizontales, verticales y poliedros.

 

«Siempre se discute acerca de “horizontalismo” y “verticalismo”, “evangelización” o “humanización”. Estamos convencidos de que el Señor no establece separación, y menos aún oposición, entre ambas cosas. La historia de Dios y la historia de los hombres están entremezcladas y avanzan conjuntamente.»[1] Sólo moviéndonos en el espacio ilimitado de la libertad que nos enseña Jesús podemos ser obreros del Reino. Cuando seamos capaces de discernir a qué juego nos “consagramos”, en la dicotomía: Reinado de Dios o idolatría del César. La soberanía en la libertad del hombre lo vincula con el compromiso, ya lo dijimos arriba; pero, de los cinco rasgos de la libertad de Jesús hay uno que está de primero, hay uno que lo caracteriza, -que acarrea a los otros- es la libertad del hombre que se compromete con Dios: “Enseñar de verdad el camino de Dios”. Tan es el primero que define el sentido del hombre religioso: define su misión: lo primero para el creyente es la evangelización. Evangelizar es promover los valores del Reino.


Todos los “fieles” estamos llamados a la fidelidad con el Reino; anunciar la Verdad del Reino y el Camino de Dios que lleva a Él es nuestro compromiso, el sentido de la vida, de la espiritualidad, de la fe. La fidelidad con ese compromiso es la misión de construir –no en la soledad,” «Frente a una idea pelagiana de santidad, individualista y elitista, más ascética que mística, que pone el énfasis principal en el esfuerzo humano, Teresita       subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia»[2].  no en el aislamiento de “superman” -la figura mítica de las historietas-; nosotros estamos invitados a un “banquete” -como se precisó el Domingo anterior- donde nos sentamos hombro a hombro y codo a codo a construir el Reino en equipo –con todo lo dificultoso que puede ser trabajar en equipo; valorar las diferencias, lidiar con las oposiciones, con los mal entendidos, con la diversidad de “puntos de vista” y salir airosos y felices porque, por sobre todo eso, está la unidad (como Jesús y el Padre son Uno), porque sobre todas esas dificultades resplandece el Cuerpo Místico, Él saldrá triunfante (y esta es una Verdad de tipo escatológico) estamos hablando del fin de la historia, del kairós. «La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida». Reiteradas veces he invitado a desarrollar una cultura del encuentro, que vaya más allá de las dialécticas que enfrentan. Es un estilo de vida tendiente a conformar ese poliedro que tiene muchas facetas, muchísimos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices, ya que «el todo es superior a la parte». El poliedro representa una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente, aunque esto implique discusiones y prevenciones. Porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible. Esto implica incluir a las periferias. Quien está en ellas tiene otro punto de vista, ve aspectos de la realidad que no se reconocen desde los centros de poder donde se toman las decisiones más definitorias.»[3]

 

«A quienes pierden el tiempo en discutir acerca de “horizontalismo” y “verticalismo”, yo siempre les digo lo siguiente: “Ni la sola línea horizontal ni la sola línea vertical pueden formar una cruz”. Para tener una verdadera cruz, debemos mantener simultáneamente tanto la línea horizontal como la línea vertical. Y la línea horizontal son los brazos de Cristo, abiertos a todos los grandes problemas humanos.»[4]


Es, precisamente de eso de lo que nos habla la Segunda Lectura tomada de la Primera Carta a los Tesalonicenses: fe, amor y esperanza. Estas virtudes teologales están sustentadas en pilares que, si leemos con atención, son las que San Pablo evidencia: la fe en las obras que la manifiestan, el amor en los trabajos fatigosos que se emprenden; y, la ὑπομονῆς [hypomones] resistencia de la esperanza que tiene como fundamento a Jesucristo Nuestro Señor.

 

«Hoy día estoy serenamente convencido de que la Iglesia no debe comprometerse y solidarizarse más que con el pueblo… los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda,… no ven con buenos ojos que la Iglesia se encuentre con ese pueblo. Están dispuestos a cubrirla de honores y de privilegios a condición de que se quede en el templo, exclusivamente dedicada a dar alabanza a Dios mediante hermosas liturgias. A condición de que no se inmiscuya en los problemas de hoy: los problemas económicos, sociales y políticos… ¡son asuntos de la tierra, no del reino de los Cielos!... nosotros no podemos aceptar esa postura, ese papel de Iglesia–museo… Se trata de cumplir nuestro deber de hermanos para con los hermanos sometidos a la prueba, al sufrimiento y a la opresión.»[5]


Pero la verdadera alabanza trasciende el templo, la alabanza nos conduce a una Iglesia que está “en salida”, estamos comprometidos con una misión (que cuaja sobre los tres pilares teologales que nombró San Pablo): «Tenemos la responsabilidad de ser hermanos de nuestros hermanos, sin necesidad de preguntarnos si son católicos, cristianos o “creyentes”. Nos basta con saber que toda criatura humana es hermana nuestra, hija del mismo Padre.»[6] «… deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza»[7].


«Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente.

El ejemplo de Santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo.»[8]


Completa y esclarece el poliedro misional, porque nos referencia y nos sitúa al interior de la Madre Iglesia en su tarea Evangelizadora, y nos da un lugar propio, una cita de Santa Teresita del Niño Jesús que Papa Francisco inserta en su C´est la Confiance: «Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por San Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos... La caridad me dio la  clave de mi vocación. Comprendí que, si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que, si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre… Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares... En una palabra, ¡que el amor es eterno...! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación!


¡Mi vocación es el amor...! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré         todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!!»[9].

 

 

 

 

 



[1] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Ed. Sal Terrae Santander-España 1985 p. 163

[2] Santo Padre Francisco C’EST LA CONFIANCE Roma 15 de octubre de 2023

[3] Papa Francisco. FRATELLI TUTTI. 3 de octubre 2020. #215.

[4] Ibidem

[5] Ibid p. 164

[6] Ibidem

[7] LEÓN XIV 100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES. DOMUND 2026

[8] Papa Francisco. LAUDATO SI’. Ed. Paulinas Bogotá D.C. 2015 ## 229-230 pp. 189-190

[9] Manuscrito B 3vº p.