sábado, 18 de julio de 2026

AL RITMO DE DIOS


Sb 12,13.16-19; Sal 86(85),5-6.9-10,15-16a; Rm 8,26-27; Mt 13,24-43

 

El mal no perjudica el bien, sino que colabora a su pleno triunfo: no es para la perdición sino para la salvación. Realmente todo coopera al bien… El mal no es originario, sino parasitario.

Silvano Fausti

 

A mí me encanta cuando el propietario dice a sus servidores que no tengan prisa y que dejen que la cizaña crezca con el trigo.

Helder Câmara

 

Este Domingo XVI del ciclo A, del Tiempo Ordinario, gira en torno a la justicia. Pero la idea de “justicia” hay que ponerla en contexto bíblico, porque no se trata de la justicia que llamamos “ley del embudo”, no es, tampoco, –como siempre insistimos- una justicia de carácter retaliativo, lejos de Dios toda expresión de rencor, que por definición de su Divinidad, le es ajena. En las Lecturas de este Domingo se entrecruzan hilos de Perdón, Misericordia, Espíritu y siembra de la buena y -por parte de un infiltrado- siembre de la cizaña (la mala semilla).

 

En la dialéctica del entretejido de esas hebras sale a resplandecer el concepto de Justicia. Analicemos como se traban estas fibras para entregarnos su “Revelación”; procuremos adentrarnos en el Misterio del Tiempo de Dios, “hágase tu Voluntad” tiene que ver con esa armonía entre lo que queremos hacer para la mayor Gloria de Dios y el momento de hacerlo; no basta preguntarle a Dios que quiere que hagamos, también tenemos que estar atentos a descubrir cuándo quiere -la ocasión oportuna, el kairós- para que lo hagamos y, tratar de cumplirlo ni antes, ni después.

Con frecuencia argumentamos que queremos conocer la Voluntad de Dios, que queremos saber lo que Él quiere, lo que le gusta, para honrarlo siguiendo sus Enseñanzas. Antes de pasar a examinar las Lecturas de este Domingo, nos gustaría señalar cómo es el Señor enumerando los rasgos que se nos muestran en estas Lecturas: Donde se aprende que el justo debe tener esos rasgos de ser “humano”, que nos vienen de su “imagen y semejanza”. Pero ¿en qué consiste ser humano?

­       En cuidar de todo y de todos

­       Justicia y su Señorío se muestran en que se es indulgente para con todos.

­       ¿Cómo entender la omnipotencia? Por dos rasgos: “Él juzga con moderación y gobierna con mucha indulgencia”. ¿En qué consiste esto de la indulgencia? En la disposición a perdonar, en ser clemente, en tener el corazón listo a la compasión.

­       Él es Bueno, Clemente y Rico en Misericordia

­       Lento a la cólera y rico en piedad

­       Es Leal

­       Sabiéndonos débiles, acude a socorrernos

­       Una de nuestras debilidades es la de no saber pedir, entonces, su Espíritu pide por nosotros, con gemidos -para nosotros- inexpresables.

­       Y el gran teorema: Toda semilla que Él siembra, es buena.

 

A veces nos preguntamos: Si todo su sembradío es de buena semilla, entonces ¿de dónde salió el mal? Pues también hoy tenemos la respuesta al alcance de nuestra mano: ¡El enemigo es quien lo ha sembrado!

 

Del Libro de la Sabiduría

Para la Primera Lectura, la perícopa que leemos este Domingo, proviene de la tercera sección de este Libro, donde se habla de la Sabiduría Divina manifestada a través de los aconteceres históricos del pueblo escogido (capítulos 10-19), La primera parte se ocupa de distinguir cómo actúan los buenos y los malos, señalando que –al término- serán juzgados por Dios revestido de su “armadura” de justicia; la segunda parte, nos propone como proyecto de vida, la búsqueda de la sabiduría; y, finalmente la tercera, señala que la Sabiduría dejó el Cielo para venir a habitar en el cronos, en la dimensión que nos es propia: la temporalidad, así se puso a nuestro alcance.

 

Entremos en el contexto de esta perícopa, donde se nos dice que Dios “aborreció a los antiguos habitantes de Canaán” porque se dedicaban a la magia y practicaban rituales donde se comían órganos y hasta sangre humana y se sacrificaban niños. Pese a eso, Dios no los aniquiló de repente, sino que uso una metodología de “poco a poco”, dándoles oportunidad para el arrepentimiento.

 

Aquí encontramos un tesoro de Revelación: la explicación del poder de Dios. Normalmente visualizamos el poder –desde nuestra óptica humana- como “fuerza”, como autoridad de dominación, como capacidad hegemónica para someter. En cambio, el poder omnímodo de Dios  “precisamente porque dispones de tan gran poder, juzgas con bondad y nos gobiernas con gran misericordia, porque puedes usar de tu poder en el momento que quieras.” (Sb 12, 18). «Precisamente porque puedes hacer cuanto quieres podrías atropellarnos, podrías pisotearnos, podrías torturarnos, podrías tratarnos cruelmente; pero no, precisamente porque puedes hacer lo que quieres, nos amas, porque tienes los recursos para ser misericordioso y esperar que los hombres vuelvan al buen camino.»[1] Así, teniendo “tan gran poder”, no tiene ninguna premura en ejercerlo, no lo desata de buenas a primeras, sino –por el contrario- nos da largas, como lo dice en el verso de Sb 12,10, “para darles oportunidad de arrepentirse”. Él no se arroga –porque no lo necesita, porque está por encima de las arrogancias, de las apariencias, de la prepotencia- demostrar ese poderío; sino que da prioridad a la bondad y al perdón. Así podemos, en consecuencia, reconocer la omnipotencia de Dios como justicia, bondad y perdón, lo cual es todo lo contrario de nuestra comprensión del poder que tiene prisa en aplastar, explotar, oprimir y subyugar. Dios prefiere “prorrogar”.

¿Qué nos enseña Dios con esta, su manera de actuar? ¿Cómo debemos obrar nosotros –los que aspiramos a ser llamados justos- si así obra nuestro Padre Celestial? (recordemos que en el contexto judaico lo que ellos denominaban “justo”, es lo que nosotros llamamos santo). “El hombre justo debe ser bondadoso”. Ahí tenemos la respuesta, y esa respuesta nos lleva al eje que hemos propuesto: Justicia compasiva, no retaliativa; justicia misericordiosa, no vengativa. Pero no se queda ahí la enseñanza que recibimos, a esta enseñanza se añade la que el texto llama “una bella esperanza”: La oportunidad que tenemos de arrepentirnos de nuestros pecados. (Sb 12, 19c). La prórroga es el lienzo para plasmar la obra de la “Bella Esperanza”.

 

La plegaria de David

Los Salmos y los Profetas, en diversas oportunidades nos advierten que Dios es un Dios “lento a la cólera y rico en clemencia” que no ansía la perdición sino que es Generosísimo en perdón y su Misericordia está siempre ahí cerca del pecador arrepentido. Teniendo esto en mente, podemos comprender mejor lo que Dios espera de nosotros: No buscar que nadie se pierda sino abrir, nosotros también, nuestro corazón para que todos se salven.

En esta oportunidad, el salmo responsorial es “La plegaria de David”, nos encontramos, allí, con la siguiente afirmación: “Dios entrañable y compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, … [abundante en fidelidad a la Alianza y verdadero]” (Sal 85, 15). Esos dos rasgos nos revelan dos precisiones del Perfil de nuestro Padre del Cielo, ya en los versos 5-6, con los que abrimos el Salmo responsorial de hoy, nos encontramos con dos revelaciones:

a) כִּֽי־אַתָּ֣ה אֲ֭דֹנָי טֹ֣וב וְסַלָּ֑ח וְרַב־חֶ֝֗סֶד לְכָל־קֹרְאֶֽיךָ׃ Tú Señor, eres bueno y perdonas

b) eres todo amor con los que te invocan (observemos que nuevamente se repite la expresión que alude a la fidelidad con lo pactado: חֶ֝֗סֶד. Esta Hessed (bondad amorosa, se nos dice, es amor, porque Dios es Amor).

 

Fidelidad significa, entonces, que ¡Dios mantiene su Alianza con el hombre! ¡No la quebrantará jamás!

 

La epístola

Seguimos en la Carta a los Romanos. Hoy tenemos una idea muy importante para entender nuestra existencia insertada en la trama histórica. En un continuo histórico de siglos y siglos, generaciones y generaciones, nosotros somos pequeños como hormiguitas, muchas veces nos visualizamos simplemente como un número: un número de turno en la fila de atención, un número de identificación, un número en la lista del aula, un número en la seguridad social que si no está debidamente codificado y con cuota al día, ni  siquiera recibirá atención y se le dejará morir sin asistencia.

 

¡Y en ese “inextricable” nos vemos insignificantes! Muchas personas dicen y verdaderamente se ven menores que “un cero a la izquierda”; asistimos a una desvalorización de la persona humana tan curiosa como peligrosa que se puede explicar como parte de un proceso de alienación que nos convierte en seres manipulables: Si realmente soy tan insignificante y lo que yo haga no vale nada y no implica nada ¿qué más da si hago “a” o si hago “b”? y si opto por vida o muerte ¿eso qué puede importar? Esa devaluación de la persona abre las puertas del individualismo más solitario, a la vez que al relativismo más recalcitrante; pero, lo que nos parece más grave todavía, desemboca en una inmoralidad desesperada: si todo es relativo ¡todo vale nada y el resto vale menos!


Si soy sólo yo y sólo yo valgo y sólo mi opinión tiene “valor” quedo reducido a nadie, porque los demás no me importan, porque los demás no valen, porque los demás no existen. ¡A mí qué me importa si al otro le duele o lo que le pasa, si sólo yo soy! Si me hablan yo no oigo, no atiendo, y tengo la impresión de que sólo lo que yo hablo, tiene importancia, y el otro piensa lo mismo, así vamos a parar a diálogos de sordos, donde todos hablan y nadie escucha. Quedamos reducidos a seres a-sociales, pero –aún peor- si no tomo en cuenta a los demás –automáticamente- mi asocialidad se convierte en anti-socialidad porque mis actos y mis decisiones dañan a otros pero yo me hago el que no se da cuenta, que el otro existe o, por lo menos, que si existe a mi qué me importa (¿Soy yo acaso el guardia de mi hermano? (Gn 4, 9c)). Vayamos de regreso al Libro de la Sabiduría, donde casualmente el capítulo 12 inicia con la siguiente exclamación: “Porque en todos los seres está Tu Espíritu Inmortal”.

 

Ese Espíritu que nos inhabita,…Él no nos creó para que nos perdiéramos; y, en ese Proyecto Salvífico se incluyó Él mismo, comprometió lo que Él más ama. Como un padre o una madre no dudan en dar una parte de sí mismos, un órgano y hasta su propia vida, así Dios Padre decidió entregar a Su Propio Hijo Jesucristo Nuestro Señor para redimirnos. …“somos  insignificantes e intrascendentes” ¡Eso quiere el Malo que creamos, para sumirnos en la impotencia, para que no hagamos nada o lo que es más destructivo, para que torzamos el camino y obremos en contra de “lo que debemos”! (Una de las patrañas del Malo ha consistido en inculcarnos una reacción alérgica contra todo lo que nos suene a “deber”, su slogan es “lo único que tengo es que morirme”, no es raro, porque él sabe que ya está muerto).


¿Cuánto valemos, cada uno de nosotros, para que Dios se la hubiera jugado toda por nosotros? El Espíritu que está en nosotros y por ser Espíritu de Dios si tiene la Sabiduría necesaria que brota de conocernos hasta la médula, Él sí sabe lo que pide y sabe pedir, podemos estar seguros que pide exactamente con un pedido “hecho a la medida”. En medio de nuestra obnubilación de pecadores no entendemos el idioma Celestial con el que habla el Espíritu, para nosotros son simplemente “gemidos inefables”. En eso consiste la inhabitación por el Espíritu: Precisamente valemos tanto porque Dios despliega toda su “Hessed” en favor nuestro. Cuando se dice que somos un pueblo escogido se debería añadir: Somos un pueblo que Dios se ha escogido para amarnos. ¡Y en verdad que nos ama!

 

¡Hay que dejar que la cizaña “conviva” con la semilla buena!

Seguimos en la línea del Reino de Dios. Hay una continuidad entre la parábola del Domingo anterior y las de hoy. Se trataba de un sembrar, de un sembrador y de un sembradío. Vimos con sorpresa el Domingo pasado cómo siembra Dios, no usa las altas tecnologías de maximización del beneficio. Él siembra aventando la semilla a diestra y siniestra sin preocuparse si habrá despilfarro de la semilla, sin entrar en cálculos previos de eficiencia en el sembrado. Él no aplica ningún tipo de discriminación, lo hemos visto sembrar entre cardos y abrojos, entre piedras y en terreno áspero. ¡Sorpresa! Muchas veces, esa semilla -la menos favorecida por el tipo de terreno en que cayó- ha cargado más de treinta, más de sesenta, más del cien por ciento.


Cuando alguien cultiva, no está exento de las envidias; no nos debe extrañar que algún vecino “malvado” quisiera venir a perjudicar los cultivos y viniera a sembrar cizaña entre la “semilla buena”. Claro que el enemigo no obra abiertamente, aprovecha la oscuridad y viene de noche “mientras los trabajadores duermen” (por eso en varias partes Jesús nos recomienda que velemos y estemos alertas, y en otra parte - nos reprochaba que no pudimos velar ni una hora con Él Mt 26, 40b). ¿Qué hacer con la cizaña?“¿Quieres que vayamos a arrancarla?” preguntan los discípulos. Siempre hemos intentado separar, segregar, discriminar, descartar, ir a arrancar precipitadamente lo que el enemigo intruso vino a plantar; pero Jesús nos corrige, ¡Dejen que crezcan juntas!

 

La justicia consiste en dar a cada uno según sus merecimientos. Pero nosotros somos débiles, y el Señor nos conoce mejor que nosotros mismos.  Para el Señor, que tan perfectamente nos conoce, no es ninguna sorpresa el que los débiles sean débiles, el que la arcilla sea arcilla. Él lo sabe estupendamente bien, porque nos ha creado, porque nos sigue a cada instante. Lo sabe. Sabe que en esta tierra de los hombres hay mucha más debilidad que malicia. Que, en la raíz, lo que hay sobre todo es debilidad. Y el Señor nos ve siempre por la raíz…[2]

 

La paciente espera frente a la cizaña que crece entreverada con el trigo proviene de la Paciencia Misericordiosa de Dios con los pecadores, a quienes da abundante plazo para corregirse, el plazo también es Gracia y nuestra paciencia es hija de su Misericordia; la parábola de Jesús explicita mucho mejor la Misericordia: “al arrancar la cizaña puede llegar a ocurrir que también ἐκριζόω[3] [ekrizou] “arranquemos” el trigo” (Mt 13, 29).

 

¿Qué debemos hacer? ¡Vivir reconciliados! Permitir la coexistencia, no pasivamente, no dejando a la cizaña crecer a sus anchas, sino oponiéndole resistencia. Hay que velar y resistir: A esta perseverancia la podemos catalogar de resistencia activa. ¡Ojo! No podemos permitirnos una resistencia pasiva, no podemos abandonarnos al dolce far niente, el tema de la fe no es el tema de la modorra y la pereza ¡Hemos de ser diligentes!

 

La resistencia está conectada con los “ritmos de Dios”. Uno de nuestros aprendizajes está orientado a sincronizar nuestro reloj vital con el Reloj de Dios. Hay que ajustarse a la “cadencia” divina. Nada de desespero, nada de angustias, paciencia (no pasividad). Vienen entonces dos parábolas breves que ilustran este tema: Cuando se siembre la semilla de mostaza, aun cuando sea minúscula llegará a ser arbusto habitable para pájaros, no para uno sino para una pluralidad de ellos (Comunidad), puesto que el arbusto no será diminuto, sino de amplio ramaje. Pero de semilla a arbusto hay un tiempo, el tiempo de Dios, tiempo de paciencia, de espera vigilante. Otro tanto pasa con la levadura, se mezcla con el triple de harina, y -los panaderos lo saben- ¡no hay que meterle prisa sino concederle su tiempo!

Hay una razón muy profunda para esta benevolencia paciente, nadie puede presumir de santidad, ni siquiera los que después serán canonizados, la vida es una oportunidad maravillosa para vivirla en perfección, procurando enderezarnos a diario del barro; y, tampoco, nadie es perfecta e irreversiblemente malo que no merezca la coyuntura de abandonar ese pasado y hacerse a un proceso de metanoía. Ese es el trasfondo de Su Misericordiosa Paciencia.

 

«Jesús quisiera que fuéramos como Él. Esto significa dejar el puesto del conductor y dejar que el plan de Dios se desarrolle, desempeñando nuestra pequeña parte con iniciativa y energía, nunca asignándonos ni por un momento el papel del supervisor, que pertenece sólo a Dios. Es el Reino de Dios, no el nuestro; apenas sembramos y regamos, pero es Dios quien hace que las cosas crezcan (1Co 3, 6).»[4]

 

 



[1] Romero, Oscar Arnulfo HOMILIA XVI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (23 de julio de 1978)

http://www.servicioskoinonia.org

[2] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER Ed. Sal Terrae Santander–España. 2ª ed. 1985 p. 107

[3] Quisiéramos llamar la atención sobre el verbo griego ἐκ-ριζόω (sin raíz), arrancar por la raíz, quitarle la raíz; quitarle la raíz al trigo, en el contexto de la parábola, nosotros lo entendemos como privarlos de su fe; si arrancamos la cizaña, ¿qué creyente podría sostenerse en su fe? o ¿quién podría sentirse atraído por una religión así? sería un “anti-testimonio.

[4] Casey, Michael. PLENAMENTE HUMANO PLENAMENTE DIVINO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2007 p. 113. 

viernes, 17 de julio de 2026

Sábado de la Décimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 

Miq 2, 1-5

La urgencia de avanzar en la edificación del Reino de Justicia

Una de las pesadillas de Miqueas fueron los falsos profetas… el falso profeta es interesado y cobarde, porque cede a los deseos y caprichos de sus oyentes; el profeta verdadero es desinteresado y valiente, porque está investido de una fuerza superior. El desinterés es condición de valentía. Dios no quiere halagar, sino denunciar para convertir.

Luis Alonso Schökel

 

Hoy damos inicio a un brevísimo cursillo -un curso relámpago, con sólo tres sesiones; sobre el profeta Miqueas. En este profeta, del reino de Judá, de origen campesino, proveniente de Moréshet​ una pequeña aldea de la fructífera llanura de Sefelá a unos 30 kilómetros al suroccidente de Jerusalén, encontramos, un sentido de continuidad con relación al proto-Isaías, podríamos -inclusive- visualizarlo como un discípulo. Se trata de un profeta de denuncia social, que apunta su dedo acusador hacia la expoliación de tierras y plantíos, le denuncia de los aparatos de explotación (estructuras de poder) y la corrupción imperante.

 

Son ejes de su denuncia

a)    Los abusos

b)    La violencia como recurso de explotación

c)    La exacerbación de la pobreza: proceso de pauperización

d)    El atropello del campesinado.

 

La perícopa de hoy denuncia a los que traman crímenes y planean acciones pérfidas. Dice que se acuestan a urdir sus insidias y madrugan a implementarlas. Luego señala -desenmascarando la expoliación de las tierras- que desean los campos y las casas y se adueñan de ellas. Se concentran en hacer blanco a los cabezas de familia para clavar en ellos el colmillo explotador.

 

El Señor no se queda indiferente, y declara por boca del profeta que también Él ha pensado como corresponder, con su Brazo, a tanta felonía, y les advierte que les van a sobrevenir “malos tiempos”. Los tiempos de vacas flacas no se deben a contingencias agropecuarias sino a la ruptura de la Alianza. Nosotros solemos interpretar estos fenómenos de escasísima productividad como avatares climáticos y nos gusta achacárselos a la lluvia o a la sequía, a los vientos y a otros diversos fenómenos atmosféricos antes que tener que reconocer nuestro derrumbe moral.

 

Lo que ellos han hurtado, vendrá el momento en que sea nuevamente repartido y los terrenos asignados y loteados, irán en demérito de sus propiedades, por ser posesiones mal-habidas. En la Asamblea-de-Dios, ante el Tribunal Divino, nadie las asignará ni un pobre terruño, y esa será la paga recibida por tanta iniquidad.

 

Si uno continúa leyendo encontrará que denuncia a los que se adueñan de los mantos y las túnicas, porque su campaña de despojo no se fijaba que el pobre padecía desnudez y desabrigo. También los acusa de comerse la carne de “mi pueblo”, porque el Señor se pone como גּוֹאֵל Go-el “la persona que puede tomar la justicia por su mano con el fin de vengar a quien atenta contra un ser amado, puede tratarse del pariente más cercano que tenía la responsabilidad legal y moral de rescatar a su familia, lo que incluía ayudar a su pariente endeudado liberándolo de la esclavitud, volver a adquirir las tierras familiares perdidas, o vengar su asesinato”; asumiendo la defensa del que no tiene quien los defienda.

 

El profeta dirige el ojo acusador hacia esa campaña de explotación que hace de todo un pueblo, “carne picada para echarla en la olla del puchero”. Denuncia que ellos declaran una guerra “que llaman santa”, para que les permitan llenar sus arcas y se dejan avasallar sin chistar.


Esta es una clara muestra de la denuncia que adelanta Miqueas en su profetismo. Podemos ubicar su ministerio profético entre el 727-701 a.C. Cubriendo los reinados de Jotán, Ajaz y Ezequías.

 

Sal 85(84), 2-4. 5-6. 7-8

Estamos ante un salmo con carácter oracular. Por lo general estos salmos constan de dos partes:

-       Se pide que el oráculo sea proferido

-       Y se dicen, a consecuencia del oráculo ¿qué pasará?

 

Y, también aparece una consigna que apunta a la convicción que brota del oráculo, de que la promesa será cumplida.

 

Representa un salto en el tiempo, mientras la Primera Lectura es pre-exilica- este salmo es cuasi-post-exilico, se refiere a la autorización que dará Ciro para volver a la Patria.


Aquí el salmista descubre todas las Bondades que Dios les regala, pero observa -también- el sinfín de penalidades que los envuelven. Y se interroga si la fuetera recibida -o sea el exilio soportado- no ha aplacado aún la Ira del Señor.

 

Mirando después de estas penalidades, el salmista descubre una promesa luminosa:

“La Salvación está ya cerca de sus fieles

y la Gloria habitará en nuestra tierra”.

 

Es cierto que Dios anuncia la Paz, pero está condicionada a que el pueblo se convierta, y tiene que ser una “conversión sincera”, el salmista la llama “conversión de corazón”.

 

El salmo tiene un eje en la idea del regreso: שׁוּב [shub] "volver", en su doble acepción, ese doble sentido: volver a la patria pero, además, convertirse.

 

Mt 12, 14-21

Jesús es peligroso para aquellos que logran una buena situación a costa de la miseria de los demás.

Ivo Storniolo

Tal vez los perseguidores de siempre tenían en su pecho la opción de -usar su supuesta autoridad para acallar a Jesús- seguramente su confianza estribaba en ir paulatinamente debilitándolo hasta arrinconarlo en el silencio.


Contra ese supuesto, Jesús iba adelante. En el evangelio de ayer vimos que lo arrinconaban para tratar de obligarlo a asumir un “irresponsable e inhumano respeto del sábado”. «Al reducir el sábado a una casuística de lo permitido y de lo prohibido, se cierran los ojos ante la realidad del sábado. No es el culto con todas sus prescripciones lo que tiene que ser la medida, sino la misericordia, la piedad, lo que da consistencia al compromiso del hombre en la acción de Dios» (P. Le Poittevin-Etienne Charpentier). Jesús se encuentra de frente a los “falsos profetas”, manteniéndose firme, cuestiona la institucionalidad de una religión que quiere preservar la injusticia.

 

Mantiene su coherencia, pero no quiere liberar las fieras para acarrear su fin; al contrario, hay una especie de retirada, de pausa, en su petición de que no lo pusieran en evidencia por haber sanado a muchos. Para Jesús, esto no se trata de una campaña promocional de un detergente en caja, mucho menos de gritar consignas a tono con los intereses de los poderosos.

 

Pese a lo cual, sus maneras, su tono y su acento son los de la mansedumbre. Se aúnan la gentileza con la suavidad. Nos queda claro que nuestro estilo, que heredamos de Él, está exento de toda violencia, de cualquier amenaza y de cualquier prepotencia. Por el contrario, nuestra manera ensambla la comprensión y la paciencia.

 

Nuestro anuncio no se parece al de los comerciantes que fundan todas sus ventas en la repetición rabiosa y desesperante de su propaganda; por el contrario, confiamos en la escucha comprensiva y en la aceptación inteligente de los que tienen su corazón ajeno a las cadenas. (Los falsos profetas -con su arrogancia- nos mandan a sentarnos porque ellos creen que son más los que viven engañados y que pueden prolongar indefinidamente su farsa).

 

Cuando dice que lo seguían muchos, esforcémonos para descifrar ¿quiénes lo seguían?: eran las ovejas que andaban sin pastor, y llegaban a la consciencia de su situación.

 

Viendo que la realidad experimentaba un recalentamiento, se retiró y se marchó de allí. Su objetivo no es su muerte, pero sabe que tiene obligaciones indisolubles con la Justicia, y que su ligazón con sus valores, está por encima de las tácticas evasivas.

 

Para una Lectura correcta de estos eventos, el evangelio mateano, liga su comprensión con un pasaje del Deutero-Isaías: 42, 1-4. Cuando leemos esto, entendemos porque Jesús se definía como “manso y humilde de corazón”. Porque Jesús da entero cumplimiento a la profecía:

a)    No lo oirán -como a politiquero de turno- dando gritos en las plazas.

b)    Es una caña debilitada, pero no la quebraran

c)    Es un pabilo con apenas una chispa, pero esa chispa se vuelve claridad indeleble,

d)    El Universo entero cifra en Él su confianza.

 

«Jesús no es el juez que viene a condenar sino el siervo humilde que cumple su misión sin gritos y dejándole a cada uno su oportunidad» (P. Le Poittevin-Etienne Charpentier).

jueves, 16 de julio de 2026

Viernes de la Décimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 

Is 38, 1-6. 21-22. 7-8

Hoy llegamos a la lección final sobre el proto-Isaías y la perícopa que nos ocupa es la penúltima de este profeta; luego viene al capítulo 39,-que es el último del proto-Isaías- y ya después, vendrá el capítulo 40 que es el primer capítulo del Deutero-Isaías.

 

Por otra parte, la estructura de este capítulo es interesante, e importante de entenderla para poderla leer con buen sentido.

 

-       Los versos 9-20 son una adición post-exilica, o sea que puede atribuirse a algún profeta de la escuela isaiana del Trito-Isaías, pero insertada aquí, en el Proto-Isaías.

-       Además, como se puede notar, después del verso 6, se han insertado los versos que ocupan el lugar de los versos 21-22; son los versos que se relacionan con el emplasto curativo que se la aplicó -en la zona afectada- a Ezequías para que se curara.

-       Después de la señal dada a Ezequías para pudiera estar seguro de ir al templo, que tiene que ver con algún tipo de reloj de sol donde la hora se medía dependiendo de a qué escalón apuntaba la sombra. Y la hora solar, retrocedió diez gradas. Entonces, Ezequías compuso un salmo de acción de gracias que está formado por los versos 10-20. Precisamente los que hemos señalado como inserción de un editor post-exilico.

 

La perícopa estudiada hoy, parece que se remite a sucesos ocurridos antes del 701 a.C. El pasaje es un paralelo con 2 R 8, 9-10 donde Elías predice la muerte de בן הדד [Ben Hadad] rey de Siria, (Aram-Damasco) entre 885 y 865 a. C. contemporáneo de los reyes Basá de Israel, Ajab (o Acab, que es otra trasliteración) de Israel, y Asa de Judá; y dónde las cosas suceden con la misma progresión del episodio de hoy.


Es, como mínimo curiosa la manera de orar que usan estos desahuciados, se colocan cara a la pared y luego le dicen a Dios las diversas maneras como han pretendido mantenerse fieles y tener derecho a pedir una prolongación de su vida; que, en el episodio de hoy, será de quince años.

 

Es una oración penitencial. 

 

Sal Is 38, 10. 11. 12abcd. 16bc

¡Qué casualidad! El salmo es la perícopa injerta del post-exilio, a la que nos hemos referido en el examen de la Primera Lectura.


¿Con qué nos encontramos? Una persona medianamente joven que se encuentra abocado a la muerte. Siente que le han secuestrado la opción de continuar en vida. Se da cuenta que no volverá a enfrentarse a Dios estando vivo; tampoco podrá -como vivo- relacionarse con sus semejantes. No va a continuar formando parte de la sociedad de los vivos.

 

Compara su vida con una carpa que va a ser recogida. Y, luego, ve la existencia como el hilo en manos del hilandero, cuando ve las tijeras -amenazantes – que se abalanzan con la intensión de cortar el “hilo de la vida”. (La imagen literaria de "el hilo de la vida" data de la Antigua Grecia, hace casi 2.800 años. Proviene de la mitología griega, específicamente de las Moiras, tres diosas hermanas que controlaban el destino de los mortales: La Moira Átropos era la encargada de manejar las tijeras; mientras Cloto era la hilandera y Láquesis era la encargada de ir porcionando).

 

Y luego, con sorpresa, descubre a Dios que -Milagroso- se presenta para preservarlo y defenderlo. Lo ha curado, la guillotina de la enfermedad ya no pende amenazante, mostrando el filo de las cuchillas. De las manos de Dios ha brotado el ánimo de su corazón. El miedo mortal se ha suspendido. Dice la antífona: cuando el alma estaba a punto de despeñarse, el Señor vino y la contuvo.

 

¡Una vez más, el Señor es un Rocío-Brillante Vital que revive, que resucita!

 

Mt 12, 1-2

La Biblia no es un código de normas cultuales o morales. Es el relato de la “pasión loca” de Dios por el hombre.

Nicolás Cabasilas

 

Cuando el Señor deja caer su Rocío-Brillante-Vital, se presentan los adoradores de los ídolos de muerte. Vienen, muy enojados- a reclamarle a Dios por qué contraviene el “orden natural”, saludan con pitos y cornetas a la muerte, piden que le abran paso y sacan a relucir una andanada de argumentos (39 obras prohibidas en sábado): dejen que la muerte haga de las suyas, ¿acaso, no han visto las películas más exitosas en las taquillas, donde la muerte danza a sus anchas? ¿es que no han valorado la amplia difusión de su acción letal en el mundo, viéndola actuar en los noticiarios y en todos los informativos?


Vieron a los discípulos del Señor, comiendo un sábado, espigas que desgranaban frotándolas entre sus manos. ¿Pero, qué es esto? ¿cómo se les ocurre priorizar la defensa de la vida, saciando el hambre, cuando lo mandado es “guardar el sábado”? ¡Son gentes que no respetan las “sagradas leyes de Dios”, que establece el sábado como día de descanso! ¡Hay que descansar, aun cuando se mueran de hambre!

 

«Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento» (Papa Francisco)

 

Está muy claro que ha sido inútil toda la enseñanza enviada por medio de los profetas. Les ha repetido hasta el cansancio que a Él no le interesa la ritualidad vestida con disfraces de “sacrificio”; que es importante saber priorizar la defensa de la vida, y que el tema del “descanso sabatino” no puede entenderse como “condena a muerte”. ¡Nadie tiene que pasar hambre con el pretexto de cierto rito, que se convierte en absurdo, si soslaya la alimentación de los que pasan hambre!

 

Repetimos los “sacrificios” sin pensar, y, le ponemos al corazón un blindaje de espeso acero, para no ser misericordiosos. Su opinión y su pensamiento son muy fáciles de resumir: ¿Qué me importa la misericordia, si el formalismo de la ley dice otra cosa!

 

Invitamos a seguir el ejemplo de Jesús, pero pasamos desentendidos por el lado del “casi muerto” que está a la vera del camino y que sólo fue socorrido por un samaritano. ¡Nada aprendimos del samaritano, más allá de llamarlo “bueno”! Jesús se escandaliza: “¿Por qué me llaman bueno?” Ninguno hay bueno sino sólo Dios.

 

Pero a continuación, nos obcecamos en llamarlo “bueno”, cogemos a palos de bolillo al que no se una a nuestro coro, pero pasamos también de largo frente a su Bondad que es la médula de su Enseñanza. Él que siempre sabía compadecerse.

 

La Enseñanza va, todavía, más allá. Les recuerda que David y sus acompañantes entraron en el Templo para comer los panes de la Proposición - (también llamados panes de la Presencia o panes de los rostros), era una ofrenda que permanecía en el קֹדֶשׁ [kodesh], en el Templo de Israel; consistía en doce panes ázimos—que representaban a las doce tribus—y se cambiaban cada sábado; solamente los sacerdotes podían consumirlos: entendamos lo que quiere decir, que hubieran comido los panes destinados a Dios, o sea que se estaban parangonando con Dios, pues comieron de su Exclusiva-Comida.


Reflexionemos: ¿qué pasa con nosotros que no comemos el Pan destinado a Dios, sino que nos comemos a Dios en el que fue “pan” pero, luego, se transubstanció? ¿No quedamos elevados por encima de las supuestas “licitudes”?  La ley no puede ser la norma de la vida; la vida tiene que tomarse como la norma de la Ley. Un mundo desalmado que está patas arriba, tiene que enderezarse y volver a estar con los pies en la tierra y la cabeza para arriba: «Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un Espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, a fin de que sigan mis preceptos y observen mis leyes, poniéndolas en práctica. Así ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios» (Ez 11, 19-20).

miércoles, 15 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Quinta Semana del Tiempo Ordinario

Is 26, 7-9. 12. 16-19

La tierra que a través de las tumbas es devoradora de hombres, fecundada por el rocío y la luz celestiales, vuelve a ser madre fecunda de seres vivos.

Gianfranco Ravasi

 

Viene a nuestra memoria la imagen de una persona totalmente zambullida en el periódico. Para muchas personas, leer el periódico de cabo a rabo era algo más que una obligación moral. También recordamos “profesores” que nos hablaban de esa responsabilidad: La responsabilidad moral de estar bien enterados de cómo giraba el mundo, y de no quedarnos encerrados en nuestro provincianismo.

 

Al lado de esta imagen, está el preciso momento en que la persona levantaba la vista del “diario” y con sorpresa descubría “otra realidad”, la que estaba transcurriendo directamente frente a sí, pero que, había permanecido oculta tras el telón del “impreso noticioso”. ¡Se trata de un salto “olímpico” de una realidad a otra!

 

Bueno, esta introducción está motivada por la función social que desempeña el “profeta”: ¡hacernos levantar la vista y que podamos ver lo que tenemos ante nosotros! Y, además, desengancharnos del inmediatismo y proyectar la visión para “trascender”, que seamos capaces de contestarnos a la pregunta, ¿en dónde estamos? Y ¿para dónde vamos?

 

Está muy claro que el profeta ni cree ni piensa que él sea un adivino. Tampoco se sienta a “soñar” futuros para poner en circulación sus desvaríos personales. Está bien claro que este fenómeno, que llamamos “profetismo”, responde a la Voluntad Divina, de darnos los elementos decisivos que conduzcan a nuestra Salvación.

 

No podemos clavarnos de cabeza en una perspectiva solamente humana, ni un periódico, ni la televisión, ni las diversas pantallas que sitian nuestra vida. Para trazar nuestro derrotero y elegir entre nuestras opciones, es preciso recibir una pauta iluminadora, algo así como unos “binoculares trascendentales” que nos auxilien hacia una panorámica que se pueda enfocar y entretejer con los hilos de la Economía Salvífica. Ayer hablábamos de cómo el haz de hilos de la historia -en último término- está en las Manos de Dios. ¡Hay que tomar la decisión de levantar los ojos y mirar “más allá”!

 

¡La fe acude en nuestro auxilio! Hay elementos escatológicos que se nos prodigan, ¡Todo es Gracia! Para que tengamos un claro enfoque telescópico y podamos captar una perspectiva allende nuestras propias narices. Uno, cuando hace esta reflexión, de lo primero que se da cuanta es de nuestras limitadas perspectivas. A nivel físico, podemos usar un drone, o todavía mejor, conectarnos a un satélite para tener una “perspectiva” más amplia. ¡Eso en lo inmanente!  Pero para la mirada trascendente, ¿cómo expandir nuestra óptica?

 

No estamos hablando para nada de “bolas de cristal”, el instrumento al que hacemos referencia está muy por fuera de estas fruslerías. Se trata, más bien, del género apocalíptico que desentraña las “tendencias” y las “dinámicas internas” que germinan en el seno del trascurrir histórico: y así, poder penetrar en el eje del “devenir”, y no entender la realidad como un ir y venir caótico que en su incomprensibilidad nos arrebata hacia la desesperación, hacia la angustia.  La historiografía que anida en el corazón del creyente lo sostiene exento del desespero, porque le permite ver que hay un “Sentido” detrás de lo que está pasando que no está sujeto ni al azar, ni a la fatalidad.

 

Recordemos que la profecía le entregó a Ajaz una “promesa”, pero esta no estaba sujeta a su cumplimento al pie de la letra, sino que dependía de la “fe”, de una confianza superior, de una aceptación a ultranza para dejarle a Dios las Manos libres. Y -lo que hemos visto, nos descubre que el “haz de las fibras históricas” entreteje el futuro con la política y la lógica contextual. Ajaz optó por venderse a Tiglat Pileser el asirio -quien se declaraba “rey del universo”, asumió todo cuanto le impuso a Jerusalén. Además, ofreció en holocausto a su propio hijo.

 

Ante todo, llover sobre mojado: No es que Dios sea algún tipo de entidad vengativa. Cuando uno tuerce las leyes morales, lo que hace es una “nueva composición vectorial” que le da el garrotazo en la cabeza. No es que Dios coja el bate y juegue béisbol con nuestras cabezas, es que nosotros mismos -con nuestra demencial urdimbre- nos volvemos chiflados y cogemos el bate para tratar de hacer home run con nuestra propia cabeza.

 

La perícopa de hoy, proviene del Apocalipsis mayor de Isaías, que abarca los capítulos 24-27. Este apocalipsis toca los temas

a)    El juicio divino lleva su merecido -la demencia- a los rebeldes que dan la espalda a la ley moral que nos resguarda.

b)    La “naturaleza” -en este caso es un nombre que le damos a las fuerzas dañinas que, nos perjudicaran, algo así como pagarle a un ejército de mercenarios para que “nos dañen a nosotros mismos”- esas fuerzas que desatamos con nuestro desvarío, intervienen y se vuelcan a consecuencia de nuestra rebeldía.

c)    El “pequeño resto” se encarga de anidar en sí, el germen de la “promesa”, y garantiza su cumplimiento. Serán el equivalente de los que se salvaron en el Arca de Noé para reiniciar una “nueva Creación”.

d)    Un Gran banquete inaugurará El Reino Definitivo de Dios.

Podríamos intitular la perícopa de hoy como el “canto de la Resurrección”, la Biblia de Jerusalén lo intitula “Canto de la Victoria”. Todo lo que parecía reducido a cadáver, se alzará, reanimado por la acción de Dios que, Isaías muestra como un טָל [tal] “Rocío de Luz”, un “Rocío Luminoso” que expulsará la muerte.

 

Sal 102(101), 13-14 y 15. 16 y 18. 19-21

Se trata de un salmo Penitencial. Nadie está en una fase más desesperanzadora que quien vive en pecado. Este es un salmo de súplica. ¡El penitente ruega!

 

Es consciente que, a pesar de la ruina presente, El Señor perdura Eternamente y le pide que prontamente se Alce y muestre Su Misericordia. Tiene ante sí la Jerusalén derruida, pero es capaz de alzar la vista sobre los escombros y descubrir el Rocío Luminoso y Su Poder Resucitador.

 

Descubre -con su mirada apocalíptica- que Dios es un Dios-Reconstructor y que Sion no permanecerá en su actual estado, en ruinas.

Y deja constancia escrita, para todas las generaciones futuras, que Dios puso su mirada en Jerusalén y no perdurará como sólo escombros, sino que Dios que la Mira desde Su Excelso Santuario en el Cielo, escucha el gemido de los cautivos y libra a los condenados a muerte.

 

Dios no tiene miradas furtivas, cuando Dios obra -así sea sólo dirigiendo su Mirada- la Bondad de Su Mirada dura por Siempre. Eso es lo que declara la antífona del Salmo de hoy.

 

Tu permaneces por siempre,

y tu Nombre de generación en generación.

Levántate y ten Misericordia de Sion,

que es hora y tiempo de Misericordia.

Tus siervos aman sus piedras,

Se compadecen de sus ruinas.

Los gentiles temerán tu Nombre;

Los reyes del mundo tu Gloria,

cuando el Señor reconstruya Sion

y aparezca en su Gloria.

 

Mt 11, 28-30

Paraos en los caminos, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno y andad por él y encontrareis sosiego para vuestras almas”.

Jr 6, 16


El tema del yugo, nos lleva a la imagen del dispositivo agrícola para arar. Por medio de él, la misión de llevar el arado, no le corresponde a uno solo, sino que hay “otro” que hala y entre los dos remolcan el peso y la dificultad de ir roturando la tierra. Automáticamente, acude a la mente el “envío” que hace Jesús a sus apóstoles, para que vayan de dos en dos. ¡Aprended a conllevar la carga! ¡A llevarla entre juntos! ¡Aprended a caminar y arar sinodalmente!

 

La sinodalidad tiene que ver con un aprender a trabajar juntos, no en soledad, no en aislamiento, sino cooperando uno con otro. No necesariamente sólo con otro, pero ese es el mínimo para constituir una célula “evangelizadora”.

 

Ahora, tengamos presente que en esta parte del Evangelio Mateano que estamos trabajando Jesús ha llamado a personas que quieran venir a trabajar en la edificación del Reino, Los ha invitado a ser cooperadores, y no les oculta que ir con “otro” y compartir la tarea, implica saber “colaborar” llevando el yugo, y que no pocas veces, ir lado a lado con “otro”, conlleva roces, discrepancias, diferencias “estilísticas”, perspectivas diferentes.

 

«Pero debemos tener el corazón de los pequeños, de “los pobres en espíritu”, para reconocer que nos somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, que necesitamos de Dios, necesitamos encontrarlo, escucharlo, hablarle» (Papa Francisco).

 

El Señor verdaderamente sostiene su Misericordia y su Bondad por siempre. Jesús hoy nos muestra su Abrazo compasivo; se da un reconocimiento de nuestra fragilidad por parte de Dios, y a esa condición Él responde con su “Abrazo Reconfortante”.

 

Llama y prodiga su acogida a todos los que están agobiados y les ofrece su alivio. Alivio es comprender que el rostro del “otro” -del que nos Acompaña- siempre esconde el propio Rostro de Jesús que nos está ayudando a arrastrar el peso, la carga. (Tomemos como símil, la sociedad conyugal).

 

Dios no se apega a los cultos legalistas, que se convierten en extensas restricciones y prolijas legislaciones, excesivas en minucias y pendientes de detalles mínimos. La religión que traduce en yugo la ley, esa no es la religión que anuncia el Evangelio. En vez del farrago legalista, lo que nos encontramos al entrar en su Abrazo es la Mansedumbre y la Humildad de Su Corazón. Y la acogida del “Descanso”, que más que tregua es “Alivio”.

 

Sin embargo, no se trata de inventar mandamientos nuevos, ni de abolir las enseñanzas primeras, por eso Jeremías nos llama a “averiguar por los senderos antiguos”, porque desde el Principio Dios nos ha dado pautas para llevar el yugo cooperativamente.

 

La palabra yugo proviene del latín iugum, que se deriva del indoeuropeo yeug-, y que traduce "unir". Lo que pasa es que se le ha unido una connotación negativa de “incomodidad”, de “trabajo pesado”. Pero su significado primigenio es la “unión”. Contra una tradición farisaica, la propuesta de Jesús es la de un “Yugo liviano”. ¿Con qué palabra podríamos traducir “yugo” en el lenguaje de Jesús? ¡Nos parece que la palabra “Amor” vendría bien! Amor es una palabra que limpia y barre totalmente la connotación negativa.

 

A veces nos ha parecido que podría hablarse de “dulzura”, “afabilidad”, “ternura”, pero preferimos quedarnos con Amor. El yugo que nos propone Jesús es puro amor, sin embargo, hasta la mayor dulzura tiene sus aristas: “Las espinas tiene rosas”!!! Lo hemos oído cientos de veces (aun cuando por lo general, organizado al revés).


¡No es solamente llevar el “palo” ese, ahí maltratando la nuca! Es recordar que, la barra de madera nos une precisamente con Jesús que va del otro lado, ayudándonos a sobrellevarla con amortiguamiento de su peso. La Justicia que conlleva la construcción del Reino, también tiene sus propias talladuras: ¡Pero -con Jesús- son peso liviano y llevadero!