2 R 19,
9b-11. 14-21. 31-35a. 36
El
rey de Judá para aquel momento histórico era Ezequías. Quien vivió del 729 a.C.
al 686.a.C. y gobernó durante 29 años -es decir del 715 a.C. al 686 a.C., mientras
que otros historiadores afirman que su reinado abarcó del 727 a.C. hasta el 698
a.C. Impulsó reformas religiosas para eliminar la idolatría y centralizar el
culto en el Templo.
En
la perícopa de hoy, חִזְקִיָּהוּ [Ezequías] “Dios es Fuerte”, ha recibido una Carta, y esta
carta es el eje en torno al cual se desarrolla el relato, ¿quién es el
remitente de esta carta? Es Senaquerib, de quien diremos que fue rey de Asiria
desde el 705 a. C. hasta su muerte, en el 681 a. C., así como de Babilonia
entre 705 y 703, y nuevamente desde 689 a. C. hasta su muerte - víctima de una
conspiración- en el 681 a.C.; lo que Senaquerib perseguía en esa carta era
demoler enteramente la confianza que los de Judá tenían en su Dios, convencidos
totalmente que Dios sería el protector de sus fronteras. Hemos de añadir que
los asirios -con Sargón II a la cabeza- ya habían puesto “patas arriba” a Israel -como
vimos- acabando con el reino del Norte.
Subió
Ezequías al Templo y fue a presentarle a YHWH esta afrenta, poniendo a Dios
-como agredido- y solicitándole, con plena confianza, que fuera Él quien tomara
en sus Manos semejante insulto a su Divina Majestad y los protegiera.
Es
muy hermosa la respuesta que Dios -por medio del profeta Isaías- le da,
prometiéndole que Jerusalén no sería mancillada y que el “famoso” Senaquerib no
pondría su pie en aquella tierra que Él declaraba adornada con la promesa que
había formulado en favor de David y su linaje. En cambio, los dioses asirios
sólo eran piedra y madera. Los versos 21 a 31 contienen la profecía de Isaías,
que no se incluye en la perícopa que hoy leemos, pero que garantiza que un
“pequeño resto” surgirá y sería la defensa adecuada de la Ciudad Santa.
Afirmando que Senaquerib tendría que devolverse sobre sus propios pasos y
regresar frustrado en sus intentos contra Jerusalén y el reino del sur. Ante la
inminente caída, Ezequías y el profeta Isaías oraron a Dios. la misma noche en que
el "Ángel del Señor" mató a 185.000 soldados asirios en su campamento
hizo que Senaquerib derrotado y avergonzado, se retirará a Nínive, donde fue
asesinado por sus propios hijos.
Dicho
y hecho que esa misma noche se abatió sobre el ejército Asirio una derrota en
Laquis, -estos efectivos fueron muy probablemente barridos por una peste-, lo
que llevó a Senaquerib a levantar sus campamentos y regresar a Nínive donde se
había dado cita con las parricidas manos de sus descendientes que presentaban
ofrendas a Ereshkigal y Nergal y que lo condujeron de turismo por Kur con
boleto -como ya se sabe- solo de ida.
Para
no dejar en el aire la historia de Ezequías, vamos a añadir que después de esa
gran victoria de Judá amparada por el Señor, Ezequías se enfermó gravemente.
Dios envió a Isaías para decirle que moriría. Ante esta noticia, Ezequías oró
pidiendo misericordia y Dios escuchó su oración y envió a Isaías nuevamente con
un nuevo mensaje, que tendría quince años más de vida. Como prenda de ese
regalo Divino, el Señor hizo que la sombra del reloj solar retrocediera diez
grados, aproximadamente 40 minutos (Cfr. 2 R 20, 8-11 e Is 38, 4-8). El suceso ocurrió como una señal divina para
confirmar su sanación. Cuando el profeta Isaías le preguntó si prefería que la
sombra del reloj de sol de Acaz, (según las descripciones bíblicas, parece que
era una columna o estilete y una escalera o estructura escalonada donde la
sombra marcaba las horas) avanzara o retrocediera diez grados, Ezequías
respondió que era más difícil que retrocediera. Entonces Isaías oró y Dios hizo
que la sombra retrocediera exactamente esos diez grados.
Más adelante se verá que Jerusalén no quedó intacta de otras agresiones y que de Jerusalén solo sobreviviría el “pequeño remanente” anunciado en la profecía Isaiana. De ese “resto” brotaría el descendiente Mesiánico.
Sal 48(47), 2-3a.
3b-4. 10-11
Muy
proporcionadamente, el Salmo es un Salmo de Sion, que se concentra en la
gratitud por las Acciones Celestiales en favor de Su Pueblo y defendiéndolos de
sus poderosos agresores.
Qué se canta en el Monte Santo -Sion- sino la Grandeza de Dios, que es Digno de todas
nuestras alabanzas.
Sion en la
geografía Divina, es ya la puerta del Cielo, porque es la Ciudad que Él se ha
elegido como Morada.
Así
como Ezequiel, subimos al templo para meditar los portentos que obra el Señor y
reconocer que Su Acción y su Amorosa relación con nosotros nunca cesará. Allí hemos descubierto nuestro Tesoro, que la
Mano Derecha de Dios está pletórica de Justicia, y Su Justicia es nuestra
defensa.
¿De dónde brota tal conocimiento? Nos respondemos nosotros mismos con las Palabras proféticas que se nos han dispensado: “Dios ha fundado su ciudad para siempre”. Así lo ratificamos en el estribillo. (Al descender de nuestra cabalgadura, siempre nos apoyamos en el “estribo”, así también, cada vez que elevamos una Alabanza Salmica, hacemos pie en la antífona del salmo).
Mt 7, 6.
12-14
Aquí
tenemos que recordar que el Sermón del Monte no es la transcripción de algún
discurso pronunciado por Jesús, sino un agrupamiento, realizado por el
Evangelista, donde reúne los fundamentos de la vida cristiana. Hoy, puestos así
por Mateo, uno al lado de otros, tenemos tres puntos -emparentados
temáticamente- que Jesús nos presenta como guías, verdaderos rieles de la
existencia:
El primero de ellos nos enseña que las cosas santas no se nos han entregado para que las abandonemos, por ahí, en alguna cochera (cercado donde se agrupa a los cerdos). ¿Y esto a qué viene? Recordemos que cerdos y perros eran simbólicos del paganismo. O sea, que las verdades que anuncia la “Buena Noticia” deben depositarse en las manos y los oídos atentos, de quienes tienen “hambre y sed de justica”. De otra manera, será un sembradío en tierra estéril, o -lo que con frecuencia sucede- cae en manos de los que, como los escribas y los fariseos, buscaban para acorralar e ir a denunciar al Señor, para venderlo y entregarlo.
Y
esto no niega de ninguna manera que el Evangelio es para todos, lo que pasa es
que -ejemplo esencial, no se puede dar la Comunión Sacramental, sin antes haber
vivido una verdadera iniciación cristiana. Se nos llama a invitar para ser de
la grey, y a los que oigan la llamada, catequizarlos adecuadamente, para que
puedan llegar a ser verdaderos “cristóforos”. Dulce y responsable tarea encargada
a los catequistas. Así que no hay que andar desparramando las perlas, sino
adecuar los corazones para que, dónde la semilla llegue, dé frutos verdaderos
de caridad y amor sinceros.
Y,
la tercera enseñanza nos habla de la apertura para recibir el mensaje. Se puede
tener una puerta estrecha (aquí se debe recordar que llamamos al bautismo el
Sacramento Puerta), cuando pretendemos reducir nuestra fe a “consignas” y
nuestra vida sacramental se queda limitada a los ritos sacramentales con
ninguna repercusión en la vida cotidiana. La Buena Nueva tiene que llevarnos a
una vida vivida en fe, a una experiencia de discipulado, donde las enseñanzas
de Jesús se hagan sangre y carne de nuestro propio ser y así seamos cristianos
de existencia comprometida y responsable, comprometidos con la Iglesia y
verdaderamente centrados en Jesucristo.
No
podemos desmontar la fe en Jesucristo en la idea de llevar el cabello largo
como se nos muestra en sus imágenes, o vestir con manto y capa, o en portar
medallas o estampas de santos y novenarios, escudos, o alguna otra bisutería;
sino, en vivir acordes a las verdades, los principios y los valores que Jesús
practicaba y nos dio como paradigma para su seguimiento.
Precisamente,
en el corazón mismo de la perícopa mateana que hoy se proclama está una de las
verdades fundamentales de nuestro ser de cristianos: “Todo lo que quieran que
los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos” Y Jesús añade, según la
cita del evangelio, “esta es la Ley y los Profetas”.
Y
es que la verdad de nuestra fe no es algún docto y complicadísimo estudio
teológico inalcanzable y desalentador en su complejidad. En verdad, no hay que
desentrañar desmenuzando por mínimas partículas el Evangelio, sino que basta
con atenerse a esta sólida roca que condesa todo el estudio bíblico. Dicho sea
de paso, así resolvió el Señor Jesús llevar la Ley a su Plenitud, no con un
desglose exhaustivo y haciendo de la Sonrisa Amorosa de Dios, un mar
innumerable de detalles que impidieran vivir la religión a cabalidad.
Así que, hoy se nos compendia todo en este principio anti-talión: ya no se trata de volver mal por mal, ya no tenemos que publicar extensos códigos de cómo cobrarle al prójimo las afrentas que nos hallan infringido, ni andar buscando pretextos para vivir inmersos en una cultura de la muerte; sino de vivir sembrando semillas de bondad. Por eso Jesús sintetiza su Enseñanza en el Mandamiento del Amor y desbarata todas las venganzas, en la tarea y el propósito firme de serle fiel a Dios por medio de todas las acciones de nuestra vida, y así, el verdadero protagonista de la Ley es la “Justicia del Reino” que consiste, sencillamente, en buscar para todos los demás, el mismo bien que nosotros anhelamos que nos llegue. Y nunca en trazar un plan para destruir o menoscabar al otro.






















