Ez 36, 23-28
Pedro les dijo: "
Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo
para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.
Hch 2, 38
Ayer
trabajamos una perícopa (34, 1-11) de la cuarta parte del Libro del profeta
Ezequiel. Hoy la perícopa también proviene de la cuarta parte y mañana
tocaremos el capítulo 37; y, de la Quinta Parte, que abarca los capítulos 40-48,
leeremos el sábado un fragmento tomado del capítulo 43.
El
pueblo de Judá y en particular los Hierosolimitanos, se revolcaban en la
idolatría y su pecado los atrapó sin apuntar hacia una conversión, lo que les
acarreo ser dispersados por las diversas naciones paganas que los rodeaban y
los apretaban. Y padeciendo esta deportación tan dolorosa y habiendo sufrido lo
extremadamente doloroso de la destrucción de Jerusalén y con ella la del
Templo; sin embargo, ellos no corrigieron su comportamiento, y los paganos
encontraban en eso buen pretexto para imprecar al Señor. Las malas conductas de un pueblo siempre irán
en detrimento del Dios en el que ellos dicen creer. YHWH se ve obligado a salir
a salvaguardar su Fama de Dios Bondadoso y a mostrar que es aquel pueblo infiel
el que ha quebrantado la Alianza.
Yahweh,
sale a limpiar su Nombre Santísimo. No obra así para preservar el honor de su
pueblo que ha sido infiel; sale en defensa de Su Santo Nombre, que ellos han
deslucido. Él -a pesar de identificar su indolencia- los va a congregar, los va
a reunir como un rebaño disperso y los llevará de vuelta a su tierra. He aquí
la fidelidad del pastor que persevera en sus cuidados dando cumplimiento a la
Alianza
Ese
será el primero de una cadena de actos purificadores, será una serie de
acciones Redentoras que manarán de su Bondad.
La
primera, será la purificación mediante la aspersión de agua purificadora. A
esta, continuará el cambio de corazón -el de piedra será permutado por uno de
carne- y la infusión de un Nuevo espíritu, el Espíritu propio de Dios, para que
adquieran la capacidad de mantenerse en la rectitud de los Preceptos
Celestiales.
Habrá,
entonces, por fin, cumplimiento de la Alianza; Ellos actuaran con la
consciencia de ser el “pueblo de Dios” y Dios, por su parte, reconocerá en
ellos -los que han sido purificados y han recibido el corazón de carne- a su
pueblo.
En
ese nuevo estado, voltearán su mirada hacia atrás, y al ver la vergonzosa
mancha de su pecado, se fastidiarán de sí mismos, y tendrán repugnancia de
haber caído tan bajo.
A
consecuencia de esta conversión, Israel será un pueblo fructífero y sus
cultivos serán feraces, así no tendrán que pasar hambre y los incrédulos no
usaran de burla contra nosotros.
Sal
51(50), 12-13. 14-15. 18-19
El
pecado de David con Betsabé y el asesinato que se cometió contra Urías, para
tratar de tapar las consecuencias de aquel pecado, fue una mancha que no
terminó con la vida de David, pero rebozó contra su descendencia, empezando con
el hijo que habían concebido, y siguiendo con el linaje de David, del que
Absalón fue sólo la punta del iceberg. Hemos dicho que el pecado tiene
consecuencias personales para aquel que lo comete, pero, cuando peca uno que es
“pastor”, como David que había sido llamado a iniciar una descendencia
mesiánica, las consecuencias del pecado de ese gobernante, por el gran daño que
producen en calidad de “mal ejemplo”, como “piedra de tropiezo”, para la
comunidad, entonces las consecuencias van más allá. Se escandaliza a toda la
comunidad y se normalizan conductas aberrantes. Como -mucho hemos insistido en
ello- lo que hace una figura pública-, la gente tiende a ver esa conducta -ya
no como oprobiosa-, sino como modélica y la repiten porque en su ingenuidad
creen que es el paradigma.
No basta que salgan miles de defensores, agenciando disculpas; lo que está mal no podemos, a fuerza de pretextos, tratar de teñirlo de aceptabilidad. Las falsas justificaciones, sólo conseguirán multiplicar el mal, y a fuerza de repetir un error, se inducirá a muchos otros a cometerlo. El pecado dejará de ser algo personal y se convertirá en un mal “social”.
No
podremos evitar, a fuerza de rogarle a Dios que nos perdone, que muchos sean
inducidos al error. El Señor nos regalará la creación de un corazón nuevo, y,
sin embargo -como en un juego de bolos- la bola estará echada a rodar y,
arrastrará a su paso muchos pines.
Hay
una vía de reparación, que a fuerza de tesón y mucho empeño, en algo disminuye
la falta, y es entregarse a la tarea de prevenir tratando de detener la
reacción en cadena que hemos desatado.
Muchos
tratan de crear publicidades y campañas cívicas para remendar el entuerto,
otros pagan misas y reparten estampas impresas, algunos otros organizan
conferencias y videos correctivos, pero la piedra arrojada al centro de un
pozo, inevitablemente desatará incontrolables ondas concéntricos.
Algo
que si alcanza un efecto sólidamente reparador es presentarse ante el Señor con
un corazón sincera y profundamente contrito. «Un corazón quebrantado y
humillado, Tú, oh, Dios, Tú no lo desprecias».
Al
corazón arrepentido Dios le otorga ser “bautizado” en las aguas purificadoras
de la vida sacramental y así el poder bautismal, sanador, recuperador, repara y
re-crea, como una persona nueva. El poder Redentor de Jesús -por ser Dios-
puede lograr lo que ningún acto humano puede alcanzar: Es el agua que brotó de
su Costado y que nos lavó de todas nuestras inmundicias.
Clamemos
a la Gota de Agua Recuperadora que brotó de Su Costado con el lancetazo mortal
en la Cruz, que cree en nosotros “un corazón puro”.
Mt
22, 1-14
Tenemos que producir frutos de conversión dignos
La
parábola de ayer encuentra una especie de reverberación en la parábola de hoy,
quizás en este caso de hoy deberíamos referirnos a una “alegoría”, porque cada
elemento de esta, tiene como una imagen, en su símil. Hay un paralelismo entre
cada elemento de referencia aludido: Un rey da un banquete de bodas para su
hijo e invita a todos los del pueblo, que se rehúsan asistir pretextando
innumerables ocupaciones tan obligantes que no se pueden ni trasferir ni
dilatar. Algunos, persiguen y asesinan a los mensajeros, lo que obra como
figura de los que perseguían a los primeros cristianos y llegaban a darles
muerte.
El
Rey se enojó, se puso severo, y envió tropas de soldados destructores y de
profanadores que acabaron con todo. Porque eran invitados que no se merecían la
invitación.
Entonces
el Rey dio orden a sus servidores para que fueran y reunieran a todos los que
encontraran, sin discriminar entre buenos y malos, y que repartieran las
invitaciones. Así terminaron, siendo invitados, tanto justos como pecadores.
Esta vestidura… le
pertenece al que se siente perdonado y vive del perdón.
Silvano Fausti
Uno
de los signos del bautismo es la vestidura blanca que simboliza que el
bautizando se ha revestido de Cristo y resucitado con Él, y ha
recibido una vida nueva limpia de pecado, así el Padre Celestial, al mirar al neófito
(recién bautizado), ve en él a su Propio Hijo, Puro y Santo.
Muchos
creen que aquí Mateo combinó dos relatos de distinta procedencia. Aparece un
elemento algo sorprendente, uno de los invitados que no lleva el “vestuario
apropiado para asistir a una boda”. Así que el Rey le pidió explicar esa
anomalía, ¿por qué no estaba adecuadamente vestido? y no obtuvo respuesta. El
Rey dio órdenes para expulsarlo, -amarrado de pies y manos- a las tinieblas.
La
historia concluye con una moraleja, rotunda y contundente: “Muchos son los
llamados, pero pocos son los elegidos”. Muchos experimentan la Voz de Dios que
los acoge, pero ellos, se hacen los de la “oreja gacha”.
No
basta el Sacramento sí no se vive con coherencia. El sacramento puede quedarse
varado, en un rincón sí, no hay compromiso para vivir acordes a la fe que se
confiesa. No puedo evitar recordar a un amigo que -sin saber montar en
motoneta- compró una, y fue dilatando el aprendizaje para usarla. Cuando por
fin dijo, iba a sacar el tiempo para hacer el curso, descubrió -apesadumbrado-
que ya no era más que un cachivache inútil, un arrume de óxido y moho, al estar
ahí descuidada e inutilizada, se había echado totalmente a perder.
El sacramento lo reciben todos los llamados, pero disfrutarlo, sólo lo logra quien lo vive y lo convierte en la dicha de su existencia: ¡ellos son los elegidos!


















