martes, 21 de abril de 2026

Miércoles de la Tercera Semana de Pascua


Hch 8, 1b-8

La mayor parte de Hch 8 describe o menciona su actividad misionera, primero en una “ciudad de Samaria” 88,5-13) luego en el camino de Jerusalén a Gaza (8,26-39) y finalmente “en cada pueblo” desde Azoto a Cesarea (8,40)

Michel Gourgues

Una persecución violenta a los cristianos de Jerusalén se γίνομαι [ginomai] “empezó”, “llegó”, “se desató”, “tuvo lugar”, “emergió”. Parece ser que las víctimas principales de este acoso fueron los helenistas y, posiblemente también los prosélitos. Como resultado de lo cual, se dio una dispersión por Judea y Samaria. Esta diáspora, permitió que el Evangelio se expandiera, puesto que ellos iban a su paso- anunciando la Palabra.

 

Gentes piadosas se ocuparon de dar sepultura el protomártir Esteban. Se siente que el hagiógrafo -San Lucas- quiere mostrarnos lo importante que fue el sacrificio de Esteban para la difusión de la Palabra -trascendiendo los límites del judaísmo, desbordando el legalismo farisaico y las delimitaciones rígidas propugnadas por el Templo en su calidad de autoridad religiosa-; así, la sangre de Esteban fue abono evangélico y liberador de ataduras para cumplir con la catolicidad del envío, como leíamos ayer en el Evangelio Marqueano, “… al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”. Tal vez, ellos confiaban que los judíos poco a poco se fueran dando cuenta y entendiendo, pero la violencia de este martirio, les dio la señal patente de que sus corazones estaban testarudamente obscurecidos. Saulo, por su parte -ratificando lo que acabamos de decir- acrecentaba su saña contra ellos, y practicaba “allanamientos” para conducir a la prisión, sin discriminación de sexo, a todos cuantos podía.

 

Pasamos a detallar algo de la actividad de Felipe, quien se llegó a Samaria y allí se dio a la predicación, y hacía múltiples signos; en particular, la expulsión de espíritus inmundos y la sanación de paralíticos y lisiados.



La consecuencia de estos signos -la cura de posesos, paralíticos y lisiados- fue que la ciudad se llenara de alegría. Eta perícopa de hoy ya destranca la puerta para llegar a una consecuencia natural de la ampliación del circulo concéntrico a su segundo grado de amplitud: ya no solo a Jerusalén sino, una ampliación a Samaria, concretada en el pentecostés a los samaritanos.

 

Sal 66(65), 1b-3a. 4-5. 6-7a

Este Salmo es un verdadero himno de acción de gracias. Nos invita a guardar coherencia con la diáspora cristiana -que consideramos en la Primera Lectura- y no callar el anuncio, sino hacernos portadores de la Buena Noticia contando a todos lo que Dios ha hecho a nuestro favor (Cfr. v. 16).

 

En este salmo se presenta la temática del acrisolamiento. Cómo en el entrenamiento -a pesar de su rigor, o mejor todavía, gracias a él- se tiempla nuestro ánimo, y maduramos en la fe.

 

El salmo tiene 20 versículos, de los cuales la perícopa de hoy se ha organizado con 7 versos, tres de ellos truncados.

 


En la primera estrofa nos asombramos de la grandeza de la Creación y de todo cuanto Dios ha hecho y sigue haciendo.

 

En la segunda estrofa la invitación es para ejecutar actos de gratitud y adoración perfecta. Y nos convida a ir a “presenciar” la Acción Indetenible de Dios, siempre puesto de nuestra parte.

 

Estas estrofas se tomaron de la primera parte del Salmo que tiene como propósito reconocer los portentos obrados por YHWH para sacarnos de la esclavitud de Egipto y llevarnos en el proceso de acrisolamiento de 40 años. La tercera estrofa, pues, se refiere a la trasformación del mar en tierra firme para poder cruzar “a pie enjuto”.

 

Para que tomemos conciencia de la vital tarea de proclamación y testimonio el responsorio nos llama a decir: “Aclama al Señor tierra entera”.

 

Jn 6, 35-40

Quien hace del pan, de su ser o de cualquiera otra cosa, comprendida la ley y la alianza, su propio fetiche, es como quien se enamora del anillo de compromiso y no de quien se lo ha dado.

Silvano Fausti


En estos versos empieza a cuajar una re-interpretación -que no se queda en el plano intelectual, sino que, gracias a que Jesús es Dios, salta al plano ontológico- Moisés había trasmitido un “pan” puramente “material”, un “pan” útil a palear el hambre “fisiológica”, pero infecundo para saciar el “hambre” espiritual. Jesús -en cambio- nos va a nutrir con un “pan” que quien coma de Él, no volverá a tener hambre.

 

Estas declaraciones son muy prolíficas para la edificación de nuestra fe: Jesús es -Él mismo lo declara- “el pan de vida”. Sin embargo, tenemos la gran dificultad de que el pecado haya debilitado nuestros sentidos y se hayan hecho ineptos para ver “más allá”, para saltar de la simple fisicidad. Lo tenemos ahí, frente a nuestras propias narices, como lo hemos visto en estos días, en los relatos de Encuentro con el Resucitado, y no lo reconocemos. Sólo el Discípulo amado logra darse cuenta y gritará: ¡Es el Señor! Que frente a esta declaración lo reconozcamos, no implica una automática asimilación del hecho. Ahora, hay que “digerir” esa “percepción”, debe subir de los sentidos, al corazón. El discurso que se sucede -y que la Iglesia nos invita a “saborear” estos 4 días siguientes, contados desde hoy- tiene por objeto, desbloquear nuestra incapacidad y demoler las barreras. ¡Paladeémoslo!

 

Nótese que cuando uno encuentra la fuente de donde mana el agua y el pan de vida, no quiere decir que calme eternamente su sed; uno tiene que beber e irse saciando paulatinamente, pero uno ya sabe dónde queda la fuente, así que no tiene que afanarse por el siguiente sorbo y por el próximo bocado, bastará volver a la fuente. Y continuar el proceso de beber y comer. Ya no habrá que sufrir y desvelarse porque ya conocemos al “Dueño” del origen, más aún, hemos devenido amigos suyos y podemos con confianza nutrirnos de Él.

 

«Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre “nueva”». (Papa Francisco. Evangelii Gaudium #11)

 

También en la metáfora de la amistad hay un aspecto procesal a tomar en cuenta: la amistad no hace hecha y derecha, la amistad se va cultivando, al principio es solo un “reconocimiento”, pero más adelante, se saben el nombre, los gustos, las ideas, las referencias personales, así cada día y cada vez más, se va fortaleciendo el carácter de amigos y se va ingresando en el terreno de la confianza y en la solidez del vínculo: ser cada vez más Amigos Suyos. Muchas veces la amistad se ha definido como “hermanos elegidos”. El Señor nos sale al encuentro y nos llama -por nombre propio- para que entremos en el territorio de sus afectos, hasta hacernos hijos en el Hijo, es decir hasta que el Padre nos reconozca como “familiares” precisamente a través de la familiaridad con Su Hijo. Llegando a ser, verdaderamente miembros de la familia Celestial, por un vínculo de adopción.

 

La adopción no es decisión del hijo, es Voluntad del padre que se encariña a tal grado con los Amigos de su Hijo. Pro que ya desde antes, había puesto sus Dulces-Ojos, para recibirnos en la esfera de los que se hacen familia de Dios.

 

Ya en Mt 12, 46-50 se habían establecido los dos conceptos que generaban ese grado de familiaridad y nos llevan a emparentar con Dios a través de Jesús:

­       escuchar la palabra de Dios

­       y ponerla en práctica

No vale lo uno sin lo otro. Es la unidad de estos dos compromisos lo que acredita una real amistad, y -en consecuencia- la pertenencia a la familia con tan férrea adopción que se pasa a ser verdaderamente consanguíneos, a fuer de beber Su Sangre y comer Su Carne.


Aquí ya empieza a perfilarse la figura del Pastor, que -por eso la Iglesia pasará a estudiar Domingo, lunes y martes; El Hijo-Unigénito asumirá la tarea de “pastorear”, a todos sus hermanos menores, este pastoreo no consiste tanto en llevarnos de pasto en pasto, sino -muy particularmente- preservarnos de todas las acechanzas que se ciernen sobre nosotros. Dios-Padre nos ha puesto bajo el cuidado del Hijo-Pastor, y Él se ha comprometido a no fallarle con ninguno de los que le son “entregados”, es decir, confiados. Su promesa, es que Él no descuidará a ninguno de los que El Padre le asignó, sino que a todos les dará el Elixir de la Vida Eterna, que no es otro que su propia Carne-y-Sangre: ἀναστήσω αὐτὸ ἐν τῇ ἐσχάτῃ ἡμέρᾳ. [Anasteso auto, en te eschate hemera] (Cfr.) Comparte con nosotros la fuerza de la Resurrección que Él ganó, no para escatimarla, sino para llevarla a todo el rebaño sin egoísmos, sin restricciones, sin reparos y sin envidias, con absoluta amplitud y generosidad: “Él nos resucitará en el Último Día”.

lunes, 20 de abril de 2026

Martes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 7, 51-8, 1a.

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos

Tertuliano

 

A partir del capítulo 6 se nos introdujo a un “grupo”, de siete “diáconos” -aunque el hagiógrafo no los llama así- que son helenistas, en este caso judíos de habla griega. De esos 7 vamos a particularizar -porque así lo hace el autor de los hechos, a dos de ellos: En primer término, Esteban, a quien hemos empezado a observar en 6,8, hasta 8,60 cuando muere. Encontramos entonces un breve inciso (Hch 8, 1-3) donde se menciona un antagonista del cristianismo, Saulo. Allí encontramos el verso 2 -que actúa como puente con el segmento anterior, donde se menciona el “entierro” de Esteban. Se podría decir que aquí se cierra la primera parte, la del círculo más interno y más redicido de la evangelización, limitado a Jerusalén.

 

En Hch 8,4 se da inicio al segundo círculo -este segundo circulo irá hasta Hch 9,43- en toda esta sección segunda se amplía la predicación y se lleva el anuncio a Samaría. Esto lo lleva a cabo -como iniciador- otro “diacono”: Felipe. Aquí el antagonismo corre a cargo de un tal Simón a quien se ha caracterizado, para distinguirlo de otros Simones que aparecen en el Nuevo testamento, llamándolo “Simón el mago”. Admirado con el poder que el Espíritu Santo daba a los apóstoles, Simón quiso adquirir su fuerza “comprándola”. Por eso, querer ganar el acceso a las cosas Santas por vía de compra se la ha denominado simonía: que es la compra o venta deliberada de bienes espirituales —como sacramentos, cargos eclesiásticos, reliquias o bendiciones— a cambio de dinero, favores u otros beneficios temporales. Se considera un pecado grave y constituye un delito canónico.  

 

En esta perícopa de hoy, la contraseña para la entrada, es el absurdo de “resistir al Espíritu Santo”. Hay que entender que el Señor en cumplimiento de la promesa, nos da Su Santo Espíritu, sin embargo, uno mismo puede bloquear la entrada, e impedirle que Él obre en nosotros Su Auxilio Luminoso, es como el día que sale un sol esplendoroso, y sin embargo uno se pone unas gafas pesadamente oscuras y, como si fuera poco, se pasa toda la jornada en una habitación tapiada y sin ventanas.

 

Nos invita a pasar revista a nuestros antecedentes: ¿hubo algún profeta que pudiera salvarse de nuestros acosos y nuestras persecuciones? Nos cuesta trabajo inclinarnos porque tenemos la nuca duramente rígida, allí en vez de vertebras tenemos una barra de acero, la de nuestra propia altivez: y nuestro corazón no acepta ser circuncidado, allí tenemos que ver qué significa la circuncisión para entender este reproche que les dirige Esteban a los líderes (ancianos y escribas) y a todo el pueblo en general, que se dejaba arrastrar por ellos: la circuncisión es el sello en la carne de la Alianza, la Alianza se ratifica con un sacrificio, y por tanto -según la concepción judía, implica el derramamiento de sangre. Pero, este es un símbolo externo, físico, corporal, y lo importante es cómo debe reverberar en el corazón, como renuncia a todo el egoísmo y entrega definitiva en las Manos Divinas, dicho en otras palabras, Apertura al que es completamente diferente, porque Él-Es-El-Tres-Veces-Santo.

 

Entre paréntesis, nótese que -la Ley Mosaica- prescribe que el varoncito ha de ser circuncidado a los ocho días de su nacimiento, y no dice que esperemos que sea adulto para que pueda decidir su fe.

 

En esta perícopa el Mesías es caracterizado como el Justo, observemos que la declaratoria de Esteban equipara a los Evangelizadores con ángeles, y lo son, porque esta palabra lo que indica es “mensajero” ya que la palabra griega ἄγγελος [angelos] que subyace a nuestra palabra ángel, significa precisamente eso.

 

Se ha de advertir y no se nos puede pasar desapercibido, cómo reacciona el corazón y la personalidad total de quien rechaza la voz de Dios: “se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia”. ¿Qué es esto de recomerse en el corazón”? en el texto griego encontramos la expresión διεπρίοντο [dieprionto] del verbo διαπρίω [diaprio] que significa “ser despedazado, aserrando a la persona”, o sea que lo asumían como si se les estuviera haciendo un dolorosísimo daño en sus carnes. Era una experiencia de descuartizamiento. Se podría traducir como “se hacían los profundamente ofendidos”, es decir, hacen alardes de estarles tocando la esencia de su fe y, para revestir de mayor dramatismo su asunto y justificar la violencia de la que abusaban para sostener su asesino delito. Actitud que suelen asumir todos los fanáticos de la historia. Quizás, muy sencillo y entendible, podríamos traducir “Se enfurecieron”, “se encresparon de indignación”.

 

En situaciones tan difíciles, no puede el “testigo” refugiarse en componendas y dejar su testimonio en un color rosa que no sea ni blanco ni negro. Las cosas tal como son, porque hay que ponerse del lado de Dios y no dejarse acorralar por el arma usual de los perseguidores: infundir miedo. Así que, Esteban afirmó su pie en la Gloria de Dios y declaró lo que sus ojos -en esa hora de prueba- descubrían, dijo que le era perceptible la Escala de Jacob, y al Mismísimo Jesús subiendo y bajando por ella.

 

¿Cómo actúa el que no quiere oír? Se tapa los oídos y grita tratando de, con su estentóreo escándalo, poder ocultar la verdad, dando desenfreno a todo su terrorismo. Sin embargo, todo su armamento es poco para acallar la voz de Dios.

 

También, en medio de estos “fanáticos”, no se nos haga raro que muchos despistados sean tocados, y tocados hasta el punto de cambiar de bando rotundamente. Es el caso de Saulo, que fue movido interiormente hasta tal punto, que este episodio muy seguramente cabo la ranura para que -más tarde, camino de Damasco- tuviera su Encuentro con Jesús, quien le habría de preguntar por qué se obstinaba en rechazarlo con la ignominia de ser perseguidor, en vez de darse cuenta que la fe, no era lo que tan convencido venía declarando, sino que la Verdad, había sido Crucificada para mostrar que la muerte no tiene verdadero poder sobre Ella, y que se había levantado y empezado a llenar todos los rincones del planeta. Dando inicio a una Lluvia de lenguas de Fuego que sería la oferta generalizada de Una Zarza Ardiente para todos los que quisieran aceptarla. Esta es la donación del fuego que horneará el “pan”.


Saulo digirió este martirio y vivió una rotunda trasformación, dejo de ser Saulo “Dios escuchó” y llegó a hacerse Pablo, “pequeño”, “humilde”.

 

Tenemos que vivir muy alertas para que no seamos de los que resisten al Espíritu Santo. 

 

Sal 31(30), 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17y 21 ab

Este Salmo al conectarlo con la muerte de Jesús y su Última Palabra en la Cruz, nos da una idea de cómo Jesús revive todo el tiempo su experiencia de crucifixión en todos los perseguidos por su Causa a través de los siglos.

 

Nuevamente, con los labios de Esteban, “coronado”, “victorioso”, profiere sus palabras de agonía, y otra vez clamará al Cielo para que el Padre Celestial no les tome en cuenta este pecado.


No es fácil sostenerse firme en el testimonio. Somos seres frágiles que padecemos con el dolor, el dolor es el nido de nuestra debilidad. Para remontarlo necesitamos una valentía especial que viene de Dios, que el Señor nos infunde, sólo Él puede hacernos fuertes como roca, cambiando nuestra naturaleza enclenque en la dureza de la roca. Es Dios Quien hace de nuestra débil carne un baluarte.

 

Cuando, llegada la “hora” nos confiamos a las Divinas manos, lo que estamos haciendo es rescatando la joya que llevamos en “vasijas de barro” para reconocer qué es lo Verdaderamente valioso que poseemos y, que debemos resguardar. En cuanto a la “vasija”, Dios la sustituirá con un recipiente -no ya de barro- sino de Carne Eternal. Será la Carne Verdadera, la que Él nos dio desde el Principio de su Proyecto.

 

Una vez hemos reconocido que nos asiste la fuerza de la Verdad para dejarnos como Niños confiados en las Manos del Padre, y después de dar un vistazo panorámico a la situación de “lapidación” que se nos viene encima; pasamos a mostrar nuestra gratitud porque Dios -sin duda alguna- nos asiste y nos libra de todas las conjuras humanas en contra nuestra. Tiene para nuestro resguardo un asilo blindado, es su Personal Protección.

 

Siendo así, todo, absolutamente todo, lo dejamos a su Cuidado.

 

Jn 6, 30-35

YHWH = PAN DE VIDA

Tengamos presente: Cada vez que Jesús dice en griego Ἐγώ εἰμι ἄρτος τῆς ζωῆς· [Ego eimi o artos tes zoes] “Yo-Soy-el-Pan-de-Vida”, está nombrando a Dios en hebreo: יהוה [Yahweh] “YHWH”. Se establece una igualdad, si uno pronuncia el Santísimo Nombre de Dios, está aludiendo a Él como Pan de Vida.


Hay una confusión siempre agazapada intentando engañarnos. A veces se nos dice que son detalles insignificantes, que es lo mismo. Por ejemplo, hoy, la tentación consiste en creer que fue Moisés quien nos dio el pan del Cielo, eso que nosotros ni sabíamos qué era, y que nos preguntábamos desconcertados. מָ֣ן ה֔וּא “Man hu”. ¿Qué es esto?

 

Y, sin embargo, en el sentido estricto, ese [man hu] lo hizo llover el Padre Celestial, fue Él Quien nos lo dio. Y esta confusión es importante disiparla porque el Pan que baja del Cielo para darlo al mundo es un regalo Divino, es el Nutriente Celestial, capaz de nutrir el espíritu. Si no esclarecemos esta confusión, difícilmente podremos abandonar nuestra rotunda y constante preocupación por el pan terrenal, y seguiremos atados a la esclavitud estomacal. No quedará ni un segundo para elevarnos. Cuanta gente buena, muy buena, deja de lado todos los bienes espirituales porque lo que nos debe afanar es la “yuquita”.

 

La vida que le urge al mundo entero, es la de los nutrientes Celestiales, pero ellos-que-somos-también-nosotros, seguimos ahí, encadenados, alienados, (pero claro que la alienación es intensiva porque la publicidad ha construido esa férrea alucinación), lo cierto es que la consigna que se oye repetir es aquella de ¡no sude por el pan de la mesa y verá que del Cielo no cae nada!

 

Son esos bienes que se devalúan a cero y se invisibilizan como riqueza y aporte a la sociedad: La crianza de los niños, por ejemplo, o el cuidado del hogar, por sólo citar un par de ítems y no prolongar la enumeración.

 

La vida cristiana se convierte en una apuesta arriesgada que se atreve a ir contra todas estas ideologías y es capaz de “atenerse” a la Providencia. Y ¿por qué? Porque el que se la juega toda y se entrega a la misión que Jesús le encomienda recibirá por causes insospechados de los dones verdaderos que Jesús nos hará llegar.

 

El Pan de Vida es el Propio Jesús, que en la Liturgia se nos entrega de una doble manera -que hace de Su Entrega una Entrega Total- Él se entrega en la Eucaristía como Alimento y como Palabra, y en la Eucaristía tenemos una especie de “telescopio” no visual sino trashistórico, estamos, por ejemplo, hoy, en pleno siglo XXI y podemos entrar en el espacio del Calvario, en el siglo I. Y podemos incorporarnos al Cuerpo Místico, como Miembros, al comer del Cuerpo-Sangre-Alma-Divinidad de Jesucristo.

Podríamos, al Comulgar, pronunciar como jaculatoria: ¡Señor, danos siempre de este Pan!

domingo, 19 de abril de 2026

Lunes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 6, 8-15

Inmediatamente después del episodio en el que son instituidos los 7 diáconos, viene la perícopa de la detención de Esteban. Donde el tema central es, cómo los de la sinagoga de los Λιβερτίνων [libertinon] “libertos”, acosan a Esteban y terminan por llevarlo ante el Sanedrín.

 

A veces, en la literatura, nos encontramos con algún detalle baladí, como cuando dice que “El marqués tomó entre sus dedos el tabaco, y antes de encenderlo lo hizo rodar entre sus dedos y notó que tenía un anillo de papel dorado, sujeto por una tirilla blanca en la cual estaba grabado el nombre de su fabricante y el país de origen”. Estas cosas entretienen al lector y el escritor las inserta para darle un toque de verosimilitud al relato. Cabe preguntarnos si los relatos bíblicos manejan también este tipo de triquiñuelas sólo para manipular la atención del lector y cautivarla. ¿Para que precisa el hagiógrafo la conformación de esta sinagoga? ¿Qué se puede entender detrás de este sustantivo genitivo masculino: plural “Libertos” que aquí desempeña un rol adjetivo?

 

 Los libertos eran esclavos, sujetos a su “patrón” que a veces, les concedía la libertad, como una recompensa de “gratitud” -después de muchos años de servicio-, y por lo general, cuando llegaban a la ancianidad y ya no les eran muy útiles; o bien, porque a lo largo de su vida esclava, habían logrado ahorrar para poderla comprar. Nunca llegaban a tener la misma condición de los “ciudadanos”, y sus derechos civiles estaban notablemente recortados. Estos libertos a los que se refiere en la perícopa, provenían de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia.

 

Si habían sido esclavos uno podría esperar que fueran adversos a toda crueldad y los moviera la compasión de evitarle a los demás las mordidas en la piel del látigo y/o de las pedradas, cuyo dolor ellos bien conocían. Si habían llegado a conquistar la “libertad”, debían ser caros defensores de la misma, y estar a la búsqueda y procura de la verdad por la línea argumentativa y no pretendiendo tener la verdad como un monopolio de aristocracia. Sin embargo, estos tales, muy por el contrario, lo que tenían grabada en la piel era la peor calaña de los amos que a ellos mismos los habían torturado y con cuyo dolor y sufrimiento se habían enriquecido. En vez de haberse liberado, era más esclavos que nadie y que nunca.

 

Los libertos querían polemizar con Esteban, pero ciertamente no lograban derribar sus argumentos sólidamente concatenados por la misma Gracia del Espíritu de la que era portador. Muy, pero muy significativo este nombre: Στέφανος [stéfanos] “Esteban”, en griego antiguo era “el coronado”, podemos connotar su proximidad con “el Ungido”. Y es que este estaban que nos está presentando e Libro de los hechos, es un Diacono que se ha tomado muy en serio vivir a la manera de Cristo, y esa era la corona de su existencia. ¿Qué hacía? Obraba grandes prodigios y signos; porque estaba lleno de Gracia y de Poder (Cfr. Hch 6, 8), vale la pena confrontar con Hch 2, 22, donde Pedro se refiere a Jesús, en términos supremamente similares, casi idénticos. (Luego al morir, lo veremos seguir al pie de la letra el modelo de Entrega de su Señor).

 

Al hacer la lista de los diáconos, Esteban aparece el primero (Cfr. Hch 6,5b).

 

El relato menciona, cómo los testigos en su contra, fueron manipulados con sobornos, para que presentaran lo que había dicho, de manera adulterada, para que sonara a blasfemia. En el texto encontramos una afirmación que los desenmascara contundentemente: ¡eran “testimonios falsos”! Lo acusaban de hablar contra el Templo y anunciar un cambio de las “tradiciones” mosaicas.


Empero, al mirarlo, vieron los del Sanedrín que su rostro refulgía con el brillo propio de los Ángeles. Inmediatamente, pensamos que esto debió detener su ferocidad, pero -por el contrario- agudizó el veneno de su ponzoña.

 

Sal 119(118), 23-24. 26-27. 29-30

Este Salmo está formado por 176 versos. Estos se descomponen en 22 estrofas. Cada estrofa tiene 8 versos y cada verso, de ese octeto, empieza siempre por la misma letra. El alefato tiene 22 letras, entonces cada estrofa se titula con una de estas letras, y es con esa letra que inicia cada verso.

 

La perícopa de hoy toma la última parte de la estrofa גִּימֵל [Guimel] (tercera letra del Alefato ג, aproximadamente la “g” nuestra; y que significa la Misericordia Eterna), y las dos estrofas siguientes son tomadas de דְּ [Dalet] (la cuarta letra del Alefato, que representa el sonido consonántico de la “d” su significado es “puerta”, que permite pasar, salir). La Ley es salida, nunca encierro. ¡No es una prisión!

 

En este salmo el hagiógrafo se goza con los sinónimos de la palabra “Ley”. En todos los versos encontraremos algún sinónimo suyo. Es un salmo de súplica. La Ley representa la Voluntad Divina. Pero desde el punto de vista hebreo, la ley no es un corsé, su función no es constreñir, es más bien como el guía que nos va llevando por los sitios más seguros y con las mayores hermosuras. Nuestra cultura se ha solazado en mostrar el filo represivo de la Ley, señalándola siempre como “mandato opresivo”; la Ley, a la que se refiere el salmo, es la que nos permite gozarlo todo y no irnos a dañar con algo. Observemos que dentro del salmo la Ley es שַׁעֲשֻׁעָ֗י [saya suay] “la delicia”, el “deleite”.


En la primera estrofa de la perícopa de hoy, se nos trata de un tema vital para nuestra vida moral: se podría condensar en la idea de “no vivir de lo que digan los demás”, aun cuando los שָׂ֭רִים “nobles”, “príncipes” se pongan a juzgarme, yo sólo me dejo guiar por tus Enseñanzas, Señor, que son mis únicos consejeros.

 

En la siguiente estrofa, ya de la letra hebrea Dal que significa también la “humildad” -como ya dijimos su grafía ד alude a la “puerta” con una sola jamba; ruega el salmista que, lo instruya en los mandamientos Divinos que son el “mapa”, por así decirlo, del camino a seguir.

 

Se cierra esta perícopa suplicando que le evite seguir el mal camino y -por el contrario- le dé la Gracia de cumplir Su Ley.

 

Como se nota, el cumplimiento de los mandatos divinos es algo que se hace de buen grado y no por mera aceptación resignada o a regañadientes.

 

Jn 6, 22-29

¿Qué pan buscamos?

Los invito a ser humildes, tenemos que hacer espacio a la duda no a nuestras certezas. Recomiendo buscar a Dios para hallarlo para buscarlo siempre.

Papa Francisco

Los versos 6, 22-24 nos dan una reconstrucción aclaratoria y profundizadora de lo que hemos visto hasta ahora en el capítulo 6, que empezamos a leer el viernes pasado.

a)    Jesús da de comer a 5.000 hombres.

b)    Los discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

c)    Al otro día la gente notó que no había más que una barca, y que Jesús no se había embarcado en ella con sus discípulos, ἀλλὰ μόνοι οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ ἀπῆλθον· [alla monoi oi mazetai autou apelthon] “sino que ellos se habían marchado solos”.

d)    Mientras tanto, otras barcas llegaron al sitio donde había ocurrido la multiplicación de panes y peces y al darse cuenta que ni Jesús ni los discípulos estaban allá, se embarcaron rumbo a Cafarnaúm.

e)    Cuando, por fin, dieron con Él, le preguntaron, ¿cuándo había llegado allí?, sin embargo, la intención de la pregunta era saber ¿Cómo? (porque si había sólo una barca, y no había viajado con sus discípulos, entonces, ¿qué medio de trasporte había usado?) ¡Hay muchos que lo único que quieren es la “tarjeta” con la dirección electrónica -con el código QR- para los pedidos a domicilio! Claro, ¡otros quieren saber cuánto tiempo antes hay que hacer el pedido para que lo despachen oportunamente!


¡La fe no es una palabra, es un programa de vida!

 

Jesús, -atendiendo al sentido connotativo- les habla de lo que en verdad está pasando: Ellos no lo buscan porque -atentos a los signos- se están preguntando por el sentido de este signo de alimentación, sino -lo único que les interesa- es que siga habiendo “restaurante gratuito”.

 

Aquí llega el mensaje contundente: No piensen en el pan de saciar el estómago físico, concéntrense en el Pan de la Vida Eterna. Esta multiplicación de panes y peces se ha hecho para que logremos dar el “salto mental” (metanoia), y seamos capaces de entender que nos va a hablar de otra cosa, pero que es un asunto súper importante. Y nos lo dice con todas las letras: “Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el alimento que perdura para la Vida Eterna”. 

 

El Hijo del hombre no fue enviado por Dios-Padre para que montara un negocio gratuito de “fast food”, panadería y pescadería. Él, ἐσφράγισεν [sfragisen] “le ha puesto el sello”, “le ha hecho el control de calidad y luego lo ha despachado”, “le ha impuesto el Sello de su Real-Anillo” para que venga a darnos el “Pan de Eternidad”. No coger a Dios para maniatarlo sino para entregarnos, enteros, como Él se entregó, y se entrega cotidianamente.


Entonces, sí hemos de afanarnos por este pan eternal, ¿qué debemos hacer? Es la pregunta que la gente le hace a Jesús. Él les responde: lo que hay que hacer es πιστεύητε [pisteuete] “reconocer”, “aceptar” y “poner la fe” -el significado de esta palabra es la tripleta, no uno de los tres, sino los tres en simultaneidad- al Enviado del Padre: Que aprendamos a decir de todo corazón, mirando al que traspasaron ¡Jesús, en Ti confío!

sábado, 18 de abril de 2026

GUÍA PARA UN DERROTERO CRISTIANO

 

Hech 2, 14. 22-33; Sal 16(15), 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11; 1Pe 1, 17 – 21; Lc 24, 13-35

 

 

¿Ustedes creían que mi martirio era “verso”, y mi cruz de papel? ¿Pensaban que mi cáliz era un licuado de banana…?

Héctor Muñoz

 


Empecemos nuestra reflexión de hoy rememorando las palabras de Daniel y alabando el Santísimo Nombre de Dios: “Bendito sea Dios por los siglos de los siglos, ya que suyo es el saber, y suya la fuerza; Él ordena los tiempos y los acontecimientos, da el poder a los reyes o se lo quita; da a los sabios sabiduría, y ciencia a los entendidos. Él revela los misterios y los secretos, conoce lo que ocultan las tinieblas. Donde está Él, está la luz.” (Dn 2, 20-22). El momento histórico que nos ha tocado vivir se nos antoja, de alguna manera, ser el retrato de un coloso de hierro, bronce y oro que golpeado en su base por una piedrita se viene a tierra hecho añicos. Nos tocó vivir una hora de paganismo, de idolatría, de politeísmo. Es triste pero hasta nosotros mismos hemos caído en la adoración de falsos dioses y de “becerros de oro”. «… también yo adoro a esos dioses en secreto y me postro ante sus altares. También yo busco el placer y las alabanzas y el éxito, y aun llego a envidiar a aquellos que disfrutan los “bienes de este mundo”…»[1] Pero, nada de eso debe ni tiene porque ocupar nuestro interés. Lo único que a nosotros compete es el Reino que Dios hará surgir, que permanecerá eternamente y que jamás será destruido. Nada más tiene porque hacernos temblar, nada de eso tiene porque gozar de nuestros afanes. El coloso será demolido por la אֶבֶן “piedrita”, palabra esta de origen arameo que, a nosotros nos evoca la que fue desechada por los arquitectos, pero que ha venido a ser la Piedra Angular.

 

Rechazo a los paganismos de toda laya

La tentación siempre estará presente, una especie de dilema, de bifurcación de la vida: o bien mantener la fidelidad al Señor Nuestro Dios o bien, tomar la ruta del paganismo; el paganismo con sus múltiples rostros y sus diversas denominaciones. Cuántas veces no encaramos el dilema cuando vemos a Dios –a simple vista- como un derrotado, cuando nuestros ojos no alcanzan a descubrir su Presencia, cuando nuestro corazón se siente frio y desamparado, cuando nuestra propia vida atraviesa el Huerto de Getsemaní; entonces, la tentación es desistir de la fe; si Dios (aparentemente) nos ha abandonado, entonces, abandonémoslo nosotros también. Siempre nos sorprenden las miles de personas que van de denominación en denominación, de iglesia en iglesia, de un culto a otro, o que optan, como gran solución –para desistir de la búsqueda- por arrojarse en los brazos abiertos del agnosticismo, del ateísmo. Existen demasiados paganismos en la actualidad, no sólo la diversidad de “cultos” sino también el paganismo materialista, la adoración del dinero como panacea, aunque este culto se solape tras el argumento de que no es dios pero todo lo puede y ¡qué bien se vive con él!; la droga y el alcoholismo están en el grupo de los paganismos, como también lo están los súper-héroes que se presentan como los verdaderos salvadores con sus fórmulas seudo-redentoras que –todo lo destruyen, todo lo destrozan (aun cuando ahora está de moda que “no matan a nadie” sino que los neutralizan, entregándolos a la policía o conduciéndolos a prisión), nos ofrecen salvar el mundo y llevarse la maldad a “otra dimensión”, a “otro planeta”. Otras formas de paganismo presentan la ciencia o los avances tecnológicos como nuestros salvadores, confiándoles a ellos y a sus gadgets la salvación del mundo, la redención de todo nuestro aburrimiento y el logro del nirvana donde todas las emociones fuertes sean llevadas a su apoteosis.


En esta apuesta al paganismo, con sus tintes politeístas, se zambullen los publicistas para proponernos cada artículo y cada producto que a ellos les comisionan promocionar, ofreciéndolos como las “llaves” que franquearían el acceso a esas beatitudes. Hasta la salsa de tomate, pasando por los pañales y los perfumes, desodorantes y lociones, se ofrecen con la promesa de llevarte a “un cielo de placer”. Y, colateralmente, ofrecen también redimirte de un supuesto tedio que parece colmarlo todo, en una cultura de la muerte, que todo lo tiñe con su tinte de hastío, de hartazgo, de bostezo y de aburrimiento, sin mencionar que para contrarrestarlos se proponen a más de las emociones llevadas al clímax, el grito, la amoralidad y el riesgo llevado al extremo. Los antídotos que se nos proponen son los del extremismo y el paroxismo.

 

Todas estas alternativas se subsumen en las salsas de la evasión. Irse, partir para otro lado, armarse otra familia, buscarse otros socios existenciales, si este no me satisface aquel otro… tal vez; si en esta ciudad no soy feliz, quizás si viviera en el extranjero; hasta las vacaciones se nos promocionan como formas de evasión, como oasis de escapismo. Quizás era la misma fórmula la de los dos de Emaús (en hebreo: חמת [Hammat] – a 10,4 Km. de Jerusalén): su propuesta era darle la espalda a todo aquello que se había venido abajo como un castillo de naipes: ¡valiente Mesías! “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel… y sin embargo, han pasado ya tres días….” Lc 24, 21b; ¡tres días, tres días significa que ya está recontramuerto!, o  sea,  la derrota total, ¡ya no hay esperanza!

Si nos ponemos en los zapatos de los dos de Emaús, los podemos comprender, ellos habían depositado todas sus expectativas en Jesús como sucesor de David; lo  esperaban como Mesías-caudillo que los liderara para ser una nación soberana, para expulsar a los romanos, para no tener que pagarles tributos, para mejorar su nivel de vida, para conquistar otros pueblos y convertirse en una nación poderosa. Cualquier coincidencia con las expectativas que nos inducen los medios de comunicación del mundo actual sólo prueba que la fragilidad humana, su concupiscencia y sus debilidades han venido siendo las mismas a través de la historia y que lo que cambia son las maneras como son manipuladas por el Malo para inducir nuestro perjuicio.

 

El salmo de hoy (un salmo de huésped de Dios, de un levita, cuya heredad es la de, aunque sin tierra, poseer y tener derecho a la parte en todo lo que le ofrenden al Señor), nos remonta a esta situación de paganismo, entre dioses y señores de la tierra, de múltiples estatuas y a los que les ofrecen “libaciones sangrientas”.

 

Cristo-centrismo y pedagogía de Jesús

Señor Jesús, haz que comprendamos la sagrada Escritura. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas.

Cf. Lc 24, 32

 

Cristocentrismo es una invitación para poner a Jesús en medio de todo, de manera que sea el centro en torno al cual gira nuestra existencia. Existen cosmovisiones geocentristas, heliocentristas, egocentristas, plutocéntristas, pero nosotros proponemos como eje de nuestro sistema a Jesucristo.


Aun cuando estos dos de la historia van pensando que Dios los abandonó y que la muerte de Jesús significó la derrota total, Jesús (que es el mismo Dios) viene y se pone a su lado, y camina con ellos. ¡Es Dios-con-nosotros! ¡Qué manera de desmentir su desespero! Dios no nos abandona, ¡camina a nuestro lado!

 

Nos encontramos con un retrato de Jesús trazado por sus propios discípulos: «Un profeta, poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros ἄρχοντες [archontes] “jefes”, “magistrados”, “gobernantes”, “príncipes” para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron».

 

Y, a continuación, la imagen que atesoraban en su corazón, las expectativas que tenían respecto a Él: «Nosotros esperábamos que Él iba a λυτροῦσθαι [lutrousthai] “liberar”, “redimir”, “rescatar”, “pagar el precio” por Israel» (Lc 24, 21)

 

A nosotros nos hace mella la propaganda anti-Jesús porque la esparcen a toda hora… «… el Ministerio del Interior acaba de dar un comunicado donde se afirma que varios maleantes robaron el cuerpo del mencionado delincuente, Jesús, precisamente para poder confundir y engañar a la opinión pública, informando que ha resucitado. ¡Hay que ser caraduras para largar semejante versión desestabilizadora!»[2]


El problema está en que nuestros ojos (los que tenemos en la cara) no son capaces de verlo, (cfr. Lc 24, 16). “están velados”, la expresión en griego significa “mantenerlo a uno en incapacidad de ἐπιγνῶναι [epignōnai] “conocer” o de “reconocer” (del verbo ἐπιγινώσκω [epiginóskó], que es un conocer por medio de una relación personal, digamos como por experiencia propia”. Después de vivir toda la experiencia, que desemboca en la “fracción del pan”, lo reconocen y toman conciencia que ya lo habían intuido con el corazón: “Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino, y nos explicaba las Escrituras” (Lc 24, 32).


Revisemos cuál es la pedagogía de Jesús: Les explica las Escrituras, pero tomándose a sí mismo como referente de esas Escrituras: “… les explicó todos los pasajes de las Escrituras que se referían a Él” (Lc 24, 27).

 

Si tuviéramos que explicar el cristocentrismo de las Escrituras tendríamos que partir de aquí, de la pedagogía de Jesús, todo cuanto está escrito en ellas, desde Moisés hasta los profetas, permanece “velado”, “alienado” (veräußern [feraisern]), necesita que sea διερμηνεύω [diesmeneuo] “explicado”, “interpretado”, “traducido (con una lógica adecuada) a la Luz de Jesucristo (porque Él es la Luz) Él es quien Re-vela”.

Tomemos un caso: En Dt 18, 15 leemos “El Señor su Dios יָקִ֥ים [ya quim] “suscitará” de entre ustedes un profeta como yo, y deberán obedecerlo”. Este es el verbo hebreo קוּם [qum] “levantar”, “hacer que se ponga de pie”, “hacer surgir”; el significado que le atribuye San Pedro es “Lo Resucitó”, así lee la cita bíblica desde un enfoque cristocéntrico. ¿Por qué se usó “suscitar”? creemos que, por razones filológicas, porque suscitar viene del latín suscitāre, que significa "levantar", "hacer levantar" o "promover".

 

Otro tanto encontramos en el Salmo de hoy, es el salmo 16(15) -este salmo, originalmente, cantaba las victorias de David, en sus versos 9-10 leemos: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonaras en la región de los muertos ni dejaras a tu fiel conocer la corrupción”. Muy adecuado para entender la coherencia de Dios con su Hijo-Fiel a quien preservó, con la Resurrección, de no llegar a descomponerse.

 

¿Qué pasa cuando leemos las Escrituras a la Luz de Jesucristo el Resucitado? (si, recordemos que es “el muerto” pero Resucitado; repasemoslo en la Primera Lectura, de los Hechos de los Apóstoles: “… a este Jesús Dios lo resucitó…” (Hch 2, 32a) aquí el verbo que se usa para “resucitar” significa “levantar” de entre los muertos, es el verbo ἀνίστημι [anistemi]. Inmediatamente ¡se nos abren los ojos y Lo reconocemos y hacemos conciencia de que su amor nos arde en el corazón mientras Él nos habla!



…y descubrir que todos los fonemas

son mágicas señales que se entreabren,

constelación de soles generando

en círculos de amor que de repente

se abren flor en el suelo de la casa.

A veces ni hay casa: apenas suelo…[3]

 

Miremos una vez más las etapas de esta Pedagogía que Jesús  nos enseña por medio de la perícopa evangélica que nos ocupa:

 

a) Él toma la iniciativa, como dijera Papa Francisco, nos primerea, se pone a nuestro lado y camina con nosotros.

b) Nos escucha, se interesa por saber qué nos pasa, nos atiende pacientemente para ver lo que nos aflige y saber cómo lo entendemos; cómo vemos nuestra realidad, nuestra historia.

c) Nos reprende, nos hace reaccionar, caer en la cuenta de nuestra cortedad y cerrazón, de nuestra dureza de corazón para aceptar las enseñanzas de Dios, que Él nos ha trasmitido a través de sus profetas.

d) Nos διερμηνεύω que hemos traducido como “explicar”, “descifrar”, “interpretar”, “traducir” -pariente cercano de nuestra palabra hermenéutica”. En el Salmo se reconoce que Dios nos instruye a todas horas, aun cuando estamos dormidos, nos instruye internamente. Nos ayuda a interpretar asistiéndonos con una lógica distinta de la que habituamos.

e) No nos obliga a aceptarlo, hace como que se va, y sólo cuando le insistimos acepta quedarse. Por lo tanto, hay un requisito, que nosotros lo “invitemos”: “Quédate con nosotros porque ya es tarde y pronto va a oscurecer” Y sólo en ese momento Él entra y  se queda. En este punto el verbo en relieve es el verbo μένω [meno] “permanecer”, “quedarse”.

f) La Revelación “Eucarística” que está formada por cuatro elementos: 1) Tomar el pan 2) Pronunciar la bendición 3) Partir el pan 4) Para Compartir.

 

El paralelo más fiel con esta escala de seis peldaños es la Eucaristía y sus momentos:

 

“nos impulsa a seguir adelante, a salir del sentido de la derrota, a hacer rodar la piedra de los sepulcros en los que a menudo encerramos la esperanza, a mirar al futuro con confianza, porque Cristo ha resucitado y ha cambiado el rumbo de la historia”.

Homilía de Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2023

 

«La RESURRECCIÓN del crucificado muestra que, morir, así como Jesús murió por los otros y por Dios, no es un sin sentido. La muerte anónima de todos los vencidos de la historia por la causa de la justicia, de la apertura y de un sentido último de la vida humana, encuentra en la resurrección de Jesús su clarificación. Ella tiene una función de liberación de un absurdo histórico»[4].

 

El aspecto clave de esta Lectura del Santo Evangelio Lc 24, 13-35, radica en que aquel par de desmotivados, de desmovilizados, desertores, estos también se habían separado del “grupo”, se habían desgajado de la “comunidad” igual que Tomás-Dídimo; inmediatamente, regresaron a Jerusalén a reunirse con los otros Discípulos, y con la comunidad creyente para seguir adelante. La pedagogía de Jesús-Resucitado los recobró para la misión, los rescató del desaliento. Les participó la resurrección puesto que el ánimo que en ellos ya estaba muerto, resurgió renovado haciendo de ellos germen nuevo de Nueva Humanidad.


Aportamos una recomendación muy especial para vivir cada experiencia Eucarística, cada Encuentro con el Resucitado: «…llegar a tiempo para poder tener de verdad ese momento de preparación, en el cual no deberíamos mirar sin necesidad para un lado y para otro, ni pensar en cosas inútiles, ni ojear vanamente un libro (o el teléfono-móvil), sino que deberíamos concentrarnos y serenarnos interiormente. Sería todavía mejor que ya en el camino hacia la iglesia nos recogiéramos un poco: en efecto, vamos a la celebración sagrada, así que el camino mismo hacia allá podría volverse una preparación del recogimiento, una introducción, en cierta medida en, la cual se anticipe lo que viene… quisiera decir que el preámbulo del silencio sagrado comienza realmente desde el día anterior. Según el sentido de la liturgia, la vigilia del sábado hace parte del domingo. Si a ello le sumáramos, quizá después de una lectura adecuada, un pequeño lapso de recogimiento, podríamos sentir pronto el efecto al día siguiente.»[5] «Cuando vayas camino de Emaús, aunque sea a la parroquia, a cuatro cuadras de tu casa -o más cerca-, acuérdate que el Señor da ardor a tu corazón cuando te habla. Y recuerda también que cuando parte contigo su Pan, se hace Luz en tu inteligencia y podés reconocerlo. ¿No te das cuenta de que cuando hay un calorcito en tu interior, es Él, el que con su Palabra está avivando el fuego del hogar?[6]

 

En el verso 26 encontramos el verbo δεῖ conjugado en la tercera persona del singular del indicativo activo ἔδει [edei] “algo que indefectiblemente tiene que ocurrir, algo que es “absolutamente necesario”, “indefectible”, “es necesario”, un “tener que”. Nosotros nos imaginamos como unos “nodos” por donde necesariamente debe pasar la historia. Habrá muchas cosas que, el ser humano “opte” hacer o dejar de hacer; sin embargo, -en la economía salvífica- encontramos “hechos seguros” que están absolutamente por fuera de nuestro arbitrio. No se trata de “predestinación”. Se trata de la Voluntad Salvífica y Misericordiosa de Dios que nos acompaña Paternal. Estos nodos son inapelables.

 

Él mismo se llega a ti, llama a tu puerta y basta con abrirle el corazón para que entre. Se pondrá a nuestro lado para explicarnos todo lo que estaba profetizado y se tenía que cumplir. Y nos recuperará de nuestros temores y desalientos.


“Me enseñaras el sendero de la vida, me saciarás de gozo en Tu Presencia, de alegría perpetua a Tu Derecha” (Sal 16(15),11)

 



[1] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS. Ed. Sal Terrae Santander-Navarra. 1989 p. 34

[2] Muñoz, Héctor. DE ALGUNAS COSAS SUCEDIDAS CAMINO A EMAÚS. En CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo Bs As. – Argentina 2004 pp. 169

[3] De Mello, Thiago. CANTO PARA LOS FONEMAS DE LA ALEGRÍA

[4] Boff, Leonardo. LA FE EN LA PERIFERIA DEL MUNDO. En TEXTOS SELECTOS Ed. Paulinas Santafé de Bogotá. D. C. – Colombia 1992 p. 94

[5] Guardini, Romano. PREPAREMOS LA EUCARISTÍA. Ed San Pablo Bogotá-Colombia 2009. p. 9

[6] Muñoz, Héctor. Op. Cit. p. 171