miércoles, 14 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


Ef 1, 1-10

La gracia hace pensar en cariño, ternura, afecto, amabilidad, gratitud y otras características de Dios que es Padre y Madre, La paz (Shalom) es la plenitud de la vida para todos, consecuencia de la gracia y lazo de nuevas relaciones entre las personas.

José Bortolini

Abrimos hoy un cursillo sobre la Carta a los Efesios. Este estudio nos ocupará todos los días que restan del mes de octubre -exactamente, hasta el jueves 29-, para un total de 13 encuentros, donde la Primera Lectura provendrá de esta Epístola.

 

Éfeso se disputaba con Pérgamo, cuál de las dos era -para esa época- la ciudad de Asía más importante; era un puerto comercial clave, centro intelectual y, también religioso; situada en la península de Asía Menor, en territorio de la Actual Turquía. Recordemos que en Éfeso estaba una de las siete maravillas del mundo de aquella época, el Templo de Diana (Artemis) para muchos era la mayor de las siete maravillas, esta deidad mítica era hija del dios Júpiter y la titánida Latona y que, además, tenía un hermano gemelo: el dios Apolo.

 

San Pablo evangelizo allí y logró constituir una de las comunidades cristianas más admirables, donde estuvo en varias oportunidades y pasó más de tres años. Valga anotar que en los manuscritos más antiguos que se han encontrado de esta Carta, no se hacía ninguna mención de Éfeso; solo en manuscritos más recientes, datados en el siglo II, aparece el prólogo donde se la nombra.  Otra curiosidad es que Pablo, en otras cartas nombra a los conocidos y amigos que había dejado a su paso por las ciudades a las que les escribía, en esta Carta, en cambio, él no nombra a nadie que procediera de allí. Es posible, que la Carta fuera otra circular (Encíclica), destinada a leerse en todas las Comunidades Cristianas de la zona, donde se iba pasando -de mano en mano- para darle lectura pública y ser llevada a otra comunidad. Esta carta tiene un vocabulario distinto y una teología diferente y, también los asuntos tratados tienen una mirada diversa. Vistos estos rasgos se puede sospechar que tiene una datación posterior y habría sido remitida bien entrada la segunda parte del siglo I.

 

Mirada comparativamente, se puede emparentar con los rasgos de la Carta a los Colosenses, donde se puede llegar a percibir cierto calco.

 

Podemos agruparla, así se ha hecho, con las Cartas a los Filipenses, a Filemón y a los Colosenses integrando este conjunto en las llamadas Cartas desde la Cautividad. Hay quienes piensan que esta es la Carta a Laodicea que San Pablo menciona en Col 4, 16.

 

El tema central es la Iglesia de Jesucristo, vista desde la óptica de ser su Cuerpo Místico. La Iglesia abarca a la humanidad, y la presenta como la esposa de Jesucristo. Se insiste en la unidad, basada sobre el hecho de que hay un solo Espíritu, Un solo Señor y Un solo Dios-Padre (Cfr. 4, 3-6). Sin embargo, por la guillotina del pecado, el cuerpo fue decapitado de su Cabeza -que es nuestro Señor Jesucristo.

 

Intentemos proponer un mapa para navegar en la Carta:

El saludo (1, 1-2)

      I.        Exposición de la soteriología de Dios. (1,3 – 3,21) bloque doctrinal y expositivo

    II.        Exhortación para vivir el seguimiento cristiano. (4,1 - 6,20)

Despedida (6, 21–24) Exhortándolos a vivir conforme al llamamiento recibido

 

La Carta a los Efesios enfoca la Iglesia como un misterio Salvífico. Cuatro bloques, solamente. La perícopa de hoy contiene el saludo y una alabanza a Dios por su obra Salvadora.

 

En el saludo, San Pablo se presenta como “Apóstol” de Cristo Jesús, ese título venía a significar algo así como “el Emisario” o “el Embajador”. Afirma dirigirla a los “Santos”, lo que en aquel contexto significaba “los bautizados”. El versículo 3, es bien usual en nuestras liturgias y no sería raro que lo supiéramos de memoria. Vale la pena encender el reflector sobre las palabras “gracia” y “paz” con un lente arqueológico -como solían hacer los filólogos- porque son palabras que han sufrido una evolución y que actualmente significan otra cosa. Por ejemplo, la gracia, remarcaba que se recibía con carácter de “gratuidad” no es ni paga ni premio de ningún buen comportamiento o acto piadoso, es por la pura y excelsa Generosidad de Dios. Es “Don incondicionado”. La paz, de la que se habla aquí, se refiera a la armonía que se teje entre Dios y todas sus criaturas. Son los bienes supremos y los más anhelados que se puedan pedir.

 

Entramos en una “doxología”, un admirable himno de alegría, alabanza a la divinidad, esta palabra técnica significa “glorificación”. Notemos que la fórmula aquí propuesta es Trinitaria. La parte referida al Espíritu Santo ocupa los versos 13-14, que están incluidos en la liturgia de la Palabra de mañana; y, el sábado continuaremos empezando en el verso 15. Por eso, los vamos a insertar aquí:

 

«En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria».

 

Nótese el tinte doxológico que lo tiñe.

 

San Pablo se acoge a esta Gracia y Paz para suplicar la entrega de esas bendiciones que Dios preparó desde siempre para nosotros. Esa remesa despachada en virtud de nuestra elección tiene unas “razones” -en número de cinco- que el Apóstol de los Gentiles va a enunciar a continuación:

 

1)    Antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos e intachables.

2)    Ante Él, por el Amor.

3)    Llamados a ser hijos por adopción

4)    Nos ha destinado según el beneplácito de su Voluntad

5)    Llamados a ser “redimidos” por su Sangre.

 

“… tiene, evidentemente, dimensión trinitaria. Todo parte del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, se realiza en Cristo y se consuma en el Espíritu Santo.” (José Bortolini)


Estamos decapitados: un cuerpo sin Cabeza, pero el Plan Divino consiste en re-capitularlo todo y a todos -así en el Cielo como en la tierra- en Jesucristo.

 

Sal 98(97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga.

 

No permitas Señor que hagamos de esta Salmo un disfraz de postergación para tu Reinado. Que el hecho de que nos cueste identificar en las plántulas de tu Reino su Gloria, no sea pretexto para declarar que le faltan muchos siglos todavía para cuajar y convertirse en nuestro medio-ambiente, en Tu Edén.

 

¿En qué consiste esta Carta a los Efesios? En que el Señor nos Revela su Plan Salvífico. Lo vamos a repetir cinco veces en este Salmo. ¿Cuál es el contenido de esa revelación? ¡Que el Señor da a conocer su Victoria! ¡Revela a las naciones su Justicia!

 

¿De dónde brota Su Victoria? ¿Nos creó para que fuéramos bloques de cemento para ser testigos ciegos y mudos de su Gloria? ¿Qué labios van a entonar esta doxología si no somos nosotros?


Jamás, óigase bien, ¡Jamás olvida que su corazón es amoroso! En el caso de estar hablando de Dios, ¿qué significa Amoroso? Justo, Misericordioso y Fiel.

 

No hay límite ni frontera donde no llegue el esplendor de su Grandeza. Más allá de los bordes del planeta, más allá de las Galaxias. ¡Más allá! ¡Es imposible no verlo! Se contempla la Victoria de nuestro Dios desde todo rincón del Universo.

 

Y, nosotros ¿qué hacemos mientras tanto?

i) Tañemos la cítara

ii) Hacemos sonar los instrumentos

iii) Obligamos a las trompetas a producir su son.

No somos inactivos, ni impotentes, mucho menos indiferentes ante la Voluntad Salvífica que su Providencia nos tiene reservada. Si se nos ha revelado su Justicia es para que nosotros comencemos a ejercitarla

 

Robustece nuestra fe y abre nuestros ojos para hacernos ver que tu Victoria ya ha llegado, aunque quede velada bajo apariencias humildes que ocultan la Gloria de toda realidad salvífica mientras seguimos aquí, en la lucha. No dejes que pensemos que es un prodigio allende la tumba, que reconozcamos que germina, aunque por ahora no ha brotado su retoño.

 

Lc 11, 47 54

Los legistas se llevan la llave del Conocimiento de Dios, porque dan la imagen de un Dios sin Misericordia.

Silvano Fausti

 

Hay un grado inconmensurable de complicidad cuando uno organiza el entierro de las victimas que nuestros padres van dejando tendidas y con las que han sembrado la tierra de desazón. Ante eso, hay dos posibilidades: la primera es hacerles monumentos gigantescos, colosales, como si se tratara de hacerles honor para encubrir el crimen y negar que hubiera razones para atropellarlos con brutalidad. En otros casos, en vez de un gran mausoleo, se les decora la tumba con mayores calumnias, para ratificar que estamos de acuerdo con su vil asesinato. Nada de esto deshace el crimen ni disminuye la injusticia.

 


¿A quiénes se asesinaba? ¡A los profetas! Las víctimas son los heraldos, los portavoces, los emisarios. ¿Por qué se les sentencia a tan oscuro y doloroso fin? Es que la justicia, la bondad y la paz son muy incomodas. Traba las ruedas del negocio. Son impedimentos metidos entre los radios de sus ruedas, engranajes y maquinarias. El mensajero de la Justicia ha firmado su propia sentencia. La sabiduría popular lo sintetizó con uno de sus aforismos: “El que se mete a redentor, muere crucificado”. Muy irónico, la historia ha registrado los múltiples casos en que, mientras con una mano se levanta la tumba monumental, con la otra, se paga la mesada sicarial al esbirro: “Ellos los mataron y ustedes les hacen los monumentos” ¡Se les paga mejor a los asesinos que a los escultores!

 

Cada vez que se negocia la vida de un “discípulo-misionero”, se están añadiendo razones al veredicto Divino contra sus criminales. Esto ha sido y seguirá siendo desde los más antiguos anales, Jesús lo ratifica hoy: “… desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías… Si, les aseguro, se le pedirán cuentas a la gente de esta generación”. (Lc 11, 51)

 

Aún hay otra sentencia Celestial que pronuncia Jesús con el “Ay” final: esta vez va contra los que conculcan «la llave del γνώσεως [gnoseos] “saber”. Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quieren. Se han apoderado, la han acaparado, se declaran sus únicos dueños. (11, 52). De nuevo se refiera a los “legistas”. Esto se relaciona directamente con el בית המקדש [beit hammikdash] “casa de estudio”, literalmente “donde se estudia”, Edificio para estudio y oración de los miembros de la comunidad. En la época moderna, el Bet Hamikdash se encuentra, por lo general, al lado de la sinagoga. A menudo cuenta con una biblioteca y otras instalaciones para el estudio. En el Bet Hamikdash también se celebran servicios religiosos. Al Bet-Hamikdash -en la era de los Templos-, propiamente dicho sólo podían entrar los sacerdotes. Allí se dan especies de conferencias con homilética judía. No se trata de estudios universitarios a la usanza europea, sino que es la “facultad” de los legistas expertos en la Torah y sus mitzvah. Se practica la interpretación, la exegesis de los textos de la Tanaj. Estos recintos existieron en los Tres Templos, señalamos su carácter exclusivista, al que se refiere Jesús. Se denuncia que a los sencillos se les dejaba afuera.


Los “Ay de mi” tan lúgubres, cobraron toda su razón de ser cuando -a causa de ellos- Jesús fue arrastrado al Calvario.

martes, 13 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


Gl 5, 18-25

Concluimos hoy nuestro cursillo bíblico en torno a la Carta a los Gálatas. En nuestro mapa de La Carta, seccionamos en cinco partes la Epístola, hoy vamos a tener nuestra única visita a la Cuarte Parte (5,13 – 6,10), y como ya lo habíamos prevenido desde el principio, no veremos nada de la quinta parte, que es la sección conclusiva. Esta cuarta sección de donde se toma la perícopa de hoy, nos marca pautas para usar cristianamente de la libertad que Jesucristo ha traído a nuestras vidas. La temática de hoy apunta a conformar la vida con el Don del Espíritu Santo.

 

Demos un pequeño pedalazo atrás, al verso 16, allí San Pablo nos recomienda: “Procedan según el Espíritu”, y añade: “No busquen satisfacer sus propios malos deseos”. Al iniciar la perícopa que se proclama hoy nos dice, en consecuencia, de lo anterior que, si nos dejamos guiar por el Espíritu, nos liberamos de la Ley. Cómo así, ¿qué es esto de liberarnos de la ley? ¡Si! La Ley deja de ser un listado cargoso para memorizar y un celoso carcelero que nos mantiene a raya en la jaula, para pasar a convertirse en un delicioso manual para el amantísimo-amigo, dónde se contienen todas las instrucciones de la “dicha”. Esta es la maravillosa y genial liberación que se alcanza cuando nos dejamos guiar por el Espíritu. Y es que el Espíritu es el Único que nos puede asesorar para poder injertar ese “dulce-filtro” en el corazón y permitir que aflore la generosa abundancia del Amor.

 

Pasa San Pablo a enumerar algunos (no es exhaustivo, por eso al concluir el listado dice “y cosas por el estilo”) de las causales que -para regocijo del Acusador- atiborran las prisiones. Aquí el eje que vertebra es la oposición carne / espíritu: (sarx/pneuma); este eje se desarrolla en los versos 16-25. Menciona seis veces la carne y ocho veces el Espíritu.

 

Para mostrar el poder corrosivo de las obras de la carne señala que su virulencia emana del ataque a las fuerzas de “encuentro y sinodalidad” en cuatro líneas:

      i.        Con la otra persona

     ii.        Con lo “religioso”

    iii.        En el plano de las relaciones interpersonales

   iv.        Y con uno mismo, porque destruye las posibilidades de “purificarnos” para poder ser esa imagen y semejanza de Dios

 

En el verso 21 llega a la conclusión: “Quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

 

¿Cuáles son esas “tales cosas” que nos enajenan la “herencia”?

      i.        Inmoralidades sexuales

     ii.        Cosas impuras y vicios

    iii.        Adoración de ídolos

   iv.        Práctica de la brujería

     v.        Facilidad y/o propensión al enojo

   vi.        Odios, discordias y celos

  vii.        Generación de rivalidades, divisiones y partidismos

 viii.        Envidia

   ix.        Alcoholismo

     x.        Glotonería

 

Este -como paneo de la cámara- nos deja visualizar el desolador panorama, y nos deja ver lo enormemente ventajoso que es vivir según el Espíritu. Pero lo sorprendentemente triste es que los Gálatas hayan tenido la oportunidad de vivir la experiencia liberadora del Espíritu y ellos acepten -victimas ingenuas del engaño formalista- meterse en la camisa de “once varas” de la legalidad judaica, con su “amputación” de acceso, la circuncisión, que es, de alguna manera, el carnet de ingreso y el distintivo de su vinculación. Los Gálatas vivieron lo que significaba en la práctica la pertenencia a la comunidad cristiana y los deleites de la fraternidad, valga decir- habían degustado en sus propias papilas el sabor y la ricura de convivir en la libertad (que en otras partes hemos denominado ecualizadora”).

 

En los versos del 22-23 nos exhibe el fruto del Espíritu. No son diversos “frutos” (la palabra no está en plural sino en singular “el fruto”), no son “cualidades diversas”, sino los órganos del mismo organismo; el fruto es la comunidad que vive, se mueve y crece en el Espíritu, son los “rasgos” del mismo y único Espíritu de Jesucristo. Son las diversas caras del mismo poliedro. Fruto se tiene que entender como “el producto”, y la enumeración son los rasgos cualitativos de ese mismo y único producto que es la Comunidad. Los miembros de la comunidad trabajan todos en ese sembradío, pero no son ellos los que se pueden llamar frutos-individuales, sino que es la fraternidad, la solidaridad y la sinodalidad de la comunidad la que expresa el Fruto del Espíritu como vida nueva. Nadie puede decir, ni necesita decir, este fruto es mío, o “yo tengo el fruto y usted no”; estaríamos regresando a la situación del que tiene tal marca de carro, tal modelo, o de teléfono-portátil de última generación; estaríamos de vuelta a la presunción personal.

 


Y, nos recomienda, proseguir en esa línea (formados en escuadrón), cuando en el verso 25 dice “sigamos al Espíritu”; (otras traducciones dicen “marchemos tras el Espíritu”. San Pablo dice στοιχῶμεν [stoichomen] del verbo στοιχέω [stoicheo] tomado en préstamo del lenguaje militar, para significar mejor que, no es un soldado, sino un batallón, o un piquete de soldados que dan sus zancadas “con compás, ar”, todos siguiendo un ritmo, que marca el tambor, esa unidad y simultaneidad les da más fuerza, y muestra al enemigo que van en filas cerradas, y no solos, de uno en uno, fácilmente derrotables. Es la fuerza que da el fruto, no la de “figuras” individuales, sino la articulación sólida y fraterna de los “hijos de Dios”, todos como un solo hombre. “El fruto del Espíritu” no es una colombina que me llevo a mi rincón y la chupo solito. Tampoco una colección de “medallas” que ya no me caben en el pecho inflado.

 

Sal 1, 1-2. 3. 4. y 6

La idea de dos caminos es muy fecunda por su radicalidad: o uno u otro. Implica una opción.

Marcelo Barros

Claro que todo ejército está formado por soldados, cada soldado tiene que ser fiel a su batallón y estar decidido a jugársela toda por sus compañeros y por la causa que defienden. Y -a la hora de tomar posiciones- cada soldado decide bajo qué ordenes va a estar y a favor de qué bando está, para alinearse allí, donde él quiere pagar obediencia y fidelidad.

 

También es cierto que -para un control de calidad- siempre se toma una muestra en particular y que ningún control es razonable que se haga sobre todos los ejemplares: ahí se aplica la técnica de muestreo. También, para conocer un “batallón” se mira uno que otro soldado, al que se someterá a prueba como representativo de todos los demás. El análisis se enfocará exactamente en el aspecto que está en estudio y no en los otros, a riesgo de hacer vano el resultado y no dejar ninguna información aprovechable y generalizable.


Este salmo le habla a toda una Comunidad, está dirigido al “ejercito” entero, pero “acartilla” a uno por uno, a cada cual le dirige la arenga y le entrega el mismo manual de instrucciones.

 

¿Cuál es la consigna general? El que te sigue Señor, tendrá la Luz de la Vida. Esa es la propuesta. ¿Quieres la luz o prefieres militar en las filas de las tinieblas? Elige bien a quien vas a seguir. ¡Quieres acabar sumido en la oscuridad?

 

En la primera estrofa se dan las siguientes pautas.

a)    No se alineen con los “impíos”, es un bando poco recomendable

b)    No escojan el derrotero que eligen los pecadores

c)    No se junten al “ejercito” de los cínicos

d)    Gócese en la Ley del Señor

e)    Medita -de día y de noche- la Ley

En la segunda estrofa se le dicen las consecuencias de elegir correctamente el bando adecuado:

a)     Tendrá la suerte de los árboles que se cultivan donde hay buena agua y corren fuentes frescas

b)    Dará fruto en la estación del frutecer

c)    No se le marchitará el follaje

d)    Todas sus empresas serán coronadas con el éxito

 

Pero si escoge mal el ejército al que se va a alinear, las consecuencias no dilataron su llegada

a)    Serán como la paja a la merced de los ventarrones

b)    Su camino acabará en desastre.

 

La máxima justificación de la elección correcta del bando es que quien elija el bando del bien, contará con la protección del propio Dios.

 

Lc 11, 42-46

Las observancias externas son fáciles y pueden ser una simple máscara para evitar la verdadera obediencia a Dios, que consiste en practicar la justicia y el amor de Dios.

Ivo Storniolo

“Los ayes” en San Lucas son seis, tres contra los fariseos (autoridades de la praxis, de la supuesta ortopraxis) y tres contra los legistas (autoridades teoréticas, ortodoxia). Hoy vamos a ver los cuatro primeros, y quedaran para mañana los dos restantes.


 

Los de hoy, están dirigidos a los fariseos, (en el tercero no se dice expresamente, pero se puede suponer). El Cuarto, se dirige a un experto jurista, a un Maestro de la Ley, un abogado que juzgaba a partir del Código de la Torá; que se siente también tocado por lo que está diciendo Jesús y revira.

 

Hagamos, primero la lista de lo que les reprocha Jesús

1)    Pagan el diezmo hasta de las más mínimas cosas: la menta, la ruda y toda legumbre (escrupulosidad); pero dejan de lado la justicia y el amor a Dios.

2)    Aman el sitio preferencial en las sinagogas y les gusta que les hagan reverencias (búsqueda de status).

3)    Son como sepulcros que no se ven y hacen que la gente se vuelva impura por apoyar su pie sobre esas tumbas (o sea que se hacen “impuros” sin saberlo, sin darse cuenta); los fariseos eran como tumbas sin marcar, como un hueco sin aviso de precaución.

4)    Imponen a los hombres cargas insoportables; pero ellos, no ayudan a llevar esas cargas ni con un mínimo de apoyo, ponen la ley y se van. Su estrecha y fanática concepción de la fe, volvía la religión un simple acopio de leyes insufribles y pecaminosidad por doquier. Expertos en añadir leyes a las ya existentes y ponerle parágrafos y minucias a la antigua ley para lograr la “explosión legalista” y la sobreabundancia leguleya.

 

Uno se preguntaría ¿muchos fariseos se hicieron creyentes? Sólo así se explicaría que Jesús les queme tanta atención. Lo que Jesús está haciendo es prevenir a los recién convertidos al cristianismo para que no les pase lo que, a los Gálatas, que vinieron los de laya farisaica, a invitarlos a su estilo de creencia, e hicieron mucho daño. Confundieron y desviaron, haciéndose pasar por los creyentes más fieles y más firmes. Ahí está el asunto: como frecuentan el templo, la gente los mira para aprender de ellos porque se acicalan la toga y el birrete para auto-declararse juristas exactos. Trataron de imponer su versión y lo que hacían era confundir y despistar a los cristianos, esforzándose por envasarlos en odres viejos y en ponerles remiendos nuevos a pantalones raídos.

 

«Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo. En el egoísmo propio, en el legalismo rígido, como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas». (Papa Francisco)

 

A veces nos preocupa más desempolvar viejas leyes y darle carta de recuperación a normas ya prescritas que buscar los derroteros para aclarar y revitalizar el Amor de Jesucristo y el amor al prójimo. Siempre procuremos tomar en cuenta para procurar corregir esto en nosotros mismos, porque muchas veces tocamos la alarma para los demás, pero, a nosotros mismos, nos hace falta “una capa de cal” para que otros no pisen ahí.

 

Abriendo un paréntesis tenemos que recordar en el Éxodo, que Dios a veces señalaba un lugar para “permanecer”, pero pasado cierto tiempo, levantaba su señal para decirles. ¡Vamos, avancemos! Jesús también, parecía un fiel seguidor del judaísmo, pero con frecuencia les decía: ¡Ya no hagan más alharaca con los diezmos de la ruda y la hierbabuena! ¡Vamos a otro tema! ¡Pasemos al capítulo siguiente! ¡Sacudámonos toda carga insoportable, alivianemos la marcha para poder avanzar!

 

«El mundo necesita los frutos, los dones del Espíritu Santo… Reforzados por el Espíritu Santo llegamos a ser capaces de luchar, sin concesión alguna, contra el pecado, contra la corrupción que, día tras día, se extiende cada vez más en el mundo, y dedicarnos con paciente perseverancia a las obras de la justicia y de la paz». (Papa Francisco)


Jesús adelanta todo este trabajo y esfuerzo porque -apuntando hacia nuestro propios días- descubrimos que el fariseísmo tiene propiedades de generación espontánea y parece hierba mala que brota por doquier si no permanecemos alertas.

lunes, 12 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario


Gl 5,1-6

… el legalismo, además de ser un desvío, al lado de muchos otros, amenaza la vida comunitaria, el tipo de vida en el espíritu. Buscar su justicia en la Ley es ya haber roto con Cristo y decaído de su Gracia.

Joel Antonio Ferreira

 

Hoy tenemos la penúltima perícopa de la Carta a los Gálatas que la Liturgia propone, y seguimos trabajando sobre la tercera sección de las cinco que propusimos en el mapa guía en los que fraccionamos la Epístola entera. Es decir, continuamos en la sección donde se muestra que es por la fe que el Señor nos hace libres.

 

Inicia la perícopa de hoy repitiendo el ultimo versículo que leímos ayer, esta repetición es iluminadora, porque la Liturgia -con esta iteración- lo que nos está diciendo es que este tema es esencial, Podríamos inclusive decir que lo que se nos está mostrando con esta insistencia es el carácter esencial de esta idea como pivote de la Epístola; la primera consecuencia de esta fe, es que nos saca de la esclavitud, y nos pone -por el contrario- en el terreno de la libertad: “Hermanos: para la libertad nos ha liberado Cristo” (5, 1). Se está connotando que la libertad no es un bien para otro bien, un bien mediato hacia otro bien; la libertad es un bien en sí. Es una riqueza que Jesucristo nos ha traído porque es indispensable ser libre para tener la dignidad que se impone para creer. El esclavo no puede creer, al esclavo se le imponen las condiciones de su existencia, y todo lo demás se deriva de esa imposición. El que está sometido, en cualquier vertiente, tiene todo lo demás sujeto a esa imposición, aun cuando le parezca que la sujeción es mínima, y no tiene nada que ver con su fe. A esa carencia la denominamos -técnicamente- alienación.

 

Que cualquier sometimiento conculca la dignidad del creyente se pone de manifiesto en el prolongado deambular del “pueblo elegido” por el desierto. Tal vez -mirado con rapidez- uno se imagine que era una “fuetera” de cuarenta años, porque Dios estaba muy bravo con ellos. En cambio, desde nuestra perspectiva, ese tiempo era el necesario para borrar de las mentes y los corazones, de eso pueblo, las huellas de sometimiento que se habían gravado profundamente en todo el tiempo que habían vivido sin libertad. Uno no se quita ese “cicatriz” de la noche a la mañana, con simplemente cruzar el mar rojo. Aunque ese mar era simbolismo de purificación, de lavarse; no bastaba, porque las cadenas, más que pesar en el tobillo, pesaban en sus consciencias. Ese paso del Mar Rojo, era simbólico de su marca a sangre y fuego, era rojo porque la esclavitud a la que habían sido sometidos, la habían tatuado en su mentalidad con semejante violencia. Esa dependencia, tan arraigada, se expresará después, en la nostalgia, de ciertas ventajas materiales a las que estaban dispuestos a reducir su libertad: ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, así como de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos! (Nm 11, 5).

 

Hay unos puntos cimales en esta perícopa, que se contrastan unos con otros para empujar hacia su cumbre la verdad (no estamos hablando de la verdad de los filósofos, de una verdad teórica que nos ofrece una definición filosófica, sino de la “verdad” que libera para creer), y subsumir en el abismo la falsedad, la que, como una trampa, se cierne sobre nosotros como red sobre los pajarillos. A saber:

a)    Esclavitud

b)    Circuncisión

c)    Ley

d)    Libertad

e)    Gracia

f)     Fe

g)    Amor

 

Son siete puntales que afianzan esta Revelación.

 

San Pablo nos muestra palpablemente y con toda claridad que la circuncisión no es más que un fetiche, que la circuncisión puede convivir con una consciencia “esclava”. Circuncidarse niega a Jesucristo, como diciendo que el Sacrificio del Señor en la Cruz es inútil, y todavía son necesarios otros derramamientos de sangre; el valor de la circuncisión radica -desde la -óptica judía, desde esa mentalidad- en que se derrama sangre, y la sangre es la condición que valida el sacrificio.


La fe, según hemos visto, es “escuchar” y acoger para hacer vida lo escuchado. Circuncidarse es un acto ritual que los haría cambiar de Dueño, cayendo de nuevo en la “esclavitud”. Ojo a la sentencia conclusiva que nos pone San Pablo: “… en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor”.

 

Esto es lo que muchas veces -como consecuencia de la falta de libertad- nos negamos a aceptar, que es el Amor lo que nos hace florecer en Jesucristo.

 

Sal 119(118), 41. 43. 44. 45. 47. 48

Si me amáis, seréis fieles a mis Mandamientos.

Jn 14, 15

En este salmo nos encontramos una declaración de una profundidad maravillosa: “Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo”. No se trata de leyes, no se trata de mandamientos, no es cuestión de preceptos. El punto en cuestión es amar la Voluntad de Dios. Uno siempre ha de querer lo mismo que quiere el amado. En eso estriba la “Comunión”, en querer lo que Dios quiera, porque nuestra delicia está en “sintonizar con ese Querer”.

 

Esto no lo puede entender un “esclavo”, el esclavo solo entiende el restañar del látigo. El recuerdo del azote es lo que hace obrar la consciencia del que vive o ha vivido sometido. ¡No obra porque ama, obra porque teme!

 

Aquí el salmista dice: “Levantaré mis manos hacia tus decretos que tanto amo y recitaré tus mandatos”.

 

Pero hacer nuestra Su Voluntad, no está en nosotros, porque su Voluntad nos excede. Podernos acogernos bajo las alas de su Ley, eso es la Gracia. Por eso el verso responsorial le ruega: “Señor que me alcance tu Favor”, esta es la manera de rogar al Cielo, que no obremos tratando de forzarnos a “ser virtuosos” sino que Dios-Mismo, nos regale ese Don, que sin esfuerzo y sin forzados empeños, nos brote serle agradable y Él acepte nuestras plegarias como incienso agradable a su Presencia.


En otra parte de este Salmo de súplica, el salmista nos da un consejo: Meditar la Voluntad de Dios con perseverancia. Hay que estar acariciando la Palabra de Dios en nuestro corazón hasta que podamos llegar a amarla. Es como -digámoslo así- un proceso de apropiación de la Palabra, hasta que lleguemos a tener alegría cuando transitamos el Camino de sus Preceptos.

 

Lc 11, 37-41

“En lugar de colocar a Dios y a su amor en el propio centro, se colocó a sí mismo y el amor de la propia figura en el centro de todo”

Silvano Fausti

No sabemos a fondo qué razones dieron origen a los rituales de purificación que obligaban a practicar conductas que hoy día nos parecen muy higiénicas y preventivas de un gran número de enfermedades -muchas de ellas de origen bacteriano y microscópico, pero que, en aquella cultura, se explicaban como acciones para agradar a Dios y tenerlo contento. Por cierto, que, esto nos pone a cavilar sobre acciones que también nosotros ejecutamos una y otra vez, con automatismo y mecánicamente, sólo porque desde la más tierna infancia las hemos heredado.


En este fragmento evangélico de San Lucas, se nos informa que Jesús fue invitado por un fariseo (que se presumía de “puro”) que le “rogó” que fuera a comer con él. Pero Jesús fue directo “a manteles” sin cumplir con los rituales de purificación prescriptos.

 

Le dice Jesús: “Ustedes los fariseos limpian por fuera la copa y el plato”, pero el tema no era sobre la limpieza de la loza sino sobre la limpieza ritual de las manos, lo que San Lucas nos precisa.

 

¡Ah! Es que Jesús está comparando al ser humano con las copas y los platos. Y ¡es que lo somos! Porque ¡lo espiritual está en nuestro interior! Jesús nos dice, la pureza que ustedes tanto se afanan en tener, no radica en la exterioridad; hay que tener cuidado es que por dentro no estemos llenos de ἁρπαγή [arpage] “rapiña” (“robo”, “pillaje”, “saqueo”, en general conductas avariciosas que no dudan en atracar con cuchillo) y πονηρίας [ponesias] “maldad”, “iniquidad”.

 

¿Cómo se cura uno de las consecuencias de la avaricia? Desprendiéndose de todo lo que ha conseguido “atracando”, “rapiñando con violencia”. El remedio que le da Jesús es que dé de limosna de todo lo que ha acaparado con apetito codicioso.

 

Observemos que Jesús le está enseñando al fariseo dos cosas:

      i.        Que hay que tener limpio el corazón de codicia

     ii.        Que la libertad se gana, deshaciéndose de todo lo que uno acapara por esa sed perversa de tener más arrebatando: Por eso, la mejor terapia es romper con todo lo que hemos traído a nuestra vida como resultado de la perversión de nuestro corazón.


Podemos deducir una enseñanza sintética: Dar caritativamente, desprendiéndonos con generosidad, hará que todo en nuestra vida sea puro.