martes, 30 de junio de 2026

Miércoles de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 5, 14-15. 21-24

עמוס  Amos, este nombre significa “el que lleva la carga”, o sea, “el que tenía toda la responsabilidad del anuncio y la denuncia” -es el primer profeta que deja sus anuncios por escrito. Era oriundo de Tecoa, una aldea cercana a Belén. Cultivó variedad de géneros proféticos: a) narraciones b) oráculos c) ayes d) doxologías e) visiones. Podríamos intentar dar un perfil de su personalidad precisando algunos rasgos que hemos encontrado leyendo su profética:

a)    Le gusta la vida sencilla

b)    Deplora el lujo que se presenta en las grandes ciudades

c)    Su personalidad reclama aires de independencia a través de la búsqueda de una libertad guiada por Dios

d)    Su manera de expresarse está llena de viveza y energía

e)    Lo embarga el arrobamiento contemplativo ante la Magnificencia del Señor.

 

Proviniendo del reino del sur, no obstante, va a profetizar en el reino del norte en tiempos de Jeroboam II, cuyo reinado se extendió del 787 al 747 a. C.; Amós profetizó durante un largo periodo, del 783 al 743 a.C.

 

Cabe anotar que «El reinado de Jeroboam II fue prospero económicamente para algunos sectores, pero funesto para los pobres». A continuación, seguiremos a Ivo Storniolo y Martins Balancin en la enumeración de los ejes de denuncia de este profeta:

 

i)      Los más poderosos se adueñaban de las tierras de los pobres.

ii)     Denuncia la vida corrompida que se daba en las ciudades, y esto lo hace en el Nombre de Dios.

iii)   Habla de un pequeño שְׁאֵרִ֥ית [sheerith] “resto”, lo cual abre un resquicio de esperanza.

iv)   Anunciaba que el Juicio de Dios llegaría tanto al pueblo escogido como a las naciones del paganismo

v)    Denunciaba con nombre y apellido la injusticia social

vi)   Los ricos acumulaban y acaparaban propiedades para vivir en palacios

vii)  Las mujeres azuzaban a sus maridos para intensificar la explotación

viii) Acudían a sus santuarios a pagar diezmos y ofrendas para acallar su consciencia

ix)   Los jueces daban fallos favorables al mejor postor

x)    Los comerciantes corrompidos ahogaban las oportunidades de compra y vente a precio justo.

 

La perícopa que se proclama hoy proviene del bloque 3,1 – 6,14 que presenta una serie de amonestaciones y amenazas que recaen sobre Israel.

 

Nos parece que el meollo de nuestra cita está en el מִשְׁפָּ֑ט [mispat] “derecho” y la צְדָקָה [tsedaqah] “justicia” que deben correr con la libertad con la que corren los ríos (el agua, el arroyo perenne).

 

Para eso hay que buscar el bien y no el mal. Amar el bien y odiar el mal. Luego declara que Él aborrece y rechaza las celebraciones que hacen ellos acompañándolas de sacrificios, así sea de toros muy engordados. Y deplora las “asambleas” a las que ellos concurren. Se choca con sus cánticos bullangueros y con el ruido fragoroso de sus instrumentos musicales. Eso no lo halaga.

Lo que anhela en nosotros es que “instauremos el derecho en el tribunal”.  Juicios rectos y honestos.

 

Sal 50(49), 7. 8-9. 10-11. 12-13. 16bc-17

Y lo peor, Señor, es que a veces pongo precisamente todo el cuidado en los ritos de la liturgia porque he sido negligente en la observancia de tus Preceptos. Me fijo en los detalles de tus ceremonias para compensar el haberme olvidado de mi hermano. Me afano en el culto porque he fallado en la caridad. Y me temo que no te hace mucha gracia esa clase de culto.

Carlos G. Vallés s.j.

Este es un salmo de la Alianza. La Biblia registra siete Alianzas entre Dios y la humanidad:

1.    Con Adán

2.    Con Noé a quien Dios prometió no volver a castigar con un diluvio; se sella con el arco iris.

3.    Con Abraham, en la que Dios le promete una tierra y una gran descendencia se sella con la circuncisión.

4.    La que pactó con Moisés en el Sinaí: Dios le entrega el Decálogo a Israel y les promete Su Protección

5.    Sellada con David: garantiza la perpetuidad de su linaje, el Mesías será de la Casa de David.

6.    La ley ya no estaría grabada en piedra sino en los corazones.

7.    La Nueva Alianza Pactada en Jesucristo: sellada mediante el sacrificio del Cordero Redentor.


La Alianza se refrendaba porque el pueblo es olvidadizo. Primero se estableció ratificarla cada siete años, pero dado que la amnesia de este pueblo era un mal tan extremadamente crónico, se optó por refrendarla anualmente en la fiesta de las Enramadas (Sucot). se centra principalmente en la ceremonia del התנך [Hakhel] “Reunión” con la lectura solemne de la Torá, un mandamiento bíblico que ordena congregar a todo el pueblo de Israel —hombres, mujeres, niños y extranjeros-, consistía en una ceremonia solemne donde el rey de Israel leía pasajes específicos de la Torá desde una plataforma en el Monte del Templo. El propósito principal era renovar el compromiso del pueblo con Dios y fortalecer la identidad y los valores de la nación, que aluden a la fe, el temor.

 

Si se desconecta el vaso comunicante que conecta el Amor a Dios con el Amor al prójimo, toda le presión se escapa, se fuga, y esa Alianza ya no moviliza nada, se vuelve vana.

 

«Lo reconozco, Señor; con frecuencia me he portado mal con mis hermanos; ¿y qué valor pueden tener mis sacrificios cuando he herido a mi hermano antes de llegarme a tu Altar? Gracias por decírmelo, Señor, gracias por abrirme los ojos y recordarme cual es el verdadero sacrificio que quieres de mí. Nada de toros o machos cabríos, de sangre o ritualismo, sino amor y servicio, rectitud y entrega, justicia y honradez. Servirte a Ti en mi hermano antes de adorarte en tu altar». (Carlos G. Vallés s.j.)

 

En la Oración Post-Comunión diremos: “… te pedimos señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos”.

 

Mt 8, 28-34

La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado.

Magnifica humanitas #237

En esta perícopa podemos distinguir tres momentos diversos:

1)    Jesús encuentra a su paso unos “endemoniados” (vv. 28-29)

2)    Los demonios ruegan ser liberados de esta condición y eligen volverse “cerdos” (vv. 30-32)

3)    Los criadores de cerdos -que ven afectados sus intereses- expulsan a Jesús de “su territorio” (vv. 33-34)

Los que están “endemoniados” tienen especial desprecio y rechazo contra las cosas de Dios. Contra Él, despliegan una ira ciega y una rabia demencial. Por eso le preguntan a Jesús -muy despectivamente- si ya va a empezar a ejercer su Reinado y se les acabó el cuarto de hora a los esbirros del perverso; de ser así, van a empezar a βασανίσαι [vasanizai] “padecer su tortura”. Para el poseído del Maligno, la Presencia del Santo-de-Dios es un Βασανισμός [vasanismos] “Tormento”, “tortura”, “confesión obtenida por medio de torturas”.

 

Uno se pregunta: ¿Por qué habitan entre tumbas? Evidentemente, el que se hace sirviente del Malo está “muerto”, es una especie de zombi esclavizado por la maldad. Esta situación no es para nada agradable, entendemos por eso que estos endemoniados prefieran vivir en los marranos antes que habitar cuerpos traídos de la muerte solo para tener que servirle a la maldad como instrumento.

 

“Es necesario abandonar una visión del hombre individualista y técnica, como si la realidad fuera solamente materia para modelar con base en intereses egoístas, tanto individuales como de grupo”.

Benedicto XVI

 

Examinemos ¿por qué los Gadarenos le rogaron que se fuera de aquella ciudad Decapolitana? Para entender esta reacción, les proponemos recordar dos incidentes que se relatan en el Libro de los hechos de los Apóstoles:  

 

El primer incidente esta en 16, 16-24 leemos que cuando Pablo y Silas iban a orar, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un "espíritu de adivinación" (espíritu pitón). Aunque ella gritaba que ellos eran siervos del Dios Altísimo, Pablo se sintió perturbado por su acoso constante y reprendió al espíritu en el nombre de Jesucristo, liberándola inmediatamente de su condición. La joven trabajaba para unos amos que se lucraban explotando sus habilidades adivinatorias. Al ver que su fuente de ingresos había desaparecido, los amos enfurecidos arrastraron a Pablo y a Silas ante los jueces. Fueron -por ese motivo acusados y los azotaron con varas y los encarcelaron.

 

El segundo está relatado en el cap. 19, 23-41 se nos informa lo que ocurrió en la ciudad de Éfeso, donde los artesanos, liderados por un platero, de nombre Demetrio, fabricaban pequeños templos y estatuillas de plata en honor a la diosa Diana -la Artemisa de los griegos- la predicación del apóstol Pablo, persuadía a la gente que los dioses hechos por manos humanas no eran verdaderos dioses, lo que provocó que el negocio de estos artesanos decayera, amenazando sus ingresos y el prestigio del templo de la diosa “y así será despreciada la grandeza de una diosa que es adorada en toda la provincia de Asia y en el mundo entero” (Hch 19, 27) En consecuencia, a Pablo le tocó abandonar a Éfeso y se fue a Macedonia

 

Lo que sucedió en Gadara, ubicada al sureste del Mar de Galilea, -que actualmente se llama Umm Qais- una de las diez ciudades que formaban la Decápolis, afectaba hondamente la billetera de estos ganaderos porcinos que tuvieron la -para nada insignificante perdida- de una piara entera. La palabra Gadara significa “fortificación”. La Decápolis era zona de la gentilidad y debemos recordar que Mateo les habla a judeo-cristianos que mantenían en mente la idea del cerdo como animal altamente “impuro”; mientras que, para los gentiles, era simplemente, otro animal comestible.

 

Vamos a detenernos en este concepto de “impureza” por un momento. Recordemos que, en el judaísmo, existen las reglas del Kashrut, fijadas en el Levítico que estipulan que para que un animal terrestre sea puro (kosher), debe cumplir dos condiciones obligatorias: tener la pezuña hendida y ser rumiante. El cerdo cumple la primera, pero incumple la segunda, ergo el cerdo no es kosher. Quitar estos impuros del camino era -desde la perspectiva judía- un acto de purificación.

 

En el verso 29, los endemoniados le preguntan a Jesús: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a nosotros y a ti?”. Lo que nos trae a la mente otra pregunta de este tipo que le hizo Jesús a María en la Bodas de Caná: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a mí y a ti?” En ambos casos la pregunta se refiere a ¿qué factor en común hay entre el uno y el otro que los conecte y haga que la situación ataña a las dos partes? (¿Nosotros probablemente diríamos “Y nosotros que tenemos que ver con eso?”. En el caso de las Bodas de Caná podríamos parafrasear la pregunta diciendo: “¿Qué parentesco tenemos con estos recién casados que suponga que haya de hacer algo especial por ellos?” En la pregunta de los endemoniados también podríamos entenderla como: “Si vienes a visitarnos será que tenemos algo en común. ¿Acaso somos amigos, y a eso debemos tu vista?”

 

Cuando los endemoniados dicen que Jesús ha venido antes de tiempo se podría entender que quieren decir:

-O bien que, si Jesús ha venido es porque ya llegó el Mesías.

-O bien que, si Jesús llega es porque ya llegó el fin de los tiempos, momento en el cual los Demonios serían definitivamente arrojados al Infierno.

En ambos casos a estos endemoniados les parece que su Presencia es “prematura”.


En cualquier caso, la dignidad humana, dignidad que Dios ha entregado a todos los seres humanos, es una dignidad inherente a su Magnifica Humanidad y para salvaguardarla es necesario liberarlos de la posesión demoniaca. «Cultivemos en cambio lo que el Papa Francisco ha definido como un “antropocentrismo situado”, que reconoce al ser humano como criatura inserta en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación. La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la técnica (en aquel momento era la técnica de la crianza de cerdos, hoy en día son los desafíos de la IA), en un camino de sabiduría, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de nuestra Casa común». (Magnifica humanitas #237)

lunes, 29 de junio de 2026

Martes de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario


Am 3, 1-8; 4, 11-12

Dios tiene al profeta para pasarnos preaviso

Al analizar la obra de Amós, los exegetas encuentran cuatro piezas, cuatro fragmentos bien definidos: en la primera, que abarca desde 1,3 – 2,16 el profeta pronuncia oráculos contra los pueblos extranjeros. En la segunda parte que se extiende desde 3,1 – 6,14 se proclaman los oráculos contra el propio Israel.

 

Podríamos entender la perícopa de hoy como una especie de glosa al significado de la Alianza. Dios en su Munificencia, ha querido suscribir con nosotros una Alianza. La Alianza está en el corazón de la revelación. Nos ha brindado con amplitud su Amistad. Sin merecimiento ha querido vernos como “hijos”, así hemos gozado de Su Mirada Preferencial. Cabe muy bien preguntarnos si hemos correspondido a Su Magnanimidad: ¿Hemos cumplido la parte que nos toca en aquella Dulcísima frase: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo”? (Cfr. Ex 6, 7)

 

Dios ha “elegido” de todas las “familias” de la tierra a la familia de Israel. La elección no es un deber de Dios, la elección es Gracia, es pura Gracia. Como sucede con altísima frecuencia, el elegido empieza a abusar de su elección y poco a poco entre en la esfera de considerar que el amor preferencia-Paternal es algo que el Papá le adeuda y que tiene que actuar así y no puede ser de otra manera. Allí aflora un riesgo enorme, considerar que el Amor es una obligación, dar por supuesta una obligación de ser amado, perder de vista su Gratuidad, y pensar que se puede exigir. Un pensamiento del calibre de “Mi Papá opto por heredármelo a mí, los otros ‘que miren el chispero´” lo que se podría traducir como que caigan en la cuenta que se quedaron con las manos vacías. Podríamos ir un paso más allá y recordar otro aforismo que reza “a un gran privilegio corresponde una gran responsabilidad” que no es otra cosa que la enseñanza de Jesús que San Lucas nos trasmite "Al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirá" (Lc 12, 48). Si se deja de lado este sentido de responsabilidad, cabría entender que, equivale a haber rechazado el “don”. No se puede reposar en la negligencia cuando se ha recibido un “don”, la elección implica un sentido de “hacerla “útil” como contrapartida de la “elección”. Dicho de otra manera, uno no es adoptado como hijo, para la pura vanidad de lucir el “apellido”.

 

El encono de Dios ante la ingratitud es como una especie de rugido que nos reclama en Su Pecho: “¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?” (Cfr. Lc 17, 17-19)

 

Hay una voz de denuncia en los profetas que mucho incomoda a los impíos. La función del profeta es también la denuncia, porque cuando Dios “ruge” en el corazón del profeta, qué más puede hacer el profeta sino traducir el rugido en palabras humanas. Amós capta en su ser los ecos de la Voz de Dios: cada causa conlleva sus consecuencias y la serie de las consecuencias no se dan sin que existan sus precedentes causales, así mismo es el habla de Amós, si dice algo es porque Dios retumba en el ser de Amós, y cuando Amós oye el Rugido, ¿podría acallarlo en sí y ahogarlo?

 

¿Y qué es lo que Ruge la Voz del Señor en el pecho de Amós? Que Él los eligió, hizo de las Doce Tribus su rebaño elegido y preferido, los libró de la cautividad donde eran explotados: “Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Yo soy el SEÑOR su Dios y ustedes sabrán que fui yo quien los rescató de la opresión de los egipcios”; por eso, ahora les pide cuentas. Les había otorgado la herencia de la libertad para que pudieran “libremente” elegir honrar a su Dios-Libertador, pero decepcionaron al Señor, y correspondieron a sus ternezas con indiferencia y traición.


¿Le dicta Dios algo más a Amós? Sí, que, así como fue el castigo de Sodoma y Gomorra, así serán las penalidades de Israel: “Por eso, así voy a tratarte Israel. Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios”.  

 

Sal 5, 5-6a. 6b-7. 8

Salmo del Huésped de YHWH. Es un salmo de abandono, él se aloja en el Templo y se ofrece a ser moldeado por la Voz del Señor. De alguna manera, el salmista intuye que el Templo es el molde que aplica el Señor para configurar el “penitente”. Pero nadie cabrá en el molde si sus “deformaciones” le impiden encajar. Así, el salmista clama para que Dios elimine sus “turupes” y lo “limpie de sus “imperfecciones”, para que no sea repugnante a las entrañas de Dios.

 

Lo que dice expresa que Dios es Pureza y que toda וּמִרְמָ֗ה [umirmath] “engaño”, “traición” “deshonestidad” es repulsiva a la limpieza que reclama la Santidad.


 En la primera estrofa suplica ser liberado de la maldad, y de la arrogancia.

 

En la segunda, le muestra al señor otras pústulas suyas: es malhechor, mentiroso, hombre sanguinario, y traicionero.

 

Finalmente, en la tercera estrofa, se halla postrado a las puertas del Templo, en el Atrio Santo, esperando la señal absolutoria que marcará el momento de la acogida, la orden de ingresar en el Templo.

 

El verso-estribillo (antífona responsorial) enmarca en esa consciencia de necesaria purificación, el afán absolutorio: “Señor, guíame con tu Justicia”. Sólo Dios puede limpiarnos y sacudirnos de los “afeantes”, ante los Ojos de Dios.

 

Mt 8; 23-27

No es retórica sino una confesión de fe

La Iglesia no puede seguir su marcha, su peregrinaje en estas tierras sin darse cuenta que se mueve en este contexto cataclísmico. La traducción nos habla de una “tempestad muy fuerte”, en griego dice σεισμός [seísmos] que es un “temblor de tierra”, y también, una “tempestad”, una “borrasca”, cualquier cataclismo. No podemos pasar por alto que en ese ambiente es que “peregrina” la Iglesia. Amamos y anhelamos la calma, es un bien inapreciable y, por lo mismo, tan anhelado. Sin embargo, no es ese el contexto de la vida eclesial. En cambio, la Iglesia, a través de la historia, se ha movido en situaciones muy difíciles, nada benignas, y ha sido víctima de la persecución ininterrumpida, en diversas modalidades.


¿Ha de ser ese el motivo de nuestra desmovilización? ¿Debemos trazar planes para desistir definitivamente y refugiarnos en catacumbas y cuevas? ¿Salimos corriendo y nos esconderemos debajo de la cama? ¿Podemos, de alguna manera evitar estas “crisis” y vivir en un ambiente calmo y tranquilo? Y la propia perícopa nos responde: Nosotros no podemos hacer nada, pero si acudimos al Señor, Él se levantará, increpará los vientos y el mar, y ¡sobrevendrá la gran calma! Porque ¡Dios cumple su Alianza!

 

Fue entonces cuando ellos se preguntaron, ¿Quién es este hombre, a quien el viento y el mar le obedecen? Hay que notar, y no pasar por alto lo que contiene esta pregunta: Sólo Dios puede reclamar la obediencia de los elementos. Solo Dios puede calmar cualquier σεισμός, ningún ser humano puede darle órdenes a la furia de las fuerzas de la naturaleza. En realidad, esta es una prerrogativa exclusivamente Divina. En realidad, la pregunta no es más que una forma retórica de decir: ¡Jesús es el mismísimo Dios!

 

Esto es algo que ningún judío podría decir en su sano juicio. Pero recordemos lo que aquí se está declarando es una paráfrasis para reconocer en Jesús, no solo a un Hombre, sino, a Dios mismo.

 

El asombro no puede quedarse en “temor”. Aun cuando el oleaje se encrespe, hay que recordar que Él es el Emmanuel. ¡Dios con nosotros! Pensamos que antes de ir a despertarlo, tenemos que contestarnos esa pregunta. Tenemos que reconocer su Divinidad y la autoridad que de Él emana, antes de mostrarle el oleaje embravecido. No se trata de hacerle una exhibición de nuestros temores inmanejables, sino de hallar -lo que sólo Dios nos revela- que Él es el Hijo de Dios, el Mesías, y sostenido en esa “fortaleza” admirar y loar, cuán Grande es el Poder de Dios.


El Señor no calma el oleaje embravecido para matarnos con su “poder”, Él usa de la Autoridad que tiene sobre los elementos, precisamente para Salvarnos y conducir la barca de la Iglesia para que sea ella, también, Salvadora, «… ya que la Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, …». (Concilio Vaticano II. LUMEN GENTIUM, Constitución Dogmática sobre la Iglesia, #1) 

domingo, 28 de junio de 2026

SANTOS PEDRO Y PABLO

 


Hch 12, 1-11

Dos vicisitudes marcan esta perícopa, Herodes – no es Herodes llamado el Grande que murió en el año 4 a.C., sino Herodes Agripa I, el nieto de aquel- el que mata al Apóstol Santiago -haciéndolo acuchillar- y toma prisionero a San Pedro. Jerusalén seguirá siendo la sede de la Iglesia Madre, pero surgirá un nuevo centro de acciones que será Antioquía de Siria.  Se sella una primera parte de la historia de la Iglesia que muestra la conclusión de la Misión Petrina.

 

Parece ser que Herodes Agripa llegó a posesionarse en la Pascua del año 41, él no era verdaderamente judío, sino que tenía ascendencia idumea, y esta persecución contra los cristianos era un intento de granjearse la simpatía de los judíos.

 

Pone en celda a San Pedro, vigilado por piquetes de 4 soldados, dos de ellos dentro de la celda, dos en el exterior.  Y, al otro día iban a presentarlo al pueblo judío. Viene el Ángel y le dice, “Date prisa”, “Ponte el cinturón y cálzate”, “abrígate con el Manto”. Se la cayeron las cadenas de las manos y caminó siguiendo al Ángel, quien lo escolto hasta el exterior, las puertas del palacio real se abrieron automáticamente; al llegar a la esquina, el Ángel desapareció.


Este relato nos deja ver que la protección de Dios no ha cesado y que el Señor sigue actuando.

 

Sal 34(33), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

A lo que acaba de suceder debe acompañarlo una intensa acción de Gracias, y también en nuestro corazón al recordarlo. Acompañemos con nuestra dicha a San Pedro que con esta salida de la prisión inicia su Éxodo, que no consiste en morir, sino en una liberación de las cadenas y en un caminar con los Ángeles hacia la Presencia.

 

Él puede decir con total sinceridad que la Alabanza para Dios se ha vuelto constante en sus labios desde aquel momento. Y no es una alabanza que sólo se oye en el Cielo, sino que su eco llega a todos los piadosos, que son el linaje de los sencillos, la parentela de los humildes.

 

Pensemos en aquellos momentos mientras estaba preso: ¿qué diría? ¿qué pensaría? Muy seguramente le relataba a Jesús sus padecimientos, ofreciéndoselos como ratificación de su amistad y como propiciación por sus negaciones. Y el Señor, “lo libró de sus angustias”.


Y con tan magnifica experiencia angelical, de la Presencia Liberadora de Dios, da testimonio: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha, y lo salva de sus angustias.

 

Y nos hace ver que el Ángel no es que, estaba muy ocupado y no llegaba, sino que el Ángel estuvo todo el tiempo “acampando” a su lado, hasta el momento exacto que Dios marcó para liberarlo. Bienaventurado todo viviente que confía plenamente en el Señor.

 

2Tim 4, 6-8. 17-18

La vida del Misionero es una Maratón Olímpica: Esta es la comparación que propone San Pablo, y él señala que ha puesto todo su empeño en cada paso de la carrera, procurando correr, dando siempre lo mejor de sí, a la Gloria del Señor. En esta competencia, se debe entender así, no será premiado un solo competidor, tampoco es el caso que haya sólo un podíum exclusivo para oro, plata y bronce; la muy merecida corona la recibirán todos los que hayan perseverado en la espera de su venida.


No se logrará si Dios no interviene proveyendo las fuerzas necesarias a esa constancia, a esa fidelidad. No solo hay que anunciar, sino que hay que anunciar con integralidad, no dejando por fuera elementos vitales para una buena comprensión de El-Dios-Revelado.

Sabe que va a ser sacrificado y no ruega para evadir el martirio, sólo implora la asistencia para no quebrarse, para experimentar ese “paso” con Fortaleza, sin deficiencias de última hora, preservado dentro de la Fidelidad que lleva al Cielo. Esto es, no para su orgullo, ni para colmar sus vanidades; sino para llevar al Reino toda la Honra, Gloria y Majestad propias del Señor.

 

Mt 16, 13-19

PRIMUS INTER PARES

Cristo y la Iglesia son como el sol y la luna. Los Padres de la Iglesia la comparaban con el misterio de la luna; porque ésta necesita siempre la luz del sol para alumbrar; lo mismo la Iglesia necesita siempre la luz de Cristo para iluminar nuestro mundo.

Milton Jordán Chigua

El marco espacial de la perícopa es el extremo norte, muy lejos de Jerusalén, en territorio pagano. Pedro en su proceso formativo alcanza un estatus de solidez probada; su fe llega a ser de piedra. Sobre esa fortaleza Dios ha decidido edificar y poner el encargo de dilucidar lo que es Eclesial y lo que está por fuera. No se ignora que toda autoridad puede eclipsarse, puede desgastarse, puede corromperse, puede contaminarse. En vez de ser algo que edifica, puede ser algo que roe la verdad, que declina y mengua la libertad.


Se trata de una trasferencia de autoridad, Jesús le entrega a San Pedro, “las llaves del Reino de los Cielos”, lo designa su עַל־בֵּיתֹ֔ו [al-bayith] “Mayordomo”, se dice en hebreo; esta que es una categoría verdaderamente “teológica” y significa que está a cargo de “gerenciar” todos los asuntos de la Casa. La definición que da el texto Evangélico dice “lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo”.

 

«Atar/desatar expresa entre los rabinos, la totalidad del poder: bien sea el de prohibir o permitir; el de condenar o absolver. Cielos y tierra, expresa la universalidad, lo divino y lo humano, lo inmanente y lo trascendente» (Milton Jordán Chigua)

 

Le asigna el cargo porque pasó el examen y contestó correctamente la pregunta “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. ¡Qué pilo San Pedro! No lo entendemos así. Entendemos que Dios-Padre lo escogió y la manera que tuvo esta comunicación del Padre al Hijo fue ser portador de la respuesta, no era algo que él sabía por su enorme agudeza teológica, fue algo que brotó de su espontaneo, señal con la que el Padre le indicó a Jesús cuál de sus Apóstoles sería el “titular del llavero”.

 

Es por esta razón que Jesús no le dice: Te pongo a cargo porque eres muy listo y con tu claridad has dilucidado con precisión mi identidad. En cambio, le dice “Dichoso tú, Simón Barjonas, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo. (Mt 16, 17bcde).

 

«Nuestra Iglesia local (parroquia, diócesis, etc.) debe tener como propósito describir la imagen de una Iglesia auténticamente apostólica, quiere trazar el rostro de una Iglesia que se alimente de las Escrituras, de los apóstoles, que acoge las palabras del Papa y de los Obispos, que cuida la recta doctrina, según la sana tradición apostólica, porque toda verdadera novedad en la Iglesia nace del descubrimiento de la raíz apostólica. Se busca una Iglesia que promueva la obediencia y la comunión con los sucesores de los apóstoles, que se sienta enviada a todo el mundo con la fuerza y la valentía de los apóstoles». (Carlo María Martini).


La Iglesia no está construida ¡y ya! Es la comunidad donde vive la fe, no es una colección de láminas ya completa -un álbum con todas las “monitas”- que lo único que debe hacerse es guardarla en la caja fuerte (o aplicarle una densa inyección de líquido momificante, como quisieran algunos). Cada creyente, que es Iglesia -de una manera no solo literaria- sino Iglesia-viva, va desarrollando una maduración y una -vivencia-y-comprensión de su ser-Iglesia; el conjunto de esas individualidades constituye un sistema de capilares por donde circula la Sangre de la Iglesia-viva-y-actuante de cada momento histórico. La Iglesia es, como ser vivo, mucho más que la Biblioteca Vaticana y estriba en ese dinamismo, que es -por mucho- tan frágil como todas nuestras limitaciones y donde la única Perfección y Completitud es el Señor.

 

Esa comunidad mundial es una Orquesta Sinfónica, y el Papa tiene a su cargo la Batuta. Que ninguno, en su atrevido egoísmo se arrogue el título de improvisar disonancias o romper el tempo que esa varita nos va señalando. A la vez, que no cejen nuestras plegarias para que el Director reciba la Inspiración del Magno-Compositor y logre armonizar todos los miembros del Cuerpo Místico, y -digámoslo nuevamente- nada por propio orgullo, ni para colmar vanidades particulares; sino para llevar al Reino toda la Honra, Gloria y Majestad.

sábado, 27 de junio de 2026

CÓMO SE CONSTRUYE EL REINO

 

2R 4, 8-11. 14-16a; Sal 89(88), 2-3. 16-17. 18-19; Ro 6,3-4.8-11; Mt 10,37-42

 

Los cristianos deben pues encontrarse siempre del “otro lado” del mundo, aquel elegido por Dios: no perseguidores, sino perseguidos; no arrogantes, sino humildes; no vendedores de humo, sino subyugados a la verdad; no impostores, sino honestos.

Papa Francisco

 

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte.

Es duro rehuir la impostura. Hemos sido atrapados en sus redes. Allí donde se nos ofrece seguridad lo que encontramos es la zozobra. Los héroes-salvadores que rondan y abundan son precisamente los que toman a su cargo fomentar el desasosiego. Si buscamos –a diestra y siniestra- nos hallamos sitiados por los paladines de la intranquilidad. Y –con frecuencia- nos hacemos cajas de resonancia para atizar la angustia. En ese contexto se vive la aspereza de la persecución: conminados a ser altavoces de las tinieblas, constreñidos para repetir la proximidad de la hecatombe.


Y, sin embargo, nos negamos rotundamente a ser “vendedores de humo”. Y, no es porque dudemos de la Justicia, sino –precisamente- porque estamos seguros de ella. No creemos que Dios se hace el de la “vista gorda”, pero reiteramos que su Justicia es Misericordiosa y que sus Promesas, su Alianza no se deshace en vacío. El bautizado está destinado a “cantar eternamente las Misericordias del Señor”: “Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu Rostro. Tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro Rey”.

 

«Tu poder es nuestra garantía. Tu fortaleza es nuestra seguridad. Nos gloriamos que seas nuestro Dios. Nos alegramos de tu poder, y nos encanta repetir las historias de tus maravillas. Tu historia es nuestra historia, y tu Espíritu es nuestra vida… Tú eres nuestro Dios, y nosotros somos tu pueblo… Nosotros podremos fallarte, pero Tú no nos fallaras nunca.»[1]


 

El futuro está asegurado

Padre de bondad… concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad…

De la Oración Colecta

 

Siempre interesa, a la mejor comprensión de la Palabra de Dios, atender a los aspectos estructurales: ¿cómo está organizado el Mensaje? ¿cómo están entretejidos los diversos estambres? Todo esto que parece alambicado, no lo es –para nada- no es el afán por volver complejo lo que Dios en su bondad nos entrega con suma sencillez, sino una responsable preocupación por captar las profundas resonancias que transmite esa Bondad-Generosa. Se vuelve indispensable acercarse, siempre a “pie enjuto”, porque la Tierra que se pisa es Tierra Sagrada. Urge, pues, un esmero por contextualizar, por profundizar, por alcanzar una más cabal inteligencia de tan magnífico don.


En el Evangelio de San Mateo, el que leemos este año del ciclo A, en el capítulo 10º, se nos revela Jesús, que nos brinda ser partícipes de su misión. Él se busca unos “colaboradores” que serán oficiosos continuadores de su acción, en esa medida, se harán miembros del Cuerpo Místico y se volverán co-corporeos con Él. Allí aprendemos que «los discípulos deben esperarse dolores y persecuciones, siguiendo la suerte de su Maestro (10, 16-25); pero no deben tener miedo: el Espíritu hablará en ellos (10, 19-20) y el Padre los custodiará (10, 24-31); ellos sólo tienen que preocuparse por ser fieles pública y valientemente a las exigencias radicales del Evangelio y a la cruz de Jesús (10, 32-39).»[2]

 

El Evangelio del 12º Domingo Ordinario, dijimos que se extraía de una “cebollita”, y dijimos también que su segunda capa se formaba, por arriba, con los versos 10, 5-15 con las instrucciones para ir a sembrar paz, advirtiéndoles que sólo algunos la recibirían; y, por la parte de abajo, dijimos que se encontraba esa enigmática consigna en torno a la paz que sembramos: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada”. Mencionamos que esta parte de abajo, de la segunda capa, la formaban los versículos finales  del capítulo 10, 34-42. No especificamos más. Pero, la perícopa de este Domingo 13º Ordinario, está tomada de esta segunda capa, y eso nos precisa entrar en mayor detalle.


Efectivamente, esta segunda capa en su parte inferior podría dividirse en dos subcapas: 10, 34-37 y 10, 38-42, ese sí, el final del capítulo. La primera sub-capa se referirá a lo que es aún- más doloroso, que nuestra propia familia se volverá contra nosotros, simplemente porque les causa repulsión vernos fieles y firmes, mantenernos en la fe. Si somos coherentes con el Camino de Jesús, nuestra parentela estará en la lista de nuestros adversarios, y se enlistaran entre nuestros enemigos, serán de los que nos persigan. Desde aquí toma la palabra nuestra perícopa de esta fecha.

 

Al ser consecuentes con esta declaración tenemos que saber priorizar ¿quién está primero, nuestros lazos de sangre o nuestra fidelidad a la Alianza? «Jesús puede no ser amado. Pero no puede ser amado menos que otro: no sería el Señor, a quien hay que amar con todo el corazón (Dt 6, 5s)»[3] Ahí se enraízan los versos 37-38: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; El que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.” «Cada uno tiene “su” cruz, que puede ser sólo suya… Cuando llevamos nuestra cruz no estamos solos. Él está delante, y lleva la parte más pesada, sobre la cual será levantado. No consiste este discipulado en coger una cruz y llevársela para la casa. Nosotros en pos de Él, llevamos la parte liviana, que será clavada en tierra y sobre ella bajará su sangre.»[4]

 

«Los discípulos en el evangelio de Mateo, no son los que han aprendido la doctrina de Jesús, sino los que viven según su Palabra y reproducen las actitudes y los gestos que han hecho de Él el Hijo obediente al Padre y a su voluntad. Así, los discípulos son exhortados a no encerrarse en los estrechos límites de la propia familia y de sus exigencias, sino abrirse al Evangelio, al programa de vida propuesto en las bienaventuranzas y al gran compromiso del amor fraterno»[5]. Aparece esta puja entre el amor a los padres y el amor a los hijos e hijas, por una parte, y de la otra, a Dios, a Jesús, a su Cruz. ¿Quiere esto significar de alguna manera que hemos de rechazar en nuestro corazón el amor por nuestra parentela? No dice nada parecido, ni podemos estirar el texto para ponerlo a decir lo que no dice. Pero lo que si dice es que, hay una “jerarquía” de los amores; y, que no se puede poner a los parientes cercanos y próximos, como pretexto para eludir las responsabilidades que nos impone la fe. La fe nos compromete a salir al mundo a llevar el anuncio. Y esa primera parte concluye afirmando que el discipulado conlleva el riesgo de la propia vida.


 

Nuestro discipulado cristiano nos concita a salir de las paredes domésticas, -y a otros de la sacristía- donde han encontrado tácito refugio para anegarse en ternuras con las ovejas cercanas dedicándose -como lo dijo tan significativamente Papa Francisco- a peinarlas; descuidando el envío que supone declararse y confesar la fe en nuestro Señor. Destaquemos rotundamente que el Señor a los que llama envía. Y que el segundo “discurso” de Jesús en el Evangelio mateano 10,1 – 11,1, es en la parte donde Jesús instruye a los apóstoles y los manda sin oro, sin plata, sin cobre (monedas en metálico), sin alforja, sin túnica de repuesto, sin sandalias, ni bastón. Este sermón concluye con la perícopa que se proclama hoy, de la cual forma la última parte.

 

Sólo queda pendiente una aclaración de este envío, de esta consigna de salida, como hemos dicho, el discurso concluye con el primer verso del capítulo 11, démosle una ojeada: «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas» (Mt 11, 1)

 

Leídos estos dos versículos en continuidad parecen explicar cuál es la cruz: ser capaces de mirar directo a los ojos el hecho de que los que más amamos sean –muchas veces- los mayores detractores de nuestra fe. Que tengamos que verlos en las filas opositoras, a veces, agnósticos o, verdaderos Saulos de Tarso, con licencia para matar cristianos. Esa es, sin duda, una cruz terrible, pero sólo es digno del discipulado quien no la acorte, quien no le recorte pedazos para alivianarla. «Los cristianos son pues, hombres y mujeres “contracorriente”. Es normal: porque el mundo está marcado por el pecado, que se manifiesta en diversas formas de egoísmo y de injusticia, quien sigue a Cristo camina en dirección contraria. No por un espíritu polémico, sino por fidelidad a la lógica del Reino de Dios, que es una lógica de esperanza, y se traduce en el estilo de vida basado en las indicaciones de Jesús.»[6]

 

Afelpar la cruz

«… el Evangelio hace que salte por los aires el egoísmo. Si uno, con la gracia del Señor, se decide a vivir el Evangelio –es decir, el anti-egoísmo-, forzosamente encontrará dificultades. Dificultades consigo mismo y con los demás, y no sólo por parte de los gobiernos y de los poderosos, sino también por parte de los eclesiásticos. Y ni siquiera únicamente por parte de los hombres, sino también por parte de las estructuras…»[7]

 

Aquellos que, a fuer de su egoísmo, no tienen reparos en acomodarla, le pondrán a la cruz una almohadilla de terciopelo y harán con sus maderos un mueble blando y ornamental, o, tal vez, busquen a quien legársela; habrá casos en que contraten empleados por turnos, para que la sobrelleven, mientras ellos se solazan. Esos ya han perdido la vida: “El que vive su vida para sí, la perderá, y el que sacrifique su vida por mí causa la encontrará.”


 

Este versículo se refiere a que hay también otros, los coherentes, los que llevan su fe hasta sus últimas consecuencias, hasta el martirio si se les pidiera. Claro que no es porque inmolar la vida sea la meta que se nos propone; siempre insistimos en que no todos tienen ese privilegio, están los llamados a derramar su sangre por “probar”, pero lo cierto es que nosotros vivimos por el ideal de hacerlo todo supremamente bien, pese a nuestras limitaciones, lo que queremos es ofrecer la vida pero –muchas veces- simplemente en el martirio blanco, el que Papa Francisco llama el “martirio escondido”; vivir por el bien, dar testimonio de vida: «Los mártires no viven para sí, no combaten para afirmar sus propias ideas, y aceptan deber morir sólo por fidelidad al Evangelio», nos dijo Papa Francisco en una de sus Audiencias de los miércoles. Por eso, debemos tener muy en claro que es absurdo, hasta más allá del limite, pretender –como lo manifestó el Papa- «…utilizar la palabra mártir para referirse a los que cometen atentados suicidas… en su conducta no se halla esa manifestación de amor a Dios y al prójimo que es propia del testigo de Cristo».

 

La promesa de Dios permanecerá intacta

Bendito el que viene en Nombre del Señor: ¡Hosanna en las alturas!

Mt 21, 9c

Volvamos sobre el Evangelio de Mateo, al fragmento que estamos estudiando: Esta sub-capa se puede parcelar en dos estratos: 10, 38-39 el primero; y, 10, 40-42, el segundo; en este segundo estrato se habla de la recompensa que merecerán quienes acojan a los “apóstoles”: “El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; el que recibe a un προφήτην [profeten] “profeta” porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un δικαίου [dikaion] “justo” porque es justo tendrá paga de justo. Así mismo, el que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos μικρῶν [micrón] pequeños {pobrecillos}, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.

 

¿Por qué serán tan magníficamente recompensados? Primero, porque un apóstol es un “justo”, porque un apóstol es un “profeta”. Pero todavía hay una razón más fuerte: Porque quien recibe a un μαθητοῦ [mathetou] “discípulo” está recibiendo al mismísimo Jesús, y por transitividad, está recibiendo a Dios-Padre, al propio Abba.

 

Notemos el intensísimo enlace de esta parte del Evangelio con el tierno corazón de la Sunamita en la Primera Lectura: Lo que a ella le movía la conciencia era descubrir en el profeta Eliseo a אִ֥ישׁ אֱלֹהִ֖ים קָדֹ֣ושׁ ה֑וּא [Ix Elohim kadowish ju] “un hombre santo de Dios”.

Queremos concluir con las mismas palabras de Papa Francisco: «Que Dios nos done siempre la fuerza de ser sus testigos. Nos done vivir la esperanza cristiana sobre todo en el martirio escondido de hacer bien y con amor nuestros deberes de cada día»[8] y de acoger con sincera dulzura a todos los que lleguen a nuestra vida trayendo en sus labios y en su corazón el anuncio del Santísimo Nombre.



[1] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO-ORAR LOS SALMOS. Ed. Sal Terrae. Santander. 1993 8ª ed.  pp. 170-171.

[2] Martini, Carlo María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1995 p. 296

[3] Ibid p. 221.

[4] Ibidem

[5] Gironi, Primo. LA CASA SOBRE LA ROCA Sociedad de San Pablo. Bogotá-Colombia 1ª ed. 2008 p. 89

[6] Papa Francisco. Loc. Cit.

[7] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Editorial Sal Terrae. Santander-España 2da ed. 1985 pp. 90-91.

[8] Papa Francisco. Loc. Cit.