lunes, 18 de mayo de 2026

Martes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 20, 17-27

Pablo se siente movido por el Espíritu… su misión es ser testigo del Evangelio y de él va a dar testimonio hasta el fin, siguiendo los pasos de Jesús. La entrega de sí mismo hasta la muerte va a mostrar que la esencia del Evangelio es el anuncio de la gracia de Dios

Ivo Storniolo

Pablo iba rumbo a Jerusalén, donde esperaba llegar para la fiesta judía de Pentecostés, que ellos llaman Shavuot, es decir, “semanas”, es una festividad que conmemora la entrega de la Torá (el Pentateuco) en el Monte Sinaí, a Moisés, valga decir, que actualiza la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel), se celebra exactamente siete semanas después del primer día de Pesaj, que conmemora el éxodo propiamente dicho. Este año la celebración inició el 1º y llegó hasta el 9 de abril; Shavuot, este año empezará el jueves 21 de mayo desde la puesta del sol; e ira hasta el anochecer del 23 de mayo y se celebra permaneciendo despierto toda la noche estudiando la Torá, y escuchando la lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga.

 

Parece ser que en Éfeso, a pesar de haber desarrollado una importante labor evangelizadora, y de haber dejado sentada una Iglesia numerosa, quedaron sectores resentidos, que veían en él, una especie de amenaza, contra el culto a Artemisa, que era la diosa pagana por excelencia de aquella ciudad (insistimos en el referente de que se tenía como una de las 7 maravillas del mundo antiguo, precisamente el Templo de Diana en Éfeso, Diana fue el nombre que los romanos dieron a Artemisa, la diosa griega) -que simbolizaba la fertilidad, razón por la cual era representada con muchas ubres- y, muy seguramente el gremio artesano que usufructuaba del comercio con estatuillas y reliquias de ese culto, lo veían con muy malos ojos, -en Hch 19, 21-41 Pablo predicaba contra los fabricantes de estatuillas idolatras; razón por la cual, estando en su ruta, evita llegarse hasta allí, pasando por Macedonia (Tesalónica y Filipo), pasando una gran parte de ese tiempo en Corinto, de Troas Pablo fue a Asos -en Cefalonia- y luego a Mileto -al sur de Éfeso, y es allí donde la perícopa de hoy encuentra su encuadre espacial.

 

Convoca pues a los presbíteros en Mileto (ciudad relativamente cercana, separada por unos 48 Km), y les dirige su discurso de despedida, es el Tercer discurso de San Pablo, -con el cual se pone término a la labor de San Pablo en Asía, incluible en el género de los mensajes de despedida- donde hace un repaso de su labor, señalando que su consciencia está limpia, en el sentido de haberles entregado todo cuanto el Señor le había encomendado trasmitirles. El marco de esta alocución, lo señala el propio apóstol, es la humildad, las lágrimas, y el recuerdo de las muchas conjuras que los judíos le opusieron.

 

Señala que su misión ha consistido en dirigirse indiscriminadamente a judíos y griegos, para llamarlos a la conversión hacia Jesucristo. Les muestra que -va camino de Jerusalén- encadenado por el Espíritu, que le va mostrando, conforme avanza, que lo que le aguarda no es para nada placentero, sino puros sufrimientos.

 

Compara su vida con una carrera atlética, cuya meta consiste en ser coherente con la herencia que el Señor Jesús quiso donarle: el Testimonio de la Gracia inquebrantable de la Buena Nueva. Concluye su discurso señalándoles que ya no volverán a verlo, habiéndoles exhibido enteramente el Plan de Dios, porque él no ὑπεστειλάμην [upesteilamen] del verbo ὑποστέλλω [upostello] no hizo “acomodos”, no “maquilló”, no se “deslizó sigiloso, arrastrándose entre los rincones”, no “rebajó el alcance, para poder meter gato por liebre”, sino que les entregó -por entero- el “Plan Inmutable de Dios”, el “Designio Eterno”. Así puede concluir: ¡Misión cumplida!

 

El Pastor le habla a su rebaño, con los acentos de quien sabe que no las volverá a ver, ni ellos a contemplar su rostro; ni a dirigirles palabra alguna. Los aspectos que toca son, en síntesis: el desprendimiento, la caridad y el permanecer vigilantes

a)    Su vida entre ellos ha sido de total trasparencia.

b)    Ha estado al servicio de Dios entre las lágrimas que ha derramado y las confabulaciones que los judíos han maquinado en contra suya.

c)    Ha convocado a la conversión tanto a judíos como a gentiles; como discípulo de Jesús ha mantenido coherencia de vida respecto a las Enseñanzas dadas por el Señor y así poder llegar a creer.

d)    Se ha hecho “preso del espíritu” acatando sus mociones, aún contra las recomendaciones de sus amigos.

e)    No sabe con certeza qué le sobrevendrá, pero lo que alcanza a distinguir son nubarrones de oscuros presagios.

f)     Sin embargo, estos presentimientos no lo arredran ´porque lo único que toma en cuenta es el fiel cumplimiento de su ministerio, acorde a lo recibido del Señor Jesús: el “plan de Dios”.


Mañana, continuaremos examinando la segunda parte de este discurso -su último testamento- de instrucción a los presbíteros y de despedida. 

 

Sal 68(67), 10-11. 20-21

Nadie se salva solo

Ese es mi gozo, Señor, y esa es mi protección: andar en compañía de tu Pueblo, luchar en sus batallas, llorar en sus derrotas y alegrarme en la victoria. Tu eres mi Dios porque yo pertenezco a tu Pueblo.

Carlos G. Vallés s.j.

Este salmo nos obliga a mirar y contestarnos ¿cómo nos hacemos Pueblo de Dios? La respuesta está en la sinodalidad, adhiriendo a la Comunidad y peregrinando junto con ella. Papa Francisco retomó esta idea, Nadie se salva solo, en su homilía pronunciada en el Atrio de la Basílica de San Pedro, el viernes, 27 de marzo de 2020, enmarcado en ese tiempo de pandemia, de incertidumbre y miedo, y mirando la soledad de la Plaza, con el corazón lleno de sinodalidad afirmó: «Cuánta gente, cada día, demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras. ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos.».

 

Se insiste con este salmo Real, que hemos venido proclamando desde el viernes pasado, y con el cual insistiremos hasta este jueves venidero. Hoy se han configurado dos estrofas con los cuatro versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).


Dios ofreció una tierra que “mana leche y miel”, aquí el Salmista alaba la deferencia de Dios que les dio tregua, con una lluvia abundante, dándoles refugio en una tierra dispuesta para albergar a los לֶעָנִ֣י [leani] deriva de עָנִי [ani] “pobres”, “humildes”. “afligidos”.

 

Y, en la segunda estrofa: nos exhorta a practicar con asiduidad la gratitud, teniendo siempre en mente que Dios nos alivia y nos ayuda a llevar nuestras cargas, en las duras, extiende su Mano salvadora y cuando la amenaza es “mortal”. Él nos preserva.

 

El responsorio sigue apelando a los reyes de la tierra para que se unan con sus cantos de alabanza a Dios. No olvidemos que todo el Salmo se canta en tono de Teruah, en clave de dicha y alegría agradecidas.

 

«No soy un viajero solitario, no soy peregrino aislado… La alegría del viajero unida a la satisfacción resiliente. Somos a un tiempo peregrinos y ciudadanos, estamos en camino y hemos llegado, reclamamos tanto el Sinaí como Sion por herencia. Contigo a nuestro lado, peregrinamos con alegría y llegamos con gloria». (Carlos Gonzáles Vallés s.j.)

 

Jn 17, 1-11a

Glorifica a tu Hijo = Exalta al Hijo, al rango Glorioso

Para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en Su Nombre.

Jn20,31


Hoy entramos al capítulo 17 del cual nos ocuparemos estos tres días, hasta el jueves, dándole espacio al capítulo 21, el de “la pesca milagrosa”, relato post-pascual que nos sintetiza la experiencia de la joven Iglesia en la triple declaración amorosa de Pedro al Señor, del cual veremos -entre viernes y sábado-, una perícopa de 11 versos repartidos entre las dos jornadas.

 

El capítulo 17 nos trae la que denominamos la oración sacerdotal, que, se podría decir que es el Padre Nuestro en el Evangelio joánico. Hoy tenemos una especie de preámbulo, este Padre Nuestro no va a empezar con una petición de que les enseñe el camino de la Oración. Va a plantear la llega da de la Hora. La Hora Hermosa, la Hora Anhelada, -habría que poner ahora signos de admiración, como mínimo, no es la hora en que Él va a instaurar la gloria de su Poderío, sino la Hora en la que se verá, muy a pesar y muy a contra hilo de las expectativas, el significado profundo de esta Gloria por vía dolorosa, llevando la Kénosis hasta el límite de invertir toda la escala valorativa tradicional. δόξασόν σου τὸν Υἱόν [doxason sou tou uion] “Glorifica a tu Hijo”, “Elévalo a su Máxima Dignidad”, “Condúcelo a la Cumbre de su Esplendor”, “Dale su rango en plenitud”. En el Padre Nuestro que solemos recitar va por delante la Glorificación de Dios, todo encuentra su sentido en la glorificación de YHWH, “que está en el Cielo”. Pero aquí la glorificación es transitiva, no se Glorifica directamente sino a través de la Glorificación de su Plenipotenciario: ¡Esa es la Gloria! Su Hijo, Su Amado del Alma, será glorificado y esa Gloria recaerá por entero en el Padre, que no sólo Glorifica, sino que le da -a los que somos los destinatarios de tanta Bondad- de Ese Amor-Tan-Grande. Todo lo que es de Dios nos permanece inalcanzable, pero en la Glorificación del Hijo se nos manifiesta y se hace nítido para nosotros toda Su trascendencia”: Jesús es Sacramento del Padre. A través Suyo toda la Grandeza Divina se nos trasparenta.

 

Esa Glorificación Descomunal e Inenarrable, no es para adornar su Trono, donde no caben adornos, sino es nuestro Beneficio. ¿Qué brillo se podría añadir al que Es en Sí la plenitud del Destello y de la Claridad, al que Es-Sumo Brillo? La Gloria pedida es la densidad total de la persona, la Gloria del Padre y la del Hijo, son Palabra de Divina-Majestad. Estamos para conocerlo a Él, que no deja de ser un conocer intelectual, pero que, además, es un conocimiento experiencial. No es que debamos abandonar nuestra capacidad mental de acercarnos, sino que también -añadido a lo poco que alcanzamos a conjeturar con nuestro “entender”-, hemos da experimentar -principalmente- nuestra consciencia permanente de “estar con Él” y marchar a Su lado. Su Claridad es Tal, que no tenemos que afanarnos por las “boletas” de primera fila”, su Brillo es tan excesivo que todo el Universo estará en Primera Fila.

 

No se queja de nosotros para nada. No reprocha nuestra pesadez de corazón, no saca a relucir que nuestra nuca es inflexible, rígida, tiesa, para rendir Tributo de Adoración, para nada lamenta que haya tenido que adornar su Pedagogía especialmente con Paciencia contrastada con nuestra lentitud, (la Paciencia Divina no es como la paciencia humana que la damos a regañadientes, como cuando decimos ¡qué paciencia!) La Paciencia Celestial es la generosidad amplia del que conoce nuestra fragilidad porque la ha sufrido en carne propia en la Cruz y en todo su caminar a nuestro lado, desde la Cuna de Belén; en cambio informa a su Padre, que “hemos guardado la Palabra”.

 

La vida Eterna no es algún concepto muy abstracto: Jesús, que es “trasparencia del Padre”, nos la ha dado a conocer, porque la Vida Eterna no es otra cosa que conocer al Padre en el Hijo.

 

Sabe que, en medio de nuestras confusiones y miedos, en nuestro corazón habita la certeza de lo que Jesús nos ha mostrado ampliamente:  que Jesús, “salió”, “procede de”, “se ha desprendido del” Padre. Que aun cuando nuestro pensamiento está abarrotado de torpeza y somnolencia alcanzamos a intuir que Él es “consustancial” con el Padre.

 

Jesús ruega, entonces- a su Padre por nosotros (en el otro Padre Nuestro se dice “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden), aquí Jesús le ruega al padre por nosotros porque nosotros somos sus Amados, los que el Padre le entregó al Hijo: se interesa por dejarnos blindados porque Él ya va a pasar al Padre, en cambio nosotros, nos quedamos en el mundo (aquí mundo significa el conjunto de las fuerzas oscuras que tenemos que enfrentar).


Hay un enfoque que nos da San Juan en el verso 11, que nos muestra que este es un mensaje post-pascual, que es un discurso del Resucitado que el Evangelista ha insertado aquí, es cuando dice. καὶ οὐκέτι εἰμὶ ἐν τῷ κόσμῳ [Kai ouketi eimi en to kosmo] “Yo ya no estoy en el mundo” (Jn 17, 11a).  Que significa -no que se haya ido- sino que Él ha vuelto a entrar en Su Gloria, que se despoja de su kénosis, porque ya asumió la totalidad de su ser-hombre, así que vuelve a entrar en la Plenitud de su Ser-Dios.

 

Al entrar, entra abrazándonos. Entra en la Gloria con todas nuestras fragilidades, llevándolas entre sus brazos desplegados. Presentándolas como salvo-conducto para que -a su debida “hora”- podemos nosotros, también, ingresar. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Lunes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 19, 1-8

Apolo se quedó en Corinto, Pablo avanzó hasta Éfeso. Encontró allá unos discípulos (en número de 12) a quienes preguntó, si habían recibido el Espíritu Santo. Y ellos, ni siquiera habían oído esta combinación de palabras. Πνεῦμα Ἅγιον [Pneuma Agión] ¿Espíritu Santo? ¡Ni nos lo han mencionado! Estas personas estaban detenidas en cierto punto de su desarrollo espiritual, si cabe hablar así…

 

Sólo conocían el bautismo de conversión al que convocaba San Juan el Bautista. Acto seguido, San Pablo les completa su Iniciación Cristiana, y les concede la imposición de manos. En estas acciones, podemos rastrear el Sacramento de la Confirmación, como reafirmación, después del bautismo. Es urgente entender que no se trata de una segunda dosis de Espíritu Santo, sino de una delegación y un envío, que es el significado de la Imposición de manos, lo que hace de este un Sacramento diferente del Bautismo; se entrega al Confirmando una misión muy específica: darse cuenta que la vida en la Iglesia es más que atesorar le fe en el corazón, es sentir la urgente necesidad de proclamar a otros la grandeza y la belleza de Creer en Jesucristo como Salvador. Es compartirles a los hermanos el don recibido. Este Sacramento bien merece llamarse de “la adultez cristiana”, -ya no se nos trata como niños dentro de la Iglesia-, ahora, además, se nos reclama una respuesta y un testimonio: ser discípulos y misioneros, este es el Envío, que es el significado de este impulso sacramental. ¿Qué pasó?, ¡tuvieron su propio Pentecostés! Hablaban en lenguas extranjeras, y profetizaban.

 

No hablaban en lenguas extranjeras por vanidad de sabedores de idiomas, o de inventores de jerigonzas. San Pablo -en 1 Cor 14, 2-19, prefiere que se hable de manera comprensible para instruir a la comunidad antes que hablar en lenguas incomprensibles.

 

El Espíritu les enseñaba a hablar en lenguas para poder llegar a los confines de la tierra y poder cumplir su tarea misional. Es fantástico cómo -tomemos este caso que es ejemplar- los misioneros llegaron a “América” y aprendieron las diversas lenguas y dialectos para ser efectivos portadores del Anuncio de la Buena Nueva. También contamos con un registro escrito de su tarea de aprendizaje porque es gracias a su labor que se han conservado las lenguas de los aborígenes, con diccionarios que apoyaban a la llegada de la siguiente promoción de misioneros.


Pablo, como repitiendo lo que se dijo del segundo viaje: Hablaba ἐπαρρησιάζετο [eparresiazeto] “con audacia”, “con parresia”, con “completa audacia”, “con toda libertad” del Reino de Dios, ¿en qué consistía la tarea de Pablo?: Dialogaba con ellos y trataba de persuadirlos. Aquí tenemos una fijación de principios. ¿Qué le corresponde al evangelizador? No obligar a nadie, nada de presiones psicológicas ni chantajes: sólo διαλεγόμενος [dialegomenos] dialogo y πείθων [peizón] “persuasión”, “confianza”.

 

Sal 68(67), 2-3. 4-5ac. 6-7ab

Este es un salmo del Reino. Hoy se han configurado tres estrofas con los cuatro versos y los dos medios versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).

 

Aquí tenemos un salmo un tanto indescifrable porque su poética es elevadísima. Primero nos revela -tomando como referencia, su despliegue de paternalismo con sus manifestaciones en el Sinaí. Aquí se nos descubre como padre de huérfanos, protector de las viudas, anfitrión de los desvalidos y liberador de los cautivos, es decir, se pone de patente su desvelo de predilección con los más desvalidos y los marginales de la sociedad.

 

Así como al principio los puso en el Edén, ahora los lleva a su tierra de promisión: Llevó su rebaño a la tierra que preparó para esos pobres.


La primera estrofa de hoy, anuncia que será nuestro defensor y que derretirá, como a cera, el fuego de su amor-Protector. Los enemigos son los que deben temblar.

 

En la segunda estrofa se señala que, por el contrario, nosotros nos llenamos de júbilo, gozamos ante su Presencia, cantamos tocamos. Se podría traducir esta estrofa como un llamado a “alabar al que cabalga a lomo de nubes”.

 

En la tercera estrofa vemos que Dios le prepara casa a los desvalidos, liberando a los desvalidos y enriqueciéndolos. En la parte c y d del verso 7 se nos dice que, en cambio, los rebeldes habitarán tierra estéril y serán abrasados.

 

La atmosfera es, para sus fieles, la de estar en una fiesta de ilimitado jolgorio donde se han alcanzado por fin, las dichas del esjatón: Los frutos maduros de A Resurrección.

 

Jn 16, 29-33

Me dejaran solo

No se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. Una cosa que nos ayudaría mucho sería preguntarnos si ¿creo o no creo? Si creo un poco y un poco no, ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

Papa Francisco

Ya lo hemos dicho, el Señor deja atrás el lenguaje analógico, que usaba para sugerirnos pautas intelectivas de lo que está detrás del “velo”. Es un conocimiento indirecto, nos enseña sobre las cosas espirituales remitiéndonos a elementos cotidianos, hablándonos de las cosas acostumbradas, normales, con las que siempre estamos en contacto. Ahora, cuando Él ya contempla cercana la “hora”, le es dado adivinar lo que sobrevendrá, y nos lo dice sin tapujos: con total nitidez.


Le decimos -como quien le lleva la idea a un niño en sus fantasías- que sabemos que Él lo sabe todo. Parece una suerte de oxímoron: Si uno conoce -digamos, por ejemplo- un libro entero, porque lo ha leído de cabo a rabo, uno puede decirle al interlocutor: “por los detalles que me has contado me doy cuenta que “lo sabes todo”, queriendo decir que como yo lo leí atentamente, sé que mi oyente también lo conoce por entero. Pero esa manera de hablar depende que yo lo haya leído a cabalidad; más si yo desconozco el “libro en cuestión” ¿cómo podré decirle que “sé que lo sabe todo”?

 

Jesús deja atrás su lenguaje de “comparaciones”. Empieza a desvelarnos la realidad que nos ofrece. Nosotros alcanzamos -también por fin- a vislumbrar su Sapiencia Infinita. La teología acuñó la expresión “Omnisciencia” para indicarnos como es el “Saber Divino”. Aun cuando no sabemos qué es lo que Él sabe, ya es una aproximación muy buena, saber que nada se le escapa, y que nada le tenemos que ocultar, pues todo se le descubre. Y, animados por la evidencia de esta “intuición” nos proponemos dar el gran salto a Sus Brazos, ¡queremos aceptarlo! Recibirlo como Rey Nuestro. Y, conscientes de nuestras limitaciones, y de la variabilidad de nuestros estados, quisiéramos “creer” siempre y “dudar” nunca.

 

Sin embargo, Dios sabe que vamos a tambalear. Él sabe que los fragores, las turbaciones, las inseguridades nos mostraran sus afilados colmillos y nosotros empezaremos a temblar como ovejas, que van al matadero. En medio de esos azoramientos, tribulaciones y ofuscaciones, nos dispersaremos, cogeremos cada cual por su lado y nos apartaremos del rebaño en vez de acudir al aprisco. Él presiente nuestro abandono, nuestras traiciones, nuestra tendencia facilista a la deserción. En cambio, Él no flaquea, porque se apoya en el Pilar inamovible del Padre.

 

Decirle que “Él lo sabe todo”, es sólo una zalema, como cuando uno le dice a alguien “usted es un genio”, porque -con legalidad- sólo un genio puede reconocer la genialidad. Se dice por cortesía, por galantería, por adulación. ¿Podrían acaso sospechar levemente lo que se aproximaba? O ¿era solo un manto tendido al paso del Mesías, conscientes que se arriesgaba sólo el manto, pero uno -se quedaba aparte, al lado del riesgo, evadiendo el compromiso, corriendo a esconderse, desertando de las filas, pagando escondederos a peso? σκορπισθῆτε ἕκαστος εἰς τὰ ἴδια [skorpisthete ekastos eis ta idia] Dispersándonos cada uno aparte”.

Todo esto nos lo dice y nos lo reitera, para que recibamos otro Don que Él nos otorga: ¡La Presencia de Animo! Es la solidez que da el Paráclito, la convicción de que Su Victoria se nos comunica, le da un esqueleto reforzado (un chaleco blindado y todos los útiles para construir el Reino) a la fe y nuestro pecho, queda recubierto por ese Escudo. Allí pueden empezar a pasar varias cosas:

-Una muy común y corriente, que nos acomodemos, con todas las medallas de Jesús en nuestro pecho, a dormir la siesta de Su Victoria.

-Que nos demos cuenta por qué se llama Nuevo Testamento: porque en Él Jesús nos ha heredado la Misión de implementar sus Valores, sus Sueños, su Justicia, su Amor.

-Aún hay una tercera opción: que con amargura y enfado nos dediquemos a renegar de todo y de todos, porque todo sigue igual o -como muchos dicen- cada día es peor.

sábado, 16 de mayo de 2026

EN MARCHA HACIA LA PLENITUD

 

Hch 1:1-11; Sal 46, 2-3.6-9. 8-9 (R.: 6); Ef 1:17-23; Mt 28:16-20

 

Podemos pues poner la Ascensión como un “momento” teológico de exaltación que sigue a la Resurrección, “momento” de comprobación de que Jesús no había muerto y se había quedado así; luego resucitó, pero tampoco se quedó así, simplemente resucitado, sino que “pasó” a la Gloria de Dios y fue exaltado y, como lo dice el Credo, “está sentado a la derecha de Dios Padre”.

 

Ahora, estamos abocados a una etapa de aprestamiento, miramos con ojos profundos e intensos tratando de avizorar la Luz al final del túnel. Esa mirada tiene que impregnarse de visión profética para que sea capaz de depurar lo mejor, y ese esfuerzo lo hacemos solidariamente, cooperativamente, nos convoca para que muchos asumamos el sacerdocio y seamos los parteros de un maravilloso porvenir. ¡Qué divina oportunidad se nos ha dado: ¡Dar a luz una Nueva Época! ¡Invitados a Ascender!


Hemos pasado la Cuarentena de la Resurrección. ¡Eso es lo que celebramos! ¿Es el momento de la separación? ¿Jesús se va? Ya nos acompañó unos días, ahora, ¿ha sonado la hora de marginarse de la realidad y de la historia? Pero de estos interrogantes surge inmediatamente otro más fuerte todavía: Entonces, ¿qué hay de aquello del Emmanuel, del Dios-con-nosotros? ¿Fue que hasta ahí nos duró su acompañamiento? El mismísimo Evangelio de este Domingo, en el que celebramos “La Ascensión del Señor”, nos da la respuesta. Al terminar, concluye diciendo: ¡“sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”!

Sólo si tenemos claro que Jesús permanece entre nosotros y recordamos que “Su fidelidad dura por siempre”, tiene sentido que en la Oración colecta de esta celebración pidamos estas dos cosas:

·         Exultar con santa alegría, y

·         Regocijarnos con piadosa acción de gracias.

 


La propia oración colecta nos explica el motivo de esa alegría y de ese regocijo, que tiene dos razones: i) Porque Cristo es nuestra victoria, y porque ii) no se ha ido, sino que se ha sentado en el trono de Majestad desde donde nos comparte, nos hace -al decir de San Pablo- coherederos de su gloria; esta segunda afirmación explica la primera, aclarando porque Él es “nuestra victoria”.

Si nos apoyamos en el Salmo, -se trata del Salmo 46- entendemos que la Ascensión es de enorme alegría que en este texto se expresa con “voces de júbilo y trompetas, y entonar el mejor de nuestros cantos”, porque no es un alejamiento, no es un ausentarse, es el Ascenso para sentarse en su Trono. Si, en efecto, no estamos hablando de separación, ni de abandono, mucho menos de alejamiento; estamos hablando de “Entronización”, entiéndase bien, ha “subido” a su Trono Santo, para reinar ¡sobre todas las naciones! ¡Exultemos radiantes, cantemos y saltemos de júbilo, El Señor asciende entre aclamaciones al son de trompetas!

 

Este Salmo se clasifica entre los Salmos del Reino: ¡YHWH reina! «Durante el destierro en Babilonia (entre los años 587 y 538) los judíos habían asistido a las fiestas en honor de Marduk, el dios nacional de Babilonia, y se habían quedado impresionados de la magnificencia de los festejos. Pero hay una diferencia esencial entre esta entronización de Marduk y la de YHWH: la realeza se le confería cada año al dios babilonio después de un combate ritual con el dragón Tiamat, combate del que salía vencedor; pero a YHWH no puede nadie conferirle la Realeza que posee desde el origen (Sal 93, 2).»[1]

 

Esta experiencia es clave en nuestra fe, es una experiencia que nos permite vivir la esperanza. Anclados en el aquí y el ahora ¡nunca indiferentes, ni indolentes; no estamos condenados a mirar hacia abajo, al contrario, esta Entronización que celebramos nos conmina a mirar hacia arriba, a levantar nuestros ojos con la fuerza de la fe y con la esperanza garantizada.

«Y aquí viene una pregunta: ¿este mirar hacia arriba no nos podría tal vez distraer de nuestro compromiso cotidiano, no hay quizás un poquito de reproche en las palabras de los ángeles a los Apóstoles: “Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando el cielo?”»[2]

 

«La escritura misma nos da la respuesta a este interrogante: “Este Jesús que les ha sido arrebatado al Cielo, vendrá, así como lo han visto irse al cielo”. Reflexionemos por un momento juntos sobre el significado de estas palabras. Se trata de ese Jesús que ha vivido entre nosotros, que recorrió los caminos de Palestina que todavía hoy podemos recorrer en peregrinación; ese Jesús que, hombre como nosotros, sufrió por las incomprensiones y gozó por la escucha de su palabra; ese hombre Jesús que fue muerto por sus enemigos que atentaron contra su vida y lo llevaron a la muerte; ese Jesús a quien Dios resucitó.

Jesús, aun siendo Hijo de Dios, vivió una experiencia de vida semejante a la nuestra, desde el nacimiento hasta la muerte. Por esto, nos dice la palabra de Dios: “Les ha sido arrebatado al cielo”. Es uno de nosotros, uno que se hizo como nosotros, uno que conoce nuestra experiencia. Con su presencia en el Cielo, pues, también nuestra experiencia, nuestra vida, nuestro deseo ha sido llevado junto a Dios….

 

…Jesús esta allá también como hombre, en esa luz, en esa realidad perfecta que es el Reino definitivo, la Jerusalén Celestial, la ciudad de Dios, el lugar de la paz y de la justicia perfecta, el lugar en donde todo es claro, libre.»[3]

 

Así pues, nuestra respuesta y nuestro trabajo por forjar un mundo mejor, más humano, que permita al ser humano su cabal realización, no nos exime de mirar hacia el futuro trans-mortal; más bien, mirar al horizonte y descubrir que tras el velo del misterio está el cumplimiento de la promesa y saber que El-que-promete -en este caso- es Fiel a su Palabra, nos alienta a vivir con mayor coherencia y nos señala, a la vez, el derrotero que debemos tomar para que ese mundo de justicia se pueda fraguar.

«Jesús está junto a Dios, en el Reino perfecto, definitivo, y al mismo tiempo está con nosotros, todos los días, está con su Iglesia; Jesús glorioso y poderoso está en nosotros y con nosotros, está en nuestras manos para que podamos construir una sociedad más justa, está en nuestra mente para que podamos reflexionar sobre lo que es bueno y lo que es verdadero, está en nuestro corazón para que podamos elegir lo que lleva a la vida y al amor.»[4] Y para que del enclaustramiento saquemos la Luz, como si hubiera sido un denso retiro espiritual. Que nuestro corazón –el corazón de la humanidad- resplandezca mejor que la joya más preciosa, y su destello sea el de Nueva Humanidad, porque Él, todo lo hace Nuevo (Ap. 21, 5).

 



[1] Mannati, Marina. ORAR CON LOS SALMOS. Ed. Verbo Divino Estella (Navarra)-España 1994. P. 38.

[2] Martini, Carlos María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1995. p. 184

[3] Ibid

[4] Ibidem, p. 183

viernes, 15 de mayo de 2026

Sábado de la Sexta Semana de Pascua

Hch 18, 23-28

Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano? Cuando dice uno "Yo soy de Pablo", y otro "Yo soy de Apolo", ¿no procedéis al modo humano? ¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio.

Yo planté, Apolo regó; más fue Dios quien dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo.

1Cor 3, 3-8

Cuando seguimos a Pablo, en su periplo, y ahora que entramos ya en su “Tercer Viaje” (Hch 18, 23 – 20,38) como ya lo habíamos enunciado previamente; hay un dato que recogemos de su herencia enmarcado en su compromiso evangelizador y pastoral: Él no hace proselitismo, no recurre a presiones psicológicas, y mucho menos a chantajes. No es un conquistador, tampoco un colonizador de consciencias, es un “misionero”. Hoy va por Galacia. Frigia, en la Turquía central de nuestros días.

 

En Éfeso, encontramos el rostro evangelizador de Apolo, protagonista de nuestra perícopa de hoy -que debió llegar a esta ciudad a finales del año 52 o a principios del 53, de nuestra era-: un judío alejandrino -su ser de alejandrino ya implicaba una cultura muy erudita, la principal ficha de reputación de aquella ciudad era su biblioteca, había sido fundada en el siglo III a.C. por Ptolomeo albergaba una colección de hasta 700,000 rollos de papiro, lo que atraía las mentes más brillantes de la época; el nicho cultural-intelectual era el Museellón -templo de las Musas-, un complejo donde científicos y filósofos vivían becados por el estado para dedicarse a la investigación. La idea de que la biblioteca desapareció en un único y gran incendio intencional es mayormente un mito. Su fin se dio en un proceso de declive gradual que debió llevar varios siglos.

 

De Apolo diremos varias cosas:

-Era un judío-cristianizado

-Predicador elocuente

-Muy docto en la Escritura,

-Conocía a Jesús: había sido bautizado según el rito de Juan el Bautista y partiendo de su conocimiento difundía la Buena Nueva.

 

En nuestra perícopa se nos dice allí que se puso a hablar públicamente en la sinagoga: pero, no dice que públicamente sino παρρησιάζομαι [parresiazomai], o sea “abiertamente”, “con toda franqueza y sin tapujos”, con “parresia”, “con la valentía necesaria”. Lo oyeron Áquila y Priscila, que le explicaron con mayor detalle “el Camino de Dios”.

 

Pasó luego, a Acaya, donde otros cristianos lo recomendaron para que fuese bien recibido y bien tratado. Apolo aportaba a los aqueos, refutando los argumentos que los judíos esgrimían, y apoyándose en les Escrituras, iba demostrándoles que Jesús era el Mesías.

 

Indudablemente Apolo había sido provisto por el Espíritu de carismas propios para la predicación evangelizadora, sin embargo, esto repercutió en la formación de “grupúsculos” de seguidores, que se oponían a las enseñanzas de San Pablo, y empezó a surgir en los intersticios de la comunidad la tendencia a reclamarse: unos de Pablo y otros de Apolo, otros de Cefas y otros de Cristo (cfr. 1Cor 1,12s and 3,4-11). Esto conllevaba infortunadamente tendencias separatistas y sectarias. Pablo -en la segunda cita que invocamos- señala que todos son simples “ministros de la fe, cada uno según el don de Dios”.


San Pablo nos da una fórmula que ha de servir a la identidad de nuestra fe empapada de la suficiente sinodalidad: “Nosotros somos colaboradores de Dios y ustedes, el campo de Dios, el edificio de Dios”.     

 

Sal 47(46), 2-3. 8-9. 10

Salmo del Reino, esta alabanza y aclamación la Iglesia la ha seleccionado para enmarcar el Ascensión del Señor. Encontramos en este cantico tres momentos: 1) el señor -que bajó a la tierra- ha luchado denodadamente, a brazo partido, o mejor, a manos taladradas y costado traspasado; 2) Victorioso, Asciende al Cielo; 3) Allí reina y reinará por toda la Eternidad. Ya presentamos la relación con la Fiesta de las Chozas, hemos mencionado la Procesión que figurativamente escoltaba el Arca hasta el Corazón cultual del Templo, y su entronización. Aquí, el Ascenso es el de Jesús a la Presencia del Padre, pero allá -y lo comentamos ayer- se refería desde el fondo del valle Cedrón, remontando la colina de Sion.

 

Ayer las tres estrofas eran: 2-3. 4-5. 6-7. Hoy son 2-3. 8-9. 10. Mañana serán: 2-3. 6-7. 8-9. El responsorio de hoy, es igual al de ayer: “Dios es el Rey del mundo”. En cambio, mañana diremos: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”.


La primera estrofa, versos 2-3 nos llama a acompañar la revivificación con batir de palmas, lo primero que se retrotrae, gracias a la memoria-revivificadora, llamada -en hebreo- zijron, es la dicha que los acompañó entonces, y que hoy vuelve a llenar nuestra vida.

 

En la segunda estrofa se nos pide tocar los instrumentos, no de cualquier manera, no es una banda para hacer bulla, hay que tocar con todo arte, con toda técnica, con total pericia; porque este “toque” es aclamación y adoración al Dios-Rey, digno de toda Alabanza. Rey del Mundo, Rey de todas las naciones, y que se sienta en su Real-Trono.

 

Concluye el salmista hoy con el verso 10: Hay un ensamblaje de los gentiles con los judíos, porque dios es Dios de ambos, no hay discriminación, no hay selectividad: La realeza de Dios es -para todos- Realeza en su máxima expresión.

 

Jn 16, 23b-28

Volvemos a un tema esencial en la despedida. Hemos tratado de despertar la consciencia de la importancia del Nombre como representativo y compendio de la persona total. El Nombre lo encierra todo, lo contiene todo; se llega al extremo de poder dominar a la persona cuando conocemos su nombre. Nombre y Persona tienen un vínculo tan estrecho, que están más ligados que la persona y su fotografía. En algunos midrash, esta identificación es tan total que un muñeco de barro, se anima si se le introduce un papel donde está escrito su nombre, pero cae y se desintegra, si se le retira la tarjeta que lo contiene.

 

Dice Jesús que nosotros no le hemos pedido nada al Padre en su Nombre; es como si nos dijera: “Miren de lo que se están perdiendo: Tiene todo el Poder, y despilfarran ese “poderío”, porque no lo aplican.

 

Salta a otra instancia: un rasgo característico de Jesús es darse a entender por medio de παροιμίαις [paroimiais] “parábolas”, “comparaciones”, “alegorías”, “proverbios”. Una parábola -geométricamente hablando- es una curva particular, con forma acampanada, podríamos hablar de una especie de “n”. La parábola -aprovechando las leyes físicas, nos permite llegar, con algún objeto -una pelota, una piedra- al otro lado, cuando no podemos pasar directamente porque algo -una pared, por ejemplo- se interpone en la ruta directa. En realidad esta palabra tiene por etimología griega pasar al otro lado “para”, lanzando o arrojando, “bolein”; y -desde el punto de vista semántico-así es: estando uno a este lado, valga decir, partiendo de algo conocido, se propulsa la “pelota”, hacia el otro lado -hacia lo “desconocido”; y, a pesar de no tener elementos comprensivos para captar lo del “otro lado”, se cumple el objetivo de comunicar, superando la barrera que se interpone, apelando al poder analógico que conecta lo desconocido con su referente conocido. Jesús hablaba en parábolas para ilustrar las realidades “espirituales” apoyándose en elementos de la cotidianidad más corriente.

 


Pero, ¡atentos!  Esta modalidad va a ser abandonada. Ahora, pasará a hablarnos sin figuras, sino directa y escuetamente. Nos va a mostrar al Padre con παρρησίᾳ [parresia] “abiertamente”, “claramente”, “con toda libertad de expresión”.

 

Jesús va más lejos (se lo permite la parresia que está aplicando), no dice que Él vaya a interceder ante el Padre por nosotros, porque no es necesaria ninguna intercesión, el Padre ya lo quiere, Él ya nos φιλεῖ [filei] quiere, Jesús no tiene que abogar; y, Él nos quiere porque nosotros queremos a Jesús, y hemos captado que ἐγὼ παρὰ τοῦ Θεοῦ ἐξῆλθον. [Ego pará toú Theoú exilthon] “Yo salí de Dios”, Jesús es “consustancial” con el Padre, porque Jesús ha “manado”, ha “brotado”, es de su Propia-Sustancia. Este “desprenderse” de Su Misma Sustancia es su “Filialidad”; por eso es Hijo. Se ha desprendido, se ha “desgajado” de Él, para venir al mundo, (en este caso “mundo” significa el “espacio de nuestra dimensionalidad humana, lo que conocemos), y ahora, completará su ciclo histórico, retornando a Él. Su consustancialidad lo “aspira”, lo “absorbe”, tiene que volver a Su Lugar, ir a llenar un “vacío”, porque al Encarnarse, dejó “ese vacío”.

 

Eso es lo que significa ἐξέρχομαι [exerchomai], “salió”, “procede de”, “se ha desprendido de”.

jueves, 14 de mayo de 2026

Viernes de la Sexta Semana de Pascua

 


Hch 18, 9-18

Siempre hemos de procurar buscar referencia co-textual. De donde viene el aparte que estudiamos. Por ejemplo, en la cita que va de los versos 5 al 11. Se nos refiere que la labor evangélica de San Pablo da un cierto giro, más o menos pronunciado, de un antes -cuando lo hacía así, pasa a un ahora, cuando lo hará “asa”: «Cuando Silas y Timoteo llegan a Macedonia, Pablo comienza a dedicarse por entero a la evangelización. ¿Por qué ocurre esto? Parece que anteriormente, viéndose forzado a trabajar toda la semana, sólo podía consagrarse a la predicación los sábados, en la sinagoga. Con seguridad, Silas y Timoteo traían ahora ayuda económica de las comunidades de Macedonia, por lo cual Pablo va a poder dedicarse, por fin, a la tarea misionera». (Ivo Storniolo)

 

Para darle continuidad a la misión de Pablo en Corinto, el Señor -por medio de una visión- lo incita a persistir sin desalentarse y a permanecer allá, y la razón que tiene Dios para tal persistencia, es que de allí va a brotar una comunidad copiosa por el número de fieles que se le sumarían. Dice en los Hechos que se quedó allí año y medio. Hay dos presunciones que se podrían hacer:

-Puede que Pablo haya ido a otras poblaciones cercanas a Corinto, y esto lo imaginamos partiendo del largo periodo que estuvo allí.

-Esta visión que lo animaba a continuar en aquella ciudad -Corinto- es una de las tres que se mencionan. Podemos pensar que esta era una de las maneras como el Espíritu guiaba y conducía la Iglesia en aquellos tiempos.

 

Sólo podemos afirmar esto sin llegar a afianzarlo taxativamente; nos quedamos -en ese sentido- en el plano conjetural de la pura hipótesis. No es que afirmemos que hay allí una mentira, pero puede que este sea el atuendo literario con el que el hagiógrafo reviste las mociones que el Pneuma les inculcaba, que así eran recibidas, en calidad de “visiones”.  

 

Galión Lucio Junio (c. 3 a.C. - 65 d.C.) -nombrado procónsul de Acaya (Acaya era la provincia greca-sureña del Imperio donde se hallaba enclavada Corinto), cargo que desempeñó desde el 51 hasta el 52 d.C.- fue el personaje que dio la ocasión en la que trataron de encausar contra Pablo a los judíos lugareños, pero Galión (al nombrar a Galión no podemos obviar referirnos a él como hermano de Seneca -al renombrado estoico-, ambos originarios de Córdoba, Hispania  a quien cupo la vergonzosa misión de ser el tutor de Nerón; también lo había sido de Claudio); este Galión se negó a terciar en un conflicto -muy poco claro para él- para Galión, el compromiso era un asunto de palabras, de nombres y de leyes del judaísmo; y no de un delito serio o de algún crimen punible para le ley romana. Para él era cuestión de judíos, y en eso, él no se iba a involucrar.

 

El que pagó el pato fue Sostenes, el jefe de la Sinagoga, que -muy seguramente- fue mal visto por su ineficacia para liderar el juicio contra Pablo, y se lo cobraron dándole una paliza, delante de los del Tribunal y en presencia del propio Galión. Tal vez, y esto no está precisado aquí, esperaban que al ver a un judío sobresaliente -se trataba como se ha dicho ya, del jefe de la sinagoga- Galión daría un paso atrás y se ocuparía del asunto, antes que la reacción de la turba se le saliera de las manos. Pero este permaneció impávido; contra toda expectativa, no se preocupó para por ello. No se sabe -porque no se consigna- si el episodio del ataque a piedra y palo fue de parte de los judíos o si provenía de los romanos allí presentes. Tampoco está claro si Sostenes simpatizaba con los cristianos y estaba entre los escuchas que atendían las predicaciones de Pablo. Solo sabemos que en la Primera Carta a los Corintios se menciona un Sostenes y se le nombra como “nuestro hermano”.

 

Las cosas así, Pablo aún se quedó otro tiempo allí, y -junto con Áquila y Priscila- se embarcaron, más adelante, rumbo a Siria. La perícopa concluye brindándonos un detalle: por una cierta promesa -que tampoco se menciona cuál era- Pablo se hizo rasurar el cabello durante su estancia en Cencreas. «… el voto de nazireato, por el cual la persona se dejaba crecer el cabello hasta conseguir la realización de una petición, para luego raparse… está estrechamente relacionados con una antigua tradición hebrea de consagración religiosa, reglamentada en la Biblia (Nm 6,1-21). El nazireato implicaba normas estrictas: no beber vino ni productos de la uva, no cortarse el cabello y no acercarse a cadáveres. La palabra viene del hebreo Nazir que significa "separado", "apartado" o "consagrado a Dios".


Más adelante en el Libro de Hechos, Pablo repetirá la práctica de este ritual nazirita junto con otros cuatro judíos (Hch 21, 17-26).

 

Sal 47(46), 2-3. 4-5. 6-7

Este salmo, también, es un Salmo del Reino. Conviene, aquí, entender, que, desde el punto de vista del judaísmo, el Trono sobre el cual se sentaba YHWH, era el Arca de la Alianza, que se guardaba en le recamara Real del Templo, denominada el Sancta Sanctorum, versión en latín para el קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים [Kodesh haKodashim] “el Sitio más Sagrado del Templo”. Hasta allí se lo conducía en Procesión -que partía de la Fuente de Sion, al fondo del Valle del Cedrón- para entronizarlo, como se ha venido explicando. Al Kodesh haKodashim sólo entraba el Sumo Sacerdote, una vez al año, en el Yom Kippur (Día de la expiación), en aquel Día, entraba y salía cuatro veces, que este año 2023 caerá nuestro 24 de septiembre. Es un acto de זיכרון־ [zijron] “memoria que actualiza” no es algo que se trae a la memoria -no es histórico según nuestro concepto de algo pasado de lo que se tienen registros, sino algo que se vive, como si lo sucedido, acaeciera -una vez más- frente a nuestros ojos, si somos del mismo linaje, tenemos todo el derecho a vivirlo como nuestros padres y todas las generaciones que son, no que fueron; no es una película que se vuelve a proyectar, es la vida misma que místicamente retorna.

 

En la primera estrofa de la perícopa de hoy, se llama a acompañar la revivificación con batir de palmas, lo primero que se retrotrae, gracias al zijron, es la dicha que lo acompañó entonces, y que hoy vuelve a poblar nuestra vida.


Nosotros, en la segunda estrofa, no somos otras personas ajenas al linaje, sino la, misma heredad que el Señor se escogió para que fuera su pueblo, por tanto, todas las bendiciones que Isaac dio a su Primogénito -aun cuando fueron recibidas por un impostor- son válidas para nosotros y nos cobijan como los que Dios quiso desde los orígenes mismos de Israel -linaje de Jacob (que debió haber sido linaje de Esaú).

 

En la Tercera estrofa, como la procesión viene del fondo del Cedrón, quiere decir que el cortejo que finge ser portador del arca, viene subiendo, a medida que suben, resuena la Teruah, son ovaciones, alaridos de jolgorio, aclamaciones de alabanza, es un pueblo en solaz que -emocionado- estalla en júbilo, y tañen sus instrumentos para mostrarle al Dios que camina-con-nosotros, la dicha de ser sus Elegidos.

 

Jn 16, 20-23a

Y nosotros seremos trasformados

La mujer cuando va a dar a luz se alarma, se preocupa, se asusta; ha oído que es como si se le partiera el alma. Que sentirá como que es descuartizada. Luego, la invade un λύπην [lupen] “temor”. “dolor”, “dolor emocional”, es la incógnita de no saber -especialmente la primeriza- cómo lo soportará su cuerpo. Claro, es una pesada aflicción, es temor al dolor, que se manifiesta como una angustia.


Pero, ya nacido el bebé, la madre, descubre asombrada, que ella es más fuerte de lo que pensó, y que lo pudo resistir; su atención se vuelca por entero al nuevo ser humano al que ella ha dado vida. ¡Con su parto! Entonces, toda la alarma, se convierte en jolgorio, y se convierte en alegría.

 

¿Cómo podrían estar tranquilos los discípulos ante la despedida? Jesús ha elegido esta σύγκρισις [sygcrisis] “síncresis”, “comparación” con el parto. Hay dolor, hay padecimiento a pesar que la perspectiva es la de una nueva vida. Así ha sido para los Discípulos, han vivido la deprimente experiencia de perder a su “Líder”, de sentirse desprotegidos, ya sin su Pastor; pero a medida que constataron la Maravilla de la Resurrección, entonces el corazón se notó estrecho para poder contener tanta alegría.

 

Fue lo que vino una vez Resucitó, pero cuando sólo era aviso de su Partida, todo era incomprensible: ellos -como claramente lo expresaron los Dos que iban camino de Emaús, “… pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel”. (Lc 24, 21a), y, ahora, “valiente libertador”, ¡les anuncia que se va!

 

Todo esto es mucho más que incomprensible. Jesús les profetizó que el día de su Partida no le iban a preguntar nada; estarían apabullados por la falta de entendimiento. No era asunto de inteligencia. Era humanamente imposible de entender, y sus cuestionamientos quedaban bloqueados ante la apabullante realidad de la “derrota” y el desmoronamiento de todas las ilusiones “victoriosas”. En ese momento, como en el de la mujer cuando va a dar a luz, todo era zozobra, incertidumbre, inquietud, y, ¡claro que las lágrimas se asomaban -ante estas noticias-, al borde de los párpados.

 

En esta comparación hay un punto prolífico: Cuando la madre espera al bebe -inclusive hoy día- cuando la madre puede tener alguna idea de cómo será su hijo por las ecografías, la sorpresa es despampanante y no puede creer que esa persona tan frágil y pequeña ha brotado de su amor y el de su co-progenitor. Así, todos los que veían a Jesús-Resucitado, no acertaban a reconocer en Él al mismo que les había brindado su Amistad y con el que habían departido tantos momentos. Jesús Resucitado era un “recién nacido”, como se dice técnicamente un “neonato”.

 

Ya ven que la síncresis tiene más de un punto de convergencia y no solo apunta a los dos dispares estados de ánimo, antes y después del nacimiento; sino que, además señala en dirección a la dificultad para identificarlo en la Persona del Resucitado.

 

Tal vez le encontraban un “aire”, pero no eran los rasgos exactos que tenían previstos. Nosotros, también, muchas veces, al referirnos a la resurrección de los muertos decimos que Dios nos proveerá de un cuerpo-glorioso (1Cor 15, 42-58) pero seguro que esperamos una conservación de los rasgos fisionómicos pretéritos, cuando en realidad seremos “criaturas nuevas”.


También nosotros seremos reconocibles, en ciertas acciones, como Jesús “al partir el pan”.