lunes, 5 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


 Gl 1, 13-24

Políticamente, los detractores de Pablo son conscientes de que, si el cristianismo empieza a tomar una postura diferente a la del judaísmo, Roma los perseguirá.

Joel António Ferreira

Una de las estrategias más trilladas es la de investigar en el pasado del “enemigo”, sus puntos débiles, sus oscuridades, aquellos detalles donde se le puede clavar el diente y es más “pulpito”. Pues fueron estos los puntos que buscaron los judeocristianos (cristianos judaizantes) para atacar a la Comunidad que Pablo había adoctrinado, y fueron dos los “talones de Aquiles” que le encontraron:

1)    Pablo no era apóstol, en el sentido que no era miembro del “equipo de los Doce” que andaban con Jesús y que Él instituyó como base de su estructura eclesial.

2)    ¿De dónde sacaba Pablo que la Ley mosaica quedaba superada y ya no era válida para la comunidad cristiana?

 

En su respuesta, Pablo muestra su pasado y aprovecha su fama de judío recalcitrante para demostrar que conocía la Ley perfectamente y entendía con claridad qué era los que estaba cuestionando y removiendo como basamento de la fe. Les dice que él había trabajado ardientemente defendiendo las “tradiciones” que el fariseísmo con tanto denuedo promovía. Recordamos aquí que Paulo se llamaba antes שאול “Saulo”, que proviene del hebreo y significa “el que ha sido pedido al Señor”. Este cambio de nombre significa su cambio de “Dueño”, quiere decir que ahora le pertenece totalmente a Dios.

 

Un cambio de nombre es también un cambio de “Misión de Vida” reconoce que su existencia ha pasado a tener un significado nuevo. Y luego señala, cómo fue llamado directamente por el Señor, que la había dado por tarea anunciarlo entre los gentiles. Pero, y este detalle es clave porque para captarlo hay que resolver el siguiente “acertijo”: ¿Cómo, si él había sido “llamado” ya desde el seno materno, fue posible que primero se dedicara a perseguir cristianos con obcecación asesina? Esto es importante porque nos revela que el “llamado” no es un avatar irrecusable, sino una toma de posición que puede transformarnos, “convertirnos”. Mientras tanto, mientras uno hace conciencia del llamado, uno va dando palos de ciego, descubriendo la misión que se nos ha encomendado. Apóstol, como ya sabemos significa -en griego- llamado, llamado para dirigir una expedición naval, para capitanear un barco y gobernar a su tripulación.

 

En hebreo también hay un concepto semejante, es שליח [shaliaj] “mensajero”, “enviado”, “emisario”, “embajador plenipotenciario”. El ataque apunta en la dirección que, Pablo no era del equipo de los “Doce”, como ya se dijo antes. Y, más grave, porqué fue primero “perseguidor”. Claro, esa clase de acusaciones ya despertaba muchas duda y gran desconcierto.

 

Pasa luego a relatar cómo -tres años después de su conversión, en el camino a Damasco- fue a Jerusalén y se entrevistó con Cefas -con quien dialogó durante toda una quincena- y que había -en aquella ocasión- conocido personalmente a Santiago, pariente de Jesús y, quien asumió las riendas de la Comunidad Cristiana cuando Pedro tuvo que huir de Jerusalén.

 

No pretende otras credenciales, y reconoce que, para las comunidades de Judea, él era un completo desconocido.

 

Sin embargo, no dejaban de admirarse y de glorificar al Señor cuando sabían que antiguamente era un perseguidor y un asesino de cristianos y daban gracias a Dios por que se había convertido en un comprometido anunciador de la fe, que otrora, él perseguía.


«Liberación de una vida programada externamente por un minucioso código de reglas y leyes que conservaban al hombre en su actitud infantil ante la vida. Liberación a una vida adulta y consciente, gracias al uso responsable de la libertad. La vida del hombre no se puede determinar por la relación con un código de leyes sino por un compromiso personal e íntimo con Cristo, que está presente en lo profundo del ser (2,20). La libertad es conducida por el amor a sí mismo y a los demás, amor que se identifica con el compromiso activo con el crecimiento del otro (5, 6.13s)» (Storniolo; Martins Balancín).

 

Sal 139(138), 1b-3. 13-14ab. 14c-15

El viernes pasado tuvimos este mismo salmo, con algunos versículos diferentes, pero esencialmente es lo mismo con el mismo enfoque, sencillamente, en esta ocasión referido a la vocación de Pablo, así como el viernes anterior se refería al llamado de Job y su experiencia mística. Reproducimos aquí, lo que dijimos en ese momento:

 

Muchas veces y en muchos sentidos podríamos concebir nuestra persona como un “plano”, un “diseño” genial que el Ingeniero-muy-ingenioso le entrega al maestro de obra. Cada uno de nosotros es un maestro de obra que toma el “proyecto original” y lo va “implementando”, con mayor o menor fidelidad.

 

En estos proyectos se anidan maravillas, proyecciones fantásticas, admirables, dignas de su “Diseñador”. Por diversos motivos el “proyecto” se puede desvirtuar, puede sufrir desvíos lamentables, aun cuándo al Ingeniero lo movían, originalmente, las más Tiernas y Sabias previsiones.


Sin embargo, todos sumandos en la historia de la humanidad, somos tantos que nuestra desviación del modelo propuesto realmente no afecta la Idea esencial y el resultado total. De otra parte, cuando el maestro de obra es fiel con todas sus fuerzas al Proyecto Entregado, la “obra” puede convertirse en una tubería que provea significativos avances para la funcionalidad del “Plan General”. Cada obra “Individual” es apenas una parte en la Globalidad del Proyecto. Pero el Ingeniero tiene recursos para neutralizar las imperfecciones y maximizar el aprovechamiento de las tareas que se cumplen fielmente.

 

Lo que podemos tener por cierto es que el Gran-Ingeniero tiene un conocimiento detallado y minucioso de lo que ha Diseñado. Hasta el más mínimo pormenor. Y, su “Seguimiento” es tan Puntual que se puede afirmar que Él sabe “cuando me siento o me levanto… y todas mis sendas le son familiares”. Él nos conoce hasta en lo que nosotros mismos no logramos entender ni saber.

 

Uno de los aspectos a tomarle en cuenta al “maestro de obra” es el minucioso análisis que hace del “Plano que recibe”. Y, no menos importante, la revisión cotidiana para corroborar que el “proceso” se esté llevando a cabo en conformidad con los Esperado. Aún más, y -pensamos que muy Grato a los Ojos del Diseñador-, la manera sencilla y humilde como se acerca al Ingeniero y le ruega la explicación de aquellos matices que él no alcanza a entender. A esas consultas que el “ejecutor” le hace al “Diseñador”, las llamamos Oración.

 

La oración es la ruta más eficaz para alcanzar la auto-identificación. Llegar a entenderse a sí mismo, saber “para donde va”, y proceder con fidelidad respecto al diseño, aún en lo que no alcance a dilucidar con claridad, convencido de la Perfección del Plano y de su diseñador.

 

“Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el vientre materno. Conoces hasta el fondo de mi alma, no desconoces mis huesos. Cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus Ojos veían, todos mis miembros, y se inscribían en tu Libro; los formaste día a día, y ninguno se retrasó en su crecimiento. ¡Qué admirables encuentro tus designios! Dios mío, ¡que inmenso su conjunto!”

 

Aun cuando intentamos esconderte nuestros entuertos, la baja calidad de alguna materia prima, o el uso de piezas defectuosas, Tú Señor, todo lo observas.

 

Tus cuidados consagran Tus Dos Manos, para sostenerme seguro. ¡Me has plasmado portentosamente! Imploro que seas Tú Quien Dirija toda la Obra y que yo logre fidelidad respecto a tu Expectativa

 

Lc 10, 36-42

¿… hago tantas cosas (músicas, alabanzas, refacciones, ruidos), que me hacen imposible escuchar en el corazón la voz del Señor?

Pedro Jaramillo Rivas

Según el relato lucano, Marta era el ama de casa y María, seguramente una hermana menor, se preocupaba mucho menos de las labores domésticas, así mientras Marta se afanaba por preparar algo al visitante, para cumplir con los parámetros mínimos de la hospitalidad, María se quedaba a los pies del Señor, escuchándolo o simplemente “contemplándolo”.


 Viene entonces la petición de Marta: lo que ella quiere es que el “varón” como suele suceder en las sociedades androcéntricas, llame la atención a la “mujer” que ha dejado sola a su homóloga, encargada de todo el “servicio”.

 

¿Qué es lo que le pide? Que le diga sencillamente que “le eche una mano”. Marta quiere que el Señor se quede hablando solo, porque quizás no logra entender que haya algo que “aprender” en la escucha, por parte de una mujer de lo que le habla un “hombre”.

 

Siempre se nos recalca que Jesús tuvo un enfoque completamente novedoso de la mujer, aquí María -intuitivamente- captó que, era más urgente “escuchar” que “cocinar”.

 

En continuidad con la primera Lectura, el Evangelio también nos habla de un cuestionamiento de las “tradiciones de los antepasados”, como las llamó Pablo en la Carta a los Gálatas. El cristianismo vino a aportar otro enfoque de las relaciones interpersonales, las relaciones con las mujeres y entre ellas, las relaciones con los esclavos, el ciego cumplimiento mecánico de preceptos y la vehemente observancia de muchas reglas, que -cuantas más mejor- creaban una sensación de disciplina, de observancia, de respeto a Dios. Lo que no sería falso si el propio Dios -por boca de los profetas- no les hubiera enseñado que lo que le gustaba era otra cosa, que en términos generales Dios llamó: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

 

Cocinar y atender la mesa era algo importante y si se quiere vital, pero había algo más, de mayor valía, que debía colocarse por delante, que ya habría tiempo para comer, y beber y reposar.

 

En mucho nos puede ayudar si entendemos que antes del activismo está la escucha. Habría que resaltar que el propio judaísmo ponía en la base de su fe la consigna del Shema: “Escucha Israel”. Ante todo, dejar que Dios nos hable y nos diga, y nos enseñe, y nos dirija, y nos señale un derrotero.

 

Muchas veces creemos -de muy buena fe- que lo urgente es decir muchas y muchas plegarias, y tener una generosa colección de ellas, propias para cada caso y ocasión. Pero en verdad que María no tenía ninguna de estas cartillitas, simplemente se sentaba y lo oía. Si estamos enamorados de Jesús, abramos los Evangelios y quedémonos absortos oyéndolo.


Jesús nos añade una enseñanza más: para poderlo oír y degustar su Palabra, tenemos que vaciarnos de inquietudes y preocupaciones. Mientras le abramos espacio a ese tipo de desvelos, estaremos incapacitados para “escoger la mejor parte”. ¿Cuántas cosas banales nos propone el mundo que nos esclavizan y no podemos sacarlas de nuestra agenda? Compromisos ineludibles que no nos dejan sacar tiempo para estar a sus pies, gozando de su Amor.

domingo, 4 de octubre de 2026

Lunes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

 

Gl 1, 6-12

Se cree que la Carta fue escrita por allá entre los años 54 y el 57. Dirigida a los Gálatas -que culturalmente provenían de los Frigios que habitaban la región y de los Celtas (que era el nombre que les dieron los griegos y que los Romanos llamaron Galos)- se les tenía por apáticos, excesivamente calmados, por muy ignorantes, y, que lo único que los movía eran sus degradantes rituales. En el año 25 a.C. Augusto creó allí la Provincia de Galacia y la ordenó, para su control administrativo, en tres zonas: Pesino, Ancira y Tavio; a la Galacia romana se le añadieron las ciudades de Pisidia, Isauria, Panfilia, Lacaonia, Paflagonia y el Ponto galático. Estas comunidades -a las que se les remite la carta-, estarían situadas, pues, en la región donde hoy queda Ancara, la capital de Turquía. Su lengua nativa era el celta que se mantuvo hasta el imperio bizantino, y el griego que era la lingua franca de la época, que se impuso por motivos comerciales; (de Frigia proviene el gorrito que está en la franja central del escudo de Colombia, y también en el escudo argentino, lo llevaban los habitantes de frigia, estaba hecho de lana o fieltro, con una forma cónica y una punta inclinada hacia adelante, el gorro frigio evolucionó para convertirse en el pileus, un gorro similar que se les daba a los esclavos libertos como símbolo de su manumisión. Este acto de otorgar el pileus a un esclavo liberado se convirtió en un poderoso símbolo de libertad y derechos civiles y los franceses -durante la revolución- lo habrían adoptado como simbología libertaria y de su lucha por la igualdad. Bueno, nos estamos desviando de la cuestión.

 

Según nos informa esta Carta, fue Pablo quien les anunció el Evangelio, y si lo cruzamos con las informaciones que se nos proporcionan en los Hechos de los Apóstoles San Pablo habría pasado por allí en su segundo viaje (Hch 16,6), y habría vuelto a visitarlos, en el tercero.

 

Las comunidades habían recibido y acogido el Anuncio con entusiasmo, -se trataba de Comunidades no judías- de origen pagano. Hasta que llegaron por allí unos judeo-cristianos (cristianos judaizantes) que quisieron imponerles:

-La circuncisión

-Las fiestas y los horarios que se observaban entre los judíos

-La dieta Kosher

-Y abstenerse de cultos idolátricos

 

Vamos a trazar un mapa muy sencillo de la Carta, que nos ayudará a visualizar en contexto, las perícopas que vamos a leer en estos 9 días (desde hoy, lunes 7 de octubre, hasta el miércoles 14 de octubre; exceptuando el Domingo 11) días en los que leeremos esta carta como Primera Lectura. La dividiremos en cinco sesiones así:

1.    Saludo Introductorio 1, 1-5

2.    El evangelio que les anunció San Pablo 1, 6 – 2,21

3.    La Fe en Dios nos hace libres 3,1 – 5,12

4.    Velar por la libertad para no perderla 5,13- 6,10

5.    Un como epilogo conclusivo 6,11-18 (que no tocaremos en las Lecturas Liturgicas)

 

Ni de la introducción ni del epilogo nos ocuparemos en absoluto.  Pero de los otros tres numerales tendremos una muestra significativa en la liturgia de esos nueve días.


De esta primera perícopa -la que se proclama hoy- queremos destacar con cuatro reflectores fundamentales:

1.    San Pablo les predicó el único Evangelio verdadero y confiable.

2.    Aparece una palabra de origen griego ἀνάθεμα [anatema], que eran figuritas ofrecidas como sacrificio a las deidades paganas; por ser gestos de idolatría estaban “malditas”, eso es lo que significa anatema, o sea un “traidor al único verdadero Evangelio”. Quienquiera que viniera a predicarles otro “evangelio” no era más que un falsario proscrito, un “desterrado de Dios” (podríamos descomponer la palabra anatema en: ana “contra” y thema “materia principal). En general, podríamos traducirla por excomulgado, un proscrito de la fe.

3.    Pablo pone sobre la mesa el tema de la fidelidad a la trasmisión del Anuncio evangélico y deja muy claro que no es una cuestión demagógica de tener contento al auditorio. Lo que hay que hacer es -con un celo teológico- ser fieles a lo que se nos ha Revelado.

4.    La enseñanza que Pablo está trasmitiendo no es un producto de la “creatividad” humana, no es una invención, sino una Revelación que Dios entrega y que nos la da por medio de su Hijo Jesucristo.

 

Sal 111(110), 1b-2. 7-8. 9 y 10c

¿Qué significa que el Señor recuerda siempre su Alianza? Quiere decir que Él no es voluble, que su amor y su compromiso son inquebrantables, que cuando Él se decidió a amarnos fue una decisión de una vez por todas, Él, que es eterno, es Fiel a sus empeños, no nos va a fallar, su vínculo con nosotros es inalterable. Nos podemos confiar de sus promesas.

 

Es una oración comunitaria. Se convoca para este ruego a todos los que siguen con rectitud las pautas de la Revelación. No está orando el salmista solo, sino que se une a la Asamblea de los Justos. Son todos los que comulgan con el Proyecto del Reino que entrelazan sus ruegos para -en cadena de oración- garantizar que su Súplica se alce hasta el Trono del Omnipotente.


No es la cantidad de personas, sino el enorme poder de todos los corazones que se vuelven al Cielo para rogar. Son como peldaños en una escalera de amor, cuantos más peldaños juntos, más cerca estarán de YHWH.

 

Esa fuerza se parece en algo y en mucho, a una orquesta sinfónica, que no es que hagan más ruido, sino que lo admirable es como encajan todas las notas, en una cooperativa de amor y -en particular-por la armonía que generan.

 

Cada “músico” aporta, no solo un trocito de su corazón, sino que cada instrumento aporta y se da por entero. Así que es un muro o una escala de muchos corazones entregados y compenetrados con la misma causa, con la misma longitud de onda, con un solo corazón y una sola alma.

 

Esta asamblea, orante, es propiamente lo que se llama Iglesia, todos los convocados para amar al Señor y alzarse enamorados en punta de pies para sentirlo cerca.

 

Pero hay que poner un esfuerzo intensivo: hay que estudiar. Imaginemos un concertista y las largas y trasnochadas horas que consagra a prepararse sobre la partitura que a él le corresponde, para que luego pueda aportar su parte al “concierto”.

 

Esta partitura -en particular- está escrita en clave de Justicia y en clave de Verdad, porque toda la obra es un concierto cuya armonía la ha estructurado el propio Dios, con los lineamientos que Él nos ha regalado.

 

¿Cómo se llama esta obra tan majestuosa?: “Redención”. ¿Quién es el público que la disfrutara? Su pueblo, con el que ha sellado Su Alianza. ¡Quién es El Remitente? Alguien que merece Alabanza Eterna y cuyo Nombre es “Sagrado” y “Temible”, temible en el lenguaje hebreo es “Digno de Toda Reverencia”, no tiene nada que ver con “llenarse de miedo” sino de “Profunda Devoción”

 

Lc 10, 25-37

 

Y lo que es tremendo es que sean motivaciones religiosas las que impidan la proximidad. Y que, sin embargo, de un hombre, considerado como hereje y excluido, proceda la cercanía y la misericordia.

Pedro Jaramillo Rivas.

Tenemos hoy la maravillosa “Parábola del Samaritano”. La experiencia nos lleva, en primer lugar, a mirar a estos dos personajes que pasaron de largo: El Sacerdote y el Levita. A uno le parece raro, porque ellos debían haber sido un verdadero ejemplo de “Compasión”, y en la parábola, son todo lo contrario.


Recordemos que son dos personajes típicos del judaísmo, que les estaba prohibido rotundamente tocar a alguien que estuviera ensangrentado, porque quedaban automáticamente “impuros”. Esta era impureza ritual, en esas condiciones no podían ejercer ninguna función “ritual”, es por esto que dan un rodeo y pasan de largo.

 

Jesús hace en esta parábola una crítica muy fuerte a una religión que pone otras cosas por encima del valor de la persona. Una religión así es una religión que deshumaniza, que no entiende ni la fraternidad, ni la solidaridad y mucho menos la sinodalidad. Una religión que puede dejar de ver a cualquier ser humano como un “hijo de Dios” no es una religión verdadera. Fraternidad, Solidaridad y Sinodalidad se inter-compenetran y forman la “Projimidad”.

 

Fijémonos, religión es lo que restablece la ligazón que se ha reventado, los vínculos que se han deshecho: Nosotros tenemos necesidad vital de tener un claro y fuerte vínculo con “El de Arriba” (Madero vertical de la Cruz) y con todos los hermanos y todas las criaturas, hermandad que hemos adquirido en cristo Jesús que nos ha limpiado con Su Sangre y nos ha revestido de Blanquísima Limpieza (Madero Horizontal). Si la religión no re-liga, entonces no es una verdadera religión.

 

Muchas veces los pretextos que ponemos parecen sacar “la falta de compasión” del terreno religioso (ojo, ¡parece! Pero no es así, todas nuestras acciones, así no parezcan estar relacionadas con Jesús, nos desenmascaran como falsos creyentes o nos dan la oportunidad de acercarnos y ratificarnos como “discípulos”). Por ejemplo, decimos: “es que es peligroso”, o “uno no sabe si piden para drogarse”, otras veces decimos “eso le corresponde al gobierno”, o “dejemos que las monjitas hacen una labor muy bonita en ese sentido”, o “he oído de una fundación que los atiende y son especialistas”. Y, damos la vuelta y pasamos de largo. Y, aun cuando nos pongamos las gafas oscuras, en el fondo sabemos que ¡es Jesús quien tiende la mano!

 

Projimidad es lo que nos propone Jesús si queremos alcanzar la Vida Eterna. Porque esa es la manera de.

-       Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.

-       Y al prójimo como se ama uno a sí mismo.

 

Si el “maestro de la Ley” le dijo a Jesús que había contestado “correctamente”, quiere decir que él ya sabía la respuesta, y se ratifica, que este tipo de preguntas sólo se hacen para “poner a prueba” a los demás, y en este caso -como nos lo advierte Lucas, quería poner a prueba a Jesús como Divino Maestro. Si lo sabe, ¿por qué pregunta?

 

¿Por qué el samaritano no tenía estos bloqueos? Porque la religión samaritana no había cogido por ese derrotero, no tenía tantos “cuadritos” y era capaz de sacar a relucir toda su “humanidad” todo el poder que cada uno de nosotros lleva en el corazón para hacer propio el dolor de los demás.

 

La fe no consiste en prender muchas velitas o rezar muchas novenas, sino en descubrir a Jesús que muchas veces está allí tirado y ser libre y creativo para servirlo en Su Santo Nombre. Recuerdo aquella religiosa que atendía a los “sufrientes” en un hospital de misión en tierra inaccesible y le escribía a su confesor que llevaba mucho tiempo sin recibir a Jesús

Eucaristía y su guía espiritual le hacía notar que ella todos los días lo sostenía en sus brazos.


Que nos quede radiante la consigna, reverberando en nuestro corazón: ¡Ve y haz tú lo mismo!

sábado, 3 de octubre de 2026

TE SUPLICAMOS, SEÑOR, ABLANDA NUESTROS CORAZONES

 

Is 5, 1-7; Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20; Fil 4, 6-9; Mt 21, 33-43

“… os he elegido del mundo para que vayáis

y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.”

Jn 15,9-17

 

…conocer al Señor… Como un discípulo, no como un estudioso. Como un seguidor y no como un investigador.

Segundo Galilea

 

“Sobre todo examinen lo habitual. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: 'Es natural'. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada... Nunca digan: 'Es natural', para que todo pueda ser cambiado.”

Bertold Brecht

 

En su ofrecimiento de amistad, Dios nos lo ha prodigado para que la recibamos responsablemente: Yahvé Dios plantó un jardín en un lugar del oriente llamado Edén y colocó allí al hombre que había formado. (Gn 2, 8), pero no lo dejó allí librado a su albur sino que “le dio al hombre un Mandamiento” (Gn 2, 16a): espera que fructifiquemos en el Amor; tampoco nos ha ocultado quienes son sus favoritos, entre los cuales tenemos a los pobres, a los enfermos, leprosos, ciegos, cojos, tullidos, endemoniados, los despreciados, los huérfanos, las viudas, los niños, las mujeres, los extranjeros, los adultos mayores; para sólo citar una parte de la lista, teniendo cuidado en citar los principales. ¿Aceptamos a los amigos de Dios prodigándoles la amistad como si fueran Él mismo?


Por otra parte, La Sagrada Escritura se constituye en una “Cartilla”, en un “Manual” de la amistad con Dios y con sus amigos. No hay lugar para leerla de otra manera, con otro tipo de espiritualidad, por muy espiritual que suene: ¡Amar a Dios y al prójimo! Nuestra lectura de la Biblia es como una comunicación epistolar con un Amigo. Nos interesa saber de Él, conocerlo, pero sobre todo acrecentar nuestra amistad -y claro- también queremos saber si podemos hacer algo por ese Amigo, de pronto conocer sus gustos para poderle ofrecer algo, un regalo, por ejemplo o, si ese amigo tiene un Proyecto en el que nosotros le podemos colaborar, de alguna manera, si quizás tiene Él un Jardín, un Huerto o una Viña en la cual podemos dar una mano, y ayudarle a velar por sus cultivos.


Debemos decir que leer la Biblia no es el todo, (recordemos que también el diablo se la sabe de memoria, como pudimos constatar en el episodio de las Tentaciones), la revelación es mucho más que memorizar textos. Traemos en nuestras cananas, (perdón, quería decir alforjas) un vocabulario tomado de la jerga militar, sacada en préstamo de los contextos bélicos y –que solapadamente- trasporta una ideología “conquistadora-invasora” que data de la época en que ingenuamente se calcó la Evangelización de modelos imperialistas, cuando se asimiló la extensión de la fe con las campañas conquistadoras. Entonces, tomemos el caso de quienes visitan la Biblia como quien visita un “arsenal” para adquirir una dotación de municiones. ¿De qué nos vale decir que son “municiones santas”? ¡Munición es munición, todas las municiones conllevan un potencial de muerte! Y de vuelta, traemos las cananas (¡ah, por eso se nos entremezcló arriba esta palabreja!) repletas de citas para disparar en ráfaga, y nos anexamos el rótulo: “Preparados para el combate”, “ejércitos de fe”, “soldados de Jesucristo”. ¿Cómo se puede dar un combate de “amor”? Son ideas mutuamente  excluyentes. Abandonemos el propósito de diseminar la fe con la sangre derramada por las espadas y de defenderla y salvaguardarla a fuer de asar gente viva. Nos podemos equivocar, ¡sí!; lo que no podemos es re-editar nuestros errores cambiando la carátula con una a la moda de las ediciones del siglo XXI. ¡El cambio ha de ser rotundo, una verdadera Conversión!

 

Evangelizar no es una empresa marcial, no está relacionada con botas y uniformes, ni con armas, ni con bombas; mucho menos -aun cuando para algunos oídos suenen gratos- con el vocabulario correlativo y las figuras literarias provenientes de las campañas militares y los frentes de guerra. Para no permear nuestra Evangelización con estas ideas que se probaron equivocadas, lo primero que tenemos que hacer es despojarnos de la fraseología guerrera y del vocabulario proveniente de la violencia y de la fuerza de las armas. Somos llamados, efectivamente, a trabajar y a rendir fruto, a no ser “higueras estériles”, pero nuestro contrato no es para desempeñarnos como esbirros y menos como mercenarios, (la fe es ajena a la beligerancia y al sentido de lucro). Sí, digámoslo abiertamente: la fe es un servicio desinteresado que nos compromete por amor con Aquel que es Puro-Amor; y ya que estamos hablando de la contraposición entre lucro y gratuidad, es de carácter forzoso mencionar que todo amor por contraprestación económica es meretricio.


¡La labor del agricultor es tan distinta! Al suelo no se le “conquista”, no se le “domina”, no se le “somete”; muchísimo menos se le “tortura” ni se le “esclaviza”. El agricultor pasa por ingentes facetas laboriosas: desyerbe, abono, poda, regadío; Dios-Viñador mismo señala las facetas por las que Él pasó: plantó la viña, (nosotros que a veces no sabemos nada de la labor campesina, nos imaginamos que es una labor de pan-coger, que las matas dan sus frutos espontáneamente sin esfuerzo alguno); la rodeó protectoramente de una cerca, cavó en ella un lagar (porque a las uvas hay que exprimirlas para que den el mosto que se fermentará para que se torne en vino); le construyó una torre, porque hay que cuidarla, vigilantes para que no la dañen y sólo luego de haberle consagrado todo este esfuerzo, estará lista para arrendarla. Un cultivo, pues, requiere mucho cuidado, tiempo y esfuerzo, estar vigilante, cuidar del regadío, atenderla con suma solicitud. Así ha sido Dios con su Viña. Él mismo la plantó, no uso de empleados, no se la encargó a jornaleros, Él se encargó de todo, porque ningún “agricultor” ama tanto su cultivo como Aquel que lo ha sembrado con sus propias manos, y la ha regado con su propio sudor. Atención a la pregunta que nos dirige YHWH: ¿Qué más se puede hacer por una viña que no lo haya hecho Yo? Pregunta típica del que ama y se ha desvivido por el destinatario de su amor. Reflexionando la parábola de los viñadores asesinos, se viene a nuestra mente la página bíblica del Génesis, donde Dios cuenta la Creación y, enseguida, narra cómo, con delicada ternura, “… plantó Yahvé Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. Yahvé Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer,…" (Cfr. Gn 2, 8-9a). Hasta aquí el retrato de Dios–Padre Providente y Generoso.

 

Dios nos dio una Tierra feraz, que mana leche y miel; aquí viene lo triste y vergonzoso, tenernos que referirnos a los agrazones: «En el texto hebreo una aliteración irreproducible plastifica la amargura de la sorpresa divina. El Señor esperaba de su pueblo sedagah (justicia) y en su lugar hay sa’agah (lamento de los oprimidos), esperaba mishpat (derecho) y en su lugar hay mispach (asesinato: derramamiento de sangre).»[1]  el Malo quiere imitar a Dios-Agricultor  y le sale un remedo; planta su hedionda semilla en nuestro pecho y de allí brota maleza, un matorro que se da silvestre, no requiere ningún cuidado: es la envidia, la avaricia, el ansia de poder, una cierta retorcida crueldad, capaz de sofisticar hasta límites insospechados el pecado contra la vida, contra la naturaleza, contra la creación, no se quedan por fuera –antes bien- son sus presas favoritas sus propios hermanos: “el hombre se hace lobo para el hombre” según lo acuñó en su célebre frase Thomas Hobbes. Escuchando a unos amigos comentar la situación de insolidaridad e indiferencia y el alambicado sentido de la perversidad en los jóvenes, les oí acuñar de nuevo que el “ser humano es malo”; quisiera reiterarles que no es malo en su origen sino que se la conduce y se le atiza para que reaccione con maldad.

 

¿Y, cómo pasa esto? Dándole mal ejemplo, proponiéndoles estereotipos culturales que le inducen al mal, que le depravan el corazón, haciéndolo creer que es natural o sea, que está en su naturaleza, cuando no hay nada menos natural y más artificial en el corazón humano que la maldad. Rompiéndole la familia, insertándolo en un contexto de corrupción. Y ¿qué es corrupción? Viene del latín, el prefijo co- significa que participan varios, que es una acción conjunta, que el Malo obra con apoyo de múltiples co-operarios; y la voz latina rumpere que significa hacer pedazos, trizar, partir, romper; este vocablo está inextricablemente ligado a la palabra –de origen griego- diablo, que significa el que divide, el que separa; la acción del Diablo es eminentemente corruptiva.


Entonces, como están las cosas, Dios nos entregó la Biblia, ese Manual-Excelso del que hablamos al principio, y luego nosotros acumulamos encima todos los libros, las películas, las series de televisión y las propagandas que pudimos para sepultar la Biblia y hacerla inalcanzable e inaccesible. Inclusive para alejarnos diseminó la inventiva que leer era aburrido, y fomento, así, la aversión a la Lectura. ¿Pasó esto por puro accidente? ¿Se volcó la biblioteca y –sin culpa- como teníamos la Biblia en el primer lugar, lo demás cayó encima? ¡No! No fue inopinadamente, hubo premeditación, denunciamos la alevosía con la que se nos ha sustraído la opción del Bien: han sido intereses creados, ha sido ansia de lucro, ha sido avaricia y codicia, están implicados los pecados capitales, la humanidad ha sido deshumanizada a propósito.


En la Segunda Lectura se nos brinda todo un programa de trabajo para la construcción del Reino, para que el Dios de la paz esté con nosotros. Desglosemos sus etapas principales:

1.    Acompañar nuestras súplicas de un corazón agradecido.

2.    Apreciar todo cuanto es verdadero, noble, recto, limpio y amable;… todo lo que merezca alabanza, suponga virtud o sea digno de elogio.

3.    Poner en práctica todo lo que hemos aprendido y recibido,…


Los especialistas nos dicen que el Evangelio original de San Mateo llegaba, en este capítulo 21 hasta el verso 41 y que la Comunidad Cristiana Primitiva, adicionó los versos 42-44, donde se retira la heredad de las manos del pueblo Israelita y se la entregaba a la Iglesia, el “nuevo pueblo de Dios”. Pero aquí reaparece el problema de la responsabilidad: «Por su endurecimiento culpable, Israel pierde la vocación que lo destinaba a la salvación; hace caduca su elección.… La vocación que se le retira a Israel se le confía ahora a un pueblo que se reúne sobre la base de una tarea a realizar. La afiliación a este nuevo pueblo no puede constatarse o demostrarse; tan sólo el juicio revelará quien es el que ha dado fruto y, por tanto, quien forma parte del nuevo pueblo.»[2]


Que no se incurra en ese triunfalismo fácil de decir “los judíos fallaron ahora somos los legítimos propietarios”, lo demás no importa, podemos pararnos en la cabeza, ser arrogantes, causar daño y seguir promoviendo la guerra y la injusticia, el atropello y la violencia, seguir destruyendo el planeta, seguir dañando el medio ambiente. Nadie –sino Dios mismo- Fue, Es y Será (por eso se llama YAHWE) legítimo dueño del Viñedo. Que resuenen en nuestros oídos los ecos de la sentencia bíblica consignada en el Evangelio según San Lucas “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que teníamos que hacer.”(Lc 17, 10). «La Iglesia no es ni un nuevo Israel, ni el verdadero Israel. Recibe una vocación que la determina por completo. Ella no es el pueblo del reino más que en la medida en que permanece fiel a esta vocación, es decir, a la voluntad de Dios. Y solamente el juicio dirá si la Iglesia, a lo largo de la historia, ha sido precisamente el pueblo que ha dado fruto.»[3]

Hay, en el Salmo, un clamor, un ruego que retoma la raíz shub “שׁוּב” (volverse, convertirse, re-dirigirse) de la que hablábamos el Domingo anterior. Aparece en la expresión “הֲשִׁיבֵ֑נוּ” que viene a significar algo como renuévanos, haznos otra vez, regenéranos, rehaznos. Han venido los vándalos, han atropellado la cerca, han pisoteado los cultivos, han arrancado las uvas, pasaron jabalíes pateándola, destrozándola con sus dientes, y sólo han quedado –rozagantes- los agrazones. Retomamos el salmo de súplica, hoy por hoy, en pleno 2026, y rogamos a Dios:

 

¡Oh Señor, Dios del universo, renuévanos,

ilumina tu Rostro y sálvanos!

 

 



[1] Ravasi, Gianfranco. LOS PROFETAS Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1996 p. 67

[2] Zuminstein, Jean. MATEO EL TEÓLOGO Cuadernos bíblicos #58. Ed. Verbo Divino 4ª ed. Estella –Navarra 1999 p. 57

[3] Ibidem

viernes, 2 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Job 42, 1-3. 5-6. 12-17

“… ese sufrimiento era bien real, pero no era un mal, era la escuela del amor, la puerta de la felicidad”

P. Dumoulin

Si uno pasa directo a los versos 12-17, no aprende nada y no ha entendido nada. Es como decirle a Dios, “Tu esfuerzo con este Libro es vano (vanidad de Vanidades) si por nosotros fuera, retíralo del canon”. Es indispensable que enfrentemos los versos del 7-11 para ver la realidad del Mensaje. De otro modo quedamos en las mismas y no vemos el profundo cuestionamiento que le hace Dios a nuestra teoría “retributiva” representada aquí por los tres amigos (+ Elihú), que, por otra parte, son los embajadores del fariseísmo recalcitrante.

 

«El tema central de Job no es el problema del mal ni del sufrimiento del hombre justo e inocente, y mucho menos el de la “paciencia de Job”. El autor de ese drama apasionante discute la propia concepción de la religión. Israel concebía la relación con Dios basada en la doctrina de la retribución: Dios devuelve el bien con el bien y el mal con el mal. Al justo Dios concede salud, prosperidad y felicidad; al injusto, Dios manda desgracias y sufrimientos. Además, esto lleva a una religión de comercio, donde el hombre piensa poder asegurar la propia vida y dictar normas para el mismo Dios. Contra esto, el autor muestra que la religión verdadera es misterio de gracia y gratuidad: el hombre se entrega libre y gratuitamente a Dios; Dios misterio insondable, se vuelve al hombre gratuitamente, a fin de establecer con él una relación de vida.» (Storniolo, Martins Balancin)

 

Cuando Job hace su examen de consciencia, “Para cada falta, Job pide la sentencia divina; si actué mal, ¡que se me devuelva! Ni por un momento pide la misericordia de Dios: Job es un perfecto ejemplo del “fariseísmo” que inutiliza el amor de Dios. ¡al creerse justo, no necesita de la misericordia (Pierre Dumoulin).

 

Esta noveleta tiene por función, dilucidar mucho del misterio de la cruz y la crucifixión que, si no se entiende bien, se termina por decodificar como el Mesías fracasado, o, por lo menos como el “Sacrificio Innecesario”. Y es que el verdadero conocimiento de Dios es experiencia, aun cuando la teoría es un ejercicio lógico-teológico, para penetrar en el duro cascote que recubre la realidad, y que sin este taladro se queda hermética.

 

Job era totalmente refractario para permitirle a Dios que hiciera uso de su libérrima libertad (como reza la muletilla: “valga la redundancia”); para él, Dios está obligado a respetar las reglas de juego como él las entiende. El concluir el relato, el sigue en las mismas, no ha entendido y no ha avanzado nada; sin embargo, ha experimentado el “sufrimiento”, y este padecimiento intensísimo lo ha permeado, ha sido como un ácido bañando su dureza. No necesita entender, pero Dios lo ha “saturado” de lágrimas, y ahora hay un nuevo significado y una nueva opción: Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”.

 

Precisamente en los versos 7-11, Dios desautoriza a los “doctores de la ley” que vinieron con su camuflaje de “amigos”, a empollar reproches con el atuendo de exaltaciones para Dios; y respalda a Job: «Al dar la razón a Job, Dios echa por tierra la espiritualidad oficial de entonces. La “sabiduría” de los cuatro compañeros de Job no sirve para consolar a nadie en su dolor. Ni menos para comprender o defender a Dios (42,7). Los que pretendían ser los defensores de Dios, resulta que son los condenados por Dios. Y necesitan la mediación de Job para que Dios no tenga en cuenta su necia “temeridad”. Estos capítulos finales nos hablan del encuentro de dos libertades. La libertad de Job se expresa en su queja y rebelión; la libertad de Dios se manifiesta en la gratuidad de su Amor que no se deja encerraren un sistema de premios y castigos… revelando que, en el fundamento del mundo, Él colocó la gratuidad de su amor, y que sólo así se comprende el sentido de su Justicia (J.L Caravias s.j,)».

 

«El milagro del Libro está precisamente en el hecho de que Job no da un paso para huir hacia un Dios mejor, sino que permanece en pleno campo de tiro, bajo el tiro de la cólera divina, y es allí donde, sin moverse, en el corazón de la noche, desde lo profundo del abismo, Job que Dios trata como enemigo, apela no a cualquier instancia superior, no al Dios de sus amigos, sino a este mismo Dios que lo oprime. Job se refugia junto a aquel a quien acusa; se confía al Dios que le ha desilusionado y desesperado. Job confiesa su esperanza y toma por defensor al Dios que lo llama a juicio, por libertador a aquel que lo aprisiona, por amigo a su enemigo mortal. (R de Pury)

 

En este Libro, delimitado por los alcances de la revelación en la primera Alianza, para mostrar que la Justicia Divina se cumple, pone el final feliz, aquí en esta vida: “se doblan las riquezas, … Las hijas son designadas con nombres que describen la belleza del alma de Job: “Paloma”, evoca la pureza y el gemido del alma en oración, “Casia” es el nombre de un perfume, el de la sabiduría que proviene de la fidelidad a la ley de Dios; “Cuerno de afeites” es también una imagen del alma, receptáculo de belleza ofrecida a Dios. Los ciento cuarenta años de vida que Dios acuerda a Job significan una nueva plenitud de vida, pero no la eternidad: la mitad de siete generaciones (Pierre Dumoulin).

 

Esta fe de Job, -recordemos ¿qué significa este nombre? “el que llora”, “el que resiste en la prueba”- (y en consecuencia el Mensaje del Libro entero), sólo se entiende dando el salto al Corazón de Jesús. Jesús es el Maestro de la Verdadera Sabiduría, que no vive a la espera de recibir retribuciones. «¿Cómo reacciona Jesús en esta lucha por la obediencia de la mente, cuya solución para muchos es huir, retirarse, abandonarlo todo? Reacciona manteniéndose fiel. Pide a los discípulos que se mantengan, que no huyan, que no cambien de situación, sino que hagan frente a la lucha. Luego, adelantándose un poco, se postra en tierra e implora que, si es posible, pase de Él aquella hora. Es muy bello que Jesús afronte directamente el mal, pero a partir de su propia debilidad: “que pase de Él esa hora”. Su lucha es con el Padre, y Él quiere a toda costa que triunfe la Voluntad del Padre. (C.M. Martini)».

 

«Todos sus pasos son contados y, en el colmo de la miseria, Él camina como vencedor, como un hijo de rey… El camino de la cruz y el de Job son el camino de la Perfección. Para ser “perfecto”, es decir, completamente realizado y entregado, el justo debe recorrerlo; con el fin de que, al no vivir más para sí mismo, se vuelva fuente de salvación para los demás. Aunque era Hijo, aprendió en su Pasión lo que es obedecer. Y ahora, llegado a su perfección, es fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hb 5, 8-9)» (P. Dumoulin).

 

«El libro es una crítica al mercantilismo que obliga a Dios. Dios no está obligado a obedecer a las concepciones teológicas que el hombre tiene de Él, por mejores que sean… Tampoco está obligado a satisfacer los deseos del hombre, aunque sean los de un justo… Dios es el misterio del amor y de la vida, que crea y camina con el hombre, ayudándole a conquistar la vida (Storniolo, Martins Balancin)».


Así hemos llegado al final de nuestra aproximación al Libro de Job y a los tres Libros Sapienciales que se leen en el ciclo par.

 

Sal 119(118), 66. 71. 91. 125. 130

El salmista se hace un interrogante, él como un joven, consciente de su inexperiencia y de sus limitaciones como persona, se pregunta cómo hacer para no errar el derrotero, para andar por las sendas honestas de la rectitud y la piedad, para ir siempre por el camino de los justos.

 

Encuentra un norte que lo orientará: la Voluntad de Dios: quiere hacer conforme a Él le complace, quiere dejarse guiar por la “Voluntad divina”, y se entrega dócil a Sus Manos.


 

Pero no se queda estático, indolente, perezoso, holgazán. No, todo lo contrario: se aplica, “se pone las pilas”, se remanga y se compromete: practica la meditación de sus preceptos, es decir, pone todo de su parte para captar esa Voluntad e identificarla. No se duerme esperando que le caiga del Cielo.

 

Le pide a YHWH que le dé la Inteligencia, pero no, pero él -a su vez- pone de su parte y Lee, más aún, estudia la Palabra, porque es a través de este medio como Dios le puede presentar y entregar lo que pide “la Comprensión”, “la agudeza” indispensable.

 

De los 176 versículos se toman 5, para componer la perícopa que se proclama hoy:

 

Qué es lo primero que pide aquí:

-La Bondad y la Prudencia de Dios

-Cae en la cuenta que el sufrimiento es una vía de “aprendizaje”

-Advierte que en los mandamientos que nos ha dado Dios hay Justicia de la Verdadera; y entonces, recibe el sufrimiento con sincera aceptación.

-Todo lo que persiste es porque se armoniza con la Ley de Dios: él se declara siervo de Dios y está dispuesto a acatar, poniéndose al servicio del Señor.

-La única manera de vencer la ignorancia es recibir la explicación que Dios nos da de sus Verdades; es la única explicación que verdaderamente “ilumina”.

 

En la antífona se reconoce que Dios es como la Linterna de nuestra Existencia; sólo su Luz hace brillar la Vida de los Siervos de YHWH.

 

Lc 10, 17-24

Los 72 fueron enviados, no se nos dice nada acerca de cuanto se demoraron en volver, cuanto duró la “misión”, no se recogen anécdotas de la salida, no hay una evaluación metódica y sistemática de la “salida”, no se catalogan las dificultades enfrentadas, no se hace el elenco de las ciudades y poblaciones visitadas.


¿Cuál es la manera de evaluar? Según lo que San Lucas nos presenta, la Misión se sopesa a partir del estado de ánimo que traen los “Enviados”. Volvieron “con alegría”. ¿Qué les daba alegría? Que hasta los demonios tenían que obedecerles. Estaban radiantes porque sentían vibrar en ellos el poder con el que Jesús los había dotado para afrontar el envío. Con este mismo Poder, hasta Satanás estaba destinado a la derrota. Y Jesús no les niega que les haya dado esas facultades. Pero, lo que les dice, no es que sea eso lo que les ha de llenar el corazón.

 

¿Qué es lo verdaderamente valioso? ¡Que sus nombres están inscritos en el Cielo! Nosotros sacamos de ahí que los aplausos aquí, en la tierra, son provisionales, en otro momento les darán la espalda, los rechazaran y hasta llegaran al colmo de perseguirlos, maltratarlos y hasta quitarles la vida. Lo que vale, es que la Corona que Jesús les da, nunca se marchitará. La corona que se les da es de hojas perennes, y -como todo lo que se escribe en el Cielo- no se Escriba para el momento, se escribe para la perdurabilidad. Los nombres de los que han aceptado el Envío están escritos en el Libro de la Vida, para toda la Eternidad.

 

Hay otras dos informaciones fulgurantes para los que han sido Enviados.

1)    Poder aceptar a Jesús como el “Enviado de Dios Padre” depende de que el Hijo nos lo manifieste: Hay muchos que anhelan recibir esta “Revelación”, pero Jesús no se las da.

2)    Y nadie puede llegar al Padre sino, precisamente por la Mediación del Hijo.

 

Hay un tercer elemento que Jesús les entrega:

3)    Dios señaló un momento histórico para revelarse, personas muy concretas recibieron en ese momento el Mensaje; otras generaciones tendrán que saberlo recibir por la mediación Eclesial, no lo recibirán directamente sino por interpuestas manos y bocas. Pese a lo cual, podemos -con todas las letras- dar Gracias porque el Señor nos dejó por la línea Apostólica el Cofre de la Herencia para que podemos recibirlo, ya no por vía directa, sino de las manos de sus Emisarios.

 

«No debemos gloriarnos como si fuéramos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el Único Protagonista. Nuestra alegría es solo esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio». (Papa Francisco)


No nos alegramos del Poder -que no es nuestro, sino de Jesús- y cantemos Alabanzas porque nos ha llamado, a heredar por el canal de su Alianza inquebrantable. Que no seamos como los amigos de Job que querían ponerle códigos reglamentarios a Dios para que se hiciera, no Su Santa Voluntad, sino nuestro caprichoso antojo y se manifestara a la hora y lugar que ellos consideraran oportuno.