jueves, 15 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario


Ef 1, 11-14

… este dinamismo que, supone un pasado que debe ser abandonado y un futuro diferente que debe ser asumido.

José Bortolini

En esta zona, se constituye la alabanza a Dios por su obra salvadora. Acompañada de un elogio a los creyentes, que estudiaremos mañana. Hoy nos movemos holgadamente en la parte hímnica: que llamamos “la gran bendición”.

 

Primero se dirige a los de la Comunidad Judía. Y Jesucristo se presenta en su dimensión icónica de Dios. Es Cristo quien les puede dar un sentido de plenitud, de realización y cumplimiento del proyecto que Él había trazado. La referencia que se hace no es a toda criatura, sino a los que han acogido el Llamado. Los que han sido llamados para testimoniar la llegada del Mesías. Muchos, sin embargo, se quedaron marginales, aguardando la “llegada” porque para ellos, Jesús no era su Cumplimiento. Son los que hoy siguen aguardándolo.

 

Luego, cuando dice, καὶ ὑμεῖς [kai hymeis] “también ustedes”, pasa a dirigirse a los “paganos”, a la “gentilidad”, refiriéndose a los que han escuchado la Palabra y han discernido en ella el “evangelio de su Salvación”. Este ingreso ha pasado por un signo de “iniciación” en el pueblo santo cual es el ἐσφραγίσθητε [esfragisthete] “sello” del Espíritu Santo, que es cumplimiento de lo ἐπαγγελίας [epangelias] “prometido”.

 

Nos encontramos frente al concepto de promesa: que es el anuncio o compromiso firme de Dios para otorgar bendiciones y cumplir su propósito a favor de la humanidad: A diferencia de los seres humanos, Dios no miente, ni cambia de opinión; lo que promete, lo cumple (Nm 23,19); En el Primer Testamento no hay un término específico que corresponda a prometer o a promesa. En hebreo se recurre para expresar esta idea a varias palabras: juramento, herencia, palabra. En el Nuevo, aparece el término griego ἐπαγγελίας significa “anuncio”, “mensaje” en el que Dios se compromete voluntariamente a dar algo bueno. La promesa es correlativa al amor de Dios y a la fe que quiere suscitar en el corazón del hombre.

 

La quinta bendición 1, 11-12, está, pues, dirigida a los que por su pertenencia al pueblo de la elección la “heredan”. La sexta bendición 1, 13-14 se dirige a los cristianos que no provenían del judaísmo.

 

La entrega del Espíritu apunta hacia la llegada al culmen señalando que se ha llegado a la etapa final. Representa la superación de la edad de esclavitud moral que se vivió en la era pre-cristiana. Lo que se comparte aquí, es la libertad que Jesucristo el Señor nos ha traído, a lo que corresponde nuestra puesta confiada en sus manos.

 

El Reino ha llegado, pero se nos han entregado solamente las claves y aguardamos la plenitud de su cumplimiento que vendrá junto con su llegada en Gloria. Este trabajo de culminación salvífica ya se ha gatillado con su Encarnación.

 

El Espíritu que nos sella es el garante del pleno cumplimiento que se está cocinando mientras afinamos nuestros laúdes para entonar sus δόξης [doxes] Glorias. (δόξης es el plural de δόξα [doxa] “gloria”, “majestad”, “honor”, “honra”).


El designio de Dios es la herencia eterna que él mismo nos ha reservado. No exclusivamente para los judíos sino también para los no judíos: «En una composición de estilo rítmico, inspirada en formulas tradicionales litúrgicas, el autor presenta el rol unificante de Cristo, el cual por medio de su autodonación en la muerte ha hecho de los pueblos divididos un solo hombre nuevo…» (Rinaldo Fabris)

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 12-13

Nada se puede entender bien sin un elemento de este salmo: El señor ama lo justo y lo recto; ¡su amor llena toda la tierra!

 

Este es un himno. La invitación que presenta este himno, está dirigida -curiosamente- a sí mismo, al propio salmista.

 

Los gestos que propone el salmo son de gratitud, expresada como alabanza.

 

Hay, además, en la segunda estrofa de hoy (versos 4-5) un encomio a la sinceridad y a la fidelidad de Dios. Precisando que Dios es justo y recto en todo y su Misericordia mantiene repleto el universo.


Felicidad אַשְׁרֵ֣י [esher] expresada como “bienaventuranza”, “dichoso” los que Dios ha designado como receptores de su Favor.  Su cuidado por la humanidad es un desvelo generalizado, sin discriminar. Su Mirada Celestial, cobija todo el Universo: El Señor mira desde el Cielo, רָאָה [ra aj] “cuida”, “los vive mirando” a todos los hijos de los hombres, a toda la estirpe adámica.

 

Esta bienaventuranza es la médula del verso responsorial: “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como נַחֲלָה [nachalah] “heredad”, “patrimonio”.

 

Lc 12, 1-7

Temer el juicio de Dios, no el de los hombres.

El discípulo está llamado a discernir el fermento que mueve su vida: ¿es el miedo a la muerte, que lleva a la hipocresía de la acumulación de bienes, o el temor de Dios, que lleva a la verdad y a la libertad de la misericordia?

Silvano Fausti

No nos cabe en la imaginación el valor descomunal que tenemos ante los ojos de Dios. Vemos la injusticia, con su aparente victoria, correteando a sus anchas por toda la llanura. Y, de sus víctimas solo nos dejan ver el cementerio.


La primera denuncia que hace Jesús en la Lectura del Evangelio lucano para hoy, es desenmascarando la “hipocresía” de los fariseos. La voz de Jesús en ese momento se dirige a sus discípulos.

 

La hipocresía aquí es mostrada como una capa de encubrimiento. La hipocresía se arroga la seguridad de esconder y ocultar la “verdad” para siempre «su preocupación es preservar lo que tienen dentro: su propio egoísmo; que nadie los moleste; la seguridad. Y cuando hay algo que los pone en dificultad, miran hacia otro lado». (Papa Francisco)

 

Jesús, por el contrario, nos advierte que ella será desenmascarada más temprano que tarde.

 

A renglón seguido Jesús afirma que no hay que vivir cobijados por el temor. Ellos -los hipócritas- insisten en que la vida es lo único que tenemos y nos amenazan con dejarnos en la inopia.

 

Pero, al que debemos tener es el Juez Eterno que puede pagar a los déspotas su merecido salario.

 

Y es entonces cuando tomando cinco criaturas mínimas, nos lleva a descubrir que por ellos se dan “dos céntimos”. En esta parábola mercantil “dos céntimos” deben ser un enorme tesoro celestial, un altísimo precio que el Divino-Mercader pagará por nosotros. Y nos ratifica: Nosotros somos supremamente más valiosos que muchísimos pajaritos juntos.

 

Quizás esta “parábola” sobre nuestro precio para Dios, debe abrir paso a considerar el desmedido crecimiento del “público” que busca y viene a oír al Maestro.

 

Después de considerar el creciente auditorio que escucha a Jesús, la parábola trae un elemento contaminante, una enzima que corrompe y deprava la masa. Es la levadura. La levadura -tan valorada para hacer crecer el pan, tiene aquí un efecto pervertidor, francamente perverso: La levadura inexorablemente llevara el pan a su descomposición, a mohosearse; rápidamente las ricas piezas de pan irán a la caneca, y se volverán incomibles, venenosas, tóxicas. Luego, antes de morder el pan, tengamos cuidado pues es posible que hasta anoche fueran apetitosas y hoy, ya hayan amanecido podridas.

 

Sin duda, Jesús tiene razón en advertirnos que, el purismo farisaico hará que nuestra fe se vuelva estéril y quede resumida en pura bazofia. Ha de saberse que más allá de las manchas verde-azulosas del pan nacido, la corrupción del pan se ve afectada por raíces pútridas, llamadas hifas, que son los ­ filamentos que se originan a partir de las esporas en hongos, pseudohongos y actinobacterias, portadoras de las micotoxinas.

 

No nos dejemos arrinconar por las amenazas. Aprendamos a resistir con las fuerzas descomunales de Dios providente: «Desde el principio hay una valoración enorme del hombre ante los ojos de Dios, el cual “todo era muy bueno” (Gn 1, 31; cf. Is 43,4). El temor de Dios se basa en este “amor excesivo” (Ef 2,4 Vg) que Dios tiene hacia nosotros, y es una vibración nuestra frente a su corazón: es principio de sabiduría porque nos da a conocer nuestra verdad y nos libera de todo miedo». (Silvano Fausti)


«… debemos ser cristianos, porque también hay cristianos hipócritas que no aceptan la levadura del Espíritu Santo. Precisamente por esta razón Jesús nos advierte: “Cuidado con la levadura de los fariseos”. No debe olvidarse que la levadura de los cristianos es el Espíritu Santo, que nos empuja, nos hace crecer, con todas las dificultades del viaje, incluso con todos los pecados, pero siempre con esperanza. Y el Espíritu Santo es precisamente el anticipo de esa esperanza, de esa alabanza, de ese gozo. Por esta razón, en el corazón de estas personas, que tienen el Espíritu Santo como levadura, están felices, incluso en sus problemas y dificultades». En cambio, los hipócritas han olvidado lo que significa estar alegre». (Papa Francisco)

miércoles, 14 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


Ef 1, 1-10

La gracia hace pensar en cariño, ternura, afecto, amabilidad, gratitud y otras características de Dios que es Padre y Madre, La paz (Shalom) es la plenitud de la vida para todos, consecuencia de la gracia y lazo de nuevas relaciones entre las personas.

José Bortolini

Abrimos hoy un cursillo sobre la Carta a los Efesios. Este estudio nos ocupará todos los días que restan del mes de octubre -exactamente, hasta el jueves 29-, para un total de 13 encuentros, donde la Primera Lectura provendrá de esta Epístola.

 

Éfeso se disputaba con Pérgamo, cuál de las dos era -para esa época- la ciudad de Asía más importante; era un puerto comercial clave, centro intelectual y, también religioso; situada en la península de Asía Menor, en territorio de la Actual Turquía. Recordemos que en Éfeso estaba una de las siete maravillas del mundo de aquella época, el Templo de Diana (Artemis) para muchos era la mayor de las siete maravillas, esta deidad mítica era hija del dios Júpiter y la titánida Latona y que, además, tenía un hermano gemelo: el dios Apolo.

 

San Pablo evangelizo allí y logró constituir una de las comunidades cristianas más admirables, donde estuvo en varias oportunidades y pasó más de tres años. Valga anotar que en los manuscritos más antiguos que se han encontrado de esta Carta, no se hacía ninguna mención de Éfeso; solo en manuscritos más recientes, datados en el siglo II, aparece el prólogo donde se la nombra.  Otra curiosidad es que Pablo, en otras cartas nombra a los conocidos y amigos que había dejado a su paso por las ciudades a las que les escribía, en esta Carta, en cambio, él no nombra a nadie que procediera de allí. Es posible, que la Carta fuera otra circular (Encíclica), destinada a leerse en todas las Comunidades Cristianas de la zona, donde se iba pasando -de mano en mano- para darle lectura pública y ser llevada a otra comunidad. Esta carta tiene un vocabulario distinto y una teología diferente y, también los asuntos tratados tienen una mirada diversa. Vistos estos rasgos se puede sospechar que tiene una datación posterior y habría sido remitida bien entrada la segunda parte del siglo I.

 

Mirada comparativamente, se puede emparentar con los rasgos de la Carta a los Colosenses, donde se puede llegar a percibir cierto calco.

 

Podemos agruparla, así se ha hecho, con las Cartas a los Filipenses, a Filemón y a los Colosenses integrando este conjunto en las llamadas Cartas desde la Cautividad. Hay quienes piensan que esta es la Carta a Laodicea que San Pablo menciona en Col 4, 16.

 

El tema central es la Iglesia de Jesucristo, vista desde la óptica de ser su Cuerpo Místico. La Iglesia abarca a la humanidad, y la presenta como la esposa de Jesucristo. Se insiste en la unidad, basada sobre el hecho de que hay un solo Espíritu, Un solo Señor y Un solo Dios-Padre (Cfr. 4, 3-6). Sin embargo, por la guillotina del pecado, el cuerpo fue decapitado de su Cabeza -que es nuestro Señor Jesucristo.

 

Intentemos proponer un mapa para navegar en la Carta:

El saludo (1, 1-2)

      I.        Exposición de la soteriología de Dios. (1,3 – 3,21) bloque doctrinal y expositivo

    II.        Exhortación para vivir el seguimiento cristiano. (4,1 - 6,20)

Despedida (6, 21–24) Exhortándolos a vivir conforme al llamamiento recibido

 

La Carta a los Efesios enfoca la Iglesia como un misterio Salvífico. Cuatro bloques, solamente. La perícopa de hoy contiene el saludo y una alabanza a Dios por su obra Salvadora.

 

En el saludo, San Pablo se presenta como “Apóstol” de Cristo Jesús, ese título venía a significar algo así como “el Emisario” o “el Embajador”. Afirma dirigirla a los “Santos”, lo que en aquel contexto significaba “los bautizados”. El versículo 3, es bien usual en nuestras liturgias y no sería raro que lo supiéramos de memoria. Vale la pena encender el reflector sobre las palabras “gracia” y “paz” con un lente arqueológico -como solían hacer los filólogos- porque son palabras que han sufrido una evolución y que actualmente significan otra cosa. Por ejemplo, la gracia, remarcaba que se recibía con carácter de “gratuidad” no es ni paga ni premio de ningún buen comportamiento o acto piadoso, es por la pura y excelsa Generosidad de Dios. Es “Don incondicionado”. La paz, de la que se habla aquí, se refiera a la armonía que se teje entre Dios y todas sus criaturas. Son los bienes supremos y los más anhelados que se puedan pedir.

 

Entramos en una “doxología”, un admirable himno de alegría, alabanza a la divinidad, esta palabra técnica significa “glorificación”. Notemos que la fórmula aquí propuesta es Trinitaria. La parte referida al Espíritu Santo ocupa los versos 13-14, que están incluidos en la liturgia de la Palabra de mañana; y, el sábado continuaremos empezando en el verso 15. Por eso, los vamos a insertar aquí:

 

«En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria».

 

Nótese el tinte doxológico que lo tiñe.

 

San Pablo se acoge a esta Gracia y Paz para suplicar la entrega de esas bendiciones que Dios preparó desde siempre para nosotros. Esa remesa despachada en virtud de nuestra elección tiene unas “razones” -en número de cinco- que el Apóstol de los Gentiles va a enunciar a continuación:

 

1)    Antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos e intachables.

2)    Ante Él, por el Amor.

3)    Llamados a ser hijos por adopción

4)    Nos ha destinado según el beneplácito de su Voluntad

5)    Llamados a ser “redimidos” por su Sangre.

 

“… tiene, evidentemente, dimensión trinitaria. Todo parte del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, se realiza en Cristo y se consuma en el Espíritu Santo.” (José Bortolini)


Estamos decapitados: un cuerpo sin Cabeza, pero el Plan Divino consiste en re-capitularlo todo y a todos -así en el Cielo como en la tierra- en Jesucristo.

 

Sal 98(97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga.

 

No permitas Señor que hagamos de esta Salmo un disfraz de postergación para tu Reinado. Que el hecho de que nos cueste identificar en las plántulas de tu Reino su Gloria, no sea pretexto para declarar que le faltan muchos siglos todavía para cuajar y convertirse en nuestro medio-ambiente, en Tu Edén.

 

¿En qué consiste esta Carta a los Efesios? En que el Señor nos Revela su Plan Salvífico. Lo vamos a repetir cinco veces en este Salmo. ¿Cuál es el contenido de esa revelación? ¡Que el Señor da a conocer su Victoria! ¡Revela a las naciones su Justicia!

 

¿De dónde brota Su Victoria? ¿Nos creó para que fuéramos bloques de cemento para ser testigos ciegos y mudos de su Gloria? ¿Qué labios van a entonar esta doxología si no somos nosotros?


Jamás, óigase bien, ¡Jamás olvida que su corazón es amoroso! En el caso de estar hablando de Dios, ¿qué significa Amoroso? Justo, Misericordioso y Fiel.

 

No hay límite ni frontera donde no llegue el esplendor de su Grandeza. Más allá de los bordes del planeta, más allá de las Galaxias. ¡Más allá! ¡Es imposible no verlo! Se contempla la Victoria de nuestro Dios desde todo rincón del Universo.

 

Y, nosotros ¿qué hacemos mientras tanto?

i) Tañemos la cítara

ii) Hacemos sonar los instrumentos

iii) Obligamos a las trompetas a producir su son.

No somos inactivos, ni impotentes, mucho menos indiferentes ante la Voluntad Salvífica que su Providencia nos tiene reservada. Si se nos ha revelado su Justicia es para que nosotros comencemos a ejercitarla

 

Robustece nuestra fe y abre nuestros ojos para hacernos ver que tu Victoria ya ha llegado, aunque quede velada bajo apariencias humildes que ocultan la Gloria de toda realidad salvífica mientras seguimos aquí, en la lucha. No dejes que pensemos que es un prodigio allende la tumba, que reconozcamos que germina, aunque por ahora no ha brotado su retoño.

 

Lc 11, 47 54

Los legistas se llevan la llave del Conocimiento de Dios, porque dan la imagen de un Dios sin Misericordia.

Silvano Fausti

 

Hay un grado inconmensurable de complicidad cuando uno organiza el entierro de las victimas que nuestros padres van dejando tendidas y con las que han sembrado la tierra de desazón. Ante eso, hay dos posibilidades: la primera es hacerles monumentos gigantescos, colosales, como si se tratara de hacerles honor para encubrir el crimen y negar que hubiera razones para atropellarlos con brutalidad. En otros casos, en vez de un gran mausoleo, se les decora la tumba con mayores calumnias, para ratificar que estamos de acuerdo con su vil asesinato. Nada de esto deshace el crimen ni disminuye la injusticia.

 


¿A quiénes se asesinaba? ¡A los profetas! Las víctimas son los heraldos, los portavoces, los emisarios. ¿Por qué se les sentencia a tan oscuro y doloroso fin? Es que la justicia, la bondad y la paz son muy incomodas. Traba las ruedas del negocio. Son impedimentos metidos entre los radios de sus ruedas, engranajes y maquinarias. El mensajero de la Justicia ha firmado su propia sentencia. La sabiduría popular lo sintetizó con uno de sus aforismos: “El que se mete a redentor, muere crucificado”. Muy irónico, la historia ha registrado los múltiples casos en que, mientras con una mano se levanta la tumba monumental, con la otra, se paga la mesada sicarial al esbirro: “Ellos los mataron y ustedes les hacen los monumentos” ¡Se les paga mejor a los asesinos que a los escultores!

 

Cada vez que se negocia la vida de un “discípulo-misionero”, se están añadiendo razones al veredicto Divino contra sus criminales. Esto ha sido y seguirá siendo desde los más antiguos anales, Jesús lo ratifica hoy: “… desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías… Si, les aseguro, se le pedirán cuentas a la gente de esta generación”. (Lc 11, 51)

 

Aún hay otra sentencia Celestial que pronuncia Jesús con el “Ay” final: esta vez va contra los que conculcan «la llave del γνώσεως [gnoseos] “saber”. Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quieren. Se han apoderado, la han acaparado, se declaran sus únicos dueños. (11, 52). De nuevo se refiera a los “legistas”. Esto se relaciona directamente con el בית המקדש [beit hammikdash] “casa de estudio”, literalmente “donde se estudia”, Edificio para estudio y oración de los miembros de la comunidad. En la época moderna, el Bet Hamikdash se encuentra, por lo general, al lado de la sinagoga. A menudo cuenta con una biblioteca y otras instalaciones para el estudio. En el Bet Hamikdash también se celebran servicios religiosos. Al Bet-Hamikdash -en la era de los Templos-, propiamente dicho sólo podían entrar los sacerdotes. Allí se dan especies de conferencias con homilética judía. No se trata de estudios universitarios a la usanza europea, sino que es la “facultad” de los legistas expertos en la Torah y sus mitzvah. Se practica la interpretación, la exegesis de los textos de la Tanaj. Estos recintos existieron en los Tres Templos, señalamos su carácter exclusivista, al que se refiere Jesús. Se denuncia que a los sencillos se les dejaba afuera.


Los “Ay de mi” tan lúgubres, cobraron toda su razón de ser cuando -a causa de ellos- Jesús fue arrastrado al Calvario.

martes, 13 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


Gl 5, 18-25

Concluimos hoy nuestro cursillo bíblico en torno a la Carta a los Gálatas. En nuestro mapa de La Carta, seccionamos en cinco partes la Epístola, hoy vamos a tener nuestra única visita a la Cuarte Parte (5,13 – 6,10), y como ya lo habíamos prevenido desde el principio, no veremos nada de la quinta parte, que es la sección conclusiva. Esta cuarta sección de donde se toma la perícopa de hoy, nos marca pautas para usar cristianamente de la libertad que Jesucristo ha traído a nuestras vidas. La temática de hoy apunta a conformar la vida con el Don del Espíritu Santo.

 

Demos un pequeño pedalazo atrás, al verso 16, allí San Pablo nos recomienda: “Procedan según el Espíritu”, y añade: “No busquen satisfacer sus propios malos deseos”. Al iniciar la perícopa que se proclama hoy nos dice, en consecuencia, de lo anterior que, si nos dejamos guiar por el Espíritu, nos liberamos de la Ley. Cómo así, ¿qué es esto de liberarnos de la ley? ¡Si! La Ley deja de ser un listado cargoso para memorizar y un celoso carcelero que nos mantiene a raya en la jaula, para pasar a convertirse en un delicioso manual para el amantísimo-amigo, dónde se contienen todas las instrucciones de la “dicha”. Esta es la maravillosa y genial liberación que se alcanza cuando nos dejamos guiar por el Espíritu. Y es que el Espíritu es el Único que nos puede asesorar para poder injertar ese “dulce-filtro” en el corazón y permitir que aflore la generosa abundancia del Amor.

 

Pasa San Pablo a enumerar algunos (no es exhaustivo, por eso al concluir el listado dice “y cosas por el estilo”) de las causales que -para regocijo del Acusador- atiborran las prisiones. Aquí el eje que vertebra es la oposición carne / espíritu: (sarx/pneuma); este eje se desarrolla en los versos 16-25. Menciona seis veces la carne y ocho veces el Espíritu.

 

Para mostrar el poder corrosivo de las obras de la carne señala que su virulencia emana del ataque a las fuerzas de “encuentro y sinodalidad” en cuatro líneas:

      i.        Con la otra persona

     ii.        Con lo “religioso”

    iii.        En el plano de las relaciones interpersonales

   iv.        Y con uno mismo, porque destruye las posibilidades de “purificarnos” para poder ser esa imagen y semejanza de Dios

 

En el verso 21 llega a la conclusión: “Quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

 

¿Cuáles son esas “tales cosas” que nos enajenan la “herencia”?

      i.        Inmoralidades sexuales

     ii.        Cosas impuras y vicios

    iii.        Adoración de ídolos

   iv.        Práctica de la brujería

     v.        Facilidad y/o propensión al enojo

   vi.        Odios, discordias y celos

  vii.        Generación de rivalidades, divisiones y partidismos

 viii.        Envidia

   ix.        Alcoholismo

     x.        Glotonería

 

Este -como paneo de la cámara- nos deja visualizar el desolador panorama, y nos deja ver lo enormemente ventajoso que es vivir según el Espíritu. Pero lo sorprendentemente triste es que los Gálatas hayan tenido la oportunidad de vivir la experiencia liberadora del Espíritu y ellos acepten -victimas ingenuas del engaño formalista- meterse en la camisa de “once varas” de la legalidad judaica, con su “amputación” de acceso, la circuncisión, que es, de alguna manera, el carnet de ingreso y el distintivo de su vinculación. Los Gálatas vivieron lo que significaba en la práctica la pertenencia a la comunidad cristiana y los deleites de la fraternidad, valga decir- habían degustado en sus propias papilas el sabor y la ricura de convivir en la libertad (que en otras partes hemos denominado ecualizadora”).

 

En los versos del 22-23 nos exhibe el fruto del Espíritu. No son diversos “frutos” (la palabra no está en plural sino en singular “el fruto”), no son “cualidades diversas”, sino los órganos del mismo organismo; el fruto es la comunidad que vive, se mueve y crece en el Espíritu, son los “rasgos” del mismo y único Espíritu de Jesucristo. Son las diversas caras del mismo poliedro. Fruto se tiene que entender como “el producto”, y la enumeración son los rasgos cualitativos de ese mismo y único producto que es la Comunidad. Los miembros de la comunidad trabajan todos en ese sembradío, pero no son ellos los que se pueden llamar frutos-individuales, sino que es la fraternidad, la solidaridad y la sinodalidad de la comunidad la que expresa el Fruto del Espíritu como vida nueva. Nadie puede decir, ni necesita decir, este fruto es mío, o “yo tengo el fruto y usted no”; estaríamos regresando a la situación del que tiene tal marca de carro, tal modelo, o de teléfono-portátil de última generación; estaríamos de vuelta a la presunción personal.

 


Y, nos recomienda, proseguir en esa línea (formados en escuadrón), cuando en el verso 25 dice “sigamos al Espíritu”; (otras traducciones dicen “marchemos tras el Espíritu”. San Pablo dice στοιχῶμεν [stoichomen] del verbo στοιχέω [stoicheo] tomado en préstamo del lenguaje militar, para significar mejor que, no es un soldado, sino un batallón, o un piquete de soldados que dan sus zancadas “con compás, ar”, todos siguiendo un ritmo, que marca el tambor, esa unidad y simultaneidad les da más fuerza, y muestra al enemigo que van en filas cerradas, y no solos, de uno en uno, fácilmente derrotables. Es la fuerza que da el fruto, no la de “figuras” individuales, sino la articulación sólida y fraterna de los “hijos de Dios”, todos como un solo hombre. “El fruto del Espíritu” no es una colombina que me llevo a mi rincón y la chupo solito. Tampoco una colección de “medallas” que ya no me caben en el pecho inflado.

 

Sal 1, 1-2. 3. 4. y 6

La idea de dos caminos es muy fecunda por su radicalidad: o uno u otro. Implica una opción.

Marcelo Barros

Claro que todo ejército está formado por soldados, cada soldado tiene que ser fiel a su batallón y estar decidido a jugársela toda por sus compañeros y por la causa que defienden. Y -a la hora de tomar posiciones- cada soldado decide bajo qué ordenes va a estar y a favor de qué bando está, para alinearse allí, donde él quiere pagar obediencia y fidelidad.

 

También es cierto que -para un control de calidad- siempre se toma una muestra en particular y que ningún control es razonable que se haga sobre todos los ejemplares: ahí se aplica la técnica de muestreo. También, para conocer un “batallón” se mira uno que otro soldado, al que se someterá a prueba como representativo de todos los demás. El análisis se enfocará exactamente en el aspecto que está en estudio y no en los otros, a riesgo de hacer vano el resultado y no dejar ninguna información aprovechable y generalizable.


Este salmo le habla a toda una Comunidad, está dirigido al “ejercito” entero, pero “acartilla” a uno por uno, a cada cual le dirige la arenga y le entrega el mismo manual de instrucciones.

 

¿Cuál es la consigna general? El que te sigue Señor, tendrá la Luz de la Vida. Esa es la propuesta. ¿Quieres la luz o prefieres militar en las filas de las tinieblas? Elige bien a quien vas a seguir. ¡Quieres acabar sumido en la oscuridad?

 

En la primera estrofa se dan las siguientes pautas.

a)    No se alineen con los “impíos”, es un bando poco recomendable

b)    No escojan el derrotero que eligen los pecadores

c)    No se junten al “ejercito” de los cínicos

d)    Gócese en la Ley del Señor

e)    Medita -de día y de noche- la Ley

En la segunda estrofa se le dicen las consecuencias de elegir correctamente el bando adecuado:

a)     Tendrá la suerte de los árboles que se cultivan donde hay buena agua y corren fuentes frescas

b)    Dará fruto en la estación del frutecer

c)    No se le marchitará el follaje

d)    Todas sus empresas serán coronadas con el éxito

 

Pero si escoge mal el ejército al que se va a alinear, las consecuencias no dilataron su llegada

a)    Serán como la paja a la merced de los ventarrones

b)    Su camino acabará en desastre.

 

La máxima justificación de la elección correcta del bando es que quien elija el bando del bien, contará con la protección del propio Dios.

 

Lc 11, 42-46

Las observancias externas son fáciles y pueden ser una simple máscara para evitar la verdadera obediencia a Dios, que consiste en practicar la justicia y el amor de Dios.

Ivo Storniolo

“Los ayes” en San Lucas son seis, tres contra los fariseos (autoridades de la praxis, de la supuesta ortopraxis) y tres contra los legistas (autoridades teoréticas, ortodoxia). Hoy vamos a ver los cuatro primeros, y quedaran para mañana los dos restantes.


 

Los de hoy, están dirigidos a los fariseos, (en el tercero no se dice expresamente, pero se puede suponer). El Cuarto, se dirige a un experto jurista, a un Maestro de la Ley, un abogado que juzgaba a partir del Código de la Torá; que se siente también tocado por lo que está diciendo Jesús y revira.

 

Hagamos, primero la lista de lo que les reprocha Jesús

1)    Pagan el diezmo hasta de las más mínimas cosas: la menta, la ruda y toda legumbre (escrupulosidad); pero dejan de lado la justicia y el amor a Dios.

2)    Aman el sitio preferencial en las sinagogas y les gusta que les hagan reverencias (búsqueda de status).

3)    Son como sepulcros que no se ven y hacen que la gente se vuelva impura por apoyar su pie sobre esas tumbas (o sea que se hacen “impuros” sin saberlo, sin darse cuenta); los fariseos eran como tumbas sin marcar, como un hueco sin aviso de precaución.

4)    Imponen a los hombres cargas insoportables; pero ellos, no ayudan a llevar esas cargas ni con un mínimo de apoyo, ponen la ley y se van. Su estrecha y fanática concepción de la fe, volvía la religión un simple acopio de leyes insufribles y pecaminosidad por doquier. Expertos en añadir leyes a las ya existentes y ponerle parágrafos y minucias a la antigua ley para lograr la “explosión legalista” y la sobreabundancia leguleya.

 

Uno se preguntaría ¿muchos fariseos se hicieron creyentes? Sólo así se explicaría que Jesús les queme tanta atención. Lo que Jesús está haciendo es prevenir a los recién convertidos al cristianismo para que no les pase lo que, a los Gálatas, que vinieron los de laya farisaica, a invitarlos a su estilo de creencia, e hicieron mucho daño. Confundieron y desviaron, haciéndose pasar por los creyentes más fieles y más firmes. Ahí está el asunto: como frecuentan el templo, la gente los mira para aprender de ellos porque se acicalan la toga y el birrete para auto-declararse juristas exactos. Trataron de imponer su versión y lo que hacían era confundir y despistar a los cristianos, esforzándose por envasarlos en odres viejos y en ponerles remiendos nuevos a pantalones raídos.

 

«Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo. En el egoísmo propio, en el legalismo rígido, como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas». (Papa Francisco)

 

A veces nos preocupa más desempolvar viejas leyes y darle carta de recuperación a normas ya prescritas que buscar los derroteros para aclarar y revitalizar el Amor de Jesucristo y el amor al prójimo. Siempre procuremos tomar en cuenta para procurar corregir esto en nosotros mismos, porque muchas veces tocamos la alarma para los demás, pero, a nosotros mismos, nos hace falta “una capa de cal” para que otros no pisen ahí.

 

Abriendo un paréntesis tenemos que recordar en el Éxodo, que Dios a veces señalaba un lugar para “permanecer”, pero pasado cierto tiempo, levantaba su señal para decirles. ¡Vamos, avancemos! Jesús también, parecía un fiel seguidor del judaísmo, pero con frecuencia les decía: ¡Ya no hagan más alharaca con los diezmos de la ruda y la hierbabuena! ¡Vamos a otro tema! ¡Pasemos al capítulo siguiente! ¡Sacudámonos toda carga insoportable, alivianemos la marcha para poder avanzar!

 

«El mundo necesita los frutos, los dones del Espíritu Santo… Reforzados por el Espíritu Santo llegamos a ser capaces de luchar, sin concesión alguna, contra el pecado, contra la corrupción que, día tras día, se extiende cada vez más en el mundo, y dedicarnos con paciente perseverancia a las obras de la justicia y de la paz». (Papa Francisco)


Jesús adelanta todo este trabajo y esfuerzo porque -apuntando hacia nuestro propios días- descubrimos que el fariseísmo tiene propiedades de generación espontánea y parece hierba mala que brota por doquier si no permanecemos alertas.