jueves, 5 de febrero de 2026

Viernes de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


Eclo 47, 2-11

Recordemos que a este Libro también se la llama Sirácida, por su autor Jesús Ben Sirá. Estamos hablando del siglo II antes de Cristo, se calcula que por ahí en el 190 a.C. Valga decir, que es un Deuterocanónico. Hay dos parentescos de esta hagiografía:

-Hay cierta parsimonia y solemnidad que la da un aire familiar con Proverbios, en particular con su prólogo; ambos son colecciones de aforismos, refranes.

-parece influido por los salmos, en lo que toca a su contenido. Donde hallamos pautas morales y religiosas. Los planteamientos navegan en las aguas de la sabiduría que es un concepto-eje en este Libro. El propósito es, en medio de su situación de Golah -valga decir, al exilio o diáspora que sufrieron, experiencia histórica del pueblo judío, notablemente tras la deportación asiria (732-722 a.C.) y la destrucción de Jerusalén por Babilonia (598-582 a.C.), Golah es prácticamente sinónimo de la palabra «exilio», inmersos en un mundo helenístico; el objetivo de Sirácida es preservar la identidad de un pueblo, para no perderse en modas o en influencias de sus circunvecinos; hubo entre los judíos un sector demasiado abierto y dispuesto a dejarse asimilar por el helenismo que los Seleucidas, con lo que procuraron hegemonizar para prevenir alzamientos y conflictos internos.

 

Podemos desestructurar el Libro en cuatro partes:

1.    (1,1 – 42,14) Se tratan muy diversos temas

2.    (42, 15 – 43,33) en la naturaleza el hagiógrafo va encontrando a Dios Glorioso.

3.    (44,1 – 50,29) Va mirando los personajes de la historia judía: “Elogio de sus antepasados”.

4.    (51,1-30) Conclusión

 

En la lista de los personajes históricos se cita a Enoc, Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, Finees, Josué, Caleb, Samuel, Natán y David; que es el tema de hoy, es el eje de la perícopa que se proclama y se le muestra como todo un héroe, y fuera de resaltar lo que ya hemos estudiado de su historia: sobre Goliat, coronado rey, guerrero contra los filisteos, y que en todo cuanto hacia daba gracias a Dios, y se señala como compositor de salmos. Además.

i)              Introdujo instrumentos de cuerda para cantar ante el Altar

ii)             Revistió de esplendor las fiestas y las ordenó en el calendario

 

Rememora que estableció su reinado desde Jerusalén y que Dios lo puso a la cabeza de una “dinastía inamovible”, con poder eterno.

 

Se mencionarán después, también, a Salomón, Elías, Eliseo, Ezequías y el profeta Isaías, Josías y Jeremías, Ezequiel. Simeón. Como se nota se entrelazan y se entretejen a los reyes con los profetas que los aconsejaron o los amonestaron, reconviniéndolos cuando fue preciso.


«Ben Sirá escribió entonces este libro, una especie de larga meditación sobre la fidelidad hebrea, procurando reavivar la memoria y la consciencia histórica de su pueblo, a fin de mostrar su identidad propia y el valor perenne de las tradiciones» (Ivo Storniolo -Euclides Martins Balancin).

 

Sal 18(17), 31. 47 y 50. 51

Dios es amor y el amor es la ley constitutiva del Universo y del hombre.

Teilhard de Chardin

 

Aun hoy obramos así: Si Dios nos concede sus cuidados y salimos airosos de una angustia, reconocemos que Dios es bondadoso y atiende cuando le rogamos que no nos desampare y nos saca triunfantes de la prueba. Ha pasado el “susto”, entonces nos presentamos en el templo para expresar nuestra gratitud: estos son los salmos de acción de gracias. Son salmos Eucarísticos porque lo que queremos es mostrarle a Dios nuestra gratitud: así como el leproso samaritano que regreso ante Jesús para reconocer que fue su poder y su amor lo que lo libró de sucumbir a la enfermedad, en su caso, o a cualquier peligro que se presentara, en otros.

 

El camino de Dios es perfecto

La promesa del Señor es purísima

El Escudo es el propio Dios, pero,

solo para los que a Él se acogen.

 

¡Viva Dios!

Dios es nuestra Roca, bendito sea.

Es también Dios-Salvador

Aun mezclado entre gentes de muy diversos orígenes y

muy variables nacionalidades, ensalzaré al Señor.

Esa gratitud se manifestará en la honra que se da a su Santísimo Nombre:

Para Él tañeré.

 

El Rey ha recogido la Victoria de manos de Dios que se la otorgó

A su Mesías, su Ungido lo miró con Misericordia

David sustenta el linaje que Dios preservará por siempre.

 

La Justicia y el Derecho de Dios merecen toda bendición y

Eterno Encomio porque fue Él quien nos trajo la Salvación.


El origen de esta clase de salmos fue ese: En la liturgia del Templo, cuando llegaban a ofrecer un sacrificio de gratitud, era como una especie de resurrección: El orante se había visto con el agua al cuello, cuando ya inhalaba su último aliento, y decía sus plegarias agónicas, Dios se apiadó; se vio, entonces, la urgencia y la necesidad de componer salmos de gratitud y tener una liturgia adecuada para que el israelita pronunciara para YHWH su alabanza de salvación. Porque ¡Dios nos libra en nuestras angustias!

 

La Bondad Divina es el lenguaje de Dios, su Misericordia va del alba hasta el ocaso, hay en toda la naturaleza un encadenamiento de ecos gratos, de voces agradecidas: el día se lo pasa al día siguiente, y la noche -discreta, lo pronuncia como un susurro, a la siguiente noche. Como en cadena: De manera tal que, a toda la tierra alcance su pregón.

 

Mc 6, 14-29

Al escuchar la cobardía de Herodes frente a la petición de la hija de Herodías, nos queda una sensación de amargura y hastío porque sabemos que, a pesar de tenerlo encerrado, Herodes no quería matar a Juan el Bautista.

Pero qué es lo que realmente nos molesta. ¿Por qué es común escuchar que lo que menos podemos tolerar en los demás es la hipocresía y la cobardía? Creo que es precisamente lo que nos atañe más directamente, pues todos alguna vez hemos sido cobardes e hipócritas.

Papa Francisco

Compararnos con los demás siempre entraña algo de cobardía y algo de hipocresía: Significa acomodarnos a los respetos humanos, allí está la cuna de esa expresión que pretexta el vejamen de nuestros hermanos y pone en primer término la búsqueda de la propia superioridad, “Ustedes no sabe quién soy yo”.


Estamos en la sección de los Panes (6,6b – 8,30) El episodio que nos ocupa en el Evangelio es el de la muerte de Juan el Bautista (Mc 6, 14-29). Si vamos a San Marcos -buscando el co-texto- ¿qué encontramos inmediatamente antes? El fragmento donde Jesús envía a sus discípulos a misionar (Mc 6, 6b-13). Si miramos ¿qué sigue? Mañana leeremos que “los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” (Mc 6, 30-34). Hoy, no se nos narra lo que dijeron, o hicieron, o los prodigios que quizás obraron durante su misión. El relato de hoy lo que nos entrega es un baile -seguramente lujurioso- y el trofeo a que se hizo acreedora esa danza: ¡La bandeja con la cabeza ensangrentada! ¡Danza mortuoria! ¡Mazurca de la decapitación! Esto corona la extensión de la fama de Jesús.

 

(O sea que lo que tenemos es otra especie de emparedado-lo que llamamos una inclusión, tema A, luego, tema B y regreso al tema A). Es como si estuviera señalando que la misión a la que se nos envía es a seguir el derrotero de Juan Bautista: Poner la cabeza en la bandeja para llevar el testimonio a su cima.

 

“La característica de este pasaje es la alusión explicita a la resurrección del precursor y la motivación de su revivir en Jesús, es decir, “el poder de los milagros” que se manifiesta en Él… Herodes es el faraón de una lucha eterna, que va dirigida contra el Éxodo de los hijos de Dios hacia la libertad” (Beck, Benedetti, Brambillesca, etal)

 

Y es que la perícopa se inserta allí, donde el asunto a debatir es ¿quién es el mayor? Se trata de una vieja triquiñuela del Malo, que extiende su estrategia divisoria, poniéndonos en cotejo, enfrentándonos unos a otros, generando división. ¡No entremos en ese juego!

 

Se referencia a Jesús como poniéndolo en competencia, pero, eso -ya hoy en día no nos vulnera- ellos lo enfrentaban poniéndolo en comparación con Elías, con Juan el Bautista y con otros profetas. Esta clase de cosas se hace para bajar el nivel, para menospreciar, cualquiera que sea el veredicto, alguien va a estar más arriba, y… alguien, en consecuencia, quedará más abajo.

 

Tendríamos que eliminar esta perspectiva, mirarnos entre nosotros como nos mira Dios, como nos mira un padre de familia, como estamos en el corazón de nuestra madre, por muchos hermanos que tengamos: nadie es mejor que nadie, cada uno tiene su talento, cada uno es un hijo de Dios, Juan era la Voz “que clama en el desierto” Jesús es el Mesías, la Palabra. No estamos para compararnos, aun cuando estemos muy habituados a las comparaciones, en una cultura del “Primer puesto”, de la “Mención de honor”, de la “medalla” y de la “presea” o del “favoritismo del docente titular”. ¿Cuántas veces detrás del favoritismo sólo se busca tener a alguien subyugado para que “borre el tablero”?

 

La muerte de este justo y santo decapitado para que su cabeza sea el trofeo de una danzante, parece la premonición de aquel que marcha cuesta arriba del Calvario, llevando a los hombros su patíbulo, entre flagelos y escupitajos, vejaciones, hisopo empapado en vino-acre, clavos y lanzada. ¡El Rey de los Judíos que morirá en la cruz! Cordero llevado al matadero-redentor, al Altar del Sacrificio, Sacerdote Eterno según el rito de Melquisedec, rito de pan y vino, metáfora del carne y sangre.

 

Señor, qué distintos son tus pensamientos de nuestros pensamientos, tu justicia de nuestra justicia. Enséñanos a salir de nuestro egoísmo y buscar siempre la verdad que nos conduce hasta Ti, aunque a veces eso implique el necesario camino de la cruz y de la abnegación.


«Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste» (Papa Francisco)

miércoles, 4 de febrero de 2026

Jueves de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 2, 1-4. 10-12

Los dos libros de reyes, son uno sólo, lo mismo que los de Samuel y Crónicas, y también en este caso es por el motivo de su extensión que sus rollos quedaron permanentemente divididos. Su tema es cómo la serie de reyes que vinieron después de David se encargaron de romper la unidad norte-sur que aquel había logrado establecer.

 

Nos estamos moviendo en la parte más antigua de la Sagrada Escritura, lo primero que se registró por escrito y que se ha dado en llamar el “Libro de la Sucesión de David” que va de 2S caps. 9-20 hasta 1R caps. 1, 1-2. Recordemos que allí se introdujeron -emparedándolos- los apéndices (caps. 21-24 de Samuel, que no pertenecen a aquella tradición y proviene de otra fuente Escritural). Este primer Libro de Reyes inicia con la construcción del Templo (caps. 3-11); luego viene la escisión del reino, la relación de los reyes con los profetas y el papel que estos juegan, en particular Elías, luego tendremos el final del reinado de Ahab y, en la segunda parte del capítulo 22, Josafat reinando en Judá y a Ocozías reinando en Israel.

 

Como esta obra empieza cronológicamente allí donde se interrumpió la del Segundo Libro de Samuel, narrando la muerte de David y el reinado de Salomón, conviene dar una mirada general y panorámica al reinado de Salomón para poder tener una perspectiva equilibrada y no mítica de este personaje tan importante pero también tan sesgadamente presentado evadiendo la real imagen que en la Biblia se nos da.

 

Veamos esos rasgos definitorios de su reinado y de su personalidad: En su conjunto se percibe cómo, la construcción del Templo fue un andamiaje para justificar la opresión.

1.    David tiene profetas a los que escucha y fortalecen la voz de su consciencia. Salomón, no.

2.    Disuelve las tribus, a fin de no tener ninguna cortapisa a su mandato. Y las disgregó en aldeas que no pudieran ser objetoras eficaces.

3.    Oblitera los líderes populares y les nombra a las aldeas “gobernadores”, solidificando la estructura piramidal, rotando el encargo de allegar los recursos indispensables al sostén de su burocracia, su corte y su aparato “estatal”.

4.    Introdujo otro modelo de tributación, la del “trabajo forzado” (levas), formando brigadas de trabajo de 30.000 hombres para traer la madera del Líbano, 70.000 cargueros y 80.000 canteros; con turnos de un mes.

5.    Al concluir las obras del Templo, destino toda esta fuerza de trabajo a la construcción de ciudades-silos y de milicias (servicio militar forzado).

6.    Se volvió intermediario en la compra-venta de armas, caballos y carros de combate.

7.    Todo este peso recayó sobre el campesinado.

8.    Trajo a formar parte de su corte a escribas que redactaron la Historia de la Sucesión del Trono y la parte del Pentateuco que identificamos como Yahvista. Esta capa de “intelectualidad” concentrada en la corte trajo como consecuencia la producción de una imagen de “sabiduría” que rodeara a Salomón

9.    Desde el principio, usa las tácticas conyugales como “matrimonios de conveniencia”, casándose con esposas “paganas” y llevándoles la idea en sus “mañas” cultuales y supersticiosas.

 

Cuando David siente que se acerca su muerte, le da a Salomón una serie de órdenes que deberán ser cumplidas después de su muerte:

a)    Observar la ley para tener éxito y mantener la dinastía.

b)    Ocuparse de que Joab muera a causa de crímenes cometidos anteriormente y en los cuales David parecía culpable.

c)    Cuidar y tratar con benevolencia a los hijos de Barzilai como retribución por la ayuda que ellos le prestaron en los momentos en los que Absalón lo acosaba.

d)    Vengarse de Semeí, quien lo maldijo ¿recuerdan? (Cfr. 2 S 16:5-23). David se había comprometido a compartir, y juró no matarlo, por lo cual Salomón deberá darle muerte, tan pronto falleciera David.

 

Correspondería, dejar claro que el Libro inicia con la puesta en vigencia de viejos rencores que llaman a ser actualizados para cobrar -a precio de sangre- las venganzas correspondientes. Mala manera de morir y vergonzoso testamento para David; y, pésima manera de iniciar su reinado, para Salomón. Sin embargo, Dios lo dejó consignado en su Palabra. Es muy sano co-textualizar nuestra Lectura para llegar a ver lo que Dios nos ha querido mostrar; a la vez que resulta “muy interesante” reflexionar por qué motivo se han dejado al margen las otras facetas del relato.

 

Pero también se debe reconocer que David, tuvo 4 hijos con Betsabé, (Sima, Absalón, Adonías, y Salomón), con los dos mayores muertos, el mayor de los sobrevivientes era Adonías (otro muchacho muy hermoso, dice en la Biblia), a quien -en legalidad- correspondería asumir la sucesión, entonces, él se dispone a tomar el trono, prepara los sacrificios de toros correspondientes y se acaballa en le mula real de David; pero, el profeta Natán le dice a Betsabé que le exija el cumplimiento del juramento de darle el Trono a Salomón, juramento que no hemos podido encontrar en ninguna parte, quizás aprovechando la senilidad del real gobernante, que ya tenía una enfermera permanente de cabecera, que dormía con él para calentarle las noches, se trataba de la sunamita Abisag. Lo que leemos es que, David entregó la corona a Salomón y luego, cuando, Adonías cedió el trono sin chistar a Salomón, lo único que pidió fue que le dieran a Abisag por esposa (un recuerdo paterno, un souvenir de carne y hueso), y Salomón por esa petición, lo mando a “tostar”, mejor dicho, a calificar servicios en el Sheol.

 


Con estos detalles inicia este 1R. Aun cuando la perícopa de hoy prescinde de 1R 2, 5-9 y no menciona a Adonías, dejando un embarazoso hiato en el relato, guarda silencio con intenciones de encubrimiento.

 

Sal 1Cro 29, 10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd

Tomamos para el Salmo responsorial un fragmento del Primer Libro de las Crónicas, en verdad del último capítulo de esta Primera parte en la que ha sido dividido el Libro de las Crónicas, que, del mismo modo que los Libros de Samuel y de reyes, fueron divididos en dos por el tamaño del Rollo.

 

Los Libros de Crónicas son un resumen de la historia de Israel, y vuelve a contar lo que hemos considerado ya en los estudios previos de Samuel y reyes.  Sin embargo, no es lo mismo, lo igual son los temas, pero el enfoque que tienen, la teología en que se apoyan, además, se incluyen aspectos que revelan la flojera y desmotivación de un pueblo que no ha visto realizada ninguna de las expectativas: no ha llegado el Mesías, y no se ha reconstruido el Templo, se mantienen en suspenso las Promesas de Dios.


Se relata que David, ya en sus últimos años de vida, y ante la descomunal tarea a que se va a ver abocado Salomón, hace un llamado a apoyarlo generosamente y de su propio bolsillo le deja pago todo lo que él poseía. La gente, al oírlo hace también un generoso aporte y de allí brota la aclamación emocionada que, da lugar a la perícopa que se proclama.

 

Son 4 estrofas.

1ª. Bendice al Señor por los siglos de los siglos.

2ª. El Señor es Dueño del poder y la grandeza. La gloria, el esplendor, y todo cuanto existe en el Cielo y la tierra le pertenecen.

3ª. Rey de todo. Fuente de toda riqueza y toda gloria.

4ª. Señor del Universo, mantiene con firmeza -como un auriga, mantiene las riendas en su mano- el poder y la fuerza.

 

El verso responsorial afirma: Dios es el Señor del Universo.

 

Mc 6, 7-13

Empezamos la tercera parte del gran primer bloque en que se divide el Evangelio según San Marcos, que va hasta la Confesión de Pedro, cuando él declara a Jesús como Mesías.


La parte dos terminaba con la admiración y desconcierto que causaba en Jesús la incredulidad de sus paisanos. Ahora, como ya ha sucedido, entre una parte y otra viene un sumario. En este caso es una brevísima frase. La parte b del verso 6: “Y recorría los pueblos aledaños enseñando”. Después de cada sumario, un envío: hoy, reúne a los doce y los envía.

 

Todo entrenamiento requiere de una sesión práctica, donde el formando ponga en aplicación lo que ha aprendido, y verifique que lo ha “captado”, que en verdad es capaz de hacerlo, que no requiere tener a su instructor encima, asistiéndolo, dirigiéndolo, supervisándolo, que ha alcanzado solvencia y autonomía. Antes, en la fase previa, sólo los llamó, ahora los deja “ponerse a prueba”, “comprobar sus fuerzas”.

 

Les define unos límites para proceder dentro de unas pautas de austeridad, un verdadero ejercicio de disponibilidad y pobreza. En fin, se trata de penetrar hondamente en el espíritu pastoral de Jesús opuesto a la manera de los espíritus inmundos que obran con elementos de “masificación” y de derroche, de malgasto.

 

“Un bastón y nada más” ¿Por qué llevar ῥάβδος [rhabdos] “vara”, “báculo”, “bordón”, “bastón”? Nos parece que el bastón está en la línea mosaica, su bastón se trasformó en serpiente y, cuando los magos de Faraón hicieron otro tanto, la Serpiente en que se había trasformado el bastón de Moisés las devoró a todas: como quien dice, era más poderosa que todos los magos egipcios juntos. Este es -simbólicamente el “poder-autoridad”- que les dio al enviarlo. (También David llevaba su báculo al enfrentar a Goliat). Este bastón es el “cetro” de los pastores.

 

Este envío nos habla de otros dos envíos que hace YHWH:

a)    Envía a Abrahán fuera de su tierra, donde estaba asentado, lo desarraiga, lo desacomoda.

b)    Envía a Moisés a hablar con Faraón para liberar a su pueblo; y le infunde tal ánimo que es capaz de remontar todos sus melindres, inclusive sus temores por la dificultad al hablar (tartamudez).

 

Este bastón portátil hallará un asentamiento firme, inamovible en el que al sembrarlo se convertirá en un árbol: el Árbol de la Cruz.

 

El bastón es un signo profético que señala tanto el Árbol del Paraíso, como el Árbol del Calvario. Y línea de equilibrio tendencial, es la realización de la iglesia -por medio de la misión- despojada de toda arrogancia, de toda hambre de dominación, de todo poder ambicioso, ni siquiera la ambición de tener la razón, que es lo menos importante en el cumplimiento de una tarea que se basa sobre el Amor.

 


Devanemos el amor, en sus estambres constitutivos:

a)    Predicar la conversión

b)    Expulsar los demonios que trasplantan “encadenamientos”, “alienaciones”.

c)    Ungir: la unción da fuerza, pero es una fuerza suave, que fluye, que se desliza como la balerina.

d)    ἐθεράπευον [eterapeuon] “Curar”, “sanar”, “cuidar”, “atender”, “aliviar”, como se nota en la fonética está directamente emparentado con θεραπεία [therapeia] “terapia”, “tratamiento”, “curación, “cuidado”. Es toda una cultura del “cuidado”. No es un “contacto” momentáneo, sino que establece una relación que es mucho más que el “momento” de la “intervención”. Jesús no cura, sino que deja en la persona “curada” un germen de acompañamiento, y su “Presencia” se vuelve “compañía”, bien sea que esta una compañía viva en la memoria. Quizás por eso, los que ganan la curación no pueden cesar de contarlo y proclamarlo porque vive en la memoria y flamea en el corazón.

 

¡No importa quien tenga la razón, siempre que mi “hermano” logre ver Su Luz y amarlo!

martes, 3 de febrero de 2026

Miércoles de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 24, 2.9-17

 

Joab dio al rey la cifra del censo del pueblo: había en Israel ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá contaba con quinientos mil hombres aptos para la guerra.

2S 24, 9

El capítulo 24 es el último capítulo de este Libro de Samuel. En el capítulo 23 nos encontramos las últimas palabras de David, con las cuales él ratifica la perdurabilidad de su descendencia en el Trono. “Mi descendencia está firme en Dios, pues Él hizo conmigo una alianza eterna, totalmente reglamentada y segura.”

 

Cuando David encontró en Jerusalén una corte organizada con sus respectivas burocracias, además de un sistema de recaudo de impuestos con sus postas de recaudo estratégicamente dispuestas y con todo el equipo de funcionarios necesarios, encontró también cronistas que tenían por tarea elaborar las noticas y adecuarlas según el gobernante de turno y encontró quienes contaran su historia como se debía. Los episodios de Saúl y David se contaron entonces de una manera optimizada, y se pusieron como apéndices de esta segundo Libro de Samuel, ocupando el lugar de los capítulos 21-24 como hoy en día los leemos. Este añadido es considerablemente diferente tanto en estilo -lo formal-, como en su contenido. Por ejemplo, la hazaña de matar a Goliat, es atribuida allí a אלחנן Eljanán, nombre que traduce “el misericordioso” (2S 21, 19).

 

La estructuración es como sigue: Un paralelo del gobierno de Saúl contrapuesto al de David. Son seis textos independientes muy inteligentemente dispuestos: El primero (cap. 21, primera parte: 21, 1-14) muestra las “fallas de Saúl” y el último (cap. 24, 1-25) “las fallas de David”, y todo el daño causado por ambos y comparable en su perversidad. El capítulo 21, en su segunda parte 21, 15-22 y 23 en su segunda parte (23, 8-39), muestra al ejercito de los “bravos” de David, enfrentando muy valerosamente a los filisteos, pero a un David de fragilidades, de debilidad, de dependencia de otros; los capítulos 22, 1-51 y, 23, 1-7 en su primera parte, nos dejan ver la reflexión que hace David sobre su propia historia, es una mirada reflexiva a su autobiografía, y descubre que fue Dios quien veló por él y lo rescató siempre. Como un retoño de esta reflexión descubre el significado de la Fidelidad de Yahweh: Y, resplandece cómo un Sol de Esperanza el Mesías, la Promesa del Gobernante Perfecto.

 

Es importante que la Plegaria de Ana que abre el libro de Samuel, reverbera como el embrión que palpita en aquel Cántico, y que brota ahora como imagen teleológica en el esjatón Mesiánico de estos poemas Davídicos. 

 

Hoy concluimos nuestro cursillo sobre los Libros de Samuel. Pasaremos -a partir de mañana 5 de febrero- a hacer un nuevo cursillo -en 7 lecciones- sobre el Primer Libro de los Reyes. Sólo estudiaremos 1R los capítulos 1-11, que es la parte que se ocupa de Salomón, y se tocará el sábado 14 de febrero el tema de la División del reino Davídico protagonizado por Roboam 1R 12, 1-24 -segmento que no leeremos pese a que tiene una importancia esencial para entender el origen de la división-; y por Jeroboam 1R12, 25-33 que es de donde se toma la perícopa que leeremos ese sábado.

 

Miremos la perícopa de hoy, que quiere darnos el resumen final de la vida de David. Uno tras otro se acumularon los “pecados” de David. Cada vez más su conducta “erra el blanco” y hace precisamente aquello que ofende, que desagrada a Dios. Pero sólo, a posteriori- advierte el daño que causa su desacierto. La conversión de David es completamente superficial, le dice a Dios que reconoce su “necedad”, y luego, casi de inmediato, incurre en otra o en la misma falta. Parece que su error con Betsabé y Urías dejó -de manera permanente- averiado su sistema de navegación. De allá para acá sólo acumula desaciertos.

 

Quiere esto decir que ¿antes de aquel episodio, él siempre acertaba? Cómo, entonces, explicaríamos su alineación con los filisteos -enemigos tan principales de Israel- a quienes sirvió como mercenario, y sus hurtos con la guerrilla que implementó y lideró, acompañada de masacres, y para que los filisteos no se dieran cuenta de que aprovechándose de la amistad que la brindaron se enriqueció zaqueando a los poblados de sus compatriotas, diezmando a todo el mundo para que no sobrevivieran testigos oculares. Hasta que, por no terminar como enemigos, lo desterraron de su territorio.

 

Lo que se puede concluir es que hubo un propósito apologista por parte de la forma de historiar la vida de David, que ha venido ocultando ciertas facetas y mostrando otras, a la vez que minimizando la gravedad y las consecuencias de su realidad para mostrarnos un “ídolo”, mientras que Dios, en su Escritura, le dio al hagiógrafo todos los datos para que no quedara oculta la “verdad”.

 

El error de hoy estriba en que David ordenó hacer un censo. Censar la población tenía sobre todo propósitos militares, buscando establecer el potencial bélico de aquel pueblo, lo que trata es de contestar la pregunta de cuanta gente estaba en posición de combatir. ¿Qué tiene eso de malo? Sencillo, es contar y poner todo en manos humanas, cerrando la puerta en la cara de YHWH, a quien no se le permite intervenir, y se da por descontada su Omnipotencia, obliterándola, y ateniéndose a simples fuerzas humanas.


En el verso 10 leemos la toma de consciencia de David: “he cometido un grave pecado al hacer esto. Pero te ruego, Señor, que perdones ahora el pecado de este siervo tuyo, pues me he portado como un necio”.

 

El profeta Gad le plantea las tres posibilidades que Dios le presenta para escoger una de las tres, y el escoge una peste. Estaban en el periodo de la siega del trigo y vino la peste y murieron 70.000 hombres…

 

En medio de semejante “catástrofe” tiene David una palabra, quizás la única valiosa y honorable, le dijo al ángel encargado de ir derramando el contagio: “Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre”.

 

Después de esta lectura que hemos proclamado hoy, viene otra perícopa, 2S 24, 18-25, que no se leerá, que se refiere a un Mensaje que el profeta Gad (profeta sin libro, que es mencionado en 1 y 2 Reyes y en 1 Crónicas), le trasmite a David, donde Dios le ordena “Levantar un Altar”, para lo cual David le compra a Arauna el jebuseo, el “patio” donde trillaba su trigo. En esa misma explanada, Salomón construirá el Templo de Jerusalén, como podemos leerlo en el Libro de las Crónicas. Mañana pasaremos al siguiente Libro: Al de Reyes. Solo leeremos del Primero de Reyes porque el Segundo de Reyes lo tocaremos por allá en la décimo segunda Semana del Tiempo Ordinario, en la cuarta semana de junio.

 

Sal 32(31), 1b-2. 5.6.7

Este es un salmo de Acción de Gracias y la Iglesia le ha dado una aplicación Penitencial; esto se debe a que el salmo entrecruza y los entreteje, los dos ejes:

a)    Marca pautas para hacer una efectiva conversión

b)    Agradece que los pecados sean perdonados.

 

Su forma es la de una bienaventuranza: אַשְׁרֵ֥י [asher] “Dichoso”. «Dichoso el que es absuelto de sus culpas y le ha sido sepultado su pecado». Y todavía refuerza la bienaventuranza repitiendo: «Bienaventurado aquel a quien el Señor no tiene ya de qué acusarlo».


El versículo responsorial implora esa absolución: «Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado». Algo bien notorio a través de todo el Salmo es la escucha que el orante presta a la voz de su consciencia; para nosotros que hemos logrado ensordecer la consciencia hasta silenciarla y dotarla de un corazón pétreo: No hay peor desvarío que hacer pasar los pecados por acciones innocuas, es mentirse a sí mismo para condenarse a la perdición.

 

En cambio, en cierta parte del Salmo -que no se proclama hoy- dice hermosamente, como estableciendo un compromiso de Dios con el hombre que en Él confía, aquí el hagiógrafo es consciente de su error, de sus desvíos de la Ley, de haber cesado en la escucha de Dios y sus Leyes incurriendo en el pecado: «… al que confía en el Señor la Misericordia lo rodea» y esa escucha a lo que le habla dios por su consciencia, lo lleva a sentirse responsable, arrepentido y a suplicarle a Dios que lo perdone.

 

¿Qué es lo que debemos hacer? Cuando sentimos que el agua nos da al cuello el “fiel” ha de suplicar, la crecida no lo ahogará.

 

Tres regalos le hace Dios, a quien en Él confía:

1) Le da refugio,

2) le permite esquivar los peligros y

3) le hace audibles los Canticos de Liberación.

 

El pecado es la fractura de la Alianza, el penitente alcanza su restauración. Sin embargo, la historia de David nos muestra algo de suma importancia para nuestra formación moral: Dios no castiga, pero el ser humano es un excelente cultivador de “rencores”. No hay que confundir castigo con rencor. Hay al menos dos diferencias vitales, esenciales:

·         El castigo se merece

·         El rencor puede ser gratuito.

 

Hay un principio teológico esencial, “Dios no castiga”, pero el hombre puede desatar sus justas o muy injustas “torturas” porque nuestra fragilidad está herida a consecuencia del Pecado.

 

Leyendo atentamente la Escritura descubrimos que Dios está -como el bien lo ha dicho, lento a la cólera y pronto al perdón. El ser humano, en cambio, fragua sus odios con su envidia, egoísmo, celos, codicia, anhelos de dominación, de sometimiento, con su arrogancia.

 

Mc 6, 1-6

No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

 

Sus parientes lo trataban de estar “fuera de sí”, su familia más cercana, fueron a rescatarlo para ¿…someterlo a tratamiento?, ¿para recluirlo? ¿para que, no los hiciera pasar vergüenzas?; ayer no más, se burlaban de Él porque creían que confundía un muerto con alguien “durmiendo”. Hoy serán aquellos que lo conocían, desde muy pequeño, que habían compartido con Él desde su tierna infancia, los que son presa de la incredulidad. ¿Cómo puede ese “tipo” que es un simple hijo de τέκτων [tektón] “artesano” al que su papá le ha enseñado el oficio, y por lo tanto, Él mismo es un simple “artesano, “carpintero”, de dónde acá toda esa “sabiduría”?


Observemos cómo es la mente de refractaria: Ellos mismos, por sus propios ojos y demás sentidos han presenciado y les ha llegado la noticia de su “autoridad”, de su “poder”, y, sin embargo, “no lo pueden creer”. ¿Cómo puede ser que un vecino, simple y sencillo, que lo hemos visto jugar con los otros chicos, y crecer al lado de nuestros propios hijos y ante nuestros propios ojos, ¡sea el Mesías!

 

Llegamos pues al final de esta parte del Evangelio Marqueano, cerramos esta sección que se refiere -no sólo a los milagros, como la llamamos muchas veces, “sección de los milagros”, sino, sobre todo, a la reflexión en torno a le fe, donde la hay abundante, habrá descomunales milagros, donde escasea -como aquí en su propia patria- sólo un par de curaciones, y no más.

 

Jesús se admiraba hasta qué punto llegaba la incredulidad de sus paisanos. Allí donde se podría esperar la mayor fe. «Los hombres buscan siempre señales en el cielo y sobre la tierra, pero no están en condiciones de reconocer las sencillas señales cotidianas, de darles un significado. En cambio, es necesario captar, cada día, con sabiduría, el presente silencioso de Dios.» (Beck, Benedetti, Brambillesca, etal).

 

Nos pasa también a nosotros, se está leyendo la Escritura, y pensamos que esa historieta ya le hemos oído varias veces, y preferimos hacer algo “más importante”, y, nos ponemos a mirar el teléfono móvil, convencidos que allí encontraremos algo más interesante, o más gracioso.

 

O con el Sacratísimo Cuerpo, Sangre Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, ah, un pedacito de galleta allá metido entre vidrios, en cambio, aquí a mi lado- está el vecino de al lado en mi conjunto residencial, y podemos acordar que vamos a decir en la próxima Asamblea Comunal que ya pronto tendrá lugar.

 

O, en la Eucaristía, creo en Dios, con todas mis fuerzas, pero me entró una llamada de un amigo y nos vamos a poner de acuerdo para ir al partido de fútbol o para comprar las boletas del mundial.

 

Nuestra fe se cotidianiza de tal manera que Dios siempre podrá esperar, al fin de cuentas, Él es Eterno. No es que nos falte fe, es que la hemos dejado en casa, y como es “tan valiosa”, la dejamos guardada en la caja fuerte.


Se imaginan cómo estará sorprendido Jesús con nuestra indiferencia hacia Él. Todo porque somos sus “más cercanos” y con tanta proximidad se nos ha vuelto imposible verlo, reconocerlo, aceptarlo. Se puede -sin exagerar mucho-, pensar que le tenemos más respeto al cantante de moda (que también merece respeto, pero guardadas las proporciones).

lunes, 2 de febrero de 2026

Martes de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31-19,3

¡Hijo mío, Absalón, hijo mío!

“En David se entremezclan el bastón y la honda, el arpa y la lanza, el cetro y las sandalias, el canto y el llanto, el triunfo y el desprecio, todo ello aceptado y asumido ante Dios”

José Luis Caravias sj.

 

La vida de David se suele dividir en tres etapas: su formación y entrenamiento, sus triunfos como rey y los problemas familiares y personales que enfrentó. Nos adentramos en esta tercera etapa:

 

¿Cómo se manifestó la violencia y la muerte como consecuencias de las faltas de David, recayendo sobre su propio linaje? David se vio abocado a la rebeldía de las tribus, la más importante encontró su expresión en Absalón que se hizo a la corona en Hebrón, la antigua capital, y quien alcanzó a reinar, por un momento, en Jerusalén.

 

«El descuido de la justicia provoca automáticamente el desenlace de la corrupción y del populismo, cuya finalidad es alcanzar el poder. La narración de 2S 15,1-12 muestra bien eso, al contar la actitud de Absalón uno de los hijos de David: él va a las calles, saluda y besa a las personas, promete tierras y capitales.

 

La verdad, lo que él tenía en mente no era el bienestar del pueblo, pero si dar un golpe de Estado para tomar el trono de David, antes que lo hicieran sus hermanos. Para eso contaba con la ingenuidad de mucha gente». (Euclides Martins Balancin)

 

Cuando iban a enfrentarlo se cuenta que David pretendía ir con ellos, pero sus capitanes le dijeron que sería gravísimo que él llegara a caer en el fragor del combate y el daño sería irreparable, peor que si caían sus capitanes. Los dejó ir y se quedó, pero antes de partir les recomendó que velaran por la vida del rebelde Absalón.

 

Ya sabemos que Absalón -quien iba cabalgando un mulo- se le enredó el cabello y en esta trabazón de cabello y ramaje encontró Absalón, agazapada, la asesina muerte.

 

Según la usanza de aquellos pueblos iba Absalón cabalgando a lomo de Mulo, como su cabellera era larga, al pasar por debajo de una encina, se quedó enredado, como lo dice explícitamente la Lectura, el mulo siguió de largo y Absalón -un muchacho guapísimo y de una cabellera especialmente abundante, según nos los informa la Biblia- quedó allí, colgado, expuesto y vulnerable. Se lo notificaron a Joab, y Joab, que era uno de los capitanes de David (el primero en entrar a Jebús -Jerusalén- cuando la iban a tomar, y el que se encargó de poner a Urías en el frente de combate para que muriera); pasándose por la faja la recomendación de David - lo traspasó con tres jabalinas- luego le enterraron lapidándolo. ¡Matado y rematado! Esto inaugura, en Israel, una tradición -usual en otros pueblos- del cainismo con el propósito de adueñarse, conservar o perpetuarse en el Trono. Leyendo de corrido la biografía de Joab, chorrea sangre, que entrapa las manos del lector bíblico. Estos “capitanes” son frecuentes en la historia y volotean, como moscas, alrededor del poderoso, son excrecencias del “poder”. Tristemente se adhiere el pecado al poder por estas ramas que atrapan por el cabello a sus víctimas.

 

¡Un cusita y Ahimaas (el hijo del Sacerdote Sadoc), salieron en volandas -como el atleta de Maratón- a llevar el mensaje a David!  Esperaban que David se alegrara, pero todo el tiempo aguarda por buenas noticias y cuando sabe la realidad del final de su hijo, despedazado por la luctuosa reseña se echa a llorar. Decía que preferiría haber muerto él, que no su hijo.

 

«El proyecto populista de Absalón no se logra concluir, porque David todavía conservaba un grupo fiel e inteligente que supo desarticular los proyectos de Absalón. Este fue muerto en batalla (2S 18, 9-18), y David logró recuperar su credibilidad, al menos en parte». (Euclides Martins Balancin)

 

En el capítulo 20, 1-22 (que no está en nuestro programa de estudios), hay otra rebelión importante: se trata de Sebá -hijo de Bicri-, de la línea benjaminita, su slogan rezaba así: “No tenemos nada que ver con David, ni repartimos herencia con el hijo de Jesé. ¡Cada uno a sus tiendas Israel! Allí encontramos nuevamente a Joab, la mano ejecutora de David. Sebá se había ocultado en la ciudad de Abel-bet-maaca. Una mujer que sabía el escondite negoció con Joab (general de David), y los habitantes de la ciudad decapitaron a Seba y arrojaron su cabeza por el muro para salvarse. Todo esto disimula muy mal la astucia de David que no para en mientes para mantenerse en la regencia. Sin embargo, la Escritura ni lo afirma ni lo niega, si bien abre una ancha zanja para que se cuele la sospecha: La ideología davídica, se enfoca en presentar a David como rey ideal y paradigma teocrático, idealizando su figura.


La imagen mesiánica del Rey David constituía un pilar teológico inquebrantable en la tradición bíblica. En 2S 21, 17 se la llama "lámpara de Israel", para significar que él es la guía, la luz y la esperanza vital de la nación.

 

Sal 86(85), 1b-2. 3-4. 5-6

…es la oración de una persona que se siente pecadora y sumamente necesitada de auxilio divino, pero que tiene la alegría de contar en su favor con el Dios clemente y misericordioso, rico en piedad y leal.

P Eliécer Sálesman

Este es un Salmo de súplica. Salmo del que se sabe pecador y busca el amparo del Misericordioso.

 

Pero también, como opinan muchos, es también un himno que alaba al Señor y clama glorificando la Fidelidad del Señor.

 

El que alaba es un Fiel, pero es también un desamparado, un marginal, un pobre infeliz. Quien es víctima de otros que se ocupan de oprimirlo. La solicitud que le eleva al Cielo es que lo saque de esa opresión, que lo libere. Si llega esta liberación, el corazón del fiel se alegrará. Por eso el ora. ¿Qué se entiende en este caso por “oración?: ¡Elevar el Alma!


La fidelidad del orante se manifiesta en reconocer a Dios en su Bondad, en su Clemencia, en su Escucha, en la atención que prodiga al suplicante, al oferente de la oración, al que presenta la plegaria orante.

 

En el versículo responsorial hay un antropomorfismo: se compara a Dios con un ser humano, que tiene que dirigir sus orejas hacia el foco originario de la voz que le habla -como si Dios tuviera problemas d oído-, para alcanzar a oír lo qué le dice el suplicante.

 

Mc 5, 21-43

Jesús abandona la región “pagana” de la Decápolis y regresa a territorio judío, quedándose en la zona aledaña al lago.

 


Esta perícopa está narrada como un sándwich -que técnicamente llamamos en literatura una “inclusión”- el pan, luego la lonja de carne y queso, para cerrar con la otra taja de pan:

 

1º (El pan) Llega Jairo, cabeza de la comunidad sinagogal, a rogarle que vaya a imponerle las manos a su hija para que alcanzara la salud. Así que Jesús se fue con Jairo, curiosamente este es un nombre de origen griego (significa “alegría”, “gozo”, “al que Dios ilumina”) este cargo de “jefatura sinagogal” no implicaba poder, era una especie de acolito mayor con funciones de “maestro de ceremonia” con ninguna responsabilidad administrativa.

 

2º (Las rebanadas de carne y queso) Hace su aparición la “hemorroisa” quien llevaba ya doce años con ese problema sin que los médicos le “dieran con el chiste” y había gastado en esos tratamientos toda su “fortuna”, consiguiendo, tan solo, empeorar. 

 

Se le acercó por detrás, para que nadie se diera cuenta y lo tocó -recordemos que aquello implicaba dejarlo “impuro”, tras de que corneada apaleada: no solo soportaba su enfermedad, sino que desde el punto de vista religioso permanecía impura. Y ella, con tan solo tocarlo, logró instantáneamente el prodigio.

 

Lo curioso es que el poder sanador que emana de Jesús no sale sin que Él lo note. Así que pregunta ¿quién obtuvo “a la chita callando” un milagro? Jesús deshace todas aquellas patrañas de “impureza”, la tranquiliza y le muestra la gratuidad del favor recibido: Ella no le ha robado nada, Él solo quería mostrar que no se apegaba a todas eso mitos de “impureza”, establecidos sólo para mantener apresado el poder y favor de Dios que no rechaza a quienes lo necesitan, sino que se les hace el Encontradizo, y llega allí donde lo están buscando, donde claman por Él.

 

3º.  (La tajada de pan de arriba) Ya es demasiado tarde, la hija de Jairo ha muerto, se demoraron mucho en llegar. Jesús le dice a Jairo que derrote el temor -ese temor que es dolor cuando la muerte grita su campeonato- y lo derrote con un poder dado por Dios al ser humano: le Fe.

 

Para Jesús, la muerte no es sino un sueño, un dormir que puede ser despertado con el despertador adecuado: El poder de Dios.

 

Una de las frecuentes reacciones del incrédulo es la burla. En estos últimos días encontrábamos que muchos querían neutralizarlo, impedir que actuara con su Ilimitado Poder, tratándolo de loco. Al loco y al que nos hace reír -el payaso- se le ignora, se le desautoriza, se le arrincona con el desprecio de la risa.

 

Sólo a sus discípulos más cercanos, los más formados, los más fiables que pueden testimoniar este “milagro”, Una Resurrección, los toma por compañía: Pedro, Santiago y Juan a quienes se sumaron los más directos interesados: su papá y su mamá, ellos cinco vieron y oyeron que le dijo en arameo: “Talitha qumi”. Y, de inmediato, despertó y se levantó. Era una jovencita de sólo 12 años.

 

Sólo hay que hacer dos cosas más, a saber:

a)    Guardar el secreto Mesiánico

b)    Darle de comer a la niña, porque no era un fantasma, ni una aparición, era un ser vivo que necesita comer. La inapetencia es signo de que la muerte va ganando, y lo contrario, también es cierto, si comía era porque no sólo estaba un poco viva, sino que, en realidad estaba ¡recontra-viva!


Marcos nos muestra que este relato en forma de inclusión tiene por columna vertebral la fe. Nos está enseñando que el poder humano que hace eficaz el poder Divino es la Fe. Lo primero que se roba la muerte es la Fe.