lunes, 22 de junio de 2026

Martes de la Décima Segunda Semana del Tiempo Ordinario

2 R 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36

El rey de Judá para aquel momento histórico era Ezequías. Quien vivió del 729 a.C. al 686.a.C. y gobernó durante 29 años -es decir del 715 a.C. al 686 a.C., mientras que otros historiadores afirman que su reinado abarcó del 727 a.C. hasta el 698 a.C. Impulsó reformas religiosas para eliminar la idolatría y centralizar el culto en el Templo.

 

En la perícopa de hoy, חִזְקִיָּהוּ [Ezequías] “Dios es Fuerte”, ha recibido una Carta, y esta carta es el eje en torno al cual se desarrolla el relato, ¿quién es el remitente de esta carta? Es Senaquerib, de quien diremos que fue rey de Asiria desde el 705 a. C. hasta su muerte, en el 681 a. C., así como de Babilonia entre 705 y 703, y nuevamente desde 689 a. C. hasta su muerte - víctima de una conspiración- en el 681 a.C.; lo que Senaquerib perseguía en esa carta era demoler enteramente la confianza que los de Judá tenían en su Dios, convencidos totalmente que Dios sería el protector de sus fronteras. Hemos de añadir que los asirios -con Sargón II a la cabeza-  ya habían puesto “patas arriba” a Israel -como vimos- acabando con el reino del Norte.

 

Subió Ezequías al Templo y fue a presentarle a YHWH esta afrenta, poniendo a Dios -como agredido- y solicitándole, con plena confianza, que fuera Él quien tomara en sus Manos semejante insulto a su Divina Majestad y los protegiera.

 

Es muy hermosa la respuesta que Dios -por medio del profeta Isaías- le da, prometiéndole que Jerusalén no sería mancillada y que el “famoso” Senaquerib no pondría su pie en aquella tierra que Él declaraba adornada con la promesa que había formulado en favor de David y su linaje. En cambio, los dioses asirios sólo eran piedra y madera. Los versos 21 a 31 contienen la profecía de Isaías, que no se incluye en la perícopa que hoy leemos, pero que garantiza que un “pequeño resto” surgirá y sería la defensa adecuada de la Ciudad Santa. Afirmando que Senaquerib tendría que devolverse sobre sus propios pasos y regresar frustrado en sus intentos contra Jerusalén y el reino del sur. Ante la inminente caída, Ezequías y el profeta Isaías oraron a Dios. la misma noche en que el "Ángel del Señor" mató a 185.000 soldados asirios en su campamento hizo que Senaquerib derrotado y avergonzado, se retirará a Nínive, donde fue asesinado por sus propios hijos.

 

Dicho y hecho que esa misma noche se abatió sobre el ejército Asirio una derrota en Laquis, -estos efectivos fueron muy probablemente barridos por una peste-, lo que llevó a Senaquerib a levantar sus campamentos y regresar a Nínive donde se había dado cita con las parricidas manos de sus descendientes que presentaban ofrendas a Ereshkigal y Nergal y que lo condujeron de turismo por Kur con boleto -como ya se sabe- solo de ida.

 

Para no dejar en el aire la historia de Ezequías, vamos a añadir que después de esa gran victoria de Judá amparada por el Señor, Ezequías se enfermó gravemente. Dios envió a Isaías para decirle que moriría. Ante esta noticia, Ezequías oró pidiendo misericordia y Dios escuchó su oración y envió a Isaías nuevamente con un nuevo mensaje, que tendría quince años más de vida. Como prenda de ese regalo Divino, el Señor hizo que la sombra del reloj solar retrocediera diez grados, aproximadamente 40 minutos (Cfr. 2 R 20, 8-11 e Is 38, 4-8). El suceso ocurrió como una señal divina para confirmar su sanación. Cuando el profeta Isaías le preguntó si prefería que la sombra del reloj de sol de Acaz, (según las descripciones bíblicas, parece que era una columna o estilete y una escalera o estructura escalonada donde la sombra marcaba las horas) avanzara o retrocediera diez grados, Ezequías respondió que era más difícil que retrocediera. Entonces Isaías oró y Dios hizo que la sombra retrocediera exactamente esos diez grados.


Más adelante se verá que Jerusalén no quedó intacta de otras agresiones y que de Jerusalén solo sobreviviría el “pequeño remanente” anunciado en la profecía Isaiana. De ese “resto” brotaría el descendiente Mesiánico.

 

Sal 48(47), 2-3a. 3b-4. 10-11

Muy proporcionadamente, el Salmo es un Salmo de Sion, que se concentra en la gratitud por las Acciones Celestiales en favor de Su Pueblo y defendiéndolos de sus poderosos agresores.

 

Qué se canta en el Monte Santo -Sion- sino la Grandeza de Dios, que es Digno de todas nuestras alabanzas.

 

Sion en la geografía Divina, es ya la puerta del Cielo, porque es la Ciudad que Él se ha elegido como Morada.

 

Así como Ezequiel, subimos al templo para meditar los portentos que obra el Señor y reconocer que Su Acción y su Amorosa relación con nosotros nunca cesará.  Allí hemos descubierto nuestro Tesoro, que la Mano Derecha de Dios está pletórica de Justicia, y Su Justicia es nuestra defensa.


¿De dónde brota tal conocimiento? Nos respondemos nosotros mismos con las Palabras proféticas que se nos han dispensado: “Dios ha fundado su ciudad para siempre”.  Así lo ratificamos en el estribillo. (Al descender de nuestra cabalgadura, siempre nos apoyamos en el “estribo”, así también, cada vez que elevamos una Alabanza Salmica, hacemos pie en la antífona del salmo).

 

Mt 7, 6. 12-14

Aquí tenemos que recordar que el Sermón del Monte no es la transcripción de algún discurso pronunciado por Jesús, sino un agrupamiento, realizado por el Evangelista, donde reúne los fundamentos de la vida cristiana. Hoy, puestos así por Mateo, uno al lado de otros, tenemos tres puntos -emparentados temáticamente- que Jesús nos presenta como guías, verdaderos rieles de la existencia:


El primero de ellos nos enseña que las cosas santas no se nos han entregado para que las abandonemos, por ahí, en alguna cochera (cercado donde se agrupa a los cerdos). ¿Y esto a qué viene? Recordemos que cerdos y perros eran simbólicos del paganismo. O sea, que las verdades que anuncia la “Buena Noticia” deben depositarse en las manos y los oídos atentos, de quienes tienen “hambre y sed de justica”. De otra manera, será un sembradío en tierra estéril, o -lo que con frecuencia sucede- cae en manos de los que, como los escribas y los fariseos, buscaban para acorralar e ir a denunciar al Señor, para venderlo y entregarlo.

 

Y esto no niega de ninguna manera que el Evangelio es para todos, lo que pasa es que -ejemplo esencial, no se puede dar la Comunión Sacramental, sin antes haber vivido una verdadera iniciación cristiana. Se nos llama a invitar para ser de la grey, y a los que oigan la llamada, catequizarlos adecuadamente, para que puedan llegar a ser verdaderos “cristóforos”. Dulce y responsable tarea encargada a los catequistas. Así que no hay que andar desparramando las perlas, sino adecuar los corazones para que, dónde la semilla llegue, dé frutos verdaderos de caridad y amor sinceros.

 

Y, la tercera enseñanza nos habla de la apertura para recibir el mensaje. Se puede tener una puerta estrecha (aquí se debe recordar que llamamos al bautismo el Sacramento Puerta), cuando pretendemos reducir nuestra fe a “consignas” y nuestra vida sacramental se queda limitada a los ritos sacramentales con ninguna repercusión en la vida cotidiana. La Buena Nueva tiene que llevarnos a una vida vivida en fe, a una experiencia de discipulado, donde las enseñanzas de Jesús se hagan sangre y carne de nuestro propio ser y así seamos cristianos de existencia comprometida y responsable, comprometidos con la Iglesia y verdaderamente centrados en Jesucristo.

 

No podemos desmontar la fe en Jesucristo en la idea de llevar el cabello largo como se nos muestra en sus imágenes, o vestir con manto y capa, o en portar medallas o estampas de santos y novenarios, escudos, o alguna otra bisutería; sino, en vivir acordes a las verdades, los principios y los valores que Jesús practicaba y nos dio como paradigma para su seguimiento.

 

Precisamente, en el corazón mismo de la perícopa mateana que hoy se proclama está una de las verdades fundamentales de nuestro ser de cristianos: “Todo lo que quieran que los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos” Y Jesús añade, según la cita del evangelio, “esta es la Ley y los Profetas”.

 

Y es que la verdad de nuestra fe no es algún docto y complicadísimo estudio teológico inalcanzable y desalentador en su complejidad. En verdad, no hay que desentrañar desmenuzando por mínimas partículas el Evangelio, sino que basta con atenerse a esta sólida roca que condesa todo el estudio bíblico. Dicho sea de paso, así resolvió el Señor Jesús llevar la Ley a su Plenitud, no con un desglose exhaustivo y haciendo de la Sonrisa Amorosa de Dios, un mar innumerable de detalles que impidieran vivir la religión a cabalidad.


Así que, hoy se nos compendia todo en este principio anti-talión: ya no se trata de volver mal por mal, ya no tenemos que publicar extensos códigos de cómo cobrarle al prójimo las afrentas que nos hallan infringido, ni andar buscando pretextos para vivir inmersos en una cultura de la muerte; sino de vivir sembrando semillas de bondad. Por eso Jesús sintetiza su Enseñanza en el Mandamiento del Amor y desbarata todas las venganzas, en la tarea y el propósito firme de serle fiel a Dios por medio de todas las acciones de nuestra vida, y así, el verdadero protagonista de la Ley es la “Justicia del Reino” que consiste, sencillamente, en buscar para todos los demás, el mismo bien que nosotros anhelamos que nos llegue. Y nunca en trazar un plan para destruir o menoscabar al otro.

domingo, 21 de junio de 2026

Lunes de la Décimo Segunda semana del Tiempo Ordinario

 

2 R 17,5-8. 13-15a. 18

Un pueblo de dura cerviz

הושע Oseas, ese nombre significa “Yahweh es Salvación” (hijo de Elá) fue el decimonoveno y último monarca del Reino de Israel (el reino del norte). Gobernó durante nueve años (aprox. 732 a.C. - 722 a.C.) era vasallo del rey asirio Salmanasar V -rey de Asiria del 726 – 722 a.C. y le pagaba tributo. Posteriormente, se rebeló y buscó una alianza con Egipto, enviando legatarios a negociar con So, rey de Egipto, negándose a pagar más impuestos. hasta que, el Imperio Asirio conquistó Samaria y destruyó el reino.

 

Tras la caída de Samaria, el rey asirio (Salmanasar V y posteriormente su sucesor Sargón II) encarceló a Oseas y deportó a gran parte de la población israelita a Asiria, en Halah situada en la región de Habor -aun cuando no se ha podido precisar dónde, se cree que al norte de Mesopotamia en la región de los Medos, y en ciudades medas al este del Tigris; lo que provocó la desaparición del reino del norte.

 

El antecedente de buscar acercamientos y convenios con Egipto entra en franca colisión con el hecho que precisamente ellos habían esclavizado a los Israelitas y Dios tuvo que intervenir con su fuerte brazo para trozar esas cadenas. Uno de los más pesados y vergonzosos grilletes fue el sincretismo con el que paulatinamente tiñeron su fe con prácticas cultuales y ritos propios del paganismo.

 

El trato Paternal que Dios les daba incluyó advertirles por medio de profetas y videntes el sendero equivocado que estaban tomando. Muy lejos de mostrar una voluntad de enderezar su derrotero, mostraron toda la terquedad de la que eran capaces y se mantuvieron fuera de la alianza pese a las precauciones que Dios les fue señalando.

 

Fueron ascendiendo por la montaña de la perdición y llegaron a su cima cuando resolvieron caer en la idolatría y hacerse una estatuilla de Ásera - Era una representación o poste sagrado de madera asociado a la diosa cananea Aserá, deidad de la fertilidad, cuya adoración fue condenada por los profetas; y dos becerros de bronce, imágenes idolátricas fundidas. Vamos a añadir a esto los siguientes desatinos y desvíos en los que incurrieron:

      i.        Se dieron a las adoraciones astrológicas

     ii.        Ofrecieron sacrificios en los que quemaban a sus propios hijos e hijas

    iii.        Practicaron la adivinación y los augurios

   iv.        Se entregaron a hacer lo malo a los ojos de Dios.

 

El reino del norte -el que desapareció- estaba formado por diez tribus, a saber: Las diez tribus que integraban este reino eran: Rubén, Simeón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, Efraín y Manasés.

La perícopa concluye diciendo que solamente sobrevivió la tribu de Judá.


 

Sal 60(59), 3. 4-5. 12-14

Que tu Mano Salvadora nos responda

¿quién acabará con el prejuicio y la ignorancia y la indiferencia para abrirle camino a la luz no solo en el secreto del corazón de los hombres, sino en los grupos y las reuniones y las multitudes de las calles abiertas y de las plazas públicas?

Carlos G. Vallés s.j.

El salmo es consciente que Dios -con toda razón- se hallaba airado y su disgusto se mostró en su rechazo y en el hecho de haber permitido la desaparición de las diez tribus. Sin embargo, el salmista suplica: ¡Restáuranos!

 

Como un cántaro golpeado brutalmente, este Amadísimo pueblo es ahora, tan solo, un nudo de grietas. ¿Qué le sobreviene a toda alfarería que sufre sacudones y agrietamientos? Se desintegra, se pulveriza, se convierte en simples partículas de barro, en un montoncillo de carcoma. Esta situación que le ha sobrevenido a los hijos de Israel es como una borrachera mala. Como resultado de haber bebido -no la dulzura del vino- sino la descomposición de un vino tóxico; su hígado se ha revenido, ansias y vómito pueblan su garganta, y en vez del deleite de la grata bebida, solo experimenta el malestar que antecede a la muerte por envenenamiento.


Lo más ingrato de esta experiencia es que Dios los había prevenido por boca de sus profetas, que no bebieran del vino de la idolatría, que no incurrieran en la infidelidad. Que no se hicieran ídolos para adorarlos a sabiendas que el Único que merece adoración es YHWH.

 

El hagiógrafo hace consciencia y transmite esa concienciación a todo su pueblo en este salmo: ya Dios no sale a combatir al lado del ejército de su Pueblo. Si van al combate, solo cosecharán derrotas estrepitosas, porque han perdido el apoyo del Señor que antes siempre los guarecía. Entonces, el salmista clama: Su ruego es para que Dios los vuelva a escoltar en sus luchas, para que Dios los acompañe en sus travesías, para que puedan enfrentar los rigores que acompañan la existencia y el sinnúmero de sinsabores que los acosarán en lo sucesivo por todo el camino.

 

Buscaron el apoyo de ejércitos humanos sin percatarse que esas son falsas ayudas y que los que se ofrecían a ayudarlos solo esperaban cogerlos debilitados para poderles imponer el cepo y someterlos a los sinsabores del regreso a la esclavitud.

 

Solamente si regresan a su Fiel Señor, gozarán de la dulzura incomparable de su Amor; volverán a cargar sus ánforas de proezas y verán, con ojos agradecidos, la derrota de Melkor. ¡Ahora conocerán el rostro de Sauron!

 

Mt 7,1-5

El juicio humano trae condenación solo el Juicio Divino Salva.

Todo juzgamiento tiene por trasfondo un enmarcamiento forense. Ahora bien, la fe nos lleva a ganar claridad sobre el hecho de ser hermanos respecto de todos los de nuestra misma especie. Es, cuanto menos extraño, que llevemos a nuestro propio hermano al tribunal. (No es imposible, más bien lo contrario, es frecuente; no obstante, es muy extraña esta conducta).

 

Cuando juzgamos cavamos un abismo respecto del enjuiciado, lo separamos con una barrera insalvable. Lo más irónico -porque es gracioso, pero simultáneamente doloroso- es que solemos juzgar en el otro, precisamente nuestro propio defecto, que suele verse magnificado el verlo en el hermano. Es una espada sin mango, en cambio, tiene doble punta, hiere al juzgado y, me hiere a mí mismo.

 

Juicio fue el acto envidioso de Adán y Eva, que quisieron ser como su Creador. No era que Dios hiciera algo mal, era que nosotros queríamos ser como Él. Los juicios ocultan y revelan nuestras envidias. Hay aún más. Muchos que alertan contra el juzgar, lo hacen porque practican un constante juzgamiento del otro, o sea, una envidia pertinaz. Juicio fue el que levantó el brazo fratricida de Caín para exterminar a su hermano.

 

En realidad, tendríamos que alcanzar el carisma de la “identificación” y procurar ver desde la perspectiva que ve el otro. ¡Quién sabe cuántas veces descubriríamos -asombrados- que “el otro” tiene frecuentemente más razón que uno mismo! Lo que suele suceder es que nos agarramos aferradamente a nuestros prejuicios, so capa de ser los más razonables, los más ilustrados y lógicos. Si por lo menos lográramos salir de Ur e ir a ver las cosas desde Harán, tal vez pasaríamos por Betel (que antes se llamaba “Luz”), y después de dormir -recostados en una piedra como almohada- alcanzaríamos a ver la Escala de Jacob, y por ella a los Mensajeros de Dios, subiendo y bajando (Cfr. Gn 28, 10-22).

 

Tal vez “el otro” está en otro nivel de percepción, o de información, o en mejor perspectiva. Inclusive, el abismo se ahonda, cuando la rudeza de nuestros juicios nos agrede a nosotros mismos. A veces, dentro de un ánimo de superación, nos volvemos insoportable y salvajemente indolentes y exigentes con nosotros mismos, y, por el contrario, tendríamos que ser dulces y suaves en nuestro propio proceso. (Atención que nunca se ha dicho que cohonestemos con el pecado).

 

Ese rigor puede llegar a ser todavía más exasperado, si me juzgo con una “vara” (es decir, con una “medida”) a la que le he asignado el valor de “divina”, pero que sólo es una “fetichización” farisaica. Cuantas veces nuestros juicios se basan sobre ideas muy admiradas aun cuando testarudamente estrecha.

 

Al pasar por estos derroteros siempre hemos creído urgente destacar el respeto al otro, y evitar que, con la excusa de estar corrigiendo, perpetramos la ofensa o la degradación. Aquí no hay pretexto que valga. Siempre irá por delante la debida consideración del “prójimo”: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehena de fuego”. (Mt 5, 22).

 

Perdón que no tenemos ningún ánimo de omnisciencia, pero nos parece muy conveniente destacar algunos de los sinónimos de Imbécil: idiota, tonto, estúpido, bobo, imbécil, mentecato, inepto, asno, bruto, burro, lerdo, tardo, pánfilo retrasado, estúpido, majadero, cretino, necio, insensato, borrico. No pretendemos agotarlos, pero si destacar los más frecuentes en el habla, porque unos ofenden con el uno y otros apelan a uno diferente. Ya ha destacado la psicología el daño que infringen estos calificativos en la autoestima. Nosotros nos hemos propuesto enfatizar la agresión que significan en el contexto de la fraternidad humana.

 

Este examen de la acción de juzgar no impide darse cuenta de la sensible dificultad que atraviesan dos ingenieros cuando, por ejemplo, están construyendo un puente y uno de ellos descubre, con no poco asombro, que se ha cometido un error de cálculo en el diseño de una de los bases que ha de soportar el peso…

 

Puede darse el caso que el error se haya cometido involuntariamente, pero el punto es que -como seres humanos que somos- el desliz no se puede ocultar o minimizar so capa de alguna especie de compañerismo profesional, y esto porque todos los que transiten en un futuro por esa obra de ingeniería serían potenciales víctimas de su derrumbe, a menos que el traspié sea tan mínimo que no tenga ninguna consecuencia previsible. ¿Puede tratarse de un error minúsculo que no tendrá consecuencias! Una falla imperceptible.

 

También se presentan aquellas situaciones donde se hace destacar hasta tal punto la subjetividad que se llega a afirmar que en eso todo el mundo tiene la razón y cada uno es “libre” de opinar. Pensamos que pueden darse casos límites donde esto llegue a ser enteramente verdadero. Pero la práctica demuestra que ese no es el caso frecuente y que en la mayor parte de las veces hay criterios que permiten dilucidar con certeza.


El sentido de la responsabilidad nos ayudará a proceder con tino y prudencia y a tomar sanas decisiones para poder actuar siempre con tolerancia y construir con sinodal fraternidad y no permitir que vigas ni motas detengan la Fidelidad.

sábado, 20 de junio de 2026

HABLAR SIN MIEDO, DECLARARNOS DE JESÚS

 

Jer 20,10-13; Sal 69(68),8-10.14.17.33-35; Rom 5,12-15; Mt 10,26-33

 

Yo creo que si tenemos la luz y el coraje necesarios para responder que Dios ha permitido las pruebas para formarnos como ministros de la consolación, para hacernos capaces de dar palabras de consuelo, entonces habremos descubierto de verdad el dinamismo del misterio de Dios.

Card. Carlo María Martini

 

Este Domingo XII del Tiempo Ordinario –vamos al Evangelio de San Mateo, ya que estamos en el Ciclo A- somos llamados y enviados a reconocer a Jesús como nuestro norte espiritual y a no negarlo. Papa Francisco nos ha llamó a ser una Iglesia en Salida, que se sabe acompañada fielmente por su Señor, una Iglesia, de Puertas Abiertas, y no cerrada y trancada con la estaca de sus miedos, prevenciones y prejuicios. No puede quedarse cerrada en sus mañas, metida en la Sacristía como en su “cuarto de pánico”. Sino una Iglesia que sale, que se expone a equivocarse, aun cuando tenga que pedir excusas y corregir y volver a empezar. Una Iglesia Misionera.

En esta Liturgia proclamaremos el Salmo 69(68) que está estructurado en tres partes: La Lamentación, La Oración y La Acción de Gracias. De esta manera retomamos el tema de la acción de gracias. Celebraremos, esta vez, la Fiesta del Discipulado, más aún, del Envío. Regodeémonos saboreándolo:

 

Dios mío, tu Salvación me levante.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,

proclamaré su grandeza con acción de gracias;

le agradará a Dios más que un toro,

más que un novillo con cuernos y pezuñas.

 

Miradlo los humildes y alegraos,

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

No desprecia a sus cautivos.

 

Este Salmo pertenece al género de las súplicas, donde el Salmista es consciente de encontrarse sorteando un gran peligro, en este caso la situación es verdaderamente peliaguda: Se sufre persecución por Dios, por estar de la parte del Señor-Dios es que se ve amenazado, lo odia una multitud, porque a él “lo devora el celo del Templo” de Elohim (אֱלֹהִ֑ים); este es el mismo versículo que rememoran los discípulos cuando ven arder la ira en Jesús – al ver profanado el Templo de Jerusalén- por los mercaderes y cambistas en Jn 2, 17.


Tropezamos aquí, sin embargo, con el enorme contraste entre el Primer Testamento y el Segundo. En aquel, el salmista invoca la ira de Dios para que cobre venganza contra estos que son “más duros que los huesos” y que “lo atacan injustamente”; en la Segunda Alianza, no hay rencor por parte de Jesús, Jesús es el Sacramento del Padre cuyo Misericordioso Rostro es el de Dios-Perdonador. Dios no se defiende de sus perseguidores con la retaliación, Él sufre Paciente como nos lo muestra en su Hijo, que va como manso cordero al matadero.

 

Pasemos al Evangelio y examinemos su estructura: Estamos, en esta parte del capítulo 10, en el discurso apostólico, el discurso del “envío” donde Jesús los manda a predicar, los asocia a su misión, pero es Él mismo quien parte y se encarga. Se nos presenta una “cebollita” (quiasmo). ¿Cuál es el corazón de esa cebollita? Los versos 24-25 que se refieren a la “equivalencia” entre maestro y discípulos, ninguno está por encima, si al Maestro-Amo lo han perseguido, no será distinta la suerte de los Discípulos-Siervos; Amo y siervos serán en la misión co-corporeos. La meta de los discípulos consiste en correr la suerte y alcanzar la meta del maestro, seguirlo sin perderle pisada. Cuando esto suceda “¡todo estará cumplido!”. Es la meta de la cristificación, ser como Él, correr con su mismo destino, (en otra parte comentamos que no todos están llamados a ser mártires derramando su sangre, y que muchos son mártires incruentos en el sentido que lo pone Orígenes: "Todo el que da testimonio de la verdad, bien sea con palabras o bien con hechos o trabajando de alguna manera en favor de ella, puede llamarse con todo derecho: mártir".

 

Tratemos de retomar el tema de la “cebollita”. La capa más exterior está formada por arriba, por los versos 9,35-10,5, que son los versos donde llama y nombra a sus apóstoles, les da instrucciones y los envía; y por debajo, por el verso 11,1 donde, es Jesús quien al terminar este “comisionar” a los suyos, parte a “enseñar y anunciar el mensaje en los pueblos de aquella región”. (Nos envía y se va con nosotros).


Debajo de esta capa, viene la segunda capa, que tiene por arriba los versos 10, 5-15 donde se les instruye para ir a sembrar paz, advirtiéndoles que sólo algunos la recibirán; por abajo encontramos esa enigmática consigna en torno a la paz que sembramos: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada”. La misma que probaran San Pedro y San Pablo. Son los versos 10, 34-42. Todo el final del capítulo 10.

 

Pasemos, por último, a la tercera capa, la que envuelve el corazón. Es la que se refiere a nuestro tema de hoy: Las “persecuciones”. Por arriba está conformada esta capa por los versos 10, 16-23: Él nos envía “como ovejas entre lobos, en ese contexto, estamos llamados a ser (φρόνιμος) “cautos” (prudentes-inteligentes) como serpientes y (ἀκέραιοι) “íntegros” (sencillos, auténticos, puros) como palomas”; y, por abajo, está la perícopa que leemos hoy, los versículos 26-33 del capítulo 10: «El Anuncio y la práctica de la justicia ponen al descubierto todos los fraudes y los disfraces, mostrando la debilidad de aquellos que se consideran poderosos, al explotar y oprimir al pueblo. Cuando se revelen sus engaños, quedaran furiosos y pasaran  a la violencia.

El facineroso construye su feudo apuntalado en el maltrato, la persecución y la muerte. La ignominia que el malvado quiere hacer resplandecer es la del miedo. El profeta que, en este caso es Jeremías se consagrar a arrancarle su mentiroso disfraz de oveja -que usa para colarse en el rebaño-; alza la antorcha para que con su Luz quiebre la tiniebla tras de la cual agazapa su mentira. «Jeremías se siente víctima del poder de Dios. Tiene que gritar lo que al pueblo no le gusta. Este se burla del profeta. Jeremías decide no volver a hablar, pero le resulta imposible no hacerlo. La fuerza de Dios lo domina y lo impele, y no tiene más remedio que seguir hablando»[1]

 

¿Qué hacer? Confiar en el Padre. Dios tiene conocimiento de todo, inclusive de la muerte de las avecillas. Pero el discípulo vale más que una avecilla. No debemos tener miedo a los injustos, que sólo pueden acabar con nuestro cuerpo, pero no con nuestra conciencia y nuestras convicciones. El único temor lo debemos tener a Dios, porque de Él viene la vida, y sólo Él puede destruirla. También mataron el cuerpo de Jesús, pero Él está vivo hasta hoy, y hasta hoy continúa actuando, de una manera multiplicada…»[2]

 

«El profeta culpa a Dios de su desgracia, siente hundirse en la desesperación, pero al fin tiene la certeza de que Dios está con él y es su fortaleza»[3]. Nos es duro y difícil asimilar este status de víctimas y no digerimos el misterio que encierra; pero, es una ruta de dulzura, proceso que ablanda nuestro corazón, aprendizaje de la ternura y la suavidad. En ese camino reconocemos y captamos las claves de la consolación. Nos apacigua, y nos gana para llegar a ser cautos e íntegros. Podremos presentarnos ante Dios con sencillez y pureza. Así se dulcifica nuestro corazón para hacer de él tibio nido del Espíritu Santo.

 

En este proceso se pulen las aristas de las prepotencias, la confianza en las dictaduras, la falsa convicción que dimana de las hegemonías. Se reconoce la flacidez engañosa de la fuerza y la violencia. «Me da pena ver a personas sin fe o que han dejado dormir su fe y esperanza, y que en las pruebas buscan refugiarse en el alcohol, en la droga, en el sexo, en la evasión en tantas cosas que crean más prueba, que llevan a la perdida de la esperanza y que rebajan al ser humano a profundidades o situaciones de pecado que destruyen… En esta sociedad de hoy la gente sufre. Es la sociedad en la que cada cual que se las arregle, la sociedad del entretenerse, evadirse, enmascarar el dolor y pasarla bien.»[4].

«La vida sin prueba, sin sufrimiento es una utopía… Si tengo fe, si vivo mi vida en Cristo, en el Espíritu, experimentaré que la prueba tiene una respuesta. Esos momentos duros son espacios para la “compasión”, para la ternura y la dulzura de Dios… Aún en medio del sufrimiento el Espíritu Santo me consuela, me anima, me estimula, me motiva y me empuja hacia adelante. Dentro de mí hay una fuente de esperanza que me hace saber que lo imposible se hace posible. Esto llena mi alma de consuelo. Es el momento de experimentar que el sufrimiento vivido con la fuerza y dulzura del Espíritu, del Consolador, engendra dentro de mí una paz profunda, una paz que aún en el dolor no se pierde. Es como una armonía interior, como una calma y serenidad profundas que me llevan a no tener miedo a sufrir, sino a gozarme en la prueba… Desde mi fe puedo ser “consolador”, con el Espíritu Santo, de los que me rodean. Si tengo una vida interior, una vida en el Espíritu, mi palabra, mis gestos, mi cariño y mi cercanía irradiaran en el probado consuelo, paz, confianza y bienestar.»[5]

 

«Dios quiere hacer de nosotros instrumentos elegidos de consolación de su pueblo, de una ciudad desolada, nos quiere ministros de una nueva alianza mucho  más de cuanto lo deseamos nosotros; y para realizar su Voluntad no nos escatima oscuridad y sufrimientos, para que la Palabra pueda ser pura, incisiva, convincente»[6].


«El estribillo “no temáis” (cf. “no andéis preocupados”: 6, 25, 27, 28, 31. 34bis!). Significa ante todo que nosotros somos efectivamente presa del miedo. Este es el punto de partida que hay que reconocer. Pero no debe ser el punto de llegada. De lo contrario, se renuncia desde el comienzo a todo camino. El miedo lleva a hacer lo que se teme, sólo la confianza lleva a hacer lo que se desea.»[7]

 

Muchos creen que la fe se ha apagado. ¡Vamos siendo testigos de un reverdecer creyente en el mundo! Hay más personas orando, y entregadas a una contemplación de Dios, gente que se ha entregado en brazos de la Sagrada Escritura, que ha vuelto sobre la vida de los Santos y muchos sacan tiempo para retomar la Liturgia de las Horas. En fin, hay muchos que han podido revivir una experiencia de intimidad con Jesús y han posado su oído en el Pecho de Nuestro Salvador para escuchar los latidos del Sagrado Corazón. No pocos se han asido de la mano de Santa María, la Madre de Dios, para estar cerca de Dios, para ganar amistad con el Espíritu Santo. Otras modalidades de fe –quizás desconocidas, que permanecen ocultas y que el mundo se empeña en acallar- han florecido ¡quien lo creyera! Jesús aprovecha para repetir el llamado y hacer la invitación, a quienes van descubriendo que tienen verdadera sed de Vida.

¿Qué nos pide Jesús? ¿Cómo podemos pasar de este sembrar al cosechar? Queremos encontrar, en el Evangelio de este XII Domingo Ordinario, una respuesta: Todo cuanto Él nos ha susurrado al oído, todo lo que hemos escuchado directamente de su Amoroso Corazón, toda esta experiencia de intimidad que hemos disfrutado en los meses precedentes de este año litúrgico, en Adviento, en Navidad, en la primera fase del tiempo Ordinario, en Cuaresma, en Pascua y ahora, adentrándonos en la segunda fase del tiempo Ordinario, llega el momento de proclamarlo desde las terrazas (cfr. Mt 10, 27d); y, allí mismo leemos: “No les tengáis miedo” (Mt. 10, 26) esta maravillosa experiencia que vivimos, no puede secarse estérilmente en los graneros, ¡salid y esparcid las semillas al viento, que el viento se encargará de llevarlas por doquier y hacerlas germinar generosamente!


Repasemos en Jeremías cómo les irá a los que se empeñan en ser piedras de tropiezo: “El señor es mi Fuerte Defensor, me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará… Canten al Señor, alaben al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa” (Jr 20, 11cde.13). ¡Ea, pues, manos a la obra!



[1] Carillo Alday, Salvador M.Sp.Sr. LOS PROFETAS DE ISRAEL II. Centro carismático “El Minuto de Dios” Bogotá 1986 p. 49

[2] Storniolo, Ivo. CÓMO LEER EL EVANGELIO DE MATEO. EL CAMINO DE LA JUSTICIA. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá- Colombia. 1999. pp. 94-95

[3] Carillo Alday, Salvador M.Sp.Sr. Loc. Cit.

[4] Mazariegos, Emilio L. ESTALLIDOS DE GOZO Y ALEGRÍA. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2003. p. 211

[5] Ibid. pp. 210-211

[6] Martini Crnal. Carlo María. VIVIR CON LA BIBLIA. MEDITAR CON LOS PROTAGONISTAS DE LA BIBLIA GUIADOS POR UN EXPERTO. Ed. Planeta. Santafé de Bogotá-Colombia 1999 p. 305

[7] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MATEO. Ed. San Pablo Bogotá Colombia. 2da re-imp.2011. p. 214

viernes, 19 de junio de 2026

Sábado de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario

2Cr 24, 17-25

Entre tantos “ires y venires”, entre intrigas, golpes y derrocamientos, donde la impiedad campea y deja en segundo término (o en tercer término) la Centralidad debida a Dios y el cumplimiento del derrotero que se la había propuesto a este “pueblo convocado”, se deja notar que la ambición y el engarce desprevenido con propuestas idolátricas ajenas, era definitivo que se rescatara el eje salvífico de la historia y mirar hacia la meta mesiánica, para hallar sentido a toda la confusión imperante.

 

Aquí, el hagiógrafo, va a esforzar la vista, para distinguir en medio del desvío, que Dios sigue confiando en sus elegidos, y -sin abandonarlos- sostiene la Fuerza de sus Promesas. Descubriendo los gérmenes que acá y allá florecen sin desfallecer ante los desafectos.

 

Hay, en todo caso, una voz de denuncia, porque las toxinas diseminadas entorpecen, y no se trata de sembrar vidrios brillantes para ocultar, sino -desde bases sólidas y depuradas, entrever y apuntar al Mesías prometido. Esta página del 2º Libro de las Crónicas (recordemos que en la Vulgata se titulan Paralipómenos que significa, “Sobre lo que se ha omitido”), corresponde perfectamente al momento que estamos estudiando en la secuencia del 2º Libro de los Reyes, (y no está de más repetir que estos Libros, tanto Reyes como Crónicas, eran un solo Libro cada uno, pero por su extensión, fueron divididos en dos tomos, y así los hemos conocido). Quedamos en cómo había ascendido יְהוֹאָשׁ   Joás -de Judá-, 835 a. C. - 796 a. C. protegido y apadrinado por יְהוֹיָדָ֣ע [Jehoiada] “Yehoyada”, “El Señor conoce” -Sumo sacerdote- y su esposa Josaba, para preservarlo de Atalía.

 

Siempre que miramos hacia este Rey, decimos “su largo reinado”, duró, en números redondos, 40 años años encargado, pero cayó en adversidad con los sacerdotes sucesivos -en particular con Zacarías, hijo de Jehoiada-  quien tuvo que “tirarle las orejas” y advertirle que no tendría el apoyo Divino por haberse apartado de Él y haber quebrantado los Mandamientos.

 

¿Cómo se manifestaba ese alejamiento y la ruptura con la Ley de Dios? en que había caído en la idolatría, adorando megalitos e ídolos y -en cambio- descuidando el Templo.

 

¿Cuál fue la respuesta de Joás? Lo mandó lapidar. Las consecuencias no se dejaron esperar mucho: un año después los sirios invadieron Judá, Jerusalén, en particular, y se apoderó de todo el Tesoro real, enviándolo a Damasco.

 

A la muerte de Joiadá, Joás y otros líderes del reino empezaron a ignorar la religión y a prestar atención a otros cultos, por ejemplo, a Aserá - madre semítica de la fertilidad, a la que los babilonios llamaban Ishtar- y otras idolatrías; los profetas que advirtieron a Joás no fueron escuchados, y Zacarías, hijo de Joiada le advirtió igualmente; sin embargo, Joás ordenó que lo maltrataran y lo ejecutó. Joás recibe de esto una grave consecuencia: los arameos se dirigen a atacar Jerusalén y asesinan a todos los jefes, Joás debe entregarles un botín con todas las cosas preciosas que había conseguido, quedando sin las obras que había realizado para el templo, tras la invasión. Los arameos se fueron, pero lo dejaron gravemente enfermo. Tras la crisis algunos de sus oficiales decidieron conspirar, lo asesinaron hiriéndolo mientras estaba en cama, en Bet-Milo. Fue sepultado en Jerusalén, pero no en el cementerio real.

 

Le sucedió su hijo Amasías.


Ya que hemos tocado estos Libros de las Crónicas, aprovechamos para no pasar indiferentes su lectura, y evitar lanzarles bombas de humo para disminuir su importancia y su interés, abandonándolos a menos. Eso sí, recordando que la “historia” como se cultivaba en ese entonces, no tenía la cientificidad con la que hoy se escribe y se formaliza. Se trata de otro tipo de historiografía.

 

Se debe tomar en cuenta que la corte había inflado su número y que el margen que daba la bolsa real para sostenerse, palpitaba como una bomba de tiempo por debajo de la doble (que cuasi triple) institución Templo-Corte-ejercito. En el sustrato de estas Crónicas está el asunto de en qué banco poner los depósitos, si en el de la tierra o en el Banco Espiritual.

 

Sal 89(88), 4-5. 29-30. 31-32. 33-34

מַשְׂכִּיל [maskiyl] según el propio salmista, este salmo es un “instructivo”, un “poema didáctico”, salmo Real que nos habla del mesianismo davídico, y, evidentemente, de su linaje,. De eso trata la primera estrofa de la perícopa proclamada: Se ha establecido una Alianza. Con David, el “siervo”, el “elegido”. Con él se da inicio a un linaje “perpetuo”, un trono imperecedero.


Esta alianza es garantizada por Dios como “estable". Su descendencia está destinada a mantenerse reinante. Dios los favorecerá por siempre. Aun, a pesar del abandono por parte de los herederos, de su falta de lealtad, de la profanación de los Mandamientos, la Alianza se sostendrá, porque el Aliado no es un hombre voluble, ¡es Dios!

 

No significa que se le pasaran por alto sus desmanes, Dios les tomará cuenta porque para ellos se estableció le heredabilidad del Trono. Recibirán su merecido por la ley de consecuentabilidad-responsable. Pero Dios no viola su Palabra, su Palabra es Firme, encontrará por sobre los vericuetos humanos, la vía de la Fidelidad Divina.

 

Se ha establecido que su estructura es la de un Salmo de entronización. El Cetro real es para el Mesías, y eso es lo que enseña y profetiza.

 

Son 52 versos, el salmo responsorial, de hoy, apela a ocho de ellos, y organiza así, 4 estrofas. La antífona lo que dice es que la Alianza es estable: “Le mantendré eternamente mi favor”.

 

Mt 6, 24-34

No vivir con cada pie en una barca distinta

¡Qué hermoso es esto! ¡Dios no se olvida de nosotros! ¡De ninguno! Con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. ¡Qué hermoso pensamiento! Esta invitación a la confianza en Dios.

Papa Francisco

Consignar en el banco Terrenal devela una visión materialista, ocupada en el ejercicio de la ambición prolongada, en la tacañería y la acumulación. Consiste en tener y tener y tener. La idea obsesiva de poseer se expresa como acumulación de dinero, el enriquecimiento es la meta idolátrica. Puede suceder, y sucede, que se coloquen, aquí y allá, algunos ribetes de “espiritualidad”, y que -por ejemplo- anualmente asistamos a ejercicios espirituales; sin embargo, tal procedimiento solo traduce un “guardado de apariencias”.


La perícopa inicia declarando que no se puede navegar con un pie en una barca y el otro… en otra. Y establece, para quienes gustan de las piruetas, que la dualidad es insostenible: muy rápido va a traicionar a uno de los bandos y optará por este, claudicando del otro: Perentoriamente declara: ¡No pueden servir a Dios y al dinero!

 

Y es que el dinero conduce a una idolatría en favor de Mammon, 'dios de la avaricia', y no podemos olvidar que este es uno de los pecados capitales.

 

Es arduo, indudablemente, en una cultura prevalentemente aparentista, descuidar el gasto, la adquisición, el “poder adquisitivo” como un sólido indicativo del status. Los restaurantes que se frecuentan y los modistos que se ocupan de su porte. Y, sin embargo, Jesús apunta en el sentido de desprenderse de estos aperos, de todas esas arandelas, de tantos y tantos aparejos que nos obstruyen.

 

Nos muestra, invitándonos a dirigir nuestra atención a la sencillez y a la sensatez orlada de austeridad. Es necesario evitar el consumismo, es necesaria una vida como la muestra Jesús, que no se afana inútilmente por el mañana, alegando la necesidad del derroche y el consumo bajo el pretexto de agilizar la circulación. Los pajaritos son elegantes, hermosos, hallan su alimento, no se afanan en tareas que -más allá de un límite razonable- tienden a convertirse en esclavitudes modernas. No hay que confundir la diligencia con la sed febril de riqueza. Nos dice el Evangelio que todo esto son formas de paganismo, porque solapadamente rinden adoración a ídolos.

 

Una mirada espiritual es importante: ¡Claro que hay que agradecer por todo el bien que tenemos hoy! recibido de sus Bondadosas-y-Generosas Manos; pero, nuestro ruego -además de la gratitud por lo que se nos ha regalado- no puede tratar de borrar de un plumazo a todos los carenciados de la tierra, tomemos por caso, a los desplazados que se han quedado de la noche a la mañana sin un techo y sin pan ni futuro porque les cayó el horror de la guerra. No se trata de agradecer a medias los privilegios personales y familiares, pero tampoco se trata de volver la oración un amasijo de egoísmo que ignore a todos los hermanos que sufren. ¡Gracias Dios mío por la maravillosa generosidad que me dispensas y a los míos, y te rogamos que tu Munificencia cobije a todos los que pasan necesidades también!


Entonces ¿nada hay que merezca aplicación y entrega? ¡Si! el Reino de Dios y su Justicia, esos son los pivotes reales de la existencia. Es sobre ellos que se debe abisagrar la vida y darle esplendor y bienaventuranza. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!