sábado, 14 de marzo de 2026

NO SON SIGNOS MÁGICOS, NI SUPERSTICIONES

 

1 Sam 16, 1b.6-7.10-13; Sal 23(22), 1b-6; Ef 5, 8-14; Jn. 9,1-41

 

“Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad”.

Antífona de Entrada

 

La escala de la iniciación cristiana

El camino de la iniciación cristiana recibe el nombre de catecumenado. Es una escalinata breve que, del exterior de la Iglesia, nos lleva a pasar a participar en ella con plenitud. Se trata de tres gradas: La del agua, la de la Luz y la de la Vida. Con esos tres peldaños nos vamos acercando a la plenitud del que nos Llama: Jesucristo.

 

A esos peldaños los identificamos con los nombres de:

1)    Sacramento del Bautismo

2)    Sacramento de la Eucaristía

3)    Sacramento de la Confirmación.

 

El Domingo pasado ingresamos en este ciclo catecumenal, con la perícopa de San Juan que nos trajo la entrevista de Jesús con la Samaritana en el borde del poso de Jacob


Hoy, tenemos la perícopa de Jn 9, 1-41, bajo el título “Jesús da la vista a un hombre que nació ciego”.

¿Somos conscientes de nuestro bautismo? Eso no quiere decir que “sepamos” que fuimos bautizados y que de pronto ruede por ahí una fotografía del momento en que el sacerdote derramo sobre nosotros el agua bautismal; ni que contemos en nuestro recuerdo el nombre de la Iglesia donde se nos otorgó este Sacramento y reposa nuestra partida de bautismo (que a veces confundimos el sacramento con el comprobante jurídico-eclesial de su recepción); también puede ser interesante e incluso fruto de la gratitud, recordar cómo se llama el sacerdote que nos bautizó; pero, eso no es todavía “consciencia bautismal”. Ser conscientes de nuestro bautismo guarda mayor relación con el hecho de haber sido constituidos sacerdotes, profetas y reyes. Ser conscientes de nuestro bautismo significa saber que nosotros hemos vivido la experiencia -junto con Jesucristo- de ser bautizados, por las aguas del Jordán, porque cuando Jesús se bautizó creó todas las aguas del mundo como aguas del Jordán, propias para bautizar. Ser conscientes de nuestro bautismo significa entender que hemos sido “elegidos” para recibir la Unción Crismal que hoy evocamos -en la primera Lectura- unción que nos constituye en reyes, de la misma dinastía que David- del mismo linaje de nuestro Redentor: Rey de reyes. Esa consciencia nos hace reconocernos “hijos de Dios”, darnos cuenta que somos hermanos todos que nos dirigimos al mismo Padre pronunciando con profunda dulzura el Abba. Ser conscientes de nuestro bautismo nos lleva a desarrollar el sentido de pertenencia a la Iglesia, obreros de futuro, constructores del Reino, viviendo nuestra responsabilidad de “convocados” a la Iglesia.

 

«Papá Adán y mamá Eva (Gn 2, 7. 21-23)

Nos cuentan las viejas historias, cuando todavía no se había inventado el papel ni la imprenta, que Dios, después de haber hecho la luz y las estrellas, los peces de todo tamaño, la tierra, las rocas, las montañas y los precipicios con todos los animales que los habitan, vio todo, se dio cuenta de que no le había salido tan mal la cosa, y decidió coronar la creación con algo “súper”. Pensó: -¿Qué haré? ¿Algún ángel con diez motores y cuatro alas? ¿Un mundo nuevo en el cual se apriete un botón y salgan las ideas y las buenas acciones, como quien presiona un botón de una máquina expendedora y se llena un vaso con gaseosa? ¿O, por qué no, un paraíso en serio, donde gocemos de una eterna primavera: sin inundaciones, sin terremotos, sin sarampión, ni sarna, ni conjuntivitis, ni cáncer, sin inflación, ni recesión, ni desempleo, ni contaminación ambiental; con “el agujero de Ozono” zurcido de nuevo; sin corrupción, sin villas miseria, ni miserables en las villas, sin dolor, sin estrés, sin… sin…? Y siguió pensando, mientras se rascaba la cabeza y jugaba con su barba…

 

Entonces, como si se hubiera encendido una luz vieja descubrió lo que siempre quiso: haría un hombre y una mujer, mejor que la más bella piedra, el más jugoso fruto, la más ágil gacela… Mejor que lo mejor hecho en los primeros cinco días de trabajo. Y una vez que pensó, obró. Y esa obra tuvo dos nombres: Adán y Eva. Hombre y mujer. Miró el fruto de su buena idea y no pudo menos que pegar un fuerte grito: -¡Aleluya, jupi-jupi! Y se acostó a descansar pues la jornada había sido dura: hacer un pequeño mundo que resumiera y perfeccionara todo, no era pavada…


¿Qué significa todo esto? Que tanto vos como yo, nacimos hace muchísimo tiempo, cuando los ríos daban sus primeros pasos. Que tanto vos como yo nos llamamos Adán y Eva. Que tanto vos como yo tenemos necesidad de reír y de llorar, luchando por la vida, pero no contra la vida. Que tanto vos como yo caminamos hacia un punto final, hacía allí donde nace el arco iris.

 

ttt

Nadie nace hoy: todos hemos nacido “ayer”. Todos somos un poco Adán y Eva, santos y pecadores. En ellos está nuestra “marca de fábrica”. Pensemos cómo devolver, a esa marca, la imagen y semejanza de Dios, sanando sus heridas.»[1]

 

 

 

La sexta señal es un Acto Creador

El verso tercero del primer capítulo del Génesis nos informa que Dios dijo: “Que haya luz”.

 

En el versículo 6 del capítulo nueve del Evangelio según San Juan, de donde tomamos la perícopa correspondiente a este Cuarto Domingo de Cuaresma, leemos: “Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos” …

 

A todas luces, este versículo guarda una sorprendente conexión con aquel otro del Génesis: “Entonces Dios el Señor, formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. Gn 2, 7. Y lo creó con ojos para que pudiera ver la Luz y ser iluminado.

 

Establecida esa relación entre estos dos versículos, uno del Segundo Testamento  y el otro del Primer Testamento; podríamos leer el gesto de Jesús como que Él, Dios-Hijo, obra igual que su Padre y crea con el barro. Se trata de la creación de “unos ojos nuevos”, porque los ojos de un ciego de nacimiento no sirven, no pueden ser “reparados”, entonces Jesús crea unos nuevos ojos para que este ciego pueda por fin ver. No se trata de una recuperación de la vista; se trata de darle el ciego algo que él jamás había tenido, simple y sencillamente, porque nació con los ojos “dañados”. Y es que, si leemos el verso Gn 1, 2 nos encontramos que en el comienzo “todo era un mar profundo cubierto de oscuridad. En esta zona del Evangelio joánico nos encontramos con un fragmento de Génesis, de un Nuevo génesis neo-testamentario.


 

“Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.” Jn 9,32. O sea que Jesús es el Único-Alguien capaz de hacer tal; porque no es un hombre común y corriente; es el Hombre, el “hijo del hombre”. Mejor dicho, esta es la prueba de que Jesús es el Enviado, la demostración del mesianismo de Jesús. Este “Jamás se oyó contar…” que pronuncia el ciego de nacimiento, es teología de altísimo vuelo, como lo es todo su discurso testimonial:

 

 “El hombre contestó: ‘Esto es lo maravilloso, que ustedes no entiendan de dónde es un hombre que me abrió los ojos. Todo el mundo sabe que Dios no escucha a los pecadores sino a los hombres buenos, que hacen lo que Dios quiere… Si ese no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada’”. Jn 9,30-31. 33.

 

No se puede dejar de lado una idea de San Ireneo sobre la creación del Hombre que afirma que mientras Dios Padre creaba al ser humano, lo que tenía en mente, mejor dicho, el modelo–tipo que tenía en mente era Jesús. Dios-Padre, que vive en la Eternidad, crea al hombre, inspirado en su propio Hijo, que era ya antes de todos los tiempos. Pero, ¿a cuál Jesús se remite, como paradigma para su criatura? «Cristo es el modelo ideal del hombre. Pero Cristo vivió sometido a las leyes comunes del desarrollo humano; ¿en qué etapa, pues, de su vida sirvió Cristo de ejemplar al Padre en la formación del hombre?... el modelo de Dios en la creación del hombre fue el Verbo Humanado, Cabeza de la creación, en unidad con sus miembros los santos, en la consumación final de los tiempos… Por eso responderíamos que el ejemplar del hombre, a que Dios miraba, fue la humanidad gloriosa de Jesús. Sólo Cristo resucitado constituye el hombre perfecto, a cuya imagen y semejanza fue plasmado el cuerpo de Adán[2]

 

El ciego ve lo Divino de Jesús

Cuando el Ciego-de-nacimiento rinde su firme y valiente testimonio sobre Jesús, el castigo que se le impone es la expulsión de la Sinagoga. A este ostracismo, a esta expatriación, es más, a esta excomunión que implica desvinculación de la comunidad, valga decir, cierre a todos los medios de subsistencia (como lo mencionamos en otro lugar, la excomunión respecto de la comunidad implicaba casi una pena de muerte porque segregados de la comunidad era prácticamente imposible allegar los recursos mínimos para la conservación de la vida); pero no queda sólo, es acogido por Jesús (por su comunidad), como lo leemos en los versículos 9, 35-39.


Cuando Jesús le dice que Él es: “Lo has visto, es el que está hablando contigo”. Respondió: Creo Señor. Se produce un fenómeno muy particular: El antes-ciego ha recibido unos “ojos” muy especiales, son los ojos poderosos de la fe, porque pueden ver aquello que los videntes-normales no son capaces de ver. «…santo Tomás, al principio del capítulo LIII del Libro III de la Suma contra gentiles, al tratar del lumen gloriæ, nota que, para ver a Dios, es necesario que la inteligencia creada reciba de Dios una semejanza especial con Él. Es imposible, dice, que la esencia divina se haga forma inteligible de un entendimiento creado, “si no participa de alguna semejanza con la divinidad”. Y en la Suma (I, q 12, a 5c y ad 3), esta semejanza es llamada por su verdadero nombre: “El lumen gloriæ, dice hace a la criatura deiforme: Y por esta luz, los bienaventurados se hacen deiformes, esto es, semejantes a Dios, … Pero ya desde ahora son deiformes los justos en virtud de la gracia santificante por la que Dios se les comunica. La gracia es esta semilla de Dios en nuestras almas, tan estrechamente relacionada con el lumen vitæ de los bienaventurados, que excluye por sí misma toda tiniebla de pecado (1Jn 3,9). Es luz, aunque todavía no deslumbradora, porque es la iluminación de la esencia de nuestras almas por Dios, luz increada, lumen vitæ (Jn 8, 12).»

 

El otrora ciego se cristifica

 

Los fariseos están convencidos de que su modo de ver es el justo, ya que para ellos la ley representa lo absoluto, aunque la ley también provenga de Dios, y en consecuencia sacrifican a la ley, a Dios y al hombre: disponiendo de unos buenos ladrillos, en lugar de construirse una casa, han optado por construirse una prisión.

Silvano Fausti

 

Este ciego llega a participar de una de las peculiaridades del Resucitado: su irreconocibilidad. Si traemos a la memoria todos los pasajes donde el Resucitado se presenta ante quienes lo conocían muy bien, ahora, no lo pueden reconocer. Pues es eso exactamente lo que le pasa al antes-ciego; la gente está dividida, unos creen que es él, otros opinan que no, que es uno parecido. Hasta tal punto llega la duda que es necesario apelar a los propios padres para saber si es o no es. Ese es el punto de tangencia entre Jesús y el ciego sanado, el ciego que adquiere la visión. Este parecido nos dice que se han llegado a igualar en “algo”; lo que pasa es que Jesús al obrar en él esta “señal” lo incorpora a su Cuerpo Místico, siendo así, pasa a formar parte de la comunidad de los creyentes, del pueblo llamado (todo “llamado” es también “enviado”; es más, todo aquel que es llamado lo es para recibir la misión de ir).

 

Jesús ha sido enviado por el Padre, ahora, después de crearle unos “ojos nuevos” Jesús lo envía a lavarse en el pozo de שִׁלֹחַ [Shiloé] “Enviado”, “Emisario”: Él va y se lava y regresa βλέπων [blepon] “viendo”.


«…es doctrina de Santo Tomás[3]: “Nada puede recibir una forma superior más que a condición de ser elevado a la capacidad necesaria para esta forma por una previa disposición… Es necesario, por lo tanto, que esta unión –la unión propia de la visión en el cielo- comience por una mutación de la inteligencia creada. Mutación, que por otra parte, no puede realizarse más que por la adquisición de una nueva disposición en la inteligencia creada” (Cfr. 3 Contra gent. 53). Esta disposición al acto y a la operación, que es al mismo tiempo mutación de la potencia y el acto, constituye el lumen gloriæ, así llamado porque se llama luz a “aquello que perfecciona el espíritu con relación a la visión”.»[4] Es por esto que el antes-ciego, no solamente cuenta con la visión normal de las otras personas, sino que aparte de eso, posee una visión especial, que le permite descubrir con evidencia, que quien le dio lo que él nunca antes tuvo –según todo el mundo lo sabía- tiene que ser el Mesías. Por eso, tan pronto Jesús se identifica, él –por su parte- se postra ante Él. Porque su espíritu se ha perfeccionado con la “luz” que le “aclara la visión”.

 

Estructura de esta perícopa del Evangelio de San Juan

Este Cuarto Domingo de Cuaresma (Domingo de Lætare), se caracteriza por el Ornamento un poco menos Penitencial, dejando la rigurosidad del morado, se pasa al rosa, para significar que -ya mucho más cerca de la Pascua- empieza a despuntar un toque de alegría por la dicha que se avizora en el horizonte: Está completamente fuera de nuestro alcance intentar una exégesis más completa de este pasaje joánico tan rico, además como catequesis bautismal, como también lo era el evangelio del Domingo tercero de Cuaresma, el de la Samaritana al borde del pozo.

 

Se subraya hoy la responsabilidad de «Padres y padrinos, a ustedes se les confía el alimentar esta luz para que su hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la Luz. Y perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos en el cielo, al encuentro del Señor”

 

Sin duda el rito, de la luz manifiesta la dimensión profética de la vida cristiana. Por el Bautismo somos iluminados. Participamos de la Luz que es Cristo. Ya no caminamos en las tinieblas, porque somos hijos de Dios. Nos hacemos uno con Cristo, luz que ilumina el camino.

 

La vela encendida puede significar también nuestra fe, porque, mientras esta permanece encendida, no caminamos en las tinieblas. Le fe nos ha de conducir, pero ella tendrá que ser protegida y alimentada como la cera alimenta la llama.»[5]

 

Sin embargo, no podemos soslayar la estructura de la perícopa, así que diremos una palabra a este respecto. Se trata de un quiasmo (palabra que hace alusión a la letra griega “χ [chi]:


El corazón de la perícopa (donde se cruzan los dos trazos de la letra) es la identificación de Jesús como un “profeta” (también la Samaritana lo reconoce como tal, cuando le dice “Veo que eres un profeta” (Jn 4,19b).

 

El primer círculo exterior al núcleo, está formado por los versículos 8-12, donde al ciego no lo reconocen; y por los versículos 18-23 donde los padres no “asumen” el reconocimiento pretextando que él tiene la edad suficiente para explicar cómo fue sanado.

 

El segundo cinturón que rodea los anteriores está formado por los versos 6-7 que muestra a Jesús-Dios-Creador; y 24-34 donde se argumenta que si no viniera del Padre no podría obrar tales signos.

 

Finalmente, la capa más excéntrica (las punticas de los trazos de la “chi”) está formada por arriba por los versos 1-5 que nos muestran a Jesús que llega “Enviado” y los versos 35-38 donde el Enviado del Padre es reconocido por la postración del antes-ciego.

 

Todo esto encuentra cúspide en los versos 39-41 que actúan como epílogo, conclusión y sinopsis: Los que quieren juzgar a Jesús no tienen verdadera autoridad de jueces, no tienen derecho a juzgar. En cambio, Jesús, con toda la autoridad de su “Enviador” -el Padre Celestial”- emite el veredicto: esos pretendidos jueces son simples ciegos, ¿cómo puede ser juez el que es ciego y no puede por su ceguera juzgar?

 

Para concluir, consideremos la Oración Post-comunión de esta liturgia que sintetiza admirablemente lo que hemos querido decir: «Señor Dios, Luz que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestro espíritu con la claridad de tu Gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de Ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo Nuestro Señor».



[1] Muñoz, Héctor. CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo. Bs As. – Argentina 2004 pp, 12-13

[2] Orbe,  Antonio. UNA TEOLOGÍA CRISTOCÉNTRICA DEL HOMBRE. En SELECCIONES DE TEOLOGÍA. Facultad de Teología San Francisco de Borja. Barcelona-España. Vol. II, # 6, abril-junio de 1963. p. 80.

[3] El argumento está construido para explicar cómo veremos cuando estemos cara a cara frente al Señor; pero podemos extrapolarlo para entender por qué el antes-ciego ve más y mejor que todos los otros, cuya vista es tan torpe que se asemeja a la ceguera.

[4] De la Taille, Maurice. s.i. ACTUACIÓN CREADA POR ACTO INCREADO En SELECCIONES DE TEOLOGÍA. Facultad de Teología San Francisco de Borja. Barcelona-España. Vol 6 No. 21 Enero – Marzo 1967. p. 70.

[5] Beckhauser, Alberto. LOS SACRAMENTOS EN LA VIDA DIARIA. Ed. San Pablo Bogotá D.C. – Colombia 2003 p. 59

viernes, 13 de marzo de 2026

Sábado de la Tercera Semana de Cuaresma


Os 6, 1-6

Amor quiero y no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos.

Os 6, 6

Ayer proponíamos una formula estructural del Libro de Oseas para poder entender como están correlacionadas sus diversas páginas. Proponíamos segmentarlo en dos fragmentos:

1ª) Caps 1-3 que se ocupa de aspectos anecdóticos de la biografía de este profeta, en especial de su vida conyugal

 

2ª) Los caps 4-14 enfocada en una especie de denuncia de la anarquía religiosa de Israel. Con profecías breves de diversas temáticas. Luego, la perícopa que tenemos hoy, en frente, pertenece a esta segunda parte. El eje focal es la Guerra Siro-efraimita que ubicamos -en la línea de tiempo- en el 735 y el 734 a.C.

 

Antes de Ezequías, gobernó en Judá, Ajaz (o Acaz) que gobernó entre el 734 a. C. - 715 a.C. Resulta que, Pecaj -rey de samaria- y Rasón el de Damasco, invadieron el territorio de Judá para forzarlo a ir contra Asiria. Pero Ajaz apeló a Tiglat-Pileser III rey de los Asirios, que han pasado a la historia como símbolo de violencia y crueldad. esto lo encontramos narrado en 2R 16, 5-9. Esto desató una guerra fratricida, la que conocemos como conflicto Siro-Efraimita.

 

Si bien la ayuda le dio la victoria a Acaz, eso muy poco lo favoreció, la alianza de posguerra únicamente dio problemas al reino de Judá: Acaz tuvo que pagar tributo a Tiglat-Pileser III, y en eso empeñó los tesoros del Templo de Jerusalén y las arcas reales. También tuvo que establecer ídolos de dioses asirios en Judá para convencer a su aliado. ¡Bien caro y muy deshonroso precio tuvo que pagar!

 

Pan de hoy y hambre de mañana: Israel regresó brevemente a su lealtad con YHWH. Lo que el pueblo tiene en su fuero interno es la idea de jugar con Dios, darle un contentillo y mantenerlo a raya. Los judaítas ofrecieron sacrificios, y Dios que nos conoce en el fondo de nuestro corazón les dice: Vuestro corazón se parece a una nube mañanera, que prontamente si disipa”.

 

Ese es el tema de nuestra perícopa: Dios les dice taxativamente: “Amor quiero y no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos”.

 

La חֶ֥סֶד [Hessed] Amor-Divino es una palabra que refleja bien la lealtad de Dios a su Alianza. Nos habla de la Misericordia que Él nos ofrece y con la que nos cobija. Pero no es tonto, ni se deja hacer el tonto. Él nos dio su amable legislación y nos tendió Su Mano para protegernos, pero es un nexo que obliga, es un pacto que compromete de parte y parte, la Alianza es bilateral, ¿qué espera de nosotros?  Podríamos explicarlo en cuatro palabras:

1)    Entrega

2)    Fidelidad

3)    Amistad

4)    Apertura y acogida de la Voluntad de Dios que se concatena con el amor al prójimo

 

Dice también que quiere דָּ֫עַת [daad] “conocimiento”, pero esta no es una pieza arrumada en el cerebro, sino un motor activo que mueve hacia la sinodalidad, hacia una praxis fraternal, la capacidad de donarse, de servir, es la entrega y la idea de mutua pertenencia; no es un conocimiento gnoseológico sino más bien “existencial”. También podríamos constelar ese concepto con

1)    Entrega reciproca

2)    Experiencia amorosa

3)    Brotada del mismo centro de la persona (como solemos decirlo: “con toda el alma”)

4)    Intimidad (que significa una conexión con Él desde el “fondo” de nuestro ser.


El conocimiento se reflejó en las Tablas de la Ley, donde el talló sus mandatos en firme roca. Pero no se trata aquí de algún “decálogo” como si eso fuera todo, el decálogo es apenas un kerigma del amor -un preludio-, pero hay que vivirlo con integralidad, sumergidos en él: al zambullirnos en su חֶ֥סֶד Hessed (Fidelidad a la “Alianza”; al “Pacto”; al “Acuerdo”; esta Fidelidad connota “constancia”), contemplaremos su Rostro Misericordioso.

 

Quedarse en el decálogo es llegar hasta el umbral, y nunca entrar. Conocer la Alianza, no es solo saberse de memoria el Decálogo, que es como el croquis del mapa, sino viajar por toda la extensión del Reino, y conocer sus paisajes, sus montañas, sus ríos, sus subidas y sus bajadas. Y, para descifrarla y decodificarla auxiliándonos con la opción de comprenderla y pagar con fidelidad, nos dio a sus profetas, que son como verdaderos guías turísticos “peritos” de su exploración.

 

Sal 51(50), 3-4. 18-19. 20-21ab

Se confiesa la culpa y se pide perdón y ese es el núcleo del mensaje en este Salmo. La perícopa empieza suplicando ser purificados.  ¿Purificados de qué? De los pecados, de las culpas, de la rebelión. Hay un especial y tierno equilibro entre Dios y su pueblo, pero la balanza se ha desequilibrado. La armonía entre las partes en Alianza se ha interrumpido, la violación del pacto conlleva el cese de la protección.

 

¿Cómo se rompe esta armonía con El Altísimo? Hay maneras y maneras: abusando de los pobres, violando la Doctrina Social que Dios enseña, con la profanación del templo, que difama la honra de Dios, con todos los gestos idolátricos.

¿Cómo se recobra el equilibrio? Definitivamente no con marrullas y embustes, no tratando de desfalcar a Dios, no matando a las pobres reses en el Altar sino recobrando la fidelidad de corazón.

 

La última estrofa de nuestra perícopa no pertenece al salmo original, es una adición post-exilica. La muy triste experiencia de la deportación obligo a una adición que restableciera a la orden del día, la vigencia de la súplica del salmista.  Esta adición ruega para que יְרוּשָׁלַיִם [Yerushalayim] “Institución de Paz”, “Ciudad de la Paz”, “Jerusalén” sea rehecha, reconstruida.

 

Es rotundamente, un salmo de súplica, con alma penitencial. Lleno de arrepentimiento a la vez que de convicción en la bondad Misericordiosa de YHWH, siempre abierto al Perdón. El primer paso para avanzar en el arrepentimiento es el reconocimiento de la culpa, como nos lo enseñaba San Agustín: “… los hombres sin esperanza, cuanto menos atentos están a reconocer sus pecados, tanto más curiosos son respecto de los ajenos. No buscan tanto qué pueden corregir sino de qué murmurar, y como no pueden excusarse a sí mismos, se muestran dispuestos a acusar a los demás. No fue ese el ejemplo de oración y de satisfacción a Dios que nos dejó el salmista, al decir: ¡yo reconozco mi delito, y mi pecado está siempre ante mí!

 

Lc 18, 9-14

Sin humildad, la oración es del yo y no de Dios; la confianza es en sí mismo y no en Él.

Silvano Fausti


 

En la misma línea penitencial, esta vez apuntando hacia la manera de orar, la perícopa lucana contrapone dos modalidades de oración:

·         Lo oración arrogante y pedante

·         La oración sencilla propia del humilde, que no se piensa ya “justificado”, sino que verdaderamente reconoce la urgencia de que Dios nos socorra su Piedad.

Ellas están figuradas, personificadas en dos personajes: el fariseo y el publicano, respectivamente.

 

El fariseo se jacta de no-ser como los personajes que él considera los más pecadores: ladrones, injustos, impuros, adúlteros y cobradores de impuestos. Hay que recordar que la base del fariseísmo consistía precisamente en eso, en considerar que se habían separado de todo lo que podía contaminarlos. Como hemos dicho otras veces, fariseo significa “puesto aparte”, algo así como “segregado por consagración”.

 

¿Con qué conductas certificaban su “purismo”? ¡Ahí está el detalle! Aquí es donde nosotros -poniéndonos la mano sobre el corazón- tenemos que ver si nosotros también “certificamos nuestra “religiosidad” con conductas piadosas de este talante…

a)    ¿Ayunamos dos veces por semana?

b)    ¿Pagamos el diezmo sobre la ruda y la menta?

 

Pero quizás hay otro tipo de pistas que nos desenmascaren y nos indiquen qué clase de piedad es la nuestra, la que nosotros practicamos…

1)    Nuestro examen de conciencia no nos deja ni siquiera levantar los ojos al Cielo

2)    Con sincera contrición nos golpeamos el pecho. Nuestra jaculatoria es del orden de esta: “Oh Dios, ten compasión de este pobre pecador”.

 

En seguida llegamos a puerto firme y podremos concluir:

·         El que practica estas dos últimas, queda “justificado”.

·         El que se injerta en el primer paradigma, no regresará a su casa con la consciencia tranquila.

 

Al que aún no logra saber de qué lado está, Jesús le entrega una plantilla de comprobación:

§  El que se enaltece, ese no alcanza la escala de la ascesis, queda atrapado.

§  El que se humilla, ese tiene un ´poderoso motor de ascensión”, porque su espiritualidad es de la buena, de la que conquista el Amor de YHWH.

 

Aquí el punto se puede volver confuso:

*      Están los que se humillan ante los hombres, para construir su propio pedestal.

*      El tema de la humildad está -en realidad- reservado a la intimidad entre Dios y el hombre: se es humilde a los ojos de Dios; no para lucirlo en la vitrina.


Jesús nos dio la piedra de toque en el Evangelio de San Mateo: «Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,6). Por eso insistimos, no es cosa que haya de exhibirse, es algo intimo entre tú y el Señor.

jueves, 12 de marzo de 2026

Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma


Os 14, 2-10

Es un profeta del norte, y le tocó desempeñarse durante el periodo real de una de las vergüenzas históricas del reino de Efraín-Jacob: Jeroboam II (mientras en el sur gobernaban Amasias y después Usías), y lo siguió haciendo hasta el reinado de Ezequías: Empezó hacia el año 745 a.C. y no sabemos ni cuándo ni dónde murió.

 

El Libro de Oseas podemos dividirlo en dos partes:

1ª) Caps 1-3 que se ocupa de aspectos anecdóticos de la biografía de este profeta, en especial de su vida conyugal

 

2ª) Los caps 4-14 enfocada en una especie de denuncia de la anarquía religiosa de Israel. Con profecías breves de diversas temáticas.

 

Oseas -más que cualquiera otro profeta- es el profeta del amor, reiterando siempre la imagen de Dios como un Marido y del pueblo (recordemos que pueblo en semítico es femenino, “la puebla”) —los judíos— como su esposa, que termina siéndole infiel, metáfora característica en la prosa del profeta.

 

A Oseas le tocó una época muy dura, revueltas, golpes militares y regicidios -cuatro en un muy corto periodo- época que está simbolizada por la “fornicación” de Gomer (en el texto es corriente llamarla “meretriz”), su propia esposa.

 

La perícopa de hoy comienza cuando recién se ha narrado la caída de Samaria. Sin embargo, no puede decirse que haya algún hilo de continuidad histórica en este Libro que se caracteriza por la carencia de unidad, y por su discontinuidad cronológica. Vamos a tratar en la perícopa de hoy, del descubrimiento del Amor Misericordioso de Dios.

 

Esta perícopa la podemos desestructurar en 4 segmentos:

i)              Versículo 1

ii)             Versículos 2-4

iii)           Versículos 5-9; y

iv)           Versículo 10

 

Iniciamos traspasados por un interrogante: ¿qué se hizo el verso 1? Este versículo no entró en la perícopa que proclamamos hoy. Pues para no quedarnos pendientes, vamos a darla como un elemento de co-textualización:

«El pueblo de Samaria llevará su castigo

por haberse revelado contra su Dios.

Morirán a filo de espada,

Sus niños serán estrellados contra el suelo

Y las mujeres embarazadas serán abiertas en canal.»

 

Con razón no se incluyó, este verso en a perícopa ya que este es verdaderamente sanguinario y rencoroso.

 

El segmento ii) clama al pueblo para que Israel reaccione, para que se levante y se vuelva a YHWH: La palabra que domina es שׁוּב [shub] “vuelvan”, con connotación de arrepentimiento.

 

Se pide que haya un cambio definitivo: El alejamiento es culpable, el pueblo se ha distanciado de Dios a sabiendas. Solo Dios puede conceder el privilegio de la purificación, eso los lleva a tener consciencia de no necesitar novillos propiciatorios; sino un cambio esencial del enfoque de vida.

 

La segunda estrofa se refiere a la respuesta que les da Dios. Dios ratifica que la Alianza es un tipo de convenio que Lo lleva a guardarla a pesar de los “chorros de babas” de su pueblo. Su coherencia divina se manifiesta en la productividad con la que los socorrerá:

i)              Será como roció

ii)             Florecerá como lirios

iii)           Plantados en la tierra fértil del Líbano

iv)           Los hará como un olivo esplendido

v)            Serán fragantes, nuevamente comparado con las fragancias del Líbano

vi)           Contaran con su sobre protectora “sombra”

vii)          El trigo que cultiven será tupido

viii)         Igual que sus viñedos

 

Nuestra perícopa hoy, hace resonar un destello de esperanza, y, con esta plegaria litúrgica se verbaliza un sentimiento popular de arrepentimiento que llevará a la postre a aproximar una Alianza de Dios siempre ansioso por entregar su Bendición. (Totalmente antitético respecto del verso 1)


Al llegar al verso 8(9) se apoya en una simbología que habla de perennidad, de “eternidad”, de “Resurrección”: בְּרוֹשׁ [berosh] “el ciprés”, poderoso símbolo de inmortalidad y conexión entre el cielo y la tierra, gracias a su follaje perenne, larga vida y crecimiento vertical.

 

Se reconoce que la Victoria no les vendrá de pactos con reyes y ejércitos vecinos, lo que más bien les acarrearía idolatría, ya que estaban rodeados de pueblos e imperios politeístas. Así que el profeta los invita al compromiso de no volver a incurrir en la adoración de ídolos fabricados por ellos, fundidos en sus hornos, modelados con metales de sus canteras.

 

Los débiles, los desprotegidos, huérfanos y viudas en Él encontrarán compasión. Él cura la deslealtad, sepulta su ira y se entrega a amarnos fielmente. Como las más hermosas frondas y los huertos de frutos más deliciosos, así será el amor que profesará YHWH a su puebla. Si perfume nos alcanzará y nos envolverá como los famosos aromas del Líbano. Trigos y viñedos serán restaurados. Como un Ciprés perenne.

 

iv) No es rara en la Biblia la intervención del editorialista, lo que de ninguna manera pone en cuestión la canonicidad del añadido. En este caso, pareció bien al editor adornar el cierre con un aforismo sapiencial:

 

«¿Quién es sabio para entender estas cosas,

inteligente para conocerlas?

Qué rectos son los caminos de Yahweh,

por ellos caminan los justos,

más los rebeldes, en ellos tropiezan»

 

Hay una sabiduría que Dios nos infundió, nuestro corazón segrega una Justicia que Dios mismo ha dispuesto nos adorne. Él nos ha condecorado con rasgos de divina finura porque somos obra de sus Manos.

 

Si no producimos de los candores que Él nos ha puesto, entonces, sólo seremos lo contrario, zarzas espinosas, yerba mala, malezas y marañas que abruman y llenan de desolación: se traslucirá que tenemos espíritu traidor.

 

Sal 81(80), 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17

Dios y el hombre se buscan mutuamente, se miran el uno al otro.

Noël Quesson

 

Salmo de Alianza. El señor se identifica y nos muestra su Credencial: Él es el Señor, nuestro Dios. ¿Y, eso qué implica? Que a nosotros corresponde, como nuestra parte en la Alianza, escucharlo.

 

Este salmo tiene un ligero sabor de reproche cuando reclama: “Si mi pueblo me escuchara”. El Señor pide ser escuchado. El adulterio consiste precisamente en no escucharlo.

 

Israel, en el mes de Tishri celebraba -como cúspide de sus celebraciones que iniciaban con el Año Nuevo, la fiesta de la Neomenia. Luego, trascurridos siete días, la Fiesta de las Trompetas, día de asueto y de ofrecer sacrificios. Luego viene el Yom Kipur -análogo a nuestra Resurrección-, es la maravillosa oportunidad de cambiar y corregir con ayuda de la oración, el ayuno y la caridad. En el décimo quinto día, venía la Fiesta de las Suca, rememorando las precariedades que tuvieron que pasar en el desierto y que su alojamiento fuera en cabañas improvisadas. Meditar sobre esta situación itinerante del desierto era ocasión de renovación de la Alianza. La Alianza es con el Gran Bienhechor-Gran Legislador.

 

Dios oye nuestro clamor. No pasa indiferente, nada hay que le duela tanto como nuestros pesares, todas nuestras penurias. Y nos libera sin tardanza.


Dios, entristecido, se queja contra nosotros, deja anotado en el Libro de Actas que lo hemos defraudado, que hemos sido fuente de su desilusión. Se queja pidiendo ¡Ay, si lo escucháramos!

 

Nos ha enseñado el monoteísmo, no nos puede ver sufrir la adoración a deidades paganas, Él, que con todo Poder nos libró de la esclavitud, no sabe cómo podemos anhelar volver a ella.

 

Es como el Hijo que le ruega al Padre para que con un roce de su Dulzura lo conduzca a prestar atención y corregir su derrotero. Todos, hasta nosotros, le rogamos a Dios: ¡Haznos escuchar! Nosotros tampoco entendemos ¿De dónde hemos sacado nuestra sordera? ¿Será el Malo el que nos ha puesto tacos en los oídos y tapones de espesa cera que nos impiden oír los Encantos de Su Amor?

 

Mc 12, 28b-34

El Reino de Dios se hace accesible para el pueblo sencillo, pues lo importante para entrar en él puede ser reconocido y cumplido por todos, sin necesidad de grandes estudios y sin tener que pertenecer a un grupo privilegiado.

Euclides M. Balancin

 

No existe otro Mandamiento mayor que estos

Ya estamos habituados a los encontronazos mal intencionados de escribas y fariseos con Jesús. Ellos suelen (ojo al verbo, no está en pasado, y esto por una razón suficientemente clara), van a Jesús buscando como atravesarle una piedra de tropiezo, siempre procurando cogerlo en una respuesta aprovechable para delatarlo, algo que decir que pintara a blasfemia, para poderlo llevar con el patíbulo a cuestas, (y eso sigue ocurriendo hoy día). Lo que ellos tratan es de poderlo declarar sacrílego.


En su lugar, hoy encontramos a un γραμματέων [gramateon] “escriba”, que va con una actitud franca, abierta y honesta a preguntarle algo, y no lo está confrontando. Y la pregunta no es cualquier pregunta, no se trata de una friolera, -al contrario-, pongamos aquí toda nuestra atención y fijémonos qué es lo que le pregunta: ¿Cuál Mandamiento es el Primero de todos?

 

Esto ya nos lleva a un asunto nodal: en todos los tiempos ha habido gente honesta tratando de acercarse a Dios, y que lo hacen a carta cabal, como verdaderos buscadores, y es que a Dios hay que buscarlo. Él se hace el encontradizo, nos sale al paso, está atento a nuestra actitud. Sin embargo, cuando Él nos invita a permanecer “despiertos”, significa que podemos pasar a su lado y, no advertirlo, y ¡perder la oportunidad!

 

Un detalle más que podemos rescatar en este Evangelio es que, hay que evitar los estereotipos, ¿es un escriba? Entonces ¡descártenoslo! ¡no le pongamos cuidado! ¡cualquier cosa que nos diga, será una trampa que nos está tendiendo! Pero, Jesús no procede así. Le da una respuesta contundente, clara, muy exacta, le dedica tiempo y atención. ¡Nada más lejos en Jesús que atenerse a rótulos! Jesús no es Uno que cohonesta con prejuicios.

 

Está muy claro que Jesús para responderle se remite a una cita de (Dt 6, 4s), oración hebraica tradicional, el שְׁמַ֖ע Shema, nosotros traducimos “escucha”, pero es un poquito más que escuchar, שְׁמַ֖ע se trata de “escuchar inteligentemente”, “aguzando la comprensión”, poniendo todo de nuestra parte para mejor entender, inclusive, rogándole a Dios que nos Ilumine su Santo Espíritu para que seamos capaces de “taladrar” con el oído, lo que pudiera ser incomprensible a nuestra pobre inteligencia. No sólo participa el cerebro, se integra a la función comprensiva el corazón -no como afectividad ni como sentimentalismo- sino como espiritualidad y apertura a Dios.

 

En la cita dice “con toda tu διανοίας [dianoias] “mente”, en el texto hebraico leemos מְאֹדֶֽךָ [meodeka] ahí entendemos “con vehemencia”, nosotros los bogotanos de la vieja guardia habríamos traducido “Con alma vida y sombrero”, algo así como “jugándose todas las fichas, hasta la última”. ¡Se trata de un amor que se compromete totalmente! ¡Sin dar cabida a duda alguna!

 

¿Cómo será el amor de los que se han ceñido la corona del martirio? ¡Así es al amor que ama con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las ἰσχύς [ischus] “fuerzas”! ἰσχύς significa con “virtud perfecta”, “con integridad”, “comprometiendo la persona entera”.

 

Ese es un análisis de un hemisferio del planeta, y ¿dónde está el otro lado? ¡No nos vayan a robar el resto! La parte faltante, la segunda mitad es el amor al prójimo, si el prójimo no entra a estar presente en el amor, este amor es nada más que una mentira, pura teoría, sólo pajaritos en el aire. Los “pensadores” hacen muchas maniobras para pasar la sierra y recortar al prójimo. Silenciosamente, casi siempre de noche, llegan con silenciadores en sus armas y disparan unas balas que obnubilan la comprensión, cuando uno se despierta, el soporífero ha hecho su letal efecto, y ya pasamos a ser de los que consideran el amor al prójimo como una “ideología”. Un ribete sobrante, innecesario. O más desarticulador: una necedad.

 

Nótese bien que Jesús considera los dos hemisferios como una sola cosa. El Mandamiento mayor, según se lee aquí son “las dos cosas juntas”.


 Aquí va otro “nótese bien”, el escriba -que no tiene su comprensión sesgada- que es un judío “recto”, se pone, de inmediato, de acuerdo con Jesús. ¿Qué entendemos nosotros con este “ponerse de acuerdo”? Que en realidad no hay una brecha insalvable entre el judaísmo y el cristianismo, a menos que uno vaya predispuesto a aserrar los hemisferios, o contratado para tenderle una trampa a Jesús (que pertenece al tipo de los contratos nimios, pues solo redundan en unas cuantas monedas).

 

¡Vamos a ver ahora, cuántos separatistas profesionales se rasgan las vestiduras! Como Jesús no está cargado de prejuicios discriminatorios, no duda ni por un momento en afirmar que este escriba también tiene amplia cabida en el Reino de Dios. ¡Qué, sólo le falta dar un simple saltito! ¡Un paso pequeño! “No estas lejos del Reino de Dios”.