viernes, 21 de agosto de 2026

Sábado de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 43, 1-7a

Otro símbolo de Ezequiel -menos importante, pero igualmente conocido- es el símbolo del agua, que también es utilizado por la liturgia.

Schökel/Gutiérrez

 

Decíamos que este Libro, para estudiarlo se puede desglosar en cinco partes. La Quinta Parte, que abarca los capítulos 40-48 y se la ha dado como título “La Jerusalén del futuro”. Aquí nos encontramos con una serie de “normas” para orientar el curso del culto cuando regresen del exilio. Recordemos que Ezequiel pertenecía a la tribu sacerdotal.

 

Él plantea en esta quinta parte ciertas palabras “técnicas” que designan pautas de vida y pautas cultuales, pero que forman parte del idiolecto ezequiano y no sabemos con precisión qué designaban.

 

Gran parte de este tramo se ocupa de delinear el templo que según sus visiones estaría en la tierra de Israel, sobre un monte altísimo, hacia el lado sur, desde el cual se extendía una estructura parecida a una ciudad. Se precisan también otras edificaciones anexas al templo y en el capítulo 43, en los versos 1-12, se señala que la Gloria de YHWH regresa al Templo. Esta vez, el Señor se instala para siempre en el templo.

 

El Señor-Dios les pone de presente qué fue lo que los llevó a tamaña desgracia. ¿Cómo pudo ocurrir que fueran deportados y luego desmigajados en diáspora? El Señor lo tiene claro y nos lo muestra: “Deshonraron mi Santo Nombre con acciones que yo detesto; por eso me enojé con ellos y los hice morir. Que alejen ahora de mí sus infidelidades y los monumentos a sus reyes y yo viviré en medio de ellos para siempre”.

 

En su historia se ha reeditado múltiples veces la desgracia. Pero ellos no han podido deshacerse de sus manías idolátricas. Entonces, la Alianza se ha quebrado y una y otra vez el Señor ha tenido que abandonar el templo y han seguido construyendo monumentos a sus falsos dioses en la puerta contigua al templo, separados tan solo por un tabique, por una delgada pared.

 

Dios vela -sin embargo- por su Alianza y su palabra se mantiene de generación en generación, es la fidelidad de su pueblo, de nuestra parte, la que interrumpe el fluir de la Gracia y ahuyenta la Sacratísima Presencia.

 

Con esta Lectura, cerraremos el ciclo de las Lecturas de los profetas, y, a partir de la semana entrante -la vigésimo primera del tiempo ordinario-, volveremos a leer del Nuevo Testamento.

 

El capítulo 47 mostrará la grandeza de Dios manifestada en que allí donde imperaba la aridez y la sequedad más bravía; el Señor cambia y hace brotar el agua impetuosa, torrentosa, cuyo nivel asciende como para trasformar el desierto en un oasis total.


«A la concepción de la tierra como tierra-madre se une en paralelo otra concepción donde lo materno está simbolizado por el mar. Los paleontólogos afirman que, de hecho, es así: la vida comienza en el agua y no en la tierra firme. Es una coincidencia convergente. La Biblia no es argumento para apoyar la ciencia, ni viceversa.» (Schökel/Gutiérrez)

 

 

Sal 85(84), 9abc y 10. 11-12. 13-14

Es un salmo resplandeciente en varios momentos… En él se siente el clima del cautiverio de Babilonia, por el lenguaje y por las imágenes.

Marcelo de Barros

Podríamos hablar de la paz. Pero no se trata de la misma paz que contiene nuestra palabra en español. Para nosotros, en un mundo tan violento, la paz es -esencialmente- ausencia de guerra. En cambio, la palabra שָׁל֗וֹם [shalom], “paz” en hebreo, significa “en un ambiente amistoso", “rodeado de bienestar”, de “seguridad”, de “salud”, de “armonía total”, de “plenitud”, con la emoción de la “misión cumplida”. El trigrama que la origina con tiene sus columnas fundantes שָׁלם [shalem] “equilibrio”, “restauración”, “plenitud”.

 

La paz que Dios proclama aquí es un don reservado para sus amigos, para su pueblo, para los que le son devotos.

 

Vemos que está relacionada con la salvación, con la Gloria de Dios, con la fidelidad y con la misericordia. A propósito, no son cosas que se dan por separado: son duplas enamoradas entre sí: la Misericordia y la fidelidad se abrazan enamoradas; la fidelidad y la justicia se estrechan en tierno abrazo.

 

La una viene de arriba (catabática), del Cielo, como regalo para nuestro pueblo, pero, a nuestra vez, nosotros hacemos eco, como si fuéramos la caja de resonancia: nuestra respuesta a la Justicia que baja, es nuestra Fidelidad que asciende (anabática). (La fidelidad no es credulidad desapercibida, sino perseverancia).

 

Hay dos notas implícitas: el cuidado y la restauración. La Justicia va por delante -como adalid; y la salvación es como -digamos- la escolta, que va siguiendo cada paso, velando como protectora de la Justicia que necesita ser salvaguardada, tutelada, como un bebe que aprende a caminar y que requiere ser observado para que no se vaya de espaldas y se lastime.

 

Nosotros -en nuestro suelo reseco y árido-no podríamos frutecer, si no fuera porque Dios con su lluvia crea las condiciones propicias para hacer de la arenisca desértica, un limo fértil.


San Ireneo dice: “La gloria de Dios es el hombre vivo”. San Romero de América apunta: “El hombre vivo es el pobre de a pie”. El versículo responsorial asienta: “La Gloria del Señor habitará en nuestra tierra”.

 

Aún hay más, si observamos con detenimiento la Oración Colecta encontramos un enfoque muy preciso de la Gloria a la que nos estamos refiriendo: “Dios Todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre del Unigénito, concédenos que protegidos por su intercesión alcancemos la gloria de tus hijos en el Reino de los Cielos”.

 

Mt 23, 1-12

No tienes que lucir humilde para que un avivato se trepe en tu nuca

Gran parte del problema para esta caterva saduceo-farisaica está en el temor de perder la hegemonía, ellos que se había aferrado a la catedra mosaica para acaparar los privilegios teologales (o tal vez sería más exacto llamarlos teocráticos), parece que ya van a convulsionar porque Jesús indica que ellos padecen de fingimiento, que carecen de coherencia entre su decir y su hacer. Les proponen a otros tareas y metas prácticamente inalcanzables, mientras Jesús simplifica, facilita, acoge.


En medio de la cultura del espectáculo, del reflector, de los “realities”, de los programas de concurso y las múltiples telerrealidades, así como la política ventrílocua y la manipulación mediática ¿cómo se puede desdeñar la preocupación por la imagen, por los gestos ampulosos, por los desplantes cínicos?, si todo esto está embalsamado precisamente por el culto a la personalidad. ¿Cómo evitar que estemos muy afanados por el qué dirán? ¿Qué se podría hacer para que la fe no se pierda entre todos estos vericuetos terminando por degradarse en puro show?

 

¡Con razón pulula tanta desconfianza! Muchos “predicadores” velan más por la imagen que por la solidez del mensaje, para muchos la fe debería lindar con el espectáculo circense o, por lo menos, apropiarse de los mejores recursos de la espectacularidad de los grandes conciertos. Hay una flagrante sustitución de la fe por el estruendo y los reflectores, la fanfarria y la algazara.

 

A estas alturas, los escribas y los fariseos han tenido que ceder sus puestos a las luminarias del entretenimiento y a los magnates del show. Quiere decir que la humildad quedó desplazada, ¡no, y mil veces no!

 

Lo que quiere decir es que, de la humildad no se hace tele-realidad. Las categorías de la fe no se emparentan con las prestidigitaciones lúdicas. Hay que hacer desaparecer la angustia que se cierne sobre muchos “preocupados” por el futuro de la Iglesia, y no desbocarse tratando de reservarse los “primeros puestos”.

 

Los mass-media tienen nuevas estrategias, pero nosotros, no estamos interesados en aprenderlas ni en competir con ellas. No vamos a caer en la trampa. El parámetro que nos ha fijado Jesús no tiene nada que ver con su superficialidad. Donde está le médula de la vida está el servicio, el amor, la ternura, la comprensión, la fraternidad; y si se procura continuar este elenco, se ve como la vida va taladrando la superficialidad y nos reclama cada vez un más hondo compromiso de sensibilidad humana: Humano-integral.

 

Ellos pueden alongar hasta el infinito las filacterias. Pueden alzar sus tarimas como Torre de Babel, pueden -porque su concepción farandulera de la fe los obliga- contratar the best amplified professional horn-speaker para lograr aturdir hasta el último rincón del Coliseo y retrasmitir -de modo que nadie se lo pierda- el postrer gemido del gladiador derrotado; pero ese no es nuestro problema, ni como personas, ni como comunidad de fe.

 

Recomendaciones prácticas, muy actuales: no se hagan llamar “maestros”, no llamemos a nadie “padre”, “ni jefe”, ni “patrón”, no subamos a nadie a la jerarquía de “director”. Muchas dinámicas empresariales dependen de estos títulos y jerarquías; tristemente en su dinámica ponen en juego la estabilidad laboral de los subalternos. Si no queda más remedio, usémoslas, conscientemente, recordando que Uno solo es Maestro y nosotros todos somos “hermanos”; que Padre es el del Cielo, y que el Único verdadero Director es Jesucristo.

 

Lo que Jesús quería superar y a la vez cuestionaba eran los modelos patronales del clientelismo romano y las magistraturas de los rabinos que se daban -precisamente- en las escuelas rabínicas. ¿Qué es lo que a nosotros compete? La fraternidad, la solidaridad, el servicio entre hermanos, la vivencia y la práctica del respeto, el amor, el cuidado mutuo, la comprensión y el perdón. Nosotros también hemos sido permeados por modelos -no solo machistas-, ultra-patriarcales y arribistas que, estamos llamados a desechar.

 

No hagamos de la humildad otro concurso, ni de la santidad un reality. Y si alguien logra tocar la santidad mejor o más rápido que nosotros, alegrémonos porque descubrieron vías más ágiles y eficaces. Quizás, y no por competir, imitemos esos caminos que llevan más cerca de Dios (sin pagar derechos de autor, que gratis se nos dan, y gratis hemos de compartir), y -sin reatos de vergüenza- reconozcamos que su luminosidad nos hará bien, porque todo lo que Dios regala es carisma, traduzcámoslo: virtud que sirve a todos y no a uno solo.


Pero si lo que te anima es otra cosa, creemos que la participación en el Juego del Calamar todavía tiene inscripciones abiertas. Pero, eso es algo totalmente distinto a lo que Dios nos propone y a lo que al pueblo de Dios le preocupa. A los escribas y fariseos lo que les preocupa es que les toquen su protagonismo. Lo que inquietaba a los fariseos, saduceos y maestros de la Ley no es propiamente su doctrina, sino lo que se denuncia en el verso inmediatamente siguiente a la perícopa que hemos leído hoy: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cierran a los hombres el Reino de los cielos, ni entran, ni dejan entrar a los que lo intentan” (Mt 23, 13). El problema está en los múltiples retenes que han puesto por el camino para impedir que los demás puedan acceder. Estas gabelas se han diseñado especialmente para que solamente ellos puedan pasar: es cosa humana y nada divina, puesto que se constituye en una ortodoxia discriminante y exclusivista, y no en un plan salvífico.

jueves, 20 de agosto de 2026

Viernes de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


 

Ez 37, 1-14

La cultura de Ezequiel no conocía una vida después de la muerte; por tanto, no entraba en el horizonte el tema de la Resurrección. Cuando Ezequiel hace la interpretación de su símbolo, no encuentra en él sitio para la resurrección. Por otra parte, y desde el punto de vista histórico, su horizonte está cerrado por las opacas nubes del destierro. El gran problema es el problema de la patria. Vivir en Babilonia no es vivir, pues una vida sin culto no es vida. Vivir es estar en Palestina y dar libremente culto al Señor en el templo. Lo demás no es vida; eso no es vivir.

Schökel/Gutiérrez

Queremos empezar diciendo qué significan aquí los huesos secos: Aquellas personas que -a causa de los pecados mortales- viven muertos en vida, son verdaderos zombis, porque deambulan por ahí, pero sus cuerpos son portadores de la muerte que ellos mismos se han acarreado. Esto nos hace saber, que muchas veces estamos rodeados de muertos vivientes, gentes que parecen estar vivos, ¡pero solamente lo parecen!

 

Y esto está directamente emparentado con aquello que leemos en Lc 15, 7: “hay más alegría por un solo pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. Un momento esplendido en esta escena es el momento en que los huesos retoman carne, tendones y músculos. Pero el prodigio despampanante es cuando ellos se vuelven a animar gracias al Espíritu que se les infunde; y es el Señor quien lo hace. Evidentemente, nadie, sino solo Dios, puede volver a traer los cadáveres de los muertos a la vida.

 

Asistimos en esta Lectura a la Resurrección del pueblo escogido, a la renovación de Israel. Los eruditos datan este texto del 586 a.C. posterior a la destrucción de Jerusalén. Ezequiel resalta que no eran algunos contados, sino una verdadera multitud los que son tocados por el poder vivificante y sanador de Dios.

 

Por las condiciones en que están estos cadáveres podemos asegurar que no murieron ayer, sino que llevan ya tanto tiempo que de ellos no subsisten sino los huesos y ya toda su carne ha desaparecido: Nos viene a la memoria aquella frase de Marta, hermana de Lázaro, que le explica a Jesús: “Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió”.

 

El profeta había sido llevado a una comunidad de exiliados ubicada a orillas del río Quebar. En el texto bíblico se menciona específicamente que vivía en un asentamiento llamada Tel Aviv -no se trata de la ciudad moderna de Israel, sino de otra Tel Aviv. Son muertos totales porque en eso los había convertido la expatriación a la que los babilonios los habían condenado.

 

El Señor le ordena a Ezequiel que les predique a los huesos. ¿Cómo ha de empezar esa predica? הַיְבֵשֹׁ֔ות שִׁמְע֖וּ דְּבַר־יְהוָֽה [hay besout shimu dabar Yahweh] ¡Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor! Está anidado aquí el vocativo [Shema] “Escuchar”, diferente de solo “oír”, que es la llegada de la señal auditiva al oído, en cambio, escuchar es permitir que el mensaje baje al corazón y llene la vida. Esta también la expresión דָּבָר [dabar] "palabra", "la causa de todo", “la causa en sí”. y no es cualquier palabra es la Palabra de YHWH.

 

Eran vivientes, pero sin ר֫וּחַ [ruaj] “Espíritu”. A este no se le llama en cierta dirección, hay que conjurarlo desde los cuatro puntos cardinales porque el espíritu está en todas partes; y así lo hace Ezequiel, según lo instruyó el Señor.

 

La música que respalda este relato está en clave de esperanza. Dios se ha dado cuenta de todo. No los ha abandonado. Él va a tomar cartas en el asunto. Y lo hará con mano fuerte y brazo poderoso (Cfr. Dt 26,8)

 

«Desde los inicios del cristianismo este texto fue visto como una imagen de la resurrección de los muertos. No una resurrección individual, sino general. Es de los pocos textos en el AT que se refieren a este misterio. Lógico es que en aquel momento se refiera a la situación del pueblo. El profeta quiere hacerles ver que Dios o los ha abandonado y que los acompaña en sus sufrimientos. Las interpretaciones se ven condicionadas por el mundo cultural e histórico de los pueblos. La cultura de Ezequiel no conocí una vida después de la muerte; por tanto, no entraba en su horizonte el tema de la resurrección. Nosotros los cristianos ¿podemos interpretarlo desde la resurrección? Sí, y no sólo eso, sino que le damos al símbolo una significación nueva, sin traicionar su significado original.» (Milton Jordán Chigua)


 

Al leer uno se da cuenta que no aparece la palabra resurrección, pero no es de otra cosa de lo que se está hablando. Este “misterio de nuestra fe” estaba oculto en aquel entonces, en los tiempos de Ezequiel, para le fe judía, no se esperaba y ni se presumía nada de vida después de la vida. La idea era que posterior a la muerte biológica todo era muerte y solo muerte. Pero, este relato nos señala la posibilidad, creada por Dios, de renacer a una vida nueva. Lo que tenemos que comprender es que esto lo dice Dios y es Él quien lo obra: ¡Él lo dice, Él lo hace!

 

Sal 107(106), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9Cor 7, 25-35

Tenemos cuatro estrofas -que se arman con 7 versos- entresacados, de los 13 versículos que configuran este salmo oracular.


El salmo parte de un apretado resumen de la historia de Israel -en cuatro escenas- para

1º Entonar una acción de Gracias

2º Presagiar que, de su condición de deportados, pasarán a ser liberados.

 

En la primera estrofa los rescató y los reunió.

En la segunda -mirando su miseria- los muestra pasando hambre y sed en el desierto.

En la tercera, Dios los saca de las tribulaciones llevándolos a una ciudad habitada.

Y en la cuarta calmó a los sedientos y nutrió a los hambrientos, lo que podemos entender como un final feliz.

 

El salmista nos va llevando de la mano para señalarnos que hay sobrada razón para alabar y bendecir. La dialéctica de los salmos oraculares es la de clamor-humano/respuesta-divina.

 

Mt 22, 34-40

Un Mandamiento que lo renovará todo

No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. Este fue el “mandamiento nuevo” que Él vino a traernos; este es el núcleo del Evangelio y la esencia del cristianismo. Quien no vive el mandato de la caridad, simplemente no puede llamarse cristiano.

Papa Francisco

Había una lucha-oposición entre el saduceísmo y el fariseísmo: Aquí los fariseos ven que Jesús hizo replegar a los saduceos entonces, los fariseos ven su oportunidad y entran a interrogar usando como ventrílocuo a un νομικὸς [nomikos] “doctor de la ley”, “abogado”.


Pero la pregunta no es la de alguien que quiere instruirse, uno que -reconociéndole su sabiduría-, va y le consulta. El texto nos advierte que había un propósito solapado: ponerlo a prueba. ¿Qué quiere decir “ponerlo a prueba”?  Procurar, por todos los medios, tener una palabra suya que se pudiera mostrar al Sanedrín, como prueba de la oposición de Jesús a la ley mosaica.

 

Hoy en día decimos que lo que diga Jesús es válido porque lo reconocemos como Hijo de Dios. Pero en aquel entonces, lo que dijera Jesús, no tenía por qué ser aceptado, porque sencillamente no se trataba sino del hijo del Carpintero. Siempre hay una posición de sumisión ante los poderosos, y -en este caso eran los saduceos, los fariseos y los titulados en derecho Mosaico-, y la gente andaba buscando -no el camino para llegar a Dios- sino el árbol que mejor sombra les ofreciera.

 

Tres emboscadas sucesivas nos encontramos en este tramo del Evangelio mateano:

1)    ¿Hay que pagarle impuestos al Cesar?

2)    La pregunta saducea sobre la resurrección: El tema de los siete hermanos que murieron sin dejar descendencia, ¿en la otra vida, de quien iba a ser esposa la que en vida lo fue de los siete?

3)    Y, hoy, la pregunta sobre el Mandamiento más importante.

 

Lo que cuenta, en este caso, es desenmascarar que se trataba de tenderle una emboscada, de hacerlo caer en la trampa, no de la pregunta que podría llevársele a un teólogo para que, con su formación tan sólida, los iluminara, aquí de lo que se trata es de hundirle la daga, de hacer luego leña del árbol caído, de perforarle las manos con clavos, de hacerle traspasar el costado con una lanza.


Recordemos que ante la tercera pregunta Jesús no escoge algún “mandamiento” del Decálogo, sino que tomando harina de las diez orzas, amasa un “rico pan jurídico” -el Mandamiento Principal de la Ley- que señala que hay dos mandamientos que se ensamblan en Uno: en realidad lo que les devuelve Jesús condensa toda la Ley desde una perspectiva improrrogable, no se amasa la Ley para un pan del “futuro-remoto” –(no son panes de la proposición para dejarlos una semana expuestos en la Mesa de acacia recubierta de oro, que quedaban allí para simbolizar la comunión perpetua de las doce tribus con Dios)- se amasa un pan para comerlo ya y toda la vida, y ni la orza de harina, ni la alcuza de aceite se agotarán jamás (cfr. 1R 17, 14) durarán hasta la eternidad. Sencillamente porque lo que se obra con fraternidad cumple la Ley Divina: que sepamos vivir en la plenitud sinodal con todos los hijos de Dios, indiscriminadamente. ¡Es el Mandamiento de la caridad fraterna!

miércoles, 19 de agosto de 2026

Jueves de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 36, 23-28

Pedro les dijo: " Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Hch 2, 38

 

Ayer trabajamos una perícopa (34, 1-11) de la cuarta parte del Libro del profeta Ezequiel. Hoy la perícopa también proviene de la cuarta parte y mañana tocaremos el capítulo 37; y, de la Quinta Parte, que abarca los capítulos 40-48, leeremos el sábado un fragmento tomado del capítulo 43.

 

El pueblo de Judá y en particular los Hierosolimitanos, se revolcaban en la idolatría y su pecado los atrapó sin apuntar hacia una conversión, lo que les acarreo ser dispersados por las diversas naciones paganas que los rodeaban y los apretaban. Y padeciendo esta deportación tan dolorosa y habiendo sufrido lo extremadamente doloroso de la destrucción de Jerusalén y con ella la del Templo; sin embargo, ellos no corrigieron su comportamiento, y los paganos encontraban en eso buen pretexto para imprecar al Señor.  Las malas conductas de un pueblo siempre irán en detrimento del Dios en el que ellos dicen creer. YHWH se ve obligado a salir a salvaguardar su Fama de Dios Bondadoso y a mostrar que es aquel pueblo infiel el que ha quebrantado la Alianza.

 

Yahweh, sale a limpiar su Nombre Santísimo. No obra así para preservar el honor de su pueblo que ha sido infiel; sale en defensa de Su Santo Nombre, que ellos han deslucido. Él -a pesar de identificar su indolencia- los va a congregar, los va a reunir como un rebaño disperso y los llevará de vuelta a su tierra. He aquí la fidelidad del pastor que persevera en sus cuidados dando cumplimiento a la Alianza

 

Ese será el primero de una cadena de actos purificadores, será una serie de acciones Redentoras que manarán de su Bondad.

 

La primera, será la purificación mediante la aspersión de agua purificadora. A esta, continuará el cambio de corazón -el de piedra será permutado por uno de carne- y la infusión de un Nuevo espíritu, el Espíritu propio de Dios, para que adquieran la capacidad de mantenerse en la rectitud de los Preceptos Celestiales.

 

Habrá, entonces, por fin, cumplimiento de la Alianza; Ellos actuaran con la consciencia de ser el “pueblo de Dios” y Dios, por su parte, reconocerá en ellos -los que han sido purificados y han recibido el corazón de carne- a su pueblo.

 

En ese nuevo estado, voltearán su mirada hacia atrás, y al ver la vergonzosa mancha de su pecado, se fastidiarán de sí mismos, y tendrán repugnancia de haber caído tan bajo.

 

A consecuencia de esta conversión, Israel será un pueblo fructífero y sus cultivos serán feraces, así no tendrán que pasar hambre y los incrédulos no usaran de burla contra nosotros. 

 

Sal 51(50), 12-13. 14-15. 18-19

El pecado de David con Betsabé y el asesinato que se cometió contra Urías, para tratar de tapar las consecuencias de aquel pecado, fue una mancha que no terminó con la vida de David, pero rebozó contra su descendencia, empezando con el hijo que habían concebido, y siguiendo con el linaje de David, del que Absalón fue sólo la punta del iceberg. Hemos dicho que el pecado tiene consecuencias personales para aquel que lo comete, pero, cuando peca uno que es “pastor”, como David que había sido llamado a iniciar una descendencia mesiánica, las consecuencias del pecado de ese gobernante, por el gran daño que producen en calidad de “mal ejemplo”, como “piedra de tropiezo”, para la comunidad, entonces las consecuencias van más allá. Se escandaliza a toda la comunidad y se normalizan conductas aberrantes. Como -mucho hemos insistido en ello- lo que hace una figura pública-, la gente tiende a ver esa conducta -ya no como oprobiosa-, sino como modélica y la repiten porque en su ingenuidad creen que es el paradigma.


No basta que salgan miles de defensores, agenciando disculpas; lo que está mal no podemos, a fuerza de pretextos, tratar de teñirlo de aceptabilidad. Las falsas justificaciones, sólo conseguirán multiplicar el mal, y a fuerza de repetir un error, se inducirá a muchos otros a cometerlo. El pecado dejará de ser algo personal y se convertirá en un mal “social”.

 

No podremos evitar, a fuerza de rogarle a Dios que nos perdone, que muchos sean inducidos al error. El Señor nos regalará la creación de un corazón nuevo, y, sin embargo -como en un juego de bolos- la bola estará echada a rodar y, arrastrará a su paso muchos pines.

 

Hay una vía de reparación, que a fuerza de tesón y mucho empeño, en algo disminuye la falta, y es entregarse a la tarea de prevenir tratando de detener la reacción en cadena que hemos desatado.

 

Muchos tratan de crear publicidades y campañas cívicas para remendar el entuerto, otros pagan misas y reparten estampas impresas, algunos otros organizan conferencias y videos correctivos, pero la piedra arrojada al centro de un pozo, inevitablemente desatará incontrolables ondas concéntricos.

 

Algo que si alcanza un efecto sólidamente reparador es presentarse ante el Señor con un corazón sincera y profundamente contrito. «Un corazón quebrantado y humillado, Tú, oh, Dios, Tú no lo desprecias».

 

Al corazón arrepentido Dios le otorga ser “bautizado” en las aguas purificadoras de la vida sacramental y así el poder bautismal, sanador, recuperador, repara y re-crea, como una persona nueva. El poder Redentor de Jesús -por ser Dios- puede lograr lo que ningún acto humano puede alcanzar: Es el agua que brotó de su Costado y que nos lavó de todas nuestras inmundicias.

 

Clamemos a la Gota de Agua Recuperadora que brotó de Su Costado con el lancetazo mortal en la Cruz, que cree en nosotros “un corazón puro”.

 

Mt 22, 1-14

Tenemos que producir frutos de conversión dignos

La parábola de ayer encuentra una especie de reverberación en la parábola de hoy, quizás en este caso de hoy deberíamos referirnos a una “alegoría”, porque cada elemento de esta, tiene como una imagen, en su símil. Hay un paralelismo entre cada elemento de referencia aludido: Un rey da un banquete de bodas para su hijo e invita a todos los del pueblo, que se rehúsan asistir pretextando innumerables ocupaciones tan obligantes que no se pueden ni trasferir ni dilatar. Algunos, persiguen y asesinan a los mensajeros, lo que obra como figura de los que perseguían a los primeros cristianos y llegaban a darles muerte.


El Rey se enojó, se puso severo, y envió tropas de soldados destructores y de profanadores que acabaron con todo. Porque eran invitados que no se merecían la invitación.

 

Entonces el Rey dio orden a sus servidores para que fueran y reunieran a todos los que encontraran, sin discriminar entre buenos y malos, y que repartieran las invitaciones. Así terminaron, siendo invitados, tanto justos como pecadores.

 

Esta vestidura… le pertenece al que se siente perdonado y vive del perdón.

Silvano Fausti

 

Uno de los signos del bautismo es la vestidura blanca que simboliza que el bautizando se ha revestido de Cristo y resucitado con Él, y ha recibido una vida nueva limpia de pecado, así el Padre Celestial, al mirar al neófito (recién bautizado), ve en él a su Propio Hijo, Puro y Santo.

 

Muchos creen que aquí Mateo combinó dos relatos de distinta procedencia. Aparece un elemento algo sorprendente, uno de los invitados que no lleva el “vestuario apropiado para asistir a una boda”. Así que el Rey le pidió explicar esa anomalía, ¿por qué no estaba adecuadamente vestido? y no obtuvo respuesta. El Rey dio órdenes para expulsarlo, -amarrado de pies y manos- a las tinieblas.

 

La historia concluye con una moraleja, rotunda y contundente: “Muchos son los llamados, pero pocos son los elegidos”. Muchos experimentan la Voz de Dios que los acoge, pero ellos, se hacen los de la “oreja gacha”.

 

No basta el Sacramento sí no se vive con coherencia. El sacramento puede quedarse varado, en un rincón sí, no hay compromiso para vivir acordes a la fe que se confiesa. No puedo evitar recordar a un amigo que -sin saber montar en motoneta- compró una, y fue dilatando el aprendizaje para usarla. Cuando por fin dijo, iba a sacar el tiempo para hacer el curso, descubrió -apesadumbrado- que ya no era más que un cachivache inútil, un arrume de óxido y moho, al estar ahí descuidada e inutilizada, se había echado totalmente a perder.


El sacramento lo reciben todos los llamados, pero disfrutarlo, sólo lo logra quien lo vive y lo convierte en la dicha de su existencia: ¡ellos son los elegidos!

martes, 18 de agosto de 2026

Miércoles de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 34, 1-11

… pasado cierto tiempo, Dios hace vibrar de nuevo su Palabra con renovada fuerza, investida totalmente del espíritu, con un mensaje de esperanza.

Luis Alonso Schökel / Guillermo Gutiérrez

 

Entramos en la Cuarta Parte del Libro de Ezequiel, que ocupa los capítulos 33-39: Promesas de salvación. Ya queda dicho que a partir del momento en que llega el fugitivo y le entrega al profeta la noticia de la caída de Jerusalén, que acaeció el 15 de agosto del 587 a.C., empieza una nueva fase para Ezequiel, él recobra el habla después de cinco meses de haber permanecido mudo. A partir de ese momento Ezequiel se hace Pastor y Formador, guía espiritual de su pueblo al que se le anuncia que volverá a nacer. El nuevo tema será la esperanza. Así Ezequiel se constituirá en el fundador y padre del judaísmo.

 

La perícopa de hoy constituye la censura y denuncia de los malos “pastores” y el anuncio de la llegada de un Mesías, “Rey Justo”. Podríamos descomponer la perícopa como sigue

a)    El pueblo (rebaño), anda disperso y la culpa la tienen los “malos pastores” (vv. 1-6).

b)    A esos pésimos gobernantes el propio Señor les quitará todo el mando, ya no serán los apacentadores de sus ovejas (vv. 7-10).

c)    YHWH en Persona tomará a su cargo el Pastoreo para prevenir que su pueblo caiga en manos de los pastores adúlteros (vv.11-16).

 

Podemos presentar aquí -como mapa de la perícopa- una pregunta que nos deje acceder, con eficacia, a este fragmento que es tan importante como antecedente de lo que es un “Buen Pastor” (un Pastor Hermoso, porque, es más que Bondad, es una perfección que nos admira y nos inunda con su esplendor, es pulchritudinis): ¿Cuál es la lista de las maldades que se denuncian en esta perícopa?

 

A saber:

a)    Se apacientan a sí mismos.

b)    Se comen las partes mejores.

c)    Se visten con la lana de sus ovejas.

d)    Matan a las “gordas”.

e)    No apacientan el rebaño

f)     No robustecen a las que están débiles

g)    No curan a las enfermas.

h)    No vendan a la que está herida

i)      No van al rescate de la descarriada.

j)      No buscan a la que se ha perdido

k)    Su ejercicio es de “dominación” por medio de la fuerza y la violencia.

l)      Dispersas quedaron expuestas a las fieras

m)   Son asoladas por el pillaje.

 

Ahora que quedan completamente desenmascarados, el Propio Señor va a tomar el “gobierno” en sus manos:

-       Les va a pedir cuentas

-       Las quitará de su cargo, retirándoles el cayado.

-       Y los sacará como David, de las fauces de esos leones y osos, porque no son pastores, sino lobos disfrazados.


Él mismo buscará su rebaño y lo cuidará. La monarquía será reabsorbida y se pasará a una Teocracia donde el gobierno estará en las Manos Directas de YHWH. Y así fue, en el post-exilio no se reimplantó la antigua monarquía.

 

Sal 23(22), 1b-3a. 3b-4. 5. 6

Un pastor no es otra cosa que un gobernante de un “pueblo” de ovejas; un rey no es otra cosa que un Pastor que gobierna a su pueblo. El único afán de un buen pastor es apacentar sus ovejas.

 

Apacentar es una palabra que viene directamente del latín, adpascere, viene de su participio presente adpascentis, “sacar a pastar”. En una cultura pastoril, el cuidado del ganado -sea vacuno o lanar- es el cuidado de las “ovejitas”, sacarlas a pastar, buscarles los mejores prados, llevarlas a abrevar, protegerlas del sol guareciéndolas a la sombra, y, defenderlas de las fieras, es por eso que siempre tienen el bordón a mano.

 

La declaratoria esencial de este salmo es: “El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. Y esta es, justo, la primera estrofa de hoy.

 

Hay una insistencia muy marcada en declarar que el rey del salmista es el Señor. Lo dice y lo repite para que no tengamos duda, su énfasis quiere significar que, al Único que reconoce como Rey es a su Pastor. Es un Salmo del Huésped de Yahveh, quiere experimentar a fondo y vivir su experiencia de pertenencia a Su Rebaño: Quiere declararse oveja de ese Pastor.


En la segunda estrofa apunta tres detalles muy clarificadores:

1.    Este Pastor cuida muy bien de conducir su rebaño por el Sendero Bueno, donde ninguna de sus ovejas se vaya a lastimar.

2.    Así vagabundeen por “cañadas oscuras” ellas nada temen, se sienten protegidas.

3.    Sabe que cuenta con la compañía y la defensa de Su Pastor, que usa convenientemente de su “vara” y de su “cayado”.

 

Apacentar, es llevar, a las ovejas, al “restaurante”: El “Pastor” se ocupa de “servirle la mesa a su rebaño, lo atiende como en un spa, le da masajes con aceite, le refresca la cabeza con toallas húmedas para que no le vaya a afectar el sol que ha recibido y, último -pero no menos-, le llena la copa, cada vez que él la escancia.

 

En la última estrofa, el hagiógrafo busca y ubica las palabras exactas que describan el tipo de atención que ha recibido y recibe siempre por parte del “Mesero” -estamos apoyándonos en una metáfora- en el restaurante (se llama restaurante porque en él se restauran las fuerzas). Los dos adjetivos que describen el meticuloso cuidado de este Pastor son: Bondad y Misericordia. Y, una vez más lo declara, vuelve a reclamarse “Huésped de la Casa de Yahveh”.  

 

Mt 20, 1-16

Comprendiendo la Soberanía Divina

No se comparan individuos, se comparan pueblos, mientras unos recibieron la Palabra de Dios hace siglos, otros hasta ahora llegan a la fe.

 

Uno de los elementos teologales más arduos para nuestras entendederas y, sin embargo, esencial a la fe -que se tiene que injertar en su rama principal, como un esqueje- es la Gracia, valga decir, el Amor inmerecido de Dios. Ese don que Dios distribuye con la locura de un enamorado.


Con una altísima velocidad nos apuramos a denunciar ὀφθαλμός σου πονηρός [o oftalmos sou poneros] “el ojo malo”, para reprocharlo como un defecto, sin tomar en cuenta que lo hemos promovido durante siglos, hasta hacerlo una meta de la existencia. Esa aspiración por ser el mejor, por tener lo mejor, por acaparar sin límites, fueron puestas en nuestro ánimo como las claves de la superación. Aún hoy, se inyectan con disimulo, moderadas dosis de ambición, de avaricia, de envidia como si se estuvieran aportando dosis de algún reconstituyente o vitamina. No dejemos de lado los aprendizajes que sirven de pilar a la forja de nuestro carácter y que -así sea de forma periférica- se van tatuando en la dermis: “primero yo, segundo yo y, si hay otro lugar en el podio, que también sea para mí”. Miremos con sospecha esa consigna pedagógica tan promovida pero portadora del individualismo de superioridad: “Usted tiene que ser el mejor”

 

Luego, volcamos un baldado de desaprobación contra los que viven la vida de la fe como si se tratara de una carrera meritocrática. No nos cabe en el corazón la idea de recibir de manos de Dios sin medida, e interponemos como contrato de cambio los innumerables rosarios, las incontables novenas, las colecciones de camándulas y denarios, las estampitas de santos, y el hermoso altar doméstico. No se trata de alguna variedad de meretricio, donde la paga entra en juego, estableciendo alguna suerte de proporcionalidad en la prestación de un servicio.

 

Que Dios está llamando a toda hora de la vida, eso debe quedar claro. Que sería deseable que muy jóvenes -en nuestra vida- empezáramos a recorrer el camino del compromiso con nuestra fe, eso debe tener una lógica resplandeciente en nuestra existencia. Y, que nunca es demasiado tarde para acudir a responder la Voz Divina que nos invita, es el objetivo de hoy. No tendrá mejor “paga” el que llegue más temprano, el que haya respondido en la edad más pronta, y lo que debe quedarnos desde ya muy claro, es que Dios prodiga trofeos, y medallas, diplomas y estímulos, que nosotros no tenemos por qué medirlos, compararlos o criticarlos. Que su generosidad es una de las dimensiones inexplicables, y para quienes aman las categorías mistéricas, reconocer que las tablas contables de las oficinas de pago Celestiales, no están sujetas a las pautas humanas.

 

Si pensamos que el denario era la paga indispensable para poder cubrir las expensas necesarias de un padre de familia, tendríamos que entender que Dios no podía dejar a alguien sin retribuirle con lo mínimo necesario. Tendríamos que entender el “denario” como el “salario mínimo” del trabajo en la “viña”. En esta parábola, la viña es el pueblo de Dios y los cultivos, son los frutos salvíficos.

 

Recordemos que estamos en el co-texto del Evangelio de San Mateo, donde se estudia el tema de la vinculación, del seguimiento, del discipulado, de la sinodalidad. Pensemos, en la época cuando se escribió este Evangelio, estaban los judíos conversos al cristianismo y, luego, empezaron a llegar los paganos que se insertaban en la comunidad, ¿con qué criterio recibirían “paga” celestial? Por haber llegado últimos, ¿solo les darían como paga una “mogolla vieja”?


La expresión del “ojo malo”, en realidad se podría traducir, ¿es que te va a doler el ojo?, ¿es que se te va a resentir el ojo?  Pero, este dolor está conectado con cierta afectación del corazón que no ha aprendido a alegrarse con el bien del “hermano”. Lo que viene a enseñarnos la parábola de “los jornaleros en la viña”, lo que el Evangelio nos tiene como oferta es aprender a estar dichosos porque Dios no deja a nadie colgado de la brocha, es decir- nadie se queda con su necesidad desatendida, y sus criterios “salariales” hemos de asumirlos desde la Absoluta Soberanía que Lo asiste: ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?