jueves, 23 de julio de 2026

Viernes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jr 3, 14-17

Dios que se queja del abandono de su pueblo… Dios que se indigna por la irresponsabilidad de sus pastores y de los malos gobernantes.

José Luis Caravias, s.j.

Este pueblo al que se dirige Jeremías, nombre que significa “exaltación del Señor”, “Yahweh eleva”, -se ha dicho que, si hubiera que añadir a su escudo una frase que lo caracterizara, esta sería, “terror por doquier”-, es un pueblo que tiene Dueño: le pertenece al Mesías, específicamente, al Mesías que se adora en Jerusalén. La perícopa está enmarcada en el tramo Bíblico de los capítulos 1,1-25,14; que contiene Mensajes proféticos sobre Judá e Israel, sin embargo, fijándonos bien en la perícopa, se asume que el Templo ya fue destruido y el arca de la Alianza, desapareció.

 

Dicen los estudiosos que está obra fue encontrada y recompuesta con los trozos hallados, de la mejor manera que entendió su editor. El propio Libro nos dice que hubo una primera edición y que posteriormente Baruc rescató lo que él, como amanuense, había compilado antes. Pero, los fragmentos de los rollos que dieron origen a la versión que conocemos, estaban en desorden, así que fueron ensamblados, repetimos, de la mejor manera que entendió este editor.

 

En la perícopa de hoy, a Jeremías le importa mucho menos esta destrucción y la desaparición del arca, porque visualiza, que cuando regresen “schub” (en este caso no sólo remite al regreso, sino que alude a la reconstrucción) del destierro, los nuevos gobernantes serán “pastores” justos y rectos que constituirán la Jerusalén reconstruida -toda ella- será una Nueva Arca, será la Ciudad Arca-por-excelencia. donde resplandecerá el “Trono de Yahweh”.

 

Estas ideas nos llevan a posicionar la perícopa como final de esta primera sección, “Israel ha sido infiel al Señor”, a la que nos hemos venido refiriendo. El verso 18, actúa como un puente que retomará la denuncia d la idolatría de Israel.

 

¿Qué les pide el Señor? La palabra es contundente: שׁוּב [shub] “volved”, que en hebreo entraña el sentido de “regresar” inclusive “una vez más”. No volverán todos, habrá una especie de colado, de selección, allí donde haya dos uno se quedará y solamente el otro volverá. Ellos sufrían muy dolidos por el Arca de la Alianza que había desaparecido (desapareció en el año 587 a.C., tras la invasión de los babilonios a Jerusalén y la destrucción del Templo de Salomón); pero la profecía anuncia que ya no se la volverá a mencionar porque tendrá sustituto en la Ciudad-entera-de-Jerusalén, el Señor da su Palabra que no les “hará falta”.

 

Se reconciliarán las tribus y el imperio se reunificará, ya no habrá un reino del norte y uno del sur. Pero esta profunda reconciliación supone una muy sincera “conversión”, exige un nuevo comienzo. Dios aparentemente arrasa, pero no para destruir, sino para recrear: para dar paso a un “Nuevo Principio”.

 

La idolatría que ha generado esta ruptura de la Alianza estriba en que ellos han aceptado a Baal (que significa “dueño”); el Señor los corrige y las hace saber que Él es su Único Dueño. (Cfr. Jr 3, 14).

 

En el Arca de la Alianza estaba la Presencia del Señor, -hay un juego de ideas que simboliza que la Presencia de Dios está en su “Ley”- “Su Ley” son las “Tablas que Moisés recibió en el Sinaí”, las tablas estaban guardadas en el Arca, por tanto, perder el Arca era perder la Presencia. Pero la profecía asegura que los hará “volver” a Sion. Donde Dios tiene su Trono.


Dios entregará su Presencia no mediada por ningún objeto, sino que se percibirá su Presencia-Directa-Personal.

 

Sal Jr 31, 10. 11-12ab. 13

Naciones, escuchen la Palabra del Señor

y anuncien en las costas lejanas:

‘El Señor dispersó a Israel

Pero lo reunirá y lo cuidará como cuida el pastor a sus ovejas.

Jr 31, 10

Los capítulos 25, 15 – 45,5 forman la segunda parte del libro de Jeremías que para su estudio se ha dividido en 4 partes. Pero, dentro de esa unidad de relatos biográficos y anuncios de la salvación, se ha injertado un librito poético autónomo, que está constituido por once poemas, que guardan relación muy estrecha con el ambiente del libro de la consolación del Deutero-Isaías (caps. 40-55). La perícopa que trabajamos hoy está tomada del séptimo poema que comprende Jr 31, 10-14.

 

Este poema toma como escenario el Mediterráneo y ambienta en él un ideal mesiánico. El rebaño disperso es pastoreado por el “Pastor de Almas” que las lleva a abrevar en fuentes tranquilas, donde constituye un rebaño único.


En la primera estrofa afirma que Él Mismo que dispersó a Israel, ahora lo reunirá (reconstruirá).

 

En la segunda estrofa dice que el punto de convergencia de los dispersos será el territorio de Jerusalén (Sion).

 

Todos gozarán y se regocijarán de este regreso, jóvenes, viejos y doncellas, habrá alivio de las penas, lo que era tristeza, ahora resplandecerá como gozo.

 

En el responsorio seguimos trabajando la Imagen de Dios comparándolo con un Pastor que maximiza sus cuidados por el rebaño

 

Mt 13, 18-23

Lo importante es producir, no importa cuánto, porque el Señor ve el esfuerzo que nosotros ponemos. A cada uno se le exigirá de acuerdo a los talentos que recibió.

Milton Jordán Chigua

Jesús, ahora, pasa a explicarles la parábola del Sembrador a sus discípulos. Se cuenta como una explicación dada por el propio Jesús, los estudiosos ofrecen múltiples razones para pensar que su autoría corresponde a la Iglesia temprana, y -al mirar atentamente- vemos diferencias muy notorias respecto de la parábola originalmente narrada, especialmente en lo pertinente a los énfasis. Donde el énfasis original se orienta al sembrador y al resultado en cuanto a eficiencia productiva; ahora, por el contrario, la mirada se enfoca especialmente en los tipos de suelo, reflejando lo que les pasaba en la iglesia naciente y en las variadas clases de reacción de los “destinatarios del Anuncio” expresados aquí como cuatro clases de suelo:

1)    Se escucha, pero no se entiende.

2)    Los que escuchan la Palabra, pero carecen de raíces, y acogen el Anuncio con alegría inconstante.

3)    El que escucha, pero los afanes y el hambre de enriquecimiento lo hace quedar estéril

4)    Los que escuchan y dan fruto.


Para el primer caso, la mundanidad es el enemigo: El ruido estrepitoso y el encandelillamiento de tanto reflector. ¡Pongamos el equipo a todo full, y que todos los vecinos queden sordos!

 

El segundo caso, es la devoción que se da en un ambiente proclive, por ejemplo, mientras se estudia en un colegio regentado por religiosos, pero una vez se sale del invernadero, todas las plántulas se achicharran. Después siempre se podrán inventar pretextos para achacarle la culpabilidad a esos “monjes retrógrados”.

 

El tercer caso corresponde a los que asisten condicionados a un breve tiempo, por ejemplo, aceptan sacramentalizarse, a acceden así sea a regañadientes a un retiro espiritual; pero rehúsan cualquier compromiso más constante con la Iglesia y su vida de fe se limita a la Eucaristía, muy de vez en cuando.

 

Esto no es un retrato del pasado, no es un cuentito de alguna remota época, una imagen exclusivamente pintada en aquellas eras cuando nacía la Iglesia; y no, no se trata del pasado remoto, es el retrato más actual, cuando sólo se quiere tomar parte en una religión “light”. La imagen, en realidad refleja nuestro “hoy en día”. De nuestro tiempo tan febrilmente ocupado no queda ni un segundo para cuestiones “religiosas”: ¡Dios sabe que lo amo, pero sabe también que vivo muy ocupado!

 

¡Si sólo cambiáramos un poco -nos dicen ellos- que no fuera con órgano, sino con guitarra, ahí sí iríamos! Nos prometen.

 

En fin, la cosecha es así, escasa, mínima, hasta que toda ella cae en el olvido. ¡eran cosas de los abuelos! De las que yo participe en mi niñez, pero la vida adulta no da margen para esas “tonterías”. Además, la semana es tan extenuante que el Domingo es el único día para “descansar”.

 

Así las cosas, nuestro terreno es el más árido, y la cosecha… Bueno, con el trigo recogido, no alcanza ni para una galletita. Por favor, no vayan a prender el horno, que ¡no hay con qué!


Por el contrario, nos parece conveniente, antes de negarnos a jugarnos nuestro trigo -así sea poco- en un amasijo, detengámonos a reflexionar lo que hemos dicho en la Oración Colecta: «Dios Todopoderoso y Eterno ayúdanos a llevar una vida, según tu Voluntad, para que podemos dar abundancia de frutos de buenas obras en Nombre de tu Hijo predilecto». 

miércoles, 22 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jer 2,1-3. 7-8. 12-13

יִרְמְיָהוּ [Yirmeyahu] Jeremías es profeta de linaje sacerdotal, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes del reino del sur. Oriundo de Anatot, ubicada aproximadamente 5 kms. al noreste de Jerusalén, en territorio Benjaminita. Cuando aún era muy joven el Señor lo llamó al profetismo -a finales del siglo VII y comienzos del siglo VI a.C.- cuando recibió su llamamiento, Asiria estaba en pleno declive y Babilonia todavía no había recogido el Imperio desmigajado para construirse, con los restos, uno propio; además, en el oeste, Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. Gracias a la debilidad de las grandes potencias, Judá pudo gozar de la autonomía necesaria para gobernarse por sí misma. En este marco circunstancial el rey Josías adelantó los inicios de su reforma religiosa, durante su reinado se inició la recopilación y edición del Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías; el proyecto de Josías -que reinó durante treinta y un años- quedó inconcluso ante la muerte del rey en Meguido en el 609 a.C.

 

Los estudiosos de la obra Jeremaica la dividen en cuatro partes. La primera está constituida por los capítulos 1 al 25, y la componen una una serie de mensajes proféticos dirigidos a Judá y en particular a Jerusalén. Si miramos el capítulo Segundo, que es el que nos interesa hoy, podemos desglosarlo en

-Denuncia de la infidelidad de Israel vv. 1-8

-Proceso contra Israel vv. 9-13

-Consecuencias de su infidelidad vv. 14-19

-Rebeldía de Israel vv. 20-25

-El castigo merecido vv. 26-37.

 

Donde se presentan los temas cardinales del Profeta en la primera fase de su actividad:

i.              El pueblo ha abandonado a su Dios, de donde emana su vitalidad

ii.             Lo que le traerá, en consecuencia, muerte y destrucción.

Esto se le anuncia, pero todavía hay un momento de posible conversión, por eso la denuncia es una invitación al “arrepentimiento”.

 

El fragmento proclamado el día de hoy se remite a los dos primeros aspectos la denuncia de la infidelidad y el proceso que se le adelanta a Israel.

 

«Como paradigma interpretativo de su mensaje político-religioso, Jeremías nos ofrece el capítulo2, un texto rico de lirismo e intuiciones psicológicas. Felicidad nacional, ruina causada por la apostasía, invitación insistente a la conversión: es un esquema que tiene puntos de contacto con la impostación de la historiografía deuteronómica (ver Jc 2, 11-19). La tradicional imagen nupcial ambientada en el desierto (Os 2) define las relaciones religiosas: “seguir” es verbo técnico tanto del matrimonio como de la adhesión de la fe. Por ello, en el v. 3 la imagen se vuelve totalmente cúltica: Israel es realidad sagrada (ver Ex 19,6 Dt 28,9) es “primicia” en sentido cualitativo además de cronológico (Nm 18,13; Lv 22,10). Como mano profana no puede violar las cosas sagradas, así también Israel es intocable y se halla sereno bajo la protección directa de Dios.» (Gianfranco Ravasi).


 Todo el capítulo es un poema.

-Los versos 1-3 rememoran el noviazgo de Dios con su pueblo y su travesía de enamorados por el desierto.

-Los versos 4-5 convocan a la casa de Jacob para que escuchen el oráculo Divino.

-Los versos 7-8 denuncian que han tratado a Dios como si Él les hubiese fallado, en vez de clamar agradecidos a su Libertador que los sacó de la esclavitud.

-Los versos 9-11, que no se incluyen en lo proclamado, donde Dios les dice que se fijen en los pueblos idolatras y vean las consecuencias de su comportamiento por haber renunciado a gozar de la Gloria que Dios les ofrecía compartirles.

-Se concluye la Primera Lectura delatando las dos maldades que han perjudicado al “pueblo elegido”:

i)      Abandonaron a Dios que es la fuente del agua vital que vivifica sus campos y sus vidas

ii)     Se cavaron pozos agrietados que, lógicamente, son inútiles para almacenar el agua.

 

Esto es -dicho con otras palabras- abandonaron su fidelidad al Dios Altísimo y prefirieron caer en brazos de la idolatría.

 

Sal 36(35), 6-7ab. 8-9. 10-11

La vida es la esencia de todas las bendiciones que Dios da al hombre, el roce del dedo de Dios que convierte un montón de arcilla en un ser viviente y hace de una sombra inerte el rey de la Creación.

Carlos G. Vallés, s.j.

Este es un Salmo del Huésped de Yahweh. Aquí el problema está en quien puede ingresar al Templo del Señor. No es un problema de “pasaporte”. No se trata de seguir alguna tramitología. Sino de una disponibilidad, de una apertura, de un deseo de ser iluminado por la Luz Esplendente de su Rostro.

 

Hay otra manera de plantearlo: ¿Quién tiene sed de su Presencia? ¿Quién quiere gozar de su amistad? Es el deseo de recobrar esos momentos “sinodales” cuando Dios caminaba por el Jardín del Edén, "a la hora del fresco de la tarde" (Gn 3,8). Este momento íntimo solía ser aprovechado por Adán y Eva para entrar en Comunión con Él. Lo que afana al huésped es el anhelo de entrar en ese estado relacional de dialogo con su יְהוָ֥ה Señor.


La primera estrofa (vv. 6-7ab), alaba la Grandeza inconmensurable de Dios: Su Misericordia, su Fidelidad, su Justicia, la Justicia que imparte.

 

La segunda estrofa (vv. 8-9) Compara la Misericordia con un ave gigantesca cuyas alas pueden dar cobijo a toda la humanidad. No solo es vivienda y da posada, sino que es también el alimento y la bebida que nos nutre.

 

La tercera estrofa descubre dos rasgos del Dios-Anfitrión:

a)    Es מָקוֹר [makor] “fuente”, “manantial” vivo, o sea que mana constante de Él. Teológicamente hablando es “de donde mana la felicidad”: La garantía de que no se secará.

b)    Es Luz

A partir de esos dos rasgos descifra que:

a)    Es fuente de Misericordia

b)    Es Luz de Justicia para los que se esmeran en vivir la rectitud de la Justicia.

 

«Yo quiero vivir, y Tú eres la fuente de la vida. Cuanto más me acerque a ti, más vida tendré. La única verdadera fuente es la que viene de Ti, y la única manera de participar en ella es estar cerca de Ti. Déjame beber de esa fuente, déjame meter las manos en sus aguas para sentir su frescura, su pureza y su fuerza. Que las aguas vivas de ese Divino Manantial fluyan a través de mi alma y de mi cuerpo, y su corriente inunde el pozo de mi corazón. Olas de alegría en carne mortal.» (Carlos G. Vallés, s.j.)

 

Mt 13, 10-17

Jesús … usa las parábolas, que ni clavan ni dejan perder, ni acusan ni excusan, sino que simplemente, sin respeto y discreción proponen de tal modo que el que quiere comprender, cuando quiere, puede pedir explicaciones. El que no quiere, es libre de hacerlo. Pero siempre queda abierto para Él el resquicio.

Silvano Fausti

Cuando uno le habla a la gente “llamando al pan, pan; y, al vino, vino” y no aceptan darse por enterados, hay que hablarles de otra manera. No se les pueden decir las cosas directamente, entonces, hay que hacer un circunloquio para que la imagen literaria que se emplea les sea más accesible. Por ejemplo, recurriendo a “parábolas”.


Está perfectamente claro que, si uno no puede hacerle un pase directo al jugador co-equipero, habrá que imprimirle al balón una trayectoria no directa, sino “curvada”, y esta curva es lo que se denomina en geometría una parábola: En geometría, una parábola es “una curva abierta y simétrica que se obtiene al cortar un cono con un plano paralelo a su generatriz”. Olvidémoslo, eso no es importante, ni necesario. para el entendimiento de lo que queremos expresar, baste recordar aquello del pase-directo-imposible, pero hecho posible por medio de una trayectoria de curva parabólica. Gracias a la parábola, el Señor llegaba a los que no habían aceptado y recibido los μυστήρια [misteria] “misterios” del Reino de los Cielos”.

 

O sea que una parábola en el sentido lingüístico es una especie de “rodeo”, es una perífrasis para facilitar la comprensión de algo que parece complicado, comparándolo con algo fácil y cotidiano, que precisamente por ser algo usual, nos llega y nos ilumina muchísimo mejor.

 

¿Cómo dice el Señor que ellos no logran entender?

Dice que ellos:

a)    Miran sin ver y,

b)    Escuchan sin oír ni entender.

 

Aquí se nos presenta un meollo epistemológico, con la palabra “misterio”. Eso se debe a que, para nosotros, en el lenguaje corriente, “misterio” significa “enigma”, “algo prácticamente imposible de entender”, “arcano”, “inaccesible”. En cambio, para nosotros, esto quiere decir -en el lenguaje teológico- que nosotros lo hemos llegado a adquirir como “regalo de Dios”, no por esfuerzo intelectual, sino por Gracia. No es para nada “ocultación”, ni sigilo, sino algo que Dios nos “revela”. No es algo que se alcanza poniéndonos de puntillas, sino que la con la inteligencia con la que Dios nos dotó puede guardarla y atesorarla. Dios que es Luz (ver el salmo) no nos creó para mantenernos en tinieblas. ¡Él nos participa entendimiento con su Revelación!

 

Algunos estudiosos dicen que misterio es “el designio de Dios en la historia”. Nosotros preferimos verlo como la Presencia de Dios que se trasparenta para nosotros.


Aquí estamos en lo esencial de la epistemología de la fe: el conocimiento teológico es teologal: Dios mismo nos lo entrega, Él no se oculta, sino que se nos Presenta y se manifiesta. Lo más interesante es que nos otorgó la Iglesia, para que ella “personalmente” nos abriera a su Conocimiento. 

martes, 21 de julio de 2026

SANTA MARÍA MAGDALENA


                                                                                              A veces - las gafas para ver a Jesús son las lágrimas.

Papa Francisco

Cant 3, 1-4a

Así como para un hombre, es esencial la Presencia de su Amada, también para una mujer es fundamental que el hombre, al concluir su jornada laboral, fuera de casa, retorne a su hogar y la mujer cuente con la presencia de su amado.

 

La mujer que presenta el relato en el Cantar de los Cantares, llega a la angustia cuando -al caer la tarde- el Amado no llega al lecho nupcial. No podía quedarse en su tálamo vacío, así que sale en su búsqueda, y se encuentra a los שָׁמַר [shamar] “vigilantes”, “cuidando a ver si se oye algún ruido”, la palabra en hebreo alude más al que presta escucha -distinto a nuestro idioma donde el que guarda o vigila lo hace sobre todo “mirando atentamente”- en hebreo “vigila prioritariamente con el oído; que cumplen su ronda por las calles, hecho que la Amada aprovecha para inquirirles si lo han visto, si conocen su paradero.

 

Tan pronto pregunta a los “centinelas”, lo encuentra. ¡Ah! Qué dicha, qué descanso, ¡qué alegría! (Reconozcamos aquí el valor trascendental de la “búsqueda”), aquí el amor no es pasivo, no se queda esperando la llegada, tiene iniciativa, se anima y sale a buscar al “objeto” de su Amor.

 

En el poderoso paralelismo de Jesús el Novio y la Iglesia, en su rol de “Amada” nos muestra la pauta: nuestra vía va por la “búsqueda”, no basta una espera atenta, no se trata de mirar hacia lo alto y ver en qué momento cae el meteorito; es una búsqueda activa, salé -no se queda en casa resignada- pregunta, no tiene ambages en que todo el mundo vea su “interés”, no vacila; entonces, la búsqueda se ve “premiada” con el hallazgo. ¡No esconde ni se avergüenza de su Amor!


Al Amor no se conforma con la ausencia. El Amor busca sin tregua, hasta que encuentra.

 

Sal 63(62), 2.3-4.5-6.8-9

Este es un Salmo del Huésped de YHWH. El salmista canta un ruego para alojarse en la recámara de Dios-Su-Señor. Este salmo habla de un anhelo de comunicación profunda, intensiva con Dios. Habla de un dialogo de profunda comprensión, donde los más finos sentimientos de Ternura, tienden un puente de acercamiento, de intercompenetración. El orante se funde con su Señor.

 

De sus once versos se han tomado siete para configurar la perícopa, y con ellos se han organizado 4 estrofas:

 

Igual que en el Cantar de los Cantares, empieza enunciando la “sed” que experimenta y la compara con la sed que tiene la tierra en tiempos de sequía.


Y, se remite a una experiencia que ha tenido en el Santuario de darse cuenta que, la Gracia que proviene de Dios es más valiosa que la vida misma.

 

Las cosas fritas en grasa, por ejemplo, en manteca, son deliciosas, por ejemplo, un “gordito” asado, es un recreo para el paladar. En la tercera estrofa se refiere al contacto y la cercanía con Dios, comparándola con la dicha y goce de un paladar que se satisface comiendo “chicharrón”. Tal vez parezca muy prosaica la comparación, pero es una comparación “gourmet” para aquella cultura.

 

En la cuarta estrofa explica cómo es esa compenetración: el intenso amor a Dios por parte del salmista, que se siente cobijado por la protección de las Propias Alas de Dios y sostenido por la Mano-Poderosa, la Mano-Derecha-del-Señor.

 

Jn 20, 1.11-18

La Iglesia agradece por todas las manifestaciones del "genio" femenino que aparecieron a lo largo de la historia, en medio de todos los pueblos y naciones, gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad: agradece por todos los frutos de la santidad femenina.

Juan Pablo II

 

La resurrección, un “fenómeno” histórico, que, a falta de testigos o registros fílmicos, no podemos “historizar”- se constituye para los Discípulos en un proceso. Algo que se va produciendo en el corazón paulatinamente, y que sólo al cabo de su “digestión” -no en el estómago sino en el corazón- se asimila. Tal “asimilación” está muy lejos de ser una comprensión, es más bien una “experiencia” que alcanza nuestro ser, y se instala como “Columna Fundante” de nuestra existencia.


Para la Magdalena esta experiencia inicia cuando ella va a terminar de “enterrar” a su Amado Maestro, el Primer Día de la Semana (Domingo) después de su muerte. Ni siquiera ha “clareado”, la oscuridad sigue teniendo su dominio, en particular las sombras oscurecen su corazón sumiéndolo en tristeza. Hay dos ángeles, son dos testigos, porque lo que declaraba una mujer no tenía validez testimonial, a menos que hubiera, mínimo, dos testigos (hombres), que la avalaran. Los podemos asimilar con los Querubines de la Tapa del Arca del Sancta Sanctorum, el Arca de la Alianza.

 

Ella llora ante el no-hallazgo del Amado, cumpliendo la profecía del propio Jesús que en el Capítulo 16 de este mismo Evangelio, augura que lloraremos, pero nuestro llanto se trocará en dicha jubilosa y ya nadie podrá sustraérnosla (Cfr. 16, 22b-23a).

 

Ella lo confunde con el “hortelano”, y no está distante de la Verdad, porque Él es el Dueño y Señor del Huerto Primigenio, del Jardín del Edén. Cuando lo llama Rabbuni, le está diciendo “Esposo” (una de las acepciones de esta palabra aramea), y también le está diciendo “Maestro Supremo y Jefe del Sanedrín” (que son las otras acepciones, de las tres básicas que tiene Rabbuni).

 

En vez de afanarnos por atribuirle a Jesús amores a la manera humana de hombre-mujer -ahí estaríamos proyectando en Él nuestra propia imagen, y nuestras propias necesidades; y, lo más grave, bloqueando la comprensión del Amor de Dios que nos ama -ahí sí- como un ser humano ama a su Amada (retomando ese valioso paralelismo); entendamos que aquí se están dando las imágenes que nos retratan-a nosotros, fieles suyos- como Iglesia-esposa que adora a Jesús-Esposo.


Al iniciar la perícopa, la Magdalena busca un muerto para ungirlo con mirra; el terminar, Ella se hace Apóstola que proclama que ¡su Amado está Vivo! El paso a la calidad de Apóstol está condicionado por la experiencia-aceptación de la Resurrección: Porque lo que vamos a anunciar es precisamente que ¡ha Resucitado!

lunes, 20 de julio de 2026

Martes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Miq 7, 14-15. 18-20

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu שָׁ֫בֶט [shebet] “cayado” (cetro), al rebaño de tu heredad, que anda sólo en la espesura, en medio del bosque, por el כַּרְמֶ֑ל [Kermel] Carmelo…

Miq 7, 14

 

Ayer decíamos que el Libro del Profeta Miqueas se puede dividir -para su estudio en cuatro partes. Y anotábamos que la cuarte parte era la parte que se refería a la Restauración y prosperidad del pueblo 7, 8-20. Y, en particular, los versos del 18 al 20 nos hablan de Dios que perdona a su pueblo.

 

Como señalamos, el Libro, tal cual, llega hasta Miq 7,7; que es la parte que data del siglo VIII, cuando vivió el profeta. Tiempo después, a finales del siglo V e inicios del IV, se insertaron adiciones. Resultando de ello una relectura y re-copilación. En estas adiciones lo que se puede ver y destaca, es la Presencia de Dios siempre constante, Él está acaeciendo continuamente, su Misericordia no se apaga.

 

La de hoy, es una de esas adiciones, en la que refleja una “liturgia de la esperanza”, consignada como dialogo entre Dios e Israel.  El pueblo expone su esperanza y Dios le responde garantizándole su restauración.

 

En estos días hemos tenido Lecturas donde el símil (paralelismo) se establece entre Dios y, el cuidado que brindan los pastores. El texto de hoy, va en la misma tónica.  El pueblo clama que Dios sea su Pastor y Dios les permite divisar los prodigios que realizará y que maravillaran a otros pueblos.

 

Ha de notarse que los matices de estas “maravillas” que aquí se mencionan se concentran en “el perdón de los pecados”.

 

En los versos finales de la perícopa de hoy, se rescatan apartes de una hermosa oración de Dios que responde Amoroso y Misericordioso, conformada -como lo hemos dicho- por los versos 18-20: La respuesta de Dios -vocalizada por su profeta- inicia con una exclamación jubiloso: “¿Qué Dios hay como Tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del שְׁאֵרִית [Sheairith] ‘resto’ de tu heredad?”


Y lo confirma con un oráculo consolador: “Concederás a Jacob tu Fidelidad y a Abrahán tu Bondad, como lo juraste a nuestros padres desde los días de antaño”.

 

Sal 85(84), 2-4. 5-6. 7-8

San Irineo dice: “La gloria de Dios es el hombre vivo” y Mons. Romero (San romero de América) comenta: “El hombre vivo es el pobre de pie”.

Marcelo de Barros

Recientemente resaltábamos que este salmo es post-exilico y canta la Bondad Divina que se ha expresado usando como instrumento de sus Misericordias al rey Ciro, quien por inspiración Divina sintió el impulso de promover la reconstrucción de Jerusalén y del Templo y les permitió el regreso a su patria y les proporcionó recursos destinados a tal reconstrucción. En este salmo «… se siente el clima del cautiverio de Babilonia, por el lenguaje y por las imágenes» (Marcelo de Barros)

 

Se da una evidente analogía con nuestra situación: Vemos a Dios en incontables situaciones actuar a nuestro favor y atender a nuestras urgencias más inmediatas; pero, también vemos resurgir la maldad y la impiedad más crudas aquí y allá.

 

Muchos toman esto como que Dios sigue enojado y en su encono, multiplica nuestras desventuras. Por eso el salmista lo interroga preguntándole ¿hasta cuándo mantendrá activo su encono?


Pero, las dificultades que ellos registraron fueron las que se presentaron para reconstruir el Templo porque, en vez de un corazón agradecido, los que regresaron y los que encontraron allí, no tenían afán por el Templo, sino que era su bienestar y su comodidad lo que los preocupaba: así las cosas, eran los frutos puros del egoísmo los que se cosechaban. «Parece que después de cautiverio, hubo una decepción y de ahí la proyección para el futuro. El regreso a la tierra no acabó con el cautiverio del pueblo…» (Marcelo de Barros)

 

«La palabra “volver” articula el salmo todo. Del 5 al 8 el cuadro se construye en torno a la palabra “salvación”: v.5 “Dios de nuestra Salvación” y v.8 “que sea dada tu Salvación”. Se percibe que esta palabra hace el cimiento de esta construcción. … La gloria de Dios no viene del anuncio verbal sino del hecho concreto de la salvación. Leyendo este salmo, en las dificultades del post-exilio, el v. 13 recibe gran vigor: volver a la tierra no es todo, sino coger los frutos de la tierra» (Marcelo de Barros). La estructura del salmo es clara y lógica: Primero se recuerda cómo Dios fue Misericordioso en el pasado. Luego el ruego de que Dios los conduzca en el “regreso”. Y se concluye con las promesas de Dios que son su respuesta, ofrecimientos de volverlos a beneficiar.

 

Mt 12, 46-50

El gran destino del hombre es llegar a ser madre del Señor: dar cuerpo al Hijo de Dios, hasta su estatura plena.

Silvano Fausti

 

Mientras Jesús le hablaba a la gente que se agolpaba en torno a Él, se presentan la madre de Jesús y sus parientes. Y, alguien vino a avisarle que su parentela se hallaba a la puerta y querían hablar con Él.


 

Ala persona que le trajo la razón, Jesús le contesta con una pregunta, una pregunta que puede sonar extraña: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

 

Meditemos sobre este interrogante. ¿No son, acaso, los parientes los que la sangre y el ADN establecen? ¿No es un hacho dado que el parentesco está establecido? …

 

Sin embargo, cuando uno va a tomar espos@, ese parentesco no tiene que ver nada con lo que la trasmisión hereditaria establece. Se llega a ser “pariente”, y en grado sumo, por una opción. ¡No es un vínculo sanguíneo, por cierto!

 

¿Cuál es la opción que nos une en parentesco como miembros de la familia cristiana? Es un compromiso, así lo declara Jesús, es la opción por los Mandatos Divinos. La coherencia con la “Voluntad del Padre Celestial”. No se llega a pertenecer a esta familia de fe, si no se guarda la “voluntad de Dios”.


Nosotros tenemos carta blanca porque hemos sido invitados a estar dentro, sentados a su alrededor, escuchándolo; no obstante, no faltarán los que muy voluntariamente (voluntariosamente) hayan escogido quedarse por fuera. ¡A veces no basta haber sido invitado, si nosotros, desechamos la invitación! Aquí se constata que la “madre y los hermanos” estaban afuera; deberían haber estado adentro, escuchando cuál era la Voluntad del Padre Celestial.

 

¿Dónde estamos nosotros, adentro o afuera?

domingo, 19 de julio de 2026

Lunes de la Décima Sexta Semana del tiempo Ordinario

 

Miq 6, 1-4. 6-8

En la casa de los malvados hay riquezas mal habidas.

Miq 6, 10

Empecemos dando un marco contextual: Miqueas es un profeta pre-exilico: El profeta Miqueas ejerció su ministerio durante la segunda mitad del siglo VIII a. C. -estamos hablando de período comprendido entre el 750 y el 700 a. C. aproximadamente- es decir, un profeta contemporáneo de Isaías, Oseas y Amós. Su época abarcó los reinados de tres de los reyes de Judá: Jotán, Acaz y Ezequías.

 

Podemos, para su estudio, dividir el Libro de este profeta en cuatro partes:

      i.        Proceso a Israel del 1,2 - 3,12

     ii.        Promesas a Sion 4,1 – 5,14

    iii.        Otro enjuiciamiento de Israel 6,1- 7,7

   iv.        Restauración y prosperidad del pueblo 7, 8-20

 

La perícopa de hoy está dada dentro de una atmósfera de tribunal, en ámbito forense. Con el lenguaje propio de los juicios de Israel. Los accidentes de la naturaleza, en particular las montañas, son convocadas en calidad de testigos. YHWH es el Juez. El reo es el pueblo, a quien el Señor interroga: “Pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿En qué te he molestado?

 

Se presentan los “cargos”: viene una recriminación doble:

1)    Yo te saque de Egipto y te libre de la servidumbre

2)    Yo te envié a Moisés, Aarón y María.

 

El pueblo reflexiona y en su interior se interroga, que sacrificios le serán útiles para apacentar al Señor:

a)    Terneros de un año

b)    Mil bueyes

c)    Miríadas de ríos de aceite

d)    Sus propios hijos

Se nota que le quieren ofrecer al Señor de los mismos tesoros que ellos le esquilman al pueblo, lo que se traduce en compartirle los frutos de su explotación, para hacerlo su cómplice, manchando al Señor con su iniquidad.

 

Y Dios le replica que ya se lo ha hecho saber una y mil veces: ¡Nada de eso le agrada ni les pide Dios! ¡Lo que Dios está pidiendo no es que lo asocien en su empresa de latrocinio! Dios les ha dicho, insistentemente, lo que le agrada:

      I.        La práctica del derecho

    II.        El amor a la bondad; y,

   III.        וְהַצְנֵ֥עַ לֶ֖כֶת עִם־אֱלֹהֶֽיךָ [wejasnea leket im Elojeka] Caminar humildemente con su Dios.

 

En este caso Dios está nombrado con la palabra hebrea Elojim que se puede entender, y aún más en el contexto jurídico, como “Magistrado Supremo”, “Juez de Jueces”, “La más alta Autoridad Judicial”.


En los versos 9-12, que son los que siguen a nuestra Lectura de hoy, se presentan con toda nitidez los cargos:

1)    La violencia inusitada de los ricos

2)    Las mentiras que la gente desparrama

3)    La alteración de los pesos y medidas para estafar al pueblo

4)    La idolatría que sigue el mal-ejemplo de los pueblos del norte; calificándolos de opresores, mentirosos y engañadores: Establecedores de la injusticia social.

 

Sal 50(49), 5-6. 8-9. 16bc-17. 21 y 23

Y, lo peor, Señor, es que a veces pongo precisamente todo el cuidado en los ritos de la liturgia porque he sido negligente en la observancia de tus preceptos. Me fijo en los detalles de tus ceremonias para compensar el haberme olvidado de mi hermano. Me afano en el culto porque he fallado en la caridad. Y me temo que no te hace mucha gracia esa clase de culto.

Carlos G. Vallés, s.j.

Este salmo es un salmo de la Alianza. La Alianza se pactaba y se refrendaba con sacrificios. Pero la sinceridad del sacrificio tiene que ser avalada con la pureza del corazón de quine la ofrece. ¿De qué puede servir el derramamiento de sangre de los animales ofrendados si en nuestro corazón no hay contrición acompañada de la firme resolución de cuidar al prójimo y sembrar todo el bien a nuestro alcance?

 

La Alianza tiene doble faz: de una parte, consiste en recordarla y ser capaces de recitarla, pero del otro lado está nuestro desvelo en su implementación. Que sea verdad cunado pedimos que venga su Reino, lo que significa poner todo de parte nuestra para que su Voluntad se cumpla en la tierra, así como se cumple exactamente y sin ninguna desviación en el Cielo.

 

Cuando se presenta una oración, decimos: Señor, sabemos que eres Omnisciente y que todo lo sabes, que nada se te escapa. Pero, como nos señaló el profeta Miqueas en la perícopa de hoy: Dios no acepta que tratemos de mancharle sus Purísimas Manos, haciéndolo partícipe de nuestras ganancias mal habidas. Se nos ha vuelto una manía tratar de que el otro se vuelva cómplice nuestro, aceptando las “mordidas” que le ofrecemos. Dios no cohonesta con el pícaro. No se hace encubridor interesado de fechorías. Ha de saberse que su Manto no tiene bolsillos y en su casa no hay caja de caudales ni bóvedas blindadas.


¿Cuántas veces mi culto ha pretendido sobornar a Dios?

 

No pensemos que Dios sufre de avaricia y que esta podría corromperlo. El prefijo “co” en la palabra corrupción supone que es cierto que “todos tenemos un precio” y que, llegado a su límite de honestidad, se subirá al mismo bus de los inmorales. El colmo de este cinismo es medir a Dios con la misma medida con la que se mide a los “impíos”. A estos cínicos Dios les dice, antes de que abran sus pícaros labios: “No aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños”.

 

«Lo reconozco, Señor; con frecuencia me he portado mal con mis hermanos; y ¿qué valor pueden tener mis sacrificios cuando he herido a mi hermano antes de llegarme a tu Altar? Gracias por decírmelo, Señor; gracias por abrirme los ojos y recordarme cuál es el verdadero sacrificio que quieres de mí. Nada de toros o machos cabríos, de sangre o ritualismo, sino amor y servicio, rectitud y entrega, justicia y honradez. Servirte a Ti en mi hermano antes de adorarte en tu Altar».  (Carlos G. Vallés, s.j.)

 

Mt 12. 38-42

Podemos conservar la esperanza y la paz interior, porque poseemos la profunda certeza de que hemos nacido para la Pascua, para la Pascua eterna.

Dom Helder Câmara

Vienen los escribas y los fariseos a pedirle a Jesús un σημεῖον [semeion] “signo”. Y Jesús no se los niega, les ofrece un signo especifico, el signo de Jonás: Un hombre que estuvo muerto tres días en el vientre de un cetáceo, y después, fue devuelto a la vida.


Jesús califica a esta gente que se le presenta con tal reclamo como Γενεὰ πονηρὰ καὶ μοιχαλὶς [genea ponera kai moichalis] nos atrevemos a traducir Γενεὰ [genea] no por generación, como siempre se ha hecho, sino por “ralea”, “casta”, “linaje”, porque en este caso lo que significa es una agrupación de gentes con un denominador común, que verdaderamente denigra de lo que es la “persona humana”. Estos tales, ¡son una vergüenza, a la vez que una tristeza! Son los carentes de fe.

 

Si no aceptamos a Jesús quiere decir que no aceptamos los dulces dones de Dios -que por ser Dones Divinos se llaman teologales- es como tener un rayo destructor desintegrador para aniquilar la “piedra angular”. ¡Sin “piedra angular” no hay edificio alguno! El único acceso a la trascendencia es la aceptación por “fe” del Hijo. ¿Cuál sería el rayo desintegrador? ¡El signo probatorio! Así es, si tenemos un signo que nos prueba que Jesús es el Hijo de Dios, se habrá acabado para siempre la opción de creer por fe. ¡Es mejor que no tengamos ningún signo y que Jesús no haya entrado en ese Juego! “¡Dichosos los que creen sin haber visto!” (Jn 20, 29cd)

 

Este punto del signo de Jonás no es simplemente una “especie de castigo” para escribas y fariseos. «La señal de Jonás… ¿Significa que Jesús estuviera anunciando su enterramiento? Significa, sobre todo, que anuncia su resurrección. ¡Qué razón tiene San Pablo!

 

El viernes santo podía haber significado el fracaso total de Cristo. Había predicado como nadie lo había hecho jamás. Había dado ejemplo. A su paso se habían arremolinado las multitudes. Su mirada, su sonrisa y su presencia había conmovido a la gente. Había hecho milagros… Y de pronto, ahí está, cargado con una cruz y clavado después sobre ella, como uno de tantos seres débiles…» (Dom Helder Câmara)

 

Realmente anunciar que algún día vamos a morir, es una profecía, pero, ¡valiente profecía! La verdadera profecía es el Anuncio de la resurrección. Y, sin embargo, a la resurrección tampoco tenemos acceso con alguna “prueba”. No hay ningún signo que la demuestre. ¡La tumba vacía no prueba nada!

 

Necesitamos la fe para poder ingresar al territorio de lo trascendente. La cuestión del “signo” que se le pide al Señor no es de poca monta. Hoy mismo seguimos rodeados de empiristas obcecados con “la prueba”. ¡Y no recibirán ninguna!

 

Volvamos a Dom Helder Câmara: «Pero Cristo resucitó. Yo no lo dudo en absoluto. Miles y miles de mártires han dado su vida por anunciar la resurrección de Cristo.

Por eso, en los momentos más críticos, más angustiosos, nosotros, los cristianos, no tenemos derecho a olvidar que no hemos nacido para la muerte, sino para la vida».