miércoles, 1 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 7, 10-17

Condenar al profeta al destierro

Esa es la función del carisma profético: desenmascarar, desengañar, iluminar la verdad.

Luis Alonso Schökel/Gustavo Gutiérrez

 

Ayer hablábamos sobre la estructura del Libro del profeta Amós, y decíamos que podía dividirse, para su estudio en cuatro secciones, y mencionamos las dos primeras que contiene oráculos, respectivamente contra las “naciones, y contra el propio reino del norte. Nombramos esas dos, porque ahí íbamos. Hoy vamos a pasar a la tercera sección, la de las “visiones” que abarca del 7,9 – 9,10.

 

El antagonista de la perícopa es Jeroboam II desde el 783 a.C. hasta el 743 a. C. Vemos aquí al sacerdote de Betel, Amasias, en connivencia con el rey, se trata -y lo hemos visto en el Nuevo testamento- cómo se alían los que gobiernan desde el Templo con los que gobiernan desde palacio, para defender sus intereses, azuzando tanto los unos como los otros contra el “enemigo” común, el profeta.

 

Jeroboam había establecido dos santuarios: uno en Betel y el otro en Dan, puestos simétricamente en el reino del norte, como polaridades en los límites norte y sur de sus dominios. “Jeroboam, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén, aquí está tu Elohim Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto», y puso uno en Betel, y el otro en Dan”.

 

¿Cómo incomodaba Amós a Amasias (el noveno rey de Judá)? Pues que Amós se había radicado en Betel a ejercer su profetismo. Le estaba pisando la “manguera”.  El problema es, evidentemente, un tema jurisdiccional.  Pero el profeta está encargado de entregar un mensaje, no a los templos, ni al rey, tampoco al sacerdote. Este mensaje está destinado a la grey de Dios: “ustedes serán mi pueblo”. La Boca de Dios no puede coserse, su Derecho a pronunciarla respalda al profeta.

 

Dado que el rey toma partido a favor de su “empleado” el sacerdote, Dios le envía una sentencia a Jeroboam:

­       Su mujer sería deshonrada

­       Sus hijas morirían pasadas a espada

­       Sus tierras serían medidas a cuerda para hacer minifundios entregados a labradores

­       El propio rey, sería muerto por la espada en tierra de paganos.

­       Los israelitas serían llevados en cautividad lejos de su tierra.

 

Que es lo que hace Amasias, procura desterrar al profeta, enviándolo de vuelta a su casa. No sabemos si Amós se fue, pero lo que consta en la perícopa es que el sacerdote exilia al profeta.

 

Amos por su parte le dice que él no posa de profeta ni pretende venir en nombre de ningún gremio profético, lo que dice lo dice porque Dios se lo inculca, fue el propio Dios quien tomo a este pastor (es interesante que Dios siempre llama a sus “líderes y vicarios” -así lo hizo con Moisés, también con David- del sector pastoril, gente entrenada en el cuidado de una grey”, ciertamente la labor que se les va a encomendar está emparentada con la cuidadosa atención que se le da al “rebaño”) y picador de sicomoros y le enraizó en el corazón los mensajes proféticos. Y le revela su triste destino al rey. Para eso sirven los funcionarios, como el sacerdote, para llevarle a su “jefe” los recados de Dios.

 


Cuando los pastores se vuelven contra sus ovejas, el Señor pone al Profeta, para llamarlos al orden, a ver si reaccionan. Muchas veces la voz de los profetas se ha hecho responsable de la defensa del oprimido porque Dios -como un León- ruge en su defensa. El profeta solo es la caja de resonancia que amplifica y hace audible el Rugido.

 

Sal 19(18), 8. 9.10.11

El salmo de hoy es un himno. La nuestra es una religión capaz de recibir una Constitución que encarrile nuestras relaciones interpersonales para que podamos funcionar como comunidad. Nuestro credo no mira hacia el sol -al que sólo fetichistamente podemos nombrarlo fuente de vida- sino a un Dios que Crea y que organiza armonizando.

 

La ley, empieza diciendo la perícopa de hoy, es perfecta y en ella el alma encuentra su entera comodidad. Como una almohada comodísima, como el más muelle colchón. Esa misma Ley es “fiel”, porque la Ley Divina no está para acomodos o manipulaciones, y da sabiduría al que no sabe mucho, al que no ha hecho estudios de derecho, al que no se pretende “profeta” dueño de sabiduría pontifical.

 

Las leyes del Señor, se nos dice en la segunda estrofa, no son sesgadas ni trocables, no son acomodables al interés mezquino, su rectitud es incuestionable, cualquiera que las sigue encuentra dicha y buenaventura en ellas. Es tan diáfana como un clarísimo hilo de luz.


En el verso 10 hay una palabra un tanto enigmática a la vez que problemática, es יִרְאָה [yirá] que se puede traducir perfectamente como “temor”, pero a la que cabe también traducirla por “reverencia”, e inclusive por “piedad”. Ensayemos con esta última, el verso quedaría así: «La piedad presentada al Señor es pura y eternamente estable; los veredictos del Señor son “Verdad” y son “Justica” en plenitud”». ¡Qué es la piedad? La piedad es un cariño delicado por aquello que es Santo, es un amor que brota desde el mismo centro del corazón. ¿Qué sería lo tan amado aquí? Los Veredictos, la Legislación Divina.

 

La verdad que se anida en la Ley de Dios es -si la comparamos por su valía- más valiosa que el oro de mayor quilataje; pero si lo que comparamos es su dulzura, aventaja de lejos a la miel, de un panal rebosante que chorrea.

 

La antífona se recrea mirando los dos rasgos esenciales de los Mandamientos: Verdad y Justicia incuestionables.

 

Mt 9, 1-8

No el Don, sino el perdón

En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Rm 5, 6-8


 

“¡Ánimo, hijo! tus pecados te son perdonados” Más de uno cae en el desconcierto, ¿qué le pasa a Jesús? ¿No ve que el pobre está paralitico? ¡Pero si es evidente!

 

¡Sí, esta es la lógica que estamos habituados a usar! Ver y concluir. A nosotros nos parece por lo menos raro que Jesús les pregunte a muchos de sus pacientes: “¿Qué quieres que haga por ti?

 

Queremos darle a alguien lo que nos suponemos que quiere o que necesita… Porque nos parece muy “lógico”. Esa lógica nos parece de puro “sentido común”. Un ciego, necesita la vista; un muerto, ser resucitado; un endemoniado, un exorcismo, a uno con jaqueca, un acetaminofén, y así podríamos continuar.

 

Pero nos cabe preguntarnos: ¿Qué podría hacer un paralitico al que se le concediera la movilidad plena y su amplia autonomía, pero siguiera estando empecatado? ¿de qué le serviría?

 

Muchas veces pensamos que sanar de una deficiencia física, o superar un problema de salud, o salir de un vicio, ya es todo. Y creemos -a fe viva- que no hay nada más que pueda ser urgente. Es la lógica del inmediatismo. Sin entender que para alguien que está perdido, lo más urgente es un mapa y una brújula; y para el que está enviciado, un sentido de vida y un reconocimiento claro de su valía como persona, van primero y sin ellos no hay vida ni futuro.

 

O sea, que esa “lógica”, tan clara, tan fuerte y poderosa, tan sólidamente cimentada: está errada. Por ahí no se llega a parte alguna.

 

Cuando Jesús libera del pecado, está “redimiendo” al que estaba cautivo, al que el Maligno sostenía amarrado por sus cuatro extremidades, y con una cadena adicional a la cintura, para garantizar su condición de alienación. Se llama “alienación” porque significa que no es dueño de sí, que fue secuestrado por las seducciones del Patas, que para que re-encuentre sentido, alguien tiene que venir y pagar el rescate.

 

Pero todas estas cosas se nos escapan, nuestro “sentido común” no lo ve, nuestros apetitos y anhelos van por otro lado: el tener, el aparentar, el poderío…

 

A Jesús lo designamos “Salvador” porque Él va directo a negociar nuestra liberación, y no se detiene “dando” algo, ¡lo da todo! Paga el rescate con el precio de Su Preciosísima Sangre.


Esta frase la hemos oído cientos de veces y nos parece la promesa básica para promover algún producto, pero, si no reconocemos nuestra valía, no podemos captar que Alguien, el Mismísimo Dios- se haya sacrificado por nosotros. ¡No es un regalo cualquiera, es el súper-regalo!

martes, 30 de junio de 2026

Miércoles de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

 

Am 5, 14-15. 21-24

עמוס  Amos, este nombre significa “el que lleva la carga”, o sea, “el que tenía toda la responsabilidad del anuncio y la denuncia” -es el primer profeta que deja sus anuncios por escrito. Era oriundo de Tecoa, una aldea cercana a Belén. Cultivó variedad de géneros proféticos: a) narraciones b) oráculos c) ayes d) doxologías e) visiones. Podríamos intentar dar un perfil de su personalidad precisando algunos rasgos que hemos encontrado leyendo su profética:

a)    Le gusta la vida sencilla

b)    Deplora el lujo que se presenta en las grandes ciudades

c)    Su personalidad reclama aires de independencia a través de la búsqueda de una libertad guiada por Dios

d)    Su manera de expresarse está llena de viveza y energía

e)    Lo embarga el arrobamiento contemplativo ante la Magnificencia del Señor.

 

Proviniendo del reino del sur, no obstante, va a profetizar en el reino del norte en tiempos de Jeroboam II, cuyo reinado se extendió del 787 al 747 a. C.; Amós profetizó durante un largo periodo, del 783 al 743 a.C.

 

Cabe anotar que «El reinado de Jeroboam II fue prospero económicamente para algunos sectores, pero funesto para los pobres». A continuación, seguiremos a Ivo Storniolo y Martins Balancin en la enumeración de los ejes de denuncia de este profeta:

 

i)      Los más poderosos se adueñaban de las tierras de los pobres.

ii)     Denuncia la vida corrompida que se daba en las ciudades, y esto lo hace en el Nombre de Dios.

iii)   Habla de un pequeño שְׁאֵרִ֥ית [sheerith] “resto”, lo cual abre un resquicio de esperanza.

iv)   Anunciaba que el Juicio de Dios llegaría tanto al pueblo escogido como a las naciones del paganismo

v)    Denunciaba con nombre y apellido la injusticia social

vi)   Los ricos acumulaban y acaparaban propiedades para vivir en palacios

vii)  Las mujeres azuzaban a sus maridos para intensificar la explotación

viii) Acudían a sus santuarios a pagar diezmos y ofrendas para acallar su consciencia

ix)   Los jueces daban fallos favorables al mejor postor

x)    Los comerciantes corrompidos ahogaban las oportunidades de compra y vente a precio justo.

 

La perícopa que se proclama hoy proviene del bloque 3,1 – 6,14 que presenta una serie de amonestaciones y amenazas que recaen sobre Israel.

 

Nos parece que el meollo de nuestra cita está en el מִשְׁפָּ֑ט [mispat] “derecho” y la צְדָקָה [tsedaqah] “justicia” que deben correr con la libertad con la que corren los ríos (el agua, el arroyo perenne).

 

Para eso hay que buscar el bien y no el mal. Amar el bien y odiar el mal. Luego declara que Él aborrece y rechaza las celebraciones que hacen ellos acompañándolas de sacrificios, así sea de toros muy engordados. Y deplora las “asambleas” a las que ellos concurren. Se choca con sus cánticos bullangueros y con el ruido fragoroso de sus instrumentos musicales. Eso no lo halaga.

Lo que anhela en nosotros es que “instauremos el derecho en el tribunal”.  Juicios rectos y honestos.

 

Sal 50(49), 7. 8-9. 10-11. 12-13. 16bc-17

Y lo peor, Señor, es que a veces pongo precisamente todo el cuidado en los ritos de la liturgia porque he sido negligente en la observancia de tus Preceptos. Me fijo en los detalles de tus ceremonias para compensar el haberme olvidado de mi hermano. Me afano en el culto porque he fallado en la caridad. Y me temo que no te hace mucha gracia esa clase de culto.

Carlos G. Vallés s.j.

Este es un salmo de la Alianza. La Biblia registra siete Alianzas entre Dios y la humanidad:

1.    Con Adán

2.    Con Noé a quien Dios prometió no volver a castigar con un diluvio; se sella con el arco iris.

3.    Con Abraham, en la que Dios le promete una tierra y una gran descendencia se sella con la circuncisión.

4.    La que pactó con Moisés en el Sinaí: Dios le entrega el Decálogo a Israel y les promete Su Protección

5.    Sellada con David: garantiza la perpetuidad de su linaje, el Mesías será de la Casa de David.

6.    La ley ya no estaría grabada en piedra sino en los corazones.

7.    La Nueva Alianza Pactada en Jesucristo: sellada mediante el sacrificio del Cordero Redentor.


La Alianza se refrendaba porque el pueblo es olvidadizo. Primero se estableció ratificarla cada siete años, pero dado que la amnesia de este pueblo era un mal tan extremadamente crónico, se optó por refrendarla anualmente en la fiesta de las Enramadas (Sucot). se centra principalmente en la ceremonia del התנך [Hakhel] “Reunión” con la lectura solemne de la Torá, un mandamiento bíblico que ordena congregar a todo el pueblo de Israel —hombres, mujeres, niños y extranjeros-, consistía en una ceremonia solemne donde el rey de Israel leía pasajes específicos de la Torá desde una plataforma en el Monte del Templo. El propósito principal era renovar el compromiso del pueblo con Dios y fortalecer la identidad y los valores de la nación, que aluden a la fe, el temor.

 

Si se desconecta el vaso comunicante que conecta el Amor a Dios con el Amor al prójimo, toda le presión se escapa, se fuga, y esa Alianza ya no moviliza nada, se vuelve vana.

 

«Lo reconozco, Señor; con frecuencia me he portado mal con mis hermanos; ¿y qué valor pueden tener mis sacrificios cuando he herido a mi hermano antes de llegarme a tu Altar? Gracias por decírmelo, Señor, gracias por abrirme los ojos y recordarme cual es el verdadero sacrificio que quieres de mí. Nada de toros o machos cabríos, de sangre o ritualismo, sino amor y servicio, rectitud y entrega, justicia y honradez. Servirte a Ti en mi hermano antes de adorarte en tu altar». (Carlos G. Vallés s.j.)

 

En la Oración Post-Comunión diremos: “… te pedimos señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos”.

 

Mt 8, 28-34

La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado.

Magnifica humanitas #237

En esta perícopa podemos distinguir tres momentos diversos:

1)    Jesús encuentra a su paso unos “endemoniados” (vv. 28-29)

2)    Los demonios ruegan ser liberados de esta condición y eligen volverse “cerdos” (vv. 30-32)

3)    Los criadores de cerdos -que ven afectados sus intereses- expulsan a Jesús de “su territorio” (vv. 33-34)

Los que están “endemoniados” tienen especial desprecio y rechazo contra las cosas de Dios. Contra Él, despliegan una ira ciega y una rabia demencial. Por eso le preguntan a Jesús -muy despectivamente- si ya va a empezar a ejercer su Reinado y se les acabó el cuarto de hora a los esbirros del perverso; de ser así, van a empezar a βασανίσαι [vasanizai] “padecer su tortura”. Para el poseído del Maligno, la Presencia del Santo-de-Dios es un Βασανισμός [vasanismos] “Tormento”, “tortura”, “confesión obtenida por medio de torturas”.

 

Uno se pregunta: ¿Por qué habitan entre tumbas? Evidentemente, el que se hace sirviente del Malo está “muerto”, es una especie de zombi esclavizado por la maldad. Esta situación no es para nada agradable, entendemos por eso que estos endemoniados prefieran vivir en los marranos antes que habitar cuerpos traídos de la muerte solo para tener que servirle a la maldad como instrumento.

 

“Es necesario abandonar una visión del hombre individualista y técnica, como si la realidad fuera solamente materia para modelar con base en intereses egoístas, tanto individuales como de grupo”.

Benedicto XVI

 

Examinemos ¿por qué los Gadarenos le rogaron que se fuera de aquella ciudad Decapolitana? Para entender esta reacción, les proponemos recordar dos incidentes que se relatan en el Libro de los hechos de los Apóstoles:  

 

El primer incidente esta en 16, 16-24 leemos que cuando Pablo y Silas iban a orar, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un "espíritu de adivinación" (espíritu pitón). Aunque ella gritaba que ellos eran siervos del Dios Altísimo, Pablo se sintió perturbado por su acoso constante y reprendió al espíritu en el nombre de Jesucristo, liberándola inmediatamente de su condición. La joven trabajaba para unos amos que se lucraban explotando sus habilidades adivinatorias. Al ver que su fuente de ingresos había desaparecido, los amos enfurecidos arrastraron a Pablo y a Silas ante los jueces. Fueron -por ese motivo acusados y los azotaron con varas y los encarcelaron.

 

El segundo está relatado en el cap. 19, 23-41 se nos informa lo que ocurrió en la ciudad de Éfeso, donde los artesanos, liderados por un platero, de nombre Demetrio, fabricaban pequeños templos y estatuillas de plata en honor a la diosa Diana -la Artemisa de los griegos- la predicación del apóstol Pablo, persuadía a la gente que los dioses hechos por manos humanas no eran verdaderos dioses, lo que provocó que el negocio de estos artesanos decayera, amenazando sus ingresos y el prestigio del templo de la diosa “y así será despreciada la grandeza de una diosa que es adorada en toda la provincia de Asia y en el mundo entero” (Hch 19, 27) En consecuencia, a Pablo le tocó abandonar a Éfeso y se fue a Macedonia

 

Lo que sucedió en Gadara, ubicada al sureste del Mar de Galilea, -que actualmente se llama Umm Qais- una de las diez ciudades que formaban la Decápolis, afectaba hondamente la billetera de estos ganaderos porcinos que tuvieron la -para nada insignificante perdida- de una piara entera. La palabra Gadara significa “fortificación”. La Decápolis era zona de la gentilidad y debemos recordar que Mateo les habla a judeo-cristianos que mantenían en mente la idea del cerdo como animal altamente “impuro”; mientras que, para los gentiles, era simplemente, otro animal comestible.

 

Vamos a detenernos en este concepto de “impureza” por un momento. Recordemos que, en el judaísmo, existen las reglas del Kashrut, fijadas en el Levítico que estipulan que para que un animal terrestre sea puro (kosher), debe cumplir dos condiciones obligatorias: tener la pezuña hendida y ser rumiante. El cerdo cumple la primera, pero incumple la segunda, ergo el cerdo no es kosher. Quitar estos impuros del camino era -desde la perspectiva judía- un acto de purificación.

 

En el verso 29, los endemoniados le preguntan a Jesús: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a nosotros y a ti?”. Lo que nos trae a la mente otra pregunta de este tipo que le hizo Jesús a María en la Bodas de Caná: Τί ἡμῖν καὶ σοί [ti emin kai soi] “¿Qué a mí y a ti?” En ambos casos la pregunta se refiere a ¿qué factor en común hay entre el uno y el otro que los conecte y haga que la situación ataña a las dos partes? (¿Nosotros probablemente diríamos “Y nosotros que tenemos que ver con eso?”. En el caso de las Bodas de Caná podríamos parafrasear la pregunta diciendo: “¿Qué parentesco tenemos con estos recién casados que suponga que haya de hacer algo especial por ellos?” En la pregunta de los endemoniados también podríamos entenderla como: “Si vienes a visitarnos será que tenemos algo en común. ¿Acaso somos amigos, y a eso debemos tu vista?”

 

Cuando los endemoniados dicen que Jesús ha venido antes de tiempo se podría entender que quieren decir:

-O bien que, si Jesús ha venido es porque ya llegó el Mesías.

-O bien que, si Jesús llega es porque ya llegó el fin de los tiempos, momento en el cual los Demonios serían definitivamente arrojados al Infierno.

En ambos casos a estos endemoniados les parece que su Presencia es “prematura”.


En cualquier caso, la dignidad humana, dignidad que Dios ha entregado a todos los seres humanos, es una dignidad inherente a su Magnifica Humanidad y para salvaguardarla es necesario liberarlos de la posesión demoniaca. «Cultivemos en cambio lo que el Papa Francisco ha definido como un “antropocentrismo situado”, que reconoce al ser humano como criatura inserta en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación. La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la técnica (en aquel momento era la técnica de la crianza de cerdos, hoy en día son los desafíos de la IA), en un camino de sabiduría, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de nuestra Casa común». (Magnifica humanitas #237)

lunes, 29 de junio de 2026

Martes de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario


Am 3, 1-8; 4, 11-12

Dios tiene al profeta para pasarnos preaviso

Al analizar la obra de Amós, los exegetas encuentran cuatro piezas, cuatro fragmentos bien definidos: en la primera, que abarca desde 1,3 – 2,16 el profeta pronuncia oráculos contra los pueblos extranjeros. En la segunda parte que se extiende desde 3,1 – 6,14 se proclaman los oráculos contra el propio Israel.

 

Podríamos entender la perícopa de hoy como una especie de glosa al significado de la Alianza. Dios en su Munificencia, ha querido suscribir con nosotros una Alianza. La Alianza está en el corazón de la revelación. Nos ha brindado con amplitud su Amistad. Sin merecimiento ha querido vernos como “hijos”, así hemos gozado de Su Mirada Preferencial. Cabe muy bien preguntarnos si hemos correspondido a Su Magnanimidad: ¿Hemos cumplido la parte que nos toca en aquella Dulcísima frase: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo”? (Cfr. Ex 6, 7)

 

Dios ha “elegido” de todas las “familias” de la tierra a la familia de Israel. La elección no es un deber de Dios, la elección es Gracia, es pura Gracia. Como sucede con altísima frecuencia, el elegido empieza a abusar de su elección y poco a poco entre en la esfera de considerar que el amor preferencia-Paternal es algo que el Papá le adeuda y que tiene que actuar así y no puede ser de otra manera. Allí aflora un riesgo enorme, considerar que el Amor es una obligación, dar por supuesta una obligación de ser amado, perder de vista su Gratuidad, y pensar que se puede exigir. Un pensamiento del calibre de “Mi Papá opto por heredármelo a mí, los otros ‘que miren el chispero´” lo que se podría traducir como que caigan en la cuenta que se quedaron con las manos vacías. Podríamos ir un paso más allá y recordar otro aforismo que reza “a un gran privilegio corresponde una gran responsabilidad” que no es otra cosa que la enseñanza de Jesús que San Lucas nos trasmite "Al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirá" (Lc 12, 48). Si se deja de lado este sentido de responsabilidad, cabría entender que, equivale a haber rechazado el “don”. No se puede reposar en la negligencia cuando se ha recibido un “don”, la elección implica un sentido de “hacerla “útil” como contrapartida de la “elección”. Dicho de otra manera, uno no es adoptado como hijo, para la pura vanidad de lucir el “apellido”.

 

El encono de Dios ante la ingratitud es como una especie de rugido que nos reclama en Su Pecho: “¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?” (Cfr. Lc 17, 17-19)

 

Hay una voz de denuncia en los profetas que mucho incomoda a los impíos. La función del profeta es también la denuncia, porque cuando Dios “ruge” en el corazón del profeta, qué más puede hacer el profeta sino traducir el rugido en palabras humanas. Amós capta en su ser los ecos de la Voz de Dios: cada causa conlleva sus consecuencias y la serie de las consecuencias no se dan sin que existan sus precedentes causales, así mismo es el habla de Amós, si dice algo es porque Dios retumba en el ser de Amós, y cuando Amós oye el Rugido, ¿podría acallarlo en sí y ahogarlo?

 

¿Y qué es lo que Ruge la Voz del Señor en el pecho de Amós? Que Él los eligió, hizo de las Doce Tribus su rebaño elegido y preferido, los libró de la cautividad donde eran explotados: “Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Yo soy el SEÑOR su Dios y ustedes sabrán que fui yo quien los rescató de la opresión de los egipcios”; por eso, ahora les pide cuentas. Les había otorgado la herencia de la libertad para que pudieran “libremente” elegir honrar a su Dios-Libertador, pero decepcionaron al Señor, y correspondieron a sus ternezas con indiferencia y traición.


¿Le dicta Dios algo más a Amós? Sí, que, así como fue el castigo de Sodoma y Gomorra, así serán las penalidades de Israel: “Por eso, así voy a tratarte Israel. Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios”.  

 

Sal 5, 5-6a. 6b-7. 8

Salmo del Huésped de YHWH. Es un salmo de abandono, él se aloja en el Templo y se ofrece a ser moldeado por la Voz del Señor. De alguna manera, el salmista intuye que el Templo es el molde que aplica el Señor para configurar el “penitente”. Pero nadie cabrá en el molde si sus “deformaciones” le impiden encajar. Así, el salmista clama para que Dios elimine sus “turupes” y lo “limpie de sus “imperfecciones”, para que no sea repugnante a las entrañas de Dios.

 

Lo que dice expresa que Dios es Pureza y que toda וּמִרְמָ֗ה [umirmath] “engaño”, “traición” “deshonestidad” es repulsiva a la limpieza que reclama la Santidad.


 En la primera estrofa suplica ser liberado de la maldad, y de la arrogancia.

 

En la segunda, le muestra al señor otras pústulas suyas: es malhechor, mentiroso, hombre sanguinario, y traicionero.

 

Finalmente, en la tercera estrofa, se halla postrado a las puertas del Templo, en el Atrio Santo, esperando la señal absolutoria que marcará el momento de la acogida, la orden de ingresar en el Templo.

 

El verso-estribillo (antífona responsorial) enmarca en esa consciencia de necesaria purificación, el afán absolutorio: “Señor, guíame con tu Justicia”. Sólo Dios puede limpiarnos y sacudirnos de los “afeantes”, ante los Ojos de Dios.

 

Mt 8; 23-27

No es retórica sino una confesión de fe

La Iglesia no puede seguir su marcha, su peregrinaje en estas tierras sin darse cuenta que se mueve en este contexto cataclísmico. La traducción nos habla de una “tempestad muy fuerte”, en griego dice σεισμός [seísmos] que es un “temblor de tierra”, y también, una “tempestad”, una “borrasca”, cualquier cataclismo. No podemos pasar por alto que en ese ambiente es que “peregrina” la Iglesia. Amamos y anhelamos la calma, es un bien inapreciable y, por lo mismo, tan anhelado. Sin embargo, no es ese el contexto de la vida eclesial. En cambio, la Iglesia, a través de la historia, se ha movido en situaciones muy difíciles, nada benignas, y ha sido víctima de la persecución ininterrumpida, en diversas modalidades.


¿Ha de ser ese el motivo de nuestra desmovilización? ¿Debemos trazar planes para desistir definitivamente y refugiarnos en catacumbas y cuevas? ¿Salimos corriendo y nos esconderemos debajo de la cama? ¿Podemos, de alguna manera evitar estas “crisis” y vivir en un ambiente calmo y tranquilo? Y la propia perícopa nos responde: Nosotros no podemos hacer nada, pero si acudimos al Señor, Él se levantará, increpará los vientos y el mar, y ¡sobrevendrá la gran calma! Porque ¡Dios cumple su Alianza!

 

Fue entonces cuando ellos se preguntaron, ¿Quién es este hombre, a quien el viento y el mar le obedecen? Hay que notar, y no pasar por alto lo que contiene esta pregunta: Sólo Dios puede reclamar la obediencia de los elementos. Solo Dios puede calmar cualquier σεισμός, ningún ser humano puede darle órdenes a la furia de las fuerzas de la naturaleza. En realidad, esta es una prerrogativa exclusivamente Divina. En realidad, la pregunta no es más que una forma retórica de decir: ¡Jesús es el mismísimo Dios!

 

Esto es algo que ningún judío podría decir en su sano juicio. Pero recordemos lo que aquí se está declarando es una paráfrasis para reconocer en Jesús, no solo a un Hombre, sino, a Dios mismo.

 

El asombro no puede quedarse en “temor”. Aun cuando el oleaje se encrespe, hay que recordar que Él es el Emmanuel. ¡Dios con nosotros! Pensamos que antes de ir a despertarlo, tenemos que contestarnos esa pregunta. Tenemos que reconocer su Divinidad y la autoridad que de Él emana, antes de mostrarle el oleaje embravecido. No se trata de hacerle una exhibición de nuestros temores inmanejables, sino de hallar -lo que sólo Dios nos revela- que Él es el Hijo de Dios, el Mesías, y sostenido en esa “fortaleza” admirar y loar, cuán Grande es el Poder de Dios.


El Señor no calma el oleaje embravecido para matarnos con su “poder”, Él usa de la Autoridad que tiene sobre los elementos, precisamente para Salvarnos y conducir la barca de la Iglesia para que sea ella, también, Salvadora, «… ya que la Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, …». (Concilio Vaticano II. LUMEN GENTIUM, Constitución Dogmática sobre la Iglesia, #1) 

domingo, 28 de junio de 2026

SANTOS PEDRO Y PABLO

 


Hch 12, 1-11

Dos vicisitudes marcan esta perícopa, Herodes – no es Herodes llamado el Grande que murió en el año 4 a.C., sino Herodes Agripa I, el nieto de aquel- el que mata al Apóstol Santiago -haciéndolo acuchillar- y toma prisionero a San Pedro. Jerusalén seguirá siendo la sede de la Iglesia Madre, pero surgirá un nuevo centro de acciones que será Antioquía de Siria.  Se sella una primera parte de la historia de la Iglesia que muestra la conclusión de la Misión Petrina.

 

Parece ser que Herodes Agripa llegó a posesionarse en la Pascua del año 41, él no era verdaderamente judío, sino que tenía ascendencia idumea, y esta persecución contra los cristianos era un intento de granjearse la simpatía de los judíos.

 

Pone en celda a San Pedro, vigilado por piquetes de 4 soldados, dos de ellos dentro de la celda, dos en el exterior.  Y, al otro día iban a presentarlo al pueblo judío. Viene el Ángel y le dice, “Date prisa”, “Ponte el cinturón y cálzate”, “abrígate con el Manto”. Se la cayeron las cadenas de las manos y caminó siguiendo al Ángel, quien lo escolto hasta el exterior, las puertas del palacio real se abrieron automáticamente; al llegar a la esquina, el Ángel desapareció.


Este relato nos deja ver que la protección de Dios no ha cesado y que el Señor sigue actuando.

 

Sal 34(33), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

A lo que acaba de suceder debe acompañarlo una intensa acción de Gracias, y también en nuestro corazón al recordarlo. Acompañemos con nuestra dicha a San Pedro que con esta salida de la prisión inicia su Éxodo, que no consiste en morir, sino en una liberación de las cadenas y en un caminar con los Ángeles hacia la Presencia.

 

Él puede decir con total sinceridad que la Alabanza para Dios se ha vuelto constante en sus labios desde aquel momento. Y no es una alabanza que sólo se oye en el Cielo, sino que su eco llega a todos los piadosos, que son el linaje de los sencillos, la parentela de los humildes.

 

Pensemos en aquellos momentos mientras estaba preso: ¿qué diría? ¿qué pensaría? Muy seguramente le relataba a Jesús sus padecimientos, ofreciéndoselos como ratificación de su amistad y como propiciación por sus negaciones. Y el Señor, “lo libró de sus angustias”.


Y con tan magnifica experiencia angelical, de la Presencia Liberadora de Dios, da testimonio: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha, y lo salva de sus angustias.

 

Y nos hace ver que el Ángel no es que, estaba muy ocupado y no llegaba, sino que el Ángel estuvo todo el tiempo “acampando” a su lado, hasta el momento exacto que Dios marcó para liberarlo. Bienaventurado todo viviente que confía plenamente en el Señor.

 

2Tim 4, 6-8. 17-18

La vida del Misionero es una Maratón Olímpica: Esta es la comparación que propone San Pablo, y él señala que ha puesto todo su empeño en cada paso de la carrera, procurando correr, dando siempre lo mejor de sí, a la Gloria del Señor. En esta competencia, se debe entender así, no será premiado un solo competidor, tampoco es el caso que haya sólo un podíum exclusivo para oro, plata y bronce; la muy merecida corona la recibirán todos los que hayan perseverado en la espera de su venida.


No se logrará si Dios no interviene proveyendo las fuerzas necesarias a esa constancia, a esa fidelidad. No solo hay que anunciar, sino que hay que anunciar con integralidad, no dejando por fuera elementos vitales para una buena comprensión de El-Dios-Revelado.

Sabe que va a ser sacrificado y no ruega para evadir el martirio, sólo implora la asistencia para no quebrarse, para experimentar ese “paso” con Fortaleza, sin deficiencias de última hora, preservado dentro de la Fidelidad que lleva al Cielo. Esto es, no para su orgullo, ni para colmar sus vanidades; sino para llevar al Reino toda la Honra, Gloria y Majestad propias del Señor.

 

Mt 16, 13-19

PRIMUS INTER PARES

Cristo y la Iglesia son como el sol y la luna. Los Padres de la Iglesia la comparaban con el misterio de la luna; porque ésta necesita siempre la luz del sol para alumbrar; lo mismo la Iglesia necesita siempre la luz de Cristo para iluminar nuestro mundo.

Milton Jordán Chigua

El marco espacial de la perícopa es el extremo norte, muy lejos de Jerusalén, en territorio pagano. Pedro en su proceso formativo alcanza un estatus de solidez probada; su fe llega a ser de piedra. Sobre esa fortaleza Dios ha decidido edificar y poner el encargo de dilucidar lo que es Eclesial y lo que está por fuera. No se ignora que toda autoridad puede eclipsarse, puede desgastarse, puede corromperse, puede contaminarse. En vez de ser algo que edifica, puede ser algo que roe la verdad, que declina y mengua la libertad.


Se trata de una trasferencia de autoridad, Jesús le entrega a San Pedro, “las llaves del Reino de los Cielos”, lo designa su עַל־בֵּיתֹ֔ו [al-bayith] “Mayordomo”, se dice en hebreo; esta que es una categoría verdaderamente “teológica” y significa que está a cargo de “gerenciar” todos los asuntos de la Casa. La definición que da el texto Evangélico dice “lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo”.

 

«Atar/desatar expresa entre los rabinos, la totalidad del poder: bien sea el de prohibir o permitir; el de condenar o absolver. Cielos y tierra, expresa la universalidad, lo divino y lo humano, lo inmanente y lo trascendente» (Milton Jordán Chigua)

 

Le asigna el cargo porque pasó el examen y contestó correctamente la pregunta “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. ¡Qué pilo San Pedro! No lo entendemos así. Entendemos que Dios-Padre lo escogió y la manera que tuvo esta comunicación del Padre al Hijo fue ser portador de la respuesta, no era algo que él sabía por su enorme agudeza teológica, fue algo que brotó de su espontaneo, señal con la que el Padre le indicó a Jesús cuál de sus Apóstoles sería el “titular del llavero”.

 

Es por esta razón que Jesús no le dice: Te pongo a cargo porque eres muy listo y con tu claridad has dilucidado con precisión mi identidad. En cambio, le dice “Dichoso tú, Simón Barjonas, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el Cielo. (Mt 16, 17bcde).

 

«Nuestra Iglesia local (parroquia, diócesis, etc.) debe tener como propósito describir la imagen de una Iglesia auténticamente apostólica, quiere trazar el rostro de una Iglesia que se alimente de las Escrituras, de los apóstoles, que acoge las palabras del Papa y de los Obispos, que cuida la recta doctrina, según la sana tradición apostólica, porque toda verdadera novedad en la Iglesia nace del descubrimiento de la raíz apostólica. Se busca una Iglesia que promueva la obediencia y la comunión con los sucesores de los apóstoles, que se sienta enviada a todo el mundo con la fuerza y la valentía de los apóstoles». (Carlo María Martini).


La Iglesia no está construida ¡y ya! Es la comunidad donde vive la fe, no es una colección de láminas ya completa -un álbum con todas las “monitas”- que lo único que debe hacerse es guardarla en la caja fuerte (o aplicarle una densa inyección de líquido momificante, como quisieran algunos). Cada creyente, que es Iglesia -de una manera no solo literaria- sino Iglesia-viva, va desarrollando una maduración y una -vivencia-y-comprensión de su ser-Iglesia; el conjunto de esas individualidades constituye un sistema de capilares por donde circula la Sangre de la Iglesia-viva-y-actuante de cada momento histórico. La Iglesia es, como ser vivo, mucho más que la Biblioteca Vaticana y estriba en ese dinamismo, que es -por mucho- tan frágil como todas nuestras limitaciones y donde la única Perfección y Completitud es el Señor.

 

Esa comunidad mundial es una Orquesta Sinfónica, y el Papa tiene a su cargo la Batuta. Que ninguno, en su atrevido egoísmo se arrogue el título de improvisar disonancias o romper el tempo que esa varita nos va señalando. A la vez, que no cejen nuestras plegarias para que el Director reciba la Inspiración del Magno-Compositor y logre armonizar todos los miembros del Cuerpo Místico, y -digámoslo nuevamente- nada por propio orgullo, ni para colmar vanidades particulares; sino para llevar al Reino toda la Honra, Gloria y Majestad.