martes, 3 de febrero de 2026

Miércoles de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 24, 2.9-17

 

Joab dio al rey la cifra del censo del pueblo: había en Israel ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá contaba con quinientos mil hombres aptos para la guerra.

2S 24, 9

El capítulo 24 es el último capítulo de este Libro de Samuel. En el capítulo 23 nos encontramos las últimas palabras de David, con las cuales él ratifica la perdurabilidad de su descendencia en el Trono. “Mi descendencia está firme en Dios, pues Él hizo conmigo una alianza eterna, totalmente reglamentada y segura.”

 

Cuando David encontró en Jerusalén una corte organizada con sus respectivas burocracias, además de un sistema de recaudo de impuestos con sus postas de recaudo estratégicamente dispuestas y con todo el equipo de funcionarios necesarios, encontró también cronistas que tenían por tarea elaborar las noticas y adecuarlas según el gobernante de turno y encontró quienes contaran su historia como se debía. Los episodios de Saúl y David se contaron entonces de una manera optimizada, y se pusieron como apéndices de esta segundo Libro de Samuel, ocupando el lugar de los capítulos 21-24 como hoy en día los leemos. Este añadido es considerablemente diferente tanto en estilo -lo formal-, como en su contenido. Por ejemplo, la hazaña de matar a Goliat, es atribuida allí a אלחנן Eljanán, nombre que traduce “el misericordioso” (2S 21, 19).

 

La estructuración es como sigue: Un paralelo del gobierno de Saúl contrapuesto al de David. Son seis textos independientes muy inteligentemente dispuestos: El primero (cap. 21, primera parte: 21, 1-14) muestra las “fallas de Saúl” y el último (cap. 24, 1-25) “las fallas de David”, y todo el daño causado por ambos y comparable en su perversidad. El capítulo 21, en su segunda parte 21, 15-22 y 23 en su segunda parte (23, 8-39), muestra al ejercito de los “bravos” de David, enfrentando muy valerosamente a los filisteos, pero a un David de fragilidades, de debilidad, de dependencia de otros; los capítulos 22, 1-51 y, 23, 1-7 en su primera parte, nos dejan ver la reflexión que hace David sobre su propia historia, es una mirada reflexiva a su autobiografía, y descubre que fue Dios quien veló por él y lo rescató siempre. Como un retoño de esta reflexión descubre el significado de la Fidelidad de Yahweh: Y, resplandece cómo un Sol de Esperanza el Mesías, la Promesa del Gobernante Perfecto.

 

Es importante que la Plegaria de Ana que abre el libro de Samuel, reverbera como el embrión que palpita en aquel Cántico, y que brota ahora como imagen teleológica en el esjatón Mesiánico de estos poemas Davídicos. 

 

Hoy concluimos nuestro cursillo sobre los Libros de Samuel. Pasaremos -a partir de mañana 5 de febrero- a hacer un nuevo cursillo -en 7 lecciones- sobre el Primer Libro de los Reyes. Sólo estudiaremos 1R los capítulos 1-11, que es la parte que se ocupa de Salomón, y se tocará el sábado 14 de febrero el tema de la División del reino Davídico protagonizado por Roboam 1R 12, 1-24 -segmento que no leeremos pese a que tiene una importancia esencial para entender el origen de la división-; y por Jeroboam 1R12, 25-33 que es de donde se toma la perícopa que leeremos ese sábado.

 

Miremos la perícopa de hoy, que quiere darnos el resumen final de la vida de David. Uno tras otro se acumularon los “pecados” de David. Cada vez más su conducta “erra el blanco” y hace precisamente aquello que ofende, que desagrada a Dios. Pero sólo, a posteriori- advierte el daño que causa su desacierto. La conversión de David es completamente superficial, le dice a Dios que reconoce su “necedad”, y luego, casi de inmediato, incurre en otra o en la misma falta. Parece que su error con Betsabé y Urías dejó -de manera permanente- averiado su sistema de navegación. De allá para acá sólo acumula desaciertos.

 

Quiere esto decir que ¿antes de aquel episodio, él siempre acertaba? Cómo, entonces, explicaríamos su alineación con los filisteos -enemigos tan principales de Israel- a quienes sirvió como mercenario, y sus hurtos con la guerrilla que implementó y lideró, acompañada de masacres, y para que los filisteos no se dieran cuenta de que aprovechándose de la amistad que la brindaron se enriqueció zaqueando a los poblados de sus compatriotas, diezmando a todo el mundo para que no sobrevivieran testigos oculares. Hasta que, por no terminar como enemigos, lo desterraron de su territorio.

 

Lo que se puede concluir es que hubo un propósito apologista por parte de la forma de historiar la vida de David, que ha venido ocultando ciertas facetas y mostrando otras, a la vez que minimizando la gravedad y las consecuencias de su realidad para mostrarnos un “ídolo”, mientras que Dios, en su Escritura, le dio al hagiógrafo todos los datos para que no quedara oculta la “verdad”.

 

El error de hoy estriba en que David ordenó hacer un censo. Censar la población tenía sobre todo propósitos militares, buscando establecer el potencial bélico de aquel pueblo, lo que trata es de contestar la pregunta de cuanta gente estaba en posición de combatir. ¿Qué tiene eso de malo? Sencillo, es contar y poner todo en manos humanas, cerrando la puerta en la cara de YHWH, a quien no se le permite intervenir, y se da por descontada su Omnipotencia, obliterándola, y ateniéndose a simples fuerzas humanas.


En el verso 10 leemos la toma de consciencia de David: “he cometido un grave pecado al hacer esto. Pero te ruego, Señor, que perdones ahora el pecado de este siervo tuyo, pues me he portado como un necio”.

 

El profeta Gad le plantea las tres posibilidades que Dios le presenta para escoger una de las tres, y el escoge una peste. Estaban en el periodo de la siega del trigo y vino la peste y murieron 70.000 hombres…

 

En medio de semejante “catástrofe” tiene David una palabra, quizás la única valiosa y honorable, le dijo al ángel encargado de ir derramando el contagio: “Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre”.

 

Después de esta lectura que hemos proclamado hoy, viene otra perícopa, 2S 24, 18-25, que no se leerá, que se refiere a un Mensaje que el profeta Gad (profeta sin libro, que es mencionado en 1 y 2 Reyes y en 1 Crónicas), le trasmite a David, donde Dios le ordena “Levantar un Altar”, para lo cual David le compra a Arauna el jebuseo, el “patio” donde trillaba su trigo. En esa misma explanada, Salomón construirá el Templo de Jerusalén, como podemos leerlo en el Libro de las Crónicas. Mañana pasaremos al siguiente Libro: Al de Reyes. Solo leeremos del Primero de Reyes porque el Segundo de Reyes lo tocaremos por allá en la décimo segunda Semana del Tiempo Ordinario, en la cuarta semana de junio.

 

Sal 32(31), 1b-2. 5.6.7

Este es un salmo de Acción de Gracias y la Iglesia le ha dado una aplicación Penitencial; esto se debe a que el salmo entrecruza y los entreteje, los dos ejes:

a)    Marca pautas para hacer una efectiva conversión

b)    Agradece que los pecados sean perdonados.

 

Su forma es la de una bienaventuranza: אַשְׁרֵ֥י [asher] “Dichoso”. «Dichoso el que es absuelto de sus culpas y le ha sido sepultado su pecado». Y todavía refuerza la bienaventuranza repitiendo: «Bienaventurado aquel a quien el Señor no tiene ya de qué acusarlo».


El versículo responsorial implora esa absolución: «Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado». Algo bien notorio a través de todo el Salmo es la escucha que el orante presta a la voz de su consciencia; para nosotros que hemos logrado ensordecer la consciencia hasta silenciarla y dotarla de un corazón pétreo: No hay peor desvarío que hacer pasar los pecados por acciones innocuas, es mentirse a sí mismo para condenarse a la perdición.

 

En cambio, en cierta parte del Salmo -que no se proclama hoy- dice hermosamente, como estableciendo un compromiso de Dios con el hombre que en Él confía, aquí el hagiógrafo es consciente de su error, de sus desvíos de la Ley, de haber cesado en la escucha de Dios y sus Leyes incurriendo en el pecado: «… al que confía en el Señor la Misericordia lo rodea» y esa escucha a lo que le habla dios por su consciencia, lo lleva a sentirse responsable, arrepentido y a suplicarle a Dios que lo perdone.

 

¿Qué es lo que debemos hacer? Cuando sentimos que el agua nos da al cuello el “fiel” ha de suplicar, la crecida no lo ahogará.

 

Tres regalos le hace Dios, a quien en Él confía:

1) Le da refugio,

2) le permite esquivar los peligros y

3) le hace audibles los Canticos de Liberación.

 

El pecado es la fractura de la Alianza, el penitente alcanza su restauración. Sin embargo, la historia de David nos muestra algo de suma importancia para nuestra formación moral: Dios no castiga, pero el ser humano es un excelente cultivador de “rencores”. No hay que confundir castigo con rencor. Hay al menos dos diferencias vitales, esenciales:

·         El castigo se merece

·         El rencor puede ser gratuito.

 

Hay un principio teológico esencial, “Dios no castiga”, pero el hombre puede desatar sus justas o muy injustas “torturas” porque nuestra fragilidad está herida a consecuencia del Pecado.

 

Leyendo atentamente la Escritura descubrimos que Dios está -como el bien lo ha dicho, lento a la cólera y pronto al perdón. El ser humano, en cambio, fragua sus odios con su envidia, egoísmo, celos, codicia, anhelos de dominación, de sometimiento, con su arrogancia.

 

Mc 6, 1-6

No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

 

Sus parientes lo trataban de estar “fuera de sí”, su familia más cercana, fueron a rescatarlo para ¿…someterlo a tratamiento?, ¿para recluirlo? ¿para que, no los hiciera pasar vergüenzas?; ayer no más, se burlaban de Él porque creían que confundía un muerto con alguien “durmiendo”. Hoy serán aquellos que lo conocían, desde muy pequeño, que habían compartido con Él desde su tierna infancia, los que son presa de la incredulidad. ¿Cómo puede ese “tipo” que es un simple hijo de τέκτων [tektón] “artesano” al que su papá le ha enseñado el oficio, y por lo tanto, Él mismo es un simple “artesano, “carpintero”, de dónde acá toda esa “sabiduría”?


Observemos cómo es la mente de refractaria: Ellos mismos, por sus propios ojos y demás sentidos han presenciado y les ha llegado la noticia de su “autoridad”, de su “poder”, y, sin embargo, “no lo pueden creer”. ¿Cómo puede ser que un vecino, simple y sencillo, que lo hemos visto jugar con los otros chicos, y crecer al lado de nuestros propios hijos y ante nuestros propios ojos, ¡sea el Mesías!

 

Llegamos pues al final de esta parte del Evangelio Marqueano, cerramos esta sección que se refiere -no sólo a los milagros, como la llamamos muchas veces, “sección de los milagros”, sino, sobre todo, a la reflexión en torno a le fe, donde la hay abundante, habrá descomunales milagros, donde escasea -como aquí en su propia patria- sólo un par de curaciones, y no más.

 

Jesús se admiraba hasta qué punto llegaba la incredulidad de sus paisanos. Allí donde se podría esperar la mayor fe. «Los hombres buscan siempre señales en el cielo y sobre la tierra, pero no están en condiciones de reconocer las sencillas señales cotidianas, de darles un significado. En cambio, es necesario captar, cada día, con sabiduría, el presente silencioso de Dios.» (Beck, Benedetti, Brambillesca, etal).

 

Nos pasa también a nosotros, se está leyendo la Escritura, y pensamos que esa historieta ya le hemos oído varias veces, y preferimos hacer algo “más importante”, y, nos ponemos a mirar el teléfono móvil, convencidos que allí encontraremos algo más interesante, o más gracioso.

 

O con el Sacratísimo Cuerpo, Sangre Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, ah, un pedacito de galleta allá metido entre vidrios, en cambio, aquí a mi lado- está el vecino de al lado en mi conjunto residencial, y podemos acordar que vamos a decir en la próxima Asamblea Comunal que ya pronto tendrá lugar.

 

O, en la Eucaristía, creo en Dios, con todas mis fuerzas, pero me entró una llamada de un amigo y nos vamos a poner de acuerdo para ir al partido de fútbol o para comprar las boletas del mundial.

 

Nuestra fe se cotidianiza de tal manera que Dios siempre podrá esperar, al fin de cuentas, Él es Eterno. No es que nos falte fe, es que la hemos dejado en casa, y como es “tan valiosa”, la dejamos guardada en la caja fuerte.


Se imaginan cómo estará sorprendido Jesús con nuestra indiferencia hacia Él. Todo porque somos sus “más cercanos” y con tanta proximidad se nos ha vuelto imposible verlo, reconocerlo, aceptarlo. Se puede -sin exagerar mucho-, pensar que le tenemos más respeto al cantante de moda (que también merece respeto, pero guardadas las proporciones).

lunes, 2 de febrero de 2026

Martes de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


2S 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31-19,3

¡Hijo mío, Absalón, hijo mío!

“En David se entremezclan el bastón y la honda, el arpa y la lanza, el cetro y las sandalias, el canto y el llanto, el triunfo y el desprecio, todo ello aceptado y asumido ante Dios”

José Luis Caravias sj.

 

La vida de David se suele dividir en tres etapas: su formación y entrenamiento, sus triunfos como rey y los problemas familiares y personales que enfrentó. Nos adentramos en esta tercera etapa:

 

¿Cómo se manifestó la violencia y la muerte como consecuencias de las faltas de David, recayendo sobre su propio linaje? David se vio abocado a la rebeldía de las tribus, la más importante encontró su expresión en Absalón que se hizo a la corona en Hebrón, la antigua capital, y quien alcanzó a reinar, por un momento, en Jerusalén.

 

«El descuido de la justicia provoca automáticamente el desenlace de la corrupción y del populismo, cuya finalidad es alcanzar el poder. La narración de 2S 15,1-12 muestra bien eso, al contar la actitud de Absalón uno de los hijos de David: él va a las calles, saluda y besa a las personas, promete tierras y capitales.

 

La verdad, lo que él tenía en mente no era el bienestar del pueblo, pero si dar un golpe de Estado para tomar el trono de David, antes que lo hicieran sus hermanos. Para eso contaba con la ingenuidad de mucha gente». (Euclides Martins Balancin)

 

Cuando iban a enfrentarlo se cuenta que David pretendía ir con ellos, pero sus capitanes le dijeron que sería gravísimo que él llegara a caer en el fragor del combate y el daño sería irreparable, peor que si caían sus capitanes. Los dejó ir y se quedó, pero antes de partir les recomendó que velaran por la vida del rebelde Absalón.

 

Ya sabemos que Absalón -quien iba cabalgando un mulo- se le enredó el cabello y en esta trabazón de cabello y ramaje encontró Absalón, agazapada, la asesina muerte.

 

Según la usanza de aquellos pueblos iba Absalón cabalgando a lomo de Mulo, como su cabellera era larga, al pasar por debajo de una encina, se quedó enredado, como lo dice explícitamente la Lectura, el mulo siguió de largo y Absalón -un muchacho guapísimo y de una cabellera especialmente abundante, según nos los informa la Biblia- quedó allí, colgado, expuesto y vulnerable. Se lo notificaron a Joab, y Joab, que era uno de los capitanes de David (el primero en entrar a Jebús -Jerusalén- cuando la iban a tomar, y el que se encargó de poner a Urías en el frente de combate para que muriera); pasándose por la faja la recomendación de David - lo traspasó con tres jabalinas- luego le enterraron lapidándolo. ¡Matado y rematado! Esto inaugura, en Israel, una tradición -usual en otros pueblos- del cainismo con el propósito de adueñarse, conservar o perpetuarse en el Trono. Leyendo de corrido la biografía de Joab, chorrea sangre, que entrapa las manos del lector bíblico. Estos “capitanes” son frecuentes en la historia y volotean, como moscas, alrededor del poderoso, son excrecencias del “poder”. Tristemente se adhiere el pecado al poder por estas ramas que atrapan por el cabello a sus víctimas.

 

¡Un cusita y Ahimaas (el hijo del Sacerdote Sadoc), salieron en volandas -como el atleta de Maratón- a llevar el mensaje a David!  Esperaban que David se alegrara, pero todo el tiempo aguarda por buenas noticias y cuando sabe la realidad del final de su hijo, despedazado por la luctuosa reseña se echa a llorar. Decía que preferiría haber muerto él, que no su hijo.

 

«El proyecto populista de Absalón no se logra concluir, porque David todavía conservaba un grupo fiel e inteligente que supo desarticular los proyectos de Absalón. Este fue muerto en batalla (2S 18, 9-18), y David logró recuperar su credibilidad, al menos en parte». (Euclides Martins Balancin)

 

En el capítulo 20, 1-22 (que no está en nuestro programa de estudios), hay otra rebelión importante: se trata de Sebá -hijo de Bicri-, de la línea benjaminita, su slogan rezaba así: “No tenemos nada que ver con David, ni repartimos herencia con el hijo de Jesé. ¡Cada uno a sus tiendas Israel! Allí encontramos nuevamente a Joab, la mano ejecutora de David. Sebá se había ocultado en la ciudad de Abel-bet-maaca. Una mujer que sabía el escondite negoció con Joab (general de David), y los habitantes de la ciudad decapitaron a Seba y arrojaron su cabeza por el muro para salvarse. Todo esto disimula muy mal la astucia de David que no para en mientes para mantenerse en la regencia. Sin embargo, la Escritura ni lo afirma ni lo niega, si bien abre una ancha zanja para que se cuele la sospecha: La ideología davídica, se enfoca en presentar a David como rey ideal y paradigma teocrático, idealizando su figura.


La imagen mesiánica del Rey David constituía un pilar teológico inquebrantable en la tradición bíblica. En 2S 21, 17 se la llama "lámpara de Israel", para significar que él es la guía, la luz y la esperanza vital de la nación.

 

Sal 86(85), 1b-2. 3-4. 5-6

…es la oración de una persona que se siente pecadora y sumamente necesitada de auxilio divino, pero que tiene la alegría de contar en su favor con el Dios clemente y misericordioso, rico en piedad y leal.

P Eliécer Sálesman

Este es un Salmo de súplica. Salmo del que se sabe pecador y busca el amparo del Misericordioso.

 

Pero también, como opinan muchos, es también un himno que alaba al Señor y clama glorificando la Fidelidad del Señor.

 

El que alaba es un Fiel, pero es también un desamparado, un marginal, un pobre infeliz. Quien es víctima de otros que se ocupan de oprimirlo. La solicitud que le eleva al Cielo es que lo saque de esa opresión, que lo libere. Si llega esta liberación, el corazón del fiel se alegrará. Por eso el ora. ¿Qué se entiende en este caso por “oración?: ¡Elevar el Alma!


La fidelidad del orante se manifiesta en reconocer a Dios en su Bondad, en su Clemencia, en su Escucha, en la atención que prodiga al suplicante, al oferente de la oración, al que presenta la plegaria orante.

 

En el versículo responsorial hay un antropomorfismo: se compara a Dios con un ser humano, que tiene que dirigir sus orejas hacia el foco originario de la voz que le habla -como si Dios tuviera problemas d oído-, para alcanzar a oír lo qué le dice el suplicante.

 

Mc 5, 21-43

Jesús abandona la región “pagana” de la Decápolis y regresa a territorio judío, quedándose en la zona aledaña al lago.

 


Esta perícopa está narrada como un sándwich -que técnicamente llamamos en literatura una “inclusión”- el pan, luego la lonja de carne y queso, para cerrar con la otra taja de pan:

 

1º (El pan) Llega Jairo, cabeza de la comunidad sinagogal, a rogarle que vaya a imponerle las manos a su hija para que alcanzara la salud. Así que Jesús se fue con Jairo, curiosamente este es un nombre de origen griego (significa “alegría”, “gozo”, “al que Dios ilumina”) este cargo de “jefatura sinagogal” no implicaba poder, era una especie de acolito mayor con funciones de “maestro de ceremonia” con ninguna responsabilidad administrativa.

 

2º (Las rebanadas de carne y queso) Hace su aparición la “hemorroisa” quien llevaba ya doce años con ese problema sin que los médicos le “dieran con el chiste” y había gastado en esos tratamientos toda su “fortuna”, consiguiendo, tan solo, empeorar. 

 

Se le acercó por detrás, para que nadie se diera cuenta y lo tocó -recordemos que aquello implicaba dejarlo “impuro”, tras de que corneada apaleada: no solo soportaba su enfermedad, sino que desde el punto de vista religioso permanecía impura. Y ella, con tan solo tocarlo, logró instantáneamente el prodigio.

 

Lo curioso es que el poder sanador que emana de Jesús no sale sin que Él lo note. Así que pregunta ¿quién obtuvo “a la chita callando” un milagro? Jesús deshace todas aquellas patrañas de “impureza”, la tranquiliza y le muestra la gratuidad del favor recibido: Ella no le ha robado nada, Él solo quería mostrar que no se apegaba a todas eso mitos de “impureza”, establecidos sólo para mantener apresado el poder y favor de Dios que no rechaza a quienes lo necesitan, sino que se les hace el Encontradizo, y llega allí donde lo están buscando, donde claman por Él.

 

3º.  (La tajada de pan de arriba) Ya es demasiado tarde, la hija de Jairo ha muerto, se demoraron mucho en llegar. Jesús le dice a Jairo que derrote el temor -ese temor que es dolor cuando la muerte grita su campeonato- y lo derrote con un poder dado por Dios al ser humano: le Fe.

 

Para Jesús, la muerte no es sino un sueño, un dormir que puede ser despertado con el despertador adecuado: El poder de Dios.

 

Una de las frecuentes reacciones del incrédulo es la burla. En estos últimos días encontrábamos que muchos querían neutralizarlo, impedir que actuara con su Ilimitado Poder, tratándolo de loco. Al loco y al que nos hace reír -el payaso- se le ignora, se le desautoriza, se le arrincona con el desprecio de la risa.

 

Sólo a sus discípulos más cercanos, los más formados, los más fiables que pueden testimoniar este “milagro”, Una Resurrección, los toma por compañía: Pedro, Santiago y Juan a quienes se sumaron los más directos interesados: su papá y su mamá, ellos cinco vieron y oyeron que le dijo en arameo: “Talitha qumi”. Y, de inmediato, despertó y se levantó. Era una jovencita de sólo 12 años.

 

Sólo hay que hacer dos cosas más, a saber:

a)    Guardar el secreto Mesiánico

b)    Darle de comer a la niña, porque no era un fantasma, ni una aparición, era un ser vivo que necesita comer. La inapetencia es signo de que la muerte va ganando, y lo contrario, también es cierto, si comía era porque no sólo estaba un poco viva, sino que, en realidad estaba ¡recontra-viva!


Marcos nos muestra que este relato en forma de inclusión tiene por columna vertebral la fe. Nos está enseñando que el poder humano que hace eficaz el poder Divino es la Fe. Lo primero que se roba la muerte es la Fe.

domingo, 1 de febrero de 2026

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

 


Mal 3, 1-4

Anuncio de una Nueva Era

Profeta post-exilico que actuó -según se sabe- entre el 450 y el 430 a.C. Su ministerio se sitúa en Jerusalén, poco después de la reconstrucción del segundo Templo (516 a.C.) y probablemente durante el tiempo de las reformas de Esdras y Nehemías, estos fueron testigos presenciales del mensaje que Malaquías entregó a los hierosolimitanos. No acudamos a la imaginación para decir cómo era el cuadro co-textual de la acción de Malaquías. Si, apelamos a lo que la historia nos puede señalar de este periodo, podemos establecer que el pueblo había regresado del exilio en Babilonia, el Templo ya había sido reconstruido pero el entusiasmo inicial había decaído, resultando en un culto deslucido, de sacerdotes indiferentes. Malaquías denuncio el empecinamiento de los judíos que reincidieron en sus transgresiones: hipocresía, infidelidad, divorcio, adoración falsa, corrupción y orgullo  

 

El profeta Malaquías, nos habla del Ángel de la Alianza, con el nombre de מַלְאָכִ֔י [mal-a-ki] “su Mensajero” (recordemos que la palabra ángel proviene del latín tardío, y significa precisamente “mensajero”. ¿A qué viene? A purificar las tribus sacerdotales para que sean capacitados para ofrecer una “ofrenda digna”. La profecía anuncia lo que estamos celebrando hoy, de improviso ha entrado en el Templo Santo, “el Señor Omnipotente”. Este acrisolamiento es requisito para que se refresque la Alianza y vuelva a ser la relación Dios-ser humano, como lo fue en los “tiempos antiguos”, recién establecida la Alianza: Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo.

 

Para ubicarnos cronológicamente remitámonos al 515 a.C. pero no tampoco tan reciente para no haber conocido las prohibiciones de los matrimonios mixtos, valga decir el 445 a.C. que se dictó en los tiempos de Nehemías.

 

El Libro de Malaquías puede desestructurarse en seis fragmentos, a saber:

1.    Laxitud, apatía y flojera de los exiliados que volvieron.

2.    Rechazo y desprecio a Dios por parte de su pueblo.

3.    Rechazo del Dios con el divorcio y su multiplicación.

4.    Ante el reclamo del pueblo que se dice desasistido, Dios les ofrece enviar su Mensajero. Aquí está la fuente de la perícopa que nos ocupa hoy.

5.    ¿Qué pasó con el diezmo, por qué no lo pagan?

6.    Qué ironía, dice el pueblo, los que te servimos estamos asolados, los que se apegan al paganismo, son consentidos por la vida.

La obra tiene una coda donde Dios reclama el respeto a la Torah.

 

¿Quién es el Mensajero? El Nuevo Elías: San Juan Bautista; y a continuación, llegará el Mesías.

 

En el aspecto político, la comunidad está sometida a la regencia de un gobernador persa. Malaquías enseñaba con una especie de mayéutica razonando por medio del dialogo a las objeciones que le interponían sus escuchas, al estilo de “han oído que se les dijo…”; a lo cual los contradictores formulaban sus objeciones y dudas; y luego el profeta profundizaba, ilustraba o precisaba el verdadero sentido de la enseñanza Divina.

 

La perícopa de hoy va después de la condena del matrimonio con mujeres extranjeras y el divorcio respecto de sus esposas israelitas, y los rituales de purificación. Y, antecede al llamado para el pago puntual de los diezmos (3, 6-12).


El Señor anuncia por medio del profeta su desprecio contra

­       Los que practican la magia

­       Los que cometen adulterio

­       Los que juran en falso

­       Los que oprimen a los trabajadores, a las viudas y a los huérfanos

­       Los que tratan mal al extranjero

­       Los que le faltan al respeto al Señor.

 

El Señor en su misión es comparado con el “fundidor” y con la “legía del lavandero”. Como fundidor su encargo consiste en acrisolar el oro y la plata. Lo que implica la purificación. Y ¿a quienes acrisolará? a los levitas que como bien recordamos, fueron apartados de la labor productiva del agro para comisionarlos al culto, ayudando a los sacerdotes, transportaban el Tabernáculo y luego al cuidado del Templo, enseñaban la Ley y tenían también funciones musicales; se sostenían con los diezmos ofrecidos por el pueblo de Israel y las porciones de los sacrificios.

 

Sal 24(23), 7.8.9.10

Este es un salmo del Reino, y, el Rey va a entrar en su Majestuoso-Palacio, el Templo. El salmo que nos habla de la realeza de Dios, Él es el Rey de la Gloria, y como va a ser entronizado, va a entrar a su Templo y los guardias de las puertas del Templo interrogan a los peregrinos que quieren entronizarlo. Recuérdese que Dios es אל שדי Al Shadai, es Omnipotente, es “Él que basta”, “El que puede alimentar con la Leche de su Pecho” es “Señor de las Montañas”, siendo tan “Supremo” no puede entrar por una puerta baja, es necesario que la puerta sea altísima, por eso hay que “alzar los dinteles” para que el Rey de la Gloria pueda entrar en su Santo Templo. Aquel día de la Presentación del Señor, los dinteles tenían que alzarse hasta más alto que las estrellas: iba a entrar “El Rey de la Gloria” el mismísimo Niño Jesús, en brazos de María. Entraba Quien podía dignamente quedarse a morar allí, ¡El de manos inocentes y puro corazón! Este puro ¿hablará de “pureza”? o se refiere a que ¡es un Dios Misericordioso, que no tiene brazos, ni piernas, ni ningún otro miembro del cuerpo humano, sino que Todo-Él es sólo corazón! (Sólo “pecho” y del pecho mana la leche nutricia, y en el pecho está el corazón, signo tan abusado que representa el Amor.

 

«Dios más que aclamaciones rituales, más que recitación de credos”, más que gestos cultuales…; espera de nosotros, rectitud de vida. La conciencia moral es lo primero. Seremos juzgados sobre el amor. (Mateo 25, 31-46). “No llegarán a la montaña de Dios” aquellos que se contentan con decir: “Señor, Señor” (Mt 7,21), sino aquellos “que tengan el corazón puro y las manos inocentes”, que cumplen los deberes que les impone la condición de ser hombres dignos de tal nombre… Decir: “Venga tu Reino”, es comprometerse a hacer cualquier cosa para vivir según sus exigencias.»[1]


 «“¡Levantad los dinteles!” Se trata de un gesto de “homenaje” simbólico, que se pide a las puertas para relievar el esplendor de Aquel que las va a franquear.»[2]

 

Es verdad que es un Rey y que debe ser tratado con todo el honor que a Su realeza corresponde, pero a la vez, es un Dios-Maternal, que nos nutre con Leche que mana de su Pecho y que condensa la secreción de Su Corazón, entonces al protocolo adjuntaremos la ternura, porque no es un Dios distante, un rey al que miramos a través de un grueso y deformante cristal blindado, sino un Dios que nos sostiene en sus Brazos, a la altura de Su Corazón.

 

Lc 2, 22-40

Esta conjunción entre una novedad radical y una fidelidad igualmente radical… es el verdadero contenido teológico al que apunta el pasaje.

Benedicto XVI

 

La perícopa que se toma como Evangelio es el episodio que conocemos como “La Presentación del Niño Jesús en el Templo”. A este respecto, nos llamaba la atención Benedicto XVI: «… quiere decir: este niño… ha sido entregado personalmente a Dios, en el templo, asignado totalmente como propiedad suya. La palabra paristánai, traducida aquí como “presentar”, significa también “ofrecer”, referido a lo que ocurre con los sacrificios en el Templo. Suena aquí el elemento del sacrificio y el sacerdocio… Simeón, … después de las muestras de alegría por el niño, anuncia una especie de profecía de la cruz (cf. Lc 2,34c) … Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la Luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple precisamente en la oscuridad de la cruz».[3]


La palabra παραστῆσαι [parastesai] del verbo παρίστημι [paristemi] contiene el prefijo para que significa cerca” o “muy cerca de” e, hístēmi que proviene de *sta -raíz indoeuropea- que significa “estar en pie”. Observemos la tremenda proximidad entre presentación-presentar y el sustantivo “presente” que significa “regalo”, “obsequio”, “ofrenda”; llegando al núcleo de la afirmación de Benedicto XVI que nos propone la traducción “ofrecer”, “entregar”. Benedicto XVI comentaba que al llevar un niño al templo se reconocía, que -si era el primogénito- este quedaba reservado (consagrado) para Dios, pero se pagaba un “rescate” - «El precio del rescate era de cinco siclos y se podía pagar en todo el país a cualquier sacerdote.»[4]- para retirarlo de la pertenencia al Señor. Sin embargo, en este relato no hubo rescate, o sea que, el Niño quedó consagrado-reservado a Dios. La presentación –en cambio- nos habla de Alguien que se hace presente y se reconoce “presente” de Dios. ¿Cómo quitárselo a Dios si es Su Hijo? «Aquí, en el lugar del encuentro entre Dios y su pueblo, en vez del acto de recuperar al primogénito, se produce el ofrecimiento público de Jesús a Dios, su Padre.»[5]

 

«Es un momento sencillo pero rico de profecía: el encuentro entre dos jóvenes esposos llenos de alegría y de fe por las gracias del Señor; y dos ancianos también ellos llenos de alegría y de fe por la acción del Espíritu. ¿Quién hace que se encuentren? Jesús. Jesús hace que se encuentren: los jóvenes y los ancianos. Jesús es quien acerca a las generaciones. Es la fuente de ese amor que une a las familias y a las personas, venciendo toda desconfianza, todo aislamiento, toda distancia. Esto nos hace pensar también en los abuelos: ¡cuán importante es su presencia, la presencia de los abuelos! ¡Cuán precioso es su papel en las familias y en la sociedad! La buena relación entre los jóvenes y los ancianos es decisiva para el camino de la comunidad civil y eclesial.»[6]

 

«…es el Señor quien desea realmente que la humanidad entera llegue a formar una gran familia: la familia de Dios.»[7] Hay una definición de Iglesia, referida y comparada con lo que es familia, como organismo que nos gusta, cada vez que podemos, volverla a citar, repasarla: «la Iglesia como comunidad no es una organización, la Iglesia es un organismo vivo. Una organización busca intereses, una organización consiste en que, las personas se juntan para buscar entre todas, colaborándose, un interés. Y ese interés está muchas veces fuera de la asociación misma… Eso se llama una organización. En cambio, un organismo busca personas, busca fabricar las personas, en otras palabras, un organismo edifica personas. Lo que más se parece a la Iglesia es la familia. La familia es un espacio (padre, madre, hijos) en donde todos están interesados en la edificación de las personas, la educación de las personas, la transformación de las personas. O sea, una familia no es una empresa, es una fábrica de seres humanos.»[8]

 

Jesús, conforme lo hemos repasado recientemente, cuando la familia de Jesús va a retirarlo para que no se den cuenta que “está fuera de sí”, nos ha reconocido y vinculado como su nueva familia y quiere formarnos, quiere edificarnos en la fe, inculcarnos consciencia del amor de nuestro Padre Celestial y recordación de que Él, Jesús, nos tiene por hermanos y con nosotros se ha propuesto construir todo un proyecto de fraternidad; espera también, que nos hagamos coparticipes y entusiastas de la construcción de ese organismo vivo, aprendiendo y practicando la sinodalidad. Él se quedó en el Templo para vincularnos como órganos de su organismo, al que clericalmente definimos como Su Cuerpo Místico.


Hoy, cuando celebramos la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, fijamos nuestra atención en una cita en particular de la perícopa del Evangelio: «Por qué han visto mis ojos tu salvación… Luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2, 30.32); "Palabras que brotan del corazón de Simeón, cuando recibe en sus brazos al Salvador de la humanidad, traslucen un corazón que siente colmada la esperanza en Dios; y estas mismas palabras hoy resuenan en nuestros oídos y llegan a todos los corazones, en esta fiesta".

 

Estas Jornadas Mundiales fueron instituidas por el Papa San Juan Pablo II en 1997 para agradecer, renovar fuerzas y reafirmar que la vida consagrada sigue siendo un signo de esperanza para la Iglesia y la sociedad.


 



[1] Quesson, Noël. 50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. Ed. San Pablo 1996 Santafé de Bogotá, D.C.-Colombia pp. 52-53

[2] Ibid p. 50

[3] Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. LA INFANCIA DE JESÚS. Ed. Planeta. Bogotá-Colombia 2012. p. 89. 92

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Papa Francisco.  FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET. Ángelus, Plaza de San Pedro, Domingo 28 de diciembre de 2014.

[7] Câmara, Helder. ELEVANGELIO CON DOM HELDER. Ed. Sal terræ. Santander (España). 1985 p. 30

[8] Baena, Gustavo. LA VIDA SACRAMENTAL. Ed. Colegio Berchmans Cali-Colombia 1998 p. 16

sábado, 31 de enero de 2026

MACARISMOS

 


So 2, 3; 3, 12-13; Sal 146(145), 6c-7. 8-9a. 9bc-10; 1Cor 1, 26-31; Mt 5, 1-12a

 

Las bienaventuranzas contienen la “carta de identidad” del cristiano ―es nuestro carnet de identidad―, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida.

Papa Francisco

… es imperioso recuperar las raíces o fuentes del Evangelio donde no se encuentra un mensaje cifrado, oculto o misterioso reservado a los creyentes, sino un mensaje universal de una amplitud profundamente humana y racional que se dirige a todos los hombres de buena voluntad.

Mons. Luis Augusto Castro Quiroga

La palabra bienaventurados en griego es Μακάριοι [makarioi] donde el prefijo [mak] significa “agrandarse”, como lo que le sucede a un fruto que madura y se plenifica. Podría explicarse con una imagen: una persona va avanzando y a medida que lo hace, va encontrado a cada paso un tesoro, por ejemplo, una perla de fino valor, al principio se pone contento, luego se va llenando de gozo hasta que llega un punto que la felicidad no le cabe en el cuerpo: ¡ese es su agrandamiento! ¡ese es un bienaventurado!


De fondo, nos proponemos ver la justicia, la pobreza, la felicidad y -a través de ellas- el Reino de Dios desde otro ángulo, enfocándolo en otra perspectiva. No desde nuestra óptica humana, sino tratar de verlo con la mirada de Dios, lógicamente suplicándole nos ilumine, sine qua non, todo es tiniebla, incertidumbre, olvido. «El modo de reinar de Dios se puede describir también como una acción que vuelve a colocar cada cosa en su sitio preciso, como la voluntad santa y perfecta de Dios que tiene en cuenta cada realidad, hace justicia a cada uno, aún más, logra la perfecta realización de toda aspiración y deseo, colma toda expectativa y toda medida humana»[1].


Las bienaventuranzas son como la constitución del Reino de Dios, ¡Esplendidas! En ellas se cumplen estos rasgos fundamentales: Es ley suprema de un estado, que establece las libertades y los derechos esenciales de sus ciudadanos y es también freno y cortapisa de los poderes que estructuran ese estado. Poniéndole cotas al absolutismo. Dios se deja delimitar para que lo reconozcamos, para nada arbitrario o caprichoso. Aquí, en cambio, el Rey-Juez establece lo que le agrada, señala quienes le simpatizan, reconoce en su dinámica de donación de la dicha, unos parámetros que dirigen sus fallos; señala a los que Él ve como víctimas, y es a ellos a quienes resarcirá entregándoles la plenitud de la dicha: Su Amor y Su Amistad. No es que ame la pobreza por sí misma, es que le hiere que la fomenten. Le enardece quienes la forjan. 

 

«La proclamación de las “bienaventuranzas” abre el primero de los cinco grandes discursos de Jesús sobre el que está construido el Evangelio de Mateo; son el eco de los que Moisés había dirigido al pueblo de la Antigua Alianza, a la vez que nos describe las características del nuevo pueblo de Dios. Pueblo de los mansos, de los amantes de la justicia y de la paz, los que lloran, los perseguidos, los marginados, los despreciados. Pueblo que busca a Dios y se entrega. Pueblo formado por los que no tienen importancia ni prestigio, en ellos se revela más claramente la sabiduría y la fuerza de Dios.


Lo que se nos transparenta es el Señorío bueno y paternal de Dios que se hace presente en Jesús. Dios es Rey, pero Él se impone una Constitución, se auto-limita porque su Reinado, su Señorío es bueno, manso, tierno y paternal; como un papá, su “anonadamiento”, asume -que al igual que sus bebés- Él tampoco puede. No es un tirano absoluto, es un Pastor a Quien importa el “bienestar” de su pueblo, para quienes quiere la más cabal felicidad. Seguramente aquí lo que más nos interesa es lo de “paternal”, pues se trata de un Dios que sabe ser Dios-Padre.

 

«Cada bienaventuranza está compuesta de tres partes: primero está siempre la palabra “bienaventurados”, luego viene “la situación” en la que se encuentran los bienaventurados: la pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y sed de justicia y así sucesivamente. Por último, está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción “porque” …» (Papa Francisco)


Sin embargo, la dificultad estriba en las diversas interpretaciones que se les puede dar a las bienaventuranzas. Ellas fueron trasmitidas con palabras que se entienden de muy diversas formas. Ante todo, hay que diferenciarlas de los Mandamientos, estos son las reglas para llevarnos bien por el camino; pero las Bienaventuranzas no son prohibiciones y leyes que nos encarrilan mientras tanto; las Bienaventuranzas son un horizonte, son la Luz que resplandece en lo alto de la Montaña, es el amor de Dios atrayéndonos hacia Sí, es el sueño que sueña la fe y al despertar, será realidad, si de verdad hemos optado como comunidad por la propuesta del Reino.

 

Durante el destierro o poco después, los profetas anuncian que Dios va a reinar, que finalmente se va a manifestar como ese Buen-Rey que es. ¿Qué signos da Jesús de ello?  Él afirma que, por Su medio llega el Reino de Dios, por eso los llama dichosos. Toda la historia de Jesús contada por los Evangelios es la comunicación de este feliz augurio: ya no habrá pecado, ya no habrá enfermedad, los ciegos verán, los paralíticos podrán saltar, los venidos a menos serán los venidos a más en el Reino, a ellos será a quienes Él llamará para que apacienten sus ovejas, habrá pan en abundancia, el agua será transformada en Vino y podremos contemplar su rostro radiante y sus vestiduras blanquísimas, estaremos satisfechos en su contemplación.


«A los que no se involucran en nada referente a la justicia, a los injustos, a los que retuercen las leyes en su beneficio, a los que promueven la impunidad … es una invitación a que sigamos luchando por la justicia, porque esa es la voluntad del Padre». (Milton Jordán Chigua)

 

Pero…, hasta la fecha no hemos visto evolucionar la situación en esta dirección, «Si es este el sentido de lo que proclamaba Jesús, hay que reconocer que se engañó…, porque sigue habiendo pobres, sigue habiendo injusticias… Plantear esta cuestión es constatar que, desgraciadamente, nosotros los cristianos no hemos realizado nuestra tarea… No se pueden proclamar las bienaventuranzas sin hacer todo lo posible para que desaparezca la pobreza en todas sus formas, la enfermedad, la injusticia… Hay que luchar para que no haya pobres, pero hay que hacerlo con un corazón de pobre. Sólo quien tenga estas disposiciones del corazón podrá ayudar a los pobres sin aplastarlos con su piedad.»[2]

 

«Cuando el hombre empieza a mirar y a vivir a través de Dios, cuando camina con Jesús, entonces vive con nuevos criterios… Jesús es el Hijo… Por eso, sólo Él es el que…trae la paz. Establecer la paz es inherente a la naturaleza del ser Hijo.»[3] Dios requiere nuestro asentimiento, como antes requirió el Virginal permiso, necesita nuestro aporte, como confirmación de que aceptamos su reinado, que obedientes (ob-audientes, que acatamos lo que hemos oído) anhelamos que Él reine; «Dios se inclina misericordiosamente sobre el hombre, esclavo del mal, del pecado, de la muerte, y lo hace pasar de la dolorosa condición de siervo a la alegre condición de hijo liberado, reconciliado y amado. Para el discípulo de Cristo, el Reino se convierte en el valor último, en el bien absoluto, en la meta definitiva hacia la cual polarizar toda la existencia.»[4] ¡Por eso nos llama bienaventurados, y lo somos!


Atención, porque las bienaventuranzas tampoco son sartales de promesas para apuntalar una candidatura, para que alguien haga algo para cambiar nuestras vidas. Las bienaventuranzas son una propuesta para que nosotros hagamos ese cambio, y no para que nos atengamos y nos recostemos, no es un carro que armamos para que otro se suba y lo conduzca donde sus intereses particulares quieran llegar.

 

«Dios, para entregarse a nosotros, elige a menudo caminos impensables, tal vez los de nuestros límites, los de nuestras lágrimas, los de nuestras derrotas. Es la alegría pascual, de la que hablan nuestros hermanos orientales, la que tiene los estigmas, pero está viva, ha atravesado la muerte y ha experimentado la potencia de Dios. Las bienaventuranzas te llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría»[5] .Por tanto, detrás de las bienaventuranzas se esconde un misterioso trastorno antropológico que consiste en pasar del tener al ser, incluso del ser al dar, del tener para sí al ser para los demás Acogiendo la dinámica de este vado fundamental para el hombre, alcanzaremos el secreto de Dios que es al mismo tiempo el verdadero secreto del hombre donarse, ser para el otro»[6]

 

La materia prima, así como el plano-patrón están dados en las Bienaventuranzas, pero la idea eje, el núcleo esencial, el Espíritu de este proyecto reposa en un abajamiento, en una dinámica descendente: «La purificación del corazón se produce al seguir a Cristo, al ser uno con Él. “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20). Y aquí surge algo nuevo: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y, por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios… La verdadera “moral” del cristiano es el amor. Y este, obviamente, se opone al egoísmo; es un salir de uno mismo, pero es de este modo como el hombre se encuentra consigo mismo.»[7] «… humildad, pobreza, sencillez, pequeñez, disponibilidad a la acción de Dios en cualquier situación… comunidad de pobres, de gente que sabe orar y alabar a Dios, que no tiene nada para sí, sino que comparte gustosamente, que está llena de alegría y anuncia la Buena Nueva con la vida.»[8]

«Todas las bienaventuranzas, fueron vividas en primer lugar por Jesús de Nazaret, fue el pobre, el manso, lloró, tenía hambre y sed de justicia, fue misericordioso, limpio de corazón, trabajó por la paz, fue perseguido por causa de la justicia, injuriado, difamado, y fue asesinado en una cruz». [9]  

 

El Reino es todo lo que Tú, oh Dios mío, has querido hacer, haces y harás por nosotros, por mí. (Martini, Carlo María). ¡Venga a nosotros tu Reino!



[1] Martini, Carlo María. LAS BIENAVENTURANZAS. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1997. p.12-13

[2] Charpentier, Ettienne. PARA LEER EL NUEVO TESTAMENTO. Editorial verbo Divno Estella-Navarra. 2004 p. 106

[3] Benedicto XVI, JESÚS DE NAZARET. PRIMERA PARTE. Ed. Planeta. Bogotá-Colombia 2007. p. 113

[4] Martini, Carlo María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. MEDITACIONES PARA CADA DÍA. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1995. p.444

[5] Papa Francisco AUDIENCIA GENERAL 29 de enero de 2020

[6] Martini, Carlo María. Op. Cit. p 485

[7] Benedicto XVI, Op.Cit. pp. 1224. 129.

[8] Martini, Carlo María. LAS BIENAVENTURANZAS. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1997. p.73

[9] Jordán Chigua, Milton. PINCELADAS BÍBLICAS DEL EVANGELIO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia. 1995 p. 63