domingo, 19 de abril de 2026

Lunes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 6, 8-15

Inmediatamente después del episodio en el que son instituidos los 7 diáconos, viene la perícopa de la detención de Esteban. Donde el tema central es, cómo los de la sinagoga de los Λιβερτίνων [libertinon] “libertos”, acosan a Esteban y terminan por llevarlo ante el Sanedrín.

 

A veces, en la literatura, nos encontramos con algún detalle baladí, como cuando dice que “El marqués tomó entre sus dedos el tabaco, y antes de encenderlo lo hizo rodar entre sus dedos y notó que tenía un anillo de papel dorado, sujeto por una tirilla blanca en la cual estaba grabado el nombre de su fabricante y el país de origen”. Estas cosas entretienen al lector y el escritor las inserta para darle un toque de verosimilitud al relato. Cabe preguntarnos si los relatos bíblicos manejan también este tipo de triquiñuelas sólo para manipular la atención del lector y cautivarla. ¿Para que precisa el hagiógrafo la conformación de esta sinagoga? ¿Qué se puede entender detrás de este sustantivo genitivo masculino: plural “Libertos” que aquí desempeña un rol adjetivo?

 

 Los libertos eran esclavos, sujetos a su “patrón” que a veces, les concedía la libertad, como una recompensa de “gratitud” -después de muchos años de servicio-, y por lo general, cuando llegaban a la ancianidad y ya no les eran muy útiles; o bien, porque a lo largo de su vida esclava, habían logrado ahorrar para poderla comprar. Nunca llegaban a tener la misma condición de los “ciudadanos”, y sus derechos civiles estaban notablemente recortados. Estos libertos a los que se refiere en la perícopa, provenían de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia.

 

Si habían sido esclavos uno podría esperar que fueran adversos a toda crueldad y los moviera la compasión de evitarle a los demás las mordidas en la piel del látigo y/o de las pedradas, cuyo dolor ellos bien conocían. Si habían llegado a conquistar la “libertad”, debían ser caros defensores de la misma, y estar a la búsqueda y procura de la verdad por la línea argumentativa y no pretendiendo tener la verdad como un monopolio de aristocracia. Sin embargo, estos tales, muy por el contrario, lo que tenían grabada en la piel era la peor calaña de los amos que a ellos mismos los habían torturado y con cuyo dolor y sufrimiento se habían enriquecido. En vez de haberse liberado, era más esclavos que nadie y que nunca.

 

Los libertos querían polemizar con Esteban, pero ciertamente no lograban derribar sus argumentos sólidamente concatenados por la misma Gracia del Espíritu de la que era portador. Muy, pero muy significativo este nombre: Στέφανος [stéfanos] “Esteban”, en griego antiguo era “el coronado”, podemos connotar su proximidad con “el Ungido”. Y es que este estaban que nos está presentando e Libro de los hechos, es un Diacono que se ha tomado muy en serio vivir a la manera de Cristo, y esa era la corona de su existencia. ¿Qué hacía? Obraba grandes prodigios y signos; porque estaba lleno de Gracia y de Poder (Cfr. Hch 6, 8), vale la pena confrontar con Hch 2, 22, donde Pedro se refiere a Jesús, en términos supremamente similares, casi idénticos. (Luego al morir, lo veremos seguir al pie de la letra el modelo de Entrega de su Señor).

 

Al hacer la lista de los diáconos, Esteban aparece el primero (Cfr. Hch 6,5b).

 

El relato menciona, cómo los testigos en su contra, fueron manipulados con sobornos, para que presentaran lo que había dicho, de manera adulterada, para que sonara a blasfemia. En el texto encontramos una afirmación que los desenmascara contundentemente: ¡eran “testimonios falsos”! Lo acusaban de hablar contra el Templo y anunciar un cambio de las “tradiciones” mosaicas.


Empero, al mirarlo, vieron los del Sanedrín que su rostro refulgía con el brillo propio de los Ángeles. Inmediatamente, pensamos que esto debió detener su ferocidad, pero -por el contrario- agudizó el veneno de su ponzoña.

 

Sal 119(118), 23-24. 26-27. 29-30

Este Salmo está formado por 176 versos. Estos se descomponen en 22 estrofas. Cada estrofa tiene 8 versos y cada verso, de ese octeto, empieza siempre por la misma letra. El alefato tiene 22 letras, entonces cada estrofa se titula con una de estas letras, y es con esa letra que inicia cada verso.

 

La perícopa de hoy toma la última parte de la estrofa גִּימֵל [Guimel] (tercera letra del Alefato ג, aproximadamente la “g” nuestra; y que significa la Misericordia Eterna), y las dos estrofas siguientes son tomadas de דְּ [Dalet] (la cuarta letra del Alefato, que representa el sonido consonántico de la “d” su significado es “puerta”, que permite pasar, salir). La Ley es salida, nunca encierro. ¡No es una prisión!

 

En este salmo el hagiógrafo se goza con los sinónimos de la palabra “Ley”. En todos los versos encontraremos algún sinónimo suyo. Es un salmo de súplica. La Ley representa la Voluntad Divina. Pero desde el punto de vista hebreo, la ley no es un corsé, su función no es constreñir, es más bien como el guía que nos va llevando por los sitios más seguros y con las mayores hermosuras. Nuestra cultura se ha solazado en mostrar el filo represivo de la Ley, señalándola siempre como “mandato opresivo”; la Ley, a la que se refiere el salmo, es la que nos permite gozarlo todo y no irnos a dañar con algo. Observemos que dentro del salmo la Ley es שַׁעֲשֻׁעָ֗י [saya suay] “la delicia”, el “deleite”.


En la primera estrofa de la perícopa de hoy, se nos trata de un tema vital para nuestra vida moral: se podría condensar en la idea de “no vivir de lo que digan los demás”, aun cuando los שָׂ֭רִים “nobles”, “príncipes” se pongan a juzgarme, yo sólo me dejo guiar por tus Enseñanzas, Señor, que son mis únicos consejeros.

 

En la siguiente estrofa, ya de la letra hebrea Dal que significa también la “humildad” -como ya dijimos su grafía ד alude a la “puerta” con una sola jamba; ruega el salmista que, lo instruya en los mandamientos Divinos que son el “mapa”, por así decirlo, del camino a seguir.

 

Se cierra esta perícopa suplicando que le evite seguir el mal camino y -por el contrario- le dé la Gracia de cumplir Su Ley.

 

Como se nota, el cumplimiento de los mandatos divinos es algo que se hace de buen grado y no por mera aceptación resignada o a regañadientes.

 

Jn 6, 22-29

¿Qué pan buscamos?

Los invito a ser humildes, tenemos que hacer espacio a la duda no a nuestras certezas. Recomiendo buscar a Dios para hallarlo para buscarlo siempre.

Papa Francisco

Los versos 6, 22-24 nos dan una reconstrucción aclaratoria y profundizadora de lo que hemos visto hasta ahora en el capítulo 6, que empezamos a leer el viernes pasado.

a)    Jesús da de comer a 5.000 hombres.

b)    Los discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

c)    Al otro día la gente notó que no había más que una barca, y que Jesús no se había embarcado en ella con sus discípulos, ἀλλὰ μόνοι οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ ἀπῆλθον· [alla monoi oi mazetai autou apelthon] “sino que ellos se habían marchado solos”.

d)    Mientras tanto, otras barcas llegaron al sitio donde había ocurrido la multiplicación de panes y peces y al darse cuenta que ni Jesús ni los discípulos estaban allá, se embarcaron rumbo a Cafarnaúm.

e)    Cuando, por fin, dieron con Él, le preguntaron, ¿cuándo había llegado allí?, sin embargo, la intención de la pregunta era saber ¿Cómo? (porque si había sólo una barca, y no había viajado con sus discípulos, entonces, ¿qué medio de trasporte había usado?) ¡Hay muchos que lo único que quieren es la “tarjeta” con la dirección electrónica -con el código QR- para los pedidos a domicilio! Claro, ¡otros quieren saber cuánto tiempo antes hay que hacer el pedido para que lo despachen oportunamente!


¡La fe no es una palabra, es un programa de vida!

 

Jesús, -atendiendo al sentido connotativo- les habla de lo que en verdad está pasando: Ellos no lo buscan porque -atentos a los signos- se están preguntando por el sentido de este signo de alimentación, sino -lo único que les interesa- es que siga habiendo “restaurante gratuito”.

 

Aquí llega el mensaje contundente: No piensen en el pan de saciar el estómago físico, concéntrense en el Pan de la Vida Eterna. Esta multiplicación de panes y peces se ha hecho para que logremos dar el “salto mental” (metanoia), y seamos capaces de entender que nos va a hablar de otra cosa, pero que es un asunto súper importante. Y nos lo dice con todas las letras: “Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el alimento que perdura para la Vida Eterna”. 

 

El Hijo del hombre no fue enviado por Dios-Padre para que montara un negocio gratuito de “fast food”, panadería y pescadería. Él, ἐσφράγισεν [sfragisen] “le ha puesto el sello”, “le ha hecho el control de calidad y luego lo ha despachado”, “le ha impuesto el Sello de su Real-Anillo” para que venga a darnos el “Pan de Eternidad”. No coger a Dios para maniatarlo sino para entregarnos, enteros, como Él se entregó, y se entrega cotidianamente.


Entonces, sí hemos de afanarnos por este pan eternal, ¿qué debemos hacer? Es la pregunta que la gente le hace a Jesús. Él les responde: lo que hay que hacer es πιστεύητε [pisteuete] “reconocer”, “aceptar” y “poner la fe” -el significado de esta palabra es la tripleta, no uno de los tres, sino los tres en simultaneidad- al Enviado del Padre: Que aprendamos a decir de todo corazón, mirando al que traspasaron ¡Jesús, en Ti confío!

sábado, 18 de abril de 2026

GUÍA PARA UN DERROTERO CRISTIANO

 

Hech 2, 14. 22-33; Sal 16(15), 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11; 1Pe 1, 17 – 21; Lc 24, 13-35

 

 

¿Ustedes creían que mi martirio era “verso”, y mi cruz de papel? ¿Pensaban que mi cáliz era un licuado de banana…?

Héctor Muñoz

 


Empecemos nuestra reflexión de hoy rememorando las palabras de Daniel y alabando el Santísimo Nombre de Dios: “Bendito sea Dios por los siglos de los siglos, ya que suyo es el saber, y suya la fuerza; Él ordena los tiempos y los acontecimientos, da el poder a los reyes o se lo quita; da a los sabios sabiduría, y ciencia a los entendidos. Él revela los misterios y los secretos, conoce lo que ocultan las tinieblas. Donde está Él, está la luz.” (Dn 2, 20-22). El momento histórico que nos ha tocado vivir se nos antoja, de alguna manera, ser el retrato de un coloso de hierro, bronce y oro que golpeado en su base por una piedrita se viene a tierra hecho añicos. Nos tocó vivir una hora de paganismo, de idolatría, de politeísmo. Es triste pero hasta nosotros mismos hemos caído en la adoración de falsos dioses y de “becerros de oro”. «… también yo adoro a esos dioses en secreto y me postro ante sus altares. También yo busco el placer y las alabanzas y el éxito, y aun llego a envidiar a aquellos que disfrutan los “bienes de este mundo”…»[1] Pero, nada de eso debe ni tiene porque ocupar nuestro interés. Lo único que a nosotros compete es el Reino que Dios hará surgir, que permanecerá eternamente y que jamás será destruido. Nada más tiene porque hacernos temblar, nada de eso tiene porque gozar de nuestros afanes. El coloso será demolido por la אֶבֶן “piedrita”, palabra esta de origen arameo que, a nosotros nos evoca la que fue desechada por los arquitectos, pero que ha venido a ser la Piedra Angular.

 

Rechazo a los paganismos de toda laya

La tentación siempre estará presente, una especie de dilema, de bifurcación de la vida: o bien mantener la fidelidad al Señor Nuestro Dios o bien, tomar la ruta del paganismo; el paganismo con sus múltiples rostros y sus diversas denominaciones. Cuántas veces no encaramos el dilema cuando vemos a Dios –a simple vista- como un derrotado, cuando nuestros ojos no alcanzan a descubrir su Presencia, cuando nuestro corazón se siente frio y desamparado, cuando nuestra propia vida atraviesa el Huerto de Getsemaní; entonces, la tentación es desistir de la fe; si Dios (aparentemente) nos ha abandonado, entonces, abandonémoslo nosotros también. Siempre nos sorprenden las miles de personas que van de denominación en denominación, de iglesia en iglesia, de un culto a otro, o que optan, como gran solución –para desistir de la búsqueda- por arrojarse en los brazos abiertos del agnosticismo, del ateísmo. Existen demasiados paganismos en la actualidad, no sólo la diversidad de “cultos” sino también el paganismo materialista, la adoración del dinero como panacea, aunque este culto se solape tras el argumento de que no es dios pero todo lo puede y ¡qué bien se vive con él!; la droga y el alcoholismo están en el grupo de los paganismos, como también lo están los súper-héroes que se presentan como los verdaderos salvadores con sus fórmulas seudo-redentoras que –todo lo destruyen, todo lo destrozan (aun cuando ahora está de moda que “no matan a nadie” sino que los neutralizan, entregándolos a la policía o conduciéndolos a prisión), nos ofrecen salvar el mundo y llevarse la maldad a “otra dimensión”, a “otro planeta”. Otras formas de paganismo presentan la ciencia o los avances tecnológicos como nuestros salvadores, confiándoles a ellos y a sus gadgets la salvación del mundo, la redención de todo nuestro aburrimiento y el logro del nirvana donde todas las emociones fuertes sean llevadas a su apoteosis.


En esta apuesta al paganismo, con sus tintes politeístas, se zambullen los publicistas para proponernos cada artículo y cada producto que a ellos les comisionan promocionar, ofreciéndolos como las “llaves” que franquearían el acceso a esas beatitudes. Hasta la salsa de tomate, pasando por los pañales y los perfumes, desodorantes y lociones, se ofrecen con la promesa de llevarte a “un cielo de placer”. Y, colateralmente, ofrecen también redimirte de un supuesto tedio que parece colmarlo todo, en una cultura de la muerte, que todo lo tiñe con su tinte de hastío, de hartazgo, de bostezo y de aburrimiento, sin mencionar que para contrarrestarlos se proponen a más de las emociones llevadas al clímax, el grito, la amoralidad y el riesgo llevado al extremo. Los antídotos que se nos proponen son los del extremismo y el paroxismo.

 

Todas estas alternativas se subsumen en las salsas de la evasión. Irse, partir para otro lado, armarse otra familia, buscarse otros socios existenciales, si este no me satisface aquel otro… tal vez; si en esta ciudad no soy feliz, quizás si viviera en el extranjero; hasta las vacaciones se nos promocionan como formas de evasión, como oasis de escapismo. Quizás era la misma fórmula la de los dos de Emaús (en hebreo: חמת [Hammat] – a 10,4 Km. de Jerusalén): su propuesta era darle la espalda a todo aquello que se había venido abajo como un castillo de naipes: ¡valiente Mesías! “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel… y sin embargo, han pasado ya tres días….” Lc 24, 21b; ¡tres días, tres días significa que ya está recontramuerto!, o  sea,  la derrota total, ¡ya no hay esperanza!

Si nos ponemos en los zapatos de los dos de Emaús, los podemos comprender, ellos habían depositado todas sus expectativas en Jesús como sucesor de David; lo  esperaban como Mesías-caudillo que los liderara para ser una nación soberana, para expulsar a los romanos, para no tener que pagarles tributos, para mejorar su nivel de vida, para conquistar otros pueblos y convertirse en una nación poderosa. Cualquier coincidencia con las expectativas que nos inducen los medios de comunicación del mundo actual sólo prueba que la fragilidad humana, su concupiscencia y sus debilidades han venido siendo las mismas a través de la historia y que lo que cambia son las maneras como son manipuladas por el Malo para inducir nuestro perjuicio.

 

El salmo de hoy (un salmo de huésped de Dios, de un levita, cuya heredad es la de, aunque sin tierra, poseer y tener derecho a la parte en todo lo que le ofrenden al Señor), nos remonta a esta situación de paganismo, entre dioses y señores de la tierra, de múltiples estatuas y a los que les ofrecen “libaciones sangrientas”.

 

Cristo-centrismo y pedagogía de Jesús

Señor Jesús, haz que comprendamos la sagrada Escritura. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas.

Cf. Lc 24, 32

 

Cristocentrismo es una invitación para poner a Jesús en medio de todo, de manera que sea el centro en torno al cual gira nuestra existencia. Existen cosmovisiones geocentristas, heliocentristas, egocentristas, plutocéntristas, pero nosotros proponemos como eje de nuestro sistema a Jesucristo.


Aun cuando estos dos de la historia van pensando que Dios los abandonó y que la muerte de Jesús significó la derrota total, Jesús (que es el mismo Dios) viene y se pone a su lado, y camina con ellos. ¡Es Dios-con-nosotros! ¡Qué manera de desmentir su desespero! Dios no nos abandona, ¡camina a nuestro lado!

 

Nos encontramos con un retrato de Jesús trazado por sus propios discípulos: «Un profeta, poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros ἄρχοντες [archontes] “jefes”, “magistrados”, “gobernantes”, “príncipes” para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron».

 

Y, a continuación, la imagen que atesoraban en su corazón, las expectativas que tenían respecto a Él: «Nosotros esperábamos que Él iba a λυτροῦσθαι [lutrousthai] “liberar”, “redimir”, “rescatar”, “pagar el precio” por Israel» (Lc 24, 21)

 

A nosotros nos hace mella la propaganda anti-Jesús porque la esparcen a toda hora… «… el Ministerio del Interior acaba de dar un comunicado donde se afirma que varios maleantes robaron el cuerpo del mencionado delincuente, Jesús, precisamente para poder confundir y engañar a la opinión pública, informando que ha resucitado. ¡Hay que ser caraduras para largar semejante versión desestabilizadora!»[2]


El problema está en que nuestros ojos (los que tenemos en la cara) no son capaces de verlo, (cfr. Lc 24, 16). “están velados”, la expresión en griego significa “mantenerlo a uno en incapacidad de ἐπιγνῶναι [epignōnai] “conocer” o de “reconocer” (del verbo ἐπιγινώσκω [epiginóskó], que es un conocer por medio de una relación personal, digamos como por experiencia propia”. Después de vivir toda la experiencia, que desemboca en la “fracción del pan”, lo reconocen y toman conciencia que ya lo habían intuido con el corazón: “Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino, y nos explicaba las Escrituras” (Lc 24, 32).


Revisemos cuál es la pedagogía de Jesús: Les explica las Escrituras, pero tomándose a sí mismo como referente de esas Escrituras: “… les explicó todos los pasajes de las Escrituras que se referían a Él” (Lc 24, 27).

 

Si tuviéramos que explicar el cristocentrismo de las Escrituras tendríamos que partir de aquí, de la pedagogía de Jesús, todo cuanto está escrito en ellas, desde Moisés hasta los profetas, permanece “velado”, “alienado” (veräußern [feraisern]), necesita que sea διερμηνεύω [diesmeneuo] “explicado”, “interpretado”, “traducido (con una lógica adecuada) a la Luz de Jesucristo (porque Él es la Luz) Él es quien Re-vela”.

Tomemos un caso: En Dt 18, 15 leemos “El Señor su Dios יָקִ֥ים [ya quim] “suscitará” de entre ustedes un profeta como yo, y deberán obedecerlo”. Este es el verbo hebreo קוּם [qum] “levantar”, “hacer que se ponga de pie”, “hacer surgir”; el significado que le atribuye San Pedro es “Lo Resucitó”, así lee la cita bíblica desde un enfoque cristocéntrico. ¿Por qué se usó “suscitar”? creemos que, por razones filológicas, porque suscitar viene del latín suscitāre, que significa "levantar", "hacer levantar" o "promover".

 

Otro tanto encontramos en el Salmo de hoy, es el salmo 16(15) -este salmo, originalmente, cantaba las victorias de David, en sus versos 9-10 leemos: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonaras en la región de los muertos ni dejaras a tu fiel conocer la corrupción”. Muy adecuado para entender la coherencia de Dios con su Hijo-Fiel a quien preservó, con la Resurrección, de no llegar a descomponerse.

 

¿Qué pasa cuando leemos las Escrituras a la Luz de Jesucristo el Resucitado? (si, recordemos que es “el muerto” pero Resucitado; repasemoslo en la Primera Lectura, de los Hechos de los Apóstoles: “… a este Jesús Dios lo resucitó…” (Hch 2, 32a) aquí el verbo que se usa para “resucitar” significa “levantar” de entre los muertos, es el verbo ἀνίστημι [anistemi]. Inmediatamente ¡se nos abren los ojos y Lo reconocemos y hacemos conciencia de que su amor nos arde en el corazón mientras Él nos habla!



…y descubrir que todos los fonemas

son mágicas señales que se entreabren,

constelación de soles generando

en círculos de amor que de repente

se abren flor en el suelo de la casa.

A veces ni hay casa: apenas suelo…[3]

 

Miremos una vez más las etapas de esta Pedagogía que Jesús  nos enseña por medio de la perícopa evangélica que nos ocupa:

 

a) Él toma la iniciativa, como dijera Papa Francisco, nos primerea, se pone a nuestro lado y camina con nosotros.

b) Nos escucha, se interesa por saber qué nos pasa, nos atiende pacientemente para ver lo que nos aflige y saber cómo lo entendemos; cómo vemos nuestra realidad, nuestra historia.

c) Nos reprende, nos hace reaccionar, caer en la cuenta de nuestra cortedad y cerrazón, de nuestra dureza de corazón para aceptar las enseñanzas de Dios, que Él nos ha trasmitido a través de sus profetas.

d) Nos διερμηνεύω que hemos traducido como “explicar”, “descifrar”, “interpretar”, “traducir” -pariente cercano de nuestra palabra hermenéutica”. En el Salmo se reconoce que Dios nos instruye a todas horas, aun cuando estamos dormidos, nos instruye internamente. Nos ayuda a interpretar asistiéndonos con una lógica distinta de la que habituamos.

e) No nos obliga a aceptarlo, hace como que se va, y sólo cuando le insistimos acepta quedarse. Por lo tanto, hay un requisito, que nosotros lo “invitemos”: “Quédate con nosotros porque ya es tarde y pronto va a oscurecer” Y sólo en ese momento Él entra y  se queda. En este punto el verbo en relieve es el verbo μένω [meno] “permanecer”, “quedarse”.

f) La Revelación “Eucarística” que está formada por cuatro elementos: 1) Tomar el pan 2) Pronunciar la bendición 3) Partir el pan 4) Para Compartir.

 

El paralelo más fiel con esta escala de seis peldaños es la Eucaristía y sus momentos:

 

“nos impulsa a seguir adelante, a salir del sentido de la derrota, a hacer rodar la piedra de los sepulcros en los que a menudo encerramos la esperanza, a mirar al futuro con confianza, porque Cristo ha resucitado y ha cambiado el rumbo de la historia”.

Homilía de Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2023

 

«La RESURRECCIÓN del crucificado muestra que, morir, así como Jesús murió por los otros y por Dios, no es un sin sentido. La muerte anónima de todos los vencidos de la historia por la causa de la justicia, de la apertura y de un sentido último de la vida humana, encuentra en la resurrección de Jesús su clarificación. Ella tiene una función de liberación de un absurdo histórico»[4].

 

El aspecto clave de esta Lectura del Santo Evangelio Lc 24, 13-35, radica en que aquel par de desmotivados, de desmovilizados, desertores, estos también se habían separado del “grupo”, se habían desgajado de la “comunidad” igual que Tomás-Dídimo; inmediatamente, regresaron a Jerusalén a reunirse con los otros Discípulos, y con la comunidad creyente para seguir adelante. La pedagogía de Jesús-Resucitado los recobró para la misión, los rescató del desaliento. Les participó la resurrección puesto que el ánimo que en ellos ya estaba muerto, resurgió renovado haciendo de ellos germen nuevo de Nueva Humanidad.


Aportamos una recomendación muy especial para vivir cada experiencia Eucarística, cada Encuentro con el Resucitado: «…llegar a tiempo para poder tener de verdad ese momento de preparación, en el cual no deberíamos mirar sin necesidad para un lado y para otro, ni pensar en cosas inútiles, ni ojear vanamente un libro (o el teléfono-móvil), sino que deberíamos concentrarnos y serenarnos interiormente. Sería todavía mejor que ya en el camino hacia la iglesia nos recogiéramos un poco: en efecto, vamos a la celebración sagrada, así que el camino mismo hacia allá podría volverse una preparación del recogimiento, una introducción, en cierta medida en, la cual se anticipe lo que viene… quisiera decir que el preámbulo del silencio sagrado comienza realmente desde el día anterior. Según el sentido de la liturgia, la vigilia del sábado hace parte del domingo. Si a ello le sumáramos, quizá después de una lectura adecuada, un pequeño lapso de recogimiento, podríamos sentir pronto el efecto al día siguiente.»[5] «Cuando vayas camino de Emaús, aunque sea a la parroquia, a cuatro cuadras de tu casa -o más cerca-, acuérdate que el Señor da ardor a tu corazón cuando te habla. Y recuerda también que cuando parte contigo su Pan, se hace Luz en tu inteligencia y podés reconocerlo. ¿No te das cuenta de que cuando hay un calorcito en tu interior, es Él, el que con su Palabra está avivando el fuego del hogar?[6]

 

En el verso 26 encontramos el verbo δεῖ conjugado en la tercera persona del singular del indicativo activo ἔδει [edei] “algo que indefectiblemente tiene que ocurrir, algo que es “absolutamente necesario”, “indefectible”, “es necesario”, un “tener que”. Nosotros nos imaginamos como unos “nodos” por donde necesariamente debe pasar la historia. Habrá muchas cosas que, el ser humano “opte” hacer o dejar de hacer; sin embargo, -en la economía salvífica- encontramos “hechos seguros” que están absolutamente por fuera de nuestro arbitrio. No se trata de “predestinación”. Se trata de la Voluntad Salvífica y Misericordiosa de Dios que nos acompaña Paternal. Estos nodos son inapelables.

 

Él mismo se llega a ti, llama a tu puerta y basta con abrirle el corazón para que entre. Se pondrá a nuestro lado para explicarnos todo lo que estaba profetizado y se tenía que cumplir. Y nos recuperará de nuestros temores y desalientos.


“Me enseñaras el sendero de la vida, me saciarás de gozo en Tu Presencia, de alegría perpetua a Tu Derecha” (Sal 16(15),11)

 



[1] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS. Ed. Sal Terrae Santander-Navarra. 1989 p. 34

[2] Muñoz, Héctor. DE ALGUNAS COSAS SUCEDIDAS CAMINO A EMAÚS. En CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo Bs As. – Argentina 2004 pp. 169

[3] De Mello, Thiago. CANTO PARA LOS FONEMAS DE LA ALEGRÍA

[4] Boff, Leonardo. LA FE EN LA PERIFERIA DEL MUNDO. En TEXTOS SELECTOS Ed. Paulinas Santafé de Bogotá. D. C. – Colombia 1992 p. 94

[5] Guardini, Romano. PREPAREMOS LA EUCARISTÍA. Ed San Pablo Bogotá-Colombia 2009. p. 9

[6] Muñoz, Héctor. Op. Cit. p. 171

viernes, 17 de abril de 2026

Sábado de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 6,1-7

 

… (la “sopa”) para los pobres. Aquí era donde el asunto se complicaba. Las viudas de los helenistas no eran admitidas en tales comidas, en razón de las reglas que existían sobre la separación de mesa entre los judíos y los demás. ¿Qué hacer entonces?

Ivo Storniolo

Hasta ahora, todo en la Comunidad de los creyentes era armonía y rápido crecimiento numérico. En el capítulo 5, en los versos 1-11 tenemos un primer “lunar”: Safira y Ananías venden un lote, y en vez de ingresar el dinero en la caja comunitaria, lo esconden, para sí. De aquí en adelante, veremos tenciones, dificultades, conflictos, «Los primeros cristianos tuvieron muchos conflictos. Sólo el Libro de los Hechos habla de ellos más de cien veces. Se trata de conflictos de todos los tipos…» (Carlos Mesters). Hay quienes piensan que entre lo anterior y lo que viene ahora, debió trascurrir cierto tiempo.

 

Vamos a intentar un “plano” de la perícopa que hoy nos ocupa

6,1       Se plantea un conflicto comunitario hebreo-cristiano (detonado por el crecimiento numérico de la comunidad)

6, 2-4   “Los doce” proponen una solución.

6, 5      La comunidad acoge la propuesta y designan a Esteban junto con otros 6 “ayudantes”.

6,6       “Los Doce” acogen esta elección con oración e imposición de manos

6,7       esta alternativa puesta en marcha parece inyectar un nuevo dinamismo de crecimiento -una nueva oleada de extensión en el número de los que se adherían a los cristianos- a los creyentes de Jerusalén.

 

El conflicto se dio por el crecimiento cuantitativo de la Comunidad, y su estilo de solución destrabó la puerta para que más cristianos llegaran y el crecimiento prosiguiera.

 

Pongámonos a pensar en esta Iglesia naciente que, venía de la actitud de no aceptar más que a sus connacionales, limitando el privilegio de Dios a los de su propia raza y pueblo. Y llegan a entremezclarse los otrora paganos, que a través de la lengua griega y de la traducción de la Septuaginta se acercaron y vienen a compartir sus Banquetes Eucarísticos, y se sentaban a comer de la misma “sopa”, y fuera de eso, traían a sus viudas y se las “amoldaban” allí, como responsabilidad adicional. Parece fluir, en el subsuelo, un conflicto entre hebreo-parlantes y greco-parlantes.

 

Pero el Espíritu de la Iglesia no fue de rechazo, sino de acogida, era una situación novísima, para ellos muy “extraña”, pero su apertura y lo que Jesús les había enseñado, por ejemplo, con su trato amable y cordial con los samaritanos -a quienes muchas veces propuso como modelo- permitió que el Soplo del Espíritu Santo no quedara fútil. Como era una situación tan especial, requería medidas especiales: ¡fue una trasformación rotunda!

 

Había que ser coherentes con lo que el Espíritu les había mandado: mantenerse en continua oración, madrugar al Templo, predicar con constancia, “a tiempo y a destiempo”, y no limitarse al Templo, sino, también, llegar a las casas y llevar el anuncio, también allá. Pero, ahora salía al paso esta nueva tarea, un servicio fraternal para quienes mucho lo necesitaban.

 

Se genera un “ministerio” especializado, y -seguramente proporcional al requerimiento- se nombraron 7 diáconos, o sea 7 servidores, destinados a esta “pastoral” (el siete también se puede traducir como “todos los que eran necesarios”). Todos los delegados eran “helenistas”, sólo Nicolás era un προσήλυτον [proseluton], “prosélito”, valga explicarlo, -un pagano convertido al judaísmo-, que se había circuncidado y asumía con todas las de la Ley el judaísmo, pero que, por su proveniencia de la gentilidad carecía de derechos civiles.

 

Ya al hacer la elección se plantearon los requisitos para esta diaconía, a saber:

a)    Hombres de buena fama,

b)    Llenos de Espíritu y de sabiduría.

 

Vale la pena observar cómo se trasmitía la autoridad del “encargo”, por medio de la imposición de manos, gesto con el cuál Jesús comunica su Amor de Predilección y entrega determinado poder y servicio, que brota de Él y sólo a Él pertenece.

 

A renglón seguido encontramos un “comentario” que bien podría traducirse como la consecuencia, la aprobación que la comunidad dio a esta decisión y que hacía manifiesta la complacencia que el Espíritu Santo daba al acatamiento de su Soplo. “La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.


 Aquí, por la primera vez, se designan como discípulos a los seguidores de esta fe.

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 18-19

El martes antepasado, 11 de abril, entonábamos el mismo Salmo. En aquella oportunidad fuimos a los versos 4-5. 18-19. 20 y 22; o sea que lo que se cambio fue solamente un dístico, la vez pasada entonamos el 20 y 22, en esta oportunidad los versos1-2.

 

Podemos repetir algunos detalles que dijimos en aquella ocasión: es un himno, ensalza las acciones históricas de Dios, en las que se testimonia su Grandeza y su Misericordia; no se Le alaba por aspectos “teóricos”, sino por la intervención de su Mano a favor de su pueblo; a veces representado por una “alguien” que aparece como el “amenazado y necesitado de socorro”.


También dijimos que la cadencia es “andante”, como el ritmo al caminar en una procesión, y que, afianzados en esa cadencia, se daba un “dato” y en el siguiente verso, un eco que hacía las veces de caja de resonancia para intensificar su significación.

 

Por ejemplo, en el verso 1, se habla de צַ֭דִּיקִים [saddiqui] “justos” y la imagen que se le contrasta es la de los לַ֝יְשָׁרִ֗ים [leysarim] “rectos”; en el verso 2 se propone acompañar la alabanza con cierto instrumento musical בְּכִנּ֑וֹר [bekinnour] “la lira” y su resonancia está en el paralelo que se hace con el עָ֝שׂ֗וֹר [asour] “el decacordio”, (como se ha venido traduciendo desde 1554), que es un instrumento de la familia del arpa.

 

En aquella vez, el responsorio era: “La Misericordia del Señor llena la tierra”; esta vez, a manera de responsorios decimos: “Que tu Misericordia Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti”.

 

Jn 6, 16-21

La comunidad sumida en la tormenta

Los discípulos acaban de presenciar este signo incomparable: alimentó a 5000 con cinco panecillos de cebada y dos pescaditos, que eran las medias-nueves de un “muchacho”. Probablemente en sus corazones retumbaba, ¡Por fin, llegó el momento, ahora si será coronado Mesías! Aquello que ellos tanto habían aguardado, se va a dar, ¡ya era hora!


Se quedan ahí, esperando, atentos, alertas, a que Jesús haga la gran jugada, el “lanzamiento espectacular”. No puede desaprovechar la ocasión, ¡la ocasión la pintan calva!

¡Pero no, nada! Jesús se retira a la montaña, y se va en soledad. ¿Qué ha pasado?

 

Con esta conducta de Jesús lo que pasa es que “ha oscurecido”, para ellos, que no entienden nada y no ven nada claro, ¡Sí! ¡ha oscurecido! Los discípulos de Jesús bajaron al mar, como muchas veces vemos en la cinematografía, acompañando una gran depresión, el personaje se va al mar, con un paisaje de grises pesados, casi negros.

 

Continuando con la parte expositiva, pasamos a la “noche cerrada”, para reforzar el clima dramático: soplaba un viento fuerte y el lago se había encrespado. Francamente, en el ánimo de los discípulos se va a desatar una tormenta.

 

Pasamos al desarrollo: “habían remado unos veinticinco o treinta estadios” -aproximadamente como seis kilómetros-, han entrado en la peor zona de peligro, están definitivamente expuestos al naufragio; la hermosa y acariciada oportunidad ha quedado definitivamente atrás; y, ahora lo que resta es la fatalidad. Pero, en el vórtice del albur aparece Jesús, ¡caminando sobre el mar! Pero ¿qué es esto? ¡esto es totalmente inexplicable! La reacción es de “miedo”.

 

Viene lo que se llama una “re-exposición”. Su “miedo” es casi lógico. Jesús se identifica, con frecuencia usa el mismo “santo y seña” les dice Ἐγώ εἰμι, μὴ φοβεῖσθε [ego eimi, me fobeisze] “Soy-Yo” ¡No teman!

 

Ellos pretendían λαβεῖν [labein] “subirlo”, “prenderlo”, “tomarlo” en la barca; muy parecido a María Magdalena que, en el Huerto, quiere sujetar a Jesús y “retenerlo”. ¿Se imaginan?

 

Pero, Maestro, ¿por qué has obrado así? ¡has perdido uno de esos momentos de oro! ¡No, eso sí ha sido una verdadera bobada! Y seguramente todos lo habrían recriminado y ametrallado de reclamos y reproches; le habrían dado “cartilla”, porque ¡este Jesús si está muy despistado! ¡A este Dios hay que darle un entrenamiento adicional y aclararle tantas cosas! Y seguramente el resto de la travesía le estarían haciendo mala cara, refunfuñándole, y dándole cantaleta.

 

Este pasaje guarda cierta similitud con “los dos en el camino de Emaús”. El desaliento que les ha sobrevenido es el punto de semejanza. Están completamente abatidos. Para el pueblo judío Mesías significaba Rey a la manera de David, del linaje davídico. Y ellos, lo único que llevaban en su barca con ellos, eran doce canastos de “sobras”. Y en vez de honores y hosannas, solo ven un mar picado que amenaza naufragio.

 

El los sacó de Jerusalén-Egipto -a pie enjuto-; ellos -en vistas de la situación- prefieren devolverse al pescado, a los pepinos, a las cebollas que comían allá en Egipto. Es lo que algunos han llamado un retro-Éxodo. Debemos apoyarnos en el mapa, y remitirnos a él toda vez que sea preciso, ellos estaban del lado de Betsaida -en el episodio de la multiplicación de los panes- no es que los “discípulos se le hayan adelantado” a Cafarnaúm -al otro lado del mar de Tiberiades-, en realidad es una ola de deserción. ¡No van por delante, van en franca dispersión! ¡Desertan! La típica pataleta infantil: No hiciste lo que queríamos, ahora nos tiramos al piso, nos revolcamos y gritamos. Esta bravata les costó el riesgo de sucumbir en una tormenta; pero Jesús no los abandonó.


Para no dar pie a nada de esto, ¡Llegaron! ¡La barca tocó tierra enseguida!