martes, 17 de marzo de 2026

Miércoles de la Cuarta Semana de Cuaresma

 


Is 49, 8-15

Ya llegan tiempos mejores

Vamos a hacer otra visita al Deutero-Isaías, caps. 40-55. Segunda parte de este Libro, este bloque de Isaías es, desde nuestra óptica, la consolación de Israel. Recordemos que esta parte fue escrita desde el exilio, en Babilonia, y el anuncio consolador consiste en vaticinar el pronto regreso y las condiciones positivas en las que se producirá.

 

Nunca, al leer esta parte de Isaías, se puede ignorar que su columna vertebral es el Canto del Siervo Sufriente. Formado por los cuatro Canticos:

      i.        42, 1-9

     ii.        49, 1-6

    iii.        50, 4-11

   iv.        52,13 – 53,12

 

La perícopa que nos ocupa hoy, va exactamente después del Segundo Cántico, podríamos intitularla “Magnifica Epopeya del Regreso”. Es Dios Quien habla para garantizar la Glorificación del Siervo Sufriente. Su humillación será trasformada en Ensalzamiento (Alabanza, Engrandecimiento).

 

Con el retorno sobrevendrá algo más Grandioso, será a nivel Cósmico y nos engarza con la segunda parte del Libro de la Consolación que va del 49,14 – 54,17, se apunta, no sólo al regreso, sino que se proyecta hacia la Restauración y la Repoblación de Jerusalén. La que viene a continuación es una perícopa Jerusalén-céntrica, donde su anuncia su reconstrucción.

 

Dicho lo anterior, ya tenemos un marco co-textual para la perícopa de hoy, tanto un antes como un después.

 

Sabiendo que se acaba de ver el Segundo Cántico, se puede interpretar que es por mediación del Siervo que se dará la Reconstrucción: El pueblo estaba afligido, el Señor se  ha רָחַם [racham] “compadecido” (יְרַחֵֽם [yerahem]) (49, 13), y le ha regalado Consuelo.

 

Antes de recibir su Consuelo ¿Qué decía el pueblo? Pues daba expresión al desaliento que le provocaba esa sensación de Orfandad-de-Dios, de Abandono.

 

«¿Cuál fue la idea errada sobre Dios que desequilibró la vida del pueblo? Fue la idea de un Dios cuyo favor y protección pueden ser comprados por medio de promesas, ritos y sacrificios; un Dios que la gente sólo usa mientras sea útil y fácil. Una idea así es como un comején: va comiendo la fe por dentro». (Mesters, Carlos O.C.D. LA MISIÓN DEL PUEBLO QUE SUFRE).


Viene esa expresión de Fidelidad de YHWH, tan emocionante, tan entrañable, que define la Relación de la Alianza, el parentesco que Dios ha tenido a bien, ejercer con nosotros, hijos de sus Misericordiosas Entrañas:

 

Pero, ¿acaso una madre olvida

o deja de amar a su propio hijo?

Pues, aunque ella lo olvide,

Yo no te olvidaré.

 

Sal 145(144), 8-9. 13cd-14. 17-18

Este es un himno de Alianza. Como quiere cantar la totalidad de la Alianza, en todos sus aspectos, lo hace por medio de este Salmo Alefático. Siempre que se apalea al truco del acróstico en el que cada verso empieza con un a letra del alefato y así por las 22 letras, quiere decir que el Cántico está inspirado con un espíritu holístico.

 

Se quiere hablar del Reino de Dios, y para ello se recurre a una doble vertiente:

-De una parte, se citan sistemáticamente las cualidades divinas más pertinentes al objeto que se quiere resaltar, pero esa Omnipotencia que detenta Dios, no está desbordada, por el contrario, tiene un límite muy preciso, es una Monarquía, pero “constitucional”. Hasta donde se atreverá a llegar Dios, hasta donde no dañe a su criatura. El mismo se delimita en su Acción a los márgenes de Su-Ser-Bondadoso-AmorosoPaterno-Maternal.

 

Dios se da a conocer como un Dios que está dispuesto a ceñirse a una delimitación: Nunca irá más allá del Bien-para-Su-Criatura. Y -como si fuera poco- llegará a “entregarse” por nuestro Bien.

 

Veamos muy someramente los resplandores que lo Configuran:

-       Clemente y Misericordioso

-       Lento a la cólera, Rico en piedad

-       Cariñoso para con sus criaturas.

-       Fiel a su Palabra

-       Bondadoso en todas sus acciones.

-       Sostiene a los que van a caer y endereza a los que empiezan a doblarse.

-       Justo en todos sus caminos

-       Cercano (para los que lo invocan con un corazón sincero).

 

Durante mucho tiempo no pudimos generar otra teología que aquella que miraba que los reyes son inaccesibles, se requiere pedirles previa cita; y son “personajes” tan ocupados, que no hay ninguna cabida en sus comprimidas agendas: Dios tenía que ser distante, dada Su Majestad. Sólo se le veía pasar de lejos, y siempre con un cercado de escoltas, (por eso, andar con sequito era imprescindible).


Esta manera de ser fue ampliamente ilustrada-desmentida por Jesús que nos mostró siempre su apertura, su cercanía, su acogida indiscriminada, incluyente para el publicano y el pecador, el leproso y la adultera. Incluso una mujer de mala fama, puede llegar hasta Él y derramar perfume en sus pies, y enjugárselos con su cabello.

 

Este Salmo de la Alianza no es para batir palmas en favor del Rey; sino, para enseñarnos una Nueva Definición de lo que es un מֶלֶךְ [melej] “Rey”: Un-Rey-de-Verdad cercano, Un-Dios-con-Nosotros. Que nos acompaña siempre: de día como Nube y de noche como Columna de Fuego, Faro-Caminante.

 

Jn 5, 17-30

…quieren matarle. Se hace igual a Dios. La situación aquí representa las polémicas de los años 80-90 dC. Fue precisamente esta alta cristología la que levantó barreras entre la comunidad judía y la del discípulo amado. Fueron estas las polémicas que finalmente provocaron la ruptura y expulsión de los cristianos de la sinagoga.

Augusto Seubert

Cierta teología con cierta raigambre judía, lee el Séptimo día como un día en el que Dios quiere ocultarse, como una especie de niñera que se fatiga con las travesuras de los chiquillos y quiere tomarse un descanso, un día de asueto. Quiere que sea un día de gratitud, pero no quiere saber nada de nosotros, ni de nuestra gratitud, ni de nuestra “contemplación”.


Ayer, considerábamos el tema de la “sanación” / “sábado”, dos conceptos que aparecen como contrapuestos, inclusive, aún más, francamente opuestos. El judaísmo oficial quería tener a Dios a raya durante el Sabbat, detrás de una reja electrificada, allí muy juicioso debía abstenerse de hacer cualquier cosa: el sagrado-séptimo-día, donde -siguiendo la Torá- estaba marcado por la abstención de cualquier clase de trabajo.

 

Jesús, a quienes no estaban (ni están) dispuestos a reconocer su condición de “Ungido”, se niega a aceptar esta reclusión carcelaria. Sanó al invalido de Bethesda y -para acabar de agudizar la crisis- le ordenó recoger y portar su camilla.

 

Así las cosas, Jesús les borra de un plumazo su idea de un-dios-cansado- de bregar con nosotros. Les informa que Él actúa sin parar y añade aún otro dato: Él, en tanto que Hijo, obra con el mismo talante de su Padre: ¡sigue actuando!

 

¿Han visto ustedes a alguien airado? ¡Es muy fácil llevarlo al paroxismo! Pues estos “judíos”, alcanzaron el nivel de arrebato, cuando Jesús dice de Sí-mismo, que es el Hijo.

 

Y les adjunta algunas (una docena) precisiones:

1)    El Hijo no actúa según su capricho, sino conforme le “enseña” su Padre.

2)    Así como el Padre resucita muertos, así también el Hijo da Vida.

3)    El Padre no se ocupa de Juzgar

4)    El Padre nos ha dado el “paradigma” para que, al juzgar, lo hagamos nosotros mismos, remitiéndonos al Prototipo: El Hijo.

5)    Y, ha obrado así para darle toda Honra, y Honor y Majestad al Hijo, que será Dignificado como lo es su Padre-Rey.

6)    Llegado el caso de negarle dignificación al Hijo, estaremos deshonrando al Padre.

7)    El que acepta la Palabra de Jesús y cree que Él es El Enviado del Padre, queda exceptuado de “juicio” y se hace acreedor a la Vida Eterna: Pasando -ya aquí en tierra- de la Muerte a la Vida.

8)    El tema de la “Hora”: Los que ya murieron, también oyen La Voz, y sí la acogen como la Voz del Unigénito, ¡vivirán! No quiere decir que se levantaran aquí, a departir con nosotros, sino que serán aceptados en la Vida Perdurable.

9)    Padre e Hijo, son portadores en Sí-mismos de la Vida.

10) Para los hacedores de “Bien” (no se dice que, a los rezanderos, tampoco se dice que, a los coleccionistas de estampitas religiosas, se dice que ¡los hacedores de Bien”) “saldrán a una resurrección de vida”.

11) Los malhechores, “a una resurrección de “Juicio””.

12) Jesús no ha venido a implementar su arbitrio y a hacer lo que a Él se le antoje. Sino, a “hacer la Voluntad del que Lo Envió”. (que fue lo mismo que dijo en el Primer Punto, para cerrar el círculo).

 


«Les escribimos a ustedes acerca de aquello que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Porque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos. Se trata de la Palabra de Vida. Esta vida se manifestó: nosotros la vimos y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes esta vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos ha manifestado». (1Jn 1, 1s)

lunes, 16 de marzo de 2026

Martes de la Cuarta Semana de Cuaresma


Ez 47, 1-9. 12

…el que cree en Mí, nunca tendrá sed.

Jn 6, 35ef

 

El profeta יְחֶזְקֵאל [Yejeskel] Ezequiel (cuyo nombre significa “Dios fortalece”) profetizó entre 586 y 538 a. C. según unos; y entre el 593 y el 571, según otros. Procede de la “casta” Sacerdotal -lo cual es de crucial interés, porque inevitablemente ve las cosas desde esa perspectiva, lo que conduce a que su predicación se centre en cuestiones morales y legales, relacionadas con el Templo y la Torah-, fue llevado cautivo a Babilonia y ejerció allí su profetismo. El profeta tiene varias visiones y se puede caracterizar como el profeta de las acciones simbólicas. Su simbología empalma perfectamente con el lenguaje apocalíptico.

 

Para comprender la estructura de este Libro podríamos segmentarlo como sigue.

i)              Los capítulos 1-3 la introducción que nos muestra la vocación de Ezequiel.

ii)             Los capítulos 4-24 contiene las imprecaciones -contra los Israelitas- ante el cerco de Jerusalén.

iii)           Los capítulos 25-32 son portadores de las maldiciones contra las naciones de los pueblos infieles.

iv)           Los capítulos 33 al 39 nos encontramos frente a un segmento de “consolación”.

v)            Los capítulos 40-48 se nos da una visión del Templo escatológico y la Jerusalén del futuro: es la cuarta gran visión. En ella se compilan años y años de reflexión.

 

El marco temporal es la era de la decadencia de Nabucodonosor

·         Como cosecha de la experiencia vivida

·         Como proyecto a desarrollar en el futuro

·         Como ensamble teocrático para el gobierno en los tiempos venideros.

 

Tres temáticas se desarrollan en esos nueve capítulos finales:

1)    La arquitectura del templo y de la Jerusalén venidera.

2)    El desarrollo de una legislación acorde con este esjatón, el linaje sadoquita del Sacerdocio, con una separación más o menos neta del gobierno respecto del Sacerdocio que detentaría la autoridad mientras que el conjunto del rey y su corte estarían limitados a funciones administrativas.

3)    El reparto y distribución de la tierra prometida. Versos 1-8 del capítulo 48.

 

«Es tradicional en Israel la concepción de Dios como agua viva: “Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se cavaron aljibes agrietados que no retienen el agua” (Jr 2,13) Ezequiel dice que Dios está en el destierro, pero volverá templo y producirá esa corriente de agua viva que brotará en explosión de triunfo de la vida vegetal, animal y humana. Será el triunfo sobre todo lo hostil a la vida: el agua salitrosa quedará saneada, la estepa árida se trasformará en ubérrimo huerto de frutales, toda enfermedad será curada». (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)

 

Había un rio en el Edén (Gn 2, 10-14), que es el antecedente del agua que pasa por el Templo y nutre toda la vida y sanea todo a su paso. Y una prolepsis, que fluye y camina por la Puerta de las Ovejas, liberando, saneando dando Vida y Vida Eterna. «El texto de Ezequiel se inscribe en la concepción del agua como origen de la vida. En la imagen de la cierva sedienta se encuentra el tema de la sed: el agua mantiene la vida; y el agua en forma de lluvia se relaciona con la vida en el aspecto de fecundidad, semen, más origen que mantenimiento de la vida… El agua del texto es agua dulce, pero también puede entenderse el agua del mar, porque las concepciones míticas no apuran el dato científico. Ezequiel piensa en el agua “viva”, agua de manantial que brota y fluye en forma de rio o de torrente. Un dato importantísimo es que el agua de Ezequiel brota del templo, que es su fuente». (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)  

 

Como realidad teocrática, del Templo emana toda autoridad y toda vitalidad.  Del Templo dimana toda la fertilidad. Es tal la vitalidad del agua que mana el Templo que sanea hasta las aguas del mismísimo Mar Muerto.

 

En realidad, esta Lectura de hoy nos predispone para la Liturgia del Agua a la que asistiremos en la Gran Vigilia Pascual (En ella leeremos nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo, intercalando entre Lectura y Lectura, un Salmo Responsorial; en esa Celebración leeremos también de Ezequiel, del capítulo 36- trece versículos 16-17a. 18-28 -a manera de 7ª Lectura -antes de proceder a las dos Lecturas del Nuevo Testamento- que nos habla del cambio que Dios operará en nosotros, cambiándonos el corazón de piedra por uno dócil).

 

El Agua que brota del Altar es el Agua de Vida: Del Altar brotara también el Verdadero Maná el Pan de Vida- y la Sangre para lavar nuestras Vestiduras.

 

«En levante está el Jordán, y más abajo el mar Muerto, al oriente de Jerusalén. Ese manantial del templo se convierte a los dos kilómetros en rio invadeable. Toda esa zona es esteparia y se lama algarabá; pero cuando vuelve de ese viaje visionario, se encuentra con la frescura de una arboleda que ha crecido en ambas márgenes del río. La fuerza del agua “viva” vence la infecundidad del agua pútrida, poblándola de seres vivos. La alusión a las aguas fecundas del Génesis es clara. A través del agua “viva”, la fecundidad brota en todas sus formas» (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)  


De esa fuente que brota del baptisterio, manarán los nuevos cristianos. La Lectura hace énfasis en el poder sanador de las aguas y en la vitalidad que ellas prodigan.

 

Sal 46(45), 2-3. 5-6. 8-9

La fuente que mana en Jerusalén es la de Siloé. Para el judío, esta fuente le habla de la Gloria de Dios y de alguna manera alude al antídoto de lo más temido en aquellas culturas: La muerte de sed.

 

¿En Qué Dios creemos? En el Dios histórico que conoció Abrahán, el Mismo que conoció Jacob. Nuestro alcázar como vamos a decirlo y a repetirlo cuatro veces: es el Dios de Jacob. Él, que es el Dios Universal, está con nosotros. (Que además también significa que está de nuestra parte).


Este es un Salmo de Sion. Y si hemos de compaginarlo con la Primera Lectura, tendremos que pensar que se trata, no de cualquier Jerusalén, sino de la Nueva Jerusalén (ironía de las ironías, Jerusalén significa “Ciudad de la Paz”). Jerusalén es sinónimo de inexpugnable, por eso, el salmo la adjetiva מִשְׂגָּב [misgab] “Alcázar” que es una palabra de origen árabe: Al-qasr, que viene a ser “fortaleza”, porque no era una ciudad inerme, sino que en ella acampaba un ejército. ¿A qué ejército se referirá? Al de YHWH, el Señor de los ejércitos: YHWH Sabaoth, Dios de los ejércitos.

 

1ª estrofa: así tiemble la tierra, no nos da miedo, aun cuando los montes se derrumben o se hundan en el mar, tenemos a Dios que nos defiende de todo peligro.

 

2ª estrofa: esta ciudad tiene su rio. Que garantiza verdor imperecedero, es la manera como Dios consagra su Ciudad Santa. Como Dios está allí absolutamente Presente, desde la primera hora de la mañana, sabemos que Dios está aquí para guardarnos.

 

3ª estrofa: Es la invitación -porque esa es nuestra invitación- convidarlos a todos, a toditos, que vengan a ser testigos de la Grandeza Incalculable del Señor. Que veamos atónitos sus obras, ¡Vengan a descubrir y asombrarnos de todas sus maravillas!

 

 

Jn 5, 1-3a. 5-16

La iglesia tiene siempre las puertas abiertas. Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a encontrar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿Le regaña por estar herida? No, va y lo carga sobre los hombros. Y esto se llama misericordia.

Papa Francisco

El marco espacial de esta perícopa del Evangelio joánico, es la Puerta de las Ovejas -en Jerusalén había una puerta, llamada la puerta de las ovejas, por ahí entraban los animales destinados a ser sacrificados en el templo-, con una Fuente, la de Bethesda -esta palabra significa “Casa de la Misericordia-, (formaba parte de parte de una especie de orfanato para enfermos dedicado al dios greco-romano de la salud y el bienestar Esculapio). Y tenía unos pórticos, en número de cinco. Allí, arrinconados sucesivamente estaban todos los limosneros: ciegos, cojos, y tullidos todos tirados por el suelo, tendidos, con sus manos suplicantes.


¿Por qué ciegos? porque tenemos una manera de mirar que mira sin ver. ¡No vemos!

 

¿Por qué cojos y paralíticos?  Porque Jesús nos invita, nos llama, pero, a nosotros nos cuesta tanto incorporarnos y seguirlo. Él nos la pone lo más fácil que se pueda imaginar, pero, si uno está tullido, ni modo, ¡no arranca!

 

Pero el asunto se pone más complicado si vienen algunos a decirle a los llamados que no lo sigan porque esa invitación es violatoria de “principios fundamentales”, que la religión los desprecia porque si padecen estos males es precisamente por “impuros”. Y se incurre en el purismo de estos “judíos” que le encuentran buen obstáculo a la sanación, porque al que ha “sanado” se le encargó recoger su camilla y llevársela. ¡En sábado no puedes cargar una camilla! Pero es que esta gente “impura” que Jesús sanaba eran del grupo de los “ignorantes” ¿Quién te ha mandado eso? No les importa verlo andando, superada su parálisis, y no se admiran de lo admirable. Sólo miran con su enceguecida memoria hacia los listados legislativos: ¡leguleyos redomados!

 

Para estas personas, se inventó el semáforo, y debe permanecer siempre en rojo. Nunca ha de cambiar a verde (los otros bombillos, fuera del rojo son inútiles, están ahí, de adorno). Si hay algo en el camino, pongamos por caso una camilla ahí botada, con mayor razón, que siga el semáforo en rojo. Pero, alzar la camilla, quitarla de la vía, suprimir el estorbo ¡ni de riesgo! ¡eso nunca! ¡Anatema!

 

A nosotros nos suena fácil, pero nuestro tozudo semáforo en rojo, también es pertinaz, en otros aspectos, nosotros también tenemos nuestras “camillas” inamovibles. Pues para ellos es esencial: Una manera de refrendar que habían sido librados de la esclavitud en Egipto y una manera de agradecer el precioso don que habían recibido del Potente Brazo del Señor.

 

No se puede menospreciar la fidelidad judía a este respecto, más bien meditarla y aprender todo lo bueno que de ella deriva. Tampoco estar demasiado prestos al abandono de los elementos de fe que hemos heredado. Pero no cambiar por cambiar, sino cambiar permaneciendo firmes en lo que la Iglesia enseña, ella es guardiana, conservadora de la verdadera fe. Pero de lo esencial, no de las regulaciones con impronta humana.

 

Leyendo la perícopa con atención vemos que para Jesús lo importante es liberar de la condición de inmovilidad y que el “tullido” pueda disfrutar de su “autonomía”, de su Libertad para desplazarse. Pero debe -como gratitud- quedar muy vigilante para “no pecar más”.

 

Hay que notar el muy escaso interés que pone Jesús en que sepan quién es el obrador de tanto bien: Lo sanó, lo despacho con bien, pero no le dijo ni siquiera el nombre, no hay ninguna seña de proselitismo en su ejercicio taumatúrgico. Cuando le preguntaron quién le había mandado cargar la camilla, él no pudo dar razón.

 

Jesús no va ganando adeptos, no anda comprando votos, Él va sembrando el Bien, porque el Bien es lo que su Padre Obra Siempre. El Bien es lo que el Padre le puso por Misión.

 

Si el agua que mana del Templo trae “saneamiento”, al levantarse de la camilla, se preanuncia la resurrección. Tan es así que la palabra que se registra en el Evangelio es Ἔγειρε [Egeire] “Resucita”. El que renace, ya no tiene el “defecto”, ha quedado sano. La palabra para “levántate” es la misma que “Resucita”.

 

Tal vez tú también quieras probar las dulzuras del agua de vida, hay allí un agua que manó para ti en el baptisterio, pero no se agota, ¡Él sigue saneando! ¡Ven al confesionario! Hallarás “una Fuente que salta hasta la vida eterna” (Cfr. Jn 4, 14).


Para la época en la que Juan escribió su Evangelio, los sobrevivientes del judaísmo eran los fariseos; bajo esa circunstancia, ya no tiene caso distinguirlos hablando de fariseos, saduceos, escribas. Los que quedaban eran todos judíos. Y, para ese entonces, ¿a qué se dedicaban los judíos? ¡A la persecución de los cristianos! Por eso, en el último versículo leemos: “Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado”.

domingo, 15 de marzo de 2026

Lunes de la Cuarta Semana de Cuaresma

 


Is 65, 17-21

Estamos -hoy-en el capítulo penúltimo del Libro de Isaías, en el Trito-Isaías: Son páginas apocalípticas. Por eso, Dios ha recomendado “atesorar en la memoria”, y heredar de padres a hijos los recuerdos de lo vivido, donde se testimonia la Intervención Divina. Pero, cuando lleguemos al esjatón, cambiaran las coordenadas temporales y, la recordación no tendrá ni objeto ni sentido: serán un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva, con otro sistema de coordenadas y valores “purificados”. Ahí perderá su valor la memoria, y los recuerdos su sentido. Después de la dolorosa experiencia de la “realidad”, del “penoso Valle de Lágrimas” tendremos dos planos de una sociología diferente:

1.    Jerusalén -un topos- de pura alegría.

2.    Una sinodalidad -soporte estructural- del Nuevo Pueblo de Dios.

 

Esta Nueva Creación tendrá unos rasgos que darán regocijo al Propio Dios:

·         Desaparición del “llanto”, no por cesación de las funciones lacrimales, sino por la desaparición de penurias que las desaten.

·         Dejaran de morir los niños, porque se descartará la guerra como negocio, la hambruna de tantos pueblos, y las condiciones de salubridad se optimizarán: ¡esto lo hará el Señor!

·         Nadie morirá prematuramente: al desaparecer la violencia y maximizar el respeto a la Vida. (Esto aclara que no es una realidad del “otro mundo”, porque ya desde hace mucho Dios nos dejó muy claro en su Revelación, que en la otra vida no hay muerte).

 

A estos aspectos se les ha agrupado bajo el acápite de “utopía”, y lo son para nosotros, ningún gobierno, ninguna sociedad, ningún modelo cultural lo podrán realizar. Dios lo traerá a su debido tiempo. ¿Eso se llama Esperanza!

 

Será una Era en que la Presencia de Dios será aceptada, y no perseguida. En aquel tiempo, todas las vides serán para sus sembradores.

 

Cuando los judíos “regresaron” del exilio en Babilonia, nos imaginamos – como también muchas veces creemos que después de cuarenta años del exilio fue así-, que llegaron todos los mismos que salieron de Egipto. Así mismo de los deportados a Babilonia, que todos volvieron. La verdad es que muchos se quedaron, que muchos se “asentaron” y “usufructuaron” la situación alcanzada en Babilonia y el status que habían alcanzado con sus negocios y su industria.

 

Este error, que muchas veces se da por ocultamiento de los pasajes que lo aclaran, produce la tergiversación que es la imaginación de un “retorno al Paraíso Celestial”. Hoy lo dice muy claro: “Voy a crear un Cielo Nuevo y una tierra Nueva”. ¡No dice que nos va a regresar al Edén!


Pálido consuelo el de aquellos que -traen un tanque de pintura bien grande, llamado “resignación”- para barnizar la Promesa porque detrás de una fe supuestamente muy firme y muy formada, no les alcanza a caber la Grandeza del Poder de Dios. Quien no confíe que se cumplirá, en verdad no cree. Esa es una religión diferente, peluqueada bien a ras.

 

Sal 30(29), 2 y 4. 5-6. 11-12ª y 13b

Cuando uno ha pasado por un gran riesgo y lo ha superado -por ejemplo, una enfermedad gravísima- uno logra descubrir que fuerzas Superiores han dirigido los diversos hilos y sólo gracias a esa intervención, ha sido posible la maravilla de la “victoria”de la salud sobre la enfermedad, de la vida sobre la muerte. Y entonces, uno ha sido testigo de la convergencia de “vectores”, de otra manera inexplicable.

 

Siempre – con un corazón endurecido, por la testarudez-, se podrá argumentar que no se puede explicar porque no se ha hecho el debido esfuerzo. Alguno llegará arguyendo que ya vendrá el día, cuando la “ciencia” lo explique. Ese día será cuando bajemos la obsesión altanera del racionalismo.

 

Quiere decir que debemos renunciar al racionalismo: ¡de ninguna manera! Todas nuestras capacidades intelectivas son fruto de la Voluntad Creadora, y, si nosotros las desecháramos estaríamos desechando a su Divina Majestad. ¡Desechar no! ¡Aplicar con “humilde moderación, si!


Estaban comprando ya el ataúd para el entierro, y Dios dijo ¡No, lo quiero vivo! Y a continuación dijo, ¡Niño (o niña, o señor, o señora o el que sea), levántate! Y lo dijo en arameo, pero le entendimos y nos levantamos.

 

¡Nosotros no nos levantamos y cambiamos de tema! Empezamos a ensalzarlo, porque nos libró. No dejó que sucumbiéramos en manos del “enemigo”, (ellos se dicen enemigos, pero para nosotros son sólo nuestros hermanos).

 

No es que nuestro pecado le sea indiferente, claro que Él se irrita, pero solo momentáneamente, hace tiempo que descubrimos que guardar enojo sólo nos autodestruye: y eso Dios lo ha sabido desde siempre, así que casi de inmediato nos perdona. ¿Qué haremos nosotros? ¡Fiesta! celebrando su Presencia en nuestra vida, en nuestra mente, en nuestra sanación y liberación. Después de tener los ojos anegados, súbitamente descubrimos que Él nos ha consolado y ha previsto y provisto salida a nuestros pesares. Podríamos decir -no para abusar de su Misericordia- que ¡su cólera es Instantánea! Con mayor razón, ¡cuidemos de no enojarlo!

 

·         Cambió nuestro luto en danzas

·         Démosle, perennemente Gracias.

 

Jn 4, 43-54

Esta semana vamos a trabajar una lectura semi-continuada del Evangelio joánico. En el mismo capítulo 4, en los versos 4-42, encontramos el encuentro que tuvo Jesús en Sicar, con la Samaritana, en la fuente de Jacob (es lo que viene antes de la perícopa que leemos hoy). 


Jesús viene de estar dos días en Samaría y llega a Galilea donde es bien acogido, en contraste con el trato recibido en Judea, que lo lleva a declarar en el verso 44 que “Ningún profeta es honrado en su patria”. En Judea le abren las puertas porque hasta allí han llegado las noticias de los prodigios que ha realizado (que en San Juan se denominan “signos”), además allí había obrado la transformación del agua en vino; ahora viene a dejar una segunda honda huella, ahora la transformación será de la muerte en la vida.

 

Viene un miembro de la aristocracia, un “alto funcionario real”, una suerte de burócrata. Tenía su hijo amenazado por la muerte, y enterándose que Jesús -proveniente de Judea-, llegaba, le salió al paso para rogarle que lo curase.

 

A la petición de vida para su hijo, Jesús le responde con una especie de reproche. Lo malo no está en que acudamos a pedirle, tampoco que nuestro pedido vaya contra los ritmos de la naturaleza, que, si uno está muy grave, lo lógico es que sobrevenga la muerte; no, lo malo está en pedirle sin fe y condicionar nuestro creer-en-Él a la realización de prodigios. Jesús lo que le dice es “si no ves σημεῖα [semeia] “signos” y τέρας [teras] “maravillas”, no crees”. Esta palabra τέρας, significa algo tan sorprendente que es expresión del poder de Dios. Y, sin embargo, como el funcionario real le insiste, Él se lo concede. Lo remite a su casa, y que se vaya tranquilo porque el hijo ya está bien. Y, el empleado de Palacio, ¡creyó!

 

¿Realmente uno se pregunta: el signo y maravilla fue la curación del muchacho? ¿O el signo-maravillante fue que el papá creyera? ¿Qué es más fácil, restablecer -a distancia- la vida de un enfermo o, curarle el alma a un incrédulo?

 

Se suscita en el relato, allí, justo en ese punto, la cuestión de la hora. Cuál es la importancia de la “hora”. Nosotros entendemos que no se está hablando de un asunto cronológico, no habría importado si fue a las 3:00, a las 4:00 o a las 5:00, o en cualquier otro momento. Aquí se refiera a una “hora kairótica”, un momento de Gracia: Dios ha entrado en la dimensión de la historia en aquel punto, era el momento histórico exacto, Dios había salido del Cielo, y había entrado en nuestra dimensión, se manifestó, y es la “hora de obrar sus Maravillas, para entregarnos la Salvación. ¡Es una hora de Salvación! ¡Es un giro Soteriológico! ¡El plazo se ha cumplido! Dios ya está con nosotros. ¡Señor de la historia!


Esta perícopa tiene un trasfondo apocalíptico, ese manifestarse de Jesús prodigiosamente tiene un carácter estrictamente revelatorio -recordemos que apocalipsis significa “revelación”-; este signo-maravillante es verdaderamente epifánico: ¿En qué momento fue? ¡A la hora ἑβδόμην [hebdomen] “Séptima”! lo que significa ¡A la hora Perfecta! Ni un minuto antes, ni un segundo después, sino, justo cuando Dios lo tenía dispuesto, la hora “oportuna” de Dios, el kairós.

sábado, 14 de marzo de 2026

NO SON SIGNOS MÁGICOS, NI SUPERSTICIONES

 

1 Sam 16, 1b.6-7.10-13; Sal 23(22), 1b-6; Ef 5, 8-14; Jn. 9,1-41

 

“Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad”.

Antífona de Entrada

 

La escala de la iniciación cristiana

El camino de la iniciación cristiana recibe el nombre de catecumenado. Es una escalinata breve que, del exterior de la Iglesia, nos lleva a pasar a participar en ella con plenitud. Se trata de tres gradas: La del agua, la de la Luz y la de la Vida. Con esos tres peldaños nos vamos acercando a la plenitud del que nos Llama: Jesucristo.

 

A esos peldaños los identificamos con los nombres de:

1)    Sacramento del Bautismo

2)    Sacramento de la Eucaristía

3)    Sacramento de la Confirmación.

 

El Domingo pasado ingresamos en este ciclo catecumenal, con la perícopa de San Juan que nos trajo la entrevista de Jesús con la Samaritana en el borde del poso de Jacob


Hoy, tenemos la perícopa de Jn 9, 1-41, bajo el título “Jesús da la vista a un hombre que nació ciego”.

¿Somos conscientes de nuestro bautismo? Eso no quiere decir que “sepamos” que fuimos bautizados y que de pronto ruede por ahí una fotografía del momento en que el sacerdote derramo sobre nosotros el agua bautismal; ni que contemos en nuestro recuerdo el nombre de la Iglesia donde se nos otorgó este Sacramento y reposa nuestra partida de bautismo (que a veces confundimos el sacramento con el comprobante jurídico-eclesial de su recepción); también puede ser interesante e incluso fruto de la gratitud, recordar cómo se llama el sacerdote que nos bautizó; pero, eso no es todavía “consciencia bautismal”. Ser conscientes de nuestro bautismo guarda mayor relación con el hecho de haber sido constituidos sacerdotes, profetas y reyes. Ser conscientes de nuestro bautismo significa saber que nosotros hemos vivido la experiencia -junto con Jesucristo- de ser bautizados, por las aguas del Jordán, porque cuando Jesús se bautizó creó todas las aguas del mundo como aguas del Jordán, propias para bautizar. Ser conscientes de nuestro bautismo significa entender que hemos sido “elegidos” para recibir la Unción Crismal que hoy evocamos -en la primera Lectura- unción que nos constituye en reyes, de la misma dinastía que David- del mismo linaje de nuestro Redentor: Rey de reyes. Esa consciencia nos hace reconocernos “hijos de Dios”, darnos cuenta que somos hermanos todos que nos dirigimos al mismo Padre pronunciando con profunda dulzura el Abba. Ser conscientes de nuestro bautismo nos lleva a desarrollar el sentido de pertenencia a la Iglesia, obreros de futuro, constructores del Reino, viviendo nuestra responsabilidad de “convocados” a la Iglesia.

 

«Papá Adán y mamá Eva (Gn 2, 7. 21-23)

Nos cuentan las viejas historias, cuando todavía no se había inventado el papel ni la imprenta, que Dios, después de haber hecho la luz y las estrellas, los peces de todo tamaño, la tierra, las rocas, las montañas y los precipicios con todos los animales que los habitan, vio todo, se dio cuenta de que no le había salido tan mal la cosa, y decidió coronar la creación con algo “súper”. Pensó: -¿Qué haré? ¿Algún ángel con diez motores y cuatro alas? ¿Un mundo nuevo en el cual se apriete un botón y salgan las ideas y las buenas acciones, como quien presiona un botón de una máquina expendedora y se llena un vaso con gaseosa? ¿O, por qué no, un paraíso en serio, donde gocemos de una eterna primavera: sin inundaciones, sin terremotos, sin sarampión, ni sarna, ni conjuntivitis, ni cáncer, sin inflación, ni recesión, ni desempleo, ni contaminación ambiental; con “el agujero de Ozono” zurcido de nuevo; sin corrupción, sin villas miseria, ni miserables en las villas, sin dolor, sin estrés, sin… sin…? Y siguió pensando, mientras se rascaba la cabeza y jugaba con su barba…

 

Entonces, como si se hubiera encendido una luz vieja descubrió lo que siempre quiso: haría un hombre y una mujer, mejor que la más bella piedra, el más jugoso fruto, la más ágil gacela… Mejor que lo mejor hecho en los primeros cinco días de trabajo. Y una vez que pensó, obró. Y esa obra tuvo dos nombres: Adán y Eva. Hombre y mujer. Miró el fruto de su buena idea y no pudo menos que pegar un fuerte grito: -¡Aleluya, jupi-jupi! Y se acostó a descansar pues la jornada había sido dura: hacer un pequeño mundo que resumiera y perfeccionara todo, no era pavada…


¿Qué significa todo esto? Que tanto vos como yo, nacimos hace muchísimo tiempo, cuando los ríos daban sus primeros pasos. Que tanto vos como yo nos llamamos Adán y Eva. Que tanto vos como yo tenemos necesidad de reír y de llorar, luchando por la vida, pero no contra la vida. Que tanto vos como yo caminamos hacia un punto final, hacía allí donde nace el arco iris.

 

ttt

Nadie nace hoy: todos hemos nacido “ayer”. Todos somos un poco Adán y Eva, santos y pecadores. En ellos está nuestra “marca de fábrica”. Pensemos cómo devolver, a esa marca, la imagen y semejanza de Dios, sanando sus heridas.»[1]

 

 

 

La sexta señal es un Acto Creador

El verso tercero del primer capítulo del Génesis nos informa que Dios dijo: “Que haya luz”.

 

En el versículo 6 del capítulo nueve del Evangelio según San Juan, de donde tomamos la perícopa correspondiente a este Cuarto Domingo de Cuaresma, leemos: “Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos” …

 

A todas luces, este versículo guarda una sorprendente conexión con aquel otro del Génesis: “Entonces Dios el Señor, formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. Gn 2, 7. Y lo creó con ojos para que pudiera ver la Luz y ser iluminado.

 

Establecida esa relación entre estos dos versículos, uno del Segundo Testamento  y el otro del Primer Testamento; podríamos leer el gesto de Jesús como que Él, Dios-Hijo, obra igual que su Padre y crea con el barro. Se trata de la creación de “unos ojos nuevos”, porque los ojos de un ciego de nacimiento no sirven, no pueden ser “reparados”, entonces Jesús crea unos nuevos ojos para que este ciego pueda por fin ver. No se trata de una recuperación de la vista; se trata de darle el ciego algo que él jamás había tenido, simple y sencillamente, porque nació con los ojos “dañados”. Y es que, si leemos el verso Gn 1, 2 nos encontramos que en el comienzo “todo era un mar profundo cubierto de oscuridad. En esta zona del Evangelio joánico nos encontramos con un fragmento de Génesis, de un Nuevo génesis neo-testamentario.


 

“Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.” Jn 9,32. O sea que Jesús es el Único-Alguien capaz de hacer tal; porque no es un hombre común y corriente; es el Hombre, el “hijo del hombre”. Mejor dicho, esta es la prueba de que Jesús es el Enviado, la demostración del mesianismo de Jesús. Este “Jamás se oyó contar…” que pronuncia el ciego de nacimiento, es teología de altísimo vuelo, como lo es todo su discurso testimonial:

 

 “El hombre contestó: ‘Esto es lo maravilloso, que ustedes no entiendan de dónde es un hombre que me abrió los ojos. Todo el mundo sabe que Dios no escucha a los pecadores sino a los hombres buenos, que hacen lo que Dios quiere… Si ese no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada’”. Jn 9,30-31. 33.

 

No se puede dejar de lado una idea de San Ireneo sobre la creación del Hombre que afirma que mientras Dios Padre creaba al ser humano, lo que tenía en mente, mejor dicho, el modelo–tipo que tenía en mente era Jesús. Dios-Padre, que vive en la Eternidad, crea al hombre, inspirado en su propio Hijo, que era ya antes de todos los tiempos. Pero, ¿a cuál Jesús se remite, como paradigma para su criatura? «Cristo es el modelo ideal del hombre. Pero Cristo vivió sometido a las leyes comunes del desarrollo humano; ¿en qué etapa, pues, de su vida sirvió Cristo de ejemplar al Padre en la formación del hombre?... el modelo de Dios en la creación del hombre fue el Verbo Humanado, Cabeza de la creación, en unidad con sus miembros los santos, en la consumación final de los tiempos… Por eso responderíamos que el ejemplar del hombre, a que Dios miraba, fue la humanidad gloriosa de Jesús. Sólo Cristo resucitado constituye el hombre perfecto, a cuya imagen y semejanza fue plasmado el cuerpo de Adán[2]

 

El ciego ve lo Divino de Jesús

Cuando el Ciego-de-nacimiento rinde su firme y valiente testimonio sobre Jesús, el castigo que se le impone es la expulsión de la Sinagoga. A este ostracismo, a esta expatriación, es más, a esta excomunión que implica desvinculación de la comunidad, valga decir, cierre a todos los medios de subsistencia (como lo mencionamos en otro lugar, la excomunión respecto de la comunidad implicaba casi una pena de muerte porque segregados de la comunidad era prácticamente imposible allegar los recursos mínimos para la conservación de la vida); pero no queda sólo, es acogido por Jesús (por su comunidad), como lo leemos en los versículos 9, 35-39.


Cuando Jesús le dice que Él es: “Lo has visto, es el que está hablando contigo”. Respondió: Creo Señor. Se produce un fenómeno muy particular: El antes-ciego ha recibido unos “ojos” muy especiales, son los ojos poderosos de la fe, porque pueden ver aquello que los videntes-normales no son capaces de ver. «…santo Tomás, al principio del capítulo LIII del Libro III de la Suma contra gentiles, al tratar del lumen gloriæ, nota que, para ver a Dios, es necesario que la inteligencia creada reciba de Dios una semejanza especial con Él. Es imposible, dice, que la esencia divina se haga forma inteligible de un entendimiento creado, “si no participa de alguna semejanza con la divinidad”. Y en la Suma (I, q 12, a 5c y ad 3), esta semejanza es llamada por su verdadero nombre: “El lumen gloriæ, dice hace a la criatura deiforme: Y por esta luz, los bienaventurados se hacen deiformes, esto es, semejantes a Dios, … Pero ya desde ahora son deiformes los justos en virtud de la gracia santificante por la que Dios se les comunica. La gracia es esta semilla de Dios en nuestras almas, tan estrechamente relacionada con el lumen vitæ de los bienaventurados, que excluye por sí misma toda tiniebla de pecado (1Jn 3,9). Es luz, aunque todavía no deslumbradora, porque es la iluminación de la esencia de nuestras almas por Dios, luz increada, lumen vitæ (Jn 8, 12).»

 

El otrora ciego se cristifica

 

Los fariseos están convencidos de que su modo de ver es el justo, ya que para ellos la ley representa lo absoluto, aunque la ley también provenga de Dios, y en consecuencia sacrifican a la ley, a Dios y al hombre: disponiendo de unos buenos ladrillos, en lugar de construirse una casa, han optado por construirse una prisión.

Silvano Fausti

 

Este ciego llega a participar de una de las peculiaridades del Resucitado: su irreconocibilidad. Si traemos a la memoria todos los pasajes donde el Resucitado se presenta ante quienes lo conocían muy bien, ahora, no lo pueden reconocer. Pues es eso exactamente lo que le pasa al antes-ciego; la gente está dividida, unos creen que es él, otros opinan que no, que es uno parecido. Hasta tal punto llega la duda que es necesario apelar a los propios padres para saber si es o no es. Ese es el punto de tangencia entre Jesús y el ciego sanado, el ciego que adquiere la visión. Este parecido nos dice que se han llegado a igualar en “algo”; lo que pasa es que Jesús al obrar en él esta “señal” lo incorpora a su Cuerpo Místico, siendo así, pasa a formar parte de la comunidad de los creyentes, del pueblo llamado (todo “llamado” es también “enviado”; es más, todo aquel que es llamado lo es para recibir la misión de ir).

 

Jesús ha sido enviado por el Padre, ahora, después de crearle unos “ojos nuevos” Jesús lo envía a lavarse en el pozo de שִׁלֹחַ [Shiloé] “Enviado”, “Emisario”: Él va y se lava y regresa βλέπων [blepon] “viendo”.


«…es doctrina de Santo Tomás[3]: “Nada puede recibir una forma superior más que a condición de ser elevado a la capacidad necesaria para esta forma por una previa disposición… Es necesario, por lo tanto, que esta unión –la unión propia de la visión en el cielo- comience por una mutación de la inteligencia creada. Mutación, que por otra parte, no puede realizarse más que por la adquisición de una nueva disposición en la inteligencia creada” (Cfr. 3 Contra gent. 53). Esta disposición al acto y a la operación, que es al mismo tiempo mutación de la potencia y el acto, constituye el lumen gloriæ, así llamado porque se llama luz a “aquello que perfecciona el espíritu con relación a la visión”.»[4] Es por esto que el antes-ciego, no solamente cuenta con la visión normal de las otras personas, sino que aparte de eso, posee una visión especial, que le permite descubrir con evidencia, que quien le dio lo que él nunca antes tuvo –según todo el mundo lo sabía- tiene que ser el Mesías. Por eso, tan pronto Jesús se identifica, él –por su parte- se postra ante Él. Porque su espíritu se ha perfeccionado con la “luz” que le “aclara la visión”.

 

Estructura de esta perícopa del Evangelio de San Juan

Este Cuarto Domingo de Cuaresma (Domingo de Lætare), se caracteriza por el Ornamento un poco menos Penitencial, dejando la rigurosidad del morado, se pasa al rosa, para significar que -ya mucho más cerca de la Pascua- empieza a despuntar un toque de alegría por la dicha que se avizora en el horizonte: Está completamente fuera de nuestro alcance intentar una exégesis más completa de este pasaje joánico tan rico, además como catequesis bautismal, como también lo era el evangelio del Domingo tercero de Cuaresma, el de la Samaritana al borde del pozo.

 

Se subraya hoy la responsabilidad de «Padres y padrinos, a ustedes se les confía el alimentar esta luz para que su hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la Luz. Y perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos en el cielo, al encuentro del Señor”

 

Sin duda el rito, de la luz manifiesta la dimensión profética de la vida cristiana. Por el Bautismo somos iluminados. Participamos de la Luz que es Cristo. Ya no caminamos en las tinieblas, porque somos hijos de Dios. Nos hacemos uno con Cristo, luz que ilumina el camino.

 

La vela encendida puede significar también nuestra fe, porque, mientras esta permanece encendida, no caminamos en las tinieblas. Le fe nos ha de conducir, pero ella tendrá que ser protegida y alimentada como la cera alimenta la llama.»[5]

 

Sin embargo, no podemos soslayar la estructura de la perícopa, así que diremos una palabra a este respecto. Se trata de un quiasmo (palabra que hace alusión a la letra griega “χ [chi]:


El corazón de la perícopa (donde se cruzan los dos trazos de la letra) es la identificación de Jesús como un “profeta” (también la Samaritana lo reconoce como tal, cuando le dice “Veo que eres un profeta” (Jn 4,19b).

 

El primer círculo exterior al núcleo, está formado por los versículos 8-12, donde al ciego no lo reconocen; y por los versículos 18-23 donde los padres no “asumen” el reconocimiento pretextando que él tiene la edad suficiente para explicar cómo fue sanado.

 

El segundo cinturón que rodea los anteriores está formado por los versos 6-7 que muestra a Jesús-Dios-Creador; y 24-34 donde se argumenta que si no viniera del Padre no podría obrar tales signos.

 

Finalmente, la capa más excéntrica (las punticas de los trazos de la “chi”) está formada por arriba por los versos 1-5 que nos muestran a Jesús que llega “Enviado” y los versos 35-38 donde el Enviado del Padre es reconocido por la postración del antes-ciego.

 

Todo esto encuentra cúspide en los versos 39-41 que actúan como epílogo, conclusión y sinopsis: Los que quieren juzgar a Jesús no tienen verdadera autoridad de jueces, no tienen derecho a juzgar. En cambio, Jesús, con toda la autoridad de su “Enviador” -el Padre Celestial”- emite el veredicto: esos pretendidos jueces son simples ciegos, ¿cómo puede ser juez el que es ciego y no puede por su ceguera juzgar?

 

Para concluir, consideremos la Oración Post-comunión de esta liturgia que sintetiza admirablemente lo que hemos querido decir: «Señor Dios, Luz que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestro espíritu con la claridad de tu Gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de Ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo Nuestro Señor».



[1] Muñoz, Héctor. CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo. Bs As. – Argentina 2004 pp, 12-13

[2] Orbe,  Antonio. UNA TEOLOGÍA CRISTOCÉNTRICA DEL HOMBRE. En SELECCIONES DE TEOLOGÍA. Facultad de Teología San Francisco de Borja. Barcelona-España. Vol. II, # 6, abril-junio de 1963. p. 80.

[3] El argumento está construido para explicar cómo veremos cuando estemos cara a cara frente al Señor; pero podemos extrapolarlo para entender por qué el antes-ciego ve más y mejor que todos los otros, cuya vista es tan torpe que se asemeja a la ceguera.

[4] De la Taille, Maurice. s.i. ACTUACIÓN CREADA POR ACTO INCREADO En SELECCIONES DE TEOLOGÍA. Facultad de Teología San Francisco de Borja. Barcelona-España. Vol 6 No. 21 Enero – Marzo 1967. p. 70.

[5] Beckhauser, Alberto. LOS SACRAMENTOS EN LA VIDA DIARIA. Ed. San Pablo Bogotá D.C. – Colombia 2003 p. 59