lunes, 2 de marzo de 2026

Martes de la Segunda Semana de Cuaresma


Is 1, 10. 16-20

Isaías (hoy nos referiremos al proto-Isaías) es un profeta pre-exilico, precisamente su obra termina (en el capítulo 39, con la noticia de la caída de Jerusalén y el exilio a Babilonia). El nombre Isaías [Yeshayahu] alude a un profeta que actuó del 734 al 701 a.C.. Era un “aristócrata” (pariente de reyes, hijo de Amós, quizá primo de Osías), docto, que sabía escribir y un amplio conocedor de las tradiciones del Éxodo, y de Jueces. Se dice que murió aserrado bajo el gobierno de Manases.

 

El capítulo primero de Isaías está conformado por dos porciones:

i)              Judá como ciudad pecadora

ii)             El verdadero culto a Dios, que corresponde a la perícopa que se proclama hoy

 

Empieza con un decálogo:

1)    Oigan la palabra de Dios, la palabra que usa es שִׁמְע֥וּ [shimú], directamente relacionada con el Shema “escucha”.

2)    Lávense

3)    Purifíquense

4)    Aparten de mi vista sus malas acciones

5)    Dejen de hacer el mal

6)    Aprendan a hacer el bien

7)    Busquen la Justicia

8)    Socorran al oprimido

9)    Protejan el derecho del huérfano

10) Defiendan a la viuda

 

Parecería que en esta perícopa se está dirigiendo a los gobernantes de Sodoma y al pueblo de Gomorra; no es así, en realidad les está hablando a los gobernantes de Judá. Los llama “príncipes de Sodoma”, y, al pueblo, a los gobernados, los llama “pueblo de Gomorra”, para resaltar a que grado de rebeldía, idolatría e injusticia han llegado.

 

¿Qué ha venido a simbolizar Sodoma? Las diversas formas de la perversión humana. En particular la corrupción moral. ¿Y Gomorra? La maldad en grado sumo, la impiedad, la iniquidad, la depravación. Los ángeles vinieron a visitar a Lot, a quienes Lot les insistió para que aceptaran su hospitalidad; los sodomitas vinieron a secuestrar a los visitantes celestiales, procurando יָדַע [yadá] “conocer a alguien carnalmente”, “tener relaciones sexuales” (Cfr. Gn 19, 1-5); tan es así que “sodomizar” vino a significar “someter a alguien a penetración anal”; y, “sodomita” a quienes practican la homosexualidad, el sexo anal y otros.

 

Lo primero es el rechazo de los sacrificios, el Señor se ofende y se ofusca porque vienen a quemar animales en su Altar, pero Él no quiere nada que provenga de la gente que obra el mal. Le caen mal sus oraciones y sus brazos levantados hacia Él. Dios les dice -por boca de su profeta- que primero cumplan ese decálogo y, después si les prestará atención y discutirá con ellos.

 

¿Cuál es el bien que Dios espera que obren? ¿Qué es lo que si le agrada? Que vivamos en procura de Su Justicia:

a)    Ayudar el oprimido

b)    Hacerle justicia el huérfano

c)    Defender los derechos de la viuda.

 

Es lo que hemos dado en sintetizar como trato preferencial para el marginado. Estas tres categorías eran la marginación por excelencia en el seno de aquella sociedad: oprimidos, huérfanos y viudas. Dios, por boca de su profeta, les señala por dónde empezar a construir el “bien”. No basta con no hacer el mal, hay que echarle cabeza y ponerle creatividad a cómo podemos hacer el bien y proponérnoslo.

 

Con quienes tengan el corazón abierto a estas disposiciones, con ellos sí acepta el Señor entrar en negociaciones; y al pasar a la Mesa de Dialogo les lleva esta oferta, una verdadera ganga: Perdonarles sus atroces ofensas.

 

Dios le inspira a Isaías esta hermosísima imagen para que la lleve a la mesa de negociación: “Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nueve; aunque sean como tela teñida de purpura yo los dejaré blancos como la lana”.

 

Además, les ofrece que tendrán abundancia y calidad para su disfrute, si acogen obedientes lo que Él reclama.

 

Pero en el caso de insistir en su indolencia, encontraran la “espada”.

 

¿Significa esto que está ofreciendo un castigo? ¡No! ¿Es por ventura Dios, un dios-castigador?

 

El Reino de Dios, que es el Reino del Bien en grado sumo, es un Reino de Paz. Pero si optamos por irnos para el otro lado, hacia el reino de la maldad, Dios no los castigará, Él no tiene velas en ese reino. Nosotros hemos sido prevenidos que el país del mal es el territorio de la violencia y la muerte que son dos sinónimos de la misma cosa. Reino de pecado y de impiedad. El que compre pasajes para esa “república”, tiene que atenerse a las consecuencias.

 

La sabiduría popular lo ha resumido con la expresión “el que a hierro mata a hierro muere”. Si uno sabe que en un sector hay balaceras continuas y uno insiste en ir a “pasear” por allí, ¿Qué creen que encontrarán? Nada tiene de raro que intercepten algún plomo en su propia humanidad.


¡No le metan al cuerpo al pecado porque pueden salir malheridos! Arriésguense -por el contrario- a meterle todo su cuerpo al bien y seremos como “copitos de nieve”.

 

Sal 50(49), 8-9. 16bc-17. 21 y 23

Este es un Salmo de la Alianza. Con regularidad tenemos que recordar que la condición de nuestra religión, su rasgo distintivo es que vivimos en Alianza, en una relación de amistad y eso tenemos que refrendarlo con insistencia porque nuestro corazón tiende a la desmemoria y no honramos la hermosa amistad que se nos ha regalado.

 

Dios que es un Buen Amigo -el mejor que quepa imaginar- no nos retira su amistad de la noche a la mañana, tiene una increíble paciencia con sus criaturas: una y otra vez procura enderezar nuestras relaciones y edificar una sincera y amorosa relación con Él.

 

Nosotros exageramos el valor de los “sacrificios”. Algo así como un novio que sabe que a su chica le gustan las flores y -como su bolsillo se lo permite- contrata varias volquetas cargadas de hermosos rosas, y ordena que las descarguen todas encima de la chica, ¿qué resulta? Pues que ella queda sepultada bajo el arrume de rosas y, en vez de hacerle un sentido homenaje, logra que ella se enoje hasta el tope.


 ¿Qué decía Dios en la Primera lectura de hoy? “Vengan entonces y discutiremos”. Se sienta con nosotros para indicarnos que no hay que traer arrumes de rosos, que eso no es lo que le agrada, y -con toda paciencia nos explica- novamos a tener una hermosa relación con Él sin ignoramos sus Mandamientos, y si los sabemos repetir tal vez, al pie de la letra- pero no los aplicamos, no vivimos en la rectitud que ellos nos señalan, a eso Dios lo llama “echarnos a la espalda sus mandatos”, y es que cuando uno se echa algo a la espalda, lo lleva y sufre la ingratitud de la carga como un estorbo a cuestas, pero no la ve, porque no tenemos ojos en la nuca.

 

Pongamos nuestra Amistad con dios frente a nuestra vista y démonos cuenta que lo que Él quiere en verdad es que “sigamos el buen camino”, que seamos misericordiosos, como Él es Misericordioso y así se alcanza la perfección. Vida recta, justa, honesta, caritativa, fraternal. Y además, ¡que andemos sinodalmente! Con tolerancia a la diferencia. Con esa misma paciencia con la que Él se sienta y nos ofrece dialogo.

 

Mt 23, 1-12

Prolongan las filacterias

¿Si valoran en algo las advertencias que les hago en nombre de Cristo, si son capaces de escuchar la voz del amor? ¿Quieren acatar la comunión recibida del Espíritu Santo para nosotros y son capaces de compasión y ternura? Les pido algo que me llenará de alegría: pónganse de acuerdo, estén unidos en el amor, con una misma alma y un mismo proyecto. No hagan nada por rivalidad o por orgullo. Que cada uno humildemente estime a los otros como superiores a sí mismo. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien preocúpese cada uno por el beneficio de los demás.

Flp 2, 1-4

 

La kénosis tiene un profundo correlato con la sinodalidad. La sinodalidad es el quid de la construcción del Reino.


No hay que criticar -decimos-, pero Jesús vive criticando a los escribas (los intelectuales del judaísmo, sus filósofos y teólogos) y a los fariseos, que se separan para estar aparte. (La palabra fariseo viene del hebreo פרושים [perushim] o sea “separados”, "separatistas", querían estar separados porque si se le arrimaban a un impuro se contaminaban, el separatismo en este caso no es “independencia”, sino “pureza ritual”), que no se acercan a los que “los pueden manchar con sus impurezas”. Ellos seguían con extremada exactitud los ritos, ceremonias y leyes; ese “rigorismo” exagerado era para ellos la esencia de su “justicia”). Jesús los señala en este pasaje como aquellos que “alargan las filacterias y agrandan las orlas de sus mantos” (Mt 23, 5cd)

 

Una cosa es criticar y otra es denunciar. Y es que la denuncia es importante porque si no se aplica, la gente toma los errores como regla de conducta y se van por ahí, replicando y amplificando el error. Inclusive, cuando se denuncia el error se hace una obra de caridad, ¡acordaos!: “enseñar al que nos sabe y corregir al que yerra”.

 

Hagamos un paréntesis para señalar que muchas veces vetamos la “critica” porque puede poner en evidencia que somos de esos.

 

¿Qué es lo que Jesús denuncia en el caso que hoy nos ocupa? Dos punticos muy delicados:

a)    Predican, pero no aplican

b)    Son muy fantoches con sus prácticas religiosas, las cumplen para captar protagonismo, entonces las acompañan con bombos y platillos, acomodan los parlantes más potentes y los reflectores más encandelillantes. ¡Y es que eso vende! Se ha probado que ese par de recursos puede llegar a multiplicar los ingresos de taquilla

 

Lo más grave es que ellos no son los del común, sino los que están sentados en la Catedra de Moisés, o sea, se sentaron en el trono desde donde no se les puede discutir nada, porque además acaparan la autoridad para aplicar marginación, excomunión y anatema. Por eso, es fundamental desenmascararlos, misión ante la cual se corren muchos riesgos. Y Jesús aceptó correrlos, antes que incurrir en el silencio cómplice.

 

Lo primero que Jesús evidencia es que ellos Imponen “cargas pesadas” porque entre más pesadas más vistosas, más se publicitan y llaman más la atención. Además, cuanto más pesadas, más da la impresión de “acto heroico”, de “piedad deslumbrante”. Como será que la palabra “sacrificio” llegó a significar “tarea muy pesada que uno se tiene que echar al hombro”. (El verdadero significado es “hacer sagrada alguna cosa”).

 

Quisiéramos precisar la traducción de la frase ὁ δὲ μείζων ὑμῶν ἔσται ὑμῶν διάκονος

(Mt 23, 11) [o de meizon ymon estai ymon diakonos], que al traducirla bastante al pie de la letra dice: “los grandes entre ustedes se pondrán como sirvientes suyos”. Los que sean verdaderamente grandes, los que no, no son grandes, aun cuando posen de grandes.

 

A veces, sin mucha precisión, metemos -en la interpretación de esta perícopa- la palabra “hipocresía”, porque usualmente se emplea para designar al que dice una cosa y hace otra, pero falta un detalle, el hipócrita hace lo contrario de lo que dice para ¡ocultar sus sentimientos o sus móviles! Un hipócrita es un farsante, un insincero, un simulador, un impostor; hipócrita proviene del griego ὑποκριτής [hypokritḗs], que significa "actor", “intérprete", derivado a su vez de hypokrínesthai ("actuar" o "representar un papel"). En la Antigua Grecia, designaba a los actores porque ellos usaban máscaras en el teatro. Lo que denuncia el evangelio es más bien a un incoherente, su afán de protagonismo se le convierte en obsesión de exactitud, precisión e inflexibilidad; o en exhibicionismo escrupuloso, alargando las mal llamadas “filacterias” (en realidad se llaman tefilin). Ni Jesús ni el evangelista usan la palabra hipócrita aquí.


 

Ya hacia el final de la perícopa se indica quién es el verdadero héroe: el que se hace servidor, el que se pone al servicio, el que está disponible para hacer “el bien”. ¡No el que exagera el rigorismo! El rigorismo es puro formalismo. ¡Barniz exterior!

 

Nadie es Maestro, ni Padre, ni Jefe. ¿Quién es el único que es paradigma viviente? ¡Jesucristo!: “Yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 22, 27d).

domingo, 1 de marzo de 2026

Lunes de la Segunda Semana de Cuaresma

 


Dan 9, 4b-10

El servicio a Dios no se reduce por tanto al culto, sino que se despliega naturalmente en la vida de los hermanos. Así el amor fraternal (honrar a los padres, no cometer adulterio, no robar, etc.), es una exigencia de la alianza. Atentar contra los derechos de los hermanos es romper la alianza con Dios.

Equipo “Cahiers Evangile

Esta obra está ubicada dentro del profetismo, pero su lenguaje y sus recursos son los de la apocalíptica, rica en imágenes, en figuras, en visiones, en simbolismos. La apocalíptica floreció entre el siglo II a.C. y se desarrolló, hasta el siglo II d.C.

 

Es muy importante y definitivo entender que, se escribió la obra entre el 167 y el 164 a.C. -lo que corresponde a la época de los Macabeos; pero el relato está ambientado en la época de la conquista de Israel por Nabucodonosor, o sea que, los sucesos relatados habrían ocurrido, aproximadamente, cuatro siglos antes.

 

Este Libro está escrito en tres idiomas distintos:

1)    en hebreo, el capítulo 1 y los capítulos 8-12, esto quiere decir que la perícopa de hoy correspondería al texto en hebreo.

2)    En arameo, por otra parte, están escritos los capítulos 2, del 4-7 y el capítulo 28.

3)    Y, en griego, la parte deuterocanónica, la perícopa 3, 24-90 y los capítulos 13-14.

 

Para facilitar la comprensión, el Libro se puede retacear en dos partes:

·         Los capítulos 1-6, contiene los relatos “históricos” que ambientan la pieza en la época entes dicha.

·         Los capítulos 7-12 nos relatan las visiones.

 

¿Cuál sería el mensaje esencial? Que la fidelidad al judaísmo puede mantenerse a pesar de vivir inmersos en culturas paganas e idolatras.  Pero, que -además- hay que saber resistir y mantener la fe en un campo viciado y minado: eso es lo que nos dicen los 6 versos y medio que forman la cita:

 

¡Dios sostiene la palabra dada en la Alianza, siempre y cuándo, esta sea sobre guardada! Pero ¿qué fue lo que hizo este pueblo? Fracasó, no supo sostener la Alianza, han pecado y se apartaron de la senda que Dios les había demarcado con tanta claridad.

 

Todo se apuntala en בְּרִית [berith] la “Alianza”, que pasado al latín es alligare, ad-ligare; “ligados”, “atados”, explorando el significado nos encontramos con algunas sinonimias próximas: “pacto”, “acuerdo”, “unión”, “coalición”, “consorcio”, “confederación”. ¿Con qué se avala la alianza? La perícopa nos lo dice: cumpliendo los מִשְׁפָּט [mishpat] “juicios”, “veredictos”, “ley divina” y los מִצְוָה [mitzvah] “preceptos”.

 

¿Cómo se quebranta la Alianza? Con el חָטָא [chata] pecado, del cual podemos clasificar dos “modos” a cuál más de corrosivos y destructivos: la עָוָה “iniquidad” -que implica someter a otro a una carga tan pesada que lo encorve, que lo tuerza bajo su agobio- y la רָשַׁע [rasha] “impiedad”, la “falta de clemencia”, la “carencia de voluntad para indultar”, para “levantar una sanción”, en fin, para “perdonar”. Dios envió a los profetas como portadores de la palabra. Les dio también a los reyes que pidieron y quisieron. La actitud de indiferencia ante el llamado a honrar la Alianza, fue -para Dios- una verdadera decepción. Con su actitud se acarrearon la dispersión, (nos la acarreamos).

 

Sin embargo, el hagiógrafo es consciente que Dios no se cansa de velar por nosotros. Sabe que Dios no es voluble, por el contrario, es Dios-Justo-y-Fiel. La fidelidad Divina es súper excedente, porque Dios es compasivo y perdona. Esta perícopa concede mucho sentido a llamar a Dios e invocarle por Su Grandeza. ¿En qué consiste Su Grandeza? En Su Perfección, contrapuesta a nuestra fragilidad de seres deleznables.

 

La linfa que corre por las venas de esta oración es la del dolor y el arrepentimiento, es la linfa de la “Contrición”. Dado que en ella se conjugan la humildad con la adoración, la confesión y la petición. Las palabras de Daniel, aquí son reconocimiento de nuestra falibilidad y falta de lealtad: La nuestra es una rebelión porque desvergonzadamente nos hemos alejado de sus mandamientos y de la rectitud de sus preceptos, desoyendo el Mensaje entregado por sus profetas.

 

¿Qué es lo usual? ¿Solemos entregarnos al arrepentimiento y buscar la confesión de nuestras faltas? ¿O, quizás la costumbre consiste en buscar algún “chivo expiatorio” que cargue con el pecado y la pena que se infringe?

 

No se vaya a pensar que es una invitación a vivir con “escrúpulo”, pero si se trata de una sincera y urgente preocupación por reconocernos personalmente en el origen de tanto mal que ronda y se extiende. Por ejemplo, sin ir más lejos -repetimos, sólo a título de ejemplo- solemos denunciar todo el mal que se causa a la “casa común”, pero descuidamos reconocernos en cada pequeño descuido y en los malos hábitos que nos llevan a ser engordadores de la “huella de carbono” excusando que somos “causantes mínimos” y que, el nuestro, es solo un ridículo aporte al daño global. ¡Así, de gota en gota, rebozamos la copa!

 

El pecador se entrena aplicadamente para ignorar el reclamo de su conciencia; mientras el “justo” se entrena para reconocerse pecador, precisamente porque -permaneciendo próximo al Señor, se deja orientar por Él- Dios le enseña las vergüenzas de su consciencia desnuda, mientras el pecador “conchudo” no quiere ver como mete toxinas en la convivencia social y se hace impuro, generando daño, dolor, sufrimiento y desafuero a los dictados de Dios. Cada vez que se nos muestra la maldad del pecado, volteamos la mirada hacia algún prójimo, para apremiarlo al confesionario con el vivo propósito de hacerlo cambiar.

 

Debemos -antes que nada- esforzarnos por formar e ilustrar nuestra conciencia para saber con nitidez qué ofende a Dios y cómo nuestras acciones dañan al prójimo y -evidentemente- también a nosotros mismos. Esta es una de las riquezas del tiempo Cuaresmal, cuando se reviste de su carácter penitencial, ya que penitencia no es sólo oración, ni sólo abundante y generosa limosna, sino principalmente y antes que todo lo demás- afán, para no ser de los que con nuestras excusas y pretextos volvemos a crucificar al Señor, crucificando a nuestros hermanos cotidianamente.


Esta perícopa del Libro de Daniel lleva más de 1000 años iluminando nuestra conciencia en tiempo cuaresmal, ayudándonos a saber y a despertar nuestra responsabilidad de pecadores: es una perícopa que ha actuado como Natán lo hizo, poniendo la luminosidad de la lámpara para alumbrar la consciencia de David.

 

Sal 79(78), 8. 9. 11. 13

Hablamos de un pensamiento secular, que consiste en ignorar el pecado, consiste en proclamar la “libertad a ultranza”, so pretexto de “libertad” procurar cavarle una fosa a Dios en nuestra mente y en nuestro corazón. Y luego, sacar mucho el pecho y autodenominarnos “avanzados”, “progresistas”, “libertarios”, “librepensadores”, “rompedores de cadenas” y de “prejuicios pendejos”. Antes, estas ideas se detenían a las puertas de los colegios, de las casas de formación, de los hogares, y de los tribunales, donde vivamente latía el corazón de la fe y la obediencia a la “Voluntad de Dios”.

 

Hoy por hoy, y cada vez de una manera más avasalladoramente y atrevida, la inconsciencia campea a sus anchas y parece que llega hasta el mismo corazón de los progenitores y cabezas de familia, que -por física pereza y craza apatía- renuncian a la defensa de los valores y dejan caer los brazos desmayados bajo el eslogan “qué le vamos a hacer”: “¡Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad!”

 

Con esta frase inicia este salmo. Dice, a renglón seguido: “han profanado tu Santo Templo; han dejado a Jerusalén en ruinas”.


Este Salmo de súplica, tiene 13 versos, en el salmo responsorial de hoy tomamos 4 de sus renglones y se nos invita a reflexionar. ¿Qué hay que reflexionar?

 

Si la consciencia es el Sagrario del hombre, si la dignidad del hombre se devalúa para desacralizar de raíz nuestro pensamiento, ¿qué quedará en pie de la honra de Dios? El salmista clama a Dios por su defensa, porque nosotros nos hemos hecho reos de la inconsciencia social que -empezando por los padres de familia- hemos dejado entrar en nuestro ser y en nuestra casa la ignorancia de Dios y el olvido de sus preceptos.

 

Le rogamos a Dios que perdone ese gran pecado que es el descuido de darle la espalda a la Ley que Él nos enseña.

 

Somos cautivos del pecado por minimizarlo, por verlo como cosa vana, diminuta, inofensiva, imperceptible, insignificante, como simples nimiedades, uno oye a los que debieran ser guía y ejemplo vivo para sus hijos que “esas son chocheras de esos atrasados que todavía viven en la edad media”.

 

Nosotros, procuraremos guardar la Alianza y continuar propalando que de espaldas a Dios sólo recogeremos perdición, guerra, inmoralidad, violencia extrema y destrucción de la casa común. ¡No, no somos mojigatos lloriqueando por el pasado y anhelando resucitarlo! Lo que queremos es recuperar la dignidad del hombre que ha sido amado hasta el extremo de ser rescatados al precio de la Sangre Divina.

 

Lc 6, 36-38

¿Qué le dijo el Malo a Eva para inducirla a su territorio y secuestrarla bajo su control?

«¿Así que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín?

Y la mujer le contestó:

“Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.”

Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» (Gn 3, 1-5)


Pues bien, he aquí el núcleo de la tentación: Hacerse como Dioses. ¿Y el pecado? Aceptar esa idea de Dios, creer que Él nos manipulaba por envidia, porque Él no quería compartir su poder de discernimiento. Aceptar la falsa imagen que da el que Divide.

 

¿Por qué nos fuimos hasta por allá para examinar esta perícopa de hoy? Porque es esencial que entendamos que el pecado consiste en aceptar que Dios es egoísta, ambicioso y envidioso.

 

Hoy Jesús nos da la Vacuna-Redentora: La exacta idea de cómo es Dios.

 

¡Perdonen el recurso tan ingenuo para resaltar la importancia de esta idea! Vamos a subrayarla: El Padre Celestial es οἰκτίρμονες [oiktirmones] “Compasivo”, “misericordioso”, se pone en los zapatos del otro con un sentimiento que le brota de las entrañas, es algo que lo mueve desde adentro, que echa mano a la sensibilidad divina que como Hijo de Dios tiene. Es traducción del concepto hebreo רַחֲמִים [rajamín] es como un “cariño ilimitado” salido de lo más hondo del ser.

 

En la perícopa hay una descomposición de la palabra en cuatro elementos:

      i.        Abstenerse de juzgar. Algo que obra el corazón.

     ii.        Evitar condenar: La sentencia que externaliza el juzgamiento

    iii.        Perdonar: Condonación

   iv.        Dar. Oblación. Entregar compartiendo de lo que Dios nos ha dado. Abstenernos nosotros mismos, en favor del otro.

 

Esos son los rasgos que hacen hermenéutica de este concepto. Cuando decimos “cariño ilimitado” tendemos a deshacernos en gestos melindrosos, empalagosos, blandengues. ¡Por ahí no es! Pero. Logramos aproximarnos cuando lo ponemos en términos de “amor maternal”, que es tierno y consentidor, pero no se queda en los “arrurúes” ni en “afectaciones”. ¡Va mucho más allá!

 

Creemos que para enraizar en lo que Dios quiere, hay que aferrarse a los cuatro elementos que Jesús da como descriptores.

 

Cuando Dios manda por Boca de Su Hijo que seamos perfectos, no podemos quedarnos en una abstracción que dice tanto que no dice nada, que no nos comprometa a nada y que en 10 minutos habremos olvidado. La genialidad de la propuesta en el Evangelio está en descomponer la abstracción en ejercicios concretos y concretables.

 

No juzgar no consiste en dejar de “ver”, en voltear la cara para no darnos por enterados, o en suspender la inteligencia que nos ilumina el mal que se hace y que se debe evitar; más bien, es evitar que esa comprensión desencadene en nosotros lo más negativo, la repulsa, el rencor, las bajas pasiones, el pretexto para ser violento, los más insanos deseos de responder con “muerte”, o el pretexto para hacer lo mismo.

 

Consiste en refrenar lo respuesta criminal y criminalizante y tomar en cuenta que:

a)    No conocemos el fondo del corazón de quien se está equivocando

b)     No somos “verdugos” ni podemos revestirnos de tan asesina autoridad.


Sentimos que San Francisco hizo una actualización practica de esta perícopa cuando dijo:

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque, Dando es como se recibe;
Perdonando, como se es perdonado;
y muriendo en ti, que se resucita a la Vida Eterna.

La Perfección Misericordiosa de Dios nos encamina a ser constructores de Paz.

sábado, 28 de febrero de 2026

¡CONDÚCENOS A SUBIR Y BAJAR CONTIGO!

 


Gen. 12, 1-4; Sal 32,4-5.18-19.20.22; 2 Tim. 1, 8-10; Mt. 17, 1-9

 

… alimenta nuestro espíritu con Tu Palabra; así, con mirada limpia contemplaremos gozosos la gloria de Tu Rostro.

De la Oración colecta

 

Que tu Misericordia Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de Ti.

Sal 33(32), 22

La fe no nos puede dejar flotando en un éter, debe conducirnos a “aterrizar” en la vida, sólo así será una fe vital. Leemos en el salmo 33(32) “el amor del Señor llena la tierra” (el amor -y más todavía el amor Divino- no es una palabrita dulzona como una especie de analgésico y antipirético, es un compromiso concreto: el amor es “nuestro auxilio y nuestro escudo”). ¿Toda esa abundancia de amor se va a quedar en nada? ¿Haremos de todo ello un divino-despilfarro? Cada detalle de Jesús es un destello de su luminoso amor. Y ese resplandor del que hablamos hoy, no se quedó en el Tabor, sino que ¡llena toda la tierra! Y, nuestros torpes ojos no llegan a verlo. Los Tres Discípulos que Él “lideró para que ascendieran”, -y que nos representan a todos los discípulos de la historia- pero, a la vez, -que “Él presentó al Padre como ‘corderos’ sacrificiales”- sabían que Jesús dialogaba con personajes que -todos pensaban muy pretéritos-, que no habían conocido personalmente ni sus abuelos, ni sus tatarabuelos, porque habían pasado por la historia de la fe, siglos antes: he aquí, una dosis mayor de aquella teofanía, esos “personajes” continuaban vivos, o sea que para Dios, el Dios de Jesús, el Dios-Padre, la muerte no existe, para Él todo es vida, “Vida perdurable”, vivida dónde, precisamente en el “Monte Sublime”.

 

No morirse en la esterilidad

Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos Luz.

Luis Espinal

 

Ascender para estar con Moisés, Elías y Jesús: Tres Personajes tan importantes para nuestra fe, que se dan cita en el ὄρος ὑψηλὸν [oros upselon] “Monte excelso”, “Monte sublime”; hay traductores que encuentran en la palabra ὑψηλὸν el significado “más alto que los cielos”; es un monte de 400 m de altura que está a 18 km al occidente del Mar de Galilea. Puede suceder que el episodio nos deje “por fuera” si en él sólo vemos un “efecto especial”, un “montaje publicitario”, otro “truco de campaña”, una “manipulación de la imagen” encargada al Image Consultant para impactar y “conseguir más votos”. Este peligro también está allí. Podemos quedarnos “por puertas” si nos detenemos en los súper-reflectores que hacían ver las ropas de Jesús tan “maravillosamente brillantes” como si se tratara sencillamente de un comercial de detergente que promete una blancura inalcanzable para otros detergentes o para los jabones en barra…


 

Si esto nos sucediera, la página bíblica habría quedado para nosotros estéril. Así que, habrá que usar un acceso diferente. Otro tipo de acercamiento. Aproximarnos a la perícopa evangélica con otro instrumental. Nosotros mismos, nos hemos quedado -otras veces- atrapados en la crítica a San Pedro: “Ah, pedazo de conformista que quería quedarse en lo alto del monte y no bajar a enfrentar la vida”. O, “claro, ahí está pintado Pedro, siempre bocón, afanándose por meter la pata, porque siempre que habla, dice su sandez”. Y, sin embargo, no será tanta sandez porque Jesús lo instituye “piedra” básica para levantar su Iglesia: Primer Pontífice, primero en la serie de los que por ahora van 267; primo inter pares.  ¡Dios dispondrá cuantos más seguirán en esta serie! Por tanto, no podemos estancarnos en argumentos inmediatistas, procuremos -con el instrumental sugerido- adentrarnos en el tema, al sesgo, buscando penetrar con mayor efectividad, y más profundo alcance:


«Yo –decía el Padre José Luis Martín Descalzo- siempre he sido un pésimo ahorrador. De dinero y de vida. Tal vez porque veo que en el mundo hay un terrible afán por regatear esfuerzos, de afanes por dejar para mañana lo que a uno no le obligan a hacer hoy. Hay gente -me parece- que se va a morir sin llegar a estrenarse. Se cuidan. Se ahorran. Se «conservan». Van a llegar a la otra vida como un abrigo siempre guardado en el ropero.

 

Hace años leí una oración de Luis Espinal (el jesuita a quien asesinaron en Bolivia en 1980) que me impresionó: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado.

 

Pero ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser el llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.

 

Sería terrible, sí, llegar al final con el alma impoluta, con el tesoro enterito, pero sin emplear. Creo que fue Péguy quien se reía de los que nunca se mancharon las manos... porque no tienen manos. O porque jamás las usaron para nada… Era yo seminarista y vi -¿hace ya cuántos años?- aquella vieja película titulada Balarrasa (que he revisado hace poco y me pareció malísima), que, vista con mis veinte años, resultó decisiva para mi vida en aquella escena en la que un personaje, muriéndose, se aterraba ante la idea de hacerlo «con las manos vacías». Esa imagen me persiguió durante años. Y pensé que ningún infierno peor que el de la esterilidad. Fuera lo que fuera de mi vida, yo tendría que dejar aquí algo cuando me fuera, aun cuando se tratara solamente de una gota de esperanza o alegría en el corazón de un desconocido.

 

Pienso ahora en aquel verso de Rilke que, como supremo piropo a la Virgen, dice que el día de la Asunción quedó en el mundo «una dulzura menos». O pienso en Juan XXIII, de quien, el día de su muerte, dijo el cardenal Suenens que «dejaba el mundo más habitable que cuando llegó». Pienso que es muy poco importante el saber si dentro de un siglo se acordará alguien de nosotros -seguramente no-; porque lo único que importa es que alguna semilla de nuestras vidas esté germinando dentro de alguien (incluso si ni él ni nosotros lo sabemos). Porque entonces nuestras vidas habrán sido ganadas.»[1]


Este relato, nos da motivos para bajar del Monte, para no quedarnos a vivir en las tres “tiendas”, para entender que en vez de “enquistarse”, es preciso “desacomodarse”, armarse de valor y “amarrarse bien los pantalones” porque nos han habituado a pensar y a reaccionar con mojigatería. Pedro no es menos valiente que nosotros. También –la mayoría de nosotros preferiríamos quedarnos arriba, preferiríamos el frasco de formol al riesgo de vivir el compromiso, de seguir al que es “la Tienda Viviente” porque Él ha puesto su Tienda entre nosotros, ha armado su “Carpa” con Carne, Huesos y Santa-Sangre, y es con Él con quien vale la pena vivir, porque Él es Vida, porque Jesucristo es la vida en plenitud, porque su vitalidad es la del Amor.

 

El mal puede llegar a producir frutos de bien

Sólo en el contexto de la resurrección ellos empezaran a tener las herramientas interpretativas para llegar a comprender lo que han visto.

Michael Casey

 

Vayamos sobre un segundo retazo: Admiramos la valentía de los jóvenes que son capaces de apostarle todo el mismo número. Y nosotros, en cambio, nos vamos llenando –muchas veces- de pusilanimidad, y nos quedamos allí en el rincón, quieticos, inmóviles sin hacer ruido alguno, sin chistar palabra: “No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado” como decía la oración de Luis Espinal, y por lo tanto, no habremos hecho al mundo más habitable que cuando llegamos.


Podemos orar para no tener que beber el cáliz amargo, siempre y cuando no pretendamos el muy ofensivo gesto de ponerle talanqueras al Mismísimo Dios. ¡Señor, haznos generosos para no quedarnos en el rincón, lloriqueando; para sacudirnos el miedo, para desatarnos las alienaciones que nos condenan al quietismo, a la inacción, a los pecados de omisión por cobardía! Permítenos, Oh Señor, la osadía de tu Espíritu Santo para no ser resignados sino resistir el Mal, todo mal; de seguro, ¡Tú nos asistirás!

 

«…una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg: “Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo todo el sufrimiento que nos han causado; recuerda también los frutos que hemos dado gracias a ese sufrimiento; la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad, la grandeza de ánimo que todo ello ha conseguido inspirar. Y cuando los llames a ellos a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y su perdón”»[2]


Cuando acusamos a Dios por permitir el mal, se nos queda en el margen, la comprensión anterior: el mal genera mucho bien, el dolor nos permite alzarnos por sobre nuestra fragilidad, no sólo es redentor, es también vitamina de solidaridad, nos hace más unidos, ante él, reaccionamos con lo mejor de nosotros mismos. El mal gatilla nuestros impulsos heroicos, es –en no contadas veces- el detonante del Amor que Dios ha depositado en nosotros, y que de otra manera, no despertaría, sino que se mantendría amodorrado en nuestro corazón, modorra rayana en la indiferencia. Pensemos –en este momento- en los frutos que tú mismo has dado como resultado de tu sufrimiento.

 

No que busquemos el mal, no que promovamos el mal; pero, que comprendamos que el mal inevitable, el que –por ahora- no podemos detener, también es una ventana hacia Dios, que sabe recoger, inclusive allí, frutos provechosos, así como los cosechó en el Árbol de la Cruz.

 

¿Se puede comer la torta y guardarla?

Aquel día Pedro, Santiago y Juan tuvieron la experiencia del Cristo del Tabor, como una experiencia anticipada del Cristo Resucitado.

Emilio L. Mazariegos

 

Y, para concluir, el tercer texto-retazo donde se nos plantea un profundo dilema moral: También se nos ha ocurrido pensar sí ¿podríamos tenerlo todo? ¿A Jesús, a Elías, a Moisés, las tres Tiendas y –al mismo tiempo- el descenso del monte, ya que no podemos quedarnos arriba? ¿Parece mucho pedir? ¿Es absolutamente imposible tenerlo todo? ¿Estamos condenados a elegir? o ¿cabe alguna astucia?


El siguiente cuentito nos puede sugerir una alternativa viable: Se titula “Un Dilema”:

 

Estás conduciendo tu carro en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada y ves a tres personas esperando el bus:

1. Una anciana que parece a punto de morir.
2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.

¿A cuál llevarías, sabiendo que solo puedes llevar a un pasajero en tu automóvil?

Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo.


Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y, por tanto, deberías salvarla primero; o podrías transportar al amigo, ya que te salvó la vida una vez y esta sería la oportunidad perfecta de devolverle el favor. Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al hombre o mujer de tus sueños… Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

 

El aspirante que fue contratado (de entre 200 aspirantes) no dudó al dar su respuesta. Me encanto, y espero poder utilizarlo después en alguna entrevista.

 

¿QUÉ DIJO? 

Simplemente contestó: "Le daría las llaves del carro a mi amigo, y le dejaría que llevara a la anciana al hospital. Yo me quedaría y esperaría el bus con la mujer de mis sueños."

 

Debemos superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas, y aprender a pensar creativamente»[3].


«Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho, como el sudor humilde del sembrador.» Lo cierto es que Pedro, Santiago y Juan, al bajar con Jesús tuvieron a Moisés y toda su ley, y aún más; a Elías y todo su profetismo; tuvieron a Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios; la bajada más profunda de la montaña, hasta el fondo del Hades, hasta el martirio mismo; pero, tuvieron también la Altura de la Montaña más Alta, la Luz y el Resplandor más enceguecedor, el destello de la Resurrección. ¡Si se puede tener todo al tiempo! Para lograrlo ¡hay que animarse a bajar! A subir y bajar con Él, animarse a seguirlo, ¡que sea Él quien nos lleve consigo!

 



[1] Martín Descalzo, José Luis. RAZONES PARA LA ALEGRÍA. Ed. Sociedad de Educción Atenas. Madrid -  España. 1985 pp. 18-19

[2] De Mello Anthony. UN MINUTO PARA EL ABSURDO. Editorial Sal Terrae. Santander-España 5ta ed. 1996 p. 299

[3] Agudelo C. Humberto A. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU 2. Ed. Paulinas. Bogotá – Colombia 3ra re-imp. 2005 pp. 219-220