sábado, 13 de junio de 2026

SU PUEBLO

 

Ex 19, 2-6a; Sal 100(99), 1b-2. 3. 5; Rm 5, 6-11; Mt 9, 36 - 10,8

 

Lucas llama a la comitiva synodia –“comunidad en camino”- el término técnico para la caravana.

Benedicto XVI

En la Declaración Dignitas infinita del Dicasterio para la Doctrina de la fe encontramos lo siguiente: Identificándose con los más pequeños de la sociedad (cf. Mt 25,31-46), «Jesús aportó la gran novedad del reconocimiento de la dignidad de toda persona, y también, y, sobre todo, de aquellas personas que eran calificadas de “indignas”. Este nuevo principio de la historia humana, por el que el ser humano es más “digno” de respeto y amor cuanto más débil, miserable y sufriente, hasta el punto de perder la propia “figura” humana, ha cambiado la faz del mundo, dando lugar a instituciones que se ocupan de personas en condiciones inhumanas: los neonatos abandonados, los huérfanos, los ancianos en soledad, los enfermos mentales, personas con enfermedades incurables o graves malformaciones y aquellos que viven en la calle». Esta cita está un poquitín traída de cabellos, pero señala hacia una de las discriminaciones más extendidas que nos hacen inválidos para el ejercicio de la sinodalidad. Pero es que el ejercicio de la sinodalidad está en la mismísima identidad del pueblo de Dios. Y, cada ciudadano de este Reino posee precisamente eso que se le niega. La dignidad de hijo de Dios en el Hijo.

 

¿Qué pasa cuando aceptamos que cada quien tenga su propia comprensión de la realidad y que cada cual elabora su definición de “dignidad” que -en vistas del relativismo imperante-   se deba tomar como válida? ¿A dónde nos lleva la idea de que no existen principios morales universales? A aceptar que el bien, el mal, lo justo y lo injusto dependan enteramente de factores subjetivos, históricos, o culturales. De ahí que cada quien queda flotando a la deriva, como si fuéramos icebergs. Nada nos cohesiona, es más, la formación de comunidad, inclusive de núcleos familiares se imposibilita; se vuelve irrealizable que aceptemos nuestra unificación bajo el cayado del Pastor y bloqueamos la posibilidad de la escucha. Nos adueñamos del fruto del bien y del mal y, de ahí para allá, “cada loco con su tema”. Y yo, por mi parte, seré miembro de la Iglesia, mientras acepten decir y creer lo que yo creo.

 

El judaísmo -por el contrario- era una religión que contenía en sí el germen de la sinodalidad. Del saber andar juntos. Su culto, en uno de sus rasgos esenciales, tenía las peregrinaciones al Templo, donde las comunidades aprendían a caravanear juntas, a marchar unidas, a defenderse y apoyarse entre sí. Los israelitas tenían la obligación religiosa de ascender al Templo tres veces al año (Éx 23,14-17. 34,23; Dt 16, 16s), durante las Shalosh Regalim “festivales de los tres-pies”, festividades principales (Pesaj, Shavuot y Succot) que entretejen los momentos básicos del proceso agrícola con la celebración de los eventos históricos de este pueblo; el propósito era lograr cohesión, fomentar una profunda conexión espiritual y comunitaria.


Familias enteras viajaban desde distintas regiones de Judea y de la Diáspora (Grecia, Egipto y Asiria). Historiadores como Flavio Josefo registraron que durante las festividades principales se reunían multitudes masivas en Jerusalén, estimadas en millones de personas.

 

Estos cursillos de fraternidad y solidaridad tuvieron una etapa de experimentación, desarrollo y consolidación en el Éxodo: con una marcha general de ¡cuarenta años! Enfrentaron entonces talleres-prácticos muy exigentes y arriesgados donde tuvieron que ponerse a prueba ante la dureza de esa travesía.

Cuando Jesús murió torturado y desangrado en la Cruz, nos privamos del Pastor y ahora andamos por ahí, extraviados, como ovejas que no tienen Pastor. A renglón seguido tenemos el deber de recordar y recordarnos que Él prometió no abandonarnos y estar siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos; Él es Dios-con-nosotros.

 

El Éxodo puede agruparse en seis secciones la primera nos rememora la época de la esclavitud en Egipto; la segunda el caminar de los israelitas por el desierto; y, la tercera (integrada por los capítulos 19-24) la Alianza del Sinaí. Alianza es -por decirlo de alguna manera- una clase de contrato. En la época de la Alianza del Sinaí, ya desde mucho antes, los hititas pusieron en boga este tipo de convenio de los cuales los arqueólogos han encontrado modelos donde se sellaban alianzas entre los vasallos y su soberano: lo que nos remite a los siglos XIV y XIII a.C. (redondeando fechas estamos diciendo, entre 1350 y 1200 a.C. mientras el Éxodo se estima ocurrió en el 1445 o en el 1225 a.C. los historiadores no lo han podido precisar).

Notemos que en su salida de Egipto el pueblo llegó al desierto del Sinaí -al tercer mes de su efugio de Egipto- súbitamente encontraron a su paso la Montaña del חֹרֵב Horeb esta palabra significa “lugar desolado”, algo así como “peladero”. El Señor וַיִּקְרָ֨א [wayikra] “lo llamó”, “hablo con voz potente”, “proclamó”; derivado de la palabra קָרָא. [qara] “llamar dando voces”. Les pone de presente las Proezas que ha obrado a favor de este pueblo, sacándolos de la esclavitud. Llevándolos עַל־כַּנְפֵ֣י נְשָׁרִ֔ים [al campe nesarim] “sobre alas de águila”.

 

Es importante hacer notorio que la estadía allí no fue provisional, en realidad estuvieron en aquel lugar el resto de Éxodo, todo el tiempo narrado en el Levítico y la parte inicial de Números. En Nm 10, 11-13 encontramos que los israelitas reanudan su marcha el día veinte del segundo mes del segundo año.

 

Entonces oí la Voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién será nuestro mensajero? Yo respondí ¡Aquí estoy, envíame!

Is 6, 8

 

Moisés sube y baja, para hacerse pontífice entre Dios y su pueblo. Pero, y allí hay que enfocar la linterna: no se reserva la “vocación” a Moisés, ni a Aarón y María -su hermana- define a su pueblo como una pueblo-todo él- con unción sacerdotal. Todo el pueblo será una וְגֹ֣וי קָדֹ֑ושׁ [wedow kadosh] “nación santa”.

 

Toda Alianza debe comprometer a las partes, cada cual al cumplimiento de lo que se pacte: Aquí es muy claro que el vasallaje exige la obediencia a Su Voz y cumplimiento de la בְּרִיתִ֑י [beriti] “Alianza”.  

 

La Alianza fue rota, no una -sino muchas veces- así que, el Sacerdote Jesucristo se ofreció a Sí mismo, victima, en el Altar Calvario para Justificarnos (la justificación está consignada en la frase “Perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Notemos que, al momento del sacrificio, no se había restablecido la Alianza ni habíamos logrado reconciliar nuestra Amistad con el que es Señor, Dueño y Amo nuestro. El Sacrificio fue pues un acto de Reconciliación. El Amor que Dios nos tiene se probó muriendo por nuestra expiación. ¿Cómo va a ser que habiendo sido justificados no seamos salvos? Y no nos quedamos en la pura salvación, sino que somos asumidos en la gloria de Jesucristo Resucitado que, con el dolor de su Pasión, nos compartió su Victoria. Él lo da todo. No se queda para sí con el premio por su sufrimiento, sino que lo comparte, porque -precisamente- decir amor es decir donación, desprendimiento, generosidad. 

Hay una cosa interesantísima en los Evangelios: Cada vez que se hace la lista de los apóstoles, muestra diferencias y los nombres no son los mismos. A eso se le pretende dar “alguna” explicación, por ejemplo, que las personas tenían dos nombres -o más- y por eso aquí y allá se les nombra de otra manera; también hemos oído pretextar que se debía a que algunos eran nombrados por sus apodos. Les ruego nos regalen la posibilidad de intercalar aquí nuestra propia “lectura” de esa curiosidad de las listas divergentes: Los nombres son lo de menos, no nos pongamos a perderle tiempo a eso, sencillamente intercalemos nuestros propios nombres allí y asumamos responsablemente las consecuencias de pertenecer a esa digna y honorable lista en la que tuvo cabida hasta un traidor.

 

Sean los que sean los nombres, lo importante es que ellos fueron los “quijotes” al frente de las doce tribus de la Nueva Alianza. Por ellos nuestra Iglesia se honra de llamarse apostólica porque pisamos sobre las huellas de su ejemplo, y nos alzamos altísimos hasta la altura de gigantes. Seguimos su rastro y no queremos desviarnos ni un infinitésimo a derecha o izquierda.

Pero -y siempre hay un “pero”- para caminar derechito tras ellos tenemos que hacer -nosotros también- escuela de sinodalidad. Derechito no significa dogmáticos, repartiendo cachiporrazos para que la uniformidad sea perfecta. ¡No! Lo que se espera es que procuremos con toda nuestra buena fe y el Auxilio del Espíritu Santo, sintonizar con Su Enseñanza y serle fieles. No todos iguales, sino todos con los ojos y el corazón mirando hacia Él.

 

 

viernes, 12 de junio de 2026

INMACULADO CORAZÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN

Is 61, 9-11

Estamos en el Tritoisaías, que abarca los capítulos 56 al 66 de este Libro. No se sabe quien escribió esta parte, pero se atribuye a uno o varios discípulos de Isaías, en el siglo V a. C. su estilo es el de los “pobres de Yahweh”, los “Anawin”. El brillo que había previsto el Deutero-Isaías contrasta con la acritud ante la realidad post-exilica. Se dan roces entre los que retornaron y los que habían quedado y continuaron poblando aquella tierra, durante los años de la deportación.

 

Veamos los títulos que anteceden a la perícopa de hoy:

­       recompensa de la fidelidad a la Alianza

­       reproches a los malos jefes

­       El verdadero ayuno

­       Sobre el sábado

­       Culpa y castigo de Israel

­       La gloria de la nueva Jerusalén

­       Anuncio de la salvación de Israel -que vendría siendo este el título del fragmento que se proclama hoy

 

Citamos, aquí, textualmente, los tres primeros versículos del cap. 61:

“El espíritu de Yahweh está sobre mí. Yahweh me ha ungido, me ha enviado con buenas noticias para los humildes, para sanar los corazones heridos, anunciar a los desterrados su liberación y a los presos su vuelta a la luz, a anunciar el שְׁנַת־רָצֹון֙ לַֽיהוָ֔ה [senat rasoun Yahweh] “Año favorable del Señor” - en el Año del Jubileo del Antiguo Testamento (ver Lv 25, 8-31), una celebración cada 50 años donde se liberaban esclavos, se perdonaban las deudas y las tierras volvían a sus dueños, el día en que nuestro Dios nos vengará de nuestros enemigos. Me envió para consolar a los que lloran y darles a todos los afligidos de Sion una corona en vez de ceniza, perfume de alabanza en vez de pesimismo”. Con esta cita nos ha familiarizado Lc 4, 18s. donde Jesús tomó precisamente este rollo y leyó de él: La misión profetizada para Jesús, aquí, es el anuncio del Gran Jubileo: La llegada de su Reino. L palabra Jubileo se deriva de Yobel que es el nombre de la corneta, hecha con el cuerno de un carnero, y cuya voz era un llamado litúrgico: el Año Jubilar se anunciaba con el llamado del Yobel.

 

En los versos 7 y 10 -se desarrolló la llegada del Reino- nos presenta la siguiente terapia consoladora que anuncia el pago -o mejor, la indemnización- a tanta injusticia padecida: “Por haber sido tan grande su humillación y no haberles tocado más que insultos y esputos, recibirán, en su país, el doble de todo y nunca se terminará su felicidad… Pues, así como brotan de la tierra las semillas o como aparecen los retoños en el jardín, así el Señor Yahweh hará brotar la justicia y la dicha a la vista de todas las naciones”.

 

El anuncio permite que el corazón se engalane de esperanza: “me ha puesto un traje de salvación y me ha envuelto con un manto de Justicia como novio que se pone la corona o novia que se adorna con sus joyas”. Dice en la segunda parte del verso 10 haciendo uso de una metáfora nupcial. A continuación, apela a otro símil, comparando a Israel con un jardín frondosamente florecido


El pueblo ha sufrido y su corazón ha sido desgarrado y masacrado, en particular con la destrucción de templo y con el destierro de los líderes de la comunidad que quedó acéfala; ahora el Señor pronostica el regreso de la alegría y el establecimiento de una וּבְרִ֥ית עֹולָ֖ם [uberit oulan] “Alianza Eterna”, (Is 61, 8). Serán reconocidos como un pueblo especialmente favorecido por Dios.

 

Sal 1S 2,1. 4-5. 6-7. 8abcd

Esta parte está entresacada del Cantico de Ana, que había recibido de Dios el hijo -Samuel, recordemos que este nombre significa “Dios me ha oído”- que ella le había implorado. La tonalidad de este salmo es Eucarística -valga señalar “una Acción de Gracias” mostrando agradecimientos por haber librado su vientre de la aridez.

 

¿Cuál es la savia que corre por la nervadura de este salmo? La humillación de los soberbios y la exaltación de los humildes. Quien es el que exalta y quién es el que humilla: Ha sido el Señor. Este himno de gratitud de Ana enaltece al Señor como Creador de todo y lo alaba porque todo le está sometido a su Poder. El parentesco entre el cantico de Ana y el Magnificat es categórico.

Quisiéramos contemplar cómo se entretejen los estambres en los que el cantico de Ana urde -con la historia de su pueblo- la gratitud por lo que les traerá con su descendencia:

 

a)    Es un cantico de alabanza que muestra el consuelo para la mujer estéril, pero connota las gracias que recibirá la Iglesia futura.

b)    Celebra la liberación -que es una veta escatológica prometida como emancipación- a una Iglesia que ha vivido en sus continuas páginas el grillete de la persecución.

c)    Tiende las manos abiertas para que Dios advenga a su pueblo como portador de la Salvación.

d)    Se inserta en la corriente de humillación que ha sido el sendero recorrido por el pueblo Elegido.

e)    En ese sentido, preludia el que será -en lo sucesivo- el cantico de siempre de ese pueblo Elegido.

 

Es pues un salmo de la liturgia de las horas para Ana -lo entonará a toda hora-, también para María y para todo el Antiguo y el Nuevo Testamento.

 

Este cantico, así como se entona en esta fecha está estructurado en cuatro estrofas, de las cuales la segunda es, con mucho, la más larga:

 

1ª) Ana se llena de gozo, su alegría brota del corazón, y es porque Dios le renueva las fuerzas. Se atreve, entonces, a hablar contra sus enemigos apoyada en la ayuda que le ha venido directamente de Dios y que se hace extensiva a todos los creyentes.

2ª) A los que se tienen por valientes, se les revientan los arcos; mientras, a los que se les había tildado de cobardes, hacen gala de valentía. Los que nadaban en la anchura, hoy trabajan horas forzadas para ganarse un mendrugo de pan, pero a la vez- los que sufrían carencias, ahora están engordando y sobrenadan en la profusión de las cornucopias. Y, en el colmo de la generosidad Divina, las mujeres de vientre seco dan a luz no uno sino siete-mellizos, pero las que antes se inflaban envanecidas por la fertilidad, lloran, ahora, con agobio, por sus vientres desolados.

3ª) El Señor es el Administrador de todos los bienes y también gerencia las carencias: reparte a su antojo vida y muerte. Hunde a quien quiere, pero al que le place, lo saca a flote; distribuye a sus anchas pobreza y riqueza; al que a Él le parece, lo envía al humilladero; mientras al que Él quiere lo asciende a la tribuna, al más alto pedestal.

4ª) Al desvalido lo rescata del polvo, a los pobres los saca del botadero de basura y los lleva a convivir con príncipes, designándolos herederos de magnificas fortunas.

 

El versículo responsorial reitera: ¡La alegría del corazón proviene de Dios que es Señor-Salvador!

 

Lc 2, 41-51

Siempre peligramos perder a Jesús y siempre andamos buscándolo

Israel sigue siendo, por así decirlo, un pueblo de Dios en marcha, un pueblo que está siempre en camino hacia Dios, y recibe su identidad siempre nuevamente del encuentro con Dios en el único templo. La sagrada familia se inserta en esta gran comunidad en el camino hacia el templo y hacia Dios.

Benedicto XVI

«El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad … Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2, 51s). Después del momento en que había hecho resplandecer la obediencia más grande en la cual vivía (obediencia a “todos los asuntos de su Padre”), Jesús vuelve a la situación normal de su familia: a la humidad de la vida sencilla y a la obediencia a sus padres terrenales. (Benedicto XVI)


Podemos visualizar la estructura de este fragmento del evangelio lucano como un quiasmo (del griego chiasmós, cruzamiento) que es una figura literaria y retórica que consiste en la repetición de ideas, palabras o estructuras gramaticales en orden inverso, creando un efecto de simetría o "espejo", cada “temática” constituye un “estrato” o una “capa”, esos estratos concéntricos rodean al núcleo; dentro de un mismo estrato se trabaja el desarrollo de unos elementos que, con determinados caracteres comunes, se ha integrado con otros conjuntos previos o posteriores para la conformación de un cierto plano, contribuyendo todos los “planos” o “capas” a la determinación de lo que se quiere proponer y explicar.

 

En este caso, podríamos decir que, la parte superior del quiasmo es la llegada al Templo mientras la inferior es el regreso y el descubrimiento de que el Niño, no va con ellos. La estructura en este caso sería:

a)    El verso 40 “iba creciendo”

b)    Los versos 41-43 “Todos los años”, lo que normalmente hacían en su vida.

c)    Los versos 44-45 “Lo buscaban”

d)    El corazón de la cebollita: vv. 46s “Jesús sentado en medio de los maestros escuchándolos y haciéndoles preguntas”.

c’) Versos 48-50 “Por qué me buscaban

b’) Bajó a Nazaret y vivía…” v. 51, o sea que retomó a la normalidad y la cotidianidad de su “humana” existencia.

a’) Lo mismo que a, “iba creciendo” v. 52

 

A continuación, vamos a poner juntos los elementos de cada estrato, para evidenciar la relación.

Vamos a unir a con a’:

a)    40 El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

a’) 52 Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres.

Ahora b con b’:

b)    41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 43 y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.

b’) 48 Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Luego, unimos c y c’, en este estrato el tema es la “búsqueda”:


c) 44 Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.


c’)
49 Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de lo de mi Padre?». 50 Ellos no entendieron lo que les decía.

 

El núcleo de toda la perícopa -donde se produce el “cruzamiento”-, es La sorprendente inteligencia de Jesús:

d)    46 Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

 

¿Dónde se había quedado Jesús? Es interesante porque contesta a la pregunta ¿qué buscamos cuando vamos al Templo? Jesús estaba en lo de su Padre. Y añade, que nosotros debemos entender que Jesús tiene como labor-eje de su vida, ocuparse de lo que compete a su Padre. Y nos hereda esta encomienda, a todos los cristianos.

«El evangelista nos dice que solo después de tres días encontraron a Jesús en el Templo, donde estaba sentado en medio de los doctores, mientras los escuchaba y les hacía preguntas. (Cf. Lc 2, 46) … es preciso sin embargo dar la razón a René Laurentin cuando nota aquí una callada referencia a los tres días entre la cruz y la resurrección… En aquellos momentos se hace sentir en María algo del dolor de la espada que Simeón le había anunciado (cf. Lc 2, 35)» (Benedicto XVI)

jueves, 11 de junio de 2026

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Dt 7, 6-11

SANTIDAD Y ELECCIÓN

Cuando uno se enamora se enamora por lo que el destinatario del amor ES. Nosotros estamos presos del “presente”. Estamos en ese “momento” como rodeados, por todas partes, de altísimas cordilleras, y nos resulta prácticamente imposible visualizar lo que SERÁ. Dios se enamora de otra manera, se enamora de lo que podemos llegar a ser. Vio en nosotros la potencialidad de la santidad y se enamoró de la perspectiva que podemos llegar a ser קָדוֹשׁ [qadosh] “santos”. Pero no nos ama por lo que de pronto, pudiera ser, que llegáramos a “alcanzar”, sino porque Él ve, -por encima de cualquier montaña, por muy alta que sea- que, a pesar de ir a trompicones, llegaremos. Y es así, porque a esa fragilidad que nos dificulta tanto avanzar, Dios añadirá su Amorosa-Voluntad.


“El Señor se enamoró de ustedes y los eligió”, está presente la idea de la בָּחַר [bachar] “elección”, escogencia”. Nos parece que siempre que escuchamos esta idea se nos vienen dos connotaciones

1)            Si se nos “elige” es por ser los mejores

2)            Eso nos hará acreedores a los mejores puestos, con las mejores pagas, porque tendremos a cargo las “funciones superiores”.

 

Eso puede ser así. Puede ser que nos correspondan las funciones superiores. Pero, ¿qué pasa si las “funciones superiores” son las que el mundo tiene por más humildes, más bajas, más “serviles”. En tal caso, ¿aceptaremos gustosos la “elección”? ¿Nos daremos prisa a aceptar los encargos que se nos han reservado? o, mejor, ¿en ese caso, rechazaremos la elección?

 

Solo por un momento, recordemos el favoritismo del Padre sobre Jesús-Su Hijo Unigénito – “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias" (Cfr. Mt 3, 17).

 

Lo cual nos lleva a un territorio muchísimo más amplio, al interrogante teológico por excelencia: ¿Cómo piensa Dios? Es la pregunta sobre la “lógica Divina”. Y es que la lógica divina opera en una dimensión muy distinta a la lógica humana. Mientras el ser humano tiende a enfocarse en lo inmediato porque es un ser “caduco”, dado al control, a centrarse en el beneficio propio, en el “poder”, en la “jactancia”; mientras que la perspectiva Divina puede ver a largo plazo, por encima de la montaña más alta, preocuparse por el crecimiento interior y proponer como meta la compasión universal.

 

Dicho en términos más prosaicos: la vista humana ve atentamente hacia los próximos diez minutos, y cuando se le propone una perspectiva más largoplacista -y si se le pide dejar de lado el inmediatismo-, alcanza a ver -a lo sumo- hasta cinco años, y, cuánto más lejos intenta ver, más difuminada es la imagen.

 

Un factor, que le distorsiona la visión, es la sed de gratificación inmediata. Por otra parte, Dios puede ver en una perspectiva infinita, lo cual hace que su lógica sea, rotundamente otra. Y, entonces, podemos regresar sobre nuestra idea de “elección” en torno a la cual gira enteramente la perícopa Deuteronómica que nos ocupa.

 

Observemos que a la Gratuidad con la que Dios elige, corresponde al pueblo elegido un compromiso de largo plazo, y una responsabilidad justamente de largo aliento, continuada, sostenida, permanente, constante.

 

La primera corrección que encontramos es que el motivo de la “elección” no fue por nuestra numerosidad. No hemos sido elegidos por ser el grupo humano mayoritario.

 

Anexa a esta precisión viene una completamente desconcertante: ¡fuimos elegidos por puro amor!

 

Este amor tiene un antecedente histórico: empezó en el tiempo de los patriarcas, en los tiempos de Abrahán, Isaac y Jacob. A ellos hizo una שְׁבוּעָה [shebuah] “promesa”, “juramento” y como es una promesa Divina, no tiene fecha de caducidad, no tiene “vencimiento”. Se cumplirá por “mil generaciones” (Cfr. Dt 7,9)

 

La “salida de Egipto” podemos entenderla simplemente como las “arras” - garantías entregadas en forma de dinero o bienes para asegurar el cumplimiento del juramento, de ese pacto, de esa que en nuestros términos de fe se denominamos “Alianza”. Podemos abrir las manos y ver en nuestras palmas las “13 moneditas” que garantizan que el gran Tesoro se nos entregará (más temprano que tarde).

 

A nosotros, como pueblo de Su Elección ¿qué responsabilidad nos cabe en esa Alianza?:

a)    Amar

b)    Cumplir los “mandamientos”


La hora de los “premios” puede dilatarse. Pero al que desprecia la parte que le corresponde en la Alianza, ese Dios -sin tardanza alguna- se le presentará Personalmente y le dará ipso facto su paga. (Cfr. Dt 7, 10) Eso no es algo que hemos añadido nosotros para asustar a la gente, es lo que dice en este punto del Deuteronomio.

 

Sal 103(102), 1bc-2. 3-4. 6-7. 8 y 10

Después de la anterior reflexión ¿qué brota como un raudal de nuestro corazón? Pedir perdón por nuestras flaquezas en el cumplimiento y cantar loas ante tanta bendición y tan fiel promesa. Se trata de un salmo de acción de gracias: Subimos a nuestro “Templo de Jerusalén” y llevamos para ofrecer -voluntariamente- como Victima en holocausto, un Cordero sin defecto, sin tacha, porque si tiene algún defecto, no será aceptada (cfr. Lv 22, 21-24).

 

La primera estrofa de nuestro salmo de hoy nos convoca a la בָּרֲכִ֣י [baraki] “Bendición”. Desde dos perspectivas

1)    Con la total unidad de toda mi persona, desde lo más hondo de mi mismidad.

2)    Y el motivo de esa bendición es el recordar que Dios ha obrado a favor nuestro sus גְּמוּל [gemul] “beneficios”, “servicios”, “trato con deferencia especial”.

 

En la segunda estrofa, da otras dos razones dobles (dobletes):

1)    Perdona todas nuestras culpas y nos cura de todas nuestras enfermedades

2)    Cuando hemos caído en la sepultura Él acude allí a sacarnos, y, además nos da gracia y ternuras. Valga decir, es un Papa resucitador y consentidor.

 

Vamos a la tercera estrofa:

1)    El Señor es Dios de Justicia, y no niega su Justicia a los oprimidos, sino que a ellos la da preferencialmente.

2)    A Moisés le dijo por dónde ir; pero esas indicaciones se las dio para que pudiera conducir a todos sus hijos “elegidos”.

 

En la cuarta y por hoy última estrofa, nos lleva a la cumbre, a la parte más alta de la montaña y desde allí nos “revela” la clave de su Corazón, nos deja ver sus aurículas y sus ventrículos:

1)    ¿Cómo es el corazón de Dios? Respuesta: רַחוּם [rajum] “misericordioso”, “clemente”; רַחוּם [channun] “piadoso”, “gracioso”, o sea dispensador de abundantes gracias”;

2)    no es un “contador” de nuestras debilidades, ni un “computador” que guarda en su “memoria” los detalles de nuestras caídas. Él no es un “policía” que distribuye carísimos comparendos impagables, a diestra y siniestra.


El estribillo responsorial está tomado del verso 17 de este mismo salmo, hacemos nuestra propia traducción procurando ahondar cuanto nos es posible, sólo para mostrar la exactitud de la versión tradicional: «La חָ֫סֶד [chessed] “Misericordia”, “Alianza”, “Benevolencia” del Señor dura por los siglos de los siglos -es perpetua-, para aquellos que lo reverencian y se trasmitirá a los hijos y a los hijos de los hijos».

 

1Jn 4, 7-16

Así hallamos que la caridad hace a un hombre duro y la maldad hace a otro afable: el padre pega a su hijo, el traficante de esclavos se muestra afable. Si presentas una y otra acción, los golpes y los gestos de afabilidad, ¿quién no elegirá a éstos y rehuirá aquéllos? Si pones los ojos en los sujetos que realizan esas acciones, es la caridad la que pega y la maldad la que se muestra afable. Ved lo que trato de meteros en la cabeza: la bondad de las acciones de los hombres sólo se discierne examinándolas si proceden de la raíz de la caridad. En efecto, pueden realizarse muchas que poseen una apariencia de bondad, pero no proceden de la raíz de la caridad; también las zarzas tienen flores.

San Agustín

También nosotros hemos caído en la trampa de relamernos los labios pensando que hemos atrapado a Dios en una “formulación concisa” cuando decimos Dios es amor”. Este perícopa que se proclama hoy, en calidad de Segunda lectura, puede desagregarse en cuatro partes o inclusive en cinco:

1)    Enunciado sintético general sobre el tema que se va a desarrollar (vv. 7-8)

2)    Dios nos ha enseñado a amar, amándonos (vv. 9-10)

3)    El deber de amarnos unos a otros (vv, 11-16)

4)    Sentimos que la perícopa queda trunca si no se incluyen los versos 17-19 que tratan del desalojo del temor, porque allí donde se da el temor se presupone el castigo, amor y castigo están en el plano de la absoluta incompatibilidad.

5)    Y aún más, los versos 20-21que desenmascaran las consecuencias del odio a los hermanos, y que no alcanza a disimular la inexistencia del amor verdadero.


¿Cuál es el corazón de esta perícopa? Nosotros lo detectamos en los versos 11s: «Queridos, si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección».

 

A este respecto tenemos un reflector interpretativo que nos ha propuesto San Agustín: Con frecuencia citamos, ““Ama y haz lo que quieras”. Nos gustaría que se co-textualizara con lo que San Agustín glosó a continuación

 

“Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si tú hablas, habla por amor; si corriges, corrige con amor; si perdonas, perdona por amor. Que el amor esté arraigado en ti, ya que de esa raíz no puede manar sino el bien”.

 

¿Qué es lo importante? No que hagamos lo que se nos viene en mientes, sino que al escoger la acción que llevemos a cabo, sea la que fuere, esté imbuida de amor, empapada de amor, saturada de amor.


¿Qué haremos? ¿Procuraremos, al pasar por esta Carta joánica, elevar el vuelo y alcanzar una altura estratosférica para que desde allá no se alcance a ver de qué se trata? Como quiera que sea Dios nos propone este reto: Si de verdad me amáis demostradlo amando al prójimo. Para poner todos los naipes sobre la mesa, leamos también el verso 20: «Si algunos dicen: “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve».

 

Mt 11, 25-30

«¡Qué hermoso es este Cielo ahora que el Salvador es su sol y el pecho de él una fuente de amor de la cual los bienaventurados beben según su deseo! Cada uno va a mirar allí dentro y ve su nombre escrito con caracteres de amor, que sólo el verdadero amor     puede leer y que el verdadero amor ha grabado.

¡Ah Dios! mi querida hija, ¿acaso los nuestros no estarán allí? Sí estarán, sin duda; pues, por más que nuestro corazón no tiene el amor, tiene no obstante el deseo del amor y el comienzo del amor»

DILEXIT NOS- Papa Francisco


Hemos querido tomar como epígrafe para esta reflexión del Evangelio una cita que trae Papa Francisco tomada de una carta que San Francisco de Sales le dirigió a Santa Juana Francisca de Chantal, donde se nos anuncia una tarea de mirar al Sacratísimo Corazón de Jesús, no como un órgano importante del cuerpo humano, sino como el marco donde nuestros nombres se hayan estampados para que bebamos de su fuente la verdadera caridad. Enfaticemos que caridad es sencillamente el nombre en latín del amor.  Pero su riqueza es todavía mayor porque nos indica que si bien nuestra fragilidad no nos permite florecer con adornos de poderoso amor, en cambio, si nos invade esa sed de buscarlo y amarlo, donde las flores sobran porque el ansia las suple. Cuando nos acercamos al Sacratísimo corazón veos en el simbolismo del corazón como figuración del amor -no como algunos impugnan, un fragmento de la carnicería- sino un nicho donde la paloma de nuestro tierno amor se anida y hierbe vehemente en el anhelo de amarlo más.

 

La manera como inicia Jesús esta perícopa es mostrando que se trata de un ejercicio de “Acción de Gracias”. Precisa a quien se dirige: A Dios-Padre, que es el Creador de todo lo que hay Arriba y abajo.

 

Pasa a señalar que la Bondad-Celestial ha querido y preferido darle el “conocimiento” de las verdades teologales a los “pequeños”. Y la Acción de Gracias aprueba y nos revela que, aceptamos lo que Dios decide porque Él es Suma Sabiduría.

 

No a todos les llega esta enseñanza, los que más fácil acceden a ella son los νήπιος [nepios] “pequeños”, “niños”, “bebés”, “carentes de práctica y experiencia”, “personas ingenuas”. Ellos son sus destinatarios preferenciales. No a los académicos, ni a los doctos.

 

Luego Jesús señala su rol pontifical: Él es quien construye el “puente” para pasar ese conocimiento del Cielo a la tierra. Y explica cómo se da ese dinamismo del Saber teologal: Un hijo conoce a su papá; en este caso el Hijo conoce al Padre, pero no queda todo ahí, hay un movimiento epistemológico reciproco, el Hijo no es solo sujeto del “Conocimiento” es también conocido por su Padre; se conocen el Uno al Otro. Eso es lo que quiere decir que son Uno. No que sean la misma Persona, sino que su intercompenetración es con absoluta comunión de saberes, entendimiento, afectos y acuerdo pleno.

 

Este Conocimiento incluye el discernimiento para la entrega: Jesús no se lo otorga a cualquiera, Él sabe a quién le está destinado, quienes son los que el Padre ha “escogido” para que lo reciban, y solo a ellos se los da. A los que el Padre acepte, también a ellos el Hijo los acogerá.

 

Pasa a un tercer punto: Es una invitación amorosa para venir a Él: prácticamente hablaríamos de una seducción. Jesús nos convida a acercarnos a Él. Y esa invitación es a suavizar la lucha, no tomarla a lo catastrófico, a no caer en el pesimismo ni en el desespero.

 

Esa atracción amorosa tampoco es para acostarnos en la hamaca y recibir ventilación con abanicos por parte de unos esclavos, es participación comprometida en una tarea: Cargar la cruz de Jesús. Por eso es tan importante nuestro esfuerzo en adentrarnos en la comprensión de lo que hizo Jesús y de cómo nosotros podemos prolongar en la “historia” su labor, aportando nuestro esfuerzo para sobrellevar el peso de Su Cruz.

 

Para lograr ese alivio y solaz que Jesús nos brinda hemos de cultivar dos virtudes que aprendemos de Él:

1)    πραΰς [praus] “dócil”, “gentil”, “con la mayor sumisión posible”, “agradable”.

2)    ταπεινὸς τῇ καρδίᾳ [tapeinos te cardia] “bajo”, “sencillo”, “abatido”, “de baja clase social”, “modesto”. Es muy importante que no dice solo “bajo” sino añade “de corazón”, nosotros vemos en ello la identificación de un riesgo: el que se hace el gentil, pero en su corazón lleva otra cosa, simula estar ayudando a construir el Reino, pero su corazón está plagado de egoísmo. Lo que se pide es una sencillez sincera. Este valor de la sencillez no ha de verse desde el foco de la cultura grecorromana que visualizaba la mansedumbre como pura “debilidad” lo que condujo a leer el cristianismo como una filosofía de esclavos.


En síntesis, al que se hace verdadero discípulo se le entregará el “saber” del Reino de Dios. ¡El discípulo tiene un corazón como el de Jesús y cada día, su pobre corazón, se le perecerá un poco más!

 

Epilogo

… se comprende que la Iglesia haya elegido la imagen del corazón para representar el amor humano y divino de Jesucristo y el núcleo más íntimo de su persona. Pero, si bien el dibujo de un corazón con llamas de fuego puede ser un símbolo elocuente que nos recuerde el amor de Jesucristo, es conveniente que ese corazón sea parte de una imagen de Jesucristo. De ese modo es aún más significativo su llamado a una relación personal, de encuentro y de diálogo. Esa imagen venerada de Cristo donde se destaca su corazón amante, tiene al mismo tiempo una mirada que llama al encuentro, al diálogo, a la confianza; tiene unas manos fuertes capaces de sostenernos; tiene una boca que nos dirige la palabra de un modo único y personalísimo.

DILEXIT NOS #52