jueves, 11 de junio de 2026

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Dt 7, 6-11

SANTIDAD Y ELECCIÓN

Cuando uno se enamora se enamora por lo que el destinatario del amor ES. Nosotros estamos presos del “presente”. Estamos en ese “momento” como rodeados, por todas partes, de altísimas cordilleras, y nos resulta prácticamente imposible visualizar lo que SERÁ. Dios se enamora de otra manera, se enamora de lo que podemos llegar a ser. Vio en nosotros la potencialidad de la santidad y se enamoró de la perspectiva que podemos llegar a ser קָדוֹשׁ [qadosh] “santos”. Pero no nos ama por lo que de pronto, pudiera ser, que llegáramos a “alcanzar”, sino porque Él ve, -por encima de cualquier montaña, por muy alta que sea- que, a pesar de ir a trompicones, llegaremos. Y es así, porque a esa fragilidad que nos dificulta tanto avanzar, Dios añadirá su Amorosa-Voluntad.


“El Señor se enamoró de ustedes y los eligió”, está presente la idea de la בָּחַר [bachar] “elección”, escogencia”. Nos parece que siempre que escuchamos esta idea se nos vienen dos connotaciones

1)            Si se nos “elige” es por ser los mejores

2)            Eso nos hará acreedores a los mejores puestos, con las mejores pagas, porque tendremos a cargo las “funciones superiores”.

 

Eso puede ser así. Puede ser que nos correspondan las funciones superiores. Pero, ¿qué pasa si las “funciones superiores” son las que el mundo tiene por más humildes, más bajas, más “serviles”. En tal caso, ¿aceptaremos gustosos la “elección”? ¿Nos daremos prisa a aceptar los encargos que se nos han reservado? o, mejor, ¿en ese caso, rechazaremos la elección?

 

Solo por un momento, recordemos el favoritismo del Padre sobre Jesús-Su Hijo Unigénito – “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias" (Cfr. Mt 3, 17).

 

Lo cual nos lleva a un territorio muchísimo más amplio, al interrogante teológico por excelencia: ¿Cómo piensa Dios? Es la pregunta sobre la “lógica Divina”. Y es que la lógica divina opera en una dimensión muy distinta a la lógica humana. Mientras el ser humano tiende a enfocarse en lo inmediato porque es un ser “caduco”, dado al control, a centrarse en el beneficio propio, en el “poder”, en la “jactancia”; mientras que la perspectiva Divina puede ver a largo plazo, por encima de la montaña más alta, preocuparse por el crecimiento interior y proponer como meta la compasión universal.

 

Dicho en términos más prosaicos: la vista humana ve atentamente hacia los próximos diez minutos, y cuando se le propone una perspectiva más largoplacista -y si se le pide dejar de lado el inmediatismo-, alcanza a ver -a lo sumo- hasta cinco años, y, cuánto más lejos intenta ver, más difuminada es la imagen.

 

Un factor, que le distorsiona la visión, es la sed de gratificación inmediata. Por otra parte, Dios puede ver en una perspectiva infinita, lo cual hace que su lógica sea, rotundamente otra. Y, entonces, podemos regresar sobre nuestra idea de “elección” en torno a la cual gira enteramente la perícopa Deuteronómica que nos ocupa.

 

Observemos que a la Gratuidad con la que Dios elige, corresponde al pueblo elegido un compromiso de largo plazo, y una responsabilidad justamente de largo aliento, continuada, sostenida, permanente, constante.

 

La primera corrección que encontramos es que el motivo de la “elección” no fue por nuestra numerosidad. No hemos sido elegidos por ser el grupo humano mayoritario.

 

Anexa a esta precisión viene una completamente desconcertante: ¡fuimos elegidos por puro amor!

 

Este amor tiene un antecedente histórico: empezó en el tiempo de los patriarcas, en los tiempos de Abrahán, Isaac y Jacob. A ellos hizo una שְׁבוּעָה [shebuah] “promesa”, “juramento” y como es una promesa Divina, no tiene fecha de caducidad, no tiene “vencimiento”. Se cumplirá por “mil generaciones” (Cfr. Dt 7,9)

 

La “salida de Egipto” podemos entenderla simplemente como las “arras” - garantías entregadas en forma de dinero o bienes para asegurar el cumplimiento del juramento, de ese pacto, de esa que en nuestros términos de fe se denominamos “Alianza”. Podemos abrir las manos y ver en nuestras palmas las “13 moneditas” que garantizan que el gran Tesoro se nos entregará (más temprano que tarde).

 

A nosotros, como pueblo de Su Elección ¿qué responsabilidad nos cabe en esa Alianza?:

a)    Amar

b)    Cumplir los “mandamientos”


La hora de los “premios” puede dilatarse. Pero al que desprecia la parte que le corresponde en la Alianza, ese Dios -sin tardanza alguna- se le presentará Personalmente y le dará ipso facto su paga. (Cfr. Dt 7, 10) Eso no es algo que hemos añadido nosotros para asustar a la gente, es lo que dice en este punto del Deuteronomio.

 

Sal 103(102), 1bc-2. 3-4. 6-7. 8 y 10

Después de la anterior reflexión ¿qué brota como un raudal de nuestro corazón? Pedir perdón por nuestras flaquezas en el cumplimiento y cantar loas ante tanta bendición y tan fiel promesa. Se trata de un salmo de acción de gracias: Subimos a nuestro “Templo de Jerusalén” y llevamos para ofrecer -voluntariamente- como Victima en holocausto, un Cordero sin defecto, sin tacha, porque si tiene algún defecto, no será aceptada (cfr. Lv 22, 21-24).

 

La primera estrofa de nuestro salmo de hoy nos convoca a la בָּרֲכִ֣י [baraki] “Bendición”. Desde dos perspectivas

1)    Con la total unidad de toda mi persona, desde lo más hondo de mi mismidad.

2)    Y el motivo de esa bendición es el recordar que Dios ha obrado a favor nuestro sus גְּמוּל [gemul] “beneficios”, “servicios”, “trato con deferencia especial”.

 

En la segunda estrofa, da otras dos razones dobles (dobletes):

1)    Perdona todas nuestras culpas y nos cura de todas nuestras enfermedades

2)    Cuando hemos caído en la sepultura Él acude allí a sacarnos, y, además nos da gracia y ternuras. Valga decir, es un Papa resucitador y consentidor.

 

Vamos a la tercera estrofa:

1)    El Señor es Dios de Justicia, y no niega su Justicia a los oprimidos, sino que a ellos la da preferencialmente.

2)    A Moisés le dijo por dónde ir; pero esas indicaciones se las dio para que pudiera conducir a todos sus hijos “elegidos”.

 

En la cuarta y por hoy última estrofa, nos lleva a la cumbre, a la parte más alta de la montaña y desde allí nos “revela” la clave de su Corazón, nos deja ver sus aurículas y sus ventrículos:

1)    ¿Cómo es el corazón de Dios? Respuesta: רַחוּם [rajum] “misericordioso”, “clemente”; רַחוּם [channun] “piadoso”, “gracioso”, o sea dispensador de abundantes gracias”;

2)    no es un “contador” de nuestras debilidades, ni un “computador” que guarda en su “memoria” los detalles de nuestras caídas. Él no es un “policía” que distribuye carísimos comparendos impagables, a diestra y siniestra.


El estribillo responsorial está tomado del verso 17 de este mismo salmo, hacemos nuestra propia traducción procurando ahondar cuanto nos es posible, sólo para mostrar la exactitud de la versión tradicional: «La חָ֫סֶד [chessed] “Misericordia”, “Alianza”, “Benevolencia” del Señor dura por los siglos de los siglos -es perpetua-, para aquellos que lo reverencian y se trasmitirá a los hijos y a los hijos de los hijos».

 

1Jn 4, 7-16

Así hallamos que la caridad hace a un hombre duro y la maldad hace a otro afable: el padre pega a su hijo, el traficante de esclavos se muestra afable. Si presentas una y otra acción, los golpes y los gestos de afabilidad, ¿quién no elegirá a éstos y rehuirá aquéllos? Si pones los ojos en los sujetos que realizan esas acciones, es la caridad la que pega y la maldad la que se muestra afable. Ved lo que trato de meteros en la cabeza: la bondad de las acciones de los hombres sólo se discierne examinándolas si proceden de la raíz de la caridad. En efecto, pueden realizarse muchas que poseen una apariencia de bondad, pero no proceden de la raíz de la caridad; también las zarzas tienen flores.

San Agustín

También nosotros hemos caído en la trampa de relamernos los labios pensando que hemos atrapado a Dios en una “formulación concisa” cuando decimos Dios es amor”. Este perícopa que se proclama hoy, en calidad de Segunda lectura, puede desagregarse en cuatro partes o inclusive en cinco:

1)    Enunciado sintético general sobre el tema que se va a desarrollar (vv. 7-8)

2)    Dios nos ha enseñado a amar, amándonos (vv. 9-10)

3)    El deber de amarnos unos a otros (vv, 11-16)

4)    Sentimos que la perícopa queda trunca si no se incluyen los versos 17-19 que tratan del desalojo del temor, porque allí donde se da el temor se presupone el castigo, amor y castigo están en el plano de la absoluta incompatibilidad.

5)    Y aún más, los versos 20-21que desenmascaran las consecuencias del odio a los hermanos, y que no alcanza a disimular la inexistencia del amor verdadero.


¿Cuál es el corazón de esta perícopa? Nosotros lo detectamos en los versos 11s: «Queridos, si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección».

 

A este respecto tenemos un reflector interpretativo que nos ha propuesto San Agustín: Con frecuencia citamos, ““Ama y haz lo que quieras”. Nos gustaría que se co-textualizara con lo que San Agustín glosó a continuación

 

“Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si tú hablas, habla por amor; si corriges, corrige con amor; si perdonas, perdona por amor. Que el amor esté arraigado en ti, ya que de esa raíz no puede manar sino el bien”.

 

¿Qué es lo importante? No que hagamos lo que se nos viene en mientes, sino que al escoger la acción que llevemos a cabo, sea la que fuere, esté imbuida de amor, empapada de amor, saturada de amor.


¿Qué haremos? ¿Procuraremos, al pasar por esta Carta joánica, elevar el vuelo y alcanzar una altura estratosférica para que desde allá no se alcance a ver de qué se trata? Como quiera que sea Dios nos propone este reto: Si de verdad me amáis demostradlo amando al prójimo. Para poner todos los naipes sobre la mesa, leamos también el verso 20: «Si algunos dicen: “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve».

 

Mt 11, 25-30

«¡Qué hermoso es este Cielo ahora que el Salvador es su sol y el pecho de él una fuente de amor de la cual los bienaventurados beben según su deseo! Cada uno va a mirar allí dentro y ve su nombre escrito con caracteres de amor, que sólo el verdadero amor     puede leer y que el verdadero amor ha grabado.

¡Ah Dios! mi querida hija, ¿acaso los nuestros no estarán allí? Sí estarán, sin duda; pues, por más que nuestro corazón no tiene el amor, tiene no obstante el deseo del amor y el comienzo del amor»

DILEXIT NOS- Papa Francisco


Hemos querido tomar como epígrafe para esta reflexión del Evangelio una cita que trae Papa Francisco tomada de una carta que San Francisco de Sales le dirigió a Santa Juana Francisca de Chantal, donde se nos anuncia una tarea de mirar al Sacratísimo Corazón de Jesús, no como un órgano importante del cuerpo humano, sino como el marco donde nuestros nombres se hayan estampados para que bebamos de su fuente la verdadera caridad. Enfaticemos que caridad es sencillamente el nombre en latín del amor.  Pero su riqueza es todavía mayor porque nos indica que si bien nuestra fragilidad no nos permite florecer con adornos de poderoso amor, en cambio, si nos invade esa sed de buscarlo y amarlo, donde las flores sobran porque el ansia las suple. Cuando nos acercamos al Sacratísimo corazón veos en el simbolismo del corazón como figuración del amor -no como algunos impugnan, un fragmento de la carnicería- sino un nicho donde la paloma de nuestro tierno amor se anida y hierbe vehemente en el anhelo de amarlo más.

 

La manera como inicia Jesús esta perícopa es mostrando que se trata de un ejercicio de “Acción de Gracias”. Precisa a quien se dirige: A Dios-Padre, que es el Creador de todo lo que hay Arriba y abajo.

 

Pasa a señalar que la Bondad-Celestial ha querido y preferido darle el “conocimiento” de las verdades teologales a los “pequeños”. Y la Acción de Gracias aprueba y nos revela que, aceptamos lo que Dios decide porque Él es Suma Sabiduría.

 

No a todos les llega esta enseñanza, los que más fácil acceden a ella son los νήπιος [nepios] “pequeños”, “niños”, “bebés”, “carentes de práctica y experiencia”, “personas ingenuas”. Ellos son sus destinatarios preferenciales. No a los académicos, ni a los doctos.

 

Luego Jesús señala su rol pontifical: Él es quien construye el “puente” para pasar ese conocimiento del Cielo a la tierra. Y explica cómo se da ese dinamismo del Saber teologal: Un hijo conoce a su papá; en este caso el Hijo conoce al Padre, pero no queda todo ahí, hay un movimiento epistemológico reciproco, el Hijo no es solo sujeto del “Conocimiento” es también conocido por su Padre; se conocen el Uno al Otro. Eso es lo que quiere decir que son Uno. No que sean la misma Persona, sino que su intercompenetración es con absoluta comunión de saberes, entendimiento, afectos y acuerdo pleno.

 

Este Conocimiento incluye el discernimiento para la entrega: Jesús no se lo otorga a cualquiera, Él sabe a quién le está destinado, quienes son los que el Padre ha “escogido” para que lo reciban, y solo a ellos se los da. A los que el Padre acepte, también a ellos el Hijo los acogerá.

 

Pasa a un tercer punto: Es una invitación amorosa para venir a Él: prácticamente hablaríamos de una seducción. Jesús nos convida a acercarnos a Él. Y esa invitación es a suavizar la lucha, no tomarla a lo catastrófico, a no caer en el pesimismo ni en el desespero.

 

Esa atracción amorosa tampoco es para acostarnos en la hamaca y recibir ventilación con abanicos por parte de unos esclavos, es participación comprometida en una tarea: Cargar la cruz de Jesús. Por eso es tan importante nuestro esfuerzo en adentrarnos en la comprensión de lo que hizo Jesús y de cómo nosotros podemos prolongar en la “historia” su labor, aportando nuestro esfuerzo para sobrellevar el peso de Su Cruz.

 

Para lograr ese alivio y solaz que Jesús nos brinda hemos de cultivar dos virtudes que aprendemos de Él:

1)    πραΰς [praus] “dócil”, “gentil”, “con la mayor sumisión posible”, “agradable”.

2)    ταπεινὸς τῇ καρδίᾳ [tapeinos te cardia] “bajo”, “sencillo”, “abatido”, “de baja clase social”, “modesto”. Es muy importante que no dice solo “bajo” sino añade “de corazón”, nosotros vemos en ello la identificación de un riesgo: el que se hace el gentil, pero en su corazón lleva otra cosa, simula estar ayudando a construir el Reino, pero su corazón está plagado de egoísmo. Lo que se pide es una sencillez sincera. Este valor de la sencillez no ha de verse desde el foco de la cultura grecorromana que visualizaba la mansedumbre como pura “debilidad” lo que condujo a leer el cristianismo como una filosofía de esclavos.


En síntesis, al que se hace verdadero discípulo se le entregará el “saber” del Reino de Dios. ¡El discípulo tiene un corazón como el de Jesús y cada día, su pobre corazón, se le perecerá un poco más!

 

Epilogo

… se comprende que la Iglesia haya elegido la imagen del corazón para representar el amor humano y divino de Jesucristo y el núcleo más íntimo de su persona. Pero, si bien el dibujo de un corazón con llamas de fuego puede ser un símbolo elocuente que nos recuerde el amor de Jesucristo, es conveniente que ese corazón sea parte de una imagen de Jesucristo. De ese modo es aún más significativo su llamado a una relación personal, de encuentro y de diálogo. Esa imagen venerada de Cristo donde se destaca su corazón amante, tiene al mismo tiempo una mirada que llama al encuentro, al diálogo, a la confianza; tiene unas manos fuertes capaces de sostenernos; tiene una boca que nos dirige la palabra de un modo único y personalísimo.

DILEXIT NOS #52 

miércoles, 10 de junio de 2026

SAN BERNABÉ


 

Hch 11, 21b-26. 13, 1-3

Antioquía, donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos

Jerusalén era el centro del judaísmo y se convirtió también en el corazón de la Cristiandad, pero a raíz de las persecuciones los cristianos judíos y los cristianos helenistas tuvieron que abandonar la “Ciudad Santa” y se dispersaron por todo el mediterráneo y el oriente medio, de manera tal que, hubo un geo-desplazamiento y poco a poco la tercera ciudad en importancia en aquella época -Roma, Alejandría, Antioquia de Siria- nucleó  el centro de convergencia de oriente y occidente, donde llegaron los chipriotas, los cireneos, y se dio la conversión al cristianismo de paganos, judíos y judíos helenistas.

 

Muy paulatinamente se fue dando un cambio de óptica de los que al principio se sentían judíos de origen y cristianos conversos, con una neta identidad propia, abrieron sus puertas y su corazón a la aceptación de los paganos que no se habían convertido al judaísmo, ni siquiera en la categoría de simpatizantes, que ellos denominaban “temerosos de Dios”.

 

Esta situación los llevó a precisar su identidad y así fue como -bien sabemos- finalmente en Antioquia empezaron a llamarlos “cristianos”; de otro lado, conforme Jesús era declarado y tenido por Señor, se oponía a los intereses del imperio, con conflictos encontrados de sus intereses políticos y económicos. La evangelización se declaraba como directa contradictora de los que habían y querían seguir detentando el monopolio político, ellos se consideraban los “señores únicos”. Pero ahora, aquellos “anunciadores” predicaban un Señor que estaba por encima de ellos, en tanto y cuanto, era el Señor del Cielo.

 

Ante el crecimiento de la comunidad creyente en Antioquía, y habiendo alcanzado la noticia a Jerusalén, fue enviado Bernabé.  ¿Reparó en celos y prevenciones? No, sino que saludó este avance y se alegró y les recomendó seguir unidos y mantenerse activos y vigilantes. ¿Por qué procedió tan positivamente Bernabé? Porque era un hombre de bien y estaba lleno del Espíritu Santo. No cayó en melindres ni se puso en guardia, sino que los aceptó

 

Se nos informa, en esta perícopa que en Antioquía había profetas y maestros. Los doctos investigadores nos han traído la noticia de que allí nacieron comunidades muy semejantes a las que hoy llamamos “pequeñas”, donde se reunían para considerar las Escrituras y para celebrar cenas ágapes, orar y ayunar.


Este Bernabé, levita de origen chipriota, jugará un rol sobresaliente en este giro, fue él quien tuvo la iniciativa de ir a buscar a Pablo para aprovechar su hondo conocimiento de las Escrituras, se quedaron allí, en Antioquía todo un año, y se les unió para asumir la tarea evangelizadora e itinerante que condujo el ciclo de viajes de Pablo, que conocemos en el número de cuatro. Esta decisión fue tomada a la luz del impulso generado por el Espíritu Santo, como se nos narra, un día en el que se encontraban unidos en oración y ayuno. Antes de la partida, hubo consagración en el Espíritu, con la “imposición de las manos”, simbolizando el Envió y la Gracia que los iba a acompañar.

 

Sal 98(97), 1. 2-3ab, 3c-4. 5-6

“El Señor da a conocer su Victoria, revela a las naciones su Justicia”. Es en este preciso momento, cuando descubrimos su Grandeza y la Maravilla de sus Obras, que nosotros nos vemos obligados a cambiar la melodía de fondo y la letra de nuestros himnos, no podemos seguir cantando el mismo cántico de ayer, se precisa incluir en el texto la nueva perspectiva:

Su Santo Brazo nos ha dado la Victoria.


Él no ha olvidado sus promesas, lo que le ofreció a su pueblo escogido, si bien ha habido un cambio y los destinatarios de su predilección se han visto acrecentados con pueblos y pueblos que se han sumado, sustituyendo a los que no quisieron aceptarlo. Así ha manifestado que su Justicia es aún mayor de lo que nos habíamos imaginado.

 

Este Victoria inefable a traspasado todas las fronteras, a los que ayer se les negaba el pasaporte para pertenecer a sus tribus, hoy les ha abierto las puertas y los brazos de par en par. ¿Cómo no cantar a grito en cuello, con un ruidaraje -espantoso para los que son envidiosos- que ya no se cuentan los fieles por miles, que ahora su número supera los quintillones?

 

Todos en la tierra, de extremo a extremo, gritan. vitorean, y tocan. Es la Teruah, estrepito hecho por las trompetas, el silbido de una gran reunión de personas gritando a una sola voz (cfr. Nm 10, 5-6), es la aclamación que lo reconoce como Rey: Kyrios, será la aclamación en griego.

 

¿Cómo podemos negarnos a alabarlo si Él rige ya y regirá por siempre el Orbe y su Justicia y la Rectitud de su Mandato, destellará cada vez más como Insigne Lumbrera?

 

Es un salmo del Reino, ¡Es YHWH El que Reina!

 

Mt 10, 7-13

Los envió

La fidelidad de la misión es liberar del espíritu inmundo y dar el Espíritu Santo. No se trata de lavarnos la cabeza y recibir un Cirio encendido, se trata de una misión que tenemos con esa luz que se nos ha entregado. Se trata de tomarnos en serio el bautismo y llevar la claridad de la Luz de Cristo, allende las fronteras. Hasta los mismísimos confines de la tierra. Llegándonos hasta las periferias existenciales, como nos encargó Papa Francisco.


 

Se refiere, pues al Envío. Estamos ante un llamado a ser discípulos. Pero de una Iglesia en Salida. No se trata de una llamada para pastorear melindrosos a unas cuantas y muy pocas ovejas. Hay que anunciar que el Reino de Dios está cerca.

 

Se trata de ondas concéntricas: este estudio del Envío nos muestra nítidamente que, al principio, Jesús nos envió a los cercanos, en un segundo momento expandió el circulo a los samaritanos, en el tercer momento pasamos a los judíos de habla griega, y luego a los paganos, así cada vez a regiones más amplias y a pueblos sin discriminación.

 

Demos una mirada eulógica a la Oración Colecta de esta memoria obligatoria que celebramos hoy día, que en su parte petitoria dice: “Concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que San Bernabé anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra”.

 

Con el cuidado de una Madre y la Sabiduría de una Maestra, la Iglesia nos descifra el sentido de nuestra misión, para que podemos ser discípulos-misioneros como nos ha esclarecido Aparecida.

 

No se trata de estar adentro, sino de entrar para luego ir a caminar juntos (sinodalidad). En verdad que el Llamado se ha hecho, no para un selecto y refinado grupo, no se ha convocado a una elite. No somos ni sabios, ni perfectos. No hemos sido entresacados de en medio de los escribas y los fariseos. No somos doctores de la ley, ni piadosos que se arrinconan con sus devociones en los altares de sus casas. No hemos estudiado teología, ni derecho canónico, no tenemos ningún título ni carnet que nos avale. Solamente nos hemos sentado a sus pies, fascinados, a escucharlo, y ahora nos arde el pecho de ansias de salir a proclamarlo.

 

Vamos a enumerar, aquí, las cuatro misiones que Jesús nos confía, porque son las bases de nuestro “servicio”, el fundamento de nuestras diakonías:

1)    Curad enfermos

2)    Resucitad muertos

3)    Purificad leprosos

4)    Expulsad los demonios

Como estos poderes se nos han confiado gratuitamente, gratuitamente -también nosotros- los hemos de entregar.


La paz que iremos entregando se quedará, doquiera sea aceptada, y donde fuere rechazada, volverá -cual bumerang- a nuestras manos.  

martes, 9 de junio de 2026

Miércoles de la Décima Semana del Tiempo Ordinario

1R 18, 20-39

Siempre hubo y siempre habrá profetas y profetisas ligados a los dioses falsos del poder opresor. Ellos usan la religión en beneficio propio y reducen a Dios al tamaño de sus propias ideas.

Carlos Mesters

 

Evidentemente, los libros de los reyes, no tienen como epicentro a los reyes sino a los profetas. Estamos, por ahora recorriendo el ciclo de Elías, quien se constituirá como el paradigma del profetismo, (del mismo modo que Moisés es la figura paradigmática del Legislacionismo). Ellos dos son los representantes de la Ley y los Profetas.

 

Al principio, los profetas eran figuras que acompañaban a los gobernantes y eran verdaderamente sus asesores de cabecera, consagrados en su tarea de guiar al monarca en su fidelidad. Pero, a partir de un cierto momento, el profeta es desoído y retirado como un personaje molesto que interfería las ansias de poder del monarca.

 

El ciclo de Elías cuyo núcleo temático gira en torno al yahvismo militante, defendiendo a Yahvé como único Dios Verdadero enfrentándose a la religión de Baal; sin embargo, no es de origen yahvista. Histórico-literariamente, pertenece a la historia Deuteronomista. Fue recopilado y redactado en el Reino del Norte durante el siglo IX a.C. y posteriormente integrado en los rollos de los Reyes.

 

Elías, a causa de Jezabel, se convierte en una espina para el talón de Ajab. Elías denuncia la idolatría promovida por Jezabel que trajo a Ba´al y lo puso en el centro del culto para las tribus del Norte. La sequía de la que venimos hablando no es otra cosa que la consecuencia de la traición idolátrica del pueblo que se hizo baalista.

 

Hoy presenciamos un verdadero “duelo” ente los “falsos profetas” que se han puesto de la parte del culto a Ba´al y Elías, el único defensor del culto verdadero a YHWH. Podríamos denominarlo el “duelo en el Carmelo”, puesto que este es el escenario. Se trata de ofrecer un sacrificio pasado a fuego, donde las víctimas son presentadas por el pueblo, pero el fuego será la firma de aceptación de parte de Dios. La víctima aceptada será recibida en las manos de Fuego de YHWH, que son sus Llamaradas recibirá, como homenaje, la ofrenda. En cambio, los profetas de Ba´al no logran que su dios envíe el fuego correspondiente: Elías, por su parte, se burla, preguntándoles si su dios estará muy ocupado atendiendo sus negocios, o si sería que se quedó dormido. En cambio, YHWH, pese a que la ofrenda ha sido humedecida como para que no pudiera entrarle el fuego, sucumbe ente la llamarada hambrienta de Dios. Y, no sólo la víctima, sino que “lame” toda el agua que le habían derramado encima como si los bomberos -preventivamente- hubieran operado sus mangueras para empapar la ofrenda.

 

Era usual que los falsos profetas se laceraran con chuzos para hacer manar sangre y simular que llamaban la atención del ídolo al que invocaban; o, por lo menos, resultaba bastante “espectacular y, por qué no, hasta “conmovedor” verlos llagados, gritando y desgañitándose. Se sabe que estas conductas de cutting se presentan por angustia emocional, tal vez decepcionados ante la falta de respuesta, conducta que suele expresar la frustración y e bajo autocontrol emocional. En todo caso, el derramamiento de sangre era parte integral de los sacrificios. Así los falsos profetas añadían su cuota personal de sangrado lo que, en términos de conseguir el apoyo del público, era suficientemente demagógico, valga decir, como estrategia que busca manipular la opinión pública apelando a las emociones (miedos, deseos y prejuicios) en lugar de recurrir a argumentos lógicos. Su objetivo es ganar el favor popular mediante discursos simplistas y falsas promesas.

 

Elías, por su parte, -recordemos que Ajab y Jezabel habían mandado a demoler los altares del culto al Señor- se puso a reconstruir el Altar de Yahweh, y juntó doce piedras -lo que para nosotros es suficientemente simbólico- que no era cosa de él, ni de algún combo, por ahí, sino que, lo que estaba en juego, era la fe de todo su pueblo, de las doce tribus.

 

Como ya hemos dicho, esa ofrenda estaba tan mojada que no la podrían encender ni con “soplete”.

 

Elías, lejos de recurrir al “show”, dirigió una plegaria lógicamente hilvanada pidiendo a Dios su acción para demostrar que YHWH es Dios y así convirtiera sus corazones Cfr. 1R 18, 36s.


A pesar de la humedad del Altar y de la víctima, el fuego ardió, consumiendo la leña, las piedras, el polvo y toda el agua acumulada en la zanja. Todos los presentes se postraron frente en tierra proclamando יְהוָה֙ ה֣וּא הָאֱלֹהִ֔ים יְהוָ֖ה ה֥וּא הָאֱלֹהִֽים׃ [Yahweh he ha-elohim Yahweh he ha-elohim] “¡El Señor es Dios; El Señor es Dios!”.

 

Sal 16(15), 1b-2a. 4.5 y 8. 11

Allí, dónde el paganismo ha hecho su eclosión, y donde los “falsos profetas” instalan sus caldos de cultivo, el “fiel” siempre verá con asombro que el paganismo florece y todos se apresuran a vincularse a tantas y tantas señas de impiedad y descreimiento. Es, precisamente allí, que el materialismo campea, y las supercherías abundan; es allí, exactamente, donde los vendedores de talismanes y pócimas cuelgan sus tenderetes, y los magos y adivinos levantan sus altares de idolatría.

 

Sin embargo, la fuerza de la fidelidad sostiene al creyente ante tanta depravación y desvío, su fe, permanece incólume y el Señor le presta amparo, apuntalando su confianza para que pueda mantenerse firme.

 

Sabemos que, de todas las tribus, la de Leví quedó sin asignación de tierras, para que ellos se consagraran al culto, asignándole al resto de la Comunidad Israelí, ver por su sostenimiento, para que aquellos quedaran reservados y entregados a las actividades cultuales. Para ellos su heredad era su vida de oración y de intercesión por su pueblo, la atención al culto y el cuidado del templo.


Este es, pues, un salmo del huésped de YHWH. Los Jassidim “enamorados” de Dios, rechazaban y huían de las “libaciones sangrientas”. Sus labios no se manchaban pronunciando el nombre de los ídolos, conscientes, como eran, de que nombrarlos, era ya invocarlos.

 

Sus labios vivían ocupados de pronunciar bendiciones u alabanzas para YHWH. Y ponían toda su existencia en las Manos de Dios.

 

Mt 5, 17-19

 

En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.

 San John Henry Newman


Hay un enfoque muy particular tanto en San Mateo como en San Pablo. Para ellos estaba muy claro que el cristianismo no consistía en un abandono del judaísmo, sino en un perfeccionamiento, en un “llegar al fondo”, en una exploración, “a profundidad”, de la esencia de la fe que se les había “revelado”.

 

Aquí, San Mateo, en esta perícopa lo dice rotundamente: “En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”.

 

La claridad es precisa:

a)    Nadie debe esconder o disminuir la valía de alguno de los preceptos por considerarlos de menor cuantía.

b)    Quien así obrare, y se pusiera a enseñar con espíritu minimalista la verdad de la Torah, se hará reo del desprecio en el Reino de Dios.

c)    En cambio, quien mantenga en todo su valor y esplendor la Verdad Revelada para Ese, los honores del Reino serán los mayores.

 

Muchos son los casos de quienes pretenden dejar aparte las Primeras Revelaciones pensando que al recortar y disminuir se podía llegar a una fe “más cómoda” y que esa “comodidad” repercutiría en el acrecentamiento del número de fieles, a ellos ha de recordárseles que el número no hace la calidad del Jassidim (piadoso), sino lo que vale es la manera fiel en que ese “Amor” se edifica y cumple.

 

Cuanto más se adentra uno en el cristianismo, más cuenta se da que, es cierto, si se cumple el Mandamiento del Amor, se cumple la Ley Entera. Y que contra el Amor no hay cortapisas ni subterfugios. Prácticamente, la conclusión está también expresamente manifestada en la perícopa: Jesús no vino a abolir sino a llevar a su plenificación la Ley.

 

También, evidentemente, no se trata de volverse “cositero” con las tildes de la Ley, y lo que debe observarse es el “Espíritu” de la Ley. No puede caerse en el detallismo obcecado, sino saber ir a la esencia del Mandato. Y en esto consiste que el cristianismo represente un “corrimiento del paradigma”, como suele decirse en epistemología.

 

Aquí hay un punto crucial que lleva a muchos a empantanarse y retroceder hacia el fundamentalismo del “al pie de la letra”. No se tratará nunca de la repetición de fórmulas y listados, tampoco de la memorización de extensos códigos y de sus numerales; por el contrario, se tratará de una viva e intensiva voluntad de hacer “justo la Voluntad de Dios”, lo que no se logra con el leguleyismo.


En cambio, sí con un anclaje profundo en la ética del cristiano. Es allí, exactamente donde el magisterio de la Iglesia acude solicito a orientar e interpretar, enmarcando y relacionando con los signos de los tiempos, la Voz de Dios que nos ha Revelado la Directriz: “Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré”.