jueves, 1 de octubre de 2026

ÁNGELES DE LA GUARDA

 


Ex 23, 20-23a

Sería interesante mirar la globalidad del Éxodo como una vivienda de 4 plantas, subdivididas en alcobas. Las estancias serían: a la entrada, una panorámica del marco situacional que enfrentaban los Israelitas en Egipto; la segunda instancia, la marcha por el desierto; la tercera, tiene como núcleo la Alianza, y la Cuarta, mira hacia como apareció la “Tienda del Encuentro” y su diseño. La perícopa que hoy nos va a ocupar, se refiere a la tercera estancia, por lo que convendría darle un vistazo más detallado a ese piso.

 

En ella se toca el asunto del viaje para llegar al Sinaí, empezando con

a) la propuesta que les hace Dios de sellar entre Él y su pueblo -en éxodo-, una Alianza, luego viene

b) la entrega de las Tablas, y luego, como se recordará el asunto

d) del Becerro de oro que se fabricaron porque Moisés tardaba en regresar.

 

La parte b, puede considerarse integrada por los capítulos 20-24, dónde no sólo se les hace entrega de La Tablas de la Ley sino que además se les dan otras leyes relacionadas con el Altar, la esclavitud, los crímenes, ciertos de ellos regulados con más detalle, seguramente por su frecuente acaecer, leyes sobre la propiedad, sobre las calumnias, los juicios promovidos con acusaciones falsas, el trato que se daría a los emigrantes y sobre algunos aspectos cultuales y la institución de las Festividades: la de los panes ázimos, la de la siega y la de la cosecha-las primicias. Para llegar a la promesa de protección y escolta angelical, que es la esencia y el motivo de que esta perícopa se haya escogido para la celebración -hoy- de los Santos Ángeles Custodios.

 

El Señor ofrece a Moisés y a través de él, a su pueblo, que tendrán un מַלְאָך [malak] “ángel” que irá por delante לִשְׁמָרְךָ֖ [shamar] “que hace guardia para proteger”, “que custodia”, de ahí que se les llame custodios, que es el significado de esta palabra; aportándoles protección, y les servirá de guía para llegar a la tierra prevista para ellos, para llevarlos a feliz destino.

 

Allí se nos señala cómo ha de ser nuestra relación con él: de respeto, de acatamiento, sin rebeldías, porque el ángel es Su Embajador ante nosotros, actúa en su Nombre Santo y es portador de sus designios amorosos para cada uno de nosotros.

 

Hará de nuestros enemigos, los enemigos suyos, si -los ciudadanos del pueblo de Dios- tenemos un adversario, Dios lo mirará como adversario suyo. Y, concluye la perícopa reiterando que, el ángel custodio פָּנִים [panim] “irá por delante”. El ángel custodio es pre-cursor para cada uno de nosotros.

 

Las palabras, como son seres vivos, tienen su vida propia, y durante su existencia van sufriendo cambios. Los más frecuentes son

a)    Su desaparición, hay palabras que caen en desuso y pasan a la historia, son los llamados arcaísmos, que solamente las encontramos al leer la literatura más clásica o en labios de adultos muy mayores.

b)    Están también los cultismos, que son palabras que son consideradas muy “chic”, en ciertos círculos, y ellos se encargan de mantenerlas en vitrina como parte de sus “lujos”

c)    Luego están las que pasan a formar parte de la jerga profesional de alguna disciplina o alguna rama del saber, como ocurre con muchos términos médicos, que permite en breves palabras decir con precisión algo que ese lenguaje técnico requiere decir con bastante frecuencia, estos son los tecnicismos. Hoy en día abundan en la informática, la robótica y no menos en la cibertrónica.

d)    Finalmente, hay palabras que, recorriendo laberintos, llegan a formar y desarrollar una habilidad de “camaleones” para alcanzar nuevas aplicaciones y, perdiendo su antiguo significado llegan a denotar otra cosa distinta. Tomemos como ejemplo la palabra “precursor”, que antiguamente significaba lo que su etimología estrictamente indica: “ir por delante”, sobre todo en terrenos agrestes, iban abriendo el camino. Poco a poco, esta palabra fue más o menos relegada al uso histórico, para aludir a un personaje que había iniciado cierto movimiento o cierta gesta. En la actualidad, su nuevo significado apunta a las “sustancias químicas que se desvían de su curso legal y se utilizan para la elaboración de distintos tipos de drogas”.

 

La estricta etimología de esta palabra es “el que corre delante de otro”. Ahora bien, el numeral 327 del Catecismo garantiza: “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición”. A esto debemos añadir un aserto de San Basilio de Cesarea, a quien reconocemos como Magno, (330-379) que afirma: “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida”.


A San Basilio Magno lo adornamos nombrándolo con el epíteto de “revelador de los misterios celestiales”.

 

Sal 91(90), 1-2. 3-4. 5-6. 10-11

Las festividades que se instauraron como obligatorias, a las que se refiere en el Éxodo, antes de llegar a prometer la escolta de un ángel; demarcaba unas peregrinaciones a Jerusalén, para llegar al Templo: se trata de peregrinaciones estrictamente cultuales. De estas peregrinaciones dimana el concepto de sinodalidad.

 

Este salmo de hoy, es un salmo de peregrinación. Se toman los versos que se refieren al asombro al llegar y contemplar la maravilla y la hermosura del templo, y la estrofa final, de una oración que ofrecen los peregrinos por los habitantes de la ciudad que los acoge: ellos oran por sus anfitriones.

 

Teniendo el Templo ante sus ojos, habiendo llegado por fin a Jerusalén, se sienten a la postre, libres de los azares y riesgos del camino, superada la preocupación, han dejado los asaltantes de caminos atrás, y ahora, se regodean, en alabanzas al Dios Poderoso que los trajo con bien.

 

Sus ojos se abren para entender que Dios ha sido Refugio y Alcázar. Él los ha guardado y los tenido a salvo de las trampas del camino, de las incertidumbres que les mencionaron otros viajeros como precauciones a tomar.

 

Los ángeles custodios tiene alas, así los creó Dios, y sus alas los han cubierto, haciéndolos invisibles para sus enemigos.


Los brazos de los ángeles son fuertes como músculos de toro, como brazos de gladiador, su sola presencia ya es “escudo y armadura”.

 

Los viajes, y para un pueblo en Éxodo, todo el tiempo es viaje, tienen peligros diurnos y peligros nocturnos: había maleantes que atacaban en la noche, pero también había asaltantes diurnos que -como francotiradores- se apostaban y los atacaban con sus mortales flechas. Además, había accidentes geográficos y fenómenos naturales que también eran amenaza. Pero el ángel los cuida de todo eso.

 

Una misión muy claramente definida había entregado Dios a los ángeles, ellos no tenían otra ocupación u otro objetivo, simple y sencillamente, estaban para guardarlos en su caminar.

 

El ángel no es una figura de evasión: ¡no hagamos nada que para eso está el ángel! O, “metámonos en la guarida del lobo que para eso está el Ángel de la guarda”. No es esta la lectura que se ha de hacer de este Don Celestial. Los ángeles no están para cubrir nuestra pereza, menos nuestra temeridad y encargarse de lo que nuestra insensatez descuida. Pero allí donde pongamos nuestro empeño, el ángel centuplicará nuestras fuerzas y nuestra astucia.

 

Mt 18, 1-5. 10

…más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al fondo del mar.

Mt 18, 6defg

 

Hay una premisa comprensiva para adentrarnos en la hermenéutica de esta Lectura del Evangelio mateano que tenemos para hoy. Una pregunta muy lógica es ¿quiénes de nosotros, tan virtuosos, tan bien puestos, tan modosos, merecemos integrar el gabinete de gobierno en el Reino? Si hemos caminado con Jesús, si un sinfín de veces lo invocamos ¡Señor, Señor! Si nuestro trato con Él se ha vuelto una relación de cercanía, de profunda confianza, casi que de intimidad. ¿No es muy justa la pregunta?


«Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años… La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien, él es libre de este deseo de gobernar su mundo» (Papa Francisco)

 

El detalle crucial es que el Reino ya se realizó en Jesús Crucificado-y-Resucitado. ¿Estará medianamente realizado en nosotros? ¡El Reino ya está aquí! ¡Jesús lo puso en el centro! ¡Se trataba de un jovenzuelo, muy niño, ya no mamaba del pecho de su mamá, pero, ni siquiera había llegado a la edad de ser circuncidado! eso lo sabemos por la palabra que se usa: «Él llamó a un παιδίον [paidion] “niño muy pequeño”, lo puso μέσῳ [meso] “en medio” “en el centro del corrillo”, “en el núcleo de la ronda” y dijo…».

 

Hay, como mínimo, dos valores esenciales de un niño de esta edad -claro que a veces los malcriamos hasta que logramos destruir en ellos sus rasgos más generosos y deseables- son rasgos tan nobles que -de verdad- los requeriríamos de querer sinceramente ingresar en el Reino.

 

El primero es su capacidad de sobreponerse a un disgusto, es imposible que su enojo dure más allá de -digamos- cinco minutos. Si tuviéramos este Don maravilloso del “perdón”, tendríamos el carnet de entrada al Reino.

 

La otra característica, que nos parece que podía ser lo que Jesús señalaba, era su dependencia: a esa edad, el niño es enteramente dependiente de sus “padres”, su vida pende y depende de sus progenitores y los cuidados que ellos les brinden. Si nosotros fuéramos capaces de visualizarnos así, dependiendo enteramente de Dios, habríamos alcanzado el Reino.

 

«Así como él (el niño pequeño) encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… esta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios». (Papa Francisco)

 

No se trata de la “docilidad” para que las supuestas “autoridades” humanas nos manoseen. El punto no radica en que algún hombre haga de nosotros marionetas fácilmente manipulables, se trata de aceptar que “dependemos” de Dios, se trata de ver que la línea de nuestra vida la traza el Señor, y por eso, ¡Él es el Señor!

 

Que no nos vengan con el discurso de que la autoridad divina la detenta A, B o C sujeto. que el “príncipe x” o el “tiranuelo y” han sido directamente designados por Dios como sus apoderados; eso es ¡ideología barata! La historia está repleta de esas figuras que se mimetizan de divinidad y tejen afanosamente su entramado de control y dictadura. ¡Hay que desenmascararlos!

 

Pero, por el contrario, hay que aprender a discernir y reconocer lo que viene de Dios, con los que él nos ha manifestado, especialmente sus hagiógrafos, y ¡a ellos sí! acatarlos. Por ejemplo, acatamos al Papa, a él como autoridad Petrina, también a los “padres de la Iglesia”, a sus “Doctores”, ¡si, y si!, de verdad que ellos nos trasmiten la Revelación. Pero, no abundemos mucho más allá; cuando empecemos a enumerarlos, vayamos con tiento. Atención y cuidado con los que pretenden “completar la revelación”, evitemos el afán esnob en materia religiosa y pretender estar al día con el más reciente “iluminado”.

 

Hay otra manera de despreciarlos: decirles cualquier cosa, imprecisiones, a veces hasta errores, revolver elementos que la Iglesia no promueve, guiarlos con nuestra escasez y nuestra penuria, refugiarnos en “frases de cajón”, difundir tergiversaciones, repetir simplezas y/o desinformaciones, inclusive, andar proclamando “verdades a medias”. Por favor, que no se recorte el Evangelio a la medida de nuestra insuficiencia.

 

¿Queréis derribar a esos encaretados? Mirad quien se aprovecha de cualquier débil, cualquiera que los maltrate, que los minimice, que los ignore, que los engañe, que les mienta, que los desampare, bajo cualquier pretexto -especialmente si se trata de su pretendida “autoridad”, o muy exigida sabiduría- esos no ven, ni saben, que los Ángeles Custodios de esos “pequeños” están constantemente atentos, mirando, simultáneamente, las caritas de esos “pequeñines” y a la vez mirando el Rostro del Señor.


Perdonar y saber depender ¡de Dios!, es la ruta para llegar a ser de los más grandes en el Reino.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Jueves de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Job 19, 21-27

Job no es figura singular, sino que expresa los momentos dramáticos de la experiencia humana.

Carlo María Martini

Dijimos que los debates (caps. 3-27) estaban distribuidos en tres ciclos. Ayer abordamos el primer ciclo, hoy vamos a adentrarnos en el segundo ciclo, donde la alternancia de las intervenciones va de la siguiente manera:

      i.        Abre Job (Cap12-14) recordándole a sus amigos que también él es “instruido”

     ii.        Interviene Elifaz (cap.15), enhebrando ideas que encontraremos referidas en los Salmos, Eclesiástico y Sabiduría.

    iii.        De nuevo toma la palabra Job (caps. 16-17), para reprocharles que ellos hablan refiriéndose a un dios abstracto, apelando a una geometría del razonamiento, mientras que este debate debe darse entre sufrientes que entienda cómo se vive esta experiencia.

   iv.        Le corresponde a Bildad (cap. 18), aquí Bildad se muestra más incisivo, más áspero, y retaca con su temática del dios-castigador.

     v.        Es el turno de réplica para Job, de aquí saldrá la perícopa de hoy. La insistencia de Job radica en que es Dios quien le ha conducido artificialmente a vivir en esta situación. Lo que no obsta para que visualice en Dios a su גָּאַל [go-el] “redentor”, “pariente que se compromete a rescatarlo”.

   vi.        En el cap. 20 hablara Sofar, de nuevo enuncia que el malvado es el que recibe el castigo, luego, Job es aquí el pecador, que merece el castigo

  vii.        Concluye Job este ciclo en el capítulo 21: aquí resplandece la diferencia entre el que sufre y el que sólo teoriza desde su imaginación que siempre será pobre porque la teoría siempre se ve sobrepasada por la realidad.

 

Ellos, en aquella época, no habían llegado a la luminosa revelación de la vida eterna, todo el juego se libraba en esta vida, sin más allá, y sin esperanza. Sin embargo, en esta intervención de Job, parece destellar ya una chispa de confianza en que habrá alguna instancia donde la Justicia resplandezca y el que ha sufrido no quede de manos cruzadas en la nada, en las profundidades del Jabel (el vacío, la nada).

 

“Bien se yo que mi Defensor vive y que Él hablará el último… Yo me pondré de pie dentro de mi piel y en mi propia carne veré a Dios. Mi corazón desfallece esperándolo” Aquí ya hay un asomo, una intuición brillante. Job, en este discurso, alcanza ya a percibir la “resurrección de la carne”, tal vez, sin plena consciencia, pero aunando justicia a confianza, alcanza a recoger una chispa de la Gloriosa Promesa, “yo los resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Se trata de una brillante intuición sobre la Vida Eterna.

 

Pongámoslo con las palabras de José Luis Caravias s.j.: «El mundo no es un caos, como él se había imaginado. Lo sería, si fuera verdad la teoría de la retribución personal terrenal que presentaban los amigos… Pero resulta que Dios tiene planes hermosos, y los realiza con plena libertad y gratuidad, aunque nosotros no nos demos cuenta. No todo está aún claro para Job, pero ya no se deja ahogar por el mundo religioso de las creencias de su tiempo. Ahora sabe intuir que existen “cosas extraordinarias superiores a mí”. Se refiera en primer lugar a la grandeza del proyecto de Dios. Job comienza a comprender el designio de gratuidad de Dios, que da pleno sentido a su voluntad de justicia en el gobierno del mundo. Las preguntas de Dios le han mostrado la libertad y el amor que encierra su proyecto. Dios es novedad permanente. En Él se esconden aspectos insospechados.  En las teorías de los amigos, todo estaba ya fijamente preestablecido, como aprisionado en una camisa de fuerza».

 

Aun vale la pena retomar otro enunciado de Caravias que nos presenta a continuación: «Rechazando la teoría de la retribución, Job no queda liberado de la necesidad de practicar la justicia; de lo que queda libre es de la tentación de querer encerrar a Dios en una concepción estrecha e incorrecta de la justicia».

 

Ahora, contextualicemos esta respuesta que, con chispas de escarcha, aporta Job, insertando una cita Kierkegaardiana: «He aquí cual era, en el fondo, la tesis que los amigos de Job le presentaban: que toda persona, en relación con Dios sufre siempre, puesto que es culpable. Esto realmente, ni siquiera es falso; el error es otro, es que con arrogancia pretendan decirle lo que ningún ser humano puede permitirse decirle a otro. A esto se agrega el hecho de que los amigos de Job carecían de todo criterio para comprender lo que significa sufrir delante de Dios siendo inocentes”.

 

Es falta de caridad acusar el otro de pecador, cuando todos somos pecadores, es fariseísmo de la misma laya que la del fariseo que se sentía justificado viendo al publicano orante, y daba gracias por no ser como él. Solo Jesús puede hablarnos desde su Inocencia Perfecta y darnos una respuesta, por eso fue necesaria Su Nueva Alianza.

 

Pero podemos fallar la perspectiva exegética si nos dedicamos a una caza de culpables e inocentes. Si reducimos este acercamiento a la Palabra de Dios a una búsqueda de buenos y malos. Muchas veces nuestra Lectio Divina se queda atrapada allí: 1) Lectura 2) Identificación del bueno y virtuoso 3) alegre aplauso por la virtud y bondad, 4) Olvido. Solemos denominar los pasos de la Lectio en latín: 1) Lectio, 2) Lepidium sativum boni et honesti, 3) Felix plausus virtutis et bonitatis, 4) Oblitus. ¡A esto se reducen muchas exegesis!


«Mientras que toda la Sagrada Escritura no cesa de cantar la Misericordia de Dios, mientras los Salmos hablan sin tregua de cuán eterno es su amor, ese tema se ausenta en el Libro de Job (Pierre Dumoulin).

 

Sal 27(26), 7-8ab. 8c-9abcd. 13-14

¿El país de la vida? ¿Cuál es el país de la vida? ¿Qué quiere decir el Salmista cuando dice “país de la vida”?

 

El salmista nos dice que oye en su corazón el siguiente llamado: “Busquen mi rostro”. Esta es una verdadera invitación a vivir una vida espiritual, a remontarnos más allá de lo evidente. A desplegar las alas y procurar una visión mística.

 

En otro punto del salmo nos encontramos la siguiente petición que le hace el Salmista a יְ֭הוָה YHWH: “eso buscaré: habitar en la Casa del Señor por los días de mi vida;…” (v.4) Se recibe de Dios una invitación para no quedarse en lo rastrero, en lo mundano, en lo terrenal; se le propone alzarse, desplegar alas de águila, y buscar la Presencia.


Todavía no se ha logrado concebir la vida humana como un paso (Pascua) al País de la Vida; pero ya se le promueve para que aprenda a tener sed de lo espiritual, ansia de lo trascendente. A procurar acercarse a Dios. El salmista sólo alcanza a imaginarse como proximidad más cercana, vivir en el Templo. Pero lo que intuye, lo que el Señor le dicta al oído es vivir una vida en éxtasis, de contemplación de su Rostro. Y, la ruta a seguir se le brinda: debe buscar.

 

No se trata de una búsqueda ciega y loca que no sabe lo que busca. Aquí la Bondad de Dios se expresa en toda la Plenitud de su Misericordia: lo que hay que buscar es El Rostro de Dios.

 

Esa búsqueda tiene que ser tesonera, tiene que ser una búsqueda perseverante, no es algo de hoy a mañana, quizás la vida entera se nos ha regalado, para hacer de ella una búsqueda constante. Y, no tenemos que afanarnos por los hallazgos, porque en la Búsqueda de Dios lo que vale es la búsqueda, no los hallazgos. Por eso, no basta subir a la barca de la búsqueda; Dios nos da un par de remos para que dirijamos la barca, para que orientemos nuestro empeño:

-       Remo izquierdo: ser valiente, tener ánimo

-       Remo derecho: esperar en el Señor

 

No esperes de los hombres, no dependas de los hallazgos ajenos, busca tú, y confía sólo en Dios, llegada la oportunidad, cuando sea “la hora”, Él te mostrará su Rostro.

 

Pero tampoco, te empecines en ir solo: eres miembro de una Comunidad creyente, no dependas de los hallazgos ajenos, pero busca con los tuyos, con los que también están en su búsqueda y que Dios ha puesto en torno a ti, para que se apoyen en la Búsqueda. Recuerda que el templo no es un edificio, sino una fraternidad de hermanos en Dios, que están allí para esforzarte en ser sinodales (recuerda que sínodo significa “caravana”; tenemos que aprender a caminar en “caravana”, así como el pueblo judío subía al Templo a rendir Culto).

 

Lc 10, 1-12

Jesús les envía de dos en dos para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco.

San Gregorio Magno

 

12 enviados porque 12 eran las tribus de Israel, e Israel era el conducto por el que Dios le hablaba a su Comunidad. Luego pasa a 72. ¿y esto que significa? Según los estudios de los sabios de la época 72 era el número de todos los pueblos que habitaban la tierra.


 ¡Ah! Esto está muy interesante. Quiere decir que Jesús envió equipos de trabajo –cada equipo con seis “apóstoles, para las Doce Tribus- es decir, a toda la población del planeta, sin discriminación alguna: ¡Su mensaje es para toda la tierra!

 

El único Evangelista que nos habla del envío de los 72 es San Lucas. Lucas era de la escuela paulina, acompañó a San Pablo en sus dos últimos viajes, (no en el Primero); San Pablo le habría trasmitido a Lucas esa visión universalista, de ahí salió la palabra católico, del adjetivo griego καθολικός, que traduce precisamente universal, lo podemos descomponer en κατά [kata] “sobre” y ὅλος [olos] “todos”. Con lo que se quería decir que no era sectaria, sino que era un anuncio que debía descender sobre todos.

 

Si desgranamos los componentes de la perícopa vemos que el foco está puesto en las “recomendaciones” que les da Jesús para realizar la misión. Al hacer la hermenéutica tenemos que tener cuidado porque claro que Jesús no les dijo nada sobre el uso de megáfonos, de computadores, de video-beans, de plegables, de volantes, de estampitas, de los mass-media, de las redes sociales. No podemos leer aquí lo que aquí no está. Y hay que aplicar criterio para discernir si los supone o los evita. O, queda abierto, para adecuar la vena neural de su enseñanza y actualizarla respetando su esencia.

 

Por otra parte, no podemos sufrir de la fiebre tecnológica, como hemos dicho en otra parte, si un monje algo tontuelo, usa moto, eso sólo garantizará que su tontería llegará más rápido a todas partes, pero no que la eficacia evangelizadora se agilizará.

 

La perícopa subraya las dificultades que encontraran, que el rechazo que los acompañará en muchas partes, señala con estricta claridad la poca trascendencia de lo material, les dice que es mejor ir ligeros de equipaje que sobrecargados, no copiemos a los montañistas que llevan sus muy dotados morrales, casi que insoportables para cargarlos.

 

Nuestra labor se asimila con la de los sembradores y los cosechadores, y, en ese caso tenemos que ver si construiremos graneros, y en el lenguaje de Iglesia, ¿qué es un granero? ¿Una Catedral? ¿Un comedor comunitario? ¿Un hospital? ¿Una universidad? ¿un convento?

 

Muy seguramente, un “granero” significa en tiempos distintos, distintas cosas.  Y, también en lugares distintos, aunque sea en el mismo siglo, puede ser algo diferentísimo.


Hay un eje invariable: ¡se debe anunciar la cercanía del Reino! Que el Reino ya está aquí, pero que el Rey de Reyes, requiere de campamentos y ese campamento es -en cada caso- nuestro propio corazón, donde darle acogida. ¡No para procurar mantenerlo apresado allí, sino para darlo a otros! porque el amor siempre es así, es paradojal: ¡cuanto más lo damos, más tenemos de Él! En vez de gastarse, se multiplica.

martes, 29 de septiembre de 2026

Miércoles de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario


Job 9, 1-12. 14-16

Los amigos de Job (el nombre Job significa que “soporta penalidades”) lo acompañan con un respetuoso silencio y no profieren palabra. Acabamos de ver que es el propio Job quien rompe el silencio y reniega de haber sido traído a la vida, él preferiría haber muerto el mismo día de su nacimiento, y reposar en un cementerio cerca de reyes y héroes fallecidos y sepultados bajo monumentos áureos.

 

Lo que logra esta protesta de Job es detonar una reflexión sobre el tema de la “retribución”, donde estos “teóricos” argumentan prolijamente que la Justicia de Dios no habría permitido que a un “justo” le sucedieran calamidades, que sólo se pueden explicar como producto de algún pecado, tal vez muy oculto, que Dios castiga con estas penalidades tan adversas. El castigo proviene de los “pecados” y el “premio” de la vida virtuosa, y esto es así, y no puede ser de otra manera. He aquí el enunciado general de la “retribución”, y sobre su basamento se funda todo el aparato moral del judaísmo hasta esa fecha.

 

Cuando decimos que este tipo de pensamiento había llegado a un callejón sin salida, pensamos que la crisis fue producto de encontrar en la vida muchos casos de personas muy coherentes que sin embargo eran azotadas por el infortunio; así como el súbito cambio en el curso de la vida de esas personas, otro tanto en la situación inversa de “impíos” que muy a pesar de su conocida deshonestidad gozaban de la sonrisa de la “buena fortuna”.

 

Se ha dicho que hay tres ciclos de “debates”, donde se da vuelta y se trata de encontrarle y hacerle confesar, el o los pecados que, llevaron a Job a estos padecimientos. Sin embargo, entre más hunden en el pecho y en la consciencia de Job su taladro-explorador, Job contesta demostrativamente que él es “inocente” de todas las acusaciones que se puedan inventar para fabricarle una causa y razón de ser a sus “castigos”.

 

La perícopa de hoy pertenece al primer ciclo donde primero interviene אֱלִיפָז Elifaz, este nombre significa “es de oro puro” (caps. 4 y 5), a quien le responde Job (caps 6-7), luego interviene Bildad de Shua “el Señor amó” (cap. 8) y la riposta viene en los caps. 9-10; luego intervendrá Zofar “el que se levanta temprano” (cap. 11). La perícopa de hoy está tomada de la primera parte de la respuesta de Job a Bildad que procura dejar establecido que, si Job es realmente inocente como dice, entonces sus desgracias hunden su raíz en el comportamiento de alguien en las generaciones pasadas o en su descendencia, padres, abuelos, bisabuelos...

 

Hasta este punto Job ha defendido a capa y espada su inocencia. Sin embargo, y ante la insistencia acusatoria de sus amigos, el abre una compuerta de duda y, reconoce que Dios siempre tiene la razón y que no hay manera de contradecirle porque Él siempre tendrá la razón; así que germina una petición de Job a Dios, para que sea directamente Él quien avale su “pureza”.

 

Job constata que toda la realidad y la naturaleza están sometidas al Poder Divino y ni las montañas se le pueden resistir, como tampoco las estrellas, constelaciones y galaxias. Y, su nivel de consciencia lo lleva a reconocer que Dios puede actuar invisiblemente para sus ojos y que puede tomarlo todo, puesto que todo le pertenece.

 

Pero el enfoque que la da Job a esta circunstancia es que Dios, por la fuerza de sus argumentos, puede apabullar sus alegatos de inocencia, no porque no sea inocente, sino porque no se es capaz de probarle al Juez lo que él no quiera admitir, y ante su inflexibilidad sólo se puede implorar compasión. Dijera lo que dijera, Dios no le haría caso.

 

Remata con una acusación dirigida a Dios: se enoja y no se desenfada. Si continuamos más lejos de la perícopa encontramos acusaciones como las siguientes: “Si en un desastre muere gente inocente, Dios se ríe de su desesperación” (v. 23) “Deja al mundo en manos de los malvados y a los jueces les venda los ojos”. (v.24).

 

Por esto hemos dicho que, para Job, Dios es Todopoderoso, pero no compasivo, el dios de Job es un dios inmisericorde. Un dios que puede hacer cuanto le plazca, cuando le plazca y contra el cual, la criatura no tiene voz ni voto. Se trata de una dictadura despótica.


Job ha incurrido, cuando menos, en la impaciencia.

 

Sal 88(87), 10bc-11. 12-13. 14-15

Tenemos hoy otras tres estrofas del mismo salmo de súplica de ayer. Se toman casi seis versos para componer esta perícopa.

 

Inicia enunciando que el Señor aplastó a רָ֑הַב [rahab] el “monstruo marino” de Egipto. Reconoce al Señor como Creador de todo cuanto existe.


Dios Creó tanto el norte como el Sur y, los montes Tabor y Hermón son un coro que alaba el Santo Nombre de Dios con júbilo. Desde el Tabor se contempla la panorámica de la llanura de Esdrelón (Jezreel); el Hermón era la frontera hasta donde llegaba la dominación de las tierras israelitas. El poder de su Diestra y su Siniestra son victoria y fuerza, respectivamente.

 

El Divino Trono reposa sólidamente apoyado en la Justicia y el Derecho. Salen a recibir el Poder Divino y a agasajan su llegada el Amor y la Fidelidad.


En síntesis, lo que dice todo el Salmo (bastante largo, con 53 versículos, que cierra el Libro III de los salmos), es que Dios es Todopoderoso, y se recalca la enormidad de su poderío ilimitado.

 

Lc 9, 57-62

Todo afecto antes o fuera de Él, es adulterio

 

Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente con todas sus fuerzas en los procesos constantes de renovación misionera y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorecen la trasmisión de la fe.

(DAp 365)

Jesús, llegada la hora, ha dispuesto todo su velamen para encaminarse a Jerusalén, a llevar su Misión a cabal término. Es entonces cuando se le propone como primer interrogante la temática del “discipulado”: ¿Cómo se le ha de seguir? Y la respuesta se encuadra en el marco de la pertenencia familiar y los vínculos que con ella se tienen, que parecen aferrarse como rémoras de freno al compromiso, al que somos vocacionados en la vida de fe. Parece ser que la familia contrapesa y compromete la fidelidad al discipulado y a la misión que le está concatenada.


El primer freno que contrarresta la firmeza de la adhesión tiene que ver con la garantía de un lecho cómodo y abrigado.

 

La segunda: En muchas oportunidades -y suena, a primera vista, supremamente legítimo- contestar primero por afanes fundamentales como el de dar cristiana sepultura a los parientes cercanos.

 

La tercera barrera son los apegos y las cargas de nostalgia que no nos dejan “arrancar” y nos dejan ahí, entrabados en el enraizamiento. Hay, en el discipulado, posicionamientos firmes de desacomodo, de descentramiento egoísta, de des-arrinconamiento que, levantamos como pretextos para no comprometernos. Somos como mariposas que se aferran a su condición de orugas y se niegan a salir. Sin embargo, nuestra plenitud supone que seamos capaces de re-inventarnos hasta superar el estado de “yo quisiera, pero…”. “La raíz común a todas las tentaciones es el apego al propio yo”.

 

Cuando uno empieza a arar y va mirando para atrás, no tarda en hacer tropezar la cuchilla contra una piedra y se malogra completamente la herramienta, lo que impide que se pueda avanzar y habrá que sustituir la cuchilla para poder proceder. Casi cualquier labor está condicionada a mirar hacia adelante y no quedarse con los ojos fijos en el retrovisor, pensamos, como ejemplo, en la labor de quien va al volante y la mar de riesgos que entraña el quedarse viendo para atrás.

 

Ya en el Primer Testamento teníamos, como indicación paradigmática, lo que le ocurrió a la esposa de Lot (Gn 19, 26), por voltearse a mirar hacia el pasado, hacia los apegos, hacía los afectos pretéritos. “…es necesario no mirar lo que está detrás, ni el propio yo, ni su historia, sino lo que está delante: Dios y su Palabra”.

 

La edificación del Reino requiere, muy particular y especialmente, esa capacidad proyectiva de mirar hacia el mañana, y aún más, hacia el pasado-mañana, con una perspectiva teleológica hacia el esjatón, porque el Reino no es como la construcción de un museo para mirar hacia las “raíces”; sino como un poderoso telescopio, o mejor todavía, como un cohete que nos deja propeler hacia la Nueva Jerusalén, y nos evita el lloriqueo melancólico por un Edén del cual ya fuimos expulsados.

 

“Más que tres exigencias que el Maestro señala a quienes quieran seguirlo, son los tres dones que Jesús entrega al discípulo, la libertad frente a las cosas, a las personas y al yo, para amarlo a Él con todo el corazón. Al igual que todo don, sólo es para el que lo desea”. (Silvano Fausti)


Nuestra naturaleza de homo-viator nos desafía y nos anima a concluir la travesía que empezó en un punto alfa -que se requiere tener el valor de dejar atrás- y propulsarnos hacia un punto omega, que ¡Bendito sea Dios! se nos ofrece como aeropuerto para aterrizar en el futuro. Nosotros somos Discípulos-Misioneros que avanzamos fundamentados en la Promesa y por eso repetimos siempre en la Eucaristía: ¡Ven, Señor Jesús!

lunes, 28 de septiembre de 2026

SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL


Dan 7, 9-10. 13-14

Y la Palabra se hizo carne y puso su carpa con nosotros. Y hemos visto su Gloria, la Gloria que recibió del Padre por ser Su Hijo Único, abundante en Amor y en Verdad.

Jn 1, 14

Un ángel no es más que un Mensajero, eso es lo que significa la palabra. Tengamos cuidado de no frenarnos ahí en la imagen pintoresca, sino dar el gran salto, Dios se comunica, ante su inexplicable comunicación tenemos la “parábola” del ángel, el “intermediario” entre el Mensaje de Dios y nuestro nivel de consciencia.

 

Jesús es “Puente”, es “La Escalera”, Él restableció la “comunicación” con lo Trascendente. Pero, las consecuencias de tal restablecimiento no podrán darse a plenitud hasta que sobrevenga la Victoria Final, serán “dones” que degustaremos en el “momento” escatológico, y se preguntarán ¿cómo lo sabemos? Bien sencillo, el Señor nos lo ha entregado en sus comunicados Apocalípticos.

 

Siempre conviene mirar a Daniel (nombre que significa “Dios juzga”), con algunas acotaciones al margen, empezando porque lo tenemos entre los “profetas mayores”, pese a que su Libro está mejor visto desde la óptica del género Apocalíptico. Daniel, hasta donde sabemos, vivió en la Babilonia palaciega, bajo cuatro dinastías: Nabucodonosor, Ciro, Darío, y Antíoco IV Epífanes. En tercer lugar, tenemos la hipótesis -bastante bien sustentada- de que este Libro se escribió en hebreo, arameo y griego durante el alzamiento de los Macabeos, para consolarnos, animarnos y esperanzarnos en la lucha.

 

Al hablar del género apocalíptico, se debe anotar que para algunos está emparentado con el género profético y para otros, se relaciona con los escritos sapienciales, con muy abierta intención didáctica. Adviértase que en los escritos apocalípticos se da especial realce y sirven de pivotes, las visiones, llenas de simbolismos, no siempre claros, sino -por demás- misteriosos. Parece ser que este rasgo mistérico apunta en el sentido de no poder hablar con toda claridad -en el marco de las persecuciones- aun cuando las simbologías eran -muy probablemente diáfanas- para los lectores de la época.

 

Nosotros, con relativa sencillez, penetramos la simbología de la perícopa de hoy: Pensamos que el Anciano, de nívea vestidura (blancura tan intensa como la Luz y el Fuego)- es el Padre Celestial-. Luego, viene la Presencia de “Uno como Hijo de Hombre”, feliz expresión que nos ha legado Daniel, para referirse a la Segunda Persona de la Trinidad, el Dios-Humanado, que viene y se aproxima al Padre.

 

Uno como Hijo de Hombre, porque no hay sino Uno, y que parece que hubiera sido engendrado por un humano, pero no lo es, puesto que fue Engendrado por el Espíritu Santo (nosotros ahora lo entendemos bien), recibe todo Honor, Toda Gloria, Todo Poder-Real y Gobierno sobre todos los pueblos, naciones y lenguas; no es de ninguna manera Divinidad Nacional, sino Dios-de-Todo-lo-Creado. No se trata de un Gobierno provisional, como todos los otros gobiernos, sino de un Reinado “Eterno, que no pasa, que no tendrá fin”. ¿Cómo es que lo entendemos tan claramente? Pues porque Dios nos lo ha revelado, por eso es apocalíptico, porque apocalipsis significa eso: Revelación.

 

Debemos anotar que las visiones eran eventos sorpresivos e impredecibles; algo que pasaba de repente sin pre-aviso. La persona quedaba maltratada, débil, como si le hubieran dado una golpiza, o como cogida de un guayabo cuaternario. La perícopa, no bien, acaba de empezar y hace mención de un “anciano de días”; en lenguaje hebreo este es un eufemismo para decir que se trata de una persona muy mayor, en cuanto a edad, decirle a Dios, así, Anciano a secas, suena en lengua hebrea como un “atrevimiento”, puede que al anciano se le tome como muy sabio, pero suena a persona que ha perdido el vigor, el explicativo “de días”, lo empareja en paralelismo con “bebe de días”. Bien entrada en Años, si Dios-Padre es el Primero en existir, quiere decir que es mayor en edad a cualquiera otro, y por eso lo llama con esta hipérbole: “Anciano de días”: Se podría interpretar como “El más viejo que existe”.

 

En el verso 13, nos encontramos la expresión tan querida por Jesús: “alguien parecido a un Hijo de hombre”; le agrada tanto que Él la adoptó para sí. Hijo de hombre es simplemente “un ser humano”, pero tenemos el apósito “parecido a un”, o sea que parece un “ser humano”, pero no lo es. En verdad, tiene todos los atributos de la persona humana que Él ha asumido por pura solidaridad, pero su esencia es Divina.


Está plenamente explicado lo que Juan en su Evangelio especifica: “En el principio ya existía Λόγος [logos] “la Palabra”; y Aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios”. (Jn 1, 1)

 

Sal 138(137), 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8

Este es un salmo que ilumina la “distancia”. ¿Cuánta es la separación entre el Cielo y la Tierra? Tenemos que pararnos a pensar. Esta distancia no se puede cuantificar en kilómetros, ni en millas, ni en miriámetros, ni siquiera en años luz. Está hablando de otro tipo de “distancia”. No es una magnitud espacial, se trata de la separación entre “dignidades”, digámoslo así, a falta de otra palabra que no se nos ocurre, a veces, por no encontrar en el vocabulario un concepto, decimos “dimensión”, para referirnos de alguna manera a la “separación entre lo “material” y lo “espiritual. Por escases muchas veces hablamos de “distancia”.

 

De todas maneras, sí tenemos una intuición que esto no es un tema de tomar un vehículo y recorrer una “distancia” que se puede recorrer con cohete; como cuentan que el cosmonauta -que visitó el espacio sideral- se quejó, lamentando no haber visto a Dios en el espacio exterior. ¡Ah tontuelo! No sabía que los astrónomos ya habían explorado ese espacio con sus potentes telescopios y nada habían hallado. ¿Se engañaba él en su ingenuidad? O, ¿Pretendía hacer algún aporte publicitario al ateísmo? ¡Pobre, se pasó la vida levantando piedras a ver si debajo de alguna de ellas descubría un tratado de teología que iluminara su necedad!


Por ejemplo, cuando oramos, le hablamos con consciencia de que Él está a nuestro lado, pero en la “dimensión propia de lo espiritual”. Por tanto, permanece ausente a nuestros sentidos “terrenales”, pero no quiere decir que no nos pueda oír, “intuimos” que está, pero de “otra manera”.

 

Cuando el pecado estropeo la “línea de comunicación” reventando el “cable” -atención, es una analogía, no se trata de algún cable “físico”- caímos en una suerte de incomunicación, se hizo imposible para nosotros la percepción del “Interlocutor Divino”, fuimos nosotros los que perdimos la “gracia”, pero Él no nos abandonó.

 

Cuando Dios se humanó en su Hijo -Jesucristo- esa Encarnación restañó el cable averiado. Esto bíblicamente hablando se muestra en la Sagrada Escritura en el episodio de la Escala de Jacob (Gen 28, 11-19), que fue revelado al -nada virtuoso- Jacob, que “soñó” en una conexión, con la Otra Dimensión- y que para su lógica (que de todas maneras era una lógica demasiado avanzada en el marco de una cultura donde no había edificaciones de más de un piso, sino que siempre se habitaba a ras del suelo) se trataba de una סֻלָּם [sul-lāum] “escala”, de doble vía, que hacía posible el ascenso, tanto como el descenso, para seres “espirituales”: eran ángeles, los que subían y bajaban.

 

¿Todo por qué? La Misericordia del Señor es Eterna; hoy por hoy, le seguimos implorando que no abandone la obra de sus Manos. Este salmo es un himno que augura un “momento” en que los reinados de la prepotencia y la ambición desaparecen y todos, sujetos el Reinado Imperecedero, se sujetaran al rey de Reyes.

 

Jn 1, 47-51

Natanael es un nombre que significa “regalo de Dios” (un israelita de verdad en quien no hay engaño). Empecemos por ahí: Cada uno de nosotros tiene que adquirir consciencia de ser “un regalo de Dios para los demás. ¿Cómo era Natanael “regalo de Dios”?


Qué clave tan poderosamente hermenéutica es esta para adentrarnos en esta “perícopa arcangélica”. Si pudiéramos descifrar cómo puede hacerse uno “regalo de Dios para los otros”, nos habríamos nutrido muy bien de esta visita al Evangelio. Otra pregunta: ¿Cuál es la clave que le permitió a Natanael -que venía incrédulo a verse con Jesús, pensando que nadie así, muy importante o especial, podía tener como cuna a Nazaret- pero al oír eso, dio un giro de 180 grados (conversión)?  Es cuando Jesús le dice: “Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera”.

 

Ahora bien, ¿cuál era la importancia y qué representaba que lo hubiera visto bajo la higuera? La higuera para el pueblo de Israel, es simbólica del Reino que traería el Mesías. Un Reino de plenitud, de bienestar, de salud, de abundancia, de realización plena, de concordia y fraternidad. El que se cobijaba debajo de la higuera, estaba clamando por la venida del Reino. Una higuera era la simbología del Reino de Dios en aquella cultura.

 

El Reino es una “Dimensión” de Paz. No requiere soldados, ni jueces, ni tribunales que la implanten y la mantengan. ¿Quién iba a querer romper ese estado de beatitud en el que todos se sumergen en Infinita Alegría y Bienestar? En una realidad donde nadie se adueña, ni se puede adueñar de nada, quien iba a disputar o a pleitear por algo. Ni siquiera en al aspecto teórico, porque allí, en el Reino, ya no hay teorías, ya no hay hipótesis, ya no hay que hacer suposiciones: La Verdad se tiene cara-a-Cara. ¡Palpable! ¡Contundente! Nótese el cambio de significado de estos dos términos en la “dimensión espiritual”, ¡es gigantesco! “palpable” es rotundo para el sentido del tacto, ¿cómo será la tactilidad en el plano espiritual? Y “contundente”, -que tiene que ver con un golpe, que puede causar mucho daño-, que sería como ¡darle de garrotazos a un fantasma!



Jesús sabía de la honesta espera de Natanael por la llegada del Reino, y Natanael, a su vez, comprendió que estaba hablando con el anhelado Mesías y lo identificó plenamente como Hijo de Dios y Rey de Israel.