miércoles, 21 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario

 


Ef 3, 14-21

… que Cristo puede πληρωθῆτε [plerothete] “habitar en sus corazones” por medio de la fe en que hemos sido arraigados y cimentados en el Amor de Cristo, …

Ef 3, 19

Ya hemos postulado que esta Carta a los Efesios era, posiblemente, una carta de tipo encíclica, no destinada a una Iglesia en particular, sino, a un conjunto de ellas, ubicadas en una zona común, todos enfrentaban una situación similar, así que todos ellos podían captar claramente su mensaje y su propósito.

 

Podríamos segmentarla en dos bloques:

1)    Oración suplicante (vv. 14-19)

2)    Alabanza-Doxológica (vv. 20-21)

 

¿Cómo podemos saber que se trata de una oración “suplicante”? ¡Sencillo! Porque San Pablo la eleva, puesto de rodillas ante Dios Padre. Lo normal era que se orara de pie. San Pablo implementa este factor litúrgico: dirigirse a Dios de rodillas para subrayar el carácter suplicante de la oración. La oración, si está hecha de rodillas, se vuelve súplica.

 

¿Qué caracteriza la súplica? que es un verdadero clamor, o sea que se habla de manera audible, con gran sentimiento, acerca de una necesidad urgente; como lo hiciera Moisés cuando los del Éxodo carecían de agua potable (Ex 15, 25s). San Pablo se dirige a Dios-Padre con las rodillas en tierra, para mostrar gráficamente la insistencia de su petición.

 

Y, se nos explica, por qué Dios se merece ofrecerle esta “posición” para enfatizar cuán vital es para la existencia del que ruega, obtener lo pedido: Se dirige a Dios-Padre de quien dimana, todo Nombre -es decir, que a cada criatura la ha asignado una función y un rol en la Creación-, porque el Nombre expresa la función y característica de quien lo porta.

 

¿Qué expresa que haya tal variedad de criaturas y que cada una tenga su propio ocupación, oficio y destinación? Quiere decir que Dios merece ser gloriado porque su Creación está revestida de un orden maravilloso, y en ello se manifiesta su inefable inteligencia y lo estratégico de todo su Plan.

 

Hecha mención de la armonía y agudeza de ese Plan Magistral, lo que va a pedir, parece muy fácil, ante tanto poder. Veamos de qué se trata:

i)      Fortaleza interior

ii)     Que el Espíritu actúe en ellos

iii)   Que Cristo inhabite en sus corazones

iv)   Que vivan y permanezcan arraigados y cimentados en el Amor de Jesucristo

v)    Y sean llenos de la Plenitud Divina.

 

Se suplica para que no sólo Jesucristo sea Plenitud de la Gracia del Padre, sino, además, que todos ellos sean hechos coparticipes de esa plenitud de Dios. Arriba, en el epígrafe, tenemos la palabra πληρωθῆτε [plerothete] “habitar en sus corazones”, pero su significado es de “completitud”, se traduciría mejor por “llene por completo”, alude al πλήρωμα [pleroma] “la plenitud”.

 

La doxología sólo ocupa los dos últimos versos de la perícopa.

 

En su contexto, por aquel entonces, Dios era Dios, y la mentalidad gnóstica que predominaba en el ambiente, separaba rotundamente la Divinidad de lo humano y de todo lo terrenal y todo lo material. Para el gnosticismo, recibir la plenitud del Señor, era absurdo. Nosotros estamos hechos de materia, y como ellos lo veían, era absolutamente imposible asimilarnos en algo a Dios. Según ellos, la materia es corrompida.

 

Además, para los gnósticos, el camino hacia Dios es la “inteligencia” y no la oración. Era, por virtud del racionalismo que se podía acercar a un limitadísimo conocimiento de Dios. Pablo, por el contrario, está pidiendo que Cristo, Plenitud del Padre, habite en nosotros, y seamos llenos de su Plenitud.

 

En la Carta, la doxología (glorificación) afirma que, si Dios lo quiere hacer, lo puede hacer, y que nos puede socorrer un nivel de comprensión e intelección inimaginables, de otra manera, que no sea por el Auxilio y la Gracia de “Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar”.


Y concluye: “a Él la Gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos”.

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 11-12. 18-19

Los gnósticos, además, ponen en pie de igualdad el poder del mal frente al Poder de Dios. Me recuerda a una persona con su toc (trastorno obsesivo compulsivo), que viendo desequilibradas las cafeteras y mucho más llena la descafeinada, vertió sobre el café corriente, una dosis suficiente para que las dos alcanzaran el mismo nivel. Para él, la cuestión era verlas “iguales”, como para los gnósticos, la lógica les habla de “igualdad y simetría”; no saben que no es cuestión de lógica y que la única manera de saber es por Gracia.

 

No es así, como ellos se lo figuran; la Revelación nos ha permitido llegar a saber que el Poder de Dios es apabullantemente Mayor y que, al llegar la hora, con el sonido de la trompeta, el Malo quedará reducido a Nada reabsorbido en su nulidad.

 

El salmo nos hace ver este factor: los planes de los malvados pueden ser aplastados de un solo plumazo, en cambio, los proyectos del corazón de Dios subsisten de edad en edad.

 

Veamos cómo va el hilo en la perícopa de este salmo hímnico:

Primera estrofa. - El salmo nos conmina para hacer dos cosas, aclamar al Señor y darle gracias. ¿Por qué haríamos eso? Se le aclama porque merece que quienes son “buenos” lo alaben; ¿Cómo debe ser nuestro gesto eucarístico? Nuestra gratitud no puede ser desabrida, insulsa, debemos tributarle nuestra gratitud “con todos los juguetes”, con acompañamiento de citaras y de decacordios. Un verdadera “serenata” de agradecimiento, una coral-instrumental para respaldar acústicamente la eucaristía.

 

¿Por qué se habla aquí de “eucaristía” si en ese entonces no se había instituido este “Sacramento”? El salmo habla de תְהִלָּֽה [tejil-la] “loor”. Hemos de decir, que en el Primer Testamento se tenía un sentido religioso de “acción de gracias”, se llama תודה [todah], “sacrificio de acción de gracias”, en general, las voces para referirse a la gratitud comparten la raíz que tiene las letras Vov, Daled y Hei. Podemos rastrear hasta allí el parentesco con lo que en griego vino a llamarse “eucaristía”.

 

Segunda estrofa. – Dios profiera Palabras, pero la Palabra de Dios no miente, es completamente יָשָׁ֥ר “recta”, “sincera”, “justa” o sea “habla verdad”, el Señor obra ciertas acciones, pero las obras de Dios son בֶּאֱמוּנָֽה [emunah] “leales”, “fieles”, “firmes”. ¿Qué ama Dios? La justicia y la rectitud; y ¿con qué llena toda la tierra? Con su חֶ֥סֶד [jesed] “Misericordia”, palabra que traduce literalmente “lealtad con su Pacto”, “fidelidad con su Alianza”.

 

Tercera estrofa. – Aquí viene lo que -en nuestro co-texto más nos interesa- que Dios sostiene su propio Plan, Él tiene un “Proyecto en Su Divina Mente”, y ¡lo escribirá recto a pesar de los renglones torcidos”; eso tiene que alegrarnos, reconfortarnos en la seguridad de que el mal no se saldrá con la suya. Lo que a nuestros ojos son injusticias, el Señor no las deja campear impunes, el Señor vela para que la Justicia (con mayúscula porque no es cualquier justicia, sino la Justicia-de-Dios), salga airosa. Dios nos garantiza, ¿qué hay en el trasfondo de esta Garantía? Que sus amados serán librados de castigos ilícitos, Dios no cohonestará con “torcidos”.

 

Cuarta estrofa. -  Dios vela por nosotros. ¿Quiénes somos nosotros para que merezcamos los desvelos de Dios? Los que lo amamos devotamente (eso es lo que significa el “temor de Dios” cuando se le menciona en el Antiguo Testamento); los que confiamos en que Él será Justo y obrará con su Justicia; para salvaguardarnos cuando haya hambrunas, ni la muerte ni el hambre se cebaran en nosotros porque Dios lo impedirá.


En la antífona hacemos ondear nuestro santo y seña: “La Misericordia del Señor llena la tierra”. Porque detrás de todo, por feo o malo que sea exterior y superficialmente, están los cuidados del Señor, que vela por todos los que El Padre le dio, y no permitirá que se pierda ni uno solo de ellos (cfr. Mt 18, 14).

 

Lc 12, 49-53

Después tomó el ángel el incensario, lo llenó con brazas de fuego del altar y lo arrojó a la tierra. Hubo truenos y estampidos, relámpagos y un terremoto.

Ap 8, 5

Nos gusta tener a Jesús, sentadito, muy juicioso, bien peinado, bien hablado; y, por el contrario, nos incomoda cuando se sale del libreto y resulta hablando con prostitutas o dejándose enjugar los pies con el cabello de una desconocida. En ciertos episodios de su vida, -como el de hoy- hay quienes procuran sacar provecho del cuadro presentado para, por ejemplo, argumentar y desfigurar el Mensaje de Jesús, este es un manoseo (valga decir, sesgar lo dicho para hacer decir lo que no dice, en una palabra, “manipulación”).

 


En verdad, no debería desconcertarnos tanto el fuego que él ha venido a prender en la tierra; ya cuando se le Presentó a Moisés era “un fuego que ardía sin consumir la zarza”; cuando guiaba al pueblo escogido de noche, en su travesía por el desierto, era una Columna de Fuego; cuando los dos de Emaús lo encontraron -sin poderlo reconocer- de todas maneras sentían, al escuchar sus explicaciones de las Escrituras, que era como un fuego que les ardía en el corazón; y, cuando se volcó sobre los Discípulos a los cincuenta días de su Resurrección, era como Lenguas de Fuego. ¡Queremos que la llamarada de su Amor, barra con todo, y que el fuego purificador de su Amor haga su Obra!”

 

Llévame grabada en tu corazón,

¡llévame grabada en el brazo!

El amor es inquebrantable como la muerte;

la pasión, inflexible como el sepulcro.

¡El fuego ardiente del amor

es una llama divina.

Cnt 8, 6

 

De esta figura ígnea, pasamos a otra hídrica, nos habla de un bautismo que se prepara a recibir (de sangre, clavos y lanzada) y, algunas notas de su anuncio, -como la angustia que padece mientras llega esa hora, nos dejan entrever que este bautismo es el bautismo de su Pasión, Crucifixión y Muerte: Bautismo hemático.

 

En el tercer signo, se hace alusión a la Paz, Paz que, ahora que lo pensamos, no es esa paz melcochuda, almibarada, de telenovela romántica; su Paz entraña “división”, y no es una división que se da al otro lado del mundo, sino una división que toca a cada discípulo-misionero en su propio tuétano: su propia familia, incluso en su propio ser. Parece decir que habrá siempre los que apoyan, pero también un bando opositor- la diferencia numérica de las dos camarillas no es suficientemente enorme y rotunda, para resolver por “mayoría”: enfrentará a padres/hijos, madres/hijas, suegras/nueras. ¡Es cierto, los contradictores más recalcitrantes son los de adentro! ¡Barnizan sus tanques y metrallas con color rosa suave, los decoran con florecitas, y en la parte alta nubes y pajaritos!

 

Nos sorprende mucho que Dios haya hablado en su Hijo, y, sin embargo, la división está presente. Se da la tensión entre facciones y, el Mensaje de Dios, permanece desoído. Él dice Shema, pero somos un pueblo sordo para la Conversión. Él ha venido a traer ese fuego, desea que arda, pero, no es un incendiario profesional, no entiende nada de acelerantes… Sólo inicia el fuego de las lamparitas para iluminar a los santos.

 

Lo cierto es que la Buena Nueva no es una simple siembra, es una que causa y desata mucha hostilidad. ¿por qué?, ¿no debería ser un mensaje de muy positiva acogida? Pues, no hay que ser un historiador muy experto para descubrir que, siempre están los que sienten amenazadas su prebendas y canonjías. Esos -a la manera de Herodes- no vacilaran en la masacre, con tal de poder garantizar que todo siga como venía, para que sus jugosas entradas no se vayan a detener. ¡Estos apelan -sin duda alguna- a la paz de los cementerios!

 

«Jesús quiere que los discípulos abandonen toda actitud de pereza, demora, frialdad y cerrazón para acoger su misma preocupación y angustia: está inquieto hasta que las llamas del amor ardan en el corazón de los hombres» (Vincenzo Paglia).


Jesús, ya lo sabemos, consolida la Paz, al precio de su propia sangre. ¡No hará esperar ese bautismo!

martes, 20 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ef 3, 2-12

En el pasado del pueblo de Dios (Antiguo Testamento), pocos se dieron cuenta de que el Dios de Israel era el Dios de toda la humanidad. En los tiempos de Cristo y del Espíritu, la comprensión de este proyecto se volvió clara.

José Bortolini

 

San Pablo ha recibido un encargo respecto a la Iglesia que nace y crece en Éfeso. San Pablo sabe descubrir que está preso y que ese aprisionamiento tiene una razón de ser: está preso porque cumple la misión que Jesucristo le encargó, y ese encarcelamiento es a favor de los no-judíos, o sea por ellos, los de Éfeso. Prisión favorable al cumplimiento de una tarea como Enviado (Apóstol de los gentiles).

 

Jesús le ha encargado

a)    Anunciar lo que Él en su Bondad ha dispuesto

b)    Pablo sabe lo que tiene que anunciar porque se le ha manifestado por medio de “Revelación”

c)    Se le ha dado a saber el “Misterio” de Jesucristo. No nos cansamos de recordarles que la nuestra no es una religión mistérica, donde algunos elementos se les revelan sólo a ciertos jerarcas, precisamente para mantenerlos y elevarles su sitial; escuelas religiosas del mundo grecorromano cuya participación estaba reservada a iniciados (mystai). En nuestra fe, Dios, lo que nos da a conocer, es “Su proyecto”, nos lo Revela, no lo podríamos conocer de ninguna manera si Él no nos lo “revelara”. Pero, una vez “revelado”, todos podemos conocerlo, se hace accesible a todos. No son “secretos” como se ha pretendido, cosas que el “Vaticano” se guarda en el cajón de su egoísmo, porque sólo ellos lo pueden saber. Esos son embelecos de otra clase de religión: Los misterios más famosos de la antigüedad grecorromana fueron los Misterios eleusinos, o el mitraísmo, religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos.

d)    Claramente, San Pablo expresa que el Misterio de Cristo no se había revelado antes, pero que ahora si, el Espíritu Santo lo ha mostrado, a los santos (recuérdese que significa “bautizados, era un concepto distinto del que nosotros manejamos ahora de “santidad”), y extendido a los gentiles conversos al cristianismo.

e)    A estos “conversos” Pablo los designa, como “participes” de la misma Promesa de Jesucristo. ¿Y, cómo los ha hecho participes? Entregándoles el Evangelio

f)     Para que lo pudiera comunicar con eficacia, el Señor mismo le ha entregado a Pablo el poder y la Gracia para anunciar.

 

San Pablo no viene aquí a dárselas de “café con leche”, no dice que él haya recibido esta Revelación porque él era muy bueno, o muy tierno, o por pasársela horas y horas orando. San Pablo, mirando su propio pasado y su vida, se da cuenta que él sería el más indigno, el más mínimo de todos los bautizados.

 

Dios en la Persona de su Santísimo Hijo plugo posar sus ojos en él para llegarle a los paganos, y así, encontró un “canal” para llegarse hasta ellos. Así lo tenía previsto y así lo ha realizado.

 

Así concluye la perícopa, declarando que, por ese Misericordioso designio Divino, ahora tenemos acceso libre a lo que antes estaba envuelto en las espesas tinieblas de la ignorancia.

 

Dios tuvo a bien taladrar una claraboya, en lo alto, y quiso posar sus ojos en San Pablo para que fuera, por su conducto, que se nos despejara la ceguera de lo que de otra manera sería inaccesible.

 

Muchas veces pensamos que esta elección tuvo dos razones esenciales:

i)      Aun cuando Pablo iba por el camino equivocado, el tesón de su fe “farisaica”, llevaba en sí el embrión de una sólida y sincera fe, modelo -aun cuando modelo a medias-de la que sería una fe cristiana.

ii)     San Pablo había recibido una formación muy profunda en el judaísmo, como discípulo que había sido de Gamaliel. Esa fundamentación le llegaría a ser útil para hablar de las verdades reveladas con un lenguaje adecuado el escenario histórico donde le correspondió evangelizar.


Así Pablo (antes Saulo), se injerta en la línea de los primeros misioneros de nuestra fe, para llegar a los no judíos.

 

Sal Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6

Esta perícopa que hoy tomamos como Salmo, proviene del Primer Isaías, que abarca los capítulos 1-39 del Libro de Isaías. En el proto-Isaías, encontramos un bloque, formado por los capítulos 7-12, que llamamos el Libro del Emmanuel, donde se declara que Dios es inmanente, que siempre está “en medio” de su pueblo, pero su permanencia está sujeta a la fe y la confianza de ese mismo pueblo, Él nos acompaña, condicionado a que mantengamos la Amistad activa; los más rigurosos investigadores solo llevan en el Libro de Immanuel hasta 9, 6a, después de lo cual, el profeta nos hablará de la Ira de Dios contra Israel. En el capítulo 11, 1-9, encontramos el más célebre de los poemas mesiánicos de Isaías. En cualquier caso, este capítulo 12 es un Canto Eucarístico (de Acción de Gracias). Con este capítulo se cierra la Primera Sección de la Primera Parte. Luego el profeta pasará a comunicar mensajes dirigidos a otros pueblos, distintos del Israelita.

 

¿Que agradece? Que, aunque el Señor estuvo enojado con ellos, cesó su ira y les devolvió la Paz.

 

Conviene aquí recordar dos detalles biográficos del Primer Isaías: que él tuvo su cuna en Jerusalén, capital de Judá. Y que su fecha natal se ha historiado al año 740 a. C. Lo cual es de ayuda y utilidad para contextualizar el himno.

 

En la primera estrofa se declaran los siguientes puntales

a)    Él es mi Dios y Salvador

b)    Eso le da pie a poder confiar y a no tener miedo

c)    Sabe que su poder proviene del Señor, es Él quien lo salva

d)    La dicha de este pueblo será ir a Dios -como si Él fuera un Pozo- y sacar de allí el agua que “Salva”

 

En la segunda estrofa:

a)    Nos llama a ser agradecidos

b)    A pronunciar el Nombre de Dios invocándolo

c)    Contar a los pueblos las hazañas que Dios obra

d)    A proclamar el Excelso שֵׁם [shem] “Nombre” del Señor, “renombre”, “fama”, “reputación”.


En la tercera estrofa:

a)    Nos dice que cantemos con cánticos que declaran que Dios hace Proezas

b)    Anunciarlas a todo el planeta

c)    Que los de Jerusalén griten con el corazón embargado de júbilo

d)    Porque, Dios-que-nos-acompaña, muestra su Grandeza, reinando en el “centro” de nuestra celebración, de nuestra Asamblea.

 

Todo esto se hace por gratitud. La gratitud es un componente de la fe, es el reconocimiento de la Misericordia del Señor que siempre nos asiste.

 

 

Lc 12, 39-48

μακάριος [Makarios] “Bienaventurado”

A quien se le dio mucho, se le pedirá mucho; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

Lc 12, 48defg

 

Continúa enseñándonos Jesús a estar permanentemente atentos, siempre en guardia, nunca descuidados, nunca desentendernos de la malicia del Enemigo, sino vigilantes, como un centinela en su atalaya (la palabra atalaya proviene del árabe "atalayi" que significa los centinelas, la palabra ha pasado a ser el nombre de la torre desde donde hacen su guardia los centinelas; o sea que se oficializó como una metonimia”). El Señor nos está hablando de “preparación”, hay que estar preparados -como decíamos ayer- y tener bien llenas las reservas de aceite para alimentar la lámpara, hasta la Segunda Venida (segunda o tercera “vela”).


Una de las estratagemas que le hemos detectado al Maligno y que él gusta de implementar con frecuencia es el desprestigio de Dios. Y, ha hecho de su supuesta “tardanza”, una de las demostraciones más efectivas para clavarnos sus zarpas. Dios es libérrimo, se ha atado solamente a sus Promesas; en lo demás ha conservado su más amplia y rotunda libertad, por ejemplo, para tardarse, si es eso lo que tiene a bien. No dijo en ningún caso que su regreso sería, digamos, por ejemplo, en el año 100 de su nacimiento. La fe está sentada en el Trono de la Espera; Parusía con fecha fija, mataría la oportunidad de creer desafiando el tiempo incierto en el que practicamos

a)    No pegarle a los criados y criadas

b)    No comer y no beber absteniéndonos de la glotonería y la ebriedad

c)    Y, repartiéndoles -a todos- sus respectivas raciones en el momento indicado

 

«Pero el Señor está todos los días a la puerta de nuestro corazón y llama, como escribe el Apocalipsis. El que le abra será bienaventurado porque recibirá una recompensa increíble: el amor mismo se convertirá en siervo de sus siervos; se ceñirá el vestido, invitará a los siervos a sentarse y Él mismo los servirá» (Vincenzo Paglia). 

 

Es un encargo que hemos recibido del Señor, nuestra vigilancia y nuestro estado siempre alerta, es el de un “comisionado” a quien se le ha puesto en funciones de administrador, no manejamos una riqueza propia, no somos dueños del tiempo, se nos da tiempo para que responsablemente asumamos la “mayordomía” encargada. Haciendo, de esta manera, méritos (pero los méritos no son una moneda de paga), el Señor nos da por Gratuidad, eso ya lo hemos oído; sino gestos coquetos que tenemos para con el Amado, detallitos de ingenua ternura); llegada la hora recibiremos la herencia anhelada de su Amor. Nos ha entregado esta bienaventuranza, que encierra en sí, la promesa de su Justicia.

 

El Señor viene “pronto”, pero ¿cómo podemos traducir en lengua humana el significado de la palabra “pronto” dicha por los Labios Divinos?


Sobre nosotros pesa tamaña responsabilidad, porque no a muchos se les ha revelado la Mística de los Relojes Celestiales, con su Misericordioso tic-tac, Clemente con generaciones y generaciones que, gracias a la que muchos llaman “tardanza”, ven en el fondo de sus vidas, Las Puertas Abiertas de la Eternidad.

 

Decimos מרנאתא Marana Tha, pero no para apurarte, ¡Oh Señor! sino para Proclamarte.

lunes, 19 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario


Ef 2, 12-22

Este tramo del capítulo segundo en la Carta a los Efesios, recibe por títulos “Todos formamos un solo pueblo”. Empieza referenciando el pasado de la comunidad de Éfeso, formada por personas provenientes de la gentilidad, muestra como si fuera un “salto”, lo que introduce en la historia la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestro Señor, menciona -entonces- la circuncisión- como ruta de adhesión a la fe judaica, como ya se ha dicho, esta tiene un carácter sacrificial -con el derramamiento de sangre- ese sangrado da la tinta para sellar la Alianza, quedando bajo ella, comprometidos al cumplimiento de la extensa legalidad y juridicidad mosaica.  A partir del verso 14, entramos en un himno, que probablemente -y esto pasa y es origen de todos los himnos que incorpora San Pablo: habían sido compuestos para ser proclamados en la liturgia Eucarística, constituían el kerygma que daba piso a la doctrina cristiana, y enunciaba las verdades de fe que ellos aceptaban. Así se fue configurando una “doctrina”, es esta la que Pablo ha recibido y que él se considera “enviado” a llevar por doquier. En el preámbulo San Pablo denuncia que ellos, los judíos, vivían “desesperanzados” porque carecían de la Promesa.

 

Pablo, con este himno, va desgranando lo que Cristo aporta:

a)    Él mismo, es personificación de la Paz (Shalom)

b)    Hizo -de judíos y gentiles- un solo pueblo

c)    Derribó el muro que los separaba

d)    Anulando mandamientos y decretos que ellos pretendían con la circuncisión estampar en su carne

e)    Sacando un solo cuerpo, el del καινὸν ἄνθρωπον [kainon anthropon] Hombre Nuevo (en el Cuerpo Místico se acogen los conversos del paganismo sin discriminaciones), que era reconciliación de todos con Dios; y, tomándonos en calidad de hijos adoptivos.

f)     Para ello se hizo elevar en la Cruz para ofrecer el Nuevo Sacrificio, el de “perfecta y plena validez Reconciliadora”. Dándonos “libre acceso al Padre”.

Este proceso Redentor nos da título filial para declararlo “Padre nuestro”, quedando, así, derribado el muro que nos separaba. Esta separación se expresaba en la estructura arquitectónica del Templo que tenía un patio de los israelitas y un patio de la gentilidad separados por, la así denominada, “Puerta de Nicanor”, judío rico que había donado este portón, en el Segundo Templo.

Los versos 19-22 sacan las conclusiones que de esto se derivan:

      i.        Los paganos ya no son tenidos por extranjeros

     ii.        Comparten con el “pueblo santo” igualdad de derechos, se retoma el tema de la “ecualización”.

    iii.        Se ha formado un “edificio” fundamentado en los profetas y los apóstoles, que son encabezados por la ἀκρογωνιαίου [acrogoniaiou] “Piedra Angular”, la “piedra esquinera”: Jesucristo.

   iv.        El pueblo de Dios no es una obra hecha y finalizada de una vez por todas, sino un Proyecto siempre en avance, esto lo expresa Pablo diciendo que está αὔξει [auxei] “en crecimiento” hasta que llegue a ser un “Templo Santo en el Señor”.

     v.        Así, en este bloque de conclusiones, San Pablo consigna el planteamiento del Templo como un Templo Vivo, construido con Piedras Vivas, y que tiene por “arquitecto” al Espíritu Santo.

 

Sal 85(84), 9abc y 10. 11-12. 13-14

Este es un salmo oracular. En este oráculo, el contenido esencial, es la Paz. Paz, en este caso es la ausencia de confusión, no la cancelación de las dificultades, no la paz del campo santo; sino, la certeza y claridad luminosa que, si vamos por los Caminos del Señor, vamos Bien, a pesar de los ventarrones, y el mar picado, nuestro curso va iluminado por la Luz Divina.

 

¿Cómo alcanzar esa seguridad preclara? Escuchando con atención la Voz del Señor, Él la Declara, la Establece y la Enciende, en nosotros. Dejemos que la Claridad que Él nos da, nos sostenga y guie nuestros pasos.

 

Diariamente vemos cómo se siembra la confusión, se han puesto a pensar, ¿por qué hay gente que le gasta tanto tiempo y tanto esfuerzo a difundir la confusión? Damos como ejemplo que, si el Papa dice que un día cuando era estudiante, compró un dulce o una galleta en una tiendita de Chicago, sin lugar a dudas que al otro día alguien anunciará que se ha cumplido la Profecía de Juancho Polo Valencia, que, si un niño que luego llegaba a Papa había probado las galletas chicagüenses, significaba que el mundo ya se iba a acabar Y mucho cuidado, porque luego nos dan el argumento demostrativo. ¿No ven que el Apocalipsis comienza diciendo: “Esta es la Revelación”, entonces, nos dicen ellos, ¡ahí está la prueba!


Otro día, Papa León XIV cuenta que sus zapatos favoritos se los había comprado su Señora madre, doña Mildred Agnes Martínez, y no pasa una hora para que salgan todos a declarar. Papa León XIV es el último Papa, porque él está acabando con la Iglesia, un buen Papa tiene que preferir los zapatos que le compró el papá y no la mamá. Y sí alguien no cree que esto es cierto, vayan al capítulo 23 del Apocalipsis, verso 26, (porque estamos en el año 2026), y lean que allí dice la palabra παπούτσια [papoútsia] que en griego significa “zapatos”. (Para que nadie vaya a quedarse preocupado, el Apocalipsis sólo tiene 22 capítulos así que no hay que angustiarse e ir a mirar en la Biblia la caprichosa cita de los zapatos papales).

 

Recordaran ustedes que, Papa Francisco había propuesto que, llegado su fallecimiento, lo pusieran en un ataúd, como a cualquier cristiano y no en exhibición sobre unos cojines, como a muñeco de juguetería, que así se usaba antes. Y, muchos “doctos estudiosos” han señalado eso como el principio del fin. (Nos dirán que en el capítulo 24 del Apocalipsis dice “sin cojines no hay más papa” y esta papa es la exquisita “papita chorreada” delicioso plato tradicional de nuestra gastronomía cundi-boyacense, y esa sería la más triste pena para nuestro paladar. Doloroso oráculo para el final de los tiempos. ¿Qué va a ser de nosotros sin papita chorreada?).

 

A los fieles ingenuos se les recomendaba escribirle una carta al Papa y pedirle que pasará a mejor vida para que se cumpla la feliz profecía de que las Puertas del Cielo se vuelvan a abrir, porque quedaron herméticamente selladas el día en que él se negó a llevar zapatos rojos, como en toda la historia se había hecho; ahora hacen circular sus críticas porque León XIV le siguió la idea.

 

A los no tan ingenuos, sino roedores de la fe, de los “débiles en la fe”, les encarecemos que dejen de hacer daño usando su premisa de “divide y vencerás”, (que tiene un corolario: “confunde y demolerás rápidamente”). Pasan y pasan los años y sus escatológicos augurios no llegan a nada. Se ha desenmascarado la perversa intención que tienen, pero no se ha llegado a más. El fin llegará, no cuando a la ralea de pseudo-profétas se les ocurra, ¡Llegará! ¡No le quemen tanto vano acelerante! Por mucho que ustedes anuncien su cercanía, va a llegar, cuando sea llegada la hora. Y, tranquilos, ya sabemos que esa es su estrategia para ganar adeptos con los “confusos” que abundan y se dejan engatusar.

 

En vez de andar en tanto “profetismo” afiebrado, más bien oremos por la recuperación plena de su salud después de la reciente intervención quirúrgica.

 

Escuchemos cómo concluye este salmo oracular: “El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La Justicia marchará ante Él, y sus pasos señalaran el Camino”. No dudemos de Su Promesa. Y ¿cuál es su promesa actualizada hoy? ¡La paz!

 

Nos hemos encarnizado en pedir y generar muerte; y, en cambio, no le hemos insistido en lo que él nos ofrece y nos quiere dar: Contra todos los empecinados verdugos, el Señor nos ha ofrecido -aún más- nos ha garantizado la Paz. ¡Esa sí, pidámosela con la mayor vehemencia posible!

 

Lc 12, 35-38

Dios hace participes de su Gloria a los que velan

Esta claridad que nos ilumina el “camino” como una tea en alto para que podemos caminar sin dubitaciones el Camino de la Vida -porque somos Homo Viator- un proyecto en marcha, un Reino en construcción, que requiere el auxilio de la Lámpara en Alto, para caminar seguros; recibe en esta perícopa otro nombre, para presentárnosla desde otra perspectiva metafórica: “Ceñida la cintura”. Cuando uno está vestido, listo para salir a la calle, tiene el cinturón -que ciñe la cintura- bien puesto y abrochado con la hebilla. En otras culturas que no usaban cinturón, la cintura se ceñía con un cordón atado a la cintura, para garantizar que la ropa se mantendría en su lugar. En fin, cintura ceñida indica, completamente listos. ¡Listos para emprender el viaje!


 Para el viaje al país de la vida eterna ¿cómo debemos estar? Con la cintura bien ceñida, que no nos vaya a coger de sorpresa en “paños menores”.

 

Se nos pide que “velemos”; el verbo griego que se usa es γρηγορέω [gregoreo] “permanecer despierto”, que por extensión significa “estar alerta”, “permanecer vigilantes”.

En lugares sin alumbrado público, se requería -para salir en la noche- algún tipo de linterna que nos proporcionara condiciones para andar en lo oscuro. Una antorcha, por ejemplo, era bien útil. Pero, para encender una antorcha, no basta correr un segundo a oprimir un botón. Se debe tener la λύχνοι [lychnoi] “antorcha”, “luz portátil” encendida, lo que no se logra de inmediato, hay que sostenerla expuesta el fuego por un rato, hasta que este se afianza en el leño. Esta antorcha está figurada en la Pascua por el Cirio Pascual, y dentro del Sacramento del Bautismo (y también en el Sacramento de la Confirmación), por el cirio que llevamos para recoger la Luz de Cristo y llevarla con nosotros.

 

Para viajar, máximo si era de noche, así fuera un corto viaje, dentro de una misma población, había que disponerse para la salida cumpliendo los dos requisitos: la ropa puesta y asegurada y la antorcha -o como mínimo, la lámpara de mano- debidamente encendida, que no se fuera a apagar por el camino.

 

Para “salir” a enfrentar la realidad, en nuestra sociedad postmoderna, sí que debemos tomar las medidas precisas para salir. Como se hace con un hijo, se le prepara lo mejor posible para que enfrente la vida y los engaños que sin duda lo rodearan y lo presionaran para aprovecharse de él.

 

Así que todos debemos disponernos. Cuando salgamos a la ruta, bienaventurados si estamos bien pertrechados contra tanta tiniebla que se disemina por ahí.

 

La vida cristiana nos exige “vigilancia”, estar en “estado de alerta”. Establecer turnos de guardia, por velas: En la primera vela, uno hace la guardia. Al encender la segunda vela, antes que se acabe la primera, el segundo turno de guardia tomará su posta y así sucesivamente. Esperando a que el Señor llegue.


¿En qué consistirá el premio de la bienaventuranza? Al que esté vigilante lo hará sentar a la Mesa y Él personalmente lo atenderá. Puede que sea tarde y llegue en la tercera vela, no importa, asegurémonos que nos encontrará alertas y bien prevenidos. Es el concepto teológico de “Velar”, o sea, de aguardar vigilantes con la vela encendida.

domingo, 18 de octubre de 2026

Lunes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario

 


Ef 2, 1-10

Según nuestro mapa, la Carta a los Efesios se divide en dos grandes partes los tres primeros capítulos (1,3 – 3,21) donde se muestra la Obra Salvadora de Dios; y, el llamado a vivir una vida discipular de seguimiento a Jesucristo. Continuando dentro de esta Primera parte, entramos, ahora, en el capítulo 2, que nos habla de cómo Dios nos libró de la muerte por medio de Cristo, su Hijo.

 

Podríamos descomponer este capítulo 2, en tres secciones, caracterizadas por un sujeto distinto:

a)    “Vosotros”, es decir, los gentiles (2,1 – 2,5b. 8)

b)    “Nosotros”, con este nosotros se está refiriendo a los judíos (2, 3)

c)    Otro “nosotros” distinto, donde ya se ha dado una fusión y aparece una nueva humanidad que ya no discrimina entre judíos y gentiles (2, 4-5a. 6-7. 9-10)

 

Atravesando ese eje de los “sujetos”, está el otro eje, el eje temporal: a) marcado por verbos en pasado y por expresiones como “en otro tiempo; b) el presente y c) a los siglos venideros. Esta diacronía -pero a la vez “envolvencia” que cobija todo el arco de los “tiempos”- se debe tomar muy en cuenta en la exegesis de la perícopa.

 

Al retratar el estado en el que se hallaban sumidos los describe dominados, gobernados y conducidos por “el príncipe del imperio del aire”, según la concepción prevalente en aquel momento, todo lo maligno moraba en el aire (y en el mar), así que su príncipe era Satanás, el Diablo, el Maligno; lo que cumplían era la “voluntad de la carne y de los sentidos, los deseos físicos. Ese, como lo dice el texto, era el “modo de pensar del mundo”, eso era lo normal en aquel ambiente “pagano”.

 

Jesucristo marca la línea divisoria, y pone fin a un “pasado”, para abrir una luminosa ventana que da al Dios Vivo y Verdadero. Este obrar no fue sólo en beneficio de los gentiles, también favoreció a los judíos. La ley que habían recibido se había usado para anquilosar las alas de la libertad-amor, de modo que, en vez de volar, estaban atrapados por los barrotes en que ellos habían grabado las leyes.

 

Una visión poco saludable puede llevar a hacernos pensar que Dios llamaba a todos al “rincón de los castigos”. Pero esa es solo una manera de apreciar las cosas que pone a Dios como “demasiado semejante” a nosotros, (ve a Dios con limitaciones humanas y lo pinta enojado y con rejo en mano). Dios es el paradigma, y nosotros somos los que estamos en proceso de “llegar a ser” semejantes a Él, a eso no se llega por castigos, sino por re-educación. No vayamos a meter “gato por liebre” al decir que el castigo es la esencia de la re-educación; la re-educación tiene sus canales que no son punitivo-rencorosos.

 

Para prevenir esa imagen del Dios castigador, Efesios pone aquí un perfil de Dios, con los rasgos que la Carta juzga pertinentes, para tener una correcta visión del enfoque re-educativo que está implementando el Señor:

a)    Rico en misericordia

b)    Nos amó con gran amor

c)    Nos dio vida

d)    Nos da la Gracia Salvífica

e)    Nos resucitará para sentarnos en los tronos que nos tiene previstos

f)     Nos “reveló” la “sobreabundante riqueza de su Gracia

g)    Con todo eso en Mente, nos creó para que nos pudiéramos configurar al “Paradigma”, que es Jesucristo.

 

Como “válvula de paso” está la Muerte, Resurrección y Glorificación de Jesús-Cristo. Él pasó y dejó “perforado” el paso para que nosotros también pudiéramos acceder a nuestra vida y glorificación.

 

¿Con qué rotor podremos avanzar? Están los ἔργοις ἀγαθοῖς [ergois agathois] “obras actuadas con nobles intenciones”, esta nobleza de intenciones depende de que Dios las ha injertado en nuestro ser, no son resultado de nuestra agudeza, de nuestro esfuerzo, sino fruto de las semillas que Dios ha plantado en nuestro corazón. En nuestro ser, van fruteciendo por los cuidados del “Hortelano de la Vida Espiritual”, que es el Espíritu Santo. Esa es la atribución que el Espíritu Santo tiene, velar por nuestro huerto espiritual y prevenir para que el corrompido no venga -y nos tome adormilados o distraídos y se ponga a sembrar cizaña.


No se trata de una adquisición por mérito, se trata de apertura a la operatividad de la Gracia. Alcanzada por medio de la “apertura”, que es estar bien dispuestos, abiertos a la Gracia que nos auxilia y nos guía. ¿Qué parte nos toca en es “proceso”? Darle al Señor un “sí” análogo al que dio María para abandonarse a la Encarnación: γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου. “Hágase en mi como lo has dicho”, o más estrictamente, “según tu Palabra”.

 

Sal 100(99), 1b-2. 3.4.5

Hazme caer en la cuenta de que te pertenezco a Ti precisamente porque soy miembro de tu pueblo en la tierra.

Carlos González Vallés s.j.

Salmo de la Alianza. Una parte fundante de la Alianza es el desarrollo del “sentido de pertenencia”. Somos verdaderos miembros del Cuerpo Místico, todo el Plan salvífico nos lleva a ese “pertenecerle”. Aquí el salmista nos da voz para expresar este sentimiento que debe anegarnos a todos: “somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”. Hay un desposorio místico que nos entrega esa consciencia de pertenecerle, de ansiar fundirnos con Él, de querer sintonizar nuestra existencia con la Suya, disolviendo nuestros egoísmos en su “Santísima Voluntad”.

 

Hay -de otra parte- una manera indolente, desganada, apática de servirle al Señor, renegando, lamentándose, rechazando su Plan con “buenos e inteligentes” pretextos. En vez de demostrarle nuestra dicha, nuestro empeño, nuestro tesón, nuestras ganas de ir a su manera, en el mismo sentido de Su corriente. Lo rotundo está en sólo dos vetas, “o estás conmigo o estás contra mí”, “o recoges o desparramas”.

 

No somos títeres de Dios, no somos su “caja de juguetes”: ¡Somos sus amados! ¡Sus dulces ovejitas!


Cuando Él abre la puerta, no se trata de gimotear con dudas e incertidumbres. Acometamos nuestra entrada entonándole nuestros himnos. Cantemos su Victoria, Pronunciemos todos los loores litúrgicos. Con cantares eucarísticos.

 

Miremos los dos pilares que forman las jambas: en el uno dice ¡El Señor es Bueno, su Misericordia es Eterna! En el otro, ¡Su fidelidad dura por todas las edades!

 

¡Alertas! No dice ¡eres su Oveja! Dice ¡Ovejas de su Rebaño!

 

Oremos: “Haz que me sienta orgulloso de mis hermanos y hermanas, que aprecie sus cualidades y disfrute con su compañía. Haz que me encuentre a gusto en el rebaño, que acepte su ayuda y sienta la fuerza que el vivir juntos trae al grupo, y a mí en él”.

 

¡Danos señor, te suplicamos, un corazón sinodal, donde cada corazón lata conforme con el ritmo de Tu Grandiosa Sinfonía!

 

Lc 12, 13-21

“La avaricia es la raíz de todos los males” (1Tm 6, 9-10), escribe Pablo a Timoteo.

Vincenzo Paglia

Como es usual, para dirimir la cuestión de las herencias y sus particiones, se va al tribunal y se presenta la cuestión ante un Rabino, un experto en la Ley Mosaica. Cuál es al valor de un rabino, es un experto en dilucidar aspectos mundanos, su especialización mira a las cosas “mundanas”, puede ayudarnos cuando el tema es el de “atesorar” con propósitos egoístas, bienes mundanos, porque es experto en riquezas “temporales” no en tesoros Celestiales.


Lo chistoso, lo irónico es que nosotros queremos arrastrar a Jesús para meterlo en estas cosas. Recordemos aquí aquello de “donde está tu tesoro, está también tu corazón” Mt 6, 21-24. Si nuestro empeño existencial consiste en riqueza a los ojos de los hombres, entonces estaremos ciegos para atesorar según los Ojos de Dios. ¿Cómo se nos puede ocurrir apelar al Hijo de Dios para que Él se ocupe de afanes que no son compatibles con los Intereses de Su Padre?

 

Tenemos que ponernos la mano en el corazón y dilucidar si nuestro ojo está sano, o tenemos el ojo enfermo, el ojo codicioso, el ajo avariento. El ojo malo.

 

Por eso Jesús les pregunta por qué lo toman por μεριστής [meristes] “administrador de herencias”, por “experto particionista”. De dónde sacaron que una de las funciones del Mesías era hacer las veces de abogado repartidor de herencias.

 

A nosotros también nos compete este entendimiento. No nos tiene que preocupar otro tipo de teología empalagosa, nos tiene que hacer aterrizar en lo urgente, es urgente sanar el hambre y el dolor de los hermanos, es perentorio luchar contra la injusticia, no podemos ser indolentes, duros de corazón ante el mal que se siembra en la historia del mundo, que daña al que es mi hermano en Cristo Jesús; y, observemos que Jesús nos indica qué es lo que no importa, ni afana el ojo sano, al corazón de Jesús, aquí lo tenemos, no es algún argumento de alta filosofía, es al contrario, algo “elemental”, pleno de humanismo, que se duele de lo que les pasa a las otras ovejitas del rebaño.

 

Es fácil tomarle el pulso a la perversión: cuando resuenan como trasfondo las premisas:

a)    Mi cosecha

b)    Mi granero

c)    Mi trigo,

d)    Mis bienes

 

Miren el cardiograma del avaro: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Bótalo antes de darlo barato, quémalo antes de nutrir a los hambrientos esgalamidos, ocúltalo hasta que suban las condiciones bursátiles, acapáralo para que escasee, cuando la demanda lo dispare, será la hora de sacarlo al mercado.

 

¿Qué puede ser peor que una justicia regulada por el egoísmo? Hablamos de esa falsa justicia que no quiere ablandar el corazón, pero si quiere mejorar el blindaje de la caja fuerte y reforzar la rabia que cohonesta con el dolor y el sufrimiento. Que alimenta el odio y fortalece los rencores asesinos.


Si queremos ayudarle a recoger -y no a desparramar-, urge que tengamos el corazón compasivo. ¿Por dónde empezar? Por no intentar que Dios sea cómplice de los injustos, esa es la primera lección para andar los caminos del Amor a Dios, y al prójimo, así como el sano y equilibrado amor que debemos tener por nosotros mismos. ¡No lo invoquemos como celador de nuestra caja de caudales!