domingo, 10 de mayo de 2026

Lunes de la Sexta Semana de Pascua


Hch 16, 11-15

Lo último que comentábamos era que, a raíz de una visión que tuvo Pablo, el Evangelio fue llevado a la región definitivamente europea. Pero ya hace tiempo que venimos diciendo que griego y griega, entonces a que nos referíamos, estábamos hablando de personas de habla griega, pero que residían en Asía menor, ha de entenderse que el griego se había convertido en la lingua franca, el idioma del imperio griego -especialmente para las relaciones comerciales, pero, que poco a poco se adueñó de todo el ámbito cultural- y que sólo paulatinamente se dio, especialmente en el imperio romano, su reemplazo por el latín. Esta prevalencia del idioma griego fue la que llevó a traducir la Biblia del Hebreo al griego, puesto que muchas personas, aunque convertidos al judaísmo, no entendían ni hablaban hebreo. El nombramiento de los 7 diáconos, todos del ala helenista, y el reclamo -de tener descuidadas a sus viudas- que fue el detonante que gatillo esta institución dentro de la Iglesia, tenía mucho que ver con este tema del idioma. También la repulsa que mostró el judaísmo para aceptar los textos bíblicos que no pertenecieran a su lengua. Hemos de resaltar aquí, que el Nuevo Testamento fue escrito en griego (no por griegos de cuna, sino por greco-parlantes).

 

Con una pincelada rauda, el hagiógrafo describe un itinerario: Se embarcan en Troade, encaminándose a Samotracia, al día siguiente, salen para Neápolis, y pasan -inmediatamente- a Filipos, colonia romana y perteneciente al distrito macedonio. El sábado, se fueron οὗ ἐνομίζομεν προσευχὴν εἶναι [ou enomizomen proseuchen einai] “donde creían que había un sitio de Oración”, o sea que no había -seguramente-una edificación que hiciera las veces de sinagoga, y, entonces se solían reunir allí; (nótese que todavía siguen el Sabbat, el cambio al Domingo vendría luego y sólo paulatinamente). Hay aquí otra suerte de ruptura -al estilo de Jesús cuando habló con la Samaritana- según los cánones del judaísmo, les estaba prohibido, a los hombres, dirigirle la palabra en público a una mujer, pero lo hacen, es decir salen, abren puertas, construyen vínculos, se acercan, rompen los exclusivismos: se trata de Lidia. Lidia, más que un nombre era un gentilicio, significaba, proveniente de la región de Lidia, de Tiatira, en el occidente del Asía Menor, península de Anatolia. No vacilan en romper “tradiciones”.

 

Por favor, no tomemos esto a la ligera como una consigna para desbaratar todo y no dejar títere con cabeza. Por el contrario, descubrimos -a todo lo largo de los Hechos- una fortísima tendencia a guardar todos los usos y costumbres, excepto, los que se había estatuido como “aduanas” para disminuir la dignidad de las personas; esas había que superarlas para llevarlos a retomar la dignidad de “hijos de Dios”. ¡Así vemos que hizo Jesús! Y ya en la Iglesia naciente, allí donde el Evangelio iba extendiéndose, los “Apóstoles” retomaban y conservaban todo lo que el judaísmo traía, pero sin dejar que eso malbaratara la conciencia de su filiación Divina, según Jesús les había mostrado.

 

Las mujeres no tenían que ser sometidas al yugo de la sumisión, como virtud femenina ideal. Lo que se narra aquí, supera con creces los límites de la mera anécdota:  Lidia era una comerciante importante porque negociaba con una tintura no tan abundante y que se obtenía de un molusco, la Stramonita haemastoma, se trata de la púrpura (azul violeta), muy cotizada, que enriqueció a los fenicios que se convirtieron en sus traficantes especializados -se han encontrado restos de vestidos Davídicos y Salomónicos teñidos de este color, por tanto, era una tintura textil muy cotizada y apreciada por la nobleza. Su importancia y peso se refleja en la aceptación de toda la familia al mensaje de Pablo. Y el hecho de haberlos invitado a alojarse en su casa -poniendo como prenda de su fidelidad a la fe anunciada, su aceptación del Señor, su bautismo- lo que le valió, todo así parece indicarlo, convertirse en la sede apostólica en Filipos, la ‘domus ecclesiae’; donde se reunían -como ya no en la sinagoga- entonces, en casas de familia, donde eran acogidos, en muchos casos clandestinamente, porque también allí, en aquella colonia de exmilitares, había persecución).

 

Lidia les ofrece su casa como prueba de su profunda pertenencia a la Iglesia y la ofreció esperando que, al acogerlos, ellos también le mostraran su aceptación al seno de la Comunidad: No sólo la brindó, sino que “los obligo” a dar ese paso que vino a ser tan trascendental y que por mucho tiempo fue lo normal. Sabemos que en muchos países donde la “misión” llega, se parte de instituir “comunidades eclesiales domesticas”, donde se va construyendo la fe y va echando raíces el Credo en Jesucristo, hasta llegar a poder edificar sitios de reunión de la “Asamblea Creyente”; por ser el lugar de convergencia de la Iglesia, hemos llegado a denominar el “edificio”, con el mismo nombre.


No obstante, no olvidemos nunca, que la Iglesia son las personas, halla o no, una edificación para reunirse, o así la comunidad tenga que darse como sitio para congregarse, la orilla de un rio como sucedía en esta perícopa-, o donde fuere, que lo que constituye la Comunidad es el hecho de estar reunidos en torno al Santísimo Nombre de Jesús.  

 

Sal 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b

Este Salmo, el penúltimo del Salterio, es un himno. Un himno, es, un cantico de alabanza. No se ha podido establecer con seguridad si los salmos hímnicos corresponden a alguna fase litúrgica específica. Es un canto que enaltece con gratitud las deferencias de Dios con su pueblo y las victorias obtenidas con Su Auxilio. Hay una pedagogía contenida en este Salmo, pide ahuyentar lejos de nosotros todo espíritu, todo sentimiento retaliativo, inunde nuestro corazón, como sentimiento inspirado por Dios, sólo la compasión, como Dios manda: otros podrán anidar en su pecho sentimientos vengativos, Dios nos ha enseñado el valor amoroso del Perdón.

 

Vamos a tratar de mostrar la estructura de la perícopa, señalando como a cada exhortación corresponde una acción específica, a veces doble:

1ª estrofa

Canten →       un cántico nuevo

Resuene su alabanza →       en la בִּקְהַ֥ל חֲסִידִֽים [biq-hal Hasidim] “asamblea de los fieles”, “la congregación de sus Santos”;

Que se alegra Israel   →        por su Creador,

Que se alegran los hijos de Sion →             por su rey.


 

2ª estrofa

Alaben su Nombre →            con danzas

Alaben su Nombre →             con tambores y cítaras;

El Señor →     Ama a su pueblo

El Señor →     Adorna con la victoria a los humildes

 

3ª estrofa

Que los fieles (formados en filas) →             festejen su gloria

Que los fieles (formados en filas) →             canten jubilosos

Que los fieles (formados en filas) →             con vítores a Dios en la boca

Para todos sus fieles          es un honor.

 

Esta última estrofa, muestra al pueblo como un ejército en formación de batalla, y al Señor como el General (es una analogía militar) que los lidera.

 

Falta recordar que este Salmo es el penúltimo del Gran Hallel Se llaman así porque todos ellos comienzan con las palabras Hallelu Yah, "Alabad al Señor". El salmo nos deja percibir la certeza de Dios como Dueño y Señor de la Historia, que nos convoca a la responsabilidad de ser sus escogidos, sus “Santos”; Él es quien enfoca y conduce todos nuestros esfuerzos por un mañana mejor, para lo cual no tenemos que constituirnos en sociólogos, sino fiarnos de su Misericordiosa voluntad que conduce al desenlace triunfal. ¡Seguir sus órdenes de batalla es muestro honor!

 

Jn 15,26-16, 4a

Firmes más allá de nuestras fragilidades

En el salmo anterior hay un toque de responsabilidad y de darnos cuenta. En esta perícopa de San Juan, encontramos algo parecido. No se trata de aplaudir por aplaudir, No se trata de cantar por cantar. No se trata de orar por mecanización. La historia de la salvación no es una marcha de irresponsabilidad, que ve a Dios como el encargado de hacerlo todo, y a sus discípulos como borregos “atenidos”. Tenemos que llevar en la consciencia despierta y atenta, el resonar de las advertencias de Jesús en sus discursos de despedida. La Sagrada Escritura nos ha acostumbrado a estas despedidas, muy especialmente la de Moisés, nos convocan a continuar el derrotero trazado, a perseverar, a reconocer los abrojos inevitables del Camino. Estamos -esta semana- preparándonos para la Ascensión del Señor.


Importantísimo captar que Jesús, en su despedida nos ofrece un “Protector”, un “Abogado Defensor”, que nos va a levantar el ánimo, y que no es -nada más ni nada menos- que el Amor que hay entre el Hijo y el Padre. Imagínense ustedes esta transferencia, se derrama todo el Amor que hay entre Ellos, a favor nuestro. No veamos el Espíritu Santo como un “remedio tan mágico” que ni siquiera hay que untárselo (bastaría -desde esa óptica- tener la latica de pomada en el cajón-), bastaría con nombrarlo. Tampoco lo veamos como un “paraguas” que nos guarece de cualquier gota que nos quisiera mojar.

 

Si bien es cierto que nos podemos fiar de Su Amor, también es cierto que estamos llamados a superar la conciencia ingenua-mágica y dejar de invocarlo como quien recita un “hechizo” o un “mantra”. Miremos directo a la cara la historia de la Iglesia -nunca para quedarnos como masoquistas mirando las páginas del martirologio y procurando escurrir de ellas la sangre heroica que se ha derramado y ha fecundado la fe- sino para poder descifrar dos sentencias de Jesús que San Juan Evangelista nos comunica en esta perícopa, a saber: “Nos excomulgaran de las sinagogas” y “llegará incluso una hora cuando el que les dé muerte pensará que da culto a Dios”.


Entonces, si el Espíritu Paráclito no nos protegerá, ni será “paraguas” efectivo, ¿cuál es su sentido práctico?  Pregunta típica de nuestra sociedad publicitaría: ¡Compro todo cuanto me sea útil! ¡No desperdicio mis expensas en lo que no me ha de servir! Pues, aquí tenemos la respuesta muy exacta: “Él dará testimonio de mi” y si no fuera por Él, nosotros no seriamos capaces de “dar testimonio de Jesús”, porque nuestro testimonio depende de que el Espíritu Santo siembre en nosotros esa “convicción”.  Sólo la certeza que Él nos comunica nos preservará de “escandalizarnos”, porque a quien no ha recibido esta Gracia, todo esto lo escandaliza, le parece “terrible”, “ridículo”, “cursi”, “absurdo”. Esos son los que hacen y deshacen porque no han conocido el Padre ni al Hijo, y quien nos lo da a conocer, es precisamente el Espíritu Paráclito.

sábado, 9 de mayo de 2026

DIOS NOS HA PRECEDIDO EN EL AMOR

 

Hch 8:5-8, 14-17; Sal 66(65), 1-3a. 4-7a. 16. 20; 1 Pe 3:15-17; Jn 14:15-21

 

…que también nosotros podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento.

DEUS CARITAS EST

Benedicto XVI

 

La Conferencia de Aparecida -V del Episcopado Latinoamericano y del Caribe- nos llamó a un tránsito de una Pastoral que miraba con orgullo el número de bautizados, a otro tipo de enfoque que hace su énfasis en la calidad de discípulos misioneros. Allí se planteaba ya, que un cambio de enfoque cuesta, pero que de no hacerse tendríamos profunda responsabilidad en la disminución, retroceso y debilitamiento de la fe, y del divorcio entre fe y vida. La liturgia de hoy nos hace voltear la mirada hacia este horizonte y, nos convoca a ponernos la mano en el corazón y recapitular si el Encuentro Personal al que convidamos a los “fieles” se está acompañando de una formación mistagógica coherente; o, seguimos estancados en el modelo doctrinal preterido. Bien es cierto que estas evaluaciones miran hacia el clero y la jerarquía, pero no es menos cierto que ellos no pueden quedarse solos en el afán y el empeño, sino que las comunidades vivas, serán las que promuevan y alienten el soplo del Espíritu, para que cooperemos de modo que, el velamen recoja todo el Viento -de ese Santo Espíritu- y su impulso.

Viene, muy a tono, reflexionar, sobre aquella sentencia del Padre Nuestro: “hágase Tu Voluntad” … Se nos llama -sin embargo- a reconocer que esto lo pronunciamos de muy buena gana, queriendo significar “hágase Señor Tu Voluntad, siempre y cuando coincida con mis gustos y anhelos”. Así, nuestra experiencia de vida, hoy por hoy, se contextualiza y nos desafía a descorrer la cortina para mirar, con mirada devota y ojos piadosísimos hacia la “Voluntad de Dios”, a la vez que hacia su Amor. Una manera de ser discípulos-misioneros es entender que el Amor de Dios está abierto a la correspondencia, es más, la espera y la supone.

 

Una y otra vez nos encontramos con el Amor, nuestra fe pivota sobre ese Eje, porque Dios es Amor, porque el amor es el corazón de nuestra fe, es Dios mismo que se nos propone como meta, como paradigma de humanidad, se nos ofrece, entonces, como una dinámica para vivir esa fe. No se trata simplemente de aceptarla y decir “creo”, se trata de vivir construyendo una Nueva Humanidad, cuyo corazón sea el Amor. El Papa Benedicto XVI inició su Deus Caritas Est citando la Primera Carta de San Juan: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él» Y continuaba el Papa Benedicto diciendo, «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.»

El Evangelio de San Juan nos ha acompañado en estos Domingos de Pascua (con excepción del Tercer Domingo). En el Primer Domingo el foco estuvo puesto en la Resurrección; En el Segundo, El Domingo de la Misericordia, Jesús se les aparece, es el Resucitado que se les presenta, el co-protagonismo estuvo a cargo de Tomás el Incrédulo, (en el Tercer Domingo, fuimos al Evangelio según San Lucas, nos ocupamos de los dos que huían hacia Emaús), el Cuarto Domingo nos referimos a Jesús el Buen-Pastor, y estos dos Domingos –V y VI- nos remitimos a la gran perícopa –que va de Jn 13 a Jn 17, que encierra los discursos de Despedida de Jesús; discursos testamentarios que resumen su “Ultima Voluntad” antes de la Ascensión- sólo dos fragmentos: Jesús es el Camino y Jesús promete enviar su Espíritu Santo, que es el tema de este VI Domingo de Pascua. «Si ustedes leen a San Juan, ven que en todas sus páginas, a través de los pocos episodios que escoge de la vida de Jesús, de las palabras de Jesús que prefiere, se desarrolla un solo tema, siempre repetido, y es este: el Padre revela al Hijo porque ama al mundo. “Tanto ha amado Dios al mundo que le ha dado a su Hijo Unigénito” (Jn 3, 16).»[1]

 

Amar tiene su praxis en un estilo de vida que “guarda sus mandamientos”; pero ¿son ellos plurales? Porque -donde leemos en Juan su Mandamiento- se habla de uno sólo, el Mandamiento del Amor. Su pluralidad consiste en la diversidad de prácticas con las que se ejercita este amor. «Juan no habla ni de virtudes, ni de vicios, no hace problemas por la obediencia, ni por el perdón mutuo, ni por los deberes matrimoniales o de estado, ni por compromisos de justicia. Nada de esto se encuentra en el vocabulario de Juan: se trata de cosas importantes… Juan va a lo que constituye el sentido la culminación de todo, es decir, fe y caridad.»[2]


«… el diálogo sobre la partida y retorno de Cristo (13, 31 – 14, 31). “Voy” y “Vuelvo”, tienen el valor de fórmulas expresivas de la muerte y la resurrección de Cristo, su transitus su viaje al Padre a través de su muerte. Además, Cristo crucificado será el camino por el cual sus discípulos llegaran al mismo Padre. La unión con su Señor muerto, y sin embargo vivo, será el pasaporte para la vida eterna. Y el amor de unos hacia otros debe reproducir el amor de Dios por Cristo.»[3]

 

En el numeral 22 de la Deus Caritas est, Benedicto XVI nos actualizó al presente, la Presencia de Jesús, y nuestro compromiso con el Amor: «Con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales, junto con la administración de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra.»[4]

«A partir del amor misericordioso con el que Jesús ha expresado el compromiso de Dios, también nosotros podemos y debemos corresponder a su amor con nuestro compromiso. Y esto sobre todo en las situaciones de mayor necesidad, donde hay más sed de esperanza. Pienso –por ejemplo– en nuestro compromiso con las personas abandonadas, con aquellos que cargan pesadas minusvalías, con los enfermos graves, con los moribundos, con los que no son capaces de manifestar reconocimiento…  En todas estas realidades nosotros llevamos la misericordia de Dios a través de un compromiso de vida, que es testimonio de nuestra fe en Cristo. Debemos siempre llevar aquella caricia de Dios –porque Dios nos ha acariciado con su misericordia– llevarla a los demás, a aquellos que tienen necesidad, a aquellos que tienen un sufrimiento en el corazón o están tristes: acercarnos con aquella caricia de Dios, que es la misma que Él nos ha dado a nosotros.»[5]

 

«No es casual que entre los símbolos cristianos de la esperanza existe uno que a mí me gusta tanto: es el ancla. Ella expresa que nuestra esperanza no es banal; no se debe confundir con el sentimiento mutable de quien quiere mejorar las cosas de este mundo de manera utópica, haciendo, contando sólo en su propia fuerza de voluntad. La esperanza cristiana, de hecho, encuentra su raíz no en lo atractivo del futuro, sino en la seguridad de lo que Dios nos ha prometido y ha realizado en Jesucristo. Si Él nos ha garantizado que no nos abandonará jamás, si el inicio de toda vocación es un “Sígueme”, con el cual Él nos asegura de quedarse siempre delante de nosotros, entonces ¿Por qué temer? Con esta promesa, los cristianos pueden caminar donde sea… Volvamos al ancla: el ancla es aquello que los navegantes, ese instrumento, que lanzan al mar y luego se sujetan a la cuerda para acercar la barca, la barca a la orilla. Nuestra fe es el ancla del cielo. Nosotros tenemos nuestra vida anclada al cielo. ¿Qué cosa debemos hacer? Sujetarnos a la cuerda: está siempre ahí. Y vamos adelante porque estamos seguros que nuestra vida es como un ancla que está en el cielo, en esa orilla a dónde llegaremos. Cierto, si confiáramos solo en nuestras fuerzas, tendríamos razón de sentirnos desilusionados y derrotados, porque el mundo muchas veces se muestra contrario a las leyes del amor. Prefiere muchas veces, las leyes del egoísmo. Pero si sobrevive en nosotros la certeza de que Dios no nos abandona, de que Dios nos ama tiernamente y a este mundo, entonces en seguida cambia la perspectiva. “Homo viator, spe erectus”, decían los antiguos. A lo largo del camino, la promesa de Jesús «Yo estoy con ustedes» nos hace estar de pie, erguidos, con esperanza, confiando que el Dios bueno está ya trabajando para realizar lo que humanamente parece imposible, porque el ancla está en la orilla del cielo.

El santo pueblo fiel de Dios es gente que está de pie –“homo viator”–  y camina, pero de pie, “erectus”, y camina en la esperanza. Y a donde quiera que va, sabe que el amor de Dios lo ha precedido: no existe una parte en el mundo que escape a la victoria de Cristo Resucitado. ¿Y cuál es la victoria de Cristo Resucitado? La victoria del Amor.»[6]



[1] Martini, Carlo María. POR LOS CAMINOS DEL SEÑOR. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá. 1995 pp. 25-26

[2] Ibid.

[3] Fannon, Patrick. LOS CUATRO EVANGELIO. Ed. Herder. Barcelona 1970. p. 137

[4] BENEDICTO XVI. DEUS CARITAS EST. #22 Roma 25/12/2005

[5] Papa Francisco. Audiencia General Vat. 20 de febrero de 2016

[6] Papa Francisco. AUDIENCIA GENERAL Vat. 16 de abril de 2017

viernes, 8 de mayo de 2026

Sábado de la Quinta Semana de Pascua


Hch 16, 1-10

El segundo viaje misionero de San Pablo va de Hch 15, 36 al 18,22. Esto quiere decir que la perícopa que hoy trabajamos ya entre completamente en este bloque. Lo primero que hoy se va a plantear se refiere a la llegada de San Pablo y de Silas a Derbe y Listra. Donde encontraron a cierto creyente que nos va a ser presentado y que se unirá a Pablo y Silas en este viaje.  

 

“El que siente adoración por Dios”, “el que honra a Dios”, este es el significado del nombre (de raíces griegas) Timoteo, este nuevo personaje hace su aparición, aquí, en el capítulo 16. Era de Licaonia, hijo de un matrimonio mixto, de padre griego, y madre judía; de acuerdo a la tradición judía, el hijo de un matrimonio mixto debía ser educado en la tradición de la mamá. Timoteo llegará a ser uno de los mayores -si se nos permite la analogía con el lenguaje militar- “lugartenientes” de san Pablo, así las cosas, se comprende porque este último le dirigió dos Cartas que, han llegado hasta nosotros. Fue ordenado Obispo de Éfeso según nos informa Eusebio de Cesarea en su Historia de la Iglesia, por el propio San Pablo. Algunos estudiosos llegan a verlo como autor de la Epístola a Filemón.

 

Nótese que, a pesar de todo, Pablo tiene una deferencia con los judíos de la región de Listra, y hace circuncidar a Timoteo. No se trata de una componenda, o de una hipocresía, San pablo hace gala de una flexibilidad espiritualmente inteligente: Se debe tener en cuanta, como se ha dicho arriba que, siendo hijo de madre judía, Timoteo era, desde la óptica del judaísmo un judío verdadero, y San Pablo, en eso, no juega al dogmatista. En realidad, su propósito es muy claro, hace todo cuanto viabilice la expansión del Evangelio para que este no tropiece con trabas innecesarias. Timoteo tenía que servir de puente con comunidades de raigambre judía, convenía pues no obstruirle el ejercicio de su misión.

 

Luego, la perícopa nos informa que por donde iban pasando iban, además, comunicando lo que el Concilio de Jerusalén había decidido, se divulgaban sus “decretos”.  Las Iglesias crecían y se robustecían en la fe. Aquí descubrimos una dialéctica a tener en cuenta, no se trabajaba exclusivamente por un crecimiento numérico; además, se buscaba la profundización y elevación progresiva de la fe de todos los miembros de la Iglesia.

 

Viene ahora, un detalle especial, san Pablo tiene una ὅραμα [orama] “Visión”, “sueño”, “aparición”: el Espíritu Santo les impide predicar en Asia. Los lleva directamente a Europa. ¡Ojo! El Evangelio entra en Europa. ¿Cómo? Por esa visión que tuvo Pablo en Troade, se trata de un Macedonio que se le apareció de pie y le rogó llegarse a Macedonia. Así, de Troade ira a Filipos y sucesivamente a Anfípolis a Berea y a Atenas.

 

«Allí es donde la Voluntad de Dios se hace clara, por medio de la visión o sueño de pablo. En aquel tiempo, la visión plástica o intuitiva y e sueño se veían como medios por los que Dios se comunicaba con los hombre -cosa que la moderna psicología profunda estudia cada vez más-». (Ivo Storniolo)

 

Se ha de resaltar siempre la disponibilidad de los Apóstoles para seguir, no sus propios impulsos sino las mociones del Espíritu Santo. Por raro, curioso e inexplicable que sea, lo que les pide, ellos lo asumen. Una de las máximas enseñanzas que podemos sacar de la lectura de los Hechos de los Apóstoles. Estas mociones de Espíritu, son las que conducen la Iglesia y hay que saber seguirlas. Este es el caso que muestra cómo, el equipo misionero no duda -ni un poco-  sino que procede con “seguridad” y, acto seguido preparan el viaje y asumen la tarea de ir a anunciar la buena noticia a Μακεδονίαν [makedonian] “Macedonia”.

 

Sal 100(99), 1-2. 3. 5

Salmo del ritual de la Alianza. Está muy en la línea de lo que nos está narrando Hechos, de la catolicidad, de la apremiante necesidad de llevar la buena Noticia hasta los confines del orbe. Para la perícopa a proclamar se tomó caso todo el salmo, sólo se exceptúa el verso 4.

 

La primera palabra del salmo es ר֫וּעַ [ruá] que se ha traducido por “Aclamad”, con exactitud quiere decir “armen un ruidaraje ensordecedor”, “revienten los oídos de la gente”. Y llama a todo el mundo, sin discriminación, sin excepciones. Ese ruidaraje no se arma para hacer alarde de lo escandalosos que somos, sino para externalizar la alegría rebosante. Al presentarnos delante de Él, llamémoslo “Victorioso”, digámosle, gritemos: ¡Eres el Vencedor!

 

Declaramos que el Señor es Dios en Persona, que Él es nuestro Creador, que Él es nuestro Dueño, que nosotros somos “ovejas de su rebaño”, porque Él es nuestro Pastor: ¡Pastor Hermoso!


La tercera estrofa resalta tres cualidades que Dios nos ha dado a conocer:

a)    Es Bueno

b)    Su Misericordia es Eterna

c)    Igual que lo es su Fidelidad, que dura por siempre.

 

Hay una alusión tácita: Cada Eucaristía es el cumplimiento de esta Liturgia, querida y mandada.

 

Jn 15, 18-21

El mundo secular

No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama el mundo, el Amor del Padre no está en él.

1Jn 2, 15

Se nos recomienda tener cuidado con la palabra “mundo” en el Evangelio joánico porque cobra distintos significados.

-       El sentido natural y lógico de “realidad creada”

-       Algo completamente ajeno a Jesús, como de otra “dimensión”, lo que le pertenece a Dios.

-       Lo que se enfrenta a Jesús y se le contrapone, mostrando una abierta discrepancia. En esta tónica el Malo es visto como “jefe del mundo”.


Por ejemplo, en este contexto de hoy, significa todo lo que rechaza y persigue la fe cristiana y a la vez, todo lo que nos aparta o nos puede llegar a alejar de nuestro Credo y de nuestra firmeza en Él. Es, por así decirlo, el “enemigo total”. Es el poder del Mal. Hemos de notar que, si Él fue perseguido, también sus discípulos lo serán, así como es perseguido todo su Mensaje.

 

Esta persecución tiene su razón de ser en el desconocimiento del Padre. Si alguien supiera que Jesús es Sacramento del Padre, se le respetaría y se le amaría, pero no sólo nuestros sentidos están embotados, sino que, además, el Malo narcotiza nuestra espiritualidad para impedirnos reconocerlo.


«San Ignacio de Loyola, en los ejercicios espirituales, estigmatiza la estrategia de satanás como avidez de riqueza, cuya acumulación lleva a la vanagloria y a la soberbia, que son el principio de todos los males. En cambio, la estrategia del Reino consiste en llevar a los hombres a apreciar la pobreza y el desprecio que ella implica, para llegar a la humildad, que es el principio de todos los bienes». (Silvano Fausti)

 

“…Es necesario que ellos hagan una elección precisa entre el amor de Dios, que se traduce en el cumplimiento de su voluntad, y el amor a la mundanidad”.

Enzo Bianchi

 

Si quisiéramos desertar, bastaría con engancharnos al mundo, entregarnos a lo que él nos pide, nos sugiere, y automáticamente el mundo nos aceptaría -se ve todos los días-, es más nos prodigaría todo su amor-veneno que mata al son del griterío, aplausos, escandalo y risotadas ramplonas.

 

Por el contrario, si queremos mantenernos fieles a Jesús, tendremos que “guardar su Palabra”. Si nosotros guardamos “la Palabra” quienes reciban el Mensaje, también sabrán guardarla.


Veamos, entonces, sobre qué base está cimentado nuestro discipulado.  Hay algo que está detrás de todo esto, detrás del Amor, del odio, de la persecución, del discipulado, del anuncio de la Palabra, de la construcción de Comunidad: ¡El Santo Nombre de Dios!

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Viernes de la Quinta Semana de Pascua


Hch 15, 22-31

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros

Los delegados que fueron comisionados para ir a hacer la consulta a Jerusalén, habían cumplido su Misión y habían logrado una respuesta. Como la respuesta se inclinaba hacia la posición que ellos mismos sustentaban, convenía que los acompañaran testigos fiables que representaran y comunicaran la “voz pontificia”. Aquí aparece la figura de los “legados Pontificios”, los Nuncios, cuya función “fomentar los vínculos de unidad entre los Apóstoles, su “primus interparis” y las Iglesias particulares, en este caso la de Antioquía, que para el caso fueron Judas Barsabas y Silas; no bien regresaron, Bernabé y Pablo, llaman a la Asamblea para comunicarles lo que se decidió y dar lectura al Decreto.

 

El documento, ante todo desautoriza a los pro-circuncisión, señalando: “Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, los han alborotado con sus palabras, desconcertando sus ánimos…”. Entonces presentan, en el documento a los “legatarios” y el encargo conciso que les dieron, señalando que eran personas completamente arraigadas y reconocidas, para que se encargaran de ser sus portavoces. Es hermosa y profunda la conciencia que tienen los de Jerusalén de no estar decidiendo por propio impulso, sino que sienten que sólo sirven de instrumento para que el Espíritu Santo viabilice la comunicación de la Divina Voluntad: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables”(Hch 15, 28) Pero, si lo leemos con atención, podemos entender -entre líneas- que tampoco rehúsan la autoridad que les ha sido confiada, sino que -por el contrario- se hacen cargo de la participación que les toca.


La Carta llevó aliento y alegría a aquella Iglesia particular. Vemos en todo esto el nacimiento de una organización, un reparto de atribuciones, unos decretos, unos delegados, un Concilio, unas “asambleas”. La iglesia fue gestando un “sistema estructural” que respondiera a sus necesidades y a su crecimiento, a un cierto “centralismo” -no absoluto, sino con franjas de federalismo según la idiosincrasia de las comunidades particulares- y al reconocimiento de una Jerarquía, muy funcional y valiosísima a sus fines Pastorales, que en la diversidad supiera inculcar la unidad, sin atorarse en uniformidades alienantes y transculturales.

 

Sal 57(56), 6, 8-9. 10-12.

Tomamos sólo dos estrofas, organizadas con 5 versos entresacados de los 11 que forman este Salmo. Este salmo es un “oráculo”. La estructura de estos salmos oraculares comprende tres momentos.

-La petición o declaración de que Dios nos habla, que Él no es un “Mudo” que actúa dejándonos sorprendidos y desconcertados, sino que hay un canal de “Comunicación”.

 

-Luego, por lo general de manera muy breve, con una frase muy concisa, a veces con una sola palabra, se anota que llegó el mensaje; y, luego,

 

-viene la reacción ante el oráculo.


En nuestro caso, la primera estrofa es de la zona de petición del oráculo, y la segunda, de la reacción agradecida por lo que ha comunicado. Este salmo clama porque sabe que hay quien se interese por nosotros y nos asista.

 

Pero también agradece, porque el “oráculo”, sea cual fuere la respuesta, siempre es respuesta esperanzadora, reconfortante, consoladora.

 

Jn 15, 12-17

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

1Jn 4,16

 

El tejido de esta perícopa sigue enmarcado en el contexto de Dios-que-permanece, de Dios-que-acompaña, del Emmanuel. Llega al clímax de la declaración de Amor, pidiendo ser correspondido. Abre y cierra demandando Amor, como siempre unificando los dos Mandamientos que hacen uno-solo, el mayor: Amarlo a Él y amar al prójimo. Y, para mayor refuerzo, nos lo presenta como Mandamiento.


Además, hay una explicación del contenido del Amor: Como Él nos Ama, nos tiene por amigos. No nos toma como siervos -que bien podría- dada su Grandeza, su Enormidad. Podría, como muchos amores humanos, pretextar intenso amor, pero reservarse secretos, establecer fronteras, “reclamar sus espacios”. ¡Aquí Él no! ¡Él nos da a conocer todo, no se reserva nada! Todo cuanto el Padre le ha dado a Oír, Él nos lo ha dado a Conocer.

 

Algo que nos pone en claro y sobre lo cual recalca: Es que es Él, quien nos ha escogido; no fuimos nosotros los que llegamos al súper-mercado a elegir el dios de nuestro gusto, el que tiene las propagandas más atractivas en la televisión, el del jingle más pegajoso. Ha sido Dios quien -desde antes de llegar al vientre materno- ya nos había destinado para -dos cosas- φέρητε [ferete] “dar fruto” y μένῃ [mene] “permanecer”, que el fruto que demos, se arraigue y “permanezca”.

 

Notemos que cada perícopa concluye entregando la prerrogativa de pedir y ser atendido en el pedido, si el discípulo pide apelando el Santo Nombre. Sin embargo, pedir es un elemento esencial, es condición sine qua non; no podemos obligar a Dios para que nos elija, pero podemos garantizarle empecinadamente que, si nos honra con su Regalo, lo aceptaremos y seremos felices y comprometidos con ese Don, totalmente convencidos que ¡desde el Océano de su Misericordia, ya nos tiene ἔθηκα [etheka] “destinados”, “constituidos”, “establecidos”! (cfr. Jn 15, 16). Esta forma de permanecer es la “permanencia” en los frutos, frutos de fe, de gracia, de fraternidad, de projimidad, de amor.

 

Es muy importante tener presente cómo estructura San Juan esta perícopa, donde tenemos una “cebollita”, lo que técnicamente se denomina “quiasmo”. Es como una cebollita porque tiene un “corazón” o “núcleo”, y luego capas concéntricas. El “corazón sería lo esencial, y las capas concéntricas, serían acotaciones, aclaratorias a la vez que un sistema de “escolta” para proteger y destacar lo nuclear, como bandas musicales que van realzando los niveles y planos del Mensaje: Aquí el corazón de la perícopa es: “porque les he dado a conocer todo lo que  de mi Padre”.

 

Luego viene la capa más cercana al núcleo -que por su proximidad al centro-eje- reviste la primera esfera de aclaración- nos dá el por qué, porque somos “amigos Suyos”, y porque espera de nosotros los mayores y mejores frutos que permanezcan:

-por arriba es: “Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos

-Y , por abajo, es: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”.

 

La siguiente capa -de adentro hacia afuera- nos aclara que nosotros somos sus “amores mayores”, y por abajo, con ese status de amores supremos, lo que le pidamos al Padre, Él nos lo otorgará:

-Por arriba dice: “No hay amor más grande que dar la vida por  los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

-Por abajo: Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

 

Y, finalmente, la capa más exterior, se trata de lo que Dios “manda”, que nos amemos unos a otros, con un Amor como el que Dios nos dado:

-Por arriba: Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”.

-Y por abajo: “Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.


«Uno puede “dar la vida” no solo en forma violenta, sangrienta. Se da la vida también en la entrega continua a la resolución de los problemas de nuestro mundo moderno… Para un cristiano, los “amigos” que esperan vida, no son solo los compañeros de uno; son los despreciados, rechazados, abandonados, los “paralíticos” de la sociedad actual que esperan caminar de nuevo» (Augusto Seubert).