sábado, 26 de septiembre de 2026

QUITARSE LA FÉRULA Y ABRIRSE A JESÚS

 

Ez 18,25-28; Sal 25(24),4bc-5.6-7.8-9; Fil 2,1-11; Mt 21,28-32

ENJUICIADOS EN OBRAS DE AMOR

 

 

Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por Él.

Jn 3, 17

 

Está esperando a perdonarles en cuanto hagan un mínimo gesto de arrepentimiento.

José Luis Caravias s.j.

 

 

Hay una especie de concurso solapado entre los que se empecinan en las Tablas mosaicas, y los que -pese a sus fragilidades- se abren y acogen a Jesús, con toda la Novedad de Su Vino Nuevo. Hablemos de la Soberanía de Dios: La Conversión. La Misericordiosa opción que Dios nos regala de corregir nuestros yerros. Gracias a la cual -existe siempre- la ocasión de optar por el buen Camino. Esa opción no se excluye porque nos es tan necesaria, pues somos de barro y al barro tendemos; más, hay un soplo espiritual que siempre impulsa nuestro velamen por las rutas del Señor.

En una sociedad veleidosa y farandulera donde se nos educa para desgarrarnos, entre hermanos -porque no podemos olvidar que somos hermanos aun cuando no lo seamos de sangre- en procura del papel protagónico; lo que puede sonar más disparatado y menos deseable es la sencillez, la mansedumbre, la humildad, el abajamiento. En cambio, toda nuestra fe está cimentada en el Camino de la Cruz. Se trata del Misterio por excelencia, el mismo que pareció tan absurdo a San Pedro que lo llevó a decir “¡Dios te libre, Señor, de que te llegara a suceder tal!” (Mt 16, 22b). Y es que –a primer pensamiento- repugna que, precisamente Dios, tuviera como desenlace el Sendero de la Cruz: no se podía presentir la Resurrección. Quizá todos quisiéramos corear con los regentes y el pueblo: “A otros salvó; que se salve a sí mismo si verdaderamente es el Ungido de Dios, su Escogido” (Lc 23, 35).

 

Es por eso que la Redención es “Misteriosa” lo que debe entenderse como “ilógico para el pensamiento humano”, -no es que a Dios le guste el género misterio-, sino que “nuestro pensamiento no es su Pensamiento y nuestros planes no corresponden a los Suyos” (Is 55,8); sino que los Pensamientos y los Senderos de Dios, son más דְרָכַי֙ “altos”, son “superiores”, enormemente “superiores”, como el Cielo lo es respecto de la tierra. (Is 55, 9). Son tan radicalmente diferentes que un abismo los separa.

Se nos imbuye del ansia devoradora, y en cambio el Padre nos da a Jesús quien nos enseña a hacernos Pan. ¡Dulce y masticable! ¡Pan revestido de simplicidad, sencillo bocado! Sin embargo, nosotros estamos –insistimos- “con-vidados” a ser ovejas que, al conocer a su Pastor, lo sigan (Proclamación antes del Evangelio para la liturgia de este XXVI Domingo Ordinario, tomada de Jn 10, 27), ovejas dóciles que escuchan la Voz del Señor. Estamos convidados a esta conversión profunda, a renunciar al espíritu que normalmente nos mueve – en la Carta a los Filipenses se señala que regularmente lo que constituye nuestro móvil proviene de la rivalidad, la presunción, de nuestros intereses egoístas; y, en cambio, lo que tiene que empujarnos es la identificación con los sentimientos de Nuestro Señor Jesucristo. (Cfr. Fil 2, 5). Sí, se trata de optar por la misma perspectiva que tuvo el Señor, de pensar (el verbo que se usa en la Carta a los Filipenses es el verbo φρονέω, que se traduce por “pensar”) –si se nos permite el adverbio- Jesusmente.

 

Y ¿cuál es el núcleo del pensamiento de Jesús? Un pensamiento humilde, abajado, capaz de ver a los demás como “superiores”. Siempre destacamos que pensar Jesus-mente es una kénosis, un anonadamiento, del verbo κενόω vaciamiento, anonadamiento, o sea de hacerse y evaluarse “nada”; despojo de toda vanidad, de toda superioridad, asimilación profunda de ser, ante los ojos de Dios, todos iguales. Capacidad de hacerse siervo –no servil- sino ¡consagrado al servicio! Un asombroso sentido de sencillez, de simplicidad.


Y, nos sentimos obligados a enfatizar que no se trata de seguir el camino de la Cruz por alguna clase de masoquismo, o por algún gusto al victimismo. ¡No!, recordemos que Jesús rogó al Padre, de ser posible, apartar de Sí ese Cáliz. Lo que tenemos que reconocer como grandiosa –aun cuando desconcertante- es la obediencia sin límites, a cualquier costo y a toda prueba. Y es que un hombre tuvo dos hijos envió a uno, Adán, y este dijo que “si” pero no cumplió; tuvo, sin embargo, Su Otro Hijo, Jesús, que de manera obediente fue a la Viña de su Padre y “laboró” en ella y se encargó de ella y la redimió haciendo todo nuevo (Ap 21, 5). Nadie en sano juicio abandonaría todas sus ventajas para dejarse matar, menos para dejarse matar con una muerte de cruz, y mucho menos para redimir “pecadores”. Creando nuevamente el mundo entero. Reparando y sanando todo lo que fue herido. Y es que el Universo integro, que había sido creado en la Perfección, necesitaba ser re-creado, sublimado, re-generado, vuelto-a-hacer-Perfecto.

 

La rebeldía de Adán surgió de su arrogancia, de su deseo de igualarse a Dios, la Obediencia de Jesús brota de su abajamiento de su Voluntad salvífica de –siendo Dios-hacerse hombre. Es justamente el movimiento inverso el uno quiere “subir”, el Otro, para sanar, acepta bajar, “no considera que deba aferrarse a su condición divina”, sino que dadivosamente se nos hizo Semejante. ¡Semejante en todo, excepto en el pecado! La perícopa del Evangelio nos habla de esa transformación radical de enfoque: el tema de la conversión cuando dice μετεμελήθητε [metamelethete] palabra esta que proviene de μεταμέλομαι [metamelomai] que significa cambiar un interés por otro superior, una manera de pensar por otra, radicalmente opuesta, pero mejor. Esto fue lo que hizo el hijo que originalmente se negó, pero después fue porque μεταμεληθεὶς› se arrepintió, lo miró desde otra perspectiva, renunció a su egoísmo, a su anhelo de figurar, de aparecer, de lucirse él, y optó por un enfoque piadoso-obediente: Misericordioso.


Esta dialéctica encuentra su antecedente en el co-texto que nos da la Primera Lectura, la del Libro de Ezequiel en el capítulo 18, donde se presenta en la doble dinámica, la del malvado que deviene justo y la del justo que recalcitra a malvado: “Si el malvado se convierte”, de una parte, y de la otra, “Si el justo se aparta de su justicia”. La conversión se expresa en la palabra שׁוּב [shub], y, lo enfatiza aún más el Señor por boca de su profeta: “¿Acaso quiero yo la muerte del malvado –oráculo del Señor- y no que se convierta y que viva? (donde nuevamente está la voz שׁוּב contenida en בְּשׁוּב֥וֹ); y, a la des-conversión del justo alude con la expresión וּבְשׁ֨וּב “apartarse”, también derivada de שׁוּב [shub].

 

Pero el abismo no es insalvable, porque lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. ¡Dios sabe, desde el principio, cuanto trabajo nos cuesta obrar el bien! Sabe que se nos revuelve el ego queriendo salirnos con la nuestra, aun cuando sea nuestra perdición y lo sepamos. Por eso, nos da el Espíritu Santo, para que someta el espíritu de envidia, de prepotencia, de avaricia y codicia. Por eso el Espíritu Santo no está en el huracán, ni está en el terremoto, ni en el fuego aun cuando estos tengan la fuerza para romper las rocas, (ni en las armas, ni en las bombas, sean N, sean H; tendríamos que añadir hoy); sino en la dulzura de un apenas-soplo, suave y delicado. No cesó la sorpresiva lógica de Dios, sino que, de ese Guiñapo-de-Hombre (cuando Poncio Pilato lo mostró, dijo Ecce homo, por que verdaderamente lo que permanece del hombre es la fragilidad), una Crisálida -recordemos que crisálida significa χρυσός [krysos] “aurea”, “hecha de oro” en su aspecto- clavada en la cruz y Sepultada, brotó la más radiante Mariposa. ¡La-Mariposa-Divina-que-Redime! ¡El Pelícano que nos nutre con la Sangre de su propio Costado! Todo esto es, según nosotros, una flagrante paradoja; según la Lógica de Dios, pura Misericordia.


Esta parábola, que conocemos como la parábola de los dos hijos, está inserta en la sección del Evangelio que nos habla de la Venida Definitiva del Reino, la llegada de la Soberanía Decisiva de Dios, -el contexto es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén- donde Jesús nos entrega lineamientos para constituirnos en Pueblo de Dios; pasamos del Reino que había sido entregado al pueblo israelita a la Nueva Entrega, la entrega a la “hija de Sión”, la Iglesia. Se enfrenta Jesús a los Sumos sacerdotes y a los Ancianos del pueblo, usurpadores de la Cátedra de Moisés. Presenta -el Divino Maestro- la comparación contraponiéndolos a publicanos y prostitutas. Jesús acaba de tener tres gestos que Mateo resalta: Jesús purifica el templo, seca la higuera lo que es equiparable a un des-reconocimiento del pueblo judío y se niega a contestar de dónde proviene Su autoridad. Esta, la de los dos hermanos, es la primera de tres parábolas, a saber: la del padre y los dos hijos, la de los viñadores que matan al Hijo-enviado y la del Rey que invita, a todos, a las bodas de su Hijo. Pero, en resumidas cuentas, lo que nos ocupa esta vez es la dinámica entre opción y fidelidad; en esta dialéctica lo que vale son los hechos, no las intenciones, ni las palabras: ¡Seremos juzgados, no por lo que digamos que vamos a hacer, sino por lo que hagamos!


Buscar la Conversión (se arrepintió y fue) y entender que ella no significa la conquista de la Meta, sino un direccionamiento, -el correcto- para ir hacía Él y que, cotidianamente tenemos que afinar y corregir la dirección para no ir a errar el destino definitivo. Nos conceda Dios la humildad requerida, un corazón manso y tierno, para andar el Camino de la Vida y renunciar a nuestra altanería. En el Salmo, precisamente, elevamos nuestra súplica para que Dios nos muestre ese camino, no permita que erremos o que desistamos de caminar sus senderos, que nuestra conversión sea un movimiento de lealtad perenne y que nunca nos des-convirtamos, que podamos vivir, no de intenciones sino de hechos:

“haz que camine con lealtad; 

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador

……………………………………….

no te acuerdes de los pecados

ni de las maldades de mi juventud;

acuérdate de mí con Misericordia,

por tu Bondad, Señor.”

 

 

 

 

 

Sábado de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


 ¡Mientras puedan, recojan capullos de rosa!

Robert Herrick

Ec 11,9 – 12,8

Desencanto existencialista

Toda la perícopa está enmarcada en el co-texto de prodigarle, a un joven, las recomendaciones para que valore su juventud y la aproveche, sumergiéndose en un hedonismo escéptico. No dejando por fuera el hecho de que la juventud, con todo su esplendor, también es “vana ilusión. (Esta es otra manera de traducir la fórmula הָֽבֶל “Jabel”, que se repite en 11,10 y, nuevamente en 12,8).

 

Después de 12, 8, viene un epilogo que concluye el Libro (12,9-14). Por eso, con este comentario, se cierra nuestro asomo al Qohélet. La semana próxima, la dedicaremos al estudio del Libro de Job, otro Libro con carácter sapiencial. Añadiremos aquí, que el género sapiencial entró en intensa crisis, y esa crisis la podemos detectar y rastrear con un serio estudio de estas tres que hemos enhebrado consecutivamente: Proverbios, Qohélet y Job.

 

Los consejos que se les dan a los jóvenes están referidos a un ejercicio proyectivo, donde se les invita a mirar hacia la adultez madura, y ver como todo el ímpetu y los desmanes de la juventud inexorablemente desembocaran en ese estado de decaimiento y ruina que traen consigo los achaques.

 

En la primera parte 11,9-11,10 encontramos unas recomendaciones que suenen extrañas, y hasta licenciosas:

a)    Disfruta de lo bueno ahora que puedes

b)    Déjate llevar por los impulsos del corazón

c)    Y por todo lo que ves

En esta formulación subyace un principio sibarita: Si se te cruza en el camino uno de estos placeres, sería digno de castigo, dejarlo pasar: “recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas”.

 

Esta idea se refuerza cuando le dice que saque de su mente cualquier כָּ֫עַס [ka-as] “escrúpulo”, “molestia”, menosprecio” y elimina de tus pensamientos lo que te cause רָע [raj] “enfermedad”, “sufrimiento”.

 

El Qohélet se refiere a la salud, y el empuje vital con unas imágenes muy caras a la cultura oriental, son los semitismos:

a)    El cordón de plata

b)    La olla de oro

c)    El cántaro a orillas de la fuente

d)    La polea del pozo

 

Estos son los “dones” que ha adornan la juventud.

Porque después sobrevendrán las dos últimas escenas de la vida

1.    El polvo volverá a la tierra

2.    El espíritu volverá a Dios

 

No se vaya a implicar el alma de la persona, sino simplemente el soplo vital que Dios le prestó y que lo anima. Algo semejante a la pila (batería) que hace mover y hasta sonar al muñeco.


En 12, 8, Qohélet no se niega la oportunidad de repetir de nuevo su eslogan: הֲבֵ֧ל הֲבָלִ֛ים אָמַ֥ר הַקֹּוהֶ֖לֶת הַכֹּ֥ל הָֽבֶל׃ “Vanidad de vanidades, dijo Qohélet (el Convocador), todo es Vanidad (pura ilusión)”: “Todo vale nada, y el resto vale menos”, resumirá el vate.

 

Sal 90(89) 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

Este es un salmo de súplica. Es el único salmo que se atribuye a Moisés. Va a tratar el asunto de la fragilidad de la vida humana y representa una profunda glosa a la perícopa de Qohélet que hemos examinado. Nuestra debilidad y nuestra caducidad humana parece apuntar a revelarnos que el hombre “no-es”, frente a Dios, el Único que en su perennidad Es.

 

Ante la velocidad y la inexorabilidad del tiempo que trae, remolcado, el carromato de la senectud, con sus destartaladas ruedas y sus chirriantes tablas, me veo obligado a reconocer que la vida humana es el epítome de la brevedad. Las flores en la tumba sin consuelo para el difunto que allí yace porque le permiten visualizar cuan tamaña es la belleza y -sin embargo- cuán efímera. Nuestra radiante carroza rueda siempre presurosa a su jamás bienvenido fin.

Aun a sabiendas de la transitoriedad de todo placer, hemos de vivirlo sin desenfocar que nada es para siempre.

 

a)    Dios crea -a partir del material humano- sólo polvo le vasta llamarnos de vuelta a la tierra que fue en sus Manos la materia prima. Adán está hecho de הָ֣אֲדָמָ֔ה “adama” (tierra fina que usa el alfarero).

b)    Un siglo o más, en el reloj Divino, no alcanza a ser un segundo.

c)    Vemos a veces crecer el pasto, y por la tarde vemos las máquinas podadoras en los prados y entendemos el significado de la caducidad.

d)    ¿Cuál es, en suma, la súplica de este salmo? Que viendo lo pasajero que es todo y que todo está destinado a llegar a su fin, nosotros derivemos de eso, un sentido de aprovechamiento intenso y de rendir, mientras dure, los frutos más hermosos y sabrosos, a la mayor Gloria de Dios.

e)    Si en la juventud, YHWH nos inyecta con el elixir de la Sabiduría, nuestra vida no pasará en vano, sino que sabremos emprender tareas prosperas que reflejen la Misericordia de Dios como Bondad bajada de los Cielos

 

Lc 9, 43b-45

Ciertos valores y ciertos conceptos, en vista de su importancia, al pedagogo no le queda más remedio que repetirlos, hasta incurrir en la interactividad. Jesús -como excelente pedagogo que Es, nos dice, una y otra vez, como quien previene a su estudiante de los peligros que le amenazan a la vuelta de la esquina: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Y nos advierte, “grábense bien estas palabras”.


Detrás de la palabra “Mesías”, había una carga muy pesada de tradiciones que apuntaban hacia la imagen de un poderoso líder político militar cuya identidad más patente se configuraba en torno a David como gobernante heroico y enérgico, que llevó a Israel a vivir uno de sus grandes momentos de esplendor, y donde, con el sometimiento de diversos pueblos, se habían visto cortejados con exención tributaria, ya que los avasallados tenían que pagar y ellos no. Además, David había logrado fortificar a Jerusalén y darles libertad respecto de los opresores que antes los tuvieron bajo su férula.

 

Todo este imaginario les hablaba de “victoria”, y no de derrota, así pues, ¿cómo podían entender que les hablara de “ser entregado en manos de los hombres? Cuando ellos ya se veían sentados en los puestos de mando y poder, se veían al frente de la economía y del dominio, aspiraban a los cargos gubernamentales más sobresalientes, a títulos, honores y banquetes; ellos se acercaban y le preguntaban si quería que hicieran llover fuego -seguramente recordando cómo fue al fin de Sodoma y Gomorra- bajo la ira de Dios, o como hizo llover fuego el profeta Elías. Esta imagen mesiánica de “hacer llover fuego”, como quien espera que Jesús los autorizara al bombardeo con misiles, nos permite imaginarnos lo imposible que era para ellos entender este lenguaje de Jesús que se opone radicalmente al imaginario que los dominaba.

 

Para Jesús era urgente que entendieran de qué les estaba hablando, cómo era su proyecto salvífico, cuál era la estructura de su “Buena Nueva”, para que la pudieran predicar.  Si no lograban sacudirse estas falsas imágenes ¿Cómo podrían ser los portadores de Su Evangelio?


Aún hoy día muchos levantan los ojos para mirar al que traspasaron y sólo ven una derrota, y siguen esperando que se baje de la cruz y empiece a “hacer llover fuego”. Y, claro, muchos se comprometen en el proyecto de “hacer llover fuego” pretextando el nombre del que sólo quiere traer Paz, Fraternidad y Solidaridad. En la cruz, en realidad, está crucificado un Proyecto que no nos animamos a asumir, mientras continuamos diciéndole que está equivocado, que debe llenarse de ira y acabar con este negocio que no marcha como ellos sueñan.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Viernes de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

Ec 3, 1-11

La idea que tenemos del tiempo es la de un cierto fluido uniforme, que puede pasar por una perforación a un ritmo muy homogéneo, supremamente uniforme, sin altibajos, ni cambios de densidad. En fin, todo el tiempo es igual, parejo, sin desigualdades. Tan es así que lo graficamos como una “recta” y ella nos parece el símil geométrico más cumplido. Sobre esa gráfica, y a distancias proporcionales, podemos marcar puntos que representan fechas. Pero, ¿qué pasaría si Dios, tocara alguno de esos puntos, por ejemplo, para marcar el momento del nacimiento de alguien.

 

Quizá lo primero que se les vino a la mente fue el “Momento” en que Dios apoyó su dedo en la recta para marcar la fecha exacta de la Encarnación. Quizás, con un Dedo húmedo en lágrimas, tocó en otro “punto” para marcar la “Hora” de la Pascua de nuestro Señor Jesucristo. Podemos pensar, ahora, en que Dios deslice su Dedo, entre dos puntos, manteniendo el Contacto Bendito, y quizás aumentando y disminuyendo la presión, o sea, ejerciendo una presión variable. Ese espacio de tiempo, sería un tiempo muy especial, un tiempo “Diverso”, mejor dicho, “Divinamente Diverso”.

 

Quizás, diversas vidas estén imbricadas como un haz de rectas en una misma “cuerda”. En la perícopa de hoy, encontramos una palabra hebrea para significar la recta, y otra palabra para designar los tiempos en que Dios dispone la ocurrencia de determinado “Evento”, cuando Su Dedo toca la recta para que suceda la “variación” de densidad y rompe la homogeneidad del fluido temporal. El tiempo general es el עֵת [ed], “todos los cuándos”, el fluido homogéneo; זְמָ֑ן [zeman] "el momento", “la hora", “la estación”, es cuando el Dedo Divino indica que suceda. Nos encanta como traducción de esta última, la palabra “estación”, porque es una parábola agraria, por ejemplo, la estación de los aguacates, o la de los mangos, no en cualquier “estación” los árboles cargan aguacates, hay un momento especial, particular, para que el árbol se llene de sus frutos, y fuera de estación, es inútil ir a buscar frutos en el árbol.


En geometría, tenemos el concepto de “segmento” que es un tramo de la recta comprendido entre dos puntos: En nuestro análisis del fluir del tiempo sería análogo al tiempo en que Dios mantiene su Dedo en contacto con la recta y presiona con mayor o menor intensidad. Por ejemplo, entre el momento de nacer, y el momento de morir; entre el momento de sembrar y el momento de cosechar, un momento para dejarse morir y un momento para liberarse y empezar a sanar. Hay una “temporada de destrucción a la que puede sobrevenirle una temporada de reconstrucción.

 

Surge una pregunta: Dios apoya el Dedo a capricho, como un niño que de pronto quiere irse a jugar fútbol o que de pronto, sin ton ni son, se echa a llorar. O, quizás, -como un pianista mira fijamente la partitura que nosotros vamos “componiendo” sobre el pentagrama y dependiendo de la nota por la que opte nuestro corazón, Él toca o suspende el contacto con la “tecla”, y hace, o no, sonar el instrumento.

 

Creemos que lo que ve el hagiógrafo aquí, lo mira desde el fondo de un “existencialismo pesimista” y por eso él cree que Dios pulsa la cuerda solo para “humillarnos”. También los dioses del Olimpo, eran víctimas de sus arrebatos y de sus buenos o malos humores. Y, al ser humano no le quedaba más que aceptar estas reacciones maniáticas. Se trata, desde esta lectura de “un dios maniático”, despiadado, déspota, un verdadero tirano.

 

En el verso 14, más allá de la perícopa, encontramos un nuevo concepto temporal, es el concepto de עוֹלָם [olan] “la eternidad”, “lo perpetuo”; es como si un “crítico musical” entrara a la sala de ensayos de la orquesta, y permaneciera allí, durante cinco minutos, y al salir, diera un veredicto sobre el concierto que están preparando, que va a durar 3 horas. Nosotros nunca oímos el concierto completo, cada vida (ochenta años, el que más), son sólo 5 minutos, y por eso tantas veces nos resulta incomprensible y hasta desagradable el fragmento que alcanzamos a oír.

 


Dios nos garantiza, que la Sinfonía total es de una Belleza -que no le cabe otro adjetivo- Belleza-Divina.

 

Sal 144(143), 1b-2abc. 3-4.

Salmo de bendición. Señor, cuán Grande es tu Misericordia, que está siempre pendiente y atento de nosotros. Tu nos tomas en cuenta hasta un punto que nos cuesta mucho trabajo entender. Somos como simples gusanos, o menos, y nuestro corazón siempre ha hecho gala de su ingratitud. Pero Tú, desde siempre, desde antes de crearnos, te has desvelado por nosotros, en nuestra historia está Tu maravilla, y verdaderamente, la Gloria de Dios es la vida del hombre -al decir de San Ireneo.

 

En el preciso momento de tu Encarnación, nuestro rango y categoría gozó un ensalzamiento inigualable y del pobre-humano sacaste un destello de tu propio Ser y nos engalanaste de Amor. Sin ningún merecimiento, sólo9 y sencillamente porque eres Misericordioso.


Estamos a salvo, porque Tú nos regalas Salvación. Estamos blindados porque Tú nos pones tras tu Escudo.

 

Nos hiciste del mejor barro Fino que usan los alfareros para sus obras, porque Tú Eres el Alfarero de la raza Humana y sacaste de ese barro la prosapia de Adán.

 

Somos un soplo y nada más, somos una bocanada de humo, una voluta condenada a diluirse. Pero de ese hollín-en-espiral Tú estás enamorado, así que es que somos -por Tu Gracia- una fumarola inmortal.

 

Nos has llevado a habitar el Palacio fortificado que tienes por Morada. Y por ser Dios-Amoroso, has hecho de nosotros tus huéspedes perennes.

 

Lc 9, 18-22

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Lc 9, 21

Este secreto impuesto por Jesús es supremamente iluminador para entender quién es Jesús. Normalmente, el político lleva consigo su equipo periodístico para que se den a conocer por todas partes sus acciones caritativas. Se trata de hacerse a un prestigio, de cultivar su “fama”, de hacerse a una imagen conveniente. Pero, para Jesús, lo que Él quiere es “pasar haciendo el bien”, Él quiere llenar cada rincón con un acto bondadoso, no está cosechando votos, sino, sembrando las semillas que le dio su Padre. De su Misericordiosa y discreta labor pudo concluir San Pedro que Jesús era el “verdadero Mesías”.


Nuestra manera de ser siempre nos conduce a sacar, de nuestras limitaciones, castillos de humo; y, sabiendo que somos hijos de Dios, quisiéramos anticipar la Gloria que nos tiene reservada. Así que, si el Mesías nos ha manifestado su Amistad, queremos que nos dé su Herencia al instante.

 

Es entonces cuando hablamos con Jesús, con gestos melifluos, le pasamos el plumero por Su Trono y el cepillo por los hombros, y lo invitamos a tomar asiento, tenemos adulaciones y halagos -de los mismos que usamos con los mercachifles de la política- para procurar granjearnos sus favores y gozar de sus predilecciones. Para este servilismo la gente ha fabricado a partir del verbo lamer, una deformación que en su cacofonía manifiesta la hipocresía de estos gestos despreciables: “lamber”; se dice entonces: “¡No lamba!”

 

«Jesús, a Pedro y a sus apóstoles, no ha dicho “¡Conóceme!” ha dicho “¡sígueme!”. Y este seguir a Jesús nos hace conocer a Jesús. Seguir a Jesús con nuestras virtudes, también con nuestros pecados, pero seguirlo siempre. No es un estudio de cosas que es necesario, sino una vida de discípulo». (Papa Francisco)

 

Así que, para neutralizar tanto embeleco, Tú nos exiges sacar el tren de aterrizaje y darnos cuenta de la “realidad”:

 

El Mesías tiene que,

i)      Padecer mucho

ii)     Ser desechado por los ancianos, los sumos sacerdotes y escribas

iii)   Ser ejecutado

iv)   Y Resucitar el Tercer Día.

 

No iba a resucitar esa misma tarde, ni al otro día, sino al “Tercer Día”. Había que esperar para que dijeran como María la hermana de Lázaro, “ya huele mal”; que era como decir: ¡Ni modos, ya no hay reversa! ¡Ya está muerto y recontra-muerto! Sólo si viniera el Mesías en Persona, Él sí podría Levantarlo.

 

Así que los tres primeros puntos eran para llegar al Cuarto, sólo resucitando le ganaba a la muerte, al pecado y al mal. Y sólo cumpliendo el Cuarto punto quedaba irrevocablemente patente que Él es el Mesías Esperado, ¡El Vaticinado en todas las Profecías!

 

La resurrección alcanza su Cima, no en los testimonios fehacientes de quienes lo vieron ya Resucitado, sino en el hecho de que Él, el Profeta-Supremo, lo había anunciado, y ¡todo lo que pronostican los Verdaderos Profetas se cumple!

 

«El Mesías no es un hombre poderoso según los cánones del mundo. Él ha venido a dar su vida. Seguirlo implica un “corte” con nuestro egoísmo, con el amor a nosotros mismos y con nuestras costumbres. Hay que negarse a sí mismo y cargar con la cruz.» (Vincenzo Paglia)


«Conocer a Jesús es un don del Padre, es Él que nos hace conocer a Jesús; es un trabajo del Espíritu Santo, que es un gran trabajador. Hace este trabajo de explicar el misterio de Jesús y de darnos este sentido de Cristo. Miramos a Jesús, a Pedro, a los apóstoles y sentimos en nuestro corazón esta pregunta: “quién soy yo para ti?”» (Papa Francisco) 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Jueves de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Ec 1, 2-11

El trompo gira sobre una púa metálica -el herrón-, así que, es la pieza esencial de este juguete. El herrón del Qohélet es el famosísimo dicho [Jabel jabelîn] “vanidad de vanidades”, como se le suele traducir. Se presenta 38 veces en este Libro.

 

Pero tenemos una dificultad, la palabra “vanidad” ha devenido otra cosa distinta de lo que era, ahora se refiere a un concepto moral, prácticamente análogo y homónimo de soberbia, arrogancia, presunción, jactancia.” … - «lleva desafortunadamente la connotación de esquemas moralisticos o ascéticos lejanos de la visión de Qohélet»- (Gianfranco Ravassi)

 

La palabra הֲבֵ֥ל [jabel], y esto nos va a ayudar a comprender mucho su significado, está emparentada directamente con el nombre propio הָ֑בֶל [Jabel] “Abel”, “el nombre del segundo hijo de Adán y Eva”, y este nombre significa “soplo”, “aliento”, “humo”, “vacuo”, “algo frágil”, “fútil”, “inane”, “transitorio”, “insatisfactorio”, “insustancial”, “caña vacía”.

 

Tenemos pues, que esta palabra que leemos en Qohélet, no tiene que ver con la jactancia, la presunción o la pedantería, sino con la calidad de hueco, vacío y falto de solidez; algo que es como el humo, como el vaho, que se deshace entre las manos y no queda nada. Nuestro famoso [Jabel jabelîn] significa el superlativo de la insustancialidad: “Nada de nada”.

 

Este tipo de superlativos es frecuente en la Biblia, tenemos entre otros “Señor de Señores”, “Santo de los Santos”, “Cielo de los Cielos”, “Rey de Reyes”, “perla de las perlas”, “belleza de las bellezas”, “perversidad de perversidades”. Y no estamos procurando ser exhaustivos. Este Jabelîn nos habla de la “futilidad de las futilidades”, la inutilidad de esforzarse. (Sería el antónimo del “entusiasmo” que pone en todo, la plenitud del corazón, porque todo se hace “a la mayor Gloria de Dios”).

De otra parte, ¿De dónde salió esa palabra que se usa como título de este Libro? Como sabemos, en hebreo asamblea es [qahal]; al que dirige la asamblea, la convoca, les habla y les enseña, a ese se le dice [qohélet] “el que ensambla”, “el que convoca”. También sabemos que “asamblea” en griego sería [eclesia], y al maestro y convocador se le diría [eclesiastés]. Luego, entre Qohélet y Eclesiastés, hay una homología hebreo–griega.         

Como se sabe, este Libro ha sido atribuido a Salomón (tendría que haber sido escrito entre el año 970 y el 931 a.C.), pero los estudiosos han encontrado imposible esta hipótesis porque en él se usan algunos arameismos que son -absolutamente- post-exiliares. Esto conduce a pensar que su redacción corresponde, a la época en la que los judíos -retornados a Jerusalén, con la orden de Ciro- se habían agrupado en un intento de reconstrucción y que se hallaban bajo el dominio persa, después del 538 a.C.).

 

Qohélet propone una moral que se basa en tratar de amar, trabajar, divertirse, comer y beber, aceptando todo como un regalo celestial. Esto debido a que todo esfuerzo humano se ve coronado por la futilidad, y el producto siempre se desvanece como humo, cuando la muerte pasa su racero: esto está enunciado con un pesimismo cínico que ha llevado a interpretar su moral como un epicureísmo moderado (el epicureísmo -especie de hedonismo racional- floreció en Grecia por allá cerca del 310 y el 280 a. C.).

 

Este aspecto de la “muerte que reduce todo a la insulsez, a un vapor que se deshace, a humo que se disipa es una presencia pesimista y oscurecedora del sentido de la vida, que ronda fantasmal, a todo lo largo del Libro, es lo que reduce todo a “vacuidad”, la muerte se convierte en una especie de molde nihilista que apunta en aquella dirección del “hoy comamos y bebamos que mañana moriremos” que -conforme a San Pablo- era la filosofía de los profanadores de Jerusalén. La vida es oquedad (en arquitectura una oquedad se llama un “vano”, son los huecos que se dejan cuando se está construyendo, donde después quedarán las ventanas y las puertas).

 

Encontramos, en la segunda parte de la perícopa, la alusión a una visión cíclico-repetitiva: una exposición general de la filosofía del “eterno retorno”, que hace su aporte al nihilismo de Qohélet. Estaríamos condenados a volver una y otra vez a lo mismo, en un determinismo irrompible, como la condena de no poder llegar nunca, a algo distinto de “siempre lo mismo”. En un verso señala que los ríos siempre fluyen hacia el mar, y a pesar de ello, nunca se llena. Este enfoque, esta perspectiva llevo a la enunciación del principio del pesimismo-eterno-retornista: “Nihil novum sub sole” (Qo 1,9) y que se repite 29 veces a lo largo del Libro.

 

Lo que uno puede detectar aquí, es la carencia de recursos para entender la vida cuando se retira de nuestro andamiaje comprensivo el principio Revelado de la Vida Eterna y la Resurrección. Sin esta pieza clave, no vamos a ninguna parte y podríamos llegar a estar de acuerdo con Qohélet en que todo vale nada y lo demás vale menos.

 

La perícopa concluye clavándonos la daga del olvido: una vez muertos, la desmemoria lo consumirá todo y no quedará nada de nada. Seremos absorbidos por el gran vacío de la recordación que no es capaz de derrotar la fragilidad de las remembranzas. Del humo no quedarán ni siquiera las cenizas. Sucumbiremos en una infinita nada.


Este vacío es el andamiaje estructural que soporta todo el Qohelet.

 

Sal 90(89), 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

Que la hierba sepa que es hierba y se comporte como tal. En eso está su plenitud. Si es un día, es un día; pero que ese día sea verde y alegre con la gloria derramada de los campos en flor.

Carlos G. Vallés

 

Este es un salmo de súplica. Parecería que el salmista ha optado por saltar a la barca de Qohélet, y dirige la mirada en la misma dirección para descubrir que Dios reduce al hombre a polvo cuando pronuncia la orden “Hijo de Adán, es la hora de regresar” Aquí la Presencia de Dios es ese hueco desintegrador, que vuelve el ser a un absoluto no-ser.

 

Cuando Dios los llama, los retira; y son como los sueños al despertar, o como la hierba que se arranca y una nueva viene a ocupar su lugar. Una y otra vez la cortan y una y mil veces renace.


Nadie puede saber cuándo le llegará la hora definitiva, ni siquiera ante los presagios de desahucio; si el Señor dice “es la hora”, no habrá vuelta atrás. Pero en Manos de Dios está el cambiar esta situación sin salida, en cambiar la naturaleza de la bocacalle. Así que el salmista suplica: ¡ten compasión de tus siervos!

 

Aquí el salmista llama a la juventud “la mañana” y le pide a Dios que le infunda una vitalidad sólida y duradera en la juventud, para que el trabajo, el esfuerzo, todo el empeño puesto no sea vana futilidad y al tesón el Señor responda con la prosperidad.

 

Lc 9, 7-9

El anuncio del Evangelio no se hace de una vez para siempre; tampoco es una iniciativa autónoma y privada. Cada discípulo está llamado a insertarse en la larga estela de los seguidores de Jesús para librar la misma batalla y anunciar el mismo evangelio.

Vincenzo Paglia

Se narra el asesinato de San Juan el bautista a manos de Herodes -sin entrar en ningún detalle-, y es este mismo quien reconoce su autoría en tal fechoría. Herodes, quien aquí simplemente parece mostrar un interés neutral en verlo, lleva embozadas sus criminales intenciones; ya sabemos, que quien disfruta de estas entrevistas “inocentes” con el gobernante homicida, puede culminar como voluntario donador de su propia cabeza para ser trofeo de cualquier bailarina meneadora de caderas. Lo de menos era el pretexto, al fin de cuentas, esta relea desvergonzada no requiere pretexto, hace lo que se le da la gana)

 


Esta perícopa podría resumirse en pocas palabras: Herodes era un especializado asesino de profetas. Dado que Juan el bautista no era otra cosa que el representante del gremio profético caído entre las manos de un homicida. En Malaquías 4,5 leemos: «Miren ustedes: Voy a enviarles al profeta Elías, antes que llegue el Día del Señor, que será un día grande y terrible. Y él hará que padres e hijos se reconcilien. De lo contrario vendré y castigaré su país, destruyéndolo por completo.»

 

Muestra también que el linaje de los profetas, o sea, los que habían devenido discípulos -misioneros, tenían su destino demarcado por el programa gubernamental de estos sátrapas caídos bajo el vasallaje del Imperio romano, muy seguramente, la confianza que les depositaban consistía en ser esa clase de represores de cualquier insurgencia.

 

Aquí, sin duda alguna, καὶ ἐζήτει ἰδεῖν αὐτόν. “tener ganas de verlo” se podría entender y traducir como “le tenía el ojo puesto”, “lo miraba con ganas asesinas” como candidato próximo de otra de sus ejecuciones. De hecho, la palabra ἐζήτει [ezetei] se deriva del verbo ζητέω [zeteo] “buscar”, “procurar”; es decir, que su intención era tenerlo bajo la órbita de su vigilancia para echarle mano cuando quisiera, y “sacrificarlo” para tener al imperio agradado por su adecuación y desvelo, por mantener el yugo bien puesto en la nuca del pueblo judío de toda Israel. Era un títere confiable, así se quería mostrar y esa era la fama que se había granjeado.


 

Su cinismo raya en su sentimiento apátrida, (al final de cuentas, que patriota iba a ser, si era de linaje idumeo), ¿cómo no iba a estar preocupado si no podía definir a qué “enemigo” se enfrentaba, y, no “sabía a qué atenerse”. En fin, podemos comprender que lo desvelaba la incertidumbre, y sólo llegaban a sus oídos, los informes de sus “milagros”, lo que -en contra de sus intereses- engrandecía la autoridad de Jesús entre los de su pueblo.