domingo, 7 de junio de 2026

Lunes de la Décima Semana del Tiempo Ordinario


1R 17, 1-6

Vamos a iniciar un cursillo sobre el Primer Libro de los reyes, en siete “clases”. Como vía de acceso vamos a remitirnos al “ciclo de Elías”, luego añadiremos dos clases más, tomadas del Segundo Libro de los reyes, para mostrar la continuidad que recibirá el profeta Eliseo, que recoge la heredad en lo tocante a la misión profética del norte.

 

La propuesta de estudio que nos trae la liturgia, no es lineal, ni continuada; parte -como vemos hoy- del capítulo 17, luego avanza al cap. 18, luego va al 19, el próximo lunes va al capítulo 21, y, el miércoles 17, saltará el Segundo Libro de reyes, (recordemos que son un mismo libro dividido en dos por su extensión). Con ese plan de estudio tendremos una perspectiva general de estos dos profetas.

 

Para ubicar cronológicamente los episodios que vamos a ver, conviene tener en cuenta que han pasado unos 50 años de la división del norte y el sur, Judá; el norte será el reino de Israel. En procura de un cierto “progreso” se da un desgaste, descuido y olvido de los valores que el pueblo, guardaba y cultivaba. El rey Ajab se casó con Jezabel, una sidonita (todo apunta en la dirección de un matrimonio por “pacto” con el rey de Tiro), y Jezabel indujo al culto de Ba´al. Esta divinidad venía de los cananeos y de los fenicios y era un dios agrícola que “controlaba” la fertilidad y -claro- las lluvias. De ahí se puede entender, porque el elemento base del relato de Elías, es una sequía. Es un desafío, si su deidad era poderosa, pues, ¿por qué no hacía llover?

 

Otro punto a tener en cuenta es que, estos son profetas “no-escritores”, por lo que son relatos que tuvieron un tiempo considerable de existencia en el marco de una cultura oral, antes de llegar a ser registrados por escrito. Muy distinto de lo que hacían los “periodistas” que escribían “artículos” para informar a la gente lo que estaba pasando, aquí lo que querían era enseñar a la gente a ver, con ojos de profeta, lo que hacían los “reyes”. Se quería trasmitir un pensamiento crítico, que tenía como punto de perspectiva la mirada de Dios.

 

Un profeta no es un adivino de lo que va a pasar, es un Custodio de la Alianza, es la voz de la conciencia en cada momento de la vida: Cuando nosotros hablamos de nuestra función profética, no es un uniforme, como la camiseta de un equipo, que se nos entrega el día de nuestro bautismo, sino una opción “intelectiva” para que nos acostumbremos a entender nuestra vida desde el foco de la “Justicia” de Dios. Así tendremos una identidad de fe y una conciencia de “misión”. Hay dos maneras de lograr identidad: una identidad superficial y externa, que se logra poniéndose cierta prenda, un brazalete, un escudo, una medallita; y otra identidad más clara y definitoria, la identidad existencial, para vivir, en nuestro caso, “con los mismos sentimientos de Jesucristo”, nuestra identidad no es exterior, es interior, consiste en un corazón manso y bueno, un corazón compasivo. Nuestra identidad consiste en una cristificación de nuestra vida, no a escala individual sino a nivel sinodal, comunitario.

 

Estamos aproximadamente en el año 860 antes de Cristo. Elías fue, como se lo indicó el Señor, al arroyo Querib y bebía de sus aguas y los cuervos le llevaban la comida. La sequía afectaba a los idolatras, pero para los suyos siempre había agua y pan. Que el profeta de Dios estuviera viviendo tan lejos, significaba que la Palabra de YHWH no era oída, que la adopción de Baal inducida por la consorte real, anulaba la Alianza que habían jurado respetar. Estar lejos de Dios es pasar hambre y sed y carecer de lo más vital: el agua y el pan de vida.


Ajab le construyó un templo a Baal en Samaria. Y de esa manera arrastró a todos los “convidados” al foso profundo de la aridez.

 

Sal 121(120), 1bc-2. 3-4. 5-6. 7-8

Es un salmo gradual: un acercamiento paso a paso, procesual, a Dios. Imaginemos una caravana (grupo de vecinos y amigos que van al templo), que se cuidan los unos a los otros, sin otra defensa que la protección que Dios Misericordioso les daba desde el Cielo. Y todos los riesgos que la imaginación nos puede indicar que sorteaban para cumplir su deber oracional de presentarse al Templo, y allí, ofrecer sus inmolaciones. Muchos males se cernían, y en la jornada la insolación era una amenaza constante.

 

Pero los peregrinos reconocían que todos los riesgos eran apartados por el Señor, que les daba su tutelaje por todo el camino de ida y vuelta.

 

La peregrinación siempre ha sido figura de la vida entera y de nuestro paso por la tierra. ¿Qué podemos decir sobre nuestro seguro de vida? Podemos afirmar, que “Nuestro auxilio es el Nombre del Señor”.  ¿Qué respaldo de solidez tiene esta Aseguradora? ¡Imagínense!

Fue esta misma empresa de Seguros la que “hizo el Cielo y la Tierra”.


Mejor dicho, ¡no puede haber una certeza superior!

 

Mt 5, 1-12

Afortunados los que han descubierto esta perspectiva de vida

Hoy iniciamos nuestro estudio del Evangelio según San Mateo, y dejamos aparte la infancia de Jesús (tema estudiado por Navidad), la huida a Egipto y su venida a Nazaret, la perícopa acerca de Juan el Bautista, el Bautismo de Jesús y el llamado de los primeros discípulos (estudiados por cuaresma); y pasamos directamente al “Sermón del Monte”, en el capítulo 5.


 

El Sermón del Monte se inicia con las Bienaventuranzas, que en Mateo se destinan a:

1)    Los pobres de espíritu

2)    Los afligidos.

3)    Los que lloran

4)    Los que tienen hambre y sed de Justicia.

5)    Los Misericordiosos

6)    Los limpios de corazón

7)    Los que trabajan por la paz

8)    Los perseguidos por causa del bien

9)    Ustedes, los persigan por su causa

 

Son los atributos que deben anhelar los discípulos-misioneros. Son sus rasgos distintivos, que les conseguirán la verdadera satisfacción del “deber cumplido”

1)    El Reino de Dios les pertenece

2)    Serán consolados

3)    Heredaran la tierra

4)    Disfrutaran de una realidad justa.

5)    Serán tratados misericordiosamente

6)    Verán a Dios

7)    Serán llamados hijos de Dios.

8)    El Reino de Dios les pertenece.

9)    La paga que les tiene reservada Dios es una medida generosa, sacudida, rebosante.


Entendamos que:

a)   Dice Cielo, porque ellos, los judíos, tienen vetado pronunciar el “Santo Nombre de Dios”.

b)    Bienaventurados significa “felices en grado superlativo”.

c)  La Legislación que rige en el “Reino de Dios” es la constitución llamada “Bienaventuranzas” y nuestro corazón el territorio donde flamea Su Bandera.

d)    Las Bienaventuranzas son como un salmo gradual, nos van llevando en el paso a paso hacia niveles cada vez más altos de la madurez cristiana en ese proceso que nos gasta la vida de la manera más fructífera que quepa concebirse.

sábado, 6 de junio de 2026

ENTREGARNOS PARA SER CUERPO DEL SEÑOR

 

Deut 8, 2-3. 14b-16a; Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20; 1Cor10, 16-17; Jn 6, 51-58

 

Como te escondiste Tú en una migaja de Pan

haz que nosotros nos escondamos

como humildes migajas de Tu Misterio

en la grande artesa del mundo

y así fermentar toda la harina.

Averardo Dini

 

El ser humano –con escasas limitaciones-alcanza a entender lo duro que es ver el sufrimiento de un hijo, Dios, para que entendiéramos la dimensión inusitada de su Amor, decide y deja que su Propio-Hijo sea entregado en Sacrificio; se escribe así con mayúscula para que recordemos que se trata de un Sacrificio-Divino. El Hijo se “entrega”, como un cordero se deja llevar al matadero, como precio de Rescate. Pero, antes de Sacrificar-se, establece un Acto Conmemorativo, para hacer que ese Sacrificio sea in-temporal. Recordemos que en La Última Cena Jesús establece dos Sacramentos como “herramientas” celebrativas: El Sacramento Eucarístico y el Sacramento del Orden Sacerdotal, que hace posible al anterior, estableciendo al “agente” de su confección.

 

«Hermanos; el cáliz de εὐλογίας [eulogías] “bendición” que εὐλογοῦμεν [eulougomen] “bendecimos”, ¿no es κοινωνία [koinonía] de la sangre de Cristo? Y el pan que κλῶμεν [klomen] “partimos” ¿no es comunión del Cuerpo de Cristo?» Aquí nuestro interés y nuestra curiosidad se dirigen a la Palabra κοινωνία. Vamos al diccionario de griego-español y encontramos las siguientes alternativas para traducirlo: “participación”, “compañerismo”, “comunión”, “comunicación”, “lo que se comparte o se les participa a todos los miembros de la comunidad”; esto último viene a ser una glosa de lo que es “comunión”.


Reflexionemos: Este Sacramento tiene como efecto hacernos co-corpóreos nos lo explica Jesús en el Evangelio según San Juan, -precisamente en la perícopa que leemos hoy, en la Liturgia de Corpus Christi: “El que come mi σάρκα [sarka] “carne” y bebe mi αἷμα [aima] sangre, permanece en Mí, y Yo en él” (Jn 6, 56).  “Carne Y Sangre”, significa para la mentalidad semita, la totalidad de la “persona”, y no por un instante, sino por “transformación”, por “comunión”, donde el prefijo co- (significa "junto" o "todo") y munus (significa "cargo", "función", "regalo", “oficio”, “tarea”, “oficio”) y no “unión de todos”, no “común-unión” (por qué surgen estas falsas etimologías -o etimologías populares- surgen de la necesidad humana de encontrarle un sentido lógico a palabras cuyo origen real se ignora o es muy complejo; Se originan por un fenómeno llamado analogía, donde el cerebro asocia un término extraño con palabras más familiares), en este caso es el sufijo munus presente en otras palabras de nuestro idioma como “remuneración”, “municipio”, “inmune”, “munificencia”. (que denota una unión espiritual indivisible y una participación mutua entre los creyentes y lo divino cada quien está vinculado plenamente, corazón-alma-mente-fuerzas (Cfr. Mc 12,30), comunión -etimológicamente hablando significa “participar todos de la misma misión”. Quizá lleguemos más al fondo si nos apoyamos en San Pablo (1Cor 10, 17): “Puesto que sólo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”. Comulgar es aceptar que somos Uno en Jesús Nuestro Redentor, es tomar en nuestros labios su Ser-Pan y su Ser-Vino, y aceptar como Jesús, entregarnos totalmente a ser Él. Lo cual, sin duda, implica una renuncia: renuncia a nuestro egoísmo; y –a la vez- un compromiso de fraternidad, de solidaridad, de ayuda y cariño mutuo, de sinodalidad, la misma (que como ideal de pueblo que vagó por el desierto), se dejaba guiar por la Columna de Fuego y Comulgaba con el Maná. No perdamos de vista que esta cuarentena no es otra cosa, que un tiempo de “caminar en la voluntad del Señor” (Cfr. Deut 8,2), por tierra extranjera. Es Él quien nos guía, nos lidera, nos acompaña, nos defiende y más. En griego se tiene la palabra koinonía que describe el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas, donde se compartían los recursos materiales para que no hubiera personas necesitadas: Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común (cfr. Hch 2, 44-47).

¿Cómo podríamos no anhelar comer el Pan de Vida? No vayamos -también nosotros- a empezar a renegar contra nuestros pastores, y nos sorprenda Dios haciendo gala de la arrogancia de nuestro corazón-de-piedra e injuriando a Moisés y/o deseando volver a las cadenas de la “esclavitud”.

 

Pero, lo que sí tenemos que hacer es guardar en nuestro corazón el Amor a nuestro Dios y a nuestro prójimo. Aferrarnos a nuestra fidelidad, evitar toda y cualquier idolatría; vivir en oración, hablarLe y escucharLo; amarLo, y darLe el primer lugar en nuestro corazón; seguir haciendo de nuestra alma un Templo. Parte de esta manera de vivir-en-oración es comprender que los Sacramentos no se deben suponer, no podemos imponerle a Dios que el Sacramento sea según nuestros caprichos cuando y como queramos, Él es el Libérrimo, que hoy puede elegir estar en una Vara para ser Mostrado-y-Mirado, o… hacer llover maná. Él no es esclavo de la Liturgia, es Él-quien-se-entrega, no nosotros quienes lo “robamos”. Hay una profundísima teología de su Libertad, Él ha escogido ser Esclavo a nuestro servicio; y, nosotros… ¿qué hemos escogido? ¿dejarLo esperando…?

Sin duda, ¡Él está disponible para aceptarnos co-corporeos! ¿Estamos nosotros disponibles para ser “miembros de Su Cuerpo Místico”? Él está disponible para volverse a entregar por entero, ¿Qué podríamos ofrecer? (ya hemos cavilado en otra oportunidad que no es una transacción comercial, es un generoso y desprendido acto de Comunión; y nosotros –de sobra sabemos cómo se llama esa “Comunión”- se llama Amor). Esta mañana hemos leído una oración que dice:

«Señor, abre nuestros corazones para que

podamos escuchar el clamor de los pobres

como tú lo haces y responder

como tus manos y pies en la tierra».

 

 

 

Tratemos de poder descubrir el Cuerpo del Señor en los signos pobres y sencillos con los que se presenta. En la pobreza y en los signos sacramentales del pan y del vino y también en el cuerpo y en el espíritu de los más pobres, en la pobreza y en las limitaciones de nuestras comunidades, en la oscuridad de tantas situaciones difíciles en que vivimos, en la desolación de tantos hermanos nuestros marginados.

Card. Carlo María Martini

 

En nuestro dialogo con la Trascendencia, la humanidad ha ido postulando diversidad de actos de “acción de gracias”, variedad de expresiones de la gratitud. Nuestra liturgia fue depurando una secuencia ritual, que el mismo Dios nos fue revelando como su preferida Acción de Gracias, lo que a Él le complace. Ya desde el principio, se mostró agradado con la sangre de corderos, pero también desde el principio, nos fue insinuando un Sacrificio incruento, a la manera del Sacerdote Melquisedec: donde las ofrendas fueran Pan y Vino. Así, el Señor de la historia, el Dios que camina con nosotros y va delante en la Columna de Nube durante el día y, en la Columna de Fuego, si caminamos durante la Noche, fue revelando –detalle a detalle- la liturgia que Lo cautiva.


Así, esta acción cultual se configuró y se instauró, como anamnesis del Hijo de Dios, como revivificación de su Santo Sacrificio; y recibió su nombre directamente del griego, la llamamos Eucaristía. No será fácil aprender a agradecer –máxime cuando la cultura de la muerte es la cultura de la ingratitud- pero ser agradecidos con nuestro Dios, Dueño y Señor de todo, que con Mano Generosa y Ánimo Misericordioso da y reparte magnánimamente y que tiene nuestros pobres nombres escritos en la Palma de su Mano, a Él el Honor y la Gloria, la Alabanza y el más dulce Incienso, para Él, vayan nuestras súplicas y ruegos, nuestros cantos y nuestros himnos; permítenos –Oh Señor, cantarte y glorificarte, y darte también gracias por permitirnos ser un pueblo que ora y agradece en tu Presencia; y un pueblo que ofrece como holocausto, no el cuerpo y la sangre de cualquier víctima, sino que según Tu Preferencia nos llegamos al Altar con la Ofrenda de las Ofrendas: El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, nuestro Redentor, tu Amadísimo Hijo, y a su lado, nuestras pobres vidas ofrendadas con la voluntad de servirte y adorarte también.

 

Buen Pastor, Pan Verdadero,

¡oh, Jesús! Ten piedad.

Apaciéntanos y protégenos;

haz que veamos los bienes

En la tierra de los vivientes.

De la Secuencia de Corpus Christi

 



Cuando Dom Helder Câmara meditaba en torno a la perícopa de San Juan que leemos hoy, nos señalaba que: «En cierto modo, tal vez hayamos insistido demasiada en la sola presencia eucarística de Cristo, el cual tiene otras formas de estar presente. Por ejemplo, en cierta ocasión dijo: “Cuando dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Recuerdo que una buena religiosa hizo un día una larga caminata con el único fin de llevarme a su hospital. “Padre”, me dijo, “he recorrido todo este camino porque hace ya una semana que nos encontramos sin capellán y no he tenido la posibilidad y la dicha de recibir a Cristo. ¡Y necesito recibir a Cristo! ¡Deme la comunión, padre! Y, si es posible, proporciónenos un sacerdote…”

 

Le di la comunión, naturalmente. Pero luego le dije: “Hermana, usted está día tras día con Cristo vivo. Usted está con los enfermos, ¡y ellos son Cristo! ¡Usted está cuidando y tocando con sus manos a Cristo! ¡Es otra forma de Eucaristía, otra presencia viva de Cristo, que completa su presencia eucarística!”»[1]

 

Podemos celebrar a Dios en Jesucristo cuando somos conscientes que no sólo está en la liturgia, sino que su Misericordiosa compañía nos sale al paso porque Él celebra nuestra vida cuando con ella lo servimos en cada uno de sus “pequeños”.

Dom Helder decía sobre esta Presencia que «Tenemos la Eucaristía del Santísimo Sacramento: la presencia viva de Cristo bajo las apariencias de pan y vino. Y tenemos también la otra Eucaristía, la Eucaristía del pobre: “apariencia” de miseria? ¡De eso nada! ¡La cruda realidad del pobre!

 

Ya sé que los teólogos hacen sus distinciones y dicen que no es exactamente lo mismo…, que hay diferencia… Pero también sé que el Señor habrá de juzgarnos por la manera en que hayamos sabido reconocerle y servirle en los pobres; y nos dirá, “¡Allí estaba yo! ¡Yo era aquel pobre, y también el otro…! ¡Era yo!”»[2]

 

No queremos de ninguna manera insinuar que lo uno re-emplace a lo otro: Lo Uno siempre será lo Uno. La Sagrada Eucaristía es irreemplazable, no se puede sustituir con la más pura y noble filantropía. No, lo que queremos resaltar es la continuidad que hay de la Eucaristía con esos otros Encuentros con Jesús que son la Eucaristía vivida, la Misión en acción. La Eucaristía tiene un valor, además, preparatorio, nos marca la tónica para vivir en clave de Jesucristo, para hacer nuestra vida integra un vivir a la manera de Jesús; así cabe decir que la Eucaristía nos conduce a vivir crísticamente, a superar la división, a hacernos unidad en el Cuerpo Místico de Cristo, porque al nutrirnos de Jesús en su Comunión nos vamos “saturando” de Él y fundiéndonos en Él hasta llegar a compenetrarnos en Él.

Papa Francisco lo pone así: «La Eucaristía nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16), así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo juntos y compartirlo entre nosotros. La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo. Nos lo ha recordado San Pablo: «Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10,17). La Eucaristía es el sacramento de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de unidad, porque nace en él, en su “ADN espiritual”, la construcción de la unidad.»[3] No podemos vivir divididos, unos que celebran y otros que viven su cotidianidad; sino, vivir unificados en el continuo del minuto a minuto durante las 24 horas de cada día, que ve-juzga-actúa-y-celebra.

 

 

 

 

 



[1] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Editorial Sal Terrae Santander-España1985 p. 117

[2] Ibid p. 116-117

[3] Papa Francisco. HOMILÍA DE CORPUS CHRISTI. Basílica de San Juan de Letrán 18/06/ 2017

viernes, 5 de junio de 2026

Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario


2Tim 4, 1-8

En la enseñanza que le brinda San Pablo a Timoteo hay una voz de alerta a una epidemia que va a llegar, y que estaba por ahí a punto de despertarse. «Vendrá un tiempo en que no soportaran la sana doctrina, sino que -siguiendo sus pasiones-  se rodearan de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír y apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas», dicho de otra manera, «Darán la espalda a la verdad y se volverán para escuchar cosas fantasiosas».

 

Conjurar, es un verbo con -por lo menos- tres acepciones:

      i.        Invocar un espíritu, como por arte de magia.

     ii.        Tener a raya un peligro, por medio de una especie de sortilegio que precisamente se llama “conjuro”.

    iii.        Unir las intenciones y propósitos, como soldándolas en una sola y dándole un carácter de solidísima irrevocabilidad.

 

Es en este tercer significado que la aplica aquí Pablo, no se lo pide en virtud de una obligación, sino como rogándole, como suplicándole: le ruega que “proclame la Palabra” sea en un momento oportuno, o ya sea, también, cuando parezca inconveniente.

 

Todo señala que Timoteo llegó a ser Obispo de Éfeso. Uno se puede imaginar la mar de tareas que pudieron asaltarlo en su vida. Ahí es donde se valoriza esta recomendación que le hace su mentor. A veces, cuando se presentan multiplicidad de quehaceres, es fácil que uno se vaya por las ramas y sucumba al desconcierto. Qué maravillosamente valido es que a uno se le descubra lo esencial de su tarea en la vida.

 

En plurales momentos hemos subrayado la importancia del nombre en el contexto bíblico. Retomemos la idea resaltando aquí el significado del nombre Timoteo, para llevarlo a correlación con la tarea que San pablo le está encargando al “conjurarlo delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino”: Timoteo significa “el que honra a Dios”.

 

Hagas lo que hagas, ten presente que la médula de tu propósito es la “proclamación” de la Buena Noticia.

 

Este ejercicio de la proclamación tiene varios carismas a desarrollar, aquí se mencionan:

a)    ἔλεγξον [elenxon] “Argüir”, “contra-argumentar”, “convencer con argumentos”

b)    ἐπιτίμησον [epitimeson] “Reprochar”, “alertar a alguien para que no falle”

c)    παρακάλεσον, ἐν πάσῃ μακροθυμίᾳ καὶ διδαχῇ [parakaleson en pase makrotimia kai didaje] “Exhortar con total paciencia y firme formación”. Aquí hay tres palabras claves a las que prestarles particular atención: a) παρακάλεσον convidar a alguien que está como salido de “orbita” para que se acerque a la posición que uno está tomando”; b) μακροθυμίᾳ sería algo así como “templanza”, “no salirse de casillas”, “tener gran autocontrol”; c) διδαχῇ “ortodoxia”, “cuerpo del catecismo”, “sana doctrina”, “conformidad con las enseñanzas tenidas por correctas”, “proceder en conformidad a lo que se la ha enseñado”.

 

Para poder mantenerse en esta esfera hay cuatro virtudes a consolidar:

1)    Sobriedad

2)    Soportar los padecimientos

3)    Asumir la responsabilidad evangelizadora

4)    Desempeñar el ministerio que se le ha sido encomendado.

 

Todo esto para -usando un lenguaje parabólico- lo dice como si se tratara de una competencia olímpica: “he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, Justo-Juez me dará en aquel día”.


Como está al borde de ser entregado a muerte por la causa, se compara a sí mismo con una “libación” que era un ritual de adoración que consistía en derramar vino, aceite o agua sobre un altar o sacrificio. En este caso la libación será la de su propia sangre.

 

Sal 71(70), 9-0. 14-15ab. 16-17. 22

Salmo de súplica. Muy sintonizado con el tema de San Pablo que no se acerca a la muerte natural, sino a la muerte por sacrificio. Su libación será por degüello. Aquí el salmista considera el tiempo final de su vida porque está de muy avanzada edad. La denuncia de este salmo rebate las políticas tan preciadas para la cultura del descarte: El que ya no es productivo debe ser descartado porque estorba el ciclo productivo, que es lo único que importa a ese modelo cultural. La "cultura del descarte" denunciada por el Papa Francisco es una mentalidad social y económica basada en el consumismo extremo y el utilitarismo, donde todo aquello —y aquellos— que no produce, no consume o no se considera inmediatamente útil es marginado, excluido o desechado como basura; este paradigma mira con particular desprecio hacia los no nacidos, los ancianos, las personas con discapacidad, los enfermos, los migrantes y los pobres

 

En cambio, el lenguaje que usa el hagiógrafo es el de la vida que, cuando ya alcanza su fin, no tiene por qué mirarse con descrédito y humillación, reconociendo el decaer de la vitalidad sin por ello admitir el detrimento de su dignidad.

 

Pero, el salmista, no habla por él mismo, sino que su voz es la de su pueblo, es un revestimiento. En el salmo, la voz que interpela es el pueblo, el que ha envejecido llevando una existencia fiel y por eso suplica a Dios que lo sostenga en el ocaso de su vida, los tiempos de declive social, cuando la comunidad no goza de pujanza.


Cada vez que el salmo toma la primera persona, sólo está recubriendo poéticamente la situación de Israel que se ve rodeado de enemigos que le hacen la guerra y buscan un pretexto eficaz para tajarle la cabeza con su alfanje.

 

Si hoy por hoy nos adentramos en este salmo, vemos el abandono al que está sometido el adulto mayor y la soledad que sus años finales recaban. Apartado y sumido en el letal descuido de una sociedad muy ocupada para “perder el tiempo” cuidando a un viejo, peinándole las canas.

 

En la primera estrofa estructurada con los versículos 8 y 9, la boca del anciano pone ante los ojos de Dios la memoria de los tiempos fieles de su juventud cuando sus labios estuvieron florecidos con alabanza; y, suplica, que ahora en la vejez ¡no lo olvide!

 

La segunda estrofa garantiza que su senilidad no será impedimento para que él siga cantando, sus labios seguirán contando y proclamando el perfil de Dios-Justo; y, todo el día, entonará un himno agradecido por la Salvación que Él le ha traído.

 

En la tercera estrofa el razonamiento que se estructura es que, ya que en sus años de juventud Dios se encargó de instruirlo, él, ahora, hará una doble cosa: i) Contar las proezas de Dios y 2) narrar la historia de Justica que es la historia de Dios.

 

En la cuarta estrofa, habla del acompañamiento musical para su gratitud: 1) arpa, y 2) citara.

 

El responsorio insiste en declarar que la edad no vuelve inválidos o paralíticos los labios, ellos seguirán mostrando su vitalidad: “Su boca contará su salvación” hasta que la muerte los silencie. Más allá de la muerte, podemos suponer que los labios del espíritu se mantendrán entregados a entonar los cánticos de gratitud y las loas al Señor.

 

Mc 12, 38-44

El Evangelio de San Marcos, va -paulatinamente- desenmascarando a escribas y fariseos. Estos son puestos en evidencia ante el pueblo, y Jesús los señala como engañadores profesionales. Aquí hay un punto esencial a prestarle atención: escribas y fariseos son personas de cuidado porque ellos son los “autorizados”, están puestos, en la escala social, allí donde si alguien tiene una duda de fe, una pregunta de tema religioso, será a ellos a quienes se les dirija: son las personas en el sitial de autoridad, los que enseñan normas morales y mandamientos -supuestamente- correctos, pero cuyas vidas padecen de “incoherencia”.


La reflexión que nos propone hoy Jesús, gira en torno a los γραμματέων [gramateon] “escribas” - eran eruditos religiosos altamente capacitados responsables de copiar a mano los textos sagrados, principalmente los rollos de la Torá, las frases oracionales que están en las cajitas de los tefilin, y las citas bíblicas que se ponen en las mezuzá (mezuzá, palabra que significa «jamba de la puerta») es un pequeño pergamino sagrado -llamado klaf- que contiene dos versículos de la Torá (Dt 6,4-9 y 11,13-21); el sofer (escriba) debe cumplir con estrictas leyes rituales, utilizando pluma y tinta especiales para que el pergamino sea considerado kasher. Se enrolla y se coloca dentro de un estuche protector en el marco derecho -jamba derecha- de las puertas de los hogares judíos).

 

No era cosa normal que se supiera escribir, los primeros escribas de los que tenemos noticia eran empleados en las cortes, por ejemplo, de Faraón y eran almacenistas, contadores, registradores, contabilistas, poco a poco pasaron a ser juristas, economistas, ministros de la corte, secretarios y a veces personal de confianza del gobernante, muchas veces encargados de escribir la “historia oficial”, los panegíricos, las epopeyas, los relatos de batalla y valentía, y los publicistas y asesores de imagen, de ese tiempo. Tomaban muchas decisiones y aconsejaban el Rey, claro, según sus conveniencias personales, y dependiendo de su enfoque religioso. Tenemos noticia de ellos en los Libros de Samuel y en los de Reyes.

 

Cabe aquí destacar que post-exílicamente se hicieron expertos en la Torá, se apegaron de forma muy fuerte a la herencia mosaica, y descubrimos en Esdras y Nehemías los rasgos de este nuevo perfil. Algo muy importante fue que, actuaron como vacuna contra el helenismo poniéndose al lado de sacerdotes y levitas en la defensa y consolidación de la identidad abogando por la pureza ritual y todas las manifestaciones ultraconservadoras contra todo lo que sonara a griego. Por eso fueron rotundamente reticentes contra todos los libros escritos en griego que fueron declarados “apócrifos” sí no estaban en hebreo.

 

Ahora bien, esta mirada, así, se queda sesgada. Se debe decir que su desvelo por conservar las Escrituras lo más al pie de la letra posible, es admirable y de agradecer. La exactitud con la que se conservó, es verdaderamente un don de Dios. Velaron por explicar la Ley y difundirla con celo y aplicación. Pero, como suele suceder en los procesos humanos, se infiltró un espíritu recalcitrante que trajo consigo un legalismo a ultranza, y un desplazamiento del Espíritu, en favor de la rigidez de la letra (Cfr. 2 Cor 3, 6). Este aspecto fue muy combatido por Jesús.

 

Bien, si de distinguir a los escribas perniciosos se trata, Jesús nos da un criterio doble:

a)    Andan muy trajeados, buscando saludos ostentosos en la calle, en el teatro, en los salones de gala. En sus sitios de culto, buscan convertirse en el centro de atención, y en los restaurantes, se ponen en los lugares de prominencia.

b)    No hallan cómo sonsacarle el dinero a las señoras acomodadas y solventes, ofreciéndoles “palanca” en el Cielo, abogando por ellas en sus interminables plegarias, poniéndolas de primeras en la lista de sus intercesiones.

 

Esta imagen se contrasta con la de una muy humilde señora, que cuenta con la más pobre finca y cuya solvencia escasamente alcanza para la más magra dieta. Es a ella a quien Jesús admira, y, -si Él la admira-  con toda certeza que el Padre ya tendrá su Nombre, -que el Evangelio no menciona- porque en ese renglón caben el nombre de cientos de miles de paupérrimos que, sin embargo, dan todo de su pobre peculio, para que con sus donativos se pueda sostener el buen obrar y el cuidado de quienes lo necesitan, así como velan por el sustento del culto, a pesar de su pobreza. Porque la caridad es lo que exalta el Señor, y los pobres, siempre los tendremos entre nosotros (Cfr. Mc 14, 7). Ellos están siempre liderando con su generosidad.


Con este episodio de los Escribas -vs- la Pobre Viuda, concluimos nuestro estudio del Evangelio según San Marcos, en este año. El lunes empezaremos nuestra Lectura-estudio del Evangelio según San Mateo.