sábado, 21 de marzo de 2026

¡DESATENLO!

Ez 37,12-14; Sal 130(129),1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8; Rm 8,8-11; Jn 11,1-45

 

La Resurrección es una vida que no ignora la muerte, sino que más bien pasa a través de ella, dándole su verdadero significado.

Silvano Fausti

 

Los que odian la Vida, siguen seguros y convencidos que derrotaran a Jesús. Pero algo verdaderamente deleznable es la complicidad de los indiferentes. Sinceramente nos preguntamos: ¿Cuántos de nosotros andamos por allí con la pasividad de los maniatados? ¿Cuántos avanzamos pesada y dificultosamente porque la mortaja nos impide dar pasos libremente? ¿En cuántos ha venido a habitar en el corazón el virus del desaliento y la desesperanza? Hay, en la perícopa del Evangelio Joánico, una palabra que nos parece clave: En el verso Jn 11, 44 aparece Λύσατε [lysate], que viene del verbo λύω [lyo], significa “desátenlo”, “libérenlo”, “quítenle las ataduras”, “des-alienen-lo”. El muerto, al ser amortajado, queda como atado, amarrado, impedido de moverse, de avanzar. Pueden llevarlo y ponerlo donde se les ocurra, donde a cualquiera otro se le antoje. Muchos estamos aguardando que el Señor venga y nos llame con su Voz Potente, que es el “llamado” que nos saca, el Llamado que realmente nos libera. ¡Todo esto sucedió para que creamos que a Jesús lo ha enviado el Padre!

 

¿Qué significa Jesús? Significa “Dios Salva”, “YHWH es salvación”. Y, de ello podríamos derivar la caleidoscópia de sus implicaciones. Pero, una y otra vez resurge la pregunta: ¿De qué nos salva Dios? O, ¿Cómo salva Dios? Y el Evangelio de Juan, en el capítulo 11, que es el que se proclama en este V Domingo de Cuaresma, es una página bíblica que se aboca a contestar ese interrogante que se había vuelto neurálgico en el momento histórico que le correspondió vivir y en el que se movió la existencia de la comunidad joánica donde se redactó. Esta comunidad se vio enfrentada a la persecución y a una de sus más mordaces consecuencias, tener que entregar la vida en martirio. También se vieron expulsados de la Sinagoga, y desplazados de las comunidades judías, predominantemente fariseas del momento. Fue el momento en el que tuvieron que segregarse del judaísmo.


Este texto plantea, pues, un interrogante de no poca monta para esas comunidades y  esencial para nuestras comunidades de hoy: ¿Nos salva de la muerte? Pero, si de todos modos vamos a morir, entonces ¿de qué es que nos salva? Para nosotros, hoy, se plantea urgente poder responder al asunto de la mal llamada “resurrección de Lázaro” ya que Lázaro, simplemente aplazó su muerte, pero, de todas maneras, más adelante murió. Es decir, se pone a la orden del día el interrogante sobre la “vida perdurable”, esa que enunciamos a veces diciendo “no morirá para siempre”. A un paso de celebrar la Semana Santa, entonces, encaramos además la pregunta sobre la –esa sí verdadera- Resurrección de Jesús, que se levantó de la tumba para nunca más morir. Habría entonces, por lo menos dos clases de resurrección, que –como truco gráfico- podríamos distinguir, poniendo la una con “r” minúscula, mientras la otra, la escribiremos con mayúscula, para distinguir la que sólo es aplazamiento de la otra, que es paso a la “Vida Eterna”. Pero más allá del asunto de su distinción al escribirlas, está lo verdaderamente interesante: ¿Qué es qué?

 

Anticipemos la existencia de una muerte irreversible, que sería la que acarrea el pecado, ese grave pecado que nos cierra las puertas a la  vida perdurable y que por eso merece el calificativo de “pecado mortal”.

 

Ganamos un punto de comprensión si a la Resurrección a la Vida Eterna le planteamos dos condicionantes:

·                      Haber aceptado en Jesús –nuestro Dios y Salvador- la posibilidad de una Vida más allá de la “muerte física” (por llamarla de alguna manera), y

·                      Morir (la muerte física) en Estado de Gracia, es decir, libres de las consecuencias del Pecado Mortal.

 

Habría, por otra parte, una muerte rotunda, sin la esperanza de ningún “Después”, la muerte de quien haya vivido sin alcanzar y disfrutar de la Victoria de Jesús sobre la muerte, Victoria que consiste no en librarse de la muerte que hemos llamado física, sino en poderla trascender para alcanzar el Don de la Vida Perdurable; que dicho sea de paso, es la vida en plenitud, que consistiría en la intensificación de todo lo que reboza” vida, de todo lo que destella plenitud, de toda perfección imaginable, vida indefectible.


Un signo es, por definición, –no lo olvidemos- algo que, nos habla de otra cosa. Recordemos aquí, muy venido al caso, que en San Juan no se llaman “milagros”, los portentos hechos por Jesús, sino “signos”. Es así como tenemos que abordar esta página bíblica, conscientes de que no nos habla de la Resurrección, sino de la resurrección, pero nos la indica, constituyéndose en un signo de aquella, apuntando a la vez que preludiando la que sucederá en Jerusalén, esta antesala, ocurre a contada distancia de la siguiente, en בית עניא Betania (casa de frutos), y los frutos que allí se cosechan son los muchos que creyeron en Él.

 

¿Cómo es que una “resurrección” se constituye en “signo” de la Resurrección? Pues, cuando ya habían pasado los días en que toda “marcha atrás era imposible”; ya olía, ya la descomposición había empezado, la muerte había sembrado las señales inconfundibles de su victoria, ya era imposible que estuviera vivo, y sólo el poder de Dios, actuando por medio del Quien se llama “Dios salva”, podía Vencer.

 

Es por eso que Jesús se demora, Él, en su infinita bondad, sabiendo que este “signo” nos era necesario, deja que trascurra el plazo, para que luego, cuando Él lo traiga del mundo irreversible, a todos nos sea visible su Victoria, ¡la Gloria de Dios! Es por eso que Jesús se demora, no es un capricho, teníamos que ver que no era que estaba “dormido”, no era que estuviera “cataléptico”. Era que estaba muerto, pero muerto-muerto y “bien muerto”; y, pese a eso, hasta los muertos le obedecen.

 

La demora de Jesús, que María de Betania le reprocha, era necesaria para ti y para mí, para que pudiéramos creer, no en la resurrección, porque esa la hemos visto varias veces, aún en ciertas situaciones clínicas, donde se logra con maniobras de resucitación; sino en la que no podemos ver y sólo podremos testimoniar cuando la estemos disfrutando.


Las palabras claves son aquellas que regentan la significación de un texto. Cuando procuramos su exegesis, nos aferramos a ellas, que estimulan la mejor captación del mensaje. En Jn 11,33 tenemos una palabra muy notable: ἐμβριμάομαι [embrimaomai] “se conmovió”, a veces se traduce por “se estremeció”, pero en esta palabra griega se incorpora la producción de un sonido que viene de la respiración alterada por la “compasión”. En una sola palabra se contiene el conjunto “se conmovió intensamente sollozando”. Conmoverse es una reacción fundamental en Dios, que no es un ser inalterable, como se le concebía antiguamente, impasible.


 «Los minutos son largos, la noche se hace interminable. Pero el centinela “sabe” que la aurora vendrá ciertamente. ¡Con qué impaciencia, el vigilante, acecha los primeros rayos, los primeros signos de la aurora! Ahora bien, a quien espera el creyente, es a Dios. “Mi alma espera al Señor más que el centinela a la aurora”. Jamás se dio una mejor definición de la esperanza.»[1]


Cuando Jesús ordena que lo desaten, no se refiere sólo a Lázaro, ¡todos necesitamos ser desatados para que salgamos de la tumba y emprendamos la vida.

 

Todavía tenemos ese detalle que, a nuestro parecer, no se puede quedar en el tintero: Se trata del verso 44, donde leemos –refiriéndose a Lázaro- que: “El muerto salió, atado de pies y con las manos vendadas, y su rostro envuelto en un sudario.” Ante lo cual, recogemos el siguiente comentarios: «La vida nueva depende de la acción solidaria y amorosa de la comunidad. “Y Jesús gritó en alta voz: ¡Lázaro, ven afuera!” (11, 43). ¡Atención! La comunidad es la que ayuda a resucitar a Lázaro, desatándole las manos y los pies. La comunidad es la que le devuelve la vida a sus propios miembros, la que ayuda a liberarse del miedo de la muerte, del miedo que paraliza. En el grito de Jesús y de la comunidad está el amor por la vida. Todos y todas están llamados a salir del sepulcro, a asumir el compromiso con la justicia y, si fuere necesario, entregar la vida libremente: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto” (1, 2; cf. 10,18)»[2]



…la acción liberadora de Jesús. Pero su acción liberadora quiere comprometer a todos los que lo siguen… Cuando Jesús ordena que lo desaten, no se refiere sólo a Lázaro, ¡todos necesitamos ser desatados para que salgamos de la tumba Al obrar así estaremos continuando lo que Jesús hizo, con el fin de que todos tengan vida en abundancia.[3]


 

Nosotros estamos llamados a correr a desatar, a tener frente al momento, una actitud liberadora. La seguridad de la victoria de Dios. No podemos quedarnos apabullados, ni arrinconados y temblorosos. Tenemos que com-padecernos como Jesús, llorar con los que lloran, orar por los que “han dado el paso”, reír con los que ríen, con los que logran superar la enfermedad; lanzarnos a la acción solidaria, alentadora, fraternal, esperanzada. Es hora de aguardar la Voz que nos resucitará.


No lleves cuentas, Señor, de nuestros delitos, porque tu Misericordia se volvería escabrosa, dejaría de ser lo que es, Pura Ternura; usa más bien con nuestra debilidad de tu Perdón. Al recorrer estas Lecturas y su reflexión orante, demos el salto gigantesco para pasar de la muerte solipsista a la conciencia de nuestra común mortalidad y también de la común Pascua que nos llevará a la Vida Perdurable, y con clara solidaridad intercedamos unos por otros para alcanzar todos juntos la Meta y que ninguno se pierda. ¡Que a todos nos llame el Señor a despertar en la Eternidad!


Inevitablemente habrá los que –una vez superada la crisis- correrán donde los fariseos, a fraguar y complotar para matar al que da la Vida (Jn 11, 46-53). Porque los esbirros de la muerte no descansan intentando maniatar a “YHWH-el que-desata”, al Liberador. Pero su Luz Resucitada, no se detiene, su Avance es incontenible. ¡Preparemos para mirar Al-que-Traspasaron! Pero para mirarlo Glorioso, Victorioso, ¡Resucitado!

 

 



[1] Quesson, Noël. 50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. GUÍAS PARA LA ORACIÓN Y LA MEDITACIÓN COTIDIANAS. Ed. San Pablo. Santafé de Bogotá-Colombia 1996 p. 215 Meditando el Salmo 129

[2] Centro Bíblico Verbo. LA NUEVA VIDA NACE DE LA COMUNIDAD. EL EVANGELIO DE JUAN. Ed. San Pablo. Bogotá Colombia 2010. p. 82

[3] Bortolini, José. CÓMO LEER EL EVANGELIO DE JUAN. EL CAMINO DE VIDA. Ed. San Pablo. Bogotá-Colombia 2002. p. 123

viernes, 20 de marzo de 2026

Sábado de la Cuarta Semana de Cuaresma

 


Jer 11, 18-20

Los biblistas, estudiosos, eruditos, nos aportan segmentaciones de los Libros que son un gran aporte a la hora de leer y ubicar las perícopas tanto temática como cronológicamente. Muchos de ellos han consagrado la vida entera al estudio y ordenación cronológica de las perícopas.

 

El Libro de Jeremías se desestructura en 4 bloques, el primero de ellos -que abarca los capítulos del 1 al 25- se refieren a los oráculos que remiten tanto a Judá como a Jerusalén. Uno de los ejes de su acción profética fue la eliminación de los santuarios múltiples, para lograr el centralismo de un Santuario único en Jerusalén.

 

Toda su vida está puesta bajo la clave de la contradicción. Está muy consciente y muy comprometido con su vocación profética y día tras día lucha para mantener su coherencia. Pero eso lo lleva a ni siquiera poder establecer un hogar con su amada. Su vida la ilumina ese celibato -que en aquella cultura era sintomático de anormalidad- y a posicionarse como un excéntrico solitario. Se caracterizó por soportar con entereza inquebrantable las múltiples acusaciones que sufrió de los reyes, especialmente los de Israel.

 

Los compatriotas de Anatot ven en él un colaboracionista -con los caldeos-  así que le expresan su “cariño” con desprecios y torturas, desde azotes hasta el abandono en un aljibe, así como ser arrojado a las mazmorras. A esto se refiere la perícopa de hoy.

 

Encontramos algunos detalles de esta persecución que conllevan un denso paralelismo con el Protagonista Neotestamentario:

1.    Como manso cordero es llevado al matadero. Consigna que vendría a ser el lema del Viacrucis.

2.    Se proponen que -aun siendo joven- borrarlo de las páginas de la historia.

3.    Y se afanan por arrancarlo de cuajo de la memoria de Su Pueblo.

4.    El objetivo es lograr que se olvide hasta de su Nombre.

 

Pero Dios es Justo, Él es el Justo de los Justos. Su Juicio es Recto. No mira la superficie, sino que examina lo más profundo del ser: sus entrañas y su corazón.


Jeremías espera poder ver cómo el Señor les cobra tantos atropellos de los que lo hacen víctima. Ruega al Cielo les cobre la arbitrariedad destinándolos a su masacre. «Estos sentimientos de venganza se encuentran también en los salmos 69 y 109. Bajo el régimen de la retribución temporal, este clamor es un llamado al restablecimiento de la justicia» (Salvador Carrillo Alday M.Sp.S.)

 

Hay un interrogante que Jeremías pone como pivote: ¿Por qué les va bien a los malos, y donde son sembrados allí echan raíces y se multiplican como la cizaña y cargan los frutos de su veneno, haciendo cundir el mal?

 

Aun así, ¡la Victoria del Justo prevalecerá!

 

Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12

Este es un salmo de súplica. Podríamos descomponer este salmo en nos fragmentos

a)    Que el Señor no deje a los impíos salir gananciosos.

b)    Se vaticina el tristísimo fin que aguardo a los malhechores.

 

La suplica que vertebra esa perícopa es el clamor del “Justo” para que lo libre de sus perseguidores. Y, en cambio, reciba el bondadoso fallo de Dios que juzga con Justicia y ve las rectas intenciones que nos animan.

Con el versículo responsorial se pone bajo la protección tutelar del Propio Dios.

 

En la primera estrofa compara los perseguidores con leones descuartizadores.

En la segunda le pide al Señor que apoye al inocente, ya que Él es Justo.

En la tercera, viene otra comparación, en este caso, Dios es comparado con un Escudo blindado.

 

Hay que entender y saber leer la Palabra de Dios, Él nos ha enseñado a Alabarlos. Pero hay que entender que su protección no es un revestimiento: Su Fuerza vive en nosotros, su Poder no es externo a nuestra vida, sino que puebla nuestra conciencia, habita en nuestra alma. Exteriormente podemos parecer muy frágiles pero nuestra consistencia es espiritual, sino, contemplemos la valentía de los que han adornado su vida con el Poder de su Entrega y han alcanzado el podio del Martirio.


No pedimos para que aplaste a los demás, que pudiendo estar garrafalmente equivocados son mis hermanos, hijos también tuyos; no Señor, nuestros ruegos apuntan a que fracasen los mecanismos y los medios y canales injustos que les permiten construir rascacielos de maldad y perversión, para ocultar tras de ellos, la Magnifica Belleza, de tu Amorosa Propuesta.

 

Nuestro clamor pide que no triunfe el engaño del Mentiroso, sino que Tu Reino resplandezca Triunfal.

 

Jn 7, 40-53

La casa es el lugar donde se ha nacido, donde están el padre y los hermanos. Jesús volverá pronto a su Padre y nuestro Padre. Pero antes denunciará a sus acusadores su error: ellos tienen un falso padre, padre de la mentira y de la muerte 8Cf Jn 8, 44), hacia el cual se dirigen.

Silvano Fausti

Jesús ha subido “discretamente” a Jerusalén para la celebración de la fiesta de las Enramadas, o sea chozas como las que tendían en el desierto para resguardarse del sofoco diurno y de los fríos nocturnos, que para ellos se convirtieron en “signo” de su itinerancia de 40 años. Se suele decir que era la más alegre y la más solemne de las Fiestas del Judaísmo y que traía consigo el deber religioso de peregrinar a Jerusalén. Esta Fiesta tiene su cúspide en la Simjat Torá, fiesta de origen judío que se celebra al concluir la festividad de Sucot (choza, cabaña), siendo una festividad en sí misma. Se refiere al día en que se termina de leer en las sinagogas la última parte del Pentateuco en un rollo de la Torá, y se recomienza a leer la primera parte, el Génesis, conocida también como Bereshit. Esto es lo que nos dice el verso 37, señalando el Último Día como “el más grande de la Fiesta”.


Hasta los líderes religiosos que preguntan a las milicias romanas y a los adalides del Sanedrín, por qué no se ha hecho efectivo el arresto del Agitador, reciben por respuesta-sin poder salir del asombro. Que ¡nadie ha hablado como Él!

 

Examinemos que querrá decir: «¿También ustedes se han dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en Él?» Este es un prejuicio frecuente y muy socorrido contra el pueblo. Según esa ideología son los jefes y los fariseos los que detentan el monopolio del saber; según esa manera de ver el “común” no tiene nada que decir y nada que aportar. Los del pueblo raso harán el trabajo pesado, sabrán de hacer ladrillos y de pegarlos en las obras que se construyen, pero poder identificar al Mesías, o distinguir entre un profeta y vulgar galileo, eso toca a los gobernantes; porque el “populacho” se deja engañar fácilmente. Sólo se nos convocará para labores forzadas en agricultura y construcción, incluyendo la fabricación de ladrillos, mezcla de barro y trabajos en el campo, obligados a construir los proyectos para el faraón, como ciudades de almacenamiento en Pitón y Ramsés (Cfr. Ex 1, 6-22). Ah, y para votar cuando sobrevenga la “democracia”.

 

Jesús grita una declaratoria -ahí se anula toda la discreción”, ofreciendo darles de beber y saciar la sed de todo el que viniera a Él. Les calmará la sed, dándoles a beber del Espíritu Santo. (Cfr. 7, 39) El Espíritu todavía no se había donado porque Jesús no había sido todavía, ἐδοξάσθη [edoxasthe] “glorificado”.

 

Se da una σχίσμα [schisma] “división”, un “sisma”, porque Él es visto como Mesías, pero su cuna no lo confirmaba: según se esperaba el Mesías debía venir de Belén, mientras que Jesús -según su manera de entender- provenía de Nazaret. El criterio de discernimiento lo da la cuna del Mesías.

 

En la perícopa se deja sentado que los contradictores eran los judíos, seguramente en el momento de la discusión, ellos eran los únicos sobrevivientes allí presentes, en condición de opositores, los únicos que conocieron los de la comunidad joánica, los saduceos y otros sectores del judaísmo habían sido exterminados.

 

Aquí se presenta una oposición entre los que saben /los que no tienen derecho a saber. Según eso los que no saben se han dejado embaucar. A los que no tenemos derecho a saber, los fariseos nos acomodan el sonoro título de “malditos”.

 

Nicodemo, es curiosos que la etimología de esta palabra es estrictamente griega y significa “la victoria del pueblo” (que también era fariseo) -a quien conocimos en el cap. 3, que vino en lo oscuro, a platicar con Jesús- les pone de presente que todo el mundo debe ser tenido por inocente mientras no se le haya oído en descargos. Los opositores le dicen que, si se ha pasado al bando de los Galileos, y, que la letra Escrituristica establece que Galilea no es cuna de profetas.

 

¿Será que la mención de Nicodemo -es un mensaje cifrado- y quiere decir que a la larga el que salió ganancioso y venció a los demás fue precisamente el grupo de los que “no saben nada”, de “los que no entienden de la ley”?

 

El cerco se va cerrando en torno a Jesús, cada vez el anillo tiene menor diámetro, la decisión de apresarlo flota como un drone artillado sobre Él, y la atmosfera que se respira es la de una condena a muerte, a punto de ser pronunciada, sin respeto a la ley, ni a la Verdad.


Por lo pronto, tanto alboroto para nada, no llegaron a ningún acuerdo, y se disolvieron (que se sepa no fue necesario recurrir a los lacrimógenos), Καὶ ἐπορεύθη ἕκαστος εἰς τὸν οἶκον αὐτοῦ. [Kai eporeuthe ekastos eis ton oikón auton] “¡cada uno cogió para su respectivo rancho!” 

jueves, 19 de marzo de 2026

Viernes de la Cuarta Semana de Cuaresma


Sb 2, 1a. 12-22

El Libro de la sabiduría es de un judío con cultura helenística, quiere acercarnos a la fe, mostrarnos y guiarnos llevándonos de la mano con tierno amor. Se presume que fue escrito en Alejandría, donde vivía una colonia judía de, como mínimo dos cientos mil judíos en un entorno de cultos, con filosofías y costumbres paganas que más de una vez se convirtieron en perseguidores declarados; muchos de los judíos abandonaron sus tradiciones para acomodarse y librarse de esa persecución; este libro va en griego, porque está dirigido a judíos que ya no saben el hebreo. El autor procura, con todo su esfuerzo, reforzarles la fe y sostener la esperanza conservando el patrimonio cultural y preservando la fidelidad de su fe, predicándoles la verdadera sabiduría que lleva a una vida justa y, por tanto, a la verdadera felicidad. Se debió escribir hacia el año 50 a.C. Esta obra quiere apuntalar la fe y hacer fecundar a la esperanza rescatando todo el patrimonio histórico-cultural de Israel.

 

Vamos a entrar en el primer bloque del Libro (caps. 1-5) que quiere decirnos como se ha revelado al Sabiduría para ponerse al alcance de justos e injustos. Esta primera parte puede segregarse en dos:

1.    Los requisitos para acceder a la Sabiduría cap. 1.

2.    Cómo razonan los impíos Caps. 2-5

 

Cuando se desafía al poder de Dios para ponerlo a prueba, entonces, Dios nos deja enredarnos solitos en nuestra propia alma confundida en la que no cabe la sabiduría, ni puede entrar, ni entrará porque se está empecatado. Con toda seguridad que allí no hará morada El Espíritu Santo.

 

El engaño y la vacuidad son coexistentes: La Sabiduría, en cambio, es el espejo inmaculado de la Divinidad, dónde se forja la imagen trasparentada de su Bondad, como Reflejo de la Luz Eterna.

 

Es tan difícil tolerar al justo porque Él nos desenmascara, esa es la sensación que tiene el impío, porque el que busca la “justicia” la ve de otra manera, para este, la Sabiduría es su Consejero Espiritual, es su Guía, su Amiga.

 

El justo siempre apunta contra la injusticia, y pone en evidencia al injusto. Hace restañar un látigo de cuerdas trenzadas en los patios del Templo, descargando todo su celo contra los cambistas de monedas y los comerciantes de la fe; no son sus monedas las que Él desprecia, sino a ellos mismos que son las verdaderas monedas falsas; ellos que estaban acostumbrados a sacarles la lengua y a pellizcarlos con sus mohines de “pureza”, los desenmascara, demostrando que son los realmente “impuros”.

 

Cómo no van a saltar, como pollos en latas hirvientes, si Él se hace llamar “Hijo de Dios” y presume conocerlo con esa familiaridad, que sólo el Hijo verdadero tiene para frecuentarlo con total confianza. Su Presencia, sin necesidad de pronunciar palabra, es como un grito en sus caras para denunciarles la falacia de sus criterios. Y, su consagración se pone de manifiesto porque vive distinto a los demás y sus caminos son totalmente diferentes: Esta en el mundo (en la mundanidad) pero no es del mundo (Cfr. Jn 17, 11-17).


Esta perícopa es profética respecto de Jesús. Lo llevan al Altar del Sacrificio, sólo para probar sí lo que Él dice sobre su Filiación Divina es cierto. No ha blasfemado para nada, pero aplican a cabalidad su método experimental, para intentar obligar a Dios a lanzarse desde el alero del Templo, es decir, para cohonestar con su espectacularismo.

 

Por qué los incomodaba tanto la denuncia de Jesús, porque sacaba su consciencia de esa cómoda zona de confort -me disculpo por el pleonasmo- donde la voz de la consciencia está amordazada y cada quien tenemos que ponernos en cuestión, poniendo nuestra vida a la Luz de la Ley de Dios, ahí es cuando ellos prefieren declarar que “Dios ha muerto”.

 

Sal 34(33), 17-18. 19-20. 21 y 23

Este es un Salmo de Acción de Gracias. Para guardar coherencia con la Primera Lectura su género es el Sapiencial. O sea que da enseñanzas prácticas.

 

También aquí está presentada la dualidad justo/impío, con la dupla: atribulados/malhechores. Obsérvese que este paralelismo ya entraña una equiparación: el justo es el atribulado; el impío es el mismo malhechor. El impío es aquel que hace el mal, el impío es por definición malvado, perverso, inhumano, desnaturalizado. Y donde pone su planta deja su simiente dañina, su pisada calcina la vida.

 

Esa dualidad conduce a unas consecuencias igualmente opuestas: A los atribulados los escucha, los libra de angustias, los salva de todos los males, los libra, cuida de cada uno de sus huesos, los redime. / En cambio, ¿qué pasa con el impío? El Señor lo enfrenta, borra su memoria de la tierra, sumiéndolo en el olvido, ese será castigado, porque el malhechor no queda impune.


El versículo responsorial también identifica al justo con el atribulado: esta identificación es sapiencial, y garantiza que el atribulado no está desamparado en abandono. Goza de la cercanía del Señor, Él es su Go-El.

 

Jn 7, 1-2. 10. 25-30

No intentar constreñir al Señor

La fe es una relación: entre la persona humana, todos nosotros, y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente con el Espíritu Santo, que está implícito aquí… No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron.

Papa Francisco

Jesús se limita en su accionar al territorio de Galilea. Esta perícopa hace pie en la insistencia de los “hermanos” de Jesús que le instan a que suba a Jerusalén para la Fiesta de las Enramadas (o de los tabernáculos, o de las chozas), y que se manifieste como Mesías. Empero, Jesús entiende que su destino es distinto, dilata la subida, pero no deja de ir. Sabe que la muerte en cruz lo aguarda, pero no está en Él poner premura a lo que su Padre va llevando con un ritmo hierático.

 


Sin embargo, va κρυπτῷ [krypto] “encubierto”, “en secreto”, “clandestino”, (los que aman los eufemismos prefieren decir “anónimo”, pero de Jesús no se puede decir anónimo, porque Él no carece de Nombre, al contrario, su Nombre anuncia y declara la economía soteriológica: YHWH salva).

 

A pesar de todo, no le presta demasiada atención a las amenazas de muerte que lo circundan y empieza a predicar, muy abiertamente, lo que genera una cierta ambigüedad, algunos -que saben que está marcado para servir de victima expiatoria se preguntan: ¿No es este al que planean matar? Y entran en duda: quizás los “principales” lo aprobaron, y no encontraron nada “peligroso” en su disertación, y se lo habrán permitido. O, en el mejor de los casos, reconocieron que es el Mesías.

 

Pero el problema estaba en que, según las señales y el código de desciframiento para la identidad del Mesías, nadie sabría de dónde venía, y Este, todos sabemos que es un Nazareno, el “hijo del artesano”.

 

Y Jesús les dice, bien claro, a voz en cuello, para que todos puedan confirmar que lo dijo: “De mi conocen la procedencia, pero, eso no es lo que han de tomar en cuenta, sino que he sido Enviado, lo que deben reconocer y admitir es Quién-me-ha-Enviado, ese es el verdadero punto. Si no saben Quién es el Padre, ¿cómo podrán reconocer que Él es el Hijo?

 

Pero, aun cuando les habló del Padre-Celestial como su “Enviador”, ellos no pueden auscultar este “Divino-Emisor”. ¿Qué saben ellos del Padre-Celestial? Y, nosotros… ¿alcanzamos a vislumbrar algo?

 

Aquí viene otro signo: Tratan de πιάσαι [piasai]; “agarrarlo”, “echarle mano”, pero, no lo consiguen porque Él es ἐπέβαλεν ἐπαὐτὸν τὴν χεῖρα [epebalen ep auton ten cheira] “inasible”. 

 

Hasta que llegue su ὥρα [hora] “Hora”, entonces, solo entonces, se dejará “sujetar”, “prender”, “apresar”, y mansamente será conducido al “matadero” (Cfr. Is 53,7), como lo comenta José Luis Caravias: “allí Dios garantiza la victoria del Servidor, pero por caminos desconcertantes”.

 

Estos caminos desconcertantes nos hacen inclusive más difícil “asir”, “aferrar” a Jesús. Nuestro intento es sujetarlo, agarrarlo, casi a la fuerza, καὶ ἐξῆλθεν ἐκ τῆς χειρὸς αὐτῶν [kai exelten ek tes cheiros auton] “se les ‘escurrió’, se les ‘salió’ de manos”: «Las tinieblas no pueden sofocar la Luz (1,5): al atraparla, quedan derrotados. Es un anticipo del éxodo pascual» (Silvano Fausti).

 

En el verso 7, 24 Jesús denuncia por qué estamos atrapados en nuestros bloqueos mentales: “No juzguen por apariencias, sino juzguen con justicia”. Lo que nos atrapa son las ὄψιν [opsin] “apariencias” que viene de la raíz griega ὄψ [ops] “relativo a la vista”, “lo que se ve por fuera”, el “aspecto exterior”, “cierta superficialidad”. Es una consigna que nos entrega Jesús, no quedarnos con lo que está en la superficie, sino ahondar para llegar al núcleo donde subyace la “justeza”, “la esencia veraz”. Cuando Jesús nos llama a obrar con justicia y a buscarla con presteza, nos está indicando el sentido ético que nos lleva a actuar con rectitud para garantizar los derechos humanos. El derecho humano está en el meollo de la enseñanza cristiana. Es preciso poner en oración este “concepto”, dejar que el Espíritu Santo ilumine qué quiere decir la Justicia para Jesús, como pivote de nuestra fe y de nuestra práctica cristificadora. Especialmente, porque podemos caer en el leguleyismo que tanto criticó Jesús a los “fariseos” y pasar a pensar que la justicia está relacionada con el formalismo “jurídico” deshumanizante.


No es que Jesús juegue a las escondidillas con nosotros, no es que se ponga “mascaras” para que no podamos reconocerlo. No es un concurso de “enigmas”. A Él no le puedes decir decreto tal, artículo tal, parágrafo pascual. ¡Él se manifiesta! El Hijo se queda con nosotros, pero no podemos obligarlo, sigue actuando libérrimamente.

miércoles, 18 de marzo de 2026

SAN JOSÉ ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


En nuestra muy modesta opinión, consideramos que es de suma importancia que tengamos una visión general de la historia; no que tengamos que volvernos expertos historiadores y geógrafos, pero si una perspectiva integral-universal que nos permita la exegesis textual y poder dar los pasos necesarios para ejercer una hermenéutica prolífica y eficaz. La dificultad, como la vemos, es que a veces nuestra pobreza en este sentido es extrema, y sólo contamos con retazos dispersos, con enormes vacíos entre uno y otro; siendo así, es muy difícil que nuestra lectura bíblica sea fecunda y vayamos más allá, superando la ceguera. Ser fieles a nuestra fe y al pacto de la Alianza, entraña superar estos vacíos.

 

Estamos obligados también a repetir aquello de que nosotros no leemos la Biblia para “saber datos curiosos”, sino para poder cristificar nuestra vida y vivir una experiencia real de discipulado. Suele suceder que nuestro conocimiento del Pentateuco es aceptable, y nuestro manejo de los Libros de los Profetas es regular, inclusive tolerable; pero, los Libros que median entre estos, nos resultan lamentablemente desconocidos, y de ellos solo conservamos en la mente y en el corazón, algunas páginas anecdóticas que no llegan a ofrecernos un continuo articulado que hile una intelección suficiente del Plan Soteriológico que Dios ha trazado.  Este “saber” religioso es condicionante para que nosotros podemos unirnos a la historia y formar parte de la Alianza ofrecida.

 

2Sm 7, 4-5a. 12-14a.16

1 & 2 de Samuel eran originariamente un solo rollo -nos parece que esta idea es fundamental para entender que no se trata de dos “Libros” distintos-, ahora que manejamos “Libros” hablamos de los Libros Primero y Segundo; lo que pasaba era que, en los tiempos de la escritura en rollos, cuando eran muy extensos era muy complicado manejarlos, y, entonces se prefirió partirlos en dos rollos, y así han llegado a nosotros. Lo mismo paso con el rollo de Reyes, por el tema de la dificultad para ir desenrollando de un lado y enrollando del otro, para poder encontrar un pasaje determinado, se terminó por distribuir el todo, en dos rollos también; 1 & 2 Reyes e igual con Crónicas.


El nombre Samuel שְׁמוּאֵל [Shmu-Él] "Dios me ha escuchado", lo que hace referencia a la historia bíblica de la madre de Samuel -Ana-, quien rogó al Cielo pidiendo un hijo; está muy directamente conectado con la palabra שְׁמַע [Shema], “Escucha”, y se podría traducir como “Escuchado por Dios”. El lema para su escudo habría sido: “Habla Señor que tu siervo escucha”. Samuel cumplía, primero, funciones Sacerdotales, después paso a formar parte de los Jueces, y posteriormente, recibió un encargo profético, que terminó siendo su papel principal en la historia. Lo que acabamos de decir lo podríamos sintetizar presentando a Samuel como un personaje de transición, de la era patriarcal, pasando por su rol de Juez hasta llegar a la época profética.

 

El capítulo 7 del Segundo de Samuel, de donde tomamos la perícopa para hoy, encierra una enorme importancia; se está contando la unificación nacional y cultual del reino de Israel, David ofrece a Dios construirle un Templo, pero Dios rehúsa, y ofrece mejor, que sea Él, quien le construya a David, una “casa”, un “linaje”, una “descendencia”, ¡se trata de la Promesa Mesiánica!


Esta profecía se cumplirá en el futuro, como leemos con todas las letras en la misma profecía, será después de la muerte de David, cuando él haya sido sepultado con sus antepasados, -la Escritura no especifica cuál será le extensión de esa pausa hasta el cumplimiento; Dios ofrece -por medio del profeta- que un descendiente davídico (le dice que será fruto de sus entrañas), detentara título de Rey, por eso es Mesías, porque será Ungido-Rey; Dios lo tendrá por Hijo y Aquel Hijo reverenciará y adorará a Dios como Padre. El Mesías estará por siempre ante los Ojos de Dios, y Dios estará eternamente Presente para el Mesías.

 

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Sal 89 (88) 2-3. 4-5. 27 y 29

Como estamos hablando del Ungido, del Mesías, este salmo es un salmo del Rey. En muchas culturas, se celebraba con gran pompa y boato, la entronización del Rey. Dios no es un rey que se destrona y se instala otro, él está eternamente en su Trono y su Realeza es inamovible. Pero, los mejores y más solemnes protocolos estaban destinados al rey; y por eso se resolvió instituir una liturgia de Entronización Real, para Dios. Se entiende que estas liturgias nos sirven a nosotros para que podemos tener bien presente y no obliterar que aceptamos-reconocemos al Mesías como nuestro Rey.

 

En la primera estrofa se refiere a la fidelidad de Dios, explicándola como un “edificio eterno” y, en esta lógica ¿qué es la fidelidad?, ¿en qué consiste la אֱמוּנָה [emunah] “Fidelidad” de Dios?: ¡En Su Misericordia! Esa חָ֫סֶד [checed] “Misericordia” merece ser alabada y cantada, porque esa Misericordia es más firme y estable que el mismo cielo.


En la segunda estrofa se hace confesión de permanencia de Dios en Su Trono por los siglos de los siglos.

 

La tercera estrofa, para darnos una idea del perfil de Dios nos da algunas expresiones con las que se Le invocará; “mi Padre” / “mi Dios” / “mi Roca salvadora”: y termina declarando que la Alianza entre el Mesías (representante de su Puebla), contará siempre con la Alianza que -con él- será siempre estable.

 

Los investigadores ven este Salmo como una obra exilica o post-exilica que se desconcierta con la discontinuidad de la Alianza, como si Dios los hubiera descuidado, pero a medida que avanza, el propio salmista cae en la cuenta de que no hay tal, que Dios no es voluble, y descubre -en medio de su triste realidad- que puede seguir contando con su Dios-y-Señor.

 

¡Muy directamente emparentado con 2R 7. La tercera parte del Salmo es un himno quejumbroso que mira con los ojos desorbitados las humillaciones en las que fue sumida durante la deportación. Y así concluye. Nosotros también miramos con desconcierto dolorido al crucificado, pero nuestra misión consiste en sobreponernos al desánimo y recordar que en el fondo está la Pascua de Resurrección. Nada de desespero, ¡Él ha triunfado!

 

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Rm 4, 13. 16-18. 22

Allí donde parece dejarnos tirados el Salmo responsorial, sumidos en el desconsuelo y la derrota, se inscribe la Segunda Lectura: Apoyados en la esperanza, creyendo contra toda esperanza, reconocer que no es la idolatría a las legislaciones la que nos llevará a heredar la Promesa- con el obcecado apego a la Ley- sino la gratuidad que se filtra por entre nuestra aceptación y reconocimiento de “Creer”.

 

Contra la fuerza de cualquier lógica que quiera movernos al desaliento y poner por encima la victoria del Malo, tenemos que confiar en la Alianza y aferrarnos a la fidelidad de la Promesa, que no es otra que la que le regaló Dios a Abraham, recibir en heredad el mundo. Lo que destaca esta perícopa es precisamente que «… la fe es una experiencia de vida. Es penetrar en los planes de Dios. No se reduce a creer en verdades (dogmas), sino que es creer en Dios y poner la propia vida en sus manos. Es romper la barrera de lo posible para lo que aparentemente es imposible». (Carlos Mesters).


Las maravillas del Amor que el Padre nos ha manifestado a través de Cristo, dan una esperanza sin límites. Al que ha sentido profundamente, como Pablo, ese “me amó y se entregó por mi” (Gal 2, 20), se le llena el corazón de una confianza total en la fidelidad del Dios que es Amor. Es una certeza firme y arrolladora, que nada ni nadie puede demoler… Lo mismo que Pablo, también cada uno de nosotros podemos llegar a tener la misma fe que él en el Amor que Dios nos tiene. Cristo se entregó por cada uno de nosotros en particular. Por eso podemos esperar contra toda desesperanza. Pues no se trata de esperar premio a nuestros méritos personales. Sinop de dejarse amar por Cristo; de abrirle nuestras puertas y dejarle actuar en nosotros» (José Luis Caravias, S.J.).

 

Del año 53 al año 58 San Pablo residió en Éfeso, donde escribió a los filipenses, a los gálatas y también a los corintios. Ese es el origen de esta carta a los Romanos que -según se ha investigado- data del invierno del 57 al 58.

 

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Mt 1, 16. 18-21. 24ª

Toda familia necesita al padre. Hoy nos detenemos sobre el valor de este rol, …

Papa Francisco

«… quisiera comenzar por algunas expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud"(Pr 23,15-16).

 

Este padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sentiré actuar con rectitud. No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio.

 

Esto es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías".

 

"Te he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido solamente complicidad y protección. Yo mismo he debido, en primer lugar, ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora –continúa el padre- cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un padre maduro".

 

"Un padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. ¡Pero cuánta consolación y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honores a esta herencia! Es una alegría que rescata toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura toda herida".

 

"La primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando osan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino. Padre presente, siempre». (Papa Francisco)

 

Mateo ha edificado la genealogía de Jesús basado sobre San José. Nos relata que María Santísima estaba “desposada” con José; y, Ella -contra la lógica humana- resultó esperando su Bebé, engendrado por el Espíritu Santo.

 

José nos es presentado aquí bajo el título de “Justo”, y su “santidad” no le permite entregar a María a la “lapidación”. En su corazón diseña una ruta alterna, recibir a María como su esposa, pero darle “repudio secreto”. Dios no puede permitir que su Hijo nazca en el seno de una familia mal avenida, padeciendo de rencores y sombras que se interpusieran a la edificación de las sanas relaciones de una familia.

 

Así es como Dios envía a su Mensajero (Ángel) que – a través de los sueños-  le “revela” a José (nombre que significa “Dios añade”, que transmitiría que Dios dará todo lo necesario e indispensable a través de Aquel Santo Varón), que no enfrenta una situación de infidelidad conyugal, sino que Ella es “instrumento Salvífico” (es una forma de hablar, Dios no instrumentaliza a nadie, lo que atentaría contra la dignidad creatural) del Señor que la ha adornado con la maternidad del Engendrado-por-el-Espíritu-Santo.

 

Le indica el Nombre (Nombre sobre todo Nombre) que llevará ese Hijo: Jesús “YHWH Salva”; su función salvadora queda definida claramente en la perícopa donde se señala que “Salvará a su Pueblo de los pecados”.


Concluye esta perícopa marcando un don que adornó a este Santo Patriarca: la obediencia, el acatamiento de tomar a María y llevársela como su “mujer”: ἐποίησεν ὡς προσέταξεν αὐτῷ ἄγγελος Κυρίου. Aquí debemos resaltar el significado de ἐποίησεν que implica “hacer algo aun cuando se presenten obstáculos aparentemente insalvables”, ya ahí “Dios añade” la sumisión y observancia para no contradecir y menos desafiar o ignorar el pedido Divino; o sea la coherencia para ser “justo” en el sentido en que, en aquella cultura se entendía, como plegamiento y acogida a la Voluntad de Dios.

 

Cuando alguien repliega su egoísmo y se sobrepone a su propio voluntarismo, acogiendo la Voluntad Divina, indudablemente no se pasa por encima de la libertad personal y no se instrumentaliza a la persona, sino que, Dios acoge la “entrega” y la “disponibilidad” que la criatura ofrece libremente.

 

«Jesucristo, ayúdame a edificar mi propia santificación en la entrega generosa, en la búsqueda de tu gloria y en una esforzada abnegación de mí mismo, siguiendo el ejemplo de San José»