Eclo 47, 2-11
Recordemos
que a este Libro también se la llama Sirácida, por su autor Jesús Ben Sirá.
Estamos hablando del siglo II antes de Cristo, se calcula que por ahí en el 190
a.C. Valga decir, que es un Deuterocanónico. Hay dos parentescos de esta
hagiografía:
-Hay
cierta parsimonia y solemnidad que la da un aire familiar con Proverbios, en
particular con su prólogo; ambos son colecciones de aforismos, refranes.
-parece
influido por los salmos, en lo que toca a su contenido. Donde hallamos pautas
morales y religiosas. Los planteamientos navegan en las aguas de la sabiduría
que es un concepto-eje en este Libro. El propósito es, en medio de su situación
de Golah -valga decir, al exilio o diáspora que sufrieron, experiencia
histórica del pueblo judío, notablemente tras la deportación asiria (732-722
a.C.) y la destrucción de Jerusalén por Babilonia (598-582 a.C.), Golah es
prácticamente sinónimo de la palabra «exilio», inmersos en un mundo helenístico;
el objetivo de Sirácida es preservar la identidad de un pueblo, para no
perderse en modas o en influencias de sus circunvecinos; hubo entre los judíos un
sector demasiado abierto y dispuesto a dejarse asimilar por el helenismo que
los Seleucidas, con lo que procuraron hegemonizar para prevenir alzamientos y
conflictos internos.
Podemos
desestructurar el Libro en cuatro partes:
1. (1,1 – 42,14) Se
tratan muy diversos temas
2. (42, 15 – 43,33) en
la naturaleza el hagiógrafo va encontrando a Dios Glorioso.
3. (44,1 – 50,29) Va mirando
los personajes de la historia judía: “Elogio de sus antepasados”.
4. (51,1-30) Conclusión
En
la lista de los personajes históricos se cita a Enoc, Noé, Abrahán, Isaac,
Jacob, Moisés, Aarón, Finees, Josué, Caleb, Samuel, Natán y David; que es el
tema de hoy, es el eje de la perícopa que se proclama y se le muestra como todo
un héroe, y fuera de resaltar lo que ya hemos estudiado de su historia: sobre
Goliat, coronado rey, guerrero contra los filisteos, y que en todo cuanto hacia
daba gracias a Dios, y se señala como compositor de salmos. Además.
i)
Introdujo instrumentos de cuerda para cantar ante el Altar
ii)
Revistió de esplendor las fiestas y las ordenó en el
calendario
Rememora
que estableció su reinado desde Jerusalén y que Dios lo puso a la cabeza de una
“dinastía inamovible”, con poder eterno.
Se
mencionarán después, también, a Salomón, Elías, Eliseo, Ezequías y el profeta Isaías,
Josías y Jeremías, Ezequiel. Simeón. Como se nota se entrelazan y se entretejen
a los reyes con los profetas que los aconsejaron o los amonestaron, reconviniéndolos
cuando fue preciso.
«Ben Sirá escribió entonces este libro, una especie de larga meditación sobre la fidelidad hebrea, procurando reavivar la memoria y la consciencia histórica de su pueblo, a fin de mostrar su identidad propia y el valor perenne de las tradiciones» (Ivo Storniolo -Euclides Martins Balancin).
Sal 18(17),
31. 47 y 50. 51
Dios es amor y el amor es la ley constitutiva
del Universo y del hombre.
Teilhard de Chardin
Aun
hoy obramos así: Si Dios nos concede sus cuidados y salimos airosos de una
angustia, reconocemos que Dios es bondadoso y atiende cuando le rogamos que no
nos desampare y nos saca triunfantes de la prueba. Ha pasado el “susto”,
entonces nos presentamos en el templo para expresar nuestra gratitud: estos son
los salmos de acción de gracias. Son salmos Eucarísticos porque lo que queremos
es mostrarle a Dios nuestra gratitud: así como el leproso samaritano que regreso
ante Jesús para reconocer que fue su poder y su amor lo que lo libró de
sucumbir a la enfermedad, en su caso, o a cualquier peligro que se presentara,
en otros.
El camino de
Dios es perfecto
La promesa
del Señor es purísima
El Escudo es
el propio Dios, pero,
solo para
los que a Él se acogen.
¡Viva Dios!
Dios es
nuestra Roca, bendito sea.
Es también Dios-Salvador
Aun mezclado
entre gentes de muy diversos orígenes y
muy variables
nacionalidades, ensalzaré al Señor.
Esa gratitud
se manifestará en la honra que se da a su Santísimo Nombre:
Para Él
tañeré.
El Rey ha recogido
la Victoria de manos de Dios que se la otorgó
A su Mesías,
su Ungido lo miró con Misericordia
David sustenta
el linaje que Dios preservará por siempre.
La
Justicia y el Derecho de Dios merecen toda bendición y
Eterno
Encomio porque fue Él quien nos trajo la Salvación.
El origen de esta clase de salmos fue ese: En la liturgia del Templo, cuando llegaban a ofrecer un sacrificio de gratitud, era como una especie de resurrección: El orante se había visto con el agua al cuello, cuando ya inhalaba su último aliento, y decía sus plegarias agónicas, Dios se apiadó; se vio, entonces, la urgencia y la necesidad de componer salmos de gratitud y tener una liturgia adecuada para que el israelita pronunciara para YHWH su alabanza de salvación. Porque ¡Dios nos libra en nuestras angustias!
La
Bondad Divina es el lenguaje de Dios, su Misericordia va del alba hasta el
ocaso, hay en toda la naturaleza un encadenamiento de ecos gratos, de voces
agradecidas: el día se lo pasa al día siguiente, y la noche -discreta, lo
pronuncia como un susurro, a la siguiente noche. Como en cadena: De manera tal
que, a toda la tierra alcance su pregón.
Mc
6, 14-29
Al escuchar la cobardía de Herodes frente a la
petición de la hija de Herodías, nos queda una sensación de amargura y hastío
porque sabemos que, a pesar de tenerlo encerrado, Herodes no quería matar a
Juan el Bautista.
Pero qué es lo que realmente nos molesta. ¿Por
qué es común escuchar que lo que menos podemos tolerar en los demás es la
hipocresía y la cobardía? Creo que es precisamente lo que nos atañe más
directamente, pues todos alguna vez hemos sido cobardes e hipócritas.
Papa Francisco
Compararnos con los demás siempre entraña
algo de cobardía y algo de hipocresía: Significa acomodarnos a los respetos
humanos, allí está la cuna de esa expresión que pretexta el vejamen de nuestros
hermanos y pone en primer término la búsqueda de la propia superioridad,
“Ustedes no sabe quién soy yo”.
Estamos en la sección de los Panes (6,6b – 8,30) El episodio que nos ocupa en el Evangelio es el de la muerte de Juan el Bautista (Mc 6, 14-29). Si vamos a San Marcos -buscando el co-texto- ¿qué encontramos inmediatamente antes? El fragmento donde Jesús envía a sus discípulos a misionar (Mc 6, 6b-13). Si miramos ¿qué sigue? Mañana leeremos que “los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” (Mc 6, 30-34). Hoy, no se nos narra lo que dijeron, o hicieron, o los prodigios que quizás obraron durante su misión. El relato de hoy lo que nos entrega es un baile -seguramente lujurioso- y el trofeo a que se hizo acreedora esa danza: ¡La bandeja con la cabeza ensangrentada! ¡Danza mortuoria! ¡Mazurca de la decapitación! Esto corona la extensión de la fama de Jesús.
(O sea que lo que tenemos es otra especie
de emparedado-lo que llamamos una inclusión, tema A, luego, tema B y regreso al
tema A). Es como si estuviera señalando que la misión a la que se nos envía es
a seguir el derrotero de Juan Bautista: Poner la cabeza en la bandeja para
llevar el testimonio a su cima.
“La característica de este pasaje es la
alusión explicita a la resurrección del precursor y la motivación de su revivir
en Jesús, es decir, “el poder de los milagros” que se manifiesta en Él… Herodes
es el faraón de una lucha eterna, que va dirigida contra el Éxodo de los hijos
de Dios hacia la libertad” (Beck, Benedetti, Brambillesca, etal)
Y es que la perícopa se inserta allí,
donde el asunto a debatir es ¿quién es el mayor? Se trata de una vieja
triquiñuela del Malo, que extiende su estrategia divisoria, poniéndonos en
cotejo, enfrentándonos unos a otros, generando división. ¡No entremos en ese juego!
Se referencia a Jesús como poniéndolo en
competencia, pero, eso -ya hoy en día no nos vulnera- ellos lo enfrentaban poniéndolo
en comparación con Elías, con Juan el Bautista y con otros profetas. Esta clase
de cosas se hace para bajar el nivel, para menospreciar, cualquiera que sea el
veredicto, alguien va a estar más arriba, y… alguien, en consecuencia, quedará
más abajo.
Tendríamos que eliminar esta perspectiva,
mirarnos entre nosotros como nos mira Dios, como nos mira un padre de familia,
como estamos en el corazón de nuestra madre, por muchos hermanos que tengamos:
nadie es mejor que nadie, cada uno tiene su talento, cada uno es un hijo de
Dios, Juan era la Voz “que clama en el desierto” Jesús es el Mesías, la
Palabra. No estamos para compararnos, aun cuando estemos muy habituados a las
comparaciones, en una cultura del “Primer puesto”, de la “Mención de honor”, de
la “medalla” y de la “presea” o del “favoritismo del docente titular”. ¿Cuántas
veces detrás del favoritismo sólo se busca tener a alguien subyugado para que
“borre el tablero”?
La muerte de este justo y santo decapitado
para que su cabeza sea el trofeo de una danzante, parece la premonición de
aquel que marcha cuesta arriba del Calvario, llevando a los hombros su
patíbulo, entre flagelos y escupitajos, vejaciones, hisopo empapado en vino-acre,
clavos y lanzada. ¡El Rey de los Judíos que morirá en la cruz! Cordero llevado
al matadero-redentor, al Altar del Sacrificio, Sacerdote Eterno según el rito
de Melquisedec, rito de pan y vino, metáfora del carne y sangre.
Señor,
qué distintos son tus pensamientos de nuestros pensamientos, tu justicia de
nuestra justicia. Enséñanos a salir de nuestro egoísmo y buscar siempre la
verdad que nos conduce hasta Ti, aunque a veces eso implique el necesario
camino de la cruz y de la abnegación.
«Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste» (Papa Francisco)



















