jueves, 28 de mayo de 2026

Viernes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1P 4, 7-13

En esta carne herida y amada, el Padre nos muestra la verdadera humanidad de una vida que se realiza en la apertura y en la comunión, hasta el punto de hacernos desear que su voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo.

Magnifica humanitas #231

La premisa inicial es “el cercano fin de todas las cosas”. Sabemos que, en las primeras comunidades creyentes, la Parusía era cosa para mañana, a más tardar, para pasado mañana. Así que, en esas condiciones, vivían con la mochila lista, atentos al sonido de la trompeta que anunciaba el regreso del Señor. Muchos de los acontecimientos que registraba la historia, les parecían las señales del fin: el incendio de Roma, el suicidio de Nerón, la erupción del Vesubio, por sólo mencionar los que nos afloran a la memoria así, de rapidez.

 

Muy poco a poco fueron descubriendo que tampoco era para tan pronto, y que las señales no eran indicativas del fin, sino de cambios “epocales”. Todos asistimos a estos cambios, que van introduciendo variaciones en el compás de la vida, y comprendemos que Dios Misericordioso dilata el fin para ampliar nuestro margen de conversión y acrecentar nuestras posibilidades de conquistar la salvación.

 

¿Invalida eso las pautas que nos propone la carta? ¡Consideramos que no! Inclusive, nos parece que ratifica la importancia de vivir en la σωφρονήσατε [sofronesate] “sensatez”, “en sano juicio”, “cabalidad” y la νήψατε [nepsate] “sobriedad”, “sin embriagarse”, “sin consumir vino”. Esta “sensatez” y “sobriedad” ¿para qué se pide? Para la oración, para que los encuentros de oración no fueran asamblea de borrachines. Recuerden que después de Pentecostés la gente los acusaba de estar embriagados y que hacían aquellas cosas como resultado de su estado alcoholizado. Muchas veces la gente nos acusa de cualquier cosa para devaluar las enseñanzas y el contenido de las predicas. Llegan a decir que “se la fumo verde”.

 

Los χάρισμα [charisma] “carisma”, “regalo”, “don”, “gracia” ¿qué se nos indica que hagamos con ellos? ¡Que los administremos bien! Se reciben para la δόξα [doxa] Nos enseña que la multiforme gracia de Dios está para ponerla al servicio de los demás. Los clasifica aquí en dos grupos: 1) Los carismas del “habla” y 2) el carisma de “prestar algún servicio”. Y pone una regla de oro: Todo eso se recibe para gloria de Dios.

 

Muchas veces ellos se desconcertaban que en medio de su fragilidad y de su escaza o nula escolaridad, acometieran con tanto ímpetu y con gigantesca vehemencia las tareas de la Evangelización. Muchas veces les parecía como un πυρώσει [pyrosei] “fuego” que los impulsaba y que ardía en el pecho como una fogata apasionada. La carta les dice que no se asombren por eso, que esa “energía” y “arrebato” podía desembocar en tentación de “arrogancia” o de “jactancia”. Y nos enseña, que, por el contrario, debe colmarnos de satisfacción y alegría. ¡Nunca de presunción ni de petulancia!


No pasemos por alto una virtud evangélica que aparece aquí, en el verso 9: φιλόξενοι [filoxenoi] “hospitalidad”. Detengámonos un momento a examinar la etimología de esta palabra: En español la palabra deriva del latín hospitalĭtas, que proviene de hospes (que significa 'huésped' o 'extranjero'); en griego se descompone en φίλος [amor] y ξένος [xénos] “extranjero”, “fuereño”, “foráneo”. Estrictamente el antónimo de xenófobo, ξένος, [xénos] "extranjero", "huésped", "extraño", y φόβος, [fobos] "miedo". Este mandamiento de xenofilia está consignado en Ex 22, 21: “No maltrates ni oprimas a los extranjeros en ninguna forma. Recuerda que tú también fuiste extranjero en la tierra de Egipto”.

 

Sal 96(95), 10. 11-12. 13

Venga a nosotros tu Reino

II Petición del Padre nuestro

Así como un rey es entronizado, el pueblo elegido conoció en Babilonia las ceremonias de entronización de su dios, Marduk. Visto este ejemplo -que tanto los maravilló- quisieron tener una ceremonia, también ellos, para entronizar a YHWH, con mayor o menor consciencia que, Dios no era reemplazable, que el permanecía en su Trono por toda la Eternidad y que no dependía para nada de estas ceremonias rimbombantes. Nadie lo iba a desbancar, nadie iba a cuestionar su Reinado Perfecto. Él iba a ser el Rey-y-Sacerdote-Eterno de Suprema Justicia por siempre jamás. Sólo que, les pareció que las entronizaciones de Marduk eran muy pintorescas, y no querían quedarse atrás.

 

A nosotros siempre tiende a admirarnos la bullaranga, el griterío, las rechiflas y las descargas de aplausos por parte de toda la gente, y el prístino grito del Shofar. El paso solemne de la procesión real, y el brillo de los “uniformes” y los “sables” al aire. Sin dejar de lado el ronco crujir del pavimento al paso de los tanques y las grúas que conducían los misiles. Todo este oropel desconcertaba a los ingenuos y les hacía correr escalofríos. Ah y no olvidemos la Garota de Ipanema que se contorneaba con toda la corte de passistas y musas directamente invitadas del carnaval de Rio para engalanar -con junto con las escuelas de samba- el paso del cortejo.


El Rey iba sentado en su palanquín y los soldados de su guardia personal, lo llevaban en andas portando la silla gestatoria que lo hacía visible desde la distancia. Indudablemente toda esta parafernalia era impostergable y no se podía desperdiciar todo el asombro y el descreste que producía en el vulgo.

 

«Yo quería ver a Cristo porque mi pecho estallaba en angustia. No me interesaba su corte celestial ni terrena. Me afirmé con las dos manos en una baranda y entré al palco. Caí de pie sobre la blanda alfombra. Junto al micrófono estaba Caifás, con cuello de armiño y hábitos blancos. Sostenía una Biblia con tapas de marfil y leía el evangelio, leía la palabra de Cristo, mientras Cristo… ¿Ahí está! ¡Ahí está! ¡¡Es Él!! -yacía atado con sogas a la enorme cruz de oro que presidia la manifestación triunfal-, y lloraba inconsolablemente. (Marcos Aguinis)

 

Mc11, 11-25

Dejamos atrás le sección del evangelio marqueano, en donde Él visita diversos lugares (6,6 – 10,52) y pasamos a la última sección que se refiere a su actividad en Jerusalén incluyendo su pasión y muerte. Podríamos subdividir el Evangelio de otra manera y tener una subsección (8,31 – 11, 11) donde Jesús anuncia su muerte; y, una subsección que empezaría en 11,12 hasta 13, 37 -a la que pertenecería la perícopa de hoy- donde se nos presenta y relata todo lo relativo a Jerusalén, pero se descarta (14,1 – 16,20) donde se nos contará lo relativo a la Pasión, muerte y resurrección.


 

En la perícopa 11,1-11, tendríamos el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén. Mientras en la perícopa de hoy tendríamos tres aspectos:

1)    La maldición de la higuera por no tener higos (11,12-14)

2)    La Purificación de templo (11, 15-19)

3)    El señalamiento de tener fe, una fe decidida. (11, 20-25)

 

Jesús llegó al ἱερόν [ieron] “Templo” la palabra que se usa significa “sagrado”; era ya tarde, solo alcanzó, aquel día a dar un vistazo, περιβλέπομαι [periblepomai] “echando una mirada alrededor”. Después de lo cual, salió -con los Doce- para Betania "casa de higos", pequeña aldea situada a unos 3 km de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de los Olivos.

 

¡Hablando de higos! Al día siguiente, encontró una higuera, puras hojas, no había ni un solo higo. -porque no era temporada de higos- y le dijo Jesús, “Nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Esto lo tendremos en cuenta de nuevo cuando lleguemos al versículo 20. Será lo que se llama técnicamente una inserción, y que nosotros lo llamamos “sándwich” porque es como una tajada de pan, donde queda faltando la otra tajada de pan, pero antes hay que poner el jamón y el queso, que en nuestro caso será, lo sucedido en el Templo:

 

Pasamos a los versos 15-19, en estos cinco versos se nos cuenta:

i)              Jesús entró en el Templo

ii)             Se puso a echar a los vendedores y a los compradores

iii)           Volcó las mesas de los cambistas. No se podían usar monedas romanas para los asuntos del Templo, entonces había que cambiarlas por monedas judías.

iv)           También revolcó las jaulas de los vendedores de palomas

v)            Nadie tenía porque andar trasteando cosas por el Templo, no se los permitía.

 

Al conjunto de estas cinco acciones Jesús les pone un título: “Ustedes han convertido la Casa de Oración del Padre en una cueva de bandidos”.

 

Claro que los sumos sacerdotes debían recomerse por dentro, y lo que los quemaba en su interior era el anhelo de ver cómo acabarían con Él, cuanto más pronto mejor.

 

Ahora sí, regresemos a nuestro “sándwich”, la segunda taja de pan, la tapa: Esto ya será al día siguiente, al volver a pasar frente a la higuera la encontraron marchita de raíz. Pedro identifica con claridad las dos tajas de pan: “La higuera que maldijiste, se ha secado”. Jesús va a sacar las conclusiones y a mostrarles la didáctica que contenía este episodio:

i)              Tengan fe

ii)             Si uno no da pie a la duda, la palabra con fe se cumplirá

iii)           Entonces, todo lo que se pida en oración ha de hacerse de cuenta que ya fue obtenido.

iv)           Pero con una condición, poner por delante el ἀφίετε [afiete] “perdón”, esta palabra griega significa “alejar”, “apartar”, “abandonar”, “separarse de algo”, “no volver a recordar”, “perderlo de vista”.

 

Solo si uno logra arrancarse del corazón y de la memoria rencorosa el recuerdo habrá perdonado y entonces, y solo entonces, logrará obtener lo mismo del Padre Celestial. Así Él también nos perdonara nuestras culpas.

 

«… la historia de la higuera que se secó de raíz: es un simbolismo profético que condena al tronco de una sociedad estéril, que no da fruto, porque en vez de alimentar una práctica de justicia y libertad, sustenta una religión que aliena y explota en nombre de Dios, y que, al mismo tiempo, exige una pureza discriminatoria que margina al pueblo». (Euclides M. Balancin)


«De la higuera debemos aprender que al igual que el pueblo hebreo, así también el nuevo pueblo del Señor puede ser repudiado si no produce los frutos del reino y puede recaer sobre él la maldición que manifiesta su esterilidad y lo destina al fuego.» (Beck. Benedetti. Brambillesca etal)

miércoles, 27 de mayo de 2026

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 


Gn 22, 9-18

Juro por mí mismo, oráculo del Señor por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa”

Dios ha contraído una lealtad con sus criaturas, ha asumido frente a ellas el rol de Padre. Abrahán nos presenta un paralelismo, él tiene a su cargo desempeñar el rol de padre con Isaac. Pero, Abrahán como criatura, tiene otra fidelidad que podemos precipitarnos excesivamente a declarar mayor: una fidelidad hacia Dios, de cumplir todo, absolutamente todo lo que Él le pida o le mande, porque como padre-en-la-fe tiene que cumplir -con lujo de detalles- aquello de amar a Dios sobre todas las cosas, inclusive por encima de la vida y supervivencia de su propio hijo. Así que dios le pide que le dé lo que más ama: ¡la vida de su único hijo! ¿a ver? ¿Quién, en uso de sus facultades, tomará de la mano a su hijo y lo llevará al Monte Moria para ofrendarlo?

 

¿Qué hizo Abrahán? Pues ni corto ni perezoso, ¡cogió todo lo necesario para un sacrificio, y puso manos y pies a la obra! Camine a ver para el monte Moria. Nosotros nos imaginamos un jovencito, un niño… Los exegetas nos corrigen: si podía cargar la leña para el sacrificio tenía que ser ya un joven crecidito… Los estudiosos le han calculado alrededor de 30 años…

 

Bueno, ustedes ya saben lo que pasó. Dios, a última hora mando al ángel a detenerle la mano y le dio, a cambio, un carnero que estaba trabado por la cornamenta entre los matorrales. “Cambiemos de víctima; ofréndame mejor ese carnero”.

 

El filósofo danés, Søren Kierkegaard, nos enfrenta a una triple perspectiva:

- ¿Cuál sería la relación en lo sucesivo del padre y el hijo? ¿Podría, aquel jovenzuelo, alguna vez, dejar de ver en aquel hombre a su dispuesto asesino?

- ¿Cómo visualizaría Sara, la mamá, a su marido, el que había estado a punto de cegar la vida del hijo de sus entrañas?

- ¿Pudo alguna vez Abrahán perdonarse a sí mismo que no había vacilado por un instante ante la perspectiva de apuñalar al hijo que el mismo Dios le había regalado ya en sus años de vejez?

 

Si leemos la página con un mínimo de seriedad, no podemos acallar estos interrogantes sin pasar nosotros mismos por el doloroso rio de lava que seguramente vivieron los tres: Isaac, Sara y el propio Abrahán.

 

Y -tendríamos que añadir las espinas de otro corazón atribulado- ¿Qué tuvo Dios en su Mente cuando envió a Jesús al Calvario y lo obligó a apurar la copa, todo por redimirnos?

La perícopa concluye en el verso 19 -que no lo leemos-  nos informa que el papá, el hijo y los dos esclavos, se fueron después a באר שבע [Beer sheva] que se puede traducir como “el pozo del Juramento” o “el pozo de los siete”.

 

Sal 40(39), 6-7. 8-9. 10. 11

Estamos ante un Salmo de Acción de Gracias, domina el propósito de ser agradecido. Acompaña esa gratitud una especie de asombro. El Salmista no logra entender adecuadamente, cómo ha sido posible que Dios haya obrado con tanta Bondad. El Plan de Salvación implica toda una sucesión de Generosidades, que nadie, absolutamente nadie se habría comprometido. Salta como un resorte totalmente comprimido la palabra “Misericordioso”. Si tratáramos de enumerar los favores recibidos, son tantos y tan incontables, que ni nos acordamos, sólo podemos resumir diciendo ¡Cómo hemos salido favorecidos siempre y al final de cuentas?

 

Hay otra idea, y esta, está en el corazón de la perícopa proclamada, tanto es así que, se convirtió en el responsorio:  En la tercera estrofa, se nos lleva a reflexionar ¿qué pasa cuando la Ley que Dios ha puesto la consideramos ajena, algo impuesto desde el exterior?; y, ¿qué pasa cuando la Ley es tan propia que es como un hijo nuestro, o como uno de nuestros órganos, y todavía más, un órgano vital. Aquí la Ley habita nuestras propias entrañas: Por eso, es lo que le da sentido a nuestra vida. Es el norte de nuestro ser, cumplir con el “querer” de Dios no es hacer los que otro quiere, es ¡hacer lo que nos hace ser lo que somos!

Otra declaración es que Dios no quiere sacrificios ni ofrendas. Ah, Dios ha cambiado de opinión, ahora pide otra cosa distinta de la que pedía ayer. ¡Nada de eso! Revisando en los profetas, vemos que nunca ha querido que se le maten animalitos, Él lo ha aceptado, como al tierno infante se le acepta un matachín hecho con dos rayas; pero conforme el hijo crece, se le exige más, y con calidad. En la infancia de la humanidad nos tuvo paciencia y se recreaba con nuestros torpes dibujos. Ahora, espera que nuestro talento haya madurado: Que seamos capaces de hacer su Voluntad.

 

El Mesías, no vino a gobernar con cetro de hierro, ha venido a “comunicarnos” la Palabra de su Padre. Él mismo es la Palabra. Al abrir sus labios, cada epifanía ha sido para deslumbrarnos con su Misericordia Inefable.

 

 Mt 26, 36-42

¿Cuáles fueron los preparativos, -los momentos previos al interrumpido sacrificio de Isaac?

“A la madrugada del día siguiente, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

 


Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes". (Gn 22, 3-5).

 

Ahora comparemos los prolegómenos en el caso de Jesús:

 

“Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.» Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir λυπέω [lypeo] “tristeza”, “tan triste que al borde del llanto” y ἀδημονέω [ademoneo] “angustia”, “profunda depresión”. Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo?". (Mt 26, 36-40).

 

No tenemos noticia sobre cuáles serían los sentimientos de Isaac; aquí por el contrario sabemos que, a Jesús, en aquella hora previa, la tristeza lo estaba matando. Conviene entender la fuerza simbólica del nombre del lugar donde Jesús hizo consciencia de la “hora pavorosa” que se le venía encima. El lugar se llama Getsemaní; esta palabra viene del arameo, Gath-Šmânê, en hebreo se llama Gat Shemanim, se traduciría por “prensa del aceite”. Para liberar el aceite de la aceituna, se le somete a prensado, con enorme presión se destripa, y ella va dejando manar su oleo. Pues Jesús, allí, estaba sufriendo esa terrible presión. Es la Pasión. La pasión puede ser por el trago, por un deporte, por un vicio, podemos elegir entre diversas pasiones: Jesús nos eligió como motivo de su Pasión, se apasionó por nosotros: fue una Pasión que su Padre le inculcó, Él e la enseñó.

 

Lo que Jesús nunca negó fue su filiación. Esta Pasión es la del Hijo que no niega a su Padre. A este Hijo el Padre le ha encomendado el rebaño, y Él no cede, los defiende de leones, tigres, lobos y osos. Pero los discípulos no pueden vencer el sueño una y otra vez Jesús los despierta, se supone que ellos están allí para testimoniar frente “a los que creerán”, así como ellos mismos lo habían visto “transfigurarse”; ahora están llamados a ver como es victimizado hasta la “desfiguración”. Lo primero fue pintoresco, lo de ahora es insoportable.

 

Tenemos que darnos cuenta que Jesús no buscó este dolor. Tampoco nos podemos inventar que el Padre era algún tipo de sádico que buscó el dolor de su hijo para saborear en su paladar el degusto de la venganza, haciendo padecer al inocente. ¡No! ¡Dios-Padre no es ninguna clase de torturador!

 

Miremos nuestras propias manos y descubramos si hay en ellas gotas de sangre del Crucificado. Qué genes compartimos con Judas Iscariote.


Jesucristo es Sacerdote porque entró en el Sancta Sanctorum llevando su sangre -extraída a fuerza de prensa- para derramarla -como lo hemos repetido varias veces- sobre el כַּפֹּרֶת

[Kapporet] (se traduce literalmente "cubierta" o "tapa". Históricamente hablando, era la tapa de oro macizo, flanqueada por dos Querubines, también de oro macizo, que cubría el Arca de la Alianza en el antiguo Mishkán “Tabernáculo judío”).

martes, 26 de mayo de 2026

Miércoles de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 18-25

Convocados a vivir en santa hermandad

El oro y la plata son cosas perecederas, no hacen brotar la vida nueva, sino la Palabra de Dios, que tiene fuerza creadora: “Él habla y la cosa sucede”.

Sal 33, 9; Gn 1, 3

Aparece aquí la palabra ἐλυτρώθητε [elytrothete] “rescatados”, derivada de la palabra λυτρόω [lutroo] “rescatar”, “pagar completamente el monto exigido para liberar a una persona secuestrada, o, a un esclavo”, “devolverle algo a su legítimo dueño”. Aquí está el quid el asunto, en que Jesús, nuestro redentor, nos redimió, pago por ostros el rescate total, hemos sido adquiridos de nuevo (es curioso que קַיִן [Qayín] “Caín” significa eso precisamente “adquirido”, con el pecado somos des-adquiridos, entregados en empeño, comprados para la esclavitud, enajenados. Necesitamos que alguien pague el “rescate” para volver a pertenecernos en legitimidad ¿Quién sería nuestro legítimo “dueño”? La Libertad, nos debemos a la Libertad con la que Dios al crearnos nos dotó. Nosotros hemos sido redimidos (rescatados) de nuestros comportamientos sin fundamento, irrazonables, carentes de un propósito firme y claro. O sea, que hemos sido liberados del “pecado”.

 

Entrando en la órbita del perdón de los pecados, entramos en una verdadera hermandad, en la fraternidad y la sinodalidad, dando pasos afianzados en el Amor que Dios nos ha tenido, transparentado y patente en Su Hijo, que nos convoca en el amor de los unos por los otros, pavimentando la ruta de ser hermanos en Jesús. No seremos re-adquiridos pagando con monedas de oro o de plata. El precioso se pagará en sangre Divino-humana, con la sangre del Redentor.

 

Se piensa -y pudo ser así- que esta carta haya sido dirigida a judíos que se entendían y se visualizaban como anclados en la Ley, en la Torah. Pero la Ley es solo como un propietario provisional, puede escoltarnos hacia la “libertad” de los redimidos; o, puede mantenernos sujetos en una forma de sutil esclavitud. En vez de eso, hay una sangre liberadora que nos convoca a tomar el timón de nuestra nave y asumir las consecuencias de su dirección.

 

Se trata de una “regeneración”, hemos sido acrisolados, en el Fuego del Amor de Dios: Una llamarada de Espíritu Santo. Pasando por esta purificación, florecemos como Comunidad, en Cuerpo Místico. Ahí sí, quedan puestas las bases para que esa Comunión nos dé los planos para la edificación del Reino. No construimos a ciegas. Tenemos un sapientísimo diseño que guía las obras y nos señala dónde va cada ladrillo.

 

El Reino es la concreción de la Palabra, ya no será como la palabra humana -que es tan solo energía sonora que produce una modificación provisional del aire- será, por fin, Palabra Perdurable, Voz Creadora del Padre, que permanece por siempre. ¡Que hace todas las cosas nuevas!

 

Es preciso volver la mirada hacia el Redentor y descubrir con infinita gratitud que Él se entregó como Cordero sin tacha ni defecto y no escatimó nada de su Vida y su Ser en aras de donarnos vida en plenitud. Es hora de reconocer que ya no se precisarán más sacrificios, que no tendremos que estar día tras día degollando cabritos en los Altares del Señor, porque la Ofrenda Perfecta se ha inmolado, y se ha entregado en holocausto, holocausto significa “quemada íntegramente”, consumida en su totalidad. Así como repetimos siempre -porque es muy importante entender su donación total-, que el Señor se entregó enteramente sin reservarse nada para sí. Sus posesiones, su cuerpo, su sangre, su madre, su vida total.

 

En el crisol del Calvario, se ofrendó y Él nos devolvió nuestro ser totalmente libre en llamaradas de Espíritu Santo, ya no fuego para quemar la victima sino amor como fuego ardiendo en nuestro ser como fraternidad. Dios se ha Elegido la Hostia Perfecta: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

En el texto es muy claro que no se trata de una religión de palabra, sino de una Palabra que se hace vida. De lo que se trata es, de una Cristificación de la Existencia, traducida en hermandad. No se dice “hermano” o “hermana” a falta de otra palabra para llamarnos entre nosotros, sino con profunda consciencia de ser hijos todos del mismo Padre, hermanos en Jesucristo: “Ya que han purificado sus almas por la obediencia a la verdad hasta amarse unos a otros como hermanos, ámense de corazón unos a otros con una entrega total, pues han sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible, sino de algo ἀφθάρτου [afdartou] “incorruptible”, mediante la Palabra de Dios viva y permanente”. El kerigma tiene un corazón y si no palpita significa que el Mensaje Cristiano ha muerto y ya no tiene vida que comunicar a la humanidad.


 

Por eso dice el Salmo: «No dejarás a Tu Fiel conocer la corrupción» (Cfr. Salm 16(15), 10). Esta es la manera de decir que Dios no dejó a su Hijo muerto en poder de la descomposición, sino vivo para construir un mundo de fraternidad, su Reino.

 

Sal 147B, 12-13. 14-15. 19-20

Himno de alabanza para reconocer a Dios como el reconstructor de Jerusalén. En ese restablecimiento de la Ciudad que será ahora la Nueva Jerusalén, Dios coherente en sus cuidados, fundamenta esta Nueva Ciudad en dos soportes Divinos: Paz-y-Pan. Rodeada de un blindaje inexpugnable, Ella es sinónimo geográfico de Seguridad.

 

¿Qué traduce para Dios la palabra seguridad? La Alianza porque nuestra amistad, nuestras Nupcias con el Señor, materializan nuestra solidez permanente: El Esposo será siempre Nuestro Guardián y Nuestra Tibio Nido.

 

El Tibio Nido, nos informa el salmo, ha sido reforzado blindando, el Cerrojo de sus Puertas acerado y dando Amparo y Protección a todos sus hijos.


Envía su “Mensaje” y este Don nos llega sin tardanza alguna, las esperas se disuelven en inmediatez. No habrá más aplazamientos.

 

Pero hay un elemento que modula la Libertad y ese es la Ley. Si Dios hubiera entregado la Libertad sin modulador habrían incurrido en una irresponsabilidad paternal (los niños pueden hacerse daño con sus juguetes). Le dio todas las pautas a su pueblo elegido, porque había sido designado para la descomunal tarea de llevar el Anuncio a las demás naciones. Por eso lo privilegió. ¡No para establecer una hegemonía a plomo y misil!

 

Mc 10, 32-45

¿Rescatados para sentarnos en su Gloria?

¿Pueden bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Mc 10, 38d

 

Miramos hacia Jerusalén como promesa, cuando nos referimos a la Nueva Jerusalén la que se nos presenta en el Apocalipsis; pero en este caso estamos hablando, por el contrario, de la Jerusalén donde fue a morir Jesús, estamos mirando hacia una sentencia de muerte segura. ¡Y Jesús les advierte!


El contexto general nos presenta a Jesús como un “amigo comprometido”; Él no usó a su Pueblo Elegido, fue por delante poniendo en juego su propio pecho y su propio corazón. Como se diría popularmente, jugándose su propio “´pellejo”. Él -personalmente- fue a la vanguardia, y se entregó, Él, el Primero.

 

Muchas veces pensamos que “instrumentaliza” a alguien para que sea su “marioneta”, a veces decimos “los usó como instrumento”; pero ¡nunca es así! todo el que se une al Proyecto del Reino y participa, se une voluntariamente; por eso ha tomado tanto tiempo este proceso: No somos muy veloces, que digamos, para tomar la opción procedente. Sin embargo, Él resplandece con Su Paciencia.

 

Cuando mostramos el cobre y sacamos a relucir el miedo, lejos de ocultar o aminorar el riesgo, nos lo deja ver a la cara y que procuremos superarlo. Hoy nos muestra el tercer Anuncio de su Pasión.

 

Pero lo que más nos bloquea no es el miedo, es la ambición, el ansia de poder, el deseo de acomodarnos en el Trono, ocupar las curules y luchar por perpetuarnos en los sitiales de gobierno. ¿Qué le piden Santiago y Juan? “Sentarse con Él en la Gloria”, esa Gloria a la que se refieren es el Trono del Reino Davídico.

 

Dos componentes (que desgranaremos en tres aspectos) se declaran aquí:

a)    La Trinidad Santa se ha repartido según algún criterio -que no es de nuestra competencia- lo que cada Uno ha de hacer; y, asignar los sitiales Celestiales es Función Paternal. El Hijo no se va a poner a repartir lo que su Autoridad no le asigna.

b)    Y en este literal, hay algo que nos compete a fondo, a nosotros nos toca, tratarnos fraternalmente, no y nunca someter a nadie, lo que nos toca es ¡Servir!

c)    ¡El que quiera ser primero que se haga el último!

Es todo lo contrario de lo que imaginábamos: Luchamos y pataleamos por hacernos al Trono y lo que nos corresponde es el delantal del διάκονος [diakonos] “Servidor”, el que se pone las pilas y hace todo con tanta presteza que levanta una nube de polvo a su paso”. “El que ataca el polvo a fondo”. (El sirviente que se las ve con el polvo está al último en la “jerarquía”).

 

Llegamos al paradigma, aquí Jesús se pone como modelo para saber cómo se llega a ser el “Primero”: Subiéndose a la Cruz. Todo lo resume con exactitud en el último versículo de la perícopa de hoy: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en λύτρον [lytron] ‘rescate’ por muchos”. Por muchos, es la manera hebrea de decir “para beneficiarlos a todos”. La verdadera grandeza radica en el servicio. Jesús ve su muerte como otro acto de servicio en su vida: como entendemos muy bien, con su muerte sufragó el precio, y lo pagó -como bien sabemos- con su propia sangre, con la entrega de Él mismo en favor de nuestra liberación de la esclavitud del pecado.

 

Cuando hablamos de una “conversión”, descubrimos que los valores del Reino están en contravía de los valores mundanos.  Ni Santiago ni Juan habían remontado la lógica común, la de la codicia. Lo que pretenden es la superposición de los valores mundanos a la Voluntad del Cielo.

 

Habrá que llevar estas aspiraciones al bautismo (muerte por inmersión, es decir por ahogamiento) para llegar a ser los co-herederos del Hijo. A los otros discípulos, lo que les molesta no es que ellos estén pidiendo equivocadamente, sino que se les hallan colado en la fila de los que vienen a solicitar, poniéndose de primeras entre los peticionarios de los privilegios.

 

En nuestra sinodalidad, este dato se debe tener en cuenta, que también nosotros (los más cercanos en la Comunidad) podemos estar pidiendo mal y aspirando a las prerrogativas por las que Jesús no está “trabajando”.

 

Jesús deshecha los prestigios y las falsas aspiraciones, nos enseña que este tipo de objetivos de vida deben desecharse, y que seguirlo implica aprender a ponerse de ultimas en la fila. En realidad, el discipulado tiene que ver con la honra y el honor de hacerse servidor. Y no de engrosar las huestes de los que se agolpan para reñirse los puestos de opresores, de gerentes, de dueños, de monopolizadores: No apostarle al apego del poder y el mando, sino liberarse por medio de la entrega.

 

La perspectiva “mundana” es que todos me sirvan a mí, en cambio, el enfoque cristiano es hacerse servidor de todos los demás.


En que eje se mueve toda esta reflexión, en el eje de la verdadera autoridad. El discipulado es un poder constructivo que se recibe, no un aparato de constricción para oprimir y amoldar, sometiendo. Nadie tiene porque ser instrumentalizado, nadie tiene que servir de escabel para ascender. ¡Cada vez que aspiramos a las esferas gobernantes, Le pisamos Sus llagas las de sus Pies para -supuestamente- acercarnos a besarle el costado!

lunes, 25 de mayo de 2026

Martes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 10-16

Llamados a heredar del Mesías la Santidad

El profeta recibe un “Mensaje” que no tiene claridad cómo llegará a cumplirse, no puede adivinar los recónditos laberintos que recorrerá la historia y sólo intuye la luminosa claridad que reviste el “Mensaje”. Los profetas antiguos supieron de la venida del Mesías, de Él tenían unos retazos que lo prefiguraban como líder, como “Salvador”, y -tomando de lo que tenían más a mano- los datos de Moisés y de David sabían de Su Valor, de su liderazgo, de su Poder -recibido de lo Alto- en fin, que colmaría todas las expectativas. Tenían que “anunciar” una Esperanza Magnifica, que, de todas maneras, inclusive para ellos, guardaba ribetes mistéricos. En todo caso y muy en concreto, sería el Salvador de las almas.

 

El “Mensaje” tan contundente que ya -por ejemplo, Isaías- visualizaba en el Siervo Sufriente, dejaba entrever una “Pasión” que Antecedería a la Glorificación, valga decir, una Cruz que precedía la Resurrección.

 

Uno de sus rasgos prominentes era que ese “Vaticinado”, no llevaría a cabo sus Proezas para magnificar su “Nombre”, sino que su Nombre sería magnificado en provecho nuestro. Era claro pero desbordante de Misterio, ¿Por qué iba Dios a obrar tan Altos Beneficios poniendo su propio ser en nuestras “manos”? Tal vez, a imagen del egoísmo que tan esforzadamente hemos aprendido, no nos cabe en la mente que Dios mismo se jugara todo por nosotros.

 

¿Cómo podemos acercarnos a contemplar tan esplendorosa Zarza que Arde-sin-Quemarse? El propio Dios nos ha respondido. quitándonos las sandalias (valga decir purificándonos) y con reverente abandono, desprendiéndonos de las tradiciones que obnubilen nuestros sentidos impidiéndonos adentrarnos en la “Novedad” del Mensaje.

 

Esa purificación nos implica en ese proceso de perfeccionamiento que requiere la limpieza del alma, sin segundas intenciones, libres de intereses mezquinos, totalmente dados el ejercicio del Bien como Jesús, que se sacudió de todo y se desprendió hasta de sus últimas gotas de sangre y agua en favor de quienes Ama, porque el amor se define así, querer todo el bien para el amado. Y así se puede traducir, porque Jesús nos dio toda la gramática de su Mandamiento del Amor, y se abajó, y no se “aferró” a su Poder, sino que se abajó y se “anonadó”, arrancándose la piel, que no era la suya, sino la que se había tejido como Manto, con los hilos de nuestra pecaminosidad.

 

¿Cómo podía profeta alguno llegar el fondo de esta “tamaña densidad”? Y hubo uno que pudo, y fue Juan, el Precursor que, al verlo, descubrió que se trataba de “el Cordero de Dios”, que con su Sacrificio Vicario había venido a “a quitar el pecado del mundo”.

 

La perícopa nos pide una capacidad de cambio y de adaptación; no un empecinamiento con las maneras de ser y hacer y en particular con los anhelos usuales: “como hijos obedientes, no se amolden a las aspiraciones que tenían antes, en los días de su ignorancia”. ¿A qué ignorancia se refiere?  Al tiempo en el que no habíamos podido conocer el Rostro amoroso de Dios, ese semblante que salva graciosamente, esa Misericordia forrada de gratuidad. Nótese que nuestra relación con Él queda automáticamente precisada: “Como hijos obedientes”, porque él asumirá con integridad su rol de Padre.


Llamados por Dios a ser santos, pero no una santidad abstracta, sino definida y trasparentada en el ejercicio de una bondad   para nada egoísta, sino generosa, de ninguna manera “en beneficio propio”, sino buscando siempre el bien de los demás.

 

Sal 98(97), 1bcde. 2-3ab. 3c-4

Al agradecer (Eucaristía) todas las Maravillas obradas por el Señor a favor nuestro, requerimos ampliar nuestra camisa, y evidentemente ya no podemos seguir usando la que tuvimos de bebés.

 

No podemos figurarnos que ese “en favor de la Casa de Israel” consiste en un “cheque en blanco” para que podamos pisotear a nuestros semejantes y hacer del resto de la humanidad un cajón para alzar los pies y que ellos nos los sostengan mientras reposamos muellemente, algunos otros tendrán la misión de abanicarnos, mientras los demás nos tributen pleitesía, llenen nuestras copas y batan palmas para encomiarnos.

 

Bueno, y preguntaran algunos, si no es así: ¿cuál es, entonces, el “privilegio” que habremos de recibir en calidad de “pueblo escogido”? Y en el salmo se nos responde: dar a conocer su Salvación, difundir la Noticia, dar la Buena Noticia. “La justicia para todas las naciones”.


La corona de laureles, que ya ciñe nuestras sienes, es haber cumplido la tarea de lograr que en toda la tierra resuene Su Santo Nombre: proponerlo a toda la humanidad, para que todos, en glorioso coro y con Celestial armonía, aclamemos al Señor.

 

No se trata de una ovación multitudinaria, se trata de una vida que despliegue la fidelidad a sus Mandatos, una manera de vivir que signifique que hemos abierto nuestra existencia para vivir aquí, como se vive en el Cielo, la Voluntad Divina (como lo oramos en el Padre Nuestro).

 

No consiste en gritar y vitorear, en reflectores y parlantes y cámaras de humo y luces cambiantes y estroboscópicas; sino en aprender a vivir una vida, de tal manera que sea un “Cantico Nuevo”. Esa vida será el reconocimiento de que Su Reinado se ha llevado a término en nuestro corazón y hasta los confines de la tierra llegue “Todo Su Honor y Toda Su Gloria, y Toda Su Majestad”

 

 

Mc 10, 18-31

Está la imagen zen de la tasilla llena de té donde el maestro sigue sirviendo, a pesar de -ya estar llena- no puede contener más y lo que se sirva en ella, sólo se derramará. Siempre hay que soltar algo, para que podemos recibir algo más o algo nuevo. Para dar el siguiente paso, es necesario vaciarnos (kénosis) y así, darle cabida a “la nueva bebida” en la tasita de té.


Hay dos modos de recibir: de inmediato, algo que sustituya lo anterior; pero, la otra manera, es recibir en el futuro, en el esjatón: hay que cambiar algo en nuestro hoy que nos abra a lo nuevo que recibiremos en la “edad futura”, a la que solemos llamar “Vida Eterna”, y con esa fórmula pasamos a un “concepto” esencial de nuestra fe: la muerte no es el fin, tras la muerte viene, por fin, el desplegarse de las alas de la “mariposa”: ¡Ah dulce metamorfosis que nos sobrevendrá!

 

¿Entraña acaso, eso, el descuido de la realidad por la que transitamos aquí? ¿Visualizamos esta vida como el patio donde Dios manda a jugar a sus “niños”, mientras Él acaba de hacer algún “oficio muy serio” para que no lo distraigamos, para que no lo perturbemos? Nosotros lo vemos distinto, en otra parte lo hemos dicho: estamos en el “Campo de Entrenamiento”. El espacio donde “el deportista” ensaya, despliega y cultiva sus potenciales para alcanzar su mayor realización a la hora del “torneo”.

 

¿Cómo podemos ganar la Vida eterna? ¿Qué relación hay entre la vida provisional que vivimos aquí y la que viviremos en las Moradas del Señor? Pero, hoy se nos entrega una verdadera paradoja: ¿cómo es posible que los primeros se vuelvan últimos y los últimos se hagan primeros? ¿No es esa una injusticia supremamente injusta?

 

Si verdaderamente a los que llegan a trabajar a las 5:00 de la tarde les pagarán igual que a los que madrugaron, sinceramente ¡prefiero no ir a trabajar a ninguna hora, que de todas maneras me llegará el sobre con la paga a domicilio!

 

Claro que quienes lleguen muy temprano obtendrán la paga para suplir todos sus gastos personales y claro que Dios no se va a conformar con darles a los que llegaron tarde, sólo un mendrugo, (recordemos que ellos no salieron a trabajar tarde, no pudieron empezar antes porque se les había negado la oportunidad de tener trabajo en algún cultivo; porque no se les había “contratado”) (Cfr. Mt 20, 1-23).

 

Todos recibirán lo suficiente y lo necesario. Porque el Señor es Bueno y Generoso. Y aquellos que lo han abandonado todo para seguirLo, con el sólo hecho de haber estado con Él toda la Jornada ya han recibido el más anhelado jornal, una paga tan abundante, tan generosa, ¡una medida rebosante!: Aprender el Milagro de llevarles a otros el Verdadero Pan del Cielo, que no el que nos dio Moisés, sino el que nos da el Padre.

 

Queremos recibir un tazón de oro lleno de las monedas más valiosas, y no vemos que gozamos la Amistad con el Rey de Reyes, con el Señor de Señores. Aprendamos la lección de María (la hermana de Marta y de Lázaro) y embriaguémonos en las delicias de estar toda la jornada, sentados a sus pies, oyéndolo.

 

Los que llegan primero y no saben escuchar, aun cuando estén toda la jornada con Él, serán como los últimos, porque con los oídos sordos de su corazón, nada oyen; pero los que llegaron últimos, estarán tan compenetrados con sus enseñanzas por la intensidad de su escucha que aun habiendo sido “contratados” tarde, recibirán la moneda con “mayor poder adquisitivo”. Atesoremos su palabra y el dulce sonido de su Voz y de su Manera de Enseñar.


Solo valorando aquí, en los “campos de entrenamiento” el significado de la Amistad con Dios, podremos pasar al Banquete del Esjatón y reclinar en Su Pecho la cabeza, como lo hiciera el Discípulo Amado, precisamente porque al estar escuchándolo tendremos para nosotros la perla perfecta engastada en el alma.