viernes, 13 de febrero de 2026

Sábado de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 12, 26-32; 13, 33-34

Terminamos hoy nuestro breve curso sobre el Primer Libro de los Reyes. En el capítulo 11, vv. 41-43, con dos pinceladas, se nos anuncia la muerte de Salomón (año 931 a.C.) y su entierro en Jerusalén. ¿Quién se sentó al Trono? Pues, su hijo Roboam.

 

Antes de la muerte de Salomón empezó la rebelión de las tribus contra Salomón, y el liderazgo corría a cargo de Jeroboam. Como la rebelión no prosperó, Jeroboam huyó a Egipto y allí encontró “asilo político” bajo la tutela de faraón Sheshonq I (que la Biblia menciona como rey, bajo el nombre de Sisac o Sesac) (1R 11, 40). Al morir Salomón, Jeroboam regresó, y -según una venerable tradición, reunió a los representantes de las tribus y convocaron a Roboam para que hiciera acto de presencia en esta Asamblea y sería ungido rey. Le expresaron sus reclamos -como lo vimos ayer- y le dijeron: “Tu padre nos ha impuesto un yugo pesado; alivia tú los duros trabajos que nos exigió, y el yugo pesado que nos impuso y te serviremos. Sería, entonces una unción condicionada. Roboam reunió a los ancianos (que, ¿recuerdan ustedes? Salomón había desplazado para reemplazarlos por sus “gobernadores”) y les consultó, ellos le recomendaron “Effetá”, no, sólo ponemos aquí la expresión para señalar como Salomón había instituido un gobierno explotador que no “escuchaba” que en vez de oídos tenía un “corazón de piedra”. No, lo que le respondieron fue: “Si hoy te pones al servicio de este pueblo y les respondes con buenas palabras, ellos te servirán para siempre”. Es que -ya se ha dicho muy reiteradamente, la función del gobernante es escuchar a su pueblo.

 

Entonces ¿qué hizo Roboam? No les prestó escucha a los ancianos, llamó a su gallada juvenil, a los muchachos que andaban con él (los que iban con él de parranda, de juergas, de copas y cocktails), y les preguntó a ellos, su muy “prudente consejo”. Miren esta clase de sabiduría y prudencia de su “gallada”: «A esta gente que te ha pedido que aligeres el yugo que tu padre les impuso, debes responderle lo siguiente: ‘Si mi padre fue duro, yo lo soy mucho más; si él les impuso un yugo pesado, yo lo haré más pesado todavía, y si él los azotaba con correas, yo los azotaré con látigos de puntas de hierro’ (1R 12, 10)»

 

Ante el rechazo total de Roboam a sus demandas, el pueblo rehusó hacerlo rey y se retiró de las negociaciones.

 


Roboam volvió a Jerusalén, y como la burocracia había logrado instaurar la continuidad e intensificar sus prebendas, respaldaron a Roboam.

 

Los investigadores tienden a ver en los becerros de Jeroboam, (también en los de Aarón, David y Salomón “cabalgaduras para YHWH”, retrotrayéndose a la tradición del Dios itinerante). Para evitar el excesivo centralismo teocrático de Jerusalén, Jeroboam les dio dos santuarios: uno en Dan y otro en Betel. Además, hombres del pueblo podía ejercer el sacerdocio, medida que siempre le ha sido muy criticada a Jeroboam.

 

Antes el rey -sin su camarilla burocrática- era sólo un líder militar. No era partidario de la trasmisión dinástica del poder. El pueblo podía quitar un rey y poner a otro, y eso miraba contra la perpetuación en el poder. Pero al estar contra la monarquía hereditaria, eso dio pie a los golpes “de estado” militares.

 

Aparecen los profetas como un organismo de “control al rey”, retomando lo que hemos visto de la Voz que delimita y corrige el rumbo del gobernante. Jeroboam hizo conciencia del importantísimo nexo entre religión y política y vio que el Jerusalén-centrismo iba en contra hilo de la estabilidad de su reinado del norte (Israel), y resolvió atacar el culto con la creación de estos dos nuevos centros cultuales; Dan y Betel. Así hizo cesar las peregrinaciones a Jerusalén. «Si vamos a las tradiciones de las tribus veremos claramente que tanto Betel como Dan eran antiguos centros del culto a Yahweh. En Betel Yavé se la apareció al patriarca Jacob /Gn 28, 10-22), y Dan fue donde la tribu de ese nombre estableció su centro religioso después de su migración desde Sora y Eshtaol (Jue 18, 28-31) (Jorge Pixley)

 

El reino del sur fue gobernado por Roboam, y estuvo constituido por Judá y-aparentemente- por la mayoría de la tribu de Benjamín.

 

El texto entero, está escrito como una versión con mirada Jerusalén-centrista.  Hasta aquí llegamos con este Libro, que todavía nos contará la historia de los reinos divididos hasta los tiempos del Profeta Elías en los tiempos del rey Ajab, (Acab, o Ahab) séptimo rey de Israel (caps. 13-22).


 

La semana entrante iniciaremos un cursillo de siete sesiones sobre la Carta de Santiago, tendremos, (en los dos días de la sexta semana de tiempo Ordinario), las dos primeras lecciones, y lo retomaremos en mayo -cuando cuándo haya pasado la Cuaresma, El Triduo Pascual y el Tiempo Pascual- y entraremos en la segunda parte del tiempo Ordinario.  

 

Sal 106(105), 6-7ab. 19-20. 21-22

Volvemos sobre este salmo que es un Salmo de la Alianza. (El jueves hemos proclamado otros versos de este mismo salmo). El título del salmo es “La constante rebeldía de Israel). Este salmo es una acusación a nuestra muy pobre memoria histórica. La Escritura nos muestra que la nuestra es una religión con carácter histórico. Muchas páginas de la Sagrada escritura están destinadas a esta temática. ¿Por qué se habría esmerado tanto Dios en conservarnos el recuerdo de esos pasajes “históricos” si no tuvieran un profundo interés y un gran valor para darle cumplimiento a Su Plan para nuestra Salvación?

 

La nuestra no es una religión de ritos, es una religión dónde se valorizan los hechos a través del tiempo.

 

Lo primero que nos dice hoy es que algo pecaminoso sucedió en Egipto, y estamos repitiéndolo. Igual que en las generaciones antiguas, no “comprendemos” las maravillas que Dios obra.

 

Luego recuerda que Aarón también hizo עֵ֫גֶל [egel] “becerro”, “novillo” de oro, y mientras Moisés estaba en el Horeb, recibiendo los Mandamientos, su hermano, el fundador de la casta sacerdotal, estaba desempeñando sus funciones sacerdotales ocupado en la “adoración” de un becerro (Ex 32, 4).


Y, en la tercera estrofa, vuelve a insistir: “Se olvidaron de su Dios y de todos los portentos que hizo en tierra de Cam, junto al Mar Rojo.

 

¿Que pedimos en el verso responsorial que sea el pago y premio a nuestra desmemoria? Le pedimos que Él tenga la memoria que nosotros no, y se acuerde “de mí”. ¿Quiénes sin puestos en prenda y como garantía para que la plegaria a “mí” favor, sea escuchada? ¡Precisamente “Su pueblo”!

 

En realidad, todo el salmo se aprovecha de la fidelidad de Dios en favor propio. Es un salmo que gira en torno a la memoria, a recordar, זָכַר [zakar] “recordar” es el tema predominante, es el corazón de nuestro clamor.

 

Recordar implica hacer un esfuerzo tesonero para descifrar el hilo de la historia y luchar por mantenernos coherentes en él.

 

Mc 8, 1-10

“Señor, enséñame a ser generoso;

enséñame a servirte como te mereces;

dar y no contar el costo;

para luchar y no atender mis heridas;

trabajar y no buscar descanso;

trabajar y no pedir recompensa.

excepto saber que estoy haciendo tu voluntad”

Atribuida a San Ignacio de Loyola

 

La segunda multiplicación de los Panes. La primera había sido para favorecer a un auditorio de origen judío, en cambio, la de hoy, está destinada a los “paganos”. Tal vez si fuera una sola multiplicación de panes la gente podría decir que sólo en aquella oportunidad se había conmovido, pero que eso no era lo corriente. Tal vez, si tuviéramos una sola multiplicación, alguien diría, sólo se multiplicaba el pan para los judíos, para los paganos, no.


A pesar de haber obrado el prodigio para la Siro-Fenicia.  Nuevamente el Señor dice: Σπλαγχνίζομαι, [Splanchnizomai] que se refiere a las entrañas, donde encontramos la sede de los sentimientos. Nosotros también, muchas veces lo destacamos así, por ejemplo, en el caso cuando se dice “hijo de mis entrañas”, aun cuando en nuestra cultura la sede de los sentimientos es el corazón. Esta expresión se traduce como “Siento compasión”. Es la misma “caritas” que se usa en latín. Es la ternura, es la identificación ante los males que alguien sufre, es ponerse en la carne del “prójimo” y apropiarse de sus penalidades en primera persona. Este sentimiento está absolutamente próximo al Amor que Jesús nos ha enseñado, es más, puede identificarse con la projimidad de su mandamiento de Amor. ¡Es lo esencial en la imitación de Cristo!

 

Pero al partir y repartir los panes, este gesto nos pone directamente en el contexto Eucarístico. Y así se dice en la perícopa, cuando en el verso (Mc 8, 6) dice la palabra εὐχαριστήσας [eucharistesas], donde, antes de partir el pan pronuncia el “agradecimiento” a Dios, realiza su “acción de gracias”.

 

De paso notemos que Jesús no les pide ponerse de rodillas para recibir o para comer el pan eucaristizado, en cambio, les pide ¡sentarse! (el verbo ἀναπίπτω [anapipto] se puede traducir también como “recostarse”, porque estaban a campo traviesa, y tiene lógica pensar en recostarse.

 

Jesús no da el pan de sus manos, pone como intermediarios a los que decimos seguirlo. Así que, en la partición, se los iba entregando a los discípulos para que fueran ellos los que lo “sirvieran” a la gente. El verbo que se usa es παρατίθημι [paratithemi] “se los pusieran delante”, “se los alcanzaran”, tiene un significado muy personal, una relación de persona a persona. No es autoservicio, no es un plato que ya está puesto o servido allí, para el que llegue. Se parece más bien a la cariñosa atención que se brinda a un pariente que nos visita: a un hermano, a un hijo.


 «    … seguimos celebrando la eucaristía; y bendecimos a Dios, en la gozosa certeza de que la liberación que Cristo ha traído, a pesar de todo, en lugar de haberse extinguido, se abre camino y se enciende como un fuego que devora, que al final quemará todo el viejo mundo: entonces habrá un mundo lleno de justicia, de paz y de amor. Entonces aquello, de lo cual nuestra fracción del pan es un signo tímido, será la grande realidad que abarcará toda la tierra» (Beck. Benedetti. Brambillesca etal). 

jueves, 12 de febrero de 2026

Viernes de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 11, 29-32; 12, 19.

Retomemos un detalle que ya habíamos enunciado al avanzar de este cursillo bíblico en torno el Primer Libro de los Reyes: Hicimos notar que Salomón apartó a Dios de su vida de una manera rotunda. Así que no tuvo la consejería de algún profeta. El profeta es, como un poderoso amplificador de la voz de la consciencia, porque Dios habla sotto voce, y, nosotros -ponemos eso como pretexto para decir: “No, no me ha hablado en absoluto”-.

 

He aquí pues, que nos envía su intermediario, que nos habla con voz humana y nos ayuda a re-direccionar y corregir nuestro derrotero. A Saúl le hablo Samuel, a David le hablo Gad y Natán, a Jeroboam le hablo Ajías de Silo. A Salomón…, nadie. ¡Él prefería que no lo molestaran ni le estorbaran su politeísmo! Y no era que él fuera politeísta por principios, lo fue porque cayó rotundamente en la idolatría del poder en el preciso momento en que puso por encima su monopolio, su riqueza, sus caballos y barcos y esposas y relegó a Dios al Templo. (“En una jaula de oro, pendiente de un balcón”, dice la ranchera).

 

Lo primero que esto nos lleva a reflexionar es que no basta con recibir la Sabiduría -que viene de Dios- y, si nos permiten, vamos a recurrir a una comparación, con un teléfono móvil, buenísimo, el mejor que quepa imaginar, uno tan altamente tecnológico, que todavía no se ha inventado. La característica más sobresaliente de este ultra-teléfono es que tiene línea directa con el Cielo y marcación automática.

 

Pese a lo cual, como todos los teléfonos, requiere ser “conectado” a la “Fuente de Poder”, sólo funcionará mientras esté cargada su batería. ¿Qué pasa si a Salomón le regalaron uno de estos -simplemente se lo ganó en un sorteo que hubo en Gabaón-, pero no lo volvió a poner a cargar jamás? La apoteósica “sabiduría” con la que hemos venido adornando la memoria del cuarto hijo de David y Betsabé, quedó ahí, en un cajón de la mesita de noche, “descargado”. Y esto es porque Salomón se “cerró” al Señor.

 

“La tarea principal de la autoridad consiste en saber oír. Autoridad justa -nos dice Euclides Martins Balancin- que tiene la aprobación de Dios, es la que actúa siempre a partir de las legítimas aspiraciones y reivindicaciones del pueblo”. Alguien que no oye se ha cerrado a la comunicación, está bloqueado, tapiado, prisionero.

 

Repasemos, ahora, los elementos que dan inicio al “sabio reinado” de Salomón: Tan pronto subió al trono lo primero fue eliminar los aspirantes más poderosos que podían oponérsele, mando matar a Adonías (1R 2, 12-25) y el general Joab (1R 2, 28-35) y, a Abiatar, el sacerdote de Jerusalén lo expatrió a Anatot (1R 2, 26-27). Y a los partidarios de la descendencia de Saúl, los eliminó (1R 2, 36-46).

 

Que va a quedar del reino después de esta siembra contumaz de vientos, un reino de tempestades, desmantelado como un manto desflecado a golpe de espada en 12 jirones que simbolizan cómo se repartirá el reino, Ajías de Silo (como dijimos ayer, el patrocinador de Jeroboam), remplaza la Unción por la entrega de doce tiras a Jeroboam, y reservándose dos tiras para el legítimo sucesor de Salomón que recibirá tan solo esta piltrafa.

 

Leer de otra manera la historia de Salomón para presentarlo como un coloso de la sabiduría es conformarnos con una lectura sesgada, que barre debajo de la alfombra lo que quiere tapar; y, esa, es una mirada cómplice de alguna ideología. No la verdad que Dios ha revelado en la Escritura.

 

Insistiremos que, al leer la Escritura, no podemos hacer una compilación de páginas selectas. Tenemos que oír todo lo que Dios nos ha querido decir y no proceder a arrancar algunas hojas y relegarlas al tacho. Una característica del que busca al Señor en la Biblia es aceptar que la Palabra de Dios no son nuestros fragmentos preferidos y frecuentados; tenemos que reconocer que tiene que haber una razón, y tiene que ser por algo muy importante que el Señor incluyó en estos Textos Inspirados esos otros aspectos y relatos que por alguna curiosa razón hemos desdeñado.

 

Una cosa que se advierte es que hemos hecho un salto largo, bastante largo, exceptuando toda una perícopa de 1R11, 33 – 12, 18. Antes de proseguir, nos gustaría rescatar una parte de lo que hemos obviado, porque -a nuestro juicio- es muy importante para comprender lo de la sucesión de Salomón. Salomón había reinado desde Jerusalén durante cuarenta años, y le sucedió su hijo Roboam (Cfr. 1R 11, 42s); ahora, vamos a ver 1R 12, 1-14:

Roboam se dirigió a Siquém, porque todo Israel había ido allá para proclamarlo rey. Avisaron de eso a Jeroboam, hijo de Nabat, cuando todavía estaba en Egipto, a donde había huido lejos del rey Salomón; inmediatamente regresó de Egipto. Lo mandaron a buscar, después de lo cual Jeroboam y toda la comunidad de Israel fueron a ver a Roboam y le dijeron:

- Tu padre nos impuso un duro yugo. Si nos liberas de esos trabajos forzados, de ese pesado yugo que nos ha impuesto tu padre, te serviremos'.

Les respondió:

-'Váyanse y vuelvan a verme en tres días'. Y el pueblo se fue. El rey Roboam consultó a los ancianos que habían sido consejeros de su padre Salomón mientras éste vivía. Les dijo: '¿Qué me aconsejan que responda a ese pueblo?'

Le respondieron:

'Si ahora te haces su servidor, si te muestras conciliador en tu respuesta, estarán para siempre a tu servicio'.

Pero Roboam no atendió al consejo de los ancianos, más bien se volvió hacia los jóvenes que habían crecido con él, y les pidió su opinión. Les dijo:

-'¿Qué me aconsejan que le responda a ese pueblo? Saben lo que me dicen: 'Haz que sea menos penoso el yugo que nos ha impuesto tu padre'.

Los jóvenes que habían crecido con él le respondieron:

-'Ya que esa gente te ha dicho: Tu padre nos impuso un pesado yugo, alivia nuestra carga, tú les responderás: Mi dedo meñique es más fuerte que las espaldas de mi padre. Si mi padre les impuso un pesado yugo, conmigo será peor. Si mi padre los castigaba con correas de cuero, conmigo los látigos tendrán puntas de fierro'.

Al tercer día Jeroboam y todo el pueblo de Israel volvieron donde Roboam, pues el rey les había dicho: 'Vuelvan dentro de tres días'. Pero el rey habló al pueblo ásperamente; no tuvo en cuenta el consejo de los ancianos, sino que les dijo lo que querían los jóvenes: 'Si mi padre hizo pesado su yugo, conmigo será peor. Si mi padre los castigaba con correas de cuero, conmigo los látigos serán de puntas de fierro'.


El que está cerrado -tiene corazón de piedra y hace gala de su crueldad; y, por eso tiene que luchar para ver cómo se quita el tapón y descorcha sus sentidos, tiene que poner su corazón en remojo y rogarle a Dios. Una vez logremos descorcharnos, habrá que poner a cargar el teléfono y bregar a restablecer la comunicación con el Señor. Pidamos al Cielo para que no despilfarremos las Gracias que nos da y mantengamos la línea abierta y operante.

 

Sal 81(80), 10-11ab. 12-13. 14-15

En las raíces de muchos fracasos de comunicación está una actitud de fondo que penetra la relación humana… un querer poseer, dominar, disfrutar identificar consigo mismo. Todas ellas burdas caricaturas de la verdadera comunicación.

Carlo María Martini

 

Este también es un Salmo de la Alianza, porque hemos venido viendo la situación gravísima que lleva a estropear la Alianza hasta echarla a perder. No porque Dios sea infiel a su Palabra, sino porque Él no puede quebrantar el don más excelso que nos ha dado: nuestra libertad. Y esto es así porque Él no quiere tener esclavos o títeres que lo adoren, quienes quieran enlazar con su Amor, tienen que tener un amor compatible con el Amor de Dios.

 

El tema del gobernante es que -nos guste o no- él se vuelve paradigma para su pueblo. Si lo ven a él picándose la nariz, no se extrañen que la moda vaya cundiendo (al que más se le dio, más se le exigirá). Por ahí hay un refrán, cada vez más difundido, “cada pueblo tiene el gobernante que se merece” … (creemos que es de Winston Churchill) hay una relación biunívoca: al gobernante lo sostenemos y lo imitamos. También a Churchill se le atribuye haber dicho que “el precio de la grandeza es la responsabilidad”.

 

Y, mirando la Primera Lectura, enfatizamos que la falla de Salomón fue haberse hecho el sordo a la Voz de Dios y al clamor de su pueblo, que entre más nos adentramos en la Escritura, más nos parece que son una y la misma cosa: «Si uno dice “Yo amo a Dios” y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Pues este es el mandamiento que recibimos de Él: el que ama a Dios, ame también a su hermano (1Jn 4, 20-21).

 


En la Primera parte del Salmo se alaba a Dios por su Grandeza, también por su Fidelidad y por todo el Bien que nos hace.  En la Segunda parte, se vislumbra que su reinado estaba encaminado en el sentido y dirección que insinuaban sus Leyes, y entonces el hagiógrafo lo mira y lo hace ver como un Gran Legislador.

 

Este poema está regido por el verbo שָׁמַע [shema] “escucha”, pero para poder oír -como venimos insistiendo- es necesario estar “destapado”, tener las orejas sin “tapones”, desobstruir la comunicación. Y en el verso 14 dice que ojalá lo שֹׁמֵ֣עַֽ “escuchara” su pueblo. Pero nada, su sordera es la de una tapia. En el verso responsorial nos conmina el Señor: “Escucha mi voz”, simplemente porque ¡Él es el Señor!

 

Mc 7, 31-37

Tenemos que ponernos la mano en el pecho, para hacernos la pregunta: ¿nuestras palabras y también nuestros gestos van, en el mismo espíritu y en el mismo sentido, que los de Jesús? Jesús ejecuta hoy una sanación, que libera, que desbloquea, que hace abrir las alas. Y, en esa tónica hace que la gente que testimonió este prodigio se ὑπερπερισσῶς ἐξεπλήσσοντο [hiperperissos exeplessonto] “maravillen en grado sumo”.


No podemos llegar a ese nivel de admiración si no somos capaces de darnos cuenta del cambio que ha sucedido, ese es el primer momento, que dará paso a otro momento: anunciarlo, proclamarlo, compartirlo. Tenemos que:

1.    Registrar con nuestros sentidos lo que Jesús está obrando

2.    Comunicarlo a otros: la proclamación, que es el mecanismo normal de creación de la fe. Dios obra en nosotros creando la acogida y detonando en nosotros esa alegría que da ver la perfección de su obra.

Pero el segundo momento no es factible si no está antecedido por el momento testimonial.

 

Hay una clase de bloqueo preventivo para evitar que Dios nos toque: No mirar, no oír, no darnos por enterados, hacernos los distraídos, cerrarle la puerta al mensaje. ¿Recuerdan ustedes el adagio popular? “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”; les pasa lo que a los ídolos manufacturados: «Tienen una boca, pero no hablan, ojos, pero no ven, orejas, pero no oyen, nariz, pero no huelen. Tienen manos, mas no palpan, pies, pero no andan, ni un susurro sale de su garganta» (Sal 115(113), 5-7). Uno tiene que saber la clave para destrabar su caja fuerte y poderse “abrir”.

 

Es interesante -cuánto menos- que, en el ritual de iniciación cristiana para adultos RICA, se señalan precisamente estos gestos de introducir los dedos en los oídos y tocar los labios del catecúmeno mientras se pronuncia el Effetá, para significar que él no se quedará callado, sino que proclamará su fe. Se “abrirá”.

 

No obstante, hay que precisar que no se trata de ningún gesto relacionado con los actos de magia, en Jesús nada es mágico, no hay nada ni siquiera aproximado a la hechicería, nada de lo que hace proviene del Malo, todo es obra del Padre que está Presente en Él. Por favor, no vengamos a Jesús si lo que pretendemos son actos mágicos, esos son propios de la carpa circense. Siempre nos parece muy urgente puntualizar que las acciones de Jesús no son actos circenses, ni acrobáticos; lo que Él hace es destilar el elixir del amor y convertirlo en salud física o espiritual, espiritual como en el caso de la expulsión de demonios.

 

Tenemos que sobreponernos a la simple sorpresa, y llegar hasta el reconocimiento de Dios y de Su Misericordia Infinita, que obra, que rompe el aislamiento, que faculta al -antes sordo- y cuya lengua apenas si balbuceaba, pero que, ahora, habla correctamente.

 

De otra parte, vivimos un momento de Iglesia en el que muchos de los valores cristianos tenemos que, además, dimensionarlos con referencia a la sinodalidad: es posible que cultivemos las relaciones interpersonales sin pretender el cambio en ti, ni en él, ni en ella, ni en uno mismo y, pese a todo, el cambio ya ha comenzado si aceptamos que la condición para construir la projimidad está en ese respeto, en ese “humanismo”, en esa ternura comprensiva. Jesús no exigía el cambio, sino que ofrecía su Propuesta, y pese a que muchas de las relaciones al interior de su comunidad apostólica, con sus seguidores, y con los paganos que se acercaban eran relaciones deshilvanadas, Él las recomponía, a partir de una opción clara pero no impositiva, sino amorosa, simpática, basada en la caridad, en la compasión. No nos desboquemos, no nos descarrilemos en la premura de forzar el cambio en el otro, o en uno mismo, escuchemos cómo pronuncia Él el Effetá, el dulce tono de Su Voz, y dejemos que Su Palabra nos toque, nos destrabe y nos desbloquee.


También recordemos que muchas veces la Misión para nosotros será prestarle nuestros propios labios, y pronunciar el “ábrete”, con la misma ternura, y en Su Santísimo Nombre.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Jueves de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 11, 4-13

Salomón supo construir un gran progreso para el servicio de su corte y de Jerusalén, que vivieron un esplendor que contrastaba con la situación de las tribus empobrecidas y sometidas a duros tributos.

José Luis Caravias.

 

Hablábamos, en este cursillo, de cómo Salomón impidió que los líderes tribales pudieran dar expresión a los descontentos del pueblo. Salomón dividió al pueblo en prefecturas, y a cada una de las doce le puso un “gobernador” que tenía encargado que se hicieran efectivos los recaudos provechosos al rey. Para que esta medida se justificara, desde el punto de vista de la teología, disolvió e inhabilitó los otros sitios donde se rendía culto. El sacerdocio del Templo, estaba, también, al servicio de los intereses del reino, el Templo era un argumento y “prenda” para que su dominio no fuera cuestionado. Ya hemos señalado que más que una Morada para Dios, era una ficha de su centralismo despótico. Una fachada para levantar el edificio de su egolatría.

 

Apoyado en la ingeniería fenicia, constituyó una flota mercante que comerciaba con oro, especies, marfil, maderas finas y también aromáticas, perfumes, vestidos, carruajes carros de guerra, caballos (Salomón tenía caballerizas para 40.000 caballos de tiro, y 12.000 de monta; y todos estos animales comen -cebada y paja-, y requieren personal para su atención), pavos reales y micos. La reina de Saba era, también mercante -de la misma ralea-, así que su visita tuvo propósitos comerciales; ella negociaba con incienso y especias, oro y piedras preciosas. Las embajadas comerciales de aquella época se entablaban por medio de intercambio de presentes: mercancías contra mercancías. No se trataba de donativos sino de intercambios de productos. Todavía los gobernantes en sus visitas a sus homólogos, les llevan “regalos”, con los que se espera obtener alguna contraprestación. Salomón adquirió riquezas exorbitantes por medio del monopolio de la fabricación y del comercio. ¡Se llama sabiduría mercantil!

 

Todo vehículo consume algún “combustible” que es preciso suministrarle. ¿Cuál era la “gasolina” que movía este reino? Hemos mencionado que Salomón oficializó el tributo en trabajo forzado (algunos lo llaman “leva”, otros le dicen “cuervo”), especialmente destinado a las construcciones (el Templo, el Palacio, las ciudades de Hasor, Meguido, Guezer, Bet-Horón, Baalat y Tamar, y las Ciudades-Silo para almacenar su “cereal”, (ver 1R 9, 15-28); la minería, la cantería, la construcción de barcos, la tala, y el trabajo forzado de los navíos (astilleros y remeros). Todos estos a manera de impuesto. También se pagaba el impuesto en especie: productos agrícolas, ganado bovino y lanar.

 

Con estos ingresos se sostenía la corte y los soldados (1R 4, 22-23).

 

Esto fomentó las revoluciones en las tribus del norte -lideradas por Jeroboam (Jefe de los trabajos forzados, sic; que, a su vez era promovido por Ajías de Silo). La voluntad de Salomón de promover la grandeza de su reinado no paró mientes en lo que esto significaba para la población trabajadora y campesina.

 

Una manera de contar la historia es presentar después de toda una vida pía, una ancianidad demencial y corrompida. No porque así haya sido, sino para ordenar el material y hacerlo legible.


Anotemos en este cuadro que Salomón además de haber amado a la hija de Faraón tuvo 700 mujeres que eran princesas y 300 en el rol de concubinas. (1R 11, 1.39) ¡Pobrecito! Es lógico que, entre tantas, fuera fácil torcerle el corazón y convertirlo en un redomado idolatra. “Yaveh se enojó contra Salomón por que se había apartado de Él” (1R 11, 9). “El hombre contestó: -La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí” (Gn 3, 12). 

 

Sal 106(105), 3-4. 35-36. 37 y 40

Este es un salmo de la Alianza. Si el “pastor” se porta bien con su pueblo, podrá -con justo derecho- poner sus obras como intercesoras, ante Dios, para que Él se apiade del salmista que implora. De otro modo, ¿cómo puede pedir que Dios, que tanto ama a su pueblo, se apiade, si ha sido el primero y el peor impío con todos los que conforman este pueblo?

 

Por eso podemos decir que es bienaventurado el que “respeta el derecho y practica la justicia”, porque sus obras estarán puestas ante el estrado de Sus Pies como ofrenda de desagravio. ¡acudirá presto con Su Salvación a defendernos!

 

Pero sí, por el contrario, soy de los que atropellan a Su Amado Pueblo, me haré pariente de los paganos para practicar sus más depravadas costumbres, y caer en el cepo idolatra.


El sacrificio de seres humanos -explotándolos, condenándolos al hambre, al frio, a la fatiga brutal, al agotamiento, que es igual que ponerlos en la pira del sacrificio- llevará sin duda a que la Ira del Señor -Quien ama la Justicia- se encienda como el horno, siete veces más caliente y voraz.

 

En vez de agradecerle su liberación de manos de Faraón, se cubrieron de oprobio con su iniquidad que no tuvo respeto para hacerse un becerro de oro y para casarse con las que lo llevarían directo a la infidelidad: Dios hizo maravillas en su favor, pero bien pronto olvidó Sus Obras; se olvidaron de Dios su Salvador, que no sólo obró prodigios en Egipto, sino que además le dio un trono como sucesor de David.

 

¡Quebrantó toda Alianza hollando con su planta la cerviz de sus vasallos y flagelando las espaldas de los de su propio pueblo, las ovejas que Él le encomendó!

 

Mc 7, 24-30

… la experiencia renovadora de la fe no se verifica entre los discípulos y los fariseos, en cambio si se realiza de una menar maravillosa entre los paganos.

Beck. Benedetti. Brambillesca etal

Muchas veces destacamos que es muy problemático estar muy cerca del bosque porque uno se centra mucho en un solo árbol, el que está más próximo, pero se pierde la perspectiva amplia de todo el ecosistema, es el caso, que uno quizás llegue a pensar que todos los árboles del bosque son de la misma especie, o si el que está más próximo está enfermo -por ejemplo, de oídio- uno se resuelva a quemar todo el bosque porque, el “bosque” estaría enfermo.


Cuando Jesús actúa, se dirige a un “público” judío, así que los que se le acercan piensan que su “acción” está dirigida a “sacralizar” el judaísmo, y todos sus discípulos caen en el desconcierto porque Él cuestiona los “preceptos del judaísmo”, incluidos sus pontífices: sacerdotes, escribas, fariseos. Nos hallamos pues, frente a un público reticente; difícil, duro, cerrado, bloqueado. Y, nos sorprendemos, cómo es posible que Él les explica todo tan claro, pero ellos no salen del pantano y siguen igual. ¡Sin entender!

 

Hoy se redobla la sorpresa: ¡paganos que están más dispuestos a recibir el “Kerigma”! Y la explicación parece obvia. Ellos no tenían que desprenderse primero de su coraza de “Yo tengo la razón”, “Yo soy detentador de la verdad”, “aquí siempre se ha hecho así”, “lo sagrado es sagrado y todo lo demás es impuro”.

 

Para un judío, el pagano no es más que un perro. Jesús es buscado por una pagana, Fenicia de Siria, cuya religiosidad era un politeísmo semítico centrado en dioses de la fertilidad y la naturaleza, (los cananeos eran fenicios -ayer considerábamos la influencia de los arquitectos fenicios en el diseño del Templo de Salomón)- Jesús, en su respuesta usa el diminutivo de κύων [kyno] “perro”, κυναρίοις [kynariois] “cachorrito” (de perro). Los llamaban “perros” porque como los paganos no distinguen la comida Kosher y comen de todo, también alimentos tenidos por impuros.

 

En términos generales Él sentía que su Padre lo había enviado a laborar y pastorear en la región judía, y dejar de lado a los paganos: “No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (Mt 15, 24 bcd). Se daba por sentado y por obvio que el pueblo elegido estaba llamado a sentarse a la mesa, y en eso consistiría su misión, y sólo en último término, si quedaban sobras, se las tirarían a los paganos. La misión, en cambio, no era esa, sino ser precisamente los que atenderían y extenderían, a todos los paganos del mundo, en la mesa y serían ellos los llamados a distribuir el pan de la gracia, o sea -digámoslo con todas las letras-, el mundo al revés, ellos pasarían a ser “sirvientes” ¡y no amos! Así como Jesús que está en medio de nosotros, no como primer comensal, sino como El Sirviente que trae a la mesa el Pan de Vida, se ata la toalla a manera de delantal y se pone ¡a lavarles los pies”, como vil esclavo.

 

Este paganismo de la región consistía en la creencia en dioses y diosas que controlaban diferentes aspectos de la vida: el mar, la agricultura, la fertilidad y el comercio, eran religiones cósmicas; se practicaba el culto a Baal y Astarté, el matrimonio divino que representaba el sol y la luna; además del culto a Moloch y Dagón y otros dioses y divinidades; con modificaciones y adaptaciones en cada lugar. Ellos se llamaban a sí mismos “cananeos”, por la región que habitaban.

 

Nosotros vemos en esta mujer y en la afectación del demonio que dominaba a su hija, un mensaje del Padre a cambiar esa óptica, y a entender -como ella se lo expresó-, que los que estaban sometidos al desconocimiento de YHWH, tenían, en cualquier caso, la oportunidad de recoger las migajas de pan (recordemos que estamos en la sección de los panes, ya tuvo lugar la Primera Multiplicación (Mc 6, 34-45) y el sábado 14 -pasado mañana- leeremos la Segunda (Mc 8, 1-10)), que los παιδίων [paidion] “hijos”, “niños” tiraban.

 

Esta lección habla de una universalización del mensaje de YHWH y de la elección que el Señor había hecho de Israel -para eso es el pueblo elegido- para que fuera el encargado de llevar su anunció y Proclamación hasta los extremos de la tierra, no para que extendiera su hegemonía y quisiera constituirse imperio. Eso corregía la visión que todavía ostenta el judaísmo (quizás también nosotros aspiramos a ser nombrados “reyezuelos”), como pueblo llamado a extender su imperio y su dominio y, su visión de un Mesías, que sería el Emperador universal.


Pero -como siempre, hay un pero- lo que Él vino a traernos fue liberación y sanación. La siro-fenicia ha sido la oportunidad para legarnos esa Enseñanza. No somos los dueños de Dios, pero si los responsables de poner Su Luz en lo alto.

martes, 10 de febrero de 2026

Miércoles de la Quinta Semana del tiempo Ordinario


1R 10, 1-10

No se puede leer la historia de salvación como quien lee un libro de cuentos sueltos, que no tienen una interconexión o alguna clase de continuidad. En la Biblia tenemos una serie de relatos que están hilados porque Dios quiso ponerlos allí, porque son piezas para acercarnos al “Plan de Dios”. Dios es el Señor de la Historia, y nosotros podemos acercarnos a Él por medio de esta historia, a condición de evitar verlos como un simple reguero de retazos, más bien debemos entenderlos como piezas de un rompecabezas que se nos ha entregado para que nosotros reconstruyamos la imagen.

 

Cuando leíamos el Libro de Samuel, y nos encontramos al pueblo que por medio de sus líderes tribales demandaban tener un rey, Samuel les advirtió lo que les sucedería si ellos porfiaban en esa idea. Y como se empecinaron, pues, les sucedió todo cuanto el profeta Samuel les había predicho: Salomón fue cumplimiento de todas esas calamidades anunciadas.

 

¿Qué tiene de malo nombrar un rey? Lo malo está en poner a un hombre por encima de Dios. Ellos tenían el Gobierno y la Providencia divina a su favor, pero -ilusionados con lo que tenían y hacían otros pueblos- aceptaron, de buen grado, volver a la esclavitud de la que Dios los había sacado el librarlos de Faraón y de los trabajos forzados. Varios estudiosos se refieren a Salomón como “el nuevo Faraón”. ¿Qué dijo Dios? “Dale gusto a este pueblo, porque con esto no es a ti a quien rechazan, sino a mí, porque no quieren que sea Yo, Dios, quien rija su destino” (1S 8, 7).

 

Recordemos que Dios actuó porque se compadeció de su pueblo: “estoy viendo como sufre mi pueblo y escucho sus quejidos cuando lo maltratan sus opresores: conozco todos sus sufrimientos” (Ex 3,7). Salomón ve a Yavé, de otro modo, porque tiene otra perspectiva, para él no es el mismo Dios que atendió los gemidos del pueblo oprimido en Egipto.

 

Salomón no intenta seguir la Voz del Señor, por el contrario, trata de que Dios se acomode a sus propios planes. Viene a cobrarle a Dios las promesas que le hizo a su papá (1R 8,26) esa es la esencia de su oración: “Cumple las palabras que le dijiste a David mi padre”.

 

En estos días supimos que Dios le había regalado la “prudencia a Salomón”; en cambio, hoy la reina de Saba (en la actualidad Yemen) dice que Dios lo puso al frente del gobierno porque tenía esa “sabiduría”, que fue por eso por lo que lo eligió. Totalmente, al contrario.

 

La reina vino a conocer a Salomón por la fama que había llegado a sus oídos, y ella fue a verlo “en honor del Nombre del Señor”. De resto, en todo el relato sobre la reina de Saba no hay ninguna otra mención de Dios, todo allí gira en torno a la riqueza, los banquetes, las mujeres, los regalos que le hicieron, el poderío, la sabiduría de Salomón. Parece ser que el género “trivia” -preguntas y respuestas diseñado para comprobar conocimientos sobre temas variados, estas preguntas suelen enfocarse en datos curiosos, específicos o de cultura general-, se originó en el mundo antiguo y era muy usual.  Ahí, al lado, incluyamos que trivia era la deidad romana de las encrucijadas, trivia en latín significa “tres caminos”, quizás hoy diríamos “preguntas con a, b y c”.

 

Cómo se dijo: Dios quedó encarcelado en el Templo y aquí el arrogante y muy prepotente protagonista es el rey.


Dios ponía al rey para que “instaurara un reino de “rectitud y justicia”. No faltaran los que se molesten por poner los elementos juntos en el mismo cuadro, pero no añadimos nada que no haya relatado Dios en la Escritura. (Quisiéramos, eso sí, reconocer que el Corán también nos regala una imagen de la relación entre Salomón y la reina de Saba).

 

Sal 37(36), 5-6. 30-31. 39-40

Salmo de Alianza. Este salmo es muy interesante desde el punto de vista teológico, muestra con esquematismo que a los impíos les espera un desenlace triste, desconsolador, en cambio, al que guarda conformidad con la Ley de Dios en su proceder, ese será premiado.

 

El salmista es consciente que no se trata de una maquina tragamonedas que tiene con su sistema dispensador un algoritmo de inmediatez y da -sin dilación alguna- la gaseosa, la galleta o la chocolatina pedida. Nos hace reflexionar sobre la urgencia de la paciencia con la que nos tenemos que revestir mientras llega la hora de la “retribución”. Esa demora da oportunidad al desarrollo y la maduración de la fe.

 

Nos previene de no andarnos con envidias hacia le prosperidad del malvado, porque más pronto que tarde cosechara su verdadero merecido.


 

Nos convida a practicar la lealtad, a dejar que el Señor sea nuestra brújula, a no imitar a los que buscan ventajas con intrigas, a confiar, a saber estar serenos en los Brazos de Dios, sin desesperar, sin llenarnos de ansiedades.

 

El Señor se encargará de implementar la Justica -no la menguada y paupérrima que nosotros soñamos- sino la plenitud, que no esquilma a otros para llenar su saco, y que no acaricia venganzas, sino que su justicia pregona el perdón.

 

La claridad de la Justicia divina es como la Luz matutina y como el apogeo del mediodía en el que actúa todo el Derecho. El derecho del que habla Dios siempre será Rectitud. Eso podemos encontrarlo entre líneas sí leemos con corazón cristiano el Salmo.

 

Hemos venido hablando de la “sabiduría” salomónica, hablemos -en el co-texto de la Alianza- de la Sabiduría que Dios entrega al justo, su boca se llena de la Ley de Dios, y entonces al hablar, sus labios se llenaran de una música y sus pasos llevan la firmeza de los Ecuánimes.

 

La Sabiduría del Equitativo no es como las propagandas de los asesores de imagen. No se trata de elevar al podio a un “candidato”, ni de sostener un reino con la publicidad adecuada, aun cuando engañosa. Se trata de reconocer la deuda que tenemos con el Señor y hablar siempre con Palabras de Verdad y Amor.

 

Cuando hay peligros, Dios es nuestro Bastión, nuestra Muralla. Ante los riesgos insalvables está la garantía protectora porque es el Señor quien nos protege. Aun en el momento oscuro, Dios nos reviste de מָעוֹז [maoz] “Fortaleza”.

 

Los labios del צַדִּיק [tsadik] “Justo” nunca olvidan que su Sabiduría es Don de Dios. Esa es real Sabiduría, la que reconoce que sólo la Luz de Dios es Luz Verdadera, las otras pretendidas ciencias son fatuas pretensiones.

 

 

 

Mc 7, 14-23

Del contraste luz-oscuridad, depende nuestro juicio sobre las cosas, como también lo demuestra el hecho de que, un corazón de piedra, pegado a un tesoro de la tierra, a un tesoro egoísta, que puede también convertirse en un tesoro del odio, vienen las guerras…

Papa Francisco

No lavarse las manos, no tomar precauciones asépticas nos puede enfermar, puede llenarnos el estómago de “bichos”; pero no puede enfermarnos la pureza que da la Santidad, la Rectitud de la que hablábamos en el Salmo. La pureza que nos permite estar cercanos al Amor de Dios y sentirnos de su familia, no se afecta por no cumplir “ritos” cultuales.


(No se vaya a malinterpretar que la liturgia no es válida, y que uno puede en el curso de las acciones cultuales hacer lo que quiera y cuando quiera, ya que Dios nos enseñó ciertas acciones que la Iglesia ha conservado y que son signo de amor, como lo puede ser un regalo, un ramo de rosas o una palabra galante, en el lenguaje humano; hay un lenguaje divino-cultual con el que afinamos nuestras relaciones orantes con el Señor. Si leemos el Éxodo y también el Apocalipsis (y en algunas otras páginas de la Sagrada Escritura), nos encontramos señales muy específicas del tipo de culto que a Dios place, y que no tenemos que inventárnoslo. La Iglesia lo ha conservado y lo ha atesorado allí donde el Señor lo comunicó a sus hagiógrafos)

 

La Iglesia, en su guardia celosa de las enseñanzas de Dios a los hombres, ha atesorado también elementos comunicados en las tradiciones cultuales que tanto los apóstoles como los Padres de la Iglesia conservaron como lenguaje grato al Señor.

 

Entonces, ¿contra qué es que nos está previniendo Jesús? Lo que Él señala como riesgoso es lo que sale de nuestro interior y se derrama del corazón como una toxina. Eso es lo que nos enferma el alma.

 

Sobre todo, en los principios del cristianismo, cuando los antiguos paganos empezaron a acercarse al cristianismo y a convertirse, fue preciso -y urgente- dilucidar cuál era la esencia de nuestra fe, así como fijar cuales eran las características de nuestro culto. No se trataba de sobrecargar a la gente de preceptos y ahogar, por medio del atafago, la fe naciente.

 

«Cristo también pone en tela de juicio el "ojo", que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro». (Papa Francisco)

 

Es preciso aprender a discernir lo que realmente nos hace impuros. Bueno, pues contestemos brevemente, aunque con peligroso esquematismo, ¿qué nos impurifica? ¡Todo aquello que daña a mi hermano, a mi prójimo! Todo aquello que es un irrespeto a Dios y a las cosas que Él nos enseña y nos muestra como Sagradas. Todo aquello que nos daña a nosotros mismos, a esa amada y perfecta imagen divina que depositó en nosotros. Todo aquello que nos aleja de su Amor y desvirtúa la maravillosa semilla que Él mismo nos ha inculcado. Todo gesto poco sinodal y que pueda dañar u ofender a la persona. (Y aquí no cabe la inserción obsesiva de gestos y palabras que nos inventamos con la pretensión de parecernos actos muy piadosos, cargados de devoción, o que en algún momento de la historia algún caprichoso y arbitrario quiso introducir.  ¡Para eso está el Misal! (Que, para nosotros, en Colombia, es la Cuarta Edición del Misal Romano que entró en vigencia el 30 de noviembre de 2025). Cuando nos quepa alguna duda, la brújula perfectamente calibrada es el Misal: Si allí está, ¡vale! Si no, no repitamos maquinalmente. Aun cuando se haya hecho o dicho durante los últimos 50 años.

 

Jesús no se limita a darnos un esquema, nos da unos ejemplos que son tan ilustrativos que nos permiten juzgar correctamente otros miles de análogos que no se dicen aquí. Veamos los que se nos presentan y procuremos asimilarlos por lo que son valiosamente ilustrativos.

 

Homicidio, robo, adulterio, inmoralidad sexual, el libertinaje, todo desenfreno, la calumnia, la difamación, el fraude, la mentira, la soberbia y todo tipo de pensamiento perverso. Estos son los contravalores del Reino. Evitar todo esto nos permite fortalecernos en los valores cristianos: “Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”. Evadir la impureza, construir la santidad. La santidad es todo lo contrario. Es vivir siempre y actuar a toda hora haciendo el bien a los demás, abriéndoles la puerta para desarrollarse en plenitud para llegar a ser todo y tal como Dios quiere.

 

Cuando vayamos a examinar la aplicabilidad de esta perícopa a la vida, y en particular a la vida actual, recordemos que no sólo remite a “externalidades” como el lavado de manos, sino también, a ritualidades muy cotidianas -sólo por dar algún ejemplo nombremos los prendedores, escudos, adornos de solapa, cadenas y otros objetos religiosos que a veces se proponen para manifestar “religiosidad” cuando el corazón está totalmente vacío de fe o despreciamos al hermano que no los porta.


«Todos estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Él!» (Papa Francisco)