sábado, 18 de abril de 2026

GUÍA PARA UN DERROTERO CRISTIANO

 

Hech 2, 14. 22-33; Sal 16(15), 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11; 1Pe 1, 17 – 21; Lc 24, 13-35

 

 

¿Ustedes creían que mi martirio era “verso”, y mi cruz de papel? ¿Pensaban que mi cáliz era un licuado de banana…?

Héctor Muñoz

 


Empecemos nuestra reflexión de hoy rememorando las palabras de Daniel y alabando el Santísimo Nombre de Dios: “Bendito sea Dios por los siglos de los siglos, ya que suyo es el saber, y suya la fuerza; Él ordena los tiempos y los acontecimientos, da el poder a los reyes o se lo quita; da a los sabios sabiduría, y ciencia a los entendidos. Él revela los misterios y los secretos, conoce lo que ocultan las tinieblas. Donde está Él, está la luz.” (Dn 2, 20-22). El momento histórico que nos ha tocado vivir se nos antoja, de alguna manera, ser el retrato de un coloso de hierro, bronce y oro que golpeado en su base por una piedrita se viene a tierra hecho añicos. Nos tocó vivir una hora de paganismo, de idolatría, de politeísmo. Es triste pero hasta nosotros mismos hemos caído en la adoración de falsos dioses y de “becerros de oro”. «… también yo adoro a esos dioses en secreto y me postro ante sus altares. También yo busco el placer y las alabanzas y el éxito, y aun llego a envidiar a aquellos que disfrutan los “bienes de este mundo”…»[1] Pero, nada de eso debe ni tiene porque ocupar nuestro interés. Lo único que a nosotros compete es el Reino que Dios hará surgir, que permanecerá eternamente y que jamás será destruido. Nada más tiene porque hacernos temblar, nada de eso tiene porque gozar de nuestros afanes. El coloso será demolido por la אֶבֶן “piedrita”, palabra esta de origen arameo que, a nosotros nos evoca la que fue desechada por los arquitectos, pero que ha venido a ser la Piedra Angular.

 

Rechazo a los paganismos de toda laya

La tentación siempre estará presente, una especie de dilema, de bifurcación de la vida: o bien mantener la fidelidad al Señor Nuestro Dios o bien, tomar la ruta del paganismo; el paganismo con sus múltiples rostros y sus diversas denominaciones. Cuántas veces no encaramos el dilema cuando vemos a Dios –a simple vista- como un derrotado, cuando nuestros ojos no alcanzan a descubrir su Presencia, cuando nuestro corazón se siente frio y desamparado, cuando nuestra propia vida atraviesa el Huerto de Getsemaní; entonces, la tentación es desistir de la fe; si Dios (aparentemente) nos ha abandonado, entonces, abandonémoslo nosotros también. Siempre nos sorprenden las miles de personas que van de denominación en denominación, de iglesia en iglesia, de un culto a otro, o que optan, como gran solución –para desistir de la búsqueda- por arrojarse en los brazos abiertos del agnosticismo, del ateísmo. Existen demasiados paganismos en la actualidad, no sólo la diversidad de “cultos” sino también el paganismo materialista, la adoración del dinero como panacea, aunque este culto se solape tras el argumento de que no es dios pero todo lo puede y ¡qué bien se vive con él!; la droga y el alcoholismo están en el grupo de los paganismos, como también lo están los súper-héroes que se presentan como los verdaderos salvadores con sus fórmulas seudo-redentoras que –todo lo destruyen, todo lo destrozan (aun cuando ahora está de moda que “no matan a nadie” sino que los neutralizan, entregándolos a la policía o conduciéndolos a prisión), nos ofrecen salvar el mundo y llevarse la maldad a “otra dimensión”, a “otro planeta”. Otras formas de paganismo presentan la ciencia o los avances tecnológicos como nuestros salvadores, confiándoles a ellos y a sus gadgets la salvación del mundo, la redención de todo nuestro aburrimiento y el logro del nirvana donde todas las emociones fuertes sean llevadas a su apoteosis.


En esta apuesta al paganismo, con sus tintes politeístas, se zambullen los publicistas para proponernos cada artículo y cada producto que a ellos les comisionan promocionar, ofreciéndolos como las “llaves” que franquearían el acceso a esas beatitudes. Hasta la salsa de tomate, pasando por los pañales y los perfumes, desodorantes y lociones, se ofrecen con la promesa de llevarte a “un cielo de placer”. Y, colateralmente, ofrecen también redimirte de un supuesto tedio que parece colmarlo todo, en una cultura de la muerte, que todo lo tiñe con su tinte de hastío, de hartazgo, de bostezo y de aburrimiento, sin mencionar que para contrarrestarlos se proponen a más de las emociones llevadas al clímax, el grito, la amoralidad y el riesgo llevado al extremo. Los antídotos que se nos proponen son los del extremismo y el paroxismo.

 

Todas estas alternativas se subsumen en las salsas de la evasión. Irse, partir para otro lado, armarse otra familia, buscarse otros socios existenciales, si este no me satisface aquel otro… tal vez; si en esta ciudad no soy feliz, quizás si viviera en el extranjero; hasta las vacaciones se nos promocionan como formas de evasión, como oasis de escapismo. Quizás era la misma fórmula la de los dos de Emaús (en hebreo: חמת [Hammat] – a 10,4 Km. de Jerusalén): su propuesta era darle la espalda a todo aquello que se había venido abajo como un castillo de naipes: ¡valiente Mesías! “Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel… y sin embargo, han pasado ya tres días….” Lc 24, 21b; ¡tres días, tres días significa que ya está recontramuerto!, o  sea,  la derrota total, ¡ya no hay esperanza!

Si nos ponemos en los zapatos de los dos de Emaús, los podemos comprender, ellos habían depositado todas sus expectativas en Jesús como sucesor de David; lo  esperaban como Mesías-caudillo que los liderara para ser una nación soberana, para expulsar a los romanos, para no tener que pagarles tributos, para mejorar su nivel de vida, para conquistar otros pueblos y convertirse en una nación poderosa. Cualquier coincidencia con las expectativas que nos inducen los medios de comunicación del mundo actual sólo prueba que la fragilidad humana, su concupiscencia y sus debilidades han venido siendo las mismas a través de la historia y que lo que cambia son las maneras como son manipuladas por el Malo para inducir nuestro perjuicio.

 

El salmo de hoy (un salmo de huésped de Dios, de un levita, cuya heredad es la de, aunque sin tierra, poseer y tener derecho a la parte en todo lo que le ofrenden al Señor), nos remonta a esta situación de paganismo, entre dioses y señores de la tierra, de múltiples estatuas y a los que les ofrecen “libaciones sangrientas”.

 

Cristo-centrismo y pedagogía de Jesús

Señor Jesús, haz que comprendamos la sagrada Escritura. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas.

Cf. Lc 24, 32

 

Cristocentrismo es una invitación para poner a Jesús en medio de todo, de manera que sea el centro en torno al cual gira nuestra existencia. Existen cosmovisiones geocentristas, heliocentristas, egocentristas, plutocéntristas, pero nosotros proponemos como eje de nuestro sistema a Jesucristo.


Aun cuando estos dos de la historia van pensando que Dios los abandonó y que la muerte de Jesús significó la derrota total, Jesús (que es el mismo Dios) viene y se pone a su lado, y camina con ellos. ¡Es Dios-con-nosotros! ¡Qué manera de desmentir su desespero! Dios no nos abandona, ¡camina a nuestro lado!

 

Nos encontramos con un retrato de Jesús trazado por sus propios discípulos: «Un profeta, poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros ἄρχοντες [archontes] “jefes”, “magistrados”, “gobernantes”, “príncipes” para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron».

 

Y, a continuación, la imagen que atesoraban en su corazón, las expectativas que tenían respecto a Él: «Nosotros esperábamos que Él iba a λυτροῦσθαι [lutrousthai] “liberar”, “redimir”, “rescatar”, “pagar el precio” por Israel» (Lc 24, 21)

 

A nosotros nos hace mella la propaganda anti-Jesús porque la esparcen a toda hora… «… el Ministerio del Interior acaba de dar un comunicado donde se afirma que varios maleantes robaron el cuerpo del mencionado delincuente, Jesús, precisamente para poder confundir y engañar a la opinión pública, informando que ha resucitado. ¡Hay que ser caraduras para largar semejante versión desestabilizadora!»[2]


El problema está en que nuestros ojos (los que tenemos en la cara) no son capaces de verlo, (cfr. Lc 24, 16). “están velados”, la expresión en griego significa “mantenerlo a uno en incapacidad de ἐπιγνῶναι [epignōnai] “conocer” o de “reconocer” (del verbo ἐπιγινώσκω [epiginóskó], que es un conocer por medio de una relación personal, digamos como por experiencia propia”. Después de vivir toda la experiencia, que desemboca en la “fracción del pan”, lo reconocen y toman conciencia que ya lo habían intuido con el corazón: “Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino, y nos explicaba las Escrituras” (Lc 24, 32).


Revisemos cuál es la pedagogía de Jesús: Les explica las Escrituras, pero tomándose a sí mismo como referente de esas Escrituras: “… les explicó todos los pasajes de las Escrituras que se referían a Él” (Lc 24, 27).

 

Si tuviéramos que explicar el cristocentrismo de las Escrituras tendríamos que partir de aquí, de la pedagogía de Jesús, todo cuanto está escrito en ellas, desde Moisés hasta los profetas, permanece “velado”, “alienado” (veräußern [feraisern]), necesita que sea διερμηνεύω [diesmeneuo] “explicado”, “interpretado”, “traducido (con una lógica adecuada) a la Luz de Jesucristo (porque Él es la Luz) Él es quien Re-vela”.

Tomemos un caso: En Dt 18, 15 leemos “El Señor su Dios יָקִ֥ים [ya quim] “suscitará” de entre ustedes un profeta como yo, y deberán obedecerlo”. Este es el verbo hebreo קוּם [qum] “levantar”, “hacer que se ponga de pie”, “hacer surgir”; el significado que le atribuye San Pedro es “Lo Resucitó”, así lee la cita bíblica desde un enfoque cristocéntrico. ¿Por qué se usó “suscitar”? creemos que, por razones filológicas, porque suscitar viene del latín suscitāre, que significa "levantar", "hacer levantar" o "promover".

 

Otro tanto encontramos en el Salmo de hoy, es el salmo 16(15) -este salmo, originalmente, cantaba las victorias de David, en sus versos 9-10 leemos: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonaras en la región de los muertos ni dejaras a tu fiel conocer la corrupción”. Muy adecuado para entender la coherencia de Dios con su Hijo-Fiel a quien preservó, con la Resurrección, de no llegar a descomponerse.

 

¿Qué pasa cuando leemos las Escrituras a la Luz de Jesucristo el Resucitado? (si, recordemos que es “el muerto” pero Resucitado; repasemoslo en la Primera Lectura, de los Hechos de los Apóstoles: “… a este Jesús Dios lo resucitó…” (Hch 2, 32a) aquí el verbo que se usa para “resucitar” significa “levantar” de entre los muertos, es el verbo ἀνίστημι [anistemi]. Inmediatamente ¡se nos abren los ojos y Lo reconocemos y hacemos conciencia de que su amor nos arde en el corazón mientras Él nos habla!



…y descubrir que todos los fonemas

son mágicas señales que se entreabren,

constelación de soles generando

en círculos de amor que de repente

se abren flor en el suelo de la casa.

A veces ni hay casa: apenas suelo…[3]

 

Miremos una vez más las etapas de esta Pedagogía que Jesús  nos enseña por medio de la perícopa evangélica que nos ocupa:

 

a) Él toma la iniciativa, como dijera Papa Francisco, nos primerea, se pone a nuestro lado y camina con nosotros.

b) Nos escucha, se interesa por saber qué nos pasa, nos atiende pacientemente para ver lo que nos aflige y saber cómo lo entendemos; cómo vemos nuestra realidad, nuestra historia.

c) Nos reprende, nos hace reaccionar, caer en la cuenta de nuestra cortedad y cerrazón, de nuestra dureza de corazón para aceptar las enseñanzas de Dios, que Él nos ha trasmitido a través de sus profetas.

d) Nos διερμηνεύω que hemos traducido como “explicar”, “descifrar”, “interpretar”, “traducir” -pariente cercano de nuestra palabra hermenéutica”. En el Salmo se reconoce que Dios nos instruye a todas horas, aun cuando estamos dormidos, nos instruye internamente. Nos ayuda a interpretar asistiéndonos con una lógica distinta de la que habituamos.

e) No nos obliga a aceptarlo, hace como que se va, y sólo cuando le insistimos acepta quedarse. Por lo tanto, hay un requisito, que nosotros lo “invitemos”: “Quédate con nosotros porque ya es tarde y pronto va a oscurecer” Y sólo en ese momento Él entra y  se queda. En este punto el verbo en relieve es el verbo μένω [meno] “permanecer”, “quedarse”.

f) La Revelación “Eucarística” que está formada por cuatro elementos: 1) Tomar el pan 2) Pronunciar la bendición 3) Partir el pan 4) Para Compartir.

 

El paralelo más fiel con esta escala de seis peldaños es la Eucaristía y sus momentos:

 

“nos impulsa a seguir adelante, a salir del sentido de la derrota, a hacer rodar la piedra de los sepulcros en los que a menudo encerramos la esperanza, a mirar al futuro con confianza, porque Cristo ha resucitado y ha cambiado el rumbo de la historia”.

Homilía de Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2023

 

«La RESURRECCIÓN del crucificado muestra que, morir, así como Jesús murió por los otros y por Dios, no es un sin sentido. La muerte anónima de todos los vencidos de la historia por la causa de la justicia, de la apertura y de un sentido último de la vida humana, encuentra en la resurrección de Jesús su clarificación. Ella tiene una función de liberación de un absurdo histórico»[4].

 

El aspecto clave de esta Lectura del Santo Evangelio Lc 24, 13-35, radica en que aquel par de desmotivados, de desmovilizados, desertores, estos también se habían separado del “grupo”, se habían desgajado de la “comunidad” igual que Tomás-Dídimo; inmediatamente, regresaron a Jerusalén a reunirse con los otros Discípulos, y con la comunidad creyente para seguir adelante. La pedagogía de Jesús-Resucitado los recobró para la misión, los rescató del desaliento. Les participó la resurrección puesto que el ánimo que en ellos ya estaba muerto, resurgió renovado haciendo de ellos germen nuevo de Nueva Humanidad.


Aportamos una recomendación muy especial para vivir cada experiencia Eucarística, cada Encuentro con el Resucitado: «…llegar a tiempo para poder tener de verdad ese momento de preparación, en el cual no deberíamos mirar sin necesidad para un lado y para otro, ni pensar en cosas inútiles, ni ojear vanamente un libro (o el teléfono-móvil), sino que deberíamos concentrarnos y serenarnos interiormente. Sería todavía mejor que ya en el camino hacia la iglesia nos recogiéramos un poco: en efecto, vamos a la celebración sagrada, así que el camino mismo hacia allá podría volverse una preparación del recogimiento, una introducción, en cierta medida en, la cual se anticipe lo que viene… quisiera decir que el preámbulo del silencio sagrado comienza realmente desde el día anterior. Según el sentido de la liturgia, la vigilia del sábado hace parte del domingo. Si a ello le sumáramos, quizá después de una lectura adecuada, un pequeño lapso de recogimiento, podríamos sentir pronto el efecto al día siguiente.»[5] «Cuando vayas camino de Emaús, aunque sea a la parroquia, a cuatro cuadras de tu casa -o más cerca-, acuérdate que el Señor da ardor a tu corazón cuando te habla. Y recuerda también que cuando parte contigo su Pan, se hace Luz en tu inteligencia y podés reconocerlo. ¿No te das cuenta de que cuando hay un calorcito en tu interior, es Él, el que con su Palabra está avivando el fuego del hogar?[6]

 

En el verso 26 encontramos el verbo δεῖ conjugado en la tercera persona del singular del indicativo activo ἔδει [edei] “algo que indefectiblemente tiene que ocurrir, algo que es “absolutamente necesario”, “indefectible”, “es necesario”, un “tener que”. Nosotros nos imaginamos como unos “nodos” por donde necesariamente debe pasar la historia. Habrá muchas cosas que, el ser humano “opte” hacer o dejar de hacer; sin embargo, -en la economía salvífica- encontramos “hechos seguros” que están absolutamente por fuera de nuestro arbitrio. No se trata de “predestinación”. Se trata de la Voluntad Salvífica y Misericordiosa de Dios que nos acompaña Paternal. Estos nodos son inapelables.

 

Él mismo se llega a ti, llama a tu puerta y basta con abrirle el corazón para que entre. Se pondrá a nuestro lado para explicarnos todo lo que estaba profetizado y se tenía que cumplir. Y nos recuperará de nuestros temores y desalientos.


“Me enseñaras el sendero de la vida, me saciarás de gozo en Tu Presencia, de alegría perpetua a Tu Derecha” (Sal 16(15),11)

 



[1] Vallés, Carlos G. s.j. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS. Ed. Sal Terrae Santander-Navarra. 1989 p. 34

[2] Muñoz, Héctor. DE ALGUNAS COSAS SUCEDIDAS CAMINO A EMAÚS. En CUENTOS BÍBLICOS CORTITOS Ed. San Pablo Bs As. – Argentina 2004 pp. 169

[3] De Mello, Thiago. CANTO PARA LOS FONEMAS DE LA ALEGRÍA

[4] Boff, Leonardo. LA FE EN LA PERIFERIA DEL MUNDO. En TEXTOS SELECTOS Ed. Paulinas Santafé de Bogotá. D. C. – Colombia 1992 p. 94

[5] Guardini, Romano. PREPAREMOS LA EUCARISTÍA. Ed San Pablo Bogotá-Colombia 2009. p. 9

[6] Muñoz, Héctor. Op. Cit. p. 171

viernes, 17 de abril de 2026

Sábado de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 6,1-7

 

… (la “sopa”) para los pobres. Aquí era donde el asunto se complicaba. Las viudas de los helenistas no eran admitidas en tales comidas, en razón de las reglas que existían sobre la separación de mesa entre los judíos y los demás. ¿Qué hacer entonces?

Ivo Storniolo

Hasta ahora, todo en la Comunidad de los creyentes era armonía y rápido crecimiento numérico. En el capítulo 5, en los versos 1-11 tenemos un primer “lunar”: Safira y Ananías venden un lote, y en vez de ingresar el dinero en la caja comunitaria, lo esconden, para sí. De aquí en adelante, veremos tenciones, dificultades, conflictos, «Los primeros cristianos tuvieron muchos conflictos. Sólo el Libro de los Hechos habla de ellos más de cien veces. Se trata de conflictos de todos los tipos…» (Carlos Mesters). Hay quienes piensan que entre lo anterior y lo que viene ahora, debió trascurrir cierto tiempo.

 

Vamos a intentar un “plano” de la perícopa que hoy nos ocupa

6,1       Se plantea un conflicto comunitario hebreo-cristiano (detonado por el crecimiento numérico de la comunidad)

6, 2-4   “Los doce” proponen una solución.

6, 5      La comunidad acoge la propuesta y designan a Esteban junto con otros 6 “ayudantes”.

6,6       “Los Doce” acogen esta elección con oración e imposición de manos

6,7       esta alternativa puesta en marcha parece inyectar un nuevo dinamismo de crecimiento -una nueva oleada de extensión en el número de los que se adherían a los cristianos- a los creyentes de Jerusalén.

 

El conflicto se dio por el crecimiento cuantitativo de la Comunidad, y su estilo de solución destrabó la puerta para que más cristianos llegaran y el crecimiento prosiguiera.

 

Pongámonos a pensar en esta Iglesia naciente que, venía de la actitud de no aceptar más que a sus connacionales, limitando el privilegio de Dios a los de su propia raza y pueblo. Y llegan a entremezclarse los otrora paganos, que a través de la lengua griega y de la traducción de la Septuaginta se acercaron y vienen a compartir sus Banquetes Eucarísticos, y se sentaban a comer de la misma “sopa”, y fuera de eso, traían a sus viudas y se las “amoldaban” allí, como responsabilidad adicional. Parece fluir, en el subsuelo, un conflicto entre hebreo-parlantes y greco-parlantes.

 

Pero el Espíritu de la Iglesia no fue de rechazo, sino de acogida, era una situación novísima, para ellos muy “extraña”, pero su apertura y lo que Jesús les había enseñado, por ejemplo, con su trato amable y cordial con los samaritanos -a quienes muchas veces propuso como modelo- permitió que el Soplo del Espíritu Santo no quedara fútil. Como era una situación tan especial, requería medidas especiales: ¡fue una trasformación rotunda!

 

Había que ser coherentes con lo que el Espíritu les había mandado: mantenerse en continua oración, madrugar al Templo, predicar con constancia, “a tiempo y a destiempo”, y no limitarse al Templo, sino, también, llegar a las casas y llevar el anuncio, también allá. Pero, ahora salía al paso esta nueva tarea, un servicio fraternal para quienes mucho lo necesitaban.

 

Se genera un “ministerio” especializado, y -seguramente proporcional al requerimiento- se nombraron 7 diáconos, o sea 7 servidores, destinados a esta “pastoral” (el siete también se puede traducir como “todos los que eran necesarios”). Todos los delegados eran “helenistas”, sólo Nicolás era un προσήλυτον [proseluton], “prosélito”, valga explicarlo, -un pagano convertido al judaísmo-, que se había circuncidado y asumía con todas las de la Ley el judaísmo, pero que, por su proveniencia de la gentilidad carecía de derechos civiles.

 

Ya al hacer la elección se plantearon los requisitos para esta diaconía, a saber:

a)    Hombres de buena fama,

b)    Llenos de Espíritu y de sabiduría.

 

Vale la pena observar cómo se trasmitía la autoridad del “encargo”, por medio de la imposición de manos, gesto con el cuál Jesús comunica su Amor de Predilección y entrega determinado poder y servicio, que brota de Él y sólo a Él pertenece.

 

A renglón seguido encontramos un “comentario” que bien podría traducirse como la consecuencia, la aprobación que la comunidad dio a esta decisión y que hacía manifiesta la complacencia que el Espíritu Santo daba al acatamiento de su Soplo. “La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.


 Aquí, por la primera vez, se designan como discípulos a los seguidores de esta fe.

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 18-19

El martes antepasado, 11 de abril, entonábamos el mismo Salmo. En aquella oportunidad fuimos a los versos 4-5. 18-19. 20 y 22; o sea que lo que se cambio fue solamente un dístico, la vez pasada entonamos el 20 y 22, en esta oportunidad los versos1-2.

 

Podemos repetir algunos detalles que dijimos en aquella ocasión: es un himno, ensalza las acciones históricas de Dios, en las que se testimonia su Grandeza y su Misericordia; no se Le alaba por aspectos “teóricos”, sino por la intervención de su Mano a favor de su pueblo; a veces representado por una “alguien” que aparece como el “amenazado y necesitado de socorro”.


También dijimos que la cadencia es “andante”, como el ritmo al caminar en una procesión, y que, afianzados en esa cadencia, se daba un “dato” y en el siguiente verso, un eco que hacía las veces de caja de resonancia para intensificar su significación.

 

Por ejemplo, en el verso 1, se habla de צַ֭דִּיקִים [saddiqui] “justos” y la imagen que se le contrasta es la de los לַ֝יְשָׁרִ֗ים [leysarim] “rectos”; en el verso 2 se propone acompañar la alabanza con cierto instrumento musical בְּכִנּ֑וֹר [bekinnour] “la lira” y su resonancia está en el paralelo que se hace con el עָ֝שׂ֗וֹר [asour] “el decacordio”, (como se ha venido traduciendo desde 1554), que es un instrumento de la familia del arpa.

 

En aquella vez, el responsorio era: “La Misericordia del Señor llena la tierra”; esta vez, a manera de responsorios decimos: “Que tu Misericordia Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti”.

 

Jn 6, 16-21

La comunidad sumida en la tormenta

Los discípulos acaban de presenciar este signo incomparable: alimentó a 5000 con cinco panecillos de cebada y dos pescaditos, que eran las medias-nueves de un “muchacho”. Probablemente en sus corazones retumbaba, ¡Por fin, llegó el momento, ahora si será coronado Mesías! Aquello que ellos tanto habían aguardado, se va a dar, ¡ya era hora!


Se quedan ahí, esperando, atentos, alertas, a que Jesús haga la gran jugada, el “lanzamiento espectacular”. No puede desaprovechar la ocasión, ¡la ocasión la pintan calva!

¡Pero no, nada! Jesús se retira a la montaña, y se va en soledad. ¿Qué ha pasado?

 

Con esta conducta de Jesús lo que pasa es que “ha oscurecido”, para ellos, que no entienden nada y no ven nada claro, ¡Sí! ¡ha oscurecido! Los discípulos de Jesús bajaron al mar, como muchas veces vemos en la cinematografía, acompañando una gran depresión, el personaje se va al mar, con un paisaje de grises pesados, casi negros.

 

Continuando con la parte expositiva, pasamos a la “noche cerrada”, para reforzar el clima dramático: soplaba un viento fuerte y el lago se había encrespado. Francamente, en el ánimo de los discípulos se va a desatar una tormenta.

 

Pasamos al desarrollo: “habían remado unos veinticinco o treinta estadios” -aproximadamente como seis kilómetros-, han entrado en la peor zona de peligro, están definitivamente expuestos al naufragio; la hermosa y acariciada oportunidad ha quedado definitivamente atrás; y, ahora lo que resta es la fatalidad. Pero, en el vórtice del albur aparece Jesús, ¡caminando sobre el mar! Pero ¿qué es esto? ¡esto es totalmente inexplicable! La reacción es de “miedo”.

 

Viene lo que se llama una “re-exposición”. Su “miedo” es casi lógico. Jesús se identifica, con frecuencia usa el mismo “santo y seña” les dice Ἐγώ εἰμι, μὴ φοβεῖσθε [ego eimi, me fobeisze] “Soy-Yo” ¡No teman!

 

Ellos pretendían λαβεῖν [labein] “subirlo”, “prenderlo”, “tomarlo” en la barca; muy parecido a María Magdalena que, en el Huerto, quiere sujetar a Jesús y “retenerlo”. ¿Se imaginan?

 

Pero, Maestro, ¿por qué has obrado así? ¡has perdido uno de esos momentos de oro! ¡No, eso sí ha sido una verdadera bobada! Y seguramente todos lo habrían recriminado y ametrallado de reclamos y reproches; le habrían dado “cartilla”, porque ¡este Jesús si está muy despistado! ¡A este Dios hay que darle un entrenamiento adicional y aclararle tantas cosas! Y seguramente el resto de la travesía le estarían haciendo mala cara, refunfuñándole, y dándole cantaleta.

 

Este pasaje guarda cierta similitud con “los dos en el camino de Emaús”. El desaliento que les ha sobrevenido es el punto de semejanza. Están completamente abatidos. Para el pueblo judío Mesías significaba Rey a la manera de David, del linaje davídico. Y ellos, lo único que llevaban en su barca con ellos, eran doce canastos de “sobras”. Y en vez de honores y hosannas, solo ven un mar picado que amenaza naufragio.

 

El los sacó de Jerusalén-Egipto -a pie enjuto-; ellos -en vistas de la situación- prefieren devolverse al pescado, a los pepinos, a las cebollas que comían allá en Egipto. Es lo que algunos han llamado un retro-Éxodo. Debemos apoyarnos en el mapa, y remitirnos a él toda vez que sea preciso, ellos estaban del lado de Betsaida -en el episodio de la multiplicación de los panes- no es que los “discípulos se le hayan adelantado” a Cafarnaúm -al otro lado del mar de Tiberiades-, en realidad es una ola de deserción. ¡No van por delante, van en franca dispersión! ¡Desertan! La típica pataleta infantil: No hiciste lo que queríamos, ahora nos tiramos al piso, nos revolcamos y gritamos. Esta bravata les costó el riesgo de sucumbir en una tormenta; pero Jesús no los abandonó.


Para no dar pie a nada de esto, ¡Llegaron! ¡La barca tocó tierra enseguida!

jueves, 16 de abril de 2026

Viernes de la Segunda Semana de Pascua


                                 

Hch 5, 34-42

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Mt 5, 10ss

Aparece un personaje fariseo, nieto del Rabí Hillel -celebre por haber establecido una escuela de estudio de la Torah, opuesta a la tendencia rígida de Rabí Shammai-. Su nombre era Gamaliel, que significa “presea de Dios” (presea significa, adorno, joya). Gamaliel, doctor de la Ley -presenta un argumento razonado- para detener la persecución del cristianismo naciente: Primero evoca a un tal Teudas que se levantó en rebeldía y juntó, aproximadamente, cuatrocientos hombres; lo ejecutaron, y todo el movimiento se vino a tierra. Luego, trae a cuento a otro rebelde, Judas el Galileo -parece ser que era un zelote-, que acaudilló a mucha gente con su movimiento y, que, al morir, también dio pie a la extinción de su rebelión.

 

Partiendo de esas premisas, Gamaliel aconseja que no se metan con los apóstoles, porque si lo que hacen es algo simplemente humano caerá por su propio peso, pero si su accionar está respaldado por Dios, significaría que ellos están oponiéndose precisamente a Dios, rivalizando con Él, y a Él no le podrán ganar. En las palabras de Gamaliel se anida una expresión verdaderamente profética: “No podrán ustedes vencerlos” (Jn 5, 39b).

 

“Todo lo que surge de Dios en favor del pueblo es invencible. Al pueblo le toca conformarse con medias tintas y una liberación recortada”.  (Ivo Storniolo)

 

Le dan la razón y resuelven liberarlos, pero -acostumbrados como están a ejercitar su crueldad- no simplemente los dejan ir, sino que antes los azotan. Así ellos no se quedan por fuera en ser de los que, ejercen el poder con dosis dadivosas de violencia; y así les prohíben el anuncio del Evangelio.

 

Por su parte, los discípulos se van alegres porque ganan el puntaje celestial de los que sufren por la construcción del Reino del Mesías. Esto lo podemos y lo debemos tener muy presente: cuando padecemos por la causa de Jesucristo, nosotros ganamos la mejor y mayor presea, el premio que Dios concede a os que permanecen firmes en su Fe. Y, no se detuvieron, sino que sagradamente, como responsabilidad cotidiana, enseñaban sobre Jesús en el Templo y también a domicilio. Por activa y por pasiva, de día y de noche.


El Santísimo Nombre de Jesús no es un nombre personal, es el Nombre de todos los Adanes que bajó su Nombre han hallado una Nueva Oportunidad. En particular, a sus “peques”. Recordemos lo que nos enseñó en Mt 25,40: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de ἐλαχίστων [elachistón] los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»

 

Sal 27(26), 1bcde. 4. 13-14

En Rm 8, 31 San Pablo ya nos dice que «¿Qué más podemos decir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» De alguna manera podemos aseverar que esta frase paulina sintetiza el mensaje de este Salmo, que es un Salmo del Huésped de Yavé. Dios le da a saber al “Levita”, que aquel que vive en el Templo y ha consagrado su vida a servirle- tiene la mejor parte de la divina Heredad.


En la primera estrofa se dice que -en resumen- no hay nada ni nadie que temer. Dios es nuestro perenne defensor.

 

La segunda estrofa donde se pide una sola cosa, lo único que hay que pedir, lo único que vale la pena: Habitar en la casa del Señor.

 

La tercera estrofa es una conclusión que aquieta, da un vistazo al añorado futuro, al plano escatológico, habitar junto con Dios, en el país de la vida, continuar siendo huésped de Dios por los siglos de los siglos. Entre hoy, y el desenlace sin fin, está el optimismo que nos asiste, esa presencia de ánimo que acompaña a quien confía en el Señor. La firmeza de la Esperanza es nuestro estilo de vida más característico.

 

Jn 6, 1-15

Un movimiento de adentro hacia afuera, hacia las periferias.

La razón de los conflictos principales entre los judíos es lo que Jesús afirma de sí mismo, de su misión, de su relación única con Dios, su Padre

José Cárdenas Pallares.

Nos ocuparemos del capítulo 6 del Evangelio según san Juan hasta el viernes 24 de abril; (el sábado 25, celebraremos la memoria litúrgica del evangelista San Marcos, y leeremos una perícopa de su Evangelio), el lunes 27 de este mes seguiremos adelante con nuestro estudio joánico.


La perícopa inicia con una discontinuidad espacial: estábamos en Jerusalén, ahora, Jesús ha pasado al otro lado del mar, súbitamente estamos en Galilea, de Tiberiades Hay un cambio de marco espacial que indica claramente que aquí comienza el Nuevo Éxodo: Jerusalén, como vimos en la lectura de Jn 3 -regentada desde el Templo por el partido de los saduceos que hegemonizaban el Sanedrín- se había convertido en el Nuevo Egipto; era preciso -de nuevo- sacar el pueblo de la esclavitud, pero, muy especialmente, lograr que se sacudieran de la conciencia de esclavos. Se nos informa que Jesús subió al Monte, para indicarnos la similitud con Moisés que subió a recibir la Tablas de la Ley, pero ahora, Dios no entregará una legislación, se va a entregar a Sí-mismo, para ser comido.

 

“…todo judío debía ir a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Sin embargo, Jesús sale de Jerusalén y va al otro lado del mar de Galilea, a una región de paganos, y el pueblo lo sigue. Con eso Él provoca un movimiento de adentro hacia afuera, de Jerusalén hacia el territorio pagano, como en otro tiempo Moisés había liderado al pueblo en la salida de Egipto rumbo a la tierra de libertad y de la vida. Jesús obra así porque Jerusalén se ha convertido en un nuevo Egipto, lugar en el cual el pueblo es oprimido y explotado. La Pascua que se celebra en Jerusalén no es ya una fiesta de libertad y de vida para el pueblo, sino una ocasión para oprimir y explotar a las personas. (Cf. 2, 13-22) (Ivo Storniolo)

 

Hay un paralelo entre dos mundos: de un lado tenemos el mundo de la carne, donde se compra, donde se trata de resolverlo todo con dinero y -de otro lado- el de las realidades del espíritu. Se nos está hablando de una realidad integral, pero nosotros queremos leerla desde una ideología esquizofrénica: de un lado el espíritu y de otro lado la carne. ¡Siempre procurando descuartizar al “ser-humano”!

 

Jesús cambia su foco de atención: eleva los ojos sobre la “multitud” que se agrupa y le pregunta a Felipe (“el que ama los caballos”, ese es el significado de su nombre) ¿Πόθεν [pozen]de dónde” compraremos pan para que todos coman? Felipe se pone entonces a hacer contabilidad y presenta una cuenta así “por encima”, un cálculo aproximado…

 

Pero Jesús está pensando en el banquete Eucarístico, en el ágape, en congregarnos en torno al pan para que seamos verdaderos “compañeros”. El pan siempre presenta la dualidad de “la tentación”, decir pan es decir ser tentado por la ambición de tomar la “mejor tajada”; nosotros no pensamos que “No solo de pan vive el hombre” (cfr. Mt 4,3), sino “dame primero el pan, que todo lo demás es superfluo”; o -en otras palabras- “barriga llena corazón contento”. Y ¿la espiritualidad del comer? Para qué, ¡después de comer viene la “siesta”. (La hora siesta es una elisión de la palabra “sexta”, la hora en que hace más calor y se infunde modorra, que es un letargo, un sopor, una pesadez que impide pensar… mejor dormir, revolcarse en la inconciencia). El Tentador, cuando Jesús sintió hambre la propuso: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.».

 

En vez de mirar hacia abajo, buscando las piedras, mira al “muchacho” -(παιδάριον [paidarion] palabra que en griego es la misma para “Siervo”)- que le presenta Andrés (viene del griego ἀνήρ [anḗr] "hombre"), el hermano de Simón-Pedro. Es interesante ver el papel que juegan los discípulos, no simplemente están allí, sino que es claro que Jesús aprovecha para aplicar su pedagogía, les pregunta, los consulta, lo acompañan, aprenden por testificación, acomodan a la gente, los hacen recostar, para que sean huéspedes del banquete eucarístico, los organizan en “pequeñas comunidades”, evitan que “nada se pierda”, ni nadie, porque gracias a su acción todos se sienten acogidos, miembros de la “comunidad”. La palabra recoger hace pensar en la palabra “sinagoga” que viene del griego, juntar, recoger, reunir; pero también en la palabra ecclesiaIglesia”, que significa “los congregados”, los que han sido “convocados”. Así podemos pensar que los discípulos están allí para aprender a ser Iglesia. Para construir feligresía, para poner en práctica la sinodalidad.

 

Aprender del ejemplo de Jesús que no toma para Sí, sino que διέδωκεν [diedoken] que proviene del verbo διαδίδωμι [diadidomi] “partir-dar”, “repartir”, “distribuir”. Nótese que no reparte así no más, sino una vez εὐχαριστήσας [eucharistesas] “ha dado Gracias” a Dios. De ahí nuestra amada Palabra, nuestro dulce y mitigante Sacramento-Alimento, nuestro Pan bajado del Cielo: la ¡Eucaristía!


«Dios es amor. Pero no amor de telenovela. ¡no! Amor sólido, fuerte, eterno, que se manifiesta en su Hijo, que ha venido para salvarnos. Amor concreto, de obras y no de palabras. Para conocer a Dios hace falta toda una vida; un camino de amor, de conocimiento, de amor al prójimo, de amor a los que nos odian, de amor por todos». (Papa Francisco)

miércoles, 15 de abril de 2026

Jueves de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 5, 27-33

… las autoridades, … elegidas para llevar a cabo la voluntad de Dios, o que se han arrogado el papel de ejecutores del proyecto de Dios, en realidad están en contra de Dios, y exclusivamente al servicio de sus propios intereses.

Ivo Storniolo

Nuevamente los apóstoles van a prisión, los adversarios son los mismos, los saduceos, el partido de los gobernantes del Templo, y de los manejadores de la Ley. Otra vez son conducidos a interrogatorio, y en esta nueva situación, la acusación es la desobediencia. ¿Qué obediencia les había sido impuesta? La prohibición de seguir predicando el Santísimo Nombre de Jesús. La idea era imponerles silencio y callar el Mensaje que Jesús les había entregado y confiado para proclamarlo.

 

Aquellos han conminado -con amenazas- a los apóstoles a callar. Nuevamente, los discípulos ponen por delante la obediencia a Dios, antes que a los hombres. Y, se encargan de presentar el kerigma, para profundizarlo y enraizarlo con aquellos que necesitan que se les repase la lección. Es muy importante que la injusticia quede clara, ellos fueron los que llevaron a Jesús al Calvario, ellos fueron los que lo desangraron. El Sanedrín -en coherencia con las acciones de Pilato- se lava las manos, se niegan a reconocer sus manos tintas en Sangre del Mesías.

 

Notemos como se lavan las manos estos “inocentes”: “… quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. Pero Pedro los encara y los confronta: ὃν ὑμεῖς διεχειρίσασθε κρεμάσαντες ἐπὶ ξύλου· “… Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero”. La palabra ξύλου [xulón] no es precisamente “madero”, más exactamente es “leño”, o “árbol”, la palabra técnica es “estipe” (también estípite), que desde un enfoque especializado se define como tronco columnar, recto y sin ramas, nosotros familiarmente nos referimos a él como “el madero vertical de la cruz”.

 

Vale la pena desgranar los componentes de esta predicación apostólica que declara a Jesús como Salvador. Los elementos del kerigma -en este caso- son:

a)    YHWH resucitó a Jesús

b)    Ustedes lo mataron colgándolo de un madero.

c)    Dios lo ha exaltado con el poder de su Diestra, entronizándolo “Jefe y Salvador”.

d)    Por Su Intermedio, se dona a Israel la conversión y el perdón de los pecados.

e)    Los apóstoles junto con el Espíritu Santo testifican la Naturaleza divina de Jesús y su Mensaje.

f)     El Espíritu Santo se otorga a los que obedecen con su aceptación a Dios.

 

«Si ya antes las autoridades se habían sentido amenazadas, ahora sienten el peligro más inminente aún. Su reacción se vuelve desesperada… Su reacción es la de quien al sentirse amenazado está resuelto a todo. En el fondo, saben perfectamente que ya han sido derrotados». (Ivo Storniolo)


Los saduceos se consumen de rabia y ponen todos los medios a su alcance para matarlos. Subrayamos como la alternativa única que se les ocurre es la más violenta, es acallar las vidas de los dueños de las voces que Anuncian. Siempre el violento busca una cruz que le funcione como mordaza. Su anhelado espejismo es lograr “su paz” y para ellos la paz es hacer enmudecer a sus incomodos opositores: la paz de los cementerios. Es lo que se ha dado en llamar la “cultura de la muerte”, poner sobre sus labios la pesada lápida.

 

Sal 34(33), 2 y 9. 17-18. 19-20

Hay una potente demostración de la parcialidad de Dios en favor del atribulado, y es que Él escucha y responde sus clamores. De nuevo el Salmo de ayer, pero se toman versículos diferentes, para formar las tres estrofas de la perícopa de hoy:

 

La primera estrofa se configura con los versículos 2 y 9 -que se usaron ayer. Bendición y alabanza llenan mis labios, todo el tiempo. La bondad del Señor está a la vista para degustarla y verla.


La maldad no es algo que el Señor deja impune, por el contrario, la enfrenta para destruirla y erradicarla. Así que clamemos al Señor, Él escucha y libra de las zozobras.

 

Cercano para los atribulados, Salvador de los apesadumbrados. El justo contará con el blindaje protector que da YHWH.

 

Jn 3, 31-36.

Continuamos en el capítulo 3 del Evangelio Joánico, pero y en el versículo 22 se produce un cambio en el marco espacial: Jesús se va para la región de Judea. También hay un cambio de personajes, ahora vamos a referirnos a Juan el bautista y sus seguidores. Jesús va a establecer una diferenciación entre los que hablan de cuestiones “terrenales” y los que hablan y se ocupan de las cuestiones “celestiales”. Evidentemente, cada cual da de lo que tiene, el que viene de Hungría podrá platicar sobre sus paisajes y sus costumbres, e que conoce a Chipre, nos aportará noticias de la cultura chipriota.  Pero, solo quien haya estado previamente en el Cielo y conozca al Padre-Celestial, nos podrá hablar de temas Divinos con conocimientos bien fundamentados. ¡Quien desconozca una región, solo podrá contar ficciones o embustes sobre esa realidad!

Pese a todo, cuando se nos cuenta como obra la gente en ciertas naciones, no nos cabe en la cabeza que así sea, pues nuestro pensamiento más corriente es suponer que en todas partes comen, visten y piensan como nosotros lo hacemos. Podemos dar un ejemplo: pensamos, con lógica humana, que en todas partes se educan y corrigen los niños como nosotros lo hacemos y suponemos que Dios-Padre, procederá de la misma forma.

 

«Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con Él. ¡La vida eterna comienza ya en este momento!... De hecho, mediante el bautismo, estamos insertos en la muerte y resurrección de Cristo y participamos de una vida nueva, es decir, la vida del Resucitado» (Papa Francisco)

 

En la parábola de los viñadores homicidas, el Señor envía primero a sus siervos para que reciban los frutos de la cosecha; estos “siervos” son venidos de “la tierra”; pero después, en un segundo momento, confiando que le respetaran la vida, envía a su Hijo, lo comisiona para llevar a cabo el cobro; este Nuevo Delegado, no es de la tierra, es del Cielo y “está por encima de todos”. Él puede mostrar sus Divinas Credenciales y, además, hablarles de las cosas Celestiales, porque Él las conoce de primera mano, ha estado allá y de allá proviene.

 

Si uno no acepta lo que Jesús dice, está afirmando que Dios es mentiroso; no se da cuenta que las palabras de Jesús son las propias Palabras del Padre, y que el Padre le ha entregado a Su Hijo, total Potestad, sobre todo, porque Dios-Padre no da por porciones, tacañas sino con abundancia inmensa. Si uno “no acepta”, en griego es ἀπειθέω [apeideo] “no se deja persuadir”, “se endurece”, “porfía contrariando”; como se puede notar, aquí resuena una nota de “rebeldía”, y la palabra entraña que esa rebeldía es contra Dios. θεός [theós]: la etimología de ἀπειθέω es “alejamiento de Dios”.

 

En cambio, el que cree en el Hijo, recibe por esta creencia, la Vida eterna. El que lo rechaza, está haciendo el peor negocio: cambia la Vida Eterna por la Ira de Dios, porque si hay algo que duela al Padre es la impugnación de su Amadísimo Hijo.

 

«… también el cuerpo de cada uno es resonancia de eternidad; por tanto, ha de ser respetado siempre; y sobre todo debe ser respetada y amada la vida de todos los que sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, de esa condición de vida eterna hacia la que caminamos. Este pensamiento nos da esperanza». (Papa Francisco)


Así podemos regresar e iluminar el tema bautismal “nacer de nuevo de agua y del Espíritu”. Recientemente hemos visto que Jesús nos da el Espíritu, sopla sobre nosotros y nos impulsa con la energía vivificante de su Aliento, de su Halito (anhelito). ¿Y el agua? “Espíritu y Agua, cielo y tierra, Cristo e Iglesia van unidos: de esta manera se produce el “renacer”. En el sacramento, el agua simboliza la tierra materna, la santa Iglesia que acoge en sí la creación y la representa” -nos dijo Benedicto XVI.