lunes, 27 de abril de 2026

Martes de la Cuarta Semana de Pascua


Hch 11, 19-26

Lo que siguió al Pentecostés de los paganos

El “pueblo de Dios” no es la Iglesia…; “el pueblo de Dios” es todo el conjunto de la humanidad que hay que reunir y congregar.

Michel Gourgues


Vivir en comunidad implica aprender a caminar juntos, llegar a implementar y orientarse con sentido de sinodalidad. Es un aprendizaje progresivo, no se llega a “caminar” la sinodalidad en el sentido de llegar a conocer la respuesta exacta para cada situación, sino en aprender a respetar al hermano, a buscar juntos, a reconocer los errores y procurar reaccionar rápidamente a cada equivocación detectada, pero -además- a entender que no todos tiene la misma velocidad para identificar los yerros, que algunos se tardan más, y que quienes madrugan a reconocer el desvío, deben -con toda la paciencia del mundo- procurar “demostrarle al hermano que hay que re-direccionar; pero sin desesperar por la demora para entender, sin destruir la solidaridad que garantiza que se está construyendo.

 

Quizás, alguien quiera aprovechar su rápida detección de la equivocación, pero pronto sabrá que no se puede ir por delante y abandonar a sus hermanos; porque entonces, negará y desbaratará todo lo logrado. No es una carrera, pero especialmente, no es una carrera de velocidad. O se avanza juntos o, ¡no se va a ninguna parte!

 

La persecución había llevado a los cristianos a Fenicia, Chipre y Antioquía; pero, originalmente ellos persistían en llevar el mensaje exclusivamente a los judíos. Algunos chipriotas y Cireneos (grupo de judíos helenistas), resolvieron llevar el Anuncio también a los griegos. A Dios le pareció que esto era muy conforme a su Proyecto Salvífico, y bendijo esta acción con la incorporación de numerosos creyentes.

 

Cuando empiezan a surgir estas nuevas comunidades en Antioquía, ellas van adquiriendo ciertos rasgos que las caracterizaban y de los cuales queremos señalar los que nos parecen más significativos en el proceso de construir comunidad con unas bases impregnadas del espíritu de sinodalidad:

·         Evidentemente eran comunidades urbanas ya no de villas y caseríos, de pescadores y campesinos.

·         Eran comunidades, no sólo integradas por judíos (hebreo-parlantes, o con mayor exactitud arameo-parlantes) sino también por cristianos provenientes del helenismo, valga decir, greco-parlantes.

·         Con la costumbre de reunirse en las casas, con cierta similitud con nuestras “pequeñas comunidades”.

·         Prontamente, las mujeres alcanzaron un rol preponderante y se descuadernó el prejuicio pro-machista En muchas oportunidades las casas eran ofrecidas por mujeres que socialmente gozaban de solvencia y reconocimiento. Esto podemos constatarlo a partir del capítulo 12 de los Hechos.

·         Nos parece muy interesante que en las “reuniones” se compartía la comida (ágape-banquete, al lado del aspecto celebrativo de las reuniones). Los no-judíos aceptaban lo que los judíos les ofrecían. Cuando la reunión se efectuaba en casa de cristianos-helenistas, los judíos llevaban su fiambre”, que fuera comida Kosher, y nadie ponía problema. Sabían acoger y respetar las diferencias. No faltaron -como siempre los hay, claro- los recalcitrantes que se obstinaban y volvían el asunto tema de desbarajuste comunitario.

·         Pero no todo era comer, en estas reuniones se oraba, lo cual era un componente sustancial de la reunión comunitaria.

·         Cuando recibieron la noticia que las comunidades en Judea, en particular la de Jerusalén estaban pasando las duras y las maduras, empezaron a promover una colecta para ayudar a estas comunidades que atravesaban penurias.

·         Nació la costumbre de acompañar las exequias con un Banquete funerario que hacía alusión a la participación del difunto en la comunicación de la Resurrección que Jesús le otorgaba.

 

Cuando esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén. Enviaron a un delegado “observador”: Bernabé (nombre de origen arameo בר נביא [barnabia] “hijo de profecía”), según nos dice el Libro de los Hechos, era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe (Cfr. Hch 11, 24 ab). Así que un grupo numeroso de estos griegos se les sumó.

 

Salió entonces Bernabé hacia Tarso, buscando a Saúl, una vez lo ubicó, se lo llevó para Antioquía, donde establecieron una especie de “escuela de cristianismo”, y estuvieron cerca de un año διδάξαι [didaxai] “instruyendo” (viene del verbo διδάσκω [didasko] que significa dos cosas a la vez: “impartir conocimiento” y “aportar información, a “muchos”. Recordemos que, fue en aquella localidad donde apareció el nombre de “cristianos”, para designar a quienes seguían las Enseñanzas de Jesús.


Estos rasgos de las comunidades que iremos identificando posteriormente, es conveniente enunciarlos aquí, para ayudarnos a mejor acceder a lo que viene en estas otras tres semanas de Pascua en las que seguiremos estudiando el Libro de los Hechos de los Apóstoles, hasta alcanzar el capítulo 28 verso 31, el último de este Libro, el sábado 23 de mayo.

 

Sal 87(86), 1b-3. 4-5. 6-7

Esta es una especie de himno a Sion, no precisamente himno, sino Cantico de Sion. Enlaza perfectamente con la Celebración de la Dedicación. Y, sin duda los versos de la segunda estrofa que proclamamos hoy, resume el universalismo al que tiende nuestra fe, donde son acogidos los egipcios, los babilonios, los filisteos, los tirios y los etíopes que la tiene como cuna adoptiva por haber optado por la fe que desde allí se propagó. Los que se mencionan son -en la época de la que data el Salmo, los adversarios más acérrimos: es como si el salmo dijera: los más alejados, que incluso muestran los dientes en contra nuestra y están prestos a desgarrarnos, se convertirán en los más amorosos seguidores y amantes del Señor, se contarán ente las ovejas de mi Redil.

 

Hay una Puerta preferida por Dios, y una Morada excelsa entre las moradas de Jacob, esa es la honra y dignidad de esta Ciudad.

 

Pero hay -aun todavía más, la Fuente de las fuentes, radica allí. Y sus nativos están -por derecho propio- inscritos en el Libro de Dios.

 


Pero, en el verso que sirve como responsorio, se hace una aclaración esencial: No es la Ciudad por la Ciudad misma, sino, la Ciudad porque ella ha sido electa por Dios lo que gatilla la Alabanza. Se alaba al Señor, porque Él es para todos, lo que dimana del Monte Santo es el señor que fijó allí su residencia y quiso sembrar el Árbol de la Cruz en sus laderas: “Alaben al Señor todas las naciones.

 

¡Ojo! No se trata del concepto de nación que manejamos nosotros, no son “naciones-estado”, que es una idea muy siglo XVIII, así como la de patria y la consecuente de nacionalismo. Aquí ha de entenderse como “lugar de nacimiento”, no como delimitación geopolítica. El salmo es muy estricto al cargar la palabra de significado: זֶ֝֗ה יֻלַּד־שָֽׁם׃ [ze yudlad sæm] “todos han nacido allí”.

 

Jn 10, 22-30

Para ellos era necesario cumplir los mandamientos y nada más. No se imaginaban que pudiera existir el Espíritu Santo … En estas personas, no hay corazón, no hay amor, ni belleza, no hay armonía…

Papa Francisco

Alcanzamos a hacer una mención mínima sobre la Fiesta de la Dedicación, causada porque este tema es presentado como marco temporal de la perícopa de Jn que nos ocupará hoy: Se celebraba la Fiesta de la Dedicación. La historia de Sion, de Jerusalén y en particular del Templo, tiene tanto que mostrarnos y tanto para guiarnos que bien se merecería darle un mayor realce, siempre con el propósito de acercarnos con mejores herramientas exegéticas.


 

Las perícopas anteriores, las que hemos venido estudiando últimamente tenían otro marco temporal, era la fiesta de las Succot, que se ha traducido por “tabernáculos” que para nosotros ha llegado a significar otra cosa. Es mucho más claro si lo traducimos por “chozas”, “cabañas”, en fin, “enramadas”. El tipo de viviendas improvisadas que armaban los hebreos en su tránsito por el desierto durante el Éxodo. Tres meses más tarde, el 25 del mes de Kislev, se celebra la Hannukah -a mediados de diciembre- Fiesta de la Dedicación del templo.

 

Judá fue una colonia egipcia, luego de Babilonia, luego de los Medos, luego griega. Antíoco IV introdujo el culto a deidades griegas -y como siempre hay muchos que se inclinan “al sol que más calienta”, es decir, allí donde mejor se lucra y encajan sus conveniencias, los camaleones político-económicos que usan su piel mimética para camuflarse- se vestían como ellos, comían lo que ellos -descuidando la tan sonada “pureza alimentaria”- adoptaban sus costumbres, no guardaban el Sabbat y se acomodaban a esa cultura en general, y -además-  adoraban sus dioses y participaban en sus cultos, fomentando el culto a Zeus.

 

Apareció el movimiento guerrillero de Matatías, víctimas de la presión y la degradación de sus preciadas normas-mandamientos, habían tenido que huir a las montañas o a la región desértica. Tras la muerte de Matatías, su tercer hijo, Judas Macabeo, logró que muchos judíos se adhirieran al movimiento y golpeó con rudeza estos centros de culto pagano, alcanzando una re-santificación del Templo, que una vez purificado mereció su Dedicación 164 a.C. Esta es Hanukkah -una fiesta que llevaba a la meditación sobre Ez 34 donde precisamente se censura a los pastores que están preocupados por engordar ellos mismos, mientras su pueblo les importa menos que una col o un rabano; y es precisamente lo que Jesús nos está relatando, cuando se pasea por el Templo, y se muestra para que reconozcamos su Autoridad, su Mesianismo.

 

El punto medular de la perícopa es el “desafío” que nos presenta Jesús para que seamos capaces de enraizarnos en la identidad entre Él y su Padre: Ἐγὼ καὶ πατὴρ ἕν ἐσμεν. [Ego kai o Pater jen esmen] el Templo tiene que ser Dedicado, pero el Templo no es una edificación; el Templo es la Unidad de Dios-Padre y su Hijo que nos recapitula a todos, y nos conduce a la unidad personal y a la Unidad Colectiva de Pueblo escogido; así como el pan recoge las espigas dispersas en el campo y el vino recolecta las uvas regadas por el viñedo y las unifica: El Templo es el Cuerpo Místico y el Pastor trabaja día y noche en la arquitectura Perfecta y Maravillosa de esta Consagración: Ese Templo es el Templo Escatológico: Jesús se paseaba por el Pórtico de Salomón como revisando el factor que hizo a Dios no aceptar que David le construyera un Templo; La Nube-Shekina llenó el Templo y los Sacerdotes no pudieron seguir oficiando (1Re 8, 10-11).

 

La Liturgia aceptable a Dios será la Apocalíptica que presida Jesús (Ap 19, 5-9). Así, esta perícopa nos asoma en una perspectiva general, desde un Templo no aceptado, a uno profanado, a uno limpiado y purificado, hasta llegar al Templo definitivo dedicado con la Sangre del Cordero, un Templo-Viviente, el Templo del Pastor que se olvida de Sí mismo y sólo piensa y se ocupa de su Rebaño.


«Aunque vieron las señales -como la curación del ciego de nacimiento-, los líderes del pueblo no quisieron adherirse a Jesús y a su práctica; por el contrario, lo rechazaron (cf. 9,41)». (José Bortolini) 

domingo, 26 de abril de 2026

Lunes de la Cuarta Semana de Pascua


Hch 11, 1-18

Dios declara puro lo que los judíos declaran impuro.

Vamos a caminar en el sentido que ya se ha anunciado en días previos. Ya antes hemos aludido a esa situación de ampliación de las comunidades y de la inserción de los “helenistas”, pero lo que se produce ahora es una verdadera “metanoia”, un cambio de mentalidad, una visión del hecho desde una perspectiva totalmente diversa. Lo que vamos a tener ahora es a Pedro que ha recibido en un sueño una “revelación” que le explica, le hace entender y lo capacita para explicarle a los hermanos lo que se está dando. Pedro va a “justificar” sus acciones, a la luz de una “reinterpretación” compartida, porque nosotros no podríamos entenderla si Dios no nos la descifrara. Requerimos una exegesis.

 

Estaba San Pedro -en Jafa (Jope), en casa de Simón el Curtidor- sumido en oración cuando recibió -por medio de un ἐκστάσει [ekstasei] “éxtasis” (con toda exactitud significa “sacarlo a uno de su estado psíquico normal” “arrebatarlo, llenándolo de asombro”)- como una sábana grande, como un mantel, como un enorme lienzo; que descendía del cielo con los alimentos que los judíos tienen por impuros, y oyó una Voz que le ordenaba, “Levántate, Pedro, mata y come”; su reacción fue, la natural de una persona de la mentalidad judía, responder con repulsión y negarse. He aquí que la Voz le revela una verdad poderosísima, Dios puede sacar de cosas impuras, lo “puro”; lo que Dios ha limpiado, ha purificado, uno no lo puede llamar “contaminado”, “profano”. Se repitió por tres veces la escena y todo fue llevado nuevamente el Cielo.

 

En aquel mismo momento llegaron tres personas -delegados de Cesarea- a buscarlo y -no se explica cómo, los tres se convirtieron en seis Hch 11,12b (es que aquí está la historia del centurión Cornelio -que se excluye), que lo escoltaron a Cesarea, donde el anfitrión (precisamente Cornelio, cuya participación está narrada en el capítulo 10, 1-33 de los Hechos, aun cuando no se le nombra en ningún momento en esta perícopa -que cumple una función exegética sobre Hch 10, 1-48) le manifestó que había recibido una revelación paralela que le anunciaba que un tal Simón Pedro vendría y le revelaría verdades de Salvación para todos en aquella casa (Cfr. Hch 11,13). Y -según lo cuenta el relato- sucedió el Pentecostés sobre los paganos; experiencia que es un duplo perfecto respecto del Pentecostés para los judíos, que se narra en el capítulo 2 de los Hechos. (Así tenía que ser porque, en cualquier otro caso se habría afirmado que este pentecostés era de segundo o tercer orden y que había recibido una “carga menor” de Espíritu Santo, y lo habría usado de pretexto para reducir la equidad de este derramamiento de Espíritu sobre los paganos).

 

Los hechos con los que la conversión también es ofrecida a los paganos son, pues, estos:

a)    Visita a Cornelio, visión de Pedro y visión de Cornelio. Hch 10, 1-33

b)    Acontecimiento del Pentecostés sobre los Paganos Hch 10, 34-48

c)    Exegesis del Éxtasis Hch 11, 1-10

d)    Exegesis de la visita de Pedro, llevado a Cesarea que entra en casa de un “incircunciso”. Hch 11, 11-14

e)    Exegesis del Pentecostés sobre los paganos Hch 11, 15-18.

 

Todo esto ha supuesto una adaptación, una “plasticidad” para ir forjando la catolicidad, que se flexibiliza frente a los contestos, a la época, al marco de la civilización a la que se llega: se dan las pautas de la “inculturación de la fe” que nosotros necesitamos hacer consciente.

 

Esta, -que llamamos metanoia- que se da en Cesarea, abre una nueva etapa a la Evangelización y dota de una nueva identidad al cristianismo, que ya no estará más cerrado a los judíos, aun cuando tendrá que librar una tesonera labor para derribar las fronteras que los “circuncisos” se empeñaban en sostener como imbatibles.

 

Sal 42(41), 2-3. 43(42), 3.4

Estos dos salmos -conforme se nos presentan en la Biblia hebrea- son en realidad un salmo único, dividido en tres partes algo así como pasado-presente y futuro. Cada parte termina con un estribillo:

“Espera en Dios que volverás a alabarlo:

Salud de mi rostro, Dios mío” //.

 

Son un salmo de súplica. Lo que expresa es el anhelo de volver al Templo para ver a Dios. Parece escrito en el exilio en Babilonia, aquí el pueblo elegido, está representado por un Levita, que echa de menos el culto, y todas las ceremonias que allí tenían lugar ¡Qué nostalgia! El estribillo representa un espíritu de resistencia, a pesar de estar rodeado de personas que se burlan de su fe y le arrostran que, si Su Dios fuera poderoso, no los habría dejado caer en esta situación.


La estrofa 1 de la perícopa proclamada hoy, pertenece y manifiesta la nostalgia del pasado. Las estrofas 2 y 3 se toman del augurio de un futuro resplandeciente, mejor que el pasado. El presente -que se registra en los versos 42(41), 7-12-, no está consignado en la perícopa con ninguna mención. Esta parte está saturada de desánimo y amargura. Quizá por su tinte de aflicción -nada acorde con el sentido pascual que estamos viviendo- se exceptuó.

 

La melancolía, en la primera estrofa, se da a entender con la imagen de la cierva sedienta que busca donde abrevar. Y se pregunta, cuando regresará al culto y al Templo para contemplar de nuevo el Rostro de Dios, y calmar su sed de Dios con el agua de su Presencia.

 

Como alas de águila, una la Luz y otra la Verdad, el salmista suplica ser trasladado al Monte del Templo, en Sion, lugar de la “vivienda” Divina.

 

Actuando como profeta de su propio destino el salmista ya se ve en el futuro, entrando al Templo y aproximándose al Altar de los sacrificios, llenándose de alegría y entonando los canticos acompañados con música de cítara.

 

Jn 10, 11-18

“Pastor Bello” (Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura.

León XIV

Este idioma que es el hebreo, junto con otras lenguas semitas, tiene una manera de pensar la realidad bastante diversa de la nuestra. Por ejemplo, nosotros nos referimos a la “hermosura” para destacar la belleza de rasgos, la magia óptica que desata, la agradable visión que inspira sentimientos de gusto, de placer sensorial. Donde se enfatiza la externalidad. Insistimos que no dice “Buen Pastor”, sino Pastor Hermoso. Pero aquí la hermosura no significa un joven atractivo de dulces facciones, sino que, la “hermosura” de este Pastor consiste en ajustarse perfectamente a la imagen exacta de Pastor, hasta alcanzar el rango de verdadero paradigma del “ser de Pastor”. Él cumple a cabalidad ser modelo de “Pastor”: ἐγώ εἰμι ποιμὴν καλός. [ego eimi o poimen o kalos] “Yo-Soy el Pastor Hermoso”. Esta hermosura se refiere a la coherencia perfecta entre el nombre y el ser, es una hermosura ética, si cabe decirlo.

 

A continuación, dice que un Pastor que verdaderamente se precie de serlo, un pastor modelo, un pastor ejemplar, “da su vida por las ovejas. Aquí se nota que “hermoso” significa que da la talla, que lo es en toda la extensión de la palabra, que es digno prototipo de un verdadero pastor, que es un modelo de lo que debe ser quien así se llame: Es paradigma de Pastor.

 

Es muy interesante que, el oficio de pastor es una profesión no tan decorosa, en el sentido de ser un personaje que por lo general anda sucio y embarrado; no huele muy bien que digamos, al fin de cuentas, cuidar animales no tiene nada que ver con el buen porte y la majestad de la apariencia y el atuendo. Recordemos a esos santos y santas que se han forjado en el camino de santidad, cuidando de los enfermos, por ejemplo, en épocas de peste, no eran dechado de limpieza, pero el alma les resplandecía como el más potente reflector. Sin embargo, para los gobernantes, para los líderes de los pueblos semitas, el ideal del gobernante está en la imagen del “Pastor”. Y aquí establece una comparación muy bien contrastada entre el “pastor” que es dueño de las ovejas y aquel otro que simplemente lo hace por un estipendio: El dueño, se hace matar por sus ovejitas; el asalariado -en cambio- no está dispuesto a poner en juego su propio pellejo.

 

Todo este capítulo del evangelio joánico guía nuestros ojos para educarlos en una nueva manera de ver: No se trata del limpísimo exterior, se trata de la luz que -como de un faro- irradia su portador. La Via Pulchritudinis (camino de la belleza), es una Todo este capítulo del evangelio joánico guía nuestros ojos para educarlos en una nueva manera de ver: No se trata del limpísimo exterior, se trata de la luz que -como de un faro- irradia su portador. La Via Pulchritudinis (camino de la belleza), es una vía pastoral y teológica que busca acercar a Dios a través de la contemplación de la belleza, ya sea artística, natural o en la vida de los santos. La Via Pulchritudinis es una propuesta pastoral centrada en la admiración y la experiencia de lo bello para llegar a la fuente de todo bien, verdad y belleza, que es Dios. Pero esta belleza se la escapa a la superficialidad, a las meras apariencias, a la estética almidonada, es la esencia del Pastor habitando el corazón. 

La hermosura inmanente: Lo bello no puede ser reducido a un simple placer de los sentidos: esto no permitiría tener la plena inteligencia de su universalidad, de su valor supremo, transcendente. Es evidente, su percepción exige una educación porque la belleza no es auténtica sino en relación con la verdad 

 

Las ovejas, como muchos animales domésticos, aprenden a distinguir la voz de su amo. Y cuando lo oyen, le obedecen, y también se le acercan con confianza. Este tipo de relación se teje igual entre los verdaderos discípulos del Señor, a imagen y semejanza de la que se da entre Dios-Padre y Dios-Hijo.

 

En la Primera lectura, veíamos como Jesús, sus discípulos y la Iglesia toda, tiene que darse por aludida en cuanto a “otras ovejas que no son de este redil”, los incircuncisos, los paganos -en aquel entonces- hoy día, muchas ovejitas díscolas, que andan por ahí, como ovejas que no tienen pastor. La misión apunta hacía la unificación de todo el “rebaño” bajo un solo “Pastor”.


Este jugarse la vida por sus “ovejas” es el motivo del enorme Amor del Padre por su Hijo; y esta entrega no es una imposición, ni el simple cumplimiento de un deber; sino un acto de generoso compromiso ejercido desde la absoluta Libertad respaldada por el Padre que le dio esa hegemonía sobre la Vida; su Padre le ha constituido Dueño y Señor de la Vida, así que está en condiciones de Darla y volverla a Tomar, porque ese es el Lazo Filial del Padre que adorna a su Hijo con una Autoridad tan Grande como la Suya Propia.

sábado, 25 de abril de 2026

DOLOR, GRATITUD, ÁNIMO Y ALABANZA

 

Hch 2,14a.36-41; Sal 22, 1-6; 1 Pe 2,20b-25; Jn 10,1-10

LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

 

Hoy, la Iglesia celebra el IV domingo de Pascua, «llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.


EL CAMINO DE LA BELLEZA

En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el ποιμὴν καλός [o poimen o kalos] “pastor bello” (Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”.  El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza». (Papa León XIV)

 

 

El pivote de toda nuestra existencia

La palabra κήρυγμα kerigma está directamente relacionada con el “primer anuncio”. Se origina en la palabra griega keryx (plural kerykes) y alude al oficial cuya función consistía en proclamar un anuncio, llevar un mensaje (kerigma), hacer una proclamación, ser portador de una proclama. Los romanos los llamaban caduccatores porque portaban un caduceo -puesto que estaban consagrados a Mercurio, mensajero de los dioses- y jefe de oradores y pastores. Entre sus funciones estaba la de imponer silencio para que el rey pudiera hablar o –en los juegos olímpicos- tocar la trompeta para después poder hacer una proclamación. El heraldo recibe la autoridad de parte de Dios para manifestar su palabra mediante el mensaje que debe predicar y así llevar a los elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de la verdad (Tit 1,1) “… con la proclamación que me han encomendado, por disposición de nuestro Salvador, Dios” (Tit 1, 3b). Pero hablamos de “primer anuncio” porque no nos estamos refiriendo a la catequesis posterior que profundiza y estructura la fe sino al llamamiento inicial que la suscita.


Pongámoslo en las palabras de Papa Francisco: «… lo importante de la predica es el anuncio de Jesucristo, que en teología se llama el kerigma. Y que se sintetiza en que Jesucristo es Dios, se hizo hombre para salvarnos, vivió en el mundo como cualquiera de nosotros, padeció, murió, fue sepultado y resucitó. Eso es el kerigma, el anuncio de Cristo que provoca estupor, lleva a la contemplación y a creer. Algunos creen “de primera”, como Magdalena. Otros creen luego de dudar un poco. Y otros necesitan meter el dedo en la llaga, como Tomás. Cada uno tiene su manera de llegar a creer. La fe es el encuentro con Jesucristo… Después del encuentro con Jesucristo viene la reflexión, que sería el trabajo de la catequesis. La reflexión sobre Dios, Cristo y la Iglesia, de donde se deducen luego los principios, las conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas, sino que le otorgan una mayor plenitud. Generalmente, observo en ciertas elites ilustradas cristianas una degradación de lo religioso por ausencia de una vivencia de la fe… no se le presta atención al kerigma y se pasa a la catequesis, preferentemente al área moral… relegamos el tesoro de Jesucristo vivo, el tesoro del Espíritu Santo en nuestros corazones, el tesoro de un proyecto de vida cristiana que tiene muchas otras implicaciones…»[1]


Kerigma es el caso de la predicación de Pedro en el marco del evento de Pentecostés que tenemos en la Primera Lectura de este IV Domingo de Pascua. Él hace su proclamación de Jesús denunciando cómo se le victimó crucificándolo, pero Dios lo ha acreditado: ἀποδεδειγμένον [apodedeigmenon], que proviene del verbo ἀποδείκνυμι (acreditar, manifestar, confirmar, certificar, constituir), o sea, que Dios le da a Jesús unas “cartas credenciales”, a saber, a) δυνάμεσι poder, habilidad, milagro; b) τέρασι maravillas, prodigios; y, c) σημείοις signos.


Esta argumentación es muy importante porque los prodigios que Jesús obraba no formaban parte de una campaña para captar adeptos, no era una campaña para lanzar una candidatura, no se trataba del lanzamiento de un “producto” al mercado; se trata, en realidad, de una revelación, es una manifestación de una realidad trascendente, requiere una aclaración, es algo que hace necesario un “traductor” que permita acceder a este lenguaje Divino. Es ahí donde entra en funciones el keryx, que proclama el anuncio, el mensaje (kerigma), que lleva a tomar conciencia, que guía, que “pastorea” en el sentido de conducir la percepción de esta verdad que –aunque salta a la vista- no es auto-evidente. Lo que hace Pedro es abrirles los ojos a su auditorio para que comprendan que Jesús es su Salvador y que esto Dios mismo lo ha respaldado revistiéndolo de “poderes” superiores, asombrosos, sólo posibles al mismísimo Dios: καὶ Κύριον αὐτὸν καὶ Χριστὸν ἐποίησεν ὁ Θεός Dios lo ha nombrado Señor y Mesías. Este aval de Dios Padre tiene su cúspide en la Resurrección, que es la “prueba maestra”, el sumo respaldo.

 

Sin embargo, y esto también se debe acotar, el colirio que abre los ojos es la Gracia del Espíritu Santo. No de otra manera se entiende cómo esas sencillas palabras conmovieron tan hondamente a los escuchas que inmediatamente se muestran tan dispuestos que dan así, súbitamente, el siguiente paso que sigue a la aceptación, ponerse a disposición de hacer lo que se deba. Por eso preguntan: ¿Qué tenemos que hacer?


Así se pasa de los doce, a la Comunidad eclesial, “…unas tres mil personas”. Se da el paso hacía uno de los más antiguos signos sacramentales de la Alianza: el Bautismo. Así esta Amistad y el pacto bilateral que Dios nos ofrece, encuentra un signo de su establecimiento y promesa de cumplimiento en el sacramento del bautismo. Para el hombre es compromiso de cambio, de conversión. Para Dios, es ofrecimiento de fidelidad, de permanencia, de Algo inquebrantable. Jesucristo es la Primera Palabra, será la Última (Alfa y Omega), y, es también, la Palabra Central. Es el eje del kerigma, será el núcleo de la catequesis y estará en el centro de toda nuestra vida, dándole sentido a toda ella.

 

Nuestro Pastor vela

Ποιμένα καὶ Ἐπίσκοπον

 

 

¿Dónde pastoreas, Pastor Bueno? Tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey. Muéstrame el lugar de tu reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre, para que yo escuche tu Voz y tu Voz me dé la Vida Eterna»

San Gregorio de Niza

 

Uno de los primeros elementos que nos entrega el kerigma es el encuentro con un Dios que cuida, protege, defiende, vela, ampara. Esas son las funciones de un pastor (y de un Ἐπίσκοπον [episkopon] “obispo”, “supervisor”; la función es cuidar y proteger, ¡qué coincidencia!); así que nos encontramos con Dios-Buen-Pastor y Guarda. Reflexionando en otro momento sobre el Buen Pastor descubríamos en Él, en su Presencia protectora, el antídoto contra toda zozobra: ¡No temáis!  Ese es el Dios que nos acompaña a nosotros en nuestro caminar, (el que con tanto esfuerzo el enemigo se empeña en robarnos, porque ya sabemos que a ese le gusta nuestra intranquilidad, nuestra preocupación, nuestro nerviosismo; ese hace buenas migas con nuestro corazón desgarrado por los afanes y las angustias, medra en nuestra zozobra; nos volvemos sus presas fáciles, es feliz cuando nos debilita con la intranquilidad de lo que sobrevendrá); cuando todo eso debe ponerse en las manos de Dios. Si no somos dueños ni de la caída o permanencia de nuestros cabellos pegados al cuero cabelludo, ¿qué podremos prevenir con afanarnos? ¡Insensatos!


En cambio, si logramos aquietarnos en la paz que nos regala el Señor, ¡qué solaz!, ¡qué infinita dulzura de paz y serenidad! Comparable a la grey cuando sabe que su Pastor la cuida-y-guarda (1Pe 2, 25), que está a cargo, que vigila al lobo y sus acechanzas, que no lo dejará atacarnos, que se llevará una golpiza de su Cayado. Y no, no es inconciencia, no es irresponsabilidad; por el contrario, es comprensión clara de nuestros alcances, de nuestra fragilidad, de nuestros límites. Es, también, conciencia humilde y justiprecio de Quien-es-el-Todopoderoso. Él nos da la paz que el mundo no puede darnos y que, por el contrario, se empeña en conculcarnos.

 

En cambio, nuestro Pastor nos conduce hacia prados tranquilos, su Vara y su Cayado nos dan seguridad. Y no nos sirve una copa mezquina, por el contrario, nos sirve la copa rebosante que es la copa de la plenitud de vida, como lo afirma en la última frase de la perícopa del Evangelio de este día. Recordemos aquí, en las Bodas de Caná, “seis tinajas de piedra… con una capacidad entre setenta y cien litros…” ¿no es esto reflejo de su generosa prodigalidad?


«Como un pastor guía a su grey, Así Dios guía a su pueblo, le da confianza en el camino, por cuanto conoce sus exigencias y sus necesidades. Él sostiene nuestros pasos en el andar del tiempo, hasta que nos reúna en su reino, y entonces será una sola grey y un solo pastor (cf. Jn 10, 16), en la casa de Dios.»[2]

 

Bajo la más completa libertad.

¡Ah, que terrible es la tentación de tratar de encerrar al pastor en nuestro redil, detrás de nuestra puerta…! 

Helder Câmara

 

Se puede intentar construir el reino a la fuerza, por imposición, a sangre y fuego, obligando por decreto a que se le acepte; pero ese no es el Reino que Jesús nos propone. Jesús en el Evangelio se auto-designa como “Puerta”: Ἀμὴν ἀμὴν λέγω ὑμῖν ὅτι ἐγώ εἰμι θύρα τῶν προβάτων. Jn 10, 7b; y más adelante dice que ἐάν τις εἰσέλθῃ, σωθήσεται, καὶ εἰσελεύσεται καὶ ἐξελεύσεται “…quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir …” (Jn 10, 9 b) y queremos enfatizar esta posibilidad de “salir” porque nos recuerda la libertad bajo la cual se construye el Reino que Él nos propone. Sí, podemos entrar, pero también si queremos, podemos salir; como el “hijo prodigo”, podemos si queremos ir a pasar fatigas, hambre e incomodidades, y podemos malgastar la herencia, y entregarnos a la vida licenciosa, porque en la casa del Padre se vive por gusto, no porque estemos amarrados a la pata de la cama.


Muchos han visto la lentitud con la que los corazones maduran hacía la aceptación de la propuesta de Jesucristo, muchos querrían el Reino para mañana (y nos dicen que “para mañana es tarde”) y entonces, buscan como solución a su premura, las vías impositivas dejando de lado la libertad del hombre. (No hay que confundir a estos impacientes que sufren de la enfermedad del afán; con los violentos que sólo quieren mantener el derecho a “la torta entera” y sólo cuando están embobados o les interesa, dejan caer migajas).  Argumentan con tenacidad que cada minuto de tardanza es ventaja para el enemigo que no se detiene, que aprovecha esa demora para fortalecerse y nos reprochan precisamente eso que “a cada instante el enemigo se hace más fuerte”, y que el enemigo jamás estará dispuesto a renunciar a sus prebendas sino es por las vías de fuerza.

 

No sabemos si lo primero que se debe responder es que “para Dios no hay imposibles”, ¡recordémoslo bien, recordémoslo siempre! Después repetiremos, que el Reino no se puede construir a la brava y que no se puede imponer por vías de hecho, tiene necesidad de tomar en cuenta el albedrio del ser humano, tiene que conquistar el corazón y ser aceptado, de otra manera siempre será como un gusano que corroe, insatisfecho por las cadenas, estará codiciando el pasado, reclamando las cebollas que comía en la esclavitud, cuando en Egipto arrastraba las pesadas cadenas. Meditemos en aquello de la “jaula de oro”, pese a que sea de oro, nada cambia respecto a ser una prisión que nos detiene el vuelo.

 

Dios nos creó con esa cualidad, (cualidad que para los impacientes es un despreciable defecto) ¡ser libres! y la construcción del Reino (del Reino verdadero) tiene que tomar en cuenta esa variable de nuestra personalidad, no nos podemos extirpar la libertad para poder vivir en “la jaula de oro”, que por otra parte no tiene nada que ver con el Reinado de Dios. Sí ¡Dios es el Dios del amor! ¿cómo podríamos gozar de un Reino donde el amor es por la fuerza? Sería como un Pastor que trata a su rebaño a palazos como una “modalidad” de su “cuidado”, pero ¿qué cuidado es ese? ¿Bajo qué óptica puede verse la golpiza como Paraíso? Sólo cuando tus ojos descubran qué es el Paraíso, tendrás deseos de entrar, y habitar en él, por años sin término.


En la estructura de esta perícopa del Evangelio según San Juan, Jesús nos habla del Buen Pastor, pero también denuncia a todos los que, amparados en su autoridad religiosa o política han obrado como “malos pastores” y se han cuidado de engordar ellos, descuidando al rebaño; los denuncia como ladrones que han entrado sólo a saquear para su propio beneficio. Por otra parte, cuando dice “…si alguno entra…” [«Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3)] está indirectamente mencionando al otro grupo de ovejas, a las ovejas díscolas, las que hacen oídos sordos y simulan que la cosa no es con ellas, las que se niegan a entrar, pero en ningún momento se insinúa que debamos hacerlas entrar a fuerza de garrote.

 

Responder a su Llamada

"también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo."

I Pe 2, 5

 

La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno.

Papa Francisco

 

Queremos aquí, presentar una brevísima sinopsis -aun cuando sea apretadísima- del Mensaje del Santo Padre Francisco para la 60 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que fuera instituida por San Pablo VI en 1964, durante el Concilio Ecuménico Vaticano II. Este año les propongo -dice Papa Francisco- reflexionar y rezar guiados por el tema “Vocación: gracia y misión”. (No obviemos que Papa León, nos ha propuesto para esta LXIII Jornada, un documento orientador bajo el título: EL DESCUBRIMIENTO INTERIOR DEL DON DE DIOS)

 

Es una ocasión preciosa para redescubrir con asombro que la llamada del Señor es gracia, es un don gratuito y, al mismo tiempo, es un compromiso a ponerse en camino, a salir, para llevar el Evangelio. Estamos llamados a una fe que se haga testimonio, que refuerce y estreche en ella el vínculo entre la vida de la gracia —a través de los sacramentos y la comunión eclesial— y el apostolado en el mundo. Animado por el Espíritu, el cristiano se deja interpelar por las periferias existenciales y es sensible a los dramas humanos, teniendo siempre bien presente que la misión es obra de Dios y no la llevamos a cabo solos, sino en la comunión eclesial, junto con todos los hermanos y hermanas, guiados por los pastores. Porque este es, desde siempre y para siempre, el sueño de Dios: que vivamos con Él en comunión de amor.

 

Dios nos “concibe” a su imagen y semejanza, y nos quiere hijos suyos: hemos sido creados por el Amor, por amor y con amor, y estamos hechos para amar. Y su iniciativa y su don gratuito esperan nuestra respuesta. La vocación es «el entramado entre elección divina y libertad humana»[3]

 

Nos descubrimos hijos e hijas amados por el mismo Padre y nos reconocemos hermanos y hermanas entre nosotros. Santa Teresa del Niño Jesús, cuando finalmente “vio” con claridad esta realidad, exclamó: «¡Al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia [...]. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor»[4]

 

Hace cinco años, en la Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, me dirigía a cada bautizado y bautizada con estas palabras: «Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión» (n. 23). Sí, porque cada uno de nosotros, sin excluir a nadie, puede decir: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).



Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la Sangre de Tu Hijo pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

De la Oración Post-comunión

 

Queridos hermanos y hermanas, la vocación es don y tarea, fuente de vida nueva y de alegría verdadera. Que las iniciativas de oración y animación vinculadas a esta Jornada puedan reforzar la sensibilidad vocacional en nuestras familias, en las comunidades parroquiales y en las de vida consagrada, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales. Que el Espíritu del Señor resucitado nos quite la apatía y nos conceda simpatía y empatía, para vivir cada día regenerados como hijos del Dios Amor (cf. 1 Jn 4,16) y ser también nosotros fecundos en el amor; capaces de llevar vida a todas partes, especialmente donde hay exclusión y explotación, indigencia y muerte. Para que se dilaten los espacios del amor [5] y Dios reine cada vez más en este mundo.



[1] Rubin, Sergio. Ambrogetti, Francesca. EL JESUITA. LA HISTORIA DE FRANCISCO EL PAPA ARGENTINO. Ed. Vergara Grupo Zeta. Bs As. Argentina 2010 pp. 88-89

[2] De Capitani, Giorgio; Ambrosi, Olga. SALMOS DE LA TERNURA. Ed. San Pablo. Caracas- Venezuela 1993. p. 15

[4] Manuscrito B, CARTA A MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN (8 de septiembre de 1896): Obras Completas, Burgos 2006, 261.

[5] «DILATENTUR SPATIA CARITATIS»: San Agustín, Sermo 69: PL 5, 440.441.