lunes, 9 de febrero de 2026

Martes de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario


1R 8, 22-23. 27-30

Si el cielo, en toda su inmensidad no puede contenerte, ¡cuánto menos este templo que he construido para Ti!

1R 8, 27cde

 

Abrimos hoy con una frase estrictamente politeísta, preciso en el verso 23 se lee: “Señor, Dios de Israel, no hay Dios como Tú arriba en los cielos, ni abajo en la tierra …”, nótese que no dice “Señor tu eres el Único Dios, no hay ninguno otro”; lo que dice es que ningún Dios se le iguala, que el Dios de Israel está por encima de los otros”. El punto de partica, es, que hay otros Dioses, pero diferentes. Esto es distinto de lo que dice el Shemá (Dt 6, 4) donde leemos: «Oye Israel: El Señor nuestro Dios es el אֶחָד [echad] “Único”, “Uno”, Señor». El dicho de Salomón abre la trastienda para dejar la puerta entre abierta y permitir que -a la chita callando- entren otros.

 

Es muy importante entender que la relación entre Dios y el ser humano tiene el carácter de una Alianza. Uno de los aliados se compromete a cierta cosa, y el otro, a manera de signo de compromiso, a su vez, se compromete a lo suyo. Para entender la perícopa de hoy, es preciso hacerlo en el marco del concepto de Alianza. Se debe anotar que las alianzas tienen su elemento simbólico en alguna “prenda” que se propone como elemento de recordación y ratificación: tomemos el caso de la Alianza Matrimonial, donde la “prenda” es el anillo, cuya única función es, precisamente desempeñar ese factor fático (los lingüistas definen lo “fático” como aquel elemento de la comunicación que pretenden asegurar o mantener la comunicación entre el emisor y el receptor, activando su vigencia, muchas veces puede ser simplemente, mantener la mirada dirigida hacia el emisor, caso en el cual su antípoda sería “darle la espalda” que cumpliría precisamente la función anti-fática, anunciando la “ruptura” del nexo comunicativo, con lo cual, se pone fin al “dialogo”) de la alianza. Hemos visto que en muchos casos la ruptura de la Alianza se manifiesta con tirar la argolla nupcial al piso, añadiendo gestos de no poca ira.

 

Ahora bien, esta función fática de la “argolla” nos hace reflexionar en qué está pasando cuando uno de los cónyuges -o ambos- la ocultan cuando el otro cónyuge está ausente… Sería pues un acto profundamente hipócrita, cuya hipocresía no neutraliza el “delito” violatorio de lo pactado. Pues el Templo, gracias a esta consagración y a las plegarias que Salomón le dirigió al Señor, pasó a ser precisamente este elemento “fatico” de la Alianza Divino-humana.

 

Aun cuando Dios no había pedido este Templo, lo acepta como prenda y garantía de la Alianza. Y promete estar a favor de todo aquel que por su mediación “fática” le hable (en 1R 8, 41-43 Salomón pide que «si un extranjero, que no pertenece a tu pueblo, Israel, (porque ellos también tendrán noticias de tu Gran Nombre, de tu Fuerza y de tu Poder), Si uno de ellos viene de una tierra lejana a rezar a tu Casa, escúchalo desde tu morada celestial y haz todo lo que te haya pedido. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre y te temerán como te teme Israel; y sabrán que ése es el lugar donde se invoca tu Nombre, en esta Casa que yo he construido)». El “Templo” como prenda de la Alianza llega a cobijar no tan sólo a los de este pueblo, sino -inclusive- a los extranjeros.

 

Quisiéramos sumar a la perícopa de hoy un fragmento: posterior a la Primera Lectura, se trata de 1R 9, 1-9:

Cuando Salomón hubo acabado de construir la Casa de Yahveh, la casa del rey y “todo cuanto Salomón quiso hacer” -aquí el hagiógrafo nos señala que, distinto de Moisés que hizo todo y solo lo que el Señor le pidió aquí se trata de la voluntad de Salomón y no de la Voluntad Divina-, se apareció Yahveh a Salomón por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón:

 

Yahveh le dijo: «He escuchado la plegaria y la súplica que has dirigido delante de mí. He santificado esta Casa que me has construido para poner en ella mi Nombre para siempre; mis ojos y mi corazón estarán en ella siempre.

 

Ahora, si andas en mi presencia como anduvo David tu padre, con corazón perfecto y con rectitud, haciendo todo lo que te ordene y guardando mis decretos y mis sentencias, afirmaré para siempre el trono de tu realeza sobre Israel como prometí a David tu padre cuando dije: "Ninguno de los tuyos será arrancado de sobre el trono de Israel."

 

A partir del verso 6 establece la que será la sanción por faltar a la Alianza: «Pero si vosotros, y vuestros hijos después no guardáis los mandamientos y los decretos que os he dado, y os vais a servir a otros dioses postrándoos ante ellos, yo arrancaré a Israel de la superficie de la tierra que les he dado; arrojaré de mi presencia esta Casa que yo he consagrado a mi Nombre, e Israel quedará como proverbio y escarnio de todos los pueblos.

 

Todos los que pasen ante esta Casa sublime quedarán estupefactos, silbarán y dirán: "¿Por qué ha hecho así Yahveh a esta tierra y a esta Casa?" Y se responderá: "Porque abandonaron a Yahveh su Dios, que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, y han seguido a otros dioses, se han postrado ante ellos y les han servido, por eso ha hecho venir Yahveh todo este mal sobre ellos"»

 

Esta cita del Primer Libro de Reyes remarca el carácter “bilateral” de la Alianza.

 

¿Y el carácter hermenéutico de esta reflexión hacia dónde apunta? A hacernos caer en la cuenta que -si cada uno de nosotros es Templo del Espíritu Santo (1Cor 6, 19), con qué Alianza de santidad tenemos que dirigirnos unos a otros, recordando siempre que todos y cada uno de nuestros semejantes son “función fática y enfática de su Presencia”. (Enfático significa dentro de la “fanía” -expresión con raíz griega, que significa “manifestación”; o sea, que se incluye en la expresión, fortaleciéndola). Valga explicarlo como una fraternidad y una sinodalidad trabajada con todo nuestro esfuerzo y dedicación, porque cada persona nos recuerda que Dios está con nosotros siempre y nos acompaña con su Fidelidad “per omnia secula seculorum”.


El jueves llegaremos al capítulo 11 y allí nos encontraremos a Salomón abiertamente politeísta. No nos adelantamos a los hechos, pero la lectura de la Biblia exige un acercamiento de conjunto. La Biblia no muestra las cosas tan de cerca que lo demás quede oculto. Nos permite una visión panorámica para ver “la unidad del todo”.

 

Sal 84(83), 3.4.5 y 10. 11

Muchas personas se maravillan de quienes visitan las Iglesias con mucha frecuencia y procuran sacar más y más tiempo para permanecer allí. Este salmo -de peregrinación- de hoy tiene tanto que ver con este tema y con su explicación. Claro que para entenderlo hay que ponerse en la órbita de la amistad. Saber experimentar ese gusto enorme de compartir tiempo con el amigo, de deleitarse en su compañía y de construir y fortalecer la amistad. Quien no entiende la amistad se podría comparar con aquel que no ama las flores y, por lo tanto, le es imposible entender la jardinería y cómo una persona le puede dedicar tanto y tanto Tempo a pasar en un jardín.  Permítasenos comentar aquí que nosotros interpretamos las flores como las huellas digitales de Dios en la Creación, cuando Él modeló y Creó, fue dejando rastros de Su Grandeza en las criaturas que Él puso de “adorno”, pero no solo de adorno que seguramente los científicos han ido descubriendo cómo, cada criatura -desde su nicho-aporta al equilibrio del ecosistema, y también desde una óptica holística, al macro sistema.


Podríamos aquí, desde una perspectiva de la inteligencia de la fe- de un teo-sistema entender en la amistad con Dios, unos principios de equilibrio homeostáticos que podríamos denominar “Alianza”. Y añadir, que aquellos que muy despectivamente denominan “rezanderos” se incorporan a la autorregulación del Teo-sistema, de esa amistad que unos con su garbo equilibran respecto de los otros que aportan tristemente solo su abandono.

 

Digamos otra palabra sobre los” rezanderos”: Es la palabra asiduidad. La asiduidad con el amigo. Pues aquí queremos referirnos a la asiduidad con el Amigo.

 

Un sólo día en tu casa

vale más que otros mil,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados. (v.11)

 

Es muy evidente que, el amigo verdadero y sincero, quisiera convertirse en un Belén (casa de pan) para poderle ofrecer tibio nido en su pecho al Amigo. ¡Y es que se está tan bien a su lado!

 

Este salmo tiene 12 versos, y se han tomado 5 para armar 4 estrofas. Y, como verso responsorial se ha tomado el primero donde aparece la palabra יְדִיד [yadid] que se ha traducido como “deseables”, la palabra estrictamente significa “amadas”, y también la palabra cuán amadas son tus מִשְׁכָּן [mishcan] “enramadas”, “tiendas de campaña”, “choza”, morada”, “tabernáculo”.  Sobre esta palabra hay que decir que ha devenido sinónimo de habitar, pero originariamente se refería a una habitación provisional donde uno se alojaba mientras recuperaba sus fuerzas para continuar.

 

Si uno lee atentamente, por ejemplo, lo que dice Salomón sobre el Templo, en el trasfondo se encuentra que él visualiza el templo como una especie de antena repetidora, porque -y lo dice expresamente- Él no puede ser contenido en el templo y habita establemente en los Cielos de los Cielos. Quizás el decir “morada”, quiere decir que “temporalmente” habita allí, o descansa allí. En el templo no estaba Dios entero, solo entraba en él, “la orla de su Manto”, ese “borde” era lo que despedía tal esplendor que todos tenían que salirse, porque ¡el borde lo llenaba todo!

 

Como quedaría en ese caso el verso responsorial: “Cuán amable es que te alojes en los Templos, aun cuando no estás encadenado a ellos y en cambio, sí quisiste venir y poner tu “campamento entre nosotros” (Cfr. Jn 1, 14) Desde que Jesús vino y puso su tienda de campaña en medio de nosotros, y nos llamó “amigos”, entre todos tejemos la Morada Mística del Emmanuel.

 

El templo es un sitio consagrado a su Amistad, símbolo arquitectónico de la Alianza. Y la Shekina es prenda de su Palabra.

 

Mc 7, 1-13

La gracia de Dios es cercanía, es ternura

Las críticas que Jesús hace a los fariseos siguen siendo válidas para todas las personas religiosas que corren el riesgo de encasillarse en sus pequeños hábitos y perder de vista el mandamiento de Dios.

Claudio Doglio Pbro.

 

Hay tradiciones humanas que año a año y día tras día repetimos, fomentamos y declaramos de raigambre divina. Y -en realidad de verdad- no pasan de ser costumbres humanas barnizadas de color religioso. Ya se viene encima -por ejemplo- la ceniza, que se ha vuelto, para muchos, algo que hay que hacer y, sin embargo, es sólo un llamado, una invitación a cambiar en la buena dirección. No hay pecado en no ponérsela, hay pecado en ponérsela y no adjuntarle el empeño de cambiar en la buena dirección de lo que Dios nos ha enseñado.


Los judíos tienen estos preceptos sobre la higiene -en particular de las manos, para comer- que no están plasmados en la Torah, y que sin embargo tienen un poder vinculante tan fuerte como estos. Pensamos que se podría hablar aquí de una Tora oral que también fue dada a Moisés.

 

Por otro lado, muchas de estas reglas nosotros mismos las vemos saludables, hubo un momento histórico en que los programas de educación en Colombia, las incluían dentro de una clase llamada “Higiene”, porque son regulaciones de asepsia, muy lógicas y de sentido común. (No faltaría la ultra-ortodoxia que incorporó aspectos tocantes más bien a un fundamentalismo acérrimo, pero no compete a nosotros juzgar sobre las normas de su religiosidad).

 

Sin embargo, hoy, Jesús nos propone reflexionar sobre el Corbán. Originariamente la palabra קָרְבָּן [qor ban] significa simplemente “ofrenda”. En el caso que nos ocupa podríamos pensar que una persona le ofrece a Dios dejar -digamos- el 25 % de su salario como corbán, Entonces, por muy necesitados que están sus padres, a esta persona le estará vetado tocar ese 25% que es exclusivamente para Dios.

 

La exegesis que hace Jesús es un llamado a no absolutizar ese corbán sino relativizarlo para que se ponga en primer lugar el lado “humanista” y el cumplimiento del espíritu de toda la Ley-Divina que prioriza el Amor a Dios, el amor al prójimo y el amor y respeto a sí mismo.

 

Desde cierto ángulo se podría decir que Jesús quiere que, por ejemplo, el cuidado de los progenitores se incorpore como respeto a Dios, como obediencia a sus Mandatos, que no quiere que el ser humano sufra, y mucho menos los de la propia carne.

 

Pongámoslo en perspectiva -a pesar de la terrible desconfianza que manejan los fundamentalistas contra la “lógica”, desconfianza que no anda desencaminada si se tiene en cuenta que la lógica suele estar sesgada por los prejuicios y subjetivismos personales que tienden a ocultar el “doble filo” tras valores muy controvertibles y parcializados- lo lógica tiene que ampararse y blindarse con pautas muy sólidas de “Justicia”, Justicia que no es la humana, de la retaliación, sino llena de Misericordiosa compasión. No se puede acceder a la justicia simplemente reduciéndose a “lo que muchos creen”.

 

De verdad que hay que poner nuestro discernimiento en la perspectiva misericordiosa que nos enseña Jesús, que no en el beneficio y el lucro que personalmente obtengamos. Y no podemos fortalecernos en el egoísmo, amparados en reglas de religiosismo tradicionalista. Estamos obligados y convocados a ser creyentes del siglo veintiuno, aun cuando eso nos haga abandonar prejuiciosas tradiciones. Poner en alta vigencia la respuesta juiciosa de qué haría Jesús en ese caso y cómo podemos servirle a Dios guardando y cumpliendo lo que el “corazón de carne” que nos da, sustituya el corazón de piedra al que nos hemos habituado.

 

No es una tarea de poca monta, pero tenemos que guardarnos de ser fariseos modelo 2026 y propender por una verdadera amistad con Jesús, evitando todas las tradiciones que contradigan su Palabra -el Espíritu de su Palabra- y que sólo fomentan costumbres pseudo-piadosas.


Reemplazamos a Dios por otras “cosas” teñidas con una tintura religiosa, porque se nos hace insoportable brindarle nuestra entera amistada a Él, y fiarnos de su Amor. Pensamos que Dios esconde y reserva para ciertos “elegidos” un 25%, un “corbán” que a nosotros nos niega, nos lo escatima, cuando en verdad, Él lo tiene todo a nuestra disposición y de forma gratuita.  «La gracia de Dios es otra cosa: es cercanía, es ternura. Esta regla sirve siempre. Si tú en tu relación con el Señor no sientes que Él te ama con ternura, aun te falta algo, aun no has entendido qué es la gracia, aun no has recibido la gracia que está cercana. Quédate tranquilo, el Señor no es un comerciante, el Señor ama, está cerca». (Papa Francisco) 

domingo, 8 de febrero de 2026

Lunes de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 8, 1-7. 9-13

A PESAR DE TODO HUBO UNA TEOFANÍA.

En el capítulo 25 del Éxodo, Dios le ordena a Moisés que le construya una Morada מִקְדָּ֑שׁ [miqdash] “Santuario”; de ahí en adelante, YHWH le da instrucciones detalladas sobre el Arca de la Alianza, la Mesa para los Panes de la Presencia, la Menorá, el altar de bronce, los patios del Santuario, el aceite para las lámparas y el aceite para la unción, la ropa de los sacerdotes, el ritual de consagración sacerdotal, las ofrendas diarias, el altar del incienso, la palangana de bronce y los artesanos para el Santuario. Le instituye toda una liturgia para el Culto.

 

Todas estas indicaciones fueron cumplidas y el Libro de Éxodo refiere cómo se cumplió y cómo se hizo todo lo indicado en los capítulos 35-40 hasta relatar cómo se consagró el Santuario. En los versos 36- 37 se señala que el pueblo acampaba cuando Dios daba la señal y se asentaba encima del santuario y cuando la nube se levantaba ellos también levantaban el campamento. Y, así YHWH -a todo lo largo del Camino- acompañó a los israelitas, sin desampararlos jamás. Verdaderamente era Dios-con-ellos.

 

Tres octavas partes del éxodo están atentas a estos aspectos rituales de la Tienda del Encuentro, y de cómo Dios estipula lo que quiere.

 

Hoy nos encontramos frente a un cambio bastante desconcertante, Dios era YHWH trashumante; ahora -del nomadismo, va a pasar a la sedentariedad. Pero Dios en ningún momento dice. Quiero esto, me gustaría que fuera así: pongan una jarra de agua aquí, o unos candelabros allá. En realidad, Dios no tiene oportunidad alguna de expresar su “Voluntad”. Encontramos sólo la voz de Salomón que dice. “He querido erigirte una casa para morada tuya, un lugar donde habites para siempre”. Algunos teólogos han llegado a preguntarse sí era un Templo, o una Prisión… (¿Quería, acaso, Salomón mantener a Dios bajo buena custodia? ¿Era aquella una modalidad de casa por cárcel?)

 

¡El contraste con la tienda del Encuentro es muy, muy grande!  ¿De dónde sacó Salomón el diseño de su Templo? Los más eruditos investigadores encuentran su similitud con los Templos fenicios cuyos despojos han desenterrado e investigado los arqueólogos, y les parece que pudo inspirarse en ellos. Sin duda, encuentran otros desenterradores de ruinas y vestigios históricos, que hubo otras influencias del medio-oriente.


También se han encontrado en el Templo reliquias de Astarté (diosa semítica de la fecundidad; diosa cananeo-fenicia del amor, el sexo, la guerra y la caza) y otras huellas de cultos solares que hacen suponer que se trataba en sus orígenes de una religión de Yahvé-Sol. Hasta que, en el reinado de Josías, estos cultos paralelos fueron erradicados del Templo.

 

Los estudiosos han llegado a datar de -muy poco antes del tiempo del exilio- que se implantó el relato del Arca, que así llegó a ponerse como leitmotiv cultual, en lo tocante al contenido del Arca y así fue interpolada en la Escritura.

 

La Biblia nos informa que Salomón empezó a construir el Templo en el año cuarto de su reinado y que este proceso le llevó siete años. Así que el episodio de la perícopa de hoy corresponde al año undécimo de su reinado. Como se nos dice en el mes de Etanim - equivalía a parte de septiembre y parte de octubre. A este mes, después del exilio babilonio, se le llamó Tisri. En estas fechas se celebraba la fiesta del Sucot (las Tiendas o cabañas o tabernáculos, en 1R 8, 65, se dice que se celebró esta fiesta y allí se la llama “de las Enramadas” que nos parece una excelente traducción para סוכות [Sucot]); que por las enmarañadas deidades y el sincretismo cultual, podemos inferir que se trató de una revolución para dejar atrás una religión de pastores y remontarlos a una religión de agricultores, pues estas deidades -en las que una y otra vez recaían idolátricamente los del pueblo- eran cultos relacionados con los ciclos agrarios, para celebrar la terminación del ciclo agrícola, la vendimia y la cosecha de aceitunas.

 

Sin embargo, tan pronto el Arca fue depositada en el Sancta Sanctorum, la Shekina llenó todo el templo del Señor. Por eso decimos que “a pesar de todo”, hubo teofanía.


Estas cosas tan prodigiosas de la Misericordia Divina no pueden ocultar que, efectivamente, el campesinado cargó con todo el peso del reinado salomónico y su “esplendor”.

 

Sal 132(131), 6-7. 8-10

Este es un Salmo gradual, de subida al templo. Ya se ha dicho acerca de este, que tiene una estructura catequética: los sacerdotes-guías turísticos y conductores de la liturgia les formulaban, a los del pueblo, preguntas que ya tenían una respuesta instituida, con ritmo versicular y cantábile.

 

Para el tiempo en que fue compuesto el salmo, todavía no se había perdido el Arca con las tablas de la Ley, ni el Templo había sido destruido. 

 

Todo el Salmo se apoya sobre la promesa que profirió el Señor a David que estaba muy inquieto puesto que le parecía urgente -para unificar al Pueblo- llegar a contar con un santuario unificado.

 

En el Salmo se pasa revista a la Bondad Magnánima del Señor que no ha escatimado ningún recurso para salvaguardar a Israel.


Se habla del Dorado del templo y la regia vestimenta sacerdotal y con esos argumentos se pide que escuche a David y a todos sus sucesores ungidos con el Crisma-real.

 

En contraste con la magnífica vestimenta sacerdotal los portadores de enemistad con Dios y su pueblo están vestidos de ignominia.

 

El verso responsorial invita a YHWH a tomar posesión de su Trono en el Templo.

 

Mc 6, 53-56

καὶ ἤρξαντο ἐπὶ τοῖς κραβάττοις τοὺς κακῶς ἔχοντας περιφέρειν

[kai erzanto epi tois krabatois tous kakos echontas periferein]

La gente le llevaba los enfermos en camillas.

Llega Jesús y su comitiva a Genasaret y allí ponen pie en tierra. Basta con reconocerlo para que Él, muy diligentemente se ponga en marcha para ir a su encuentro. Quiere servir y no se esconde ni pone talanqueras para hacerse el inalcanzable. Todo lo contrario, va hacia ellos. Sus discípulos quieren actuar a veces como guardas de escolta, pero Él les reprocha, los reprende y los manda dejarlos pasar, abrirles espacio, dejar que se acerquen.


Hay una búsqueda atenta, se oye que El Profeta-Sanador está en las inmediaciones, hay que moverse, hay que aguzarse, nuestros enfermos no pueden quedar por ahí tirados y -nosotros- dejar pasar la opción, nos comprometemos con los nuestros que están agobiados por la enfermedad, a veces -hasta faltan los recursos- pero el Sanador anda por ahí, va y viene derramando sanación, trayendo salud, entonces, ¡manos a la obra! ¿Por dónde me dices que está? ¿Allá iremos corriendo! ¡Cargando a cuestas con las camillas!

 

Hay una epifanía, Jesús –aun cuando la gente que no sabemos de teología y de simbología litúrgica- Jesús ya ha rasgado el velo del templo, para que todos podemos estar en la cercanía de la Persona que es, el Verdadero Santo de los Santos: Y la gente, se aglomera para favorecerse con algún prodigio obrado en estas jornadas de sanación. A nadie la pide firmar un contrato de beneficiario de sus prodigios. No le importa hacerse con adeptos. Le importa hacer el bien, darles lo que el Padre les ha enviado, no está de reclutamiento, no tienen que dar la firma en un pliego petitorio o en algún formulario de exención de impuestos, sólo tienen que venir, su voluntad de verlo, de tocar la cenefa de su vestimenta, de acercársele, de verlo así sea de lejos, cuentan para Él. Todos los que acudan podrán tocar la Orla del Manto.

 

No pide un Templo para Él; ¡Él es el Templo!

 

No hay que comprarle algún ungüento con el que obtengan ganancias poniendo puestos tácticamente bien distribuidos en cada lugar de acción, distribuyendo a sus discípulos para la logística. No se menciona que busque o saque algún lucro. Hay cero-logística.


 

Basta con tocar el borde adornado de encaje de su manto para obtener curación: Llegaba a pueblos, ciudades y aldeas que es como decir que ninguna “periferia existencial” lo detenía. Lo hemos visto llegar a la Decápolis y moverse entre paganos, pero también lo hemos visto entre sus paisanos y también próximo a su parentela, Él está allí para todos: Óigase bien, para todos, no discrimina a nadie. Todos tiene alta-honra y dignidad, todos pueden acercarse, a fin de cuentas, son hijos del Mismo Padre, Jesús en su corazón lo que ve son los hermanos que Su Padre le ha dado.

sábado, 7 de febrero de 2026

DISCIPULOS - MISIONEROS - ENTUSIASTAS

 


Is 58, 7-10; Sal 112(111), 4. 5. 6-7. 8a-9 (R.: 4a); 1Cor 2, 1-5; Mt 5, 13-16

 

Señor,

Ayúdame a no esconderme,

a seguir alumbrando los cruces de la vida

para que sea siempre más seguro el andar

de todos mis hermanos y de cada hermana mía. Amén.

Averardo Dini

 

No somos la luz, pero podemos alumbrar con la Luz de Cristo

Nuestra responsabilidad consiste en conservar la luz, mantener la oscuridad bajo control -para irla derrotando gradualmente-, lo que implica “contagiar la luz”, pasarla de mano en mano, cuanto más se distribuya y se amplíe el círculo de los que la han recibido, mayor será la garantía de que la luz nunca se acabe, de que el desenlace sea Luminoso. Llevemos un poco más allá la analogía: cuando se prenden dos, tres, o cuatro velas, la luminosidad que se genera es mucho más del doble, del triple y del cuádruple. Frente a un siglo de tiniebla, se requieren muchas manos que se acerquen a Jesús y recojan Su Luz, con su propia vela, y la lleven allende todas las fronteras. De quien son las manos que recogen la Luz, ¡son las manos de los Discípulos-Misioneros!



 ¿Qué significa “Cuerpo Místico de Cristo”? Es cuando todos unimos nuestras manos para “Ser Él”, para que entre todos derrotemos la oscuridad. No se trata de que Él no pueda solo, se trata de que Él nos llama para darnos la oportunidad de co-operar, Él no siente que su poder se encoge si nosotros ayudamos a construir el Reino, quiere que aportemos y por eso a cada uno nos dice ¡Sígueme!


En lo oscuro, nada vamos a adelantar. El aporte de cada uno es valioso en esta guerra entre la Luz y las Tinieblas. Jesús no tiene manos, y depende de nuestras manos para servir, acariciar, atender, construir el Reino.

 

El sacramento de la alegría

«Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces para ellos es inútil esforzarse. Piensan así: «¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?». Con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros… El Evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, «el Señor συνεργοῦντος [sunergountos] “colaboraba” con ellos y confirmaba la Palabra» (Mc 16,20)


Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable… Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo.

 

… Sin embargo, no es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, o por una acedia que le seca el alma. Puede suceder que el corazón se canse de luchar porque en definitiva se busca a sí mismo, en un carrerismo sediento de reconocimientos, aplausos, premios, puestos, medallas, preseas; entonces, uno no baja los brazos, pero ya no tiene garra, le falta resurrección. Así, el Evangelio, que es el mensaje más hermoso que tiene este mundo, queda sepultado debajo de mucho protagonismo y de muchas excusas.


La fe es también creerle a Él, pero ahí no se puede detener la argumentación, la fe no se trasmite por slogans, no se trata de coleccionarlos y luego, dispararlos en un orden adecuado, hay que saber explicar qué significa “creerle a Él”; significa creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Es creer que Él marcha victorioso en la historia «en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles» (Ap 17,14). Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras: como la semilla pequeña que puede llegar a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13,31-32), como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa (cf. Mt 13,33), y como la buena semilla que crece en medio de la cizaña (cf. Mt 13,24-30), y siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de la historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!

 

Como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos, porque «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama «sentido de misterio». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor, seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida. A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida. Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos, pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria.


 … Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!»[1]

 

«Julien Green, cuando la idea de la conversión comenzaba a rondarle la cabeza, solía apostarse a la puerta de las iglesias para ver los rostros de los que de ella salían. Pensaba: Si ahí se encuentran con Dios, si ahí asisten verdaderamente a la muerte y resurrección de alguien querido, saldrán con rostros trémulos o ardientes, luminosos o encendidos. Y terminaba comentando: "Bajan del Calvario y hablan del tiempo entre bostezos."»[2]

 

Esta anécdota de Julien Green nos hace todavía más conscientes de nuestra enorme responsabilidad, que podemos alejar a muchos, que podemos enfriar a los que ya estaban calentándose, a los que estaban a punto de “convertirse”, ¡qué terrible!, ¡qué perdida! Que alguien que estaba a punto de llegar, se devuelva, se arrepienta, se vuelva a enfriar, solo porque nuestra luz, en vez de ser luminosa, es una luz oscura, negra, decepcionante.


 

¡Que llevemos siempre su Luz entre nuestras manos, es más, que nuestras propias manos se incendien y sean teas luminarias! ¡A la mayor Gloria de Dios!

 

No nacimos para ser sal insípida, sólo útil para tirar a la basura. No nacimos para vivir debajo de una olla, de un balde, de un celemín. Nacimos, a la vida de la fe, para ser difusores de la Buena Nueva, de esa noticia feliz que nos invade hasta el último poro de esperanza, de optimismo, de confianza en el Amigo-que-nunca-falla.



 

«Parte tu pan con el hambriento, recibe en tu casa al que no tiene techo, viste al que está desnudo”. Si el pueblo de Israel sabe interiorizar de esta manera el éxodo histórico y sabe imitar la actitud de Dios, entonces se repetirán los grandes prodigios que caracterizaron aquel acontecimiento.»[3]



[1] Papa Francisco. EVANGELII GAUDIUM, 24/11/2013. Entresacados ##275-280

[2] Martín Descalzo, José Luis. RAZONES PARA LA ALEGRÍA (CUADERNO DE APUNTES II). Sociedad de Educación Atenas. Madrid-España   2ª ed. Julio 1985. pp. 205-208

[3] Gironi, Primo. LA CASA SOBR LA ROCA. Ed. San Pablo. Bogotá-Colombia 2008 p. 43

viernes, 6 de febrero de 2026

Sábado de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


1R 3, 4-13

Allí mismo, en el lugar en el que Dios con potente brazo asistió a Josué y detuvo el sol y la luna, sus rivales militares se disfrazaron de “mendigos muy pobres” para lograr un pacto que Josué acepto refrendar con juramento. Más tarde, ya bajo el gobierno de David, en aquel mismo lugar, este le sirvió en bandeja de plata a los siete hermanos de Saúl y David aprovechó para les sirvió en bandeja de plata a los siete hermanos de Saúl dizque para aplacar una hambruna provocada por la culpa de la sangre de Saúl, supuestamente así les cobró la triquiñuela, pero de paso, se sacudió la existencia de cualquier legitimo pariente de Saúl que pudiera reivindicar para sí la legitimidad de la sucesión (2S 21, 1-9); estamos hablando de Gabaón, al noroeste de Jerusalén, en la zona de los benjaminitas; fue allá dónde Dios concedió Sabiduría a Salomón.

 

Habíase llegado Salomón allí –porque era dónde se encontraba el «lugar alto» más importante y el tabernáculo original construido por Moisés, el cual albergaba el altar de bronce para los sacrificios- para ofrecer sacrificios abundantes en el Tabernáculo regiamente adornado y cuyo mobiliario, más adelante veremos, llevó Salomón a Jerusalén para decorar el Templo, en particular el hermoso Altar sacrificial de bronce. Este tipo de múltiples sacrificios era colateral a la unción real, era una de las etapas del ritual de entronización, era un sacrificio de agradecimiento por haber heredado el “poder”.

 

Salomón advierte que en continuidad con el reinado de su padre David, él ha heredado el Trono, pero que él no tiene los recursos y las habilidades que tenía su padre para llevar el gobierno, debido a su juventud, él mismo se designa como “un muchacho joven que no sabe por dónde empezar y por dónde terminar”.

 

Dios le concede una onírica entrevista a Salomón (antes de la fase profética, era uno de los conductos preferenciales de Dios para comunicarse con el ser humano, el de los sueños, recordemos en particular el de la “escala de Jacob”, o los que tuvo José en Egipto; claro que hay otros sueños de profetas y también los de San José, o el de San Pedro para saldar el asunto de la dieta Kosher, en el Nuevo Testamento), y allí, Dios le ofrece concederle sus deseos. El Señor le da “un corazón atento para לִשְׁפֹּ֣ט [lispot], que viene de שָׁפַט [shafat] “juzgar”, “gobernar” a su pueblo y בִּין [bin] “discernir” (separar en la mente), entre el bien y el mal.

 

A Dios le pareció muy acorde lo que había pedido y le “agradó”, porque no pidió lo egoísta, lo inmediato, lo que cualquier mozuelo pediría a esa edad: vida prolongada, o riqueza, o que sus enemigos cayeran muertos. Cualquier joven caprichoso, eso habría pedido. Más lo que pidió Salomón fue שָׁמַע [shama] “inteligencia”, “escucha inteligente”, “oír y entender”; esta palabra hebrea es interesantísima porque no señala la sabiduría como un arrume de conocimientos, sino como una “docilidad” que permite oír la Voz de Dios y ponerla por obra, sin tapujos, pretextos o dilaciones. Así que Dios le otorgó lo que pidió; y con la generosidad y la prodigalidad que Dios tiene por antonomasia, le concedió también lo que no había pedido, a saber, riquezas y glorias incomparables.

 

Si continuáramos leyendo nos encontraríamos con una flagrante demostración de tan tamaña sabiduría, con aquellas dos mujeres que reclamaban el mismo hijo y Salomón muy ecuánime- propuso repartirlo por mitades, para dirimir el asunto. La verdadera madre prefirió conservarle la vida, aun cuando no se pudiera quedar con él niño y sus brazos se quedarán huérfanos. Este relato sienta las bases de la proverbial “sabiduría salomónica”.


Para completar nuestra exploración hermenéutica de la perícopa, convendría que hiciéramos el ejercicio de -muy honestamente- ponernos en situación y mirar que pediríamos nosotros si estuviéramos en ese caso, lo cual no es tan difícil ni tan lejano, basta con mirar que solemos pedirle al Señor en nuestras oraciones y luego veremos de qué lado está nuestro propio corazón, si pedimos como si nosotros fuéramos el eje del universo o si pedimos preocupados por lo que afana y duele a nuestro “prójimo”. Si pedimos poniendo “la ley del embudo” en acción, o sí priorizamos la fraternidad y la sinodalidad.

 

Sal 119(118), 9. 10. 11. 12. 13. 14.

Hay un versículo del salmo que tiende un puente entre este y la Primera Lectura: “¿Cómo podrá un joven andar honestamente?” y, allí mismo le responde: “Cumpliendo tus palabras.”. Con este versículo 9 damos inicio hoy a nuestra perícopa del Salmo responsorial.

 

Es un salmo de súplica. De sus 176 versículos tomamos seis para plantear la perícopa que se proclama como salmo responsorial.


El salmo relaciona directamente la rectitud יְזַכֶּה־ [yezakke] “puro”, “inocente”, “transparente”; es decir la pureza, la inocencia, la trasparencia que alguien, en particular el joven Salomón, puede mantener, al precio de ser un fiel seguidor y cumplidor de la Palabra. En nuestras versiones hablamos de “honestidad” y de “coherencia”.

 

Dios pone los rieles que son los מִצְוָה [mitzvah] “preceptos”, “mandatos”, mandamientos, “buenas obras”, “lo que agrada a Dios”; el ser humano debe poner de su parte “la búsqueda” de todo corazón. Es decir, el empeño tesonero de cumplirlos con todas sus fuerzas.

 

El corazón tiene que apuntalarse con esos preceptos, con esas consignas, como quien le pone a un edificio las columnas con sólidos cimientos, así el corazón tiene que estar reforzado, asegurado, fortalecido con los mitzvah que se podrían traducir como “contraseñas” o como “Santo y señas”.

 

Ya sabemos que lo que humanamente aprendemos tiene raíces muy superficiales; sólo lo que Dios nos enseña, tiene raigambre y no se puede remover. ¡Oh Dios, enséñanos tus decretos! Así que hoy vamos a repetir siete veces: Enséñame Señor tus חֻקֶּֽיךָ [juqueca] “decretos”. Esta palabra חֹק [choq] significa “estatutos”, “ordenanzas”.

 

Un ejercicio muy recomendable es desgranarlos lentamente en nuestros labios, ir recitándolos como si de una letanía se tratara, para que ellos adquieren anclas en nuestro pensamiento y de allí vayan afincándose en nuestra vida.

 

Dejemos de vivir afanados por amontonar riquezas, ese es un tipo de idolatría que nos enceguece; por el contrario, edifiquemos nuestra dicha sobre la Voluntad Divina, la única que puede producir la dicha verdadera.

 

Mc 6, 30-34.

Esta Lectura tomada del Evangelio marqueano, nos habla muy directamente del atafago, del activismo por la idolatría del activismo, de la actividad febril, del “trabajo-adicción”; a veces nos parece que cuanto mayor sea el ajetreo, más agradable será nuestro actuar a los ojos del Señor. Hay que distinguir entre la diligencia y el desmedido afán de “hacer por hacer”. Hay un trastorno vital cuyo slogan es: “hice mucho, luego hice el bien”.


“La hiperactividad, la tensión espasmódica que la mantengan el asceta estoico, el revolucionario súper-comprometido, incapaz de una sonrisa, o el directivo que continuamente hace proyectos, día y noche; pero que no pretendan que se imponga como regla de comportamiento o código con el cual hay que confrontarse”1.

 

Cuando los discípulos regresan de su práctica-envío, no caben en su propia ropa, están llenos de jolgorio, de orgullo, de jactancia, están -así se sienten ellos- a la par del Maestro, o, quizás por encima… Qué les propone Jesús: ¡Hacer un alto!

 

Y les propone un taller que contiene tres ejercicios

      i.        Irse a solas

     ii.        A un lugar desértico

    iii.        Descansar (como dicen los niños en sus juegos: hacer un “tapo” -time out-)

 

Esta tradición que nos enseñó el Señor es esencial, “irse a ejercicios espirituales”. Muchas veces decimos, irnos de “desierto””, porque la primera regla dice “a solas”, y la segunda “A un lugar desértico”. No se trata de irse a nadar un poco, o de jugar balón-playa, o de beber algunas cervezas. Se trata de encontrarse con Jesús, y con uno mismo, y muy espiritualmente, preguntarnos sobre el verdadero valor de lo que estamos haciendo, y desenmascarar la parte de vanidad que hay en ese accionar, y mirar hasta qué punto se está en real sintonía con la Divina Voluntad.

 

¡Y no es fácil! Hemos visto que especialmente la “conversación” mina el valioso carácter de estos ejercicios. Con frecuencia fortalecemos los lazos con nuestros compañeros, y eso es muy bueno, pero, ¿el Vínculo con el Compañero (con C mayúscula)? La capacidad de re-direccionar y optimizar nuestra Amistad con el Señor, infortunadamente se desperdicia.

 

Según leímos en alguna parte, hay un tipo de espiritualidad que consiste en mirarse el propio ombligo, por un largo rato (onfalompsíquicos), hasta caer en trance. De eso no se trata, no es ese tipo de descanso el que propone Jesús; esta clase de cosas, muy agradables y atractivas para los amantes del esoterismo no tiene relación con el “hacer un alto en el camino” que nos propone Jesús. Observemos que, en vez de seguir ahí “galileos, mirando hacia lo alto”, Jesús progresa hacia otro ejercicio, y los lleva a ponerse en situación, rodeados de un tipo de “periferia-existencial”: gente muriendo de hambre y sed, y no solo material, quizás -antes que nada- espiritual. Porque ellos no venían a buscarlo con hambre estomacal, sino con hambre del corazón: Lo que les mostró y les enseñó, fue la condición y la situación de la multitud de “ovejas” que no tiene pastor. Y, frente a ellas, ¿cuál era el rol de los apóstoles?

 

Parece ser que Jesús había programado un “retiro” pero lo gente que lo vio llegar fueron corriendo, y llegaron a su encuentro y ¡le malograron el retiro! No se trata de eso, se trata de mostrarles que no deben creerse de lo mucho que hicieron y enseñaron, porque la tarea que está por delante, les muestra que lo hecho fue mínimo: el “retiro” era para mostrarles que ni siquiera habían empezado, que la “misión” estaba enteramente por delante, que lo “hecho” había sido solo un calentamiento, y que ahora sí, venía la verdadera “misión”.

 

Esto suele pasar: regresamos de una peregrinación, con honda satisfacción, miramos la hoja llena de cuadritos y bolitas, como todo niño que hace su primera hoja de ejercicios, le mostramos a nuestros padres la hermosura de dibujos, espirales y palotes, y nos dicen que ahora si, por fin, pasaremos a aprender la “A”.

Es como el astronauta que llega a la luna y se envanece porque piensa que ha conquistado el cosmos y no nota que tiene por delante llegar a las estrellas.

 

Claro que tenemos derecho a alegrarnos de nuestra primera “plana”, pero la verdad es que todo el proceso está por delante. Entonces, no podemos botar el cuaderno e irnos al patio a jugar al fútbol, es preciso que, con aplicación y entrega, tomemos decididos el lápiz y, procedamos, ahora sí, a aprender las letras, que más tarde serán palabras y solo luego, frases y oraciones.


Y ¿de qué se trata esta nueva lección? Esperemos al lunes para llegar a Mc 6, 53-56 Entonces aprenderemos la hermosa caligrafía de Jesús: ¡Compadecerse! Si, la primera práctica estaba desnuda de este ingrediente esencial: ἐσπλαγχνίσθη [splanchnisthe] “la compasión”. Les enseñó a sentir el dolor del prójimo como un dolor que se siente en las entrañas propias. A ponerse -definitivamente- “en el pellejo del otro”. ¡En las entrañas, donde reside la glándula, la sede de la projimidad!

¡Descubrir en carne propia lo que siente una ovejita que adolece sin pastor!