Isaías 49, 1-6
Bernhard Duhm, fue un teólogo alemán que hizo
sus mayores aportes en las 3 primeras décadas del siglo XX, contribuyó con
valiosos trabajos sobre el profetismo, especialmente sobre Jeremías e Isaías, y,
en particular sobre el Segundo y el Tercer Isaías. Fue amigo personal de Julius
Wellhausen. Fue Duhm quien delimitó en su co-texto los cuatro cánticos y afirmó
que se debían a un hagiógrafo del Siglo V a.C. Afirman las autoridades sobre
este tema, que no es mucho lo que se haya avanzado -en lo sucesivo- sobre la
clarificación de la figura del Siervo de YHWH.
Hoy la perícopa para la primera Lectura se
toma del Segundo Cantico del Siervo. Mientras el Primer Cántico nos introduce
al Siervo y su Misión ubicada en el contexto de la Restauración de Israel
presentada como obra a favor de su Pueblo, pero con efectos favorables que
alcanzaran el orbe entero, y esto es porque el Pueblo Elegido será resonancia y
portador de esa misión.
Inicia con a) un tinte “vocacional” (v.1), y
luego b) precisa su carisma pedagógico (v.2), c) le hace entrega de su
investidura (v.3), d) el Siervo hace una valoración sobre su sentido misional
(v.4) y a partir de esta e) YHWH le manifiesta la amplitud y extensión
misional, instituyéndola global (v. 5-6).
En a) Hay una manifiesta consciencia del
carácter divino del “llamado” y de su entera gratuidad.
En b) se define el llamado para que sea
“Maestro”, aquí la espada y la saeta no son armas, se trata de definir cómo
será de eficaz y profunda la Enseñanza, comparándola con la eficacia de estas
dos armas; la enseñanza será חַדָּה [Chad] “afilada” y חֵץ [chayts] “aguda”, “como dardo”. Asistido por la ternura y el
cuidado del propio YHWH. Se encarga de enseñar nada menos que la Ley.
En c) viene el nombramiento como Siervo y afirma
que de su servicio manará Gloria para el Señor.
En d) al sopesar su envío, le parece que es
una especie de paradoja: se siente abandonado, olvidado y contextualiza su
misión en medio del exilio como si el pueblo hubiera sido dejado de la Mano de
su Dios.
e)
Sería una misión de escaza envergadura que hubiera sido destinado
simplemente para el “restablecimiento de las tribus de Jacob”, cuando los
límites de su misión son universales, en cambio, ha sido Delegado para que la
Salvación llegue “hasta los confines del Orbe”.
Después de esto, en 49, 7-12, se enuncia la epopeya del “regreso” a la patria engastado en “maravillas”, conminándonos a “venir a ver”. Todos están invitados -hasta los habitantes de las más lejanas tierras- a gozar de estas maravillas.
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Sal 71(70), 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17
Claro que el Salmo se puede leer con un
enfoque “personal”: se trataría de un “anciano” que, llegado a su vejez, le
ruega a Dios para que lo cuide y no lo abandone en la debilidad de los años
postreros.
Pero esta “primera persona” que habla,
realmente es portadora de la voz del pueblo de Israel, que ha luchado consigo
mismo, tratando de medirse, de encausarse, de lograr cumplir con la Ley de
Dios, y -llegado el momento presente- se ve, a sí mismo, como un anciano
empecatado, sitiado por el “enemigo”, (un sinnúmero de tentaciones lo acosan
cada día de su existencia), y en tal situación, no se conforma con pedir una
vida llevadera, una ancianidad placida; sino que clama al Cielo por una
revitalización, pide que lo “rejuvenezca”. Va pidiendo y alabando. ¡Es un salmo
de súplica!
La perícopa está estructurada en 4 estrofas:
En la primera, viene a refugiarse al lado del
Señor, para superar su situación, pide ser librado y reguardado rogándole al
Señor que preste oído benevolente a su ruego.
En la Segunda, alaba a Dios, porque Él es una
muralla protectora que resguarda con solidez y es imbatible. Bajo su resguardo
los impíos quedan impotentes.
Dios se lo ha mostrado, desde las propias
entrañas maternas ya había empezado a resguardarlo, luego en su juventud, y
ahora también, parece estar diciéndole: “YHWH eres mi castillo amurallado que
nunca nadie podrá abatir”.
Por eso, -dice el Salmista en la cuarta
estrofa- su vida entera está consagrada
a la Alabanza, porque Dios nos educa desde el principio de la vida y -hasta el
final- sigue siendo nuestro Guía. Todos los días y durante todo el día, es
Digno-de-Alabar.
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Jn 13, 21-33. 36-38
Volubilidad del corazón humano
Entrando en el capítulo 13, hemos entrado en
el “Libro de la Glorificación”. Parece que Jesús se reserva muchas sorpresas,
hoy señala que la traición brota de uno de ellos, que su muerte sobrevendrá
patrocinada por uno de su propio grupo de Discípulos. Quizá no se trata de eso,
se trata de dejarnos entrever que nosotros tenemos el hábito -pésima costumbre-
de ir tejiendo suposiciones en torno a las personas, y esto se agravó cuando se
trató de la figura del Mesías.
Estar a la mesa quiere decir sentarse en el nido mismo de la fraternidad, estar rodeado de amistad sincera y escoltado por los amigos más entrañables. Y, en cambio, ¿qué se encontrará Jesús allí? La oportunidad para que Su Espíritu se conturbara y un escalofrió de traición recorriera su espalda.
¿Cómo procedemos? ¡Con adulaciones! ¡Colmándolo
de cumplidos y piropos! Nosotros, empezamos a adornarlo de Dones y Atributos
propios de su Excelsa Majestad. Viniendo de Dios, proyectamos en Él todos los
atributos de heroicidad y poderío que caben en nuestra mente. Por ejemplo, lo
imaginamos rodeado de personas finas, elegantes, cultas, de la alta jerarquía
religiosa y gubernamental; todo nos cabría en la mente, menos suponerlo rodeado
de gente del común, “del “populacho”, de pescadores, pastores, cobradores de
impuestos, enfermos, niños, viudas. Lo queremos con triple corona, con capa de
armiño, cetro y coronas de oro, y -algo que no le íbamos a permitir era dejarse
matar, dejarse tratar como un peligroso bandido, que cualquier soldadito de
pacotilla le fuera -ni siquiera a rozar- la piel, a Él, que -suponíamos- iba a
despachar humilladas a las huestes romanas.
Pero ya algo que se sale de la mejor y más
elevada imaginación es poder aceptar la idea de que Él -que conoce y lee el
corazón de los seres humanos- fuera a permitir entre los suyos a un “traidor”,
y no haber detectado a tiempo su potencial peligrosidad para, no sé,
“contratarle un sicario” que se hiciera cargo. Telefonear a sus huestes de
ángeles para que sacaran a Judas colgando de los tobillos, llenándose el cráneo
de hematomas. ¡Esto sí, ya era la patada!
Debió, -dirán todos- darles sabiduría infusa y
purificación del corazón ¡y de las entendederas! “Imponiéndoles las Manos” ¡Sus
Divinas manos! Y, especialmente, no rodearse de gente de semejante índole.
Hoy en día, hacemos mucha alharaca
reprochándoles a todos los personajes de la Pasión, no haber sido más piadosos,
más devotos, más inteligentes, más perspicaces, más fieles, más oportunos, más
prudentes, más estratégicos, más alegres o más tristes. Más virtuosos. Y nos cogemos la cabeza a dos manos porque
¡si eran muy cerraditos! (En alguna parte del corazón está aquello de “si
hubiera sido yo” …) En el Evangelio -la parte que leemos hoy- todo esto se
compendia en el “mirarse los unos a los otros con perplejidad”. Nadie quiere
aceptar que sus amigos sean así.
Y -automáticamente- enviamos a nuestro “agente
del re-contra-espionaje”: Aprovechemos que Juan está recostado cerca de su
corazón, le pedimos que sea él quien averigüe ¿a quién se refiere? Pensamos que
esta debilidad es “muy humana”, uno no puede permitir que ¡“de pronto” esté
desconfiando de mí! Y, dentro del pensamiento, se pasa revista; ¿habré hecho
algo que pueda malinterpretarse…? Quizá, siempre hay resquicios de
culpabilidad, donde nuestro actuar se preste a ser “traición”, puede darse
siempre un “margen de culpabilidad”. Detrás del pan, entró en él Satanás.
El Malo, lo que hace es añadirle en el corazón
la “gota que derrama la copa”. Lo mueve a “llevar a cabo” aquello que ya le
había sembrado en la zona debilitada de su alma, “Ese ya se las está oliendo,
ya sospecha que es usted el que va a traicionarlo, por lo menos tiene pistas de
que es alguien del grupo… ¡apúrese! Antes de que lo señale y lo neutralice,
efectivamente, trago el bocado que -como ya estaba envenenado el corazón-, bajó
directo al estómago, porque ya no podía ser “fermento de espiritualidad”. Se da
todo un juego de dobles sentidos, los discípulos entienden algo, pero lo que
realmente significa es lo contrario, el significado no va para allá, sino para
acá. ¡Lo que no queremos imaginar, es, precisamente, lo que nos habita!
Pedro, por ejemplo, no logra tampoco
auto-descubrir su potencial fragilidad, Se cree imbatible, se cree súper-fiel,
se imagina que su firmeza le daría lo suficiente para entregar la vida por Él ¡se
siente decidido, se siente firme, reboza de fidelidad! Lo del gallo, alude a la
brevedad del plazo en que toda esta firmeza se disolverá en nada, como una
voluta de humo se volverá “negación” y negación por triplicado. Si el plazo es
antes del canto del gallo, quiere decir, antes de terminar esta jornada. Jesús
le está develando que ese arrebato de lealtad no alcanzará a durarle más allá
de aquel mismo día.
Cuán prestos estamos a fabricar becerros de oro, ante la más mínima tardanza.
“Hijitos, me queda poco de estar con ustedes”.






















