sábado, 15 de agosto de 2026

DIOS TRASPASA TODAS LAS BARRERAS

 

Is 56,1.6-7; Sal 67(66), 2-3. 5-6. 8;  Rm 11,13-15.29-32; Mt 15,21-28

 

Es constante en la Iglesia la tentación de “confiscar” al Señor, sustrayéndolo a las expectativas de quienes lo desean.

Silvano Fausti

 

Ayúdame a entregarme a ti,

también cuando das a mis preguntas

una respuesta que me incomoda.

Averardo Dini

 

Resulta casi irónico que aquellos que caminaban con el Señor, tambalearan en la fe (como lo vimos el Domingo anterior); y, en cambio, aquellas personas remotas, que sólo lo conocían de oídas, ya lo han aceptado en su corazón por entero. Parece confirmarse aquello del Evangelio según San Juan (20, 21) que declara bienaventurados a los que sin haber visto creen.

 

Ruta hacía la inclusión

Rondan por ahí los integristas de toda laya, que no han faltado a lo largo de la historia. El integrismo se podría explicar como una forma exacerbada de la ortodoxia caracterizada por la radicalización de un conservadurismo para lo cual se reniega completamente de la diferenciación entre la esfera religiosa y la dimensión política y entre lo laical y la clerical. Entonces no habría democracias sino referencia a los textos fundamentales, y así, habremos caído atrapados en el fundamentalismo.


Esta fue la tendencia que predominó después del exilio israelita en Babilonia. Se habría depurado el monoteísmo combatiendo los residuos idolatras eliminando expresiones y tendencias politeístas y poniendo por escrito, por ejemplo, la exigencia del descanso sabático, la circuncisión y las leyes de pureza ritual a lo cual aportaron los Sacerdotes que experimentaron este exilio como una especie de reedición del Éxodo por el desierto; también los Deuteronomistas quienes leyeron el exilio como un castigo por la infidelidad a la Alianza pactada con Dios y aportaron a la Biblia los Libros que van del Libro de Josué hasta el segundo de Reyes; y los Profetas entre los que vamos a mencionar a Jeremías (quien anunció de una manera muy clara que Dios castigaría las infidelidades del pueblo por medio de Babilonia y en particular por medio de Nabucodonosor), y también el profeta Ezequiel.

 

Después del año 537 a.C. -o sea al regreso del exilio- se escribió el Trito-Isaías, que abarca los capítulos 56–66 del Libro de Isaías. Se trata de un trabajo realizado por diversos autores, que algunos identifican como “discípulos del Deutero-Isaías”. La obra puede verse como muy inferior en su calidad literaria, y parece reflejar el pensamiento de los campesinos (ver a este respecto especialmente Is 58, 1-12) que encontraron allí, en la región y que durante el exilio habían estado cultivando las tierras de Israel, (como sucede también con el Libro de Rut).

 

Al regresar y con suma prontitud, como una medida para preservar el monoteísmo y guardarse frente a tendencias idolátricas, se fue coagulando una actitud de cierre y exclusión. Una actitud integrista. «Su estilo es más modesto, repetitivo… No obstante el clima bastante cerrado e integrista que se instaurará muy pronto entre los repatriados de Jerusalén, el profeta se revela particularmente abierto y “ecuménico”»[1]

 

Este ecumenismo apunta hacia un Templo que indiscriminadamente כִּ֣י בֵיתִ֔י בֵּית־תְּפִלָּ֥ה יִקָּרֵ֖א לְכָל־הָעַמִּֽים׃ “será llamada Casa de Oración para todos los pueblos”, que aquí brilla con luces antitéticas frente a la clausura y la exclusión que distinguen al integrismo, resulta ser la columna Vertebral de la liturgia de este Domingo XX del tiempo ordinario -ciclo A.


 

La Primera Lectura parte de un oráculo: Hay dos cosas que están a punto de llegar. La Salvación y la Justicia (Divina). Así como Juan el bautista anunciaba la venida del Salvador proponiendo unos “requisitos” previos a esa venida, en la misma medida el oráculo está precedido de ciertas condiciones para que la “venida” se haga posible, a saber: שִׁמְר֥וּ מִשְׁפָּ֖ט וַעֲשׂ֣וּ צְדָקָ֑ה כִּֽי־קְרֹובָ֤ה יְשֽׁוּעָתִי֙ לָבֹ֔וא וְצִדְקָתִ֖י לְהִגָּלֹֽות׃

 

a)  Practicar la Justicia

b)  Velar por “los derechos de los demás”.

 

Los dos requisitos suenan como en mutua explicación: lo uno es lo otro y la segundo define a lo primero. “La Rectitud” que se pide es como pedir la exacta y pulcra aplicación de la Justicia. צְדָקָ֑ה [Sedaqah] y צְדָקָ֑ה [mishpat] se inter-compenetran en reciproca explicación. ¿Quién lo ha mandado? ¡Es el propio יְהוָ֔ה YHWH quien lo ordena!

 

Llevar su Gloria más allá de cualquier frontera

 

Ayúdame a esconderme en ti,

de tal manera que los demás, encontrándome a mí,

te vean a ti.

Averardo Dini

 

Hay otra clase de disciplina que retrata para Dios la fidelidad de su criatura, distinta a las exigencias del judaísmo tradicional. Las verdaderas pautas que nos dan identidad de fe son mencionadas aquí por el Trito-Isaías:

a)    Adherirse al Señor para servirlo

b)    Amarlo

c)    Darle culto

d)    Guardar el Sábado sin profanarlo

e)   Ser fieles a la בְּרִית [Berith] “Alianza”, pero no a cualquier alianza, sino a la que YHWH pactó con nosotros, que aquí se llama בִּבְרִיתִֽי [bibriti] “de Mi Alianza”.

 

El Salmo responsorial pertenece junto con el Salmo 143 a las “peticiones de bendición”, como se puede colegir del primer versículo y que dice: “Que el Señor tenga compasión y nos bendiga…”


Cuál es el propósito de practicar la Justicia, nosotros –anticipando lo que nos enseñó Jesús, sabemos que por esa vía se construye el Reino, se pavimenta su Segunda Venida- pero siguiendo el derrotero que nos muestra el Salmo 67(66), 2-3. 5-6. 8 vemos que, girando sobre el eje ecumenista, se enrolla el mensaje de actuar como testigos-mensajeros –hoy, después de Aparecida diríamos Discípulos y Misioneros para que nuestros pueblos tengan vida en Él-; anunciarlo desde nuestra propia vida, no sólo con acciones cultuales sino especialmente con gestos misericordiosos que trasparenten la Bondad de Dios. Para que “conozca la tierra su Bondad y su obra salvadora” Sal 67(66), 3. Y se retoma de inmediato la imagen de Dios como Ser-Justicia, Dios-de-la-Equidad.

 

Hay una labor de difusión que se nos encarga:

a) que alaben al Señor todos los pueblos,

b) todos juntos,

c) que le rinda honor el mundo entero,

d) que las naciones llenas de júbilo le canten.

 

Para ese reconocimiento de Dios se tiene que dar una causal, esta es nuestra manera de transparentarlo, de reflejar en nuestro ser cotidiano, en nuestras acciones más sencillas, el rostro de Dios y sus Ojos que nos miran con Bondad.


«…te juzgan a Ti según lo que ven en mí, por absurdo que parezca; y por eso lo único que te pido es que me bendigas a mí para que la gente a mi alrededor piense bien de ti… Si yo fuera un ermitaño en una cueva, podrías hacerme a un lado; pero soy un cristiano en medio de una sociedad de hecho pagana. Soy tu representante, tu embajador aquí abajo. Llevo tu nombre y estoy en tu lugar. Tu reputación por lo que a esta gente se refiere, depende de mí. Eso me da derecho a pedir con urgencia, ya que no con mérito alguno, que bendigas mi vida y dirijas mi conducta frente a todos éstos que quieren juzgarte a Ti por lo que ven en mí, y Tu Santidad por mi virtud.

 

Bendíceme Señor, bendice a tu pueblo, bendice a tu Iglesia; danos a todos los que invocamos Tu Nombre una cosecha abundante de santidad profunda y servicio generoso, para que todos puedan ver nuestras obras y te alaben por ellas….”Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”»[2]

 

“Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman”

  Rm 8, 28

 

Leemos en “EL MEDIO DIVINO” de Teilhard de Chardin: «… la suerte común de toda energía creada; captados, violentados por vuestra irresistible energía, tentaciones y males, se convierten en bienes y avivan las brasa del amor.

 

Sé también que, consideradas en el vacío que produce su defección, en el seno del Cuerpo Místico, los espíritus caídos, no podrían alterar la perfección del Pleroma. Por cada alma que se pierda, a pesar de las llamadas de la gracia, y que debería estropear la perfección de la Unión común, oponéis, Dios mío,  una de estas refundiciones que en todo instante restauran el Universo y le confieren nuevo frescor y pureza renovada. El condenado no queda excluido del Pleroma, sino de su faz luminosa y de beatificación. Él lo pierde, pero él no se pierde para el Pleroma [3].


El infierno, pues, con su existencia, no destruye en nada ni en nada estropea el Medio divino, cuyos progresos, Señor, he seguido en torno a mí con entusiasmo. Siento, si,  que realiza además algo grande y nuevo. Añade un acento, una gravedad, un relieve, una profundidad que de no existir el infierno tampoco existirían. La cima no se aprecia bien si no es considerando el abismo que ella corona.»[4]

 

Alcanzamos a entrever una poderosa analogía con la lectura que nos ofrece la perícopa de la Carta a los Romanos. Dios se da para los Israelitas, pero estos no lo acogen, más bien lo desprecian y lo matan. Pero esto no es para pérdida, viene los paganos y lo acogen y de entre esos paganos salen grandes devotos, fieles a toda prueba; ahora que ha surgido la fe entre los que no fueron llamados, está pendiente el momento en que los “originalmente convocados” reaccionen y no sean más Adanes y Evas desobedientes sino que reciban el beneficio de la Misericordia que es –según el decir de la Epístola-   ἀμεταμέλητα [ametameleta] “irrevocable”, palabra griega que implica que no tiene vuelta atrás, que no se ha de arrepentir, que no va a cambiar de idea, o sea que su aparente imperfección no hace mella en su Pleroma (Perfecta-plenitud).

 

La fe abate compuertas

La perícopa evangélica nos trae el episodio de la mujer Siro-fenicia. A quien Jesús, en un primer momento ni siquiera le dirige la palabra y, sólo en segunda instancia alude a ella con expresión escandalosamente despectiva, al tratarla de “perro”.

 

En todo el episodio encontramos un rastro de “integrismo” manifiesto en el eje comportamental de Jesús. ¿Por qué Jesús actúa así? ¿Por qué le contesta a la mujer Χαναναία “cananita” con “dos piedras en la mano? ¿Por qué la negativa a concederle lo que tan humildemente le pedía?


Además, hay un momento en que los discípulos abogan por ella para que la Ἀπόλυσον [apolison] “despachara”, la “despidiera”, “se deshiciera de ella” (la palabra se podía usar con el significado de “divorciarse” en ese mismo sentido de alejar a alguien para ya no verlo más. Evidentemente interceden, pero por las razones equivocadas, no les preocupa ella y su hija “endemoniada”; les preocupa que grite, que haga escándalo, que los ponga en evidencia, que toda la gente los voltee a mirar precisamente porque no se le concede lo pedido; ellos quieren que la atienda para que la gente los mire con beneplácito, para que los volteen a mirar como los “héroes” de la jornada. ¡Realmente no son sensibles a la “persona” con lo que ello implica, porque ser persona significa tener necesidades, también tener el derecho a manifestar lo que nos perturba, nos duele, nos molesta! A ellos no les “duele” la persona, no tienen compasión, no tienen “entrañas de misericordia”. Para ellos, esta mujer es un “dolor de cabeza” porque ἔκραζεν [ekrazen] “gritaba”.

 

«si pensamos que el propio Jesús dijo a sus seguidores que el hijo del Hombre vendría durante sus vidas. El hecho de que esta expectativa constituyera una dificultad para los cristianos del siglo I ayuda  a probar que el propio Jesús la compartía. Observemos también que el cristianismo sobrevivió a este temprano descubrimiento de que Jesús había cometido un error”» (The Historical Figure of Jesus; p. 180) … Los católicos proclaman que Jesús, además de ser Dios, era plenamente humano. Y ser plenamente humano implica no conocer el futuro, lo cual no constituye ninguna imperfección… incluso para aquel que los cristianos proclaman Hijo de Dios, quizás el precio de ser plenamente humano fuera la incapacidad de predecir el futuro con exactitud.»[5]

 

Estas “imperfecciones” no quitan que la Sagrada Escritura sea la Palabra de Dios; tampoco hacen incompleta la Revelación, todo lo que teníamos que saber para caminar los caminos del Señor nos ha sido dado. En este caso por medio de la voz de la cananita. Ella misma declara y es Voz de Dios para Jesús tanto como lo es para nosotros, que resultamos instruidos por el mismo conducto: γὰρ τὰ κυνάρια ἐσθίει ἀπὸ τῶν ψιχίων τῶν πιπτόντων ἀπὸ τῆς τραπέζης τῶν κυρίων αὐτῶν. “…también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de los amos” Mt 15, 27b

La oposición es la de τέκνων/κυνάρια hijos (descendientes) / perros (gentiles) y la solución que Dios revela a través de esta protagonista es no-excluyente, sino –como la hemos venido llamando “ecuménica”, incluyente, a favor de comunidades abiertas, incluyentes, solidarias”. Se superó la exclusividad de las “ovejas perdidas de la casa de Israel”. Esta batalla inclusiva se ganó por medio de una poderosa tenacidad en la fe, lo que nos muestra una vez más, cuán poderosa es, y hasta dónde puede llegar, porque su fuerza es tan poderosa que elimina todas las barreras (Cfr. Mc 11,23). Hasta los límites que el Mismo-Dios se ha impuesto, pueden ser movidos para que sus bendiciones abarquen los más amplios espacios. Y es que Dios quiere llegar allende, pero –cómo le hemos visto varias veces- quiere que lo inviten.

 

El tejido del Reino no incluye sólo hilos de nuestros correligionarios, el Cuerpo Místico de Cristo tiene células de “todos los pueblos” que también cuentan y tienen derecho a cantar las alabanzas del Señor. Esta historia empezó antes de Jesús-Encarnado, Dios mismo había llamado, comenzando con Abrahán, Isaac, y su descendencia; ahora, por boca de esta gentil, la mujer cananita, Jesús es proclamado tres veces Señor y sus labios cantan su Señorío y Soberanía como si fuera la boca de todos los pueblos, que a lo ancho y largo del mundo lo reconocen como Piedra Angular, Hijo de David, o sea, Cristo, Salvador del Mundo.

 

 

 



[1] Ravasi, Gianfranco. LOS PROFETAS. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia 1966. pp. 129. 130

[2] Vallés, Carlos G. sj. BUSCO TU ROSTRO. ORAR LOS SALMOS Ed. Sal Terrae Santander-España 1989 pp. 125-126

[3] En el VOCABULARIO que nos ofrece le libro de Cuénot que estamos citando, se nos ofrece una definición de Pleroma en los siguientes términos: “Organismo sobrenatural en el que el Uno substancial y lo múltiple creado se reúnen sin confusión en una totalidad que, sin añadir nada esencial a Dios, alcanzará un a modo de triunfo y de generalización del ser (la palabra es griega y está tomada de San Pablo).

[4] Teilhard de Chardin, Pierre.  El medio divino Citado por Cuénot, Claude. TEILHARD DE CHARDIN Ed Labor Barcelona-España 1966 p. 125

[5] Barry, William s.j. ¿QUIEN DECIS QUE SOY YO? ENCUENTRO CON EL JESÚS HISTÓRICO EN LA ORACIÓN. Ed. Sal Terrae pp. 62-63

viernes, 14 de agosto de 2026

ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

María asunta al cielo, símbolo de la Iglesia y del pueblo de Dios

Ap 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab

 

María no se atribuye más que el "título" de sierva: es "la esclava del Señor" (Lc 1,38). No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma.

Papa Francisco

«Tenemos en este capítulo dos mitos fundamentales y antagónicos: una mujer y un monstruo. Ambos aparecen como señales en el cielo. Las señales trasmiten un mensaje y orientan nuestra acción. La primera gran señal en el cielo es una mujer hermosa: aparece vestida de sol, con la luna bajo los pies y con doce estrellas sobre su cabeza. La otra señal es un monstruo horrible: grande, rojo, con siete cabezas y 10 cuernos. La mujer aparece como señal de vida; está en cinta y a punto de dar a luz; luego da a luz un hijo varón. El monstruo es señal de muerte: está ahí para matar al hijo de la mujer; además con su cola arrastra un tercio de las estrellas. Así pues, el sentido fundamental de estos dos mitos es el enfrentamiento entre la vida y la muerte. La vida parece hermosa, pero débil y frágil; la muerte aparece como una fuerza horrorosa y poderosa» (Pablo Richard)

 

Se abrió el Cielo ¿Está, acaso, cerrado el Cielo? ¡Apareció el Arca de la Alianza! Una figura portentosa apareció en el Cielo: Una mujer.

 

Ahora, viene otra señal, esta vez una de carácter negativo: Un enorme dragón rojo (color de fuego). Allí se plantea una oposición, un enfrentamiento con el dragón. El dragón se encuentra acechando a la mujer que va a dar a luz. Su propósito es devorar al niño, tan pronto nazca.

 

Nació el varón, pero sus guardianes no estaban dormidos, lo rescataron y lo llevaron junto al Trono de Dios.  La mujer huyó al desierto, allí Dios le tiene un “lugar” dispuesto para albergarla todo lo que durará la acechanza, hasta la derrota final del dragón. ¿Por qué la huida es al desierto? ¿Por qué no se oculta en otro lugar? El desierto -si evocamos el Éxodo- sabemos que fue un prolongado taller, una escuela donde tomar un curso de 40 años, un verdadero laboratorio de depuración donde deshacerse de las cadenas a las que estábamos tan habituados.

 

Se hace oír la voz del Señor, potente que anuncia la llegada definitiva del Reinado del Ungido.

 

Son verdaderamente toda una sería de “signos” que nos proponen una lucha, no concluida, pero también nos vaticinan el desenlace y la Victoria de Jesucristo que reducirá todas las fuerzas malignas que complotan contra el pueblo Elegido.

 

Estos signos no son arbitrarios, no se han sacado de la fantasía de algún “inventor de códigos secretos”, no se trata -de ninguna manera- de señales espectaculares y fantasiosas para dar colorido al relato; estos signos tienen una profunda raigambre bíblica, y, nos hablan, se articulan a través de un gran “signo” central: Una Mujer. En la historia de la humanidad, hemos encontrado a la mujer como la representante de las grandes batallas, parecería que el hombre tiene una especial fortaleza para los enfrentamientos puntuales, de corta duración, así sean muy fuertes.  Sin embargo, la mujer, parece la representante de esas luchas de larga duración que parecen durar siglos, ella tiene ese aguante que le da la resistencia de “largo aliento”. Quizás su capacitación para la espera -propia del embarazo- la hace más apta para resistir el sitio de asalto a la fortaleza. Honramos en la Mujer esa característica, por ejemplo, para hacer llegar alimentos a los que están en el frente, para animarlos, para elevarles la moral, para llamar a los hijos a permanecer fieles a los valores y principios.

 

El signo del Arca de la Alianza, que en el Antiguo Testamento conservaba las Tablas de la Ley, atesora -en el Nuevo Testamento- la Tabla Viviente de la Nueva Ley: la Ley del Amor. María, que aceptó ser Portadora de esa Nueva Alianza, es el Arca que había permanecido oculta. Ella está revestida con un traje sideral, de sol, luna y estrellas, Su Claridad capta -del cosmos- todas las fuentes de Luz.

 

Volvamos a la pregunta: ¿está cerrado el Cielo? ¡Si! Sabemos que nuestra ruptura de la Alianza nos bloqueó el acceso a la Patria Celestial. Pero Jesús ha traído la Llave que nos abre de nuevo las Puertas. ¡Oh Sorpresa, esa llave tiene forma de Cruz!

 

«Y la mujer no es ya Isis, Leto o Roma, sino el pueblo de Dios, del cual nace el Mesías Jesús». (Pablo Richard)


«Si la mujer es la Iglesia, entendida como nuevo pueblo de Dios, deberíamos decir que su fecundidad y su parto tiene como objeto a Cristo mismo: un Cristo que, en cierto sentido nace de la Iglesia… el Cristo que nace de la Iglesia se realiza indudablemente ante todo desde el interior de los cristianos, pero se expresa y crece en la dimensión de la historia ocupando progresivamente, con su presencia, con sus valores, los vacíos que la “historia” presenta. … cualquier forma de bien, aunque tenue, que los cristianos logren expresar, será una contribución de ellos al crecimiento de Cristo … La Iglesia, por lo tanto, reflejándose en la figura de la mujer, ante todo tendrá que tomar consciencia de “estar en cinta”, es decir, darse cuenta de los valores cristológicos de que es portadora… tendrá que sentirse impulsada asumir a fondo la responsabilidad de expresar a Cristo en el ambiente heterogéneo, o incluso hostil, en el que tiene que vivir. Esta tarea, como sucede a veces en el parto- podrá hasta costarle la vida» (Ugo Vanni).

 

Sal 45(44), 10bc. 11-12ab. 16

Este es un Salmo Real. Pero ningún Rey es dios, el Legitimo Rey, el Ungido, recibe el respaldo de Dios, pero para ejercer con fidelidad y honestidad el pastoreo al que está llamado, desde el cargo que Dios le ha establecido. Otros pueblos pensaban que aquel que llegaba a rey era porque tenía sangre divina y de inmediato lo reconocían como de la familia de ese dios, y le daban el trato de hijo “de ese dios”. Este fenómeno siempre se acompaña de un lenguaje y un protocolo que da a saber que tal dios habría puesto en el trono a “su hijo”.

 

Aquí, para el pueblo judío, estos salmos tienen sólo el valor de demarcar en qué momento de la entronización estaban. El rey era “coronado” y esa fase se cumplía en el Templo, en el segundo momento se le hacía entrega de su manual de funciones, escrito en un “rollo”.


En este salmo, en particular, nos encontramos en presencia de dos partes: la primera dedicada al Rey, la segunda a su Consorte, o, en este caso, a la Madre del Rey. En este salmo, esta parte de la “Reina Madre” inicia en el verso 10 y se prolonga hasta el verso 17, que es el último del Salmo.

 

Recordemos que Salomón recibía un tributo trienal, llegado de Ofir (supuestamente en el Yemen actual, al suroeste de arabia), de oro -muy precioso-, sándalos y perfumes. Sin embargo, este tesoro paso a significar, con el tiempo, la espiritualidad intensiva de una persona. La Reina-Madre está revestida de la innumerable espiritualidad intensiva, y no a cualquier lado ni en cualquier parte, sino a la derecha del Rey, revestida de dignidad y las más ricas “joyas místicas”.

 

Todo su pasado y su parentela ha de pasar al olvido, ahora lo que cuenta es el profuso Amor que le concede el Príncipe Real. Él está enamoradísimo de Ella, la ama con Tierno amor de Hijo.

 

Los corazones se alegran y tintinean, parece que en su pecho hay festejo y campaneos y trinos, y gorjeos, así hacen su ingreso al Palacio Real. ¡Qué algarabía! ¡Qué Fiesta!

 

1Cor 15, 20-27a.

Tenemos dos hitos históricos: Adán y -el Segundo Adán- Jesús. El primero fue como un ensayo fallido, el Segundo fue el Logro. Adán nos acarreó la muerte, Jesús nos ha traído la Resurrección.

Pero, los que no pueden soportar la idea de la Resurrección, prefieren afirmar que la muerte de Jesús refleja el fracaso del Plan de Dios. En verdad lo que hacen es procurar ratificar la muerte de Jesús, para no tener que reconocer su propia derrota. Lo que ellos querrían sería dejar a Jesús bajo lápida, para garantizar que su violencia y su capitalización de la muerte ya ha vencido.

 

Si la muerte ha sido vencida, quiere decir que su injusticia no se mantendrá, que nada la sostiene y que su derrota es segura y está en firme.  Quiere decir que tarde o temprano su ruido será silenciado por la Verdad. Entonces se les acaba el ruido de su motor y su máscara se derrite, porque su supuesta victoria, no es más que eso, una máscara plástica y cuando pasa un momento se derrite y se escurre, y entonces, ¿qué es lo que queda? ¡Nada, ni siquiera una chorreadura de plástico desleído!

 

Levantemos todo este tinglado de falsedad, dejemos que resplandezca la Verdad. Ellos seguirán haciendo preguntas y pidiendo demostraciones, porque no pueden reconocer su derrota y mirarla a los ojos.

 

¿Quién es el Primero en volver? El Ungido, Su-Real-Majestad. Todas las potencias y jerarquías del Malo, estarán atafagadas celebrando sus propias exequias. Quedaran allí regados, como tapetes a la entrada para que otros pasen y se limpien los pies. Al final ¿qué habrá? la muerte aniquilada, -nos lo dice la perícopa de la Primera a los Corintios-  y la Vida será la Triunfadora.


A Jesucristo, todo le ha sido sometido. Gloria al Señor, que nos entregó esta Revelación en esta Carta, en Jesucristo, ¡El Ungido!

 

Lc 1, 39-56

«El cantico atribuido a María es un resumen de la Biblia: en él está todo. Está la polémica implacable contra la riqueza económica y contra la suficiencia del que sintiéndose seguro, desecha la enseñanza. Está la renuncia total a la seguridad, sustituida por la mayor seguridad que el hombre puede encontrar: la que no proviene de los bienes, de valores -dependientes del espacio y del tiempo- …

Arturo Paoli

… sino la de hallarse en un plano histórico que supera el caso personal y que, por esto mismo, tiene el signo de la infalibilidad y de lo concreto, y en el cual la persona, liberada de sus quimeras, de sí misma, del temor, de lo irreal, entregándose a la pobreza total entre a formar parte de una historia que será, forzosamente, historia de salvación». (Arturo Paoli)


Presteza, ¡uno de los maravillosos atributos de María! María, nuestra Señora, la “Llena de Gracia” tiene entre todas esas Gracias: la Celeridad, la Prontitud, la Diligencia. Nos encanta cuando ante nuestra necesidad recibimos pronta respuesta, nos fascina el slogan de María, así como se lo dijo a Juan Dieguito, ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Madre Santísima que con igual rapidez vas el Tepeyac, antes a Cæsaraugusta -a fortalecer a Santiago-, y primero que todo, a Ein Karen, “Fuente del Viñedo”.

 

Allá, en casa de זְכַרְיָה [Zacarías] “de quien YHWH se acordó”, llegó la Santísima Virgen y saludo a אלישבע [Elisheva] “YHWH le hizo una Promesa”, y יְהוֹחָנָן [Yehojanan] Juan, “YHWH es Misericordioso”, fue él, el primero en reaccionar y saltó en el vientre de su mamá. Con ese salto en el vientre de Isabel, saludaba a la que sería Asunta a los Cielos y que en aquel momento era Arca de la Alianza.

 

Dijo -en aquel trance- la madre del bautista, reconociendo en María a “la Madre de su Señor”. Expresando el sentimiento de indignidad que la embargaba. εὐλογημένος καρπὸς τῆς κοιλίας σου. [Eulegomenos ho karpos tes koillias sou] ¡Bendito el fruto de tu seno!

 

Fijémonos que אלישבע [elisheva] tiene una videncia que le permite saber que el Señor le había hablado a María, le había Anunciado la Encarnación, y que todo cuanto YHWH le había dicho, se cumpliría.

 

Pronuncia, entonces, María Santísima este himno, el Magnificat, tan diciente, tan expresivo, que articula férreamente al nuevo Testamento con el Antiguo: si no hubiera hundido tan estrechamente su raíz con el Primer Testamento, no tendríamos la identidad de Jesús; es María, en este cántico, la que nos indica donde podemos y debemos buscar para entender que Él es el Hijo del Altísimo, que obra con Poder, que se fija en los pequeños, en los sencillos.

 

¿Quién es el Padre? El tres veces Santo, El que se tendrá que mencionar, recordar y proclamar, de padres a hijos por generaciones para que todos, unos tras otros, vayamos teniendo noticia de Él.


No se quedó reprimiendo la fuerza de su Brazo. Que bien podría haber escogido ese derrotero y guardar un silencio eterno -desesperante para nosotros- y haberse auto-escamoteado, hasta el Final de los Tiempos. Pero, para que no viviéramos en la desesperanza, en el total vació-de-Promesas, tuvo a bien anticiparnos y dejarnos vislumbrar sus Planes e Intenciones. Y, nos ha convocado y hecho coparticipes de su Economía-de-Salvación, para que pudiéramos colaborar en la edificación de su Reino.

 

… por la intercesión de la Santísima Virgen María, que ha subido a los cielos, haz que nuestros corazones abrazados en tu amor vivan siempre orientados hacia Ti.

De la Oración sobre las Ofrendas.

 

Esto no lo entregó a los que lo pudieran acaparar, lo dio para Todo Su Pueblo, a todo el que quisiera hacerse de los de Israel, a todos los que fueran capaces de vivir toda la noche, todo el tiempo de oscuridad, luchando aun sin ver el Rostro ni saber el Nombre de su rival. En cambio, nosotros, por medio de la Asunta, hemos sabido que se llama Jesús, el Emmanuel.

 

Están los que vemos a Dios desde nuestra limitación, lo vemos alcanzar restringidamente hasta donde llegan nuestros pobres alcances, María sólo descubre que donde quiera que mire, Él siempre es más Vasto que la Infinita Vastedad, por eso lo Engrandece, en vez de circunscribirlo.


¡Madre Nuestra, que aprendamos a reconocer y no a “embotellar”! ¡Que sepamos ensanchar, y no “encuadrar”! ¡Madre Santa, que sepamos echar a volar y no “enjaular”! Porque Él se llama Misericordia. Porque la ampliación creciente, se abre en un Circulo Concéntrico -su centro en cada corazón que irradie Amor- y su Radio, Infinito, en favor de Abrahán y toda su descendencia. ¡De la cual somos parte!

 

¡Por siempre!

jueves, 13 de agosto de 2026

Viernes de la Décimo Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ez 16, 1-15. 60-63

Los capítulos 4 al 24 se ocupan de la predica del profeta hasta cuando Jerusalén caiga y sea tomada. Aquí, se hace la historia de Jerusalén desde su nacimiento hasta su prostitución. Jerusalén es presentada como una joven de ninguna prosapia. Más bien una abortada que estaba ahí, tirada, como salida del vientre materno y abandonada a su orfandad, todavía envuelta en cuajarones de sangre:

-No tuvo quien le cortara el ombligo

-No tuvo quien la bañara y la frotara con sal

-No tuvo quien la fajara

-La dejaron tirada en el campo, dirigiéndole el desprecio del asco

 

Lo primero que hace es señalar que entre sus antepasados lo que se encuentra son gentiles, adoradores de ídolos, de la estirpe de Canaán, habitada por jebuseos, de padre amorreo y madre hitita; como señales premonitorias de su estirpe infiel, “la cabra tira pa´l monte” y “el que ha sido, no deja de ser”.

 

Fue Dios el que, al pasar y verla en tan pesarosa situación, se compadeció

-Él decidió que viviera

-La hizo crecer como frondosa planta del campo

-Permitió que se hiciera mujer

-Que se le desarrollara el busto y el vello le creciera

-Pero se mantenía desnuda.

 

Esa era su dolorosa condición cuando se hizo adolescente y llegó a la edad del amor. Y Dios la vistió con su Mano, pactó compromiso con ella y pidió su mano, para hacerla suya. Fue el propio Señor quien

-la bañó

-limpio su sanguaza

-la perfumó

-La vistió con traje de variados y lucientes colores

-La calzó con finas y elegantes sandalias de fino cuero

 

Cubrirle la desnudez es en este lenguaje metafórico el equivalente a sellar con ella una Alianza.

 

Aquí, para esta metáfora, la Alianza se contrae por medio de un cierto ritual que el propio Dios nos describe:

-       La ungió con aceite

-       La vistió con traje bordado, como son los trajes de bodas.

-       La calzó con zapatos de cuero fino

-       Su traje de novia era de lino y seda

-       Las joyas vienen a ser el regalo de bodas: pulseras y collar.

 

Como se puede notar este proceso de engalanarla es un ritual de dignificación y honra. Luego viene la convivencia, donde el alimento es flor de harina, miel y aceite, los mejores manjares y los más deleitosos platos.

 

Continuando la metáfora, viene el mal uso que ella le da a su bienestar, a su belleza, a su buena vida: Andar por ahí con todo tipo de aparecidos, darle sus favores a cualquiera degradando la nobleza de su matrimonio legítimo y usar de su buena fama y su belleza para atraerse amantes que la mancillaran.

 

Cualquier cosa que diga, aumentará su deshonra y la infamaran de peor manera. Ante el perdón maravilloso de su Celestial-Consorte lo único que le queda es el silencio penitente.


 

Detrás de ese silencio, Dios deposita frente a nosotros su petición de reconciliación. Espera que brote de nuestros labios la gentil reconstrucción de este maravilloso Eterno-Amorío. Él nos regala su Magnifico Perdón esperando que venga de nuestro ser la conversión definitiva hacia Él. ¡Y ya la Alianza no se quebrante nunca más!

 

Sal Is 12, 2-3. 4bcde 5-6

El proto-Isaías, para su estudio, lo hemos subdividido en seis partes: La primera contiene los Mensajes relacionados con Judá y en particular con Jerusalén. Esta pieza lirica que leemos hoy, cierra esta primera parte y está puesta justamente después de otro trozo poético que habla del regreso de los desterrados.

 

Hay un referente a tener en cuenta: se alude al linaje de David, mencionándolo, por el nombre de su padre, Jesé, así como se hace, también mención de ese “resto”, el remanente que vuelve.

 

Todo el salmo (Isaíano) no cesa de convocar al pueblo de Sion a dar gracias por la Misericordia Infinita que Dios ha mostrado con esta repatriación. Para nosotros es supremamente recordad la salida de la esclavitud de Egipto, pero para este pueblo, el regreso de la expatriación en Babilonia, se poder afirmar que revestía mayor emoción.


El hagiógrafo se refiere a su Salvador nombrándolo con profunda gratitud porque Él ha sido su refugio, su fuerza y su salvación.

 

Hay esa misión tan clara para el salmista que encomienda a todos sus oyentes, llevar el relato de estas proezas que Dios ha obrado en favor de su pueblo.

 

El versículo responsorial proviene del primer verso del salmo: “Te doy gracias, Señor, porque aun cuando estuviste אָנַ֖פְתָּ [anepta] “enojado”, “airado”, “furioso” (la etimología de esta palabra hebrea es “respiraba duro”, “tan bravo que rugías”) conmigo, tu ira ya pasó y me has נָחַם [nacham] “devuelto la paz”, “consolado”.

 

Mt 19, 3-12

Para Dios el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto, el miedo de unirse a este proyecto para liza el corazón humano.

Papa Francisco

Este trozo mateano es de la más alta metafísica: “… y serán los dos una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”; qué afirmación tan maravillosa, había dos personas, y, de pronto, prodigiosamente, los que eran dos, se hacen uno, porque Dios lo ha querido, porque descubrió una oculta afinidad que habrá que -por medio de una especie de minería-, desentrañarla, sacarla de su escondite y revelarla. Seguramente una obra paciente y persistente: como una labor arqueológica. Como el que busca un misterio milenario que no se ha vuelto a ver por siglos: ¡al principio era así! Y nosotros lo convertimos en algo que “ahora ya no es así”. Hablamos de la magia del amor y permitimos que dure lo que un flash. ¡Valiente magia! Pero, recuerden: “Al principio no era así”.


Dios no quiere que pasemos de largo y botemos el prototipo. Él nos entregó un “modelo” perfecto de lo que quería que fuera el amor de pareja. No se trata de un recuerdo de un bonito pasado. Se trata de la imagen que Dios nos propuso construir entre dos. Es una realidad para fraguarla pacientemente, construyéndola contra viento y marea. Debajo de este modelo-ideal hay otra parábola: la travesía del desierto tras el Éxodo. Noes la salida de Egipto sino la larga continuidad de cuarenta años vagando entre serpientes “quemantes”; y aun después -no se coge el cielo a dos manos- hay que seguir, después de los primeros cuarenta años, está la conquista de la tierra prometida.

 

Todo parece indicar que -lo que somos capaces de amar hasta el límite, consiste en llevarle la contraria a Dios: Dios lo hizo de una manera y nosotros queremos hacerlo, al contrario. Nos acomoda muy bien la propuesta mosaica porque nos permite hacerlo como se nos viene en gana, y poder saltar por sobre la Voluntad de Dios que, en su tierna propuesta, se había imaginado “un poema de amor”; nosotros preferimos, en vez de papeles románticos, escribir “líbelos de repudio” (Cfr. Dt 24,1).

 

La Primera Lectura nos habla de la paciente persistencia de Dios con su pueblo amado. “La persistencia de Dios es la del avance milímetro a milímetro, contra todos los obstáculos, incluida la prostitución de su amada “puebla”. Incluso a los discípulos les parece que el matrimonio amerita demasiado esfuerzo, y prefieren recusarlo.

 

Para los que las metas del matrimonio son muy altas, el Señor propone la vida consagrada. Pero, esto no es para todo el mundo, podría pensarse que la vida consagrada es todavía más compleja que la conyugal. Recuerden aquello de “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda idónea para él” (Cfr. Gn 2, 18bcd).

 

«Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan– permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.

 

En efecto, “ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito” (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73).» (Papa Francisco)


Cuando todo lo queremos para ya, no queda nada para después, ni siquiera el gusto de haberse esforzado para avanzar paso a paso, milímetro a milímetro, hasta llegar a la meta.