Is 61, 9-11
Estamos en el Tritoisaías, que abarca los
capítulos 56 al 66 de este Libro. No se sabe quien escribió esta parte, pero se
atribuye a uno o varios discípulos de Isaías, en el siglo V a. C. su estilo es
el de los “pobres de Yahweh”, los “Anawin”. El brillo que había previsto el
Deutero-Isaías contrasta con la acritud ante la realidad post-exilica. Se dan
roces entre los que retornaron y los que habían quedado y continuaron poblando
aquella tierra, durante los años de la deportación.
Veamos los títulos que anteceden a la
perícopa de hoy:
recompensa de la fidelidad a la Alianza
reproches a los malos jefes
El verdadero ayuno
Sobre el sábado
Culpa y castigo de Israel
La gloria de la nueva Jerusalén
Anuncio de la salvación de Israel -que vendría
siendo este el título del fragmento que se proclama hoy
Citamos, aquí, textualmente, los tres
primeros versículos del cap. 61:
“El espíritu de Yahweh está sobre mí.
Yahweh me ha ungido, me ha enviado con buenas noticias para los humildes, para
sanar los corazones heridos, anunciar a los desterrados su liberación y a los
presos su vuelta a la luz, a anunciar el שְׁנַת־רָצֹון֙
לַֽיהוָ֔ה [senat rasoun Yahweh] “Año
favorable del Señor” - en el Año del Jubileo del Antiguo Testamento
(ver Lv 25, 8-31), una celebración cada 50 años donde se liberaban esclavos, se
perdonaban las deudas y las tierras volvían a sus dueños, el día en que nuestro
Dios nos vengará de nuestros enemigos. Me envió para consolar a los que lloran
y darles a todos los afligidos de Sion una corona en vez de ceniza, perfume de
alabanza en vez de pesimismo”. Con esta cita nos ha familiarizado Lc 4, 18s.
donde Jesús tomó precisamente este rollo y leyó de él: La misión profetizada
para Jesús, aquí, es el anuncio del Gran Jubileo: La llegada de su Reino. L
palabra Jubileo se deriva de Yobel que es el nombre de la corneta, hecha con el
cuerno de un carnero, y cuya voz era un llamado litúrgico: el Año Jubilar se
anunciaba con el llamado del Yobel.
En los versos 7 y 10 -se desarrolló la
llegada del Reino- nos presenta la siguiente terapia consoladora que anuncia el
pago -o mejor, la indemnización- a tanta injusticia padecida: “Por haber sido
tan grande su humillación y no haberles tocado más que insultos y esputos,
recibirán, en su país, el doble de todo y nunca se terminará su felicidad…
Pues, así como brotan de la tierra las semillas o como aparecen los retoños en
el jardín, así el Señor Yahweh hará brotar la justicia y la dicha a la vista de
todas las naciones”.
El anuncio permite que el corazón se
engalane de esperanza: “me ha puesto un traje de salvación y me ha envuelto con
un manto de Justicia como novio que se pone la corona o novia que se adorna con
sus joyas”. Dice en la segunda parte del verso 10 haciendo uso de una metáfora
nupcial. A continuación, apela a otro símil, comparando a Israel con un jardín
frondosamente florecido
El pueblo ha sufrido y su corazón ha sido desgarrado y masacrado, en particular con la destrucción de templo y con el destierro de los líderes de la comunidad que quedó acéfala; ahora el Señor pronostica el regreso de la alegría y el establecimiento de una וּבְרִ֥ית עֹולָ֖ם [uberit oulan] “Alianza Eterna”, (Is 61, 8). Serán reconocidos como un pueblo especialmente favorecido por Dios.
Sal 1S 2,1. 4-5. 6-7. 8abcd
Esta parte está entresacada del Cantico
de Ana, que había recibido de Dios el hijo -Samuel, recordemos que este nombre
significa “Dios me ha oído”- que ella le había implorado. La tonalidad de este
salmo es Eucarística -valga señalar “una Acción de Gracias” mostrando agradecimientos
por haber librado su vientre de la aridez.
¿Cuál es la savia que corre por la
nervadura de este salmo? La humillación de los soberbios y la exaltación de los
humildes. Quien es el que exalta y quién es el que humilla: Ha sido el Señor. Este
himno de gratitud de Ana enaltece al Señor como Creador de todo y lo alaba porque
todo le está sometido a su Poder. El parentesco entre el cantico de Ana y el Magnificat es categórico.
Quisiéramos contemplar cómo se entretejen
los estambres en los que el cantico de Ana urde -con la historia de su pueblo-
la gratitud por lo que les traerá con su descendencia:
a)
Es un cantico de
alabanza que muestra el consuelo para la mujer estéril, pero connota las
gracias que recibirá la Iglesia futura.
b)
Celebra la
liberación -que es una veta escatológica prometida como emancipación- a una
Iglesia que ha vivido en sus continuas páginas el grillete de la persecución.
c)
Tiende las manos
abiertas para que Dios advenga a su pueblo como portador de la Salvación.
d)
Se inserta en la
corriente de humillación que ha sido el sendero recorrido por el pueblo Elegido.
e)
En ese sentido,
preludia el que será -en lo sucesivo- el cantico de siempre de ese pueblo
Elegido.
Es pues un salmo de la liturgia de las
horas para Ana -lo entonará a toda hora-, también para María y para todo el
Antiguo y el Nuevo Testamento.
Este cantico, así como se entona en esta
fecha está estructurado en cuatro estrofas, de las cuales la segunda es, con
mucho, la más larga:
1ª) Ana se llena de gozo, su alegría
brota del corazón, y es porque Dios le renueva las fuerzas. Se atreve,
entonces, a hablar contra sus enemigos apoyada en la ayuda que le ha venido
directamente de Dios y que se hace extensiva a todos los creyentes.
2ª) A los que se tienen por valientes, se
les revientan los arcos; mientras, a los que se les había tildado de cobardes,
hacen gala de valentía. Los que nadaban en la anchura, hoy trabajan horas
forzadas para ganarse un mendrugo de pan, pero a la vez- los que sufrían
carencias, ahora están engordando y sobrenadan en la profusión de las
cornucopias. Y, en el colmo de la generosidad Divina, las mujeres de vientre
seco dan a luz no uno sino siete-mellizos, pero las que antes se inflaban envanecidas
por la fertilidad, lloran, ahora, con agobio, por sus vientres desolados.
3ª) El Señor es el Administrador de todos
los bienes y también gerencia las carencias: reparte a su antojo vida y muerte.
Hunde a quien quiere, pero al que le place, lo saca a flote; distribuye a sus
anchas pobreza y riqueza; al que a Él le parece, lo envía al humilladero;
mientras al que Él quiere lo asciende a la tribuna, al más alto pedestal.
4ª) Al desvalido lo rescata del polvo, a
los pobres los saca del botadero de basura y los lleva a convivir con
príncipes, designándolos herederos de magnificas fortunas.
El versículo responsorial reitera: ¡La
alegría del corazón proviene de Dios que es Señor-Salvador!
Lc 2, 41-51
Siempre peligramos
perder a Jesús y siempre andamos buscándolo
Israel sigue siendo, por así decirlo, un pueblo
de Dios en marcha, un pueblo que está siempre en camino hacia Dios, y recibe su
identidad siempre nuevamente del encuentro con Dios en el único templo. La
sagrada familia se inserta en esta gran comunidad en el camino hacia el templo
y hacia Dios.
Benedicto XVI
«El bajó con ellos a Nazaret y siguió
bajo su autoridad … Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia
ante Dios y los hombres» (Lc 2, 51s). Después del momento en que había hecho
resplandecer la obediencia más grande en la cual vivía (obediencia a “todos los
asuntos de su Padre”), Jesús vuelve a la situación normal de su familia: a la
humidad de la vida sencilla y a la obediencia a sus padres terrenales. (Benedicto
XVI)
Podemos visualizar la estructura de este fragmento del evangelio lucano como un quiasmo (del griego chiasmós, cruzamiento) que es una figura literaria y retórica que consiste en la repetición de ideas, palabras o estructuras gramaticales en orden inverso, creando un efecto de simetría o "espejo", cada “temática” constituye un “estrato” o una “capa”, esos estratos concéntricos rodean al núcleo; dentro de un mismo estrato se trabaja el desarrollo de unos elementos que, con determinados caracteres comunes, se ha integrado con otros conjuntos previos o posteriores para la conformación de un cierto plano, contribuyendo todos los “planos” o “capas” a la determinación de lo que se quiere proponer y explicar.
En este caso, podríamos decir que, la
parte superior del quiasmo es la llegada al Templo mientras la inferior es el
regreso y el descubrimiento de que el Niño, no va con ellos. La estructura en
este caso sería:
a)
El verso 40 “iba
creciendo”
b)
Los versos 41-43 “Todos
los años”, lo que normalmente hacían en su vida.
c)
Los versos 44-45 “Lo
buscaban”
d)
El corazón de la
cebollita: vv. 46s “Jesús sentado en medio de los maestros escuchándolos y
haciéndoles preguntas”.
c’) Versos 48-50 “Por qué me buscaban
b’) Bajó a Nazaret y vivía…” v. 51, o sea que retomó a la
normalidad y la cotidianidad de su “humana” existencia.
a’) Lo mismo que a, “iba creciendo” v. 52
A continuación, vamos a poner juntos los
elementos de cada estrato, para evidenciar la relación.
Vamos a unir a con a’:
a) 40 El niño iba creciendo y se
fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
a’) 52 Jesús iba creciendo en sabiduría,
en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres.
Ahora b con b’:
b) 41 Sus padres iban todos los
años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 42 Cuando el niño cumplió doce
años, subieron como de costumbre, 43 y acabada la fiesta, María y
José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se
dieran cuenta.
b’) 48 Al ver, sus padres quedaron maravillados y
su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu
padre y yo te buscábamos angustiados».
Luego, unimos c y c’, en este
estrato el tema es la “búsqueda”:
c) 44 Creyendo que estaba en la
caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre
los parientes y conocidos. 45 Como no lo encontraron,
volvieron a Jerusalén en busca de él.
c’) 49 Jesús les respondió: «¿Por
qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de lo de mi Padre?».
50 Ellos no entendieron lo que
les decía.
El
núcleo de toda la perícopa -donde se produce el “cruzamiento”-, es La
sorprendente inteligencia de Jesús:
d)
46 Al tercer día, lo hallaron
en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles
preguntas. 47 Y todos los que los oían
estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
¿Dónde se había quedado Jesús? Es interesante porque contesta
a la pregunta ¿qué buscamos cuando vamos al Templo? Jesús estaba en lo de
su Padre. Y añade, que nosotros debemos entender que Jesús tiene como
labor-eje de su vida, ocuparse de lo que compete a su Padre. Y nos hereda esta encomienda,
a todos los cristianos.
«El evangelista nos dice que solo después de tres días
encontraron a Jesús en el Templo, donde estaba sentado en medio de los
doctores, mientras los escuchaba y les hacía preguntas. (Cf. Lc 2, 46) … es
preciso sin embargo dar la razón a René Laurentin cuando nota aquí una callada
referencia a los tres días entre la cruz y la resurrección… En aquellos momentos
se hace sentir en María algo del dolor de la espada que Simeón le había
anunciado (cf. Lc 2, 35)» (Benedicto XVI)












