viernes, 6 de marzo de 2026

Sábado de la Segunda Semana de Cuaresma

 


Mi 7m 14-15. 18-20

Entre el pecado y la Tierna Misericordia de Dios hay una distancia, un gran abismo, para cruzarlo requerimos de un puente que se denomina “arrepentimiento”: De eso se trata la cuaresma, de tener un tiempo penitencial para atravesar ese puente.

 

De Egipto salió un pueblo, el que llegó a la Tierra de promisión era otro pueblo distinto. Por el camino, caminar de 40 años, murieron aquellos que salieron y surgió otra generación. Esta imagen es parabólica, establece un signo de muerte y renacimiento, así tendría que ser nuestra travesía cuaresmal, para que, al llegar a la Semana Santa, lleguemos otros, cambiados, libres del pecado, purificados en la Gracia Penitencial, y el que estaba habituado al pecado se haya quedado muerto, por el camino.

 

Mucha atención que la Absolución re-produce las Aguas Bautismales. En su Misericordia Divina el Señor -sabedor de nuestra fragilidad- nos ha regalado una “Segunda tabla de Salvación”: el Sacramento de la Conversión.

 

Nos sentimos en la obligación de ratificar que el primer paso es reconocer nuestros pecados -no según nuestra subjetividad, sino de conformidad con la Ley de Dios, (fatal que inventemos una ley diferente a la que Él instituyó, para hacer pasar nuestros pecados por beatitudes). Pero, ahí no para el asunto, nuestro reconocimiento del pecado se devalúa en la misma medida que no lo acompañamos de una firme y férrea decisión de no volver a caer en él. ¡Esa decisión cuenta mucho y está a la base de nuestra absolución!

 

¿Qué pasa si, a pesar de nuestra decisión, reincidimos? No pasa nada, habrá que volverlo a confesar y nosotros tendremos que reincidir en nuestra firme decisión de sacudirnos de ese “mal hábito”. Pero, si hay una condición, que de verdad hayamos puesto y agotado todos nuestros recursos por librarnos de ese pecado. La decisión de no recaída es falsa si nosotros vivimos como polillas voloteando alrededor de la llama, hasta quemarnos. Ya lo dice el sabio popular: “El que juega con fuego, termina chamuscado”. ¡No había firme decisión de “cambio”!

 

El perdón concedido a Abrahán y a Jacob, lleva a rememorar también el favor que hizo YHWH a todo el pueblo de Israel sacado de Egipto y llevado en Éxodo.



Miqueas -cuyo nombre significa “quien como YHWH”, nombre en la misma línea que Miguel- nació en Moresheth-Gath a 35 kms. al suroeste de Jerusalén. Su trabajo profético toca los reinados de Jotán, Acaz y Ezequías. En este Libro de Miqueas que nació en el 740 a. C., y se estima que murió en el 670 a. C. – a la edad de 70 años- sin embargo, encontramos el bloque 7, 8-20 que los investigadores sitúan en el post-Exilio que se fecha en el 538, o sea, por lo menos 130 años después. Está muy claro que el Libro es producto de una labor redaccional donde hay adiciones que no pueden atribuirse al profeta. (Con esta sección pasa lo mismo que con los capítulos 4 y 5). ¿Quiere esto decir que esta sección es falsa? De ninguna manera, pertenece también a la Biblia canónica y no hay ninguna razón para suponerla apócrifa.


 

Profeta de raigambre campesina. Es supremamente interesante la atención que concede al tema social enfocado en ese tipo de pecaminosidad:

·         Explotación por parte de los ricos que se aprovechan de los menos favorecidos.

·         Abusos de los ciudadanos sencillos y del campesinado

·         Violencia, lo que es denominador común y una tradición que ha hecho carrera en la historia.

 

Sal 103(102), 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12

Salmo de acción de Gracias. Un penitente sube al Templo para ofrecer este sacrificio. Lo predominante en este salmo es la relación de amor que domina la escena relacional de Dios con el Hombre. Hay otra palabra que frecuenta este salmo y es la palabra “ternura”.

 

El salmo corrige de fondo una visión superficial que muestra el Primer Testamento como una relación dominada por el “miedo”; según esta visión desenfocada, el Segundo Testamento sería el portador del mensaje de amor de Dios.

 

Hemos señalado otro desenfoque que se publicita pero que es igualmente falso: la religión es un asunto de intimidad de Dios con la persona, y con esa mirada se soslaya que la fe es un fenómeno hondamente comunitario. Si bien el salmo empieza desde una perspectiva del yo, y el mí, en la segunda parte -a partir del verso 7- la óptica es la del “nosotros”, en esta parte la referencia es mosaica. Aún más, desemboca en una panorámica donde el sujeto “penitencial” es “global”.


 

El verso 9 nos conecta con un género forense, el del “litigio: רִיב [rib] que aparece aquí יָרִ֑יב con el significado de [ya-rib] “contender”, “disputar”, “pleitear”. Dios ha llevado a su pueblo ante el Tribunal, lo demanda porque ha infringido el “pacto”.

 

En la tercera estrofa de la perícopa de hoy, lo que se dice es que Dios no frecuenta los tribuales, no está constantemente apelando a jueces y litigios.  Lo más importante es precisamente eso, que Dios no es rencoroso, ni tiene “base de datos” para llevar registro de nuestra hoja de vida jurídica.

 

Los versos finales nos convocan a בָּרֲכ֤וּ [baraky] “bendecir”, lo que redondea el carácter de acción de Gracias de este Salmo.

 

Lc 15, 1-3. 11-32

Reunió todo lo que tenía, partió a un lugar lejano

Sabemos que Jesús aceptaba abiertamente el trato con publicanos y pecadores. Por eso, los fariseos y escribas, apuntaban su dedo hacía Él. Ante este desvelo de los opositores de Jesús para encontrarle un “talón de Aquiles”, por dónde meterle muela. Jesús decide contarles tres parábolas, que anidan en un fuerte sentido polémico, y ponen en escena la causa de incomprensión que hace ciegos a estos “rivales”. No entienden que un médico no tiene nada que ir a hacer a la casa de los “sanos”. El visitará con toda seguridad y plena lógica, a los enfermos, que tienen que hacerse ver urgentemente:

1)    La oveja perdida

2)    La mujer que pierde una de sus 10 monedas. En Lucas dice δραχμή [drachme] que nosotros hemos españolizado “dracma”, (que era una moneda de plata con un peso aproximado de 4,3 gramos y que se internacionalizó en el gobierno de Alejandro Magno hasta circular en la india).

3)    Y la de los dos hijos y el Padre Misericordioso.


En el caso de esta tercera parábola la situación es mucho más grave; ya no se trata de un simple enfermo, en este caso “uno de los dos hijos ha muerto”. Entrar en contacto con un muerto, esa era -según fariseos y escribas- la causa de mayor impureza. Jesús trata con pecadores y -aún peor, con cadáveres- las críticas y murmuraciones estaban más que justificadas. Por eso, era muy urgente que ellos hicieran “metanoia” y lograran empezar a ver las cosas desde otro ángulo completamente distinto; captando y discerniendo quienes son los que realmente necesitan “sanación”, sólo así lograran entender por qué Jesús trata con ellos.

 

Los fariseos y los escribas tenían la misma ceguera que sufría el hijo que no se había ido, el que le servía a su padre sin desobedecerlo jamás, el “santito”, el “justo”. (Según su prejuicio egoísta).

 

Es posible que, viviendo en la Iglesia, uno no llegue jamás a entender lo que puede pasarles a los hijos que se han alejado; es muy probable que, al alejarse, al pasar hambre y necesidades, al tener que trabajar con cerdos, “la impureza de las impurezas”, uno llegue a entender con claridad lo que implica estar lejos de “la Casa del Padre”. (No es necesario pasar hambres y sinsabores para ganar la Sonrisa de Dios. Pero en cambio, si es preciso entender las penurias que otros han vivido y ser comprensivos con ellos, en el sentido de ponerse en sus zapatos. También es importante que no juzguemos al “sacerdote que va a la casa de una prostituta”).

 

Aún hay algo mucho más interesante, es ver con los ojos con los que lo vio el padre, ya desde lejos. Nada le importó, nada lo retuvo, nada se interpuso, corrió a su encuentro y lo acogió. Ni siquiera le dio campo a pronunciar el discurso que había preparado… ¡Sencillamente le abrió los brazos de par en par! (Y no le importó abrazar su “impureza”)

 

Este papá no tenía un hijo muerto. Tenía dos cadáveres, sólo que uno de ellos permanecía en casa. Cuando no es capaz de llamar “hermano” al que se había ido, y al verlo volver lo único que le viene a la mente es su orgullosa permanencia en la casa paterna y la supuesta obediencia que le profesaba al padre, deja ver la pobre “virtud” que anidaba en su pecho. En verdad que en aquel momento se le cayó la máscara de cordero y descubrió su rosto de lobo. Este hijo “bueno” -que ahora ha quedado desenmascarado- representa a escribas y fariseos. A este gremio pertenecen todos los que se creen “justos” porque dizque “no han desobedecido” jamás. Todos hemos abandonado al Padre, es menester tomar la decisión de “ir a la Casa del Padre”, esa es la dirección correcta: acercarnos a Él.

 

Una “religiosidad” de la obediencia, el hermano mayor hizo de ella un fetiche. Lo único malo de la obediencia es que sea ciega, que no alcance a ver y discernir, hasta qué punto se obedece a Dios, y a partir de dónde lo que impera es el puro egoísmo, y la tergiversación del Maligno, donde el engaño se produce por el maquillaje con el que reviste el fruto prohibido para hacerlo ver sabroso.

 

Lo que ordena el Señor es “Escuchar” que significa.

·         Oír atentamente la Palabra de Dios

·         Pedirle a Dios la fuerza y el discernimiento para acatar lo que Dios dice.

·         Evitar la falsificación de los valores cristianos, con la asistencia de Dios, de su Espíritu Santo y con el soporte de la Santa Madre Iglesia que nos hace patente la voz del Espíritu Santo cuando nos cuesta entenderla o, cuando nos parece no alcanzarla a oír.

 

Reflexionemos: El hijo que se había ido, pensaba que la cercanía de su papá le impedía ver el “ancho mundo”. Tenía la idea que “su Papá” era una limitante. Nos ha ocurrido desplazarnos para ir a buscar, ¿quién sabe qué? Y es que muy en el fondo, hay un anhelo escondido de ir a probar las bellotas que les dan a los cerdos, convencidos que encontraremos trufas espolvoreadas de oro fino, puro espejismo. Buscar y encontrarnos con el fondo de nuestra mismidad, para reconocer qué estamos huyendo de nuestra imagen reflejada en el espejo. Como aquel perro que al mirarse en el lago le parecía que el pedazo de carne reflejada en el líquido elemento era más grande que la que sostenía en su propio hocico. También Eva cambió el Paraíso por un mordisco al fruto prohibido.


 Su hermano no era en nada mejor: Su espejismo lo hacía ver en su “propio hermano” a su “enemigo”. Solo esperaba -durante años- a que su papá muriera para poderse reclamar “dueño”. Estaba contento con su hermano “muerto”, porque así nadie impugnaría su “legitima” herencia. En cambio, ahora, el recién llegado, ya le estaba robando “el becerro más gordo”. Según él, en mala hora había vuelto.

jueves, 5 de marzo de 2026

Viernes de la Segunda Semana de Cuaresma


Gn 37, 3-4. 12-13a. 17b-28

Les proponemos empezar trazando una estructura del Génesis para co-textualizar la perícopa. Podemos descomponer este Libro en dos partes bien diferentes:

1)    Los capítulos del 1-11 sobre el origen del mundo, de la vida, de la humanidad y de la ambigüedad que esta arrastra.

En esta sesión se insertan tres rupturas:

              i.        La de Dios y el hombre y la mujer (cap. 3)

             ii.        La que se da entre “hermanos”: Caín y Abel /agricultores y pastores. (cap. 4)

            iii.        Del hombre y la tierra (Cap. 11): El pecado del zigurat, “torre de Babel”. Esta tiene que ver con la disyunción campo/ciudad.

 

2)    A partir del capítulo 12, la descripción literaria (relatos populares) de las raíces del pueblo de Dios. Son relatos forrados en la nebulosa del tiempo.

 

Este Libro no se escribió de corrido, sino que es el fruto de un proceso de adiciones y ediciones de, por lo menos mil años, para llegar el texto que conocemos hoy.

 

 La segunda parte puede dividirse en tres ciclos:

1)    El de Abrahán (caps. 12-25)

2)    El de Isaac y Jacob (Israel) (caps. del 26-36)

3)    Y el de José (caps.37-50)

Hoy, estamos -como salta a la vista a partir de este esquema- en el tercer ciclo de la segunda parte que establece un “puente” entre el Génesis y el Éxodo, mostrando cómo los Israelitas fueron a parar a Egipto, allí se reprodujeron y cayeron en una penosa esclavitud y explotación.

 

Ahora, en el terreno de la contextualización, diremos que esta historia -redactada por los escribanos de Salomón- deja traslucir cómo entraron elementos políticos, gubernamentales, económicos y culturales en la corte salomónica.

 

La historia patriarcal (caps. 13 y sucesivos) apuntan a una restauración de las rupturas señaladas en la primera sección.

·         Abrahán restaura respecto de la ruptura Dios-hombre por medio de la fe.

·         Jacob restaura la ruptura entre hermanos por la reconciliación con Esaú.

·         José, restaura en el plano triple: tanto con Dios, como con sus hermanos, como con la comunidad y con su pueblo, con la tierra y la civilización.

 

En este sentido diríamos que José es el mejor y más claro tipo de Jesús.

a)    Enviado por su padre, va a buscar las ovejas/hermanos (ovejas perdidas)

b)    Vendido por unas monedas, como Jesús también lo fue.

c)    Rechazado como la piedra que fue descartada y llegó a convertirse en la piedra fundamental.

d)    Lo bajaron a un pozo seco (tumba) y de ella resurgió.


Evidentemente la perícopa está integrada por tres trozos (y deja por fuera dos segmentos):

1.    El segmento de los versos 5-11. Donde José cuenta unos sueños que lo hacen chocante para sus hermanos y que hasta su propio padre la reprocha porque auguran lo que pasará posteriormente cuando lleguen a encontrarlo como Visir en Egipto.

2.    Y el segmento 13b-17a: Dónde Israel manda a José a buscar a sus hermanos que han ido a pastorear las ovejas en Siquém, y cuando los encuentra se da pie al complot (de sus hermanos) que termina con su venta a los Ismaelitas.

 

Sal 105(104), 16-17. 18-19. 20-21

Salmo de loa Alianza. Muchas veces hablamos de la Primera y la Segunda alianzas como si se trataran de varias Alianzas, pero hay que tener en cuenta que hay una sola Alianza que el hombre la ha quebrantado una y otra vez y que Dios ha restañado, ha saneado consecutivamente, como quien rompe un plato y luego -con pegante instantáneo- lo reconstruye. Esa reconstrucción muestra la Fidelidad de Dios a su Palabra. Y es una pieza clave y magistral para develar cómo es nuestra amistad con Dios y cómo somos nosotros los que siempre fallamos, pero Él nunca quebranta su Amor, el Amor que sella la Alianza.La Alianza que podemos pensar es un plato que se rompe fácilmente -hecho de loza, por ejemplo- es en realidad un “plato irrompible”, porque está hecho de un material indestructible, su materia prima es el amor. Como dice San Pablo en la 1ª a los corintios: ἀγάπη οὐδέποτε πίπτει· [ne agape oudepote piptei] ¡El amor jamás dejará de existir! (1Cor 13, 8)

 

Hablamos de la Nueva Alianza y decimos la definitiva, pero no quiere decir que a Dios se le acabó la paciencia, sino que nos entregó el signo categórico: su Propio Hijo. Lo que hizo fue perfeccionar el signo llevándolo a la perfección en cuanto a su claridad. Cómo -podríamos insinuar esta comparación- la de una pareja disgustada y separada, a cuya novia el enamorado le ofrece el Anillo más deslumbrante, el Diamante engarzado, para que ella entienda que Él ha sido capaz del perdón “definitivo”. El pueblo Elegido, luce ahora en su dedo la sortija con la Cruz-Redentora-Salvadora.


Todo lo previó para ese “momento” soñado: Preparó la Cena, el lugar romántico de la declaración, los efectos sonoros, la palabra de sus compromisos -los votos- que pronuncia a su Padre que actúa como Testigo y Juez: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.

 

Según la concepción judía para que el Sacrificio sea válido tiene que haber derramamiento de “sangre”: Él ha dado hasta la última gota, y no de una víctima vicaria, sino de la suya propia.

 

Pero, esta fidelidad deslumbrante le ha valido el premio del “Novio Fiel”. Le abrieron la cárcel, lo nombraron Administrador (Juez Plenipotenciario), y le dieron la Llave Maestra sobre toda la Heredad, quedando constituido Señor de todas Sus Posesiones. Autoridad Suprema de toda la Creación.

 

¿Con qué palabras reconoceremos tan enorme Autoridad? Diremos en el responsorio: “Recuerden las Maravillas que hizo el Señor”, porque esta Fidelidad es eso, ni más ni menos: ¡Maravillosa!

 

Mt 21, 33-43. 45-46

Cuando una cosa se establece como análoga a otra se tiene una parábola: Como la del grano de mostaza, que sirve como referencia del crecimiento: de muy pequeña llega a ser muy grande, ¡y ya! Pero cuando cada elemento del referencial tiene un elemento analógico en el referente de comparación, se genera una alegoría. Como pasa entre la recta y la serie de los números, donde a cada número le corresponde un punto de la recta, en una correspondencia uno-a-uno, esta correspondencia es alegórica, ya no solo metafórica.


La palabra alegoría ἀλληγορία [allegoria], formada de αλλος (allos: otro), ἀγορά “ágora”, “mercado”, “asamblea”, “plaza pública”, “discurso”. El ágora era centro comercial, cultural y político de la vida social griega.

 

Eso es lo que pasa hoy: a todos los elementos de «La Viña» se les asocia uno en la historia del pueblo de Dios.

 

Está el “Propietario”, la “cerca”, el “lagar”, la “torre”, los “labradores arrendatarios”, el “tiempo de los frutos”, los “criados”, el “apaleamiento”, la “lapidación”, el “asesinato del Hijo-Heredero”, la “sacada de la Viña”, lo que hará “el Dueño cuando vuelva”.

 

Un mecanismo interesante que se suele aplicar en estos casos, es dejar que el desenlace brote de la lógica de los “escuchas”; esto da como resultado que:

a)    Los escuchas se pongan en los zapatos del Otro (del Juez) y dicten la sentencia.

b)    Que se entienda la “justicia” y la “lógica” divinas

c)    Que uno-se-implique. Cada uno de los “oyentes” que participan de la toma de decisiones, se convierte en un “hermeneuta” y enriquece su consciencia con un crecimiento de su nivel ético.

 

La implicación nos eleva a la calidad de súbditos del Reino, y este Reinado es el del Mesías. Al participar con nuestra toma de decisiones la Palabra nos abre el acceso al Reino. Y, en este caso, se nos brinda la inigualable oportunidad de reconocer en el Señor a la “Piedra Angular”, es decir, comprender que Él es la Base-de-Todo-el-Edificio.


Hay una cita del Primer Testamento esencial para la cabal comprensión de la perícopa de hoy:

Por eso, el Señor dice:

Voy a poner en Sion una piedra,

una piedra escogida y muy valiosa,

que será la piedra probada, angular,

y servirá de fundamento.

El que confíe, podrá estar tranquilo.

En esa construcción usaré como plomada la Justicia

Y como nivel la Rectitud.

                                           Is 28, 16-17

 

La piedra angular tiene por función cargar el peso las columnas, o sea que da sustento y es el soporte de todo el edificio.


Intentemos explicitar algunos de los elementos que componen esta alegoría:

1.    Plantar una Viña, eso no es algo que se haga a la ligera, en realidad requiere el mayor desvelo posible e imaginable, desde la elección del lote hasta la cuidadosa distribución de todas las estancias de una viña.

2.    El cercado: es protección y límite: protege de ladrones y de fieras. Deja afuera la maldad y encierra, como en un abrazo cálido, el bien.

3.    El lagar, donde se pisan las uvas, es donde se desangran los racimos para obtener el mosto. Equivale en el Templo al Altar, donde se apuñalaba y se ponía a quemar la Víctima.

4.    La torre, permite una vigilancia del rebaño a la vez que prever la cercanía de alguna amenaza. Los silos para aprovisionarse de alimentos tienen la configuración de torres.

5.    Los arrendatarios:  Son los escuchas. El auditorio.

6.    El Señor se Ausenta para dar espacio a los arrendatarios de desplegar su actividad, su diligencia, todas sus habilidades agrícolas para hacer fructificar la Viña. El Señor tardo seis días para establecer la Viña con toda responsabilidad. Llegado el Séptimo, les da espacio, como, ya lo hemos dicho, a los arrendatarios.

7.    Los criados que envió a cobrar son los profetas, a quienes efectivamente persiguieron, acosaron, lapidaron y rechazaron.

8.    Finalmente nos ha enviado a Jesucristo, el Unigénito, el Legítimo Heredero y nombrado en el Cargo de Juez Supremo.

9.    ¿Por qué matamos al heredero? Ya lo vimos en el ataque del Diablo a Eva, “queremos ser como dioses”.

10.  אֶבֶן [Eben] “piedra./ בֵּן [ben] "hijo". Es “piedra angular o “Hijo favorito”; la asonancia nos permite pensar que no se refiere a una piedra desechada, sino al Hijo despreciado, descartado, sacado de Jerusalén.

11.  Sacado de Jerusalén porque el Mesías debía ir a Jerusalén a morir, pero en nuestro desprecio, lo haríamos morir fuera del perímetro propiamente urbano, en un Monte Pelado.

12.  Hoy somos nosotros los escuchas, pero en aquel entonces el auditorio fue de escribas, Sumos sacerdotes y fariseos; fueron ellos los que devinieron Viñadores asesinos. Y nosotros ¿no queremos quedarnos atrás?

miércoles, 4 de marzo de 2026

Jueves de la Segunda semana de Cuaresma

 

Jer 17, 5-10

Prácticamente todo lo que se dijo ayer como contextuación de la perícopa de la Primera Lectura, es válido, porque hoy se lee del capítulo inmediatamente anterior.

 

Hay personas -que se llaman a sí mismas devotas y fieles que usan la siguiente estrategia para el estudio y difusión de la Palabra: primero buscan una maceta adecuada para aplastarle a alguien los dedos, luego la esconden detrás de la espalda, y -acto seguido- vienen muy modosos y cariñosos, pidiéndote que pongas la mano sobre la mesa, tan solo un instante.

 

¿Cómo eligen la maceta?  No por el mensaje que trasmite, porque la “cita” se escoge como para la elaboración de una propaganda, lo importante es que suene bonito y que triture duro. Veamos un ejemplo de una maceta normal, de las que frecuentemente ve uno en acción por ahí, reventando dedos: “Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo”.

 

Para que aplaste dedos adecuadamente debe cumplir los siguientes requisitos:

a)    Debe ser suficientemente breve.

b)    Su sonoridad debe hacerla suave a la memoria, para que sea fácilmente recordable.

c)    Debe ser multiusos, de tal manera que pueda destrozar igual un meñique que un pulgar o un índice.

d)    Y que nadie pueda decir que fue injusto suprimirle ese dedo (o esos dedos) al “prójimo” que haya sido escogido para el “experimento”.

 

A veces se ha utilizado -este que hemos tomado como ejemplo- para sembrar desconfianzas al seno de una comunidad y que unos a otros se dirijan miradas de desconfianza, que se le pueda amarrar en el muñón del dedo un rotulo de “demencia”, o de “toxicidad”, o de “arrogancia”, bueno, hay tantos, no recordamos -en este momento-cuales más…

 

A veces se ha usado para desviar lealtades y entonces el rotulo dice “Maldito el que confía en un hombre, por confiar en otros y no en mí”. Pero el que pronuncia este “mí”, no es más que otro hombre, taladrado por la rivalidad, por una sorda competitividad. ¡Que nadie se atreva a tomar prestado mi pedestal!  

 

Pero, el uso más frecuente que ha tenido es para argumentar que ¡uno no tiene por qué confesar sus pecados con un hombre -dicen ellos- que es más pecador que uno mismo! Y, evidentemente, estos “tales”, desconocen el Evangelio de San Juan, donde dice “a quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos (Jn 20, 21-23).

 

¿Quiere eso decir que la Palabra está mal? No, lo que quiere decir es que no podemos recortar la Biblia en tiritas para hacer “galletitas chinas”; quiere decir que la Sagrada Escritura no es una colección de “frases célebres” adecuadas a cualquier situación. También quiere decir que, en Ella, Dios nos habla, pero que está construida con “palabras humanas” -para que las pudiéramos entender, pero por ser “humanas” pueden ser astutamente manipuladas para llevar al error: por eso hay que leerlas con espiritualidad, con devoción estudiosa y aplicadamente, esforzándonos por oír la Voz de Dios que Él-Mismo ha puesto allí por la acción de su Santo Espíritu. ¡No leerlas acomodaticiamente!


Muy particularmente implica:

a)    Cabalgar siempre con una espiritualidad de honesta y humilde búsqueda.

b)     Unirnos a otros para buscar juntos: no somos individuos sueltos, desperdigados, somos un pueblo que va en Éxodo, que procura confiar en Moisés -aun cuando es un simple hombre, un pobre tartamudo, pero Dios lo ha puesto a encabezar esa marcha. Dios bendice -lo creemos muy ferviente y sinceramente- al pueblo que avanza sinodalmente buscando, con ardoroso amor, el Amor que anida en su Palabra.

 

Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

El mal no es lo contrario del bien; el mal es una ranura de angustia -sólo una ranura; el bien es gigantesco, es enorme, lo abarca todo, es el Universal-Divino; en cambio, el Mal es más angosto y deleznable que una línea (que, geométricamente hablando, no tiene ancho). Algunos ingenuos piensan que es la otra mitad ¡Nada más lejos de la verdad!

 

Lo que pasa es que “El mal hace mucho ruido”, en cambio, ¡el bien es discreto, es silencioso! Papa Benedicto trabajó por dinamizar esa idea.

 

El que “confía en el Señor, y pone en Él su confianza será un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces, no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde, en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto” (Cfr. Jer 17, 7-8). Esta cita del profeta Jeremías es una glosa de la segunda estrofa de nuestro salmo de hoy, formada por el verso 3 del Salmo 1.


Cuando dice que “da fruto”, lo dice -evidentemente- con sentido metafórico, se trata del crecimiento espiritual, se trata de estar enrumbado hacia Dios, caminando por sus sendas, y no divagando en terrenos desérticos y áridos donde la esterilidad se adueña del ser.

 

El Salmo muestra qué destino se depara para el “justo” y “qué puede esperar cosechar el impío”.  Nos hace patente que nuestra vida está marcada por la opción radical y que en la encrucijada tenemos que saber elegir el sendero que lleva a la vida, sino queremos desbarrancarnos por las escarpadas laderas del sacrilegio.

 

Con crudeza, pero con sincera honestidad el salmo nos muestra lo que puede esperar el impío:

a)    Será paja que se lleva el viento

b)    Acabará mal.

 

Sumando estas dos Lecturas: la Primera y el Salmo, ahora sabemos quién es el “hombre maldito”. Y no sólo “el maldito” sino, también, אַ֥שְֽׁרֵי־ el “Dichoso”, “el Bienaventurado”:

 

El bienaventurado:

1)    No sigue el consejo de los impíos,

2)    Ni entra por la senda de los pecadores,

3)    Ni se sienta en la reunión de los cínicos

4)    Su gozo es la תּוֹרָה ley del Señor

5)    Medita su תּוֹרָה ley día y noche

 

Y el impío, el malaventurado, pues, todo lo contrario. No descarga su entera confianza en el Señor, entra en pacto con los que tienen ejércitos poderosos y no tienen ninguna ética en el respeto al prójimo.

 

En cambio, el “justo” se deja guiar por la תּוֹרָה [Torah] “Ley de Dios”.

 

La Ley de Dios es el camino de la felicidad, el pecado es el sendero que lleva a la desdicha. No alcanza la categoría de camino, ¡es puro extravío! El extravío conduce a la nada.

 

Lc 16, 19-31

Si el extravío conduce a la nada, la nada no puede saciarnos. Jesús en cambio, se compadece, porque estamos como ovejas sin pastor, y multiplica los panes:

a)    El que quita el hambre material

b)    El Pan de su Palabra

c)    El Pan Eucarístico.


Nació en Belén, “Casa de pan”.

 

El Evangelio lucano, nos trae esta parábola que ilustra la disyuntiva que ha sido el tema de hoy:

1)    El camino de los Justos que es protegido por el Señor

2)    El camino de los impíos que acaba mal

 

En la parábola el impío ni siquiera tiene nombre.

El justo se llama אֶלְעָזָר Lázaro, “ayudado por Dios”, “Dios es mi ayuda”.

 

Lo primero que hace la parábola es descubrirnos el terrible error en el que siempre caemos, porque pensamos que el que banquetea hasta la hartura, y se viste con las más finas prendas de los altos modistos, ese debe ser el “privilegiado” a los ojos de Dios. Y vemos en el pobre, eso, “un pobre diablo”, y cambiamos de anden aun cuando el rodeo nos alargue el camino.

 

Lázaro -este nombre proviene del hebreo אֶלְעָזָר [El-azar] y significa “Dios lo ha ayudado”, así es, si los Adanes lo ignoran, El propio Dios lo toma bajo su Auxilio-, para extremar el contraste, tiene llagas, y -si esto fuera poco- los perros le lamían las llagas. Viene ahora lo más desconcertante, al morir, Lázaro es llevado directamente el Cielo (Seno de Abraham) en brazos de ángeles.

 

El rico, por contraste, va a parar al infierno. Acostumbrado a que los pobres les hagan los mandados, el “sin-nombre” interpela a Abraham pidiéndole que mande a Lázaro a refrescarlo empapándole la lengua, así sea sólo con alguna gota que se pegue a su dedo, si Lázaro lo humedece. Pero, que el “sin-nombre” lo alcance a ver no significa que estén cerca, al contrario, la distancia que los separa es χάσμα μέγα [chasma mega] “abismo inmenso”. No se trata de una “pequeña distancia” sino de una diferencia descomunal.

 

Cuando el “sin nombre” cae en la cuenta y comprende su situación, al menos tiene una gota -pequeña, casi ni alcanza a ser una molécula- su ruego no parece un interés sincero por la salvación de sus hermanos, sino un argumento a ver si puede engatusar a su interlocutor, Abrahán; no es por honesta “projimidad” que se interesa por sus cinco hermanos que viven en las mismas, y que están cocinando un destino similar y comprando boletas directas y sin escala para venir a compartir con “el sin-nombre”, (lo repetimos con insistencia porque significa que su indolencia, su falta de solidaridad, su egoísmo recalcitrante, lo han llevado a perder hasta su nombre, ahora carece de identidad, es verdaderamente un “don-nadie”, no sabe quién es él mismo y por eso, ni siquiera supo buscar oportunamente el camino que le convenía, la ruta de la Salvación; y es que, precisamente la Salvación es el ejercicio de la “projimidad” sincera, saber caminar con los otros, saberse donar por entero, compartir de lo que se tiene).

 

Abrahán profetiza, si viniera el mismísimo Jesucristo-Resucitado, le pasaría lo que pasó con Moisés, tampoco se convencerían. El que ha endurecido su corazón amando lo “material” se hace indiferente al hombre, respecto de sus semejantes y de Dios, no tiene oídos para oír, ni ojos para ver. Se da cuenta de lo que codicia, pero no del “prójimo”, el ser humano tirado en su mismísimo portal, cundido de llagas, anhelando poderse beneficiar de, al menos alguna migaja caída de la mesa opípara. Es imposible injertarle la fe, a uno que adquirió un corazón de pedernal. Y, sólo la fe es Salvadora-y-Redentora.


El “justo” es el que ha puesto su confianza en el Señor. Demuestra su confianza acogiendo lo que Dios le dice por medio de un “llagado” que encuentra atravesado en su vida. El “justo” tiene el corazón blandito y poroso (es sinónimo de “absorbente”), como una esponja está dispuesto a empaparse por completo.