jueves, 27 de agosto de 2026

Viernes de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario

1Cor 1, 17-25

La perícopa de hoy, con la que iniciamos el estudio de este documento Paulino, hace un paralelo entre la sabiduría “mundana” y la sabiduría cristiana. Uno podría, perfectamente hablar de la contraposición entre la falsa sabiduría y la verdadera.

 

El primer argumento que encontramos es que Cristo no envió a Pablo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio. Este es el primerísimo punto.

 

Sin ninguna interrupción, establece el segundo elemento: “este anuncio no se hace con sabiduría mundana, no estriba en “palabras”; sino en una “necedad”, algo ilógico, algo fuera de la órbita del pensamiento griego, de su muy sonada y famosa “lógica”. Este anuncio está asentado sobre la Cruz.

 

¿Quiere esto decir que el bautismo es lo de menos? ¡Absolutamente! Lo que quiere decir es que su misión es la del “heraldo”, la del “Keryx”, y, otros tienen a cargo la Sacramentalidad. Algo así como si en agricultura dijéramos, a uno corresponde esparcir la semilla y otros operarios tienen a su cargo, despejar, limpiar, abonar, regar. Todos, toditos somos operarios del mismo Señor, Dueño del Campo. ¡No es cosa de nombres! aun hoy unos quieren mantener en sus manos los méritos y hacerse dueños y señores de lo que pertenece a Cristo Nuestro Señor. Esto es introducir divisionismo. Aquí no hay otro Señor que Nuestro Dueño.

 

¿Nuestro Dueño? ¡Si! Porque Él nos compró a precio de Su sangre; pero nos compró, no para retenernos esclavos, sino para que fuéramos Libres en Jesucristo. Todo intento de someternos es una labor diabólica: Que se sepa bien, nuestra formación no contiene procedimientos de sujeción, no hay un sacramento de “cortarnos las alas”, al contrario, los “pastores” que Dios nos ha dado están allí para darnos alas, y esas alas sirven para volar, más alto que las águilas, hacia Dios.

 

Aquí se nos presenta un verdadero axioma del “sistema del pensamiento cristiano”: «El mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad, de la predicación, para salvar a los que crean». 

 

Cuando hablamos de la Cruz como anuncio esencial, como médula del kerigma, tenemos que entender que la cruz lleva asociado un mensaje de “no-violencia”. Los de la sabiduría del mundo inmediatamente se acomodan el cinturón para asegurarse que no se les escurran los pantalones, porque les están tocando su “intachable-ideología” la de la guerra, su tan acariciado belicismo, su tan comercial armamentismo. ¡Que no nos hablen de paz, -dicen ellos- que no nos toquen el negocito!

 

Podríamos dejar preparado un dispositivo de comprensión y discernimiento: Nuestra fe es cristocéntrica- y no son los agentes de pastoral los que podrán venir a sacarlo de su legítimo Centro.  Y nosotros, que hemos sido llamados a ser “agentes” -no estamos para tratar de suplantar el Centro- que nuestra misión es señalar en dirección a Jesús como centro inamovible, como “piedra angular”.

 

«Según San Pablo, la fe cristiana no se reduce a creer en una serie de “dogmas”, ni a cumplir una serie de leyes, ni a practicar ritos religiosos especiales. Su fe se centra en una persona: Jesús, a quien quiere conocer a fondo para poderlo querer de veras y ser capaz así de seguirlo cada vez más de cerca. Se trata de querer y seguir a alguien que es plenamente Dios y plenamente hombre, imagen humana de la divinidad, camino nuevo y vivo para llegar a Dios con confianza y seguridad». (José Luis Caravias s.j.).

 

Hay quienes, como los griegos se dedican a perseguir la sabiduría y compran pasajes hasta el mismo rincón del mundo donde les digan que encontraran su “guru”; están los judíos, cuyo afán y desvelo consiste en ver los “signos”, y montan sus observatorios y ensamblan sus laboratorios bajo carpa o a la intemperie, para procurar registrar uno o algunos de ellos, que cuantos más mejor y más contundente será la prueba.


¿Y, nosotros, qué buscamos, en qué carrusel de influencers estamos pivotando?

 

La sabiduría de Dios, si la queremos aprender, está en el Crucificado: ¡Mirad al que traspasaron!

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 10-12

Vamos buscando a Dios como si Él estuviera, como el cofre de un tesoro, en algún único sitio. Caminamos leguas y leguas buscando al Emmanuel, es más, acostumbrados a mirar al firmamento -confundiéndolo cielo con Cielo- precisamos su Presencia en las alturas, cuando la fe nos habla de las Alturas para estipular su Inabarcable Grandeza. Alturas simboliza que lo llena todo y Emmanuel que va siempre con nosotros. Habita en nuestro corazón y los sensores se deben dirigir a nuestro interior, a nuestro corazón, donde ha venido a habitar. Ese Habitante Grandioso, Altísimo (no tiene nada que ver con estatura), tiene dos Talantes que configuran su Perfil: Justicia y Rectitud. No hay que mirar sólo hacia arriba: ¡Él llena toda la tierra!

 

Prestemos atención a lo que nos “revela” este himno” que se proclama hoy: “Su Misericordia llena la tierra”.

¿No están estas dos perspectivas en contradicción? ¿Llena la tierra o está en nuestro corazón? Una de dos… ¡Pues no! Él llena la tierra porque en toda la tierra hay habitantes que creen en Él, que Lo llevan en su corazón, de esa manera llena la tierra con su Presencia, porque está Presente en todos los que se reclaman discípulos suyos. Llena también la tierra de manera sacramental, en los Elementos que el santificó para que fueran soporte de su Presencia Universal, demos dos ejemplos: Dónde haya agua que potencialmente llegue a servir para bautizar -porque cuando Él fue bautizado, santifico todas las aguas de la tierra; segundo, en cada Sagrario donde haya formas consagradas; para limitarnos solo a estos dos. Su Presencia Sacramental es, por antonomasia- Misericordia que llena la tierra.

 

Esto no es cualquier cosa, que Dios sea Dios-con-nosotros, es algo verdaderamente digno de festejar, no sólo los consagrados, sino todos los que tengan algo de bueno, algo de anhelo de Encontrarlo, estamos llamados a entonar -acompañados por la cítara- los cantos y los himnos más hermosos. Busquemos con diligencia un arpa decacorde (de diez cuerdas) para tocar en Su Honor.

 

Lo que viene de Dios son todas, acciones leales y todas las Palabras que pronuncian Sus Labios, son Palabras Sinceras. ¿Por qué lo adornan la Justicia y la Rectitud? Muy sencillo, porque estos dos rasgos son las características que Él más ama y a través de las cuales nos muestra sus destellos.

 

Ya sabemos que hay dos clases de sabiduría -la mala y la buena- la mala es la que tienen los perversos, los que obran el mal, sus planes Dios los desbaratará; también está la sabiduría Divina, que traza siempre planes justos, dirigidos por el Espíritu de la Rectitud, esos proyectos son eternamente duraderos, porque son los planes de Dios Omnipotente, que lo único que no puede es obrar el mal, porque se saldría de su Justica y de su Rectitud. Lo único que Dios no puede es negar la Inquebrantable Bondad de su Propia Misericordia.

 

Nos unimos al salmo proclamando por triplicado que “La Misericordia del Señor llena la tierra”. חֶ֥סֶד יְ֝הוָ֗ה מָלְאָ֥ה הָאָֽרֶץ׃ [Jesed Yahweh ma-leja hajares] Más exactamente dice: “La Lealtad del Señor a Su Alianza, llena toda la tierra”. En tal caso, la Misericordia queda definida como “Fidelidad de Dios a sus Pactos”.

 

Mt 25, 1-13

Vamos a proceder con una parábola, es otra parábola donde se explicita en qué consiste el Reino de los Cielos. Viene bien reiterar que el judaísmo no pronuncia el Nombre de Dios, por ser algo tan Santo, es el superlativo de la santidad; se abstienen de pronunciarlo para que la pecaminosidad de nuestros labios no Lo manchen. Mateo que es un judío, hablándoles a los judíos, no puede pronunciar el Nombre Santísimo, por eso en vez de nombrarlo dice “de los Cielos”.


Esta zona del Evangelio Mateano nos presenta un estudio escatológico. De nuevo, no nos da datos sobre fechas, ni pistas para ponerle “fecha fija” y “etiqueta de caducidad”. El, permanece incognito, pero -lo que sí es definitivo- es que nos enseña que debemos prepararnos, hacer los trámites de pasaporte, pagar los impuestos de aduana, preparar las valijas, y poner al día todos los tramites que estén pendientes.

 

El tema que hoy nos ha tenido atentos es el tema de la sabiduría dúplex. Muchas veces pensamos que hay una sola sabiduría y que toda sabiduría tiene que ser buena y no sabíamos que hay una sabiduría engañosa, una falsa sabiduría, en realidad se trata de una ignorancia engalanada, prepotente, maquillada, con muchísimas cirugías plásticas a cuestas.

 

En las bodas judías de aquel entonces, el primer paso era el desposorio llamado Kiddushin o Erusín, que era el matrimonio “formal”: La pareja ya se consideraba legalmente casada, pero no vivían juntos, ni tenían intimidad. Después de lo cual, la novia seguía durante un año en la casa de su propio padre. Durante este tiempo, ella se preparaba para su nueva vida y demostraba su fidelidad, mientras el novio preparaba el nuevo hogar, que con mucha frecuencia era simplemente una habitación añadida a la casa de su papá.

 

La boda (Nisuín), propiamente dicha, sucedía después de trascurrido ese año: el novio, acompañado de sus amigos, iba a la casa del padre de la novia acompañado de un cortejo integrado por sus amigos. Recogía a la novia para llevársela, a su nueva casa, donde se celebraba el banquete de bodas, a menudo, en medio de una especie de procesión nocturna, con lámparas de aceite de oliva que llevaban las amigas de la novia para iluminar el camino, y comenzaba, ahí sí, la convivencia definitiva.

 

La falsa sabiduría es inmediatista: no lleva aceite extra para su lámpara, porque piensa que todo sobrevendrá cuando se les antoje, es por eso que no son previsivas, sino arrogantes y altaneras. Para esa sabiduría, el novio tiene que llegar -y eso les pasa a las “novias” caprichosas, que en el relato se les llama μωραὶ [morai] “necias”, “tontas”, “insensatas”, “carentes de seso”- cuando ellas se lo ordenen: para esa clase de novias, el Novio es un mequetrefe, y según su dictadura, tendrá que acceder a sus horarios y ceder por completo a sus caprichos. He ahí su insensatez.

 

Como así se han acostumbrado, a la hora que se anuncie la Llegada, pretenderán confundir con patrañas la “sabiduría verdadera” y sonsacarles el aceite a las muchachas previsivas. Con carita mañosa, tentarán a las verdaderamente sabias, presentándoles sus alcuzas vacías, pidiéndoles que compartan lo que no se puede compartir. ¡Atención! ¡Este tipo de aceite es “personal e intransferible”!

 

Esta parábola contiene una enseñanza preciosa: Cuando se abra la puerta de la verdad, no habrá, aplazamientos, ni entradas alcahuetas saltando la cerca, o por la ventana rompiendo el vidrio, o por la puerta falsa; sólo habrá una entrada, y sólo estará abierta cuando “suene la trompeta” que anuncia el principio del banquete de Bodas del Cordero.

 

Cuando lleguen las de la falsa sabiduría, el Señor no podrá mentir: no las podrá reconocer porque ¡nunca antes las ha visto! Él, que siempre habla con Verdad, no podrá mentir en aquella Hora, aun cuando ellas afirmen haber bailado con Él en alguna fiesta, o en algún carnaval.

No le demos tantas vueltas al asunto:¡Tengamos siempre la alcuza repleta de aceite! Hay una sola solución. ¡Estar siempre alertas, velando, porque desconocemos el día y la hora! 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Jueves de la Vigésimo Primera Semana del Tiempo Ordinario


 1Cor 1, 1-9

Vamos a iniciar un cursillo sobre la Primera Carta a los Corintios, en diez y nueve sesiones. Esta misiva fue escrita por el año 55-56 a.C. poco más o menos cinco años después de las cartas a los Tesalonicenses, a finales de su permanencia en Éfeso, que duró cerca de tres años. Por aquel entonces, Saulo había desmontado su fariseísmo recalcitrante y ahora, estaba convencido que sólo los marginales estaban dispuestos a aceptar el Evangelio. Pablo debió quedar un tanto desinflado de los atenienses con la experiencia que vivió con ellos en el Areópago, donde los identificó recalcitrantes y cerrados a la profundidad del mensaje cristiano, dado por entero a otro tipo de inteligencia impermeable a las “verdades” del Evangelio.

 

De otro lado, hay que afirmar que, si uno pensaba en la sede de la perdición, por su corrupción, inmoralidad y paganismo, lo primero que se vendría a la mente sería Corintio. Era un puerto importante para el comercio griego, situado aproximadamente a 80 kilómetros de Atenas.  «La que visitó Pablo a comienzos de los años cincuenta era la nueva ciudad de Corinto fundada por Julio César en el año 44 a.C. a partir de un núcleo de ciudadanos romanos». (Rinaldo Fabris) «En el siglo I d.C. estaba habitada principalmente por excombatientes romanos y por antiguos esclavos libertados, procedentes de Italia, o por sus descendientes» (La Biblia de Estudio - Dios habla hoy). Allí Pablo encontró fuerte rechazo por parte de la comunidad judía que veía a Jesús como un proscrito del judaísmo, que, por haber muerto crucificado, había caído en la condición de maldito.

 

De la visita de Pablo y la fundación de la Comunidad Corintia, nos habla Hch 18, 1-17 (Segundo viaje). Fue allí donde Pablo conoció a Aquila y Priscila que eran, como él, fabricantes de tiendas de campaña que vendían al ejército romano (lo que explicaría su doble nacionalidad). La carta fue escrita como reacción a la información que por Cloe le había llegado, de las crisis que allá se cocinaba.

 

La carta se inicia con una introducción que indica los destinatarios, los saluda y presenta su acción de Gracias. Esto ocupa los primeros 9 versículos de la Epístola.

 

«Pablo tiene la costumbre de

-       iniciar sus cartas con un destinatario y un saludo (1, 1-13).

-       En la mayoría añade una oración de agradecimiento a Dios por los dones que la comunidad ha recibido o por las victorias obtenidas en su lucha (1, 4-9)

En pocas palabras, intenta resumir los temas más importantes que desarrollará a lo largo de la carta». (José Bortolini)

 

En los versos 10-16 -que no leeremos- desglosa los partidos y tendencias que se estaban dando en Corintio.

 

Para su estudio, esta Carta se puede dividir en:

-La introducción, la que leemos hoy.

-Siete partes, que iremos desglosando a medida que progresemos en la Lectura.

-Y una conclusión (16, 1-24)

 

En la Lectura de hoy, se introducen siete conceptos:

i)      -El de remitente: Dos, Pablo y Σωσθένης Sostenes

ii)     -El de ἀπόστολος [apostolos] “apóstol”, “enviado”.

iii)   -El de ἐκκλησίᾳ [eklesia] “Iglesia”, no que hubiera una edificación o una jerarquía instituida; lo que hay es una comunidad.

iv)   -Los destinatarios: El de ἁγίοις [hagios] “santos”, no quería decir dotados de especial virtud, sino que con esta palabra se designa a todos los que han optado por ser miembros de esa “Comunidad”, son los que invocan el santo Nombre de Dios.

v)    -el mensaje de χάρις ὑμῖν καὶ εἰρήνη [charis umin kai eirene] “Gracia y Paz” que proviene de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo.

vi)   -El regalo que se las ha otorgado: ἐν παντὶ λόγῳ καὶ πάσῃ γνώσει [en panti logo kai pase gnosei] “en toda Palabra y en toda Ciencia”.

vii)  -El de “Parusía”: τῇ ἡμέρᾳ τοῦ Κυρίου [te hemera tou Kyrion] “el Día de nuestro Señor”, “el advenimiento glorioso de Jesucristo al final de los tiempos para juzgar a la humanidad y consumar el reino de Dios”.


Aquí podemos apreciar que, hundiendo sus raíces en la tradición judía, y valido de vocablos griegos, se empieza a desarrollar un lenguaje técnico, con la destinación especial de, permitir con él, hablar de las cosas de Dios y comunicárselas a la Comunidad Eclesial.

 

Sal 145(144), 2-3. 4-5. 6-7

Este es un salmo de la Alianza. ¿Cuál es su propuesta? Que todo hombre alabe al Señor. ¿Hay motivo para alabarlo? Que es un Rey Justo y Poderoso; y ahí va lo raro, no solo es justo y poderoso, sino que también es compasivo y misericordioso. Cuando lo que registra la historia es todo lo contrario: El Rey que es poderoso es un déspota despiadado. Parecería que poderío y justicia son características inconsistentes, no pueden ir juntas. Pero en el caso de Dios, su Reinado aúna esas características aparentemente incongruentes: ¡El Señor es grande y muy digno de alabanza! Su grandeza excede a nuestro entendimiento.

 

El salmo total tiene 21 versículos. La perícopa que se proclama hoy solo recurre a seis de ellos. Es un salmo que los judíos incluyen siempre en sus oraciones matutinas, ellos lo llaman אשרי [Ashrei], “bienaventurados”, “dichoso”. Es un salmo alefático, también llamados “acróstico”, cuyos versos inician en orden sucesivo con las letras del alfabeto hebreo, porque se quiere loar la Alianza en forma total.


Hay una transmisión de este saber: de modo tal que el pueblo elegido va transmitiendo de padres a hijos y de hijos a nietos -en una sucesión que no tiene fin- la ponderación de la enorme bondad de Dios.

 

El salmista se identifica como un miembro de la cadena ininterrumpida que traza la historia de la Grandeza de Dios y conserva su tradición: Y se propone una meta para su vida: “Bendeciré tu nombre por siempre, Señor”.

 

La tarea consiste en conservar indemne la Memoria de un Dios que es de ilimitada bondad y que resplandece por su Justicia paradigmática.  Expresa la confianza total en la bondad y el sustento de Dios para toda la creación.

 

Mt 24, 42-51

De nuevo, la espera activa

Aquí empalma el Evangelio con la Primera Lectura, en cuanto se toca el tema de la Parusía: Dice Jesús, que uno tiene que estar γρηγορεῖτε [gregoreite] “en vela” o sea “alerta”, “vigilante”, como se dice ahora 24 x 7, porque esta Segunda Venida, no tiene fecha en nuestros calendarios humanos. ¡Llegará, cuando menos se la espere!


Miren lo que pasa normalmente, por ejemplo, con los estudiantes, así sean universitarios, se les encarga una “tarea”, y por lo regular, se va postergando su desarrollo, de manera tal que, casi siempre terminamos cumpliéndola a última hora, o -todavía más grave- incumpliéndola. Podríamos llamarla “la manía postergatoria”. Y si Él llega, y estamos desapercibidos ¿qué será de nosotros?

 

Que no seamos como ese amo de casa que, maneja los sofismas, y ve en la pared un boquete propicio para los ladrones y resuelva inmediatamente… que lo arreglará, por ahí … el año entrante ¿qué afán hay?, porque mientras, es muy improbable que algo pase, … y le parece que el boquete ha estado ahí por años, y ¡nunca ha pasado nada! Entonces, “nunca va a pasar nada, tendría uno que ser muy de malas”. Esa es una falacia lógica.

 

O, aquel otro empleado, que ha sido muy especialmente contratado para pagar salarios, y bonificaciones y entregar los “paquetes alimentarios” a los subalternos, pero él dice, no creo que ahora a finales de agosto, o en septiembre tengan hambre, o cuentas por pagar, en octubre menos, y noviembre es un mes muy tranquilo, casi no se gasta nada; decide -por su sola cuenta- que va a adelantar un programa de ahorro -obligatorio- y dejará pagos para diciembre, o tal vez para más adelante, quizá para el año entrante; y él le ve dos ventajas: a) cuando reciban paga los empleados tendrán una buena suma una sobre otra, y b) se evitará llevar tantas planillas contables, porque se puede resumir todo por cuatrimestres… o más. Y ¿dónde queda el espíritu de la letra cuando Dios, ya en el Génesis, mandó: “Si alguien toma en prenda el manto de su prójimo, deberá devolvérselo al caer la noche. Ese manto es lo único que tiene para abrigarse; no tiene otra cosa ...”  (Cfr. Gn 22, 26s) ¡Sabed que el salario es lo único que tiene el pobre para allegar su sustento! ¡Pagádselo a tiempo!


Viene aquí, en esta perícopa, una bienaventuranza, en Mt 24, 46, para el criado fiel y prudente, (es un ritornelo sobre el tema de la fidelidad hacia Dios), es decir la práctica de la sensatez -que en el buen sentido significa aplicar el sentido común- no hay que hacer un curso de lógica avanzada, por pura intuición podemos suponer que la dicha la tendremos si el Día de la παρουσίᾳ [parusía] cuando el Señor Vuelva, estamos cumpliendo a cabalidad el encargo, nos entregará las “Llaves del Reino”, nos constituirá עַל הַבַּיִת [al habayit] “Mayordomos de la Casa Real” del Rey de reyes y Señor de señores.

martes, 25 de agosto de 2026

Miércoles de la Vigésima Primera Semana del Tiempo Ordinario

2Tes 3, 6-10. 16-18

El “vino nuevo” del Evangelio, predicado por Pablo es el servicio hasta la entrega total de la vida. Pero en Tesalónica no se pensaba de esa manera. Las élites no admitían que tuvieran que ensuciarse las manos haciendo lo que era propio de los esclavos y los pobres.

José Bortolini

Resulta muy interesante y muy edificante, la perspectiva con la cual se encara aquí, el ejemplo que estamos llamados a dar. Hay que tener en cuenta el contexto en esta carta, el fenómeno que enmarca toda la situación es una comunidad que -ante la cercanía de la llegada de la Parusía- deciden detener la existencia, y en vista de la inmediatez del fin, dejar de trabajar, cesar todo esfuerzo, disponerse para el viaje postrero, de alguna manera, podríamos decir que, “pusieron el punto final” antes de terminar el escrito. La vida se puso en latencia y pretendían, desde ya, acomodarse en sus nidos criogénicos.

 

Pablo de Tarso les escribió y les empacó en su Epístola un pellizco para que reaccionaran. No bastaba decirles, “miren, la Parusía no tiene fecha especificada desde ya; hay que saber esperarla, sabemos que Jesús se mostrará Glorioso, pero, eso puede tardarse, y quizás se tarde más de lo pensado, más de lo imaginable. Así, que sigamos adelante con la vida”. Este enunciado parece muy razonable, muy claro, muy lógico, pero el apóstol de los gentiles intuyó que no era suficiente.

 

Él ataca la infección con otro antibiótico, lo aplica por vía oral para que llegue directo al estómago. Acudió a una necesidad primaría, una de las básicas, y les formuló -no una cucharada- sino un plato completo: “Si alguno no quiere trabajar, que no coma”.

 

Hay que notar que el autor de la carta (San Pablo, quizás), formula, junto con un ayuno forzado, una droga más severa: la excomunión: «Les mandamos que se aparten de todo hermano que lleve una vida desordenada y no conforme con la tradición que recibió de nosotros». El verso 15 -que no está incluido en la perícopa que se proclama hoy- contiene una advertencia fundamental que modera la actitud que marginaba a los flojos-recostados, dice la carta, con todas las letras: “Sin embargo, no lo consideren como enemigo, sino corríjanlo como hermano”

 

Respecto de las personas que -pretextando la pronta llegada del fin- se negaban a seguir las enseñanzas oficiales, las que ellos les habían señalado, incluyendo el ejemplo paulino de no recargarse en nadie, sino ganar su sustento con esforzado empeño: “No vivimos entre ustedes sin trabajar, no comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y con fatiga, día y noche trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de ustedes”.

 

Uno cree que esto no ocurre, y, sin embargo, somos así. Hemos conocido directamente personas que -ante las predicas de alguna “secta” que anunciaba “el fin del mundo”-, los que les prestaron oídos, dejaron de trabajar y se dieron a la tarea de comerse las gallinas que criaban sus vecinos; más grave aún, en vez de prepararse, para ese supuesto fin, con una vida virtuosa, optaron por vivir como verdaderos degenerados. ¡Una verdadera ola de demencia!


Bien, continuemos, vayamos a los versos 16-18, que contiene la fórmula de despedida, en la que la Paz es el deseo que se pide, “la paz que viene del Señor, y la gracia de Cristo los acompañe”.

 

Parece ser que al final, aparece la “firma de Pablo” de su puño y letra, para que su autenticidad no fuera puesta en duda. Y la enmarca, destacando que es la señal autógrafa de siempre, la que lo ha caracterizado, y enfatiza: “esta es mi letra” (2Tes 3, 17f).

 

Así llegamos al final del ofrecido curso sobre la 2Tes en tres lecciones: esta fue la tercera.  

 

Sal 128(127), 1bc-2. 4-5

אַ֭שְׁרֵי כָּל־יְרֵ֣א יְהוָ֑ה

Bienaventurado todo el que teme al Señor

El salmo de hoy es un salmo gradual, en una procesión que sube al templo, como por gradas, se van sucediendo, estos salmos que hablan del gozo de acercarse al templo, y que en su conjunto constituyen una “liturgia”, quince salmos sucesivos 120-134. Los cuatro salmos 126-129 hablan de las colectas recogidas, de bienaventuranzas y de imprecaciones. En particular la perícopa de hoy habla de dos bendiciones.

 

Esta tonalidad bendicional es la misma de Jesús que pronunció “bienaventuranzas” en distintos momentos de su vida.


Bienaventurado el que se consagra a seguir los caminos que el Señor le señala, la consecuencia será, su trabajo le dará el fruto necesario para nutrirse, vivirá el sabor de la dicha, y será afortunado, con la fortuna socorrida por Dios.

 

Se exhibe y se enseña cómo es la bendición que nos regala Dios: Es una bendición que brota del Templo donde Dios ha puesto su morada, y -lo más preciado para un judío- sus ojos contemplaran la “prosperidad de Jerusalén”, la ciudad de la Paz.

 

En el verso antifonal decimos que quien acata la Voluntad de Dios será regalado con la dicha que sale de Su Manos.

 

Mt 23, 27-32

¿No son estos los que acaban por matar a los verdaderos profetas y justos que abogan por la causa del pueblo? Las serpientes venenosas son bonitas ¡pero son venenosas! ¡Cuidado con ellas!

Ivo Storniolo

 

Trabajaremos hoy la 6a y la 7a de las imprecaciones que Jesús pronuncia contra los “teólogos” y los “piadosos” de su época, que retratan a sus homólogos de hoy día. Se trata de los maestros de la ley y los fariseos, a quienes tacha por hipócritas y los compara con los sepulcros, que se solían pintar de blanco, dándoles una capa de cal, para que se notaran: ¡había que evitar pisarlos, puesto que poner el pie encima dejaba impura a la persona!


Este “ay” está directamente relacionado con el 5, se refiere a la interioridad/exterioridad. Nuevamente se pone la atención sobre la dialéctica adentro/afuera. Lo que se quiere contraponer es el contraste entre la apariencia y lo que hay por dentro y por detrás. Por fuera, la aparente hermosura, por dentro huesos de muerte y podredumbre. Los seres humanos que son “maestros de la ley y fariseos” son otro tanto, por fuera se presentan como justos a los ojos de los hombres, más si se les va a ver por dentro están “llenos de hipocresía y de iniquidad”.

 

El “Ay” número siete, mantiene un punto de contacto con el seis. Seguirá refiriéndose a los sepulcros, pero ahora va a hablar de los sepulcros ornados que daban a los profetas por sepultura; los asesinaban y luego, suavizaban su delito, dándoles tumbas adornadas. En sus propagandas proclamaban que ellos -a diferencia de sus antepasados- no tenían culpa alguna en el derramamiento de la sangre de los profetas. Al propalar este tipo de propaganda, inconscientemente declaraban que eran “hijos de los asesinos”, en vez de hablar bien de ellos, en esas “propagandas” se desvelaba que -como solemos decir- “de tal palo tal astilla”; o también, “hijo de tigre, sale pintado”.

 

Como no se puede esperar de ellos otra cosa, Jesús los anima a no demorar -bajo hipócrita máscara- difiriendo que, en breve término, van a cumplimentar su ralea, y serán ellos mismos los promotores de Su Muerte. ¡Irán ahora sobre Él mismo! Harán de Él su Víctima. Atención: Su disfraz favorito es el de grandes benefactores, mientras disimuladamente aprovecha para preparar sus máquinas de muerte.

 

Papa Francisco nos prevenía: “En este grupo están los cristianos que no dan testimonio. Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús”.

 

Todo esto podemos hilvanarlo con una advertencia que nos hacía Carl Jung: «El hombre, en general, es menos bueno de lo que se imagina o quiere ser. Todo el mundo carga con una sombra, y mientras menos se encarna en la vida consciente del individuo, más negra y densa es». Empero, contra esa sombra no estamos totalmente inermes, el psicólogo y psiquiatra suizo nos señala que: «El conocimiento de tu propia oscuridad es el mejor método para hacer frente a las tinieblas de otras personas.»

 

Es por esto que, un poco más adelante (v. 36) Jesús, en este Evangelio mateano, les dirá que caerá sobre ellos toda la sangre derramada en el mundo. ¡Cómo nos cuesta vernos tal cual somos! Es lo más espeluznante que tiene nuestro corazón, detrás de tanta piedad.


Sólo Tú, Señor, ¡puedes salvarnos!  ¡Líbranos Señor de cohonestar con la cultura de la muerte! 

lunes, 24 de agosto de 2026

Martes de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


2Tes 2,1-3a. 14-17  

Un llamado a permanecer firmes en la Espera

No es el momento para ponerse a especular sobre el fin de los tiempos. Lo importante es mirar críticamente la realidad que nos rodea, arremangarse y traducir, en hechos concretos la esperanza que anima la marcha.

José Bortolini

Las palabras nos condicionan, los lingüistas suelen decir que las fronteras de nuestro mundo son las fronteras de nuestras palabras. ¡Es la pura verdad! Si una palabra recorta la realidad más acá de los límites de su alcance, el mundo se nos empequeñece, y si la corta más allá, el mundo se nos exagera. Por eso debemos aplicar un esfuerzo consciente para hacer la palabra más exacta y no caer en el territorio del descuido, donde poco nos vale si decimos lo que es, o nos engañamos. Por ejemplo, hablamos de “venida” refiriéndonos a la Parusía, como si Jesucristo con su Ascensión a los Cielos se hubiera ausentado, claro, si “subió” a los cielos, se ha ido, y entonces hablamos de su venida, precisando que se trata de una especie de “regreso”, de su Segunda Venida.

 

Esto es más o menos preciso, sin embargo, ¡no del todo! Porque Jesús no está ausente, pese a que se halla imperceptible a nuestra sensorialidad, en realidad, está más Presente que antes, con su Presencia Sacramental. Algunos teólogos para acercarse lo más posible a la comprensión hablan de “Presencia fuerte” o “Presencia manifiesta” y otra Presencia que podríamos llamar “Presencia velada”, o “Presencia débil”, de otra forma, “Presencia Indirecta”. Esta Presencia Sacramental es no sólo la Presencia Eucarística sino, en general, Su Presencia Eclesial.

 

San Pablo no habla aquí de Segunda Venida, habla del “Día del Señor”, eso nos gusta, porque eso insinúa mejor que la Parusía no es una ausencia que se suple con una nueva Presencia, sino una Presencia Glorificada y Gloriosa. La Presencia que tenemos por ahora es una presencia kenotica, que renuncia a su resplandor, que nos cegaría. La que tendremos entonces será una Presencia que afectará nuestros sentidos y entrará en el marco de nuestra débil percepción. (Entonces no desviaremos la atención a la pregunta de qué lavandero pudo dejar Su Vestidura de ten esplendoroso blanco, y nos haremos cargo que llega con todo su Poder). (Tampoco imaginemos que vendrá con presunción de Emperador, aun cuando es más que eso, ¡es el Dueño y Señor!)

 

Pablo nos alerta para que en esta cuestión no perdamos la cabeza. Señala que muchos quieren aprovecharse y manipulan las verdades del Evangelio. Efectivamente, podemos contar con la disponibilidad de Jesús que quiere participarnos de la Gloria que Su Padre le ha otorgado. Y esa Voluntad es la de hacernos coherederos.

 

Mientras, en este, que nos parece un entretanto muy prolongado, su Presencia nos sostiene, dándonos dos elementos de soporte y afianzamiento:

1)    Παράκλησιν αἰωνίαν [Paraclesin aionán] “reconfortamiento salido de las manos de Dios, que ¡nos hace bien!”, “Consuelo eterno”.

2)    ἐλπίδα ἀγαθὴν ἐν χάριτι [Elpida agapen en chariti] “esperanza dichosa y verdadera”.

 

Mientras, en el entretanto, el Patas hace de las suyas (hace su Pataleta), y nos desconcierta con sus reflectores y su barullo que hace resonar por medio de parlantes, no se dejen obnubilar por su presunta espectacularidad. La Gloria no es estruendosa, no es entorpecedora con todo su fragor; la ¡Gloria es Gloriosa!,



la Presencia Real es espiritualidad maximizada, con manifestación corpórea, física.

 

Sal 95(94), 10. 11-12a. 12b-13

Notemos que lo que dice San Pablo es -a su manera- una reafirmación de la Alianza. Este de hoy, es un salmo de la Alianza. El Salmo mismo es todo un anuncio de la Presencia venidera y manifiesta del Señor, de su Presencia Fuerte, que llegará Gloriosa a regir la Tierra. Eso es lo que ratificamos, insistentes, por cuatro veces, como si lo gritáramos hacia los extremos de la Rosa de los Vientos, es un cantico nuevo, cuya novedad- como decíamos ayer- estriba en la manera de presentarlo para que sea más claro en su Verdad; y dirigido a los cuatro puntos cardinales. ¡Gritemos una estrofa hacia cada uno de ellos! Su insistencia nos invita a Glorificar el Santo Nombre del Señor.

 

Como en el Padre Nuestro, el eje y el énfasis está en suplicar por la “venida del Reino”: ¡Venga a nosotros tu Reino!

 

Jesús nos encargó la tarea de anunciarlo, de proclamar la Venida de su Reino, en Gloria. Y su Envío fue con ecumenismo, con catolicidad: Id y haced discípulos en todas las naciones de la tierra.

 

En la primera estrofa hay tres principios fundamentales

1)    el Señor es Rey

2)    Él afianzó el Orbe y no se moverá

3)    Regirá a todos los pueblos con rectitud.

 

Como es para todos, sin exclusión, Él mismo nos señala las fronteras Sin-fronteras de este salir a repartir Invitaciones:

1)    Alégrese el Cielo

2)    Goce la tierra

3)    Retumbe el mar y cuanto la llena

4)    Vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.

5)    Y hasta los propios árboles en los bosques -que también ellos están delante de Dios.

 

Leamos que dice la invitación: “El Señor ya llega, llega a regir la tierra” y nos explica cómo será este gobierno, sus rasgos característicos:

A)   Regirá al orbe con Justicia

B)   A los pueblos los gobernará con Fidelidad porque Él es el Eternamente Fiel.

 

Mt 23, 23-26

La autenticidad no se desvela por la fachada

Hoy vamos a vérnoslas con los “ayes” 4 y 5:

1)    Ay de vosotros que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino.

2)    Ay de ustedes escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato.

 

¿Qué es un “ay”? Un “ay” es el antónimo de una bienaventuranza, mientras esta anuncia dichas, aquel presagia aflicciones. Por eso algunos lo traducen como “maldiciones”. Nosotros diríamos “Tristes presagios”, “Vean los males que se atraerán”.

 

Hay gente que para hacer su declaración de impuestos revisan y toman en cuenta hasta las facturas más mínimas, donde hubo gastos o salidas hasta por 5 centavos. En cambio, procuran a toda costa, ignorar los ingresos billonarios que tuvieron. Nos recuerda en seguida aquello de la paja y la viga en el ojo ajeno y en el propio, respectivamente. Pero también nos trae a colación, cuando se leen las páginas de la historia universal y se examinan los impuestos, que cobraban los imperios, donde se enumeran impuestos cobrados hasta por el más leve aprovechamiento de un recurso, por pescar en una quebrada, por caminar por las calles enlozadas, por atravesar cierto potrero, por usar sandalias u otro tipo de calzado. Mencionamos esas que nos llegan a la memoria, conscientes que la lista se prolongaría por muchísimas páginas, sí hiciéramos el más leve intento de ser exhaustivos.

 

Lo malo para Jesús no está en el atento cuidado, sino en el doblez, según se juzgue para otros, o la suavidad, cuando se mira para aplicárselo a sí mismos: lo estricto para los demás, lo ancho para ellos mismos. Ellos se auto-juzgan con reglas laxas, para los otros descargan todo el rigor y extreman aún más la fuerza exprimidora de alguna regulación.

 

En el otro punto, en el relativo al plato y la copa, la cuestión estriba en el cuidado que se da a lo externo y -nuevamente- a lo laxo que se es con lo interior. Se atiende a lo aparente y se pulen y brillan los aspectos visibles, mientras se descuida la verdadera y sincera rectitud de la vida.

 

Y, aquí hay un punto de convergencia, porque llegamos a juzgar a otros cuya consciencia desconocemos, por pura pauta de suposiciones (“juzga mal y me dirás quién eres”, aun cuando ellos se refugian en otro dicho que respalda la maledicencia: “piensa mal, y acertarás”), y descuidamos eso que sabemos tan bien, que el Señor nos previno de juzgar al otro, porque nadie -solo Dios- conoce la verdadera pulcritud del hilo con el que se teje. Ahí se nos olvidan todas las experiencias en que Jesús nos mostró la ilimitada Misericordia de Dios y nos arrogamos la Autoridad Divina para condenar a los demás.

Como huelga en lógica, que cada cual se haga cargo de sus ollas y su loza y las mantenga tan brillantes -y no sólo por fuera- que cuando alguien las necesite, no las encuentre repletas de moscas. Jesús concluye, perentorio, que debemos limpiar nuestro corazón, y entonces el brillo será visible a Sus Ojos, aun cuando no al público. Nuestros juicios a los demás, recaerán como culpas sólo sobre nuestras propias espaldas, porque Dios juzga a cada uno y no por las quejas trasmitidas de algún corre-ve-y-dile calumniador, ni mucho menos, tomando como base, los prejuicios del vecino.

domingo, 23 de agosto de 2026

San Bartolomé


Ap 21, 9b-14

El Apocalipsis es un Libro Bíblico tan importante, que no en balde está puesto como remate de esta Sagrada Biblioteca. En él, se explicitan tantos y tantos puntos de la escatología. Aun cuando hay quienes desdeñan la escatología diciendo que en realidad sobre eso nada se puede decir, porque no tenemos “instrumentos de navegación” que nos guíen tan lejos. Y, sin embargo, Dios nos da estos elementos, nos Revela lo que -es cierto- de otro modo no podríamos ni conjeturar. A los enamorados de las visiones mistéricas les encanta recalcar los puntos ciegos; no obstante, lo que nombre la palabra “teológica” misterium, no se remite a lo que nos está vetado, sino a aquello que sólo con la Asistencia Divina alcanzamos: El Libro empieza con las siguientes Palabras: Ἀποκάλυψις [apocalipsis] “Revelación” que Dios confió a Jesucristo para que mostrase a sus siervos lo que va a suceder pronto. Él envió a su Ángel para trasmitírselo a su siervo Juan, quien atestigua que cuanto vio es Palabra de Dios y Testimonio de Jesucristo”. (Ap 1, 1s). En otras palabras, la Misión que entregó el Padre a Jesucristo fue la de descorrer el Velo. ¿Cómo vamos a reaccionar nosotros? ¿Espichando los ojos para no ver?

 

Aún hay que considerar otro aspecto de este “Revelación”. Pasa de las Manos del Padre a las Manos del Hijo, es -por así decirlo, el Único autorizado a descorrer el Velo- sin embargo, nosotros los destinatarios de la Revelación tenemos que “dignificarnos” para acceder. Es toda la riqueza del pasado -de la Historia de la Salvación-, nuestro presente vivido en fidelidad, y una actitud de apertura y disponibilidad lo que nos franquea la “Visión”, para poder trasponer el velo y “Ver”; tenemos que poseer la otra mitad del símbolo, que nos complete su intelección. Hipótesis: “Tenemos que hacernos como niños”. Por eso, podemos decir que la Revelación es simbólica.

 

Daremos un ejemplo de lo que significa nuestra hipótesis: “… me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la Gloria de Dios”. (Ap 21, 10b). Habrá quienes se imaginen que es una Nave-Ciudadela interplanetaria, tipo película de extraterrestres.

 

Para decodificar de manera adecuada este símbolo, necesitamos la otra mitad del símbolo, que debe casar perfectamente. Este Ciudad que baja del Cielo -aquí en el último Libro- es la contra parte de otra, al principio de la Biblia; en el Primer Libro, Génesis 11, 1-9 la Ciudad de Babel, esta ciudad no baja, sino que pretende subir, sube con altanería, en procura de “fama”, y con ella quieren lograr Unidad; por el contrario, logran dispersión, dispersión en lo que más habría podido unirlos, en la lengua. La unidad de la lengua es una herramienta fundamental para alcanzar la ¡Comunión!

 

Hay una imagen esencial que habla de comunicación plena y perfecta en le Nueva Ciudad: El “Jaspe” pero, ojo muy atento, este jaspe es rarísimo, el jaspe se caracteriza por ser opaco; en cambio el ἰάσπιδι [iaspidi] “Jaspe” de la ciudad de Jerusalén-celestial es κρυσταλλίζοντι [kristalizonti] “transparente” como el cristal (sic). Los estudiosos argumentan que bajo la palabra Jaspe en griego se adjuntaban otras piedras preciosas, {además tómese en cuenta que no se refiere a ella como “piedra preciosa”, sino preciosísima; aún hay más, no dice que sea “jaspe”, dice que es “como” Jaspe}.


¿Quiénes forman esta Nueva Jerusalén? Todos los habitantes del Cielo, la Iglesia Triunfante”, más los que se hallan ya eyectados del purgatorio hacia la zona del perfeccionamiento cabal. De todas las naciones y de todos los pueblos, de toda tribu y de los cuatro puntos cardinales. Esta Jerusalén no es una ciudad de casas y edificios, es una ciudad de Vivientes, de Salvados, una Ciudad Santa.

 

Sal 145(144), 10-11. 12-13ab. 17-18.

Salmo de la Alianza. Este salmo también es alefático, son 22 versos, uno por cada letra del alefato. Va anotando los atributos que Dios pone en juego para realizar su Alianza. Mostrando así la plenitud de su cumplimiento. Por eso es alefático, para mostrar que en todo ha cumplido, sin exceptuar ni un solo detalle. Mírelo por dónde lo mira, el Señor es Fiel a su Palabra.

 

Ante todo, ninguna criatura se ha quedado excluida, tampoco ninguno de sus fieles Dios obra con Milagros y con Hazañas.

 

El Reinado de nuestro Dios se ejecuta con la Alianza, la Alianza transparente -como un Jaspe cristalino, transluce Gloria y Majestad.

 

Dios ha pasado de la Eternidad a la historia para Permanecer en el Tiempo, todo el Tiempo, acompañándonos con su Santísima-y-Bendita Presencia. La Presencia Divina se manifiesta como Justicia y bondad.


¿Cuál habría de ser la resonancia de tanta Excelsitud para con nosotros? Que nosotros correspondamos a Su Amor con nuestra proclamación, honrando que Él es el Rey de la Gloria. Él transforma toda esa Gloria en Amor y su Amor resplandece con su Brillo Diamantino y Jaspeado. Este salmo es una escuela para verdadero orante; si la Gloria se traduce en Amor resplandeciente, nuestra oración habrá de transmutarse en un esplendor rutilante, en una luminiscencia romántica.

 

Jn 1, 45-51

Bartolomé, del arameo Bar-Talmai, que significa "hijo de Talmai", “hijo del labrador”, el discípulo que conocemos como Natanael, a quien Jesús ya había visto, antes de que Felipe viniera a presentárselo. Lo había vista, precisamente debajo de una “higuera”. La higuera, en el lenguaje figurativo bíblico representa el pueblo de Israel, lo que hace de Bartolomé un miembro representativo de alguna de las Doce Tribus y por eso de todas.


Felipe le dice a Natanael, a quien le quiere presentar: lo conduce y lo lleva ante Él, para que conozca a Aquel de quien ya habían hablado tanto Moisés, como los profetas. Pero, -así es nuestra lógica, como le dice que es un Nazareno -hijo de José, el Nazareno- inmediatamente reacciona diciendo que entonces no debe ser “mayor cosa”, porque si es de esa región, ¡nada especial se puede esperar de esos “campesinos vaciados”.

 

Hay algo supremamente especial en este tal Natanael: Jesús -en el verso 47 dice dos cosas excepcionales acerca de él:

a)    Es un verdadero Israelita, o sea que hay mínimo dos clases de Israelitas: los de verdad-verdad, y los de mentiras.

b)    En quien no hay doblez, es decir estamos ante un judío de talla plena, enteramente sincero, sin tapujos, sin engaños: o sea que, puede haber falsos israelitas, los que son portadores de patraña; esos no son Israelitas, no cumplen la que señala aquí Jesús como condición esencial del Israelita: a saber, ¡el que anda en la verdad!

 

La higuera era como el símbolo de la Biblioteca de la Ley, bajo sus ramas se hacían los estudiosos de la Torá para empaparse del conocimiento de la Ley: analógicamente hablando diríamos que la higuera simbolizaba la Universidad Teológica. Los higos serían los frutos dulces del sincero seguidor de la Torá, del verdadero estudioso, que había acampado bajo la higuera para estudiar y buscar en la Ley, la Voluntad del Señor de los Cielos y de la tierra.

 

Cuando Jesús habla de haberlo visto bajo la higuera, no tendría mayores repercusiones, pero si damos esta hermenéutica de la higuera, que la convierte en el logotipo de la Biblioteca dónde se estudia la Justicia Divina, entonces entendemos por qué dice Jesús que en Natanael, no hay doblez. A partir de ahí, Natanael hace su profesión de fe: lo identifica como Mesías, le subraya las dos aristas distintivas del Mesías: Hijo de Dios y Rey de Israel. Ahí está con prístina nitidez qué significa un Israelita sin doblez: un estudioso de la Torah que la abre con sincero corazón y permite que le nutra su existencia.

 

Hagamos notar que, si no se sabe el significado de ese árbol en aquella cultura, no se entiende nada. Todo queda como oscuro, nada se relaciona con nada, y el diálogo entre Jesús y Natanael suena casi absurdo. Se lee la perícopa entera y no nos dice nada, le queda a uno flotando la pregunta ¿qué quiere decir aquello de “Antes de que Felipe te llamara cuando estabas bajo la higuera te vi”. Esa declaración no implica nada y uno se queda sin saber por qué Natanael replica con su Confesión de fe.

 

En cambio, ahora sabemos que Natanael sabía que Jesús le había leído el fondo del alma y había descubierto en él un verdadero y muy sincero buscador de Dios, y, como honesto buscador, lo buscaba allí donde los Rabinos de la época mandaban buscarlo. Y sabe que Jesús ha descubierto en él, la esencia del verdadero “discípulo”, del Israelita a carta cabal.


Cierra la perícopa la alusión a la Escala de Jacob, señalando aquella experiencia como una de las mayores que se pueden dar al verdadero “buscador de Dios”, a quien lucha -en la oscuridad de la noche- sin darse por vencido, y sin soltarlo hasta tanto le hubiera revelado su Nombre. Ya en otra parte dijimos que, conocer el Nombre en aquella cultura, suponía un poder de invocación para llamarlo siempre que fuera necesario; para -de alguna manera- “controlarlo” y “obligarlo” a darle su Auxilio. Entendiendo que, este “forzar a Dios” es metafórico pues, nadie puede obligar a Dios, ni existe un juzgado para llevarlo a comparecer y acusarlo de “incumplimiento del contrato”). ¿Quiénes verán el Cielo abierto? Los honestos y perseverantes buscadores de Dios. Con ellos el Señor usará su Misericordia.