lunes, 28 de septiembre de 2026

SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL


Dan 7, 9-10. 13-14

Y la Palabra se hizo carne y puso su carpa con nosotros. Y hemos visto su Gloria, la Gloria que recibió del Padre por ser Su Hijo Único, abundante en Amor y en Verdad.

Jn 1, 14

Un ángel no es más que un Mensajero, eso es lo que significa la palabra. Tengamos cuidado de no frenarnos ahí en la imagen pintoresca, sino dar el gran salto, Dios se comunica, ante su inexplicable comunicación tenemos la “parábola” del ángel, el “intermediario” entre el Mensaje de Dios y nuestro nivel de consciencia.

 

Jesús es “Puente”, es “La Escalera”, Él restableció la “comunicación” con lo Trascendente. Pero, las consecuencias de tal restablecimiento no podrán darse a plenitud hasta que sobrevenga la Victoria Final, serán “dones” que degustaremos en el “momento” escatológico, y se preguntarán ¿cómo lo sabemos? Bien sencillo, el Señor nos lo ha entregado en sus comunicados Apocalípticos.

 

Siempre conviene mirar a Daniel (nombre que significa “Dios juzga”), con algunas acotaciones al margen, empezando porque lo tenemos entre los “profetas mayores”, pese a que su Libro está mejor visto desde la óptica del género Apocalíptico. Daniel, hasta donde sabemos, vivió en la Babilonia palaciega, bajo cuatro dinastías: Nabucodonosor, Ciro, Darío, y Antíoco IV Epífanes. En tercer lugar, tenemos la hipótesis -bastante bien sustentada- de que este Libro se escribió en hebreo, arameo y griego durante el alzamiento de los Macabeos, para consolarnos, animarnos y esperanzarnos en la lucha.

 

Al hablar del género apocalíptico, se debe anotar que para algunos está emparentado con el género profético y para otros, se relaciona con los escritos sapienciales, con muy abierta intención didáctica. Adviértase que en los escritos apocalípticos se da especial realce y sirven de pivotes, las visiones, llenas de simbolismos, no siempre claros, sino -por demás- misteriosos. Parece ser que este rasgo mistérico apunta en el sentido de no poder hablar con toda claridad -en el marco de las persecuciones- aun cuando las simbologías eran -muy probablemente diáfanas- para los lectores de la época.

 

Nosotros, con relativa sencillez, penetramos la simbología de la perícopa de hoy: Pensamos que el Anciano, de nívea vestidura (blancura tan intensa como la Luz y el Fuego)- es el Padre Celestial-. Luego, viene la Presencia de “Uno como Hijo de Hombre”, feliz expresión que nos ha legado Daniel, para referirse a la Segunda Persona de la Trinidad, el Dios-Humanado, que viene y se aproxima al Padre.

 

Uno como Hijo de Hombre, porque no hay sino Uno, y que parece que hubiera sido engendrado por un humano, pero no lo es, puesto que fue Engendrado por el Espíritu Santo (nosotros ahora lo entendemos bien), recibe todo Honor, Toda Gloria, Todo Poder-Real y Gobierno sobre todos los pueblos, naciones y lenguas; no es de ninguna manera Divinidad Nacional, sino Dios-de-Todo-lo-Creado. No se trata de un Gobierno provisional, como todos los otros gobiernos, sino de un Reinado “Eterno, que no pasa, que no tendrá fin”. ¿Cómo es que lo entendemos tan claramente? Pues porque Dios nos lo ha revelado, por eso es apocalíptico, porque apocalipsis significa eso: Revelación.

 

Debemos anotar que las visiones eran eventos sorpresivos e impredecibles; algo que pasaba de repente sin pre-aviso. La persona quedaba maltratada, débil, como si le hubieran dado una golpiza, o como cogida de un guayabo cuaternario. La perícopa, no bien, acaba de empezar y hace mención de un “anciano de días”; en lenguaje hebreo este es un eufemismo para decir que se trata de una persona muy mayor, en cuanto a edad, decirle a Dios, así, Anciano a secas, suena en lengua hebrea como un “atrevimiento”, puede que al anciano se le tome como muy sabio, pero suena a persona que ha perdido el vigor, el explicativo “de días”, lo empareja en paralelismo con “bebe de días”. Bien entrada en Años, si Dios-Padre es el Primero en existir, quiere decir que es mayor en edad a cualquiera otro, y por eso lo llama con esta hipérbole: “Anciano de días”: Se podría interpretar como “El más viejo que existe”.

 

En el verso 13, nos encontramos la expresión tan querida por Jesús: “alguien parecido a un Hijo de hombre”; le agrada tanto que Él la adoptó para sí. Hijo de hombre es simplemente “un ser humano”, pero tenemos el apósito “parecido a un”, o sea que parece un “ser humano”, pero no lo es. En verdad, tiene todos los atributos de la persona humana que Él ha asumido por pura solidaridad, pero su esencia es Divina.


Está plenamente explicado lo que Juan en su Evangelio especifica: “En el principio ya existía Λόγος [logos] “la Palabra”; y Aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios”. (Jn 1, 1)

 

Sal 138(137), 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8

Este es un salmo que ilumina la “distancia”. ¿Cuánta es la separación entre el Cielo y la Tierra? Tenemos que pararnos a pensar. Esta distancia no se puede cuantificar en kilómetros, ni en millas, ni en miriámetros, ni siquiera en años luz. Está hablando de otro tipo de “distancia”. No es una magnitud espacial, se trata de la separación entre “dignidades”, digámoslo así, a falta de otra palabra que no se nos ocurre, a veces, por no encontrar en el vocabulario un concepto, decimos “dimensión”, para referirnos de alguna manera a la “separación entre lo “material” y lo “espiritual. Por escases muchas veces hablamos de “distancia”.

 

De todas maneras, sí tenemos una intuición que esto no es un tema de tomar un vehículo y recorrer una “distancia” que se puede recorrer con cohete; como cuentan que el cosmonauta -que visitó el espacio sideral- se quejó, lamentando no haber visto a Dios en el espacio exterior. ¡Ah tontuelo! No sabía que los astrónomos ya habían explorado ese espacio con sus potentes telescopios y nada habían hallado. ¿Se engañaba él en su ingenuidad? O, ¿Pretendía hacer algún aporte publicitario al ateísmo? ¡Pobre, se pasó la vida levantando piedras a ver si debajo de alguna de ellas descubría un tratado de teología que iluminara su necedad!


Por ejemplo, cuando oramos, le hablamos con consciencia de que Él está a nuestro lado, pero en la “dimensión propia de lo espiritual”. Por tanto, permanece ausente a nuestros sentidos “terrenales”, pero no quiere decir que no nos pueda oír, “intuimos” que está, pero de “otra manera”.

 

Cuando el pecado estropeo la “línea de comunicación” reventando el “cable” -atención, es una analogía, no se trata de algún cable “físico”- caímos en una suerte de incomunicación, se hizo imposible para nosotros la percepción del “Interlocutor Divino”, fuimos nosotros los que perdimos la “gracia”, pero Él no nos abandonó.

 

Cuando Dios se humanó en su Hijo -Jesucristo- esa Encarnación restañó el cable averiado. Esto bíblicamente hablando se muestra en la Sagrada Escritura en el episodio de la Escala de Jacob (Gen 28, 11-19), que fue revelado al -nada virtuoso- Jacob, que “soñó” en una conexión, con la Otra Dimensión- y que para su lógica (que de todas maneras era una lógica demasiado avanzada en el marco de una cultura donde no había edificaciones de más de un piso, sino que siempre se habitaba a ras del suelo) se trataba de una סֻלָּם [sul-lāum] “escala”, de doble vía, que hacía posible el ascenso, tanto como el descenso, para seres “espirituales”: eran ángeles, los que subían y bajaban.

 

¿Todo por qué? La Misericordia del Señor es Eterna; hoy por hoy, le seguimos implorando que no abandone la obra de sus Manos. Este salmo es un himno que augura un “momento” en que los reinados de la prepotencia y la ambición desaparecen y todos, sujetos el Reinado Imperecedero, se sujetaran al rey de Reyes.

 

Jn 1, 47-51

Natanael es un nombre que significa “regalo de Dios” (un israelita de verdad en quien no hay engaño). Empecemos por ahí: Cada uno de nosotros tiene que adquirir consciencia de ser “un regalo de Dios para los demás. ¿Cómo era Natanael “regalo de Dios”?


Qué clave tan poderosamente hermenéutica es esta para adentrarnos en esta “perícopa arcangélica”. Si pudiéramos descifrar cómo puede hacerse uno “regalo de Dios para los otros”, nos habríamos nutrido muy bien de esta visita al Evangelio. Otra pregunta: ¿Cuál es la clave que le permitió a Natanael -que venía incrédulo a verse con Jesús, pensando que nadie así, muy importante o especial, podía tener como cuna a Nazaret- pero al oír eso, dio un giro de 180 grados (conversión)?  Es cuando Jesús le dice: “Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera”.

 

Ahora bien, ¿cuál era la importancia y qué representaba que lo hubiera visto bajo la higuera? La higuera para el pueblo de Israel, es simbólica del Reino que traería el Mesías. Un Reino de plenitud, de bienestar, de salud, de abundancia, de realización plena, de concordia y fraternidad. El que se cobijaba debajo de la higuera, estaba clamando por la venida del Reino. Una higuera era la simbología del Reino de Dios en aquella cultura.

 

El Reino es una “Dimensión” de Paz. No requiere soldados, ni jueces, ni tribunales que la implanten y la mantengan. ¿Quién iba a querer romper ese estado de beatitud en el que todos se sumergen en Infinita Alegría y Bienestar? En una realidad donde nadie se adueña, ni se puede adueñar de nada, quien iba a disputar o a pleitear por algo. Ni siquiera en al aspecto teórico, porque allí, en el Reino, ya no hay teorías, ya no hay hipótesis, ya no hay que hacer suposiciones: La Verdad se tiene cara-a-Cara. ¡Palpable! ¡Contundente! Nótese el cambio de significado de estos dos términos en la “dimensión espiritual”, ¡es gigantesco! “palpable” es rotundo para el sentido del tacto, ¿cómo será la tactilidad en el plano espiritual? Y “contundente”, -que tiene que ver con un golpe, que puede causar mucho daño-, que sería como ¡darle de garrotazos a un fantasma!



Jesús sabía de la honesta espera de Natanael por la llegada del Reino, y Natanael, a su vez, comprendió que estaba hablando con el anhelado Mesías y lo identificó plenamente como Hijo de Dios y Rey de Israel. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Lunes de la Vigésima Sexta Semana del Tiempo Ordinario


Job 1, 6-22

Le dijo: “¿Cómo te llamas?” Contestó “Jacob”. Repuso, “ya no te llamaras Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y hombres y has podido”.

Gn 32, 28s

El Libro de Job no es histórico, este personaje es como un laboratorio de pruebas, vemos en el planteamiento de esta noveleta (de autor desconocido), que Job es un “justo” sufriente. Es un esbozo que recoge la progresiva edición de un enfoque plural que se ensambla procurando dar respuesta al tema del sufrimiento. Y, en particular, ante el sufrimiento del inocente.

 

Job -este personaje vive, según nos informa Job 1,1 fuera de Israel, en Us y allí mismo sabemos que “vivía una vida recta y sin tacha y que era un fiel servidor de Dios, cuidadoso de no hacer mal a nadie”-.  El Libro vivió un proceso de escritura que podemos intentar presentar con las siguientes etapas:

a)    El libro consistía, solamente, en el bloque 1,1-2,10; este Libro, como literatura oral ya corría en el 2000 a.C.

b)    Se redactaron y añadieron tres ciclos de “debate”. Capítulos 3 al 26, donde tres amigos de Job procuran convencerlo que, algún pecado debe estar detrás de sus calamidades porque Dios es Justo y si vive tal sufrimiento es que se merece semejante castigo.

c)    Para concluir esta polémica, Dios mismo se manifiesta y les impone silencio con su “ponencia”. 38,1-42,6.

d)    El capítulo 27 y el bloque 29-31 son dos monólogos de Job, adicionados.

e)    Luego se anexó también el discurso de un joven “sabio”, -un sabelotodo pedante que no permite que se le contradiga-  que no se había mencionado, aparece como un nuevo personaje: Elihú (caps. 32-37).

f)     Lo último que se añadió fue el capítulo 28: Himno a la Sabiduría.

g)    Se considera que su versión definitiva estuvo lista en el siglo V a.C.

 

Solemos presentar a Job como modelo de paciencia cuando es modelo de rebeldía sincera (Caravias). Job nunca se rebela contra Dios, pero contra argumenta a sus “amigos” que vienen a darle consuelo tratando de ayudarlo a encontrar una acusación que justifique su padecimiento: la perdida de todas sus riquezas, de sus seres queridos y el haber contraído una enfermedad dérmica manifestada en una ulceración que lo cubre de pies a cabeza y lo reduce a permanecer sentado en una pila de cenizas.

 

La perícopa de hoy se desarrolla y progresa acumulando los males e infortunios que le llueven a Job azotándolo y así, uno a otro se suceden los mensajeros que vienen, cada uno, a traerle la noticia de una nueva miseria que le cae. La lamentación de Job consiste en rasgarse el manto, afeitarse al cabeza y declarar que el Señor se lo había dado, y el Señor se lo podía quitado, y, fuera como fiera, la alabanza no se detendría ¡alabado sea el Nombre del Señor! La apuesta se da en torno a una prueba, que Job, pase lo que pase, no maldiga al Señor, no reniegue de su fe. En conclusión, “Job no pecó ni protestó contra Dios”.

 

Dos cosas podemos concluir por lo pronto:

a)    No sólo entre los israelitas había justos, en otras partes también, como en este caso en Us.

b)    La gente buena también puede ser víctima del sufrimiento.

 

Detrás de la gran pregunta aparece la ficha del desconcierto y de la inexplicabilidad: ¿cómo puede permitir Dios esto? ¿cómo ha sucedido que Dios le dé al Satán salvoconducto para afectar sin compasión alguna al Justo?

 

Observemos que la perícopa nos dice que el Satán aprovecho una asamblea de los בְּנֵ֣י הָאֱלֹהִ֔ים [bene ha-elohim] “los hijos”, “los palomitos”, “los Santos” de Dios para “infiltrarse” y venir con todas sus marrullas y artimañas contra Job, quien era -así nos lo presenta el relato-un favorito de Dios y veía en él a un “justo y honrado que vive apartado del mal”.

 

Obsérvese, y así es siempre, el comportamiento diabólico, cómo intriga Satán introduciendo el elemento de sospecha sobre Job, acusándolo de segundas intenciones y señalando que el ser humano nunca obra con gratuidad sino siempre movido por intereses egoístas. ¡esto es lo que llamamos cizaña!

 

Es lógico, que el ser humano, que Dios creó inteligente, obre sobre motivos. Si la humanidad hiciera cosas sin causa ni razón, no diríamos que es “puro”, diríamos que es “irracional”. Lo importante no es hacer cosas “inmotivadas”, lo importante es la “pureza de las intenciones”. Es lógico y está muy bien que un joven dedique su esfuerzo y todo su empeño en estudiar una carrera con tesón y hacerse un profesional idóneo. Y, en la misma medida que haya tras de esto el interés de llegar a ser un magnifico profesional, y ganarse la vida honestamente, puede también llevar en su pecho el anhelo de hacer mucho bien a la comunidad y a la sociedad con su carrera.

 

¿Dónde está lo malo? En que nosotros, nos creamos dioses, y empecemos a juzgar sobre supuestas “segundas intenciones”. Está en que nosotros admitamos la desconfianza. Esa “duda” permanente, esa “duda metódica”, esa desconfianza en el hermano es el ácido corrosivo que maneja el satán. Hay que saber leer la Palabra de Dios. Hay que entender que no es Dios el que puede ser estafado en su ingenuidad; hay que recordar que Dios lo sabe todo y que no es juguete ingenuo de las maniobras diabólicas, los que pueden ser engañados por el Satán, somos nosotros. Y somos nosotros los que promovemos la desconfianza y el pensamiento de que el “hombre es malo”, que “la naturaleza humana es perversa”, y que obramos por “segundas y veladas intenciones”, y somos en realidad nosotros los que hemos podido levantar toda una sociedad y una cultura sometida a la “sospecha”. (¿Saben cuál es la jeringa de Satán para inocular la sospecha? Los mass media.)

 

Obsérvese bien qué dios está detrás de esta historieta, un dios con un sistema de circuitos cerrados muy defectuosos, un dios con un sistema de contrainteligencia tan torpe que fácilmente abre sus compuertas a todo tipo de estafadores. Allí, en este alto tribunal, se cuela con toda comodidad cualquier fantoche que luego, con toda amplitud, hará de las suyas llevando un falso pasaporte expedido por las celestiales oficinas. Este dios de la parábola no es Dios, este dios que hoy se nos muestra es el malo obrando entre nosotros y jugando con nosotros, es el mismo que ayer uso el disfraz de Serpiente. No es el Justo de los Justos, no es el Señor de Señores.

 

Este “Acusador”, este “Fiscal”, mezcla sus mentiras con verdades -estrategia muy usual en él, a través de los siglos- porque reconoce que Dios protege, y reconoce que Dios ha puesto cercados protectivos en torno a su Justo Job.  Y reconoce que Dios ha bendecido toda la hacienda del Justo.


Habrá que fortalecerse y dar un salto al vacío para sortear esta prueba que el Libro de Job nos lleva a vivir. No es Job el único que está siendo probado, leer el Libro de Job nos lleva a ser probados nosotros mismos. Al pasar al otro lado de este Libro podremos salir fortalecidos si somos capaces de discernir que el Dios de Job es un Dios desamorado. Todopoderoso, pero no “Todo-Amor”. “En todo esto no pecó Job”, dice el autor en dos ocasiones… pero, ¿la meta de la vida debe ser no pecar? ¡Los muebles, las piedras y las plantas tampoco pecan! (Pierre Dumoulan).

 

Sal 17(16), 1bcde. 2-3. 6-7

Salmo de súplica. Ante esas situaciones que nos abruman, ¿qué más podemos hacer que volver los ojos al Cielo? Es en el marco de la angustia cuando nuestro fervor alcanza su cima. 

 

Este salmo nos da un síntoma de nuestro verdadero corazón. Es un argumento contra aquellos que viven blandiendo la hoz de la “desconfianza”, que piensan que Dios nos ama porque nos hizo malos o a pesar de que somos malos. ¡Ni nos hizo ni somos! el Malo, el Satán, nos engaña y ellos intensifican y maximizan el engaño: Nos repiten -programación neuro-lingüística que “somos malos sin remedio”.


Dice el Salmista: “Aun cuando sondees mi corazón, visitándolo de noche; aunque me pruebes a fuego, no encontrarás malicia en mí.

 

Hay más, contra aquellos que dicen es que Dios no nos escucha, el salmista declara: “Yo te invoco porque Tú me respondes”.

Si uno no confiara en que Dios lo escucha ¿le diría? (como nosotros hoy le decimos cuatro veces): “Inclina tu Oído y escucha mis palabras”.

 

La presencia de este salmo en la liturgia de hoy consiste precisamente en que afronta el problema del Justo condenado al sufrimiento a pesar de su inocencia. No saben que los “interesados” fabrican infiernos a su medida para buscarle el quiebre al Justo. ¿De dónde salen tantos y tantos enemigos? Miremos los Evangelios y vemos donde tiene su hura: fariseos, saduceos, herodianos, Sumos Sacerdotes, escribas, doctores de la ley y el Sanedrín.

 

Lc 9, 46-50

Lucas retoma la cuestión de por qué les cuesta tanto a los discípulos entender el anuncio kerigmático que Jesús les hace sobre lo que se le viene encima, que será también su destino, porque el sitial importante que ellos esperaban, es otro muy diferente, y Jesús no los lleva con engaños. La oportunidad la aprovecha Jesús para anunciarles cuál será el derrotero tan pronto se llevan a su Líder.


Pero a ellos lo que los desvela es la idea de quién asumirá el mando cuando se ausente su Maestro.

 

Para su gran sorpresa lo que les responde Jesús en este renglón es todo lo contrario de lo que es lógico en el “sentido común”. El sentido común, en el marco de aquella cultura era el πρεσβύτερος “el más viejo”, “el anciano mayor”; muy paradojalmente, Jesús les propone παιδίον [paidion] “un niño”, “jovenzuelo”, pequeñín”, “alguien que aún está en su etapa formativa”.

 

En esta etapa no se han formado todavía resabios, a la persona le cuesta menos el cambio, se tiene mayor capacidad de escucha, se acepta y se acoge mejor lo nuevo, lo diferente, hay menos tradicionalismo, menos apego a las conveniencias personales…

 

Se produce un salto temático relativo, Juan introduce el asunto de alguien que “expulsa demonios en nombre de Jesús”. Es el grave problema de los círculos de influencia y el pretendido monopolio sobre los carismas Divinos. La respuesta es contundente: nada de exclusivismos, esto no es cuestión de “marca reservada”, hay un único requisito, que se haga en el Santísimo Nombre de Jesús.


Y ¡Mucha atención! Hay que deshacerse de la manía de segregar los “otros” de “nosotros”, hay que madurar para darnos cuenta que nosotros somos “los otros” para ellos.  ¡El que no está en contra, está a favor! (Muy grande es el peligro de refinar las discriminaciones para hacer resaltar la diferencia apoyados en “algún rasgo” con el ansia de hacer que ese rasgo diferencial identifique la otredad y nos dé pie a maldecirla).

sábado, 26 de septiembre de 2026

QUITARSE LA FÉRULA Y ABRIRSE A JESÚS

 

Ez 18,25-28; Sal 25(24),4bc-5.6-7.8-9; Fil 2,1-11; Mt 21,28-32

ENJUICIADOS EN OBRAS DE AMOR

 

 

Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por Él.

Jn 3, 17

 

Está esperando a perdonarles en cuanto hagan un mínimo gesto de arrepentimiento.

José Luis Caravias s.j.

 

 

Hay una especie de concurso solapado entre los que se empecinan en las Tablas mosaicas, y los que -pese a sus fragilidades- se abren y acogen a Jesús, con toda la Novedad de Su Vino Nuevo. Hablemos de la Soberanía de Dios: La Conversión. La Misericordiosa opción que Dios nos regala de corregir nuestros yerros. Gracias a la cual -existe siempre- la ocasión de optar por el buen Camino. Esa opción no se excluye porque nos es tan necesaria, pues somos de barro y al barro tendemos; más, hay un soplo espiritual que siempre impulsa nuestro velamen por las rutas del Señor.

En una sociedad veleidosa y farandulera donde se nos educa para desgarrarnos, entre hermanos -porque no podemos olvidar que somos hermanos aun cuando no lo seamos de sangre- en procura del papel protagónico; lo que puede sonar más disparatado y menos deseable es la sencillez, la mansedumbre, la humildad, el abajamiento. En cambio, toda nuestra fe está cimentada en el Camino de la Cruz. Se trata del Misterio por excelencia, el mismo que pareció tan absurdo a San Pedro que lo llevó a decir “¡Dios te libre, Señor, de que te llegara a suceder tal!” (Mt 16, 22b). Y es que –a primer pensamiento- repugna que, precisamente Dios, tuviera como desenlace el Sendero de la Cruz: no se podía presentir la Resurrección. Quizá todos quisiéramos corear con los regentes y el pueblo: “A otros salvó; que se salve a sí mismo si verdaderamente es el Ungido de Dios, su Escogido” (Lc 23, 35).

 

Es por eso que la Redención es “Misteriosa” lo que debe entenderse como “ilógico para el pensamiento humano”, -no es que a Dios le guste el género misterio-, sino que “nuestro pensamiento no es su Pensamiento y nuestros planes no corresponden a los Suyos” (Is 55,8); sino que los Pensamientos y los Senderos de Dios, son más דְרָכַי֙ “altos”, son “superiores”, enormemente “superiores”, como el Cielo lo es respecto de la tierra. (Is 55, 9). Son tan radicalmente diferentes que un abismo los separa.

Se nos imbuye del ansia devoradora, y en cambio el Padre nos da a Jesús quien nos enseña a hacernos Pan. ¡Dulce y masticable! ¡Pan revestido de simplicidad, sencillo bocado! Sin embargo, nosotros estamos –insistimos- “con-vidados” a ser ovejas que, al conocer a su Pastor, lo sigan (Proclamación antes del Evangelio para la liturgia de este XXVI Domingo Ordinario, tomada de Jn 10, 27), ovejas dóciles que escuchan la Voz del Señor. Estamos convidados a esta conversión profunda, a renunciar al espíritu que normalmente nos mueve – en la Carta a los Filipenses se señala que regularmente lo que constituye nuestro móvil proviene de la rivalidad, la presunción, de nuestros intereses egoístas; y, en cambio, lo que tiene que empujarnos es la identificación con los sentimientos de Nuestro Señor Jesucristo. (Cfr. Fil 2, 5). Sí, se trata de optar por la misma perspectiva que tuvo el Señor, de pensar (el verbo que se usa en la Carta a los Filipenses es el verbo φρονέω, que se traduce por “pensar”) –si se nos permite el adverbio- Jesusmente.

 

Y ¿cuál es el núcleo del pensamiento de Jesús? Un pensamiento humilde, abajado, capaz de ver a los demás como “superiores”. Siempre destacamos que pensar Jesus-mente es una kénosis, un anonadamiento, del verbo κενόω vaciamiento, anonadamiento, o sea de hacerse y evaluarse “nada”; despojo de toda vanidad, de toda superioridad, asimilación profunda de ser, ante los ojos de Dios, todos iguales. Capacidad de hacerse siervo –no servil- sino ¡consagrado al servicio! Un asombroso sentido de sencillez, de simplicidad.


Y, nos sentimos obligados a enfatizar que no se trata de seguir el camino de la Cruz por alguna clase de masoquismo, o por algún gusto al victimismo. ¡No!, recordemos que Jesús rogó al Padre, de ser posible, apartar de Sí ese Cáliz. Lo que tenemos que reconocer como grandiosa –aun cuando desconcertante- es la obediencia sin límites, a cualquier costo y a toda prueba. Y es que un hombre tuvo dos hijos envió a uno, Adán, y este dijo que “si” pero no cumplió; tuvo, sin embargo, Su Otro Hijo, Jesús, que de manera obediente fue a la Viña de su Padre y “laboró” en ella y se encargó de ella y la redimió haciendo todo nuevo (Ap 21, 5). Nadie en sano juicio abandonaría todas sus ventajas para dejarse matar, menos para dejarse matar con una muerte de cruz, y mucho menos para redimir “pecadores”. Creando nuevamente el mundo entero. Reparando y sanando todo lo que fue herido. Y es que el Universo integro, que había sido creado en la Perfección, necesitaba ser re-creado, sublimado, re-generado, vuelto-a-hacer-Perfecto.

 

La rebeldía de Adán surgió de su arrogancia, de su deseo de igualarse a Dios, la Obediencia de Jesús brota de su abajamiento de su Voluntad salvífica de –siendo Dios-hacerse hombre. Es justamente el movimiento inverso el uno quiere “subir”, el Otro, para sanar, acepta bajar, “no considera que deba aferrarse a su condición divina”, sino que dadivosamente se nos hizo Semejante. ¡Semejante en todo, excepto en el pecado! La perícopa del Evangelio nos habla de esa transformación radical de enfoque: el tema de la conversión cuando dice μετεμελήθητε [metamelethete] palabra esta que proviene de μεταμέλομαι [metamelomai] que significa cambiar un interés por otro superior, una manera de pensar por otra, radicalmente opuesta, pero mejor. Esto fue lo que hizo el hijo que originalmente se negó, pero después fue porque μεταμεληθεὶς› se arrepintió, lo miró desde otra perspectiva, renunció a su egoísmo, a su anhelo de figurar, de aparecer, de lucirse él, y optó por un enfoque piadoso-obediente: Misericordioso.


Esta dialéctica encuentra su antecedente en el co-texto que nos da la Primera Lectura, la del Libro de Ezequiel en el capítulo 18, donde se presenta en la doble dinámica, la del malvado que deviene justo y la del justo que recalcitra a malvado: “Si el malvado se convierte”, de una parte, y de la otra, “Si el justo se aparta de su justicia”. La conversión se expresa en la palabra שׁוּב [shub], y, lo enfatiza aún más el Señor por boca de su profeta: “¿Acaso quiero yo la muerte del malvado –oráculo del Señor- y no que se convierta y que viva? (donde nuevamente está la voz שׁוּב contenida en בְּשׁוּב֥וֹ); y, a la des-conversión del justo alude con la expresión וּבְשׁ֨וּב “apartarse”, también derivada de שׁוּב [shub].

 

Pero el abismo no es insalvable, porque lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. ¡Dios sabe, desde el principio, cuanto trabajo nos cuesta obrar el bien! Sabe que se nos revuelve el ego queriendo salirnos con la nuestra, aun cuando sea nuestra perdición y lo sepamos. Por eso, nos da el Espíritu Santo, para que someta el espíritu de envidia, de prepotencia, de avaricia y codicia. Por eso el Espíritu Santo no está en el huracán, ni está en el terremoto, ni en el fuego aun cuando estos tengan la fuerza para romper las rocas, (ni en las armas, ni en las bombas, sean N, sean H; tendríamos que añadir hoy); sino en la dulzura de un apenas-soplo, suave y delicado. No cesó la sorpresiva lógica de Dios, sino que, de ese Guiñapo-de-Hombre (cuando Poncio Pilato lo mostró, dijo Ecce homo, por que verdaderamente lo que permanece del hombre es la fragilidad), una Crisálida -recordemos que crisálida significa χρυσός [krysos] “aurea”, “hecha de oro” en su aspecto- clavada en la cruz y Sepultada, brotó la más radiante Mariposa. ¡La-Mariposa-Divina-que-Redime! ¡El Pelícano que nos nutre con la Sangre de su propio Costado! Todo esto es, según nosotros, una flagrante paradoja; según la Lógica de Dios, pura Misericordia.


Esta parábola, que conocemos como la parábola de los dos hijos, está inserta en la sección del Evangelio que nos habla de la Venida Definitiva del Reino, la llegada de la Soberanía Decisiva de Dios, -el contexto es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén- donde Jesús nos entrega lineamientos para constituirnos en Pueblo de Dios; pasamos del Reino que había sido entregado al pueblo israelita a la Nueva Entrega, la entrega a la “hija de Sión”, la Iglesia. Se enfrenta Jesús a los Sumos sacerdotes y a los Ancianos del pueblo, usurpadores de la Cátedra de Moisés. Presenta -el Divino Maestro- la comparación contraponiéndolos a publicanos y prostitutas. Jesús acaba de tener tres gestos que Mateo resalta: Jesús purifica el templo, seca la higuera lo que es equiparable a un des-reconocimiento del pueblo judío y se niega a contestar de dónde proviene Su autoridad. Esta, la de los dos hermanos, es la primera de tres parábolas, a saber: la del padre y los dos hijos, la de los viñadores que matan al Hijo-enviado y la del Rey que invita, a todos, a las bodas de su Hijo. Pero, en resumidas cuentas, lo que nos ocupa esta vez es la dinámica entre opción y fidelidad; en esta dialéctica lo que vale son los hechos, no las intenciones, ni las palabras: ¡Seremos juzgados, no por lo que digamos que vamos a hacer, sino por lo que hagamos!


Buscar la Conversión (se arrepintió y fue) y entender que ella no significa la conquista de la Meta, sino un direccionamiento, -el correcto- para ir hacía Él y que, cotidianamente tenemos que afinar y corregir la dirección para no ir a errar el destino definitivo. Nos conceda Dios la humildad requerida, un corazón manso y tierno, para andar el Camino de la Vida y renunciar a nuestra altanería. En el Salmo, precisamente, elevamos nuestra súplica para que Dios nos muestre ese camino, no permita que erremos o que desistamos de caminar sus senderos, que nuestra conversión sea un movimiento de lealtad perenne y que nunca nos des-convirtamos, que podamos vivir, no de intenciones sino de hechos:

“haz que camine con lealtad; 

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador

……………………………………….

no te acuerdes de los pecados

ni de las maldades de mi juventud;

acuérdate de mí con Misericordia,

por tu Bondad, Señor.”

 

 

 

 

 

Sábado de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


 ¡Mientras puedan, recojan capullos de rosa!

Robert Herrick

Ec 11,9 – 12,8

Desencanto existencialista

Toda la perícopa está enmarcada en el co-texto de prodigarle, a un joven, las recomendaciones para que valore su juventud y la aproveche, sumergiéndose en un hedonismo escéptico. No dejando por fuera el hecho de que la juventud, con todo su esplendor, también es “vana ilusión. (Esta es otra manera de traducir la fórmula הָֽבֶל “Jabel”, que se repite en 11,10 y, nuevamente en 12,8).

 

Después de 12, 8, viene un epilogo que concluye el Libro (12,9-14). Por eso, con este comentario, se cierra nuestro asomo al Qohélet. La semana próxima, la dedicaremos al estudio del Libro de Job, otro Libro con carácter sapiencial. Añadiremos aquí, que el género sapiencial entró en intensa crisis, y esa crisis la podemos detectar y rastrear con un serio estudio de estas tres que hemos enhebrado consecutivamente: Proverbios, Qohélet y Job.

 

Los consejos que se les dan a los jóvenes están referidos a un ejercicio proyectivo, donde se les invita a mirar hacia la adultez madura, y ver como todo el ímpetu y los desmanes de la juventud inexorablemente desembocaran en ese estado de decaimiento y ruina que traen consigo los achaques.

 

En la primera parte 11,9-11,10 encontramos unas recomendaciones que suenen extrañas, y hasta licenciosas:

a)    Disfruta de lo bueno ahora que puedes

b)    Déjate llevar por los impulsos del corazón

c)    Y por todo lo que ves

En esta formulación subyace un principio sibarita: Si se te cruza en el camino uno de estos placeres, sería digno de castigo, dejarlo pasar: “recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas”.

 

Esta idea se refuerza cuando le dice que saque de su mente cualquier כָּ֫עַס [ka-as] “escrúpulo”, “molestia”, menosprecio” y elimina de tus pensamientos lo que te cause רָע [raj] “enfermedad”, “sufrimiento”.

 

El Qohélet se refiere a la salud, y el empuje vital con unas imágenes muy caras a la cultura oriental, son los semitismos:

a)    El cordón de plata

b)    La olla de oro

c)    El cántaro a orillas de la fuente

d)    La polea del pozo

 

Estos son los “dones” que ha adornan la juventud.

Porque después sobrevendrán las dos últimas escenas de la vida

1.    El polvo volverá a la tierra

2.    El espíritu volverá a Dios

 

No se vaya a implicar el alma de la persona, sino simplemente el soplo vital que Dios le prestó y que lo anima. Algo semejante a la pila (batería) que hace mover y hasta sonar al muñeco.


En 12, 8, Qohélet no se niega la oportunidad de repetir de nuevo su eslogan: הֲבֵ֧ל הֲבָלִ֛ים אָמַ֥ר הַקֹּוהֶ֖לֶת הַכֹּ֥ל הָֽבֶל׃ “Vanidad de vanidades, dijo Qohélet (el Convocador), todo es Vanidad (pura ilusión)”: “Todo vale nada, y el resto vale menos”, resumirá el vate.

 

Sal 90(89) 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

Este es un salmo de súplica. Es el único salmo que se atribuye a Moisés. Va a tratar el asunto de la fragilidad de la vida humana y representa una profunda glosa a la perícopa de Qohélet que hemos examinado. Nuestra debilidad y nuestra caducidad humana parece apuntar a revelarnos que el hombre “no-es”, frente a Dios, el Único que en su perennidad Es.

 

Ante la velocidad y la inexorabilidad del tiempo que trae, remolcado, el carromato de la senectud, con sus destartaladas ruedas y sus chirriantes tablas, me veo obligado a reconocer que la vida humana es el epítome de la brevedad. Las flores en la tumba sin consuelo para el difunto que allí yace porque le permiten visualizar cuan tamaña es la belleza y -sin embargo- cuán efímera. Nuestra radiante carroza rueda siempre presurosa a su jamás bienvenido fin.

Aun a sabiendas de la transitoriedad de todo placer, hemos de vivirlo sin desenfocar que nada es para siempre.

 

a)    Dios crea -a partir del material humano- sólo polvo le vasta llamarnos de vuelta a la tierra que fue en sus Manos la materia prima. Adán está hecho de הָ֣אֲדָמָ֔ה “adama” (tierra fina que usa el alfarero).

b)    Un siglo o más, en el reloj Divino, no alcanza a ser un segundo.

c)    Vemos a veces crecer el pasto, y por la tarde vemos las máquinas podadoras en los prados y entendemos el significado de la caducidad.

d)    ¿Cuál es, en suma, la súplica de este salmo? Que viendo lo pasajero que es todo y que todo está destinado a llegar a su fin, nosotros derivemos de eso, un sentido de aprovechamiento intenso y de rendir, mientras dure, los frutos más hermosos y sabrosos, a la mayor Gloria de Dios.

e)    Si en la juventud, YHWH nos inyecta con el elixir de la Sabiduría, nuestra vida no pasará en vano, sino que sabremos emprender tareas prosperas que reflejen la Misericordia de Dios como Bondad bajada de los Cielos

 

Lc 9, 43b-45

Ciertos valores y ciertos conceptos, en vista de su importancia, al pedagogo no le queda más remedio que repetirlos, hasta incurrir en la interactividad. Jesús -como excelente pedagogo que Es, nos dice, una y otra vez, como quien previene a su estudiante de los peligros que le amenazan a la vuelta de la esquina: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Y nos advierte, “grábense bien estas palabras”.


Detrás de la palabra “Mesías”, había una carga muy pesada de tradiciones que apuntaban hacia la imagen de un poderoso líder político militar cuya identidad más patente se configuraba en torno a David como gobernante heroico y enérgico, que llevó a Israel a vivir uno de sus grandes momentos de esplendor, y donde, con el sometimiento de diversos pueblos, se habían visto cortejados con exención tributaria, ya que los avasallados tenían que pagar y ellos no. Además, David había logrado fortificar a Jerusalén y darles libertad respecto de los opresores que antes los tuvieron bajo su férula.

 

Todo este imaginario les hablaba de “victoria”, y no de derrota, así pues, ¿cómo podían entender que les hablara de “ser entregado en manos de los hombres? Cuando ellos ya se veían sentados en los puestos de mando y poder, se veían al frente de la economía y del dominio, aspiraban a los cargos gubernamentales más sobresalientes, a títulos, honores y banquetes; ellos se acercaban y le preguntaban si quería que hicieran llover fuego -seguramente recordando cómo fue al fin de Sodoma y Gomorra- bajo la ira de Dios, o como hizo llover fuego el profeta Elías. Esta imagen mesiánica de “hacer llover fuego”, como quien espera que Jesús los autorizara al bombardeo con misiles, nos permite imaginarnos lo imposible que era para ellos entender este lenguaje de Jesús que se opone radicalmente al imaginario que los dominaba.

 

Para Jesús era urgente que entendieran de qué les estaba hablando, cómo era su proyecto salvífico, cuál era la estructura de su “Buena Nueva”, para que la pudieran predicar.  Si no lograban sacudirse estas falsas imágenes ¿Cómo podrían ser los portadores de Su Evangelio?


Aún hoy día muchos levantan los ojos para mirar al que traspasaron y sólo ven una derrota, y siguen esperando que se baje de la cruz y empiece a “hacer llover fuego”. Y, claro, muchos se comprometen en el proyecto de “hacer llover fuego” pretextando el nombre del que sólo quiere traer Paz, Fraternidad y Solidaridad. En la cruz, en realidad, está crucificado un Proyecto que no nos animamos a asumir, mientras continuamos diciéndole que está equivocado, que debe llenarse de ira y acabar con este negocio que no marcha como ellos sueñan.