viernes, 23 de octubre de 2026

Sábado de la Vigésimo Novena Semana del tiempo Ordinario


Ef 4, 7-16

Ninguno posee el Espíritu de manera plena y ninguno está privado de él.

José Bortolini

¿Nos envía el Señor a esta Misión, que implica la Construcción del Reino, instaurando iglesias, valga decir, comunidades creyentes que poco a poco, avanzan y se perfeccionan en el discipulado, con las manos totalmente desprovistas y con ninguna capacitación? ¿Nos vemos condenados a dar palos de ciegos, porque no se nos dio ni leve idea de qué se trataba esta tarea encomendada?

 

Cada quien ha recibido Gracia. La Gracia es una especie de herramienta que Dios nos da, por los méritos de Jesucristo como “ayuda” para andar en los caminos salvíficos. La medida de la Gracia que podemos recibir estaría medida por la mayor o menor generosidad de Jesucristo en su Entrega, como su Entrega fue total, y hasta la última gota de su existencia se entregó, significa que la Gracia es Infinita. El recipiente de la Gracia es infinito, porque la Misericordia de Dios es ilimitada, seres finitos que Dios habilita con su Poder. Esta es la medida de la donación de Jesucristo. Es un Gesto de Rescate.

 

Al hablar de subida, se sobre-entiende que hubo un “descenso”. Y tiene mucho sentido, porque muchos cayeron sin alternativa porque -aun para los que no merecían esa caída- no había alguien que recuperara las Llaves del Cielo para los que -previo el sacrificio de Jesucristo- subieron y encontraron herméticamente cerrado. En el entretanto, fueron precipitados al Sheol. Él descendió para recobrarlos.

 

Al instituir la Iglesia, asignó posiciones a los miembros de su equipo de tal manera que se pudiera cubrir todo el “campo de juego”. A unos los hizo apóstoles, a otros los puso de profetas, algunos recibieron el encargo de ser evangelizadores, algunos pastores y otros doctores. De esta manera, cada quien fue nombrado a un ministerio (servicio), cada quien fue a tomar posición en el Cuerpo místico de Cristo; esto seguirá así, hasta que alcancemos un ciclo de metas:

a)    La unidad de la fe

b)    El conocimiento del Hijo de Dios

c)    La calidad de humanos perfectos (esta perfección referida a la medida de Cristo, quien es la Plenitud).

d)    Ya no seamos niños batidos por el vaivén de las incertidumbres

 

Las incertidumbres provienen de

a)    Vientos de doctrina

b)    La falsedad de los hombres

c)    Astucias que llevan al error

 

Superadas estas limitaciones

e)    Realicemos la verdad en el amor

f)     Hagamos crecer todas las cosas, llevándolas hacia Él, que es la cabeza. (El Punto Omega)

 

Este diseño tiende a

g)    Todo esté adecuadamente ajustado, configurando el Cuerpo, por medio de las articulaciones y coyunturas, que dan su nutrimento; no somos islotes, sino que Jesús nos articula con su pueblo

h)    Propendiendo todos juntos al “crecimiento”, no en talla sino en espiritualidad.

i)      Para que cada uno se realice en la plenitud del Amor.

 

Llegamos a una convergencia entre santidad y amor que son plenitudes idénticas, no metas divergentes o duales. No que uno le apunte a esto y el otro a aquello, quien le apunta a una de las dos, le apunta y le da -a ambas- que constituyen el mismo Único ideal del cristiano.


¡La Gracia nos basta! (Cfr. 2Cor 12, 9)

 

Sal 122(121), 1bc-2. 3-4ab. 4cd-5

Giramos en torno a una realidad anunciada, vaticinada, profetizada: La Nueva Jerusalén, la Jerusalén Celestial. Es sorprendente e irónico, que la Ciudad de la Paz, nunca la ha tenido.

 

Diseñada en el Plan Salvífico como el polo de convergencia, y. pese a su propósito, ha sido un cuadrilátero bélico, ha renunciado a su llamado. ¿Por qué no has podido cumplir tu propósito? Si volvemos la mirada hacia ti, lo que encontramos es un foco de muerte y desolación. Ieuru-Shalaim, ¿qué se ha hecho la Paz que se sembró bajo tus Murallas? Tus paredes se han tinturado en matices sangrientos.

 

Antes de comprar pasajes para visitarte, miro las noticias y tiemblo espantado, postergando mi anhelo de verte. En vez de la Alegría de llegarme a tu Templo, tengo el luto y el duelo de un Muro atiborrado de lamentaciones. ¿Dónde irá tu pueblo a ofrecerte sus sacrificios? Tus umbrales solo reflejan el perfil de la muerte.

 

Todas las tribus están dispersas, en vez de encaminarse hacia ti, miran en tu umbral la silueta de las bombas que te amenazan y que amenazas usar como argumento.

 

Según el añorado sueño de tu Pueblo, señor-de-la-Justicia, tu Ciudad solo es el nombre de una promesa postergada una y mil veces. Así como hemos dado largas en levantar la Bandera de Tu Victoria, así tú alejas en el horizonte el cumplimiento de nuestras ansiadas ilusiones.


Vamos alegres a tu Casa, porque Tú no vives hoy allí; vamos donde te hemos arrinconado, porque Tu, oh Señor, nunca habitaras bajo el fragor de las bombas asesinas: Tu Casa es Casa de Paz-Casa de Pan. Has tenido que cambiar la geografía de la Salvación para mantener pacífica la Casa-que-Tú-Habitas.

 

Lc 13, 1-9

… sólo el Señor nos ofrece tratarnos como un tú siempre y para siempre.

Papa Francisco. DILEXIT NOS

Sobre Jesús, se juntó tanto mal y tanta corrupción y – Él que era absolutamente Inocente- cargó sobre Sí, todo ese Mal, y el que se cosecharía en siglos venideros. ¿Es esta una injusticia? ¡Si, lo es! En muchas maneras; pero, muchos buenos han ofrendado su vida por contener -como lo hace un dique- un daño que, si se dejara correr libremente, sería tan destructivo que permitiría la victoria del mal sobre el bien.


Las cosas van más lejos, porque hay muchos inocentes -no completamente inocentes-, pero poco o nada responsables, que acaparan el daño que ellos ni sembraron, ni abonaron, ni cultivaron. Jesús ofrendó su Vida por un pacto de Amor que por nosotros selló con el Padre; pero estos que no sabían lo que se les venía encima, y prácticamente sin delito, cargaron con una muerte súbita… ¿ellos por qué pagaron? No estaban pagando, eran de raza mortal y no pagaban nada, cayó sobre ellos un daño que no les pertenecía, quizás sólo estaban allí para que nosotros pudiéramos recoger, de todo ello, una lección.

 

Estas cosas que muchas veces pasan, no son tema de una justicia micro, de una “retribución” que se les daba por el daño que ellos proporcionaban en la historia, cada uno, no era una justicia-micro, donde a cada cual se le cobraba lo suyo.  Este es el caso de los dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató. Hacemos muy mal en enjuiciarlos y tratar de achacarles “pecados”, para justificar su muerte. ¿Eran ellos justos o pecadores? No es nuestra competencia juzgarlos, no hemos sido nombrados tribunal sobre la vida de nadie. El error que se cometía , y lo que Jesús está tratando de enseñarnos es que no debemos coger un taladro potente, para tratar de exprimirle la “verdad” a Dios; sino, con sencillez, registrar los eventos de la historia, pudiendo ser -tomemos por caso- la triste historia de un niño canceroso que a muy temprana edad es llamado, no nos toca secarnos el seso dilucidando el por qué, sino reconocer lo fortuito del hecho y reverentemente ponerlo en los anales, sin obcecarnos con los interrogantes de la Justicia Divina. Sírvanos de expediente la sencillez de reconocer que, pese a esto y aquello, la Justica de Dios prevalece, por sobre los inexplicables.

 

Hay, atrás -pero no muy atrás- una advertencia Divina que Jesús nos comunica: si no hay conversión, muchos morirán así, inexplicablemente, cargando con el exagerado acopio de maldad que otros hombres desperdigan a su alrededor. Es como el caso del fumador que mata a su prójimo que no compraba ni encendía cigarrillos, pero que cayó víctima de ser un fumador pasivo. Cuantos mueren victimas del arrasamiento de los bosques de la ladera, con la única responsabilidad de ser los habitantes del valle que la rodeaba. Hay que buscar la culpa en los del valle, ¡no! Hay que corregir la conducta de todos los que pueblan en los altos para que vuelvan a sembrar y contrarrestan los daños de la erosión. Hay un dicho que denota y promueve el egoísmo extremo, “coma yo y coma mi macho, y que se reviente el muchacho”. ¿Se pueden imaginar cuántos “inocentes” han caído y caen en la guerra?

 

La parábola que redondea la perícopa, da un paso en la línea de continuidad, no se centra en lo mismo; habla más bien, de por qué les dan oportunidad a los pobladores, a los que sobreviven los desastres: ellos reciben oportunidades porque son valiosos para Dios, porque pueden dar buenos frutos, porque pueden hacerle mucho bien a otros, porque pueden darle inicio a una raza de responsables, de convertidos, de fieles. No reneguemos contra la higuera que -quizás a nuestro juicio, debería ser cortada ipso facto, si Dios ha querido dejarla, ayudémosla a frutecer, cooperemos con la oportunidad que Dios le brinda, no nos afanemos en suprimirla, si Dios le da un año más, tu -en vez de venir a cortarla para contradecir al Señor- ven a podarla, cava una zanja alrededor para que el agua penetra la tierra haciéndola más fértil y más asimilable para la planta, abónala, así sea con estiércol, pero este será un compost nutricio que favorecerá la higuera.

 

En fin, nuestra misión no es mostrarnos mezquinos donde el Señor se muestra Generoso, lo que Él espera es que donde el bendiga la vida, nosotros propendamos por dejarla manar, y no que, a la usanza de los maestros de la ley, cacemos alguna ley, algún parágrafo, un inciso legal en letra diminuta, que nos permita arrancar la higuera pretextando con triviales argumentos, la Ley-del-Amor, que es la Ley que promueve Jesús. Jesús nos dice “Déjala todavía este año”, y nosotros no sabemos, ni tenemos por qué entrar a establecer, cuál es la duración de “un año” Divino. La respuesta que Dios espera de nosotros no es que montemos una fábrica de guillotinas, porque nos consideramos “santitos justicieros”.

 

Mirad la consigna que nos da el Señor: “… soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu, con el vínculo de la Paz”. (Ef 4, 2)


“Nuestras comunidades sólo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón. El Corazón de Cristo es éxtasis, es salida, es donación, es encuentro. En él nos volvemos capaces de relacionarnos de un modo sano y feliz, y de construir en este mundo el Reino de amor y de justicia. Nuestro corazón unido al de Cristo es capaz de este milagro social”. (Papa Francisco, DILEXIT NOS)

 

jueves, 22 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario


Ef 4, 1-6

Ruego por la Unidad

Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Mt 5,9

 

Según el mapa que trazamos en nuestra primera lección sobre la Carta a los Efesios, ya hemos trabajado la primera parte, que comprendía desde 1, 3 hasta 3, 21 y que giró en torno a la obra soteriológica de Dios.

 

A partir de hoy, y por lo que nos queda en las seis lecciones restantes trabajaremos la segunda parte, donde san Pablo se ocupa de invitarnos a vivir una vida cristiana coherente.

 

En esta primera perícopa de la Segunda Parte el nódulo es la Unidad. La unidad en la vida cristiana que flota sólidamente sostenida en siete puntos “únicos”, donde las personas de la Trinidad se intercalan con las virtudes teologales: San Pablo no nos habla de leyes, ni de deberes; nos hace una súplica, nos llama a portarnos, los que hemos recibido el “llamado” Divino, como “llamados”, como “convocados”. ¡Nos habla de amor!

 

A veces nos quedamos esperando que ese llamado resuene en las Alturas por medio de un Coro Angélico. Así no es como Dios nos habla. Dios nos habla por medio de voces humanas, con palabras humanas, o a veces son su propia Voz que se haya impresa para que podamos acceder a ella.

 

Tres elementos están a la base del pivote del que estamos hablando, son como los pernos en el piso de todo el edificio: Primero que todo, Humildad y Amabilidad. Esta es una moneda: por un lado, el amor, por el otro la suave-sencillez.

 

¡Amabilidad! No se vale apelar a algún recurso despótico, a algún ademán dictatorial, no se aceptan las palabras de grueso calibre, ni la altanería, nada que pueda ofender, herir, escarnecer, injuriar: Hay quienes guardan en su memoria el recuerdo de algún abusivo que los marcó por su estilo arrogante y que quieren repetir lo que -lamentablemente los marcó- ha de saberse que ya se salió del circulo de la unidad que estamos construyendo y que por eso nos afanamos en estudiar y que por tanto, San Pablo demarcó aquí. Nadie sacó al “poco o nada amable”, él sólo se implantó un eyector que lo descalifica como artesano de la sinodalidad requerida, la que vamos -en proceso- elevando.

 

¿Será que el patán, o el soberbio, son líderes que fraguan unidad? ¡Pues no! Sépase que el paradigma del obrero que propende por la unidad es el Espíritu Santo. ¿Han oído ustedes la voz de la paloma? Su voz se llama arrullo. Ah, y la paloma simboliza al Espíritu Santo, también, porque su forma de comunicación reviste la amabilidad del arrullo. (No del susurro ni del murmullo, que generan el pretexto del “no la alcancé a oír”).

 

La paloma es, además, simbólica de la paz. Pues el tercer perno a la base, es ser pacífico y pacifista. A la base de la cultura griega está la violencia, la guerra, lo bélico en general, (la Ilíada no es otra cosa que un panegírico de la guerra). Nuestra bienaventuranza apunta en otra dirección, hacia el norte de la cultura cristiana: somos anti-guerreristas y no nos andamos inventándole pretextos para disfrazarla de guerra justa, mucho menos de guerra santa. La guerra solo deja a su paso destrucción y muerte.

 

1)    Un solo Cuerpo

2)    Un solo Espíritu

3)    Una sola Esperanza

4)    Un solo Señor

5)    Una sola Fe

6)    Un solo Bautismo

7)    Un solo Dios-Padre

 

Estos son los lazos, los vínculos que aseguran esa unidad. No son lazos que nos unen sólo con Dios, son vínculos que nos unen con todos los hermanos, sin distingos. Esta ligazón tiene que ser cuidada, blindada, su vigencia indica un sano avance en el proceso de sinodalidad; por el contrario, su disfunción nos alerta sobre un falso avance. Velar por la Unidad, recordemos que Jesús nos convidó a ser Uno como su Padre y Él son Uno (Cfr. Jn 17; 21-23).


Aquí -en esta perícopa- está expresamente puesta la idea de que Dios se hace audible por medio de voces humanas y palabras humanas, cuando leemos que “El Único Padre está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos” (Ef 4, 3-6).

 

Sal 24(23), 1b-2. 3-4ab. 5-6

El que persevera alcanza

La Unidad, no es cualquier unidad, no es como pegar con un pegante los pedazos de un objeto; sino que es la articulación dinámica de un organismo. Ese organismo en términos teológicos tiene un nombre y se llama el Reino. Por eso tomamos hoy un Salmo del Reino.

 

La primera parte de este salmo, habla de algo así como los “requisitos de admisión”, para trabajar por el Reino. Se parte de una premisa: cualquier habitante de la tierra se puede candidatizar. Pero, si bien la invitación es generalizada, no todos se animan a entrar al Templo; entrar al Templo está precedido por el ascenso a la montaña donde está enclavado el Templo. Pequeña prueba de dignidad, de disposición, de interés sincero para aceptar este amoroso vínculo.

 

La base de la unidad está en nuestra “pertenencia”, como lo dice muy claramente el salmo, la tierra y todo cuanto hay en ella le pertenece al Señor: Puso la tierra sobresaliendo del mar y la diseñó de modo que estuviera más alta que los ríos. Así puso a salvo la humanidad y todas sus criaturas, preservándolas de diluvios e inundaciones.

 

Viene la pregunta “relacional”. Las criaturas no sólo han de comunicarse con sus iguales y administrar los bienes materiales de la tierra; están también destinadas a tener amistad con Dios, a trabar relaciones con el Señor. Pero no todos aspiran a estar ante la Presencia del Señor. Supongamos, por analogía, que la Vivienda de Dios está en un Monte Altísimo, allí puso Dios su Morada. ¿Quién puede y pone todo de su parte para presentarse ante Dios? Esa es la “criatura religiosa”. La que “escala” el Monte Celestial, poniendo toda su vitalidad en el Ascenso; para luego, conquistada la altura, entrar en la Morada Divina, que en el salmo se llama “Recinto Sacro”. No cualquiera es “digno”, tiene que cumplir tres condiciones:

i)      Tener manos inocentes (no pueden estar tintas en sangre)

ii)     Su corazón debe ser puro (no darles cabida a los malos propósitos)

iii)   No puede ser idolatra. (No puede ceder el Trono que Dios reserva en el corazón de cada quien, a otros intereses, a falsas deidades, no puede construirse altares en su alma para los ídolos, ni erigir tótems a las falsas deidades).

 

Quien tiene sed de Dios, contará con la bendición del Señor; Dios se lo acreditará y le dará la corona de los Justos, de los Santos. Esta diadema de rectitud es el pase a todas las instancias del Templo-escatológico. No se trata de encontrar a Dios, no se trata de llegar hasta Él; jamás lo lograremos porque esas “alturas” no son conquistables” con las fuerzas humanas. Pero Dios verá el esfuerzo y la fidelidad, la perseverancia en “buscarle”. Porque lo que cuenta es la “búsqueda”. Hay que darlo todo de uno, para que Dios lea, en nuestro corazón, el esfuerzo y la esperanza fiel. Entonces Él en Persona, nos abrirá y nos dejará entrar. No es como en una olimpiada de levantamiento de pesas que gana el que tenga la “fuerza” suficiente. Esta es más bien una prueba de resistencia. ¡El que persevere hasta el final, ese se salvará”!


¿Es fuerza de voluntad? ¡No! Es abandono en Manos del Señor. O sea, ¿no hay que hacer nada? ¡Hay que hacer, y tenemos mucho que hacer! “Proclamo tu Victoria con mis labios y lucho con las manos para que venga”

 

¿Qué es pues, lo que hay que hacer? “Perseverar”, ¡Buscar el Rostro del Señor sin desfallecer!

 

Lc 12, 54-59

Único Signo y Única Autoridad

Si uno quiere aplicarse a la meteorología debe tomarse la molestia de revisar el firmamento, de otear el Cielo, de instalar una veleta y un anemómetro. De poner termómetros y barómetros y de lloviznarse, para constatar cómo está el “tiempo”.


Exactamente en el punto donde lo dejamos ayer (Lc 12, 53), lo retomamos hoy, los de adentro son los infiltrados que vienen a poner cargas de hundimiento en los puntos neurales de la estructura. Llamamos la atención que eso no nos debe volver paranoicos y, empecemos a mirar a nuestros hermanos en la fe, con recelo.

 

Somos magníficos meteorólogos y pésimos creyentes. Nos pregunta el Señor: ¿cómo es que podemos hacer acertadas predicciones meteorológicas y no podemos interpretar el tiempo que nos tocó vivir? Como siempre, el Divino Maestro tiene razón, y tiene doble razón:

a)    A aquel pueblo de agricultores les era muy urgente entender y tener claras previsiones sobre el estado del tiempo le ponía mucho cuidado a todas las señales que permitieran prever cómo iba el clima.

b)    Y, junto a su interés por los cultivos, tenían que interesarse por su propia persona y propender por su Salvación, para lo que era muy urgente poderse ubicar en su realidad temporal y en sus relaciones interpersonales -no las del pasado, ni las del futuro- sino las del momento que les tocó vivir.

 

Son hipócritas -actores especializados en el fingimiento- porque sólo saben la mitad, o menos, de lo que tendrían que saber para ser miembros del amado pueblo de Dios. Esto resuena en nuestro tiempo cuando preferimos llegar a los tribunales y no aprendemos a llevar adelante negociaciones interpersonales para resolver nuestras dificultades y diferencias. Este aspecto tiene una poderosa corriente subterránea, es el cultivo y desarrollo de la habilidad hermenéutica para leer nuestra vida, nuestra historia personal, nuestros contextos existenciales. Esta escuela de “juicio” nos educa para cuestionarnos y para posicionarnos y para no repetir prejuicios, es una formación de la conciencia -el Sagrario de la Persona- para medir las distancias entre nuestros prójimos y nuestros lejanos, la cercanía o lejanía a Dios y los distintos mecanismos y herramientas para hacer más hermanables y solidarias las relaciones. Estamos llamados a construirnos en una escuela de resolución de conflictos interpersonales.


Jesús es el Único “signo” Celestialmente validado. ¿Hacia dónde apunta ese signo? Indudablemente hacia la superación de la hipocresía, apunta en el sentido de “amarnos los unos a los otros como se ama uno mismo”. Y la justicia, tribunales y prisiones que se nombran tienen una función y es referirnos a la gran Autoridad -que como se señalaba recientemente es la Única Verdadera Autoridad- y la “última monedilla” nos habla de la responsabilidad que tenemos y que no podremos al resumir las cuentas- desconocer, sino que -en Justicia- tendremos que responder, y no de cualquier manera, sino con el cobro que hace un fuego purificador que Jesús viene a traer y que está ansioso que empiece a regir y se vuelva incendio imparable, el incendio del amor fraterno.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Novena Semana del tiempo Ordinario

 


Ef 3, 14-21

… que Cristo puede πληρωθῆτε [plerothete] “habitar en sus corazones” por medio de la fe en que hemos sido arraigados y cimentados en el Amor de Cristo, …

Ef 3, 19

Ya hemos postulado que esta Carta a los Efesios era, posiblemente, una carta de tipo encíclica, no destinada a una Iglesia en particular, sino, a un conjunto de ellas, ubicadas en una zona común, todos enfrentaban una situación similar, así que todos ellos podían captar claramente su mensaje y su propósito.

 

Podríamos segmentarla en dos bloques:

1)    Oración suplicante (vv. 14-19)

2)    Alabanza-Doxológica (vv. 20-21)

 

¿Cómo podemos saber que se trata de una oración “suplicante”? ¡Sencillo! Porque San Pablo la eleva, puesto de rodillas ante Dios Padre. Lo normal era que se orara de pie. San Pablo implementa este factor litúrgico: dirigirse a Dios de rodillas para subrayar el carácter suplicante de la oración. La oración, si está hecha de rodillas, se vuelve súplica.

 

¿Qué caracteriza la súplica? que es un verdadero clamor, o sea que se habla de manera audible, con gran sentimiento, acerca de una necesidad urgente; como lo hiciera Moisés cuando los del Éxodo carecían de agua potable (Ex 15, 25s). San Pablo se dirige a Dios-Padre con las rodillas en tierra, para mostrar gráficamente la insistencia de su petición.

 

Y, se nos explica, por qué Dios se merece ofrecerle esta “posición” para enfatizar cuán vital es para la existencia del que ruega, obtener lo pedido: Se dirige a Dios-Padre de quien dimana, todo Nombre -es decir, que a cada criatura la ha asignado una función y un rol en la Creación-, porque el Nombre expresa la función y característica de quien lo porta.

 

¿Qué expresa que haya tal variedad de criaturas y que cada una tenga su propio ocupación, oficio y destinación? Quiere decir que Dios merece ser gloriado porque su Creación está revestida de un orden maravilloso, y en ello se manifiesta su inefable inteligencia y lo estratégico de todo su Plan.

 

Hecha mención de la armonía y agudeza de ese Plan Magistral, lo que va a pedir, parece muy fácil, ante tanto poder. Veamos de qué se trata:

i)      Fortaleza interior

ii)     Que el Espíritu actúe en ellos

iii)   Que Cristo inhabite en sus corazones

iv)   Que vivan y permanezcan arraigados y cimentados en el Amor de Jesucristo

v)    Y sean llenos de la Plenitud Divina.

 

Se suplica para que no sólo Jesucristo sea Plenitud de la Gracia del Padre, sino, además, que todos ellos sean hechos coparticipes de esa plenitud de Dios. Arriba, en el epígrafe, tenemos la palabra πληρωθῆτε [plerothete] “habitar en sus corazones”, pero su significado es de “completitud”, se traduciría mejor por “llene por completo”, alude al πλήρωμα [pleroma] “la plenitud”.

 

La doxología sólo ocupa los dos últimos versos de la perícopa.

 

En su contexto, por aquel entonces, Dios era Dios, y la mentalidad gnóstica que predominaba en el ambiente, separaba rotundamente la Divinidad de lo humano y de todo lo terrenal y todo lo material. Para el gnosticismo, recibir la plenitud del Señor, era absurdo. Nosotros estamos hechos de materia, y como ellos lo veían, era absolutamente imposible asimilarnos en algo a Dios. Según ellos, la materia es corrompida.

 

Además, para los gnósticos, el camino hacia Dios es la “inteligencia” y no la oración. Era, por virtud del racionalismo que se podía acercar a un limitadísimo conocimiento de Dios. Pablo, por el contrario, está pidiendo que Cristo, Plenitud del Padre, habite en nosotros, y seamos llenos de su Plenitud.

 

En la Carta, la doxología (glorificación) afirma que, si Dios lo quiere hacer, lo puede hacer, y que nos puede socorrer un nivel de comprensión e intelección inimaginables, de otra manera, que no sea por el Auxilio y la Gracia de “Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar”.


Y concluye: “a Él la Gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos”.

 

Sal 33(32), 1-2. 4-5. 11-12. 18-19

Los gnósticos, además, ponen en pie de igualdad el poder del mal frente al Poder de Dios. Me recuerda a una persona con su toc (trastorno obsesivo compulsivo), que viendo desequilibradas las cafeteras y mucho más llena la descafeinada, vertió sobre el café corriente, una dosis suficiente para que las dos alcanzaran el mismo nivel. Para él, la cuestión era verlas “iguales”, como para los gnósticos, la lógica les habla de “igualdad y simetría”; no saben que no es cuestión de lógica y que la única manera de saber es por Gracia.

 

No es así, como ellos se lo figuran; la Revelación nos ha permitido llegar a saber que el Poder de Dios es apabullantemente Mayor y que, al llegar la hora, con el sonido de la trompeta, el Malo quedará reducido a Nada reabsorbido en su nulidad.

 

El salmo nos hace ver este factor: los planes de los malvados pueden ser aplastados de un solo plumazo, en cambio, los proyectos del corazón de Dios subsisten de edad en edad.

 

Veamos cómo va el hilo en la perícopa de este salmo hímnico:

Primera estrofa. - El salmo nos conmina para hacer dos cosas, aclamar al Señor y darle gracias. ¿Por qué haríamos eso? Se le aclama porque merece que quienes son “buenos” lo alaben; ¿Cómo debe ser nuestro gesto eucarístico? Nuestra gratitud no puede ser desabrida, insulsa, debemos tributarle nuestra gratitud “con todos los juguetes”, con acompañamiento de citaras y de decacordios. Un verdadera “serenata” de agradecimiento, una coral-instrumental para respaldar acústicamente la eucaristía.

 

¿Por qué se habla aquí de “eucaristía” si en ese entonces no se había instituido este “Sacramento”? El salmo habla de תְהִלָּֽה [tejil-la] “loor”. Hemos de decir, que en el Primer Testamento se tenía un sentido religioso de “acción de gracias”, se llama תודה [todah], “sacrificio de acción de gracias”, en general, las voces para referirse a la gratitud comparten la raíz que tiene las letras Vov, Daled y Hei. Podemos rastrear hasta allí el parentesco con lo que en griego vino a llamarse “eucaristía”.

 

Segunda estrofa. – Dios profiera Palabras, pero la Palabra de Dios no miente, es completamente יָשָׁ֥ר “recta”, “sincera”, “justa” o sea “habla verdad”, el Señor obra ciertas acciones, pero las obras de Dios son בֶּאֱמוּנָֽה [emunah] “leales”, “fieles”, “firmes”. ¿Qué ama Dios? La justicia y la rectitud; y ¿con qué llena toda la tierra? Con su חֶ֥סֶד [jesed] “Misericordia”, palabra que traduce literalmente “lealtad con su Pacto”, “fidelidad con su Alianza”.

 

Tercera estrofa. – Aquí viene lo que -en nuestro co-texto más nos interesa- que Dios sostiene su propio Plan, Él tiene un “Proyecto en Su Divina Mente”, y ¡lo escribirá recto a pesar de los renglones torcidos”; eso tiene que alegrarnos, reconfortarnos en la seguridad de que el mal no se saldrá con la suya. Lo que a nuestros ojos son injusticias, el Señor no las deja campear impunes, el Señor vela para que la Justicia (con mayúscula porque no es cualquier justicia, sino la Justicia-de-Dios), salga airosa. Dios nos garantiza, ¿qué hay en el trasfondo de esta Garantía? Que sus amados serán librados de castigos ilícitos, Dios no cohonestará con “torcidos”.

 

Cuarta estrofa. -  Dios vela por nosotros. ¿Quiénes somos nosotros para que merezcamos los desvelos de Dios? Los que lo amamos devotamente (eso es lo que significa el “temor de Dios” cuando se le menciona en el Antiguo Testamento); los que confiamos en que Él será Justo y obrará con su Justicia; para salvaguardarnos cuando haya hambrunas, ni la muerte ni el hambre se cebaran en nosotros porque Dios lo impedirá.


En la antífona hacemos ondear nuestro santo y seña: “La Misericordia del Señor llena la tierra”. Porque detrás de todo, por feo o malo que sea exterior y superficialmente, están los cuidados del Señor, que vela por todos los que El Padre le dio, y no permitirá que se pierda ni uno solo de ellos (cfr. Mt 18, 14).

 

Lc 12, 49-53

Después tomó el ángel el incensario, lo llenó con brazas de fuego del altar y lo arrojó a la tierra. Hubo truenos y estampidos, relámpagos y un terremoto.

Ap 8, 5

Nos gusta tener a Jesús, sentadito, muy juicioso, bien peinado, bien hablado; y, por el contrario, nos incomoda cuando se sale del libreto y resulta hablando con prostitutas o dejándose enjugar los pies con el cabello de una desconocida. En ciertos episodios de su vida, -como el de hoy- hay quienes procuran sacar provecho del cuadro presentado para, por ejemplo, argumentar y desfigurar el Mensaje de Jesús, este es un manoseo (valga decir, sesgar lo dicho para hacer decir lo que no dice, en una palabra, “manipulación”).

 


En verdad, no debería desconcertarnos tanto el fuego que él ha venido a prender en la tierra; ya cuando se le Presentó a Moisés era “un fuego que ardía sin consumir la zarza”; cuando guiaba al pueblo escogido de noche, en su travesía por el desierto, era una Columna de Fuego; cuando los dos de Emaús lo encontraron -sin poderlo reconocer- de todas maneras sentían, al escuchar sus explicaciones de las Escrituras, que era como un fuego que les ardía en el corazón; y, cuando se volcó sobre los Discípulos a los cincuenta días de su Resurrección, era como Lenguas de Fuego. ¡Queremos que la llamarada de su Amor, barra con todo, y que el fuego purificador de su Amor haga su Obra!”

 

Llévame grabada en tu corazón,

¡llévame grabada en el brazo!

El amor es inquebrantable como la muerte;

la pasión, inflexible como el sepulcro.

¡El fuego ardiente del amor

es una llama divina.

Cnt 8, 6

 

De esta figura ígnea, pasamos a otra hídrica, nos habla de un bautismo que se prepara a recibir (de sangre, clavos y lanzada) y, algunas notas de su anuncio, -como la angustia que padece mientras llega esa hora, nos dejan entrever que este bautismo es el bautismo de su Pasión, Crucifixión y Muerte: Bautismo hemático.

 

En el tercer signo, se hace alusión a la Paz, Paz que, ahora que lo pensamos, no es esa paz melcochuda, almibarada, de telenovela romántica; su Paz entraña “división”, y no es una división que se da al otro lado del mundo, sino una división que toca a cada discípulo-misionero en su propio tuétano: su propia familia, incluso en su propio ser. Parece decir que habrá siempre los que apoyan, pero también un bando opositor- la diferencia numérica de las dos camarillas no es suficientemente enorme y rotunda, para resolver por “mayoría”: enfrentará a padres/hijos, madres/hijas, suegras/nueras. ¡Es cierto, los contradictores más recalcitrantes son los de adentro! ¡Barnizan sus tanques y metrallas con color rosa suave, los decoran con florecitas, y en la parte alta nubes y pajaritos!

 

Nos sorprende mucho que Dios haya hablado en su Hijo, y, sin embargo, la división está presente. Se da la tensión entre facciones y, el Mensaje de Dios, permanece desoído. Él dice Shema, pero somos un pueblo sordo para la Conversión. Él ha venido a traer ese fuego, desea que arda, pero, no es un incendiario profesional, no entiende nada de acelerantes… Sólo inicia el fuego de las lamparitas para iluminar a los santos.

 

Lo cierto es que la Buena Nueva no es una simple siembra, es una que causa y desata mucha hostilidad. ¿por qué?, ¿no debería ser un mensaje de muy positiva acogida? Pues, no hay que ser un historiador muy experto para descubrir que, siempre están los que sienten amenazadas su prebendas y canonjías. Esos -a la manera de Herodes- no vacilaran en la masacre, con tal de poder garantizar que todo siga como venía, para que sus jugosas entradas no se vayan a detener. ¡Estos apelan -sin duda alguna- a la paz de los cementerios!

 

«Jesús quiere que los discípulos abandonen toda actitud de pereza, demora, frialdad y cerrazón para acoger su misma preocupación y angustia: está inquieto hasta que las llamas del amor ardan en el corazón de los hombres» (Vincenzo Paglia).


Jesús, ya lo sabemos, consolida la Paz, al precio de su propia sangre. ¡No hará esperar ese bautismo!

martes, 20 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ef 3, 2-12

En el pasado del pueblo de Dios (Antiguo Testamento), pocos se dieron cuenta de que el Dios de Israel era el Dios de toda la humanidad. En los tiempos de Cristo y del Espíritu, la comprensión de este proyecto se volvió clara.

José Bortolini

 

San Pablo ha recibido un encargo respecto a la Iglesia que nace y crece en Éfeso. San Pablo sabe descubrir que está preso y que ese aprisionamiento tiene una razón de ser: está preso porque cumple la misión que Jesucristo le encargó, y ese encarcelamiento es a favor de los no-judíos, o sea por ellos, los de Éfeso. Prisión favorable al cumplimiento de una tarea como Enviado (Apóstol de los gentiles).

 

Jesús le ha encargado

a)    Anunciar lo que Él en su Bondad ha dispuesto

b)    Pablo sabe lo que tiene que anunciar porque se le ha manifestado por medio de “Revelación”

c)    Se le ha dado a saber el “Misterio” de Jesucristo. No nos cansamos de recordarles que la nuestra no es una religión mistérica, donde algunos elementos se les revelan sólo a ciertos jerarcas, precisamente para mantenerlos y elevarles su sitial; escuelas religiosas del mundo grecorromano cuya participación estaba reservada a iniciados (mystai). En nuestra fe, Dios, lo que nos da a conocer, es “Su proyecto”, nos lo Revela, no lo podríamos conocer de ninguna manera si Él no nos lo “revelara”. Pero, una vez “revelado”, todos podemos conocerlo, se hace accesible a todos. No son “secretos” como se ha pretendido, cosas que el “Vaticano” se guarda en el cajón de su egoísmo, porque sólo ellos lo pueden saber. Esos son embelecos de otra clase de religión: Los misterios más famosos de la antigüedad grecorromana fueron los Misterios eleusinos, o el mitraísmo, religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos.

d)    Claramente, San Pablo expresa que el Misterio de Cristo no se había revelado antes, pero que ahora si, el Espíritu Santo lo ha mostrado, a los santos (recuérdese que significa “bautizados, era un concepto distinto del que nosotros manejamos ahora de “santidad”), y extendido a los gentiles conversos al cristianismo.

e)    A estos “conversos” Pablo los designa, como “participes” de la misma Promesa de Jesucristo. ¿Y, cómo los ha hecho participes? Entregándoles el Evangelio

f)     Para que lo pudiera comunicar con eficacia, el Señor mismo le ha entregado a Pablo el poder y la Gracia para anunciar.

 

San Pablo no viene aquí a dárselas de “café con leche”, no dice que él haya recibido esta Revelación porque él era muy bueno, o muy tierno, o por pasársela horas y horas orando. San Pablo, mirando su propio pasado y su vida, se da cuenta que él sería el más indigno, el más mínimo de todos los bautizados.

 

Dios en la Persona de su Santísimo Hijo plugo posar sus ojos en él para llegarle a los paganos, y así, encontró un “canal” para llegarse hasta ellos. Así lo tenía previsto y así lo ha realizado.

 

Así concluye la perícopa, declarando que, por ese Misericordioso designio Divino, ahora tenemos acceso libre a lo que antes estaba envuelto en las espesas tinieblas de la ignorancia.

 

Dios tuvo a bien taladrar una claraboya, en lo alto, y quiso posar sus ojos en San Pablo para que fuera, por su conducto, que se nos despejara la ceguera de lo que de otra manera sería inaccesible.

 

Muchas veces pensamos que esta elección tuvo dos razones esenciales:

i)      Aun cuando Pablo iba por el camino equivocado, el tesón de su fe “farisaica”, llevaba en sí el embrión de una sólida y sincera fe, modelo -aun cuando modelo a medias-de la que sería una fe cristiana.

ii)     San Pablo había recibido una formación muy profunda en el judaísmo, como discípulo que había sido de Gamaliel. Esa fundamentación le llegaría a ser útil para hablar de las verdades reveladas con un lenguaje adecuado el escenario histórico donde le correspondió evangelizar.


Así Pablo (antes Saulo), se injerta en la línea de los primeros misioneros de nuestra fe, para llegar a los no judíos.

 

Sal Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6

Esta perícopa que hoy tomamos como Salmo, proviene del Primer Isaías, que abarca los capítulos 1-39 del Libro de Isaías. En el proto-Isaías, encontramos un bloque, formado por los capítulos 7-12, que llamamos el Libro del Emmanuel, donde se declara que Dios es inmanente, que siempre está “en medio” de su pueblo, pero su permanencia está sujeta a la fe y la confianza de ese mismo pueblo, Él nos acompaña, condicionado a que mantengamos la Amistad activa; los más rigurosos investigadores solo llevan en el Libro de Immanuel hasta 9, 6a, después de lo cual, el profeta nos hablará de la Ira de Dios contra Israel. En el capítulo 11, 1-9, encontramos el más célebre de los poemas mesiánicos de Isaías. En cualquier caso, este capítulo 12 es un Canto Eucarístico (de Acción de Gracias). Con este capítulo se cierra la Primera Sección de la Primera Parte. Luego el profeta pasará a comunicar mensajes dirigidos a otros pueblos, distintos del Israelita.

 

¿Que agradece? Que, aunque el Señor estuvo enojado con ellos, cesó su ira y les devolvió la Paz.

 

Conviene aquí recordar dos detalles biográficos del Primer Isaías: que él tuvo su cuna en Jerusalén, capital de Judá. Y que su fecha natal se ha historiado al año 740 a. C. Lo cual es de ayuda y utilidad para contextualizar el himno.

 

En la primera estrofa se declaran los siguientes puntales

a)    Él es mi Dios y Salvador

b)    Eso le da pie a poder confiar y a no tener miedo

c)    Sabe que su poder proviene del Señor, es Él quien lo salva

d)    La dicha de este pueblo será ir a Dios -como si Él fuera un Pozo- y sacar de allí el agua que “Salva”

 

En la segunda estrofa:

a)    Nos llama a ser agradecidos

b)    A pronunciar el Nombre de Dios invocándolo

c)    Contar a los pueblos las hazañas que Dios obra

d)    A proclamar el Excelso שֵׁם [shem] “Nombre” del Señor, “renombre”, “fama”, “reputación”.


En la tercera estrofa:

a)    Nos dice que cantemos con cánticos que declaran que Dios hace Proezas

b)    Anunciarlas a todo el planeta

c)    Que los de Jerusalén griten con el corazón embargado de júbilo

d)    Porque, Dios-que-nos-acompaña, muestra su Grandeza, reinando en el “centro” de nuestra celebración, de nuestra Asamblea.

 

Todo esto se hace por gratitud. La gratitud es un componente de la fe, es el reconocimiento de la Misericordia del Señor que siempre nos asiste.

 

 

Lc 12, 39-48

μακάριος [Makarios] “Bienaventurado”

A quien se le dio mucho, se le pedirá mucho; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

Lc 12, 48defg

 

Continúa enseñándonos Jesús a estar permanentemente atentos, siempre en guardia, nunca descuidados, nunca desentendernos de la malicia del Enemigo, sino vigilantes, como un centinela en su atalaya (la palabra atalaya proviene del árabe "atalayi" que significa los centinelas, la palabra ha pasado a ser el nombre de la torre desde donde hacen su guardia los centinelas; o sea que se oficializó como una metonimia”). El Señor nos está hablando de “preparación”, hay que estar preparados -como decíamos ayer- y tener bien llenas las reservas de aceite para alimentar la lámpara, hasta la Segunda Venida (segunda o tercera “vela”).


Una de las estratagemas que le hemos detectado al Maligno y que él gusta de implementar con frecuencia es el desprestigio de Dios. Y, ha hecho de su supuesta “tardanza”, una de las demostraciones más efectivas para clavarnos sus zarpas. Dios es libérrimo, se ha atado solamente a sus Promesas; en lo demás ha conservado su más amplia y rotunda libertad, por ejemplo, para tardarse, si es eso lo que tiene a bien. No dijo en ningún caso que su regreso sería, digamos, por ejemplo, en el año 100 de su nacimiento. La fe está sentada en el Trono de la Espera; Parusía con fecha fija, mataría la oportunidad de creer desafiando el tiempo incierto en el que practicamos

a)    No pegarle a los criados y criadas

b)    No comer y no beber absteniéndonos de la glotonería y la ebriedad

c)    Y, repartiéndoles -a todos- sus respectivas raciones en el momento indicado

 

«Pero el Señor está todos los días a la puerta de nuestro corazón y llama, como escribe el Apocalipsis. El que le abra será bienaventurado porque recibirá una recompensa increíble: el amor mismo se convertirá en siervo de sus siervos; se ceñirá el vestido, invitará a los siervos a sentarse y Él mismo los servirá» (Vincenzo Paglia). 

 

Es un encargo que hemos recibido del Señor, nuestra vigilancia y nuestro estado siempre alerta, es el de un “comisionado” a quien se le ha puesto en funciones de administrador, no manejamos una riqueza propia, no somos dueños del tiempo, se nos da tiempo para que responsablemente asumamos la “mayordomía” encargada. Haciendo, de esta manera, méritos (pero los méritos no son una moneda de paga), el Señor nos da por Gratuidad, eso ya lo hemos oído; sino gestos coquetos que tenemos para con el Amado, detallitos de ingenua ternura); llegada la hora recibiremos la herencia anhelada de su Amor. Nos ha entregado esta bienaventuranza, que encierra en sí, la promesa de su Justicia.

 

El Señor viene “pronto”, pero ¿cómo podemos traducir en lengua humana el significado de la palabra “pronto” dicha por los Labios Divinos?


Sobre nosotros pesa tamaña responsabilidad, porque no a muchos se les ha revelado la Mística de los Relojes Celestiales, con su Misericordioso tic-tac, Clemente con generaciones y generaciones que, gracias a la que muchos llaman “tardanza”, ven en el fondo de sus vidas, Las Puertas Abiertas de la Eternidad.

 

Decimos מרנאתא Marana Tha, pero no para apurarte, ¡Oh Señor! sino para Proclamarte.