miércoles, 19 de agosto de 2026

Jueves de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 36, 23-28

Pedro les dijo: " Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Hch 2, 38

 

Ayer trabajamos una perícopa (34, 1-11) de la cuarta parte del Libro del profeta Ezequiel. Hoy la perícopa también proviene de la cuarta parte y mañana tocaremos el capítulo 37; y, de la Quinta Parte, que abarca los capítulos 40-48, leeremos el sábado un fragmento tomado del capítulo 43.

 

El pueblo de Judá y en particular los Hierosolimitanos, se revolcaban en la idolatría y su pecado los atrapó sin apuntar hacia una conversión, lo que les acarreo ser dispersados por las diversas naciones paganas que los rodeaban y los apretaban. Y padeciendo esta deportación tan dolorosa y habiendo sufrido lo extremadamente doloroso de la destrucción de Jerusalén y con ella la del Templo; sin embargo, ellos no corrigieron su comportamiento, y los paganos encontraban en eso buen pretexto para imprecar al Señor.  Las malas conductas de un pueblo siempre irán en detrimento del Dios en el que ellos dicen creer. YHWH se ve obligado a salir a salvaguardar su Fama de Dios Bondadoso y a mostrar que es aquel pueblo infiel el que ha quebrantado la Alianza.

 

Yahweh, sale a limpiar su Nombre Santísimo. No obra así para preservar el honor de su pueblo que ha sido infiel; sale en defensa de Su Santo Nombre, que ellos han deslucido. Él -a pesar de identificar su indolencia- los va a congregar, los va a reunir como un rebaño disperso y los llevará de vuelta a su tierra. He aquí la fidelidad del pastor que persevera en sus cuidados dando cumplimiento a la Alianza

 

Ese será el primero de una cadena de actos purificadores, será una serie de acciones Redentoras que manarán de su Bondad.

 

La primera, será la purificación mediante la aspersión de agua purificadora. A esta, continuará el cambio de corazón -el de piedra será permutado por uno de carne- y la infusión de un Nuevo espíritu, el Espíritu propio de Dios, para que adquieran la capacidad de mantenerse en la rectitud de los Preceptos Celestiales.

 

Habrá, entonces, por fin, cumplimiento de la Alianza; Ellos actuaran con la consciencia de ser el “pueblo de Dios” y Dios, por su parte, reconocerá en ellos -los que han sido purificados y han recibido el corazón de carne- a su pueblo.

 

En ese nuevo estado, voltearán su mirada hacia atrás, y al ver la vergonzosa mancha de su pecado, se fastidiarán de sí mismos, y tendrán repugnancia de haber caído tan bajo.

 

A consecuencia de esta conversión, Israel será un pueblo fructífero y sus cultivos serán feraces, así no tendrán que pasar hambre y los incrédulos no usaran de burla contra nosotros. 

 

Sal 51(50), 12-13. 14-15. 18-19

El pecado de David con Betsabé y el asesinato que se cometió contra Urías, para tratar de tapar las consecuencias de aquel pecado, fue una mancha que no terminó con la vida de David, pero rebozó contra su descendencia, empezando con el hijo que habían concebido, y siguiendo con el linaje de David, del que Absalón fue sólo la punta del iceberg. Hemos dicho que el pecado tiene consecuencias personales para aquel que lo comete, pero, cuando peca uno que es “pastor”, como David que había sido llamado a iniciar una descendencia mesiánica, las consecuencias del pecado de ese gobernante, por el gran daño que producen en calidad de “mal ejemplo”, como “piedra de tropiezo”, para la comunidad, entonces las consecuencias van más allá. Se escandaliza a toda la comunidad y se normalizan conductas aberrantes. Como -mucho hemos insistido en ello- lo que hace una figura pública-, la gente tiende a ver esa conducta -ya no como oprobiosa-, sino como modélica y la repiten porque en su ingenuidad creen que es el paradigma.


No basta que salgan miles de defensores, agenciando disculpas; lo que está mal no podemos, a fuerza de pretextos, tratar de teñirlo de aceptabilidad. Las falsas justificaciones, sólo conseguirán multiplicar el mal, y a fuerza de repetir un error, se inducirá a muchos otros a cometerlo. El pecado dejará de ser algo personal y se convertirá en un mal “social”.

 

No podremos evitar, a fuerza de rogarle a Dios que nos perdone, que muchos sean inducidos al error. El Señor nos regalará la creación de un corazón nuevo, y, sin embargo -como en un juego de bolos- la bola estará echada a rodar y, arrastrará a su paso muchos pines.

 

Hay una vía de reparación, que a fuerza de tesón y mucho empeño, en algo disminuye la falta, y es entregarse a la tarea de prevenir tratando de detener la reacción en cadena que hemos desatado.

 

Muchos tratan de crear publicidades y campañas cívicas para remendar el entuerto, otros pagan misas y reparten estampas impresas, algunos otros organizan conferencias y videos correctivos, pero la piedra arrojada al centro de un pozo, inevitablemente desatará incontrolables ondas concéntricos.

 

Algo que si alcanza un efecto sólidamente reparador es presentarse ante el Señor con un corazón sincera y profundamente contrito. «Un corazón quebrantado y humillado, Tú, oh, Dios, Tú no lo desprecias».

 

Al corazón arrepentido Dios le otorga ser “bautizado” en las aguas purificadoras de la vida sacramental y así el poder bautismal, sanador, recuperador, repara y re-crea, como una persona nueva. El poder Redentor de Jesús -por ser Dios- puede lograr lo que ningún acto humano puede alcanzar: Es el agua que brotó de su Costado y que nos lavó de todas nuestras inmundicias.

 

Clamemos a la Gota de Agua Recuperadora que brotó de Su Costado con el lancetazo mortal en la Cruz, que cree en nosotros “un corazón puro”.

 

Mt 22, 1-14

Tenemos que producir frutos de conversión dignos

La parábola de ayer encuentra una especie de reverberación en la parábola de hoy, quizás en este caso de hoy deberíamos referirnos a una “alegoría”, porque cada elemento de esta, tiene como una imagen, en su símil. Hay un paralelismo entre cada elemento de referencia aludido: Un rey da un banquete de bodas para su hijo e invita a todos los del pueblo, que se rehúsan asistir pretextando innumerables ocupaciones tan obligantes que no se pueden ni trasferir ni dilatar. Algunos, persiguen y asesinan a los mensajeros, lo que obra como figura de los que perseguían a los primeros cristianos y llegaban a darles muerte.


El Rey se enojó, se puso severo, y envió tropas de soldados destructores y de profanadores que acabaron con todo. Porque eran invitados que no se merecían la invitación.

 

Entonces el Rey dio orden a sus servidores para que fueran y reunieran a todos los que encontraran, sin discriminar entre buenos y malos, y que repartieran las invitaciones. Así terminaron, siendo invitados, tanto justos como pecadores.

 

Esta vestidura… le pertenece al que se siente perdonado y vive del perdón.

Silvano Fausti

 

Uno de los signos del bautismo es la vestidura blanca que simboliza que el bautizando se ha revestido de Cristo y resucitado con Él, y ha recibido una vida nueva limpia de pecado, así el Padre Celestial, al mirar al neófito (recién bautizado), ve en él a su Propio Hijo, Puro y Santo.

 

Muchos creen que aquí Mateo combinó dos relatos de distinta procedencia. Aparece un elemento algo sorprendente, uno de los invitados que no lleva el “vestuario apropiado para asistir a una boda”. Así que el Rey le pidió explicar esa anomalía, ¿por qué no estaba adecuadamente vestido? y no obtuvo respuesta. El Rey dio órdenes para expulsarlo, -amarrado de pies y manos- a las tinieblas.

 

La historia concluye con una moraleja, rotunda y contundente: “Muchos son los llamados, pero pocos son los elegidos”. Muchos experimentan la Voz de Dios que los acoge, pero ellos, se hacen los de la “oreja gacha”.

 

No basta el Sacramento sí no se vive con coherencia. El sacramento puede quedarse varado, en un rincón sí, no hay compromiso para vivir acordes a la fe que se confiesa. No puedo evitar recordar a un amigo que -sin saber montar en motoneta- compró una, y fue dilatando el aprendizaje para usarla. Cuando por fin dijo, iba a sacar el tiempo para hacer el curso, descubrió -apesadumbrado- que ya no era más que un cachivache inútil, un arrume de óxido y moho, al estar ahí descuidada e inutilizada, se había echado totalmente a perder.


El sacramento lo reciben todos los llamados, pero disfrutarlo, sólo lo logra quien lo vive y lo convierte en la dicha de su existencia: ¡ellos son los elegidos!

martes, 18 de agosto de 2026

Miércoles de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 34, 1-11

… pasado cierto tiempo, Dios hace vibrar de nuevo su Palabra con renovada fuerza, investida totalmente del espíritu, con un mensaje de esperanza.

Luis Alonso Schökel / Guillermo Gutiérrez

 

Entramos en la Cuarta Parte del Libro de Ezequiel, que ocupa los capítulos 33-39: Promesas de salvación. Ya queda dicho que a partir del momento en que llega el fugitivo y le entrega al profeta la noticia de la caída de Jerusalén, que acaeció el 15 de agosto del 587 a.C., empieza una nueva fase para Ezequiel, él recobra el habla después de cinco meses de haber permanecido mudo. A partir de ese momento Ezequiel se hace Pastor y Formador, guía espiritual de su pueblo al que se le anuncia que volverá a nacer. El nuevo tema será la esperanza. Así Ezequiel se constituirá en el fundador y padre del judaísmo.

 

La perícopa de hoy constituye la censura y denuncia de los malos “pastores” y el anuncio de la llegada de un Mesías, “Rey Justo”. Podríamos descomponer la perícopa como sigue

a)    El pueblo (rebaño), anda disperso y la culpa la tienen los “malos pastores” (vv. 1-6).

b)    A esos pésimos gobernantes el propio Señor les quitará todo el mando, ya no serán los apacentadores de sus ovejas (vv. 7-10).

c)    YHWH en Persona tomará a su cargo el Pastoreo para prevenir que su pueblo caiga en manos de los pastores adúlteros (vv.11-16).

 

Podemos presentar aquí -como mapa de la perícopa- una pregunta que nos deje acceder, con eficacia, a este fragmento que es tan importante como antecedente de lo que es un “Buen Pastor” (un Pastor Hermoso, porque, es más que Bondad, es una perfección que nos admira y nos inunda con su esplendor, es pulchritudinis): ¿Cuál es la lista de las maldades que se denuncian en esta perícopa?

 

A saber:

a)    Se apacientan a sí mismos.

b)    Se comen las partes mejores.

c)    Se visten con la lana de sus ovejas.

d)    Matan a las “gordas”.

e)    No apacientan el rebaño

f)     No robustecen a las que están débiles

g)    No curan a las enfermas.

h)    No vendan a la que está herida

i)      No van al rescate de la descarriada.

j)      No buscan a la que se ha perdido

k)    Su ejercicio es de “dominación” por medio de la fuerza y la violencia.

l)      Dispersas quedaron expuestas a las fieras

m)   Son asoladas por el pillaje.

 

Ahora que quedan completamente desenmascarados, el Propio Señor va a tomar el “gobierno” en sus manos:

-       Les va a pedir cuentas

-       Las quitará de su cargo, retirándoles el cayado.

-       Y los sacará como David, de las fauces de esos leones y osos, porque no son pastores, sino lobos disfrazados.


Él mismo buscará su rebaño y lo cuidará. La monarquía será reabsorbida y se pasará a una Teocracia donde el gobierno estará en las Manos Directas de YHWH. Y así fue, en el post-exilio no se reimplantó la antigua monarquía.

 

Sal 23(22), 1b-3a. 3b-4. 5. 6

Un pastor no es otra cosa que un gobernante de un “pueblo” de ovejas; un rey no es otra cosa que un Pastor que gobierna a su pueblo. El único afán de un buen pastor es apacentar sus ovejas.

 

Apacentar es una palabra que viene directamente del latín, adpascere, viene de su participio presente adpascentis, “sacar a pastar”. En una cultura pastoril, el cuidado del ganado -sea vacuno o lanar- es el cuidado de las “ovejitas”, sacarlas a pastar, buscarles los mejores prados, llevarlas a abrevar, protegerlas del sol guareciéndolas a la sombra, y, defenderlas de las fieras, es por eso que siempre tienen el bordón a mano.

 

La declaratoria esencial de este salmo es: “El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. Y esta es, justo, la primera estrofa de hoy.

 

Hay una insistencia muy marcada en declarar que el rey del salmista es el Señor. Lo dice y lo repite para que no tengamos duda, su énfasis quiere significar que, al Único que reconoce como Rey es a su Pastor. Es un Salmo del Huésped de Yahveh, quiere experimentar a fondo y vivir su experiencia de pertenencia a Su Rebaño: Quiere declararse oveja de ese Pastor.


En la segunda estrofa apunta tres detalles muy clarificadores:

1.    Este Pastor cuida muy bien de conducir su rebaño por el Sendero Bueno, donde ninguna de sus ovejas se vaya a lastimar.

2.    Así vagabundeen por “cañadas oscuras” ellas nada temen, se sienten protegidas.

3.    Sabe que cuenta con la compañía y la defensa de Su Pastor, que usa convenientemente de su “vara” y de su “cayado”.

 

Apacentar, es llevar, a las ovejas, al “restaurante”: El “Pastor” se ocupa de “servirle la mesa a su rebaño, lo atiende como en un spa, le da masajes con aceite, le refresca la cabeza con toallas húmedas para que no le vaya a afectar el sol que ha recibido y, último -pero no menos-, le llena la copa, cada vez que él la escancia.

 

En la última estrofa, el hagiógrafo busca y ubica las palabras exactas que describan el tipo de atención que ha recibido y recibe siempre por parte del “Mesero” -estamos apoyándonos en una metáfora- en el restaurante (se llama restaurante porque en él se restauran las fuerzas). Los dos adjetivos que describen el meticuloso cuidado de este Pastor son: Bondad y Misericordia. Y, una vez más lo declara, vuelve a reclamarse “Huésped de la Casa de Yahveh”.  

 

Mt 20, 1-16

Comprendiendo la Soberanía Divina

No se comparan individuos, se comparan pueblos, mientras unos recibieron la Palabra de Dios hace siglos, otros hasta ahora llegan a la fe.

 

Uno de los elementos teologales más arduos para nuestras entendederas y, sin embargo, esencial a la fe -que se tiene que injertar en su rama principal, como un esqueje- es la Gracia, valga decir, el Amor inmerecido de Dios. Ese don que Dios distribuye con la locura de un enamorado.


Con una altísima velocidad nos apuramos a denunciar ὀφθαλμός σου πονηρός [o oftalmos sou poneros] “el ojo malo”, para reprocharlo como un defecto, sin tomar en cuenta que lo hemos promovido durante siglos, hasta hacerlo una meta de la existencia. Esa aspiración por ser el mejor, por tener lo mejor, por acaparar sin límites, fueron puestas en nuestro ánimo como las claves de la superación. Aún hoy, se inyectan con disimulo, moderadas dosis de ambición, de avaricia, de envidia como si se estuvieran aportando dosis de algún reconstituyente o vitamina. No dejemos de lado los aprendizajes que sirven de pilar a la forja de nuestro carácter y que -así sea de forma periférica- se van tatuando en la dermis: “primero yo, segundo yo y, si hay otro lugar en el podio, que también sea para mí”. Miremos con sospecha esa consigna pedagógica tan promovida pero portadora del individualismo de superioridad: “Usted tiene que ser el mejor”

 

Luego, volcamos un baldado de desaprobación contra los que viven la vida de la fe como si se tratara de una carrera meritocrática. No nos cabe en el corazón la idea de recibir de manos de Dios sin medida, e interponemos como contrato de cambio los innumerables rosarios, las incontables novenas, las colecciones de camándulas y denarios, las estampitas de santos, y el hermoso altar doméstico. No se trata de alguna variedad de meretricio, donde la paga entra en juego, estableciendo alguna suerte de proporcionalidad en la prestación de un servicio.

 

Que Dios está llamando a toda hora de la vida, eso debe quedar claro. Que sería deseable que muy jóvenes -en nuestra vida- empezáramos a recorrer el camino del compromiso con nuestra fe, eso debe tener una lógica resplandeciente en nuestra existencia. Y, que nunca es demasiado tarde para acudir a responder la Voz Divina que nos invita, es el objetivo de hoy. No tendrá mejor “paga” el que llegue más temprano, el que haya respondido en la edad más pronta, y lo que debe quedarnos desde ya muy claro, es que Dios prodiga trofeos, y medallas, diplomas y estímulos, que nosotros no tenemos por qué medirlos, compararlos o criticarlos. Que su generosidad es una de las dimensiones inexplicables, y para quienes aman las categorías mistéricas, reconocer que las tablas contables de las oficinas de pago Celestiales, no están sujetas a las pautas humanas.

 

Si pensamos que el denario era la paga indispensable para poder cubrir las expensas necesarias de un padre de familia, tendríamos que entender que Dios no podía dejar a alguien sin retribuirle con lo mínimo necesario. Tendríamos que entender el “denario” como el “salario mínimo” del trabajo en la “viña”. En esta parábola, la viña es el pueblo de Dios y los cultivos, son los frutos salvíficos.

 

Recordemos que estamos en el co-texto del Evangelio de San Mateo, donde se estudia el tema de la vinculación, del seguimiento, del discipulado, de la sinodalidad. Pensemos, en la época cuando se escribió este Evangelio, estaban los judíos conversos al cristianismo y, luego, empezaron a llegar los paganos que se insertaban en la comunidad, ¿con qué criterio recibirían “paga” celestial? Por haber llegado últimos, ¿solo les darían como paga una “mogolla vieja”?


La expresión del “ojo malo”, en realidad se podría traducir, ¿es que te va a doler el ojo?, ¿es que se te va a resentir el ojo?  Pero, este dolor está conectado con cierta afectación del corazón que no ha aprendido a alegrarse con el bien del “hermano”. Lo que viene a enseñarnos la parábola de “los jornaleros en la viña”, lo que el Evangelio nos tiene como oferta es aprender a estar dichosos porque Dios no deja a nadie colgado de la brocha, es decir- nadie se queda con su necesidad desatendida, y sus criterios “salariales” hemos de asumirlos desde la Absoluta Soberanía que Lo asiste: ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?

lunes, 17 de agosto de 2026

Martes de la vigésima Semana del Tiempo Ordinario

 

Ez 28, 1-10

Hemos recorrido, claro, sólo en sobrevuelo, dos partes del Libro del Profeta Ezequiel: 1) la parte de la vocación del profeta caps. 1 al 3 y la parte 2) que fue describiendo la caída de Jerusalén, cómo se llegó a ella caps. 4 al 24. Ahora vamos a hacer el sobrevuelo de la tercera parte: Los Oráculos contra las naciones, que se pueden subdividir en tres tramos:

      i.        Contra Ammón. Moab, Edón y Filistea 25, 1 al 17

     ii.        Contra Tiro 26, 1-28, 26

    iii.        Contra Egipto, 32, 1-32

 

Hoy vamos a mirar una perícopa tomada de la sección profética contra el rey de Tiro. Itobaal III (en hebreo Etbaal), gobernó el sur de la región de Fenicia, (actual Líbano). Flavio Josefo lo registró en una lista de reyes de Tiro, y dice que reinó entre el 591/590 y el 573/572 a. C. Según otros autores, reinó entre el 586 y 576 a. C. Bajo su reinado, una parte de Palestina (incluyendo a Judá) se rebeló contra el dominio asirio. Durante su reinado sucedió la primera caída de Jerusalén, y por lo tanto, es posible que él sea el «querubín caído del Edén» que menciona el profeta Ezequiel.

 

Algunas interpretaciones cristianas sugieren que el texto cuenta de forma metafórica y críptica, la historia del origen de Satanás, quien se corrompió y fue echado del Edén. Mientras otros afirman que se trata, en cambio, de un lenguaje alegórico y sarcástico, para execrar al rey de Tiro, comparándolo con Helel, deidad cananea representada por el lucero de la mañana (Lucifer).

 

La perícopa nos aporta información sobre el imperio de Tiro, edificado con base en la navegación y en la habilidad comercial de los fenicios. Se desenmascara cómo el enriquecimiento comercial de Tiro condujo al ensoberbecimiento de su gobernante que, se declaró más poderoso que Dios y se erigió como corazón de dios. Ezequiel lo que hace es construir un paralelo con ciertos pasajes del Génesis (tres capítulos: 2-4); el pecado de Etbaal, guarda analogía con la caída de nuestros primeros padres, y ese fue el acierto de Ezequiel, que supo descubrir la similitud y mostrarla.


La profecía amenaza a Etbaal que será atacado por reyes más potentes y revestidos de mayor poder, que harán trisas de él. La sentencia es la de perecer bajo muerte violenta. Aun cuando al momento de morir siga proclamándose dios. Eso es lo que le augura el oráculo del Señor, que en este caso correspondió a Ezequiel pronunciar.

 

Sal Dt 32,26-27ab. 27cd-28. 30. 35cd-36ab

Mañana vamos a pasar a otra parte de la profecía de Ezequiel, nos parece que este “salmo” -construido con un fragmento tomado del Deuteronomio y que hemos venido trabajando- nos prepara para lo que vendrá, ahora.

 

Tenemos fragmentos de seis versículos del capítulo 32 con los cuales se han integrado cuatro estrofas.  Tengamos presente que se trata de una continuación del mismo salmo que proclamamos ayer.


El Señor planea la aniquilación de su pueblo, por sus atroces desvíos, sin embargo, Dios no quiere ser fuente de engaño para otros pueblos que se escandalizarían y renegarían del Nombre de YHWH, haciendo de Él pasto de sus burlas y malinterpretaciones de las cuales el enemigo siempre goza.

 

Como son gentes, carentes de claridad intelectual, se van a atribuir la victoria al poderío de sus armas y al esfuerzo de sus brazos, sin acertar a distinguir que la victoria ha sido obra del Señor, que es Él y sólo Él quien desbarata las defensas de Israel y lo hace frágil.

 

Hazañas realizadas por un solo hombre que derrota a mil, o dos personas, insignificantes, que vencen a diez mil y los ponen en desbandada, sólo ocurre porque Dios los ha derrotado y les ha dado sentencia de castigo.

 

El Señor, dará Justicia para su pueblo y lo protegerá por que honra Su Propio Nombre.

 

En conclusión, dice la antífona: “Dios es el dueño de la vida y de la muerte y Él la da y la quita cuando quiere, cuando su Justicia lo dictamina”.

 

Mt 19, 23-30

La gratuidad en seguir a Jesús es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús. Y cuando se quiere ir que sea con Jesús no con el mundo, sea con la pobreza o con la riqueza, esto es un cristianismo a mitad, que quiere una ganancia material. Es el espíritu del mundo.

Papa Francisco

Casi parece que Dios está diciendo: No desgasten fuerzas con predicaciones para los ricos, ellos están obcecados con sus riquezas, y toda predicación para ellos es vana. ¡Y no es así!


El problema debe reinterpretarse desde otro ángulo: No creemos que Jesús esté trancando la Puerta por dentro para negar la entrada a los ricos. Pero si está poniendo delante de ellos un severo interrogante: ¿Cómo puedo decirme “discípulo” cuando no me conduelo de los que llevan una vida indigna, por debajo del límite de la pobreza, y cuando mi propio nivel de vida está muy por encima, hasta llegar a sobrepasar cayendo allende el despilfarro, en el desperdicio? ¡Yo no paso ninguna penuria, pero mi hermano -el marginado- vive con angustia porque no tiene con qué llevar un pan a su mesa y resolver sus más elementales necesidades!

 

Hay una pieza escatológica hermosa, deliciosa: cuando el Señor se siente en su trono, habrá también tronos para los doce; doce es el número de los elegidos para recibir la heredad. Doce no es una cardinalidad, doce es una calidad, la calidad de “discípulo-misionero”. En “doce” caben todos los que tienen un corazón “samaritano”. Es otra manera de mirar los números, que “llama” doce a todos los que “sienten como sienten las madres: con las entrañas”.

 

Nosotros muchas veces valoramos la erudición que nos permite decodificar ciertos “símbolos bíblicos”. Hoy tenemos la simbología del “ojo de la aguja”, y desdeñamos quedarnos atrapados en ella, porque el mismo Jesús la desmantela cuando dice que para Dios no hay imposibles. Es el propio Jesús el que garantiza que Él no está para multiplicar los “retenes”, ni para poner trabas infranqueables, sino que Él derrocha (y ahí sí se vale el derroche) los pases, los boletos gratuitos, los pasaportes incondicionados.

 

¿Quiénes podrán entrar? Y Jesús contesta: ¡Todos! Bastará un pequeño esfuerzo, desprenderse de algo: de su casa, de un hermano o hermana, de su padre o su madre, de un hijo o de una hija, o de tierras. Hay que destrabarse, de algo, soltar, aflojar, no aferrarse, no sujetar a dos manos… Hay gente, por ahí, que pone su propio corazón en el lugar de Dios, como Etbaal, como Luzbel que se volvió Lucifer.

 

¡Libres para abrir las alas y remontarse! La cuestión no está en qué significa camello o qué significa aguja. El quid del asunto es ser libre, para poderse dar, para donarse, para incorporarse a la sinodia, (palabra griega que se podría traducir por “caravana”) y que en el lenguaje eclesial ha llegado a significar “peregrinar juntos”, “reunirse y avanzar como un solo pueblo, una tribu, como una familia”, ¡férreamente unida! He ahí el arte de acceder a la vida eterna. ¡Libres para pasar por el nimio ojo de la aguja, así sus riquezas lo hayan hecho un camello farragoso, con todas sus abultadas posesiones! ¡No sujetarse a nada, no aferrarse, convirtiendo esas propiedades en ídolos! ¡Ser libres para seguir a Jesús!

 

Cómo aquel que vino a preguntar qué hacer para entrar en la vida eterna, y al ver que la entrada era angosta, como un “ojo de aguja”, “tiró la toalla”, se marchó, y no se hizo discípulo.


«Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo ha hecho Él, y si el Señor te da la posibilidad de ser el primero, tú tienes que comportarte como el último, o sea, servir». (Papa Francisco)

domingo, 16 de agosto de 2026

Lunes de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario


Ez 24, 15-24

Hemos hablado de “acciones simbólicas”, se trata de algunos actos, digamos, extraños, ilógicos, podríamos decir, que son llamativos precisamente por su rareza, alguien diría “están locos”, ¿por qué hacen estas cosas con ningún sentido? Por ejemplo, poner al fuego una olla vacía a que se queme, lo que podrá pasar es que la olla se arruine, pero ¡qué despropósito! ¡Definitivamente esta gente está chiflada!

 

«… entre los profetas de siglo VII es difícil encontrarlas, mientras son frecuentes en Jeremías y Ezequiel, profetas de finales del siglo VII y comienzos del VI… En la mayoría de los relatos sobre acciones simbólicas podemos encontrar, según Fohrer, seis elementos:

1)    La orden de ejecutarla; viene siempre de Dios.

2)    El relato, en más de la mitad de los casos la ejecución de la acción simbólica no se cuenta, se da por supuesta.

3)    La interpretación, se hace con palabras desvela el sentido de lo realizado e impiden falsas interpretaciones.

4)    Presencia de testigos oculares

5)    El compromiso de Dios de cumplir lo simbolizado

6)    Hay un nexo entre la acción simbólica y los simbolizado.

No siempre estos seis elementos están presentes.

 

Según Van de Born, esas acciones simbólicas son vestigios de prácticas mágicas, pero, a pesar de su parentesco con ellas, son completamente extra-mágicas. Está ausente de ellas el ritual complicado, Dios no está obligado a cumplirla, pero la lleva a cabo para respaldar la profecía; no pretende alterar el curso de la historia, lo que persigue es manifestar el designio Divino. Lo que acentúa la diferencia es que no pretende hacer la voluntad humana sino poner de presente el poder de la Voluntad de Dios». (J.L. Sicre).

 

Por allá, en los años cincuenta’ los artistas pusieron de moda, hacer esta clase de “acciones paradójicas”. La gente los llamaba “happenings”, fue Allan Kapraw quien, en 1959, los bautizo así: Los “happenings” se trataban de acciones con una estructura abierta que daba pie a la improvisación de quienes participan que -a veces, parte de la “apertura” de la acción, era el lugar donde se realizaba, que podía ser en espacios de arte, una galería o un museo, o en algún espacio público, como un parque, un jardín, un centro comercial. Me acuerdo de uno en que un artista de cierto renombre, expuso un gran bloque de hielo y lo dejaba -sencillamente- descongelar; a veces se incorporaban elementos de las artes visuales, del teatro y la música: una caja de televisor sin su circuitería interna, con una Venus de Milo dentro, que giraba en una plataforma rotativa., de alguna manera tenían su antecedente en aquellas “acciones simbólicas” del profetismo. Los dadaístas y los surrealistas decían que se proponían hacer “pensar” a la gente. Un paso más y hemos desembocado en el “arte conceptual”. Hablaban de integrar el arte y la vida, la bisagra era el pensamiento crítico, poniendo en evidencia lo que, pese a estar allí, no se veía.

 

מָשָׁל [mashal], se ha traducido por “proverbio”, “parábola”, “refrán”, “enigma”, “ejemplo”, en este caso, son como “parábolas visuales”, donde se rescata, esa intención del dadaísmo de “hacer pensar”.  

 

En el capítulo 24 de Ezequiel -donde se inserta la perícopa que hoy estudiamos- nos encontramos con dos de estos “gestos simbólicos.

1.    La olla vacía puesta en el fogón (Ez 24, 1-14)

2.    La muerte de la esposa del propio profeta, el gesto simbólico estriba en que Dios le ordena no guardarle luto, no llorarla, ni una sola lágrima. (Ez 24, 15-24). ¡Nuestra perícopa de hoy!

 

Los funerales en aquellas culturas estaban rodeados de lamentaciones, y plañideras, y gestos rituales para dejar correr el dolor y expresar el duelo. Abstenerse de ello, “daba mucho que pensar”, es por eso que la gente viene a preguntarle: “¿Quieres explicarnos qué significa lo que estás haciendo? ¿Qué es lo que nos quieres decir?”.

 

Abriendo un paréntesis, encontramos una asociación con el modernismo tardío en El Extranjero, de Albert Camus, donde el protagonista se ve asediado por la crítica social: La sociedad juzga y condena a Meursault más por no llorar en el funeral de su madre y no jugar al teatrero de las emociones. Aun cuando -en este caso- el propósito es absolutamente divergente. ¡Cierra parentesis!

 

Para Ezequiel, su esposa era “el encanto de sus ojos”. Para el pueblo de Judá, lo era Jerusalén, la ciudad era “el encanto de sus ojos y la esperanza de su vida” (Ez 24,20s). Y el Señor iba a permitir su profanación. Y ellos no tendrían derecho a llorar, ni a vestirse de luto, porque ellos con su pecado habían arrastrado la Amada Ciudad a su sacrilegio. Con su carencia de luto, reproducirán la conducta del profeta; y cuando todo esto suceda, recordaran -con corazón contrito- que YHWH es el Señor.

 

Es una calamidad tan aberrante que no deja espacio a dolerse, y, peor aún, al reconocer que uno mismo la ha causado.  Cuando llega esta desgracia, el profeta que había quedado mudo, recobrará el habla y su misión profética adquirirá otro cariz diverso del que ha tenido hasta esta fecha (Ez 24, 25-27).


Aquí, ya hemos sobrepasado la frontera de la perícopa de hoy, con el solo propósito de darle co-texto a la acción simbólica del profeta y a la misión del anuncio que Dios le entregó. ¿Cómo se indicará el momento preciso en que el profeta recobrará el habla? Será con la llegada de un “evadido” venido de la Jerusalén destrozada, que le dará la tristísima noticia del fallecimiento de la Ciudad-Esposa.

 

Sal Dt 32, 26-28. 30. 35cd-36ab

Como salmo, hoy tenemos un trozo de los capítulos finales del Deuteronomio. Los capítulos 31-34 están dedicados a la despedida y muerte de Moisés. En particular, el capítulo 32 -de donde se extracta esta perícopa-, es el Cántico de Moisés, que él entona ante la קְהַ֣ל [qahal] Asamblea Plenaria del Pueblo de Israel.


 

A manera de prefacio queremos incluir una cita de 1Cor 10, 20:

“Sin embargo, cuando los paganos ofrecen un sacrificio, el sacrificio va a los demonios y no a Dios. Yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios”.

 

Tenemos 6 versículos con los que se han estructurado tres estrofas, que nos proponemos mirar una por una.

 

1.    El señor, arde en celos ante la infidelidad de un pueblo que desechó al Dios poderoso que lo creó. Por eso, ahora, Él rechaza a este pueblo.

2.    Por pervertidos, por desleales, ocultará Su Rostro y ya no gozaran de su Sonrisa.

3.    Denuncia y les arrostra su idolatría. Con todas las letras les hace ver que se dedicaron al culto de dioses que no tiene nada de dioses, que son pura factura humana. Ellos quisieron desatar su celo, pues ahora ellos probaran, en carne propia, lo que es estar celosos, cuando Dios se aparte de ellos y sonría en dirección a otros pueblos.

 

Y, el versículo responsorial nos reprocha que hemos despreciado a nuestro Dueño y Señor.

 

Mt 19, 16-22

… el conquistador por cuidar su conquista se transforma en esclavo de lo que conquistó…

Facundo Cabral


 

San Mateo es el único que nos habla de este interlocutor de Jesús que viene a consultarlo diciéndonos que se trataba de un “joven”. Hemos insistido que Jesús nos da -con acciones- unas pautas de sinodalidad en este tramo del Evangelio mateano, en su camino de Galilea a Jerusalén, cuando previamente nos había dado pautas con “Palabras”. Quizás aquí se habla de un joven porque la juventud es la etapa de la vida más propicia para tomar estas decisiones de discipulado. Eso no quita que siempre estemos viviendo el llamado y profundizando los compromisos y que una y otra vez en nuestro corazón -siempre joven- estemos ratificando e intensificando nuestro estilo de vida cristiano. No podemos continuar sin decir que todo momento de la vida es propicio para vivir y atender el llamado y que, como en la parábola de los “Jornaleros de la Viña” alguno somos llamados en hora temprana y otros en la hora undécima” (Mt 20, 1-16).

 

En general visualizamos esta perícopa como una escalera, cuyo extremo superior es la Vida Eterna. En la pregunta del joven, hay un presupuesto que constituye el primer escalón del ascenso: ¿Qué obras buenas debo hacer? Significa que, él ya sabe que esto no es un asunto aleatorio, que no se trata de un azar irresponsable, que se requiere compromiso, y que ese compromiso es compromiso con la Bondad, con la Rectitud, con la Justicia.

 

«El joven se queda triste cuando Jesús le pide que venda sus riquezas. De golpe, la alegría y la esperanza en ese joven rico desaparecen, porque no quiere renunciar a su riqueza». Lo que lo detiene es la distinción, la jerarquización de lo que se tiene por bueno, este desconcierto siempre nos asiste, siempre estamos dudando qué será lo principal entre todo el cúmulo de los “detalles” que se suelen dar por buenos». (Papa Francisco)

 

No hay que desorientarse, tenemos a mano un criterio esencial de discernimiento: “Uno sólo es Bueno”. Aquí entendemos que no hay que tratar de agradar a nadie, sino a Dios, porque Dios es Fuente y Culmen de la Bondad. No hay autoridad humana tan sólida que pueda descifrar y servir de “Criterio Maestro”. Hay que dirigir los ojos hacia Dios para hallar la respuesta.

 

No hay que escoger los peldaños de otra manera sino referidos a Dios, y Él, Magnánimo, nos habla y revela sus gustos, sus secretos, sus pautas. Al responderle, Jesús pone el énfasis en los Mandamientos, y no en todos los Mandamientos, su enumeración toma solamente algunos, los que llamamos de la Segunda Tabla, los que se refieren al prójimo:

1.    No matar

2.    No cometer adulterio

3.    No hurtar,

4.    Honrar a padre y madre

5.    Amar al prójimo como a sí mismo

 

Sentimos que, lo que se nombra primero es lo que definitivamente, con mayor empeño ha de evitarse. Pero luego va ascendiendo en el grado de “perfección”. El peldaño más alto es el amor al prójimo, tomando como referente al amor a sí mismo. Sin embargo, hay algo que está más alto, es el pináculo: ¡Venderlo todo para dárselo a los pobres!

 

El interpretarle esta enseñanza a sus “seguidores”, les ilustra la dificultad del desprendimiento y establece una especia de proporcionalidad inversa: al que más tiene, más difícil le es desprenderse, no se dice, pero nos parece legítimo inferir que, “a quien menos tiene se le dificulta menos”. Por esto, que viene a manera de cierre de la perícopa, a esta página no se la llama simplemente “perícopa del joven”, sino “perícopa del joven rico”, ya que como era muy rico, se marchó, sus propiedades la impedían semejante grado de desprendimiento. Tanto le dolía desprenderse que le fue imposible la abnegación. También en esta situación, este lo dejó y se fue porque esto que Él dice es muy difícil de aceptar (Cfr. Jn 6, 60def).

 

Dejó abandonada a la vera de su vida, su lealtad con los Mandamientos de la Ley, porque este ideal de desprendimiento lo visualizó totalmente por fuera de su alcance. “Maestro, tu exigencia es exagerada para mí”. No era libre, sino esclavo de lo que creía poseer. Muchas veces, lo que creemos tener es, en realidad, nuestra prisión.


«El apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto, corrupción política, corrupción de la educación…. Y ¿por qué? Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo. Hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre». (Papa Francisco)