domingo, 1 de marzo de 2026

Lunes de la Segunda Semana de Cuaresma

 


Dan 9, 4b-10

El servicio a Dios no se reduce por tanto al culto, sino que se despliega naturalmente en la vida de los hermanos. Así el amor fraternal (honrar a los padres, no cometer adulterio, no robar, etc.), es una exigencia de la alianza. Atentar contra los derechos de los hermanos es romper la alianza con Dios.

Equipo “Cahiers Evangile

Esta obra está ubicada dentro del profetismo, pero su lenguaje y sus recursos son los de la apocalíptica, rica en imágenes, en figuras, en visiones, en simbolismos. La apocalíptica floreció entre el siglo II a.C. y se desarrolló, hasta el siglo II d.C.

 

Es muy importante y definitivo entender que, se escribió la obra entre el 167 y el 164 a.C. -lo que corresponde a la época de los Macabeos; pero el relato está ambientado en la época de la conquista de Israel por Nabucodonosor, o sea que, los sucesos relatados habrían ocurrido, aproximadamente, cuatro siglos antes.

 

Este Libro está escrito en tres idiomas distintos:

1)    en hebreo, el capítulo 1 y los capítulos 8-12, esto quiere decir que la perícopa de hoy correspondería al texto en hebreo.

2)    En arameo, por otra parte, están escritos los capítulos 2, del 4-7 y el capítulo 28.

3)    Y, en griego, la parte deuterocanónica, la perícopa 3, 24-90 y los capítulos 13-14.

 

Para facilitar la comprensión, el Libro se puede retacear en dos partes:

·         Los capítulos 1-6, contiene los relatos “históricos” que ambientan la pieza en la época entes dicha.

·         Los capítulos 7-12 nos relatan las visiones.

 

¿Cuál sería el mensaje esencial? Que la fidelidad al judaísmo puede mantenerse a pesar de vivir inmersos en culturas paganas e idolatras.  Pero, que -además- hay que saber resistir y mantener la fe en un campo viciado y minado: eso es lo que nos dicen los 6 versos y medio que forman la cita:

 

¡Dios sostiene la palabra dada en la Alianza, siempre y cuándo, esta sea sobre guardada! Pero ¿qué fue lo que hizo este pueblo? Fracasó, no supo sostener la Alianza, han pecado y se apartaron de la senda que Dios les había demarcado con tanta claridad.

 

Todo se apuntala en בְּרִית [berith] la “Alianza”, que pasado al latín es alligare, ad-ligare; “ligados”, “atados”, explorando el significado nos encontramos con algunas sinonimias próximas: “pacto”, “acuerdo”, “unión”, “coalición”, “consorcio”, “confederación”. ¿Con qué se avala la alianza? La perícopa nos lo dice: cumpliendo los מִשְׁפָּט [mishpat] “juicios”, “veredictos”, “ley divina” y los מִצְוָה [mitzvah] “preceptos”.

 

¿Cómo se quebranta la Alianza? Con el חָטָא [chata] pecado, del cual podemos clasificar dos “modos” a cuál más de corrosivos y destructivos: la עָוָה “iniquidad” -que implica someter a otro a una carga tan pesada que lo encorve, que lo tuerza bajo su agobio- y la רָשַׁע [rasha] “impiedad”, la “falta de clemencia”, la “carencia de voluntad para indultar”, para “levantar una sanción”, en fin, para “perdonar”. Dios envió a los profetas como portadores de la palabra. Les dio también a los reyes que pidieron y quisieron. La actitud de indiferencia ante el llamado a honrar la Alianza, fue -para Dios- una verdadera decepción. Con su actitud se acarrearon la dispersión, (nos la acarreamos).

 

Sin embargo, el hagiógrafo es consciente que Dios no se cansa de velar por nosotros. Sabe que Dios no es voluble, por el contrario, es Dios-Justo-y-Fiel. La fidelidad Divina es súper excedente, porque Dios es compasivo y perdona. Esta perícopa concede mucho sentido a llamar a Dios e invocarle por Su Grandeza. ¿En qué consiste Su Grandeza? En Su Perfección, contrapuesta a nuestra fragilidad de seres deleznables.

 

La linfa que corre por las venas de esta oración es la del dolor y el arrepentimiento, es la linfa de la “Contrición”. Dado que en ella se conjugan la humildad con la adoración, la confesión y la petición. Las palabras de Daniel, aquí son reconocimiento de nuestra falibilidad y falta de lealtad: La nuestra es una rebelión porque desvergonzadamente nos hemos alejado de sus mandamientos y de la rectitud de sus preceptos, desoyendo el Mensaje entregado por sus profetas.

 

¿Qué es lo usual? ¿Solemos entregarnos al arrepentimiento y buscar la confesión de nuestras faltas? ¿O, quizás la costumbre consiste en buscar algún “chivo expiatorio” que cargue con el pecado y la pena que se infringe?

 

No se vaya a pensar que es una invitación a vivir con “escrúpulo”, pero si se trata de una sincera y urgente preocupación por reconocernos personalmente en el origen de tanto mal que ronda y se extiende. Por ejemplo, sin ir más lejos -repetimos, sólo a título de ejemplo- solemos denunciar todo el mal que se causa a la “casa común”, pero descuidamos reconocernos en cada pequeño descuido y en los malos hábitos que nos llevan a ser engordadores de la “huella de carbono” excusando que somos “causantes mínimos” y que, el nuestro, es solo un ridículo aporte al daño global. ¡Así, de gota en gota, rebozamos la copa!

 

El pecador se entrena aplicadamente para ignorar el reclamo de su conciencia; mientras el “justo” se entrena para reconocerse pecador, precisamente porque -permaneciendo próximo al Señor, se deja orientar por Él- Dios le enseña las vergüenzas de su consciencia desnuda, mientras el pecador “conchudo” no quiere ver como mete toxinas en la convivencia social y se hace impuro, generando daño, dolor, sufrimiento y desafuero a los dictados de Dios. Cada vez que se nos muestra la maldad del pecado, volteamos la mirada hacia algún prójimo, para apremiarlo al confesionario con el vivo propósito de hacerlo cambiar.

 

Debemos -antes que nada- esforzarnos por formar e ilustrar nuestra conciencia para saber con nitidez qué ofende a Dios y cómo nuestras acciones dañan al prójimo y -evidentemente- también a nosotros mismos. Esta es una de las riquezas del tiempo Cuaresmal, cuando se reviste de su carácter penitencial, ya que penitencia no es sólo oración, ni sólo abundante y generosa limosna, sino principalmente y antes que todo lo demás- afán, para no ser de los que con nuestras excusas y pretextos volvemos a crucificar al Señor, crucificando a nuestros hermanos cotidianamente.


Esta perícopa del Libro de Daniel lleva más de 1000 años iluminando nuestra conciencia en tiempo cuaresmal, ayudándonos a saber y a despertar nuestra responsabilidad de pecadores: es una perícopa que ha actuado como Natán lo hizo, poniendo la luminosidad de la lámpara para alumbrar la consciencia de David.

 

Sal 79(78), 8. 9. 11. 13

Hablamos de un pensamiento secular, que consiste en ignorar el pecado, consiste en proclamar la “libertad a ultranza”, so pretexto de “libertad” procurar cavarle una fosa a Dios en nuestra mente y en nuestro corazón. Y luego, sacar mucho el pecho y autodenominarnos “avanzados”, “progresistas”, “libertarios”, “librepensadores”, “rompedores de cadenas” y de “prejuicios pendejos”. Antes, estas ideas se detenían a las puertas de los colegios, de las casas de formación, de los hogares, y de los tribunales, donde vivamente latía el corazón de la fe y la obediencia a la “Voluntad de Dios”.

 

Hoy por hoy, y cada vez de una manera más avasalladoramente y atrevida, la inconsciencia campea a sus anchas y parece que llega hasta el mismo corazón de los progenitores y cabezas de familia, que -por física pereza y craza apatía- renuncian a la defensa de los valores y dejan caer los brazos desmayados bajo el eslogan “qué le vamos a hacer”: “¡Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad!”

 

Con esta frase inicia este salmo. Dice, a renglón seguido: “han profanado tu Santo Templo; han dejado a Jerusalén en ruinas”.


Este Salmo de súplica, tiene 13 versos, en el salmo responsorial de hoy tomamos 4 de sus renglones y se nos invita a reflexionar. ¿Qué hay que reflexionar?

 

Si la consciencia es el Sagrario del hombre, si la dignidad del hombre se devalúa para desacralizar de raíz nuestro pensamiento, ¿qué quedará en pie de la honra de Dios? El salmista clama a Dios por su defensa, porque nosotros nos hemos hecho reos de la inconsciencia social que -empezando por los padres de familia- hemos dejado entrar en nuestro ser y en nuestra casa la ignorancia de Dios y el olvido de sus preceptos.

 

Le rogamos a Dios que perdone ese gran pecado que es el descuido de darle la espalda a la Ley que Él nos enseña.

 

Somos cautivos del pecado por minimizarlo, por verlo como cosa vana, diminuta, inofensiva, imperceptible, insignificante, como simples nimiedades, uno oye a los que debieran ser guía y ejemplo vivo para sus hijos que “esas son chocheras de esos atrasados que todavía viven en la edad media”.

 

Nosotros, procuraremos guardar la Alianza y continuar propalando que de espaldas a Dios sólo recogeremos perdición, guerra, inmoralidad, violencia extrema y destrucción de la casa común. ¡No, no somos mojigatos lloriqueando por el pasado y anhelando resucitarlo! Lo que queremos es recuperar la dignidad del hombre que ha sido amado hasta el extremo de ser rescatados al precio de la Sangre Divina.

 

Lc 6, 36-38

¿Qué le dijo el Malo a Eva para inducirla a su territorio y secuestrarla bajo su control?

«¿Así que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín?

Y la mujer le contestó:

“Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.”

Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» (Gn 3, 1-5)


Pues bien, he aquí el núcleo de la tentación: Hacerse como Dioses. ¿Y el pecado? Aceptar esa idea de Dios, creer que Él nos manipulaba por envidia, porque Él no quería compartir su poder de discernimiento. Aceptar la falsa imagen que da el que Divide.

 

¿Por qué nos fuimos hasta por allá para examinar esta perícopa de hoy? Porque es esencial que entendamos que el pecado consiste en aceptar que Dios es egoísta, ambicioso y envidioso.

 

Hoy Jesús nos da la Vacuna-Redentora: La exacta idea de cómo es Dios.

 

¡Perdonen el recurso tan ingenuo para resaltar la importancia de esta idea! Vamos a subrayarla: El Padre Celestial es οἰκτίρμονες [oiktirmones] “Compasivo”, “misericordioso”, se pone en los zapatos del otro con un sentimiento que le brota de las entrañas, es algo que lo mueve desde adentro, que echa mano a la sensibilidad divina que como Hijo de Dios tiene. Es traducción del concepto hebreo רַחֲמִים [rajamín] es como un “cariño ilimitado” salido de lo más hondo del ser.

 

En la perícopa hay una descomposición de la palabra en cuatro elementos:

      i.        Abstenerse de juzgar. Algo que obra el corazón.

     ii.        Evitar condenar: La sentencia que externaliza el juzgamiento

    iii.        Perdonar: Condonación

   iv.        Dar. Oblación. Entregar compartiendo de lo que Dios nos ha dado. Abstenernos nosotros mismos, en favor del otro.

 

Esos son los rasgos que hacen hermenéutica de este concepto. Cuando decimos “cariño ilimitado” tendemos a deshacernos en gestos melindrosos, empalagosos, blandengues. ¡Por ahí no es! Pero. Logramos aproximarnos cuando lo ponemos en términos de “amor maternal”, que es tierno y consentidor, pero no se queda en los “arrurúes” ni en “afectaciones”. ¡Va mucho más allá!

 

Creemos que para enraizar en lo que Dios quiere, hay que aferrarse a los cuatro elementos que Jesús da como descriptores.

 

Cuando Dios manda por Boca de Su Hijo que seamos perfectos, no podemos quedarnos en una abstracción que dice tanto que no dice nada, que no nos comprometa a nada y que en 10 minutos habremos olvidado. La genialidad de la propuesta en el Evangelio está en descomponer la abstracción en ejercicios concretos y concretables.

 

No juzgar no consiste en dejar de “ver”, en voltear la cara para no darnos por enterados, o en suspender la inteligencia que nos ilumina el mal que se hace y que se debe evitar; más bien, es evitar que esa comprensión desencadene en nosotros lo más negativo, la repulsa, el rencor, las bajas pasiones, el pretexto para ser violento, los más insanos deseos de responder con “muerte”, o el pretexto para hacer lo mismo.

 

Consiste en refrenar lo respuesta criminal y criminalizante y tomar en cuenta que:

a)    No conocemos el fondo del corazón de quien se está equivocando

b)     No somos “verdugos” ni podemos revestirnos de tan asesina autoridad.


Sentimos que San Francisco hizo una actualización practica de esta perícopa cuando dijo:

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque, Dando es como se recibe;
Perdonando, como se es perdonado;
y muriendo en ti, que se resucita a la Vida Eterna.

La Perfección Misericordiosa de Dios nos encamina a ser constructores de Paz.

sábado, 28 de febrero de 2026

¡CONDÚCENOS A SUBIR Y BAJAR CONTIGO!

 


Gen. 12, 1-4; Sal 32,4-5.18-19.20.22; 2 Tim. 1, 8-10; Mt. 17, 1-9

 

… alimenta nuestro espíritu con Tu Palabra; así, con mirada limpia contemplaremos gozosos la gloria de Tu Rostro.

De la Oración colecta

 

Que tu Misericordia Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de Ti.

Sal 33(32), 22

La fe no nos puede dejar flotando en un éter, debe conducirnos a “aterrizar” en la vida, sólo así será una fe vital. Leemos en el salmo 33(32) “el amor del Señor llena la tierra” (el amor -y más todavía el amor Divino- no es una palabrita dulzona como una especie de analgésico y antipirético, es un compromiso concreto: el amor es “nuestro auxilio y nuestro escudo”). ¿Toda esa abundancia de amor se va a quedar en nada? ¿Haremos de todo ello un divino-despilfarro? Cada detalle de Jesús es un destello de su luminoso amor. Y ese resplandor del que hablamos hoy, no se quedó en el Tabor, sino que ¡llena toda la tierra! Y, nuestros torpes ojos no llegan a verlo. Los Tres Discípulos que Él “lideró para que ascendieran”, -y que nos representan a todos los discípulos de la historia- pero, a la vez, -que “Él presentó al Padre como ‘corderos’ sacrificiales”- sabían que Jesús dialogaba con personajes que -todos pensaban muy pretéritos-, que no habían conocido personalmente ni sus abuelos, ni sus tatarabuelos, porque habían pasado por la historia de la fe, siglos antes: he aquí, una dosis mayor de aquella teofanía, esos “personajes” continuaban vivos, o sea que para Dios, el Dios de Jesús, el Dios-Padre, la muerte no existe, para Él todo es vida, “Vida perdurable”, vivida dónde, precisamente en el “Monte Sublime”.

 

No morirse en la esterilidad

Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos Luz.

Luis Espinal

 

Ascender para estar con Moisés, Elías y Jesús: Tres Personajes tan importantes para nuestra fe, que se dan cita en el ὄρος ὑψηλὸν [oros upselon] “Monte excelso”, “Monte sublime”; hay traductores que encuentran en la palabra ὑψηλὸν el significado “más alto que los cielos”; es un monte de 400 m de altura que está a 18 km al occidente del Mar de Galilea. Puede suceder que el episodio nos deje “por fuera” si en él sólo vemos un “efecto especial”, un “montaje publicitario”, otro “truco de campaña”, una “manipulación de la imagen” encargada al Image Consultant para impactar y “conseguir más votos”. Este peligro también está allí. Podemos quedarnos “por puertas” si nos detenemos en los súper-reflectores que hacían ver las ropas de Jesús tan “maravillosamente brillantes” como si se tratara sencillamente de un comercial de detergente que promete una blancura inalcanzable para otros detergentes o para los jabones en barra…


 

Si esto nos sucediera, la página bíblica habría quedado para nosotros estéril. Así que, habrá que usar un acceso diferente. Otro tipo de acercamiento. Aproximarnos a la perícopa evangélica con otro instrumental. Nosotros mismos, nos hemos quedado -otras veces- atrapados en la crítica a San Pedro: “Ah, pedazo de conformista que quería quedarse en lo alto del monte y no bajar a enfrentar la vida”. O, “claro, ahí está pintado Pedro, siempre bocón, afanándose por meter la pata, porque siempre que habla, dice su sandez”. Y, sin embargo, no será tanta sandez porque Jesús lo instituye “piedra” básica para levantar su Iglesia: Primer Pontífice, primero en la serie de los que por ahora van 267; primo inter pares.  ¡Dios dispondrá cuantos más seguirán en esta serie! Por tanto, no podemos estancarnos en argumentos inmediatistas, procuremos -con el instrumental sugerido- adentrarnos en el tema, al sesgo, buscando penetrar con mayor efectividad, y más profundo alcance:


«Yo –decía el Padre José Luis Martín Descalzo- siempre he sido un pésimo ahorrador. De dinero y de vida. Tal vez porque veo que en el mundo hay un terrible afán por regatear esfuerzos, de afanes por dejar para mañana lo que a uno no le obligan a hacer hoy. Hay gente -me parece- que se va a morir sin llegar a estrenarse. Se cuidan. Se ahorran. Se «conservan». Van a llegar a la otra vida como un abrigo siempre guardado en el ropero.

 

Hace años leí una oración de Luis Espinal (el jesuita a quien asesinaron en Bolivia en 1980) que me impresionó: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado.

 

Pero ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser el llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.

 

Sería terrible, sí, llegar al final con el alma impoluta, con el tesoro enterito, pero sin emplear. Creo que fue Péguy quien se reía de los que nunca se mancharon las manos... porque no tienen manos. O porque jamás las usaron para nada… Era yo seminarista y vi -¿hace ya cuántos años?- aquella vieja película titulada Balarrasa (que he revisado hace poco y me pareció malísima), que, vista con mis veinte años, resultó decisiva para mi vida en aquella escena en la que un personaje, muriéndose, se aterraba ante la idea de hacerlo «con las manos vacías». Esa imagen me persiguió durante años. Y pensé que ningún infierno peor que el de la esterilidad. Fuera lo que fuera de mi vida, yo tendría que dejar aquí algo cuando me fuera, aun cuando se tratara solamente de una gota de esperanza o alegría en el corazón de un desconocido.

 

Pienso ahora en aquel verso de Rilke que, como supremo piropo a la Virgen, dice que el día de la Asunción quedó en el mundo «una dulzura menos». O pienso en Juan XXIII, de quien, el día de su muerte, dijo el cardenal Suenens que «dejaba el mundo más habitable que cuando llegó». Pienso que es muy poco importante el saber si dentro de un siglo se acordará alguien de nosotros -seguramente no-; porque lo único que importa es que alguna semilla de nuestras vidas esté germinando dentro de alguien (incluso si ni él ni nosotros lo sabemos). Porque entonces nuestras vidas habrán sido ganadas.»[1]


Este relato, nos da motivos para bajar del Monte, para no quedarnos a vivir en las tres “tiendas”, para entender que en vez de “enquistarse”, es preciso “desacomodarse”, armarse de valor y “amarrarse bien los pantalones” porque nos han habituado a pensar y a reaccionar con mojigatería. Pedro no es menos valiente que nosotros. También –la mayoría de nosotros preferiríamos quedarnos arriba, preferiríamos el frasco de formol al riesgo de vivir el compromiso, de seguir al que es “la Tienda Viviente” porque Él ha puesto su Tienda entre nosotros, ha armado su “Carpa” con Carne, Huesos y Santa-Sangre, y es con Él con quien vale la pena vivir, porque Él es Vida, porque Jesucristo es la vida en plenitud, porque su vitalidad es la del Amor.

 

El mal puede llegar a producir frutos de bien

Sólo en el contexto de la resurrección ellos empezaran a tener las herramientas interpretativas para llegar a comprender lo que han visto.

Michael Casey

 

Vayamos sobre un segundo retazo: Admiramos la valentía de los jóvenes que son capaces de apostarle todo el mismo número. Y nosotros, en cambio, nos vamos llenando –muchas veces- de pusilanimidad, y nos quedamos allí en el rincón, quieticos, inmóviles sin hacer ruido alguno, sin chistar palabra: “No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado” como decía la oración de Luis Espinal, y por lo tanto, no habremos hecho al mundo más habitable que cuando llegamos.


Podemos orar para no tener que beber el cáliz amargo, siempre y cuando no pretendamos el muy ofensivo gesto de ponerle talanqueras al Mismísimo Dios. ¡Señor, haznos generosos para no quedarnos en el rincón, lloriqueando; para sacudirnos el miedo, para desatarnos las alienaciones que nos condenan al quietismo, a la inacción, a los pecados de omisión por cobardía! Permítenos, Oh Señor, la osadía de tu Espíritu Santo para no ser resignados sino resistir el Mal, todo mal; de seguro, ¡Tú nos asistirás!

 

«…una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg: “Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo todo el sufrimiento que nos han causado; recuerda también los frutos que hemos dado gracias a ese sufrimiento; la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad, la grandeza de ánimo que todo ello ha conseguido inspirar. Y cuando los llames a ellos a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y su perdón”»[2]


Cuando acusamos a Dios por permitir el mal, se nos queda en el margen, la comprensión anterior: el mal genera mucho bien, el dolor nos permite alzarnos por sobre nuestra fragilidad, no sólo es redentor, es también vitamina de solidaridad, nos hace más unidos, ante él, reaccionamos con lo mejor de nosotros mismos. El mal gatilla nuestros impulsos heroicos, es –en no contadas veces- el detonante del Amor que Dios ha depositado en nosotros, y que de otra manera, no despertaría, sino que se mantendría amodorrado en nuestro corazón, modorra rayana en la indiferencia. Pensemos –en este momento- en los frutos que tú mismo has dado como resultado de tu sufrimiento.

 

No que busquemos el mal, no que promovamos el mal; pero, que comprendamos que el mal inevitable, el que –por ahora- no podemos detener, también es una ventana hacia Dios, que sabe recoger, inclusive allí, frutos provechosos, así como los cosechó en el Árbol de la Cruz.

 

¿Se puede comer la torta y guardarla?

Aquel día Pedro, Santiago y Juan tuvieron la experiencia del Cristo del Tabor, como una experiencia anticipada del Cristo Resucitado.

Emilio L. Mazariegos

 

Y, para concluir, el tercer texto-retazo donde se nos plantea un profundo dilema moral: También se nos ha ocurrido pensar sí ¿podríamos tenerlo todo? ¿A Jesús, a Elías, a Moisés, las tres Tiendas y –al mismo tiempo- el descenso del monte, ya que no podemos quedarnos arriba? ¿Parece mucho pedir? ¿Es absolutamente imposible tenerlo todo? ¿Estamos condenados a elegir? o ¿cabe alguna astucia?


El siguiente cuentito nos puede sugerir una alternativa viable: Se titula “Un Dilema”:

 

Estás conduciendo tu carro en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada y ves a tres personas esperando el bus:

1. Una anciana que parece a punto de morir.
2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.

¿A cuál llevarías, sabiendo que solo puedes llevar a un pasajero en tu automóvil?

Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo.


Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y, por tanto, deberías salvarla primero; o podrías transportar al amigo, ya que te salvó la vida una vez y esta sería la oportunidad perfecta de devolverle el favor. Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al hombre o mujer de tus sueños… Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

 

El aspirante que fue contratado (de entre 200 aspirantes) no dudó al dar su respuesta. Me encanto, y espero poder utilizarlo después en alguna entrevista.

 

¿QUÉ DIJO? 

Simplemente contestó: "Le daría las llaves del carro a mi amigo, y le dejaría que llevara a la anciana al hospital. Yo me quedaría y esperaría el bus con la mujer de mis sueños."

 

Debemos superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas, y aprender a pensar creativamente»[3].


«Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho, como el sudor humilde del sembrador.» Lo cierto es que Pedro, Santiago y Juan, al bajar con Jesús tuvieron a Moisés y toda su ley, y aún más; a Elías y todo su profetismo; tuvieron a Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios; la bajada más profunda de la montaña, hasta el fondo del Hades, hasta el martirio mismo; pero, tuvieron también la Altura de la Montaña más Alta, la Luz y el Resplandor más enceguecedor, el destello de la Resurrección. ¡Si se puede tener todo al tiempo! Para lograrlo ¡hay que animarse a bajar! A subir y bajar con Él, animarse a seguirlo, ¡que sea Él quien nos lleve consigo!

 



[1] Martín Descalzo, José Luis. RAZONES PARA LA ALEGRÍA. Ed. Sociedad de Educción Atenas. Madrid -  España. 1985 pp. 18-19

[2] De Mello Anthony. UN MINUTO PARA EL ABSURDO. Editorial Sal Terrae. Santander-España 5ta ed. 1996 p. 299

[3] Agudelo C. Humberto A. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU 2. Ed. Paulinas. Bogotá – Colombia 3ra re-imp. 2005 pp. 219-220

viernes, 27 de febrero de 2026

Sábado de la Primera Semana de Cuaresma

 


Dt 26, 16-19

El jueves después de Ceniza leímos del Deuteronomio en el capítulo 30, los versos del 15 al 20; decíamos en ese entonces que se puede desestructurar el Deuteronomio en cinco partes, -tomando en cuenta los discursos de Moisés- hoy vamos a citar de la tercera parte, caps. 12-26, donde el contenido es un código que legisla sobre lo moral, lo político, los civil y lo judicial. Este código, precisamente, ha recibido el nombre de “Código Deuteronomista”.

 

En aquella oportunidad veíamos como Dios nos presentaba la gran disyuntiva entre bien/vida y, por el otro lado mal/muerte. Hoy la temática es la elección Divina de ese pueblo para que sea el pueblo Santo: donde Israel queda consagrado al Señor. Esta unidad discursiva concluye la tercera parte, previa la “celebración de la Alianza”. Después se señalarán las bendiciones y las maldiciones que serán producto de la obediencia o de la desobediencia.

 

¿Qué sirve de preámbulo a la perícopa de hoy? Dos temáticas:

1)    El tema de la consagración de las Primicias

2)    La cuestión del Diezmo.

 

Como inicia pidiendo que cumplamos estas leyes del Código Deuteronómico vamos a enumerarlas en su generalidad:

1)    Tener un único Santuario

2)    Rechazar todo tipo de idolatría

3)    Lo que se puede o no comer: lo puro y lo impuro

4)    El tema de los años Jubilares con el perdón de deudas.

5)    El asunto de la esclavitud

6)    Las Fiestas del año.

7)    Las reglas para aplicar la Justicia

8)    El sacerdocio Levita

9)    El profeta que vendrá

10) Ciudades refugio y Santuario: Leyes de asilo.

11) Contra el falso testimonio

12) Las leyes a aplicar en la guerra.

13) Qué hacer con los hijos rebeldes

14) Los excluidos y el manejo de esas exclusiones

15) Contra la llamada “prostitución ritual”

16) El tema del Divorcio

17) El Levirato

 

Leyes y Mandamientos que Dios nos pide guardar con toda el alma y todo el corazón. Esto implica que Dios espera de su pueblo fidelidad a sus preceptos para que este pueblo brille esplendido entre todos los pueblos. ¿Quiere decir que Dios lo volverá un pueblo poderoso?

 

Meditemos si lo que dice el Señor por boca de Moisés es que lo revestirá de poder y dominará otras o sobre todas las naciones. ¿Dice eso? Pero no dice nada de volverlo un pueblo que con su “poderío” subyugue otros pueblos. Dice que lo ensalzará en Gloria, y concluye diciendo que su Gloria brotará de ser el pueblo Santo por excelencia. Sera para Dios el pueblo espléndido en su Santidad y su Santidad hará de él; el amado pueblo de Dios.

 

¡Su poder será la Santidad!

El problema radica en con qué corazón leemos la expresión “te elevará en Gloria”. Si se lee con un corazón bélico, se entenderá como potencia armamentista.

 

La propuesta muy coqueta que queremos hacer es: pedirle al Espíritu Santo que nos dé un corazón limpio y compasivo y, ahí sí, volvamos a leer la perícopa de Deuteronomio, pero con un corazón “desarmado”.


O, ¿nosotros somos los que promovemos el desarme de los demás, pero el armamento propio? ¿Somos un pueblo que confía llegar al Señor valiéndose de tanquetas y rockets?

 

Sal 119(118),

Puesto que te amo, me siento íntimamente obligado a escucharte, a darte gusto, a cumplir tus deseos. Dime qué deseas, seré feliz haciéndolo.

 

Salmo de Suplica. El salmo más extenso de todos los 150. Con 176 versículos. El eje temático es la Ley. Dios se ha hecho un pueblo según su escogencia, y para estructurarlo le ha dado una Ley. Una Ley que -desde el punto de vista práctico- es un mapa a la vez que una brújula. Con la Ley le ha delineado un perfil y una identidad.

 

Recordamos siempre que se trata de un Salmo alefático y que, en cada estrofa, todos los versos empiezan con la letra correspondiente siguiendo el orden en el que van dentro del alefato. Eso tiene el propósito de señalar que en la Ley está contenido el todo, que es un cántico omnicomprensivo. Una Enciclopedia de la juridicidad del pueblo elegido. ¡Si nos dejáramos guiar por la Ley no se precisarían más sacrificios! ¡Ni más leyes!

 

Pero por nuestras venas corre la debilidad llamada “concupiscencia” -y no sólo la de la carne- la concupiscencia viene siendo como el lado adverso de la “Libertad”. Si no tuviéramos libertad, no seriamos humanos, y no tendríamos la valía para ser Amados de Dios. No esclavos, que descargan su responsabilidad en el amo, sino Libres para amarlo y ofrecerle la libre elección entre las opciones que tenemos.


La Ley nos lleva a entender que el amor se configura a partir de la capacidad de “escucha”. La escucha es la acogida amorosa de la voluntad del otro; en este caso de la Voluntad del Otro. “Dichoso el que camina en la Ley del Señor”, diremos en el responsorio. ¡Se acoge, no se sufre! Es opción, no fatalidad. Si fuera fatalidad se devaluaría a cero.

 

“Levantaré mis manos hacia Ti, recitando tus Mandatos”.

 

Concluye hoy la perícopa al proclamar la consigna que expresa esa acogida: “Quiero guardar tus decretos exactamente”. Pero muy consciente que somos tan frágiles que nos cuesta, dice el Salmista a continuación: “¡Tú no me abandones!”

 

Mt 43-48

Pero yo les digo

Otro “se os dijo”, el sexto y último. Pero, como Jesús no vino a abolir la ley, sino a llevarla a plenitud, veamos hasta que fronteras se extiende este mandato. Se trata de amar al πλησίον [plesion] “vecino”, al que está en nuestra cercanía, dentro de nuestro radio de acción. Porque Dios se expresa -para nosotros- en todas las personas que vemos, que están en nuestro entorno. “Prójimo” no es un concepto abstracto, el prójimo tiene rostro propio, y, aun cuando ignoremos su nombre lo vemos, no es un imaginario, no es un sustantivo más, es la “persona” con la que me cruzo, el conocido, pero también el desconocido, mi amigo, mi contradictor, mi compañero de labores, la persona que viaja en el mismo trasporte público, la que entra a la cafetería que frecuento, la que baja o sube en el mismo ascensor, etcétera.


Me asiste ningún derecho para negarle a alguien el título de “prójimo”; compañero es el que come conmigo, camarada el que comparte domicilio, pero prójimo es más amplio, más abarcador: es el que veo, no un “fulano de tal”, no un “x”, sino el de carne y hueso, al que podría tocar si extendiera mis brazos, si prolongara mi acogida.

 

Claro que puedo practicar el “sacerdocio” o el “levirato” (de los personajes de la parábola del samaritano), y voltear la cara, y cambiar de andén; pero seguirán siendo mis prójimos, a pesar de que yo les haya conculcado su derecho a ser “hijos de Dios”, como yo también lo soy”.

 

¿Qué nos trae el cristianismo que amplía y perfecciona la Ley Mosaica? Que anula la categoría de “enemigo”. ¡Nadie es mi enemigo! Esta palabra es sólo una barrera ideológica para poder poner mi egoísmo por encima de la fraternidad y de la sinodalidad. “Enemigo” es un vocablo del lenguaje de la “cultura de la muerte”. “Enemigo” dice en todas las cartillas bélicas, en todas las cajas de armamento.

 

¿Quién está interesado en hacernos ver enemigos por todas partes? ¿A quién le interesa alimentar los odios? ¿Qué negocio sucio se oculta tras el pretexto de la enemistad? No nos gusta por ningún motivo infundir desconfianza, pero si debemos tener una mirada crítica capaz de desenmascarar los falsos profetas. Desconfiad, os lo rogamos, de todo el que traiga su álbum de fotografías y empiece a mostrártelas diciendo que son “tus enemigos”. ¡Podéis confiar en todos, excepto en los que echen paladas de odio en el fogón de tu corazón! No importa el argumento que traigan, son serviles del Malo, padre de la mentira.

 

Sería muy sencillo -por lo menos aparentemente- vivir en un mundo donde nadie se atreviera a disentir de mí, donde todo el que naciera enfocara como yo, tuviera la misma perspectiva, aceptara los mismos valores, tuviera el mismo credo, respaldara el mismo partido político, agitara las mismas banderas y gritara las mismas consignas, practicara el mismo deporte y fuera fanático del mismo cantante y de la misma clase de música.

 

¡Despierten, ustedes los que duermen! ¡Ese mundo no existe! Pero la diversidad de pensamientos, de opiniones y de gustos no han de verse como obstáculos, sino como riquezas. Tenemos que ser tesoneros contra la voluntad impositiva de la uniformidad, de la “igualdad” abstracta: ¡somos iguales en dignidad, pero diversos en todo lo demás! No soñemos con disolver la diferencia, (mucho menos por rutas dictatoriales, lo que sólo genera rencores y exuda veneno). Trabajemos por la sinodalidad en medio de la diversidad Amar a los que nos aman, ¿qué mérito tiene? No mereceremos ninguna recompensa. (Cfr. Mt 5, 46).


Saber compartir nuestra realidad con la riqueza que anida en la diferencia, ese será el Paraíso Terrenal, (es un milagro donde puede obrar la Grandeza del Corazón que ama a su Prójimo), nos hará merecedores de la mayor recompensa, (lo que incluye dialogar con tesón -no para uniformarnos- sino para entendernos): ¡Seremos llamados “perfectos” por la Voz del Propio Dios!