jueves, 26 de febrero de 2026

Viernes de la Primera Semana de Cuaresma

 


Ez 18, 21-28

La perícopa de Ezequiel reflexiona ciertas situaciones, dos en realidad, afirmando que siempre tenemos ante nosotros la disyuntiva:

1.    Si el malvado se convierte.

2.    Si el inocente se aleja y quebranta su inocencia.

 

Para el primero, recibirá oportunidad y podrá salvarse, con tal que practique el derecho y la justicia. Aparece el gran eslogan de Dios: “Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor Dios-  y no que se convierta de su conducta y viva”. A este respecto se suele decir que Dios tiene pésima memoria contra el malvado.

 

Para el segundo, en cambio, como se convirtió en un malvado -abandonando el buen camino que traía, recibirá paga de malvado. Y, su pasado de justicia quedará totalmente sepultado en el pasado. A esto lo denominamos incoherencia, uno tendía que andar en la coherencia y perseverar en la consigna de actuar para todo bajo la ley de Dios. Si nos ayuda a entender mejor, no digamos ley, sino entendamos que son los gustos de Nuestro-Gran-Amigo-Divino. Cuan felices somos de poder complacer a los amigos, a nuestros seres queridos, y concederles aquello que les gusta. Pues aquí también se trata de darle gusto a Dios en lo que a Él complace. La inocencia estriba en saborear el deleite d vivir compaginados con los Gustos del Señor.

 

Leemos en esta profecía que, muchos acusan a Dios por esta clase de justicia, ¡cómo es posible que todo lo bueno que se hizo en el pasado no conduzca a la salvación del que últimamente fallo? ¡No hay tal! Por mucho que alguien haya sido justo en el pasado, podemos pensar que lo que hizo con la mano, lo borro con el codo, porque -cronológicamente hablando- lo más lejano es lo que Dios olvida, lo más reciente será lo que se tome en cuenta.

 

Dios juzgará según la honesta conversión del corazón. Si -en definitiva-, se opta por el mal, muerte recibirá, pero si la opción definitiva apunta al bien, se salvará la vida.

 

No sirve hacer una opción si no se persevera en ella. Siempre tendremos que estar alertas y vigilantes para que nuestra conversión-positiva prevalezca y oriente nuestra existencia. Es como quien dice, la opción por Dios ha de ser rotunda para que sea ella la que determine nuestro destino. No podemos jugar a dos bandos porque esa no es una opción sincera sino un juego burlón con .la Misericordia que Dios ofrece a Manos Llenas.

 

Este enfoque corrige el que predominaba antes que hacía responsables a los hijos y nietos en la línea de descendencia, por generaciones, haciendo que recayera sobre ellos la responsabilidad de las faltas cometidas por su antepasado. Ahora, según este enfoque que nos presenta hoy Ezequiel, la responsabilidad es personalizada.


 

La Misericordia del Señor está patente en su Voluntad de salvación, inclusive para el malvado. 

 

Sal 130(129), 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8

Este Salmo de Suplica tiene un valor muy significativo porque en el judaísmo estaban los rituales penitenciales en los que todo el pueblo se unía a su celebración. En particular para el Yom Kipur la fiesta más sagrada para este pueblo. Tiene tres componentes: Oración, Caridad y Conversión.

 

Para el judaísmo, en los días del Año Nuevo (Rosh Hashsanah) Dios anota en sus tres Libros: A los justos, en el primero, a los impíos en el segundo y a los indefinidos en el tercero. En el Día de la Expiación, los Libros se cierran y así quedaran hasta el año siguiente.

 

El ritual penitencial -como lo hemos dicho en otra parte- incluye:

a)    La prohibición de trabajar,

b)    El mandato del Ayuno,

c)    La abstinencia para limpiarse y lavarse,

d)    Abstenerse de relaciones sexuales,

e)    Abstenerse de llevar calzado de cuero, el cuero es “vaca muerta” y, por tanto, induce a la impureza

f)     Abstenerse de perfumes o cremas, los afeites son sintomáticos de la vanidad.

 

El Salmo clama perdón basado en la confianza y depositando la entera esperanza. Es un verdadero grito, pero no se señala de qué pecado se trata. Pero la Misericordia no se pone en duda. El clamor es plenitud de confianza. Muchas veces, por pura asimilación, se confunde “clamor” con “reclamación”, como si al clamar uno se dirigiera a la oficina de reclamos. Es verdad que ambas palabras tiene una etimología indoeuropea común que es /kele/ que significa “llamar” o “llamara gritos”. Sin embargo “clamor” significa “grito vehemente, vigoroso o lastimoso, expresado por una o muchas personas, que denota profunda aflicción, necesidad urgente”; en cambio, reclamo, alude a “una oposición o contradicción que se hace contra algo considerado injusto; o algo muy próximo a “denuncia”.


La que aparece en este salmo es קָרָא [qara] “llamar”, “llamar dando voces”, “leer”, “proclamar”.

 

1)    Se ruega a Dios que escuche el clamor de su Pueblo

2)    Confianza en que Dios no es dios-de-escrúpulos, que tiene su “base de datos” para registrar minuciosamente los pecados; si así fuera, estaríamos perdidos.

3)    Como un soldado que vigila toda la noche y es acosado por la oscuridad y el lento correr de los minutos, espera la llegada del nuevo día, así esperamos que llegue Dios.

4)    Los desvelos del Señor -en su Misericordia- son el borrador de todos nuestros delitos, su Redención es abundante. La fuerza de su Perdón, incontenible.

 

En el verso responsorial nos asombramos de la Mala-Memoria-Divina, Él se lo propone y olvida todas las ofensas. ¡Dichosos de nosotros! ¡Acojámonos a su Perdón Redentor!

 

Mt 20-26

Redención de la Palabra

También la ira, el insulto y el desprecio son formas de matar.

 

Entramos en el terreno de los “han oído que se dijo” (a eso que se solía decir, Jesús contrapone un sentido revitalizante, su antítesis). Jesús ha enunciado que no viene a “derogar” la Ley, sino a que la vivamos a plenitud, a fondo, con intenso compromiso. Pero siempre hemos vivido -de esto no se puede acusar solo al judaísmo- en la línea de las “interpretaciones”, “los acomodos” y “las disminuciones” para que la Ley se vaya haciendo cada vez más laxa, hasta reducirla a una elasticidad cómplice. Nosotros vivimos el caso de las llamadas “mentiras piadosas” o “mentiras blancas”. No porque les acomodemos ese eufemismo dejan de ser “mentiras”, y, en todo caso, pecados.


Se dijo que no podemos matar, pero hay otras acciones que -en la práctica- son homicidios:

a)    Jesús señala cuando uno se deja llevar de la ira y monta en cólera.

b)    Cuando uno irrespeta a la persona tratándola de “imbécil”, evidentemente también, todos sus sinónimos:  menso, caído del zarzo, estúpido, cretino, idiota, bobo, tonto, necio, mentecato, y otros que no nos sabemos… Pero hay otra palabra más grave: “necio” (ῥακά [raca] que es una palabra aramea, transliterada, que significa aproximadamente “cabeza hueca”, o sea “sin 5 centavos de seso”; en sentido religioso es un “impío”, lo que es negarle la opción de ser tratado como hijo del Padre), porque afecta hondamente la autoestima, implica una tal cortedad de inteligencia que hace a alguien mucho menos que humano: un palurdo, ignorante zoquete, burro, zopenco, inepto, majadero. Y estas expresiones a todos nos afectan hondamente, nos hacen profundo daño y obstruyen la fraternidad entre las personas. Por eso se hace merecedor de una sanción eterna, porque el daño bloquea de por vida a las personas, en particular a los niñ@s.

c)    Cuando uno, muy devoto y muy piadoso, viene ante el Altar a presentar su ofrenda y el Santo Sacrificio, si descubre que tiene pendientes con alguien, para dignificar la ofrenda y reconciliarse con el Señor, vaya y ponga en práctica el mandamiento del amor fraterno, y, entonces, una vez reconciliado, podrá regresar y continuar sus rituales y plegarias.

d)    Si alguien está pleiteando con uno, hay que buscar la paz y la armonía previniendo que el conflicto se exaspere y tenga un desenlace irreparable.

 

“Mientras vas con él por el camino”, se usa aquí para recordarnos que una perfección de la sinodalidad es reconocerle al otro el status de “hijo de Dios” para que no pierdas tú lo que le niegas a tu prójimo; que es prójimo -no porque piense o crea lo mismo que tú-; lo es por estar en el Libro de la Vida, y Dios es “Dios Viviente”, porque Él a todos nos anima, ¿Quiénes somos para negar lo que Él da?

 

La Ley para ser llevada a su plenitud no basta con atesorarla en nuestra mente, hay que llevarla al corazón con los mismos ecos con los que resuena en las entrañas de YHWH. Lo que hace Jesús aquí es traducírnosla para ponerla a nuestro alcance. Ahora vemos, no basta el apegado rigor de la letra, hay que dar el salto a la ternura del Amor para entender el respeto a la Vida, la fuerza tan liberadora que alberga. La fuerza de la palabra σῆμα [sema] estriba en que las palabras tienen “alma”, el alma de la palabra es el λóγος [logos], a lo que nos referimos, está muy cerca a la idea de significante y significado propuesta por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure.


Efectivamente la ley había sido tan cuadriculada por la tradición farisaica que Jesús tuvo que emprender una campaña muy estricta para redimirla.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Jueves de la Primera Semana de Cuaresma


Est 4, 17k. l-z

“Y si me matan, que me maten” (Est 4,16)

“Desde mi infancia oí en el seno de mi familia, como Tu Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser la heredad perpetua… y le cumpliste lo que habías prometido”.

 

Nos hallamos ante un Libro básicamente post-exilico. Se cree que a finales del siglo V o a principios del siglo IV, entre el 460 y el 350 a.C. Ciro había autorizado el regreso de los exiliados a finales del 538 o a principios del 539 a.C. Dicho así, muchas veces entendemos que todo el mundo regresó; y, no es así. Mucha gente se había establecido y sus “negocios” prosperaron, se habían acomodado bien y se sentían muy viejos y no tener nada a qué volver. Allí habían pelechado, entonces, se quedaron. El Libro transcurre en Susa.

 

Podríamos considerar esta “obra” -en cuanto a su género- como una noveleta con carácter de ficción histórica. Este Libro se ha encontrado en lengua hebrea, con una característica particular: No nombra a Dios, en ningún momento. Pero, como una corriente subterránea, suceden muchas cosas, que parecen incidentales, pero que llevan a pensar que una Fuerza actúa en la historia para hacer que las cosas más enrevesadas salgan a favor de este pueblo. Dios está presente en su poder actuante que infunde valor, fuerza y decisión.

 

¿Cómo sino, entender que Mardoqueo -nombre de origen persa- “siervo de Marduk” hubiera salvado la vida del rey (Asuero -Jerjes I) porque casualmente oyó una conversación conspirativa? ¿Qué, Ester -cuyo nombre hebreo era הֲדַסָּ֗ה [Jadasá] “Hadassah” que significa “mirto”- hubiera llegado a ser la esposa del rey persa? ¡Ester es un nombre de raíces persas y significa “estrella”! (En acadio -lengua Babilonia y Siria, tenemos la diosa Ishtar, conectada con el amor, la guerra, la fertilidad y con el planeta venus; su significado es “brillante”, “estrella”).

 

Para una “esposa” del monarca, era preciso que la mujer se consagrara durante un año a prepararse para el encuentro: su higiene personal, durante los primeros seis meses se basaba en finos perfumes, y en el segundo semestre, se dedicaba a los esencias y ungüentos perfumados. Al cabo de esa preparación, venía la noche de compartir el lecho; a la mañana siguiente, ya pasaba al orden de las concubinas, su vida era la de una “viuda”, a menos que ¡algún día! el gobernante se acordara de ella, y la hiciera llamar para otra nochecita.

 

Pues bien, se debe entender que la pertenencia a ese serrallo, era fundamental en términos cuantitativos: lo mismo que un hato, cuantas más vacas, mayor prosperidad de su propietario. El número de mujeres en el harén hablaba de solvencia económica y no de un formidable corazón capaz de mucho amor.

 

Ha llegado a nosotros un texto griego, bien diferente, contiene todo lo que tiene el texto hebreo, pero con adiciones, donde sí se nombra a Dios, esto luce como un esfuerzo de revestir este Libro de un carácter religioso. San Jerónimo pone en duda los últimos seis capítulos de este Libro, dado que no los ´pudo hallar en versión hebrea. A pesar de lo cual, para nosotros no cabe duda de su entera canonicidad. Las biblias protestantes prescinden de estas adiciones, en ellas no encontramos ni oración de Mardoqueo, ni oración de Ester.

 

A este tipo de adiciones helenísticas pertenecen la oración que hace Mardoqueo y también la que hace Ester, insertadas aquí después del verso 17 y antes del capítulo 5; en el capítulo 4, la de Mardoqueo aparece en el verso 17, con versículos numerados con las letras a hasta i, y la de Ester con las letras k hasta z. Siendo así, la perícopa que hoy nos ocupa, es la oración de Ester antes de entrar en presencia del rey Asuero.

 

Debe saberse que a las esposas y concubinas les estaba prohibido entrar en la presencia de su “amo-esposo” a menos que él las hubiera mandado llamar. Ella va a tener la osadía de irrumpir ante él, para poder abogar por su pueblo. Lo cual podía llegar a significar que fuera enviada a la muerte (Cfr. Est 4, 11). Cuando Mardoqueo solicita a Ester que aproveche su condición de “reina” para interceder por los judíos, muy claramente le dice: si usted no mete la mano por su pueblo, el auxilio provendrá de otra parte, pero ella y toda su parentela caerían bajo la crueldad de Amán que había indispuesto a Asuero contra ella, porque era “judía”. Y por eso, el rey había decretado la muerte de todos los judíos.

 

Inmediatamente y con plena resolución, Ester entra en un ciclo penitencial, pidiendo que todos los habitantes judíos de Susa se unieran en cadena de oración con ella, y concluye: “Si hay que morir, moriré”.


¿Cuál era la simbología conexa con esta “penitencia”?

·         Ayuno de comida y bebida, por tres días y tres noches

·         Ella se retiró sus vestidos lujosos y se vistió con ropa de luto y tristeza

·         Prescindió de perfumes y se puso ceniza y basura en la cabeza.

·         Relegó sus adornos alegres. Maltrató mucho su cuerpo.

·         Se abandonó despeinada y con el cabello suelto.

·         Detestó la insignia que portaba como reina en su cabeza

·         Le pone de presente a Dios que le ha sido fiel y no ha violado los preceptos de pureza alimentaria, sentándose a la mesa de los paganos.

·         Y mucho menos ha libado el vino ofrendado en idolatría

 

En fin, su pertenencia a la casa real de Asuero no la había llevado a la infidelidad de los no-judíos; siempre fiel a las enseñanzas de la fe abrahamica. Le suplicaba al Señor que encontrara la manera adecuada de hablarle al rey para convencerlo.

 

Sal 138(137) 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8

Que vuestra Luz brille ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, den Gloria a vuestro Padre que está en los Cielos.

Mt 5, 16

Estamos ante un himno.

 

En un himno lo primero que se encuentra es que los levitas proponen un asunto para que todos los peregrinantes se unan a esa idea como tema para alabar.


En el presente Salmo, la temática propuesta es la gratitud. Una enorme gratitud que captura la totalidad del corazón.

 

Y luego, empieza a desarrollar ese tema presentando “participios”:

Por su misericordia

Por su lealtad

Porque su promesa que supera su fama

Cuando lo invocó recibió su escucha.

Porque le acrecentaste la valentía, cuando de ser valiente se trataba.

Porque Dios tomo parte en su causa e intervino con el poder de su Mano Derecha _valga decir “con lo más poderoso de su Poder”-.

Su obra protectora no quedará a medias.

 

Viene luego, la conclusión: La Misericordia de Dios es eterna.

 

Y, en la cúspide, como Dios está de acuerdo que le pidamos, pues entonces, ¡a la carga, vamos a pedirle! ¡No abandones a este pequeñuelo que es tu criatura!

 

Como antífona responsorial toma la primera que usó como “participio: Cuándo Te invocó, ¡Tú me escuchas, Señor!

 

Recordemos que varias veces Jesús alude a la Iglesia como su discipulado viajando en una barca. La barca es figura de la Iglesia. Cuando celebramos la Eucaristía somos la profecía de esa Nave que lleva a toda la humanidad donde va toda la συνοδίᾳ [sinodía] “el grupo de los que iban en peregrinación” (Cfr. Lc 2, 44). Así el salmo invita a todos los reyes de la tierra, a Eucaristizar -o sea a “dar gracias”-, en nombre de toda la humanidad. Nuestras Eucaristías son la proa de esa “barca”. La Iglesia una Comunidad Universal llena de gratitud al Cielo del que tanto Bien emana.

 

Mt 7, 7-12

La confianza es la certeza de que la oración siempre hace brecha en el corazón de Dios: que “dará”, se dejará “encontrar”, pero sobre todo “abrirá” (Mt 7,7), para que se pueda realizar el encuentro: hoy en la fe, mañana en la visión. La oración es, pues, la vigilia de la fiesta. Trepidante y confiada.

Enrico Masseroni

¿Qué hemos encontrado en la Primera Lectura? Una glosa sobre la “oración de petición”. La oración de Hadassah es -en toda la extensión de la palabra- una oración de petición.  Es interesantísimo y a la vez sorprendente que ella no pide para sí misma, pide a favor de su pueblo, y ruega porque ella descubre que los planes de Amán y su combo quieren malograr la realización de las promesas que Dios le había hecho al pueblo de su elección, haciendo que los labios que Lo alaban, sucumbieran al mutismo de la muerte. Ester pide vida para que el pueblo elegido tenga tiempo para cantar alabanzas y entonar el Deo Gloria.


 

Este Evangelio de hoy nos lleva a reflexionar sobre la oración de petición.  Y, caemos en la cuenta que, con tres verbos se estructura este tipo de oración, así comprendemos en qué consiste la oración de petición: i) Αἰτεῖτε [aiteite] “pedir”, ii) ζητεῖτε [zeteite] “buscar”, iii) κρούετε [krouete] “llamar”, “tocar a la puerta pidiendo ser admitido”.  Estas son las tres acciones que competen al orante que suplica.

 

Por su parte, hay tres acciones que son de la competencia Divina, que le son potestativas:  i) Dar, ii) Salir al encuentro, iii) abrir, es decir, permitir el ingreso.

 

A continuación, tenemos una brevísima parábola que análoga el amor del Padre Celestial con el amor de los padres terrenales. Si -pese a las imperfecciones del amor humano- un papá es capaz de dar cosas buenas y favorecer a su prole; imagínense ustedes, cuán perfectos y maravillosos serán los Dones de Dios que es Amantísimo-Perfecto-Padre.

 

Concluye la perícopa con la “regla de oro”: el principio ético de la reciprocidad: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres hacédselo también vosotros a ellos”. Jesús aceptó abandonar su condición de Dios y hacerse uno de nosotros: lo cual es el paradigma de la solidaridad. La solidaridad podemos tratar de explicarla como la conciencia que, si le hacemos daño a algún ser humano, nos lo hacemos a nosotros mismos, porque nosotros mismos somos humanos. Miembros de esa humanidad, que es unidad.

 

Solo podemos actuar humanamente, procurando hacer a los demás todo y solo aquello que nosotros aceptaríamos que nos hicieran y estaríamos dispuestos a exponer nuestro propio pellejo a ese daño o a ese mismo beneficio.

 

Todos querríamos de buena gana -de muy buena gana- llegar a ganarnos la Amistad de Dios. Pero -viene una pregunta muy en serio-: ¿hasta qué punto llegaríamos para ser “hermanos” de ese prójimo que está clavado en nuestro corazón, con remaches de desprecio?


Todos querríamos pedir y obtener. Pero, ¿tenemos los riñones tan bien puestos que, de buena gana, nos treparíamos a una cruz para que nos traspasaran el costado? ¡En verdad, en verdad os digo que, para tener la desfachatez de pedir, tendríamos que ser capaces de solidarizarnos con el Crucificado y hacernos Corderos Expiatorios! Y, además, decir como Ester: ¡Si hay que morir, moriré! Y no detenernos ahí, sino, todavía dar el paso de los fieles seguidores y, pronunciar, a coro con San Esteban: «¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!».


martes, 24 de febrero de 2026

Miércoles de la Primera Semana de Cuaresma

 


Jon 3, 1-10

Mientras los judíos -autoridades y rey- no hicieron caso de la predicación de los profetas, ni siquiera de Jeremías cuando anunció la ruina de Jerusalén, sucede ahora que los paganos por excelencia de la pecadora Nínive aceptan la palabra de un profeta extranjero y creen…

L. A. Schökel / G. Gutierrez

 

Tenemos hoy la historia de un “pastor” que no le importaban -ni un rábano- las ciento veinte mil ovejas de su Amo-y-Señor. La conversión es una obra de Dios, un regalo de su Amabilísima deferencia. Job ni hablo personalmente con el rey; sencillamente la “profecía”, sencillísima en grado sumo, que proclamaba Job, llegó a sus oídos, no se sabe por qué segunda mediación. Job no había obrado ningún prodigio, no hizo algún milagro portentoso que avivara el ánimo de regreso a Dios de aquel pueblo, que no era un pueblo que creyera en YHWH. No era un famoso predicador cuyo renombre había alcanzado más allá de las fronteras.

 

Hasta donde sabemos, Job no llegó a Nínive con un garbo, y un empuje que habría conmovido hasta al más recalcitrante. ¡Todo lo contrario! Llegó allí a regañadientes, prácticamente obligado; recordemos que cuando Dios lo envió hacía Nínive, Job se embarcó para el lado totalmente contrario y más distante de aquella tierra: para Tarsis.  Dios lo enderezó y le corrigió el rumbo valiéndose de la famosa “ballena”.

 

La profecía que pronunciaba Jonás estaba compuesta de 7 palabras: “Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada: Se ha traducido הָפַך [hafak] por “arrasada”, sin embargo, San Jerónimo al traducir señaló, que no significaba “arrasada”, sino “convertida”, porque no hacía alusión a las murallas sino a las costumbres: “Non muri sed mores”.

 

El resultado de la conversión general de los Ninivitas alcanzado por la profecía de Jonás, se produjo en gran parte porque el Rey se sintió tocado, y convocó al ayuno penitencial que incluía hasta a los animales de las granjas. En vez de encontrar en Jonás un profeta dócil y eficiente, este, escasamente si cumplió su misión y la conversión fue producto de la acogida que el rey dio al mensaje que por aquellas Diosidencias le llegó.

 

Lo que el Libro de Jonás trae, es que la Voz de Dios, aun cuando todo se le oponga, puede llegar hasta el rincón más recóndito y hasta los oídos más contumaces. Esta obra tiene un propósito esencial: enseñarles a los judíos a superar su nacionalismo estrecho. Porque -tiene que decirse- los judíos eran frente al tema de la fe, extremadamente chovinistas, a pesar de que Dios, en su revelación, y a través de los hagiógrafos, les había mostrado en más de una ocasión que Él es Padre de todos los pueblos y su Amor no tiene fronteras.

 

¿Cómo fue la conducta penitencial que asumieron los ninivitas?

a)    Proclamaron jornada de ayuno

b)    Se vistieron de rudo sayal (tela de costal). Empezando por el gobernante y, de ahí para abajo.

c)    El rey se sentó en el polvo, (renunciando a cojines y finas telas donde solía descansar sus posaderas).

d)    Invocaban a Dios con ardor.

e)    Se propusieron corregir su derrotero y abandonar la חָמָס [khamas] “violencia”.

 

Notemos cual es la cumbre de esta conversión -vamos a permitirnos la altanería de ponerla en mayúsculas sostenidas: ABANDONAR LA VIOLENCIA. La violencia es sinónimo de muerte, el otro nombre del Destructor. Mientras que Vida, es el otro Nombre de Dios.

 

Si nos quedamos en la palabra “Conversión”, no vamos a captar en qué consiste el carácter penitencial de la Cuaresma. El espíritu penitencial puede hacer que Dios שׁוּב [shub] “se arrepintiera”, ahí está presente la palabra “arrepentimiento” en hebreo, “cambiar de planes”, “modificar la manera de pensar”.

 

Es muy importante desmitificar la palabra “conversión”, que se suele entender como un fenómeno puntual, un instante de luminosa claridad en que se produce el giro, el cambio de dirección.  En cambio, la conversión implica por lo menos tres momentos claramente diferenciables:

1)    Darse cuenta que uno va por el mal camino.

2)    Tomar la firme decisión de corregir

3)    Empezar el proceso de re-direccionamiento, y perseverar en él. Este tercer momento es fundamental, hay que perseverar para que la conversión sea real.

Si se había logrado la “conversión” de toda aquella gente, ¿qué podría estar esperando Dios de su profeta? Tal vez que él se quedara con esa gente y empezara a recoger los frutos de esa conversión, aquella podría haber sido la situación para recoger la mejor cosecha y haberles mostrado el Rostro resplandeciente de Dios que les había mandado aquel “predicador”.

 

Pero Jonás no da muestras de compasión con aquel pueblo que había logrado conmover. A Jonás lo único que le arde con rabia es el desprecio por aquellos paganos. El odio y repudio que les profesaba era un “gusano” que roía el corazón de Jonás. Con la misma saña que el gusano destrozó el ricino, el gusano de su corazón hizo carcoma en su pecho y no supo segar las espigas gordas que Dios les había regalado.

 

Vemos en Jonás un profeta ciego que no logra descubrir que Dios sopla donde y cuando quiere; Jonás es un misionero rebelde que y desagradecido que no puede ni agradecerle al ricino que lo había cobijado con su sombra.


 

Leamos Jonás 4, 6-11:

Entonces el Señor hizo crecer allí una planta de ricino, que se levantó por encima de Jonás para darle sombra y librarlo de su disgusto. Jonás se puso muy contento al ver esa planta.

 

Pero al amanecer del día siguiente, Dios hizo que un gusano picara el ricino y este se secó.

 

Cuando salió el sol, Dios hizo soplar un sofocante viento del este. El sol golpeó la cabeza de Jonás, y este se sintió desvanecer. Entonces se deseó la muerte, diciendo: "Prefiero morir antes que seguir viviendo".

 

Dios le dijo a Jonás: "¿Te parece que tienes razón de enojarte por ese ricino?". Y él respondió: "Sí, tengo razón para estar enojado hasta la muerte".

 

El Señor le replicó: "Tú te conmueves por ese ricino que no te ha costado ningún trabajo y que tú no has hecho crecer, que ha brotado en una noche y en una noche se secó, y yo, ¿no me voy a conmover por Nínive, la gran ciudad, donde habitan más de ciento veinte mil seres humanos que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además una gran cantidad de animales?".

 

Sal 51(50), 3-4. 12-13. 18-19

Caer en cuenta que uno va por el mal camino es la condición sin la cual no puede llegar a existir le conversión: es el primer paso, es un momento sine qua non, o sea, absolutamente necesario. Al recapacitar debe detonarse un entristecimiento por haber perdido “tiempo” andando por caminos que nos alejan del Señor.

 

Pero hay -por lo menos- una doble manera de asumir esa tristeza:

a)    Como el rey ninivita, por temor a la violenta ira de Dios, a esa manera de entristecerse la llamamos atrición o “arrepentimiento imperfecto”, su imperfección estriba en que se hace por motivos egoístas, porque a uno le va a pesar, porque las “llamas del castigo” le inducirán dolor, entonces, “para que no me duela”, voy a cambiar la ruta de mi caminar.

b)    Hay, sin embargo, otra clase de tristeza: la tristeza profunda, sincera, porque me alejo de su Amor, porque introduzco alejamiento del que merece todo mi amor, toda mi fidelidad. A esta tristeza la denominamos “contrición” y es el fruto precioso del arrepentimiento sincero, completo, perfecto.

 

“No me arrojes fuera de tu Rostro, no me quites tu Santo Espíritu”.


La última estrofa, que reduplica el verso responsorial nos describe la contrición con las siguientes palabras: “Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, Tú no lo desprecias”. Esto está muy claro en (Mc 12, 33): “Amar a Dios y amar al prójimo valen más que todos los sacrificios”.

 

Es por este motivo que la Contrición es el fruto perfecto del arrepentimiento: La materia prima de la que está hecha la Conversión.

 

Lc 11, 29-32

¡Jesús es todo lo contrario de Jonás! Jonás no quería ir a Nínive a predicar conversión. Jesús, el nuevo Adán, vino con esa estricta resolución de ser Buen Pastor para todos nosotros.


Jonás es vomitado en la playa por la ballena para que vaya a cumplir lo que a él le daba furia hacer. Jonás no quería que los ninivitas se salvaran. Lo que quería era que se pudrieran. Dios lo cobija con un ricino para sombrearle el calcinante sol que lo devoraba. Y, luego secó la planta y Jonás tocó el colmo de su ira, la gota de sombra que le daba el ricino era un módico consuelo para su decepcionado corazón que sólo se habría conformado con la destrucción de Nínive.

 

Jesús, en cambio, en su última Voluntad ¿qué le pide al Padre? ¡¡¡Que nos perdone, porque nosotros no es que seamos malos, es que no sabemos lo que hacemos!!!


A Jesús no lo vomita la ballena para que vaya donde Él no quiere; a Jesús lo vomitará la tumba para que el Novio pueda quedarse con nosotros, porque somos como ovejas que no tienen Pastor (Mt 9, 36). Él no nos quiere abandonar de ninguna manera. Por eso, puso su Tienda y acampó entre nosotros (Jn 1, 14).

 

¿Cómo se ha quedado? En el itinerario Sacramental. Él está con nosotros, en todos los Sacramentos, en el Sacramento de la Conversión, y muy especial y realmente en la Eucaristía.

lunes, 23 de febrero de 2026

Martes de la Primera Semana de Cuaresma


Is 55, 10-11

Ya hemos refrendado que el Deuteroisaías es conocido como el Libro de la Consolación, porque les hablaba de una promesa alentadora, que el exilio en Babilonia iba a terminar, ¿qué podía haber que fuera mayor consuelo?

 

Ya no es Asiria el opresor, ahora es Babilonia. Este escrito remita al destierro y al próximo retorno. Intuye que el porvenir, más próximo, se está cocinando en el hoy de su momento. No se proyecta en lo remoto, sino en lo próximo, a lo que desde ya se pueden tender las manos. La dominante desde la que habla el Deuteroisaías es, por decirlo menos cuasi-épica. Un rasgo que lo opone al proto-Isaías es que este nos dejó apuntes y chispas autobiográficas, aquí y allí; en cambio, el Deuteroisaías prescinde de ellos. Para poner fechas vamos a decir que La ubicación va entre el 539-533 A.C.

 

En el capítulo 55 lo primero que nos encontramos es una invitación a regresar, que no despilfarren su trabajo en tierras extranjeras, porque si regresan, allí se encontraran con los elementos prometidos: agua, vino y leche (55, vv1-2). Pasa a hablarles de la Alianza Eterna. Y establece una analogía con la Alianza pactada con Noé. Para entenderlo hay que descifrar la escatología contenida en el Deuteroisaías: Viene la liberación definitiva. Entendida como una salvación para todas las “naciones”. A esto sucede, pues, una llamada a la “Conversión”. Ofreciendo que el Señor tendrá רָחַם [rajam]” Misericordia”. Y, llegamos a la perícopa de hoy, que gira en torno a la eficacia de la Palabra de Dios.

 

Se trata de una parábola, las imágenes son, tanto la lluvia como la nieve, el referente es la Palabra, la Palabra se hace fecunda, la palabra es eficaz, el agua fertiliza la tierra y la hace feraz. ¡Y la Palabra -del mismo modo- fertiliza el alma y hace feraz la vida espiritual!

 

Hay un aspecto esencial, el agua de la lluvia se evapora y ese es su regreso, vuelve a su origen; la Palabra pronunciada por la Boca-Divina comparte este rasgo, pero no es un simple bajar y volver a subir, es que la Palabra cumple todo un ciclo de fecundidad en la tierra espiritual de los corazones que la “escuchan” de verdad, que hace dar mucho fruto. Así, cuando regresa al Padre, la Palabra, que es su Enviado-y-su-Envío, lleva toda su fertilidad como agradecida respuesta que fecundó los corazones.

 

La Palabra es enviada en Misión y al retornar a la Fuente, llega habiendo cumplido a cabalidad.

 

Examinemos la otra cara de la moneda: Si la Palabra nos llega, ¿cómo es posible que pase por la “tierra” de nuestro corazón y no se coseche nada? ¿La resequedad de nuestro corazón hace de él una tierra infecunda? O, ¿quizás? El malo ha rociado -tal vez- un polvillo que condena a la sequedad las plántulas que pudieran brotar. Tal vez la harina que el malo desparrama sea la incapacidad de la atención. Quizás la manera como se ha condenado nuestro suelo a permanecer infecundo es el hambre de emociones fuertes, de muertos, balas, escenas eróticas, riñas y enfrentamientos, escándalos y calamidades, incendios y temblores de tierra, huracanes e inundaciones. Esas cosas nos han hecho dependientes de la dopamina, el cortisol, las endorfinas la adrenalina y la oxitocina.  Es interesante que el malo -aprovechándose de nuestras propios recursos emocionales- haya neutralizado la feracidad de la Palabra en nuestra vida.

 

Una emoción fuerte podría haber sido trasformar piedras en panes; un deporte extremo podría haber sido saltar desde el alero del Templo y ver -en vez de un paracaídas sorprendente- a los mismísimos ángeles sosteniendo la caída; y, probablemente habría deslumbrado las pasiones políticas ver a Jesús ejerciendo dominio y usufructo sobre “todos los reinos de la tierra”.  Más que todo y, antes que nada, lo que el malo quiere es que Jesús entre en este juego de la espectacularidad. Que descontrole pasiones y reine sobre fanáticos eufóricos, ansiosos, victimas del pánico.

 

A este capítulo 55 se le ha asignado un título, como apoyo interpretativo, lo llamamos: “Ofrecimiento generoso de Dios”. Como referencia co-textual, presentamos el versículo 1º: “Todos los que tengan sed, vengan a beber agua;

Los que no tengan dinero, vengan y consigan trigo de balde y coman;

Consigan vino y leche sin pagar nada”.

 

Pero, en este capítulo se señala que no es trigo, ni vino, ni leche lo que sacia verdaderamente y es tan urgente a nuestra vida. Dios dice -por medio de su augur- que hay un nutrimento más vital, y más poderoso para la vida humana. Cuando obtengamos estas vitaminas todo el universo estallará en aplausos y todas las generaciones nos felicitaran, porque allí donde otrora crecían zarzas ahora veremos crecer pinos; y donde antes brotaban ortigas ahora veremos enhiestos los arrayanes y eso es lo que hará Glorioso al Santísimo Nombre de Dios y esa será la Divina Señal que nada ni nadie podrá destruir (Cfr. Is 55, 13)

 

Sal 34(33), 4-5. 6-7. 16-17. 18-19

La Acción Divina está contorneada por un halo de efectividad:

      I.        Responde

    II.        Libera

   III.        Escucha

  IV.        Salva

    V.        Vigila

 

Pertenecemos al grupo de los “humildes”, o sea que compartimos la cualidad fundamental del “humus”: somos tierra fértil. ¡Tierra negra! ¡Vital!

 

Somos del grupo de los que escuchamos. De los que abrimos nuestro oído atento. Entregados a la escucha. Pendientes de su Voz.

 

Este salmo es de Acción de Gracias. A la atención de nuestra Escucha, el Señor responde con la generosidad de sus cuidados.

 

Somos los del grupo que salimos a repartir invitaciones para que vengan a oírlo. Y damos testimonio: en nuestro propio caso al clamar a Él, nos ha respondido: ¡Dejemos constancia!

 

Fijen sus ojos en Él. Mírenlo allí, en su Santo Templo, ofrecido en el Altar, sin ninguna defensa, sin parapetos, expuesto en su Custodia. No se preocupen: El que lo llama recibe de Él su Protección y Bendición.

 

El Señor tiene abiertos todos sus sentidos para recibir nuestras sencillas palabras de alabanza. Pero aquellos que cierran sus sentidos con blindajes de rechazo y desprecio, esos recogerán los amargos frutos de su indiferencia. Ellos sucumbirán a la penosa muerte que se llama olvido.


Dios se ha consagrado a Sí mismo, nos ha escogido como sentido de Su Existencia: Ha querido protegernos y se ha hecho para nosotros Padre-Pastor-Esposo. Él se apresura a atender a los afligidos y atribulados. Su Misericordia se especializa en demoler toda tristeza y aflicción.

 

Repitamos continuamente con sinceridad, con fe: “Dios libra a los justos de sus angustias”.

 

Mt 6, 7-15

Hablar con Dios-Padre

Esta semana, excepto el miércoles, estaremos leyendo del Evangelio de San Mateo.

 

Que no seamos como los motores dañados que causan continuo y desesperante ruido, de motor sin aceite y con las piezas sueltas. Silenciemos nuestro barullo que el Señor lo sabe todo, Él sabe de lo que tenemos menester. Presentemos en nuestras plegarias y ruegos solamente el silencio de nuestra presencia y la dulzura del amor.

 

Se han desarrollado verdaderas obsesiones por los Novenarios, siendo así que las personas saltan de uno a otro, como testeando cuál es el mejor intercesor, llegando al extremo de olvidar totalmente a Dios en el ruego, y concentrándonos por entero en el santo de turno que estamos poniendo como abogado. Allí, el foco de la fe no está puesto en el “dialogo” con Dios, Nuestro Señor, sino en el despacho de la petición presentada. Así la plegaría tiende a parecerse a un “derecho de petición”, en aras de una pronta respuesta.

 

Nosotros no argumentamos que esto esté mal. Son modalidades desconcertantes de oración: Solo lo ponemos lado a lado con el mensaje de la perícopa, que nos llama a ser mesurados en la extensión y a no priorizar la verborrea -dice allí- “como lo hacen los gentiles”.


Sabemos de memoria el Padre Nuestro, la oración paradigmática que nos entregó el Mismo Jesús; nos gustaría subrayar algunos de los ejes a los que apunta esta Plegaria:

1.    Pone al Padre Nuestro (a Dios) como destinatario de la oración. Es con el Padre con quien requerimos hablar. Pero -y ese es un rasgo sustantivo de nuestra fe- Dios no es mío: tenemos plena consciencia que es Dios de todos, Padre de todos, nadie puede pretender llevárselo para él/ella solit@, Dios no es monopolizable. Y, eso hay que trabajarlo, en una cultura donde se impulsa el egocentrismo.

2.    Y, hace depender toda la oración y lo que se solicita, de la Voluntad Divina. Porque, suele suceder, que no sabemos lo que pedimos, y -a veces- pedimos con tremendo desenfoque.

3.    Intensamente ligado con la petición de “Venga a nosotros tu Reino”, donde se pide que se implemente todo el Proyecto de Dios, su Economía Salvífica, que no es otra cosa que el Reino de Dios.

4.    Se pide -en función del perdón que nosotros seamos capaces de dar- que Dios también nos regale Perdón.

5.    El Pan aparece aquí con una mención polisémica, pide

5.1.          El pan que es central en la dieta mediterránea, junto con el vino, el aceite, el queso, las aceitunas.

5.2.          El Pan como símbolo de todo alimento, de todo lo que se come y nutre nuestro cuerpo

5.3.          El Pan como alimento Eucarístico, con una insinuación -nada tácita- de Comulgar siempre, todos los días, todas las veces que se pueda, como mediación para nuestro crecimiento en la Santidad. La Eucaristía como oración perfecta, porque en Ella se ofrece el Hijo de Dios con su desbordante Amor; y, en ese acto de Donación, se perfecciona la Fe, se ejercita la Oración.

6.    Una de estas peticiones no es simplemente una más, es la columna Vertebral: “Santificado sea Tu Nombre”, es lo primero que ha de llegar a nuestra consciencia, la claridad de que la Oración, sí bien es un dialogo, es un dialogo muy especial, que hacemos con el que es El-Más-Grande-del-Universo, Principio y Fin de todas las cosas. Este dialogo se fundamenta en el reconocimiento de que Él es Rey de toda la Creación y Rey de la Dimensión de su Eterna-Presencia.

7.    Que Él es el Rey de la realidad entera, nos imaginamos que -así como los reyes de la tierra-  para ejercer su reinado, vienen de vez en cuando, por ahí una vez al año, visitan sus “dominios” y se devuelve a Su palacio. A los “Cielos”. Y en nuestro imaginario, lo dejamos allá, bien guardadito, bien juicioso, que no vaya andar por ahí molestando, porque no le hemos dado permiso de venir sino en esa fecha).

 

Resulta que los Cielos no es por allá lejos. Donde Él no se entera de nada, hasta su próxima visita. El Cielo es una dimensión entreverada con la que llamamos “realidad”, su Presencia está en “nuestra realidad”, es pues constante. Siempre está a nuestro lado. Por eso lo llamamos Emmanuel. Esta el simbolismo de Rey para significar su Grandeza, su Poder de Supremo Juez; pero está también el simbolismo del Pastor, porque es Compañía-y-Protección constante, ¡ininterrumpida! ¡No es un inspector del gobierno que viene a calcular la posibilidad de cargarnos otro impuesto!

 

En el Éxodo, una de las experiencias más importantes para la religiosidad, fue que Él pusiera “La Tienda del Encuentro” en medio de su pueblo, para hacer manifiesta su Presencia constante, y la expresaba liderándolos con la Sombra refrescante de la Nube durante el Día y de la Columna de Fuego que además les proporcionaba abrigo, durante la noche. Los Cielos no es por allá, en otra galaxia. Su Amor-Tutelar está tan Siempre-Presente que la teología tiene la expresión “Omnipresente” para aclarar de qué se está hablando. 

 

En el fondo, sabemos esto, porque cuando queremos orar, no levantamos el teléfono ni decimos aló, sino que de inmediato, lo saludamos y establecemos ese Dialogo. Zambullirnos en esta oración implica superar uno de los grandes peligros de la fe: ¡Pensar que eso es algo para después de muertos! ¡Que son frases y pronunciamientos que hacemos para el Día del Juicio!

 

El tiempo de la oración es el presente-proyectivo. Se cumple ahora y se trabaja en cada segundo que podamos vivir y que Dios nos regale. Orienta y dirige nuestro día a día.


Y el otro peligro, pensar que, para profundizar su significado, tenemos que ponerla en la velocidad más baja posible, y pronunciarla tan lentamente que nos tardemos un siglo en decirla. Y es peligroso, porque acarrea otra deformación, que, en vez de centrarnos en el Mensaje, nos quedemos auto-centrados en el tema de la velocidad (mejor dicho, de la lentitud), fascinados por nuestra propia voz y por la lentitud aplicada (o sea en aspectos puramente formales y para nada de fondo). Abandonamos por entero la relación de Amor para preocuparnos en hablarle muy despacio porque si uno habla rápido, Dios no entiende: Él sería como un niño pequeño a quien hay que hablarle muy lentamente.