sábado, 25 de julio de 2026

ENSÉÑANOS, SEÑOR, EL AMOR FRATERNAL

1R 3,5.7-12; Sal 118, 57.72.76-77.127-130; Ro 8, 28-30; Mt 13, 44-52.

Caracterización de la Sabiduría.

 

Te damos gracias, Jesús, porque nos propones tu amistad;… nos ofreces una relación verdadera, real, contigo, de la que depende cualquier otra relación con los demás.

Carlo María Martini

 

Los reyes del Reino de Dios no son reyes de capa de armiño y corona de oro, tampoco su reinado los pone sobre los demás, no es uno que gobierna; en el Reino de Dios, todos reinan, todos sirven, todos se afanan por ser el último, pero tampoco hay uno que quiere quedar de últimas para que se volteen a ver al rey “colero”. Todos se abajan, todos practican con sincero corazón la humildad, todos lavan con ternura los pies de sus hermanos. Se supera la cultura del “mejor” y se aprende la kénosis (κενόω) valga decir, el anonadamiento: "Que cada uno tenga la humildad de creer que los otros son mejores que él mismo. No busque nadie sus propios intereses, sino más bien preocúpese cada uno por los demás. Tengan unos con otros las mismas disposiciones que estuvieron en Cristo Jesús: El, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz." (Flp 2, 3b-8)



Hay un elemento profundamente hermoso y sólidamente pedagógico en la petición de Salomón: Salomón no pide Sabiduría, así no más, lo que pide es un discernimiento del bien y del mal –y no cualquier discernimiento, no se trata de una capacidad puramente intelectiva, de una sabiduría metafísica- sino un discernimiento que le sirva para “gobernar a tu pueblo,… para administrar justicia”. Nosotros leemos en esta petición el anhelo de tener un corazón sabio y prudente una espiritualidad que quiere servir a la caridad, que quiere ser como el mismo corazón de Dios, un corazón Misericordioso, porque el corazón de los hijos debe parecerse al corazón del Padre. La sabiduría a la que aspira Salomón –y a la que debemos aspirar todos los creyentes- es una sabiduría no eminentemente teórica- sino orientada a una praxis, a una ortopraxis; él se sabía puesto por Dios en una misión “pastoral”: “Tú has hecho rey a este siervo tuyo”.

 

La Primera Lectura, tomada del Primer libro de los Reyes, nos cuenta lo que pidió Salomón a Dios cuando se le presentó en una visión onírica: Pidió לְהָבִ֖ין [bin] que es el verbo discernir, entender, actuar sabiamente, en una traducción que tenemos a mano encontramos así: “dame un corazón atento”; lo cual está muy estrechamente relacionado con el verbo שָׁמַע [shama] oír, escucha obediente, eso es lo que le pide Salomón al Señor; se trata del mismo שְׁמַ֖ע que el Señor le pide a Israel en Deut 6,4:

 

Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, es el único Señor. 

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 

Y las atarás como una señal a tu mano, y estarán como insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.

 

Leamos con “corazón atento” lo que significa: Escuchar; no es un despliegue de oído agudo, -no les está pidiendo que le regalen un potente y sensitivo audífono), sino un ejercicio comprometido del corazón. El corazón se compromete AMANDO; si este “Pueblo Escogido” quiere escuchar a Dios, oírlo obedientemente, lo que tiene que hacer es “Amar al Señor-Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda su fuerza”, en un despliegue total, de todas sus facultades. Hacer del Amor a Dios el eje fundamental de cada latido: ¡Barro dócil en Manos del Alfarero!

 


¡Aún hay más!: Nosotros, que hemos sido puestos en la sucesión davídica, por ser hermanos de Jesucristo, quien es hijo de David (Lc 18, 39b), hijos todos del mismo Padre, tenemos que pedir a Dios la sabiduría para “gobernar a su Pueblo”, es decir, para lidiar con amorosa paciencia en las relaciones con nuestros semejantes. Es eso lo que agrada a Dios que nosotros le pidamos: no que le pidamos vida larga, ni riqueza, ni liquidar a los “enemigos”, porque –perdónesenos la reiteración- ¡todos somos hijos del mismo Padre! ¿Cómo podemos –ante ese parentesco- visualizar a alguien como enemigo? Estimar y aquilatar con mayor delicia los preceptos que Dios nos ha regalado que “miles de monedas de oro y plata, aquí viene relievado el rasgo de una sabiduría que valora, que aprecia. Destaquemos que la palabra κυβερνέιν [kubernein] “gobierno”, que en griego era la palabra para significar “pilotar una embarcación”, esto es, conducirnos con control en las “dulces” relaciones con nuestros semejantes; sólo con el desgaste de la palabra por acción del tiempo y por extensión fue que esta derivó haciéndose cargo de designar la función política de manejo del estado y su correspondiente gabinete ministerial. No se trata de la clase de los políticos, se trata del “rey” que anida en cada uno de nosotros para conducir nuestras relaciones como el hábil marino lleva el timón entre las encrespadas olas.

Queremos insistir un poquitín en la temática de ser sucesores de David, porque para nosotros a la consanguinidad de David le corresponde a Jesús, pero dejamos de lado el carácter transitivo de nuestro linaje personal. Tenemos que cobrar una consciencia pujante sobre la triple unción bautismal como Sacerdotes, Profetas y Reyes; y, reconocer que nuestra realeza está –precisamente- en la línea davídica, tan lo es, como nuestro Sacerdocio está en la línea de Melquisedec y nuestro Profetismo tiene su raigambre en el propio Jesús. Somos reyes, pero –volvemos a trillar el mismo trigo- para ser Misericordiosos, no para ser déspotas autócratas, amos de látigo y férula, sanguijuelas pegadas a las venas de nuestros “siervos”, olvidando que “el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” (Mc 10, 44). Nosotros, que somos de la estirpe Davídica, debemos –como en la mejor faceta de Salomón- ansiar sabiduría para gobernar con corazón dócil.

 

Entonces, el Domingo anterior nos llamaba a reconocer la importancia y la urgencia de la Sabiduría, y este Domingo se nos explica con lujo de detalles que la sabiduría no es erudita, sino tierna y misericorde; que no es oficio y prebenda de escribas, sino dulzura hospitalaria y compasiva. El Evangelio nos da unas notas que caracterizan esa Sabiduría: la sabiduría que sabe gobernar, que está siempre atenta al amor de amistad, φιλíα [filia] “al amor fraterno”. Un amor fraternal que impulsa a la construcción del Reino, con condiciones de justicia y perdón. Nos explica que lo vende y lo deja todo (sabiduría que valora, que aprecia), porque al reconocer el verdadero tesoro se alegra: ese Tesoro, es el proyecto de construcción del Reino. Esa alegría no puede nacer de otra fuente que de la inspiración del Espíritu Santo. Es Él quien hace de la Voluntad Divina sus delicias (Sal 119(118), 77cd.) Por esa razón, nos aclara San Pablo en su Epístola a los Romanos, “sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8, 28). Si no logramos amarlo, todo nos duele, no queremos renunciar a nada vano, porque hasta lo vano nos parece más importante, más apetecible; en cambio, sus Mandatos nos suenan deleznables, flojos, temporales. No se anda en la sabiduría sino que se discurre en la necedad.


Aquí, pedimos permiso para una digresión, –en la perícopa de la carta a los Romanos- hay una palabra “problema” para nosotros los creyentes, que somos tan adversos a los temas pre-determinísticos, dado que ellos nos robarían toda libertad verdadera. Se trata de la palabra προορίζω [proorizo] que traducimos por “predestinó” y que efectivamente muchas veces se traduce acertadamente así. En algunas versiones leemos, en vez de predestinó, “de antemano conoció”; en otra, aún leemos “a los que había destinado”. Sin embargo, parece que lo que quiso significar San Pablo, en el fragmento de hoy, significa más otra acepción de προορίζω que se refiera a “dispuso”, “los creó ya capaces” mejor dicho, que “lo hizo capaz de”. Así, podríamos quizás traducir: “A los que capacitó, los llamó, a los que llamó los justificó, a los que justificó, los glorificó”. Que es más acorde a nuestra perspectiva de que Dios nos da aquello que requerimos para podernos realizar a plenitud alcanzando nuestra plenificación de hombres nuevos en Cristo-Jesús.

Pero volvamos sobre las notas características de la Sabiduría que nos da el Evangelio. Un comerciante en perlas finas,  no se trata de un profano en el tema, sino de todo un especialista, que puede distinguir entre fina y vulgar, entre barata y cotizada; este rasgo de la verdadera Sabiduría nos conduce de nuevo a Salomón, quien pidió poder “discernir” el mal del bien, la sabiduría conduce a una experticia para el discernimiento. «Mediante el ejercicio continuo del “dokimazein[1] el hombre nuevo, creado en Cristo Jesús, se convierte en una persona unificada en inteligencia y corazón, en comprensión y en generosidad, en teoría y en práctica.»[2] Así pues, la Sabiduría que busca el discípulo de Jesús sabe discernir claramente. El perito en los temas del Reino evita la volubilidad, la inconstancia, la vanidad y la superficialidad. Lo que se nos propone es más bien una especie de “alpinismo” que exige constancia, tesón, empeño sin desmayo, se trata de la constancia discipular del buscador de perlas finas; y, quizás también por eso, se nos llama y se nos invita siempre a “profundizar”, para no quedarnos a ras de la superficie. Esa profundización nos conduce hacia donde propone el Salmista: “la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes”. El “alpinismo” es una ascenso a la “profundidad” de la Palabra, allí iremos a beber del Manantial de la Sabiduría.

 

Hay todavía tres notas más sobre la Sabiduría que estamos llamados a glosar:


 

La primera: En la misma línea del Domingo anterior donde se permite la coexistencia de la cizaña con el trigo bueno, también hoy se nos recalca que la red “recoge toda clase de peces”; porque nuestra Santa Iglesia no es una comunidad de los perfectos, no se trata de una asamblea de cátaros, «Bernanos solía decir que daba gracias a Dios de que la Iglesia no fuera perfecta, porque si lo fuera él ni siquiera se atrevería a entrar en ella y se quedaría a la puerta dándole vueltas a la gorra»[3]

 

La segunda, nos habla de lo escatológico. No es que el discernimiento no implique separación. No que no se haya de segregar “buenos” de “malos”, no que todos –indiferentemente- correrán la misma suerte. No que unos no merezcan ir a los cestos y los otros “se tiren”. Pero, recordemos la parábola del Domingo previo, serán los ángeles los encargados de esa discriminación, y para eso debemos aguardar el tiempo de la siega, será entonces, cuando arrastren las redes a la orilla y se sienten a separar. Dicho en otras palabras, la sabiduría es paciente, espera que llegue el tiempo de Dios, se pone a su ritmo, porque no somos jueces, sino “amigos”. Eso sucederá al συντελείᾳ τοῦ αἰῶνος [sinteleia tou aionos] “final del tiempo”, los ángeles ἀφοριοῦσιν [aforiousin] “separarán”, el verbo está en indicativo futuro-activo, tiempo eminentemente escatológico.


Para concluir, miremos esa tercera nota característica: queremos referirnos al padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Para llegar al “hombre nuevo” no basta lo nuevo, hay que ἐκβάλλει “ir sacando” de ambos. Demos un ejemplo, Jesús nos indicó en el Sermón del Monte que Él no había venido a derogar la ley y los profetas sino a πληρῶσαι [plerosai] plenificarla. Entendamos que la Biblia no está para descuartizarla y –con una óptica simplista- amputarle el Primer Testamento. Así, por ejemplo, el Salmo 119(118) de donde proviene el Salmo responsorial de esta Liturgia, nos habla de la Ley de Dios, dándole muchos y variados nombres: promesas, preceptos, sendas, decretos, estatutos, palabras… Se trata del Salmo más extenso de los 150, es un salmo de 22 estrofas (Salmo alefático con una estrofa por dada letra hebrea), cada una de ellas de ocho versos. Si se entrega a un “escriba inexperto en cuestiones del reino”, le parecerá farisaica, en el sentido despectivo. Sin embargo, «La Ley para un hebreo, no era este código jurídico, rígido, de “permitido y prohibido”, trasmitido por la herencia romana. La Ley era el más bello regalo de Dios, el don de Dios al Pueblo que Él amaba, con el que había hecho Alianza. El hombre sin Ley, es un hombre abandonado a sí mismo, que no sabe cómo comportarse, que no conoce las normas de su propio ser….»[4]. Pero el “Padre de familia” va sacando del uno y del otro, «Ningún moralista de la historia relacionó como Jesús la “obediencia” y el “amor”… no olvidemos que el único mandamiento, la única voluntad de Dios, es que nos amemos… Cuando dos personas se aman, están ligados la una a la otra por una especie de Ley, pero una Ley que no tiene nada que ver con los juridismos, o los formalismos: “Puesto que te amo, me siento íntimamente obligado a escucharte, a darte gusto, a cumplir tus deseos. Dime que deseas. Seré feliz haciéndolo”»[5]

 

La búsqueda del Reino, la búsqueda de la Sabiduría, la búsqueda del tesoro y de la perla preciosa –nos lo ha enseñado nuestra fe- no es la búsqueda de una idea preclara, sino el discipulado de la Persona que los encarna que los vive y nos permite vivirlos, que nos los ofrece en heredad: «Quiero contarles un hecho que me impresionó mucho, una historieta antigua que leí durante unos ejercicios en lengua copta, que se habla en el Antiguo Egipto, que se estudia en el Bíblico para profundizar mejor en el conocimiento del Nuevo Testamento. En esa lengua se han conservado bellísimas sentencias de los primeros Padres del desierto, que sabían narrar con pocas palabras situaciones humanas muy profundas.

 


En este episodio se dice que un tal fue donde uno de estos Padres del desierto y le dijo: Padre mío, tú que tienes tanta experiencia, explícame ¿por qué vienen al desierto tantos jóvenes monjes, y después muchos se devuelven; por qué perseveran tan pocos? Entonces el anciano monje dijo: “Mira, sucede como cuando un perro corre detrás de las liebres, ladrando. Muchos otros perros, oyéndolo ladrar y viéndolo correr, lo siguen. Pero solamente uno ve la liebre; pronto sucede que los que corren sólo porque el primero corre, se cansan y se detienen. Solamente el que tiene ante sus ojos la liebre, sigue adelante hasta alcanzarla”. Así, dice el anciano monje, solamente quien ha puesto los ojos verdaderamente en el Señor crucificado, sabe en realidad a quién sigue y sabe que vale la pena seguirlo.»[6]


 

Así nosotros, escribas neotestamentarios del siglo veintiuno, -que nos hemos vuelto discípulos del Reino de los Cielos- tenemos que ver a Jesús y “escucharlo”, para seguirlo con fidelidad y no decaer en entusiasmo, y no solo correr desaforados, porque otros corren (por oír ladridos). Los que corren sin haberlo visto, ¡pronto desistirán! Bienaventurados los que persistan, porque ellos entrarán en El Reino.

 

 



[1] “Discernimiento” en griego

[2] Matos, Henrique Cristiano José. LA VIDA CONSAGRADA A LA LUZ DE LA ESPIRITUALIDAD PAULINA. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá D.C.-Colombia 2000. p. 46

[3] Martín Descalzo, José Luis. BUENAS NOTICIAS. Ed. Planeta. Barcelona-España 1998.  p. 198

[4] Quesson, Noël. 50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. Tomo II. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá D.C.-Colombia 1996. pp. 190-191

[5] Ibid

[6] Martini. Carlo María. EVANGELIO ECLESIAL DE SAN MATEO. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá-Colombia. 1996 p.77 

viernes, 24 de julio de 2026

Santiago el Mayor

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de Santiago y se fue aparte con ellos a un cerro muy alto. Allí, delante de ellos, cambio la apariencia de Jesús. Su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz.

Mt 17, 1s

Hch 4, 33; 5, 12. 27-33: 12,2

Como se nota esta perícopa está estructurada con fragmentos tomados de tres capítulos distintos: 4. 5. 12. de los Hechos de los apóstoles.

 

Del capítulo 4 tomamos la idea del trabajo incesante que los apóstoles asumieron con su encargo de testimoniar la Resurrección. No era algo secundario en sus vidas, era algo que obraban con valentía y acompañando la predicación con “signos y prodigios”.

 

Luego, se señala -y la manera como está dispuesto dentro de la perícopa lo convierte en una “razón” para que fueran llevados ante el Sanedrín, que, queremos reiterar era la Corte Suprema de la ley judía cuya misión era administrar justicia interpretando y aplicando la Torah, que era el código referencial en el que apoyaban sus decisiones. Allí se enfoca el interrogatorio preguntándoles: ¿Si les habían prohibido, por qué -sin embargo- andaban enseñando en nombre de “ese”? Habían hecho todo lo contrario de lo establecido en la tal prohibición, ya que no sólo enseñaban la Resurrección, sino que, de paso, los señalaban a ellos, como los asesinos responsables del crimen de darle muerte a un Inocente.

 

Pedro les da una respuesta contundente: La prohibición de predicar el Santísimo Nombre de Jesús era una disposición humana, por lo tanto ¡no obligaba! En cambio, la tarea que ellos ejercían y a la que daban cumplimiento, era una tarea impuesta por Dios; inaplazable, siendo una comisión Divina, estaban obligados a satisfacerla porque había pasado a ser el sentido de sus vidas.

 

Ellos lo colgaron del madero de la cruz, pero Dios no se quedó impávido ante tamaña injusticia, sino que lo Resucitó y lo “exaltó” a su Diestra, lo que significa que lo constituyó Jefe Supremo de la Economía Salvífica, y con esta acción le entregó -a su Pueblo Elegido- la conversión. La conversión es el lado esencial de la moneda, pero la otra cara de la moneda es el perdón de los pecados: ¡ninguna moneda existe con un solo lado!

 

Esta “moneda” es la Gracia del Espíritu Santo, la reciben todos aquellos que le son obedientes.

 

Las piezas de esta respuesta encajan con total solidez, lo que hacía de ella una respuesta incontrovertible. ¿Qué opción le quedaba al Sanedrín? Hoy en día, cuando la historia nos ha dejado ver la corrupción de tantos y tantos Tribunales Gubernamentales, ya sabemos la respuesta: ¡Segar vidas! ¡Poner en acción sus aparatos sicariales!


La perícopa concluye señalando a una de sus víctimas: Santiago, el hermano de Juan, al que para distinguirlo del otro Santiago (llamamos el Mayor), sucumbió bajo la orden de Herodes Agripa I.

 

Sal 67(66), 2-3. 5. 7-8

Ese es un salmo de bendición, lleno de gratitud (una verdadera “acción de Gracias”). El espíritu que anima el salmo es que pide una “Sonrisa celestial” y se ofrece a hacerse evangelizador como gesto de Gratitud. Es muy interesante que recurre a la Misericordia de Dios y la relaciona directamente con la Misión de proclamar el Santísimo Nombre para que todos los pueblos lleguen a saber dos cosas esenciales

1)    Los caminos que llevan a Dios.

2)    Que Dios es un Dios-Salvador.

En la segunda estrofa, da continuidad en la misma línea de pensamiento: El Señor es Digno de ser conocido allende las fronteras, porque Él, es un Dios-Justo, es un Dios que regenta aplicando la Rectitud en su manera de Gobernar. Cómo se puede entender tal Rectitud, el camino Derecho es el de cuidar prioritariamente la vulnerable.


La visión hebrea de la fe la relaciona directamente con el temor, a Dios se la ama, pero ese Amor conlleva el sentimiento de Temor, Dios -cuya imagen en la mente de estos pueblos era análoga con la que se tenía de los reyes de la tierra, que con cualquier gesto disponían de la vida y daban muerte a sus súbditos. (Hay una predisposición -prácticamente ancestral y automática- a pensar que Dios es nada más que el rey del Cielo y, también un germen atávico a identificar a los gobernantes de la tierra como parientes muy cercanos del Dios Celestial, en muchos casos, su propio Hijo).

 

El verso 5, dice más exactamente, canten a Dios, alaben al que cabalga sobre las nubes. El verso 7, se traduciría “los rebeldes vivirán en tierras estériles”.

 

Si Dios tuviera tarjetas de presentación, según este salmo diría: “Dios de los despreciados”. Todo el salmo está en una atmosfera de celebración de una Victoria. Y, por su género literario podemos clasificarlo como una “oda épica”.

 

La universalidad de este Dios es el tema que inspira el verso responsorial: “¡Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben!”. No es Dios exclusivo del “pueblo elegido”, es un Dios mundial.

 

Mt 20, 20-28

Es importante que la autoridad en la Iglesia no la ejerzan según los criterios, evangélicamente estúpidos, de la vanagloria.

Silvano Fausti


Las mamás siempre se empeñan en la defensa y el bienestar de sus hijos. Ellas -sin importar donde tengan que ir, acuden a defenderlos, a “palanquearlos”, a abogar a su favor, a pedir para ellos ascensos y promociones. Es -prácticamente lógico- que busquen los mejores puestos para sus hijos, y no escatiman ningún esfuerzo que pueda propulsarlos. La mujer del Zebedeo es de esta clase de madres, aprovecha que Jesús se dirige a Jerusalén para interceptar su paso y venir a pedir que ellos ganen los puestos de los dos ministros más prestantes del Reino cuando Jesús se siente en su Trono. Esta madre no es la excepción, ella también quiere que sus hijos sean los de mayor importancia en toda la corte, sólo por debajo del Rey.

 

Tal vez nos parezca muy prosaico, inclusive una petición ingenua; nosotros acostumbrados a espiritualizar a Jesús, instantáneamente lo visualizamos como un Rey de Arriba, cuando es cierto, y muy cierto, que la mayoría lo que entendían y esperaban era un Mesías terrenal, un caudillo semejante al César, a los Emperadores de la época.

 

Cuando Jesús les pregunta – a lo que para ellos sería seguramente como el “examen” de admisión al cargo, sí ellos podían beber la copa que Él iba a beber, ellos se apresuraron a responder afirmativamente: ¡Podemos! Se imaginarían que estaba relacionado con los repetidos brindis del día de la coronación y entronización.

 

El pecado aquí está en sobrevaluar nuestras capacidades y talentos. La clave de nuestros sueños y anhelos es el egoísmo, ese es el líquido que llena toda la piscina de nuestra existencia, es el aire de nuestra atmosfera, es el riel que encamina el tren de todas nuestras aspiraciones: es la cultura del ¡Usted tiene que ser el mejor! (Bajo ese lema subyace el principio ¡todos los demás tienen que ser “peores”).

 

Él lo que les pregunta es si podrían sumergirse en el bautismo de sangre que le aguarda, si serían capaces de asumir el dolor propio como dolor redentor. Ellos lo que entienden es ¿serían capaces de beber la bebida muy fina y elegante que beben los reyes? ¿El vino de la más refinada importación? Ellos creían que les estaban preguntando si les gustaban los vinos de solera

 

Recordemos que antes de tener reyes, Dios -por boca de Samuel- los previno de todos los males que les acarrearía ser gobernados por un rey; sin embargo, ellos pensaban que esa era la gran solución. Hoy Jesús les repasa la lista de los inconvenientes que conlleva la realeza como estilo gubernamental: “Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.

 

Po les advierte muy claramente que nuestro “gobierno” tiene que ser diferente. Nuestro gobierno será de “abajamiento”, de “servicio”, de “abnegación”, que se caracteriza por ser “oblativo”.

 

Hay palabras tan exigentes que, para eliminar su carácter tan fuerte, tan demandante, se han sacado de circulación: Entre ellas está esta: “oblativo”, que nos señala hacía la capacidad de ofrecerse, de entregarse, inclusive de sacrificarse por el bienestar de los demás ¡sin esperar algo a cambio! Su etimología está entrelazada con dos palabras que entendemos bien: “ofrenda” y “sacrificio”.

 

“No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.

Aquí resuena la clave de nuestra sublimación: ¡El sacrificio! Como nos ejemplificó Jesús. ¡El Servicio! En vez del mando, del dominio o la opresión; está el servicio que nos enaltece, el que, de verdad, puede llegar a exaltarnos. 

jueves, 23 de julio de 2026

Viernes de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jr 3, 14-17

Dios que se queja del abandono de su pueblo… Dios que se indigna por la irresponsabilidad de sus pastores y de los malos gobernantes.

José Luis Caravias, s.j.

Este pueblo al que se dirige Jeremías, nombre que significa “exaltación del Señor”, “Yahweh eleva”, -se ha dicho que, si hubiera que añadir a su escudo una frase que lo caracterizara, esta sería, “terror por doquier”-, es un pueblo que tiene Dueño: le pertenece al Mesías, específicamente, al Mesías que se adora en Jerusalén. La perícopa está enmarcada en el tramo Bíblico de los capítulos 1,1-25,14; que contiene Mensajes proféticos sobre Judá e Israel, sin embargo, fijándonos bien en la perícopa, se asume que el Templo ya fue destruido y el arca de la Alianza, desapareció.

 

Dicen los estudiosos que está obra fue encontrada y recompuesta con los trozos hallados, de la mejor manera que entendió su editor. El propio Libro nos dice que hubo una primera edición y que posteriormente Baruc rescató lo que él, como amanuense, había compilado antes. Pero, los fragmentos de los rollos que dieron origen a la versión que conocemos, estaban en desorden, así que fueron ensamblados, repetimos, de la mejor manera que entendió este editor.

 

En la perícopa de hoy, a Jeremías le importa mucho menos esta destrucción y la desaparición del arca, porque visualiza, que cuando regresen “schub” (en este caso no sólo remite al regreso, sino que alude a la reconstrucción) del destierro, los nuevos gobernantes serán “pastores” justos y rectos que constituirán la Jerusalén reconstruida -toda ella- será una Nueva Arca, será la Ciudad Arca-por-excelencia. donde resplandecerá el “Trono de Yahweh”.

 

Estas ideas nos llevan a posicionar la perícopa como final de esta primera sección, “Israel ha sido infiel al Señor”, a la que nos hemos venido refiriendo. El verso 18, actúa como un puente que retomará la denuncia d la idolatría de Israel.

 

¿Qué les pide el Señor? La palabra es contundente: שׁוּב [shub] “volved”, que en hebreo entraña el sentido de “regresar” inclusive “una vez más”. No volverán todos, habrá una especie de colado, de selección, allí donde haya dos uno se quedará y solamente el otro volverá. Ellos sufrían muy dolidos por el Arca de la Alianza que había desaparecido (desapareció en el año 587 a.C., tras la invasión de los babilonios a Jerusalén y la destrucción del Templo de Salomón); pero la profecía anuncia que ya no se la volverá a mencionar porque tendrá sustituto en la Ciudad-entera-de-Jerusalén, el Señor da su Palabra que no les “hará falta”.

 

Se reconciliarán las tribus y el imperio se reunificará, ya no habrá un reino del norte y uno del sur. Pero esta profunda reconciliación supone una muy sincera “conversión”, exige un nuevo comienzo. Dios aparentemente arrasa, pero no para destruir, sino para recrear: para dar paso a un “Nuevo Principio”.

 

La idolatría que ha generado esta ruptura de la Alianza estriba en que ellos han aceptado a Baal (que significa “dueño”); el Señor los corrige y las hace saber que Él es su Único Dueño. (Cfr. Jr 3, 14).

 

En el Arca de la Alianza estaba la Presencia del Señor, -hay un juego de ideas que simboliza que la Presencia de Dios está en su “Ley”- “Su Ley” son las “Tablas que Moisés recibió en el Sinaí”, las tablas estaban guardadas en el Arca, por tanto, perder el Arca era perder la Presencia. Pero la profecía asegura que los hará “volver” a Sion. Donde Dios tiene su Trono.


Dios entregará su Presencia no mediada por ningún objeto, sino que se percibirá su Presencia-Directa-Personal.

 

Sal Jr 31, 10. 11-12ab. 13

Naciones, escuchen la Palabra del Señor

y anuncien en las costas lejanas:

‘El Señor dispersó a Israel

Pero lo reunirá y lo cuidará como cuida el pastor a sus ovejas.

Jr 31, 10

Los capítulos 25, 15 – 45,5 forman la segunda parte del libro de Jeremías que para su estudio se ha dividido en 4 partes. Pero, dentro de esa unidad de relatos biográficos y anuncios de la salvación, se ha injertado un librito poético autónomo, que está constituido por once poemas, que guardan relación muy estrecha con el ambiente del libro de la consolación del Deutero-Isaías (caps. 40-55). La perícopa que trabajamos hoy está tomada del séptimo poema que comprende Jr 31, 10-14.

 

Este poema toma como escenario el Mediterráneo y ambienta en él un ideal mesiánico. El rebaño disperso es pastoreado por el “Pastor de Almas” que las lleva a abrevar en fuentes tranquilas, donde constituye un rebaño único.


En la primera estrofa afirma que Él Mismo que dispersó a Israel, ahora lo reunirá (reconstruirá).

 

En la segunda estrofa dice que el punto de convergencia de los dispersos será el territorio de Jerusalén (Sion).

 

Todos gozarán y se regocijarán de este regreso, jóvenes, viejos y doncellas, habrá alivio de las penas, lo que era tristeza, ahora resplandecerá como gozo.

 

En el responsorio seguimos trabajando la Imagen de Dios comparándolo con un Pastor que maximiza sus cuidados por el rebaño

 

Mt 13, 18-23

Lo importante es producir, no importa cuánto, porque el Señor ve el esfuerzo que nosotros ponemos. A cada uno se le exigirá de acuerdo a los talentos que recibió.

Milton Jordán Chigua

Jesús, ahora, pasa a explicarles la parábola del Sembrador a sus discípulos. Se cuenta como una explicación dada por el propio Jesús, los estudiosos ofrecen múltiples razones para pensar que su autoría corresponde a la Iglesia temprana, y -al mirar atentamente- vemos diferencias muy notorias respecto de la parábola originalmente narrada, especialmente en lo pertinente a los énfasis. Donde el énfasis original se orienta al sembrador y al resultado en cuanto a eficiencia productiva; ahora, por el contrario, la mirada se enfoca especialmente en los tipos de suelo, reflejando lo que les pasaba en la iglesia naciente y en las variadas clases de reacción de los “destinatarios del Anuncio” expresados aquí como cuatro clases de suelo:

1)    Se escucha, pero no se entiende.

2)    Los que escuchan la Palabra, pero carecen de raíces, y acogen el Anuncio con alegría inconstante.

3)    El que escucha, pero los afanes y el hambre de enriquecimiento lo hace quedar estéril

4)    Los que escuchan y dan fruto.


Para el primer caso, la mundanidad es el enemigo: El ruido estrepitoso y el encandelillamiento de tanto reflector. ¡Pongamos el equipo a todo full, y que todos los vecinos queden sordos!

 

El segundo caso, es la devoción que se da en un ambiente proclive, por ejemplo, mientras se estudia en un colegio regentado por religiosos, pero una vez se sale del invernadero, todas las plántulas se achicharran. Después siempre se podrán inventar pretextos para achacarle la culpabilidad a esos “monjes retrógrados”.

 

El tercer caso corresponde a los que asisten condicionados a un breve tiempo, por ejemplo, aceptan sacramentalizarse, a acceden así sea a regañadientes a un retiro espiritual; pero rehúsan cualquier compromiso más constante con la Iglesia y su vida de fe se limita a la Eucaristía, muy de vez en cuando.

 

Esto no es un retrato del pasado, no es un cuentito de alguna remota época, una imagen exclusivamente pintada en aquellas eras cuando nacía la Iglesia; y no, no se trata del pasado remoto, es el retrato más actual, cuando sólo se quiere tomar parte en una religión “light”. La imagen, en realidad refleja nuestro “hoy en día”. De nuestro tiempo tan febrilmente ocupado no queda ni un segundo para cuestiones “religiosas”: ¡Dios sabe que lo amo, pero sabe también que vivo muy ocupado!

 

¡Si sólo cambiáramos un poco -nos dicen ellos- que no fuera con órgano, sino con guitarra, ahí sí iríamos! Nos prometen.

 

En fin, la cosecha es así, escasa, mínima, hasta que toda ella cae en el olvido. ¡eran cosas de los abuelos! De las que yo participe en mi niñez, pero la vida adulta no da margen para esas “tonterías”. Además, la semana es tan extenuante que el Domingo es el único día para “descansar”.

 

Así las cosas, nuestro terreno es el más árido, y la cosecha… Bueno, con el trigo recogido, no alcanza ni para una galletita. Por favor, no vayan a prender el horno, que ¡no hay con qué!


Por el contrario, nos parece conveniente, antes de negarnos a jugarnos nuestro trigo -así sea poco- en un amasijo, detengámonos a reflexionar lo que hemos dicho en la Oración Colecta: «Dios Todopoderoso y Eterno ayúdanos a llevar una vida, según tu Voluntad, para que podemos dar abundancia de frutos de buenas obras en Nombre de tu Hijo predilecto». 

miércoles, 22 de julio de 2026

Jueves de la Décimo Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jer 2,1-3. 7-8. 12-13

יִרְמְיָהוּ [Yirmeyahu] Jeremías es profeta de linaje sacerdotal, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes del reino del sur. Oriundo de Anatot, ubicada aproximadamente 5 kms. al noreste de Jerusalén, en territorio Benjaminita. Cuando aún era muy joven el Señor lo llamó al profetismo -a finales del siglo VII y comienzos del siglo VI a.C.- cuando recibió su llamamiento, Asiria estaba en pleno declive y Babilonia todavía no había recogido el Imperio desmigajado para construirse, con los restos, uno propio; además, en el oeste, Egipto todavía se estaba recuperando de la dominación asiria. Gracias a la debilidad de las grandes potencias, Judá pudo gozar de la autonomía necesaria para gobernarse por sí misma. En este marco circunstancial el rey Josías adelantó los inicios de su reforma religiosa, durante su reinado se inició la recopilación y edición del Deuteronomio bajo el liderazgo religioso del profeta Jeremías; el proyecto de Josías -que reinó durante treinta y un años- quedó inconcluso ante la muerte del rey en Meguido en el 609 a.C.

 

Los estudiosos de la obra Jeremaica la dividen en cuatro partes. La primera está constituida por los capítulos 1 al 25, y la componen una una serie de mensajes proféticos dirigidos a Judá y en particular a Jerusalén. Si miramos el capítulo Segundo, que es el que nos interesa hoy, podemos desglosarlo en

-Denuncia de la infidelidad de Israel vv. 1-8

-Proceso contra Israel vv. 9-13

-Consecuencias de su infidelidad vv. 14-19

-Rebeldía de Israel vv. 20-25

-El castigo merecido vv. 26-37.

 

Donde se presentan los temas cardinales del Profeta en la primera fase de su actividad:

i.              El pueblo ha abandonado a su Dios, de donde emana su vitalidad

ii.             Lo que le traerá, en consecuencia, muerte y destrucción.

Esto se le anuncia, pero todavía hay un momento de posible conversión, por eso la denuncia es una invitación al “arrepentimiento”.

 

El fragmento proclamado el día de hoy se remite a los dos primeros aspectos la denuncia de la infidelidad y el proceso que se le adelanta a Israel.

 

«Como paradigma interpretativo de su mensaje político-religioso, Jeremías nos ofrece el capítulo2, un texto rico de lirismo e intuiciones psicológicas. Felicidad nacional, ruina causada por la apostasía, invitación insistente a la conversión: es un esquema que tiene puntos de contacto con la impostación de la historiografía deuteronómica (ver Jc 2, 11-19). La tradicional imagen nupcial ambientada en el desierto (Os 2) define las relaciones religiosas: “seguir” es verbo técnico tanto del matrimonio como de la adhesión de la fe. Por ello, en el v. 3 la imagen se vuelve totalmente cúltica: Israel es realidad sagrada (ver Ex 19,6 Dt 28,9) es “primicia” en sentido cualitativo además de cronológico (Nm 18,13; Lv 22,10). Como mano profana no puede violar las cosas sagradas, así también Israel es intocable y se halla sereno bajo la protección directa de Dios.» (Gianfranco Ravasi).


 Todo el capítulo es un poema.

-Los versos 1-3 rememoran el noviazgo de Dios con su pueblo y su travesía de enamorados por el desierto.

-Los versos 4-5 convocan a la casa de Jacob para que escuchen el oráculo Divino.

-Los versos 7-8 denuncian que han tratado a Dios como si Él les hubiese fallado, en vez de clamar agradecidos a su Libertador que los sacó de la esclavitud.

-Los versos 9-11, que no se incluyen en lo proclamado, donde Dios les dice que se fijen en los pueblos idolatras y vean las consecuencias de su comportamiento por haber renunciado a gozar de la Gloria que Dios les ofrecía compartirles.

-Se concluye la Primera Lectura delatando las dos maldades que han perjudicado al “pueblo elegido”:

i)      Abandonaron a Dios que es la fuente del agua vital que vivifica sus campos y sus vidas

ii)     Se cavaron pozos agrietados que, lógicamente, son inútiles para almacenar el agua.

 

Esto es -dicho con otras palabras- abandonaron su fidelidad al Dios Altísimo y prefirieron caer en brazos de la idolatría.

 

Sal 36(35), 6-7ab. 8-9. 10-11

La vida es la esencia de todas las bendiciones que Dios da al hombre, el roce del dedo de Dios que convierte un montón de arcilla en un ser viviente y hace de una sombra inerte el rey de la Creación.

Carlos G. Vallés, s.j.

Este es un Salmo del Huésped de Yahweh. Aquí el problema está en quien puede ingresar al Templo del Señor. No es un problema de “pasaporte”. No se trata de seguir alguna tramitología. Sino de una disponibilidad, de una apertura, de un deseo de ser iluminado por la Luz Esplendente de su Rostro.

 

Hay otra manera de plantearlo: ¿Quién tiene sed de su Presencia? ¿Quién quiere gozar de su amistad? Es el deseo de recobrar esos momentos “sinodales” cuando Dios caminaba por el Jardín del Edén, "a la hora del fresco de la tarde" (Gn 3,8). Este momento íntimo solía ser aprovechado por Adán y Eva para entrar en Comunión con Él. Lo que afana al huésped es el anhelo de entrar en ese estado relacional de dialogo con su יְהוָ֥ה Señor.


La primera estrofa (vv. 6-7ab), alaba la Grandeza inconmensurable de Dios: Su Misericordia, su Fidelidad, su Justicia, la Justicia que imparte.

 

La segunda estrofa (vv. 8-9) Compara la Misericordia con un ave gigantesca cuyas alas pueden dar cobijo a toda la humanidad. No solo es vivienda y da posada, sino que es también el alimento y la bebida que nos nutre.

 

La tercera estrofa descubre dos rasgos del Dios-Anfitrión:

a)    Es מָקוֹר [makor] “fuente”, “manantial” vivo, o sea que mana constante de Él. Teológicamente hablando es “de donde mana la felicidad”: La garantía de que no se secará.

b)    Es Luz

A partir de esos dos rasgos descifra que:

a)    Es fuente de Misericordia

b)    Es Luz de Justicia para los que se esmeran en vivir la rectitud de la Justicia.

 

«Yo quiero vivir, y Tú eres la fuente de la vida. Cuanto más me acerque a ti, más vida tendré. La única verdadera fuente es la que viene de Ti, y la única manera de participar en ella es estar cerca de Ti. Déjame beber de esa fuente, déjame meter las manos en sus aguas para sentir su frescura, su pureza y su fuerza. Que las aguas vivas de ese Divino Manantial fluyan a través de mi alma y de mi cuerpo, y su corriente inunde el pozo de mi corazón. Olas de alegría en carne mortal.» (Carlos G. Vallés, s.j.)

 

Mt 13, 10-17

Jesús … usa las parábolas, que ni clavan ni dejan perder, ni acusan ni excusan, sino que simplemente, sin respeto y discreción proponen de tal modo que el que quiere comprender, cuando quiere, puede pedir explicaciones. El que no quiere, es libre de hacerlo. Pero siempre queda abierto para Él el resquicio.

Silvano Fausti

Cuando uno le habla a la gente “llamando al pan, pan; y, al vino, vino” y no aceptan darse por enterados, hay que hablarles de otra manera. No se les pueden decir las cosas directamente, entonces, hay que hacer un circunloquio para que la imagen literaria que se emplea les sea más accesible. Por ejemplo, recurriendo a “parábolas”.


Está perfectamente claro que, si uno no puede hacerle un pase directo al jugador co-equipero, habrá que imprimirle al balón una trayectoria no directa, sino “curvada”, y esta curva es lo que se denomina en geometría una parábola: En geometría, una parábola es “una curva abierta y simétrica que se obtiene al cortar un cono con un plano paralelo a su generatriz”. Olvidémoslo, eso no es importante, ni necesario. para el entendimiento de lo que queremos expresar, baste recordar aquello del pase-directo-imposible, pero hecho posible por medio de una trayectoria de curva parabólica. Gracias a la parábola, el Señor llegaba a los que no habían aceptado y recibido los μυστήρια [misteria] “misterios” del Reino de los Cielos”.

 

O sea que una parábola en el sentido lingüístico es una especie de “rodeo”, es una perífrasis para facilitar la comprensión de algo que parece complicado, comparándolo con algo fácil y cotidiano, que precisamente por ser algo usual, nos llega y nos ilumina muchísimo mejor.

 

¿Cómo dice el Señor que ellos no logran entender?

Dice que ellos:

a)    Miran sin ver y,

b)    Escuchan sin oír ni entender.

 

Aquí se nos presenta un meollo epistemológico, con la palabra “misterio”. Eso se debe a que, para nosotros, en el lenguaje corriente, “misterio” significa “enigma”, “algo prácticamente imposible de entender”, “arcano”, “inaccesible”. En cambio, para nosotros, esto quiere decir -en el lenguaje teológico- que nosotros lo hemos llegado a adquirir como “regalo de Dios”, no por esfuerzo intelectual, sino por Gracia. No es para nada “ocultación”, ni sigilo, sino algo que Dios nos “revela”. No es algo que se alcanza poniéndonos de puntillas, sino que la con la inteligencia con la que Dios nos dotó puede guardarla y atesorarla. Dios que es Luz (ver el salmo) no nos creó para mantenernos en tinieblas. ¡Él nos participa entendimiento con su Revelación!

 

Algunos estudiosos dicen que misterio es “el designio de Dios en la historia”. Nosotros preferimos verlo como la Presencia de Dios que se trasparenta para nosotros.


Aquí estamos en lo esencial de la epistemología de la fe: el conocimiento teológico es teologal: Dios mismo nos lo entrega, Él no se oculta, sino que se nos Presenta y se manifiesta. Lo más interesante es que nos otorgó la Iglesia, para que ella “personalmente” nos abriera a su Conocimiento.