sábado, 11 de abril de 2026

CITADOS EN GALILEA

 


Hech 2,42-47; Sal 118(117), 2-4.13-15.22-24; 1Pe 1,3-9; Jn 20, 19-31

 

Sopló entonces sobre ellos y les dijo: reciban el Espíritu Santo

Jn 20, 22

 

Para marchar hacia adelante, todos en la Iglesia necesitamos sumergirnos en el agua bautismal del Primer Amor, lo cual exige la revitalización de la memoria, para hacer pie en ella y proyectarnos en la esperanza, sumergirnos en su Misericordia, que muchas veces consistirá en llevar -también nosotros- los dedos a la Llaga de su Costado. Y salir a cumplirle la cita que Él nos dejó: ir a encontrarlo en Galilea, allí donde todo tuvo su inicio. Hacer un acopio de fortaleza, alacridad y parresia para abandonar el Cenáculo y salir, y mirar el futuro con confianza.


Nos dice San Agustín. «… cuando cumplas un acto de misericordia compórtate [así]: si ofreces un pan, trata de participar de la pena de quien tiene hambre; si das de beber, participa de la pena de quien tiene sed; si ofreces ropa, comparte la pena de quien no está vestido; si ofreces hospitalidad, comparte la pena de quien es peregrino; si visitas a un enfermo, de quien tiene una dolencia; si vas a un funeral, te entristezca el difunto y si pones la paz entre litigantes piensa en el afán de quien tenga una queja. Si amamos a Dios y al prójimo no podemos hacer esto sin una pena en el corazón (Sermón 358ª)»[1] La Misericordia no está fuera, tiene que brotar de las “entrañas” mismas del corazón, allí la ha soplado Jesús, con su Aliento de Vida.

 

De Él nos podemos fiar

La resurrección es algo que los fieles damos por descontado, es un dogma de nuestra fe y estamos habituados a este concepto. Pero, cuando alguien nos cuenta algo, nos refiere un suceso insólito, nada común, nuestra primera reacción crítica es someterlo al tamiz de la duda. Es más, algunos de nosotros nos enorgullecemos de ser altamente críticos y no tragar entero. Algunos otros, rayando en la altanería, nos negamos a creer en nada y desconfiamos de todos y de todo cuanto se nos dice. Nuestra bandera rebelde consiste en no aceptar “nada” y rebelarnos contra todo. Especialmente, la modernidad nos heredó un tipo de pensamiento que dice no reconocer sino aquello que podemos reproducir, bajo situaciones controladas, replicándolo punto a punto en sus condiciones para repetirlo tal cual; ese sería el único criterio de certeza.

 

Todo esto está bien, inclusive es un antídoto magnifico para evitar un pensamiento pueril, para caer ingenuamente en diversos engaños y ser muchas veces víctimas de estafadores y engañadores de toda laya. ¿Cuántas veces y cuántos no se valen de un sinfín de patrañas para sonsacar nuestro dinero, manosear nuestros sentimientos o, simplemente, lucrarse de algún modo de nuestra credulidad, manipulándonos al servicio de sus intereses?


Pero, acercarnos a Jesús, quien, definitivamente, sabemos que no quiere estafarnos ni someternos de ninguna manera, ¡es otra cosa! De Él podemos fiarnos y en el podemos confiar con plenitud, sabiendo que siempre nos dará mucho más de lo que nos pudiera quitar. Por otra parte, cuanto nos quite es, porque antes Él mismo nos lo ha dado. Por eso, ser cristiano significa aceptar la voluntad de Dios y el conocimiento que Él mismo nos brinda, dándonos con generosidad “saberes” que de otra forma nos serían inaccesibles y por eso, a ese “saber” lo denominamos “Revelación”. Dios Padre nos ha Revelado su Rostro dándonos a su Hijo y, Jesús mismo nos ha declarado que Él es el Rostro Humanado del Padre (Cfr. Jn 14, 9b) Y en Jn 11, 25 nos revela “Yo soy la Resurrección. El que crea en mí, aunque muera vivirá”.

La fe, por tanto, la hemos clasificado entre las virtudes teologales, es decir, aquellas que no brotan de nosotros mismos, sino que son don de Dios. Es Dios mismo quien nos las da y Él mismo las sostiene y las fortifica. «… se llaman teologales o divinas: no solamente porque se refieren a Dios, sino también porque es Dios quien las hace posibles, quien nos ofrece la gracia de creer… tienen a Dios como objeto y juntamente nos vienen de su benevolencia, son la vida divina en nosotros, la respuesta que el Espíritu Santo suscita en nosotros frente a la Palabra de Dios.»[2] Entonces, ¿no podemos hacer nada para tenerla? Si, basta con pedirla intensamente al Espíritu Santo para que Él, gustosamente nos las otorgue. Como diversas cosas en la vida, ¡basta quererlas, para tenerlas! ¡Son pura gracia! Hay algo más que podemos hacer a favor de la fe: a) Fortalecerla b) Ejercitarla. Estas dos cosas son casi una y la misma: es una especie de dialéctica. Si la ejercitas la fortaleces, si la fortaleces es porque la estas ejercitando. Frente a lo que Dios nos ha revelado es necesaria una especie de terquedad: Sí Dios lo ha dicho y nos lo ha comunicado, lo aceptamos y lo sostenemos a rajatabla, digan lo que digan, pase lo que pase.

 

Un tercer elemento para tener la fe consiste en instruirla. A la fe hay que formarla e informarla. Dios no se nos revela a cada uno personalmente, se ha ido revelando paulatinamente -a través de la historia- a la Iglesia, a la que Él instituyó precisamente como guardiana. Nosotros debemos acercarnos a la Fuente para beber en ella y saciar nuestra sed; además, para poderla comunicar, asumiendo nuestra misión de difusores. A esta misión nos llama el propio Jesús que –ya lo hemos dicho en otra parte- no quiere que dejemos de hacer lo que hemos elegido en nuestra vida como oficio, sino que transformemos, ese hacer, en un hacer a la mayor gloria de Dios. Para esto llamó a pescadores, a quienes re-dirigió, haciéndolos, ya no pescadores de peces, sino pescadores de hombres (Cfr. Mt 4, 19).

A algunos les cuesta más el seguimiento confiado y entonces Jesús, Infinitamente Misericordioso, les da más, se les presenta en Persona, y los invita a meter el dedo en sus llagas. Si, esta oportunidad que da Jesús es para que dejemos de ser incrédulos μὴ γίνου ἄπιστος y seamos creyentes ἀλλὰ πιστός. Ese es el sentido de la perícopa del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan que leemos hoy día: Jn 20, 19-30. Que abandonemos nuestra terquedad de incrédulos, terquedad que es altanería mezclada con rebeldía y; con docilidad, demos a torcer nuestro brazo a Dios, para reconocerlo “Señor y Dios nuestro”. Ὁ κύριός μου καὶ ὁ θεός μου

 

Sin embargo, y aquí está el quid del asunto, muchas veces, teniendo la fe, encontramos cómodo negarla porque nuestro pecado nos acusa en la conciencia, entonces es cuando desautorizamos a Dios y, en medio de nuestra rebelión, decidimos negar cuanto Él nos ha manifestado en su Revelación. Es entonces cuando pateamos a la Iglesia y, con ella a todos los que se mantienen fieles a Jesús. «Cuando,… opto por obrar contra los mandamientos, preferiría que Dios no existiera y por consiguiente estoy dispuesto a prestar fácilmente oído a las objeciones acerca de la fe. No pocas objeciones derivan lamentablemente del hecho que nuestra vida cristiana, nuestros comportamientos no son conformes con el Evangelio. Entonces se requiere un camino de conversión que nos lleve a pensar y obrar según la verdad y la existencia de Dios. Entonces el creer nos resultará mucho más fácil.»[3]

 

Lo hizo todo Nuevo

La perícopa del Evangelio inicia declarando un marco circunstancial de tiempo: Es “el primer día de la semana” τῇ ἡμέρᾳ ἐκείνῃ τῇ μιᾷ σαββάτων, podríamos, perfectamente entenderlo como el Primer día de la Nueva creación. En el Principio, en el Primer Día, encontramos que todo era oscuridad, fue “entonces que Dios dijo ‘¡Que haya Luz!’ y hubo luz Cfr. Gn 1, 1-3. ¿Cómo era la oscuridad? ¿Cuál era el rostro de esa oscuridad? En el evangelio de San Juan, en Jn 20, 19 se nos informa que, esta oscuridad en particular, tenía el rostro del miedo τὸν φόβον, miedo de los perseguidores, que en este caso eran los “judíos”: ὅπουἦσαν οἱ μαθηταὶ διὰ τὸν φόβον τῶν Ἰουδαίων.

Y, entonces, Jesús, que se presenta, y puede entrar, aun cuando las puertas estén cerradas, se pone en medio de ellos, e inicia la obra de la Nueva Creación; ¡les da la Luz! ¿De qué Luz se trata? La paz, esa paz que significa superar el temor, ya no tener miedo. No hay nada que neutralice más al ser, que lo aliene más, que el miedo: el miedo nos hace “inválidos”, el miedo nos “enmudece”, el miedo anula la opción de ser testigos, el miedo nos silencia para llevar el anuncio del Evangelio. Miedo es lo que usan todos los totalitarismos: Policías secretas, aparatos paramilitares, delatores, propaganda de omnipotencia y omnipresencia, terrorismo sicológico, conciencia policiva de vigilancia constante; cualquier cosa que usted haga la estamos vigilando y sabemos, inclusive, lo que usted está pensando, así que no piense, no disienta, permanezca quieto, callado…

 

En ese ambiente Jesús-Resucitado inicia la Nueva Creación, la del Segundo Adán, con un Acto de des-acobardamiento, combatiendo nuestro miedo. Jesús infunde Valor, nos da la Luz que permitirá que nos convirtamos en testigos valientes y decididos, que no temamos al perseguidor porque no nos puede quitar “la vida”, porque Jesús ha demostrado que no nos pueden robar la vida, porque Él es la Vida, es la Resurrección; podemos dar la vida, porque Él nos la restituirá. (Cfr. Jn 10, 17-18). Porque Jesús a nosotros nos hace una delegación exactamente análoga a la delegación que el Padre le hizo a Él: “Así como el Padre me envió a mí, yo los envío a ustedes” (Jn 20, 21b).

Y aquí viene el gesto de Jesús que nos confirma que se nos está narrando con Juan la Segunda Creación: Se trata del soplo de Jesús. En el versículo 22 Jesús sopla sobre ellos el Espíritu Santo, conforme el Creador sopló en nosotros – a través de nuestras narices- el aliento de vida, el mismísimo נֶפֶשׁ [Nefesh] “Aliento de Vida”.

 

Queremos hacer paráfrasis y decir que quien no tiene vida es el acobardado que no testimonia, ese carece del “Soplo”, del “Espíritu” (como sabemos las dos palabras son la misma en Griego), ese Espíritu soplado por Jesús, es el aliento de la valentía, de la decisión de ser “testigos”. Así Jesús, Señor y Dios nuestro, nos a re-creado. ¡Ha hecho todo nuevo! (Cfr. Ap 21, 5b.) Ha soplado e insuflado la Misericordia que en cada quien se expresará como carismas, o sea poder para servir a la Comunidad. La Misericordia, no es que Él sienta lástima por nosotros, ¡no!, es que Él co-padece y se solidariza entregándonos todo lo necesario para salir airosos y avante; la Misericordia ni es un “pobrecitos” pronunciado por Dios, sino una fuerza que –dignificándonos- se nos entrega; porque somos “dignificados” nuestro ejercicio de la Misericordia lo puede Glorificar.

 

No ocultar lo esencial del Mensaje

Este domingo se denomina ahora el Domingo de la Misericordia y tiene en su primera lectura –como en todos los domingos de la Pascua y en todas las misas semanales también- una perícopa  tomada de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35. Su núcleo es la siguiente frase: “Todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.” (He 4, 32b).


Hay una estrofa de Casaldáliga que nos servirá como “llave maestra” para adentrarnos en el significado profundísimo del concepto de koinonía:

 

Yo no sé si podría convivir con los Pobres

si no topara a Dios en sus harapos;

si no estuviera Dios, como una brasa,

quemando mi egoísmo lentamente.

(Dios no es simplemente la Justicia)[4]

 


«En nuestros días, también el amor nos pide ser testigos, ser santos: “Si el martirio es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan en la Iglesia” … Se trata de la decisión fundamental de dejar de considerar la utilidad, la ganancia, la carrera y el éxito como el objetivo último de la vida, para reconocer sin embargo como criterios auténticos la verdad y el amor»[5] Y, estas palabras retumban hoy, 16 de abril de 2023, con una actualidad y una exigencia que urgen.

 

Ante la forma consagrada

«Tomás ha sido un buen discípulo de Jesús, pero un poco lento para captar los altos conceptos de Jesús (11,16; 14, 5). Aquí también exige pruebas palpables de que Cristo realmente vive. Ejemplo de esa fe inadecuada, condenada en 4, 48: “Si no ven señales y prodigios, no creen” (Cfr. 2, 23-25; 6, 26; 12, 18). Tomás en su rol de “dudoso”, aparece sólo en este cuarto Evangelio. Pero, no sólo él dudaba: El representaría a todos esos discípulos de los primeros años que “dudaban” (Mt 28, 17); tenían “dudas en su corazón” (Lc 24,38); “no creyeron a quienes habían visto al Resucitado” (Mc 16, 14)»[6].


A través de la historia de la Iglesia hemos alabado y nuestro corazón ha hecho eco de esta frase tan hermosa. «Con esta proclamación asombrosa de Tomás, se termina este Evangelio. El Evangelio comenzó con “la Palabra estaba con Dios y era Dios” (1,1). Ahora lo repite al final: “Mi Señor y mi Dios”. A los cristianos de todos los tiempos que aceptan eso con fe, nos dice “Felices los que creen sin haber visto” (20, 29)»[7]

Esta es la puerta del Señor:

Los vencedores entrarán por ella. (Sal 117, 20)

 

Una fe para toda la vida

Podemos aislar la Eucaristía en un vacío litúrgico: una hora escasa robada a nuestros afanes y premuras, durante la cual cumplimos un ritual: “¡Ya fui a misa!”.

 

Pero hay más y ya lo hemos visto. Ya sabemos que la fe des-acobardada es una que da testimonio, que no se puede callar, que va por todas partes gritando lo que Jesús quiere. Es el compromiso de prestarle la garganta, la voz, las manos y la inteligencia a Jesús para que Él, en pleno siglo XXI, siga diciendo en todas partes y ante todos que ama la justicia, que Él no es un pretexto para que se siga maltratando a los más débiles. Que hay que construir una sociedad de otra manera, sin violencia, sin explotación, sin injusticia. Que si se puede levantar una sociedad donde la cultura de la muerte estará definitivamente derrotada y la cultura de la vida será triunfante y que ese será el Reino de Dios, y que su Reinado, entonces, no tendrá fin.


La Resurrección, para los bienaventurados que creen sin haber visto, significa aceptar, aún en medio de la oscuridad más densa, que en el fondo, como al final del túnel, hay un destello Resplandeciente, Cegador, Rutilante, Glorioso: Es Jesucristo, el Vencedor de la muerte. Jesús de la Misericordia, y,… Su Misericordia es eterna. Sin embargo, la proyección hacía la esperanza implica una sólida raigambre en el “Primer Amor”. «… cuando has olvidado ese primer amor, cuando has pasado por alto ese primer encuentro, ha comenzado a depositarse el polvo en tu corazón. Y experimentaste la tristeza y, como les ocurrió a los discípulos, todo parecía sin perspectiva, como si una piedra sellara la esperanza. Pero hoy la fuerza de la Pascua nos invita a quitar las lápidas de la desilusión y la desconfianza» «¿qué significa ir a Galilea? Dos cosas: por una parte, salir del encierro del cenáculo para ir a la región habitada por las gentes (cf. Mt 4,15), salir de lo escondido para abrirse a la misión, escapar del miedo para caminar hacia el futuro. Por otra parte, afirmó Francisco significa volver a los orígenes, porque precisamente en Galilea había comenzado todo. Allí el Señor encontró y llamó por primera vez a los discípulos. Por tanto, ir a Galilea significa volver a la gracia originaria; significa recuperar la memoria que regenera la esperanza, la “memoria del futuro” con la que hemos sido marcados por el Resucitado»[8]. 

Hablando a la joven generación de catequistas en el Congo, en su visita, Papa Francisco les dijo: «como una inmersión en el presente proyectado hacia el futuro. ¡Pensemos en la fuerza de renovación que puede llevar a esa nueva generación de cristianos, formados y animados por la alegría del Evangelio! A ellos les indiqué cinco caminos: la oración, la comunidad, la honestidad, el perdón y el servicio. A los jóvenes del Congo les he dicho: su camino es este, la oración, la vida comunitaria, honestidad, perdón y servicio». Por supuesto, la Misericordia es una inmersión en la práctica de la Misericordia, «Somos llamados a la divinización y es segura la promesa de Dios. El viaje sería menos agotador si llenáramos nuestras mentes más a menudo con este pensamiento. Bernardo de Claraval predicó una gran devoción al Cielo. En uno de sus sermones, incluye una corta aclamación lírica que resume, en unas pocas líneas su teología. El cielo es un lugar donde todo lo bueno se hace tan intensamente presente que, cualquier cosa que quede del mal pasado, se seca y desaparece. Al cielo le falta transitoriedad; dura para siempre.»[9]

 

“Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.” (1Jn 5, 6b)

 

 



[1] Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. LA MISERICORDIA EN LOS PADRES DE LA IGLESIA. Ed. San Pablo Bogotá – Colombia 2015 p. 38

[2] Martini, Carlo María. LAS VIRTUDES DEL CRISTIANO QUE VIGILA. Ed. San Pablo Bogotá Colombia 2003 p. 46

[3] Ibid

[4] Casaldáliga, Pedro. DIOS ES DIOS en TODAVÍA ESTAS PALABRAS. Ed. Verbo Divino Estela Navarra. 1990 p.59

[5] Guerra Héctor. L.C. Ledesma, Juan Pablo. L.C. ¡VENID Y VEREÍS! Ed. Planeta. Barcelona – España 2009 p. 273. La cita que contiene proviene del #42 de la Lumen Gentium

[6] Seubert, Augusto COMO ENTENDER LOS MENSAJES DEL EVANGELIO DE JUAN. Ed. San Pablo Santafé de Bogotá 1999. pp.151-152

[7] Ibíd. p.152

[8] Papa Francisco, Vigilia Pascual en la Noche Santa. 8 de abril 2023

[9] Casey, Michael. PLENAMENTE HUMANO PLENAMENTE DIVINO. Ed. San Pablo. Bogotá Colombia 2007 p. 305

viernes, 10 de abril de 2026

Sábado de la Octava de Pascua

                          

Hch 4, 13-21

Pero Pedro y Juan les contestaron: “Juzguen ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en lugar de obedecerlo a Él”

Hch 4, 19.

Estamos, recordémoslo, en la zona de Hechos donde se nos cuenta como se predicaba el Evangelio en Jerusalén. La perícopa de hoy continua el juicio de San Pedro y San Juan en el tribunal del Sanedrín. Recordemos que el Sanedrín era el tribunal supremo y consejo de ancianos del antiguo Israel, compuesto por 71 miembros (incluyendo al sumo sacerdote), administraban justicia basándose en la Torá. Actuaba como la máxima autoridad política, religiosa y civil en Jerusalén durante la época del Segundo Templo.  Se disolvió hacia el año 425, por la persecución romana.

 

¿Por qué los juzgaban? Porque -argumentaban ellos, Pedro y Juan, que “la resurrección de los muertos había quedado demostrada en el caso de Jesús” (Hech 44,2de). Se proclamaba con esto una Gran Victoria: y la derrotada era νεκρῶν [nekron] “la muerte”. La muerte es el arma y el objetivo de este tipo de “doctos” que no quieren ni pueden permitir que se declare que la muerte ha sido sometida bajo el peso de su propio yugo.

 

Algo que escandaliza a los “poderosos” es que la defensa y la proclamación de Jesús viene por cuenta de gente ἀγράμματοί [agramatoi] “sin letras”, “iletrados”, “analfabetas”, “sin estudios”, “sin mayor educación”, gente del “vulgo”, gente “chabacana” -seguramente, dirían ellos- lo que contrastaba con la seguridad y la parresia con la que se expresaban. Los reconocían como “elementos” que Ἰησοῦ ἦσαν [Iesou esan] “andaban con Jesús”, “eran de los que lo acompañaban”, “eran de los que estaban con Jesús”, aquí lo que se usa es la palabra ἦσαν [esan] “ser o estar” (en imperfecto indicativo activo) del verbo [eimi] en griego, pero -al verlos escoltados por el antes paralitico- no se les ocurría ninguna respuesta. Les dan orden de salirse de la reunión -muy apropiado para poder complotar a sus espaldas y urdir, a sus anchas las “tácticas”- para eliminar esta “molestia”.

 

En su forma de hablar se advierte que a estas “autoridades” ni les interesa la verdad, ni les preocupa Dios; el paralitico allí parado, en medio de los discípulos, resulta un argumento imbatible, porque todos lo habían visto, toda la vida, mendigando en el Templo. Se ve que todo el respaldo de sus argumentos, se saca de la injusticia y del abuso, del miedo y la represión.

 

La posición de Pedro y Juan es obedecer a Dios, costárales lo que les costase; puesto que, obediencia a Dios es lo que exige la recta consciencia. Callar era una opción no disponible. Nuestro “envío” no es compatible con el acallamiento del “mensaje” que se nos ha entregado. La misión de llevar el anuncio y propagarlo no puede detenerse. Es la razón de ser de la “Iglesia”. El foco, como se evidencia, no está en ser “santos”, sino en cumplir la misión que entraña el “envío”. Lo que no se puede callar es que al cumplir a cabalidad el “envío”, se ganará la presea de la santidad. Aquí es muy importante entender y diferenciar la santidad de la santurronería, que es una forma de beatería, mojigatería, gazmoñería, fariseísmo, en suma, de hipocresía. Nuestra misión como cristianos no consiste en ganar la aprobación de zutano, mengano o perencejo; y, en cambio, muchas veces, ser fiel a la misión nos acarreará la crítica, el rechazo y la desaprobación. Pero, “al único que hay que tener contento es a Dios”, de acuerdo con un dicho que popularizo Santo Toribio de Mogrovejo.

 

En este cuadro podemos ver un trasfondo, importante y de gran relieve: la comunidad naciente tenía una formación mixta, donde había gente con alguna formación cultural judía, junto con muchos que no tenían ninguna calificación intelectual, pero no se establecían ni se manejaban discriminaciones por eso, Dios y Jesús -piedra angular de la comunidad-, eran y deben ser, igualmente accesible para todos, no era requisito algún nivel particular de educación. Dios estaba al alcance de todos.


¿Qué se podía hacer? No les quedó otro remedio que soltarlos. Se nota que el remedio que esperaban fuera suficiente para silenciarlos, la “prohibición”, sólo era una “carabina de Ambrosio”, porque no era justo que los discípulos obedecieran más a los jefes del pueblo, a los ancianos y a los escribas, y pasaran por encima de Dios.

 

Sal 118(117), 1 y 14-15. 18-18. 19-21

Es el mismo salmo de ayer, pero se han escogido tres versos distintos.

 

Se ha traducido: ¡Dad gracias al Señor porque es Bueno! הֹוד֣וּ לַיהוָ֣ה aquí, la expresión יָדָה [yadah] “dad gracias” puede traducirse por “Cantad”, o por “Alabad”, o “Load”, o -también- por “Gloriad”, algunos especialistas proponen traducirlo por “Proclamad”, o por “Pregonad”.

 

El Señor ha sido mi fuerza, ha sido mi pilar de Salvación, se oye un clamor jubiloso en las tiendas de los justos. Quizás estas “tiendas de los justos son las “enramadas” que se usaban para celebrar la fiesta de Sukkot (las cabañas, las enramadas, los tabernáculos); no es la אֹהֶל מוֹעֵד [Ohel moed] “Tienda del Encuentro” porque a esta se la llamaba la Tienda de YHWH.


En la segunda estrofa está el tema de la Resurrección, “no lo entregó a la muerte”, “vivirá para contar las hazañas del Señor”. esta es la razón que motiva la presencia de este salmo en la liturgia de hoy.

 

En la tercera estrofa, para que pueda entrar el Rey y su sequito de vasallos -el pueblo entero- los levitas y los sacerdotes abren la Puerta. El Rey, entonces, caminara hacia el Altar para “proclamar la Salvación”.

 

Mc 16, 9-15

Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones.

Papa Francisco

Esta perícopa, nos presenta una sinopsis de las apariciones del Resucitado y la misión de la Iglesia. Como sabemos este capítulo no es marqueano, sino una adición que los miembros de la escuela de Marcos tuvieron a bien añadir para “redondear” el Evangelio que parecía haberse interrumpido sin un cierre propio, sin una culminación adecuada, este añadido comprendería toda la sección Mc 16, 9-20.


Después de haber resumido las otras apariciones pasa a presentar el encuentro con los Once, en torno a la Mesa (Eucarística), donde Jesús les reprocha su falta de entendimiento y su dureza de corazón para asimilar los testimonios recibidos. Jerusalén quedará atrás como ciudad de muerte, Galilea, el lugar de la cita con el Resucitado, será el lugar de la Vida Renovada. Será entonces cuando les dé el Envío de proclamar el Evangelio a toda la Creación.

 

En la base de la comprensión de esta perícopa está la observación de un Jesús que no se queda estancado en el reproche, que corrige para direccionar, no calla la debilidad, la menciona para que allí florezca -en lo sucesivo- la apertura de corazón para el Anuncio. Pero sigue confiando en ellos, pasa a enviarlos, no los amenaza con un “despido” colectivo, sino que les muestra que después de su Ascensión, les corresponderá, como lo han enfatizado los Obispos en Aparecida: no hay discipulado sin misión; ser discípulos-misioneros es el perfil de cualquier seguimiento sincero.


«Los discípulos a su vez han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él para predicar el Evangelio, y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entrarnos también nosotros en este torrente de alegría?» (Papa Francisco).

jueves, 9 de abril de 2026

Viernes de la Octava de Pascua


Hch 4, 1-12

Jesús restituye las fuerzas y da salud integral; los “judíos” mataron a Jesús, pero Dios lo resucitó; ahora, sigue actuando a través de sus discípulos que lo hacen presente por medio de Su Santo Nombre. Muchos de los que habían oído el discurso (de Pedro y Juan), creyeron; los que oyeron eran alrededor de cinco mil hombres) ¡Una pesca abundante! Así, este “discurso”, es el “testimonio” al que estamos llamados todos los discípulos.

 

Cuando se menciona a los judíos, no se refiere a todos ellos, como lo hemos venido señalando con insistencia, se refiere a los sacerdotes, los Jefes del Templo y los saduceos, los jefes del pueblo, los ancianos, los escribas, Anás, Caifás, Juan y Alejandro y todos los demás que integraban este nepotismo -como claramente se dice en el verso (Hch 4, 6c) καὶ ὅσοι ἦσαν ἐκ γένους ἀρχιερατικοῦ- son los representantes de estos que, se desenmascaran al apresar a los Apóstoles. Estos “judíos” ven el “signo” que obró Pedro en las piernas del paralítico, y reaccionan, los apresan, los hacen encarcelar, y los hacen comparecer ante ellos.

 

En este marco, se da la ocasión para que Pedro “declare”; esta declaración es -de nuevo- la enunciación del Kerigma:

a)    La pregunta es ¡con qué poder o en nombre de quién han hecho eso ustedes?

b)    La respuesta -contundente y clara, cantante y sonante- “ha sido el Poder del Nombre de Jesús el Nazareno.

c)    Ustedes lo crucificaron,

d)    Dios lo Resucitó de entre los muertos;

e)    Él es la piedra que “Ustedes” -los arquitectos” desecharon- y, que se ha convertido en “Piedra Angular”.

f)     Sólo en el Nombre de Jesús el Nazareno hay Salvación; en γὰρ ὄνομά ἐστιν ἕτερον “en ningún otro nombre” está la Salvación.

 

Notemos cómo está formulada la pregunta: “¿Con qué poder”?... Evidentemente los que preguntan, preguntan lo que les preocupa, lo que los trasnocha: “el tema del poder”. Entre los encarceladores está representado el poder económico, el poder político y el poder religioso (el poder centralizado en el Templo y en el Sanedrín). Es valioso destacar que Pedro no llama a los perseguidores a la “conversión”, solo los sienta en el banquillo del Juicio, para mostrar al pueblo la enorme injusticia de la que son reos.

 

Aquí se refiere, es más se designa a Jesucristo como “piedra angular”. ¿Qué quiere decir? La piedra angular es la que -en una edificación forma esquina, apuntalando y sosteniendo dos paredes, no sostiene una las sostiene ambas y al estar vinculada con las dos, infunde y trasmite la común solidez de su mutua interacción comunicada -precisamente- por la “piedra” que las abisagra.

 

Lo que representa la piedra angular es lo más importante y estable de toda la construcción, colocada en la esquina para unir y sostener toda la estructura, Así todo, la piedra angular simboliza a Jesucristo, indicando que, sin Él, la fe se desmorona. Es Él quien actúa como la basa, esencial y firme sobre la que se construye la Iglesia y esta, fundada en la fe, que se proporcionan reciproco soporte.

 

Jesús, como piedra angular de la Iglesia, constituye la base espiritual sobre la que se construye todo el “sistema” de culto y adoración en torno a su Persona.


Es interesante que quienes rechazan la “piedra angular” no son los obreros rasos, sino los arquitectos, es decir, los “doctores en edificación”, los “profesionales altamente especializados acreditados y titulados” a los que se les encarga diseñar, planificar y supervisar la construcción de edificios, son los “escribas y fariseos” del arte edificatorio.

 

Sal 118(117), 1-2 y 4. 22-24. 25-27a

En este Salmo de Acción de Gracias, encontramos este estilo litúrgico de dialogo real-sacerdotal, levítico y del pueblo. Se agradece la Misericordia, que es la bondad de Dios, siempre Fiel a su Alianza: חָ֫סֶד [chessed]. Decimos “den gracias”, pero hay un reconocimiento, que no sólo agradece, sino que “declara”, “canta”, “loa”, “pondera”.

 

En el verso (Sal 118(117), 22) está contemplado el tema de לְרֹ֣אשׁ פִּנָּֽה [le ros pin-nah] “la Piedra Angular”, -tomar una persona, común y corriente, y sacar de ella el “fundamento” de toda la sociedad, del mundo entero, se tiene que ponderar, como un verdadero “milagro”- que luego, San Lucas retomará en Hch 4, 11: κεφαλὴν γωνίας [kefalén gonias] para referirse al Resucitado. Los tres sinópticos enfatizan que el mismo Jesús, se aplicó este Salmo, donde aparece como cierre de la parábola de los viñadores asesinos.


Este salmo se refiere a un Rey, pero los investigadores han encontrado con bastante certeza que este Salmo, en particular, es un Salmo post-exilico, cuando ya no tenían rey. Lo cual nos lleva a concluir que este Mesías es una figura escatológica, y este Mesías es un “revestimiento midrashico”, dicho en otras palabras, fábulas noveladas, que emplean esta estructura ficticia -de los rabinos- para dar una enseñanza, forma de literatura sapiencial, con moraleja. Nos enseña Quien es este Rey-mesiánico que ha traído libertad, alegría, salvación y entendimiento del corazón para adentrarse en Él: Entonces, lo que verdaderamente se pondera es a YHWH como Único-Dios.

 

Jn 21, 1-14

‘También nosotros vamos contigo’ salieron y se embarcaron, …

Jn 21, 3cd

Nos hallamos ante una perícopa eminentemente eclesiológica. Todo se aclara si entendemos que la “Barca” precisamente representa la Iglesia. Recordemos que Jesús convocó a los discípulos -para nada más y nada menos que- para hacer de ellos “pescadores de hombres” (Cfr. Mt 4,19. 20; Mt 13, 47; Lc 5, 11; Mc 1,17–18). Sin embargo, aquel día, nadie se unía, nadie estaba interesado en escuchar la predicación, el esfuerzo parecía ser rotundamente ineficaz. Toda la noche gastaron los mejor de sus energías con total esterilidad. Era de noche porque no se ponían en las Manos del Señor, Porque no apelaban al “Nombre”, era de noche porque solo se respaldaban en sus propias fuerzas. ¿Qué es lo que les dice Jesús?: Cambien de táctica, echen la red por el otro lado, quizás quería decir que había que cambiar de estrategia, o que debían cambiar el lugar de predicación…


 

«Jesús se manifestó de nuevo a sus discípulos» (Jn 21, 1): Viene un verbo griego, ἐφανέρωσεν [efanerosen], es el mismo verbo φανερόω [fanero], “manifestarse” “dejar en claro”, “hacerse visible, “mostrarse evidente”, el verbo que da origen a la palabra española epifanía. También está presente en la palabra “fenómeno -tan cara a la filosofía- que proviene del latín tardío phaenomĕnon, y este del griego φαινομενον [fainómenon], que significa "lo que aparece", "apariencia" o "manifestación", “el evento concreto”, “hacerse inteligible”.

 

Tan pronto el guía de la acción es Jesús, todo cambia, la pesca se hace abundante, todos los que pescan están en δίκτυον [diktuon] “red”, (Jn 21, 11). (Ponerse en “red” es entrar en sinodalidad).  Los “pescados” pertenecen a diversas culturas, diversas lenguas, diversidad de raza, de nación y color de piel; pero la “red” no se revienta: y es que -como dijo Esopo- « ἰσχύς ἐν τῇ ἐνώσει» [I ischýs en ti enósei] “El poder radica en estar unidos”.

 

San Jerónimo decía que 153 eran las distintas variedades de peces que los zoólogos griegos conocían en aquella época. Pero la “red” no se rompe. Hay ahora, una “soldadura firme” que une a los miembros de la Iglesia y que supera todas esas diversidades. ¡Su Catolicidad! Allí había partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes. (Hch 2, 9-11a). Todos puestos en “red”, mancomunados, formando parte de una misma comunidad que escucha, acompaña y crece junta, que es -por otra parte- una definición práctica de sinodalidad.


Los discípulos de Jesús se notan todavía desalentados. Pedro no les dice ¡Vamos pescar! en cambio les dice. ¡voy a pescar!, hay algo de ese tono de “yo voy a hacer esto, ustedes hagan lo que quieran”, no los somete, no los subyuga, hace una propuesta y señala que esa es su opción. Pese a todo, no se parte de cero, ellos, quizás sin tanto entusiasmo, resuelven ir con él.  Pero, cuando los reciben los peces asados, hay un toque evocativo de primer orden y se da esa intuición profunda que tiene el discípulo a quien Jesús amaba: ¡Es el Señor! (En el corazón del discípulo amado se da la “manifestación”, en su corazón se obra la “epifanía”).


No le preguntan a Jesús ¿Quién eres? Todos sabían ya quién era, sus labios lo callaban, sus inteligencias no lo pueden aceptar, pero sus corazones ya lo habían reconocido. ¡Era el Señor! Y nuevamente les celebra la Eucaristía. Se ven los “signos” del amor de Jesús por su “Barca”: la fogata con sus brasas, peces y panes. Les pide que de los propios “bienes” de su trabajo, aporten a la Mesa Eucarística: ¡eso es comunión! Nadie debe decir: “a este lo pesqué yo”, lo que se pesca es gracia, es para todos, ahí cesan los reclamos de propiedad, los que aceptan el mensaje y se unen, han sido tocados por Jesús y por el Santo Espíritu, no por x o y discípulo; aun cuando es cierto que fue gracias a que todos ayudaron a sacar la red, que pudieron sacar los tantos peces que Jesús empujó a la red, el trabajo “sinodal”, cooperativo es esencial a la tarea eclesial para subir los “peces” a la Barca.