miércoles, 2 de septiembre de 2026

Jueves de la Vigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario

1Cor 3, 18-23

 

San Pablo, nos propone el siguiente principio esencial: “La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios”. Para descifrar esta cita, como siempre y como en todo, es preciso ir al co-texto. Seguro habremos oído aquello de que “un texto, fuera de contexto sólo es un pre-texto”. Por tanto, es preciso ir al ADN de la cita para saber de qué estamos hablando.

 

San Pablo nos dice que evitemos gloriarnos en los hombres, y esos hombres en este caso son Pablo, Apolo y Cefas. En ningún hombre, sino en Jesucristo, que no es un hombre, sino que es Dios -hecho-hombre. Por eso nosotros nos gloriamos en Jesucristo, porque esencialmente es Dios; Dios que se abajó y se hizo uno de nosotros, para rescatarnos de haber caído en el “barro del pecado” y haber afeado nuestra presencia con esa “mancha”.

 

Que Dios haya accedido a equipararse con nuestra pobre calidad, nos trasforma, nos dignifica, nos alza. La humanización de Dios es una kénosis que nos dignifica, que nos levanta. Ahora, todo es nuestro, porque Él nos ha equiparado en su calidad de Dueño: Él es el Dueño de toda la Creación, por tanto, ahora todo es nuestro, nosotros de Cristo y Cristo, de Dios.

 

Entonces, volvamos a recalcar, ¿a qué sabiduría de este mundo se refiere San Pablo? A la que usan los sabios-filósofos, que pretende explicar todo desde la lógica humana; ellos ignoran que la única explicación válida es la que se hace desde la perspectiva Divina. Recordemos que la palabra perspectiva -Del latín tardío perspectīvus, y este derivado del latín perspicĕre significa “mirar a través de …”, en este caso “mirar desde la óptica de Dios”, “ver a través de Sus Ojos”.

 

¿Cómo podemos ver a través de los ojos de Dios? Dejándonos llevar, abriéndonos a sus Enseñanzas; sus Enseñanzas no son otra cosa que un entrenamiento para aprender a ver cómo ve Él, con los mismos sentimientos, con compasión. Su Revelación no son más que unas gafas correctivas, que nos dejan ver desde el mismo ángulo que ve Dios, y llevar al corazón esa visión, pero a un corazón blandito, a un corazoncito misericordioso que Él nos trasplanta con tejidos tomados de su propio corazón.

 

Cuando se mira con un corazón empobrecido por la falta de espiritualidad, lo que se ve es sed de poder, codicia monetaria, avaricia de riqueza material.

 

Los pensamientos y la doctrina que enseñaban Pablo, Apolo, Cefas, fueron manipuladas para obtener, la que prontamente, se trasformó en la herejía gnóstica.

 

Entonces, ¿se invalida lo que enseñó el propio Pablo? De ninguna manera, porque Pablo no enseñó con sabiduría “humana”, sino, iluminado por la Revelación. Lo que enseñaba, no era lo propio, él enseñaba lo Divino porque era un Apóstol de Jesús: Siervo o “agente” del Señor. O sea, miembro de la Iglesia.

 

Por tanto, no se debe jugar con el liderazgo de la Iglesia, que es para el servicio. Si los miembros de la comunidad tienen que alimentar el ego de los líderes, ya no están sirviendo, su único eje-vital se vuelve sostener su grupúsculo, su facción, hacerle barra a su pandilla, impulsar su líder, y este propósito los desvía de la verdadera razón de ser de la Iglesia, que es el testimonio del que es Dios: Jesucristo que selló con su sangre la Nueva Alianza en el Trono-Altar de la Cruz.


“Hay una cosa que la mundanidad no tolera: el escándalo de la Cruz. No lo tolera. Y la única medicina contra el espíritu mundano es Cristo que murió y resucitó por nosotros, escándalo y locura". El Apóstol Juan dice que "la victoria contra el mundo es nuestra fe". La única victoria es la fe en Jesucristo, muerto y resucitado. Y esto no significa ser fanáticos", dejar de dialogar con todas las personas, sino saber que la victoria contra el espíritu mundano es nuestra fe, el escándalo de la Cruz”. Nos dice Papa Francisco.

 

Sal 24(23), 1b-2. 3-4ab. 5-6

Traspasar ese Sagrado Umbral no es asequible a todos. No todos han recibido el don de la espiritualidad, todos podrían, pero a veces caminamos más bien en dirección del alejamiento, en vez de aplicarnos a la búsqueda de rutas que nos llevan a ser más sensitivos con los planos Celestiales de la existencia.

 

Este es un salmo del Reino. Dios no tiene que entrar a ser “Coronado”, como se ha insistido, Dios está eternamente coronado y su realeza jamás se extinguirá; no depende de nosotros su permanencia en el Trono; Él está siempre en el trono de la Gloria. Pero, caminar las rutas de la espiritualidad se puede interpretar como la renovación de su realeza en nuestros corazones. La ruta de la Realeza implica aceptarlo como Mesías en nuestra vida y ser coherente con esa aceptación, vivir acogiendo su Ley en nuestra vida, que es -como ya sabemos- la Ley del Amor. El eje simétrico es quebrantar su Amor adulterándolo en nuestro corazón. es rechazarlo con nuestras actitudes y conductas y terminar separados de Él. Tenemos, pues, que posicionarnos y hacer consciencia ante la pregunta: ¿Quién puede subir al Monte del Señor?

 

Hay un preámbulo, está en la primera estrofa de la perícopa de hoy: reconocerlo como Creador nuestro. Se puede decir que es un buen preámbulo, pero no basta, veamos por qué: sería lo mismo que quien dice aquel es mi papá y aquella mi mamá, pero no los respeta, no guarda el amor a los padres, no los honra, cuando le piden que vaya a la viña, los ignora y no va. Sí, no es suficiente, llamarlo Creador -y muchas veces así obramos- vamos con el tambor de aquí para allá, repitiendo: ¡es mi Creador, es mi Creador! y regresamos con el ruidoso tambor de allá para acá, proclamando ostentosamente: ¡es mi Creador, es mi Creador!, pero, ¡de ahí no se pasa!

 

¡Eso no sirve!

 

Cuando nos hacemos la pregunta ¡Quien puede estar en el Recinto Sacro? Hay dos respuestas orientadoras: El discernimiento de ¿cuál es el norte, y cuál es el sur? De allí depende todo el resto de la Rosa de los Vientos. Veamos esas dos preguntas claves:

1.    ¿Son mis manos inocentes? o ¿somos de los que ayudan a flagelarlo? ¿A apuntillarlo en la Cruz? ¿A lancearlo? (Recuérdese que a veces no se lo hacemos a Él, se lo hacemos a alguno de sus ἐλαχίστων “más pequeñines”; tengamos viva en la consciencia aquella frase: “¡A mí mismo me lo hicieron!” (Cfr. Mt 25, 45).

2.    ¿Soy de los que confían en los ídolos?

 

No recorro las “rutas espirituales” si sólo lo reconozco como Creador, de dientes para afuera. Tampoco si llevo las manos tintas en la Sangre de Cristo, con cada violencia que haga a mis hermanos, me entinto las huellas y ando con  las manos ensangrentadas.

 

Mucho menos, soy espiritual si me desvío por los caminos de la idolatría. ¿Cómo salir de ese atolladero? Viviendo arraigados en la sinceridad de nuestro corazón con la plena consciencia de que Él es Dueño y Señor de toda la tierra, y de todo cuando la llena.


Si cumplo estas tres directrices, entonces he traspasado el umbral de la espiritualidad y podré ponerme a la tarea de la construcción del Reino, obra pertinaz que me irá elevando por la escala de Jacob: Entonces seré parte de la generación de los que buscan a Dios, atento el resplandor Deslumbrante de su Rostro. ¡Seré un auténtico “Buscador del Dios de Jacob”!

 

Lc 5, 1-11

Remar mar adentro

El camino de la espiritualidad es laberintico. Hay, sin embargo, un Hilo Magnifico que nos permite recorrerlo con certeza: Es Jesús quien nos lleva de la Mano, como Pastor que lidia con sus ovejas extraviadas. Para eso instituye su Iglesia. Es como una barca, pero no una barca solitaria, es una barca a la que se suman otras barcas, para ayudar que “no se reviente la red” cuando está repleta, desbordante. No se trata de una organización, sino de un organismo, que crece, que madura, que puede ocuparse de la tarea sin desfallecer. Que puede ejercitarse en la Misericordia y aprender y enseñar -a su vez- a ser misericordiosos.


Primero, Jesús mismo habla, nos deja sus Evangelios (distintos ángulos del Único Evangelio, que es Su-Divina-Persona), el Nuevo Testamento, toda la Escritura. Luego nos pide, prestemos especial atención a esta indicación que nos da Jesús Ἐπανάγαγε εἰς τὸ βάθος, καὶ χαλάσατε τὰ δίκτυα ὑμῶν εἰς ἄγραν. “Remen mar adentro y echen sus redes para que pesquen”.

 

Sí, ellos eran pescadores expertos, sabían muy bien de la pesca material, de la pesca natural y Jesús los llamó para que siguieran siendo pescadores, no les cambió el “oficio”; pero, ahora estamos pescando “personas”, es la misma labor, pero el cambio es rotundo, no se trata de seguir haciendo lo mismo que se había hecho siempre, por mucho que aborrezcamos que nos cambien el libreto sobre la marcha, hay que iniciar un des-aprendizaje y empezar un re-aprendizaje.

 

Se puede decir: “Seguimos siendo pescadores”, sin faltar un ápice a la verdad. Pero tenemos que hacer un esfuerzo adaptativo, porque ya no se pescará como solíamos hacerlo. Habrá que dar el brazo a torcer y acceder a iniciar de nuevo ¡desde cero!

 

¡Es lo hermoso que tiene Pedro! En su clarividencia se da cuenta que hay que desaprender y reaprender. Esa comprensión profunda radica en esta clave: “En tu palabra”. ¡Porque Tú lo has dicho, se hará como Tú lo has dicho!

 

Esto no es magia. (recordemos que no hay que incurrir en “idolatrías”). Se dice muy fácil, se escribe con pocas palabras, pero hay un largo, larguísimo tramo de recorrido, esforzado para transitar este cambio, esta acogida de la Palabra, esta aceptación, este acatamiento.

 

Es una victoria sobre sí mismo. Pero es un giro no personal, es todo el “equipo de pescadores” los que tienen que renunciar, ¿cuánto cuesta? En nuestra propia experiencia hemos visto que hay quienes prefieren dejarse morir que aceptar al cambio. Uno de los elementos que contribuyen a esta obcecación es el convencimiento de que, seguir haciendo lo mismo es “lealtad”, ellos patalean y chapucean, salpicando agua a diestra y siniestra y lloriqueando, mientras gritan “somos fieles a las enseñanzas”. No es respeto a la tradición sino empecinamiento en el “tradicionalismo”. ¿Es diferente! No se requiere la conversión de una persona, ¡es un giro comunitario, un acto sinodal!

 

Una parte crucial de este reaprendizaje está retratada en este gesto Petrino: “…se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí que soy un hombre pecador»” Como si le dijera: “esta tarea que nos entregas no es una obra para humanos, es algo sobre-humano, nosotros no podríamos porque no somos ángeles”.

 

Es el ser que con su débil espiritualidad se ve sobrecogido por la grandeza de la Misión. El hombre enfrentado al Misterio de Dios, que no estremece sólo a un individuo, sino que “se había apoderado de todos los que estamos siguiéndolo”.


Hoy, somos llamados a tomar la decisión: ¿quedarnos cerca de la orilla, donde en caso de conveniencia -así sea a nado- podremos regresar? O ¿Ἐπανάγαγε εἰς τὸ βάθος [epanagage eis to bathos] “remar mar adentro”, “aléjense hasta lo profundo”, “desapegarnos de nuestras seguridades”, donde tendremos que abandonarnos completamente en Sus Manos? 

martes, 1 de septiembre de 2026

Miércoles de la Vigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario

1Cor 3, 1-9

Sin embargo, ¡atención!: “Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo”

1Cor 3,11

Para tratar de construir un mapa de esta Epístola, la hemos dividido en siete partes. La Primera parte va de 1.10- 4.21. A su vez, esta primera parte la podemos dividir en cuatro sub-partes:

i)              Cómo la división atenta contra la Unidad propuesta por Dios (1,10-17)

ii)             La sabiduría de Dios y la sabiduría “mundana”, con tintes de “sabiduría-filosófica (1,18-3,4)

iii)           Definición de “apóstol” (3,5-4,5)

iv)           El orgullo como amenaza de “caída” (4,6-21).

La perícopa de hoy es una transición entre ii) y iii), las abisagra. La primera parte de la perícopa nos deja ver la “inmadurez” de la comunidad de Corintio (3,1-3,4); la segunda parte nos ofrece las coordenadas de lo que es un apóstol, o sea que se adentra en la iii) parte de la Primera Sección.

 

Cuando un niño pasa de lactante al nuevo nivel, no se le puede dar cualquier alimento, sino que hay que ir en una escala: lo líquido, las papillas, los purés y otros alimentos blandos, y así paulatinamente, hasta que tenga su dentición para poderle dar “masticables”. San Pablo usa aquí esta “parábola” para decirle a los Corintios que él les ha ofrecido una inducción al cristianismo, dándoles a probar “papillas adecuadamente blandas”, y que -ni siquiera ahora- han alcanzado el grado de maduración requerida para poder proceder con alimentos sólidos.

 

Con un bebé, la madre, cuidadosamente pasa su dedo por la encía de su crío, consciente que, si ya ha dentado, puede llevarse la dolorosa sorpresa de un mordisco. Sólo hasta cuando compruebe la presencia de blancos pespuntes de navaja en su boca, no podrá proponerle alimentos sólidos. Dando el salto de esta comparación al plano espiritual, ¿a que equivaldría este examen de encía? San Pablo nos lo dice, y es un aporte grandioso: ¿Cómo saber que una comunidad ha alcanzado el grado de maduración suficiente para saltar a los sólidos? En vez de que algo aparezca, lo que debe es “desaparecer”: Deben desaparecer las envidias y las discordias.

 

Y esto es algo que se lee aquí, pero -en la práctica- muchas veces se pasa por alto. La persona que está pastoreando una grey, se salta etapas, y procede a darle alimentos demasiado duros que logran atragantar al niño. Atención, hay que corroborar que las envidias y las discordias se hayan superado, antes de proceder a niveles más complejos de evangelización. A esto precisamente apunta la sinodalidad, a superar todas las trabas, todas las diferencias agresivas, todos los celos por los carismas de los miembros, que cada cual tiene el suyo, pero todos anhelan el carisma que tiene otro; no se valora el propio, pero siempre se envidia el ajeno.

 

Por ejemplo, si corroboramos que, en un grupo de infantes, al dejarlos solos, las rencillas y disputas saltan al ruedo, esos niños no estarán -por lo pronto listos a pasar a niveles de socialización más ricos y complejos. Primero deben aprender a compartir amistosa y fraternalmente. Este requisito de autonomía y sana convivencia se ha de inculcar antes que se den otros pasos.

 

En la siguiente parte, Pablo señala que el Único Dueño de la grey es Jesucristo, aun cuando en su escala formativa hayan estado a cargo de diversos “servidores” que los han conducido y acompañado en el proceso de progresivo avance en el kerigma, en la catequesis, en la Mistagogía, y así sucesivamente. Esto ¿qué implica? Que Uno solo es el Señor, que en diversos tramos de la “formación” Dios va disponiendo diversos “formadores” que nos llevan de la mano de un tramo al otro y que, conforme se avanza, se van reventando “los cordones umbilicales”, sin que nosotros permanezcamos atados a ninguno. Porque la maduración es autonomía. Toda comunidad debe hacerse a su autonomía.

 

(Esto no llama a la ingratitud, uno diría que, se está de por vida agradecido con los sucesivos Pablos, y Apolos, y Cefas, que se van encontrando y que van acompañando nuestro avance en las diversas etapas. Porque ¡la maduración no es desagradecida!

 

Por fin, tenemos que aprender a posponer la satisfacción-egoísta, cuando somos capaces de velar por otros aun cuando la gratificación propia se vea pospuesta, podemos asegurar que se está dando en nosotros un proceso de maduración adecuando. Y eso es porque la maduración no es inmediatista.

 

Hay dos “quereres” que delimitan la maduración, el querer de Dios (al que llamamos Voluntad Divina), y las necesidades “reales” del prójimo, que a veces están muy distantes de las que suponemos. Y es que la persona madura es capaz de inquirir “que quiere mi prójimo”, o “qué espera”, o “qué necesita verdaderamente”, antes que procurarle lo que nosotros, si estuviéramos en su lugar, querríamos.

 

Desde el punto de vista del agente de pastoral, se tiene que descubrir que el centro de toda la ecuación es Dios y su Voluntad y que nosotros somos accidentales, y todo lo que aportamos, son meramente contingencias.


Lo cual no ignora que, si no hubiera estado Pablo, o si no hubiera estado Apolo, o si no hubiera habido un Cefas, muchos procesos habrían quedado truncos. Para que nada faltara, Dios habría puesto otras figuras, con otro nombre, para suplir los vacíos, pero, al propio Dios le habrían entristecido las manos inútiles que la historia habría “saltado”, dejándolas huelguear por el camino. Un apóstol es el que hace lo que debe, a sabiendas de que Dios en su Justicia, no depende de ninguna mano específica para llevar su Plan a término. Pero a pesar de todo, cada quien procurará sacar lo mejor del escaso, mediano o generoso talento que haya recibido

 

Sal 33(32), 12-13. 14-15. 20-21.

Este salmo es un himno, que nos indica razones válidas para “bendecir” al Señor. Es un himno con un tinte muy particular, procura darnos enseñanzas, por lo tanto, diremos que es un Himno sapiencial.

 

En la primera estrofa se establece el Tutelaje Celestial, cuándo se declara que Dios no está distraído, ni nos olvida, sino que nos mira con “atención”, que nosotros calificaríamos de Paternal. Pero ese tutelaje no es casual, ni azaroso, dimana de un acto de Discernimiento-Triplemente-Santo. Ha sido una bienaventuranza que Dios haya tenido esa deferencia hacia nosotros, de las muchas criaturas que tiene, fue la humanidad la que Él declaro “Su Pueblo Elegido”: Miró hacia nosotros y “Pensó”: ¡Los he heredado! ¡Los recibo como mi estirpe! ¡Anhelo verlos sumergidos en Santidad, para que se dignifiquen como Hijos míos!

 

Él tiene una Morada-Santa, digamos analógicamente, Su Palacio. Allí desde su Real-Divino-Trono nos mira, -no como carcelero en un panóptico- sino con Ternura-y-Afecto; como un papá/mamá emocionad@ mira hacia el hijo de sus entrañas.


La tercera estrofa nos da cuatro datos sobre nuestra actitud, nuestra relación con Él, -si las dos primeras estrofas son catabáticas, esta es anabática:

                              i.        Nuestra relación con Él es de Esperanza confiada. Se trata de una חָכָה [chacah] “espera”, que es una opción tomada, no se espera a ver qué llega, se espera lo que venga de Sus Manos, porque sólo se aceptará de buen grado lo que Él nos dé.

                             ii.        Lo hemos escogido -así como Él nos escogió- para que Él sea nuestra sólida e “imbatible trinchera” (pedimos perdón por la analogía belicista), allí Él nos guarda de todo mal.

                            iii.        Esta manera de relacionarnos es una manera amorosa: cuando uno quiere a Alguien, acepta gustoso que sea Él Quien nos guarda, si fuera otro, sería sólo un intruso y nosotros estaríamos aceptando su protección con recelo, como si en cualquier momento nos fuera a traicionar, desconfiando qué esconde con su farsa o qué intereses egoístas lo guían. De Dios, no desconfiamos, porque sabemos que Él es Suma-Lealtad. No necesita nada, nada nos quitará

 

La antífona retoma la idea de heredad. ¿Qué es una heredad? Un terreno donde hay viviendas, hay campos con cultivos, hay también ​ graneros, corrales, huertos, silos, quebrada, bosque maderable para la leña y los otros bienes de uso comunal. Además, están los vecinos con los que hay confianza, amistad, apoyo, defensa mutua. El Señor nos ha escogido como su heredad, para convivir con nosotros, para ser la Cabeza-Paterna, el Magno-Patriarca, y nuestra comunidad aparece ante sus Ojos como su consorte. ¡Dichosa esta consorte que halló tan Supremo-Cónyuge!

 

Lc 4, 38-44

Señor, no me cansaré de repetirlo y te doy gracias por sostenerme en esta ilusión: te pido un corazón semejante al tuyo, que sepa estimar las cosas con tu percepción, que sepa apreciar las situaciones con tu espíritu, mirar a las personas con tu perspectiva. Dame un corazón que antes se canse de vivir para sí mismo, que de entregarse a los demás.

Papa Francisco

En este Evangelio se pasa directamente de la sinagoga donde Jesús sana a un hombre “paralizado”, a la casa de Pedro, donde Jesús le sana a su suegra que se hallaba enferma, con mucha fiebre. Pero para entender hay que contextuar la sanación. No la sana como una presunción de “Yo-puedo”, no es la vanidad del Poderoso. Hay un porqué de esta sanación.


Una mujer, mayor y enferma, es una nulidad, una carga, así se la veía en aquella cultura patriarcal, un fastidio con ninguna ventaja. Una condición similar a la de las viudas y también la de los niños, se les miraba como a “bichitos estorbosos”. Si se atravesaban por ahí, fácilmente podían ser despachados con un puntapié.

 

Así que sanar tenía un cariz tan liberador, que se tiene que entender como una “reintegración” a la comunidad. Esta suegra quedó automáticamente exonerada del desprecio, y reincorporada al ritmo familiar, a la rutina vital de la familia: podríamos -sin ninguna exageración- interpretarla como una “resurrección” (porque o solo es resurrección levantarse de la tumba sino, también, saberse útil poder aportar con el fluido de acciones que ritman una familia o una comunidad).

 

La suegra de Simón, al momento ἀναστᾶσα [anastasa] “se levantó”. Aún hay más: “y comenzó a atenderlos”; la enferma estorbosa recobra todo su sentido de vida, toda su importancia existencial, y vuelve a ser “alguien” que aporta a la comunidad. Jesús la ha liberado de su estado “marginal”. Jesús lucha y nos rescata de toda marginalidad.

 

En las comunidades pobres, abundan los enfermos, no sólo están los mayores que dejan de ser productivos, sino que hay todo un mar de dolencias que acorralan, como los “demonios” se ceban en los débiles. Pues Jesús, -a la hora de la puesta del sol-, se pone a liberarlos a todos: les impone las Manos y los posesos quedan exorcizados. Muchos de los demonios se dan cuenta que ha llegado el Ungido con Poder-Total para someterlos (ayer hablábamos de autoridad), y lo identifican, gritan porque les ha llegado el fin, se les acabó el cuarto de hora; ellos saben que la Llegada del Mesías se anunciaba con el sonido del Yobel. Así las cosas, a los demonios que los enfermaban, les atronaban los oídos con el canto de esa trompeta victoriosa. Jesús les ordena guardar silencio: Esta consigna para guardar el secreto mesiánico, era fundamental, cuanto más se le proclamara mesías, más pronto empezaría la persecución, era llamarlo Mesías lo que hacía que los poderosos lo rechazaran, pero también que su propio pueblo -domesticado para la servidumbre- pensara que un líder liberador lo que les traería, importada de Roma, serían las fuerzas opresoras y los ejércitos apabullantes; así, para ellos, era mejor que no llegara el Mesías: Él no puede dejar de sanar, no puede parar de liberar, pero intenta que lo dejan hacer su trabajo y no le adelanten el Calvario hasta que la tarea esté cumplida y Él elevado en la asta de la Cruz pueda decir: “Todo está cumplido” (Jn 19,30).


Aprovechaba el tiempo lo mejor posible, antes de la llegada de la “hora”. Su estilo de trabajo era ir por todas las sinagogas (del griego συναγωγή [synagōgḗ], de συνάγειν [synágein] 'reunir’, ‘congregar'), donde su pueblo elegido (Judea) se congregaba, llevándoles la proclamación de la Noticia: de la Buena Nueva.

lunes, 31 de agosto de 2026

Martes de la Vigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario

1Cor 2, 10b-16

El diablo existe incluso en el siglo XXI.

Papa Francisco

 

Quien recibe el Espíritu no está sujeto al juicio de nadie.

1Cor 2, 15

En esta cita que hemos puesto como epígrafe, tenemos una idea de libertad contra toda alienación. El hombre que está en el Espíritu de Cristo (el Espíritu Santo), no se puede manipular desde el antojo del manipulador, porque el Espíritu Santo impide que sea llevado por fuerzas ajenas que lo sustraen de su propia realización como persona autónoma y lo hacen juguete de las fuerzas malignas. En el mundo se agitan una serie de fuerzas y poderes de confusión (teñidos con un camuflaje de “alta filosofía” y de “pensamiento cientificista), que parecen tornados y huracanes que arrastran con todo, en una dinámica caótica. A esas fuerzas destructivas no se las puede domeñar y hacen de la gente, muñecos a su antojo y capricho.

 

Hasta este punto hemos visto que hay como una primera división: los que se dejan fascinar por una sabiduría mundana, una sabiduría estructurada en torno a ciertas pautas lógicas de una cultura que se daba a la reflexión y despreciaba a los trabajadores manuales, artesanos, marinos, soldados, estibadores portuarios; esos iban, por una parte; había otros que aceptaban lo que Dios les ha revelado y se dedican al discipulado de una sabiduría espiritual, son los que acogieron a Pablo y formaron comunidad durante el año y medio que él se encontraba allí.

 

Esta parte de la Primera Carta a los Corintios, que trata de las divisiones de la Comunidad, abarca (1,10 – 4,21), estaremos moviéndonos en esta parte de la 1Cor, hasta el sábado de esta semana, inclusive. Partiendo de la llegada de algunos judaizantes que pretendían inyectar la línea mosaica y las tradiciones judaicas como condición para poder ingresar al cristianismo; dónde, a la comunidad Paulina se le injertó una tendencia divisionista, que los fraccionaba en bandos: “yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo” (1Cor 1, 12-13), a partir de esta famosa frase de San Pablo, podemos concebir la existencia de cuatro tendencias, al seno de la comunidad (no sabemos si Pablo fue exhaustivo o había además otros corrillos) , cada uno halando de una punta, e ilusionadas con la diversidad de liderazgos. A este divisionismo vamos a arribar mañana.

 

Por ahora, Pablo continúa situando la diversidad entre la Sabiduría de Dios y la sabiduría humano-mundana, deslindando, cómo la comunidad se ha constituido como una integración de los que han sido capaces del Espíritu. Su enunciado base es la potencia del Espíritu para “sondearlo todo”, (nótese el lenguaje de marinería que se usa: con diversos recursos -evidentemente no electrónicos-, los navegantes iban midiendo la profundidad para evitar que la embarcación encallara). Con ese tipo de pericia, el Espíritu, podía medirlo todo, cual marino experto, pero no en navegación sino en espiritualidad.

 

Es una metáfora, porque aquí lo que se mide es la intimidad del espíritu del ser humano e -inclusive- la Profundidad de Dios. Porque para poder sondear a la persona, hay que ir a su “intimidad” y esta sólo la penetra el Espíritu que, con tal poder puede aquilatarlo todo. Ahora bien, este Espíritu que han recibido los miembros de la Comunidad Paulina en Corintio, no es un espíritu con recursos técnico-lógicos, como los de las escuelas filosóficas, no es un espíritu que surja de las divagaciones y las elucubraciones más o menos inteligentes, ¡no! Lo que se aplica no son instrumentales teoréticos fruto de esfuerzos reflexivos de alguna manera emparentados con el estudio de las realidades físico-materiales, sino con el Espíritu que es Don-Dadiva, regalo Celestial en Jesucristo.


Aquí San Pablo establece un postulado epistémico que apunta a la diversidad del saber; a las realidades materiales aplíqueseles una lógica “física”, pero a lo espiritual, sólo se le podrá explorar desde una óptica espiritual. A la lógica “física” Pablo la llama “natural”, porque es una perspectiva fértil para el conocimiento de las realidades de la “naturaleza”.

 

Si confundimos la realidad del objeto en estudio y aplicamos a lo espiritual las metodologías “naturales” incurriremos en “necedad”. Así pues, ante la “realidad espiritual” que estamos enfrentando, sólo habrá fertilidad aplicándole el “saber” espiritual del que nos ha imbuido Cristo.

 

Sal 145(144), 8-9. 10-11. 12-13ab. 13cd-14

Este salmo alude a un Rey que será Rey a Perpetuidad. Lo cual sería preocupante si de un mal rey estuviéramos hablando; pero, si nos estamos refiriendo a un rey Perfecto, que ayuda a todos los que caen y auxilia para que se levante todo aquel que esté caído, entonces, estamos hablando de la Esperanza Resplandeciente. Es un Dios que Reina salvando, ejerciendo su amorosa paternidad y que nos guarda como un Pastor Fiel.

 

Este es un salmo de la Alianza, ¿Quién suscribe la Alianza? El Rey-Fiel, el Rey-Justicia, el Rey-Amor. Esta Alianza lleva un sello de autenticidad: es la Cruz. El salmo, de hecho, nos convida a una “renovación” de la Alianza.


Al avanzar y a medida que negociamos la Alianza, debemos ir conociendo con quién estamos aliándonos:

 

a)    Con un Rey clemente y misericordioso

b)    Lento a la cólera y rico en piedad

c)    Bueno con todos

d)    Cariñoso con todas las criaturas

 

En la segunda estrofa, proclamada hoy, observamos cómo ha de ser nuestra respuesta, en cuanto contraparte de la Alianza:

 

a)    Agradecidos

b)    Que bendigamos al Señor, todos nosotros

c)   Que nuestros labios no cesen de propalar a los cuatro vientos, que se trata de un Reinado revestido de Gloria.

 

Debemos tener una fórmula kerigmática, como una especie de resumen, como el lema de toda nuestra campaña: cuando la gente nos interrogue, ¿Cuál es ese Rey que tanto publicamos? ¿Qué les responderemos? Diremos que “La Gloria y majestad de su Reinado, es un reinado perpetuo y gobernará de edad en edad, por años sin fin”.

 

Habrá, también, que ser capaces de explicitar por qué su gobierno no será revocado, en un tiempo de golpes de estado, de derrocamientos y ataques a los que detentan el gobierno, ¿Cómo podrá ser este Rey que no sufre colapsos, ni ataques a la continuidad de su poder?

 

Tenemos cuatro rasgos que no podemos descuidar, ninguno de ellos, porque todos son importantes para la comprensión de este Rey:

 

a)    Fiel a sus Palabras, es este Rey

b)    Bondadoso en todas sus acciones

c)    Sostiene a los que se ven de piernas débiles y a punto de derrumbarse

d)    Y, a los que ya se doblan, les da un exo-esqueleto que los enderece.

 

Llegamos a una conclusión, es una conclusión clara y tan contundente que la ratificaremos cuatro veces: «El Señor es justo en todos sus caminos».

 

Lc 4, 31-37

Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.

Lc 4, 32

De Nazaret pasa Jesús, directamente a Cafarnaúm, en la costa norte del mar de Galilea. Partiendo de allí se desplegaron muchas de las salidas Misioneras del Señor, se podría visualizar a Cafarnaúm como la “base de operaciones”. Aquí, es diferente de lo que pasó en Nazaret, la gente lo acoge y se maravillan por la autoridad con la que habla. La autoridad exhibe la convicción y certeza de su Enseñanza. No se remita a otras fuentes, su Mensaje tiene la solidez y el respaldo de su propia autoría, Jesús es, Él mismo, La Fuente y referencia de todo su Hacer-y-Decir.


 

Lo que destaca y reluce es que esta ἐξουσίᾳ [Exousia] “autoridad” es distinta, no es una autoridad ego-centrada, que ordena para imponerse, sino, una autoridad que favorece, que empodera, que estimula al crecimiento, Él lo que quiere es el Bien de los que lo Escuchan, una autoridad que sana y libera. Miremos por un instante hacia el significado de la palabra autoridad que proviene del latín augere que significa aumentar, hacer crecer. O sea que la de Jesús, es la verdadera autoridad, no es una manipulación por propio interés. Muchas veces se enseña erróneamente el significado de esta palabra mostrándola como si se tratara de una “obediencia” adecuada para construir el propio pedestal, cuando en verdad se trata de, una virtud de la personalidad, que busca el bien del otro. Hay otras versiones que identifican autoridad con derecho a dar garrote o con derecho a encarcelar o a mandar matar. Hay que saber qué significa la palabra, cuál es la verdadera autoridad; hay personas que piensan -ingenuamente- que la autoridad la generan los “uniformes”. Esto, a lo único que lleva, es a la pasión por vestirse con alguna de sus versiones. ¡Jesús llevaba ninguno!

Y ¡jamás uniformó a sus discípulos!

 

Vemos en esta perícopa la fuerza que le da a Jesús su Autoridad, que le permite expulsar espíritus inmundos. ¡Los increpa y los expulsa! El espíritu demoniaco no puede oponérsele, tiene que obedecerlo. O sea que la autoridad de Jesús libera al “hombre poseído”. El suyo es un poder liberador. ¡Ojo! No se trata de un poder para someter. Es un poder para hacer crecer. Si fuera un poder para “sujetar” sería un poder alienante no sería verdadera autoridad.

 

El espíritu inmundo se aterra ante la Presencia de Jesús, reconoce que Él tiene autoridad sobre él y sobre todos los de su ralea, y se alarma porque ver llegar a Jesús es ver la proximidad de su destrucción, por eso le dice “¿Has venido a acabar con nosotros?”

 

El dicho popular enuncia que “el miedo no monta en burro”, este sabe que la Llegada del Santo de Dios es el anuncio de su fin. Lo demoniaco no monta en burro; Jesús que no tendrá miedo, si montará en burro, y en un burrito entrará triunfante. No será el miedo lo que detenga su autoridad liberadora, la que sana y expulsa todo mal. El miedo es la jaula que usa el Malo para tratar de contener el crecimiento, la realización de la persona. (Miedo y engaño son su arsenal).

 

Tenemos que insistir que la realización de la persona es lo que mueve e interesa a la verdadera autoridad; aun cuando otros llamarán autoridad a los mecanismos encadenantes con los que se puede manipular.

 

καὶ ῥίψαν αὐτὸν [kai ripsan autón] “Y tirando al hombre por tierra”, como cuando se le pone una barra detrás a un maniquí, para mantenerlo enhiesto; tan pronto se le quita la barra que lo “sujeta” en la “posición deseada”, el muñeco se escurre, y cae. No cae herido o lastimado, porque el evangelista aclara que “sin hacerle daño”. ¡Queda libre! La barra ya no lo engancha, ya no lo obliga, ya no lo sujeta.

 

«Así también nosotros cristianos que queremos seguir a Jesús, y que por medio del Bautismo estamos precisamente en la senda de Jesús, debemos conocer bien esta verdad: también nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio. Esto sucede porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. Ante todo «la tentación comienza levemente, pero crece, siempre crece. Luego “contagia a otro”: se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. De este modo las características de la tentación se expresan en tres palabras: crece, se contagia y se justifica». (Papa Francisco)

 

Este evento tiene un poder terapéutico en la comunidad de los “testigos presenciales” que, al verlo, comprenden que Jesús tiene un poder, una autoridad, que no pide nada a cambio, libera y no cobra, no le dice que “lo siga”, no le dice “ahora eres mío, me perteneces”, no se exige ninguna contrapartida: se evidencia que es un hacer el bien por el bien mismo, porque ese es, el Reino que llega, el Reino busca la realización de la persona en su plenitud.

domingo, 30 de agosto de 2026

Lunes de la Vigésimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario


1Cor 2, 1-5

Los estudiosos nos informan que justo después de partir de Corintio, y haber dejado constituida allí una comunidad cristiana -como lo hemos dicho- conformada principalmente por libertos y esclavos, Paulo escribió -entonces- la que sería la 1ª Carta a los Corintios. Sin embargo, esta no se ha conservado; por eso llamamos primera, a la que sería la Segunda, y denominamos Segunda a la que se habría conformado con fragmentos de las tres epístolas subsiguientes (3ª, 4ª y 5ª).

 

A esa comunidad fundada y configurada por Pablo, llegó posteriormente una ola de predicadores judeocristianos, que insistían que la supuesta coherencia que se debía guardar con el judaísmo para poder hacerse cristiano, consistía en cumplir con la circuncisión, con las normas de pureza ritual y las regulaciones en torno a la comida Kosher. Según estos, el cristianismo no era sino una faceta del judaísmo, como una suerte de excrecencia de aquel. Su obra y propósito fue promover una vuelta atrás a la ritualidad farisaica, contraviniendo lo estipulado por Pablo.

 

Algo que se debe anotar es que esta comunidad trajo a Pablo innumerables dolores de cabeza.

 

Pablo era un artesano, trabajaba con lonas, con las cuales hacía tiendas de acampar, era, pues, un trabajador manual. En la sociedad griega, los de baja estopa eran, precisamente, los trabajadores manuales; esclavos o cuasi-esclavos, mientras los ciudadanos despreciaban a quienes tenían que aplicarse a este tipo de trabajos, ellos de ninguna manera habrían tenido este tipo de labores.

 

La aristocracia, así, estaba emparentada con el trabajo intelectual, y como se sabe, había diversas escuelas dirigidas por verdaderos intelectuales, geómetras, filósofos, estadistas a su manera, educadores que enseñaban a los príncipes y a los hijos de los gobernantes. Los predicadores, hacían gala de su formación, presumían de la escuela en la que se habían formado y sacaban a relucir haber sido alumnos de tal o cual afamado pensador.

 

Aquí Pablo nos relata que, al presentarse, era tímido y temblaba mientras les presentaba sus testimonios. Los más prestigiosos de sus rivales, eran los que aplicaban las técnicas y los recursos aprendidos en sus cursos de oratoria. Los que brillaban con estos recursos, con sorna e ironía, eran presentados como los verdaderos “Jesús”, había que ser brillante orador para ser mínimamente tomados en cuenta.

 

Pablo, una y otra vez insiste en que la Sabiduría Verdadera, la Sabiduría que viene de Jesús, estaba expresada en el Martirio de un Hombre que con sus acciones se había comprometido contra aquel mundo de injusticia. Todo el saber que Pablo exhibe pivota en torno a Jesús, y Jesús-Crucificado.

 

Se había obliterado toda sabiduría con raíz humana; y sólo se apelaba a la sabiduría que brota directamente del Poder irrebatible, del Poder de Dios. La imagen que Pablo proyectó, no era la de una Iglesia atractiva, que invitara a muchísimos adeptos, presentándoles promesas melifluas. La que Pablo anunciaba apuntaba al Misterio de Jesucristo, que no se refiere a una temática de difícil y casi imposible comprensión; sino a algo que antes estaba oculto, pero ahora, por fin, su experiencia de Dios se encontraba lista para asimilarla, el misterio había madurado en su vaina y estaba a punto de fructificar bajo la Luz vivificante del Crucificado-Resucitado.

 

Pablo no pretendía -dados los destinatarios del mensaje- desgranar el kerigma valiéndose de los artilugios de la lógica y de la oratoria, sino “comunicarles” su vivencia personal. (Lo que no se podrá negar es que, su formación previa a los pies de Gamaliel, le valió para captar, en términos más exactos, el Mensaje que hundía su raíz en el limo de la religión semítica y ovillarlo enriqueciéndolo durante el proceso de hilado). Una experiencia bimilenaria nos enseña que no se trata de explayar nuestra “doctrina” para imponerla, tampoco se ha de pretender jugar la bola del deporte ajeno, para tratar de darles a saber de nuestra fe a los “circunstantes”, sino de tender -sin ambages- nuestras vivencias de Jesucristo, pero -imitando el ejemplo de Pablo- su desvelo por hacerse accesible, por traducir y elevar el mensaje a la altura del destinatario, no para “achicarlo” reductivamente hasta hacer de él una majadería. Cualquier globo no se empaca y se sepulta para ofrecerlo, sino que se infla y se demuestra su poder de vuelo. ¡Así podrá convencer!

 

La integridad del Keryx (del heraldo), su entereza moral, su transparencia, es lo que permite que el Espíritu hable a través suyo.

Y por caridad, no vayamos a incidir en la fantasía de “dejarle todo al Espíritu”, argumentando que será Él quien se encargue, ya que la obra, verdaderamente es de Dios, pero Dios no podrá actuar sino a través de “agentes” que se esmeren por optimizar su eficacia. Estudio y dedicación a la formación modularan el buen resultado. La oración es y siempre será ineludible, pero quedará bloqueada si no se la añade un compromiso serio y responsable en el renglón del estudio concienzudo. Por eso, un seminarista “quema tanta pestaña” para llegar al sacerdocio y una vez ordenada persiste en sus desvelos para llevar el anuncio, y en ser -con su propia vida- un testimonio fiel de la Buena Nueva de la que es portador. No queremos decir con esto, que solo al sacerdote le sea mandada esta noble disposición, sino que los hemos puesto aquí como evidencia para entender lo que quiere decir Pablo en cuanto a la secundariedad de la forma y la esencialidad del contenido, que Es Jesucristo, y no en cualquier etapa, sino en el momento crucial del Anuncio, momento cúspide donde se sintetiza la médula de la economía Salvífica, dada desde la propia cruz y con Su total Entrega.

 

Sal 119(118), 97. 98. 99. 100. 101. 102

Este salmo es una súplica, es decir, una plegaria que pide, que ruega, que implora.  No es un simple llamado, no es un saludo. Es una comunicación cariñosa, cercana, se dialoga con alguien que se tiene por íntimo, alguien que día a día ha revelado sus desvelos por mí. Hemos llegado a un alto grado de intercompenetración, cuando quiero decir algo, Él parece conocer de antemano mis anhelos, cuando es Él quien algo me va a pedir, yo me disuelvo en los afanes de complacerlo.

 

Todo cuanto me dice me satisface, todas sus peticiones están afinadas con lo que yo libremente elijo. Y, le confieso con sinceridad, Su Voz para mi es Ley, su Ley es mi complacencia.

 

Cualquier palabra que me diga, se repite en eco automático diez mil millones de veces, pero lejos de hartarme la repetición, se vuelve el himno de mi vida el ritmo de mi danza y bebo en su cantinela el “pasodoble” del Amor.

Cada sinfonía de su Canto, es en mi mente, el más sabio consejo que Amor alguno me podría regalar. Y al estudiarlo, supero con mis saber a los que se creían más iluminados. Él me doctora en teología.

 

Conocer su Ley me alza a saber más que los más lúcidos gurúes, con solo conocer la tonada de su código, sé más que los doctores de la ley adscritos a las más prestigiosas facultades de derecho.

 

Todo este saber tiene una amplísima dimensión practica: voy por caminos seguros, no hay a mi paso obstáculos, ni grietas, ni piedras de tropiezo. Mi senda es amplia y diáfana, mis caminos están iluminados por la Luz del Espíritu. Como sé que Dios es mi tutor legal, jamás me aparto un milímetro de sus enseñanzas, soy el más fiel alumno porque valoro a fondo todas sus enseñanzas.

 

Todo esto y mucho más me enseña con tan solo seis versos que se han tomado de los 176 que integran este salmo. Este salmo habla de la dulzura de la Ley, que es dulce para el que ama, pero repelente para quien no entiende las ternezas del Amor.

 

Lc 4, 16-30

Pasamos al ciclo sobre el Evangelio de San Lucas -dejando atrás el trabajo tan enriquecedor que se hizo sobre los Evangelios de San Marcos y San Mateo- que será motivo de nuestra reflexión en lo que resta del este año, en el tiempo Ordinario, en cuanto a los Evangelios que se proclaman entre semana.

No tocaremos ni el prólogo (1, 1-4); ni la Infancia de Jesús (1,5 – 2,52), ni el tiempo de la preparación para la actividad de Jesús 3,1 – 4, 13).  Iremos, de lleno, sobre la tercera parte del Evangelio Lucano, A la actividad de Jesús en Galilea, que se inicia con la perícopa que nos ocupará mañana, después del episodio de las “tentaciones de Jesús en el desierto”. Es como si saltáramos todo, hasta llegar al inicio de su “Vida pública”.

 

Jesús va al territorio de los no judíos, una zona altamente pagana y paganizada, en todas partes es acogido con benevolencia, no lo conocen, pero lo reciben, y Él se deja conocer por sus atenciones, por sus desvelos, por los cuidados que prodiga a los más necesitados. Son estos, los urgidos, los que mejor lo aceptan y -por lo tanto- los que más reciben de Él.

 

Luego va a Nazaret, donde mejor lo conocen, allí habitan sus parientes, sus conocidos, los niños -ahora crecidos- que jugaban con Él de chicos. Todos entre sí, tan familiarizados, que no puede ser nadie más que “otro”, uno de ellos, otro igual de carenciado, uno más que no puede tener nada mejor que ellos. Si es de los suyos, la lógica les dice que debe ser uno de los peores, uno de los más débiles, de los más frágiles, de los que más necesitan que el Cielo los mire; pero no puede ser que el Cielo los mira a ellos a través de Sus Ojos.

 

¡Claro que no! ¡Todos ellos se sienten pobres diablos! ¡Ahora no querrán decir que un pobre diablo es el Mesías! Si el Señor se hubiera querido manifestar entre ellos, seguro que Ese sería el de menor opción, habría escogido a uno de ellos, pero no a Ese.

 

Así que cuando lee la profecía isaiana y se la apropia, les hierve la sangre, es un loco, un abusivo, un arrogante, ¡miren este!, ¿de qué se las da?

 

Llega un momento resplandeciente, Jesús se hace consciente de su responsabilidad, de su filiación, de Dios en Él. Está muy consciente -y nos trasluce ese nivel de consciencia- que a partir de aquel momento empieza un nuevo “HOY”. Desde ese momento, cada hoy es parte de ese Nuevo Hoy. ¡Hasta ese momento, Dios se había limitado a “prometer!”, en lo sucesivo ¡la “Promesa” se hará “cumplimiento”!

 

Pero lo que los envenena, es la envidia, ¿por qué a Él? ¿por qué no a ellos? Al digerir la envidia, esta se convierte en sed asesina.

 

Jesús tiene que explicarles que sus “milagros” no son tesoros para que cada quien tenga un cofre lleno en casa, sino Luz para que muchos ojos puedan ver lo que estaba oculto, lo que era Misterio; lo que Dios quiere es desvelar el Misterio y hacerse Diafanidad. No quiere ser acaparado, no quiere ser enjaulado, no quiere una prisión, ni una carpa de circo para Él. Quiere Alas para ir a todos los que lo han esperado, lo han ansiado, ¡quiere decirles a todos que ya está aquí! Y repartir sus alas entre ellos.

 

Les muestra ejemplos de sus epifanías aquí y acullá. Les muestra que su obra no es por exclusividades. Que tenía un solo ejemplo para Sarepta y un solo ejemplo para los sirios. Que en cada territorio hubo un ejemplo suficiente para hacer inteligible el Evangelio.

 

Aquí hay una ὀφρύος [ofruos] “cumbre”, que es figura del Calvario, ellos de buena gana le habrían adelantado la crucifixión, es como si ya se cerniera sobre Él, ese propósito constante del rechazo, expresado en el anhelo de desbarrancarlo; pero la obra habría quedado incompleta, por eso διελθὼν διὰ μέσου αὐτῶν [dielton dia meson auton] Él “paso por en medio de ellos”, y se marchó de allí.