viernes, 10 de abril de 2026

Sábado de la Octava de Pascua

                          

Hch 4, 13-21

Pero Pedro y Juan les contestaron: “Juzguen ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en lugar de obedecerlo a Él”

Hch 4, 19.

Estamos, recordémoslo, en la zona de Hechos donde se nos cuenta como se predicaba el Evangelio en Jerusalén. La perícopa de hoy continua el juicio de San Pedro y San Juan en el tribunal del Sanedrín. Recordemos que el Sanedrín era el tribunal supremo y consejo de ancianos del antiguo Israel, compuesto por 71 miembros (incluyendo al sumo sacerdote), administraban justicia basándose en la Torá. Actuaba como la máxima autoridad política, religiosa y civil en Jerusalén durante la época del Segundo Templo.  Se disolvió hacia el año 425, por la persecución romana.

 

¿Por qué los juzgaban? Porque -argumentaban ellos, Pedro y Juan, que “la resurrección de los muertos había quedado demostrada en el caso de Jesús” (Hech 44,2de). Se proclamaba con esto una Gran Victoria: y la derrotada era νεκρῶν [nekron] “la muerte”. La muerte es el arma y el objetivo de este tipo de “doctos” que no quieren ni pueden permitir que se declare que la muerte ha sido sometida bajo el peso de su propio yugo.

 

Algo que escandaliza a los “poderosos” es que la defensa y la proclamación de Jesús viene por cuenta de gente ἀγράμματοί [agramatoi] “sin letras”, “iletrados”, “analfabetas”, “sin estudios”, “sin mayor educación”, gente del “vulgo”, gente “chabacana” -seguramente, dirían ellos- lo que contrastaba con la seguridad y la parresia con la que se expresaban. Los reconocían como “elementos” que Ἰησοῦ ἦσαν [Iesou esan] “andaban con Jesús”, “eran de los que lo acompañaban”, “eran de los que estaban con Jesús”, aquí lo que se usa es la palabra ἦσαν [esan] “ser o estar” (en imperfecto indicativo activo) del verbo [eimi] en griego, pero -al verlos escoltados por el antes paralitico- no se les ocurría ninguna respuesta. Les dan orden de salirse de la reunión -muy apropiado para poder complotar a sus espaldas y urdir, a sus anchas las “tácticas”- para eliminar esta “molestia”.

 

En su forma de hablar se advierte que a estas “autoridades” ni les interesa la verdad, ni les preocupa Dios; el paralitico allí parado, en medio de los discípulos, resulta un argumento imbatible, porque todos lo habían visto, toda la vida, mendigando en el Templo. Se ve que todo el respaldo de sus argumentos, se saca de la injusticia y del abuso, del miedo y la represión.

 

La posición de Pedro y Juan es obedecer a Dios, costárales lo que les costase; puesto que, obediencia a Dios es lo que exige la recta consciencia. Callar era una opción no disponible. Nuestro “envío” no es compatible con el acallamiento del “mensaje” que se nos ha entregado. La misión de llevar el anuncio y propagarlo no puede detenerse. Es la razón de ser de la “Iglesia”. El foco, como se evidencia, no está en ser “santos”, sino en cumplir la misión que entraña el “envío”. Lo que no se puede callar es que al cumplir a cabalidad el “envío”, se ganará la presea de la santidad. Aquí es muy importante entender y diferenciar la santidad de la santurronería, que es una forma de beatería, mojigatería, gazmoñería, fariseísmo, en suma, de hipocresía. Nuestra misión como cristianos no consiste en ganar la aprobación de zutano, mengano o perencejo; y, en cambio, muchas veces, ser fiel a la misión nos acarreará la crítica, el rechazo y la desaprobación. Pero, “al único que hay que tener contento es a Dios”, de acuerdo con un dicho que popularizo Santo Toribio de Mogrovejo.

 

En este cuadro podemos ver un trasfondo, importante y de gran relieve: la comunidad naciente tenía una formación mixta, donde había gente con alguna formación cultural judía, junto con muchos que no tenían ninguna calificación intelectual, pero no se establecían ni se manejaban discriminaciones por eso, Dios y Jesús -piedra angular de la comunidad-, eran y deben ser, igualmente accesible para todos, no era requisito algún nivel particular de educación. Dios estaba al alcance de todos.


¿Qué se podía hacer? No les quedó otro remedio que soltarlos. Se nota que el remedio que esperaban fuera suficiente para silenciarlos, la “prohibición”, sólo era una “carabina de Ambrosio”, porque no era justo que los discípulos obedecieran más a los jefes del pueblo, a los ancianos y a los escribas, y pasaran por encima de Dios.

 

Sal 118(117), 1 y 14-15. 18-18. 19-21

Es el mismo salmo de ayer, pero se han escogido tres versos distintos.

 

Se ha traducido: ¡Dad gracias al Señor porque es Bueno! הֹוד֣וּ לַיהוָ֣ה aquí, la expresión יָדָה [yadah] “dad gracias” puede traducirse por “Cantad”, o por “Alabad”, o “Load”, o -también- por “Gloriad”, algunos especialistas proponen traducirlo por “Proclamad”, o por “Pregonad”.

 

El Señor ha sido mi fuerza, ha sido mi pilar de Salvación, se oye un clamor jubiloso en las tiendas de los justos. Quizás estas “tiendas de los justos son las “enramadas” que se usaban para celebrar la fiesta de Sukkot (las cabañas, las enramadas, los tabernáculos); no es la אֹהֶל מוֹעֵד [Ohel moed] “Tienda del Encuentro” porque a esta se la llamaba la Tienda de YHWH.


En la segunda estrofa está el tema de la Resurrección, “no lo entregó a la muerte”, “vivirá para contar las hazañas del Señor”. esta es la razón que motiva la presencia de este salmo en la liturgia de hoy.

 

En la tercera estrofa, para que pueda entrar el Rey y su sequito de vasallos -el pueblo entero- los levitas y los sacerdotes abren la Puerta. El Rey, entonces, caminara hacia el Altar para “proclamar la Salvación”.

 

Mc 16, 9-15

Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones.

Papa Francisco

Esta perícopa, nos presenta una sinopsis de las apariciones del Resucitado y la misión de la Iglesia. Como sabemos este capítulo no es marqueano, sino una adición que los miembros de la escuela de Marcos tuvieron a bien añadir para “redondear” el Evangelio que parecía haberse interrumpido sin un cierre propio, sin una culminación adecuada, este añadido comprendería toda la sección Mc 16, 9-20.


Después de haber resumido las otras apariciones pasa a presentar el encuentro con los Once, en torno a la Mesa (Eucarística), donde Jesús les reprocha su falta de entendimiento y su dureza de corazón para asimilar los testimonios recibidos. Jerusalén quedará atrás como ciudad de muerte, Galilea, el lugar de la cita con el Resucitado, será el lugar de la Vida Renovada. Será entonces cuando les dé el Envío de proclamar el Evangelio a toda la Creación.

 

En la base de la comprensión de esta perícopa está la observación de un Jesús que no se queda estancado en el reproche, que corrige para direccionar, no calla la debilidad, la menciona para que allí florezca -en lo sucesivo- la apertura de corazón para el Anuncio. Pero sigue confiando en ellos, pasa a enviarlos, no los amenaza con un “despido” colectivo, sino que les muestra que después de su Ascensión, les corresponderá, como lo han enfatizado los Obispos en Aparecida: no hay discipulado sin misión; ser discípulos-misioneros es el perfil de cualquier seguimiento sincero.


«Los discípulos a su vez han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él para predicar el Evangelio, y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entrarnos también nosotros en este torrente de alegría?» (Papa Francisco).

jueves, 9 de abril de 2026

Viernes de la Octava de Pascua


Hch 4, 1-12

Jesús restituye las fuerzas y da salud integral; los “judíos” mataron a Jesús, pero Dios lo resucitó; ahora, sigue actuando a través de sus discípulos que lo hacen presente por medio de Su Santo Nombre. Muchos de los que habían oído el discurso (de Pedro y Juan), creyeron; los que oyeron eran alrededor de cinco mil hombres) ¡Una pesca abundante! Así, este “discurso”, es el “testimonio” al que estamos llamados todos los discípulos.

 

Cuando se menciona a los judíos, no se refiere a todos ellos, como lo hemos venido señalando con insistencia, se refiere a los sacerdotes, los Jefes del Templo y los saduceos, los jefes del pueblo, los ancianos, los escribas, Anás, Caifás, Juan y Alejandro y todos los demás que integraban este nepotismo -como claramente se dice en el verso (Hch 4, 6c) καὶ ὅσοι ἦσαν ἐκ γένους ἀρχιερατικοῦ- son los representantes de estos que, se desenmascaran al apresar a los Apóstoles. Estos “judíos” ven el “signo” que obró Pedro en las piernas del paralítico, y reaccionan, los apresan, los hacen encarcelar, y los hacen comparecer ante ellos.

 

En este marco, se da la ocasión para que Pedro “declare”; esta declaración es -de nuevo- la enunciación del Kerigma:

a)    La pregunta es ¡con qué poder o en nombre de quién han hecho eso ustedes?

b)    La respuesta -contundente y clara, cantante y sonante- “ha sido el Poder del Nombre de Jesús el Nazareno.

c)    Ustedes lo crucificaron,

d)    Dios lo Resucitó de entre los muertos;

e)    Él es la piedra que “Ustedes” -los arquitectos” desecharon- y, que se ha convertido en “Piedra Angular”.

f)     Sólo en el Nombre de Jesús el Nazareno hay Salvación; en γὰρ ὄνομά ἐστιν ἕτερον “en ningún otro nombre” está la Salvación.

 

Notemos cómo está formulada la pregunta: “¿Con qué poder”?... Evidentemente los que preguntan, preguntan lo que les preocupa, lo que los trasnocha: “el tema del poder”. Entre los encarceladores está representado el poder económico, el poder político y el poder religioso (el poder centralizado en el Templo y en el Sanedrín). Es valioso destacar que Pedro no llama a los perseguidores a la “conversión”, solo los sienta en el banquillo del Juicio, para mostrar al pueblo la enorme injusticia de la que son reos.

 

Aquí se refiere, es más se designa a Jesucristo como “piedra angular”. ¿Qué quiere decir? La piedra angular es la que -en una edificación forma esquina, apuntalando y sosteniendo dos paredes, no sostiene una las sostiene ambas y al estar vinculada con las dos, infunde y trasmite la común solidez de su mutua interacción comunicada -precisamente- por la “piedra” que las abisagra.

 

Lo que representa la piedra angular es lo más importante y estable de toda la construcción, colocada en la esquina para unir y sostener toda la estructura, Así todo, la piedra angular simboliza a Jesucristo, indicando que, sin Él, la fe se desmorona. Es Él quien actúa como la basa, esencial y firme sobre la que se construye la Iglesia y esta, fundada en la fe, que se proporcionan reciproco soporte.

 

Jesús, como piedra angular de la Iglesia, constituye la base espiritual sobre la que se construye todo el “sistema” de culto y adoración en torno a su Persona.


Es interesante que quienes rechazan la “piedra angular” no son los obreros rasos, sino los arquitectos, es decir, los “doctores en edificación”, los “profesionales altamente especializados acreditados y titulados” a los que se les encarga diseñar, planificar y supervisar la construcción de edificios, son los “escribas y fariseos” del arte edificatorio.

 

Sal 118(117), 1-2 y 4. 22-24. 25-27a

En este Salmo de Acción de Gracias, encontramos este estilo litúrgico de dialogo real-sacerdotal, levítico y del pueblo. Se agradece la Misericordia, que es la bondad de Dios, siempre Fiel a su Alianza: חָ֫סֶד [chessed]. Decimos “den gracias”, pero hay un reconocimiento, que no sólo agradece, sino que “declara”, “canta”, “loa”, “pondera”.

 

En el verso (Sal 118(117), 22) está contemplado el tema de לְרֹ֣אשׁ פִּנָּֽה [le ros pin-nah] “la Piedra Angular”, -tomar una persona, común y corriente, y sacar de ella el “fundamento” de toda la sociedad, del mundo entero, se tiene que ponderar, como un verdadero “milagro”- que luego, San Lucas retomará en Hch 4, 11: κεφαλὴν γωνίας [kefalén gonias] para referirse al Resucitado. Los tres sinópticos enfatizan que el mismo Jesús, se aplicó este Salmo, donde aparece como cierre de la parábola de los viñadores asesinos.


Este salmo se refiere a un Rey, pero los investigadores han encontrado con bastante certeza que este Salmo, en particular, es un Salmo post-exilico, cuando ya no tenían rey. Lo cual nos lleva a concluir que este Mesías es una figura escatológica, y este Mesías es un “revestimiento midrashico”, dicho en otras palabras, fábulas noveladas, que emplean esta estructura ficticia -de los rabinos- para dar una enseñanza, forma de literatura sapiencial, con moraleja. Nos enseña Quien es este Rey-mesiánico que ha traído libertad, alegría, salvación y entendimiento del corazón para adentrarse en Él: Entonces, lo que verdaderamente se pondera es a YHWH como Único-Dios.

 

Jn 21, 1-14

‘También nosotros vamos contigo’ salieron y se embarcaron, …

Jn 21, 3cd

Nos hallamos ante una perícopa eminentemente eclesiológica. Todo se aclara si entendemos que la “Barca” precisamente representa la Iglesia. Recordemos que Jesús convocó a los discípulos -para nada más y nada menos que- para hacer de ellos “pescadores de hombres” (Cfr. Mt 4,19. 20; Mt 13, 47; Lc 5, 11; Mc 1,17–18). Sin embargo, aquel día, nadie se unía, nadie estaba interesado en escuchar la predicación, el esfuerzo parecía ser rotundamente ineficaz. Toda la noche gastaron los mejor de sus energías con total esterilidad. Era de noche porque no se ponían en las Manos del Señor, Porque no apelaban al “Nombre”, era de noche porque solo se respaldaban en sus propias fuerzas. ¿Qué es lo que les dice Jesús?: Cambien de táctica, echen la red por el otro lado, quizás quería decir que había que cambiar de estrategia, o que debían cambiar el lugar de predicación…


 

«Jesús se manifestó de nuevo a sus discípulos» (Jn 21, 1): Viene un verbo griego, ἐφανέρωσεν [efanerosen], es el mismo verbo φανερόω [fanero], “manifestarse” “dejar en claro”, “hacerse visible, “mostrarse evidente”, el verbo que da origen a la palabra española epifanía. También está presente en la palabra “fenómeno -tan cara a la filosofía- que proviene del latín tardío phaenomĕnon, y este del griego φαινομενον [fainómenon], que significa "lo que aparece", "apariencia" o "manifestación", “el evento concreto”, “hacerse inteligible”.

 

Tan pronto el guía de la acción es Jesús, todo cambia, la pesca se hace abundante, todos los que pescan están en δίκτυον [diktuon] “red”, (Jn 21, 11). (Ponerse en “red” es entrar en sinodalidad).  Los “pescados” pertenecen a diversas culturas, diversas lenguas, diversidad de raza, de nación y color de piel; pero la “red” no se revienta: y es que -como dijo Esopo- « ἰσχύς ἐν τῇ ἐνώσει» [I ischýs en ti enósei] “El poder radica en estar unidos”.

 

San Jerónimo decía que 153 eran las distintas variedades de peces que los zoólogos griegos conocían en aquella época. Pero la “red” no se rompe. Hay ahora, una “soldadura firme” que une a los miembros de la Iglesia y que supera todas esas diversidades. ¡Su Catolicidad! Allí había partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes. (Hch 2, 9-11a). Todos puestos en “red”, mancomunados, formando parte de una misma comunidad que escucha, acompaña y crece junta, que es -por otra parte- una definición práctica de sinodalidad.


Los discípulos de Jesús se notan todavía desalentados. Pedro no les dice ¡Vamos pescar! en cambio les dice. ¡voy a pescar!, hay algo de ese tono de “yo voy a hacer esto, ustedes hagan lo que quieran”, no los somete, no los subyuga, hace una propuesta y señala que esa es su opción. Pese a todo, no se parte de cero, ellos, quizás sin tanto entusiasmo, resuelven ir con él.  Pero, cuando los reciben los peces asados, hay un toque evocativo de primer orden y se da esa intuición profunda que tiene el discípulo a quien Jesús amaba: ¡Es el Señor! (En el corazón del discípulo amado se da la “manifestación”, en su corazón se obra la “epifanía”).


No le preguntan a Jesús ¿Quién eres? Todos sabían ya quién era, sus labios lo callaban, sus inteligencias no lo pueden aceptar, pero sus corazones ya lo habían reconocido. ¡Era el Señor! Y nuevamente les celebra la Eucaristía. Se ven los “signos” del amor de Jesús por su “Barca”: la fogata con sus brasas, peces y panes. Les pide que de los propios “bienes” de su trabajo, aporten a la Mesa Eucarística: ¡eso es comunión! Nadie debe decir: “a este lo pesqué yo”, lo que se pesca es gracia, es para todos, ahí cesan los reclamos de propiedad, los que aceptan el mensaje y se unen, han sido tocados por Jesús y por el Santo Espíritu, no por x o y discípulo; aun cuando es cierto que fue gracias a que todos ayudaron a sacar la red, que pudieron sacar los tantos peces que Jesús empujó a la red, el trabajo “sinodal”, cooperativo es esencial a la tarea eclesial para subir los “peces” a la Barca.

miércoles, 8 de abril de 2026

Jueves de la Octava de Pascua

Hch. 3, 11-26

El paralitico, al que le fue dada la habilidad -que no tenía- en sus piernas, no se fue, sino que continuo con ellos (con Pedro y Juan), y las personas fueron a ver -a la στοᾷ [stoa] “porche” de Salomón, (esta stoa de Jerusalén nos evoca otra, allá en Atenas,  la Stoa Poikilé, la de los estoicos que comenzaron a enseñar alrededor del año 300 a.C. allí hacían  sus pláticas; bueno, pero esto es otro tema, la stoa de los filósofos, que no tiene nada que ver con el que nos ocupa)– se trata de un pasillo techado y sostenido por columnas alineadas, en el segundo Templo, se cree que en tres hileras)- y, Pedro aprovechó para dirigirles un discurso, conocido precisamente como “el discurso en el pórtico de Salomón”: la gente tendía a entenderlo como un acto mágico o como un hecho inexplicable. Lo primero que hace Pedro es desmentir esos enfoques para pasar a corregirlo. Pone, por delante, a YHWH, mencionándolo como Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, que ha ἐδόξασεν [edoxasen] “glorificado”, “reconociéndole su valor real”, “aquilatando”, “dándole la estima apropiada” a su Siervo Jesús (Hch 3, 13).

 

Esto lo contrasta con lo que ellos le hicieron: a) lo entregaron, b) renegaron de Él ante Pilato que quiso soltarlo, c) al renegar de Él, estaban renegando de un Santo y Justo; d) y, quisieron -por el contrario- pedir que indultaran al “hijo del padre” (Bar-Abbas) de la mentira, un asesino; e) fue así como mataron al “autor de la vida”, f) pero Dios, -escogiendo y priorizando la vida,-  lo resucitó de entre los muertos (Semejante despropósito fue cometido por ἄγνοιαν [agnoian] “ignorancia” misma de la cual también las “autoridades” (sus gobernantes) fueron víctimas. Sin embargo, esta fue la ruta que Dios escogió para dar cumplimiento a lo anunciado por los profetas, respecto al padecimiento al que sería sujeto el Mesías), y, aquí Pedro y Juan se presentan como testigos de esa verdad que acaban de enunciar.

 

Ahora bien, después de presentar esas credenciales de Jesús, afirma Pedro que la curación se ha dado en virtud del Nombre (sobre todo nombre), Nombre que puede -a través de la fe- ἔδωκεν [edoken] “restituye la fuerza”, “dar la salud perfecta”, “sin defecto”, “integral”.

 

¿Qué hay que hacer ahora? ¿Qué nos corresponde a nosotros? «μετανοήσατε [metanoesate] “arrepiéntanse” y ἐπιστρέψατε [epistrepsate] “conviértanse”» (Hch 3, 19) Aquí volvemos a encontrar el verbo ἐπιστρέφω, que apareció ayer.

 

El verbo μετανοέω [metanoeo] llama a “cambiar de forma de pensar”, a “modificar el ángulo con el que estamos viendo las cosas”; y el verbo ἐπιστρέφω [epistrefo] llama a regresar, a volver a Dios, como el hijo que había pedido su herencia y se fue a despilfarrarla, regresó a su casa, a su origen, a sus raíces. ¿Para qué ese cambio y ese regreso? Para que el pecado sea perdonado. Para que vengan καιροὶ [kairoi] “tiempos de Gracia” en los que se renueve y se refresque la Presencia de Dios, en la Persona de Jesucristo, que cumple lo anunciado por Moisés y por todos los profetas.


La Alianza fue pactada con Abraham, “padre de multitudes”, por cuyo intermedio somos “bendecidas todas las familias de la tierra” (cfr. Hch 3, 25), ahí entramos nosotros también. Somos de sus primeros beneficiarios, al convidarnos al distanciamiento respecto de nuestras execraciones.

 

Sal 8, 2a y 5. 6-7.8-9

El Salmo 8 es un himno. Una alabanza de la Creación, de lo que contemplamos fuera de nosotros, pero también de las maravillas que hay en nuestro interior, donde lo exterior se refleja y hace sublime al ser humano. El salmo se pregunta por qué y en que radica la grandeza del ser humano. Algunos pensadores han dicho que, en el hecho de tener habla, otros en la capacidad de pensar, algunos destacan que el ser humano sea capaz de asombrarse, y muchos explican la centralidad del hombre en el cosmos porque él es capaz de tejer pensamientos e ideas generando la así llamada “racionalidad”.


El salmo nos hace entrever que nuestra importancia verdadera estriba en que Dios nos lleve en su Pensamiento, en que Él nos guarda en su Amor, en que somos objeto de su Interés y Preocupación, Dios nos ha regalado el Privilegio de habitar Su Pensamiento. Que Dios haya querido asumir nuestra condición explica lo inexplicable de ser “sólo un poco inferior a los ángeles, y colmados por Él de Gloria y Dignidad” (Sal 8, 5). Que Él se haya dado a la tarea de pastorearnos, eso es lo que nos eleva. Que Él se haya abocado a redimirnos, nos acrecienta hasta más allá de lo que nuestro corazón alcanza a vislumbrar. Para Jesús, nuestra grandeza radica en que somos capaces de recibir los Dones Suyos con ingenuidad de “hijos”, con la sencillez de saber que todo viene de Él, y que todo es Gracia (cfr. Mt 21,16). Son los labios de los infantes los que articularan αἶνος [ainos] “alabanza”: en hebreo יִסַּ֪דְתָּ֫ עֹ֥ז [Yis sad ta -oz] “los hayas hecho fuertes”, “les des esa sorprendente fortaleza”. Como lo glosa este salmo en el verso (cfr. Sal 8, 2).

 

Lc 24, 35-48

Parece normal que, si uno ha visto morir a alguien, víctima de la crueldad, y un par de días después se aparece y nos saluda, lo menos que nos sucedería sería que nos desmayaríamos del “susto”. Además, uno esperaría encontrarle las heridas -apenas empezando a sanar-, todavía magullado y sangrando. Ayer hablábamos de esa didáctica de Jesús de ver, tocar y levantar. Hoy hay una dinámica similar de ver, tocar y comer con ellos. Lo que un “fantasma” no podría hacer. Los fantasmas no comen, no lo necesitan, tampoco los convalecientes, que los primeros días después de la “golpiza”, a duras penas se animan a probar bocado; ¡sólo los que están totalmente vivos comen!


Estas acciones de “hoy” son puestas en relación con advertencias que les había hecho antes de su muerte sobre el cumplimiento de lo anunciado por Moisés, los profetas y los salmos acerca de Jesús-el Mesías.

 

Otra vez, es necesarios que Él les διήνοιξεν [dienoixen] “abra” el entendimiento para que συνιέναι [sunienai] entiendan las Escrituras.  En ese verbo usado para abrir se connota que hubo que seguir un procedimiento, por ejemplo, retirar unas trabas, ponerlo en otras palabras, relacionar unos puntos con otros y articular los datos; así mismo, en el verbo usado para entender, se significa que hay que ordenar y juntar las “fichas” de cierta manera reflexiva, entrelazándolas, como las piezas de un “puzzle”, ensamblándolas.


Obsérvese cómo está presente a lo largo de las Lecturas la idea de apoyarse en unos referentes de la tradición cultural de la Comunidad, que son indispensables a la comprensión y asimilación de este discipulado. Esa “tradición” supone no sólo la fe en Dios, sino la valoración de la propia persona y de cada uno de los miembros de la comunidad. Capacidad de superación, de ser portadores no solamente del mal, sino de mucho bien, reconocimiento -como se hace aquí- de que muchos de los “pecados” son subproducto de la ignorancia; consciencia de ser hijos de Dios y hermanos en Cristo Jesús. Creer que Dios nos creó junto con las condiciones que harían posible la justicia, superar ese pensamiento oscuro de que “todo está perdido” y de que “ya no hay esperanza para el ser humano”, y seguridad de que Dios es realmente Emmanuel, que no se fue para “abandonarnos a nuestro destino, sino que siempre está auxiliándonos y luchando Hombro a hombro con nosotros. (Hay otras ideas parasitas que también hay que trabajar para evitar que “oscurezcan y/o nublen el entendimiento: tomemos como ejemplo las ideas que sólo está Presente cuando nos va bien, o que sólo está Presente en la Iglesia, y que más allá de las paredes del Templo, no existe).

martes, 7 de abril de 2026

Miércoles de la Octava de Pascua


Hch 3,1-10

Los doce primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles los llamamos “el ciclo de Pedro”. Los versos 1-2 del capítulo I, nos dan una suerte de prólogo, los verso 3-5 en una de las presentaciones del Resucitado, les ofrece -recordándoles que se los había prometido- que van a ser bautizados con Espíritu Santo. Luego, en los versos 6-7, encontramos la Ascensión de Jesús. Los versos 12-14, nos relatan el regreso de los discípulos a Jerusalén y su permanencia en oración en el ὑπερῷον [uper-oom] “aposento alto”, el “piso de arriba”, “la sala en el segundo piso”.

 

En el capítulo II, tenemos el Pentecostés y el solemne testimonio kerigmático de Pedro y los Once, conforme lo hemos leído anteayer y ayer. Con el paso al capítulo III -y hasta el capítulo VII (miércoles de la III Semana de Pascua), estaremos reflexionando la Misión de los discípulos en Jerusalén, que es el primer círculo de la “expansión” misionera que está destinada a dilatarse paulatinamente hasta alcanzar los confines del mundo.

 

Pedro y Juan van al templo, para la oración de la hora ἐνάτην [enaten] “nona”, como las 3 de la tarde, para nosotros. Ven que vienen cargando a un lisiado de nacimiento -se nos informa en el texto que lo ponían a mendigar en la Puerta Hermosa- (su hermosura no consiste en que sea muy bien hecha, o decorada con finos detalles o forjada con arte; ¡no!, la palabra que se usa es Ὡραίαν [Oraian] que alude a la ὥρα [ora] “hora”; su hermosura consiste en lo “oportuna” que es, en el “tiempo”, en el “momento adecuado y oportuno”, en “la justa ocasión”, como cuando Jesús dice que “ha llegado la hora”, como quien dice “por fin el tiempo humano concuerda con el tiempo Divino”, no es cronológica sino kairótica); era la puerta que comunicaba el patio de los gentiles con el patio de los judíos, o sea que mendigaba a los judíos y no a los gentiles, que podían darle monedas de la gentilidad -que eran impuras y comunicaban la impureza a quienes las tocaran-; les pide limosna esperando recibir algo en “metálico”, Pedro -en cambio- no pretende darle dinero, puesto que eso lo deshonraba más, agravando su condición de “invalido” que se suponía ya, era resultado de algún pecado suyo o de sus mayores y su condición era leída como fruto del enojo del Cielo.

 

Muchas veces pasamos por alto el valor tan inmensamente significativo de acciones que construyen la comunicación interpersonal. Todos sabemos lo que implica “no mirar” a alguien, lo que llamamos “ignorar” a esa persona, hoy se aplica mucho en la comunicación con teléfonos móviles, cuando “nos dejan en visto”. ¡Pedro fijó su mirada intensamente en él y le conmino para que le correspondiera! Está estableciendo el nexo de la comunicación con el propósito de que él se dignifique, que entre en el proceso de autovaloración, que sea consciente de que “es alguien”.

 

El Segundo paso consiste en πιάσας [piasas] el “con-tacto”, la palabra supone un contacto con mano firme, no es un roce, ni un simple tocar, es un sostener, sujetar, obrar con mano firme que trasparente el poder que conlleva. Inmediatamente evocamos a Jesús y su contacto con el “leproso”, sin reparar en posibles contagios, sin cuidarse de pureza-impureza; desvalorando toda la prejuicialidad que se venía tejiendo para “aislar”, “alejar”, “separar”; no hay alternativa, tenemos que conectar aquí con la palabra “fariseo” del arameo pĕrīšayyā, y esta del hebreo pĕrūšīm 'separados [de los demás]'. Se rompe la fraternidad, se destroza la solidaridad, se arruma al “despreciado”, se le hiere en el alma, se proscribe, se le ofende reduciéndolo a cero, haciendo de él un ausente. Tocar -por el contrario- sana, restaña el desangramiento, masajea, acaricia, acerca, projimiza y evidencia la projimidad (proximidad), incorpora, hermana. Este lenguaje lo aprendió Pedro de Jesús.

 

Aún hay otro “acto”: ἤγειρεν [egeiren] “levantarlo”, “resucitarlo”, “despertarlo”, sacar de su postración”. Aquí más que una actuación que cambia la relación espacial, un desplazar “hacia arriba”, nos encontramos con un gesto “prodigioso”, de un daño físico permanente e incurable, a la persona le sobrevienen unos efectos que sólo venidos de Dios se pueden producir, a saber, a) fortalecérsele los tobillos y los pies, b) ponerse de pie ¡de un salto!, echar a andar y entrar al Templo por propio pie con brincos: todo esto tiene una “música de fondo”, “dando brincos y alabando a Dios”. ¡La danza de David siguiendo al Arca!

 

Nuevamente hemos de declarar: nada de esto viene de Pedro y Juan, todo se da y tiene su fuente en el “Nombre de Jesús Nazareno”. En el Nombre significa “por su Autoridad, Potestad y Soberanía”.

 

Todos los que pudieron verlo quedaron θάμβους [thambous] “estupefactos” y κστάσεως [ekstaseos] “estado que hace comprensible aquello que de otra manera no se podría entender”.


Tenemos aquí a Jesús, que obra, no personalmente, sino a través de sus “enviados”, los que Él ha instituido para continuar su accionar en el mundo y mantener su Presencia -que viene del latín praesentia, que significa "cualidad de estar delante" o "existencia en un lugar"- hasta el fin de los tiempos, porque Él es el Emmanuel, el que está ahí, delante de nosotros por los siglos de los siglos, por interpuesta persona sacerdotal.

 

Sal 105(104), 1-2. 3-4.6-7. 8-9.

“Yo soy hoy lo que soy, porque Tu Palabra ha ido delante de mi despejando el camino y quitando peligros. Tu palabra es mi biografía”.

Carlos González Vallés, s.j.

 

Este Salmo tiene su anclaje, precisamente en el Santo Nombre. Inicia convocando a un ejercicio invocatorio. Es una Salmo de Renovación de la Alianza. Toma ciertos personajes de la historia de Israel y los emplaza, como llamando a rendir testimonio a las figuras cimeras del pueblo elegido. Vacaciona ante el jurado a Abraham, a José, a Moisés, y -remite al Éxodo como evento que jalonó su historia, cuando bajo Su Liderazgo los condujo a la Tierra Prometida.

 

¿Cuál es la Alianza que se refrenda? La orden de respetar a sus Ungidos por el camino que ellos tendrán que recorrer. La Palabra que conjurará a los adversarios y contendrá a los atacantes es “Su Santo Nombre”.


No se gloriarán en nada diferente al Santo Nombre de Dios que ha hecho Alianza con ellos. Habrán de recurrir al Señor y su Poder, porque a otro auxilio que recurran los llevará a equivocar el camino y a errar el blanco. Confianzas diferentes los hará frágiles y los conducirá a la debilidad y la derrota.

 

La Alianza que se está rememorando y renovando es la Alianza que YHWH hizo con Abraham, juramento de Dios a Isaac. Es la Alianza casada con el linaje de Abraham, con la estirpe de Jacob, su elegido. Esa Alianza permanece en la Mente y el Corazón de Dios, que no olvida nunca la Palabra empeñada.

 

Lc 24, 13-35

Una especie de segundo reclutamiento

Sin esperar más se pusieron en camino y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a sus compañeros, que les dijeron: -De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón

Lc 24, 33

 


Hacia el final de la perícopa, en el antepenúltimo versículo, se nos narra que los apóstoles y su “combo” estaban reunidos, lo que se opone a la actitud de los dos de Emaús, que se habían desgajado, y se habían separado del grupo. Siempre hemos visualizado esto como un abandono, como una deserción, estos dos se habían ido a su casa, donde su gente, porque para ellos, la historia de Jesús ya había tocado a su fin. Estas cosas suelen pasar, cuando un contratiempo o una adversidad nos alcanzan, nosotros nos desarticulamos y renunciamos, dándonos por vencidos. Ya no había nada más que decir o hacer. Simplemente el Líder había muerto.

 

Puede ser que nosotros opinemos que a los que se habían desbandado el Señor -por inconsistentes- debía dejarlos ir, y sólo seguir con los que habían resistido -y así fuera, escondidos y agazapados bajo llave- seguían juntos. Pero el Señor entiende la fragilidad y los temores que enfrentaron los que habían claudicado y, les sale al encuentro, para recuperarlos, para llenarlos de su Espíritu, de su Fortaleza, para “reanimarlos en tiempo de hambre” (cfr. Sal 33(32), 19) espiritual, de flaqueza de ánimo, para superar su decepción. ¡el Señor nos enseña qué hay que hacer con los que se han ido!

 

En el versículo 26 Jesús introduce la novedad del Nuevo Testamento al hablarles de un παθεῖν τὸν Χριστὸν [pathei tou Criston] “Mesías sufriente”. Así Jesús mismo recupera la presentación mesiánica que hace el Deutero-Isaías del “Siervo sufriente”.

 

En el verso 29 -que introduce el momento de la “Comunión”, ellos lo “obligan a quedarse”, y, de no haber sido así, Él habría seguido de largo. Pero esta “exigencia” muestra un síntoma de sus corazones: ellos lo necesitan, no pueden perderlo, no pueden dejar ir la oportunidad de ofrecerse abrigo en su corazón -si bien frio- necesitaban que su Presencia lo entibiase: “Jesús entró para quedarse con ellos” (Lc 24, 29d). ¡Basta que se lo pidamos, y Él gustoso permanecerá!

 

No es cuestión de poca monta que Jesús, siendo el invitado, sea quien preside. Uno se puede imaginar que como era, ni más ni menos que “Jesús”, por eso fue él quien actuó como anfitrión y por eso fue Él, quien partió el pan. También nos parece literariamente necesario porque, precisamente al “partir el pan”, lo iban a reconocer. Pero, cederle la presidencia es mucho más que eso, es la acogida especial que se da al foráneo, al extranjero. Este gesto de acogida es un dato de “abajamiento”, de kénosis. Se deja el invitado que parta el pan. No es el pan lo central, es el gesto cordial, la acogida desprendida, la donación hacia el fuereño, lo que humaniza el momento y permite descubrir, tras el pan, al hombre, al hijo-de-hombre. Lo esencial no es el pan, lo esencial es el acto de compartir.

 

En el verso 30 hay una idea que ha desaparecido totalmente en las traducciones: para comer, ellos no se sentaban, sino que se reclinaban. En el Evangelio está el verbo κατακλίνω [kataklino] “recostarse”; “Cuando estaban reclinados a la mesa…”, leemos allí.

 

Una vez lo han reconocido y simultáneamente ha desaparecido ellos inmediatamente “se ponen en camino para regresar a Jerusalén. El verbo que aparece allí en griego es ὑπέστρεψαν [upestrepsan] aoristo indicativo activo del verbo ὑποστρέφω [upestrefo] que es el verbo que implica “conversión”.  La cuestión no es tanto el regreso al lugar de donde venían sino el regreso a su pertenencia, a su adhesión a Jesucristo, a su ser de cristianos. Ellos regresan para reintegrarse a su comunión, la palabra comunión tiene por etimología la misión, el trabajo, el encargo que tenían cuando pertenecían al equipo de labores. Comunión es el grupo que comparte el mismo “munus” que significa “cargo”, “servicio”, “responsabilidad”, “obligación” sobre todo moral. (Hay muchos casos de falsa etimologías, como este de suponer que las raíces son “común” y “unión”, que sería algo que todos tenemos sin saber que lo tenemos, ni qué es, ni qué hacer con ello).

 

Aquí estamos ante una doble consciencia, bíblica y litúrgica: ellos caen en la cuenta que su

“cargo”, “servicio”, “responsabilidad”, “obligación” es la proclamación del mensaje de Jesucristo. La tarea que nos ha encomendado este discipulado es la de anunciar y compartir la experiencia que hemos vivido en la Persona de Jesús (eso es lo que tenemos y estamos llamados a compartir, eses es el servicio que se nos comisionó y que es el encargo de la Iglesia toda).

 

Vamos a acompañar la Eucaristía apoyándonos en esta perícopa de San Lucas (es importante que tomemos el Evangelio lucano en nuestras manos y vayamos a la perícopa en cuestión, y procedamos a identificar los momentos litúrgicos y su correspondencia versicular, yendo versículo a versículo):

 

¿Cuándo se celebra la Eucaristía?: “Aquel mismo Día, el primero de la semana” (v. 13). El inicio de la Eucaristía es la procesión que lleva al Sacerdote hasta el presbiterio, justo hasta la “Sede”: (vv. 13-18): “Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos”.

 

Suceden ahora, las Lecturas: (vv. 19-24) “Se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras

 

Viene, luego, la homilía. (vv. 25-27).

 

En los versos 28-30 se da la presentación de ofrendas, la plegaria Eucarística y la Comunión con el Pan de Vida. Finalmente, (v.31) los ritos conclusivos que incluyen la bendición final.

 

¿Cómo ha de quedar nuestro corazón después de haber asistido a esta maravillosa celebración? Incendiado por las Palabras que son Palabras de Dios y Palabras del Señor, y además por la homilía, dónde el propio Señor nos ha explicado su Mensaje.


Ha sido el propio Resucitado quien ha Presidido la celebración de la Primera Eucaristía, después de que Esta fuera instituida en la Última Cena. Luego, la trasparencia de la Persona de Jesús, se da por la vía sacerdotal del que preside “in persona Christi”, según lo estipula el Sagrado Orden Sacerdotal que hace, estas acciones, no propias, sino visibilizadas a través del “Presidente”.