2R 2, 1. 6-14
Iniciamos hoy, un cursillo de seis
encuentros en torno al Segundo Libro de los reyes, ya hemos dicho que para
nosotros estos son libros “históricos”, sin embargo, para la Biblia judía son
Libros proféticos, que se refieren a lo que denominan, los profetas anteriores
(Josué, Jueces, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes y 2 Reyes), son anteriores porque
cubren los siglos XIII al VII a.C.). En este cursillo, vamos a dedicar los dos
primeros encuentros al ciclo de Eliseo, que ocupa en 2R los capítulos del 2-13.
Nosotros tomaremos dos perícopas, una del capítulo 2 y otra del capítulo 11.
Eliseo fue profeta durante un periodo muy
largo: desde los tiempos de Joram, pasando por el reinado de Jehú, hasta el
reinado de Joás. Se calcula su muerte hacia el año 790 a.C. El hagiógrafo que
compilo las tradiciones de los Libros de los reyes, debió poner por escrito el
manuscrito hacia el año 550 a.C. las fuentes a las que recurrió el hagiógrafo
se remiten al círculo de profetas que compartieron personalmente con Eliseo,
por allá en los años 750 a.C. De él se nos dice que es “hombre de Dios” (23
veces) y que es “profeta” (8 veces), se sobrepone a su titulación por la que
proclama lo que Dios nos comunica el oficio de obrar milagros (por eso decimos
de él, el “profeta taumaturgo”). Ya hemos dicho algo sobre el ciclo de Eliseo
que leemos empezando en 1R 19, 19-21 y 2R 2,1-13,21. Eliseo, era originario de
un Valle del Jordán, provenía de una familia bastante acomodada, su padre era
Shafat, de אָבֵל מְחוֹלָה
[Abel-Meholá] “pradera de la danza”, al sur de Bet-Seán.
Tenemos que captar con precisión el objetivo
de la perícopa de hoy, como se nota, el foco no se pone en el “rapto” de Elías
-que nos enfrenta con el trazo cuasi-mágico, nimbado de misterio-inaccesible-,
sino en demostrar que Eliseo ganó la sucesión profética de Elías. Como se nota,
no se dice nada de adonde o cómo fue la partida de Elías, se habla, si, sobre
el manto, el poder que tiene este manto de Elías, que permite el gran milagro
de separar las aguas del Jordán para poder cruzar sin mojarse los pies.
Hay que saber que, al primogénito, le correspondía
una parte doble de la herencia paternal, ese es el significado de la petición
hecha por Eliseo, lo que le pide es que sea tratado como el hijo mayor para
heredar el poder doble.
Pero, habiendo ya partido Elías, no logra
dividir las aguas de un solo golpe, sino que tiene que pedir el prodigio, por
dos veces.
Esta heredad hace de Eliseo un profeta al
que se ha apodado “taumaturgo”, por los múltiples milagros y curaciones que
obra, sus mayores prodigios se cuentan en los capítulos 4-6. (que no se contemplan
en nuestra liturgia).
Se nombran cincuenta profetas que
escoltaban tanto a Elías como luego a Eliseo, y estas cofradías fueron
corrientes entre los profetas del reino del norte, pero no se ha de suponer que
vivían en comunidad, sino que cada uno tenía su casa, su propia familia y sus
cultivos familiares.
Sal 31(30), 20. 21. 24
Ante un gran milagro, la gratitud es
grande y el esfuerzo por mostrar gratitud apela a la creatividad y procura
expresar esa gratitud a todo lo ancho. Eso requiere valentía, se hace necesaria
la firmeza, no siempre sale todo bien. Cabe aquí recordar que, de este salmo
(toma el Crucificado el primer verso) lo recita Jesús desde la cruz, a pocos
instantes de entregarse en brazos del Padre. Fue, Su Última Palabra. Por tal, lo
proclamamos los Viernes Santos.
El verso responsorial (v.24), es el
último del salmo, con él concluye. Es precisamente la convocatoria para esa
valentía.
La primera estrofa de la perícopa
reconoce la Bondad de Dios, dada integralmente a los que le son fieles (ofrecen
reverencia al Señor) y su generosidad es manifiesta para los que abiertamente
se acogen a Él.
Para los “justos”, el Señor tiene Asilo,
los resguarda bajo Su Presencia. Para resguardarlos de todo lo que urden los
humanos contra él; lo lleva a resguardar el Sancta Sanctorum, para preservarlo
de las lenguas impías que atentan contra Dios y contra sus fieles. Las malas
lenguas se traban como serpientes conjuradas para levantar una nube de
calumnias e insidias.
En la tercera estrofa, se nos invita a
erigir un monumento de gigante amor para el Señor. Y se les advierte a los soberbios
que reptaran precipitándose hacia el abismo.
Mt 6, 1-6. 16-18
Continuamos en el Sermón del Monte, que va
de 5, 1 hasta 7,29, o sea los capítulos 5 al 7 completos. El Sermón del Monte
ocupa estos 3 capítulos. Nosotros lo hemos empezado a reflexionar el pasado
Lunes 8 de junio y lo seguiremos trabajándolo hasta el jueves 25 de este mes,
inclusive; excepto el miércoles 24, cuando por la Natividad de San Juan
Bautista, leeremos del Evangelio según San Lucas.
El Señor nos sigue guiando hacia la perfección de la Ley; pero ahora la perfección apunta hacia los tres actos de adoración para ejercerlos de acuerdo a la Enseñanza. Los actos de culto (limosna, oración y ayuno), lejos de estar dejados al arbitrio del adorador, son guiados por Dios, el Verdadero Dueño del Culto; el culto se rinde a gusto de quien lo recibe, no y nunca bajo el capricho del adorador, que ha de ofrecer culto según las pautas que Dios en su Bondad nos proporciona. y en este caso nos previene del daño de obrar hechos de justicia para posar con ellos ante los hombres. Al obrar de tal manera, Dios no nos dará ningún trofeo y nuestras preses permanecerán estériles.
Como ejemplo de obra de justicia nos
menciona el acto de dar limosna para que otros nos vean ejercitando la
“caridad”. Pero la caridad en vitrina no conlleva mérito alguno. No sirve contratar
cámaras para difundir esa aparente “munificencia”, que puede tener otros
propósitos como reducir impuestos, o conquistar votos a favor; pero que -en
realidad- está totalmente lejos de llegar al Corazón de Dios.
Entonces, ¿cómo hemos de obrar la misericordia?
con profundo recato y total discreción, la frase que usa Jesús es supremamente
ilustrativa: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”, hay que
dar caridad con circunspección, a tal punto, que yo mismo no sea muy consciente
de lo que estoy haciendo, porque el mucho énfasis en el corazón tuerce mi
bondad, que ahora es un acto de egolatría: ¡Qué generoso soy! ¡Esta era una
virtud que no me conocía! Se hace caridad por amor al otro, al necesitado, no
por propia vanidad.
Para el Único que tiene que ser visible
mi gesto es para Dios, porque a Él nada se le oculta.
Pasa algo muy similar con la oración:
Muchas veces entramos al templo con amplitud de gestos que nos exhiban, el
político, por ejemplo, cercano las elecciones, manda llamar los periodistas
para que lo publiquen cuando muy piadoso ora en el templo; cuando por allí
nadie los ha visto, desde la última ronda electoral.
Al ayunar, también podemos devaluar este
acto si lo acompañamos de palidez, de enflaquecimiento, de hondos bostezos sólo
explicables en aquel que no desayuno o que lleva desde la tarde anterior sin
pasar bocado. Dice Jesús que obremos lo contrario, llegando hasta poner algo de
color en nuestras mejillas con algún discreto recurso cosmético, para que ese
ayuno sea sólo una cuenta entre Dios y tú.
El ayuno inclusive puede llegar a ser
objetable,
«El ayuno por dieta ni es necesario a la salud,
es también señal de absolutización del propio cuerpo, y lleva a desviaciones.
La anorexia y la bulimia tienden a coincidir en
las dietas hipocalóricas, en las cuales uno, comiendo no come, ¡puede llenarse
de nada hasta el infinito! La carne sin proteínas, la leche sin crema, el dulce
sin azúcar, la pasta sin almidón -donde es importante el estar carente, es
decir, pura apariencia-, son los nuevos ídolos, que hacen a las personas
semejantes a los que los adoran (Sal 115, 8)»
Silvano Fausti
En fin, ya vemos, que no se trata de convertir en “payasada” la práctica de las virtudes, sino en tener la más sincera relación con Dios, porque la virtud no es negocio de la tierra, sino mensaje que se envía en alas de los ángeles a la Divina Morada, roguemos que ascienda a los Cielos como Incienso agradable en Su Presencia.






















