jueves, 16 de abril de 2026

Viernes de la Segunda Semana de Pascua


                                 

Hch 5, 34-42

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Mt 5, 10ss

Aparece un personaje fariseo, nieto del Rabí Hillel -celebre por haber establecido una escuela de estudio de la Torah, opuesta a la tendencia rígida de Rabí Shammai-. Su nombre era Gamaliel, que significa “presea de Dios” (presea significa, adorno, joya). Gamaliel, doctor de la Ley -presenta un argumento razonado- para detener la persecución del cristianismo naciente: Primero evoca a un tal Teudas que se levantó en rebeldía y juntó, aproximadamente, cuatrocientos hombres; lo ejecutaron, y todo el movimiento se vino a tierra. Luego, trae a cuento a otro rebelde, Judas el Galileo -parece ser que era un zelote-, que acaudilló a mucha gente con su movimiento y, que, al morir, también dio pie a la extinción de su rebelión.

 

Partiendo de esas premisas, Gamaliel aconseja que no se metan con los apóstoles, porque si lo que hacen es algo simplemente humano caerá por su propio peso, pero si su accionar está respaldado por Dios, significaría que ellos están oponiéndose precisamente a Dios, rivalizando con Él, y a Él no le podrán ganar. En las palabras de Gamaliel se anida una expresión verdaderamente profética: “No podrán ustedes vencerlos” (Jn 5, 39b).

 

“Todo lo que surge de Dios en favor del pueblo es invencible. Al pueblo le toca conformarse con medias tintas y una liberación recortada”.  (Ivo Storniolo)

 

Le dan la razón y resuelven liberarlos, pero -acostumbrados como están a ejercitar su crueldad- no simplemente los dejan ir, sino que antes los azotan. Así ellos no se quedan por fuera en ser de los que, ejercen el poder con dosis dadivosas de violencia; y así les prohíben el anuncio del Evangelio.

 

Por su parte, los discípulos se van alegres porque ganan el puntaje celestial de los que sufren por la construcción del Reino del Mesías. Esto lo podemos y lo debemos tener muy presente: cuando padecemos por la causa de Jesucristo, nosotros ganamos la mejor y mayor presea, el premio que Dios concede a os que permanecen firmes en su Fe. Y, no se detuvieron, sino que sagradamente, como responsabilidad cotidiana, enseñaban sobre Jesús en el Templo y también a domicilio. Por activa y por pasiva, de día y de noche.


El Santísimo Nombre de Jesús no es un nombre personal, es el Nombre de todos los Adanes que bajó su Nombre han hallado una Nueva Oportunidad. En particular, a sus “peques”. Recordemos lo que nos enseñó en Mt 25,40: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de ἐλαχίστων [elachistón] los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»

 

Sal 27(26), 1bcde. 4. 13-14

En Rm 8, 31 San Pablo ya nos dice que «¿Qué más podemos decir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» De alguna manera podemos aseverar que esta frase paulina sintetiza el mensaje de este Salmo, que es un Salmo del Huésped de Yavé. Dios le da a saber al “Levita”, que aquel que vive en el Templo y ha consagrado su vida a servirle- tiene la mejor parte de la divina Heredad.


En la primera estrofa se dice que -en resumen- no hay nada ni nadie que temer. Dios es nuestro perenne defensor.

 

La segunda estrofa donde se pide una sola cosa, lo único que hay que pedir, lo único que vale la pena: Habitar en la casa del Señor.

 

La tercera estrofa es una conclusión que aquieta, da un vistazo al añorado futuro, al plano escatológico, habitar junto con Dios, en el país de la vida, continuar siendo huésped de Dios por los siglos de los siglos. Entre hoy, y el desenlace sin fin, está el optimismo que nos asiste, esa presencia de ánimo que acompaña a quien confía en el Señor. La firmeza de la Esperanza es nuestro estilo de vida más característico.

 

Jn 6, 1-15

Un movimiento de adentro hacia afuera, hacia las periferias.

La razón de los conflictos principales entre los judíos es lo que Jesús afirma de sí mismo, de su misión, de su relación única con Dios, su Padre

José Cárdenas Pallares.

Nos ocuparemos del capítulo 6 del Evangelio según san Juan hasta el viernes 24 de abril; (el sábado 25, celebraremos la memoria litúrgica del evangelista San Marcos, y leeremos una perícopa de su Evangelio), el lunes 27 de este mes seguiremos adelante con nuestro estudio joánico.


La perícopa inicia con una discontinuidad espacial: estábamos en Jerusalén, ahora, Jesús ha pasado al otro lado del mar, súbitamente estamos en Galilea, de Tiberiades Hay un cambio de marco espacial que indica claramente que aquí comienza el Nuevo Éxodo: Jerusalén, como vimos en la lectura de Jn 3 -regentada desde el Templo por el partido de los saduceos que hegemonizaban el Sanedrín- se había convertido en el Nuevo Egipto; era preciso -de nuevo- sacar el pueblo de la esclavitud, pero, muy especialmente, lograr que se sacudieran de la conciencia de esclavos. Se nos informa que Jesús subió al Monte, para indicarnos la similitud con Moisés que subió a recibir la Tablas de la Ley, pero ahora, Dios no entregará una legislación, se va a entregar a Sí-mismo, para ser comido.

 

“…todo judío debía ir a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Sin embargo, Jesús sale de Jerusalén y va al otro lado del mar de Galilea, a una región de paganos, y el pueblo lo sigue. Con eso Él provoca un movimiento de adentro hacia afuera, de Jerusalén hacia el territorio pagano, como en otro tiempo Moisés había liderado al pueblo en la salida de Egipto rumbo a la tierra de libertad y de la vida. Jesús obra así porque Jerusalén se ha convertido en un nuevo Egipto, lugar en el cual el pueblo es oprimido y explotado. La Pascua que se celebra en Jerusalén no es ya una fiesta de libertad y de vida para el pueblo, sino una ocasión para oprimir y explotar a las personas. (Cf. 2, 13-22) (Ivo Storniolo)

 

Hay un paralelo entre dos mundos: de un lado tenemos el mundo de la carne, donde se compra, donde se trata de resolverlo todo con dinero y -de otro lado- el de las realidades del espíritu. Se nos está hablando de una realidad integral, pero nosotros queremos leerla desde una ideología esquizofrénica: de un lado el espíritu y de otro lado la carne. ¡Siempre procurando descuartizar al “ser-humano”!

 

Jesús cambia su foco de atención: eleva los ojos sobre la “multitud” que se agrupa y le pregunta a Felipe (“el que ama los caballos”, ese es el significado de su nombre) ¿Πόθεν [pozen]de dónde” compraremos pan para que todos coman? Felipe se pone entonces a hacer contabilidad y presenta una cuenta así “por encima”, un cálculo aproximado…

 

Pero Jesús está pensando en el banquete Eucarístico, en el ágape, en congregarnos en torno al pan para que seamos verdaderos “compañeros”. El pan siempre presenta la dualidad de “la tentación”, decir pan es decir ser tentado por la ambición de tomar la “mejor tajada”; nosotros no pensamos que “No solo de pan vive el hombre” (cfr. Mt 4,3), sino “dame primero el pan, que todo lo demás es superfluo”; o -en otras palabras- “barriga llena corazón contento”. Y ¿la espiritualidad del comer? Para qué, ¡después de comer viene la “siesta”. (La hora siesta es una elisión de la palabra “sexta”, la hora en que hace más calor y se infunde modorra, que es un letargo, un sopor, una pesadez que impide pensar… mejor dormir, revolcarse en la inconciencia). El Tentador, cuando Jesús sintió hambre la propuso: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.».

 

En vez de mirar hacia abajo, buscando las piedras, mira al “muchacho” -(παιδάριον [paidarion] palabra que en griego es la misma para “Siervo”)- que le presenta Andrés (viene del griego ἀνήρ [anḗr] "hombre"), el hermano de Simón-Pedro. Es interesante ver el papel que juegan los discípulos, no simplemente están allí, sino que es claro que Jesús aprovecha para aplicar su pedagogía, les pregunta, los consulta, lo acompañan, aprenden por testificación, acomodan a la gente, los hacen recostar, para que sean huéspedes del banquete eucarístico, los organizan en “pequeñas comunidades”, evitan que “nada se pierda”, ni nadie, porque gracias a su acción todos se sienten acogidos, miembros de la “comunidad”. La palabra recoger hace pensar en la palabra “sinagoga” que viene del griego, juntar, recoger, reunir; pero también en la palabra ecclesiaIglesia”, que significa “los congregados”, los que han sido “convocados”. Así podemos pensar que los discípulos están allí para aprender a ser Iglesia. Para construir feligresía, para poner en práctica la sinodalidad.

 

Aprender del ejemplo de Jesús que no toma para Sí, sino que διέδωκεν [diedoken] que proviene del verbo διαδίδωμι [diadidomi] “partir-dar”, “repartir”, “distribuir”. Nótese que no reparte así no más, sino una vez εὐχαριστήσας [eucharistesas] “ha dado Gracias” a Dios. De ahí nuestra amada Palabra, nuestro dulce y mitigante Sacramento-Alimento, nuestro Pan bajado del Cielo: la ¡Eucaristía!


«Dios es amor. Pero no amor de telenovela. ¡no! Amor sólido, fuerte, eterno, que se manifiesta en su Hijo, que ha venido para salvarnos. Amor concreto, de obras y no de palabras. Para conocer a Dios hace falta toda una vida; un camino de amor, de conocimiento, de amor al prójimo, de amor a los que nos odian, de amor por todos». (Papa Francisco)

miércoles, 15 de abril de 2026

Jueves de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 5, 27-33

… las autoridades, … elegidas para llevar a cabo la voluntad de Dios, o que se han arrogado el papel de ejecutores del proyecto de Dios, en realidad están en contra de Dios, y exclusivamente al servicio de sus propios intereses.

Ivo Storniolo

Nuevamente los apóstoles van a prisión, los adversarios son los mismos, los saduceos, el partido de los gobernantes del Templo, y de los manejadores de la Ley. Otra vez son conducidos a interrogatorio, y en esta nueva situación, la acusación es la desobediencia. ¿Qué obediencia les había sido impuesta? La prohibición de seguir predicando el Santísimo Nombre de Jesús. La idea era imponerles silencio y callar el Mensaje que Jesús les había entregado y confiado para proclamarlo.

 

Aquellos han conminado -con amenazas- a los apóstoles a callar. Nuevamente, los discípulos ponen por delante la obediencia a Dios, antes que a los hombres. Y, se encargan de presentar el kerigma, para profundizarlo y enraizarlo con aquellos que necesitan que se les repase la lección. Es muy importante que la injusticia quede clara, ellos fueron los que llevaron a Jesús al Calvario, ellos fueron los que lo desangraron. El Sanedrín -en coherencia con las acciones de Pilato- se lava las manos, se niegan a reconocer sus manos tintas en Sangre del Mesías.

 

Notemos como se lavan las manos estos “inocentes”: “… quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. Pero Pedro los encara y los confronta: ὃν ὑμεῖς διεχειρίσασθε κρεμάσαντες ἐπὶ ξύλου· “… Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero”. La palabra ξύλου [xulón] no es precisamente “madero”, más exactamente es “leño”, o “árbol”, la palabra técnica es “estipe” (también estípite), que desde un enfoque especializado se define como tronco columnar, recto y sin ramas, nosotros familiarmente nos referimos a él como “el madero vertical de la cruz”.

 

Vale la pena desgranar los componentes de esta predicación apostólica que declara a Jesús como Salvador. Los elementos del kerigma -en este caso- son:

a)    YHWH resucitó a Jesús

b)    Ustedes lo mataron colgándolo de un madero.

c)    Dios lo ha exaltado con el poder de su Diestra, entronizándolo “Jefe y Salvador”.

d)    Por Su Intermedio, se dona a Israel la conversión y el perdón de los pecados.

e)    Los apóstoles junto con el Espíritu Santo testifican la Naturaleza divina de Jesús y su Mensaje.

f)     El Espíritu Santo se otorga a los que obedecen con su aceptación a Dios.

 

«Si ya antes las autoridades se habían sentido amenazadas, ahora sienten el peligro más inminente aún. Su reacción se vuelve desesperada… Su reacción es la de quien al sentirse amenazado está resuelto a todo. En el fondo, saben perfectamente que ya han sido derrotados». (Ivo Storniolo)


Los saduceos se consumen de rabia y ponen todos los medios a su alcance para matarlos. Subrayamos como la alternativa única que se les ocurre es la más violenta, es acallar las vidas de los dueños de las voces que Anuncian. Siempre el violento busca una cruz que le funcione como mordaza. Su anhelado espejismo es lograr “su paz” y para ellos la paz es hacer enmudecer a sus incomodos opositores: la paz de los cementerios. Es lo que se ha dado en llamar la “cultura de la muerte”, poner sobre sus labios la pesada lápida.

 

Sal 34(33), 2 y 9. 17-18. 19-20

Hay una potente demostración de la parcialidad de Dios en favor del atribulado, y es que Él escucha y responde sus clamores. De nuevo el Salmo de ayer, pero se toman versículos diferentes, para formar las tres estrofas de la perícopa de hoy:

 

La primera estrofa se configura con los versículos 2 y 9 -que se usaron ayer. Bendición y alabanza llenan mis labios, todo el tiempo. La bondad del Señor está a la vista para degustarla y verla.


La maldad no es algo que el Señor deja impune, por el contrario, la enfrenta para destruirla y erradicarla. Así que clamemos al Señor, Él escucha y libra de las zozobras.

 

Cercano para los atribulados, Salvador de los apesadumbrados. El justo contará con el blindaje protector que da YHWH.

 

Jn 3, 31-36.

Continuamos en el capítulo 3 del Evangelio Joánico, pero y en el versículo 22 se produce un cambio en el marco espacial: Jesús se va para la región de Judea. También hay un cambio de personajes, ahora vamos a referirnos a Juan el bautista y sus seguidores. Jesús va a establecer una diferenciación entre los que hablan de cuestiones “terrenales” y los que hablan y se ocupan de las cuestiones “celestiales”. Evidentemente, cada cual da de lo que tiene, el que viene de Hungría podrá platicar sobre sus paisajes y sus costumbres, e que conoce a Chipre, nos aportará noticias de la cultura chipriota.  Pero, solo quien haya estado previamente en el Cielo y conozca al Padre-Celestial, nos podrá hablar de temas Divinos con conocimientos bien fundamentados. ¡Quien desconozca una región, solo podrá contar ficciones o embustes sobre esa realidad!

Pese a todo, cuando se nos cuenta como obra la gente en ciertas naciones, no nos cabe en la cabeza que así sea, pues nuestro pensamiento más corriente es suponer que en todas partes comen, visten y piensan como nosotros lo hacemos. Podemos dar un ejemplo: pensamos, con lógica humana, que en todas partes se educan y corrigen los niños como nosotros lo hacemos y suponemos que Dios-Padre, procederá de la misma forma.

 

«Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con Él. ¡La vida eterna comienza ya en este momento!... De hecho, mediante el bautismo, estamos insertos en la muerte y resurrección de Cristo y participamos de una vida nueva, es decir, la vida del Resucitado» (Papa Francisco)

 

En la parábola de los viñadores homicidas, el Señor envía primero a sus siervos para que reciban los frutos de la cosecha; estos “siervos” son venidos de “la tierra”; pero después, en un segundo momento, confiando que le respetaran la vida, envía a su Hijo, lo comisiona para llevar a cabo el cobro; este Nuevo Delegado, no es de la tierra, es del Cielo y “está por encima de todos”. Él puede mostrar sus Divinas Credenciales y, además, hablarles de las cosas Celestiales, porque Él las conoce de primera mano, ha estado allá y de allá proviene.

 

Si uno no acepta lo que Jesús dice, está afirmando que Dios es mentiroso; no se da cuenta que las palabras de Jesús son las propias Palabras del Padre, y que el Padre le ha entregado a Su Hijo, total Potestad, sobre todo, porque Dios-Padre no da por porciones, tacañas sino con abundancia inmensa. Si uno “no acepta”, en griego es ἀπειθέω [apeideo] “no se deja persuadir”, “se endurece”, “porfía contrariando”; como se puede notar, aquí resuena una nota de “rebeldía”, y la palabra entraña que esa rebeldía es contra Dios. θεός [theós]: la etimología de ἀπειθέω es “alejamiento de Dios”.

 

En cambio, el que cree en el Hijo, recibe por esta creencia, la Vida eterna. El que lo rechaza, está haciendo el peor negocio: cambia la Vida Eterna por la Ira de Dios, porque si hay algo que duela al Padre es la impugnación de su Amadísimo Hijo.

 

«… también el cuerpo de cada uno es resonancia de eternidad; por tanto, ha de ser respetado siempre; y sobre todo debe ser respetada y amada la vida de todos los que sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, de esa condición de vida eterna hacia la que caminamos. Este pensamiento nos da esperanza». (Papa Francisco)


Así podemos regresar e iluminar el tema bautismal “nacer de nuevo de agua y del Espíritu”. Recientemente hemos visto que Jesús nos da el Espíritu, sopla sobre nosotros y nos impulsa con la energía vivificante de su Aliento, de su Halito (anhelito). ¿Y el agua? “Espíritu y Agua, cielo y tierra, Cristo e Iglesia van unidos: de esta manera se produce el “renacer”. En el sacramento, el agua simboliza la tierra materna, la santa Iglesia que acoge en sí la creación y la representa” -nos dijo Benedicto XVI.

martes, 14 de abril de 2026

Miércoles de la Segunda Semana de Pascua


Hch 5, 17-26

Ayer comentábamos sobre los “sumarios”, y dijimos que había un tercer sumario, en los cinco primeros capítulos; y que el tercero era 5, 12-14; y, ahora resulta que nos lo hemos saltado ...

 

Por si acaso, antes de entrar en la perícopa de hoy, demos un vistazo al tercer Sumario, solo por ver qué nos traía…

 

“Por obra de los apóstoles se producían en el pueblo muchas señales milagrosas y prodigios. Los creyentes se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón, y nadie de los otros se atrevía a unirse a ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima. Más aún, cantidad de hombres y mujeres llegaban a creer en el Señor, aumentando así su número”.

 

Ah, se trata del crecimiento de las comunidades cristianas, en Jerusalén. El catalizador de ese crecimiento era producto de “las σημεῖα [semeia] “señales” y τέρατα [terata] “milagros”. No podemos decir otra cosa, sino que Dios los acompañaba en su misión de construir comunidad obrando unos portentos que la gente tenía que aceptar que solo Dios podía hacerlos. Cómo sería que el simple contacto con -por ejemplo, la sombra de Pedro- sanaba enfermos.

 

Tenemos aquí, a continuación, la perícopa de hoy: como punto de partida, la presentación de los antagonistas, a saber, la secta de los saduceos, a la que pertenecían el sumo sacerdote y toda su cohorte. Estos apresaron a los apóstoles y los enviaron a prisión. Pero he aquí que un ángel del Señor vino a franquearles la salida y los dirigió al Templo. Quizás desde otra óptica, y sabiendo la animadversión que los poderosos del Sanedrín les tenían, deberían haber aprovechado la oportunidad para ponerse fuera del alcance de sus perseguidores y escapar del peligro. Esta es la perspectiva humana, pero veamos ¿cuál era el enfoque Divino? Vayan al Templo y allí expliquen a todos, estas palabras de vida. Así, tan pronto amaneció se pusieron a la obra, y comenzaron a predicar.

 

¿Qué hacen en ese momento los sátrapas del Templo? Encabezados por el Sumo Sacerdote, llamaron al Sanedrín en pleno y enviaron a traer a los apóstoles de la cárcel. Aun cuando la cárcel estaba cerrada y guardada por los centinelas apostados en las puertas, allá adentro, no estaba nadie. ¡Pues claro! Esto era inexplicable. De pronto prorrumpió uno notificando que los apóstoles se hallaban en el Templo, predicando, tan campantes.


Enviaron a recapturarlos, pero, a traerlos por las buenas no va y fuera que el pueblo se les amotinara. Como se dice, ¡el miedo no monta en burro! Porque, obvio, el burro no es un vehículo para afanes, y aquí la cuestión era de urgente solución y toma de férreas medidas por parte del sequito de los Saduceos. Estaban procediendo afanados por su ζήλου [zelou] “celo”, valga decir, al fragor de sus sentimientos que veían como estas “actividades” de los cristianos, eran amenazantes -en grado sumo- para su estabilidad, ¡nada mejor que detenerlos cuanto antes!

 

Sal 34(33), 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Se ha organizado la perícopa con 4 versos tomando para ello 8 versículos consecutivos, de dos en dos, de este Salmo alefático, donde cada verso empieza con una letra del alefato. Es un Salmo de Acción de Gracias.

 

En la primera estrofa, se bendice y se alaba al Señor, convocando preferencialmente a los 

עֲנָוִ֣ים [anawin] “pobres”, “mansos”, “humildes” a la escucha y la alegría.

 

Se convida -en la segunda estrofa- a superar el aislamiento individualista y a reunirse en “asamblea” para proclamar la grandeza y ensalzar el Santo Nombre de Dios. Declarando que, si uno se remita a Dios y pone ante sus Ojos y en sus Manos sus afanes y preocupaciones, el inculca el sosiego y da paz y fortaleza espiritual.


La tercera estrofa, siguiendo en la misma línea, afirma que si -en medio de las aflicciones se invoca al Señor- Él lo escucha y lo salva de las angustias. Así que, ánimo, contemplémoslo y nuestro rostro resplandecerá con su Fuerza protectora en vez de mantenernos agraviados.

 

Gustar y saborear, ver y contemplar la Bondad Ilimitada de Dios que comisiona ángeles protectores que pone para escoltar a los que amán y respetan el Santo Nombre. En particular, saboreemos y degustemos los frutos espirituales cuyo elenco se presenta en Gal 5, 22.

 

Es por esto -y por mucho más- que el responsorio destaca una y otra vez, que el Señor jamás defrauda.

 

Jn 3, 16-21

Pieza maestra del kerygma

El dialogo tenso y dramático, de Jesús con Nicodemo es una progresiva iluminación de la Palabra para hacerlo venir a la luz, partiendo de lo que ya sabe para conducirlo a aquello que ignora, aunque desea.

Silvano Fausti

Podemos pensar que sí a Dios le interesara lo más mínimo el destino humano, si Él nos tuviera destinados al juicio y a la perdición habría destinado a Su Propio-Único-Hijo para nuestra Salvación. Por el contrario, tal es prueba fehaciente de que no sólo se interesa y se preocupa un poquitín, sino que ¡nos A-M-A con derroche! Con un Amor generoso que no discrimina por nacionalidades, es un Amor que cobija a todo el mundo. El Fruto Excelso de este Amor es para nosotros la Salvación.


Esta Entrega de Su Hijo tiene una implicación, es que Él no nos juzgará por no creer, somos nosotros los que nos auto-condenamos y nos ponemos la soga al cuello y nos impulsamos con vehemencia a la muerte eterna, porque no aceptamos el Don. ¡Nos tiramos de cabeza al abismo, con arrogante porfía!

 

¿Cómo podemos ser tan “tercos”? ¿cómo podemos persistir en tamaña obstinación? ¿cómo podemos obcecarnos en cavar nuestra propia fosa hacia la oscuridad perpetua? Pues, no cabe otra respuesta, por que amamos las tinieblas, ¡es evidente! ¡sólo quien detesta la luz, corre hacia la oscuridad!

 

Nos avergüenza reconocer el error y preferimos conservar el orgullo, aunque nos cueste la Vida Eterna.

 

Estamos llamados -en nuestra fe- a nacer de nuevo. Estamos convidados a dejar los odres viejos y estrenar unos enteramente nuevos. Pero esto implica una “conversión”. Uno puede malinterpretar la fe como si bastara decir “yo creo”, pero nada más pasara. La fe tiene un consecuente vital; si creemos, permitimos que lo que creemos nos trasforme, ese cambio no es mágico, no es instantáneo, es un proceso, es un “éxodo” de 40 años. Si de verdad dejamos que Jesús entre en nuestra vida, aceptaremos la transfusión que deja escapar la sangre propia para que sea Su Sangre la que transite nuestras venas. Necesitamos acercarnos a la Luz, dejarnos iluminar por su Esplendor.

 

Este dejarse iluminar -lo vamos a repetir, es “la conversión”-, la que en griego se llama μετανοῖεν [metanoien] “metanoia”, “una transformación profunda de la mente y el corazón”, “un “re-direccionamiento vital”. Representa un cambio radical en la forma de pensar, sentir y vivir, implicando una revisión de creencias y una renovación personal. Se describe frecuentemente como "cambio de dirección", si al disparar nuestra flecha, iba mal encaminada, nuestra flecha tiene incorporado un sistema de corrección “a distancia” que le permite “corregir” el rumbo, para llegar donde “debe”.

 

¿Qué quiere decir una transformación profunda de la mente? Quiere decir que seamos capaces de ver que el trono de Jesús es la cruz. Significa ver que la serpiente levantada en la asta, no es simbólica de la muerte, sino que simboliza la vida. Entender que el bautismo no es solo entrar en contacto con el agua, sino que se tiene que permitir que en lo sucesivo sea el aliento del Espíritu el que llene nuestro velamen y nos impulse en su dirección: cuando el agua nos toca, el Espíritu sopla, pero nosotros tenemos que tender las velas y angularlas para que puedan recoger la fuerza propulsora del πνεῦμα [pneuma] “respiración” Divina, porque nuestra vida es la de una barca movida por el viento que Dios sopla en nuestro velamen.

 

Déjennos añadir algo redundante: si las velas no se ponen en el ángulo preciso que recojan ese “soplo impulsor”, no llegaremos a ninguna parte. El “viento” pasara derecho y nosotros seguiremos ahí, estancados. Poner las velas en el ángulo apropiado, ¡eso es la fe! Aquí es donde cabe decir con Santiago, “Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se muestra con hechos, es una cosa muerta”. (Stg 2, 17)

 

La culpa es nuestra si al evangelizar lo hacemos mal y hacemos que la gente crea que los marineros existen para dormir en cubierta y broncearse al calor del sol y que las velas se dispondrán automáticamente. ¿Saben ustedes cómo se llama quedarse en el barco, ahí tirados, cuan largos somos, recostados en las “asoleadoras plegables”? Eso es lo que se llama “pecado”. Si destilamos el pecado hasta dejar su esencia lo que tenemos es un frasco de σκότος [scotos] “oscuridad”, “tinieblas”, “la médula del pecado”.


«El juicio para quien, a pesar de conocerla, no acoge la Palabra hecha carne, consiste en preferir las tinieblas a la luz, la muerte a la vida. Es el propio hombre quien enjuicia al hombre, no Dios … el que es bueno está bien dispuesto y cree, mientras que el que es malo se muestra reacio y se niega a creer…» (Silvano Fausti) 

lunes, 13 de abril de 2026

Martes de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 4, 32-37

Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno.

Hch 2, 45s

 

Hoy continuamos en el capítulo 4, podríamos decir, que con su segunda mitad. Ayer tomábamos el título que se sugería para la perícopa de ayer: “Los creyentes piden confianza y valor”. Hoy también tenemos el título propuesto: “Todas las cosas eran de todos”. Porque nos ayuda a entender qué es la koinonía.

 

Si vamos con atención, avanzando en los Hechos de los apóstoles, descubrimos que en los cinco primeros capítulos se presentan tres “sumarios”: 2, 42-47; 4, 32-35; 5, 12-14. Es decir, que hoy nos las vemos con el segundo “sumario”. Su carácter de sumarios, es muy claro y desarrollado, los sumarios serían un género bíblico donde se resume el modo de ser, los rasgos esenciales de la vida comunitaria. Aquí se habla de cómo los cristianos compartían sus bienes. Luego, vendrá un ejemplo que ilustra qué es esto de la koinonía, con el relato de la generosidad de Bernabé.

 

El hagiógrafo -San Lucas- nos presenta una descripción de la Comunidad- condensándola en una fórmula: “tenían un solo corazón y una sola alma”. Era una comunidad cuya solidaridad les había permitido alcanzar la “unanimidad”; allí donde se da la unanimidad, se salvan de salida las discusiones, las divergencias, el sectarismo, el grupismo. Esta unanimidad se expresaba en un carisma que borraba todo tipo de egoísmo, y de avaricia personalista. “lo poseían todo en común”. Supuesta esta condición de koinonía, se daban las condiciones para que “no hubiera necesitados”. Los apóstoles eran los encargados de administrar y enfocar la destinación de estos fondos que se recababan entre todos. La unanimidad trasparenta la Presencia del Resucitado.

 

En la actualidad hemos viralizado otro tipo de relación, ¡todos somos y todos pensamos diferente! Si en una habitación hay cuatro personas, suponemos -como punto de partida y base lógica- que habrá 4 posiciones discordantes. Atención a la palabra “discordante” que significa “corazones diferentes”: que en Babel fue llevado a su máxima potencia. Y nosotros mismos -so capa de impulsar la “inclusión”- operamos a partir de esta misma premisa. E incurrimos, muy seguro que por ingenuidad- en la ideología del “individualismo”, estimulando lo que constituye la razón de ser del único-enemigo: “la división”. Se produce un paulatino alejamiento de la fe, y una progresiva eliminación de nuestra “imagen y semejanza”. ¡Cuán democráticos somos!

 

La perícopa de hoy concluye señalando el ejemplo de un levita. Los levitas, pertenecientes a la tribu de Leví, no poseían tierras propias en Israel, esta tribu había sido delegada al culto, desempeñaban unas funciones en el Templo que los hacen asimilables, en cierto sentido, a los sacristanes, y en otro sentido a los monaguillos; encargándose de la música, la custodia, el transporte del arca y la enseñanza de la ley. Los levitas actuaban como asistentes de los sacerdotes, que tenían que ser del linaje Aaronico. El primer sumo sacerdote fue Aarón, hermano de Moisés. Sus hijos y sus descendientes heredaron el servicio como sumos sacerdotes de la nación de Israel (Éxodo 29). Solamente el sumo sacerdote tenía autorización para entrar en el Lugar Santísimo en el tabernáculo del Templo, y eso solo una vez al año en el Día de la Expiación. El sumo sacerdote encabezaba el Sanedrín -que era como la Corte Suprema- pero no tenían autoridad para imponer la pena de muerte. De hecho, los sumos sacerdotes judíos estuvieron implicados en la condena a muerte de Jesús.

 

El levita al que se refiere hoy la perícopa, era de origen chipriota -se llamaba José y los apóstoles lo nombraban como Bernabé, o sea, “hijo de la consolación”- que era dueño de un campo, y lo vendió para poner ese dinero, también él, a disposición de los apóstoles y para el bien de toda la comunidad creyente.

 

El concepto que cobra vigor hoy, es pues este, de la κοινωνία [Koinonía] “comunión”, “compañerismo”, “puesta en común”. Que designa la distribución o puesta en común de los bienes materiales. No se puede añadir agua a los conceptos que propone la Sagrada Escritura hasta diluirlos tanto, que terminen en nada, completamente aguados. Baste leer lo que dice la perícopa que hoy nos ocupa para saber cuál era la propuesta apostólica a la que le apostaban: la que les iluminaba el Espíritu Santo.


Además de la simpatía que desataban, los creyentes se habían atraído la admiración por el mucho valor con el que daban testimonio de la Resurrección del Señor.

 

Sal 93(92), 1ab. 1c-2.5

Salmo para acompañar el cortejo real que marchaba hacia la entrega al “monarca” de los emblemas reales y a la presentación de armas por parte de su ejército. En la primera estrofa de la perícopa proclamada hoy, nos llama la atención y nos enfoca en la Vestimenta Real, uno de los emblemas reales. Es indudable que por su porte y su elegancia distinguimos al Rey.


Miremos la Segunda Estrofa: En la Realeza de Dios, el Atuendo es la firmeza del cosmos, que ha sido cimentado para siempre.  Las estrellas y todas las constelaciones serían el bordado del Manto Divino. La Creación no titubea, el Cosmos -quizás a alguien le parezca verlo tambalear, pero no nos cansamos de ver como recompone su estabilidad, y guiado por la Misericordia, se restaura. Su ecuación entraña la recomposición autónoma de los valores reparadores.

 

¿Con qué atuendo asistiremos al Templo a rendir honores a su Eterna Majestad? ¡No lo dudéis, con las galas de la Santidad! No se trata de finos ropajes con marca de modistos internacionales. Nos acicalaremos con el traje de la fidelidad a sus Tiernos Mandatos. Nuestras Galas serán siempre las Vestimentas Blancas del Bautismo, lavadas en la Sangre del Cordero.

 

Jn 3, 7b-15

Hoy vamos adelante con el dialogo entre Jesús y Nicodemo. Es importante tomar en cuenta el vocativo que le dirige Nicodemo a Jesús, porque con la palabra que lo “llama” define la relación que quiere establecer con Jesús, y cómo visualiza a Jesús en su corazón. Le dice: Ῥαββί [Rabí] “maestro”, más específicamente “Maestro de la Ley”, es el apocope de la palabra rabino, que deriva de la raíz hebrea רַב [rav], la cual significa, en hebreo bíblico, «abundante», o sea que, había acumulado en su mente una abundante cantidad de hechos (conocimientos) bíblicos. Esta Ley remite a la Torá. No es la Ley Civil, sino la Ley del Judaísmo, dada por Dios, a través de Moisés.


¡Cuántas veces nos habrá ocurrido que percibamos el ulular del viento, pero -a falta de una veleta- no podamos determinar su dirección! También, en muchas oportunidades, una veleta, o una tira de tela o un gallardete de papel nos permite determinar la dirección -provisional- del viento pese a lo cual, no podemos saber, en sus caprichos, cuantos segundos más tarde, el viento cambiará completamente de dirección. A veces, hasta los meteorólogos apoyados en su instrumental y en la información satelital, no logran precisar -al final de cuentas- para donde ira la ráfaga… Los hijos del “espíritu”, llevan en sus venas este ADN, de la sorpresiva, variable e impredecible multi-direccionalidad.

 

Ciertos saberes, quedan -para nuestros sentidos- completamente a trasmano. No sabemos a dónde van las exhalaciones del “viento”; tampoco, podemos comprender el encadenamiento de los sucesos espirituales. Escasamente -y dentro de un margen muy limitado- podemos hablar de las cosas de la carne, las cuales -aun cuando somos de la carne- nos cuesta entender. Mucho mayor es nuestra limitación para los saberes del espíritu. Es Jesús, Quien viene de lo Más-Altamente-Espiritual Quien nos puede dar razón. Es Él quien ha estado Allí, es el Quien conoce la Voluntad del Altísimo, para Él, nada de lo Celestial es misterioso. Deberíamos saber aceptar su Palabra y no dudar de su Revelación. Él conoce el Secreto de la Misericordia, Él sabe descifrar Su Gigantesco Amor.

 

Jesús pone en el tinglado un reproche: Los Maestros de Israel, como lo era Nicodemo, debían saber perfectamente los temas terrenales y suficientemente, los angelicales.

 

Nicodemo era fariseo, maestro de la ley y miembro del Sanedrín. Con estos tres títulos alineados, se entiende que Jesús dijera que “debían” saber y entender muy bien las cosas de la fe para poder guiar el pueblo de Dios y resolverles sus dudas. En particular, como maestro de la Ley, tendría que ser un verdadero “entendido” de las realidades espirituales y de los anhelos que Dios ha depositado en su humanidad, en sus criaturas. Por eso, Jesús parece asombrarse que Nicodemo, como maestro de la Ley, no “entienda”.

 

De nada nos sirve y para nada nos vale aprender de memoria los largos códigos y los detallados catálogos legales; vano y estéril será el esfuerzo si solo evitamos infringir la Ley y no alcanzamos a sembrar las semillas del Amor.

 

Levantar a Jesús en la Cruz, sintonizar con ese ímpetu que lleva a Jesús hacia las Alturas, es apenas iniciar una tendencia. Pero, será el Padre quien lo haga sentar a su Derecha. Nosotros, en nuestra contemplación podemos volver nuestra mirada hacia Él, procurar no perderlo de vista, conscientes de que al mirar la Serpiente de Bronce sanaremos de la picadura mortal y ganaremos Vida Eterna. Cómo expertos marinos, debemos estar atentos a ver por dónde sopla el Espíritu-Amor, para tender el velamen y aprovechar al máximo su ímpetu.

 

Jesús, refiriéndose a Sí mismo y a sus discípulos le aclara que ellos hablan de lo que “saben” y que dan testimonio de lo que “les consta a sus ojos”. Ellos están bloqueados en su “ignorancia” y esa ignorancia es la que se traduce en “increencia”.

 

Pero ellos de estas realidades no saben nada, porque ni sus oídos han escuchado las Voces Celestiales, ni sus ojos han visto las realidades Divinas.  El Único que ha estado previamente allí y ha recibido la experiencia de la “Vida Eterna” con sus propios sentidos es Jesús, porque es el “Hijo de Dios” y Él viene de Allá. Siendo Hijo de Dios se ha hecho Hijo del Hombre, o sea “ser humano”, para solidarizarse con nuestras limitaciones y subsanar nuestras ignorancias.

 

Para liberarnos de las consecuencias de nuestros extravíos Él tendrá que dar un paso más: es el Paso Redentor. ¡tendrá que sacrificarse y dejarse levantar como l serpiente del Desierto, en la asta de una lanza. El colmo de este Sacrificio será que la asta lo atravesará y romperá su costado y de allí manará la Iglesia-Sacramental, como Sangre y Agua Redentoras.


El que acepte al Crucificado como Redentor, gozará de su Fruto que es tener Vida-Eterna.

domingo, 12 de abril de 2026

Lunes de la Segunda Semana de Pascua

 


Hch 4, 23-31

Toda la perícopa se desarrolla en un clima de oración. Pero la propia oración transcurre en diferentes momentos: La comunidad vive una cierta experiencia, y puede suceder que percibamos la vida como una sucesión de episodios en los que pasan ciertas “cosas”; de ser así, nos quedamos en la superficie de los “hechos”, sin lograr “vivirlos”, es como si las cosas que pasaran nos “vivieran” a nosotros, como avatares, como entes y versiones diferentes del “multiverso”. Donde las circunstancias nos manejan. Esta perícopa se ha intitulado “Los creyentes piden confianza y valor”, ¿a quién se la piden? ¡Al Señor!

 

¡No es lo que sucede aquí! Primero la comunidad evalúa ¿qué es lo que ha pasado? Toda la comunidad pone estos hechos ante el Señor. A continuación, -se eleva a un nivel mucho más alto- va a la Palabra de Dios, y confronta lo que le ha sucedido, con lo que Dios dice: Lee la experiencia a la Luz de la Palabra de Dios. No sólo se presenta una cierta Lectura Bíblica, sino que esa Lectura Bíblica ilumina la realidad para “interpretarla”.

 

Luego, vienen una serie de ruegos (Oración Universal de los Fieles), donde una vez entendida la “experiencia” a la “Luz de la Palabra” se ruega a Dios que haga su intervención. Lo que muy frecuentemente se pide es que Dios impida que esto pase, o que las consecuencias del hecho nos atropellen, o que Dios castigue, o premie y que logremos huir a salvo de la “experiencia”. Pero aquí, las peticiones presentadas piden otra cosa: «Concede a tus siervos predicar con valentía, llamando a cada cosa por su nombre”, sobreponiéndose al temor y a las amenazas que intentan presionar para difuminar el significado de los hechos y sus implicaciones. Que el Cielo extienda Su Mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el Nombre de tu Santo Siervo Jesús». (Hch 4,30)

 

Dios “habla” concediendo los dones necesarios a la misión encomendada, ratifica Su Presencia, Su Escucha, Su Acompañamiento; y da la señal de asentimiento, un ¡Yo estoy aquí respaldándolos!, «estas comunidades no piden, no obstante, que Dios las proteja o las libre de dificultades o persecuciones. Piden que se les dé le valor para que sus miembros sigan anunciando la palabra liberadora y coraje para llevar a efecto las acciones concretas que dan testimonio de liberación» (Ivo Storniolo)


Ese respaldo, en este ejemplo es un ἐσαλεύθη [esaleuthe] “temblor”, “la sacudió”, “la agitó”, una “agitación”, un “estremecimiento”, verbo -en este caso- puesto en voz pasiva. Y, viene ahora, el compromiso con el cumplimiento de la misión encomendada: Se ponen a predicar con παρρησίας [parresias] “valentía”, “abiertamente”, “duélale al que le duela”, “con total franqueza”, “con entera decisión”.

 

Comparemos esta oración, que va desde Hch 4, 24-30; con esta isaiana, que citamos ahora a continuación:

 

"Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha todas las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han arrasado todas las naciones y sus territorios. Ellos han arrojado sus dioses al fuego, porque no son dioses, sino obra de las manos del hombre, nada más que madera y piedra. Por eso los hicieron desaparecer. Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano! y que todos los reinos de la tierra reconozcan que ¡Tú sólo, Señor, eres Dios!". (Is 37, 16-20)

 

Separando los “legos” de la perícopa:

Versículo 23: Se rinde un informe de lo que les ha ocurrido a Pedro y Juan en cumplimiento de su consigna de proclamar el Evangelio.

vv. 24-26 Se da inicio a una oración que, como ya se dijo, es un paralelismo con una, que proviene del Primer Testamento.

vv. 27-28 Se muestra como el paralelismo descubre un complot de los “poderosos” contra el “Siervo Sufriente”. Se trata de una relectura de la Palabra de Dios a la Luz de Jesucristo.

vv. 29-30 No se ruega a Dios que “elimine a los poderosos” sino que los desenmascare derramando Misericordia.

v. 31 el Señor, el Espíritu Paráclito, expresa su aquiescencia, como diciendo: “Lo que has pedido os lo concedo”: Dios vence el temor con παρρησίας [parresias] injertando en ellos el don de la “convicción”. Cuando se está poseído por la convicción se anuncia con “total libertad de expresión”.

 


«La garantía de la comunidad radica en el hecho de que ella está procediendo de acuerdo con la inspiración de Dios, como si por su medio Dios mismo estuviera actuando, comunicando la Palabra que libera. Dios es omnipotente, pero depende de la boca de las manos y de los pies de las personas humanas, para que su proyecto se haga históricamente visible» (Ivo Storniolo)

 

Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9

Para “digerir” esta experiencia que Pedro y Juan han vivido de encarcelamiento y puesta en libertad, la Lectura Bíblica elegida es el Salmo 2. Efectivamente, como lo explica Hch 4, 27, Herodes y Pilatos han conspirado contra “tu Santo Siervo Jesús”, conforme en este Salmo se anunciaba: que habría conspiración contra el מָשִׁ֫יחַ [Masiash] “Mesías”. Este Santo Siervo fue Ungido por Dios, es decir, establecido por YHWH como Mesías. Cumpliéndose, además, que los gentiles cohonestaron con los Israelitas para urdir contra el Salvador.

 

En el verso 3, se habla de מוֹסֵר [moserah] “coyundas”, "ataduras"; en el sentido de romperlas, de liberarlos; y de suprimir las עֲבֹת [ab-oth] “ataduras”, “cuerdas” “yugo” que pesaba sobre ellos.

 

Dice que el Propio YHWH ha puesto, o sea ha elegido, ha designado como Rey de Sion, Lugar Santo de la preferencia Divina, sede y Capital de su Celestial Delegación para el gobierno de toda la tierra, a su Mesías.


En la Tercera Estrofa, señala la designación Real que ha hecho el Señor de su Hijo para este Encargo Liberador, designación que ha quedado consignada en un Escrito, no es algo dicho de paso, sino algo que ha sido Notariado incluyéndolo en las Escrituras: esta designación no abarca una pequeña territorialidad, no está recluida en cierta zona, sino que llega más allá de toda demarcación limítrofe; además, ostenta Total y Plena Autoridad, es nombrado “Rey con Soberanía Total”. En esta tercera estrofa de la perícopa de hoy aparece el verbo “engendrar” que uno lo lleva automáticamente a pensar en “ser puesto en el vientre materno”; sin embargo, en este caso, esta palabra se tiene que entender como “resucitar”, «Tú eres mi Hijo: yo te he יָלַד [yalad] “engendrado” hoy» (Sal 2, 7), o sea, “te he resucitado”, en el sentido de establecer con ese acto un linaje, al ResucitarLo -re-(reiteración o intensidad: "de nuevo", "hacia atrás") y el verbo suscitāre ("levantar", "mover" o "despertar") y lo ha sentado en el Trono Mesiánico y ahí empezó un linaje que no se interrumpirá jamás, en síntesis, lo ha engendrado Rey, entregándole la mismísima Filiación Divina. Lo que Dios ha hecho no es sólo procrear un hijo, lo que ha realizado es todo un Evento, ha dado a Luz Su Dinastía. Por eso, se trata de un Salmo Real, donde el Mesías es Entronizado.

 

Jn, 3, 11-3.

Desde hoy, y por cuatro días de esta Segunda Semana de Pascua, nos ocupará el capítulo tercero del Evangelio según San Juan. Encontramos a Nicodemo en dialogo con Jesús, hablando de un asunto esencial del cristianismo: el bautismo. Pero, quizás, lo primero a decir es que no es un bautismo de agua; sino un bautismo de agua y de Espíritu.

Y lo segundo, es -de nuevo- el asunto de las “fronteras”, el alcance de la autoridad y la validez de cobertura del sacramento, implícitamente se está hablando de qué pueblos o qué culturas recibirán este Sacramento, sobre quiénes podrán recibir este Don. Iremos podo a poco, esclareciendo, el tema conforme nos adentremos en el capítulo.

 

Nicodemo era un judío, y no un judío cualquiera, sino -conforme se nos informa al inicio de la perícopa, un ἄρχων τῶν Ἰουδαίων “jefe judío”, “un magistrado”, “un gobernante”; además, un fariseo, que significaba “purista”, “uno que voluntariamente se había puesto aparte para conservar y practicar más a fondo las “reglas” y/o “leyes” de su grupo. Este personaje, viene a “dialogar” con Jesús, ¿en qué momento? ¡de noche! (Cfr. Jn 3,2). Nicodemo personifica la Ley. En la perícopa lo vemos personificar otro significado, la “vejez”, que él mismo trae a cuento cuando pregunta “¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? Es como si preguntara: ¿cómo yo que ya soy viejo puedo beneficiarme de lo que me estás diciendo sobre “nacer de nuevo”?

 

Esto es lo que nos suele suceder, Dios pronuncia sus palabras y nosotros las enclaustramos en la zona de lo “ilógico”, de los “imposibles”. Decimos que Dios lo puede todo, que su realidad no está delimitada por las leyes “naturales”; pero, al momento de aceptar su Palabra, decimos: “absurdo”, como puedo “renacer” si ya llevo mis estudios de mortalidad muy adelantados y estoy al borde de graduarme y ocupar espacio en una tumba.

 

La visión que tiene Nicodemo es que Jesús tiene por misión hacerle a la Ley los ajustes necesarios para remozarla. Podemos figurarnos la situación efectiva como la de un magistrado que viene a consultar a un prestigioso jurisconsulto sobre las adecuaciones urgentes que se deben hacer a la Ley, hagan de cuenta, una consulta para disparar una constituyente: Para Nicodemo, desde su posición, Jesús es un Rabí, un preclaro jurista ¡y ya!

 

Tengamos en cuenta al leer este capítulo 3 según San Juan, que aquí se está presentando la teología fundante sobre la Santísima Trinidad: y en esta perícopa, en particular, al Espíritu Santo y al Hijo. Con todo lo importante y lo esencial que es conocer la Ley, no se puede perder de vista que se puede vivir con entero ajuste a la Ley y, sin embargo, no haber amado nunca a nadie más que a uno mismo, o -todavía más grave- a nadie, ni siquiera a sí mismo. ¿Quién es el Espíritu? La Fuerza que nos mueve, la energía que dinamiza la vida, las acciones, el Resplandor que ilumina nuestra mente con cada uno de sus pensamientos, y nuestro corazón con cada una de sus emociones; el Espíritu, Es el Soplo que exhala Dios sobre nosotros como si fuéramos un barquichuelo y Él soplara sobre nuestro velamen dándonos el “impulso”- es este Mandamiento que lo compendia todo y sirve de guía a la vida entera. (Cfr. Jn 13, 34; 1Jn 4,7).

 

El Sanedrín, esa institución judía, termina estando movida por un espíritu de muerte; Jesús -por otra parte- nos pide que nazcamos de nuevo (de lo alto) ἄνωθεν [anothen] que significa “de lo Alto” (hay quienes quieren mermarle la fuerza a la Palabra de Dios y se quedan en “desde lo alto”, y no pasan a ver qué más significa este “de nuevo”), porque además, también significa, “de nuevo”, “desde el principio”, “de arriba a abajo”, “de cabo a rabo”, o sea, “por entero”; no se trata de que una parte sea nueva, no estamos hablando de re-parchar los odres viejos, sino de estrenar “odres”; un nacer de nuevo por completo. Eso es lo que significa “conversión”, un cambio radical de mentalidad, una nueva manera de ver el mundo y nuestra realidad. En ese sentido es que insistimos que el bautismo es un Sacramento que nos lleva a ser una “nueva criatura”, y -por tanto- a nacer de nuevo y totalmente renovados. Ver la historia -incluida la historia personal, familiar, nacional- con unos ojos totalmente nuevos.

 

Es muy claro: “un re-nacer completo y definitivo”, que anula las pautas decrepitas y nos hace Nuevos, no como algo a lo que se le dio una capa de pintura para hacerlo aparentar novedad, sino rotunda y verdaderamente Nuevo, como si -en realidad- hubiera entrado en el vientre materno y hubiera comenzado a ¡vivir una Nueva Historia, una Nueva Vida! ¡Como si hubiera vuelto a nacer!


Ese es el significado bautismal: “Crearnos de nuevo “perfectos” como todo lo que Crea Dios. ¡Se baja a la fosa y se nace de nuevo, una Nueva creación!