viernes, 14 de agosto de 2026

ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

María asunta al cielo, símbolo de la Iglesia y del pueblo de Dios

Ap 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab

 

María no se atribuye más que el "título" de sierva: es "la esclava del Señor" (Lc 1,38). No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma.

Papa Francisco

«Tenemos en este capítulo dos mitos fundamentales y antagónicos: una mujer y un monstruo. Ambos aparecen como señales en el cielo. Las señales trasmiten un mensaje y orientan nuestra acción. La primera gran señal en el cielo es una mujer hermosa: aparece vestida de sol, con la luna bajo los pies y con doce estrellas sobre su cabeza. La otra señal es un monstruo horrible: grande, rojo, con siete cabezas y 10 cuernos. La mujer aparece como señal de vida; está en cinta y a punto de dar a luz; luego da a luz un hijo varón. El monstruo es señal de muerte: está ahí para matar al hijo de la mujer; además con su cola arrastra un tercio de las estrellas. Así pues, el sentido fundamental de estos dos mitos es el enfrentamiento entre la vida y la muerte. La vida parece hermosa, pero débil y frágil; la muerte aparece como una fuerza horrorosa y poderosa» (Pablo Richard)

 

Se abrió el Cielo ¿Está, acaso, cerrado el Cielo? ¡Apareció el Arca de la Alianza! Una figura portentosa apareció en el Cielo: Una mujer.

 

Ahora, viene otra señal, esta vez una de carácter negativo: Un enorme dragón rojo (color de fuego). Allí se plantea una oposición, un enfrentamiento con el dragón. El dragón se encuentra acechando a la mujer que va a dar a luz. Su propósito es devorar al niño, tan pronto nazca.

 

Nació el varón, pero sus guardianes no estaban dormidos, lo rescataron y lo llevaron junto al Trono de Dios.  La mujer huyó al desierto, allí Dios le tiene un “lugar” dispuesto para albergarla todo lo que durará la acechanza, hasta la derrota final del dragón. ¿Por qué la huida es al desierto? ¿Por qué no se oculta en otro lugar? El desierto -si evocamos el Éxodo- sabemos que fue un prolongado taller, una escuela donde tomar un curso de 40 años, un verdadero laboratorio de depuración donde deshacerse de las cadenas a las que estábamos tan habituados.

 

Se hace oír la voz del Señor, potente que anuncia la llegada definitiva del Reinado del Ungido.

 

Son verdaderamente toda una sería de “signos” que nos proponen una lucha, no concluida, pero también nos vaticinan el desenlace y la Victoria de Jesucristo que reducirá todas las fuerzas malignas que complotan contra el pueblo Elegido.

 

Estos signos no son arbitrarios, no se han sacado de la fantasía de algún “inventor de códigos secretos”, no se trata -de ninguna manera- de señales espectaculares y fantasiosas para dar colorido al relato; estos signos tienen una profunda raigambre bíblica, y, nos hablan, se articulan a través de un gran “signo” central: Una Mujer. En la historia de la humanidad, hemos encontrado a la mujer como la representante de las grandes batallas, parecería que el hombre tiene una especial fortaleza para los enfrentamientos puntuales, de corta duración, así sean muy fuertes.  Sin embargo, la mujer, parece la representante de esas luchas de larga duración que parecen durar siglos, ella tiene ese aguante que le da la resistencia de “largo aliento”. Quizás su capacitación para la espera -propia del embarazo- la hace más apta para resistir el sitio de asalto a la fortaleza. Honramos en la Mujer esa característica, por ejemplo, para hacer llegar alimentos a los que están en el frente, para animarlos, para elevarles la moral, para llamar a los hijos a permanecer fieles a los valores y principios.

 

El signo del Arca de la Alianza, que en el Antiguo Testamento conservaba las Tablas de la Ley, atesora -en el Nuevo Testamento- la Tabla Viviente de la Nueva Ley: la Ley del Amor. María, que aceptó ser Portadora de esa Nueva Alianza, es el Arca que había permanecido oculta. Ella está revestida con un traje sideral, de sol, luna y estrellas, Su Claridad capta -del cosmos- todas las fuentes de Luz.

 

Volvamos a la pregunta: ¿está cerrado el Cielo? ¡Si! Sabemos que nuestra ruptura de la Alianza nos bloqueó el acceso a la Patria Celestial. Pero Jesús ha traído la Llave que nos abre de nuevo las Puertas. ¡Oh Sorpresa, esa llave tiene forma de Cruz!

 

«Y la mujer no es ya Isis, Leto o Roma, sino el pueblo de Dios, del cual nace el Mesías Jesús». (Pablo Richard)


«Si la mujer es la Iglesia, entendida como nuevo pueblo de Dios, deberíamos decir que su fecundidad y su parto tiene como objeto a Cristo mismo: un Cristo que, en cierto sentido nace de la Iglesia… el Cristo que nace de la Iglesia se realiza indudablemente ante todo desde el interior de los cristianos, pero se expresa y crece en la dimensión de la historia ocupando progresivamente, con su presencia, con sus valores, los vacíos que la “historia” presenta. … cualquier forma de bien, aunque tenue, que los cristianos logren expresar, será una contribución de ellos al crecimiento de Cristo … La Iglesia, por lo tanto, reflejándose en la figura de la mujer, ante todo tendrá que tomar consciencia de “estar en cinta”, es decir, darse cuenta de los valores cristológicos de que es portadora… tendrá que sentirse impulsada asumir a fondo la responsabilidad de expresar a Cristo en el ambiente heterogéneo, o incluso hostil, en el que tiene que vivir. Esta tarea, como sucede a veces en el parto- podrá hasta costarle la vida» (Ugo Vanni).

 

Sal 45(44), 10bc. 11-12ab. 16

Este es un Salmo Real. Pero ningún Rey es dios, el Legitimo Rey, el Ungido, recibe el respaldo de Dios, pero para ejercer con fidelidad y honestidad el pastoreo al que está llamado, desde el cargo que Dios le ha establecido. Otros pueblos pensaban que aquel que llegaba a rey era porque tenía sangre divina y de inmediato lo reconocían como de la familia de ese dios, y le daban el trato de hijo “de ese dios”. Este fenómeno siempre se acompaña de un lenguaje y un protocolo que da a saber que tal dios habría puesto en el trono a “su hijo”.

 

Aquí, para el pueblo judío, estos salmos tienen sólo el valor de demarcar en qué momento de la entronización estaban. El rey era “coronado” y esa fase se cumplía en el Templo, en el segundo momento se le hacía entrega de su manual de funciones, escrito en un “rollo”.


En este salmo, en particular, nos encontramos en presencia de dos partes: la primera dedicada al Rey, la segunda a su Consorte, o, en este caso, a la Madre del Rey. En este salmo, esta parte de la “Reina Madre” inicia en el verso 10 y se prolonga hasta el verso 17, que es el último del Salmo.

 

Recordemos que Salomón recibía un tributo trienal, llegado de Ofir (supuestamente en el Yemen actual, al suroeste de arabia), de oro -muy precioso-, sándalos y perfumes. Sin embargo, este tesoro paso a significar, con el tiempo, la espiritualidad intensiva de una persona. La Reina-Madre está revestida de la innumerable espiritualidad intensiva, y no a cualquier lado ni en cualquier parte, sino a la derecha del Rey, revestida de dignidad y las más ricas “joyas místicas”.

 

Todo su pasado y su parentela ha de pasar al olvido, ahora lo que cuenta es el profuso Amor que le concede el Príncipe Real. Él está enamoradísimo de Ella, la ama con Tierno amor de Hijo.

 

Los corazones se alegran y tintinean, parece que en su pecho hay festejo y campaneos y trinos, y gorjeos, así hacen su ingreso al Palacio Real. ¡Qué algarabía! ¡Qué Fiesta!

 

1Cor 15, 20-27a.

Tenemos dos hitos históricos: Adán y -el Segundo Adán- Jesús. El primero fue como un ensayo fallido, el Segundo fue el Logro. Adán nos acarreó la muerte, Jesús nos ha traído la Resurrección.

Pero, los que no pueden soportar la idea de la Resurrección, prefieren afirmar que la muerte de Jesús refleja el fracaso del Plan de Dios. En verdad lo que hacen es procurar ratificar la muerte de Jesús, para no tener que reconocer su propia derrota. Lo que ellos querrían sería dejar a Jesús bajo lápida, para garantizar que su violencia y su capitalización de la muerte ya ha vencido.

 

Si la muerte ha sido vencida, quiere decir que su injusticia no se mantendrá, que nada la sostiene y que su derrota es segura y está en firme.  Quiere decir que tarde o temprano su ruido será silenciado por la Verdad. Entonces se les acaba el ruido de su motor y su máscara se derrite, porque su supuesta victoria, no es más que eso, una máscara plástica y cuando pasa un momento se derrite y se escurre, y entonces, ¿qué es lo que queda? ¡Nada, ni siquiera una chorreadura de plástico desleído!

 

Levantemos todo este tinglado de falsedad, dejemos que resplandezca la Verdad. Ellos seguirán haciendo preguntas y pidiendo demostraciones, porque no pueden reconocer su derrota y mirarla a los ojos.

 

¿Quién es el Primero en volver? El Ungido, Su-Real-Majestad. Todas las potencias y jerarquías del Malo, estarán atafagadas celebrando sus propias exequias. Quedaran allí regados, como tapetes a la entrada para que otros pasen y se limpien los pies. Al final ¿qué habrá? la muerte aniquilada, -nos lo dice la perícopa de la Primera a los Corintios-  y la Vida será la Triunfadora.


A Jesucristo, todo le ha sido sometido. Gloria al Señor, que nos entregó esta Revelación en esta Carta, en Jesucristo, ¡El Ungido!

 

Lc 1, 39-56

«El cantico atribuido a María es un resumen de la Biblia: en él está todo. Está la polémica implacable contra la riqueza económica y contra la suficiencia del que sintiéndose seguro, desecha la enseñanza. Está la renuncia total a la seguridad, sustituida por la mayor seguridad que el hombre puede encontrar: la que no proviene de los bienes, de valores -dependientes del espacio y del tiempo- …

Arturo Paoli

… sino la de hallarse en un plano histórico que supera el caso personal y que, por esto mismo, tiene el signo de la infalibilidad y de lo concreto, y en el cual la persona, liberada de sus quimeras, de sí misma, del temor, de lo irreal, entregándose a la pobreza total entre a formar parte de una historia que será, forzosamente, historia de salvación». (Arturo Paoli)


Presteza, ¡uno de los maravillosos atributos de María! María, nuestra Señora, la “Llena de Gracia” tiene entre todas esas Gracias: la Celeridad, la Prontitud, la Diligencia. Nos encanta cuando ante nuestra necesidad recibimos pronta respuesta, nos fascina el slogan de María, así como se lo dijo a Juan Dieguito, ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Madre Santísima que con igual rapidez vas el Tepeyac, antes a Cæsaraugusta -a fortalecer a Santiago-, y primero que todo, a Ein Karen, “Fuente del Viñedo”.

 

Allá, en casa de זְכַרְיָה [Zacarías] “de quien YHWH se acordó”, llegó la Santísima Virgen y saludo a אלישבע [Elisheva] “YHWH le hizo una Promesa”, y יְהוֹחָנָן [Yehojanan] Juan, “YHWH es Misericordioso”, fue él, el primero en reaccionar y saltó en el vientre de su mamá. Con ese salto en el vientre de Isabel, saludaba a la que sería Asunta a los Cielos y que en aquel momento era Arca de la Alianza.

 

Dijo -en aquel trance- la madre del bautista, reconociendo en María a “la Madre de su Señor”. Expresando el sentimiento de indignidad que la embargaba. εὐλογημένος καρπὸς τῆς κοιλίας σου. [Eulegomenos ho karpos tes koillias sou] ¡Bendito el fruto de tu seno!

 

Fijémonos que אלישבע [elisheva] tiene una videncia que le permite saber que el Señor le había hablado a María, le había Anunciado la Encarnación, y que todo cuanto YHWH le había dicho, se cumpliría.

 

Pronuncia, entonces, María Santísima este himno, el Magnificat, tan diciente, tan expresivo, que articula férreamente al nuevo Testamento con el Antiguo: si no hubiera hundido tan estrechamente su raíz con el Primer Testamento, no tendríamos la identidad de Jesús; es María, en este cántico, la que nos indica donde podemos y debemos buscar para entender que Él es el Hijo del Altísimo, que obra con Poder, que se fija en los pequeños, en los sencillos.

 

¿Quién es el Padre? El tres veces Santo, El que se tendrá que mencionar, recordar y proclamar, de padres a hijos por generaciones para que todos, unos tras otros, vayamos teniendo noticia de Él.


No se quedó reprimiendo la fuerza de su Brazo. Que bien podría haber escogido ese derrotero y guardar un silencio eterno -desesperante para nosotros- y haberse auto-escamoteado, hasta el Final de los Tiempos. Pero, para que no viviéramos en la desesperanza, en el total vació-de-Promesas, tuvo a bien anticiparnos y dejarnos vislumbrar sus Planes e Intenciones. Y, nos ha convocado y hecho coparticipes de su Economía-de-Salvación, para que pudiéramos colaborar en la edificación de su Reino.

 

… por la intercesión de la Santísima Virgen María, que ha subido a los cielos, haz que nuestros corazones abrazados en tu amor vivan siempre orientados hacia Ti.

De la Oración sobre las Ofrendas.

 

Esto no lo entregó a los que lo pudieran acaparar, lo dio para Todo Su Pueblo, a todo el que quisiera hacerse de los de Israel, a todos los que fueran capaces de vivir toda la noche, todo el tiempo de oscuridad, luchando aun sin ver el Rostro ni saber el Nombre de su rival. En cambio, nosotros, por medio de la Asunta, hemos sabido que se llama Jesús, el Emmanuel.

 

Están los que vemos a Dios desde nuestra limitación, lo vemos alcanzar restringidamente hasta donde llegan nuestros pobres alcances, María sólo descubre que donde quiera que mire, Él siempre es más Vasto que la Infinita Vastedad, por eso lo Engrandece, en vez de circunscribirlo.


¡Madre Nuestra, que aprendamos a reconocer y no a “embotellar”! ¡Que sepamos ensanchar, y no “encuadrar”! ¡Madre Santa, que sepamos echar a volar y no “enjaular”! Porque Él se llama Misericordia. Porque la ampliación creciente, se abre en un Circulo Concéntrico -su centro en cada corazón que irradie Amor- y su Radio, Infinito, en favor de Abrahán y toda su descendencia. ¡De la cual somos parte!

 

¡Por siempre!

jueves, 13 de agosto de 2026

Viernes de la Décimo Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ez 16, 1-15. 60-63

Los capítulos 4 al 24 se ocupan de la predica del profeta hasta cuando Jerusalén caiga y sea tomada. Aquí, se hace la historia de Jerusalén desde su nacimiento hasta su prostitución. Jerusalén es presentada como una joven de ninguna prosapia. Más bien una abortada que estaba ahí, tirada, como salida del vientre materno y abandonada a su orfandad, todavía envuelta en cuajarones de sangre:

-No tuvo quien le cortara el ombligo

-No tuvo quien la bañara y la frotara con sal

-No tuvo quien la fajara

-La dejaron tirada en el campo, dirigiéndole el desprecio del asco

 

Lo primero que hace es señalar que entre sus antepasados lo que se encuentra son gentiles, adoradores de ídolos, de la estirpe de Canaán, habitada por jebuseos, de padre amorreo y madre hitita; como señales premonitorias de su estirpe infiel, “la cabra tira pa´l monte” y “el que ha sido, no deja de ser”.

 

Fue Dios el que, al pasar y verla en tan pesarosa situación, se compadeció

-Él decidió que viviera

-La hizo crecer como frondosa planta del campo

-Permitió que se hiciera mujer

-Que se le desarrollara el busto y el vello le creciera

-Pero se mantenía desnuda.

 

Esa era su dolorosa condición cuando se hizo adolescente y llegó a la edad del amor. Y Dios la vistió con su Mano, pactó compromiso con ella y pidió su mano, para hacerla suya. Fue el propio Señor quien

-la bañó

-limpio su sanguaza

-la perfumó

-La vistió con traje de variados y lucientes colores

-La calzó con finas y elegantes sandalias de fino cuero

 

Cubrirle la desnudez es en este lenguaje metafórico el equivalente a sellar con ella una Alianza.

 

Aquí, para esta metáfora, la Alianza se contrae por medio de un cierto ritual que el propio Dios nos describe:

-       La ungió con aceite

-       La vistió con traje bordado, como son los trajes de bodas.

-       La calzó con zapatos de cuero fino

-       Su traje de novia era de lino y seda

-       Las joyas vienen a ser el regalo de bodas: pulseras y collar.

 

Como se puede notar este proceso de engalanarla es un ritual de dignificación y honra. Luego viene la convivencia, donde el alimento es flor de harina, miel y aceite, los mejores manjares y los más deleitosos platos.

 

Continuando la metáfora, viene el mal uso que ella le da a su bienestar, a su belleza, a su buena vida: Andar por ahí con todo tipo de aparecidos, darle sus favores a cualquiera degradando la nobleza de su matrimonio legítimo y usar de su buena fama y su belleza para atraerse amantes que la mancillaran.

 

Cualquier cosa que diga, aumentará su deshonra y la infamaran de peor manera. Ante el perdón maravilloso de su Celestial-Consorte lo único que le queda es el silencio penitente.


 

Detrás de ese silencio, Dios deposita frente a nosotros su petición de reconciliación. Espera que brote de nuestros labios la gentil reconstrucción de este maravilloso Eterno-Amorío. Él nos regala su Magnifico Perdón esperando que venga de nuestro ser la conversión definitiva hacia Él. ¡Y ya la Alianza no se quebrante nunca más!

 

Sal Is 12, 2-3. 4bcde 5-6

El proto-Isaías, para su estudio, lo hemos subdividido en seis partes: La primera contiene los Mensajes relacionados con Judá y en particular con Jerusalén. Esta pieza lirica que leemos hoy, cierra esta primera parte y está puesta justamente después de otro trozo poético que habla del regreso de los desterrados.

 

Hay un referente a tener en cuenta: se alude al linaje de David, mencionándolo, por el nombre de su padre, Jesé, así como se hace, también mención de ese “resto”, el remanente que vuelve.

 

Todo el salmo (Isaíano) no cesa de convocar al pueblo de Sion a dar gracias por la Misericordia Infinita que Dios ha mostrado con esta repatriación. Para nosotros es supremamente recordad la salida de la esclavitud de Egipto, pero para este pueblo, el regreso de la expatriación en Babilonia, se poder afirmar que revestía mayor emoción.


El hagiógrafo se refiere a su Salvador nombrándolo con profunda gratitud porque Él ha sido su refugio, su fuerza y su salvación.

 

Hay esa misión tan clara para el salmista que encomienda a todos sus oyentes, llevar el relato de estas proezas que Dios ha obrado en favor de su pueblo.

 

El versículo responsorial proviene del primer verso del salmo: “Te doy gracias, Señor, porque aun cuando estuviste אָנַ֖פְתָּ [anepta] “enojado”, “airado”, “furioso” (la etimología de esta palabra hebrea es “respiraba duro”, “tan bravo que rugías”) conmigo, tu ira ya pasó y me has נָחַם [nacham] “devuelto la paz”, “consolado”.

 

Mt 19, 3-12

Para Dios el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto, el miedo de unirse a este proyecto para liza el corazón humano.

Papa Francisco

Este trozo mateano es de la más alta metafísica: “… y serán los dos una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”; qué afirmación tan maravillosa, había dos personas, y, de pronto, prodigiosamente, los que eran dos, se hacen uno, porque Dios lo ha querido, porque descubrió una oculta afinidad que habrá que -por medio de una especie de minería-, desentrañarla, sacarla de su escondite y revelarla. Seguramente una obra paciente y persistente: como una labor arqueológica. Como el que busca un misterio milenario que no se ha vuelto a ver por siglos: ¡al principio era así! Y nosotros lo convertimos en algo que “ahora ya no es así”. Hablamos de la magia del amor y permitimos que dure lo que un flash. ¡Valiente magia! Pero, recuerden: “Al principio no era así”.


Dios no quiere que pasemos de largo y botemos el prototipo. Él nos entregó un “modelo” perfecto de lo que quería que fuera el amor de pareja. No se trata de un recuerdo de un bonito pasado. Se trata de la imagen que Dios nos propuso construir entre dos. Es una realidad para fraguarla pacientemente, construyéndola contra viento y marea. Debajo de este modelo-ideal hay otra parábola: la travesía del desierto tras el Éxodo. Noes la salida de Egipto sino la larga continuidad de cuarenta años vagando entre serpientes “quemantes”; y aun después -no se coge el cielo a dos manos- hay que seguir, después de los primeros cuarenta años, está la conquista de la tierra prometida.

 

Todo parece indicar que -lo que somos capaces de amar hasta el límite, consiste en llevarle la contraria a Dios: Dios lo hizo de una manera y nosotros queremos hacerlo, al contrario. Nos acomoda muy bien la propuesta mosaica porque nos permite hacerlo como se nos viene en gana, y poder saltar por sobre la Voluntad de Dios que, en su tierna propuesta, se había imaginado “un poema de amor”; nosotros preferimos, en vez de papeles románticos, escribir “líbelos de repudio” (Cfr. Dt 24,1).

 

La Primera Lectura nos habla de la paciente persistencia de Dios con su pueblo amado. “La persistencia de Dios es la del avance milímetro a milímetro, contra todos los obstáculos, incluida la prostitución de su amada “puebla”. Incluso a los discípulos les parece que el matrimonio amerita demasiado esfuerzo, y prefieren recusarlo.

 

Para los que las metas del matrimonio son muy altas, el Señor propone la vida consagrada. Pero, esto no es para todo el mundo, podría pensarse que la vida consagrada es todavía más compleja que la conyugal. Recuerden aquello de “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda idónea para él” (Cfr. Gn 2, 18bcd).

 

«Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan– permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.

 

En efecto, “ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito” (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73).» (Papa Francisco)


Cuando todo lo queremos para ya, no queda nada para después, ni siquiera el gusto de haberse esforzado para avanzar paso a paso, milímetro a milímetro, hasta llegar a la meta.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Jueves de la Décimo Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ez 12, 1-12

Serán deportados, irán al destierro

Esta perícopa de hoy se ha tomado de la segunda parte -de las cinco en que se ha propuesto subdividir el Libro de Ezequiel- donde se trabaja la temática de la predicación de Ezequiel hasta la caída de Jerusalén. O sea que en esta parte estamos ante una referencia pre-exilica.

 

El nombreיְחֶזְקֵאל  [Yejeskiel] traduce "Dios fortalecerá". Ejerció su ministerio profético entre 586 y 538 a. C. que corresponde al periodo del cautiverio judío en Babilonia. Se tiene por contemporáneo de Jeremías. Jerusalén fue arrasada, el Templo fue incendiado, y los principales, fueron exiliados. Lo que lo encuadra entre los profetas del periodo exilico, sin importar que la perícopa de hoy sea pre-exillica.

 

El fragmento proclamado hoy se refiere a una acción simbólica. ¿Qué quiere significar este conjunto de simbologías? Nos representa la deportación de los Hierosolimitanos a Babilonia. Primero nos habla de la comunidad deportada y luego, se refiere al rey Sedequías, que también será llevado a Babilonia. No lo verán ser arrastrado al exilio, pero hay más, él mismo, tampoco se verá. Esto suena un tanto enigmático, pero se aclara enseguida si recordamos que, en su noveno año en el trono, Sedequías se rebeló contra Nabucodonosor y, como resultado, Nabucodonosor puso sitio a Jerusalén. Sedequías confiaba en la ayuda de Egipto, que nunca se presentó. Así las cosas, en el undécimo año del reinado de Sedequías, la ciudad cayó en manos de Babilonia, a sus hijos los degollaron en la ciudad de Ribla, ante su presencia, por orden de Nabucodonosor. Luego le sacaron los ojos, para que lo último que Sedequías viera, fuera el recuerdo de la muerte espantosa de sus hijos.

 

Así que hay una denuncia de lo que “este pueblo rebelde” se negó y se sigue negando a ver y oír: la rebeldía consiste precisamente en negarnos a darnos cuenta que estamos rechazando a Dios para preferir la muerte y el asesinato.

 

El segundo tema es el de la deportación: Le dice que aliste el equipaje para ser llevado al destierro. Lo que todo el pueblo atestiguará será cómo les tocó salir con sus “chiritos” hacia Babilonia. La partida será al “atardecer”, valga decir, cuando todo empezará a oscurecerse ante este cuadro de expatriación. En el año 586 a. C., tras un largo asedio a Jerusalén, el ejército del rey Nabucodonosor de Babilonia abrió un hueco en la muralla. Al ver esto, el rey Sedequías y sus soldados huyeron de noche por el jardín real, por la puerta entre los dos muros hacia el Arabá; pero, lo alcanzaron en las llanuras de Jericó y sus soldados lo abandonaron. Esto fue lo que precedió a la sacada de sus ojos.

 

Hemos mencionado que Dios habla un lenguaje signico, una semiosis de “acciones simbólicas”. En este caso, todo lo que les está acaeciendo, este doloroso episodio que da inicio a los años de exilio es el מוֹפֵת [mofeth] “signo”, el “token que pronostica”, “un suceso admirable”, un “hecho fuera de lo común” que Dios da para toda la לְבֵ֥ית יִשְׂרָאֵֽל [lebet Yisrael] “Casa de Israel”. En un lenguaje prosaico diríamos que, para los que creen que Dios está cañando, que lo que ha sentenciado es puro blufeo, hace de su “amado pueblo elegido” el “escarmiento” para todas las naciones. Con honda aflicción, tiene que ceder el paso al dolor que Israel se ha fraguado, a las consecuencias que Israel ha cosechado. Dios les había propuesto una siembre de fidelidad ellos prefirieron tener cultivos de idolatría e impiedad.


Como siempre, ante un inmenso dolor, llevamos las manos al rostro y lo cubrimos como si fuéramos a conservar las lágrimas en el cuenco de nuestras propias manos; como tratando de no ver la oscurísima realidad.

 

Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62

Este es un salmo de la Alianza. Una alianza, como hemos comentado, es el resultado de una negociación que lleva a pactar una serie de condiciones que afectan a los firmantes. Sin embargo, hemos de tomar en cuenta que no es un tratado entre dos partes; en realidad, aquí estamos ante una liturgia, es decir, ante un acto cultual, donde se establece un pacto entre Dios y los seres humanos, que, pactan acatar a Dios en sus disposiciones. En la liturgia actúan varios “coros” cada uno de los cuales asume un cierto rol: Sacerdote, el levita, el pueblo en general, los testigos, el príncipe vencedor, el príncipe vencido.

 

En la primera estrofa, Está, contundente, la denuncia: la rebelión es desenmascarada, y, son exhibidos como una herramienta bélica inútil: se trata de un arco que es incapaz de propulsar la flecha, ¿para que un arco así? ¡Es puro estorbo! ¡Solo merece ser arrojado al fuego!


La segunda estrofa señala la hipocresía de los altares que levantaban en cada montículo, como gente que se quiere mostrar muy religiosa y presumir de su piedad, pero, donde no hay devoción porque en realidad, están entregados a la idolatría. Por eso Dios ha rechazado a su pueblo. Ya no encuentra cobijo en sus afectos.

 

Dejó solos a los guerreros, ¡no eran sus soldados! Tan solo eran esbirros haciendo pantomimas, mercenarios de adorno, que el Señor permitió que los derrotaran para mostrarle a todos que Él no se deja engañar ni se engaña.

 

En el verso responsorial nos advierte: Recuerden que Yo lo sé todo, y conozco las verdaderas patrañas de sus corazones que ni me honran ni guardan con sinceridad mis preceptos.

 

¡Con decepción, Dios se reconoce traicionado! ¡Se ha marchado! ¡Dios se ausenta de dónde no es querido!

 

Mt 18, 21-19,1

Es muy interesante nuestra mentalidad: Buscar un límite al ejercicio de la bondad, más allá del cual, estoy acreditado para obrar el mal y buscar desquite, buscar retaliación. Por ejemplo, si alguien me ofende, y la cuenta es corta -tomemos por caso- siete veces; eso implica, que al llegar a ocho puedo cobrármelas todas juntas. Pero, si la norma está planteada con un número grande, -tomemos por ejemplo el numero 490 veces- entonces ya no es nada fácil llevar la cuenta y señalar el momento en que estaré libre de cualquier contención. En este caso, 490 veces equivale a decir “siempre”. Va a ser muy problemático estar registrando caso a caso, y por malo que sea el otro, se le iría la vida juntando 490 ofensas.


La otra cara de la moneda sería que el ofendido, no podría juntar las 490 veces de “perdón” para poder desencadenar sus procesos de retaliación. Y, si desarrolla algún algoritmo para poder llevar el conteo, entonces, su manera de perdonar ya no sería sincera porque estaría atrapado en la obsesión, pensando siempre en que el ofensor está consagrado a seguirlo ofendiendo más allá de cualquier límite cuantitativo de perdón.

 

Antes de caer en esta obsesión de morderse la cola persiguiéndose a sí mismo, estaría la convicción de que ninguno de los dos quiere llegar a la frontera donde el perdón nos cambia y nos reconcilia con el más pertinaz.  

 

Llegados a ese punto, ofendido y ofensor llegan a la certeza que no son buscadores de la concordia sino, cerrados a la banda, con el propósito de iniciar una guerra sin tregua con el otro. Jesús quiere abordar hoy este asunto, y lo va a tratar por medio de una parábola, con la que se cierra la parte IX del Evangelio mateano –(18,1 – 19, 1) intitulada “Sermón sobre la vida comunitaria”- según la manera como hemos estructurado para su estudio este Evangelio. Y ¡Qué manera tan concluyente para cerrar este discurso que enseñarnos sobre el perdón en relación con el Reino de Dios, la parábola pone en relación al Rey y a sus δοῦλος [doulos] esta palabra se traduce “esclavos”, “siervos”, “sirvientes” nosotros hemos querida traducirla por “funcionarios”, e inclusive, hemos estado tentados a traducirla por “ministros”; y quiere pedirles cuenta sobre la sinodalidad con la que van a avanzar mientras llevan adelante sus correspondientes funciones en la edificación del Reino.

 

La parábola no dice que el Reino sea algo de un Rey y sus funcionarios, sino que, en cierto plano, puede hablarse de Él “como”, o sea, que dentro de ciertos límites hay una analogía muy clara y especifica; lo que queremos decir es que no la vayamos a leer como si no tuviera nada que ver con nosotros; siempre en estos casos ratificamos que el Sacramento del Bautismo nos instituyó “sacerdotes, profetas y reyes”- entonces si se dirige específicamente a cada uno de nosotros. Ninguno de los aspectos esenciales de esta similitud puede descartarse. Ahí encontramos el poderoso valor de la “parábola” la similitud -aun cuando el referente es una realidad terrenal-, difiera de su homólogo en la esfera espiritual.

 

Hay un “funcionarios que tiene una deuda descomunal con su Señor; y, por otra parte, este deudor tiene, a su vez, un sub-deudor que le adeuda una minucia, una verdadera insignificancia.

 

Al gran deudor toda su deuda le fue condonada; el sub-deudor, a pesar de adeudar tan solo

una fruslería, lo apercolló estrangulándolo y lo hizo llevar a la mazmorra y le obligó a pagar hasta lo más mínimo, hasta la última monedita de 50 pesos.

 

El Rey había tenido un gesto de magnanimidad perdonándole la enorme deuda; con eso quiso enseñarles a todos que esa era una virtud verdaderamente noble, digna de ser ejercitada y aplicada con la misma munificencia. Fueron a rendirle informes al Señor sobre esta vergonzosa conducta que difuminaba el brillo de la Enseñanza que el Rey quiso darnos y, claro está, el Señor se decepcionó y le reclamó airado, porque no había cumplido con el noble ejemplo. ¿Por qué no practicaste la ἐλεῆσαι [elensai] “compasión” que te enseñé?

 

¡O sea que el eje de la enseñanza es la compasión! ¡Si1 No es una enseñanza nueva, o diferente, es la misma compasión misericordiosa la que agita el corazón del Rey-y-Señor nuestro! ¡No está hablando de alguna otra virtud o de otro mandamiento distinto! ¡Está hablando de nuevo del agape que debe reinar entre nosotros!

 

De nuevo, al hablar del Reino, con una nueva y muy original parábola, nos está hablando de lo único que siempre nos ha querido decir: de amarnos unos a otros como Él nos ha amado, hasta dar su vida por nosotros.

 

No defraudemos a Dios en su Única petición que es el fundamento de la Alianza: no obliguemos al Rey de Reyes a entregarnos a los βασανιστής “verdugos”, estrictamente hablando, a los “carceleros”.


Jesús, acto seguido, dejó Galilea y se fue a Judea, al oriente del Jordán. Entramos así, en un nuevo bloque del Evangelio mateano, el X –(19,2-23,39)- que lleva por título “Diversos hechos de Jesús”. 

martes, 11 de agosto de 2026

Miércoles de la Décimo Novena Semana del Tiempo Ordinario


Ez 9, 1-7; 10, 18-22

Mensajeros que marcan y Dios que abandona su Templo

 

Moisés, pues, llamó a los jefes de Israel y les dijo: «No demoren en buscar una res para cada una de sus familias e inmolen la Pascua. Tomen un manojo de hisopo mojado con la sangre y marquen los dos postes y la parte superior de la puerta. Y luego ninguno de ustedes saldrá de su casa hasta la mañana. Pues Yavé, con su plaga, va a recorrer todo Egipto y, al ver la sangre en la entrada, pasará de largo y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas y los mate.

Ustedes observarán este rito, y también lo observarán sus hijos para siempre. Estas mismas ceremonias las harán cuando entren en la tierra que Yavé les dará, como les tiene prometido. Y cuando sus hijos les pregunten qué significa este rito, les responderán: Este es el sacrificio de la Pascua para Yavé, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando mató a los egipcios, dejando a salvo nuestras casas.» Al oír esto, todo el pueblo se postró y adoró.

Ex 12, 21-27

 

Los judíos suelen tener en las puertas de sus casas un pergamino, que debe estar escrito a mano, por un escriba experto y especializado que se llama Sofer, y en él estan Escritos el Dt 6,4–9 (Shemá Israel) y el Dt 11,13–21 (Vehaya im Shamoa); y se deposita en un estuche que se llama Mezuzá, en plural Mezuzót, expresión que se traduce “jamba” y que se suele pegar a la entrada, todo esto alude al paso del Ángel Exterminador de la 10ª Plaga, y hay quienes la ponen también en las puertas interiores, excepto en las del baño, donde nunca se pone. Así como nosotros acostumbramos santiguarnos al salir de casa, ellos acostumbran tocarla al pasar por su lado.

 

En la perícopa de hoy, nos volvemos a encontrar con la orden de ser marcados para ser exceptuados del Exterminio, encargado a un Querubín en la profecía de Ezequiel, y los que quedaban excluidos del exterminio eran los que llevaban el signo ׳ת [tav] “señal”, "marca de la exención del juicio”, “firma” la vigésimo segunda letra del alefato. Esta letra significa “fuerza”, al Querubín se le ordena תָּ֜ו וְהִתְוִ֨יתָ [e-isbita tav] “poner esta señal”. Cuando se hizo la versión al griego, se puso allí, en su lugar, la letra griega tau, que vino a constituirse en el signo de la cruz franciscana.

 

¿Qué viene a representar, entonces el signo tav? Las personas que se habían apartado del pecado y llevaban una vida de bondad, ellas fueron salvadas de la destrucción. Se da en ese caso un arrepentimiento, aunado a una conversión. Los demás, indiscriminadamente -nos lo informa la perícopa- sin importar, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, fueron arrasados. Una de las tareas era profanar el templo, encharcando de sangre los atrios.

 

Nótese bien que, para proceder a la profanación, el Señor alzó con su Gloria y se ausentó. ¡Es muy interesante que en paleohebreo el signo tav es una cruz!

 

Los Querubines se alzaron y partieron y reaparecen, en el relato ezequiano- en el Rio Quebar (significa “poderoso”), en Babilonia, en el Éufrates, aun cuando no sabemos exactamente dónde, pero lo que si nos ha llegado es que allí había una numerosa colonia israelita, sometidos a esclavitud. Recordemos que cuando Ezequiel tuvo la visión del carro tetra-morfo se hallaba a orillas del Quebar. Aquí también se nos reitera: “cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas y bajo las alas una especie de Manos Humanas”.

 

Como Dios ya no estaba en el templo, su desacralización no afectaba su Gloria.  Se había ido por la Puerta Oriental a la que se llamaba, “El Portal de la Casa del Señor”: Para ellos la impureza había invadido el Templo por el derramamiento de sangre en sus Umbrales; a nosotros, lo que nos desacraliza, ya que somos Templos vivos de Dios, es la sangre derramada a causa del pecado.

 

¿Qué destruye nuestra pureza? El hecho de ser una raza violenta, sanguinaria, que se goza en el derramamiento de la sangre, es decir, en destruir la vida.

 

Sal 113 (112), 1b-2. 3-4. 5-6

Los salmos 113-118 (112-117), son seis salmos que forman el que se denomina Hallel egipcio y que se canta en la Cena Pascual, lo que nos autoriza a afirmar que Jesús debió entonarlo en el curso del jueves que llamamos Santo. La perícopa está tomada del primer salmo del Hallel.

 

La primera estrofa es entonada por los levitas y las otras dos forman la respuesta de los peregrinos. En la perícopa no se incluye la última estrofa, sino las dos primeras. Las dos primeras estrofas se enfocan en Dios Altísimo, y la última en su “opción preferencial”, por los desvalidos, los pobres y las estériles.

 

Como vemos en la Primera Lectura, Dios para abandonar el Templo se eleva cabalgando en Querubines. Aquí, declaramos, ratificando: “La Gloria del Señor se eleva sobre los Cielos”. Y lo reiteramos 4 veces.

 

Una palabra adicional relacionando la Primera Lectura con el Salmo para destacar que allá la opción preferencial es por los que trabajan en su proyecto de Conversión, aquí, en el salmo, está dirigida al débil, al marginal, aun cuando, como ya se ha dicho, esa estrofa no se toca en la proclamación de hoy.

 

La Alabanza a la que se invita es por siempre, año tras año, día tras día; pero también se indica, durante todo el día, o sea, en todo momento.


El puente entre Dios y el pueblo se tiende en la última estrofa de hoy, donde dice que el Señor no se queda lejano, sino que se abaja, despliega su kénosis, para acercarse y estar a nuestro lado, mucho más, cuando con mayor necesidad lo requerimos.

 

Mt 18, 15-20

Haciendo Iglesia; aprender a “ser con”

Entramos de lleno en el sermón de la vida en comunidad, lo que hoy en día mencionaríamos con el tecnicismo “sinodalidad”.


En aquellos tiempos a los que se refiere la Primera Lectura, era necesario -seguramente- una corrección severa e inexorable; Jesús también corrige, pero Él propone una sanción comprensiva, forrada de dulzura, con la afabilidad de un Pastor que no osa dañar a la oveja extremándose en la rigurosidad del castigo. El propone corregir como un “hermano” que fraternalmente corrige al otro consanguíneo que ha fallado: Nos hallamos ante la joya de la corona, en la Enseñanza sinodal que nos entrega el Divino Maestro.

 

Hoy, y en todo el capítulo 18, vamos a trabajar el “Discurso” donde Jesús nos muestra cómo vivir en comunidad, se le ha llamado “Discurso eclesiástico”; la columna vertebral se apoya en la consciencia de ser perdonados para entender que siempre fallamos, que no podemos evitar herir a los demás con nuestras aristas y nuestros garfios, así urge aprender a perdonar, precisamente porque nos perdonan. Luego, en los capítulos 19 a 23, este decir se implementará en un estilo de “hacer”, en una práctica de fraternidad, en una praxis de edificación comunitaria.

 

Jesús no nos da un “código” entero, sería una contradicción frente a su rechazo a multiplicar las normas. Lo que nos encontraremos será, más bien la exhibición de un eje, de un espíritu comprensivo, solidario, tolerante. Pero, a la vez, no se trata de hacer la vista gorda, ni barrer debajo del tapete. Se trata de hablar las cosas en el mejor espíritu de quienes trabajan conjuntamente en la realización del Proyecto de Dios.

 

¡No se trata de castigar, ni de excluir sistemáticamente! Lo que tuvimos como preámbulo fue la colocación de un niño en el centro como paradigma de sencillez, disponibilidad y confianza. Un niño, además. retrata con exactitud la convicción de su Padre: ¡No será niño por siempre! ¡Ya crecerá! Quisiéramos acompañar este aserto con batir de tambores y el resonar del Shofar, porque esto es muy importante, ser niño no es una condición permanente, es la simbología más neta del proceso que vive el ser humano, un niño no es un hombre, pero es una promesa de llegarlo a ser.

 

La manía por arrancar la cizaña, nos impide ser más tolerantes, ejercitar más a fondo nuestra paciencia. Hay que dejar de ver las dificultades y los tropiezos como causales de la deserción y el rencor y visualizarlos -mejor- como taller de entrenamiento y fortalecimiento: nos encanta la idea de verlos como el espacio del cotidiano aprestamiento de un deportista que pasa años “entrenando” y perfeccionando cada detalle de su disciplina, para alcanzar ejecuciones impecables.

 

No hay que permitir que el error campee a sus anchas, no hay que dejar que las salidas de tono y los desafines invadan toda la partitura en su ejecución. Primero, el director, o uno de los músicos tiene que dar un re-direccionamiento, indicar o que hay que “mejorar”,

 

No basta un solo testigo para declarar a un hombre culpable de crimen o delito; cualquiera sea la índole del delito, la sentencia deberá fundarse en la declaración de dos o más testigos.

Dt 19, 15

 

y si no funciona, vendrán dos experimentados a brindar sus orientaciones. Si no hubiere avance, si la persona no aprovecha estos llamados, la comunidad entera tendrá que tomar cartas en el asunto.

 

A esta metodología se la ha denominado “la corrección fraterna”. Y no podemos imaginárnosla como un “acto de magia”, requiere tacto, madurez, dulzura, pero, a la vez, firmeza. No es algo para improvisar, se debe meditar, reflexionar y orar antes de proceder.

 

Fijarnos bien, si la falla no está de nuestra parte, y -quizá- la estamos proyectando en otro u otros. Históricamente se da la situación de los caucus ideológicos (a los que en lenguaje común los denominamos roscas, o sectas) que se constituyen para presionar contra alguien, que -no está en error o desviación- pero que no complace a los errados, para obligarlo a dar su brazo a torcer y desistir de su perspectiva. Estos grupúsculos de presión se convierten en perseguidores profesionales apoyados en la fuerza de su “rosca”. Nótese aquí que ya no se trata de un pecado, sino de un ángulo de enfoque. Y lo que se está forzando no es para “ganar al hermano”, sino para imponer la ´propia apreciación. No se puede obviar que la metodología está prevista para tratar con una “hermano que peca contra ti”; y no para imponer ideas.

 

Otro aspecto a tener en cuenta, es el proceso de cada persona. No todo el mundo avanza y se adentra al mismo ritmo. Alcanzar cierto nivel de compenetración en la Iglesia (Asamblea, qahal), depende del ritmo muy personal de adaptación y de la capacidad de soltar amarras para dar los pasos decisivos y entrar en la lógica del Reino.

 

Aún hay que considerar otro aspecto, nada desdeñable: es la consciencia de ser Iglesia superando el enfoque meramente individualista para dar el paso a la consciencia corporativa. Se trata de aprender a caminar juntos, lo que se descuidó cuando la Iglesia se enfocó en una imagen de aprendizaje de oraciones y memorización de dogmas. Eso inevitablemente condujo a un descuido de Jesús como Centro y Cúspide de la fe. El Santo Nombre de Jesús es muchísimo más que una palabra bisílaba. Como hemos aprendido, nos convoca a un estilo de vida. Para ese estilo queremos ganar “católicos” y eso va mucho más allá de darle clic a un “like”. ¡Es un compromiso de vida!


Esta faceta de construcción de Iglesia y, de la sinodalidad que implica, se imbrica con la “corrección fraterna” en el eje del perdón. El perdón se fundamenta en el proceso de hacernos miembros del Cuerpo Místico de Cristo: al perdón de Jesucristo tenemos acceso por la vía sacramental, y el grandioso Sacramento, que llamamos muchas veces sacramento del perdón, no por pura casualidad se llama también “sacramento de la reconciliación”, y -no hablamos de la reconciliación de dos enamorados-  nos enfocamos en restañar el reguero de heridas que vamos dejando -como el que siembra vidrio molido- para aprender una de las facetas cruciales del aprendizaje: aprender a “ser con”, valga decir, aprender a vivir y a avanzar como comunidad, a dar juntos cada paso.