viernes, 8 de mayo de 2026

Sábado de la Quinta Semana de Pascua


Hch 16, 1-10

El segundo viaje misionero de San Pablo va de Hch 15, 36 al 18,22. Esto quiere decir que la perícopa que hoy trabajamos ya entre completamente en este bloque. Lo primero que hoy se va a plantear se refiere a la llegada de San Pablo y de Silas a Derbe y Listra. Donde encontraron a cierto creyente que nos va a ser presentado y que se unirá a Pablo y Silas en este viaje.  

 

“El que siente adoración por Dios”, “el que honra a Dios”, este es el significado del nombre (de raíces griegas) Timoteo, este nuevo personaje hace su aparición, aquí, en el capítulo 16. Era de Licaonia, hijo de un matrimonio mixto, de padre griego, y madre judía; de acuerdo a la tradición judía, el hijo de un matrimonio mixto debía ser educado en la tradición de la mamá. Timoteo llegará a ser uno de los mayores -si se nos permite la analogía con el lenguaje militar- “lugartenientes” de san Pablo, así las cosas, se comprende porque este último le dirigió dos Cartas que, han llegado hasta nosotros. Fue ordenado Obispo de Éfeso según nos informa Eusebio de Cesarea en su Historia de la Iglesia, por el propio San Pablo. Algunos estudiosos llegan a verlo como autor de la Epístola a Filemón.

 

Nótese que, a pesar de todo, Pablo tiene una deferencia con los judíos de la región de Listra, y hace circuncidar a Timoteo. No se trata de una componenda, o de una hipocresía, San pablo hace gala de una flexibilidad espiritualmente inteligente: Se debe tener en cuanta, como se ha dicho arriba que, siendo hijo de madre judía, Timoteo era, desde la óptica del judaísmo un judío verdadero, y San Pablo, en eso, no juega al dogmatista. En realidad, su propósito es muy claro, hace todo cuanto viabilice la expansión del Evangelio para que este no tropiece con trabas innecesarias. Timoteo tenía que servir de puente con comunidades de raigambre judía, convenía pues no obstruirle el ejercicio de su misión.

 

Luego, la perícopa nos informa que por donde iban pasando iban, además, comunicando lo que el Concilio de Jerusalén había decidido, se divulgaban sus “decretos”.  Las Iglesias crecían y se robustecían en la fe. Aquí descubrimos una dialéctica a tener en cuenta, no se trabajaba exclusivamente por un crecimiento numérico; además, se buscaba la profundización y elevación progresiva de la fe de todos los miembros de la Iglesia.

 

Viene ahora, un detalle especial, san Pablo tiene una ὅραμα [orama] “Visión”, “sueño”, “aparición”: el Espíritu Santo les impide predicar en Asia. Los lleva directamente a Europa. ¡Ojo! El Evangelio entra en Europa. ¿Cómo? Por esa visión que tuvo Pablo en Troade, se trata de un Macedonio que se le apareció de pie y le rogó llegarse a Macedonia. Así, de Troade ira a Filipos y sucesivamente a Anfípolis a Berea y a Atenas.

 

«Allí es donde la Voluntad de Dios se hace clara, por medio de la visión o sueño de pablo. En aquel tiempo, la visión plástica o intuitiva y e sueño se veían como medios por los que Dios se comunicaba con los hombre -cosa que la moderna psicología profunda estudia cada vez más-». (Ivo Storniolo)

 

Se ha de resaltar siempre la disponibilidad de los Apóstoles para seguir, no sus propios impulsos sino las mociones del Espíritu Santo. Por raro, curioso e inexplicable que sea, lo que les pide, ellos lo asumen. Una de las máximas enseñanzas que podemos sacar de la lectura de los Hechos de los Apóstoles. Estas mociones de Espíritu, son las que conducen la Iglesia y hay que saber seguirlas. Este es el caso que muestra cómo, el equipo misionero no duda -ni un poco-  sino que procede con “seguridad” y, acto seguido preparan el viaje y asumen la tarea de ir a anunciar la buena noticia a Μακεδονίαν [makedonian] “Macedonia”.

 

Sal 100(99), 1-2. 3. 5

Salmo del ritual de la Alianza. Está muy en la línea de lo que nos está narrando Hechos, de la catolicidad, de la apremiante necesidad de llevar la buena Noticia hasta los confines del orbe. Para la perícopa a proclamar se tomó caso todo el salmo, sólo se exceptúa el verso 4.

 

La primera palabra del salmo es ר֫וּעַ [ruá] que se ha traducido por “Aclamad”, con exactitud quiere decir “armen un ruidaraje ensordecedor”, “revienten los oídos de la gente”. Y llama a todo el mundo, sin discriminación, sin excepciones. Ese ruidaraje no se arma para hacer alarde de lo escandalosos que somos, sino para externalizar la alegría rebosante. Al presentarnos delante de Él, llamémoslo “Victorioso”, digámosle, gritemos: ¡Eres el Vencedor!

 

Declaramos que el Señor es Dios en Persona, que Él es nuestro Creador, que Él es nuestro Dueño, que nosotros somos “ovejas de su rebaño”, porque Él es nuestro Pastor: ¡Pastor Hermoso!


La tercera estrofa resalta tres cualidades que Dios nos ha dado a conocer:

a)    Es Bueno

b)    Su Misericordia es Eterna

c)    Igual que lo es su Fidelidad, que dura por siempre.

 

Hay una alusión tácita: Cada Eucaristía es el cumplimiento de esta Liturgia, querida y mandada.

 

Jn 15, 18-21

El mundo secular

No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama el mundo, el Amor del Padre no está en él.

1Jn 2, 15

Se nos recomienda tener cuidado con la palabra “mundo” en el Evangelio joánico porque cobra distintos significados.

-       El sentido natural y lógico de “realidad creada”

-       Algo completamente ajeno a Jesús, como de otra “dimensión”, lo que le pertenece a Dios.

-       Lo que se enfrenta a Jesús y se le contrapone, mostrando una abierta discrepancia. En esta tónica el Malo es visto como “jefe del mundo”.


Por ejemplo, en este contexto de hoy, significa todo lo que rechaza y persigue la fe cristiana y a la vez, todo lo que nos aparta o nos puede llegar a alejar de nuestro Credo y de nuestra firmeza en Él. Es, por así decirlo, el “enemigo total”. Es el poder del Mal. Hemos de notar que, si Él fue perseguido, también sus discípulos lo serán, así como es perseguido todo su Mensaje.

 

Esta persecución tiene su razón de ser en el desconocimiento del Padre. Si alguien supiera que Jesús es Sacramento del Padre, se le respetaría y se le amaría, pero no sólo nuestros sentidos están embotados, sino que, además, el Malo narcotiza nuestra espiritualidad para impedirnos reconocerlo.


«San Ignacio de Loyola, en los ejercicios espirituales, estigmatiza la estrategia de satanás como avidez de riqueza, cuya acumulación lleva a la vanagloria y a la soberbia, que son el principio de todos los males. En cambio, la estrategia del Reino consiste en llevar a los hombres a apreciar la pobreza y el desprecio que ella implica, para llegar a la humildad, que es el principio de todos los bienes». (Silvano Fausti)

 

“…Es necesario que ellos hagan una elección precisa entre el amor de Dios, que se traduce en el cumplimiento de su voluntad, y el amor a la mundanidad”.

Enzo Bianchi

 

Si quisiéramos desertar, bastaría con engancharnos al mundo, entregarnos a lo que él nos pide, nos sugiere, y automáticamente el mundo nos aceptaría -se ve todos los días-, es más nos prodigaría todo su amor-veneno que mata al son del griterío, aplausos, escandalo y risotadas ramplonas.

 

Por el contrario, si queremos mantenernos fieles a Jesús, tendremos que “guardar su Palabra”. Si nosotros guardamos “la Palabra” quienes reciban el Mensaje, también sabrán guardarla.


Veamos, entonces, sobre qué base está cimentado nuestro discipulado.  Hay algo que está detrás de todo esto, detrás del Amor, del odio, de la persecución, del discipulado, del anuncio de la Palabra, de la construcción de Comunidad: ¡El Santo Nombre de Dios!

 

jueves, 7 de mayo de 2026

Viernes de la Quinta Semana de Pascua


Hch 15, 22-31

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros

Los delegados que fueron comisionados para ir a hacer la consulta a Jerusalén, habían cumplido su Misión y habían logrado una respuesta. Como la respuesta se inclinaba hacia la posición que ellos mismos sustentaban, convenía que los acompañaran testigos fiables que representaran y comunicaran la “voz pontificia”. Aquí aparece la figura de los “legados Pontificios”, los Nuncios, cuya función “fomentar los vínculos de unidad entre los Apóstoles, su “primus interparis” y las Iglesias particulares, en este caso la de Antioquía, que para el caso fueron Judas Barsabas y Silas; no bien regresaron, Bernabé y Pablo, llaman a la Asamblea para comunicarles lo que se decidió y dar lectura al Decreto.

 

El documento, ante todo desautoriza a los pro-circuncisión, señalando: “Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, los han alborotado con sus palabras, desconcertando sus ánimos…”. Entonces presentan, en el documento a los “legatarios” y el encargo conciso que les dieron, señalando que eran personas completamente arraigadas y reconocidas, para que se encargaran de ser sus portavoces. Es hermosa y profunda la conciencia que tienen los de Jerusalén de no estar decidiendo por propio impulso, sino que sienten que sólo sirven de instrumento para que el Espíritu Santo viabilice la comunicación de la Divina Voluntad: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponerles más cargas que las indispensables”(Hch 15, 28) Pero, si lo leemos con atención, podemos entender -entre líneas- que tampoco rehúsan la autoridad que les ha sido confiada, sino que -por el contrario- se hacen cargo de la participación que les toca.


La Carta llevó aliento y alegría a aquella Iglesia particular. Vemos en todo esto el nacimiento de una organización, un reparto de atribuciones, unos decretos, unos delegados, un Concilio, unas “asambleas”. La iglesia fue gestando un “sistema estructural” que respondiera a sus necesidades y a su crecimiento, a un cierto “centralismo” -no absoluto, sino con franjas de federalismo según la idiosincrasia de las comunidades particulares- y al reconocimiento de una Jerarquía, muy funcional y valiosísima a sus fines Pastorales, que en la diversidad supiera inculcar la unidad, sin atorarse en uniformidades alienantes y transculturales.

 

Sal 57(56), 6, 8-9. 10-12.

Tomamos sólo dos estrofas, organizadas con 5 versos entresacados de los 11 que forman este Salmo. Este salmo es un “oráculo”. La estructura de estos salmos oraculares comprende tres momentos.

-La petición o declaración de que Dios nos habla, que Él no es un “Mudo” que actúa dejándonos sorprendidos y desconcertados, sino que hay un canal de “Comunicación”.

 

-Luego, por lo general de manera muy breve, con una frase muy concisa, a veces con una sola palabra, se anota que llegó el mensaje; y, luego,

 

-viene la reacción ante el oráculo.


En nuestro caso, la primera estrofa es de la zona de petición del oráculo, y la segunda, de la reacción agradecida por lo que ha comunicado. Este salmo clama porque sabe que hay quien se interese por nosotros y nos asista.

 

Pero también agradece, porque el “oráculo”, sea cual fuere la respuesta, siempre es respuesta esperanzadora, reconfortante, consoladora.

 

Jn 15, 12-17

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

1Jn 4,16

 

El tejido de esta perícopa sigue enmarcado en el contexto de Dios-que-permanece, de Dios-que-acompaña, del Emmanuel. Llega al clímax de la declaración de Amor, pidiendo ser correspondido. Abre y cierra demandando Amor, como siempre unificando los dos Mandamientos que hacen uno-solo, el mayor: Amarlo a Él y amar al prójimo. Y, para mayor refuerzo, nos lo presenta como Mandamiento.


Además, hay una explicación del contenido del Amor: Como Él nos Ama, nos tiene por amigos. No nos toma como siervos -que bien podría- dada su Grandeza, su Enormidad. Podría, como muchos amores humanos, pretextar intenso amor, pero reservarse secretos, establecer fronteras, “reclamar sus espacios”. ¡Aquí Él no! ¡Él nos da a conocer todo, no se reserva nada! Todo cuanto el Padre le ha dado a Oír, Él nos lo ha dado a Conocer.

 

Algo que nos pone en claro y sobre lo cual recalca: Es que es Él, quien nos ha escogido; no fuimos nosotros los que llegamos al súper-mercado a elegir el dios de nuestro gusto, el que tiene las propagandas más atractivas en la televisión, el del jingle más pegajoso. Ha sido Dios quien -desde antes de llegar al vientre materno- ya nos había destinado para -dos cosas- φέρητε [ferete] “dar fruto” y μένῃ [mene] “permanecer”, que el fruto que demos, se arraigue y “permanezca”.

 

Notemos que cada perícopa concluye entregando la prerrogativa de pedir y ser atendido en el pedido, si el discípulo pide apelando el Santo Nombre. Sin embargo, pedir es un elemento esencial, es condición sine qua non; no podemos obligar a Dios para que nos elija, pero podemos garantizarle empecinadamente que, si nos honra con su Regalo, lo aceptaremos y seremos felices y comprometidos con ese Don, totalmente convencidos que ¡desde el Océano de su Misericordia, ya nos tiene ἔθηκα [etheka] “destinados”, “constituidos”, “establecidos”! (cfr. Jn 15, 16). Esta forma de permanecer es la “permanencia” en los frutos, frutos de fe, de gracia, de fraternidad, de projimidad, de amor.

 

Es muy importante tener presente cómo estructura San Juan esta perícopa, donde tenemos una “cebollita”, lo que técnicamente se denomina “quiasmo”. Es como una cebollita porque tiene un “corazón” o “núcleo”, y luego capas concéntricas. El “corazón sería lo esencial, y las capas concéntricas, serían acotaciones, aclaratorias a la vez que un sistema de “escolta” para proteger y destacar lo nuclear, como bandas musicales que van realzando los niveles y planos del Mensaje: Aquí el corazón de la perícopa es: “porque les he dado a conocer todo lo que  de mi Padre”.

 

Luego viene la capa más cercana al núcleo -que por su proximidad al centro-eje- reviste la primera esfera de aclaración- nos dá el por qué, porque somos “amigos Suyos”, y porque espera de nosotros los mayores y mejores frutos que permanezcan:

-por arriba es: “Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos

-Y , por abajo, es: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”.

 

La siguiente capa -de adentro hacia afuera- nos aclara que nosotros somos sus “amores mayores”, y por abajo, con ese status de amores supremos, lo que le pidamos al Padre, Él nos lo otorgará:

-Por arriba dice: “No hay amor más grande que dar la vida por  los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

-Por abajo: Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

 

Y, finalmente, la capa más exterior, se trata de lo que Dios “manda”, que nos amemos unos a otros, con un Amor como el que Dios nos dado:

-Por arriba: Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”.

-Y por abajo: “Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.


«Uno puede “dar la vida” no solo en forma violenta, sangrienta. Se da la vida también en la entrega continua a la resolución de los problemas de nuestro mundo moderno… Para un cristiano, los “amigos” que esperan vida, no son solo los compañeros de uno; son los despreciados, rechazados, abandonados, los “paralíticos” de la sociedad actual que esperan caminar de nuevo» (Augusto Seubert).

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Jueves de la Quinta Semana de Pascua

Hch 15, 7-21

En este “Concilio” se han reunido los Apóstoles, los Presbíteros, y los delegados llegados de Antioquía, -quienes traían el cuestionamiento- ¿tenían o no que circuncidarse los paganos que ingresaban al cristianismo?

 

La conclusión de la reflexión en torno al judaísmo de circuncisión, no fue algo a la ligera, sino que se dio “después de una larga discusión”. Entonces, toma la palabra San Pedro (será la última vez que aparezca Pedro en los Hechos) en ejercicio de su liderazgo, haciéndoles caer en la cuenta que Dios, que conoce lo más íntimo de los corazones, es decir, lo más interior de las personas, avaló su entrada dándoles el “Espíritu Santo, igual que a nosotros”, sin “distinciones”. Y San Pedro formula una pregunta que debe ser conductora de nuestra interpretación -a la vez, que clave- para entender cuál era el problema: “¿Por qué ahora intentan tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? Al decir “tentar a Dios” quiere decir que estamos poniendo en cuestión algo que Él ya había resuelto y determinado; estamos contradiciéndolo, y -de hecho, al obrar de esa manera- estamos queriendo poner talanqueras y “aduanas” (como decía Papa Francisco) para dificultar, para obstaculizar la pertenencia a la Iglesia. Y Pedro continua, resaltando que lo que Salva es la Gracia del Señor Jesús.

 

En un segundo momento, la perícopa nos trae la participación de Pablo y Bernabé, que relatan los “signos y prodigios” que Dios les regaló a los gentiles dándoles la bienvenida al seno de aquellas comunidades.

 

Viene, a continuación, la intervención de Santiago, y hace un midrash que se apoya en (Amos 9, 11s); señalando que el vaticinio apuntaba en la dirección de dar acceso a todos los gentiles, y de ahí, él deriva que no se debe molestar a los gentiles. Pero no se deja ahí el asunto, no vaya a parecer que cada cual podrá hacer como se le ocurra y caer en una instancia de anomía, sino que estipula tres reglas que disciplinarán la conducta de estos “convertidos”, y que se pondrán por escrito en una carta a la que posteriormente el Libro de Hechos denomina “δόγματα [dogmata] “decretos dados por los Apóstoles y presbíteros de Jerusalén” (16, 4), a saber:

1)    Abstenerse de la contaminación de los ídolos, o sea, comprar y comer la carne de animales sacrificados a los ídolos.

2)    Obstruir las uniones ilegitimas, valga decir, entre parientes.

3)    Y el consumo de carne de animales que hubieran sido estrangulados, tanto como el consumo de sangre.

 

Todo esto, está en le orbita de la ley mosaica, como lo comenta el mismo Santiago en el último verso de la perícopa. Ya mañana tendremos oportunidad de comentar el decreto y los recursos puestos en marcha para divulgar las conclusiones del que se ha dado en llamar “Concilio de Jerusalén”.

 

Esto condujo a una definición de la identidad eclesial y un claro posicionamiento respecto del judaísmo y las tendencias remanentes al interior de las comunidades. Se procuró impedir que -personas sin autoridad legítima- que no habían sido comisionadas por Dios ni tenían mandato alguno, impusieran “molestias” -so capa de tradicionalismo- a los paganos convertidos al cristianismo.


Sin embargo, algo que comprobamos en nuestras propias comunidades es que la pertinacia no se vacuna con δόγματα, así estos dimanen del Vaticano.

 

Sal 96(95), 1-2a. 2b-3. 10

Estamos ante un Salmo del Reino. En el exilio Babilónico, los judíos pudieron presenciar los rituales de entronización que hacían para Marduk el dios nacional, y no podían haber quedado más que impresionados; una vez regresaron ellos la adaptaron, en una procesión escoltaban a YHWH en su arca, aun cuando hubiera desaparecido, hasta el Sancta Sanctorum donde era “instalado”-estamos hablando de un ritual de entronización.

 

-La procesión y la instalación era acompañada con canticos, a lo que se refiere la primera estrofa.

-La segunda estrofa destaca un carácter propagandístico -muy propio de la fe judía- que llama a “contarle” a todo el mundo las maravillas que ha hecho el Señor.

-En la tercera estrofa se declara le realeza de YHWH por dos razones:

a) Creo y puso todo en su lugar, y

b) gobierna a los pueblos con leyes de Justicia.

-El responsorio nos exhorta a contar las maravillas de Dios a todos los pueblos de la tierra.


Este impulso propagandístico es lo que para nosotros constituye la “Misión”. Nosotros -como nos propuso Aparecida- somos discípulos-misioneros; no una cosa solamente, sino ambas: בַּשְּׂר֥וּ מִיֹּֽום־לְ֝יֹ֗ום יְשׁוּעָתֹֽו׃ [basseru miyoum leyoum ye su atow] “proclamad día tras día su Victoria”. Nuestra misión es de proclamación y esta proclamación es lo que llamamos Evangelización, para que nuestros pueblos en Él tengan vida» (Jn 14,6)

 

Jn 15, 9-11

Continuamos donde lo dejamos ayer. Decíamos que en este capítulo la médula es la permanencia: encontramos 15 veces la palabra “permanecer”; hoy vamos a examinar tres de ellas.


Μείνατε [meinate] que es el aoristo, imperativo activo en segunda persona del plural, “permanezcan”, viene del verbo μένω [meno] “permanecer”. Este permanecer cobra tres ejes: amor, mandamientos, alegría. No se trata de permanecer quien sabe en qué. No se trata de inventar unos frutos “raros” que hay que dar para que nuestro fruto sea abundante; tampoco se trata de la “abundancia” en general. Tenemos que dar frutos y permanecer en estos tres ejes. ¡Repitámoslos! Amor, Mandamientos, Alegría.

 

Se trata de estudiar la fisiología del amor en el organismo del Cuerpo Místico de Cristo: el Amor aparece aquí como la sangre que corre por todo el organismo el Amor Divino-humano. Es esta savia vital la que “unifica”, Dios generó el Amor hacia su Hijo, aquí ha de traducirse Amor ´por Espíritu Santo, y en esa “circulación” amorosa se hizo extensivo a nosotros el Amor.  ¿Por qué hay que permanecer en el Amor? Porque el Padre ama a Jesús y Jesús, con carácter transitivo, nos transmite ese amor a nosotros. Ellos no acaparan el Amor como exclusiva “pertenencia” -lo que sería una cosificación del Amor- en ese punto hay que comprender que el Amor tiene la tendencia al crecimiento. El Amor -y esto no nos podemos cansar de repetirlo-, tiene la propiedad de crecer cuando se da. Normalmente, lo que se da se va agotando hasta que se agota, pero la lógica Divina del Amor hace lo contrario, más se da, más se tiene. Ese crecimiento es incontenible.

 

Por qué hay que guardar los Mandamientos, porque -ya nos lo había dicho- sólo guardando los Mandamientos damos fe de nuestro Amor. Amor a Dios que se separe de los Mandamientos, es cualquier cosa, menos Amor. Jesús ha guardado sus mandamientos, en consecuencia, permanece en su Amor (en el del Padre). Y por eso Jesús es para nosotros la fuente de la que mana el Amor. Tenemos que reconocer, en este momento de la reflexión, que el pecado, bloquea y anula el fluir del Amor -o sea, atenta contra el Hijo, porque lo inmoviliza- donde Él quiere ser fuente, nosotros producimos “sequia”. A esta sequía es la que llamamos “pecado”: El pecado es la cesación del fluido normal del Amor en el Organismo Divino-humano.

 

¿Podría haberse callado esto Jesús y no hablar de ello? ¡No! Porque entonces no tendríamos bases para fundamentar nuestra alegría, y mucho menos podríamos tener Alegría; y, llegado el caso que disfrutáramos de alegría, sería una “falsa alegría”, una falsificación de la alegría; no sería la Alegría con Mayúscula, la “plenitud de la Alegría”. Sería pura entretención. Como lo dice la perícopa: Dios amo al Hijo y el Hijo viabilizó la circulación del Amor hacia nosotros- constituyéndonos en hijos-de-adopción. El incumplimiento de sus mandamientos, es la ruptura del Amor que se nos pide tenernos: el Amor projimal. Que no es Amor nacido de nosotros, sino comunicado fontalmente por Jesús, del que Él ha recibido del Padre.


La salud de este Organismo estriba en el normal fluir del amor Divino hacia nosotros. Eso hace manar el gozo en el Sacratísimo Corazón de Jesús. Estar unidos al Sarmiento, dar frutos generosos y abundantes, permanecer en Jesús implica Amar en el Amor de Jesús: guardar los Mandamientos, es algo inapelable, es parte de la disciplina de nuestra fe, de una vida saludable en Jesucristo; y, disfrutar de la Alegría de ser y permanecer en Él, es una plenitud que sólo en Jesús podemos alcanzar. Permanezcamos, pues, en su Amor y en la Ternura de su Ley, que es la misma cosa, dicha en otras palabras, dejemos que ese amor cunda omnidireccionalmente, para que así Él sea Todo en todos (Cfr. 1Cor 15, 28).

martes, 5 de mayo de 2026

Miércoles de la Quinta Semana de Pascua


Hch 15, 1-6

Presionando para que haya “cristianos de segunda clase”

Según manifiesta Lucas, estamos en un momento central del libro de los Hechos y la historia de la Iglesia: la primera reunión deliberante que tiene la mira en aclarar y decidir la teoría y la práctica del cristianismo. Producto de esta primera gran reunión es la claridad de que la Salvación cristiana depende exclusivamente de la fe en Jesús, y que no es de ninguna manera necesario pasar por el judaísmo para hacerse luego cristiano.

Ivo Storniolo

El primer viaje misionero de San Pablo se calcula que tuvo lugar aproximadamente entre los años 46 y 48 de nuestra era.

 

Llegan unos cristianos judaizantes de Judea a Antioquía y llegan exigiendo que los cristianos deben cumplir con la ley mosaica, en particular con la circuncisión, es decir, que deben hacerse por entero judíos. Que se hubiera decidido predicarle -también- a los paganos, no encerraba un gran problema, era similar a lo que sucedía con los “temerosos de Dios”, los “prosélitos”, que se acercaban al judaísmo; un prosélito es un guer (extranjero que se adhiere) y debían someterse a la circuncisión y al bautismo ritual (mikve); es un gentil -no judío- que se convierte a la religión judía, adoptando sus leyes, creencias y prácticas, y es aceptado como miembro pleno del pueblo judío. A lo largo de la historia de Israel y la Diáspora, personas de diversas naciones se unieron al judaísmo.

 

Algo análogo encerraba su propuesta con los cristianos venidos del paganismo, a menos que se plegaran a la práctica estricta del judaísmo. Se puede diagnosticar como un retroceso: se hacer dar paso atrás, -volver a los mismo con las mismas- se está revisando para imponer lo que hasta aquel momento no se había exigido. Y debían guardar todas las demás leyes del mosaísmo. Claro, no se tomó esta propuesta sosegadamente, sino que, como lo dice el texto, “Esto provocó un gran altercado”. Lo que se estaba proponiendo significaba llegar a tener cristianos de segunda clase.

 

Si esto se aceptaba significaba que la fe en Jesús no bastaba para alcanzar la Salvación, sería la circuncisión lo que justificaría al hombre frente a Dios. No era una conversión a Jesús, sino al judaísmo.

 

Un primer conflicto se cernía entre Antioquía y Judea, a causa de la conversión de los paganos y su ingreso a las comunidades cristianas. Comisionaron a Pablo y Bernabé para subir a Jerusalén a consultar a los apóstoles este asunto. Esta manera de proceder tiene una profundidad de significación que a veces no dimensionamos: Significa que ellos no se consideraban “independientes”, sino que tenían una intensa consciencia de pertenecer a una totalidad y que la correa de trasmisión, estaba precisamente ligada a la “comunidad madre”, la Iglesia de Jerusalén. Que poderoso modelo para nosotros, se nos muestra que el sentido de pertenencia no nace de una autonomía autárquica, sino en el enlace con los directos constructores y continuadores del proyecto de Jesucristo.

 

En Jerusalén fueron recibidos con alborozo tanto por parte de los Apóstoles, como por los Presbíteros y por la Iglesia entera. Pero, aquí se gatilla un segundo conflicto: la exigencia de los fariseos conversos al cristianismo de la estricta observancia del mosaísmo: encontraron también allí, un frente de oposición, constituido por los fariseos-cristianizados.


La perícopa nos deja -por hoy- en la asamblea de Apóstoles y Presbíteros – se considera acaeció en el año 49 o 50 d.C.- que se reunieron a estudiar el asunto. Nos sentimos obligados a subrayar la honestidad del relato que no escamotea las dificultades que se presentaron, por el contrario, nos va presentando las alternativas propuestas en cada situación, indudablemente iluminadas por el Espíritu Santo que los iba movilizando para que no cayeran en el estancamiento, sino que floreciera en ellos el entusiasmo. El motor que dinamizaba la barca de la Iglesia era -y debe seguir siendo- el Espíritu Santo.        

 

Sal 122(121), 1bc-2. 3-4b. 4c-5.

Un salmo gradual (הַֽמַּעֲל֗וֹת [ma'alah] “subiendo las gradas”, “procesionar por los peldaños”), es un salmo sobre la peregrinación a Jerusalén, a visitar el Templo. Todas las peregrinaciones tienen su antecedente en esta marcha ritual hasta el Templo. En verdad se está hablando de otras “subidas”, son subidas que aluden a una “liberación alcanzada”: se sube de Egipto, se sube de la deportación de Babilonia, se sube como cada mortal asciende al Señor “marchando en peregrinación”, a lo largo de toda la vida, y, se subirá al final de los tiempos.

 

Este poema en particular maneja un contrapunto en cada dístico: primero un verso con tres acentos y luego el siguiente, con sólo dos acentos. Es como una emoción contenida, casi inmanejable, declamada al compás de la alegría. Hay una dicha incontenible que pisan ya casi los umbrales de la Ciudad Santa, בֵּ֖ית יְהוָ֣ה.[bet Yahwe] “la “Casa del Señor”. ¡Estamos ingresando en la Ciudad que Dios se escogió como Morada!


La primera estrofa nos habla de esta toma de consciencia, ¿qué estamos haciendo en esta sinodalidad? ¿Por qué marchamos juntos en ascenso? ¡Y, al darnos cuenta, שָׂ֭מַחְתִּי [maḥ-tî] “qué alegría!”

 

La segunda estrofa evoca una idea de חָבַר [chabar] “hechizo”, hay algo mágico que la defiende, que la sustenta, que le sirve de basamento.

 

Recordemos que en sus puertas se ubicaban los jueces a impartir Justicia. Siguiendo la “tradición” judaica, se sube para loar y adorar el Santo Nombre. Allí se proclaman los testimonios de su Grandeza Misericordiosa.

 

Jn 15, 1-8

El “carácter” va impreso en el corazón

Cristo es la verdadera vid. Él es esa sabiduría encarnada que produce frutos sabrosos de los cuales nos habló. Así Cristo sustituye a Israel. Él y las ramas que permanecen unidas a Él, son como un nuevo Israel. Las ramas somos nosotros, sus discípulos. Debemos dar frutos de amor y obediencia a su Palabra.

Augusto Seubert

Nos parece prudente iniciar con la definición del carácter que imprime el Sacramento del bautismo: El carácter bautismal es una marca espiritual indeleble e imborrable impresa en el alma por el bautismo, que configura a la persona con Cristo, la incorpora a la Iglesia y la consagra al culto divino. Hablamos de carácter como de un sello indeleble estampado en el alma, en griego ἐσφραγισμένος. [esfragismenos] del verbo σφραγίζω [sfragizo] sellar: "Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la Verdad, la Buena Noticia de su Salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios que Él había prometido" (Ef 1, 13)


En el capítulo 15 de San Juan, encontramos 15 veces la palabra “permanecer”. Y, se nos plantea a modo de “Mandamiento”: Permanezcan en Mí y Yo en ustedes”. No es un mandamiento caprichoso, nos explica el por qué. Sólo injertados en Él seremos fructíferos. Y, nos da una analogía: si Jesús es la Vid, solamente unidos a la Vid, el κλῆμα [klema] sarmiento” carga. Y, pegados a la Vid, que es Jesús, la cosecha será prolífica. Y ¿cómo llegamos a ser “sarmientos”? sólo si logramos entender nuestra fraternal “igualdad”, que consiste en no buscar escalar posiciones en Su Amor, y entender que sólo Él tiene derecho a entregar las “preferencias” de Su Amor, y que no hay “ascensos” por “adulación”. La escala de “promoción” del Señor, no es una escalera “meritocrática”. ¡El amor verdadero, ni se compra ni se vende!

 

Al contextualizar este capítulo, insistimos -una vez más- que se trata de un discurso de despedida que tiene por sentido animarnos, dejarnos cimentados en fortaleza, convencidos que aquello que se suele llamar derrota, es sólo un proceso de depuración, una “poda” para evitar que seamos como la higuera estéril. La higuera estéril estaba condenada a ser arrojada al fuego; y, así todo el que no da fruto, será cortado para despejar el terreno y dar cabida a otros que -a su vez- serán también podados. ¡Nuestra firmeza consiste en dejar de temer la persecución, la exclusión, la tortura, y la muerte; todo aquello que nos condena a permanecer encerrados en “el aposento alto”!

 

Hay una joya verdadera, una Joya Celestial que Jesús nos entrega, y que podemos pasar sin darnos cuenta: “Ustedes ya están καθαρός [kataros] “limpios” por la Palabra que les he hablado” ¿Por qué resulta aquí hablando de pureza”? Es que podar está expresado con la palabra καθαίρει [kathairei] “podar”, “purgar”, “eliminarle los elementos indeseables”, “extirpar”, nos hallamos ante una verdadera cirugía. «Nosotros acostumbramos podar los palos de aguacate, mango, el café y otros árboles frutales. Cortamos la madera seca y podamos el copete para que crezca más ancho. Quitamos los hongos dañinos y los bejucos parásitos que enredan el palo, absorben su fuerza y lo secan. Así también Dios Padre corta las ramas secas y limpia las demás para que produzcan más frutos». (Augusto Seubert)


(Hay que recordar que la Viña que plantó el Señor es Israel, que no dio uvas dulces, sino “agrazones”, puro amargor y sinsabores). Pero a nosotros, Jesús nos ha “podado”, con las Palabras que han salido de su Corazón, a través de sus Labios. Esta perícopa de Juan se enlaza directamente con la apertura a los “paganos” de la que nos habla hoy en la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles: Hemos sido constituidos un Nuevo Israel. Esta parte del discurso de Despedida es una llamada clamorosa a “permanecer auténticos discípulos”. Enfaticemos: Nuestra circuncisión no es de prepucio, ¡es de corazón!