martes, 17 de febrero de 2026

MIÉRCOLES DE CENIZA

 


Jl 2, 12-16

“Dios es compasivo y clemente, paciente y misericordioso”. Por supuesto que no nos podemos conformar con recitar dicha expresión y llevar una vida disoluta y corrupta.

Milton Jordán Chigua

El Profeta יוֹאֵ֖ל Joel (nombre que significa “Yahveh es Dios”), es tenido por el profeta de la penitencia y la oración. Dado que su obra no contiene menciones de Asiria o Babilonia, nos lleva a pensar que debe corresponder al periodo persa, es decir entre el 539 – 331 a. C. si continuamos profundizando para ubicarlo cronológicamente, llegaremos a pensar que su vida está situada entre el 400 y el 350 a.C. por tanto, dataremos esa obra profética en el 400 a.C. estaríamos tentados a datarlo en la era de la reconstrucción post-exilica, post Esdras-Nehemías. Este profeta está relacionado con el culto y era hijo de Petuel (que a veces se translitera Fatuel). Es posterior a Ageo y a Zacarías.

 

Joel es un sistemático conocedor de las Escrituras, y lo que busca es precisamente, articular sentido a todo lo que le ha ocurrido a Israel. La perícopa que nos ocupa es una exhortación penitencial. La sustancia es la identidad de Dios que es “compasivo y clemente, paciente y misericordioso”. Él no quiere nuestra perdición, todo lo contrario, lleva sus desvelos hasta el límite, para que ni uno sólo se pierda.

 

El alma de la penitencia es su esencia: esta puesta como columna vertebral de la perícopa: Es el verbo שֻׁ֥בוּ [shub] “convertíos”, “vuélvanse al Señor de todo corazón”, “retornen”, “regresen”; este concepto de conversión implica una vuelta atrás, un acercamiento, al Bien de Dios; y, a la vez, un alejarse, esa es la dialéctica de la conversión: uno se acerca a lo que antes estaba dejando lejos; y empieza a alejarse de los que antes atraía, llamaba, se acercaba.

 

No se trata de un pequeño cambio, se trata -por el contrario- de un cambio integral, involucra todas las dimensiones de la persona; no se logrará de la noche a la mañana, siempre enfatizamos que reviste un carácter procesual. (Cuarenta días es la duración de un “semestre” rabínico: Un taller de conversión, prepara su plataforma de despegue, en 40 días: Son cuarenta años condensados, de manera supremamente apretada. Permítasenos añadir que 40 “años” es la duración simbólica de una generación, luego, al decir cuarenta, se está diciendo “la totalidad del tiempo”, “toda una vida”. En este caso, la idea central que soporta el esquema Cuaresmal, es que el ayuno de Jesús en el desierto fue exactamente ese: Cfr. Mc 1,12s; siguiendo el esquema mosaico que estuvo 40 días en el Sinaí envuelto en la עָנָן [anan] “nube”, que simboliza la שכינה [Shekinah] “Presencia”, “que acampaba junto con ellos”, “que tenía su Morada con ellos”.(Cfr. Ex 24, 18). Uno podría traducir esos “cuarenta días” como que la tentación no fue sólo durante su estancia de ayuno en el desierto, sino que duró toda su vida, en la que estuvo tentado y amenazado constantemente por la σκανδαλον [skándalon] “piedra de tropiezo”, “trampa” puesta por todos cuantos lo acechaban.

 

Algo sustantivo es que no se refiere a cambios exteriores, a ritos. Se trata de rasgar el corazón, no de desgarrarse las vestiduras. Supera lo puramente aparencial.

 

En la ruta penitencial nos propone tres cánones:

1)    Ayunos

2)    Llantos y lamentos

3)    Rasquen su corazón y no sus vestidos.

 

Pero desarrolla la idea posteriormente, enumerando una serie de pautas que hacen realidad la ruta penitencial:

·         Toquen la trompeta en Sion

·         Proclamen un ayuno santo

·         Convoquen a la asamblea, reúnan a la gente, santifiquen a la comunidad.

·         Llamen a los ancianos, congreguen a los muchachos, y a los niños de pecho

·         Salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo

·         Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes

 

Notemos que el planteamiento de la penitencia no apunta a lo que cada cual hace por su cuenta, sino a congregarse, a celebrar la penitencia. A tener consciencia del carácter social del pecado, que cunde como una virosis. Notemos que, si unos evaden la cuaresma y su penitencialidad, otros, especialmente los jóvenes, dirán, no tiene nada de malo, mis mayores van por ahí, de espaldas a Dios, pues, haré lo mismo, caminaré por esas sendas que los mojigatos llaman “de perdición”.


El pecado es definitivamente pandémico; y estas “pestes” tienen sus incidencias destructivas en todo, en particular, sobre los recursos de vida: la figura que se aplica es la de las langostas que todo lo devoran y destruyen todas las cosechas y condenan a la gente a sufrir de hambre desesperada: Así fue la invasión que todo lo destruyó: la invasión militar que los llevó al exilio, los invasores venían y atacaban a caballo, donde sus cascos hollaban, el suelo quedaba estéril. Igual que las langostas, se colaron por sus ventanas para atacar a sus familias.

 

Este profeta post-exilico llama al “resto”, los que han regresado, a vivir penitencialmente, el signo penitencial por excelencia era cubrirse de saco y ceniza. ¡Convoquen un ayuno, santifiquen la comunidad! En este caso el ayuno tiene un carácter de purificación, de limpieza, de lavado de a corrupción.

 

Sal 51(50); 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17

El idioma tiene su evolución: a veces decimos “piedad” y “misericordia”, como si estuviéramos pidiendo dos cosas distintas. Antiguamente había una diferencia más o menos rotunda entre los uno y lo otro, actualmente, y sobre todo, en español, ha venido a significar estrictamente lo mismo. El Salmo inicia con esa petición de Misericordia: חָנַן [janan] “misericordia “… [janan] significa tener piedad, tener misericordia, tener benevolencia con alguien…

 

¿Por qué clama por misericordia? porque ha cometido tres desvíos: חָנַן [jataáh] “pecado”, la עָווֹן [avon] “iniquidad” (nosotros solemos traducirlo por “culpa”), y la פֶּ֫שַׁע [pesha]maldad”, “transgresión”, “rebelión”.

 

El pecado se limpia, la iniquidad se borra, la rebelión se controla y se restablece la juridicidad rota.


La reparación requiere que Dios obre un prodigio: acabe con el ser que falló y cree uno completamente nuevo. Además, que Dios lo vuelva a mirar con la mirada con la que se mira a los inocentes. Que lo cobije de nuevo con la Luz que emana de su Rostro. Que lo envuelva en su Shekinah.

 

Como resultado de esa re-creación, se recobra la herencia perdida: se recobra la alegría que trae la Reconciliación; y se siente uno sólido, inamovible, reforzado y remachado por la Gracia que proviene de Dios.

 

A uno se le nota que el milagro de la recreación se produjo, porque los labios no cesan de proferir alabanzas.

 

El responsorio enfatiza que esta no es una cuestión de individuos, así como el pecado inyecta sangre mala a en el organismo social, así la limpieza se recobra trabajando como comunidad en alcanzarla: ahí está la razón de ser de la sinodalidad. Nadie se salva solo, todos -a una- nos apoyamos e intercedemos los unos por los otros. La ayuda mutua es esencial y la comprensión del daño colectivo que genera el pecador individual, por muy solito y secreto que mantenga el daño generado.

 

2Cor 5, 20 – 6, 2

Los falsos agentes de pastoral … defienden sus intereses para conservar sus privilegios: actúan secretamente, con astucia, falsificando la Palabra de Dios y predicándose a sí mismos. Son agentes de pastoral exhibicionistas que no anuncian a Jesucristo…

José Bortolini

Hay una religión de apariencias, que se revuelca en su “poderío”, siempre que vemos a alguien que se conforma con su “fuerza”, podemos asumir que en vez de acercarse a Dios se está revelando contra los valores cristianos. La humildad no consiste en humillar al otro poniendo en su nuca el pie (y que el otro lo permita ingenuamente, pensando que hay algún mandamiento que él desconoce y que obliga a dejarse avasallar), la humildad verdadera consiste en renunciar a todo recurso a la “fuerza”, al “poder”. No le pidamos a otro que sea humilde, de eso no se trata; se trata de que nosotros mismos no recurramos a la violencia, a la cultura de la muerte, no pongamos en vigencia aparatos de opresión para subyugar.


Los que se ranchan en la violencia, el fanatismo, la intimidación y todo tipo de terrorismo, han equivocado el camino y no siguen los senderos de Jesucristo, que murió por todos para que ya no vivan para sí. No hay caminos rápidos que nos llevan a la Salvación aun cuando la guerra y la beligerancia parezcan resolverlo todo muy prontamente.

 

¿Cuántas veces descuartizamos nuestra fe y reprochamos que otros usen la violencia, pero nosotros argumentamos que “ese tal por cual se merece un tiro en la frente”? Y, en el cine saludamos con generosos aplausos que la violencia se imponga. Suenan como el eco de cadenas, los discursos guerreristas que arrastramos pesadamente -pero que lustramos con pomada brilla metales- porque nuestra “justicia” detenta el monopolio legal de hacer relucir la muerte como argumento definitorio. Para eso ¡Somos los “justos”!

 

Rechazamos todo eso porque “el que está en Cristo, es una nueva creación”. Cesen pues las palabras altisonantes que llaman a la humildad muy emocionadas con la Nueva Creación y esconcen, tras la espalda, las cananas provistas de toda clase de municiones.


“Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él.”

 

Mt 6, 1-6. 16-18

El Señor no se cansa nunca de tener misericordia con nosotros, … invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, por las lágrimas, …

Papa Francisco

¿Cuál es la justicia que no debemos alardear delante de los demás? La justica de mostrarnos muy “dadores de limosna”, limosna que acompañamos con fanfarrias para que todos lo presencien y chorreen babitas por la comisura, porque es increíble esa generosidad, ese desprendimiento. Esos no recibirán ningún premio en el Cielo, ya con su publicidad se han pagado por derecha.


¿Qué hay que hacer entonces? Prodigar la caridad con suprema discreción, sin que nadie lo note. 

 

Ese es el primer punto que trae el Evangelio según San Mateo.  A continuación, nos plantea el tema de la oración: Oran de pie, en la sinagoga para que todos los vean. O rezan en las plazas con actitud beligerante y provocativa, en vez de paz tratan de poner a otros quisquillosos. No se trata tanto de orar como de retar.


Entonces ¿siempre que oremos tenemos que hacerlo en nuestro dormitorio a puerta cerrada, bajo llave? Consideramos que no es esa el alma de esta perícopa, sino que podemos orar juntos, pero sin aspavientos, sin buscar broncas, sin dar la cachetada con el guante para pactar el desafío.  No podemos concebir que orar juntos sea malo, en cambio nos parece muy sinodal, la oración comunitaria está en lo vivo de la médula de la oración.

 

Finalmente, se toca el punto del ayuno: y otra vez el problema es hacerlo por apariencias, como dijo el profeta: “No se rasguen las vestiduras, lo que hay que rasgarse es el corazón” (Cfr. Jl 2, 13) ante tanto dolor y tanto sufrimiento que se ha sembrado.

 


Ante cada recomendación se añade: Dios se da cuenta, Él no ignora nada, Él ve tu bondad y la pagará con la preciosa moneda de su Bondad. No te afanes Él ve en lo escondido y no quedará estéril tu gesto cristiano. 

lunes, 16 de febrero de 2026

Martes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Stg 1, 12-18

La bienaventuranza es una de las categorías centrales de nuestra fe. No se espera que el católico sea un “tristón”, un “cara-lánguida”, “un deprimido”; lo que se quiere es que nuestra fe nos guie por un camino de alegría, de optimismo, de empoderamiento vital: no somos una caterva de abatidos. La bienaventuranza está ligada a la dicha, a la felicidad: si andamos en los caminos de la fe, podemos detentar una visión de vida optimista. La perícopa de hoy empieza así, con la palabra Μακάριος [Makarios] “bienaventurado”, “dichoso”, “venturoso”, “el que puede disfrutar de los beneficios divinos” , y nos indica cómo se alcanza esta buenaventura: resistiendo la prueba.

 

La Carta de Santiago nos trae una conceptualización de la bienaventuranza: es “corona de la vida”. No es un paroxismo, con gritería y carcajadas desternilladas. Es Paz, es bienestar, es serenidad feliz.

 

Nos trae, también, una aclaración muy oportuna. Hay muchas personas que creen que Dios experimenta con nosotros, y nos atraviesa en la ruta de la existencia las “tentaciones”. La carta nos aclara que esto no es así. Dice: “Él no tienta a nadie”. A veces tratamos de echarle la culpa a Dios, pero disimuladamente”, entonces decimos que “no tienta pero que permite la tentación”. Nosotros queremos decir que no la permite tampoco, ¡somos nosotros los que la permitimos, porque la tentación nace del “deseo”, y el deseo no lo pone Dios, el “deseo”, -cuando mucho- es la porción de “levadura inadecuada” con la que nosotros mismos, -que nos creemos muy hábiles cocineros- condimentamos la vida. ¿Cómo hacemos para meter contra Voluntad Divina ese fatal aliño? Lo hacemos a espaldas de Dios, aprovechamos la libertad con la que Él nos hizo, porque Él no quiere tener “hijos esclavos”. El “deseo”, se nos dice en la Carta, al madurar, genera muerte: Se trata de la levadura que aporta un fermento de putrefacción

 

Encontramos en el verso 18 la palabra λόγῳ [logo]; y debemos recordar que esta palabra -al traducirla- es de muy generosa y abundante polisemia. Una traducción posible es “palabra”, pero también puede ser, “tratado”, “discurso”, mensaje, “materialización, encarnación, concreción de una idea”, “declaración”, “razón”, “inteligencia”, “habla”, reflexión”, “raciocinio”, “principio universal”, “fundamento”, inclusive “cálculo”. Viene la palabra logos -co-textualizada- dice que es “λόγῳ ἀληθείας” “un logos portador de “verdad”, pero el asunto y la cuestión es que esta verdad no es la “adecuación del ser al intelecto”, que nos lleva a poder mostrar “el título de propiedad” y presumir de ser sus dueños, aún más, de abollarle las entendederas a cualquiera que se niegue a contradecirnos. Aquí se trata de una idea “ontológica”, todo lo que es, es -antes que todo- porque “es pensado por Dios”. Pensamos que quizás nos ayuda mejor si traducimos por “realidad”. Las raíces de ἀληθεία son: a- (sin) y lethe (ocultamiento), significando aquello que no está oculto, “evidente”, “revelado”.Esta realidad está “desvelada”. Al traducirla por “verdad”, nos alejamos del significado de ἀληθεία

 

Nada negativo nos viene de Dios, del Cielo sólo recibimos regalos. Lo que de allá nos llega son δώρημα τέλειον [dorema teleión] “dones perfectos”. Porque Él no nos engendró con Voluntad de corruptibilidad, sino con λόγῳ ἀληθείας [logo aletheias] “Palabra de Verdad”, con el propósito de que existiéramos, no de llevarnos al fin, no con el objetivo de destruirnos, sino “con perfume de eternidad”, para que fuéramos privilegiados con la donación que hace el Sacrificado a favor nuestro (recordemos que las primicias estaban previstas y consagradas para el Altar del Señor).


Si, por el contrario, optamos por caminar alejándonos de Dios, pues cometemos el abuso de nuestra libertad. Dios no nos condena a su amistad: Nos invita a ella. Nosotros hacemos la opción. Hay quienes cometen la locura de optar por la muerte. ¡Atención a lo que deseemos!

 

Sal 94(93), 12-13a. 14-15. 18-19

Este Salmo es un Salmo de exhortación profética contra la impiedad. Los portadores de la impiedad pueden ser múltiples, hemos visto en nuestro andar con las Escrituras que pueden estar aquí mismo, que pueden ser nuestro más próximos, nuestros “compañeros de fe”, nuestros amigos cercanos, o, incluso nuestros parientes.



El Salmo nos va señalando la asistencia y cuidado de Dios que vela Misericordioso sobre nosotros, sonando una alarma cada vez que parecemos estar a punto de desbarrancarnos. Es un Dios que tutela, es un Buen Pastor.

 

El salmo pone un toque de realismo señalando que más tarde o más temprano habrá mortificación o zozobra.  Nadie atraviesa un desierto siendo llevado entre palmas. Siempre habrá que sudar alguna gota gorda.

 

Pero -así sea ruda la travesía- nuestra actitud ante el Señor debe ser la del alumno bien dispuesto, con sed de saber y con comportamiento proclive al aprendizaje. Cuanto mejor sea nuestra actitud, más pronto y mejor aprenderemos.


Aprendamos ordenadamente todas las lecciones. Juntemos cada enseñanza con el todo, buscando cuál es su lugar. Dónde debe ir cada retazo de tanta “Sabiduría”, teniendo eso sí, cada sabiduría organizada con el conjunto, y debidamente conectada al Maestro. ¡Qué alto honor que nuestro Maestro sea el Señor! Que sea Dios mismo quien nos instruye. Después del tiempo del rigor, más pronto llegaran las horas de la dulzura. El Señor no nos abandonará. Está escrito: Su fidelidad dura por siempre. Sus herederos no probaran los sabores de la orfandad. Seguiremos siendo sus aprendices si aceptamos con sed sincera cuánto y cómo lo necesitamos y nos urge.

 

La justicia se aplicará a nuestro juicio en su Tribunal y, el fallo será a nuestro favor. Cuando uno ve que se va a caer, entonces se sorprende al descubrir que la Mano Misericordia está allí, pronta y cercana. Cuanto más parecen abrumarnos los desasosiegos, más pronto encontramos que de Él viene la Redención copiosa.

 

Mc 8, 14-21

En esta perícopa hay una pregunta esencial que nos hace Jesús, esa pregunta nos lleva a la clave de la comprensión; únicamente cuando los episodios de nuestra experiencia de Jesús se hilvanan en una “recordación sistemática” es cuando logramos “entender”. Lo que Jesús nos pregunta es μνημονεύετε [mnēmoneuete] “se acuerdan”. Si no nos acordamos no acabaremos de comprender nunca.


Sí la nuestra es una religión “histórica” y no cosmológica, eso significa que nuestra fe tiene un cimiento en la זִכְרוֹן [zikaroun] “recordación”, “memorial”, “recordatorio”, “recuerdo”, “algo memorable”. Pero no se trata simplemente de saber “datos históricos”, fechas, nombres de personajes, citas bíblicas. Se trata más bien de recomponer los hechos y colocarlos en una perspectiva que permita que cobren sentido, en una proporcionalidad que las llene de significado. Fundirla en un “horizonte”.

 

No se trata de saberse las parábolas, las profecías, los milagros, y de poder identificar los personajes, sino de saber articularlo todo, para reconocer que ese todo es el mensaje del cristianismo. El todo es mucho más que la adición de las partes, es poder distinguir lo que es fundamental, de lo que es secundario, cómo los valores cristianos entran en porcentajes diferentes y cuál es su jerarquía. ¿Qué es lo más importante de todo para Jesús? y luego, ¿qué va después? Teniendo muy presente que todos estos “recuerdos” conforman un organismo y no son una simple miscelánea. Es como tener una serie de fotografías que sí sabemos sistematizarlas, entonces -y sólo entonces- podremos contar la historia que está allí, contenida.

 

Tomemos por caso la perícopa de hoy: Nos pide una cierta disponibilidad para ver y también para entender; pero a la vez nos exige estar alertas contra “la levadura de los fariseos”. En este co-texto, fariseos debe entenderse como “leguleyo recalcitrante”. Porque la levadura de los fariseos es lo que da el toque de perversidad: “la levadura que aporta un fermento de putrefacción”. Algo, totalmente santo, puede caer directo en el territorio del “pecado” con sólo añadirle la impertinente dosis de esa levadura.

 

La levadura, -como lo sabe cualquier persona que haya horneado pan-, es un componente esencial. Basta que se nos vaya un poco la mano en su cantidad, para que el pan sea un fracaso. La levadura de los fariseos es su “doctrina de intolerancia”.

 

No podemos abstenernos del apunte sobre “la levadura de Herodes”: la “levadura herodiana” es una ¡levadura asesina! Herodes es un infanticida, pero también es el asesino de Juan el Bautista y en ese sentido es también un profeticida. La levadura herodiana nos pondrá las manos tintas en sangre.

 

A la levadura, relacionada con el pan, y estamos en la sección de los panes, se conecta la experiencia de este “milagro”, con la experiencia de la enorme cantidad de “sobras” que quedaron en cada “multiplicación”. Esas sobras aluden a los que todavía llegarán, porque seremos más numerosos que las arenas de las playas y que las estrellas del mar. Si uno no relaciona que todavía hay un gigantesco remanente, la primera vez, para los paganos que llegarían, y la segunda vez, para los que seguiremos llegando, uno se quedará acorralado, pensando en el enorme problema de no haber traído más que una hogaza de pan, y tener escasamente uno, ignorando que ese “Uno” es el que está en el génesis de todo Pan y que Él podrá multiplicar ese único en el múltiple, porque es el nacido en Belén la “casa del pan”.


¿Cuál es el “condimento” o la “levadura” correcta que hay que meter al amasar la inteligencia para potenciar su comprensión? El Amor. Amor en todo y en cada una de nuestras acciones. Cuando se le da este toque al amasijo, uno se hace capaz de discernir que Dios está presente en todo y se penetra el valor sacramental de la realidad: λόγῳ ἀληθείας. Dios se puede hacer Presente en toda realidad. Siempre va con nosotros cruzando el éxodo que significa atravesar el desierto (la vida resumida con la metáfora del desierto). Y esa prueba no nos la impuso ni la “permitió” Él; nosotros, que estábamos en el Paraíso, nos hicimos expulsar de él. Los sinsabores los hemos adquirido engañados por el Malo que truqueó nuestros deseos. ¡Que es un mentiroso profesional y contumaz!

domingo, 15 de febrero de 2026

Lunes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario

 


Stg 1, 1-11

La primera palabra de esta carta es Ἰάκωβος [Iakobos] “Jacobo”, “Santiago”, pero ¿a cuál Santiago se refiere? porque se nombran varios Santiagos en el Nuevo Testamento: tenemos al Apóstol Santiago, el hermano de Juan, a ellos los llamó Jesús “los hijos del trueno”. En segundo lugar, el Santiago, hijo de Alfeo, también discípulo del Señor, mencionado por San Mateo en 10, 3. Otro Santiago es el hermano de Judas Tadeo, que nombra San Lucas en 6,16. Un cuarto Santiago es el mentado por San Mateo en (13, 55); también San Juan -que lo menciona en (7,5) y, referido por San Pablo en la Carta a los Gálatas (1,19) y también en la Primera a los Corintios (15 ,7).

 

Este último parece haber recogido la bandera, cuando San Pedro abandonó Jerusalén, asumiendo allí el liderazgo de la comunidad cristiana. (La última mención que se hace de él es en Hch 21, 18). Este Santiago parece haber tenido algún parentesco con Jesús y, por tanto, San Pablo alude a él llamándolo “hermano del Señor”. Es a él a quien se le atribuye esta Carta -una de las siete llamadas católicas- porque no están dirigidas específicamente a alguna comunidad, sino a todos los que profesaban esta religión.

 

Como decíamos el sábado, hoy y mañana trabajaremos en este cursillo que se interrumpirá por la llegada de la Cuaresma, y que retomaremos después de Cuaresma-Semana Santa-Pascua. En estos dos días nos ocuparemos del capítulo Primero, hasta el verso 18, y, les dejamos los versos 19-27, que esperamos ustedes saquen el tiempo para leerlos, porque en ellos se nos señala la importancia de no dejar estas enseñanzas en el tintero sino pasarlas a la vida, convirtiéndolas en una práctica constante, en un estilo de vida. No basta conocer los principios del cristianismo, si no los llevamos a la práctica.

 

Nos dice que seremos δοκίμιον [dokimion] “puestos a prueba”, como en un simulacro, “como el testeo de una pieza que se lleva al laboratorio de materiales y se califica su resistencia”, la prueba puede ser la tentación, que intenta acorralarnos, la amenaza de un peligro que se levanta contra nuestro cuerpo o contra nuestra vida espiritual, también en el proceso sinodal -de andar juntos- podemos llegar a pisarnos los callos, como producto de nuestras cadaunadas. Cuando se tiene una fe autentica -se nos dice en esta Carta- la prueba redundará en un fortalecimiento de la fe.

 

Quisiéramos relievar que aquí se nos ofrece una pista de lo que significa la catolicidad; e la identidad del católico la vida sacramental es esencial, pero no basta; hacer visitas a los templos es un magnifico habito del creyente, y al visitar una ciudad o un pueblo, priorizar la visita de su correspondiente iglesia es una costumbre de gran mérito, pero no es suficiente. Que asistamos con puntualidad sagrada a la Eucaristía Dominical, es grandioso, Dios nos regala la Gracia de asumir esa disciplina, no obstante, tampoco alcanza falta tan los 50 pesos fundamentales para completar el peso: saludarnos con los otros, reconocer en ellos a hermanos en la fe, respetarnos y prodigarnos un cariñoso trato, ver en cada uno un hermano en Cristo Jesús, entender que nos somos “locos con diversidad de temas”, sino células dl mismo Cuerpo Místico de Cristo, granitos de trigo del mismo Pan, y pudiera ser que -para darle marco a todo este tesoro de la Fe, participemos en algún grupo pastoral de nuestra comunidad, entonces, ahí si, por fin, podremos argumentar que somos de esta Fe que sigue a Jesucristo y reconoce en le santísima Trinidad como su Dios.

 

La paciencia es toda una potencia en cuanto a la plenificación de nuestro ser, esa plenificación aquí es llamada “perfección”.  La perfección se muestra cuando el material es “testeado” y se manifiesta su ὑπομονή “resistencia”, “su tolerancia” a la presión, a la tensión, o se mira si su elasticidad, o su flexibilidad, regocijarnos porque “soporta”, porque demuestra su “aguante”.

 

Cuando pasa el examen, se le da “el visto bueno” y se declara τέλειον «perfecta”, “consumada”, “plena”. Es el propio Jesús el que estampa el rotulo de “calidad”.


Observemos la secuencia: prueba endurecimiento o forjado perfección.

 

El objeto en prueba, para alcanzar este grado de “aprobación”, tiene que pasar por un revestimiento, un baño, un enchape de una sustancia que lo satura: “La sabiduría”. Venimos de estudiar la Sabiduría -en el caso de Salomón- y descubríamos que no basta “tenerla” por ejemplo, en el sentido e ser un gran “comerciante” capaz de darle nacimiento a un emporio mercantil- sino que ella sólo opera beneficiosamente, para alcanzar la perfección, si se da una constante conexión con Dios.

 

Si se recibe, pero no se cultiva la amistad con el Señor, la sabiduría se quedará inoperante, neutralizada, inutilizada. Propiamente hablando, no habrá tal sabiduría excepto la facultad de “negociante con gran destreza monetaria”. Su enchape será en vano.

 

Sal 119(118), 67.68.71.72. 75. 76.

Este es un Salmo de Súplica. Su estructura es alefática, pero no por versos, sino por estrofas. La primera estrofa, por ejemplo, con sus ocho versos, todos empiezan por א alef; en la segunda estrofa -ocho versos también- todos los versos empiezan por ב bet; y así sucesivamente, con las 22 letras del alefato, para un gran total de 176 versos.

 

Aún hay otra peculiaridad, en cada verso nos encontramos algún sinónimo de la palabra “Ley”: tu voluntad, tu Mandato, tu decisión, tus caminos, tus promesas, tus decretos, tus sendas, etc.

 

Por otra parte, son una especie de bienaventuranzas, la palabra inicial nos da la tónica: אַשְׁרֵ֥י [esher] “bienaventurado”. ¡Quién será bienaventurado?, el que obedece la Ley divina, ese alcanzará la plenitud de la dicha.


La perícopa de hoy tomó seis versos de los 176 para configurar el Salmo responsorial.

 

1º. Me ajusto a Tu Promesa

2º. Instrúyeme, es la educación que da bondad y conduce al bien.

3º. El sufrimiento ayuda a re-direccionar nuestro camino.

4º. Ningún tesoro es mayor que la Ley proferida por Tus Divinos Labios

5º. Estuvo bien justificado el sufrimiento que obtuve, de otro modo no habría corregido.

6º Se puede uno confiar plenamente en lo que Tú prometes, lo que realice tu Promesa será motivo de Consuelo.

 

El verso responsorial dice que uno está como muerto en vida, sólo se alcanza la vida verdadera cuando se llega a recibir el don de “la compasión” que nos viene del Señor. Entonces y sólo entonces, estaremos resucitados.

 

Mc 8, 11-13

Jesús vino a participarnos su Misericordia, no a jugar caprichosamente con los astros. Hace “milagros” que liberan, no tiene un “planetario de atracciones lúdicas”.


Suceden tantas bondades del Cielo, pero cuando sobrevienen, les damos cualquier “explicación”, decimos que es natural, que ya era tiempo, que cumple las leyes probabilísticas, que tarde o temprano tenía que suceder, que ha sido una pura coincidencia, que tiene su explicación científica, bueno, y cientos de miles más.

 

Jesús no entra en nuestros juegos -que nosotros por nuestra altanería consideramos juegos tan sofisticados-, no convierte el día -el pleno mediodía-  súbitamente en la zona más oscura de la noche. Aun cuando al que cree no se le niega el prodigio, recordemos los “Magos de oriente” y la estrella que los guiaba, ¡ese era un signo cósmico!

 

Vienen los fariseos y le piden a Jesús un σημεῖον ἀπὸ τοῦ οὐρανοῦ [semeión apo tou uranon] “signo del cielo”, una “señal incontrovertible”, “demostrativa e irrebatible”, un “aval de Dios”. La nuestra -y en eso nos gusta ser enfáticos porque es clave- es una religión histórica, muchas de las religiones antiguas y orientales eran religiones de tipo cósmico, que se anunciaban y hablaban por eclipses, por estrellas, por vendavales, maremotos, huracanes, la nuestra no juega con esas “espectacularidades”; pero sabiendo que cualquier “señal” será dejada en suspenso, para no dar el brazo a torcer (porque los fariseos no querían creer, más bien querían un argumento para rechazarlo, argumento para no creer, para remacharse en su supuesta fe que más bien era falta de fe); pero no siempre será así, llegará un momento en el cual los corazones estarán mejor dispuestos y los oídos más despiertos, mejor capacitados para oír y ojos mejor dispuestos para ver. Tal vez será otra cultura, tal vez, otras naciones.

 

Lo más probable es que Jesús no se refería tanto a los de aquella época, sino a los de aquel pueblo. La palabra γενεά [genea] que significa “generación” también significa “nación” (también “raza”, “nacimiento”, “descendencia”); los fariseos -en esta situación y dentro de este dialogo con Jesús- son los portavoces y representantes oficiales del judaísmo. Preferían seguir aferrados a su manera oficial de pensar. Y no ha de parecernos extraño, solemos proceder así, también nosotros -muy frecuentemente-, preferimos seguir tozudamente asidos a la cantinela de siempre, antes que abrir los ojos y los oídos a una “nueva canción”. Y es que culturalmente se nos ha formado para preferir los odres viejos a los nuevos, por aquello de que “más vale pájaro en mano que cien volando”, y por el valiosísimo argumento de “siempre se ha hecho así, así lo hacía el abuelo y así lo hacia mi bisabuelo”, y frente a eso, la autoridad del Cielo… muy poco vale; ellos pretendían que les bajara una estrella, la señal que pedían era un fenómeno planetario, algo “del Cielo”, (detrás de esto se agazapa otra objeción, lo “reciente”, “lo actual”, lo miramos siempre con los ojos de la duda, y siempre lo miramos con los lentes del “no está suficientemente probado”, “requiere por lo menos un siglo más de maduración”): adoramos las “realidades” terrenales y detestamos que nos hable el Cielo, con toda su autoridad.


Y es que estamos tan aferrados y envanecidos de nuestra cerrazón, que preferimos rechazar a Dios que ha “venido a acampar entre nosotros” para traernos su Revelación, que invalidamos su Epifanía y su Resurrección. Si esta “nación” no quiere acogerlo, ¿qué puede hacer Él? ¿Qué queríamos? ¿La fe mezclada y disuelta con escopolamina?

 

¡Pues no! ¡Se embarca, y se va a la otra orilla! ¡Allí donde encuentre gente más abierta! ¡No los abandona! ¡Ellos lo expulsan!

sábado, 14 de febrero de 2026

UNA SABIDURÍA MISTERIOSA

Eclo 15, 16-21; Sal 119(118), 1-2. 4-5. 17-18. 33-34; 1Cor 2, 6-10; Mt 5, 17-37

 

Jesús es el primero que vive el amor. Su justicia no es la de los escribas ni la de los fariseos: es la “excesiva” del Hijo, igual a la del Padre, que hace entrar en el reino.

Silvano Fausti

La cita que tomamos de Eclesiástico (Sirácida) en esta oportunidad, proviene de un segmento de ese Libro que estudia el poder de la sabiduría confrontado con la libertad del ser humano. Dios ha dejado que manen ante nosotros las fuentes opuestas: tanto fuego como agua; tanto vida como muerte, pero no es Él quien nos hace pecar, no es Él quien nos pone la piedra de tropiezo. Pero no nos obliga a tomar ninguna opción, la libertad está allí para permitirnos escoger. Si queremos lo aceptamos, sino, le podemos estampillar la puerta en su Divina Nariz: Es oferta de Salvación, pura Gracia.

 


Continuamos este Domingo inmersos en el Sermón de la Montaña. La página central en la vida de Moisés es aquella que nos relata la recepción de las Tablas de la Ley de Manos de Dios, en Quien radica por antonomasia la autoridad legislativa, Dueño como lo es del Árbol del Bien y del Mal, cuya Ciencia, Él mismo, se reservó para Sí (Cfr. Gn 2, 11-12). Se examinarán -este domingo- tres mandamientos: no matar, no cometer adulterio, y no jurar en falso; pero el tema general-global es no pensar que Jesús vino a abolir la ley y los profetas, sino a darles plenitud (Mt 5, 17).


En el Sermón de la Montaña Jesús también “escala” para entregarnos la Nueva Ley, es el Moisés de la Nueva Alianza, pero Mayor, porque es el Hijo de Dios. Vamos a hacer, junto con Él, este ejercicio de montañismo, para llegar a la Cima: “Por su parte, sean ustedes perfectos, como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 48).

 

La Nueva Ley es el Corazón de la Nueva Alianza, del Pueblo Nuevo conformado por Hombres Nuevos. No consiste en la revocatoria de la Primera Ley, la Mosaíca; sino “en llevarla a su plenitud” (Mt 5, 17). “En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice” (Mt 5, 18). Y la Ley debe ser, no sólo cumplida, además, enseñada, trasmitida; y esta doble prescripción constituirá la “grandeza” del creyente en el Reino (Cfr. Mt 5, 19) «… el valor de una persona, su fineza y magnanimidad, es “hacer y enseñar” lo que el amor dicta.»[1]. «El Sermón de la Montaña lo pide todo, cuando pide que creamos en un Dios capaz de trasformar la vida, de hacer nacer un hombre nuevo en el seno de nuestro universo.»[2]


¿Cómo operaría esta plenificación? ¿cómo podemos participar en ella? Contrastemos la vía prohibitiva y la vía exhortativa. En la primera, vamos a un “paseo” donde –en ciertos puntos y en ciertos momentos- nos proponemos realizar cierta actividad; pero encontramos unas vallas, que avisan que tal “actividad” no nos conviene. La vía exhortativa, por el contrario, es la recomendación para que, durante todo el “paseo” estemos siempre alertas para disfrutar el paisaje, los alimentos, las flores, los aromas y tener siempre todos los sentidos dispuestos para sumergirnos y embriagarnos con su “gozo”. Esta vía positiva para la formulación de la nueva Ley nos mantiene siempre alertas, siempre comprometidos con la construcción del Reino; siempre descentrados de nuestros egoísmos: abiertos en todo momento al servicio, a la solidaridad, al perdón, a la coherencia de vida, a esa unidad y armonía entre nuestra moral cristiana y nuestra forma de conducirnos. Atentos en todo momento a las necesidades de nuestro prójimo, con especial desvelo por quienes más lo necesitan, empeñándonos -particularmente- por los más débiles y desprotegidos. Esto lo podemos cumplir “si queremos”, así está enunciado en Eclo 15, 15; y en la conclusión de la Primera Lectura de hoy lo explana rotundamente: “A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar”. (Eclo 15, 20).

 

¡No basta amar, es preciso que el Amor sea en el Santo Nombre de Dios! En la Nueva Alianza no se trata, de momentos puntuales, o de momentos críticos, donde tomamos decisiones; sino, de todo el tiempo. Recalcamos que es una Ley que corre por nuestras venas y compromete cada inhalación de aire y cada latido del corazón, porque en cada uno de ellos se Alaba al Señor, porque todo cuanto hacemos –desde el acto más devoto, hasta el gesto más mínimo y corriente- estarán saturados de la Presencia de Dios-en-nosotros. «En el corazón de cada acción, la intención religiosa. En el corazón de toda acción religiosa, el amor. En el corazón de todo acto de amor, lo absoluto»[3] No sólo la oración, no sólo los momentos piadosos, sino cada instante de nuestra existencia, así cantemos o barramos, así lloremos o silbemos, así cuando hablamos y cuando callamos, en todo estará nuestro corazón puesto en el Señor nuestro Dios; sólo así en Dios viviremos, nos moveremos y existiremos (Cfr. Hch 17, 28a) haciendo de nuestra fe, nuestro hábitat y de nuestra consciencia de Dios, nuestro sentido.


«Las exigencias del Sermón de la Montaña son absolutas y carecen prácticamente de límites.  El que adopta el principio de dar una hora de tiempo al que le pide la mitad, de privarse de lo necesario para dárselo a quien le pide lo superfluo, eso comprueba rápidamente que ya no se pertenece a sí mismo y que está a punto de hacerse devorar… Eso es lo que tiene de absoluto el Sermón de la Montaña: no está hecho de rigor y de intransigencia, de una observancia para mantenerla a toda costa, sino de una llamada que arrastra cada vez más lejos…»[4]

 

Pero, simultáneamente, expande cada mandamiento hasta sus últimas consecuencias. es lo que no hacemos, en tanto en cuanto, por ejemplo, cuando nos dice “No matar”, nos quedamos en el enunciado seco y no observamos que hay otras agresiones que, -aun cuando las disimulemos- son inclusive más graves y lesivas: humillar al prójimo, atacar su autoestima y traumatizarla, calumniar, desearle a alguien el mal de todo corazón.


Es muy curioso -mientras nosotros avanzamos con pasos de gigante hacia la Cuaresma- que el “No matar” será el precepto violado cuando se lleva a Jesús al Calvario; algo que Él ya había profetizado –(Cfr. Mt 21, 33-43) en la parábola de “los viñadores asesinos” donde los arrendatarios de la viña maltratan y matan a los siervos enviados por el dueño de la viña y finalmente a su hijo, para apoderarse de la herencia. Nosotros por nuestra parte seguimos con nuestros alambiques a toda máquina, destilando veneno para continuar profanando ese mismo Mandamiento. Mientras agitamos piernas y brazos para justificar que lo hacemos en nombre de la Justica y en defensa de la Fe.


 «La norma de nuestro obrar es llegar a ser como el Padre (v. 48). Has de ser lo que eres: eres hijo, obra como el Hijo, como el Padre que ama a todos. El Sermón de la montaña revisa, bajo esta luz, nuestras relaciones con los hermanos (vv. 21-48).»[5] A veces buscamos una perfección como la de Dios y se podría decir que ese es el límite superior del buen deseo, pero esto se deshace en nada si, por el otro lado, ignoramos al prójimo del cual somos no solo guardianes, sino responsables por la sinodalidad-fraternal.

 

Hay una triada neotestamentaria que hace el diagnóstico más pesimista de nuestra “religión en acción”: Juan el Bautista, Jesús de Nazaret y Esteban protomártir, aproximadamente dos años más tarde.


Estas Enseñanzas encierran una “sabiduría” incomparable, a la que no estamos acostumbrados, y la que no nos atrevemos a aceptar. San Pablo nos previene que no es la “sabiduría” que ponen en vitrina en la televisión y en Internet, se trata de una “Sabiduría Divina, Misteriosa, escondida, Predestinada por Dios antes de los siglos”; por supuesto, para acceder a ella, requerimos abrir -en toda su amplitud- los sentidos, la mente, el corazón y todo nuestro ser, para que el Espíritu Santo nos inserte en esos Raudales de Vida en Plenitud.

 

 

 



[1] Fausti, Silvano. UNA COMUNIDAD LEE EL EVANGELIO DE MATEO. Ed. San Pablo Bogotá-Colombia 2011. p. 79

[2] Guillet, Jacques. s.j. JÉSUS DEVANT SA VIE ET SA MORT. Aubler Paris-France. 1971 p. 101

[3] Leon Dufour, Xavier. s.j. L’EVANGILE SELON SAINT MATTHIEU. p. 92.

[4] Guillet. Jacques. s.j. Loc Cit.

[5] Fausti, Silvano. Op. Cit. p. 83