1Cor 1, 17-25
La
perícopa de hoy, con la que iniciamos el estudio de este documento Paulino,
hace un paralelo entre la sabiduría “mundana” y la sabiduría cristiana. Uno
podría, perfectamente hablar de la contraposición entre la falsa sabiduría y la
verdadera.
El
primer argumento que encontramos es que Cristo no envió a Pablo a bautizar,
sino a anunciar el Evangelio. Este es el primerísimo punto.
Sin
ninguna interrupción, establece el segundo elemento: “este anuncio no se hace
con sabiduría mundana, no estriba en “palabras”; sino en una “necedad”, algo
ilógico, algo fuera de la órbita del pensamiento griego, de su muy sonada y
famosa “lógica”. Este anuncio está asentado sobre la Cruz.
¿Quiere
esto decir que el bautismo es lo de menos? ¡Absolutamente! Lo que quiere decir
es que su misión es la del “heraldo”, la del “Keryx”, y, otros tienen a cargo
la Sacramentalidad. Algo así como si en agricultura dijéramos, a uno
corresponde esparcir la semilla y otros operarios tienen a su cargo, despejar,
limpiar, abonar, regar. Todos, toditos somos operarios del mismo Señor, Dueño
del Campo. ¡No es cosa de nombres! aun hoy unos quieren mantener en sus manos
los méritos y hacerse dueños y señores de lo que pertenece a Cristo Nuestro
Señor. Esto es introducir divisionismo. Aquí no hay otro Señor que Nuestro
Dueño.
¿Nuestro
Dueño? ¡Si! Porque Él nos compró a precio de Su sangre; pero nos compró, no
para retenernos esclavos, sino para que fuéramos Libres en Jesucristo. Todo
intento de someternos es una labor diabólica: Que se sepa bien, nuestra
formación no contiene procedimientos de sujeción, no hay un sacramento de
“cortarnos las alas”, al contrario, los “pastores” que Dios nos ha dado están
allí para darnos alas, y esas alas sirven para volar, más alto que las águilas,
hacia Dios.
Aquí
se nos presenta un verdadero axioma del “sistema del pensamiento cristiano”:
«El mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse
de la necedad, de la predicación, para salvar a los que crean».
Cuando
hablamos de la Cruz como anuncio esencial, como médula del kerigma, tenemos que
entender que la cruz lleva asociado un mensaje de “no-violencia”. Los de la
sabiduría del mundo inmediatamente se acomodan el cinturón para asegurarse que
no se les escurran los pantalones, porque les están tocando su “intachable-ideología”
la de la guerra, su tan acariciado belicismo, su tan comercial armamentismo.
¡Que no nos hablen de paz, -dicen ellos- que no nos toquen el negocito!
Podríamos
dejar preparado un dispositivo de comprensión y discernimiento: Nuestra fe es
cristocéntrica- y no son los agentes de pastoral los que podrán venir a sacarlo
de su legítimo Centro. Y nosotros, que
hemos sido llamados a ser “agentes” -no estamos para tratar de suplantar el
Centro- que nuestra misión es señalar en dirección a Jesús como centro
inamovible, como “piedra angular”.
«Según
San Pablo, la fe cristiana no se reduce a creer en una serie de “dogmas”, ni a
cumplir una serie de leyes, ni a practicar ritos religiosos especiales. Su fe
se centra en una persona: Jesús, a quien quiere conocer a fondo para poderlo
querer de veras y ser capaz así de seguirlo cada vez más de cerca. Se trata de
querer y seguir a alguien que es plenamente Dios y plenamente hombre, imagen
humana de la divinidad, camino nuevo y vivo para llegar a Dios con confianza y
seguridad». (José Luis Caravias s.j.).
Hay
quienes, como los griegos se dedican a perseguir la sabiduría y compran pasajes
hasta el mismo rincón del mundo donde les digan que encontraran su “guru”;
están los judíos, cuyo afán y desvelo consiste en ver los “signos”, y montan
sus observatorios y ensamblan sus laboratorios bajo carpa o a la intemperie,
para procurar registrar uno o algunos de ellos, que cuantos más mejor y más
contundente será la prueba.
¿Y, nosotros, qué buscamos, en qué carrusel de influencers estamos pivotando?
La
sabiduría de Dios, si la queremos aprender, está en el Crucificado: ¡Mirad al
que traspasaron!
Sal
33(32), 1-2. 4-5. 10-12
Vamos
buscando a Dios como si Él estuviera, como el cofre de un tesoro, en algún único
sitio. Caminamos leguas y leguas buscando al Emmanuel, es más, acostumbrados a
mirar al firmamento -confundiéndolo cielo con Cielo- precisamos su Presencia en
las alturas, cuando la fe nos habla de las Alturas para estipular su
Inabarcable Grandeza. Alturas simboliza que lo llena todo y Emmanuel que va
siempre con nosotros. Habita en nuestro corazón y los sensores se deben dirigir
a nuestro interior, a nuestro corazón, donde ha venido a habitar. Ese Habitante
Grandioso, Altísimo (no tiene nada que ver con estatura), tiene dos Talantes
que configuran su Perfil: Justicia y Rectitud. No hay que mirar sólo hacia
arriba: ¡Él llena toda la tierra!
Prestemos
atención a lo que nos “revela” este himno” que se proclama hoy: “Su
Misericordia llena la tierra”.
¿No
están estas dos perspectivas en contradicción? ¿Llena la tierra o está en
nuestro corazón? Una de dos… ¡Pues no! Él llena la tierra porque en toda la
tierra hay habitantes que creen en Él, que Lo llevan en su corazón, de esa
manera llena la tierra con su Presencia, porque está Presente en todos los que
se reclaman discípulos suyos. Llena también la tierra de manera sacramental, en
los Elementos que el santificó para que fueran soporte de su Presencia
Universal, demos dos ejemplos: Dónde haya agua que potencialmente llegue a
servir para bautizar -porque cuando Él fue bautizado, santifico todas las aguas
de la tierra; segundo, en cada Sagrario donde haya formas consagradas; para
limitarnos solo a estos dos. Su Presencia Sacramental es, por antonomasia-
Misericordia que llena la tierra.
Esto
no es cualquier cosa, que Dios sea Dios-con-nosotros, es algo verdaderamente
digno de festejar, no sólo los consagrados, sino todos los que tengan algo de
bueno, algo de anhelo de Encontrarlo, estamos llamados a entonar -acompañados
por la cítara- los cantos y los himnos más hermosos. Busquemos con diligencia
un arpa decacorde (de diez cuerdas) para tocar en Su Honor.
Lo
que viene de Dios son todas, acciones leales y todas las Palabras que
pronuncian Sus Labios, son Palabras Sinceras. ¿Por qué lo adornan la Justicia y
la Rectitud? Muy sencillo, porque estos dos rasgos son las características que
Él más ama y a través de las cuales nos muestra sus destellos.
Ya
sabemos que hay dos clases de sabiduría -la mala y la buena- la mala es la que
tienen los perversos, los que obran el mal, sus planes Dios los desbaratará;
también está la sabiduría Divina, que traza siempre planes justos, dirigidos
por el Espíritu de la Rectitud, esos proyectos son eternamente duraderos,
porque son los planes de Dios Omnipotente, que lo único que no puede es obrar
el mal, porque se saldría de su Justica y de su Rectitud. Lo único que Dios no
puede es negar la Inquebrantable Bondad de su Propia Misericordia.
Nos
unimos al salmo proclamando por triplicado que “La Misericordia del Señor llena
la tierra”. חֶ֥סֶד יְ֝הוָ֗ה מָלְאָ֥ה הָאָֽרֶץ׃ [Jesed Yahweh ma-leja hajares] Más exactamente dice: “La Lealtad del
Señor a Su Alianza, llena toda la tierra”. En tal caso, la Misericordia queda
definida como “Fidelidad de Dios a sus Pactos”.
Mt
25, 1-13
Vamos
a proceder con una parábola, es otra parábola donde se explicita en qué
consiste el Reino de los Cielos. Viene bien reiterar que el judaísmo no
pronuncia el Nombre de Dios, por ser algo tan Santo, es el superlativo de la
santidad; se abstienen de pronunciarlo para que la pecaminosidad de nuestros
labios no Lo manchen. Mateo que es un judío, hablándoles a los judíos, no puede
pronunciar el Nombre Santísimo, por eso en vez de nombrarlo dice “de los
Cielos”.
Esta zona del Evangelio Mateano nos presenta un estudio escatológico. De nuevo, no nos da datos sobre fechas, ni pistas para ponerle “fecha fija” y “etiqueta de caducidad”. El, permanece incognito, pero -lo que sí es definitivo- es que nos enseña que debemos prepararnos, hacer los trámites de pasaporte, pagar los impuestos de aduana, preparar las valijas, y poner al día todos los tramites que estén pendientes.
El
tema que hoy nos ha tenido atentos es el tema de la sabiduría dúplex. Muchas
veces pensamos que hay una sola sabiduría y que toda sabiduría tiene que ser
buena y no sabíamos que hay una sabiduría engañosa, una falsa sabiduría, en
realidad se trata de una ignorancia engalanada, prepotente, maquillada, con
muchísimas cirugías plásticas a cuestas.
En las bodas judías de aquel
entonces, el primer paso era el desposorio llamado Kiddushin o Erusín,
que era el matrimonio “formal”: La pareja ya se consideraba legalmente casada,
pero no vivían juntos, ni tenían intimidad. Después de lo cual, la novia seguía
durante un año en la casa de su propio padre. Durante este tiempo, ella se
preparaba para su nueva vida y demostraba su fidelidad, mientras el novio
preparaba el nuevo hogar, que con mucha frecuencia era simplemente una
habitación añadida a la casa de su papá.
La boda (Nisuín),
propiamente dicha, sucedía después de trascurrido ese año: el novio, acompañado
de sus amigos, iba a la casa del padre de la novia acompañado de un cortejo integrado
por sus amigos. Recogía a la novia para llevársela, a su nueva casa, donde se
celebraba el banquete de bodas, a menudo, en medio de una especie de procesión
nocturna, con lámparas de aceite de oliva que llevaban las amigas de la novia
para iluminar el camino, y comenzaba, ahí sí, la convivencia definitiva.
La
falsa sabiduría es inmediatista: no lleva aceite extra para su lámpara, porque
piensa que todo sobrevendrá cuando se les antoje, es por eso que no son
previsivas, sino arrogantes y altaneras. Para esa sabiduría, el novio tiene que
llegar -y eso les pasa a las “novias” caprichosas, que en el relato se les llama
μωραὶ [morai]
“necias”, “tontas”, “insensatas”, “carentes de seso”- cuando ellas se lo
ordenen: para esa clase de novias, el Novio es un mequetrefe, y según su
dictadura, tendrá que acceder a sus horarios y ceder por completo a sus
caprichos. He ahí su insensatez.
Como
así se han acostumbrado, a la hora que se anuncie la Llegada, pretenderán
confundir con patrañas la “sabiduría verdadera” y sonsacarles el aceite a las
muchachas previsivas. Con carita mañosa, tentarán a las verdaderamente sabias, presentándoles
sus alcuzas vacías, pidiéndoles que compartan lo que no se puede compartir.
¡Atención! ¡Este tipo de aceite es “personal e intransferible”!
Esta
parábola contiene una enseñanza preciosa: Cuando se abra la puerta de la
verdad, no habrá, aplazamientos, ni entradas alcahuetas saltando la cerca, o
por la ventana rompiendo el vidrio, o por la puerta falsa; sólo habrá una
entrada, y sólo estará abierta cuando “suene la trompeta” que anuncia el
principio del banquete de Bodas del Cordero.
Cuando
lleguen las de la falsa sabiduría, el Señor no podrá mentir: no las podrá
reconocer porque ¡nunca antes las ha visto! Él, que siempre habla con Verdad,
no podrá mentir en aquella Hora, aun cuando ellas afirmen haber bailado con Él
en alguna fiesta, o en algún carnaval.
No le demos tantas vueltas al asunto:¡Tengamos siempre la alcuza repleta de aceite! Hay una sola solución. ¡Estar siempre alertas, velando, porque desconocemos el día y la hora!























