jueves, 9 de julio de 2026

Viernes de la Décimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario


 Os 14, 2-10

Los profetas tienen siempre esta característica de ir a contracorriente, de desestabilizar a los tranquilos. El pueblo estaba viviendo muy bien, no veía peligros que atentaran contra su comodidad, se han olvidado de Dios, actitud frecuente en quienes alcanzan abundancia de riquezas.

Milton Jordán Chigua

Llegamos a nuestra lección final del Libro del profeta Oseas. El capítulo 14 podemos dividirlo en 4 enfoques:

1)    El verso que hace de apertura del capítulo es una amenaza escalofriante: “Samaria pagará la culpa / de revelarse contra su Dios;/los pasarán a cuchillo / estrellarán a las criaturas, / abrirán el vientre de las embarazadas.

 

2)    Luego viene el bloque 14, 2-4 un clamor del profeta que convida vivamente a Israel para que vuelva a Dios.

a.    Abre y domina una expresión de conversión: שׁוּב [shub], “vuelve”.

b.    Les muestra el fallo, el error, les señala que כָּשַׁל [kashal] “tropezaron y cayeron”,

c.     Les dice que preparen unas דָּבָר [dabar] “palabras”, un “discurso”, para mostrarle a Dios su arrepentimiento, ya no se apoyaran en Asiria, ya no pondrán su confianza en los caballos que monten para el combate.

d.    Pero, aquí viene la reconvención más precisa que desenmascara su triste y lamentable idolatría “no volveremos a llamar “dios” a la obra de nuestras manos”.

 

3)    Este tercer bloque está conformado por los versículos 14, 5-9 donde YHWH les responde:

a.    Dios acudirá a “sanar”, Él es un Dios “sanador”

b.    Su Amor es fiel, es inquebrantable, en su Corazón no puede anidar la cólera.

c.     Hay aquí una nueva “imagen”: Dios como el rocío matutino que cubre todo el césped.

d.    El Rocío Divino hará florecer a Israel como florece el “lirio”.

 

4)    Es un añadido que puso el “editor” de la obra del profeta con un toque, un acento y con sabor sapiencial:

a.    Toda la enseñanza del profeta no cabe en cualquier corazón, esto solo lo capta el que es verdaderamente “sabio”.

b.    Se requiere una inteligencia venida del Cielo.

c.     En todo lo revelado por Oseas se descubre que Dios traza caminos rectos.

d.    Pero en un camino recto, la impiedad de los “rebeldes” se vuelve tropiezo y -en consecuencia- caída.

 

«En esta situación de confort, el profeta lanza su mensaje. Después de anunciar su amenaza y su castigo, expande su mensaje de esperanza y de vida nueva. El poema final es una llamada a la conversión». (Milton Jordán Chigua)


La madera del ciprés es conocida por su durabilidad a toda prueba, resistente a la putrefacción y muy agradable aroma. Por eso, en las profecías, simboliza la transformación espiritual y la renovación: el בְּרוֹשׁ [berosh] “ciprés” simboliza “la fuerza”, “la rectitud moral”, “la inmortalidad”, en fin, “la providencia divina”; para este profeta representa “la Presencia constante y protectora de Dios”. Y no perdamos de vista el rasgo que la Voz Profética de Oseas nos trae como carta de presentación de la parte del Propio Dios: “Soy como un ciprés siempre verde”. 

 

Sal 51(50), 3-4. 8-9. 12-13. 14 y 17

En la Primera Lectura ya encontramos ese cambio tan rotundo que consiste en pasar del sacrificio de animales, a presentar el corazón arrepentido. Allí le dice que prepare un “discurso”, unas “palabras”; no le dice que ofrezca mucho derramamiento de sangre, no pide inmolación de novillos y le da la pauta de corrección: eso no alegra ni apacigua al Señor; en cambio, lo que el Señor no desprecia es el corazón sinceramente contrito por el pecado cometido.

 

Para poder acceder a este Salmo, se requiere bajar a beber en las fuentes de la parábola de “los dos hermanos y el padre perdonador” (Lc 15,11-32).  Sin esta referencia la puerta del salmo sólo quedará entre-abierta, y nosotros en el exterior, sin lograr ingresar.

 

Cabe recomendar la atenta lectura del salmo, observando los verbos que van marcando la procesualidad del perdón. El ruego en este salmo es un ruego “bautismal”, que Dios lo lave, ahogando en las aguas, la impiedad de su corazón.


No podemos dejar el salmo suspendido como un globo sin fuerzas para subir, pero feliz de seguir flotando -resignado con su estancamiento-; hay un versículo que nos hace recrudecer el nivel de conciencia, cuando en él se expresa que Sion ha sido demolida, y Jerusalén está allí escueta, desprovista de murallas protectoras: el daño se hizo y el poder socavador del pecado corroe, y arrastra sus consecuencias sobre el pueblo escarnecido, flagelado y despojado. Esa gente que sufrirá las consecuencias del capricho lascivo de David, será el pueblo arrastrado a la idolatría y llevado en doloroso exilio a Babilonia.

 

La toxina que se introduce en la sangre social del organismo humano, no se suprime con sayal y ceniza. Bueno es reconocer la culpa, magnifico el espíritu penitencial, pero las consecuencias “temporales” del pecado mordieron -con dientes de hiena- las carnes del linaje davídico.

 

¡El propio Mesías tuvo que cargar la cruz Calvario arriba!

 

Mt 10, 16-23

El evangelio dice entre otras cosas ‘Serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero el que persevere hasta el fin se salvará’ estas palabras del Señor no turban las celebraciones, sino que las despojan del falso revestimiento empalagoso que no les pertenece. Nos hacen comprender que, en las pruebas aceptadas a causa de la fe, la violencia es derrotada por el amor, la muerte por la vida.

Papa Francisco 

“Yo los envío como ovejas entre lobos”, este enunciado define bien el riesgo de la “Misión”. El discípulo-misionero, no recibe un envío sobre seguro; por el contrario, se nos previene -como punto de partida- de la complejidad y el riesgo que reviste este “envío”.


Precisamente por eso, hay dos cualidades que nos propone esta perícopa, que debemos desarrollar, activar y manejar a lo largo de la misión: φρόνιμοι [fronimoi]” prudentes”, que en la perícopa se nos dice es una cualidad de las “serpientes”; ἀκέραιος [akeraios] “no contaminados por la ambición” y esta -según leemos allí- es un atributo propio de las palomas.

 

Hay más, no basta con ser prudentes y poner coto a nuestras ambiciones; hay que cuidarse de la gente que tiene unos rasgos generales que las identifican:

a)    Nos entregan a los tribunales

b)    Nos llevan a azotar en las sinagogas (sus lugares de reunión)

c)    Nos arrastraran a comparecer ante los tribunales y ante los gobernantes

Así lo harán, precisamente porque somos Cristóforos. Nos conducen allí para que demos testimonio ante creyentes e incrédulos.

 

Lo cierto es que no debemos angustiarnos reflexionando qué debemos decir y qué debemos callar; el santo espíritu -que nos mueve- el podrá en nuestros labios los argumentos precisos. No los que nos inmunizan, sino los que en la libertad de los hijos de Dios estamos llamados a declarar para no desinflar el Mensaje encargado, sino para preservar la calidad cristológica del anuncio.

 

¿Quiénes se harán cargo de implementar la persecución? Nuestros parientes cercanos, nuestros propios familiares. Por causa de Jesús, seremos “odiados por todos”.

 

En suma, ¿Qué nos aguarda? La perseverancia. Permanecer fieles “hasta el final” es lo que lleva a la Salvación.

 

«Es decir, testimoniar a Jesús en la humildad, en el servicio silencioso, sin miedo a ir contracorriente y pagar en persona. A todo cristiano se le pide, sin embargo, que sea coherente en cada circunstancia con la fe que profesa. Es la coherencia cristiana. Es una gracia que debemos pedir al Señor. Ser coherentes, vivir como cristianos. Y no decir 'soy cristiano' y vivir como pagano. La coherencia es una gracia que hay que pedir hoy». (Papa Francisco)


Hay una recomendación que nos llama a trabajar por la defensa de nuestra propia vida: Si aquí nos persiguen, huyamos a otra parte. ¿Se irán agotando los lugares donde podemos continuar la labor? Sí, poco a poco escasearan, pero antes de que se agoten definitivamente, será la Parusía. Entonces, ¡perseveremos en el Señor!

miércoles, 8 de julio de 2026

BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRA


Ef 1, 3-6. 11-12

Como la Carta a los efesios contiene muchas citas de oraciones que se usaban en la liturgia primitiva, algunos estudiosos no la ven como una carta sino como una “liturgia”, o sea un conjunto de textos adecuados a la celebración de la Cena, llamados a pronunciarse durante la celebración de la fractio panis (tiene himnos, súplicas, acciones de gracia, oraciones de petición, doxologías). Emparentándola con otros textos paulinos de carácter homilético, como la carta a los Hebreos. Parece ser, aun cuando los Hechos de los Apóstoles no lo mencionan, que Pablo estuvo prisionero en Éfeso.

 

En su primera parte, después del saludo (vv. 1,1-1,2) viene toda una sección dedicada a presentar la obra Salvadora de Dios. La perícopa que tomamos hoy podría verse como una acción de gracias y alabanza, como una síntesis de la economía salvífica donde se plantea la centralidad de Jesucristo en el conjunto de ese Plan.

 

Parte de una alabanza por todas las bendiciones que nos han venido por Gracia del Padre.    Y nos llama la atención sobre nuestra elección, haciéndonos notar que fuimos escogidos antes de la Creación. Una elección con un propósito que se nos presenta muy claro y definido: “para que fuéramos santos y sin defecto”. «sobre todo, se proclama que Dios es bendito y que en Cristo nos dio todas las bendiciones posibles e imaginables. Lo que viene en seguida es la explicación o el desarrollo de este tema fundamental, desdoblado en 6 acciones realizadas a nuestro favor por medio de Jesucristo, para la alabanza de la Gloria de Dios Padre:

1.    Él nos eligió (v.4)

2.    Nos predestinó en Jesucristo (vv. 5-6)

3.    Liberados en la Sangre de Cristo (vv. 7-8)

4.    Revelación del Misterio (vv. 9-10)

5.    Herederos en Cristo (vv. 11-12)

6.    Y que hemos creído también en el Espíritu Santo (vv. 13-14)

 

Como se nota, lo que se proclama hoy prescinde de las bendiciones 3ª, 4ª y 6a. Y se concentra en la 5ª: Y eso tiene una razón de ser, lo que quiere la liturgia es destacar nuestra calidad de “herederos”.

 

Pero, ¿por qué o para qué? Para que fuéramos hijos suyos por medio de la fraternidad que tenemos con Jesucristo: ¡Somos hijos en el Hijo! ¡Así lo dispuso la Divina Voluntad! ¡Para la Gloria de Dios! Lo que nos lleva a la fórmula de San Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Pero no que viva de cualquier manera, sino que viva en “santidad” de tal manera que se dignifique para estar ante la Presencia.

 


Así, pasamos a la segunda parte de la perícopa (vv.11-12), Dios, que determino todo con su Voluntad, nos llamó a ser “herederos”, lo que cumplimos cuando todas nuestras esperanzas las ponemos en Su Amadísimo Hijo.

 

Sal 113(112), 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

אֶת־שֵׁ֥ם יְהוָֽה

Este salmo es un himno. Este es el Primero de los siete himnos -hasta el 118(117) que forman el Hallel (Alabanza) que los judíos entonan en sus grandes fiestas, en particular en la Pascua, resumen de las grandes obras salvadoras del Dios en la historia. Y es como un puente entre el Cantico de Ana (1sam 2, 1-10) y el Magnificat (Lc 1, 46-55). Encierra un profundo sentido de gratitud.

 

El salmo inicia con la palabra הַ֥לְלוּ [Hallu] que significa “alaben” o también “bendigan”. Y, ¿qué hay que bendecir? ¡El Nombre de Dios! Ha de ser una alabanza eterna.

 

Desde que sale el sol hasta que concluye el día, todo el tiempo debe destinarse a Alabar al Señor. Con cada inhalación-exhalación y con cada latido del corazón.


Este movimiento de Alabanza tiene una doble direccionalidad: es catábasis, pero también es Anábasis, desciende sobre nosotros, pero, a la vez, asciende de nuestro corazón hacia Dios.

 

Lo más destacado -y de eso se ocupa la cuarta estrofa- es que esta es una acción de rescate, un acto redentor: Dios redime a todo el que está postrado, al que está abajo, al pobre para ponerlo de tú a tú con príncipes y regentes.

 

Por eso el salmo entero lo que hace es Magnificar el Santísimo Nombre de Dios por toda la Eternidad. ¡También nosotros!

 

Lc 11, 27-28

… por la intercesión de la Virgen María, cuyo patrocinio hoy celebramos, concédenos crecer en la fe y lograr la prosperidad por caminos de paz y de justicia.

De la Oración Colecta


La religión judía -de la que proviene la nuestra- tiene como piso y cimiento la escucha. Aquí, en la perícopa que nos ocupa, dice ἀκούοντες [acouontes] que proviene del verbo ἀκούω [akouo] que significa “escucha” y “entendimiento”; no sólo “oír” sino llevar el mensaje tanto a la mente como al corazón y conservarlo -conservarlos no es meterlo en un frasco con solución acuosa de formaldehido al 38%- sino, poniéndolo por obra, es decir, cumpliendo lo que dice, poniendo en actos su significado.

 

Esta perícopa nos dice que, para entrar a formar parte de la familia de Dios, se logra haciéndose pariente por medio de la escucha de la Palabra de Dios. Tal como hacía la Santísima Virgen que todo lo conservaba en su corazón, así también nosotros alcanzamos la plenitud de la relación con la Divinidad viviendo en conformidad con el Mensaje que hemos recibido por medio del Hijo, Jesucristo. Por esta vía alcanzamos la bienaventuranza.

 

No se trata de que el Niño Jesús hubiera bebido la leche materna de María Santísima, se trata de haberlo oído, de haber escuchado -en primera persona- sus palabras, sus juegos, sus actividades, su labor al lado de San José. Haber vivido a su lado, haber escuchado su predicación, pero, sobre todo, haber asimilado su mensaje viviendo coherentemente con Él.

 

Durante siglos -todo el Antiguo Testamento- veía el tema de la elección del Pueblo de Israel como un asunto de herencia, e descendencia sanguínea, de genealogía, se pertenecía al “pueblo escogido” porque se era de esa etnia. Y, viene el Nuevo Testamento y nos afirma otra cosa, la que permite plenificar la Vida de Dios en nuestras vidas, que se pasa a ser pueblo escogido cuando la Palabra pasa por nuestro sentido de oído y al llegar a la mente-y-corazón, nos trasforma y nosotros nos dejamos trasformar, nos seduce y nosotros nos dejamos seducir.

 

Una mujer admirada de la Santa Palabra que enseñaba Jesús, lanza el encomio más alto para su Madre. Jesús aprovecha la situación para enseñarnos que el discipulado no se da por la vía sanguínea, sino oyendo y guardando -las dos cosas- no basta oír, es como se nos lleva a la conquista de la Vida Eterna, la mayor felicidad que cabe en el Universo entero. No hay un bien mayor que podamos anhelar.


Hay un desplazamiento, el Nuevo Testamento nos trae esa novísima Revelación, se pasa de la maternidad uterina a concebir al Hijo en la Escucha. Los tiempos que marcamos como a.C. son épocas del “temor de Dios”; las que marcamos d.C. forman la Edad del “fiat”, del abandono en la Tres-Veces-Santa-Voluntad. María es paradigma máximo de escucha y docilidad. Llevar al corazón las enseñanzas y ser discípula fiel poniendo por obra todo lo aprendido.

martes, 7 de julio de 2026

Miércoles de la Décimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

 


Os 10, 1-3. 7-8. 12

Recordemos el co-texto en el que estamos, en la parte del Libro del Profeta Oseas donde (4,1 – 13,16) El profeta denuncia los pecados y anuncia los castigos que se atraerá Israel. Podríamos decir que la perícopa de hoy está en la zona donde el profeta visualiza la agonía de Israel y lo previene que “está para morir”. La primera y mayor parte 10, 1-3. 7-8 aparecen en nuestra Biblia con el título ‘Destrucción de los altares de Israel’, el verso 12 que cierra la perícopa pertenece a la segunda parte del capítulo 10, que en la Biblia se titula ‘Castigo de Dios contra Israel’. Pero en realidad anuncia y concluye afirmando que el Señor los bañará con la Generosidad de su Justicia. En resumidas cuentas, no escaparan a las consecuencias de sus faltas idolátricas pero el corazón de Dios aguarda a la primera oportunidad que den para asistirlos con su צֶ֖דֶק [tsedeq] “Justicia”, “Rectitud”, “Derecho”. ¡Sí, es cierto! el Señor no los olvida y está dispuesto a Donarse de Nuevo, pero el corazón del hombre tiene que ser arado de nuevo y abrir en él nuevos surcos.

 

El pecado tiene un brillo, es el brillo del engaño, uno se acerca y cuando se ha aproximado lo suficiente, entonces, descubre que es demasiado tarde para retroceder y cae en la cuenta que es un brillo autodestructivo, que se lo traga a uno, que lo engulle hasta conducirlo al foco de la perdición.

 

Nos damos de boca con una de las imágenes más tradicionales para simbolizar a Israel, la de la Viña: Con vides bien cargadas de las mejores uvas. Pero este exceso, esta abundancia de frutos, son frutos de perdición porque con la abundancia, lo que hacen, es construir altares paganos y sembrar el territorio de estelas. Las estelas eran monumentos monolíticos, más altos que anchos; es famosa la estela que se encontró en Ras Shamra, que representa a Ba´al como un novillo, con figura humana, pero con cuernos, este megalito simboliza la potencia sexual y habla de fertilidad. Estas estelas son nombradas en esta perícopa como “piedras sagradas” y el Señor sentencia que las demolerá, que hará crecer sobre esos monumentos -se cumplirá que ellos han sembrado la maldad y cosecharan- los frutos de la injusticia, por haber comido los resultados de la mentira.

 

A la época de abundancia de Israel, este pueblo de dura cerviz correspondió con idolatría, y cuanto más generosas eran las cosechas y el lujo del que gozaban, en vez de agradecer al Señor, agudizaron su idolatría. En vez de confiar en Su Dios jugaban cara y sello para ver si se aliaban con Asiria o con Egipto, quebrantando así la Alianza que habían pactado con Yahweh. Verdad, Amor y Justicia no compaginan con los valores mundanos, el materialismo, desenfreno sexual desenfrenado, hedonismo, consumismo, corrupción y abuso de poder. El mundo no nos ofrece nuevos valores lo que nos propone son Senderos de anomia, su carencia, quedarnos ausentes de valores y expulsar los valores cristianos.

 

Dios permitirá que los pueblos se coliguen contra ellos. El Señor ha puesto una yunta en el hermoso cuello de su pueblo para que halen del arado y tengan que sufrir el contrapeso del rastrillo. ¿Qué quedará de esta viña frondosa? ¿Qué harán cuando les llegue el Día del Señor?

 

La tarea que el Señor les había dado era la de sembrar justicia para que cosecharan frutos de amor. Así irán padeciendo por su desamor. Hasta que se cumpla el tiempo de su sanción. Sobre sus altares paganos han crecido cardos y espinos.

 

La cosecha es el fruto lógico de su idolatría. Han coronado la fidelidad con la espinosa corona del adulterio. Tal vez la famosa alusión a la deslealtad con la fórmula de “ponerle los cuernos”, se remonte a la imagen cornuda de Ba´al esculpida en las estelas.


Hoy leemos: “Dirán a las montañas: ’Cúbrannos’ y a las colinas, ‘caigan sobre nosotros”. Este verso aparece citado dos veces en el Nuevo testamento en Lc 23, 30 y en Ap 6,16.

 

Sal 105(104), 2-3. 4-5. 6-7

… lo que protege al pueblo de Israel no son murallas ni cercas de piedras, sino la fidelidad del Señor. Sin esa lealtad valdrán muy poco las murallas. Brechas contra esa fidelidad son la idolatría, la injusticia, la explotación…

Luis Alonso Schökel / Guillermo Gutiérrez

 

Este salmo es un salmo de la alianza. Como Él es nuestro Aliado, nos pide que nos apoyemos en Él, invita a que nos guarezcamos en Él, que busquemos refugio como si Él fuera una fortaleza amurallada, donde encontramos amparo de nuestros enemigos.

 

No es una moda, no es algo pasajero, no se trata de encomendarnos en sus Manos en cierto momento; se trata de buscar siempre, ininterrumpidamente dirigir nuestros ojos y mantenerlos fijos en Él, confiando todo el tiempo, toda la vida, en Él.

La Primera estrofa nos llama a cantarle acompañando nuestra voz con el sonido de los instrumentos, de tal manera que nuestro canto evoque su Maravilla, que sintamos de manera patente que Él nuestro Alcázar es Su Nombre, y que, con nuestro canto, se alegran todas las gentes que lo buscan, que reconozcan que van en la buena dirección porque nuestro cantar lo manifiesta.

 

En la segunda estrofa se nos dice que podemos recurrir al Poder del Señor dirigiendo nuestra mirada a su Rostro; y al mirarlo, veamos en sus facciones claramente sus maravillas, sus prodigios, la sabiduría de toda Palabra que mane de su Boca.

 

La tercera estrofa nos vincula a la estirpe de Abraham y nos recuerda que su Gobierno cobija a los de toda la tierra, y no se limita a alguna etnia: Él es Dios de Toda la Tierra.

 

Mt 10, 1-7

Tengamos siempre en mente cómo estructuró San Mateo su Evangelio: así como Moisés es recordado por sus cinco discursos, así el Evangelista también asigna a Jesús cinco discursos: hoy damos inicio al Segundo Discurso de Jesús según el Evangelio mateano. En este Segundo Discurso -así como el Primer Discurso, el Sermón del Monte, mostraba que el Reino de Dios tiene unas constituciones “Las Bienaventuranzas”, que sostienen y fundamentan toda su Justicia- ahora, vemos cómo se nos participa el Reino, recibiendo una vocación para co-laborar en la edificación de ese Reino. Podríamos entender que Jesús, Arquitecto y Piedra Angular, nos hace entrega del Plan General, de la economía salvífica- para que nosotros, los obreros, nos hagamos cargo de poner todas las piedras en su respectivo lugar.


Estamos comparando la edificación del Reino con una obra de mampostería, pero pasando a nuestro rol de “discípulos-misioneros”, nos remangamos y preguntamos: ¿qué hay que hacer? Para entenderlo tenemos que adentrarnos en esta función de “maestros de obra”, de “albañiles”.

 

Para acometer la misión el Señor nos hizo entrega de autoridad para,

a)    Expulsar espíritus inmundos

b)    Curar toda enfermedad y dolencia

 

En la primera fase, mientras se edifica el Primer piso no había que ocuparse de los paganos, era la fase eminentemente judía, no siquiera estaba destinada a los samaritanos. Sólo habíamos de dirigirnos a las “ovejas descarriadas” de Israel.

 

En ese momento, ¿cuál era el kerygma? ¡La llegada del Reino de Dios! Esa es la médula del Anuncio. Observemos que el verbo lo hemos puesto en presente, lo que quiere decir que se mantiene, el tema del Reino está en el corazón del Anuncio, y ese anuncio se cimienta en unos “Pilares”

a)    El Hijo de Dios se Encarnó

b)    El Hijo vivió, predicó, obro milagros

c)    El Hijo de Dios fue perseguido y llevado a la muerte, y una muerte de cruz

d)    Pero la muerte que era una terrible injusticia cometida con Dios, no lo venció: El Hijo de Dios Resucitó

e)    Ascendió a los Cielos, desde donde continua “cuidándonos”

f)     Para guiar ese Cuidado, le dio Alma a la Iglesia, la Tercera Persona de la Divinidad, que vino en la Cincuentena Pascual, que en griego se llama “Pentecostés”.

 

Nos “envía” a κηρύσσετε [keryssete] “proclamar”, “asumir el rol de heraldos”; viene del verbo κηρύσσω [kerysso] que significa “predicar”, pero con fervor, con convicción, no es ahí un anuncio por cumplir, es ponerle todo el “cacumen”, “con alma vida y sombrero”. Del sustantivo κήρυɣμα [kerygma] “proclamación”, en la proclamación no cabe la tibieza, está repleta de parresia, que es franqueza y valentía.


Muchas veces los laicos nos vemos a nosotros mismos como discípulos y dejamos de lado, inconscientemente, pensando que ya la cuestión del apostolado, del “envío”, atañe a los religiosos, los sacerdotes y los obispos. «La Iglesia no es solamente el papa y los obispos, ni tampoco el papa junto con los obispos y sacerdotes, ni siquiera el papa con los obispos, los sacerdotes y los religiosos. También los laicos son la Iglesia y tienen en ella una misión que cumplir. Una misión que les es propia e irremplazable…» (Dom Helder Câmara)

lunes, 6 de julio de 2026

Martes de la Décimo Cuarta Semana del tiempo Ordinario

 

Os 8, 4-7. 11-13

Ellos sembraron vientos y cosecharan tempestades

Os 8, 7ab

Oseas es un profeta del siglo VIII a.C. profetizó del 755 – 719 a.C. Su función profética abarcó el periodo de gobierno de Jeroboam II, que se estima en unos sesenta años. La perícopa que se proclama hoy está tomada de un segmento de su obra que va de 4,1 al 13, 16 y que se refiere a los pecados cometidos y a los castigos vaticinados para Israel.

 

Primero el Señor los denuncia por obrar sin su consentimiento y aprobación. A espaldas suyas designaron reyes, sin presentárselos antes al Señor para pedir su consentimiento. Y, en cambio se han dedicado a la idolatría. (vv.4-5)

 

Luego les recuerda que las figuras forjadas por artesanos no son dioses sino muñecos idolátricos. (v.6)

 

Como hemos insistido varias veces: Si alguien se dedica a la adoración de fetiches, no podrá contar con el Poder Divino para que acuda en su auxilio. Las calamidades que los aflijan, son el fruto lógico de su deslealtad. (v. 7).

 

Se salta los versos del 8-10. Retoma los versos 11 al 13 que muestran la clase de culto que Israel le ofrecía: Construían muchos altares, por aquí y por allá; ofrecían múltiples sacrificios, mataban animales en los altares y ellos mismos se comían la carne de los sacrificios. Así que esto no era un halago para Dios sino una ofensa, con esa clase de sacrificio no purgaban sus muchas ofensas. ¿Qué va a hacer Dios? Los va a volver a su condición de esclavos, los va a enviar a la deportación y allí volverán a probar el mismo servilismo que habían sufrido en Egipto.

 

«Durante treinta agitados años (752-722 a.C.) Israel vio tres golpes de estado vinculados a políticas pro-asirias (Menájem y Oseas) o anti-asiria (Pecaj). Los golpes de estado en sí no eran nuevos en la historia nacional, que conoció los de Jeroboam, Basa, Omri y Jehú. Sin embargo, todos estos golpes siguieron a la deslegitimación del rey por el profeta de Yahweh y que se pudieron entender como actos justicieros de Yahweh en defensa de los pobres. Es más, Jeroboam y Jehú fueron reconocidos por los profetas Semaías y Eliseo, respectivamente, aún antes de tomar el poder. Ahora no sucedió así. El profeta Oseas condenó estos movimientos políticos en los siguientes términos: “Han puesto reyes sin contar conmigo, han puesto príncipes, sin saberlo yo” (Os 8,4)» (Jorge Pixley)

 

Nosotros nos acostumbramos a llamarla “Presentación de Ofrendas”, ofrendas es algo que uno da de sus pertenencias. Pero a Dios ¿cómo podemos darle algo? Si todo lo que tenemos nos lo ha dado Él, y todo proviene de sus Generosísimas Manos, y si algo le apeteciera, no correría a pedírnoslo a nosotros, porque todo cuanto Él pudiera “desear” está a su alcance y todas las criaturas le pertenecen. Por eso, proponemos que se llame “presentación de los Dones”, para resaltar que le presentamos parte de los bienes que Él mismo nos ha dado (por eso “dones”).

 

Por otro lado, a veces, le presentamos los cuadernos, o los juguetes, o el uniforme del equipo, o los patines con los que planeamos concursar en un juego que se desarrolla precisamente sobre esos patines.  Pero, los “duros” de la liturgia, en los Seminarios del mundo, argumentan: “Si se los presentamos a Dios en la liturgia Eucarística, quiere decir que ya no serán nuestros, sino que se los “hemos entregado” a Dios. Lo gracioso, es que una vez culminada la Eucaristía, corremos a llevárnoslo nuevamente y hacer valer nuestros derechos de pertenencia sobre aquello a lo cual hemos renunciado para “donarlo” al Señor. A pesar de eso, es precisamente lo que dice Dios hoy, por boca de su profeta: Si me los presentan, no vengan a quitármelos. “¡Sacrificios de carne asada! Sacrificaron la carne y se la comieron. El Señor no los acepta”.

 

Precisamente el sacrificio se validaba por el hecho de que la carne era sacrificada, y ya no le pertenecía al oferente, sino que era de Dios o, de Sus Sacerdotes, quienes podían disponer de ella. Inclusive, podían, si querían, comérsela.

 

No faltaran quienes nos digan ¡Brutos! eso se valía cuando lo que se ofrendaba eran animales, pero está claro que, en la actualidad, si uno ofrenda un balón, es con carácter devolutivo, y después de la celebración tienen que devolvérnoslo.


Pues nosotros les diremos, con muchísima delicadeza: si lo van a reclamar, no lo presenten como “don”. Sólo hay que ofrendar pan ázimo, vino y un par de gotas de agua. Y además, el firme propósito de tener los mismos sentimientos de Jesús cuando Él se hace ofrenda (hostia-víctima) con toda Su Persona, en el Gólgota.

 

Sal 115(113B), 3-4. 5-6. 7ab-8. 9-10

Iguales a esos ídolos son quienes los hacen y quienes confían en ellos.

Sal 115(113B), 8

Nos encontramos aquí, en este salmo, hacia el final de la primera estrofa, en el verso 4 la palabra, עֲצַבִּים [atsab] “imagen”, “escultura”, “ídolo”. Allí leemos: “Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas”.

 

Y antes de pronunciar estas palabras, en el verso 3, nos habrá hecho una declaración maravillosa: “Nuestro אֱלֹהִים [elohim] “Dios” está en el Cielo, lo que quiere lo hace”. Hay dos ranuras en este salmo para mirar el Rostro Santísimo de Dios: a saber, “Él es su

        i.            עֶזְרָ֖ם [ez ram] “auxilio”, auxiliador”, ”ayudante”

     ii.        מָגֵן [magin maginnah] “el que se pone como escudo”, “el que ofrece amparo”, “el protector”.

 

¿Qué propone este salmo para nosotros?: Que seamos quienes confiamos en Él.

 

Este salmo a su vez hace una denuncia: Nosotros hemos puesto en el Sitial de Dios a los ídolos; los ídolos no son dioses son producto de factura humana.

 


«Y luego están los fabricantes de ídolos en el sentido más sutil de la palabra, tanto más peligroso cuanto más disimulado; y aquí es donde me veo a mí mismo y siento sobre mi cabeza todo el peso de la denuncia bíblica. Y me hago ídolos en mi propia mente, y los adoro con fidelidad escondida y sumisión obediente. Ídolos son mis prejuicios, mis inclinaciones, mis gustos y preferencias; mis ideas fijas de cómo deben ser las cosas; mis principios y valores por dignos y legítimos que parezcan; mis hábitos y costumbres; las experiencias pasadas que gobiernan mi vida presente; todo aquello que yo he supuesto, aceptado, fijado en mi mente como regla inflexible de mi conducta para mí y para todos por siempre.» (Garlos González Vallés s.j.)

 

Este es un salmo de la Alianza y lo que hace es reprocharnos que hallamos abandonado la parte que nos compete de la Alianza. Todo el salmo es una suerte de antítesis que opone Dios a los ídolos: Dios hace lo que quiere, los ídolos son totalmente impotentes: No hablan, no ven, no oyen, no tienen sentido olfatorio, no gozan de tacto y -para colmo de males, no pueden caminar. Solo son muñecos, puestos ahí.

 

El verso 8 es una autocrítica. Como quien dice: Ahora que estamos conscientes, no seguiremos con la misma tontería. ¡No más ídolos, basta de eso!

 

Mt 9, 32-38

Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y a veces privados de válidos puntos de referencia.

Papa Francisco

Después del sermón del Monte, ya lo habíamos dicho, Jesús no baja con unas Tablas de Piedra que contengan Diez Palabras -Diez Mandamientos, como solemos denominarlos. Él desciende con Diez Milagros, porque lo que nosotros necesitamos no son leyes, -que son como cadenas- sino sanaciones. Nosotros necesitamos ser curados de nuestras afecciones con el Poder de Dios.

 

Hoy vamos a considerar, precisamente el Décimo Milagro: Un endemoniado mudo. ¿Qué hace Jesús? Expulsa al demonio, e inmediatamente el mudo deja de serlo. La gente reacciona reconociendo que nunca se había visto cosa igual, por lo menos, no en Israel.

 

Como pasa siempre, los del bando enemigo recurren a satanizar a Jesús y afirman que Él ha obrado con el poder del maligno, que arroja a los demonios con el poder del Jefe de los demonios.

 

¿Hemos pensado qué haríamos nosotros si Jesús estuviera en medio de nosotros obrando acciones “nunca vistas”? ¿Reaccionaríamos con un grito que durara todo lo que el aire pulmonar nos permitiera? Quizás podríamos prospectar un aplauso, una gran ovación que durara hasta que nos hiciéramos sangrar las manos. Quizás podríamos abalanzarnos a comprar sus afiches y atropellar a todo el mundo procurando hacernos una selfie con Él. Pero bien vale la pena, si sinceramente esperamos su retorno, si estamos alertas a su Parusía, contestarnos a esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer cuando lo tengamos delante?

 

Después de unos cuantos segundos de duda, caeremos en la cuenta que Jesús nos dijo lo que habríamos de hacer:

a)    Caer en la cuenta que hay mucho por hacer, lo que en el Evangelio se llama “la mies es mucha”; esto es una metáfora que compara la obra Divina con un sembrado de trigo, o sea, lo que dice esta metáfora es que hay muchísimas espigas para que muchos segadores se pongan a la tarea;

b)    Rogarle a Dios para que el Señor Dios Misericordioso, nos regale precisamente todos los recolectores necesarios para recoger tan maravillosa cosecha y que no se vaya a perder ni una sola espiga, ni un solo granito de trigo. Pero de aquí se desprenden dos consecuencias:

                      i.        Que nosotros mismos nos visualicemos como “cosechadores” y nos pongamos manos a la obra. O…

                     ii.        Que nos hagamos los que la cuestión no es con nosotros, y que dejemos a ver de dónde vendrán esos “jornaleros”, que quizás serán enviados de otro planeta.

 

Nosotros también estamos mudos y requerimos que Él venga y nos cure la lengua, la garganta, todos los órganos de fonación, pero muy especialmente la mente y el corazón para que veamos los campos y las mieses aguardando por nuestras manos y salgamos -no con una hoz- sino felices a llevar el Anuncio de la Buena Noticia.


«En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas cansadas y agobiadas bajo el peso insoportable del abandono y la indiferencia. La indiferencia: ¡cuánto mal hace a los necesitados la indiferencia humana! Y peor, ¡la indiferencia de los cristianos!»  (Papa Francisco)