jueves, 24 de septiembre de 2026

Viernes de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

Ec 3, 1-11

La idea que tenemos del tiempo es la de un cierto fluido uniforme, que puede pasar por una perforación a un ritmo muy homogéneo, supremamente uniforme, sin altibajos, ni cambios de densidad. En fin, todo el tiempo es igual, parejo, sin desigualdades. Tan es así que lo graficamos como una “recta” y ella nos parece el símil geométrico más cumplido. Sobre esa gráfica, y a distancias proporcionales, podemos marcar puntos que representan fechas. Pero, ¿qué pasaría si Dios, tocara alguno de esos puntos, por ejemplo, para marcar el momento del nacimiento de alguien.

 

Quizá lo primero que se les vino a la mente fue el “Momento” en que Dios apoyó su dedo en la recta para marcar la fecha exacta de la Encarnación. Quizás, con un Dedo húmedo en lágrimas, tocó en otro “punto” para marcar la “Hora” de la Pascua de nuestro Señor Jesucristo. Podemos pensar, ahora, en que Dios deslice su Dedo, entre dos puntos, manteniendo el Contacto Bendito, y quizás aumentando y disminuyendo la presión, o sea, ejerciendo una presión variable. Ese espacio de tiempo, sería un tiempo muy especial, un tiempo “Diverso”, mejor dicho, “Divinamente Diverso”.

 

Quizás, diversas vidas estén imbricadas como un haz de rectas en una misma “cuerda”. En la perícopa de hoy, encontramos una palabra hebrea para significar la recta, y otra palabra para designar los tiempos en que Dios dispone la ocurrencia de determinado “Evento”, cuando Su Dedo toca la recta para que suceda la “variación” de densidad y rompe la homogeneidad del fluido temporal. El tiempo general es el עֵת [ed], “todos los cuándos”, el fluido homogéneo; זְמָ֑ן [zeman] "el momento", “la hora", “la estación”, es cuando el Dedo Divino indica que suceda. Nos encanta como traducción de esta última, la palabra “estación”, porque es una parábola agraria, por ejemplo, la estación de los aguacates, o la de los mangos, no en cualquier “estación” los árboles cargan aguacates, hay un momento especial, particular, para que el árbol se llene de sus frutos, y fuera de estación, es inútil ir a buscar frutos en el árbol.


En geometría, tenemos el concepto de “segmento” que es un tramo de la recta comprendido entre dos puntos: En nuestro análisis del fluir del tiempo sería análogo al tiempo en que Dios mantiene su Dedo en contacto con la recta y presiona con mayor o menor intensidad. Por ejemplo, entre el momento de nacer, y el momento de morir; entre el momento de sembrar y el momento de cosechar, un momento para dejarse morir y un momento para liberarse y empezar a sanar. Hay una “temporada de destrucción a la que puede sobrevenirle una temporada de reconstrucción.

 

Surge una pregunta: Dios apoya el Dedo a capricho, como un niño que de pronto quiere irse a jugar fútbol o que de pronto, sin ton ni son, se echa a llorar. O, quizás, -como un pianista mira fijamente la partitura que nosotros vamos “componiendo” sobre el pentagrama y dependiendo de la nota por la que opte nuestro corazón, Él toca o suspende el contacto con la “tecla”, y hace, o no, sonar el instrumento.

 

Creemos que lo que ve el hagiógrafo aquí, lo mira desde el fondo de un “existencialismo pesimista” y por eso él cree que Dios pulsa la cuerda solo para “humillarnos”. También los dioses del Olimpo, eran víctimas de sus arrebatos y de sus buenos o malos humores. Y, al ser humano no le quedaba más que aceptar estas reacciones maniáticas. Se trata, desde esta lectura de “un dios maniático”, despiadado, déspota, un verdadero tirano.

 

En el verso 14, más allá de la perícopa, encontramos un nuevo concepto temporal, es el concepto de עוֹלָם [olan] “la eternidad”, “lo perpetuo”; es como si un “crítico musical” entrara a la sala de ensayos de la orquesta, y permaneciera allí, durante cinco minutos, y al salir, diera un veredicto sobre el concierto que están preparando, que va a durar 3 horas. Nosotros nunca oímos el concierto completo, cada vida (ochenta años, el que más), son sólo 5 minutos, y por eso tantas veces nos resulta incomprensible y hasta desagradable el fragmento que alcanzamos a oír.

 


Dios nos garantiza, que la Sinfonía total es de una Belleza -que no le cabe otro adjetivo- Belleza-Divina.

 

Sal 144(143), 1b-2abc. 3-4.

Salmo de bendición. Señor, cuán Grande es tu Misericordia, que está siempre pendiente y atento de nosotros. Tu nos tomas en cuenta hasta un punto que nos cuesta mucho trabajo entender. Somos como simples gusanos, o menos, y nuestro corazón siempre ha hecho gala de su ingratitud. Pero Tú, desde siempre, desde antes de crearnos, te has desvelado por nosotros, en nuestra historia está Tu maravilla, y verdaderamente, la Gloria de Dios es la vida del hombre -al decir de San Ireneo.

 

En el preciso momento de tu Encarnación, nuestro rango y categoría gozó un ensalzamiento inigualable y del pobre-humano sacaste un destello de tu propio Ser y nos engalanaste de Amor. Sin ningún merecimiento, sólo9 y sencillamente porque eres Misericordioso.


Estamos a salvo, porque Tú nos regalas Salvación. Estamos blindados porque Tú nos pones tras tu Escudo.

 

Nos hiciste del mejor barro Fino que usan los alfareros para sus obras, porque Tú Eres el Alfarero de la raza Humana y sacaste de ese barro la prosapia de Adán.

 

Somos un soplo y nada más, somos una bocanada de humo, una voluta condenada a diluirse. Pero de ese hollín-en-espiral Tú estás enamorado, así que es que somos -por Tu Gracia- una fumarola inmortal.

 

Nos has llevado a habitar el Palacio fortificado que tienes por Morada. Y por ser Dios-Amoroso, has hecho de nosotros tus huéspedes perennes.

 

Lc 9, 18-22

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Lc 9, 21

Este secreto impuesto por Jesús es supremamente iluminador para entender quién es Jesús. Normalmente, el político lleva consigo su equipo periodístico para que se den a conocer por todas partes sus acciones caritativas. Se trata de hacerse a un prestigio, de cultivar su “fama”, de hacerse a una imagen conveniente. Pero, para Jesús, lo que Él quiere es “pasar haciendo el bien”, Él quiere llenar cada rincón con un acto bondadoso, no está cosechando votos, sino, sembrando las semillas que le dio su Padre. De su Misericordiosa y discreta labor pudo concluir San Pedro que Jesús era el “verdadero Mesías”.


Nuestra manera de ser siempre nos conduce a sacar, de nuestras limitaciones, castillos de humo; y, sabiendo que somos hijos de Dios, quisiéramos anticipar la Gloria que nos tiene reservada. Así que, si el Mesías nos ha manifestado su Amistad, queremos que nos dé su Herencia al instante.

 

Es entonces cuando hablamos con Jesús, con gestos melifluos, le pasamos el plumero por Su Trono y el cepillo por los hombros, y lo invitamos a tomar asiento, tenemos adulaciones y halagos -de los mismos que usamos con los mercachifles de la política- para procurar granjearnos sus favores y gozar de sus predilecciones. Para este servilismo la gente ha fabricado a partir del verbo lamer, una deformación que en su cacofonía manifiesta la hipocresía de estos gestos despreciables: “lamber”; se dice entonces: “¡No lamba!”

 

«Jesús, a Pedro y a sus apóstoles, no ha dicho “¡Conóceme!” ha dicho “¡sígueme!”. Y este seguir a Jesús nos hace conocer a Jesús. Seguir a Jesús con nuestras virtudes, también con nuestros pecados, pero seguirlo siempre. No es un estudio de cosas que es necesario, sino una vida de discípulo». (Papa Francisco)

 

Así que, para neutralizar tanto embeleco, Tú nos exiges sacar el tren de aterrizaje y darnos cuenta de la “realidad”:

 

El Mesías tiene que,

i)      Padecer mucho

ii)     Ser desechado por los ancianos, los sumos sacerdotes y escribas

iii)   Ser ejecutado

iv)   Y Resucitar el Tercer Día.

 

No iba a resucitar esa misma tarde, ni al otro día, sino al “Tercer Día”. Había que esperar para que dijeran como María la hermana de Lázaro, “ya huele mal”; que era como decir: ¡Ni modos, ya no hay reversa! ¡Ya está muerto y recontra-muerto! Sólo si viniera el Mesías en Persona, Él sí podría Levantarlo.

 

Así que los tres primeros puntos eran para llegar al Cuarto, sólo resucitando le ganaba a la muerte, al pecado y al mal. Y sólo cumpliendo el Cuarto punto quedaba irrevocablemente patente que Él es el Mesías Esperado, ¡El Vaticinado en todas las Profecías!

 

La resurrección alcanza su Cima, no en los testimonios fehacientes de quienes lo vieron ya Resucitado, sino en el hecho de que Él, el Profeta-Supremo, lo había anunciado, y ¡todo lo que pronostican los Verdaderos Profetas se cumple!

 

«El Mesías no es un hombre poderoso según los cánones del mundo. Él ha venido a dar su vida. Seguirlo implica un “corte” con nuestro egoísmo, con el amor a nosotros mismos y con nuestras costumbres. Hay que negarse a sí mismo y cargar con la cruz.» (Vincenzo Paglia)


«Conocer a Jesús es un don del Padre, es Él que nos hace conocer a Jesús; es un trabajo del Espíritu Santo, que es un gran trabajador. Hace este trabajo de explicar el misterio de Jesús y de darnos este sentido de Cristo. Miramos a Jesús, a Pedro, a los apóstoles y sentimos en nuestro corazón esta pregunta: “quién soy yo para ti?”» (Papa Francisco) 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Jueves de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Ec 1, 2-11

El trompo gira sobre una púa metálica -el herrón-, así que, es la pieza esencial de este juguete. El herrón del Qohélet es el famosísimo dicho [Jabel jabelîn] “vanidad de vanidades”, como se le suele traducir. Se presenta 38 veces en este Libro.

 

Pero tenemos una dificultad, la palabra “vanidad” ha devenido otra cosa distinta de lo que era, ahora se refiere a un concepto moral, prácticamente análogo y homónimo de soberbia, arrogancia, presunción, jactancia.” … - «lleva desafortunadamente la connotación de esquemas moralisticos o ascéticos lejanos de la visión de Qohélet»- (Gianfranco Ravassi)

 

La palabra הֲבֵ֥ל [jabel], y esto nos va a ayudar a comprender mucho su significado, está emparentada directamente con el nombre propio הָ֑בֶל [Jabel] “Abel”, “el nombre del segundo hijo de Adán y Eva”, y este nombre significa “soplo”, “aliento”, “humo”, “vacuo”, “algo frágil”, “fútil”, “inane”, “transitorio”, “insatisfactorio”, “insustancial”, “caña vacía”.

 

Tenemos pues, que esta palabra que leemos en Qohélet, no tiene que ver con la jactancia, la presunción o la pedantería, sino con la calidad de hueco, vacío y falto de solidez; algo que es como el humo, como el vaho, que se deshace entre las manos y no queda nada. Nuestro famoso [Jabel jabelîn] significa el superlativo de la insustancialidad: “Nada de nada”.

 

Este tipo de superlativos es frecuente en la Biblia, tenemos entre otros “Señor de Señores”, “Santo de los Santos”, “Cielo de los Cielos”, “Rey de Reyes”, “perla de las perlas”, “belleza de las bellezas”, “perversidad de perversidades”. Y no estamos procurando ser exhaustivos. Este Jabelîn nos habla de la “futilidad de las futilidades”, la inutilidad de esforzarse. (Sería el antónimo del “entusiasmo” que pone en todo, la plenitud del corazón, porque todo se hace “a la mayor Gloria de Dios”).

De otra parte, ¿De dónde salió esa palabra que se usa como título de este Libro? Como sabemos, en hebreo asamblea es [qahal]; al que dirige la asamblea, la convoca, les habla y les enseña, a ese se le dice [qohélet] “el que ensambla”, “el que convoca”. También sabemos que “asamblea” en griego sería [eclesia], y al maestro y convocador se le diría [eclesiastés]. Luego, entre Qohélet y Eclesiastés, hay una homología hebreo–griega.         

Como se sabe, este Libro ha sido atribuido a Salomón (tendría que haber sido escrito entre el año 970 y el 931 a.C.), pero los estudiosos han encontrado imposible esta hipótesis porque en él se usan algunos arameismos que son -absolutamente- post-exiliares. Esto conduce a pensar que su redacción corresponde, a la época en la que los judíos -retornados a Jerusalén, con la orden de Ciro- se habían agrupado en un intento de reconstrucción y que se hallaban bajo el dominio persa, después del 538 a.C.).

 

Qohélet propone una moral que se basa en tratar de amar, trabajar, divertirse, comer y beber, aceptando todo como un regalo celestial. Esto debido a que todo esfuerzo humano se ve coronado por la futilidad, y el producto siempre se desvanece como humo, cuando la muerte pasa su racero: esto está enunciado con un pesimismo cínico que ha llevado a interpretar su moral como un epicureísmo moderado (el epicureísmo -especie de hedonismo racional- floreció en Grecia por allá cerca del 310 y el 280 a. C.).

 

Este aspecto de la “muerte que reduce todo a la insulsez, a un vapor que se deshace, a humo que se disipa es una presencia pesimista y oscurecedora del sentido de la vida, que ronda fantasmal, a todo lo largo del Libro, es lo que reduce todo a “vacuidad”, la muerte se convierte en una especie de molde nihilista que apunta en aquella dirección del “hoy comamos y bebamos que mañana moriremos” que -conforme a San Pablo- era la filosofía de los profanadores de Jerusalén. La vida es oquedad (en arquitectura una oquedad se llama un “vano”, son los huecos que se dejan cuando se está construyendo, donde después quedarán las ventanas y las puertas).

 

Encontramos, en la segunda parte de la perícopa, la alusión a una visión cíclico-repetitiva: una exposición general de la filosofía del “eterno retorno”, que hace su aporte al nihilismo de Qohélet. Estaríamos condenados a volver una y otra vez a lo mismo, en un determinismo irrompible, como la condena de no poder llegar nunca, a algo distinto de “siempre lo mismo”. En un verso señala que los ríos siempre fluyen hacia el mar, y a pesar de ello, nunca se llena. Este enfoque, esta perspectiva llevo a la enunciación del principio del pesimismo-eterno-retornista: “Nihil novum sub sole” (Qo 1,9) y que se repite 29 veces a lo largo del Libro.

 

Lo que uno puede detectar aquí, es la carencia de recursos para entender la vida cuando se retira de nuestro andamiaje comprensivo el principio Revelado de la Vida Eterna y la Resurrección. Sin esta pieza clave, no vamos a ninguna parte y podríamos llegar a estar de acuerdo con Qohélet en que todo vale nada y lo demás vale menos.

 

La perícopa concluye clavándonos la daga del olvido: una vez muertos, la desmemoria lo consumirá todo y no quedará nada de nada. Seremos absorbidos por el gran vacío de la recordación que no es capaz de derrotar la fragilidad de las remembranzas. Del humo no quedarán ni siquiera las cenizas. Sucumbiremos en una infinita nada.


Este vacío es el andamiaje estructural que soporta todo el Qohelet.

 

Sal 90(89), 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

Que la hierba sepa que es hierba y se comporte como tal. En eso está su plenitud. Si es un día, es un día; pero que ese día sea verde y alegre con la gloria derramada de los campos en flor.

Carlos G. Vallés

 

Este es un salmo de súplica. Parecería que el salmista ha optado por saltar a la barca de Qohélet, y dirige la mirada en la misma dirección para descubrir que Dios reduce al hombre a polvo cuando pronuncia la orden “Hijo de Adán, es la hora de regresar” Aquí la Presencia de Dios es ese hueco desintegrador, que vuelve el ser a un absoluto no-ser.

 

Cuando Dios los llama, los retira; y son como los sueños al despertar, o como la hierba que se arranca y una nueva viene a ocupar su lugar. Una y otra vez la cortan y una y mil veces renace.


Nadie puede saber cuándo le llegará la hora definitiva, ni siquiera ante los presagios de desahucio; si el Señor dice “es la hora”, no habrá vuelta atrás. Pero en Manos de Dios está el cambiar esta situación sin salida, en cambiar la naturaleza de la bocacalle. Así que el salmista suplica: ¡ten compasión de tus siervos!

 

Aquí el salmista llama a la juventud “la mañana” y le pide a Dios que le infunda una vitalidad sólida y duradera en la juventud, para que el trabajo, el esfuerzo, todo el empeño puesto no sea vana futilidad y al tesón el Señor responda con la prosperidad.

 

Lc 9, 7-9

El anuncio del Evangelio no se hace de una vez para siempre; tampoco es una iniciativa autónoma y privada. Cada discípulo está llamado a insertarse en la larga estela de los seguidores de Jesús para librar la misma batalla y anunciar el mismo evangelio.

Vincenzo Paglia

Se narra el asesinato de San Juan el bautista a manos de Herodes -sin entrar en ningún detalle-, y es este mismo quien reconoce su autoría en tal fechoría. Herodes, quien aquí simplemente parece mostrar un interés neutral en verlo, lleva embozadas sus criminales intenciones; ya sabemos, que quien disfruta de estas entrevistas “inocentes” con el gobernante homicida, puede culminar como voluntario donador de su propia cabeza para ser trofeo de cualquier bailarina meneadora de caderas. Lo de menos era el pretexto, al fin de cuentas, esta relea desvergonzada no requiere pretexto, hace lo que se le da la gana)

 


Esta perícopa podría resumirse en pocas palabras: Herodes era un especializado asesino de profetas. Dado que Juan el bautista no era otra cosa que el representante del gremio profético caído entre las manos de un homicida. En Malaquías 4,5 leemos: «Miren ustedes: Voy a enviarles al profeta Elías, antes que llegue el Día del Señor, que será un día grande y terrible. Y él hará que padres e hijos se reconcilien. De lo contrario vendré y castigaré su país, destruyéndolo por completo.»

 

Muestra también que el linaje de los profetas, o sea, los que habían devenido discípulos -misioneros, tenían su destino demarcado por el programa gubernamental de estos sátrapas caídos bajo el vasallaje del Imperio romano, muy seguramente, la confianza que les depositaban consistía en ser esa clase de represores de cualquier insurgencia.

 

Aquí, sin duda alguna, καὶ ἐζήτει ἰδεῖν αὐτόν. “tener ganas de verlo” se podría entender y traducir como “le tenía el ojo puesto”, “lo miraba con ganas asesinas” como candidato próximo de otra de sus ejecuciones. De hecho, la palabra ἐζήτει [ezetei] se deriva del verbo ζητέω [zeteo] “buscar”, “procurar”; es decir, que su intención era tenerlo bajo la órbita de su vigilancia para echarle mano cuando quisiera, y “sacrificarlo” para tener al imperio agradado por su adecuación y desvelo, por mantener el yugo bien puesto en la nuca del pueblo judío de toda Israel. Era un títere confiable, así se quería mostrar y esa era la fama que se había granjeado.


 

Su cinismo raya en su sentimiento apátrida, (al final de cuentas, que patriota iba a ser, si era de linaje idumeo), ¿cómo no iba a estar preocupado si no podía definir a qué “enemigo” se enfrentaba, y, no “sabía a qué atenerse”. En fin, podemos comprender que lo desvelaba la incertidumbre, y sólo llegaban a sus oídos, los informes de sus “milagros”, lo que -en contra de sus intereses- engrandecía la autoridad de Jesús entre los de su pueblo.

martes, 22 de septiembre de 2026

Miércoles de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario

 


Pr 30, 5-9

Los proverbios no fueron todos escritos por un mismo autor y no pertenecen a la misma época. La mayoría de ellos nació de la experiencia popular que después se coleccionó, se pulió y fue editada por sabios profesionales en el período de tiempo que va de Salomón (950 a.C.) al post-exilio (400 a.C.).

Storniolo-Martins Balancin

Hoy, llegamos al final de nuestro cursillo relámpago sobre el Libro de los Proverbios. Los proverbios, forma literaria muy frecuente en el oriente medio, según nos enseña la arqueología, proliferaron en Mesopotamia, y Egipto. Son sentencias breves (aforismos) que impactan por su certeza, por ser una sentencia eficaz, y por su fuerza persuasiva y su brillo; brotaron de una sabiduría que provenía de la aguda observación del mundo y del aprovechamiento de las experiencias ajenas, que procuraba encontrar los pies y la cabeza en los hechos y peripecias de la humanidad, difíciles de compatibilizar y de ordenar en medio de su desorden y su carácter contradictorio, esta sabiduría se tenía como condición para alcanzar el éxito en la vida.

 

En lengua hebrea un proverbio, un refrán, una máxima, un consejo, un aforismo, se llama מָשָׁל [mashal] (su plural es mashalim, Mishlei), también son mashalim las parábolas, las fábulas, los acertijos y hasta las adivinanzas.

 

Agur ben Jakeh, fue un sabio de ascendencia árabe (Ismaelita, no israelita) que reunió los proverbios de este capítulo 30, versos 1-14, lo mismo que Lemuel de Masá -de otra tribu ismaelita, del norte de arabia-, que, enseñado por su madre, aprendió los proverbios que luego compiló en el capítulo 31, 1-9. Los proverbios de Agur y Lemuel forman la sexta y la séptima colección proverbial -respectivamente- del Libro en estudio.

 

La perícopa parte de un axioma: “Las Palabras de Dios son de fiar”. Este fundamento medular se basa sobre el hecho de que Dios Es Escudo para los que esperan en Él. Pero, ¡alerta! no se debe añadir nada a sus Palabras porque Él reclamará por la adulteración y nos dejará en evidencia delante de todo el mundo.

 

Luego, aparecen dos peticiones que Agur le había hecho a Dios, solicitándole se las concediera antes de llamarlo al país de los muertos, y son:

1)    Alejar de mi falsedad y mentira

2)    No me des ni riqueza ni pobreza, sino el “pan cotidiano”.

 

¿Por qué no quiere riquezas? Porque estando saciado puede incurrir en el atrevimiento ingrato y llegar a pensar que todo lo ha logrado solo y que no debe al Cielo ninguna gratitud. (Consumismo y hedonismo). De ahí, se pasa -sin solución de continuidad a desconocer a Dios; esos que cuando uno los menciona dicen. ¿de qué me está hablando? Y, sin tregua establecen, “a mí hábleme de cosas concreticas, no me venga con fantasías”. Esos que se ponen su agnosticismo como el que se pone un armiño -no por frio- sino por presunción. Y es que hay gente que mira todas esas doctrinas como una moda de lo más chic. A falta de un traje sofisticado cualquier guiño al ateísmo luce distinguido.


¿Por qué -el autor de esta parte de los proverbios- no quiere la pobreza? Porque podría llegar a volverse ladrón y argumentar que ha sido por física necesidad. También así ofendería el Nombre Santísimo.

 

Sal 119(118), 29. 72. 89. 101. 104. 163

Y toda la vida. Contemplación y estudio que nunca acaban, porque tu Voluntad es tu propia esencia, eres Tú mismo en la Infinitud de tu Ser.

Carlos G. Vallés s.j.

Continuamos con el mismo salmo de ayer (salmo de súplica y lamentación -donde este pueblo expresa su sentimiento de sufrimiento y persecución, con 176 versículos, sus estrofas van siguiendo el orden alefático, pero solamente la primera letra de la estrofa, inicia con la letra que corresponde, por ejemplo, el verso 89, inicia con la letra ל [lamed] לְעֹלָֽם [leolam] “siempre”; de ellos entresacamos 6 para proclamarlos hoy), tomando otros versos diversos a los proclamados ayer.

i)      Apártame del camino falso, dame la gracia de tu Ley, para que no sea para mí un cuerpo legislativo sino un mapa para encontrar el tesoro.

ii)     Para discernir que no son valiosas las monedas sino “Toda Palabra que sale de la Boca de Dios”

iii)   Guía Señor, mis pasos, que no camine hacia la mala-hierba y la cizaña.

iv)   Apárteme Señor de las sendas de la Mentira (son los caminos que ha trazado el Malo), que yo camine entra las señales camineras que nos dejaste: el Decálogo, priorizando tu Mandamiento del Amor y todas las Bienaventuranzas declaradas por Ti.

v)    Dale a mi corazón unos lentes que le permitan orientarse por los senderos de la Ley Divina y me prevengan de coger por donde indica el Engañoso.


En el verso responsorial vamos a repetir: La Ley es una Lámpara de Luz Clara y Nítida que me muestra los Caminos que conducen hacia la Vida Eterna.

 

Lc 9, 1-6

Hay tres salidas de Jesús por Galilea: en la primera, va acompañado por los cuatro primeros que llamó, en la segunda, va con los doce que lo acompañan, en la tercera, Él envía a los doce y sale solo. Hoy, precisamente, es el Envío: Así iniciamos la tercera Salida de Jesús por Galilea.

 


Lo que a nosotros compete es que nos Envía, que no podemos seguir debajo de la Orla de su Manto: todo pajarillo debe abandonar el nido cuando llega la “Hora”.

 

Hay, algo así como la fase preparatoria, y cuando las alas han madurado lo suficiente, entonces tenemos que salir a “Predicar el Reino” y a “curar a los enfermos”. ¿Eso está claro, y se muestra cierto?

 

Cuando Él ve que las alas de sus pajaritos ya soportan un corto vuelo, los envía, ungidos con poder y autoridad. Meditemos eso, ¿qué significa haber recibido poder y autoridad?

 

¿Sobre quienes tienen poder y autoridad? ¡Sobre toda clase de demonios! No es poder y autoridad para mangonear, sino para sacar espíritus “impuros”. Debemos discernir el verdadero carisma que anida en ese “poder”.

 

El envío tiene unas “direcciones” muy precisas, Él no los envía a que den vueltas en círculo, como le suele pasar a quien anda extraviado. Les da las siguientes directrices para que sepan hacia donde se encaminan:

·         No llevan nada para el camino, ni bastón (la gente podría alarmarse de que los van a coger a garrotazos), ni alforja, el que lleva alforja ya lo tiene todo resuelto, ese no está buscando personas para construir comunidad, ese está buscando “bobos” que lo atiendan, que lo abaniquen y que le llenen la copa cada vez que se le vacíe. Tampoco han de llevar su bien dotado vestier, porque quien así obra, está ocupado de los disfraces y de la utilería, no de la Palabra.

·         No tienen que llevar “pan y dinero”, porque no son turistas, no van de picnic, ¡son profetas!

·         Si uno entra en un lugar es porque le permitieron la entrada; si en una casa lo reciben, quédense allí, la gente tiene que saber cómo y dónde encontrarlos, no están en la clandestinidad, están en la disponibilidad.

·         Y, para que luego no se hagan los sorprendidos, sepan que muchos no los recibirán, que muchos los rechazaran, que muchos se darán a la tarea de perseguirlos y que muchos querrán reclamar sus vidas.  Muchos se creerán santos si logran matarlos, porque no están buscando la palabra, sino lo que buscan es saciar su sed de asesinos y, el asesino sólo se sacia derramando sangre, cuando ven la mancha carmesí, se ponen la escarapela de “justicieros”: Ellos no buscan a Dios, buscan quitar a Dios de su camino, porque les representa un inconveniente.

·         Contra los que no los reciban, no planeen hacer llover fuego contra ellos, simplemente sacúdanse el polvo de las sandalias y que esa sea su única acusación, ante los Ojos de Dios. Es decir, no se contagien de nada, de ninguna de sus impurezas; sacúdanse bien, para que, de ese estilo, no se les queda nada pegado. Sobre los que no los reciben, sólo hay que orar, pronunciando para ellos el liberador Effetá.

 

¿Qué hicieron los Doce? Juntaron todo el poder y la autoridad recibidos y se fueron a entregar el Evangelio (léase la “Buena Noticia”). La Buena Noticia no tiene nada que ver con doctrinas, sino con el “Poder” que “Sana”.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Martes de la Vigésima Quinta Semana del Tiempo Ordinario


Pr 21, 1-6. 10-13

 

“Procura no inquietar tu alma ante el triste espectáculo de la injusticia humana. Sobre esta injusticia verás un día el triunfo definitivo de la justicia de Dios.”

Padre Pío

 

Hemos dicho que este Libro inicia con una breve introducción, de sólo siete versículos. Luego viene una sección de poemas “sapienciales que abarca desde 1,8 hasta 9, 18. Luego viene una segunda sección, de dichos de Salomón (10,1-22,16). De esta segunda sección se toma la perícopa de hoy, que pertenece casi al final de la sección, después de la cual se abrirá una tercera sección que recopila dichos de sabios.

 

En la perícopa de hoy, encontramos una organización consistente en dísticos, que pueden presentar tres clases de paralelismo: (sinónimo cuando la primera parte significa, por así decirlo, lo mismo; antitético, cuando la segunda parte dice lo contrario de la primera; y, como en el caso que vamos a citar, a continuación, donde el primero enuncia un estado de cosas y el segundo contrapone una especie de consecuencia o caracterización de esa situación (paralelismo sintético). Veamos -a manera de ejemplo- cómo inicia la perícopa:

 

La mente del rey, en manos del Señor,

sigue, como los ríos, el curso que el Señor quiere.

 

Nótese que no quiere decir que la mente del rey esté permanentemente dirigida por el Señor, la criatura no es un “títere” de Dios; hay casos, momentos o circunstancias en que, esa mente se desvía y se va -desviada- por sus caprichos, sus intereses, o sus egoísmos. El rey puede llegar a vivir de sus individualismos, pero -a la larga- Dios adaptará los resultados para que el desenlace sea lo que Él quiere (conforme a su Economía Salvífica): Se retoma la idea que, Dios escribe recto a pesar de los renglones torcidos.

 

La perícopa se sintoniza con aquella enseñanza que nos legaría Jeremías (7, 22-24): «Pero cuando yo saqué a sus antepasados de Egipto, nada les dije ni ordené acerca de holocaustos y sacrificios. Lo que si les ordené fue que me obedecieran pues así Yo sería su Dios y ellos serían mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les había ordenado, para que les fuera bien. Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. En vez de volverse a mí, me volvieron la espalda».

 

Se da la situación de que no sepamos juzgar correctamente nuestro proceder, y que tengamos por bueno, lo que a los ojos de Dios es malo; y, sólo Su Juicio es acertado y confiable. Es Él quien Juzga con rectitud, y es la práctica del derecho y de la rectitud lo que place a sus ojos.

 

El salmo nos encamina hacia la diligencia -en todo el Libro se denuncia la pereza como vía pecaminosa, como derrotero para ofender el Santo Nombre, aquí por el contrario se promueve la responsabilidad laboriosa- y no hacia el activismo.  Nos dice muy claramente que tenemos que afanarnos por nuestro prójimo puesto que aquel que es indiferente ante el dolor y las angustias de su “hermano” es el malvado, al que sólo le afana hacer el mal.

 

Notemos que el cínico recibe castigo, en cambio el que se equivoca por inexperiencia, ese no recibe castigo, sino la oportunidad de corregirse y de aprender, de ganar la “experticia” indispensable. Esto no sólo parece justo, sino que es el punto de despegue de la Justicia, no se puede esperar que la inexperiencia cause falta, la inexperiencia reclama aplicarse a ganarla, pero el que ya cuenta con los datos que la experiencia le ha aportado, ese sí que tendrá que asumir todo el peso de la responsabilidad.

La cúspide de esta perícopa se alcanza en el verso conclusivo: Se llega a la pieza maestra de la Justicia que es la compasión que emana del sentido de projimidad, de ser hermanos en la Paternidad Divina: La indolencia, la inclemencia, la indiferencia ante el clamor del pobre transformará el clamor propio en súplica no atendida: Dios no tendrá oído para aquel que no es compasivo.

 

Sal 119(118), 1. 27. 30.34.35.44

Ese salmo es una súplica. Súplica hilvanada con alabanzas. Aquí lo que se alaba es la Ley de Dios. El salmo en realidad inicia con una bienaventuranza: «Dichoso el que, con vida intachable, camina en la Ley del Señor.». El salmista lo que pide es aprender, entender y vivir en conformidad con la Ley que Dios nos ha dado. Así pues, podemos decir que es un salmo sapiencial.

 

Además, es un salmo alefático. Siempre que se recurre al expediente de estructurar un salmo siguiendo una a una las letras del alfabeto hebreo, se puede entender como que la “pieza” ha pasado por una suerte de “detector electrónico de imperfecciones”, y, después de examinar la “resistencia” y todos sus posibles ángulos de falla, no se encontró ninguna: La Ley es perfecta, es integral, es sabia. Son 22 estrofas, cada una de ellas es un octeto. La Ley, es pues, un regalo del Cielo, un Don Perfecto. Y el salmo, lo que hace es expedir el certificado de calidad óptima.


Suplica por entendimiento. Señalando que es cuestión de elección: uno puede elegir la ruta de los Mandamientos, o irse por otro lado. Si elige la segunda opción será un malaventurado. En cambio, quien sigue la ley vive en perenne gozo. ¿Cómo hacer la elección excelsa? Rogando al Cielo para obtener el “entendimiento” iluminado por el Señor para discernir sabiamente.

 

Y concluye suscribiendo el pacto con el que se compromete a vivir siempre bajo la Alianza, conforme a la Ley.

 

La antífona sabe que debe dejar las riendas y el timón en Manos del Señor, por eso suplica que sea Él quien lo guie, que sea Dios Quien tome su vida en Sus Manos para jamás descarrilarse de las Sendas demarcadas por YHWH en la Revelación.

 

Lc 8, 19-21

Nuestra fe está enmarcada en una entrega y un compromiso profundo con el Evangelio, proclamado por Nuestro Señor Jesucristo y anunciado por nuestra Santa Madre Iglesia en fidelidad y consonancia con la Revelación que Él nos regala. Muy por encima de los vínculos familiares, que no se desprecian, pero que ocupan un lugar anexo.


Jesús está en Cafarnaúm, relativamente cerca de Nazaret. Su Madre y sus hermanos han venido a buscarlo, pero no pueden acceder a su Presencia porque donde Él está enseñando, está atiborrado. Son muchísimos los que se han reunido para escucharlo. Seguramente, pasaron la voz, para hacerle llegar el mensaje a Jesús y que Él supiera que su parentela estaba a la puerta.

 

Pero Jesús, que ha ganado plena consciencia de su familiaridad con Dios Padre, se ve ante la necesidad de definir una Nueva Familia, (es como una glosa al episodio de Jesús que se había quedado en el Templo, la Madre le dice “¿Por qué nos has hecho esto?” y Jesús replica, “¿No sabían que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”, allí ya estaba -por lo menos en embrión- la idea de priorizar la Paternidad Divina sobre las familiaridades humanas):

La estructura de la Nueva Familia, la Iglesia, “la comunidad de los convocados”, está integrada por todos aquellos que cumplen dos condiciones

1)    Escuchan la Palabra de Dios

2)    La cumplen (la ponen por obra).

No se pide una de las dos, sino ambas. Una sola de las dos no nos hace “hijos del Padre”, y por tanto no podremos llamarlo “Padre nuestro”.


Así, se ha instituido una Nueva Familia, donde no bastan los lazos consanguíneos, ante todo está la fe; hay, pues, que sincronizar el corazón y la vida entera con la Palabra, entonces, y sólo entonces, somos de la misma familia que su Madre y sus hermanos.

 

Si nos remontamos al significado de la palabra parentesco encontramos su relación con la palabra latina parĕre, “hacer nacer”, “engendrar”, “producir”, “reproducir”. Lo que quiere Jesús es centrar nuestra existencia en la vida espiritual. A través de Quién llegamos a ser “trascendentes”, a tener “vida en el Espíritu”, o sea, ¿Quién nos engendra en el Espíritu? Él quiere que más que parentesco seamos hijos del mismo Padre. Quiere que, como criaturas espirituales, reconozcamos que hemos nacido, mucho más que de la carne, nuestra vida trascendente proviene del agua y del espíritu.

 

Para entrar a pertenecer a esta familia, la familia que emana de la fe, el requisito es el verbo ἀκούω [akuo], de este verbo se deriva en español “acústica”, es el verbo griego para “escuchar”. Escuchar es muchísimo más que oír. Oír es un fenómeno meramente físico, son ondas sonoras que, cuando son percibidas, el cerebro las capta como una ruptura del silencio. Pero escuchar es, además, dejar que ese sonido nos dinamice, nos mueva, nos impulse, inclusive, nos cambie. La escucha está relacionada con la acogida, y cuando lo que se acoge es la Palabra, entonces, la Comunicación de Dios ha incidido en nuestro ser y ha llevado a cabo su “Poder”: Lo que ha pasado es que el poder de Dios ha actuado en nosotros porque nosotros hemos dejado que la vibración de Su Palabra nos agite con fuerza Divina.

 

Ya en los registros veterotestamentarios nos hemos encontrado con su equivalente en hebreo שְׁמַע [shema]. Quizá la figura que mejor nos acerca a estos verbos es la del velamen de la embarcación que recoge y capta el empuje del viento, y, de esta forma, dinamizan el barco; así también, nuestra “acogida” nos mueve a la acción, y permitimos que la Palabra de Dios nos ποιέω “mueva a la acción”. Entonces, y sólo entonces, entraos en la familia de Dios. No por factores genéticos, sino por hemos recogido en el corazón el eco de la Voz de Dios y la hemos “cumplido”.


Esta nueva manera de ser familia, nos reclama ser conscientes de las relaciones comunitarias que implican la filiación directa de Dios. En este contexto cobra su total realce la sinodalidad. La sinodalidad es un aspecto de la fe que no tiene nada que ver con la novedad, que no es una categoría reciente, que hace poco se puso en boga. Es, por el contrario, una de las más antiguas metas que nos concede el Amor de Dios Padre, saber que somos hermanos en Él y que la dimensión horizontal de la Cruz se refiera a la hermandad que tendría que aglutinarnos a todos los que somos hermanos en esa fe. La sinodalidad está a la base de la Iglesia, somos las piedras vivas que formamos sus Muros, si no hay sinodalidad -es decir cooperación y solidaridad de piedra a piedra- la construcción no será estable, sino endeble, cualquier viento de la historia la derribará.

domingo, 20 de septiembre de 2026

San Mateo


Ef 4, 1-7. 11-13

La Carta a los efesios vuelve a tomar y desarrolla algunos temas de la carta a los colosenses. En realidad, más que de una carta se trata de un pequeño tratado enviado a las Iglesias de Asia bajo el nombre autorizado de Pablo.

Rinaldo Fabris

Hoy, rompemos el ritmo de nuestras Lecturas, e introducimos un ensamble de Lecturas particulares, que se han señalado para le celebración de la Fiesta de San Mateo.

 

El punto de partida para la perícopa de hoy es el de un hombre que, desde la cárcel, y apelando a tal cautividad, pide a los destinatarios coherencia (se usa la palabra ἀξίως [axios] que significa “digno”) con el llamado que les han hecho, al ser convocados deben poner en alto el sentido de esa llamada, de esa convocatoria, y honrarla con su vida. Ciertamente sería absurdo que -por ejemplo- se convocara a un equipo de personas, tenidas por honestas, a trabajar en pro de la honestidad, y en la práctica de esta labor, se recurriera a tretas y artificios de deshonestidad. La ética nos concita a la coherencia entre los medios y los fines.

 

La convocatoria que se ha hecho, en este caso, es en pro de unos valores que -a lo largo de la perícopa- se van señalando. Podemos decir que el mensaje se ha estructurado cuidadosamente para que sea muy claro el sentido exhortativo de la carta. Pide, ante todo -y será muy importante porque lo pone de primeras, y lo que primero se dice, suele ser lo primordial- que sean ταπεινοφροσύνης [tapeinofrosines] es lo contrario de “autosuficiente”, “nada arrogante del propio yo”, “modesto”, “sencillo”, “sin ínfulas”, “discreto”, “sobrio”, esta condición nos facilita someternos al Señor, dejarnos en Su Manos, “deshacernos en confianza”, “abandonarnos en Él”.

 

Y, luego, segunda virtud de la lista: πραΰτητος [prautetos] es una “mansedumbre” muy especial -diferentísima de la estulticia-, esta “mansedumbre” dada por Dios -su peculiaridad es que la gentileza que exterioriza proviene de una enorme fuerza interna refrenada, emparentada con la legendaria serenidad de los grandes maestros espirituales-, podríamos decir que es una virtud teologal, (otra además de la fe la esperanza y la caridad), la indulgencia. Nosotros muchas veces hablamos de una mansedumbre que resulta de “agachar la cabeza”, en cambio, esta mansedumbre surge de otra parte, viene directamente de Dios al hombre, por eso la llamamos “mansedumbre teologal”.

 

Pasamos al tercer valor por el que clama la Carta a los Efesios: ser μακροθυμίας [makrotymias] es una virtud poco conocida entre nosotros, lo contrario de la explosividad, aquella virtud que nos enseña a “contar hasta diez”, es la “longanimidad”, aunque nadie parece recordar de que se trata, tiene un hondo parentesco con la imperturbabilidad, pero difiere porque tiene cero por ciento de “indiferencia”, no se parece a la “impavidez”; pero, es como un filtro que condensa la fuerza eruptiva y la potencia, al no dispararla incontenidamente, sino que la energiza, aplicándola sabia y prudentemente en el punto y momento estratégico. Antiguamente era una virtud muy reconocida, se trata de la “clemencia”, hoy en día, la palabra ha devenido obsoleta, y desconocemos de qué va la “clemencia”. Y es que, si desconocemos esta virtud, tenemos un escondite perfecto para ejercer el despotismo. Si desconocemos el significado de un valor, podemos hacernos los locos y volvernos ¡inclementes!

Así que esa es la tercera virtud que debe caracterizar a los que han recibido la convocatoria de seguir al Señor: Han de ser clementes. Entonces, expliquemos de qué va esta virtud para que podamos ejercerla. No se trata de dejar que la gente atropelle y pisotee la Justicia; se trata de lograr que la sanción sea correctiva, que tenga un cariz pedagógico, pero que no autorice que la falta quede impune. Se trata de ser capaz de moderar el castigo, -inclusive- de perdonarla o, de usa de la benevolencia a quien le urge el correctivo.

 

Entiéndase que no se trata de un “dejemos así”, ni mucho menos de “hacer de la vista gorda”. Se trata de entender que la sanción siempre debe cocinarse y adobarse con ánimo correctivo y pedagógico; y nunca, óigase bien, jamás, con vehemente sevicia.

 

Luego enumera varios valores fundamentales, muy útiles y aplicables a la sinodalidad:

 

a)    Sobrellévense mutuamente con amor

b)    Esfuércense en mantener la unidad del Espíritu -apoyados en- el vínculo de la paz.

c)   La vocación a la que hemos sido llamados es, como un solo cuerpo y una sola alma, revestidos con una única coraza, un chaleco reforzado que modela y contiene la esperanza unificadora.

d)  Todo esto se conjuga en una razón de ser de la sinodalidad que ha de frutecer en una meta teleológica: “un Señor, una Fe, un Bautismo, Un Dios, Padre de todos, que lo trasciende todo y lo penetra todo y lo invade todo”.

 

Aquí es urgente citar a Papa Francisco, porque esta es una de las citas favoritas para proponer una ideología cerrada y fanática: «No hay que tener miedo a la diversidad de carismas en la Iglesia. Por el contrario, hay que alegrarse de vivir esta diversidad. Ya en las primeras comunidades cristianas, diversidad y unidad estaban muy presentes y en una tensión que debe resolverse en un plano superior. Más aún. Para avanzar por el camino de la fe necesitamos también el diálogo ecuménico con los hermanos y hermanas de otras confesiones y comunidades cristianas".

 

Muchas personas han entendido esto como una suerte de kirigami, donde todas las figuritas obtenidas son exactamente iguales. No se trata de esto; seguramente por eso, a continuación, la carta habla de las diferencias y remarca que cada quien tiene los carismas propios, y las gracias que lo individualizan “según la medida del Don de Cristo”. Esa diversidad resultante, lejos de ser inconveniente, puede y debe estimularse, la diferencia siempre es vital, enriquecedora, deseable. La diversidad en la Comunidad es sintomática de Fuerza Vital, así ha hecho el Señor todas las cosas y todas las personas.

 

Sufrimos de un fortísimo prejuicio contra la diversidad, cuando, aquí la Carta a los Efesios la saluda: señalando que es útil para “el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio y para la edificación del Cuerpo de Cristo”. Dejemos que cada quien encuentre su carisma, y florezca con los talentos que el Señor le haya confiado, esa floración -sin duda- redundará en la Glorificación de la Trinidad Santísima. No desconfiemos de la diversidad cada quien sabe sembrar mejor en ciertos corazones.


La perícopa entiende muy bien que esto está demarcando el camino, y sólo al llegar, nos encontraremos con los ideales realizados del “hombre perfecto” a la medida del Hijo de Dios, Nuestro-Señor-Pleroma, en la Fe y en el Conocimiento: Por ahora, somos homo viator (“peregrinos”, como lo designo Gabriel Marcel), (sin predeterminaciones, con libertad plena para avanzar certeramente o desviarnos), peregrinos en proceso hacia la Patria Celestial.

 

Sal 19(18), 2-3. 4-5

Este salmo es de la familia de los himnos, o sea una Alabanza al Señor. Consta de dos partes, esta vez, y para esta perícopa tomaremos 4 versos de la primera parte, que data de antiquísimo, donde el salmista, al contemplar la naturaleza, alaba arrobado la Magnificencia Divina.

 

La Fe del Israelita está totalmente cimentada en la Ley. El judío oye en cada Ley la Voz de Dios que lo dirige. Así que su norte y su derrotero son la Torah. Para él, el cosmos entero es un mecanismo de relojería perfecto, y Dios nos muestra su armonía cósmica para hablarnos y simbolizarnos la perfección del Cuerpo Legal que nos regaló. Así que en la naturaleza el judío ve un paralelismo con el Lenguaje Divino: vamos pues a lenguajear: De sus 14 versos vamos a tomar sólo 4, y con esos 4 versos vamos a componer una breve alabanza a la Creación, con su lenguaje silencioso, que sin romper la quietud alaba y gloría a su Hacedor.


El astrónomo puede fascinarse y mirar día tras día por sus cada vez más perfeccionados recursos telescópicos y ¿qué verá? Los cuerpos celestes -sumidos en el silencio cósmico- proclamando que Dios es Descomunalmente Maravilloso, El astrónomo como el salmista no se atreverán a romper ese silencio que alaba y bendice, así que con su quedo palpitar, orará su Alabanza, enternecido y maravillado.

 

Este lenguaje lo llena todo, no con estruendo sino con reverencia, no con bullaranga, sino con un himno lacónico que calla ente la insuficiencia de la palabra humana.

 

Mt 9, 9-13

Cristo manifiesta una enorme comprensión, una enorme paciencia, frente a todos los pecadores y frente a todos los pecados… a excepción del fariseísmo. El fariseísmo consiste en considerarse mejor, más santo que los demás. Esto es algo que el Señor no acepta.

Helder Câmara

Suponemos que los publicanos eran un ejército de cajeros, colectando los impuestos por todo el imperio; eso no es lo que han encontrado los historiadores. Lo cierto -parece ser- que, algunos personajes muy adinerados, negociaban con los gobernantes y administradores del Imperio, y compraban a los Romanos, la titularidad del cobro de los impuestos y de la invención de otros cobros y otros rubros, dejados a la creatividad de estos adinerados. Muchas veces, esta línea de titularidad subarrendaba el cobro a terceros, que, en no pocas oportunidades, contrataban “empleados de “tercera línea” como cobradores efectivos. Ellos sí, se hacían a una banda de mercachifles que se veían condenados a ponerse al sol, en su “mostrador”, y darle la cara a los “contribuyentes” que eran los nativos de las naciones militarmente conquistadas y sometidas, ya que los ciudadanos no cotizaban. Toda esta caterva de “sanguijuelas” desangraban a los pueblos y se hacían odiosos, especialmente porque todo el enojo se descargaba contra la “cara” que veían llevarse lo que tantos sudores les costaba. Mateo era de los que daban la cara en esta tan desagradable y repugnante satrapía. Era un “colaboracionista”, un Quisling minúsculo, a su modo, un verdadero Vidkun Quisling de la época.


Como en todas estas burocracias, había una continuidad entre el pez más grande y el pez más chico, no quedando vacíos que no fueran llenados por peces de media monta, que elevaban onerosamente los cobros. Eso sí, los cuerpos militares del Imperio le debían respaldo a esta función que los enriquecía y fortalecía, y que brindaba su solidez y poderío a Roma, de donde sonsacaban su tajada, toda vez que les fuera posible. El Señor siempre pasa, y nos invita a dejar el deplorable rincón en el que nos hemos acomodado y que dejemos de cobrar impuestos para los romanos y nos hagamos sus “discípulos”. ¡Lo que nos ofrece es una verdadera oportunidad para la conversión!

 

El Señor no sigue ningún tipo de procesualidad con él, directamente viene y lo convida, a dejar eso y venirse con Él. A continuación, nos encontramos con Jesús sentado a la mesa en casa de Mateo, acompañado de otros cobradores de impuestos, gente tenida por pecadora, y sus discípulos.


Jesús no se atuvo a ningún estereotipo, miraba y veía personas, no prejuicios (Esta es una de las preciosas enseñanzas contenidas en esta Lectura: no ver a las personas con anteojos prejuiciosos, sino mirar a cada quien y tratar de ver lo que realmente es y lo que Dios puede llegar a hacer en él). Si queremos desempañar nuestra mirada, sobrepasemos los preconceptos que prematuramente hacemos. Esto está imbricado con el lema que Papa Francisco ha sostenido: “En la Iglesia ninguno sobra, ninguno está de más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos”. Dios mira con ternura nuestras cadaunadas y así descubre en Mateo que es más que un cobrador de impuestos, que en él duerme el potencial de un discípulo sincero y de un evangelista idóneo.