viernes, 26 de junio de 2026

Sábado de la Décimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario


Lm 2, 2.10-14. 18-19

Este Libro en hebreo se llama איכה [eika] “ay”, también se le llama קינות [kinot] que significa “cantos fúnebres”; habría que empezar diciendo que este Libro es un lloro sobre Jerusalén destruida. Se piensa que su hagiógrafo fue un testigo presencial de esta destrucción. En la Biblia Hebrea (Tanak) no está integrada a los profetas sino a los Ketubîm (Escritos). En cambio, la Biblia de los 7º lo ubica justamente después de Jeremías, este fue el motivo más probable de asignarle su autoría a Jeremías.

 

Si queremos una datación podemos suponer razonablemente el 586 a.C. Durante mucho tiempo se atribuyó a Jeremías, pero esto ha resultado no ser más que eso, una “atribución”.

 

Nuestra palabra “Lamentaciones” es de origen latino, está emparentada con la palabra “clamor” que por cierto se dice que es una onomatopeya que imita el sonido de un “gemido”. De allí viene lamentatio que significa en lengua latina “lloro”, “quejido”, “gemido”. «… Lamentaciones evidencia una interpretación Deuteronomistica de la destrucción como resultado de la desobediencia, junto con un anhelo de restitución del templo de Jerusalén…. El lugar de las ruinas se convirtió en un sitio de ritos de lamentación, en el que los habitantes del país recitaban oraciones como las que se recogen en nuestro Libro de las Lamentaciones». (Jorge Pixley)

 

Podemos intuir cuál es el marco emocional de estas lamentaciones:

      i.        Hambruna

     ii.        Sed

    iii.        Incendios

   iv.        Matanzas

     v.        Saqueos

   vi.        Desarraigo forzado

 

Podemos aquí enumerar una serie de consecuencias de la Destrucción de la Ciudad Santa (587 a.C.) representada como una viuda:

a)    El templo fue quemado

b)    Desapareció el Arca de la Alianza.

c)    Se rompió la Sucesión Davídica

d)    Las personas más pudientes y los líderes de la comunidad fueron deportados

e)    Todo esto repercutirá en la aparición de una nueva “identidad” en lo político y en lo religioso: De allí brotará el “judaísmo”, la comunidad judía.

 

Lo han perdido todo. La desesperanza lo tiñe todo. Muy a pesar de lo cual, la fe se sostiene aun cuando nimbada de dolor. «A menudo imaginamos que el territorio de Judá había quedado vacío después de que Babilonia tomó a Jerusalén y llevó mucha gente al exilio. Pero eso no es correcto: los exiliados pertenecían a la clase dirigente, intelectuales y profesionales especializados. Muchos permanecían allí, principalmente los campesinos». (Euclides Martins Balancin)

 

No hay nada que presagie una salida o la restauración. La crítica está de acuerdo en la datación de las Lamentaciones previo el 538 a.C.

i)              La primera Lamentación puede calcularse que data de poco después al 586 pero hay quienes la fechan para el 598.

ii)             La II y la IV pueden provenir de una cercana posteridad al 586 -como mínimo, un año después de la catastrófica destrucción.

iii)           La II y la V son de principios de la ocupación Babilonia 586 – 538.

 

Esta perícopa que se proclama hoy -pertenece a la Segunda lamentación (2, 1-22- trata de mostrar la Ira Divina contra Sion); Sion es simbolizada aquí por el ־רַגְלָ֖יו הֲדֹם [hadom-ragol] “estrado de sus pies”. Entra en la órbita de reconocimiento de autoridad a las profecías que anunciaban “el día terrible de la Destrucción”. Todo el mal que ha venido es consecuencia del pecado que ha sido peor que el de Sodoma. Toda la primera parte se va en la descripción de la calamidad. Nos pasan ante los ojos las distintas clases de víctimas de esta tragedia del Pueblo de Jacob:

a)    Los ancianos

b)    Las doncellas de Jerusalén

c)    El propio hagiógrafo

d)    Los niños y hasta los lactantes que mueren reclamando a sus madres por su alimento

e)    Los que quedaron heridos en los combates; que agonizan en brazos de sus madres.

 

Mientras que la segunda parte (versos 13-22) le exige a Sion que se consagre a lamentarse. Y les ruega que su llanto y sus clamores llenen los días y las noches.


Un aspecto que no hemos señalado y que ocupa un lugar importante es la denuncia de los falsos profetas, culpables de no haber corregido la dirección oportunamente y haberles profetizado visiones vanas y falsas.

 

Sal 74(73), 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21

¿Qué queda después de una calamidad de “acabose”? ¡Gemirle al Señor para que Él se apiade! ¡Qué unja a su pueblo con el aceite de la compasión-Divina!

 

El salmista siente y lamenta el abandono definitivo, la cólera inconmensurable, el rechazo del corazón del Señor. El cantor ruega que el Señor rememore su elección sobre la tribu de Judá y, en particular, sobre el Monte Sion donde Yahweh tuvo a bien establecer su “morada”.

 

Vino el enemigo -en aquella oportunidad los babilonios- a imponerle su estandarte, a hollar con su pie las ruinas de la Ciudad-Santa. Ahora el hagiógrafo ruega a Dios, que Él, personalmente venga y recorra las calles y se conduela de los despojos de la Ciudad-que-Él-tanto-ha-amado.

 

Como si fuera un bosque, la incendiaron. Sus puertas no pudieron contener a los agresores: hachas y mazas trisaron todas sus defensas y redujeron sus trancas a puras astillas. El Santo-Templo ardió como pirotecnia para gozo de sus asaltantes y para desgarrar el corazón del pueblo elegido en girones.

 


El salmista suplica al Cielo para que ponga en su Memoria la Alianza que pactaron y los defienda de la violencia inmisericorde con la que los asediaron. Le pide que los humildes no salgan de este combate decepcionados y que los pobres y los afligidos tengan solaz y puedan arroparse envueltos en el santísimo Nombre. En esta cuarta estrofa el clamor sube de la boca de los humildes, de los pobres, y de los afligidos, de los destinatarios de su Amor-Preferencial.

 

זְכֹ֤ר  [zekor] “acuérdate”; de la familia de זִכָּרוֹן [Zikkaron] “memoria”, “recuerdo”, “memorial”. Es la palabra hebrea regente en este salmo. Donde la antífona responsorial es precisamente una apelación a la Maravillosa- Memoria-de-Dios: “No olvides sin remedio la vida de tus pobres”, estos “pobres” son los עָנִי [ani] los protegidos de YHWH (Cfr. Sal 74(73), 19).

 

Mt 8, 5-17

Bienaventurados los que pudieran llegar a causarle admiración a Jesús.

Se muestran dos episodios en los que Jesús se revela “Sanador”, su divinidad se revela a través de su Taumaturgia. Entre uno y otro se da la oportunidad de que Jesús se muestre conmovido y verdaderamente tocado por la fe de un “gentil”, se trata de un Centurión quien da una clase de teología explicitando porque la realidad toda, le obedece al Señor, de la misma manera que los soldados obedecen a sus generales.


El centurión se explaya argumentando que la orden de un Alto Mando, no se requiere darla presencialmente, él puede ordenar, mandar decir, y -a pesar de la lejanía que pueda mediar- los subalternos acataran por la “autoridad” de quien dimana la “orden”. Jesús acoge esta explicación reconociendo que los propios miembros del pueblo elegido no han tenido la penetración para reconocerlo y entender cómo se manifiesta la Misericordia Divina a favor de los “creyentes”, en cambio, este soldado sirviente del imperio romano, descubre en Jesús al Salvador.

 

Muchas veces, basados sobre una fe mínima, decimos “ya pedir, significa fe”; sin embargo, esa sólo es una fe minúscula. El siguiente paso es pedir con fe, lo cual ya entra en un proceso, tal vez aún no logrado, pero en proceso, en progreso. Existe otra manera de pedir: Pedir convencidos (Cfr. Mc 11, 24b). ¡Seguros, que lo que se pide se obtendrá!

 

Ahora bien, decirlo es supremamente fácil. Desde nuestra más tierna juventud se nos ha mostrado esta faceta: el pedir. Pero la fe que la apuntala siempre se deja de lado. El slogan ¡Pedid y se os dará! queda reducido y simplificado sólo a la presentación de “pliegos petitorios” y ¿dónde queda la fe que le sirva como base?

 

La educación en la fe ¿en qué consiste? Precisamente en evitar este descuartizamiento, por un lado, el pedigüeñismo, y, quien sabe dónde, la fe. Religión significa la re-integración de los dos componentes de la oración. Y no puede quedarse en decir “Mijito, hay que tener fe”; el asunto va mucho más allá. Si no queremos ser falsos fieles, tenemos que reunificar la fe y la petición, en particular la oración de súplica, articulándolas con la vida. Vivir con la fe puesta, con la fe en juego, con una fe “actuante”, que pudiera llegar a sorprender y admirar a Jesús: “Os aseguro, que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande”.

 

En este evangelio, a los miembros del pueblo elegido se les denomina “hijos del reino”, pero Jesús nos informa, no basta ser “hijo del reino” para ser admitidos a la mesa de Abrahán, Isaac y Jacob.

 

La fe no está huérfana en este relato, anda acompañada de su hermana mayor, la compasión. ¿Nos habíamos fijado? ¿Qué es lo que hace que el Centurión acuda a Jesús? Darse cuenta que su “criado yacía en casa paralítico con unos dolores terribles” (Cfr. Mt 8, 6). No simplemente pide para liberarse de un sirviente enfermo, pide porque se conduele de él, porque sufre sus dolencias como si fuera en carne propia. La petición ante Jesús suena como gemido, como lamentación.

 

En el segundo fragmento (Mt 8, 14-15) tenemos un muy breve cuadro: la suegra de Pedro está postrada en cama, asediada por la fiebre. Es un milagro espectacular (Atención porque lo decimos con ironía para destacar cuan sencillo es Jesús): primero suenan los redobles de tambor, luego todos los generales y los centuriones presentan armas, a continuación, habla el Primer Ministro, señalando la relación del Milagro con las promesas del Candidato Presidencial, y luego toma la palabra el Delegado Pontificio quien nos explica con sumo detalle, paso a paso, el milagro de la Sanación de la suegra de Pedro: ¡Le tocó la mano y la fiebre la dejó!

 

Simple, sencilla y modestamente, sin bombos, sin platillos. Sin discursos, ni arengas, ni aclamaciones

 

El episodio concluye cuando, la suegra pide el favor a los generales de disparar 21 cañonazos en honor al maestro. No, para nada. ¡Se levantó y se puso a servirles! ¡El mayor gesto de gratitud que se puede entregar! ¿De qué sirven 500 cañonazos? ¡será para no dejar dormir al prójimo! El servicio de la suegra de Pedro es una diaconía fundacional en la historia de la Iglesia. Igual que hará el Maestro-Divino, se quitará el Manto, se ceñirá una toalla y se pondrá a lavarles los pies.

 

Los versos 16-17 son una coda, dónde el evangelista se remite al Cuarto Cántico del Siervo Sufriente, en Isaías (Is 52,13 – 53, 12), y se apoya en ese cántico para hacer la hermenéutica de esta perícopa de su Evangelio, en los versos Is 53, 4-5. Es como si, al concluir la relación de los hechos, con el puntero laser nos señalara a qué se refiere y cómo interpretar y actualizar, en nuestra propia vida, la enseñanza.


¡Fe, Compasión y Sencillez! ¡Tomó sobre sí nuestras dolencias y cargó nuestras enfermedades! 

jueves, 25 de junio de 2026

Viernes de la Duodécima Semana del Tiempo Ordinario.

2R 25, 1-12

Dijimos que Sedecías fue puesto como rey de Judá, y que era hijo del rey Josías y tío de Joaquín. Jeremías en el capítulo 27, versos 2 y 3, nos narra que a Sedecías se la abrió la ilusión de “independizar” a Palestina y armó una coalición convocando a Edón, Moab, Amón, Tiro y Sidón.

 

Cómo reaccionó Babilonia ante esta rebelión, pues Nabucodonosor tomó a Jerusalén en el año 586 y la sitió. Ese es el tema de la perícopa que se proclama hoy.

 

Lo primero que hemos de advertir es que el foco no es el de la sucesión real, ni el de la intervención de Babilonia sino el asunto de Jerusalén y el Templo. Los babilonios entendieron que esta clase de alzamientos podrían repetirse y resolvieron ahogar en destrucción cualquier intento posterior, así que destruyeron la plaza fuerte de Judá. Así suprimieron aquel “dolor de cabeza”.

 

La perícopa de hoy puede subdividirse en una serie de episodios entrelazados por la unidad de este objetivo babilónico -a saber- derruir la muralla de Jerusalén, quemar la ciudad y asolar el Templo. Desglosémoslos:

 

-Cómo sobrevino el desenlace del sitio a Jerusalén, por medio del hambre, cuando ya las reservas no alcanzaban a más, y el hambre los doblegó. Se ha llegado a pensar que la población hambrienta resolvió facilitar el ingreso del enemigo para poner fin a la hambruna de los asediados.

 

-De cómo las fuerzas armadas que escoltaban a Sedecías, se escurrieron y se “fueron por el camino de Arabá” que era una zona deshabitada, en el Valle del Jordán; Estamos presenciando una deserción en masa dejando desprotegido al desdichado rey.

 

-El escape de Sedecías que primero, fue abandonado por su escolta militar y luego tomado cautivo y llevado ante Nabucodonosor, en Riblá, quien lo sentenció al degollamiento de sus hijos y a que le sacaron los ojos. Después fue llevado a Babilonia. Esto daba cumplimiento a la profecía de Ezequiel que había anunciado que el rey sería llevado a Babilonia, pero no la vería.

 

-Y de cómo el Jefe de la Guardia -Nabuzardán- Incendió el Templo, el palacio real y la totalidad de las casas de Jerusalén. Acto seguido demolieron las murallas de Jerusalén.

 

¿Quiénes quedaron en aquellas tierras? Sólo unos cuantos viñadores y labradores, los דַּלָּה

[dal-lah] “pobres”, “flacuchentos”, “enfermizos”. Fueron ellos los que quedaron a cargo de los viñedos y las granjas abandonadas.

 

Para administrar y conducir la región delegaron a Godolías, que no tenía ningún parentesco con el linaje davídico Su papá era Ahicam (o Ajicám), un hombre influyente que libró al profeta Jeremías de ser asesinado; además era nieto de Safán, secretario o cronista del rey Josías que encontró el "Libro de la Ley" en el templo y se lo leyó. Godolías -que a veces se ha transliterado Gedalías- se instaló para ejercer sus funciones administrativas en Mispá, “torre de vigilancia”, lugar donde antiguamente se hizo el pacto entre Jacob y su suegro Labán (donde acordaban no agredirse y respetar a las esposas de Jacob. Para tal efecto levantaron un montón de piedras como testigo, consagrando a Dios el compromiso de no cruzar esa frontera para hacerse daño) (Gn 31, 43-55).

 

Con esta “Lección” concluimos nuestra exploración del Segundo Libro de los reyes. 

 

Sal 137(136), 1-2. 3. 4-5. 6

Este es un Salmo de súplica.

 

Es el pueblo de Judá bajo los sauces de las orillas de los canales, donde fueron extraditados.

 

«Haz, Señor, que sienta mío el dolor de los demás. No permitas que olvide el sufrimiento de los hombres y mujeres cerca y lejos de mí, la aflicción de la humanidad en nuestro tiempo, la agonía de millones frente al hambre, el abandono y la muerte. Que no me vuelva sordo e insensible. La humanidad sufre, y la vida es destierro. Los que sufren son mis hermanos y hermanas, y yo sufro con ellos.»

Carlos G. Valles. s.j.

 

Papa Francisco nos ha pedido que el mes de junio estuviera dedicado a los migrantes que huyen de las guerras o del hambre, obligados a viajes llenos de peligros y violencia. Y oramos para que ellos encuentran aceptación y nuevas oportunidades de vida en sus países de acogida.

 

El salmo retrata a aquellos desplazados que se sentaban junto a los canales de Babilonia y cuyos cánticos se ahogaban en lágrimas en sus gargantas, incapaces de entonarlos, embargados de nostalgia por su patria, deponían sus cítaras que ya no trinaban cánticos sino sólo depresión.

 

Los babilonios les exigían que entonaran los cánticos de su tierra y de su fe, como los turistas que acuden a los espectáculos típicos de un país para curiosear su idiosincrasia. Lo exigían porque querían descubrir sus modos tradicionales. ¡Ellos, sin embargo, no estaban para eso!


Entonar cánticos, bajo presión, en tierra extranjera, era como traicionar su cultura nacional, como sacrificar su identidad para servir de “monitos en jaula”.

 

Era mil veces preferible, que sus voces permanecieran ahogadas en sus pechos, como respeto y anhelo de La amadísima Jerusalén.

 

Hasta que alguien vive la experiencia de la ex-patriación no entiende el dolor del desarraigo. Uno no está de paseo, sufre la deportación forzosa: “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.”

 

Mt 8, 1-4

Jesús baja de la montaña con un pequeño saco de espigas recogidas en la siega del Sermón del Monte y se encuentra un leproso.


En seguida, asume uno de esos actos que retratan y ejemplifican su praxis. Ante el pedido de sanación del enfermo, la respuesta de Jesús es ¡tocarlo!

 

Tocarlo significaba ¡quedar impuro! En Lucas se nos narra una situación análoga frente a la que sacerdotes y Levitas, toman el desvío, con tal de no entrar en contacto con impuros. Lo más maravilloso no es que lo haya curado, aunque, claro está es un portentoso prodigio. Lo fundamental es que su sermón continúa con acciones que una vez más nos muestran cómo llevar la ley a su perfección. No detenerse en perendengues rituales sino actuar con compasión.

 

Lo que sigue al Sermón de la Montaña es el conjunto de Diez milagros que mostraran patentemente que Jesús tiene “autoridad”, porque alguien que puede todo esto es sin lugar a dudas el Mesías esperado. Mateo se esmera en establecer un paralelo y hacernos conscientes de la similitud Moisés-Jesús, a una vez que detectar las diferencias: Moisés bajo del Monte con las Tablas de la Ley, Diez pautas de condenación; Jesús ha bajado con un Decálogo de Milagros, diez acciones -a nuestro alcance- que “redimen”.

 

¡No se lo digas a nadie! Pero, respeta y acata todo lo que estipuló Moisés, para que los demás, los de la ortodoxia judaica, acrediten tu sanación (algo así como ir a solicitar el carnet de salud para poder ser admitido en sociedad y no ser visto como fuente de contagio). Lo que Jesús pretendía era sobrepasar y vencer la discriminación, superar su “status marginal”, reincorporarlos a su nicho social y evitar que fueran unos parias-descastados (si se les compara con los del sistema de castas de la religión hindú en el sur de Asia conocidos también como intocables o dalits, personas que quedan excluidas).

 

Basta y sobra con que sus “polluelos de discípulos” lo han visto. Han tenido la oportunidad maravillosa de ver que ¡el Reino ya ha llegado!

 

¡El reino está aquí siempre que se practica la inclusión!


¡Jesús está evitando que lo miren como un “milagrero” lo que sería quedarse en la superficialidad de su Divinidad. Jesús no es un “monito de feria”, ni un “dibujo animado”. Jesús es la Salvación. 

miércoles, 24 de junio de 2026

Jueves de la Duodécima Semana del Tiempo Ordinario


2 R 24, 8-17

יְהוֹיָקִים [Yehoyoakin] “Joaquín”, “YHWH construirá”. Estuvo en el Trono por once años, fue el penúltimo rey de Judá. Entra también en el relato el Rey de Babilonia Nabucodonosor II, que saqueó Jerusalén tras haberlo asediado y deportó a miles de notables a Babilonia, incluyendo al profeta Ezequiel. Las pérdidas materiales fueron enormes.

 

Hoy se nos dice que su mamá era Nejustá, hija de Elnatán oriundo de Jerusalén. Junto a Joaquín fueron deportados los de la corte, empezando por la propia madre del Rey, los servidores, los ancianos y los eunucos. Los deportados contaban en número diez mil, empezando por los artesanos, los herreros y los cerrajeros. El pueblo judío quedó dividido entre los que fueron deportados (los “pudientes”), y todos los que fueran aptos para la guerra; y los que permanecieron en Judá, “la gente דַּלָּה [dal-lá] ‘pobre’ del país”.

 

Nabucodonosor profanó el templo para robarse todos los tesoros que allí reposaban y fundió los objetos sagrados que Salomón había depositado como ajuar del Templo. En lo sucesivo ya no habría sacrificios en el Templo.

 

A un tal Matanías, tío de Nabucodonosor, este lo designó como rey, y le cambió el nombre por Sedecías, que quiere decir “YHWH es justo”. Se trata de una ironía bíblica, la Justicia Divina se verá en el desenlace de este rey-títere de Nabucodonosor II y Jerusalén comida por el fuego y la destrucción.

 

Cuando Nabucodonosor II lo nombró rey tenía 21 años de edad. Solo obtuvo un reconocimiento parcial, pues algunos siguieron considerando rey a Joaquín, aunque estuviera en cautiverio ya que, durante el largo exilio en Babilonia, el pueblo judío, aunque separado, se mantuvo en contacto mediante la acción de los profetas, como Ezequiel, Jeremías y Daniel.

 

Sedecías presenció el degüello de sus hijos. También se ejecutó a los nobles y, finalmente, Sedecías fue cegado (Cfr. 2R 25, 7) -que leeremos mañana, para concluir nuestro estudio sobre estos Libros, en particular del 2R- y llevado cautivo a Babilonia.


Las realidades de la vida son cambiantes, lo que no ha de implicar el abandono de nuestra fe, por el contrario, la búsqueda y la voluntad de seguimiento tendrán que ser nuestra constante.  Allí donde nos encontremos la oportunidad habrá de ser acogida, y el rostro de Dios buscado. Él, por su parte, no se hará el evasivo, estará siempre asistiéndonos, y dándonos su Fortaleza.

 

Sal 79(78), 1b-2. 3-5. 8. 9

Este salmo parece haber sido escrito en el contexto de Joaquín-Nabucodonosor, hacia el 587 a.C. Es un salmo de súplica, que -y esto es importante resaltarlo- no es simplemente una oración de “petición insistente”, sino recordar quien era el suplicante en el co-texto del salterio. Era alguien que acudía ante un “padrino”, de un “defensor”, de alguien que podía y tenía los recursos para protegerlo y librarlo. El pueblo -aquí es “el suplicante” y viene ante Dios que es su גואל [Go-el] “redentor”; el salmista padece y se pone en las manos de Su Dios, e invoca al Señor para recurrir a su Misericordia.


Se hace un resumen de las eventualidades que los azotan:

-La invasión de los gentiles

-La profanación del Templo

-La destrucción y ruina de Jerusalén

-La muerte de tantos, entregados a las aves carroñeras y a las fieras.

-Su sangre derramada y su permanencia insepultos.

-La burla generalizada

 

La súplica es para que cese la ira del Señor. Se le ruega para que olvide las muchas faltas con las que se le ha afrentado. Y, ante una situación de tanto padecimiento se le ruega al Cielo para que empiece a derramar su compasión.

 

¿Por qué ha de socorrernos y reconfortarnos el Señor? ¿tenemos acaso algún mérito que interponer para reclamar Su salvación? No, ninguno, sólo le pedimos que obre por la Grandeza de su Nombre, apelamos a Él, cuyo nombre es sinónimo de Amparo y Protección, al Dios de Corazón Tierno y Misericordioso, para que nos asista, y nos libre de nuestros pecados. Esta es la idea que interponemos ante cada ruego, es la médula de toda nuestra súplica, no por nosotros que no tenemos disculpa que presentar, sino porque su Amor es Grande y es Eterna Su Misericordia.  Y porque Su Majestuoso Nombre resuena Glorioso por doquier.

 

Para que nuestro ser no sea el de un Templo profanado, donde los paganismos vengan a morder y desgarrar; que nuestra consciencia dé albergue a nuestra fe y la sed de santidad sea nuestro móvil. Que la fidelidad sea el norte de nuestras brújulas y que seamos un pueblo enamorado que camina tras tus Enseñanzas

 

Mt 7,21-29

Llegamos a la perícopa final del Sermón del Monte. ¿Qué se nos muestra aquí? La formalización del discípulo. Alcanzamos esta calidad y la sustentamos fielmente si la construimos sobre roca, y no sobre la fragilidad de la arena.


Muy fácilmente podemos dar algunos toques superficiales para embadurnarnos de una fe provisional, no de la que ha echado raíces en el centro mismo de nuestro ser y de nuestro corazón.

 

Aquí se nos corrige una falsa imagen que muchas veces conduce a la malformación de nuestro discipulado. Creemos que el asunto radica en predicar y profetizar su Santo Nombre, o que basta afirmar que expulsamos demonios, o que hemos hecho milagros en Su Santo Nombre y no es por esta vía que vamos a entrar en el Reino de los Cielos.

 

¿Entonces, cuál es el santo-y-seña? Cumplir con la Voluntad del Padre que está en los Cielos. Por ahí empieza nuestra perícopa mateana para el día de hoy. Por corregirnos esa falsa imagen que no llega al corazón de Dios, no nos hace sus “amigos”, ni siquiera hará que Él nos reconozca, todo lo contrario, cuando nos presentemos con ese tipo de balance de nuestra vida, Él afirmará que no nos conoce. Y, si no nos conoce ¿qué quiere decir? Qué nos somos otra cosa que operarios de la iniquidad.

 

La cuestión no es la de llevar algún gafete, o portar alguna escarapela. La cuestión será siempre la de tener sentimientos compasivos, porque Su Única Ley es la Ley del Amor. No es cuestión de atuendos o de apariencias. El asunto medular es el de la “manera de vivir”, todo consiste en vivir crísticamente, en los documentos teóricos sobre el tema se diferencia entre ortodoxia y ortopraxis. Y, muy contundentemente se afirma que no se discrimina por la ortodoxia, la cuestión doctrinal, sino que el “carnet” real es el de una práctica caritativa. El que atiende coherente al Mandamiento del amor, ese habrá edificado su Casa sobre Roca.

 

No es de poca monta la imagen que Jesús ha elegido para simbolizar el discipulado, ha elegido “la casa”. La casa es acogida, es convivencia, es fraternidad, es ternura y cuidado, es familiaridad, es protección. Fueron las casas las primeras iglesias de la cristiandad. Y fue verdad que, en los momentos de lluvia, de inundaciones, de vendavales, la fe resistió porque la solidaridad y la sinodalidad eran la casa de la fe. Pudieron y seguimos pudiendo resistir la “furia de los elementos”, todos los acosos y persecuciones, porque la sede del amor solidario está en la Casa.

 

La perícopa concluye llamándonos la atención sobre el modo de enseñar de Jesús, y apunta como rasgo primario la ἐξουσίαν [exousian] “autoridad” con la que enseñaba. ¿En qué radica esta autoridad? nos parece que, en no atenerse a la tradición de los escribas y fariseos, sino en su cuestionamiento de la “ortodoxia”, borrando el “legalismo” rayano en el “leguleyismo”, apegándose a muchísimos ritos vacíos de Amor y de fraternidad y, abriendo ese amplísimo espacio a vivir y practicar el estilo de Jesús, que consiste en que la práctica sea toda ella “Jesús-mente”.

 

La enseñanza de Jesús no reposaba sobre lo que se nos “había dicho”, para repetirlo como una grabación, sin alma, sin fuerza; en cambio, el “nos dice” y su manera de decir demuestra que habla sin depender de los juicios tradicionalistas. El tradicionalismo no es malo en sí, se vuelve malo cuando se le saca la “sangre” y se vuelve un zombi, una fe “muerta en vida”, una doctrina fantasmal que no infunde la alegría del Evangelio y por eso no soporta ni un viento suave, a la primera dificultad se viene a tierra.

 

Sin embargo, tenemos que ser cuidadosos y no caer en “poses” puesto que esta praxis no consiste en apariencias, sino que se funda sobre dos elementos anti-aparenciales.

·         Que al obrar el corazón tenga como norte el Santísimo Nombre de Dios

·    Que esa praxis esté verdadera y sólidamente apoyada en la Voluntad de Dios, de querer el bien del prójimo.

Pasa muchas veces que le ponemos todo el corazón a “querer ser discípulos”, que “frecuentamos la Palabra”, pero luego, se produce un profundo hiato entre esa “escucha” y la práctica mecánica y des-amor-ada, muchas veces indolente e indiferente, sin calor del corazón. Si queremos construir sobre roca se precisa obrar fervientemente, poniéndole “tesón” y “ternura”, procediendo “carismáticamente.

martes, 23 de junio de 2026

Natividad de San Juan Bautista

 


Is 49, 1-6

La fe es como un tejado: en época de sol y de sequía el dueño no lo cuida ni lo mira y por eso, no percibe el comején que va comiendo la madera por dentro. Cuando viene la tempestad, el tejado no resiste, el viento se lo lleva y el dueño queda en lo mojado, sin protección.

Carlos Mesters O.C.D.

Esta perícopa se trata del Segundo Cántico del Siervo de YHWH. Estamos en el Deuteroisaías, más exactamente en la primera parte del Libro de la consolación, en el cuarto ciclo de los oráculos (Is 49, 1-13). Esto históricamente quiere decir que nos hallamos en los finales del Imperio Neo-babilónico, lo que representa un in-crescendo de la hegemonía persa en la zona oriental. Este contexto nos lleva a pensar en un “Isaías” que vivió los últimos años del exilio en Babilonia, por tanto, posterior a Ezequiel. Podemos estar hablando de -alrededor- del 546 a.C.

 

Un aspecto a destacar, que nos parece muy importante es el cambio de perfil mesiánico. Se pasa de la idea de un Mesías rey poderoso militarmente hablando; a la de un Mesías diverso que enseña un camino de salvación “universalista”, que lidera enseñando y sufriendo y que conduce a la liberación a través de su propio sufrir.

 

El universalismo del que estamos hablando es la clave de lectura de la perícopa: Que se encargue de congregar a los Israelitas, no es una tarea suficiente. Llama a las islas, a las tierras lejanas, a las “naciones” se ha traducido גּוֹיִ֔ם [gouyin] “gentes”, a los “gentiles”; ojo que aquí se está superando el nacionalismo recalcitrante y abriendo el anuncio a todos, creyentes o no, fieles e incircuncisos. Ya no es un mensaje para un selecto número de “compatriotas” sino una proclamación que ha de llegar hasta los confines de la tierra. (Cfr. Is 49, 6cd).

 

El profeta se da plena cuenta que no habla de algo que se le viene a la cabeza, sino que es el portavoz de una comunicación que proviene de YHWH. Es Él Quien le ha dado a su palabra y a su lengua el valor de una espada afilada y de puntas de flecha que Dios mismo lleva en Su אַשְׁפָּה [ashpah] “Carcaj”, “bolsa especial para portar las flecha a la espalda” (carcaj en persa se dice tarkāš). Que no significan violencia sino “perfección”, “adecuación del habla para que la palabra llegue al corazón”. Es una metáfora que nombra la elocuencia de la Palabra comparándola con el raudo y punzante poder de llegada del Mensaje, traspasando las barreras de la incomprensión.

 

El propio profeta se siente transformado en una “flecha bruñida”, aquí la palabra בָּר֔וּר [barar] “bruñida”, “pulida”, “brillante” habla de ¿cómo se lograba que la herida de una flecha fuera penetrante y traspasadora? Pues puliendo delicada y pacientemente la punta, lo que conducía a que quedara brillante. Su brillo calificaba su agudeza asesina.

 

Este profeta que nos está explicando Isaías ¿es un profeta de masacres y violencia? No, ¡la flecha de la que se habla aquí no tiene por finalidad lastimar a nadie! Es una flecha bruñida porque su utilidad es la de rescatar la Luz-de-Dios que habían escamoteado y mostrarnos su destello: “Las nubes que quedaban entre el sol y la tierra eran tan oscuras, que la luz desapareció. Los hechos que quedaban entre Dios y los ojos de la fe eran tan terribles, que llagaron a esconder la Luz de la Presencia de Dios. Transformaron el día en noche. El pueblo no pudo explicar estos hechos a la luz de su fe disminuida, y se perdió”. (Carlos Mesters).

 

Leamos con atención y no vayamos a mal interpretar la profecía. No dice que le puso en las manos una espada, sino que hizo de sus labios una espada afilada. No dice que lo mando a matar a nadie, ni siquiera a causarle rasguños. Lo que dice es que lo convocó para que iluminara los ojos de aquella gente desesperada. “Cercado por todos lados, el pueblo del cautiverio ya no veía ninguna salida. Parecía el sertão (vasta región al noreste del Brasil que se caracteriza por su redomada aridez) en época de sequía. ¿Pero la esperanza de una buena lluvia no muere nunca! Y la lluvia cuando cae no necesita ni de entrada ni de salida. Cae de lo alto entre en el suelo, desierta la semilla y, de la tierra, hace brotar la planta que mata el hambre del pueblo (Is 55, 10s) ¡Eso fue lo que paso! Aquel pueblo desterrado recibió la lluvia invisible del llamado de Dios y, de aquella semilla pequeñita, nació el hilito verde de la esperanza. Nació la nueva consciencia, tan bien expresada en este segundo cántico, que leemos hoy”. (Carlos Mesters)


 «En la nueva situación en la que estaba el pueblo, allá en el cautiverio, el “Proyecto de Dios” ya no podía ser solo para el pueblo de Israel. Tenía que alcanzar necesariamente a los otros pueblos. La situación en la que vivían los ayudó a entender mejor su misión. Descubrieron que debían ser “Luz de las naciones” para que las Salvación de Dios pudiera llegar hasta el fin del mundo (Is 49,6)» (Carlos Mesters)

 

Sal 139(138), 1-3. 13-14. 15

Uno dice Omnisciente y piensa en ecuaciones que rigen y gobiernan todo el Universo. Se piensa también en leyes y decretos que rigen la tendencia general, y en bases de datos que almacenan miles de miles de datos. A este entendimiento de la omnisciencia por “universales” se le escapan los detalles particulares, la unicidad de la criatura, el hecho de no haber sido creados por moldes y en serie. El pensamiento semita tiene otro enfoque, que es el que detectamos aquí en el salmo.

 

En la primera estrofa: Él se concentra en la persona, conoce la trayectoria particular de cada uno, y las peculiaridades de las acciones que no son generales, sino que mientras uno está sentado, otro yace y un tercero está de pie, mientras el cuarto se dispone a acostarse. Él sabe en qué posición y qué propósito tiene cada uno en cada instante.

 

En la segunda estrofa, conoce nuestros órganos, con sus peculiaridades, con sus dobleces y circunvoluciones, sus repliegues, cada plisado de las entrañas, cada tejido y célula de tu miocardio, y cada gota de tu sangre con sus plaquetas, sus glóbulos y su plasma. Hasta el propio fondo del alma, no se le escapa. Cada quien es fruto de su Maravilloso Designio. Lo era el profeta, no menos lo es el Precursor.

 

Es poco este conocimiento, pues la tercera estrofa nos anuncia otro conocimiento que perfecciona hasta el límite la intensidad de nuestra presencia en el corazón Divino: Conoce hasta nuestros huesos cuando se iban gestando en el vientre materno nos conoce tan totalmente que se informó con ecografía celestial, como evolucionaba nuestro sistema óseo a medida que íbamos germinando en el seno de nuestra madre.

 

Hch 13, 22-26

San Pablo hizo un trabajo de evangelización muy minuciosos en Antioquía de Pisidia, donde predicaba muy especialmente en la sinagoga. Siguiendo el programa que Jesús les dio: predica, primero a los propios judíos, antes de ampliar el círculo a los Samaritanos y hasta los confines de la tierra (Cfr. Hch 1,8def). Esta perícopa se toma de uno de los dos discursos más desarrollados que encontramos en los Hechos de los Apóstoles, el otro es el de Pentecostés que pronunció San Pedro.


¿A quién se dirige el discurso? A los Israelitas. (13,16) En 13, 26 se precisa que les habla a los del linaje abrahamico. Luego, como va a enfocarse en el Mesías, era preciso sentar la referencia davídica, señalando que David tenía los dos rasgos esenciales para ser iniciador de la estirpe mesiánica: a) “era conforme al corazón de Dios”, y b) cumplidor de la Torá (la Ley).

 

Para que lo reconociéramos, envió (seis meses por delante) al Nuevo Elías, el Precursor, San Juan el Bautista. Que tenía por misión allanarle el camino, elevar lo que estaba hundido y abajar, aplanando, lo que estaba escarpado.


A los ojos de este pueblo era difícil discernir, y ya empezaban a confundirlo con el Mesías; él tuvo que especificarles que no era “el que estaban pensando”, y que -a pesar de su importantísima Misión- no le daba ni a los tobillos al Mesías. Su encargo, no era traer la confusión sobre la identidad del Mesías, sino encender el “reflector” e ir señalando sobre Jesús, a Quien tendríamos todos -a Él sí- que abajarnos para “desatarle las sandalias”, lo que en este caso se podría entender como “adorarlo”.

 

Lc 1, 57-66.80

Una voz grita: En el desierto preparen un camino al Señor; tracen en la llanura un sendero para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se aplanen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele, y se revelará la gloria del Señor y lo verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-.

Is 40, 3ss

Al leer este fragmento del Evangelio según San Lucas, se nota el énfasis especial en el nombre, uno no entiende por qué se llama Juan, por qué Isabel le elige ese Nombre, menos por qué Zacarías accede -cambiando de opinión-, y se pone de acuerdo -para Zacarías solo se trataba de que “el Señor se había acordado a pesar de su ancianidad”- y, en ese momento en que cae en la cuenta de lo especial que es su hijo, que será el “Precursor”, capta la dimensión del “regalo” que Dios les entrega, y que no es solo una cuestión familiar sino que “está lleno de Gracia” para mostrar que ya viene el Salvador- se le desata por fin el habla cuando aprueba, escribiendo en la tablilla que el Nombre para su Hijo será “Juan”.


Uno puede preguntarse ¿por qué Juan? Y Lucas lo explica: Κύριος τὸ ἔλεος αὐτοῦ μετ αὐτῆς [Kyrios to eleos autou met autes] “El Señor le había hecho una gran Misericordia a ella”, haciéndola portadora del que señalaría con su dedo en la dirección del “Cordero que quita el pecado del mundo”. Mostrándonos al Mesías.

 

Si averiguamos lo que significa Juan en lengua hebrea, de inmediato se nos despegan los párpados y entendemos: Juan = “Dios es Misericordioso”, expresión helenizada que translitera la Plenitud de Gracia que Dios le había confiado.

 

זְכַרְיָה  [Zekharyah] “Zacarias” Este nombre significa “Yah se acordó” y se deriva de זיכרון  [Zikaron] que en hebreo significa “recuerdo”, “memoria”. Por otra parte, יוֹחָנָ[Yohanan] “Juan” significa “lleno de la Gracia de Yah”.

 

Uno de los signos preferidos de Dios es la esterilidad. Si fuese un hijo engendrado tan naturalmente no nos maravillaría la acción de Dios y, se disolvería Su Poder quedando ahogado el “signo” en la indiferencia de nuestra cotidianidad. Él no necesita, pero nosotros sí, y nos llama la atención, con este -que es una especie de redoble de tambor- que significa: “Presten atención”, “aquí hay algo especial, muy especial, se trata de un regalo de Dios a su pueblo”. ¡Ya viene el Salvador!

 

Isabel y Zacarías dan inicio a la obra y tarea que tendrá su Hijo. Este Nombre escogido, ya empieza a anunciar la Bondad de Dios, ya comunica y anuncia de Quien será Precursor su hijo. Ya habla de generosidad y Bondad Divina, al nacer, el hogar y todos los vecinos cambiaron su estado de ánimo, pasaron súbitamente a la alegría. Quizás ni sabían de dónde brotaba su dicha, pero su corazón si intuía que estaba naciendo una nueva Era, que Aquel Bebé, venía por delante, preparando el Camino del Señor.

 

No es predestinación, no es “mala pata”, no es ni buena ni mala suerte; es la búsqueda constante, es el empeño que ponemos, es el tesonero esfuerzo de ir hacia Dios: Todos los nombres, toda la historia de Israel, todo el Antiguo Testamento, toda la serie de las Alianzas, todo detalle y cada paso va mostrando que todos ponemos una nota de avance, de progreso, hacia el cumplimiento del Amoroso Diseño de Dios que tiene en sus manos y agrupa todas las riendas, para conducir la historia hacia la Gloria de su Gracia.


«La dignidad que el Espíritu Santo esculpe en cada uno de nosotros se reconoce también en la capacidad de reflexionar críticamente, de elegir y amar gratuitamente, y de establecer relaciones auténticas… En este designio, nada de lo que es verdaderamente humano se perderá, sino que todo será purificado y reunido en Aquel que recoge cada fragmento de vida, cada lágrima y cada auténtica conquista humana para sustraerlos de la nada y entregarlos, redimidos, al Padre». (Magnifica humanitas #233)