jueves, 8 de octubre de 2026

Viernes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 3, 7-14

… la ley… no puede comunicar la vida porque los seres humanos no están en condiciones de observar todas sus prescripciones y, por ende, como transgresores caen bajo su sanción de muerte.

Rinaldo Fabris

«Suponemos que los misioneros judeocristianos hacían apología contra Pablo partiendo de la biblia. Ellos probablemente conocían bien el Antiguo Testamento. Pablo también. Y usa la misma herramienta. Haremos así:

a)    3, 6-9. Los que se adhirieron a la fe son bendecidos porque son hijos de Abrahán.

b)    3, 10-12. Los que se adhirieron a las obras de la Ley son malditos.

c)    3, 13-14. La bendición de Abrahán es dada a los que tienen fe por medio de Cristo». (Joel Antonio Ferreira)

 

¿En qué tierra fueron sembrados, para que pudieran nutrirse con la savia de la fe, y que esta se convirtiera en su linfa espiritual? ¿Cómo pudieron vincularse a la familia de la fe para que su sangre estuviera genéticamente emparentada con el linaje de Jesús nuestro Señor y Redentor? ¿Era, acaso, la pertenencia directa a las tribus de Israel la que les daba el título de Aliados -por alianza con el Señor? ¿quizás el injerto se dio andaregueando por el desierto juntos durante los 40 años? ¿o, quizás fue la recepción del Código Sinaítico lo que los autenticó cómo familia de Dios, su pueblo elegido? Pablo entra en este rastreo del ADN mitocondrial en procura de establecer qué es lo que realmente nos hace entrar en esta familia de fe. Así San Pablo se adentra en la cuestión de los haplogrupos, y a eso nos invita hoy.

 

Dios ha entrado en nuestra historia de nuevo, facilitándonos le Reconciliación, y haciéndonos oferta de renuevo de su Amistad hace más de cuarenta siglos, en los tiempos de Abrahán y Sara que fueron los primeros en re-conocer a Dios. Así que Dios entra en la historia con Abrahán, y hasta allí se remonta San Pablo para buscar la médula de la identidad de nuestra fe.

 

Sin duda alguna llamamos a Abrahán, Padre de la fe, porque fue él quien creyó contra toda esperanza y porque nunca dudó que Dios sí cumple lo que promete, aunque parezca imposible. ¡Creyó y esperó! (Rm 4,18-21). Ellos y su clan adoraron a Dios, mientras todos los demás pueblos continuaron siendo paganos que adoraban ídolos. Por eso hoy -hablando a los paganos, porque recordemos que en Galacia la aplastante mayoría lo eran, Pablo establece: “Hermanos: reconozcan que hijos de Abrahán son los de la fe” (Gl 3,7).

 

Y continua su muy científica investigación y nos reporta los resultados diciendo: “En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la noticia de que ‘por ti serán benditas todas las naciones’.

 

Y esto tiene consecuencias asombrosas, y que uno, por lo general, no se molesta en reconocer, siendo que son de vital importancia para la vida espiritual: “los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel. En cambio, cuantos viven de las obras de la Ley están bajo maldición…” Llegando a esta esquina, es necesario detenerse un momento para tomar un segundo aire, antes de proceder a profundizar las consecuencias.

 

Pero, ¿por qué el que se atiene a la Ley está maldito? Eso no se entiende claro, ni se desprende automáticamente… Ah, es que para captar este detalle hay que conocer las Escrituras y llegar allí donde dice: “Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el Libro de la Ley, cumpliéndolo” (Dt 27, 26). Uno lee esta cita y se explica porque los judíos son tan obsesivos en el cumplimiento de cada coma y cada tilde (teniendo en cuenta que el hebreo no tiene ni lo uno ni lo otro, y que esta es sólo una manera de hablar, y confiamos que se entienda).

 

Atenidos a esta incisiva manera de leer la Escritura, se debe llegar a que la Ley no es ningún salvavidas, ya que en otra parte la propia Escritura lo dice: “El Justo vivirá por la fe”. Pero la Ley lo que hace es desplazar el foco de atención hacia otro lado, hacia el legalismo que raya en el leguleyismo, diciendo: “Hay que cumplir los mandatos para tener vida por medio de ellos” (Sal 119(118), 93-117).

 

Ah, pero entonces ¿si se puede obtener la “vida” por vía de coherencia con ella, con la ley? Pero, nos damos cuenta que nadie puede guardar la Ley en todos sus puntos, o sea que, se nos cierra la puerta de acceso a la “Vida” con un grosero portazo en la nariz: ¡Nadie entra!

 

Prestemos atención a lo que nos dirá San Pablo en el capítulo final de esta Carta: “Los que quieren ser vistos en lo humano, esos os fuerzan a circuncidaros, con el fin de evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne” (Gl 6, 12-13).

 

¿Qué fue lo que realizó Cristo con su sacrificio en el Altar-del-Calvario? ¡Nos rescató de la maldición de la Ley! ¿Y, cómo logró eso que está más allá del poder humano? El mismo se subió al Árbol Maldito de la Cruz, para cargar en su propia piel, y se echó a sus hombros toda la fuerza de la Maldición y con ello, todo el poder del pecado. Él, que es Dios, asumió toda la pecaminosidad y se abajó hasta estar “al nivel de los que pecan” y absorber sobre Sí el peso de la “Maldición del Madero” (Dt 21, 23).

 

«… las bendiciones son prometidas a “todos los pueblos” (naciones). No son propiedad de una sola persona, de un grupo o de una nación especifica. Por eso, no es el descendiente biológico quien se vuelve hijo de Abrahán, sino todo aquel que tiene fe.» (Joel Antonio Ferreira)


Mejor dicho, las promesas favorables a los paganos que Dios hizo a Abrahán, se realizan a cabalidad en el Redentor, cuando Él se hace “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

 

Sal 111(110), 1b-2. 3-4. 5-6

¿Qué significa que el Señor recuerda siempre su Alianza? Quiere decir que Él no es voluble, que su amor y su compromiso son inquebrantables, que cuando Él se decidió a amarnos fue una decisión de una vez por todas, Él, que es eterno, es Fiel a sus empeños, no nos va a fallar, su vínculo con nosotros es inalterable. Nos podemos confiar de sus promesas.

 

Es una oración comunitaria. Se convoca para este ruego a todos los que siguen con rectitud las pautas de la Revelación. No está orando el salmista solo, sino que se une a la Asamblea de los Justos. Son todos los que comulgan con el Proyecto del Reino que entrelazan sus ruegos para -en cadena de oración- garantizar que su Súplica se alce hasta el Trono del Omnipotente.

 

Uno mira la Creación y ven en toda ella que su Belleza nos habla de su Creador, el Poder Infinito del Artífice no está fuera del alcance de nuestros sentidos, y cuanto más nos esforzamos en entenderla, más grande y sorprendente es su armonía, sus ecuaciones, la lógica entrelazada de todos sus componentes, el prodigio de su reproducción, que está alojado en ella misma, la capacidad sanativa de sus criaturas, la recomposición de sus equilibrios. La música e sus esferas, valga decir la armonía de sus estrellas, galaxias, planetas, lunas, nebulosas, cometas, meteoros.

Y, como Padre Providentísimo Él nos nutre a todos, poniendo fuentes nutricias para las distintas especies que pueblan el Globo.


En medio de este sinfín de criaturas, como un eje está firme y sólida su Alianza, Pacto que tuvo a bien contraer con nosotros, que, sin mayores atributos de merecimiento, quiso tenernos en el hueco de Su mano Protectora y Amorosa, quiso tener Alianza con nosotros para que, siendo su pueblo, actuáramos como verdaderos hijos, con corazón agradecido.

 

Lc 11, 15-.26

El que ha escapado del señorío de Satán, no por ello debe creerse inexpugnable y completamente seguro. El estado final de una persona que se ha convertido, si no persevera como tal, puede ser peor que el anterior a la conversión.

 

El dedo de Dios, así como nosotros -cuando queremos despachar a alguien- apuntamos en dirección a la puerta de salida con el índice, así Dios también expulsa con su dedo que no sólo señala una dirección, sino que cargado de “fuerza performativa”, le basta mostrar la ruta de salida para cumplir la expulsión. El dedo en la cultura semítica es simbólico de “factura”, pero, Dios ni siquiera necesita de toda la mano, a Él la basta el dedo. Nosotros también tenemos la figura literaria: “con una mano en la espalda y con un solo dedo”. La mano en la espalda comunica “muy relajado”, y “con un dedo” se simboliza el monopolio de la autoridad.


Dios gobierna Cielos y tierra con su dedo y creó todo con el poder de sus dedos aunado a la Voluntad Generativa de su Palabra. Cuando somete los poderes malignos lo hace como despreocupadamente, porque, para Él, no son verdaderos rivales; también los seres humanos podemos hacer que alguien se movilice con el simple gesto de un dedo, o que se suma en absoluto silencio si lo apoyamos sobre nuestros labios.

 

Cuando Jesús tomó el rollo de Isaías en la Sinagoga y leyó, en aquel rollo ya se profetizaba que el Poder Divino se haría patente entre nosotros y expulsaría los demonios. Dice allí que esa es una de sus Misiones: Expulsar los demonios. Cuando tal se cumple, quiere decir que el Señor ha inaugurado el Año de Gracia del Señor: ¡El Jubileo!

 

¿Han notado ustedes que una de las estrategias que el Perverso suele tomar en su abuso es la de despotricar contra el buen nombre de los Fieles? Aquella vez no fue la excepción. Había que procurar confundir a los concurrentes diciendo que Jesús recibía poder de “las fuerzas Inferiores” y gritaban con desespero, conectando sus más potentes parlantes, que El aliado de Jesús era Belcebú (En los cultos satánicos, se considera uno de los demonios principales que conforman la falsa trinidad demoníaca junto a Lucifer y Leviatán. Baal-Sebub, que significaba el señor de las moscas, y que originariamente era uno de los nombres del dios semítico Baal); para ellos, Dios-Bondad, no tenía poder, el poder provenía del dios-maldad.

 

Notemos que Jesús apela a la lógica (pero no a la falsa lógica, Jesús nunca apela a falacias), para señalarles que si eso fuera cierto, haría tiempo que el Malvado habría sido derrotado, porque un reino sumido en disensiones no dura ni la más corta brevedad. Si el Perverso ha podido sobrevivir es porque él y sus secuaces conspiran, es decir, planean para aparecer como muy “acordes” y de esa manera poder engañar.

 

Irónicamente Jesús les interroga: Si los expulso con el poder de Belcebú, ¿con qué poder obran ustedes y sus discípulos? ¿Si Jesús tenía ocupado el poder de los malos, se habían quedado desarmados los que acusaban a Jesús? Porque tampoco es que el poder de la maldad sea tan amplio para que cupieran dos pilotos en el mismo trono, aun ¡cuando el puerco es sucio!

 

Lo que si sucede es que, al arrojar a un demonio, si el exorcizado no se cuida de trabajar su “conversión”, el “Puerco” regresará, con una septena de sus compinches, a re-acomodarse allí donde antes vivía, porque le dará gusto encontrar la casa “limpia y deshabitada”, y “el muy cochino” ya se había amañado con ese “refugio”.


En ese caso ¿habría mejorado la situación del poseso liberado? ¡por el contrario! Estaría peor que antes.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Jueves de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 3, 1-5

El asunto es la fe, y, este pueblo, de gentiles, ¿cómo llegaron a la fe? Esto es cómo preguntarles, ¿en qué tierra fueron sembrados, para que pudieran nutrirse con la savia de la fe, y que se convirtiera en su linfa espiritual? Y viene la respuesta en esta perícopa: De tantas vivencias generosamente entregadas por el Cielo: Dios les salió al encuentro con tantos “detalles”, “pinceladas cariñosas”. O sea que esta fe, es fruto de la “experiencia”: ¡La experiencia de Dios que se hace el Encontradizo!

 

Esas experiencias se pueden enumerar englobándolas en:

a)    Haber podido “ver” con sus propios ojos a Cristo. Y, no lo han visto de cualquier manera, sino Crucificado. No con los ojos de la cara sino con los ojos del corazón que lo visibiliza por medio de la “predicación”.

b)    Han recibido el Espíritu

c)    Han escuchado

d)    Se han hecho conscientes de que el Señor obraba en ellos.

 

Son cuatro ejes que los atraviesan y lo que la Carta les propone es que evalúen si esa fe les ha llegado por “las obras de la ley”, o se les ha prodigado por “escuchar” la proclamación de la fe…

 

Es la fe en lo que se recibe por medio de la “predicación” la que nos transfiere la savia nutricia de la vida espiritual.

 

Hay un eje que se puede desentrañar con un poco de atención. ¿Son compatibles la propuesta de vivir atados a los esquemas legalistas junto con la práctica pastoral y la experiencia comunitaria que han compartido?

 

Los Gálatas han recibido el Espíritu Santo en el Bautismo: San Pablo los designa como “espirituales”, porque recibieron el Espíritu y lo aceptaron como el Mayor Don que podían recibir.

 

Si se aceptara la circuncisión sería un ir en reversa, sería un retroceso: Pablo les aclara que el Espíritu no lo recibieron por la carne (circuncisión), entonces van en contravía, porque ellos empezaron por el espíritu y ahora quieren retroceder al momento en que todavía no lo habían recibido. Los llama Ὦ ἀνόητοι Γαλάται [Oh, Anoetoi Galatai] “Gálatas insensatos”; (ἀνόητοι significa “los que no piensan”, “los que no razonan”, “los que carecen de lógica para hilar los pensamientos”), por qué van a buscar lo que ya tienen, y se disponen a recibir un bautismo de la sangre del prepucio, cuando ya han recibido la “Inmersión” en el agua que Jesús santifico para nosotros cuando recibió el Bautismo de manos de Juan el Bautista.


Este interrogante los pone frente a unas intuiciones que niegan la fe en Jesucristo: Si se requiere todavía la circuncisión implica que el bautismo que nos da nuestra fe no sirve, o no vale, o no alcanza y, entonces, es necesario apelar a la circuncisión, es decir, hacerse por entero judío: «Cuando los gálatas tenían todo para continuar en la experiencia de la libertad comunitaria, viviendo una nueva forma de existir tan diferente de la sociedad de entonces, volvieron a una forma de vivir caduca que los llevaría a la muerte. al practicar la circuncisión, entran en la mentalidad de la carne». (Joel Antonio Ferreira)

 

Sal (Lc 1), 69-70. 71-72. 73-75.

Este “Salmo” (que no es, estrictamente hablando, un salmo, no fue escrito en hebreo, sino en griego) pero si recoge la estructura propia de los Salmos de Acción de Gracias, o sea que podemos referirnos a él como un salmo Eucarístico. Los salmos no son un gesto de gratitud espontanea, sino una elaboración con un propósito litúrgico. Es gratitud vinculada y expresada dentro del culto, los salmos son fenómenos cultuales, están incorporados al espacio litúrgico. La manera tradicional de expresarle gratitud a Dios, era sacrificar; la investigación arqueológica muestra los primeros sacrificios como “desangramiento”, luego dar muerte a un animal e, inclusive a niños y adultos, lo que significaba renunciar al propio consumo y apartarlos para que Dios los devorara con su fuego. La acción de gracias conllevaba sacrificio, al punto que se llegó a entender el Sacrificio -el derramamiento de sangre- como el elemento esencial de la Acción de Gracias: sin derramamiento de sangre no había culto. Y es claro, la sangre era la “vida”, al desangrr la victima, se estaba ofrendando la vida entera a Dios.

 

La piedra de sacrificio constituía el Altar. En el Altar se presentaba la ofrenda, que era la victima a ser sacrificada.


El rito de acción de gracias presentaba cuatro fases:

1)    Invitación a cantar el himno contando lo que hizo Dios para ser honrado.

2)    Se le lanza un clamor a Dios

3)    Si Dios ha salvado antes, puede también intervenir ahora.

4)    El oferente se vuelca sobre la Víctima y confecciona el Sacrificio (le da muerte).

 

 En esta acción de Gracias, que constituye el Magnificat, podemos distinguir cuatro aspectos:

-       Μεγαλύνει [megalynei] “magnifica”, “engrandece”.

-    Dios se compromete con su Justicia a obrar en favor de los “pequeños”, de los “desposeídos”

-       Con sencillez María declara que Dios ha vuelto a obrar y esta vez lo ha hecho a su favor.

-       Se extiende el favor de Dios sacándolo de su “privatización” y presentándolo como un gesto de Bondad cuyo beneficio Dios quiere extender y generalizar.

 

La estructura de la acción de Gracias es: Hoy la que ensalza soy yo; vean las maravillas que Dios obra, mañana las obrará a favor de ustedes extendiéndose a todos los de Israel. Israel no es un pueblo, ni una raza; Israel son todos los que “luchan” durante toda su vida buscando a Dios, es decir, procurando vivir coherentemente con lo que es Su Santa Voluntad.

 

El verso antifonal apunta es esa dirección universalizante de la Acción de Gracias: “Bendito sea el Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

 

No se trata de una bondad general, sino que Dios Mete sus manos, se compromete con su pueblo y asume ese compromiso Personalmente. Entra en la historia y actúa. Esta acción histórica que nos muestra María en el Magnificat consiste en haber escogido a Alguien, del linaje Davídico, para que fuera “Fuerza de Salvación”.

 

Este no es un hecho aislado. Dios lo había profetizado. Antes de llegar, y desde tiempos antiguos, ya había predicho esta acción. Esta Salvación da cumplimiento a lo pactado en la Alianza con los Ascendientes del pueblo que hoy “lucha a brazo partido con el Ángel de Dios”.

 

Como es un Dios que entra y actúa en la historia; ya en tiempos de Abrahán se habían sentado las bases para que, llegada la hora, se cumpliera coherentemente, todo lo anunciado.

 

¿Para qué hace Dios todo esto? Para que “libres” sirvamos a Dios estando en condiciones de “Santidad y Justicia”, entonces podemos ejercer nuestro ministerio “sacerdotal” y ofrecerle “culto”, según el Heredero de David, estipulo lo que debía ser este Culto. La acción de Gracias tiene que ser conforme el modelo que nos legó el Vástago Davídico.

 

Lc 11, 5-13

QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA (Lc 22, 42)

 

La oración de petición basa su eficacia en dos motivos fundamentales: la bondad paterna de Dios y la fe del ser humano. Fidelidad y confianza se encuentran como dos rostros en el dialogo: el del Padre y el del Hijo.

Enrico Masseroni

 

Tres imperativos modelan, aquí, el proceso oracional: Pedid, buscad y llamad. En realidad, en la perícopa hay dos parábolas:


-       El amigo inoportuno, (basado en las tradiciones hospitalarias de oriente)

-       Dios es un Padre Bueno, que da lo bueno; y el colmo es que llega a darnos el Espíritu Santo

 

Pero no se queda ahí, va más allá. No es solamente un hijo que le pide al Padre, sino un familiar que dialoga con la Santísima Trinidad. La oración no es un dialogo humano-Divino es un “coloquio”, o sea un dialogo entre especialistas en la fe (en su origen el coloquio era sólo entre expertos religiosos, pero ha pasado a designar cualquier conversatorio, especialmente entre científicos). Aquí el Coloquio es Trinitario porque la invocación reúne a las tres Divinas personas que escuchan el orante. (Nota, se llama coloquio porque todos pueden expresarse, libremente. No como las conferencias, donde sólo habla el ponente; si alguien distinto al conferencista interviene, se trata de una interferencia).

 

Dios es un Padre Bueno que da los mejores regalos, el da todo lo que es bueno y plenificador para sus hijos, pero en este caso, por ser el Padre Celestial (nuestro Abba), nos da lo mejor de lo mejor: el Tres veces Mejor, el Paráclito, Paráclito es el que se para al lado de uno para “sacar la cara” por uno.

 

La parábola nos dice que puede llegar el caso límite que un padre (despadrado, como aquel que da serpientes y escorpiones en vez de peces y huevos) dé un regalo malo, algo que puede dañar a su hijo. Pese a todo, esa no sería le regla general, pero en el peor de los casos, quizás alguien con una rotunda avería en el corazón, podría llegar a esta paternidad aberrada. La situación cambia con Dios, porque la Bondad Divina es de tal índole que excluye cualquiera y toda Maldad.

 

Decimos que se trata de perseverar y repetir a toda hora el pedido. Leamos las dos parábolas con atento amor y veremos que lo que dice es que no hay momentos en que se puede pedir y momentos en que Dios está ocupado y no atiende, porque ya cerró y trancó. Lo que dice -con total diafanía- es que le podemos pedir en cualquier momento y Él se ocupará de atendernos. La sustancia esencial de la primera parábola no es tanto la perseverancia cuanto que para Dios no hay momentos para pedirle y momentos en que tiene cerrado su despacho. Hoy diríamos que su gabinete atiende 24 X 24. ¡A toda hora!

 

Es más, el que llegue en un momento aparentemente inoportuno tendrá atención garantizada, no solo le concederá -porque lo considera “su amigo”-, sino que, además, entenderá que, si viene a “molestar” tan fuera de horario, será que la petición es aún más urgente.

 

Hay un riesgo doble con la comprensión de estas parábolas:

-       Considerar que si oramos como “disco rayado” estará garantizada la respuesta positiva a nuestras oraciones.

-       Que aquí se esconde un “hechizo” con el que podemos forzar a Dios a hacer nuestra muy propia voluntad y, a la vez, a cancelar su Santa Voluntad en beneficio de nuestros egoísmos, de nuestros muy personales intereses.


El don bueno, el don perfecto que nos da Dios como respuesta segura a quien suplica, es el Espíritu Santo. Ese don nos enseña a pedir bien, a pedir lo que nos conviene, a clamar por lo que es santo, no “caprichos”. Con ese don está seguro que llegaremos a la Altura y Estatura con la que Dios nos Diseñó. Con ese don, sabremos permitir a Dios que se cumpla Su Santa Voluntad en nuestras vidas. Se trata de la dialéctica entre el orar y el vivir: «he aquí por qué es necesario “obrar” lo que se ora. La oración de petición tiene una dinámica precisa: orar con fe, porque todo depende de Dios; pedir gracia para cualquier elección que hagamos, porque nada se sustrae al don de Dios; hacer lo que se pide, sean las cosas fáciles sean las difíciles, porque Dios no excluye la responsabilidad de la persona en las tareas que la historia consigna». (Enrico Masseroni)

martes, 6 de octubre de 2026

Miércoles de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


Gl 2, 1-2. 7-14

La salvación, por tanto, era una especie de “libreta de ahorros”: cada ley cumplida era como un depósito en esa libreta. Cuando una persona lograba cumplir todo lo que mandaba hacer la Ley, ella podía considerarse amiga de Dios y salvada, no por la gracia de Dios, sino por haber contabilizado la salvación mediante una serie de acciones llevadas a cabo.

José Bortolini

Enunciamos que hubo dos visitas de Pablo a Jerusalén, hoy, la perícopa nos informa de esta segunda visita –que tuvo lugar catorce años después-; se nos refiere que en ella se llevó a cabo una “conferencia”, donde se trataron de dilucidar dos temáticas verdaderamente candentes:

1)    La cuestión de la circuncisión, sí era indispensable para hacerse cristiano

2)    Responder sí, en nuestra Iglesia, tenían o no cabida los gentiles.

 

Se nos cuenta que Pablo no subió solo, sino que iba junto con Bernabé y Tito. No fue por envío de nadie, como se dice en Hechos donde se afirma que fue a instancias de la Iglesia de Antioquia. Y presentó ante δοκοῦσιν [docousin] “las columnas” (se puede entender como “los que gozaban de estima”, pero connota que se podía suponer que la tenían, con esta fórmula se refiere a Cefas, Juan y Santiago), el Evangelio que él predicaba, y se nos da el dato que ni siquiera a su acompañante Tito, le habían exigido la circuncisión.

 

La manera de presentar esta conferencia pone a sus interlocutores como si se estuviera hablando entre “apóstoles” todos al mismo nivel. En los hechos, se presentaba a las “columnas” como dueñas de autoridad sobre la Iglesia. Su manera de referirse a los notables de Jerusalén sobreentiende cierta ironía.

 

Como consecuencia de que ni siquiera Tito que fue con él a parlamentar con “las Columnas”, fue conminado a recibir la circuncisión se ha de entender como el hecho neto de que los cristianos no estaban sujetos a la ley judaica, y que de esto estaban “libres”.

 

En los versos 3-6 que no se incluyen en la Lectura de hoy, se alude a unos ψευδαδέλφους [pseudadelfos] “falsos hermanos” que no llegaban para adherirse a la fe cristiana, sino para κατασκοπῆσαι [katascopesai] “afin de espiar”, es decir eran infiltrados para “espiar” la libertad que se estaba promoviendo al interior de la Iglesia y llevar el chisme a los que los patrocinaban, eran –nada más ni nada menos que- “espías”.

 

Había una religio licita, la que en tanto que judaísmo oficial, el Imperio autorizaba, con la que se podían obtener privilegios y exenciones; lo que ha llevado a pensar que dependían de la Iglesia de Jerusalén, liderada por Santiago –hasta el año 62, cuando fue asesinado-; que no conseguían romper decididamente con las tradiciones del judaísmo. Estos falsos hermanos lo que hacían era procurar hacer retroceder a los Gálatas a la esclavitud. La punta de lanza de esta contraofensiva era la ponzoña de la tradición de hacerse circuncidar.

 

En cambio, la Verdad que Dios nos brinda, apunta hacia la apertura de la fe y procura erradicar la sujeción a la ley.

 

En el verso 11 se señala una fricción que se presentó por lo que a Pablo le pareció una verdadera incoherencia: Pedro –llegado a Antioquía- venía compartiendo mesa con los gentiles, sin reparos; pero entrados en escena aquellos circuncisos, Pedro retrocedió, y se apartó de ellos. Esto fue un mal ejemplo, porque todos los judíos se apartaron y, la cosa llegó al punto de tocar también los criterios de Bernabé. Esto se podía señalar, con precisión, como una hipocresía, palabra que significaba “hacer algo para que lo viera el público”, era la palabra para designar la actuación teatral. Esto está profundamente relacionado con la responsabilidad de los que cargan el liderazgo de la fe, si una “columna” actúa confundida, arrastra en su caída a los demás miembros de la comunidad: Se cede a sembrar confusión y división.


Fue por esto que Pablo ἀνθίστημι [antistemi] “encaró”, “se le opuso”, a Pedro porque Pedro se pasó a los que imponían ἰουδαΐζειν [iudaizein] “vivir como judíos”.

 

Sal 117(116), 1.2

Este salmo es supremamente breve, sólo tiene dos versículos, así que se proclama entero el día de hoy.

 

Está relacionado, precisamente con la Misión Paulina de llevar la Buena Noticia de la Salvación, también a los gentiles y llegar hasta las propias fronteras de la tierra, vaga decir hasta sus últimos renglones. 

 

Esta Misión nos toca a todos, es por eso que los bautizados somos discípulos –misioneros.

 

Ante todo, está la Alabanza, que es gratitud manifestado por el hombre hacia el Señor que se brinda, se da, se Revela, se deja conocer, no exhaustivamente porque Él trasciende nuestras limitaciones, pero por completo en todo lo que se requiere para que nos podamos Salvar.


Luego va a resaltar dos cualidades-divinas:

1)    La Misericordia de Dios es Firme, o sea, Inamovible.

2)    Su Fidelidad es involuble: Absoluta, definitiva. Es Persistente. Es tenaz. Durará por toda la Eternidad.

 

La antífona declara que la tarea evangelizadora es una proclamación destinada al Mundo por toda la Eternidad.

 

Lc 11, 1-4

 

Los cristianos están de tal manera acostumbrados a recitar este texto como una fórmula que se remonta hasta Jesús, que esta plegaria viene a ser dicha de una manera mecánica, sin una vinculación suficiente con la vida misma.

André Myre

«El evangelista ha situado el “Padre Nuestro” dentro del gran centro de su evangelio, que va de 9,51 a 19,27: la subida a Jerusalén. Estos capítulos son casi exclusivamente compuestos de textos sacados del documento “Q” y materiales propiamente lucanos. (André Myre). El evangelio según San Lucas, es la mayor escuela de oración.

«El Padre Nuestro en la versión de Lucas es más breve que en Mateo (en Mateo hay siete peticiones; en Lucas solo cinco) y está situada en un contexto diferente: Mateo la presenta en el Sermón del Monte, mientras que Lucas la coloca en el camino hacia Jerusalén, que es el espacio más largo para las enseñanzas de Jesús en este evangelista. (Pedro Jaramillo Rivas)

 

Por el Camino lucano hemos venido percibiendo dos claves mayores de comprensión de la Oración. Ante todo, la oración no está relacionada con el aprendizaje memorístico de plegarias. No es Escuela de Oración dedicarse a aprender oraciones y retener muchas en mente.

 

Tampoco es un parloteo constante que nos compromete a hablarle a Dios por horas y horas y volvernos grandes “discurseros”, muy agiles y hábiles para ensartar retahílas.

 

Indudablemente que podemos aprovechar las oraciones existentes, pero no para repetirlas al pie de la letra, sino para observar en ellas lo que podrían ser pautas de como iniciar una “charla” con Él. Por ejemplo, el Padre Nuestro es una maravillosa muestra de lo que podemos decirle a Dios: Que Él es el Rey, y que nosotros –lo aprendimos de María, siempre Virgen- ansiamos plegarnos por entero a Su Voluntad Misericordiosa.

 

Llegados a este punto, notamos que hay una tercera pauta refulgente: La oración no es egoísta, no es un pedir y pedir para uno; si hay un “secreto” albergado en el Padre Nuestro es que se trata de una Oración que brota de un corazón comunitario, es una oración en Primera Persona del Plural, como las oraciones de la Liturgia, son oraciones que ruegan con un corazón Sinodal. ¡Desde un “Nosotros”!

 

Toda oración, litúrgicamente hablando, es una oración que habla desde la boca de un “pueblo”: Son fórmulas corporativas: El sujeto es el Cuerpo Místico de Cristo.

 

Si en la liturgia aparece una oración en singular, y peor, si el sujeto es “yo”, esa definitivamente no es una oración litúrgica. A veces, nos encontramos con una oración “muy hermosa” –así nos lo parece, y no vemos que tenga ningún error teológico, y queremos adoptarla como un aporte a la liturgia, pero, si no cumple este requisito, no cabe. Es por lo mismo que la iglesia se muestra tan cautelosa cuando de modificar los elementos del culto Eucarístico se trata. Recordemos que la palabra liturgia tiene su profunda raíz, en la palabra λάος [laos], y έργον [ergon] o sea, trabajo cultual del pueblo, y ese pueblo es el Cuerpo Místico de Cristo.


«… tanto para Jesús como para los primeros cristianos, esta plegaria del “Padre Nuestro” es más una vida para expresar que una plegaria para recitar simplemente.» (André Myre) Tanto el “pan” como el “perdón” son las añadiduras que Dios dará a quienes verdaderamente trabajen por la construcción del Reino. 

lunes, 5 de octubre de 2026

Martes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario


 Gl 1, 13-24

Políticamente, los detractores de Pablo son conscientes de que, si el cristianismo empieza a tomar una postura diferente a la del judaísmo, Roma los perseguirá.

Joel António Ferreira

Una de las estrategias más trilladas es la de investigar en el pasado del “enemigo”, sus puntos débiles, sus oscuridades, aquellos detalles donde se le puede clavar el diente y es más “pulpito”. Pues fueron estos los puntos que buscaron los judeocristianos (cristianos judaizantes) para atacar a la Comunidad que Pablo había adoctrinado, y fueron dos los “talones de Aquiles” que le encontraron:

1)    Pablo no era apóstol, en el sentido que no era miembro del “equipo de los Doce” que andaban con Jesús y que Él instituyó como base de su estructura eclesial.

2)    ¿De dónde sacaba Pablo que la Ley mosaica quedaba superada y ya no era válida para la comunidad cristiana?

 

En su respuesta, Pablo muestra su pasado y aprovecha su fama de judío recalcitrante para demostrar que conocía la Ley perfectamente y entendía con claridad qué era los que estaba cuestionando y removiendo como basamento de la fe. Les dice que él había trabajado ardientemente defendiendo las “tradiciones” que el fariseísmo con tanto denuedo promovía. Recordamos aquí que Paulo se llamaba antes שאול “Saulo”, que proviene del hebreo y significa “el que ha sido pedido al Señor”. Este cambio de nombre significa su cambio de “Dueño”, quiere decir que ahora le pertenece totalmente a Dios.

 

Un cambio de nombre es también un cambio de “Misión de Vida” reconoce que su existencia ha pasado a tener un significado nuevo. Y luego señala, cómo fue llamado directamente por el Señor, que la había dado por tarea anunciarlo entre los gentiles. Pero, y este detalle es clave porque para captarlo hay que resolver el siguiente “acertijo”: ¿Cómo, si él había sido “llamado” ya desde el seno materno, fue posible que primero se dedicara a perseguir cristianos con obcecación asesina? Esto es importante porque nos revela que el “llamado” no es un avatar irrecusable, sino una toma de posición que puede transformarnos, “convertirnos”. Mientras tanto, mientras uno hace conciencia del llamado, uno va dando palos de ciego, descubriendo la misión que se nos ha encomendado. Apóstol, como ya sabemos significa -en griego- llamado, llamado para dirigir una expedición naval, para capitanear un barco y gobernar a su tripulación.

 

En hebreo también hay un concepto semejante, es שליח [shaliaj] “mensajero”, “enviado”, “emisario”, “embajador plenipotenciario”. El ataque apunta en la dirección que, Pablo no era del equipo de los “Doce”, como ya se dijo antes. Y, más grave, porqué fue primero “perseguidor”. Claro, esa clase de acusaciones ya despertaba muchas duda y gran desconcierto.

 

Pasa luego a relatar cómo -tres años después de su conversión, en el camino a Damasco- fue a Jerusalén y se entrevistó con Cefas -con quien dialogó durante toda una quincena- y que había -en aquella ocasión- conocido personalmente a Santiago, pariente de Jesús y, quien asumió las riendas de la Comunidad Cristiana cuando Pedro tuvo que huir de Jerusalén.

 

No pretende otras credenciales, y reconoce que, para las comunidades de Judea, él era un completo desconocido.

 

Sin embargo, no dejaban de admirarse y de glorificar al Señor cuando sabían que antiguamente era un perseguidor y un asesino de cristianos y daban gracias a Dios por que se había convertido en un comprometido anunciador de la fe, que otrora, él perseguía.


«Liberación de una vida programada externamente por un minucioso código de reglas y leyes que conservaban al hombre en su actitud infantil ante la vida. Liberación a una vida adulta y consciente, gracias al uso responsable de la libertad. La vida del hombre no se puede determinar por la relación con un código de leyes sino por un compromiso personal e íntimo con Cristo, que está presente en lo profundo del ser (2,20). La libertad es conducida por el amor a sí mismo y a los demás, amor que se identifica con el compromiso activo con el crecimiento del otro (5, 6.13s)» (Storniolo; Martins Balancín).

 

Sal 139(138), 1b-3. 13-14ab. 14c-15

El viernes pasado tuvimos este mismo salmo, con algunos versículos diferentes, pero esencialmente es lo mismo con el mismo enfoque, sencillamente, en esta ocasión referido a la vocación de Pablo, así como el viernes anterior se refería al llamado de Job y su experiencia mística. Reproducimos aquí, lo que dijimos en ese momento:

 

Muchas veces y en muchos sentidos podríamos concebir nuestra persona como un “plano”, un “diseño” genial que el Ingeniero-muy-ingenioso le entrega al maestro de obra. Cada uno de nosotros es un maestro de obra que toma el “proyecto original” y lo va “implementando”, con mayor o menor fidelidad.

 

En estos proyectos se anidan maravillas, proyecciones fantásticas, admirables, dignas de su “Diseñador”. Por diversos motivos el “proyecto” se puede desvirtuar, puede sufrir desvíos lamentables, aun cuándo al Ingeniero lo movían, originalmente, las más Tiernas y Sabias previsiones.


Sin embargo, todos sumandos en la historia de la humanidad, somos tantos que nuestra desviación del modelo propuesto realmente no afecta la Idea esencial y el resultado total. De otra parte, cuando el maestro de obra es fiel con todas sus fuerzas al Proyecto Entregado, la “obra” puede convertirse en una tubería que provea significativos avances para la funcionalidad del “Plan General”. Cada obra “Individual” es apenas una parte en la Globalidad del Proyecto. Pero el Ingeniero tiene recursos para neutralizar las imperfecciones y maximizar el aprovechamiento de las tareas que se cumplen fielmente.

 

Lo que podemos tener por cierto es que el Gran-Ingeniero tiene un conocimiento detallado y minucioso de lo que ha Diseñado. Hasta el más mínimo pormenor. Y, su “Seguimiento” es tan Puntual que se puede afirmar que Él sabe “cuando me siento o me levanto… y todas mis sendas le son familiares”. Él nos conoce hasta en lo que nosotros mismos no logramos entender ni saber.

 

Uno de los aspectos a tomarle en cuenta al “maestro de obra” es el minucioso análisis que hace del “Plano que recibe”. Y, no menos importante, la revisión cotidiana para corroborar que el “proceso” se esté llevando a cabo en conformidad con los Esperado. Aún más, y -pensamos que muy Grato a los Ojos del Diseñador-, la manera sencilla y humilde como se acerca al Ingeniero y le ruega la explicación de aquellos matices que él no alcanza a entender. A esas consultas que el “ejecutor” le hace al “Diseñador”, las llamamos Oración.

 

La oración es la ruta más eficaz para alcanzar la auto-identificación. Llegar a entenderse a sí mismo, saber “para donde va”, y proceder con fidelidad respecto al diseño, aún en lo que no alcance a dilucidar con claridad, convencido de la Perfección del Plano y de su diseñador.

 

“Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el vientre materno. Conoces hasta el fondo de mi alma, no desconoces mis huesos. Cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus Ojos veían, todos mis miembros, y se inscribían en tu Libro; los formaste día a día, y ninguno se retrasó en su crecimiento. ¡Qué admirables encuentro tus designios! Dios mío, ¡que inmenso su conjunto!”

 

Aun cuando intentamos esconderte nuestros entuertos, la baja calidad de alguna materia prima, o el uso de piezas defectuosas, Tú Señor, todo lo observas.

 

Tus cuidados consagran Tus Dos Manos, para sostenerme seguro. ¡Me has plasmado portentosamente! Imploro que seas Tú Quien Dirija toda la Obra y que yo logre fidelidad respecto a tu Expectativa

 

Lc 10, 36-42

¿… hago tantas cosas (músicas, alabanzas, refacciones, ruidos), que me hacen imposible escuchar en el corazón la voz del Señor?

Pedro Jaramillo Rivas

Según el relato lucano, Marta era el ama de casa y María, seguramente una hermana menor, se preocupaba mucho menos de las labores domésticas, así mientras Marta se afanaba por preparar algo al visitante, para cumplir con los parámetros mínimos de la hospitalidad, María se quedaba a los pies del Señor, escuchándolo o simplemente “contemplándolo”.


 Viene entonces la petición de Marta: lo que ella quiere es que el “varón” como suele suceder en las sociedades androcéntricas, llame la atención a la “mujer” que ha dejado sola a su homóloga, encargada de todo el “servicio”.

 

¿Qué es lo que le pide? Que le diga sencillamente que “le eche una mano”. Marta quiere que el Señor se quede hablando solo, porque quizás no logra entender que haya algo que “aprender” en la escucha, por parte de una mujer de lo que le habla un “hombre”.

 

Siempre se nos recalca que Jesús tuvo un enfoque completamente novedoso de la mujer, aquí María -intuitivamente- captó que, era más urgente “escuchar” que “cocinar”.

 

En continuidad con la primera Lectura, el Evangelio también nos habla de un cuestionamiento de las “tradiciones de los antepasados”, como las llamó Pablo en la Carta a los Gálatas. El cristianismo vino a aportar otro enfoque de las relaciones interpersonales, las relaciones con las mujeres y entre ellas, las relaciones con los esclavos, el ciego cumplimiento mecánico de preceptos y la vehemente observancia de muchas reglas, que -cuantas más mejor- creaban una sensación de disciplina, de observancia, de respeto a Dios. Lo que no sería falso si el propio Dios -por boca de los profetas- no les hubiera enseñado que lo que le gustaba era otra cosa, que en términos generales Dios llamó: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

 

Cocinar y atender la mesa era algo importante y si se quiere vital, pero había algo más, de mayor valía, que debía colocarse por delante, que ya habría tiempo para comer, y beber y reposar.

 

En mucho nos puede ayudar si entendemos que antes del activismo está la escucha. Habría que resaltar que el propio judaísmo ponía en la base de su fe la consigna del Shema: “Escucha Israel”. Ante todo, dejar que Dios nos hable y nos diga, y nos enseñe, y nos dirija, y nos señale un derrotero.

 

Muchas veces creemos -de muy buena fe- que lo urgente es decir muchas y muchas plegarias, y tener una generosa colección de ellas, propias para cada caso y ocasión. Pero en verdad que María no tenía ninguna de estas cartillitas, simplemente se sentaba y lo oía. Si estamos enamorados de Jesús, abramos los Evangelios y quedémonos absortos oyéndolo.


Jesús nos añade una enseñanza más: para poderlo oír y degustar su Palabra, tenemos que vaciarnos de inquietudes y preocupaciones. Mientras le abramos espacio a ese tipo de desvelos, estaremos incapacitados para “escoger la mejor parte”. ¿Cuántas cosas banales nos propone el mundo que nos esclavizan y no podemos sacarlas de nuestra agenda? Compromisos ineludibles que no nos dejan sacar tiempo para estar a sus pies, gozando de su Amor.

domingo, 4 de octubre de 2026

Lunes de la Vigésima Séptima Semana del Tiempo Ordinario

 

Gl 1, 6-12

Se cree que la Carta fue escrita por allá entre los años 54 y el 57. Dirigida a los Gálatas -que culturalmente provenían de los Frigios que habitaban la región y de los Celtas (que era el nombre que les dieron los griegos y que los Romanos llamaron Galos)- se les tenía por apáticos, excesivamente calmados, por muy ignorantes, y, que lo único que los movía eran sus degradantes rituales. En el año 25 a.C. Augusto creó allí la Provincia de Galacia y la ordenó, para su control administrativo, en tres zonas: Pesino, Ancira y Tavio; a la Galacia romana se le añadieron las ciudades de Pisidia, Isauria, Panfilia, Lacaonia, Paflagonia y el Ponto galático. Estas comunidades -a las que se les remite la carta-, estarían situadas, pues, en la región donde hoy queda Ancara, la capital de Turquía. Su lengua nativa era el celta que se mantuvo hasta el imperio bizantino, y el griego que era la lingua franca de la época, que se impuso por motivos comerciales; (de Frigia proviene el gorrito que está en la franja central del escudo de Colombia, y también en el escudo argentino, lo llevaban los habitantes de frigia, estaba hecho de lana o fieltro, con una forma cónica y una punta inclinada hacia adelante, el gorro frigio evolucionó para convertirse en el pileus, un gorro similar que se les daba a los esclavos libertos como símbolo de su manumisión. Este acto de otorgar el pileus a un esclavo liberado se convirtió en un poderoso símbolo de libertad y derechos civiles y los franceses -durante la revolución- lo habrían adoptado como simbología libertaria y de su lucha por la igualdad. Bueno, nos estamos desviando de la cuestión.

 

Según nos informa esta Carta, fue Pablo quien les anunció el Evangelio, y si lo cruzamos con las informaciones que se nos proporcionan en los Hechos de los Apóstoles San Pablo habría pasado por allí en su segundo viaje (Hch 16,6), y habría vuelto a visitarlos, en el tercero.

 

Las comunidades habían recibido y acogido el Anuncio con entusiasmo, -se trataba de Comunidades no judías- de origen pagano. Hasta que llegaron por allí unos judeo-cristianos (cristianos judaizantes) que quisieron imponerles:

-La circuncisión

-Las fiestas y los horarios que se observaban entre los judíos

-La dieta Kosher

-Y abstenerse de cultos idolátricos

 

Vamos a trazar un mapa muy sencillo de la Carta, que nos ayudará a visualizar en contexto, las perícopas que vamos a leer en estos 9 días (desde hoy, lunes 7 de octubre, hasta el miércoles 14 de octubre; exceptuando el Domingo 11) días en los que leeremos esta carta como Primera Lectura. La dividiremos en cinco sesiones así:

1.    Saludo Introductorio 1, 1-5

2.    El evangelio que les anunció San Pablo 1, 6 – 2,21

3.    La Fe en Dios nos hace libres 3,1 – 5,12

4.    Velar por la libertad para no perderla 5,13- 6,10

5.    Un como epilogo conclusivo 6,11-18 (que no tocaremos en las Lecturas Liturgicas)

 

Ni de la introducción ni del epilogo nos ocuparemos en absoluto.  Pero de los otros tres numerales tendremos una muestra significativa en la liturgia de esos nueve días.


De esta primera perícopa -la que se proclama hoy- queremos destacar con cuatro reflectores fundamentales:

1.    San Pablo les predicó el único Evangelio verdadero y confiable.

2.    Aparece una palabra de origen griego ἀνάθεμα [anatema], que eran figuritas ofrecidas como sacrificio a las deidades paganas; por ser gestos de idolatría estaban “malditas”, eso es lo que significa anatema, o sea un “traidor al único verdadero Evangelio”. Quienquiera que viniera a predicarles otro “evangelio” no era más que un falsario proscrito, un “desterrado de Dios” (podríamos descomponer la palabra anatema en: ana “contra” y thema “materia principal). En general, podríamos traducirla por excomulgado, un proscrito de la fe.

3.    Pablo pone sobre la mesa el tema de la fidelidad a la trasmisión del Anuncio evangélico y deja muy claro que no es una cuestión demagógica de tener contento al auditorio. Lo que hay que hacer es -con un celo teológico- ser fieles a lo que se nos ha Revelado.

4.    La enseñanza que Pablo está trasmitiendo no es un producto de la “creatividad” humana, no es una invención, sino una Revelación que Dios entrega y que nos la da por medio de su Hijo Jesucristo.

 

Sal 111(110), 1b-2. 7-8. 9 y 10c

¿Qué significa que el Señor recuerda siempre su Alianza? Quiere decir que Él no es voluble, que su amor y su compromiso son inquebrantables, que cuando Él se decidió a amarnos fue una decisión de una vez por todas, Él, que es eterno, es Fiel a sus empeños, no nos va a fallar, su vínculo con nosotros es inalterable. Nos podemos confiar de sus promesas.

 

Es una oración comunitaria. Se convoca para este ruego a todos los que siguen con rectitud las pautas de la Revelación. No está orando el salmista solo, sino que se une a la Asamblea de los Justos. Son todos los que comulgan con el Proyecto del Reino que entrelazan sus ruegos para -en cadena de oración- garantizar que su Súplica se alce hasta el Trono del Omnipotente.


No es la cantidad de personas, sino el enorme poder de todos los corazones que se vuelven al Cielo para rogar. Son como peldaños en una escalera de amor, cuantos más peldaños juntos, más cerca estarán de YHWH.

 

Esa fuerza se parece en algo y en mucho, a una orquesta sinfónica, que no es que hagan más ruido, sino que lo admirable es como encajan todas las notas, en una cooperativa de amor y -en particular-por la armonía que generan.

 

Cada “músico” aporta, no solo un trocito de su corazón, sino que cada instrumento aporta y se da por entero. Así que es un muro o una escala de muchos corazones entregados y compenetrados con la misma causa, con la misma longitud de onda, con un solo corazón y una sola alma.

 

Esta asamblea, orante, es propiamente lo que se llama Iglesia, todos los convocados para amar al Señor y alzarse enamorados en punta de pies para sentirlo cerca.

 

Pero hay que poner un esfuerzo intensivo: hay que estudiar. Imaginemos un concertista y las largas y trasnochadas horas que consagra a prepararse sobre la partitura que a él le corresponde, para que luego pueda aportar su parte al “concierto”.

 

Esta partitura -en particular- está escrita en clave de Justicia y en clave de Verdad, porque toda la obra es un concierto cuya armonía la ha estructurado el propio Dios, con los lineamientos que Él nos ha regalado.

 

¿Cómo se llama esta obra tan majestuosa?: “Redención”. ¿Quién es el público que la disfrutara? Su pueblo, con el que ha sellado Su Alianza. ¡Quién es El Remitente? Alguien que merece Alabanza Eterna y cuyo Nombre es “Sagrado” y “Temible”, temible en el lenguaje hebreo es “Digno de Toda Reverencia”, no tiene nada que ver con “llenarse de miedo” sino de “Profunda Devoción”

 

Lc 10, 25-37

 

Y lo que es tremendo es que sean motivaciones religiosas las que impidan la proximidad. Y que, sin embargo, de un hombre, considerado como hereje y excluido, proceda la cercanía y la misericordia.

Pedro Jaramillo Rivas.

Tenemos hoy la maravillosa “Parábola del Samaritano”. La experiencia nos lleva, en primer lugar, a mirar a estos dos personajes que pasaron de largo: El Sacerdote y el Levita. A uno le parece raro, porque ellos debían haber sido un verdadero ejemplo de “Compasión”, y en la parábola, son todo lo contrario.


Recordemos que son dos personajes típicos del judaísmo, que les estaba prohibido rotundamente tocar a alguien que estuviera ensangrentado, porque quedaban automáticamente “impuros”. Esta era impureza ritual, en esas condiciones no podían ejercer ninguna función “ritual”, es por esto que dan un rodeo y pasan de largo.

 

Jesús hace en esta parábola una crítica muy fuerte a una religión que pone otras cosas por encima del valor de la persona. Una religión así es una religión que deshumaniza, que no entiende ni la fraternidad, ni la solidaridad y mucho menos la sinodalidad. Una religión que puede dejar de ver a cualquier ser humano como un “hijo de Dios” no es una religión verdadera. Fraternidad, Solidaridad y Sinodalidad se inter-compenetran y forman la “Projimidad”.

 

Fijémonos, religión es lo que restablece la ligazón que se ha reventado, los vínculos que se han deshecho: Nosotros tenemos necesidad vital de tener un claro y fuerte vínculo con “El de Arriba” (Madero vertical de la Cruz) y con todos los hermanos y todas las criaturas, hermandad que hemos adquirido en cristo Jesús que nos ha limpiado con Su Sangre y nos ha revestido de Blanquísima Limpieza (Madero Horizontal). Si la religión no re-liga, entonces no es una verdadera religión.

 

Muchas veces los pretextos que ponemos parecen sacar “la falta de compasión” del terreno religioso (ojo, ¡parece! Pero no es así, todas nuestras acciones, así no parezcan estar relacionadas con Jesús, nos desenmascaran como falsos creyentes o nos dan la oportunidad de acercarnos y ratificarnos como “discípulos”). Por ejemplo, decimos: “es que es peligroso”, o “uno no sabe si piden para drogarse”, otras veces decimos “eso le corresponde al gobierno”, o “dejemos que las monjitas hacen una labor muy bonita en ese sentido”, o “he oído de una fundación que los atiende y son especialistas”. Y, damos la vuelta y pasamos de largo. Y, aun cuando nos pongamos las gafas oscuras, en el fondo sabemos que ¡es Jesús quien tiende la mano!

 

Projimidad es lo que nos propone Jesús si queremos alcanzar la Vida Eterna. Porque esa es la manera de.

-       Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.

-       Y al prójimo como se ama uno a sí mismo.

 

Si el “maestro de la Ley” le dijo a Jesús que había contestado “correctamente”, quiere decir que él ya sabía la respuesta, y se ratifica, que este tipo de preguntas sólo se hacen para “poner a prueba” a los demás, y en este caso -como nos lo advierte Lucas, quería poner a prueba a Jesús como Divino Maestro. Si lo sabe, ¿por qué pregunta?

 

¿Por qué el samaritano no tenía estos bloqueos? Porque la religión samaritana no había cogido por ese derrotero, no tenía tantos “cuadritos” y era capaz de sacar a relucir toda su “humanidad” todo el poder que cada uno de nosotros lleva en el corazón para hacer propio el dolor de los demás.

 

La fe no consiste en prender muchas velitas o rezar muchas novenas, sino en descubrir a Jesús que muchas veces está allí tirado y ser libre y creativo para servirlo en Su Santo Nombre. Recuerdo aquella religiosa que atendía a los “sufrientes” en un hospital de misión en tierra inaccesible y le escribía a su confesor que llevaba mucho tiempo sin recibir a Jesús

Eucaristía y su guía espiritual le hacía notar que ella todos los días lo sostenía en sus brazos.


Que nos quede radiante la consigna, reverberando en nuestro corazón: ¡Ve y haz tú lo mismo!