Hch 22, 30; 23, 6-11
Se me juzga por mi confianza en la resurrección de los
muertos
Al
iniciar el capítulo 21 de los hechos de los Apóstoles, entramos en una nueva
fase: Pablo viaja a Jerusalén -deteniéndose, brevemente, en Cos, Rodas y Patara,
y continúan, pero sin entrar a Chipre, llegan directo a Tiro- muy a pesar de
los ruegos de los de Jerusalén que ahora se repiten en Tiro, así como en
Cesarea, donde se aloja en casa de Felipe, el que evangelizó al Eunuco, le
insisten para que no se vaya, pero él es consciente que, si esa es la Voluntad
del Señor, así ha de ser. Pasa por Ptolemaida Cirenaica -en la actual Libia-.
Llegado
a Jerusalén es acogido con cariño por la comunidad, donde visita a Santiago, líder
de aquella comunidad hierosolimitana. Allí -entre líneas- se percibe una
atmosfera de descontento porque no se exige a los conversos del paganismo la
adopción al pie de la letra del judaísmo mosaico. No faltó quien sugiriera una
práctica ecléctica parta calmar y apaciguar a esos.
Recordaran
ustedes que anteriormente se dijo que Pablo repetía el ritual Nazireo de
raparse junto con 4
Es
apresado en su visita al templo, donde unos judíos provenientes de la provincia
de Asía azuzando a la gente, lo sacaron del Templo y cerraron las puertas, luego
lo hicieron prisionero, El apóstol Pablo fue presentado y puesto bajo custodia
ante el tribuno romano Claudio Lisias, es ahí cuando dirige un discurso ante el
pueblo y como la gente seguía alborotando lo llevaron ante la presencia del
comandante, y él apeló a su condición de ciudadanos romano, y aprovechó la
disensión entre saduceos -recordemos que estos sólo reconocían como Escrituras
los cinco libros de la Torah, la que nosotros llamamos en griego “Pentateuco”
donde nunca se habla de Resurrección, ni de espíritus, ni de ángeles- y los fariseos -estos últimos estaban en
mayoría, y Pablo ganó su respaldo mostrándose como ellos favorable a la
resurrección de los muertos. Esto
contado a trazos gruesos. Sin embargo, queremos desmenuzar algunos componentes
de la perícopa de hoy.
Habiendo
llevado a Pablo a la fortaleza Antonia, Pablo, muestra que él es ciudadano
romano y, como tal, no podía ser juzgado ni arrestado si no se había sometido
antes a juicio y era condenado. Para los romanos, esto de acusar a Pablo y las
razones religiosas que los motivaba, no eran comprensibles. Entonces el Tribuno
resuelve llevar a Pablo ante las autoridades judías, los Sumos sacerdotes y el
Sanedrín. San Pablo sabía que allí se encontraban dos facciones contradictorias:
los fariseos y los saduceos. Pablo se declara fariseo y creyente en le
resurrección: Decían los fariseos: “… no
encontramos nada erróneo en lo que dice este hombre; y ¿qué tal que se le haya
manifestado un ángel?” (Hch 23, 9ef)
Al
observar este texto encontramos un evidente paralelismo con el Juicio de Jesús;
Lucas recurre con frecuencia a estos ejercicios sincréticos como al principio
del Evangelio en su paralelo de Jesús con juan el Bautista cuyo nacimiento es
puesto lado a lado; o en el caso de la muerte de Esteban y los actos que
acompañaron su muerte, y aquí entre el juicio de Pable relacionándolo con el de
Jesús.
Con
estas palabras, los judíos quedan enfrentados según sus dos bandos, porque los
saduceos no creen en la resurrección, ni en ángeles, ni en espíritus. Siendo así,
se armó la algazara, los fariseos declararon inocente a Pablo, enardeciendo a
sus contradictores. El tribuno, azorado por las acciones de alta violencia a
las que quedaba expuesto Pablo, lo hizo llevar al cuartel escoltado por la
guardia.
Se le apareció el Señor -la noche siguiente- y le dijo que, así como había testimoniado su fe en Jerusalén, otro tanto haría en Roma. Y lo animó.
Sal
16(15), 1b-2a y 5. 7-8. 9-10.11
Este
es un Salmo del Huésped de Yahvéh. El huésped del Señor, se asombra, no entiende
que encanto se puede encontrar en el paganismo. Estamos rodeados de paganismo,
hay paganismo religioso, pero a su lado un océano completo de paganismo laico:
la publicidad, el centro comercial, los ídolos del fútbol, las personalidades
de la farándula, de los diversos deportes, las sacerdotisas de la moda y el buen
vestir, la bebida llevada siempre más allá del límite y las bebidas
energizantes; las drogas psicotrópicas, los gritos, los aullidos, los parlantes
atronadores ,… en fin, el culto a la violencia, pero también a lo feo, a lo
malsonante, la veneración de lo que de ningún modo es venerable.
Para
el fiel discípulo, sólo la fidelidad tiene sentido. Para la tribu sacerdotal,
sólo el Servicio al Señor vale. Sólo Él tiene poder “real” para bajar hasta el
territorio de la muerte a rescatarnos, y sacarnos del Sheol, y llevarnos a Su
Lado, hasta la Dimensión Inmortal.
En la primera estrofa el salmista se entrega a su Amado, se declara su entera propiedad, y lo nombre “Refugio”. Como a él no le ha tocado tierra cultivable, su única tierra, la parcela asignada es su Amadísimo Señor.
En
la segunda estrofa, muestra al Señor como tutor, como maestro y consejero. Sus
lecciones no cesan nunca, hasta durante el sueño lo está enseñando y Su
Enseñanza es arrojo, valentía, decisión.
Todo
él está pletórico de dicha. Su alegría recorre sus entrañas, sus terminales
nerviosas, sus haces musculares, su digestión, su respiración. Nada en él está
destinado al sepulcro; la Vida Eternal se adueña de cada una de sus moléculas.
¿Cómo
avanzar con certeza por la ruta salvífica? ¡El Señor nos va señalando la ruta,
nos muestra donde pisar -que sea terreno firme- nos lleva de la mano, nos
socorre con un mapa y nos lo va decodificando! Es nuestro Guía, el Baqueano, el
Único que nos lleva al País de la Vida.
¿Cómo
no refugiarnos en Él?
Jn
17, 20-26
Reconocimiento transitivo
El mundo no te ha conocido,
Pero yo te he conocido
y estos han conocido
que Tú me has enviado.
Jn 17, 25
Hoy
empieza de una manera conmovedoramente hermosa.: No se limita a rogar por los
que, en cierta época, los que vivían en su tiempo, por los discípulos que lo
rodeaban en aquella época, en torno al año 30. Ruega también por nosotros, por
los que en el futuro creerán y lo aceptarán como Hijo de Dios, Redentor y
Salvador nuestro. En el verso 17,24 leemos: “… quiero que donde yo esté estén
también conmigo, para que contemplen tu Gloria”. Seis veces dice Padre, ¿dónde
está la séptima vez? ¿La de la plenitud? La dejó para que nuestros labios la
pronunciaran.
¡Igual sigue la historia plagada de paganismo! «El odio, la mentira, la vanagloria, el vivir para sí mismo, el no estar dispuestos a seguir a Jesús que se da por completo a los demás, el buscar privilegios y dominar sobre los demás, dividen a la comunidad y oscurecen la Presencia del Padre y de Jesús en ella.» (José Cárdenas Pallares)
Pero,
un leve murmullo de nuestros labios acalla el fragor de miles de generaciones.
Con sólo musitarlo, Dios lo oye. No porque seamos muy meritorios, sino porque
nuestro Hermano, se lo ha pedido al Padre en la Oración Sacerdotal. Ese
significa “sacerdocio”, que cualquier susurro nuestro vale por todo el griterío
y cancela el alboroto. Tenemos que cubrirnos la cara -como Moisés- porque
nuestro rostro resplandece. ¿No ven que hemos mirado su Santa Faz? ¿No se dan
cuenta que nuestra Amistad no sale de nosotros sino de la Suplica del Hijo del
hombre, que entró al Sancta Sanctorum, de una vez para siempre, llevando su
propia sangre para regarla sobre el Kapporeth? (Cfr. Ex 34, 35) ¡quién ha hecho
la mediación? ¡La Palabra!
El
ruego no es un ruego general e indiscriminado. Jesús ruega por los que acogen
la Palabra. La Palabra Lo transparenta, es Su Nueva Encarnación. Sigue hablando
por Siempre, por toda la Eternidad, para todas las generaciones. Pero, se nos
ofrece un criterio, se nos propone una pauta de discernimiento, todo se juega y
todo se prueba con la Unidad. «Cómo alcanzar la verdadera unidad entre los que
creen en Jesús y en el Padre? ¿Será que debemos pensar todos del mismo modo,
expresar la fe en forma igual en todos los lugares del mundo, como si la
humanidad fuera un gran cuartel uniformado? (José Bortolini)
La
unidad no está en la uniformidad, está en la diversidad. En la consciencia
fraternal que es capaz de sobrevolar las barreras. Malhaya el que hace
división, el que se cree más fiel porque es más obcecado, en mala hora los
fundamentalistas que quieren pasarlos a todos por un molde. Si a Dios le
gustara la uniformidad nos habría hecho con una impresora 3-d.
Que
haya división es victoria del Malo: «La comunión es esencial. El enemigo de
Dios y del hombre, el diablo no puede nada contra el Evangelio, contra la
humilde fuerza de la oración y de los sacramentos, pero puede hacer mucho daño
a la Iglesia tentando nuestra humanidad. Provoca la presunción, el juicio sobre
los demás, las cerrazones y las divisiones. Él mismo es “el que divide” y a
menudo comienza haciéndonos creer que somos buenos, quizá mejor que los demás:
así tiene el terreno listo para sembrar la cizaña». (Papa Francisco)
Cantamos
la Glorificación de Dios en nuestra lucha valerosa por la Unidad. Tiene que
dolernos profusamente que estemos separados. Llenar las brechas, acercarnos,
construir la Unidad, que no es superficial, que tiene que ser sincera, aun
cuando el avance sea milimétrico en su lento progreso.
Tomemos
muy en cuenta como en esta oración sacerdotal de Jesús intercediendo por su
discipulado, proyecta hacia el futuro -incluyéndonos también a nosotros, como destinatarios
de su intercesión protectora, en particular al decir que no sólo ruega “por
estos” (v. 20) sino que pide que ese mismo cobijo protector del Padre alcance
para los que en el futuro serán sus creyentes, seguidores, discípulos a la vez
que enviados (apóstoles). Tengamos en esto presente la expresión que nos legó
Aparecida: “Discípulos-misioneros”.
Esta meta propuesta se nos dice, es la única fuerza que convence, que mueve a otros a creer: “Como Tú Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”. (Jn 20,21)
La
Palabra del Padre es el Hijo unigénito que nos manifiesta el Nombre del Padre.


















