jueves, 19 de marzo de 2026

Viernes de la Cuarta Semana de Cuaresma


Sb 2, 1a. 12-22

El Libro de la sabiduría es de un judío con cultura helenística, quiere acercarnos a la fe, mostrarnos y guiarnos llevándonos de la mano con tierno amor. Se presume que fue escrito en Alejandría, donde vivía una colonia judía de, como mínimo dos cientos mil judíos en un entorno de cultos, con filosofías y costumbres paganas que más de una vez se convirtieron en perseguidores declarados; muchos de los judíos abandonaron sus tradiciones para acomodarse y librarse de esa persecución; este libro va en griego, porque está dirigido a judíos que ya no saben el hebreo. El autor procura, con todo su esfuerzo, reforzarles la fe y sostener la esperanza conservando el patrimonio cultural y preservando la fidelidad de su fe, predicándoles la verdadera sabiduría que lleva a una vida justa y, por tanto, a la verdadera felicidad. Se debió escribir hacia el año 50 a.C. Esta obra quiere apuntalar la fe y hacer fecundar a la esperanza rescatando todo el patrimonio histórico-cultural de Israel.

 

Vamos a entrar en el primer bloque del Libro (caps. 1-5) que quiere decirnos como se ha revelado al Sabiduría para ponerse al alcance de justos e injustos. Esta primera parte puede segregarse en dos:

1.    Los requisitos para acceder a la Sabiduría cap. 1.

2.    Cómo razonan los impíos Caps. 2-5

 

Cuando se desafía al poder de Dios para ponerlo a prueba, entonces, Dios nos deja enredarnos solitos en nuestra propia alma confundida en la que no cabe la sabiduría, ni puede entrar, ni entrará porque se está empecatado. Con toda seguridad que allí no hará morada El Espíritu Santo.

 

El engaño y la vacuidad son coexistentes: La Sabiduría, en cambio, es el espejo inmaculado de la Divinidad, dónde se forja la imagen trasparentada de su Bondad, como Reflejo de la Luz Eterna.

 

Es tan difícil tolerar al justo porque Él nos desenmascara, esa es la sensación que tiene el impío, porque el que busca la “justicia” la ve de otra manera, para este, la Sabiduría es su Consejero Espiritual, es su Guía, su Amiga.

 

El justo siempre apunta contra la injusticia, y pone en evidencia al injusto. Hace restañar un látigo de cuerdas trenzadas en los patios del Templo, descargando todo su celo contra los cambistas de monedas y los comerciantes de la fe; no son sus monedas las que Él desprecia, sino a ellos mismos que son las verdaderas monedas falsas; ellos que estaban acostumbrados a sacarles la lengua y a pellizcarlos con sus mohines de “pureza”, los desenmascara, demostrando que son los realmente “impuros”.

 

Cómo no van a saltar, como pollos en latas hirvientes, si Él se hace llamar “Hijo de Dios” y presume conocerlo con esa familiaridad, que sólo el Hijo verdadero tiene para frecuentarlo con total confianza. Su Presencia, sin necesidad de pronunciar palabra, es como un grito en sus caras para denunciarles la falacia de sus criterios. Y, su consagración se pone de manifiesto porque vive distinto a los demás y sus caminos son totalmente diferentes: Esta en el mundo (en la mundanidad) pero no es del mundo (Cfr. Jn 17, 11-17).


Esta perícopa es profética respecto de Jesús. Lo llevan al Altar del Sacrificio, sólo para probar sí lo que Él dice sobre su Filiación Divina es cierto. No ha blasfemado para nada, pero aplican a cabalidad su método experimental, para intentar obligar a Dios a lanzarse desde el alero del Templo, es decir, para cohonestar con su espectacularismo.

 

Por qué los incomodaba tanto la denuncia de Jesús, porque sacaba su consciencia de esa cómoda zona de confort -me disculpo por el pleonasmo- donde la voz de la consciencia está amordazada y cada quien tenemos que ponernos en cuestión, poniendo nuestra vida a la Luz de la Ley de Dios, ahí es cuando ellos prefieren declarar que “Dios ha muerto”.

 

Sal 34(33), 17-18. 19-20. 21 y 23

Este es un Salmo de Acción de Gracias. Para guardar coherencia con la Primera Lectura su género es el Sapiencial. O sea que da enseñanzas prácticas.

 

También aquí está presentada la dualidad justo/impío, con la dupla: atribulados/malhechores. Obsérvese que este paralelismo ya entraña una equiparación: el justo es el atribulado; el impío es el mismo malhechor. El impío es aquel que hace el mal, el impío es por definición malvado, perverso, inhumano, desnaturalizado. Y donde pone su planta deja su simiente dañina, su pisada calcina la vida.

 

Esa dualidad conduce a unas consecuencias igualmente opuestas: A los atribulados los escucha, los libra de angustias, los salva de todos los males, los libra, cuida de cada uno de sus huesos, los redime. / En cambio, ¿qué pasa con el impío? El Señor lo enfrenta, borra su memoria de la tierra, sumiéndolo en el olvido, ese será castigado, porque el malhechor no queda impune.


El versículo responsorial también identifica al justo con el atribulado: esta identificación es sapiencial, y garantiza que el atribulado no está desamparado en abandono. Goza de la cercanía del Señor, Él es su Go-El.

 

Jn 7, 1-2. 10. 25-30

No intentar constreñir al Señor

La fe es una relación: entre la persona humana, todos nosotros, y la persona de Jesús, donde el Padre juega un papel decisivo, y naturalmente con el Espíritu Santo, que está implícito aquí… No basta ni siquiera asistir a un milagro, como el de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron.

Papa Francisco

Jesús se limita en su accionar al territorio de Galilea. Esta perícopa hace pie en la insistencia de los “hermanos” de Jesús que le instan a que suba a Jerusalén para la Fiesta de las Enramadas (o de los tabernáculos, o de las chozas), y que se manifieste como Mesías. Empero, Jesús entiende que su destino es distinto, dilata la subida, pero no deja de ir. Sabe que la muerte en cruz lo aguarda, pero no está en Él poner premura a lo que su Padre va llevando con un ritmo hierático.

 


Sin embargo, va κρυπτῷ [krypto] “encubierto”, “en secreto”, “clandestino”, (los que aman los eufemismos prefieren decir “anónimo”, pero de Jesús no se puede decir anónimo, porque Él no carece de Nombre, al contrario, su Nombre anuncia y declara la economía soteriológica: YHWH salva).

 

A pesar de todo, no le presta demasiada atención a las amenazas de muerte que lo circundan y empieza a predicar, muy abiertamente, lo que genera una cierta ambigüedad, algunos -que saben que está marcado para servir de victima expiatoria se preguntan: ¿No es este al que planean matar? Y entran en duda: quizás los “principales” lo aprobaron, y no encontraron nada “peligroso” en su disertación, y se lo habrán permitido. O, en el mejor de los casos, reconocieron que es el Mesías.

 

Pero el problema estaba en que, según las señales y el código de desciframiento para la identidad del Mesías, nadie sabría de dónde venía, y Este, todos sabemos que es un Nazareno, el “hijo del artesano”.

 

Y Jesús les dice, bien claro, a voz en cuello, para que todos puedan confirmar que lo dijo: “De mi conocen la procedencia, pero, eso no es lo que han de tomar en cuenta, sino que he sido Enviado, lo que deben reconocer y admitir es Quién-me-ha-Enviado, ese es el verdadero punto. Si no saben Quién es el Padre, ¿cómo podrán reconocer que Él es el Hijo?

 

Pero, aun cuando les habló del Padre-Celestial como su “Enviador”, ellos no pueden auscultar este “Divino-Emisor”. ¿Qué saben ellos del Padre-Celestial? Y, nosotros… ¿alcanzamos a vislumbrar algo?

 

Aquí viene otro signo: Tratan de πιάσαι [piasai]; “agarrarlo”, “echarle mano”, pero, no lo consiguen porque Él es ἐπέβαλεν ἐπαὐτὸν τὴν χεῖρα [epebalen ep auton ten cheira] “inasible”. 

 

Hasta que llegue su ὥρα [hora] “Hora”, entonces, solo entonces, se dejará “sujetar”, “prender”, “apresar”, y mansamente será conducido al “matadero” (Cfr. Is 53,7), como lo comenta José Luis Caravias: “allí Dios garantiza la victoria del Servidor, pero por caminos desconcertantes”.

 

Estos caminos desconcertantes nos hacen inclusive más difícil “asir”, “aferrar” a Jesús. Nuestro intento es sujetarlo, agarrarlo, casi a la fuerza, καὶ ἐξῆλθεν ἐκ τῆς χειρὸς αὐτῶν [kai exelten ek tes cheiros auton] “se les ‘escurrió’, se les ‘salió’ de manos”: «Las tinieblas no pueden sofocar la Luz (1,5): al atraparla, quedan derrotados. Es un anticipo del éxodo pascual» (Silvano Fausti).

 

En el verso 7, 24 Jesús denuncia por qué estamos atrapados en nuestros bloqueos mentales: “No juzguen por apariencias, sino juzguen con justicia”. Lo que nos atrapa son las ὄψιν [opsin] “apariencias” que viene de la raíz griega ὄψ [ops] “relativo a la vista”, “lo que se ve por fuera”, el “aspecto exterior”, “cierta superficialidad”. Es una consigna que nos entrega Jesús, no quedarnos con lo que está en la superficie, sino ahondar para llegar al núcleo donde subyace la “justeza”, “la esencia veraz”. Cuando Jesús nos llama a obrar con justicia y a buscarla con presteza, nos está indicando el sentido ético que nos lleva a actuar con rectitud para garantizar los derechos humanos. El derecho humano está en el meollo de la enseñanza cristiana. Es preciso poner en oración este “concepto”, dejar que el Espíritu Santo ilumine qué quiere decir la Justicia para Jesús, como pivote de nuestra fe y de nuestra práctica cristificadora. Especialmente, porque podemos caer en el leguleyismo que tanto criticó Jesús a los “fariseos” y pasar a pensar que la justicia está relacionada con el formalismo “jurídico” deshumanizante.


No es que Jesús juegue a las escondidillas con nosotros, no es que se ponga “mascaras” para que no podamos reconocerlo. No es un concurso de “enigmas”. A Él no le puedes decir decreto tal, artículo tal, parágrafo pascual. ¡Él se manifiesta! El Hijo se queda con nosotros, pero no podemos obligarlo, sigue actuando libérrimamente.

miércoles, 18 de marzo de 2026

SAN JOSÉ ESPOSO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


En nuestra muy modesta opinión, consideramos que es de suma importancia que tengamos una visión general de la historia; no que tengamos que volvernos expertos historiadores y geógrafos, pero si una perspectiva integral-universal que nos permita la exegesis textual y poder dar los pasos necesarios para ejercer una hermenéutica prolífica y eficaz. La dificultad, como la vemos, es que a veces nuestra pobreza en este sentido es extrema, y sólo contamos con retazos dispersos, con enormes vacíos entre uno y otro; siendo así, es muy difícil que nuestra lectura bíblica sea fecunda y vayamos más allá, superando la ceguera. Ser fieles a nuestra fe y al pacto de la Alianza, entraña superar estos vacíos.

 

Estamos obligados también a repetir aquello de que nosotros no leemos la Biblia para “saber datos curiosos”, sino para poder cristificar nuestra vida y vivir una experiencia real de discipulado. Suele suceder que nuestro conocimiento del Pentateuco es aceptable, y nuestro manejo de los Libros de los Profetas es regular, inclusive tolerable; pero, los Libros que median entre estos, nos resultan lamentablemente desconocidos, y de ellos solo conservamos en la mente y en el corazón, algunas páginas anecdóticas que no llegan a ofrecernos un continuo articulado que hile una intelección suficiente del Plan Soteriológico que Dios ha trazado.  Este “saber” religioso es condicionante para que nosotros podemos unirnos a la historia y formar parte de la Alianza ofrecida.

 

2Sm 7, 4-5a. 12-14a.16

1 & 2 de Samuel eran originariamente un solo rollo -nos parece que esta idea es fundamental para entender que no se trata de dos “Libros” distintos-, ahora que manejamos “Libros” hablamos de los Libros Primero y Segundo; lo que pasaba era que, en los tiempos de la escritura en rollos, cuando eran muy extensos era muy complicado manejarlos, y, entonces se prefirió partirlos en dos rollos, y así han llegado a nosotros. Lo mismo paso con el rollo de Reyes, por el tema de la dificultad para ir desenrollando de un lado y enrollando del otro, para poder encontrar un pasaje determinado, se terminó por distribuir el todo, en dos rollos también; 1 & 2 Reyes e igual con Crónicas.


El nombre Samuel שְׁמוּאֵל [Shmu-Él] "Dios me ha escuchado", lo que hace referencia a la historia bíblica de la madre de Samuel -Ana-, quien rogó al Cielo pidiendo un hijo; está muy directamente conectado con la palabra שְׁמַע [Shema], “Escucha”, y se podría traducir como “Escuchado por Dios”. El lema para su escudo habría sido: “Habla Señor que tu siervo escucha”. Samuel cumplía, primero, funciones Sacerdotales, después paso a formar parte de los Jueces, y posteriormente, recibió un encargo profético, que terminó siendo su papel principal en la historia. Lo que acabamos de decir lo podríamos sintetizar presentando a Samuel como un personaje de transición, de la era patriarcal, pasando por su rol de Juez hasta llegar a la época profética.

 

El capítulo 7 del Segundo de Samuel, de donde tomamos la perícopa para hoy, encierra una enorme importancia; se está contando la unificación nacional y cultual del reino de Israel, David ofrece a Dios construirle un Templo, pero Dios rehúsa, y ofrece mejor, que sea Él, quien le construya a David, una “casa”, un “linaje”, una “descendencia”, ¡se trata de la Promesa Mesiánica!


Esta profecía se cumplirá en el futuro, como leemos con todas las letras en la misma profecía, será después de la muerte de David, cuando él haya sido sepultado con sus antepasados, -la Escritura no especifica cuál será le extensión de esa pausa hasta el cumplimiento; Dios ofrece -por medio del profeta- que un descendiente davídico (le dice que será fruto de sus entrañas), detentara título de Rey, por eso es Mesías, porque será Ungido-Rey; Dios lo tendrá por Hijo y Aquel Hijo reverenciará y adorará a Dios como Padre. El Mesías estará por siempre ante los Ojos de Dios, y Dios estará eternamente Presente para el Mesías.

 

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Sal 89 (88) 2-3. 4-5. 27 y 29

Como estamos hablando del Ungido, del Mesías, este salmo es un salmo del Rey. En muchas culturas, se celebraba con gran pompa y boato, la entronización del Rey. Dios no es un rey que se destrona y se instala otro, él está eternamente en su Trono y su Realeza es inamovible. Pero, los mejores y más solemnes protocolos estaban destinados al rey; y por eso se resolvió instituir una liturgia de Entronización Real, para Dios. Se entiende que estas liturgias nos sirven a nosotros para que podemos tener bien presente y no obliterar que aceptamos-reconocemos al Mesías como nuestro Rey.

 

En la primera estrofa se refiere a la fidelidad de Dios, explicándola como un “edificio eterno” y, en esta lógica ¿qué es la fidelidad?, ¿en qué consiste la אֱמוּנָה [emunah] “Fidelidad” de Dios?: ¡En Su Misericordia! Esa חָ֫סֶד [checed] “Misericordia” merece ser alabada y cantada, porque esa Misericordia es más firme y estable que el mismo cielo.


En la segunda estrofa se hace confesión de permanencia de Dios en Su Trono por los siglos de los siglos.

 

La tercera estrofa, para darnos una idea del perfil de Dios nos da algunas expresiones con las que se Le invocará; “mi Padre” / “mi Dios” / “mi Roca salvadora”: y termina declarando que la Alianza entre el Mesías (representante de su Puebla), contará siempre con la Alianza que -con él- será siempre estable.

 

Los investigadores ven este Salmo como una obra exilica o post-exilica que se desconcierta con la discontinuidad de la Alianza, como si Dios los hubiera descuidado, pero a medida que avanza, el propio salmista cae en la cuenta de que no hay tal, que Dios no es voluble, y descubre -en medio de su triste realidad- que puede seguir contando con su Dios-y-Señor.

 

¡Muy directamente emparentado con 2R 7. La tercera parte del Salmo es un himno quejumbroso que mira con los ojos desorbitados las humillaciones en las que fue sumida durante la deportación. Y así concluye. Nosotros también miramos con desconcierto dolorido al crucificado, pero nuestra misión consiste en sobreponernos al desánimo y recordar que en el fondo está la Pascua de Resurrección. Nada de desespero, ¡Él ha triunfado!

 

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Rm 4, 13. 16-18. 22

Allí donde parece dejarnos tirados el Salmo responsorial, sumidos en el desconsuelo y la derrota, se inscribe la Segunda Lectura: Apoyados en la esperanza, creyendo contra toda esperanza, reconocer que no es la idolatría a las legislaciones la que nos llevará a heredar la Promesa- con el obcecado apego a la Ley- sino la gratuidad que se filtra por entre nuestra aceptación y reconocimiento de “Creer”.

 

Contra la fuerza de cualquier lógica que quiera movernos al desaliento y poner por encima la victoria del Malo, tenemos que confiar en la Alianza y aferrarnos a la fidelidad de la Promesa, que no es otra que la que le regaló Dios a Abraham, recibir en heredad el mundo. Lo que destaca esta perícopa es precisamente que «… la fe es una experiencia de vida. Es penetrar en los planes de Dios. No se reduce a creer en verdades (dogmas), sino que es creer en Dios y poner la propia vida en sus manos. Es romper la barrera de lo posible para lo que aparentemente es imposible». (Carlos Mesters).


Las maravillas del Amor que el Padre nos ha manifestado a través de Cristo, dan una esperanza sin límites. Al que ha sentido profundamente, como Pablo, ese “me amó y se entregó por mi” (Gal 2, 20), se le llena el corazón de una confianza total en la fidelidad del Dios que es Amor. Es una certeza firme y arrolladora, que nada ni nadie puede demoler… Lo mismo que Pablo, también cada uno de nosotros podemos llegar a tener la misma fe que él en el Amor que Dios nos tiene. Cristo se entregó por cada uno de nosotros en particular. Por eso podemos esperar contra toda desesperanza. Pues no se trata de esperar premio a nuestros méritos personales. Sinop de dejarse amar por Cristo; de abrirle nuestras puertas y dejarle actuar en nosotros» (José Luis Caravias, S.J.).

 

Del año 53 al año 58 San Pablo residió en Éfeso, donde escribió a los filipenses, a los gálatas y también a los corintios. Ese es el origen de esta carta a los Romanos que -según se ha investigado- data del invierno del 57 al 58.

 

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Mt 1, 16. 18-21. 24ª

Toda familia necesita al padre. Hoy nos detenemos sobre el valor de este rol, …

Papa Francisco

«… quisiera comenzar por algunas expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud"(Pr 23,15-16).

 

Este padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sentiré actuar con rectitud. No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio.

 

Esto es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías".

 

"Te he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido solamente complicidad y protección. Yo mismo he debido, en primer lugar, ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora –continúa el padre- cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un padre maduro".

 

"Un padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. ¡Pero cuánta consolación y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honores a esta herencia! Es una alegría que rescata toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura toda herida".

 

"La primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando osan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino. Padre presente, siempre». (Papa Francisco)

 

Mateo ha edificado la genealogía de Jesús basado sobre San José. Nos relata que María Santísima estaba “desposada” con José; y, Ella -contra la lógica humana- resultó esperando su Bebé, engendrado por el Espíritu Santo.

 

José nos es presentado aquí bajo el título de “Justo”, y su “santidad” no le permite entregar a María a la “lapidación”. En su corazón diseña una ruta alterna, recibir a María como su esposa, pero darle “repudio secreto”. Dios no puede permitir que su Hijo nazca en el seno de una familia mal avenida, padeciendo de rencores y sombras que se interpusieran a la edificación de las sanas relaciones de una familia.

 

Así es como Dios envía a su Mensajero (Ángel) que – a través de los sueños-  le “revela” a José (nombre que significa “Dios añade”, que transmitiría que Dios dará todo lo necesario e indispensable a través de Aquel Santo Varón), que no enfrenta una situación de infidelidad conyugal, sino que Ella es “instrumento Salvífico” (es una forma de hablar, Dios no instrumentaliza a nadie, lo que atentaría contra la dignidad creatural) del Señor que la ha adornado con la maternidad del Engendrado-por-el-Espíritu-Santo.

 

Le indica el Nombre (Nombre sobre todo Nombre) que llevará ese Hijo: Jesús “YHWH Salva”; su función salvadora queda definida claramente en la perícopa donde se señala que “Salvará a su Pueblo de los pecados”.


Concluye esta perícopa marcando un don que adornó a este Santo Patriarca: la obediencia, el acatamiento de tomar a María y llevársela como su “mujer”: ἐποίησεν ὡς προσέταξεν αὐτῷ ἄγγελος Κυρίου. Aquí debemos resaltar el significado de ἐποίησεν que implica “hacer algo aun cuando se presenten obstáculos aparentemente insalvables”, ya ahí “Dios añade” la sumisión y observancia para no contradecir y menos desafiar o ignorar el pedido Divino; o sea la coherencia para ser “justo” en el sentido en que, en aquella cultura se entendía, como plegamiento y acogida a la Voluntad de Dios.

 

Cuando alguien repliega su egoísmo y se sobrepone a su propio voluntarismo, acogiendo la Voluntad Divina, indudablemente no se pasa por encima de la libertad personal y no se instrumentaliza a la persona, sino que, Dios acoge la “entrega” y la “disponibilidad” que la criatura ofrece libremente.

 

«Jesucristo, ayúdame a edificar mi propia santificación en la entrega generosa, en la búsqueda de tu gloria y en una esforzada abnegación de mí mismo, siguiendo el ejemplo de San José»

martes, 17 de marzo de 2026

Miércoles de la Cuarta Semana de Cuaresma

 


Is 49, 8-15

Ya llegan tiempos mejores

Vamos a hacer otra visita al Deutero-Isaías, caps. 40-55. Segunda parte de este Libro, este bloque de Isaías es, desde nuestra óptica, la consolación de Israel. Recordemos que esta parte fue escrita desde el exilio, en Babilonia, y el anuncio consolador consiste en vaticinar el pronto regreso y las condiciones positivas en las que se producirá.

 

Nunca, al leer esta parte de Isaías, se puede ignorar que su columna vertebral es el Canto del Siervo Sufriente. Formado por los cuatro Canticos:

      i.        42, 1-9

     ii.        49, 1-6

    iii.        50, 4-11

   iv.        52,13 – 53,12

 

La perícopa que nos ocupa hoy, va exactamente después del Segundo Cántico, podríamos intitularla “Magnifica Epopeya del Regreso”. Es Dios Quien habla para garantizar la Glorificación del Siervo Sufriente. Su humillación será trasformada en Ensalzamiento (Alabanza, Engrandecimiento).

 

Con el retorno sobrevendrá algo más Grandioso, será a nivel Cósmico y nos engarza con la segunda parte del Libro de la Consolación que va del 49,14 – 54,17, se apunta, no sólo al regreso, sino que se proyecta hacia la Restauración y la Repoblación de Jerusalén. La que viene a continuación es una perícopa Jerusalén-céntrica, donde su anuncia su reconstrucción.

 

Dicho lo anterior, ya tenemos un marco co-textual para la perícopa de hoy, tanto un antes como un después.

 

Sabiendo que se acaba de ver el Segundo Cántico, se puede interpretar que es por mediación del Siervo que se dará la Reconstrucción: El pueblo estaba afligido, el Señor se  ha רָחַם [racham] “compadecido” (יְרַחֵֽם [yerahem]) (49, 13), y le ha regalado Consuelo.

 

Antes de recibir su Consuelo ¿Qué decía el pueblo? Pues daba expresión al desaliento que le provocaba esa sensación de Orfandad-de-Dios, de Abandono.

 

«¿Cuál fue la idea errada sobre Dios que desequilibró la vida del pueblo? Fue la idea de un Dios cuyo favor y protección pueden ser comprados por medio de promesas, ritos y sacrificios; un Dios que la gente sólo usa mientras sea útil y fácil. Una idea así es como un comején: va comiendo la fe por dentro». (Mesters, Carlos O.C.D. LA MISIÓN DEL PUEBLO QUE SUFRE).


Viene esa expresión de Fidelidad de YHWH, tan emocionante, tan entrañable, que define la Relación de la Alianza, el parentesco que Dios ha tenido a bien, ejercer con nosotros, hijos de sus Misericordiosas Entrañas:

 

Pero, ¿acaso una madre olvida

o deja de amar a su propio hijo?

Pues, aunque ella lo olvide,

Yo no te olvidaré.

 

Sal 145(144), 8-9. 13cd-14. 17-18

Este es un himno de Alianza. Como quiere cantar la totalidad de la Alianza, en todos sus aspectos, lo hace por medio de este Salmo Alefático. Siempre que se apalea al truco del acróstico en el que cada verso empieza con un a letra del alefato y así por las 22 letras, quiere decir que el Cántico está inspirado con un espíritu holístico.

 

Se quiere hablar del Reino de Dios, y para ello se recurre a una doble vertiente:

-De una parte, se citan sistemáticamente las cualidades divinas más pertinentes al objeto que se quiere resaltar, pero esa Omnipotencia que detenta Dios, no está desbordada, por el contrario, tiene un límite muy preciso, es una Monarquía, pero “constitucional”. Hasta donde se atreverá a llegar Dios, hasta donde no dañe a su criatura. El mismo se delimita en su Acción a los márgenes de Su-Ser-Bondadoso-AmorosoPaterno-Maternal.

 

Dios se da a conocer como un Dios que está dispuesto a ceñirse a una delimitación: Nunca irá más allá del Bien-para-Su-Criatura. Y -como si fuera poco- llegará a “entregarse” por nuestro Bien.

 

Veamos muy someramente los resplandores que lo Configuran:

-       Clemente y Misericordioso

-       Lento a la cólera, Rico en piedad

-       Cariñoso para con sus criaturas.

-       Fiel a su Palabra

-       Bondadoso en todas sus acciones.

-       Sostiene a los que van a caer y endereza a los que empiezan a doblarse.

-       Justo en todos sus caminos

-       Cercano (para los que lo invocan con un corazón sincero).

 

Durante mucho tiempo no pudimos generar otra teología que aquella que miraba que los reyes son inaccesibles, se requiere pedirles previa cita; y son “personajes” tan ocupados, que no hay ninguna cabida en sus comprimidas agendas: Dios tenía que ser distante, dada Su Majestad. Sólo se le veía pasar de lejos, y siempre con un cercado de escoltas, (por eso, andar con sequito era imprescindible).


Esta manera de ser fue ampliamente ilustrada-desmentida por Jesús que nos mostró siempre su apertura, su cercanía, su acogida indiscriminada, incluyente para el publicano y el pecador, el leproso y la adultera. Incluso una mujer de mala fama, puede llegar hasta Él y derramar perfume en sus pies, y enjugárselos con su cabello.

 

Este Salmo de la Alianza no es para batir palmas en favor del Rey; sino, para enseñarnos una Nueva Definición de lo que es un מֶלֶךְ [melej] “Rey”: Un-Rey-de-Verdad cercano, Un-Dios-con-Nosotros. Que nos acompaña siempre: de día como Nube y de noche como Columna de Fuego, Faro-Caminante.

 

Jn 5, 17-30

…quieren matarle. Se hace igual a Dios. La situación aquí representa las polémicas de los años 80-90 dC. Fue precisamente esta alta cristología la que levantó barreras entre la comunidad judía y la del discípulo amado. Fueron estas las polémicas que finalmente provocaron la ruptura y expulsión de los cristianos de la sinagoga.

Augusto Seubert

Cierta teología con cierta raigambre judía, lee el Séptimo día como un día en el que Dios quiere ocultarse, como una especie de niñera que se fatiga con las travesuras de los chiquillos y quiere tomarse un descanso, un día de asueto. Quiere que sea un día de gratitud, pero no quiere saber nada de nosotros, ni de nuestra gratitud, ni de nuestra “contemplación”.


Ayer, considerábamos el tema de la “sanación” / “sábado”, dos conceptos que aparecen como contrapuestos, inclusive, aún más, francamente opuestos. El judaísmo oficial quería tener a Dios a raya durante el Sabbat, detrás de una reja electrificada, allí muy juicioso debía abstenerse de hacer cualquier cosa: el sagrado-séptimo-día, donde -siguiendo la Torá- estaba marcado por la abstención de cualquier clase de trabajo.

 

Jesús, a quienes no estaban (ni están) dispuestos a reconocer su condición de “Ungido”, se niega a aceptar esta reclusión carcelaria. Sanó al invalido de Bethesda y -para acabar de agudizar la crisis- le ordenó recoger y portar su camilla.

 

Así las cosas, Jesús les borra de un plumazo su idea de un-dios-cansado- de bregar con nosotros. Les informa que Él actúa sin parar y añade aún otro dato: Él, en tanto que Hijo, obra con el mismo talante de su Padre: ¡sigue actuando!

 

¿Han visto ustedes a alguien airado? ¡Es muy fácil llevarlo al paroxismo! Pues estos “judíos”, alcanzaron el nivel de arrebato, cuando Jesús dice de Sí-mismo, que es el Hijo.

 

Y les adjunta algunas (una docena) precisiones:

1)    El Hijo no actúa según su capricho, sino conforme le “enseña” su Padre.

2)    Así como el Padre resucita muertos, así también el Hijo da Vida.

3)    El Padre no se ocupa de Juzgar

4)    El Padre nos ha dado el “paradigma” para que, al juzgar, lo hagamos nosotros mismos, remitiéndonos al Prototipo: El Hijo.

5)    Y, ha obrado así para darle toda Honra, y Honor y Majestad al Hijo, que será Dignificado como lo es su Padre-Rey.

6)    Llegado el caso de negarle dignificación al Hijo, estaremos deshonrando al Padre.

7)    El que acepta la Palabra de Jesús y cree que Él es El Enviado del Padre, queda exceptuado de “juicio” y se hace acreedor a la Vida Eterna: Pasando -ya aquí en tierra- de la Muerte a la Vida.

8)    El tema de la “Hora”: Los que ya murieron, también oyen La Voz, y sí la acogen como la Voz del Unigénito, ¡vivirán! No quiere decir que se levantaran aquí, a departir con nosotros, sino que serán aceptados en la Vida Perdurable.

9)    Padre e Hijo, son portadores en Sí-mismos de la Vida.

10) Para los hacedores de “Bien” (no se dice que, a los rezanderos, tampoco se dice que, a los coleccionistas de estampitas religiosas, se dice que ¡los hacedores de Bien”) “saldrán a una resurrección de vida”.

11) Los malhechores, “a una resurrección de “Juicio””.

12) Jesús no ha venido a implementar su arbitrio y a hacer lo que a Él se le antoje. Sino, a “hacer la Voluntad del que Lo Envió”. (que fue lo mismo que dijo en el Primer Punto, para cerrar el círculo).

 


«Les escribimos a ustedes acerca de aquello que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Porque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos. Se trata de la Palabra de Vida. Esta vida se manifestó: nosotros la vimos y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes esta vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos ha manifestado». (1Jn 1, 1s)

lunes, 16 de marzo de 2026

Martes de la Cuarta Semana de Cuaresma


Ez 47, 1-9. 12

…el que cree en Mí, nunca tendrá sed.

Jn 6, 35ef

 

El profeta יְחֶזְקֵאל [Yejeskel] Ezequiel (cuyo nombre significa “Dios fortalece”) profetizó entre 586 y 538 a. C. según unos; y entre el 593 y el 571, según otros. Procede de la “casta” Sacerdotal -lo cual es de crucial interés, porque inevitablemente ve las cosas desde esa perspectiva, lo que conduce a que su predicación se centre en cuestiones morales y legales, relacionadas con el Templo y la Torah-, fue llevado cautivo a Babilonia y ejerció allí su profetismo. El profeta tiene varias visiones y se puede caracterizar como el profeta de las acciones simbólicas. Su simbología empalma perfectamente con el lenguaje apocalíptico.

 

Para comprender la estructura de este Libro podríamos segmentarlo como sigue.

i)              Los capítulos 1-3 la introducción que nos muestra la vocación de Ezequiel.

ii)             Los capítulos 4-24 contiene las imprecaciones -contra los Israelitas- ante el cerco de Jerusalén.

iii)           Los capítulos 25-32 son portadores de las maldiciones contra las naciones de los pueblos infieles.

iv)           Los capítulos 33 al 39 nos encontramos frente a un segmento de “consolación”.

v)            Los capítulos 40-48 se nos da una visión del Templo escatológico y la Jerusalén del futuro: es la cuarta gran visión. En ella se compilan años y años de reflexión.

 

El marco temporal es la era de la decadencia de Nabucodonosor

·         Como cosecha de la experiencia vivida

·         Como proyecto a desarrollar en el futuro

·         Como ensamble teocrático para el gobierno en los tiempos venideros.

 

Tres temáticas se desarrollan en esos nueve capítulos finales:

1)    La arquitectura del templo y de la Jerusalén venidera.

2)    El desarrollo de una legislación acorde con este esjatón, el linaje sadoquita del Sacerdocio, con una separación más o menos neta del gobierno respecto del Sacerdocio que detentaría la autoridad mientras que el conjunto del rey y su corte estarían limitados a funciones administrativas.

3)    El reparto y distribución de la tierra prometida. Versos 1-8 del capítulo 48.

 

«Es tradicional en Israel la concepción de Dios como agua viva: “Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se cavaron aljibes agrietados que no retienen el agua” (Jr 2,13) Ezequiel dice que Dios está en el destierro, pero volverá templo y producirá esa corriente de agua viva que brotará en explosión de triunfo de la vida vegetal, animal y humana. Será el triunfo sobre todo lo hostil a la vida: el agua salitrosa quedará saneada, la estepa árida se trasformará en ubérrimo huerto de frutales, toda enfermedad será curada». (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)

 

Había un rio en el Edén (Gn 2, 10-14), que es el antecedente del agua que pasa por el Templo y nutre toda la vida y sanea todo a su paso. Y una prolepsis, que fluye y camina por la Puerta de las Ovejas, liberando, saneando dando Vida y Vida Eterna. «El texto de Ezequiel se inscribe en la concepción del agua como origen de la vida. En la imagen de la cierva sedienta se encuentra el tema de la sed: el agua mantiene la vida; y el agua en forma de lluvia se relaciona con la vida en el aspecto de fecundidad, semen, más origen que mantenimiento de la vida… El agua del texto es agua dulce, pero también puede entenderse el agua del mar, porque las concepciones míticas no apuran el dato científico. Ezequiel piensa en el agua “viva”, agua de manantial que brota y fluye en forma de rio o de torrente. Un dato importantísimo es que el agua de Ezequiel brota del templo, que es su fuente». (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)  

 

Como realidad teocrática, del Templo emana toda autoridad y toda vitalidad.  Del Templo dimana toda la fertilidad. Es tal la vitalidad del agua que mana el Templo que sanea hasta las aguas del mismísimo Mar Muerto.

 

En realidad, esta Lectura de hoy nos predispone para la Liturgia del Agua a la que asistiremos en la Gran Vigilia Pascual (En ella leeremos nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo, intercalando entre Lectura y Lectura, un Salmo Responsorial; en esa Celebración leeremos también de Ezequiel, del capítulo 36- trece versículos 16-17a. 18-28 -a manera de 7ª Lectura -antes de proceder a las dos Lecturas del Nuevo Testamento- que nos habla del cambio que Dios operará en nosotros, cambiándonos el corazón de piedra por uno dócil).

 

El Agua que brota del Altar es el Agua de Vida: Del Altar brotara también el Verdadero Maná el Pan de Vida- y la Sangre para lavar nuestras Vestiduras.

 

«En levante está el Jordán, y más abajo el mar Muerto, al oriente de Jerusalén. Ese manantial del templo se convierte a los dos kilómetros en rio invadeable. Toda esa zona es esteparia y se lama algarabá; pero cuando vuelve de ese viaje visionario, se encuentra con la frescura de una arboleda que ha crecido en ambas márgenes del río. La fuerza del agua “viva” vence la infecundidad del agua pútrida, poblándola de seres vivos. La alusión a las aguas fecundas del Génesis es clara. A través del agua “viva”, la fecundidad brota en todas sus formas» (Schökel, Luis Alonso; Gutiérrez Guillermo)  


De esa fuente que brota del baptisterio, manarán los nuevos cristianos. La Lectura hace énfasis en el poder sanador de las aguas y en la vitalidad que ellas prodigan.

 

Sal 46(45), 2-3. 5-6. 8-9

La fuente que mana en Jerusalén es la de Siloé. Para el judío, esta fuente le habla de la Gloria de Dios y de alguna manera alude al antídoto de lo más temido en aquellas culturas: La muerte de sed.

 

¿En Qué Dios creemos? En el Dios histórico que conoció Abrahán, el Mismo que conoció Jacob. Nuestro alcázar como vamos a decirlo y a repetirlo cuatro veces: es el Dios de Jacob. Él, que es el Dios Universal, está con nosotros. (Que además también significa que está de nuestra parte).


Este es un Salmo de Sion. Y si hemos de compaginarlo con la Primera Lectura, tendremos que pensar que se trata, no de cualquier Jerusalén, sino de la Nueva Jerusalén (ironía de las ironías, Jerusalén significa “Ciudad de la Paz”). Jerusalén es sinónimo de inexpugnable, por eso, el salmo la adjetiva מִשְׂגָּב [misgab] “Alcázar” que es una palabra de origen árabe: Al-qasr, que viene a ser “fortaleza”, porque no era una ciudad inerme, sino que en ella acampaba un ejército. ¿A qué ejército se referirá? Al de YHWH, el Señor de los ejércitos: YHWH Sabaoth, Dios de los ejércitos.

 

1ª estrofa: así tiemble la tierra, no nos da miedo, aun cuando los montes se derrumben o se hundan en el mar, tenemos a Dios que nos defiende de todo peligro.

 

2ª estrofa: esta ciudad tiene su rio. Que garantiza verdor imperecedero, es la manera como Dios consagra su Ciudad Santa. Como Dios está allí absolutamente Presente, desde la primera hora de la mañana, sabemos que Dios está aquí para guardarnos.

 

3ª estrofa: Es la invitación -porque esa es nuestra invitación- convidarlos a todos, a toditos, que vengan a ser testigos de la Grandeza Incalculable del Señor. Que veamos atónitos sus obras, ¡Vengan a descubrir y asombrarnos de todas sus maravillas!

 

 

Jn 5, 1-3a. 5-16

La iglesia tiene siempre las puertas abiertas. Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a encontrar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿Le regaña por estar herida? No, va y lo carga sobre los hombros. Y esto se llama misericordia.

Papa Francisco

El marco espacial de esta perícopa del Evangelio joánico, es la Puerta de las Ovejas -en Jerusalén había una puerta, llamada la puerta de las ovejas, por ahí entraban los animales destinados a ser sacrificados en el templo-, con una Fuente, la de Bethesda -esta palabra significa “Casa de la Misericordia-, (formaba parte de parte de una especie de orfanato para enfermos dedicado al dios greco-romano de la salud y el bienestar Esculapio). Y tenía unos pórticos, en número de cinco. Allí, arrinconados sucesivamente estaban todos los limosneros: ciegos, cojos, y tullidos todos tirados por el suelo, tendidos, con sus manos suplicantes.


¿Por qué ciegos? porque tenemos una manera de mirar que mira sin ver. ¡No vemos!

 

¿Por qué cojos y paralíticos?  Porque Jesús nos invita, nos llama, pero, a nosotros nos cuesta tanto incorporarnos y seguirlo. Él nos la pone lo más fácil que se pueda imaginar, pero, si uno está tullido, ni modo, ¡no arranca!

 

Pero el asunto se pone más complicado si vienen algunos a decirle a los llamados que no lo sigan porque esa invitación es violatoria de “principios fundamentales”, que la religión los desprecia porque si padecen estos males es precisamente por “impuros”. Y se incurre en el purismo de estos “judíos” que le encuentran buen obstáculo a la sanación, porque al que ha “sanado” se le encargó recoger su camilla y llevársela. ¡En sábado no puedes cargar una camilla! Pero es que esta gente “impura” que Jesús sanaba eran del grupo de los “ignorantes” ¿Quién te ha mandado eso? No les importa verlo andando, superada su parálisis, y no se admiran de lo admirable. Sólo miran con su enceguecida memoria hacia los listados legislativos: ¡leguleyos redomados!

 

Para estas personas, se inventó el semáforo, y debe permanecer siempre en rojo. Nunca ha de cambiar a verde (los otros bombillos, fuera del rojo son inútiles, están ahí, de adorno). Si hay algo en el camino, pongamos por caso una camilla ahí botada, con mayor razón, que siga el semáforo en rojo. Pero, alzar la camilla, quitarla de la vía, suprimir el estorbo ¡ni de riesgo! ¡eso nunca! ¡Anatema!

 

A nosotros nos suena fácil, pero nuestro tozudo semáforo en rojo, también es pertinaz, en otros aspectos, nosotros también tenemos nuestras “camillas” inamovibles. Pues para ellos es esencial: Una manera de refrendar que habían sido librados de la esclavitud en Egipto y una manera de agradecer el precioso don que habían recibido del Potente Brazo del Señor.

 

No se puede menospreciar la fidelidad judía a este respecto, más bien meditarla y aprender todo lo bueno que de ella deriva. Tampoco estar demasiado prestos al abandono de los elementos de fe que hemos heredado. Pero no cambiar por cambiar, sino cambiar permaneciendo firmes en lo que la Iglesia enseña, ella es guardiana, conservadora de la verdadera fe. Pero de lo esencial, no de las regulaciones con impronta humana.

 

Leyendo la perícopa con atención vemos que para Jesús lo importante es liberar de la condición de inmovilidad y que el “tullido” pueda disfrutar de su “autonomía”, de su Libertad para desplazarse. Pero debe -como gratitud- quedar muy vigilante para “no pecar más”.

 

Hay que notar el muy escaso interés que pone Jesús en que sepan quién es el obrador de tanto bien: Lo sanó, lo despacho con bien, pero no le dijo ni siquiera el nombre, no hay ninguna seña de proselitismo en su ejercicio taumatúrgico. Cuando le preguntaron quién le había mandado cargar la camilla, él no pudo dar razón.

 

Jesús no va ganando adeptos, no anda comprando votos, Él va sembrando el Bien, porque el Bien es lo que su Padre Obra Siempre. El Bien es lo que el Padre le puso por Misión.

 

Si el agua que mana del Templo trae “saneamiento”, al levantarse de la camilla, se preanuncia la resurrección. Tan es así que la palabra que se registra en el Evangelio es Ἔγειρε [Egeire] “Resucita”. El que renace, ya no tiene el “defecto”, ha quedado sano. La palabra para “levántate” es la misma que “Resucita”.

 

Tal vez tú también quieras probar las dulzuras del agua de vida, hay allí un agua que manó para ti en el baptisterio, pero no se agota, ¡Él sigue saneando! ¡Ven al confesionario! Hallarás “una Fuente que salta hasta la vida eterna” (Cfr. Jn 4, 14).


Para la época en la que Juan escribió su Evangelio, los sobrevivientes del judaísmo eran los fariseos; bajo esa circunstancia, ya no tiene caso distinguirlos hablando de fariseos, saduceos, escribas. Los que quedaban eran todos judíos. Y, para ese entonces, ¿a qué se dedicaban los judíos? ¡A la persecución de los cristianos! Por eso, en el último versículo leemos: “Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacia tales cosas en sábado”.