domingo, 26 de abril de 2026

Lunes de la Cuarta Semana de Pascua


Hch 11, 1-18

Dios declara puro lo que los judíos declaran impuro.

Vamos a caminar en el sentido que ya se ha anunciado en días previos. Ya antes hemos aludido a esa situación de ampliación de las comunidades y de la inserción de los “helenistas”, pero lo que se produce ahora es una verdadera “metanoia”, un cambio de mentalidad, una visión del hecho desde una perspectiva totalmente diversa. Lo que vamos a tener ahora es a Pedro que ha recibido en un sueño una “revelación” que le explica, le hace entender y lo capacita para explicarle a los hermanos lo que se está dando. Pedro va a “justificar” sus acciones, a la luz de una “reinterpretación” compartida, porque nosotros no podríamos entenderla si Dios no nos la descifrara. Requerimos una exegesis.

 

Estaba San Pedro -en Jafa (Jope), en casa de Simón el Curtidor- sumido en oración cuando recibió -por medio de un ἐκστάσει [ekstasei] “éxtasis” (con toda exactitud significa “sacarlo a uno de su estado psíquico normal” “arrebatarlo, llenándolo de asombro”)- como una sábana grande, como un mantel, como un enorme lienzo; que descendía del cielo con los alimentos que los judíos tienen por impuros, y oyó una Voz que le ordenaba, “Levántate, Pedro, mata y come”; su reacción fue, la natural de una persona de la mentalidad judía, responder con repulsión y negarse. He aquí que la Voz le revela una verdad poderosísima, Dios puede sacar de cosas impuras, lo “puro”; lo que Dios ha limpiado, ha purificado, uno no lo puede llamar “contaminado”, “profano”. Se repitió por tres veces la escena y todo fue llevado nuevamente el Cielo.

 

En aquel mismo momento llegaron tres personas -delegados de Cesarea- a buscarlo y -no se explica cómo, los tres se convirtieron en seis Hch 11,12b (es que aquí está la historia del centurión Cornelio -que se excluye), que lo escoltaron a Cesarea, donde el anfitrión (precisamente Cornelio, cuya participación está narrada en el capítulo 10, 1-33 de los Hechos, aun cuando no se le nombra en ningún momento en esta perícopa -que cumple una función exegética sobre Hch 10, 1-48) le manifestó que había recibido una revelación paralela que le anunciaba que un tal Simón Pedro vendría y le revelaría verdades de Salvación para todos en aquella casa (Cfr. Hch 11,13). Y -según lo cuenta el relato- sucedió el Pentecostés sobre los paganos; experiencia que es un duplo perfecto respecto del Pentecostés para los judíos, que se narra en el capítulo 2 de los Hechos. (Así tenía que ser porque, en cualquier otro caso se habría afirmado que este pentecostés era de segundo o tercer orden y que había recibido una “carga menor” de Espíritu Santo, y lo habría usado de pretexto para reducir la equidad de este derramamiento de Espíritu sobre los paganos).

 

Los hechos con los que la conversión también es ofrecida a los paganos son, pues, estos:

a)    Visita a Cornelio, visión de Pedro y visión de Cornelio. Hch 10, 1-33

b)    Acontecimiento del Pentecostés sobre los Paganos Hch 10, 34-48

c)    Exegesis del Éxtasis Hch 11, 1-10

d)    Exegesis de la visita de Pedro, llevado a Cesarea que entra en casa de un “incircunciso”. Hch 11, 11-14

e)    Exegesis del Pentecostés sobre los paganos Hch 11, 15-18.

 

Todo esto ha supuesto una adaptación, una “plasticidad” para ir forjando la catolicidad, que se flexibiliza frente a los contestos, a la época, al marco de la civilización a la que se llega: se dan las pautas de la “inculturación de la fe” que nosotros necesitamos hacer consciente.

 

Esta, -que llamamos metanoia- que se da en Cesarea, abre una nueva etapa a la Evangelización y dota de una nueva identidad al cristianismo, que ya no estará más cerrado a los judíos, aun cuando tendrá que librar una tesonera labor para derribar las fronteras que los “circuncisos” se empeñaban en sostener como imbatibles.

 

Sal 42(41), 2-3. 43(42), 3.4

Estos dos salmos -conforme se nos presentan en la Biblia hebrea- son en realidad un salmo único, dividido en tres partes algo así como pasado-presente y futuro. Cada parte termina con un estribillo:

“Espera en Dios que volverás a alabarlo:

Salud de mi rostro, Dios mío” //.

 

Son un salmo de súplica. Lo que expresa es el anhelo de volver al Templo para ver a Dios. Parece escrito en el exilio en Babilonia, aquí el pueblo elegido, está representado por un Levita, que echa de menos el culto, y todas las ceremonias que allí tenían lugar ¡Qué nostalgia! El estribillo representa un espíritu de resistencia, a pesar de estar rodeado de personas que se burlan de su fe y le arrostran que, si Su Dios fuera poderoso, no los habría dejado caer en esta situación.


La estrofa 1 de la perícopa proclamada hoy, pertenece y manifiesta la nostalgia del pasado. Las estrofas 2 y 3 se toman del augurio de un futuro resplandeciente, mejor que el pasado. El presente -que se registra en los versos 42(41), 7-12-, no está consignado en la perícopa con ninguna mención. Esta parte está saturada de desánimo y amargura. Quizá por su tinte de aflicción -nada acorde con el sentido pascual que estamos viviendo- se exceptuó.

 

La melancolía, en la primera estrofa, se da a entender con la imagen de la cierva sedienta que busca donde abrevar. Y se pregunta, cuando regresará al culto y al Templo para contemplar de nuevo el Rostro de Dios, y calmar su sed de Dios con el agua de su Presencia.

 

Como alas de águila, una la Luz y otra la Verdad, el salmista suplica ser trasladado al Monte del Templo, en Sion, lugar de la “vivienda” Divina.

 

Actuando como profeta de su propio destino el salmista ya se ve en el futuro, entrando al Templo y aproximándose al Altar de los sacrificios, llenándose de alegría y entonando los canticos acompañados con música de cítara.

 

Jn 10, 11-18

“Pastor Bello” (Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura.

León XIV

Este idioma que es el hebreo, junto con otras lenguas semitas, tiene una manera de pensar la realidad bastante diversa de la nuestra. Por ejemplo, nosotros nos referimos a la “hermosura” para destacar la belleza de rasgos, la magia óptica que desata, la agradable visión que inspira sentimientos de gusto, de placer sensorial. Donde se enfatiza la externalidad. Insistimos que no dice “Buen Pastor”, sino Pastor Hermoso. Pero aquí la hermosura no significa un joven atractivo de dulces facciones, sino que, la “hermosura” de este Pastor consiste en ajustarse perfectamente a la imagen exacta de Pastor, hasta alcanzar el rango de verdadero paradigma del “ser de Pastor”. Él cumple a cabalidad ser modelo de “Pastor”: ἐγώ εἰμι ποιμὴν καλός. [ego eimi o poimen o kalos] “Yo-Soy el Pastor Hermoso”. Esta hermosura se refiere a la coherencia perfecta entre el nombre y el ser, es una hermosura ética, si cabe decirlo.

 

A continuación, dice que un Pastor que verdaderamente se precie de serlo, un pastor modelo, un pastor ejemplar, “da su vida por las ovejas. Aquí se nota que “hermoso” significa que da la talla, que lo es en toda la extensión de la palabra, que es digno prototipo de un verdadero pastor, que es un modelo de lo que debe ser quien así se llame: Es paradigma de Pastor.

 

Es muy interesante que, el oficio de pastor es una profesión no tan decorosa, en el sentido de ser un personaje que por lo general anda sucio y embarrado; no huele muy bien que digamos, al fin de cuentas, cuidar animales no tiene nada que ver con el buen porte y la majestad de la apariencia y el atuendo. Recordemos a esos santos y santas que se han forjado en el camino de santidad, cuidando de los enfermos, por ejemplo, en épocas de peste, no eran dechado de limpieza, pero el alma les resplandecía como el más potente reflector. Sin embargo, para los gobernantes, para los líderes de los pueblos semitas, el ideal del gobernante está en la imagen del “Pastor”. Y aquí establece una comparación muy bien contrastada entre el “pastor” que es dueño de las ovejas y aquel otro que simplemente lo hace por un estipendio: El dueño, se hace matar por sus ovejitas; el asalariado -en cambio- no está dispuesto a poner en juego su propio pellejo.

 

Todo este capítulo del evangelio joánico guía nuestros ojos para educarlos en una nueva manera de ver: No se trata del limpísimo exterior, se trata de la luz que -como de un faro- irradia su portador. La Via Pulchritudinis (camino de la belleza), es una Todo este capítulo del evangelio joánico guía nuestros ojos para educarlos en una nueva manera de ver: No se trata del limpísimo exterior, se trata de la luz que -como de un faro- irradia su portador. La Via Pulchritudinis (camino de la belleza), es una vía pastoral y teológica que busca acercar a Dios a través de la contemplación de la belleza, ya sea artística, natural o en la vida de los santos. La Via Pulchritudinis es una propuesta pastoral centrada en la admiración y la experiencia de lo bello para llegar a la fuente de todo bien, verdad y belleza, que es Dios. Pero esta belleza se la escapa a la superficialidad, a las meras apariencias, a la estética almidonada, es la esencia del Pastor habitando el corazón. 

La hermosura inmanente: Lo bello no puede ser reducido a un simple placer de los sentidos: esto no permitiría tener la plena inteligencia de su universalidad, de su valor supremo, transcendente. Es evidente, su percepción exige una educación porque la belleza no es auténtica sino en relación con la verdad 

 

Las ovejas, como muchos animales domésticos, aprenden a distinguir la voz de su amo. Y cuando lo oyen, le obedecen, y también se le acercan con confianza. Este tipo de relación se teje igual entre los verdaderos discípulos del Señor, a imagen y semejanza de la que se da entre Dios-Padre y Dios-Hijo.

 

En la Primera lectura, veíamos como Jesús, sus discípulos y la Iglesia toda, tiene que darse por aludida en cuanto a “otras ovejas que no son de este redil”, los incircuncisos, los paganos -en aquel entonces- hoy día, muchas ovejitas díscolas, que andan por ahí, como ovejas que no tienen pastor. La misión apunta hacía la unificación de todo el “rebaño” bajo un solo “Pastor”.


Este jugarse la vida por sus “ovejas” es el motivo del enorme Amor del Padre por su Hijo; y esta entrega no es una imposición, ni el simple cumplimiento de un deber; sino un acto de generoso compromiso ejercido desde la absoluta Libertad respaldada por el Padre que le dio esa hegemonía sobre la Vida; su Padre le ha constituido Dueño y Señor de la Vida, así que está en condiciones de Darla y volverla a Tomar, porque ese es el Lazo Filial del Padre que adorna a su Hijo con una Autoridad tan Grande como la Suya Propia.

sábado, 25 de abril de 2026

DOLOR, GRATITUD, ÁNIMO Y ALABANZA

 

Hch 2,14a.36-41; Sal 22, 1-6; 1 Pe 2,20b-25; Jn 10,1-10

LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

 

Hoy, la Iglesia celebra el IV domingo de Pascua, «llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.


EL CAMINO DE LA BELLEZA

En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el ποιμὴν καλός [o poimen o kalos] “pastor bello” (Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”.  El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza». (Papa León XIV)

 

 

El pivote de toda nuestra existencia

La palabra κήρυγμα kerigma está directamente relacionada con el “primer anuncio”. Se origina en la palabra griega keryx (plural kerykes) y alude al oficial cuya función consistía en proclamar un anuncio, llevar un mensaje (kerigma), hacer una proclamación, ser portador de una proclama. Los romanos los llamaban caduccatores porque portaban un caduceo -puesto que estaban consagrados a Mercurio, mensajero de los dioses- y jefe de oradores y pastores. Entre sus funciones estaba la de imponer silencio para que el rey pudiera hablar o –en los juegos olímpicos- tocar la trompeta para después poder hacer una proclamación. El heraldo recibe la autoridad de parte de Dios para manifestar su palabra mediante el mensaje que debe predicar y así llevar a los elegidos de Dios a la fe y al conocimiento de la verdad (Tit 1,1) “… con la proclamación que me han encomendado, por disposición de nuestro Salvador, Dios” (Tit 1, 3b). Pero hablamos de “primer anuncio” porque no nos estamos refiriendo a la catequesis posterior que profundiza y estructura la fe sino al llamamiento inicial que la suscita.


Pongámoslo en las palabras de Papa Francisco: «… lo importante de la predica es el anuncio de Jesucristo, que en teología se llama el kerigma. Y que se sintetiza en que Jesucristo es Dios, se hizo hombre para salvarnos, vivió en el mundo como cualquiera de nosotros, padeció, murió, fue sepultado y resucitó. Eso es el kerigma, el anuncio de Cristo que provoca estupor, lleva a la contemplación y a creer. Algunos creen “de primera”, como Magdalena. Otros creen luego de dudar un poco. Y otros necesitan meter el dedo en la llaga, como Tomás. Cada uno tiene su manera de llegar a creer. La fe es el encuentro con Jesucristo… Después del encuentro con Jesucristo viene la reflexión, que sería el trabajo de la catequesis. La reflexión sobre Dios, Cristo y la Iglesia, de donde se deducen luego los principios, las conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas, sino que le otorgan una mayor plenitud. Generalmente, observo en ciertas elites ilustradas cristianas una degradación de lo religioso por ausencia de una vivencia de la fe… no se le presta atención al kerigma y se pasa a la catequesis, preferentemente al área moral… relegamos el tesoro de Jesucristo vivo, el tesoro del Espíritu Santo en nuestros corazones, el tesoro de un proyecto de vida cristiana que tiene muchas otras implicaciones…»[1]


Kerigma es el caso de la predicación de Pedro en el marco del evento de Pentecostés que tenemos en la Primera Lectura de este IV Domingo de Pascua. Él hace su proclamación de Jesús denunciando cómo se le victimó crucificándolo, pero Dios lo ha acreditado: ἀποδεδειγμένον [apodedeigmenon], que proviene del verbo ἀποδείκνυμι (acreditar, manifestar, confirmar, certificar, constituir), o sea, que Dios le da a Jesús unas “cartas credenciales”, a saber, a) δυνάμεσι poder, habilidad, milagro; b) τέρασι maravillas, prodigios; y, c) σημείοις signos.


Esta argumentación es muy importante porque los prodigios que Jesús obraba no formaban parte de una campaña para captar adeptos, no era una campaña para lanzar una candidatura, no se trataba del lanzamiento de un “producto” al mercado; se trata, en realidad, de una revelación, es una manifestación de una realidad trascendente, requiere una aclaración, es algo que hace necesario un “traductor” que permita acceder a este lenguaje Divino. Es ahí donde entra en funciones el keryx, que proclama el anuncio, el mensaje (kerigma), que lleva a tomar conciencia, que guía, que “pastorea” en el sentido de conducir la percepción de esta verdad que –aunque salta a la vista- no es auto-evidente. Lo que hace Pedro es abrirles los ojos a su auditorio para que comprendan que Jesús es su Salvador y que esto Dios mismo lo ha respaldado revistiéndolo de “poderes” superiores, asombrosos, sólo posibles al mismísimo Dios: καὶ Κύριον αὐτὸν καὶ Χριστὸν ἐποίησεν ὁ Θεός Dios lo ha nombrado Señor y Mesías. Este aval de Dios Padre tiene su cúspide en la Resurrección, que es la “prueba maestra”, el sumo respaldo.

 

Sin embargo, y esto también se debe acotar, el colirio que abre los ojos es la Gracia del Espíritu Santo. No de otra manera se entiende cómo esas sencillas palabras conmovieron tan hondamente a los escuchas que inmediatamente se muestran tan dispuestos que dan así, súbitamente, el siguiente paso que sigue a la aceptación, ponerse a disposición de hacer lo que se deba. Por eso preguntan: ¿Qué tenemos que hacer?


Así se pasa de los doce, a la Comunidad eclesial, “…unas tres mil personas”. Se da el paso hacía uno de los más antiguos signos sacramentales de la Alianza: el Bautismo. Así esta Amistad y el pacto bilateral que Dios nos ofrece, encuentra un signo de su establecimiento y promesa de cumplimiento en el sacramento del bautismo. Para el hombre es compromiso de cambio, de conversión. Para Dios, es ofrecimiento de fidelidad, de permanencia, de Algo inquebrantable. Jesucristo es la Primera Palabra, será la Última (Alfa y Omega), y, es también, la Palabra Central. Es el eje del kerigma, será el núcleo de la catequesis y estará en el centro de toda nuestra vida, dándole sentido a toda ella.

 

Nuestro Pastor vela

Ποιμένα καὶ Ἐπίσκοπον

 

 

¿Dónde pastoreas, Pastor Bueno? Tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey. Muéstrame el lugar de tu reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre, para que yo escuche tu Voz y tu Voz me dé la Vida Eterna»

San Gregorio de Niza

 

Uno de los primeros elementos que nos entrega el kerigma es el encuentro con un Dios que cuida, protege, defiende, vela, ampara. Esas son las funciones de un pastor (y de un Ἐπίσκοπον [episkopon] “obispo”, “supervisor”; la función es cuidar y proteger, ¡qué coincidencia!); así que nos encontramos con Dios-Buen-Pastor y Guarda. Reflexionando en otro momento sobre el Buen Pastor descubríamos en Él, en su Presencia protectora, el antídoto contra toda zozobra: ¡No temáis!  Ese es el Dios que nos acompaña a nosotros en nuestro caminar, (el que con tanto esfuerzo el enemigo se empeña en robarnos, porque ya sabemos que a ese le gusta nuestra intranquilidad, nuestra preocupación, nuestro nerviosismo; ese hace buenas migas con nuestro corazón desgarrado por los afanes y las angustias, medra en nuestra zozobra; nos volvemos sus presas fáciles, es feliz cuando nos debilita con la intranquilidad de lo que sobrevendrá); cuando todo eso debe ponerse en las manos de Dios. Si no somos dueños ni de la caída o permanencia de nuestros cabellos pegados al cuero cabelludo, ¿qué podremos prevenir con afanarnos? ¡Insensatos!


En cambio, si logramos aquietarnos en la paz que nos regala el Señor, ¡qué solaz!, ¡qué infinita dulzura de paz y serenidad! Comparable a la grey cuando sabe que su Pastor la cuida-y-guarda (1Pe 2, 25), que está a cargo, que vigila al lobo y sus acechanzas, que no lo dejará atacarnos, que se llevará una golpiza de su Cayado. Y no, no es inconciencia, no es irresponsabilidad; por el contrario, es comprensión clara de nuestros alcances, de nuestra fragilidad, de nuestros límites. Es, también, conciencia humilde y justiprecio de Quien-es-el-Todopoderoso. Él nos da la paz que el mundo no puede darnos y que, por el contrario, se empeña en conculcarnos.

 

En cambio, nuestro Pastor nos conduce hacia prados tranquilos, su Vara y su Cayado nos dan seguridad. Y no nos sirve una copa mezquina, por el contrario, nos sirve la copa rebosante que es la copa de la plenitud de vida, como lo afirma en la última frase de la perícopa del Evangelio de este día. Recordemos aquí, en las Bodas de Caná, “seis tinajas de piedra… con una capacidad entre setenta y cien litros…” ¿no es esto reflejo de su generosa prodigalidad?


«Como un pastor guía a su grey, Así Dios guía a su pueblo, le da confianza en el camino, por cuanto conoce sus exigencias y sus necesidades. Él sostiene nuestros pasos en el andar del tiempo, hasta que nos reúna en su reino, y entonces será una sola grey y un solo pastor (cf. Jn 10, 16), en la casa de Dios.»[2]

 

Bajo la más completa libertad.

¡Ah, que terrible es la tentación de tratar de encerrar al pastor en nuestro redil, detrás de nuestra puerta…! 

Helder Câmara

 

Se puede intentar construir el reino a la fuerza, por imposición, a sangre y fuego, obligando por decreto a que se le acepte; pero ese no es el Reino que Jesús nos propone. Jesús en el Evangelio se auto-designa como “Puerta”: Ἀμὴν ἀμὴν λέγω ὑμῖν ὅτι ἐγώ εἰμι θύρα τῶν προβάτων. Jn 10, 7b; y más adelante dice que ἐάν τις εἰσέλθῃ, σωθήσεται, καὶ εἰσελεύσεται καὶ ἐξελεύσεται “…quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir …” (Jn 10, 9 b) y queremos enfatizar esta posibilidad de “salir” porque nos recuerda la libertad bajo la cual se construye el Reino que Él nos propone. Sí, podemos entrar, pero también si queremos, podemos salir; como el “hijo prodigo”, podemos si queremos ir a pasar fatigas, hambre e incomodidades, y podemos malgastar la herencia, y entregarnos a la vida licenciosa, porque en la casa del Padre se vive por gusto, no porque estemos amarrados a la pata de la cama.


Muchos han visto la lentitud con la que los corazones maduran hacía la aceptación de la propuesta de Jesucristo, muchos querrían el Reino para mañana (y nos dicen que “para mañana es tarde”) y entonces, buscan como solución a su premura, las vías impositivas dejando de lado la libertad del hombre. (No hay que confundir a estos impacientes que sufren de la enfermedad del afán; con los violentos que sólo quieren mantener el derecho a “la torta entera” y sólo cuando están embobados o les interesa, dejan caer migajas).  Argumentan con tenacidad que cada minuto de tardanza es ventaja para el enemigo que no se detiene, que aprovecha esa demora para fortalecerse y nos reprochan precisamente eso que “a cada instante el enemigo se hace más fuerte”, y que el enemigo jamás estará dispuesto a renunciar a sus prebendas sino es por las vías de fuerza.

 

No sabemos si lo primero que se debe responder es que “para Dios no hay imposibles”, ¡recordémoslo bien, recordémoslo siempre! Después repetiremos, que el Reino no se puede construir a la brava y que no se puede imponer por vías de hecho, tiene necesidad de tomar en cuenta el albedrio del ser humano, tiene que conquistar el corazón y ser aceptado, de otra manera siempre será como un gusano que corroe, insatisfecho por las cadenas, estará codiciando el pasado, reclamando las cebollas que comía en la esclavitud, cuando en Egipto arrastraba las pesadas cadenas. Meditemos en aquello de la “jaula de oro”, pese a que sea de oro, nada cambia respecto a ser una prisión que nos detiene el vuelo.

 

Dios nos creó con esa cualidad, (cualidad que para los impacientes es un despreciable defecto) ¡ser libres! y la construcción del Reino (del Reino verdadero) tiene que tomar en cuenta esa variable de nuestra personalidad, no nos podemos extirpar la libertad para poder vivir en “la jaula de oro”, que por otra parte no tiene nada que ver con el Reinado de Dios. Sí ¡Dios es el Dios del amor! ¿cómo podríamos gozar de un Reino donde el amor es por la fuerza? Sería como un Pastor que trata a su rebaño a palazos como una “modalidad” de su “cuidado”, pero ¿qué cuidado es ese? ¿Bajo qué óptica puede verse la golpiza como Paraíso? Sólo cuando tus ojos descubran qué es el Paraíso, tendrás deseos de entrar, y habitar en él, por años sin término.


En la estructura de esta perícopa del Evangelio según San Juan, Jesús nos habla del Buen Pastor, pero también denuncia a todos los que, amparados en su autoridad religiosa o política han obrado como “malos pastores” y se han cuidado de engordar ellos, descuidando al rebaño; los denuncia como ladrones que han entrado sólo a saquear para su propio beneficio. Por otra parte, cuando dice “…si alguno entra…” [«Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3)] está indirectamente mencionando al otro grupo de ovejas, a las ovejas díscolas, las que hacen oídos sordos y simulan que la cosa no es con ellas, las que se niegan a entrar, pero en ningún momento se insinúa que debamos hacerlas entrar a fuerza de garrote.

 

Responder a su Llamada

"también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo."

I Pe 2, 5

 

La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno.

Papa Francisco

 

Queremos aquí, presentar una brevísima sinopsis -aun cuando sea apretadísima- del Mensaje del Santo Padre Francisco para la 60 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que fuera instituida por San Pablo VI en 1964, durante el Concilio Ecuménico Vaticano II. Este año les propongo -dice Papa Francisco- reflexionar y rezar guiados por el tema “Vocación: gracia y misión”. (No obviemos que Papa León, nos ha propuesto para esta LXIII Jornada, un documento orientador bajo el título: EL DESCUBRIMIENTO INTERIOR DEL DON DE DIOS)

 

Es una ocasión preciosa para redescubrir con asombro que la llamada del Señor es gracia, es un don gratuito y, al mismo tiempo, es un compromiso a ponerse en camino, a salir, para llevar el Evangelio. Estamos llamados a una fe que se haga testimonio, que refuerce y estreche en ella el vínculo entre la vida de la gracia —a través de los sacramentos y la comunión eclesial— y el apostolado en el mundo. Animado por el Espíritu, el cristiano se deja interpelar por las periferias existenciales y es sensible a los dramas humanos, teniendo siempre bien presente que la misión es obra de Dios y no la llevamos a cabo solos, sino en la comunión eclesial, junto con todos los hermanos y hermanas, guiados por los pastores. Porque este es, desde siempre y para siempre, el sueño de Dios: que vivamos con Él en comunión de amor.

 

Dios nos “concibe” a su imagen y semejanza, y nos quiere hijos suyos: hemos sido creados por el Amor, por amor y con amor, y estamos hechos para amar. Y su iniciativa y su don gratuito esperan nuestra respuesta. La vocación es «el entramado entre elección divina y libertad humana»[3]

 

Nos descubrimos hijos e hijas amados por el mismo Padre y nos reconocemos hermanos y hermanas entre nosotros. Santa Teresa del Niño Jesús, cuando finalmente “vio” con claridad esta realidad, exclamó: «¡Al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia [...]. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor»[4]

 

Hace cinco años, en la Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, me dirigía a cada bautizado y bautizada con estas palabras: «Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión» (n. 23). Sí, porque cada uno de nosotros, sin excluir a nadie, puede decir: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).



Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la Sangre de Tu Hijo pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

De la Oración Post-comunión

 

Queridos hermanos y hermanas, la vocación es don y tarea, fuente de vida nueva y de alegría verdadera. Que las iniciativas de oración y animación vinculadas a esta Jornada puedan reforzar la sensibilidad vocacional en nuestras familias, en las comunidades parroquiales y en las de vida consagrada, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales. Que el Espíritu del Señor resucitado nos quite la apatía y nos conceda simpatía y empatía, para vivir cada día regenerados como hijos del Dios Amor (cf. 1 Jn 4,16) y ser también nosotros fecundos en el amor; capaces de llevar vida a todas partes, especialmente donde hay exclusión y explotación, indigencia y muerte. Para que se dilaten los espacios del amor [5] y Dios reine cada vez más en este mundo.



[1] Rubin, Sergio. Ambrogetti, Francesca. EL JESUITA. LA HISTORIA DE FRANCISCO EL PAPA ARGENTINO. Ed. Vergara Grupo Zeta. Bs As. Argentina 2010 pp. 88-89

[2] De Capitani, Giorgio; Ambrosi, Olga. SALMOS DE LA TERNURA. Ed. San Pablo. Caracas- Venezuela 1993. p. 15

[4] Manuscrito B, CARTA A MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN (8 de septiembre de 1896): Obras Completas, Burgos 2006, 261.

[5] «DILATENTUR SPATIA CARITATIS»: San Agustín, Sermo 69: PL 5, 440.441.

viernes, 24 de abril de 2026

SAN MARCOS

1Pe 5, 5b-14

Es posible que un presbítero (1P5, 1), de la comunidad cristiana de Roma, haya reunido las ideas correspondientes a la época para instruir y exhortar los cristianos y cristianas de Asia menor a permanecer firmes en la fe, a pesar de las dificultades y represiones.

Centro Bíblico Verbo

Leemos en la primera lectura de hoy, la parte final de la Primera Carta de San Pedro. Esta Carta tenía por destinatarios a los cristianos del Ponto, Galicia, Capadocia, Asia y Bitinia; provenían del paganismo y eran crudamente perseguidos por sus paisanos, a causa de su conversión.


Podemos desagregar la Carta en los siguientes componentes:

-Saludo

1. La Nueva Vida de los cristianos (1, 14 -2,10)

2. Deberes del cristiano (2,11 – 4,6)

3. El cristiano de cara al fin próximamente llegadero (4,7 -19)

4. Consejos particulares

A los dirigentes (5, 1-4)

A toda la comunidad (5,5 – 11)

-Despedida (5, 12-14)

 

O sea que nuestra perícopa de hoy está integrada por los consejos dirigidos a toda la comunidad y la despedida de la Carta.

 

Aparece en esta perícopa la palabra Νήψατε [nepsate]. Podría entenderse “sobrio”, es decir, el que no se emborracha, especialmente porque quiere mantener el “buen juicio”. Su uso en este contexto es muy interesante, porque remite al pecado, refiriéndose a él como un alucinógeno; o sea que lo que se está recomendando es permanecer libre de codicias y de narcisismos que alteren nuestro buen juicio, para dirigirnos equilibradamente por los Caminos que Jesús indica. Lo que no se puede lograr si dejamos engañar nuestros sentidos morales con la alucinación que nos invade a causa del egoísmo.

 

Siempre debemos estar muy atentos a no descuajar las perícopas de su contexto, esto es muy riesgoso porque puede conducir a que respaldemos una falsedad con una cita bíblica recortada. En nuestro pasaje de hoy, no se sabe a quién se dirige la recomendación de “tener sentimientos de humildad”, puede pensarse que es una camisa toda-talla. Si vamos al co-texto, encontramos que la recomendación se dirige a dos destinatarios muy precisos: a los Πρεσβυτέρους [presbiterous] ancianos (los líderes de estas comunidades cristianas) (1Pe 5, 1); y a los νεώτεροι [neoteroi] “jóvenes” (1Pe 5, 5a), “los que acababan de insertarse en la comunidad y aún no habían sido bautizados”, ni siquiera alcanzaban el carácter de neófitos. No es una política que obligaba a la comunidad en favor de sus dirigentes, la humildad debía practicarse en “horizontalidad”, y todos debían tenerse entre sí, como hermanos: al Único que se le debía humildad de parte de todos era a Dios (cfr. 1Pe 5, 6). A Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, el Poder y la Gloria por los siglos. A ese trato fraterno se refiere el término ἀδελφότητα [adelfoteta] al que remite -precisamente- 1Pe 2, 17, para convocarnos a un trato que hace de todos los miembros de la comunidad hermanos en Cristo Jesús, “como hombres libres, que no usan de la libertad para encubrir la maldad, sino más bien como servidores de Dios, honren a todos, amen a los hermanos, respeten a Dios, honren al rey. (1Pe 2, 16s).

 

Obsérvese que esta perícopa concluye llamándonos a ese trato cuando nos exhorta a ἀσπάσασθε ἀλλήλους ἐν φιλήματι ἀγάπης. “saludarnos -entre nosotros con el beso del amor fraterno” (1Pe 5, 14a), este beso no es cualquier beso, es el beso que se dan las personas que comparten un vínculo de consanguinidad y que además es una muestra de respeto.


Una recomendación, que pertenece al núcleo de esta perícopa, es la de permanecer “alertas del “enemigo, el diablo que, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar”. (1Pe 5, 8). A este león malvado que se agazapa para sorprendernos y clavarnos sus garras, tenemos que saber oponerle ἀντίστητε [antistete] “resistencia”, “tomar una posición definida”, y afianzarse en ella. Esta resistencia tiene dos rasgos:

i)              Es un posicionamiento que se afianza haciendo pie en la fe.

ii)             Se desprende de la comprensión de ser un ataque que los golpea a todos los fieles creyentes en todas partes donde la fe cristiana ha llegado.

En el verso 13 afirma que la comunidad de la Iglesia que está en Babilonia les remite -a través suyo- el saludo que sería el beso-agape fraternal, de los hermanos en la fe. En aquel tiempo, esta alusión a Babilonia, se usaba para referirse a la Iglesia de Roma. Lo que nos hace pensar que la Carta fue escrita en aquella ciudad.

 

Sal 89(88), 2-3. 6-7. 16-17

Tomamos de este salmo real, 6 versos, para conformar tres estrofas:

 

En la primera, se reconoce que la Misericordia de Dios es “un Edificio Eterno” que merece ser cantada y anunciada.

 

La segunda nos pregunta sí ¿habrá algo, aunque sea pálidamente, comparable a las maravillas y la fidelidad de Dios, en alguna esfera o plano de la realidad? El cielo proclama Sus Portentos, y los Ángeles se reúnen en sesión plenaria para reconocer Su Fidelidad.



En fin, la tercera estrofa, reconoce la bienaventuranza del pueblo que se pone bajo su Real Patronato, será dichoso porque lo iluminará el Rostro Majestuoso de Dios, y el motivo de su orgullo será el Nombre de YHWH.

 

Mc 16, 15-20

La sensación que se derivaba de el Evangelio terminado en el versículo 8, era excesivamente a filo, un corte súbito, al que le faltaba algo. Había noticias adicionales en el capítulo 28 de Mateo, en el capítulo 24 de San Lucas, y en al capítulo 20, de sanjuán en los versos 11-29, además de los que decía en propio Lucas, al principio de los hechos 1, 4-14. Lo que parece haber sucedido, todas las luces así lo indican, fue que la comunidad marqueana quiso completar el Evangelio de San Marcos y, con el mismo sentido del Evangelista, como que eran los discípulos de la propia escuela, añadieron un final, respetuoso del estilo y por la misma vena literaria, así llegamos a la conclusión -añadida- con que nos la vemos en la perícopa que hoy nos ocupa.

Muy acorde con el tiempo Pascual en el que se inserta la celebración de la memoria del Evangelista San Marcos, el Evangelio de hoy nos remite a la perícopa final, a sus seis últimos versos: El Resucitado -dirigiéndose a los Once- pronuncia el “envío”. Lo primero es enunciar la “universalidad de este Envío: “a toda la Creación”.

 

Luego, se da el lugar del “Sacramento Puerta”, el bautismo, que será lo primero después de haber creído. Podemos resistirnos a creer, lo que será motivo de “condenación”.

 

Los que sean capaces de aceptarlo, recibirán ciertos “signos”

a)    Expulsar demonios en el Santo Nombre de Jesús.

b)    Hablarán “lenguas nuevas”

c)    Podrán coger serpientes y manejarlas con sus manos y si beben veneno mortal, estarán exceptos de su efecto.

d)    Sanarán enfermos con la imposición de sus manos.

Reconocer el poder recibido es parte de esta fe aceptada. Se dan estos poderes, no para la espectacularidad, sino para obrar el bien, como nos enseñó el Divino Maestro.

 

Sucedió, inmediatamente, la Ascensión del Señor, para llegar a su Real Sitial en los Cielos.


Allí a renglón seguido se nos advierte que no se fue para desentenderse de la Misión Discipular, sino que continua συνεργοῦντος [sunerguontos] con “Su Asesoría Permanente”, “trabajando junto con ellos”, “obrando para trabajar estrechamente unidos” en la proclamación de la Buena Nueva, y permitía la realización de “señales” que βεβαιοῦντος [bebaiountos] “confirmaban”, “respaldaban”, “reforzaban”, -estrictamente significa- “caminar sobre terreno firme y sólido”- la veracidad de lo anunciado.