En nuestra muy modesta opinión, consideramos que es de suma importancia que tengamos una visión general de la historia; no que tengamos que volvernos expertos historiadores y geógrafos, pero si una perspectiva integral-universal que nos permita la exegesis textual y poder dar los pasos necesarios para ejercer una hermenéutica prolífica y eficaz. La dificultad, como la vemos, es que a veces nuestra pobreza en este sentido es extrema, y sólo contamos con retazos dispersos, con enormes vacíos entre uno y otro; siendo así, es muy difícil que nuestra lectura bíblica sea fecunda y vayamos más allá, superando la ceguera. Ser fieles a nuestra fe y al pacto de la Alianza, entraña superar estos vacíos.
Estamos
obligados también a repetir aquello de que nosotros no leemos la Biblia para
“saber datos curiosos”, sino para poder cristificar nuestra vida y vivir una
experiencia real de discipulado. Suele suceder que nuestro conocimiento del
Pentateuco es aceptable, y nuestro manejo de los Libros de los Profetas es
regular, inclusive tolerable; pero, los Libros que median entre estos, nos
resultan lamentablemente desconocidos, y de ellos solo conservamos en la mente
y en el corazón, algunas páginas anecdóticas que no llegan a ofrecernos un
continuo articulado que hile una intelección suficiente del Plan Soteriológico
que Dios ha trazado. Este “saber”
religioso es condicionante para que nosotros podemos unirnos a la historia y
formar parte de la Alianza ofrecida.
2Sm
7, 4-5a. 12-14a.16
1
& 2 de Samuel eran originariamente un solo rollo -nos parece que esta idea
es fundamental para entender que no se trata de dos “Libros” distintos-, ahora
que manejamos “Libros” hablamos de los Libros Primero y Segundo; lo que pasaba
era que, en los tiempos de la escritura en rollos, cuando eran muy extensos era
muy complicado manejarlos, y, entonces se prefirió partirlos en dos rollos, y
así han llegado a nosotros. Lo mismo paso con el rollo de Reyes, por el tema de
la dificultad para ir desenrollando de un lado y enrollando del otro, para
poder encontrar un pasaje determinado, se terminó por distribuir el todo, en
dos rollos también; 1 & 2 Reyes e igual con Crónicas.
El nombre Samuel שְׁמוּאֵל [Shmu-Él] "Dios me ha escuchado", lo que hace referencia a la historia bíblica de la madre de Samuel -Ana-, quien rogó al Cielo pidiendo un hijo; está muy directamente conectado con la palabra שְׁמַע [Shema], “Escucha”, y se podría traducir como “Escuchado por Dios”. El lema para su escudo habría sido: “Habla Señor que tu siervo escucha”. Samuel cumplía, primero, funciones Sacerdotales, después paso a formar parte de los Jueces, y posteriormente, recibió un encargo profético, que terminó siendo su papel principal en la historia. Lo que acabamos de decir lo podríamos sintetizar presentando a Samuel como un personaje de transición, de la era patriarcal, pasando por su rol de Juez hasta llegar a la época profética.
El capítulo
7 del Segundo de Samuel, de donde tomamos la perícopa para hoy, encierra una
enorme importancia; se está contando la unificación nacional y cultual del
reino de Israel, David ofrece a Dios construirle un Templo, pero Dios rehúsa, y
ofrece mejor, que sea Él, quien le construya a David, una “casa”, un “linaje”,
una “descendencia”, ¡se trata de la Promesa Mesiánica!
Esta profecía se cumplirá en el futuro, como leemos con todas las letras en la misma profecía, será después de la muerte de David, cuando él haya sido sepultado con sus antepasados, -la Escritura no especifica cuál será le extensión de esa pausa hasta el cumplimiento; Dios ofrece -por medio del profeta- que un descendiente davídico (le dice que será fruto de sus entrañas), detentara título de Rey, por eso es Mesías, porque será Ungido-Rey; Dios lo tendrá por Hijo y Aquel Hijo reverenciará y adorará a Dios como Padre. El Mesías estará por siempre ante los Ojos de Dios, y Dios estará eternamente Presente para el Mesías.
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Sal
89 (88) 2-3. 4-5. 27 y 29
Como
estamos hablando del Ungido, del Mesías, este salmo es un salmo del Rey. En
muchas culturas, se celebraba con gran pompa y boato, la entronización del Rey.
Dios no es un rey que se destrona y se instala otro, él está eternamente en su
Trono y su Realeza es inamovible. Pero, los mejores y más solemnes protocolos
estaban destinados al rey; y por eso se resolvió instituir una liturgia de
Entronización Real, para Dios. Se entiende que estas liturgias nos sirven a
nosotros para que podemos tener bien presente y no obliterar que
aceptamos-reconocemos al Mesías como nuestro Rey.
En
la primera estrofa se refiere a la fidelidad de Dios, explicándola como un “edificio
eterno” y, en esta lógica ¿qué es la fidelidad?, ¿en qué consiste la אֱמוּנָה [emunah]
“Fidelidad” de Dios?: ¡En Su Misericordia! Esa חָ֫סֶד [checed] “Misericordia” merece ser alabada y cantada, porque
esa Misericordia es más firme y estable que el mismo cielo.
En la segunda estrofa se hace confesión de permanencia de Dios en Su Trono por los siglos de los siglos.
La
tercera estrofa, para darnos una idea del perfil de Dios nos da algunas
expresiones con las que se Le invocará; “mi Padre” / “mi Dios” / “mi Roca
salvadora”: y termina declarando que la Alianza entre el Mesías (representante
de su Puebla), contará siempre con la Alianza que -con él- será siempre
estable.
Los
investigadores ven este Salmo como una obra exilica o post-exilica que se
desconcierta con la discontinuidad de la Alianza, como si Dios los hubiera
descuidado, pero a medida que avanza, el propio salmista cae en la cuenta de
que no hay tal, que Dios no es voluble, y descubre -en medio de su triste
realidad- que puede seguir contando con su Dios-y-Señor.
¡Muy
directamente emparentado con 2R 7. La tercera parte del Salmo es un himno
quejumbroso que mira con los ojos desorbitados las humillaciones en las que fue
sumida durante la deportación. Y así concluye. Nosotros también miramos con
desconcierto dolorido al crucificado, pero nuestra misión consiste en
sobreponernos al desánimo y recordar que en el fondo está la Pascua de
Resurrección. Nada de desespero, ¡Él ha triunfado!
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Rm
4, 13. 16-18. 22
Allí
donde parece dejarnos tirados el Salmo responsorial, sumidos en el desconsuelo
y la derrota, se inscribe la Segunda Lectura: Apoyados en la esperanza,
creyendo contra toda esperanza, reconocer que no es la idolatría a las
legislaciones la que nos llevará a heredar la Promesa- con el obcecado apego a
la Ley- sino la gratuidad que se filtra por entre nuestra aceptación y
reconocimiento de “Creer”.
Contra
la fuerza de cualquier lógica que quiera movernos al desaliento y poner por
encima la victoria del Malo, tenemos que confiar en la Alianza y aferrarnos a
la fidelidad de la Promesa, que no es otra que la que le regaló Dios a Abraham,
recibir en heredad el mundo. Lo que destaca esta perícopa es precisamente que «…
la fe es una experiencia de vida. Es penetrar en los planes de Dios. No se
reduce a creer en verdades (dogmas), sino que es creer en Dios y poner la
propia vida en sus manos. Es romper la barrera de lo posible para lo que
aparentemente es imposible». (Carlos Mesters).
Las maravillas del Amor que el Padre nos ha manifestado a través de Cristo, dan una esperanza sin límites. Al que ha sentido profundamente, como Pablo, ese “me amó y se entregó por mi” (Gal 2, 20), se le llena el corazón de una confianza total en la fidelidad del Dios que es Amor. Es una certeza firme y arrolladora, que nada ni nadie puede demoler… Lo mismo que Pablo, también cada uno de nosotros podemos llegar a tener la misma fe que él en el Amor que Dios nos tiene. Cristo se entregó por cada uno de nosotros en particular. Por eso podemos esperar contra toda desesperanza. Pues no se trata de esperar premio a nuestros méritos personales. Sinop de dejarse amar por Cristo; de abrirle nuestras puertas y dejarle actuar en nosotros» (José Luis Caravias, S.J.).
Del
año 53 al año 58 San Pablo residió en Éfeso, donde escribió a los filipenses, a
los gálatas y también a los corintios. Ese es el origen de esta carta a los
Romanos que -según se ha investigado- data del invierno del 57 al 58.
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Mt
1, 16. 18-21. 24ª
Toda familia necesita
al padre. Hoy nos detenemos sobre el valor de este rol, …
Papa Francisco
«…
quisiera comenzar por algunas
expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, palabras que un
padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio,
también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios
hablen con rectitud"(Pr 23,15-16).
Este
padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites
las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más
importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sentiré
actuar con rectitud. No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de
un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en
la vida, es decir, un corazón sabio.
Esto
es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la
actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y
para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he
corregido errores que no veías".
"Te
he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has
reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te he dado un testimonio de
rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido
solamente complicidad y protección. Yo mismo he debido, en primer lugar,
ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón y vigilar sobre los excesos del
sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables
incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora –continúa
el padre- cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me
conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un
padre maduro".
"Un
padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta
dulzura y cuánta firmeza. ¡Pero cuánta consolación y cuánta recompensa se
recibe cuando los hijos rinden honores a esta herencia! Es una alegría que
rescata toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura toda herida".
"La
primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente
en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y
dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento:
cuando juegan y cuando se empeñan, cuando están despreocupados y cuando están
angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando osan y cuando
tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino.
Padre presente, siempre». (Papa Francisco)
Mateo
ha edificado la genealogía de Jesús basado sobre San José. Nos relata que María
Santísima estaba “desposada” con José; y, Ella -contra la lógica humana-
resultó esperando su Bebé, engendrado por el Espíritu Santo.
José
nos es presentado aquí bajo el título de “Justo”, y su “santidad”
no le permite entregar a María a la “lapidación”. En su corazón diseña una ruta
alterna, recibir a María como su esposa, pero darle “repudio secreto”. Dios no
puede permitir que su Hijo nazca en el seno de una familia mal avenida,
padeciendo de rencores y sombras que se interpusieran a la edificación de las
sanas relaciones de una familia.
Así
es como Dios envía a su Mensajero (Ángel) que – a través de los sueños- le “revela” a José (nombre que significa “Dios
añade”, que transmitiría que Dios dará todo lo necesario e indispensable
a través de Aquel Santo Varón), que no enfrenta una situación de
infidelidad conyugal, sino que Ella es “instrumento Salvífico” (es una forma de
hablar, Dios no instrumentaliza a nadie, lo que atentaría contra la dignidad
creatural) del Señor que la ha adornado con la maternidad del
Engendrado-por-el-Espíritu-Santo.
Le
indica el Nombre (Nombre sobre todo Nombre) que llevará ese Hijo: Jesús “YHWH
Salva”; su función salvadora queda definida claramente en la perícopa donde se
señala que “Salvará a su Pueblo de los pecados”.
Concluye esta perícopa marcando un don que adornó a este Santo Patriarca: la obediencia, el acatamiento de tomar a María y llevársela como su “mujer”: ἐποίησεν ὡς προσέταξεν αὐτῷ ὁ ἄγγελος Κυρίου. Aquí debemos resaltar el significado de ἐποίησεν que implica “hacer algo aun cuando se presenten obstáculos aparentemente insalvables”, ya ahí “Dios añade” la sumisión y observancia para no contradecir y menos desafiar o ignorar el pedido Divino; o sea la coherencia para ser “justo” en el sentido en que, en aquella cultura se entendía, como plegamiento y acogida a la Voluntad de Dios.
Cuando alguien repliega su egoísmo y se sobrepone a su propio
voluntarismo, acogiendo la Voluntad Divina, indudablemente no se pasa por
encima de la libertad personal y no se instrumentaliza a la persona, sino que, Dios
acoge la “entrega” y la “disponibilidad” que la criatura ofrece libremente.
«Jesucristo, ayúdame a edificar mi propia santificación en la
entrega generosa, en la búsqueda de tu gloria y en una esforzada abnegación de
mí mismo, siguiendo el ejemplo de San José»















