miércoles, 20 de mayo de 2026

Jueves de la Séptima Semana de Pascua


Hch 22, 30; 23, 6-11

Se me juzga por mi confianza en la resurrección de los muertos

Al iniciar el capítulo 21 de los hechos de los Apóstoles, entramos en una nueva fase: Pablo viaja a Jerusalén -deteniéndose, brevemente, en Cos, Rodas y Patara, y continúan, pero sin entrar a Chipre, llegan directo a Tiro- muy a pesar de los ruegos de los de Jerusalén que ahora se repiten en Tiro, así como en Cesarea, donde se aloja en casa de Felipe, el que evangelizó al Eunuco, le insisten para que no se vaya, pero él es consciente que, si esa es la Voluntad del Señor, así ha de ser. Pasa por Ptolemaida Cirenaica -en la actual Libia-.

 

Llegado a Jerusalén es acogido con cariño por la comunidad, donde visita a Santiago, líder de aquella comunidad hierosolimitana. Allí -entre líneas- se percibe una atmosfera de descontento porque no se exige a los conversos del paganismo la adopción al pie de la letra del judaísmo mosaico. No faltó quien sugiriera una práctica ecléctica parta calmar y apaciguar a esos.

 

Recordaran ustedes que anteriormente se dijo que Pablo repetía el ritual Nazireo de raparse junto con 4

 

Es apresado en su visita al templo, donde unos judíos provenientes de la provincia de Asía azuzando a la gente, lo sacaron del Templo y cerraron las puertas, luego lo hicieron prisionero, El apóstol Pablo fue presentado y puesto bajo custodia ante el tribuno romano Claudio Lisias, es ahí cuando dirige un discurso ante el pueblo y como la gente seguía alborotando lo llevaron ante la presencia del comandante, y él apeló a su condición de ciudadanos romano, y aprovechó la disensión entre saduceos -recordemos que estos sólo reconocían como Escrituras los cinco libros de la Torah, la que nosotros llamamos en griego “Pentateuco” donde nunca se habla de Resurrección, ni de espíritus, ni de ángeles-  y los fariseos -estos últimos estaban en mayoría, y Pablo ganó su respaldo mostrándose como ellos favorable a la resurrección de los muertos.  Esto contado a trazos gruesos. Sin embargo, queremos desmenuzar algunos componentes de la perícopa de hoy.

 

Habiendo llevado a Pablo a la fortaleza Antonia, Pablo, muestra que él es ciudadano romano y, como tal, no podía ser juzgado ni arrestado si no se había sometido antes a juicio y era condenado. Para los romanos, esto de acusar a Pablo y las razones religiosas que los motivaba, no eran comprensibles. Entonces el Tribuno resuelve llevar a Pablo ante las autoridades judías, los Sumos sacerdotes y el Sanedrín. San Pablo sabía que allí se encontraban dos facciones contradictorias: los fariseos y los saduceos. Pablo se declara fariseo y creyente en le resurrección: Decían los fariseos: “…  no encontramos nada erróneo en lo que dice este hombre; y ¿qué tal que se le haya manifestado un ángel?” (Hch 23, 9ef)

 

Al observar este texto encontramos un evidente paralelismo con el Juicio de Jesús; Lucas recurre con frecuencia a estos ejercicios sincréticos como al principio del Evangelio en su paralelo de Jesús con juan el Bautista cuyo nacimiento es puesto lado a lado; o en el caso de la muerte de Esteban y los actos que acompañaron su muerte, y aquí entre el juicio de Pable relacionándolo con el de Jesús.

 

Con estas palabras, los judíos quedan enfrentados según sus dos bandos, porque los saduceos no creen en la resurrección, ni en ángeles, ni en espíritus. Siendo así, se armó la algazara, los fariseos declararon inocente a Pablo, enardeciendo a sus contradictores. El tribuno, azorado por las acciones de alta violencia a las que quedaba expuesto Pablo, lo hizo llevar al cuartel escoltado por la guardia.


Se le apareció el Señor -la noche siguiente- y le dijo que, así como había testimoniado su fe en Jerusalén, otro tanto haría en Roma. Y lo animó.

 

Sal 16(15), 1b-2a y 5. 7-8. 9-10.11

Este es un Salmo del Huésped de Yahvéh. El huésped del Señor, se asombra, no entiende que encanto se puede encontrar en el paganismo. Estamos rodeados de paganismo, hay paganismo religioso, pero a su lado un océano completo de paganismo laico: la publicidad, el centro comercial, los ídolos del fútbol, las personalidades de la farándula, de los diversos deportes, las sacerdotisas de la moda y el buen vestir, la bebida llevada siempre más allá del límite y las bebidas energizantes; las drogas psicotrópicas, los gritos, los aullidos, los parlantes atronadores ,… en fin, el culto a la violencia, pero también a lo feo, a lo malsonante, la veneración de lo que de ningún modo es venerable.

 

Para el fiel discípulo, sólo la fidelidad tiene sentido. Para la tribu sacerdotal, sólo el Servicio al Señor vale. Sólo Él tiene poder “real” para bajar hasta el territorio de la muerte a rescatarnos, y sacarnos del Sheol, y llevarnos a Su Lado, hasta la Dimensión Inmortal.


En la primera estrofa el salmista se entrega a su Amado, se declara su entera propiedad, y lo nombre “Refugio”. Como a él no le ha tocado tierra cultivable, su única tierra, la parcela asignada es su Amadísimo Señor.

 

En la segunda estrofa, muestra al Señor como tutor, como maestro y consejero. Sus lecciones no cesan nunca, hasta durante el sueño lo está enseñando y Su Enseñanza es arrojo, valentía, decisión.

 

Todo él está pletórico de dicha. Su alegría recorre sus entrañas, sus terminales nerviosas, sus haces musculares, su digestión, su respiración. Nada en él está destinado al sepulcro; la Vida Eternal se adueña de cada una de sus moléculas.

 

¿Cómo avanzar con certeza por la ruta salvífica? ¡El Señor nos va señalando la ruta, nos muestra donde pisar -que sea terreno firme- nos lleva de la mano, nos socorre con un mapa y nos lo va decodificando! Es nuestro Guía, el Baqueano, el Único que nos lleva al País de la Vida.

 

¿Cómo no refugiarnos en Él?

 

Jn 17, 20-26

Reconocimiento transitivo

El mundo no te ha conocido,

Pero yo te he conocido

y estos han conocido

que Tú me has enviado.

Jn 17, 25

Hoy empieza de una manera conmovedoramente hermosa.: No se limita a rogar por los que, en cierta época, los que vivían en su tiempo, por los discípulos que lo rodeaban en aquella época, en torno al año 30. Ruega también por nosotros, por los que en el futuro creerán y lo aceptarán como Hijo de Dios, Redentor y Salvador nuestro. En el verso 17,24 leemos: “… quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen tu Gloria”. Seis veces dice Padre, ¿dónde está la séptima vez? ¿La de la plenitud? La dejó para que nuestros labios la pronunciaran.


¡Igual sigue la historia plagada de paganismo! «El odio, la mentira, la vanagloria, el vivir para sí mismo, el no estar dispuestos a seguir a Jesús que se da por completo a los demás, el buscar privilegios y dominar sobre los demás, dividen a la comunidad y oscurecen la Presencia del Padre y de Jesús en ella.» (José Cárdenas Pallares)

 

Pero, un leve murmullo de nuestros labios acalla el fragor de miles de generaciones. Con sólo musitarlo, Dios lo oye. No porque seamos muy meritorios, sino porque nuestro Hermano, se lo ha pedido al Padre en la Oración Sacerdotal. Ese significa “sacerdocio”, que cualquier susurro nuestro vale por todo el griterío y cancela el alboroto. Tenemos que cubrirnos la cara -como Moisés- porque nuestro rostro resplandece. ¿No ven que hemos mirado su Santa Faz? ¿No se dan cuenta que nuestra Amistad no sale de nosotros sino de la Suplica del Hijo del hombre, que entró al Sancta Sanctorum, de una vez para siempre, llevando su propia sangre para regarla sobre el Kapporeth? (Cfr. Ex 34, 35) ¡quién ha hecho la mediación? ¡La Palabra!

 

El ruego no es un ruego general e indiscriminado. Jesús ruega por los que acogen la Palabra. La Palabra Lo transparenta, es Su Nueva Encarnación. Sigue hablando por Siempre, por toda la Eternidad, para todas las generaciones. Pero, se nos ofrece un criterio, se nos propone una pauta de discernimiento, todo se juega y todo se prueba con la Unidad. «Cómo alcanzar la verdadera unidad entre los que creen en Jesús y en el Padre? ¿Será que debemos pensar todos del mismo modo, expresar la fe en forma igual en todos los lugares del mundo, como si la humanidad fuera un gran cuartel uniformado? (José Bortolini)

 

La unidad no está en la uniformidad, está en la diversidad. En la consciencia fraternal que es capaz de sobrevolar las barreras. Malhaya el que hace división, el que se cree más fiel porque es más obcecado, en mala hora los fundamentalistas que quieren pasarlos a todos por un molde. Si a Dios le gustara la uniformidad nos habría hecho con una impresora 3-d.

 

Que haya división es victoria del Malo: «La comunión es esencial. El enemigo de Dios y del hombre, el diablo no puede nada contra el Evangelio, contra la humilde fuerza de la oración y de los sacramentos, pero puede hacer mucho daño a la Iglesia tentando nuestra humanidad. Provoca la presunción, el juicio sobre los demás, las cerrazones y las divisiones. Él mismo es “el que divide” y a menudo comienza haciéndonos creer que somos buenos, quizá mejor que los demás: así tiene el terreno listo para sembrar la cizaña». (Papa Francisco)

 

Cantamos la Glorificación de Dios en nuestra lucha valerosa por la Unidad. Tiene que dolernos profusamente que estemos separados. Llenar las brechas, acercarnos, construir la Unidad, que no es superficial, que tiene que ser sincera, aun cuando el avance sea milimétrico en su lento progreso.

 

Tomemos muy en cuenta como en esta oración sacerdotal de Jesús intercediendo por su discipulado, proyecta hacia el futuro -incluyéndonos también a nosotros, como destinatarios de su intercesión protectora, en particular al decir que no sólo ruega “por estos” (v. 20) sino que pide que ese mismo cobijo protector del Padre alcance para los que en el futuro serán sus creyentes, seguidores, discípulos a la vez que enviados (apóstoles). Tengamos en esto presente la expresión que nos legó Aparecida: “Discípulos-misioneros”.


Esta meta propuesta se nos dice, es la única fuerza que convence, que mueve a otros a creer: “Como Tú Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”. (Jn 20,21)

 

La Palabra del Padre es el Hijo unigénito que nos manifiesta el Nombre del Padre.

martes, 19 de mayo de 2026

Miércoles de la Séptima Semana de Pascua


                                

Hch 20, 28-38

… el pastor debe recordar la palabra de Jesús: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. Curiosamente, este es también un proverbio griego de origen persa.

Ivo Storniolo

Pablo, está dirigiéndoles un discurso a los presbíteros de Éfeso. Como dijimos ayer, hoy entramos en la segunda parte de ese discurso. Podemos desagregar esta segunda parte en tres secciones:

-Previsiones del futuro, después de su partida.

-Poner en las Manos del Señor la Comunidad que tendrá por faro el Evangelio.

-La mayor felicidad es la “entrega”.

 

A los ancianos se dirige San Pablo en su discurso de despedida, y les da una función “episcopal” y les recomienda que se cuiden, antes que todo, de sí mismos, y, en segundo lugar, de sus respectivos rebaños. Esas ovejas que ellos tienen la misión de cuidar, son las que Jesús adquirió, pagando el carísimo precio de su Propia Sangre.

 

Hay, además, una previsión, les anuncia lo que va a pasar tan pronto el Ascienda (a la Derecha del Padre), vendrán los λύκοι βαρεῖς “lobos feroces” (“chacales que con su violencia los dejaran inánimes”) a mezclarse entre ellos, serán despiadados con sus ovejitas. Todavía es mayor el riesgo, pues del grupo de los ἐπίσκοπος [epíscopos] “supervisores”, “capataces”, “obispos”; unos se voltearán, y despotricarán contra los “leales” (el Perverso siempre viene a atacar por dentro, infiltrando sus secuaces), para arrastrar tras de sí a los discípulos. En estos casos se suele preguntar, ¿les suena conocido? Y, se añade: “cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia”. Presiento que esta Palabra de Jesús (Cfr. Mt 26, 31) -puesta en los labios de San Pablo- se hace, Hoy por hoy, tan cierta como entonces. ¡Quizás más! También nosotros podemos reconocer que existen divisiones entre nosotros y que existe el riesgo de tergiversar las palabras del evangelio para adaptarlas a nuestros propios intereses. La advertencia paulina no es en vano.

 

San Pablo les hace caer en la cuenta que él ha perseverado, durante tres años, enseñándolos a discernir el peligro, a presentir las amenazas, a permanecer siempre muy “observadores” para detectar a las fieras voraces, siempre al acecho. Ahora, cuando él parte definitivamente, en la misma línea de la oración sacerdotal, los encomienda al Altísimo, y pide, a la Gracia radicada en la Palabra, que obre con todo su Poder para trasformar a estos presbíteros “guardianes” a la santidad, edificándolos como heredad del Hijo.

 

Luego, arguye que los presbíteros no tienen que buscar el lucro a costas del rebaño, que la caridad se ejerce con los estipendios ganados con el propio esfuerzo y el propio trabajo. Inmediatamente expresa, con una oración gramatical que no se puede descontextualizar, y que él empieza -a pronunciar- refiriéndose a sí mismo, “Hay más dicha en dar que en recibir”, expresión que encontramos -aproximadamente- en proverbios 11, 25 donde leemos: “el que es generoso prospera, el que da, también recibirá”. Ningún evangelista lo relata, pero, nada constituye óbice para que él (San Pablo) lo hubiera oído de uno de los discípulos del Señor Jesús, relatado de viva voz. En el contexto paulino, se enlaza firmemente con su consejo: “siempre les he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados”. Una forma de trabajar fue organizar la colecta para llevar socorro caritativo a la -paupérrima- comunidad hierosolimitana, auxilio pecuniario que, para mayor garantía, él quiso llevar y entregar personalmente, y no por interpuesta persona.


Acto seguido se postró de rodillas y se puso en oración, lo cual arrancó lágrimas a los asistentes que arrojándose a su cuello lo orlaban de besos. Así, con la intensa herida de separarse definitivamente, sin esperanza de volverse a encontrar, lo escoltaron a la nave.

 

Sal 68(67), 29-30. 33-35a. 35bc-36d

Pablo acaba de pedir a Dios y a Jesucristo que enriquezca a los “episcopos”, con su Gracia y la que proviene de la Palabra. El Salmo, da continuidad a esta súplica, dirigiéndose el Rey de reyes, a quienes el salmo responsorial pide cantar. Y ofrecerle tributos.

 

En la segunda estrofa, les pide, no limitarse a los cantos, sino reforzar con música de instrumentos, que sirvan de fondo a la Voz Divina, que nos ordena reconocer el Poder de Dios.

 

La tercera estrofa nos dice donde se visualiza Su Poder, “sobre las nubes”, desde donde envía sus rayos luminosos que reverberan sobre el Pueblo Escogido. ¡Por todo, Dios sea bendito!

 

Jn 17, 11b-19

Que los preserve de pensar y obrar como el mundo

Jesús pide que sus discípulos no acepten las aspiraciones y criterios del “mundo” ... Pide por ellos, para que sigan unidos por la fe que vence al “mundo”; que el fruto de esta unión nunca se acabe…Jesús pide al Padre que guarde a los discípulos del malo, del que es dueño de un poder que se caracteriza por la incredulidad, la mentira y el odio…

José Cárdenas Pallares  

El capítulo 17 podemos trabajarlo como tres perícopas

i)              1-5 El tema de la Glorificación. Con una estructura quiásmica que ayer obliteramos.

ii)             6-23 La Unidad que hunde sus raíces en la doble inhabitación: la del Padre que vive en el hijo y la de Jesús que habita en su Padre.

iii)           24-26 Los que Lo conocen y son templos del Padre y del Hijo.

Lo que se proclama hoy es apenas una subsección de la segunda perícopa.


En este capítulo 17, ya se dijo, tenemos la “Oración Sacerdotal” -que ayer subtitulamos “el Padre Nuestro Joánico”. Aquí se pasa revista a los conceptos fundamentales de este Evangelio. Pero no es un repaso, por repasar, por mejor aprender. Nos va mostrando cómo, con estas mismas piezas, intercambiándolas, se puede construir una escalinata al Cielo.

 

En el Evangelio dice δέδωκα [dedoka] “he dado” que es el perfecto de indicativo del verbo δίδωμι [didomi] “dar”: “… dar es el verbo con que el Padre repetidamente ha expresado su amor al Hijo:

a)    le ha dado su Nombre

b)    sus Palabras

c)    su Gloria,

d)    su Poder

e)    su Misión

f)     e inclusive, sus Discípulos.

Jesús a su vez, lo da todo a sus discípulos; comparte con ellos estas muestras del amor recibido del Padre. Amar es darse”. (Augusto Seubert)

 

Mencionemos las piezas que se destacan en la perícopa de hoy:

a)    El Nombre Altísimo

b)    Unidad (como comunión).

c)    La tutela que Jesús ejerció mientras estuvo a nuestro lado físicamente.

d)    La Escritura, como Libro profético.

e)    Jesús regresa al origen del que se desgajó

f)     El mundo, como colectivo que rechaza.

g)    La alegría que da Jesús, su Inmensa Paz.

h)    La entrega de la Palabra al mundo.

i)      No se trata de que nos quite de la “Batalla”, sino que nos da la fortaleza necesaria para no “rajarnos”.

j)      Porque ¡el Maligno nos va llevando a dentellada limpia!

k)    El corazón del mundo, enjaulado por el Maligno, queda “sordo”, incapaz de oír la Verdad de la Palabra. Incita a ir por senderos tenebroso llevándonos a pensar y obrar siguiendo el modelo de la sociedad injusta. Ciñéndonos a sus dictámenes.

l)      La Santificación de Jesús es el Aceite Santo para nuestra Unción.

 

“En nuestros días, muchas veces vemos cómo el mundo cuestiona nuestra fe, y de múltiples maneras se nos pide entrar en componendas con la fe, diluir las exigencias radicales del evangelio y acomodarnos al espíritu de nuestro tiempo”. (Papa Francisco)

 

¡Oh Señor, Úngenos con tu Santo Espíritu! ¡Santifícanos en la Verdad!

lunes, 18 de mayo de 2026

Martes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 20, 17-27

Pablo se siente movido por el Espíritu… su misión es ser testigo del Evangelio y de él va a dar testimonio hasta el fin, siguiendo los pasos de Jesús. La entrega de sí mismo hasta la muerte va a mostrar que la esencia del Evangelio es el anuncio de la gracia de Dios

Ivo Storniolo

Pablo iba rumbo a Jerusalén, donde esperaba llegar para la fiesta judía de Pentecostés, que ellos llaman Shavuot, es decir, “semanas”, es una festividad que conmemora la entrega de la Torá (el Pentateuco) en el Monte Sinaí, a Moisés, valga decir, que actualiza la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel), se celebra exactamente siete semanas después del primer día de Pesaj, que conmemora el éxodo propiamente dicho. Este año la celebración inició el 1º y llegó hasta el 9 de abril; Shavuot, este año empezará el jueves 21 de mayo desde la puesta del sol; e ira hasta el anochecer del 23 de mayo y se celebra permaneciendo despierto toda la noche estudiando la Torá, y escuchando la lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga.

 

Parece ser que en Éfeso, a pesar de haber desarrollado una importante labor evangelizadora, y de haber dejado sentada una Iglesia numerosa, quedaron sectores resentidos, que veían en él, una especie de amenaza, contra el culto a Artemisa, que era la diosa pagana por excelencia de aquella ciudad (insistimos en el referente de que se tenía como una de las 7 maravillas del mundo antiguo, precisamente el Templo de Diana en Éfeso, Diana fue el nombre que los romanos dieron a Artemisa, la diosa griega) -que simbolizaba la fertilidad, razón por la cual era representada con muchas ubres- y, muy seguramente el gremio artesano que usufructuaba del comercio con estatuillas y reliquias de ese culto, lo veían con muy malos ojos, -en Hch 19, 21-41 Pablo predicaba contra los fabricantes de estatuillas idolatras; razón por la cual, estando en su ruta, evita llegarse hasta allí, pasando por Macedonia (Tesalónica y Filipo), pasando una gran parte de ese tiempo en Corinto, de Troas Pablo fue a Asos -en Cefalonia- y luego a Mileto -al sur de Éfeso, y es allí donde la perícopa de hoy encuentra su encuadre espacial.

 

Convoca pues a los presbíteros en Mileto (ciudad relativamente cercana, separada por unos 48 Km), y les dirige su discurso de despedida, es el Tercer discurso de San Pablo, -con el cual se pone término a la labor de San Pablo en Asía, incluible en el género de los mensajes de despedida- donde hace un repaso de su labor, señalando que su consciencia está limpia, en el sentido de haberles entregado todo cuanto el Señor le había encomendado trasmitirles. El marco de esta alocución, lo señala el propio apóstol, es la humildad, las lágrimas, y el recuerdo de las muchas conjuras que los judíos le opusieron.

 

Señala que su misión ha consistido en dirigirse indiscriminadamente a judíos y griegos, para llamarlos a la conversión hacia Jesucristo. Les muestra que -va camino de Jerusalén- encadenado por el Espíritu, que le va mostrando, conforme avanza, que lo que le aguarda no es para nada placentero, sino puros sufrimientos.

 

Compara su vida con una carrera atlética, cuya meta consiste en ser coherente con la herencia que el Señor Jesús quiso donarle: el Testimonio de la Gracia inquebrantable de la Buena Nueva. Concluye su discurso señalándoles que ya no volverán a verlo, habiéndoles exhibido enteramente el Plan de Dios, porque él no ὑπεστειλάμην [upesteilamen] del verbo ὑποστέλλω [upostello] no hizo “acomodos”, no “maquilló”, no se “deslizó sigiloso, arrastrándose entre los rincones”, no “rebajó el alcance, para poder meter gato por liebre”, sino que les entregó -por entero- el “Plan Inmutable de Dios”, el “Designio Eterno”. Así puede concluir: ¡Misión cumplida!

 

El Pastor le habla a su rebaño, con los acentos de quien sabe que no las volverá a ver, ni ellos a contemplar su rostro; ni a dirigirles palabra alguna. Los aspectos que toca son, en síntesis: el desprendimiento, la caridad y el permanecer vigilantes

a)    Su vida entre ellos ha sido de total trasparencia.

b)    Ha estado al servicio de Dios entre las lágrimas que ha derramado y las confabulaciones que los judíos han maquinado en contra suya.

c)    Ha convocado a la conversión tanto a judíos como a gentiles; como discípulo de Jesús ha mantenido coherencia de vida respecto a las Enseñanzas dadas por el Señor y así poder llegar a creer.

d)    Se ha hecho “preso del espíritu” acatando sus mociones, aún contra las recomendaciones de sus amigos.

e)    No sabe con certeza qué le sobrevendrá, pero lo que alcanza a distinguir son nubarrones de oscuros presagios.

f)     Sin embargo, estos presentimientos no lo arredran ´porque lo único que toma en cuenta es el fiel cumplimiento de su ministerio, acorde a lo recibido del Señor Jesús: el “plan de Dios”.


Mañana, continuaremos examinando la segunda parte de este discurso -su último testamento- de instrucción a los presbíteros y de despedida. 

 

Sal 68(67), 10-11. 20-21

Nadie se salva solo

Ese es mi gozo, Señor, y esa es mi protección: andar en compañía de tu Pueblo, luchar en sus batallas, llorar en sus derrotas y alegrarme en la victoria. Tu eres mi Dios porque yo pertenezco a tu Pueblo.

Carlos G. Vallés s.j.

Este salmo nos obliga a mirar y contestarnos ¿cómo nos hacemos Pueblo de Dios? La respuesta está en la sinodalidad, adhiriendo a la Comunidad y peregrinando junto con ella. Papa Francisco retomó esta idea, Nadie se salva solo, en su homilía pronunciada en el Atrio de la Basílica de San Pedro, el viernes, 27 de marzo de 2020, enmarcado en ese tiempo de pandemia, de incertidumbre y miedo, y mirando la soledad de la Plaza, con el corazón lleno de sinodalidad afirmó: «Cuánta gente, cada día, demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras. ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos.».

 

Se insiste con este salmo Real, que hemos venido proclamando desde el viernes pasado, y con el cual insistiremos hasta este jueves venidero. Hoy se han configurado dos estrofas con los cuatro versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).


Dios ofreció una tierra que “mana leche y miel”, aquí el Salmista alaba la deferencia de Dios que les dio tregua, con una lluvia abundante, dándoles refugio en una tierra dispuesta para albergar a los לֶעָנִ֣י [leani] deriva de עָנִי [ani] “pobres”, “humildes”. “afligidos”.

 

Y, en la segunda estrofa: nos exhorta a practicar con asiduidad la gratitud, teniendo siempre en mente que Dios nos alivia y nos ayuda a llevar nuestras cargas, en las duras, extiende su Mano salvadora y cuando la amenaza es “mortal”. Él nos preserva.

 

El responsorio sigue apelando a los reyes de la tierra para que se unan con sus cantos de alabanza a Dios. No olvidemos que todo el Salmo se canta en tono de Teruah, en clave de dicha y alegría agradecidas.

 

«No soy un viajero solitario, no soy peregrino aislado… La alegría del viajero unida a la satisfacción resiliente. Somos a un tiempo peregrinos y ciudadanos, estamos en camino y hemos llegado, reclamamos tanto el Sinaí como Sion por herencia. Contigo a nuestro lado, peregrinamos con alegría y llegamos con gloria». (Carlos Gonzáles Vallés s.j.)

 

Jn 17, 1-11a

Glorifica a tu Hijo = Exalta al Hijo, al rango Glorioso

Para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en Su Nombre.

Jn20,31


Hoy entramos al capítulo 17 del cual nos ocuparemos estos tres días, hasta el jueves, dándole espacio al capítulo 21, el de “la pesca milagrosa”, relato post-pascual que nos sintetiza la experiencia de la joven Iglesia en la triple declaración amorosa de Pedro al Señor, del cual veremos -entre viernes y sábado-, una perícopa de 11 versos repartidos entre las dos jornadas.

 

El capítulo 17 nos trae la que denominamos la oración sacerdotal, que, se podría decir que es el Padre Nuestro en el Evangelio joánico. Hoy tenemos una especie de preámbulo, este Padre Nuestro no va a empezar con una petición de que les enseñe el camino de la Oración. Va a plantear la llega da de la Hora. La Hora Hermosa, la Hora Anhelada, -habría que poner ahora signos de admiración, como mínimo, no es la hora en que Él va a instaurar la gloria de su Poderío, sino la Hora en la que se verá, muy a pesar y muy a contra hilo de las expectativas, el significado profundo de esta Gloria por vía dolorosa, llevando la Kénosis hasta el límite de invertir toda la escala valorativa tradicional. δόξασόν σου τὸν Υἱόν [doxason sou tou uion] “Glorifica a tu Hijo”, “Elévalo a su Máxima Dignidad”, “Condúcelo a la Cumbre de su Esplendor”, “Dale su rango en plenitud”. En el Padre Nuestro que solemos recitar va por delante la Glorificación de Dios, todo encuentra su sentido en la glorificación de YHWH, “que está en el Cielo”. Pero aquí la glorificación es transitiva, no se Glorifica directamente sino a través de la Glorificación de su Plenipotenciario: ¡Esa es la Gloria! Su Hijo, Su Amado del Alma, será glorificado y esa Gloria recaerá por entero en el Padre, que no sólo Glorifica, sino que le da -a los que somos los destinatarios de tanta Bondad- de Ese Amor-Tan-Grande. Todo lo que es de Dios nos permanece inalcanzable, pero en la Glorificación del Hijo se nos manifiesta y se hace nítido para nosotros toda Su trascendencia”: Jesús es Sacramento del Padre. A través Suyo toda la Grandeza Divina se nos trasparenta.

 

Esa Glorificación Descomunal e Inenarrable, no es para adornar su Trono, donde no caben adornos, sino es nuestro Beneficio. ¿Qué brillo se podría añadir al que Es en Sí la plenitud del Destello y de la Claridad, al que Es-Sumo Brillo? La Gloria pedida es la densidad total de la persona, la Gloria del Padre y la del Hijo, son Palabra de Divina-Majestad. Estamos para conocerlo a Él, que no deja de ser un conocer intelectual, pero que, además, es un conocimiento experiencial. No es que debamos abandonar nuestra capacidad mental de acercarnos, sino que también -añadido a lo poco que alcanzamos a conjeturar con nuestro “entender”-, hemos da experimentar -principalmente- nuestra consciencia permanente de “estar con Él” y marchar a Su lado. Su Claridad es Tal, que no tenemos que afanarnos por las “boletas” de primera fila”, su Brillo es tan excesivo que todo el Universo estará en Primera Fila.

 

No se queja de nosotros para nada. No reprocha nuestra pesadez de corazón, no saca a relucir que nuestra nuca es inflexible, rígida, tiesa, para rendir Tributo de Adoración, para nada lamenta que haya tenido que adornar su Pedagogía especialmente con Paciencia contrastada con nuestra lentitud, (la Paciencia Divina no es como la paciencia humana que la damos a regañadientes, como cuando decimos ¡qué paciencia!) La Paciencia Celestial es la generosidad amplia del que conoce nuestra fragilidad porque la ha sufrido en carne propia en la Cruz y en todo su caminar a nuestro lado, desde la Cuna de Belén; en cambio informa a su Padre, que “hemos guardado la Palabra”.

 

La vida Eterna no es algún concepto muy abstracto: Jesús, que es “trasparencia del Padre”, nos la ha dado a conocer, porque la Vida Eterna no es otra cosa que conocer al Padre en el Hijo.

 

Sabe que, en medio de nuestras confusiones y miedos, en nuestro corazón habita la certeza de lo que Jesús nos ha mostrado ampliamente:  que Jesús, “salió”, “procede de”, “se ha desprendido del” Padre. Que aun cuando nuestro pensamiento está abarrotado de torpeza y somnolencia alcanzamos a intuir que Él es “consustancial” con el Padre.

 

Jesús ruega, entonces- a su Padre por nosotros (en el otro Padre Nuestro se dice “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden), aquí Jesús le ruega al padre por nosotros porque nosotros somos sus Amados, los que el Padre le entregó al Hijo: se interesa por dejarnos blindados porque Él ya va a pasar al Padre, en cambio nosotros, nos quedamos en el mundo (aquí mundo significa el conjunto de las fuerzas oscuras que tenemos que enfrentar).


Hay un enfoque que nos da San Juan en el verso 11, que nos muestra que este es un mensaje post-pascual, que es un discurso del Resucitado que el Evangelista ha insertado aquí, es cuando dice. καὶ οὐκέτι εἰμὶ ἐν τῷ κόσμῳ [Kai ouketi eimi en to kosmo] “Yo ya no estoy en el mundo” (Jn 17, 11a).  Que significa -no que se haya ido- sino que Él ha vuelto a entrar en Su Gloria, que se despoja de su kénosis, porque ya asumió la totalidad de su ser-hombre, así que vuelve a entrar en la Plenitud de su Ser-Dios.

 

Al entrar, entra abrazándonos. Entra en la Gloria con todas nuestras fragilidades, llevándolas entre sus brazos desplegados. Presentándolas como salvo-conducto para que -a su debida “hora”- podemos nosotros, también, ingresar. 

domingo, 17 de mayo de 2026

Lunes de la Séptima Semana de Pascua


Hch 19, 1-8

Apolo se quedó en Corinto, Pablo avanzó hasta Éfeso. Encontró allá unos discípulos (en número de 12) a quienes preguntó, si habían recibido el Espíritu Santo. Y ellos, ni siquiera habían oído esta combinación de palabras. Πνεῦμα Ἅγιον [Pneuma Agión] ¿Espíritu Santo? ¡Ni nos lo han mencionado! Estas personas estaban detenidas en cierto punto de su desarrollo espiritual, si cabe hablar así…

 

Sólo conocían el bautismo de conversión al que convocaba San Juan el Bautista. Acto seguido, San Pablo les completa su Iniciación Cristiana, y les concede la imposición de manos. En estas acciones, podemos rastrear el Sacramento de la Confirmación, como reafirmación, después del bautismo. Es urgente entender que no se trata de una segunda dosis de Espíritu Santo, sino de una delegación y un envío, que es el significado de la Imposición de manos, lo que hace de este un Sacramento diferente del Bautismo; se entrega al Confirmando una misión muy específica: darse cuenta que la vida en la Iglesia es más que atesorar le fe en el corazón, es sentir la urgente necesidad de proclamar a otros la grandeza y la belleza de Creer en Jesucristo como Salvador. Es compartirles a los hermanos el don recibido. Este Sacramento bien merece llamarse de “la adultez cristiana”, -ya no se nos trata como niños dentro de la Iglesia-, ahora, además, se nos reclama una respuesta y un testimonio: ser discípulos y misioneros, este es el Envío, que es el significado de este impulso sacramental. ¿Qué pasó?, ¡tuvieron su propio Pentecostés! Hablaban en lenguas extranjeras, y profetizaban.

 

No hablaban en lenguas extranjeras por vanidad de sabedores de idiomas, o de inventores de jerigonzas. San Pablo -en 1 Cor 14, 2-19, prefiere que se hable de manera comprensible para instruir a la comunidad antes que hablar en lenguas incomprensibles.

 

El Espíritu les enseñaba a hablar en lenguas para poder llegar a los confines de la tierra y poder cumplir su tarea misional. Es fantástico cómo -tomemos este caso que es ejemplar- los misioneros llegaron a “América” y aprendieron las diversas lenguas y dialectos para ser efectivos portadores del Anuncio de la Buena Nueva. También contamos con un registro escrito de su tarea de aprendizaje porque es gracias a su labor que se han conservado las lenguas de los aborígenes, con diccionarios que apoyaban a la llegada de la siguiente promoción de misioneros.


Pablo, como repitiendo lo que se dijo del segundo viaje: Hablaba ἐπαρρησιάζετο [eparresiazeto] “con audacia”, “con parresia”, con “completa audacia”, “con toda libertad” del Reino de Dios, ¿en qué consistía la tarea de Pablo?: Dialogaba con ellos y trataba de persuadirlos. Aquí tenemos una fijación de principios. ¿Qué le corresponde al evangelizador? No obligar a nadie, nada de presiones psicológicas ni chantajes: sólo διαλεγόμενος [dialegomenos] dialogo y πείθων [peizón] “persuasión”, “confianza”.

 

Sal 68(67), 2-3. 4-5ac. 6-7ab

Este es un salmo del Reino. Hoy se han configurado tres estrofas con los cuatro versos y los dos medios versos que se tomaron, de los 35 que componen el Sal 68(67).

 

Aquí tenemos un salmo un tanto indescifrable porque su poética es elevadísima. Primero nos revela -tomando como referencia, su despliegue de paternalismo con sus manifestaciones en el Sinaí. Aquí se nos descubre como padre de huérfanos, protector de las viudas, anfitrión de los desvalidos y liberador de los cautivos, es decir, se pone de patente su desvelo de predilección con los más desvalidos y los marginales de la sociedad.

 

Así como al principio los puso en el Edén, ahora los lleva a su tierra de promisión: Llevó su rebaño a la tierra que preparó para esos pobres.


La primera estrofa de hoy, anuncia que será nuestro defensor y que derretirá, como a cera, el fuego de su amor-Protector. Los enemigos son los que deben temblar.

 

En la segunda estrofa se señala que, por el contrario, nosotros nos llenamos de júbilo, gozamos ante su Presencia, cantamos tocamos. Se podría traducir esta estrofa como un llamado a “alabar al que cabalga a lomo de nubes”.

 

En la tercera estrofa vemos que Dios le prepara casa a los desvalidos, liberando a los desvalidos y enriqueciéndolos. En la parte c y d del verso 7 se nos dice que, en cambio, los rebeldes habitarán tierra estéril y serán abrasados.

 

La atmosfera es, para sus fieles, la de estar en una fiesta de ilimitado jolgorio donde se han alcanzado por fin, las dichas del esjatón: Los frutos maduros de A Resurrección.

 

Jn 16, 29-33

Me dejaran solo

No se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. Una cosa que nos ayudaría mucho sería preguntarnos si ¿creo o no creo? Si creo un poco y un poco no, ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

Papa Francisco

Ya lo hemos dicho, el Señor deja atrás el lenguaje analógico, que usaba para sugerirnos pautas intelectivas de lo que está detrás del “velo”. Es un conocimiento indirecto, nos enseña sobre las cosas espirituales remitiéndonos a elementos cotidianos, hablándonos de las cosas acostumbradas, normales, con las que siempre estamos en contacto. Ahora, cuando Él ya contempla cercana la “hora”, le es dado adivinar lo que sobrevendrá, y nos lo dice sin tapujos: con total nitidez.


Le decimos -como quien le lleva la idea a un niño en sus fantasías- que sabemos que Él lo sabe todo. Parece una suerte de oxímoron: Si uno conoce -digamos, por ejemplo- un libro entero, porque lo ha leído de cabo a rabo, uno puede decirle al interlocutor: “por los detalles que me has contado me doy cuenta que “lo sabes todo”, queriendo decir que como yo lo leí atentamente, sé que mi oyente también lo conoce por entero. Pero esa manera de hablar depende que yo lo haya leído a cabalidad; más si yo desconozco el “libro en cuestión” ¿cómo podré decirle que “sé que lo sabe todo”?

 

Jesús deja atrás su lenguaje de “comparaciones”. Empieza a desvelarnos la realidad que nos ofrece. Nosotros alcanzamos -también por fin- a vislumbrar su Sapiencia Infinita. La teología acuñó la expresión “Omnisciencia” para indicarnos como es el “Saber Divino”. Aun cuando no sabemos qué es lo que Él sabe, ya es una aproximación muy buena, saber que nada se le escapa, y que nada le tenemos que ocultar, pues todo se le descubre. Y, animados por la evidencia de esta “intuición” nos proponemos dar el gran salto a Sus Brazos, ¡queremos aceptarlo! Recibirlo como Rey Nuestro. Y, conscientes de nuestras limitaciones, y de la variabilidad de nuestros estados, quisiéramos “creer” siempre y “dudar” nunca.

 

Sin embargo, Dios sabe que vamos a tambalear. Él sabe que los fragores, las turbaciones, las inseguridades nos mostraran sus afilados colmillos y nosotros empezaremos a temblar como ovejas, que van al matadero. En medio de esos azoramientos, tribulaciones y ofuscaciones, nos dispersaremos, cogeremos cada cual por su lado y nos apartaremos del rebaño en vez de acudir al aprisco. Él presiente nuestro abandono, nuestras traiciones, nuestra tendencia facilista a la deserción. En cambio, Él no flaquea, porque se apoya en el Pilar inamovible del Padre.

 

Decirle que “Él lo sabe todo”, es sólo una zalema, como cuando uno le dice a alguien “usted es un genio”, porque -con legalidad- sólo un genio puede reconocer la genialidad. Se dice por cortesía, por galantería, por adulación. ¿Podrían acaso sospechar levemente lo que se aproximaba? O ¿era solo un manto tendido al paso del Mesías, conscientes que se arriesgaba sólo el manto, pero uno -se quedaba aparte, al lado del riesgo, evadiendo el compromiso, corriendo a esconderse, desertando de las filas, pagando escondederos a peso? σκορπισθῆτε ἕκαστος εἰς τὰ ἴδια [skorpisthete ekastos eis ta idia] Dispersándonos cada uno aparte”.

Todo esto nos lo dice y nos lo reitera, para que recibamos otro Don que Él nos otorga: ¡La Presencia de Animo! Es la solidez que da el Paráclito, la convicción de que Su Victoria se nos comunica, le da un esqueleto reforzado (un chaleco blindado y todos los útiles para construir el Reino) a la fe y nuestro pecho, queda recubierto por ese Escudo. Allí pueden empezar a pasar varias cosas:

-Una muy común y corriente, que nos acomodemos, con todas las medallas de Jesús en nuestro pecho, a dormir la siesta de Su Victoria.

-Que nos demos cuenta por qué se llama Nuevo Testamento: porque en Él Jesús nos ha heredado la Misión de implementar sus Valores, sus Sueños, su Justicia, su Amor.

-Aún hay una tercera opción: que con amargura y enfado nos dediquemos a renegar de todo y de todos, porque todo sigue igual o -como muchos dicen- cada día es peor.