miércoles, 25 de marzo de 2026

Jueves de la Quinta Semana de Cuaresma


Gn 17, 3-9

Podríamos, para su estudio y comprensión, dividir el Génesis en dos partes:

a)    Hasta el capítulo 11, inclusive, es la Creación del mundo y la introducción de la humanidad, y cómo el pecado se coló en la realidad de esa Creación.

b)    El linaje del pueblo hebreo, y -en general- de la humanidad que reconoce a YHWH como su Dios. (caps. 12-50).

Esta segunda parte, aun podríamos descomponerla en dos ciclos

-       Las parentelas y clanes que dieron origen al Pueblo Elegido. (Caps. 12-36)

-       Los diversos hechos que muestran que Dios acompaña a su Pueblo y actúa favorable y misericordiosamente con él. (Caps. 37-50)

 

Si queremos rastrear el desarrollo del Génesis hasta llegar a la perícopa que se lee hoy, podríamos marcar las siguientes etapas:

a)    La vocación de Abram (Gn 12, 1-19.)

b)    La lucha por mantenerse libre y conseguir una tierra propia donde habitar. (Gn 14, 10-24).

c)    Establecimiento de una relación con YHWH, donde Dios le promete y él le cree. (Gn 15, 1-20)

d)    La alianza se arraiga (Gn 17, 1-27).

 

La perícopa de hoy tiene dos elementos, definitivos para que la Alianza eche raíces:

-       YHWH le cambia el nombre (o sea que le cambia la vida), de Abram, que significa “Padre excelso” por Abraham que significa לְאַ֖ב הֲמֹ֥ון גֹּויִֽם׃ [le ab hamoun gouyim] “Padre de una multitud de Pueblos”.

-       La Promesa de YHWH

 

Veamos cuales son los elementos (clausulas) de esta Promesa:

a)    Hacer a Abraham especialmente fecundo y padre de reyes.

b)    Dios mantendrá con su descendencia una Alianza Perpetua: Será su Dios y el de toda su descendencia.

c)    Les entregará la tierra en la que -en ese momento- eran sólo transeúntes (Canaán).


El texto de la Alianza concluye con una sola condición de reciprocidad: Que tanto él como su descendencia mantengan el cumplimiento de la Alianza: Es decir, ser siempre conscientes de que YHWH es nuestro Dios. El compromiso es mantenernos apegados a nuestro monoteísmo, a ese Dios-Único, en Tres-Personas-Distintas.

 

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Sal 105(104), 4-5. 6-7. 8-9.

Este es un Salmo de la Alianza, insistiremos hasta el cansancio que este es una clase de salmos con una destinación litúrgica muy precisa: renovar la Alianza. Lo más similar que tenemos a la mano son la renovación de Votos, por parte de los cónyuges. Uno se podría preguntar, ¿para qué se hacen renovaciones de votos? Y la respuesta es tajante: ¡Para revitalizar la relación! ¡Para poner al orden del día la clara consciencia del vínculo que los une! ¡Para significar que la fuerza del amor sigue tan viva como el primer día! ¡Para significar que, si hoy me lo volvieran a preguntar, gozosamente volvería a dar el “Si”!

Hay otra alianza que renovamos con mucha frecuencia los católicos: ¡La Eucaristía!

Con la Eucaristía actualizamos la Entrega hasta el Sacrificio del Hijo de Dios, que nuevamente se nos da en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, valga decir, que de nuevo se entrega integralmente para nuestra Salvación, y nosotros le respondemos que, el Amor Agradecido que le profesamos sigue vivo en todo su esplendor.

En la primera estrofa la parénesis es de apoyarnos en Él, fiarnos de Él, amarrarnos a su Poder. Y, hacer memoria agradecida de sus favores, y de su Palabra.


En la Segunda estrofa dice a Quién le habla el Salmo, estas palabras ¿a Quién están dirigidas? Al Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, al Dios de nuestros padres. Y, al mismo tiempo, tiene una tiernísima connotación: Él nos inserta en su Pueblo, nos reconoce miembros de este linaje, el que empezó en Abraham. Sea para Él, ¡el Dominio, la Potestad y la Soberanía sobre toda la tierra!

 

Por fin, en la tercera estrofa se garantiza que Dios tiene una Memoria portentosa, una Memoria que nunca olvidará y que sostiene en el lugar privilegiado de sus Recuerdos, el haberse Aliado con nosotros.

 

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Jn 8, 51-59

Antigüedad de Jesús en la historia de Israel

Jesús ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él.

Papa Francisco

La perícopa del Evangelio está articulada con Abraham como Padre de nuestra fe, como patriarca de nuestro linaje, como ascendiente de nuestra estirpe de creyentes. En ella se manejan, cuatro aspectos íntimamente articulados


     1)    No morirá para siempre, quien guarde la Palabra de Dios.

2)    Si Abraham murió y los profetas murieron, ¿cómo es que Jesús pretende poder dar la Vida Eterna? Le preguntan los judíos.

3)    Jesús tiene que reconocer que Él conoce a Dios-Padre, porque no puede volverse mentiroso negándolo: es Dios-Padre quien glorifica a Dios-Hijo; así lo declara aquí el mismo Jesús.

4)    Abraham se alegrará de ver cuando Jesús se Encarnó: a eso Jesús lo llama τὴν ἡμέραν [ten emerán] “su Día”.

 

En el verso (Jn 8, 58) se engarza -nuevamente- la identidad de Jesús con el Santo Nombre de Dios, cuando Él se auto-denomina “Yo-Soy”. De esta manera, la perícopa no resulta como un elemento más del discurso, sino que hilvana perfectamente con la totalidad del capítulo que pone de manifiesto que es Dios, en cuanto es el Hijo-de-Dios. ¿Quién, sino Dios, podría otorgar la Vida Eterna?

 

Se recordará que el Evangelio de Juan se consignó precisamente en el contexto de la expulsión de los cristianos de las sinagogas, y del rechazo por parte de los fariseos de esta que, para ellos era una secta. Pero, también ha de tenerse presente que Jesús era judío, era el rey de los judíos, que los Apóstoles eran judíos, y que muchos de los primeros seguidores del cristianismo lo eran. Después de la Resurrección ellos siguen frecuentando el Templo. Cabe destacar que San Pedro y San Pablo, también eran judíos. Cuando, en este Evangelio se habla de judíos, se debe recordar que el contexto ha cambiado. Y la actitud de los judíos hacia el cristianismo se volvió recalcitrante. Sin embargo, también cabe recordar que ellos siguen siendo la raíz del Pueblo escogido, que la promesa de la Alianza es una promesa Eterna, que somos hermanos en el linaje abrahamico, y que esta expresión -como se usa aquí- no debe dar pie al fomento del antisemitismo. En Jn 4, 22 podemos leer que “la Salvación viene de los judíos”.

 

Aquellas expresiones despectivas, y muchas veces peyorativas, hacía el judaísmo, eran -a falta de otra palabra y para evitar complicaciones explicativas- una manera de denotar a cierto núcleo jerosolimitano de dirigentes y de autoridades del Templo. En los versos precedentes a la perícopa de hoy, encontramos que -por labios de Jesús- son declarados “de su padre el Diablo y quieren realizar los deseos de su padre” (Jn 8, 44).

 

Pretenden lapidarlo, -de tal manera, el sujeto de la lapidación ha cambiado radicalmente: al inicio del capítulo, es la adultera, al final, será Jesús; ya habíamos dicho que, de todos modos, el propósito era acorralar a Jesús y encontrar pretexto para asesinarlo- hay aquí, entonces, una denuncia en retrospectiva, cuando señala que ellos lo quieren matar, y muestra la decidida voluntad que tenían de hacerlo; a todo ello se refiere el Evangelio según  San Juan, como previo, siendo que la redacción del documento se efectuó después del año 60, y muy probablemente, llegando el 100.


Mientras la propuesta de Jesús es una propuesta de Vida, los dirigentes del Templo optaron por una religión de muerte -contra lo que muchos pensarían-, que la cultura de la muerte es de esta época, ¡no es así! (lo que pasa es que esta cultura en nuestros días se incrementa en su tecnificación, en su eficacia para generar muerte), sus corifeos se han mantenido activos a todo lo largo de la historia. 

martes, 24 de marzo de 2026

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR


Is 7, 10-14; 8,10

Se trata del Primer Isaías -Profeta Pre-exilico- de Jerusalén, en el reino del sur, cuando ya se había dado la división respecto de Judá en el norte. Inicia con una introducción 1, 1- 5, 30 donde se exponen las desviaciones que se están cometiendo en este tiempo: hay acaparamiento de tierras, los tribunales -a sabiendas- dictan fallos injustos, se desmandan en orgias y se rinde pleitesía a los Baales, y se idolatra el dinero. El culto se propone ocultar, de manera cómplice, la injusticia social que perjudica a los más débiles de la sociedad.

Todo el capítulo sexto se ocupa de la vocación del profeta y 7,1 – 9, 6 integran el Libro del Inmanu-El. De aquí tomamos la perícopa de hoy.

Es el primer aviso para Acaz (o Ajaz), hijo de Jotán rey de Judá entre el 734 y el 715 a. C. (aproximadamente, otros investigadores dan fechas distintas). Isaías le trasmite de parte de Dios a pedirla una א֔וֹת [oth] “señal”, pero esta se puede entender de una manera dual: desde una óptica significa, pruébeme que, si lo cumplirá, desde otra óptica significa: deme un recibo contrato con el que pueda demandar el cumplimiento de lo ofertado. Acaz da unas razones religioso-bíblicas para no pedir la señal, lo cierto es que él prefiere comprometerse con las potencias vecinas antes que confiar verdaderamente en Dios. En su época, una manera de sellar un pacto con los extranjeros era asumir la religión ajena y adorar sus dioses. Es exactamente lo que hace Acaz, quema incienso y llega hasta sacrificarle su propio hijo -atentando contra la dinastía davídica-  al Baal, en el שְׁאוֹל Sheol (valle de Hinóm). (2Cr 28, 2-4)

Acaz no pide la señal, entonces, YHWH de su propia iniciativa, le propone una promesa que no tiene fecha de cumplimiento: הָעַלְמָ֗ה Ha’almah [ja- almáh] “una doncella” está en cinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Immanu-El que significa “con-nosotros-Dios”. Si hubiera querido decir “Virgen” habría usado la expresión בתולה [betulah]. Ha sido el traductor al griego -quien socorrido por el Espíritu Santo- tradujo “Virgen” con la connotación que nosotros veneramos. Subrayamos también el hecho del artículo indefinido הָעַ [ja] “una”, que deja abierto de quién se trata, y la incertidumbre de en qué época vendrá a concretizarse históricamente.


Según el uso de aquellas culturas, cuando un hijo estaba destinado a ser rey, era engendrado por la divinidad, y el papá biológico no tenía nada que ver. Así el “designado” era hijo del dios y su madre, quien para resaltar la divinidad del heredero era la llamada a darle el nombre. Esto tiene respaldo en documentos egipcios encontrados.

Que sea “con-nosotros-Dios” recoge lo que ellos vagamente habían visto -aun cuando mal comprendido- que Dios no es un dios-local, sino un Dios-sinodal, que no cesa de ir con nosotros y que no está preso en el Templo, sino que es Libérrimo.

 

 

                       

 

Sal 40(39), 7-8a. 8b-9. 10.11.

בָ֑אתִי [bati] “Aquí estoy” es una expresión de apertura, de disponibilidad, de acatamiento, de entrega, de donación. La expresión significa: “doy un paso al frente”, “me acerco” (dispuesto, disponible), “camino hacia el altar para hacerme hostia”. quizás una de las aproximaciones más cercanas a esta expresión es la “vida consagrada”: al hacer sus votos, habiendo procesado todo el peso y la resonancia del compromiso de la entrega, el monje o la monja, se acercan al altar y el Abad, la Abadesa o el Obispo le preguntan, desde su libertad, sobre la disponibilidad, sobre la capacidad de su entrega. La persona sabe que se da completamente, sin cortapisas, llevando la obediencia como Confianza, porque es al Enamorado a quien se entrega, y esa aventura le conducirá -quien sabe dónde- pero siempre junto a su Amado. Lo que se pide no son ofrendas, ni sacrificios, lo que se da voluntariamente es “La Vida”: «Para hacer Tu Voluntad, lo quiero y llevo tu Ley en mis entrañas». Como hemos insistido, es un Amor “entrañable”.


 

Uno de los votos que hace el “comprometido” es el de בָּשַׂר [dabar] la proclamación de la Salvación que es el regalo que retorna el Amado. El “comprometido” se convierte en un “anunciador”, en alguien que no para de dar la “noticia”. ¿De qué nos habla la noticia? De la חָ֫סֶד [chesed] “misericordia”, “bondad”, “clemencia”; de su אֱמֶת [emeth] “firmeza”, “rectitud”, “verdad”.

 

Aquí hay un canje, una especie de “conversión” por parte de Dios, Él ya no quiere ovejas, vacas, corderitos; Él ahora quiere que seamos nosotros mismos los que voluntariamente subamos a la piedra de los sacrificios, nos brindemos, y estemos dispuestos a vivir para glorificarlo, para anunciarlo, para mostrar sus proezas a favor nuestro; todo, todo nuestro ser es ofrecido y ofrendado. Hasta nuestras fallas y pecados, para que Él los sane.

 

                       

 

Hb 10, 4-10

Nadie me la quita, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo poder para entregarla, y también tengo poder para volver a recibirla. Esto es lo que mi Padre me ordenó»

Jn 10, 18abc

Jesucristo es Sumo y Eterno Sacerdote, el ofrece el Sacrificio; y Él mismo se hace Sacrificio, Él es la Víctima propiciatoria, Él paga el Rescate y así se convierte en el Redentor. En aquellas culturas -en la que vivió el pueblo judío antes y durante el Éxodo-, matar una res era un sacrificio bastante grande, era privarse de algo bastante necesario, era la carne de la comida, significaba abstenerse varios días, quedarse sin la dosis de proteína. ¡tenía su mérito!

Pero la deslealtad de ese pueblo se manifestó en que “el precio” de redención no les dolía. Tenían tantas vacas y tantos animales para sacrificar, que dejó de ser valioso y significativo.

Entonces, Dios se humanó, se ofreció a Sí mismo. La Víctima era lo más Grandioso que quepa imaginar: era Nuestro-Propio-Dios, ¡era el Amado el que era asesinado!

Ya desde los orígenes de nuestra religión, Dios nos puso a pensar lo que significa llevar al Ara al amado; en el episodio del sacrificio de Isaac, vemos a Abraham caminando hacia el Monte Moriah, y le solicita al hijo que se acueste en el Altar. Ya sabemos que Dios no permitió el sacrificio, pero nos dejó pensando: ¿qué clase de locura era aquella? ¿Cómo podía pedirle al pobre viejo que sacrificara a su hijo único?

Si nos ponemos a pensar los que Dios Padre hizo para redimirnos, y si vemos como Jesús se acostó voluntariamente en la cruz, entonces, en ese momento entendemos que Todo Dios, no sólo Jesús, sino Todo-Dios se sacrifican por su Pueblo, por sus Elegidos. En esta perícopa de Hebreos podemos escuchar la expresión de libre aceptación por parte de Jesús: “Aquí estoy yo para hacer tu Voluntad”.

 

                       

 

Lc 1, 26-38

Dios entra, … Como con miedo de llevarse en sus aguas, en su ola, todo el mundo de ilusiones. Y cae como lluvia temprana en el corazón virgen, bello, trasparente y puro de María. Pone su pie como sobre nieve de cumbre. Pone sus ojos como el viento sobre la montaña. Pone sus manos como la primavera, sus flores en el almendro. Pone sus labios como la madre sobre la mejilla del niño. Pone su corazón sobre el corazón de María. Así Dios.

Emilio L. Mazariegos

Se dice que la Encarnación de Dios es el salto más largo que da la Divinidad. En la cruz, Jesús salta de vivo a muerto, pero en la Encarnación el salto es de Dios a Hombre. Hay una hermosísima Alianza en este episodio que llamamos la Anunciación, Dios pide -a su Criatura- que, desde su entera libertad, acepte participar en la Aventura Redentora.


«En Lucas parece haber un texto hebreo subyacente. En cualquier caso, toda la descripción está caracterizada por semitismos que, por lo general, no son típicos en él. Se ha intentado entender las propiedades de estos dos capítulos, Lucas 1-2, a partir de un antiguo género literario judío, y se habla de un “midrash-haggadico”, es decir, una interpretación de la Escritura, mediante narraciones. La semejanza literaria es innegable. Y, sin embargo, está claro que el relator lucano de la infancia no se sitúa en el judaísmo antiguo, sino precisamente en el cristianismo antiguo. Pero este relato es también algo más: en él se describe una historia que explica la Escritura y, viceversa, aquello que la Escritura ha querido decir en muchos lugares, sólo se hace visible ahora por medio de esta nueva historia… Esta no era reconocible en las palabras por sí solas, pero las palabras alcanzan su pleno significado a través del evento en el que ellas se hacen realidad». (Joseph Ratzinger-Benedicto XVI)

 

No se trata de volverse גְּבִירָה la Madre del Rey [gəḇîrāh], de la raíz hebrea [gbyrh] "Gran Dama" o "Reina Madre" era una figura política y religiosa decisiva en el Reino de Judá, no en el del Norte. A diferencia de las esposas, la madre del rey ostentaba el máximo poder femenino. Sólo la madre de un hijo rey puede llamarse reina, apareciendo como Gebirah: grande y poderosa. Ese título implicaba dignidad y poderes especiales, como lo muestra el caso de Betsabé, la madre de Salomón (1 Re 2, 19; cf. 2 Re 11, 1ss; 5, 21); actuando como consejera principal y defensora del pueblo ante el monarca; no se trataba de sentarse cómodamente en el Trono de David. No se trataba de los honores y reverencias que recibiría la Reina-Madre. No se trataba de ropas finas y elegantes y de coronas reales.

 

Se trata, por el contrario, de lo inexplicable, de lo imprevisible, de lo incomprensible, de lo inabarcable. Por eso, decimos que se trata de una experiencia inefable: ¡No hay palabras para acercarnos! Lo que dice el relato del diálogo entre María y el Arcángel San Gabriel resulta poco informativo. Es como periférico. Da la vuelta alrededor de la Luz, pero no llega a la Luz. Es prácticamente un relato anecdótico.

 

κεχαριτωμένη [kejaritomene] “Favorecida con toda la Gracia estable de Dios” El Ángel le dice que Ella está totalmente repleta del Amor de Dios, que ha sido preparada, purificada, limpiada, y que ese proceso es un “empaque al vacío” eterno, perfecto, que nunca se debilitará, que conservará esa condición de plenitud “por los siglos de los Siglos”. Alcanza a insinuarle, sin entrar en filosofías, ni en categorías “intelectuales”, que no habrá participación humana en la paternidad; será de lo más simple, Πνεῦμα Ἅγιον ἐπελεύσεται ἐπὶ σέ, καὶ δύναμις Ὑψίστου ἐπισκιάσει σοι· “El poder del Altísimo te cubrirá con su Sombra” Para nosotros la palabra clave aquí es ἐπισκιάσει [episkiasei] de las raíces epi: “sobre” y skiazo “echarle sombra”, “eclipsar”.  

 

Durante la Eucaristía hay un momento metafórico, es el momento en que el Sacerdote coloca las manos “sobre” las especies del pan y del vino, para “hacerle sombra”. Esa sombra no es la que obra la “transustanciación”, sino el “poder” del Espíritu Santo, pero obrando sobre elementos materiales y concretos de nuestra realidad, se evoca lo que de ninguna otra manera podríamos “entender” de lo sacramental. La Unción sacramental que ha recibido el Sacerdote, la Iglesia le otorga la capacidad de obrar semejante “prodigio”: Invocar al Espíritu Santo y garantizar su Presencia.

 

La sombra que cubrió a la Virgen Santísima debió ser totalmente invisible, ella no podía ser mínimamente eclipsada. La expresión “sacramental” nos deja ver cómo obró Dios en Ella Ἰδοὺ δούλη Κυρίου· [idou e doule Kyrión] “He aquí la esclava del Señor”. Ella da el paso al frente y se pone a disposición. Su respuesta es de dulcísima sumisión, se ofrece como “esclava”. Le toca a Ella el turno de pronunciar su propio “Heme aquí”. Y ella “admitió”, pronunció el permiso, el asentimiento: γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου. [genoito moi kata rema sou] “Hágase en Mí según tu palabra”. Ella no fue esclavizada, pero se ofrece voluntariamente a asumir la Divina Voluntad como si fuera la suya-propia, ofreciéndose con suma disponibilidad, con total asentimiento.


 

Vamos a redundar incluyendo aquí el #2617 del Catecismo de la Iglesia Católica:

«La oración de María se nos revela en la aurora de la plenitud de los tiempos. Antes de la Encarnación del Hijo de Dios y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de manera única con el designio amoroso del Padre: en la anunciación, para la concepción de Cristo (cf Lc 1, 38); en Pentecostés para la formación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo (cf Hch 1, 14). En la fe de su humilde esclava, el don de Dios encuentra la acogida que esperaba desde el comienzo de los tiempos. La que el Omnipotente ha hecho “llena de gracia” responde con la ofrenda de todo su ser: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Fiat, ésta es la oración cristiana: ser todo de Él, ya que Él es todo nuestro».

 

«Dios se acerca de puntillas como para no sorprender a la joven María. Dios ha esperado la cita y llega como un enamorado… Es la hora de comenzar de nuevo la Historia… y Dios vocaciona a María. Dios le presenta su plan… Dios le ofrece un proyecto… María se estremece. Dios calla. María se anonada. Dios espera. María hace silencio. Dios escucha. María pregunta. Dios salta de gozo. María no entiende con la cabeza. Dios le habla al corazón. María se abre a la llamada. Dios derrama sobre ella la fuerza del Espíritu». (Emilio L. Mazariegos) 

lunes, 23 de marzo de 2026

Martes de la Quinta Semana de Cuaresma

 

“Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.”

1 Cor 1,22-24

Nm 21,4-9

Este Libro en hebreo se llama Bemidbar (en el desierto); para nosotros se llama Números porque se hace referencia a dos censos, el primero en el capítulo 1 y el segundo, en el cap. 26. Es el cuarto Libro de la Torah (Pentateuco), los Israelitas, liderados por Moisés, acaban de cumplir un año de estar a los pies del Monte Sinaí; se habla allí de los preparativos para salir del Sinaí con una explicación con pormenores -en el cap. 9-, sobre la celebración de la Pascua. Pasan al desierto de Paran, los caps. 11-14, se refieren a la prolongada estadía -30 años- de los israelitas en el oasis de Cadés-Barnea; y luego, su marcha por el desierto de Zin, su paso por la llanura de Moab (cap. 22-32) que se prolongó por once meses; en los capítulos 33-36 se relatan los preliminares al cruce del Jordán. La figura intercesora de Moisés se destaca y se muestra con reiteración (11,2. 12,13: 14,13-19. 21,7). La perícopa de hoy muestra esta última situación: En el trance entre el desierto de Paran y su travesía por la llanura de Moab, se da el episodio y la intercesión mosaica -la última que hemos referenciado- y que podríamos considerar en 5 momentos:

1)    Saliendo del Monte Hor y camino al Mar Rojo, evitando pasar por el país de Edón, “el pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés. (Nm 21, 4-5a). Según ellos el Maná tenía un sabor nauseabundo porque era como un esponjado desabrido.

2)    El Señor envía -como castigo por su maledicencia- serpientes שָׂרָף [saraph] “abrasadoras” -seguramente significaba que su picadora inducía fiebre- que mordían y mataban a muchos israelitas.

3)    El pueblo se arrepiente, reconociendo que han sido ingratos e insidiosos.

4)    Moisés intervine en favor del pueblo, hablándole al Señor.

5)    El Señor ordena hacer una “serpiente de bronce” que, al mirarla, curaba a los que habían sido mordidos.

 

Los investigadores dicen que la picadura de aquellas culebras, produce un ardor semejante a la angustia que produce la insolación al ser sometido al sol abrasador, quemante como infierno. Otros han propuesto traducir la expresión como “venenosa”, en vez de “abrasadora”. La palabra שָׂרָף [saraph] se relaciona directamente con la palabra Serafín, es más, es su étimo; Los serafines son seres celestiales Provienen del hebreo saraf שָׂרָף [śārāf], plural שְׂרָפִים [śərāfîm], que significa "quemante" o "ardiente", derivado de su función de estar cerca de la gloria divina del más alto rango en la jerarquía angelical, conocidos por rodear el trono de Dios, adorarlo continuamente y purificar con fuego. Descritos en la Biblia (Isaías 6, 1-8) con seis alas, utilizan dos para volar, dos para cubrir su rostro y dos para cubrir sus pies, y van proclamando que Dios es el tres veces Santo.

 

El erudito del siglo XII Maimónides situó a los serafines en el 5º de los 10 rangos de ángeles en su exposición de la jerarquía angelical judía. En la Cábala, el serafín es el ángel de mayor rango del Mundo de Beri'ah ("Creación", primer reino creado). Mirar la serpiente de bronce, construida por Moisés, anulaba la picadura mortal no por propiedades mágicas del bronce -no era alguna clase de homeopatía-, sino como un acto de fe y obediencia a la palabra de Dios, según el relato bíblico (Nm 21, 4-9). Quienes creían y miraban, demostraban arrepentimiento y eran sanados. La curación no provenía de la serpiente en sí misma, sino de Dios; mirar requería humildad y confianza total en Su promesa de sanación, superando el escepticismo.


El escepticismo, precisamente, es una actitud intelectualista que -apoyada en su racionalismo- cuestiona los dogmas impugnando la fe. El escepticismo impide creer.

 

Sal 102(101), 2-3. 16-18. 19-21.

Este es otro salmo de súplica. Como es natural, uno oye súplica, y piensa simplemente en “ruego”, en “oración de petición”. Pero no, estos salmos tienen relación con las Alianzas (aun cuando no haya documento de respaldo, ni negociación previa, y sea más bien un pacto ad-hoc), es la solicitud de que el aliado tome cartas en la defensa y dé cumplimiento a lo que fue la razón del Pacto: El reconocimiento del poderío -militar, por ejemplo- o sea, reclamo de defenderlos como resultado de tener tal pacto de por medio.

 

Este salmo de súplica, la Iglesia lo eligió (junto con otros seis), para que tuviera una función “penitencial”. El salmo es elevado por alguien que se siente definitivamente abatido. El salmista le ruega a Dios, ya desde la primera estrofa de la perícopa que se lee en la liturgia, que lo asista, que sea notoria su Presencia, cuando clame a Él “el día de la desgracia”.


En la segunda estrofa implora confiado que Sion sea reconstruida y augura que aquel día las naciones temerán el Santo Nombre al oírlo; y dé respuesta a los indefensos que se apoyarán en Él.

 

Pide que este augurio quede por escrito, como prueba y testimonio de que Dios escuchará a los cautivos que pidan entre gemidos y evitará que sean llevados al cadalso los condenados. ¡Dios se apiadará! ¡Mostrará sus Entrañas Misericordiosas! 

 

Aun cuando en la perícopa sólo aparece una vez el nombre de Sion, en el Salmo integro esta localidad está nombrada por tres veces. Más como lugar espiritual que como dato geográfico, cualquier lugar donde esté el creyente fiel, será Sion reconstruida para desde allí elevar las alabanzas y cantar la Gloria del Señor.

 

Jn 8, 21-30

אֶֽהְיֶ֖ה [‘Eh-yeh] “Yo soy”, es el Nombre que Dios le revela a Moisés como Nombre Suyo, al hablarle desde la Zarza Ardiente (Ex 3, 14); y en el verso siguiente le dice todavía más: "Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán de generación en generación."


Cuando Jesús se dirige a los fariseos, mostrándoles sus señas de identidad, se les está dando reconocible, les está diciendo Quien Es, y sólo “un pueblo de dura cerviz” podía hacerse el desentendido e ignorar reconocerle. El punto se agrava cuando Él los emplaza en el espejo de su propio pecado.

 

Prácticamente el discurso de esta perícopa les esclarece que con su pecado se están cerrando la puerta y se están excluyendo de poder entrar en la Gloria Salvífica. Él los previene que están empecinándose en permanecer en la limitación de “lo de abajo”. Porque rehúsan adherirse a la naturaleza de lo de “allá arriba”, se puede -sin grandes dificultades ver que Él ha venido para compartirnos la opción de ser de los de “Arriba” -pero no hablando de jerarquías humanas, sino de los valores superiores del Reino-, pero nosotros, atrancamos el acceso Celestial, desconociéndolo a Él. O, para invertir el planteamiento, pero conservando indemne el contenido del Mensaje, sólo reconociéndolo a Él podremos adquirir pase de acceso, Él que detenta todas las credenciales de entrada, y que puede hacernos pasar y aceptarnos en sus Estancias.

 

Hay una frase, una de toda la perícopa que la descifra en su totalidad: «Cuando levanten en alto al hijo del Hombre, sabrán que “Yo soy”» (Jn 8, 28b). ὑψώσητε [upsosete] “exaltado”, “ensalzado”, “levantado en alto”. Nosotros lo hemos llegado a vislumbrar con el esfuerzo de muchos predicadores que -en el curso de los siglos- han procurado esclarecérnoslo; sin embargo, no es fácil que nosotros desistamos de ver como derrota la crucifixión y podamos reconocer la Cruz como trono y descifrar en todo esto que Jesús es Rey (Ungido = Cristo = Mesías), pero de otra clase.

 

Y fijémonos que Jesús lo dijo con todas las letras en este discurso: “El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo…”; Padre-e-Hijo, dentro de todo este Santo-Sacrificio están siempre unidos y Jesús persiste en su “obediencia”, hace y dice todo lo que ha oído al Padre y sólo lo que Él le dice que haga o diga.


¡Ojo! Ahí está la Escritura: «El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud.»(Jn 10, 10) Permanezcamos vigilantes frente a aquellos que reinterpretan a favor de su propio interés la Palabra de Dios ¡Que nadie pretenda conculcar la Voz o la Voluntad de Dios para adueñarse de Su Autoridad y decirnos lo que debemos hacer y/o decir; solamente Yo-Soy lo dice y enseña, y sólo Su Voz habrá de ser reconocida y atendida, así como sus ovejas reconocen su voz y Le obedecen. (cfr. Jn 10, 25-28) (El Catecismo de la Iglesia Católica ## 203-221, será de gran ayuda para interpretar y entender mejor)

domingo, 22 de marzo de 2026

Lunes de la Quinta Semana de Cuaresma

 


Dn 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

En Babilonia, vivía סוּסָנָה [Shush-annah] algo así como la “Azucena-casta”. Una mujer muy hermosa, hija de Jelcías, esposa de Joaquín, hombre muy rico que tenía un jardín junto a su casa; había sido criada bajo la ley mosaica, temerosa del Señor. Como Joaquín era muy respetado por todos, su casa era centro de reunión de todos los judíos.

 

Sin embargo, había allí una ralea de jueces injustos, de los que injertaban la maldad en la cepa de la comunidad en Babilonia. Aquel año nombraron para jueces a dos ancianos de tal prosapia. Iban a casa de Joaquín para, desde allí, dictar sus fallos corrompidos, y la gente con pleitos por resolver, acudían a buscarlos. La podredumbre medraba en la justicia.

 

Intentaremos enumerar los hechos de esta historia:

a)    Los dos ancianos desataron sus bajas pasiones por Susana.

b)    Como eran días calurosos, ella salió al jardín a bañarse e hizo que su servidumbre cerrara las puertas mientras ella se bañaba en el jardín.

c)    Ellos vinieron a pretender sus “amores” bajo el chantaje de acusarla de adulterio sino se sometía a sus requerimientos.

d)    Susana decidió mantener su fidelidad a Dios aun cuando le costara la vida, y no accedió.

e)    Susana empezó a gritar y la servidumbre vino corriendo a ver qué pasaba…

f)     Al otro día vinieron los dos “viejos verdes” y Susana compareció junto con sus padres hijos y demás parientes.

g)    Los jueces pusieron las manos sobre la cabeza de Susana (el gesto que se hace con el “chivo expiatorio”) y dieron su falso testimonio.

h)    Susana, levanto sus ojos al Cielo y se puso en Manos de Dios.

i)      Los ancianos jueces mentirosos dijeron haberlo sorprendido con un joven.

j)      Como eran ancianos y además con el encargo de actuar como jueces, les creyeron.

k)    Susana apeló a Dios que Todo lo sabe, y que Todo lo ve, inclusive aquello que todavía no ha sucedido y a Dios le manifestó su inocencia.

l)      En este duodécimo punto encontramos el eje de inflexión: la acción de Dios se manifiesta en un muchacho, de Nombre דָּנִיּאֵל [Dan-i-El] "Dios es mi juez". Que a voz en grito declaró: “Yo soy inocente de la sangre de esta”.

m)   Plantado en medio de ellos les dijo: ¡están locos hijos de Israel? Vuelvan al tribunal porque estos han dado falso testimonio contra ella.

n)     Es muy interesante -y en ello se descubre que es la Intervención de Dios la que ha suscitado a Daniel- porque el pueblo reconoce que su sabiduría se la había dado el propio Dios: “Dios mismo te ha dado la ancianidad”.

o)    ¡Sepárenlos!, es el recurso táctico para desenmascarar su embuste: es decir, interrogarlos por separado.

p)    Al preguntarle al primero dijo que todo había ocurrido “bajo una acacia”.

q)    Interrogado el segundo este afirmó que los hechos se habían perpetrado “bajo una encina”.

r)     Toda la Asamblea bendecía a Dios que salva a los que en Él confían.

s)    Hicieron con ellos lo mismo que habían tramado contra Susana, que, en el texto, para generalizar, en este punto es llamada “prójimo”.

 

¿Qué nos enseña esta historia, narrada en griego, y que por eso no entró en la Biblia Judía y sólo la encontramos en nuestra Biblia?

      I.        Que Dios actúa, suscitando la valentía y el sentimiento de Justicia oportunamente en Alguien (o en algunos), a quien(es) Dios asistirá como Juez-Justo y dará el auxilio que sea necesario.

    II.        Que no hay que callar siempre, que el malhechor debe ser denunciado, que no podemos cohonestar con la corrupción.

   III.        Que no por miedo debemos arrinconar nuestros principios, sino con fe, sostenerlos.

  IV.        Que la corrupción de los poderosos es una vieja tradición del Malo que opera entre los que detentan autoridad y que son su bocado favorito, porque el propio poder es corruptor: ¡Es mejor no tener poder! ¡El poder embriaga hasta la demencia! Por esto no debemos confiar en las estrategias humanas.

    V.        Y, finalmente, que no hay que actuar a la loca, sino concebir una “táctica” oportuna y El Espíritu Santo, la inspirará: Esto no es un arte de magia, por eso Dios nos ha hecho inteligentes, pero no es nuestra sola inteligencia ni nuestra astucia la que encontrará la ruta precisa, es la inteligencia asistida por el Santo Espíritu.


¿Qué habría pasado si Susana se hubiera entregado?

¿Qué habría sucedido si Dios no hubiera suscitado a Daniel?

¿Fue asistido Daniel por la Sabiduría Divina?

¿Hoy en día ya no existen los que quieren allegar caricias y sexualidad aprovechando su posición en el organismo social?

¿Todavía es necesario posicionarse contra los corruptos?

 

Por favor, ¡no vayamos a reducir esta página bíblica a un cuentito pueril, a un capítulo de telenovela! Saquemos de él, el rico caudal que Dios nos ha querido comunicar para que la Justicia de Dios pueda brillar en nuestros días, y nosotros podamos participar del proyecto de construcción del Reino.

 

Sal 23(22), 1b-3a. 3bc-4. 5. 6

Cada instante es transparente, porque no está manchado con la preocupación del siguiente.

Carlos G. Vallés sj.

 

Salmo del huésped de Yahvé. Con valor parabólico, Dios es comparado con un Pastor. Pero no cualquier clase de pastor, ¡con toda seguridad, que no es un viejo corrompido! Mucha gente vive lejana de Dios porque ha tenido un mal padre, un mal alcalde, un juez corrupto, un vendedor de engaños, un comerciante estafador; y su conclusión ha sido ¡todos son un fraude!

 

El salmo precisamente quiere enseñarnos que Dios no engaña, que Dios es Verdadero, que su naturaleza es moverse en la Verdad, y que la Verdad Divina consiste en cuidarnos, en interesarse hondamente por nosotros, en ser más que un papá, ¡una madre! Y, ¡una madre prefecta!


No permite que nada les falte a sus ovejas. Las lleva a los pastizales más verdes, con el pasto más nutritivo. Les reúne en su redil de seguridad donde están libres de las acechanzas de cualquier lobo. Además, Él sabe dónde hay fuentes abundantes de aguas refrescantes, caudalosos, inagotables. Sus ovejas pastan en los prados de la tranquilidad.

 

Da honra a su Nombre Santísimo llevando a su rebaño por los caminos de la Justicia, suscitando líderes que implementen su Sueño de Cuidado y Seguridad para todo su rebaño.

 

Nosotros, en medio de este saber cómo obra Dios, podemos vivir en seguridad, con la certeza de su Amor, sabiendo que, gracias a Él, nada nos puede pasar. Porque sus enseñanzas son un Faro Luminoso y Claro para distinguir las rocas que podrían hacer encallar nuestra barcarola.

 

Al comparar a Dios con un Pastor, se puede afirmar rotundamente: su Cayado y su Bastón son nuestro seguro a toda prueba.

 

Algo esencial para un pastor es el cuidado de nutrir debidamente a sus ovejitas. Pues, como se trata de seres humanos, nos lleva a banquetear y nos sienta a la Mesa, pero para que podemos comer y nutrirnos y banquetear y fiestear a nuestra anchas, lo primero que va a hacer es llevarnos a la armonía, a la reconciliación, a la paz, a suscribir acuerdos y tratados que se cumplirán porque son para el común beneficio. Y nos trata, como se dice “a cuerpo de rey” y los reyes llevan ungida su cabeza, pues, nos unge a todos, para que en su Reino todos podemos reinar en projimidad, en sinodalidad, en sólida fraternidad.

 

Nosotros somos los huéspedes y Él es el Anfitrión: Anfitrión de las Infinitas Bondades y Misericordia, no de raticos, sino de toda la vida. En su Casa del Amor-ágape, nos llevará a habitar “por años sin término”.

 

Jn 8, 1-11

Es clara y trasparente la relación con la Primera Lectura. Así, ellas se iluminan mutuamente.


Nos encontramos fuera de las murallas de Jerusalén, en el Huerto de los Olivos. (Hay otra escena que también trascurre allí, la oración agónica de Jesús. Por tanto, estas dos escenas se interrelacionan, y al leerlas tendríamos que, -como mínimo- procurar adivinar cuál es el sustrato común, más allá de simplemente tener un marco espacial único). ¡Nos imaginarnos el miedo de la mujer sorprendida en adulterio que seguramente llegó allí contando los últimos minutos de su vida!

 

Parece entonces que el monte de los olivos era un sitio adecuando para ir a mirar los destellos próximos de la muerte. Sabemos que había por allí una prensa para apretar las olivas para extraerles el aceite: sospechamos la analogía entre el exprimido de las aceitunas y los sentimientos del que se siente amenazado por un final ominoso.

 

Al mirar el caso de Susana no consideramos por qué tuvo que parecer Daniel y no se encargó ella de su defensa. Sabemos que, en tales sociedades, la voz y el voto femenino eran ignorados. Cuando ella clamó el Cielo su inocencia, suponemos que sólo Dios la oyó -y por cierto que la atendió- pero se requería la intervención de un “hombre” que actuara como Paráclito (abogado de la defensa).

 

En esas estructuras patriarcales (¿o hemos de decir “machistas?), el adulterio masculino era cuestión de poca monta (machismo exacerbado), pero se sabe ampliamente que la lapidación era el “premio” destinado a la parte femenina.

 

Volviendo a la historia, es muy evidente que traerle el asunto a Jesús -y que fueran precisamente los escribas y los fariseos quienes arrastraron a su presencia a la “culpable”, no era sino otro intento para que Jesús se opusiera el código mosaico y diera pábulo a su condena. Se la presentan, retándolo a que avale la lapidación (lo que equivaldría a estar desautorizando a Moisés), a sabiendas que el espíritu “compasivo” de Jesús, no aceptaba agravar la ofensa a Dios con otra ofenda, quizás peor: un asesinato disfrazado de “justicia”.

 

Aquí no se trataba de “juzgar”, la pregunta era sobre la aplicación de un castigo indispensable para defender la institución matrimonial, según se promovía en la Torah. Lo que se quería era enfrentar a Jesús a una disyuntiva, donde, escogiera lo que escogiera, estaría perdido, se saldría de la moral vigente.

 

Jesús lleva el asunto a otro foco, como se dijo arriba: “concebir una “táctica” oportuna y El Espíritu Santo, la inspirará: Esto no es un arte de magia, por eso Dios nos ha hecho inteligentes, pero no es nuestra sola inteligencia la que encontrará la ruta precisa, es la inteligencia asistida por el Santo Espíritu. Jesús mueve el asunto no al tema del castigo, sino a la elección de “los verdugos ejecutores”. El foco que Él escogió se refería a quienes eran los indicados para manjar la guillotina y cortar cabezas: Propone que se elija a ¡quienes estén libres de todo pecado!

 

A nosotros nos parece brillante: No tiene por qué sancionar a un pecador otro pecador. Será prudente que el único verdugo calificado tenga que ser “Santo”. (Viene bien entender la diferencia entre santo y sagrado, que a veces nos imaginamos que son sinónimos; santo es lo que está libre de pecado; y, sagrado, a lo que se ha separado para dedicárselo a Dios; el acto de hacer algo sagrado se llama consagración, donde se efectúa la destinación exclusiva al servicio cultual, por ejemplo, la consagración del templo, de un altar, de los vasos sagrados, de ciertas ropas -llamadas ornamentos- o, inclusive de personas que libremente optan por dedicar su vida al servicio del culto.

 

¿Cuánto se tardó en disolverse aquella asamblea condenatoria? ¡Lo que se demoró cada uno en reconocerse indigno! (No-santo). Y, a esa velocidad fueron soltando las piedras aquellos dedos que antes se aferraban a las armas pétreas y que quedaron exánimes, debilitados por la propia vergüenza. Desautorizados por el tribunal de su propia consciencia. Cabe anotar que cuanto más viejo se es, más rápida es la conciencia para reconocer las máculas tatuadas en el alma.

 

Ahora si se puede hablar de tú a tú con la “pecadora”. Ahora sí llegó la “hora” de dictar el fallo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

 

No se trataba de castigar, de ejercer una Justicia sanguinaria. No se trata de dárselas de muy “santo” para triturar las carnes de un(a) herman@. Se trata de recuperar a la persona, de levantarla, y de sanearla.


No se trata nunca de cerrar los ojos y pasar de largo, indolentemente. A veces hay que tener el valor de Daniel y gritar que Dios no quiere “lapidar” a nadie, sino redimirlo, rescatarlo.