viernes, 13 de marzo de 2026

Sábado de la Tercera Semana de Cuaresma


Os 6, 1-6

Amor quiero y no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos.

Os 6, 6

Ayer proponíamos una formula estructural del Libro de Oseas para poder entender como están correlacionadas sus diversas páginas. Proponíamos segmentarlo en dos fragmentos:

1ª) Caps 1-3 que se ocupa de aspectos anecdóticos de la biografía de este profeta, en especial de su vida conyugal

 

2ª) Los caps 4-14 enfocada en una especie de denuncia de la anarquía religiosa de Israel. Con profecías breves de diversas temáticas. Luego, la perícopa que tenemos hoy, en frente, pertenece a esta segunda parte. El eje focal es la Guerra Siro-efraimita que ubicamos -en la línea de tiempo- en el 735 y el 734 a.C.

 

Antes de Ezequías, gobernó en Judá, Ajaz (o Acaz) que gobernó entre el 734 a. C. - 715 a.C. Resulta que, Pecaj -rey de samaria- y Rasón el de Damasco, invadieron el territorio de Judá para forzarlo a ir contra Asiria. Pero Ajaz apeló a Tiglat-Pileser III rey de los Asirios, que han pasado a la historia como símbolo de violencia y crueldad. esto lo encontramos narrado en 2R 16, 5-9. Esto desató una guerra fratricida, la que conocemos como conflicto Siro-Efraimita.

 

Si bien la ayuda le dio la victoria a Acaz, eso muy poco lo favoreció, la alianza de posguerra únicamente dio problemas al reino de Judá: Acaz tuvo que pagar tributo a Tiglat-Pileser III, y en eso empeñó los tesoros del Templo de Jerusalén y las arcas reales. También tuvo que establecer ídolos de dioses asirios en Judá para convencer a su aliado. ¡Bien caro y muy deshonroso precio tuvo que pagar!

 

Pan de hoy y hambre de mañana: Israel regresó brevemente a su lealtad con YHWH. Lo que el pueblo tiene en su fuero interno es la idea de jugar con Dios, darle un contentillo y mantenerlo a raya. Los judaítas ofrecieron sacrificios, y Dios que nos conoce en el fondo de nuestro corazón les dice: Vuestro corazón se parece a una nube mañanera, que prontamente si disipa”.

 

Ese es el tema de nuestra perícopa: Dios les dice taxativamente: “Amor quiero y no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos”.

 

La חֶ֥סֶד [Hessed] Amor-Divino es una palabra que refleja bien la lealtad de Dios a su Alianza. Nos habla de la Misericordia que Él nos ofrece y con la que nos cobija. Pero no es tonto, ni se deja hacer el tonto. Él nos dio su amable legislación y nos tendió Su Mano para protegernos, pero es un nexo que obliga, es un pacto que compromete de parte y parte, la Alianza es bilateral, ¿qué espera de nosotros?  Podríamos explicarlo en cuatro palabras:

1)    Entrega

2)    Fidelidad

3)    Amistad

4)    Apertura y acogida de la Voluntad de Dios que se concatena con el amor al prójimo

 

Dice también que quiere דָּ֫עַת [daad] “conocimiento”, pero esta no es una pieza arrumada en el cerebro, sino un motor activo que mueve hacia la sinodalidad, hacia una praxis fraternal, la capacidad de donarse, de servir, es la entrega y la idea de mutua pertenencia; no es un conocimiento gnoseológico sino más bien “existencial”. También podríamos constelar ese concepto con

1)    Entrega reciproca

2)    Experiencia amorosa

3)    Brotada del mismo centro de la persona (como solemos decirlo: “con toda el alma”)

4)    Intimidad (que significa una conexión con Él desde el “fondo” de nuestro ser.


El conocimiento se reflejó en las Tablas de la Ley, donde el talló sus mandatos en firme roca. Pero no se trata aquí de algún “decálogo” como si eso fuera todo, el decálogo es apenas un kerigma del amor -un preludio-, pero hay que vivirlo con integralidad, sumergidos en él: al zambullirnos en su חֶ֥סֶד Hessed (Fidelidad a la “Alianza”; al “Pacto”; al “Acuerdo”; esta Fidelidad connota “constancia”), contemplaremos su Rostro Misericordioso.

 

Quedarse en el decálogo es llegar hasta el umbral, y nunca entrar. Conocer la Alianza, no es solo saberse de memoria el Decálogo, que es como el croquis del mapa, sino viajar por toda la extensión del Reino, y conocer sus paisajes, sus montañas, sus ríos, sus subidas y sus bajadas. Y, para descifrarla y decodificarla auxiliándonos con la opción de comprenderla y pagar con fidelidad, nos dio a sus profetas, que son como verdaderos guías turísticos “peritos” de su exploración.

 

Sal 51(50), 3-4. 18-19. 20-21ab

Se confiesa la culpa y se pide perdón y ese es el núcleo del mensaje en este Salmo. La perícopa empieza suplicando ser purificados.  ¿Purificados de qué? De los pecados, de las culpas, de la rebelión. Hay un especial y tierno equilibro entre Dios y su pueblo, pero la balanza se ha desequilibrado. La armonía entre las partes en Alianza se ha interrumpido, la violación del pacto conlleva el cese de la protección.

 

¿Cómo se rompe esta armonía con El Altísimo? Hay maneras y maneras: abusando de los pobres, violando la Doctrina Social que Dios enseña, con la profanación del templo, que difama la honra de Dios, con todos los gestos idolátricos.

¿Cómo se recobra el equilibrio? Definitivamente no con marrullas y embustes, no tratando de desfalcar a Dios, no matando a las pobres reses en el Altar sino recobrando la fidelidad de corazón.

 

La última estrofa de nuestra perícopa no pertenece al salmo original, es una adición post-exilica. La muy triste experiencia de la deportación obligo a una adición que restableciera a la orden del día, la vigencia de la súplica del salmista.  Esta adición ruega para que יְרוּשָׁלַיִם [Yerushalayim] “Institución de Paz”, “Ciudad de la Paz”, “Jerusalén” sea rehecha, reconstruida.

 

Es rotundamente, un salmo de súplica, con alma penitencial. Lleno de arrepentimiento a la vez que de convicción en la bondad Misericordiosa de YHWH, siempre abierto al Perdón. El primer paso para avanzar en el arrepentimiento es el reconocimiento de la culpa, como nos lo enseñaba San Agustín: “… los hombres sin esperanza, cuanto menos atentos están a reconocer sus pecados, tanto más curiosos son respecto de los ajenos. No buscan tanto qué pueden corregir sino de qué murmurar, y como no pueden excusarse a sí mismos, se muestran dispuestos a acusar a los demás. No fue ese el ejemplo de oración y de satisfacción a Dios que nos dejó el salmista, al decir: ¡yo reconozco mi delito, y mi pecado está siempre ante mí!

 

Lc 18, 9-14

Sin humildad, la oración es del yo y no de Dios; la confianza es en sí mismo y no en Él.

Silvano Fausti


 

En la misma línea penitencial, esta vez apuntando hacia la manera de orar, la perícopa lucana contrapone dos modalidades de oración:

·         Lo oración arrogante y pedante

·         La oración sencilla propia del humilde, que no se piensa ya “justificado”, sino que verdaderamente reconoce la urgencia de que Dios nos socorra su Piedad.

Ellas están figuradas, personificadas en dos personajes: el fariseo y el publicano, respectivamente.

 

El fariseo se jacta de no-ser como los personajes que él considera los más pecadores: ladrones, injustos, impuros, adúlteros y cobradores de impuestos. Hay que recordar que la base del fariseísmo consistía precisamente en eso, en considerar que se habían separado de todo lo que podía contaminarlos. Como hemos dicho otras veces, fariseo significa “puesto aparte”, algo así como “segregado por consagración”.

 

¿Con qué conductas certificaban su “purismo”? ¡Ahí está el detalle! Aquí es donde nosotros -poniéndonos la mano sobre el corazón- tenemos que ver si nosotros también “certificamos nuestra “religiosidad” con conductas piadosas de este talante…

a)    ¿Ayunamos dos veces por semana?

b)    ¿Pagamos el diezmo sobre la ruda y la menta?

 

Pero quizás hay otro tipo de pistas que nos desenmascaren y nos indiquen qué clase de piedad es la nuestra, la que nosotros practicamos…

1)    Nuestro examen de conciencia no nos deja ni siquiera levantar los ojos al Cielo

2)    Con sincera contrición nos golpeamos el pecho. Nuestra jaculatoria es del orden de esta: “Oh Dios, ten compasión de este pobre pecador”.

 

En seguida llegamos a puerto firme y podremos concluir:

·         El que practica estas dos últimas, queda “justificado”.

·         El que se injerta en el primer paradigma, no regresará a su casa con la consciencia tranquila.

 

Al que aún no logra saber de qué lado está, Jesús le entrega una plantilla de comprobación:

§  El que se enaltece, ese no alcanza la escala de la ascesis, queda atrapado.

§  El que se humilla, ese tiene un ´poderoso motor de ascensión”, porque su espiritualidad es de la buena, de la que conquista el Amor de YHWH.

 

Aquí el punto se puede volver confuso:

*      Están los que se humillan ante los hombres, para construir su propio pedestal.

*      El tema de la humildad está -en realidad- reservado a la intimidad entre Dios y el hombre: se es humilde a los ojos de Dios; no para lucirlo en la vitrina.


Jesús nos dio la piedra de toque en el Evangelio de San Mateo: «Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,6). Por eso insistimos, no es cosa que haya de exhibirse, es algo intimo entre tú y el Señor.

jueves, 12 de marzo de 2026

Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma


Os 14, 2-10

Es un profeta del norte, y le tocó desempeñarse durante el periodo real de una de las vergüenzas históricas del reino de Efraín-Jacob: Jeroboam II (mientras en el sur gobernaban Amasias y después Usías), y lo siguió haciendo hasta el reinado de Ezequías: Empezó hacia el año 745 a.C. y no sabemos ni cuándo ni dónde murió.

 

El Libro de Oseas podemos dividirlo en dos partes:

1ª) Caps 1-3 que se ocupa de aspectos anecdóticos de la biografía de este profeta, en especial de su vida conyugal

 

2ª) Los caps 4-14 enfocada en una especie de denuncia de la anarquía religiosa de Israel. Con profecías breves de diversas temáticas.

 

Oseas -más que cualquiera otro profeta- es el profeta del amor, reiterando siempre la imagen de Dios como un Marido y del pueblo (recordemos que pueblo en semítico es femenino, “la puebla”) —los judíos— como su esposa, que termina siéndole infiel, metáfora característica en la prosa del profeta.

 

A Oseas le tocó una época muy dura, revueltas, golpes militares y regicidios -cuatro en un muy corto periodo- época que está simbolizada por la “fornicación” de Gomer (en el texto es corriente llamarla “meretriz”), su propia esposa.

 

La perícopa de hoy comienza cuando recién se ha narrado la caída de Samaria. Sin embargo, no puede decirse que haya algún hilo de continuidad histórica en este Libro que se caracteriza por la carencia de unidad, y por su discontinuidad cronológica. Vamos a tratar en la perícopa de hoy, del descubrimiento del Amor Misericordioso de Dios.

 

Esta perícopa la podemos desestructurar en 4 segmentos:

i)              Versículo 1

ii)             Versículos 2-4

iii)           Versículos 5-9; y

iv)           Versículo 10

 

Iniciamos traspasados por un interrogante: ¿qué se hizo el verso 1? Este versículo no entró en la perícopa que proclamamos hoy. Pues para no quedarnos pendientes, vamos a darla como un elemento de co-textualización:

«El pueblo de Samaria llevará su castigo

por haberse revelado contra su Dios.

Morirán a filo de espada,

Sus niños serán estrellados contra el suelo

Y las mujeres embarazadas serán abiertas en canal.»

 

Con razón no se incluyó, este verso en a perícopa ya que este es verdaderamente sanguinario y rencoroso.

 

El segmento ii) clama al pueblo para que Israel reaccione, para que se levante y se vuelva a YHWH: La palabra que domina es שׁוּב [shub] “vuelvan”, con connotación de arrepentimiento.

 

Se pide que haya un cambio definitivo: El alejamiento es culpable, el pueblo se ha distanciado de Dios a sabiendas. Solo Dios puede conceder el privilegio de la purificación, eso los lleva a tener consciencia de no necesitar novillos propiciatorios; sino un cambio esencial del enfoque de vida.

 

La segunda estrofa se refiere a la respuesta que les da Dios. Dios ratifica que la Alianza es un tipo de convenio que Lo lleva a guardarla a pesar de los “chorros de babas” de su pueblo. Su coherencia divina se manifiesta en la productividad con la que los socorrerá:

i)              Será como roció

ii)             Florecerá como lirios

iii)           Plantados en la tierra fértil del Líbano

iv)           Los hará como un olivo esplendido

v)            Serán fragantes, nuevamente comparado con las fragancias del Líbano

vi)           Contaran con su sobre protectora “sombra”

vii)          El trigo que cultiven será tupido

viii)         Igual que sus viñedos

 

Nuestra perícopa hoy, hace resonar un destello de esperanza, y, con esta plegaria litúrgica se verbaliza un sentimiento popular de arrepentimiento que llevará a la postre a aproximar una Alianza de Dios siempre ansioso por entregar su Bendición. (Totalmente antitético respecto del verso 1)


Al llegar al verso 8(9) se apoya en una simbología que habla de perennidad, de “eternidad”, de “Resurrección”: בְּרוֹשׁ [berosh] “el ciprés”, poderoso símbolo de inmortalidad y conexión entre el cielo y la tierra, gracias a su follaje perenne, larga vida y crecimiento vertical.

 

Se reconoce que la Victoria no les vendrá de pactos con reyes y ejércitos vecinos, lo que más bien les acarrearía idolatría, ya que estaban rodeados de pueblos e imperios politeístas. Así que el profeta los invita al compromiso de no volver a incurrir en la adoración de ídolos fabricados por ellos, fundidos en sus hornos, modelados con metales de sus canteras.

 

Los débiles, los desprotegidos, huérfanos y viudas en Él encontrarán compasión. Él cura la deslealtad, sepulta su ira y se entrega a amarnos fielmente. Como las más hermosas frondas y los huertos de frutos más deliciosos, así será el amor que profesará YHWH a su puebla. Si perfume nos alcanzará y nos envolverá como los famosos aromas del Líbano. Trigos y viñedos serán restaurados. Como un Ciprés perenne.

 

iv) No es rara en la Biblia la intervención del editorialista, lo que de ninguna manera pone en cuestión la canonicidad del añadido. En este caso, pareció bien al editor adornar el cierre con un aforismo sapiencial:

 

«¿Quién es sabio para entender estas cosas,

inteligente para conocerlas?

Qué rectos son los caminos de Yahweh,

por ellos caminan los justos,

más los rebeldes, en ellos tropiezan»

 

Hay una sabiduría que Dios nos infundió, nuestro corazón segrega una Justicia que Dios mismo ha dispuesto nos adorne. Él nos ha condecorado con rasgos de divina finura porque somos obra de sus Manos.

 

Si no producimos de los candores que Él nos ha puesto, entonces, sólo seremos lo contrario, zarzas espinosas, yerba mala, malezas y marañas que abruman y llenan de desolación: se traslucirá que tenemos espíritu traidor.

 

Sal 81(80), 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17

Dios y el hombre se buscan mutuamente, se miran el uno al otro.

Noël Quesson

 

Salmo de Alianza. El señor se identifica y nos muestra su Credencial: Él es el Señor, nuestro Dios. ¿Y, eso qué implica? Que a nosotros corresponde, como nuestra parte en la Alianza, escucharlo.

 

Este salmo tiene un ligero sabor de reproche cuando reclama: “Si mi pueblo me escuchara”. El Señor pide ser escuchado. El adulterio consiste precisamente en no escucharlo.

 

Israel, en el mes de Tishri celebraba -como cúspide de sus celebraciones que iniciaban con el Año Nuevo, la fiesta de la Neomenia. Luego, trascurridos siete días, la Fiesta de las Trompetas, día de asueto y de ofrecer sacrificios. Luego viene el Yom Kipur -análogo a nuestra Resurrección-, es la maravillosa oportunidad de cambiar y corregir con ayuda de la oración, el ayuno y la caridad. En el décimo quinto día, venía la Fiesta de las Suca, rememorando las precariedades que tuvieron que pasar en el desierto y que su alojamiento fuera en cabañas improvisadas. Meditar sobre esta situación itinerante del desierto era ocasión de renovación de la Alianza. La Alianza es con el Gran Bienhechor-Gran Legislador.

 

Dios oye nuestro clamor. No pasa indiferente, nada hay que le duela tanto como nuestros pesares, todas nuestras penurias. Y nos libera sin tardanza.


Dios, entristecido, se queja contra nosotros, deja anotado en el Libro de Actas que lo hemos defraudado, que hemos sido fuente de su desilusión. Se queja pidiendo ¡Ay, si lo escucháramos!

 

Nos ha enseñado el monoteísmo, no nos puede ver sufrir la adoración a deidades paganas, Él, que con todo Poder nos libró de la esclavitud, no sabe cómo podemos anhelar volver a ella.

 

Es como el Hijo que le ruega al Padre para que con un roce de su Dulzura lo conduzca a prestar atención y corregir su derrotero. Todos, hasta nosotros, le rogamos a Dios: ¡Haznos escuchar! Nosotros tampoco entendemos ¿De dónde hemos sacado nuestra sordera? ¿Será el Malo el que nos ha puesto tacos en los oídos y tapones de espesa cera que nos impiden oír los Encantos de Su Amor?

 

Mc 12, 28b-34

El Reino de Dios se hace accesible para el pueblo sencillo, pues lo importante para entrar en él puede ser reconocido y cumplido por todos, sin necesidad de grandes estudios y sin tener que pertenecer a un grupo privilegiado.

Euclides M. Balancin

 

No existe otro Mandamiento mayor que estos

Ya estamos habituados a los encontronazos mal intencionados de escribas y fariseos con Jesús. Ellos suelen (ojo al verbo, no está en pasado, y esto por una razón suficientemente clara), van a Jesús buscando como atravesarle una piedra de tropiezo, siempre procurando cogerlo en una respuesta aprovechable para delatarlo, algo que decir que pintara a blasfemia, para poderlo llevar con el patíbulo a cuestas, (y eso sigue ocurriendo hoy día). Lo que ellos tratan es de poderlo declarar sacrílego.


En su lugar, hoy encontramos a un γραμματέων [gramateon] “escriba”, que va con una actitud franca, abierta y honesta a preguntarle algo, y no lo está confrontando. Y la pregunta no es cualquier pregunta, no se trata de una friolera, -al contrario-, pongamos aquí toda nuestra atención y fijémonos qué es lo que le pregunta: ¿Cuál Mandamiento es el Primero de todos?

 

Esto ya nos lleva a un asunto nodal: en todos los tiempos ha habido gente honesta tratando de acercarse a Dios, y que lo hacen a carta cabal, como verdaderos buscadores, y es que a Dios hay que buscarlo. Él se hace el encontradizo, nos sale al paso, está atento a nuestra actitud. Sin embargo, cuando Él nos invita a permanecer “despiertos”, significa que podemos pasar a su lado y, no advertirlo, y ¡perder la oportunidad!

 

Un detalle más que podemos rescatar en este Evangelio es que, hay que evitar los estereotipos, ¿es un escriba? Entonces ¡descártenoslo! ¡no le pongamos cuidado! ¡cualquier cosa que nos diga, será una trampa que nos está tendiendo! Pero, Jesús no procede así. Le da una respuesta contundente, clara, muy exacta, le dedica tiempo y atención. ¡Nada más lejos en Jesús que atenerse a rótulos! Jesús no es Uno que cohonesta con prejuicios.

 

Está muy claro que Jesús para responderle se remite a una cita de (Dt 6, 4s), oración hebraica tradicional, el שְׁמַ֖ע Shema, nosotros traducimos “escucha”, pero es un poquito más que escuchar, שְׁמַ֖ע se trata de “escuchar inteligentemente”, “aguzando la comprensión”, poniendo todo de nuestra parte para mejor entender, inclusive, rogándole a Dios que nos Ilumine su Santo Espíritu para que seamos capaces de “taladrar” con el oído, lo que pudiera ser incomprensible a nuestra pobre inteligencia. No sólo participa el cerebro, se integra a la función comprensiva el corazón -no como afectividad ni como sentimentalismo- sino como espiritualidad y apertura a Dios.

 

En la cita dice “con toda tu διανοίας [dianoias] “mente”, en el texto hebraico leemos מְאֹדֶֽךָ [meodeka] ahí entendemos “con vehemencia”, nosotros los bogotanos de la vieja guardia habríamos traducido “Con alma vida y sombrero”, algo así como “jugándose todas las fichas, hasta la última”. ¡Se trata de un amor que se compromete totalmente! ¡Sin dar cabida a duda alguna!

 

¿Cómo será el amor de los que se han ceñido la corona del martirio? ¡Así es al amor que ama con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las ἰσχύς [ischus] “fuerzas”! ἰσχύς significa con “virtud perfecta”, “con integridad”, “comprometiendo la persona entera”.

 

Ese es un análisis de un hemisferio del planeta, y ¿dónde está el otro lado? ¡No nos vayan a robar el resto! La parte faltante, la segunda mitad es el amor al prójimo, si el prójimo no entra a estar presente en el amor, este amor es nada más que una mentira, pura teoría, sólo pajaritos en el aire. Los “pensadores” hacen muchas maniobras para pasar la sierra y recortar al prójimo. Silenciosamente, casi siempre de noche, llegan con silenciadores en sus armas y disparan unas balas que obnubilan la comprensión, cuando uno se despierta, el soporífero ha hecho su letal efecto, y ya pasamos a ser de los que consideran el amor al prójimo como una “ideología”. Un ribete sobrante, innecesario. O más desarticulador: una necedad.

 

Nótese bien que Jesús considera los dos hemisferios como una sola cosa. El Mandamiento mayor, según se lee aquí son “las dos cosas juntas”.


 Aquí va otro “nótese bien”, el escriba -que no tiene su comprensión sesgada- que es un judío “recto”, se pone, de inmediato, de acuerdo con Jesús. ¿Qué entendemos nosotros con este “ponerse de acuerdo”? Que en realidad no hay una brecha insalvable entre el judaísmo y el cristianismo, a menos que uno vaya predispuesto a aserrar los hemisferios, o contratado para tenderle una trampa a Jesús (que pertenece al tipo de los contratos nimios, pues solo redundan en unas cuantas monedas).

 

¡Vamos a ver ahora, cuántos separatistas profesionales se rasgan las vestiduras! Como Jesús no está cargado de prejuicios discriminatorios, no duda ni por un momento en afirmar que este escriba también tiene amplia cabida en el Reino de Dios. ¡Qué, sólo le falta dar un simple saltito! ¡Un paso pequeño! “No estas lejos del Reino de Dios”. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Jueves de la Tercera Semana de Cuaresma

 


Jer 7, 23-28

Hay perícopas que corren el peligro de quedar como árboles flotando en el vació. Hay que bajarlos y sembrarlos, aun cuando sea en una matera. Por eso vamos a dar dos versículos previos que nos ayuden a co-textualizar:

 

Tú no pidas por este pueblo ni eleves por ellos súplicas ni oraciones, ni me insistas más, porque no te escucharé. ¿Es que no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? (Jer 7, 16-17).

 

El Señor nos da una “orden”, y esa orden es la “Escucha”. Pero nosotros estamos insertos en una cultura predominantemente “visual” donde las imágenes nos son presentadas a manera de desbarranque, de bombardeo, de derrumbe, de alud. Caen y caen imágenes que no podemos ni siquiera verlas, porque pasan raudas por delante de nuestros ojos, sin darnos tiempo a compaginarlas, a digerirlas, a compararlas, menos a retener algo de ellas. Es lo que se ha llamado “contaminación visual” (igual, sin darnos espacio a procesarlas, dejan huellas de miedo, de desconfianza, de inseguridad, de revanchismo, de zozobra … por nombrar sólo algunos de los rastros que anclan en nuestra mente y en nuestro corazón).

 

Los sentidos y el propio cerebro se han habituado a este tipo de descargas, que nos parece natural que todo pase y que nada pase. Con semejante desenfreno eidético, el oído se ha vuelto un sentido “lerdo”, “pesado”, “demorado”, “aburrido”. Lo que oímos nos parece vano, si la imagen visual es tan rica y a la vez tan instantánea, el oído -en cambio- es exigente, nos apremia atención, esfuerzo, análisis, comprensión, examen exhaustivo: ¿Y todo eso, para qué?

 

El oído ha devenido un sentido hipnótico, soporífero, arrullador. ¿Y Dios nos pide “escucha”? Eso es absurdo, pertenece a una cultura pretérita, remota, caduca. Cerramos los ojos y nos amodorramos.

 

¡Lo cierto es que el Señor nos pide “escucha”!

 

Esto nos hace pensar en aquellos que exigen imágenes en el libro, las exigen y no leen -a lo sumo- los pies de ilustración. Si el libro carece de ilustraciones, tiene cavada su fosa en el más oscuro rincón del fin del mundo.

 

¿Y Dios nos pide “escucha”? ¡Y aún más! Que escuchemos y que sigamos por el camino indicado con esas pa-la-bras-tan-com-pli-ca-das-que-na-die-las pue-de-en-ten-der.

 

Después de sacarlos de Egipto, quiso conservarnos la Amistad y envió Nuevos Interlocutores que nos entregaran Su Palabra: los profetas. Y nosotros, nada, más sordos que tapias, la voz de los profetas nos resultaba un zumbido ininteligible e insoportable, un barullo penetrante rechinando en el centro del cerebro.

 

¡Pero eso sí! Tercos y contumaces, porfiando que no se entiende, que está muy enredado, que está en un lenguaje pretérito, obsoleto, arcaico.

 

¡No queremos escarmentar! ¡Endurecemos la cerviz! Y el Señor le manda a Jeremías, que aun cuando seamos sordos como tapia, nos siga predicando, aun cuando no vamos a “escuchar”


Llegados a esa encrucijada cuál es la misión del profeta: Desenmascararnos. Demostrar que Dios nos enseñó, pero nosotros no quisimos aprender.

 

Si damos un somero repaso a la biografía de Jeremías, encontramos lo lejos que lo llevó el cumplimiento estricto de la Misión encomendada. Él anunciaba, proclamaba, denunciaba de noche y de día, por activa y por pasiva, ¡cómo sería que lo apodaron Magor missabib (nombre dado a פשחור [Passhur], nombre de, a lo menos, dos sacerdotes contemporáneos de Jeremías) “terror permanente”! Había que desprestigiar el profeta, para ridiculizarlo le dan ese apodo: “cantor de tragedias”, “sólo calamidades”.

 

Sal 95(94), 1-2. 6-7c. 7d-9

Este es un salmo de la Alianza. Lo lógico es que Dios que dio cosas tan buenas, reciba de nosotros loas de gratitud. Vayamos al Templo proclamando su Alabanza con himnos y cánticos.

 

Y postrados pronunciemos nuestras bendiciones al Creador, que no se limitó a crearnos, sino que nos constituyó su pueblo, y nos cuida como a las ovejas de su propiedad.

 

Hay un lugar geográfico que retrata nuestra desgracia y nuestra ingratitud Masa “prueba” y Meribá “contienda”, porque siempre estamos exigiéndole a Dios Milagros, lo ponemos a prueba, lo retamos para que haga lo que nos place.


Nosotros seguimos adelante con nuestra cerrazón, con nuestra contumacia. Pidámosle al Señor una Alianza Nueva, pero antes de pactarla, que nos haga un trasplante cardiaco: al corazón de piedra, de duro pedernal, nos lo cambie por uno tierno, dulce, suave, grato a las Palabras que pronuncia YHWH.

 

Todo el Salmo quiere prevenirnos e invitarnos para que no sigamos siendo como los antiguos que Dios sacó de Egipto con su Potente Brazo, y al que nosotros correspondimos y seguimos correspondiendo, con ingratitud.

 

¡Señor, por Tu Misericordia Infinita, trasplántanos ese corazón dócil a tu escucha!

 

Lc 11,14-23

¿El príncipe del mal quiere que se imponga la división y la enemistad… ¿hemos vivido experiencias de mutismo y de dificultad en la comunicación?

Vincenzo Paglia

 

Hay un paralelismo entre la pasión de Jeremías y la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Ambos son aprendidos, pasan la noche en el calabozo, al día siguiente los carea el rey, -en el caso de Jeremías es Sedecías el que lo interroga; bueno, en el caso de Jesús no era el rey, sino el representante del César, Poncio Pilato. La respuesta a la bofetada es: “Si he habla mal, prueba en qué; pero si he hablado bien, ¿Por qué me pegas?”: 


 

Jesús hoy nos da una clase de lógica: nos enseña a contra-argumentar. Partiendo de los argumentos del oponente y sabiendo redirigir las proposiciones, se puede desenmascarar para que terminen ellos mismos siendo sus propios jueces. 

 

Llegamos a la conclusión que, es absurda la lógica de que del mismo lado de Jesús estuvieran las fuerzas Malignas, porque -a todas luces- lo que Él hacía y decía, desmontaba el imperio del Mal.

 

No queda otra que aceptar que la obra de Jesús es realizada con “el dedo de Dios”. Con el dedo y seguro que, con el dedo meñique, porque se da a conocer que el poder de Dios es tan grande que no requiere una intervención de todas sus fuerzas, y le basta usar sólo un dedo.

 

Continua el sorites, “encadenamiento silogístico”. Si ha obrado el Dedo de Dios, entonces quiere decir -incontestablemente- que el Reino de Dios ya ha llegado a nosotros.

 

¿Qué nos dice el argumento conclusivo? Si a un hombre “fuerte” viene otro y los desarma, quiere decir que este último es en realidad más fuerte, su poder sobre pasa el del anterior. En el caso del Maligno, el poder supremo que lo puede contener, encadenar, y someter es el Poder Divino; Dios ya está actuando y mostrándonos su Victoria.

 

Dada esta conclusión, estamos llamados a hacer nuestra opción definitiva: nos vamos con el derrotado, vencido con un solo dedo; o, nuestra opción es por el Reino, para Él el Honor y la Gloria por los siglos de los siglos.

 

Antes de abandonar el tema, observemos que aquí han surgido unas voces cizañeras, son algunos de entre la multitud que dijeron: “Por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios”. Estos se niegan a reconocer que son hacedores de maldad. Ahí está el problema de ellos; ellos quieren aplicar su usual tergiversación, llamar el bien mal, para “meter gato por liebre”, y hacer pasar su maldad por bondad. La esencia del pecado no está en el mal mismo sino en la incapacidad para reconocerlo. Por eso -y esa es la pieza dorada de este juego- para lograr la conversión, lo primero es el discernimiento: reconocer que lo que se hace está “mal”, dotados de este reconocimiento, proceder a transformarnos, tomando lo opción correctiva.

 

Sin embargo, si no podemos mirar el mal a los ojos y encararlo, seguiremos preconizando la mentira, que no tanto engaña a los otros, así como nos conduce -a nosotros mismos- de cabeza hacia el abismo.

 

El primer paso consiste, entonces, en desengañarnos a nosotros mismos. Y no en tratar de calzarle el disfraz de Belcebú a otro. Ese otro al que forzamos a entrar en el disfraz es el “chivo expiatorio” que en todas las historias sigue cargando con la culpa. Lo que hacemos es seguir crucificando profetas menores porque ya Crucificamos el Mayor de Todos.

 

¿Qué hacemos en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? Desparramar violencia e injusticia.

 

¿Porque el demonio obligaba a su víctima a la mudez, silenciándole los labios? Para que no lo desenmascarara mostrando su falsedad. Le conculcaba el derecho a la Palabra y a tener voz en su Comunidad. Por tanto, Jesús lo exorciza. Y, entonces salta a la vista que no estaba con Jesús, sino contra Él.


Pero Él callaba porque ya sabía que nos hacíamos los sordos. Y, ¡no hay peor sordo que el que no quiere oír!

martes, 10 de marzo de 2026

Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

 


Dt 4, 1. 5-9

Quien la cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.

Mt 5, 19

Este Libro, el quinto de la Torah, es fundamental en su enfoque teológico y en su propuesta magnifica de fraternidad: Dios es llamado Padre (1, 31) y en consecuencia todos los del pueblo de Dios son “hermanos”. Así que hemos sido convocados a vivir fraternalmente y llamados a ser co-participes. Entonces el meollo del Libro radica en que Israel será feliz y próspero si guarda su fidelidad con la Alianza; así también será infeliz si la quebranta y entonces acarreará perder la tierra que Dios le ha entregado. Esta Enseñanza se trasmite con base en discursos, que Moisés les dirige.

 

El Libro empieza repasando los viajes del pueblo en éxodo, así que los capítulos 1-4 se toman como el Primer discurso de Moisés, allí Moisés analiza ese recorrido.

 

En particular la perícopa de hoy es una exhortación que les hace su Líder. Moisés no va a entrar a la Tierra de Promisión, entonces les da un conjunto de pautas que dirijan su comportamiento para posesionarse de la tierra que el Señor les dará.

 

Lo que les dice podría intentar resumirse con la expresión “obediencia”, como que Moisés les aconseja ser “obedientes”. Pero rápidamente nos damos cuenta que el punto de partida y de enfoque es evitar la manía de añadir y quitar cosas a lo que Dios ha hablado (y nos sigue diciendo cada vez que vamos a la Palabra de Dios). Los previene de no añadir ni suprimir nada al Mandato. Cuando digo “obediencia” ya estoy añadiendo y quitando algo a lo que dice el Deuteronomio.

 

¡Cada vez que pasamos por encima de Su Palabra y -en cambio ponemos nuestra propia ideología- estamos yendo contra lo que precisamente nos dice aquí. ¿Qué hacemos para curarnos de esta enfermedad de meter lo que nos parece y sacar lo que se nos antoja? ¿Nos alcanzamos a dar cuenta que estamos teniendo el atrevimiento de corregir a Dios? ¡Si, así como suena, cambiar lo que dice la Palabra es corregir a Dios, porque lo que estamos haciendo es decir que lo que Dios dijo está mal dicho, y que vale más lo que a mí me parece!

 

Pues bien, hacer de la Palabra de Dios espacio para introducir mis opiniones como verdades de fe, lejos, pero lejísimos, ya no es religión, ya no es coherencia con la Palabra; lo que es, es “idolatría”. Ese añadido, o esa supresión generan un “ídolo”, porque ya no estoy honrando lo que Dios me confió, sino que estoy poniendo en su lugar lo que se me ocurrió.

 

En la perícopa se nos da como ejemplo de castigo por esa clase de desobediencia y por irse detrás de ídolos, lo que asoló a los Moabitas, que fueron exterminados a causa de su idolatría hacia el ídolo de Fegor. Moisés les indica que él no les enseña por su cuenta, sino que sus discursos contienen una Enseñanza venida del Cielo.

 

Si hay fidelidad a la Ley Divina por parte de su pueblo, todas las naciones de la tierra los respetarán y los admirarán por tener leyes tan prudentes y sabias. Se darán cuenta que respetar la Ley es caminar con el Señor y bajo su amparo y protección.


Hay que estar muy alertas para que todas estas experiencias que ellos han vivido no caigan en el olvido, que no se les vayan a borrar de la memoria (textualmente dice que no se nos escapen del לֵבָב [lebab] “corazón”), y para preservarlas -como nos enseñó Santa María Virgen, tenemos que conservarlas en el corazón (Lc 2, 19. 51). Pues bien, vamos a resaltar que no se trata de ponerlas en la caja-fuerte de la memoria y dejarlas ahí, con formol; el sentido de este atesoramiento es narrárselas a nuestros hijos, nietos y a nuestro linaje entero (Dt 4, 9). La memoria se preserva contándola, y esta salvaguarda será “de generación en generación” (Cfr. Dt 6, 6-7 y Sal 78,4-6).

 

Sal 146-147(147), 12-13. 15-16. 19-20

Jerusalén es un elemento del imaginario de las culturas antiguas que -por oposición al campo-, era símbolo de la seguridad por estar resguardadas por murallas, por puertas, por cerrojos y dentro de su amurallada tutela, se trasparentaba la Gloria de Dios, en el Templo, en el  דְּבִיר [dvir] “Sancta Sanctorum”.

 

Con la mejor harina amasaban su pan, otra vez Dios estaba presente en la calidad de sus nutrimentos, no comían pan de harina ordinaria, ni de cereales mezclados. Su pan era manjar del Cielo. Tenemos que entender que este pan es figura de Dios, porque ellos vivían en un contexto donde la hambruna y escases los acosaba. Verdaderamente que la Ciudad Fortificada era imagen de Dios que velaba por ellos.


Estamos, pues, en presencia de un himno que agradece los privilegios otorgados por Dios. Allí está cumplida la promesa, de abundancia, de pan de bendición si la alianza era cumplida.

 

Y en su generosidad, el Señor va más allá porque atiende sus corazones y los sana. La Sabiduría Divina es inconmensurable porque Dios les ha dado todavía un regalo mayor: La Ley. Para que puedan cultivar la fraternidad y caminar juntos -inclusive atravesar desiertos- en sinodalidad, porque la Ley del Señor es Eterna y su Bondad redunda en armonía de convivencia.

 

No hay otro pueblo que haya recibido trato tan preferencial y legislación tan perfecta.

 

El verso responsorial es un llamado a sostener esta actitud hímnica, que sabe valorar la munificencia salida de las Manos de YHWH. El Salmo inicia así: הַ֥לְלוּ יָ֨הּ [aleluya] “Glorifica al Señor”, a la letra “Alaba a YHWH”.

 

Como podría el corazón del creyente ignorar el flagelo fatal de las guerras y los pueblos que hoy por hoy se ven azotados por ella, y no elevar nuestra humilde voz al Señor para que sea Él-Único que puede en su Bondad sembrar Treguas Verdaderas- para que sea Él quien derrame en esos territorios desangrados, el Tierno Rocío de la Paz. Permítenos Señor, que nuestras sencillas gargantas, entonen el Aleluya, porque Tú sembrarás allí donde tanto dolor se cosecha el Maná de Tu-Misericordia, así como soplaste Tu-Santo-Espíritu -de-Paz sobre ellos, encerrados bajo llave en el Cenáculo (Cfr. Jn 20, 19-23).

 

Mt 5, 17-19

Dos lógicas: Marginar o reintegrar

Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a su plenitud, declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del sábado que desprecia al hombre y lo condena; o, cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.

Papa Francisco

Uno se figuraría que, con tantas traiciones a la Ley Divina, el Señor estaría retirándose y dándonos por ovejas definitivamente descarriadas. Pero así es la paternidad- el hijo más díscolo, el más desorientado, es siempre el más tutelado por el Padre. ¡Cuanto más daño nos causamos, más Amor nos derrama el Señor!

Todo descarriado se rebela contra le Ley. Para el que vive el extravío, la Ley no es una brújula, sino la causal de su mal comportamiento. Para ese, si no hubiera Ley, lo que él obra sería lo virtuoso.

 

Los fariseos veían en Jesús a un culpable, y su culpabilidad estaría en eso, en ser un Dios tan Comprensivo, tan Lento a la Cólera, y Tan Rico en Clemencia. Hoy en día también muchos pregonan y claman para que el Señor apriete su Mano en torno a nuestro cuello, hasta hacernos sacar la lengua y ponernos morados, imposibilitados de respirar. No hemos logrado entender Su Palabra, Él ya la ha pronunciado y no la retirará. Por eso se llama Alianza.

 

«Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos. Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10).

 

Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio». (Papa Francisco)

 

Jesús ha puesto un Mandamiento de Amor, y Él es coherente con su Ley. Lo que Él ha legislado se obedecerá primero en su corazón aun cuando nosotros seamos testarudos y no queramos acatar. “Cumplir es practicar poniendo en juego la raíz del ser. La Ley ya no son mandatos, sino cláusulas de libertad en la vida”

 

Él le da firmeza a su enseñanza. No andemos rogándole que se arme de un garrote y nos apalee. “En verdad les digo que antes pasará el Cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley”.

 

Vivimos en la cultura de lo precipitado y queremos que Dios contraiga su virus. Talvez el logotipo de esa cultura sea la “comida rápida”. Pero Dios no se atraganta, Él come lentamente, degustando, paladeando, saboreando.

 

¡Bendito sea Dios que se toma Su Tiempo! ¡Que no tiene premura, que nos tiene paciencia! ¡Enséñanos a amar el ritmo que tu llevas en Tu Corazón!

 

¡Enséñanos Señor a tener en cuenta hasta las letras más pequeñas de cada palabra que Tu Pronuncies! ¡Guíanos para no pasar por alto ni la más mínima puntuación, ni el matiz más leve, ni el susurro más discreto!”


Y, sobre todo, Tú que eres el Dios Todopoderoso, Dios-de-Toda-Fuerza, concédenos la fuerza de corazón para ser dóciles a tu guía, para “dejarnos llevar la mano”, danos la agudeza de oído para escucharte -aun cuando tu Ternura es un Susurro-, y la Voluntad para aplicarnos a cumplirla con amor, con pasión, con disciplina, con resistencia de empeño para no menguar en el propósito. ¿En qué consiste ponernos de parte de la Edificación de Tu Reino? En que nosotros, mientras estemos aquí, en la tierra, logremos que se haga tu Voluntad como reflejo exacto de tu Voluntad cumplida en el Cielo.

 

Amén.