viernes, 29 de mayo de 2026

Sábado de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 

Jud 17, 20b-25

No permitir que el misterio cristiano se debilite

La carta de Judas -muy probablemente escrita hacia finales del siglo I- es extremadamente breve: consta de un solo capítulo con 25 versículos. De los cuales lo único que se leerá serán los 5 versos y medio de hoy. «… lo principal de su preocupación es bien claro: la necesidad de defender lo esencial de la fe con dientes y uñas y denunciar con valor las aberraciones de un misticismo inmoral» (Ivo Storniolo y Euclides Martins Balancin) El tema de esta carta es levantar una voz de alerta contra los “falsos predicadores” que están perjudicando tan gravemente a la comunidad.

 

Es inevitable que se presenten “falsos maestros”, los falsos maestros surgen del afán de acomodar las “Enseñanzas” de manera tal que, se ablande su exigencia para convertir las enseñanzas en un menjurje tan flexible que les permita “manipular la doctrina”. Pero no se vaya a pensar que este ablandamiento se produce siempre por la vía de hacer más llevadera la “ley” y darle cabida al pecado. En tantísimas situaciones, por el contario, la deformación se produce con un mensaje “recrudecido y encarnizado” que tiene dos consecuencias tan negativas como la de los que lo suavizan en extremo:

a)    Dividen a la comunidad entre los “puros”, los “ortodoxos” y del otro lado, los “laxos”, los heterodoxos. Esta ruta herética se tiñe con los ropajes de la “rigurosidad”.

b)    La ponen tan difícil que ahuyentan a la “gente”, que no logran soportar “cargas tan pesadas” que prefieren quedarse por fuera ante la dureza de las exigencias. Los fieles tienen que ser más que santos y mejores que los “ángeles”.

 

Otra corriente, de tinte demagógico, procura poner las cosas tan fáciles, que todo el mundo cabe y el pecado se diluye en una exigencia rala y débil, que no obliga a nada y da pábulo al “según lo quiera entender y como le acomode aplicar”: es el laxismo puro.

 

Uno podría, ingenuamente, creer que se trata de buscar el sano punto medio. Lo que conduce a un eclecticismo de “la línea media”. Lo cual, tampoco es así.

 

Todo eso provocaba la desunión en las comunidades, eran falsarios camuflados bajo una tintura de “espiritualidad”.

 

Nunca estaremos por fuera de la Voz de la Consciencia y no nos podremos emperezar en el lema “que lo piensen ellos por mí”. Siempre estaremos obligados a repensar nuestras conductas y a juzgar -eso sí, avalados por la Palabra de Dios- cuál es el Camino Evangélico, el que nos legó Jesús, el que nos ha comunicado Dios. Para nuestra fortuna, Jesús también nos legó la Iglesia, a la que le comunicó la responsabilidad del pastoreo de la grey. Esta trasmisión del Encargo está dictada en la triple pregunta a San Pedro sobre la profundidad de su Amor: y el dictum: “Pastorea mis ovejas”. (Cfr. Jn 21, 15- 17)

 

Sin embargo, a los que se desvíen, no se les puede abandonar, así como así, a su suerte: ¡Son nuestros hermanos y hay que procurar rescatarlos!

 

Judas no da un método único: Traza una línea de diferenciación, porque están los que:

a)    Mantienen cierta apertura y capacidad de discernimiento, a esos hay que mostrarles compasión, arrancándolos de sus garras.

b)    Por otra parte, están los que se empecinan y no admiten “dialogo”, a ellos hay que mostrarles la misma compasión, pero en este caso, reconociendo que de ellos no se puede rescatar, ni el sombrero, porque hasta el sombrero queda corrompido por su obstinación.

 

Parecería innecesario decir que una fórmula magistral es dejarse encaminar por las enseñanzas apostólicas. Prestando atenta voz a sus sabidurías. Claro está, bien digeridas y no adulteradas. Fácilmente, y la historia lo ha mostrado, se toman resúmenes improvisados donde ya la “desviación” ha sido acomodada estratégicamente, para maquillar el engaño y mantener el desvío campante y rampante. La recomendación es leer atentamente la Escritura y no atenernos a segundas voces; y, no tomar retazos sueltos desencajados de su co-texto. (Siempre distinguimos contexto -lo que está sucediendo en ese momento histórico-, y co-texto, lo que dice antes y después de lo que estamos leyendo y que enmarca y aclara ese “aparte”). Lo que nos subraya San judas es apoyarnos en la sólida fe que tenemos y en la oración asistida por el espíritu Santo.

 

¿En qué territorio nos moveremos? En la zona resguardada por el Amor Divino y atenidos a la Misericordia del Infinito Jesucristo que nos lleva de la mano hacia la Vida Eterna. Es precisamente Él quien puede “resguardarnos de tropiezos y presentarnos intachables y exultantes ante la Gloria Celestial”. Con profundo gozo, hay que presentar ante el Cielo, a los que se dejan auxiliar y están dispuestos a escuchar la corrección. Aquí se inserta -a manera de doxología- un hermoso reconocimiento de la Majestad de Jesucristo: “Dios Único, nuestro Salvador, a Él la Gloria y Majestad, el Poder y la Soberanía desde siempre, ahora y por los siglos de los siglos. Amén”.

Y con esta doxa, concluye la Carta.

 

Sal 63(62), 2. 3-4. 5-6

Este es un salmo del Huésped de Yahvé. Alojarse en Casa del Señor es comparado a un gran Banquete; a una Canción llena de alegría; a un Pajarillo en un “cerezo” que, en su dicha de hallar el árbol frutecido, no cesa de piar. Como una Esposa en brazos de su Esposo. Felicidad porque la conquista amorosa no fue fácil pero ahora la seducción es plenitud de sincero amor. Y, como cima de las comparaciones, con el Triunfo de Dios en la Historia: La economía Salvífica será un Presea consumada.

 

Hacia el final, en las dos últimas estrofas (vv. 9-11), ya no está ese lenguaje de tuteo, de cercana amistad, palabras dichas en la confianza del romance. Se pasa a dirigirse a los que envidian y se han dado a la tarea de malograr el romance de Dios-con-el-Pueblo Elegido.

 

Como se evidencia, la perícopa que se proclama proviene de la parte en que el Huésped de Yahvé se deleita en su estancia en las Moradas del Señor. 

 

Se siente bienaventurado y madruga para deleitarse. Él esta hambriento y sediento del Infinito Amor. Como la tierra cuando ha atravesado una larga temporada de sequía.


Al Mirar sostenidamente al Señor se ve su Gracia, su Fuerza, su Gloria. Todo ello holgadamente más valioso que la vida misma.

 

Esa consciencia de romance con la Divinidad lo conduce a una enorme gratitud que no desfallecerá nunca: Su vida toda estará dedicada a exaltar los manjares exquisitos que allí degusta y su boca -la misma que prueba los Manjares- se deshace en loas y alabanzas jubilosas.

 

La antífona afirma la Sed que tiene el alma del orante respecto de Dios. Como un caminante que camina en el Desierto necesita del agua, el orante requiere beber del Cántaro de la Vida Eterna.

 

Mc 11, 27-33

Entramos en la última etapa de la vida de Jesús, Jesús con sus discípulos han regresado a Jerusalén, podemos respirar la atmosfera de rechazo, y la creciente y venenosa hostilidad que se respira. Jesús se pasea por el Atrio del templo y los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, le preguntan de dónde proviene la “autoridad” con la que actúa.


Jesús ya está ampliamente familiarizado con estas emboscadas verbales y establece las normas de un pacto: Él contestará sí, y sólo sí, ellos primero responden a una sola pregunta: En resumidas cuentas, confiesen por qué mataron a Juan el Bautista: La manera de preguntarles se refiere a la teología de la práctica bautismal que desarrollaba Juan: ¿El bautismo de Juan era de YHWH, o era sólo una cuestión de carácter meramente “humano”?

 

De inmediato ellos caen en la cuenta que es un dilema sin salida:

Si dicen que era del cielo, sacarán la peor nota, ¡perderán fatalmente el año! Pero no podían decir que era puramente humano, pues todos veían en San Juan el Bautista, un Emisario Divino. ¿Qué podían hacer? Como buenos tramposos, desistir, le contestaron: “No lo sabemos”.

 

El asunto está en que reconocer su ignorancia desenmascaraba la falsa autoridad sobre la que ellos sustentaban su “magisterio”. Si no sabían algo tan sencillo, como sería todo el resto de su discurso. Que endebles bases tendría todo cuanto ellos afirmaban.

 

“¿Con que autoridad haces esto?” Siempre, a lo largo del Evangelio, está en juego la ἐξουσίᾳ [exousia] “autoridad”, “poder que se ha otorgado, que se ha recibido” del Padre para Jesús, porque sus “hechos” no dejaban lugar a duda que Él se apoyaba en Dios. Ellos que presumían de poseer el monopolio de la autoridad, terminan mostrando su ignorancia de las cosas teologales al reconocer “No lo sabemos” ¡Qué liderazgo espiritual tan menesteroso! En cambio, desde el puro principio de este Evangelio marqueano, la gente está sorprendida de la “autoridad” patente con la que Jesús enseñaba (Cfr Mc 1, 22).

 

Esta que se trae hoy a colación puede ser la denuncia de nuestra lamentable situación. También en nuestro ambiente hay muchos que viene a cuestionar la autoridad con la que obramos, ignorando que muy a pesar de nuestras flaquezas, lo que afirmamos del Señor, viene del Señor, y no dimana de nuestra propia autoridad, sino de la que ha conferido el Santo Espíritu de Dios para dar a conocer su mensaje Salvífico y comunicarnos la Redención que por pura gratuidad nos entregó Jesucristo en le cruz.

Él tampoco les responde nada, porque ellos habían quedado acorralados en una trampa del mismo talante de la que procuraban tenderle. Aquí hay además una consciencia de parte de la “gente”, que reconoce -plenamente convencida- que la Jurisdicción de Jesús ha sido directamente delegada por Dios. La Comunidad se pone de la parte de Jesús, y de Juan el Bautista, y ven en ellos a los representantes plenipotenciarios de la Divinidad. Poniendo en cambio entre paréntesis la tan cascabeleada “autoridad” de los gobernantes judíos, civiles y religiosos. Estos cascabeles no pasan de ser una insignificancia propagandística para engañar a la gente pavoneándose de poseer algo que en realidad no tienen.   

jueves, 28 de mayo de 2026

Viernes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1P 4, 7-13

En esta carne herida y amada, el Padre nos muestra la verdadera humanidad de una vida que se realiza en la apertura y en la comunión, hasta el punto de hacernos desear que su voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo.

Magnifica humanitas #231

La premisa inicial es “el cercano fin de todas las cosas”. Sabemos que, en las primeras comunidades creyentes, la Parusía era cosa para mañana, a más tardar, para pasado mañana. Así que, en esas condiciones, vivían con la mochila lista, atentos al sonido de la trompeta que anunciaba el regreso del Señor. Muchos de los acontecimientos que registraba la historia, les parecían las señales del fin: el incendio de Roma, el suicidio de Nerón, la erupción del Vesubio, por sólo mencionar los que nos afloran a la memoria así, de rapidez.

 

Muy poco a poco fueron descubriendo que tampoco era para tan pronto, y que las señales no eran indicativas del fin, sino de cambios “epocales”. Todos asistimos a estos cambios, que van introduciendo variaciones en el compás de la vida, y comprendemos que Dios Misericordioso dilata el fin para ampliar nuestro margen de conversión y acrecentar nuestras posibilidades de conquistar la salvación.

 

¿Invalida eso las pautas que nos propone la carta? ¡Consideramos que no! Inclusive, nos parece que ratifica la importancia de vivir en la σωφρονήσατε [sofronesate] “sensatez”, “en sano juicio”, “cabalidad” y la νήψατε [nepsate] “sobriedad”, “sin embriagarse”, “sin consumir vino”. Esta “sensatez” y “sobriedad” ¿para qué se pide? Para la oración, para que los encuentros de oración no fueran asamblea de borrachines. Recuerden que después de Pentecostés la gente los acusaba de estar embriagados y que hacían aquellas cosas como resultado de su estado alcoholizado. Muchas veces la gente nos acusa de cualquier cosa para devaluar las enseñanzas y el contenido de las predicas. Llegan a decir que “se la fumo verde”.

 

Los χάρισμα [charisma] “carisma”, “regalo”, “don”, “gracia” ¿qué se nos indica que hagamos con ellos? ¡Que los administremos bien! Se reciben para la δόξα [doxa] Nos enseña que la multiforme gracia de Dios está para ponerla al servicio de los demás. Los clasifica aquí en dos grupos: 1) Los carismas del “habla” y 2) el carisma de “prestar algún servicio”. Y pone una regla de oro: Todo eso se recibe para gloria de Dios.

 

Muchas veces ellos se desconcertaban que en medio de su fragilidad y de su escaza o nula escolaridad, acometieran con tanto ímpetu y con gigantesca vehemencia las tareas de la Evangelización. Muchas veces les parecía como un πυρώσει [pyrosei] “fuego” que los impulsaba y que ardía en el pecho como una fogata apasionada. La carta les dice que no se asombren por eso, que esa “energía” y “arrebato” podía desembocar en tentación de “arrogancia” o de “jactancia”. Y nos enseña, que, por el contrario, debe colmarnos de satisfacción y alegría. ¡Nunca de presunción ni de petulancia!


No pasemos por alto una virtud evangélica que aparece aquí, en el verso 9: φιλόξενοι [filoxenoi] “hospitalidad”. Detengámonos un momento a examinar la etimología de esta palabra: En español la palabra deriva del latín hospitalĭtas, que proviene de hospes (que significa 'huésped' o 'extranjero'); en griego se descompone en φίλος [amor] y ξένος [xénos] “extranjero”, “fuereño”, “foráneo”. Estrictamente el antónimo de xenófobo, ξένος, [xénos] "extranjero", "huésped", "extraño", y φόβος, [fobos] "miedo". Este mandamiento de xenofilia está consignado en Ex 22, 21: “No maltrates ni oprimas a los extranjeros en ninguna forma. Recuerda que tú también fuiste extranjero en la tierra de Egipto”.

 

Sal 96(95), 10. 11-12. 13

Venga a nosotros tu Reino

II Petición del Padre nuestro

Así como un rey es entronizado, el pueblo elegido conoció en Babilonia las ceremonias de entronización de su dios, Marduk. Visto este ejemplo -que tanto los maravilló- quisieron tener una ceremonia, también ellos, para entronizar a YHWH, con mayor o menor consciencia que, Dios no era reemplazable, que el permanecía en su Trono por toda la Eternidad y que no dependía para nada de estas ceremonias rimbombantes. Nadie lo iba a desbancar, nadie iba a cuestionar su Reinado Perfecto. Él iba a ser el Rey-y-Sacerdote-Eterno de Suprema Justicia por siempre jamás. Sólo que, les pareció que las entronizaciones de Marduk eran muy pintorescas, y no querían quedarse atrás.

 

A nosotros siempre tiende a admirarnos la bullaranga, el griterío, las rechiflas y las descargas de aplausos por parte de toda la gente, y el prístino grito del Shofar. El paso solemne de la procesión real, y el brillo de los “uniformes” y los “sables” al aire. Sin dejar de lado el ronco crujir del pavimento al paso de los tanques y las grúas que conducían los misiles. Todo este oropel desconcertaba a los ingenuos y les hacía correr escalofríos. Ah y no olvidemos la Garota de Ipanema que se contorneaba con toda la corte de passistas y musas directamente invitadas del carnaval de Rio para engalanar -con junto con las escuelas de samba- el paso del cortejo.


El Rey iba sentado en su palanquín y los soldados de su guardia personal, lo llevaban en andas portando la silla gestatoria que lo hacía visible desde la distancia. Indudablemente toda esta parafernalia era impostergable y no se podía desperdiciar todo el asombro y el descreste que producía en el vulgo.

 

«Yo quería ver a Cristo porque mi pecho estallaba en angustia. No me interesaba su corte celestial ni terrena. Me afirmé con las dos manos en una baranda y entré al palco. Caí de pie sobre la blanda alfombra. Junto al micrófono estaba Caifás, con cuello de armiño y hábitos blancos. Sostenía una Biblia con tapas de marfil y leía el evangelio, leía la palabra de Cristo, mientras Cristo… ¿Ahí está! ¡Ahí está! ¡¡Es Él!! -yacía atado con sogas a la enorme cruz de oro que presidia la manifestación triunfal-, y lloraba inconsolablemente. (Marcos Aguinis)

 

Mc11, 11-25

Dejamos atrás le sección del evangelio marqueano, en donde Él visita diversos lugares (6,6 – 10,52) y pasamos a la última sección que se refiere a su actividad en Jerusalén incluyendo su pasión y muerte. Podríamos subdividir el Evangelio de otra manera y tener una subsección (8,31 – 11, 11) donde Jesús anuncia su muerte; y, una subsección que empezaría en 11,12 hasta 13, 37 -a la que pertenecería la perícopa de hoy- donde se nos presenta y relata todo lo relativo a Jerusalén, pero se descarta (14,1 – 16,20) donde se nos contará lo relativo a la Pasión, muerte y resurrección.


 

En la perícopa 11,1-11, tendríamos el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén. Mientras en la perícopa de hoy tendríamos tres aspectos:

1)    La maldición de la higuera por no tener higos (11,12-14)

2)    La Purificación de templo (11, 15-19)

3)    El señalamiento de tener fe, una fe decidida. (11, 20-25)

 

Jesús llegó al ἱερόν [ieron] “Templo” la palabra que se usa significa “sagrado”; era ya tarde, solo alcanzó, aquel día a dar un vistazo, περιβλέπομαι [periblepomai] “echando una mirada alrededor”. Después de lo cual, salió -con los Doce- para Betania "casa de higos", pequeña aldea situada a unos 3 km de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de los Olivos.

 

¡Hablando de higos! Al día siguiente, encontró una higuera, puras hojas, no había ni un solo higo. -porque no era temporada de higos- y le dijo Jesús, “Nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Esto lo tendremos en cuenta de nuevo cuando lleguemos al versículo 20. Será lo que se llama técnicamente una inserción, y que nosotros lo llamamos “sándwich” porque es como una tajada de pan, donde queda faltando la otra tajada de pan, pero antes hay que poner el jamón y el queso, que en nuestro caso será, lo sucedido en el Templo:

 

Pasamos a los versos 15-19, en estos cinco versos se nos cuenta:

i)              Jesús entró en el Templo

ii)             Se puso a echar a los vendedores y a los compradores

iii)           Volcó las mesas de los cambistas. No se podían usar monedas romanas para los asuntos del Templo, entonces había que cambiarlas por monedas judías.

iv)           También revolcó las jaulas de los vendedores de palomas

v)            Nadie tenía porque andar trasteando cosas por el Templo, no se los permitía.

 

Al conjunto de estas cinco acciones Jesús les pone un título: “Ustedes han convertido la Casa de Oración del Padre en una cueva de bandidos”.

 

Claro que los sumos sacerdotes debían recomerse por dentro, y lo que los quemaba en su interior era el anhelo de ver cómo acabarían con Él, cuanto más pronto mejor.

 

Ahora sí, regresemos a nuestro “sándwich”, la segunda taja de pan, la tapa: Esto ya será al día siguiente, al volver a pasar frente a la higuera la encontraron marchita de raíz. Pedro identifica con claridad las dos tajas de pan: “La higuera que maldijiste, se ha secado”. Jesús va a sacar las conclusiones y a mostrarles la didáctica que contenía este episodio:

i)              Tengan fe

ii)             Si uno no da pie a la duda, la palabra con fe se cumplirá

iii)           Entonces, todo lo que se pida en oración ha de hacerse de cuenta que ya fue obtenido.

iv)           Pero con una condición, poner por delante el ἀφίετε [afiete] “perdón”, esta palabra griega significa “alejar”, “apartar”, “abandonar”, “separarse de algo”, “no volver a recordar”, “perderlo de vista”.

 

Solo si uno logra arrancarse del corazón y de la memoria rencorosa el recuerdo habrá perdonado y entonces, y solo entonces, logrará obtener lo mismo del Padre Celestial. Así Él también nos perdonara nuestras culpas.

 

«… la historia de la higuera que se secó de raíz: es un simbolismo profético que condena al tronco de una sociedad estéril, que no da fruto, porque en vez de alimentar una práctica de justicia y libertad, sustenta una religión que aliena y explota en nombre de Dios, y que, al mismo tiempo, exige una pureza discriminatoria que margina al pueblo». (Euclides M. Balancin)


«De la higuera debemos aprender que al igual que el pueblo hebreo, así también el nuevo pueblo del Señor puede ser repudiado si no produce los frutos del reino y puede recaer sobre él la maldición que manifiesta su esterilidad y lo destina al fuego.» (Beck. Benedetti. Brambillesca etal)

miércoles, 27 de mayo de 2026

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 


Gn 22, 9-18

Juro por mí mismo, oráculo del Señor por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa”

Dios ha contraído una lealtad con sus criaturas, ha asumido frente a ellas el rol de Padre. Abrahán nos presenta un paralelismo, él tiene a su cargo desempeñar el rol de padre con Isaac. Pero, Abrahán como criatura, tiene otra fidelidad que podemos precipitarnos excesivamente a declarar mayor: una fidelidad hacia Dios, de cumplir todo, absolutamente todo lo que Él le pida o le mande, porque como padre-en-la-fe tiene que cumplir -con lujo de detalles- aquello de amar a Dios sobre todas las cosas, inclusive por encima de la vida y supervivencia de su propio hijo. Así que dios le pide que le dé lo que más ama: ¡la vida de su único hijo! ¿a ver? ¿Quién, en uso de sus facultades, tomará de la mano a su hijo y lo llevará al Monte Moria para ofrendarlo?

 

¿Qué hizo Abrahán? Pues ni corto ni perezoso, ¡cogió todo lo necesario para un sacrificio, y puso manos y pies a la obra! Camine a ver para el monte Moria. Nosotros nos imaginamos un jovencito, un niño… Los exegetas nos corrigen: si podía cargar la leña para el sacrificio tenía que ser ya un joven crecidito… Los estudiosos le han calculado alrededor de 30 años…

 

Bueno, ustedes ya saben lo que pasó. Dios, a última hora mando al ángel a detenerle la mano y le dio, a cambio, un carnero que estaba trabado por la cornamenta entre los matorrales. “Cambiemos de víctima; ofréndame mejor ese carnero”.

 

El filósofo danés, Søren Kierkegaard, nos enfrenta a una triple perspectiva:

- ¿Cuál sería la relación en lo sucesivo del padre y el hijo? ¿Podría, aquel jovenzuelo, alguna vez, dejar de ver en aquel hombre a su dispuesto asesino?

- ¿Cómo visualizaría Sara, la mamá, a su marido, el que había estado a punto de cegar la vida del hijo de sus entrañas?

- ¿Pudo alguna vez Abrahán perdonarse a sí mismo que no había vacilado por un instante ante la perspectiva de apuñalar al hijo que el mismo Dios le había regalado ya en sus años de vejez?

 

Si leemos la página con un mínimo de seriedad, no podemos acallar estos interrogantes sin pasar nosotros mismos por el doloroso rio de lava que seguramente vivieron los tres: Isaac, Sara y el propio Abrahán.

 

Y -tendríamos que añadir las espinas de otro corazón atribulado- ¿Qué tuvo Dios en su Mente cuando envió a Jesús al Calvario y lo obligó a apurar la copa, todo por redimirnos?

La perícopa concluye en el verso 19 -que no lo leemos-  nos informa que el papá, el hijo y los dos esclavos, se fueron después a באר שבע [Beer sheva] que se puede traducir como “el pozo del Juramento” o “el pozo de los siete”.

 

Sal 40(39), 6-7. 8-9. 10. 11

Estamos ante un Salmo de Acción de Gracias, domina el propósito de ser agradecido. Acompaña esa gratitud una especie de asombro. El Salmista no logra entender adecuadamente, cómo ha sido posible que Dios haya obrado con tanta Bondad. El Plan de Salvación implica toda una sucesión de Generosidades, que nadie, absolutamente nadie se habría comprometido. Salta como un resorte totalmente comprimido la palabra “Misericordioso”. Si tratáramos de enumerar los favores recibidos, son tantos y tan incontables, que ni nos acordamos, sólo podemos resumir diciendo ¡Cómo hemos salido favorecidos siempre y al final de cuentas?

 

Hay otra idea, y esta, está en el corazón de la perícopa proclamada, tanto es así que, se convirtió en el responsorio:  En la tercera estrofa, se nos lleva a reflexionar ¿qué pasa cuando la Ley que Dios ha puesto la consideramos ajena, algo impuesto desde el exterior?; y, ¿qué pasa cuando la Ley es tan propia que es como un hijo nuestro, o como uno de nuestros órganos, y todavía más, un órgano vital. Aquí la Ley habita nuestras propias entrañas: Por eso, es lo que le da sentido a nuestra vida. Es el norte de nuestro ser, cumplir con el “querer” de Dios no es hacer los que otro quiere, es ¡hacer lo que nos hace ser lo que somos!

Otra declaración es que Dios no quiere sacrificios ni ofrendas. Ah, Dios ha cambiado de opinión, ahora pide otra cosa distinta de la que pedía ayer. ¡Nada de eso! Revisando en los profetas, vemos que nunca ha querido que se le maten animalitos, Él lo ha aceptado, como al tierno infante se le acepta un matachín hecho con dos rayas; pero conforme el hijo crece, se le exige más, y con calidad. En la infancia de la humanidad nos tuvo paciencia y se recreaba con nuestros torpes dibujos. Ahora, espera que nuestro talento haya madurado: Que seamos capaces de hacer su Voluntad.

 

El Mesías, no vino a gobernar con cetro de hierro, ha venido a “comunicarnos” la Palabra de su Padre. Él mismo es la Palabra. Al abrir sus labios, cada epifanía ha sido para deslumbrarnos con su Misericordia Inefable.

 

 Mt 26, 36-42

¿Cuáles fueron los preparativos, -los momentos previos al interrumpido sacrificio de Isaac?

“A la madrugada del día siguiente, ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.

 


Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes". (Gn 22, 3-5).

 

Ahora comparemos los prolegómenos en el caso de Jesús:

 

“Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.» Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir λυπέω [lypeo] “tristeza”, “tan triste que al borde del llanto” y ἀδημονέω [ademoneo] “angustia”, “profunda depresión”. Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo?". (Mt 26, 36-40).

 

No tenemos noticia sobre cuáles serían los sentimientos de Isaac; aquí por el contrario sabemos que, a Jesús, en aquella hora previa, la tristeza lo estaba matando. Conviene entender la fuerza simbólica del nombre del lugar donde Jesús hizo consciencia de la “hora pavorosa” que se le venía encima. El lugar se llama Getsemaní; esta palabra viene del arameo, Gath-Šmânê, en hebreo se llama Gat Shemanim, se traduciría por “prensa del aceite”. Para liberar el aceite de la aceituna, se le somete a prensado, con enorme presión se destripa, y ella va dejando manar su oleo. Pues Jesús, allí, estaba sufriendo esa terrible presión. Es la Pasión. La pasión puede ser por el trago, por un deporte, por un vicio, podemos elegir entre diversas pasiones: Jesús nos eligió como motivo de su Pasión, se apasionó por nosotros: fue una Pasión que su Padre le inculcó, Él e la enseñó.

 

Lo que Jesús nunca negó fue su filiación. Esta Pasión es la del Hijo que no niega a su Padre. A este Hijo el Padre le ha encomendado el rebaño, y Él no cede, los defiende de leones, tigres, lobos y osos. Pero los discípulos no pueden vencer el sueño una y otra vez Jesús los despierta, se supone que ellos están allí para testimoniar frente “a los que creerán”, así como ellos mismos lo habían visto “transfigurarse”; ahora están llamados a ver como es victimizado hasta la “desfiguración”. Lo primero fue pintoresco, lo de ahora es insoportable.

 

Tenemos que darnos cuenta que Jesús no buscó este dolor. Tampoco nos podemos inventar que el Padre era algún tipo de sádico que buscó el dolor de su hijo para saborear en su paladar el degusto de la venganza, haciendo padecer al inocente. ¡No! ¡Dios-Padre no es ninguna clase de torturador!

 

Miremos nuestras propias manos y descubramos si hay en ellas gotas de sangre del Crucificado. Qué genes compartimos con Judas Iscariote.


Jesucristo es Sacerdote porque entró en el Sancta Sanctorum llevando su sangre -extraída a fuerza de prensa- para derramarla -como lo hemos repetido varias veces- sobre el כַּפֹּרֶת

[Kapporet] (se traduce literalmente "cubierta" o "tapa". Históricamente hablando, era la tapa de oro macizo, flanqueada por dos Querubines, también de oro macizo, que cubría el Arca de la Alianza en el antiguo Mishkán “Tabernáculo judío”).

martes, 26 de mayo de 2026

Miércoles de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

 


1Pe 1, 18-25

Convocados a vivir en santa hermandad

El oro y la plata son cosas perecederas, no hacen brotar la vida nueva, sino la Palabra de Dios, que tiene fuerza creadora: “Él habla y la cosa sucede”.

Sal 33, 9; Gn 1, 3

Aparece aquí la palabra ἐλυτρώθητε [elytrothete] “rescatados”, derivada de la palabra λυτρόω [lutroo] “rescatar”, “pagar completamente el monto exigido para liberar a una persona secuestrada, o, a un esclavo”, “devolverle algo a su legítimo dueño”. Aquí está el quid el asunto, en que Jesús, nuestro redentor, nos redimió, pago por ostros el rescate total, hemos sido adquiridos de nuevo (es curioso que קַיִן [Qayín] “Caín” significa eso precisamente “adquirido”, con el pecado somos des-adquiridos, entregados en empeño, comprados para la esclavitud, enajenados. Necesitamos que alguien pague el “rescate” para volver a pertenecernos en legitimidad ¿Quién sería nuestro legítimo “dueño”? La Libertad, nos debemos a la Libertad con la que Dios al crearnos nos dotó. Nosotros hemos sido redimidos (rescatados) de nuestros comportamientos sin fundamento, irrazonables, carentes de un propósito firme y claro. O sea, que hemos sido liberados del “pecado”.

 

Entrando en la órbita del perdón de los pecados, entramos en una verdadera hermandad, en la fraternidad y la sinodalidad, dando pasos afianzados en el Amor que Dios nos ha tenido, transparentado y patente en Su Hijo, que nos convoca en el amor de los unos por los otros, pavimentando la ruta de ser hermanos en Jesús. No seremos re-adquiridos pagando con monedas de oro o de plata. El precioso se pagará en sangre Divino-humana, con la sangre del Redentor.

 

Se piensa -y pudo ser así- que esta carta haya sido dirigida a judíos que se entendían y se visualizaban como anclados en la Ley, en la Torah. Pero la Ley es solo como un propietario provisional, puede escoltarnos hacia la “libertad” de los redimidos; o, puede mantenernos sujetos en una forma de sutil esclavitud. En vez de eso, hay una sangre liberadora que nos convoca a tomar el timón de nuestra nave y asumir las consecuencias de su dirección.

 

Se trata de una “regeneración”, hemos sido acrisolados, en el Fuego del Amor de Dios: Una llamarada de Espíritu Santo. Pasando por esta purificación, florecemos como Comunidad, en Cuerpo Místico. Ahí sí, quedan puestas las bases para que esa Comunión nos dé los planos para la edificación del Reino. No construimos a ciegas. Tenemos un sapientísimo diseño que guía las obras y nos señala dónde va cada ladrillo.

 

El Reino es la concreción de la Palabra, ya no será como la palabra humana -que es tan solo energía sonora que produce una modificación provisional del aire- será, por fin, Palabra Perdurable, Voz Creadora del Padre, que permanece por siempre. ¡Que hace todas las cosas nuevas!

 

Es preciso volver la mirada hacia el Redentor y descubrir con infinita gratitud que Él se entregó como Cordero sin tacha ni defecto y no escatimó nada de su Vida y su Ser en aras de donarnos vida en plenitud. Es hora de reconocer que ya no se precisarán más sacrificios, que no tendremos que estar día tras día degollando cabritos en los Altares del Señor, porque la Ofrenda Perfecta se ha inmolado, y se ha entregado en holocausto, holocausto significa “quemada íntegramente”, consumida en su totalidad. Así como repetimos siempre -porque es muy importante entender su donación total-, que el Señor se entregó enteramente sin reservarse nada para sí. Sus posesiones, su cuerpo, su sangre, su madre, su vida total.

 

En el crisol del Calvario, se ofrendó y Él nos devolvió nuestro ser totalmente libre en llamaradas de Espíritu Santo, ya no fuego para quemar la victima sino amor como fuego ardiendo en nuestro ser como fraternidad. Dios se ha Elegido la Hostia Perfecta: El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

En el texto es muy claro que no se trata de una religión de palabra, sino de una Palabra que se hace vida. De lo que se trata es, de una Cristificación de la Existencia, traducida en hermandad. No se dice “hermano” o “hermana” a falta de otra palabra para llamarnos entre nosotros, sino con profunda consciencia de ser hijos todos del mismo Padre, hermanos en Jesucristo: “Ya que han purificado sus almas por la obediencia a la verdad hasta amarse unos a otros como hermanos, ámense de corazón unos a otros con una entrega total, pues han sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible, sino de algo ἀφθάρτου [afdartou] “incorruptible”, mediante la Palabra de Dios viva y permanente”. El kerigma tiene un corazón y si no palpita significa que el Mensaje Cristiano ha muerto y ya no tiene vida que comunicar a la humanidad.


 

Por eso dice el Salmo: «No dejarás a Tu Fiel conocer la corrupción» (Cfr. Salm 16(15), 10). Esta es la manera de decir que Dios no dejó a su Hijo muerto en poder de la descomposición, sino vivo para construir un mundo de fraternidad, su Reino.

 

Sal 147B, 12-13. 14-15. 19-20

Himno de alabanza para reconocer a Dios como el reconstructor de Jerusalén. En ese restablecimiento de la Ciudad que será ahora la Nueva Jerusalén, Dios coherente en sus cuidados, fundamenta esta Nueva Ciudad en dos soportes Divinos: Paz-y-Pan. Rodeada de un blindaje inexpugnable, Ella es sinónimo geográfico de Seguridad.

 

¿Qué traduce para Dios la palabra seguridad? La Alianza porque nuestra amistad, nuestras Nupcias con el Señor, materializan nuestra solidez permanente: El Esposo será siempre Nuestro Guardián y Nuestra Tibio Nido.

 

El Tibio Nido, nos informa el salmo, ha sido reforzado blindando, el Cerrojo de sus Puertas acerado y dando Amparo y Protección a todos sus hijos.


Envía su “Mensaje” y este Don nos llega sin tardanza alguna, las esperas se disuelven en inmediatez. No habrá más aplazamientos.

 

Pero hay un elemento que modula la Libertad y ese es la Ley. Si Dios hubiera entregado la Libertad sin modulador habrían incurrido en una irresponsabilidad paternal (los niños pueden hacerse daño con sus juguetes). Le dio todas las pautas a su pueblo elegido, porque había sido designado para la descomunal tarea de llevar el Anuncio a las demás naciones. Por eso lo privilegió. ¡No para establecer una hegemonía a plomo y misil!

 

Mc 10, 32-45

¿Rescatados para sentarnos en su Gloria?

¿Pueden bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Mc 10, 38d

 

Miramos hacia Jerusalén como promesa, cuando nos referimos a la Nueva Jerusalén la que se nos presenta en el Apocalipsis; pero en este caso estamos hablando, por el contrario, de la Jerusalén donde fue a morir Jesús, estamos mirando hacia una sentencia de muerte segura. ¡Y Jesús les advierte!


El contexto general nos presenta a Jesús como un “amigo comprometido”; Él no usó a su Pueblo Elegido, fue por delante poniendo en juego su propio pecho y su propio corazón. Como se diría popularmente, jugándose su propio “´pellejo”. Él -personalmente- fue a la vanguardia, y se entregó, Él, el Primero.

 

Muchas veces pensamos que “instrumentaliza” a alguien para que sea su “marioneta”, a veces decimos “los usó como instrumento”; pero ¡nunca es así! todo el que se une al Proyecto del Reino y participa, se une voluntariamente; por eso ha tomado tanto tiempo este proceso: No somos muy veloces, que digamos, para tomar la opción procedente. Sin embargo, Él resplandece con Su Paciencia.

 

Cuando mostramos el cobre y sacamos a relucir el miedo, lejos de ocultar o aminorar el riesgo, nos lo deja ver a la cara y que procuremos superarlo. Hoy nos muestra el tercer Anuncio de su Pasión.

 

Pero lo que más nos bloquea no es el miedo, es la ambición, el ansia de poder, el deseo de acomodarnos en el Trono, ocupar las curules y luchar por perpetuarnos en los sitiales de gobierno. ¿Qué le piden Santiago y Juan? “Sentarse con Él en la Gloria”, esa Gloria a la que se refieren es el Trono del Reino Davídico.

 

Dos componentes (que desgranaremos en tres aspectos) se declaran aquí:

a)    La Trinidad Santa se ha repartido según algún criterio -que no es de nuestra competencia- lo que cada Uno ha de hacer; y, asignar los sitiales Celestiales es Función Paternal. El Hijo no se va a poner a repartir lo que su Autoridad no le asigna.

b)    Y en este literal, hay algo que nos compete a fondo, a nosotros nos toca, tratarnos fraternalmente, no y nunca someter a nadie, lo que nos toca es ¡Servir!

c)    ¡El que quiera ser primero que se haga el último!

Es todo lo contrario de lo que imaginábamos: Luchamos y pataleamos por hacernos al Trono y lo que nos corresponde es el delantal del διάκονος [diakonos] “Servidor”, el que se pone las pilas y hace todo con tanta presteza que levanta una nube de polvo a su paso”. “El que ataca el polvo a fondo”. (El sirviente que se las ve con el polvo está al último en la “jerarquía”).

 

Llegamos al paradigma, aquí Jesús se pone como modelo para saber cómo se llega a ser el “Primero”: Subiéndose a la Cruz. Todo lo resume con exactitud en el último versículo de la perícopa de hoy: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en λύτρον [lytron] ‘rescate’ por muchos”. Por muchos, es la manera hebrea de decir “para beneficiarlos a todos”. La verdadera grandeza radica en el servicio. Jesús ve su muerte como otro acto de servicio en su vida: como entendemos muy bien, con su muerte sufragó el precio, y lo pagó -como bien sabemos- con su propia sangre, con la entrega de Él mismo en favor de nuestra liberación de la esclavitud del pecado.

 

Cuando hablamos de una “conversión”, descubrimos que los valores del Reino están en contravía de los valores mundanos.  Ni Santiago ni Juan habían remontado la lógica común, la de la codicia. Lo que pretenden es la superposición de los valores mundanos a la Voluntad del Cielo.

 

Habrá que llevar estas aspiraciones al bautismo (muerte por inmersión, es decir por ahogamiento) para llegar a ser los co-herederos del Hijo. A los otros discípulos, lo que les molesta no es que ellos estén pidiendo equivocadamente, sino que se les hallan colado en la fila de los que vienen a solicitar, poniéndose de primeras entre los peticionarios de los privilegios.

 

En nuestra sinodalidad, este dato se debe tener en cuenta, que también nosotros (los más cercanos en la Comunidad) podemos estar pidiendo mal y aspirando a las prerrogativas por las que Jesús no está “trabajando”.

 

Jesús deshecha los prestigios y las falsas aspiraciones, nos enseña que este tipo de objetivos de vida deben desecharse, y que seguirlo implica aprender a ponerse de ultimas en la fila. En realidad, el discipulado tiene que ver con la honra y el honor de hacerse servidor. Y no de engrosar las huestes de los que se agolpan para reñirse los puestos de opresores, de gerentes, de dueños, de monopolizadores: No apostarle al apego del poder y el mando, sino liberarse por medio de la entrega.

 

La perspectiva “mundana” es que todos me sirvan a mí, en cambio, el enfoque cristiano es hacerse servidor de todos los demás.


En que eje se mueve toda esta reflexión, en el eje de la verdadera autoridad. El discipulado es un poder constructivo que se recibe, no un aparato de constricción para oprimir y amoldar, sometiendo. Nadie tiene porque ser instrumentalizado, nadie tiene que servir de escabel para ascender. ¡Cada vez que aspiramos a las esferas gobernantes, Le pisamos Sus llagas las de sus Pies para -supuestamente- acercarnos a besarle el costado!