sábado, 28 de febrero de 2026

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Gen. 12, 1-4; Sal 32,4-5.18-19.20.22; 2 Tim. 1, 8-10; Mt. 17, 1-9

 

… alimenta nuestro espíritu con Tu Palabra; así, con mirada limpia contemplaremos gozosos la gloria de Tu Rostro.

De la Oración colecta

 

Que tu Misericordia Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de Ti.

Sal 33(32), 22

La fe no nos puede dejar flotando en un éter, debe conducirnos a “aterrizar” en la vida, sólo así será una fe vital. Leemos en el salmo 33(32) “el amor del Señor llena la tierra” (el amor -y más todavía el amor Divino- no es una palabrita dulzona como una especie de analgésico y antipirético, es un compromiso concreto: el amor es “nuestro auxilio y nuestro escudo”). ¿Toda esa abundancia de amor se va a quedar en nada? ¿Haremos de todo ello un divino-despilfarro? Cada detalle de Jesús es un destello de su luminoso amor. Y ese resplandor del que hablamos hoy, no se quedó en el Tabor, sino que ¡llena toda la tierra! Y, nuestros torpes ojos no llegan a verlo. Los Tres Discípulos que Él “lideró para que ascendieran”, -y que nos representan a todos los discípulos de la historia- pero, a la vez, -que “Él presentó al Padre como ‘corderos’ sacrificiales”- sabían que Jesús dialogaba con personajes que -todos pensaban muy pretéritos-, que no habían conocido personalmente ni sus abuelos, ni sus tatarabuelos, porque habían pasado por la historia de la fe, siglos antes: he aquí, una dosis mayor de aquella teofanía, esos “personajes” continuaban vivos, o sea que para Dios, el Dios de Jesús, el Dios-Padre, la muerte no existe, para Él todo es vida, “Vida perdurable”, vivida dónde, precisamente en el “Monte Sublime”.

 

No morirse en la esterilidad

Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos Luz.

Luis Espinal

 

Ascender para estar con Moisés, Elías y Jesús: Tres Personajes tan importantes para nuestra fe, que se dan cita en el ὄρος ὑψηλὸν [oros upselon] “Monte excelso”, “Monte sublime”; hay traductores que encuentran en la palabra ὑψηλὸν el significado “más alto que los cielos”; es un monte de 400 m de altura que está a 18 km al occidente del Mar de Galilea. Puede suceder que el episodio nos deje “por fuera” si en él sólo vemos un “efecto especial”, un “montaje publicitario”, otro “truco de campaña”, una “manipulación de la imagen” encargada al Image Consultant para impactar y “conseguir más votos”. Este peligro también está allí. Podemos quedarnos “por puertas” si nos detenemos en los súper-reflectores que hacían ver las ropas de Jesús tan “maravillosamente brillantes” como si se tratara sencillamente de un comercial de detergente que promete una blancura inalcanzable para otros detergentes o para los jabones en barra…


 

Si esto nos sucediera, la página bíblica habría quedado para nosotros estéril. Así que, habrá que usar un acceso diferente. Otro tipo de acercamiento. Aproximarnos a la perícopa evangélica con otro instrumental. Nosotros mismos, nos hemos quedado -otras veces- atrapados en la crítica a San Pedro: “Ah, pedazo de conformista que quería quedarse en lo alto del monte y no bajar a enfrentar la vida”. O, “claro, ahí está pintado Pedro, siempre bocón, afanándose por meter la pata, porque siempre que habla, dice su sandez”. Y, sin embargo, no será tanta sandez porque Jesús lo instituye “piedra” básica para levantar su Iglesia: Primer Pontífice, primero en la serie de los que por ahora van 267; primo inter pares.  ¡Dios dispondrá cuantos más seguirán en esta serie! Por tanto, no podemos estancarnos en argumentos inmediatistas, procuremos -con el instrumental sugerido- adentrarnos en el tema, al sesgo, buscando penetrar con mayor efectividad, y más profundo alcance:


«Yo –decía el Padre José Luis Martín Descalzo- siempre he sido un pésimo ahorrador. De dinero y de vida. Tal vez porque veo que en el mundo hay un terrible afán por regatear esfuerzos, de afanes por dejar para mañana lo que a uno no le obligan a hacer hoy. Hay gente -me parece- que se va a morir sin llegar a estrenarse. Se cuidan. Se ahorran. Se «conservan». Van a llegar a la otra vida como un abrigo siempre guardado en el ropero.

 

Hace años leí una oración de Luis Espinal (el jesuita a quien asesinaron en Bolivia en 1980) que me impresionó: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado.

 

Pero ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser el llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.

 

Sería terrible, sí, llegar al final con el alma impoluta, con el tesoro enterito, pero sin emplear. Creo que fue Péguy quien se reía de los que nunca se mancharon las manos... porque no tienen manos. O porque jamás las usaron para nada… Era yo seminarista y vi -¿hace ya cuántos años?- aquella vieja película titulada Balarrasa (que he revisado hace poco y me pareció malísima), que, vista con mis veinte años, resultó decisiva para mi vida en aquella escena en la que un personaje, muriéndose, se aterraba ante la idea de hacerlo «con las manos vacías». Esa imagen me persiguió durante años. Y pensé que ningún infierno peor que el de la esterilidad. Fuera lo que fuera de mi vida, yo tendría que dejar aquí algo cuando me fuera, aun cuando se tratara solamente de una gota de esperanza o alegría en el corazón de un desconocido.

 

Pienso ahora en aquel verso de Rilke que, como supremo piropo a la Virgen, dice que el día de la Asunción quedó en el mundo «una dulzura menos». O pienso en Juan XXIII, de quien, el día de su muerte, dijo el cardenal Suenens que «dejaba el mundo más habitable que cuando llegó». Pienso que es muy poco importante el saber si dentro de un siglo se acordará alguien de nosotros -seguramente no-; porque lo único que importa es que alguna semilla de nuestras vidas esté germinando dentro de alguien (incluso si ni él ni nosotros lo sabemos). Porque entonces nuestras vidas habrán sido ganadas.»[1]


Este relato, nos da motivos para bajar del Monte, para no quedarnos a vivir en las tres “tiendas”, para entender que en vez de “enquistarse”, es preciso “desacomodarse”, armarse de valor y “amarrarse bien los pantalones” porque nos han habituado a pensar y a reaccionar con mojigatería. Pedro no es menos valiente que nosotros. También –la mayoría de nosotros preferiríamos quedarnos arriba, preferiríamos el frasco de formol al riesgo de vivir el compromiso, de seguir al que es “la Tienda Viviente” porque Él ha puesto su Tienda entre nosotros, ha armado su “Carpa” con Carne, Huesos y Santa-Sangre, y es con Él con quien vale la pena vivir, porque Él es Vida, porque Jesucristo es la vida en plenitud, porque su vitalidad es la del Amor.

 

El mal puede llegar a producir frutos de bien

Sólo en el contexto de la resurrección ellos empezaran a tener las herramientas interpretativas para llegar a comprender lo que han visto.

Michael Casey

 

Vayamos sobre un segundo retazo: Admiramos la valentía de los jóvenes que son capaces de apostarle todo el mismo número. Y nosotros, en cambio, nos vamos llenando –muchas veces- de pusilanimidad, y nos quedamos allí en el rincón, quieticos, inmóviles sin hacer ruido alguno, sin chistar palabra: “No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado” como decía la oración de Luis Espinal, y por lo tanto, no habremos hecho al mundo más habitable que cuando llegamos.


Podemos orar para no tener que beber el cáliz amargo, siempre y cuando no pretendamos el muy ofensivo gesto de ponerle talanqueras al Mismísimo Dios. ¡Señor, haznos generosos para no quedarnos en el rincón, lloriqueando; para sacudirnos el miedo, para desatarnos las alienaciones que nos condenan al quietismo, a la inacción, a los pecados de omisión por cobardía! Permítenos, Oh Señor, la osadía de tu Espíritu Santo para no ser resignados sino resistir el Mal, todo mal; de seguro, ¡Tú nos asistirás!

 

«…una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg: “Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo todo el sufrimiento que nos han causado; recuerda también los frutos que hemos dado gracias a ese sufrimiento; la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad, la grandeza de ánimo que todo ello ha conseguido inspirar. Y cuando los llames a ellos a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y su perdón”»[2]


Cuando acusamos a Dios por permitir el mal, se nos queda en el margen, la comprensión anterior: el mal genera mucho bien, el dolor nos permite alzarnos por sobre nuestra fragilidad, no sólo es redentor, es también vitamina de solidaridad, nos hace más unidos, ante él, reaccionamos con lo mejor de nosotros mismos. El mal gatilla nuestros impulsos heroicos, es –en no contadas veces- el detonante del Amor que Dios ha depositado en nosotros, y que de otra manera, no despertaría, sino que se mantendría amodorrado en nuestro corazón, modorra rayana en la indiferencia. Pensemos –en este momento- en los frutos que tú mismo has dado como resultado de tu sufrimiento.

 

No que busquemos el mal, no que promovamos el mal; pero, que comprendamos que el mal inevitable, el que –por ahora- no podemos detener, también es una ventana hacia Dios, que sabe recoger, inclusive allí, frutos provechosos, así como los cosechó en el Árbol de la Cruz.

 

¿Se puede comer la torta y guardarla?

Aquel día Pedro, Santiago y Juan tuvieron la experiencia del Cristo del Tabor, como una experiencia anticipada del Cristo Resucitado.

Emilio L. Mazariegos

 

Y, para concluir, el tercer texto-retazo donde se nos plantea un profundo dilema moral: También se nos ha ocurrido pensar sí ¿podríamos tenerlo todo? ¿A Jesús, a Elías, a Moisés, las tres Tiendas y –al mismo tiempo- el descenso del monte, ya que no podemos quedarnos arriba? ¿Parece mucho pedir? ¿Es absolutamente imposible tenerlo todo? ¿Estamos condenados a elegir? o ¿cabe alguna astucia?


El siguiente cuentito nos puede sugerir una alternativa viable: Se titula “Un Dilema”:

 

Estás conduciendo tu carro en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada y ves a tres personas esperando el bus:

1. Una anciana que parece a punto de morir.
2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.
3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.

¿A cuál llevarías, sabiendo que solo puedes llevar a un pasajero en tu automóvil?

Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo.


Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y, por tanto, deberías salvarla primero; o podrías transportar al amigo, ya que te salvó la vida una vez y esta sería la oportunidad perfecta de devolverle el favor. Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al hombre o mujer de tus sueños… Piensa antes de seguir leyendo… Piensa… Piensa…

 

El aspirante que fue contratado (de entre 200 aspirantes) no dudó al dar su respuesta. Me encanto, y espero poder utilizarlo después en alguna entrevista.

 

¿QUÉ DIJO? 

Simplemente contestó: "Le daría las llaves del carro a mi amigo, y le dejaría que llevara a la anciana al hospital. Yo me quedaría y esperaría el bus con la mujer de mis sueños."

 

Debemos superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas, y aprender a pensar creativamente»[3].


«Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho, como el sudor humilde del sembrador.» Lo cierto es que Pedro, Santiago y Juan, al bajar con Jesús tuvieron a Moisés y toda su ley, y aún más; a Elías y todo su profetismo; tuvieron a Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios; la bajada más profunda de la montaña, hasta el fondo del Hades, hasta el martirio mismo; pero, tuvieron también la Altura de la Montaña más Alta, la Luz y el Resplandor más enceguecedor, el destello de la Resurrección. ¡Si se puede tener todo al tiempo! Para lograrlo ¡hay que animarse a bajar! A subir y bajar con Él, animarse a seguirlo, ¡que sea Él quien nos lleve consigo!

 



[1] Martín Descalzo, José Luis. RAZONES PARA LA ALEGRÍA. Ed. Sociedad de Educción Atenas. Madrid -  España. 1985 pp. 18-19

[2] De Mello Anthony. UN MINUTO PARA EL ABSURDO. Editorial Sal Terrae. Santander-España 5ta ed. 1996 p. 299

[3] Agudelo C. Humberto A. VITAMINAS DIARIAS PARA EL ESPÍRITU 2. Ed. Paulinas. Bogotá – Colombia 3ra re-imp. 2005 pp. 219-220

viernes, 27 de febrero de 2026

Sábado de la Primera Semana de Cuaresma

 


Dt 26, 16-19

El jueves después de Ceniza leímos del Deuteronomio en el capítulo 30, los versos del 15 al 20; decíamos en ese entonces que se puede desestructurar el Deuteronomio en cinco partes, -tomando en cuenta los discursos de Moisés- hoy vamos a citar de la tercera parte, caps. 12-26, donde el contenido es un código que legisla sobre lo moral, lo político, los civil y lo judicial. Este código, precisamente, ha recibido el nombre de “Código Deuteronomista”.

 

En aquella oportunidad veíamos como Dios nos presentaba la gran disyuntiva entre bien/vida y, por el otro lado mal/muerte. Hoy la temática es la elección Divina de ese pueblo para que sea el pueblo Santo: donde Israel queda consagrado al Señor. Esta unidad discursiva concluye la tercera parte, previa la “celebración de la Alianza”. Después se señalarán las bendiciones y las maldiciones que serán producto de la obediencia o de la desobediencia.

 

¿Qué sirve de preámbulo a la perícopa de hoy? Dos temáticas:

1)    El tema de la consagración de las Primicias

2)    La cuestión del Diezmo.

 

Como inicia pidiendo que cumplamos estas leyes del Código Deuteronómico vamos a enumerarlas en su generalidad:

1)    Tener un único Santuario

2)    Rechazar todo tipo de idolatría

3)    Lo que se puede o no comer: lo puro y lo impuro

4)    El tema de los años Jubilares con el perdón de deudas.

5)    El asunto de la esclavitud

6)    Las Fiestas del año.

7)    Las reglas para aplicar la Justicia

8)    El sacerdocio Levita

9)    El profeta que vendrá

10) Ciudades refugio y Santuario: Leyes de asilo.

11) Contra el falso testimonio

12) Las leyes a aplicar en la guerra.

13) Qué hacer con los hijos rebeldes

14) Los excluidos y el manejo de esas exclusiones

15) Contra la llamada “prostitución ritual”

16) El tema del Divorcio

17) El Levirato

 

Leyes y Mandamientos que Dios nos pide guardar con toda el alma y todo el corazón. Esto implica que Dios espera de su pueblo fidelidad a sus preceptos para que este pueblo brille esplendido entre todos los pueblos. ¿Quiere decir que Dios lo volverá un pueblo poderoso?

 

Meditemos si lo que dice el Señor por boca de Moisés es que lo revestirá de poder y dominará otras o sobre todas las naciones. ¿Dice eso? Pero no dice nada de volverlo un pueblo que con su “poderío” subyugue otros pueblos. Dice que lo ensalzará en Gloria, y concluye diciendo que su Gloria brotará de ser el pueblo Santo por excelencia. Sera para Dios el pueblo espléndido en su Santidad y su Santidad hará de él; el amado pueblo de Dios.

 

¡Su poder será la Santidad!

El problema radica en con qué corazón leemos la expresión “te elevará en Gloria”. Si se lee con un corazón bélico, se entenderá como potencia armamentista.

 

La propuesta muy coqueta que queremos hacer es: pedirle al Espíritu Santo que nos dé un corazón limpio y compasivo y, ahí sí, volvamos a leer la perícopa de Deuteronomio, pero con un corazón “desarmado”.


O, ¿nosotros somos los que promovemos el desarme de los demás, pero el armamento propio? ¿Somos un pueblo que confía llegar al Señor valiéndose de tanquetas y rockets?

 

Sal 119(118),

Puesto que te amo, me siento íntimamente obligado a escucharte, a darte gusto, a cumplir tus deseos. Dime qué deseas, seré feliz haciéndolo.

 

Salmo de Suplica. El salmo más extenso de todos los 150. Con 176 versículos. El eje temático es la Ley. Dios se ha hecho un pueblo según su escogencia, y para estructurarlo le ha dado una Ley. Una Ley que -desde el punto de vista práctico- es un mapa a la vez que una brújula. Con la Ley le ha delineado un perfil y una identidad.

 

Recordamos siempre que se trata de un Salmo alefático y que, en cada estrofa, todos los versos empiezan con la letra correspondiente siguiendo el orden en el que van dentro del alefato. Eso tiene el propósito de señalar que en la Ley está contenido el todo, que es un cántico omnicomprensivo. Una Enciclopedia de la juridicidad del pueblo elegido. ¡Si nos dejáramos guiar por la Ley no se precisarían más sacrificios! ¡Ni más leyes!

 

Pero por nuestras venas corre la debilidad llamada “concupiscencia” -y no sólo la de la carne- la concupiscencia viene siendo como el lado adverso de la “Libertad”. Si no tuviéramos libertad, no seriamos humanos, y no tendríamos la valía para ser Amados de Dios. No esclavos, que descargan su responsabilidad en el amo, sino Libres para amarlo y ofrecerle la libre elección entre las opciones que tenemos.


La Ley nos lleva a entender que el amor se configura a partir de la capacidad de “escucha”. La escucha es la acogida amorosa de la voluntad del otro; en este caso de la Voluntad del Otro. “Dichoso el que camina en la Ley del Señor”, diremos en el responsorio. ¡Se acoge, no se sufre! Es opción, no fatalidad. Si fuera fatalidad se devaluaría a cero.

 

“Levantaré mis manos hacia Ti, recitando tus Mandatos”.

 

Concluye hoy la perícopa al proclamar la consigna que expresa esa acogida: “Quiero guardar tus decretos exactamente”. Pero muy consciente que somos tan frágiles que nos cuesta, dice el Salmista a continuación: “¡Tú no me abandones!”

 

Mt 43-48

Pero yo les digo

Otro “se os dijo”, el sexto y último. Pero, como Jesús no vino a abolir la ley, sino a llevarla a plenitud, veamos hasta que fronteras se extiende este mandato. Se trata de amar al πλησίον [plesion] “vecino”, al que está en nuestra cercanía, dentro de nuestro radio de acción. Porque Dios se expresa -para nosotros- en todas las personas que vemos, que están en nuestro entorno. “Prójimo” no es un concepto abstracto, el prójimo tiene rostro propio, y, aun cuando ignoremos su nombre lo vemos, no es un imaginario, no es un sustantivo más, es la “persona” con la que me cruzo, el conocido, pero también el desconocido, mi amigo, mi contradictor, mi compañero de labores, la persona que viaja en el mismo trasporte público, la que entra a la cafetería que frecuento, la que baja o sube en el mismo ascensor, etcétera.


Me asiste ningún derecho para negarle a alguien el título de “prójimo”; compañero es el que come conmigo, camarada el que comparte domicilio, pero prójimo es más amplio, más abarcador: es el que veo, no un “fulano de tal”, no un “x”, sino el de carne y hueso, al que podría tocar si extendiera mis brazos, si prolongara mi acogida.

 

Claro que puedo practicar el “sacerdocio” o el “levirato” (de los personajes de la parábola del samaritano), y voltear la cara, y cambiar de andén; pero seguirán siendo mis prójimos, a pesar de que yo les haya conculcado su derecho a ser “hijos de Dios”, como yo también lo soy”.

 

¿Qué nos trae el cristianismo que amplía y perfecciona la Ley Mosaica? Que anula la categoría de “enemigo”. ¡Nadie es mi enemigo! Esta palabra es sólo una barrera ideológica para poder poner mi egoísmo por encima de la fraternidad y de la sinodalidad. “Enemigo” es un vocablo del lenguaje de la “cultura de la muerte”. “Enemigo” dice en todas las cartillas bélicas, en todas las cajas de armamento.

 

¿Quién está interesado en hacernos ver enemigos por todas partes? ¿A quién le interesa alimentar los odios? ¿Qué negocio sucio se oculta tras el pretexto de la enemistad? No nos gusta por ningún motivo infundir desconfianza, pero si debemos tener una mirada crítica capaz de desenmascarar los falsos profetas. Desconfiad, os lo rogamos, de todo el que traiga su álbum de fotografías y empiece a mostrártelas diciendo que son “tus enemigos”. ¡Podéis confiar en todos, excepto en los que echen paladas de odio en el fogón de tu corazón! No importa el argumento que traigan, son serviles del Malo, padre de la mentira.

 

Sería muy sencillo -por lo menos aparentemente- vivir en un mundo donde nadie se atreviera a disentir de mí, donde todo el que naciera enfocara como yo, tuviera la misma perspectiva, aceptara los mismos valores, tuviera el mismo credo, respaldara el mismo partido político, agitara las mismas banderas y gritara las mismas consignas, practicara el mismo deporte y fuera fanático del mismo cantante y de la misma clase de música.

 

¡Despierten, ustedes los que duermen! ¡Ese mundo no existe! Pero la diversidad de pensamientos, de opiniones y de gustos no han de verse como obstáculos, sino como riquezas. Tenemos que ser tesoneros contra la voluntad impositiva de la uniformidad, de la “igualdad” abstracta: ¡somos iguales en dignidad, pero diversos en todo lo demás! No soñemos con disolver la diferencia, (mucho menos por rutas dictatoriales, lo que sólo genera rencores y exuda veneno). Trabajemos por la sinodalidad en medio de la diversidad Amar a los que nos aman, ¿qué mérito tiene? No mereceremos ninguna recompensa. (Cfr. Mt 5, 46).


Saber compartir nuestra realidad con la riqueza que anida en la diferencia, ese será el Paraíso Terrenal, (es un milagro donde puede obrar la Grandeza del Corazón que ama a su Prójimo), nos hará merecedores de la mayor recompensa, (lo que incluye dialogar con tesón -no para uniformarnos- sino para entendernos): ¡Seremos llamados “perfectos” por la Voz del Propio Dios!

jueves, 26 de febrero de 2026

Viernes de la Primera Semana de Cuaresma

 


Ez 18, 21-28

La perícopa de Ezequiel reflexiona ciertas situaciones, dos en realidad, afirmando que siempre tenemos ante nosotros la disyuntiva:

1.    Si el malvado se convierte.

2.    Si el inocente se aleja y quebranta su inocencia.

 

Para el primero, recibirá oportunidad y podrá salvarse, con tal que practique el derecho y la justicia. Aparece el gran eslogan de Dios: “Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor Dios-  y no que se convierta de su conducta y viva”. A este respecto se suele decir que Dios tiene pésima memoria contra el malvado.

 

Para el segundo, en cambio, como se convirtió en un malvado -abandonando el buen camino que traía, recibirá paga de malvado. Y, su pasado de justicia quedará totalmente sepultado en el pasado. A esto lo denominamos incoherencia, uno tendía que andar en la coherencia y perseverar en la consigna de actuar para todo bajo la ley de Dios. Si nos ayuda a entender mejor, no digamos ley, sino entendamos que son los gustos de Nuestro-Gran-Amigo-Divino. Cuan felices somos de poder complacer a los amigos, a nuestros seres queridos, y concederles aquello que les gusta. Pues aquí también se trata de darle gusto a Dios en lo que a Él complace. La inocencia estriba en saborear el deleite d vivir compaginados con los Gustos del Señor.

 

Leemos en esta profecía que, muchos acusan a Dios por esta clase de justicia, ¡cómo es posible que todo lo bueno que se hizo en el pasado no conduzca a la salvación del que últimamente fallo? ¡No hay tal! Por mucho que alguien haya sido justo en el pasado, podemos pensar que lo que hizo con la mano, lo borro con el codo, porque -cronológicamente hablando- lo más lejano es lo que Dios olvida, lo más reciente será lo que se tome en cuenta.

 

Dios juzgará según la honesta conversión del corazón. Si -en definitiva-, se opta por el mal, muerte recibirá, pero si la opción definitiva apunta al bien, se salvará la vida.

 

No sirve hacer una opción si no se persevera en ella. Siempre tendremos que estar alertas y vigilantes para que nuestra conversión-positiva prevalezca y oriente nuestra existencia. Es como quien dice, la opción por Dios ha de ser rotunda para que sea ella la que determine nuestro destino. No podemos jugar a dos bandos porque esa no es una opción sincera sino un juego burlón con .la Misericordia que Dios ofrece a Manos Llenas.

 

Este enfoque corrige el que predominaba antes que hacía responsables a los hijos y nietos en la línea de descendencia, por generaciones, haciendo que recayera sobre ellos la responsabilidad de las faltas cometidas por su antepasado. Ahora, según este enfoque que nos presenta hoy Ezequiel, la responsabilidad es personalizada.


 

La Misericordia del Señor está patente en su Voluntad de salvación, inclusive para el malvado. 

 

Sal 130(129), 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8

Este Salmo de Suplica tiene un valor muy significativo porque en el judaísmo estaban los rituales penitenciales en los que todo el pueblo se unía a su celebración. En particular para el Yom Kipur la fiesta más sagrada para este pueblo. Tiene tres componentes: Oración, Caridad y Conversión.

 

Para el judaísmo, en los días del Año Nuevo (Rosh Hashsanah) Dios anota en sus tres Libros: A los justos, en el primero, a los impíos en el segundo y a los indefinidos en el tercero. En el Día de la Expiación, los Libros se cierran y así quedaran hasta el año siguiente.

 

El ritual penitencial -como lo hemos dicho en otra parte- incluye:

a)    La prohibición de trabajar,

b)    El mandato del Ayuno,

c)    La abstinencia para limpiarse y lavarse,

d)    Abstenerse de relaciones sexuales,

e)    Abstenerse de llevar calzado de cuero, el cuero es “vaca muerta” y, por tanto, induce a la impureza

f)     Abstenerse de perfumes o cremas, los afeites son sintomáticos de la vanidad.

 

El Salmo clama perdón basado en la confianza y depositando la entera esperanza. Es un verdadero grito, pero no se señala de qué pecado se trata. Pero la Misericordia no se pone en duda. El clamor es plenitud de confianza. Muchas veces, por pura asimilación, se confunde “clamor” con “reclamación”, como si al clamar uno se dirigiera a la oficina de reclamos. Es verdad que ambas palabras tiene una etimología indoeuropea común que es /kele/ que significa “llamar” o “llamara gritos”. Sin embargo “clamor” significa “grito vehemente, vigoroso o lastimoso, expresado por una o muchas personas, que denota profunda aflicción, necesidad urgente”; en cambio, reclamo, alude a “una oposición o contradicción que se hace contra algo considerado injusto; o algo muy próximo a “denuncia”.


La que aparece en este salmo es קָרָא [qara] “llamar”, “llamar dando voces”, “leer”, “proclamar”.

 

1)    Se ruega a Dios que escuche el clamor de su Pueblo

2)    Confianza en que Dios no es dios-de-escrúpulos, que tiene su “base de datos” para registrar minuciosamente los pecados; si así fuera, estaríamos perdidos.

3)    Como un soldado que vigila toda la noche y es acosado por la oscuridad y el lento correr de los minutos, espera la llegada del nuevo día, así esperamos que llegue Dios.

4)    Los desvelos del Señor -en su Misericordia- son el borrador de todos nuestros delitos, su Redención es abundante. La fuerza de su Perdón, incontenible.

 

En el verso responsorial nos asombramos de la Mala-Memoria-Divina, Él se lo propone y olvida todas las ofensas. ¡Dichosos de nosotros! ¡Acojámonos a su Perdón Redentor!

 

Mt 20-26

Redención de la Palabra

También la ira, el insulto y el desprecio son formas de matar.

 

Entramos en el terreno de los “han oído que se dijo” (a eso que se solía decir, Jesús contrapone un sentido revitalizante, su antítesis). Jesús ha enunciado que no viene a “derogar” la Ley, sino a que la vivamos a plenitud, a fondo, con intenso compromiso. Pero siempre hemos vivido -de esto no se puede acusar solo al judaísmo- en la línea de las “interpretaciones”, “los acomodos” y “las disminuciones” para que la Ley se vaya haciendo cada vez más laxa, hasta reducirla a una elasticidad cómplice. Nosotros vivimos el caso de las llamadas “mentiras piadosas” o “mentiras blancas”. No porque les acomodemos ese eufemismo dejan de ser “mentiras”, y, en todo caso, pecados.


Se dijo que no podemos matar, pero hay otras acciones que -en la práctica- son homicidios:

a)    Jesús señala cuando uno se deja llevar de la ira y monta en cólera.

b)    Cuando uno irrespeta a la persona tratándola de “imbécil”, evidentemente también, todos sus sinónimos:  menso, caído del zarzo, estúpido, cretino, idiota, bobo, tonto, necio, mentecato, y otros que no nos sabemos… Pero hay otra palabra más grave: “necio” (ῥακά [raca] que es una palabra aramea, transliterada, que significa aproximadamente “cabeza hueca”, o sea “sin 5 centavos de seso”; en sentido religioso es un “impío”, lo que es negarle la opción de ser tratado como hijo del Padre), porque afecta hondamente la autoestima, implica una tal cortedad de inteligencia que hace a alguien mucho menos que humano: un palurdo, ignorante zoquete, burro, zopenco, inepto, majadero. Y estas expresiones a todos nos afectan hondamente, nos hacen profundo daño y obstruyen la fraternidad entre las personas. Por eso se hace merecedor de una sanción eterna, porque el daño bloquea de por vida a las personas, en particular a los niñ@s.

c)    Cuando uno, muy devoto y muy piadoso, viene ante el Altar a presentar su ofrenda y el Santo Sacrificio, si descubre que tiene pendientes con alguien, para dignificar la ofrenda y reconciliarse con el Señor, vaya y ponga en práctica el mandamiento del amor fraterno, y, entonces, una vez reconciliado, podrá regresar y continuar sus rituales y plegarias.

d)    Si alguien está pleiteando con uno, hay que buscar la paz y la armonía previniendo que el conflicto se exaspere y tenga un desenlace irreparable.

 

“Mientras vas con él por el camino”, se usa aquí para recordarnos que una perfección de la sinodalidad es reconocerle al otro el status de “hijo de Dios” para que no pierdas tú lo que le niegas a tu prójimo; que es prójimo -no porque piense o crea lo mismo que tú-; lo es por estar en el Libro de la Vida, y Dios es “Dios Viviente”, porque Él a todos nos anima, ¿Quiénes somos para negar lo que Él da?

 

La Ley para ser llevada a su plenitud no basta con atesorarla en nuestra mente, hay que llevarla al corazón con los mismos ecos con los que resuena en las entrañas de YHWH. Lo que hace Jesús aquí es traducírnosla para ponerla a nuestro alcance. Ahora vemos, no basta el apegado rigor de la letra, hay que dar el salto a la ternura del Amor para entender el respeto a la Vida, la fuerza tan liberadora que alberga. La fuerza de la palabra σῆμα [sema] estriba en que las palabras tienen “alma”, el alma de la palabra es el λóγος [logos], a lo que nos referimos, está muy cerca a la idea de significante y significado propuesta por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure.


Efectivamente la ley había sido tan cuadriculada por la tradición farisaica que Jesús tuvo que emprender una campaña muy estricta para redimirla.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Jueves de la Primera Semana de Cuaresma


Est 4, 17k. l-z

“Y si me matan, que me maten” (Est 4,16)

“Desde mi infancia oí en el seno de mi familia, como Tu Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser la heredad perpetua… y le cumpliste lo que habías prometido”.

 

Nos hallamos ante un Libro básicamente post-exilico. Se cree que a finales del siglo V o a principios del siglo IV, entre el 460 y el 350 a.C. Ciro había autorizado el regreso de los exiliados a finales del 538 o a principios del 539 a.C. Dicho así, muchas veces entendemos que todo el mundo regresó; y, no es así. Mucha gente se había establecido y sus “negocios” prosperaron, se habían acomodado bien y se sentían muy viejos y no tener nada a qué volver. Allí habían pelechado, entonces, se quedaron. El Libro transcurre en Susa.

 

Podríamos considerar esta “obra” -en cuanto a su género- como una noveleta con carácter de ficción histórica. Este Libro se ha encontrado en lengua hebrea, con una característica particular: No nombra a Dios, en ningún momento. Pero, como una corriente subterránea, suceden muchas cosas, que parecen incidentales, pero que llevan a pensar que una Fuerza actúa en la historia para hacer que las cosas más enrevesadas salgan a favor de este pueblo. Dios está presente en su poder actuante que infunde valor, fuerza y decisión.

 

¿Cómo sino, entender que Mardoqueo -nombre de origen persa- “siervo de Marduk” hubiera salvado la vida del rey (Asuero -Jerjes I) porque casualmente oyó una conversación conspirativa? ¿Qué, Ester -cuyo nombre hebreo era הֲדַסָּ֗ה [Jadasá] “Hadassah” que significa “mirto”- hubiera llegado a ser la esposa del rey persa? ¡Ester es un nombre de raíces persas y significa “estrella”! (En acadio -lengua Babilonia y Siria, tenemos la diosa Ishtar, conectada con el amor, la guerra, la fertilidad y con el planeta venus; su significado es “brillante”, “estrella”).

 

Para una “esposa” del monarca, era preciso que la mujer se consagrara durante un año a prepararse para el encuentro: su higiene personal, durante los primeros seis meses se basaba en finos perfumes, y en el segundo semestre, se dedicaba a los esencias y ungüentos perfumados. Al cabo de esa preparación, venía la noche de compartir el lecho; a la mañana siguiente, ya pasaba al orden de las concubinas, su vida era la de una “viuda”, a menos que ¡algún día! el gobernante se acordara de ella, y la hiciera llamar para otra nochecita.

 

Pues bien, se debe entender que la pertenencia a ese serrallo, era fundamental en términos cuantitativos: lo mismo que un hato, cuantas más vacas, mayor prosperidad de su propietario. El número de mujeres en el harén hablaba de solvencia económica y no de un formidable corazón capaz de mucho amor.

 

Ha llegado a nosotros un texto griego, bien diferente, contiene todo lo que tiene el texto hebreo, pero con adiciones, donde sí se nombra a Dios, esto luce como un esfuerzo de revestir este Libro de un carácter religioso. San Jerónimo pone en duda los últimos seis capítulos de este Libro, dado que no los ´pudo hallar en versión hebrea. A pesar de lo cual, para nosotros no cabe duda de su entera canonicidad. Las biblias protestantes prescinden de estas adiciones, en ellas no encontramos ni oración de Mardoqueo, ni oración de Ester.

 

A este tipo de adiciones helenísticas pertenecen la oración que hace Mardoqueo y también la que hace Ester, insertadas aquí después del verso 17 y antes del capítulo 5; en el capítulo 4, la de Mardoqueo aparece en el verso 17, con versículos numerados con las letras a hasta i, y la de Ester con las letras k hasta z. Siendo así, la perícopa que hoy nos ocupa, es la oración de Ester antes de entrar en presencia del rey Asuero.

 

Debe saberse que a las esposas y concubinas les estaba prohibido entrar en la presencia de su “amo-esposo” a menos que él las hubiera mandado llamar. Ella va a tener la osadía de irrumpir ante él, para poder abogar por su pueblo. Lo cual podía llegar a significar que fuera enviada a la muerte (Cfr. Est 4, 11). Cuando Mardoqueo solicita a Ester que aproveche su condición de “reina” para interceder por los judíos, muy claramente le dice: si usted no mete la mano por su pueblo, el auxilio provendrá de otra parte, pero ella y toda su parentela caerían bajo la crueldad de Amán que había indispuesto a Asuero contra ella, porque era “judía”. Y por eso, el rey había decretado la muerte de todos los judíos.

 

Inmediatamente y con plena resolución, Ester entra en un ciclo penitencial, pidiendo que todos los habitantes judíos de Susa se unieran en cadena de oración con ella, y concluye: “Si hay que morir, moriré”.


¿Cuál era la simbología conexa con esta “penitencia”?

·         Ayuno de comida y bebida, por tres días y tres noches

·         Ella se retiró sus vestidos lujosos y se vistió con ropa de luto y tristeza

·         Prescindió de perfumes y se puso ceniza y basura en la cabeza.

·         Relegó sus adornos alegres. Maltrató mucho su cuerpo.

·         Se abandonó despeinada y con el cabello suelto.

·         Detestó la insignia que portaba como reina en su cabeza

·         Le pone de presente a Dios que le ha sido fiel y no ha violado los preceptos de pureza alimentaria, sentándose a la mesa de los paganos.

·         Y mucho menos ha libado el vino ofrendado en idolatría

 

En fin, su pertenencia a la casa real de Asuero no la había llevado a la infidelidad de los no-judíos; siempre fiel a las enseñanzas de la fe abrahamica. Le suplicaba al Señor que encontrara la manera adecuada de hablarle al rey para convencerlo.

 

Sal 138(137) 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8

Que vuestra Luz brille ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, den Gloria a vuestro Padre que está en los Cielos.

Mt 5, 16

Estamos ante un himno.

 

En un himno lo primero que se encuentra es que los levitas proponen un asunto para que todos los peregrinantes se unan a esa idea como tema para alabar.


En el presente Salmo, la temática propuesta es la gratitud. Una enorme gratitud que captura la totalidad del corazón.

 

Y luego, empieza a desarrollar ese tema presentando “participios”:

Por su misericordia

Por su lealtad

Porque su promesa que supera su fama

Cuando lo invocó recibió su escucha.

Porque le acrecentaste la valentía, cuando de ser valiente se trataba.

Porque Dios tomo parte en su causa e intervino con el poder de su Mano Derecha _valga decir “con lo más poderoso de su Poder”-.

Su obra protectora no quedará a medias.

 

Viene luego, la conclusión: La Misericordia de Dios es eterna.

 

Y, en la cúspide, como Dios está de acuerdo que le pidamos, pues entonces, ¡a la carga, vamos a pedirle! ¡No abandones a este pequeñuelo que es tu criatura!

 

Como antífona responsorial toma la primera que usó como “participio: Cuándo Te invocó, ¡Tú me escuchas, Señor!

 

Recordemos que varias veces Jesús alude a la Iglesia como su discipulado viajando en una barca. La barca es figura de la Iglesia. Cuando celebramos la Eucaristía somos la profecía de esa Nave que lleva a toda la humanidad donde va toda la συνοδίᾳ [sinodía] “el grupo de los que iban en peregrinación” (Cfr. Lc 2, 44). Así el salmo invita a todos los reyes de la tierra, a Eucaristizar -o sea a “dar gracias”-, en nombre de toda la humanidad. Nuestras Eucaristías son la proa de esa “barca”. La Iglesia una Comunidad Universal llena de gratitud al Cielo del que tanto Bien emana.

 

Mt 7, 7-12

La confianza es la certeza de que la oración siempre hace brecha en el corazón de Dios: que “dará”, se dejará “encontrar”, pero sobre todo “abrirá” (Mt 7,7), para que se pueda realizar el encuentro: hoy en la fe, mañana en la visión. La oración es, pues, la vigilia de la fiesta. Trepidante y confiada.

Enrico Masseroni

¿Qué hemos encontrado en la Primera Lectura? Una glosa sobre la “oración de petición”. La oración de Hadassah es -en toda la extensión de la palabra- una oración de petición.  Es interesantísimo y a la vez sorprendente que ella no pide para sí misma, pide a favor de su pueblo, y ruega porque ella descubre que los planes de Amán y su combo quieren malograr la realización de las promesas que Dios le había hecho al pueblo de su elección, haciendo que los labios que Lo alaban, sucumbieran al mutismo de la muerte. Ester pide vida para que el pueblo elegido tenga tiempo para cantar alabanzas y entonar el Deo Gloria.


 

Este Evangelio de hoy nos lleva a reflexionar sobre la oración de petición.  Y, caemos en la cuenta que, con tres verbos se estructura este tipo de oración, así comprendemos en qué consiste la oración de petición: i) Αἰτεῖτε [aiteite] “pedir”, ii) ζητεῖτε [zeteite] “buscar”, iii) κρούετε [krouete] “llamar”, “tocar a la puerta pidiendo ser admitido”.  Estas son las tres acciones que competen al orante que suplica.

 

Por su parte, hay tres acciones que son de la competencia Divina, que le son potestativas:  i) Dar, ii) Salir al encuentro, iii) abrir, es decir, permitir el ingreso.

 

A continuación, tenemos una brevísima parábola que análoga el amor del Padre Celestial con el amor de los padres terrenales. Si -pese a las imperfecciones del amor humano- un papá es capaz de dar cosas buenas y favorecer a su prole; imagínense ustedes, cuán perfectos y maravillosos serán los Dones de Dios que es Amantísimo-Perfecto-Padre.

 

Concluye la perícopa con la “regla de oro”: el principio ético de la reciprocidad: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres hacédselo también vosotros a ellos”. Jesús aceptó abandonar su condición de Dios y hacerse uno de nosotros: lo cual es el paradigma de la solidaridad. La solidaridad podemos tratar de explicarla como la conciencia que, si le hacemos daño a algún ser humano, nos lo hacemos a nosotros mismos, porque nosotros mismos somos humanos. Miembros de esa humanidad, que es unidad.

 

Solo podemos actuar humanamente, procurando hacer a los demás todo y solo aquello que nosotros aceptaríamos que nos hicieran y estaríamos dispuestos a exponer nuestro propio pellejo a ese daño o a ese mismo beneficio.

 

Todos querríamos de buena gana -de muy buena gana- llegar a ganarnos la Amistad de Dios. Pero -viene una pregunta muy en serio-: ¿hasta qué punto llegaríamos para ser “hermanos” de ese prójimo que está clavado en nuestro corazón, con remaches de desprecio?


Todos querríamos pedir y obtener. Pero, ¿tenemos los riñones tan bien puestos que, de buena gana, nos treparíamos a una cruz para que nos traspasaran el costado? ¡En verdad, en verdad os digo que, para tener la desfachatez de pedir, tendríamos que ser capaces de solidarizarnos con el Crucificado y hacernos Corderos Expiatorios! Y, además, decir como Ester: ¡Si hay que morir, moriré! Y no detenernos ahí, sino, todavía dar el paso de los fieles seguidores y, pronunciar, a coro con San Esteban: «¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!».