sábado, 6 de junio de 2026

ENTREGARNOS PARA SER CUERPO DEL SEÑOR

 

Deut 8, 2-3. 14b-16a; Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20; 1Cor10, 16-17; Jn 6, 51-58

 

Como te escondiste Tú en una migaja de Pan

haz que nosotros nos escondamos

como humildes migajas de Tu Misterio

en la grande artesa del mundo

y así fermentar toda la harina.

Averardo Dini

 

El ser humano –con escasas limitaciones-alcanza a entender lo duro que es ver el sufrimiento de un hijo, Dios, para que entendiéramos la dimensión inusitada de su Amor, decide y deja que su Propio-Hijo sea entregado en Sacrificio; se escribe así con mayúscula para que recordemos que se trata de un Sacrificio-Divino. El Hijo se “entrega”, como un cordero se deja llevar al matadero, como precio de Rescate. Pero, antes de Sacrificar-se, establece un Acto Conmemorativo, para hacer que ese Sacrificio sea in-temporal. Recordemos que en La Última Cena Jesús establece dos Sacramentos como “herramientas” celebrativas: El Sacramento Eucarístico y el Sacramento del Orden Sacerdotal, que hace posible al anterior, estableciendo al “agente” de su confección.

 

«Hermanos; el cáliz de εὐλογίας [eulogías] “bendición” que εὐλογοῦμεν [eulougomen] “bendecimos”, ¿no es κοινωνία [koinonía] de la sangre de Cristo? Y el pan que κλῶμεν [klomen] “partimos” ¿no es comunión del Cuerpo de Cristo?» Aquí nuestro interés y nuestra curiosidad se dirigen a la Palabra κοινωνία. Vamos al diccionario de griego-español y encontramos las siguientes alternativas para traducirlo: “participación”, “compañerismo”, “comunión”, “comunicación”, “lo que se comparte o se les participa a todos los miembros de la comunidad”; esto último viene a ser una glosa de lo que es “comunión”.


Reflexionemos: Este Sacramento tiene como efecto hacernos co-corpóreos nos lo explica Jesús en el Evangelio según San Juan, -precisamente en la perícopa que leemos hoy, en la Liturgia de Corpus Christi: “El que come mi σάρκα [sarka] “carne” y bebe mi αἷμα [aima] sangre, permanece en Mí, y Yo en él” (Jn 6, 56).  “Carne Y Sangre”, significa para la mentalidad semita, la totalidad de la “persona”, y no por un instante, sino por “transformación”, por “comunión”, donde el prefijo co- (significa "junto" o "todo") y munus (significa "cargo", "función", "regalo", “oficio”, “tarea”, “oficio”) y no “unión de todos”, no “común-unión” (por qué surgen estas falsas etimologías -o etimologías populares- surgen de la necesidad humana de encontrarle un sentido lógico a palabras cuyo origen real se ignora o es muy complejo; Se originan por un fenómeno llamado analogía, donde el cerebro asocia un término extraño con palabras más familiares), en este caso es el sufijo munus presente en otras palabras de nuestro idioma como “remuneración”, “municipio”, “inmune”, “munificencia”. (que denota una unión espiritual indivisible y una participación mutua entre los creyentes y lo divino cada quien está vinculado plenamente, corazón-alma-mente-fuerzas (Cfr. Mc 12,30), comunión -etimológicamente hablando significa “participar todos de la misma misión”. Quizá lleguemos más al fondo si nos apoyamos en San Pablo (1Cor 10, 17): “Puesto que sólo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”. Comulgar es aceptar que somos Uno en Jesús Nuestro Redentor, es tomar en nuestros labios su Ser-Pan y su Ser-Vino, y aceptar como Jesús, entregarnos totalmente a ser Él. Lo cual, sin duda, implica una renuncia: renuncia a nuestro egoísmo; y –a la vez- un compromiso de fraternidad, de solidaridad, de ayuda y cariño mutuo, de sinodalidad, la misma (que como ideal de pueblo que vagó por el desierto), se dejaba guiar por la Columna de Fuego y Comulgaba con el Maná. No perdamos de vista que esta cuarentena no es otra cosa, que un tiempo de “caminar en la voluntad del Señor” (Cfr. Deut 8,2), por tierra extranjera. Es Él quien nos guía, nos lidera, nos acompaña, nos defiende y más. En griego se tiene la palabra koinonía que describe el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas, donde se compartían los recursos materiales para que no hubiera personas necesitadas: Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común (cfr. Hch 2, 44-47).

¿Cómo podríamos no anhelar comer el Pan de Vida? No vayamos -también nosotros- a empezar a renegar contra nuestros pastores, y nos sorprenda Dios haciendo gala de la arrogancia de nuestro corazón-de-piedra e injuriando a Moisés y/o deseando volver a las cadenas de la “esclavitud”.

 

Pero, lo que sí tenemos que hacer es guardar en nuestro corazón el Amor a nuestro Dios y a nuestro prójimo. Aferrarnos a nuestra fidelidad, evitar toda y cualquier idolatría; vivir en oración, hablarLe y escucharLo; amarLo, y darLe el primer lugar en nuestro corazón; seguir haciendo de nuestra alma un Templo. Parte de esta manera de vivir-en-oración es comprender que los Sacramentos no se deben suponer, no podemos imponerle a Dios que el Sacramento sea según nuestros caprichos cuando y como queramos, Él es el Libérrimo, que hoy puede elegir estar en una Vara para ser Mostrado-y-Mirado, o… hacer llover maná. Él no es esclavo de la Liturgia, es Él-quien-se-entrega, no nosotros quienes lo “robamos”. Hay una profundísima teología de su Libertad, Él ha escogido ser Esclavo a nuestro servicio; y, nosotros… ¿qué hemos escogido? ¿dejarLo esperando…?

Sin duda, ¡Él está disponible para aceptarnos co-corporeos! ¿Estamos nosotros disponibles para ser “miembros de Su Cuerpo Místico”? Él está disponible para volverse a entregar por entero, ¿Qué podríamos ofrecer? (ya hemos cavilado en otra oportunidad que no es una transacción comercial, es un generoso y desprendido acto de Comunión; y nosotros –de sobra sabemos cómo se llama esa “Comunión”- se llama Amor). Esta mañana hemos leído una oración que dice:

«Señor, abre nuestros corazones para que

podamos escuchar el clamor de los pobres

como tú lo haces y responder

como tus manos y pies en la tierra».

 

 

 

Tratemos de poder descubrir el Cuerpo del Señor en los signos pobres y sencillos con los que se presenta. En la pobreza y en los signos sacramentales del pan y del vino y también en el cuerpo y en el espíritu de los más pobres, en la pobreza y en las limitaciones de nuestras comunidades, en la oscuridad de tantas situaciones difíciles en que vivimos, en la desolación de tantos hermanos nuestros marginados.

Card. Carlo María Martini

 

En nuestro dialogo con la Trascendencia, la humanidad ha ido postulando diversidad de actos de “acción de gracias”, variedad de expresiones de la gratitud. Nuestra liturgia fue depurando una secuencia ritual, que el mismo Dios nos fue revelando como su preferida Acción de Gracias, lo que a Él le complace. Ya desde el principio, se mostró agradado con la sangre de corderos, pero también desde el principio, nos fue insinuando un Sacrificio incruento, a la manera del Sacerdote Melquisedec: donde las ofrendas fueran Pan y Vino. Así, el Señor de la historia, el Dios que camina con nosotros y va delante en la Columna de Nube durante el día y, en la Columna de Fuego, si caminamos durante la Noche, fue revelando –detalle a detalle- la liturgia que Lo cautiva.


Así, esta acción cultual se configuró y se instauró, como anamnesis del Hijo de Dios, como revivificación de su Santo Sacrificio; y recibió su nombre directamente del griego, la llamamos Eucaristía. No será fácil aprender a agradecer –máxime cuando la cultura de la muerte es la cultura de la ingratitud- pero ser agradecidos con nuestro Dios, Dueño y Señor de todo, que con Mano Generosa y Ánimo Misericordioso da y reparte magnánimamente y que tiene nuestros pobres nombres escritos en la Palma de su Mano, a Él el Honor y la Gloria, la Alabanza y el más dulce Incienso, para Él, vayan nuestras súplicas y ruegos, nuestros cantos y nuestros himnos; permítenos –Oh Señor, cantarte y glorificarte, y darte también gracias por permitirnos ser un pueblo que ora y agradece en tu Presencia; y un pueblo que ofrece como holocausto, no el cuerpo y la sangre de cualquier víctima, sino que según Tu Preferencia nos llegamos al Altar con la Ofrenda de las Ofrendas: El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, nuestro Redentor, tu Amadísimo Hijo, y a su lado, nuestras pobres vidas ofrendadas con la voluntad de servirte y adorarte también.

 

Buen Pastor, Pan Verdadero,

¡oh, Jesús! Ten piedad.

Apaciéntanos y protégenos;

haz que veamos los bienes

En la tierra de los vivientes.

De la Secuencia de Corpus Christi

 



Cuando Dom Helder Câmara meditaba en torno a la perícopa de San Juan que leemos hoy, nos señalaba que: «En cierto modo, tal vez hayamos insistido demasiada en la sola presencia eucarística de Cristo, el cual tiene otras formas de estar presente. Por ejemplo, en cierta ocasión dijo: “Cuando dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Recuerdo que una buena religiosa hizo un día una larga caminata con el único fin de llevarme a su hospital. “Padre”, me dijo, “he recorrido todo este camino porque hace ya una semana que nos encontramos sin capellán y no he tenido la posibilidad y la dicha de recibir a Cristo. ¡Y necesito recibir a Cristo! ¡Deme la comunión, padre! Y, si es posible, proporciónenos un sacerdote…”

 

Le di la comunión, naturalmente. Pero luego le dije: “Hermana, usted está día tras día con Cristo vivo. Usted está con los enfermos, ¡y ellos son Cristo! ¡Usted está cuidando y tocando con sus manos a Cristo! ¡Es otra forma de Eucaristía, otra presencia viva de Cristo, que completa su presencia eucarística!”»[1]

 

Podemos celebrar a Dios en Jesucristo cuando somos conscientes que no sólo está en la liturgia, sino que su Misericordiosa compañía nos sale al paso porque Él celebra nuestra vida cuando con ella lo servimos en cada uno de sus “pequeños”.

Dom Helder decía sobre esta Presencia que «Tenemos la Eucaristía del Santísimo Sacramento: la presencia viva de Cristo bajo las apariencias de pan y vino. Y tenemos también la otra Eucaristía, la Eucaristía del pobre: “apariencia” de miseria? ¡De eso nada! ¡La cruda realidad del pobre!

 

Ya sé que los teólogos hacen sus distinciones y dicen que no es exactamente lo mismo…, que hay diferencia… Pero también sé que el Señor habrá de juzgarnos por la manera en que hayamos sabido reconocerle y servirle en los pobres; y nos dirá, “¡Allí estaba yo! ¡Yo era aquel pobre, y también el otro…! ¡Era yo!”»[2]

 

No queremos de ninguna manera insinuar que lo uno re-emplace a lo otro: Lo Uno siempre será lo Uno. La Sagrada Eucaristía es irreemplazable, no se puede sustituir con la más pura y noble filantropía. No, lo que queremos resaltar es la continuidad que hay de la Eucaristía con esos otros Encuentros con Jesús que son la Eucaristía vivida, la Misión en acción. La Eucaristía tiene un valor, además, preparatorio, nos marca la tónica para vivir en clave de Jesucristo, para hacer nuestra vida integra un vivir a la manera de Jesús; así cabe decir que la Eucaristía nos conduce a vivir crísticamente, a superar la división, a hacernos unidad en el Cuerpo Místico de Cristo, porque al nutrirnos de Jesús en su Comunión nos vamos “saturando” de Él y fundiéndonos en Él hasta llegar a compenetrarnos en Él.

Papa Francisco lo pone así: «La Eucaristía nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16), así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo juntos y compartirlo entre nosotros. La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo. Nos lo ha recordado San Pablo: «Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10,17). La Eucaristía es el sacramento de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de unidad, porque nace en él, en su “ADN espiritual”, la construcción de la unidad.»[3] No podemos vivir divididos, unos que celebran y otros que viven su cotidianidad; sino, vivir unificados en el continuo del minuto a minuto durante las 24 horas de cada día, que ve-juzga-actúa-y-celebra.

 

 

 

 

 



[1] Câmara, Dom Helder. EL EVANGELIO CON DOM HELDER. Editorial Sal Terrae Santander-España1985 p. 117

[2] Ibid p. 116-117

[3] Papa Francisco. HOMILÍA DE CORPUS CHRISTI. Basílica de San Juan de Letrán 18/06/ 2017

viernes, 5 de junio de 2026

Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario


2Tim 4, 1-8

En la enseñanza que le brinda San Pablo a Timoteo hay una voz de alerta a una epidemia que va a llegar, y que estaba por ahí a punto de despertarse. «Vendrá un tiempo en que no soportaran la sana doctrina, sino que -siguiendo sus pasiones-  se rodearan de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír y apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas», dicho de otra manera, «Darán la espalda a la verdad y se volverán para escuchar cosas fantasiosas».

 

Conjurar, es un verbo con -por lo menos- tres acepciones:

      i.        Invocar un espíritu, como por arte de magia.

     ii.        Tener a raya un peligro, por medio de una especie de sortilegio que precisamente se llama “conjuro”.

    iii.        Unir las intenciones y propósitos, como soldándolas en una sola y dándole un carácter de solidísima irrevocabilidad.

 

Es en este tercer significado que la aplica aquí Pablo, no se lo pide en virtud de una obligación, sino como rogándole, como suplicándole: le ruega que “proclame la Palabra” sea en un momento oportuno, o ya sea, también, cuando parezca inconveniente.

 

Todo señala que Timoteo llegó a ser Obispo de Éfeso. Uno se puede imaginar la mar de tareas que pudieron asaltarlo en su vida. Ahí es donde se valoriza esta recomendación que le hace su mentor. A veces, cuando se presentan multiplicidad de quehaceres, es fácil que uno se vaya por las ramas y sucumba al desconcierto. Qué maravillosamente valido es que a uno se le descubra lo esencial de su tarea en la vida.

 

En plurales momentos hemos subrayado la importancia del nombre en el contexto bíblico. Retomemos la idea resaltando aquí el significado del nombre Timoteo, para llevarlo a correlación con la tarea que San pablo le está encargando al “conjurarlo delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino”: Timoteo significa “el que honra a Dios”.

 

Hagas lo que hagas, ten presente que la médula de tu propósito es la “proclamación” de la Buena Noticia.

 

Este ejercicio de la proclamación tiene varios carismas a desarrollar, aquí se mencionan:

a)    ἔλεγξον [elenxon] “Argüir”, “contra-argumentar”, “convencer con argumentos”

b)    ἐπιτίμησον [epitimeson] “Reprochar”, “alertar a alguien para que no falle”

c)    παρακάλεσον, ἐν πάσῃ μακροθυμίᾳ καὶ διδαχῇ [parakaleson en pase makrotimia kai didaje] “Exhortar con total paciencia y firme formación”. Aquí hay tres palabras claves a las que prestarles particular atención: a) παρακάλεσον convidar a alguien que está como salido de “orbita” para que se acerque a la posición que uno está tomando”; b) μακροθυμίᾳ sería algo así como “templanza”, “no salirse de casillas”, “tener gran autocontrol”; c) διδαχῇ “ortodoxia”, “cuerpo del catecismo”, “sana doctrina”, “conformidad con las enseñanzas tenidas por correctas”, “proceder en conformidad a lo que se la ha enseñado”.

 

Para poder mantenerse en esta esfera hay cuatro virtudes a consolidar:

1)    Sobriedad

2)    Soportar los padecimientos

3)    Asumir la responsabilidad evangelizadora

4)    Desempeñar el ministerio que se le ha sido encomendado.

 

Todo esto para -usando un lenguaje parabólico- lo dice como si se tratara de una competencia olímpica: “he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, Justo-Juez me dará en aquel día”.


Como está al borde de ser entregado a muerte por la causa, se compara a sí mismo con una “libación” que era un ritual de adoración que consistía en derramar vino, aceite o agua sobre un altar o sacrificio. En este caso la libación será la de su propia sangre.

 

Sal 71(70), 9-0. 14-15ab. 16-17. 22

Salmo de súplica. Muy sintonizado con el tema de San Pablo que no se acerca a la muerte natural, sino a la muerte por sacrificio. Su libación será por degüello. Aquí el salmista considera el tiempo final de su vida porque está de muy avanzada edad. La denuncia de este salmo rebate las políticas tan preciadas para la cultura del descarte: El que ya no es productivo debe ser descartado porque estorba el ciclo productivo, que es lo único que importa a ese modelo cultural. La "cultura del descarte" denunciada por el Papa Francisco es una mentalidad social y económica basada en el consumismo extremo y el utilitarismo, donde todo aquello —y aquellos— que no produce, no consume o no se considera inmediatamente útil es marginado, excluido o desechado como basura; este paradigma mira con particular desprecio hacia los no nacidos, los ancianos, las personas con discapacidad, los enfermos, los migrantes y los pobres

 

En cambio, el lenguaje que usa el hagiógrafo es el de la vida que, cuando ya alcanza su fin, no tiene por qué mirarse con descrédito y humillación, reconociendo el decaer de la vitalidad sin por ello admitir el detrimento de su dignidad.

 

Pero, el salmista, no habla por él mismo, sino que su voz es la de su pueblo, es un revestimiento. En el salmo, la voz que interpela es el pueblo, el que ha envejecido llevando una existencia fiel y por eso suplica a Dios que lo sostenga en el ocaso de su vida, los tiempos de declive social, cuando la comunidad no goza de pujanza.


Cada vez que el salmo toma la primera persona, sólo está recubriendo poéticamente la situación de Israel que se ve rodeado de enemigos que le hacen la guerra y buscan un pretexto eficaz para tajarle la cabeza con su alfanje.

 

Si hoy por hoy nos adentramos en este salmo, vemos el abandono al que está sometido el adulto mayor y la soledad que sus años finales recaban. Apartado y sumido en el letal descuido de una sociedad muy ocupada para “perder el tiempo” cuidando a un viejo, peinándole las canas.

 

En la primera estrofa estructurada con los versículos 8 y 9, la boca del anciano pone ante los ojos de Dios la memoria de los tiempos fieles de su juventud cuando sus labios estuvieron florecidos con alabanza; y, suplica, que ahora en la vejez ¡no lo olvide!

 

La segunda estrofa garantiza que su senilidad no será impedimento para que él siga cantando, sus labios seguirán contando y proclamando el perfil de Dios-Justo; y, todo el día, entonará un himno agradecido por la Salvación que Él le ha traído.

 

En la tercera estrofa el razonamiento que se estructura es que, ya que en sus años de juventud Dios se encargó de instruirlo, él, ahora, hará una doble cosa: i) Contar las proezas de Dios y 2) narrar la historia de Justica que es la historia de Dios.

 

En la cuarta estrofa, habla del acompañamiento musical para su gratitud: 1) arpa, y 2) citara.

 

El responsorio insiste en declarar que la edad no vuelve inválidos o paralíticos los labios, ellos seguirán mostrando su vitalidad: “Su boca contará su salvación” hasta que la muerte los silencie. Más allá de la muerte, podemos suponer que los labios del espíritu se mantendrán entregados a entonar los cánticos de gratitud y las loas al Señor.

 

Mc 12, 38-44

El Evangelio de San Marcos, va -paulatinamente- desenmascarando a escribas y fariseos. Estos son puestos en evidencia ante el pueblo, y Jesús los señala como engañadores profesionales. Aquí hay un punto esencial a prestarle atención: escribas y fariseos son personas de cuidado porque ellos son los “autorizados”, están puestos, en la escala social, allí donde si alguien tiene una duda de fe, una pregunta de tema religioso, será a ellos a quienes se les dirija: son las personas en el sitial de autoridad, los que enseñan normas morales y mandamientos -supuestamente- correctos, pero cuyas vidas padecen de “incoherencia”.


La reflexión que nos propone hoy Jesús, gira en torno a los γραμματέων [gramateon] “escribas” - eran eruditos religiosos altamente capacitados responsables de copiar a mano los textos sagrados, principalmente los rollos de la Torá, las frases oracionales que están en las cajitas de los tefilin, y las citas bíblicas que se ponen en las mezuzá (mezuzá, palabra que significa «jamba de la puerta») es un pequeño pergamino sagrado -llamado klaf- que contiene dos versículos de la Torá (Dt 6,4-9 y 11,13-21); el sofer (escriba) debe cumplir con estrictas leyes rituales, utilizando pluma y tinta especiales para que el pergamino sea considerado kasher. Se enrolla y se coloca dentro de un estuche protector en el marco derecho -jamba derecha- de las puertas de los hogares judíos).

 

No era cosa normal que se supiera escribir, los primeros escribas de los que tenemos noticia eran empleados en las cortes, por ejemplo, de Faraón y eran almacenistas, contadores, registradores, contabilistas, poco a poco pasaron a ser juristas, economistas, ministros de la corte, secretarios y a veces personal de confianza del gobernante, muchas veces encargados de escribir la “historia oficial”, los panegíricos, las epopeyas, los relatos de batalla y valentía, y los publicistas y asesores de imagen, de ese tiempo. Tomaban muchas decisiones y aconsejaban el Rey, claro, según sus conveniencias personales, y dependiendo de su enfoque religioso. Tenemos noticia de ellos en los Libros de Samuel y en los de Reyes.

 

Cabe aquí destacar que post-exílicamente se hicieron expertos en la Torá, se apegaron de forma muy fuerte a la herencia mosaica, y descubrimos en Esdras y Nehemías los rasgos de este nuevo perfil. Algo muy importante fue que, actuaron como vacuna contra el helenismo poniéndose al lado de sacerdotes y levitas en la defensa y consolidación de la identidad abogando por la pureza ritual y todas las manifestaciones ultraconservadoras contra todo lo que sonara a griego. Por eso fueron rotundamente reticentes contra todos los libros escritos en griego que fueron declarados “apócrifos” sí no estaban en hebreo.

 

Ahora bien, esta mirada, así, se queda sesgada. Se debe decir que su desvelo por conservar las Escrituras lo más al pie de la letra posible, es admirable y de agradecer. La exactitud con la que se conservó, es verdaderamente un don de Dios. Velaron por explicar la Ley y difundirla con celo y aplicación. Pero, como suele suceder en los procesos humanos, se infiltró un espíritu recalcitrante que trajo consigo un legalismo a ultranza, y un desplazamiento del Espíritu, en favor de la rigidez de la letra (Cfr. 2 Cor 3, 6). Este aspecto fue muy combatido por Jesús.

 

Bien, si de distinguir a los escribas perniciosos se trata, Jesús nos da un criterio doble:

a)    Andan muy trajeados, buscando saludos ostentosos en la calle, en el teatro, en los salones de gala. En sus sitios de culto, buscan convertirse en el centro de atención, y en los restaurantes, se ponen en los lugares de prominencia.

b)    No hallan cómo sonsacarle el dinero a las señoras acomodadas y solventes, ofreciéndoles “palanca” en el Cielo, abogando por ellas en sus interminables plegarias, poniéndolas de primeras en la lista de sus intercesiones.

 

Esta imagen se contrasta con la de una muy humilde señora, que cuenta con la más pobre finca y cuya solvencia escasamente alcanza para la más magra dieta. Es a ella a quien Jesús admira, y, -si Él la admira-  con toda certeza que el Padre ya tendrá su Nombre, -que el Evangelio no menciona- porque en ese renglón caben el nombre de cientos de miles de paupérrimos que, sin embargo, dan todo de su pobre peculio, para que con sus donativos se pueda sostener el buen obrar y el cuidado de quienes lo necesitan, así como velan por el sustento del culto, a pesar de su pobreza. Porque la caridad es lo que exalta el Señor, y los pobres, siempre los tendremos entre nosotros (Cfr. Mc 14, 7). Ellos están siempre liderando con su generosidad.


Con este episodio de los Escribas -vs- la Pobre Viuda, concluimos nuestro estudio del Evangelio según San Marcos, en este año. El lunes empezaremos nuestra Lectura-estudio del Evangelio según San Mateo.

jueves, 4 de junio de 2026

Viernes de la Novena Semana del tiempo Ordinario


2Tim 3, 10-17

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

Ludwig Wittgenstein

“Aunque trate los mismos temas de la Primera carta a Timoteo y de la carta a Tito, la segunda carta a Timoteo es un escrito más personal que hasta parece una carta privada… la relación personal que existe entre Pablo y Timoteo, haciendo esta carta muy semejante a la dirigida a Filemón. El tema central de la carta son las consideraciones sobre los “últimos días”. Se trata de los últimos tiempos de Pablo, prisionero y próximo a partir, y también de los últimos tiempos de la Iglesia. Así el apóstol desea ver a Timoteo y recuerda los propios sufrimientos, experimenta la confianza de haber “combatido el buen combate” y la seguridad de recibir la corona de la justicia. Por otra parte, recomienda a Timoteo no avergonzarse del Evangelio, sino proclamarlo con integridad; tener cuidado de las “palabas vanas”, de los falsos predicadores que aparecerán en los últimos tiempos presentando falsas doctrinas; vigilarse a sí mismo y mantenerse perseverante, aunque tenga que sufrir con Pablo a causa del evangelio. (Ivo Storniolo y Euclides Martins Balancin).

 

Miremos la fe en acción. Veamos que la fe no está definida por la memorización de unas fórmulas. Sino por una fidelidad vivida en acciones muy concretas: en el discipulado. Pero no un discipulado abstracto, no un ‘haga lo que se le ocurra y póngale el rotulo “fe”’. Sino ocho puntos concretos

1)    La διδασκαλίᾳ [didascalia] “doctrina”, observemos, hay una enseñanza que, si ustedes quieren, la podemos llamar ortodoxia, que no son meras formulaciones para saberlas de memoria -y exhibirlas como una colección de adornos- sino pautas de vida.

2)    Una ἀγωγῇ [agoje] “conducta” “liderazgo”, acorde con las enseñanzas de las que habla el punto 1.

3)    Los προθέσει [prothesei]“propósitos” esta palabra en griego no significa “lo que yo quiero alcanzar”, sino ponerse delante de Dios y decir “aquí estoy Señor, para hacer tu Voluntad”, como los panes de la “proposición” que se dejaban ante Dios en el Sancta Sanctorum, y como nosotros debemos hacer con nuestro propio “yo” en el momento de la presentación de las dones, exactamente como lo hace Jesús en Getsemaní “que no se haga mi voluntad sino la Tuya”: un sentido, un para qué de la doctrina; no un hacer por hacer, no puro activismo, sino las intenciones y motivos por los que realizamos esas acciones en aceptación de la Santísima Voluntad.

4)    La πίστει [pistei] fe, que no es que tengamos una tarea de convertirnos en excavadoras para ir paleando una montaña y ponerla en otra parte; cuando se dice que la fe “mueve montañas” es un recurso literario para significar su enorme poder, su fuerza ilimitada; la fe lo que hace es contestarnos por Quien y para Quien hacemos todo lo que hacemos. Y, la respuesta es por la Gloria del Santo Nombre de Dios. No hacemos lo que hacemos para que nosotros subamos un peldaño y podamos ponernos la medalla de la santidad, sino por Él. La fe que se llama πίστει no es un voluntarismo que podemos -haciéndonos violencia- lograr; la fe es totalmente “teologal” viene de Dios, es Dios quien la da y solo la Gracia de Dios nos permite acceder a ella. La fe no es el ejercicio de actos piadosos.

5)    La μακροθυμίᾳ [makrotymia] “magnanimidad”, “evitar un prematuro desborde de la ira”, “dominio propio de las emociones” ¿qué es esto? Una palabra un tanto inusual, que no la aplicamos sino muy de tarde en tarde, y que -cuestión estadística- aparece solamente en el repertorio verbal de unas cuantas personas muy “particulares”. Pues bien, recuerdan ustedes que en la Carta a los Filipenses nos conmina a “tener los mismos sentimientos de Cristo”. ¡Ah! Ya, eso nos permite adelantar muchísimo, pero ¿cuáles son los sentimientos que tuvo y que seguramente Jesucristo sigue teniendo, ahora en el Cielo?

                      i.        Amor-agape, un amor absolutamente desinteresado

                     ii.        Compasión, la capacidad de ponerse en el lugar del que sufre

                    iii.        Abajamiento (kénosis), siendo Dios, no se aferró a su Altísima Dignidad -y-Poder; sino que, en todo se hizo como uno de nosotros, solidarizándose con nuestra fragilidad.

Esos son los tres componentes de la magnanimidad.

6)    Discipulado en el ἀγάπῃ [agape] Amor

7)    ὑπομονῇ [hypomoné]Paciencia”, “aguante resistente”, “tolerancia”.  Aceptación de los padecimientos que se le fueron atravesando en la vida apostólica.

8)    Asumir la condición de ser διωγμοῖς [diogmois] “perseguidos”, “el acoso que sufre un animal que va a ser cazado”. “Todo el que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido”.

 

A partir del verso 15 hasta el 17 va a referirse a la utilidad de las ἱερὰ γράμματα [iera grammata] “Sagradas Escrituras”; diciéndole a Timoteo que, es una gran ventaja que las conozca desde la infancia. Pues es la fuente donde uno se hace σοφίζω [sofizo] “sabio”. Es el puente que permite atravesar hacia la “Salvación” cuando está orlada por la fe -estableciéndose entonces una frontera entre una sabiduría de tintes exclusivamente humanos, y otra, iluminada por la Luz de Jesucristo.

 

Aquí entra en juego el concepto de θεόπνευστος [teopneustos] “soplada por Dios”, “respirada por Dios”, “infundida en nosotros por el soplo Divino”, “Divinamente inspiradas”. Y pasa a enumerar sus valores de utilidad.

      i.        Διδασκαλίαν [didaskalian] enseñanza cristina con un enfoque hacia el estilo cristiano de vivir, Jesusmente, si se nos permite esta expresión adverbial para hablar del estilo propio de vivir que tuvo Jesús a su paso encarnado por la tierra

     ii.        ἐλεγμόν [elegmon] “redargüir”, “contra-argumentar”, “rebatir un argumento”; esto hay que saberlo hacer, no tirarse al piso a lloriquear, lo que conocemos en los niños como “pataleta”, hay que saber presentar la verdad de Cristo, y no apelando a una supuesta “autoridad”; y mucho menos a la imposición, a la “brava”. Tampoco, intentando meter “gato por liebre” pretendiendo que Dios dijo lo que yo quiero o lo que por desconocimiento quiero poner a Dios a que diga.

    iii.        ἐπανόρθωσιν [epanostosin] “poner en ruta”, “redirigir los que está desviado”, “llevar a la rectitud”, “restablecerle su sentido correcto”, “encaminar”.

   iv.        δικαιοσύνῃ [dikaoisyne] “para formar” - πρὸς παιδείαν desde niños- establecerlos en “la rectitud de lo que Dios manda”, “llevar a la probidad”, “instruir en la Justicia”.

 

Cuando alguien lee la Biblia se pregunta con desasosiego: ¿Por qué se usan todas estas palabras tan raras que no las entiende nadie? ¡Uno queda como loco! Hay que decirlo, eran palabas comunes y silvestres, pero una manera de robarnos los tesoros de Dios ha sido conculcarnos las palabras y reducirnos a un vocabulario muy limitado, de unas 20.000 palabras (dato del 2016) -datos más pesimistas afirman que los ciudadanos medios no llegan a 1000- y que un hablante “culto” tiene un repertorio de 50.000 palabras. Solo quisiéramos hacer notar que el acercamiento a la Biblia demanda un pequeño esfuerzo también en este terreno semántico e invitamos a hacerlo.

¿Para qué toda esta formación? La carta lo dice con una frase concluyente: «Con lo cual el hombre de Dios estará formado y capacitado para toda clase de obras buenas”» (2Tim 3, 17)


 

Cada vez que aprendas una palabra bíblica -de esas que antes pasabas de largo sin entenderla- ponla a los pies de Jesús porque te has acercado al Destello Amoroso de su Sacratísimo Corazón.

 

Sal 119(118), 157. 160. 161. 165. 166. 168

Hágase Señor tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.

Tercera petición del Padre nuestro.

 

Este es otro salmo de súplica. No nos dice nada sobre el ser del suplicante, ni se nos da a conocer el motivo o razón de su súplica.

 

También es un salmo alefático, pero no por versículos, sino por estrofas: las estrofas son octavas y todos sus ocho versos inician por la correspondiente letra del alefato. El poema entero tiene 176 versículos.

 


En la parte que se proclama hoy tenemos 2 versos de la 20ª estrofa (ר) [resh]; y cuatro versos de la penúltima letra del alefato (ש) [sin] o [sin].

 

Por ejemplo, el verso 157 empieza con la palabra רַ֭בִּים [rabbim] “Muchos”, que como se nota, su primera letra es resh.

 

El verso 161 -que es el primer verso del octeto de la 21a letra, es la palabra שָׂ֭רִים [sar] "Príncipes”, por motivos líricos se ha traducido como “hombres poderosos”. Cumpliendo con su regla acróstica, empieza por la letra shin.

 

En todos los versos se hace mención de la “ley”, con alguna palabra homónima: “decreto”, “enseñanza”, “mandamientos”, “promesa”, “mandatos”, “leyes”, “preceptos”.

 

Para el judío, la ley no es un cordón para mantenerlo atado, sino unas alas para volar altísimo, lo mismo que la mano firme del Padre-Madre que le enseña a caminar por el mundo, por la vida. Es un regalo recibido directamente de Dios por las interpuestas manos de Moisés.

 

Imaginemos un universo donde las leyes de la física dejaran de cumplirse: la ordenación cósmica se vendría abajo y sobrevendría el caos: ese caos sería el desastre, e acabose.

 

Imaginemos una familia donde el “desorden absoluto” sobreviniera: No tendría hogar, el lugar no se sabría en qué sitio está, no habría un espacio para descansar ni un espacio para ver la televisión, ni un   espacio dónde preparar los alimentos o sentarse a consumirlos. En fin, no habría ni hogar ni familia.

 

La ley del amor reciproco, entre todos los seres humanos, no son “leyes” simplemente, son el reconocimiento de nuestras limitaciones y una invitación tácita a perdonárnoslas, porque a todos nos clavan sus colmillos nuestras insuficiencias y nuestros vacíos.

 

Pero, especialmente nuestra dependencia de Dios, sin la cual el desamparo total nos dejaría a su intemperie. Señor bendigo tu ley con la cual me cuidas a cada instante a mí y a los míos. «De mis labios brote la alabanza, porque me enseñaste tus leyes; mi lengua cante tu fidelidad, porque todos tus preceptos son justos. Tu Voluntad es mi delicia».

 

Mc 12, 35-37

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Madre Teresa de Calcuta

Que empezando por la IA aprendamos sinodalidad

La atención que hemos debido poner, no habrá tenido que ser sobre-humana, para percatarnos que Jesús ha marcado mucho énfasis, procurando que captemos que Él es un Mesías de otra clase. Muy recientemente, nos remarcaba que el tema no es el poder, sino el servicio. Antes de ayer, gastó todo un marcador, destacando que el Amor a Dios -por encima de todo- está en la esencia del cristianismo; pero, no un amor en abstracto, desencarnado, sino un Amor con hechos, un amor en Acción, Amor de projimidad, de fraternidad, de sinodalidad, de solidaridad.

 


El mesianismo de Jesús, no está en cuestión, Él es el Verdadero Mesías. El asunto a meditar -y al que Jesús nos conduce con el fragmento marqueano que se lee hoy- es dónde se ubica David en el mesianismo para descifrar, entonces, dónde ubicamos a Jesús. El “linaje de David” se venía entendiendo, hasta Jesús, como lo que David hizo, empezando por ser un matador de gigantes, que, además, traía en su hoja de vida ser también matador de osos y leones, un tipazo, si bien pequeño, muy guapo y agraciado, que -según Samuel- revocó la legislación de la primogenitura para el Reinado; por David, esto fue totalmente abolido. Parece que Bartimeo tenía todo muy claro -a pesar de su ceguera- porque clama a Jesús llamándolo “Hijo de David”.

 

¿Cómo funcionará este enredo? ¿Está David por encima de Jesús? ¿O viceversa? Y, si la pregunta se desplaza a los términos temporales, ¿Quién fue antes? ¿David o Jesús de Nazaret? Tenemos muy claro que ambos son naturales de Belén… Pero, ¿va a continuar Jesús la tradición en el uso de la honda y su certera puntería? ¿Quién debe llamar Señor al Otro? Y el apoyo para hacer rondar la reflexión es este verso del Salmo 110, 1: “Palabra del Señor a mi señor: "¡Siéntate a mi derecha y ve cómo hago de tus enemigos הֲדֹם [hadom] tu “reposapiés”!” Y, tengamos presente que los salmos eran atribuidos a David.

 

No solamente quedó revocada la regla de transferencia del título real al hijo mayor; también se invirtió el significado de la palabra “Mesías”. Sigue teniendo implicaciones sacerdotales y reales, pero ahora no implica trono-corona-y-armiño, ahora significa pastor-aplicado-a-cuidar-de-su-Rebaño. ¡Por eso eligió Dios a David, por su experiencia como cuidador de ovejas! ¡Capaz de arriesgar su propia vida en combate con osos y leones, antes que perder una sola de las ovejas que su Padre le había encomendado!


Nos parece obligatorio insertar aquí una cita de la Magnifica humanitas, del numeral 187 que rompe un exclusivista discurso eclesial en torno a la “civilización del amor” para convocar al servicio a toda la humanidad sin distingos, definiendo este servicio en términos de encuentro y cuidado: «El proyecto de la civilización del amor asume aquí la tarea decisiva de transformar esta interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. Es el criterio para orientar los procesos tecnológicos: no basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco».