jueves, 4 de junio de 2026

Viernes de la Novena Semana del tiempo Ordinario


2Tim 3, 10-17

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

Ludwig Wittgenstein

“Aunque trate los mismos temas de la Primera carta a Timoteo y de la carta a Tito, la segunda carta a Timoteo es un escrito más personal que hasta parece una carta privada… la relación personal que existe entre Pablo y Timoteo, haciendo esta carta muy semejante a la dirigida a Filemón. El tema central de la carta son las consideraciones sobre los “últimos días”. Se trata de los últimos tiempos de Pablo, prisionero y próximo a partir, y también de los últimos tiempos de la Iglesia. Así el apóstol desea ver a Timoteo y recuerda los propios sufrimientos, experimenta la confianza de haber “combatido el buen combate” y la seguridad de recibir la corona de la justicia. Por otra parte, recomienda a Timoteo no avergonzarse del Evangelio, sino proclamarlo con integridad; tener cuidado de las “palabas vanas”, de los falsos predicadores que aparecerán en los últimos tiempos presentando falsas doctrinas; vigilarse a sí mismo y mantenerse perseverante, aunque tenga que sufrir con Pablo a causa del evangelio. (Ivo Storniolo y Euclides Martins Balancin).

 

Miremos la fe en acción. Veamos que la fe no está definida por la memorización de unas fórmulas. Sino por una fidelidad vivida en acciones muy concretas: en el discipulado. Pero no un discipulado abstracto, no un ‘haga lo que se le ocurra y póngale el rotulo “fe”’. Sino ocho puntos concretos

1)    La διδασκαλίᾳ [didascalia] “doctrina”, observemos, hay una enseñanza que, si ustedes quieren, la podemos llamar ortodoxia, que no son meras formulaciones para saberlas de memoria -y exhibirlas como una colección de adornos- sino pautas de vida.

2)    Una ἀγωγῇ [agoje] “conducta” “liderazgo”, acorde con las enseñanzas de las que habla el punto 1.

3)    Los προθέσει [prothesei]“propósitos” esta palabra en griego no significa “lo que yo quiero alcanzar”, sino ponerse delante de Dios y decir “aquí estoy Señor, para hacer tu Voluntad”, como los panes de la “proposición” que se dejaban ante Dios en el Sancta Sanctorum, y como nosotros debemos hacer con nuestro propio “yo” en el momento de la presentación de las dones, exactamente como lo hace Jesús en Getsemaní “que no se haga mi voluntad sino la Tuya”: un sentido, un para qué de la doctrina; no un hacer por hacer, no puro activismo, sino las intenciones y motivos por los que realizamos esas acciones en aceptación de la Santísima Voluntad.

4)    La πίστει [pistei] fe, que no es que tengamos una tarea de convertirnos en excavadoras para ir paleando una montaña y ponerla en otra parte; cuando se dice que la fe “mueve montañas” es un recurso literario para significar su enorme poder, su fuerza ilimitada; la fe lo que hace es contestarnos por Quien y para Quien hacemos todo lo que hacemos. Y, la respuesta es por la Gloria del Santo Nombre de Dios. No hacemos lo que hacemos para que nosotros subamos un peldaño y podamos ponernos la medalla de la santidad, sino por Él. La fe que se llama πίστει no es un voluntarismo que podemos -haciéndonos violencia- lograr; la fe es totalmente “teologal” viene de Dios, es Dios quien la da y solo la Gracia de Dios nos permite acceder a ella. La fe no es el ejercicio de actos piadosos.

5)    La μακροθυμίᾳ [makrotymia] “magnanimidad”, “evitar un prematuro desborde de la ira”, “dominio propio de las emociones” ¿qué es esto? Una palabra un tanto inusual, que no la aplicamos sino muy de tarde en tarde, y que -cuestión estadística- aparece solamente en el repertorio verbal de unas cuantas personas muy “particulares”. Pues bien, recuerdan ustedes que en la Carta a los Filipenses nos conmina a “tener los mismos sentimientos de Cristo”. ¡Ah! Ya, eso nos permite adelantar muchísimo, pero ¿cuáles son los sentimientos que tuvo y que seguramente Jesucristo sigue teniendo, ahora en el Cielo?

                      i.        Amor-agape, un amor absolutamente desinteresado

                     ii.        Compasión, la capacidad de ponerse en el lugar del que sufre

                    iii.        Abajamiento (kénosis), siendo Dios, no se aferró a su Altísima Dignidad -y-Poder; sino que, en todo se hizo como uno de nosotros, solidarizándose con nuestra fragilidad.

Esos son los tres componentes de la magnanimidad.

6)    Discipulado en el ἀγάπῃ [agape] Amor

7)    ὑπομονῇ [hypomoné]Paciencia”, “aguante resistente”, “tolerancia”.  Aceptación de los padecimientos que se le fueron atravesando en la vida apostólica.

8)    Asumir la condición de ser διωγμοῖς [diogmois] “perseguidos”, “el acoso que sufre un animal que va a ser cazado”. “Todo el que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido”.

 

A partir del verso 15 hasta el 17 va a referirse a la utilidad de las ἱερὰ γράμματα [iera grammata] “Sagradas Escrituras”; diciéndole a Timoteo que, es una gran ventaja que las conozca desde la infancia. Pues es la fuente donde uno se hace σοφίζω [sofizo] “sabio”. Es el puente que permite atravesar hacia la “Salvación” cuando está orlada por la fe -estableciéndose entonces una frontera entre una sabiduría de tintes exclusivamente humanos, y otra, iluminada por la Luz de Jesucristo.

 

Aquí entra en juego el concepto de θεόπνευστος [teopneustos] “soplada por Dios”, “respirada por Dios”, “infundida en nosotros por el soplo Divino”, “Divinamente inspiradas”. Y pasa a enumerar sus valores de utilidad.

      i.        Διδασκαλίαν [didaskalian] enseñanza cristina con un enfoque hacia el estilo cristiano de vivir, Jesusmente, si se nos permite esta expresión adverbial para hablar del estilo propio de vivir que tuvo Jesús a su paso encarnado por la tierra

     ii.        ἐλεγμόν [elegmon] “redargüir”, “contra-argumentar”, “rebatir un argumento”; esto hay que saberlo hacer, no tirarse al piso a lloriquear, lo que conocemos en los niños como “pataleta”, hay que saber presentar la verdad de Cristo, y no apelando a una supuesta “autoridad”; y mucho menos a la imposición, a la “brava”. Tampoco, intentando meter “gato por liebre” pretendiendo que Dios dijo lo que yo quiero o lo que por desconocimiento quiero poner a Dios a que diga.

    iii.        ἐπανόρθωσιν [epanostosin] “poner en ruta”, “redirigir los que está desviado”, “llevar a la rectitud”, “restablecerle su sentido correcto”, “encaminar”.

   iv.        δικαιοσύνῃ [dikaoisyne] “para formar” - πρὸς παιδείαν desde niños- establecerlos en “la rectitud de lo que Dios manda”, “llevar a la probidad”, “instruir en la Justicia”.

 

Cuando alguien lee la Biblia se pregunta con desasosiego: ¿Por qué se usan todas estas palabras tan raras que no las entiende nadie? ¡Uno queda como loco! Hay que decirlo, eran palabas comunes y silvestres, pero una manera de robarnos los tesoros de Dios ha sido conculcarnos las palabras y reducirnos a un vocabulario muy limitado, de unas 20.000 palabras (dato del 2016) -datos más pesimistas afirman que los ciudadanos medios no llegan a 1000- y que un hablante “culto” tiene un repertorio de 50.000 palabras. Solo quisiéramos hacer notar que el acercamiento a la Biblia demanda un pequeño esfuerzo también en este terreno semántico e invitamos a hacerlo.

¿Para qué toda esta formación? La carta lo dice con una frase concluyente: «Con lo cual el hombre de Dios estará formado y capacitado para toda clase de obras buenas”» (2Tim 3, 17)


 

Cada vez que aprendas una palabra bíblica -de esas que antes pasabas de largo sin entenderla- ponla a los pies de Jesús porque te has acercado al Destello Amoroso de su Sacratísimo Corazón.

 

Sal 119(118), 157. 160. 161. 165. 166. 168

Hágase Señor tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.

Tercera petición del Padre nuestro.

 

Este es otro salmo de súplica. No nos dice nada sobre el ser del suplicante, ni se nos da a conocer el motivo o razón de su súplica.

 

También es un salmo alefático, pero no por versículos, sino por estrofas: las estrofas son octavas y todos sus ocho versos inician por la correspondiente letra del alefato. El poema entero tiene 176 versículos.

 


En la parte que se proclama hoy tenemos 2 versos de la 20ª estrofa (ר) [resh]; y cuatro versos de la penúltima letra del alefato (ש) [sin] o [sin].

 

Por ejemplo, el verso 157 empieza con la palabra רַ֭בִּים [rabbim] “Muchos”, que como se nota, su primera letra es resh.

 

El verso 161 -que es el primer verso del octeto de la 21a letra, es la palabra שָׂ֭רִים [sar] "Príncipes”, por motivos líricos se ha traducido como “hombres poderosos”. Cumpliendo con su regla acróstica, empieza por la letra shin.

 

En todos los versos se hace mención de la “ley”, con alguna palabra homónima: “decreto”, “enseñanza”, “mandamientos”, “promesa”, “mandatos”, “leyes”, “preceptos”.

 

Para el judío, la ley no es un cordón para mantenerlo atado, sino unas alas para volar altísimo, lo mismo que la mano firme del Padre-Madre que le enseña a caminar por el mundo, por la vida. Es un regalo recibido directamente de Dios por las interpuestas manos de Moisés.

 

Imaginemos un universo donde las leyes de la física dejaran de cumplirse: la ordenación cósmica se vendría abajo y sobrevendría el caos: ese caos sería el desastre, e acabose.

 

Imaginemos una familia donde el “desorden absoluto” sobreviniera: No tendría hogar, el lugar no se sabría en qué sitio está, no habría un espacio para descansar ni un espacio para ver la televisión, ni un   espacio dónde preparar los alimentos o sentarse a consumirlos. En fin, no habría ni hogar ni familia.

 

La ley del amor reciproco, entre todos los seres humanos, no son “leyes” simplemente, son el reconocimiento de nuestras limitaciones y una invitación tácita a perdonárnoslas, porque a todos nos clavan sus colmillos nuestras insuficiencias y nuestros vacíos.

 

Pero, especialmente nuestra dependencia de Dios, sin la cual el desamparo total nos dejaría a su intemperie. Señor bendigo tu ley con la cual me cuidas a cada instante a mí y a los míos. «De mis labios brote la alabanza, porque me enseñaste tus leyes; mi lengua cante tu fidelidad, porque todos tus preceptos son justos. Tu Voluntad es mi delicia».

 

Mc 12, 35-37

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Madre Teresa de Calcuta

Que empezando por la IA aprendamos sinodalidad

La atención que hemos debido poner, no habrá tenido que ser sobre-humana, para percatarnos que Jesús ha marcado mucho énfasis, procurando que captemos que Él es un Mesías de otra clase. Muy recientemente, nos remarcaba que el tema no es el poder, sino el servicio. Antes de ayer, gastó todo un marcador, destacando que el Amor a Dios -por encima de todo- está en la esencia del cristianismo; pero, no un amor en abstracto, desencarnado, sino un Amor con hechos, un amor en Acción, Amor de projimidad, de fraternidad, de sinodalidad, de solidaridad.

 


El mesianismo de Jesús, no está en cuestión, Él es el Verdadero Mesías. El asunto a meditar -y al que Jesús nos conduce con el fragmento marqueano que se lee hoy- es dónde se ubica David en el mesianismo para descifrar, entonces, dónde ubicamos a Jesús. El “linaje de David” se venía entendiendo, hasta Jesús, como lo que David hizo, empezando por ser un matador de gigantes, que, además, traía en su hoja de vida ser también matador de osos y leones, un tipazo, si bien pequeño, muy guapo y agraciado, que -según Samuel- revocó la legislación de la primogenitura para el Reinado; por David, esto fue totalmente abolido. Parece que Bartimeo tenía todo muy claro -a pesar de su ceguera- porque clama a Jesús llamándolo “Hijo de David”.

 

¿Cómo funcionará este enredo? ¿Está David por encima de Jesús? ¿O viceversa? Y, si la pregunta se desplaza a los términos temporales, ¿Quién fue antes? ¿David o Jesús de Nazaret? Tenemos muy claro que ambos son naturales de Belén… Pero, ¿va a continuar Jesús la tradición en el uso de la honda y su certera puntería? ¿Quién debe llamar Señor al Otro? Y el apoyo para hacer rondar la reflexión es este verso del Salmo 110, 1: “Palabra del Señor a mi señor: "¡Siéntate a mi derecha y ve cómo hago de tus enemigos הֲדֹם [hadom] tu “reposapiés”!” Y, tengamos presente que los salmos eran atribuidos a David.

 

No solamente quedó revocada la regla de transferencia del título real al hijo mayor; también se invirtió el significado de la palabra “Mesías”. Sigue teniendo implicaciones sacerdotales y reales, pero ahora no implica trono-corona-y-armiño, ahora significa pastor-aplicado-a-cuidar-de-su-Rebaño. ¡Por eso eligió Dios a David, por su experiencia como cuidador de ovejas! ¡Capaz de arriesgar su propia vida en combate con osos y leones, antes que perder una sola de las ovejas que su Padre le había encomendado!


Nos parece obligatorio insertar aquí una cita de la Magnifica humanitas, del numeral 187 que rompe un exclusivista discurso eclesial en torno a la “civilización del amor” para convocar al servicio a toda la humanidad sin distingos, definiendo este servicio en términos de encuentro y cuidado: «El proyecto de la civilización del amor asume aquí la tarea decisiva de transformar esta interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. Es el criterio para orientar los procesos tecnológicos: no basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco».

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