viernes, 26 de junio de 2026

Sábado de la Décimo Segunda Semana del Tiempo Ordinario


Lm 2, 2.10-14. 18-19

Este Libro en hebreo se llama איכה [eika] “ay”, también se le llama קינות [kinot] que significa “cantos fúnebres”; habría que empezar diciendo que este Libro es un lloro sobre Jerusalén destruida. Se piensa que su hagiógrafo fue un testigo presencial de esta destrucción. En la Biblia Hebrea (Tanak) no está integrada a los profetas sino a los Ketubîm (Escritos). En cambio, la Biblia de los 7º lo ubica justamente después de Jeremías, este fue el motivo más probable de asignarle su autoría a Jeremías.

 

Si queremos una datación podemos suponer razonablemente el 586 a.C. Durante mucho tiempo se atribuyó a Jeremías, pero esto ha resultado no ser más que eso, una “atribución”.

 

Nuestra palabra “Lamentaciones” es de origen latino, está emparentada con la palabra “clamor” que por cierto se dice que es una onomatopeya que imita el sonido de un “gemido”. De allí viene lamentatio que significa en lengua latina “lloro”, “quejido”, “gemido”. «… Lamentaciones evidencia una interpretación Deuteronomistica de la destrucción como resultado de la desobediencia, junto con un anhelo de restitución del templo de Jerusalén…. El lugar de las ruinas se convirtió en un sitio de ritos de lamentación, en el que los habitantes del país recitaban oraciones como las que se recogen en nuestro Libro de las Lamentaciones». (Jorge Pixley)

 

Podemos intuir cuál es el marco emocional de estas lamentaciones:

      i.        Hambruna

     ii.        Sed

    iii.        Incendios

   iv.        Matanzas

     v.        Saqueos

   vi.        Desarraigo forzado

 

Podemos aquí enumerar una serie de consecuencias de la Destrucción de la Ciudad Santa (587 a.C.) representada como una viuda:

a)    El templo fue quemado

b)    Desapareció el Arca de la Alianza.

c)    Se rompió la Sucesión Davídica

d)    Las personas más pudientes y los líderes de la comunidad fueron deportados

e)    Todo esto repercutirá en la aparición de una nueva “identidad” en lo político y en lo religioso: De allí brotará el “judaísmo”, la comunidad judía.

 

Lo han perdido todo. La desesperanza lo tiñe todo. Muy a pesar de lo cual, la fe se sostiene aun cuando nimbada de dolor. «A menudo imaginamos que el territorio de Judá había quedado vacío después de que Babilonia tomó a Jerusalén y llevó mucha gente al exilio. Pero eso no es correcto: los exiliados pertenecían a la clase dirigente, intelectuales y profesionales especializados. Muchos permanecían allí, principalmente los campesinos». (Euclides Martins Balancin)

 

No hay nada que presagie una salida o la restauración. La crítica está de acuerdo en la datación de las Lamentaciones previo el 538 a.C.

i)              La primera Lamentación puede calcularse que data de poco después al 586 pero hay quienes la fechan para el 598.

ii)             La II y la IV pueden provenir de una cercana posteridad al 586 -como mínimo, un año después de la catastrófica destrucción.

iii)           La II y la V son de principios de la ocupación Babilonia 586 – 538.

 

Esta perícopa que se proclama hoy -pertenece a la Segunda lamentación (2, 1-22- trata de mostrar la Ira Divina contra Sion); Sion es simbolizada aquí por el ־רַגְלָ֖יו הֲדֹם [hadom-ragol] “estrado de sus pies”. Entra en la órbita de reconocimiento de autoridad a las profecías que anunciaban “el día terrible de la Destrucción”. Todo el mal que ha venido es consecuencia del pecado que ha sido peor que el de Sodoma. Toda la primera parte se va en la descripción de la calamidad. Nos pasan ante los ojos las distintas clases de víctimas de esta tragedia del Pueblo de Jacob:

a)    Los ancianos

b)    Las doncellas de Jerusalén

c)    El propio hagiógrafo

d)    Los niños y hasta los lactantes que mueren reclamando a sus madres por su alimento

e)    Los que quedaron heridos en los combates; que agonizan en brazos de sus madres.

 

Mientras que la segunda parte (versos 13-22) le exige a Sion que se consagre a lamentarse. Y les ruega que su llanto y sus clamores llenen los días y las noches.


Un aspecto que no hemos señalado y que ocupa un lugar importante es la denuncia de los falsos profetas, culpables de no haber corregido la dirección oportunamente y haberles profetizado visiones vanas y falsas.

 

Sal 74(73), 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21

¿Qué queda después de una calamidad de “acabose”? ¡Gemirle al Señor para que Él se apiade! ¡Qué unja a su pueblo con el aceite de la compasión-Divina!

 

El salmista siente y lamenta el abandono definitivo, la cólera inconmensurable, el rechazo del corazón del Señor. El cantor ruega que el Señor rememore su elección sobre la tribu de Judá y, en particular, sobre el Monte Sion donde Yahweh tuvo a bien establecer su “morada”.

 

Vino el enemigo -en aquella oportunidad los babilonios- a imponerle su estandarte, a hollar con su pie las ruinas de la Ciudad-Santa. Ahora el hagiógrafo ruega a Dios, que Él, personalmente venga y recorra las calles y se conduela de los despojos de la Ciudad-que-Él-tanto-ha-amado.

 

Como si fuera un bosque, la incendiaron. Sus puertas no pudieron contener a los agresores: hachas y mazas trisaron todas sus defensas y redujeron sus trancas a puras astillas. El Santo-Templo ardió como pirotecnia para gozo de sus asaltantes y para desgarrar el corazón del pueblo elegido en girones.

 


El salmista suplica al Cielo para que ponga en su Memoria la Alianza que pactaron y los defienda de la violencia inmisericorde con la que los asediaron. Le pide que los humildes no salgan de este combate decepcionados y que los pobres y los afligidos tengan solaz y puedan arroparse envueltos en el santísimo Nombre. En esta cuarta estrofa el clamor sube de la boca de los humildes, de los pobres, y de los afligidos, de los destinatarios de su Amor-Preferencial.

 

זְכֹ֤ר  [zekor] “acuérdate”; de la familia de זִכָּרוֹן [Zikkaron] “memoria”, “recuerdo”, “memorial”. Es la palabra hebrea regente en este salmo. Donde la antífona responsorial es precisamente una apelación a la Maravillosa- Memoria-de-Dios: “No olvides sin remedio la vida de tus pobres”, estos “pobres” son los עָנִי [ani] los protegidos de YHWH (Cfr. Sal 74(73), 19).

 

Mt 8, 5-17

Bienaventurados los que pudieran llegar a causarle admiración a Jesús.

Se muestran dos episodios en los que Jesús se revela “Sanador”, su divinidad se revela a través de su Taumaturgia. Entre uno y otro se da la oportunidad de que Jesús se muestre conmovido y verdaderamente tocado por la fe de un “gentil”, se trata de un Centurión quien da una clase de teología explicitando porque la realidad toda, le obedece al Señor, de la misma manera que los soldados obedecen a sus generales.


El centurión se explaya argumentando que la orden de un Alto Mando, no se requiere darla presencialmente, él puede ordenar, mandar decir, y -a pesar de la lejanía que pueda mediar- los subalternos acataran por la “autoridad” de quien dimana la “orden”. Jesús acoge esta explicación reconociendo que los propios miembros del pueblo elegido no han tenido la penetración para reconocerlo y entender cómo se manifiesta la Misericordia Divina a favor de los “creyentes”, en cambio, este soldado sirviente del imperio romano, descubre en Jesús al Salvador.

 

Muchas veces, basados sobre una fe mínima, decimos “ya pedir, significa fe”; sin embargo, esa sólo es una fe minúscula. El siguiente paso es pedir con fe, lo cual ya entra en un proceso, tal vez aún no logrado, pero en proceso, en progreso. Existe otra manera de pedir: Pedir convencidos (Cfr. Mc 11, 24b). ¡Seguros, que lo que se pide se obtendrá!

 

Ahora bien, decirlo es supremamente fácil. Desde nuestra más tierna juventud se nos ha mostrado esta faceta: el pedir. Pero la fe que la apuntala siempre se deja de lado. El slogan ¡Pedid y se os dará! queda reducido y simplificado sólo a la presentación de “pliegos petitorios” y ¿dónde queda la fe que le sirva como base?

 

La educación en la fe ¿en qué consiste? Precisamente en evitar este descuartizamiento, por un lado, el pedigüeñismo, y, quien sabe dónde, la fe. Religión significa la re-integración de los dos componentes de la oración. Y no puede quedarse en decir “Mijito, hay que tener fe”; el asunto va mucho más allá. Si no queremos ser falsos fieles, tenemos que reunificar la fe y la petición, en particular la oración de súplica, articulándolas con la vida. Vivir con la fe puesta, con la fe en juego, con una fe “actuante”, que pudiera llegar a sorprender y admirar a Jesús: “Os aseguro, que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande”.

 

En este evangelio, a los miembros del pueblo elegido se les denomina “hijos del reino”, pero Jesús nos informa, no basta ser “hijo del reino” para ser admitidos a la mesa de Abrahán, Isaac y Jacob.

 

La fe no está huérfana en este relato, anda acompañada de su hermana mayor, la compasión. ¿Nos habíamos fijado? ¿Qué es lo que hace que el Centurión acuda a Jesús? Darse cuenta que su “criado yacía en casa paralítico con unos dolores terribles” (Cfr. Mt 8, 6). No simplemente pide para liberarse de un sirviente enfermo, pide porque se conduele de él, porque sufre sus dolencias como si fuera en carne propia. La petición ante Jesús suena como gemido, como lamentación.

 

En el segundo fragmento (Mt 8, 14-15) tenemos un muy breve cuadro: la suegra de Pedro está postrada en cama, asediada por la fiebre. Es un milagro espectacular (Atención porque lo decimos con ironía para destacar cuan sencillo es Jesús): primero suenan los redobles de tambor, luego todos los generales y los centuriones presentan armas, a continuación, habla el Primer Ministro, señalando la relación del Milagro con las promesas del Candidato Presidencial, y luego toma la palabra el Delegado Pontificio quien nos explica con sumo detalle, paso a paso, el milagro de la Sanación de la suegra de Pedro: ¡Le tocó la mano y la fiebre la dejó!

 

Simple, sencilla y modestamente, sin bombos, sin platillos. Sin discursos, ni arengas, ni aclamaciones

 

El episodio concluye cuando, la suegra pide el favor a los generales de disparar 21 cañonazos en honor al maestro. No, para nada. ¡Se levantó y se puso a servirles! ¡El mayor gesto de gratitud que se puede entregar! ¿De qué sirven 500 cañonazos? ¡será para no dejar dormir al prójimo! El servicio de la suegra de Pedro es una diaconía fundacional en la historia de la Iglesia. Igual que hará el Maestro-Divino, se quitará el Manto, se ceñirá una toalla y se pondrá a lavarles los pies.

 

Los versos 16-17 son una coda, dónde el evangelista se remite al Cuarto Cántico del Siervo Sufriente, en Isaías (Is 52,13 – 53, 12), y se apoya en ese cántico para hacer la hermenéutica de esta perícopa de su Evangelio, en los versos Is 53, 4-5. Es como si, al concluir la relación de los hechos, con el puntero laser nos señalara a qué se refiere y cómo interpretar y actualizar, en nuestra propia vida, la enseñanza.


¡Fe, Compasión y Sencillez! ¡Tomó sobre sí nuestras dolencias y cargó nuestras enfermedades! 

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