viernes, 5 de junio de 2026

Sábado de la Novena Semana del Tiempo Ordinario


2Tim 4, 1-8

En la enseñanza que le brinda San Pablo a Timoteo hay una voz de alerta a una epidemia que va a llegar, y que estaba por ahí a punto de despertarse. «Vendrá un tiempo en que no soportaran la sana doctrina, sino que -siguiendo sus pasiones-  se rodearan de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír y apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas», dicho de otra manera, «Darán la espalda a la verdad y se volverán para escuchar cosas fantasiosas».

 

Conjurar, es un verbo con -por lo menos- tres acepciones:

      i.        Invocar un espíritu, como por arte de magia.

     ii.        Tener a raya un peligro, por medio de una especie de sortilegio que precisamente se llama “conjuro”.

    iii.        Unir las intenciones y propósitos, como soldándolas en una sola y dándole un carácter de solidísima irrevocabilidad.

 

Es en este tercer significado que la aplica aquí Pablo, no se lo pide en virtud de una obligación, sino como rogándole, como suplicándole: le ruega que “proclame la Palabra” sea en un momento oportuno, o ya sea, también, cuando parezca inconveniente.

 

Todo señala que Timoteo llegó a ser Obispo de Éfeso. Uno se puede imaginar la mar de tareas que pudieron asaltarlo en su vida. Ahí es donde se valoriza esta recomendación que le hace su mentor. A veces, cuando se presentan multiplicidad de quehaceres, es fácil que uno se vaya por las ramas y sucumba al desconcierto. Qué maravillosamente valido es que a uno se le descubra lo esencial de su tarea en la vida.

 

En plurales momentos hemos subrayado la importancia del nombre en el contexto bíblico. Retomemos la idea resaltando aquí el significado del nombre Timoteo, para llevarlo a correlación con la tarea que San pablo le está encargando al “conjurarlo delante de Dios y de Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino”: Timoteo significa “el que honra a Dios”.

 

Hagas lo que hagas, ten presente que la médula de tu propósito es la “proclamación” de la Buena Noticia.

 

Este ejercicio de la proclamación tiene varios carismas a desarrollar, aquí se mencionan:

a)    ἔλεγξον [elenxon] “Argüir”, “contra-argumentar”, “convencer con argumentos”

b)    ἐπιτίμησον [epitimeson] “Reprochar”, “alertar a alguien para que no falle”

c)    παρακάλεσον, ἐν πάσῃ μακροθυμίᾳ καὶ διδαχῇ [parakaleson en pase makrotimia kai didaje] “Exhortar con total paciencia y firme formación”. Aquí hay tres palabras claves a las que prestarles particular atención: a) παρακάλεσον convidar a alguien que está como salido de “orbita” para que se acerque a la posición que uno está tomando”; b) μακροθυμίᾳ sería algo así como “templanza”, “no salirse de casillas”, “tener gran autocontrol”; c) διδαχῇ “ortodoxia”, “cuerpo del catecismo”, “sana doctrina”, “conformidad con las enseñanzas tenidas por correctas”, “proceder en conformidad a lo que se la ha enseñado”.

 

Para poder mantenerse en esta esfera hay cuatro virtudes a consolidar:

1)    Sobriedad

2)    Soportar los padecimientos

3)    Asumir la responsabilidad evangelizadora

4)    Desempeñar el ministerio que se le ha sido encomendado.

 

Todo esto para -usando un lenguaje parabólico- lo dice como si se tratara de una competencia olímpica: “he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, Justo-Juez me dará en aquel día”.


Como está al borde de ser entregado a muerte por la causa, se compara a sí mismo con una “libación” que era un ritual de adoración que consistía en derramar vino, aceite o agua sobre un altar o sacrificio. En este caso la libación será la de su propia sangre.

 

Sal 71(70), 9-0. 14-15ab. 16-17. 22

Salmo de súplica. Muy sintonizado con el tema de San Pablo que no se acerca a la muerte natural, sino a la muerte por sacrificio. Su libación será por degüello. Aquí el salmista considera el tiempo final de su vida porque está de muy avanzada edad. La denuncia de este salmo rebate las políticas tan preciadas para la cultura del descarte: El que ya no es productivo debe ser descartado porque estorba el ciclo productivo, que es lo único que importa a ese modelo cultural. La "cultura del descarte" denunciada por el Papa Francisco es una mentalidad social y económica basada en el consumismo extremo y el utilitarismo, donde todo aquello —y aquellos— que no produce, no consume o no se considera inmediatamente útil es marginado, excluido o desechado como basura; este paradigma mira con particular desprecio hacia los no nacidos, los ancianos, las personas con discapacidad, los enfermos, los migrantes y los pobres

 

En cambio, el lenguaje que usa el hagiógrafo es el de la vida que, cuando ya alcanza su fin, no tiene por qué mirarse con descrédito y humillación, reconociendo el decaer de la vitalidad sin por ello admitir el detrimento de su dignidad.

 

Pero, el salmista, no habla por él mismo, sino que su voz es la de su pueblo, es un revestimiento. En el salmo, la voz que interpela es el pueblo, el que ha envejecido llevando una existencia fiel y por eso suplica a Dios que lo sostenga en el ocaso de su vida, los tiempos de declive social, cuando la comunidad no goza de pujanza.


Cada vez que el salmo toma la primera persona, sólo está recubriendo poéticamente la situación de Israel que se ve rodeado de enemigos que le hacen la guerra y buscan un pretexto eficaz para tajarle la cabeza con su alfanje.

 

Si hoy por hoy nos adentramos en este salmo, vemos el abandono al que está sometido el adulto mayor y la soledad que sus años finales recaban. Apartado y sumido en el letal descuido de una sociedad muy ocupada para “perder el tiempo” cuidando a un viejo, peinándole las canas.

 

En la primera estrofa estructurada con los versículos 8 y 9, la boca del anciano pone ante los ojos de Dios la memoria de los tiempos fieles de su juventud cuando sus labios estuvieron florecidos con alabanza; y, suplica, que ahora en la vejez ¡no lo olvide!

 

La segunda estrofa garantiza que su senilidad no será impedimento para que él siga cantando, sus labios seguirán contando y proclamando el perfil de Dios-Justo; y, todo el día, entonará un himno agradecido por la Salvación que Él le ha traído.

 

En la tercera estrofa el razonamiento que se estructura es que, ya que en sus años de juventud Dios se encargó de instruirlo, él, ahora, hará una doble cosa: i) Contar las proezas de Dios y 2) narrar la historia de Justica que es la historia de Dios.

 

En la cuarta estrofa, habla del acompañamiento musical para su gratitud: 1) arpa, y 2) citara.

 

El responsorio insiste en declarar que la edad no vuelve inválidos o paralíticos los labios, ellos seguirán mostrando su vitalidad: “Su boca contará su salvación” hasta que la muerte los silencie. Más allá de la muerte, podemos suponer que los labios del espíritu se mantendrán entregados a entonar los cánticos de gratitud y las loas al Señor.

 

Mc 12, 38-44

El Evangelio de San Marcos, va -paulatinamente- desenmascarando a escribas y fariseos. Estos son puestos en evidencia ante el pueblo, y Jesús los señala como engañadores profesionales. Aquí hay un punto esencial a prestarle atención: escribas y fariseos son personas de cuidado porque ellos son los “autorizados”, están puestos, en la escala social, allí donde si alguien tiene una duda de fe, una pregunta de tema religioso, será a ellos a quienes se les dirija: son las personas en el sitial de autoridad, los que enseñan normas morales y mandamientos -supuestamente- correctos, pero cuyas vidas padecen de “incoherencia”.


La reflexión que nos propone hoy Jesús, gira en torno a los γραμματέων [gramateon] “escribas” - eran eruditos religiosos altamente capacitados responsables de copiar a mano los textos sagrados, principalmente los rollos de la Torá, las frases oracionales que están en las cajitas de los tefilin, y las citas bíblicas que se ponen en las mezuzá (mezuzá, palabra que significa «jamba de la puerta») es un pequeño pergamino sagrado -llamado klaf- que contiene dos versículos de la Torá (Dt 6,4-9 y 11,13-21); el sofer (escriba) debe cumplir con estrictas leyes rituales, utilizando pluma y tinta especiales para que el pergamino sea considerado kasher. Se enrolla y se coloca dentro de un estuche protector en el marco derecho -jamba derecha- de las puertas de los hogares judíos).

 

No era cosa normal que se supiera escribir, los primeros escribas de los que tenemos noticia eran empleados en las cortes, por ejemplo, de Faraón y eran almacenistas, contadores, registradores, contabilistas, poco a poco pasaron a ser juristas, economistas, ministros de la corte, secretarios y a veces personal de confianza del gobernante, muchas veces encargados de escribir la “historia oficial”, los panegíricos, las epopeyas, los relatos de batalla y valentía, y los publicistas y asesores de imagen, de ese tiempo. Tomaban muchas decisiones y aconsejaban el Rey, claro, según sus conveniencias personales, y dependiendo de su enfoque religioso. Tenemos noticia de ellos en los Libros de Samuel y en los de Reyes.

 

Cabe aquí destacar que post-exílicamente se hicieron expertos en la Torá, se apegaron de forma muy fuerte a la herencia mosaica, y descubrimos en Esdras y Nehemías los rasgos de este nuevo perfil. Algo muy importante fue que, actuaron como vacuna contra el helenismo poniéndose al lado de sacerdotes y levitas en la defensa y consolidación de la identidad abogando por la pureza ritual y todas las manifestaciones ultraconservadoras contra todo lo que sonara a griego. Por eso fueron rotundamente reticentes contra todos los libros escritos en griego que fueron declarados “apócrifos” sí no estaban en hebreo.

 

Ahora bien, esta mirada, así, se queda sesgada. Se debe decir que su desvelo por conservar las Escrituras lo más al pie de la letra posible, es admirable y de agradecer. La exactitud con la que se conservó, es verdaderamente un don de Dios. Velaron por explicar la Ley y difundirla con celo y aplicación. Pero, como suele suceder en los procesos humanos, se infiltró un espíritu recalcitrante que trajo consigo un legalismo a ultranza, y un desplazamiento del Espíritu, en favor de la rigidez de la letra (Cfr. 2 Cor 3, 6). Este aspecto fue muy combatido por Jesús.

 

Bien, si de distinguir a los escribas perniciosos se trata, Jesús nos da un criterio doble:

a)    Andan muy trajeados, buscando saludos ostentosos en la calle, en el teatro, en los salones de gala. En sus sitios de culto, buscan convertirse en el centro de atención, y en los restaurantes, se ponen en los lugares de prominencia.

b)    No hallan cómo sonsacarle el dinero a las señoras acomodadas y solventes, ofreciéndoles “palanca” en el Cielo, abogando por ellas en sus interminables plegarias, poniéndolas de primeras en la lista de sus intercesiones.

 

Esta imagen se contrasta con la de una muy humilde señora, que cuenta con la más pobre finca y cuya solvencia escasamente alcanza para la más magra dieta. Es a ella a quien Jesús admira, y, -si Él la admira-  con toda certeza que el Padre ya tendrá su Nombre, -que el Evangelio no menciona- porque en ese renglón caben el nombre de cientos de miles de paupérrimos que, sin embargo, dan todo de su pobre peculio, para que con sus donativos se pueda sostener el buen obrar y el cuidado de quienes lo necesitan, así como velan por el sustento del culto, a pesar de su pobreza. Porque la caridad es lo que exalta el Señor, y los pobres, siempre los tendremos entre nosotros (Cfr. Mc 14, 7). Ellos están siempre liderando con su generosidad.


Con este episodio de los Escribas -vs- la Pobre Viuda, concluimos nuestro estudio del Evangelio según San Marcos, en este año. El lunes empezaremos nuestra Lectura-estudio del Evangelio según San Mateo.

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