Hch 13, 13-25
… de acuerdo con el
anuncio cristiano, toda la historia que corre entre David y Juan Bautista fue
un tiempo de espera del descendiente de David, del que gobernaría al pueblo con
justicia, conduciéndolo a la paz, es decir, a la plenitud de vida tal como lo
anuncia Is 11, 1-9.
Ivo Storniolo
En
a perícopa Hch 13, 1-12 - inmediatamente anterior a la que leemos hoy-, se
relata cómo San Pablo en Creta predica y el procónsul (gobernador) y su familia
quieren convertirse, pero Elimas Bar-Jesús, un mago, Elimas, este nombre puede
estar emparentado con la expresión árabe “el que sabe, el que conoce” (las
artes del mago); o del arameo, “poderoso” (con su magia), -se interpone y
objeta esa conversión. ¿Qué es lo que se presenta aquí? El enfrentamiento entre
dos poderes absolutamente diferentes: La magia por lo general es la fuente de
lucro que nutre la billetera del que la práctica, su interés es un interés totalmente
egoísta, afanado por el enriquecimiento personal. Se le opone el Evangelio, que
se afana por el “prójimo”, pone en primer lugar el interés ajeno por encima del
propio, procura obrar el bien, libre de lucro.
Es
un combate pertinaz, Pablo necesita cortarle las alas a este soldado de
perversión, así que lo hace con un doble ataque:
1) Lo desenmascara, denunciándolo:
“Tú, hijo del diablo, que estás lleno de todo engaño y fraude, enemigo de toda
justicia, ¿no cesarás de torcer los caminos rectos del Señor? ”(Hch 13, 10)
2) “La mano del Señor
está sobre ti; te quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo. Al
instante niebla y oscuridad cayeron sobre él, e iba buscando quien lo guiara de
la mano” (Hch 13, 11).
“Entonces el procónsul, cuando vio lo que
había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor”.(Hch 13,
12)
«Todos aquellos que recurren a la magia”, es decir, al
engaño de los demás, terminan enceguecidos por la luz del Evangelio. Y la
responsabilidad de los magos es grande, … Saben perfectamente que el Evangelio
significa el fin del engaño, el desenmascaramiento de la alienación de la gente»
(Ivo Storniolo)
La
perícopa de hoy, nos remite al Primer viaje Misionero de Pablo que viaja en
compañía de Bernabé, saliendo de Páfos, en Chipre, se encaminaron hacia
Antioquia de Pisidia, yendo a Perge capital de la provincia de Panfilia.
Pisidia estaba al norte de la provincia de Panfilia (200 X 80 km. de largo por
ancha). Antioquia de Pisidia gozaba del fuero de ciudad libre del Imperio
Romano, por ser una colonia Cesarea. En aquel emplazamiento muchos judíos
gozaban de las mismas atribuciones de los ciudadanos griegos.
Allí,
sucedió algo muy particular, hasta ese punto, Juan Marcos, primo de Bernabé,
viajaba junto con ellos; pero llegando allí, resolvió regresarse, este hecho se
le han dado varias interpretaciones, todas ellas plausibles pero ninguna
comprobable más allá de las suposiciones, por eso preferimos no mencionarlas.
En sus cartas Pablo manifestará su disconformidad con esta separación.
En
Antioquia de Pisidia (no hay que confundirla con Antioquia de Siria), en
sábado, entraron en la Sinagoga, y, una vez concluida las Lecturas de la Ley y
los Profetas invitaron a Pablo a tomar la palabra. Se ha producida un cambio de
roles, ahora, Pablo asumirá el liderazgo y será mencionado en adelante entes
que Bernabé.
En
el versículo 13, 18 Se predica la remisión de los pecados y la justificación
plena para quien tiene fe.
“…
Lucas sitúa aquí el primer gran discurso de Pablo dirigido a los judíos de la
sinagoga local. Es allí, donde tras la oposición de estos últimos (13, 45)
Pablo y Bernabé se deciden por primera vez a dirigirse a los paganos…” (Michel
Gourgues)
«Pablo
hace un resumen de la historia de Israel, desde la esclavitud en Egipto hasta
David, partiendo inmediatamente hacia Juan Bautista, quien declaró no ser el
Mesías. El meollo del anuncio está precisamente aquí: en el comentario
implícito a la promesa hecha por Dios a David, la de que dicho rey, tenido por
justo, tendría un descendiente que prolongaría su acción salvadora del pueblo
(2S 7). La laguna que media entre David y Juan Bautista no hace otra cosa que
poner de relieve que dicho descendiente debió ser esperado hasta Jesús». (Ivo
Storniolo)
Se
puede entender aquí, cómo Pablo hace pie en el Primer Testamento para
propulsarse hacia el Nuevo. No podemos desconocer que Pablo se está dirigiendo
a los judíos dado que está hablando para los de la sinagoga, posiblemente
incluidos algunos griegos simpatizantes del judaísmo (prosélitos).
En los versos 24s. se interpola la presencia del precursor Juan el bautista que desaparece dejando la clara estela que él no era el Esperado, sino Uno, mucho mayor “de quien nos soy digno de desatar la correa de las sandalias de sus pies”. Esta es la primera parte de la perícopa, mañana leeremos la segunda parte.
Sal
89(88), 2-3. 21-223. 25 y 27
¿Cómo podríamos cantar su Magnificencia?
La
pompa y el boato de los reyes es una imagen impactante, que maravilla la vista
y la imaginación, una situación que -desde cierta perspectiva- es lo mejor que se
puede soñar y anhelar. La corona, la espada, el cetro, el trono, la capa, el
manto con cuello de piel, el palacio, sus banquetes, su opulencia, su corte, su
servidumbre, su autoridad incuestionable, su dominio sobre la vida y la muerte
de sus súbditos, todo su boato. De ese caudal se recabaron múltiples elementos
para retratar la “imagen” de Dios. Posiblemente, nada de eso pertenece a la
realeza Divina, pero ¿cómo más podía, el hagiógrafo, retratar el Reinado de
Dios y su Infinita Grandeza que tomando elementos de la realidad humana?
Podríamos hablar de antropomorfismo, o quizás sería más exacto hablar de regiomorfismo
(en latín, regĭus),
“real”, “perteneciente o relativo al rey”. Se dibujó a Dios como el Más Grande
Rey y se originó lo que se designa como “ideología real”. Así fuera de una
manera inconsciente, el hagiógrafo copió del ambiente cortesano los aspectos
más suntuosos, los hiperbolizó y por ese medio, puso a nuestro alcance, de la
mejor manera posible, valiéndose de exageraciones y depuraciones de los reyes
humanos, la Infinitud de Dios.
¿Se
podría acusar al hagiógrafo de “mentiroso”? ¡No y nunca! El hagiógrafo, y eso ha
de tenerse siempre muy en cuenta, comunica la verdad de Dios con lenguaje y
formas humanas, porque es lo único que podemos captar. Es como tratar de ver el
horizonte integro, a través de una ranura, la única posible para ver el mundo
exterior desde nuestras fronteras.
Tratemos, por un instante, de elevarnos por sobre nuestras limitaciones y descubrir ¿cómo podríamos expresar la Misericordia Divina, de otro modo que no fuera remitiéndonos a un “edificio eterno”?
Para
el pueblo hebreo, el mejor rey, el más justo, el más poderoso, era David,
verdadero ¿a qué otro rey, entonces podríamos comparar y hacer referencia cuando
lo que queremos es aludir al Rey de reyes y Señor de Señores?
El
hagiógrafo nos hace una invitación, a Cantar las loas que Dios merece. ¡qué
puede significar eso para nosotros? Ver, hasta donde alcanzó el escritor
sagrado, cuanto de esa Magnanimidad logró aprehender, y, partiendo de allí,
tratar de saltar más alto, poniéndolo todo de nuestra parte.
David
descubrió el Nombre Santísimo y se consagró a Él, con todo lo que pudo; ahora,
compete a cada uno de nosotros, vivir una Alabanza tan alta, por lo menos como
las que alcanzaron los labios davídicos cuando dijo: “Tú eres mi Padre, mi
Dios, mi Roca de Salvación”.
Busquemos
la perfecta imagen mirando al que traspasaron en el Trono de la Cruz y alzando
los ojos hacia la Forma Consagrada.
Jn
13, 16-20
Discípulos-Misioneros
La Eucaristía invierte
los pseudovalores que dominan la sociedad, y hace posible un modo nuevo de
vivir, plenamente hermoso y humano: a la opresión del egoísmo sucede la
libertad del servicio reciproco.
Silvano Fausti
Siempre
insistimos y siempre nos parece que se debe volver sobre el tema del co-texto.
El consejo es nunca separar una “cita” bíblica de su co-texto, procurar respondernos
a la pregunta de la relación que guarda una cita con lo que le precede y lo que
sigue. Es decir, ir observando atentamente qué puso el hagiógrafo antes y
después; y es que, el espíritu que anima el relato es esencial, no se pueden
tomar como retazos autónomos y al adentrarse en su exegesis conservar en mente
como se articula el fragmento con su totalidad. En muchas oportunidades, nos
damos cuenta que perder de vista esos referentes, nos impiden ver lo
fundamental del mensaje, y, no pocas veces, incurrimos en el desvío porque no
se ha hecho esa mirada de conjunto que como dicen los camarógrafos es el paneo
que nos explicita a que realidad remite el episodio.
Si nos preguntamos, sobre la perícopa de hoy, ¿qué hay antes?, la respuesta es así de sencilla como contundente: ¡El lavatorio de pies! Aún hay más, si miramos el versículo justamente anterior, el 15 de este capítulo 13 joánico, ¿qué encontramos?
-“Yo
les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan como yo he hecho con ustedes”.
A nosotros nos resulta iluminadora la palabra “como”, no se trata de andar
lavándole los pies al prójimo, se trata de captar la esencia del “lavatorio”
para saber qué es lo que el Señor espera que nosotros reproduzcamos. Esto
conecta y está muy explicado y desglosado en Lc 22, 27 donde Jesús se
auto-define como “el que sirve”. Ahí está la esencia de ese “como”.
Lavar los pies es el modo más propio como el Señor revela, poniendo en crisis
el concepto que tenemos de Él.
La
idea que más nos ocupa es la de un Señor-Mesías que manda, domina, ostenta,
presume, gobierna; y la idea que nos hacemos de nosotros mismos -en calidad de discípulos-
es la del pavito que también se “pavonea”, acogido al modelo y protegido a la
sombra de su papá. Y, en cambio, Jesús nos entrega con toda puntualidad y
exactitud una consigna de nuestro rol al seno de su comunidad: Si Él nos ha
lavado los pies, también nosotros tenemos que seguir este ejemplo de suprema
humildad.
Pero
lo que sucede siempre en tales situaciones es que, cuando lo pedido nos excede,
se gatilla nuestra rebelión, “a mí no me van a poner en estas, yo me metí en
esto para ser, como mínimo, virrey; no me van a salir con que me toca el cargo
más gravoso de toda la corte, ser el sirviente-lava-patas”. El rechazo de esta
tarea, que suena indigna, es la rebelión más violenta: irse en contra de este
Amo y Señor que pretende subyugarlo a uno, tan abajo.
Y
esta es la plataforma de despegue desde donde se propulsa lo que viene hoy.
1. Ningún servidor es
más que su señor. Ni el enviado es más que el que lo envía.
2. Dice Jesús que
nuestra bienaventuranza depende y está en función de “entender esto”. (Entender
esto requiere mirar el “servicio” desde otra óptica: se necesita una verdadera metanoia).
3. Luego Jesús afirma,
rotundamente, conocer a los que ha elegido.
4. No es que Judas se
le coló. Uno de los “compañeros” tenía que voltearse contra Él.
Esto
nos obliga a mirar no sólo ad extra, sino, y aun cuando es de lo más difícil y
duro, reconocer que desde adentro se cocina -en el corazón de algún comensal,
el propósito rebelde y alevoso, destructivo, inclusive, asesino. Recordemos que
compañero es el que come del mismo pan y comensal el que se sienta a cenar en
la misma mesa. “Jesús sabe que ha elegido a hombres falibles, pero su elección
es irrevocable, Judas es elegido y amado como los otros”. En el verso 18 se
dice que Judas “Ha alzado contra mí su talón”, en hebreo עָקֵֽב [aqueb]
“talón” lo que se suele traducir como “se ha vuelto contra mi”; pero esta
alusión al talón nos evoca el proto-Evangelio, donde leemos: “Y pondré
enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá
en la cabeza, y tú lo herirás en el talón”. (Gn 3, 15”.
Otra
connotación de “talón” es que Israel -el padre de las Doce Tribus-, se llamaba
antes יַעֲקֹב
[ya-aqob] “Jacob” y este nombre significa “el que viene agarrado a su talón”.
Jesús
sabe que hay muchas enseñanzas que Él nos da y que nosotros somos incapaces de
captar. A veces, tienen que pasar años para que medio vislumbremos qué nos está
comunicando. No es maldad, ¡es debilidad! Nosotros sabemos que, ante una
realidad áspera, la primera reacción de la mente y el corazón es la “negación”:
que es el mecanismo de defensa inconsciente que implica rechazar o ignorar una
realidad o situación que resulta amenazante o dolorosa para el individuo. Este
proceso permite al sujeto evitar el sufrimiento y la ansiedad asociadas a tal
experiencia. Y esta negación se reviste de diversos ropajes: hacernos los
desentendidos, asumir que hemos malinterpretado, que se quiso decir otra cosa,
que se nos está engañando para “tomarnos del pelo”, que no hemos alcanzado a
oír bien, pero que, más adelante preguntaremos para aclarar, y luego -el
inconsciente- lo olvidará para no enfrentarlo.
Traigamos
al recuerdo la reacción de Pedro, cuando Jesús le anuncia su próxima muerte en
Jerusalén: ― ¡Dios te guarde, Señor! ¡A ti no te puede pasar eso que dices! (Mt 16, 22b).
Obremos
como Él, como Jesús, viviendo nuestras relaciones cotidianas en el servicio
reciproco. De nada valen los discursos si no se acompañan de obras de amor a
los necesitados, pues en ellos se revela el rostro del Padre. Judas no creyó en
la humildad predicada por el Maestro y, desconcertado porque Este no se
presentó como Rey triunfante, lo traicionó. Tal vez Judas creía poder catalizar
la manifestación de Jesús como Mesías. ¡Animo Maestro, saque la espuela,
convoque sus ejércitos que estamos prestos a matar por usted!
Metanoia, en español, “conversión” no es saltar de un grupo religioso a otro, es mirar la humildad del servicio abnegado, como el verdadero privilegio de lavar los pies de Jesús personificado en el que “lo necesita”. Es descubrir una “necesidad” y pasar a atender al “prójimo que “nos necesita”. ¡Que no tengamos la nuca tiesa, que no nos duela abajarnos! ¡Señor, danos paciencia para ser reyes en el servicio a los pobres y que no tengamos afán de ser servidos y mucho menos de humillar a los demás!





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