Hch 7, 51-8, 1a.
La
sangre de los mártires es semilla de
nuevos cristianos
Tertuliano
A partir
del capítulo 6 se nos introdujo a un “grupo”, de siete “diáconos” -aunque el hagiógrafo
no los llama así- que son helenistas, en este caso judíos de habla griega. De
esos 7 vamos a particularizar -porque así lo hace el autor de los hechos, a dos
de ellos: En primer término, Esteban, a quien hemos empezado a observar en 6,8,
hasta 8,60 cuando muere. Encontramos entonces un breve inciso (Hch 8, 1-3) donde
se menciona un antagonista del cristianismo, Saulo. Allí encontramos el verso 2
-que actúa como puente con el segmento anterior, donde se menciona el “entierro”
de Esteban. Se podría decir que aquí se cierra la primera parte, la del círculo
más interno y más redicido de la evangelización, limitado a Jerusalén.
En Hch
8,4 se da inicio al segundo círculo -este segundo circulo irá hasta Hch 9,43- en
toda esta sección segunda se amplía la predicación y se lleva el anuncio a
Samaría. Esto lo lleva a cabo -como iniciador- otro “diacono”: Felipe. Aquí el
antagonismo corre a cargo de un tal Simón a quien se ha caracterizado, para
distinguirlo de otros Simones que aparecen en el Nuevo testamento, llamándolo “Simón
el mago”. Admirado con el poder que el Espíritu Santo daba a los apóstoles, Simón
quiso adquirir su fuerza “comprándola”. Por eso, querer ganar el acceso a las
cosas Santas por vía de compra se la ha denominado simonía: que es la compra o
venta deliberada de bienes espirituales —como sacramentos, cargos
eclesiásticos, reliquias o bendiciones— a cambio de dinero, favores u otros
beneficios temporales. Se considera un pecado grave y constituye un delito
canónico.
En esta
perícopa de hoy, la contraseña para la entrada, es el absurdo de “resistir al
Espíritu Santo”. Hay que entender que el Señor en cumplimiento de la promesa,
nos da Su Santo Espíritu, sin embargo, uno mismo puede bloquear la entrada, e
impedirle que Él obre en nosotros Su Auxilio Luminoso, es como el día que sale
un sol esplendoroso, y sin embargo uno se pone unas gafas pesadamente oscuras
y, como si fuera poco, se pasa toda la jornada en una habitación tapiada y sin
ventanas.
Nos
invita a pasar revista a nuestros antecedentes: ¿hubo algún profeta que pudiera
salvarse de nuestros acosos y nuestras persecuciones? Nos cuesta trabajo
inclinarnos porque tenemos la nuca duramente rígida, allí en vez de vertebras
tenemos una barra de acero, la de nuestra propia altivez: y nuestro corazón no
acepta ser circuncidado, allí tenemos que ver qué significa la circuncisión
para entender este reproche que les dirige Esteban a los líderes (ancianos y
escribas) y a todo el pueblo en general, que se dejaba arrastrar por ellos: la
circuncisión es el sello en la carne de la Alianza, la Alianza se ratifica con
un sacrificio, y por tanto -según la concepción judía, implica el derramamiento
de sangre. Pero, este es un símbolo externo, físico, corporal, y lo importante
es cómo debe reverberar en el corazón, como renuncia a todo el egoísmo y
entrega definitiva en las Manos Divinas, dicho en otras palabras, Apertura al
que es completamente diferente, porque Él-Es-El-Tres-Veces-Santo.
Entre
paréntesis, nótese que -la Ley Mosaica- prescribe que el varoncito ha de ser
circuncidado a los ocho días de su nacimiento, y no dice que esperemos que sea
adulto para que pueda decidir su fe.
En esta
perícopa el Mesías es caracterizado como el Justo, observemos que la
declaratoria de Esteban equipara a los Evangelizadores con ángeles, y lo son,
porque esta palabra lo que indica es “mensajero” ya que la palabra griega ἄγγελος [angelos] que subyace a nuestra palabra
ángel, significa precisamente eso.
Se ha de
advertir y no se nos puede pasar desapercibido, cómo reacciona el corazón y la
personalidad total de quien rechaza la voz de Dios: “se recomían en sus
corazones y rechinaban los dientes de rabia”. ¿Qué es esto de recomerse en el
corazón”? en el texto griego encontramos la expresión διεπρίοντο [dieprionto] del verbo διαπρίω [diaprio] que significa “ser
despedazado, aserrando a la persona”, o sea que lo asumían como si se les
estuviera haciendo un dolorosísimo daño en sus carnes. Era una experiencia de
descuartizamiento. Se podría traducir como “se hacían los profundamente
ofendidos”, es decir, hacen alardes de estarles tocando la esencia de su fe y, para
revestir de mayor dramatismo su asunto y justificar la violencia de la que
abusaban para sostener su asesino delito. Actitud que suelen asumir todos los
fanáticos de la historia. Quizás, muy sencillo y entendible, podríamos traducir
“Se enfurecieron”, “se encresparon de indignación”.
En situaciones tan
difíciles, no puede el “testigo” refugiarse en componendas y dejar su
testimonio en un color rosa que no sea ni blanco ni negro. Las cosas tal como
son, porque hay que ponerse del lado de Dios y no dejarse acorralar por el arma
usual de los perseguidores: infundir miedo. Así que, Esteban afirmó su pie en
la Gloria de Dios y declaró lo que sus ojos -en esa hora de prueba- descubrían,
dijo que le era perceptible la Escala de Jacob, y al Mismísimo Jesús subiendo y
bajando por ella.
¿Cómo actúa el que no
quiere oír? Se tapa los oídos y grita tratando de, con su estentóreo escándalo,
poder ocultar la verdad, dando desenfreno a todo su terrorismo. Sin embargo, todo
su armamento es poco para acallar la voz de Dios.
También, en medio de
estos “fanáticos”, no se nos haga raro que muchos despistados sean tocados, y
tocados hasta el punto de cambiar de bando rotundamente. Es el caso de Saulo,
que fue movido interiormente hasta tal punto, que este episodio muy seguramente
cabo la ranura para que -más tarde, camino de Damasco- tuviera su Encuentro con
Jesús, quien le habría de preguntar por qué se obstinaba en rechazarlo con la
ignominia de ser perseguidor, en vez de darse cuenta que la fe, no era lo que
tan convencido venía declarando, sino que la Verdad, había sido Crucificada
para mostrar que la muerte no tiene verdadero poder sobre Ella, y que se había
levantado y empezado a llenar todos los rincones del planeta. Dando inicio a
una Lluvia de lenguas de Fuego que sería la oferta generalizada de Una Zarza
Ardiente para todos los que quisieran aceptarla. Esta es la donación del fuego
que horneará el “pan”.
Saulo digirió este martirio y vivió una rotunda trasformación, dejo de ser Saulo “Dios escuchó” y llegó a hacerse Pablo, “pequeño”, “humilde”.
Tenemos que vivir muy alertas para que no seamos de los que
resisten al Espíritu Santo.
Sal
31(30), 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17y 21 ab
Este
Salmo al conectarlo con la muerte de Jesús y su Última Palabra en la Cruz, nos
da una idea de cómo Jesús revive todo el tiempo su experiencia de crucifixión
en todos los perseguidos por su Causa a través de los siglos.
Nuevamente,
con los labios de Esteban, “coronado”, “victorioso”, profiere sus palabras de agonía,
y otra vez clamará al Cielo para que el Padre Celestial no les tome en cuenta
este pecado.
No es fácil sostenerse firme en el testimonio. Somos seres frágiles que padecemos con el dolor, el dolor es el nido de nuestra debilidad. Para remontarlo necesitamos una valentía especial que viene de Dios, que el Señor nos infunde, sólo Él puede hacernos fuertes como roca, cambiando nuestra naturaleza enclenque en la dureza de la roca. Es Dios Quien hace de nuestra débil carne un baluarte.
Cuando,
llegada la “hora” nos confiamos a las Divinas manos, lo que estamos haciendo es
rescatando la joya que llevamos en “vasijas de barro” para reconocer qué
es lo Verdaderamente valioso que poseemos y, que debemos resguardar. En cuanto
a la “vasija”, Dios la sustituirá con un recipiente -no ya de barro- sino de
Carne Eternal. Será la Carne Verdadera, la que Él nos dio desde el Principio de
su Proyecto.
Una vez
hemos reconocido que nos asiste la fuerza de la Verdad para dejarnos como Niños
confiados en las Manos del Padre, y después de dar un vistazo panorámico a la
situación de “lapidación” que se nos viene encima; pasamos a mostrar nuestra
gratitud porque Dios -sin duda alguna- nos asiste y nos libra de todas las
conjuras humanas en contra nuestra. Tiene para nuestro resguardo un asilo
blindado, es su Personal Protección.
Siendo
así, todo, absolutamente todo, lo dejamos a su Cuidado.
Jn 6,
30-35
YHWH = PAN
DE VIDA
Tengamos
presente: Cada vez que Jesús dice en griego Ἐγώ εἰμι ὁ ἄρτος τῆς ζωῆς· [Ego eimi o artos tes zoes] “Yo-Soy-el-Pan-de-Vida”,
está nombrando a Dios en hebreo: יהוה [Yahweh] “YHWH”. Se establece una igualdad, si uno
pronuncia el Santísimo Nombre de Dios, está aludiendo a Él como Pan de Vida.
Hay una confusión siempre agazapada intentando engañarnos. A veces se nos dice que son detalles insignificantes, que es lo mismo. Por ejemplo, hoy, la tentación consiste en creer que fue Moisés quien nos dio el pan del Cielo, eso que nosotros ni sabíamos qué era, y que nos preguntábamos desconcertados. מָ֣ן ה֔וּא “Man hu”. ¿Qué es esto?
Y, sin
embargo, en el sentido estricto, ese [man hu] lo hizo llover el Padre
Celestial, fue Él Quien nos lo dio. Y esta confusión es importante disiparla
porque el Pan que baja del Cielo para darlo al mundo es un regalo Divino, es el
Nutriente Celestial, capaz de nutrir el espíritu. Si no esclarecemos esta
confusión, difícilmente podremos abandonar nuestra rotunda y constante
preocupación por el pan terrenal, y seguiremos atados a la esclavitud
estomacal. No quedará ni un segundo para elevarnos. Cuanta gente buena, muy
buena, deja de lado todos los bienes espirituales porque lo que nos debe afanar
es la “yuquita”.
La vida
que le urge al mundo entero, es la de los nutrientes Celestiales, pero
ellos-que-somos-también-nosotros, seguimos ahí, encadenados, alienados, (pero
claro que la alienación es intensiva porque la publicidad ha construido esa
férrea alucinación), lo cierto es que la consigna que se oye repetir es aquella
de ¡no sude por el pan de la mesa y verá que del Cielo no cae nada!
Son esos
bienes que se devalúan a cero y se invisibilizan como riqueza y aporte a la
sociedad: La crianza de los niños, por ejemplo, o el cuidado del hogar, por sólo
citar un par de ítems y no prolongar la enumeración.
La vida
cristiana se convierte en una apuesta arriesgada que se atreve a ir contra
todas estas ideologías y es capaz de “atenerse” a la Providencia. Y ¿por qué?
Porque el que se la juega toda y se entrega a la misión que Jesús le encomienda
recibirá por causes insospechados de los dones verdaderos que Jesús nos hará
llegar.
El Pan
de Vida es el Propio Jesús, que en la Liturgia se nos entrega de una doble
manera -que hace de Su Entrega una Entrega Total- Él se entrega en la
Eucaristía como Alimento y como Palabra, y en la Eucaristía tenemos una especie
de “telescopio” no visual sino trashistórico, estamos, por ejemplo, hoy, en
pleno siglo XXI y podemos entrar en el espacio del Calvario, en el siglo I. Y
podemos incorporarnos al Cuerpo Místico, como Miembros, al comer del
Cuerpo-Sangre-Alma-Divinidad de Jesucristo.
Podríamos,
al Comulgar, pronunciar como jaculatoria: ¡Señor, danos siempre de este Pan!





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