lunes, 20 de abril de 2026

Martes de la Tercera Semana de Pascua


Hch 7, 51-8, 1a.

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos

Tertuliano

 

A partir del capítulo 6 se nos introdujo a un “grupo”, de siete “diáconos” -aunque el hagiógrafo no los llama así- que son helenistas, en este caso judíos de habla griega. De esos 7 vamos a particularizar -porque así lo hace el autor de los hechos, a dos de ellos: En primer término, Esteban, a quien hemos empezado a observar en 6,8, hasta 8,60 cuando muere. Encontramos entonces un breve inciso (Hch 8, 1-3) donde se menciona un antagonista del cristianismo, Saulo. Allí encontramos el verso 2 -que actúa como puente con el segmento anterior, donde se menciona el “entierro” de Esteban. Se podría decir que aquí se cierra la primera parte, la del círculo más interno y más redicido de la evangelización, limitado a Jerusalén.

 

En Hch 8,4 se da inicio al segundo círculo -este segundo circulo irá hasta Hch 9,43- en toda esta sección segunda se amplía la predicación y se lleva el anuncio a Samaría. Esto lo lleva a cabo -como iniciador- otro “diacono”: Felipe. Aquí el antagonismo corre a cargo de un tal Simón a quien se ha caracterizado, para distinguirlo de otros Simones que aparecen en el Nuevo testamento, llamándolo “Simón el mago”. Admirado con el poder que el Espíritu Santo daba a los apóstoles, Simón quiso adquirir su fuerza “comprándola”. Por eso, querer ganar el acceso a las cosas Santas por vía de compra se la ha denominado simonía: que es la compra o venta deliberada de bienes espirituales —como sacramentos, cargos eclesiásticos, reliquias o bendiciones— a cambio de dinero, favores u otros beneficios temporales. Se considera un pecado grave y constituye un delito canónico.  

 

En esta perícopa de hoy, la contraseña para la entrada, es el absurdo de “resistir al Espíritu Santo”. Hay que entender que el Señor en cumplimiento de la promesa, nos da Su Santo Espíritu, sin embargo, uno mismo puede bloquear la entrada, e impedirle que Él obre en nosotros Su Auxilio Luminoso, es como el día que sale un sol esplendoroso, y sin embargo uno se pone unas gafas pesadamente oscuras y, como si fuera poco, se pasa toda la jornada en una habitación tapiada y sin ventanas.

 

Nos invita a pasar revista a nuestros antecedentes: ¿hubo algún profeta que pudiera salvarse de nuestros acosos y nuestras persecuciones? Nos cuesta trabajo inclinarnos porque tenemos la nuca duramente rígida, allí en vez de vertebras tenemos una barra de acero, la de nuestra propia altivez: y nuestro corazón no acepta ser circuncidado, allí tenemos que ver qué significa la circuncisión para entender este reproche que les dirige Esteban a los líderes (ancianos y escribas) y a todo el pueblo en general, que se dejaba arrastrar por ellos: la circuncisión es el sello en la carne de la Alianza, la Alianza se ratifica con un sacrificio, y por tanto -según la concepción judía, implica el derramamiento de sangre. Pero, este es un símbolo externo, físico, corporal, y lo importante es cómo debe reverberar en el corazón, como renuncia a todo el egoísmo y entrega definitiva en las Manos Divinas, dicho en otras palabras, Apertura al que es completamente diferente, porque Él-Es-El-Tres-Veces-Santo.

 

Entre paréntesis, nótese que -la Ley Mosaica- prescribe que el varoncito ha de ser circuncidado a los ocho días de su nacimiento, y no dice que esperemos que sea adulto para que pueda decidir su fe.

 

En esta perícopa el Mesías es caracterizado como el Justo, observemos que la declaratoria de Esteban equipara a los Evangelizadores con ángeles, y lo son, porque esta palabra lo que indica es “mensajero” ya que la palabra griega ἄγγελος [angelos] que subyace a nuestra palabra ángel, significa precisamente eso.

 

Se ha de advertir y no se nos puede pasar desapercibido, cómo reacciona el corazón y la personalidad total de quien rechaza la voz de Dios: “se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia”. ¿Qué es esto de recomerse en el corazón”? en el texto griego encontramos la expresión διεπρίοντο [dieprionto] del verbo διαπρίω [diaprio] que significa “ser despedazado, aserrando a la persona”, o sea que lo asumían como si se les estuviera haciendo un dolorosísimo daño en sus carnes. Era una experiencia de descuartizamiento. Se podría traducir como “se hacían los profundamente ofendidos”, es decir, hacen alardes de estarles tocando la esencia de su fe y, para revestir de mayor dramatismo su asunto y justificar la violencia de la que abusaban para sostener su asesino delito. Actitud que suelen asumir todos los fanáticos de la historia. Quizás, muy sencillo y entendible, podríamos traducir “Se enfurecieron”, “se encresparon de indignación”.

 

En situaciones tan difíciles, no puede el “testigo” refugiarse en componendas y dejar su testimonio en un color rosa que no sea ni blanco ni negro. Las cosas tal como son, porque hay que ponerse del lado de Dios y no dejarse acorralar por el arma usual de los perseguidores: infundir miedo. Así que, Esteban afirmó su pie en la Gloria de Dios y declaró lo que sus ojos -en esa hora de prueba- descubrían, dijo que le era perceptible la Escala de Jacob, y al Mismísimo Jesús subiendo y bajando por ella.

 

¿Cómo actúa el que no quiere oír? Se tapa los oídos y grita tratando de, con su estentóreo escándalo, poder ocultar la verdad, dando desenfreno a todo su terrorismo. Sin embargo, todo su armamento es poco para acallar la voz de Dios.

 

También, en medio de estos “fanáticos”, no se nos haga raro que muchos despistados sean tocados, y tocados hasta el punto de cambiar de bando rotundamente. Es el caso de Saulo, que fue movido interiormente hasta tal punto, que este episodio muy seguramente cabo la ranura para que -más tarde, camino de Damasco- tuviera su Encuentro con Jesús, quien le habría de preguntar por qué se obstinaba en rechazarlo con la ignominia de ser perseguidor, en vez de darse cuenta que la fe, no era lo que tan convencido venía declarando, sino que la Verdad, había sido Crucificada para mostrar que la muerte no tiene verdadero poder sobre Ella, y que se había levantado y empezado a llenar todos los rincones del planeta. Dando inicio a una Lluvia de lenguas de Fuego que sería la oferta generalizada de Una Zarza Ardiente para todos los que quisieran aceptarla. Esta es la donación del fuego que horneará el “pan”.


Saulo digirió este martirio y vivió una rotunda trasformación, dejo de ser Saulo “Dios escuchó” y llegó a hacerse Pablo, “pequeño”, “humilde”.

 

Tenemos que vivir muy alertas para que no seamos de los que resisten al Espíritu Santo. 

 

Sal 31(30), 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17y 21 ab

Este Salmo al conectarlo con la muerte de Jesús y su Última Palabra en la Cruz, nos da una idea de cómo Jesús revive todo el tiempo su experiencia de crucifixión en todos los perseguidos por su Causa a través de los siglos.

 

Nuevamente, con los labios de Esteban, “coronado”, “victorioso”, profiere sus palabras de agonía, y otra vez clamará al Cielo para que el Padre Celestial no les tome en cuenta este pecado.


No es fácil sostenerse firme en el testimonio. Somos seres frágiles que padecemos con el dolor, el dolor es el nido de nuestra debilidad. Para remontarlo necesitamos una valentía especial que viene de Dios, que el Señor nos infunde, sólo Él puede hacernos fuertes como roca, cambiando nuestra naturaleza enclenque en la dureza de la roca. Es Dios Quien hace de nuestra débil carne un baluarte.

 

Cuando, llegada la “hora” nos confiamos a las Divinas manos, lo que estamos haciendo es rescatando la joya que llevamos en “vasijas de barro” para reconocer qué es lo Verdaderamente valioso que poseemos y, que debemos resguardar. En cuanto a la “vasija”, Dios la sustituirá con un recipiente -no ya de barro- sino de Carne Eternal. Será la Carne Verdadera, la que Él nos dio desde el Principio de su Proyecto.

 

Una vez hemos reconocido que nos asiste la fuerza de la Verdad para dejarnos como Niños confiados en las Manos del Padre, y después de dar un vistazo panorámico a la situación de “lapidación” que se nos viene encima; pasamos a mostrar nuestra gratitud porque Dios -sin duda alguna- nos asiste y nos libra de todas las conjuras humanas en contra nuestra. Tiene para nuestro resguardo un asilo blindado, es su Personal Protección.

 

Siendo así, todo, absolutamente todo, lo dejamos a su Cuidado.

 

Jn 6, 30-35

YHWH = PAN DE VIDA

Tengamos presente: Cada vez que Jesús dice en griego Ἐγώ εἰμι ἄρτος τῆς ζωῆς· [Ego eimi o artos tes zoes] “Yo-Soy-el-Pan-de-Vida”, está nombrando a Dios en hebreo: יהוה [Yahweh] “YHWH”. Se establece una igualdad, si uno pronuncia el Santísimo Nombre de Dios, está aludiendo a Él como Pan de Vida.


Hay una confusión siempre agazapada intentando engañarnos. A veces se nos dice que son detalles insignificantes, que es lo mismo. Por ejemplo, hoy, la tentación consiste en creer que fue Moisés quien nos dio el pan del Cielo, eso que nosotros ni sabíamos qué era, y que nos preguntábamos desconcertados. מָ֣ן ה֔וּא “Man hu”. ¿Qué es esto?

 

Y, sin embargo, en el sentido estricto, ese [man hu] lo hizo llover el Padre Celestial, fue Él Quien nos lo dio. Y esta confusión es importante disiparla porque el Pan que baja del Cielo para darlo al mundo es un regalo Divino, es el Nutriente Celestial, capaz de nutrir el espíritu. Si no esclarecemos esta confusión, difícilmente podremos abandonar nuestra rotunda y constante preocupación por el pan terrenal, y seguiremos atados a la esclavitud estomacal. No quedará ni un segundo para elevarnos. Cuanta gente buena, muy buena, deja de lado todos los bienes espirituales porque lo que nos debe afanar es la “yuquita”.

 

La vida que le urge al mundo entero, es la de los nutrientes Celestiales, pero ellos-que-somos-también-nosotros, seguimos ahí, encadenados, alienados, (pero claro que la alienación es intensiva porque la publicidad ha construido esa férrea alucinación), lo cierto es que la consigna que se oye repetir es aquella de ¡no sude por el pan de la mesa y verá que del Cielo no cae nada!

 

Son esos bienes que se devalúan a cero y se invisibilizan como riqueza y aporte a la sociedad: La crianza de los niños, por ejemplo, o el cuidado del hogar, por sólo citar un par de ítems y no prolongar la enumeración.

 

La vida cristiana se convierte en una apuesta arriesgada que se atreve a ir contra todas estas ideologías y es capaz de “atenerse” a la Providencia. Y ¿por qué? Porque el que se la juega toda y se entrega a la misión que Jesús le encomienda recibirá por causes insospechados de los dones verdaderos que Jesús nos hará llegar.

 

El Pan de Vida es el Propio Jesús, que en la Liturgia se nos entrega de una doble manera -que hace de Su Entrega una Entrega Total- Él se entrega en la Eucaristía como Alimento y como Palabra, y en la Eucaristía tenemos una especie de “telescopio” no visual sino trashistórico, estamos, por ejemplo, hoy, en pleno siglo XXI y podemos entrar en el espacio del Calvario, en el siglo I. Y podemos incorporarnos al Cuerpo Místico, como Miembros, al comer del Cuerpo-Sangre-Alma-Divinidad de Jesucristo.

Podríamos, al Comulgar, pronunciar como jaculatoria: ¡Señor, danos siempre de este Pan!

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