Hch 6, 8-15
Inmediatamente después del episodio en el que
son instituidos los 7 diáconos, viene la perícopa de la detención de Esteban.
Donde el tema central es, cómo los de la sinagoga de los Λιβερτίνων [libertinon] “libertos”,
acosan a Esteban y terminan por llevarlo ante el Sanedrín.
A veces, en la literatura, nos encontramos
con algún detalle baladí, como cuando dice que “El marqués tomó entre sus dedos
el tabaco, y antes de encenderlo lo hizo rodar entre sus dedos y notó que tenía
un anillo de papel dorado, sujeto por una tirilla blanca en la cual estaba
grabado el nombre de su fabricante y el país de origen”. Estas cosas entretienen
al lector y el escritor las inserta para darle un toque de verosimilitud al
relato. Cabe preguntarnos si los relatos bíblicos manejan también este tipo de
triquiñuelas sólo para manipular la atención del lector y cautivarla. ¿Para que
precisa el hagiógrafo la conformación de esta sinagoga? ¿Qué se puede entender
detrás de este sustantivo genitivo masculino: plural “Libertos” que aquí desempeña
un rol adjetivo?
Los
libertos eran esclavos, sujetos a su “patrón” que a veces, les concedía la
libertad, como una recompensa de “gratitud” -después de muchos años de
servicio-, y por lo general, cuando llegaban a la ancianidad y ya no les eran
muy útiles; o bien, porque a lo largo de su vida esclava, habían logrado
ahorrar para poderla comprar. Nunca llegaban a tener la misma condición de los
“ciudadanos”, y sus derechos civiles estaban notablemente recortados. Estos
libertos a los que se refiere en la perícopa, provenían de Cirene, Alejandría,
Cilicia y Asia.
Si habían sido esclavos uno podría esperar
que fueran adversos a toda crueldad y los moviera la compasión de evitarle a
los demás las mordidas en la piel del látigo y/o de las pedradas, cuyo dolor
ellos bien conocían. Si habían llegado a conquistar la “libertad”, debían ser
caros defensores de la misma, y estar a la búsqueda y procura de la verdad por
la línea argumentativa y no pretendiendo tener la verdad como un monopolio de
aristocracia. Sin embargo, estos tales, muy por el contrario, lo que tenían
grabada en la piel era la peor calaña de los amos que a ellos mismos los habían
torturado y con cuyo dolor y sufrimiento se habían enriquecido. En vez de
haberse liberado, era más esclavos que nadie y que nunca.
Los libertos querían polemizar con Esteban,
pero ciertamente no lograban derribar sus argumentos sólidamente concatenados
por la misma Gracia del Espíritu de la que era portador. Muy, pero muy
significativo este nombre: Στέφανος [stéfanos] “Esteban”,
en griego antiguo era “el coronado”, podemos connotar su proximidad con “el
Ungido”. Y es que este estaban que nos está presentando e Libro de los hechos, es
un Diacono que se ha tomado muy en serio vivir a la manera de Cristo, y esa era
la corona de su existencia. ¿Qué hacía? Obraba grandes prodigios y signos;
porque estaba lleno de Gracia y de Poder (Cfr. Hch 6, 8), vale la pena
confrontar con Hch 2, 22, donde Pedro se refiere a Jesús, en términos
supremamente similares, casi idénticos. (Luego al morir, lo veremos seguir al
pie de la letra el modelo de Entrega de su Señor).
Al hacer la lista de los diáconos, Esteban
aparece el primero (Cfr. Hch 6,5b).
El relato menciona, cómo los testigos en su
contra, fueron manipulados con sobornos, para que presentaran lo que había
dicho, de manera adulterada, para que sonara a blasfemia. En el texto
encontramos una afirmación que los desenmascara contundentemente: ¡eran
“testimonios falsos”! Lo acusaban de hablar contra el Templo y anunciar un
cambio de las “tradiciones” mosaicas.
Empero, al mirarlo, vieron los del Sanedrín que su rostro refulgía con el brillo propio de los Ángeles. Inmediatamente, pensamos que esto debió detener su ferocidad, pero -por el contrario- agudizó el veneno de su ponzoña.
Sal
119(118), 23-24. 26-27. 29-30
Este
Salmo está formado por 176 versos. Estos se descomponen en 22 estrofas. Cada
estrofa tiene 8 versos y cada verso, de ese octeto, empieza siempre por la
misma letra. El alefato tiene 22 letras, entonces cada estrofa se titula con
una de estas letras, y es con esa letra que inicia cada verso.
La
perícopa de hoy toma la última parte de la estrofa גִּימֵל [Guimel] (tercera letra del Alefato ג,
aproximadamente la “g” nuestra; y que significa la Misericordia Eterna), y las
dos estrofas siguientes son tomadas de דְּ [Dalet] (la
cuarta letra del Alefato, que representa el sonido consonántico de la “d” su
significado es “puerta”, que permite pasar, salir). La Ley es salida, nunca
encierro. ¡No es una prisión!
En
este salmo el hagiógrafo se goza con los sinónimos de la palabra “Ley”. En
todos los versos encontraremos algún sinónimo suyo. Es un salmo de súplica. La
Ley representa la Voluntad Divina. Pero desde el punto de vista hebreo, la ley
no es un corsé, su función no es constreñir, es más bien como el guía que nos
va llevando por los sitios más seguros y con las mayores hermosuras. Nuestra
cultura se ha solazado en mostrar el filo represivo de la Ley, señalándola
siempre como “mandato opresivo”; la Ley, a la que se refiere el salmo, es la
que nos permite gozarlo todo y no irnos a dañar con algo. Observemos que dentro
del salmo la Ley es שַׁעֲשֻׁעָ֗י [saya suay] “la delicia”, el “deleite”.
En la primera estrofa de la perícopa de hoy, se nos trata de un tema vital para nuestra vida moral: se podría condensar en la idea de “no vivir de lo que digan los demás”, aun cuando los שָׂ֭רִים “nobles”, “príncipes” se pongan a juzgarme, yo sólo me dejo guiar por tus Enseñanzas, Señor, que son mis únicos consejeros.
En
la siguiente estrofa, ya de la letra hebrea Dal que significa también la “humildad”
-como ya dijimos su grafía ד alude a la “puerta” con una sola jamba; ruega el
salmista que, lo instruya en los mandamientos Divinos que son el “mapa”, por
así decirlo, del camino a seguir.
Se
cierra esta perícopa suplicando que le evite seguir el mal camino y -por el
contrario- le dé la Gracia de cumplir Su Ley.
Como
se nota, el cumplimiento de los mandatos divinos es algo que se hace de buen
grado y no por mera aceptación resignada o a regañadientes.
Jn
6, 22-29
¿Qué pan buscamos?
Los invito a ser
humildes, tenemos que hacer espacio a la duda no a nuestras certezas. Recomiendo
buscar a Dios para hallarlo para buscarlo siempre.
Papa Francisco
Los
versos 6, 22-24 nos dan una reconstrucción aclaratoria y profundizadora de lo
que hemos visto hasta ahora en el capítulo 6, que empezamos a leer el viernes
pasado.
a)
Jesús da de comer a 5.000 hombres.
b) Los discípulos lo
vieron caminando sobre el mar.
c) Al otro día la
gente notó que no había más que una barca, y que Jesús no se había embarcado en
ella con sus discípulos, ἀλλὰ μόνοι οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ ἀπῆλθον· [alla monoi oi mazetai autou apelthon]
“sino que ellos se habían marchado solos”.
d) Mientras tanto,
otras barcas llegaron al sitio donde había ocurrido la multiplicación de panes
y peces y al darse cuenta que ni Jesús ni los discípulos estaban allá, se
embarcaron rumbo a Cafarnaúm.
e) Cuando, por fin,
dieron con Él, le preguntaron, ¿cuándo había llegado allí?, sin embargo, la
intención de la pregunta era saber ¿Cómo? (porque si había sólo una barca, y no
había viajado con sus discípulos, entonces, ¿qué medio de trasporte había
usado?) ¡Hay muchos que lo único que quieren es la “tarjeta” con la dirección
electrónica -con el código QR- para los pedidos a domicilio! Claro, ¡otros
quieren saber cuánto tiempo antes hay que hacer el pedido para que lo despachen
oportunamente!
¡La fe no es una palabra, es un programa de vida!
Jesús,
-atendiendo al sentido connotativo- les habla de lo que en verdad está pasando:
Ellos no lo buscan porque -atentos a los signos- se están preguntando por el
sentido de este signo de alimentación, sino -lo único que les interesa- es que
siga habiendo “restaurante gratuito”.
Aquí
llega el mensaje contundente: No piensen en el pan de saciar el estómago
físico, concéntrense en el Pan de la Vida Eterna. Esta multiplicación de panes
y peces se ha hecho para que logremos dar el “salto mental” (metanoia), y
seamos capaces de entender que nos va a hablar de otra cosa, pero que es un
asunto súper importante. Y nos lo dice con todas las letras: “Trabajen no por
el alimento perecedero, sino por el alimento que perdura para la Vida
Eterna”.
El
Hijo del hombre no fue enviado por Dios-Padre para que montara un negocio gratuito de “fast food”, panadería y pescadería. Él, ἐσφράγισεν [sfragisen] “le ha puesto el
sello”, “le ha hecho el control de calidad y luego lo ha despachado”, “le ha
impuesto el Sello de su Real-Anillo” para que venga a darnos el “Pan de
Eternidad”. No coger a Dios para maniatarlo sino para entregarnos, enteros,
como Él se entregó, y se entrega cotidianamente.
Entonces, sí hemos de afanarnos por este pan eternal, ¿qué debemos hacer? Es la pregunta que la gente le hace a Jesús. Él les responde: lo que hay que hacer es πιστεύητε [pisteuete] “reconocer”, “aceptar” y “poner la fe” -el significado de esta palabra es la tripleta, no uno de los tres, sino los tres en simultaneidad- al Enviado del Padre: Que aprendamos a decir de todo corazón, mirando al que traspasaron ¡Jesús, en Ti confío!





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