miércoles, 15 de abril de 2026

Jueves de la Segunda Semana de Pascua


                    

Hch 5, 27-33

… las autoridades, … elegidas para llevar a cabo la voluntad de Dios, o que se han arrogado el papel de ejecutores del proyecto de Dios, en realidad están en contra de Dios, y exclusivamente al servicio de sus propios intereses.

Ivo Storniolo

Nuevamente los apóstoles van a prisión, los adversarios son los mismos, los saduceos, el partido de los gobernantes del Templo, y de los manejadores de la Ley. Otra vez son conducidos a interrogatorio, y en esta nueva situación, la acusación es la desobediencia. ¿Qué obediencia les había sido impuesta? La prohibición de seguir predicando el Santísimo Nombre de Jesús. La idea era imponerles silencio y callar el Mensaje que Jesús les había entregado y confiado para proclamarlo.

 

Aquellos han conminado -con amenazas- a los apóstoles a callar. Nuevamente, los discípulos ponen por delante la obediencia a Dios, antes que a los hombres. Y, se encargan de presentar el kerigma, para profundizarlo y enraizarlo con aquellos que necesitan que se les repase la lección. Es muy importante que la injusticia quede clara, ellos fueron los que llevaron a Jesús al Calvario, ellos fueron los que lo desangraron. El Sanedrín -en coherencia con las acciones de Pilato- se lava las manos, se niegan a reconocer sus manos tintas en Sangre del Mesías.

 

Notemos como se lavan las manos estos “inocentes”: “… quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. Pero Pedro los encara y los confronta: ὃν ὑμεῖς διεχειρίσασθε κρεμάσαντες ἐπὶ ξύλου· “… Jesús, a quien ustedes mataron, colgándolo de un madero”. La palabra ξύλου [xulón] no es precisamente “madero”, más exactamente es “leño”, o “árbol”, la palabra técnica es “estipe” (también estípite), que desde un enfoque especializado se define como tronco columnar, recto y sin ramas, nosotros familiarmente nos referimos a él como “el madero vertical de la cruz”.

 

Vale la pena desgranar los componentes de esta predicación apostólica que declara a Jesús como Salvador. Los elementos del kerigma -en este caso- son:

a)    YHWH resucitó a Jesús

b)    Ustedes lo mataron colgándolo de un madero.

c)    Dios lo ha exaltado con el poder de su Diestra, entronizándolo “Jefe y Salvador”.

d)    Por Su Intermedio, se dona a Israel la conversión y el perdón de los pecados.

e)    Los apóstoles junto con el Espíritu Santo testifican la Naturaleza divina de Jesús y su Mensaje.

f)     El Espíritu Santo se otorga a los que obedecen con su aceptación a Dios.

 

«Si ya antes las autoridades se habían sentido amenazadas, ahora sienten el peligro más inminente aún. Su reacción se vuelve desesperada… Su reacción es la de quien al sentirse amenazado está resuelto a todo. En el fondo, saben perfectamente que ya han sido derrotados». (Ivo Storniolo)


Los saduceos se consumen de rabia y ponen todos los medios a su alcance para matarlos. Subrayamos como la alternativa única que se les ocurre es la más violenta, es acallar las vidas de los dueños de las voces que Anuncian. Siempre el violento busca una cruz que le funcione como mordaza. Su anhelado espejismo es lograr “su paz” y para ellos la paz es hacer enmudecer a sus incomodos opositores: la paz de los cementerios. Es lo que se ha dado en llamar la “cultura de la muerte”, poner sobre sus labios la pesada lápida.

 

Sal 34(33), 2 y 9. 17-18. 19-20

Hay una potente demostración de la parcialidad de Dios en favor del atribulado, y es que Él escucha y responde sus clamores. De nuevo el Salmo de ayer, pero se toman versículos diferentes, para formar las tres estrofas de la perícopa de hoy:

 

La primera estrofa se configura con los versículos 2 y 9 -que se usaron ayer. Bendición y alabanza llenan mis labios, todo el tiempo. La bondad del Señor está a la vista para degustarla y verla.


La maldad no es algo que el Señor deja impune, por el contrario, la enfrenta para destruirla y erradicarla. Así que clamemos al Señor, Él escucha y libra de las zozobras.

 

Cercano para los atribulados, Salvador de los apesadumbrados. El justo contará con el blindaje protector que da YHWH.

 

Jn 3, 31-36.

Continuamos en el capítulo 3 del Evangelio Joánico, pero y en el versículo 22 se produce un cambio en el marco espacial: Jesús se va para la región de Judea. También hay un cambio de personajes, ahora vamos a referirnos a Juan el bautista y sus seguidores. Jesús va a establecer una diferenciación entre los que hablan de cuestiones “terrenales” y los que hablan y se ocupan de las cuestiones “celestiales”. Evidentemente, cada cual da de lo que tiene, el que viene de Hungría podrá platicar sobre sus paisajes y sus costumbres, e que conoce a Chipre, nos aportará noticias de la cultura chipriota.  Pero, solo quien haya estado previamente en el Cielo y conozca al Padre-Celestial, nos podrá hablar de temas Divinos con conocimientos bien fundamentados. ¡Quien desconozca una región, solo podrá contar ficciones o embustes sobre esa realidad!

Pese a todo, cuando se nos cuenta como obra la gente en ciertas naciones, no nos cabe en la cabeza que así sea, pues nuestro pensamiento más corriente es suponer que en todas partes comen, visten y piensan como nosotros lo hacemos. Podemos dar un ejemplo: pensamos, con lógica humana, que en todas partes se educan y corrigen los niños como nosotros lo hacemos y suponemos que Dios-Padre, procederá de la misma forma.

 

«Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con Él. ¡La vida eterna comienza ya en este momento!... De hecho, mediante el bautismo, estamos insertos en la muerte y resurrección de Cristo y participamos de una vida nueva, es decir, la vida del Resucitado» (Papa Francisco)

 

En la parábola de los viñadores homicidas, el Señor envía primero a sus siervos para que reciban los frutos de la cosecha; estos “siervos” son venidos de “la tierra”; pero después, en un segundo momento, confiando que le respetaran la vida, envía a su Hijo, lo comisiona para llevar a cabo el cobro; este Nuevo Delegado, no es de la tierra, es del Cielo y “está por encima de todos”. Él puede mostrar sus Divinas Credenciales y, además, hablarles de las cosas Celestiales, porque Él las conoce de primera mano, ha estado allá y de allá proviene.

 

Si uno no acepta lo que Jesús dice, está afirmando que Dios es mentiroso; no se da cuenta que las palabras de Jesús son las propias Palabras del Padre, y que el Padre le ha entregado a Su Hijo, total Potestad, sobre todo, porque Dios-Padre no da por porciones, tacañas sino con abundancia inmensa. Si uno “no acepta”, en griego es ἀπειθέω [apeideo] “no se deja persuadir”, “se endurece”, “porfía contrariando”; como se puede notar, aquí resuena una nota de “rebeldía”, y la palabra entraña que esa rebeldía es contra Dios. θεός [theós]: la etimología de ἀπειθέω es “alejamiento de Dios”.

 

En cambio, el que cree en el Hijo, recibe por esta creencia, la Vida eterna. El que lo rechaza, está haciendo el peor negocio: cambia la Vida Eterna por la Ira de Dios, porque si hay algo que duela al Padre es la impugnación de su Amadísimo Hijo.

 

«… también el cuerpo de cada uno es resonancia de eternidad; por tanto, ha de ser respetado siempre; y sobre todo debe ser respetada y amada la vida de todos los que sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, de esa condición de vida eterna hacia la que caminamos. Este pensamiento nos da esperanza». (Papa Francisco)


Así podemos regresar e iluminar el tema bautismal “nacer de nuevo de agua y del Espíritu”. Recientemente hemos visto que Jesús nos da el Espíritu, sopla sobre nosotros y nos impulsa con la energía vivificante de su Aliento, de su Halito (anhelito). ¿Y el agua? “Espíritu y Agua, cielo y tierra, Cristo e Iglesia van unidos: de esta manera se produce el “renacer”. En el sacramento, el agua simboliza la tierra materna, la santa Iglesia que acoge en sí la creación y la representa” -nos dijo Benedicto XVI.

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