1Pe 5,
5b-14
Es posible que un presbítero (1P5, 1), de la
comunidad cristiana de Roma, haya reunido las ideas correspondientes a la época
para instruir y exhortar los cristianos y cristianas de Asia menor a permanecer
firmes en la fe, a pesar de las dificultades y represiones.
Centro Bíblico Verbo
Leemos en la primera lectura de hoy, la
parte final de la Primera Carta de San Pedro. Esta Carta tenía por
destinatarios a los cristianos del Ponto, Galicia, Capadocia, Asia y Bitinia;
provenían del paganismo y eran crudamente perseguidos por sus paisanos, a causa
de su conversión.
Podemos desagregar la Carta en los siguientes componentes:
-Saludo
1. La Nueva Vida de los cristianos (1, 14
-2,10)
2. Deberes del cristiano (2,11 – 4,6)
3. El cristiano de cara al fin
próximamente llegadero (4,7 -19)
4. Consejos particulares
A los dirigentes (5, 1-4)
A toda la comunidad (5,5 – 11)
-Despedida (5, 12-14)
O sea que nuestra perícopa de hoy está
integrada por los consejos dirigidos a toda la comunidad y la despedida de la
Carta.
Aparece en esta perícopa la palabra Νήψατε [nepsate]. Podría entenderse “sobrio”, es decir, el que no se
emborracha, especialmente porque quiere mantener el “buen juicio”. Su uso en
este contexto es muy interesante, porque remite al pecado, refiriéndose a él
como un alucinógeno; o sea que lo que se está recomendando es permanecer libre
de codicias y de narcisismos que alteren nuestro buen juicio, para dirigirnos
equilibradamente por los Caminos que Jesús indica. Lo que no se puede lograr si
dejamos engañar nuestros sentidos morales con la alucinación que nos invade a
causa del egoísmo.
Siempre debemos estar muy atentos a no descuajar las
perícopas de su contexto, esto es muy riesgoso porque puede conducir a que
respaldemos una falsedad con una cita bíblica recortada. En nuestro pasaje de
hoy, no se sabe a quién se dirige la recomendación de “tener sentimientos de
humildad”, puede pensarse que es una camisa toda-talla. Si vamos al co-texto,
encontramos que la recomendación se dirige a dos destinatarios muy precisos: a
los Πρεσβυτέρους [presbiterous]
ancianos (los líderes de estas comunidades cristianas) (1Pe 5, 1); y a los νεώτεροι [neoteroi] “jóvenes” (1Pe 5, 5a), “los que acababan de
insertarse en la comunidad y aún no habían sido bautizados”, ni siquiera
alcanzaban el carácter de neófitos. No es una política que obligaba a la
comunidad en favor de sus dirigentes, la humildad debía practicarse en
“horizontalidad”, y todos debían tenerse entre sí, como hermanos: al Único que
se le debía humildad de parte de todos era a Dios (cfr. 1Pe 5, 6). A Dios Padre
y a su Hijo Jesucristo, el Poder y la Gloria por los siglos. A ese trato
fraterno se refiere el término ἀδελφότητα [adelfoteta] al que
remite -precisamente- 1Pe 2, 17, para convocarnos a un trato que hace de todos
los miembros de la comunidad hermanos en Cristo Jesús, “como hombres libres,
que no usan de la libertad para encubrir la maldad, sino más bien como
servidores de Dios, honren a todos, amen a los hermanos, respeten a Dios,
honren al rey. (1Pe 2, 16s).
Obsérvese que esta perícopa concluye llamándonos a ese trato
cuando nos exhorta a ἀσπάσασθε ἀλλήλους ἐν φιλήματι ἀγάπης. “saludarnos -entre nosotros con el beso del amor fraterno”
(1Pe 5, 14a), este beso no es cualquier beso, es el beso que se dan las
personas que comparten un vínculo de consanguinidad y que además es una muestra
de respeto.
Una recomendación, que pertenece al núcleo de esta perícopa, es la de permanecer “alertas del “enemigo, el diablo que, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar”. (1Pe 5, 8). A este león malvado que se agazapa para sorprendernos y clavarnos sus garras, tenemos que saber oponerle ἀντίστητε [antistete] “resistencia”, “tomar una posición definida”, y afianzarse en ella. Esta resistencia tiene dos rasgos:
i)
Es un posicionamiento que se afianza
haciendo pie en la fe.
ii)
Se desprende de la comprensión de ser un
ataque que los golpea a todos los fieles creyentes en todas partes donde la fe
cristiana ha llegado.
En el verso 13 afirma que la comunidad de la Iglesia que está
en Babilonia les remite -a través suyo- el saludo que sería el beso-agape
fraternal, de los hermanos en la fe. En aquel tiempo, esta alusión a Babilonia,
se usaba para referirse a la Iglesia de Roma. Lo que nos hace pensar que la
Carta fue escrita en aquella ciudad.
Sal
89(88), 2-3. 6-7. 16-17
Tomamos
de este salmo real, 6 versos, para conformar tres estrofas:
En la
primera, se reconoce que la Misericordia de Dios es “un Edificio Eterno” que
merece ser cantada y anunciada.
La
segunda nos pregunta sí ¿habrá algo, aunque sea pálidamente, comparable a las
maravillas y la fidelidad de Dios, en alguna esfera o plano de la realidad? El
cielo proclama Sus Portentos, y los Ángeles se reúnen en sesión plenaria para
reconocer Su Fidelidad.
En fin,
la tercera estrofa, reconoce la bienaventuranza del pueblo que se pone bajo su
Real Patronato, será dichoso porque lo iluminará el Rostro Majestuoso de Dios,
y el motivo de su orgullo será el Nombre de YHWH.
Mc 16,
15-20
La
sensación que se derivaba de el Evangelio terminado en el versículo 8, era
excesivamente a filo, un corte súbito, al que le faltaba algo. Había noticias
adicionales en el capítulo 28 de Mateo, en el capítulo 24 de San Lucas, y en al
capítulo 20, de sanjuán en los versos 11-29, además de los que decía en propio
Lucas, al principio de los hechos 1, 4-14. Lo que parece haber sucedido, todas
las luces así lo indican, fue que la comunidad marqueana quiso completar el
Evangelio de San Marcos y, con el mismo sentido del Evangelista, como que eran
los discípulos de la propia escuela, añadieron un final, respetuoso del estilo
y por la misma vena literaria, así llegamos a la conclusión -añadida- con que
nos la vemos en la perícopa que hoy nos ocupa.
Muy
acorde con el tiempo Pascual en el que se inserta la celebración de la memoria
del Evangelista San Marcos, el Evangelio de hoy nos remite a la perícopa final,
a sus seis últimos versos: El Resucitado -dirigiéndose a los Once- pronuncia el
“envío”. Lo primero es enunciar la “universalidad de este Envío: “a toda la
Creación”.
Luego,
se da el lugar del “Sacramento Puerta”, el bautismo, que será lo primero
después de haber creído. Podemos resistirnos a creer, lo que será motivo de
“condenación”.
Los
que sean capaces de aceptarlo, recibirán ciertos “signos”
a) Expulsar demonios
en el Santo Nombre de Jesús.
b) Hablarán “lenguas
nuevas”
c) Podrán coger
serpientes y manejarlas con sus manos y si beben veneno mortal, estarán
exceptos de su efecto.
d) Sanarán enfermos
con la imposición de sus manos.
Reconocer
el poder recibido es parte de esta fe aceptada. Se dan estos poderes, no para
la espectacularidad, sino para obrar el bien, como nos enseñó el Divino
Maestro.
Sucedió,
inmediatamente, la Ascensión del Señor, para llegar a su Real Sitial en los
Cielos.
Allí a renglón seguido se nos advierte que no se fue para desentenderse de la Misión Discipular, sino que continua συνεργοῦντος [sunerguontos] con “Su Asesoría Permanente”, “trabajando junto con ellos”, “obrando para trabajar estrechamente unidos” en la proclamación de la Buena Nueva, y permitía la realización de “señales” que βεβαιοῦντος [bebaiountos] “confirmaban”, “respaldaban”, “reforzaban”, -estrictamente significa- “caminar sobre terreno firme y sólido”- la veracidad de lo anunciado.






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