Hch 12, 24-13, 5a
La
Palabra sigue expandiéndose, multiplicando las comunidades. La mención de
Bernabé y Saulo (11, 27-30) tiene ya vista la continuación del libro, que
tratará de la expansión misionera. A Juan Marcos, hijo de María, será atribuido
el Evangelio que lleva su nombre.
Ivo
Storniolo
Muy a pesar de todas las dificultades, contradicciones y a la
persecución y desplazamiento, vamos a ver que Dios había previsto y designado
precisamente a los que estarían encargados de dar el impulso decisivo a la
expansión del Evangelio.
Fue la persecución la que condujo a la diáspora y desplazo a
Jerusalén como foco de irradiación de nuestra fe, y llevó a Antioquía de Siria
(llamada también Antioquía de Orontes; este explicativo viene a la distinción
de la otra Antioquía, la de Pisidia, también llamada Antioquía Cesarea, que
estaba al sur de Turquía y que también fue muy importante en el primer viaje de
Pablo)- Antioquía de Siria ciudad importante, la tercera en importancia de la
época, después de Roma y de Alejandría, por ser un pasadizo obligatorio del
tránsito de los viajeros y comerciantes donde se agilizaba la circulación de
las culturas y de los credos.
Aparece la idea de “misión a los paganos”, y la estrategia de
los “viajes misionales” que son como los dos hitos que nos traducirán esta
diseminación y difusión, que como se nos informa hoy, fueron sus fueron sus
precursores los cirineos y los chipriotas.
Ya a partir de esta perícopa tenemos la disyuntiva urgente
para los “misioneros” de discernir entre lo sustantivo y lo incidental y se
entró a plantear cómo se realizaría lo que en tiempos recientes hemos dado en
llamar la inculturación, valga traducir, la adaptación a las realidades
particulares, la idiosincrasia y el modo de pensar tan propio de cada comunidad
sin sacrificar en absoluto la identidad cristiana: lo esencial de nuestro
mensaje en la fe y nuestro discipulado en Jesucristo.
También es conveniente tomar en cuenta el signo sacramental
del envío, a saber: “la imposición de manos” que simbólicamente expresa la
entrega de los dones del Espíritu Santo, para que bajo su Luz y Guía se lleve a
cabo la Misión Encomendada. Se aloja en este signo una “brújula” que garantiza
la recepción del carisma indispensable para discernir con sabiduría lo esencial
de lo adyacente. Y así, no desfigurar y perder lo que Jesús les había encomendado
a su custodia: Que no era inventarse cosas o cambiar aleatoria y
caprichosamente todo lo que se les ocurriera y se les antojara, sino dar
continuidad a lo Revelado con sagrada fidelidad.
En este punto nos encontramos con un equipo líder de cinco
nombres que promovían el mensaje de “el Camino”:
1) Bernabé
2) Simeón
el Níger
3) Lucio
Cirineo
4) Manahén
(hermano de leche de Herodes Antipas, o sea que habían sido amamantadas por la misma mujer, por
una misma nodriza, sin ser hermanos biológicos), y
5) Saulo
«La comunidad da su bendición a Bernabé y a Saulo. … El
aspecto más destacado es la participación que la comunidad tiene en la toma de
decisiones. Como dice el refrán popular: “La voz del pueblo es la voz de Dios”.
Si el pueblo no bendice, tampoco Dios lo hace. Bernabé y Saulo pueden emprender
el primer viaje misionero, por haber sido este deseado, querido y bendecido por
la comunidad». (Ivo Storniolo)
Bajan al puerto de Seleucia y zarpan para Chipre, cuna de Bernabé. En el capítulo 13 Bernabé y Saulo dan inicio a su trabajo misionero (13,1-14,28), en este bloque se nos relatara el Primer Viaje Misionero de Pablo
Sal 67(66), 2-3. 5. 6 y 8.
El salmo hace un claro encomio a la idea de “misión”, de
“evangelización”, y clama suplicante que tengan esa Luz diáfana de la fidelidad
para no desviarse y para no desviar ni confundir a los destinatarios del
mensaje. Solo la Tutela Celestial sobre los discípulos-misioneros puede
preservar y salvaguardar de desfigurar la esencia del Mensaje y librarnos de
deformar el Anuncio.
Este es un salmo de “bendición” una especie de imposición de
manos sobre los que llevarán la Noticia a todos los pueblos. Hoy podríamos
estar preocupados de no tener nada que hacer porque el Anuncio ya parece haber
alcanzado los límites y las fronteras propuestas. Pero, es el momento de
diagnosticar las flaquezas del proceso vivido y la tibieza del anuncio para
reconocer que nuestras fuerzas no quedaran en balde, sino que tenemos la
oportunidad de avivar y rejuvenecer el anuncio con una proclamación
“encendida”, entusiasmante, renovadora.
Estamos en el bendito momento de darnos cuenta que la Justicia que debió anunciarse se desdibujó en medias tintas y en odios y rivalidades intestinas; y hacer notar que los gobiernos humanos se han retrasado en nimiedades y vanos intereses, y, que sólo Dios “gobierna con justicia las naciones de la tierra”. El y sólo Él acallará los cañones y desvanecerá el armamentismo nuclear para dar paso a la realidad paradisiaca que tanto añoramos y que estamos llamados a proclamar.
Entonces, caigamos en la cuenta que no todo está hecho, que
aún queda un maravilloso trasegar a recorrer, que tenemos que descubrir su
Rostro Radiante y dejar ver, superando nuestros propios fanatismos, que Su
Bondad es Eterna y que es Eterna Su Misericordia. Para que lo alaban hasta los
confines del Orbe
Jn 12, 44-50
TERCER Y ÚLTIMO GRITO DE JESÚS
Creer
constituye un acto de inteligencia, que logra descifrar el significado de los
signos, un ver lo invisible, la gloria que en ellos se manifiesta, un
desentrañar el significado de una palabra.
Silvano
Fausti
El capítulo 12 concluye la primera parte del evangelio Joánico,
la parte que llamamos el “Libro de los signos”. Como remate, se nos presentan
dos conclusiones:
i)
12, 37-43
ii)
12, 44-50
Esto lo que quiere decir es que la perícopa de hoy es,
precisamente, la segunda conclusión. Y lo que se hace en ella es presentar
aunados los dos resúmenes que están
1) El
primero en 3, 11-21
2) 3,
31-36
El Padre lo envió precisándole lo que debía decir y el cómo.
Ese Mandato es una identidad con la Vida Eterna
Remachando. Él habla exclusivamente lo que el Padre le ha
encargado: εἴρηκέν [eireken] del verbo ἐρεῶ [ereo] “como me lo ha dicho”,
“como me lo habla”.
Muchas veces, con total humildad y la más sincera reverencia
nos esforzamos por poner a Jesús en el centro del foco. Pero hoy Jesús parece
decirnos algo un poquitín diferente: Hoy nos recalca muy enfáticamente que, al
creer en Él, en realidad de verdad estamos aceptando al Padre, que
Es-El-Que-Lo-Envió.
¡Esta precisión que nos hace no es de poca monta!
¡Continuemos! Dios -El Infinitamente Misericordioso- ha
querido revelarse y para eso se ha “humanado” y se ha dejado ver en su Hijo.
Tenemos que reconocer que en Jesús Dios ha tenido la Suprema Bondad de dejarse
ver a nuestros pobres ojos.
En el siguiente peldaño nos dice que hay unas tinieblas
invasivas que sólo pueden ser derrotadas y echadas atrás por el Luminoso
Resplandor de una Celestial-Linterna.
Pero ahí mismo entra a intervenir -se da el gigantesco salto
que pasa del Emisor Divino, al receptor humano- porque se pone en juego nuestra
“intelección”.
Antes que nada, hay que reconocer que Dios nos ha dado dos
cosas, que en este contexto son fundamentales.
-Una inteligencia, limitada, ¡sí! pero, a pesar de todo “capax Dei”.
-Y, nos entregó un “Mensaje”, al darnos a su Hijo.
Que enorme paradoja sería que Dios nos hubiera enviado su
maravilloso “Emisario” que nos viene a decir ciertas cosas que nos somos
capaces de entender. (Aquí se debe añadir que no las podemos entender en su
totalidad, profundidad y vastedad; pero sí en lo requerido para nuestra
salvación).
La Iglesia está llamada a ser “guardiana” de la fidelidad y a
viabilizar su expansión, su llegada a todos los que quieran “escuchar”.
Entonces Dios se ha comunicado y ha “facilitado”, poniéndola
a nuestros alcances -si bien es cierto “limitados”, Su Palabra.
Hay quienes la oyen y se hacen los “sordos”. A pesar de lo
cual, Jesús no los juzga. Aquí hay una férrea declaración que no podemos dejar
por ahí, escondida detrás de bastidores: Él no ha venido a juzgar; ¡¡¡ha venido
a Salvar”!!!
¿Qué quiere decir que lo juzgarán las Palabras que Él ha
pronunciado? Que ahí están las pautas, los “códigos” en los que se fundamentará
el juicio y la sentencia. Llegado el esjatón, cada quien se pondrá frente a la
Palabra que Él nos reveló y se medirá en ese espejo; como por automatismo,
brotará en su consciencia la “sentencia”. No podrá esconderse detrás del “… es
que yo no sabía”.
Quitándose del Centro, declara que las Palabras que Él ha
dicho, no provienen de Él, que Él ha sido el Profeta para la Voz que el
Padre puso en sus Labios. Casi -aunque es exagerado- podríamos hablar de una
Función ventrílocua del Hijo.
Viene, otro poderoso enunciado, digno de mucha atención: El Mandato del Padre es “Vida Eterna”. Significa que ninguna Silaba del Hijo es Sentencia de Perdición. Todo lo que habla el Padre, por medio de su Hijo, es Vida y Vida Perdurable.





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